más de la Amistad

El Aristóteles que inscribiera "convivir" en "percibir juntos", describió la amistad como "acto de percepción de la vida", ¿no apuntó que andaba por los atajos de la indulgencia, del pacto, de la prosperidad, del equilibrio y de la política?, ¿y con los acuerdos, no guardaba ciertas afinidades?, el único refugio en las inclemencias de los infortunios asume la suma de solidaridad y estima. Semejantes vínculos arrancan del placer, de la utilidad o del bien: los dos primeros brotes padecen del vicio de lo accidental y decaen apenas cesa el deleite o la ganga, el tercero encaja con lo de verdad perfecto, ¿acaso no la vemos estable y firme por enraizar sus raíces en la naturaleza de los que la contraen? De Epicuro aprendimos que "el hombre bien nacido se dedica principalmente a la sabiduría y a la amistad, de las cuales una es un bien y la otra inmortal; de todas las cosas que la sabiduría procura con miras a una vida feliz nada hay más grande que la amistad, nada más rico ni más grato", ¿queda claro que el gustar casa con afección y la amistad con disposición?

¿Qué entendemos por simpatía?, un mecanismo mental que transmite condescendencia momento a momento, ¿y dónde diablos radica su parte predominante?, en una agraciada conexión de ideas a través de la imaginación; Scheller la concibe coincidencia emotiva, estructura fenomenológica y metafísica que implica una reciprocidad capaz de asegurar plenas autonomías y horizontes de comprensión. ¿No logramos probar más que los pensamientos de uno?, por tradición y ambiente ¿no empezamos por convertir en propios los ajenos y luego conseguimos poco a poco deslindar los extraños?: captamos las pasiones del de enfrente exclusivamente por sus causas y efectos, por conjugar empeños de ambas orillas ¿no franqueamos el paso a una impresión paralela?, "me doy cuenta de que redundará en mi provecho el que deje gozar a otra persona de la posesión de sus bienes con tal de que esa persona actúe de la misma manera conmigo. También el otro advierte que una regulación similar de su conducta le reportará un interés similar".

¿En qué se basa la simpatía?, en la notoria distancia que va de intuir un asunto interno a experimentarlo: representa una función expresiva, no un estado, ¿por compasión acabaremos por sufrir el dolor colectivo y por ampliar sus consecuencias? Dibuja y funda diferentes yoes: no la supongamos ni simple hecho psíquico que conllevaría una identificación mutua ni gregaria imitación y repetición de cuidados, encariñamientos, tendencias y propósitos contagiosos que dificultarían la interpretación del resto en cuanto distintos. Independiente de las molestas conveniencias privadas, su carácter específico viene anunciado por la consideración general del objeto, ¿la venganza no lleva a olvidar el bolsillo?, ¿y sorprende que lo encare una inclinación más noble? A pesar de sonar a música, la simpatía no suena a amistad por tocar en silencio y entre desconocidos, ¿cabe que anden bastante próximas?, si prolongáramos sus atenciones posiblemente confluirían.

¡Qué mancas las complejas correspondencias por simpatía!, bailan, oscilan, huelgan y atemperan, ¿y en los impalpables lazos que despliegan las piedades y alegrías, no proceden de forma pasiva e inespontánea?: nuestros pálpitos tintinean con el campanillear de los demás; ¿qué fronteras separan?, las ataduras que establecen ponen e imponen sus límites, ¿con qué rebasaríamos el cómodo trato que calificamos de periférico?, con la irrupción del amor: propende a lo más elevado y tira por la borda lo inferior. Bentham apuesta por expandir el sentimiento de desprendimiento y por criticar abiertamente la ñoña voluntad defectuosa y condicionada que impide anchar el estrecho círculo de los caros aprecios. John Stuart Mill vaticina que el progreso moral evoluciona en la dirección de cubrir una simpatía tan extensa y profunda como creyéramos deseable, ¿llegará el tiempo de la esperanza en que satisfagamos por igual a cada humano que pueble el planeta?

Aunque la inmensa mayoría preferiría practicar el camino recto sin recibir un ápice a cambio, no obstante, elige cobrar frutos, ¿no buscan los deudores que desaparezcan de sus alrededores los acreedores?, en las horas más aciagas ¿no salvan los acreedores a sus deudores?, el que los favorecedores festejen más a sus favorecidos que al revés, ¿por qué hiela la sangre?, velan por recoger el agradecimiento que nadie pretende devolver, ¡cuánto embriagan los agasajos aduladores!, ¿los que están en desventaja no fingen amar y no ser amados?, juran que rebañan lo insignificante, ¿no regatean más y más su valor? Bajo el fuego graneado de la pertinaz lucha intentemos implantar modelos que sometan esa vieja hostilidad de preceptos con origen en una hipotética unidad: estemos del lado de Berlin con "mejor que la gente tenga opiniones equivocadas a coaccionarla para que tenga opiniones correctas" y lejos de Schopenhauer mientras diga de Hegel "charlatán pesado y necio", de su sistema "bufonada filosófica", y de su discurso que "recuerda el delirio de los locos".

Iniciamos compañías por virtud, pero durante el choque de los privilegios reparamos en las disparidades que exaltan y oscurecen en el caos a la conciencia. Según sintamos más la contradicción irresoluble del reducido haber circundante y de los vastos anhelos individuales, crece la penosa debacle de siempre, ¿no comienza así el deterioro de esta o aquella proyección superior? La belleza y dulzura embrionaria quizá surjan en la abundancia, donde no asome el fantasma de la escasez, ¿quién apoyaría a quién, en lugar de defender sus aspiraciones?, las tensiones de lo real terminan por destruir las relaciones que no contemplen tamaña barrera. ¿Con qué armas combatir?, ¿con la violencia?, en sus ensañamientos, el enemigo hunde colmillos, ¿no observa los desgarros en su carne?; ¿y cuando el conflicto amaina?, los excesos huyen y acontece el peor de los azotes: la calamidad de no soportar ya ninguna calamidad que alivie con su dolor las ásperas biografías. La frase de Sócrates "mis queridos amigos, los amigos no existen" delata una desconfianza hobbesiana.