Noises, por Mariángela Petrizzo Risurgimento
Lo que mata   me fortalece   más.

Es el momento de salir a la vida.
Aunque aún sangren  llagas en mis manos y pies
y brote pus de mis ojos enrojecidos por el llanto.

Ningún alma vale saltar la verja de los principios
para hacerle crecer dentro de su humanidad

Pocos de ellos toman nuestras manos
ninguno se da cuenta de que las tendemos hacia ellos
aunque lo gritemos

El amor     el dolor
         el olor            la anestesia
       la lluvia             el desierto

La esencia misma del agua que desde siempre ha sido torrente en mí
Vendrá a la orilla de mi playa siempre nocturna
cuando tenga sed
y entonces hallará este pilote siempre erguido,
firme en la   relatividad del fondo que le sujeta.

Le hallará reposado, tranquilo,
dueño de la sabiduría del silencio.

Enredado entre algas y sucio:
               sus cadenas con el mundo

Se lo topará siempre generoso,
siempre fuerte,
aún cuando en sus cimientos
la sal y el excremento de los peces,
le carcoman a diario
y nadie pueda verlos.

Porque ese pilote
como yo
se nutrirá de su diaria muerte:
         la soledad.