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de la Historia Solemos meter baza en los derroteros de la Naturaleza a pesar de que no corrimos con el trabajo de poner en hora y dar cuerda a su reloj; en cambio, muchos olvidan meditar en los vericuetos de la historia, ¿no hemos contribuido ustedes y yo a que eche raíces?, ¿desde que pisamos la áspera piel del planeta, no escuchamos que palpita en su corazón? A menudo, el combate de los aliados de lo visible —"hijos de la tierra"— contra los simpatizantes de lo invisible —"amigos de las ideas"— llega a compromisos que no siempre cabe desentrañar: después el acaso interrumpe la refriega y los protagonistas empiezan de nuevo con sus reflexiones; ¿la acción no trasciende a un principiante en fase de educar el desespero en sus esperas?, con el instrumento de fabricar dioses a lo sumo tejemos, nunca rasgaríamos sus tramas, ¿Hegel no enseñó a mirar la historia como una evolutiva totalidad dialéctica?; en los más escondidos argumentos observamos la búsqueda de lo enorme y salvaje, ¿por caminos de victoria fatigosa no marchamos tras la empresa que tanto amamos? De triunfar la máxima de que "todo presente modifica el pasado", no descubriríamos lo que nuestro ayer aún mantiene oculto en mañana, ¿el agua muerta que ahora retrocede obstaculiza la embestida que antes avanzó?; aunque el susurro de la ola nade inmerso en el confuso tropel de sus compañeras, ¿no precisamos su constante arribo a la orilla de una en una para oír los rumores del mar?, aclara percibir claras manifestaciones de conjunto y difusas en sus partes. D'Alambert asegura que conectar con el espectáculo de vicios y virtudes, desdichas y contentos, aciertos y yerros acaecidos siglos atrás, implica transmitir los nuestros al futuro, ¿progresamos de igual forma que los gusanos urden sus capullos? En la historia tropezamos con el sutil y tortuoso desarrollo de la mente, ¿lo insólito de las capacidades creadoras y destructoras del hombre no la impregnan con sus arranques sorprendentes?, en un indeterminado instante de ruptura podría surgir lo insospechado que imprimiera un giro completo a las circunstancias; fuera de dudas, lo que nuestra lenta y compleja maduración no toma de la cordura lo obtiene a costa de la locura y de volvernos locos, ¿la tragedia y el dolor no tiran hacia adelante según Schopenhauer?, quien coloca entre la memoria milenaria y su fugaz colaboración el velo intelectual empañará mieles con hieles. Con demasiada frecuencia la historia pasa a través de lo humilde, lo despreciado, ¿no calificó Bayle su ordenamiento con la mala nota de "serie de delitos y desventuras"?: los pueblos comienzan por probar sus crueles instintos, a continuación llevan sus peleas a las vecindades en nombre del valor, luego tratan de que destaque su condición benigna, más tarde suavizan modales y por fin muestran su semblante más disoluto, ¿no encontraremos oscuro el origen de las guerras por ignorar los cauces de la paz? ¿Cómo interpretar lo que sucede con una explicación si algo similar a una platoniana "causa errante" sirve de nodriza y soporte de su cadencia?, el concurso de azar y necesidad ocupa la mitad de nuestro comportamiento, y lo demás cuelga del libre albedrío. Y ya que con la fantasía no concebimos el mundo, ¿lo entregaremos al látigo de apologistas y detractores?; ¿alcanzaríamos a construir una ciencia con semejantes materiales ciegos?, más ayudaría contar con alegóricos significados cardinales que apostar por hieráticos significados literales. Recordemos que de los resultados nadie logra remontar la génesis, ¿quién consiguió captar los afectos y desafectos del escultor con examinar exclusivamente sus estatuas?, y eso que conocemos bien los objetos esculpidos por estar acabados; peor ocurriría de intentarlo con el acontecer mientras resten aconteceres por cocinar y lo cocinado encarne la recapitulación caótica de lo acontecido. Del brazo de lo esencial, vamos del "qué" al "cómo", en calidad de peregrinos, ¿nos bastaría con aprender con independencia de ajustar o no el admirable peso de este o aquel florilegio?, consuela la impotencia de Telesio que deja su investigación cuantitativa a los que vengan de relevo, Plutarco insiste en que el norte lo marca la sabiduría, ¿renunciar a tocar fondo eternizando conclusiones no pacifica?, ¿el aire infantil de las superficies no regala sensación de quietud? Los hechos miden el entendimiento y no el entendimiento a los hechos —andamios de albañilería destinados a desaparecer—, ¿qué capitán mandaría una nave azotada por los vientos lejos de la brújula y del timón, a un tris de que emerjan las profundas relaciones del remar humano de debajo de un océano de casos sin organizar?; a los temerarios que entraran por la buenas en tamaños torbellinos convendría decirles que "los fundamentos teóricos dirigen la experiencia que estudia de otros", ¿el mentecato, un despojo de la historia?, ¿se erige a sí mismo en regla del Universo? Los que procuramos distinguir de la informe cronología los puntos característicos, ¿deberíamos proceder a posteriori porque sólo comprendemos la realidad una vez realizada?, ¿y con un simple cálculo matemático extraeríamos el fajo de ecuaciones que describiera la difícil trayectoria?, ¡por supuesto que existen diferencias específicas en lo que tiene lugar!, pero, ¿no representan variaciones sobre un tema común reconocible?, ¡por supuesto que el vaso estalló en infinitas esquirlas!, pero, ¿cada una no conservará su chispa de luz primitiva?, ¿o quedó ahogada en las doce fuentes que manaron apenas Moisés golpeó con el báculo la roca? Por una impronta armónica del tiempo, la razón que guía esta apresurada aproximación al pretérito contiene una mayor proporción de fértil recreación intuitiva que de puro ejercicio lógico —los factores imaginativos preconscientes juegan un importante papel—; quien escribe de tal manera ganó por la mano el derecho que asiste a los poetas de adueñarse de cualquier tesoro a mano para alimentar su inspiración, ¿con qué mejor alambique destilar que constituimos un microcosmos en sentido histórico y que compendiamos la historia? |