Ir a la portada      El autor
Portada

Epígrafe

Introducción

Metodología y marco teórico

Historia

Descripción de hábitat

Subcultura carcelaria

Conclusión

Bibliografía

Notas


El autor
Editorial Letralia

  Descripción de hábitat

La Colonia Penal Federal Islas Marías se encuentra en el archipiélago del mismo nombre y está situada a 120 kilómetros del puerto de San Blas, Nayarit. Quedan comprendidas entre los paralelos 21º 15' y 21º 50' de latitud norte y los meridianos 110º 13' y 110º 14' longitud oeste, en el Océano Pacífico. Se compone de tres islas y un islote: María Madre con 144 km; María Magdalena con 84 km; María Cleofás con 25 km y el islote San Juanico (o San Juanito) con 8,53 km de superficie.

La colonia penal se compone de 10 campamentos, los que se encuentran en la isla María Madre. Los campamentos están ubicados en la periferia de ésta y uno en el centro de la isla. Todos los campamentos se comunican por medio de una carretera de terracería que da la vuelta a toda la isla y tiene una extensión de 50 km. Esta carretera se construyó con el trabajo obligatorio de los colonos; durando en su construcción del 20 de septiembre de 1963 hasta el 27 de junio de 1969.

Fotos del autor
Pasando lista.
Todos los días se pasa lista tres veces a los internos en sus campamentos: una a las 5 am, otra a las 2 pm y la última a las 8 pm. A las 9 de la noche el corneta toca "la queda", el toque de queda, y ya nadie puede salir de sus habitaciones. Vivir en un lugar donde hay que levantarse a las 5 de la mañana no es cosa fácil, y aunque a algunos les cueste trabajo acostumbrarse, con el tiempo ese reloj biológico se irá adaptando a fuerza de castigos. La lista, así como para llamar a reunión o para tocar la queda, la hace un corneta, que ahí va aprendiendo y ese será su trabajo, el trabajo de avisar. Esto, como muchas cosas en las islas, se encuentra lleno de anécdotas divertidas, como la que nos relata un colono que tiene 5 años viviendo en las islas y aún no se ha podido acostumbrar:

—Oigan, ¿y eso de la lista a las 5 de la mañana?

—Yo a eso no me he podido acostumbrar y ya llevo 5 años.

—¿Pueden dormirse tranquilamente?

—¿Ahí sabe qué?, le voy a decir esto, la gente que es poco nerviosa y de recién llegado no se puede uno acostumbrar; de recién llegado, le voy a decir por qué, de recién llegado uno tiene temor a las autoridades, porque cuando se queda uno en la lista lo primero, bueno había un jefe de campamento que le dijo a un bato que si estaba muy buena su mujer porque se quedaba; definitivamente ese no tenía ni estudios, pero de antemano una regañada sí se la dan a uno, una regañada y una matineada,3 que "¿por qué te quedaste?, ¿que no sabes?" o "¿te vale madre?", lo que digan está bien; "oiga, me dormí", "discúlpeme, yo voy a tratar de no quedarme", porque sinceramente el sueño ya no lo domina a uno, uno se duerme y aunque uno quiera.

—A veces te agarra como maldición —comenta otro colono—, como 2 o 3 veces seguiditas y uno trata de quedar bien con ellos, de no fallar, pero no escucha uno nada, la meta de uno es siempre estar presente, uno quisiera ir a trabajar temprano.

—Y no, estilo militar —continúa el colono—: "fulano de tal", "¡presente!", aunque vaya dormido.

—Entonces, ¿sabe qué?, estamos platicando si se puede acostumbrar uno: en el principio uno despierta "¿quioras son?", a veces me paro y ya en la puerta: "no, hombre, falta una hora", en esa hora me dormía y se me pasaba la lista; hay gente que se levanta una hora antes y con el temor de que a lo mejor se le pasa a uno la lista, y ya luego se pone, prende la estufa, se hace un café y ahí anda vuelta y vuelta, por quedar bien.

—Pero esa hora —comenta otro interno— se te hace más larga que la noche.

—Llega el grado de que, mire, yo soy imperdonable, pá'qué me voy a desvelar tanto, llega el grado en que yo duermo y ¡praf!, ya ahorita voy a cumplir 5 años, ya voy a cumplir 5 años este 20 de noviembre; ya le perdí el miedo a la lista, yo me duermo y hasta eso, oiga, yo creo que a la mejor se impone uno o sabes a la mejor sí llega uno a acostumbrarse, porque luego llega y ¡tras!, ya se para uno, más o menos a la hora; y si no para eso está un cornetero.

