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del Amor Más allá de los hechos endurecidos por el pasivo destino consumido, por la fatalidad ciega, por el finalismo y por los engranajes causales, las fluidas imágenes de materias inmaterializadas y de inmaterias materializadas evolucionan con andares más indefinidos, el pensamiento no logra fijar los estados de conciencia, ni cómo entran en sintonía. Ya que pretendemos entrar en contrastes de cualidades y no en una cuestión de más o de menos, aprendamos a diferenciar entre goces nobles que contentarían a criterios correctos y deleites bajos que embrutecerían, entre felicidad de veras y simple satisfacción —¡qué triste el espectáculo de la pluralidad exterior por ausencia de conformidad interior! —¿Qué ocurre con los aspectos de afuera cuando compartimos el amor? —Desaparecen por completo. —¿Y con los de adentro? —Cada uno expresa el suyo y descubre en el otro la puesta en escena de su afecto y no el producto de un efecto . —¿De qué hablamos? —De almas y cuerpos que alimentan una solidaridad similar a la de música e instrumento, de una perfección de la voluntad que apunta a "lo que es", "tal como es", y no de modo distinto, que no demanda "lo que aún no es" —por esa imperecedera vía acertaremos con la realización personal, lejos de traicionar esencias. En lugar de mariposear, meditemos en la sustantividad más seria: gracias a un ejercicio de libertad en medio de tanta necesidad, el querer más profundo se quiere a sí mismo y encuentra en sí mismo la necesidad de quererse, una necesidad que necesita construir su necesidad, ¿el alud no enriquece su fama a medida que crece?, ¿no arrastra a su paso un inmenso cortejo de recuerdos?; si significara mayor rotundidad, cabría que intentara sustraerse a su exigencia de incremento, pero parar implicaría una imposibilidad: abdicar de su idiosincrasia. —Generación tras generación ¿por qué vamos dejando atrás una estela de semejantes? —Quizá perpetuamos yoes efímeros por subir en la escala de los amantes. —¿Insistimos intensamente por creernos abocados a batallar eternamente?, ¿a lo que juguemos ahora comprometerá la propia eternidad? —No importa: el amor continuará recreando a sus recreadores —la belleza anima en los desalientos. Bullen oscuros borbotones en el fondo de las conciencias, ¿bombas de retardo que explotan en todas direcciones?, en el embate de la hostilidad primordial que generan ¿qué sentido tiene el absurdo mandamiento de amar al prójimo —amigo o enemigo— igual que a uno mismo?, el que a los inconfesables impulsos se impongan resistencias, ¿obstáculos de mecánica oculta que operan en un dominio donde domina el caos a condición de superar lo negativo?, el sino tuyo y mío depende de las posibilidades ganadas a la educación recibida y procurada, ¿y cuánto no perdería el imprudente que aplicara el precepto cristiano? ¿Acaso con amor no aliviamos los sufrimientos que padecemos por causas adversas?, ¿no dejan de servir de argumentos contra la vida?, compensa considerar un placer que vaga por caminos de dolor en un mundo que gira sometido a la acción combinada de dinamismos que tienden a unir y a desunir, ¿el Bien y el Mal de Aristóteles?, a tamaño hijo de Conquista y de Pobreza ¿extraña que lo noten extraño?, recordemos el mito de las dos mitades que se buscan mutuamente para volverse a juntar, el que los demonios dividieran por castigo a las primitivas criaturas compuestas de hombre y mujer ¿no apoya a Aristófanes en su tesis de que el amor revela insuficiencia?, ¿la insuficiencia que esgrime Sócrates en el deseo de algo que carecemos y de lo que precisamos? Podemos abrir las ventanas del distanciamiento, ¿y por qué no franqueamos las puertas del acercamiento?, Freud ve la salvación en que los arrestos positivos del sentimiento levanten alas sobre las fuerzas regresivas del instinto, ¿a qué plantear una euforia de desgarros mutuos ahítos de infortunios por pequeños beneficios? —¿Depende el amor de la inteligencia? —Su heredero: la sabiduría nace de la razón y de ambas el amor. —¿Dónde situar los nortes de amor y entendimiento? —En la verdad. —¿Qué relación aprueban con su objeto? —El amor mantiene la de identificación en la unión, el entendimiento la de identificación siempre en la separación. Después de Erixímaco ¿quién dudaría de que un hálito cósmico determine la armonía de los fenómenos en humanidad y en naturaleza?; aunque mejora a los hombres, Pausanías divorcia el eros vulgar —carnal— del eros celeste —espiritual—, ¿con una manumisa elección de dueños acariciamos la idea de no soportar el penar que penan los esclavos? Según el proceso descrito por Platón en Fedro, de la contemplación de los encantos tangibles progresamos poco a poco hacia la de los esplendores intangibles —reflejos del Bien. ¿No aseguró Plotino que terminaríamos por dar con las auténticas sendas del retorno al Padre en la virtud, en la música, en el amor y en la filosofía?; en cambio, Bernardo de Claraval prescribía que los vínculos temporales cederían por pura obediencia ascética a las disposiciones intemporales. De manera análoga al tacto, al gusto y al olfato para las cosas sensibles ¿no deberíamos suponer una lógica que regule el trato con Dios, un conocimiento experimental de la realidad metafísica?, Proclo asevera que con su práctica, el frágil individuo no naufragaría en olas divinas. |