Extiendo mis raíces
bajo lo que ocultan estas cuerdas.
Merma la respiración
cesa el palpitar el rugir de la tierra
y por un instante
me transfiguro en un báculo
cuya mirada
se extiende por el espacio exterior
de los límites de lo visible
allí donde se pierde
la misma entidad ovalada
absorbida a diario
tras los cerros
entre canas disueltas por excusas.
En este cuenco que mis manos hacen
torpes
para esquivar al cansancio,
yacen las pequeñas perlas
que salpicaron el vacío
desde el viaje de la luna
a galope sobre el viento
hasta este espacio
que inunda mis abismos
colmándoles de sed.