más de la Actitud

Coincidamos con William James en fijar que cada acción responde a una reacción ante el resto, y con Bonhoeffer en un "estar-para-los-demás" a la altura de los demás. Asumamos sus culpas, plantemos cara a sus infortunios e incluso muramos por defender sus vidas, ¿no impediríamos que un desquiciado cochero corriera a lo loco por carreteras concurridas?, no nos contentemos con socorrer a las víctimas que hiere su trote. Por el propio respeto que profesaba Demócrito encontremos en la intervención el centro de la existencia, y no en los estados de rigurosa pasividad receptiva y de reflexión contemplativa que sucumben al entorno —puestos de tránsito, peldaños con que lograr la cumbre.

¿Diremos con Sartre que cualquier diligencia importa por igual?, tendería a sacrificar al individuo con tal de hacer surgir la causa de sí, ¿encalla por principio en el litoral del fracaso?, desde luego provoca mutaciones sociales, mentales y revolucionarias. Rhaner habla del interés por prolongarnos dinámicamente hacia la extensión indefinida de los cuerpos concebibles, el horizonte ilimitado donde retozan su limitación los sólidos conocidos y cognoscibles, ¿nadamos confusos en una búsqueda interminable y aspiramos a la certeza espontánea?, ojalá no tardemos demasiado en descubrir de una vez la trama del devenir de la verdad en el lento crecimiento dialéctico del yo interior.

Tracy casa moral con higiene de los deseos en su origen, no con un conjunto de reglas, ¿dónde radica la meta última de esa o aquella tarea libre?, en su ordenación, en la perfección a que apunta Wolf, ¿y en el ínterin?, instante a instante de la encarnación intelectiva desempeñamos el extraño papel de expectantes espectadores directos, procuramos portar lo presente en aras de que participe de la madura Creación, ¿no jugamos así a actores?, y mientras formulamos juicios ¿no proyectamos las más íntimas inquietudes?, ¿no pretendemos suscitar en el frágil prójimo una conducta concreta?, obremos de modo que al espantoso dolor del Viernes Santo le suceda el feliz gozo de la Pascua de Resurrección.

El animal genera inmediatamente y bajo el mandato de la necesidad en proporción a los requerimientos de su especie; el humano despliega alas, sobrevuela la demanda física y echa mano de los imperativos de la belleza; aunque consciente de semejante situación, entra en su experiencia cómo procederá apenas comience el proceso. Por no dominar el camino, empezará con tentativas, con un complejo de decisiones, sugeridas y guiadas por hipótesis, que repetirá hasta coronar la finalidad común en que converjan los más diversos enfoques; la elección aflora del estilo que prefiere practicar, tratamos con algo que trajina día y noche animado por el alma que lo posee, no con un inerte mobiliario que tomamos o soltamos a gusto.

La fatal falta de armonía desencadena innumerables errores y taras, ¿sus persistencias no indican que ninguna realidad permanece exenta de discordancia?, llegamos a la solución de los problemas por el método persuasivo-comprensivo con proposiciones críticamente inspiradas y canalizadas y no por un planteamiento argumentativo-especulativo, ¿no vemos que en los preceptos de una evolución personal, en la validez de sus modelos, en los fundamentos de su ética operan factores por completo ajenos a la lógica?, la lógica más reveladora que imaginemos jamás empujaría a la lucha, ¿sólo con una vista aguda ya andaríamos?, ¿no precisamos también de pies sanos y de voluntad de moverlos?

Por el recuerdo de Bonhoeffer en prisión —"no es mi intención despreciar la tierra en la que tengo la posibilidad de vivir. Le debo fidelidad y agradecimiento... Debo ser huésped con todo lo que ello implica"— consideramos a quien hermana sus peores circunstancias con producto, no con dato, ¿acaso su significación no recrea la celda y forja al sujeto?, ¿un producto que mejora a su productor?, por tamaña inclinación a la iniciativa parece adecuado calificar con Marx su capacidad de condicionada, condicionante y autocondicionante. Cuando ejercemos según un norte, emerge una luz implícita, el susurro de los siglos la explicita, profecía al revés —desarrollo imprescindible de una completitud—, ¿trabajamos de simples tripulantes en los capítulos del tiempo?

¿Encienden vehemencia los asuntos huecos?, con Pascal entendimos por pasión una emoción preponderante diestra en colorear temperamentos enteros y en determinar sus talantes; con Vauvenargues, que "las pasiones han enseñado a los hombres la razón", que "la fuerza del espíritu reside en la pasión"; con Hegel, que "nada grande ha sido llevado a cabo en el mundo sin pasión"; con Fontenelle, que "la historia tiene por objeto los efectos de las pasiones y los caprichos de los hombres"; con La Rochefoucauld, que "si resistimos es más por debilidad de la pasión que por nuestra fuerza"; con Spinoza, que "un efecto que sea una pasión deja de ser una pasión tan pronto como nos formamos una idea clara y distinta del mismo".

Los delirios no se ocupan más que de sus vanidades, hinchan artificialmente el bien y el mal que evidencian e inducen a huir del uno y perseguir al otro con más ardor del oportuno, ¿salvaremos los oleajes?, no cabe duda de que el destino de los impulsos oscuros depende de las coyunturas que ofrezca el ambiente y de la educación recibida y emprendida. En Schopenhauer no encaja genio con acción; su vocación, la meditación..., el "genio" de un general delata firmeza de carácter; ¿qué esperar de los que sufren de miserias con escasos recursos?, tampoco de los que disfrutan de potencia desprovista de impotencia, porque cuentan con muy poco que anhelar, ¿quizá convenga una mezcla de complacencia y energía, de tristeza y presunción?