
         ~~~~~~~~~~~~~~~            Ao XI     Cagua, Venezuela      N 155
           ~~~~~~~~~~~              =======================================
           ~~~~~~~~~~~                     LETRALIA, Tierra de Letras
           ~~~~~~~~~~~                      http://www.letralia.com
           ~~~~~~~~~~~              =======================================
           ~~~~~~~~~~~                      18 de diciembre de 2006
           ~~~~~~~~~~~
           ~~~~~~~~~~~                   LETRALIA, Tierra de Letras, es
           ~~~~~~~~~~~                    la revista de los escritores
           ~~~~~~~~~~~                   hispanoamericanos en Internet.
           ~~~~~~~~~~~                     Usted puede enviarnos sus
           ~~~~~~~~~~~                  comentarios, crticas o material
           ~~~~~~~~~~~                   literario a info@letralia.com
           ~~~~~~~~~~~          ~                      *
           ~~~~~~~~~~~        ~~~         JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor
           ~~~~~~~~~~~      ~~~~~         Depsito Legal: pp199602AR26
         ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

=== Sumario ===============================================================
                                                         |
Sobre las tiranas, Jorge Gmez Jimnez.               | Editorial
                                                         |
Ragas. / Zambrano en Roma. / Fotohistorias rockeras. /   | Breves
Talleres para la conciencia ambiental. / Los ojos de     |
Rayma. / Icuza visto por Vzquez. / Otoo ganador. / El  |
bardo Ceballos. / Amestoy sobre el teatro. / Las         |
postales de Santaella.                                   |
                                                         |
Editorial Letralia despide 2006 con Retratos, de Vctor  | Material
Montoya. / Erratas.                                      | especial
                                                         |
Premio Serantes de Santurtzi para el venezolano Domingo  | Noticias
Palma. / CCG Ediciones salta al papel con Taller libre   |
de literatura. / Falleci el investigador                |
argentino-paraguayo Ral Amaral. / Caf Nueva York       |
fomentar cultura hispanohablante en la Gran Manzana. /  |
Pamuk rinde tributo a su padre en discurso del Nobel. /  |
El Ateneo Puertorriqueo entreg sus premios artsticos. |
/ Declaran desierto el premio de novela Unam-Alfaguara.  |
/ Rendn: EUA fomenta guerra fratricida en Colombia. /   |
Un CD repasa la poesa gallega de veinte autoras         |
actuales. / Anunciados ganadores del Premio Municipal de |
Literatura de Caracas. / Se da a conocer veredicto de    |
los premios Juan Rulfo. / Entregados premios a licestas |
escritores en Venezuela. / Portal para las letras        |
gallegas crear la Biblioteca Cervantes. / Universidad   |
de Arizona confiere honoris causa a Carlos Monsivis. /  |
Junta de Andaluca podra estar interesada en la casa de |
Aleixandre. / Discutirn en Cuba relacin de la          |
literatura y el resto de las artes. / Celebrarn en      |
Chile 7 Festival de Cine Caverna Benavides. / Poetas de |
todo el mundo volvern a Granada.                        |
                                                         |
Nuestra poca nos ha dejado hablando solos, Osiris     | Artculos y
Vallejo. / En torno a La enfermedad de Barrera        | reportajes
Tyszka, Rafael Rattia. / Alejandro Jodorowsky: La     |
vida es un milagro continuo , Benedicto Gonzlez       |
Vargas. / Enrique Amorim, oteando la realidad, Aldo    |
Roque Difilippo. / Las falsas actitudes del agua, de    |
Andrea Cabel, Miguel Ildefonso. / Los infiernos        |
sutiles de Eduardo Cobos, Roberto Martnez Bachrich.    |
                                                         |
Todos los estilos son buenos, menos el aburrido.       | Entrevistas
Entrevista con el periodista Alberto Salcedo Ramos, por  |
John Jairo Junieles.                                     |
                                                         |
Muerte, explotacin y dolor, Giovanni Gonzlez Arango. | Sala de ensayo
                                                         |
Dos poemas de Idalia Sautto. / Nochebuena, Mercedes    | Letras
lvarez Gutirrez. / Un hombre y una mujer se           |
desnudan, Enio Escauriza. / Es mi amigo, Marcos       |
Wever. / Tres poemas de Liliana Carmen Vinelli. /        |
Domingo en las rocas, Alejandro Badillo. / Tres poemas |
de La palabra liberada, Gonzalo Mrquez Cristo. /      |
Estudio sobre las margaritas, Augusto Gayubas. /       |
Poenimios del descenso, Ileana Garma. / La antigua    |
escuela (Guerra Civil sobre fondo de familia), Carmen   |
Garrido Ortiz. / Poemas de Gonzalo Luis Torres           |
Hernndez. / El da siguiente, Luis Seguel Vorpahl. /  |
Tres poemas de Luis Alposta. / La voz, Mara Elvira    |
Gonzlez. / Poemas de Emma Fernndez Lpez. / La guerra |
de las morcillas, Paula Winkler. / Los confines del    |
mundo, Carlos Montuenga. / Poemas de Salomn Valderrama |
Cruz.                                                    |
                                                         |
Juan Gelman.                                             | Post Scriptum
                                                         |
===========================================================================
             Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Ao
                     http://www.geocities.com/SoHo/8753
===========================================================================
   Premio "La Pgina del Mes" de Internet de Mxico el 3 de mayo de 1998
                         http://www.internet.com.mx
===========================================================================
      Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998
                          http://www.megasitio.com
===========================================================================
    Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999
                          http://www.redchilena.cl
===========================================================================
         Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999
                       http://www.fortressdesign.com
===========================================================================
          Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999
                          http://www.exodusltd.com
===========================================================================
    Premio Mejor Pgina de Poesa, de La Blinda Rosada, en julio de 1999
                         http://blindarosada.org.ar
===========================================================================
   Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004
                          http://www.lomejorde.com
===========================================================================
      Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005
                          http://www.lomejorde.com
===========================================================================
    Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia
                      http://www.stockholmchallenge.se
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=== Editorial      Sobre las tiranas =====================================

El deceso del general Augusto Pinochet se produjo el pasado 10 de diciembre
y, como era natural esperar, desencaden reacciones exacerbadas de parte
tanto de quienes adversaron como de quienes respaldaron al dictador
chileno. Protestas de calle, improperios de lado a lado y hasta evidencias
de un humor negrsimo fueron el corolario del fallecimiento de quien en
1973 derrocara al presidente Salvador Allende, inaugurando una poca oscura
que ha mantenido dividida a la nacin surea incluso hasta nuestros das.
Dado el carcter inexorable de la muerte, toda reaccin en este sentido no
tiene otro destino posible que el de fungir como vlvula para la liberacin
del estrs social.

Perseguido mas nunca alcanzado por quienes quisieron cobrarle su actuacin
en el poder, Pinochet ha muerto precisamente en la fecha que la ONU design
en 1950, hace ya ms de medio siglo, para que los Estados miembros la
observaran como Da de los Derechos Humanos, en conmemoracin de la
Declaracin Universal suscrita por la misma organizacin en 1948. Hay
quienes ven este hecho como una tenebrosa coincidencia; nosotros preferimos
agregarlo a la larga lista de recordatorios de cun necesaria es una toma
de conciencia en todo el mundo respecto a los abusos que una parte de la
humanidad inflige al resto.

Una potente llamada de atencin en este sentido es la que el pasado 8 de
diciembre emiti en Estocolmo, durante la entrega del Right Livelihood
Award los llamados premios Nobel Alternativos, el poeta colombiano
Fernando Rendn, al recibir el galardn en nombre del Festival
Internacional de Poesa de Medelln: Colombia, recuerda el poeta, es un
pas que no conoce la paz, y la sumisin de sus gobernantes a las polticas
militaristas de Estados Unidos hace difcil la consecucin de tal objetivo.

Rendn es un hombre que sabe de esto. Desde el centro mismo de una
conflagracin interna Medelln es una ciudad estigmatizada por la
violencia, y lo peor es que con razn, l y el equipo que ao a ao lleva
adelante esta fiesta potica han aprendido a convivir con las balas y han
hecho brotar, por encima de ellas y durante diecisis aos, una de las ms
inauditas y colectivas expresiones de la poesa de que se tenga noticia en
la historia de nuestro atribulado continente.

All, en la sede del Parlamento de una nacin que quizs nunca conocer de
primera mano estas realidades, Rendn alz su voz en reclamo de la
solidaridad internacional para propiciar un escenario de dilogo, y no de
combate, entre el gobierno y los factores que perturban la paz en su pas.
Y denunci, como ya lo han hecho antes muchos otros colombianos, el funesto
papel que Estados Unidos ha tenido en el fomento de la guerra fratricida
que desde hace tiempo inunda de muerte y tristeza el suelo colombiano.

El caso de Chile, es sabido, ha inspirado por aos la reflexin en torno a
la paradoja que implica el equilibrio econmico fundamentado en la
represin social. Sin embargo, es preciso advertir que en la actualidad las
formas de la tirana son mucho ms complejas que las que pueden atribuirse
a la figura de un dictador que mantiene a un pueblo bajo su yugo, y que las
fronteras entre tirana y legalidad son tan borrosas como pueda permitirlo
el grupo humano afectado.

Son todas estas cosas en las que debemos enfocar nuestra reflexin, en
especial en estos das cuando el paso de un ao a otro nos invita a hacer
nuestros mejores esfuerzos por construir un futuro provechoso y digno, para
nosotros y para quienes nos sucedern.

                                                Jorge Gmez Jimnez, editor
                                             http://www.letralia.com/jgomez



|||||||||||||||||||||||||||||||    BREVES    ||||||||||||||||||||||||||||||

Ragas. Tal es el ttulo del ms reciente poemario del escritor argentino
Juan Menegun, que ya puede conseguirse en las libreras Gandhi, Liber/Arte
y Hernndez, entre otras de Buenos Aires, y en algunas de las libreras ms
importantes de Paran y Concordia, en Argentina. El libro de 112 pginas
forma parte de la prestigiosa coleccin de poesa argentina ltimo Reino
y rene la reedicin de Ragas en la niebla (Ro de los Pjaros, 1991) con
nuevas composiciones basadas en el estilo de la msica clsica de la India
del Norte, lo que presta su ttulo al libro, una estructura meldica y
temtica sobre la cual se van introduciendo variaciones lricas y picas.
Ragas, que en unos meses estar en Internet, tiene la particularidad de ser
el primer libro que se edita en Argentina con derechos de reproduccin o
copia pblicos, es decir Copyleft, lo cual prev que cualquiera pueda
reproducir la obra por cualquier medio, siempre y cuando se mantenga fiel
al original y no se lucre con ella. Menegun ha publicado antes Religin de
misterios (Premio Fray Mocho 1997).
juan_meneguin@yahoo.com.ar

Zambrano en Roma. El Centro Virtual Cervantes ha publicado el monogrfico
Mara Zambrano: los aos de Roma (1953-1964), en el que se recogen las
actas del Congreso Internacional, celebrado en Roma en diciembre de 2004,
en conmemoracin del centenario del nacimiento de la filsofa. En el
evento, reconocidos escritores, crticos, filsofos y catedrticos
espaoles e italianos analizaron el llamado perodo romano de la
pensadora, que transcurri entre 1953 y 1964, cuando vivi exiliada en
Roma, ciudad con la que estableci una profunda relacin afectiva y
creadora. Sus vnculos con la ciudad, sus encuentros con intelectuales y
exiliados espaoles, los libros clave que en ella vieron la luz Persona y
democracia y El hombre y lo divino, entre otros, y los esquemas de obras
que publicara con posterioridad, como El sueo creador, La tumba de
Antgona, Claros del bosque y, pstumamente, Los sueos y el tiempo. Las
actas han sido publicadas gracias a la colaboracin del Instituto Cervantes
de Roma.
http://cvc.cervantes.es/obref/zambrano_roma

Fotohistorias rockeras. Carol y Carolcat son dos artistas argentinas que se
unieron para crear Fotohistorias, una coleccin de fotografas de Carol
Snchez (Carol) y crnicas del blog de Carolina Gonzlez (Carolcat) en
torno al ambiente de los recitales de rock en Buenos Aires. Una mezcla de
historias urbanas y rock, desde el punto de vista de las dos chicas,
Fotohistorias se vale de iconografas y principios estticos ligados al
rock de la dcada del cincuenta y el punk de mediados de los setenta, con
elementos como el leopardo, el metal, las motos y los tatuajes. Los textos
cobran vida en la noche de la ciudad, con la compaa de ciertos habitantes
con formas de vida al lmite que rodean a una chica y sus experiencias
vertiginosas, en una especie de fbula rockera en donde las imgenes
dialogan con la narracin. Carol es fotgrafa profesional y ha realizado
varias muestras individuales y colectivas en Argentina, Mxico y China.
Carolcat es guionista de televisin y trabaj en el equipo de las series La
niera y Casados con hijos, adems de escribir documentales para HBO, A&E
Mundo, Infinito y Telef. Actualmente es autora de Amo de casa. El libro
puede conseguirse en varios establecimientos de Buenos Aires.
carolfoto@fibertel.com.ar
carolcat56@gmail.com 
http://www.carolcatrocks.blogspot.com

Talleres para la conciencia ambiental. Palabraimagen Taller es una
propuesta ambiental esttica de los docentes colombianos Jaime Restrepo y
Silvia M. Duque que invita a  participar en actividades, proyectos y tareas
concernientes a la literatura y artes visuales en contextos cosmolgicos
(mito-leyenda-historia), para recrear la imaginacin, las manos y el
entendimiento, e incentivar actitudes consecuentes entre los integrantes de
cada grupo, como apoyo a programas institucionales que trabajan por el
desarrollo humano (infancia y familia) con profesores, recreadores u otros
lderes o gestores culturales. Se compone de talleres con sesiones de una a
tres horas que pueden desarrollarse por das, semanas o meses, y tiene como
objetivo incentivar la conciencia ambiental en nios y jvenes.
palabraimagen@yahoo.es

Los ojos de Rayma. Editorial Alfa present este 12 de diciembre el libro
Ojos que no ven, de la caricaturista venezolana Rayma Suprani (Caracas,
1969). Definido como una propuesta de humor subversivo, este libro tiene
la deliciosa tarea de hacer trizas cualquier romntica idea que tengamos
sobre las relaciones de pareja, segn el comunicado del sello.
Comunicadora social egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV),
Rayma ha trabajado en Economa Hoy y El Diario de Caracas. Actualmente es
muy conocida en Venezuela por su trabajo como caricaturista del diario El
Universal. La presentacin del libro se realiz en la Librera Alejandra
II y cont con palabras del humorista Pedro Len Zapata.
http://www.editorial-alfa.com

Icuza visto por Vzquez. Acaba de aparecer Icuza, la sexta novela del
escritor y editor espaol Alber Vzquez, una suerte de fantasa histrica
en torno a la figura del corsario Vicente Antonio de Icuza y Arbaiza
(1737-1785), cuya carrera en alta mar empez a los 20 aos cuando se
embarc en un navo guardacostas de la Real Compaa Guipuzcoana de
Caracas. Comandante de Corsarios en 1772, fue capitn de los barcos
Nuestra Seora de Aranzazu, Nuestra Seora de Coro y La Prusiana,
entre otros. En la novela de Vzquez, Icuza viaja en una nave que se va a
pique y, a punto de desmayarse, el corsario recibe el beso de un ser
translcido y se convierte en algo diametralmente opuesto a todo lo que
hasta ese momento haba sido. Icuza es parte de la coleccin Perspectivas,
de la editorial bilbana Verbigracia, donde puede adquirirse o leer un
extracto en lnea.
http://www.verbigracia.com/editorial/tienda.html
http://www.verbigracia.com/editorial/extractos/icuza_frag.pdf

Otoo ganador. El periodista y escritor espaol Csar Martnez Sotodosos,
de 33 aos, result ganador, con su relato Tarde de otoo, del II
Certamen de Relatos Breves El Pas Literario, segn el veredicto emitido el
pasado 15 de diciembre en el caf Libertad 8, de Madrid, donde se aprovech
la ocasin para presentar pblicamente la gestora cultural El Pas
Literario. El jurado del certamen haba escogido 15 cuentos como finalistas
de entre los ms de 650 presentados. Los jueces fueron la escritora Pilar
Galn Rodrguez en calidad de presidenta, y los escritores Jos Mara
Cumbreo, Estrella Cardona Gamio y Mercedes Gonzlez, as como el escritor
y director de El Pas Literario, Francisco de Borja Gutirrez, como
secretario. El premio est dotado con 500 euros adems de la publicacin
del relato ganador junto al resto de los finalistas. Tarde de otoo es,
segn el comunicado de El Pas Literario, un cuento en el sentido estricto
del trmino, muy bien escrito y desarrollado, en donde la nostalgia y la
familia estn presentes dentro de un halo de monotona sin esperanza,
siendo un texto muy lrico y costumbrista.
http://www.elpaisliterario.com

El bardo Ceballos. Petronio Rafael Cevallos se presentar hoy, lunes 18, a
las 6 de la tarde, en la Biblioteca Pblica de Corona, en Queens (Nueva
York, EUA), donde leer textos de Brdica, una seleccin de alrededor de 40
poemas escritos y cuidadosamente trabajados a lo largo de un cuarto de
siglo, conformando una exquisita coleccin de, en palabras del poeta y
crtico Guillermo Montoya, altsima poesa. La presentacin crtica
estar a cargo de Xavier Nieto, profesor de Staten Island College y
directivo de la Casa de la Cultura Ecuatoriana de Nueva York. Tras la
lectura habr un conversatorio sobre el poemario. Cevallos es adems autor
de De otros hroes (novela, 1992), Santa Lorena de Bucay (comedia, 1994),
Contracuentos: El diccionario satnico (aforismos, ensayos y parbolas,
1996), La belladona (drama, 1997), En un pas nombre: Retorno a Mitad del
Mundo (ensayo, 2000), Eyaculaciones (poesa, 2003), Serenata (novela, 2004)
y Un lugar bajo el Sol (ensayo, 2005). La entrada a la lectura es gratuita.
http://www.ecuayork.homestead.com

Amestoy sobre el teatro. El Centro de Formacin de Profesores del Instituto
Cervantes presentar el prximo jueves 21 de diciembre, a las 7:30 de la
noche, la conferencia El teatro espaol en la encrucijada, que impartir
Ignacio Amestoy, director de la Real Escuela Superior de Arte Dramtico
(http://www.resad.es). La actividad se realizar en el Saln de Actos de la
sede central del Instituto Cervantes (calle Alcal, N 49, Madrid (entrada
por calle Barquillo, N 4). Profesor y dramaturgo, Amestoy (Bilbao, 1947)
es licenciado en Ciencias de la Informacin y realiz tambin estudios de
arte dramtico en el Teatro Estudio de Madrid con Maruja Lpez, Miguel
Narros y William Layton. Antes de dirigir la Real Escuela Superior de Arte
Dramtico de Madrid se desempe como profesor de literatura dramtica,
historia del teatro y semitica. Ha recibido premios de la talla del Lope
de Vega en 1982 por Ederra y en 2001 por Chocolate para desayunar; el
Premio del Festival de Sitges en 1986 por Doa Elvira, imagnate Euskadi; y
el Nacional de Literatura Dramtica en 2002 por Cierra bien la puerta.
http://cfp.cervantes.es

Las postales de Santaella. Este mircoles 20 de diciembre ser presentado
el libro de cuentos Postales sub sole, con el que el escritor venezolano
Fedosy Santaella obtuvo el premio nico de narrativa de la Bienal
Latinoamericana de Literatura Jos Rafael Pocaterra correspondiente a los
aos 2004-2006. El libro ha sido publicado por el sello De la A a la Z
Ediciones. Santaella obtuvo el mencionado galardn por decisin unnime del
jurado, compuesto por Alexis Mrquez Rodrguez, Israel Centeno y Jos
Napolen Oropeza. Centeno estar en la presentacin, junto con el tambin
escritor Roberto Echeto. La actividad se realizar a las 7 de la noche en
la Librera Alejandra I, en el Centro Comercial CADA (Avenida Principal de
Las Mercedes, frente al CVA), en Caracas.

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electrnico a breves@letralia.com.



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||||||||||||||||||||||||||    MATERIAL ESPECIAL    ||||||||||||||||||||||||

=== Editorial Letralia despide 2006 con Retratos, de Vctor Montoya =======

Retratos, un libro de crnicas del escritor boliviano Vctor Montoya, est
desde esta semana en los anaqueles virtuales de Editorial Letralia, el
espacio de Letralia, Tierra de Letras, dedicado a la publicacin de libros
digitales de autores de habla hispana.

Primer ttulo de nuestra recin creada coleccin Crnica, Retratos es un
compendio de veinticinco piezas de este gnero inspiradas en igual nmero
de imgenes, algunas de las cuales forman parte del bagaje universal,
mientras que otras pertenecen a mbitos ms restringidos y, para muchos de
quienes se convertirn desde ahora en lectores del libro, desconocidos.

En estas crnicas, Montoya se pasea por las peculiaridades de personajes
fsicamente extraos y, por tanto, estigmatizados y marginados; hroes de
la literatura, la religin, el deporte, el arte, la poltica y la lucha
revolucionaria vistos desde la perspectiva de sus dimensiones humanas, e
hitos de la cultura y la tradicin boliviana, entre otros.

Nacido en La Paz en 1958, Montoya ha sufrido, por sus convicciones, los
rigores de la persecucin, la tortura y, finalmente, el exilio en Suecia,
pas al que lleg a finales de los aos 70. Durante su poca en prisin
escribi el libro testimonial Huelga y represin, al que le han seguido
Das y noches de angustia (1982), El eco de la conciencia (1994), El nio
en el cuento boliviano (1999), Fugas y socavones (2002) y Cuentos en el
exilio (2006), entre otros.

Retratos es el 37 ttulo publicado por Editorial Letralia, espacio creado
en 1997 para la difusin de obras de autores de habla hispana en versiones
digitales. Adems de su edicin grfica que puede ser leda en el Web
(http://www.letralia.com/ed_let/retratos), est disponible una versin en
formato Adobe PDF (http://www.letralia.com/ed_let/pdf/retratos.pdf, 1,8
Mb). El acceso a ambas versiones del libro es completamente gratuito.



=== Erratas ===============================================================

En nuestra edicin 153 publicamos una nota sobre las actividades que se
desarrollaran en Maracay (Aragua, Venezuela) del 20 al 24 de noviembre, en
el marco de la Feria Internacional del Libro de Venezuela. En la nota
(http://www.letralia.com/153/1120filvenaragua.htm) atribuimos errneamente
la autora del libro Una mirada al mundo religioso de Julio Verne a la
ensayista Julia Elena Rial, cuando el mismo que obtuvo en 2005 el premio
Augusto Padrn de Ensayo es en realidad del investigador Jos Gregorio
Parada.

Nacido en Bailadores (Mrida) en 1968, Parada es licenciado en Letras,
mencin Lengua y Literatura Hispanoamericana y Venezolana, egresado de la
Universidad de Los Andes (ULA, http://www.ula.ve) en 1996. Tiene una
Matrise dEspagnol en la Universidad Franois Rabelais de Tours
(http://www.univ-tours.fr, 1997) y un Diplme dtudes Approfondies en
Lenguas y Literaturas Nacionales y Comparadas Francesas en la misma
universidad. Actualmente es profesor asistente de francs en la ULA.

Por otro lado, en nuestra edicin 154 publicamos los relatos Bodas de
plomo y Sucedi en la esquina de casa
(http://www.letralia.com/154/letras03.htm), de la escritora argentina Lina
Blum, pero los mismos aparecieron durante algunos das, como consecuencia
de un error nuestro, firmados por Liliana V. Blum, escritora mexicana
quien, por cierto, tambin haba publicado previamente en Letralia. Y
aunque ya las correcciones del caso han sido hechas, lo hacemos notar por
esta va a fin de que se disipe cualquier duda posible respecto a la
autora de los mencionados relatos.



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*** Premio Serantes de Santurtzi para el venezolano Domingo Palma

La obra Antropofagia, del escritor venezolano Domingo Palma, gan en
noviembre pasado la 7 edicin del Premio de Teatro Serantes de Santurtzi,
Espaa, organizado por el Ayuntamiento de Santurtzi y el Teatro Municipal
Serantes Kultur Aretoa, en Vizcaya.

El galardn se otorga como parte de las actividades del Festival
Internacional de Teatro de Santurtzi, que se realiza anualmente y al cual
el pasado mes de noviembre asistieron ms de 7.400 espectadores. Como parte
de su dotacin se encuentra la publicacin del texto ganador y la
consideracin de coproduccin del espectculo por parte del Teatro Serantes
Kultur Aretoa. La presentacin de la obra se llevar a cabo en 2007 durante
el XXVIII Festival Internacional de Teatro de Santurtzi.

El estilo urbano caracterstico de las obras de Domingo Palma lo ha hecho
merecedor durante los ltimos 3 aos de 4 diferentes premios teatrales, dos
en Espaa y dos en su pas natal, Venezuela.

Con su primera obra, Margarita para los cerdos, recibi el tercer premio en
el VI Certamen de Textos Teatrales de Torreperogil (Jan, Espaa, 2003) y
el Premio Nueva Dramaturgia 2004, otorgado por Monte vila Editores
Latinoamericana. La obra fue estrenada ese mismo ao en el Teatro San
Martn de Caracas y le vali a Palma el Premio guila como mejor autor. En
2005 su obra Saco de gatas tiene su premier mundial durante la temporada
2005 del Teatro San Martn y es presentada luego por la misma compaa en
el marco de las celebraciones del Festival Internacional de Teatro de
Oriente, en Venezuela.

A finales del ao 2005 el autor puso sus obras al alcance del pblico a
travs de su pagina de Internet (http://www.domingopalma.com.ar). Un texto
teatral no est completo hasta que llega a las tablas y slo Internet puede
ofrecerles una oportunidad tan grande, dice Palma.

Fuente: Web del autor



*** CCG Ediciones salta al papel con Taller libre de literatura

Con la publicacin y distribucin del libro Taller libre de literatura
respuestas a preguntas de escritores noveles, el sello virtual CCG
Ediciones ha dado inicio, desde principios de este mes, a las actividades
de su versin impresa, C. Cardona Gamio Ediciones.

Tanto CCG Ediciones como C. Cardona Gamio Ediciones son emprendimientos de
las hermanas Concha y Estrella Cardona Gamio, la ltima de las cuales es
adems una de las firmas exclusivas de nuestro espacio Ciudad Letralia,
donde mantiene su avenida Atalaya.

El libro con el que han inaugurado su versin en papel, Taller libre de
literatura, es un manual que compendia varias respuestas de Estrella
Cardona Gamio a noveles autores que le han remitido consultas por correo
electrnico sobre temas puntuales del oficio literario. Avalada por muchos
aos de experiencia como novelista, la autora indic que precisamente este
manual naci a peticin del pblico de CCG, que durante los ltimos aos ha
disfrutado de su obra, parte de la cual se encuentra en lnea.

En sus 81 pginas, el libro abarca varios de los temas de inters para el
escritor que se est iniciando, como los autores y temas recomendados,
calidad de la propia obra, ejercitacin de la imaginacin, vicios
literarios y otros. Esta completa obra de consulta puede adquirirse en la
librera virtual de Limaco Edizions
(http://www.limacoedizions.com/public/libreria.php) o escribindole a C.
Cardona Gamio Ediciones (ccgediciones@ccgediciones.com).

Concha Cardona Gamio se ha encargado del trabajo de edicin y de la parte
tcnica, desarrollando la compaginacin y maquetacin del libro, al que le
seguir una novela de su hermana que se espera est en las libreras a
principios del ao prximo.

El sitio en Internet del sello virtual, que recientemente arrib a sus
siete aos en lnea, ha publicado novelas, relatos, literatura infantil, un
serial, entrevistas y noticias, adems de mantener un taller de literatura
y una Sala de Estar en la que se publican artculos, curiosidades,
ancdotas, entrevistas, efemrides, biografas de escritores famosos y
libros recomendados, entre otros materiales.

Fuente: CCG



*** Falleci el investigador argentino-paraguayo Ral Amaral

Este domingo 3 de diciembre muri en su residencia el investigador Ral
Amaral, paraguayo por adopcin y argentino de nacimiento, a la edad de 88
aos, cumplidos el martes 28 de noviembre. Su deceso fue ocasionado por una
complicacin pulmonar. Amaral estaba enfermo desde hace ya unos aos.

El investigador se caracteriz por su trabajo sobre escritores del
novecientos y otros aspectos de la literatura paraguaya. Con sus escritos
enriqueci la bibliografa del pas que lo acogi, y an de anciano y
delicado de salud continu trabajando con devocin.

En homenaje a su dedicacin la Corte Suprema de Justicia le otorg en 1993
la ciudadana paraguaya y recientemente fue nombrado hijo dilecto de
Asuncin.

Fue publicando diferentes escritos sobre algunos de los intelectuales
escritores del novecientos como Cecilio Bez, Arsenio Lpez Decoud, Blas
Garay, Manuel Gondra, Fulgencio R. Moreno, Manuel Domnguez, Eligio Ayala,
Ignacio A. Pane, Eloy Faria Nez, Viriato Daz Prez, Rafael Barret,
entre otros.

Los textos fueron compilados en el libro El Novecentismo Paraguayo; hombre
e ideas de una generacin fundamental del Paraguay, publicado por
Servilibro este ao. Otros escritos suyos son El modernismo potico en el
Paraguay, La sien sobre Aregu, Escritos paraguayo, volmenes 1 y 2, El
romanticismo paraguayo, Breviario aregeo de Gabriel Casaccia y otros.

Ral Amaral naci en Veinticinco de Mayo, provincia de Buenos Aires, en
1918, y lleg a Paraguay en los aos cincuenta, exiliado por el peronismo.
Se integr rpidamente a la sociedad paraguaya. Fue jefe de Museos,
Bibliotecas, Archivos de la Nacin y agregado cultural de la Embajada de
Argentina en Asuncin. Fue profesor, ensayista, crtico literario, poeta y
periodista.

Fuente: PPN



*** Caf Nueva York fomentar cultura hispanohablante en la Gran Manzana

Los escritores Carmen Boullosa, Jos Manuel Prieto, Naief Yehya, Sylvia
Molloy, Eduardo Lago y Eduardo Mitre se han unido en la iniciativa Caf
Nueva York, que se ha propuesto realizar diversas actividades para fomentar
la lectura y escritura en espaol en la Gran Manzana, segn informaron en
el reciente Manifiesto Neoyorkino que dieron a conocer mediante un
comunicado el pasado martes 5 de diciembre.

El manifiesto denuncia la manera cmo, salvo las honrosas excepciones de
Garca Lorca y Mart, entre otros, la literatura de habla hispana producida
en la ciudad estadounidense ha quedado enterrado en la memoria cultural
neoyorkina, en parte por la avalancha de obras literarias de calidad
creadas en esta ciudad, y en parte por el ombliguismo anglfono, a un
tiempo provinciano e imperial.

Los autores involucrados en el proyecto creen que, dado que la tercera
parte de la poblacin neoyorkina es hispanohablante, tal amnesia es
onerosa, ya que despoja tanto a los inmigrantes como a los ya
establecidos de una porcin de su legado cultural.

Es por ello que, segn el manifiesto, Caf Nueva York convocar a los
autores de habla hispana para, mediante actividades en diversos lugares de
la ciudad y a travs de un sitio en Internet, propiciar la interaccin
entre ellos para establecer un ambiente crtico y amistoso, como era y es
habitual en los cafs tradicionales de nuestros pases, con la finalidad
de reposicionar nuestra tradicin en el mapa cultural de la ciudad.

Cofundadora con Salman Rushdie, de la Casa Citlaltpetl, que acoge en
Mxico a escritores perseguidos, Carmen Boullosa (Ciudad de Mxico, 1954)
es novelista, dramaturga y poeta. Recibi el Premio Xavier Villaurrutia en
1990, el Anna Seghers que otorga la Academia de las Artes de Berln
(http://www.adk.de) por el conjunto de su obra y el Liberatur de la Ciudad
de Frankfurt por la versin alemana de su novela La milagrosa. Fue becaria
de la Fundacin Guggenheim (http://www.gf.org) y del Centro para Acadmicos
y Escritores de la NYPL (hoy Cullman Center,
http://www.nypl.org/research/chss/scholars), as como escritora residente
en Berln (DAAD, Kunstlerprogramm). Sus novelas han sido publicadas en
alemn, francs, italiano, holands, chino, portugus e ingls. Ha
publicado La otra mano de Lepanto y La novela perfecta, entre otras.
Actualmente es Distinguished Lecturer en el City College de Nueva York
(CCNY, http://www.ccny.cuny.edu) y entrevista escritores y artistas para el
programa Nueva York de CUNY-TV (http://www.cuny.tv).

El novelista y ensayista Jos Manuel Prieto (La Habana, Cuba, 1962) fue
becario de la Fundacin Guggenheim y del Centro para Acadmicos y
Escritores de la NYPL (hoy Cullman Center). Es autor, entre otros libros,
de Livadia (traducida a ms de siete lenguas), Enciclopedia de una vida en
Rusia, El Tartamudo y la rusa y Treinta das en Mosc. Actualmente es
director del Joseph A. Unanue Latino Institute
(http://academic.shu.edu/latinoinstitute) en Seton Hall University
(http://www.shu.edu) y es profesor de esta misma universidad. Est por
aparecer publicada su novela Rex, simultneamente en espaol, alemn y
francs, que ser editada por Grove Press.

Eduardo Lago (Madrid, Espaa, 1954) sorprendi al mundo literario espaol
cuando gan con su primera novela, Llmame Brooklyn, el prestigioso Premio
Nadal 2006. Es autor tambin de Cuentos dispersos, Cuaderno de Mxico,
memoria de un viaje a Chiapas, y ha escrito una cantidad incontable de
ensayos y crticas, as como ha traducido a Charles Brockden-Brown, Hamlin
Garland, William Dean Howells, Henry James, Sylvia Plath, Christopher
Isherwood, Junot Daz y John Barth. Es profesor de Sarah Lawrence College
(http://www.slc.edu), actualmente en receso pues ocupa el cargo de director
del Instituto Cervantes en Nueva York (http://nuevayork.cervantes.es).

El narrador, crtico cultural y pornografgrafo Naief Yehya (Ciudad de
Mxico, 1963) es ingeniero industrial de formacin. Ha publicado las
novelas Obras sanitarias, Camino a lacasa y La verdad de la vida en Marte.
Es autor del libro de cuentos Historia de mujeres malas. Ha publicado los
libros de ensayos El cuerpo transformado, Cyborgs y nuestradescendencia
tecnolgica en la realidad y en la ciencia ficcin, Guerra y propaganda,
medios masivos y el mito blico en los Estados Unidos y Pornografa, sexo
mediatizado y pnico moral. Durante ms de una dcada ha escrito acerca del
fenmeno pornogrfico en ensayos y en relatos de ficcin. En el diario La
Jornada (http://www.jornada.unam.mx) cre el primer espacio semanal de
reflexin y anlisis de la cibercultura.

La novelista y ensayista argentina Sylvia Molloy (Buenos Aires, 1938) es
considerada una de las voces literarias y crticas ms importantes de
Amrica Latina. Fue becaria de la Fundacin Guggenheim y del Centro
Civitella Ranieri (http://www.civitella.org), obtuvo el Senior Faculty
Fellowship de Yale University (http://www.yale.edu) y una beca de la
National Endowment for the Humanities (http://www.neh.gov). Recibi el
Premio Nacional de Traduccin en su pas. Fue presidenta de la Modern
Languages Asociation (MLA, http://www.mla.org) y ha sido profesora en
Princeton (http://www.princeton.edu) y Yale. Actualmente es Albert
Schweitzer Professor of the Humanities en New York University (NYU,
http://www.nyu.edu). Es autora de las novelas En breve crcel y El comn
olvido y de un libro de relatos, Varia imaginacin. Entre sus libros de
ensayos se cuentan Las letras de Borges y Acto de presencia. Recibi el
premio de la Fundacin Konex (http://www.fundacionkonex.com.ar) en
Argentina.

El poeta boliviano Eduardo Mitre (Oruro, 1943) ha publicado en las casas
editoriales de mayor renombre (Visor, Pretextos, Vuelta), Morada,
Mirabilia, Desde tu cuerpo, Razn ardiente, Ferviente humo, Elega a una
muchacha y Lnea de otoo. Tambin es autor de varios volmenes importantes
sobre la poesa latinoamericana, entre stos Huidobro, hambre de espacio y
sed de cielo. Su libro ms reciente de poesa es El paraguas de Manhattan.
Ha sido profesor en Columbia University (http://www.columbia.edu),
Dartmouth College (http://www.dartmouth.edu) y la Universidad Catlica
Boliviana (http://www.ucb.edu.bo). Actualmente forma parte del cuerpo
acadmico de St Johns University (http://www.stjohns.edu).

Las fronteras han adquirido permeabilidad cultural, indican los
propulsores de la iniciativa, pues son fcilmente traspasables por
Internet, video, msica, etc. As, ste no debe ser un ejercicio
parroquial. De hecho, la variedad misma de los autores que hoy escriben en
Nueva York en nuestra lengua constituye una oportunidad para reforzar las
ligas a lo largo y lo ancho del mundo hispanohablante. Es igualmente cierto
que las fronteras se han vuelto muros y fortalezas, y que stas conexiones
son ms necesarias que nunca. El texto completo del manifiesto puede
leerse en http://www.letralia.com/155/especial02.htm.

Fuente: Caf Nueva York



*** Pamuk rinde tributo a su padre en discurso del Nobel

El escritor turco Orhan Pamuk realiz este jueves 7 de diciembre, en la
Real Academia Sueca, una encendida defensa del valor y del papel de la
escritura, en el tradicional discurso de aceptacin del premio Nobel de
Literatura. El discurso de Pamuk, con numerosas referencias a su padre, por
el que ha confesado sentir autntica devocin, ha estado muy alejado del
duro alegato poltico que Harold Pinter firm el ao pasado.

El autor de Nieve ha construido una reflexin sobre aspectos como la
condicin de escritor, sus miedos, su tarea y el proceso creativo, a partir
de un objeto: la maleta llena con sus propios manuscritos que su padre le
dio dos aos antes de morirse. Ese objeto ha dado nombre al discurso, La
maleta de mi padre, o Babamin bavulu, en turco, idioma en el que ha ledo
el texto el autor.

En torno a sus propias dudas sobre si abrir o no la maleta y sus miedos
ante lo que poda encontrarse, Pamuk ha ido desgranando ideas, y
descifrando preguntas, as como analizando la relacin con su progenitor
un escritor frustrado con una amplia cultura y con su pas, aunque sin
entrar en cuestiones polticas.

Para Pamuk, la literatura se puede definir como lo que una persona crea
cuando se encierra en una habitacin, se sienta junto a una mesa y se
retira en una esquina para expresar sus sentimientos. El escritor es
alguien que dedica su vida a descubrir al otro ser que habita en su
interior y trata de traducirlo en palabras para crear otro nuevo mundo y
otro nuevo ser, del mismo modo que alguien construye un puente piedra a
piedra. Pamuk lo ha definido como conocer las heridas que llevamos dentro
y explorarlas pacientemente, poseerlas y hacerlas una parte consciente de
nuestros espritus y escritura.

