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más de la Libertad ¿En qué punto del Universo reina una mayor libertad?, Pico de la Mirandola señala al hombre, ¿y Feuerbach no le echa en cara su odiosa mezcla de carencias y urgencias, su ociosa capacidad de gozo y frustración?, una débil criatura, que crece al crear y que recrea con preceptos distintos a los de la naturaleza, aporta solera y efectividad a un paisaje inexcusable; por concordancia con los fenómenos, cumplimos con las leyes que guardan el resto de los fenómenos, y por concierto con los noúmenos, anchamos el horizonte que compartimos con los libres, ¿condenados a libres, o libres de no considerarnos libres? Frente a la libertad como necesidad, defendamos en el bando de Ernest Bloch la libertad como posibilidad: "el hombre es la posibilidad real de todo aquello en lo que se ha convertido a lo largo de la historia y, sobre todo, de aquello en lo que puede convertirse en el futuro"—golpe a golpe, marchamos del "no poder ser de otro modo" al "poder ser de otro modo". Aunque el proceso parezca respetar un curso trazado y su previsión parezca factible, ningún mortal alcanza a predecir lo que ocurrirá porque siempre tropezaría con la determinación autodeterminante, ¿pretender lo contrario no la supondría predeterminada? Si extraña que una verdad abandone su trinchera de verdad, ¿no extrañaría más que una inteligencia sucumbiera a los disparos?, progresa con bastante desigualdad: durante los períodos de estancamiento corre de noche y excava a la manera de los topos, en las épocas de estallido destapa violencias contenidas y avanza arrolladoramente a pleno día; ¿y cómo llegar a campeón en autonomía?, con lograr independizar por entero re-acción de acción fracasarían las presiones y opresiones emprendidas con el insano propósito de quebrar ansias de libertad —Tracy entronca libertad con satisfacer la voluntad y complementa a Paracelso con "no sea de otro quien pueda ser suyo". A pesar de que en "la historia es lo que la historia era ", el pasado "era" carga sus espaldas con la estabilidad —su fatalidad— y el presente "es" lleva a que la historia constituya el principio de la historia. Del juego de las opciones deriva una honda problematicidad: una auténtica fuerza que encamina el alma a la bondad fértil y un desgraciado sentimiento que trae consigo desgarros estériles. ¿A qué preferir el mal?, obedece a la repulsión por el coraje que exige la práctica del bien y a las coerciones de codicia o de hambre de algo, ¿no valdrían más reposos ordenados en aquiescencia con goces constructores que agitaciones desordenadas en condescendencia con placeres destructores?, el irremediable anverso suena más a una deficiencia inevitable que a característica; ¿sólo rendimos honores a los incorruptibles cuando aprietan el gatillo a nuestro favor?, ¿por qué los líderes de opinión no corrigen tal conducta? ¿Cabe pensarnos artífices de la historia?, los insensatos que crean tamaña insensatez menosprecian la trascendencia de los ideales, reducen el derecho a la justicia a mero pretexto y acaban profanando el cuerpo sagrado de la vida: imaginemos que un perfeccionista del dibujo trace a la perfección extremidades, cabezas, torsos y demás miembros de modelos diferentes y trate de completar una figura humana...del bosquejo que obtenga saltará a los ojos el molesto yerro de la desarmonía —en vez de representar a un semejante, encarnó a un monstruo. ¿Vendremos de la degeneración de esencias racionales por pereza y rebelión?, no conviene elevar las ecuaciones seculares a ecuaciones lógicas, ¿por encerrar tanta riqueza no crujirían hasta reventar?; en el acontecer de los tiempos, Orígenes observó la redención de nuestro destino primero que nadie, ¿el espíritu no despliega sus alas según la medida de cada época?, y así, época a época, el mundo visible regresará al invisible. ¿Estimamos simple un centro?, ¿las inabarcables líneas que confluyen en él no forman una infinidad de ángulos?, ¿y hacemos de la historia un ejercicio de libertad sobre el escenario de una múltiple libertad en lucha?, ¿la forjamos necesidad por no existir empeño personal sin meta?, no permitamos a Maimónides que exagere el papel de la libertad, ¡cuidado con atribuir a disposiciones protagonistas más de lo necesario para desbaratar necesitarismos filosóficos!, no admitamos de Gersónidas que rodee la libertad con una tupida red de implicaciones, ¡cuidado con aceptar engañosos mecanicismos que adquieran aspecto de finalidad!, Kant habla de un proyecto orientador en el que los individuos inspiran las propias intervenciones y los filósofos demuestran un suceder prescindible e infalible. ¿Respiramos libertad mientras consintamos en seguir la necesidad que alguien escribió secretamente en nuestra condición?; ¿no dijo Homero que los episodios de un héroe mantienen correlatos con la obra de un dios?, el esquema de Pomponazzi, que atenúa la ruptura entre los ámbitos terrenal y celestial, ¿no sostiene un causalismo astrológico que aminora el incontrolable componente fortuito?; ¿nuestra alternativa consiste en avisar con Epicteto de que "las cosas son lo que son y nada más"?, ¿una moral de aceptación que aspira a dar asentimiento y apenas intenta cambios?, y ya que no enseña su rostro más que en el instante de decidir, ¿debemos descubrir bajo la necesidad una espontaneidad más persistente que cualquier elección o insistir en el clinamen de Epicuro —eventualidad de escapar a un movimiento de caída por gravedad—? Por resultar intolerable explicar la historia apelando a automatismos, apostemos con Bernstein por una ética indispensable antes de obstinarnos con Marx en impregnar de pragmatismo jacobino unas despiadadas concepciones —jamás los tejedores hundieron sus dedos en las calidades que acostumbra el pianista. |