—Pero el corneta los despierta, ¿no?

Fotos del autor
El corneta.  
—No, si a veces no se oye, sinceramente; y luego de aquí se van, por decir así, aquí hemos estrenado corneteros, huuu, olvídese, se van libres y se van libres, y entra uno que ni sabe, yo creo que no se escuchan ni ellos, cuantimás uno. Había uno que le tocaba andar ahí en los albergues tocándole a la gente, en vez de tocar con la corneta, corría y "ándele la lista, la lista, ya voy a tocar pá'la lista", no más los movía.

Es obligación de los presos trabajar para la colonia penal "la melga",4 como le llaman. Por este trabajo no se recibe retribución económica, aunque algunos trabajos son compensados con unos vales que son canjeables en las tiendas que hay en los campamentos. El trabajo es muy variable, pues así como hay quienes tienen candentes jornadas de trabajo en los hornos de cal o pesadas jornadas cortando pencas de henequén; hay quienes trabajan en las oficinas administrativas, a los que en lugar de candentes, le esperan largas jornadas de trabajo; en el restaurante también se requieren trabajadores; como también se requiere de quien cuide las cabras o en el trabajo agrícola; existen "melgas" como la de subir todas las mañanas hasta el ojo de agua y barrer alrededor de la entrada a la manguera con la que bajan el agua, como es el caso del campamento Aserradero; hay también los que prácticamente no trabajan, pues nada hay qué hacer, como es común que suceda en los campamentos más alejados, donde la disciplina se encuentra muy relajada, como es el caso de los campamentos de castigo.

Fotos del autor
Cocinas generales.
Uno de los trabajos más pesados, sobre todo por los horarios que se tienen que cubrir, es el trabajo en la cocina. Las cocinas generales están destinadas a dar alimentación a los internos que se encuentran viviendo solos, a quienes designan como "solteros", a diferencia de los que tienen viviendo con ellos a su familia, a quienes llaman "casados", quienes no comen en los comedores generales, ya que reciben de la colonia penal una despensa.

El primer alimento lo reciben los colonos de 4 a 5 de la mañana, ya que se toca la lista a las 5 de la mañana, y por lo general después de esto se van a realizar la melga. Siendo que el primer alimento se realiza a las 5 de la mañana; la melga de la cocina comienza entre las 12 de la noche y la una de la mañana; siendo los tortilleros los primeros que entran a trabajar.

También existen los llamados "comisionados", que trabajan para los empleados que los soliciten, teniendo estos trabajadores a los que no tienen que dar ninguna retribución, aunque unos lo hagan. Esta "melga" de comisionado es muy solicitada por los presos, ya que quedan exentos de realizar cualquier otro trabajo, además de que con el tiempo van utilizando las mismas instalaciones de los empleados: el baño, la cocina, el refrigerador, su comida y en fin todo lo que se deje el empleado; hasta que éste se convierte en una verdadera carga y el empleado solicite otro comisionado, con el que va a vivir lo mismo. Los comisionados que trabajan en la casa de visitas tienen además otra ventaja, que es la de estar cerca de las personas que vienen por poco tiempo y quienes por lo general se llevan artesanía de este lugar, de modo que pueden ser los primeros en ofrecer estos objetos a los visitantes.

Existe un sinnúmero de actividades que se realizan en la colonia penal y éstas las hacen los internos por medio de la melga, además de otras actividades que se tienen que hacer cuando hay una emergencia, como en el caso en que se presentan incendios, los que además son comunes en la época de sequía.

Fotos del autor
Comedor en el Campamento Bugambillas.  
Después de cumplir con la melga, la gente busca cómo obtener un poco de dinero, sobre todo los que tienen viviendo con ellos a su familia, pues la alimentación que da la colonia penal es insuficiente. Por esto es común encontrar a la venta muchos trabajos artesanales, que los presos comercian entre ellos y con los marinos, las visitas y los empleados. Existen algunos talleres bien montados que producen juegos de dominó y donde los mismos internos emplean a otros presos para realizar el trabajo, ya que estos juegos de dominó tienen una buena demanda fuera de las islas. La artesanía en carey era muy común, pues las islas son un lugar de desove de las tortugas caguamas, pero con la prohibición de su captura y la vigilancia de los marinos este tipo de artesanía ya no se produce.