El precursor de esta forma de entender la escritura es para l el escritor
y pensador renacentista francs Michel de Montaigne, a cuya obra le
introdujo su padre. Ms que en la inspiracin, que nunca se sabe de dnde
viene, el secreto del autor descansa en su obstinacin, su paciencia. No
obstante, ha reconocido que es necesario algo de esperanza y de confianza,
y que es la inspiracin la que las proporciona.

Pamuk ha dicho escribir por necesidad innata, por no conocer otra forma
de ganarse la vida, por enfado contra el mundo, por pasin, por hbito, por
la gloria y para ser feliz, entre otras razones. Sus reflexiones sobre la
literatura se han ido entrelazando con otras sobre la vida del padre, por
quien Pamuk reconoce su devocin y deuda, y stas han ido generando a su
vez nuevas consideraciones.

Aunque la esencia es el escritor indagando en su interior, no estamos
solos, sino en compaa de las palabras de aquellos que vinieron antes, de
las historias de otras gentes, de los libros de otras gentes; en
definitiva, la tradicin. De ah que Pamuk considere la literatura como la
ms valiosa creacin de la humanidad en su intento por entenderse a s
misma.

Otra de las reglas eternas de la literatura es, en palabras suyas,
contar las historias propias como si fueran las de otros, y contar las
historias de otros como si fueran propias. Su concepcin de la literatura
est plagada de optimismo: cuando el escritor se encierra en su interior
est poniendo, consciente o inconscientemente, una gran fe en la Humanidad,
porque l cree que todos los seres humanos se parecen y, por tanto, deben
llevar dentro de s heridas similares y se comprenden.

Adems, Pamuk ha confesado su conflictiva relacin con su pas, las
dificultades para ser artista, el provincianismo, cmo de joven se senta
lejos del centro del mundo, de Occidente, y cmo ahora experimenta todo
lo contrario. Estambul, su ciudad natal, es ahora el centro del mundo,
porque los ltimos 33 aos ha narrado sus calles, gentes, das y noches, de
modo que este mundo que he hecho con mis manos, que slo existe en mi
cabeza, es ms real que la ciudad en la que vivo.

Pamuk cerr su discurso con un emotivo recuerdo: el apoyo de su padre
cuando le dio a leer su primer libro, Cevded y sus hijos, cmo confi en l
y le dijo que algn da ganara el Nobel. Ahora que lo ha logrado, el autor
turco ha expresado su deseo de que su padre, fallecido en 2002, hubiera
podido estar entre los asistentes.

La entrega del premio se celebr el pasado domingo 10 de diciembre en el
Konserthuset de Estocolmo, ceremonia en la que se reunieron 1.500 personas
que tuvieron como principal foco de atencin a Pamuk, quien se llev los
ms sonoros aplausos.

Los siete distinguidos en las seis categoras recibieron de manos del rey
Carlos XVI Gustavo de Suecia los diplomas y medallas que les acreditan como
ganadores del preciado galardn, en el da del aniversario de la muerte del
magnate Alfred Nobel, su creador.

En una ceremonia celebrada horas antes en el Ayuntamiento de Oslo
(Noruega), el bangladesh Muhammad Yunus, fundador en 1976 del banco de
microcrditos Grameen Bank, recibi el Nobel de la Paz por su esfuerzo por
un desarrollo social y econmico desde abajo. Al acto asisti la reina
Sofa de Espaa, quien en los aos recientes ha tenido un papel activo en
cumbres y foros impulsados por Yunus, Premio Prncipe de Asturias de la
Concordia en 1998.

Despus de las ausencias los dos pasados aos de los ganadores en
Literatura, la austriaca Elfriede Jelinek y el britnico Harold Pinter, la
primera por decisin propia y el segundo por enfermedad, la presencia de
Pamuk centr el protagonismo de la ceremonia.

En su discurso previo a la entrega del premio a Pamuk, el secretario de la
Academia Sueca, Horace Engdahl, resalt que el escritor turco ha sabido
unir la forma de narrar propia de Occidente con la tradicin oriental.

Engdahl, que dijo unas palabras en turco, destac que el autor de Nieve ha
hecho de Estambul territorio literario indispensable, un lugar que, como
en el San Petersburgo de Dostoievski, el Dubln de Joyce y el Pars de
Proust, lectores de todo el mundo pueden vivir otra vida tan creble como
la suya propia.

Seis de los siete premiados son originarios de Estados Unidos, mientras que
Pamuk, aunque de nacionalidad turca, tambin est vinculado a una
universidad de este pas. Todos ellos se llevaron los 1,1 millones de euros
con que se premia cada galardn, a repartir si hay ms de un distinguido en
la misma categora.

El Konserthuset estuvo adornado como es tradicin por 13 mil flores de la
ciudad de San Remo, donde Nobel muri en 1896. El acompaamiento musical
corri a cargo de la Real Orquesta Filarmnica de Estocolmo, dirigida por
Petter Sundkvist y con el chelista Andreas Brantelid como solista, que
interpret piezas de Mozart, Faure y Shostakovich.

Fuente: EFE



*** El Ateneo Puertorriqueo entreg sus premios artsticos

El licenciado Eduardo Morales Coll, presidente del Ateneo Puertorriqueo,
entreg el pasado viernes 8 de diciembre los premios de los certmenes
artsticos y literarios convocados por la institucin para el ao en curso,
en una ceremonia realizada a partir de las 7:30 de la noche en la sede de
la institucin.

En el certamen de Poesa, el jurado concedi el premio al poemario Paseo
con mam, de Carmen Vega. El jurado otorg tambin cinco menciones
honorficas: Los lamentos de Eurdice, de Miguel ngel Nter; Un mundo
dentro de un mundo dentro de un mundo, de Walter Morciglio; De las
circunstancias de la poesa, de ngel Maldonado Acevedo; Desde el balcn de
Asturias, de Francisco Garca Moreno, y El cuerpo de la incertidumbre, de
Claudio Cruz Nez.

En el certamen de Cuento el jurado le dio el primer premio a Un monstruo no
debe tener hermanos, de Edgardo Nieves Mieles, y menciones honorficas a El
amante digital, de Francisco Font Acevedo; El soador literario, de Daniel
Martes Pedraza; La ltima carta de Piotr Ilych, de Alfredo Villanueva; El
dinosaurio y el unicornio, de Miguel Arzola Barris; Entre sombras y
palabras, de Ana Mara Fuster, y Si Aristteles hubiera menstruado: quimera
filosfica en una descarga, de Dinorah Corts.

En el certamen de Msica, el jurado le otorg el primer premio a la
composicin Rostros de Javier de la Torre; el tercer premio se le otorg a
Cuarteto de cuerdas N 1, de Saviel Cartagena. El segundo premio ha sido
declarado desierto.

En el certamen de Artes Plsticas, bajo la categora de pintura, el jurado
concedi el primer premio a Los frgiles retornos, de Aby Ruiz, y mencin
honorfica a Bar de la Calle 6. En la categora de Grabado, el jurado
otorg el primer premio a Blanca Nieves y los enanos verdes, de Elsa M.
Melndez, y mencin honorfica a Juego de convivencia  Parte final, de
Christopher Rivera. En la categora de Escultura el jurado otorg el primer
premio a Otra ave en el espacio, de Alfi Roln Garca, y mencin honorfica
a Nova, de Csar Bermdez. En la categora de Dibujo el jurado otorg el
primer premio a Mxico, estamos contigo, de Hctor Grajales.

En el certamen de Cine y Video el jurado otorg el primer premio en la
categora de video experimental a The Grim Tale of Mistah Green, de Paul
Medina; en la categora de documental, el jurado otorg el primer premio a
Tres actos, de Lara Rodrguez Delgado; en la categora de entretenimiento
el jurado otorg el primer premio a No te vayas, de Javier Cuevas Rosado.

En el certamen de Ensayo Histrico el jurado otorg dos menciones
honorficas: Perspectiva histrica e impacto de la demanda de clase de
Morales Feliciano sobre el sistema carcelario en Puerto Rico, de Josu
Montijo, y Los estudios superiores en la periferia de la Nueva Espaa: La
formacin acadmica de los eclesisticos en la zona del Caribe durante la
primera mitad del siglo XVII, de Josu Camao Dones.

En el certamen de Teatro el jurado otorg una mencin honorfica a A merced
del destino, de Stephanie Izquierdo. Los certmenes de Novela, Ensayo
Histrico, Ensayo Literario y Teatro fueron declarados desiertos.

Fuente: El Nuevo Da



*** Declaran desierto el premio de novela Unam-Alfaguara

La falta de calidad literaria entre las 42 obras inscritas, todas de
escritores residentes en la Repblica Mexicana, llev al jurado este
viernes 8 de diciembre a declarar desierto el quinto Premio Primera Novela
Unam-Alfaguara 2006.

Por unanimidad, el jurado presidido por Daniel Sada e integrado por Anamari
Goms, David Martn del Campo y lvaro Enrigue, declar desierto el
galardn que desde 2002 otorga la Universidad Nacional Autnoma de Mxico
(Unam, http://www.unam.mx) y editorial Alfaguara
(http://www.alfaguara.com.mx) porque, segn el fallo emitido el pasado 5 de
diciembre, las novelas que se presentaron no renen la calidad literaria
necesaria para recibirlo.

El premio, que en el pasado obtuvieron el argentino Maximilano Matayoshi
con su novela Gaijin, el venezolano Octavio Vinces por Las fugas paralelas
y el mexicano Jorge Galvn con El hierro y la plvora, fue creado con el
propsito de ofrecer a los escritores noveles una oportunidad y una
plataforma para dar a conocer su obra.

El Premio de Primera Novela Unam-Alfaguara lleva cinco ediciones
consecutivas y, con sta, dos emisiones declarado desierto, consiste en
la publicacin de la obra en coedicin por las dos instituciones
convocantes y un monto de 100.000 pesos.

Los jurados del certamen, que tradicionalmente se entrega el da de la
inauguracin de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minera,
organizada por la Facultad de Ingeniera de la Unam y la Cmara Nacional de
la Industria Editorial Mexicana, han estado integrados en todas sus
ediciones por escritores, editores, crticos y estudiosos de la literatura
de reconocida trayectoria.

Fuente: El Universal



*** Rendn: EUA fomenta guerra fratricida en Colombia

Fernando Rendn, director del Festival Internacional de Poesa de Medelln
(http://www.festivaldepoesiademedellin.org), inst este 8 de diciembre al
gobierno colombiano, en la ceremonia de entrega de los denominados premios
Nobel Alternativos, a apostar por una solucin negociada al conflicto de su
pas.

En su discurso en el Parlamento sueco, Rendn culp a Estados Unidos de
fomentar una guerra fratricida en Colombia, y pidi la solidaridad de la
comunidad internacional para impulsar, ante el Gobierno y la guerrilla, el
inicio del intercambio de presos por secuestrados, para dar paso as a un
proceso de dilogo.

Queremos que el Gobierno no sea arrogante y abandone su pretensin de
seguir la guerra, que enve un gesto al pueblo colombiano, afirm Rendn,
quien cree que este premio confirma que el camino emprendido por el
festival creado en 1991 es el correcto.

Rendn dijo en su discurso que Colombia es un pas desangrado que no
conoce la paz, un pas militarizado y paramilitarizado donde existe una
impunidad total y critic al gobierno por triplicar la partida dedicada a
gastos militares e incrementar los impuestos sobre bienes culturales como
los libros.

El Premio al Correcto Modo de Vida (Right Livelihood Award), como realmente
se llama el galardn, reconoce que el Festival de Medelln ha ayudado a
construir la paz en una de las ciudades ms violentas del mundo, mostrando
cmo la creatividad y la belleza pueden florecer y superar incluso al
miedo y la violencia.

Durante sus 16 ediciones, 747 poetas de 132 pases han ledo sus poemas en
ms de 60 idiomas y dialectos durante 906 lecturas pblicas en 34 ciudades
colombianas, record Rendn, que estuvo acompaado en la ceremonia por los
tambin poetas Gloria Chavatal y Gabriel Jaime Franco.

Dos docenas de manifestantes pertenecientes a grupos colombianos residentes
en Suecia se concentraron frente al Parlamento antes del inicio de la
ceremonia para reclamar al gobierno sueco que no apoye las negociaciones
del gabinete del presidente lvaro Uribe con los grupos paramilitares
porque las consideran una farsa.

Junto al festival colombiano, fueron tambin distinguidos con este premio,
considerado la antesala del Nobel de la Paz, el activista estadounidense
Daniel Ellsberg, por su lucha a favor de la paz en la guerra de Vietnam, y
la india Ruth Manorama, defensora de los derechos de las mujeres dalit,
casta intocable en su pas.

El brasileo Chico Whitaker Ferreira obtuvo el premio honorfico, que no
tiene retribucin econmica, por su trabajo a favor de la justicia social,
que ha fortalecido la democracia en Brasil, y por ser uno de los
impulsores del Foro Social Mundial, mostrando que otro mundo es posible.
En su alocucin, Whitaker defendi la va abierta por el Foro Social y
contrapuso la lgica de la cooperacin frente a la de la dominacin.

Ellsberg homenaje al activista Mordechai Vanunu, retenido por Israel por
revelar secretos atmicos, pese a que hace aos que cumpli la pena a la
que fue condenado, e inst a Occidente a protestar frente a esta
injusticia.

El Nobel Alternativo est dotado con dos millones de coronas suecas
(275.000 dlares), a excepcin del premio honorfico. Instituido en 1980
por el escritor y ex eurodiputado sueco-alemn Jakob von Uexkull, el
galardn ha distinguido a ms de un centenar de personas de unos 50 pases
en estos aos.

En su discurso previo, Von Uexkull hizo una dura crtica del liberalismo y
la globalizacin y record que la proteccin del medio ambiente es la base
de la existencia de la Humanidad.

Fuente: EFE



*** Un CD repasa la poesa gallega de veinte autoras actuales

La Facultad de Filologa, Geografa e Historia del Campus de lava de la
Universidad del Pas Vasco (http://www.vc.ehu.es) present este lunes 11 de
diciembre un CD en el que se repasa la poesa gallega actual a travs de
las composiciones de veinte autoras.

Desde los aos ochenta, las mujeres dominan la lrica en lengua gallega, y
este trabajo permite conocer los estilos de las ms veteranas Pura Vzquez,
Xohana Torres, Luz Pozo, Pilar Pallares, Lusa Villalta, Xela Arias o Ana
Roman, hasta las ms jvenes Yolanda Castao, Mara do Cebreiro, Emma
Cruceiro y Estbaliz Espinosa.

El CD aade a los poemas de estas escritoras las declamaciones de las
rapsodas ngela Serna y Pilar Corcuera y la msica del grupo Sokaire, con
trabajos compuestos exclusivamente para ambientar los poemas.

El proyecto, denominado Pensando nelas, supone una iniciativa sin
precedentes en la lrica gallega. Aunque existen poemas musicados de
Rosala de Castro, Manuel Curros Enrquez, Celso Emilio Ferreiro o Manuel
Mara, entre otros, esta es la primera oportunidad en que se juntan para un
mismo lbum obras tan diversas temas y estilos que ofrecen una visin del
gnero en el ltimo medio siglo.

La edicin cuenta con el apoyo econmico de la Xunta (Poltica Lingstica)
y se dirige a la sociedad en general, aunque sobre todo a instituciones
culturales y centros educativos. Los objetivos son, por tanto, acadmicos y
tambin la difusin cultural de la literatura gallega.

Fuente: El Correo Digital



*** Anunciados ganadores del Premio Municipal de Literatura de Caracas

Este lunes 11 de diciembre fueron anunciados los ganadores del Premio
Municipal de Literatura de Caracas, distincin que concede anualmente el
Concejo del Municipio Bolivariano Libertador (Caracas, Venezuela).

En Poesa, el jurado integrado por Luis Alberto Crespo, Antonio Trujillo y
Vicente Lecuna, distingui de manera unnime al poemario La flor diversa,
de ngel Eduardo Acevedo, por hallar en l un idioma de embrujante
expresividad, donde se une la evocacin de lo vivido con sus secretas
revelaciones, su entonacin emotiva y lcida, la cual evidencia un
acendrado fervor por la armona del mundo y los grandes espacios de la
intimidad y la vastedad.

En la mencin Cuento, Roberto Malaver, Lionel Muoz e Igor Delgado Senior,
miembros del jurado, reconocieron a Autorretrato con minotauro, de Eloi
Yage Jarque, por su hbil planteamiento narrativo en el cual se unen la
limpidez de estilo y una cosmovisin resumidora e inquietante del ser
humano en su diversidad pocal. Asimismo, se acord conceder una mencin
honorfica al libro Una larga fila de hombres, de Rodrigo Blanco Caldern,
por su captacin aguda de la intimidad urbana, especie de caos creador
donde los personajes redimen pasiones y desarraigos".

En Investigacin Literaria, result favorecido el ensayo Por los signos de
los signos, de Luis Britto Garca, segn el veredicto emitido por Mara del
Pilar Puig, Ronny Velsquez y Mara Alcira Matute. Todos los libros fueron
publicados por el sello Monte vila Editores.

La flor diversa es un volumen conformado por ocho libros inditos de
Acevedo. Esta antologa evidencia el rigor y la orquestacin de los
registros temticos, as como los distintos tiempos de escritura donde el
poeta clava su palabra, esa que lleva la voz en tono mayor, centrada y
decantada, para rescatar la memoria de un viaje cumplido, posedo de las
claves que logra evocarlo y sentenciar con la humildad de los sabios: Que
esta ficcin desplace la certeza.

ngel Eduardo Acevedo (Valle de la Pascua, 1937) es poeta, licenciado en
Letras de la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve) y
profesor de la Universidad de Los Andes (ULA, http://www.ula.ve). Ha
publicado ensayos en diversos diarios y revistas del pas. Entre sus libros
destacan Mont Everest (Monte vila Editores, 1967), Antologa potica y
Papelera. Se ha dedicado a investigar las obras de Alberto Arvelo Torrealba
y Rafael Cadenas. La flor escrita pertenece a la Coleccin Altazor.

Autorretrato con minotauro, de Yage Jarque, incluye varios cuentos y una
novela breve, Mujer de arena, unidos por un mismo nfasis idiomtico,
algunos personajes comunes y una recurrente fantasa evocadora. Forma parte
de la Coleccin Continentes.

Eloi Yage Jarque (Espaa, 1957) reside en Venezuela desde nio. Ha
recibido, entre otros, el Premio Juan Rulfo de Radio Francia Internacional
(1998) y el de la Bienal Jos Rafael Pocaterra (Valencia, Venezuela, 1991).
Su libro de relatos El nexo vertical (1990) fue publicado por Monte vila
Editores.

Por su parte, Una larga fila de hombres, de Blanco Caldern, es un texto
integrado por cinco relatos que narran con sencillez la supervivencia del
individuo en medio de una ciudad alienante y hostil. Una fila de hombres
que se disputan por manifestar las ms elementales pasiones humanas. Con
esta obra, el escritor se hizo merecedor del premio Monte vila de
Narrativa para Autores Inditos 2005, que promueve esta casa editorial.
Pertenece a la Coleccin Las Formas del Fuego.

Rodrigo Blanco Caldern (Caracas, 1981) es licenciado en Letras de la UCV,
donde actualmente se desempea como docente y cursa la Maestra en Estudios
Literarios.

Por los signos de los signos, el libro de Britto Garca erigido en ars
potica, panorama de la literatura venezolana, anlisis de estrategias
narrativas, estudio de autores clsicos, historia de las culturas, es una
obra fundamental que se sustenta en la reflexin. Rara por lo inusitado de
sus planteamientos. Ensayo capital destinado a ocupar un lugar relevante en
el mbito de la literatura hispanoamericana. Signos y smbolos que trazan
de manera magistral nuestro lugar en el mundo. Pertenece a la Coleccin
Estudios.

Luis Britto Garca (Caracas, 1940) es narrador, dramaturgo, ensayista,
polgrafo. Su obra narrativa ha sido reconocida con el Premio Casa de Las
Amricas en dos oportunidades, por Rajatabla (1970) y Abrapalabra (1979).
En 2002 se le otorg el Premio Nacional de Literatura. Entre su vasta obra
ensaystica sobre el discurso poltico y las contraculturas, destaca
Venezuela: investigacin de unos medios por encima de toda sospecha,
tambin reconocido por Casa de Las Amricas con el premio honorfico
Ezequiel Martnez Estrada (2005).

Fuente: RNV



*** Se da a conocer veredicto de los premios Juan Rulfo

El escritor espaol Jos Antonio Lpez Hidalgo, con la obra El punto se
desborda, fue galardonado este lunes 11 de diciembre con el premio Juan
Rulfo de novela corta, mientras que el cubano Miguel Barnet, con Ftima o
el Parque de la Fraternidad, se alz con el de cuento.

Lpez Hidalgo, que se embolsar 9.000 euros, fue seleccionado entre las 586
novelas cortas que recibi el jurado procedentes de Amrica Latina, Espaa,
Francia y Estados Unidos, entre otros pases.

El jurado destac la visin de una vida sofocante de corrupcin y
subdesarrollo en un medio donde la miseria coexiste con los privilegios,
las complicidades de una multinacional en plena dictadura del
ecuatoguineano Teodoro Obiang Nguema descrita con precisin y sin duda
refleja una dolida y pattica experiencia del autor.

El premio de cuento, dotado con 5.000 euros, recay en Barnet por Ftima o
el Parque de la Fraternidad, de la que el jurado destac el humor cido,
la mirada compasiva e implacable y la riqueza de detalles desbordan la
experiencia del narrador para evocar un mundo dominado por el desencanto,
la fantasa y otras estrategias de adaptacin a la dureza de la realidad.

El Instituto Cervantes de Pars (http://paris.cervantes.es), el Instituto
de Mxico (http://www.mexiqueculture.org), Radio France Internationale
(http://www.rfi.fr), la Casa de Amrica Latina, la asociacin Unin Latina
(http://www.unilat.org), el Colegio de Espaa (http://www.colesp.net) en la
capital francesa y el mensual Le Monde Diplomatique
(http://www.monde-diplomatique.fr), organizan este galardn, que en la
pasada edicin recay ex aequo en rbitas. Tertulias, del peruano Mirko
Lauer, y Las violetas son flores del deseo, de la mexicana Ana Clavel.

Por otro lado, la Unin Latina anunci que su premio de fotografa, dotado
con 2.000 euros, recay en el venezolano Julio Armando Estrada Nebreda, de
cuyo trabajo el jurado valor la extrema precisin de sus vistas
panormicas y la fuerza de sus imgenes en la verdad de sus formas que le
permite captar en blanco y negro una atmsfera que restituye escenas de la
vida cotidiana en Turqua. El fotgrafo tendr derecho, adems, a exponer
sus obras en la galera Renoir del cine La Latina y en la Casa de Amrica
Latina de Pars.

El jurado hizo una mencin especial a la serie de fotos Depsito de mundos,
de la peruana Ana Mara Castaeda Cano, y Ventanas del pasado, del mexicano
Jorge Alberto Snchez Rodrguez.

El premio LiberPress RFI fue para la fundacin France Liberts
(http://www.france-libertes.fr), que preside la viuda del ex presidente
francs Francois Mitterrand. El jurado destac su contribucin a la
defensa de las libertades individuales y colectivas y de los derechos
humanos, as como su lucha por la preservacin y defensa de la diversidad
medioambiental, especialmente para un bien colectivo de primera necesidad
como es el agua.

En la categora de cine el galardn recay en Jos Mara Berzosa por el
conjunto de su carrera y obra cinematogrfica basada en la defensa de los
derechos humanos y las libertades democrticas.

Fuente: EFE



*** Entregados premios a licestas escritores en Venezuela

Con el poemario titulado El pjaro Pez, la joven caraquea Mariana Elosa
Martnez, de tan slo 13 aos, se llev el primer lugar del Concurso
Nacional de Poesa para Licestas 2006 que otorga la Casa de las Letras
Andrs Bello, segn se anunci el pasado mircoles 13 de diciembre. El
galardn tiene como objetivo brindar un reconocimiento a la poesa joven de
Venezuela e impulsar el desarrollo de este gnero literario en el pas.

Calidad en el lenguaje, originalidad en las metforas y enlace entre la
expresin y el sentimiento fueron los elementos que predominaron en los
poemas ganadores, expres la coordinadora de Poesa de la Casa Nacional de
la Letras, Maritza Jimnez.

La joven ganadora, quien tiene un blog en el que publica sus poemas
(http://elhadapoeta.blogia.com), deslumbr a los jueces Luis Alberto
Crespo, Laura Antillano, Antonio Trujillo, Maritza Jimnez y Santos Lpez,
quienes quedaron atrapados en sus versos. El Centro Educativo Profesores de
la Universidad Central de Venezuela fall a favor de Martnez, quien se
hizo acreedora de un diploma y la suma de 1.800.000 bolvares.

Asimismo, Maritza Jimnez, integrante del jurado, dijo: La emocin es la
medida para saber si un poeta es bueno o no. Con esta premisa, otorgaron
el segundo lugar a Vicseli Martnez, del Liceo Bolivariano Egidio
Montesinos, del estado Lara, con su poemario Sol de palabras.

El tercer puesto correspondi a Guillermo Leal con su escrito Por qu lo
har, que con sus otros dos compaeros sobresali en este concurso donde
participaron ms de 350 licestas de las instituciones educativas de todo
el pas.

Segn la coordinadora de Poesa, adems de los premios entregados, que
incluyeron bolsas de trabajo a otros 15 concursantes, se publicar una
antologa que registrar a algunos poemas participantes. Muchos de los
participantes han integrado talleres literarios, que a juicio de Luis
Alberto Crespo, quien preside la Casa de Bello, son herramientas que se han
convertido en una institucin en Venezuela.

Fuente: RNV



*** Portal para las letras gallegas crear la Biblioteca Cervantes

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (http://www.cervantesvirtual.com)
crear durante 2007 un portal dedicado a las letras gallegas, un proyecto
que se centrar en la literatura escrita en gallego y que se iniciar con
la incorporacin de la obra de Henrique Neira Pereira, inform la
institucin en una nota emitida este jueves 14 de diciembre.

Adems, la biblioteca trabajar durante el prximo ao para completar su
catlogo de autores imprescindibles de la literatura espaola y celebrar
el VIII Centenario de la redaccin del Cantar de Mo Cid, de Per Abbat, con
la puesta en marcha de un Aula Virtual sobre la obra, que pondr a
disposicin de los usuarios materiales didcticos y de investigacin.

Esta institucin, cuyo patronato se ha reunido para hacer balance de las
actividades desarrolladas durante 2006 y programar las de 2007,
desarrollar tambin un nuevo portal temtico denominado Biblioteca Virtual
Escolar, una iniciativa con la que se contribuir a fomentar la lectura y
a facilitar el acceso a recursos para el aprendizaje a travs de la
literatura.

En cuanto a los fondos literarios, la Biblioteca Virtual inaugurar nuevas
secciones, como una Biblioteca de Traducciones Espaolas sobre ediciones
en Espaa de textos escritos en otras lenguas de autores de los siglos
XVIII y XIX o un portal dedicado a la literatura de mujeres en Espaa.

Adems, autores como Manuel Alvar y Sebastin Mariner tendrn una pgina
propia dentro de la biblioteca, que continuar su ampliacin del catlogo
de autores que forman el portal de poesa contempornea.

Segn informa la biblioteca, tambin se reforzar la dimensin
iberoamericana, para lo que ampliar su colaboracin con diferentes
instituciones y crear nuevos proyectos, como el portal nacional de
Argentina, el Diccionario de autores literarios de Venezuela, o un portal
temtico dedicado al Cuento Latinoamericano Contemporneo.

Tambin se crear una Biblioteca de Viajes y Viajeros Espaoles, que
abarcar la obra de autores desde la Edad Media hasta nuestros das, y que
se enriquecer con los fondos del Instituto de Historia del Consejo
Superior de Investigaciones Cientficas (CSIC, http://www.csic.es),
institucin que inici en 2006 una colaboracin con la biblioteca.

La biblioteca incorporar tambin los fondos ms relevantes de la Real
Academia de Bellas Artes de San Fernando (http://rabasf.insde.es), como
colecciones de dibujos, libros de actas de sus sesiones celebradas entre
1752 y 1900 o de la Comisin Central de Monumentos Histricos y Artsticos
y de las Comisiones de La Corua, Lugo, Madrid, Murcia, Orense y
Pontevedra.

Tambin ampliar los contenidos de su Biblioteca de Signos, especialmente
concebida para personas con discapacidad auditiva, con la incorporacin de
nuevos materiales didcticos que faciliten el aprendizaje de la Lengua de
Signos Espaola (LSE), y la inclusin de videos signados con varios cuentos
infantiles como Juan Sin Miedo y Blancanieves y de obras de Gustavo
Adolfo Bcquer, entre otros autores.

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, nacida el 27 de julio de 1999
por iniciativa de la Universidad de Alicante (http://www.ua.es), el Grupo
Santander (http://www.gruposantander.es) y la Fundacin Marcelino Botin
(http://www.fundacionmbotin.org), est presidida por el escritor Mario
Vargas Llosa y, desde su nacimiento, ha servido ms de 350 millones de
pginas, lo cual implica una media diaria de ms de 350.000 visitantes.

Fuente: EFE



*** Universidad de Arizona confiere honoris causa a Carlos Monsivis

La estadounidense Universidad de Arizona (UA, http://www.arizona.edu)
otorg al escritor mexicano Carlos Monsivis, este sbado 16 de diciembre,
un doctorado honoris causa por su distinguida trayectoria de 40 aos en la
narrativa cultural e histrica. La ceremonia se celebr en el marco del fin
del ciclo escolar de la casa de estudios ubicada en la ciudad de Tucson,
Arizona, a unos 200 kilmetros al sureste de Phoenix.

Un comunicado de la mencionada casa de estudios califica al escritor como
el principal historiador cultural, acadmico independiente e intelectual
mexicano y pone en relieve sus crnicas de la vida en Mxico y su inmensa
capital. Segn la UA, durante los pasados 40 aos Monsivis ha
documentado los cambios educativos, culturales y polticos de Mxico y ha
publicado ms de 25 libros y cientos de artculos.

El ganador del 16 Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan
Rulfo aprovech su visita a la universidad para ofrecer una conferencia el
jueves 14 sobre El acceso literario y cultural en los tiempos globalizados
del mercado.

Monsivis ha sido colaborador en diversos diarios y revistas de su pas, de
Amrica Latina y Estados Unidos, y sus obras abarcan temas desde polticos
hasta religin, defensa de derechos indgenas, multiculturalismo,
globalizacin, msica, cultura y lenguaje popular, adems de abordar temas
de fotografa, cinematografa, pintura, folklore, as como el respeto a la
preferencia sexual y cuentos cortos. La UA destac que el galardonado ha
recibido varios ttulos acadmicos honorarios de diversas instituciones y
prestigiosos premios de literatura y cultura.

Su primera obra, una coleccin de ensayos, traducida en ingls fue
publicada en 1997 por la editorial Verso bajo el ttulo de Mexican
Postcards (Postales mexicanas). La premiacin de Monsivis en la UA fue
organizada por las facultades de Humanidades y Lenguas.

Fuente: Notimex



*** Junta de Andaluca podra estar interesada en la casa de Aleixandre

El portavoz de la Asociacin de Amigos de Vicente Aleixandre, Alejandro
Sanz, se reunir la prxima semana con representantes de la Junta de
Andaluca, quienes podran estar interesados en adquirir el inmueble del
poeta sevillano, segn se inform este domingo 17 de diciembre.

En septiembre pasado, esta asociacin convoc una concentracin para
denunciar la pasividad y desidia de las instituciones para completar las
gestiones de compra de la casa del Premio Nobel, en la madrilea calle de
Velintonia, para convertirla en sede de la futura fundacin del poeta y
Casa de la Poesa.

Asimismo, el diputado del Grupo Parlamentario Mixto (BNG), Francisco
Rodrguez Snchez, ha presentado una pregunta a la mesa del Congreso sobre
la posible disposicin que tiene el gobierno para que la casa del poeta
Premio Nobel Vicente Aleixandre forme parte del patrimonio pblico y se
destine a centro de documentacin y estudio de la poesa del siglo XX.

Hace unos meses se cre una comisin tcnica integrada por el Ministerio de
Cultura, la Comunidad de Andaluca y el Ayuntamiento de Madrid para buscar
un posible finalidad a esta casa, tras la insistencia de poetas, artistas,
y asociaciones. Desde ese momento, los herederos de Aleixandre esperan que
las tres administraciones les presenten una oferta acorde con los precios
del mercado porque si no venderan el inmueble a un particular.

Amaya, la sobrina de Vicente Aleixandre, asegur que no poda esperar
mucho tiempo sin buscar otros compradores y advirti que ya han tenido
ofertas de varios particulares. El chalet ya est tasado a un precio
razonable acorde con el mercado, coment. La casa est situada cerca de la
Ciudad Universitaria y cuenta tres plantas de 200 metros cuadrados cada
una, ms un jardn. No hay mucho inters por parte de las instituciones,
advirti.

Por su parte, la Asociacin de Amigos de Vicente Aleixandre tambin ha
remitido un escrito al presidente del Gobierno, Jos Luis Rodrguez
Zapatero, y a la Fundacin Nobel, para explicar cmo se trata la memoria
histrica y el legado de un Premio Nobel en nuestro pas, explic Sanz.
Todo han sido promesas y palabras vacas, declar el portavoz de la
asociacin, quien asegura que los familiares no van a regalar la casa
porque este inmueble, podra tener un alto precio en el mercado
inmobiliario. Hay una falta de voluntad poltica total, advirti.

Nos fuerza, a quienes sabemos lo que representa Velintonia 3 en la
historia de la literatura y de la poesa, a seguir luchando con todo
nuestro empeo y nuestro amor por Vicente y por lo que representa,
destac. Vamos a seguir dando la nota, subiendo el tono, porque esta
situacin es inaguantable, una tomadura de pelo, asever.

La asociacin de amigos de Vicente Aleixandre inici en marzo de 1995 una
campaa de protesta encabezada por Jos Luis Cano para denunciar el
incomprensible y lamentable abandono institucional que padeca el
histrico inmueble de Velintonia 3 desde la muerte del poeta.

En dicha campaa se recogieron las firmas de prestigiosos intelectuales,
poetas y amigos del Nobel, entre los que se encontraban Carlos Bousoo,
Leopoldo de Luis, Jos Hierro, Claudio Rodrguez, Antonio Colinas, Fernando
Lzaro Carreter, Francisco Brines, Francisco Nieva, Javier Maras y muchos
otros.

Tambin se unieron a esta iniciativa diversas y prestigiosas instituciones
culturales y fundaciones como el Centro Cultural Generacin del 27, la
Fundacin Federico Garca Lorca, la Fundacin Gerardo Diego, el Ateneo de
Madrid, la Real Academia Espaola, la Asociacin de Hispanistas Italianos,
la Fundacin Cultural Miguel Hernndez o el Instituto Cervantes.

Fuente: Europa Press



*** Discutirn en Cuba relacin de la literatura y el resto de las artes

La mltiple relacin establecida por la literatura con diversas
manifestaciones, como las artes plsticas, el arte audiovisual, la msica y
la danza, ser abordada en el I Coloquio Internacional de Estudios de
Dilogos Interartsticos, que bajo el lema La literatura iberoamericana y
su relacin con las artes se realizar desde maana 19 hasta el 22 de
diciembre en el Centro Hispanoamericano de Cultura, en La Habana.

Convocado por esa institucin patrimonial de la Oficina del Historiador de
la Ciudad (OHCH, http://www.ohch.cu) y la Facultad de Artes y Letras de la
Universidad de La Habana (http://www.uh.cu), el evento ser motivo de
reunin de escritores, ensayistas, crticos, profesores e investigadores,
quienes disertarn en torno a los siguientes temas: literatura y artes
visuales, literatura y arte audiovisual, literatura y msica, literatura y
danza, entre otros.

Una de las zonas de mayor inters en los estudios interdisciplinarios y
culturales actuales es la encargada de los fenmenos de transtextualidades
interartsticas, intermedialidades y todo tipo de contactos entre las
diferentes artes; de manera particular, la teora literaria y la literatura
comparada han investigado los vnculos entre esta especialidad y las dems
manifestaciones artsticas.

En su devenir histrico las letras hispanoamericanas cuentan con numerosos
y renombrados autores, quienes han enriquecido su trabajo creativo con
prstamos de procedimientos, tcnicas y todo tipo de asociaciones,
procedentes de otras artes. Enfoques actualizados sobre la gnesis, el
desarrollo y la madurez de las literaturas iberoamericanas sern debatidos
por los asistentes al I Coloquio Internacional de Estudios de Dilogos
Interartsticos, que en breve se desarrollar en la capital cubana.

Fuente: OHCH



*** Celebrarn en Chile 7 Festival de Cine Caverna Benavides

Hasta el prximo mircoles 27 es posible inscribirse en el 7 Festival de
Cine Latinoamericano Caverna Benavides, que se celebra anualmente en el
interior de una caverna natural a orillas del mar en la comuna de Lebu,
Regin del Bo Bo (Chile), y cuya actividad culminante es la realizacin
de un cortometraje en el que participan los invitados y que se proyecta
durante la noche de clausura.

El festival se realizar entre el 25 y el 28 de enero de 2007, cuando ms
de 2.000 personas asistirn a funciones con lo ltimo y lo mejor del cine
chileno y latinoamericano. Adems el festival comprende actividades como
talleres, charlas, seminarios y un espacio especial para los nios.

Con el objeto de ofrecer a los realizadores audiovisuales chilenos y
latinoamericanos un espacio de difusin y competencia, el festival promueve
la produccin audiovisual de calidad tcnica y artstica, facilitando y
creando redes de apoyo y contactos, todo bajo la organizacin de la
Agrupacin Cultural Festival de Cine Caverna Benavides, a cargo de la
comunicadora audiovisual Claudia Pino Saravia.

En aos anteriores el festival ha producido los cortometrajes El mensaje
(2006) y La caverna (2005). Han participado actores de la talla de Liliana
Ross, Gabriela Aguilera, Cristin Arriagada, Juan Pablo Miranda, Mauricio
Diocares, y otras personalidades como el cineasta Silvio Caiozzi, la
montajista Carmen Brito, el gerente de cine Hoyts Francisco Schlotterbeck,
el periodista Daniel Olave, entre otros.

Los participantes pueden presentar sus videos en formatos DVD, MINI DV y DV
CAM bajo la norma NTSC. El festival comprende las categoras Video Ficcin
Latinoamericano, para obras de ficcin de hasta 30 minutos; Video
Documental Latinoamericano, para documentales de hasta 40 minutos; Video
Ficcin Regional Premio Bicentenario Canal 13 Cortometraje Ficcin, para
obras de ficcin realizadas en regiones y en las que se destaque paisajes,
personajes o temas de inters regional, con una duracin de hasta 30
minutos, y Video Documental Regional, para documentales sobre temas
regionales de hasta 40 minutos. Adems se otorgar un Premio del Pblico,
mediante votaciones, al mejor largometraje chileno o extranjero. En todos
los casos el video debe haber sido terminado de agosto de 2005 en adelante.

