del Saber

El saber quizá estribe en reemplazar el carácter infalible de la inocencia primigenia por una rectitud reflexionada y voluntaria, ¿sorprende que semejante arte la emprenda contra los tirones de la acción?, bastantes señalaron unas inspiradas lágrimas que pretendieron olvidar —desconsuelo que adopta a menudo la seriedad de no permitir que lo tomen en serio. Ortega insiste en qué hacer con lo que nos rodea, ¿turba su condición personal?, de que el tema concierna constante y exclusivamente a la actitud ante los demás procede su naturaleza subjetiva; Scheler lo define como relación interna por la que un existente colabora con la esencia de otro existente, que en esencia no varía; Campanella mantiene que "saber es percibir las cosas tal como ellas son"; Lacan persuade a no alardear de presas exhaustivas ni de posesiones últimas, y permanece siempre extraño a los instrumentos conceptuales y lingüísticos; Hume hermana el saber humano con saber probable; y Fichte con imagen, esquema, exteriorización de Dios, ¿lo incompleto y la gravedad de su fracaso no revelan una hondura que sólo la trascendencia conseguiría llenar? Descartemos la tesis de los escépticos académicos de "que no es posible saber nada", ¿de no saber a saber no ocurre el aprender?, ¿precisamos subrayar que la clave radica en una tenaz interrogación?, Aristóteles y el Evangelio acordaron un acuerdo así; ¿su medida?, lo que procesa el pensamiento, ¿no roza lo patente en cuanto halla correspondencia con lo que le circunda?

Del brazo de Popper, "todo organismo ha nacido con un horizonte de expectativas", centremos la mirada con Foucault y digamos del hombre "sujeto de cada saber y objeto de un saber posible". ¿Y cuándo coincidió saber con problema?, cuando adquirió sentido con la historia por efecto de una alteración en sus disposiciones, ¿acaso no representa un amago de paliar el estado de miseria a que nos condenó la caída en los suburbios de la nesciencia?; según Al-Farabi germinó entre los caldeos de Mesopotamia, luego marchó a Egipto y después a Grecia, ¿no logró por esa época asir el papel y regresar a su origen en forma escrita? Frente a la mesa de los siglos que llamamos "laboratorio del filósofo" solemos abrir la espita de "¿cómo sucede que ahora no frecuentemos los argumentos que años atrás frecuentábamos?", y encontramos que la razón evoluciona a pesar de la razón, y que lo fortuito aparece un poco a modo de sombra transmitida. Escojamos la "búsqueda sin punto de partida ni de llegada" de los pirronianos y juguemos a producir igual que la flor su jugo, ¡pues claro que pasaremos demasiado tiempo faltos de respuesta!, pero urge que nos instruyamos en muchas cuestiones que atormentan frívolamente: no resta más que el silencio y esperar a que lo fragmentario conecte armónicamente con la totalidad en la edad cósmica, entonces seguiremos en el firmamento los caminos iluminados por las estrellas —el saber y la vida sueñan con su infancia.

¿Para qué sirve?, sirve y debe servir para la interpretación y sometimiento del mundo a los propósitos de quienes prevén y proveen, ¿no merece un destino que jamás coronaría en las afueras de una cabeza?, para superar la finitud en tanta infinitud, para aguantar atentos a la escucha íntima. El saber profundo no soporta una plena verificación, ni una mente sana disputa al saber verificable su entera certeza, ni su suficiencia en vincular al individuo con sus raíces: sabemos lo evidente, suponemos aquello que de alguna manera perdura escondido y aquello a lo que asentimos por motivos extrínsecos a lo que afirmamos, ¿reside también ahí un envite que invita a "saber y comprender lo que creemos" del programa agustiniano? Atado al palo mayor, Ulises goza de los cantos sirenos y no cede a la destructora incitación —reduce tentación a contemplación— y sus ensordecidos compañeros de viaje prosiguen con sus faenas marineras —captan el peligro, no su belleza—: por la salvación general ninguno osa soltar al héroe ni quitar la cera de sus oídos; encadenado a los materialistas, Bloch prefiere entrenar su entendederas con el espíritu y no con los idealistas, ¿rechaza a Aristóteles en asuntos de la materia?

A la sentencia de Popper de que quien considera abarcarlo todo cultiva la ambición de replantearlo todo, opongamos la plegaria de Reinhold Niebuhr: "Señor, dame la serenidad de aceptar las cosas que no pueden cambiar, el coraje de cambiar lo que puedo cambiar, y la sabiduría de reconocer la diferencia"; a la de que el imbécil no se pertenece nunca a sí mismo, repliquemos con la aserción de Bouillé de que el sabio se conquista a sí mismo: los aumentos en cantidad preocupan al deudor, los de cualidad al que queda suyo. Fijemos el saber que no sabemos en la docta ignorancia de Nicolás de Cusa, porque la necia incompetencia favorece que resolvamos con sectarismos los obstáculos situados por detrás de la línea de nuestro alcance, ¿esta demarcación no guarda un marcado paralelismo con los límites conscientemente observados y admitidos por Pitágoras, Sócrates, Aristóteles y Salomón? Incapaces de desaber y de saber absolutamente, flotamos a la deriva en un mar confuso de olas que provienen del lejano misterio y rompen en la diáfana orilla, ¿no mejoraríamos la óptica si especulamos con que poblamos un multiversum heterogéneo de distintos estratos en vez de un universum homogéneo de apenas un estrato? Ya que la afrenta de dejar al pairo un determinado número de preguntas implica la renuncia a la propia identidad, apostemos por un consentimiento apasionado de "llegar a ser lo que se es": nadie concibe una educación con independencia del redescubrimiento y construcción de la dignidad —la única moneda de valor real que persiste más allá de cualquiera.