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más de la Política Ya que cualquier valoración implica la aversión a una situación, encierra el atractivo de un asequible futuro y establece una relación determinable entre actividades y meta, no encontraremos un sistema jerárquico al margen de la dialéctica autoridad-libertad, ¿acaso un consentimiento no supone una prueba de fuerza?, en cuanto cascan los frágiles equilibrios estalla el debate; sólo bajo nuevas circunstancias surgirá una nueva adhesión. Nada de choques frontales, sino en profundidad, por guerras de posiciones: con la acusación de traicionar sus cumbres más altas, Marcuse defiende a Hegel de servir a los planteamientos absolutistas, "su doctrina política comporta la rendición de la sociedad a la naturaleza, de la libertad a la necesidad, de la razón al arbitrio". Aunque las estructuras fijan las reglas que guardamos, la libertad depende de las consecuencias y no de los antecedentes de la elección: ¿a qué apelaría quien critica un régimen en nombre de uno mejor?, a sí mismo, a su derecho de individuo y al derecho de los demás individuos, ¿y cómo salva la dignidad en un mercado repleto de compradores y vendedores que gritan la muerte de Dios y pregonan la mercancía del trabajo más que liderar cambios de arriba abajo? Los modales inseparables de saber y poder se reproducen recíprocamente: el poder se regulariza siempre en un saber y el saber se concretiza siempre en un poder; el poder suscita continuamente saber, acumula información, la utiliza, mientras el saber trae consigo efectos de poder. Quizá coincidamos con Feyerabend en que la ciencia busca descubrir tesis efectivas y no tesis verdaderas, pero jamás consideremos ciencia a la política por la preeminencia de lo práctico-persuasivo-colectivo sobre lo teórico-cognoscitivo-personal, porque cuando la ciencia no encarna más que un asunto político, interpelar al poder con los argumentos del saber desvela que la política pretende convertir su alquimia en ciencia. Desconfiemos de una ciencia que no impregne sus ocupaciones de respeto y justicia, ¿en qué época los problemas terribles recibieron respuestas?, ¿por qué nadie aireó que el problema disuadía de la solución?: las ideologías simbolizan objetos culturales percibidos, aceptados y sufridos que escapan a la comprensión de muchos, no alcanzan la categoría de construcciones consistentes y voluntarias. La ética, ¿apenas un estímulo en sensibilidades juveniles?, Croce asegura que desborda y contribuye a deshacer y hacer el camino, ¿los escollos romperían viejos sueños?, estamos hartos de las fantasías de Platón, de Tomás Moro, de Campanella y de Fourier, ¿otra tanda de nostalgia por lo primitivo, puro, simple y simpático?, tras "¿Padre, por qué me has abandonado?", ¿a qué viene censurar a quien pregunta? Dejemos de lado a los astutos profetas y sus propuestas, demos aliento a un hondo sentimiento de piedad y de ternura mezclado con un estado de ánimo de resignación pesimista, de un pesimismo que no arrastra a la indiferencia por su tendencia a la exploración de exponentes de una vida más llevadera. Tomando como enfermo el inframundo que nos tocó en suerte, contrastemos la única célula de curación con lo que parece excéntrico y paranoico: ahora y en la Edad Media los locos no mienten a sus señores, ¡pidamos que semejante autenticidad reine por su propia cuenta!, ¿y pecar de utópicos?, pequemos de esa manumisión de la subjetividad elevada al infinito y sigamos a los románticos aventureros vigías del mundo que otean las orillas del impresionante museo de la aventura del "bípedo sin alas" aristotélico. ¿Uno de los requisitos capitales para la conquista del gobierno?, que el grupo dominante pierda competencia en resolver las dificultades comunes y en imponerse en los planos mental y moral. Gramsci señaló a la clase en ascenso que ejerciera de dirigente antes de ganar, después que persistiera en su papel a pesar de que lo creyera bien desempeñado, ¿precisa agua bendita su autonomía?, no, según Maquiavelo. Foucault niega la existencia de atalayas privilegiadas de presidencia y de lugares privilegiados de resistencia, por tanto pensemos en algunos puntos móviles que representen a aquel que burla los tratos despóticos; en mayor o menor densidad en el tiempo y en el espacio los nudos de rebeldía concebibles, imprescindibles, improbables, espontáneos, salvajes, solitarios concertados, deslizantes, violentos, irreductibles, prontos al compromiso, interesados o sacrificados, prenden de improviso en momentos esenciales y sublevan a ciertos tipos de conductas. Conjeturemos que cabe sugerir qué ventanas proteger en una casa con ocho si disponemos de seis persianas, ¿tarde o temprano no invadirá el gélido enemigo por donde note menos defensa y no acabarán todas las habitaciones por padecer los rigores invernales? Los pueblos propenden a generar intelectuales convincentes que permanecen fieles a sus mentores, e intelectuales orgánicos que juegan a orientadores por su capacidad de expresar exigencias y urgencias. De ordinario, manejan el poco riesgo de los imposibles, nutren sus ansias casi hasta la esclerosis del cerebro con las fórmulas entumecidas del oportunismo, procuran disimular los instrumentos reales con bellos proyectos. Pero ¿qué provecho principal los espolea?, los grados de decisión que detentan condicionan el empaque que disfrutan, el dinero y la herencia también suman. Sin aspirar a impartir lecciones a la historia con imperativos deontológicos que repetirían los ridículos del iluminismo, admitamos la contingencia del proceso o ninguno resultaría culpable, ¿no vemos que resta importancia a la fatalidad del desorden e impide desengaños?, y admitamos la componente de cordura o pereceríamos desquiciados. ¿Estos necios no tendrían que obedecer el mandato de Hamlet?, que mantengan frente a los ojos un espejo y, con la imagen reflejada, impulsen el progreso de la humanidad, ¿con qué?, bastaría con cumplir el deber diario, con recorrer virilmente los accesibles de parte a parte. Desde una perspectiva trascendente conviene recordar de Cox que "hablamos de Dios políticamente cada vez que damos ocasión a nuestro prójimo de llegar a ser el agente adulto, responsable, el hombre plenamente post-tribal y post-ciudadano que Dios espera que él sea hoy". |