Para mayor informacin es preciso llamar a los telfonos (56-2) 2254039,
(09) 8880863 y (09) 4004834, o escribir a los correos
cinecavernabenavides@yahoo.es o cinecavernabenavides@gmail.com. Tambin se
puede revisar la pgina (http://www.festicinecavernabenavides.cl) o el
fotolog (http://www.fotolog.com/festivalcaverna) del festival, donde es
posible obtener las bases completas del evento.

Fuente: Web del festival



*** Poetas de todo el mundo volvern a Granada

La tercera edicin del Festival Internacional de Poesa de Granada reunir
a 113 poetas de 45 pases en esa ciudad nicaragense entre el 6 y el 10 de
febrero del ao prximo, anunciaron fuentes del comit organizador.

El poeta Francisco de Ass Fernndez, quien preside el evento que se
realiza desde 2005, dijo el pasado martes 5 de diciembre en rueda de prensa
que el festival de 2007 estar dedicado a los poetas nicaragenses ya
fallecidos Pablo Antonio Cuadra y Manolo Cuadra.

La primera edicin del festival estuvo dedicado a Joaqun Pasos, mientras
que el ao pasado se rindi homenaje a Jos Coronel Urtecho.

El festival tiene como objetivo posicionar a Granada, urbe colonial ubicada
a casi 50 kilmetros al sur de Managua, como un destino turstico cultural
en Amrica, adems de contribuir a que la ciudad sea declarada Patrimonio
de la Humanidad por la Unesco, y situar a Nicaragua en la agenda cultural
del mundo contemporneo, agreg Fernndez.

Entre el centenar de poetas que ya han confirmado su asistencia se
encuentran los espaoles Luis Antonio de Villena y Luis Garca y los
cubanos Waldo Leyva y Jos Luis Moreno.

Fernndez dijo que se curs una invitacin al cantautor cubano Silvio
Rodrguez, pero que hasta el momento no se haba podido establecer
comunicacin con el trovador y poeta de la isla caribea. El pas anfitrin
estar representado por la poeta Gioconda Belli, a quien se sumarn Blanca
Castelln, el propio Fernndez y otros reconocidos artistas de la nacin
centroamericana.

Fuente: Prensa Latina



|||||||||||||||||||||||    ARTCULOS Y REPORTAJES    ||||||||||||||||||||||

=== Nuestra poca nos ha dejado hablando solos      Osiris Vallejo ========

Jos Emilio Pacheco, ese agudsimo poeta mexicano, tiene toda la razn
cuando, al reflexionar sobre el papel de la poesa, el poeta y la relacin
de ambos con el tiempo actual, sentencia que quiz no es tiempo ahora.
Nuestra poca nos dej hablando solos. No hay duda de que quien escribe
poesa en estos tiempos desde una perspectiva un tanto intelectualista, es
decir, el poeta que ve en Octavio Paz a un maestro y en Jos ngel Buesa a
un decimero culto, se va convirtiendo en una especie de dinosaurio.

Ya casi nadie lee poesa. Casi todos los poetas estn reducidos a un mbito
en que slo los leen otras bestias de su especie. Algunos otros corren la
suerte, mala o buena, quin lo sabe, de habitar tan slo los predios de la
academia. Es decir, que son una especie de ratas de laboratorio. Su poesa
es algo que los estudiantes son obligados a sujetar con pinzas, a hervir en
tubos de ensayo. Ahora bien, spase que no digo esto en son de queja; no,
al contrario. Aunque suene mal, tengo la percepcin de que, como dira el
genio de Nietzsche, lo bueno es cosa de pocos.

No nos llevemos a engao. Escribir poesa es un oficio profundamente
elitista, lo queramos o no. Claro, aqu aparecer aquel poeta o intelectual
que se ponga de pie e, indignado, levante el dedo ndice para aclarar (?)
que l no es ni ha pretendido jams ser miembro de lite alguna. Sin
embargo, es casi seguro que quien as se exprese est siendo vctima de
alguna atadura ideolgica que le impida transitar por el sendero de la
honestidad. Ser artista es ya, en esencia, formar parte de una lite.

El hecho evidente de que la poesa actual huye desesperadamente hacia s
misma, que implosiona, es virtualmente irrebatible. Ya no es cosa de
nefitos. Yo suelo ocuparme de un ejercicio muy eficaz para comprobar
cuanto he dicho. Tengo por costumbre (costumbre que no deja de tener cierta
dosis de crueldad) escoger poemas de Borges, Lezama Lima, Vallejo (no hablo
de Osiris, sino de Csar), y lerselos a amigos o conocidos que no son muy
dados a la lectura. Pocos tienen la menor idea de lo que se escribe en
tiempos; ante los versos febriles de un adolescente y el trazo genial de un
verso de Borges, se quedan con la febrilidad del adolescente.

Si realizo ese ejercicio frente a una joven de nulas lecturas y le muestro
un poema de Borges, las reacciones no dejan lugar a dudas: qu asco; eso no
es poesa; qu cosa tan rara; por qu tiene l que ser tan complicado. Si
lo que le he mostrado es un poema en prosa, me enrostra: pero eso no rima;
me quedo con Buesa. Luego se sienta en un cmodo silln a esperar que
llegue la hora en que la televisin le muestre lo ltimo de Corn Tellado.

Sin embargo, si el ejercicio al que me he referido se limitase tan slo a
medir los niveles de sensibilidad artstica de individuos sin formacin en
ese mbito, no estara yo confirmando ms que lo que ya se sabe desde
tiempos inmemoriales: que las masas existen. Lo que tal vez s es un
elemento relativamente nuevo es que incluso quienes supuestamente poseen o
deberan poseer un grado de cultura o sofisticacin acadmica medianamente
respetable: profesores de escuela, estudiantes universitarios, periodistas,
etc., han dejado de leer poesa. He aqu la prueba ms contundente de
nuestro viaje irremediable hacia el soliloquio al que se refiere Jos
Emilio Pacheco.

No hay duda, nuestra poca nos ha dejado hablando solos.

** Osiris Vallejo
   ovallejo@chcany.org
   Escritor dominicano (1971), residente en Estados Unidos desde 1990. Ha
   publicado los libros Saint Domingue, 2044, poemario con el que obtuvo el
   premio Letras de Ultramar, que otorga la Secretara de Estado de Cultura
   (2005), y Cicatriz, una coleccin de cuentos fantsticos. Ha recibido
   varios premios literarios por trabajos de ficcin, entre ellos el
   segundo lugar en el concurso internacional de cuentos Casa de Teatro,
   2003. Tiene una licenciatura en Ciencias Sociales de City College of New
   York (http://www.ccny.cuny.edu). Artculos y textos literarios suyos
   suelen aparecer en peridicos dominicanos y extranjeros.



=== En torno a La enfermedad de Barrera Tyszka      Rafael Rattia =========

Tal como apunta el magnfico crtico literario Luis Barrera Linares, la
narrativa venezolana vive actualmente uno de sus momentos de mayor
esplendor; la obtencin por parte de Alberto Barrera Tyszka del XXIV Premio
Internacional Herralde de Novela el pasado mes de noviembre en Espaa no
slo patentiza el certero acierto de nuestros ms acuciosos, inteligentes y
respetados estudiosos de nuestras letras patrias sino que la merecidsima
concesin de tan importante galardn literario de renombre mundial le
confiere un plus de reconocimiento a la paciente labor creadora de una de
las sensibilidades literarias ms slidas que ocupan el proscenio de
nuestro panorama narrativo nacional de las dos ltimas dcadas.

La columna vertebral de esta magistral ars narrativa se sostiene en la
impecable invencin de dos personajes capitales: Ernesto Durn y Javier
Miranda; el primero es un caso clnicamente perfecto como objeto de estudio
de la psiquiatra analtica, mientras que el segundo es la tpica realidad
trgica de uno entre tantos casos de enfermos de cncer que caracterizan a
nuestras sociedades occidentales. Decenas de microhistorias y de larvarias
ancdotas transversales conforman redes paralelas que crean un complejo
tejido narrativo literalmente imposible de dejar a un lado una vez que el
lector se siente cautivo en sus irresistibles historias.

Barrera Tyszka hace gala de un sui generis registro lexicogrfico y,
sabindose dueo absoluto de un manejo cabal del complejo mundo de la
medicalizacin, nos lleva a sus lectores de la mano hacia ingrvidos
universos ficcionales donde seales verbales distantes de nuestra cotidiana
condicin de individuos sanos, rozagantes y plenos de vida y salud
impregnan nuestro capital sensitivo en tanto lectores. Ambientes
conformados por departamentos de radiologa y quimioterapia, mascarillas
quirrgicas, placas de trax, transparencias duras, batas verdes, luces
blancas de quirfano y toda una retahla de expresiones especficamente
mdicas nos siembran en nuestra psique de lectores aprehensibilidades y
climas mentales de singulares ndoles.

La novela de Barrera Tyszka como ambicioso programa narrativo, como decimos
en Venezuela, en lenguaje coloquial, pone el dedo en la llaga de ese gran
mito de la infalibilidad de la existencia y de la invulnerabilidad de la
vida. Inclusive, el autor va ms all y nos espeta en pleno rostro: por
qu nos cuesta tanto aceptar que la vida es una casualidad?.

La enfermedad posee muchsimas virtudes como gesta narrativa. Un lenguaje
pulcro e irrefutablemente decantado; exento de ripios lxicos. Frases
exactas y cortantes dueas de una profunda sencillez expresiva que jams
hacen concesiones a la odiosa presuncin de expresividad vacua. Para
decirlo pronto y con pocas palabras: he aqu la novela que conjuga con
singular maestra literaria la emocin y la razn en una dupla insuperable.
La ternura, el audaz divertimento narrativo y la perturbadora y lancinante
tragedia de la familia Miranda personificado en ese universo filial y
afectivo (padre e hijo) aherrojado por la desdicha de quien se sabe
inexorablemente condenado a morir sin poder evitar lo irremediable.

Confieso enternecerme hasta las lgrimas por la inclaudicable persistencia
que muestra el personaje Ernesto Durn al intentar una relacin epistolar
con el doctor Andrs Miranda que, ms que una equvoca va de consecucin
de la sanacin de su hipocondra, lo subsume en las terribles mieles de un
padecimiento ontolgico mayor: una ansiedad psquica irresoluble.

Particularmente le atribuyo extraordinarios poderes salutferos a esta
excelente novela de Barrera Tyszka: nos recuerda junto con Robert Burton
que la enfermedad es la madre de la modestia. No deja de recordarnos que
los seres humanos no somos ms que cadveres ambulantes ataviados de
rutilantes y mseras fachendas prontamente corruptibles. En este sentido,
La enfermedad puede leerse como un tratado de urgencia de lo peor. Basta
que estemos sanos para enfermar y degradarnos hasta la indecencia; basta
que estemos vivos para morir en menos tiempo de lo que imaginan nuestros
semejantes.

** Rafael Rattia
   rrattia@gmail.com
   Escritor venezolano (Delta del Orinoco, 1961). Historiador egresado de
   la Universidad de Los Andes (ULA, http://www.ula.ve). Fue
   director-fundador del Archivo Histrico del Delta, director de la
   Biblioteca Pblica Central Andrs Eloy Blanco y coordinador de
   Actividades Literarias del Ateneo Internacional de Fronteras Casa de las
   Aguas. Ha publicado el poemario La pasin del suicida y dirige
   Laberintos de Agua, la pgina literaria semanal del diario Notidiario
   (Puerto Ordaz). Textos suyos han aparecido en el suplemento literario
   Verbigracia, el suplemento cultural de ltimas Noticias, El Impulso,
   Frontera y la revista Ateneo de Los Teques, as como en las revistas
   electrnicas El Invencionero (http://web.jet.es/enseres), Casi Nada
   (http://usuarios.iponet.es/casinada) y Slo Texto
   (http://solotxt.freeservers.com). Mantiene una bitcora personal en
   http://rattia.blog.com.



=== Alejandro Jodorowsky: La vida es un milagro continuo ================
=== Benedicto Gonzlez Vargas =============================================

Es un chileno reconocido internacionalmente, pero muchos compatriotas suyos
no lo conocen, evidentemente tiene ya su buena cuota de edad, pero segn
una reciente edicin de la revista Uno Mismo, no es viejo. En esa misma
revista se afirma que l se declara ni de izquierda, ni de derecha, sino
de extremo centro.

Lo que pasa es que nada es predecible o fcil de poner en moldes comunes
cuando hablamos de Alejandro Jodorowsky, poeta, narrador, cineasta,
filsofo, dibujante, guionista, actor mimo, relator de cursos de
creatividad, tarotista y ltimamente psicomago. Gur desde siempre. Su
palabra fcil, su gesto amable, su humor irrenunciable y sus profundas
ideas espirituales producto de la fusin de bsquedas y encuentros
mltiples con otros espritus tan abiertos como el suyo, hacen de l un
personaje admirado profundamente por quienes lo leen o lo escuchan. Sin
lugar a dudas lites intelectuales o espirituales, si se quiere, pero no la
gran masa que lo ignora, aunque de seguro caera rendida a sus pies si se
lo encontraran en una esquina de la plaza leyendo gratis el tarot a decenas
de personas, como suele hacerlo en Pars.

Respecto de sus bsquedas y encuentros, consultado por Marcelo Padilla
responde con un perfecto kohan zen: Unos vienen, otros van, yo soy una
piedra en el camino y se explaya en ideas relativas a la eterna
permanencia del ser, encarnado o desencarnado y a lo que l llama
Permanente Impermanencia.

Un tema que cruza todas sus mltiples inquietudes es la omnipresente
intencin de encontrar frmulas para transmitir mensajes plenos de
optimismo, es su forma de mantenerse atento, con los ojos bien abiertos,
con la lmpara de la conciencia brillando ms que nunca, como si l mismo
encarnara el noveno arcano del Tarot, pero se apresura a aclarar que antes
quera ser maestro, pero ahora se conforma con seguir siendo alumno.

Pero eso no es verdad, es un Maestro y lo ha sido en cada una de las
actividades que ha emprendido, actualmente busca por todos los medios a su
alcance demostrar la permanente presencia de los milagros en la vida y nos
aclara taxativo que lo importante no es aprender a hacer milagros, sino
que aprender a verlos. Lo que no constituye la declaracin pasiva de un
sujeto sobre quien obran las tendencias fatales del destino, sino la activa
bsqueda del asombro y del reconocimiento de la vida que, para l, es un
milagro continuo.

Hace algn tiempo atrs, Marcela Fernndez, del suplemento cultural
argentino  del diario El Clarn, lo entrevist en una de sus visitas a
Buenos Aires y le consult respecto de sus inquietudes sociales y de la
posibilidad de volcarlas en la arena poltica. Genio y figura, Jodorowski
responde con palabras de antologa: Yo no creo en la revolucin poltica,
yo creo en la re-evolucin potica. La poesa salvar al mundo, es decir,
la belleza, porque todos los problemas son por fealdad. Ya no hay problemas
nacionales. Es un todo interconectado. La poltica es fea, la economa es
fea, la arquitectura es fea. Hemos perdido la meta que es la belleza. El
hombre no puede alcanzar la verdad, pero puede alcanzar su resplandor que
es la belleza. Es feo hacer sufrir a alguien, es feo que la gente se muera
de hambre, es feo que alguien tenga el poder en esa forma, es feo que los
hombres estn separados de las mujeres y las aplasten, es feo que haya
guerras, es feo que las religiones se peleen entre ellas. Es feo que haya
un papa soltero, viejo, pudrindose sin una mujer, o que el Dalai Lama
cobre para venir a dar sus conferencias. Por qu pagarle a un tibetano que
dice lugares comunes? Estoy escandalizado. Es feo que la gente se ande
uniformando, los soldados son fesimos. Es feo que haya animales encerrados
en un zoolgico, es feo que estn matando a las especies, es feo que estn
envenenando el planeta, el petrleo es feo. A esta lista potente y
apabullante, Jodorowsky agrega que la belleza no es una definicin
conceptual, sino algo que se siente. Llamar bello a todo lo que es til
para la sobrevivencia equilibrada de la vida, del mundo. Si este edificio
me enferma, es feo; si me da salud, es bello. Si un rbol que t piensas
que es bello tiene un fruto que envenena, en realidad es feo. Un rbol
torcido que tiene frutos que te alimentan bien, es bello.

Toda su literatura y su obra artstica trasunta esta forma limpia, aunque
no simple, de ver la vida, de un optimismo desbordante, pero que no pierde
la capacidad de vincularse con lo prctico de la vida, un breve poema suyo
dice: No es lo que ser / no es lo que fue / no es lo que quiero / es lo
que es.

Alejandro Jodorowsy Prullansky, chileno, nacido en 1929, es sin lugar a
dudas uno de los artistas ms lcidos y universales que ha producido la
literatura y el arte chileno en general. Va por el mundo con su cabellera
platinada y su aura de maestro, con su positivismo contagiante, pero, sobre
todo, con una humildad tan honesta como sabia.

** Benedicto Gonzlez Vargas
   rector@univirne.cl
   Profesor y escritor chileno (Padre Hurtado, 1965). Ha publicado El
   ermitao (Editorial Caf Con Leche, 2000) e ndigo, los nios de la
   Nueva Era (Ediciones de la Univirne, 2002). Tambin particip en el
   libro 2000, el futuro presente (Editorial Letralia, 1999), con un ensayo
   sobre ciencia ficcin. Actualmente cursa un Magister en Educacin en la
   Universidad Diego Portales e imparte clases de literatura en los
   colegios Alexander Fleming y San Marcos, de Santiago de Chile. Desde
   2001 es miembro de la Sociedad de Escritores de Chile. Mantiene un blog
   sobre literatura en http://www.atinachile.cl/blog/10092.



=== Enrique Amorim, oteando la realidad      Aldo Roque Difilippo =========

Es uno de los grandes escritores uruguayos, pero an hoy es un autor que
pese a la excelencia de su obra sigue sumido en un cono de olvido, siendo
casi nulas las reediciones de sus textos.

Enrique Amorim nace en Salto el 25 de julio de 1900, hijo de un estanciero
uruguayo de origen portugus y de una uruguaya de origen vasco, y en
cuarenta aos de actividad creadora (1920-1960) desarroll una vastsima
produccin, destacndose sus novelas, donde puede apreciarse toda la
intensidad del creador. En una demoledora produccin literaria: 11 libros
de poemas, 14 libros de cuentos, 14 novelas, y 5 obras de teatro.
Falleciendo el 28 de julio de 1960.



Pasear el espejo

Amorim se defina como un escritor realista y al servicio de la
realidad. Ya que si la realidad no se deja atravesar por el prisma del
artista no es vlido el texto, no es literatura. (...) Tener la fortuna de
haberse cruzado con algunos bichos raros no es obra de escritor, es ms
bien trabajo de filatelista, de botnico o de lepidptero. Pienso que una
rata que atraviesa la viga de una isba en una narracin de don Fedor
Dostoievski es una rata de don Fedor, y nada ms y nada menos que suya.
Copiar la vida no me da ningn placer. Pasear el espejo por el paisaje, s,
siempre que el espejo tenga marco, sea capaz de deformaciones y al pasaje
lo seleccione yo.



Otear la realidad

De los novelistas cuyo tema es el campo, ninguno tan verdico y tan
intenso como Enrique Amorim, afirm Jorge Luis Borges, y al momento de
referirse a La carreta, una de sus ms recordadas creaciones, expres que
la novela nos envuelve en el hlito spero de esa tierra de gauchos
contrabandistas, de callejones donde el viento se cansa, de altas carretas
que traen un cansancio de leguas. Tierra de estancias que estn solas como
un barco en el mar y donde la incesante soledad aprieta a los hombres.
Emir Rodrguez Monegal expresa que si Amorim slo hubiera mostrado y
denunciado, si Amorim slo hubiera levantado velos, descorrido cortinas
sobre nuestra realidad del campo y la ciudad, su obra (aunque valiosa como
documento) slo sera obra de testigo. Servira a los fines de la historia,
no a los de la literatura. Pero Amorim ha sabido trasmutar en las mejores
de estas diez novelas (aunque no en todas) esa materia documental en arte.
Serafn J. Garca resalta las cualidades de Amorim como novelista por sobre
sus otras facetas, afirmando en forma categrica que slo hemos tenido
antes de l dos grandes autores de su alcurnia, Eduardo Acevedo Daz y
Carlos Reyles. Arturo Sergio Visca puntualiza que Amorim otea la realidad.
Busca races. Se empapa de esencias. Y se complace de reelaborar todo eso
con potico realismo, sin que la conceptualizacin estorbe esa
reelaboracin. Algo que ms all de algunas discrepancias de estilo le
llev a afirmar a Mario Benedetti que en Amorim habra que reconocer que
esa peculiar correspondencia de su obra con sus intuiciones, de su oficio
con su olfato de artista, le han permitido integrar la escasa nmina de los
novelistas uruguayos que verdaderamente importan. Seguramente porque como
el mismo Enrique Amorim afirmaba: Estoy inscripto en la tradicin
nacional, y los movimientos estticos extranjeros no son nada ms que
eso... movimientos: cambios, modas, paparruchadas al fin.



Sus libros

Poemas: Veinte aos (1920), Un sobre con versos (1925), Visita al cielo
(1929), Cinco poemas uruguayos (1935), Cuadernos salteos (1942), Quiero
(1954), Sonetos de amor en octubre (1955), Sonetos de amor en verano
(1957), Mi Patria (1960), Digo Fidel (1960), Poemas para todos los das
(1960).

Cuentos: Amorim (1923), Tangarup (1925), Horizontes y bocacalles (1926),
Trafico (1927), La trampa del pajonal (1928), La Plaza de las Carretas
(1937), Presentacin de Buenos Aires (1937), Historias de amor (1938), Del
1 al 6 (1932), Despus del temporal (1953), Los pjaros y los hombres
(1960), Temas de amor (1960), Miel para la luna (pstumo, 1969), El ladero
(pstumo, 1970).

Novelas: La carreta (1932), El paisano Aguilar (1934), Presentacin de
Buenos Aires (1936), La edad despareja (1938), El caballo y su sombra
(1941), La luna se hizo con agua (1944), El asesino desvelado (1945), Nueve
lunas sobre Neuqun (1946), Corral abierto (1956), Los montaraces (1957),
La desembocadura (1958), Feria de farsantes (1952), Todo puede suceder
(relato, 1955), Eva Burgos (1960).

Teatro: La segunda sangre (1952), Pausa en la selva (1952), Yo voy ms
lejos (1952), La alameda perdida (1953), Don Juan 38 (1959).

** Aldo Roque Difilippo
   aldodifilippo@adinet.com.uy
   Periodista y escritor uruguayo (Mercedes, 1966). Ha publicado el libro
   de cuentos Verdades a medias (dos tomos, coautor con Wilson Armas) y una
   serie de investigaciones literarias e histricas en el suplemento
   Lecturas de los Domingos del diario La Repblica, y en la revista
   Posdata (Montevideo). Desde 1991 trabaja como corresponsal en Soriano
   para el diario La Repblica de Montevideo.
   


=== Las falsas actitudes del agua, de Andrea Cabel ========================
=== Miguel Ildefonso ======================================================

      Las falsas actitudes del agua
      Andrea Cabel
      Esquina de Papel. Lima, 2006

La falsedad en la poesa no es una falta a la verdad tanto como la
revelacin de la esencia misma de las cosas; se relaciona, en todo caso, no
al ocultamiento sino a un tipo de mutacin de la verdad. La actitud para
tal tarea es una postura variable, depende del nimo del poeta as como de
la relacin que hay entre el poeta y el lenguaje. El agua, smbolo tan
antiguo como la poesa misma, segn Gastn Bachelard en El agua y los
sueos, es realmente el elemento transitorio (...). El ser consagrado al
agua es un ser en el vrtigo. Muere a cada minuto, sin cesar algo de su
sustancia se derrumba. La muerte cotidiana (...) es la muerte del agua. El
agua corre siempre, el agua cae siempre, siempre concluye en su muerte
horizontal (...): la pena del agua es infinita. O en palabras de Cabel:
los encontr verdes y sin fondo. / estaban ah, / con el vrtigo
imposible. Con las ganas maltrechas / yo los mir, / adorando la ventana,
queriendo irme con ella. Podra sealarse que Las falsas actitudes del
agua de Andrea Cabel apunta a un develamiento, al desenmascaramiento de las
falsas actitudes de la muerte ante el amor, y viceversa, en un devenir
cotidiano y mtico a la vez. Siguiendo a Bachelard: El agua se ofrece,
pues, como un smbolo natural de la pureza; da sentidos precisos a una
psicologa prolija de la purificacin. La bsqueda de dicha purificacin,
que encontramos adems en el nombre del personaje principal de la segunda
seccin del poemario (Fruta partida, el pecado), Salvador bsqueda muy
presente en la poesa peruana desde los 90s, lase Montserrat lvarez, Jos
Carlos Irigoyen o Cecilia Podest es tambin la bsqueda de un nuevo
lenguaje. El ritual de purificacin (esa tarde, el mundo se parti en dos.
/ en un lado salvador y en el otro ella. / el mundo renaca / y yo era
capaz de renacer en l) va ntimamente ligado a la purificacin de las
palabras. La apuesta de Cabel est en la metfora, en la imagen potica y
el verso libre y experimental, cuyos referentes pueden ser Eielson, Belli o
Hinostroza, pero que ella, precozmente, ha sabido penetrar en el fondo:
hurgar en la raz del lenguaje para que brote una voz personal. La poeta se
hace lenguaje y sufre los procesos de su propia creacin: yo querindote,
/ t volando como astro de fuego. / creme que me derrumbo / ante tu voz
que me nombra, / que no hay bastin, ni primavera / ni tabla en mar
violento / que no concibo maanas sin rezarte a mi lado. Si por un lado
hay esta expiacin personal dentro del flujo del agua, en un mbito
cerrado, por otro lado hay un mundo exterior que est atravesando la
ventana. La imagen de la ventana es importante para traer lo mtico a lo
histrico: no / no hay ms miedo que este / que el de la ventana. All
afuera hay una realidad diferente en donde ella quisiera buscar: sal
presurosa para ver si existas sobre las cpulas que alumbraban la ciudad /
me arrodillo reptil y roja. l tambin examina lo exterior: la estrella
se fija en el cielo / se contempla enana y azul / salvador la mira por la
ventana, / pensando que micaela se le parece. La imposibilidad de conjugar
la poesa con la verdad crea belleza, pero no un reflejo irreal o falso:
t volviste, dejando a la ventana / volar lejos, / como en un cuento de
hadas y vestigios eternos. / el amor, / es como un rayo que galopa / que
abre valles / que me devuelve al ro, / es un rastro infinito / imposible.
La imposibilidad de seguir aquel rastro hasta el final es la utopa que
persigue la poeta en esa inacabable fuente (el lenguaje) y en ese sonoro
cauce del agua (el amor). Agua que es vida y poesa, pero que es trnsito.
Agua que no transcurre no es renovable, agua detenida no es amor, el amor
fluye y tiene que fluir, no es detenimiento ni estancia perpetua: an
queda la tierra que dej y el cielo para sembrar... o msica que no rota
/ que no se enamora nunca. El agua no refleja la mscara, el agua nos
desenmascara: Todas las mujeres han sido t, nos dice la poeta y es la
verdad con la que no siempre se ha creado el amor. El amor que (se)
enmascara no es amor, es slo el amor que se pinta falsamente de
apariencias, es amor que busca su detenimiento, por lo tanto va camino a
perecer como la falsa belleza: Una edad de blanco esttica, que se
destroza en cada norte de incestuoso silencio. Todas las mujeres son lo
mismo. La mscara del cielo como estrellas pintndose la boca. La poesa
de Andrea Cabel fluye con la actitud transparente de un nuevo discurso
dentro de la poesa peruana, con armnicas sonoridades y coherentes
imgenes en donde podemos reconocernos, y saber, sin lugar a equivocarnos,
que estamos ante una buena poeta.

** Miguel Ildefonso
   ildehuan@yahoo.com
   Escritor peruano (Lima, 1970). Estudi Literatura en la Pontificia
   Universidad Catlica del Per (http: / / www.pucp.edu.pe) e hizo una
   Maestra en Creative Writing en la Universidad de El Paso, Texas (EUA;
   http: / / www.utep.edu). Ha publicado los libros de poesa Vestigios,
   Canciones de un bar en la frontera y Las ciudades fantasmas. Su poesa
   ha sido publicada en antologas como La generacin del noventa y Poesa
   peruana siglo XX. Codirige la revista literaria Pelcano. Ha sido
   finalista en diversos concursos como: Segundo Premio Poesa Juegos
   Florales Universidad Catlica (1991), finalista Premio Poesa
   Peruano-Japons (1995), finalista Premio Poesa Cop (1995), Cuarto
   puesto en el Premio Nacional de Poesa del diario El Comercio (http: / /
   www.elcomercioperu.com.pe) Centenario Csar Vallejo (1996), Concurso
   de Poesa Revista Ajiaco, Arkansas Tech University (http: / /
   www.atu.edu, 2002), Segundo Puesto Poesa Ertica Centro Cultural
   Espaol (2003), Mencin honrosa en el Concurso de Cuento Las Dos Mil
   Palabras de la revista Caretas (http: / / www.caretas.com.pe, 2004). Ha
   ganado los premios: Primer Premio Poesa Juegos Florales Universidad
   Catlica (1995), Primer Premio Cop de Oro Poesa (2002) y Concurso de
   Cuento Alfredo Bryce Echenique (2003).



=== Los infiernos sutiles de Eduardo Cobos ================================
=== Roberto Martnez Bachrich =============================================

      Cobos, Eduardo. Pequeos infectos. Caracas: Fundarte: 2005.

A quienes hemos ledo, dispersos en revistas y peridicos, los relatos,
entrevistas, traducciones o reseas de Eduardo Cobos (Santiago de Chile,
1963), nos extraaba desde hace rato que ninguna editorial en Venezuela,
donde vive hace ms de 15 aos, o en su tierra natal, le publicara un libro
propio. Suponemos que hoy da los buenos editores son una especie en
extincin y que en la balanza de la calidad con frecuencia pesa ms el
brazo equivocado. Suponemos, tambin, que al mismo Cobos todo esto lo tiene
sin cuidado. Quien escribe de verdad no est pendiente de publicar, sino de
escribir: todo lo dems es accesorio e irrelevante. Celebramos, de
cualquier forma, la publicacin de Pequeos infectos, premio Fundarte de
Narrativa 2005; y esperamos para l numerosos lectores.

Mucho hay de oralidad en estos cuentos: el discurso narrativo y los giros
del lenguaje se organizan exactamente como sucedera si cualquiera de estos
personajes se levantara de la pgina impresa, decidido a contar a viva voz
su propia historia. Son las voces, entonces, de desplazados por la historia
o la sociedad; de marginados por la vida y sus tragedias pblicas o
privadas; las voces, y no los personajes, las protagonistas de muchos de
estos relatos. Otras veces el protagonismo se le cede a la atmsfera que se
respira en algunos espacios: lugares que han comenzado a latir a la sombra
de los sucesos pasados y de las muchas historias de sus habitantes. Algunos
personajes saltan sin pudor de un relato a otros y ayudan subrepticiamente
a tejer, as, una unidad bien lograda que Pequeos infectos ya tiene,
temtica y estilsticamente hablando.

En otros casos, lo que el autor pone en juego es el simple gusto de contar
una historia, que a veces se convierte en muchas sin que una tenga ms peso
que las dems. En Beruti, por ejemplo, a la vida de un grupo de exiliados
chilenos y uruguayos en una casa de Buenos Aires, se suman pedazos de la
historia latinoamericana y personajes de todo tipo: un renco y una ex puta,
vagos y paseantes de toda ndole, Pern, Maradona y Mussolini, el ftbol y
la guerra de las Malvinas, un alcalde fascista en la Palermo de los 40,
mucho vino y algo de marihuana. Lo mismo sucede con un asesinato sin culpas
o reconcomios en los das del referndum chileno que arranc, al menos
superficialmente, a los militares del poder. Exiliados que van y vienen,
gente que regresa ante el supuesto cambio de panorama: las historias de
mltiples retornados que se van entrelazando bajo un comn denominador:
la espera, el deseo de tener una certeza y a partir de ella recomenzar la
vida (El griego y el Tabo). En Hacia la medianoche, en cambio, una
chiquilla descolocada, hija de un inmigrante dans ya muerto, con una
madrastra y unas hermanastras que parecen mscaras de un grotesco carnaval
infernal, sale a la cada del sol en busca de nuevas experiencias que no
est segura de querer, pero que por azares varios del imperio del tedio se
convierten en propsitos de accin impostergables. Termina por perder su
virginidad con un tipo cualquiera, casi sin enterarse o entender del todo
la magnitud del hecho, si tuviese alguna. Personaje memorable, la Ceni
Blixen, protagonista de este cuento.

Ita, por su parte, es la historia de un pueblo con mucho de absurdo y
fantasmal, y la visita de un hombre que busca recuerdos ajenos y slo
encuentra el peso y la densidad de una atmsfera oscura: larvario de
extraamiento y confusin. Al final, sin embargo, ya de salida (en el
pueblo no quieren paseantes: atentan contra la salud de su tiempo estancado
y su calma de muerte, siempre a la espera de que vengan la arena o el mar y
lo hagan desaparecer), parece comprender que ha sido informante y marioneta
de quien lo ha invitado all en su ausencia misteriosa.

Luego hay tambin historias planas y directas: la reconstruccin de una
amistad (la amistad viril, un tema rara vez bien tratado, salvo en ciertas
viejas pelculas del Oeste, Howard Hawks mediante) a raz del suicidio de
un famoso actor porno venido a menos por esos infiernos sutiles de la vida
cotidiana que nos hunden muchas veces en abismos sin retorno (Los ltimos
das de John Mc Cormick); o la vida de otro exiliado chileno que sale una
noche, como tantas, a satisfacer sus urgencias sexuales, pero una vez
llegado al bar en el que solucionar su hambre, las cosas se disparan de
una manera imprevista a su bolsillo y soledad (En el Urupagua, uno de los
mejores relatos del libro).

Completan el otro polo de variedad esencial en el conjunto, cuentos
brevsimos donde una rfaga de imgenes e ideas abren al lector el hueco en
el que l mismo armar la historia (El refrigerador, El mercader) o
relatos, tambin mnimos, que, a diferencia de los anteriores, no exigen
una participacin tan activa del lector. Las historias son vulgares, el
lenguaje es obvio: pero all la fuerza, la de un arco narrativo que dispara
su flecha y sigue con una mirada no interventora su trayectoria limpia y
directa hasta el blanco (cerrado, en el caso de El banquete; abierto,
pero suficientemente dirigido, en el de La ruleta).

Cierran el libro un par de textos diferentes al resto: Una dcada despus
es una deliciosa parodia metaficcional que se vale de autores, obras e
instituciones reales para contar, maquillndolos o enmascarndolos, un
cierto nmero de hechos (de la vida y el pensamiento) que se encadenan en
el tiempo gracias a ciertas imgenes recurrentes, vicios y manas de los
protagonistas (y del autor?). No s si estrictamente hablando sea un
relato bien logrado, pero se trata de un texto profundamente divertido y su
fuerza, cierta, segura, no abandona la del hecho literario en s, pues
justamente all la literatura es causa y efecto, centro y suburbio, raz y
fruto de la historia. El ltimo relato es Ad portas, y su mrito ms
grande reside, una vez ms, fuera de la historia misma (que no est en el
relato sino despus de l, en esa delgada frontera que separa al texto
literario de la mente o la panza o el alma o los genitales del lector).
Su fuerza, entonces, est en la estructura y en el uso del lenguaje. El
autor monta su relato sobre la base exclusiva del dilogo, empresa
dificilsima que no muchos han usado con fortuna (unos pocos minimalistas,
un par de autores del boom). Por otro lado, para dar naturalidad, veracidad
y, simultneamente, personalidad literaria a esos dilogos, Cobos inventa
(o reproduce, que es tambin una manera de inventar) un particular
idiolecto asaz armnico y raro, distinto, con un ritmo cardaco peculiar.

Pequeos infectos nos sita, entonces, frente a un cuentista maduro que ya
en su primer libro dara mucho de qu hablar, si hacer literatura en
Venezuela no fuera como vivir la historia de uno de sus personajes: dejando
pasar las calles y los das, con la expresin desesperanzada de quien est
demasiado ocupado en sobrevivir para darse cuenta de cualquier otra cosa,
buena o mala, ajena a su tarea primordial: la vida, pequea e infecta,
entre sus semejantes.

** Roberto Martnez Bachrich
   robmarbach@gmail.com
   Periodista y escritor venezolano (Valencia, Carabobo, 1977). Ha recibido
   el Premio de Cuento Face de la Universidad de Carabobo (UC,
   http://www.uc.edu.ve, 1996), el premio Bienal de Narrativa Rafael
   Briceo Ortega (1998), el Premio de Poesa Vox Novula de la
   Universidad Catlica Andrs Bello (Ucab, http://www.ucab.edu.ve, 1999) y
   el Premio de Cuento Breve de la Universidad Central de Venezuela (UCV,
   http://www.ucv.ve, 1999). Ha realizado talleres de narrativa con Laura
   Antillano y Carlos Noguera, y de poesa con Carlos Osorio y Mara
   Antonieta Flores. Textos suyos han aparecido en los diarios El Universal
   (http://www.eluniversal.com) y Notitarde (http://www.notitarde.com), as
   como en la revista La Tuna de Oro y otras publicaciones. Ha publicado
   los libros de cuentos Desencuentros (1999) y Vulgar (2000).



||||||||||||||||||||||||||||    ENTREVISTAS    ||||||||||||||||||||||||||||

=== Todos los estilos son buenos, menos el aburrido =======================
=== Entrevista con el periodista Alberto Salcedo Ramos ====================
=== John Jairo Junieles ===================================================

Hay una escasa estirpe de creadores, que a la hora de escribir tienen
presente una verdad fundamental: la vida, para muchos seres, no es sino un
largo y montono suceso. Estos creadores saben que hay gente que busca sus
anteojos por todos los rincones de la casa, y no los encuentran, y
requieren de alguien que les recuerde que esos anteojos estn justo sobre
su nariz; el periodista colombiano Alberto Salcedo Ramos, es uno de esos
informantes.

La mente es como los paracadas, funciona mejor cuando est abierta,
parece decirnos Salcedo. En sus crnicas y reportajes se registra la
ambigedad vital del ser humano, se expone la contradiccin natural en la
que tantas veces incurren los seres, se redescubren joyas a la vista de
todos, opacadas por la rutina. En ese sentido, si ser escritor significa
una forma personal de intuir las verdades del mundo, el periodismo de
Salcedo es el de un estilista, a la manera de Gay Talese, Tom Wolfe o
Gabriel Garca Mrquez.

En su primer libro Los golpes de la esperanza (Cartagena, 1994) es palpable
su preocupacin por ciertos asuntos: el mundo popular como poderoso
surtidor de recursos, en cuanto hallazgos y soluciones. La necesidad de
compasin para poder entender integralmente los comportamientos humanos.
Es decir, los sentidos al servicio de la realidad y del arte, no de la
comprobacin de un prejuicio, o el descubrimiento de una verdad inmvil.
Todo eso subyace en esos reportajes iniciales a boxeadores caribes, para
quienes la gloria resulta tan esquiva, y en los que tantos lectores se
reconocen.

