
         ~~~~~~~~~~~~~~~           Ao X      Cagua, Venezuela      N 137
           ~~~~~~~~~~~             =======================================
           ~~~~~~~~~~~                    LETRALIA, Tierra de Letras
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           ~~~~~~~~~~~                       16 de enero de 2006
           ~~~~~~~~~~~
           ~~~~~~~~~~~                 LETRALIA, Tierra de Letras, es
           ~~~~~~~~~~~                  la revista de los escritores
           ~~~~~~~~~~~                 hispanoamericanos en Internet.
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           ~~~~~~~~~~~        ~~~       JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor
           ~~~~~~~~~~~      ~~~~~       Depsito Legal: pp199602AR26
         ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

=== Sumario ===============================================================
                                                         |
"Literatura keitai", Jorge Gmez Jimnez.                | Editorial
                                                         |
Bigliardi en San Nicols. / La sonrisa de Cancel. /      | Breves
Mozart premia a Planas. / Periodismo en Zafra. / La      |
memoria de Rosario. / Cronos versus Cronos. / Los        |
Cuentos interruptus de Zuluaga. / Barbarito, otro        |
ganador.                                                 |
                                                         |
Letralia inaugura espacios para formacin y traduccin.  | Noticias
/ Dos escritoras ganan en Cuba los premios Carpentier y  |
Guilln. / Muri en Cartagena el poeta Jorge Garca      |
Usta. / Podran presentar en Latinoamrica el premio     |
Garca Lorca de Poesa. / "Muro de silencio" denuncian   |
en caso del poeta Oscco. / Clea Rojas obtiene el premio  |
Alarico Gmez de Poesa. / Muere el poeta cubano Jess   |
Orta Ruiz, el Indio Nabor. / Premio Nadal para el       |
espaol Eduardo Lago. / Familia de Juan Ramn Jimnez    |
dio a conocer once poemas inditos. / Pitol critica al   |
gobierno mexicano por "doblarse" ante EUA. / Presentan   |
nueva traduccin de Pedro Pramo al francs. / Premio    |
Casa de las Amricas se debate entre ms de 300 autores. |
/ Santiago inaugura maana su Feria del Parque Forestal. |
/ Realizarn taller gratuito de edicin en Barcelona. /  |
Venezuela ser invitado de honor en la Feria del Libro   |
Cuba 2006.                                               |
                                                         |
"Alberto Salcedo Ramos: brillante para la literatura,    | Artculos y
impecable para el periodismo", prlogo a El oro y la     | reportajes
oscuridad por Daniel Samper Ospina. / Dos notas de       |
Martha Revuelta Morales S. / "La evolucin es una cosa   |
irreal. Lleva en s misma la causa de su fin", Miguel A. |
Schmucke. / "Facetas ignoradas de Jorge Luis Borges",    |
Fernando Sorrentino. / "El huracn Katrina y la          |
hiperrealidad de la imagen", Jorge Majfud. / "Ernesto    |
Sbato, un escritor vivo", Dixon Moya. / "II Festival de |
Teatro Venezolano en Pars Festheve2005: reflexiones",   |
Jos Gabriel Nez. / "Noticia, crnica y literatura",   |
Benhur Snchez Surez.                                   |
                                                         |
"El Per y el Quijote", Carlos Olazbal Castillo.        | Sala de ensayo
                                                         |
"Desde el signo que me nombra" (extractos), Lilia Boscn | Letras
de Lombardi. / Dos cuentos de Ricardo Mena Cuevas. /     |
Poemas de Sergio Manganelli. / "Papi, qu rico lo       |
haces!", Olimpia Chong-Carrillo. / "Homenaje a Mercedes  |
Pardo", Enio Escauriza. / "El da de suerte", Jos A.    |
Bravo de Rueda. / Cinco poemas de Gladys Ilarregui. /    |
"Para ser feliz hay que cantar", Laura Garca. / "Los    |
versos ms escandalosos", Gricel vila Ortega. /         |
"Extremidades", ngel Olgoso. / "Palabra, planetas,      |
ncleo, escapar: como poemas", Salomn Valderrama Cruz.  |
/ "Soledades", rica Rozek. / "Avuso" (extractos),       |
Yanina Magrini. / "Bajo la lluvia", Beatriz E. Mendoza.  |
/ "De este lado del infierno" (extractos), David Omar    |
Jurez. / "El lder del desierto", Roderick Guzmn Meza. |
                                                         |
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                                                         |
Raymond Carver.                                          | Post Scriptum
                                                         |
===========================================================================
             Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Ao
                     http://www.geocities.com/SoHo/8753
===========================================================================
   Premio "La Pgina del Mes" de Internet de Mxico el 3 de mayo de 1998
                         http://www.internet.com.mx
===========================================================================
      Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998
                          http://www.megasitio.com
===========================================================================
    Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999
                          http://www.redchilena.cl
===========================================================================
         Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999
                       http://www.fortressdesign.com
===========================================================================
          Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999
                          http://www.exodusltd.com
===========================================================================
    Premio Mejor Pgina de Poesa, de La Blinda Rosada, en julio de 1999
                         http://blindarosada.org.ar
===========================================================================
   Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004
                          http://www.lomejorde.com
===========================================================================
      Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005
                          http://www.lomejorde.com
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=== Editorial      Literatura keitai ======================================

Existe una tendencia creciente a involucrar la literatura con los telfonos
mviles. En Japn, donde estos aparatos son llamados keitai, 20 millones de
personas se suscribieron en su momento a la novela Deep Love
(http://www.zavn.net), publicada en i-mode, un formato desarrollado
precisamente en Japn, y que permite visitar pginas web cuyas
caractersticas grficas se ajustan al ancho de la pantalla del mvil. Deep
Love narra la historia de Ayu, una adolescente de 17 aos que se enamora
tras un encuentro fortuito. Una premisa sencillsima mediante la cual
Yoshi, su autor, se agenci un arrollador xito que amerit posteriormente
su produccin como libro tradicional y como filme para la televisin.

Una de las experiencias ms recientes en este sentido es la de Peter
Harris, un autor de best-sellers cuyo relato indito "El secreto del
pectoral del juicio" puede leerse por 0,30 euros de inscripcin ms 0,002
euros por captulo, todo bajo el sello de la revista Qu Leer
(http://www.que-leer.wanadoo.es). La resea de prensa, que apareci en
diversos diarios (y que puede leerse, por ejemplo, en
http://www.canarias7.es/articulo.cfm?Id=16530), dice que esta es "la
primera vez" que en Espaa se podr leer una novela en el mvil. Esto es
falso: a los de Qu Leer se les adelant, con casi dos aos de diferencia,
el grupo Ciberpunk (http://www.ciberpunk.org).

Ciberpunk ofrece desde febrero de 2004, en http://imode.ciberpunk.com, una
serie de novelas de ciencia ficcin en i-mode. Por 3 euros al mes, el
lector tiene acceso a todas las novelas publicadas por este grupo, que
cuenta con el apoyo de Suso de Toro, Premio Nacional de Narrativa de Espaa
en 2003, y cuyos relatos diarios son un atractivo extra del paquete. No
deja de ser notable que, en la promocin de este servicio, Ciberpunk
tambin haya optado por llamar keitai al mvil.

A dnde va la literatura keitai? Por el momento estas iniciativas exhiben,
como una suerte de non plus ultra del ingenio humano, una caracterstica
que les es comn: se trata de textos "ligeros", construidos con frases
breves, ajustadas para una "lectura rpida". Un concepto en cuya
formulacin no se sabe si considera inferior al medio, al receptor o al
mensaje (nunca al emisor, que se gana su buen dinero).

"Oh, no se preocupen, se trata slo de literatura ligera", parecieran decir
estos neoeditores a sus potenciales clientes (en este contexto, cliente y
lector son conceptos equivalentes), bajo el supuesto de que quien lee una
novela en el mvil es alguien muy ocupado como para leer honduras. De esta
manera se inocula en el pblico la idea -muy provechosa desde el punto de
vista material, en lo que respecta a los implicados en el negocio- de que
el tiempo se invierte mejor con lectura ligera que con un buen relato de,
digamos, Raymond Carver -por hacer una concesin en lo que toca al tema de
las brevedades.

Los avances en la tecnologa estn dotando a los mviles de una enorme
diversidad de servicios de los cuales, se sabe, la literatura no es
siquiera uno de los ms importantes, aunque s ha despertado la curiosidad
de un sector del mercado editorial. No creemos arriesgado afirmar que el
libro digital, entendido como el hbrido -del que hemos hablado antes-
entre el formato tradicional y el informtico, heredar muchas de las
caractersticas de los actuales telfonos mviles. Como la necesidad de
ergonoma del ser humano impone un equilibrio entre la tecnologa y las
capacidades de nuestro cuerpo, es factible suponer que esta herencia ir
representada principalmente por las posibilidades de envo y recepcin de
datos, aunque la herramienta para apreciar los contenidos no podr ser la
pequea pantalla de que hoy disponemos.

Pese a las dificultades con esta pantalla -que haran de la literatura
keitai un gran negocio no slo para editores, sino tambin para
optometristas-, no debemos pasar por alto lo que, en nuestra opinin,
representa un hito cultural y tecnolgico. Durante siglos, la nica
tecnologa de bajo costo capaz de reunir portabilidad, comodidad, facilidad
de uso y literatura fue el libro impreso. Ahora el keitai, el telfono
mvil, ha abierto la puerta para una nueva manera de entender la lectura.

                                                Jorge Gmez Jimnez, editor
                                             http://www.letralia.com/jgomez



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|||||||||||||||||||||||||||||||    BREVES    ||||||||||||||||||||||||||||||

Bigliardi en San Nicols. El escritor argentino Pablo Bigliardi nos reporta
haber obtenido el primer premio de cuentos en el concurso literario
convocado por la Feria del Libro de San Nicols, ciudad de la provincia de
Buenos Aires. El fallo fue publicado a mediados de octubre y Bigliardi ley
el anuncio de las bases en nuestra seccin de concursos. Enhorabuena.
http://www.letralia.com/herramientas/concursos.htm

La sonrisa de Cancel. Ya puede conseguirse en las libreras puertorriqueas
la coleccin de cuentos Intento dibujar una sonrisa, del escritor Mario R.
Cancel, que publicado por Terranova Editores contiene once relatos sobre el
recuerdo y el olvido en la postmodernidad planteado en dos planos: el de la
memoria individual -pasiones, rabias- y el de la memoria colectiva -las
ficciones de la historia, las representaciones del pasado.
http://www.terranovaeditores.com

Mozart premia a Planas. El escritor espaol, residenciado en Argentina,
Juan Planas -algunos de cuyos textos pueden leerse en Letralia-, acaba de
obtener el segundo lugar compartido en el Concurso de Cuentos "W. A.
Mozart", que fue convocado por el 250 aniversario del nacimiento del
compositor, con su relato "La sinfona 42". El premio es convocado por la
revista Xicatl, que es publicada por YAGE, Verein fr lat. Kunst,
Wissenschaft und Kultur, una asociacin para el arte, la ciencia y la
cultura de la Amrica Latina con sede en Salzburgo. En el certamen
participaron 265 concursantes de 28 pases y participaron como jueces la
doctora Kristin Mller, la licenciada Judith Moser-Kroiss, la licenciada
doctora Eva Eckkrammer y el doctor Luis Alfredo Duarte Herrera.
http://www.euroyage.com/index.php?breite=800&hoehe=600

Periodismo en Zafra. El 12 de diciembre fue emitido el veredicto del II
Concurso Periodstico sobre la Ciudad de Zafra (Badajoz, Espaa). El jurado
estuvo compuesto por Juan Carlos Rubio Masa, Jos Mara Moreno Gonzlez,
Andrs Mateos Parrn, Alfonso Corts Macas, Gonzalo Lpez de Ayala y Juan
Garca Gutirrez. El primer premio recay sobre "Camelot en Zafra", de
Carmen Armesto Borrazas, periodista de la agencia EFE. El reportaje fue
publicado en el N 61 de la revista Lo Mejor de las Autonomas. El segundo
premio fue concedido a "Un americano en Zafra", publicado en el N 3 de la
revista Vivir en Extremadura, y cuyo autor es David Byron Love, fotgrafo y
escritor. El premio estaba dotado con 4.500 euros para el primer lugar y
3.500 para el segundo.

La memoria de Rosario. El Centro Virtual Cervantes ha publicado las
ponencias y comunicaciones presentadas en el III Congreso Internacional de
la Lengua Espaola, que, organizado por la Real Academia Espaola y el
Instituto Cervantes bajo el lema "Identidad lingstica y globalizacin",
se celebr en Rosario del 17 al 20 de noviembre de 2004. Una oportunidad
nica para revisar las opiniones que destacados hispanistas, escritores e
intelectuales compartieron en ese evento, dentro de los bloques temticos
"Aspectos ideolgicos y sociales de la identidad lingstica", "Espaol
internacional e internacionalizacin del espaol" e "Identidad y lengua en
la creacin literaria".
http://cvc.cervantes.es/obref/congresos/rosario

Cronos versus Cronos. Tal es el ttulo de la obra que este jueves 19 de
enero, a las 10 de la noche, presentar en el Teatro de las Aguas la
Compaa Teatral Flaco, en el marco del Festival La Alternativa. Escrita y
dirigida por Marina Durante, la obra -que se presentar tambin el 26 de
enero y todos los jueves de febrero- es interpretada por Sara Castro,
Estefana Feito y Marta Hurtado, y es definida por la compaa como una
"comedia mnima, irnica y agridulce" que muestra "no sin cierta
ambigedad, los avatares de varios personajes que, de un modo u otro,
luchan contra su tiempo. El Tiempo. Su vida. Unas veces matarlo, otras
fecundarlo...".
teatroflaco@hotmail.com
Teatro de las Aguas
Calle Aguas, 8. Metro La Latina, Madrid, Espaa

Los Cuentos interruptus de Zuluaga. El escritor colombiano Aymer Waldir
Zuluaga (Medelln, 1967) recibi el 20 de diciembre el primer premio del IX
Concurso Nacional de Poesa de la Universidad Metropolitana de
Barranquilla, que tuvo como jurados al vicerrector de la mencionada casa de
estudios, Jess Senz de Ibarra, al escritor y profesor Guillermo Tedio y
al poeta Miguel Iriarte. Miembro del taller de poesa de la Biblioteca
Piloto de Medelln, Zuluaga se ha alzado con este premio gracias a su
poemario Cuentos interruptus. El autor forma parte de la plantilla de
firmas de Letralia, con cuentos publicados en varias de nuestras ediciones.
http://www.elheraldo.com.co/anteriores/05-12-20/educacion/noti5.htm

Barbarito, otro ganador. Otro autor letraliano que recibi buenas noticias
fue el argentino Carlos Barbarito, cuyo poemario Figuras de ojo y sombras
result ganador del Premio Literario de Poesa Iparragirre Saria 2005,
anunciado a mediados de diciembre y convocado en euskera y castellano por
los ayuntamientos de Urretxu y Zumarraga. El galardn, que tambin se
entrega en la mencin narrativa, est dotado con 600 euros y la publicacin
de la obra. El poemario puede leerse completo en el sitio de Barbarito.
http://d-sites.net/barbarito/espa%C3%B1ol/poemasojos.htm

Quiere publicar una nota en este espacio? Envenosla por correo
electrnico a breves@letralia.com.



||||||||||||||||||||||||||||||    NOTICIAS    |||||||||||||||||||||||||||||

*** Letralia inaugura espacios para formacin y traduccin

La revista literaria digital Letralia, Tierra de Letras
(http://www.letralia.com), inaugur este lunes 16 de enero, en su portal en
Internet, dos nuevos espacios: Aula Letralia, un centro de formacin
literaria, y TransLetralia, una publicacin sobre traduccin, segn inform
su editor, el escritor venezolano Jorge Gmez Jimnez.

Aula Letralia (http://www.letralia.com/aula) rene material de orientacin
sobre el aprendizaje del oficio literario, incluyendo textos de Julio
Cortzar, Roberto Bolao, William Faulkner, Gabriel Garca Mrquez y otros,
as como opiniones de sus lectores sobre las tcnicas que consideran ms
apropiadas para quien desea convertirse en un escritor.

Asimismo, el sitio es un aula virtual en el que varios guas dictarn
talleres literarios en lnea, el primero de los cuales es "Tcnica y arte
del blog literario", dictado por Gmez Jimnez. El taller consta de 12
lecciones que sern impartidas a travs del correo electrnico, y en las
que los participantes aprendern sobre la historia de los blogs, cmo
disearlos y armarlos, sitios dnde alojarlos, cmo hacer un blog que
destaque y toda la informacin que necesitan para hacer un blog atractivo.

Por su parte, TransLetralia (http://www.letralia.com/transletralia) es una
publicacin digital dedicada a la promocin de los traductores literarios
que usan el espaol como lengua de trabajo. Incluye textos de autores
consagrados traducidos de otras lenguas al espaol y viceversa, adems de
material ensaystico sobre el oficio del traductor.

La primera seleccin de textos que publica TransLetralia incluye el cuento
"X-ing a Parabrab", del estadounidense Edgar Allan Poe, traducido por el
venezolano Miguel Siso; una coleccin de relatos breves del chino Pu
Sungling cuya versin en espaol estuvo a cargo del venezolano Wilfredo
Carrizales; poemas del estadounidense Raymond Carver traducidos por el
argentino Esteban Moore y del japons Shuntaro Tanikawa traducidos por la
mexicana Cristina Rascn Castro.

Estos textos no haban sido nunca traducidos al espaol. Adicionalmente,
TransLetralia publica un libro sobre traduccin de textos religiosos
hebreos del uruguayo Iar Menachem y un captulo de la novela El
Inesperado, de Enrique Lafourcade, traducido al ingls por Nicole
Lafourcade.

Con la creacin de estos espacios, Letralia inicia la celebracin de su
dcimo aniversario, que se cumplir el sbado 20 de mayo de 2006, y
complementa su oferta de contenidos para escritores y lectores de habla
hispana, que incluye tambin una revista literaria de circulacin quincenal
en la que ya han sido publicados textos de ms de mil autores, un
directorio de recursos culturales en Internet, una editorial digital y una
seccin de autores invitados.



*** Dos escritoras ganan en Cuba los premios Carpentier y Guilln

Las escritoras cubanas Marta Rojas y Juana Garca Abs se coronaron
ganadoras de los premios de Novela Alejo Carpentier y de Poesa Nicols
Guilln, respectivamente. Ambas autoras recibirn sus galardones durante la
Feria Internacional del Libro de La Habana, el prximo mes de febrero en la
Fortaleza de La Cabaa.

Rojas fue informada de que haba ganado el Premio de Novela Alejo
Carpentier el pasado 26 de diciembre. Su obra, Inglesa por un ao, se
enmarca en el perodo en que la capital cubana fue arrebatada por el
imperio britnico a la colonia espaola (1762-1763), y fue escogida por un
jurado integrado por Miguel Barnet, Humberto Arenal y Anna Lidia Vega
Serova.

Hasta ahora, el gnero ms favorecido para las mujeres en este premio haba
sido ensayo, con libros galardonados de la autora de las investigadoras
Margarita Mateo, Mayern Bello y Zaida Capote. Rojas es la primera
escritora en ganarlo en la categora de novela.

"Entre Alejo y yo hubo una relacin de respeto y admiracin. Ms all de lo
que significa este galardn literario, me conmueve saber que en cada gesto
revolucionario, en esta gigantesca obra por promover una cultura general e
integral, que tiene en Fidel su principal propulsor, est el espritu vivo
de Alejo", coment Rojas al conocer el veredicto del jurado.

Rojas, quien ya ha publicado El columpio del Rey Spencer, Santa Lujuria y
El harn de Oviedo, naci en Santiago de Cuba. Recin graduada de
periodismo fue testigo de los sucesos del asalto al cuartel Moncada y
cubri el juicio seguido a Fidel Castro tras el 26 de julio de 1953.

Su obra abarca tambin el testimonio periodstico, con ttulos como La
generacin del centenario en el juicio del Moncada (1973) y El que debe
vivir (1978), que mereci el Premio Casa de las Amricas. La escritora
tambin ha recibido el Premio Nacional de Periodismo de Cuba y la Medalla
Alejo Carpentier, otorgada por el Consejo de Estado de la Repblica de
Cuba.

En la categora cuento del premio Carpentier la obra ganadora fue La
sobrevida (algunos relatos), de Pedro de Jess, tras la decisin de los
jueces Antn Arrufat, Ana Luz Garca Calzada y Ral Aguiar; y en ensayo el
premio recay sobre Los nuevos paradigmas: prlogo narrativo al siglo XXI,
de Jorge Fornet, decidido por Guillermo Rodrguez Rivera, Fernando Martnez
Heredia y Helmo Hernndez.

Por su parte, el 6 de enero se anunci que Juana Garca Abs se haba hecho
acreedora del Premio de Poesa Nicols Guilln por su poemario
Circunloquio. El jurado hizo constar el uso magistral de un vocabulario
rico e inslito, de una voz muy personal y un marcado sentido de la cubana
tejido con la historia y la nacionalidad.

Nacida en 1950 en La Habana, Garca Abs, adems de poeta, es ensayista,
traductora, crtica de arte y fue profesora titular del Instituto Superior
de Arte entre 1988 y 1993. Poemas suyos aparecen en antologas publicadas
en Cuba y otros pases, y ha obtenido el Premio Nacional de Crtica de Arte
Guy Prez Cisneros (2003) y el Premio Nacional de Traduccin de Poesa
Centenario de Arthur Rimbaud.

Circunloquio ha sido traducido al ingles y al italiano y publicado en
diversos pases. Algunos de sus poemas en ingls aparecen en Conspire
(Barnes & Noble, New York, 2000). Una antologa personal de su poesa fue
publicada bajo el ttulo Sin instrucciones para el uso en Ediciones Unin
(Uneac, La Habana, 2003).

Fuentes: Granma, Mujeres, La Demajagua



*** Muri en Cartagena el poeta Jorge Garca Usta

El domingo 25 de diciembre falleci en Cartagena el poeta colombiano Jorge
Garca Usta (Cinaga de Oro, Crdoba, 1960), despus de haber estado
hospitalizado durante casi una semana en el Hospital Bocagrande a raz de
una emergencia hipertensiva y deterioro neurolgico. Si bien el diagnstico
inicial de los mdicos haba sido muerte cerebral, una operacin realizada
esa misma noche aviv las esperanzas en familiares y amigos que confiaban
en verlo recuperado.

Garca Usta resida hace cerca de 30 aos en Cartagena. Durante 17 fue la
mano derecha de Vctor Nieto en el Festival Internacional de Cine de esa
ciudad. Uno de sus ltimos logros fue la recuperacin de las Fiestas de la
Independencia, labor de la que fue idelogo y promotor.

El tambin escritor y periodista se destacaba por su liderazgo y capacidad
organizativa del sector de las artes en la ciudad. Para el columnista scar
Collazos la prdida del poeta deja un enorme vaco en la cultura del pas:
"Era un trabajador incansable con una capacidad productiva maravillosa.
Tena la virtud de desarrollar varios proyectos a la vez y hacerlos todos
bien".

Garca Usta estudi filosofa y letras. Trabaj en los peridicos El
Universal y El Peridico de Cartagena. Fue docente en la Universidad de
Cartagena. Para el momento de su muerte trabajaba como asesor de prensa del
Observatorio del Caribe y haca parte del consejo editorial de la revista
Noventa y Nueve.

En 1984 gan los premios Concurso Internacional de Poesa, Compaa
Suramericana, y el Nacional de Poesa Len de Greiff. Entre sus libros ms
destacados se encuentran los de poesa Noticias desde otra orilla (1985) y
El reino errante (1991), y el de crnicas Diez juglares en su patio, que
escribi junto al periodista Alberto Salcedo Ramos.

Salcedo, quien fue tambin su compaero de trabajo en El Universal, dijo
que Garca Usta es el autor de varias de las pginas ms bellas del
periodismo nacional y est seguro de que su obra perdurar.

Fuente: El Tiempo



*** Podran presentar en Latinoamrica el premio Garca Lorca de Poesa

El Ayuntamiento de Granada estudia la posibilidad de presentar la tercera
edicin del Premio Internacional de Poesa Ciudad de Granada Federico
Garca Lorca fuera de Espaa, previsiblemente en algn pas de Amrica
Latina, segn lo anunci el pasado 28 de diciembre el concejal de Cultura
Juan Garca Montero, quien precis que se encuentra en conversaciones con
grupos polticos y patrocinadores del premio para hacer realidad esta
posibilidad.

En rueda de prensa, Garca Montero inform que se est estudiando la manera
de presentar esta tercera edicin del Premio Lorca, sealando sobre que la
presentacin sea fuera de Espaa que "tendremos que verlo y ver si
entendemos todos que es bueno".

Garca Montero apunt que esta iniciativa podra convertir el galardn
granadino en el Premio de Poesa de la Comunidad Hispanoamericana, lo que
"sera una oportunidad para la ciudad", que se convertira en "la capital
mundial de la poesa", ya que consider que "la hispanoamericana es la
poesa por excelencia, sin quitar mrito al resto de poetas".

El edil valor "la herramienta impresionante que tiene la ciudad de Granada
para difundir nuestra cultura y para tener presencia en todo el mbito
hispanoamericano" con el Premio Lorca, por lo que abog por utilizarla de
forma "coherente" y con el acuerdo de todos los grupos polticos y la
sociedad granadina.

As, insisti en que "tenemos que utilizar el Premio Lorca como estamos
utilizando el Festival Internacional de Msica y Danza de Granada, como
algo importante para la ciudad", al tiempo que seal la importancia de
"poder compartir este premio con toda la comunidad hispanoamericana para
que el premio se convierta en el premio de poesa de la comunidad
hispanoamericana en este avanzar hacia el Cervantes de la Poesa".

Independientemente de que esta iniciativa se lleve a cabo, Garca Montero
avanz que ha propuesto que un grupo de poetas granadinos visite la Feria
del Libro de Guadalajara (Mxico, http://www.fil.com.mx), despus de que la
propia ministra de Cultura del pas, Sari Bermdez, extendiera esta
invitacin al Ayuntamiento de Granada con motivo de su presencia en la
entrega de la segunda edicin del premio en la ciudad andaluza. Bermdez
propuso que el ltimo galardonado, Jos Emilio Pacheco, fuese el que
elaborase la lista de poetas granadinos que visitarn Mxico.

Por otro lado, anunci que hay un "compromiso ms que fuerte" para que la
Compaa de Teatro Lorca y la Orquesta Ciudad de Granada participen en el
Festival Cervantino de Guanajuato (Mxico), para lo que "slo falta cerrar
los ltimos acuerdos".

Fuentes: Andaluca 24 Horas, EFE



*** "Muro de silencio" denuncian en caso del poeta Oscco

Tras el hallazgo de su cadver en octubre pasado, el asesinato del poeta
peruano James Oscco Anamara ha estado revestido de un "muro de silencio",
segn Alejandro Medina Bustinza y Feliciano Meja, miembros del Comit de
Apoyo a los Familiares de James Oscco Asesinado-Lima (CAF-JOAL) que
viajaron a Abancay para exigir el esclarecimiento del caso.

En un informe presentado a la opinin pblica, Medina Bustinza y Meja
comentan diversas dificultades ante las que se toparon en Abancay. "Primero
quisieron archivar el asunto, luego la polica no quiso ir al lugar de los
hechos y slo a la cuarta peticin y ruego de la hermana del poeta muerto
Emperatriz Oscco, se constituy un polica, quien hizo una rpida mirada".

El informe agrega que Emperatriz Oscco habra esperado en vano dos meses
bajo indicacin del fiscal de Abancay. "Recibido el informe, el 19 de
diciembre, en medioda, el fiscal envi el expediente N 80080-James Oscco
Anamara al 2 Juzgado Penal de Abancay, tipificndolo como un homicidio
simple, sin dar tiempo a los familiares a pedir ampliaciones ni a los
abogados, seores Marcos Surez Valdivia y Ral Andagua Sarmiento, accionar
de ningn modo".

Yudith Caballero Palomino, con quien el poeta habra estado vinculado
sentimentalmente, era la principal sospechosa en virtud de haber sido la
ltima persona que lo vio con vida. Sin embargo, "fue puesta en libertad a
las 24 horas de haber sido convocada, hace dos meses, a pesar de ms de
siete contradicciones flagrantes en su declaracin a todas luces guiada".

Medina Bustinza y Meja indican que fueron testigos de la presin popular
que se ejerci "a travs de la TV local y un peridico, un recital de
poesa en la universidad local, Utea, donde James trabajara, una romera a
la tumba del poeta asesinado y una noche de homenaje en la municipalidad,
con ausencia del alcalde y sin ningn representante suyo, organizado por el
instituto tecnolgico donde laborara Oscco, una marcha del alumnado y
familiares hacia el Ministerio Pblico".

Tras esta marcha, los miembros del comit pudieron entrevistarse con el
Presidente de la Corte Superior de Justicia de Apurmac, doctor Ren Olmos
H. lo que "pudo ayudar a desbloquear ante la opinin pblica el muro de
silencio impuesto, desvirtuar la tesis absurda de suicidio y en algo
despertar la conciencia de Abancay".

Fuente: La Fulana



*** Clea Rojas obtiene el premio Alarico Gmez de Poesa

La escritora venezolana Clea Rojas obtuvo en diciembre pasado el primer
premio del Concurso Nacional de Poesa Alarico Gmez, promovido por el
Instituto de Cultura de Monagas (Icum), con su libro Pobremas dems, que
se impuso ante otros 49 participantes.

El escritor Miguel Mendoza Barreto, presidente del Icum, inform que
conforme al veredicto dado por los miembros del jurado, Pobremas dems
"cautiv, por su profundidad, al jurado", que estuvo conformado por los
poetas venezolanos Francisco Arvalo, Fidel Flores y Eleonora Requena.

El libro rene 24 poemas con verso libre y Rojas lo present con el
seudnimo "La Abatida". La autora es licenciada en letras, mencin lenguas
y literaturas clsicas y magster scientiae en literatura iberoamericana.
En 1999 public el poemario Pobremas de prostbulo (Universidad de Los
Andes, coleccin Luna Llena).

Es de destacar que Clea Rojas es poeta letraliana, con algunos de sus
Pobremas de prostbulo publicados en la edicin 131 de Letralia
(http://www.letralia.com/131/letras01.htm).

Dotado con tres millones de bolvares y la publicacin de la obra, el
premio Alarico Gmez mantuvo carcter regional en sus dos primeras
ediciones, siendo sta la primera en extenderse a nivel nacional.

"Este premio nico es parte de las polticas del Icum, que buscan masificar
nuevas oportunidades de participacin para los escritores, no slo en
Monagas sino en el resto del pas, en un proceso de motivacin y
reconocimiento a la labor creativa", agreg Mendoza Barreto.

El jurado concedi adems dos menciones honorficas que recayeron en el
guayans Nstor Rojas, por Repertorio de los delitos comunes, y el arageo
Jess Ernesto Parra Pereira, por Caballos salvajes.

Fuente: Prensa Icum



*** Muere el poeta cubano Jess Orta Ruiz, el Indio Nabor

El destacado poeta cubano Jess Orta Ruiz, conocido como el Indio Nabor,
falleci la madrugada del 3 de enero en La Habana, a la edad de 83 aos. 

Autor de una imprescindible obra lrica de denuncia social y sentimientos
revolucionarios, Orta Ruiz haba recibido el Premio Nacional de Literatura
de su pas. Haba nacido el 30 de septiembre de 1922 en la periferia de La
Habana, en el seno de una familia campesina conservadora de las tradiciones
y el folklore de origen espaol en los campos de Cuba.

De ah que el punto de partida de su vocacin potica, manifiesta
precozmente, no poda ser otro que la dcima, folklorizada en el canto de
los labradores cubanos. Desde su adolescencia comenz a conquistar una
popularidad hasta convertirse en legendaria, que lo identifica ms con el
seudnimo de Indio Nabor. Este sobrenombre recuerda al aborigen que
laboraba la tierra en oposicin a los cantores populares que en aquella
poca se autollamaban caciques.

Orta Ruiz desarroll una obsesiva pasin por la lectura de la poesa y los
ensayos y tcnicas de la misma, actividad que lo llev al enriquecimiento
de la espinela, convertida en un signo de la identidad nacional cubana.

La crtica literaria le reconoci el mrito de haber logrado la fusin de
lo popular y lo culto, situndolo en el neopopularismo de la Generacin del
27.

En 1946 fue galardonado en el Concurso Literario Nacional Homenaje a las
Madres, de la Asociacin de Periodistas y Escritores de Artemisa (Pinar del
Ro). En 1951 matricul la carrera administrativa en la Universidad de la
Habana, pero no lleg a graduarse. En la lucha contra la tirana de Batista
colabor con el movimiento 26 de julio y con el Partido Socialista Popular.

En 1959 asisti al VII Festival Internacional de la Juventud, celebrado en
Viena. Ese mismo ao y el siguiente fue premiado por la Direccin General
de Cultura del Ministerio de Educacin de Cuba. Obtuvo el ttulo de
periodista en la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Mrquez Sterling.
Curs, adems, estudios de filosofa y economa en la Escuela Nacional
"ico Lpez", del Partido Comunista de Cuba.

Visit Austria, Hungra, Checoslovaquia, la Unin Sovitica, Francia,
Italia, Espaa, Mxico, Canad, Estados Unidos. Colabor en medios como
Maana, Noticias de Hoy, Bohemia, Mujeres, Romances, Mella, Trabajo, Verde
Olivo, El Mundo y Granma. Autor del prlogo y la recopilacin del decimario
criollo Musa popular revolucionaria, del prlogo y la seleccin de Poesa
gauchesca, y del prlogo de las obras de El Cucalamb, publicadas en 1974.

Poemas suyos han sido traducidos al ingls, francs, italiano, checo, ruso,
blgaro, chino, vietnamita. Ha utilizado los seudnimos Jess Ribona, Juan
Criollo, Martn de la Hoz e Indio Nabor por el que es tan conocido como
por el nombre.

Considerado el decimista ms significativo de la literatura cubana
contempornea, particip de modo protagnico en el fenmeno de renovacin
de la estrofa ocurrido en los aos 40 y 50. Sus primeros cuadernos,
Guardarraya sonora (1946) y Bandurria y violn (1948), fueron decimarios de
fina raigambre popular, no por ello exentos de altura lexical y
tropolgica.

Autor de Elega de los zapaticos blancos; Al son de la historia; Esto tiene
un nombre; Elegas a Noel; Entre, y perdone usted; Entre el reloj y los
espejos; Con tus ojos mos, su potica se desarrolla en tres vertientes:
campesina, social y autobiogrfica.

Fue creador de la Jornada Cucalambeana, movimiento iniciado en la provincia
de Las Tunas, y recibi el Premio Nacional Periodstico "Juan Gualberto
Gmez". Ha sido reconocido adems con la Rplica de la pluma del Cucalamb,
Distincin por la Cultura Nacional, Premio de la Crtica Literaria por Con
tus ojos mos (1995), Hroe del Trabajo de la Repblica de Cuba y Medalla
450 Aniversario de Cervantes (Alcal de Henares), y en 2000 fue finalista
del premio "Prncipe de Asturias" de las Letras.

Fuente: Prensa Latina, Cubarte



*** Premio Nadal para el espaol Eduardo Lago

El escritor madrileo Eduardo Lago gan el pasado viernes 6 de enero el
LXII Premio Nadal con la novela Llmame Brooklyn, ambientada en el barrio
neoyorquino, donde el autor reside desde hace 18 aos.

El premio est dotado con 18.000 euros y lo concede tradicionalmente la
editorial Destino en una velada literaria celebrada el Da de Reyes en el
Hotel Palace de Barcelona.

La novela ganadora, que fue presentada con el ttulo La mesa del capitn y
bajo el seudnimo Juan Aguado, cuenta una historia de amor y amistad, y su
autor se basa en la intertextualidad, describiendo a un escritor que decide
terminar la novela que un amigo deja inacabada al morir.

"Llmame Brooklyn es en cierto modo una novela de amor y de amistad",
afirm Lago. "De amor, porque se escribe para una mujer, Nadia. Y de
amistad, porque conlleva la relacin entre un escritor de 30 aos y uno de
cincuenta y tantos, que son los dos que intervienen en la redaccin
definitiva del texto".

Lago agreg que ha querido reflejar su vida en Nueva York, y utiliz un bar
para empaparse de los personajes que finalmente acabaran reflejados en la
novela. "(En la novela) he querido reflejar los 18 aos que llevo viviendo
en Brooklyn. Tard mucho en ver los personajes con claridad, pero haba un
bar en Atlantic Avenue en el que coincida una serie de personajes
interesantes, y de ah fue saliendo mi novela".

Lago es colaborador del diario El Pas. En 2002 recibi el II Premio
Bartolom March por su artculo de crtica literaria "El cubo de lo
imposible", publicado en la Revista de Libros en enero del mismo ao, y ha
traducido obras de Henry James, Sylvia Plath, Charles Brockden-Brown,
Hamlin Garland, William Dean Howells, Christopher Isherwood, Junot Daz y
John Barth.

La tambin madrilea Marta Sanz qued finalista con Susana y los viejos,
una novela ambientada en el universo familiar y cuya historia cambia a
medida que el lector se sumerge en la novela. Amores y desamores se
desarrollan durante tres generaciones de mujeres de fuerte carcter.

Sanz ha publicado cuatro novelas: El fro (1995), Lenguas muertas (1997),
Los mejores tiempos (2001) y Animales domsticos (2003). Como finalista,
recibi 6.000 euros. Simultneamente se concedi tambin el 38 Premio Josep
Pla de prosa en lengua catalana, dotado con 6 mil euros, que fue ganado por
Lluis Mara Tod con la novela El mal francs.

El jurado estuvo formado por Germn Gulln, Antonio Soler, Andrs
Trapiello, Antonio Vilanova, Pedro Zarraluki -ganador de la edicin pasada
con Un encargo difcil-, Lorenzo Silva y el editor de Destino, Joaquim
Palau.

Un total de 290 obras nacionales e internacionales optaban al LXII Premio
Nadal de novela, en una edicin en la que volvan a ser cuantiosas las
novelas las de naturaleza policaca o con trama criminal, as como las de
carcter histrico y sobre la historia reciente de Espaa, sobre todo de la
Transicin. La mayora de los participantes eran procedentes de Madrid y
Barcelona, aunque tambin hubo de pases como Estados Unidos, Argentina,
Francia, Austria o Ecuador, segn inform Destino.

