
"El sociólogo no puede dedicarse a verificar o falsear científicamente las creencias de los actores. La eficacia de las ideas, creencias, conciencias, no depende de su verdad o falsedad, sino de su capacidad para determinar el comportamiento y, por tanto, de su grado de evidencia social; es decir, que la eficacia depende del poder, de la capacidad para imponer como verdad social una determinada forma de definir la realidad, independientemente de su verdad o falsedad" (1).