|
La vida me reclama [a gritos] una atención |
|
Transito de nuevo [he dado la vuelta] por esta calle descubro ahora el instante en el que me extravié entre mis pensamientos. Concluyo que ese hombre-mendigo que se acerca a mi habitada soledad [el que puedo tocar sin saciarme] no es más que un triste pedazo de carne un trozo de cuero desechado por la sociedad que implora a estos sentidos que gobierno un poco de brazos, bastante de piel, poco de semilla y nada de mí.
|