El Nadal se otorg por primera vez en 1944 a Nada, de Carmen Laforet, un
clsico de la narrativa espaola del siglo XX. Desde ese momento, el
galardn se ha consolidado como uno de los premios ms prestigiosos de la
literatura castellana, siendo concedido a escritores como Miguel Delibes,
Rafael Snchez Ferlosio, Carmen Martn Gaite, Francisco Umbral o los ms
recientes ngela Vallvey, Pedro Zarraluki o Andrs Trapiello.

Fuentes: AFP, Europa Press, Reuters



*** Familia de Juan Ramn Jimnez dio a conocer once poemas inditos

Al conmemorarse los cincuenta aos de la concesin del premio Nobel de
Literatura al escritor espaol Juan Ramn Jimnez, as como de la muerte de
su esposa, Zenobia, la familia del poeta ha querido sacar a la luz once
poemas inditos del autor en un libro almanaque para 2006.

El libro, calificado de "joya literaria", ha sido editado por El Ladrn de
Agua, una empresa de Granada cuyo nombre est inspirado en un poema del
escritor, e incluye poemas de la primera etapa de Jimnez, cuando su poesa
estaba empapada por el modernismo y el simbolismo y haca referencia a la
naturaleza, el amor, los animales y las cosas bsicas y cotidianas.

"Hemos querido mostrar el amor que tena Juan Ramn por la naturaleza y por
los animales en un momento en el que el medio ambiente est tan degradado y
la falta de conciencia impera en el entorno", explic su sobrina nieta,
Carmen Hernndez Pinzn.

Se trata de poemas escritos en un tono melanclico durante los aos que van
desde 1909 hasta 1915, en un poca en la que el autor viva en la
Residencia de Estudiantes.

Este libro almanaque anticipa otros grandes acontecimientos. Se publicar,
"probablemente en mayo", el primer tomo con el epistolario de Jimnez, que
llegar hasta 1916. El primer volumen incluir una carta al poeta espaol
Gerardo Diego y que los descendientes del Premio Nobel hallaron cuando
buscaban los inditos que acaban de publicarse.

Los libros con sus cartas se compilarn en tres partes y el segundo tomo
comprender de 1916 a 1936, mientras el ltimo se conformar con su etapa
del exilio. Se conocer otro libro que el poeta dedic a su familia y
especialmente a su madre, escrito en 1920.

En octubre, coincidiendo con los 50 aos de la muerte de Zenobia, se
presentar un epistolario con las cartas de sta a sus amigos y familiares.
Habr congresos y conferencias y se editar un volumen con traducciones del
escritor.

Fuente: EFE



*** Pitol critica al gobierno mexicano por "doblarse" ante EUA

Tras calificar de "violentas" las medidas antimigrantes propuestas por
legisladores estadounidenses, el premio Cervantes de Literatura 2005,
Sergio Pitol, consider este 9 de enero que el gobierno mexicano no hizo
casi nada en defensa de los migrantes; "al contrario, se dobl con Estados
Unidos", segn indic a la prensa de Veracruz.

El Ejecutivo mexicano ha criticado la iniciativa de ley migratoria
estadounidense -que ya fue aprobada por la Cmara Baja y que pasar al
Senado para su trmite final- e insiste en que se logre un acuerdo para
ordenar el flujo migratorio y regularizar la situacin de los mexicanos
indocumentados que viven en EUA.

Por otro lado, dijo que el premio Cervantes de literatura lo recibir el
prximo 23 de abril, de manos del rey Juan Carlos de Espaa. El galardn le
fue otorgado el primero de diciembre de 2005, por haber contribuido con su
obra a enriquecer el legado literario hispnico.

Sergio Pitol indic tambin que, aparte de hacer los preparativos para
recibir su premio, "todo el tiempo voy a estar trabajando para el Instituto
Cervantes sobre Cervantes". Por ello, dijo, no tiene contemplado iniciar
alguna nueva obra literaria. El premio le fue concedido por la Real
Academia Espaola.

Fuentes: La Jornada, Canarias7



*** Presentan nueva traduccin de Pedro Pramo al francs

Una nueva traduccin al francs de Pedro Pramo, la obra cumbre del
escritor mexicano Juan Rulfo, ha sido presentada recientemente como
abrebocas para la edicin de sus Obras, que incluirn los cuentos, la
novela, el guin El gallo de oro y fotografas.

Si bien Pedro Pramo fue traducida al francs en 1959 por Gallimard, los
resultados no fueron alentadores. La novela pas casi desapercibida para el
lector francs y Gallimard se olvid de una nueva edicin por ms de 30
aos. Ahora, al cumplirse el cincuentenario de la novela, el sello recuper
sus derechos y encomend una nueva traduccin a Gabriel Iaculli, quien en
2001 haba traducido con buen resultado El llano en llamas.

Gustavo Guerrero, editor responsable para Latinoamrica, explica que
"Gallimard ha traducido los principales libros de Rulfo y esto abre la
perspectiva, a mediano plazo, de una edicin de sus Obras, anotada y
dirigida a un lector francs que sienta la admiracin por un clsico y un
autor de culto".

"Tenemos ya traducido el corpus completo de Rulfo. Estos son sus tres
libros fundamentales, aunque quizs aadamos otros textos tomados de sus
cuadernos para hacer as una edicin completa y anotada", precisa Guerrero,
quien aade que esta edicin estar dentro de cuatro o cinco aos.

La traduccin al francs tanto de El llano en llamas como de Pedro Pramo
era algo necesario, explica. De hecho, recuerda, que desde finales de los
aos 70 era prcticamente imposible encontrar en las libreras la
traduccin de estas obras, que en su momento haban sido impulsadas por
Severo Sarduy, cuando dirigi para Gallimard la coleccin de autores
latinoamericanos.

Por lo mismo, desde 1997 se empez a negociar con la agencia Carmen
Balcells la compra de los derechos de autor y tambin se busc un nuevo
traductor, Gabriel Iaculli, quien ha traducido a muchos autores
latinoamericanos.

Cuando en 2002 apareci El llano en llamas, Guerrero recuerda que la
crtica se deshizo en elogios "ante ese extrao autor mexicano que haba
permanecido en el olvido durante tantos aos". Algunos crticos llegaron a
calificar la traduccin de Iaculli de mgica.

"El xito de ese libro de cuentos no slo puso de manifiesto que era
posible darle a Rulfo el lugar que le corresponda en Francia, sino que
tambin era necesario ofrecer una nueva traduccin de sus libros". Aade
que las primeras traducciones no fueron del todo afortunadas.
"Aparentemente hubo algunos problemas con los acentos y los nombres
locativos en las primeras ediciones de los libros".

Adems, para la traduccin de Pedro Pramo se tom en cuenta la versin que
se rescat de los manuscritos del Fondo de Cultura Econmica (FCE,
http://www.fce.com.mx) y del mecanoscrito que Rulfo entreg al Centro
Mexicano de Escritores (CME). En esta nueva edicin, explica el editor,
cada pgina fue revisada, y la traduccin es ms justa y coherente.

Para Guerrero, Rulfo debe ser un autor que cuente para los lectores
franceses tanto como Jorge Luis Borges, Pablo Neruda o Alejo Carpentier. "Y
parece que as va ser, porque los primeros resultados muestran que la
novela est recibiendo una acogida similar a la que tuvo El llano en
llamas".

Fuente: El Universal (Mxico)



*** Premio Casa de las Amricas se debate entre ms de 300 autores

Los jueces convocados por el Premio Casa de las Amricas
(http://www.casadelasamericas.com), uno de los ms reconocidos del
continente, debern evaluar este ao ms de 300 obras en las categoras de
poesa, cuento y ensayo, as como piezas de literatura brasilea y del
Caribe angloparlante o escritas en lengua creole.

Los organizadores indicaron que las sesiones de trabajo del jurado de esta
edicin nmero 47 iniciarn hoy 16 enero, y el resultado de sus
deliberaciones se conocer el 26 del mismo mes.

Para la apertura fue invitado el ensayista y narrador argentino David
Vias, ganador del Premio Casa en 1967. "Es un amigo entraable y polmico
de La Casa", explic el presidente de la institucin, el escritor Roberto
Fernndez Retamar, para quien tener a Vias es "un honor".

Habitualmente los trabajos de los jurados del primer da se acompaan de
una presentacin especial por parte de escritores conocidos.

Segn un reporte preliminar, participan 200 libros de poesa, 80 de
cuentos, 25 de ensayos histricos o sociales, 60 de literatura brasilea y
10 piezas del Caribe escritas en ingls o creole. "Es una cifra
provisional, por ejemplo una valija de Argentina llega hoy... 375 obras son
las que tenemos en la mano", dijo el escritor Jorge Fornet, titular del
rea de Literatura de La Casa.

Entre las personalidades invitadas como jurados estn el narrador Vicente
Battista (Argentina), el periodista Mario Mendoza (Colombia), Rossana
Reguillo (Mxico), Douglas Bohrquez (Venezuela), Eduardo Torres Cuevas
(Cuba) y Joceline Clemencia (Curazao).

Paralelamente se desarrollarn actividades culturales como la inauguracin
de la muestra "Arte Contemporneo Oaxaqueo" procedente de Mxico,
homenajes al intelectual Samuel Feijo, encuentros con narradores y
presentacin de los libros ganadores del premio Casa 2004.

Fuente: AP



*** Santiago inaugura maana su Feria del Parque Forestal

Maana martes 17 ser inaugurada la IV Feria del Libro del Parque Forestal,
en Santiago de Chile, muestra que estar abierta hasta el domingo 29, y
durante la cual sern lanzados varios ttulos.

"Por cuarto ao consecutivo queremos invitar en forma gratuita a todos los
santiaguinos a disfrutar en familia de la literatura, las expresiones
culturales y los descuentos al aire libre en nuestra feria del Parque
Forestal", seal el presidente de la Cmara Chilena del Libro
(http://www.camlibro.cl), Eduardo Castillo.

La inauguracin de la muestra literaria se realizar a las 19.00 horas del
martes 17 de enero con la presencia de importantes autoridades nacionales,
comunales y gremiales, con el acompaamiento musical de la mejor msica
Jazz en vivo a cargo de importantes msicos como Roberto Lindl, Camilo
Salinas, Hctor Briceo, Ricardo Barrios y Juan Pablo Bosco.

La literatura estar presente a travs de importantes actividades como la
presentacin a cargo de Poli Dlano del libro de cuentos Contra la
corriente, de Gianfranco Rolleri, un joven de 29 aos que se proyecta como
una de las revelaciones de 2006. Se presentar tambin el libro La
privatizacin de las universidades, de Mara Olivia Mnckeberg.

Algunos libros que ya son xito de venta como La Era Ochentena, de los
periodistas Macarena Garca y Oscar Contardo, as como Romance del duende
que me escribe las novelas, de Hernn Rivera Letelier, sern relanzados en
la exposicin. Lo mismo ocurrir con Los sueos del pintor, de Jos Miguel
Varas; Los Andes, Gabriela Mistral y mis padres, de Ariel Fernndez y El
Club de pelea; Premios Nacionales de Literatura, de Andrs Gmez.

Entre otros lanzamientos se encuentra Potica intramuros, que ser
presentada el jueves 26, y que consiste en una compilacin de 16 poetas de
distintas regiones de Chile cuya particularidad es que pertenecen a un
sitio web de intercambio y difusin de la poesa.

En la misma lnea, el viernes 27 se lanzar Forestal 22, una antologa de
25 poetas y narradores seleccionados del II Concurso Nacional de Cuento y
Poesa de la Editorial Mago.

El jueves 19 ser el turno de la filosofa, con Leonardo Gonure y La Teora
de la Nada; mientras que para los amantes de las criaturas prehistricas,
el viernes 20 Juan Castillo Cornejo presentar el primer libro de
investigacin paleontolgica que se publica en el pas sureo: Dinosaurios
en Chile.

Adems de los lanzamientos, el encuentro incluir un variado men cultural
con teatro, cuentacuentos, msica en vivo y actividades infantiles, as
como la posibilidad de dialogar con importantes creadores chilenos como
Volodia Teitelboim, Alejandra Basualto, Hernn Rivera Letelier, Poli
Dlano, Alberto Fuguet, Amante Eledn y Jos Miguel Varas.

Situado frente al Museo de Arte Contemporneo, el Parque Forestal fue en
los aos 80 el escenario donde se inici la actual Feria Internacional del
Libro de Santiago, que tambin es organizada por la Cmara Chilena del
Libro.

La Feria del Parque Forestal se sumar a la que hasta el 22 de enero se
realiza en la Plaza Centenario (Pedro de Valdivia 963) con libros usados, y
que en su novena versin rene 28 stands de libreros y se realiza en
conjunto con una muestra de anticuarios, que cuenta con 16 puestos de
comerciantes del sector Caupolicn, quienes atendern al pblico hasta el
17 de febrero. La entrada para ambas actividades es gratuita.

Fuentes: Chile.com, 24 Horas, La Segunda



*** Realizarn taller gratuito de edicin en Barcelona

Entre el 25 de enero y el 31 de mayo se desarrollar en Barcelona (Espaa)
el curso "Cmo nace un libro", que contempla todas las facetas de la
edicin, y que se realiza bajo la organizacin de El Simposio
(http://www.elsimposio.es).

El curso presenta la trayectoria desde la concepcin y escritura hasta la
publicacin, distribucin y venta de las obras Deshojando alcachofas, de
Esther Bendahan (Seix Barral), Trenes en la niebla, de Manuel Rico (Espasa)
y La noche morgana, de Jorge Eduardo Benavides (Alfaguara).

El objetivo del curso es introducir a los asistentes en el proceso creativo
y en el mundo de la edicin mediante conocimientos prcticos sobre la
materia. Los asistentes tendrn oportunidad de dialogar con los autores
sobre sus estrategias y tcnicas literarias y las motivaciones que les
inspiraron. Adems podrn seguir toda la trayectoria del libro hasta que
llega a las libreras.

De inscripcin gratuita, el curso consta de 18 sesiones y se impartir los
mircoles a las 7 de la noche en la Sala mbito Cultural, 7 planta, de El
Corte Ingls de Serrano, 52, esquina Ayala. Para formalizar debidamente la
inscripcin los interesados deben remitir al correo electrnico
info@elsimposio.es, antes del viernes 20 de enero, un mensaje con el nombre
y apellidos, edad, titulacin, profesin y empresa donde labora, direccin,
ciudad, cdigo postal, telfono y correo electrnico, as como indicacin
de si se ha realizado anteriormente este curso. Con una semana de
antelacin se informar a los inscritos de su admisin o no al curso.
Tendrn preferencia las personas que no hayan realizado el curso
anteriormente.

Fuente: El Simposio



*** Venezuela ser invitado de honor en la Feria del Libro Cuba 2006

Entre el 2 de febrero y el 5 de marzo se desarrollar, en 34 ciudades de la
isla caribea, la XV Feria Internacional del Libro Cuba 2006, que este ao
cuenta con Venezuela como pas invitado de honor.

El evento rendir homenaje a los escritores cubanos Nancy Morejn y ngel
Augier, ambos Premios Nacionales de Literatura de su pas. Venezuela
asistir con una amplia delegacin cultural.

La feria se desarrollar en su habitual sede capitalina de la Fortaleza de
San Carlos de la Cabaa, del 2 al 12 de febrero, y parte de su programa
colateral tendr por sede el cercano Castillo del Morro. Desde el da 13 el
evento comenzar su recorrido por 34 ciudades con dismiles propuestas de
las diferentes editoriales.

Del 13 al 19 de febrero estar en la regin occidental, del 20 al 26 en la
central, mientras que del 27 de febrero al 5 de marzo visitar el oriente
cubano. La clausura est prevista justamente el da 5 en la ciudad de
Santiago de Cuba.

El vasto programa profesional y literario incluye presentaciones de libros;
encuentros acadmicos, de editores y traductores; entrega de galardones
anuales correspondientes a 2005 como los Premios Nacionales de Literatura,
conferido ya a la doctora Graziella Pogolotti, el de Ciencias Sociales, de
Edicin, y Diseo del Libro; as como los premios Nicols Guilln de poesa
y Alejo Carpentier de Novela, el de cuento y ensayo, entre otros
reconocimientos.

Tambin sobresalen la programacin infantil, con su pabelln especialmente
diseado para los pequeos, y las actividades colaterales que incluye
presentaciones teatrales, de danza, ciclos de cine, exposiciones de las
diferentes manifestaciones de las artes plsticas relacionadas con el mundo
editorial, as como espectculos musicales.

Durante esas jornadas, ser puesta a la venta una gran cantidad de ttulos,
muchos de ellos nuevas propuestas de las casas editoriales cubanas. La
venta de entradas para la feria comenzar el 4 de enero en 18 libreras de
La Habana, que han sido seleccionadas subsedes del evento.

Fuente: La Ventana



|||||||||||||||||||||||    ARTCULOS Y REPORTAJES    ||||||||||||||||||||||

=== Alberto Salcedo Ramos: ================================================
=== brillante para la literatura, impecable para el periodismo ============
=== Prlogo a El oro y la oscuridad      Daniel Samper Ospina =============

      (Nota del editor: bajo el sello Random House Mondadori acaba de
      aparecer en Colombia y Venezuela el libro El oro y la oscuridad,
      resultado de una investigacin sobre la vida del boxeador Antonio
      Cervantes, Pambel, que por dos aos desarroll el periodista
      colombiano -y letraliano por dems- Alberto Salcedo Ramos. Hoy la
      Tierra de Letras presenta a sus lectores el prlogo del libro,
      escrito por el periodista Daniel Samper Ospina, director de la
      revista SoHo).

Si usted lo ve, no creera que se trata de l. Quiero decir: si usted ve
que es un tipo de jeans, tan tranquilo, tan desprevenido ante su propio
ingenio, creera que no est hablando con Alberto Salcedo Ramos, el mejor
cronista de la nueva generacin que tiene Colombia, sino con cualquiera:
tampoco como uno de esos personajes ordinarios que l vuelve
extraordinarios con su insuperable destreza para hacer del periodismo una
experiencia literaria como pocas: un futbolista del peor equipo de la
segunda divisin, un trabajador de circo, un ex rbitro de ftbol. Pero s
con un tipo apacible, sereno. Porque, encima de su maestra periodstica,
Salcedo tiene el raro don de ser un tipo cuyo talento es proporcional a su
sencillez. Apacible, sereno. Buena gente. Como si las obras que ha escrito
no fueran suyas.

Pero son suyas, y es el ms claro promotor del periodismo literario en
Colombia. Porque sus crnicas responden a la tradicin de las que
irrumpieron en la dcada de los sesenta en Estados Unidos, confeccionadas
con retazos literarios para poder narrar la complejidad de los hechos que
estallaban por todas partes: la exploracin espacial, la guerra de Vietnam,
el hipismo, el asesinato de Kennedy.

Pasaban demasiadas cosas, y cada una de esas explosiones tena un oleaje
menor que llegaba a la vida cotidiana de la gente. Y haba que contar ese
fenmeno. Y por eso, escritores como Norman Mailer, Tom Wolfe o Gay Talese,
decidieron dar cuenta de toda esa realidad echando mano de las herramientas
que haban obtenido de la literatura: utilizando estructuras narrativas ms
prximas a la novela que al reportaje ortodoxo; acudiendo a los dilogos, a
los monlogos interiores, a las narraciones en crculo. Y todo ello sin que
los hechos fueran falseados: la literatura poda estar en la forma, pero no
en el fondo. En el fondo estaban los hechos. La verdad.

Bien: ese movimiento, que se conoci como Nuevo Periodismo, arranc con una
crnica concreta, publicada en Esquire y escrita por Gay Talese. El tema
era un boxeador retirado. Hablo de Joe Louis, el rey hecho hombre en edad
madura, aparecida en la edicin de octubre de 1962, que quebr para siempre
un equilibrio que hasta entonces exista en la prensa. Por primera vez
apareca un personaje brillante pero en su momento de deterioro: por fuera
de los reflectores, alejado de la gloria. Era el campen Joe Louis pero
cuando ya no era campen. Cuando estaba viejo. Y cuando estaba triste:
cuando, dicho en otras palabras, para cualquier reportero haba dejado de
ser noticia.

Pero Talese descubri que un campen sometido a la intemperie del olvido
podra tener un jugo periodstico como pocos, y que para encontrarlo era
preciso alumbrarlo con los reflectores de la literatura. Desde entonces,
hubo una manera de hacer periodismo con una nueva sensibilidad. O dicho al
revs: apareci una nueva forma de hacer literatura, con elementos
extrados nicamente de la realidad. Y tambin con una nueva extensin,
pues desde entonces las revistas especializadas, concretamente las de
hombres, como Esquire y Playboy, se convirtieron en perfectas para ofrecer
el paginaje que cada trabajo exiga, y que los peridicos no estaban en
condiciones de ceder.

As naci toda una generacin de escritores de revista, un matrimonio
maravilloso entre la crnica y la literatura que empez en Estados Unidos
pero que tambin lleg a Colombia.

Y lleg antecedido por la dcada de los cuarenta, cuando Juan Lozano y
Lozano se aventuraba a escribir perfiles en tono ntimo de sus
contemporneos, el cronista Ximnez se sobreactuaba acudiendo a retricas
literarias para narrar noticias y Emilia Pardo Umaa entrevistaba a su mam
con conciencia de novelista para ambientar lo que escriba; lleg precedido
por todos ellos, pero tom forma cuando Garca Mrquez, y su generacin,
empezaron a escribir desde las salas de redaccin.

Fue una generacin de novelistas desplazados al periodismo: Garca Mrquez,
lvaro Cepeda, Eduardo Zalamea, Germn Vargas. Todos ellos eran unos
apasionados de la literatura, pero tambin de formas de narracin ms
vanguardistas, como el cine, que les permitan jugar con las secuencias,
alterar los tiempos, romper los esquemas ortodoxos de la crnica y narrar
de una forma ms moderna que las que hasta entonces se lean.

Ms adelante, en el periodismo colombiano se present un maridaje parecido
pero al revs: se trata de la generacin posterior a esa, todava vigente,
en la que personajes como Juan Gossan, Daniel Samper Pizano, Antonio
Caballero y Germn Santamara, entre otros, acabaron siendo periodistas
desplazados a la novela.



No ha sido el caso de Alberto Salcedo Ramos. l es un periodista literario
pura sangre. Su mayor obra literaria es la periodstica, y con ella se ha
ganado muchas distinciones. No hay una sola antologa de periodismo
colombiano que lo omita. Tres veces se ha ganado el Premio Nacional de
Periodismo Simn Bolvar, y una el premio de periodismo Rey de Espaa. Pero
lo mejor de Salcedo es que es muy joven, y est muy vivo: naci en 1963,
apenas. Y toda su creacin literaria est en un delicioso momento de
madurez. No creo que sea aventurado decir que, hoy por hoy, Salcedo es el
mejor exponente del periodismo literario de Colombia, y uno de los ms
grandes que ha tenido a lo largo de la historia. Y tampoco creo que sea
arriesgado pensar que hay dos trabajos suyos que se estudiarn de por vida
en las facultades, y que constituyen desde ya uno de los patrimonios
periodsticos ms importantes de nuestra historia. El primero apareci en
febrero de 2002, en la revista colombiana El Malpensante. All, sus
editores tuvieron la grandeza de darle casi todas las pginas de la edicin
a una crnica extensa titulada "El testamento del viejo Mile". Es un
trabajo sideral, tan bien investigado como bellamente escrito, en el que
Salcedo pone en 41 cuartillas, redactadas durante tres meses, un perfil
inolvidable de Emiliano Zuleta, el clebre compositor vallenato que dijo
que las mujeres de ahora no le gustan porque se pueden agarrar muy fcil:
"son mangos bajitos".

Fue un trabajo impecable: inolvidable. Tanto como su otra gran obra, este
libro: una crnica extensa sobre Antonio Cervantes, Pambel, el deportista
ms importante que Colombia ha tenido en toda su historia.

La primera crnica sobre el tema -que despus le dio origen a este libro-
apareci publicada en SoHo, revista de la que soy director desde hace un
tiempo, y fue el gran regalo de la edicin de diciembre del 2004. Fue un
proyecto que trabaj durante dos aos para el cual entrevist a 52
personas; grab ms de treinta cassettes; acumul ms de tres carpetas
gigantes, repletas de recortes clasificados. Hizo un ejercicio de
reportera lento y seguro, metdico y vivo: viaj a la tierra de Pambel,
habl con todos los que tenan que ver con l; lo busc; lo encontr. Y hoy
en da, como lo vern en uno de los captulos que Salcedo no escribi para
la crnica pero s para este libro, se lo gan: todava tiene encima a
Pambel como una sombra que se le atraviesa para pedirle lo que sea: desde
un dilogo con el que pueda esquivar su profunda soledad de ex campen,
hasta un dinero para apaciguar sus declives personales.

Salcedo investig esta crnica con una minuciosa lentitud, pero la escribi
pronto: como lo exige el oficio. En la medida en que se cerraban los
pliegues de la revista, l iba enviando el material. Era su pelea personal:
l contra su crnica; l contra toda la informacin que haba recogido,
contra toda la cercana caliente que an tena de su entrevistado, contra
todas las palabras que deba utilizar para plasmarlo de verdad en su
trabajo. Y tambin l contra el tiempo.

Una noche, en medio de la escritura febril a la que se haba entregado para
que la revista no perdiera los turnos de impresin, se tuvo que baar un
par de veces en agua helada, como si de irse a su esquina se tratara, para
tomar impulso nuevamente.

Sufri mucho escribiendo esta pieza, que para m hace parte del repertorio
de los clsicos que tiene el periodismo moderno colombiano. Nunca se
descompuso, eso s. Los miembros del equipo de SoHo tuvieron la dignidad de
verlo trabajar de cerca: de ver, por ejemplo, que nunca perda la
compostura, la amabilidad y el buen genio, en el campo personal; y los
detalles y la responsabilidad, en el laboral. Llegaba a la sala de
redaccin, despus de sus jornadas de escritura, y celebraba como nio con
baln nuevo las fotos y la diagramacin, y l mismo se sentaba y escriba
los pies de fotos. Una vez lleg emocionado, con un autgrafo que le haba
pedido a Pambel para los lectores de la revista. Otra vez se qued mirando
unas fotos que un miembro de la revista haba conseguido. Las miraba con el
asombro ms puro que he visto tener a adulto alguno, y slo se atreva a
decir: "hijueputas fotos; hijueputas fotos; hijueputas fotos". Dejaba
lecciones sin querer: as como se entregaba a la destreza del gran oficio,
no descuidaba las minucias periodsticas de las pequeas cosas. Nunca dej
de sentir pasin por lo que haca: porque el trabajo quedara bien desde
cualquier perspectiva, porque no hubiera fallas de ningn tipo. Cuando
lleg con todos los cartapacios, carpetas, recortes, grabaciones y
cassettes que tena, nos ense sin tener que decirlo que el periodismo
literario tiene ms de periodismo que de literario. Y a lo largo de toda la
experiencia, y despus de haberlo tenido en la sala de redaccin, para
todos qued claro que los grandes arquitectos tambin son los ms
miserables carpinteros; que el gran escritor disea el plano, monta las
paredes, firma la casa, pero tambin se entrega el tiempo suficiente a
lija, a cargar ladrillos, a sacudir el polvo por el simple placer de ver
que su obra alcance la altura que merece.

El parto ms difcil fue el ltimo. Salcedo tena que entregar la totalidad
del trabajo un viernes. Le faltaba el final. Y no le sala. Fue necesario
esperar un da ms para que entregara el texto con el ltimo prrafo, breve
y contundente, resplandeciendo al final de esa crnica que se public en 42
pginas, abiertas tras una ilustracin en lienzo que pint para la ocasin
el artista Nicols Uribe. En ese final todava se lee: "entonces tuve la
impresin de que ya no avanzaba a pie sino encaramado en lo ms alto del
camin de bomberos, donde jams de los jamases volvera a alcanzarlo la
derrota. Lo vi desamparado en su quimera, pero dispuesto a defender hasta
el final el nico trono que le queda".



Me perdonan la facilidad de la comparacin, pero creo que Alberto Salcedo
es nuestro Gay Talese, del mismo modo que Joe Louis es nuestro Pambel; me
perdonan la comparacin, que es fcil, pero la digo por lo evidente: no
creo que sea en vano el hecho de que las dos crnicas tengan tanto sustento
literario, coincidan en que sus personajes han dejado la punta de la gloria
y ahora padecen el desastre terrenal de haberla perdido, y estn derrotados
ya no por el rival sino por la vida.

Me perdonan la comparacin pero no en vano la antologa ms importante de
la obra de Talese se llama Fama y oscuridad, y la de este trabajo de
Salcedo, hacindole un guio frontal a su maestro, es El oro y la
oscuridad.

No en vano, sigo diciendo, los dos son maestros del oficio de celebrar los
trboles de tres hojas. En un pas como Colombia, epilptico, tembloroso,
que no para de boquear sobre su propia sangre, como un toro muerto, la
prensa qued confinada a la noticia. Los peridicos apenas dan unos pocos
centmetros para que un redactor apurado escriba el qu, el cmo, el cundo
y el dnde hubo un asesinato o estall una bomba.

Mientras todo eso pasa, la necesidad de narrar el pas que vive bajo esa
costra de violencia crece en la misma medida en que nadie aparece para
narrarlo. Alguien debe decir que ac seguimos vivos, aunque nadie nos haya
dicho nada. Alguien: un narrador como Salcedo, que alguna vez escribi un
libro memorable, de diez crnicas de personajes annimos que nos recuerdan
permanentemente eso: que hay ms noticias de las que vemos, y que las
mejores estn dormidas en el sopor de la vida cotidiana.

Por eso el trabajo que hace Salcedo es tan importante. Su pluma tiene una
conciencia de patrimonio cultural que ayuda a que nos descifremos. Nos
habla de nuestro juglar vallenato y de nuestro boxeador derrotado porque
somos eso. Somos el patrimonio que nos han dejado nuestros msicos; tambin
somos unas glorias deportivas pasajeras que se nos quedaron por dentro, y
que siempre recordamos. No somos mucho ms que este recuerdo que nos va
quedando, y que Salcedo organiza para la posteridad.

Ah est Alberto Salcedo Ramos para contarnos el alma que hemos ido
tejiendo. En la medida en que nos narra, nos rescata. En una misma cabeza
tuvo la suerte inaudita de ser brillante para la literatura, impecable para
el periodismo. Sin duda es el maestro que necesitamos. Y si usted lo ve, es
de verdad que nunca creera que se trata de l. Tan apacible, tan
tranquilo. Tan desprevenido ante su talento infinito. No creera que se
trata de l: de Alberto Salcedo Ramos, el mejor cronista literario que
tiene este pas, uno de sus mejores seres humanos, y uno de los pocos
impulsos que nos quedan a los periodistas que venimos detrs suyo, que
reconocemos en l a un nuestro maestro, y para quienes l representa un
soplido feliz en la esperanza sin viento que nos lleva.

** Daniel Samper Ospina
   dsamper@latino.net.co
   Escritor y periodista colombiano (Bogot, 1974). Dirige la revista SoHo
   (http://www.soho.com.co). Estudi literatura en la Pontificia
   Universidad Javeriana (http://www.javeriana.edu.co) y se especializ en
   la Universidad de Harvard (http://www.harvard.edu) en literatura del
   barroco espaol y latinoamericana del siglo XX. Fue profesor de
   literatura del Gimnasio Moderno (http://www.gimnasiomoderno.edu.co) y
   dicta talleres de periodismo y literatura en la misma institucin. Ha
   sido columnista y cronista de la revista Cromos
   (http://www.cromos.com.co/html/i_portals/index.php), el peridico El
   Tiempo (http://www.eltiempo.com) y la revista Diners
   (http://www.revistadiners.com.co).



=== Dos notas      Martha Revuelta Morales S. =============================

*** Vientos

Es el aire o es el viento el que provoca, en las banderas, un continuo
ondear, el que arrastra basura extraa hasta la puerta de tu casa, el que
estimula a que las nubes se vean tan brillantes y de formas tan hermosas,
el que reseca la piel de tus manos, y a la vez, seca la ropa de tus
tendederos? Acostumbramos decir "hace aire" cuando existen corrientes de
aire producidas por diferencias de presin atmosfrica, atribuidas
principalmente a contrastes de temperatura. Sin embargo, lo correcto sera
decir "hace viento", toda vez que aire siempre hace, y es lo que nos
permite estar vivos. Al estar el aire en movimiento, se produce el viento,
ese que arranca sombreros, azota las puertas, transporta semillas,
etctera.

En la mitologa griega, Eolo era el dios del viento, Zeus le dio el poder
de controlar los vientos. Para los mayas, Kukulcn era su dios del viento y
de la respiracin; los aztecas depositaban en Quetzalcatl la atribucin de
ser el dios del viento y del aliento de la respiracin.

Los marinos y meteorlogos utilizan la escala de Beaufort para indicar la
velocidad del viento. Algunas de sus denominaciones son las siguientes:
velocidad del viento menor a un kilmetro por hora: calma; de 1 a 5:
ventolina; de 6 a 11: muy flojo; de 12 a 19: flojo; de 20 a 28: bonancible;
de 29 a 38: fresquito; de 39 a 49: fresco; de 50 a 61: frescachn; de 62 a
74: duro; de 103 a 117: borrasca; ms de 117: huracn.

La rosa de los vientos es un dispositivo antiguo utilizado para determinar
la direccin del viento, se basa en un diagrama de coordenadas polares. Las
veletas sirven para lo mismo, pero su confeccin e indicacin son mucho ms
simples. El anemmetro es el instrumento que mide la velocidad del viento,
al igual que el tubo de Pitot. La aerodinmica es la rama de la mecnica
que se ocupa del movimiento del aire y otros fluidos gaseosos, y de las
fuerzas que actan sobre los cuerpos que se mueven en dichos fluidos.

El viento no es slo un elemento climtico, es tambin productor de vida.
As por ejemplo, provoca la anemocoria, que es la dispersin del fruto o de
la dispora vegetal, gracias a la accin del viento. Una de las especies
herbceas que distribuyen sus semillas as es el "diente de len". En su
cabezuela de flores, se forman los frutitos, que al madurar se diseminan
debido a la accin del viento.

En la msica, el viento es utilizado para producir armonas. Los
instrumentos de viento es el nombre de la familia orquestal cuyo sonido se
produce por la vibracin de una columna de aire. Miembros de esta familia
son las flautas, los oboes, los clarinetes y los fagotes.

En la escultura, el viento suele, en ocasiones, captarse de manera
prodigiosa. Recordemos la escultura griega que representa a Nik,
personificacin griega de la victoria. Esta obra, conocida como "Victoria
de Samotracia" -actualmente conservada en el Museo del Louvre-, representa
una mujer alada que parece haber descendido de los cielos para posarse
sobre la proa de un barco. El cuerpo, desplazado de su eje, acenta la idea
de movimiento; el fino vestido y la gruesa capa aparecen ceidos por el
viento a un torso y piernas vigorosas; los profundos pliegues del ropaje
proporcionan mayor intensidad a la accin.

Una de las novelas ms populares de la historia de la literatura, lleva el
viento en su nombre. Efectivamente se trata de la escrita por Margaret
Mitchell, Lo que el viento se llev. Por otra parte, existen varias frases
comunes combinadas con la palabra "viento", algunas son: "a los cuatro
vientos": por todas partes; "beber los vientos": se dice cuando algo se
ansa; "como el viento": hacer algo rpidamente; "ir contra viento y
marea": realizar una accin enfrentando dificultades u oposicin de
alguien.

El aprovechamiento del viento es tambin un tema energtico actual: se
considera que, dentro de las posibilidades de las distintas energas
renovables, la elica, por su grado de desarrollo, sus costos y carcter
limpio e inagotable, tiene un alto potencial de aplicacin en aquellas
reas que cuentan con el viento necesario para permitir su uso. Entre los
aspectos medioambientales, se considera que la energa elica tiene una
incidencia muy positiva para evitar cualquier tipo de contaminacin. Las
principales afectaciones medioambientales que esta tecnologa posee estn
vinculadas al paisaje, la avifauna y el ruido, aunque vale destacar que
todas ellas resultan reducidas en comparacin con otros tipos de energas.
Empero, el aprovechamiento elico que hace Mxico est muy por debajo de
los estndares internacionales.

Con vientos, pues, se mueven molinos, barcos, semillas y energas. Tambin
las palabras viajan de sur a norte y de este a oeste; palabras, que como el
aire en movimiento, suenan, y nos suenan as gracias a Octavio Paz: "Cantan
las hojas / bailan las peras en el peral / gira la rosa / rosa del viento,
no del rosal [...] Nada soy yo / cuerpo que flota, luz, oleaje / todo es
del viento / y el viento es aire siempre de viaje".



*** Derecha e izquierda

La derecha y la izquierda, vistas como trminos de orientacin, suelen ser
precisas, toda vez que el punto de referencia es el cuerpo humano, el cual
tiene siempre la misma colocacin. Sin embargo, esto no impide que
cotidianamente ocurra la clsica tergiversacin del enfoque, la cual le
ocurre al viandante que pregunta por una direccin, y su interlocutor
frontal califica como derecha lo que para el solicitante es su izquierda.
La geografa desecha una terminologa que se presta a la confusin, y la
sustituye por una ms precisa: los puntos cardinales.

Ahora bien, la izquierda y la derecha no slo se limitan a ser conceptos de
orientacin fsica, sino que tambin suelen ser de poltica. Las nociones
de derecha e izquierda como significaciones polticas, se derivan de una
mera cuestin fsica de ubicacin que se remonta al siglo XVIII. Al inicio
de la Revolucin Francesa cuando, en la Asamblea Constituyente, los
representantes del nuevo Estado empezaron a agruparse segn su afinidad
poltica, se sentaron a la derecha y a la izquierda del presidente de la
Asamblea. As, la mera colocacin fsica de aquel 28 de agosto de 1789 en
las Tulleras de Pars se hara simblica y permanente.

Y es que aquel debate era clarificador: el asunto de la discusin era el
veto del rey. Los diputados del lado derecho, bsicamente pertenecientes a
la nobleza, estaban a favor del mantenimiento de la ley que permita a Luis
XVI decir la ltima palabra en materia legislativa, mientras que los
representantes sentados en la parte izquierda, mantenan que el veto real
deba tener el mismo fin que el de la soberana: "la desaparicin radical
sin ms concesiones".

La identificacin de la izquierda con los ms revolucionarios y de la
derecha con los conservadores, sera, segn este acontecimiento, fruto del
azar. Esto no es bice para que hasta nuestros das la izquierda y la
derecha sean sinnimo de posturas que identifican ideologas polticas
aparentemente opuestas.

