más de la Voluntad

Base de cualquier percepción, irreductible a una ambición voraz. Escoto la concibe "principio activo distinto de todo otro género de principios", Schopenhauer habla de esencia universal, impar sustancia del orbe, e insiste en que encarna "el verdadero ser interno, el núcleo, el elemento radical en el hombre". Leímos de Stirner que "no ya el árbol, sino mi fuerza para disponer de él como me parezca, constituye mi propiedad", ¿y dónde situar la iniciativa?, en el agente que obra con lucidez, sin esperanza ni miedo: recordemos que voluntario emparenta con una raíz indoeuropea que sugiere lo que hacemos con gusto, fácilmente, sin violencia, ¿no remite a la estructura metafísica de la realidad?, ¿queda claro que integra un inequívoco atributo? La voluntad ¿de qué modo alimenta y cuida su figura?, el difícil fiel de "ni tan positiva que sea suficiente, ni tan insuficiente que sea negativa" acaba por declinar hacia un "sí insuficiente, pero no impotente" gracias a caducos mitos inexplicables que invitan a la destrucción de lo que existe por emplazar excesivas convicciones irrefutables en la incierta periferia del entendimiento.

Desde Kant asumimos que "la razón debe poder determinar la voluntad por la mera forma de la regla práctica sin presuponer ningún sentimiento o, consecuentemente, ninguna idea de lo placentero o no placentero"; a pesar de que ambas broten de un tronco común —sujetos de acción—, no confundamos jamás subordinación con simple instrumento al servicio de los dictados neuronales, tampoco importunemos con el cartesiano error de imaginarlos entes opuestos. ¿La voluntad, apetito lógico?, en cuanto contemplativas, las virtudes especulativas giran en torno al eje de la reflexión —permite decidir los medios—, luego, en cuanto vocación apetitiva, la voluntad establece las virtudes éticas —sin saber previo ¿qué brilla con el brillo de la espontaneidad? Con tal de discriminar ¿lo que obstaculiza propósitos somáticos también alteraría pensamientos?, no profesemos el descarado credo de Schopenhauer de que "los genitales son el foco de la voluntad, y están por lo tanto en el polo opuesto al cerebro, el representante del conocimiento", ¿por qué alojar su centro en los húmedos sótanos del cuerpo?

Por no ocupar un puesto concreto en la jerarquía del Cosmos, disfrutamos de la capacidad de fijar el espíritu en la arena y escoger un camino, retroceder, abandonarlo y seguir una conducta, ¿cabe aún mayor timbre de gloria? La voluntad perdería terreno con el hábito, por repetición ¿no degeneraría en una rutina maquinal?: ni voluntario significa libre ni compulsión significa coacción. Veamos en la libertad una condición que revela la condición de la voluntad, no un ordeno y mando; ¿no resulta por demás absurdo preguntar por la libertad de la voluntad?, identificar voluntad con libertad daría pie a un enorme galimatías lingüístico por enredos del lenguaje —sólo los humanos ostentan esa inapreciable competencia. ¿Qué aprendimos de la filosofía de Kierkegaard?, que el sacrificio, la frustración y el tormento asientan los apoyos más robustos, ¿y de la del sensato Kant?, que "la restricción directa de la voluntad por la ley no tiene apenas analogías con el sentimiento del placer, aunque en relación con la facultad de desear produce exactamente el mismo efecto, pero con origen diferente": el "contento intelectual".

¿La voluntad, pieza clave moral?, Kant apunta que "la autonomía de la voluntad es el único principio de todas las leyes morales y de los deberes conformes a ella"; ¿su norma de querer?, querer lo recto por la rectitud, ¿de amainar la voluntad en pro de la rectitud no dejaría fuera su carácter?, y querer la condescendencia con el prójimo en aras de un perfeccionamiento; ¿su inevitable compromiso?, con la verdad a hombros, ¿no peca de voluntarismo?, ¿acaso que lo justo coincida con justo dependería de un estado de ánimo? No tratemos de mantener en conserva ni el maná del desierto ni la voluntad, porque menguarían mucho sus utilidades vitales: hoy frescas y jóvenes, mañana pútridas y viejas; ¿cuándo opinaremos vencida una voluntad?, cuando por goce acometa lo indecente y por dolor no acometa lo decente, ¿rendida por manos extrañas?, no, por las suyas, de ahí el alegrarse y el indignarse según corresponda: la posibilidad de resbalar pendiente abajo sin detener la caída ¿no evidencia una exigencia inalienable?, ¿qué diablos ocurriría si no contáramos con conciencias interesadas en el acuerdo y en la discordia?

Preocupa la desazón personal de Hume en "niego que mi voluntad sea la verdadera causa del movimiento de mi brazo, de las ideas de mi mente y de otras cosas que acompañan mis voliciones, pues no veo relación entre cosas tan diferentes". ¿No desalienta bastante que por el ansia de perpetuar la felicidad y de corromper el bien, la andadura por el mundo menoscabe la voluntad después de empezar por la voluntad?, ¿y procurar el bien no señala la meta de esta o aquella experiencia?, ¿no oímos una y mil veces que el objeto de la voluntad reside en el bien?, ¿y por qué quienes descubren lo que anhelan no siempre cubren los pasos precisos?, por las maneras en que proceden los argumentos y las intenciones: ¡qué insufrible tensión va del pretender algo a su materialización!, ¡cuánta insatisfacción exuda incluso una victoria! ¿Qué solución valdría la pena adoptar?, renunciar por completo a uno y trascender, ¿Kant no llamaba a la voluntad "apercepción trascendental"?, ¿y del paradigma natural llegar así al sobrenatural?: Wittgenstein se considera vinculado de una voluntad ajena que quizá reciba el nombre de Dios.