|
de la Ciencia Por su construcción no contradictoria, la ciencia rompe el orden de fenómeno a fenómeno, fija por entero su atención en desenmascarar la difícil relación que yace entre lo aparente y lo oculto, entre lo exotérico y lo esotérico, reemplaza lo que ve por señales útiles que capten suficientes perspectivas de lo que pretende informar, descubre, describe —no explica— conexiones recíprocas de lo que no puede suceder distinto a como sucede y encadena precepto con precepto hasta blandir síntesis. ¿Cómo no vamos a coincidir con Descartes en que encarna el más delicado néctar de la inteligencia y con Renan en que proporciona los imprescindibles símbolo y ley? ¿Y qué encontraríamos en las afueras del infinito encerrado y revelado de Comte?, una sórdida materialidad apenas dibujable y unas facultades humanas que el incansable investigador jamás pondrá en acción, además ¿la regeneración y coronación de los altos interiores no cargan demasiado unos hombros sumamente endebles? Asintamos con Hegel en que la existencia implica idea llevada a efecto, ¿y por qué no dar cuenta de los procesos en ejecución?, sigamos a Montaigne en su decir que "la ciencia empieza por los sentidos y se resuelve en los sentidos. No seríamos más que una piedra, si no supiéramos que existe el sonido, el olor, la luz, el sabor, la medida, el peso, la blandura, la dureza, la aspereza, el color, la brillantez, la anchura, la profundidad. He ahí las raíces y los principios de todo el edificio de nuestra ciencia", ¿el viejo alambique de Telesio no destiló bastantes pluralizaciones a partir de singulares percepciones?, traigamos aquí la afilada sentencia de Hobbes de "conocimiento de consecuencias y de dependencias causales". En adelante llamaremos científicos a los que coordinan casos y formulan universales con miras a "predecir el mayor número de cosas", ¿acaso una gramática contiene palabras —elementos del lenguaje— o sólo la trabazón del lenguaje? A pesar de que magia y ciencia aspiraran a colocar el imperio de la Tierra a los pies del hombre, la magia acabó por determinar el temple de la ciencia, ¿hablaríamos tan pronto de un cuerpo que aumenta de manera gradual por adición de contribuciones aisladas, inanimadas e impersonales? El vuelo de la ciencia ganó soltura cuando saltaron los grilletes de la magia, cuando distanció la Naturaleza de lo que alcanzáramos a imaginar y desear, cuando la rebajó a una objetividad soberana y ponderable, cuando la interpretó sin hipótesis metafísicas ni doctrinas ficticias, ¿la ciencia no evidencia así al último y más maduro de los naturalismos? De nombrar a la necesidad madre del orbe, ¿a qué padre atribuiríamos la paternidad?, al esquema racional, ¿y ni siquiera con tales progenitores logramos casar ambiente y modelo? Aprendimos de Comte que las "aproximaciones crecientes de una realidad que no podría ser nunca rigurosamente apreciada, siendo siempre la mejor teoría en cada época aquella que mejor representa el conjunto de las observaciones correspondientes", ¿tratamos con un endemoniado oportunismo que echa mano de lo que sirve y suelta de la mano lo que ya no sirve?, ¿quién tendría plena confianza en su fatigoso trabajo de hoy oyendo que mañana lo juzgarán superado?, Boyle defendía un cauto escepticismo que sometiera a la prueba del experimento cualquier conclusión, ¿inferiremos con Algazel que "la ciencia es el árbol y la práctica es el fruto"? El progreso forzó a que estudiáramos y asimiláramos los planteamientos aún válidos con el análisis y debate de los hechos y con la justificación de hecho en hecho; durante el examen de semejante entidad palpitante, mediaron los vínculos y la obligatoriedad que introduce el momento dialéctico y unas cuantas flexibilidades y negligencias en las cuestiones semánticas —los criterios de unanimidad exclusivamente convienen a las víctimas asustadas de algún mito o a los seguidores de un tirano. Acompañemos con decisión a Kant en sustituir el avance hacia la ciencia por el avance en la ciencia. Indudablemente, la ciencia de un individuo muere con su muerte, pero tamaña restricción desinteresada de la complexión del mundo no perecerá por sus ataduras con la especie bípeda. Según Condorcet "el marinero que no naufraga gracias a una exacta medición de la longitud, le debe la vida a una teoría forjada dos mil años atrás por hombres geniales que se proponían unas sencillas especulaciones geométricas", ¿no historiaba Horacio que manadas de ganado saqueaban, paciendo, los campos de Demócrito, mientras la mente del pensador vagaba lejana?, ¿andaría metido en diálogos con la ciencia que concibiera Bacon reinando en el Cosmos? ¿Una utopía por generalización?, Hegel considera la urgencia de una ciencia absoluta como autoconocimiento del entendimiento absoluto, ¿llegaríamos a una que contuviera los fundamentos de las demás y estableciera los caracteres puntales y las reglas de combinación?, aprovecharía para que florecieran los interrogantes en esta y en esa rama por podar; filosofía más teología ¿compondrían la ciencia perfecta?, una proyecta el lado claro y la otra el lado aclarado por la enseñanza divina. ¿Una utopía por simplificación?, ceñir el largo y manso calvario de los diferentes tanteos a la aplicación mecánica de cierta estructura común, ¿lo creeríamos posible?, si construyen sus lógicas específicas a la vez que prosperan ¿de qué modo penetrar con anterioridad en sus comportamientos? El mismo Condillac previó que "cada una de las ciencias podría reducirse a una primera verdad que, transformándose de proposición idéntica en proposición idéntica, nos ofrecería, en una serie de transformaciones, todos los descubrimientos conseguidos y todos los que quedan por conseguir", ¿y Marx?, ¿no insistía en que la ciencia natural comprendería la ciencia del hombre, igual que la del hombre comprendía la natural? |