Ahora bien, la izquierda y la derecha adems de ser orientaciones
polticas, son parte de pasajes religiosos. Recordemos que el evangelio
segn San Mateo [25, 31-46] dice: "En aquel tiempo, dijo Jess a sus
discpulos: Cuando venga en su gloria el hijo del hombre [...] l separar
a unos de otros, [...] Y pondr las ovejas a su derecha y las cabras a su
izquierda. Entonces dir el rey a los de su derecha: Venid vosotros,
benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la
creacin del mundo. [...] Y entonces dir a los de su izquierda: Apartaos
de m, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus
ngeles.."..

El credo apostlico complementa la idea catlica de que los justos se
identifican con la derecha y los pecadores con la izquierda, cuando dice:
"Creo en Dios padre todopoderoso, creador del Cielo y de la Tierra; y en
Jesucristo, su nico hijo [...] que est sentado a la diestra de Dios padre
todopoderoso, de donde vendr a juzgar a los vivos y a los muertos".

La palabra "derecho/a" proviene del latn directus, y tiene connotaciones
positivas en varias de sus acepciones, no as la palabra "izquierda", la
cual deviene del vasco ezker, ezkerra, que se impuso a la latina sinistru,
cargada de connotaciones negativas que pasaran al espaol como siniestro.

Retomando nuevamente la derecha y la izquierda referidas a la poltica,
llama la atencin que actualmente la derecha es un lugar incmodo. Hoy hay
centro, izquierda, izquierda moderada y extrema izquierda, pero nadie se
dice de derecha.

Si alguien considera que pertenecer a la izquierda significa estar en el
bando de los buenos, ello con reminiscencia inicial de la Revolucin
Francesa, cabra recordar que la izquierda de ese movimiento no ces de
atribuirse la bsqueda de la igualdad, pero dio lugar a la dictadura de un
grupo de privilegiados jacobinos. Similar fue el curso de la revolucin
sovitica: al grito de igualdad se constituy en Rusia y en los pases
satlites, una "nueva clase", la cual estuvo tan alejada del pueblo como lo
hizo la nobleza zarista. Y al liquidarse la Unin Sovitica, esa clase
privilegiada de izquierda ha sobrevivido, aun ms enriquecida, gracias al
corrupto proceso de privatizacin de empresas pblicas.

Sostener, pues, que la izquierda siempre se ha identificado por resaltar
valores como la igualdad, la libertad y la tica, es igual de descabellado
como afirmar que la derecha ha mantenido postulados de respeto, de
integracin y de honestidad en sus actividades. Del centro slo podra
decirse que es incierto y movedizo.

En suma, la distincin entre derechas e izquierdas polticas es ms
histrica que lgica y, consecuentemente, tiene, un contenido cambiante,
una significacin ocasional, y no es una terminologa hermenutica
invariable para exponer la historia de la teora y de la praxis poltica. A
las actuales corrientes polticas, sean cuales fueren sus nombres
oficiales, sus seudnimos o denominaciones subliminales, se les debera
situar en una lnea sustantiva. La que aspire a mejorar las condiciones de
los ciudadanos, y no a servirse mezquinamente del poder, se localizar en
el lugar correcto.

Derecha, izquierda o centrista son posiciones que le deberan dejar a los
jarrones que se colocan en una mesa.

** Martha Revuelta Morales S.
   marems@yahoo.com
   Abogada y escritora mexicana. Reside en Morelia, Michoacn. Escribe
   semanalmente en el peridico La Voz de Michoacn.



=== La evolucin es una cosa irreal =======================================
=== Lleva en s misma la causa de su fin      Miguel A. Schmucke ==========

Sobre el tema qu deben estudiar nuestros nios?, qu materias son las
que califican para ser enseadas en una clase de ciencias o de
humanidades?, el criterio que debe prevalecer es que solo de ciencias se
debe hablar en clases; entonces, no es acaso ciencia la Teora de la
Evolucin? Debemos preguntarnos ahora: ha sido probada sin asomo de dudas?
Qu dice la ciencia? Lo siguiente es simplemente cotejar los principios e
ideas evolucionistas con la "regla de oro" de la Ciencia, el mtodo
cientfico; observacin, experimentacin y establecimiento de la ley
general. El hecho es que la evolucin no ha podido ser observada, no se
puede experimentar y mucho menos es una ley general de la naturaleza.

Ninguno de los argumentos expuestos por el evolucionismo pasa el examen que
la ciencia apropiadamente exige; esta es la razn por la cual todos los
textos de biologa que ensean la evolucin siempre comienzan a discursar a
partir de la afirmacin de que la evolucin es un hecho natural, para luego
construir una ciudad en las nubes. Es necesaria la presentacin de la
llamada "evidencia evolutiva". Dnde est? Cul es? Cuntas son? Se
pueden observar? Se podr medir el proceso evolutivo? Se cumple? Todos
los animales evolucionan? Y los fsiles "vivientes"? Demasiadas preguntas
y pocas respuestas.

Si tuviera que disear un programa de biologa, comenzara por la historia
de los pequeos descubrimientos que permitieron estructurar una teora
celular, seguir con un profundo estudio de la labor y visin del barn
Alexander von Humboldt y seguir inmediatamente con los descubrimientos de
las leyes de Mendel, el descubrimiento de la molcula de ADN, sus
consecuencias como lo es la clonacin, y lo ltimo logrado en biologa,
como lo es el llamado mapa gentico, el genoma, ms importante aun, el
genoma del ser humano, el cual es una fuente actual de esperanzas en el
campo de la medicina.

La reproduccin celular, el mecanismo duplicador de la estructura del ADN,
la caracterstica de identidad en el caso de los clones y la exactitud y
armona del mapa de todos los genes que conforman un ser, van en sentido
contrario al concepto de "transformarse en otra cosa distinta".
"Descendencia con variacin por causa de las mutaciones, a lo largo del
tiempo y seleccionadas por un proceso aleatorio y natural", ha sido el
argumento ms utilizado, pero esta aseveracin se va a encontrar de frente
con las leyes de la termodinmica, debido a que por causa de la accin del
tiempo, las cosas tienden a deteriorarse, pero los evolucionistas aseguran
lo contrario; que las especies mejoraban con los cambios producidos por las
mutaciones. Ser esto realmente as? Las mutaciones han sido el "caballito
de batalla" del evolucionismo, pero el conocimiento aportado por el mapa de
los genes es que los resultados que se producen cuando un gen deja de
trabajar bien, es que la mutacin resultante siempre ser un ser inferior;
tanto en forma como en funcionamiento comparado con las caractersticas
naturales; es decir, un evidente deterioro del modelo que representan todos
los genes del genoma.

El caso de los picos de los pinzones, el clsico experimento con los ojos
de las moscas, y el ms insulso de todos, el de las mariposas inglesas,
todos y cada uno de ellos pueden ser explicados perfectamente por las
matemticas de Mendel, la proporcin matemtica implcita en la forma como
interactan los llamados caracteres dominantes y recesivos, en una
proporcin invariable de 3:1. El fenmeno de la inmensa variabilidad que
tanto le llam la atencin a los naturalistas, y especialmente a Darwin, es
explicable perfectamente con las leyes de la herencia, haciendo totalmente
innecesaria la "evolucin", y si algo no es necesario, es porque no existe.

En las escuelas laicas slo se debe estudiar ciencias; y "cosas" como la
tesis del "Diseo Inteligente", estn muy bien para las escuelas bblicas,
esto sera una solucin muy apropiada para atender al problema de la
educacin de estas ideas en el seno de las clases de biologa de todo el
mundo.

Si la entelequia llega a su fin, el desarrollo de la ciencia verdadera en
nuestra poca ser total.

** Miguel A. Schmucke P.
   maspar@cantv.net
   Docente y comunicador social venezolano (Caracas, 1954). Ha publicado
   artculos de opinin en los diarios El Impulso y El Informador, sobre
   temas de filosofa, didctica, historia, psicologa, poltica y ciencias
   en general.



=== Facetas ignoradas de Jorge Luis Borges      Fernando Sorrentino =======

                                            Buenos Aires, diciembre de 2005

1

Mi amigo Marcelo di Marco me prest, sin que yo se lo solicitara, un
volumen de ochocientas pginas que el azar haba conducido hasta sus manos.
Agreg un sealador en la 415 y la exhortacin oral a que, tras ilustrarme
con su lectura, yo escribiese algn comentario al respecto.

Y eso es lo que har en cuanto coloque dos puntos:



2

El libro se titula exactamente as: Historia Universal de la Literatura. Es
una "Edicin ampliada y puesta al da / 220 ilustraciones"; ha sido
publicada, en la Biblioteca Hispania, por la Editorial Ramn Sopena, de la
calle Provenza, 95, en Barcelona; el depsito legal se realiz en 1969 y la
edicin que tengo bajo mis ojos se imprimi en 1971.

El autor es Ramn D. Pers, "Correspondiente de la Real Academia Espaola".
Sin embargo, en la pgina 6 del Prlogo firmado por la "Editorial Ramn
Sopena, S. A." (1), se nos dice que, en el caso de los autores modernos,
"quien se ha cuidado de poner al da la magistral obra de don Ramn D.
Pers", ha sido el seor Borja de Arquer.

A este caballero le debemos, pues, conocer algunas facetas ignoradas de la
obra de Jorge Luis Borges y del propio Jorge Luis Borges, y, en lo que se
refiere a mi caso particular, gracias a l logr desprenderme de algunos
conceptos errneos que me acompaaban desde mi juventud.

En la susodicha pgina 415 don Borja nos brinda las siguientes
informaciones:

      Jos Luis Borges (1899) representa en Amrica lo que Kafka o Joyce en
      Europa. Poeta y narrador intelectual, subjetivo, de gran temperamento
      y fina sensibilidad, nos ofrece una obra tan compleja como rica en
      hallazgos. Sus principales narraciones, al menos las ms conocidas,
      son Inquisiciones, Historia universal de la infamia, El jardn de
      senderos que se bifurcan, Ficciones y Nuevas inquisiciones. La
      constante de su obra, como ya puede deducirse por los ttulos, es la
      denuncia. Ha escrito algunos interesantes ensayos en torno a los
      mismos temas.

En poco menos de noventa palabras el autor nos impone de las siguientes
novedades:

a. Borges no se llama Jorge Luis sino Jos Luis (2).

b. Inquisiciones y Nuevas inquisiciones no son libros de ensayos sino
   narraciones.

c. El jardn de senderos que se bifurcan (1941) contina siendo un libro
   independiente y no constituye la primera parte de Ficciones (1944).

Yo haba credo que entre los rasgos esenciales de Borges se contaban, por
ejemplo y entre otros muchos, la indagacin metafsica, la imaginacin, el
gusto por la literatura fantstica, las ironas, los espejos, los puales,
el culto por los antepasados, la aficin a las historias de guapos y
cuchilleros..., pero ahora s que nada de eso era cierto y que jams logr
deducir -de la simple lectura de los ttulos- que la constante de su obra
es la denuncia.

Por otra parte tampoco he logrado encontrar los "interesantes ensayos en
torno a los mismos temas" debido, posiblemente, a que don Borja no revela
cules son esos "mismos temas".

Por las mismas pginas el autor habla tambin de otros autores argentinos,
y lo hace con total originalidad y con la misma mirada innovadora.



Notas

1. Dicho escrito registra, entre otras joyas, esta metfora hdrica: "Las
   aguas bajan puras desde el mismo manantial ya que el autor no ha tenido
   necesidad de acudir a las tranquilas superficies de los charcos" (pg.
   5).

2. De la misma manera figura en el "ndice alfabtico" (pg. 788), lo que
   demuestra firmeza de convicciones.

** Fernando Sorrentino
   fs_literatura@yahoo.com.ar
   Escritor; profesor en letras (Buenos Aires, 1942). Ha publicado, entre
   otros, los libros de cuentos Imperios y servidumbres (Seix Barral, 1972;
   reedicin, Torres Agero Editor, 1992), El mejor de los mundos posibles
   (Plus Ultra, 1976; 2 Premio Municipal de Literatura) y El rigor de las
   desdichas (Ediciones del Dock, 1994; 2 Premio Municipal de Literatura);
   la novela Sanitarios centenarios (Plus Ultra, 1979; reedicin, Editorial
   Sudamericana, 2000); la nouvelle Crnica costumbrista (Pluma Alta, 1992;
   reeditada como Costumbres de los muertos, Colihue, 1996); los libros de
   relatos para nios o adolescentes Cuentos del Mentiroso (Plus Ultra,
   1978; Faja de Honor de la Sade; reedicin, Norma, 2002), Historias de
   Mara Sapa y Fortunato (Sudamericana, 1995; Premio Fantasa Infantil
   1996; reedicin, Santillana, 2001), El que se enoja, pierde (El Ateneo,
   1999) y El Viejo que Todo lo Sabe (Santillana, 2001); los libros de
   entrevistas Siete conversaciones con Jorge Luis Borges (Casa Pardo,
   1974; reediciones, El Ateneo, 1996, 2001) y Siete conversaciones con
   Adolfo Bioy Casares (Sudamericana, 1992; reedicin, El Ateneo, 2001).
   Libros suyos han sido traducidos al ingls, al portugus, al italiano,
   al alemn, al polaco, al chino, al vietnamita y al tamil.



=== El huracn Katrina y la hiperrealidad de la imagen      Jorge Majfud ==

En el siglo XVI, fray Bartolom de las Casas escribi una apasionada
crnica sobre la brutal conquista del Imperio Espaol en el nuevo mundo. La
denuncia de este cristiano converso (es decir, "de sangre impura") a favor
de un humanismo universal, provoc las Juntas de Valladolid (1550) en la
cual se enfrent, ante el pblico y ante el rey, a Gins de Seplveda.
Usando una cita bblica tomada de Proverbios, Juan Gins de Seplveda y sus
partidarios defendieron el derecho del Imperio a esclavizar a los indios,
no slo porque lo hacan en nombre de la "verdadera fe" sino, sobre todo,
porque la Biblia deca que el hombre inteligente deba someter al tonto. No
vamos a explicar quines eran los hombres inteligentes. Importa ahora saber
que a lo largo de los siglos, se produjo un debate entre "cronistas" (el
nico gnero literario permitido por la Inquisicin espaola en Amrica).
Como siempre, slo una minora promova una nueva tica basada en
"principios" ticos. En este caso los humanistas y defensores del "derecho
natural" de los indgenas. Se debi esperar hasta el siglo XIX para que
estos "principios" se convirtieran en realidad por la fuerza de la
"necesidad". Es decir, la Revolucin Industrial necesitaba asalariados, no
mano de obra gratuita que competa con la produccin estandarizada y que,
adems, no tena poder de consumo. A partir de ah, como siempre, la
"necesidad" universaliz los "principios" rpidamente hasta que hoy todos
nos consideramos "antiesclavistas", segn "principios" ticos y no por
necesidad (1). Esto ya lo desarroll en otro lado, pero lo que me importa
ahora es analizar brevemente el poder del texto escrito y, ms aun, el
poder del anlisis dialctico (y a veces sofstico).

Basndose en las denuncias del padre Bartolom de las Casas, un imperio
naciente (el britnico) rpidamente encontr escritores que crearon una
"leyenda negra" de Espaa. Entonces, como todo nuevo imperio, presuma de
una moral elevada: se present como el campen de la lucha antiesclavista
(que slo se hizo realidad cuando sus industrias se desarrollaron en el
siglo XIX, vaya casualidad) y pretendi dar clases de moral sin la
autoridad necesaria que le negaba una historia de brutales opresiones, tan
brutales como la del viejo imperio espaol.

Poco despus de la controversia de De las Casas-Seplveda y de la
aprobacin de las nuevas leyes como consecuencia (papel mojado), Guamn
Poma Ayala denunci una historia semejante de violaciones, torturas y
matanzas. Pero lo hizo, adems, con una coleccin de dibujos, que entonces
eran una forma de crnica, tan vlida como la escrita. Estos dibujos
podemos estudiarlos en detalle hoy en da, pero podramos decir que su
impacto e inters fue mnimo en su poca, a pesar de la crudeza de las
imgenes. Por entonces, al igual que en los tiempos de la Edad Media, las
imgenes tenan una gran utilidad porque la mayora de la poblacin no
saba leer. No obstante, y por ello mismo, se puede explicar por qu no
tuvo consecuencias de gran importancia: porque la "masa", la poblacin, no
contaba como agente de cambios. O simplemente no contaba. La rebelda poda
encabezarla un cacique, como Tupac Amaru, pero la poblacin no era
protagonista de su propia historia.

Ahora a lo que voy: este proceso se ha revertido hoy en da. La "masa" ya
no es "masa" y comienza a contar: citando a Ortega y Gasset, podramos
decir que tuvimos una "rebelin de las masas" pero ahora ya no podemos
hablar de "masa" sino de una poblacin compuesta de individuos que
comienzan a cuestionar, a reclamar y a rebelarse. No obstante, la lucha
radica en este frente: como la masa (ahora sujetos de rebelda) cuenta en
la generacin de la historia, aquellos que an pertenecen al viejo orden
buscan dominarla con su propio lenguaje: la imagen. Y muchas veces lo
logran a la perfeccin. Veamos.

Nuestra cultura popular occidental est basada (y a veces atrapada) en
cdigos visuales y en una sensibilidad visual. Sabemos que la cultura de
las clases dirigentes (dominantes) se sigue basando en las complejidades
del texto escrito. Incluso los expertos en imgenes basan sus estudios y
teoras en la letra. Si en Amrica Latina la opinin y la sensibilidad
estn fuertemente condicionadas por una tradicin ideolgica (formada desde
tiempos de la conquista, en el siglo XVI, y explotada por antagnicos
grupos polticos en el siglo XX), aqu, en Estados Unidos, la relacin con
el pasado es menos conflictiva, por lo que la desmemoria puede, en casos,
facilitar el trabajo de los proselitistas. No entraremos ahora en esta
problemtica. Basta con decir que Estados Unidos es un pas complejo y
contradictorio, por lo cual cualquier juicio sobre "lo americano" es tan
arbitrario e injusto como hablar de "lo latinoamericano" sin reconocer la
gran diversidad que existe en esa construccin mitolgica. No debemos
olvidar que toda ideologa (de izquierda o de derecha, liberal o
conservadora) se sostiene por una simplificacin estratgica de la realidad
que est analizando o creando.

Entiendo que estos factores deben ser tenidos en cuenta cuando queremos
comprender por qu la imagen es un "texto" bsico para las sociedades
capitalistas: su "consumo" es rpido, desechable, y por lo tanto es
"confortable". El problema surge cuando esta imagen (el signo, el texto)
deja de ser confortable y complaciente. En este momento el pblico
reacciona, toma conciencia. Es decir, el entendimiento, la conciencia,
entra por los ojos: una fotografa de una nia huyendo de las bombas de
napalm en Vietnam, por ejemplo. Por la misma razn se "recomend" no
mostrar al pblico las imgenes sobre la guerra de Irak donde aparecan
nios destrozados por las bombas (ver diarios del resto del mundo de ao
2003), los fretros de los soldados americanos regresando al pas, etc. Por
el contrario, el caso Terri Schiavo ocup el tiempo y la preocupacin del
pblico americano durante muchas semanas, da a da, hora a hora; el
presidente y el gobernador Bush de Florida firmaron "excepciones" que
fueron rechazadas por la justicia, hasta que esta pobre mujer se muri para
descansar en paz de tanta imagen obscena de las cuales fue vctima
inconsciente e involuntaria. Sin embargo, durante esas mismas semanas
continuaron muriendo cientos de iraques e, incluso, de soldados
americanos, y ni siquiera fueron noticia, ms all de las estadsticas
diarias que se publican. Por qu? Porque no son personas, son nmeros para
una sensibilidad que slo se conmueve por las imgenes. Y esto qued
demostrado con las fotografas de Ab Graib y con un video que mostraba a
un soldado americano disparando contra un herido. Esos fueron los dos
nicos momentos en que el pblico americano reaccion indignado. Pero
debemos preguntarnos, alguien piensa que en la guerra no pasan esas cosas?
Alguien cree todava en ese cuento posmoderno de las guerras higinicas,
donde existen "efectos especiales" pero no sangre, muerte y dolor? S.
Muchos. Lamentablemente, una mayora. Y no es por falta de inteligencia
sino de inters.



Lo mismo podemos analizar sobre el problema reciente de Nueva Orlens. La
catstrofe no fue comprendida mientras los meteorlogos advirtieron de la
escala de la tragedia, varios das antes. Tampoco se tom conciencia del
problema cuando los reportes hablaban de decenas de muertos. Hoy, cuatro
das despus, sabemos que los muertos pueden ascender a centenares.
Probablemente miles, si consideramos aquellos que morirn por falta de
dilisis, por falta de insulina y otras medicinas de emergencia. Pero la
televisin no ha mostrado ningn muerto. Cualquiera podr recorrer las
pginas de los principales diarios de Estados Unidos y nunca encontrarn
una imagen "ofensiva", una de esas fotografas que podemos ver en diarios
de otras partes del mundo: cuerpos flotando, nios muriendo "como en
frica", violencia, violaciones, etc. Porque si algo no faltan son las
cmaras digitales; pero sobra "pudor". No soy partidario del morbo
gratuito, ni de mostrar sangre repetidas veces y sin necesidad: soy
partidario de mostrarlo todo. Como dijo un norteamericano, refirindose a
la guerra, "si fuimos capaces de hacerlo debemos ser capaces de verlo".

Una tragedia natural como sta (como el tsunami en Asia) es una desgracia
de la cual no podemos responsabilizar a nadie. (Dejemos de lado, por un
momento, la cuota de responsabilidad que tienen las sociedades en el
calentamiento global de los mares.) Sin embargo, la tragedia de Nueva
Orlens est demostrando que una superpotencia como Estados Unidos puede
movilizar decenas de miles de soldados, la ms alta tecnologa del mundo,
la mquina ms efectiva de ataque conocida hasta ahora en la historia de la
humanidad para quitar a un presidente (o dictador) extranjero, pero no ha
podido acceder hasta donde estn miles de vctimas del huracn Katrina, en
una ciudad que est dentro de su propio pas. En Nueva Orlens, en este
momento, se estn produciendo actos de vandalismo, violencia, violaciones y
caos general mientras las vctimas se quejan de que ni siquiera han visto
un polica o un soldado que los ayudase, en un rea que se encuentra bajo
la ley marcial. Este reclamo lo hacen delante de las cmaras, por lo cual
podemos pensar que al menos los periodistas s pudieron acceder a esos
lugares. Unos saquean por oportunistas, otros por desesperacin, ya que
comienzan a experimentar una situacin de lucha por la sobrevivencia que no
es conocida en el pas ms poderoso del mundo. Ayer el presidente G. W.
Bush apel a la ayuda privada y esta maana ha dicho que no es suficiente.
Falta de recursos no hay, claro (la guerra de Irak cost ms de trescientos
mil millones de dlares, diez veces ms de todos los destrozos producidos
por el huracn en esta tragedia); el Parlamento ha votado una ayuda
econmica de diez mil millones de dlares para las vctimas. Pero stas
siguen muriendo, atrapados en estadios, en los puentes, viviendo a la
intemperie, dando una imagen que no se corresponde con un pas cuyos pobres
sufren problemas de sobrealimentacin, donde a los mendigos se los multa
con mil dlares por pedir lo que no necesitan (ya que el Estado les provee
de todo lo necesario para sobrevivir sin desesperacin en caso de que no
puedan hacerlo por sus propios medios). Una tragedia doble la sufren los
hispanos indocumentados: no son objetos de compensaciones como sus vecinos,
pero pierdan cuidado que sern ellos los primeros que pongan mano a la
reconstruccin. Quin ms si no? Qu otro grupo social de este pas tiene
la resistencia fsica, moral y espiritual para trabajar bajo lmites de
sobrevivencia y desesperanza? O todava creemos en los cuentos de hadas?

El pueblo norteamericano tomar conciencia de los objetivos y prioridades
de este gobierno cuando compare la eficiencia o ineficiencia en diferentes
lugares y momentos. Pero para ello debe "verlo" en sus televisores, en los
medios de prensa de Internet escritos en ingls, a los cuales suelen acudir
por costumbre. Porque de nada o de poco sirve que lo lean en los textos
escritos, como no sirven los crticos anlisis del New York Times que, con
un gran nmero de brillantes analistas, anotaron una por una las
contradicciones de este gobierno y, en vano, tomaron partido pblico en
contra de la reeleccin de G. W. Bush. Ahora, cuando se produce un
"cansancio" en la opinin pblica, la mayora de los habitantes de este
pas entiende que la intervencin en Irak fue un error. Claro, como deca
mi abuelo, tarde piaste.

La "opinin pblica" norteamericana tomar conciencia de lo que est
ocurriendo en Nueva Orlens (y del por qu est ocurriendo, ms all del
fenmeno natural) cuando puedan ver imgenes; una parte de aquello que
estn viendo las vctimas y narrando oralmente para un pblico que escucha
pero no se conmueve por la narracin oral, como no se conmueve por un
anlisis dialctico que no apela a imgenes o a metforas bblicas. Se
darn real cuenta de lo que est sucediendo cuando vean las imgenes
"crudas", siempre y cuando no confundan esas imgenes con el caos en algn
pas subdesarrollado.

El genial educador brasileo, Paulo Freire, expulsado por la dictadura de
su pas "por ignorante", public en 1971 Pedagoga del oprimido en una
editorial de Montevideo. All mencion una experiencia pedaggica de una
colega. La profesora mostr a un alumno un callejn de Nueva York lleno de
basura y le pregunt qu vea. El muchacho dijo que vea una calle de
frica o de Amrica Latina. "Y por qu no una calle de Nueva York?",
observ la profesora. Poco antes, en los aos '50, Roland Barthes haba
hecho un interesante anlisis de una fotografa en la cual un soldado negro
saludaba "patriticamente" la bandera del imperio que oprima a frica (el
imperio francs), y de ah concluy, entre otras cosas, que la imagen
estaba condicionada por el texto (escrito) que la acompaa y es ste el que
le confiere un significado (ideolgico). Podemos pensar que el problema
semntico (semitico) es algo ms complejo que esto, y depende de otros
"textos" que no son escritos, que son otras imgenes, otros discursos
(hegemnicos), etc. Pero la imagen "cruda" tambin tiene su funcin
reveladora o, al menos, crtica. Qu significa esto de "crudo"? Son,
precisamente, aquellas imgenes que el discurso hegemnico ha censurado (o
reprimido, para usar un trmino psicoanaltico). Razn por la cual aquellos
que usamos la dialctica y el anlisis relacionado histricamente con el
pensamiento y con el lenguaje, debemos reconocer, al mismo tiempo, el poder
de aquellos otros que manejan el lenguaje visual. Para dominar o para
liberar, para ocultar o para revelar.

Una vez, en una aldea de frica, un maca me cont cmo una hechicera haba
transformado un saco de arena en un saco de azcar y cmo otro hechicero
haba bajado volando del cielo. Le pregunt si recordaba un sueo extrao
de los ltimos tiempos. El maca me dijo que haba soado que vea su aldea
desde un avin. "Ha viajado alguna vez en un avin", pregunt. Obviamente,
no. Ni siquiera haba estado cerca de alguno de estos aparatos. "Sin
embargo usted dice que lo vio", observ. "S, pero era un sueo", me dijo.
Los espritus en cuerpos de leones, los hombres voladores, la arena
convertida en azcar no eran sueos. Historias como stas podemos leerlas
en las crnicas de los espaoles que conquistaron Amrica Latina en el
siglo XVI. Tambin podemos verlas hoy en da en muchas regiones como
Amrica Central. Mi respuesta a mi amigo maca entonces fue la misma que
les dara a los "evolucionados" norteamericanos: tengamos siempre presente
que no es verdad todo lo que se ve ni se ve todo lo que es verdad.

1. Este mismo principio que llamo "de necesidad" lo advirti, a su manera,
   en el siglo XIX, Bautista Alberdi, cuando reconoci que el laicismo en
   el Ro de la Plata era (y deba ser) una consecuencia de la gran
   diversidad de religiones, producto de la inmigracin. No era posible
   expulsar o hacer una limpieza de sangre, como lo hizo Espaa en el siglo
   XV, ya que en tiempos de Alberdi estbamos en un estadio diferente de la
   historia y de la concepcin de los "recursos necesarios".

** Jorge Majfud
   jmajfud@hotmail.com
   Escritor uruguayo (Tacuaremb, 1969). Arquitecto graduado en la
   Universidad de la Repblica (1996). Ha sido profesor en la Universidad
   Hispanoamericana de Costa Rica y en la Escuela Tcnica del Uruguay,
   donde ha enseado artes y matemticas. Es asistente en la Universidad de
   Georgia, Estados Unidos. Ha publicado las novelas Hacia qu patrias del
   silencio (memorias de un desaparecido) (Graffiti, Montevideo, Uruguay,
   1996; Baile del Sol, Tenerife, Espaa, 2001) y La reina de Amrica
   (Baile del Sol, 2002), el libro de crnicas 9 viajes (Trilce,
   Montevideo, 2002) y el libro de ensayo Crtica de la pasin pura
   (Graffiti, 1998; HCR, Virginia, EUA, 1999; Argenta, Buenos Aires,
   Argentina, 2000). Tambin textos suyos aparecen en Entre siglos-Entre
   sculos: autores latinoamericanos a fin de siglo (Pilar Edioes,
   Brasilia, Brasil; Bianchi Editores, Montevideo, 1999). Cuentos y
   artculos suyos han sido publicados en diarios, revistas y selecciones,
   como Rebelion y Hispanic Culture Review de George Mason University, en
   varias ocasiones. Ha sido fundador y editor de la revista SignoXXI,
   Reflexiones sobre nuestro tiempo. Es colaborador de Bitcora, suplemento
   semanal del diario La Repblica (Montevideo). Ha obtenido una mencin en
   el Premio Casa de las Amricas 2001, por La reina de Amrica, y mencin
   en el concurso Caja Profesional 2001, por el cuento Mabel espera. Ha
   sido traducido al ingls y al portugus.



=== Ernesto Sbato, un escritor vivo      Dixon Moya ======================

                                             A un querido y remoto maestro.

Hoy no deseo escribir sobre cadveres exquisitos, hoy no quiero ser
necroflico, lo dejar para otro da, en la tradicin del homenaje postrero
a los muertos clebres que forjaron el camino que trasegamos. No deja de
ser melanclico e injusto que slo recordemos a alguien porque la fecha en
el calendario nos informa sobre el aniversario de su desaparicin o llega
la noticia urgente sobre su muerte.

Por eso debe celebrarse que Ernesto Sbato siga tan vivo, a sus noventa y
pocos aos, tan vivo que sigue hablando y dando de qu hablar, en congresos
literarios, en colegios que se bautizan con su nombre. El individuo que
hizo el trnsito de la ciencia a la literatura y de all al compromiso con
la verdad de lo ocurrido en Argentina. Estudioso de la fsica, pas de las
leyes naturales a la ausencia de normas (a no ser las ortogrficas y
gramaticales), el mundo siempre inesperado de las letras. Luego se dedic a
escudriar la historia reciente y escondida de Argentina, un nuevo paso en
su trnsito vital, desde los relatos imaginativos emprendi la bsqueda de
la verdad. El escritor inventor de las mentiras necesarias, encontr las
verdades crueles pero igualmente indispensables.

Sobre Sbato tengo un recuerdo especial que deseo compartir. Cuando
terminaba mis estudios en la Universidad Nacional en Bogot y soaba que
poda ejercer mi profesin de socilogo desde la literatura, porque en el
mundo real me resultaba demasiado difcil, un amigo de letras y proyectos
en conjunto me facilit la direccin de Sbato en Santos Lugares, en las
afueras de Buenos Aires. Como toda mi generacin haba descubierto El
tnel, al final del cual, en efecto, se hallaba la luz. Sera el ao de
1992 cuando me anim a escribirle, la tpica carta del admirador, del
aprendiz. Le confesaba mi aprecio por su persona y obra, ya que no siempre
una cosa conlleva a la otra, as como le expresaba las dudas sobre el
quehacer del escritor.

Una de las sorpresas ms agradables que haya recibido jams, en la poca en
que todava exista la emocin del correo fsico previa a la frialdad e
inmediatez de los mensajes electrnicos, fue encontrar bajo la puerta,
semanas ms tarde, un sobre procedente de Argentina. Era una nota firmada
por el maestro Sbato, en la cual en trminos cariosos me remita a un
captulo de su obra Abaddon, el exterminador, titulada "A un querido y
remoto muchacho". Al da siguiente pude leer la cita, en la sala de la
Biblioteca Luis ngel Arango, experiment lo que se siente cuando se
descubre un secreto vedado para incrdulos.

Ahora cuando no soy tan muchacho, pero mantengo el fervor juvenil por
proseguir con la literatura, as sea como eterno aficionado, recomiendo, a
quienes persisten en la loca idea de escribir, leer esas entraables
pginas. Sbato, con un corazn tan grande como su Patagonia, con un verbo
tan ardiente como un verano en Mar del Plata, con una estatura moral tan
recta como la Avenida de Mayo en Buenos Aires, es la mejor gua para
cualquier aspirante a literato. Algunas de las frases siguen resonando:

      Slo el arte de otros artistas te salva en esos momentos, te
      consuela, te ayuda. Slo te es til (qu espanto!) el padecimiento
      de los seres grandes que te han precedido en ese calvario.

      Es entonces cuando, adems del talento o del genio, necesitars de
      otros atributos espirituales: el coraje para decir tu verdad, la
      tenacidad para seguir adelante, una curiosa mezcla de fe en lo que
      tens que decir y de reiterado descreimiento en tus fuerzas, una
      combinacin de modestia ante los gigantes y de arrogancia ante los
      imbciles, una necesidad de afecto y una valenta para estar solo,
      para rehuir la tentacin pero tambin el peligro de los grupitos, de
      las galeras de espejos.

Mi madre-abuela Carmen deca, desde la orilla de su sabidura senil, que a
una persona se deba homenajear en vida, que las flores luego de la muerte
eran vanas, le resultaba incomprensible regalar cosas muertas en proceso de
marchitarse a un difunto, cuando a una persona viva se le puede ofrecer un
jardn. En el caso de Ernesto Sbato, el mal da cuando sepamos sobre su
muerte fsica, seguiremos firmemente convencidos de que seguir siendo un
gran hombre vivo.

** Dixon Moya
   dixonm@hotmail.com
   Diplomtico colombiano aficionado a la literatura. Fue cnsul de
   Colombia en Ciudad Guayana (Puerto Ordaz, Venezuela) y actualmente
   desempea un cargo diplomtico en Nicaragua. Ha publicado artculos en
   revistas de su pas.



=== II Festival de Teatro Venezolano en Pars Festheve2005: reflexiones ===
=== Jos Gabriel Nez ====================================================

      (Nota del editor: entre el 10 y el 20 de junio de 2005 se realiz en
      Pars el II Festival de Teatro Venezolano en Pars, Festheve2005
      [http://festheve.free.fr], un evento organizado por la asociacin Le
      Ciel d'mail en homenaje a Carlos Gimnez. Durante Festheve2005
      fueron representadas o ledas piezas de los dramaturgos venezolanos
      Stalin Gamarra, Yahaira Salazar, Marcos Moreno, Wolfgang Villalba y
      Beln Santaella, adems de La encuesta, del autor de estas
      reflexiones que hoy presentamos en la Tierra de Letras. El festival
      se complement con una exposicin fotogrfica sobre Gimnez y cinco
      das de conferencias en el Instituto de Altos Estudios de Amrica
      Latina).

Normalmente he relacionado a Pars con el fro de sus inviernos. Haba
estado en cinco oportunidades anteriores, siempre en diciembre o enero, y
me fascina Pars en esa poca. Mis otras referencias son las de todo
extranjero: Louvre, Madeleine, D'Orsay, el Sena, sus puentes, Montmartre...
y sus rincones. Me encanta perderme en los callejones empedrados con el
fro cortante en mi cara. Esta vez voy de sorpresa, invitado para el II
Festival de Teatro Venezolano. Hasta el ltimo momento no crea realizable
el encuentro por problemas de tiempo, compromisos y los gastos.

Afortunadamente el Conac me avisa que tengo el pasaje y me largo. Se va a
abrir el Segundo Festival de Teatro Venezolano con una pieza ma: La
encuesta; la novedad es que ser presentada en francs. La otra novedad es
que no conozco nada del espectador parisino, pues siempre he ido como uno
ms. Mi llegada al hotel es tranquila, el calor me obliga a reposar. No
entiendo Pars con calor.

Sigo adelante despus del descanso y comienzo a conocer el ambiente del
festival, a sus gentes. Voy al caf L'Absynte, en donde se hace la lectura
de mi obra La Cerroprendo; me muero de la risa con la actriz que la hace,
Gladys Arnaud, sobre todo porque escucho castellano en Pars... y tomando
un pernod.

Vamos al teatro y en la pequea sala en donde se desarrolla el festival veo
finalmente mi obra. Casi que tiemblo como en el estreno de Los peces del
acuario, mi primera obra montada. Me est sucediendo algo extraordinario
para cualquier artista: ver su obra en Pars. Y es que esta ciudad, y
Francia en general, ha sido el punto de partida, la referencia, para la
mayora de los artistas venezolanos, especialmente nuestros pintores y
escultores, ni que hablar de Soto, Cruz Diez, Otero. Desde finales del
siglo XIX, fue Pars nuestra tutora en las artes, Guzmn Blanco import esa
ciudad y la copi en muchos sitios de Caracas. Desde entonces comenz esa
complicidad maternal. La obra me fascina, la actriz Alicia Rodas y la
direccin de Yahaira Salazar me conmueven. Alicia Rodas est aterrada al
final, despus de los aplausos.

Esa noche me cuesta dormir, son demasiadas emociones juntas. El sueo
fisiolgico ha sido sustituido por otro sueo ms importante. Sigue el
festival adelante. Veo las obras de mis otros compaeros, de Beln
Santaella, de Stalin Gamarra, de Yahaira Salazar y de Wolfgang Villalba, mi
antiguo alumno a quien encuentro transformado en un autor-director muy
seguro y que despunta ya como un artista que se termina de formar all. Y
despus de todo, algo que aumenta mi dicha, reencontrarme con esa
extraordinaria mujer, una de las primeras que escribi sesudos anlisis
sobre el teatro venezolano, Susana Castillo. Todo esto se va sumando. Los
foros que se realizan a medioda en el Instituto de Altos Estudios de
Amrica Latina parecen encenderse con el calor que aumenta a esa hora; se
discute, se debate, se intercambian ideas pero, sobre todo, nos conocemos. 

