
         ~~~~~~~~~~~~~~~            Ao XI     Cagua, Venezuela      N 159
           ~~~~~~~~~~~              =======================================
           ~~~~~~~~~~~                     LETRALIA, Tierra de Letras
           ~~~~~~~~~~~                      http://www.letralia.com
           ~~~~~~~~~~~              =======================================
           ~~~~~~~~~~~                         5 de marzo de 2007
           ~~~~~~~~~~~
           ~~~~~~~~~~~                   LETRALIA, Tierra de Letras, es
           ~~~~~~~~~~~                    la revista de los escritores
           ~~~~~~~~~~~                   hispanoamericanos en Internet.
           ~~~~~~~~~~~                     Usted puede enviarnos sus
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           ~~~~~~~~~~~                   literario a info@letralia.com
           ~~~~~~~~~~~          ~                      *
           ~~~~~~~~~~~        ~~~         JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor
           ~~~~~~~~~~~      ~~~~~         Depsito Legal: pp199602AR26
         ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

=== Sumario ===============================================================
                                                         |
La biblioteca de Tln, Jorge Gmez Jimnez.            | Editorial
                                                         |
Sesam. / Divino Dante. / Necronomicn 14. / Argentina en | Breves
la Biblioteca Cervantes. / Corrigiendo poesa. /         |
Enfrentarse a la hoja en blanco. / Ciudad corprea. /    |
Quemando libros. / Warhol en el Caribe. / Dispora y     |
Parra en dos ediciones.                                  |
                                                         |
Carlos Peramo obtiene el II Premio Bruguera de Novela. / | Noticias
Manlio Argueta presenta toda su poesa en un libro. /    |
Luca Etxebarria condenada a pagar tres mil euros por    |
plagio. / Polmica por manuscritos de Rubn Daro        |
obsequiados a Hugo Chvez. / Publicados cuentos          |
completos de Carmen Laforet. / Sustituido un miembro del |
jurado del premio Rmulo Gallegos. / Fabio Morbito gana |
el premio Antonin Artaud 2006. / Tres trabajos de Pablo  |
Picasso fueron robados en Pars. / Cinemateca de Cuba se |
enfrenta al deterioro de filmes. / Jon Juaristi obtiene  |
con su primera novela el XXXI Premio Azorn. / Paz y     |
Esquivel en un seminario en Suiza. / Academias           |
publicarn nueva edicin de Cien aos de soledad. /      |
Libreros espaoles se reunirn en Alcal de Henares. /   |
Realizan en Argentina seminario sobre literatura para    |
nios. / Realizarn en Venezuela el I Festival           |
Internacional del Fuego. / IV Festival Mundial de Poesa |
ser en homenaje a Ana Enriqueta Tern. / Una antologa  |
revisar la obra de escritoras venezolanas. / Realizarn |
en Toledo curso sobre medios y literatura. / Abrirn en  |
San Telmo el primer museo dedicado a Jorge Luis Borges.  |
                                                         |
Vargas Llosa y el erotismo: medicina e ideologa, Ren | Artculos y
Flores Agreda. / La palabra sin oficio, Leonardo       | reportajes
Maicn. / Roma, laberinto de espejos, Carlos           |
Montuenga. / Nocturno y otros desamparos, de Moiss     |
Agosto Rosario, Yolanda Arroyo Pizarro. / Conjuro del  |
demonio meridiano (notas sobre Agamben y Foucault para   |
una fantasmofsica), Rafael Toriz. / Intencin,        |
responsabilidad y libertad, Oswaldo Roses. / Una voz   |
en la oscuridad, Miguel A. Schmucke P. / Apostilla     |
tras apostilla, Lobsang Castaeda.                      |
                                                         |
Guillermo Cadrazco, un artista integral: La poesa     | Entrevistas
paga de muchas maneras , Rafael Ortega.                |
                                                         |
Un solo soador: el ensayo en Latinoamrica, Karina    | Sala de ensayo
Falcn. / Libertad, igualdad y fraternidad, pero no     |
para los indios, Carlos Bastidas Padilla.               |
                                                         |
Adorables enemigos, Mara Anglica Franco Fras. /     | Letras
Poemas inertes, Manuel Cabesa. / Los hombres de la    |
ley, Patricia Romana Brcena. / Poemas de Martha        |
Espejo. / Amor de frutas, Sergio Llorens. / Tres       |
textos de Mooning over Water, C. A. Campos. / El      |
libro sabio, Yvette Schryer. / Cuatro poemas de Nohem  |
Hinojosa Rivera. / Cupido acrbata, Luis Xeiroto. /    |
Ahora que el amor se me instala, Nuria Ruiz de         |
Viaspre. / Historias de otro mundo, Hctor Javier     |
Pea. / Poemas de Luciana Andrea Mellado. / El loco,   |
Pablo Mendieta Paz. / Poemas de Fred More. / El         |
encuentro, Mercedes lvarez Gutirrez. / Tres poemas de |
Oscuro nacimiento, Gonzalo Mrquez Cristo.             |
                                                         |
La Honda y el Pjaro, Cooperativa Cultural Al Margen   | El regreso
del Jardn.                                              | del caracol
                                                         |
Hermann Hesse.                                           | Post Scriptum
                                                         |
===========================================================================
             Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Ao
                     http://www.geocities.com/SoHo/8753
===========================================================================
   Premio "La Pgina del Mes" de Internet de Mxico el 3 de mayo de 1998
                         http://www.internet.com.mx
===========================================================================
      Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998
                          http://www.megasitio.com
===========================================================================
    Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999
                          http://www.redchilena.cl
===========================================================================
         Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999
                       http://www.fortressdesign.com
===========================================================================
          Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999
                          http://www.exodusltd.com
===========================================================================
    Premio Mejor Pgina de Poesa, de La Blinda Rosada, en julio de 1999
                         http://blindarosada.org.ar
===========================================================================
   Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004
                          http://www.lomejorde.com
===========================================================================
      Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005
                          http://www.lomejorde.com
===========================================================================
    Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia
                      http://www.stockholmchallenge.se
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|||||||||||||||||||||||||||||    EDITORIAL      |||||||||||||||||||||||||||

=== La biblioteca de Tln      Jorge Gmez Jimnez ========================

Internet (que algunos imaginan como una biblioteca) se compone de un nmero
indefinido, y tal vez infinito, de galeras hexagonales. Una de las caras
libres de cada hexgono da a un angosto zagun, que desemboca en otra
galera, idntica a la primera y a todas. No es de extraar que en
Internet, como en la delirante biblioteca descrita por Jorge Luis Borges,
abunden contenidos de naturaleza informe y catica.

Ya se sabe: por una lnea razonable o una recta noticia hay leguas de
insensatas cacofonas, de frragos verbales y de incoherencias. La frase
de Borges no constituye una descripcin de los contenidos que pueblan la
red, sino de los libros que pueblan la Biblioteca de Babel. Para el caso es
lo mismo: poco a poco intuimos la constatacin terrible de que Borges no
poda imaginar, sino slo describir.

Otra ficcin del escritor argentino alude a una raza que produce objetos
materiales al sublimar a la calidad de ideal un modelo real. Se trata,
claro, de Tln, Uqbar, Orbis Tertius, y de la intrincada como concisa
mitologa que Borges construye alrededor de Tln, un lugar cuyos habitantes
tienen la certeza de que todo sustantivo (hombre, moneda, jueves,
mircoles, lluvia) slo tiene un valor metafrico.

En Tln es inconcebible que alguien encuentre un objeto que, previamente,
ha sido extraviado por alguien ms. El supuesto se considera absurdo pues
implicara el concepto de identidad: la realidad del sustantivo como un
contenido semntico que se refiere a una persona o a un objeto. Las monedas
que un hombre encuentra no son las que otro ha perdido; slo tienen la
capacidad de ser iguales, en forma y cantidad, a las que perdi el primer
hombre, pero no pueden ser las mismas porque igualdad no es identidad.

Tal estructura de pensamiento derivara en la concepcin de los hrnir como
explicacin para el acto imposible de encontrar. Un hombre no puede
encontrar algo, la bsqueda es un sistema evidente de creacin. El objeto
no ha sido hallado, ha sido creado y ha tomado como base un objeto ideal.
Los hrnir, por lo tanto, no pueden tener un parecido perfecto con el
objeto que los inspir: tales objetos secundarios son, aunque de forma
desairada, un poco ms largos, y Borges los consider hijos casuales de
la distraccin y el olvido.

Hay un punto en el que ambas imaginaciones coinciden (y no nos referimos a
la repeticin, en ambas, del vocablo imposible axaxaxas ml). Los libros
de la Biblioteca de Babel recorren leguas de insensatas cacofonas porque
el nmero infinito de los anaqueles en que se hospedan deriva en un nmero
igualmente infinito de combinaciones de palabras y caracteres. Un pensador
de Tln podra argir, por supuesto, que tales combinaciones son infinitas
en realidad porque derivan ad aeternum de un nmero desconocido de objetos
ideales.

En esta biblioteca de Tln en la que estamos inmersos, son inevitables las
leguas de cacofonas por cada recta noticia. La produccin de informacin
en la actualidad se desenvuelve a un ritmo frentico que crece en forma
exponencial. Cada ejemplar es nico, irreemplazable, contina Borges
describiendo su mtica biblioteca, pero (como la Biblioteca es total) hay
siempre varios centenares de miles de facsmiles imperfectos: de obras que
no difieren sino por una letra o por una coma. Slo la existencia de
artilugios como los motores de bsqueda y los feeds nos previenen del
torrente de datos intiles (asumiendo, claro, que la utilidad de los datos
es un asunto completamente subjetivo).

Profusin de informacin por lo general conlleva a degradacin de
informacin. No es descabellado, en este sentido, el futuro que plantea el
documental Epic 2014 (http://www.youtube.com/watch?v=He22EGXJOqI), de Robin
Sloan y Matt Thompson (http://www.robinsloan.com/epic): los medios de
comunicacin han desaparecido, y el pblico se vuelca sobre contenidos de
inters eminentemente local. La gente participa en forma masiva en la
produccin de informacin, pero los contenidos son fragmentarios: una
colosal corporacin Googlezon los distribuye entre los usuarios de la
red basndose en sus caractersticas personales.

En su mejor versin, dice el narrador del documental, el servicio ha sido
diseado a medida para los lectores ms inteligentes: la muestra de la
visin del mundo ms amplia, profunda y detallada en la historia. Pero en
su peor versin, no es sino una muestra de trivialidades culturales, muchas
de ellas falsas, superficiales y sensacionalistas.

Informacin y consumo es la mezcla que prevalecer, sin duda, en ese futuro
que ya empieza a ser presente. Datos que se repiten, por lo general slo
diferenciados en la disposicin de la plataforma que los muestra o,
llevando el razonamiento al paroxismo, por una letra, por un dgito.

                                                Jorge Gmez Jimnez, editor
                                             http://www.letralia.com/jgomez



|||||||||||||||||||||||||||||||    BREVES    ||||||||||||||||||||||||||||||

Sesam. Acaba de aparecer el nmero 74 de la revista Sesam, que publica
desde Argentina la Sociedad de Escritores de San Martn y se distribuye por
correo electrnico en formato Word. La publicacin incluye textos
literarios, biografas de autores, anlisis de errores gramaticales y
ortogrficos, noticias y otros temas de inters para el amante de las
letras. Para suscribirse basta con solicitar el envo de las ediciones a la
direccin electrnica sesam_literatura@hotmail.com.

