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más del Amor Ciertamente, el alma exhibe dos maneras principales de expresión: la razón y el amor; preferimos los otros a nosotros a pesar de que no encontremos razón alguna, ¿no conquistamos el amor con creer en su verosimilitud?; por observar una vida adecuadamente vivida experimentamos el contento de probar suerte en el amor, ninguna razón restaría intensidad a la más íntima exaltación del alma, ¿acaso no favorece a los que padecen la honda pasión?, la lengua judía emplea idéntico verbo para conocer y amar. El compromiso de pisar la arena del mundo por la imprescindible colaboración mutua emancipa de la esclavitud del pasado, cambia lo que fuimos en lo que procuramos que fuera, significa condición de conducta comunicada al alma, ¿quizá la auténtica regla de comportamiento?, la del "ser-para-los-demás" que impele "decir-sí" a la totalidad del existir, ¿sorprende que sople en el sitio e instante que le apetece? Scheler señala que "consiste en comprender suficientemente una individualidad modalmente diferente de la mía, en poder ponerme en su lugar, aun considerándola como distinta y diferente de mí e incluso mientras afirmo, con calor emocional y sin reserva, su propia realidad, su propio modo de ser", ¿no hablará de una armonía de protagonistas con análogos derechos, donde las partes se pertenecen?, ni deber, ni imposición, ni punto más próximo al absoluto que lográramos tocar, ¡por Venus!, por esa tendencia a buscar en el infinito la conexión más completa ¿los pretendientes evidencian tanta insatisfacción en sus andanzas? Amamos por mor de que las cualidades del de enfrente fijan la posición frente a él, no por sus cualidades; el misterio aparece en la forma de un "tú" a quien incumbe un "yo" al que no acostumbra a rehusar por temor a desaparecer, ¿y si los genios garantizaran la continuidad y prosperidad de esta o aquella especie con flechazos y frenesíes, la elección privada no resultaría menos privada? Aunque Stirner aclarara que "también amo a los hombres, pero los amo con la conciencia del egoísta, los amo porque su amor me hace feliz, porque el amor está encarnado en mi naturaleza, porque así me place", no ignoremos que una ley obliga: Altizer apunta que la deduciremos de la dinámica dialéctica, no de la estática de filósofos y doctores. Por coronar la mayor elevación imaginable y desechar sus etapas inferiores, el amor dirige sus pasos necesariamente al núcleo de un sincero propósito de entrega, derriba barricada tras barricada y sella la paz de sujeto con objeto: Scheler asegura que "solamente a través de la inteligencia transida de amor hacia la persona en su fuente originaria central, se nos hace posible la intuición de su ideal e individual esencia valiosa", y Russell, que la renuncia guiada por el saber altera los deseos y minimiza las ocasiones de conflicto.Por abandonar las festividades terrenales, el asceta consigue mantener la máxima desgana: el áspero juramento de castidad lo descarga de la cardinal resistencia a la ruina del cuerpo; ¿y de soltarle los frenos a Eros?, convertiríamos en impracticable el más nimio encaje pacífico del sistema social, la soberanía del trabajo acabaría en crisis, ¿quién soportaría los fuertes tirones de las osadías del goce?, ¿ni siquiera los poetas rozan los indicios de lo sublime? Cuando una causa externa suscita alegría o tristeza, desnuda las agitaciones que figuran en el peldaño más alto de la perspectiva intencional; a los ejercicios espontáneos de amor y odio les corresponde ampliar o restringir la región que tratan antes de que entre a saco la presunción sentimental: ambos suelen actuar sobre un determinado aspecto, por contra, el proceder depende de una multiplicidad de aspectos, ¿con el aniquilamiento y rendimiento no denunciamos que los débiles integran la argamasa fundamental del edificio de todos? Entendemos por justicia el primer grado de la oscura admisión de un consenso general; por compasión, la percepción del dolor ajeno —patente junto al de uno—; por bondad, un escalón más arriba; pero apenas el interés desinteresado alcanza la cima marida los destinos, su capacidad de fusionar lo separado y de conservar la variedad y riqueza de la separación ¿no explica su superioridad? ¿Conviene ir más allá?, del brazo de La Rochefoucauld asentimos a que "en el desprecio que los grandes hombres han tenido por la muerte, es el amor a la gloria lo que les nubla la vista; en el vulgo tal desprecio es un efecto de su escasa inteligencia", y del de Nietzsche apostamos que los vastos problemas rechazan el desapego de los que "tienen sangre de rana"; Peirce ve en el amor de la humanidad el producto cumbre de la evolución inmaterial, ¿no encarna el pensamiento capital de la moral cristiana?, descubramos su raíz en el concepto de magnanimidad —acuerdo de mi decisión con una aspiración extraña. Ficino destaca el brote indeliberado de la libre voluntad, el medio de la ocupación mediadora del alma, no duda de que en la organización de la mente halle su culmen el lazo de la historia; Leibniz deja constancia de que "cuantas más razones da uno de su amor, más ama a Dios... La función suprema de nuestro espíritu es el conocimiento o, lo que es lo mismo, el amor del ser más perfecto..."; con Maine de Biran llegaríamos hasta los orígenes, mereceríamos el pleno afecto con los años, ¿cabe desesperar de la anhelable automanifestación de Dios?, Spinoza advierte de que "la bienaventuranza consiste en el amor a Dios". De Robinson aprendimos que el amor constituye la última morada del Cosmos y Dios; de León Hebreo, tomamos nota de que un doble proceso fluye de Dios a las criaturas y de sus criaturas a Dios, ¿igual que el campesino empareja los olmos con las parras?; de Hegel, que instruye el gobierno divino en cada uno de los suyos y en sus comunidades, ¿no unifica al Padre y al hijo y unifica a los hijos?; y de Bonhoeffer, que en su exigencia reside la única reconciliación asequible de cualquiera con Dios, con sus semejantes y con su interior. |