más del Conocimiento

A pesar de que Tracy apruebe que "todo es milagroso para nuestros débiles medios de conocimiento", confundir el material que ofrecen con la robustez mental ¿no suena a confundir la madera con el hacha que la hiende?, Hegel lo deja bien claro, "si la física debiera fundarse en percepciones, y las percepciones no fueran otra cosa que datos de los sentidos, el procedimiento de la física consistiría en ver, escuchar, oler, etc., y aun los animales serían en este aspecto físicos". En estadios elementales, Beneke asegura que jamás lograríamos descartar con seguridad el estrecho abrazo de lo objetivo y lo subjetivo, ni determinar la complexión de lo que subsiste indiscutiblemente, ¿y entonces?, habría que ir más lejos, volver inteligibles una serie de matices, ¿la clave de un criptograma no permite delatar el mensaje que encierran las letras que lo componen? Frente a un conocer que implica padecer opongamos el gozo de ordenar lo adquirido: mientras Pascal quiere que escapemos, Voltaire propone que frecuentemos y aceptemos el mundo; ¿y llegaremos a abarcar más de lo que lleguemos a ser?, concebir responde al modo de actuar de la existencia y no a una de las posibles actitudes del existente. De insistir, traeríamos a colación las concreciones que Ampère construye con impresiones del momento y con recuerdos, suscitaríamos las generalizaciones de ideas individuales que Rosmini obtiene por síntesis con ideas, convocaríamos el álgebra que Fries arranca a la ecuación "saber más fe más presentimiento suma conocimiento".

El discernimiento común considera los factores de original y copia, la aprehensión filosófica compara el original con producto necesario y la copia con una repetición del producto. A despecho de que la norma exija interpretar con fidelidad los modelos, abandonemos el viejo deseo de buscar en sus maneras los reflejos de una realidad: en el Zaratustra, Nietszche negó la viabilidad de los inmaculados entendimientos desprovistos de intereses, sin parcialidades. En Comte leímos que el conocimiento encarna una forma extraordinaria de los ajustes con el exterior en virtud de equilibrios progresivos; no, no impone un ataque directo a la autonomía del hombre, sólo dirige su crecimiento, ¿no parece abrir la puerta de un interior por desvelar?, ¿conectará con la distinción de Hume?, de tratar con hechos lleva a relacionar estructuras. De Rosmini aprendimos que cuando observamos un ente —suceso forzoso y pasivo— lo captamos "tal cual", y que cuando concentramos la mirada y asentimos "sí, es tal, tiene tal valor" lo recuperamos. Aunque las edificaciones que levantamos dan por sentado una semejanza de naturaleza entre el que toma nota y lo anotado —indispensable en el encuentro y acomodo—, el que Wiegel no dudara de que "el conocimiento está en el que conoce, no en lo conocido" ¿derivará del aserto de que "la comprensión, comprendiendo, se apropia de aquello que ha comprendido" de Heidegger?

¿Dónde sitúa Juan Peckham la raíz del conocer?, en la luz que ilumina con voluntad de que conozcamos; ¿en qué señal vislumbra Maine de Biran su condición?, en el movimiento, porque en ausencia de resistencia no sospecharíamos ninguna presencia, ni siquiera la de uno mismo. ¿A qué atribuye Vauvenargues su solidez?, apuesta por el impulso más que por la razón, nunca dueña de sus fueros, ¿el sentimiento no propende a creer lo que la reflexión demasiado frágil y siempre subordinada no emprende?; ¿y la embriaguez del arte, gran estimulante de la vida?, los poetas y profetas hablan del inconsciente humano como las flores del de la vida vegetal; ¿y qué demontre garantiza la vigencia del bagaje kantiano?, sus fronteras. ¿No diríamos que un pícaro redomado juega allá arriba con la insoportable incapacidad de aquí abajo?, ¡malditos dados trucados!; ¿acertaríamos con el fin que preconizara Rogerio Bacon?, acaso en el reposo trascendental de quien alcanzara a contemplar la verdad, ¿no coincidía con Bentham en que apuntaba a la felicidad?; ¿el trabajo fundamental de la filosofía?, Popper lo cifra en descifrar el Universo y afirma que firma su conquista más alta.

Por aspirar a lo mejor, los límites retroceden y retroceden, ¡cuánta lentitud la del paso a paso!, ¿la inocencia de Adán?, nesciencia, nesciencia que contiene el principio que desencadena la caída, nada más que una nada —los de su estirpe cumplirán la ley del ciego que tantea y sufre por chocar con los bultos. Conocer estriba en redescubrir primitivos descubrimientos, ¿el instinto no puso de moda los cuerpos?; del ignoramos cómo obran las sustancias particulares, del ignoramos cómo obran las causas eficientes, del ignoramos cómo obra nuestro espíritu, Galluppi admite la insondable Creación, no absurda. En pro de biografías profundas, por los caminos de la mística echemos mano del precepto de Popper: "audacia en las conjeturas y severidad en las confutaciones" para despejar tinieblas, ¡tanta y tanta hambre de fuego!; ninguna ayuda viene del disgusto exagerado por quedar corto: apesta la angustia por no correr a cuatro pies o por no volar con un par de alas. Gracias a un conjunto de poderes, falibles y corregibles que continuamente sometemos a control, ganamos distancia con los estadios de investigación embrionarios. ¿No convendría que sustituyéramos con Kuhn la evolución hacia lo que pretendemos por la evolución desde lo que poseemos?, probablemente no abunde en mayores acercamientos a una meta, pero quizá el amor que revela la aventura del conocimiento tienda a suprimir los obstáculos que separan el desconcierto de hoy de la armonía de ayer.