Desde lo alto de la esfera
un velo azulado cubre
la extensión de la estrella
que diviso entre tanto sudor y ruido
Un siglo transcurre
desde que surge el vuelo
hasta que la bóveda celeste
se descubre tras de mí.
Un grito al fondo del abismo
y el vértigo se apodera de mí.
Ansias por caer
aturdida de tanto no saberlo todo
en tanta mística correspondencia de las cosas
Luego de la cobardía
al dejar todos estos espacios
resta lo negro, lo blanco
la luz
como única compañía
en los esteros del ánima.