Divino Dante. El pasado 20 de febrero se dio a conocer el veredicto del
Primer Concurso de Cuento Corto Dante Alighieri, certamen organizado en
Colombia por (Sic) Editorial. El primer premio correspondi al relato
Ofrenda, del peruano Pedro Flix Novoa Castillo, quien se present al
concurso bajo el seudnimo Vacuo Dei, mientras que el relato El
lanchero, de Susana Moyano, recibi una mencin especial. Los jueces de
esta primera edicin del certamen fueron Luis Lloreda Parra, Pablus
Gallinazo y Mara Jos Montoya. La editorial publicar el Libro Total de la
Divina Comedia, un proyecto que pretende vincular las diferentes versiones,
ilustraciones, comentarios, obras musicales, notas histricas relacionadas
con la obra cumbre de Dante Alighieri.
http://www.sicenelmedio.com

Necronomicn 14. A finales del mes de febrero apareci la edicin N 14 de
la revista de ciencia ficcin y terror Necronomicn, que se adelanta apenas
unos das al septuagsimo aniversario de la muerte del genio de Providence,
Howard Phillips Lovecraft, creador del grimorio del que esta publicacin
venezolana ha tomado el nombre. Juan en penumbra y Piano man, de Ivn
Olmedo; De la lucha de clases en el ms all, de Manuel Torcuato, y El
saludo y Un punto de distraccin, de J. Javier Arnau, son las historias
cortas de ambos gneros que, con ilustraciones, como es usual, de Juan
Raffo, pueblan esta edicin.
http://necronomicon.avcff.org/necronomicon/necro14/necro14.htm

Argentina en la Biblioteca Cervantes. La Biblioteca Virtual Miguel de
Cervantes inaugur este 1 de marzo su Portal Nacional de Argentina, un
nuevo espacio electrnico creado con la colaboracin de la Biblioteca
Nacional de la Repblica Argentina y la Academia Argentina de Letras. La
iniciativa nace con el objetivo de construir un gran espacio de intercambio
cultural, un gran fondo bibliogrfico y documental que presenta a los
internautas lo ms representativo de la tradicin cultural argentina. En la
pgina se encuentran ttulos imprescindibles del patrimonio cultural de
aquel pas, como la Vida de Juan Facundo Quiroga, del que fuera presidente
entre 1868 y 1874, Domingo Faustino Sarmiento; la Amalia de Jos Mrmol,
los Cuentos de muerte y de sangre de Ricardo Giraldes, El matadero de
Esteban Echeverra o el Martn Fierro de Jos Hernndez, as como obras de
otros autores destacables, como Evaristo Carriego o Bartolom Mitre.
Adems, es posible escuchar a Oliverio Girondo, consultar los manuscritos
de Don Segundo Sombra (de Giraldes) o de algunos poemas de Alfonsina
Storni y contemplar las imgenes que componen los lbumes de la propia
Storni o de Roberto Arlt, iniciador de la novela argentina contempornea.
http://www.cervantesvirtual.com/portal/argentina

Corrigiendo poesa. Ren Villar dictar en Mar del Plata, un Curso de
Correccin de Poesa en Verso Libre auspiciado por la Fundacin de Poetas.
La actividad se desarrollar en la Biblioteca Popular Juventud Moderna
todos los sbados de marzo, abril y mayo entre las 10 de la maana y las 12
del da. La inscripcin, que tiene cupo limitado, cuesta $25. Se contempla
en un futuro la posibilidad de impartir el curso por Internet.
fundaciondepoetas@yahoo.com.ar

Enfrentarse a la hoja en blanco. Este 6 de marzo se iniciar Cmo
enfrentar la hoja en blanco?, taller de redaccin I que dictar Irene
Cabrejos de Kossuth en el Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo
Polar en ocho sesiones, los martes de 7 a 9 de la noche, en Lima (Per). El
taller cubrir aspectos como estrategias de redaccin, estilo formal e
informal, organizacin de ideas, puntuacin y acentuacin, estructura del
prrafo y otros temas. La inscripcin tiene un costo de 120 soles para los
estudiantes y 150 para el pblico en general.
http://celacp.perucultural.org.pe

Ciudad corprea. Seis conferencias, tres conversatorios y dos talleres
conforman el seminario Arte, cuerpo y ciudadana que, del mircoles 7 al
domingo 11 de marzo, se realizar en el Museo de Bellas Artes de Caracas
para gestionar proyectos artsticos de investigacin y capacitar a los
artistas y estudiantes de danza. La participacin en el seminario, dirigido
al pblico en general, es gratuita, y contar con la participacin de
socilogos, arquitectos, antroplogos, artistas plsticos, videoartistas y
creadores de la danza. La actividad busca impulsar un proceso de
revitalizacin del espacio pblico y comunitario a travs de la accin e
investigacin, por lo que desde febrero se han inscrito estudiantes y
artistas que buscan fortalecer los diferentes usos de los espacios
pblicos. El objetivo del seminario es fomentar proyectos artsticos en
lugares urbanos con miras a promover el espacio pblico como lugar de
encuentro y comunicacin, as como establecer un vnculo con las
comunidades y con su herencia cultural y memoria colectiva mediante la
creacin artstica.

Quemando libros. A partir del jueves 8 de marzo, a las 9:30 de la noche, se
presentar todos los jueves la obra de teatro Biblioclastas, de los
argentinos Jorge Gmez y Mara Victoria Ramos, en el Teatro de la Fbula,
Agero 444, Capital Federal (Buenos Aires, Argentina). La obra, que fuera
estrenada en marzo del ao pasado, aborda la destruccin de libros y el
plan sistemtico de censura cultural implementado por la ltima dictadura
militar en el pas sureo. Fue corregida por Griselda Gambaro y
Hermenegildo Sbat ilustr la grfica de su difusin. Biblioclastas
particip en las muestras del Centro Cultural Recoleta y de la Universidad
Nacional de Quilmes por las actividades a treinta aos del golpe, en el
Pasaje Dardo Rocha de la Ciudad de la Plata, en el Programa Bibliotecas
para Armar de la Secretara de Cultura de la Ciudad. Adems, desarroll una
gira por el interior del pas y cerr en la Biblioteca Nacional el Concurso
Latinoamericano Fernando Bez sobre Bibliotecologa, Documentacin,
Archivstica y Museologa organizado por el Caicyt del Conicet, la Conabip
y la Biblioteca Nacional. El mismo Bez la calific como un milagro en la
historia teatral de Argentina. La entrada tiene un precio de $12 para el
pblico en general y de $8 para jubilados y estudiantes.
jorgegomez71@yahoo.com.ar

Warhol en el Caribe. Hasta el 20 de abril es posible asistir a la
exposicin Andy Warhol: Graphic Works, que se presenta desde finales del
mes pasado en el Museo de Arte Moderno de la Repblica Dominicana. La
muestra estar compuesta por ms de sesenta obras impresas en serigrafa y
litografa, y se present por primera vez el ao pasado en The City
University of New York (Cuny) y llega al pas caribeo desde Japn, donde
fue exhibida en el Museum of Art Seoul National University. Warhol, padre
de la cultura pop-art y una de las figuras artsticas ms influyentes de la
segunda mitad de siglo XX, naci en 1928 en Pittsburg, Pennsylvania, y
estuvo dedicado a la pintura hasta el momento de su muerte en 1987. La
exposicin es una colaboracin de Cuny, el Museo de Arte Moderno de la
Repblica Dominicana y coleccionistas de Estados Unidos y Espaa.

Dispora y Parra en dos ediciones. La revista Ixquic, que publica
semestralmente el Departamento de Idiomas y Culturas de la Universidad de
Otago (Nueva Zelanda), prepara sus nmeros 8 y 9, por lo que est invitando
a participar a intelectuales y estudiosos especializados en los estudios
hispnicos. El nmero 8, que saldr en diciembre de este ao, versar sobre
la dispora latinoamericana y aceptar trabajos que, de manera original,
problematicen y vayan ms all de las definiciones y enfoques tradicionales
de rea, abriendo los estudios de la dispora hacia reas paralelas o
transversales cuya incorporacin o interseccin ayude a una expansin y
mejor comprensin de los fenmenos estudiados. El nmero 9, programado para
julio de 2008, estar dedicado a la poeta, msica, arpillerista, pintora,
ceramista y folklorista Violeta Parra, y aceptar hasta el 30 de septiembre
de 2007 colaboraciones y estudios sobre los mltiples aspectos envueltos en
las diferentes facetas de la artista. En ambos casos los trabajos
propuestos deben enviarse antes del 30 de septiembre de 2007. Los
interesados debern solicitar mayor informacin, as como el texto completo
de las convocatorias, al escritor chileno Sergio Holas, editor de ambos
nmeros.
sergioh@uq.edu.au
http://www.ixquic-journal.ac.nz

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electrnico a breves@letralia.com.



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||||||||||||||||||||||||||||||    NOTICIAS    |||||||||||||||||||||||||||||

*** Carlos Peramo obtiene el II Premio Bruguera de Novela

A mediados de febrero fue anunciado el veredicto del II Premio Bruguera de
Novela, que recay sobre el escritor espaol Carlos Peramo por su obra Me
refiero a los Jtac, tal como inform el jurado nico del certamen, la
escritora Ana Mara Matute. ste es mi mundo literario, declar Matute,
quien adems confes que hace unos aos hubiera podido escribir la obra
ganadora, por la que Peramo recibir 12.000 euros.

Al ser preguntada por la novela ganadora, que tiene por protagonistas a un
grupo de adolescentes de barrio, Matute ha reflexionado sobre la misma y ha
dicho: Hay crueldad y violencia, pero no hay maldad porque no hay
premeditacin, ni alevosa ni beneficio. La crueldad de los jvenes
protagonistas, afirm, es una crueldad inocente, como la de las criaturas;
los fuertes devoran a los ms frgiles. Es una crueldad de la naturaleza.
El nio, segn ella, es el ngel que pasa por el infierno sin conciencia
del mal.

A esta segunda edicin del Premio Bruguera de Novela se han presentado 363
novelas. De todas ellas, han resultado finalistas: Aldaba, de Sin
(seudnimo); El muertito, de Gabriel Durn; Contradicciones en el Mo Cid,
de El Crispao (seudnimo); Dile que no estoy, annimo; La importancia de
las cosas, de Sara Weller, y Csar Vallejo se aburri de estar muerto, de
El Mono Ilustrado (seudnimo).

Bruguera, sello de Ediciones B (http://www.edicionesb.com) dedicado a la
narrativa, quiere distinguirse desde su renacimiento el pasado ao 2006 con
una sea de identidad propia: contribuir a la difusin de autores noveles
con evidente vocacin literaria. En un mercado editorial en el que resulta
muy difcil publicar y dar a conocer a esos autores, Bruguera quiere
comprometerse con la calidad literaria tambin si proviene de autores
desconocidos.

Para ello decidi alumbrar el ao pasado este novedoso premio literario
cuya principal peculiaridad es su jurado unipersonal: cada ao, Bruguera
invita a un autor de reconocido prestigio que acta como jurado nico y
soberano del mismo. La obra ganadora ser publicada el prximo 4 de abril.

Fuente: Europa Press



*** Manlio Argueta presenta toda su poesa en un libro

El novelista ms traducido de El Salvador, Manlio Argueta (San Miguel,
1935), dio a conocer el pasado mircoles 21 de febrero la antologa Poesa
completa, que incluye su casi desconocido trabajo potico de los ltimos
cincuenta aos, entre 1956 (cuando Argueta gan sus primeros juegos
florales en poesa) y 2003.

La antologa fue compilada por Astvaldur Astvaldsson, doctor en literatura
latinoamericana de la Universidad de Liverpool (http://www.liv.ac.uk) y
actualmente parte del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad
de Maryland (http://www.lasc.umd.edu) quien, adems, incluy un estudio
introductorio de unas cien pginas, y sostiene que es el mayor acercamiento
hecho hasta el momento a la poesa de Argueta.

El estudio es sobre mi poesa y el poeta migueleo, mis secretos
familiares y cmo me inici en la poesa, explic Argueta durante la
presentacin. De modo que no slo fue de investigar y buscar mis poemas
perdidos que no estn en libros, sino en publicaciones peridicas la
mayora.

El autor consideraba que el principal foco de atencin de su obra era la
narrativa, sobre todo su novela Un da en la vida, traducida a doce idiomas
y escrita en 1980 con base en testimonios de salvadoreos refugiados en
Costa Rica durante la guerra civil (1980-1992). Astvaldsson, por su parte,
considera que la potica de Argueta tambin est presente en su narrativa.

Poesa completa incluye adems obra indita escrita en 2003. Al ao
siguiente, Argueta quiso volver al gnero, pero no lo logr: Trat de
escribir poesa para experimentar en 2004, pero siento difcil manejar el
lenguaje de tanta concisin y emotividad expresada en imgenes; me hace ver
lo difcil del gnero potico si no se concentra con exclusividad, mis
novelas no me dejan, dice.

Argueta escribi el ao pasado sus novelas El sexto muro, sobre la
migracin, y Las araas de la memoria, sobre el poeta y la poesa.
Actualmente escribe su novena novela, an sin titular, que naci de El
sexto muro, una larga obra que decidi partir. No tiene an editorial para
estas novelas.

Fuente: La Prensa Grfica



*** Luca Etxebarria condenada a pagar tres mil euros por plagio

La escritora Luca Etxebarria reconoci que utiliz los trabajos del
psiclogo valenciano Jorge Castell en su ltimo libro, Ya no sufro por
amor. Etxebarria, demandada en julio de 2006 por apropiacin indebida y
vulneracin del derecho de propiedad intelectual, ha llegado a un acuerdo
con el demandante por el que reconoce que se document para su libro en
los trabajos del psiclogo valenciano.

Segn dicho acuerdo, recogido en el acta de audiencia previa al juicio que
se celebr el pasado 14 de febrero, no se realiz, por un error material,
nota a pie de pgina al transcribir ciertos prrafos de un artculo que
Castell public en 2004 y difundi posteriormente a travs de su pgina
web. Tambin se especifica que no ha existido una intencionalidad
maliciosa por parte de la escritora, siendo evidente que, no siendo
psicloga, deba documentarse en estudios o anlisis efectuados por
profesionales en la materia, sin que se haya pretendido usurpar el trabajo
del demandante.

