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de la Esperanza —¿De qué lado se inclina? —Más del desarrollo y satisfacción de las necesidades actuales que de la tan sobada emancipación interior de los filósofos, ¿con la ortopedia del andar con la cabeza erguida no reivindicamos una autonomía muy propia? —¿Y su contenido? —Coincide con permanecer indistanciado del presente, con una vuelta al placer y de espaldas a la fatiga, con una provechosa experiencia, libre y creativa. Goza con el gobierno del constructivo y favorable Eros —vida a la vida— en la incomprensible y arrastrada perspectiva del pasivo y ruin Thanatos —muerte a la muerte. —Ya que integramos algo, y no precisamente algo que aletea en sus afueras ¿por qué no arrancamos de cuajo la cara del hombre dormido y la conectamos con lo eterno y absoluto? —No olvidemos que disfrutamos de la esperanza, porque mantiene el correlato con un entorno dinámico —el pesimismo analítico resiste las embestidas, jamás pacta con ficciones estáticas. —De habitar un universo imperturbable y perfecto ¿no lo calificaríamos de inabordable? —En el ancho campo de las premisas sobre las que podemos intervenir, ni tropezamos con estructuras preconstituidas, ni con envites silenciados. —Donde escuece de verdad el riesgo, ¿no crece de veras lo que salva? —Deduzcamos el impulso de lo positivo de la intransigencia de lo negativo; por cambiar la coyuntura envolvente entablemos una encarnizada crítica disolvente, urge rebasar el mero rechazo; defendamos el coraje de la luz en medio del miedo a la niebla —vigías del claro día en una noche oscura con linternas gastadas. —¿Con qué cuenta? —Con la carencia de un bien: a lomos de un dolor de hoy cabalga un mañana mejor, ¿acaso un enfermo de cáncer no atiende a la noticia confusa del más reciente medicamento? Reconozcamos la más humana de las emociones. —¿Qué cabe aguardar? —La capacidad de intuir un objeto ausente forja de lo "aún-no-real" y de lo "aún-no-consciente" la dimensión del pensamiento. Despiertos, saludemos a los sueños, ¿no prorrumpen en situaciones en las que bulle el fermento de lo nuevo? En el Cosmos falta lo que percibiríamos como auténtico: especulemos con "lo que es" a partir de "lo que no es", ¿a qué jugaríamos sin la ayuda de lo que no existe? —¿Actuamos a modo de simples muñecos en manos de unos contra otros? —La constatación del reino de lo ilógico no dispensa de que en un futuro impere lo lógico. —¿Florece la razón despojada de esperanza?, ¿y la esperanza desposeída de razón? —mplican en primera persona. Además de padecer sus efectos, contribuyamos con el papel de protagonistas diligentes que someten la irracionalidad circundante a sus expectativas racionales. —¿Seguiremos aceptando la dominación por la dominación? —Acortemos el trecho que va de "lo que de hecho es" a "lo que de derecho debería ser", no por el desvarío abstracto de lo insuperable; rompamos el nexo entre productividad y destrucción, entre democracia y represión, pongamos término a las condiciones e instituciones intolerables, golpeemos el sistema desde su exterior y violemos las reglas del endemoniado engranaje trucado. —¿Subversiva en cualquier caso? —Cuando no acompaña, la acción resulta impracticable. De Marcuse muchos recogimos que "el horizonte de la historia aún está abierto. Si el recuerdo de aquello que ha pasado llegara a ser una fuerza motriz para la transformación del mundo, con ello se habrá emprendido la lucha para una revolución hasta ahora sofocada". —Lejos de Schopenhauer ¿la sentiríamos igual? —No, parecería una palabra hueca y vacía, o peor, una miserable especie de confianza. —¿No angustia la tendencia a concebir el fin como recuperación de un principio? —De Tales a Hegel, el detestable hechizo de la reminiscencia requiere que el saber emerja de evocar las visiones del orbe de las ideas. —¿Y entonces? —No reduzcamos el progreso a un proceso dialéctico inevitable e independiente de las iniciativas individuales. —¿Queda la esperanza desencantada? —Renunciemos con Adorno a la ilusión de aferrar la totalidad con el entendimiento, contentémonos con la figuración fragmentaria de unos cuantos saltos de huella en huella. Digamos no a una certeza despreocupada gracias a proyecciones celestes de anhelos terrestres y sustituyamos el mirar hacia lo alto por mirar hacia adelante. —Pero... ¡Dios mío!, ¿dónde emplazaremos el problemático laboratorio de la posible redención? —En los cruces de caminos del Todo con la Nada, detengamos los féretros que acompañan a las quimeras. |