Todo esto me hace reflexionar al final y sacar un balance importante: el
trabajo de Yahaira Salazar y del equipo de Festheve2005, de la Asociacin
El Ciel d'mail, el Instituto de Altos Estudios de Amrica Latina y de la
Casa de Amrica Latina, para divulgar nuestro teatro en Pars, se ha dado.
Hemos vivido fuertes emociones, y algo muy importante, nuestro teatro se
est proyectando en un pas que ha acunado nuestra cultura por ms de un
siglo, se nos est dando a conocer ante un pblico a veces difcil y el
festival es tal vez la nica va para que este milagro se produzca, porque
la escasez editorial en Venezuela y la barrera del idioma no permiten que
nuestras artes escnicas se hagan permeables hacia Francia ni el resto de
Europa.

Creo que esto debe resaltarse. Creo que la labor que estos compatriotas
vienen haciendo, debe apoyarse y estimularse. Nos estn poniendo frente a
otra cultura y otros parmetros que parecen ser opuestos a nuestro trabajo
y a nuestras visiones. Que se nos conozca y se nos represente all tiene
ese valor incalculable y ese sabor de esa importante aventura de exponernos
a los azotes y de salir airosos. Me ha extraado el silencio en Venezuela
sobre este evento. Tal vez por eso me atreva a escribir estas lneas, para
dar testimonio de un suceso que reviste tremenda importancia para nuestro
teatro, por todo lo que ocurri all, por los nombres que estuvieron
involucrados, por el debate que se gest y por esos maravillosos das de
confrontacin y de un teatro puro en su esencia, sin pretenciones
ostentosas, sino simplemente teatro. 

** Jos Gabriel Nez
   Dramaturgo venezolano. Dedicado al teatro desde principios de los aos
   70, tiene ms de 30 obras escritas y ha trabajo como docente en diversas
   instituciones ligadas a la actividad teatral. Igualmente ha formado
   parte de las directivas de varias agrupaciones e instituciones teatrales
   y gremiales, como la Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela
   (Sacven, http://www.sacven.org), el Teatro Nacional de Repertorio o el
   Consejo Nacional de Teatro. En 2004 recibi el Premio Nacional de Teatro
   de Venezuela por el conjunto de su obra.



=== Noticia, crnica y literatura      Benhur Snchez Surez ==============

Agite y precisin

Miren ustedes que una tarde escuchaba yo a un hombre contar el asesinato de
un indigente, hecho ocurrido un barrio ms abajo del corrillo en que nos
encontrbamos unos cuantos transentes, yo por casualidad entre ellos.

Dos cosas me impresionaron de ese momento. El agite del contador del suceso
y la precisin de su narracin. Agite por la emocin que lo embargaba al
contrnoslo, el gesto de sus manos, la expresin de sus ojos, las muecas de
su cara, su pelo alborotado. Precisin frente a su relato, que no nos
dejaba interrogantes acerca de su participacin como testigo. No caba duda
alguna acerca de su testimonio, pues no nos transmita algo escuchado
alguna vez, como un cuentero de los que conocemos en corrillos parecidos,
sino algo visto por l momentos antes. La precisin tambin tena que ver
con las imgenes que se formaban en nuestro interior al ritmo de sus
palabras, a travs de las cuales cada uno imaginaba sus propias vctimas y
creaba sus propios escenarios. O al gesto afirmativo de muchos rostros, que
avalaban inconscientes la verdad de lo dicho por el portador de la noticia.

No creo que a ninguno de los que estbamos presentes se le ocurriera ir al
sitio del homicidio para corroborar la verdad de sus informaciones. Por lo
menos yo no lo pens siquiera. Tal vez alguno esperara escucharlas en la
radio, slo por costumbre o para sentirse ms seguro. Lo cierto es que el
difunto a tiros haba sido retratado con precisin casi fotogrfica por el
informante y fijado luego en la retina y el cerebro de sus escuchas. Su
narracin era, pues, una verdad sin atenuantes.

Es probable que para los dems, no muchos en realidad, ms all de la
fascinacin de escuchar de viva voz un suceso que haba incitado a un carro
de polica bajar a toda velocidad por la calle, fuera comn el incidente.
Tampoco era extraordinario el acompaamiento de la sirena de una
ambulancia, que se sumaba a las confirmaciones no pedidas sobre una
tragedia de proporciones entonces imprecisas. Con seguridad ese muerto no
era el primero que entraba a formar parte de sus registros cotidianos. Se
adverta que algunos habitaban inconscientes en sus archivos mentales
despus de haberlos visto en vivo cados en alguna calle, otros desde la
pantalla de un televisor en cualquiera de los noticieros a la hora del
almuerzo, muchos quizs en las pginas desechables de un peridico, en
algunas pginas web en Internet o en el estruendo noticioso de la radio.
Ahora este otro penetraba por nuestros odos amortajado en una rfaga de
palabras que pareca imparable. Puro sonido y mmica, pero como si lo
viramos.

Pasado el impacto de la narracin, el corrillo se dispers en medio de
murmuraciones: algo acerca de la inseguridad, el descuido del gobierno por
lo social, el hambre y otras puyas semejantes, quejas casi tan
tradicionales para todos como la muerte. Al poco tiempo ya no haba nada,
slo gente que suba o bajaba entre risas o maldiciones, con el fardo a
cuestas de esta vida que nos ha tocado vivir a nuestro pesar en estos
tiempos.

En medio de la muerte, como ha sido nuestro transcurrir en los ltimos aos
de nuestra vida en este territorio de mesas intiles y bandidos, una ms
importa poco, tal vez sea un ingrediente adicional que posibilita el
reinado de la indiferencia.

Despus de escucharlo, sigui en mi interior el suceso contado y, como es
usual en m, comenc a fabularlo, a rodearlo de cierta teora, no tanto
acerca de las muertes violentas o los motivos sociales, econmicos y hasta
polticos de su ocurrencia casi a diario, sino en el poder de la palabra.
Es una maravilla experimentarlo, as sea desde la tristeza de una defuncin
forzada. Ojal ustedes hubieran visto el rostro anhelante de los oyentes, o
escuchado los comentarios producidos despus del relato del contador de
noticias y de su desaparicin de la escena, como si nunca hubiera existido
en la esquina y el corrillo de ese da, atormentado por el calor. Lo cierto
fue que algo cambi en todos despus de la noticia, convertida en
espectculo callejero.



De lo oral a lo escrito

Y, fjense ustedes, al da siguiente el diario dejaba constancia del
suceso, un tanto fra por lo escueto y preciso de su redaccin. Como podrn
imaginarse, la noticia me decepcion, comparada con la narracin escuchada
de viva voz el da anterior. El hecho era el mismo, pero no tena la fuerza
del contador o, mejor, de ese medio de comunicacin primario o primitivo,
como de hecho lo ha sido a travs de la historia la narracin oral. Y con
sabor a chisme de corrillo. Una foto del occiso tirado en la acera sobre un
charco de sangre evitaba, por ejemplo, la descripcin de su vestuario, que
para el contador haba tenido su propia historia: dijo, palpndose el
cuerpo, que haba sido regalado al supuesto indigente por una piadosa
seora que viva en la misma cuadra donde sucedieran los hechos. No era
robado, entonces, como pensaron algunos. Si hubiera querido, con seguridad
el narrador nos hubiera informado la marca del vestido y los datos del
almacn donde fuera comprado antes de ser desechado por desgaste, por los
condicionamientos de la moda, por simple consumismo o por la generosidad de
su propietario. Slo se limit a describir los agujeros manchados de sangre
que haban ocasionado los disparos y haban echado a perder el vestido.

Entonces decid escribir la historia, tal vez para darle la importancia que
el contador haba logrado imprimirle con su narracin y borrar as mi
decepcin por la noticia impresa. Fue un reto personal, consecuencia
directa de mi experiencia como escucha curioso y ocasional en esa tarde y
esa calle, incendiada de sol, y de mi obsesin por escribir aquello que me
impresiona de la vida. Debo confesar que no tuve necesidad de mayores
esfuerzos para lograr mi escrito, los hechos fluyeron con la vertiginosidad
del relato escuchado. Era como si me hubiera convertido en el contador,
pero con la posibilidad de corregir, de revisar, de buscar mejores palabras
para el cuento. Y sin espectadores, solo frente a la pantalla de mi
computador. Sin embargo, saba que tena la obligacin de darle la misma
fluidez de vrtigo y el mismo poder de cautivar a un esquivo y supuesto
lector, tanto como l nos haba cautivado a sus ocasionales escuchas el da
anterior.

Me sent libre con el tema. Sentira l la misma libertad cuando nos
hablaba con tanta soltura y propiedad? Fabulara como yo sobre la vctima?
Por mi parte, imagin, por ejemplo, un origen para el indigente, un mvil
para el crimen, le puse nombre a cada testigo, uno de ellos con la estampa
del narrador de marras, le invent una procedencia y unos amores al occiso
y en diez cuartillas dej consignado ese suceso tan cotidiano para muchos,
tan deprimente para m.



El hecho comentado

Dos das despus un columnista retomaba esa muerte y describa, con la
misma precisin de la noticia, el asesinato del indigente. Pero el hecho le
serva tambin para opinar sobre la pobreza creciente de la poblacin, la
impunidad, la falta de solidaridad humana que ensombrece nuestros das y
conclua con su aporte de algunas soluciones para contrarrestar la
inseguridad que, como un flagelo, avanza por el tejido social en un
panorama apocalptico, segn sus palabras. Haca comparaciones con otros
hechos de la misma ndole, un poco ms subidos de estrato social o, por lo
menos, en otros escenarios menos srdidos. La muerte, segn el columnista,
no respeta condicin social aunque haya sucedido en una esquina con
jardines o en una acera convertida en basurero. Conclusin poco afortunada
por lo obvia, aunque muy autntica.

Como dije antes, haber estado en ese corrillo y haber escuchado semejante
noticia me llev a la reflexin y a la teora. Sobre todo, me abri a las
mltiples posibilidades que se originan de un hecho de sangre como ese, tan
comn y corriente hoy en da. En primer lugar, pens, la verdad nunca es
absoluta. Un hecho como el descrito haba posibilitado tres miradas
distintas, cada una de ellas con su verdad indiscutible: una, oral,
matizada con las imprecisiones del habla comn, las repeticiones, las
muletillas del lenguaje, las vulgaridades del lenguaje popular. Otra,
escrita, en un texto de opinin, una crnica en la cual, adems de la
noticia escueta, precisa e incontrovertible, hubo espacio para el anlisis
y para escoger las palabras apropiadas. Y una literaria, tambin escrita,
en que la imaginacin adornaba lo sucedido e inventaba personajes e
historias subyacentes, manejaba el lenguaje a su acomodo, aunque el hecho
segua siendo el mismo.

Y una ms, la posibilidad hipottica de que ese incidente pasara a la
historia, no tanto porque hubiera sido una tragedia colectiva, aunque
debiera serlo, o un acontecimiento que fuera a transformar el
comportamiento de la sociedad desde ese momento en adelante, sino por lo
annima, aunque tragedia al fin de cuentas, smbolo del comportamiento del
hombre en una poca precisa: la nuestra.

En segundo lugar, tuve que convencerme del poder de la oralidad, la cual
requiere, como la escritura, de habilidades especiales para desarrollarse.
Todos podemos hablar o escribir, qu duda cabe, pero hacerlo bien ya es
otra cosa, requiere de mayores conocimientos y de una experiencia mental
ms desarrollada. Tambin se puede agregar la habilidad, como en cualquier
oficio que sea abordado por el hombre. Tal vez por ello la preponderancia
de la radio en nuestro medio, su presencia en nuestros pueblos antes que el
libro y la prensa escrita, su poder de penetracin en las diversas capas de
nuestra sociedad y su utilizacin para informar lo que se quiera informar y
hacer pensar lo que se quiere hacer pensar.

La noticia se olvidar, como es obvio, y quiz el peridico se conserve en
un archivo, que algn da ser histrico. Cualquier investigador acucioso,
varios das, meses o aos despus, necesitar incluir esa muerte en una
estadstica o demostrar, con ella y su suma, unas pautas de comportamiento
de nuestra sociedad contempornea. No se descarta tampoco que el columnista
haya tocado las fibras sensibles de algunas damas de la sociedad y las haya
influido de tal modo que se decidieran a crear una fundacin, por ejemplo
la Fundacin del Indigente Desprotegido, FID, y con ella lavaran un poco su
propensin a la culpa, o su deseo ntimo de demostrar en pblico su amor a
la humanidad. Y el cuento, mi cuento, tal vez fuera publicado en una
revista o en una antologa del cuento fantstico, para que lectores
imprevisibles se admiren de una poca en que los habitantes de una ciudad
del siglo XXI salan de sus casas para su trabajo pero no tenan la certeza
de regresar en la noche, vigorosos y saludables, a la intimidad de sus
hogares.



Posibilidades de escritura

La reflexin me sirvi para convencerme, adems, de la existencia de varios
gneros escriturales, de los cuales puede servirse el escritor como
vehculo para dar testimonio de la vida que le ha tocado en suerte: la
noticia, la crnica o la literatura. Cualquiera de las tres, habladas o
escritas, siempre diversas y cautivantes, siempre en su labor esencial de
comunicar a quien escribe con quien lee o a quien habla con quien escucha.
En verdad, prefiero el cuento, ustedes me comprendern, por la posibilidad
de crear un mundo a partir de un mundo ya creado. No creo que pueda llegar
a ser historiador, el que escudria con minuciosidad de relojero los hechos
del pasado y con la misma precisin los reconstruye, ni el que se afana en
historiar el hecho reciente y deja constancia de l para el futuro en un
texto escrito. Fuera del cuento me entusiasma tambin la crnica, por la
posibilidad que tiene de usar el lenguaje literario y especular a partir de
acontecimientos reales, pero sin desvirtuarlos.



Parecidos y diferencias

La noticia es un producto del periodismo informativo. La crnica, en
cambio, es un hbrido entre el periodismo informativo y el periodismo
interpretativo. El cuento es una reinvencin de la realidad pero sin
apegarse a ella, a mi juicio con mayor libertad que las otras posibilidades
narrativas.

La crnica, entonces, es una forma de la historia cotidiana, una manera de
reinventar los acontecimientos a travs de la reelaboracin cronolgica de
los hechos, vistos con la ptica personal del escritor o del periodista.
Mirada que descubre detalles no contados en la noticia, posibilidades de
profundizar, de opinar y moralizar, incluso de hacer juicios de valor, para
entregar a quien la lea mayor riqueza sobre el caso que la haya motivado.
Se escribe sobre hechos que ya fueron noticia y el escritor en ella, a
diferencia del historiador, se apropia de los acontecimientos desde la
subjetividad. Se solaza en suspenderse en la lnea recta de la evocacin o
en la directa del acontecimiento para narrar, describir o demostrar su
visin del mundo circundante. De ah que la historia, tradicional y
esttica, segn la cual el pasado es inmodificable -algo as como la verdad
revelada e inamovible-, sea menos atractiva para el lector comn y, por
tanto, rebasada por la crnica, pues sta es ficcin y aqulla se viste con
la etiqueta de la ciencia y su solemnidad. sta crece ntimamente ligada a
la emocin en tanto la razn lo est de la historia y su ropaje de
inviolabilidad. Sin olvidar, por supuesto, que la crnica no debe alejarse
de la realidad en ningn momento, como pudieron advertirlo a raz del
asesinato del indigente con la narracin oral, la noticia, la crnica y el
cuento.

As que la noticia es la manera de dejar constancia histrica de un suceso
y la crnica una forma de recrearlo para hacerlo ms cercano, mucho ms
convincente y agradable. En la crnica habr siempre un apego al objeto
comentado a partir del cual el escritor debe conducirse sin tomar partido,
es decir, ser neutral frente a la sociedad y al hecho mismo. En la medida
en que lo haga, podr acercarse ms al lenguaje y darle belleza a la
narracin, lo que emparenta la crnica con la literatura. De hecho, muchos
consideran la crnica como un gnero literario.



Ocaso de la crnica en los medios?

La crnica, sin embargo, casi ha desaparecido en el periodismo de hoy en
da. O ha sido desplazada a otros medios menos populares que los diarios,
ms exclusivos tal vez. Lo imperioso de la agilidad y de la brevedad ha
hecho que se prefiera la noticia escueta a la opinin que, por lo general,
estimula su ocurrencia. Y la brevedad noticiosa es enemiga de la crnica.
Por ello ha sido sustituida en los diarios por la nota breve y las
imgenes, muchas imgenes, que dicen lo que no dicen las palabras.

Sin embargo, es indudable que la necesidad del anlisis, del detalle
revelador que no se concreta en la noticia, haya hecho que la crnica sea
asumida por los columnistas de opinin, aunque ellos no siempre manejen el
lenguaje literario y tambin estn acosados por el sndrome del espacio y
el tiempo de lectura de sus lectores.

Como ven, hay una gama de posibilidades para asumir un hecho concreto que
conmueva las fibras de la sociedad o la sensibilidad de quien escriba.
Ustedes pueden asumir la crnica, por ejemplo, pero deben recordar que los
hechos no deben desvirtuarse aunque se escriban con el fluir narrativo que
sobrepase la noticia escueta, la evocacin, el recuerdo, los personajes,
los lugares, los hechos o situaciones que conmuevan sus fibras interiores.
Por eso, a partir del corrillo y del informante, aquel asesinato pudo ser
noticia, crnica y literatura, esas alternativas que tenemos para
comunicarnos y ser conscientes del mundo en que vivimos.

Como conclusin podra decirles que todo lo que sucede a nuestro alrededor
es susceptible de ser contado, bien en forma escueta como en la noticia,
bien con anlisis y conclusiones como en la crnica o reinventado como en
la literatura. Sea cual fuere la forma escogida, no hay en ella valores
mayores que la sinceridad, la honestidad y la belleza para conectarnos con
ese mundo que esperamos ha de ser mejor para bien de todos. Y que el poder
de la palabra no destruya y empobrezca la vida sino que la haga entendible
para que florezca hoy, cuando necesitamos ms jardines que cementerios y
ms palabras justas que estruendo de fusiles y caones.

** Benhur Snchez Surez
   bsanchsu@banrep.gov.co
   Escritor colombiano (Pitalito, Huila, 1946). Ha publicado las novelas:
   La solterona (1969), El cadver (1975), A ritmo de hombre (1979), La
   noche de tu piel (1979), Venga le digo (1981), Memoria de un instante
   (1986), y As es la vida, amor mo (1996); los libros de cuentos Los
   recuerdos sagrados (1973) y Cuentos con la Mona Cha (1997); los libros
   de ensayo Narrativa e historia (1987), Identidad cultural del Huila en
   su narrativa (1994) y Esta noche de noviembre (1998).



|||||||||||||||||||||||||||    SALA DE ENSAYO    ||||||||||||||||||||||||||

=== El Per y el Quijote      Carlos Olazbal Castillo ====================

Como es conocida, la relacin del Per con el Ingenioso Hidalgo Don
Quijote, se inicia casi en forma inmediata a la salida de la imprenta de
Juan de la Cuesta de la edicin prncipe. Es as que en octubre o noviembre
de1607, a slo 2 aos de publicada la obra y al ao de la llegada a Lima de
los primeros 72 ejemplares de la obra cervantina, en el lejano e
inaccesible, en ese momento, pueblo de Pausa (Ayacucho), se realiz la
primera representacin en suelo americano de los principales personajes del
libro. De acuerdo con los documentos publicados en 1911 por el ilustre
cervantista Francisco Rodrguez Marn, sabemos que con el fin de celebrar
el nombramiento del Marqus de Montesclaros como Virrey del Per, el
corregidor de Parinacochas, Francisco de Alava y Noruea organiz una
"fiesta de sortija", en la que, se present el "cavallero de la Triste
Figura don Quixotte de la Mancha, tan al natural y propio de cmo le pintan
en su libro, que dio grandissimo gusto berle. Bena cavallero en un cavallo
flaco muy parecido a su Rocinante, con unas calcitas del ao de uno, y una
cota muy mohoza, morrin con mucha plumera de gallos, cuello del dozabo, y
la mscara muy a propsito de lo que representaba", le acompaaban el cura,
el barbero y la infanta Micomicona, y por supuesto el fiel Sancho Panza
"graciosamente bestido, cavallero en su asno albardado y con alforjas bien
proveydas y el yelmo de Manbrino". El cordobs Luis de Glvez, quien
represent al Quijote, compitiendo con otros personajes, obtuvo el premio a
la mejor interpretacin. 400 aos despus un grupo de estudiantes
iberoamericanos, como parte de la Ruta Quetzal, rindieron su homenaje a
Cervantes en el mismo escenario.



Un Obispo cervantista

Entre 1779 y 1784 fue obispo del Cusco el arequipeo don Juan Manuel
Moscoso y Peralta, quien en un primer momento fue consejero de Tpac Amaru
y alent sus planes de rebelin; sin embargo, luego mostr su
disconformidad con las acciones de ste, por lo que fue expatriado a Espaa
para explicar su conducta, donde luego asumi el arzobispado de Granada y
es en esta posicin cuando, en 1795, manda edificar un palacio en la
localidad de Vznar. Nada tendra de extraordinario, si es que no estuviese
ornamentada con 12 pinturas murales con escenas del Quijote a escala
natural, lo cual nos muestra la gran aficin que el arzobispo tena por
este libro y que ya se poda notar en su estada en el Cusco. Entre las
pinturas se encuentran la escena donde el Quijote pierde el juicio por sus
innumerables lecturas, las aventuras del Yelmo de Mambrino, de los
Yangeses, de la cueva de Montesinos, la batalla con los odres de vino y
por supuesto la de los molinos de viento. Las reproducciones se tomaron de
la edicin preparada en 1778 por la Real Academia. Este palacio ha sido
declarado monumento histrico-artstico por Espaa y hoy es conocido como
el "Palacio del Cusco".



Autores peruano y el Quijote

Desde esa poca, mucha agua ha corrido bajo los puentes del Rmac, y muchos
han sido los autores peruanos que se han ocupado, desde diversos ngulos,
de la figura quijotesca. As, desde la perspectiva literaria, podemos citar
a Ricardo Palma y su tradicin sobre el primer ejemplar del Quijote en
Lima, Ral Porras Barrenechea, el cusqueo Jos Gabriel Cosio, Jos de la
Riva Agero, Javier Prado, Oscar Mir Quesada y Aurelio Mir Quesada, quien
en 1947 con motivo del cuarto centenario del nacimiento de Cervantes
public una serie de artculos sobre la relacin de Cervantes y el Per y
por supuesto de la mencionada fiesta de Pausa. Ese mismo ao la Universidad
de San Marcos, organiz una semana celebratoria de la que luego se
publicaron las ponencias de Luis Alberto Snchez, Jos Jimnez Borja,
Augusto Tamayo, Manuel Beltroy y Jos Gabriel. Tambin en ese ao y
siguiendo con el homenaje a Cervantes, Emilio Costilla Larrea publica un
libro en el que trat de demostrar que la obra de Nietzsche fue inspirada
en la de Cervantes. Adems tenemos ensayos sobre Cervantes y diversos
aspectos de su obra realizados por Alberto Tauro, el maestro Luis Jaime
Cisneros, el poeta Marco Martos y el crtico Carlos Garca Bedoya.

El Quijote tambin inspir a algunos autores, quienes tomndolo como
personaje crearon o tabularon nuevas historias; as podemos mencionar a
Juan Manuel Polar, autor de Don Quijote en Yanquilandia, publicado en 1925,
a Jos Flix de la Puente con su novela Herencia del Quijote (1934), a Juan
Ros y su obra teatral Don Quijote, y, en tiempos recientes, a Luis Enrique
Tord con Cide Hamete Benengeli, coautor del Quijote.

Desde la ptica del derecho, ilustres juristas han analizado a Don Quijote,
as tenemos al doctor Jos Len Barandiarn, al abogado trujillano Jos
Montenegro Baca, quien en un libro con dos ediciones realiza un singular
exgesis desde el punto de vista del derecho del trabajo. El doctor Jorge
Eugenio Castaeda lo hace desde la opcin del derecho civil, repasando las
diferentes instituciones jurdicas contenidas en el libro y por su parte el
doctor Roberto Mac Lean, en un ensayo reciente, nos presenta la justicia
como ilusin en Don Quijote.

Otros autores que se han ocupado del hidalgo manchego son el siquiatra
Segisfredo Luza, quien pregunta si es un enfermo mental, un mstico
desesperado o un hroe, mientras que Edmundo Len y Len nos ilustra sobre
el sentido de la paz en la mentalidad de la poca.

El arte no ha sido ajeno a esta magna obra, y el pintor Fernando de Szyzslo
realiz algunas ilustraciones para la primera edicin peruana, mientras que
Flix Oliva ilustr completamente con motivos contemporneos una edicin
facsimilar a la de 1735. El arte popular ha tomado las figuras del Quijote
y Sancho como motivo de sus obras, las que se presentan en trabajos de
madera, metal y arcilla y las que se pueden encontrar en plazas y ferias.

En este ao de aniversario, el Per no poda estar ausente y, sumndose a
los mltiples homenajes, el diario El Comercio logr que el Quijote fuera
traducido al quechua, obra que realiz Demetrio Tpac Yupanqui y cuenta con
las ilustraciones de los pintores populares de Sarhua. Por otra parte, el
doctor Bernardo Alborhn Alvarado nos muestra su actualidad en el libro
titulado El Quijote para empresarios, donde aplicando las diversas teoras
de la administracin moderna nos presenta a un Quijote dando consejos a los
responsables del manejo de las empresas. Esa misma actualidad es puesta de
manifiesto por el ilustre novelista Mario Vargas Llosa, quien fue escogido
por la Real Academia de la Lengua Espaola para prologar la edicin
conmemorativa del cuarto centenario de su publicacin, ah seala que el
Quijote "es un canto a la libertad" y que su modernidad "est en el
espritu rebelde, justiciero, que lleva el personaje a asumir como su
responsabilidad personal cambiar el mundo para mejor".

Hasta donde tenemos conocimiento, las obras de Montenegro Baca y la de
Ahlborn Alvarado son las primeras que en su gnero se realizan,
enriqueciendo as la voluminosa bibliografa que sobre esta magna obra se
han hecho y, como don Quijote y Sancho, seguirn recorriendo los caminos
del mundo en busca de deshacer entuertos, defendiendo mozuelos dbiles,
delicadas damas y haciendo sonrer a caballeros distrados.

** Carlos Olazbal Castillo
   olazabalc@hotmail.com
   Investigador peruano (Ollantaytambo, Cusco). Ha publicado algunos
   artculos sobre cultura e historiaen diversos medios impresos y es
   asesor de Tampu, Revista de Cultura Andina.



|||||||||||||||||||||||||||||||    LETRAS    ||||||||||||||||||||||||||||||

   *** Desde el signo que me nombra (extractos)
       Lilia Boscn de Lombardi

   *** Dos cuentos
       Ricardo Mena Cuevas

   *** Poemas
       Sergio Manganelli

   *** Papi, qu rico lo haces!
       Olimpia Chong-Carrillo

   *** Homenaje a Mercedes Pardo
       Enio Escauriza

   *** El da de suerte
       Jos A. Bravo de Rueda

   *** Cinco poemas
       Gladys Ilarregui

   *** Para ser feliz hay que cantar
       Laura Garca

   *** Los versos ms escandalosos
       Gricel vila Ortega

   *** Extremidades
       ngel Olgoso

   *** Palabra, planetas, ncleo, escapar: como poemas
       Salomn Valderrama Cruz

   *** Soledades
       rica Rozek

   *** Avuso (extractos)
       Yanina Magrini

   *** Bajo la lluvia
       Beatriz E. Mendoza

   *** De este lado del infierno (extractos)
       David Omar Jurez

   *** El lder del desierto
       Roderick Guzmn Meza



=== Desde el signo que me nombra (extractos) ==============================
=== Lilia Boscn de Lombardi ==============================================

      (Nota del editor: con diversos trabajos ensaysticos publicados y una
      dilatada trayectoria como investigadora ligada a la Universidad del
      Zulia, la docente venezolana Lilia Boscn de Lombardi public su
      primer libro de poesa, Voces de la memoria, en 1995. Hoy presentamos
      a nuestros lectores algunos textos de este nuevo poemario, Desde el
      signo que me nombra, an indito).

Se encuentran los extremos de la duda
en la misma decisin atormentada,
una red oculta
asciende a la altura de mi pecho
penetra por las venas
se sumerge en los recodos de la mente
me atrapa indefensa.

===

El sol derrite las orillas
slo la luz quiebra el silencio,
el patio brilla
un hilo de agua
dibuja los bordes de la vida.

===

Mscara de salitre
escindida
entre dos fuegos,
subterrnea
demolicin de las quimeras,
sueos que se ensartan
en silente mansedumbre
sin atisbos
de seales desmedidas
sin asomo de ternura
en las manos dolientes
hambrientas de infinito.

===

Como una huella
la gota derramada
desnuda
imborrable.
Races de los nombres
giran en el viento,
imgenes de pueblos
se repiten en los sueos,
casas cerradas
convocan a la nostalgia.
All lejos
se oye tu voz
como un eco de los das.

===

El ro se devuelve
en el sentido de mi cuerpo,
busca la orilla circular
de la simiente
hmeda quietud,
arena y musgo
en el lecho oscuro
del fondo del abismo.

===

En la aridez intil del retorno
el viento traza figuras de jinetes,
recorro la distancia de los das
como un ave en la intemperie,
la luz cabalga en mis orillas,
ptalos de sombra
se anidan en mi pecho.

===

Latidos de la noche
en los pasillos de luna,
una gota intermitente
derrumba las paredes,
crujen las ataduras,
la vida se desliza
como un ro de llamas
que nace en la penumbra.

===

Voces extraas
susurran historias
que me pertenecen.
Una imagen
se inclina
en el borde del recuerdo,
los ojos
reflejan los ancestros
la sonrisa
no anticipa el desenlace
ni la huda apresurada.
El cielo se oscurece
la noche avanza
como una despedida.

===

Frgil textura
distinta forma de sentir
en la simiente de la duda,
la hierba se humedece
al contacto con los astros,
yo avanzo cautelosa
antes de convertirme
en ola pasajera
que se funde con la arena.

===

Avanza el miedo
hasta el borde del grito.
La montaa
es una puerta cerrada
que la angustia golpea,
los pies se hunden
en el crculo del agua,
la lluvia contina
como una oracin
de los tallos sepultados.

** Lilia Boscn de Lombardi
   liliaboscan@hotmail.com
   Investigadora venezolana (Valera, Trujillo). Profesora e investigadora
   jubilada de la Universidad del Zulia (http://www.luz.edu.ve). Es decana
   de Investigacin y Postgrado y directora de Publicaciones en la
   Universidad Catlica Cecilio Acosta (http://www.unica.edu.ve) de
   Maracaibo. Ha publicado los libros de ensayo Aproximaciones crticas a
   la narrativa de Ernesto Sbato (1978), Huellas en el tiempo. La poesa
   de Miguel Hernndez (1987), Sobre arte y literatura (1993), El teatro
   Baralt y la ciudad (1998) y El fracaso de la libertad. Garca Lorca y la
   tragedia griega (primera edicin, 1994; segunda edicin, 2000), y los
   poemarios Voces de la memoria (1995), Surco de origen (2000) y En el
   corazn del vrtigo (2002).



=== Dos cuentos      Ricardo Mena Cuevas ==================================

*** El crculo minoico

Hace una semana recib la llamada de M., un amigo mo arquelogo -un poco
loco, pero muy querido por m-: "Creo que he encontrado la clave del
crculo minoico", me dijo. Acept quedar con l al da siguiente para que
me explicase su descubrimiento.

M. es un arquelogo apasionado por lo griego con una tesis a sus espaldas
que ya le ha consumido parte de su sentido comn -y parte de su sexto
sentido-; en un viaje a Berln y luego a Grecia hace un ao, tuvo la
oportunidad de confrontar sus tesis de investigacin sobre la cultura de la
civilizacin minoica surgida en Creta en el 2500 y desaparecida
enigmticamente en el 1600 a.C., con el profesor alemn Gnter Stelt y con
el profesor Nilsson. Sus anlisis partan del hallazgo de la necrpolis por
el arquelogo alemn Schlienmann en 1876. La necrpolis en cuestin
presentaba seis tumbas rectangulares bajo tierra, que contenan a dieciocho
difuntos, y que estaban dispuestas en el interior de un crculo de piedra.
Aquel hallazgo era el principio de toda su tesis.

A la muerte de Schlienmann en 1890, las excavaciones fueron continuadas por
el profesor Evans, el cual demostr que ese enterramiento circular, aun
siendo continental y estar anclado en Micenas, en pleno Peloponeso,
presentaba claras influencias minoicas, pues las excavaciones demostraban
que las tablillas encontradas en el ajuar funerario estaban inscritas en
lineal B de Cnoso, la lengua minoica, hiptesis estudiada y confirmada por
las tesis de Wace en 1952; pero lo que ms impresion a M. investigar a lo
largo de todo aquel ao en Alemania y Grecia fue que, en una de las tumbas
de la necrpolis limitada por aquel crculo de piedra, se encontr, entre
una gran cantidad de oro, cermica y puales, una copa en forma de cabeza
de toro.

Al encontrarnos al da siguiente a la cada de la tarde, con un crepsculo
que ribeteaba de color persa el cielo, M. me habl de este modo mientras
caminbamos hacia una cafetera junto al Guadalquivir:

-Habl con el profesor Nilsson sobre los enterramientos circulares minoicos
de Creta. Ambos compartimos la tesis de que Minos no era un rey particular,
sino una especie de ttulo parejo al de Faran, un ttulo teocrtico, con
lo que se explica su mencin histrica en la Odisea de fecha tan posterior
a la extincin de la civilizacin minoica primigenia. De ah conclu que el
origen de la necrpolis descubierta por Schlienmann era minoica y ello,
adems, por la razn de que, adems de las tablillas, el oro y los puales,
se encontr una cornucopia en forma de toro junto al rey difunto. Eso
evidenciaba que el rey era de la religin de los minoicos sin ninguna duda.

"La religin minoica se basaba en el naturismo, entiendes?; los minoicos
crean que la naturaleza era movida por la fuerza vital natural, con lo que
el motor primero iniciaba una dimensin cclica del universo eternamente
recreada. Y la clave es la copa en forma de toro junto al rey; porque el
toro representaba para los minoicos esa fuerza vital de la naturaleza que
todo lo mova; por eso el toro celeste de los minoicos fue Zeus en su
versin postminoica; por eso Zeus masculino rapta a Europa, su lado
femenino, y por eso ambos fecundan al hijo, al hombre-dios, al Minotauro".

-Pero, a dnde quieres llegar? -le pregunt sin entender nada; a lo que mi
amigo me contest:

-Quiero llegar a que la clave de la necrpolis la haba visto tantas veces
que no la haba visto! Porque no tena perspectiva, porque haba nacido
vindola todos los das como algo propio; porque la religin minoica, su
paganismo cclico representado por el padre, el rey teocrtico Minos, la
madre, la tierra Europa, y el hijo, el hombre-toro, el Minotauro, todo ese
ritual pagano se representa hoy en da dentro de un crculo en donde a la
muerte se la representa y se la diviniza en forma de sangre y sacrificio.
Aqu tienes la necrpolis circular de Minos! Aqu se entierran a los
muertos y se festeja al arcano paganismo minoico en donde el dios no es
crucificado, sino rodeado por un crculo de piedra en donde slo se sale
siendo hombre-dios bebiendo de la copa ensangrentada en forma de toro!
Este es el crculo minoico, la necrpolis donde se entierra a los reyes
hroes minoicos hoy da!

Mir frente a m y vi la plaza de toros de Sevilla. Entonces todo aquel
crculo de muerte y sangre y fuerza se abri ante m con todo su universo
cclico y toda su eternidad repetida. Y el crepsculo color persa dio paso
a la ms oscura de las noches. Y me perd en su laberinto.



*** Cmara oscura

                                 Yo slo estoy desarrollando un tema (...),
                                   es decir, estoy adelantando la nocin de
                                         que la gente que lleve mscaras ha
                                           cesado de ser una rareza, seor,
                                         y que es difcil hoy da reconocer
                                        al hombre bajo la mscara, seor...
                                                 F.M. Dostoyevski: El doble

Cuntas veces se haba impuesto la ardua tarea de sentarse a escribir, Jos
Jota no podra decirlo; pero ocurre en la vida de las personas tenaces y
perseverantes como Jos Jota, lo mismo que les ocurre a los perros de
presa: que no retroceden frente a nada y, al final, por suerte para muchos,
o por justicia para otros, tanto el hombre como el perro acaban por
conseguir lo que buscan.

No diremos que Jos Jota consigui cazar su anhelada presa, porque eso
sera dar rienda suelta a una cnica metfora indeseable, pero s es cierto
que, tras muchos intentos, derrotas y sinsabores, Jos Jota se sent un da
y consigui escribir un cuento cuyas consecuencias fueron conocidas y
divulgadas por la prensa, de cuya noticia me hago yo ahora eco.

As es que, aquel da, Jos Jota se sent a la mesa de su pequeo cuarto y
esper hasta encontrar la inspiracin.

Qu clase de inspiracin era la que esperaba Jos Jota, joven de grandes
principios y de fuertes ideales conservadores, no podemos asegurarlo; mas
s diremos que all se sent frente a la ventana que daba a la calle
Lepanto y que all estuvo sin moverse hasta que su mano derecha se movi
para escribir este ttulo: "Cmara oscura". Un rayo cruz su mente; se
irgui en su silla como electrificado, rectific su arqueada espalda para
ponerla tensa como el arco antes de lanzar su flecha -y dispar. Esto fue
lo que comenz a escribir nuestro Jos Jota en estado de trance:

      "Las voces se haban disipado cuando entr en la casa. Todo estaba
      silencioso. Max Medina senta el corazn encogido. Haba visto entrar
      a aquella figura en la casa; estaba seguro -se deca parado a la
      entrada de la casa abandonada-, estaba convencido de que aquella
      figura que le haba estado espiando desde haca una semana, de pie
      frente a su ventana, haba entrado en la casa abandonada.

      "-Piensa! Piensa con calma! -se dijo mientras aleteaba su mano
      derecha nervioso; entonces decidi andar hacia la amplia escalera que
      suba desde el lado derecho del saln-. Ha subido..., creo..., creo
      que ha subido hasta arriba -se dijo; luego, aterido de fro y miedo,
      se cuestion qu tena que ver toda aquella absurda historia con l,
      porque, si de algo estaba seguro Max Medina, era de que era un
      cobarde.

      "Prestando atencin, Max Medina se par frente al comienzo de la
      escalera; entonces lleg ese pensamiento a su cabeza que tantas veces
      le haba guiado en la vida: su instinto de supervivencia le dijo que
      volviese a casa y que lo que haba all arriba no era de su
      incumbencia. De sbito, un crujido. Se dio la vuelta y vio que la
      puerta de la entrada se abra lentamente y que de ella procedan unos
      pasos cansinos, lentos, como ancianos.

