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de la Prudencia —La acepción griega del término dirige su orientación más hacia los comportamientos que a las doctrinas, ¿no diferenció Aristóteles el discernimiento de lo factible de la referencia a lo imprescindible que ni nace ni perece?, ¿no llamaron a Anaxágoras y a Tales sabios en lugar de prudentes por tratar con maravillas inservibles? —Imponían un proceso de análisis que no tenía por qué marchar del lado empírico. —¿Acaso sus formulaciones magistrales no encontraban un desarrollo más lógico en el espacio de las hipótesis que en el plano de la conducta? —¡Qué sensatez la de los clásicos!: que en el bando de los amigos de la prudencia jamás surgieran los enemigos del saber, ni que de la reunión de los amigos del saber despuntaran los enemigos de la prudencia. —La episteme, ¿escapa del campo de la posibilidad? —Levanta sus columnas sobre la necesidad y generalidad —"nadie delibera sobre lo que no puede ser de otra manera". —La phrónesis, ¿no ejerce en el dominio interior de la praxis que imagina? —La elección condiciona y la voluntad determina —interesa su juego en escoger lo conveniente, oportuno y útil. —¿No parece complejo hallar la verdad fuera del lenguaje? —Y más cuando ciertos conceptos abstractos proceden de episodios concretos. —¿No perdimos el recurso de entender tirando sólo de las palabras? —Contamos con niveles de inteligibilidad que únicamente adquieren sentido con la observación de lo que cada vocablo transmite. —Coronar una perfección que ilumina perfecciones, ¿explicaría que Platón identificara prudencia con sinónimo de sabiduría? —Cicerón insiste en que disponemos de dos dimensiones: la encarnada por la razón que juzga y la encarnada por el apetito que impulsa. Soto y Santo Tomás también mantuvieron el entramado jerárquico: lo que atañe a señorío y a subsidiario. —¿Conseguiremos salvar la insalvable separación entre lo que no varía y lo que varía, entre la captación de los preceptos universales y el porqué de los particulares, entre lo extrínseco y lo inmanente? —Los neoescolásticos equiparan ambos tipos de conocimientos, y entonces la prudencia resulta un compendio de vigencia intelectual y moral. ¡Con cuánta fortuna sueldan ambos componentes! —¿En qué influyeron los pensadores? —En aliviar la decadencia de los principios en la teoría y en la práctica; teoría y práctica ¿no miden peldaños de una misma sophía ?, efectivamente, sabiduría y prudencia sugieren que abramos una escalera de tijera: mientras los teóricos suben por el lado de la sabiduría, los prácticos ascienden por el de la prudencia. Con Bernardo de Claraval ensoñé un diálogo: comencé por preguntar a aquel que enseña con la autoridad de alguien experimentado y no con la de un inexperimentado. —¿Qué vergüenza esconde el saber por saber? —La curiosidad. —¿Y el dar la nota? —La vanidad. —¿Y el vender saber? —La del negocio. —¿Qué disciplina educa mejor en el saber para edificar? —La caridad. —¿Y para edificarse? —La prudencia. —Por instruido en cosas terrenales y celestiales ¿coloca el teólogo medieval la prudencia en lo alto de tales cimas?, ¿y tal perspectiva no ancha más que la filosofía? —Desempeña el papel de guía a equidistancia de excesos y defectos: logra la ataraxia —"no estar turbados en el alma"— y la aponía —"no sufrir en el cuerpo". No olvidemos que quien calcula sensualidades, elige y cerca dificultades guarda en mente que "la cumbre del placer es la simple y pura destrucción del dolor". —Arrancamos de unos datos que no definen la vida ética —los elementos físicos y las cualidades psíquicas—; e incapaces de proyectar el comprender adaptable y local en la condena que nos encadena a lo "siempre así" ¿no sorprende que exijamos estructuras argumentales que figuren más allá de lo inmediato? —Por insistir en el fin que urge asumir, la visión superior trabaja para convertir en conscientes las inclinaciones, rompe con la configuración cerrada de los instintos, sin eliminar sus habilidades. —De Kant aprendimos que el acumulado racional en los desahogos del deseo reflexivo reivindica que actuemos por motivos, ¿no reordenaríamos el desorden que provoca la mayor proximidad a los estímulos? —Porque jamás andaríamos "como es debido" desde la introspección, supongamos una prudencia que admitiera los compromisos del deber con uno y con sus iguales. —¿No despertaría una generosidad y pasión por los más elevados ideales en tanto intenta tamaño arte? —Gracias a que lo humano protagoniza el nexo adecuado que enlaza la órbita de los hechos con el prescriptivo "debe", llegamos a la bondad de las obras, que sí importa a la prudencia de donde brotaron las demás virtudes. |