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más del Bien Moore etiqueta el bien y el amarillo de nociones simples, ¿acertaríamos a explicar lo amarillo?, tampoco qué significa el bien, ni cómo abarcar lo intuitivo de que "el bien es lo que todos saben que es". Wolf insiste en que la deontología tiene valor con redención o no, importa por sí misma, ¿acaso Lotze no asimila el mundo a una máquina dirigida a la consecución del bien? Lo esencial radica en determinar qué proporción de placer y masa gris entra en la fórmula correcta: aunque Kant cimentara el deber sobre el bien y no el bien sobre el deber, el elemental "sentimiento moral" descubriría en la médula espinal del bien la necesidad moral, los conocimientos no intervienen; ya que el carácter imperativo de la norma procede de que consentimiento y argumento no alcanzan nunca una concordancia completa, la fase suprema del bien consiste en la avenencia de aquiescencia y leyes que retumban de viejo en el corazón. Según Horkheimer, la imposibilidad de definir el bien integra nuestra constitutiva finitud y actúa como útil antídoto contra los dogmatismos que repetidamente intentaron penetrar en su intimidad, ¡con cuántos enjuagues sufrió el prójimo! En "cuando recomiendo una acción a alguno como buena, expreso el hecho de que yo la deseo", Schlick apuesta por disminuir la diferenciación personal y por romper el egoísmo en que lo instintivo nos encierra; a rastras con su apetición y aversión, Hobbes escribe que llamamos bien a lo que pretendemos y mal a lo que odiamos; Taine equipara vicio y virtud con ácido sulfúrico y azúcar, y Croce ve en el mal un bien, y en la obra del diablo, la mano de Dios. Hugo de San Víctor defiende a pie firme que los dos principios tienen su fundamento en la voluntad soberana —ni más ni menos—; y por enraizar raíces en una autonomía, hasta en el mejor de los cerebros supondremos una tendencia a subordinar de manera responsable el motivo ético a distintos motivos. Si los caminos del mal parecen abiertos de par en par ¿por qué no franquear las cancelas entornadas del bien?, ¿dónde concurren?, en la plenitud del universo, ¿gozaríamos de los bienes de no soportar los males respectivos?, ¿suprimido el mal, no acabaríamos con el bien? ¿El bien dimana exclusivamente del bien?, y del mal: a través de tamaña oposición resulta más evidente la belleza y el orden del Cosmos, ¿permitiría esa perspectiva excusar el mal?, ¿inmanente al bien?, Schleiermacher califica de relativa la enemiga entre ambos extremos, "no expresan otra cosa que los factores positivos y negativos del proceso de unificación de la naturaleza y de la razón y, por ello, no pueden comprenderse sino en la pura y plena representación de estos procesos". Aceptemos que la mala fe engaña y se engaña al ocultar que engaña a cualquier precio —impide entender— y que la buena fe sólo se engaña, no engaña —lleva a entender. Después del ocaso diario caen las tinieblas, después del largo silencio ensordecen los aplausos, después de la amarga tristeza aflora la alegría, pero las tinieblas, el silencio y la tristeza indican ausencia de realidad, ¿y el mal?, ¿no señala también un rechazo de realidad?, Hegel lo reduce a "bien menor". ¿La utopía?, un producto teórico con el que comparar lo existente, sirve de norte abordable a las enmiendas y admite discusión y refutación: Bentham consideró siempre la única medida legítima el máximo de felicidad del mayor número de gente. Platón sostiene que el mal estriba en cometer abusos, no en padecerlos —manchan y pervierten el alma—, y que quien no pena la pena evade expiar la culpa; Schopenhauer vuelve a la carga con que trae consigo tropelías, ¡qué ceguera frente al oscuro destino común!, ¿responderá a la imperfección de un modelo inadecuado? ¿De qué lugar mana?, del temple frágil de la categoría humana, ¿su nacimiento?, tras demostrar su indignidad ni siquiera un exceso de atrevimiento asumiría su paternidad, ¿y su ascendencia última?, turbio asunto, incluso en Kant: derivarlo de la sustancia incondicionada ocasiona un absurdo y una impiedad. La inercia propia del individuo lo estaciona en grados embrionarios de la reflexión, lo envilece en la pereza de afianzar su independencia, ¿extraña que Fichte la identifique con el mal? Ignorantes de sus metas, los criminales destruyen lo que seguramente perseguían, ¿quizá promesas arruinadas a las que la sociedad no ayudó en su momento?, ¿por corrupción no pierden vigencia?, ¿la descomposición absoluta no coincide con el vacío absoluto? La aserción de que "el hombre es malo" distancia conducta y conciencia, y la de que "el hombre es malo por naturaleza" extiende dicho alejamiento a la totalidad; el pecado predomina porque mientras las desperdigadas sombras resolvieron juntar sus dorsos negros y participar de la luz, el blanco torso de la luz permaneció ajeno a las desleídas sombras. Proudhon asevera que eliminar el mal implicaría rectificar la concepción de justicia en pos de lo ideal, ¿negociamos una deuda intransferible e insaldable?, desde luego tratamos con la obligación más privada, ¿no sonaría a quimérico querer erradicar el mal?, ¡ojo con el remedio!, a veces cambiamos de sitio un puñado de defectos y quedan reforzados; la vertiente curativa de muchas dolencias aconseja no paliar sus efectos. Venzamos sus cadenas y merezcamos el título de libres, ¿y con qué?, salgamos a la eternidad y solventaremos el problema, ¿la causa y origen de tanta confusión no cabe entera en el tiempo?, el mal subsistiría con el letrero de etapa rebasada —por estricta vida espiritual, la inteligencia lo refracta. |