Dicho error material se produjo a pesar de que Castell contact con la
editorial Martnez Roca (http://www.edicionesmartinezroca.com) en marzo de
2006, cuando ya haba salido a la venta la quinta edicin del libro. Tras
este contacto, la editorial realiz un intento de rectificacin no
satisfactorio as lo consider entonces el psiclogo valenciano en la
siguiente edicin de la obra de Etxebarria, que incluy el siguiente
prrafo: Vista la confusin de unos trminos y otros, voy a comentar un
artculo sobre la dependencia emocional escrito por el doctor Jorge
Castell Blasco. Las definiciones son suyas, los ejemplos caseros, mos.

El psiclogo valenciano demand a la escritora a mediados de julio de 2006
por apropiacin indebida de su artculo Dependencia emocional y
violencia domstica. La demanda de Castell, que consideraba que dicho
artculo apareca reproducido en muchos casos literalmente en el primer
captulo de Ya no sufro por amor, fue admitida a trmite por el juzgado de
lo mercantil nmero 2 de Valencia el pasado mes de septiembre. Ambas partes
llegaron a un acuerdo el pasado 14 de febrero para no llegar a juicio.

Estoy satisfecho porque ella reconoce ahora que los textos son mos y que
no me haba citado, dice el psiclogo. Mi nica intencin con esta
demanda era ese reconocimiento. Ella us mi artculo. El motivo por el que
no me cit no lo s, aunque tengo que aceptar su explicacin de que ha sido
fruto de un error material, pero los hechos me han dado la razn.

El artculo de Jorge Castell apareca reproducido casi literalmente en las
pginas 44-45 y 67 a 86 del libro, sin cita a pie de pgina. Se inclua su
nombre en la bibliografa, pero citando un trabajo distinto, no el artculo
en cuestin. El acuerdo que hemos alcanzado ratifica que todo lo que he
dicho hasta el momento sobre la utilizacin indebida de mi trabajo era
totalmente cierto, declara el psiclogo, experto en dependencia emocional.

Tambin considera la parte demandada que este acuerdo le da la razn.
Luca ya reconoci en su da que como ella no es psicloga se document en
artculos de otros profesionales, sin que haya habido plagio, ha declarado
Raquel Franco, abogada de la escritora. Los hechos nos estn dando la
razn.

Etxebarria deber pagar 3.000 euros de indemnizacin por los gastos
ocasionados, segn se refleja en el acta de audiencia previa al juicio.
El nico objetivo que yo persegua era que se reconociera pblicamente que
ella tena que haberme citado, y no lo hizo, explica Castell. Yo he
tenido siempre buena voluntad y en ningn momento he perseguido un
beneficio econmico. De hecho, el dinero de la indemnizacin es para
afrontar el coste de las acciones legales. No gano un solo euro.

Los autores estamos de enhorabuena (...). Afortunadamente, ha imperado la
cordura y ha quedado claro que la utilizacin de textos ajenos exige la
cita expresa y detallada, explica Castell en un comunicado hecho pblico
el pasado jueves 22 de febrero.

No es la primera vez que la escritora se ve envuelta en un escndalo de
esta naturaleza. En 2001, el semanario Intervi public que Luca
Etxebarria haba plagiado al poeta leons Antonio Colinas en Estacin de
Infierno, y que tambin haba frases enteras literales de Nacin Prozac, de
la periodista y escritora estadounidense Elizabeth Wurtzel, en Amor,
curiosidad, Prozac y dudas. Etxebarria demand a la revista por intromisin
en su honor, pero la publicacin fue absuelta por considerar que la
informacin que dio era veraz.

Fuente: El Mundo



*** Polmica por manuscritos de Rubn Daro obsequiados a Hugo Chvez

Durante su visita a Caracas, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega,
obsequi a su colega y anfitrin Hugo Chvez, el viernes 23 de febrero, dos
poemas originales del poeta Rubn Daro (1867-1916), lo que ha levantado
reacciones adversas en la nacin centroamericana.

Intelectuales nicaragenses tacharon como inapropiado que Ortega obsequiara
a su homlogo venezolano los manuscritos originales de Ensalmos
bolivarianos y Bolvar, por ser parte de la obra dariana y patrimonio
cultural nicaragense que est protegido por ley.

Ambas obras, segn la ley, son Patrimonio Cultural de Nicaragua, por lo
cual debern ser preservadas y conservadas por y para los nicaragenses. La
Ley para la Proteccin y Promocin de la Obra, Bienes e Imagen del poeta
Rubn Daro y Declaratoria del Patrimonio Cultural, Artstico e Histrico
de la nacin de su obra y bienes, establece de manera textual en su
artculo seis, captulo dos, que se declara Patrimonio Cultural y
Artstico de la Nacin la obra literaria publicada o indita del insigne
poeta Rubn Daro.

Y el artculo dos del captulo uno de esa misma ley establece que ser el
Ministerio de Educacin, Cultura y Deportes (http://www.mecd.gob.ni),
mediante el Instituto Nicaragense de Cultura, el encargado de garantizar
la integridad de la obra de Rubn Daro.

El escritor Sergio Ramrez cuestion la accin de Ortega indicando que el
patrimonio cultural de Nicaragua es inviolable y que quienes detentan el
poder deben ser los primeros en respetarlo. El presidente Chvez debera
tomar en cuenta que (esa obra de Daro) es un patrimonio del pas y en
algn momento Venezuela tendr que devolverlos, declar Ramrez a un
diario nicaragense.

Ramrez consider que Chvez fue ms sensato cuando el pasado 10 de
enero, en la ceremonia de toma de posesin de Ortega, le obsequi al
presidente nicaragense una rplica de la espada de Bolvar, pero nunca se
le ocurri dar la espada original.

El director del Museo Archivo Rubn Daro, Edgardo Buitrago, censur la
accin de Ortega en caso de que los manuscritos de Daro sean originales.
Yo dira que sera criticable que estemos dando los versos al extranjero,
existiendo un museo.

La poeta Silvia Elena Regalado, que ha participado en simposios
internacionales dedicados a Daro, opina: Eso es patrimonio nacional de
Nicaragua. Se pueden dar fotocopias, pero no originales. Venezuela es un
pas avanzado en la recuperacin de la memoria, y me imagino que los van a
proteger en un museo, pero duele que regalen poemas as.

La presidenta de la Fundacin Poetas de El Salvador, Paulina de Hernndez,
aade: No veo por qu un presidente debe disponer de manuscritos que
pertenecen al pueblo. Por su parte, el diario La Prensa
(http://www-ni.laprensa.com.ni) mantiene en su versin en lnea una
encuesta sobre el tema, en la que 95% de sus lectores piensa que Ortega
actu mal al obsequiar los manuscritos a su homlogo venezolano.

La primera dama nicaragense y coordinadora del Consejo de Comunicacin y
Ciudadana, la poeta Rosario Murillo, explic en tanto que se busc
compartir lo escrito por Daro. Llevamos esos poemas para compartirlos,
leerlos (...). Son poemas de mucha carga emotiva y, sobre todo, marcan la
unidad entre Nicaragua y Venezuela. Una unidad que se est haciendo
realidad todos los das, declar Murillo.

Segn Francisco de Ass Fernndez, presidente de la Junta Directiva del
Festival Internacional de Poesa de Granada, se est politizando muchsimo
el tema. El poeta y escritor opina que lo que habra que hacer es
establecer las polticas necesarias para la valoracin, el rescate y
preservacin cultural y natural de este pas.

Yo he visto regalar manuscritos de Daro a cualquier cantidad de gente y
nadie hace escndalo, contina Fernndez. El problema es la politizacin
del asunto, se debera ponderar realmente lo que signific un gesto
presidencial con algo valioso para alguien que est haciendo donaciones
valiosas a Nicaragua, pero yo creo que el punto central es que se est
politizando demasiado.

Chvez ley los poemas en su programa diario radiotelevisado Al Presidente
y los disfrut mucho, dijo Murillo, quien tambin obsequi al presidente
venezolano un ejemplar del libro Guerrillero de nuestra Amrica, del
escritor Jorge Eduardo Arellano, referido a Csar Augusto Sandino.

Los poemas, se supo el pasado martes 27 de febrero, pasarn a ser
patrimonio cultural de Venezuela, como lo inform el tercer secretario de
la Embajada de Venezuela en El Salvador, Oldrim Porras. El funcionario
detall que Chvez no puede tomarlos como propios y que se estila regalar
elementos representativos de la historia o cultura de cada pas entre
presidentes.

El embajador de Venezuela en Managua, Miguel Gmez, dijo este viernes 2 de
marzo desconocer si el presidente Chvez regresar los manuscritos, pero
asegur que no estn en malas manos e indic que una decisin de tal
naturaleza le corresponde al Ejecutivo venezolano, aunque quiz lo haga,
porque el presidente, en eso, es muy desprendido.

No s si este tipo de documentos que, en principio, por supuesto, son
Patrimonio Histrico de Nicaragua, por el valor sentimental, intelectual y
patriotismo que representa Rubn Daro para Nicaragua y para todos
nosotros, realmente se puede interpretar como un acto de disposicin
inadecuado por parte del presidente Ortega? Yo no lo creo, agreg Gmez.

Segn l, ambos documentos fueron rescatados en El Salvador, donde
ni siquiera la gente se preocup de que estaban ah. Aleg adems que un
nieto del poeta nicaragense, Rubn Benito Daro Salgado, ha apuntado,
segn el embajador, que est perfectamente bien que se le haya hecho ese
obsequio a Chvez, no a Chvez, a la Repblica Bolivariana de Venezuela, y
que l, es voz autorizada.

Agreg que Venezuela tambin tiene un Patrimonio Histrico, que incluso en
parte lo distribuye y lo comparte con toda Latinoamrica y el Caribe,
porque el Patrimonio Histrico no es solamente un papel o una pintura, hay
expresiones de solidaridad que son un Patrimonio Histrico tambin y se
comparten, declar el embajador.

Asimismo, el diplomtico dijo que no tiene comparacin la rplica de la
espada de Bolvar que Chvez regal a Ortega, durante su toma de posesin
en Managua, con los dos manuscritos originales de Daro. Esa es una cosa
que no tiene comparacin: la espada de Bolvar es una sola, nica; Daro
tiene centenares de escritos, de documentos, originales de l, algunos de
los cuales ni siquiera, quienes hoy hablan, saben dnde estn, anot.

Segn Oldrim Porras, hay que esperar a que se publique en la Gaceta
Oficial, el peridico oficial venezolano, el destino de los manuscritos.
Sin embargo, deben considerarse ya como patrimonio venezolano, indic,
dado el regalo estatal. Su destino podra ser el archivo del Museo de
Historia del Palacio de Miraflores o la Biblioteca Nacional de Venezuela
(http://www.bnv.bib.ve).

Este ao, durante el aniversario de muerte de Daro, Ortega visit el
mausoleo del poeta, en la Catedral de la Asuncin, Len, le coloc la banda
presidencial y declar: Rubn es el presidente eterno realmente de
Nicaragua, y lo mencion en su discurso de toma de posesin.

Fuentes: La Prensa  La Prensa Grfica



*** Publicados cuentos completos de Carmen Laforet

Los cuentos completos de Carmen Laforet (1921-2004), distribuidos desde el
pasado 26 de febrero por el sello espaol Menoscuarto Ediciones
(http://www.menoscuarto.net), de Palencia, incluyen cinco relatos inditos
que, segn Agustn Cerezales, uno de los hijos de Laforet, arrojan luz
sobre su evolucin como escritora.

Carta a don Juan es el ttulo genrico del libro, que agrupa veinticinco
piezas, y constituye a la vez uno de los textos inditos junto a Fuga I,
Fuga II, Fuga III y Libertad, informaron fuentes de la editorial. El
volumen incluye desde cuentos primerizos, deliciosos, juveniles y muy
poticos, hasta otros ms tardos, escritos con otro tono, pero todos
ellos con la comn caracterstica de una prosa sencilla y clara donde se
puede apreciar un poco el jugo de lo que luego sera la obra narrativa de
Laforet, apunt Cerezales, quien tambin es un autor de la plantilla de
Menoscuarto, donde ha publicado el libro de cuentos Perros verdes.

La libertad, la naturaleza y la situacin social de la mujer constituyen
algunos de los temas centrales de toda su obra y tambin de buena parte de
esas narraciones breves redactadas hasta 1955, antes y despus de la novela
Nada, con la que Laforet gan en 1944 la primera edicin del Premio Nadal
de Literatura.

Esa temtica, basada en asuntos esenciales, sin adherencias, ha
propiciado, a juicio de Cerezales, que la narrativa de Laforet haya
atravesado el tiempo con gran frescura, tanto sus cuentos como sus
novelas, y que en la actualidad haya atrapado a muchos lectores jvenes
fuera de Espaa, como lo prueban los dieciocho idiomas en que se han
traducido sus libros, algunos por segunda y tercera vez.

