más de la Conciencia

Sartre concebía la conciencia "ser en el mundo", conciencia de algo y de algo distinto de la conciencia; ¡qué atrevida jugada a favor de la autosuficiencia del dominio no humano!, pero la lucha jamás tuvo éxito. ¿Resumiríamos la Totalidad primordial que simbolizara Brahman-Atman, Nirvana, Tao o Sunyata a un hábito del entendimiento práctico, a una especie de magnífica luz espontánea que iluminara el cerebro? Desde luego marca la vía de acceso de ciertas iniciativas, ni exenta de errores ni de certezas inmediatas, ¿acaso Korsch no señala que en Marx y Engels ideología significa exclusivamente conciencia torcida? A pesar de que Marx y Freud definan la conciencia como "reflejo de otras fuerzas escondidas" —económicas y psíquicas— y no como motor del comportamiento, no la califiquemos de simple imagen de situaciones sociales o volveríamos a caer en los malditos enredos del gastado materialismo. Por trabajar en una tierra en penumbra, ¿la única realidad habitará en cada conciencia?

¿El análisis de la conciencia no coincide con el análisis de cómo los alrededores se muestran a la conciencia?, aparquemos ya el absurdo modelo de estructura que propusiera Lacan de "maquinaria originaria que pone en escena al sujeto", porque irrumpir en una antropología sin el hombre tendería a desmontar la conciencia como dato primario e indescomponible de su condición, ¿por tan funesto camino no la llegaríamos a considerar burda imitación desfigurada de los mecanismos involuntarios que la producen?, Freud aclara que el individuo constituye la esencia de la conciencia, ¿no adopta el noble aspecto de un ego con foco en su yo?, ¿o quizá nuestra inequívoca dimensión radique en lugares extraños? La sabia mirada del que supo nivelar la balanza y el fiel con que pesamos la bondad disipa muchas dudas en el espejo interior: conciencia y objeto encarnan elementos de un conjunto que la lengua logró el prodigio de conectar —los cismas denuncian dogmatismos de una razón enferma.

¿De dónde diantres arranca la conciencia?, de una nebulosa donde no percibimos ningún paradigma preestablecido; a medida que extiende confines, el núcleo primero se condensa en una infinidad de filamentos dispersos que hallan soldadura, lo que parece un orden aparece tras el caos, ¿no acaba así por prender la antorcha del intelecto? Entonces oímos de un espíritu "dedicado al mundo", nunca del golpe de vista de un espectador desinteresado, ¿las odiseas no presuponen sus ítacas?, una vez en ruta ¿no precisamos completar el viaje?, ¿y de dónde mana la importancia del cuerpo?, de que inserta y soporta la conciencia en el Cosmos. Merleau-Ponty compara el envite dialéctico —no causal— entre hombre y mundo con la relación que existe entre conciencia y naturaleza. ¿Por qué perdemos lo mejor que queremos y salvamos bastante de lo peor que no queremos?, no contentos con una reducción a la conciencia ¿aspiramos a reducir la conciencia?, ¿y por qué no a coagular sombras?

La conciencia evoluciona en un movimiento circular: a preguntas que suscitan respuestas siguen respuestas que confirman, amplían y corrigen preguntas, ¿qué contenido crece con independencia de una conciencia?, ¿y qué conciencia crece con independencia de un contenido? Se hace expresión gracias a los nombres con que apresamos el entorno, ¿no coloreamos con diversos tonos la posición que ocupamos con referencia a cosas y personas? ¿Por qué no investigar la descentralización de la conciencia más allá de uno mismo?, mientras que un cuarto de luna nada echa en falta, la conciencia siente que queda un tramo por concluir y levanta el vuelo por encima de lo orgánico; con Husserl ¿no vinculamos la conciencia con un flujo de experiencias afectado por lo trascendente? Teilhard de Chardin coloca su "Punto Omega" en un Pensamiento unánime que unifica una pluralidad de pensamientos particulares, ¿representaremos el vestigio indispensable de la "Superconciencia" planetaria?

Ante la influencia de tradiciones y prejuicios ocultos que desvían conductas por proceder casual e indeliberadamente, la conciencia reivindica su indiscutible papel docente en la historia, ¿no apuesta por imponer el principio de que siempre ocurrió lo que debió ocurrir frente a que ocurrió lo que pudo ocurrir?, llama hacia sí a lo que auténticamente es y no puede dejar de ser; ¿resta aún un sueño por soñar?, que en todo momento y circunstancia sirva de motivación para administrar lo irreal en el fondo de lo real que niega, ¿a la pasiva determinación de la conciencia no replica la activa conciencia de la determinación? La evidente soberanía de la conciencia implica el disfrute de una sorprendente simultaneidad atemporal, con capacidad de gozar de cualquier mentalidad estetística que pretenda separar la obra de su contexto y relegar el arte a una zona aséptica del alma, fuera de las eternas cuestiones de lo verdadero y de lo falso, ¿incluiría la propiedad de integrar diferentes épocas?

Después de Ruyes no vale hablar de información en ausencia de conciencia, ¿qué pinta una radio encendida y a solas?, funciona, no transmite; disculpemos a los charlatanes que dicen crear bajo adormecimientos sonámbulos, ¡qué inaceptable romantiquería! ¿Un viejo asunto impenetrable?, la muerte; la de los demás induce una enojosa impresión de grave caducidad. De Labriola aprendimos que cabe vencer a la conciencia y no que la conciencia venza a nadie, y de Gadamer, que quien adquiere conciencia y somete a prueba sus convicciones soluciona el problema dentro y no necesita emprender la imposible empresa de salir; ¿a qué viene empujar a un inseguro contra su código ético?, ¿no obligaríamos a un náufrago a perecer en el negro casco de un barco incendiado? San Pablo pide a los fuertes comprensión y respeto por los débiles ; Juan de Salisbury ¿no busca armonizar conciencia con oportunidad?, mantiene la preeminencia moral sobre los prudencialismos políticos.