Noises, por Mariángela Petrizzo Sherezade
Extiendo mis raíces
bajo lo que ocultan estas cuerdas.

Merma la respiración
cesa el palpitar           el rugir de la tierra
y por un instante
me transfiguro en un báculo
cuya mirada
se extiende por el espacio exterior
de los límites de lo visible
allí donde se pierde
la misma entidad ovalada
absorbida a diario
tras los cerros
           entre   canas disueltas por   excusas.

En este cuenco que mis manos hacen
                        torpes
para esquivar al cansancio,
yacen las pequeñas perlas
que salpicaron el vacío
desde el viaje de la luna
a galope sobre el viento
hasta este espacio
que inunda mis abismos
colmándoles de sed.