Lo que mata me fortalece más.
Es el momento de salir a la vida.
Aunque aún sangren llagas en mis manos y pies
y brote pus de mis ojos enrojecidos por el llanto.
Ningún alma vale saltar la verja de los principios
para hacerle crecer dentro de su humanidad
Pocos de ellos toman nuestras manos
ninguno se da cuenta de que las tendemos hacia ellos
aunque lo gritemos
El amor el dolor
el olor la anestesia
la lluvia el desierto
La esencia misma del agua que desde siempre ha sido torrente en mí
Vendrá a la orilla de mi playa siempre nocturna
cuando tenga sed
y entonces hallará este pilote siempre erguido,
firme en la relatividad del fondo que le sujeta.
Le hallará reposado, tranquilo,
dueño de la sabiduría del silencio.
Enredado entre algas y sucio:
sus cadenas con el mundo
Se lo topará siempre generoso,
siempre fuerte,
aún cuando en sus cimientos
la sal y el excremento de los peces,
le carcoman a diario
y nadie pueda verlos.
Porque ese pilote
como yo
se nutrirá de su diaria muerte:
la soledad.