de la Eternidad

Cabe que asignemos a los atributos morales de sabiduría y bondad alcances indefinidos, nunca a espacio y tiempo —componen las formas y condiciones de cualquier experiencia externa e interna. ¿Qué supone el espacio?, orden de existencias simultáneas no ordenadas dentro de una evanescencia de la ilimitud durante el débil relampaguear de la inteligencia: cuerpo del tiempo; ¿y el tiempo?, repertorio de cosas no coincidentes después de que los años hubiesen acumulado sus derechos: espíritu del espacio —Aristóteles observó que "sin alma, es imposible el tiempo".

¿Qué significa la historia?, ¿unas denigrantes sobras del entendimiento?, Jenófanes asegura que los dioses no revelaron por completo sus misterios desde el comienzo, dispusieron que encontráramos lo mejor en el irrefrenable fluir de las épocas; dejando en suspenso el peso que ejerce lo religioso, el que la totalidad del conocimiento aparezca fragmentada en la multiplicidad de transitorios que perfilan el despliegue humano ¿no contribuye a una mirada subjetiva muy íntima derivada de la práctica de la filosofía?

Los problemas que se debaten en el diálogo socrático implican importantes improntas en quienes la emprenden con difíciles fronteras por cumplir con su estrella, ¿no estimula la comprensión de los Primeros Principios?; ¿el retorno cíclico no ilustra la idea de progreso?, ¿por qué apurar fases igual que los buscadores de oro?, ¿no excavan mucho suelo y hallan poco?, Heráclito dijo que exige tal exigencia porque disfruta con la ocultación; no, no lo dudemos: el quid central de la investigación radica en el aumento de cordura.

¿Acabaremos en catástrofe purificadora o renaceremos a un estado de naturaleza gracias a la razón?, repitamos con Campanella, "¿quién lo sabe?": probablemente sonará la campana cuando suene el toque de regreso a la inocencia originaria.

No agotemos el tiempo en la empericidad de unas conductas, ni lo ahoguemos en una cascada de detalles inconexos, ¿pretenderá un átomo de egoísmo tender puentes con pretéritos y devenires por consenso espontáneo?, tendremos que ponderar y reponderar las modalidades concretas con que salga a escena en los escenarios más decisivos.

¿De qué sirve contar con circunstancias que ya no cuentan?, también la semilla sufre un tipo de corrupción que le permite germinar, ¿por qué jugar a juzgar a diestra y siniestra de acuerdo con unos acontecimientos que no volverán?, que no extrañe que los defectos de ayer abunden en una mayor perfección hoy —aunque no logre medir la más honda profundidad de los océanos, el marinero no olvida cuánto mide su sonda, ¿cómo advertiría el peligro de los bajíos? A pesar de que escuchemos un temblor de inmortalidad ¿compensaría vivir conforme a edades marchitas?, reconocer que nos acompaña, que crece merced a los días que recoge, que concierta las nuevas creaciones y que diferenciamos los períodos por cantidad y no por cualidad, invita a convertir tamaña relación en verdad obstinada, útil a empresas futuras; por cubrir parcialmente objetivos, ¿la insaciable hambre de satisfacción no alimenta metas?, Dilthey habla de un encadenamiento dinámico, no de causa-efecto, y Spengler insiste en una lógica orgánica frente a una mecánica.

¿Conviene que el mañana descubra las secretas intenciones?, quizá por una especie de persistencia y surgimiento admitamos que el sentido de las agujas del reloj señale la posibilidad de superar los mañanas; mientras, mantengamos contacto con el voluble ir y venir por medio de las sensaciones, y por el pensamiento enlacemos con la esencia invariable.

En la trinchera del instante, defendamos de la unidad de un antes y un luego el carácter fugaz de un presente que no gusta del nombre "pasado", reconstruyamos un presente sincrónico que envuelva nuestro presente sucesivo y obtengamos un presente en constante revisión, ¿acaso coetaneidad por necesidad? Dado que en los intersticios entre eternidad y tiempo prosperó la cópula del Cosmos y que las sombras jamás engulleron los hechos sin evacuar residuos, ¿a quién no le agradaría rondar por el horizonte que fijan las partes iluminadas y los ángulos a oscuras?; confesemos que no acertamos a poner solución, ¿no afirma Leibniz que en cada segundo figura la plenitud del discurso universal?, ¡condenada linterna inapagable!

¿Qué indica la ambivalencia del tiempo?, degradación de lo inalterable y preparación para la negación parmenidiana; avanza hasta caer falto de perspectiva y de memoria, ¿qué demiurgo imaginó semejante imagen móvil?, el credo ismaelita fatimí lo identifica con un retraso respecto a sí mismo: eternidad atrapada.

¿Qué pinta la fe?, injerto de eternidad en el tiempo; si colocamos la predestinación en los campos de la eternidad, entonces los actores, el contenido y la secuencia de los actos obviarían el más imperturbable de los imperativos por acaecer en tierras de Cronos —frágil intuición de unos individuos finitos. ¿Nos encargamos del soplo de las horas o el viento de los siglos nos arrastra?, no esperemos que respondan de la manera que el eco responde a la voz; a imitación de Fausto, quisiéramos detener los años, pero las ocasiones gastaron sus oportunidades. Lo de que el mundo deba precisamente ser lo que es en este punto constituye una ligereza: el sofisma de "lo efímero"; todo cambia, todo empieza y termina momento a momento, sólo el Todo permanece.