
4
I
El gemido del aire en los huecos del árbol
II
¿Qué fue primero, el buitre o el gorrión,
III
(Siempre la claridad viene del cielo.
Del cielo,
IV
Mas del pantano
V
Armonía del caos,
VI
Tiempo es del instinto, de la pasión, del barro.
ha cubierto de plumas el cuerpo que no cesa
de agitar la balanza de su peso en el viento.
El cañón se ha poblado de sombras ateridas,
de ingravidez inquieta de predador alado,
y no son ya las nubes solitarios testigos
de la putrefacción que el pantano domina.
la necesidad o los lujos?
Esta vida que el aire tiene como sustento
ha nacido con fuerza de huracán desplomado
sobre la carroña,
contra la carroña,
desde la misma carroña que delimita el mundo.
Del cielo a la coraza en la que hundir el pico.
Del cielo a la vegetación surgida de la escama.
Claudio Rodríguez)
como lluvia de Al Andalus,
de la vida y la muerte de este cielo pleistoceno y vacío,
siempre la claridad que oscurece el poema.
Con su sola mención, ceguera necesaria,
se nos llenan los ojos de plumas de gaviota.
De la tierra corrupta,
el despoblado ras de cieno o de carroña.
ha nacido la hierba y la raíz
se ha colmado de pelo.
El gemido del cieno
se transforma en aliento de alimaña.
Y la armonía impone su fuerza en el planeta.
perfección de contrarios,
tu fuerza es el combate, la confusión, la astucia.
Este mundo complejo de escamas, plumas, élitros
para la vida exige la corrupción y el éxtasis.
Y así el barro contempla
el banquete y el sexo que precede al amor.
Contra el huevo, el esperma
y este vientre que mana leche y miel
levantan la muralla marsupial de la carne.
Tiempo es de la injuria, de la sangre del semen.
Los hijos de los tiempos han poblado el desierto
de dolor y placeres para seguir la historia,
para dar curso al mar, para dar tiempo al agua
de subir a los cielos y caer como el ángel
en las siete colinas de la ciudad dorada.