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de la Justicia A pesar de que respecto de sus semejantes Montesquieu apunte que "la justicia es una cualidad que les es tan propia como la existencia o la vida", Epicuro señala que "la justicia no fue desde el principio algo por sí misma, sino un cierto pacto sobre el no hacer ni sufrir daño surgido en la convenciones de unos y otros en repetidas ocasiones y en diversos lugares". Trasímaco conjetura una imposición que condena a los humanos a emerger de un estado cataléptico hacia la libre necesidad de legitimar el mundo y a plegar sus conductas a tamaña legitimación, ¿necesidad igual a libertad?, ¿no coincide con Hume en que "el interés por uno mismo es el motivo originario del establecimiento de la justicia"? Equivale a rectitud de la voluntad, ¿no crece en el encuentro entre limitación singular y afirmación plural?, ¿y no esperamos la larga espera del metro de Locke: "a cada uno lo suyo, a cada uno el producto de su trabajo"? En ausencia de orden, la bajeza asomaría por todos lados su feo rostro, ¿o aspiramos a ignorar que el camino a la paz lo recorreremos con la disciplina del derecho?, no admitamos una paz donde no oigamos de verdaderas audiencias, donde los togados parezcan sordos y la ley una trampa con la que el fuerte humilla al débil. De Aristóteles tomamos nota de que "las acciones se llaman justas y moderadas cuando son tales que un hombre justo y moderado podría realizarlas; y es justo y moderado no el que las hace , sino el que las hace como las hacen los justos y moderados ", ¿"nos hacemos justos practicando la justicia", no "aprendemos magnanimidad observando a hombres magnánimos"? Anhelar felicidad, con modestia y templanza ¿llevaría a Hobbes a identificar justo con razonable?, por contradicción ¿no sentenciaríamos a quien pretendiera y violara un presente que barrunta parte de un futuro? Aunque el justo y el bueno venzan la obra del diablo y de sus secuaces y alcancen cumbres más caras que los escribas y fariseos, distingamos con Ross lo justo —cuestión externa— de la bondad —cuestión interna. Dictaminamos por disponer previamente de la noción de lo moral, ¿mantendríamos su sentido de faltar la aprobación?, según Freud "justicia social quiere decir que uno se priva de muchas cosas para que también los otros deban renunciar a ellas o, lo que es lo mismo, no puedan exigirlas". ¿Achacaríamos a la caridad que no impere más equidad?, ¿no jugó en demasiadas circunstancias un papel conservador?, ¿sirvió al desarme de los explotados en sus luchas de reivindicación?, confesemos eficacias retardadas, no por eso menos auténticas, ¿por qué no empezamos de cero con una cierta uniformidad y luego vigilamos la redistribución de determinada capacidad adquisitiva?, según Santiago "tendrá un juicio sin misericordia quien no tuvo misericordia; la misericordia se siente superior al juicio". En la hipotética situación pregrupal hablamos de posesiones, pero después de que los tribunales ratificaran los nudos que amarran sujeto y objeto, afloró la propiedad. Nadie disfrutaría de independencia si cualquiera emprendiera lo que permanece prohibido, ¿acaso el resto no lo demandaría a su estilo?, ¿comulgaremos con Horkheimer en que la comunidad justa constituye una meta relacionada con el lastre de la culpa? ¿Qué funámbulo de la historia aguantaría el equilibrio tras contemplar a la ecuanimidad, maniatada y arrojada a los pies de infinitas derrotas?, ¿con qué gestos acallaría protestas y resistencias en las gradas?, rescata, no construye, ¿cuándo quedaría restaurado el sistema herido?, por requerir las condiciones que propicien el noble horizonte, en la hora en que el monto de apetitos ande sometido al régimen de un hábil artesano. Gozan de voz los animales y expresan dolor y placer, los peldaños más altos de conciencia ganaron el don de la palabra y manifestaron acuerdos y desacuerdos. Nuestras transacciones elevan a justos o hunden a injustos, ¿la red que teje alma con alma no fija el espacio de lo preciso y cerca el rango de lo posible? ¿Saca más provecho lo injusto que lo justo?, vemos muy dudoso que la injusticia favorezca más que la justicia, incluso en los momentos que la intemperancia sale airosa de momento. ¿Con qué gramática conjugaría el concepto de justicia un testigo de cuánta causa injusta?, contemos con el honesto proceder de un puñado de gente y con que no tuerzan el progreso los salvajes estertores de las inteligencias tumorales de los más numerosos. ¿En extremo fatigoso?, cultiva una amarga vigencia que obliga a centrar la atención en los fármacos remediativos, porque el justo cae en la injusticia con más facilidad que los más condescendientes. El enunciado de ideales —no los códigos de preceptos— de las Bienaventuranzas evidencia un clamor radical hostil a la vileza, impregnado de la convicción de que no triunfará. En las afueras de místicas desconfianzas, Foot emplaza a "quienes piensen que alguien puede arreglárselas bien sin ser justo, deberán decir exactamente cómo se supone que puede vivir una persona así", a vuelta de esquina ¿el resultado de los atropellos no aporta sobrados argumentos a las actitudes más desencantadas? En el mejor de los casos, el despótico percibe competidores o estorbos en los demás, sólo comprende su individualidad, frente a la opresión y amenaza ¿Sócrates no ejemplifica una admirable dignidad y soberanía? ¿Los delitos terrenales hallarán su sanción en las órbitas trascendentes?, ya lo advirtió Santiago: "el salario que no habéis pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos". Valdría más la pena expiar el castigo por los abusos cometidos que desentenderse del mal peor que encarnan: padezcamos los excesos antes que perpetrarlos. |