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El enroque: de la guanábana al polo patriótico

No estoy de acuerdo con Chávez. No por las razones que todo el mundo aduce, que va a instalar una dictadura, que va a coartar las libertades, que va a recibir el apoyo de Pérez Jiménez... Todo eso me parece un gran cúmulo de tonterías que han sido inventadas por los cogollarcas, que sienten amenazada la propiedad del inmenso cambur en que han convertido a nuestro país.

Porque, a la final, la contienda electoral se reduce a eso: los propietarios del gran cambur serían otros si ganara Chávez. Todo el ajite de AD, Copei, Irene y sus iguales, no tiene otro origen que la resistencia a perder el mango de la sartén que tanta arepa les ha dado a expensas de ustedes y mías. A ellos poco les importaría el establecimiento de una dictadura o de cualquier otro sistema de gobierno, siempre que tuvieran asegurada su porción de corruptela. Y, en el caso de que ganara Chávez, la corruptela seguiría en ascenso, pero no los favorecería a ellos.

El que los adecos y los copeyanos pierdan el control del país me alegraría sobremanera si no fuera porque estoy seguro de que los chavistas, lejos de construir su propio totalitarismo a la venezolana, vienen con un hambre insaciable, recrecida por años y años de aspirar sin llegar. Casi la totalidad de los chavistas que conozco pertenecen a esa subespecie política criolla de secretarios y presidentes de comités que un día se lanzaron como concejales, como presidentes de juntas parroquiales y hasta como gobernadores, y que nunca fueron favorecidos por el sufragio, como es el caso de Jorge Olavarría y de los mismos masistas, que han demostrado que les encanta un emergente para pegarse a la espuma que produce (hace cinco años se adhirieron a Caldera, ahora a Chávez). Son ese tipo de gente que dice que va a una sección solemne en el Concejo Municipal y que nunca saben bien si la s va antes o después y terminan escribiendo desición. Hoy se agrupan bajo el toldo de Chávez y les entra un fresquito: por fin estarán en el poder.

Aquí en Cagua hace tiempo que se vive esa amarga experiencia. Los que aspiraron sin suerte durante años llegaron, de repente, a ocupar posiciones de control municipal. Aunque la Alcaldía pertenece, desde la llegada de las elecciones "uninominales", a Copei, pequeñas agrupaciones logran colocar a su gente en algunos puestos clave. El resultado: los chanchullos ahora son tan descarados que todo el que va a ser contratado por el gobierno local pasa antes un presupuesto donde se destina cierta cantidad para repartir entre los concejales. Ya los contratistas tienen clara qué cantidad destinar para ello, de acuerdo al monto de los contratos, y hasta hay un contador con su oficina propia dentro del Concejo Municipal que se dedica a controlar que a cada concejal le toque lo suyo.

Sinceramente no creo que a Chávez o a sus partidarios les interese una dictadura. El cambur a disfrutar es demasiado grande como para venir a dárselas de héroes. Además, el tiempo nos ha demostrado que, detrás de toda gran candidatura, hay grandes capitales. ¿Es que de verdad es posible creer que a Chávez lo está moviendo sólo una simpatía nacional? Si no hubiera enormes chorros de dinero detrás del "comandante", su candidatura habría sido desinflada de la manera más natural. El momento histórico que vivimos en el presente es quizás lo más cerca que hemos estado jamás de ver claramente la desviada faz verdadera de la guerra económica que desarrollan los dueños del capital en nuestro país.

Por otro lado, el que AD, Copei y demás secuaces vengan a intentar convencerme de que no vote por Chávez, pues éste acabaría con las libertades, es una insolencia, es la más clara expresión de lo caradura que son los cogollarcas y lo imbéciles que siempre hemos sido los venezolanos —no lo nieguen: ya montamos en el poder dos veces a CAP y a Caldera...

¿Cuáles libertades estamos defendiendo al rechazar a Chávez? Si me dicen que la libertad de expresión, están equivocados, pues hace años que nadie puede decir algo serio en este país. Periodistas como Alfredo Peña y José Vicente Rangel no son otra cosa que válvulas de escape de información, como para que la gente se sienta más tranquila y crea que ciertamente hay libertad de expresión en Venezuela. Los mecanismos del poder son, por definición, contrarios a la información transparente.