Diez juglares en su patio (Bogot,1994), significa la afirmacin de un
compromiso. Salcedo, en coautora con Jorge Garca Usta, logr con este
libro de reportajes a msicos populares del Caribe colombiano, la
comprobacin de lo sabido, que en trminos generales el mejor periodismo
que se hace en Latinoamrica se practica en las provincias. En la prensa
regional las tendencias globales informativas no imponen la uniformidad
temtica que hay en la prensa nacional, y que deviene en reiteracin y
monotona. Por el contrario, en el periodismo regional se ahonda en temas
que constituyen formas de vida. Diez juglares en su patio demostr a los
periodistas el alcance esttico que puede lograrse en la crnica y el
reportaje. Adems, con su modelo, Salcedo y Garca Usta entusiasmaron a
otros periodistas-literarios para asumir sus propios proyectos.

Luego vendran dos libros, que slo podran haber sido amasados con el
fervor de un periodista de calle, como Salcedo: De un hombre obligado a
levantarse con el pie derecho (crnicas, 1999); y El oro y la oscuridad: la
vida gloriosa y trgica de Kid Pambel (reportaje, Random House Mondadori,
2006). Del primero, Daniel Samper Pizano nos dice: (Salcedo) tiene un
rango de inters muy variado: lo mismo puede escribir sobre la vida de un
mendigo que sobre Pambel o sobre un juglar vallenato. Esa curiosidad
responde al convencimiento de que el mundo es una gran red, cruzada por
hilos de origen impredecible. La certeza de que toda vida, pblica o
annima, tiene su cuota de gloria y tristeza, de dignidad y vergenza,
todos esos espejos encontrados en donde se refleja la condicin humana.

Por su parte, El oro y la oscuridad: la vida gloriosa y trgica de Kid
Pambel es un valiente reportaje donde se aparta el trigo de la paja.
Descubrimos cunto dolor hay en la vida picaresca de nuestros hroes
populares. Su vida parece decirnos que, de todas las derrotas que pueden
vivirse, alguna victoria pasajera, alguna alegra prestada nos queda.
Recuerdos que, como amuletos, la memoria guarda para sacar del bolsillo en
los das peores.

Salcedo ha sido incluido en diferentes antologas, como Citizens of Fear
(Universidad de Rtgers), Aos de fuego (Planeta) y en las antologas de
grandes crnicas y de grandes reportajes de Daniel Samper Pizano (Aguilar).
Ha ganado 16 premios nacionales e internacionales de periodismo, como el
Rey de Espaa y el Simn Bolvar (tres veces), entre otros.



Da la impresin de que el denominado periodismo literario cada da gana
ms atencin entre los lectores. Cul es su perspectiva de este fenmeno?

Me parece que eso se debe a que hay mucha gente necesitada de que le
cuenten bien las historias. Hace unos aos se discuta en trminos
bizantinos sobre la presunta extincin de los narradores en el periodismo
colombiano. Los medios decan que no publicaban crnicas porque no haba
cronistas, y los cronistas decan que no hacan crnicas porque los medios
no les daban espacio. Aquello era como el famoso crculo vicioso del huevo
y la gallina, es decir, quienes planteaban esa polmica no se ponan de
acuerdo en qu fue primero y qu vino despus. Durante muchos aos, los
contadores de historias de largo aliento tuvieron que exiliarse en los
libros, porque en los peridicos no caban. Un da apareci una revista que
se atrevi a apostarle al periodismo narrativo, me refiero a El
Malpensante, y entonces se desplom la farsa de que no haba cronistas, ni
gente interesada en los relatos largos, ni tiempo para leerlos. Despus han
venido muchas otras revistas, como SoHo y Gatopardo, que se la han jugado
por esta modalidad. Supongo que el xito de este tipo de periodismo se
debe, entre otras razones, a que interpreta y cuenta de una manera ms
humana los hechos que el pblico consume atropelladamente en la televisin.
Es un periodismo que le aade una preocupacin esttica a su
responsabilidad de informar.

En sus crnicas y reportajes para las revistas colombianas Soho y El
Malpensante hay un esfuerzo por dar altura esttica a los textos.

Una vez, tomando tinto con Germn Santamara en su casa, l me dijo algo
que me qued sonando: los periodistas narrativos respetamos a los
reporteros que andan por ah con ansias de descubrir un fraude, pero
preferimos ser ms recordados por escribir una bella metfora que por
tumbar a un alcalde. Quiz exageraba Germn, pero entiendo el sentido
profundo de su frase: no nos basta con informar, no nos sentimos conformes
si slo hacemos encarcelar a un ministro: necesitamos, adems, que nuestros
textos generen placer. Yo pertenezco a esta legin, definitivamente.

De igual manera el humor es un invitado habitual. Cmo ha sido su
experiencia en el manejo del humor como recurso narrativo?

Bueno, el humor es algo que se me da de manera muy espontnea, aunque
suene inmodesto. Es parte de mi manera de ser, o sea, es algo anterior a mi
formacin como cronista. Yo creo que, en el fondo, quienes usamos el humor
estamos motivados por el temor a no ser escuchados. El humor genera un
encanto especial, es como una especie de Flauta de Hameln que atrae a la
gente. Woody Allen dijo una vez que todos los estilos son buenos, menos el
aburrido. A m me parece que escribir con humor es una forma de expresar
consideracin por el lector. El humor es til para humanizar los temas,
porque nos permite ver el lado ridculo de la gente. Cuando uno tiene humor
no se toma a s mismo tan en serio y, por el contrario, es capaz de rerse
de sus propias debilidades. Eso es saludable en la escritura. Ahora bien,
yo creo que el humor debe ser algo natural: cuando te pones a buscarlo
deliberadamente, puedes terminar haciendo algo efectista o convertido en un
simple contador de chistes. Uno de los descubrimientos ms felices que he
hecho en mi carrera de periodista es que la vida, por muy spera que a
veces parezca, est llena de situaciones cmicas. Por ejemplo, Carlos
Snchez Ocampo, un amigo cronista de Medelln, me cont que una vez fue
abordado en una cafetera por un atracador que le quit el reloj. El tipo
se fue corriendo como una gacela por una calle congestionada, y Carlos
sigui tomando tinto en la cafetera. Lo inslito es que el delincuente
volvi como a la media hora, indignado porque el reloj no serva. Cuando
Carlos me cont el episodio, a m me pareci que el reclamo del atracador
era justo: si uno sabe que en cualquier momento lo van a asaltar, debe
andar con objetos que estn en buen estado, y no con chatarra. Es posible
que mi apunte haya sido macabro, pero es que a veces lo nico que nos queda
es el chiste. Ya que nadie impide que nos asalten, por lo menos djennos
rernos de las calamidades. Creo que eso es el humor.

Como periodista, su materia prima es la realidad. Qu limites se impone
frente a la tentacin de hacer ficcin con los hechos?

Yo he dicho que el reto del cronista no es inventar la realidad sino
descubrir lo maravilloso que esa realidad tiene por dentro. Conozco la
historia de un hombre que atropell a una mujer, y le ocasion lesiones
graves que la mantuvieron varios meses en cuidados intensivos. El tipo se
senta terriblemente culpable y por eso iba todos los das al hospital, a
visitarla. Le llevaba flores, chocolates, revistas. Se quedaba conversando
con ella largas horas. El accidente de trnsito, que pudo haber sido fatal,
termin convertido en un hermoso pretexto para que dos personas solitarias
se conocieran y se acercaran. A los pocos das de ella haber salido del
hospital, se cas con l. Cuando uno descubre esta historia en la vida
real, es un cronista. Cuando uno se la imagina, es un escritor. Lo que no
puede es revolver las dos cosas de manera tramposa y meterle gato por
liebre a la gente. Yo procuro estar mucho tiempo tras la realidad que voy a
contar, para descubrir lo sorprendente que tiene por dentro. Si algn da
me decido por la ficcin, me tocar escribir una novela, no un reportaje.

Las vivencias personales (la autobiografa) son un surtidor abundante para
el escritor, y para el periodista, quienes se sensibilizan ms frente
algunos temas porque los conocen. En qu medida sus experiencias
personales han permeado su trabajo?

Resulta que a m me han sucedido cosas que son universales, porque tambin
han podido sucederles a otras personas. Desde ese punto de vista, me parece
que lo autobiogrfico funciona. En la universidad tuve profesores que casi
proponan la horca para quienes se mencionaran en las historias que
contaban. Durante mucho tiempo, influido por esa formacin que recib, tuve
ciertos pudores que me impedan usar lo autobiogrfico. Escriba a la
manera impersonal de los notarios pblicos, que simplemente dan fe de que
algo existe y punto. Por fortuna me quit ese lastre de encima. Yo puedo
perfectamente incluir mis emociones en el relato, porque soy humano y
cuando escribo, lo hago con el pellejo puesto. La clave, me parece a m, es
usar ese recurso en funcin de la historia, y no como un simple pretexto
para hablar de uno mismo en forma narcisista. Yo creo que para quien
escribe de manera honesta, es inevitable caer de vez en cuando en lo
autobiogrfico. Al fin y al cabo, como dijo Miguel de Unamuno, soy el
hombre que tengo ms a la mano. Ahora bien: me parece penoso que un
escritor slo hable de s mismo, olvidndose del resto del mundo.

Por qu unos temas le han atrado ms que otros? Qu impulsos lo han
llevado a seguirles la pista por varios meses a ciertas personas annimas?

Yo he escrito sobre temas elegidos por m y sobre temas asignados por los
medios que publican mis trabajos. Durante muchos aos busqu las historias
de manera espontnea, guiado furiosamente por el subconsciente. Pero de
pronto empezaron a hacerme notar que tena ciertas preferencias por
ejemplo, por los perdedores y desde entonces me he vuelto menos inocente
en este asunto. Yo creo que uno debe tener qumica con su tema. De lo
contrario, la historia no levanta vuelo. Mi atraccin por los seres
annimos tambin fue algo que se present sin que me diera cuenta. Creo que
me gustan porque me permiten un acercamiento ms profundo y ms humano. Hay
muchos famosos que ya no tienen una vida sino una imagen, y la cuidan de
las miradas intrusas como la ma. Los annimos son ms desprevenidos en
este sentido.

Su relacin con el boxeo es de vieja data. Cmo se explica que esta
disciplina deportiva haya sido objeto de tanta curiosidad?

Lo que pasa es que yo tengo algo brbaro: disfruto viendo a dos tipos
molindose a puetazos. Qu le vamos a hacer, unos van a las plazas de
toros, otros ponen a pelear a gallos y perros, otros cazan venados con un
rifle. Mi acercamiento inicial al boxeo fue por puro gusto. Ya despus,
cuando crec, descubr que adems es una mina de grandes historias, porque
se ocupa de lo ms primario del hombre. Los jugadores de bisbol estn
vestidos, los boxeadores estn desnudos. Eso me interesa. En el ftbol hay
once jugadores para compartir la derrota. En el boxeo, pierdes t solo. Y
adems, pierdes delante de miles de personas que estn esperando,
precisamente, que te partan las costillas. El boxeo es una metfora del
hombre que para ganarse las cosas debe luchar contra el enemigo, contra el
entorno, contra todo el mundo, porque naci solo y no tiene quien le regale
nada.

Como cronista, qu otras seres, situaciones o fenmenos llaman su
atencin?

Me interesan las historias relacionadas con la cultura popular: juglares,
bogas, fiestas, tradiciones. Me gusta la crnica como posibilidad de
construir memoria. Creo que un cronista debe asumir el compromiso de narrar
de la mejor manera posible su entorno y su poca. Por eso creo que la
agenda del cronista debe ir ms all de las noticias de la gran prensa: hay
que buscar la vida que no nos quieren contar los medios, la de la gente
excluida por no tener poder o por no ser vctima de las tragedias.

Usted es coautor, junto a Jorge Garca Usta, de Diez juglares en su patio.
Para muchos, un libro de culto en la historia del periodismo colombiano. Y
su ms reciente trabajo es El oro y la oscuridad (la vida gloriosa y
trgica de Kid Pambel). Qu une y qu diferencia estas dos experiencias
de escritura?

En las dos experiencias est mi nombre. Pero el estilo que yo tena cuando
particip en Diez juglares en su patio, apenas se estaba formando. Ahora
siento que he encontrado mi propia voz.

** John J. Junieles
   johnjairojunieles@yahoo.com
   Escritor colombiano (Sinc, Sucre, 1970). Es periodista, guionista e
   investigador de temas literarios. Estudi Derecho y Ciencias Polticas
   en la Universidad de Cartagena, y cursos de Periodismo en la Fundacin
   para un Nuevo Periodismo Iberoamericano. Ha publicado Hombres solos en
   la fila del cine (novela); El temblor del kamikaze (cuentos), Canciones
   de un barrio en la frontera (poesa), Temer por m al final de estas
   lneas (prosa potica) y Papeles para iniciar el fuego (poesa).
   Nominado al Premio Rolex Mentor de Suiza (2003), Premio Nacional de
   Literatura Ciudad de Bogot (2002) y ganador de la Beca Nacional de
   Novela del Ministerio de Cultura (2002). Textos y reflexiones suyos
   pueden leerse en su weblog (http://johnjairojunieles.blogspot.com) o en
   su pgina web
   (http://espanol.geocities.com/johnjairojunieles/John_Junieles.htm).



|||||||||||||||||||||||||||    SALA DE ENSAYO    ||||||||||||||||||||||||||

=== Muerte, explotacin y dolor      Giovanni Gonzlez Arango =============

I. La desesperanza

Una Colombia destrozada, parece ser el eterno retrato de nuestra nacin.
Un territorio que generacin tras generacin, vio cmo decenas de
enfrentamientos llenaron de muerte, terror, miseria y desesperanza, los
cndidos y vigorizantes paisajes de su geografa, en contraste con el
extraordinario bro que se vislumbraba en su gnesis. La hostilidad,
permanente y progresiva, ha cubierto el lmite entre la ontogenia del
conflicto y su pretrita realidad, haciendo verosmil la idea de una
inmanencia entre el fenmeno de la violencia y la propia cultura de
nuestras sociedades. La Colombia triunfante y gloriosa no es ms que una
quimera a la que acuden nuestros demagogos dirigentes, en su poluto afn de
revestir una verdad vergonzosa que pueda poner al descubierto la indigna
putrefaccin que rein siempre en sus proyectos polticos, creando una
historia ilusoria que nuestra impasible sociedad es incapaz de develar. No
es ya una simple patria boba sino una execrable por un lado, y ciega y
sorda por el otro.



II. Una historia vergonzosa

Desde la poca precolombina, la lucha por el control poltico engendr
terribles desavenencias que transitaron los sombros caminos de la
animadversin y el odio; los nativos de esta parte del continente,
contrario a lo que los documentos histricos retrotraen en una mezquina
apologa, mancharon con su propia sangre la belleza de una naturaleza que
pareca bendita; el temple y fiereza de su temperamento los llev a una
cierta virtuosidad para la batalla (aunque no fuesen reconocidos como tribu
guerrera), empero, vanamente agotada contra su propia raza. Esa lucha
desalmada y sin sentido, obstaculiz el desarrollo de una autntica
cohesin social, que los hizo fcil presa del abominable sometimiento
colonialista. La admirable capacidad productiva y artstica de nuestros
aborgenes fue rpidamente inmolada por la cruel rigidez de una autarqua
dspota, que tard algunos siglos en revertirse. La enervacin se agita al
saber que nuestra propia raza fecund su trgico destino, condenndose al
sometimiento espaol, durante ms de tres siglos.

La Colonia no slo traa consigo un canto a la crueldad y el autoritarismo,
sino que llevara a nuestro pueblo a una vertiginosa carrera
transformacionista. Desde la religin hasta la avaricia estatal,
instauraban las directrices de una sociedad, que por cuanto mtodo fuera
necesario, deba adaptarse a un rgimen que ya no pretenda el dominio
represivo; ms que eso, la corona se esforzara en producir una conversin
cultural que le servira en la generacin cohesiva de su discurso poltico,
para que cerrara las puertas, de manera definitiva, ante una eventual
rebelin. Aunque la masa, sumida en una ignorancia preestablecidamente
dirigida por Espaa, caa en el nauseabundo juego teleolgico, una clase
que haba sido tratada con privilegios, por su origen ibrico, rechazara
la estrategia de ritualizacin e iniciara un proceso de concientizacin en
aras de la revolucin. Los criollos, entre quienes se destacaban
intelectuales, hacendados y estrategas militares, consolidaran un plan
rebelde que entreg un nuevo papel a las clases populares, abriendo con
ello la slida brecha de la emancipacin.

La fugaz armonizacin en la dinmica sociocultural de los habitantes trajo
una conveniente convergencia en sus intereses, que vino a escenificarse a
travs de un levantamiento popular, en el que los realistas fueron apeados
y destituidos del poder; un grito enjundioso que asa la epopeya
libertaria. Pero lo que pareca el alcance de la ms alta cumbre de jbilo,
no tard en convertirse en una absurda divergencia; los intereses populares
nunca se impusieron sobre la disidencia radical en la que centralistas y
federalistas sacrificaran su propio proyecto poltico para concentrarse en
guerras civiles que no slo dividieron el territorio sino que impidieron el
establecimiento de un gobierno slidamente constituido. La independencia
era un estadio para el cual los patriotas no estaban preparados, y esa
tenue conformacin estatal dio va libre a la penetrabilidad. Una vez ms
la lucha interna promovi el suicidio de una legtima soberana y las
tropas espaolas retornaron a sembrar su rgimen del terror, cubriendo de
dolor y desazn los jvenes espritus patriticos. La Patria Boba
engendrara un fenmeno que se inmortalizara a lo largo de nuestra cruenta
historia: la guerra intestina.

Tal vez sea la excepcin que confirma la regla o uno de esos perodos en
los que la historia reclama un respiro y luego retorna a su indeleble
accionar; lo cierto es que nuestra sociedad, por primera y nica vez,
sustituy los vicios de la disidencia para unir sus fuerzas en torno a un
mismo objetivo: la libertad. Qu gloriosa y heroica fue la actuacin de
nuestro ejrcito patriota que ms que valenta, demostr que la libertad
era su nica forma de vida y, no obstante las dificultades, entreg cuanto
le fue posible al sueo de una nacin que desgraciadamente nunca pudo
nacer. Bolvar, Santander y la pica actuacin de sus guerreros ofrecieron
a esta tierra su nica esperanza. Atacaron al monstruo, cortaron sus
vrtebras y retiraron sus restos; y el corazn de la patria vino a formarse
como muestra de su existencia an inconclusa, pues cuando la enjundia
brillaba como signo de la entrega en la formacin de la nacin, el negro
espritu de la animadversin regres para apoderarse de la conciencia de
aquellos que todo sacrificaron en pro de la justicia. Y como esos edificios
que nunca terminan de construirse, por carencia de fondos, la construccin
de un pas detuvo su marcha, como prueba de que la historia haba salido de
su letargo.

Desde entonces una guerra sin tregua ha sumido a nuestra Colombia en una
penosa penumbra. La muerte y el resentimiento prepararon a cientos de
generaciones para la crueldad, el cinismo y para toda inmoralidad, pero
nunca para la prosperidad. El desequilibrio social y la hostilidad han sido
la nota predominante durante casi 200 aos.

Si era ya doloroso nuestro pasado, no creeramos haber vivido una crisis
ms destructiva, como la que se escenific cuando saludbamos el siglo XX.
Mil das de guerra mostraron la sevicia y la tenacidad de un espritu
misntropo, enriquecido con el cncer del bipartidismo, que llegara para
contribuir en ese mpetu de destruccin, histricamente presente en la vida
poltica colombiana. Mientras los heroicos defensores de los intereses
populares asesinaban a diestra y siniestra, nuestro pueblo se desahuciaba,
abatido por la violencia y el hambre, ante la despreocupacin de un Estado
que legitimaba la guerra; el presupuesto de la nacin ira a parar en las
arcas de la fuerza pblica, bajo un gobierno conservador que no cesara en
su empeo por destruir a las guerrillas liberales; la muerte se desplaz
con suma fluidez, dejando a su paso las rencillas de la humillacin y
desesperacin que toda confrontacin armada provoca. Se fraguaban nuevos
vestigios de resentimiento, alentados por la infinita miseria y el
argumento de una poltica suicida, vendra a concretarse con la prdida de
Panam. La evolucin poltica pareca diseminarse en el fenmeno de la
violencia hasta fundirse en una misma estructura.

Ya no mediante una guerra declarada, sino bajo el inmenso velo de la tensa
calma, nuestros campos siguieron siendo testigos de las masacres, el
hostigamiento y el terror. Por fuerza o persuasin, liberales y
conservadores lograron que toda la poblacin se dividiera bajo su bandera y
la violencia clsica vivida en las montaas llevaba su bro a las ciudades,
donde un enfrentamiento aparentemente democrtico lindaba el panorama
poltico. Las masas populares, alienadas por la fuerza de la demagogia
oligrquica, retransmitan sus vanos discursos, mientras paralelamente el
desamparo estatal produca un progresivo desequilibrio social. Las
condiciones insalubres y la extrema ignorancia en las que viva la inmensa
mayora de la poblacin, contrastaban con la pltora de riqueza de que
gozaba la clase burguesa, coincidencialmente, estrechamente ligada con la
dirigencia bipartidista. La economa nacional, lejos de desarrollarse se
quebrantaba, debiendo someterse al capital extranjero proveniente del
imperialismo, que creaba una nueva dependencia y debilitaba aun ms las
bases de una autntica democracia. La tensin poltica y el subdesarrollo
econmico y social del pas acrecentaban la crisis.

La primera mitad del siglo XX, marcada por la violencia poltica y la
inmensa pobreza, se cerrara con otro vergonzoso captulo en el que se
conjugaran las fuerzas del imperialismo y la oligarqua bipartidista,
cuando el nico y autntico caudillo del siglo, Jorge Elicer Gaitn, fuera
asesinado. El descontento general de la poblacin se desat en un
apotesico levantamiento popular que dej en llamas la capital de la
repblica, produjo graves desrdenes en varios rincones del pas y
recrudeci una guerra que si bien no haba cesado, por lo menos se haba
disminuido. Gaitn, aunque hubiese tomado la bandera liberal, representaba
una amenaza no slo para el partido sino para toda la clase poltica
tradicional y para el sistema mismo, sigilosamente vigilado por el
imperialismo norteamericano. Las ideas reformistas del lder poltico
enardecieron el espritu libertario de los sectores ms explotados de la
poblacin, pues en ellas se resaltaba el inters por disminuir el abismo
entre las clases sociales y el abierto rechazo a la poltica caciquil
desarrollada por los partidos tradicionales. Este era un lder popular que
realmente simbolizaba a las mayoras y no a los ms poderosos, como lo
hacan los ortodoxos liberales y conservadores, quienes finalmente
restituiran su credibilidad entre los electores.

Una vez ms la inclemencia de la guerra golpeara a nuestra dbil
democracia y los partidos encontraran un pretexto para maquinar otra de
sus acostumbradas podredumbres estratgicas. Con el fin aparente de liberar
la tensin poltica, liberales y conservadores acordaron el no menos
enervante frente nacional, con el que pretenderan llamar a los
chusmeros como en esa poca se conoca a los combatientes al cese
definitivo de las hostilidades, cuando su real preocupacin la haba
originado el fenmeno gaitanista, que pona en declive la solidez del
sistema bipartidista y, por tanto, requera de una coalicin que
garantizase su permanencia en el poder; luego sus intereses no se centraban
ms que en la proteccin del rgimen, ante el riesgo de una eventual
creacin de movimientos izquierdistas. Pero la crueldad del enfrentamiento
gener un gran resentimiento entre sus vctimas que, finalmente, se tradujo
en la formacin de otro cncer para el pas: las guerrillas de izquierda,
que sin poseer una conciencia ideolgica que satisficiera el argumento de
su posicin poltica, entraron en escena; nacieron grupos como las FARC y
el ELN, que inverosmilmente cubiertos con la gracia del
marxismo-leninismo, combaten el tradicionalismo de la clase dirigente y,
segn ellos mismos, las diferencias sociales. As, se pone al descubierto
la ausencia de una verdadera conciencia poltica tanto en los actores
tradicionales como en los que surgieron en respuesta a esa bipolaridad.

La segunda mitad del siglo XX fue aun ms dolorosa y destructiva que las
restantes, pues el conflicto poltico fue acrecentndose, y poco a poco se
adhirieron a l nuevos actores que generaron otros traumatismos,
prolongando la agona de un pas que nunca ha logrado despegar. Despus de
la indignante coalicin de la oligarqua y la innegable miseria que segua
extendindose entre las clases menos favorecidas, el esplndido renacer del
proletariado latinoamericano alentado por el triunfo de la revolucin
cubana vigorizaba el espritu de lucha en el ala izquierda colombiana, que
guiada por el fiel acatamiento de la doctrina marxista, empezaba a ocupar
un lugar en la vida poltica de la nacin. Pareca encontrarse una luz en
el denso tnel de la miseria y terror que squicamente haba desmoronado el
protagonismo de las masas. Pero ese maravilloso despertar de conciencia no
pas de ser una efmera exclamacin de justicia, pues era evidente que una
sociedad igualitaria atacara los intereses de las clases dominantes,
quienes ayudadas por la sombra fascista del imperialismo castigaran
vehementemente la osada de los comunistas; su filantropa sera
rpidamente cegada por la represin, que mientras en Colombia fuera
ejercida clandestinamente, en otros territorios latinoamericanos sera
constituida por cruentas dictaduras militares. El naciente narcotrfico se
aliara con la causa capitalista y esto, sumado a la persecucin estatal,
oblig a los seguidores marxistas-leninistas a unirse a la lucha armada. La
violencia recibira en su seno a nuevos protagonistas que, como el
narcotrfico, escribiran una nueva pgina en el legado de muerte suscrito
a la historia colombiana.

Grupos como el M-19 despertaban la admiracin y el apoyo popular, que sin
embargo era corregido con la represin de grupos ultraderechistas que se
sumaban a la confrontacin armada. El Estado deba enfrentarse ya no
nicamente al riesgo en la prdida de credibilidad poltica, pues su
autoridad se vea amenazada, de un lado, por la propia derecha, de otro por
las guerrillas izquierdistas y finalmente y con mayor premura, del
narcotrfico. La estabilidad poltica, o al menos la del rgimen, se vio
seriamente afectada con la presin ejercida por estos tres actores, que no
slo opacaban el poder de dominio estatal, sino que ponan al descubierto
la incapacidad operativa de la fuerza pblica, quien no lograba ejercer el
control en las zonas estratgicas (zonas selvticas y montaosas del pas)
que narcotraficantes y paramilitares, conjuntamente, se disputaban con los
grupos guerrilleros. Esta situacin manchaba nuevamente la imagen
internacional de Colombia, pues a la continua violacin de los derechos
humanos se sumaba el evolutivo trfico de drogas por parte de grupos
organizados colombianos, principalmente hacia los Estados Unidos. El
gobierno colombiano, a ms de la crisis interna, deba soportar las quejas
de los norteamericanos que reclamaban a nuestro Estado una pronta solucin.

No obstante los hostigamientos de la subversin, y vistas las exigencias de
los norteamericanos, el Estado deba olvidarse por un momento de la lucha
en contra de las guerrillas para concentrarse en la definitiva destruccin
de los carteles de la droga. Personajes como Rodrigo Lara Bonilla (ex
ministro de Justicia) y Luis Carlos Galn (ex ministro de Educacin y ex
precandidato a la Presidencia), le declararon una abierta guerra a estos
grupos, que poco tardaron en introducirse en la vida poltica. Los jefes de
los carteles advirtieron la importancia de su inclusin en la actividad
pblica al abrirse el debate sobre la viabilidad de una ley de extradicin;
el podero econmico que les dejaba la ilegalidad facilit su influencia en
las instituciones gubernamentales y los dineros provenientes de la mafia se
diseminaron en todos los estamentos burocrticos. La omnipotencia del
narcotrfico provoc la degeneracin total del sistema poltico, haciendo
que los mrgenes de corrupcin llegaran a un nivel inaguantable, que haca
crecer la desconfianza por parte del electorado. Por su parte, Lara quien
fue el primero de los sacrificados y Galn que liderara ampliamente las
encuestas de la contienda electoral para el periodo presidencial que se
iniciara en 1990 apoyaban firmemente la iniciativa de la extradicin;
ellos representaban la piedra en el zapato de los narcotraficantes, que no
repararan en perpetrar varios atentados, que al final segaron sus vidas.
La situacin se sala de las manos del Estado, que si bien obtuvo un cierto
respiro al lograr la desmovilizacin del M-19 y la Unin Patritica, no
consegua resultados concretos en lucha contra la mafia, mientras la
presin norteamericana no cesaba.

Luego del asesinato de Galn, el gobierno reforz la lucha contra los
narcotraficantes, quienes no slo haban fracasado en su empeo por impedir
la aprobacin de la ley de extradicin, sino que ahora se vean sumidos en
un duro enfrentamiento, cuando los dos grandes grupos del crimen
organizado, los carteles de Cali y Medelln, se disputaban el control en el
trfico de estupefacientes. A lo expuesto se adhera el hostigamiento de
los grupos de ultraderecha en contra de los ex combatientes izquierdistas,
recientemente reinsertados a la vida civil. Nuevamente el terror, el pnico
y la impunidad se apoderaron de la nacin a fuerza de la intimidacin,
provocada por un sinnmero de atentados dirigidos desde todos los flancos y
hacia todas las fuerzas antagnicas, que dejaron aterradores saldos de
vctimas mortales, entre quienes se cuentan a varios personajes de la vida
pblica y a millares de inocentes ciudadanos. A pesar de los declarados
esfuerzos del Estado por castigar a los culpables de este espantoso
derramamiento de sangre, la corrupcin de sus organismos impidi el
esclarecimiento de los hechos y prolong la miseria de los afectados. La
situacin era incorregible y los victimarios (guerrilla, paramilitares,
gobierno y narcotrfico) impedan que la poblacin saliera de su estado de
indefensin e infinita pobreza.

Ms adelante, los organismos del Estado daran un golpe aparentemente letal
a los narcotraficantes con el desmantelamiento del cartel de Medelln, que
se culminara luego del abatimiento de su jefe mximo, Pablo Escobar
Gaviria. La imagen del gobierno de turno ganaba prestigio, pues no slo
haba logrado acabar con quien fue considerado el criminal ms buscado del
mundo; tambin se le atribuy un importante papel en la conformacin de la
Asamblea Nacional Constituyente y, como si fuera poco, haba dado un gran
auge a la economa nacional, hacindola dependiente ya no nicamente del
capital norteamericano y venezolano, sino de muchas otras naciones del
mundo; Colombia, por primera vez, entraba a competir en el mercado mundial
y sus relaciones diplomticas haban mejorado, gracias a los resultados
generados en la lucha contra el narcotrfico se deca. Apologticos
discursos se cernan en torno a la labor del en ese entonces mandatario,
Csar Gaviria Trujillo, que en realidad lo nico que haba logrado era la
quiebra de varios sectores de la industria nacional, el monopolio en el
trfico de drogas por parte del cartel de Cali y la inclusin de los grupos
guerrilleros en su cultivo y procesamiento. La economa nacional
acrecentaba su dependencia de capitales extranjeros y la miseria segua
siendo el rasgo distintivo en la mayor parte de la poblacin.

Si se cree que por lo enunciado, la indignacin no puede elevar su grado,
el ms grande escndalo de corrupcin en la historia de la poltica
colombiana revertir la idea. Todo se hizo audible cuando se descubri que
la campaa presidencial de Ernesto Samper Pizano fue financiada por dineros
provenientes de la mafia. Injurias, detenciones, asesinatos y otra serie de
maquiavlicas acciones hicieron parte de un proceso en el que se intent
develar la culpabilidad de un mandatario, que cont con el garante respaldo
de todos los organismos del Estado; pues mientras la fuerza pblica se
encarg de destruir rpidamente al cartel de Cali con el afn de
estrangular todas las dudas que pudiesen surgir en torno a la honradez del
jefe del gobierno, la Fiscala General de la Nacin se las arregl para
demostrar su inocencia y finalmente, fue absuelto por la Corte Suprema de
Justicia. Esta, que ha sido considerada la ms grave crisis poltica que ha
enfrentado el pas como gran novedad, produjo la arremetida de los
alzados en armas, que, fortalecidos por el absoluto control en el trfico
de drogas, intensificaron los hostigamientos. Desde entonces el fenmeno
del desplazamiento ha crecido en proporciones alarmantes y las grandes
ciudades han sido testigos de cmo la fuerza del terror destruye la
dignidad de miles y miles de familias campesinas, que se ven avocadas a
mendigar en medio de la indiferencia y de su propio dolor.

Fallidos procesos de paz, sospechosas desmovilizaciones de grupos al margen
de la ley y acuerdos econmicos que van en detrimento de los intereses de
la poblacin, siguen rompiendo los lazos cohesivos de una sociedad que est
al borde del colapso. Mientras la clase tradicional se perpeta en el poder
y legitima la impvida accin de un sector del narcoterrorismo, la masa
popular se mantiene desprotegida por el Estado e intimidada por actores
armados que prostituyen la impoluta doctrina marxista. La miseria se
extiende por todos los rincones de la patria, la delincuencia comn reina
en los sectores marginales de las grandes ciudades y la economa nacional
se subyuga cada vez ms al monstruoso imperialismo norteamericano. La
coyuntura crece a medida que se acerca la contienda electoral en la que
seguramente, la demagogia vencer la conciencia de los votantes y el
autoritarismo disfrazado de redencin, tomar por otro perodo las
directrices del gobierno. Es un negro panorama en el que se vislumbra el
recrudecimiento de todos los cnceres de los que padece nuestra querida
Colombia.



III. El desahucio

Un enfermo terminal es el que nos ha acogido, desde el momento mismo de su
nacimiento. Esa Colombia que vivi y so con la prosperidad, la armona y
la confraternidad, nunca se ha presentado ante nuestros ojos y, peor aun,
parece negarse a llegar a ese paraje. El camino de la esperanza se
complejiza cuando logramos advertir que su historia pretrita no fue tan
maravillosa, y quienes se propusieron darle el estatus de repblica no lo
hicieron en razn a una mera conciencia libertaria, por el contrario, la
satisfaccin de sus propios intereses fue la que en ltimas los impuls a
fundar un pas que se conden a s mismo a vivir en el desahucio. Esta
eterna penumbra a la que estamos sometidos, es tambin la consecuencia de
una poltica envenenada que se desdibuj por su propia estructura malsana y
caus incurables heridas en una poblacin que se acostumbr a la muerte y
la venganza, creada por un resentimiento que sirve de plataforma a nuevas
manifestaciones violentas. Colombia es el resultado de la misantropa, de
la putrefacta mezcla entre el terror y la impavidez.

Se nos dificulta una clasificacin peridica exacta de la historia
colombiana, cuando el camino de la autodestruccin se autoproclam como el
nico punto de referencia. Los discursos polticos nunca se tradujeron en
un proyecto de ejecucin; abandonaron sus lineamientos ideolgicos para
difuminarse en el juego de la guerra y sus representantes se limitaron a
desvirtuar la posicin de la contraparte, derogando la construccin de un
autntico proceso poltico. Mientras tanto, la estructura social nunca
abandon las barreras entre opresores y oprimidos, y la economa nacional
jams logr su independencia. Por estas razones, aunque los historiadores
hayan delimitado rigurosamente las diferentes pocas, yo no podra
encontrar transformaciones que me indicasen giros procedentes y no logro
ms que resear que cada momento de la historia ha sido el espejo de su
predecesor.

Lo que resta por decir es que, mientras las masas populares no posean una
conciencia rebelde, mientras no sientan el bro que los impulse a volcarse
como legtimos protagonistas de la accin poltica, su derrota y la de la
misma patria seguir siendo inminente. Es necesario que los intelectuales
se unan a la causa de una autntica revolucin que engendre una radical
conversin cultural, en la que no tengan cabida la muerte y el terror; pues
la derrota de los grupos de izquierda no slo radica en su falta de
cohesin, tambin en su acepcin hacia la lucha armada como nico camino de
la victoria. La idea que debemos asumir es la de convocar a todas las capas
marginales, con las que logremos concretar un proyecto serio, capaz de
vencer las redes del capitalismo y el proteccionismo estatal, dirigido por
las clases tradicionales. Slo un Estado igualitario en el que imperen la
confraternidad y la cohesin social, ser capaz de responder a las
exigencias de todos sus ciudadanos; aunque cabe anotar que su ideal
funcionamiento depender de la adhesin de otras naciones que logren tal
estado de equilibrio. Utpico o no, es la nica salida digna, en la que no
se vislumbran desavenencias.

** Giovanni Gonzlez Arango
   giovannipapa2004@yahoo.com
   Escritor colombiano (Bogot, 1985). Estudia comunicacin social en la
   Universidad Central de Bogot. Ha publicado textos en la revista digital
   Atramentum (http://www.atramentum.com).



|||||||||||||||||||||||||||||||    LETRAS    ||||||||||||||||||||||||||||||

   *** Dos poemas
       Idalia Sautto

   *** Nochebuena
       Mercedes lvarez Gutirrez

   *** Un hombre y una mujer se desnudan
       Enio Escauriza

   *** Es mi amigo
       Marcos Wever

   *** Tres poemas
       Liliana Carmen Vinelli

   *** Domingo en las rocas
       Alejandro Badillo

   *** Tres poemas de La palabra liberada
       Gonzalo Mrquez Cristo

   *** Estudio sobre las margaritas
       Augusto Gayubas

   *** Poenimios del descenso
       Ileana Garma

   *** La antigua escuela (Guerra Civil sobre fondo de familia)
       Carmen Garrido Ortiz

   *** Poemas
       Gonzalo Luis Torres Hernndez

   *** El da siguiente
       Luis Seguel Vorpahl

   *** Tres poemas
       Luis Alposta

   *** La voz
       Mara Elvira Gonzlez

   *** Poemas
       Emma Fernndez Lpez

   *** La guerra de las morcillas
       Paula Winkler

   *** Los confines del mundo
       Carlos Montuenga

   *** Poemas
       Salomn Valderrama Cruz



=== Dos poemas      Idalia Sautto =========================================

                                                              Que las horas
                                                                me acerquen
                                                        al alivio del sueo
                                                                    Girondo

Que el ronroneo de las palabras
Que su tintineo de abecedarios
     se duerma en mi soledad de atardeceres y domingos
                (de infamia y tedio que me inunda sin apagar ninguna sed,
                                          es pronunciar tu aliento)

Que el alivio slo llegue con palabras y no con sueos
Que los sueos slo jueguen su mirada en la pasin
                  (de mi deseo y mis sentidos y este amor sediento,
                                           es una angustia constante)

Que el deletreo de un nombre
tu nombre
no me deje las manos en los ojos
que las palabras
             no tranquilizan, no curan
              no adormecen, no matan
                        , no me reciben en su alivio

y aunque no tenga alivio


Que se detengan un poco en ese suspiro
Que las palabras no me obliguen a esconderme
bajo la cama
adentro del closet
atrs de una cortina que me ovilla gato
en el seno de esas frases tachadas

Que las palabras sin lluvia
pero si slo busco su alivio
me reciban sin sombrero y sin acentos y sin maysculas
Que no se deleiten en domingo
Que se quiten la mugre de las uas

Que el alivio engae a las horas
y a las canas y a las miradas y a todas esas cosas
completas
Que no me cubren y slo me calientan los pies
ms o menos, no mucho
pero ah dice
abajo
Que hay alivio
Ah, qu linda sorpresa: hay alivio
es la sbana tibia que me cubre los pies
                    (uno de mis pies tiene races de una planta,
                                              es un pasado imborrable)
Afuera de los parntesis tampoco recuerdo nada
ahora me doy cuenta
Mis dedos apachurran las letras como si fueran un saquito de t

Que el t
Que el t
Que el no tenerte
Que tu ausencia es demasiado para
no me mires as cuando te hable de tu ausencia
creo,
demasiado para una palabra que tiene los pies fros

Que las palabras apenas sirven
y las tomo a cucharaditas para dormir
para defenderme de una sola letra
y no sentir y no ver y no leer
la gran G que traes en la frente

Que las horas me acerquen al alivio del sueo
Que el alivio slo llegue con palabras y no con sueos
Que los sueos slo jueguen su mirada en la pasin.