      "All se descubri entonces una figura envuelta en lo que pareca una
      gabardina; aquella espalda, como si se esforzase por soportar un gran
      peso desproporcionado, dibujaba una extraa reverencia. La figura
      cerr la puerta tras de s, bloqueando as el paso a la luz de la
      luna que haba estado haciendo vvido el contorno de su cuerpo. El
      crujido de la puerta de madera acab por morir justo en el momento en
      que se hizo la oscuridad en el saln.

      "-Pensabas que te ibas a escapar, Max? -dijo quedamente la figura
      acercndosele y, dominando lo que pareca una gran clera interior,
      dicindole abruptamente con sarcasmo-: Dnde has estado todo este
      tiempo, Max? Por qu te escondes de m, de la nica persona que sabe
      cmo eres realmente, Max?

      "En la planta de arriba se escuch una puerta abrirse con lentitud,
      unos goznes chirriando; al instante el sonido de unos pasos rpidos
      se sucedieron a la apertura de otra puerta que restall con un golpe
      seco. Un llanto de mujer recorri la planta superior, apagndose
      luego. Afuera, un vecino abra la tapa de un contenedor para echar la
      basura. Ladraba un perro. Max comenzaba a sollozar.

      "Ah fue cuando la figura se desabroch la gabardina y blandi un
      gran cuchillo con parte de su hoja serrada; alz la mirada al piso de
      arriba desde donde haban provenido aquellos chirridos, aquellos
      pasos inquietos, aquel golpe final de una puerta y aquellos llantos
      de mujer y volvi a hablar de nuevo, esta vez quedamente:

      "-Slo el que tema salvar su vida la perder, querido Max. No debes
      tener miedo de m, porque slo quiero ayudarte -le dijo sonriendo y
      achinando los ojos la figura-. Crees en el destino, Max?".

El bolgrafo de Jos Jota se par y nuestro protagonista volvi a mirar a
la calle Lepanto en busca de esa inspiracin que siempre le abandonaba en
el ltimo momento.

En el saln poda escuchar las voces que salan de la televisin que tena
puesta su hermano; aquello le hizo perder la intensidad, esa intensidad que
era la nica catalizadora, la nica capaz de obrar el milagro de la
creacin literaria original.

-Dios es intensidad -se dijo Jos Jota suspirando entonces, sus ojos
cerrados-; la vida es intensidad, el amor es intensidad, el dolor es
intensidad; todos los momentos montonos son momentos muertos, lagunas de
aguas estancadas donde se pudren nuestras existencias a la espera de otra
ola, de otra tormenta, de un nuevo impulso refrescante del viento...
Necesito volver a conseguir la intensidad! -se dijo mirando la calle
conteniendo lo que iba a ser un golpe sbito de su mano derecha, la cual
qued pendiente en el aire, indecisa, dudando entre caer o reposar
tranquila y pacfica sobre la madera del escritorio.

Se call. Volvi a quedarse en trance, absorto, quieto; su mente comenz a
perderse divagando a travs de la calle, ms all del cine Central, ms
all del Caf de Indias donde sola ir con Paz no hace mucho, su Paz, su
pequea y frgil Paz que le peda que se centrase en sus estudios y se
calmase.

-Juntos -prorrumpi abruptamente entonces Jos Jota-; juntos..., juntos los
dos en una sola casa para ser felices, en una casa para nosotros solos, una
casa..., una casa a oscuras en donde tener..., donde meter nuestros
recuerdos..., nuestro propio cuarto...

Y al terminar de balbucear aquellas palabras, el joven escritor volvi a
recoger la flecha certera de la inspiracin que estaba buscando. La
intensidad haba vuelto! Una nueva ola recorra ya la laguna estancada. El
viento haba vuelto. Los muertos tiempos resucitaban ms fuertes y
violentos. Volvi a escribir:

      "La figura alcanz a Max que estaba apoyndose contra la pared, cerca
      del comienzo de la escalera en forma de media luna que llegaba hasta
      el ttrico y desconocido piso de arriba; los ojos cerrados y las
      manos en los odos, el atormentado Max sollozaba e intentaba moverse
      sin xito: estaba paralizado presa del pnico. Sinti al instante el
      golpe de una mano cadavrica en su hombro derecho.

      "-Sube! Te voy a llevar a donde siempre has querido ir! -comenzaron
      a subir los escalones, la figura empujndole con su mano en el
      hombro, Max Medina resistindose levemente. Pero la escalada no iba a
      ser fcil; Max comenz a tropezarse, a trastabillar, a caerse una y
      otra vez. La figura le dio un corte en la cabeza con el cuchillo. Un
      hilo de sangre comenz a descender por su frente hasta metrsele
      entre los ojos. Presa del pnico, Max perdi el conocimiento. Cay
      desplomado en mitad de las escaleras. Un nuevo ladrido de perro
      volvi a sonar afuera en la calle".

El hermano de Jos Jota apag la televisin y se encendi un cigarrillo
para pensar. De un tiempo a esta parte haba notado que su hermano Jos no
se comportaba de manera normal, de esa manera natural suya de hacer las
cosas. Porque Jos siempre haba sido una persona ordenada y muy
cumplidora. Tanto en sus estudios de filosofa, como con su novia Paz, su
hermano se haba impuesto siempre esa rigurosa paciencia propia de los
alemanes o de los judos, que acaba por llevarle al que la sigue al xito.
Callado, de pocas palabras, un poco introvertido, su hermano Jos haba
acabado por volverse desordenado, iracundo y violento, "como si fuera otro"
-pensaba Antonio dando una profunda calada a su cigarrillo. Se retrep en
el sof encogiendo sus piernas; apoy su barbilla en las rodillas y cerr
los ojos para pensar mejor. Record entonces la bronca que cre su hermano
Jos en frente de sus amigos.

Hace unos pocos das Jos haba llegado a casa, encontrndose all a su
hermano y a sus amigos celebrando un cumpleaos; todos le invitaron
entonces a que se uniera y Jos haba aceptado una copa, "slo una..., no
puedo beber". Aquello sorprendi a su hermano. Jos siempre haba sido un
alegre e irredento bebedor que aceptaba la bebida con estoicismo.

Dos o tres horas ms tarde, Jos se haba puesto violento. Antonio
recordaba ahora cmo lo haba mirado y le haba gritado con aquellos ojos
huidizos, errticos, vidriosos por la clera, en medio de todos los
asistentes a la fiesta, que su vida estaba perdindose y yndose al garete
y que la vida era puro desperdicio. Todos le dijeron entonces que se
calmara, que no era para tanto. Pero Jos no se aplac; al revs, empeor.

Comenz a tirar vasos de la mesa, a empujar a los que intentaban
pacificarlo, incluso haba acabado por golpear a una de las chicas que le
haban intentado coger de la mano para sentarlo. Ah salt entonces la
chispa que acab con la mesa por el suelo y con golpes, gritos e insultos.
Jos estaba irreconocible, con la mirada nublada por la ira. No paraba de
hablar de intensidad, de energa, de determinacin, de la voluntad como
poder, de luchar contra la mediocridad y la cobarda.

Todos se marcharon rpidamente. Un vecino llam a la puerta y Antonio se
vio obligado a salir y pedir disculpas. Para cuando Antonio volvi al
saln, Jos se haba metido en su cuarto, al final del pasillo. Un silencio
sepulcral lo embargaba todo. La luz amarillenta de la cocina se coma parte
del pasillo oscuro creando un charco de luz lnguido y alargado, a modo de
ttrica laguna helada.

Decidi volver al saln. Se sent en el sof; un segundo despus, no
soportando el silencio, se haba acabado por levantar y se haba puesto a
caminar para un lado del saln, llegando a parar frente a la pared donde
estaba aquel cuadro tan horrendo de aquella mujer gitana, con aquella
mirada tan incisiva y, a la vez, tan lnguida, sin esperanza. Se haba dado
la vuelta y reanudado sus pasos hacia el otro lado del saln, al final del
cual se haba llegado a topar con la maleta de su hermano en el suelo.
Quit un vaso roto de encima y la abri.

All haba ropa de gimnasio, un neceser, un telfono mvil apagado y
libros. Haba vertido el contenido en el sof y haba comprobado que haba,
entre montones de ropa sucia, una carta de Paz, la cndida y silenciosa
novia de su hermano. Entonces, se march a la cocina a servirse un vaso de
agua con la carta en la mano: tena la boca seca.

Al salir del saln e incorporarse al pasillo, haba comprobado que la
puerta del cuarto de su hermano estaba abierta y que de ella manaba una
mancha de luz invadiendo la oscuridad del pasillo. Se asust. No haba
escuchado sonido alguno desde que su hermano haba roto la alegra de la
fiesta; ni la puerta al abrirse haba sonado, ni el rozar de las zapatillas
de andar por casa que su hermano Jos sola hacer deslizar siempre haba
escuchado; pero los hechos eran que all estaba el pasillo oscuro
serpenteado ahora por dos manchas de luz, la de la cocina vaca y la del
cuarto de su hermano.

Ah haba escuchado entonces agua saliendo del grifo del cuarto de bao.
Aquello le calm y le violent a la vez; si quera leer la carta y
averiguar qu pasaba con Jos, lo mejor era encerrarse en su cuarto. No
hubo caminado hasta la cocina, cuando se qued mirando su interior un
momento, pensando. Luego, habindose deshecho de aquel hipnotismo, se haba
marchado a su cuarto y haba cerrado la puerta con cuidado. Mas ah le
sobrevino una idea en la que no haba reparado hasta entonces: haba
dejado el contenido de la maleta esparcido por el sof del saln! Haba
titubeado entre quedarse o salir de su cuarto, cuando escuch a su hermano
cerrar el grifo del bao. Al otro lado de la pared, haba escuchado cmo el
otro se secaba con la toalla y tiraba luego de la cadena del retrete.
Luego, Jos sali del bao y se qued callado en medio del pasillo. En su
cuarto, Antonio haba escuchado cmo el otro apagaba la luz del cuarto de
bao, se iba a la cocina y, tras unos instantes de silencio atroz, daba en
apagar tambin la luz de la cocina.

Antonio entonces contuvo la respiracin, conforme el otro caminaba despacio
de vuelta a su cuarto; Antonio peg el odo a la puerta para escuchar lo
que haca su hermano. Ah comprob entonces, entre la seguridad de
conocerse a cubierto y el temor a que su hermano pudiese llamarle a la
puerta sin saber qu decirle o responder, cmo su hermano se paraba,
callado e inmvil, al otro lado de la puerta sobre la que Antonio tena
colocada su cabeza.

Qu imagen aqulla, con los dos jvenes poniendo el odo en aquella puerta
aislada por el silencio! La respiracin de cada uno amordazada para no dar
seales de vida al otro; cada uno sabiendo que el otro estaba agazapado
escuchando, espiando...

De sbito, dos golpes secos chocaron contra la puerta que arrancaron de
Antonio casi un grito que lleg a contener tapndose la boca con la mano
que sostena la carta. Se escuch el crepitar del papel de la carta
claramente. Al instante, Antonio se separ de la puerta y comenz a caminar
de espaldas sin quitar ojo a la puerta.

Un minuto pas sin que nada sucediese. Nadie se movi. El otro arrastr
luego sus pies y sus pasos, cansinos y lacerantes para Antonio, se alejaron
para acabar acelerndose justo antes de entrar en el umbral de aquel cuarto
al fondo del pasillo, la puerta restallando con un golpe seco y firme que
se propag por toda la casa como una llama en un charco de gasolina. Las
paredes del cuarto de Antonio retumbaron, y le pareci que fueran entonces
a menguar y a estrecharse para asfixiarlo. En eso, Antonio se puso la mano
en el pecho, irgui la cabeza abriendo ampliamente la boca, y respir
visiblemente angustiado. Todo haba acabado..., bien.

Despacio, con sigilo entonces, Antonio se tumb en su cama y abri la carta
de Paz que deca as:

      "Estimado Jos,

      "He llegado a la conclusin de que no podemos seguir juntos; yo, t
      lo sabes, he hecho todo lo posible, pero t has acabado con mi
      paciencia. Sabes, porque te lo he dicho estas ltimas semanas, que
      has cambiado, que ya no te reconozco, que ya no eres la misma persona
      que conoc cuando me dijiste que me queras aquel verano que me trae
      tantos recuerdos. Nunca te olvidar, de verdad.

      "Me da mucha pena todo esto, pero no puedo tomar otro camino que
      decirte adis y desearte suerte en tu propia vida.

      "S, s que me vas a decir que vas a cambiar, pero yo no te creo.
      Pienso que te conozco un poco y que por eso siento la
      responsabilidad, que ha estado atormentndome durante estas ltimas
      semanas, de darte un consejo que, espero, no me tomes a mal: controla
      tu fuerza, no dejes que tu ira te pueda. No te dira esto si no fuera
      porque he comprobado que te has vuelto violento. Y eso me ha dado
      mucho miedo, querido Jos.

      "S que no eres as y por eso te lo digo; lo que me hiciste el otro
      da cuando me tiraste al suelo y me golpeaste y me chillaste te lo
      perdono, pero lo que no puedo hacer es mentirme y convencerme de que
      te sigo queriendo, porque no es as por mucho que yo quiera. Te deseo
      lo mejor, querido Jos".

      "Sinceramente,

      "Paz".

Haba pasado una semana desde aquello, desde que Jos se haba comportado
como un psicpata en medio del cumpleaos, pero el contenido de la carta
segua preocupando a Antonio. Ahora, recin apagada la televisin,
retrepado en el sof y con su barbilla apoyada en sus rodillas, Antonio
decidi ir a ver a su hermano a su cuarto. Apag su cigarrillo y se asegur
que todo iba a salir bien.

All en el cuarto, mientras tanto, Jos Jota escriba absorbido por la
intensa inspiracin:

      "-Vamos! -le gritaba la figura envuelta en la gabardina-. No seas
      cobarde, hombrecillo! Sube! Sube sin miedo las escaleras!

      "-Por favor, por favor se lo pido!

      "-Qu! Qu quieres de m, hombrecillo! Qu pides! Qu suplicas!

      "-No me lleve arriba!

      "-Hace falta ser cobarde, hombrecillo! No te va a pasar nada!,
      oyes? -le gritaba al odo el anciano mientras le empujaba. Acabaron
      por llegar arriba; delante de Max se abra un pasillo oscuro que
      pareca derretirse ante sus ojos como la cera de una vela en la
      noche. Al fondo del pasillo pudo ver una puerta abierta que dejaba
      escapar la luz de la luna por debajo.

      "El anciano le empuj para que caminase, amenazndole con cortarle la
      cara con su cuchillo. Llegando al umbral de la puerta del fondo del
      pasillo, se abri bruscamente una puerta a sus espaldas. El anciano
      empuj a Max dentro del cuarto, cerr la puerta violentamente y se
      dio la vuelta para encararse a aquella sorpresa inesperada, su
      cuchillo rgidamente blandido hacia el pasillo.

      "Dentro del cuarto, Max Medina abri bien los ojos y contuvo la
      respiracin. Observ que haba una cama, una mesa que daba a una
      ventana y unos libros en una estantera. Busc entre los libros no
      saba qu; tena la vaga corazonada de que en aquellas estanteras
      haba algo escondido: ah fue cuando un objeto cay al suelo
      secamente. Era un largo cuchillo de cocina.

      "Max esper tras la puerta. Tena el pulso desbocado. Casi no se
      tena en pie. Se apoy contra la pared y escuch cmo el anciano
      volva hacia l. Levant el cuchillo en alto. Los pasos se acercaban
      y la voz que vena de fuera le hablaba turbiamente mientras se
      acercaba. No entenda por qu le instigaba, qu mal le haba hecho y
      por qu le haba dicho que su labor consista en ayudarle. Max aferr
      bien el cuchillo, su hoja restallando al reflejarse contra la luz de
      la luna que entraba por la ventana. La voz era ininteligible para
      Max, mientras sus pasos se hacan ms precisos, ms claros, ms
      secos, recobraban un vigor inusitado. Una mano desde fuera asi el
      pomo de la puerta y lo hizo girar.

      "Max alz firmemente el cuchillo para asestar el golpe escondido tras
      la puerta.

      "sta se abri y dej ver una cabeza, la cual comenz a hurgar hacia
      la ventana dndole la espalda en su busca; luego, en ese instante
      inmortal, fugaz, irredento, el cuello de la cabeza se gir y aquellos
      ojos negros le miraron. Max, que hasta entonces haba estado
      hipnotizado por la visin decrpita y senil de aquellas arrugas
      plegadas que haba visto en aquel cuello al girarse y mirarle, grit
      y asest un golpe perdido con el cuchillo cuya hoja acab por
      clavarse en medio de la mejilla de aquella cara asustada y
      descompuesta, sin vida.

      "Comprob entonces Max liberado cmo se desplomaba el cuerpo al
      suelo. Tras un minuto en el que se qued petrificado por el miedo,
      Max se movi, sorte el cuerpo en el suelo y se dirigi hacia la mesa
      que daba la ventana.

      "All se sent. Luego, extraado, comprob conforme le embargaba el
      pnico y el horror, cmo los papeles que se encontraban a su alcance
      narraban lo que haba estado viviendo hasta esos momentos. Presa del
      pnico, tirando un folio y luego otro y otro al aire conforme se
      aperciba de la narracin escrita, Max se volvi y vio la cara de su
      hermano en el suelo mirndole. Sus ojos estaban fijos en l: fijos y
      secos".

-Fijos y secos, los ojos me miran -murmur Jos Jota imperceptiblemente
mirando errticamente a la ventana y a la calle-. Me miran fijos y secos en
mi cmara oscura.



Eplogo

El artculo de la prensa informaba finalmente que Jos Jota haba sido
diagnosticado, un mes antes de estos acontecimientos, trastorno bipolar,
enfermedad que, en palabras del profesor de Psiquiatra de la Universidad
de Alcal de Henares de Madrid, seor Jos Manuel Montes Rodrguez,
consiste en que es "un trastorno psiquitrico provocado por una alteracin
de los reguladores del humor, el cual conduce a la aparicin de estados de
nimo anormalmente bajos (depresin) y anormalmente elevados (mana o
euforia) de forma desproporcionada a la circunstancia que los desencadena
o, incluso, sin precipitante. La base del trastorno es gentica, pero
precisa de la intervencin de otros factores psicosociales que la
precipiten".

Ahora estoy escribiendo este relato en mi propio despacho y me acuerdo de
Jos Jota. Miro mi puerta y me acuerdo de su puerta: detrs de cada una de
las puertas que nos encierran hay siempre una mano que nos llama, una mano
que toma el pomo y lo retuerce para invitarnos a contemplar el mundo,
aunque muchos, por costumbre o por miedo, ya se hayan acostumbrado a hacer
de su cuarto su mundo, su cmara oscura. "La infelicidad", dice un
pensamiento de Pascal, "no consiste en otra cosa sino en la incapacidad del
Hombre de quedarse quieto en su cuarto".

Error craso. En la soledad est el diablo, estn todos los males que rodean
a nuestro corazn. Salid de vuestros cuartos, ahora que estis a tiempo...

** Ricardo Mena Cuevas
   ricardomenacuevas@hotmail.com
   Escritor espaol (Mlaga, 1975). Abogado de profesin.



=== Poemas      Sergio Manganelli =========================================

      "No se recuerdan los das,
      se recuerdan los instantes".
      Cesare Pavese

Hizo a la mar
su luz
la barcarola,
y estremeci mis manos
el goce de la tierra,
encrespando la sangre
como un gran maremoto
de fuego y cascabeles.

Desde entonces
llamaron tus manos
en mi puerta,
como una exaltacin,
un exorcismo,
una bandada de dudas
migratorias,
un oscilar del amor
al invierno.

Fueron de esto
mis horas ms calladas,
mis pblicos olvidos,
y Afrodita era apenas
una estatua en el parque,
cuando a m no acudan
tu cuerpo y tu destino.

===

Queda claro,
vivir es simplemente
una razn,
y un laberinto,
crcel de minotauros,
arena calcinante
precipitando pasos,
oasis transparente
al filo del abismo.

El color es un modo
de transponer la noche,
y la piel un supremo
blsamo del delirio,
una impronta de estelas,
un clamor metafsico.

Las malas horas traman
petrificar la pena.

Y mi jbilo duerme
inmutable en la hierba.

===

Hoy no distingo bien
si es sombra
o luz,
la estela de mis manos,
el goce de mis ojos,
la prisa del espanto.

No descubro fronteras,
ni degusto amarguras,
ni reniego al valor
de la distancia.

No acudo a comprender
si van o vienen,
si es rumbo o extravo,
o eutanasia.

Salvo el fuego,
no quedan ms
que grietas en los muros,
que suaves maremotos,
reversos y fantasmas.
Pndulos del deseo,
vientre de la historia.

Quizs no sea niebla,
ni sal,
ni meridiano trgico,
parodia o hermetismo,
desnivel temporal,
sinrazones,
adverbios.

===

Tal vez no haya aprendido
a transitar,
ambiguamente.

Y el horizonte
huele a tiempo ido,
a deshoras agnicas,
a realidad pretrita
imperfecta,
a subsuelo del mundo,
a sabor propio. 

Y cuando caminar
me duele en el costado,
(la costilla de Adn,
precisamente)
anuncio cascabeles en el aire,
abandono al atril la partitura
y hago de  mis palabras mercancas,
revelacin de espejos,
felicidad ficcin o muerte sbita.

El pasadizo azul de la utopa.

===

Hay noches
que no se parecen en nada
a la esperanza,
sino ms bien
a flores del infierno,
a horas sin propsito,
en que alguien vaga
por vereditas de la memoria,
con su puerta al deseo
su musgo solidario,
su refugio,
las flechas que Cupido
devuelve envenenadas.

Hay amaneceres
que no guardan
la luz perfecta,
ni entibian el huerto
en que soamos,
sino pasillos plidos
que huelen a remedio,
hendijas en los muros
donde purgan los muertos
la lepra cotidiana.

Tardes subterrneas,
en que la dicha
oculta sus carnes al verdugo,
y viaja clandestina
a confines de niebla,
a tierras de extravo,
donde sentirse prspera
o al menos exiliada.

===

Madrugadas que imponen
la amnista,
que inventan
en un bar su torre de Babel,
o nos prestan el lecho
de cualquier primavera,
para hacernos dormir
la pena por un rato.

Hay jueves que parecen lunes,
lunes que siempre
son de mircoles,
mircoles agotados,
martes de rebelin,
viernes con tregua.

Sbados de gloria
y domingos sin dios.

Hay agua en el vaso
de la mesa de luz,
una lmpara
alumbra la piel
que se estremece
en el pinchazo,
la puerta inquieta
o quieta,
y una infancia que vuela
en el pobre barrilete
de la desolacin.

===

La muerte puede
confiscarme el pellejo,
decretar su silencio hospital,
amputarme la risa,
pero nunca obligarme
a abandonar el barco.
Que nadie arroje la toalla,
dejen que muerda,
que aliente a sus soldados
contra mi ciudadela,
que me hiera su toro
en la embestida,
y sienta fundar
su imperio en mi derrota.

Entonces aprender
que tengo noches
de gallito ciego,
amaneceres
que nacen como hijos,
tardes de Sandokn
o piedra libre,
madrugadas de verme
en otros ojos,
calendario de lluvias,
versos que se abren
como labios.

Y una vernica ingenua
con besos en las gradas,
para hacerle morder el polvo del aplazo.

===

Viento y marea,
barajas de la noche,
fertilidad martima.

El agua huele a sal
y a madreselvas,
a luceros carmn
y a albor del universo.

Buen hacer de las horas,
maldecir del camino,
abandonando al juego
de la espera
un memorial de fango
y de reptiles.
Con un pan de deseo
bajo el brazo,
y una bandera azul
de inconformismo.

Salvar el mar
sera una esperanza,
una romntica forma
de medirme,
cruzando las distancias
y los siglos,
acurrucando gestos
que la hiel
sacude en las facciones.

===

Navegacin de dciles
fantasmas,
bucaneros de sndalo,
niebla sostenida,
y la proeza cierta
de modelar la luna,
en la dolida arcilla
de la espera.

De la penumbra nace
el resplandor profundo,
y un perfume a duraznos
endulza la conciencia.

===

Los que se matan
jams son aquellos
que no quieren vivir,
esos apenas aprietan el gatillo
o tragan el veneno.
Los que de veras mueren,
los que en verdad se pierden,
son esos tipos areos
enamorados de la vida,
esa hembra estupenda
que cada tanto
les deja encendida
la luz en la ventana,
y que una noche
del carnaval menos pensado
se les suelta de la mano,
la pierden de vista
en el corso febril
de la avenida de los sueos.
Y corren, gritan, se desgarran
intentando reencontrarla
debajo de cualquier mascarita.
Hasta que tras el redoble
de lo que ellos creen
la ltima comparsa
se miran abatidos,
se tocan desolados
y se acuestan sin vida,
pretendiendo aliviarse
en la caricia trgica
de una puta de negro.

===

La noche determina
su desfalco de estrellas
opacadas,
y sobre el plato del reloj
el segundero aquieta
su espasmdico esgrima
giratorio.

Hoy la vida es un beso taciturno,
un silencioso golpe
de espuma derramada.
Un pez naranja,
una copa
de vides entreabiertas,
un soplo de ceniza.

Un jardn,
callada inmolacin,
en donde triunfa el bien,
como una estrella amarga.

Un transparente brillar de caracolas,
y un mar azul,
lejano,
bramando como un toro
sobre la arena helada.

La madrugada es un banderillero negro,
y la poesa sangre irremediable.

===

El mar es verde
la palabra
 azul.

Sobrevivir
 y desamar,

       verbos espeluznantes

(mientras en los portales del delirio
la luz hierve crepsculos,
a fuego lento,
en cndidas pupilas)

Si dios existe o no,
casi no importa.

Atesorar palabras y praderas,
mercados desolados,
fantasmas y franquezas.

Silencios y aguaceros.

Otoos y arrabales,
tristezas repentinas,
y el exorcismo malogrado
de la duda.

===

No contar pasos,
ni horas, ni certezas,
ni financiar los soplos de alegra.
Respirar nada ms,
y almacenar
detrs de las cortinas
parvas y parvas
de cosas que no pesan,
ni cesan.

Breves eternidades cristalinas.

Un odio pendular
demarca el territorio
del dolor,
las cifras de la muerte.
La oscura matemtica
del miedo.

El mar es verde
  la palabra azul.

De ceniza implacable
es la ceguera.

===

      "si una campana no suena
      el silencio se durmi".
      Len Gieco

Heredo un silencio,
retrato y centinela
de las heladas horas,
cuando no vibro ms
que a leves ecos
de lo que nunca pronunci
tu corazn bandera,
de aquello que jams
escuchar tu boca.

Sin embargo transito
las fobias y las cspides,
y tu pena horizonte
se duerme con la ma,
bajo un reloj inagotable
de murmullos,
que acompasan un verde
latido acurrucado.

No hay parntesis,
ni leves agudezas melanclicas.

Una babel de copas
y gorriones,
de sargazos, derivas
y orfandades.

La piel y su amnista.

El mutismo de ojos que se tocan.

Un apremio de heridas
acalladas,
bajo una sombra ritual
de despedida.
El abrazo a flor de alma
y un misterioso pramo
de risas.

La marea invade
el arrecife,
y me siento fraterno,
desolado,
oscuramente oscuro,
viga de un destino
acaso irremediable.

Predigo las frases,
los sueos,
el mustio llamado
entre las olas.

===

Apago los candiles,
mientras el ro alza
la muerte
hasta mi boca.

Y hay gaviotas
surcando el otro lado.

===

      A los infelices de siempre

Nac poeta,
como algunos nacieron
carpinteros
orfebres
zapateros
marinos
cosmonautas.

Desenvolv palabras
como un buen dependiente
y sin prolijidad
mont la estantera.

Me alborot
frente a la jaula abierta,
y decid la libertad
del canto.

Nunca tuvimos ms
sobre la mesa
que para ilusionar
la dentadura,
y as
en una calle
de un barrio de provincia
reconoc mi oficio.

Doce aos
me urgan en las suelas.

As fue, seores jueces,
que de barro
se hizo mi poesa,
de pasto
y niebla,
de escarcha arropando la tos.

Arm mis versos con poca disciplina,
con el franco artificio de vivir.

De all su magra consistencia,
su falta de ornamentos,
la alquimia,
la hereja.

Nac poeta
no caleidoscopio,
de esencia, de lluvia,
de viento en el pinar,
de alfarera.

No ha sido para m
la Arquitectura.

Por eso,
pido perdn
por mi imprudencia,
por la adyacente feria
en que amaso mis versos
sin edulcorante
y no haber reparado
en el Olimpo.

Secar los estanques,
incendiar los campos
silvestres y amarillos,
corregir el roco,
amarrar mi barca
hasta que el xido extienda
su roja sepultura.

Herir al arco iris
para que se desangre
en siete borbotones.

Olvidar al amor
en su ventana,
apagar las llamas
de los fuegos de invierno.

Derramar veneno
en la miel cristalina,
derrumbar las casas,
el tiempo,
los anhelos.

Maldecir el ocano
de las barcazas pobres
y cada noche dormir mordiendo
la frase deslumbrante,
la extica mortaja.

Me voy
porque en la madrugada
una luna de alivio
me mira de reojo
y quizs me suicide,
con un verso espantoso
sucio de laberinto,
para acallar as
la enorme culpa
de sentirme poeta.

Brindo por vuestras plumas cargadas de misterio.



*** Pacheco

Envuelto en un revuelo
de mancha venenosa,
golondrina y relmpago
en el patio sin cielo,
sndwich de contrabando,
herido por desdn.
Tenaz al sonrer
con ojos deslumbrados,
prodigio y quasimodo
va Pacheco.

Respirando burbujas
de jabn La Espuma,
la mirada infantil
velada por el miedo
y ese vaivn
de tonta marioneta,
cuchillo de las risas
ogro pobre
malogrado arlequn
agonizante
enfermo
abandonado,
va Pacheco.

Una maana
de silencio
y desgano
jug su ltima siesta
a la mancha asesina,
todos nos opusimos
al decreto fatal
que se nos haya muerto,
por la fullera parca
que le roz las ropas,
justito antes
que pudiramos soplarle,
la contrasea tierna
que enjuaga los destinos.

Mancha tuberculosis
-diagnstico alarmante
enfundado en barbijos-
y nadie quiso sepultar
su cuerpo contagioso
de piedra calcinada,
que nunca ms
navegar baldosas
con puntos cardinales,
ni ya ser cangrejo,
o cclope,
ni torpe barrilete
de sbana y terraza.

Apenas un despojo
una incomodidad
un muerto,
para nosotros
una mdica causa
de azucarar la vida
sin dobleces ni ddivas,
un hermano mayor
un desconsuelo.

Va Pacheco.

Los que sobrellevamos
miseria y desvaro,
nos vestimos de lutos prematuros
o de amnesia,
de ruinas acordadas
o prisiones,
de fondo de botella
o memoria martirio,
mientras a las puertas del tnel
la araa hilaba como eplogo
su malla de colar
ternuras imprevistas.

Pacheco, luminoso,
descolg la camisa
del perchero,
calz su bombn
de escupidera
y se march invisible,
en medio de la bulla
de rezos y bomberos,
a guaridas y escombros,
             contra todo pronstico.

Vuelo y extravo
de lzaro sin pompas,
primicia de la muerte,
telegrama feroz
cesanteando a la infancia,
desgajada inocencia,
almcigo de duelos.

Mancha ceniza.

Pacheco va.

** Sergio Manganelli
   smanganelli@hotmail.com
   Escritor argentino (Haedo, Provincia de Buenos Aires, 1967). Sus
   trabajos han sido publicados en una docena de diarios argentinos, as
   como diarios de Mxico. Ha colaborado con revistas literarias de
   Argentina, Espaa, Mxico, EUA y Puerto Rico. Entre 1991 y 1998 ha
   obtenido una treintena de premios literarios.



=== Papi, qu rico lo haces!      Olimpia Chong-Carrillo =================

En ese embarque de la inmersin inteligente dentro de las relaciones
humanas de pareja en la cama, evadir las lexicalizaciones se vuelve reto
mental que disgrega el orgasmo.

Sin malabarismos mentales quizs sea ms efectivo, al estilo de la puta del
barrio, "papi, qu rico lo haces", y ya, nada de "la aurora de tus ojos
supera el texto de Nietzsche". Porque te eleva el espritu pero desciende
el asta.

As fue como la Blanca doncella con un halo medieval permaneca en su
cuarto cueva de aquel barrio marginal de nombre "palo cacao", cagado sera
un cultismo. Noche tras da deglutiendo carpenterianos libros como textos
estratgicos, con el nico afn de sortear las columnas que se
interpondran a su paso... pues ella siempre supo, por los cuentos de
transmisin oral, que fuera de su aposento una ciudad colonial la agobiara
con enormes estructuras cilndricas desde las cuales el riesgo y el peligro
venan acompaados de proyectiles de concreto, lanzados por el dios de los
derrumbes desde los capiteles dricos. Que conste que ni Alonso Quijano
habra desvirtuado en su febril y creativa conciencia semejante realidad en
molinos.

Dentro del plan de escape estaba el dominio y amaestramiento de los
camellos, sobre los cuales vencera el camino hasta llegar a la mentada
ciudad, dentro de la cual la historia de las columnas era slo un smbolo,
una nocin casi metonmica, pues columna era la parte, pero el todo estaba
constituido por balcones, techos, barbacoas, andamios y, para no agobiar,
cualquier trmino arquitectnico, desde arcos de medio punto hasta vigas,
azulejos, vitrales, ventanales, con sus persianas... hasta escalones!

Blanca doncella estaba cansada del encierro hogareo, pero el miedo como
medio de educacin familiar le haca aferrarse a su cueva cuarto como
sinnimo de pas, de nacin, de patria y hasta de libertad... porque todo
afuera estaba taaan malo (segn los cuentos de transmisin oral...), y
segn su abuela era mejor malo conocido que bueno por conocer, y bien venga
el mal si viene solo, que incluso el elemental acto de la comparacin y
decantacin de eventos para la toma de decisiones de su empresa personal se
eliminaba como alternativa instintiva de eleccin. De nia no buscaba una
pelota roja y una azul para escoger, sino saba que la azul era la nica y
gran pelota (entindase el globo mal llamado terrqueo y lleno de mar, por
eso lo del azul). Este tipo de aclaracin va dirigida exclusivamente al
pblico extraterrestre, clientes meta de mi cuento terrenal.

Pues bien, Blanca, con su melanina a tope, semejante a la noche (Carpentier
cal hondo en su autoestima), cual la noche de Excilia Saldaa, as de
potica y as de negra, alis pelo a pelo su encaracolada cabellera
cubierta entonces por un pauelo blanco, como el mximo de luz, ella como
la ausencia de color, ying y yang, pureza y dureza de carnes firmes y
entrenadas en silencio para una fuga definitiva del encierro y del dolor
que zumba en los odos por culpa del silencio. Llega un punto en que los
sonidos diarios equivalen a la nada por simple repeticin inferida y vaca,
inatrayente, de tambores que como el canto de los gorriones, pasa
inadvertido. Esas son las voces de la familia, los consejos maternales, el
goteo de la llave, el choque de los cubiertos, el tic tac de Radio Reloj.

As que la negra se visti de iyab, abri la puerta de la gruta y el sol
contra las pupilas y la mano sobre los ojos pero los pasos apurados y las
rodillas flexionadas y el aire contra la cara y cada vez ms rpido y ech
a correr y correr y correr y no vio jams un camello, ni una columna, ni un
capitel... Blanca se dej caer en el primer banco de parque (este dato no
se lo haban dado, la ciudad est llena de parques y bancos), pestae
encharcadamente con las lgrimas generadas no por tristeza sino por una
basura, tir la cabeza hacia atrs, sobre las maderitas verdes tan verdes
como el csped a sus pies, como el verde en el cielo de hojas de encaje de
flamboyanes. Haba corrido demasiado, ocho kilmetros, sudaba lluvia cida,
sudor amargo que pula los poros liberados...

-Me dice la hora, por favor?

-Pero, existe el tiempo? existes t?... papi, qu rico lo haces! -y,
ante la mirada perpleja del hombre que no haba hecho ms que preguntar,
rectific...-. Las seis, son las seis, mire los rayos perpendiculares del
sol.

** Olimpia Chong Carrillo
   olinandous@yahoo.com
   Escritora cubana (La Habana, 1969). Licenciada en Letras por la
   Universidad de La Habana (1992). Se desempea como editora especializada
   en el Grupo de Ediciones de la Direccin de Informacin
   Cientfico-Tcnica de la Universidad de La Habana y cursa la maestra en
   ciencias de la informacin en la Facultad de Comunicaciones de la UH.



=== Homenaje a Mercedes Pardo      Enio Escauriza =========================

      A la homenajeada
      a Serenela Rosas y su Enano Rodrguez,
      a Mara Rivas,
      al gocho Miguel Chacn.

I

T que sabias quin es el culpable
Y que se llamaba ignorancia
que el mundo ya no huele a fruta
ni es esto redondo por donde miramos
y por donde nos miran
con qu color podramos salvar este tiempo.

Y hacer que el rojo oliera a guayaba
cerca de tu ojo, al lado de tu pincel
En los abuelos, esa casa,
donde ibas a sentarte a visitar
la memoria de tus padres,
All, aqu, cmo hacer
para que huela a color
entre la piel ms que humana
que son los cuadros.



II

A dnde se va una mujer
de hilos y satlites?
Brinca al tramado de una tela para pintarse?
Se convierte en una obra sin ttulo?
Viaja por diferentes razones
a uno y otro espacio del taller
para encontrar el significado de libertad
o Para olvidar los significados
en los brazos de un hombre ms grande que su palabra llamado abstracto
      [de apellido recuerdo?
A dnde va una mujer de hilos y satlites?



III

Mercedes, anoche recib un papel
Deca:
"...El motivo de rescindir el contrato de inquilinato es por el
      [incumplimiento del reglamento de convivencia establecido para los
      [inquilinos de esta casa..."
Eso dice lo desconocido cuando nos recibe?
O es que all los que no cumplieron las reglas como t son felices
porque van al parque y la grama es verde como tu verde
O es que all los como t,
los como nosotros tienen las bocas rojas del rojo de un cuadro tuyo.