Una de las cosas más ridículas que he escuchado en contra de Chávez es aquello de que impondrá un toque de queda como una de las aristas de su gobierno totalitario. Al margen de que eso nos depare el futuro, ¿realmente hay alguien aquí que pueda salir después de las 6 de la tarde y sentirse plenamente seguro? Ustedes que me leen, ¿cuántas veces han evitado salir de su casa por temor a una bala perdida o a un imbécil recién salido de la cárcel con ganas de tomar como rehén al primer pendejo que se le cruce? Que AD y Copei usen eso del toque de queda como un argumento es también insultante, denigrante.

¿Que va a haber una guerra civil? Primero habría que saber qué entiende la gente por guerra civil. Hasta donde yo sé, una guerra civil es un conflicto entre grupos sociales, generalmente un grupo que detenta oficialmente el poder y otro grupo que se cree merecedor legítimo de ese poder. En una guerra civil, grandes contingentes armados se forman con base en sectores de la población. En una verdadera guerra civil, ustedes y yo tendríamos obligatoriamente que tomar partido por uno de los dos bandos, quizás tendríamos que tomar las armas e ir a matarnos como unos pendejos en campos muy distintos al de Carabobo. Pero, ¿tenemos realmente intención de hacer eso? ¿Seríamos, ustedes y yo, capaces de tomar partido, de tomar un arma? Si se desarrollase un conflicto armado en Venezuela, dudo que llegara a asumir las dimensiones de una guerra civil. Sería simplemente un enfrentamiento entre sectores de las fuerzas armadas políticamente afectos a uno y otro bando. Eso no es nada deseable, pero tampoco es una guerra civil y tampoco sería en defensa de ideal alguno: siempre sería en defensa del poder económico.

Y es que AD y Copei no tienen realmente algún ideal que defender. Lo único que están defendiendo es el torrente de dinero que se les abrió cuando se consolidaron como titiriteros del país hace ya más de cuatro décadas, que ahora ven amenazado y recurren al pueblo para pedirle que "defienda su democracia". Democracia es un término con el que definimos el estatus que vivimos desde hace cuarenta años. Una situación en la que hemos visto cómo crece indeteniblemente el proceso inflacionario, la cantidad de niños abandonados en las calles, la imposibilidad de tener una educación con un mínimo de calidad, el costo de una vivienda por más pequeña que sea, y, por último, los capitales de los cogollarcas. Confundimos democracia con máquina económica, que es lo que realmente AD y Copei están resistiéndose a perder. Y un buen grupo de pendejos va a hacerle el juego a los cogollarcas, y van a ir cantando al redil comicial a depositar su voto por Salas Römer por culillo, no por una convicción real de qué es lo que está pasando en Venezuela.

Hemos llegado al llegadero. Todas las opciones, sin excepción, nos conducirán un poco más abajo de lo que ya estamos, y esto es inevitable. Chávez va a ganar las elecciones el 6 de diciembre aunque se una toda la corte de ángeles del cielo y venga a ordenarnos que votemos por Salas Römer. Y entonces asistiremos a una nueva decepción. La de los millones de pendejos que fueron a votar por Chávez pensando que esta vez sí, que esta vez el pueblo sería vengado, y vieron finalmente cómo lo que hicieron fue pasarle los riales a un grupo distinto, pero devorador como el otro, irrespetuoso como el otro, cogollarca como el otro, estafador y plutócrata y embustero como el otro.

Ustedes y yo sí podemos hacer algo por salvar el pedacito de país que a cada uno nos toca. Trabajar, preocuparnos, denunciar en cuanto sea posible. Y, por encima de todo, descreer de los cogollarcas de uno u otro bando —Chávez y Salas Römer, cada uno en su estilo, son cogollarcas—, que nunca harán algo en favor del pendejo.

29 de noviembre de 1998.


©Jorge Gómez Jiménez • jgomez@letralia.comPágina principal