Un eterno y ciego cuchillo
penetra incesantemente el cántaro de mi fuego.
De nuevo la medianoche.
Pronto el día inundará mi puerta
yaciendo entre estas sábanas mil flechas escondidas.
Entre reclamos y gemidos
el cabello se extiende, se distiende
el cuerpo se ata, desata, corva y endereza.
Desempolvo mi cerebro
activo su inquietud
y el plenilunio de esta nueva muerte
invade con su flama
socava con su calor
purifica con su esencia.