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de la Libertad Cuanto más sepamos de nuestros semejantes, más nos comportaremos libre y cabalmente... ¿libres?, de importar la importancia de lo que interpretamos, por supuesto; Aristóteles nombra libre al que tiene en sí el principio de sus actos, Galluppi insiste en que la libertad consiste en no querer cosas que queremos y en querer cosas que no queremos ... vivir implica un libre concurso de la voluntad que nos impele a ejercer de mortales con vocación de inmortalidad. Diferenciar la verdad del error lleva a gozar de la libertad, ¿cabe mérito en ausencia de libertad?; ¡por Cristo!, a pesar de que los problemas fragüen las soluciones, repliquemos a los imprevisibles desafíos del ambiente que nos rodea votando por las que mejor encajen, porque disponer de tal disposición donde las circunstancias oprimen nos pertenece, ¿la decisión de hoy no orienta después los hechos en un sentido apetecido y permitido por las inquietudes que acechan desde el futuro?; ¿queda aclarada la variedad de conductas constatables?, leí que "apenas el hombre escoge, es lo que escoge ser", ¿y acertamos a escoger algo que no hayamos ya escogido? No, no faltó entre los antiguos maestros quien pretendió reconocer en nuestras frágiles iniciativas chispas de libertad que rompían con el ordenamiento cósmico, y el propio Erich Fromm sentenció que avanzamos y crecemos mediante gritos de desobediencia, por tanto, ¿la capacidad de desobedecer, requisito de libertad? ¿La necesidad?, postulado de la ciencia, restricción de los sistemas, ¿las leyes no reducen siempre los horizontes?; la marcha general marcha de acuerdo con un encadenamiento minucioso, pero ninguna premisa sentó cátedra desde la eternidad: persistimos ilimitados en desear y representar vanidad, y limitados en poder, satisfacción, realidad, inteligencia —deterministas cuando pioneros, atrevidos cuando colonos. ¿La libertad?, postulado de la conciencia, restricción del entendimiento, ¿practicarla no impone barreras en cualquier dirección?; define su carácter el seguir sin menester ni coacción lo que la razón establece: desistimos del insolente necesarismo de los obcecados naturalistas y del polémico indeterminismo de los comienzos del historicismo —traducen inadecuadamente las facultades del alma. ¿Qué encarna lo necesario?, lo que no puede no ser : la menor expresión de lo dable; en caso de despertar de repente de su largo sueño, ¿la piedra no experimentaría libertad mientras cae?; en el naufragio total de toda contingencia no llegaríamos más que a inclinar la cabeza, y a que el silencio acogiera en paz la evidencia de una exigencia incomprensible, ¿qué restaría?, una honda resignación. ¿Y lo posible?, el campo abierto a la audacia, lo que puede ser : el límite superior de lo humano; ¿el impulso propinado a un cilindro no lo pone a girar según la forma cilíndrica?, ¿por qué extraña que respondamos a lo que nos sucede según nosotros?, la causalidad somete exclusivamente a lo que sucede, no a las pautas morales. ¿Libertad coincide con necesidad?, ¿a medida que baja el sol no aumenta la sombra? Aunque de unas pocas reglas de juego deduzcamos las partidas, aquellas indispensables relaciones lógicas no contienen estas ocasionales conexiones de éxitos y fracasos, ¿acaso el conocimiento de un acontecimiento presente lo decreta?, tampoco el de uno futuro obliga a que ocurra —ocurre lo que puede ocurrir, no lo que debe ocurrir —; y entonces, ¿qué indican las inexcusables normas?, el camino que muestra en su trazado la meta a cubrir: el bien —constituye la sustancia del mundo. De Jaspers aprendimos que la historia habla de una intencionalidad aceptada incondicionalmente que despeja lentamente su letargia, de Epicteto que nada sacamos de oponernos a lo que no conseguimos evitar, y sí de pujar por lo que logremos obtener. Distingamos el producto de la libertad, ¿por su intercesión no nos autoconstruimos?; de elegir en consecuencia acabaríamos en la auténtica elección, dediquemos muchas horas a sopesar los sentimientos, las opiniones, los caprichos descabellados, ¿volveremos sobre un buitre que roe el hígado de un Prometeo atormentado por robar el fuego celestial o anunciaremos un amor que tiende a regresar a la unidad primera?, ¿y si la necesidad no fuera más que apariencia?, ¿que sólo bulle por doquier una rabiosa espontaneidad?, ¿y si la liberalidad no fuera más que un punto de equilibrio entre avaricia y prodigalidad? Los valores interiores, ¿secuelas accidentales de choques mecánicos?, no, igual que la obra de arte con su artista sugiere a Dios; ¿y qué abarca el hábito?, depende de cuándo y cómo nos empuje a proceder, ¿no degrada lo rescatado a instinto, el espíritu a materia? ¿De qué manera casan los inceñibles dominios de Dios con la autonomía ética de sus ceñidas criaturas?, Pringle-Pattison señaló el misterio último que la palabra Creación dejó inexplicado, ¿permanecemos a oscuras como el centro de la llama?, de no habernos manumitido, ¿estaríamos tratando ahora de una deidad creadora? ¿Qué predica el determinismo?, un áspero abandono en lo revelado, ¡qué amargo fruto el de un privilegio negado!; ¿y qué instituye la trascendencia?, un ceremonial de libertad, ¿o quizá libertad misma parafraseando a Heidegger?, Bonhoeffer apuesta porque trascender signifique alcanzar lo próximo alcanzable, concedido una y otra vez, no asir el inasible infinito, ¿la existencia, esencia de trascendencia? De un modo que escapa a los preceptos que rigen el pensamiento, creo conciliable presciencia divina y opción personal, ¿con la afirmación de que el Ente origina lo existente y lo existente retorna al Ente, Gioberti no soslaya la identificación propuesta por los panteístas..? aspiro a la soberanía interior de Rogerio Bacon, aspiro a moverme por el tiempo con la facilidad con que el aire corre por la luz. |