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de Dios ¿Dios?, centro y circunferencia de lo patente y latente ¿y el mundo?, un simulacro corpóreo de Dios, un espejo roto —de reagrupar los pedazos, vislumbraríamos la Imagen. ¿No insistía Schleiermacher en que "no existe Dios sin mundo, como no hay mundo sin Dios"?, los fenómenos terrestres guardan relación con la batuta celeste hasta el punto de transparentar a Alguien que trabaja en etnología con lo humano y en geometría con el Cosmos. Lo vemos per speculum o in speculo : sus criaturas, ¿acaso no reflejan su figura?, las cosas, ¿acaso dejan ver su huella?, ¿no decía Averroes que el culto más adecuado estriba en comprender sus obras? A pesar de la atmósfera en que prosperó el halo de las viejas metafísicas, disiento de Dewey en que "el temor a los dioses fue el que creó a los dioses", ¿no confiamos en los magos la misión de manipular los símbolos?, ni la Ilustración con su intención de desatemorizarnos y convertirnos en amos consiguió relegar nuestra crónica desventura. ¿No impedirán nuestros ojos que demos con el Hacedor?, a lo largo de la búsqueda juegan el papel de condición, ¿una lente no viste con su color los objetos observados?, ¿por qué esperar que no tiñera de igual modo el rostro divino? ¿Cabe enlodar a Dios en la ciénaga de tesis y antítesis?, no captaremos al hombre en cuanto hombre en tan resbaladiza tesitura; ¿que por qué?, nos empleamos a fondo en nosotros mismos y ni siquiera gobernamos la ciencia del propio yo —llevamos adelante una descripción, no una explicación de su carácter. Con la experiencia perfeccionamos el supremo don de la titubeante capacidad argumentadora según sus posibilidades de purificación material de cambio, tiempo y lugar, con su ejercicio no ponemos de manifiesto a diario nuestra gratitud; encontremos la costa que nombran Razón Eterna, aquella que amansa y encauza el embate de las mareas con suma claridad; ¡demonios!, con la fe apagada podríamos exponer, no responder. ¿Por qué no concebimos sino a golpe de revelación que acabaremos por gozar del Altísimo?, afirma Duns Escoto que porque no hallamos ninguna conexión forzosa entre trascendencia e individuo, ¿y Santo Tomás no machacaba sesos con que creer implicaba un austero trance de "pensar con asentimiento"?, ¿no andamos aún inmersos en la investigación por no aprehender lo evidente? ¿Qué significa Dios para el hombre?, un hito que abandera en seguida; acepto de Feuerbarch que la percepción que tenemos de Él concuerda con la que Él tiene de sí. ¿La conciencia creada?, el vértice que cierra la marcha progresiva del cerebro, término de la etapa constructiva del Universo, cenit de regresión; subidos a tamaño púlpito, contemplemos los dos momentos del ciclo: la mímesis en el distanciamiento, una dudosa imitación de lo Inmutable lastrada con multiplicidad, mudanza, lucha, temporalidad, contingencia, sensibilidad y la metexis durante el repliegue, una oportuna intervención que recupera unidad, armonía y paz, diafanidad. De la sindéresis escribió San Jerónimo: "chispa que no se extinguió en el pecho de Adán después de ser expulsado del Paraíso", ¿no estimula su fuego animador?, tal "ápice de la mente" corresponde a un máximo de elevación, el que precede al rapto último; el éxtasis habla de una incesante reconducción de las complacencias, no de una conquista intelectual: comunión del hijo con su Padre, mediante la que colabora y penetra en su intimidad. Ya que distinguimos bondad de sabiduría en los hombres, ¿cómo no las íbamos a diferenciar al tratar de Dios?, la ilimitada perfección aumenta el grado de lo producido más allá de cualquier límite, pero no altera su esencia. ¿La presciencia?, sólo previsión de una acción, no de que realmente suceda; Ramanuja equipara el deber cumplido con una plegaria... con una sumisión a la Voluntad Incontestable, el filósofo indio extrae de ahí una consideración de mérito que nos empuja hacia nuestra liberación, ¿la Justicia Inapelable nos encaminará así a la redención? ¿A qué proximidad del Redentor nos aproximaremos?, a la del amor —poca madurez enemista, mucha amista. Whitehead elige un Salvador en vez de un Creador; por contra, Bonhoeffer apuesta que por haber alcanzado la mayoría de edad, Él nos enseña a vivir de forma autónoma y nos insta a proceder como si Él no contara, ¡no, no lo llamemos salvavidas!, ¿condenados a persistir en los inagotables giros de la "felicidad del círculo"? ¿Los espíritus finitos?, cópula de Naturaleza y Absoluto; con el "Dios es Dios y la humanidad es su profeta" de Mazzini, pasamos del Primero en teoría a los primeros en la práctica, del creador e increado a los creadores y creados. Por compartir sustancia, coloquemos al más grande junto a nuestra pequeñez y no en las fronteras inaccesibles del entendimiento ni en los confines inexpresables de la debilidad. Constituye una verdadera locura situarse fuera del Omnipresente mientras todos habitemos en su interior; estimo perjudicial querer conocerlo antes de reparar en la miseria de uno y también penar por el curso de una enfermedad lejos de quien curaría la dolencia. ¿El hombre, un dios fallido?, ganar religiosidad a expensas de perder religión consiste en sustituir una reverencia concreta por un agregado de principios a los que obedecer, ¿preferiríamos entregarnos al ininterrumpido retorno nietzscheano del anillo de los anillos que a una convicción falta de Valedor? Aunque de la subjetividad del arte y de la objetividad del dogma nace una exclusión dialéctica, aspiro a repetir con Jung, "No necesito creer en Dios. Lo conozco", ¿no está más segura que nunca un alma cuando logra su intuición directa? |