En su momento, mi madre fue un rara avis y una rupturista, pero no
desde presupuestos tericos, sino por su condicin libre y espontnea,
precis Cerezales (Madrid, 1957), licenciado en filologa francesa,
ensayista, traductor y autor de varios libros, entre ellos una biografa
novelada de Lucrecia Borgia (Mscara de sombras).

La primera parte de Carta a don Juan consta de siete textos juveniles,
escritos entre 1938 y 1942 por esa escritora nacida en Barcelona en 1921,
ciudad a la que regres en 1939 despus de pasar su infancia y adolescencia
en Las Palmas de Gran Canaria. En la segunda aparecen ocho cuentos
redactados entre 1945 y 1951, durante la poca inmediatamente anterior a la
publicacin de su segunda novela La isla y los demonios (1952), e incluye
otros dos relatos algo posteriores. La ltima parte recupera ocho
narraciones olvidadas, escritas entre 1952 y 1955, la poca en que vio la
luz La mujer nueva (1955).

Fuente: EFE



*** Sustituido un miembro del jurado del premio Rmulo Gallegos

El escritor venezolano Luis Navarrete Orta sustituir a la salvadorea Ana
Patricia Rodrguez en el jurado del XV Premio Internacional de Novela
Rmulo Gallegos, cuyo plazo de recepcin de las obras postulantes finaliz
este mircoles 28 de febrero. La Fundacin Centro de Estudios
Latinoamericanos Rmulo Gallegos (Celarg, http://www.celarg.org.ve),
convocante del prestigioso galardn, inform que Rodrguez aleg razones
personales para retirarse del jurado.

Navarrete Orta es profesor de literatura egresado del Instituto Pedaggico
de la Universidad de Chile (http://www.uchile.cl) en 1963 y sus
investigaciones han contribuido a difundir la obra del poeta Pablo Neruda.
Ha concentrado su actividad profesional en la docencia, la escritura y la
investigacin. Es profesor jubilado de la Universidad Central de Venezuela
(UCV, http://www.ucv.ve), donde dict ctedra en las escuelas de
Comunicacin Social y Letras y fue director de sta ltima.

Fue jurado del Premio de Poesa Fernando Paz Castillo en el ao 2000.
Recibi recientemente del gobierno chileno la Medalla de Honor Presidencial
Pablo Neruda, por su contribucin al estudio y la divulgacin de la obra
del poeta. Ha publicado Homenaje, Pablo Neruda, 100 aos, Pasin por
Venezuela, Obra selecta de Vicente Huidobro (prologuista) y Literatura e
ideas en la historia hispanoamericana, entre otros.

En el jurado del Rmulo Gallegos se encuentran tambin el venezolano Luis
Britto Garca, la hondurea Helen Umaa y los espaoles Isaac Rosa y Juan
Madrid. El premio est dotado con 100.000 dlares, la publicacin de la
obra, una medalla de oro y un diploma, y participan obras publicadas entre
el 1 de enero de 2005 y el 31 de diciembre de 2006. El ganador ser
anunciado en junio y la ceremonia de entrega ser celebrada en Caracas el 2
de agosto, fecha del natalicio del autor de Doa Brbara.

Fuentes: Celarg  DPA



*** Fabio Morbito gana el premio Antonin Artaud 2006

Por su libro de cuentos Grieta de fatiga, el escritor Fabio Morbito
recibi este mircoles 28 de febrero, de manos de Alain Le Gourrierec,
embajador de Francia en Mxico, el Premio de Narrativa Antonin Artaud en
Mxico 2006.

El tambin ensayista y poeta nacido en Egipto, de padres italianos, en
1955, destac que el Antonin Artaud es un premio particular porque no
depende de un presupuesto gubernamental sino que surgi a iniciativa de
amantes de la literatura.

Adems, indic que es un honor recibirlo porque el jurado estuvo integrado
por reconocidas personalidades, como Alberto Ruy Snchez, Margo Glantz,
Fabricio Meja Madrid y Annie Morvan, entre otros, lo cual garantiza la
mayor transparencia al elegir al ganador, subray.

Me parece muy bien, porque todos tienen que cubrir toda la produccin
narrativa del ao, y es un poco el sentido de este premio, premiar al mejor
libro de narrativa, coment Morbito, radicado en Mxico, donde escribe
desde los quince aos de edad.

Coment que Grieta de fatiga es un libro de narrativa, aunque tambin se
mueve en el mundo de la poesa, y si bien en ambos gneros se siente
incmodo, tambin los necesita. Cuando escribo cuento, normalmente dejo a
un lado la poesa, porque no se puede juntar estos dos gneros, lo hago por
temporadas largas, es decir, me dedico slo a uno y luego me paso al otro,
pero los necesito de la misma forma, seal.

Mencion que ese volumen no lleg en un momento particular o especial,
simplemente lo escribi, pues nunca trata de ubicarse en un trayecto vital,
ni se interesa saber si est en una etapa de madurez o de preparacin. No
me interesa tanto, porque luego la escritura forma lo suficiente para que
todas las dificultades propias de la redaccin hagan enviar a otras cosas
que quiz sean secundarias, dijo Morbito.

Asimismo, asegur que los premios siempre son como regalos y se reciben con
mucha alegra, aunque hay escritores que no han recibido ningn
reconocimiento pero no por eso dejan de escribir. Sera uno de ellos, hay
que escribir, pues lo ms importante no puede venir de premios y
reconocimientos, sino de la escritura misma, as como del reconocimiento de
algunos amigos y lectores, apunt el autor.

Por su parte, el embajador de Francia en Mxico, Alain Le Gourrierec,
coment que de Morbito, quien ya tiene una gran trayectoria, se premia en
esta ocasin a una serie de historias cortas muy imaginativas y con un gran
estilo. Dijo que el premio que hace homenaje a Artaud, dramaturgo y poeta
francs que vivi un tiempo en Mxico, se est consolidando muy bien,
porque se cuenta con un gran jurado, y record que parte del
reconocimiento es que le facilitamos al ganador ir a Francia para
encontrar editores y le financiamos tambin la traduccin de su libro.

Anot que varios de los anteriores ganadores han publicado sus obras en
Francia, lo que sera una segunda parte del galardn.

El ganador del premio Antonin Artaud 2006, proclamado el 21 de noviembre
pasado, se hizo acreedor de cinco mil euros, una pluma de coleccin y una
obra de arte de los artistas Marisa Lara y Arturo Guerrero. La edicin 2003
la obtuvo el escritor mexicano lvaro Uribe por su novela El taller del
tiempo, en 2004 el ganador fue Fabricio Meja por Hombre al agua y en 2005
David Toscana por El ltimo lector.

Fuente: Notimex



*** Tres trabajos de Pablo Picasso fueron robados en Pars

Dos cuadros y un dibujo de Pablo Picasso, cuyo valor se estima en 50
millones de euros (unos 66 millones de dlares) han sido robados en el
domicilio parisiense de Diana Widmaier-Picasso, nieta del pintor espaol,
segn informaron fuentes policiales el pasado 28 de febrero. Las obras, que
se encontraban fijas en las paredes del departamento, estaban garantizadas
contra todos los riesgos posibles.

Se trata de dos retratos, uno de Maya (la hija de Picasso) y otro de
Jacqueline, la segunda y ltima esposa del pintor, precisaron las fuentes.
El retrato de Maya, que lleva por ttulo Maya  la poupe, fue pintado en
1938 y tiene unas dimensiones de 60 centmetros de ancho por 40 de alto. En
la tela, Maya, con un vestido azul con motivos florales y unas coletas
rubias que le enmarcan el rostro, aparece cuando tena tres aos sentada
con una mueca en su regazo. Del retrato de Jacqueline slo ha trascendido
que tiene unas dimensiones de 1,70 metros de ancho por 1,5 de alto. Adems
fue robado el dibujo Marie-Thrse a los 21 aos.

La Brigada de Represin de la Criminalidad de la Polica Judicial de Pars
se ha hecho cargo de la investigacin. Tanto la polica como los
profesionales del mercado del arte hicieron pblica su presuncin de que
los cuadros son demasiado conocidos y se ha informado demasiado sobre su
robo para que puedan ser negociados. Seguramente van a reaparecer, afirm
Patrick Bongers, presidente de la Asociacin Francesa de Galeras de Arte.
Sin embargo, la investigacin ser larga y difcil, dijeron el da 1 de
marzo fuentes cercanas al caso.

Los cuadros fueron sustrados, en la noche del lunes 26 al martes 27, del
apartamento que la nieta de Picasso tiene en la calle Grenelle, en el
exclusivo distrito VII de la capital francesa. El robo ha sido confirmado
por la directora del Museo Picasso de Pars (http://www.musee-picasso.fr),
Anne Baldassari, quien apunt adems la posible sustraccin de otros
cuadros y dibujos en la casa de Widmaier-Picasso, algo que las fuentes
policiales no han confirmado.

Mientras los investigadores manejan diversas hiptesis sobre el robo,
aumentan los enigmas alrededor del expediente, por la forma silenciosa en
que entraron los ladrones a la residencia de Diana Widmaier Picasso, una de
las nietas del desaparecido pintor malagueo. La investigacin, a cargo de
la brigada y de las aseguradoras, se concentra en las formas de acceso de
los intrusos al domicilio de Diana, aparentemente conocido por ellos.

Saban las claves de acceso al inmueble, lograron una copia de las llaves
durante trabajos de mantenimiento efectuados en el sitio hace alrededor de
un mes o poseen cmplices, se aventur a decir la polica. Pudieran estar
dentro del marco familiar o cercano, el robo por la pasin de amasar
fortuna, asunto de las mafias de pases del este europeo, o procedente de
una nacin petrolera, aadi la fuente.

Las obras fueron repertoriadas inmediatamente en la pgina electrnica de
Interpol (http://www.interpol.int/Public/News/2007/WOAPicasso20070301.asp),
que todo el mundo puede consultar, y sus fotografas fueron publicadas en
la prensa de todo el mundo.

Al no haber seales de forcejeo e incursin en el lugar, los investigadores
de la polica antibandidaje estn obligados ahora a explorar todos los
ngulos desde un simple robo hasta un trabajo organizado de un aficionado
al arte. Tambin deben determinar si el sistema de alarma del departamento
estaba en operacin.

Hay 2.000 millones de personas en el mundo que estn al tanto del robo,
seala Daniel Malingue, galerista especializado en arte moderno. Esos
cuadros son tan clebres que no veo cmo podran ser negociados fcilmente
en el mercado, considera, por su parte, Bongers, quien, como todos sus
colegas, desconfiara si me trajeran un Picasso de esa importancia.

Es a travs del juego de reventas sucesivas que un cuadro, comprado algn
da por una persona de buena fe, reaparece, puesto que casi
obligatoriamente termina llegando a manos de un experto, que se da cuenta
de que es robado, explica. Cuando se compra un cuadro, se trata de saber
de dnde viene, quin es su anterior propietario, si fue presentado en
exposiciones. Y un galerista busca siempre en su fichero si el cuadro es
robado, agrega Bongers.

Es impensable que pueda subastarse un cuadro en esas condiciones, sobre
todo si se trata de un cuadro importante, indica, por su parte, Christophe
Durand-Ruel, encargado del departamento de arte contemporneo de la casa
Christies (http://www.christies.com). En su opinin nadie en el mundo va
a invertir millones de dlares sin estar ciento por ciento seguro de que la
pieza es autntica y pertenece efectivamente al vendedor.

Esta situacin es comparable a la del robo de nueve Monet del Museo
Marmottan de Pars en 1985, indic Michel Maket, experto en arte de los
siglos XIX y XX. Aquellos cuadros, entre los cuales el clebre Impression
soleil levant, tenan tal notoriedad que no pudieron ser revendidos.

Segn Bernard Darties, subjefe del servicio de la polica francesa
encargado de lucha contra el trfico de bienes culturales (OCBC), en 80% de
los casos que conciernen a obras de primera importancia, nos encontramos
ante ladrones que suean a raz de los precios enormes, roban las obras, y
despus se dan cuenta que no pueden venderlas.

El robo puede ser el resultado de un encargo, declara Bongers, aunque l
cree poco en esa posibilidad, al igual que la polica. Puede tratarse
tambin de un chantaje a la compaa de seguros, pues segn Christies hay
precedentes de este tipo.

Las obras de Pablo Picasso, el artista ms caro del mundo en las subastas
de arte, han sido a menudo objeto de robos. En 1976, durante uno de los
robos famosos en Francia, fueron robados un total de 118 obras de Picasso
de un museo en Avignon, en el sur del pas. Otros 12 lienzos fueron robados
del domicilio de otra nieta del pintor, Marina Picasso, en 1989 en la Cte
d Azur, tambin rescatados. Y en 2005, del mismo Centro Cultural Georges
Pompidou (http://www.cnac-gp.fr), fue robado el cuadro Nature morte a la
charlotte, que fue recuperado ese mismo ao.

