de la Perplejidad

—Ni una cosa sin contrario.

—¿De ocurrir uno ocurrirá el otro?

—Máximo y mínimo, lleno y vacío, infinito y finito, creado y crear.

—¿Sorprende el milagro evangélico de convertir agua en vino?, ¿y durante la maduración anual de los racimos, no apreciamos algo paralelo?

—Todo y nada.

—¿No conmueve que la nada posea un nombre?, quizá así constate su realidad, ¿quién consideraría que un nombre no señalara a algo real?

—Origen y desenlace, movimiento y quietud, caída libre y torbellino.

—¡Qué abismo bostezante el de una corriente que va a secarse!

—Eternidad y tiempo.

—Un callado mensaje que transmite el clamor de lo incomprensiblemente comprensible.

—Unidad y número.

—Tan fácil de dibujar la diagonal del cuadrado y tan imposible de calcular, ¿una medida inconmensurable?

—Par e impar, positivo y negativo, figuras redondas y angulosas, mezcla y separación, homogeneidad y disparidad, bello y feo.

—¿La belleza?, un modo sensible de la perfección moral.

—Sujeto y objeto, vida y muerte.

—¿De Epicuro no leímos que "para los vivos la muerte no existe; en cuanto a los muertos, no existen ellos"?, y entonces, ¿por qué gustamos de que la muerte hable en cuerpo de carnaval?

—Contenido y forma, justo e injusto.

—¿Qué cerebro imaginaría justicia sin injusticia, moderación sin intemperancia, sensatez sin insensatez?

—Verdad y mentira.

—Resulta más difícil descubrir a un filósofo en sus paseos por lo divino que chocar con un sofista en sus devaneos con la oscuridad.

—Historia y lógica.

—¿De qué sirvió a Heráclides corromper aquella ciudad?, ¿mejoró su situación una corona de oro?, ¿no la diñó de emoción intramuros de Pitia?, ¿acaso no controlamos lo que hacemos despiertos al igual que no controlamos lo que hacemos dormidos?

—Religión y especulación.

—¿Qué decir de la paradoja de Bayle de que un ateo distinga el bien del mal y que sus repúblicas subsistan?, ¿y de la de Boehme, de que Dios destruya a los impíos por mano de impíos?, ¿y de la de Lutero, de que Dios castigue a bribones con bribones?

—Pensamiento y Estado.

—Por su apariencia engañosa, ¿no supone una experiencia suicida que pensadores y estadistas condenen lo humano?

—Conciencia y gloria.

—¿Con sumar dos designaciones obtendremos una afirmación?, ¿con dos afirmaciones arreglaremos un silogismo?, ¿con dos o más silogismos cubriremos una demostración?, ¿con restar una proposición de cualquier conclusión ganaremos la siguiente?, ¿funcionamos con el rigor de un ordenador?, no lo creemos señor —señor Hobbes, sophos nadie, a lo sumo filósofos.

—Conquista y pérdida, saber y búsqueda.

—¿Los camellos, jirafas y avestruces más sabios que nosotros?, ¿no levantan más el cuello?, de triunfar la física de los músculos sobre el espíritu ético, dominarían la Tierra búfalos y elefantes y no el hombre.

—Explicación y complicación.

—¿La luz no continúa blanca después de que Newton descompusiera el rayo en sus diferentes colores?, también la gratitud y generosidad conservan su carácter de gratitud y generosidad por más que reduzcamos tales virtudes a sus últimas motivaciones egoístas, ¿el fuego rojo que blanquea la piedra no ennegrece la madera?

De sobra aprendieron los alquimistas que las grandes y pequeñas operaciones siempre comportan desperdicios: una vez más quintaesencias que llevan dentro basiliscos venenosos, ¿no pretendía Calígula que colocaran una estatua suya en el templo de Jerusalén? El análisis inacabado engendra antagonismos que no sólo deben coincidir, sino que representan esa enojosa coincidencia, ¿constituirá la única fórmula que recoja lo inasible de la trascendencia? Muchos quisieran escapar del conocer por la espalda del conocer, ¿no necesitan poner en marcha un conocer?, ¿y la amenaza circular no vuelve por sus fueros?, ¡pues claro que los ingleses no invadieron la India por practicar el sánscrito!, pero, ¿qué habría sido de Schopenhauer de no tener a su alcance a los Upanishads? Bastantes opinan que las resistencias recíprocas simbolizan el aguijón imprescindible que inocula humildad, ¿la contraviolencia no mantiene y atenúa la violencia?, ¿lo absurdo trabaja en el mundo en concordancia con las reglas que lo sostienen? Si tratamos de vencer a la Naturaleza, antes obedezcamos sus preceptos, ¿esperamos que el sol salga mañana?, jamás conseguiremos probar que saldrá, ¿las pautas del Universo no pueden cambiar?, la ley de polaridad, el conflicto de las fuerzas y de los principios aseguran la permanencia del Cosmos en una evolución dinámica que recomienza en cada giro, ¿la espiral no apoya nuevos tramos en trazos previos? Por sus propios medios, ningún razonamiento despejaría perplejidad alguna y no cabría deducir de su impenetrabilidad que carece de sentido. En el campo de dolorosas peleas los incondicionales del Uno y de lo Múltiple afinaron sus estructuras gramaticales y sus técnicas de discusión prosperaron; ciertamente, las batallas dialécticas revelan cuánto espacio de silencio vuela por encima del lenguaje, ¿insistiremos en tamaño juego de obstrucciones y puertas abiertas hasta arruinar el edificio que construimos con la intención de inscribir lo cotidiano?, ¿no ejercemos gobierno en esa especie de regiones inabordables? A la larga, ¿el frecuentar los extremos no deja una impresión de sequedad y dejadez?, una pesada cuenta de la que pocos se dan cuenta, ¿cuándo tejeremos en el mismo telar conductas discrepantes?, en la música, de los opuestos nace el concierto, ¿no parece un primer punto de aproximación? Observemos para recabar una teoría y teoricemos para observar: a partir de las síntesis espontáneas de los términos encontrados en las presunciones preliminares iniciemos los procesos de interpretación. Como en la vida ideal, reparemos en los problemas comunes, no en las soluciones que dividen, argumentemos con magnanimidad, nunca permitamos que la envidia organice en el entendimiento preguntas y respuestas, equilibremos, no suprimamos, resolvamos sin privilegiar, no precipitemos soluciones en ciegas confusiones, juntemos lo completo con lo incompleto, lo armónico con lo disonante, ¿disonancia no engarza con disonancia?, acompasemos valentía y prudencia de manera que suenen a prontitud y cordura.