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del Consuelo Tras casi un siglo de división imperial y antes de que cayera el postrer emperador de Occidente, surge la estampa de un cristiano que separa del cristianismo las expresiones tradicionales, concilia fe y pensamiento y elabora con nuevas imágenes y vocabulario una moral puramente racional. ¿Severino Boecio acusado de magia y conspiración?, ¿no le cautiva en demasía la autoría pagana?, ¡mira que hablar de "nuestro Lucano"!, ¿de qué manera armonizar los caprichos del azar con la apuesta del Hacedor? Con aquel que puso migajas de Aristóteles en hartazgos de platonismo, abogo por la satisfacción que produce proceder de acuerdo con una conciencia ordenada en trincheras descubiertas, ¿no maravilla su valentía frente a una condena de balanza trucada y sus arrestos por destilar coraje de una lastimosa fortuna?, persistía en su entereza cuando desistía de enmendar los acontecimientos y en cómo orientaba su andadura interior. En los aciagos días de escritura penitenciaria, su voluntad creadora operaba del modo en que la luz engendra el resplandor de la mente: con Hugo de San Víctor diferencia lo intelectible de lo inteligible, lo no sensible ni semejante a lo sensible de lo que tiene relaciones de semejanza con lo sensible sin ser sensible. Aquel a quien Abelardo llamó el más eminente de los poetas latinos alternó páginas en prosa recia y densa con metros de diversas métricas —quizá el que la poesía fuera teología significaba que el Salvador estableciera contacto con los hombres gracias a unos versos. Para que "La consolación de la filosofía" encumbrara cimas señeras, varios importantes tributarios tuvieron que contribuir a la botadura de tamaña obra: de los estoicos subraya la Providencia, de Platón aprovecha el concepto de Sumo Bien, de Aristóteles enseña a la divinidad como el Motor Inmóvil, ¿cabe ocultar la inspiración del "Protréptico"?, y algo deberá a que Crantor de Soles inaugurara su género literario con "Sobre el duelo". La figura ecléctica que simboliza el último representante romano y la primera cara escolástica, ¿no hallaría seguridad en su empeño testamentario?, de su brazo llegaron a la lógica del medioevo los silogismos categóricos que exigen el áspero argumentar matemático y los hipotéticos de galeno que discuten asuntos del calibre de "¿nos guía un destino?", "¿y los dioses?", desde entonces ambas propuestas compartieron el cuerpo de las estructuras de Aristóteles. Resulta admirable la posibilidad que brinda a los europeos del VI de aproximarse al Estagirita —ni aguarda a que Avicena lo ofreciera al pueblo musulmán, ni a que San Alberto Magno lo mostrara en el XII desprovisto de la calificación de cosa extraña que le atribuía la ortodoxia—, ¿qué lee Casanova en su prisión veneciana sino el libro más estudiado en lo que va del IX al XV?, y los desahogos que Séneca redactó, ¿no le ayudaron a admitir su suerte?, los momentos de Tiberio, Calígula y Claudio prepararon el de Nerón. No obstante, uno mismo supone su propia recompensa, no interesa la simetría, ¿los espíritus superiores dejarían de llorar delante de unas ruinas? Buscamos consuelo levantando templos que revelan gravedad y resistencia, Schopenhauer cree que insistimos por creernos un sueño, ¿pertenece tal escudo a los dominios de la razón?, ¿quién lo encontraría en pasillos donde no recibe más que pisotones?; ¿por qué no optar por la piedad hacia el prójimo?, encarnaría un esfuerzo bastante particular, ¿por qué rehusar la perversidad si aprendimos a disfrutar con el dolor ajeno?, no aportaríamos alegría al Universo: el querer oscila entre los estados de sufrimiento de necesidad y hastío. Del nacimiento al fallecimiento, el mundo parece una tragedia y detalle a detalle adopta el aspecto de una comedia, ¡qué ardua lucha contra la visión de lo absurdo!, "y, por encima de todo, la muerte es la gran ocasión de no ser ya yo", ¿una vocación de soledad no toma asiento en los cruces de calzadas?, medita con serenidad en el terrible abismo y obtiene una calma distinta de la fugaz estética. Rechaza el suicidio por su naturaleza negativa: manifiesta que desecha gozar de los males, no el horror por ellos, ¿bellacos y desesperados no afirman la existencia experimentando con sus inclinaciones?; señala el carácter noble en la persona que acepta incondicionalmente su papel de simple medio en pro de una meta objetiva no criminal, ¿no entristecen los enajenados con pérdida de las dimensiones reales del tiempo?, porque muy poco consta a los pies del tiempo, se aferra a conocer y no a permanecer, emplea su disposición de ánimo en conseguir el fármaco de las composiciones eternas, ¿no nos sacan de tanta locura inserta en cada instante?, ¿qué soluciona la destrucción de humanos? Aunque nada escape al orden de las causas, ganamos en libertad a medida que abandonamos el círculo por habitar su centro, sigamos a Séneca en que "en la adversidad hay que elegir el camino temerario", ¿y en caso de que la verdad no tuviera forma de escalera, lograríamos subir de lo cercano palpable hasta la contemplación?; nadie justificaría que los sabios dependieran del insano comportamiento de unos desalmados con poder, ¿acaso sus carceleros giran con la octava esfera o gobiernan las idas y venidas del Nilo?; ¿los sentenciados sopesan huir o la conveniencia de salir a un manicomio mayor?, Juvenal esclarece la situación, "citemos la acción más vergonzosa, el ejemplo más infame, que siempre habrá aún peores". A la calamidad teatral de vivir, Schopenhauer responde con un consuelo también teatral: el de la música, ¿la música?, sí, por su generalidad y rigurosa precisión cobra una altura que medica y consuela. |