===



Pensando en tu boca
una boca cubierta de barba blanca
de barba azul en la pasin
      y de pestaas
      en algunos besos
y en algunos textos,
que son ms deseos que textos, que son como pestaas arrojadas
      o cartas
o que tantas cosas y palabras y caricias
y el amor es color morcillo
      en la ternura de tus delgados labios
y en algunos sueos
En algunos sueos creo reconocerla sabes?
Creo reconocerla ms por tu mirada
o por tu nariz
o por tu aliento
o por tu ser de mil amantes y de siete suelas
ms que por ser barba blanca
Que por ser barba blanca
termino creyendo
que beso pestaas,
perdn,
que beso deseos al besar tu boca.
Pensando en tu boca
tengo la seguridad
que si no fuera de barba blanca
no podra siquiera pensarla.

** Idalia Sautto
   cortazariana@gmail.com
   Escritora mexicana (Mxico, D.F., 1984). Estudiante de historia en la
   Universidad Nacional Autnoma de Mxico (Unam, http://www.unam.mx).
   Egresada de la Sociedad General de Escritores de Mxico (Sogem,
   http://www.sogem.org.mx). Un cuento suyo aparece publicado en la
   antologa Paso al frente. Ha participado en talleres literarios
   coordinados por los poetas Maricruz Patio y Agustn Jimnez.
   Actualmente es asistente y ayudante en clase del filsofo Alberto
   Constante en un seminario sobre Heidegger.



=== Nochebuena      Mercedes lvarez Gutirrez ============================

El padre llam a la puerta de la casa de sus hijos.

Era un da de verano y haba hojas verdes en los rboles y un sol
enceguecedor, que oblig al hijo menor a ponerse una mano sobre la frente
para poder ver al padre cuando abri la puerta.

El padre tena una bolsa con regalos colgando de una mano, porque ese da
era la Nochebuena. El padre los hijos lo saban la iba a pasar con su
nueva mujer, porque haba cometido el pecado que rara vez deja lugar a
segundas oportunidades, y ahora era un adltero y se haba ido de casa.

El padre le tendi la bolsa al hijo con una mano vacilante.

Feliz Navidad dijo.

Se sinti mal: era la primera vez que lo deca del lado de afuera. El hijo
menor se qued desconcertado con la bolsa entre los brazos, y abri los
ojos miopes detrs de un armazn negro de anteojos con los vidrios sucios.

Despus se volvi hacia atrs y grit llamando a sus hermanos. Tena tres,
pero slo dos aparecieron en la puerta unos minutos ms tarde: eran la
hermana y el hermano mayor.

El hermano menor fue sacando los regalos. En cada uno ley el nombre
escrito en el papel rojo con moos verdes dibujados.

Feliz Navidad repiti el padre.

Y el malestar se acentu dentro de l.

La hermana abri su paquete y desenvolvi un libro a rayas que tena un
rbol dibujado en la tapa. Lo hoje. Abri la primera pgina: no haba
dedicatoria.

El padre advirti el desencanto en la cara de la hija y quiso huir,
esconderse detrs de los rboles o correr al bosque que estaba muy lejos,
all detrs de la sierra que no se vea desde la ciudad.

En cambio se qued parado en la puerta, sabiendo que no podan invitarlo a
entrar, gordo y alto; l, el padre.

Podemos ir a tomar un caf sugiri.

Los hijos se miraron entre ellos. La hermana con el libro en la mano, los
otros dos con los paquetes sin abrir. El padre tena los ojos dolientes;
los hijos los ojos decepcionados y tristes y brillantes bajo el sol, bajo
el tibio crepitar de las hojas verdes de los rboles movidas por el viento.

Podemos ir a tomar un caf repiti el padre. Vamos?

Fue la hermana la que habl.

No, mejor no dijo.

Porque la madre estaba adentro, y tambin otro hermano, mayor que todos,
que no haba querido salir porque estaba peleado con el padre.

Por qu no? Llaman a su hermano y nos vamos los cinco.

No dijo la hija.

El padre baj la cabeza. La alz otra vez, casi al instante.

Podras llamar a tu hermano, entonces? pregunt.

La hija titube en la puerta. El pelo largo y ondulado le brillaba con el
sol y la haca parecer hermosa aunque de verdad no lo fuera. Despus entr
en la casa. El padre la vio alejarse por el pasillo fresco y estrecho,
doblar hacia adentro, y pens en lo que segua, que era la casa, el cuarto
con las cortinas de mimbre en el que haba dormido durante tantos aos.

Mir a sus dos hijos que permanecan con los regalos sin abrir entre las
manos.

No los abren? les pregunt.

Los hijos miraron los paquetes como si hubieran perdido la memoria. Casi a
la vez rasgaron el papel; lo fueron rompiendo de a partes, y el hijo mayor
desenvolvi un libro de barcos, y el menor uno de aviones. Y era que el
padre no saba regalar otra cosa aparte de los libros.

Ambos sonrieron apenas, y dijeron gracias, y ambos tenan los mismos ojos
claros y tristes cuando miraron al padre. El padre pero los hijos no se
dieron cuenta tena tambin los ojos claros y tristes.

La hija volvi caminando por el pasillo. Estaba descalza. El vestido azul
sin mangas ondeaba desteido alrededor de sus caderas. Se detuvo en la
puerta en medio de sus hermanos y cruz un brazo encima del otro.

No quiere salir dijo.

El padre la mir incrdulo. Le costaba entender que el rencor pudiera durar
tanto.

No quiere? pregunt.

Porque en otro tiempo, cuando el padre viva en la casa pero el hermano
mayor de todos no lo saba ese haba sido su hijo predilecto.

No dijo la hija.

Y el padre baj la cabeza entristecido; y los hijos bajaron la cabeza
resignados.

Entonces, no vamos a tomar nada? insisti una vez ms.

Los hijos negaron. El padre dijo:

Ah, me olvidaba.

Se acerc al auto y sac una botella de champn del asiento trasero. Volvi
a la puerta y se la dio a la hija.

Para ustedes, para esta noche.

Y la hija dijo gracias, y el hijo menor dijo gracias, y el hermano mayor no
dijo nada sino que permaneci apoyado contra el marco de la puerta y
extendi la mano para saludar a un vecino.

Despus los cuatro se quedaron callados.

Ninguno tena nada ms que decir. Tampoco el padre, que haba pensado toda
la semana en tantas preguntas, en tanto de lo que hablar, y ahora de pronto
pareca vaco y estpido, alto y gordo como el rbol de enfrente de la
casa.

Pero el padre no quera irse, porque por mucho que se esforzara no poda
imaginarse subiendo al auto y despidindose, ya sin los regalos que le
haban proporcionado una alegra fugaz, por mnima que fuera, mientras los
compraba, y que le haban hecho latir el corazn de expectativa despus,
mientras iba camino de la casa de los hijos.

Cmo est tu madre? pregunt.

Est bien contest la hermana.

El hermano mayor asinti.

Mejor que antes confirm.

Qu hace? pregunt el padre.

Vive dijo el hermano mayor.

Trabaja dijo el hermano menor.

El padre sonri. Una sonrisa tristsima, honda como la noche bajo el cielo
tan claro del da. Luego mir el auto estacionado en la puerta.

Bueno dijo.

Se encogi de hombros.

Su tristeza era tambin porque los hijos no se hubieran acordado de l.
Haba esperado al menos un regalo. Haba tenido uno de su nueva mujer esa
maana, pero esperaba uno de sus hijos. Sin embargo ellos no se haban
ocupado de comprrselo. Ni siquiera lo haban considerado. Y ahora
permanecan ah, con los brazos como muertos a los costados del cuerpo.

Podran llamar a su hermano? el padre insisti por ltima vez.

Ahora fue el hermano menor el que dijo:

Est bien.

Y se alej por el pasillo fresco, caminando con el paso de nio que haba
sido el suyo desde siempre: un poco desgarbado, un poco encorvado.

El padre se qued frente a sus hijos otra vez. La hija tena la botella
apoyada contra la cadera. Estaba fra, y el vidrio salpicado de gotitas le
iba dejando una mancha de agua en el costado derecho del vestido.

El padre mir la calle sin saber qu hacer, qu decir: uno de sus antiguos
vecinos caminaba por la vereda de enfrente paseando a su perro. Todo estaba
quieto: iba a ser una Nochebuena tranquila.

El hijo menor volvi entonces caminando hacia la luz por el pasillo en
sombras.

No quiere salir dijo.

El padre baj la cabeza. Estuvo un rato que le pareci eterno mirando las
baldosas de la vereda. Luego levant la vista.

Denle su regalo dijo sealando la bolsa que haba quedado apoyada contra
la pared en la entrada.

S dijo la hija.

Que lo pasen bien dijo el padre.

Mir a los hijos por ltima vez. Despus sac de su bolsillo la llave del
auto y camin hasta l.

Los hijos lo miraron subir desde la puerta, alto y gordo, y cuando los
salud ellos le respondieron con las manos estiradas. Luego entraron en la
casa. De modo que no lo vieron alejarse, en su auto verde metalizado que
brillaba al sol en la tarde calurosa, esquivando a otros autos y a las
personas, pretendiendo intilmente, desesperadamente, que nada tena
demasiada importancia.

** Mercedes lvarez Gutirrez
   almercedes3@hotmail.com
   Escritora argentina (Tandil, Buenos Aires, 1979). Un relato suyo aparece
   en la antologa del Premio Nacional de Cuentos Haroldo Conti (1998).



=== Un hombre y una mujer se desnudan      Enio Escauriza =================

El pantaln encima de la blusa
La cartera encima del bolso
Una cdula aplasta a otra cdula
El aire acondicionado no es suficiente gas para dormir dos sudores
Vienen de largas peleas con la ciudad
Levantarse ms temprano que el sol
Arrugarse los ojos de tanto leer
Y sin embargo, leen los surcos que deja el nombre de un hotel arrugado
Con la espalda, con los codos, con la boca
Son viajes que siempre quisieron hacer y no hicieron
Slo les alcanz para una rpida pomarrosa
Porque an no padecen una luna de miel
Hay cosas fugaces que son ms dulces
Como la toalla tirada en el bao
El reloj apresurado secndose desvestido como ellos
Cuando recuerden aquel recital de habitacin 17
Saldrn corriendo a contar brevemente lo fantstico.



II

Ella enredada hasta en el cabello
De unos diez metros pelirrojamorena al mismo tiempo
Depilada hasta la vergenza.

l de guinda entre los bolsillos
Edificio recin construido, tiene fantasmas como todos,
Mayores como casi siempre
Ambos sufren de vergenza.

Almuerzan en este momento
Estando aqu y sin estar,
Se desnudan pero no lo dicen,
Esperan carne fresca pero le temen al espejo.

Estn y no estn con nosotros
Como pasa con la gente feliz
Siempre viajando, siempre viajando.

Podemos verlos y no verlos
As se hacen los poemas
Una mujer y hombre se desnudan
y de repente Adn y Eva sin nombres propios
Para tomrnoslo con calma: hierbabuena y ron,
Mojitos todos, convertidos a la naturaleza,
Somos eternos bienvenidos al aburrido striptease meridiano
Donde nuestras ideas estn de piernas abiertas
Y el falo del tiempo se pasea entre nuestro silencio.



III
Poema para una metropolitana por un estudiante metropolitano

Vamos a estudiarnos
Rayo tu cuaderno
T rayas el mo
Nos decimos en diagramas de flujo
Que t me gustas ms
Que cafetn y bulla
Que las horas sin clases
Que los das de vacaciones,
Y t me dices vamos a estudiarnos,
Escoge un semestre e inventemos la materia
Podra ser encima del pupitre o debajo de los escritorios
Escribir con maysculas nuestros secretos magentas
Calificarnos excelentes A veinte puntos
Pasarnos todos los das nuestra matemtica aplicada al beso
Y entre tus notas y mis apuntes hacer tesis de la metrpolis de un desnudo.
Y si de repente no hay poema
Pero hay un hombre obeso diciendo
Cepillado, ropa, calor, playa,
Evidentemente es un vendedor de autopista
De tranca de la trocha
O de esto no enriquece ni empobrece pero sirve
Si el hombre dice:
Hilo dental de muchacha, fiesta y cante flamenco
Entonces el poema fue antes del hombre?
O antes de un pobre seor loco que no sabe enroscar recuerdos
O de este medio da que nos peg en el coco
Y tiene formas raras de decir
soy mentiroso pero lo grito duro y eso me hace ms poeta que las hormigas
Que todos pisamos en la infancia
Esa que fue hace diez segundos,
Esa de ojos abiertos:
sexo que se acaba con el sueo
Cuando la respuesta es el silencio el desnudo es voluntario.



IV

Se desnudan las cataratas
Tambin los coliflores
Se desnudan las piatas
Las paraparas y las aceitunas
Las calabazas y san Nicols
Tambin se desnudan las letras minsculas
Y los meses, dependiendo del ao se desnudan,
En realidad el mundo es nudista
Excepto nosotros claro
Que no somos mundo
Que estamos aparte
Creyndonos los ms vestidos del planeta
Los ms cultos y los ms letrados
Porque sabemos qu talla usar para un pantaln
Porque sabemos hasta dnde debe llegar la falda
Somos unos vestidos, gracias a dios,
Unos vestidos, unos recin vestidos,
Porque lo que llevamos en este planeta son unos tres mil aos
Mientras todas las cosas desnudas
Tenan ms historia que esta mana de taparnos.



V

Era cuestin de energa
De un cido sulfrico en la cama
La vida mal administrada y nuestros horarios nones
En aquella economa de guerra donde aquel otro idioma buscaba traducir te
      [quiero
No entenda que ramos universitarios y no temamos a las sirenas
Creamos en desnudarnos como suma total del infinito
Lo cotidiano nos hizo temer a las ambulancias
De nada nos vali volvernos profesores si ya nada aprendamos
Desnudarse iba ms all de la ropa,
De lo que significa un ombligo revelado y las miles de miradas que lo
      [persiguen
Era cuestin de energa de un cido sulfrico en la cama.



VI

Un hombre y una mujer se desnudan porque la bolsa sube,
Por la cola de esta maana, Por el pan duro, Por el hambre del mundo?
No, se desnudan porque en ese instante dios hace sus poemas
l tambin sufre de ocio y escribe
Slo que sus letras son grandes orgasmos entre la a y la z
Y al final de todo, es decir al principio, eso somos:
El abecedario con que lo desconocido se divierte
Palabras que llevan a otras palabras
Un hipertexto divino que no se soluciona en una pregunta
Digamos, formas innovadoras de mezclar el chigire con el carnaval
Una mujer que tiene entre 18 y 25 sentada frente a un hombre que tiene
      [entre 18 y 25
Y hablan de la marca y de la moda mientras
El mundo se est cayendo porque ellos no escriben poesa
Y dios est triste y castiga a quienes por mala conducta
No terminan de desnudarse no inventan un mundo nuevo.



VII
Teora cclica de cmo un golfeado gigante se nos meti en el cerebro

Primero empezaron por mentirnos
Estar desnudos es rico y sabe a patilla
Tambin sabe a patilla el sexo
Dependiendo de la cosecha, claro est,
Pero lo que si no sabe a fruta es tener miedo
Porque eso sabe como a pega para ratones
Y el problema es que sabe raro cuando a uno se le pega la lengua
Por eso hay que tratar de hacer ejercicios para la lengua
Y el mejor es darse versos, besos e insistir
Pero siempre que si la hemofilia y el nunca acabar de los miedosos
Pero la verdad es que duramos poco en esta nave
Y nos la pasamos forrndonos de cosas
Que algunas no sirven pero otras s
Porque aunque es fastidioso el plstico es un gran invento
Y puedo decir condn imagino si el caso fuera?
Yo pregunto,
Porque como vivimos todo el tiempo asustados,
Que si cuidado y el gordito se desnuda
Que si luego vienen y nos cierran los ojos con cuentos chinos,
Pero eso s, los chinos s que te tienen muchos cuentos y empezaron por
      [mentirnos con su mezcla de arroz con msica de relajacin
Porque estar desnudo tambin sabe a nspero
Y sabe a guayaba, dependiendo pues de la mata,
De la tierra en donde se siembre la piel,
Pero al final, toda piel sabe sabroso, como el oso,
Que no tiene mucho que ver con este poema pero rima y tiene cara de tierno
      [y anda desnudo y es un tipo simptico que no tiene miedo
Que se roba panales slo para desnudar a las abejas
Porque nada como un panal, una cueva, un escondite para meter la lengua
Cuando uno no sabe cmo terminar un poema
Si lleva encima la teora cclica de que un golfeado gigante se nos meti
      [en el cerebro
Enrollados como somos y repletos de queso
No hacemos otra cosa que votar papeln por las palabras
Que son el vehiculo para mentir pero no la mentira
Que son el vehiculo para el poema pero no la poesa
Que son el vehiculo para la risa pero no la risa.



VIII

Buenas tardes
Te tenemos en nuestra base de datos
Y quisiramos saber si es posible que maana asistas en la tarde a una
      [entrevista de trabajo
Pero, una pregunta,
T trabajas actualmente?
Nuestro cargo es de chofer mensajero
Mensajera interna
Si, bueno, debes entregar poemas de amor a la gente triste o a la aburrida
No se necesita buena presencia pero ms que eso s se requiere que no te
      [reconozcan
Puedes trabajar con una mscara?
Eso de repartir poemas no es fcil
Digamos que no tienes horario pero trabajas ms de lo comn
Te esperamos, perfecto,
Trata de no ser puntual, desconfiaramos de ti si llegaras a la hora
T sabes, el amor debe ser as: inesperado.

** Enio Escauriza
   enioescauriza@yahoo.com
   Msico y escritor venezolano (La Guaira, 1974). Tesista en la licencia
   de sociologa. Autor de De julio a septiembre (Editorial La Espada
   Rota), ganador del premio Alfredo Chacn de la Escuela de Sociologa de
   la Universidad Central de Venezuela.



=== Es mi amigo      Marcos Wever =========================================

      (Nota del editor: el siguiente es uno de los cuatro relatos de Sol y
      luna de papel sobre el barrio, conjunto narrativo con el cual el
      escritor panameo Marcos Wever obtuvo, semanas atrs, el primer
      premio en la categora de cuentos del XXVI Certamen Nacional
      Artstico Cultural Obrero 2006, un certamen organizado cada ao por
      el Instituto Panameo de Estudios Laborales del Ministerio de Trabajo
      y Desarrollo Social para todos los trabajadores de la nacin del
      Istmo. El concurso, que se inici en 1977 bajo el nombre de Primer
      Certamen Literario Obrero Nacional, premia actualmente las categoras
      Poesa, Dcima, Pintura, Escultura y Artesana).

Digan lo que digan, Miguelito es mi amigo. Y es que desde pequeos
andbamos para arriba y para abajo. De tanto vernos pegaditos, hasta crean
que ramos hermanos.

S, y lo juro por mi madre, que si le preguntan a Miguelito sobre quin le
ense muchas de las cosas que ahora sabe, seguro que va a decir fue
campen. Djenme decirles que si es muy chispa, antes de entrenarlo para
que los mocos no se le metieran en la boca, era un alelado de primera fila.

Ver ahora a Miguelito rodeado de tantas personas es negarse a creer que
antes no fue as. Cuando sealo que l era un chiquillo mojigato, la gente
que no nos conoce se re y me tilda de ser mentiroso. A decir verdad, antes
que se me arrimara era un pendejo, con P mayscula. Qu les digo, al
principio no saba ni cmo agarrar un palo para golpear la pelota cuando
jugbamos al beis. Vindolo fallar a cuanto le tiraban y saber que lo
cogan de burla por lo que hiciera me dio lstima. Me dio lstima y qued
como su maestro para quitarle la pendejada de encima. Es posible que por
llevarle un par de aos por delante, me respetara y me hiciera caso en
todo. Y rpido que aprenda y rpido que se colocaba entre los mejores.

No se puede negar, cuando Miguelito le coga el paso a las cosas, nadie lo
paraba. Era tanto su inters por estar adelante que cuando me met de
boxeador, all se puso de necio a que le enseara a utilizar los puos.

Para qu quieres tirar las manos? le preguntaba.

Para qu ms contestaba enojado. Para romperle la boca a los que me
tienen de tonto.

Y le ense a boxear. A golpear en los costados y derecho a la quijada. Y
comenzaron a darle duro, pero tambin a respetarlo. Ah, ese flaquito con
qu gusto me deca, campen, hoy me despach a dos que me traan de
cabeza. Campen me llamaba a toda hora, pues, para l, yo era su dolo sin
corona. Hey campen, ests que le caes de la patada a mi hermana. No te
quiere ver ni en pintura. Tanto era la confianza de Miguelito para
conmigo, que no le importaba hablar mal de su hermana.

La tipa era flaca, de caderas anchas y carita de ratn blanco. Plida como
un papel pero bonita como una diosa.

A diferencia del hermano, era de esas chiquitas que se ofenden con ser
pobres. En particular, con ser hija de padre jardinero y madre sirvienta en
casa de familia rica. Era linda la condenada y ms cuando la madre la
vesta con los trajes que las nias de plata encontraban pasados de moda.
La Morisqueta le decamos pues era un mar de muecas de desprecio cuando
la silbbamos.

La Morisqueta era la que le meta a Miguelito que haba que salir huyendo
de nuestro ambiente. Que soara con ser importante para tener dinero y no
quedarse de mediocre. De mediocre calificaba a los del barrio, sin temor a
ofender tambin a sus padres. Y Miguelito se rea de las ocurrencias de su
hermana, hasta que comenz a crecer y a expresar otras ideas.

Tenemos que hacer algo por nuestra gente, campen me dijo un da cual si
contemplara a un ngel. Tenemos que ver cmo le solucionamos el problema a
muchos despojados.

Qu grande lo vi y qu orgulloso me sent por su modo de medir nuestras
necesidades. Despus, Miguelito se convirti en un lder comunal. En un
dirigente que con facilidad nos reuna y se tiraba unos discursos de
cambio, de perspectivas y de un montn de cosas sobre el futuro que l slo
entenda. Si era claro o no, era algo secundario pues sin gran esfuerzo
consegua admiracin y aplausos.

Un da me sorprendi cuando me dijo: Me tienes que ayudar, campen. Me
tienes que apoyar porque t conoces a mucha gente. Me voy a meter a la
poltica y doy por seguro que si me lanzo a diputado, salgo elegido.

De esa manera, de la noche a la maana, qued reclutando gente, pegando
papeletas y asistiendo a reuniones, para animar a que eligieran a Miguelito
como diputado.

Y de que el muchacho gan, gan. Esa celebracin fue en grande y con la
cooperacin de casi todos los del barrio. Era la primera vez que la
desarrapada comunidad en la cual vivamos lograba tan importante gloria.

Miguelito se emborrach y caminaba aqu y all, abrazando y dejndose
abrazar por todo el mundo. A todos les deca gracias, muchas gracias. Mi
triunfo es de ustedes. A m, que casi me vomita de lo bebido que estaba, me
repeta al cansancio: Eres lo mximo, campen.

Despus de eso la gente se ha puesto a hablar de Miguelito. Que si se le
subi el zumo a la cabeza, que si est mareado con el cargo. Que si ya no
voltea a mirar a los amigos, que si ya no baja al barrio...

Nadie quiere comprender que al muchacho le han cado muchas
responsabilidades. Eso de tratar de ayudar a los pobres no es cosa fcil.
Por aos los diputados lo han intentado y al final, no pueden cumplir.

Conociendo a Miguelito, s que hay que tenerle paciencia. Yo no me quejo
pues imagino que est sper ocupado y hasta distrado. Figrense que la
primera vez que lo fui a buscar para ver si me consegua un empleo, no se
percat de que era yo. Para acabar de fregarla el montn de elegantes
personas que lo rodeaban no me dio chance ni para tocarle el hombro.

l es mi amigo. Con propiedad se lo puedo gritar a los que tratan de
desconocer sus mritos. Es ms, tengo que razonar que su trabajo es algo
muy serio. Que a veces, aunque quiera hablarnos, no puede evitar que se le
dificulte atendernos y que no hay que impacientarse.

Hace algunos das, claro, el incorrecto fui yo que para llamar su atencin
en medio de una reunin de polticos le grit: Hey, campen. Hey,
Miguelitn, y all me qued hacindole seas. Al rato y cuando crea que
no me iba a escuchar me llam Rafa, Rafa. Rafa y era la primera vez en
mucho tiempo que me llamaba por mi nombre. Grande me sent, ya que con eso
le demostraba a los que buscaban su inters, que me conoca y era mi amigo.

Rafa me volvi a decir en bajo tono cuando me le acerqu, ya no debes
gritarme en pblico y menos con apodos que son solamente entre nosotros. T
sabes cmo es esta gente. Tienes que comprender que eres mi amigo y no
quiero que vayan a pensar mal de ti. T entiendes, aqu se manejan con eso
de la etiqueta, del estilo, de la regla... t sabes.

Okay, campen le dije contento de estar frente a l como en los viejos
tiempos. Es que necesito saber cundo puedo conversar contigo.

A propsito me dijo. Cmo andan las cosas por tu casa?

Le iba a contestar para volver a insistir sobre mi cita, cuando lleg un
baboso baado en perfume, diciendo que necesitaba que le resolviera un
problema. Y me corri a Miguelito. Sostengo que me lo corri, porque de
inmediato nos dijo Me dan un permiso y se fue a departir con otros
diputados. Esa escapada fue culpa del importuno por no medir que mi amigo
hablaba conmigo. Me imagino que a tal punto lo abrum que por escaprsele,
me dej con la palabra en la boca.

Hace poco, me dijeron que Miguelito acostumbraba comer en un restaurante de
lujo. Como supuse que con tanto trabajo y gente que lo asedia, ya no llega
al barrio ni para ver a sus viejos, all me fui. All a cierta distancia me
instal para esperarlo y hablarle de mi cita. Tanta fue mi mala suerte que
lleg con La Morisqueta y con unos individuos que parecan adinerados.
Agit la mano para que me viera y l apenas si levant la suya, haciendo
suponer que le contestaba a un desconocido. Entr al local con tal apuro
que no tuvo tiempo ni para volver la cara.

Creo que estaba oscureciendo y que no distingui que era yo, tal vez por
llevar lentes oscuros, o porque la altanera de su hermana lo empuj para
que no me saludara. Otro en mi lugar se pondra a comentar que a Miguelito
se le olvidaron sus promesas. Que se le subi el zumo a la cabeza, que est
mareado con el cargo. Que ya no voltea a mirar a los amigos o que ahora es
un engredo. Yo no. Me atrevo a comprometerme con el Diablo para seguir
creyendo que hay que tenerle paciencia. Que es y ser mi amigo y que tarde
o temprano me conseguir un trabajo como aseador. No por gusto y por mucho
tiempo he sido su dolo. S seor...

** Marcos Wever
   mawaperiodista@yahoo.com
   Periodista, pintor, poeta y escritor panameo (Ciudad de Panam, 1946).
   Ha ganado ms de treinticinco premios nacionales en cuento, poesa y
   pintura. Tiene una mencin en poesa infantil en Uruguay y un segundo
   premio en cuento en Argentina. Es egresado de la Escuela de Periodismo
   de la Facultad de Comunicacin Social de la Universidad de Panam, de la
   University of Lousville de Kentucky (EUA) como magster en educacin y
   de la Galera Vivaldi bajo la direccin de los plsticos Amalia de
   Jeaninne y Desiderio Snchez. Ha publicado los poemarios Paraso de
   madera y Cara a Cara, y sus obras aparecen en diversas publicaciones y
   trabajos de grado. Actualmente es catedrtico de periodismo en la
   Universidad de la Paz de la Repblica de Panam. Ha dedicado gran parte
   de su vida al ejercicio de las relaciones pblicas.



=== Tres poemas      Liliana Carmen Vinelli ===============================

*** Ciudad-mendigo

Esta noche me descubr
durmiendo con gorriones en la frente
y carteles luminosos en el cielo.
Acomod el brazo debajo del pecho de adoquines,
y sent los subtes corriendo por mis venas.
Con la mano izquierda sacud las moscas del espanto,
mientras los ojos circularon en sus rbitas nocturnas.
Mastiqu la bronca cotidiana y tragu saliva,
y ojos de nios mendigando sin mirada.
Por un momento, en mi sueo reducido,
subieron ngeles para ver la madrugada.
Y otra vez la gente con sus rostros,
con sus gestos desgastados,
espiando desde el fondo de la nada.
No te quiebres me dijo la conciencia,
no te quiebres aunque te cueste el alba.
Acomod una vez ms la nuca en el misterio
de plazas amanecidas,
y sent rodar por las mejillas los sueos de mi gente,
cayendo como lgrimas.



*** Jeroglfico

Escribo.
Escribes.
De la primera inspiracin
a la ltima expiracin.
En hojas de rutina;
con lpiz de placer,
de dolor.
Un dibujo,
tal vez un jeroglfico indescifrable.
Por momentos,
presumes la luz en la sombra.
Inventas colores.
Sin embargo tu trazo se pierde
en infinitos trazos
de otros enigmas:
parecidos, diferentes.
Acaso faltos de sentido
desde la punta de nuestras narices.



*** El monociclo

Con su monociclo a cuestas,
subi la cuesta.
Pesc estrellas. Dej huellas.
Pulveriz verdades.
Guard pelusas.
Sonroj piedras con sus obscenidades
inconclusas.
Monotesta por naturaleza.
Por no ser malabarista,
perdi su vista en la maleza.
Oh, sorpresa!:
Cay de bruces por la cuesta.
Con su monociclo averiado,
sigui su viaje, ahora infortunado.
Tom coraje, una taza de caf.
Y se fue.

** Liliana Carmen Vinelli
   lilianavinelli@yahoo.com.ar
   Pianista y poeta argentina (Buenos Aires, 1958). Egresada del
   Conservatorio Nacional de Msica Carlos Lpez Buchardo
   (http://webs.enterate.com.ar/Web/Arte/consnac). Dirigi coros de
   escuelas secundarias y otros pertenecientes a la Universidad de Buenos
   Aires (UBA, http://www.uba.ar). Desde 1987 es socia activa de la
   Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Msica (Sadaic,
   http://www.sadaic.org.ar) como autora y compositora. En la actualidad
   prepara la edicin de un CD de tango, conjuntamente con la poeta Nlida
   Puig, que preside la Asociacin de Letristas de Tango (Letrango).



=== Domingo en las rocas      Alejandro Badillo ===========================

                                                               Para Abigail

               Tantas cosas que empiezan y acaso acaban como un juego....
                                                  Julio Cortzar, Graffiti.

Lpez alz la vista para evaluar a travs de las ventanas la decoracin del
bar, los asientos pequeos, de colores tristes, abandonados a la promesa de
algn cliente. Una cerveza en la barra acompaaba la soledad de un cenicero
libre de colillas. Comprob una vez ms el ligero temblor de la puerta, el
letrero rojo de Open que se mova como pndulo, indicando la reciente
salida de una persona. Haciendo sombra con la mano, aguz la vista para
tratar de distinguir a alguien y, al encontrar asientos vacos, penumbras
al fondo, removidas apenas por la silueta del barman, sinti malestar, como
si el bar hubiera estado abarrotado minutos antes y los clientes,
prevenidos de su llegada, acabaran tragos con rapidez, pagaran cuentas
entre manoteos para salir al medioda y evaporarse con displicencia en las
calles. Pens en las formas vagas de ese domingo, en la noche que le haba
regalado un insomnio presentido en los destellos del televisor sobre su
rostro, justo al final de la pelcula para desvelados. Asomado en la
ventana, haba acompaado en silencio los ltimos restos de la noche como
fantasma, testigo de la claridad que avanzaba sobre el horizonte de techos
y antenas, que luego iba a fundirse en la humedad de la madrugada.
Resignado, se meti en la regadera con la cabeza pesada y los ojos vueltos
rendijas. Se visti, prepar un caf mientras a su alrededor los ruidos
provenientes de los otros departamentos echaban a andar el sutil mecanismo
de los domingos. Baj las escaleras. En la esquina compr el peridico.
Leyendo el pie de foto de un edificio coronado en llamas, record que ese
da el Caf Bagdad cerraba sus puertas. Se haba enterado el viernes por la
tarde, cuando en una visita a la farmacia de al lado, vio un cartel en la
puerta: Cerramos el domingo por remodelacin. Las palabras en el
peridico perdieron sentido. Inmvil, en medio de la banqueta, enfrent la
tarea de decidir el rumbo de la maana. Le pareci absurdo regresar al
departamento, no poda hacerlo porque volver ah significara ir a la cama
en busca del sueo perdido y, al no encontrarlo, completara sin querer el
crculo de la derrota. Compr un sndwich para burlar el hambre y vag por
el centro de la ciudad. Rodeado de edificios antiguos, abandon la idea de
una ruta precisa y camin confiado a la sorpresa de una esquina inesperada,
echar la suerte a callejones deshabitados, jugar a seguir los pasos de
alguna persona. As, encontr varias tortugas amontonadas en una tienda de
mascotas, dej que un ave amaestrada le revelara el futuro y finalmente
ms por inercia del recorrido que por un inters genuino fue a unirse al
escaso pblico de un mago ambulante. Ms tarde, sentado en el parque a
donde su madre lo llevaba cuando era nio, se sinti extrao ante la gente
que lo vea columpiar los pies, como si de esa forma buscara una
alternativa a su vida en el departamento. Observ las puntas polvosas de
sus zapatos: haba agotado las sorpresas del da y era hora de regresar al
departamento. Fue en el camino de vuelta, cuando esperaba junto a una lnea
de gente el rojo del semforo, que repar en ese bar pequeo, con
apariencia de haber sido metido a fuerza entre la enorme zapatera y la
tienda de electrodomsticos. Pasaba por esa calle todos los das y le
sorprendi darse cuenta de que el bar haba estado siempre ah, de que
vctima de su propia cotidianeidad se haba estado disolviendo en su mirada
hasta volverse invisible. Estuvo indeciso frente al Bar 10. El letrero de
open ya inmvil esperaba cualquier empujn para volver a su vaivn.

Vas a entrar?

Resping al sentirse descubierto. Mir a la mujer de ojos oscuros que lo
observaba con atencin. Deba tener unos treinta aos; le pareci linda con
su vestido de flores, las pecas desperdigadas en los hombros y una
expresin que mezclaba arrepentimiento y orgullo por abordarlo de esa
forma.

Claro.

La mujer lo invit a entrar con una sea y Lpez se pregunt de dnde haba
salido. Algunos adornos navideos se balanceaban en el techo. La sombra
uniforme de varias botellas se precipitaba en el declive del medioda. Con
un principio de vrtigo contempl la escenografa de una navidad adelantada
y se sent en la barra. Un dije en forma de luna brillaba en el cuello de
la mujer. Le pareci que haba estado antes en ese bar y trat en vano de
encontrar objetos reconocibles. Ella, despus de saludar al barman, le
dijo:

Es negocio de mi cuado. Por la temporada vengo a ayudarlo se puso un
mandil y fue tras la barra. Las persianas creaban un leve crepsculo que
haca destacar sus ojos, la lnea larga, sinuosa de los labios. Lpez se
sent frente a ella; a su lado, una rosa aejaba sus colores en un vaso con
agua. Imagin el lugar atestado unas horas ms tarde, a la mujer movindose
con agilidad entre el humo y las risas: una cancin de amor flotando en las
mesas.

Es la primera vez que vengo... dijo quedndose con el resto de la frase
en la boca. Ella dej un trapo hmedo y sac del mandil una cajetilla azul
de Marlboro. Prendi uno. El humo se enrosc y ascendi por la nariz hasta
dispersarse en las inmediaciones de la frente. Lpez sinti la obligacin
de seguir hablando.

Me parece que haba estado antes aqu, pero no se cundo.

El humo de la boca se concentr en dos pequeas nubes que buscaban con afn
el techo. La mujer las mir con intensidad, como si el disolverlas fuera
producto de un deseo. Ignorando la frase, le pregunt:

A qu te dedicas?

Lpez, inquieto, movi los pies. Las alas de una mosca se desdibujaron en
la superficie de un vaso.

Nada interesante, vendo autos record que slo haba vendido dos en el
mes, en poco tiempo tendra que pagar la renta. Prefiri olvidar el trabajo
y concentrar la atencin en ella, en los jirones de humo en su boca.

Tenemos que aprovechar la temporada. Con las reuniones navideas esperamos
pagar deudas pendientes.

Sigui con inters el sonido de su voz y sin querer pens en muecos de
nieve, luces navideas en balcones, en los postes de una ciudad
desconocida. El barman, flacucho y entrecano, ordenaba unas cajas con
cervezas. La mujer fue a una pequea bodega. Lpez regres al punto de
inicio, el punto en que volva a sentirse solo, vctima, una vez ms, de
los domingos inmviles, calurosos, que ganaban peso para moverse muy
lentamente por el cielo. Enterr la mirada en la carta porque el leve
balanceo de las persianas lo pona nervioso. Dese que volviera cuanto
antes y la mujer regres lenta, al mismo tiempo que un vago sabor se
esparca en su lengua.

Qu vas a tomar?

Lpez revis la carta. No acostumbraba beber a esa hora, pero decidi hacer
una excepcin.

Un whisky en las rocas.

El barman arque las cejas, indicndole en silencio que eligiera la marca.
Lpez carraspe. El cigarro, encorvado en un cenicero, desmoronaba su punta
en suaves hilos de humo.

Etiqueta roja.

Busc los ojos de ella mientras el barman depositaba tres hielos en un
vaso, y con el sonido de los cubos en el fondo ocurrieron eventos
simultneos: el lquido mbar en el vaso deline un movimiento que utiliz
para llenar la boca de la mujer con flores y peces rojos; el agitador en el
viaje circular de los hielos acompa un largo pestaeo, suficiente para
sentir el pulsar de los labios en el alcohol. Y mientras alzaba el vaso y
la boca se inundaba de mbar, los labios de ella se movan: Whisky en las
rocas, oy con la lentitud de un conjuro, la frmula dicha con una sonrisa
que podra ser una antigua nostalgia, la invitacin a contemplar la luna en
un parque.