Ser que un da se nos vence el contrato
Y nos toca avenida Urdaneta debajo de la estatua pasar la desazn de ver
      [gente que dice que se las sabe todas y no entiende
que este pas se nos va a la mierda
por la negligencia y la desidia
de no estudiarnos un poquito
Cmo funciona el vila,
Cmo conservar el fro en San Antonio,
Cundo rendir los homenajes.



IV

No era casualidad
Ese da llegu al toronjil
Y justo te habas ido
No haca calor ni fro
Ladraban los perros
Porque ellos no disfrutan el silencio de la prdida
La puerta mecnica verde del rbol cerca de tu casa
estaba all fra y dolorosa
Como si el control remoto de una palabra
Fuera intil
Y llegaste del pueblo en ese momento
Dormida y tranquila
Con un rosario de fondo cantado por Mara Rivas
Llegaste hasta la puerta a despedirme
Vuelta halo de luz traspasando entre las hojas
carcajendote por lo rpido que pasa todo
y de cmo uno se preocupa
por tener el color exacto para el da en donde no est
tu visita fue instantnea, un parpadeo y llenaste de color la acera.



V

Tu cuento se escribe de de iris a pupila
Y otras calles que nunca se acaban
Por aquellas ganas de defender la aurora
Porque uno parte el da en seis
para comenzar a sembrar el silencio
y as dice adis sin decirlo
como susurrando un secreto cromtico
de cmo componerse el da con trabajo
sin dejar nunca de ser lo que uno es
en tu caso artista porque pintora fuiste en tu niez.



VI

En el carrito
Viniendo a esta fiesta me la encontr
Estaba sonreda pintndose las manos
Mostrando a todo el mundo
El magenta de Petare
El ndigo que da Catia cuando son las dos
Pero la gente responda que era abstracto
Mientras segua a ojo y trazado
la velocidad del carrito
Mezclando tonalidades de vino,
Con, est entre nosotros,
Sola, desdibujndose
Alguna lnea de la mano
Lloviendo, pero de una forma extraa
Cayendo sobre el techo del cuadro
Dormida,
esperando de otra forma la maana.



VII

Los pjaros salen corriendo
Y como ellos se te ocurri
Una tarde en que no estuvimos juntos
Porque yo tena un helado efe
Y t una perinola vaca
Entraste al taller con una pregunta
Y te dio la respuesta la tarde
Cuando te alumbr rompindole
Un pelito a tu mascota
El pincel gordo que se transform en cilantro
Y en dos semanas los vistes de cuadro
Y los soltaste como dicta a una insigne caraquea
Te diste cuenta de que slo queda el cosmos
Cuando uno se pregunta
Adnde fueron los pjaros?
Y no se escucha respuesta
Cuando una voz nos canta de adentro.



VIII

Treme un palustre
un marco de la calle
la tienda abierta del fro
una cobija entintada de seis cuadros tuyos
tu ltima exposicin
tu prxima exposicin
las cosas que veas
las que soaste
treme la jarra de colores fresca
porque est haciendo calor
y se necesita de gente que piense
ms all de una nimio levantamiento de voz
treme un boom
un brochazo
un horizonte lejano
una particella
la ruta de al baba
cosas de ti.

** Enio Escauriza
   enioescauriza@yahoo.com
   Msico y escritor venezolano (La Guaira, 1974). Tesista en la licencia
   de sociologa. Autor de De julio a septiembre (Editorial La Espada
   Rota), ganador del premio Alfredo Chacn de la Escuela de Sociologa de
   la Universidad Central de Venezuela.



=== El da de suerte      Jos A. Bravo de Rueda ==========================

Eran las seis de la maana y en el parque ya haba gente corriendo o
haciendo gimnasia. Estaban los atletas, los hrcules, los
fisicoculturistas, los feligreses del gimnasio (en la playa es cuestin
existencial lucir los msculos bronceados mientras se juega paletas o se
toma una cerveza) y tambin los redonditos, los subiditos de peso, kilitos
extra que costaba sudar la gota gorda, imagnate en bikini mostrando los
rollos y la panza.

Aunque tmidos, los rayos del sol ya se sentan. En las barras y las
paralelas estaba el Rombo, que vena desde Pueblo Libre en una bicicleta
oxidada, y tambin Machiste, el Flaco Johnny, el Piurano y los Villar.
Entre los columpios y los toboganes un grupo de chiquillos olvidaba con el
juego que hoy no habra desayuno.

Bajo un rbol, tirado sobre el csped, el viejo Coca haba visto cmo tos
mayores que l tenan suficiente vigor para correr hasta dos vueltas al
permetro. Sobre todo lo asombraron la fuerza y agilidad de un anciano que
colgado de las argollas levantaba las piernas hasta quedar en perfecta
posicin de escuadra. Uno - dos. Uno - dos. Arriba - abajo. Arriba - abajo.
El viejo Coca se cansaba de slo contar. Ya lo haba visto otras veces,
incluso a seoras de edad, y gordas, haciendo ejercicios, trotando sobre el
sitio, salto de rana, cuclillas, cielitos, los dedos tocando la punta de
los pies, pero nunca haba observado con detenimiento como en esta
oportunidad.

Como en una pelcula vio a las muchachas, a los jvenes, a los nios, a las
seoras, a los viejos. Se admir de las sonrisas, el esfuerzo, el
movimiento de los msculos, el brillo del sudor. Empez a sentirse mal al
verse tirado como un trapo, enfermo y sin energa y se tendi de espaldas a
ver los rboles, ese oscilante mar verde que siempre lo arrullaba con
plumas y cojines de paz.

Esa maana l se haba reunido temprano con el Marrn, el For Fai, el cholo
Canas y otros, pero como no tena dinero ni cigarros no lo dejaron dar ni
un trago. Hasta se burlaron de l y amenazaron con golpearlo si no se iba.
El viejo Coca siempre les haba invitado a todos de su botella, tambin
siempre daba dinero en las colectas, pero ahora nadie quiso acordarse y lo
despreciaron como a apestado con risas traicioneras y salivazos.

Poco a poco fue adormilndose. Escuchaba las voces, las bocinas, el ruido
de los automviles y a la vez se hunda en un sopor tibio que en algo le
alivi el cansancio, las malas noches, la poca comida, el dolor de cabeza,
pero al rato, semiinconsciente, se vio incapaz de abrir los ojos,
paralizado con un rigor demasiado sospechoso, atado y envuelto sin salida y
comenz a alucinarse muerto en una caja hecha con palos de escoba,
agusanado y podrido.

Se despert sobresaltado y se puso de pie. Ya no estaban el to atleta ni
las gordas, se haban ido a duchar y tomar desayuno. Slo quedaban unos
pocos en las barras. An estremecido por la pesadilla el viejo Coca ech a
caminar al mercado, lejos de los que hacan ejercicio para que no se
burlaran de l.

Caminando por Joaqun Bernal el viejo Coca renegaba de su desgracia pero
nunca descartaba la posibilidad de un milagro si no grande y trascendente a
la del Seor Moreno o Santa Rosa de Lima, al menos uno chico a lo Sarita
Colonia o Beatita de Humay: un billetito en el suelo, un prstamo, una
limosna, una botella, una botella? S, una botella! Una botella?

Dobl por Tpac Amaru, cansado, sin fuerzas. El sol ya quemaba fuerte y el
viejo comenz a sudar. Lo mareaba su propio olor, el de su cuerpo y el de
sus ropas. La gente lo miraba con desprecio, borracho vicioso, vaya a
trabajar. La cabeza le dola y en su estmago se removan los cidos
dejndole en la boca un sabor a bilis. Tena que comer algo, pero estaba
sin dinero. El hambre lo exprima, lo atenazaba, le haca ver lucecitas en
forma de panes, chicharrn, relleno, camote frito, tazas gigantes de caf
con leche.

Por fin lleg al mercado y entr por los puestos de los jugos, en Julio C.
Tello. Se embeles unos instantes con el perfume de las pias, las fresas,
los limones, los pltanos, las papayas y la canela, el clavo y el ans, ese
mismo aroma que de nio lo remeca de gozo e impotencia al no poder comprar
un Atmico, un Vampiro, un Superbatido o un Especial con leche, huevo y
miel o algarrobina mientras se prometa cuando sea grande me comprar uno
diario, mejor dos, desayuno y almuerzo, y aqu estaba el viejo Coca, aos
de aos ms tarde sin poder comprarse ni uno, ignorando los gestos de
espantamoscas del patrn, el cholo canoso y bigotudo, padre de Chabuquita
que adems de bonita buena porque a escondidas le daba una ensalada de
frutas con su canela ms o un Atmico Especial que fcil le haca la cama
al primer trago.

Pero ahora Chabuquita brillaba sin presencia y entre los aromas de las
frutas, los jarabes, los postres (gelatina, frijol colado, mazamorra
morada, arroz con leche, duraznos en almbar) y el alacrn del llama blanca
el viejo Coca reconoci el dulzn y pacharaco perfume de la linda
Chabuquita.

Opt por retirarse, era ms tortura que nada y evitando la carnicera y los
pescados -el hedor y la sangre lo mareaban- enrumb por las verduras, las
hierbas y las especias, las carteras y los zapatos, las telas, los
plsticos, los metales, la artesana hasta llegar a los divinos,
sacrosantos, a veces inaccesibles pero siempre bellsimos puestos de
comida.

Tenan cuatro o cinco taburetes para comer en el mostrador y una o dos
mesas que compartan los parroquianos. Cuando haba dinero el viejo iba al
de la gordita Gladys, su estofado de pollo era insuperable, pero misio como
ahora lo mejor era invocar la piedad del Chacaln, rey de la papa y de
quien decan amasaba una fortuna en dlares pero igual se levantaba a las
cuatro de la maana para cocinar; en su casota de Ate los pollos y gallinas
circulaban libremente. O la misericordia de los Huasasquiche, los padres y
la hija, Tripagorda les decan porque aunque paraban comiendo no engordaban
pero todos los queran porque eran buena gente y siempre daban dinero a los
necesitados, a los nios pobres, a los enfermos de cncer, a los
damnificados de huaicos, inundaciones o sequas, a los alcohlicos y
drogadictos en rehabilitacin.

El viejo Coca se par frente al puesto del Chacaln y su ayudante, un
muchachote albino de ojos de conejo, pero estaban demasiado ocupados
sirviendo las sopas, el lomo saltado, el cau cau, el seco de cabrito, el
salpicn de pollo, el cebiche de mariscos, y ni lo vieron con tanto
ajetreo. El viejo Coca empez a babear y tuvo que secarse la boca con la
manga de la camisa. Ya algunos clientes empezaban a mirarlo feo. Quita
quita cochero de Drcula. Mata apetito.

Casi nunca el viejo Coca acceda al sumo placer de un pescado a la
chorrillana o un lomo a lo pobre, pero a veces llegaba al okay de unos
tallarines verdes o una carapulcra. Lo ms frecuente era el proletario de
los platos: arroz con menestras (frijoles, pallares, garbanzos o lentejas),
fiel compaero de estudiantes, desempleados y vendedores ambulantes, con su
salsa'e cebolla y el jugo verde del seco o el rojo del estofado.

Al acercarse al puesto de los Huasasquiche no tuvo necesidad de poner su
cara ms triste porque al verlo la Tripagordita le sonri como un ngel y
le entreg un plato grande de sopa y un pan francs, sopa con verduras y
fideos y oh alegra de alegras, un trozo grande de carne pura carne sin
nada de pellejo, mi'jita, Dios te bendiga y no Dios te lo pague porque
prometo pagrtelo yo aunque ya cunto les debo, pero un da algn da vern
quin es el viejo Coca, no el borracho miserable que todos conocen, que es
el capullo, la crislida, sino el audaz negociante que es la mariposa que
un da algn da va a volar.

-Coma despacio, viejito, que se atora.

-Mastique.

-Si no tiene dientes...

Qu buenos los Huasasquiche. No iban a misa pero qu falta les haca.
Santos, unos verdaderos santos.

-Muchas gracias, patroncitos. Gracias otra vez. Dios los bendiga.

Y ah no acab la buena racha porque cuando se iba, relamindose la grasa
de los labios, el Chacaln que ya no estaba ocupado lo llam y le tendi un
tacu tacu con concoln que lo hizo blanquear los ojos del xtasis, ni con
un ron de Medelln, oiga, y en la salsa clarito sinti el aceite de oliva y
el culantro, ay mamacita qu he hecho para merecer algo tan rico mientras
el joven albino, el nabo fantasma, no controlaba la risa al verlo tragar
con su boca desmuelada y los frijoles pegados en los bigotes.

Al terminar la comida el viejo Coca qued ahto, lleno como un costal,
incapaz de moverse. No recordaba la ltima vez en que haba comido tanto.
Eructos de satisfaccin, opparos, no de aire o alcohol con bilis. Casi le
besa las manos al Chacaln de tan agradecido que estaba. Chacaln rey de la
papa y soberano de cuyes, pollos y conejos, Dios te bendiga a ti y a tu
familia y al zanguango baado en leja que me mira con sus ojos rojos.

Empez a retirarse el viejo Coca, sonriendo como un bendito, con pasos
cortos porque estaba para reventar, feliz de la vida y tacucheao como nunca
y ahora s con una sed tremenda no de chicha, limonada o cerveza -tragos
para chibolos- sino de algo fuerte que le remeciera el espritu: una caa
brava, un aguardiente, un whisky chusco, y ya sala por donde entr, por
los puestos de los jugos, cuando vio al For Fai corriendo despavorido,
prpura del miedo y sudando como en sauna, For Fai, For Fai dnde vas y For
Fai abriendo los ojos como sapo: la batida, la batida!, se llevaron al
Marrn, al cholo Canas, al Calavera, al Cherrifs, yo vena de comprar
cigarros y vi el camin, tombos a montones, palos y patadas, ni uno se
salv y segua corriendo el For Fai como si lo persiguieran no fantasmas
sino policas, aterrado ante la idea de pasar cuntas noches en una celda
oscura, hmeda, con ratas y apestando a orines.

El viejo Coca se ech a rer a carcajadas. Bien hecho, castigo de Dios,
justicia potica, furor divino. Eso les pasa por no convidarme, por
retrecheros y angurrientos, egostas y malagradecidos, as aprendern a no
negarle un trago al viejo Coca, malandrines.

Guiado por una fuerza superior cruz la pista y se dirigi al parque
bordeando las canchas de fulbito. A pesar del calor caminaba rpido,
reanimado por la comida y las buenas noticias. Algo le deca que su suerte
iba a continuar y podra encontrar algn despojo de batalla, en el peor de
los casos botellas vacas que podran agenciarle unos reales.

Cansado pero contento lleg adonde el For Fai y los dems se haban reunido
ms temprano y comenz a buscar en el suelo. Colillas de cigarro,
escupitajos resecos, envolturas de chicle, chapas de gaseosa. Una botella
vaca de ron. Caleteada en un arbusto encontr otra botella llena hasta la
mitad. El viejo Coca la destap temblando de nervios, reconoci el aroma
del pisco y con gozo infinito sabore el primer trago, cerr los ojos para
apreciar mejor la sacudida picante y ardiente que le resbal al estmago.

Nuevamente ech a rer. A esta hora el Marrn, el cholo Canas, el Calavera
Calata y el Cherrifs estaran encerrados en un hueco nauseabundo, abusados
y torturados. Quizs no saldran en una semana. Por l, que se quedaran
para siempre.

Salud!

** Jos A. Bravo de Rueda
   bravoj@ncat.edu
   Escritor peruano (Lima, 1956). Reside en Carolina del Norte (EUA). Es
   profesor asociado del Departamento de Lenguas Extranjeras de la
   Universidad Agrcola y Tcnica del estado (North Carolina Agricultural
   and Technical State University, http://www.ncat.edu). Ha publicado la
   novela Hacia el sur (Maryland: La Yapa, 1990) y el libro de cuentos El
   hombre de la mscara (Lima: APJP, 1994). Textos suyos han aparecido en
   antologas del Per. Muestras de su trabajo puede leerse en su pgina
   personal, http://jose-alberto.tripod.com.



=== Cinco poemas      Gladys Ilarregui ====================================

*** Old Bloomsbury: pgina desde la ventana

este trozo de agua congelado, perdido en su cristal
en su soledad martima y area, y sin embargo cuando el tiempo
crece como un huracn sobre los ojos ese trozo espejea,
como un tributo a lo que se ha perdido para siempre
en un racimo de adioses o de sueos ahora incomprensibles

ves una seora de edad bajar las escaleras con sus botas
de goma amarilla, y observas qu delicadamente marca un paso
sobre la nieve firme, y no anticipas el ro de sensaciones
viajando por el cuerpo hace veinte, treinta aos, tal vez un
poco ms en aquel beso, en aquella caricia

no hay signos de esa historia de amor cuando camina sola
con un abrigo a cuadros, nadie sabe que en sus medias
lilas duerme una siesta el hombre que la balance en sus
brazos, nadie sabe nada, es el invierno, es un tiempo que
duerme las ventanas mojadas.

Camina una mujer sobre la nieve de la que piensas que conoces
mucho porque tiene tantos y tantos aos, como si la vejez no
tuviera misterios, como si el trozo de hielo te lo dijera todo,
como si la transparencia fuera un foco de luz sobre los ojos.
Imaginas que nunca llev el pelo suelto, perfumado

y crees no le besaron los ojos, o no le prometieron
flores, las ltimas flores del verano.



*** Hbitos

todos los das entre las siete y las nueve tapo a los hijos que no
tuve, los arropo, los cierro con mis brazos, les digo: la maana es
celeste... imagino que uno de ellos se parece a m y necesita las cosas
ms tenues, y tiene miedo de cruzar ese umbral de la ventana donde
una abeja verde graba insistentemente el nombre de una flor invisible

le digo te quiero tanto, te necesito tanto, y es un nio con una
nariz roja por el fro, tmido, demasiado precoz, muy atento a los
movimientos de los rayos del sol sobre la cama

tengo miedo por l, tengo terror que un elefante o un lagarto
o una sola estrofa de himno nacional lo hieran para siempre,
creo que tiene fiebre esta maana si le toco la frente, y es porque
como me ha dicho de noche suea con cosas que se acaban

y ha soado que l y yo nos separamos para siempre, cuando
comienza otra maana en esta casa sin ruidos, sin juguetes de pao
entre las sbanas, cerca de la escalera no hay un libro ilustrado,
no hay dibujos pegados a la heladera, no hay retratos,

hay una bella sbana desnuda y un camisn abandonado
hay un da incrustado en el roco entre la hierba.



*** rboles tan altos

porque la batalla era el tiempo y el tiempo era la revolucin
de esas hojas verdes que persistieron hasta morir en amarillo
porque la vida era un sueo ms alto saliste a la calle,
porque cualquier sistema que quera darte un nombre y
quera darte un trabajo, tena problemas con tus geometras
porque no te gustaba que te vieran desenvolver papeles o
mirarlos, porque tu intimidad era slo tuya, aunque se tratara
de dirigir la mirada hacia esa foto en ese momento precioso

porque vivir para los otros era una pgina ms o menos escrita
pero vivir en el momento que llegaste a la vida fue un tanque
en la calle, a los tres aos, porque sentir lo que sentiste por
esos rboles tan altos, fue la mejor manera de defender tu
orgullo contra las cosas partidas, contra los vidrios rotos

de alguien que quiso matar una ventana en su impotencia

porque cuando saliste a la calle lo hiciste con tus dos brazos
como esos rboles tan altos, porque necesitabas creer que
si los otros haban desarrollado una especie de comunin
con el engao, algo adentro resonaba, como una canilla inexacta,
como un ocano de hojas que palpitaban inesperadamente,

porque nadie, nadie poda regalarte un reloj, porque la hora
era tu hora y caminaste en esa calle rota, enamorada de
las hojas ocres que se arrojaban audazmente al vaco.



*** Travel literature

      "yo trato de explicar que las cosas, las personas, estn compuestas
      de lneas muy diversas, y que no siempre saben sobre qu lnea de s
      mismos estn, ni por dnde hacer pasar la lnea que estn trazando:
      en una palabra que en las personas hay toda una geografa, con lneas
      duras, lneas flexibles, lneas de fuga".
      Gilles Deleuze

Ikebukoro
mercado de kimonos negros y marrones, instrumentos de locura:
el tintero seco, el pincel apoyado, el tiempo, el delirio de tu mano
sobre esa lnea que se moja y quema atravesando la persona el
mundo, esa hoja de otoo que tintinea como un vidrio que cae
y que se rompe. Sonido agudo de la puerta que se cierra, del
mundo que se cierra (crear: volver a esa rbita donde los otros
no son ciertos o pueden no existir) esa locura de apoyar los
brazos sobre un mueble cansado y dejar que se adormezca
la tarde y la espina dorsal, y los furiosos ros de tiempo y agua
y vulo y materia que crujen en tu vida.

Poder explicar este acontecimiento de despertar una metfora
como corriendo un biombo, una cortina, qu fuga debe producirse
dentro de uno mismo para poder aliviar el lenguaje de su pesado
yugo, y desarticularlo, refrescando esas ramas de bamb que se
hunden contra el cielo, qu momento de desesperacin se necesita
para llegar a la palabra amor con los ojos abiertos, cunto camino hay
que recorrer para dejar en su lugar las cosas, despus de ese viaje
por el patio, por la silla que ocupaba otro, por las piedras que
miran el sol, su incontenible fuerza.

No, ya no vas a cambiar, no voy a cambiar, no cambiamos nada.
El mensaje es se. Afuera crece el vientre de un insecto, saca el ala
una mariposa verde, vibra la tela de una araa, levanto una escritura
que nada tiene que ver con las premisas de los otros, mi mapa no tiene
lugares de llegada, voy con el devenir, persisto en la profundidad,
hablo un idioma extranjero, roto para los otros. Hablo con lo que
puedo hablar, hablo sabiendo que pocos me intuyen. Hablo para
contribuir a una conversacin que no provee puntos cardinales,
ni hoteles, ni refugios, ni boletos, ni trenes.



*** Si el da me ejecuta, si me rescata el mar

Si por ejemplo llega alguien ms a la puerta dispuesto
a encuadrarme en ese lmite, cmo me llamo qu hago
qu dibujo con los ojos en el vidrio en el da en el tiempo
si alguien sube las escaleras y pregunta por quin voto
por quin muero por quin siento. Entonces me suicido.

Me voy, me vuelvo sueo, me lleva el mar, el agua me
bendice, no tengo escamas pero el sol me besa, me sienten
en el fondo del verbo algas marinas, no hay ninguna forma
ni lmite, no hay formas y no hay lmites y nadie me contiene,
me define.

Nadie habla de m soy ni siquiera una slaba, brillo y me escondo
en un espejo, y miro las cosas desde el lado de atrs como
me gusta, sin tener teoras, miro cmo esa mujer entraba con
anteojos y recaa en un libro viejo, cansado, hermoso.

O miro cmo los dems la miraban los lmites, y yo me siento
libre sin deseos de aniversarios, fiestas, almanaques, yo estoy
en una parte del tiempo haciendo una experiencia de nube
y de sombra, estoy en una casa del sur mirando el mar.

O estoy en tu vientre los cabellos creciendo llenos de muchedumbre
o estoy en ese momento desesperado en que un poema sale
al vaco o hay pilas de espejos rotos en las casas desmoronadas
y un final de imgenes de lo que fueron, fuimos, intuimos.

** Gladys Ilarregui
   gladys@udel.edu
   Escritora argentina residenciada en EUA. Es actualmente profesora
   asistente de literatura colonial y poesa latinoamericana en la
   Universidad de Delaware (EUA, http://www.udel.edu). Ha publicado seis
   libros de poemas; el ms reciente, Poemas a medianoche / Poems at
   Midnight (Buenos Aires: Tierra Firme, 2003), agrupaba a los poemas
   ganadores del Premio Internacional Borges en 1999 en Argentina. Ese
   mismo libro recibi el Arthur P. Whitaker Prize en 2003, tras su
   publicacin. La autora ha recibido otros premios internacionales por su
   trabajo potico. Los poemas estn en publicacin en una antologa de
   Ixbalam Editores, en Honduras.



=== Para ser feliz hay que cantar      Laura Garca =======================

Mirka me dijo una vez que, en las mujeres, el amor surge desde el vientre,
que all tiene su origen y que luego se va para el corazn. Que ninguna de
nosotras recuerda haberlo sentido primero en el vientre, porque el corazn
tiene tanta capacidad sobre el cuerpo, que hasta al vientre domina y lo
confunde. Yo siempre cre que Mirka estaba medio loca. Ahora la puedo
entender. Los mechones de tu frente se han saltado a tu rostro y te estn
molestando, djame soplar... Ah... Qu lstima que no puedas verme, piensas
que es el viento que corre. Pero mira, esta ciudad es puro sol. Debes estar
asndote de calor con ese traje negro y tu camisa de cuello tortuga. Te ves
tan guapo. Te ves horrorosamente guapo, porque nunca me imagin que te
vistieras tan bien para acompaarme hasta mi ausencia. Me gustara
dedicarte una de esas sonrisas que siempre te gustaron. No debiera existir
en este pueblo la maldita costumbre de hacerle squito a los muertos por
las calles hasta llegar al cementerio. Es una estupidez, si yo estoy aqu,
caminando a tu lado. De verdad no puedes verme? No, si me vieras te
asustaras; no te gusta verme plida. Notas que ahora te trato de t? Es
que como no puedes escucharme, me hago la valiente y hasta de confianza me
lleno. Lo que deca Mirka es cierto. Y ella se fue antes que yo. Mas ella
volcaba sus pasiones en la cocina, como la protagonista de Como agua para
chocolate. Recuerdas que vimos esa pelcula juntos? Que te pusiste
nervioso cuando corrieron las escenas de cama y que me dijiste que Laura
Esquivel te gustaba muchsimo? Te falt leer Arrncame la vida, de ngeles
Mastretta. Entre otras cosas, termin el guin de ese libro. No olvides
llevrselo a Almodvar por m. Ah! Por Dios! Que har mi mam ahora
cuando vea mis pilas de escritos y, peor aun, qu har con mi computador!
Vamos, mrame, ves? Ahora estoy en frente tuyo, camino los mismos pasos
que t, pero voy de espaldas. Eso sucede. Ahora tambin entiendo eso.
Siempre, para ti, fui como soy en este instante. Un fantasma. La diferencia
es que antes me escuchabas. Pero era un fantasma igual. No gano nada con
desesperarme intentando que me entiendas, pero espero que mi mam tenga el
suficiente tino de no botar mi computador, de no quemar mis papeles, de no
ordenar mis discos, no archivar mi mquina de escribir, porque se va a
oxidar, y sobre todas las cosas, de no leer mi agenda de cuero caf. Porque
all est escrito hasta en jeroglficos que te amo. Traducido a todos los
idiomas. Hasta en chino, lo que me da vergenza, porque le romp el corazn
al chinito del restaurante que lindaba con la casa de los abuelos, cuando
le ped que escribiera tu nombre en mandarn: David. Sabes qu significa?
Yo lo s: "Amado por todos". Un da me dijiste que te gustara develar el
misterio de un ser muerto, despus que recibe la ltima palada de tierra.
Yo te lo puedo decir. Sigue amando en el cielo, como amaba en la tierra. Y
ese es el nico requisito que pide Dios para hacerte ngel. Que si me ha
castigado? Que si mis pecados? Que si el purgatorio? Que si el
infierno?... Dios es mucho ms que todo eso. Te lo digo, aqu, ahora! Qu
desgracia que no puedas verme! Por mi vida... Digo, por lo que sea que
pueda jurarte, qu desgracia que no puedas mirarme a los ojos! Porque yo
ahora te estoy mirando y te estoy diciendo que t tenas razn. Que las
monjas estn chifladas. Que sus estpidas lecciones de religin me
embotaron el pensamiento y que el rosario diario no me sirvi de nada, ni
les va a servir a las monjitas. No mientras sigan despreciando a las
prostitutas. Ahora soy tu ngel oficial. Dios mismo me lo ha permitido. Por
eso estoy caminando a tu lado. Verdad que queda lejos el cementerio? Ah!
La discusin que tuvimos sobre Nietzsche ya puedes darla por superada:
porque como quiera que diga y aunque a Dios lo haya creado el hombre, en su
afn de darle explicacin a sus cosas, igual existe. Me gustara que t
tambin tuvieras el tino de buscar mis cosas. Sabes que slo confiaba y
confo an en ti. Es que en la carpeta gris, donde guardaba las hojas en
blanco, qued mi pluma fuente destapada y se secar. Y bajo ella estn mis
cartas. No se te ocurra entregarlas. Qu dirn Gabo y Saramago! Pueden
molestarse, quizs no les gusten las cartas de los muertos. Bueno, en
realidad son tantas cartas, tan fantasiosas, que a lo mejor se te ocurre
entregrselas a la basura para que las devore.

Me dara lo mismo despegarme de la vida que viv -la misma que quedaste
viviendo t- si no tuviera un par de cosas de qu arrepentirme. Y creme
que es ms terrible arrepentirse de lo que no se ha hecho. Me corroe la
negligencia con mis propios sentimientos, pero la ilusin de un amor
imposible es el alimento de la cobarda. Te importara si te digo "Te
amo", sin explicarte el porqu? S, claro que te importara. Siempre
andabas pregonndome que no te diera respuestas en el aire, que te diera
argumentos. "Argumenta, argumenta, vamos". Te confieso la verdad? Eras una
pesadilla como profesor de ciencias sociales e historia. Lo siento mucho,
tu alumna estrella, de notas excelentes, perdi el ao. No puedo decirte
por qu. Es que acaso se puede explicar eso? No lo creo. Cmo puedo
explicar tu mirada, tus ojos brillando a las seis y media de la maana,
poquito antes de que sonara la campana y el placer de ser yo la nica que
los poda ver. Cmo puedo explicar las horas eternas de conversacin,
rindonos, rindote. Cmo puedo argumentar tus luchas y tus preocupaciones
para conmigo. Cmo argumentar la felicidad que experimentamos cuando juntos
copiamos el libro de haiks de Mercedes, la profesora de literatura y las
competencias por ver quin escriba el ms lindo. Cmo explicarlos... Si
los tengo grabados en mi memoria.

"Filsofos, poetas, sabios y telogos: lo siento por vosotros. A mi alma
le basta con este cielo azul y las aves alistndose a dormir!". Ese nos
gustaba mucho. No puedo explicrtelo. No tengo los mismos argumentos que
cuando discutamos desde posiciones opuestas y yo defenda mis ideas. Que
mi edad? Que la tuya? S, s que te lo preguntaras. Que t ya eres
maduro, que yo recin estoy naciendo. Djame decirte que me importan muy
poco los nmeros en tu cdula. Me da lo mismo que estuvieras en la
universidad cuando yo estaba en el vientre de mi madre, porque yo te
alcanc hace muchos aos. Y aunque resulte pretenciosa, es verdad. Tus
cuarenta y tantos me dan lo mismo, amarte es mi asunto y mi edad un nmero,
no puedes hacer de mi pensamiento el mismo nmero, ni mi cabeza tiene
diecisiete. Te ha quedado claro? Es una verdadera pena que sigas sin
escucharme. Siempre te habl con smbolos, con seas, con guios. Quera
atrapar tu atencin, hacer que entendieras lo que senta. Pero t hiciste
tcita ignorancia de eso. Te enfocaste en ser mi maestro y mi amigo y
punto. Ah no! Pero no pienses que todo fueron flores regadas sobre el
jardn y nubes bajo mis pies. Tambin te dese. Pero no un deseo de cuerpo
caliente... No, fue algo ms que mi carne deseosa de sentir los mensajes
que tu piel pudiera transmitirle. Era el deseo de que tu piel le diera a tu
carne mis mensajes ms profundos. Si nunca me ha preocupado mucho recibir.
Del beso clido en la mejilla, el abrazo indiferente, y el libro de Galeano
que no poda conseguir y que me regalaste de premio por ser la mejor del
ao, quedaron las ganas carcomindome la cabeza y el corazn. Y una
dedicatoria en la primera pgina y una hoja del cuaderno de matemticas que
arrancaste para escribirme una resea de un libro mo que te di a leer. No
apures tus pasos, no quieras llegar luego al cementerio que yo no quiero
llegar tan pronto. Me gustas de negro y ahora te estoy abrazando. Puedo
rozar tu rostro y tus labios con mis dedos. Puedo decirte te amo, en
cualquier forma y hasta voy a cuidar tus sueos y tus desvelos. Si
supieras... Si supieras todo esto me odiaras, me mandaras al carajo, como
si hubiese alguna diferencia entre amarte estando a un lado tuyo o estando
en el carajo. Te conozco. Cuando no puedes corresponder te pones nervioso,
te tiemblan las manos y te escudas en tus famosos argumentos y para no
sentir el dolor del rechazo, dej que todo fuera secreto. No pierdas
nuestros haiks, ni dejes de leerlos de vez en cuando. Ah! No sabes lo que
he planeado para cuando estemos solos. Voy a tararearte una meloda, si me
escuchas, cantars. Ah! S, s, por favor, mrame, mrame que te estoy
diciendo algo importante. Recuerdas esa historia que me contaste de tu
amigo viajante? Ese que me contaste sacaba su guitarra en medio de los
caminos ms pedregosos, para cantar sus poesas, y las de otros tambin.
Esa historia me emocion profundamente, porque ese viajante dijo que para
ser feliz no haba frmula. Que cada quien tena sus propias ideas de la
felicidad en smbolos. Pero te propuso, cuando te cont su propia historia,
que para ser feliz hay que cantar. Con tu voz, no importa. Esa de roncos
tonos. Que la que importa es la esencia. El alma que transportan los
sonidos y la vida que riegan por ah las letras. No entenda bien eso,
porque yo nunca cant, a pesar de mis nociones de guitarra y de interpretar
la flauta dulce. Pero en ocasiones te escuchaba cantar. Te preguntaba por
qu lo hacas, me contabas la historia: tu amigo viajante se sinti infeliz
cuando tuvo que detener su camino y arraigarse en una tierra determinada.
Pero se sinti avergonzado de sentirse infeliz, cuando se dio cuenta que
tena su guitarra, las manos para rasguearla, los labios y las voces para
cantar. Y se dio cuenta de ello, cuando algunos mancos y mudos la tomaron
para divertirse. Para rerse. Pens que eras un tonto y que cantabas feo,
pero tambin fui feliz. Escribir fue como cantar. Ahora ya estoy muerta
para ti. Ahora ya no puedes verme, ni escucharme, ni sentirme y no puedo
descargarte mi confesin. Puedo regalarte todo lo que dej? No es que
quiera llenarte de m. Finalmente me olvidars ms pronto que ya, porque en
realidad nunca me has recordado. Pero s que estarn bien contigo mi
melancola, los das de incertidumbre, la rabia y la frustracin, los
malditos esfuerzos por entrar a la universidad y el cansancio de cada da,
agotada, derrotada por un da de no lograrlo. Contigo estarn mejor mis
sueos y mis delirios. El sudor de mi frente cuando escribo y las
cuartillas de versos que hacen el poema de mi testamento. Contigo no se
perdern los proyectos que quedaron en el papel, ni los libros de la
biblioteca. Contigo, mis dudas seguirn su vida en ti y hasta los discos
puede que suenen de pronto en tu radio. Contigo mis palabras seguirn a mi
ideal de que sean instrumentos, armas, municin o simples paisajes que dan
felicidad y placer. Y las fotografas... Djalas enmohecerse, que siempre
me dolieron las sonrisas eternizadas en los rostros de los que se fueron y
los que no se han ido. Mira, ya hemos llegado. Estamos en el cementerio,
estoy plida en el atad, y me ests tirando flores, girasoles, los que ms
me gustan. Qu ironas las de la vida! Tena que morirme para que me
regalaras flores. No, no llores. No van contigo las lgrimas. Si pudieras
sentirme... Pero me he dado por vencida. Ser tu ngel, esa que detiene la
flecha que va a hacerte dao, la que hace que tus pasos no tropiecen y se
siente feliz de verte feliz cantando. De qu te sonres? Acaso puedes
darte cuenta de que estoy aqu? Recuerdas algo? Dara todo por saber qu
piensas ahora. Que me vas a echar de menos? Y no sabes cunto te extraar
yo. Ven, levntate. Vamos. No s si te amar por siempre, porque no puedo
saber ese futuro que tanto me preocupa en esta juventud. Ya no tengo
futuro. Sin embargo, si llega un amor renovador a mi vida de ahora, solo
ser verdaderamente fuerte si me sale del vientre hasta llegar a mi
corazn. Porque los fantasmas tambin tenemos vientre y corazn. Cmo me
sucedi contigo, desde ese primer da que te sorprend entre los estantes
de la biblioteca buscando haiks y sent ese extrao murmullo que
provocabas. -Qu hace, profesor? -te pregunt. "Ah, nada especial,
seorita", respondiste rindote pcaro. Para ser feliz hay que cantar.

** Laura Garca
   laura.lalita@gmail.com
   Escritora colombiana (Cartago, Valle del Cauca, 1985). Cursa estudios de
   dramaturgia en Santiago de Chile, donde reside desde 2003.