Pablo Diego Jos Francisco de Paula Juan Nepomuceno Mara de los Remedios
Crispn Crispiniano de la Santsima Trinidad Ruiz y Picasso, su nombre
completo, naci en Mlaga, Espaa, el 25 de octubre de 1881, y muri en
Mougins, Francia, el 8 de abril de 1973.

Fuentes: AFP  EFE  Prensa Latina  Xinhua



*** Cinemateca de Cuba se enfrenta al deterioro de filmes

Desde hace 17 aos los trabajadores de la Cinemateca de Cuba luchan casi
sin recursos por preservar el tesoro que guardan en sus bvedas: ms de
diez mil obras de arte de la cinematografa de la isla y de Latinoamrica.

Los profesionales de la institucin trabajan con moviolas antiqusimas, no
tienen climatizacin en las bvedas y carecen de sistema de digitalizacin
por lo que cada da que pasa se pierden pelculas que son parte del
patrimonio cultural de la regin. La llegada del perodo especial fue el
desastre para nosotros en la medida que todo el sistema de climatizacin
dej de existir porque con ocho horas de apagn la pelcula no puede
conservarse, explica Dolores Calvino, directora de la Cinemateca.

Calvino calcula que durante este perodo de crisis econmica se puede haber
perdido ms del 40% de las obras, muchas de ellas de autores
latinoamericanos que las guardaron en la capital cubana en la poca de las
dictaduras. En la actualidad la situacin no ha cambiado sustancialmente;
contina el proceso de deterioro dado que las bvedas de almacenamiento
siguen sin climatizacin y las pelculas se guardan en latas inadecuadas.

Slo el esfuerzo de los trabajadores parece retrasar este proceso. Los
sacan de sus bvedas y los ponen en espacios aireados y los mueven en
moviolas elctricas o manuales cada da, rollo a rollo, explic Calvino.

Nuestra moviola ya no tiene audio, es de antes de yo nacer, no tenemos ni
siquiera los lpices para marcar, explic Zaime Aguiar, uno de los
profesionales de la Cinemateca. Agreg que de todas formas tratamos de
conservarlas dndole un ciclaje rollo a rollo y restaurando las copias de
tal forma que podamos mantener por lo menos una de ellas con buena
calidad.

La Junta de Andaluca (http://www.juntadeandalucia.es) don un milln de
euros para el trabajo de los prximos tres aos de la cinemateca cubana,
tanto para conservacin como para equipamiento. Segn Calvino, ese dinero
servir para restaurar las bvedas, para poner nuevos equipos de
climatizacin y comenzar entonces el trabajo de restauracin de estas diez
mil obras.

Sin embargo ser slo un primer impulso, ya que segn sus clculos mantener
la Cinemateca de Cuba costara alrededor de un milln de dlares anuales,
cifra difcil de alcanzar para pases del tercer mundo. El camino parece
ser, segn Calvino, mantener un alto nivel de colaboracin entre las
cinematecas latinoamericanas y contar adems con la solidaridad
internacional de los pases ms desarrollados.

Fuente: BBC



*** Jon Juaristi obtiene con su primera novela el XXXI Premio Azorn

El ensayista y poeta vasco Jon Juaristi ha ganado el XXXI Premio Azorn de
Novela, dotado con 68.000 euros y convocado por la Diputacin de Alicante
(http://www.ladipu.com) y la editorial Planeta
(http://www.editorial.planeta.es), con su primera novela, La caza salvaje,
segn el fallo del jurado dado a conocer el pasado 2 de marzo.

Un total de 179 novelas procedentes de Espaa, Europa y del continente
americano han concurrido a la presente edicin de un certamen que en los
ltimos aos han ganado Francisco Javier Prez, ngela Becerra, Manuel
Mira, Javier Garca Snchez, Eugenia Rico y Dulce Chacn.

En la novela, Juaristi (Bilbao, 1951) parte del mito de los cazadores
infernales del bosque para relatar la vida de un cura vasco pcaro,
oportunista, sin convicciones y sin escrpulos, que decide que para
sobrevivir en el periodo comprendido entre la Guerra Civil Espaola y el
nacimiento de ETA tiene que mentir y traicionar.

Juaristi ha explicado en rueda de prensa que se trata de una novela de
ficcin en la que el protagonista, Martn Abada, tiene un referente real
que ha existido y cuya influencia ha pesado en el nacionalismo vasco entre
la entreguerra y los aos de aparicin de la banda terrorista. Ha rechazado
desvelar la identidad que inspira a su personaje, pero ha confesado que
ste puede rastrearse a travs de la memoria del siglo XX y puede ser que
quien lea la novela en el Pas Vasco, sobre todo de su generacin y de la
anterior, lo reconozcan al instante.

Juaristi ha opinado que su novela no tiene por qu ser polmica aunque
adelant que no faltar quien diga que es reaccionaria o, incluso,
antinacionalista. Pese a que ha asegurado que no es un ajuste de cuentas
con los nacionalistas vascos, ha admitido que muestra el camino sin
salida de los pequeos nacionalismos (europeos) que intentaron poner a su
favor a los totalitarismos importantes de la Europa de entreguerras, en
referencia implcita al nazismo y al comunismo.

En su opinin, estos nacionalismos irredentos, que no llegaron a lograr
la independencia de un territorio en los siglos XIX y XX, trataron de
congraciarse con el nazismo, primero, hasta que vieron que a Hitler no
les interesaba nada y con el stalinismo, despus. A lo largo de las cerca
de 450 pginas de La caza salvaje, el protagonista instrumentaliza su
carcter disoluto y sin escrpulos para sobrevivir a distintas
situaciones en la Alemania nazi, la Yugoslavia comunista y la Espaa de la
posguerra, entre otros escenarios europeos.

En el mbito literario, Juaristi ha explicado que la ha escrito porque no
quera morir sin escribir una novela, y subray que se ha divertido y que
ha seguido una concepcin clsica para elaborar una obra como un espejo a
lo largo del camino de una vida, y que para reforzar la ficcin ha
introducido alteraciones visibles tanto de cronologa como de geografa.

En su condicin de ganadora del Azorn, Planeta sacar a la venta el
prximo 3 de abril esta primera novela de Juaristi, despus de salir la
elegida en la votacin final con el respaldo de cinco de los siete miembros
del jurado. El mismo fue presidido por el diputado de Cultura de la
corporacin provincial, Miguel Valor, y estuvo formado por el director
editorial de Planeta, Carlos Revs, los escritores Juan Esava (que vot por
videoconferencia por enfermedad), Fernando Snchez Drag, Pedro Montalbn,
Javier Prez, el director de la Casa-Museo Azorn (http://www.azorin.org),
Jos Pay, y la secretaria general de la Diputacin, Amparo Koninchkx.

Entre los galardones que en el pasado ha recibido Juaristi, ex director de
la Biblioteca Nacional (http://www.bne.es) entre 2001 y 2004 y del
Instituto Cervantes (http://www.cervantes.es), destacan el Premio Nacional
de Periodismo Francisco Cerecedo y el Premio Nacional de Literatura por El
Bucle Melanclico, ambos en 1998. Como portavoz del jurado, el escritor
Fernando Snchez Drag ha afirmado que, pese a ser la primera novela, se
trata de una obra de considerable envergadura que tiene la sincrona de
nacer en un momento de sucesos con el trasfondo de la actualidad poltica.

Fuente: El Pas



*** Paz y Esquivel en un seminario en Suiza

A desarrollarse durante los cuatro martes de este mes, maana 6 de marzo se
dar inicio al Seminario de Literatura Latinoamericana
(http://www.casalatinoamericana.ch/marzo07.html) que la Casa
Latinoamericana en Suiza ha convocado para discutir, en alemn y espaol,
sobre parte de la obra del Premio Nobel de Literatura Octavio Paz (Mxico,
1914-1998) y la escritora Laura Esquivel (Mxico, 1950).

Las 4 sesiones estarn coordinadas por el escritor Manuel Girn y no es
necesario haber ledo con antelacin las obras de los autores. Por razones
de espacio es necesario inscribirse para participar. La inscripcin, que
puede hacerse por correo electrnico a info@casalatinoamericana.ch o
comunicndose al telfono 071 223 29 40 hasta hoy lunes 5, tiene un costo
de 40 francos. La actividad se realizar en la sede de la Casa
Latinoamericana en Eisengasse 5, 9000 St. Gallen, Suiza.

Casa Latinoamericana es un proyecto intercultural que tiene como meta ser
un espacio para diversas manifestaciones culturales en lengua espaola y
lengua alemana. Es un proyecto no lucrativo administrado desde su fundacin
en 2003 por un equipo de Suiza y Latinoamrica. No recibe apoyo econmico
del Estado y se financia exclusivamente con la membresa solidaria de sus
socios, que con su aporte permiten que las actividades relacionadas con
Amrica Latina, Espaa y Suiza puedan ser abiertas y gratuitas durante 10
meses al ao.

Fuente: Casa Latinoamericana



*** Academias publicarn nueva edicin de Cien aos de soledad

Este martes 6 de marzo, el escritor colombiano Gabriel Garca Mrquez
arribar a sus ochenta aos de edad. Igualmente, en junio su novela Cien
aos de soledad est de cumpleaos, al celebrarse cuatro dcadas de su
publicacin, y en noviembre se cumplir 25 aos desde que le fuera otorgado
a su autor el premio Nobel de Literatura.

Por todo ello, las academias de la lengua han decidido sumarse al homenaje
que recibir Garca Mrquez en el IV Congreso Internacional de la Lengua
Espaola (http://www.congresodelalengua.gov.co), publicando una edicin
popular de la historia de la familia Buenda y el pueblo de Macondo. La
edicin ha sido revisada por el propio autor y cuenta con introducciones y
estudios de autores como Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, lvaro Mutis y
Claudio Guilln, segn inform la Real Academia Espaola (RAE,
http://www.rae.es) en una nota emitida el pasado 27 de febrero.

La presentacin de esta edicin, que costar 9,75 euros (12,67 dlares) en
Espaa y entre seis y siete euros (entre 7,8 y 9 dlares) en los diferentes
pases de Hispanoamrica, ser uno de los actos ms importantes en el
congreso, que se celebrar del 26 al 29 de marzo en la ciudad colombiana de
Cartagena de Indias.

La idea de publicar esta edicin parti de la Academia Colombiana de la
Lengua y tiene un claro precedente en la que la RAE y la Asociacin de
Academias de la Lengua (http://www.asale.org) hicieron del Quijote con
motivo del cuarto centenario de su publicacin, que se celebr en 2005.

La extraordinaria acogida que ha tenido la edicin del Quijote en los dos
aos en que ha estado en circulacin (se han vendido 2,6 millones de
ejemplares, y de ellos, 2,1 millones en Amrica), ha llevado a las
Academias a proyectar una serie de ediciones conmemorativas ocasionales, y
de circulacin limitada, de los grandes clsicos hispnicos de todos los
tiempos.

En el caso de Cien aos de soledad, el inters prioritario del trabajo
preparatorio se ha centrado en el texto de la novela, para lo cual se han
examinado todos los fragmentos publicados con anterioridad a la primera
edicin. As, se puede comprobar con claridad el trabajo primoroso que
Garca Mrquez realiza hasta el ltimo momento para dar con el trmino
preciso, el mimo con que cuida la gramtica, y su esfuerzo por lograr la
expresin ms rica en sugerencias, se indica en la nota.

A pesar del esmero con que el propio escritor corrigi las pruebas de la
primera edicin (Sudamericana, 1967), se deslizaron en ella erratas y
expresiones dudosas que editores sucesivos han tratado de resolver con
mejor o peor fortuna. Para la nueva edicin, que publicar el sello
Alfaguara (http://www.alfaguara.santillana.es) tanto en Espaa como en
Amrica, las academias presentaron una propuesta razonada al propio autor,
que quiso revisar las pruebas de imprenta completas, enriqueciendo as
esta edicin con su trabajo de depuracin y fijacin del texto.

La edicin popular de Cien aos de soledad, de 756 pginas, se abre con una
breve semblanza de Garca Mrquez escrita por lvaro Mutis y una
introduccin de Carlos Fuentes que aporta testimonios personales
esclarecedores sobre el nacimiento de la novela y el deslumbramiento
inmediato que suscit, afirma la academia.

Tambin contar con la parte central del magistral anlisis que Mario
Vargas Llosa hizo de la narrativa de Garca Mrquez en Historia de un
deicidio, que sigue siendo la ms alta referencia, as como con un
estudio de Vctor Garca de la Concha, director de la RAE, y otro de
Claudio Guilln, a quien la muerte sorprendi cuando le pona punto final.

Tras esos estudios, cuatro acadmicos hispanoamericanos Pedro Luis Barcia
(Argentina), Juan Gustavo Cobo Borda (Colombia), Gonzalo Celorio (Mxico) y
Sergio Ramrez (Nicaragua) glosan distintos aspectos de la personalidad
literaria de Garca Mrquez y de lo que Cien aos de soledad signific en
la trayectoria de la novela hispnica.

