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más de la Justicia La Naturaleza tira del código placer-dolor, pero los humanos no saben cómo orientar sus comportamientos por la vías de lo justo e injusto, ¿quizá la cultura extendiera demasiado su suelo?, exclusivamente ¿recibiríamos mensajes de la biótica?, urge una seria reflexión continua sobre el empeño por forzar las inclinaciones del vecino; en Foot leímos que "la necesidad que hay de la justicia en el trato con los demás depende del hecho de que son hombres y no cosas inanimadas o animales". La construcción de una ciudad cabal marcha unida a la educación del ciudadano en pro de lo correcto: ¿cuándo acontecerá?, cuando encontremos los puestos por ocupar según competencia, ¿el conveniente ordenamiento, fundamento de la justicia? Marx la compara con el principio de igualdad de autorrealización: que uno a uno desarrolle su adecuada idiosincrasia en concordancia con la vivencia, ¿no ve justo por sí mismo y de siempre lo que contribuye a unos fines universales?; Aristóteles la señala virtud por excelencia: en cuanto al sujeto, ¿no restablece en sus entrañas la racionalidad de los apetitos?, y en cuanto al objeto, ¿no dirige sus pasos en favor del resto? Locke asimila justicia con un reconocimiento grabado desde el amanecer de los tiempos en el corazón de lo que corresponde a amigos y enemigos, ¿choca que la hermane con un imperativo originario?, ¿no basta con observar con qué imparcialidad saca adelante su obra el planeta?, ¿y la homogeneidad inicial de todos dueños?, entra muy dentro, mas nunca ocurrió; luego, el enunciado de "si has celebrado un contrato, lo debes cumplir" cambia a la fórmula de "los contratos vinculan la voluntad" —el que un segmento de la ética, no el único, figure inserto en la mayor aportación romana, no impide que utilicemos sus parámetros para estimar situaciones y decisiones en ámbitos diferentes. ¿Pertenece la presa al cazador?, ¿lo que cada uno merece llega hasta donde llega su capacidad de merecer?, a pesar de que frente a la tentación, los tribunales procuren prevenir, enmendar, organizar y regular un colectivo y armonizar los inevitables reparos y tensiones individuales con inevitables puniciones disuasorias, no consiguen reformar la generalidad ni lo particular, ¿existe una relación lógica entre derecho y pena? Más allá del derecho, la justicia, más allá de la legalidad, la legitimidad: cualquier alcance que imprimamos a tal concepto parecería incompatible con el de abuso, ¿no encarna el equivalente amplio de la idea de justicia? Aunque el arte de lo posible se apoye en la justicia, quizá por no tener meta, la política no tiene porqué tener por meta el bien, ¿acaso ganaría por emanar de instituciones representativas o perdería por dictarlo regímenes no democráticos? ¡Ojo con buscar la perfección del mundo con una doctrina!, provocaríamos el peor de los desastres por culpa de resolver de antemano cuestiones muy delicadas sin contar con los anhelos que palpitan en el pecho de unas criaturas morales. Por constituir los juicios expresiones de sentimientos, no cabe argumentar a la manera científica con sus apuestas de verdad o falsedad —una teoría que lo pretendiese confundiría. Por semejantes que opináramos las condiciones ¿el examinador lograría colocarse en las circunstancias del examinado?, probablemente caeríamos en el análisis de su proceder con los sanmigueles y luciferes propios, ¿importaría mucho que lo abordáramos con distinta fortuna?: salvaríamos a nuestros héroes con la derrota de los ajenos, y negaríamos a nuestros demonios mientras afirmamos las idas y venidas de los extraños —sólo quien induzca a cuidar del espíritu encumbrará a sus paisanos a la ecuanimidad y felicidad. En el estado más primitivo reinó una cierta consonancia, la experiencia en grupo vino a desquiciar el mítico equilibrio con las disciplinas más corruptas basadas en simpatías o antipatías que condujeron al disparate, ¿qué esperar después de que las condenas arranquen de aprobaciones o desaprobaciones subjetivas?, ¡y en qué poco influía el daño producido!, ¡qué tiranía más atroz, huraña, pobre, sórdida y bestial padeceríamos al socaire del engaño de comités embusteros! ¿Volveremos a gozar de la tranquila oportunidad?, del brazo de la ley con sus dosis de considerandos, de clemencia y de escarmientos que garanticen el elevado hacer de la justicia, ¡qué palabra tan de boca en boca y con significación tan indeterminada y difusa!, ¿las infinitas interpretaciones de las normas no lo atestiguan? La persona, ¿no corona su dignidad en el momento en que renuncia a una parcela de sus exigencias y rinde su soberanía a la ley que le ofrece protección? Critias aseguraba que "un carácter noble es más seguro que la ley". Y de identificar con Hobbes lo justo con lo lícito dejando de lado lo equitativo de Aristóteles ¿no implicaría que la justicia consistiría en velar por lo estipulado?, ¿calificaríamos de honestas las empresas que no conlleven ruptura de compromisos?, no, mejor definamos lo deshonesto por el quebrantamiento de los pactos. ¿Anda el justo atado a los preceptos?, le guían las brisas que soplan con entera suavidad y libertad, no lo veremos sometido a temores y servidumbres. Locke apunta que "nadie en la sociedad civil puede ser eximido de sus leyes", Hobbes y Pufendorf coinciden en que permanecen conectadas ineludiblemente a una causa superior, y difieren en que uno esgrime constreñimiento externo —castiga las acciones— y otro obligatoriedad interna —atiende a intenciones—; ¿ambas perspectivas no exhiben la jerarquía dinámica de lo creado y recreado sancionada por la medida que gobierna el Cosmos?: Santo Tomás dice que Dios instruye con la ley y ayuda con la gracia. |