Lpez deposit el vaso en la barra y pens en la frase: whisky en las
rocas, muy de novela de detectives, aunque haciendo memoria record que
nunca haba ledo en las rocas sino con soda. Cosas de la traduccin,
pens mientras la espiral del whisky bajaba por su garganta adormecindola
unos instantes. La mujer ocup el silencio tatareando una meloda. En los
cables de luz dos pjaros espulgaban sus alas. El estacionamiento del
centro comercial estaba repleto. La mujer le extendi un pequeo
calendario.

Cortesa de la casa dijo divertida y solemne.

Se sorprendi cmo en los momentos en que perda contacto con sus ojos,
ocurra la revelacin de vivir lentamente: una larga cadena de tardes que
l acompaaba tumbado en el silln, concentrado en la intermitencia de un
colibr en la ventana, en el persistente llamado del telfono en algn
departamento que era una forma nueva de lentitud, algo que impidiera
descubrir el tamao de la soledad y del hasto. Volvi a los ojos de la
mujer para percibir la reminiscencia de una flor dejada hace mucho tiempo.
El whisky en la copa le record un sueo donde bajaba a las vas del metro
y caminaba despreocupado hasta el fondo del tnel. Por un momento pens que
ella haba estado ah, que fue su rostro entre la gente animndolo a
abandonar la va y subir al andn el que lo despert aquella maana.

Te ves triste dijo fijando la mirada en un punto arbitrario, ubicado
entre sus ojos. Ella se sirvi un whisky, sac un nuevo cigarro, volvi a
fumar en silencio como si de esa manera pudiera prolongar, dar vida
artificial a un pensamiento. El humo enturbi la visin, hizo de sus
rostros fantasmas.

Hay das que no son fciles dijo. El jirn de voz qued flotando en el
aire, perdur unos instantes como el estertor de un sueo, la fotografa
vuelta a encontrar en las pginas de un libro. La tristeza fue una imagen
borrosa y Lpez la alej con un breve manoteo, como si se tratara de una
mosca imaginaria y obsesiva. La luz en la barra reflejaba con cautela los
ceniceros, detena el cuerpo del humo sobre la rosa, volva inevitable
rechazar los lmites que se imponen los desconocidos. Lpez vio en los
dedos de la mujer un anillo, quiso tocar sus manos, pero se contuvo.

Doy clases de ballet. Nunca pude ser bailarina profesional. Mis rodillas y
mi espalda me lo impidieron.

El tiempo en el bar se estanc, al otro lado de las ventanas rectangulares
ya no estaba el estacionamiento sino las calles de una ciudad extranjera.
El cielo era un campo de nieve apagndose lentamente. La voz de ella fue
familiar, como el mechn sobre las cejas, el lunar apenas visible, perdido
en la mejilla izquierda.

Yo nunca pude ser pintor dijo Lpez, recordando los cuadros de su
infancia; austeros bodegones que su madre vigilaba en la soledad de sus
tardes, cuando la vejez la obligaba a buscar la felicidad de la monotona,
el sutil acto de regar unas violetas.

Por qu? dijo ella adelantando el rostro a una franja de luz invadida por
el polvo, vuelta sin querer un bosquejo de niebla.

No tengo talento.

Ella le dedic una expresin de incredulidad. El cigarro se consuma en el
tiempo y el humo era un momento indeciso en su boca, la paciente
elaboracin de una nueva confidencia. La familiaridad de quien extiende una
mano en busca de otra se renov y los acerc un poco ms, hizo que la
superficie del whisky fuera un espejo. Pens en desandar los pasos del
sueo, en la gente amontonada en el andn, personas cuya nica finalidad
era servir de escenografa, dar peso a la mujer que aprovechaba los
intervalos de silencio para apuntalar la lengua entre los labios.

A veces bailo sola frente al espejo. Imagino que soy la ltima mujer del
mundo.

Pero t y yo estamos aqu... no? Bebiendo.

Por supuesto dijo ella.

Chocaron los vasos en medio de la luz: un brindis solitario, en ese bar que
por momentos se converta en el lugar ms alejado en el mundo. Mientras
beban pensaron en el olor de la lluvia; alguien viendo llover tras la
ventana, pensando a su vez en ellos, en chocolates cautivos en papel
dorado. Dejaron de beber al mismo tiempo. El ltimo asomo de casualidad
desapareci en la tarde y en la calle un hombre arroj un cerillo al
corazn de un charco. El alcohol haba soltado amarras en el cuerpo y Lpez
senta cmo la timidez se desvaneca, cmo buscaba que coincidieran las
miradas. Ella sac un nuevo cigarro, lo balance entre los dedos, como si
el prenderlo fuera un juego demasiado previsible y slo el demorar el
contacto con la llama le diera al acto la improvisacin, el azar que ya no
encontraba placentero porque esbozaba un gesto de fastidio y devolva el
cigarro a la cajetilla. Alz los ojos de la mesa, le cont de la dificultad
de encontrar pblico para el ballet, de la tetraloga de Wagner, de las
variaciones de Bach que haba bajado de internet. l segua las palabras
aunque por momentos perda el sentido de las frases porque prefera
concentrarse en el movimiento de la boca, en los ojos oscuros y grandes. No
supo si fue el whisky, si la idea haba incubado desde haca mucho tiempo,
pero se le ocurri una frase que le pareci luminosa: Domingo en las
rocas. Mientras ella segua hablando de Wagner, de las alumnas de la clase
del jueves, l relacionaba cada frase, cada palabra, con una playa, con
rocas planas y brillantes, encimadas como reptiles tomando el sol. El calor
del whisky haba llegado a su estmago y un leve entumecimiento se desplaz
entre los dedos. Antes de llegar a las puntas un oleaje iba y venia; el
ronroneo de una boca marina llen su cabeza. Sinti que el domingo abarcaba
el bar, que la playa era el largo movimiento de ballet que ella formaba con
los brazos, porque en ese momento le haca una demostracin y los brazos
extendidos hacia un objeto invisible y bajando con rapidez con un poco de
vergenza, porque Lpez slo poda imaginarlos como dos franjas de arena
internndose en el mar.

Lpez sinti las manos ligeras, contempl las uas de sus dedos y, al alzar
la vista, pudo ver la tarde condensada en una hilera de vasos vacos. Desde
el principio de la conversacin la mujer haba inclinado gradualmente el
cuerpo, ofreciendo la parte descubierta de la espalda al sol, a las anchas
zonas de luz que volvan el cuello incandescente. Las flores del vestido
brillaban y cuando Lpez las crey moverse, supo que estaba enamorado. Una
mezcla de vergenza y alegra lleg: la playa se volvi ms ntida y ella
call de pronto, porque las palabras la haban hecho pasar de un mundo a
otro y ahora se daba cuenta de la pausa en proceso, del amor imprevisto que
haban provocado y que volva a la playa ms real. Lpez, por hacer algo,
le dio un trago largo al whisky que baj de nuevo con su espiral
adormecedora. La mujer antes de hablar elabor una respiracin anhelosa,
que haca temblar el lunar en la mejilla:

Domingo en las rosas dijo en un ejercicio de adivinacin que termin con
una risa que le pareci el aleteo natural de un deseo, tan natural como si
el domingo recuperara su sentido original y volviera a ser risa y labios
hmedos y el polvo que morda la luz de las ventanas y por qu no decirle
que le gustaba su forma de rer y acercar las manos poco a poco, porque un
movimiento brusco la alejara y saldra por la puerta, el vaivn de close
cerrando el ciclo y cuando volvieran a encontrarse en esas sillas seran
viejos y quiz ms tmidos, incapaces de reconocerse por segunda vez.

La oscilacin de las persianas hizo parpadear la luz en las sillas. La
mujer, antes de hablar, estir el cuello:

Voy al bao.

Lpez alcanz a ver la espalda pecosa en la penumbra, oculta en el taconeo
cada vez ms lejano; el barman, a su lado, lo miraba como quien contempla a
un compaero de naufragio, se morda los labios como si retuviera un
secreto y atrs las siluetas de los dos, unidas en la sombra, indecisas en
el horizonte de botellas y vasos.

Mientras esperaba su regreso se recrimin abandonarse entero a la
imaginacin, pero justo acababa un pensamiento, la mente perda
verticalidad, los ojos buceaban en el whisky y la playa volva y hubo cosas
como una toalla abandonada en la arena, la cristalina noche invernal,
suspendida en el caminar de un cangrejo obstinado. La mujer regres con el
mechn desordenado en la frente, mir la cajetilla como a una promesa
abandonada y se sent frente a l.

Lpez intent hablarle pero las palabras salan sin control de la boca,
como si se desdoblaran a propsito para acumular sonidos que eran manchas
de color. La voz quedaba flotando a escasos centmetros de su boca y Lpez
crea percibir la silueta de un pjaro suspendido en el vuelo. La ciudad
tras las persianas se condens lenta. Lpez tuvo la certeza de otro mundo,
uno donde el amor no era un evento extraordinario y se pudiera topar con l
todos los das: en la plaza alfombrada de hojas, en la mirada annima en un
autobs. La mir paciente y en silencio, se pregunt si podra quererla
siempre de la misma forma, si el instante fuera la luz que en ese momento
recorra su espalda volvindola un secreto. Las palabras seguan ah,
alrededor de su cabeza, como un globo atrapado, y ella pareca no darse
cuenta, o tal vez s, y por eso volva al ballet y a Wagner, como si de esa
forma pudiera disuadirlo de amarla aunque su mirada dijera otra cosa. La
respiracin gan peso al mismo tiempo igual que en sus cuerpos. Cerr los
ojos al calor en su cuerpo, a la humedad de los labios, a las manos
buscando a ciegas, como atrapadas en una trampa de arena.

En medio de la desazn dej salir un nuevo torrente de palabras, que ella
se apresur a responder con un malabar incomprensible, algo como un da
soleado o el viento en el temblor de un rbol. Lpez crey ver en la
rplica el recuerdo de un beso perdido y acercaron las caras en un intento
por recuperarlo. Los ojos se inmovilizaron como dos nubes bajas; el barman
no pudo resistir ms, dej caer un vaso, sac una tarjeta en blanco y se la
extendi: Vyanse ahora... tal vez haya tiempo. Y no tuvo que preguntarle
porque ella ya se haba levantado y lo esperaba impaciente junto a la
puerta. El cielo alarg la sombra de una nube y al otro lado de la calle
una anciana se intern en una sucesin de viejas fotografas. Salieron del
bar sin saber a dnde dirigirse o de qu huan. Caminaron entre los autos
que hacan fila para entrar al estacionamiento, entre gente que dejaba
entrever en la mirada rastros de asombro ante su fuga. Antes de cruzar la
calle ella se detuvo, de puntas murmur en su odo una vocal demasiado
larga, que era el inicio de su nombre, un nombre suspendido en un color
blanco, que hablaba del deseo acumulado en la cresta de una ola, al que
Lpez correspondi con un aleteo marino que en un instante se converta en
un fragmento de espuma envolviendo una roca afilada. La playa y la arena en
un momento estancado; Lpez y la mujer entreabriendo los labios al mismo
tiempo, con la mirada puesta en una direccin desconocida. No pudieron
hablar ms y los edificios fueron bosquejos gigantes de palmeras. Sinti
calor en los pies y el impulso de una ola que fue el nombre de ella y que
se perda cuando la marea regresaba a su origen. La descripcin minuciosa
de sus ojos se hizo vaga, el mechn en la frente borroso; la frgil lnea
de la espalda, ambigua. La plenitud del oleaje se volvi ms plena y por
fin la pudo tomar de la mano, al principio ella mantuvo los dedos tiesos,
pero se ablandaron cuando la marea creci y la fuerza de la espuma comenz
a borrar el eplogo del primer recuerdo, las astillas del vaso goteando en
la barra. El oleaje entre sus pies y los ojos que buscaban el cielo para
verlo rayado por una gaviota. Siguieron tomados de la mano, el camino
pareca alargarse al igual que la costa, y al fondo tal vez una isla que
era como un cofre para guardar los ltimos recuerdos. La marea regresaba el
mecanismo del mundo, a Lpez en la ventana del departamento, insomne para
variar, los destellos del televisor al terminar la pelcula para
desvelados. La haba visto antes? Por qu senta que el mundo era un
reloj de arena que alguien, en cualquier momento, estaba a punto de
voltear? Tuvo la esperanza de encontrarla otro da, decirle que se haban
enamorado en un bar, y as reconocerse y quebrar las reglas del sueo. Pero
el amor los sobrepasaba, hizo que los pasos fueran sin ruido. Llegaron a
una esquina y ya la playa le llenaba la mente, el domingo erosionaba los
dedos que se separaron un instante, quisieron volver a enlazarse pero era
demasiado tarde y se separaron. Lpez tuvo tiempo de dedicarle un ltimo
pensamiento. Ante la imposibilidad de prolongar el momento, le dio las
gracias por los besos no dados, por la sucesin interminable de domingos.
Una mirada final, el reconocimiento que dur poco, el suficiente para que
los ojos perdieran color y ella sintiera la extraeza de andar tomada de la
mano con un desconocido. El centro comercial apareca de nuevo mientras la
mujer ya caminaba frente a l. Qu le haba dicho? Por qu el malestar de
ver a esa mujer alejndose? por qu no ir a buscarla, decirle que en
alguna parte se haban conocido? El sol se asomaba encima de los edificios
mientras las manos desprendidas an tenan los dedos tiesos. La sinti
vagamente conocida, como una compaera de escuela vuelta a encontrar. Se
perdonaron por olvidarse una vez ms, por repetir las mismas palabras
domingo a domingo. Ella se alejaba tmida y extraa, consciente del
naufragio, del da estancado en una playa infinita, de arenas muy blancas.
Aunque pensndolo bien, ahora que caminaba delante de l, girando el cuello
en bsqueda de un ltimo contacto, tuvo la certeza de que nunca la haba
conocido.

La mujer entr en el centro comercial y sinti alivio de no verla ms. Las
preguntas desaparecieron frente al anuncio nen de Caf Bagdad, el
letrero de Close inmvil en la puerta y la cartulina con el aviso. Cmo
haba llegado a ese lugar sabiendo que ese da cerraban? Pens en los
efectos del insomnio, en la rutina del domingo que le jugaba una broma.
Incapaz de recordar nada contempl con tristeza los autos, pero lo absoluto
del sentimiento dur poco porque enseguida vino una agradable somnolencia,
como el eplogo de un buen sueo. Al dar media vuelta tuvo en la boca la
vspera de un beso; en la mente, un abrazo interminable, convertido en una
gaviota que se perda entre los edificios.

** Alejandro Badillo
   jalejandro_badillo@yahoo.com.mx
   Escritor mexicano (Ciudad de Mxico, 1977). Reside en Puebla desde 1986.
   Participante desde 1999 de diversos talleres de narrativa en la Sociedad
   General de Escritores de Mxico. Ha publicado cuento en antologas, en
   los diarios Sntesis, Cambio e Intolerancia, y en la revista Crtica, de
   Puebla.



=== Tres poemas de La palabra liberada      Gonzalo Mrquez Cristo ========

      (Nota del editor: el ao pasado apareci la segunda edicin de La
      palabra liberada, el poemario del colombiano Gonzalo Mrquez Cristo
      que ya en 2001 haba visto la luz por vez primera como parte de la
      coleccin Los Conjurados. En el prlogo, el poeta venezolano Eugenio
      Montejo ha dicho: Mediante un versculo abierto, desceido, que
      confiesa despreciar el cuerpo vertical de los poemas, su voz se abona
      al combate de la sombra, desde un tono recorrido por cierto rasgo
      crptico. Tal vez ms que la belleza lrica como principal desvelo,
      la escritura de estos textos se propone algo mucho ms urgente, algo
      que por instantes se encarna en esta invocacin: Que el lenguaje
      alcance para no morir! ).

*** Las palabras perdidas

Alguien descifra la escritura de la lluvia y sin embargo no puede escapar.
Un alud de imgenes nos extrava la palabra; acudimos al grito y al llanto,
      [a veces a la indiferencia, pero sabemos que necesitamos de la guerra
      [para ser inocentes.
Todo lo ha ofrendado la ceniza.
Desde que desterramos a la noche desaparecieron las ms profundas alianzas
      [y nuestros perseguidores pueden encontrarnos.
Una herida siempre recuerda la vida, todo nacimiento procede de su tnel.
      [Un rbol arde en nuestros ojos de agua.
La verdad es decir lo prohibido, impone su reino de terror... y hemos
      [decidido habitarlo con las manos entrelazadas.
Cremos que la poesa nos enseara a morir...
Persistimos... Con frecuencia hacemos la extraa sonrisa del miedo. Si
      [huimos, la soledad convertir a alguien en vctima. Por eso la
      [palabra se pasa de mano en mano para construir una morada invisible.
A veces para sobrevivir renunciamos al conocimiento.
Y cuando todos duermen escribimos... Pero un poema es el fsil de un sueo,
      [el cadver de un dios...
An podremos salvarnos?



*** En nombre del grito

Crees tanto en la sed: en la vida... En lo invisible. Duermes de cara al
      [oriente. Te purificas en el peligro. En los libros delatas al tiempo
      [como a un pjaro disecado.
En el bosque una encina te sigue. La luz te nombra. Cuando eliges el rumbo
      [del dolor alguien te da un sorbo de agua.
Deseas: esperas siempre equivocarte. Asumes la tirana del ojo llamada
      [viaje y a veces con un rostro logras curar tu fro.
Sabes de un paraso que nunca ser memoria.
Asistes a la mascarada de la sobrevivencia aunque un ecuador lejano y voraz
      [atraiga tu vuelo. As logras persistir.
Tus palabras caen como puados de tierra sobre un cuerpo desnudo.
Aqu comienza el instante. Quin clama? Quin responde entre la sangre?
      [Quin descubre su sombra incandescente?
Que el grito siempre pueda detener la herida..!
Que el lenguaje alcance para no morir!



*** Oficio de olvido

Una mujer se besa en el espejo, se oculta con su alma, el agua es su
      [soledad.
Un nio escondido en un armario intenta morir.
Las lgrimas de un hombre caen en su taza de caf.
Una adolescente con el ndice detiene la manecilla del reloj y se
      [estremece.
En el viento hay un mensaje que no comprenderemos.
Tu sombra se rebela.
Nos preparamos para huir de todo lo que amamos.
Quien no parta ser olvidado.
El viento dialoga con el fuego.
Espero mi voz.
Viajar tambin es lo contrario a la muerte.
Mientras la semilla engae al pjaro no estaremos perdidos.
Nos amaremos en otros rostros.
Nadie se oculta en la memoria.
Vendr alguien a enterrar nuestros nombres?

** Gonzalo Mrquez Cristo
   comunpresencia@yahoo.com
   Escritor colombiano (Bogot, 1963). Ha publicado el poemario Apocalipsis
   de la rosa (Quimera del Oro, 1988; Hojas Sueltas, 1990), la novela
   Ritual de tteres (ganadora de Beca Colcultura en 1990; Tiempos Modernos
   Editores, 1992), El tempestario y otros relatos (Comn Presencia
   Editores, 1998), La palabra liberada (primera edicin Coleccin Los
   Conjurados, 2001; segunda edicin, 2005), la antologa Liberacin del
   origen (Universidad Nacional de Colombia, http://www.unal.edu.co, 2003)
   y Oscuro nacimiento (Primera Mencin en el Concurso Nacional Jos Manuel
   Arango; Coleccin Los Conjurados, Bogot, 2005; segunda edicin, 2006).
   En 1989 particip en la fundacin de la revista cultural Comn Presencia
   (reconocida con Beca Colcultura a mejor publicacin cultural del pas,
   1992), de la cual es director. Es creador y coordinador de la coleccin
   internacional de literatura Los Conjurados, actualmente distribuida en
   cinco pases. Varios de sus poemas y relatos han sido traducidos al
   ingls, francs, italiano, portugus y braille. En los aos 2005 y 2006
   fue finalista en el concurso nacional de literatura Libros & Letras
   elegido por votacin de los lectores. Actualmente prepara un libro de
   reportajes a grandes escritores y artistas contemporneos. Mantiene un
   blog en http://gonzalomarquezcristo.blogspot.com.



=== Estudio sobre las margaritas      Augusto Gayubas =====================

Bien sabemos quien no lo sepa an, es tiempo de que lo haga que la
Naturaleza nos ha regalado entre tantas otras penalidades que nos
restringen a la felicidad y al infortunio durante perodos efmeros y
eternos la capacidad de conocer el estado afectivo que tienen otras
personas respecto de nosotros. As, cada uno puede saber quin lo quiere y
quin no, con el solo uso del instinto, la reflexin, el sentido comn. Los
hechos concretos y las palabras son stas tambin hechos concretos? son
un apoyo constante no siempre y til hasta necesario para el
advertimiento de afecto, odio, indiferencia. Tambin para distinguir grados
de afecto y odio (1). Pero, lejos quizs no tanto de este modelo de
comprensin, existe lo que se ha dado en llamar el arte predictivo de las
margaritas. Mediante su empleo, se puede conocer el estado o grado
afectivo que mantiene determinada persona respecto de uno, y esto sin
requerir de la presencia inmediata de la persona en cuestin en el momento
y el lugar del experimento. Cmo es esto? Antes de contestar a la pregunta
o hacindolo de un modo indirecto, referir la historia de este arte, o
cmo se descubri que las margaritas son herramientas brindadas por la
Naturaleza al hombre con una funcin explicativa o ms bien reveladora.

En alguna regin de habla hispana, a mediados del siglo XVI segn algunos
historiadores; a m no me consta, un joven caballero tmido y enamorado de
una muchacha llamada Margarita, afondado en su carcter vergonzoso, se
hall perdido ante la imposibilidad de reprimir el sentimiento y ante su
obvia incapacidad de presentarse ante la muchacha para declararle su amor.
Tena temor; temor de perder su chance, pero tambin temor de ser
rechazado. Si tan slo supiera que ella lo quera...; o que no lo quera!

Caminando por un floreado sendero, pensando, como siempre
inevitablemente, en la bella Margarita, el joven observ un grupo de
margaritas que descansaba al borde del camino. Muchas veces haba imaginado
metforas y poemas poemas con metforas que relacionaban a la dulce joven
con aquellas flores de ptalos blancos y corazn amarillo. Encontrando en
las metforas apoyo emocional, el muchacho tom una margarita como si fuera
su Margarita y le pregunt: Me quieres, o no me quieres? Dime. Si te
confieso mi amor, abrirs tus brazos y me recibirs con besos, o dars la
vuelta y me rechazars framente, con el fro de la espada que mata por
accidente y pierde su brillo con la opacidad de la sangre sin dejar de
relucir ante los ojos de los vivos que ignoran o conocen impersonalmente el
infortunio?.

Arranc un ptalo, y repiti Me quieres?. Arranc otro y pregunt No
me quieres?. Luego otro ptalo y Me quieres?; y otro y No me
quieres?. El siguiente ptalo fue acompaado de una afirmacin en vez de
una interrogacin: Me quieres. Luego No me quieres. El proceso continu
con el mismo orden reiterativo, y cuando el muchacho arranc el ltimo
ptalo que le quedaba a la margarita, diciendo No me quieres, comprendi
con amargura que Margarita no lo amaba. Su pena fue grande. Su tristeza y
consecuente sufrimiento lo llevaron al extremo de la depresin. Decidi que
ya no quera vivir y bebi la cicuta de la muerte.

La noticia de su suicidio produjo fuerte dolor entre sus familiares, y hay
quienes dicen que, particularmente, fue una muchacha la que lo sufri ms:
Margarita, la joven enamorada del fallecido caballero.

Este remate, cranme, es tan ridculo como aquel que afirma que, luego de
quedarse sin ptalos la margarita, perdi su cabellera la propia Margarita.
Estos argumentos no son ms que viles estrategias de los Ministros del Amor
Espontneo, que procuran refutar el papel revelador de las margaritas.
Estos estudiosos, que rechazan cualquier tipo de intervencin indirecta en
el desarrollo del sentimiento, instan a creer que las margaritas no inciden
ni son implicadas por la realidad afectiva entre las personas. Se atreven a
acusar de mera casualidad a la relacin existente entre las margaritas y
el sentimiento de las personas; as es que agregan a la historia del siglo
XVI la condicin falsa del resultado de la quita de ptalos a la
margarita, destacando que este resultado corresponde a un no me quiere
cuando finalmente se descubre que Margarita s amaba al muchacho. Esto
desvincula totalmente a una cosa de la otra. Pero es sabido que la historia
original concluye con la indiferencia de Margarita frente al suicidio del
joven; ella no lo amaba, como haba revelado ya la flor. Y este hecho es el
que permiti descubrir el poder de las margaritas y su funcin oracular.
Los jvenes enamorados comenzaron a recurrir a ellas, y de sus respuestas
dependan sus ulteriores acciones: sus aventuranzas, sus resignaciones.

Se tiene constancia de que los orculos nunca fallaron. Su verdad es
irrefutable, indudable, irrebatible. Los Ministros del Amor Espontneo
seguirn inventando razones para desmentir la funcin de las margaritas,
pero jams podrn contradecir la realidad.

Ya que conocemos la historia, podemos dedicarnos al anlisis de las
margaritas.

Existe un interesante ensayo sobre el tema que, dicho sea de paso, motiv
la realizacin del presente trabajo. Me refiero a Margaritas, de
Alejandro Dolina, compilado en El libro del fantasma. Si bien es una
lectura que recomiendo, considero necesario discutir algunos puntos.

Por empezar, y casi en completo acuerdo, citar las palabras con las que
Dolina describe el proceso de consulta a las margaritas:

El enamorado curioso debe apoderarse de una margarita cualquiera. Acto
seguido, pensar en aquella persona cuya disposicin deseare conocer.
Luego, arrancar los ptalos de la flor uno a uno. A cada ptalo
corresponder un dictamen recitado en voz alta.

Me quiere mucho, para el primero; poquito, para el segundo; nada en el
tercero.

All termina la exigua serie de resultados posibles, que deber
reiniciarse una y otra vez hasta llegar al ltimo ptalo: la elocucin que
a sta correspondiere, ser la respuesta oracular de la flor.

Aqu es donde entra la primera observacin. No son pocos los que, como
Dolina, atribuyen tres posibles resultados al proceso: me quiere mucho,
poquito, nada. No obstante, y de acuerdo con la historia de este arte, los
resultados posibles no son ms que dos: me quiere, no me quiere. Esto
influye y cambia notoriamente el sentido de los orculos. Segn esta
segunda concepcin que yo amparo, una flor con nmero par de ptalos
significa no me quiere; con nmero impar, me quiere. Mientras que, en la
concepcin doliniana, nada (o no me quiere) es la respuesta cuando el
nmero de ptalos es mltiplo de tres (esto puede ser par caso en el cual
coincidira con el no me quiere de la concepcin que trato de defender
(2), y puede tambin ser impar entrando en crisis con la nocin
birresultadista); asimismo, los otros dos conceptos (poquito, cuando al
nmero de ptalos le falta uno para ser mltiplo de tres (3); mucho, cuando
le sobra un ptalo) comparten la misma suerte.

As, si un joven enamorado toma una margarita cualquiera supongamos, una
que tiene veintisis ptalos, llegar a distintas conclusiones segn el
mtodo que emplee: no me quiere (birresultadista), me quiere poquito
(trirresultadista), me quiere mucho (tetrarresultadista). Sirva aclarar que
el mtodo tetrarresultadista consta de los siguientes estadios: me quiere,
mucho, poquito, nada. Esta nocin es algo confusa, y no me cabe la menor
duda de que su nico objetivo es como ya aventur Alejandro Dolina
reducir el porcentaje de probabilidad de una respuesta nada, del treinta y
tres por ciento del mtodo trirresultadista al veinticinco por ciento. Es
til recordar, pues, que el porcentaje de probabilidad en el mtodo que
amparo se divide en cincuenta y cincuenta, para el me quiere y el no me
quiere. Lo cual no influye, de todos modos, en la realidad (4). Quienes
pensaron que reduciendo el margen de probabilidad de la respuesta nada
obtendran respuestas favorables, o que, ms aun, afectaran la situacin
real en beneficio personal, se habrn visto, seguramente, decepcionados.

Primero, si acaso el mtodo tetrarresultadista fuese fiable, la respuesta
no depender del grado de probabilidad; la respuesta es una, y la margarita
cumplir siempre su funcin natural de informar fielmente lo que uno desea
saber, sin importar la respuesta que uno prefiera escuchar y recitar, por
cierto.

En segundo lugar, el mtodo tetrarresultadista no es fiable, as como
tampoco lo es el trirresultadista, por lo cual no tiene sentido seguir
hablando de ellos (5).

Hay quienes piensan, sin embargo, que cualquiera de los tres mtodos es
til; que cada uno de ellos se adecua a su manera a su funcin. Pero no
debe drsele demasiada importancia a este absurdo.

Antes de proseguir, quisiera hacer una crtica al nombre que han dado los
primeros estudiosos al proceso que estamos analizando: arte predictivo de
las margaritas. Una definicin comn de prediccin es: Accin y efecto de
predecir (predecir: Anunciar por revelacin, ciencia o conjetura algo que
ha de suceder). Podramos citar mejor: Accin y efecto de predecir lo
futuro (predecir: Anunciar lo futuro). La palabra futuro resume aquello
a lo que quiero llegar (6). Cuando hablamos del arte de las margaritas no
nos referimos a un arte predictivo las margaritas no hacen referencia al
futuro (7), sino ms bien a un arte informativo, descriptivo, revelador de
lo presente. Por eso lo llamaremos de ahora en adelante arte descriptivo de
las margaritas.

El bilogo funcionalista Carl Kmper utiliza la denominacin funcin
explicativa de las margaritas para designar a la utilidad especial de estas
flores. El trmino explicacin, no obstante (en nuestro caso), puede
remitirse solamente al qu, al cmo, incluso al cunto y, desde el
principio, al quin y al a quin, pero deja afuera el por qu, a causa de
qu, con qu consecuencias, con qu efectos. Sin estas preguntas
contestadas, la explicacin no es tal.

En cuanto al nombre de arte, lo dejaremos con la justificacin de que es un
arte de la Naturaleza, extendido a los seres humanos (8).

Ahora s, continuamos con nuestro trabajo.*

Alejandro Dolina, en su ensayo, enumera cuatro posibles explicaciones para
la naturaleza y forma del arte descriptivo de las margaritas: i) la
eleccin que hace el enamorado curioso determina el sentimiento que acoger
a la persona evocada, cumpliendo la margarita de acuerdo a su cantidad de
ptalos una accin directa o por medio de la Naturaleza sobre la persona
pensada; ii) el sentimiento ya existente de la persona evocada determina la
cantidad de ptalos de la flor; iii) el Destino es el nico protagonista y
hace que la eleccin del enamorado corresponda a una flor que cumpla con
los requisitos para que la respuesta refleje la realidad; iv) no hay
correspondencia entre las margaritas y los sentimientos, no hay conexin,
es una burda mentira.

Mi teora, como habrn presumido, se refleja en la explicacin ii, aunque
con un posible agregado: el sentimiento ya existente de la persona evocada
determina la cantidad de ptalos de la flor o bien la eleccin que hace el
enamorado. A veces suele pasar que uno recoge una margarita y, al hacerlo,
un ptalo cae accidentalmente, sin que uno haya actuado con brusquedad
aunque piense eso y no le d importancia. Eso no es, pues, un accidente,
sino un acto sabio de la Naturaleza. La Naturaleza sabe de antemano en
quin va a pensar uno a la hora de deshojar la margarita, pues de hecho uno
ya est pensando en esa persona antes de recoger la flor. Por eso acta
como acta, sabiamente, refutando una vez ms al Azar.

Es as que la flor se adecua, en el momento de ser recogida, al real
sentimiento que el enamorado desea conocer (9). Pero, como ya expuse, el
sentimiento puede directamente actuar sobre la eleccin de la margarita que
posea los atributos que la hacen fiel reflejo de la realidad. Esto no
parece muy congruente dentro de nuestra concepcin birresultadista, pues la
eleccin de una flor con nmero impar de ptalos en una situacin en que la
persona amada y evocada no nos quiere, se resuelve fcilmente con la cada
natural de un ptalo en el acto de ser recogida la flor. Resulta
necesario, acaso, recurrir a la accin directa sobre el enamorado en el
momento de la eleccin de la flor? No. De hecho, es mucho ms simple el
asunto del ptalo, suficiente como para optar solamente por la adaptacin
de la flor al sentimiento. Pero no podemos negar como tampoco afirmar que
cuando hacemos una eleccin y no cae ningn ptalo de la margarita, la
Naturaleza fue la que se encarg de motivar nuestra decisin.

Al respecto, algunos psiclogos entre ellos, el licenciado Ral Carrizo
sugieren que no es la Naturaleza quien motiva nuestra eleccin, sino
nosotros mismos; un poder subyacente, inconsciente, que nos permite intuir
lo que otros sienten hacia nosotros; y a partir de este conocimiento
seleccionamos la flor correcta, sin ser conscientes de ello.

Debo decir que es sta una teora interesante, pero confo ms en la
Naturaleza que en el inconsciente humano.

Avanzando en nuestro anlisis, quiero citar dos preceptos formulados por
los espritus leguleyos: i) las consultas pierden su validez si se agregan
o quitan ptalos intencionalmente exceptuando la pura accin de la
Naturaleza, que puede o no considerarse intencional y si se altera el
orden de las respuestas; ii) se prohbe determinantemente la consulta
sucesiva y vana de diversas margaritas en vista de una misma persona amada.

El examen de Dolina a este respecto es vago y ambiguo, por lo cual es
menester considerar los dos preceptos tal como los he presentado, sin
prestar mayor atencin al planteo del conocido escritor.

Para finalizar este ensayo, creyendo haber desarrollado con claridad el
arte descriptivo de las margaritas, compartir con Alejandro Dolina la
nocin de que este arte se halla en proceso de extincin. Pocos son los que
recurren a l, y pocos son los que saben, siquiera, de l. Se ha extendido
la voz de que el arte descriptivo de las margaritas es puro cuento, una
fantasa absurda y ridcula. Y, lo que es peor, se est haciendo costumbre
que ni siquiera se hable de l. Las generaciones que vienen nunca
aprendern sobre este arte, y pronto, un importante contacto entre la
Naturaleza y el Hombre se desvanecer.

No hay que menospreciar el enorme tesoro que significa una pista de la
Naturaleza, un guio del Cosmos. Pues nuestra imaginacin, por s sola
hablen lo que hablen los cientficos, no conducir jams al entendimiento
universal. Es claro lo que concluye Haldane: El universo no es slo ms
extrao de lo que imaginamos, sino ms extrao de lo que podemos imaginar.



Notas

1. Segn algunos sentimentlogos, la indiferencia tambin consta de
   diversos estadios (resumidos en mayor y menor indiferencia). Yo no
   comparto esta aseveracin, pero creo que, en todo caso, el problema
   surge de distinguir slo entre afecto, odio e indiferencia; alguien
   puede apenas conocer a una persona, no serle indiferente en el momento
   en que acaba de conocerla y tampoco sentir hacia ella ni odio ni
   afecto. Ac podran entrar, como sugieren los tericos de la Escuela de
   Viedma, la simpata estadio intermedio entre la indiferencia y el
   afecto y la antipata estadio ubicado entre la indiferencia y el odio.
   Claro que esta definicin recibi las duras crticas de Johann Mendel,
   quien en su Anatoma del sentimiento (1983-84) propone una larga lista
   de sentimientos entre personas argumentando que ningn anlisis
   relacionado con este tema puede prescindir de ninguno de ellos: Un
   estudio serio acerca del complejo asunto del Sentimiento entre las
   personas, debe incluir indefectiblemente todos y cada uno de los
   sentimientos y emociones que conforman la esencia del ser humano, pues
   los sentimientos no nadan aislados sino que conviven en diversas
   relaciones que, desmenuzadas como han procurado hacer los obtusos de la
   Escuela de Viedma, que suprimieron emociones fundamentales, cambian
   enormemente su sentido, su realidad. Debido al carcter del ensayo que
   nos ocupa, dejaremos de lado estas discusiones (N. del A.).

2. Ms decisin, amigo! La concepcin que defiendo (N. del otro yo del
   A.).

3. Por qu poquito y no poco, no lo s (N. del A.).

4. De hecho, comprendo hoy, es evidencia del carcter verdico del orculo,
   que no se determina por probabilidades, pues qu clase de probabilidad
   implica un cincuenta y cincuenta? (N. del A. a casi dos aos del
   manuscrito original).

5. Como destac A. Dolina en su libro, los Refutadores de Leyendas descreen
   del arte predictivo de las margaritas, argumentando que en muchos casos
   la respuesta de la flor no se corresponde con el sentimiento de la
   persona evocada hacia la persona que deshoja. En defensa, pues, de este
   arte, basta sealar como no supo Dolina que los casos en que no se
   corresponden la respuesta y la realidad, no respetan el mtodo
   birresultadista. He ah su error; he aqu la refutacin a la refutacin
   de los Refutadores de Leyendas (N. del A.).

6. Algn artista me ha preguntado: Quers llegar al futuro?. No, claro
   est; el futuro es inalcanzable. Me refiero al punto al que quiero
   llegar en este momento del anlisis (N. del A.).

7. Si tal fuera el caso, diramos: me amar, no me amar... (N. del A.).

8. En definitiva, siguiendo a A. Hitchcock, el arte nace siempre de la
   profunda emocin, y esta emocin (humana) infiere en la obra natural (N.
   del A.).

*  En el texto original: Ahor, continuamos con nuestro trabajo. El autor
   se reserva de utilizar vocabulario propio antes de publicar el
   Diccionario Podrido.

9. Hay que recordar que, en la concepcin doliniana, el asunto es algo ms
   complejo. Para cambiar su significado, una flor debe elegir entre dejar
   caer uno o dos ptalos (recordemos que es un mtodo trirresultadista). Y
   en el caso tetrarresultadista, la complicacin es aun mayor. En
   cualquiera de estos dos casos, sera ms aceptable la idea de que el
   sentimiento de la persona evocada influye sobre la eleccin que hace el
   enamorado de la margarita que recoger (N. del A.).

** Augusto Gayubas
   augustogayubas@yahoo.com.ar
   Escritor argentino (Buenos Aires, 1980). Cursa estudios en la Facultad
   de Filosofa y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde es
   investigador de un proyecto Ubacyt. Ha publicado y traducido artculos
   de carcter historiogrfico para una revista de divulgacin y para la
   Ctedra de Historia Antigua de Oriente de la Facultad de Filosofa y
   Letras. Es autor de dos radiocuentos ("Sabotaje" y "Crazy Story", ambos
   de 1997) emitidos en una de las, por entonces, ms escuchadas radios de
   Buenos Aires, hasta que uno de ellos fue censurado por las autoridades
   de la emisora tras una serie de disputas ajenas al autor.
   