Como parte de los homenajes que se le harn a Garca Mrquez este ao, se
encuentra una lectura pblica de Cien aos de soledad que se celebrar hoy
lunes 5 de marzo en la Casa de Amrica (http://www.casamerica.es), en
Madrid (Espaa), en la que participarn representantes de la poltica y del
mundo de la cultura.

La lectura comenzar a las nueve de la maana en la escalinata del Palacio
de Linares, sede de la Casa de Amrica, y ser la vicepresidenta del
gobierno espaol, Mara Teresa Fernndez de la Vega, quien lea los primeros
prrafos de la novela ms representativa del realismo mgico. Cada uno de
los ochenta lectores dispondr de quince minutos, equivalente a siete
pginas, para completar las diecisis horas que los organizadores han
calculado.

Entre quienes participarn en la lectura se encuentran la secretaria de
Estado para la Cooperacin Internacional, Leire Pajn, o la secretaria de
Estado para Iberoamrica, Trinidad Jimnez, as como representantes del
mundo del arte, del cine, de la literatura y de la prensa, como Marisa
Paredes, Mariano Barroso, Sergio Cabrera, Mercedes Sampietro, Angeles
Gonzlez Sinde, Emma Surez, Jorge Franco, Jorge Eduardo Benavides,
Fernando Ampuero, Montxo Armendriz, Iaki Gabilondo y Lola lvarez.

Fuente: EFE



*** Libreros espaoles se reunirn en Alcal de Henares

Entre el 7 y el 10 de marzo se realizar en la Universidad de Alcal de
Henares (UAH, http://www.uah.es) el XX Congreso Nacional de Libreros
(http://www.cegal2007.fgua.es/info/info.cfm), una cita ineludible para todo
el sector del libro cuyos participantes se reunirn para debatir, compartir
y aprender con el objetivo de afrontar con garantas los retos que se
presentan para las libreras en los prximos aos.

En el evento participarn como ponentes la escritora Almudena Grandes, los
libreros Juan Miguel Salvador, Javier Peral, Juan Manuel Cruz, Ins Miret,
Franoise Dubruille, Mauricio Santos, Xavier Cubeles, Pere Duch y Julin
Martn Abad, as como el abogado de la Confederacin Espaola de Gremios y
Asociaciones de Libreros (Cegal, http://www.cegal.es), Javier Almagro.

El acto de inauguracin del congreso tendr lugar en el Teatro Saln
Cervantes, ubicado en la calle Cervantes, mientras que las sesiones se
realizarn en el Saln de Actos de la Universidad de Alcal (Plaza de San
Diego). Los talleres se celebrarn en la Sala 3M y en la Sala de
Conferencias Internacionales (Plaza de San Diego).

El congreso ha sido organizado con la colaboracin de la Direccin General
del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura de Espaa
(http://www.mcu.es), la Comunidad de Madrid (http://www.madrid.org), el
Ayuntamiento de Alcal de Henares (http://www.ayto-alcaladehenares.es) y el
Centro Espaol de Derechos Reprogrficos (Cedro, http://www.cedro.org).

Creada en 1979, Cegal rene a 1.300 libreras en toda Espaa. Entre sus
fines preferentes se encuentra, desde entonces, la defensa de los intereses
de los libreros y la ordenacin del comercio del libro. En la actualidad la
institucin es presidida por Fernando Valverde.

Fuente: Cegal



*** Realizan en Argentina seminario sobre literatura para nios

Dentro del marco de la Maestra en Literatura para Nios que se dicta en la
Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (UNR,
http://www.unr.edu.ar), se desarrollar del 8 al 10 de marzo el seminario
Historia crtica de la literatura para nios, a cargo de la profesora
magster Mara Luisa Miretti.

Miretti es profesora y licenciada en letras (Universidad Nacional del
Litoral, UNL; http://www.unl.edu.ar), con especialidad en literatura para
nios, magster en enseanza de la lengua y la literatura (UNR) y
actualmente cursa el doctorado en letras (UNR).

Durante el seminario abordar, entre otros temas, el concepto de literatura
para nios, la escuela como polo de atraccin, la investigacin y la
crtica, clsicos fundadores de la literatura para nios, la literatura
para nios como objeto esttico y sus precursores, la narrativa argentina
actual, el mercado, la recreacin de los clsicos, el tratamiento de los
temas tabes y la erradicacin de estereotipos. Adems se revisar parte de
la obra de Jos Sebastin Tallon, Javier Villafae, Mara Elena Walsh y
Elsa Bornemann.

La Maestra en Literatura para Nios est dirigida por el doctor Ovide
Menin, con la coordinacin de la magster Miretti. El Comit Acadmico est
integrado adems por la profesora Mara Luisa Cresta de Leguizamn, Alma
Maritano, Fernando Avendao y el doctor Flix Temporetti.

Los destinatarios de la Maestra son graduados con ttulos universitarios
de Letras o afines y con ttulo terciario no universitario de cuatro aos
de duracin como mnimo, interesados en la temtica. El seminario se
realizar el jueves 8 de 3 de la tarde a 7 de la noche, y el viernes 9 y
sbado 10 de 9 de la maana a 1 de la tarde y de 2 a 6 de la tarde.

Para informes e inscripcin, dirigirse a la Escuela de Postgrado de la
Facultad de Humanidades y Artes (UNR), en Entre Ros 758 (2000), Rosario,
Provincia de Santa Fe (Argentina), o comunicarse de lunes a viernes entre 9
de la maana y 1 de la tarde al telfono (54) 341 4802670 (int. 129).
Tambin se puede escribir a ep_maestrias@fhumyar.unr.edu.ar o
yamilaher@hotmail.com.

Fuente: UNR



*** Realizarn en Venezuela el I Festival Internacional del Fuego

El estado Yaracuy, en Venezuela, se prepara para ser sede del I Festival
Internacional del Fuego, que se celebrar en varias localidades de esa
entidad entre el 1 y el 30 de abril, y en el que participarn
representantes de Cuba, Colombia, Argentina y Brasil, tal como inform en
rueda de prensa el pasado viernes 2 de marzo la coordinadora de eventos del
Instituto de Artes de la Imagen y el Espacio (Iaime), Samantha Vargas.

Acompaada por la coordinadora de esta plataforma en Yaracuy, Betty
Gonzlez, y el presidente del Instituto Autnomo de Cultura y Servicios
Educacionales de Yaracuy (Iacey), Manuel Alzuru, Vargas inform que las
jornadas se realizarn en los catorce municipios del estado y que incluirn
talleres, conferencias, concurso de fotografa digital, poesas, cuentos y
dems manifestaciones artsticas en las que se relacione el uso del fuego.

Tambin se incluir gastronoma, para lo cual se hacen las gestiones con la
Universidad Nacional Experimental del Yaracuy (Uney,
http://www.uney.edu.ve) que dicta esa especialidad dentro de la carrera de
Ciencias de la Alimentacin.

Vargas coment que Yaracuy est ligado al fuego porque varias de sus
expresiones culturales tienen su esencia en l: Baile de la Candela, la
Quema de Judas y los productos de Camunare (municipio Arstides Bastidas)
relacionados con la confeccin de vasijas de arcilla, entre otras.

Durante el mes se presentarn diversas actividades que van desde charlas
formativas hasta la difusin de espectculos de calle. Vargas adelant que
el ministerio presentar dentro de su programacin de eventos
internacionales 2007 un total de 11 actividades.

Para el mes de mayo est pautada la Feria del Arte; en junio la Feria del
Coleccionismo y Antigedades y el Festival del Agua; en julio la Feria de
las Artes Aplicadas y en agosto el Festival del Aire. En septiembre se
celebrar el III Encuentro Mundial de Arte Corporal y el Festival de
Fotografa; en octubre se tiene previsto Artextil; en noviembre el Festival
de la Tierra y, finalmente, la Feria de Artesana en el mes de diciembre.

Fuente: ABN



*** IV Festival Mundial de Poesa ser en homenaje a Ana Enriqueta Tern

Entre el 20 y el 27 de mayo se celebrar en Caracas y otras ciudades de
Venezuela el IV Festival Mundial de Poesa, que este ao rendir homenaje a
Ana Enriqueta Tern (Valera, Trujillo, 1918), una de las poetas ms
reconocidas del pas.

En esta oportunidad participarn 31 poetas extranjeros procedentes de
Alemania, Argentina, Bolivia, Brasil, Camern, Colombia, Congo, Cuba,
Ecuador, Espaa, Estados Unidos, Francia, Hait, Inglaterra, Italia,
Lbano, Mxico, Nicaragua, Nueva Zelanda, Palestina, Repblica Dominicana,
Rusia, Siria, Sudfrica y Uruguay, adems de 269 poetas venezolanos.

Jornadas de talleres, mesas redondas, conferencias, un recital de
decimistas y un evento de hip-hop, adems de los recitales en el Teatro
Teresa Carreo, son algunas de las actividades que se realizarn en el
marco del festival.

Patrocinada por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura
(http://www.ministeriodelacultura.gob.ve) a travs de la Casa Nacional de
las Letras Andrs Bello y con la cooperacin de las distintas instituciones
que conforman la Plataforma Editorial del sector cultura, esta edicin del
festival promete involucrar ms a los sectores populares del pas y lograr
que la lrica sea un bien cultural de consumo masivo.

Ana Enriqueta Tern, la poeta homenajeada en el evento, ha publicado Al
norte de la sangre (1946); Presencia terrena (1947); Verdor secreto (1949);
Testimonio (1954); De bosque a bosque (1970); El libro de los oficios
(1975); Casa de hablas (1975-1980); Libro de Jaj (1980-1987); Casa de Paso
(1981-1989), y Albatros (1992), entre otros.

La escritora trabaj en el exterior en varias oportunidades, siendo
delegada ante la Asamblea de la Comisin Interamericana de Mujeres en
Buenos Aires en 1949. En 1952 se retir de la carrera diplomtica para
dedicarse a la poesa. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1989 y se
le concedi el doctorado honoris causa de la Universidad de Carabobo
(http://www.uc.edu.ve) ese mismo ao.

Fuente: Unionradio



*** Una antologa revisar la obra de escritoras venezolanas

La Asociacin de Escritores del Estado Mrida, en Venezuela, prepara
actualmente su IV Antologa 2007, que bajo el ttulo Crtica y reflexin
sobre la obra de escritoras venezolanas se prev publicar en el segundo
semestre de este ao, como parte de las actividades que rodearn al VIII
Encuentro Internacional de Escritoras, a celebrarse el ao prximo en la
ciudad andina.

El mencionado evento fue iniciado en Arequipa (Per), y se ha desarrollado
luego en Arica (Chile), Ro Gallegos, Patagonia (Argentina), Montevideo
(Uruguay), San Juan (Puerto Rico), Guadalajara (Mxico) y Vigo (Espaa).

Quienes deseen participar en esta antologas, debern enviar a
info_escritoresmerida@yahoo.es sus trabajos, con extensin no mayor de doce
pginas tamao carta, a doble espacio, en Times New Roman, con un tamao de
fuente de 12 puntos. Junto con el trabajo, el autor deber incluir una
autorizacin de publicacin dirigida a la Asociacin de Escritores de
Mrida, Venezuela, y desde el cuerpo del correo electrnico los siguientes
datos: nombre completo, nmero de cdula, carta de identidad o pasaporte,
direccin postal, telfonos y correos electrnicos.

Tambin se deber agregar una sntesis curricular actualizada, informando
en este orden el nombre completo, lugar y ao de nacimiento, profesin u
oficio y premios recibidos (nombre del premio, institucin otorgante, lugar
y fecha). En el caso de que la obra ya haya sido publicada deber
informarse el nombre de la obra, gnero, ciudad y pas, editorial y ao de
publicacin. En el caso de que la obra permanezca indita, deber
informarse slo el nombre de la obra y el gnero.

Podrn participar escritores venezolanos y extranjeros especialistas en la
materia, con una sola investigacin sobre una escritora venezolana viva o
difunta. Los trabajos sern recibidos hasta el 30 de junio de 2007.

Fuente: AEM



*** Realizarn en Toledo curso sobre medios y literatura

Entre el 4 y el 6 de julio se realizar el Curso de Verano de la
Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM, http://www.uclm.es), que versar
sobre los medios de comunicacin y la literatura del siglo XXI bajo la
direccin de la profesora Marina Villalba lvarez, y que tendr lugar en la
Facultad de Humanidades de Toledo (Espaa).

El curso ser inaugurado el mircoles 4 a las 10 de la maana con la
conferencia La mala de la pelcula, a cargo de Laura Freixas, quien
hablar de la representacin de las lectoras, escritoras y espectadoras en
los medios de comunicacin.

Le seguirn Paloma Pedrero, a las 12:30 pm, con la conferencia Una
dramaturga que teje columnas; a las 4:30 pm la mesa redonda Periodismo y
literatura, con Laura Freixas, Paloma Pedrero y Epicteto Daz Navarro, y a
las 6:30 pm la conferencia Pantalla total: los medios y la narrativa joven
del siglo XXI, a cargo de Epicteto Daz Navarro.