=== Los versos ms escandalosos      Gricel vila Ortega ==================

No me importa escribir los versos ms escandalosos
Si stos te hacen llorar
No me lastima pensar en las frases ms inconclusas
Si no las logras cavilar.
Qu ms da debatirse entre el olvido y la verdad
Si slo permaneces contemplando la espera

No me importa escribir los versos ms escandalosos
Si es el nico camino para que distingas mi forma
Qu ms da si continas sufriendo, qu ms si ests alegre o
Llorando, si en las lneas de mi mano no te encuentras
Dibujado

Por que mientras permaneces en tu ausencia:
Grito,
Lloro,
Sufro,
Ro, mar, lagos, yo ro entre sus aguas
Corro, entre sus orillas
Y me ahogo entre sus tierras
Me desvanezco entre el aire
Y resucito con los rboles
Agonizo entre verdades
Entre mentiras o falsedades
Entre el oro del mundo y la
Suciedad del oro en bruto
Mientras ests lejano
Lavo,
Enjugo lgrimas y ropas
Quemo,
Cenizas de hojas y palabras
Resucito,
Cuentos y poemas,
Acaricio,
A personas
Consuelo a Ana y a Vronsky
Abrazo a Rodolfo, a Carlos y a Emma
Enjugo las desgracias de Ins, los desvaros
De Shopenhauer, las intensas imaginaciones
De Orlando y Ulises en sus barcos, caliento la
Frialdad de Nicanor Borges y le cuento la historia de
Su familia para que tenga dulces sueos,
Escucho horas interminables a Sherezade y calmo su miedo
De morir degollada,
Tomo la mano de Beatriz y le explico que est en la tierra
En un sitio indeterminado, le describo el pas donde se encuentra,
Y la conduzco puerta por puerta a todos los confines de este lugar
Hasta llegar al plenilunio de esperar a que se marche y enloquezca
A otros con sus ideas.
Le escribo cartas a Teresa
Y le digo que Dios est en otra parte
Platico con Juan y le hago creer que su poesa
Me eleva
Permanezco esttica y dej que Aschenbach me observe
Todo el tiempo que quiera, porque tengo un retrato de un
Nio rubio en la mano
Porque me acuerdo cuando me dije que en la belleza te esperara sentada, me
acuerdo que fue diez aos atrs. Aschenbach todava no me contemplaba, l
mora de triunfos, de premios internacionales, y no haba visto al nio
rubio que tengo en el retrato. l se haba casado, tenido una hija y
enviudado, y yo acababa de ver tu foto, acababa de enamorarme de ti.
Estabas sentado en la fotografa, con tu rostro sorpresivo y fragmentado,
estabas sentado. Deduje que sentada te esperara, igual a la muerte que
Aschenbach dese. l dijo que deseaba morir observando la foto del retrato,
esa que tuve justamente en mi mano. La foto que arranqu de una pgina del
peridico de hace diez aos, porque me figuraba que podas ser t cuando
eras un nio y me dije que alguna vez yo tambin luc con ese rostro
inexpresivo de calmedad. Supongo que l vio lo mismo que yo al contemplar
la foto que sostena en mi mano y se enamor irreversiblemente de esa
posibilidad de belleza. Se observo a s mismo. Pero con la diferencia de
que yo slo me vi a tu lado y Aschenbach la perpetuacin de su infancia. La
vio, cuando navegaba en la gndola, y yo estaba frente a un puente como una
estatua de San Jernimo mirndolo acercarse, con la mano levantada y la
foto del nio en la palma. Aschenbach me visualiz y orden al gondolero
detenerse y vio la fotografa de mi palma hasta que ya no pudo sostenerse
en pie y el gondolero recibi la orden de partir. Das despus supe que l
se cans de buscarme hasta que se encontr con un muchacho que bien poda
ser el mismo nio en su adolescencia. Despus me enter por las noticias
que por una fiebre aftosa que invadi Venecia, l se haba muerto sentado
frente a la playa. Despus me enter de que el nio rubio de la fotografa
que arranqu del peridico era el mismo que Aschenbach encontr
Y que S, s, s mora
Se mora entre devaneos inconstantes
Entre fiebre inconclusas
Paranoias de una Venecia hermosa
Que slo predominaba en el recuerdo
De una epidemia mortal,
De un ftido olor que se colaba entre
El agua e invada los temores de la belleza
De la belleza que se esfuma, se marcha,
Finiquita, se desaparece.

Al final el nio rubio muri de asco
Del recuerdo y del olvido.
Pero sigue constante como
Fotografa embalsamada
Pues si se perpetan
Tal vez regrese de la exuberancia
De las epidemias fenecidas.

Entre el nio, Aschenbach y la fotografa
Siento que te me mueres del recuerdo
Que te embalsamas sin un regreso
Que las esperanzas se tornan ms desapercibidas
Que las epidemias de la belleza han empelotado
Tu recuerdo
Que las lneas de mi mano slo marcan ausencia
Prematura,
Que lo prematuro ser eterno
Y que lo eterno no termina con tu regreso;
Que una vieja fotografa no lograr perpetuarte
Que la ilusin de una hermosura slo ha servido	
Para enmascararte entre versos inconclusos e inconexos
Entre esquizofrenias montonas que slo perdura el tiempo
De una poesa aborrecedora
De una palabra inconexa que termina entre
Una V y una T
Entre vellos y tetas inconsistentes
Entre la idea y la materia
Entre que ests y no estars
Entre estrofas ilusorias que mueren de paranoias
De fiebres aftosas,
De ascos irreversibles
De vmitos inquebrantables
De slabas que no pueden pronunciar, ni aceptar
Que las lneas determinan tu salvedad.
Muerte! Pero no se asusten
Que es slo muerte de lo que fenece
De lo finiquitado y temido
De lo que ya se previene
Ahora el orden de todo se
Intercambia y los discursos se pierden
En la lejana de tu eterna ausencia
Cunta razn! Albergas Damin,
Por que la historia de la palabra se desvanece
Entre los que la soportan, entre el Can y el Abel
Que cargan el peso de su verdad y falsedad
Como Aschenbach que contempl la perpetuacin del
Amor a la infancia
Como yo que estoy sentada en una silla frente a la playa
Observando cmo el curso
De lo justo y lo falso se desvanece
Entre tiernas aguas que les
Dan la bienvenida de la ausencia
Es la muerte,
No se asusten
Que slo es la muerte de recuerdos
Que ya no son corregibles.
Eres t muriendo entre las algas marinas
De esta playa,
Soy yo escribiendo los versos escandalosos
Para que te hagan llorar
Soy yo pensando en frases inconclusas que te
Puedan ahogar en el mar,
Soy yo, mirando a tus recuerdos cavilar,
Soy yo muriendo en el desinters de que ya no
Ests,
Soy yo dejando de gritar,
De llorar,
De sufrir
Entre los ros, mares y lagos,
Dejando de ahogarme en sus
Tierras,
De desvanecerme entre sus aires
Y resucitar entre sus rboles
Soy yo dejando de agonizar entre
Esas verdades, entre esas mentiras
Y falsedades...
Soy el observador que mira a sus
Recuerdos alejarse en el fondo marino
De una playa que no termina de nombrarse.

** Gricel vila Ortega
   grissssmx@yahoo.com.mx
   Escritora mexicana (Mrida, Yucatn, 1983). Licenciada en literatura
   latinoamericana por la Universidad Autnoma de Yucatn
   (http://www.uady.mx), casa de estudios de cuyo taller literario
   particip activamente bajo la tutela del escritor Joaqun Bestard.
   Colabor como guionista y locutora en la emisin radiofnica Voces de
   Papel, en la frecuencia 103.9 FM, Radio Universidad. Ha publicado
   cuentos y ensayos en revistas nacionales, internacionales, electrnicas,
   antologas y suplementos literarios. Ha participado en foros
   internacionales como el Radio Francia Internacional y en eventos como el
   Congreso Nacional de Lingstica, organizado por la Asociacin Nacional
   de Lingstica Aplicada, con sede en Mrida. Ha cursado estudios de
   historia del arte en el Museo de Arte Contemporneo Ateneo de Yucatn
   (Macay, http://www.macay.org). Actualmente estudia un postgrado en
   literatura hispana en la Universidad de Las Cruces, Nuevo Mxico.



=== Extremidades      ngel Olgoso ========================================

*** Leccin de msica

Fue en el castillo familiar, no muy distante de la abada cisterciense de
Flavan que sera almacn para guardar botellas de armaac despus de la
revolucin -cierto da en que Guillaume de Langres, primognito de doce
aos, reciba lecciones de clavicordio con el preceptor a su espalda y vio
pasar, entre el gabinete de teca y el orbe mecnico, a un carnero
completamente desollado, sangriento, escapando con terribles balidos del
dormitorio de su madre parturienta a la que las matronas aplicaron un
cataplasma con su piel caliente-, cuando Guillaume tuvo la evidencia de que
el pelo se le haba vuelto blanco.



*** Las tormentas

El nio corra esa noche por el pasillo perseguido por los primeros truenos
de la tormenta, que reverberaban con clamor de artillera. En otras
ocasiones, huyendo de las alimaas de algn sueo, abandonaba su habitacin
de puntillas o tanteaba delicadamente las paredes en direccin al clido
ronroneo de los brazos de su madre. Ahora volaba descalzo, temblando, sin
aliento, con pequeos incendios en los ojos muy abiertos y la ardilla
asustada que era su corazn pugnando por escaprsele del pecho. Parecan
rozarlo ya los relmpagos y las rfagas exteriores de viento y lluvia
cuando alcanz el pomo del dormitorio de su madre. Lo gir y cerr tras de
s resuelto, triunfal. Retumbos, trallazos y aullidos se apagaron. Estaba a
salvo de los demonios rebuznadores de las tormentas. A travs de la luz
ntima que despeda la lamparilla de la mesita de noche, a travs de su
vapor tibio y dorado, como de caballeriza, el nio crey entrever -antes de
cerrar los ojos- un enorme lobo negro, hspido, jadeante, desafiador, cuyas
poderosas patas se demoraban sobre las sbanas.



*** Cleveland

El humo se acumulaba en el techo de la bolera. Los muchachos, confiados,
lanzaron sus bolas como quien exprime un jugoso racimo de bayas y lo arroja
lejos. Haban puntuado alto y ahora charlaban y fumaban tranquilamente,
estudiando los ventiladores y el bruido de la tarima. Mi turno. Entre las
bolas vino rodando un crneo, limpio y brillante. Los muchachos miraron con
preocupacin. Introduje los dedos en los orificios de los ojos. Sent que
se ennegrecan de sombra y de vaco de gruta. Era dolorosamente ms ligero
que las dems bolas corrientes. Lade la cabeza calibrando peso y
distancia. Retroced unos pasos para tomar impulso. Al lanzarlo cerr los
ojos y hubiera cerrado los odos si stos funcionaran de tal manera. El
crneo sali proyectado, describi una buena trayectoria y rod por el
centro de la pista percutiendo contra el suelo pulido, como un meteoro
color crema a la deriva en la corriente de las probabilidades.



*** El tendedero

No conocemos a los vecinos. Desde la ventanita del bao superior slo
alcanzamos a ver el descolorido toldo que cubre su patio. Y, estirando el
cuello, unas tinas vacas -o yo las crea tales- en el rincn opuesto a
nuestro muro. Por lo dems, hay en sus hbitos descorteses algo que se
impone sin esfuerzo, que sobrepuja con violencia, que salta y arremete
desde su patio, una invasin de proporciones extraordinarias, repetida una
y otra vez sin variaciones, da y noche, atardecer o madrugada: el
lancinante chirrido del tendedero. Un serrado lamento. Un rechinar
concntrico. Un clamor cortado a pico. Una aturdidora letana. Una clera
compacta. Nosotros, mientras tanto, nos encorvamos hasta tocar los pies con
la barbilla, gemimos impotentes, masticamos objetivamente el desgarrador
estrpito de las roldanas sin aceitar. Y la infinita vulgaridad de las
llamadas a gritos de la madre. Y los berridos sobrehumanos de los nios. Y
las blasfemias del padre. Con el tiempo no esperamos, desde luego, cambios
favorables. El refinado mecanismo de tortura -sus cuerdas extensibles, sus
poleas, sus cables de acero, sus pinzas prensiles, sus perturbadores
chillidos- parece cargado de un sentido extrao. Nadie apacigua a la bestia
cuando tronza. Ms bien al contrario, la azuzan sincronizada y
deliberadamente. Es gente con habilidad para daar. Con gusto quisiramos
abstraernos del fenmeno. En esos momentos uno deseara ser bronco, acaso
despiadado. Por desgracia, nada nos da fuerzas. Carecemos incluso de
permiso de armas y de las ventajas de tal gnero de alivio. Hora tras hora,
da tras da, alguien cuelga y descuelga, tiende y recoge algo en manitica
sucesin. Con tanta asiduidad, con tan cruel eficacia y rechinamiento, que
las lagartijas caen del muro: el espanto afloja las ventosas de sus patas.
En ocasiones, a contrapelo del aire, el corrupto olor a cebolla de las
matanzas, a pieles vencidas tras la ejecucin, sube hasta nosotros. A
menudo su patio se puebla tambin de estorninos. Desprecian los robles
cercanos para arracimarse a su antojo bajo el toldo, en el mismsimo
rectngulo dispensador de fro y pensamientos siniestros, de sombras apenas
entrevistas, de secretos pecados e incomprensibles costumbres. Como si
acudieran atrados por los despojos annimos que sujetan las pinzas del
engranaje. Ojal pudiera llamarlos ropa tendida. Lo peor es, diramos, la
familiaridad. La absoluta vecindad con las atrocidades. Los estragos de esa
especie de deriva montona y terrorfica. Evidentemente, la claudicacin.
Nos mudamos. Sin pena.



*** Extremidades

Iban a demoler el viejo hospital y citaron a los ciudadanos interesados en
reclamar sus antiguos despojos corporales, objeto de observacin y estudio
durante decenios. Fue la curiosidad lo que me llev a solicitar la pierna
que me amputaron, por encima de la rodilla, cuando an no haba cumplido
veinte meses. A aquella tragedia le siguieron aos de trato preferente con
el mejor artfice de piezas ortopdicas, apndices ms apropiados para la
vida en sociedad, y no demasiado molestos; por lo dems, mi mun y todo mi
organismo aceptaban de buen grado cada nueva incorporacin, como si se
supieran regenerados al entrelazar su borde de carne ya endurecida con esos
tejidos fros, inertes, metlicos. Ahora, frente a mis ojos, en el formol
de un recipiente de cristal, flotaba la extremidad sorprendentemente
diminuta, blanca e infantil de un hombre de cuarenta y nueve aos. Su
visin resultaba ms tierna que grotesca: los dedos del pie como migajitas
de pan, la rodilla sin seales de hueso, el revoltillo de cabello de ngel
de las arterias seccionadas del muslo. Este espritu gemelo, en su soledad,
en su meridiana inocencia, haba permanecido inmutable, intacto, a salvo de
la carcoma del cansancio, libre del veneno que todos los seres llevamos
dentro. Yo creca, mientras tanto, ajeno a la entereza de mi extremidad
cercenada; me desarrollaba con la indiferencia de la mala hierba que se
reconoce intil, destinada a una absurda vida de sacrificio y condenada a
la fumigacin final. Cuando das despus comenc a observar
desapasionadamente aquella extremidad mnima, a pesar del insondable
vnculo que nos una, a pesar de su plena indefensin, a pesar de todo, me
pareci de pronto un objeto inconcebible, casi monstruoso. Bastaba imaginar
su mrbido tacto -tan distinto del tranquilizador pulimento de mi pierna
ortopdica- para sentir una cierta inquietud, un temor originado ms all
de las fantasas de suplantacin. Aloj al ente y a su receptculo de
cristal en las baldas ms altas del stano. All lo espiaba da y noche,
sintindome observado. Segua sus delicadas pero obsesivas evoluciones,
mecindose imputrescible en su mundo de infusin, maligno, ignominioso,
como esas hienas que al saberse heridas devoran sus propias vsceras.



*** Introito para arpa de tendones humanos

El ojo derecho me cuelga a la altura del pmulo. Las ametralladoras nos
barrieron del parapeto. A Le Brun y a m. Ca bocabajo en el barro.
Oscuridad, acgeme entre tus brazos. Hacerme el muerto. Aquel crujido era
la bala volndome el hueso orbital. Intento devolver el ojo a su lugar sin
delatarme. Parece un amasijo de muelles blandos. La aviacin nos haba
bombardeado de nuevo a la salida del sol. El capitn d'Herbelot se disgreg
en miles de pequeos d'Herbelot. El miedo no es negrura si antes has
conocido el espanto. Thierry perdi los brazos mientras los estiraba en un
bostezo de cansancio. Comimos ratas que sabamos devoraban cuerpos de
soldados muertos. Amortajamos miembros amputados. Hilamos tripas y las
repusimos en sus cadveres coronndolas con las fotos de sus novias
sonrientes. Cada uno de nosotros, espectros raquticos y aulladores,
conoca en vida el nombre de su infierno: el bosque Prijmadin, la plaza de
Altsattl, los pastizales de Na Mustku, el ro Tna, la colina Podbrady. Ha
vuelto a desprenderse el globo ocular. Lo empujo al fondo de su cavidad con
un lentsimo amago, intentando no descubrirme. Dios delante y yo detrs. En
uno de los ltimos ataques, Litvak el Pelcano levit en el aire con la
explosin del mortero y pude contemplar momentneamente el revs entero de
su piel. Litvak el Pelcano fumaba picadura de primera. Camaradas que eran
borbotones de rabia, miedo, astucia, lealtad, locura, y una fraccin de
segundo despus caparazones vacos, hollejos, remolinos de carbn y
fosfato. Permanezco inmvil. Bocabajo. La nusea llama convulsamente a mi
puerta. La dejo entrar y se acomoda en la mesa junto al dolor. Decrece el
ruido sordo de los impactos contra los sacos terreros. Mi ojo izquierdo,
entreabierto, asiste toda la tarde a desfiles de chinches y hormigas y
cucarachas. No hay paisaje en esta sala de mquinas de la historia, en esta
artesa para matanzas. Slo raciones de sangre. Macutos de barro.
Cantimploras de secreciones. Trincheras de vendas y delirios. Pienso en la
pureza, en una monja de hbitos blancos y toca almidonada que acaricia mi
frente con un beso incomparablemente dulce y consolador. Pienso en la
imprecisin del dedo meique de los pies. Se acerca el enemigo entre los
escombros. Lo olisqueo. Tiemblo. La muerte es slo un da ms, nos arengaba
el capitn d'Herbelot antes de desintegrarse en su halo. Un da ms, quiz,
pero interminable. Siento pnico. Doy la espalda a las rfagas perdidas de
los francotiradores, a los lanzallamas, al imperceptible y concluyente
disparo de los rematadores de heridos. Llega la noche, como aturdida. Horas
apiladas en fras capas de agona. Temo tambin una paletada de cal sin
previo aviso. Dormir. Visto desde arriba, mi cuerpo hace nido. El prpado
restante se me cierra de sueo, de agotamiento, de asco. Pero lo que ms
empavorece a este cobarde, a este desertor, es la infinita maldad del
amanecer.



*** El espanto

Acodado en una mesita exterior del caf Madagascar, sorbo el contenido de
mi taza y contemplo a los transentes, estudindolos como quien pesca con
chispa y mosca ahogada. El aire remolca muy despacio las nubes. Me fijo en
un hombre agradable con sombrero y maletn que lleva de la mano a una nia
de no ms de seis aos, tironeando un poco de su bracito, lo suficiente
como para impedir que avance con naturalidad. Parece asustada. El contacto
de aquellas dos manos desparejas no es el idneo, ni responde a la
bendicin del amor, remite por el contrario a la vorgine de peligros que
se extiende ms all de uno mismo. Esos detalles triviales me sobrecogen. Y
su efecto hace que, de pronto, tenga del hombre la percepcin -repugnante
en el ms genuino sentido de la palabra- de algo como una langosta, una ms
entre las langostas de una plaga que bulle sobre un mar de sangre negra.
Los observo mientras se alejan: la nia con pasitos descompasados y l
emitiendo sonidos de masticacin. Finalmente, ambos se pierden entre los
huevos de oscuridad que estn siendo incubados bajo los farallones de
nuestros edificios.



*** Relmpagos

Un rayo fulmin nuestro palo mayor, arrojndome a la helada negrura de las
aguas. Olas como cordilleras arremetan contra el barco, que cruja y
cabeceaba espantosamente, guiado a la condenacin de las rocas de bajo. La
corriente me arrastr hasta el fondo, entre bocanadas, con la vista fija en
las trombas de espuma de la superficie que se alejaba, hasta que unos
brazos atraparon con fuerza mi cabeza y me devolvieron al aire. La matrona,
bajo la cegadora luz del quirfano, dio unas vigorosas palmadas en mi
espalda de recin nacido, depositndome sobre el pecho de mi madre, que
sudaba y jadeaba an por la dificultad del parto. Redobl mi llanto,
deslumbrado por la blancura del lugar, pero reconoc entonces el gorgoteo
de un alimento invisible. Converga hacia dos boyas que se mecan en la
suavsima resaca, llamndome. Atrap con furia aquellos pezones maternales
en busca de una promesa de saciedad. Mi lengua borde los senos, descendi
luego por un costado, invadi impetuosa los muslos y se demor en el centro
magntico del cuerpo de mi amante. Ya de madrugada, el rumor de su marido
tras la puerta me empuj despavoridamente bajo la cama. Me latan las
sienes. Petrificado entre los muelles y la alfombra de felpa, la vergenza
dej paso al enojo. Renunci a la seguridad de un horizonte de zapatos y
tiempo estancado y asom fuera la cabeza. Una de las balas enemigas hizo
rechinar mi casco, devolvindome al barro de la trinchera. Demonios de humo
danzaban en la noche. Las explosiones de mortero se sucedan sin intervalos
ante aquel lodazal ensangrentado. Recobr mi fusil, rugiendo de
desesperacin y sed irrefrenables, me afirm sobre los pies y apunt
impulsivamente hacia la llanura. Mi disparo derrib al asesino de mi hijo
mientras se celebraba el juicio por el crimen. Hubo en la sala agitacin de
bombines y cuellos de celuloide, pero ese acto alivi mi clera y mi
amargura y pude rememorar por fin, sin estremecerme, su rostro tan grave
para un nio de nueve aos. Los guardias del tribunal me inmovilizaron de
inmediato, obligndome a sentarme con cierta rigidez. Ajustaron despus las
correas de la silla elctrica contra mis miembros. Cerr los ojos, como si
ello me permitiera eludir la ejecucin o creyese vivir en la linde un sueo
interminable. Cuando alguien accion los conmutadores del cuadro, la
descarga bram salvajemente a travs de mi piel calcinada, fluy por los
muros de la penitenciara, retorn a las alturas y perdur all hasta
asimilarse a un rayo que fulmin nuestro palo mayor, arrojndome a la
helada negrura de las aguas.

** ngel Olgoso
   angelolgoso@wanadoo.es
   Escritor espaol (Cllar Vega, Granada, 1961). Ha publicado los libros
   de cuentos Los das subterrneos, La hlice entre los sargazos, Nubes de
   piedra, Granada, ao 2039 y otros relatos (Ed. Comares) y Cuentos de
   otro mundo (Ed. Dauro). Ha recibido, entre otros, el Premio de la Feria
   del Libro de Almera (1994), el Certamen de Literatura Ertica "Gruta de
   las Maravillas" de la Fundacin Juan Ramn Jimnez (1995), el Premio
   Caja Espaa de Libros de Cuentos (1998) y el Premio Clarn de Relatos
   convocado por la Asociacin de Escritores y Artistas Espaoles (2004).
   Ha sido tambin finalista del Certamen Gustavo Adolfo Bcquer de la
   Junta de Andaluca, del Premio de Relatos Alfonso Grosso (1999) y del
   Premio NH de Relatos (2004). Es miembro de la "Amateur Mendicant
   Society" de estudios holmesianos, y del Institutum Pataphysicum
   Granatensis. Relatos suyos se han incluido en Pequeas resistencias.
   Antologa del nuevo cuento espaol (Ed. Pginas de Espuma, Madrid,
   2002), Cuentos del alambre. Antologa de nuevos cuentistas granadinos
   (Ed. Traspis, Granada, 2004), Noche de relatos (NH Hoteles, 2004) y en
   Grandes minicuentos fantsticos (Ed. Alfaguara, Madrid, 2004). Tambin
   ha publicado relatos en la revista Quimera (N 222 y 253) y en las
   revistas digitales Relatocorto (http://www.relatocorto.com) y Ficticia
   (Mxico, http://www.ficticia.com). Ha sido traducido al ingls.



=== Palabra, planetas, ncleo, escapar: como poemas =======================
=== Salomn Valderrama Cruz ===============================================

                                                      Como la misma palabra
                                                            La que se aleja
                                                               De la bestia
                                                                De su juego
                                                           Del miedo de ser
                                                                   Olvidada
                                            De El juguete que es la palabra

He estado all, caballo, y me har el saxofn borracho ya hijo ciego de
Diego Rodrguez de Silva y Velzquez de pietro y serrano corazn flico o
ahora ya, envs, vagnico, en lo mismo, aturdido. A punto de morir por Ser,
tabla, tiempo y frula, al comprender un ser que ve ms ac de la realidad,
crisistiana, prosa que se enjuaga en aguas animal de crptico manantial.
Cuando la verdad, la avanzada, divertida, malhadada y nia cualidad est
para ser-terapia y no-imposicin. Arremetida y no-legalidad. Y as se ha
reclamado velar, Ser que astutamente arranca los pelos camuflados del
smbolo, el primer smbolo que mata o traiciona al hijo conocido: orculo
que miente. Y es que ahora ya s de la fogosa poesa, traicionada palabra
que se asusta cuando corrompen su lisura verdadera. Que hasta los cerebros
duelen. Que hay que traducir la poesa, que ella desarrolla las mentes, que
por eso no gusta. Que la gente, que las masas son idiotas, pero que ellas,
la palabra se baa de las arcaicas reglas retomadas, salvajes, que esa masa
las amamanta y renueva como paz para comer alguna ignorada realidad,
impuesta a s manjar, dolor de madre Octavio Paz, abortando parcas y
polacas hijas de Las palabras:

Dales la vuelta,
cgelas del rabo (chillen, putas),
aztalas,
dales azcar en la boca a las rejegas,
nflalas, globos, pnchalas,
srbeles sangre y tutanos,
scalas,
cpalas,
psalas, gallo galante,
turceles el gaznate, cocinero,
desplmalas,
destrpalas, toro,
buey, arrstralas,
hazlas, poeta,
haz que se traguen todas sus palabras.

Que hay que esconderlas, quemarlas, hacerlas inservibles porque son
peligrosas y mal educadas: Hay que argumentar terrorismo cerebral! Y es
que el que se atreve no slo es un pequeo dios, como dice el padre Vicente
Huidobro, sino que es un Diablo. ngel maldito que es expulsado hasta de
otro parnaso o grupo cuya regla existe y es como la miel para ser velada,
lamida y llorada como la voz que expone la sabia desnudez del campo ambiguo
o silvestre de Edouard Manet. Calibrada educacin. Y ay de los panes que se
recojan a s mismos negritud que danza eternidad Martin Luther King o vaco
que resume el Todo y solamente mujer, mejor que hembras libres de las urbes
secas de vergenzas que revelan la msica de Erik Satie: a traicin ser
manjar para morir de amor. Pero ya no quiero ver, lo s; los cerebros que
muerden y persiguen, preguntan llaves de confort, entendido u ordinario
confort, para todo es mejor la poesa que no se entiende en un inicio, la
que se mal entiende como violacin del padre-urbe de Joachim Ringelnatz
hablando de viejo lampa A los nios de Berln:

Qu creis que hacen vuestros padres
Cuando tenis que acostaros
Y ellos supuestamente an tienen que escribir cartas?

Os los puedo decir: all se besa,
Se fuma, se baila, se bebe, se atiborra,
Furtivamente aparecen invitados sospechosos.
Se recorren todos los niveles de la fornicacin
Hasta la loro-sodoma.
Se juegan sumas indescriptibles,
Emana el humo del opio y de la cocana.
Se copula hasta que los crneos zumban
Ay, mejor callemos -Puf! Qu asco, Berln!

Viajando enmaraado en el agudo estribo est lo mejor, la mujer de paja,
solemne, papeles de tierra traslcida, imperfecta a mi secreto anochecer.
Para escapar hacia Ayacucho y para tocar la piedra viva en mi libertad, los
ojos morrones aferrados, el clima siempre sinfnico; un cndor que retorna
a regar mi amanecer. En la espantada muerte que me abraza o norma mi
ascensin, guitarra, maravilla de montaa o bosque de la mora en Zrate,
escalando, aferrado a esta, quizs nica, vida en repeticin. Un carnaval
para estar, arte ser, revolucin de hombre marrn. Que he cortado tambin
14 muertos sobre catorce mesas en las que mi familia comi y sobre ellas
hice mi vida, la operacin anatmica, formulacin del goce mayor, que en
ellas tambin penetr a mi amor Curaca de can por permanecer ciudad
centro o fruto de Lima, soporte concreto, hijo del renovado sol hasta el
mar no tan gregario como la danza de Csar Vallejo que escolta la, En el
momento en que el tenista...

En el momento en que el tenista lanza magistralmente
su bala, le posee una inocencia totalmente animal;
en el momento
en que el filsofo sorprende una nueva verdad
es una bestia completa.
Anatole France afirmaba
que el sentimiento religioso
es la funcin de un rgano especial del cuerpo humano
hasta ahora ignorado y se podra
decir tambin, entonces
que, en el momento exacto en que un tal rgano
funciona plenamente,
tan puro de malicia est el creyente,
que se dira casi un vegetal.
Oh alma! Oh pensamiento! Oh Marx! Oh Feuerbach!

Mi vida est colgando de un punto que no se define ni filosofa ni
matemtica, ni historia ni literatura, ni fsica ni qumica, ni nada o todo
lo mismo. Slo palabras que encierran acuerdos, sentimientos, estados de
estar en alguna parte para no ser el asunto de una palabra acordada en
concilio, en reunin de estandartes del mundo que define un espacio,
instante del tiempo, que segn Marcel Proust, para que no sea olvidado o
alejado del nombre: siempre debera estar como En busca del tiempo perdido
para un rostro propio o nativo. No por el tiempo real o vivido sino por el
tiempo irreal o experiencia del sueo, a imagen en contexto, un cuadro de
un cuadro de Ren Magritte o una azotada eficacia ya pilar en la oscuridad;
pirmide de noches sobre dientes ms blancos que balcones escondidos en una
mtrica de loco o revolucionario pintor, para los ojos que volviendo se
voltean, los cuadros de Giorgio de Chirico abrazando a Salvador Dal. Oh
no!, ojal me equivoque y todo sea, sinceramente, una operacin a mi
apndice tan embarazado como hembra que espera la camada de un poliarte
definido inconcluso y para siempre renovado y nuevo: en otra Sagrada
Familia. Siempre pintando (embarrando), fumando y bebiendo o pensando a
Jorge Luis Borges, en hacer al olor atrn de James Joyce:

En un da del hombre estn los das
del tiempo, desde aquel inconcebible
da inicial del tiempo, en que un terrible
Dios prefij los das y agonas

hasta aquel otro en que el ubicuo ro
del tiempo terrenal torne a su fuente,
que es lo Eterno, y se apague en el presente,
el futuro, el ayer, lo que ahora es mo.

Entre el alba y la noche est la historia
universal. Desde la noche veo
a mis pies los caminos del hebreo,

Cartago aniquilada, Infierno y Gloria.
Dame, Seor, coraje y alegra
para escalar la cumbre de este da.

Y hago un bloqueo de palabra y corro con palabras y pienso que cuando le
hablo a ella me tuerzo, ecuacin de tercer grado, sinceramente me confundo
a choque y bloqueo de palabra sin palabras, diagrama de tangentes
copuladas, ahogado en nmeros o rescatado del revs enigma de los hombres.
Soldados, fracciones, depsitos que sujetan la forma envestida o todos
tablero de ajedrez. Si digo plenitud ella me dice temporalidad. Si digo
tristeza ella me dice estado para ver felicidad. Si digo amor ella me dice
cudate de la palabra brutal. Orgas de cal amarrada a lo que hay por
debajo o encima la piel, fantasma del mundo, memoria que ya construye otra
Tierra. Palabra, planetas, ncleo, escapar: poema o 'lazo umbilical'. Si
digo basura y no sirve, ella me dice destierro, te olvidas de ti, de lo que
otros vivieron por ti y la voz que est pero que es agua al final, que
sensible slo brotar si la besas al principio y al fin. Yo hablo y se
supone que escucho pero ella siempre me dice: no escapas. Yo vivo la
poesa, el algo que nace y se va, que invertida o semejante disfrazada,
retorna en otra parte igualdad, la misma cosa, pensamiento que ya vive
encontrado, opaco, para amanecer los das no tan puros como el da de hoy.
Renacer a vivir sin miedo al amor. Escuchar musicales batanes o voces
amarrado de Eugnio de Andrade con La sal de la lengua:

Escucha, escucha; tengo an
una cosa que decirte.
No es importante, lo s, y no va
a salvar el mundo, no cambiar
la vida de nadie -mas quin
es hoy capaz de salvar el mundo
o tan slo cambiar el sentido
de la vida de alguien?
Escchame, no te entretengo.
Es poca cosa, como la llovizna
que lenta est llegando.
Son tres, cuatro palabras, poco
ms. Palabras que te quiero confiar.
Para que no se extinga su lumbre,
su lumbre breve.
Palabras que mucho am,
que tal vez ame todava.
Ellas son la casa, la sal de la lengua.

As como todo ocurre, extrao, incompresible, inefables asuntos de vidas
llenas de valor impreciso.

** Salomn Valderrama
   eljuguetequees@latinmail.com
   Escritor peruano (La Libertad, Chilia, 1979). Ha publicado Adrina,
   Sinfona de flores cruzadas, De Lampa para El Porvenir, Las flores
   negras, La revolucin de las cosas, Los hijos de mi casa hermosa,
   Sonidos de algunos instrumentos tuertos y En el agujero del poncho.



=== Soledades      rica Rozek ============================================

Taconeando las calles, salpicadas con lgrimas de un insensible atardecer,
su trote hueco y sincronizado lograba perturbar a los habitantes de
Isabella. Al tiempo que las campanas se oan de fondo, el carruaje de cuero
negro y ruedas de madera robusta, llevaba envuelto un cadver annimo. Su
galopar, propio de un rancio caballo, recorra un pueblo fantasma. Don
Raymundo, el dueo del boliche, ignoraba intencionalmente aqul suceso
juntando las sobras entre las mesas sin gente, Vctor cerraba de espaldas
su almacn de la esquina, las calles se haban transformado en un desierto
insidioso. All se encontraba Celestina, sentada en su banco de hierro,
contemplando el retrato de su padre, en ese instante sinti en su cuerpo un
ligero estremecimiento.

Mirando esconderse el sol detrs de la fbrica de piano, Lucio del Solar
conduca inmutable el carruaje fnebre, deban ser las siete de la tarde
cuando sinti ganas de mirar hacia aquella ventana. Ese da, Lucio
soportaba una soledad inexplicable, secndose un resfro incmodo disminua
la marcha del caballo, era la nica manera de poder estirar aquel instante.
Slo era dueo de un efmero minuto, en el cual espiaba a la ventana azul
descubriendo la sombra ininteligible de una misteriosa mujer.

Casi todos los das deba cumplir con su rutina diaria de funebrero,
conoca la piel impvida de aquellas vidas congeladas en un fro eterno,
saba cmo sujetar sus ojos abiertos y sus labios morados. A veces
dialogaba con ellos, y se senta ms muerto que sus muertos. Los habitantes
de Isabella -un pueblo de inmigrantes del norte de Santa Fe- convivan con
una antigua leyenda trada por sus fundadores. l era victima de ella.

Durante el da no exista demasiado peso, la espera de la muerte lo dejaba
sin pensamientos, pero en las noches, ah s ocurra el encuentro invisible
con su soledad interminable. Con 63 aos, sus rasgos duros delineaban un
pasado ahogado por el compromiso con su trabajo. Nunca haba hablado con
nadie de su insistente soledad. Se senta aislado de su propio ser, miraba
por segundos el reloj de madera sobre la pared, contando el tiempo que se
le iba siendo para los otros un "nadie". Esa era su soledad, el no poder
ser para los dems, el no poder ser mirado por los dems.

Como todas las noches, intent ensayar algunas historias de su juventud
olvidada y volvi a buscar entre su memoria marchita la fecha de su
cumpleaos. Nunca supo el da en que la olvid. As, enredndose en
recuerdos quimricos, logr dormirse por unas horas, slo por unas horas.

Celestina ya haba cenado y estaba recostada, mirando el retrato de su
padre que haba trado del comedor. As lograba dormir por unas horas, slo
por unas horas.

El rayar del da, inundado con el aroma espeso del pan recin horneado, se
haca sentir entre el silbido de las bicicletas sobre el asfalto. El
martillo de la herrera espantaba las palomas de la plaza, los escolares
corran por las veredas empedradas y las vecinas comenzaban su murmullo
diario. Celestina odiaba hacer aquel circuito incmodo de las compras del
da, le disgustaban las vecinas con ganas de hablar en cada esquina. Tal
vez porque amparaba un leve sentimiento de envidia, pues no tena de qu
hablar.

Aquella maana decidi hacer las compras caminando, la bicicleta ya le
haca doler las piernas. Dentro de la panadera sinti hablar del
funebrero:

-En Mirasol una joven se atrevi a mirarlo y confes que sus rasgos y su
mirada eran tentadores.

-Qu pas con ella?

-No lo s, no quisieron contarme el final.

Celestina sostuvo entre sus manos una palpitacin peligrosa. Ella saba muy
bien lo que causaba el paso del funebrero por su calle, haca tiempo que
deseaba mirarlo. Pero tambin saba que su mirada en aquel pueblo estaba
prohibida. Juntos eran cmplices de aquel instante; cuando escuchaba el
trote del caballo se sentaba detrs de la cortina y colocaba una luz para
que su silueta sea percibida por l desde la calle. As permaneca,
perturbada, mirando el retrato de su padre y sintiendo en su cuerpo el
galope solemne del funebrero. Consumido aquel momento, sus soledades
volvan a escena.

En el ocaso del ocho de septiembre de 1929 ocurri la decisin.

Celestina se levant sin ganas de mirar el retrato de su padre, camin
arrastrando los pies hacia el bao y busc una vieja pintura labial.
Delante del espejo fue tejiendo sus cabellos grises en una minuciosa
trenza, desliz el lpiz rojo sobre sus labios e intent oscurecer la
palidez de sus arrugas. Se mir al espejo y sinti latir una emocin, pens
en aquel momento mientras su alma se invada de ansiedad. Tomando el
rosario de perlas y algunas almendras para calmar la ansiedad, coloc la
silla detrs de la cortina amarillenta del comedor.

Esa maana de septiembre Lucio despert sin deseos de recordar su fecha de
nacimiento, se visti de negro y esper sentado en su banco de madera junto
al telfono, deseando inconscientemente la muerte de alguien. Y fue ese da
en el que ambos decidieron arriesgarse por una mirada. Slo una mirada
sera suficiente para calmar la soledad de sus vidas.

El telfono al atardecer dej volar un destino esperado. Las campanas
sonaron aquella tarde con una frecuencia interminable, con ellas Lucio
prepar las exequias y comenz el recorrido en su carruaje. Celestina se
sent en la silla y corri la cortina sintiendo sobre su piel atormentada
un cristal de nostalgia, cayendo por sus mejillas humedeci sus labios en
un final inquietante. Permaneci esttica sintiendo el galope del caballo
cada vez ms cerca. Apret con fuerza el rosario de perlas entre sus manos,
mientras el sudor de su frente comenzaba a inquietarla, cada vez se haca
ms fuerte el trote sobre el asfalto. Se acerc al vidrio temblando y
sinti al fin que la soledad de su alma se quebraba en una dulce mirada.

Lucio y Celestina se acariciaron con sus ojos, l en la calle angosta y
ella detrs de su ventana. Se sintieron reconocidos, los dos all,
inmviles, se entregaron su esencia perdida.