=== Poenimios del descenso      Ileana Garma ==============================

*** Tiempo de lmpara y sin ti

Hemos encallado en la soledad de la palabra
Me pregunto si vers cuando la piel se desplome sobre los ojos
Siempre la misma lmpara y nunca tu luz
Mi vejez me mir a los ojos y ya no pude sonrer
qu unidas se quedaron las cejas
tienes que ver esto
tengo miedo                                   de la lejana



*** Poenimio para un hombre alado

La piel me ha quedado gris de tanto esconder tu nombre
Ya no ms ceniza                 slo terquedad
Quiero encontrar el reflejo de la lepra en tus gestos
ese romper el hueso a cada instante
Quiero encontrar el rostro
en ese aullido abierto por la noche



*** Autoesto

La tarde se ha quedado inmvil con la lluvia
A veces creo que avanzo pero no dejo de caer
solo queda el rojo           las ramas y alguna piedra
Si perd algo fue la noche
Si perd algo tuvo que ser el rostro
Cada vez que encontr alguna nia detrs del miedo
la hice ma

** Ileana Garma
   segundo_eva@yahoo.com.mx
   Escritora mexicana (Mrida, Yucatn, 1985). Colabor en la revista
   estudiantil El Callejn de La Pazcuala. Condujo el programa Umbral hacia
   la expresin en la estacin 102.3 FM Radio Ecolgica. Particip en el
   taller de creacin literaria del Instituto de la Juventud de Yucatn y
   desde 2004 asisti al taller mensual que imparta Rafael Ramrez
   Heredia. Asisti al VI Encuentro Internacional de Escritores del Caribe
   2004 y al II Encuentro de Poetas en Chiapas 2005. Asisti al Mdulo 1 y
   2 de salas de lectura dirigido por el Instituto de Cultura de Yucatn
   (http://www.culturayucatan.com). Curs el diplomado de Cultura,
   Protocolo y Periodismo, organizado por el Centro Cultural Santillana, en
   conjunto con el gobierno del Estado de Yucatn, a travs del Instituto
   de Cultura de Yucatn. Forma parte de la Catarsis Literaria El Drenaje
   S.O y del Centro Yucateco de Escritores. Ha colaborado en la revista
   Navegaciones Zur, en el suplemento Arena del diario Excelsior
   (http://www.nuevoexcelsior.com.mx) y en diversas revistas y suplementos
   de su pas. Fue becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes,
   en creacin literaria. Ganadora de la mencin de honor en el Premio
   Estatal de Poesa Jorge Lara y el Primer Lugar en el mismo premio,
   2004 y 2005, respectivamente. Ganadora del primer lugar en el Premio
   Estatal de Poesa Jos Daz Bolio. Realiz las portadillas interiores
   y portada del libro Xenanko del escritor Adn Echeverra. En enero de
   2006 se public su libro inaugural Itinerario del agonizante.
   Actualmente colabora en el Departamento de Programas Educativos en las
   Oficinas Centrales D.F. del Consejo Nacional de Fomento Educativo
   (Conafe, http://www.conafe.edu.mx) y es becaria de la Sociedad General
   de Escritores de Mxico (Sogem, http://www.sogem.org.mx) para cursar el
   Diplomado en Creacin Literaria.



=== La antigua escuela (Guerra Civil sobre fondo de familia) ==============
=== Carmen Garrido Ortiz ==================================================

1. La escuela de los hijos

                                           A mi to Cristbal. In memoriam.

Setenta aos haban pasado y, sin embargo, el lugar, misteriosamente,
permaneca sin habitar. Se construan casas blancas y cines de verano sobre
la antigua escuela, pero los muertos desencadenaban no s qu venganzas y
los hombres recogan a las mujeres y a los hijos y se marchaban de los
lugares de sangre.

No haba cruces que sealaran osamentas, pero las miradas s conocan los
lugares de reposo. Cada nieto haba aprendido los nombres de los
desaparecidos de la familia, gentes que deberan andar contando batallas y
no crisantemos. Las fotos de los asesinados rendan cuentas desde los altos
de las estanteras y las charlas de invierno recordaban lo hermosos que
fueron sus rostros.

Todos aquellos hombres haban nacido con los ojos almendrados, la mirada y
el cabello negros. Guardaban un porte de galanes antiguos. Eran elegantes,
viriles, cabales. La mayora haba amado la tierra y las mujeres honestas,
el hogar y el trabajo sin horas. Los nacidos en los aos diez tenan nadie
sabe por qu las manos suaves y la piel muy recia, asoleada, con las venas
restallando de pasin. Muchos haban sido hijos esperados tras una larga
sucesin de hermanas; otros eran los primognitos; algunos vivan ya solos.
Por eso, la ternura penda sobre sus cabezas cuando las agachaban para
masticar los garbanzos. Los padres los miraban orgullosos y las madres
cruzaban las manos sobre el regazo, satisfechas.

Haban redo mucho aquellos nios queridos antes de desparramarse en tibias
y fmures por la campia. Se llevaban bien con los animales, los gatos, los
braseros de picn y los hombres del otro partido. Desde la adolescencia ya
haban marcado, sin saberlo, los lugares donde iban a morir y los haban
santificado bebiendo fino entre compadres. Luego los casinos, las escuelas
y los cerros labrados, regaditos de amontillado, guardaron en las paredes
el silencio de las descargas primeras y los remates de odio finales. Ante
el paredn, el fusilado, quieto, calmo, miraba sin comprender las manos de
su asesino, manchadas del mismo vino y los mismos naipes de tantas
partidas. Slo que el reo se saba con las cartas marcadas.

Las madres recordaban despus la templanza de aquellos hombres que no
haban conocido ms que el ruido suave de la mies al ser movida o la
placidez de las siestas de olivos. Haban sudado juntos zagales con gaanes
y compartido lebrillo y miradas al cielo seco. Esperaban las ferias y los
bailes y los trajes de los domingos y las rejas de las novias y poder ver,
de ancianos, algn duro de plata.

Las cabezas con moos recorran con el dedo ndice los antiguos retratos y
atisbaban en aquellos ojitos de los jvenes el espanto de la muerte, ya
antes de ver el fusil. Ellas tampoco saban cmo se puede pasar de otear
los horizontes claros de principios de julio a las noches de miedo entre
las vides esperando la lotera de la bala.

La noche de la matanza, todos los hombres del pueblo se haban tapado los
odos, mientras decenas de hijos mostraban las vsceras a la madrugada de
agosto, derramadas sobre los pupitres y el encerado. Las mujeres, vestidas
de luto desde principios de verano, abrieron entonces las ventanas y
sacaron las manos al viento para que el olor de madre llegara a los
agonizantes. Luego, llenaron la antigua escuela de ptalos de claveles y
olfatearon el rastro de los muertos por las cunetas, hasta dar con ellos.
All, maldijeron la tierra y se les abri el tero en carne viva. Cuando
regresaron al pueblo, ni una de ellas llor. Como todas saban que el fro
era peor que la muerte, para abrigar a los hijos en las tumbas, siempre
vistieron ya negro traje de pao.

Cuarenta aos despus, aquellos hombres templados y muertos no acaban de
comprender la soledad de sus propios huesos. Vuelven, cada verano, a la
antigua escuela y all miran de nuevo los ojos de sus vecinos, intentando
comprender por qu se han vuelto viejos de pronto. Los grandes ojos
almendrados se posan sobre las tapias reconstruidas y enloquecen ante la
posibilidad de volver a morir la misma muerte. As, el lugar sigue
guardando su misterio y los hombres que llegan a vivir en l recogen poco
despus a sus familias y se trasladan, por temor a la ira de los
asesinados. Estos siguen dibujando interrogaciones sobre las paredes hasta
que alguien les cuente por qu les robaron su templanza.



2. La escuela de los padres

                                           A mi abuelo Alfonso. In memoriam

Cada uno de ellos se miraba la mano derecha y la mortificaban a preguntas.
Los zurdos, los menos, escrutaban las lneas de la vida a solas en el
dormitorio para que nadie supiera que aquella noche de agosto anduvieron
empuando armas con su siniestra. Ningn hombre del pueblo habl jams de
la escuela, aunque en el campo se miraran la desnudez de los hombros. En
medio de la espesura del vello moreno, algunos, los sealados, guardaban
una pequea cicatriz delatora por tan blanca, casi obscena. Aquellos torsos
jvenes de la guerra saban demasiado de las llagas del hambre, poco de las
quemaduras perennes de la trasera de un fusil. As, la piel revelaba lo
ocurrido en la noche amarga y los culpables eran sealados en las reuniones
familiares, alrededor del caf de cebada.

Los padres improvisaron una nueva vida y resolvieron dejar los recuerdos
para las horas nocturnas. La culpa se volva insoportable a eso de las tres
de la maana y los quinqus iluminaban las ventanas. Decenas de lucecitas
moteaban la hora del descanso, cuando los nios y las mujeres pertenecan a
otra casta. Todos se concitaban en torno a la luz: los culpables paseando
como perros rabiosos; los que perdieron a un hijo sentados sin saber
llorar, mirando la llama viva. Las palabras no pertenecan al mundo de
estos hombres, que resolvan sus diferencias con las miradas y se
explicaban a travs de las arrugas de las sienes. A unos, el cuerpo se les
volva agua y pareca que el cuello se les tensaba, como si volviesen a
vestir el uniforme del ejrcito. A los otros, se les reblandeca el alma y
cerraban los brazos, acunando el aire, besando la cabeza rizada del viento.
A la amanecida, recogan los restos del alma y se embozaban tras la franela
de la sbana, medio borrachos, medio muertos.

Cuando hubo que dejar la tierra porque la espalda ya no aguantaba pesos y
los cuerpos haban perdido las formas, toda aquella generacin de hombres
partidos volvi definitivamente al hogar. La labranza de las fincas quedaba
ya lejos. Entonces, sentados en los sillones de los patriarcas, recordaron
lo que nunca pudieron olvidar. Al lado, las mujeres renegridas con sus
pmulos exasperantes, gritaban en sus silencios, mientras los pies volaban
entonando su canto de difuntos sobre la Singer. Haba otros hijos, pero sus
rostros parecan recortados por la niez en comparacin con la grandeza de
los hermanos muertos.

Los hombres inauguraban las maanas caminando a paso lento hacia la calle
principal, llamada de La Feria porque all se celebraba la festividad de la
Virgen de Agosto. Eran sus zapatos lo primero que oamos al despertar.
Sonido de suela comprada en la capital, planta de callos doloridos, pierna
herrada. El pantaln gris, de perfecta raya en medio; la camisa de manga
corta con chalequillo de cuello v en invierno. Los cuerpos, redondos,
achacosos, avinagrados, suban hasta el comienzo de la calle y se apostaban
bajo un triunfo erigido en honor de la patrona. En crculos, los amigos
hablaban del tiempo, de la siembra y la cosecha, de los entierros y las
bodas. Enumeraban los apodos de los que pasaban; imaginaban lascivias en
las piernas al aire de las mujeres jvenes; fumaban diez negros; se
quejaban de los pocos forasteros que haban llegado al pueblo y lanzaban
discursos furibundos contra el gobierno del pas. Los hombres caracoleaban
unos alrededor de otros. Pero todos se olfateaban. El aire formaba murallas
entre los corrillos y el roce provocaba toses incmodas. No en vano, saban
y callaban por qu guardaban las dos paredes de aquella esquina. Enfrente,
los muertos los miraban desde el solar de la escuela.

Cuando caa la tarde, tras la siesta, todos volvan a la misma calle, donde
se alzaban dos casinos de labradores. Las derechas y las izquierdas seguan
dividiendo las casas a comienzos de un nuevo siglo que era desdeado como
funesto sntoma de olvido. Los que haban ganado la guerra se sentaban en
la puerta del casino ms antiguo. Tras un trozo de empedrado que
corresponda a la pensin del pueblo, comenzaba el territorio de los que la
haban perdido. En ambos lugares, se beba el vino de siempre, se lean los
peridicos, se consultaba el Zaragozano, se contaban las novedades de los
hijos, se criticaba al mdico del ambulatorio y se intercambiaban sntomas
de enfermedades. A eso de las nueve, las conversaciones iban decayendo y el
silencio corra libre entre las sillas y las copas vacas. Los hombres
levantaban la cabeza para sentir el viento que vena del norte y que
soplaba fuerte sobre las calvas y los pensamientos. Ese viento era el
culpable de que las sillas en los dos casinos estuvieran siempre dispuestas
en la misma direccin y los hurfanos de hijos tuvieran que estar siempre
mirando las nucas de los asesinos. El resto de las gentes del pueblo
llamaba a estos hombres los girasoles porque siempre pasaban las noches
mirando hacia el mismo sitio. Unos y otros, los malos, los menos malos,
rumiaban pensamientos, recorrindose las manos, sufriendo el azote de un
viento, para ellos, liberador. Los antiguos soldados, como sentados en un
tren hacia ninguna parte, respiraban sus rencores, sus venganzas, sus
remordimientos, sus locuras y sus hieles y el pecho se les hinchaba de
dolor, de rabia y de vergenza. Los sin hijos beban los humores y las
bilis de los otros y as esperaban la llegada de la medianoche, centinelas
de las vidas ajenas.

Cuando el estruendo de las campanas de la parroquia daba las doce, poco a
poco, comenzaba el desfile de cuerpos, que desaparecan por las callejas.
Con miedo, volvamos a or desde las camas el soniquete de los padres
penitentes que se anunciaban con la carraca de las toses y los ayes. Haca
tiempo que los faroles se haban apagado y las sombras hacan su penitencia
en medio del limbo de la soledad, abandonados por los durmientes. Los
hombres arrastraban los pensamientos que cabeceaban sobre sus arrugadas
espaldas y buscaban las luces de los zaguanes. A esa hora, el pueblo era ya
un comps de puertas atrancadas y almas doloridas. Entonces, comenzaba la
larga noche de los quinqus.



3. La escuela de las madres

                                              A mi abuela Ana. In memoriam.

Despus de las cabauelas y las luces de agosto, las madres compraron
pauelos blancos y se los anudaron al rostro. Imaginaban las caras
desencajadas de los hijos, con los ojos anegados de tierra y larvas y las
bocas con una mueca de sorpresa eterna. Sin almohadas, un muerto est ms
muerto, sin nadie que les cierre los ojos, ni les ponga las manos sobre el
pecho crucificado, ni les vista con traje de pao para presentarse decentes
a la Gloria.

Los dems pensaban en las ausencias. Ellas, en su derecho de velar al
difunto, de tener sus dos das de luto, recibir el psame de las vecinas y
or de otros labios alabar las bondades del muchacho. El negro se hubiera
hecho as ms gris, toda madre saba del sufrimiento de las otras. Los
hijos yacan enterrados en un lugar de nadie y la sepultura del panten se
fue llenando de cadveres de viejos, bendecidos por su cura, olorosos con
sus flores, benditos con las plegarias. Ellas encaminaban los pasos hasta
el arroyo Abentogil, el lmite del pueblo, y contemplaban los campos
buscando seales de otro mundo.

Durante muchos aos despus, las madres sentan ardores en las entraas y
la carne sajada y purulenta. Sus teros revivan por las noches y sus
vaginas se abran para dar abortos de aire. Los mdicos decan que aquello
era hidropesa, mala alimentacin del estraperlo. Ellas, sin embargo,
sentan que los hijos volvan a las casas en las madrugadas, entrando por
las puertas de sus vsceras, sintindose arrullados por el latido del
corazn grande. Pobres hijos que slo supieron de la vida a travs de las
faldas de aquellas mujeres, demasiado jvenes para contar historias
propias. Los padres teman que los difuntos se aparecieran en las noches de
noviembre y se tapaban los pies con dos mantas, temerosos de los reproches
de los primognitos. Las mujeres, en cambio, seguan, noche tras noche,
acunando aquellas almas fetales que cerraban los puos alrededor de sus
hgados y aullaban perdidas.

Con el tiempo, las madres de luto crearon su gran teatro y se prometieron
cumplir con los hijos la condena de las almas en pena.

Por las maanas, los tacones recios, seguidos de los saltarines carritos de
la compra, levantaban de sus camas a los nios. Caminos adoquinados, con
olores a pescado de un mar que las mujeres nunca quisieron ver. Calles de
pueblo alegre, tomillo para tisanas; perejiles para la sopa de picadillo;
laureles para el cocido; romero para la buena suerte, cerquita de san
Pancracio. Los carros volvan rebosantes de vida y las mujeres la repartan
a gusto en la mesa: ms vida para el padre, el muslo para la hija, codillos
para el pequeo. Para los muertos, la pechuguita tierna del pollo, la mejor
parte. Ellas masticaban lentamente las patatas dulces y las judas cocidas,
mientras los pensamientos se perdan en el crochet del tapete de la radio.
Se decan que tenan el estmago cerrado y hace tiempo que haban perdido
el sabor de las gachas de invierno, las orejitas de haba, los pestios o la
sidra de las doblatas. La dulzura era un rictus que no podan permitirse.

Durante el da, las madres llenaban los cubos de agua para limpiar las
casas; cubos y cubos que anegaban los patios, los corrales, los cuartos,
los desvanes, las camarillas. El ruido del agua silenciaba sus llantos, las
lgrimas que les corran pechos abajo. Nunca salan de adentro de la
garganta, sino que dibujaban meandros por todo el cuerpo mientras ellas
frotaban las galeras, rodilla en tierra. A veces, mientras lavaban la ropa
blanca en la pila, el jabn Lagarto traa los olores de los hijos y
entonces los grifos se abran de par en par, mientras ellas gritaban sus
nombres y se araaban las piernas, golpendose el sexo que los fecund. Los
brazos se elevaban al viento como queriendo espantarlos, las uas de los
pies se clavaban en las zapatillas y se punzaban las sienes con las
horquillas del moo, para no sentir ms dolor ni ms traspasos. Cuando
volvan en s y los pulsos se templaban, los ojos enloquecidos miraban en
derredor por si los hijos, temerosos de su furia, se haban marchado. Pero
el olor a limpio, a brillantina, a semen, a almidn las volva a abrazar y
ellas saban que los muertos retornaban a sus brazos, sin los que eran slo
polvo.

Por las tardes, las madres acudan a la iglesia y se refugiaban en sus
capillas. Unas eran del Nio de la Espina; otras de san Antonio; san Jos;
el Cristo del Perdn o el Nazareno. A real la vela, y el olor a cera
mareando los rezos. Ms vida tenan aquellos santos que los hijos, ms
compaa: con sus oros, sus coronas, sus tnicas y grabados. Vrgenes con
brocados, vestidos de hebrea, algunos rubes y exvotos en las paredes. Y en
los reclinatorios, las mujeres y sus lutos rezando, rezando. El murmullo se
elevaba con la Salve... ad te clamamos exsules filii Evae, ad te
suspiramus... hasta que la iglesia entera se converta en un mar de velos
que guardaban las voces roncas, los alaridos de las ms jvenes, los golpes
de pecho a cambio de un sitio en el paraso.

Luego, se confesaban de los odios a las otras, a las que parieron los
monstruos que mataron en la escuela a los hijos. Mea culpa tambin por no
ser buena esposa, padre, hasta que la muerte nos separe, dicen, pero es que
la muerte ya nos separ. Mi hombre vaga por la casa y en las noches me toma
con furia. Y a m eso me asquea, padre, que slo el ayuntamiento debe ser
por amor y el amor qued en el hijo. Soy sarmiento, padre, no conozco a los
dems hijos, que me siguen pidiendo leche de mis pechos y no quiero
drsela, no quiero que vivan ms que lo que el mayor vivi. Y temo la
justicia de Dios por estos pensamientos, temo el infierno y temo el cielo y
ni siquiera ando en este mundo. Ego te absolvo a peccatis tuis in nomine
Patris... Y luego, a la luz del Sagrario, la penitencia. No hay clemencia
divina ni para los teros cerrados y los regazos llagados de tanto desear
ni para las mujeres mutiladas sin nadie a quien abrazar.

En las noches de verano, las madres se sentaban a las puertas de las casas
con la espalda doblada de sostener a los muertos y las agujas en alto para
bordar ajuares venideros a punto de garbanzo. Desde lejos se escuchaba la
msica de la feria, que se celebraba en el llano, y el aire traa olor a
cuerpos muy juntos y a besos por las esquinas. Los jvenes, ao tras ao,
paseaban su felicidad delante de las mujeres y a ellas se les emponzoaban
las manos y rastros de sangre quedaban sobre las colchas. Los pecados
ajenos formaban un mercadillo, expuestos a los pies de las mecedoras,
mientras las hembras se cebaban con los instintos de las otras hembras, las
que eran libres y se vestan de colores, abandonando el alivio de luto. La
envidia rezumaba de sus bocas al ver pasar aquellas pantorrillas lustrosas
de Nivea metidas en medias con costura atrs. Los colmillos se les
hinchaban al ver las cinturas jvenes riendo en los cinturones anchos,
mientras los vestidos cubran los torsos rectos, que no arrastraban
dolores. Las bocas callaban y las manos se aplicaban a la costura, el hilo
violando la tela con rabia una y otra vez. El silencio se acababa al
apagarse el ltimo farol. Entonces, cada madre volva a su cama y esperaba.

Solas, con el camisn largo y las piernas desnudas, recorran el frescor de
las sbanas y se recreaban en los dolores de las carnes, cada vez ms
numerosos, ms ajenos. El viento de la campia se colaba por las grietas de
las cmodas y remova la ropa interior que, a la maana siguiente, ola a
espliego. Las mujeres suspiraban y por su garganta corran nanas y risas y
balbuceos. Los muertos llegaban pronto y anidaban dentro de ellas,
curioseando sus cuerpos, siempre carentes de cualquier memoria. Se
arrobaban ellas y se enternecan y la mano descansaba sobre el vientre,
abultado y tirante. Alguna risa incoherente les naca de las profundidades
y ellas acariciaban a los hijos enredados en no se sabe qu umbilicales
cordones. Mientras los padres llegaban, ellas se ponan el rosario al
cuello y rezaban la letana de las vrgenes. Arrullados por las frases
conocidas, los asesinados dorman felices, en su placenta, mientras el
murmullo de las madres recorra la calle de lado a lado: Ora pro nobis,
Sancta Dei Genitrix...

** Carmen Garrido Ortiz
   guzmendo_1923@hotmail.com
   Escritora y periodista espaola (Crdoba, 1978). Ha trabajado en ABC
   Crdoba (http://cordoba.abc.es) y en Diario de Crdoba
   (http://www.diariocordoba.com). Colabora en El Parche Digital
   (http://www.elparchedigital.com) y, en la actualidad, prepara su tesis
   doctoral sobre el surrealismo en Espaa.



=== Poemas      Gonzalo Luis Torres Hernndez =============================

*** Anda con Dios

T no me debes nada. Yo te debo,
el milagro de haberte conocido,
cada caricia que enred en tu pelo
y cada beso al que le diste un nido.
Te debo, amar con todos los sentidos,
mis mil maneras de decir te quiero,
y la infinita lluvia de luceros
que pareca recorrer el cielo
cuando vea amanecer contigo.

Te debo, el compartir en los ocasos
la dulce intimidad de tu regazo
para que hiciera realidad mis sueos,
y la infantil urgencia de ser bueno
que me embargaba al reposar la frente
en el tibio remanso de tu seno.

T no me debes nada. Yo te debo,
la piel entrelazada, los rostros que se juntan,
las promesas de amor en la penumbra,
y los besos que queman como brasas
pero no quieren terminarse nunca.

Por eso, en el umbral de tu partida,
no digas, por favor, que algo me debes,
t me lo has dado todo siendo ma
y as como te am cuando me amabas,
ahora que te vas y que te pierdo,
voy a seguir amando tu recuerdo.
Anda con Dios. T no me debes nada.



*** Impronta

Cuando todos los das amaneca en vano
y vivir no tena ni motivo ni rumbo,
all estaba el recuerdo de tu mano en mis manos
y all estaban los sueos que sobamos juntos.

Cuando a las ilusiones se las llevaba el viento
y el final del camino siempre estaba ms lejos,
ms all del silencio, la distancia y el tiempo,
all estaban tus risas y all estaban tus besos.

Cuando ms me agostaba, t ms reverdecas
cuanto ms lejos iba, ms cerca te encontrabas.
T has sido lo ms bello que me ocurri en la vida,

y, tal vez, el castigo al que me has condenado
es llevar tu recuerdo sangrando en el costado
y amarte como a nadie hasta el fin de mis das.



*** Elecciones

El indio es viejo y cetrino,
el doctor de piel rosada,
el indio no calza nada,
el doctor borcegu fino.
Uno va por el camino
del poltico venal,
el otro, raza fatal,
destrozada a desengaos
tiene cuatrocientos aos
de engaos. Y siempre igual.

...Campesino, si yo influyo
con mi voz en el Congreso,
el pas tendr progreso
y este suelo ser tuyo.
Recuperars tu orgullo,
los ricos te escucharn
y conmigo llegarn
la justicia y el derecho,
Te lo juro, tendrs techo,
tendrs tierra, tendrs pan.

Rumia el indio su amargura,
su dolor, su desaliento,
y, en la puna, al par que el viento
estremece su figura.
...Mi partido te asegura
mejorar tu situacin.
Tendrs ropa, educacin,
el mundo estar en tus manos,
viviremos como hermanos.
Como hermanos! S, patrn...

El indio es viejo y hurao,
el doctor culto y pudiente,
el indio baja la frente,
el doctor suea un escao.
Y mientras sigue el rebao
de polticos su viaje,
igual que en el coloniaje,
miserable y explotado,
vuelve el indio con su atado
a enterrarse en el paisaje.



*** Desesperanza

La casa est vaca, ni t ni yo ni nadie
que riegue las anturias al pie de la escalera,
slo huellas de cosas que ya no nos esperan
y un balcn por el que entran las cinco de la tarde.

Adivino el perfume de tu cuerpo en el aire,
te veo en la penumbra sin fin de mis retinas
y mientras el silencio magnifica tu ausencia,
la tristeza en tu nombre me corona de espinas.

yo no s en qu momento de qu desesperanza
el delirio del beso se convirti en heridas
y nos fuimos partiendo como el pan en la mesa,

y aunque no lo sepamos, por desidia y encono
nos iremos muriendo en el mismo abandono
de las casas vacas donde nadie regresa.

** Gonzalo Luis Torres Hernndez
   tmclima@chavin.rcp.net.pe
   Abogado y docente peruano (Paita, 1934). Estudios en el Colegio Leoncio
   Prado, las universidades Catlica del Per (http://www.pucp.edu.pe) y
   Nacional Mayor de San Marcos (http://www.unmsm.edu.pe), as como en
   universidades de Estados Unidos y Europa. Entre los premios ms
   recientes que ha recibido se encuentran reconocimientos del Instituto de
   Cultura Peruana y del Ayuntamiento de Palma de Mallorca (Espaa).



=== El da siguiente      Luis Seguel Vorpahl =============================

Me qued pegado en la idea de que sus pies estaban medio enterrados o medio
desenterrados en la arena. Haba vivido tantas emociones las horas
anteriores que mi cabeza apenas poda coordinar alguna idea. Y por sobre
todo las imgenes previas a esa tarde llenaban mi mente; la lluvia, los
pastos cortados, el silencio aterrador detrs del montono traqueteo del
agua sobre los techos rojos, eso haba sido antes, ahora era el sol, el mar
y los pies de ella en la arena caliente. Sus rodillas no me dicen mucho,
anoche me hablaban, me distraan, me invitaban a tocarlas y a besarlas con
adoracin, ahora las encuentro algo feas, un poco ms oscuras que el resto
de la pierna, no me parecen las de anoche antes del amor, antes de la
locura del encuentro desesperado de dos solitarios.

Me haba sentido enamorado por momentos; mientras la vea desvestirse la
am, mientras sus pechos jugaban con la gravedad la am y la hubiera
llevado al cielo si me lo hubiera pedido y creo que entre suspiros y besos
se lo dije al odo, pero ella no estaba para escuchar, su jadeo y sus manos
inquisitivas lo invadan todo pidindome que no la dejara jams. Ahora,
sentado a su lado, el sol nos calienta la piel y siento que las formas del
mundo estn ms claras y ms limpias.

Quiero estirarme pero alguna vez aprend que es mala educacin hacerlo
delante de alguien que es casi un desconocido as que, con disimulo,
extiendo una pierna y despus la otra.

Ella mueve los pies, sintiendo el calor que emana de la arena, ella puede
estirarse y lo hace, como una gata satisfecha y feliz. Hace media hora
comimos y ella coment que hacia das que no lo haca; dos huevos fritos
con trocitos de un jamn aejo. En la mitad de la comida me puso su boca en
el odo derecho y me dijo te amo, riendo, sent vergenza porque haba
otras personas en la cafetera y algunas nos miraban, nada fijo, pero no
somos invisibles y es evidente que no somos padre e hija.

Su ropa no era para una maana de sol, por lo que le promet que al caer la
tarde le comprara un vestido de verano. Estaba arrepentido de haberlo
hecho, no porque no quisiera comprrselo sino que eso la mantendra todo el
da a mi lado y ya quera que se fuera. Miro sus manos, largas, blancas,
casi transparentes; bellas, no se puede negar eso, las mueve de manera que
me hace recordar cmo las movi anoche, esas manos lo descubrieron todo, de
una forma suave y gil, lenta y angustiante.

Pronto querremos almorzar y no quiero estar con ella el resto de la
jornada, pero debo retribuir tanto esmero por darme placer y proponerle que
comamos juntos, aunque ya es la tarde, debe tener hambre pero no me dice
nada, slo juega con la arena y yo intento pensar en otra cosa que no sea
la noche anterior, pero no es fcil; an tengo en la piel el olor tan
singular del centro del mundo, dulce, cido, nico, y su espalda arqueada y
mojada, y esa boca abierta buscando aire para poder seguir viva, realmente
la am anoche, y se lo dije.

Ms all veo los botes de artesanales que entran y salen de la baha,
algunos pelcanos que los siguen esperando que les arrojen cabezas de
pescado, y ella me mira; de pronto siento su mirada como una aguja que me
recorre todo el cuerpo, le sonro intentando ser amable y decir algo que
haga pasar rpido las horas, ella vuelve a mirar la arena y yo le indico el
horizonte lleno de pequeas embarcaciones descoloridas, pienso en lo bello
que es el mar Pacfico por las tardes, pienso en que cerca del mar no hay
tiempo; nada tiene tiempo aqu, cunta verdad, cunta verdad!, en que a
esta hora mis hijos vendran del colegio si fuese da hbil y que mi
esposa, mi ex esposa, los esperara como siempre en la puerta y con un vaso
de leche en la mano, ms tarde llegara el que ocupa el lugar que tuve por
dieciocho aos, pero ahora es la tarde y estoy en pantaln corto en una
playa llena de gente que nunca he visto acompaado de una jovencita que
lleva un traje de bao comprado por m hace una hora en una feria de
baratas a una cuadra de aqu, est usado y un poco descolorido, pero ella
lo lleva con mucha gracia acompaado de esas manos que tanto me han gustado
y esos pies que anoche eran bellos y esas rodillas que se ponen coloradas
por el sol que las quema implacable.

Anoche estuve enamorado por algunas horas y ella tambin, y ambos lo
dijimos, Dios mo, cmo se puede cambiar tanto en tan poco! Era bella
anoche, hoy lo es tambin, es fresca y linda, pero anoche lo era ms, era
ma y me amaba, y yo la amaba como un animal desesperado y solitario, la
busqu entre muchas y ella mostr tanta ternura que por un momento olvid
que era una desconocida, pero lo era, y ahora veo las gaviotas que pelean
la comida entre ellas y a un perro que les ladra jugando feliz y miro sus
manos que se pasean por su pelo, y que recorren su piel quitndose la arena
y veo que sonre, que se pone de pie y me llama al agua. Una invitacin
sorprendente porque a estas alturas una mujer ya se habra aburrido de m;
casi no he hablado, pero le di desayuno y querr darme las gracias; ya me
las dio anoche, y yo la amaba como se ama la vida, anoche entre mis brazos
fue mi amor, el amor de siempre, el soado.

Por momentos siento rabia conmigo, deb decirle despus que se marchara,
despus del amor, pero segu abrazado a ella, por temor a quedarme ms solo
que unas horas antes, y as dorm hasta la maana.

Domingo, da de descanso, mucho calor, en un pueblo desconocido y lejano al
mo, la invit a esta playa a estar unas horas. La veo entrar al mar, veo
su cuerpo, es bella y gil, todas sus curvas estn exageradas en la medida
perfecta, despus de todo sus rodillas me vuelven a parecer bellas, con el
agua, con el sol, con la arena, con el resto de su piel. Creo que la
invitar a comer algo, y despus, si ella quiere, la llevar al cuarto de
hotel conmigo a pasar la noche del domingo y quizs la del lunes, quin
sabe, ahora la seguir al mar para tenerla cerca y si tengo suerte sentir
que la amo de nuevo.

** Luis Seguel Vorpahl
   seguelvorpahl@entelchile.net
   Escritor chileno (Pucn, 1955). Reside en Arica, en la frontera con
   Per. Ha publicado la novela La casa de Marialba.



=== Tres poemas      Luis Alposta =========================================

*** El mago

Desecha tristezas y alegras.
Desde la certidumbre del poema
socava y se hunde en l
como en su crcel y se opaca
descartando lo descifrable,
lo emocional, los signos manifiestos.
Su palabra tensa la realidad,
la deforma, la hiere de muerte,
por impura, por vieja,
como si por ltima vez
se bebiese el tiempo.
Y se ocultan los grises,
negros indiferentes,
blancos de vida,
prpuras de pecado,
rojos hostiles,
hasta que una llama
en la ms completa oscuridad,
se instala en el centro del poema
y lo deshace.



*** Y ya no fue Abelardo

La incertidumbre de sus actos
provena de un fatdico eco.
Su espritu indeterminado
avanzaba o retroceda
como una negra ficha
sobre un irreflexivo damero.
Y ya no fue dueo de s.
En su vejez por dentro
vio crecer la fealdad de su Elosa.
Mientras otros se amaban y engendraban
l volc sus sentidos sin sentido
sobre texturas fras y viscosas.
Y el xtasis, su xtasis,
era slo un abuso,
el gemido de un pjaro
en la doliente hiedra.
Y ya no se detuvo a pedirse cuentas.
Y ya no fue Abelardo. S su espectro.



*** El demonio del basural

Qu viejos nos alejamos de aqu, de los pequeos basurales,
donde hemos visto por ltima vez al hijo del mendigo
cargando su mortaja y hablando con el verdugo.
All, donde las viudas y los hurfanos llevaron
sus grises harapos, en tiempos de paz,
donde nunca han brindado los testigos del alba
sobre un mantel de vida.
Qu viejos nos alejamos de aqu, de los pequeos basurales,
donde tambin dejamos partes nuestras.
Qu viejos nos alejamos de aqu, oh demonio del basural!
y cmo nos resignamos al estigma,
cmo nos entregamos brutalmente a lo efmero,
hasta que nos acurruquemos una noche cualquiera
y nos soemos limpios.

** Luis Alposta
   luisalposta@fibertel.com.ar
   Mdico y escritor argentino (Buenos Aires, 1937). Miembro de nmero de
   la Academia Portea del Lunfardo y acadmico titular de la Academia
   Nacional del Tango. Ha publicado Los bailes del internado (1977,
   traducido al japons), Trece historias a muerte (1982), Antologa del
   soneto lunfardo (1978), Geografa ntima de Villa Urquiza (1981), Acerca
   del dinero (1984), Todo Rivero (1985), Con un cacho de nada (1986), El
   lunfardo y el tango en la medicina (1986, con prlogo del doctor Luis F.
   Leloir), Definitiva Buenos Aires (1986, coautor), El tango en Japn
   (1987), Villa Urquiza; sus orgenes (1989), Entelequias (1994), La
   balanza de hielo (1981, traducido al persa), Lorca en lunfardo (1986),
   La culpa en Martn Fierro (1988) y Otro l (2000). Sus poemas (algunos
   traducidos al francs, ingls e italiano) figuran en numerosas
   antologas, habiendo sido, muchos de ellos, musicalizados y grabados por
   Edmundo Rivero, Rosita Quiroga, Osvaldo Pugliese, Daniel Melingo y Juan
   Carlos Tata Cedrn, entre otros.



=== La voz      Mara Elvira Gonzlez =====================================

Cuando atraves el jardn y llegu a la redoma o una voz resonante y
clara, como de ro, que vena de un aula frente al corredor.
Inexplicablemente, esa voz entr en mi cuerpo y se aloj en no s qu
entretela de mi ser. Llegu al saln y por el ngulo estrechsimo de la
puerta entreabierta, se vea una parte del pblico muy atento, casi
hechizado.

En el viejo edificio haba un silencio enorme. No haba actividades
regulares ese da. Los corredores estaban limpios, los techos de madera
oscura bien conservados, pero segua siendo un edificio mal querido y
pobremente utilizado.

Volv a la plazoleta y me sent en un banco a leer. Los bancos eran
incmodos, el sitio mismo, entre todos esos corredores vacos, no era
apropiado. Me senta expuesta y extraa, algo me deca que no deba estar
all, pero no obedec a ese algo y permanec incmodamente sentada
tratando en vano de leer a Octavio Paz y or la voz al mismo tiempo. Cmo
justificar ante m misma o ante cualquier otro mi presencia all? Estaba,
como muchas veces en mi vida, fuera de contexto, desenfocada.

Yo no imaginaba rostro ni figura. No me planteaba eso. Algo me emparentaba
con la sustancia de esa voz, y hubo un temblor, un miedo pequeo, como si
resbalase entre las piedras de ese ro andino de voz clara y definida.

Lo vi salir alto y encorvado cargado de papeles, caminando deprisa, no
pude o no quise verle el rostro; ya casi oscureca, deba irme o seguirlo.
Sus pasos resonaban en el corredor y me guiaron hasta su oficina. Pas por
la puerta y segu por el pasillo sin atreverme a entrar. Otras voces
estaban all junto a la suya. Voces ms reales y cotidianas: una oscura y
profunda, otra granulada y ligeramente nasal. Ninguna de tantos y tan
claros matices como la suya.

Alguien grit un nombre y apellido como cuando pasan asistencia en el
ejrcito, y l respondi: S?

Lo llaman por telfono. En la oficina del Decanato.

Y l, como un nio: Gracias, enseguida voy.

Reconoc su nombre, lo haba ledo en las pginas de cultura de algn
diario. Comenc a temblar como con fro. Con las quijadas casi atornilladas
y la expresin ms profesional que pude, entr a la oficina y pregunt por
l.

Caballeros atentos se pusieron de pie y me cedieron un asiento en el
pequeo despacho. Sent o cre sentir? ciertas miradas cruzarse con
malicia caribe de machos conocedores de la presa. Intent acomodarme en el
asiento, pero simplemente no poda moverme. Escuch sus pasos y mir
cobardemente a otro lado. Mi alma se desbordaba por algn lado en el ro de
su voz. Su mano enorme, como de campesino, ms que saludarme, me sostuvo.

Poco a poco fui recobrando la serenidad hasta que me sent cmoda
conversando.

Seguramente hablamos de lecturas y poetas, no s qu otras cosas dijimos o
acordamos, recuerdo vagamente que me present a las otras voces y nos
despedimos. Quince minutos despus como en un acuerdo mudo nos vimos en
la entrada del edificio. Sub a su automvil como si entrara a una nave
espacial, con temor y ansiedad por el magnfico infinito desconocido, la
misma sensacin sagrada de soledad y pequeez. Inmediatamente nuestras
almas se escondieron, se acurrucaron en algn lugar lejano. Su mirada se
hizo ms intensa y menos brillante, su voz ms tenue, menos clara: Vamos
a tomar algo?

