Artes del fuego

Catorce de septiembre

Hoy es catorce de septiembre.

El agua empozada en las calles huye de las pisadas de los autobuses. Las golondrinas bajan de los árboles; algunas llegan a morir bajo las ruedas de las motos.

El azul del cielo se ha desteñido; está gris y opaco. El aire está cortado por un humo poluto, la lluvia amenaza con desplomarse sobre la calle y con lamer la piel insípida de los transeúntes. Algunos miran con desconfianza hacia arriba y los que tienen paraguas empiezan a desenvainarlo.

Hoy es catorce de septiembre.

Es una fecha mágica, irrelacionada con todo. Nadie está cumpliendo años; nadie morirá hoy. Probablemente nadie ha comprado hoy los diarios; me lo dicen las caras largas de los quiosqueros y las montañas de diarios ilesos y los ríos de gente sin papeles en las manos. Hoy no se conoce a nadie y se conoce a todo el mundo. No es una fecha especial y es sin embargo una fecha diferente por lo cotidiano.

Hoy es catorce de septiembre.

La muerte estuvo anoche de juerga y se le ha olvidado salir hoy a trabajar. Las campanas de las iglesias tañen solas, impulsadas por el viento acuoso.

Cae la llovizna.

Cae la lluvia.

Cae el aguacero.

Mañana será quince de septiembre y —que lástima— habrá muerto el catorce de septiembre. La vida habrá vuelto a la normalidad.


©Jorge Gómez Jiménez • jgomez@letralia.comPágina principal