Lucio apret las riendas, el caballo se detuvo, Celestina fij sus ojos en
sus ojos, cristaliz sus lgrimas en su piel, abraz con sus labios un beso
invisible y sintieron por primera vez que aquella soledad de quien no se
siente mirado haba concluido. l remedi aquella retencin dndole la
orden al caballo para que siga su camino, ella corri la cortina con prisa
y disfrut de su sonrisa.

A los dos das Celestina apareci sin vida entre sbanas blancas y speros
aromas de almendras. Sus labios prpura relucan la palidez de su lrica
muerte. La leyenda estaba escrita; si miras al funebrero mirars tu muerte.

Aquella noche, antes de su fallecimiento, ella record los ojos de miel de
Lucio, sinti la inmortalidad de su contemplacin, entendiendo que el poder
de aquella mirada le haba devuelto una relegada felicidad. Pens en lo
asombroso de la leyenda del funebrero. Cmo la misma construy su forma de
vida, esquematizando la rutina de todos los habitantes del pueblo. Tambin
reflexion lo asombroso de la mirada entre los seres, permite que seamos
seres y no substancias del tiempo. Sin ms por desear, muri con los ojos
abiertos.

Sobre su atad una lgrima de cristal se desliz dulcemente, mientras Lucio
enterraba su cuerpo recordaba aquel instante en el cual pudo amarla y
matarla al mismo tiempo. Maldijo el poder de aquella leyenda que haba sido
capaz de establecer sus vidas, intentando explicar aquello que en la vida
del hombre es inexplicable; el destino de cada muerte. Su mirada sera algo
imposible de olvidar. Ahogado entre la tierra hmeda mir la lpida gris y
record su da de cumpleaos: 8 de septiembre. Tom entre sus manos el
rosario de perlas y dej que su alma escribiera la pregunta de su
melancola: cuntos das somos capaces de vivir sin la mirada del otro?

** rica Rozek
   ericorazon@hotmail.com
   Escritora argentina (1985). Cursa estudios de comunicacin social y
   teatro.



=== Avuso (extractos)      Yanina Magrini =================================

*** poema de fondo

Quiero hacerle un poema de amor y le digo:
-sos como mi casa.

Entonces le digo que es un poema de amor;
que mi casa moviliza el desajuste de Frida.
                                      La excitacin de Diego.

Quiero hacerle un poema de amor y le digo
-no somos iguales.

Entonces cree que miento,
que no es un poema de amor.
Entonces

lo dejo circular.    Ofrecer resistencia.



*** proyectito en bis

Queramos un bar de extranjeros y desaparecidos, de warsteiner y cilantros.
Cada cosa en su lugar, dijimos;
yo hara panecillos de miel y tu msica sera el ombligo del mundo.

Es as como el alma busca un aprendizaje que duela,
una culpa;

el tajo que no tuve hasta que lo hice poema.

                                         Ahora, cada vez que amanece

                                            escribo en contra mo.



*** dilogo casual entre dos o ms

-Hay en la calle un silencio de sangre, amor
mientras tanto
                    recemos.

-En vos Andrea,
no en m
est el deseo de bautizar
pjaros heridos.

-No deja de llover
siempre me llueve cuando ests callado.

-Tiemblo

(tengo miedo)
y en mi espalda, Andrea

latigazos de agua helada.



*** intro

De la gota del corazn
como del techo
me caen escupidas sobre la casa.

Esta casa que se toma tiempo en cosas as

para no habitarme;
para creer que abandono mi forma descarnada

 mi movimiento brusco
     mi desajuste

apilados

como mis otros nios en este lugar mnimo.

             Grotesco.



*** jardn

Una vez, prob el rastro del caracol.
Dej sobre la lnea mi nombre
bajo una flor, apenas, la baba.

Cados, los dos, el crculo cierra
el aire
        de todos los sueos.

Si pudisemos elegir
llevaramos  esta casa   para otro patio.



*** sinnimo de ser en tierra

A veces me dejo
este traje de animal.

Me gusta ser lombriz.

Dolerse
bajo tierra
sera un fino ejemplo
de buena voluntad.

De todos modos,
no hay medicina
para anlidos.

Nada
hay.

Digo

nada lograra
salvarme.



*** pequeo contratiempo

      "Es el percance de vivir,
      la rabia de estar hecho, la sed de perdurar"
      Rodolfo Alonso.

La rabia de ser
no de estar hecho

no de perdurar
de querer seguir
estar
demasiado tarde
para todo

estar conmigo
en m
pero distante.

Tan de cerca
tan de pronto
mi servidumbre
es a veces
lo que una ebria
en los espejos.

No soy la sed
ni mucho menos
la gracia del deseo.

Piso la violencia
de conocerme
de abusarnos

todas

en m.

(Pequeo contratiempo;
me tiene sin cuidado.)



*** ley de gravedad

Despus de sufrir un sndrome inmuno-depresivo
el individuo se restituye maoso,
o dicho mejor,
comienza a manejar la desigualdad de ser elemento oblicuo.
Entindase "oblicuo" como la lnea que no sostiene ningn objeto inmediato.

Por ejemplo:
hoy compr un saco negro,
de esos de pao
(creo demasiado pesado para m).

Ahora pienso en todo lo que tengo que cargar encima
(me refiero al saco y a todos estos vivos que pesan como muertos),

    y la verdad es que temo joderme tambin la espalda;

                                                   como el olfato

                                                   como licencia por lo ajeno.



*** nada ms rubia

Nada ms fashion que una rubia sofisticada criando cuervos en la cornisa.

Nada ms conmovedor que miles de cuervos devorando ojitos de hielo.

A quin le importa el secreto de una criatura helada;
lo que cae del sueo sobre la calle,
lo que las ruedan aplastan casi con dolor

sobre su abdomen.

Importa, s,
arrastrar el desparpajo de una rubia tarada,
su mismo olor en el deseo

                          alcohol / maquillaje;

percha de madera con ropa de buena marca.



*** slo por hoy

Tengo menos compasin que un gato hambriento.

La visin y el contacto con las bestias
o con hombres que se comen entre ellos de un bocado
es belleza de fuego.

El tocarlo todo

medirlo con vara del infierno,
desear las piernas ajenas, la boca del otro,
los muslos, el gemido, el fondo oscuro de las cosas.

Y no hablo de calmar esas bestias;

lejos de m, tal vez,
hable del silencio como un animal que persiste en el centro de la casa,

brutal  casi
                      ebrio.



*** todava

Esta mano, querido,
tiene que matar primero
la sombra de su carne.

As se conoce el golpe
la gotera en la matriz,

cambio de pellejo

no de ropas.

Alguien lleg antes, querido,
sum los cuerpos y su carencia
agit huesos a manera de pochochos
y dej su dolor
sobre un lomo que resiste.

A m, querido,
todava me sangra la boca.

** Yanina Magrini
   creditos@silmag.com.ar
   Escritora argentina (1972). Ha publicado Miralo bien (2002), Cromosoma
   en jeans (2004) y Avuso (Alcin, 2005). Textos suyos han aparecido en
   las antologas La poesa en el bondi (2001 y 2002), Tercer Encuentro ECA
   de Poetas (2002) y Convergencia Nacional de Poemas Junipais 2003. Ha
   ganado el 1r y 2 premio en el Concurso Nacional de Poesa 85
   Aniversario Biblioteca Popular Domingo F. Sarmiento (Ro Cuarto,
   Crdoba, 2000), el 1r premio en el XIV Concurso Literario Delta FM
   Embalse (2001, 2002), el 1r premio en el Certamen Internacional Pablo
   Neruda III (2002), el 1r premio en el 2 Concurso Nacional de Poesa y
   Cuento Juninpais 2003 y el 1r premio en el V Certamen Hispanoamericano
   de Poesa y Cuento Almafuerte (2004), entre otros galardones. Textos
   suyos han sido publicados en diversas revistas impresas y digitales.



=== Bajo la lluvia      Beatriz E. Mendoza ================================

                                                                 A mi madre

La desgracia empez el da en que Manuela sinti por primera vez un olor a
lluvia que invada la casa. Encerrada en el muequero, poblado de cunas y
sombras, Manuela dilat sus fosas nasales para dejar entrar en sus pequeos
pulmones un aire perfumado a humedad, a bosque, a tierra mojada.

Dos trenzas pelirrojas atravesaron la casa a toda carrera dejando tras de
s el aroma de los nios, esa mezcla de golosina, orn y talco para bebs.
Gruesos goterones comenzaron a caer en el piso de baldosas rojas de la
terraza formando grandes crculos de agua. stos se hicieron cada vez ms
numerosos hasta que de pronto el cielo estornud y un sonido ronco acompa
la ducha que inund el patio en un instante. Detrs del cerco de pestaas
rizadas, los ojos azules de Manuela contemplaron la lquida cortina que
caa del techo. Sinti en las piernas el cosquilleo de mil salpicaduras un
segundo antes de atreverse a cruzar al otro lado para dejar el vestido de
cuadritos rosa y blanco decididamente empapado.

Bajo la lluvia, Manuela se convirti en una cientfica que investigaba sin
paraguas la naturaleza de las precipitaciones. Agachada, con el ruedo de la
falda sucio de barro, recolect los caracolitos que salan de la tierra y
de sus caparazones para humedecer su piel viscosa y sedienta. El patio
tena dos niveles: en el alto pondra su laboratorio ya que el ms bajo se
inundaba siempre que llova. Estuvo toda la tarde as, sentada o en
cuclillas, examinando el agua, los relmpagos, la tierra y los animales. El
cielo empez a ponerse gris oscuro y una luz azulada ilumin todo. Sinti
fro, pero estaba tan contenta con sus descubrimientos que hizo caso omiso
de los gritos de las muchachas, al otro lado de la cortina, preocupadas de
que la seora llegara y la encontrara en ese estado. Para darse calor meti
la cabeza entre las piernas, abrig estas con sus bracitos y cerr los
ojos. El sonido de las gotas con su danza africana llen sus odos y
Manuela dej de ser consciente de todo lo dems. Slo estaba la lluvia
torrencial.

Cuando abri los ojos no percibi cambio alguno en las cosas. Despus se
dio cuenta de que los caracolitos que haba dejado en el piso junto a su
pie izquierdo se alejaban lentamente del lugar y ya estaban fuera del
alcance de sus brazos. Los reuni de nuevo en un pequeo pozo. Las huellas
dejadas por sus piecesitos venan en direccin contraria a la que
recordaba. Ahora el sol brillaba entre los rboles convirtiendo a las gotas
en agujas de oro que le pinchaban la piel tiernamente. Le gustaba tirarse
boca arriba y dejarse acuchillar por ellas, sentirse como la chica del
circo, la que reciba impasible las navajas afiladas que un malabarista le
tiraba justo al lado del cuerpo. La tarde transcurri de nuevo mientras
Manuela recoga las flores cadas de las matas. Se adentr en el nivel ms
bajo con el agua hasta la cintura y delicadamente recolect los insectos
que flotaban muertos en la superficie oscura, y las hojitas de todos
colores que navegaban a la deriva. Cuando su falda se llen, llev las
preciosas muestras hasta su laboratorio: dos tejas de asbesto apoyadas una
en la otra de modo que formaban un tringulo dentro del cual ella llevaba a
cabo sus experimentos. Seleccionaba objetos en cuclillas cuando sinti
hambre y adopt la misma posicin de antes para abrigarse: meti la cabeza
entre las piernas, abraz estas con sus bracitos y cerr los ojos. Esta vez
escuch con atencin y sinti cmo disminua en intensidad el aguacero.
Estaba escampando. A su nariz llegaba de nuevo el olor a lluvia no cada.

Al ponerse en pie, vio que el suelo estaba seco y las gotitas comenzaban a
llenarlo de puntos de un marrn ms oscuro. Entonces comprendi su poder y
presenci cmo se desataba de nuevo la tormenta. El cielo oscureci de
repente y la brisa agit sus trenzas y dobleg palmeras y matas arrastrando
a las gotas que ahora caan casi horizontalmente. Al otro lado de la
cortina su madre se lamentaba y regaaba a las muchachas. Nunca debieron
dejar que se mojara, tantos cuidados que ella haba tenido, desde el da en
que naci, hace cuatro aos, de no salir nunca sin un paraguas o un
impermeable para protegerla hasta de la ms nfima gara y de la maldicin.
Vio a su madre caminar hacia ella, bella, furiosa y temiendo lo peor cuando
su preciosa nia se puso en cuclillas y escondi la cabeza entre las
piernas.

Manuela fue cegada por un relmpago tan fuerte que ilumin el interior de
sus prpados y se dedic a contemplar el espectculo de luz, sonido y
sombra que los rayos hacan slo para ella. Su vestido empez a mojarse y
de sus trenzas comenzaron a escurrir hilitos transparentes y lquidos. Su
madre, muy quieta al otro extremo del patio, la mir con angustia y luego
recogi sus pasos hasta la terraza. Ahora chorros de agua caan del techo y
Manuela se diverta sin fin metindose debajo y sintiendo cmo la fuerza
del torrente doblegaba su cabeza. Pronto se aburri de este juego y se
dedic a observar cmo las gotas caan a manera de balas sobre la
superficie acuosa, levantando cada una otra igual que suba en el aire, por
un instante una esfera perfecta, y volva a caer para mezclarse con la masa
lquida. Su hermano Fernando lleg del colegio y cuando las muchachas le
explicaron lo que suceda se intern en el aguacero. Lo vio acercarse
cargado de palabras convincentes y de juegos y sin atreverse siquiera a
escucharlo escondi una vez ms la cabeza entre las piernas. Luego abri
los ojos y al mirarse los dedos se dio cuenta de que estaban llenos de
arrugas, como la piel de una viejecita.

Durante meses toda la familia intent sacarla: el padre, el abuelo Pedro,
las muchachas. Haban trado a curas y a parapsiclogos, a brujas y a toda
una sarta de estafadores que haban drenado el capital familiar hasta
dejarlo convertido en una mermada cuenta bancaria. Era intil, cada vez que
alguien se acercaba, ella meta la cabeza entre las piernas y cerraba los
ojos. Acto seguido desapareca para al instante siguiente resurgir en otro
lado gozando de sus juegos. Y as la tarde de lluvia se extenda
eternamente en el patio. Estaban hartos de la situacin: no se poda dormir
con la luz que entraba por las ventanas, el perro se haba enfermado de
neumona por hacer sus necesidades en el agua y haba muerto, y una capa de
lama verde cubra el piso y las paredes que daban al jardn. Eran adems
objeto de burlas y murmuraciones en la ciudad. Desde la terraza, la familia
entera contempl por ltima vez a la nia sin atreverse nadie a sacarla. Se
fueron, abandonaron todo y dejaron a Manuela a su suerte.

La nica que se neg a partir fue su madre. Doa Sara cuid la casa y trat
todos los das, con todas las entonaciones posibles, de convencer a su hija
para que parase la tormenta. Pero a Manuela nunca le alcanzaba el tiempo
que tena para estudiar este fenmeno natural y as el temporal continu
durante aos. Sentada frente a la ventana del cuarto que daba al patio, la
madre cosa mientras entonaba canciones de cuna. Al arrullo de su voz y del
tactac de la mquina, Doa Sara termin faldas, blusas, vestidos, pero
Manuela nunca se durmi. La seora no se resignaba a perder en vida a su
nica hija y esperaba en cualquier momento su entrada a la casa. Todos los
das alistaba un juego de toallas que mantena calientes envolvindolas en
bolsas de hule rellenas con agua hirviendo. Desde el ventanal la tentaba
con un plato de avena humeante o con unas galletas de chocolate recin
horneadas y le hablaba de los hermosos vestidos de princesa, de bailarina y
de hada que haca para ella. Cosa para el cuerpo que la nia tendra de
haber crecido como las dems. El da en que Manuela hubiese cumplido
dieciocho aos, Doa Sara consult las revistas de moda y a partir de ese
momento cada semana terminaba un traje digno de lucir en cualquier velada
de sociedad. Por muchos aos sobrevivi gracias al dinero que le mandaba su
marido, pero a la muerte de ste la mensualidad qued reducida a lo poco
que le enviaba Fernando, agobiado por el peso de una familia propia, con
cuatro hijos en edad escolar. Doa Sara hubiera muerto de hambre de no ser
por un pariente lejano y astuto que un da lleg desde su pueblo cerca de
la sierra para asistir a su prima con esta dura prueba que le haba puesto
el destino.

El primo Eduardo vio el potencial turstico del fenmeno y al da siguiente
de su llegada puso un cartel en la puerta y mont una taquilla en una de
las ventanas que daban a la calle cobrando a quinientos pesos la entrada y
a dos mil el intento de atrapar a la nia y acabar as con la tempestad.
Organiz en las habitaciones vacas un museo-tienda. El muequero era
conservado como un santuario, lleno de antiguos juguetes y muecas que
tuvieron la fortuna de ser usadas por la nia. En el resto de la casona se
exhiban otras reliquias, junto a fotos familiares, y se vendan los
hermosos vestidos acumulados durante aos. Le dio tres mil pesos a dos
pequeos limosneros para que regaran la voz. Al poco tiempo los curiosos de
los barrios pobres llegaban en buses al vecindario de los ricos y la cola
para entrar a veces le daba la vuelta a la manzana. Hasta las seoras de la
ciudad, las mismas que durante aos levantaron todo tipo de calumnias y
teoras acerca del origen del fenmeno, se acercaban atradas por el toque
de distincin que tenan los ms recientes vestidos de Doa Sara.

La fama de la casa de la nube negra se reg por la regin gracias a
vociferantes locutores de radio que atestiguaban haber intentado sacar a la
nia del patio sin xito. Lleg hasta el interior del pas publicada en
reportajes de reconocidos diarios y sus habitantes cambiaban sus boletos de
avin hacia balnearios histricos para llegar a esta ciudad industrial y
desabrida, pero con la nica lluvia perpetua del mundo.

Cuando el negocio lleg a adquirir fama internacional, Doa Sara ya no
poda coser. Cegada por las cataratas, pasaba la mayor parte del tiempo
dormitando en un mecedor junto a la ventana. Se levantaba a ratos para
tejerle un chal a Manuela, que nunca terminaba, y murmurar con la voz
apagada, como si hablara con sombras del pasado, la cantaleta eterna, esa
letana ms montona que un rosario, que recitaba todos los das, siempre
con un dejo de ternura y dolor, pidindole que dejara el juego y viniera
junto a ella. Perdi por completo las fuerzas el da en que se presentaron
en la casa unos empresarios de una multinacional de parques de diversiones
que queran invertir en el proyecto.

Haciendo un enorme esfuerzo se levant de su mecedor, se asom a la ventana
y aferrada a los barrotes escuch por ltima vez el ruido de la lluvia, el
chapoteo feliz de su pequea de trenzas y vestido rosa. Acto seguido se
acost en su cama y expir. En medio del barullo de curiosos, Manuela se
extra de no escuchar su voz en el jardn. La llam a gritos y hasta lleg
a prometerle que dejara sus experimentos y entrara a la casa para siempre
si la escuchaba una vez ms. Entonces, del otro lado de la muerte, Doa
Sara respondi: -Ven -y Manuela sali corriendo, feliz de dejar por fin la
niez eterna. Se abri paso entre la multitud sorprendida y cuando lleg
junto a la cama para darle un ltimo beso a su mami se dio cuenta de que
una mano llena de pecas, huesos, arrugas y venas era la que sostena la
cabeza de su madre muerta. La lluvia par y todos los aos detenidos le
cayeron de golpe encima y la dejaron postrada ante el cadver que adoraba.

** Beatriz E. Mendoza
   butis73@yahoo.com
   Periodista y escritora colombiana (Barranquilla, 1973). Es productora de
   Noticias al Minuto para Telefutura Network (EUA,
   http://www.univision.net/corp/en/telefutura.jsp). Su cuento "Toita" fue
   publicado en Rompiendo el silencio, relatos de nuevas escritoras
   colombianas (Planeta, 2002) y "El fin de la amistad" en el anuario de la
   revista literaria Baquiana (http://www.baquiana.com). Adems ha
   publicado poemas en las revistas literarias Puesto de Combate, Baquiana
   y La Casa del Hada. Textos suyos pueden leerse en su pgina personal,
   http://www.geocities.com/butis73.



=== De este lado del infierno (extractos)      David Omar Jurez ==========

*** De este lado del infierno

De este lado del infierno
los das duran aos
y los meses nos hieren la piel.
De este lado del infierno
creemos que para morir
no es necesario haber vivido.
De este lado del infierno
nacemos pegados al prejuicio y al sealamiento
pero sabemos desnudarnos mejor que nadie.
De este lado del infierno
no son escuchadas las plegarias
sin embargo nunca hay demasiadas.
De este lado del infierno
duele el alma salir a la calle
antes nos reinventamos para no ser trofeo de caza.

As hacemos las cosas de este lado del infierno
resucitando cada tercer da
bebiendo agua prestada
arrancndonos las manos
robando besos al diablo
peinando olvidos
marchando tras la angustia
durmiendo con los ojos abiertos
ciendo el alma cada maana
mostrando los dientes
ocupando camas ajenas
tapando las heridas con un dedo
firmando con nombres falsos.

De este lado del infierno
decimos de manera incorrecta
pero con el espritu sangrando.
De este lado del infierno
nos pueden culpar de atrasados
pero es sin mala intencin de nuestra parte.
De este lado del infierno
regresa la noche cada vez con menos valor
para intentar arrancarnos a mordidas el corazn en muletas.
De este lado del infierno
la vida vale menos que nada
pero nada vale tan poco como para no arriesgar la vida.
De este lado del infierno
los ros se llevan las penas
despus de cada diluvio.

Y el infierno de este lado
nos dice por dnde caminar,
dnde sealar, cundo disparar,
a quin mirar, a quin besar cada noche
antes de las doce
mientras sacrificamos a alguien
para sentirnos menos solos
en las eternas llamas que hielan el aliento.

De este lado del infierno
no hay tiempo para ver volcanes pero
en el espritu de la noche siempre hay espacio para admirar tus ojos.
De este lado del infierno
tambin hacemos el amor
y a veces hasta nos enamoramos.
De este lado del infierno
hace un eco siniestro
gritar tu nombre junto a la almohada.
De este lado del infierno
muere la madrugada antes
que estas ganas de verte otra vez.
De este lado del infierno
no cae nieve
pero el fro castiga al alma usurpada cuando no ests.

De este lado del infierno no tenemos razones
simplemente inventamos fantasas
para rer, para querer, para besar,
para amanecer juntos
en una playa lejana y gris
donde el pecado siempre es perdonado,
por eso somos ms tercos
que el demonio mismo.



*** Dicen que los poetas...

Suena la trompeta caliente en los labios del genio
dejando asomar un minsculo beso por entre los recuerdos
durmientes en las alcantarillas de la memoria,
dicen que los poetas no le tememos a la muerte
yo digo que es cierto,
nos acostamos con ella y le hacemos el amor cada noche
nos deleitamos entre sus muslos de trueno y sus labios de napalm
nos levantamos con ella para prepararle el desayuno
la amamos con pasin y nos aferramos a su espalda de bronce
como el ltimo recurso que nos queda
para comprender la calle que nos entra por los poros sudados del sexo de
      [ayer...
cuando nos decidimos a ver con ojos humanos
el da desfila con la muerte en sus ropas
en la respiracin, en los restos de la viciada nicotina
que se derrama desde la boca sobre una piel inexplorada,
con la muerte se marcha el sol, llega una enorme navaja oscura
que se apodera del cielo,
llegamos a la casa que nos respira de mala manera...
puntual, la muerte nos espera a un lado de la cama
desnuda, ardorosa,
dicen que los poetas no le tememos a la muerte
yo digo que es cierto,
nos acostamos con ella y le hacemos el amor cada noche
hasta que un da, una joven con ojos certeros, sin muerte en su pecho
se adelanta a todo y se mete en nuestra cama, a esperarnos.



*** Preguntas que surgen en un cruce peatonal

Te has fijado cmo parece la historia
un espiral amarrado a s mismo?
Cuntas veces hay que matar a un muerto
para que se muera de una vez?
Qu razn hay para sacar a bailar a la vida
cuando hay mujeres sin pareja de baile?
Qu le pasara al anzuelo
si se le muerde con veneno?
Por qu esperar algo de la muerte
si ella no espera nada de nosotros?
No te parece que el sol acta como inadaptado
en las maanas de resaca?
Notaste que la palabra dios tiene una
sola slaba?
Dormir tranquila la noche
sabiendo que nos lastima?



*** La noche desde una persiana

La noche est callada
      pensativa
absorta en su inmensidad
      oscura,
hoy
quisiera que fuera habladora
      distrada
despreocupada por nuestra pequeez
      brillante.



*** Duda nmero seis

A estas horas, la noche te concede ese espacio abierto para dudar de todo
hasta de s mismo,
entonces surge la certeza
que si no es por medio de tu cuerpo,
no hay manera de derribar el muro que se ha ido formando
entre el universo y uno.



*** Te pedir

Si yo regreso una noche
sin poder verte a los ojos
sabrs que en esas flacas calles
que nos miran besarnos cada noche
hay muertos
que me han visto firmemente
terriblemente descoloridos
hundidos en un negro charco de abandono
amargo y espeso,
yo te pedir las manos
y tu pecho de incienso para abrigarme.



*** Los lunes y yo

Los lunes tienen ese olor a tu cuerpo
lejos de mis brazos,
los lunes son terribles monstruos
que aguardan por mi soledad
a la vuelta del domingo,
los lunes son lluvia fra
en mi cuerpo despojado,
los lunes a veces se alargan
hasta el inicio de un martes
con cara de lunes tristn,
los lunes son un repertorio de cuchillas
clavadas en mi espalda,
los lunes son brindis con cicuta
en vasos de cermica
que llevan tus ojos pintados,
los lunes me saben a tu nombre
endulzado con melancola,
los lunes son anchas ciudades
que tienen tu nombre
y estn deshabitadas,
los lunes no me quieren
yo no los culpo,
los lunes son ramos de rosas
sin ptalos, sin perfume
con espinas,
los lunes me muerden los pies
cuando todava estoy en la cama,
los lunes se baten en duelos interminables
con mi angustia y tu emigracin
con mi duda y tu voz,
los lunes traen costales de tristeza
que vacan sobre mi cabeza,
los lunes son oscuras sendas
que se llevan a pastar tu calor
lejos de m,
los lunes parecen rfagas de viento
que repiten tu nombre,
los lunes son extensas paredes blancas
que me separan del mar y vos
a las ocho de la maana,
los lunes y yo no nos llevamos bien
desde que llenaste los lunes con tu lejana presencia.



*** Me mata

El sonido de tu silencio
me hiela por las noches
cuando regreso cansado
de estar con tu ausencia.



*** Prescindiendo de los ojos

El terrible honor de la noche
hundindose cruzado sobre mis ojos calvos
quizs ya no llegue el despertar
con sus cantos estallando junto a m.

Si al menos el momento de abrir los ojos
no fuera este da sino otro
en el que no tenga que preocuparme por amaneceres
ni nocturnidades
ni platos vacos
ni bocas secas.

Prescindiendo de los ojos
oscurecen las telas que nos dividen
aparta la calle mi mano
y suelta un grito la noche.

Ya existir ah un sepulcro con mis datos
una flor encarnada para mi despedida
y una pavorosa orquestacin para mi ltima exhalacin.



*** Quizs... por la tarde

Quizs llueva por la tarde
y me convierta en un pequeo olvido
que se cay de tu cama
mientras dormas.

No permitas que la carretera me envuelva en un tiempo que no es el mo
no permitas que me una a las hojas que bailan en el viento
porque me ir con ellas
en una infernal brisa del mar
que no tiene boleto de regreso.

Y ya no ser nada, excepto
una pequea hoja hambrienta,
nada ser...
ni una graciosa fotografa
ni ojos rojos
ni gritos en la noche
nada ser...
ni hombre
ni cosa
ni casa
ni nombre.



*** El otoo de mis huesos

Parece un embudo triste
la cada de las hojas,
llora la calma de las ramas
colgada de un cuello quemado
por la venida de la llamarada.

Si removiramos la casa
saldra apenas por la ventana
una famlica larva
con cara de resaca asesina.



*** Si levantamos el brazo

Llmame por mi nombre completo
dime: obrero de tus sueos domesticados,
slo pedimos un bocado de aire malsano
una hoja para cubrirnos la desnudez
o el mal aliento de la cerveza.

Las manos se nos derriten en el interior de tu boca
que nos sopla azufre en la nariz
y as amanece de nuevo
al llegar una nueva estacin.

Vean, aqu es
aqu donde el sol es ms grande y calienta menos
donde la luna se instala pronto en las pestaas,
reducimos el canto hasta queja ahogada
queriendo proletizar la maana.

Mi pas es triste y hambriento
pero es lo nico que me queda cuando en la cama
me acomodo firme
en la espalda de la historia.

La piel se nos desguarnece
cuando el guila grita su nombre
para amedrentarnos el sueo
o para congelar la sangre hirviente
escribiendo con el fuego que nace en el vientre de una nueva madre,
y despus
en la cena
nos quedamos con la boca abierta
maravillados.

Nacern entonces los das
los das futuros... que ya se aproximan
cuando abramos los ojos en medio de la tormenta
y enterremos al mundo
con un golpe de pecho.

** David Omar Jurez
   juarezquintanilla@hotmail.com
   Psiclogo y escritor salvadoreo (Apopa, San Salvador, 1978). Tiene
   indito el poemario De este lado del infierno.



=== El lder del desierto      Roderick Guzmn Meza =======================

Y all, luego de reducir el peso de sus fardos, de sofocar la piel de la
tierra con sus escabrosos juegos de pisadas, se asentaron los peregrinos.

Era una larga caravana, con sus miedos, con sus sueos prendidos de una
traslcida tela de prpados y crneas laceradas. All se haban instalado
sus pesos, sus huellas, sus alientos, cada movimiento de sus cabellos
mecidos por el viento azul de las llanuras sin sombras. Se amaran los
unos a los otros o prendera todava de sus nudosos dedos el refulgente
brillo de la espada?

Haban llegado desde ms all de la cordillera, del valle del trigo, desde
la ubicacin de la primera estrella, derramada como un cntaro de vino
sobre el tapiz preliminar donde se esbozaba la creacin. Algo los empujaba
hacia los canales de slice, hacia los oasis donde las hojas dorman como
alcaravanes, como las palabras arrojadas por sus voces cuando no eran
escuchadas por dioses. Sus vidas eran secretas, sus espacios tan llenos de
s mismos, por sus estolas y sus cuchillos, por sus jarrones y sus cofres,
por sus secos prepucios guardados en pequeas bolsas colgadas del cinto.

Ms all del pensamiento habitaba la veta de rubes que eran sus lgrimas,
de rodillas en el cenagal, embetunados con la delicada ira del ltigo y la
sangre que salpicaba la pupila del verdugo y su vientre satisfecho.

"Este es un buen lugar para fundar la nacin, para comenzar la historia,
donde no es posible levantar el ladrillo ni sacudir la espiga. En este
lugar zurciremos la urdimbre de nuestra epopeya, ms all de lo que pueda
durar nuestro recuerdo de las pocas del sol y las tormentas de arena, de
la tiara asomada al balcn del palacio con una mueca de burla, de los
nubarrones de langostas royendo las puertas de los oscuros hombres del
sueo".

El jefe era un hombre con una sombra colosal. Su barba se derramaba como
una catarata blanca, espumante, clida. Miraba por encima de las ramas
quebradizas, respiraba el aire desprendido de las nubes, vaciaba sus
rganos con la fuerza de un animal salvaje y sus aos eran leves telaraas
enredadas en las comisuras de sus ojos. Su puo era de un metal desconocido
y su cayado no dudaba en golpear a los rebeldes y los irrespetuosos.

Haba estado este pueblo desnudo, como las espinas de los rosales, en un
mundo donde no haba flores. Haban servido para crear nforas, para
predecir catstrofes, para delinear graneros, perforar pozos, excavar en la
arcilla, para el ltigo, para el cuchillo y los puntapis, para levantar
monumentos donde habitaran los muertos estupefactos ante la nada, donde se
desenvolvera el avatar del ego vilipendiado por la muerte, para poner en
orden los mensajes de los sueos.

De dnde habra de venir el rumor de la existencia de algo impalpable,
desconocido, con la fuerza del terremoto. Escondido en promontorios, el
vaho se expande, se alza como una columna, se engarza en nubes y ventiscas,
cruza la pradera del arenal. Pesa tanto su corazn, dormido sobre tumbas
que el hombre solo no podra posar su planta sobre el camino sin
derrumbarse, sin triturarse como una emocin, como una voz en medio de los
vacos y las ausencias.

"Yo soy el que soy", haba dicho el hombre de la barba proverbial. Lo haba
mencionado de pasada, pero descubri su sustancial densidad y continu
usando su fraseo, su acento. Despus se convirti en oracin, en plegaria.
Debajo de la lengua arda esa frase, punzante y desolada, obligada a ser
por el empuje del pensamiento y de la fuerza desnuda y virgen. Valdra de
algo contemplar su necesidad como una gota retenida en la curva descendente
del hombro? El hombre de la sombra gigantesca tembl y grit delante de las
tiendas, lanz su admonicin contra quien osara levantar otra insignia en
el campamento, ante la mirada oscura de las piedras, testigos de la evasin
de las lagartijas.

Nunca vieron el cieno ms que para levantar terrazas, para cubrir sus
rostros y ocultar el desaliento. Ahora lo anhelaban para soportar su
escarnio, su travesa a travs del interminable desierto, con las manos
llenas de sangre hirviente por un destino delineado por la basura de lo
antiguo.

Un buen da, el hombre de la barba decidi subir a lo alto de la montaa.

All encendera sus pebeteros y se rendira homenaje a s mismo. Dej
claras instrucciones, describi sus seas para ser comprendido, para evitar
la duda. Explic cmo se estremeca su espritu ante la visin del cerro
humeante en la punta nevada.

Ascendi con el sol. Todava era oscuro cuando su bculo golpe la primera
piedra y su sandalia dej su huella en la arena. Cuando hubo llegado a la
mitad del recorrido, mir cmo el pueblo se adormeca frente a las tiendas.
Imagin la llegada del dios secreto con su palo de terror y su ltigo de
estrellas.

"Es mi destino. El tiempo no se asienta en mi pensamiento como el vino en
un cuenco de barro. Camina como un animal, como una serpiente se desliza
sobre mi piel, en el interior de mi cuerpo, en las apretadas sendas de la
sangre. Podr vivir sin su hlito, sin su mirada en mi mirada. No
sobrevivirn ni los chacales ni las inflorescencias del trigo, ni las
espumas del Nilo ni el bochorno de la casa de Moloch ni de los salvajes
fantasmas de los sacerdotes. No estar sujeto por sus ataduras, no me
contemplar el escorpin ni el halcn".

El hombre continu su ascenso. Las sandalias resistan. Con lentitud de
bruma se adelant hasta el habitculo de las guilas. Tena filamentos de
nubes en sus hombros. Su tnica haba sido salpicada por cierto gris de
cadena sumergida en las aguas profundas. Otra mirada. Abajo, apenas puntos,
minsculos bichos, escrupulosos alumbramientos de mujeres sin alma,
conversaciones y conjuraciones de hombres, en cuyos cintos descansaban las
cimitarras, los puales y los recintos del juramento. Todo lo imaginaba. No
poda ya ver el campamento cuando puso el pie en la cumbre.

Puede mirar dentro de s. Es posible percibirse como si no fuera de su
pertenencia. Como si su recndito aparato psicolgico estuviera cercado por
el estupor y el miedo y aun as lo negara, lo rechazara. Encontrar un
estmulo para levantar una carpa, para mirar el agujero por donde se
desliza la sombra de una bestia. Hay momentos para alcanzarse en su
recorrido. La distancia puede ser salvada. Las cosas quedarn atrs.

Escribir entonces su nombre en la esquina ltima del pergamino. Pero
tambin los cdigos, la legislacin, las rdenes. El clima deber gravitar
sobre las cabezas de los reos de su penuria. Sacrificar el deleite por el
olvido de su aposento en las postrimeras del resplandor de una luna con el
rostro incrustado en los ramajes de un norte sin promisin.

En lo alto encuentra a Dios. Es un hombre, como l esperaba. Un hombre sin
fe. Destruido por los embates de la eternidad. Cansado de las
tribulaciones, del fuego, del agua, del sol y la luna y de la voz del
hombre. Desde lo alto contempla el tamao de las voluntades, la magnitud de
las decisiones. Ve llegar al hombre de la sombra gigantesca, de la barba
espesa, nutrida de pequeas criaturas. Lo hace sentar sin mirarlo y le
lanza gritos a las rocas y a los matorrales desperdigados.

Y Dios bebe vino de la tierra, sufre de calambres, tartamudea y tiembla.

No le anima mayor deseo que otorgar reglas para su descanso, para impedir
el alarde de la torpeza. El embrollo lo han ocasionado los estupores, el
relegado deber de alcanzar los smbolos y las formas.

** Roderick Guzmn Meza
   rguzman78@hotmail.com
   Periodista, poeta y escritor panameo (Panam, 1957). Ha escrito obras
   como Herejas, Blasfemias y otras maldiciones, El loco, El asesinato de
   Borges, El clon, Ejecucin de Judas, Genocidio, El padrastro y El
   fusilamiento, entre otras. Actualmente, es analista de mercados de una
   institucin estatal.



||||||||||||||||||||||||||||||    EL BUZN    |||||||||||||||||||||||||||||

=== Novelas similares a La lmpara de Umm Hasim ===========================

                                                    29 de diciembre de 2005

Estimados seores:

Hago un estudio en la literatura comparada. Me haran un gran favor si me
enviaran nombres de obras semejantes en espaol a la novela rabe egipcia
La lmpara de Umm Hasim, del novelista rabe Yahya Haqqi.

Esta novela trata de la ignorancia y las supersticiones en los medios del
tratamiento de enfermedades y cmo el protagonista -el mdico educado en
Inglaterra- intenta cambiar esto por medio de la ciencia y cmo la gente
rechazaba este cambio.

Generalmente quiero tener informacin sobre cmo la gente acepta los
cambios sociales y polticos en las novelas espaolas.

Noha Eldannana
noha_eldannana@yahoo.com



|||||||||||||||||||||||||||    POST SCRIPTUM    |||||||||||||||||||||||||||

"Me gustara decir a mis amigos escritores cul es la mejor manera de
llegar a la cumbre. No debera ser tan difcil, y debe ser tanto o ms
honesto que encontrar un lugar querido para vivir. Un punto desde el que
desarrollar tus habilidades, tus talentos, sin justificaciones ni excusas.
Sin lamentaciones, sin necesidad de explicarse".

      Raymond Carver, "Escribir un cuento".



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