Es un poco tarde para m, pero podemos ir un rato a un lugar cercano.

Gracias me dijo y su mano de panadero arrop la ma.

Yo sent deseos de bajarme de la nave espacial y correr a mi casa, pero no,
me empe en descifrar los reflejos de sus ojos y los tonos de su voz
cuando aparecan trazas de autntica alegra.

Qu refugio buscaba su alma atada al intelecto y la academia? Qu playa
habra podido amansar a ese ro revuelto de ideas y compromisos?

Esa tarde desde mi posicin de lectora comn, distante de la academia y de
los crculos concntricos de intelectuales cre atisbar el contorno
secreto de su ser ntegro y verdadero, de su talento creador. La voz
entonces se hizo ms transparente, sus ojos la apoyaron totalmente hasta
volverse agua, las manos interrogantes intentaron atrapar algo que yo
desconoca. Entonces, como si pusiera punto y coma, se instal en posicin
de latin lover con reflejos dorados de intelectual condescendiente. Y otra
vez el alma se escondi detrs de pilas de erudicin y testosterona.

El combate cuerpo a cuerpo fue intenso. Nuestras almas se buscaron
intilmente entre sus pecas, en el contorno de mis caderas, en el fondo de
sus ojos. El ro de su voz segua baando mis arenas y yo continuaba
hurgando entre recuentos, por las veredas de Saint John Perse, en paisajes
andinos, a orilla de mar y con guitarra. Ni el fuego de tambores de
Barlovento, ni la ortiga de recuerdos dolorosos lograban que su alma de
creador, excluido de s mismo, regresara del rigor abismal del pensamiento
crtico, ni se bajara de aquella loma seductora. Mi alma se extraviaba en
su voz de raro talento y sensibilidad.

No s si lo amaba, ms bien creo que lo sufra con ansiedad por descubrir
lo que intua en su voz. De pronto comenz a enronquecerse; cada da era
menos clara y vibrante, hasta que un da, en una mueca de tristeza, me
disfrac y aparec sin previo aviso en un encuentro de intelectuales, con
atuendo de secretaria sexy. Dej de llamarme y yo, desesperada por orle,
hice patticos esfuerzos que lo alejaron definitivamente.

Nunca ms lo vi, pero s que su batalla se hizo cruenta, el rigor cont
estructuras como piedras, el anlisis sospech de la ternura. En la
diseccin no hay espritu que valga. Se apag.

El fantasma de su voz me arropa hoy mientras escribo. Sus ojos escudrian
incrdulos el texto. Sus manos de campesino empujan suavemente mi voluntad
hasta este punto.

** Mara Elvira Gonzlez
   mariaelviragonzalez@cantv.net
   Escritora venezolana (Caracas). Reside en El Limn, Maracay (Aragua).
   Fue docente en Maracay y en el Instituto de Lenguas Extranjeras de
   Beijing (China). Ha sido traductora en la Universidad Central de
   Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve) y en forma independiente para
   diversas publicaciones. Fund y dirigi durante varios aos la revista
   Libros de Venezuela, que circul en el pas y en bibliotecas del
   extranjero. La mayora de sus trabajos estn inditos, aunque dos
   cuentos breves se publicaron en el diario El Periodiquito
   (http://www.elperiodiquito.com), de Maracay, y su cuento Ojos verdes
   fue publicado en la pgina web Escuela de Escritores
   (http://www.escueladeescritores.com) como finalista del concurso Relatos
   Breves con Banda Sonora.



=== Poemas      Emma Fernndez Lpez ======================================

*** Mis ojos

Sigue lloviendo
tras los cristales.

Hemos sido muy felices,
sin olvidar a los mosquitos.

La Pasin   
pasea desnuda
por el bosque.
Preciosa imagen de una ilusin.

Arrebujar la piel,
en un manto de placer,
   una tarde con l.

Una cortina de agua
tamborilea sobre el cristal.

Esquivar
el llanto innecesario.
No cubrir los ojos de sal.

Sigue lloviendo.

Claridad para mis ojos.
Azul y blanco,
dos colores para marcar
   a las mujeres.

Vender
   el humo de la pasin,
por dos o sobradas monedas.

Zigzaguea el relmpago
   y se oye al trueno.
Descarga la tormenta.

El ntido brillo 
   de las plantas
regala a mis ojos
   un verde lcido.

Una blanca hoja de papel
aqu.
La gota lquida
afuera.
Una tarde contigo libreta, 
gracias a la lluvia.

Un monte
de agua blanca
se alza y golpea
sobre el acantilado.

Mis ojos ven ahora,
en este preciso instante.

La luz
parpadea
un segundo
y el trueno
retumba,
el cielo oscurece.

En el jardn de Teodora
llueve.
El sueo de los sentidos
vive.

El Sol
rojo, naranja, rosa, amarillo,
suea con ella.
La Noche
acaricia arroyos claros
y altas espigas doradas.

Llevo sangre
de dunas y palmeras...
Sabor a dtiles
dulces y carnosos.
Agua de coco
calma mi sed.

Un corzo corretea
por el monte de Torao.

Contemplo
jazmines,
rosas, 
lirios...
Primavera.



*** Alfileres

Sombras ondean
sobre mi cuerpo,
tendido al Sol.

Espectros de doble faz
se deslizan por candente 
arena oscura.

La razn se fragmenta,
salta la chispa de una duda.
Agua amarga.

Solitarios
se alejan los susurros.
Sueos rasgados,
calle abajo va la pena.

Tierra agotada,
un delirio de tiempo
y de papel me abrasa.
Silencio.

Anhelo
fresca y blanca almohada,
en la que derramar
lgrimas antiguas.

Suspendida la tarde
por alfileres finos,
prenden las cintas grises
de la melancola.



*** Amar

Todo acaba. Mal?
No puede ser
de otra manera.
Violenta muerte
aniquila lo carnal. Amor? 
Amor. S.
Amar, amar.
Amar sin tregua
ni descanso,
aun en la distancia,
en el silencio,
en la ausencia
y en lo ms ntimo,
cultivar la matriz
de tan mortal palabra.
Amor.



*** Pan y lgrimas

Soy una mujer
trabajadora, 
que escribe
algn poema.
Pan y lgrimas.

Es tan amargo
el pan que como,
que no encuentro
sabor que lo disfrace.
Pan y lgrimas.

Lgrimas antiguas de mujer.
Sin tiempo para llorar.



*** Renglones

Leo los renglones
de tu carta
y por el mirador
de mis ojos,
las lgrimas
se asoman.

** Emma Fernndez Lpez
   emmafer@eventsbcn.e.telefonica.net
   Experta en organizacin de eventos (Valladolid, Espaa, 1943). Entre
   1955 y 1960 vivi en Caracas y Maracaibo (Venezuela). Reside en
   Barcelona.



=== La guerra de las morcillas      Paula Winkler =========================

Me haba invitado despus de cortejarme un rato en palacio. Cmo negrmele
a Rabelais, yo, una sencilla cortesana? Aparec, silenciosa, y en cuanto me
vio, vestida de terciopelo y con mucha enagua, hizo su ademn y se hinc:
qu preciosa estis, mi seora. Me bes en la mano, en el cuello y en la
boca. Pese al antifaz, mi rostro se encendi, y Rabelais se dio cuenta
enseguida. Nunca un hombre me haba atrado tanto; por lo dems, estara en
su libro, eso dijo. Y cmo yo, una mujer de candorosa sonrisa y cuerpo
caliente, iba a negarme a semejante hazaa?, si adems podramos los dos
(tal vez) disfrutar de mis artes amatorias.

En el saln, haba muchas pinturas y el rojo flamenco de las cortinas
duplicaba su espesor a travs de los espejos enfrentados que empezaban a
jugar con nosotros y nuestros dobles, como si furamos cajas chinas. Nunca
haba visto tanta uva a ser libada y me sorprendieron las liebres y la
enorme cantidad de pavos. Rabelais deposit sus manos en mis caderas y tir
de un mantel de sitio: por entre las puntillas, se abran paso algunos
jamones, lenguas de buey ahumadas y bermejas langostas.

Rabelais desliz sus dedos por mis dientes y me lami las orejas y el
cuello. Yo me quit el antifaz y afloj mi blusa, pero l me hizo sentar a
la mesa para el primer goce; luego vendra el segundo.

Unos jvenes tocaban mandoln y la ctara. Trincad los brebajes, seora,
trincad, que hay tiempo para el goce. Me pareci que cederan todas las
costuras de mi vestido, porque mi cuerpo estaba hinchndose de tanto
banquete, pero Rabelais, que se haba limitado a observarme y me baaba en
vino, acerc un plato con algunos paquetes de tripa oscura y olor fuerte.
Comed, seora, me dijo, comed, que se os ve deliciosa, y deslizaba sus
manos poderosas por entre mis pechos. Yo ya haba comido bastante, incluso
hasta todas las uvas que l presion antes contra mi torso.

Rabelais insista y, para prepararme para la tripa oscura, me acerc el
ltimo trozo de jamn. Sent un vaho ligero y, aunque iba a vomitar, me
excit por la presencia del poeta. Tambin, por los jvenes, que
continuaban concentrados en la msica.

Rabelais y yo nos estbamos disputando los goces. l, enteramente
entusiasmado con el de la comida, y yo, con el del arte amatorio, aunque
ensanchada como un ganso listo para el cuchillo, ms que para otra cosa.

Las tripas del plato que Rabelais me ofreci deban ser engullidas para
disfrutar luego a discrecin el goce del sexo, eso me dijo. Pese a que yo
no haba perdido la ilusin de visitar los aposentos de Rabelais, no pude
con el ofrecimiento. Todo lo contrario, ya estaba al borde de la turbacin
y del desvanecimiento, as que fue Rabelais quien se ocup de llenarme la
boca con la mezcla sanguinolenta de la tripa, que devolv en forma de
vmito de inmediato. Despus del vmito se hizo un insoportable silencio, y
los jvenes del mandoln y la ctara se retiraron.

No pude ejercitar mis artes amatorias con el anhelado Rabelais aquella
noche ni ninguna otra. Sin embargo, recuerdo bien que, al despedirse, l
apenas me mir y dijo: Mejor es de risa, que de llanto escribir, seora.

Tal vez, ahora que lo pienso, yo inspir slo su risa en el banquete, pero
algo seguro me fue develado: nunca ms habra de intentar el amor de un
clsico. A los clsicos, a pesar de que la historia los consagre, slo les
importa anticiprsele.

** Paula Winkler
   paula_winkler@fibertel.com.ar
   Escritora argentina (Buenos Aires). Doctora en derecho y ciencias
   sociales y magster en ciencias de la comunicacin. Ensayista y
   cuentista, ha publicado el libro de cuentos Los muros, la nouvelle
   Cartas escritas en silencio para el viento y el libro-objeto Cuentos
   perversos y Poemas desesperados, adems del ensayo El discurso argentino
   de la mentira, del cual es coautora. Ha recibido el premio Jorge Luis
   Borges de la Fundacin Givr (1989), el premio publicacin categora
   cuento de Ediciones Nuevo Espacio (2003), y el mismo premio en la
   categora cuento breve (2005). Textos suyos han aparecido en revistas
   como Hbrido Literario, El Escribidor, Letras (Buenos Aires), Everba
   (Universidad de Berkeley), Turia (Aragn, Espaa), Hontanar-Cervantes,
   (Meulbourne, Australia), Brjula Compass (Instituto de Escritores
   Latinoamericanos de Nueva York), y en la revista del Lake Forest
   College, (Departamento de Literatura y Lenguas Extranjeras de Chicago).
   Su cuento "Esperando instrucciones" ha sido traducido al alemn por la
   escritora y traductora Lilith Tetzner.



=== Los confines del mundo      Carlos Montuenga ==========================

Esta noche he vuelto a soar que estaba en tierras de Valladolid. Paseaba
por un pinar prximo a Olmedo con mi padre, quien se lamentaba por la mala
situacin de sus negocios. Era un da radiante, colmado de promesas
primaverales, pero sin saber cmo, se desataba un viento helado, el sol se
oscureca y sobre la negrura del firmamento comenzaban a brillar las
estrellas.

Quedaba yo mudo ante aquel prodigio, pero mi padre continuaba hablando y
hablando de sus asuntos, sin prestar ninguna atencin a la extraa mudanza
que sufra el mundo. Luego, su voz perda poco a poco el timbre humano para
ir convirtindose en una especie de lamento montono, cada vez ms agudo,
mientras la tierra se llenaba de resplandores que proyectaban sombras
fantsticas entre el ramaje de los pinos. En este punto me despert con
sobresalto y ca en la cuenta de estar oyendo el canto lastimero de una de
esas aves con penacho rojo y plumas multicolores que anidan en los enormes
rboles de la isla.



Mis ocho compaeros y yo hemos perdido la cuenta del tiempo que llevamos
aqu dos aos? tal vez ms? pero recuerdo, como si fuera ayer, aquella
maana en que nos hicimos a la mar: los estandartes ondeando al viento, el
trajinar de los hombres por la cubierta atestada de aparejos, la voz firme
del piloto ordenando tender las velas, el gritero de familiares y curiosos
agolpados en el puerto de La Corua, para ver la flota partir rumbo al
Nuevo Mundo.

Nuestro seor, el emperador Carlos, haba encomendado a Garca Jofre de
Loaisa, capitn general de la Armada, organizar una segunda expedicin a
las Molucas, aquellas islas ricas en especias situadas al otro lado del
mundo, que haba descubierto unos aos antes Fernando de Magallanes, en el
curso de un asombroso viaje en el que perdi la vida. En su nave viajaba un
vasco de Guetaria, un tal Juan Sebastin de Elcano, que al ser capaz de
regresar a Sevilla desde las islas viajando siempre hacia el oeste, disip
cualquier posible duda que pudiera albergarse an sobre la redondez de la
Tierra y, al tiempo, encontr el camino hacia la fama.

Pero volvamos a la expedicin de Loaisa; se fletaron siete buques y se
nombr al propio Juan Sebastin piloto mayor de la flota. El monarca
confiaba en que esta empresa cumpliera varios fines: por un lado, estaba la
organizacin del comercio de especiera entre los nuevos territorios de su
inmenso imperio, por otro se trataba de llegar a un acuerdo con el rey de
Portugal, quien alegaba no sin razn, que la lnea de demarcacin
establecida en el tratado de Tordesillas haba quedado desvirtuada, pues si
el orbe era esfrico, tal lnea, vlida solo para un mundo plano, habra de
convertirse en un crculo mximo que lo dividiera en dos hemisferios, uno
portugus y el otro castellano.



Cuando se organiz la expedicin de Loaisa contaba yo con veintinueve aos.
A los dieciocho haba salido de Olmedo contrariando a mi padre, quien
estaba impaciente por que me pusiera, cuanto antes, al frente de un
prspero negocio de manufacturas de lana, que haba ido pasando de una
generacin a otra desde mucho tiempo atrs.

Ya durante mi niez, la familia gozaba de una situacin desahogada, y
cuando alcanc los once aos de edad, habase encomendado mi educacin a un
cannigo de Valladolid, una persona docta y bien intencionada, de quien
aprend fundamentos de lgica, gramtica, matemticas, geometra e incluso
astronoma. Recuerdo con cario a aquel hombre bondadoso, que a veces no
poda contener la risa ante mis ocurrencias acerca del tamao de la Tierra
o del movimiento de los astros. A medida que fui dejando atrs la infancia,
senta una creciente necesidad de formarme una imagen del mundo, y las
noticias que llegaban sobre los viajes a las Indias no hacan ms que
alimentar aquel afn; pues si se haba conseguido navegar ms all de los
abismos del mar tenebroso, desafiando los horrores sin cuento relatados en
las leyendas, no era ello prueba segura de que la industria de los hombres
se mostraba capaz de resolver los ms grandes misterios?

Llegu a la adolescencia dominado por estas y parecidas fantasas. Para
enojo de mi buen padre, se me iban las horas enfrascado en la lectura de
cualquier libro que cayera en mis manos o deambulando por los campos de la
vecindad, ms atento al salto de las liebres entre las jaras y al vuelo
inquieto de los vencejos en los lamos del ro, que a pensar en hacerme
cargo de las obligaciones propias de mi edad y condicin. A veces, me
quedaba tendido sobre la hierba, hmeda an con el roco de la maana, y
perda la nocin del tiempo viendo pasar las nubes contra el cielo luminoso
de Valladolid. El espectculo del mundo en perpetuo cambio ofreca al menos
un refugio seguro frente al sinfn de sucesos carentes de inters, que da
a da tejan la trama de la existencia en el hogar familiar.

Cuando mi padre perda la paciencia, sola decir que lo mo era vivir como
un ermitao; tal vez no errara en demasa, acaso la vida contemplativa
fuera lo nico capaz de ofrecer respuestas a tantas preguntas que bullan
dentro de mi alocada cabeza. Ansiaba yo, cada vez ms, huir de la crcel en
que Olmedo se haba convertido y al fin, gracias a la intercesin del
cannigo, conocedor de mis buenas dotes para el estudio, consegu la
licencia paterna para cursar leyes en Salamanca. El autor de mis das debi
pensar que, tal vez, el contacto con aquel templo del saber obrara el
milagro de convertir a un haragn soador como yo, en un hombre con seso,
que pudiera atender al fin los asuntos de nuestra hacienda.



Salamanca me deslumbr. Su universidad era como un inmenso caldero en
ebullicin, donde se mezclaban, de forma incomprensible para m, los
elementos ms dispares: a un lado, la solemnidad de las aulas, el rigor de
los maestros, el placer de poder profundizar en cualquier disciplina; a
otro, las burlas al esfuerzo intelectual, las borracheras, las aventuras
galantes, el alma inquieta de la poblacin estudiantil, ms inclinada a
buscar las verdades del Cielo y de la Tierra bajo el corpio de mozas
complacientes, que en el estudio perseverante de las obras de Aristteles o
San Agustn.

Pas unos meses sin poder centrarme en nada, dedicando la mayor parte del
tiempo a deambular de un lado para otro con los compaeros de estudio, como
una hoja arrastrada por aquel vendaval de nuevas sensaciones, y sola
responder a las frecuentes misivas de mi padre con un rosario de excusas y
falsos propsitos.

Algn tiempo despus conoc a Pedro Meja, hombre de ciencia venido de
Sevilla, que habra de jugar un papel decisivo en mi vida. Este joven
maestro llevaba algunos aos en Salamanca y, a pesar de no alcanzar an la
treintena, posea profundos conocimientos de cultura clsica, matemticas e
historia, pero sobresala sobre todo por su inclinacin al estudio de los
astros, lo que, entre la poblacin estudiantil, le haba valido el apodo un
tanto desdeoso de el astrlogo, y no era raro verlo en compaa de
marinos afamados y de cartgrafos, quienes acudan a l atrados por su
creciente fama de sabio.

Era persona de costumbres austeras y apenas dedicaba cuatro o cinco horas
de la noche al sueo. Durante el da imparta clases de matemticas y
atenda un sin fin de obligaciones derivadas del renombre que haba
adquirido en las aulas. Algunos aseguraban que mantena correspondencia con
Erasmo de Rotterdam, aunque l se declaraba siempre ardiente defensor de la
Iglesia romana.

Empec a asistir a sus clases, y qued impresionado por la rara habilidad
con que era capaz de convertir los clculos ms intrincados en un simple
juego de propuestas lgicas. Pero lo que ms influy en mi nimo para
decidirme a indagar en las enseanzas del maestro, fue su profunda
conviccin de que el Sumo Hacedor haba concedido al hombre un poder de
raciocinio capaz de elevarle a la comprensin definitiva del cosmos. En su
opinin, la ciencia matemtica brindaba el nico camino seguro para
desentraar las leyes inmutables con las que Dios haba decidido regir la
Naturaleza.

Aquellas ideas audaces encontraron terreno abonado en mi espritu inquieto.
Era pues posible llegar a entender qu es en realidad el mundo? Desde la
antigedad, los ms grandes filsofos se haban enfrentado a tan arduo
enigma; los estoicos conceban el universo como un organismo vivo dotado de
un alma, el logos, que rega todas las relaciones entre sus partes.
Aristteles explic el movimiento de los planetas por medio de un
complicado mecanismo de esferas transparentes que giraban unas dentro de
otras, y Aristarco de Samos propuso, por vez primera, un sistema
heliocntrico, en el cual el Sol y la esfera de las estrellas fijas se
encuentran en reposo, mientras que los planetas y la Tierra giran alrededor
del astro rey. Tiempo despus, Tolomeo volvi a situar la Tierra en el
centro del universo, al desarrollar un modelo matemtico ms preciso que se
cea mejor a las observaciones astronmicas.



Decid arrinconar los libros de leyes y, durante los aos siguientes, me
dediqu con ahnco al estudio de esas cuestiones, convirtindome a la
postre en el discpulo ms destacado del astrlogo, lo que a ms de
abrirme numerosas puertas en el mundillo universitario, me permiti
intervenir en la preparacin de varios estudios sobre nuevas tcnicas de
cartografa, que suponan avances importantes sobre las existentes y fueron
recibidos con gran inters por los cosmgrafos del emperador.

Una o dos veces al ao volva a Olmedo a visitar a mi padre, quien
resignado desde tiempo atrs a no contar con mi ayuda para la
administracin de sus negocios, mostrbase cada vez ms sorprendido ante el
creciente prestigio que su extrao hijo iba adquiriendo entre los doctores
de Salamanca.

Realic estudios importantes por encargo de varias universidades alemanas.
Viaj a Italia en algunas ocasiones, y estando en la Universidad de
Bolonia, recib una escueta misiva de mi maestro, rogndome que volviera
cuanto antes a Espaa para reunirme con l. As lo hice, no sin
sorprenderme de que omitiera en su mensaje cualquier detalle acerca de tan
apresurada demanda, y cuando nos encontramos en Valladolid, me puso al
corriente de una importante nueva: se estaba organizando una segunda
expedicin a las Islas Molucas y Juan Sebastin de Elcano, designado piloto
mayor, haba requerido sus servicios para auxiliarle en una misin que le
haba encomendado el emperador en persona; tratbase de establecer con
exactitud la posicin de las islas, para demostrar que era posible
alcanzarlas navegando hacia poniente, sin atravesar los territorios
portugueses. Pero el maestro Meja, aquejado desde haca meses de unas
fiebres que haban mermado sus fuerzas, no se encontraba en condiciones de
sumarse a la expedicin y haba pensado en recomendarme a m, su ms
distinguido ayudante, para reemplazarle.

Todava ignoro por qu motivo me alist. A nadie se le ocultaban los
riesgos inmensos que entraaba una empresa tal; adems mi vida pareca
haber encontrado un rumbo seguro, y todava en plena juventud, mis trabajos
gozaban ya de cierto reconocimiento.

Me movi la ambicin? el afn de aventuras? An hoy no encuentro
respuesta a tan graves cuestiones.



Zarpamos de La Corua en el verano de 1525 con rumbo a las Islas Canarias.
En Tenerife se hizo provisin de agua y vveres, al tiempo que se reforzaba
el timn de la nao capitana Santa Mara de la Victoria. En el trmino de
diez das, aprovechando una fuerte brisa del noreste, el almirante Loaisa
dio orden de tender todas las velas y la flota avanz con rapidez hacia la
inmensidad del ocano. Se sucedieron las semanas con monotona y slo
recuerdo que pasaba buena parte del tiempo en una pequea recmara, rodeado
de mapas y cartas marinas. Al anochecer, si el cielo estaba despejado, me
reuna en cubierta con el oficial de navegacin para fijar nuestro rumbo
con la ayuda de las estrellas.

Transcurridos ms de dos meses, tras alcanzar los veintids grados de la
lnea equinoccial, avistamos las costas del Nuevo Mundo. Navegamos hacia el
sur sin perder de vista la lejana franja de tierra, hasta que la escasez de
las reservas de agua comenz a sembrar el malestar entre los hombres y el
almirante decidi recalar en una amplia baha al abrigo de los vientos.

All permanecimos durante el tiempo necesario para revisar el casco de los
navos y hacer acopio de las escasas provisiones que aquella regin fra y
desolada poda brindarnos. Durante esos das habl en varias ocasiones con
el Cano; era un hombre recio, magro de carnes y parco de palabras. Su
mirada penetrante transmita una determinacin capaz de superar cualquier
adversidad. Supe por l de la insistencia del emperador en que, una vez
alcanzadas las Islas Molucas, no se escatimara ningn esfuerzo para
encontrar una ruta de vuelta hacia las costas de Nueva Espaa, pues slo
as sera posible organizar el transporte de especias entre sus dilatados
reinos, sin necesidad de cruzar las posesiones de Portugal.

Hicmonos de nuevo a la mar hasta alcanzar el paso al ocano de las Indias,
descubierto cuatro aos antes por Fernando de Magallanes, que Dios tenga en
su gloria. Bien quisiera poder olvidar las desgracias que se abatieron
sobre todos nosotros a partir de ese momento. El tiempo cambi bruscamente
y fuertes rfagas de un viento helado barrieron la cubierta, mientras
enormes olas coronadas de espuma sacudan la nave como si fuera una cscara
de nuez. El pavoroso silbido del viento en las jarcias y los violentos
golpes de mar impedan escuchar las rdenes del piloto, salvo durante
pausas momentneas. Tras algunos das de temporal, la nao Santiago, que
navegaba a estribor con la arboladura muy daada, desapareci de nuestra
vista, como tragada por la niebla; nunca supimos de la suerte que habran
corrido la tripulacin y su capitn, Santiago de Guevara.

A breves perodos de calma siguieron nuevas tempestades, a cual ms
espantosa, que hicieron zozobrar a tres de las naves restantes. Pero Dios
haba dispuesto que nuestras calamidades no acabaran ah; el almirante
orden fijar derrota noroeste, y al cabo de varios meses ms de navegacin
sin divisar ninguna isla, fue necesario racionar el agua y los alimentos.
Los hombres, desmoralizados y con escasas fuerzas, enfermaban de un extrao
mal; hinchbanse las encas y los dientes se separaban de su natural
asiento con slo tocarlos. El hambre lleg a torturarnos de tal modo, que
algunos empezaron a comer ratas que conseguan atrapar en las bodegas.

Las bajas se contaban por decenas y la muerte no respet ni siquiera al
almirante de la flota, quien falleci cuando haba transcurrido alrededor
de un ao de nuestra salida de Espaa. Pocas semanas despus, fue Juan
Sebastin el que nos dej para siempre. Todava me parece estar viendo a
los que quedbamos con vida en nuestro navo, contemplando desde la
cubierta cmo el cuerpo amortajado de aquel navegante ejemplar era
entregado a la mar desde la Santa Mara de la Victoria.

De lo que sucedi en los meses siguientes, slo guardo recuerdos confusos.
La poca agua que an restaba en la bodega estaba corrompida y slo gracias
a la lluvia que podamos recoger en algunas velas extendidas sobre cubierta
conseguamos mitigar la sed. La fuerza del sol nos abrasaba, me senta
aturdido por la fiebre y albergaba el convencimiento de que era llegada mi
ltima hora.

Haca ya varias semanas que habamos perdido de vista a la nao capitana y
navegbamos sin rumbo fijo. Una noche, mientras yaca extenuado en la
toldilla de popa, me sobresaltaron los gritos de la marinera; la fuerte
brisa, pronto se convirti en un viento huracanado y a cada embestida de
las olas, la mesana y el palo mayor crujan de un modo espantoso, como si
fueran a saltar en mil pedazos en cualquier momento. En medio de la
confusin reinante, slo alcanc a comprender que nos hallbamos a merced
de la tormenta. Al poco, retumb bajo nosotros un rumor sordo, como el de
un trueno, mientras la nave viraba de costado y se oa el estrpito de las
cuadernas al saltar hechas astillas. Luego, intent ponerme en pie y
alguien tir de m con fuerza; despus, deb golpearme la cabeza y ya slo
hubo silencio y oscuridad...



Aquella isla perdida en el reino de las mareas se convirti en una nueva
patria y, si Dios as lo ha ordenado, ser nuestra ltima morada. Gracias a
los restos del naufragio, los escasos supervivientes conseguimos construir
una rstica vivienda, en un lugar protegido del sol y los vientos, frente a
esta inmensa playa de arena blanca que se extiende entre los arrecifes
poblados de peces y las selvas del interior.

Nuestros afanes, desde entonces, se resumen en uno solo: sobrevivir. Y lo
cierto es que hemos tenido la fortuna de dar con nuestros huesos en un
lugar donde la prodigalidad de la naturaleza nos asegura el diario
sustento.

No creo tener cumplidos ms de treinta y tres aos, pero me siento como si
hubiera visto ya transcurrir toda mi vida. Se desvanecieron las ilusiones
que encandilaban los tiempos felices de Salamanca y, sin embargo, cuando en
las noches serenas levanto la vista hacia las estrellas, resplandecientes
entre el ramaje de la selva, me invade un sosiego que no alcanzo a
explicarme.

Me pregunto a veces si nuestra ciencia puede bastar para dar respuesta al
misterio de la Creacin. Hasta he llegado a pensar que, tal vez, sea vano
el afn de buscar la verdad en el discurso sutil de los sabios. Puede que
la verdad viva en nosotros ya antes de empearnos en encontrarla.

Nosotros y el anhelo que sentimos de entender el mundo, acaso sea esa la
nica verdad.



Notas del autor

 El protagonista del relato es un personaje de ficcin. No as Pedro Meja
  (1497-1551), destacado matemtico y cosmgrafo sevillano, conocido
  tambin por su produccin literaria, as como por ser cronista del
  emperador Carlos V.

 En realidad, slo la Santa Mara de la Victoria, nao capitana de la
  expedicin de Loaisa, consigui internarse en el Ocano Pacfico y llegar
  a las Islas Molucas (octubre de 1526). El resto de las naves que
  componan su flota, o bien se hundieron al intentar cruzar el estrecho de
  Magallanes, o se extraviaron a causa de las tormentas. Los supervivientes
  de la nao capitana construyeron un fuerte en Tidore (Islas Molucas) y
  resistieron los ataques de los portugueses hasta noviembre de 1530,
  cuando les lleg la noticia de que Carlos V haba firmado el Tratado de
  Zaragoza, cediendo dichas islas a Portugal por 300.000 ducados.

 Los ltimos espaoles abandonaron las islas especieras entre 1534 y 1535:
  entre ellos figuraba Andrs de Urdaneta, a quien le estaba reservado el
  descubrimiento de la ruta para volver de Oceana a Amrica.

** Carlos Montuenga
   cmrbarreira@hotmail.com
   Escritor espaol (Madrid, 1947). Doctor en ciencias. Colabora con
   artculos y relatos en publicaciones de comunicacin social, tales como
   ETC Magazine (Buenos Aires) en espacios literarios como Vorem, Margen
   Cero, Ariadna (Asociacin de Revistas Electrnicas de Espaa), Revista
   Amalgama, Revista Voces y en portales de la red dedicados a la difusin
   de la filosofa y el humanismo como La Caverna de Platn y Liceus.



=== Poemas      Salomn Valderrama Cruz ===================================

*** Las flores negras

      [Rosa de rosa, idntica y sensible;
      a tu ejemplo, profano y mudadero,
      el poeta hace la rosa que es terrible.
      Martn Adn]

La flor amarga que es figura esbelta
Est pariendo a su hijo el esperpento
Aqul que erigir en el propio llanto
La flor que ser la materia muerta
En el viaje infinito que es la vida
De ave negra hacia su agujero blanco
Que est suspendido al viajero manco
El creador de flores y de vida
Protector de los valles siderales
El juez de las estaciones. Naciente
Invierno que eres padre de las flores
Las muertas en el pecho crepitante
Del juntador de naves y de piedras
Aqul que ser madre de las hidras



*** El juguete que es la palabra

      [Me miran los ojos el cielo
      Despertar sin vrtebras sin estructura
      La piel est en su eternidad
      Se suaviza hasta perderse en la memoria
      Exista no exista
      Emilio Adolfo Westphalen]

La palabra juega
Para s misma
Como juegan
En sus juegos
Las bestias sin palabras
En la ruta del pjaro
Que siempre es l
Como pjaro ajeno a la palabra
Entonces la palabra
Se revuelca de memoria
Como se revuelcan los que acaban
Olvidando las palabras
En el poema del viejo cantor
El eternamente joven
Que ya parece despistado
En la imprecacin
Se transforma
Un llamado sencillo
Que no perdona el olvido
Que no ahoga las lgrimas
En una despedida sorda y ciega
Ya para entonces Muda
Como la misma palabra
La que se aleja
De la bestia
De su juego
Del miedo de ser
Olvidada
Ella misma se inventa en la guerra
Ella misma es el invento que juega
Tan vieja
Como la misma palabra palabra
Como la misma guerra guerra
Como el mismo hombre hombre
Como la misma bestia bestia
Y los nios tambin juegan
Los nios juegan a la guerra
Con sus juguetes
Petlicos, flicos...
De hombres
Hacen la guerra
Donde juegan
Con sus juguetes
Metlicos, matlicos...
Y donde la guerra fue juego
Ahora ya es el juguete
Del nio viejo
Aqul que quiere inventar la ltima palabra
Fin.



*** Ya son como 20 de veinte guernicas

      [Dejo mi sombra,
      una afilada aguja que hiere la calle
      y con tristes ojos examina los muros.
      Sebastin Salazar Bondy]

Arrebatos de m estn componiendo los comparados filsofos
La difana vena del ser impotente
En nmeros 20 veinte a 20 en veinte y 20 de veinte de otra ya
Incontable economa del cielo
Al arrebato en concretados ngeles marrones
Los ciervos del feudo
Esperando a la concertacin del dios
Todo-potente de sangre comida papel y agua
Mucha de excesos de agua
En principia
La navegacin de la lgrima
Sin rumbos
Trazando escarpadas costumbres dismiles
El juego de sangre
T me arrojas por la borda y yo hago que me caigo
Para volver y tirar al yo otra vez
Delante de ti en mi secreto regreso
A-debajo en la rfaga de clera
Extraando el oprobio de cuantos futuristas claman
La poca culterana en mi adagio
La peyorativa del sexo en concreto
En las manos izquierdas las banderas abyectas
Del otro pas vecino
En mi hermano mentado lo dejo para diez aos ms
Estar esperando a Ecuador en Chile y a Brasil en Bolivia
Para entenderlo y no matarnos
Escondiendo las 20.000 dagas guernicas.



*** A dos flores

      [Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
      se ir secando a pausas nuestra excelsa amargura;
      y habrn tocado a sombra nuestros labios difuntos.
      Csar Vallejo]

El hombre de las flores est triste
Cimentado en las nueve nubes negras
Que son sus viajes a unas tierras rojas
Porque el sable ha soado con su muerte
Ahora que su imagen est lejana
Y dbil el reflejo de sus ojos
Ahogados en los meteoritos ciegos
Otrora quin sabe Luceros de Ana
Cuando la rosa era amada en las manos
Baada a ardiente sol de medio da
Como veleros blancos por los ros
Navegando en el viaje sin retorno
Hacia el destino ciego todava
Donde el soneto es viejo y el amor tierno.



*** Te veo poesa

      [de citas y visitas
      a las que asisto puntualmente
      pero es tarde
      hace fro
      y estoy sola.
      Mara Emilia Cornejo]

Te veo baada
En estas mis hojas
Color de la vida
Te veo resuelta
En estos tus pasos
Delicados poemas
Color de las flores
Perdidas
En el viejo sendero
Caminando
Contemplando absorto el ro
Como viajera pura
Apegada
A esta baada de flores ladera
Color de la vida
Te veo perdida
En estas laderas
Baadas por la lluvia negativa
Aquella que en vez de caer
Sube parriba
Como suben tus pasos luchando
A favor de la vida
Te veo dolida
En estos mis versos
Color de la vida
Color
De esa herida
Que yace
Pegada
A tu muslo
Como una sonrisa
Que sangra
Cuando no es amada.



*** De Lampa para El Porvenir

      [Ignoro otra mirada que no sea como un vuelo
      reposado y profundo, ignoro otro paso lejano,
      ola que fuese ms clara que la vida en mi pecho.
      Javier Sologuren]

Yo siempre he estado en el mundo
Ahora que me puedo acordar de mi futuro de mi presente
Y sin pronunciarlo en lo que me antecedi 

En mi volquete sellados estn
Mis siete aos felices
Con juguetes baados de un carioso ocano verde
Donde salta la vida
Y se baan las aves brillantes
En ventanales de eternos crepsculos
Viajeros
Mis ojos cambiantes en m 

Ave de verano pintado en invierno
Como recogido en el otoo perdido de setiembres
Que a veces muy pocas me han hecho llorar
Solitario en mi cuna de barro
El abismo que me incita tambin a volar
Un cerncalo de refraccin sedosa
Rodeado al ataque en las cimas
Del cojo ratn estar
Maltratado con una copa de puro alcohol
Al olvidar mi tristeza
Al recordar mi futuro los colores violeta
De mis (s)alas de estar
Siempre tan solo
Como siempre parece que estar aqu
En mis cuadros de colores
Donde el trazo de loco rememora
En mi muerte el siglo XIX
Cuando no me llamaba Vincent van Gogh
Sino ahora cuando estoy solitario en el Per
Dejo a mis amigos querer y amar lo que ya no se puede
As como un nico Vctor Humareda
En mi camioncito vestido
Del color que yo quiero
Ahora que se me permite poder
Lo que quiero es volar
Pero de Lampa para El Porvenir!



*** La fuenteflor

      [Y mi cuerpo ser gozado
      Trescientas veces ms de lo que t puedes
      Imaginar
      He ah mi venganza, pequeo
      He ah mi goce.
      Patricia Alba]

El pintor de las altas cumbres suea
Olvidar la geometra plana
Para poder hacer en la manzana
A la maana descubierta nia
Como fuente del bebedor del cielo
Y del raptor de largas flores solas
Las desdichadas hijas de las rosas
Por las ventanas los besos del hielo
El sometido a la joven historia
Aquella que es escasa de los triunfos
Casi desconocida en la memoria
Vieja como es la madre del artista
Inventado por los hechizos brujos
El pintor de la fuenteflor ms alta.

** Salomn Valderrama Cruz
   eljuguetequees@latinmail.com
   Escritor peruano (La Libertad, Chilia, 1979). Ha publicado Adrina,
   Sinfona de flores cruzadas, De Lampa para El Porvenir, Las flores
   negras, La revolucin de las cosas, Los hijos de mi casa hermosa,
   Sonidos de algunos instrumentos tuertos y En el agujero del poncho.



|||||||||||||||||||||||||||    POST SCRIPTUM    |||||||||||||||||||||||||||

La poesa es resistencia frente a un mundo que se vuelve cada vez ms
cruel, cada vez ms terrible, deshumanizante, porque todo lo que pasa no
est fuera de lo humano, y creo que la palabra es una forma de resistencia
muy clara frente a todo esto.

      Juan Gelman, entrevista con Claudia Posadas para Radio Nederland (25
      de septiembre de 2000).



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