El jueves 5, a las 10:30 de la maana, Pilar Pedraza dictar su charla
Eutanasia multimedia, siendo seguida a las 12:30 pm por Jos Romera
Castillo con su conferencia Sobre teatro, prensa y nuevas tecnologas. A
las 4:30 de la tarde, Pilar Pedraza, Jos Romera Castillo y Pilar Aguilar
disertarn sobre Internet y otros medios de comunicacin en la literatura
actual, cerrando las actividades del da Pilar Aguilar, a las 6:30 de la
tarde, con su conferencia Poderes del relato literario y poderes del
relato audiovisual: dos magias diferentes.

El viernes 6 a las 10:30 de la maana se inician las actividades con la
intervencin de Silvia Ugidos. A las 12:30 de la tarde, Julia Barella
dictar su charla Nuevas pantallas de lectura y algunas novelas llevadas a
la pantalla. A las 2:30 de la tarde se celebrar el acto de clausura del
curso.

Para participar en el curso, es preciso solicitar informacin a la
profesora Villalba lvarez, a travs del correo electrnico
marina.villalba@uclm.es. La inscripcin tendr un costo de 60 euros, que
incluye certificado para los asistentes, y podr hacerse efectiva mediante
transferencia bancaria. El prximo mes de mayo se publicar ms informacin
en la web que la UCLM destinar a tal efecto
(http://www.uclm.es/curve/2007).

Fuente: UCLM



*** Abrirn en San Telmo el primer museo dedicado a Jorge Luis Borges

El primer museo dedicado a Jorge Luis Borges podra ser inaugurado el
prximo 24 de agosto en coincidencia con el 108 aniversario de su
nacimiento, si prosperan las gestiones para aprovechar el espacio ocupado
por el actual Museo de la Penitenciara, a metros de Plaza Dorrego en el
corazn del barrio San Telmo.

El Museo Borges alojara 20.000 piezas de la vida y obra del autor de
Fervor de Buenos Aires. Si la Secretara de Cultura de Argentina aprueba
las propuestas presentadas por Alejandro Vaccaro, presidente de la
Asociacin Borgesiana de Buenos Aires, el centro podra abrir sus puertas
el prximo 24 de agosto.

El museo forma parte de una iniciativa indita para difundir la obra de
Borges: hace ms de veinte aos que muri y todava no hay un lugar que
permita conocer los detalles que rodearon su produccin, destac Vaccaro.
Es un lugar excepcional porque est en un barrio muy visitado y se
convertir en un nuevo centro de atraccin para los turistas, dado que
Borges es un escritor universal, a pesar de que no es masivamente ledo.

All funcionar adems un centro de estudios, pues todos los materiales con
que cuenta la asociacin muchos de ellos ya digitalizados son de gran
valor para los investigadores de la obra del escritor.

Vaccaro obtuvo hace unos das la promesa del secretario de Cultura de la
Nacin, Jos Nun, de que acelerara las gestiones para que el Organismo
Nacional de Administracin de Bienes del Estado (Onabe,
http://www.onabe.gov.ar) ceda el predio, construido por los jesuitas en
1735, al proyecto. Adems, se determin que el Museo de la Penitenciara,
donde tambin funciona la Academia de Estudios Penitenciarios, se reubicar
en otro edificio.

Por lo tanto, all donde se guardaban las fotos de temibles asesinos, como
el Petiso orejudo, habr manuscritos, cartas y poemas. Y ah donde se
encontraba la silla elctrica se colocarn libros inhallables, obras
traducidas en varios idiomas y unos cuarenta retratos de Borges realizados
por conocidos artistas.

La idea es presentar un lote de exhibicin para el 24 de agosto y completar
el resto de los espacios y tesoros de la coleccin con el correr de los
meses, a medida que vayan surgiendo nuevas vas de financiamiento. El tema
de los fondos es hoy secundario, seal Vaccaro. Creemos que con un
mnimo subsidio para una primera etapa alcanza como para que despus el
museo tenga vida propia y se autoabastezca.

Entre los objetos que se exhibirn, habr manuscritos centrales para
acceder a la trastienda de la obra de Borges: En estos escritos se puede
observar la cocina del escritor, qu es lo que tachaba o qu anotaciones
haca, adelant. Tambin hay libros que Borges no quiso reeditar y que
son prcticamente inhallables, como Inquisiciones, El tamao de mi
esperanza y El idioma de los argentinos, y hasta varios cuadros pintados
por su hermana, Norah Borges. Parte de esa coleccin fue exhibida a
mediados del ao pasado en la Biblioteca de Alejandra, en Egipto, como
parte de una muestra en conmemoracin de los veinte aos de la muerte de
Borges.

En uno de los espacios del museo se montar una reproduccin de la
habitacin de la casa en la que Borges vivi muchos aos, ubicada en
Marcelo T. Alvear y Maip, en Barrio Norte. Era un lugar muy pequeo, su
cuarto era de tres por tres, la idea es mostrar el carcter austero de un
hombre brillante, explic Vaccaro. En el museo estn previstos tambin
ciclos de conferencias, encuentros de escritores y muestras de artes
plsticas.

La idea es acercar un autor como Borges a la gente, aunque sabemos que no
es para todo el mundo, porque se trata de un escritor que exige un lector
activo, apunt.

Fuente: Tlam



|||||||||||||||||||||||    ARTCULOS Y REPORTAJES    ||||||||||||||||||||||

=== Vargas Llosa y el erotismo: medicina e ideologa ======================
=== Ren Flores Agreda ====================================================

El escritor peruano Mario Vargas Losa (MVLl) ha devenido, al parecer por su
cultura y cosmopolitismo, en un ideal del hombre moderno al que aspirara
una clase media latinoamericana emergente. Por eso mismo lo que piense y
diga respecto al sexo goza del crdito que da la fama, con la consiguiente
repercusin en la mente de muchos de sus lectores. Por otro lado, sabemos
que la responsabilidad del intelectual es muy grande frente a la sociedad,
siendo su obligacin saber realmente aquello que afirma, lo que no se
cumple en el caso de Vargas Llosa por sus falencias en lo que atae a la
sexualidad. Este artculo tiene el propsito de contrastar algunos
conocimientos bsicos vigentes a la fecha en relacin con el erotismo, con
las ideas sobre la materia del escritor peruano. Primero tratamos cmo la
sexologa mdica distingue el placer sexual y luego haremos referencia a
las ideas del escritor sobre el tema, para lo que nos basamos en
entrevistas, artculos y ensayos del literato.



Qu dice la medicina sexual?

Realmente la medicina sexual nos dice poco, acerca del erotismo, el placer,
el amor y su substrato biolgico, como veremos a continuacin.

Erotismo. El Diccionario de la Lengua Espaola de la Real Academia (Drae)
da una definicin bastante escueta del trmino erotismo: amor sensual;
carcter de lo que excita el amor sensual, y trae una referencia a la
creacin artstica, exaltacin fsica en el arte. Y por ertico: ...se
entiende todo aquello que pertenece o hace referencia al amor sensual, pero
tambin aquello que excita el apetito sexual. Por extensin, siguiendo al
Drae, se utiliza este trmino para referirse a la literatura amorosa y al
poeta que la cultiva.

Por su lado, la literatura mdica es elusiva respecto a la definicin de
erotismo, como ocurre con la de orientacin sexual, y se limita a
sealar, cuando lo hace, que el placer sexual incluye la satisfaccin
fsica y ertica. No llama la atencin por eso que el texto de psiquiatra
ms completo y ledo en el mundo, el Comprehensive textbook of psychiatry,
2000, editado por Sadock y Sadock, no se ocupe de la materia.

La psicloga feminista contestataria, Leonore Tiefer, puso el dedo en la
llaga cuando record la idea de Masters y Johnson de que, por ser el sexo
una funcin natural, su ejercicio de un modo apropiado dara lugar,
naturalmente, a la experiencia del placer. Seala asimismo que no hay nada
acerca de la disfuncin del placer en la clasificacin oficial de los
trastornos sexuales; tampoco se encuentra en los textos mdicos sexolgicos
alusin a las bases fisiolgicas del placer, las diferencias culturales o
su desarrollo psicolgico. Dice adems que hay muy poca investigacin
terica o emprica sobre el mismo y alude a cuatro razones que explicaran
este vaco, de las que trata bajo el ttulo de complejidades, a saber:
conceptual, fisiolgica, poltica y lo que llama el mito del modelo mdico
acerca de la naturalidad del sexo.

El placer. Mac Lean, segn Panksepp, 2003, propuso que la regin
subcortical del cerebro de los mamferos estaba integrada por una variedad
de sistemas afectivos que gobernaban la conducta, y para denominarla acu
el trmino epistmico. Ahora se acepta que habran categoras naturales
propias de los procesos afectivos. Algunas ligadas a los placeres y
peligros provenientes del mundo; otras relacionadas a la anticipacin de
los dinamismos positivos y negativos; otras ms vinculadas a las acciones
y, finalmente, unas ltimas en relacin con las situaciones placenteras
denominadas postconsumatorias.

Por su parte, Gard, 2005, nos recuerda que mucha investigacin psicolgica
acerca de la experiencia del placer se ha centrado en lo vivido en el
momento justo en que ocurren los estmulos especficos placenteros, es
decir lo que se llama el placer consumatorio. Sin embargo no se ha
comprendido bien las experiencias placenteras anticipatorias, que ahora
sabemos estn supeditadas a un proceso diferente al de las primeras. Estas
ltimas estaran ms relacionadas con la motivacin y la conducta orientada
a una meta y, las primeras, consumatorias, con la saciedad del deseo.

Otro autor que ha iluminado la experiencia del placer es Zurbriggen, quien
piensa que aparte del deseo ertico y de la bsqueda del placer, existen
otras motivaciones para comprometerse en la conducta sexual. Aunque el
deseo por las sensaciones fsicas placenteras sigue siendo un motivo
importante, que se comprueba cuando se estudian las fantasas sexuales en
ambos sexos.

El amor. Ubillos y colaboradores, en Amor, cultura y sexo, 2001, sintetizan
las que seran las funciones del amor de acuerdo a la concepcin
evolucionista y en base a autores tales como Lampert, 1997, y otros. As,
la teora de la evolucin tratando de explicar la necesidad biolgica de la
conducta amorosa, seala que sta vendra a ser consustancial con la
condicin de ser humano y su mayor importancia radicara en facilitar la
supervivencia de la especie. Tanto el deseo sexual como la unin de la
pareja estuvieron desde antes relacionados con la reproduccin y tuvieron
un refuerzo positivo en los primates superiores que los orient al placer
no slo en las relaciones sexuales sino en la pertenencia a la pareja y la
parentalidad. De all que los seres humanos estaramos ancestralmente
constituidos para las relaciones sexuales, el enamoramiento y el cuidado de
los hijos.

Esta interpretacin da pie para entender las diferencias en la conducta
sexual y el amor entre el hombre y la mujer. Concurriran dos procesos
fundamentales que explican la seleccin sexual y la inversin parental
diferenciada de uno y otro sexo. Se postula que la seleccin sexual depende
de dos procesos diferentes, por un lado la seleccin intrasexual y por el
otro la epigmica. Por la primera se trata de la presin que ejercen los
miembros de un sexo sobre el otro a travs de la competencia, los machos se
enfrentan por las hembras y gana el mejor dotado. Por la segunda, la
inversin parental, se cree que si un sexo selecciona al otro de acuerdo
con ciertas capacidades, estos talentos tendrn que ser propios
naturalmente de uno y no del otro. La inversin parental es el gasto de
tiempo, energa y riesgo que pone en juego el padre para garantizar la
supervivencia del hijo, siendo evidente que la inversin de las hembras es
mucho mayor que la de los machos.

En la especie humana, las mujeres sern mejores objetos sexuales de acuerdo
a su apariencia juvenil y maternal, es decir en funcin de la fertilidad.
Por su lado las mujeres deberan ser ms selectivas en la eleccin de
pareja dado que su inversin parental es mayor. La hiptesis evolucionista
apoya la idea de que, para favorecer la reproduccin de la especie, el amor
llamado ldico sera propio de los hombres y el pragmtico de las
mujeres.

Bases biolgicas. Partamos reconociendo que la comprensin de las bases
neurobiolgicas del placer, y mucho ms del erotismo, est en su comienzo.
El aporte de Burgdorf y Panksepp sobre el estudio de las emociones
positivas, ha concitado ltimamente gran inters cientfico. Por ellos
sabemos que los aspectos cognitivos de las emociones, como reconocer una
cara feliz o triste, son procesados a nivel neocortical, pero la
experiencia de felicidad o tristeza est fuertemente vinculada a circuitos
lmbicos subneocorticales que compartimos con otros mamferos.