El muelle, sobre todo en los días en que llega el barco, se llena de vendedores que muestran, prendidas sobre un paño oscuro, pulseras, aretes, collares y demás objetos de hueso, madera y piel. También aquí se puede encontrar artesanía hecha con coral, el que mandan traer del continente; así como trabajos hechos con la concha del abulón. También aquí es común encontrar algunos artesanos que calan monedas, dejando figuras o rostros que se aprecian mejor cuando se hace que el sol proyecte la sombra de la moneda.

En el monte existen animales de los que se puede aprovechar su piel, como las boas, las iguanas que existían en impresionante cantidad y que actualmente sólo se pueden ver si se sube uno a la montaña. Con la piel de estos animales se confeccionan cinturones, carteras, zapatos; con su carne complementan su dieta. Aunque este tipo de artesanía se encuentra prohibida, se sigue produciendo y la captura de estas especies se mantendrá mientras la colonia penal no ofrezca otras alternativas que hagan más rentable el tiempo que invierten en la captura y la elaboración artesanal que hacen con la piel de estos animales.

No se puede decir que exista un tipo de artesanía típica de las Islas Marías y el trabajo artesanal que se realiza es el que trae la gente que viene de otros penales, por lo general el tipo de artesanía que se hace en el estado del que proceden. Así es común que un tipo de artesanía que se producía, cuando estos artesanos abandonan la isla, se llevan con ellos este modelo de producción, aunque es común que se enseñen unos a otros, manteniéndose por un tiempo cierta artesanía presente en las islas. La característica que tiene la producción en este penal es la de baja productividad, propia de los grupos marginales.

Los recursos económicos principalmente ingresan a la isla desde el continente, y el servicio de telégrafos y correos juega un papel indispensable para la entrada de éstos. La mayoría de los internos reciben ayuda económica de su familia desde el continente, dinero indispensable para que la vida en las islas pueda satisfacer no sólo a los que reciben estos ingresos, sino también para que puedan subsistir los pequeños comercios de venta de artículos y las pequeñas fondas donde se vende comida.

Otra forma de obtener recursos es por medio de la prestación de servicios, como lavar y planchar ropa, tanto a empleados y visitas, como a otros colonos. De ahí lo valioso de tener una melga como la de comisionado, pues la prestación de servicios se puede dar con más facilidad; como el caso de los comisionados que están en las casas de visitas, quienes tienen mayor oportunidad para comerciar artesanía, además de que constantemente llegan personas, las que requieren que se les lave y planche su ropa.

Aunque existen servicios telefónicos, telegráficos y de correos, la sensación de aislamiento mantenida durante la semana, en la que el muelle se encuentra vacío, declina un poco al ver llegar el barco. Los viernes en la mañana llega el barco con los familiares, las visitas, las cartas, los paquetes, las provisiones. Y Balleto se convierte en un lugar animoso en el que se rompe con la rutina y el aburrimiento diario. Desde que se llega a las Islas Marías se reconoce fácilmente a los empleados y a los colonos. Los empleados por lo general utilizan uniforme café y verde. Los internos se agrupan en puntos alejados, junto a las casas que están a la entrada del puerto; grupos de gente silenciosa, quienes también esperan y quizá con más ansiedad el arribo del barco.

Fotos del autor
Vista desde el faro; Campamento Hospital. Al fondo, el muelle en el Campamento Balleto.  
En la isla se cuenta la semana de viernes a viernes y ese día Balleto cobra un poco de vida. Llegan de distintos campamentos a vender artesanía y los puestos de comida que normalmente se ponen, en este día aumenta tanto en número como en concurrentes. Los viernes hay movimiento en la isla, pues con el barco también llega la despensa y las verduras que se distribuyen a los campamentos, además de surtir las tiendas de la colonia.

La alegría se dispersa al poco tiempo, y como la cenicienta, sólo que aquí es a las ocho de la noche, cuando el barco ha de partir y con él las visitas, los empleados que salen de vacaciones, las cartas a la familia, los encargos, las esperanzas y los "libres" (los presos a quienes les dan su libertad), que en larga cola junto con los demás esperarán formados frente al muelle, cuando el corneta anuncia que la hora de partir ha llegado.

Formados y atentos al orden de lista, pasan por la última revisión antes de abordar el barco, observados desde el muelle por amigos, compañeros y otras gentes que ensimismadas en profundísima tristeza ven partir nuevamente la esperanza, para iniciar con esto el tedio de la semana.

La partida del barco es el momento más triste y deprimente para quienes saben que han perdido su libertad, pues tras él se cierra la puerta y la posibilidad de abandonar en esa ocasión y para siempre el lugar, mientras se está en espera de cumplir con un tiempo que corre más lentamente cuando se está encerrado.

 
Página anterior Editorial Letralia Página siguente