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más de la Moral ¿Un vano intento de dar categoría general a determinados apetitos personales?, no, constituye nuestra innegable esencia, no un simple añadido, ¿Spinoza no reclamaba con sus reflexiones un estilo de vida? Aceptamos que la lógica respecto del juicio supone una condición previa, ¿extraña en Wittgenstein que la ética respecto del mundo suponga su condición previa?, Russell matiza que ambos planos no tienen conexión y Pufendorf señala que el principio de indiferencia separa ese viejo Bósforo: los innumerables atropellos perpetrados muestran que los primeros preceptos no constan inscritos en la conciencia, ¿no parecerá excesiva alegría confiar en una criatura moral?, reivindiquemos a Nietzsche en volandas de su "inocencia humana" y a Aristóteles en su postulado de "tabla rasa del alma". Locke no encuentra puntos de apoyo universales, "las acciones de los hombres son los mejores intérpretes de sus pensamientos", pero ¿acaso no precisan elevar tales experiencias a la altura gramatical de un soplo de viento que insufle aliento en sienes despiertas?, de Hobbes tomamos que "tras la Física viene la Moral, donde se estudian los movimientos de los movimientos...". Distantes y abandonados a sus distancias, la moral ¿no ayuda a moldear en oro una multitud de suertes tristes?, los crusoes de islas perdidas ¿no producen efectos propios del contrato roussoniano?, cenizas de una emoción extinguida por una llamada que regula costumbres, imprime significado y salva almas, ¿por qué perturba que evolucionemos desde atender al crecimiento de uno a insistir en la perfección de los demás?; releamos de Locke que "habiendo hecho Dios a la creatura de tal manera que no era bueno para ella estar sola, le puso fuertes exigencias, carencias y conveniencias que la inclinaran a vivir en sociedad, y a la vez la dotó de entendimiento y lengua para que pudiera gozarla y perpetuarla". Y en el ámbito de la enorme intersubjetividad que rebasa las proclividades mías, tuyas y suyas ¿no surgen los compromisos, su saldo, y, por ende, responsabilidades colectivas?, por tamaña presión circundante progresaron convivencias ciudadanas que luchan por conservarse —fundamento supremo de la civilización. Del aristotélico "somos lo que hacemos" porque el "obrar sigue al ser", ¿inferiremos que las miradas divinas no miden conductas?, ¿o que actuamos como marionetas zarandeadas por inescrutables designios celestes?, aún los muñecos mecánicos disponen de un grado de independencia si apuestan por lo sensato. Cuidamos del espíritu con vencer los embates de la ignorancia: suma colaborar por concluir, resta competir; tratemos con Kierkegaard de duplicar palabras en la existencia y la existencia en palabras, ¿por qué cauce olvidado?, trasvasemos sinceridad y realidad de una a otra: el necio que oiga a los filósofos con oídos sordos no saldrá adelante, ¿no recuerda a esos enfermos que escuchan con fingida atención a los médicos sin acatar sus doctas prescripciones?, tampoco sanarán jamás. Por un maníaco culto a la disciplina, Franklin recetaba "goza poco el placer de la carne, excepto por motivos de salud o por condescendencia, nunca hasta llegar a cansarte o debilitarte", ¿no culpabilizará y deprimirá de modo inmerecido a sus seguidores con consejos así? ¿Qué sugiere el valor?, la virtud aparentemente menos especulativa que renuncia a la violencia por amor a una integridad, ¿a quiénes honraremos con el título de valiente?, a quienes filtran lo temible de lo que no y obran en total consecuencia, ¿y dónde diablos esconde su muda cobardía un cobarde?, siempre detrás de un curioso disfraz de pequeñez con demasiados aires de gloria, de audacia y de imprudencia, ¿Panecio no ennobleció el dolor con la sublime bandera de probar una superioridad? No dudemos de que, con su escepticismo y resolución, Sócrates demostró que sus concepciones particulares iban bastante más allá de las estimaciones tradicionales, ¿no exageraba mientras ensayaba sus definiciones absolutas en los arrolladores momentos de acoso del relativismo sofístico?, ¿quizá pretendía que la moral cupiera entera en un saber escrupuloso, seguro y neutro?, Aristóteles criticará semejante aspiración con la sentencia de que "en cada género de conocimientos hay que buscar aquella exactitud que permite el objeto de la misma". En las clarificadoras páginas de Spinoza aprendimos que "el hombre que se guía por la razón es más libre en el Estado, donde vive según leyes que obligan a todos, que en la soledad, donde sólo se obedece a sí mismo", y en las batalladoras de Locke descubrimos que defender su soberanía implica levantar barricadas frente a ciertas agresiones, que la sumisión espontánea afianza auténticas autonomías y no merma ninguna esperanza de adquirir y desarrollar una dignidad, ¿la capacidad de optar no entraña ayer, hoy y mañana el ascenso a determinadas perspectivas de una inteligencia deseosa o de un deseo inteligente? Por la insoslayable ecuación de "elegir igual a considerar" fijamos los atributos de alguien con el por qué acomete algo y no con el algo que acomete, ¿el sentido moral no incumbe indistintamente a cualquiera?, ¿no comprendemos lo suficiente y decidimos?, ¡Dios mío!, en un extremo contamos con la concesión variable de habilidades y en el opuesto ni especialistas, ni profanos, ¿lo peor?, la corrupción de lo óptimo. Bajo la dimensión del Cosmos como asignatura moral, los deberes morales remiten a comportamientos en consonancia con la visión desinteresada que expresara el estoico Séneca en su "no importa lo que ocurrió a Ulises, sino cómo navegar hacia el bien", ¿el ordo , decor y pulchritudo del humano bonus communis no atempera la miope persecución del útil privado, característica de los animales? Intervienen la razón que prepara el lienzo con los trazos de la necesidad natural y la voluntad que lo acaba o madura con el montón de posibilidades de los colores: incomodan en gran medida a la razón tantas dificultades en representar lo sensible y tantas complejidades, mucho molesta a la voluntad no convertir en verdadero cuando quiere cuanto quiere, a pesar de que la divisoria pase por su meridiano. No juguemos a hijos de la luz ni a hijos de las tinieblas: abramos el libro de la Tierra, recorramos su extensa retórica simbólica y lo patente aflorará lentamente de lo latente, ¿de nuevo la forma por encima de la materia? |