La investigacin neurobiolgica tambin se ha dirigido a estudiar la
infraestructura de la vivencia amorosa y ha lanzado la hiptesis de que en
el cerebro humano, en el transcurso de unos cinco millones de aos de
evolucin como homnidos, se han desarrollado estructuras cerebrales que
seran su soporte fsico. Consisten en sistemas nerviosos, asociados a
motivaciones especficas que se corresponden con vivencias, conductas y una
qumica cerebral especial.

Se propone la presencia de tres sistemas neurales: apareamiento,
reproduccin y parental. El circuito del apareamiento es el soporte del
impulso sexual, la vivencia del deseo y las relaciones sexuales,
ntimamente asociado con las hormonas sexuales, estrgenos y andrgenos. El
circuito reproductivo vinculado con la motivacin al amor romntico,
vivencias del tipo de felicidad y obsesividad propias del enamorado, la
conducta que traduce la unin emocional de la pareja y sustancias tales
como la dopamina, norepinefrina y serotonina. Finalmente el sistema
parental asociado al amor amistoso, la identidad emocional de la pareja y
las relaciones estables, con la concurrencia de la oxitocina y la
vasopresina. Estudios modernos de imagenologa estn permitiendo
identificar con ms precisin las regiones cerebrales en las que se
asentaran los circuitos nerviosos mencionados.



El erotismo vargasllosiano

En esta segunda parte, revisamos la visin del escritor peruano sobre el
erotismo, principalmente sus ideas acerca de su naturaleza; identidad con
el impulso y el acto sexual; el erotismo como ceremonia y creacin
literaria; su relacin con la pornografa y condicionamiento por la
civilizacin.

Naturaleza, impulso y acto sexual. La reflexin sobre el erotismo se
confunde con la del amor; basta revisar el discurso de Platn, Stendhal,
Rougemont, Paz y Ortega y Gasset, como lo ha hecho Luna Escudero-Alie,
2003. En todo caso, Vargas Llosa asume la tesis sobre el erotismo de
Georges Bataille como una experiencia de violacin, tal puede leerse en su
artculo El sexo fro, Caretas, 1998: Para que esta sublimacin [del
sexo al erotismo] ocurra, es imprescindible, como lo explic George
Bataille, que se preserve ciertos tabes y reglas que encaucen y frenen el
sexo, de modo que el amor fsico pueda ser vivido gozado como una
trasgresin. Es decir, propone un erotismo restringido principalmente a
quienes han experimentado con las complejidades del mundo desarrollado.

MVLl confunde impulso sexual con erotismo. Afirma, en Sin erotismo no hay
gran literatura, El Pas, 2001, que ste es una exaltacin muy
desembozada de la pulsin sexual, de la fantasa ertica, de los fantasmas,
del derecho al placer. Digamos que la pulsin sexual exaltada y
desembozada no puede confundirse con el erotismo, pues sigue siendo nada
ms que pulsin sexual, aunque de mayor intensidad. La fantasa y los
fantasmas que segn el autor conformaran el erotismo no son esenciales
para acreditar una experiencia ertica. Ms sorprendente es la mencin al
novsimo derecho al placer. Aunque MVLl no explica por supuesto de qu
trata ese derecho, lo que parece seguro es que en este punto coincide con
los despropsitos de la Asociacin Mundial de Sexologa (WAS) y su lista
de derechos sexuales.

El escritor cree que puede distinguirse entre impulso sexual y erotismo,
aunque sea desde luego difcil concebirlos separadamente. As es como, al
comentar una novela de Moravia, en La verdad de las mentiras, 2002, leemos:
Entre los escritores modernos pocos estn tan embebidos de sexo y de
erotismo (ambas cosas pueden ser la misma o pueden ser muy diferentes) como
el autor de La romana (p. 230). En descargo del escritor agreguemos que en
los ltimos aos, lejos de concluir, sigue abierto un gran debate a
propsito de la sexualidad de la mujer, acerca de los fenmenos del
impulso, la excitacin y el deseo sexuales, su momento, secuencia e
identidad. Podra decirse que el mismo error aparece en La orga perpetua,
1978, cuando asume que Emma, la protagonista de la novela de Flaubert, no
habra experimentado el placer.

Ceremonia. Vargas Losa insiste en Sin erotismo no hay..., que para que la
relacin sexual califique como ertica, sta se convierte en un juego, en
un teatro, en una ceremonia, en unos ritos... El amor se practica entonces
como un espectculo rodeado de formas. Esta idea podra ser cierta si se
refiere al sexo como es tratado en la literatura, pero en el caso del
ejercicio ms extendido de la sexualidad, qu quiere decir con teatralidad
y espectculo rodeado de formas? Realmente los modos de vivir el erotismo
pueden ir desde la mayor simplicidad a la mxima complejidad sin abandonar
por eso su naturaleza.

El novelista pareciera entender el erotismo como aqul que se ofrece
usualmente en la pantalla del cine, primando la coreografa, el
espectculo, en el que desaparece la intimidad y por eso el placer se
presenta usualmente pre o extra matrimonial. Para decirlo de una vez, el
erotismo no est sujeto a la apariencia, es una adicin que marca la
humanidad del deseo, una experiencia subjetiva, pero en tanto reciprocidad
en la entrega, comunicacin y valoracin mutua de los seres, mientras se
aproxima al florecimiento del amor.

Piensa MVLl, detenido en las fantasas y los fantasmas, que el sexo
(suponemos se refiere al impulso sexual) y el erotismo pueden darse
separados. Sin embargo basta con que un componente extra a la fisiologa
sexual est presente, no hay duda que el sexo califica como un acto propio
del ser humano.

Erotismo y literatura. Sobre esta cuestin existen comentarios ms que
interesantes por Gruss, 2002; Cadena, 2005; Montoya, 2005, y varios ms. En
La verdad de las mentiras, el escritor afirma que la literatura cre el
erotismo: ste [el lenguaje], a medida que, gracias a la literatura,
evolucion hasta niveles elevados de refinamiento y matizacin, elev las
posibilidades del goce humano, y, en lo relativo al amor, sublim los
deseos y dio categora de creacin artstica al acto sexual. Sin la
literatura, no existira el erotismo, y afirma luego, En un mundo
aliterario, el amor y el goce seran indiferenciables de los que sacian a
los animales, no iran ms all de la cruda satisfaccin de los instintos
elementales: copular y tragar (p. 390). Si nos quedara alguna duda
ratifica sus ideas en La literatura y la vida, del libro Mario Vargas
Llosa; escritor, ensayista, ciudadano y poltico, 2001. Resulta llamativa
la afirmacin del origen de una experiencia tan implcita en la condicin
humana. De verdad no se sabe si piensa que el erotismo es producto de la
literatura o si lo que est diciendo es que sta sondea en sus sutilezas
ms all del dato meramente cientfico.

En otra afirmacin se confirma que MVLl no distingue lo nuclear del
erotismo: si ste no es el alambicado que prefiere, sencillamente no es. En
la crtica a Un mundo feliz, de Aldous Huxley, en La verdad de las
mentiras, se encuentra que, En el planeta Ford el sexo est demasiado
higienizado, exento de todo riesgo, misterio y violencia como para que la
gimnasia copulatoria que practican sus habitantes coincida con lo que
entendemos por erotismo, es decir, el amor fsico enriquecido y sutilizado
por la fantasa humana (p. 125).

Pero, en una entrevista concedida a Concha Garca Campoy, 1997, sobre su
novela Los cuadernos de don Rigoberto, atempera su repetida tesis sobre el
erotismo y seala el papel central de la imaginacin: MVLl: Exactamente.
El erotismo es perfectamente definible, es un enriquecimiento del amor
fsico con ayuda de la imaginacin, sa podra ser una de las definiciones
del erotismo.

Pornografa y civilizacin. La diferencia que establece entre erotismo y
pornografa cuando se trata de la creacin literaria s es convincente, al
afirmar que para ser calificado de literatura el sexo en la ficcin debera
alcanzar un determinado coeficiente esttico. Aunque debemos advertir que
este concepto no nos dice qu es el erotismo sino cmo tiene que aparecer
para calificar en la obra literaria.

Vargas Llosa recuerda, en la entrevista con Garca Campoy, que en el mundo
actual hay una permisividad tal que todo es aceptable y aceptado, y
declara que el sexo se ha banalizado y estereotipado, el erotismo se ha
vuelto previsible, convencional, mecnico, es decir, que se haya degradado
en pornografa. Pero un observador tan fino de la sociedad como es el
escritor peruano, no dedica media palabra a las consecuencias del fenmeno
que resea, nos referimos a la confusin creada entre normalidad y
desviacin, salud y morbilidad, con los serios efectos sanitarios para la
poblacin que todos conocemos. La epidemia del VIH/SIDA no ha cambiado el
discurso hedonista que viene de los 60s, el cual a lo sumo ha quedado
estancado en el pregn del sexo seguro, como lo observa Connell y Hunt,
2006.Tampoco se le ocurre que la banalizacin del sexo no slo se refleja
sin duda en el erotismo, sino en algo ms importante: las relaciones
interpersonales mediadas por la sexualidad. El erotismo adquiere nuevo
perfil con la riqueza que aporta la pareja a la unin fsica en tanto que
seres humanos, y cuya condicin inexplicablemente el novelista deja de
lado.

Ms curiosa su idea, formulada a Jimena Villegas, revista Qu Pasa, 1997,
con ocasin del lanzamiento de Los cuadernos de don Rigoberto, por la que
niega la existencia del erotismo en los que llama pueblos primitivos. A
la pregunta: De la lectura de su novela se desprende que, para usted, el
erotismo es un elemento fundamental en la vida, responde: El erotismo es
una manifestacin de civilizacin; no existe en pueblos primitivos. Cuando
una sociedad se va distanciando de su origen primitivo en que la relacin
amorosa se diferencia muy poco de la cpula animal y se va refinando y con
ello rodeando de ritos, es que puede desarrollarse el erotismo. El placer
sexual, el erotismo, seguro que tiene matices, complejidades e intensidades
diferentes, pero la persona en tanto ser humano, por antropologa
elemental, no puede estar ajena a una experiencia comn para la especie. Es
evidente que, como miembros de una especie, los seres humanos, no
importando el grado de civilizacin que hayamos alcanzado, tenemos la
implcita capacidad para vivir el erotismo. Como bien se reconoce, el
hombre, a diferencia de otras especies, durante la respuesta sexual pone en
marcha un conjunto de procesos mentales del ms alto nivel, como imgenes y
fantasas sexuales. Concepto que no podra sino ser confirmado, en este
caso por uno de los ms reconocidos antroplogos del mundo, Herdt, 2006,
quien declara que reducir el erotismo a la civilizacin sera igual a decir
que el arte estara limitado slo a occidente o a la civilizacin
occidental, siendo negado para el pueblo salvaje o iletrado.

      Este trabajo forma parte del libro Vargas Llosa y la sexualidad
      menoscabada, en preparacin.



Bibliografa

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  ZURBRIGGEN, E. L., YOST, M.R. (2004). Power, desire, and pleasure in
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** Ren Flores Agreda
   rflores@terra.com.pe
   Mdico psiquiatra peruano (Lima, 1936). Ha publicado trabajos en las
   reas de salud mental, drogas, sexualidad y educacin mdica. Fue
   presidente de la Sociedad Peruana de Sexologa y de la Sociedad Peruana
   de Sexologa Mdica.



=== La palabra sin oficio      Leonardo Maicn ============================

Hubo un momento en el camino de la bestia humana en que el sol ilumin con
fuerza de ngel cado el bosque donde la bestia semierguida dorma la
siesta en el encantamiento de los rboles. El sol se detuvo a mitad de la
tarde, en un instante mgico e inmaculado, soado quizs por un demiurgo
embriagado de olores. El instante slo dur unos miles de aos, rpido y
fugaz como el rayo csmico que se perda tras la lnea del horizonte
virgen.

El hombre (que ya no era bestia) despert contento, gozoso. Atrs haba
dejado, como lo hace una serpiente, el cascarn de piel cuya forma arcaica
era arrastrada por la accin de un viento propulsado por Cronos. Despert
contentsimo; se reconoci en el espejo de las aguas que beba con las
manos. Su corazn danzaba alrededor del fuego prometeico, atiborrado de
gozo. No era para menos: haba aprendido a reproducir el cantoreo de los
pjaros. Haba aprendido a reproducir el sonido de la lluvia. Ahora poda
descifrar los enigmas de la noche. Poda ahora or las confusas voces de su
espritu, y dibujarlas a su antojo en la memoria de sus congneres. En
otras palabras: haba creado (o haba sido creado en l) el lenguaje, no ya
la facultad humana a la que el trmino hace referencia, sino el lenguaje en
tanto que lengua, en tanto que producto social.

As como el Sol es el ncleo a partir del cual se estructura nuestro
complejo sistema planetario, la lengua lo es con respecto al hombre; sol
lingstico alrededor del cual gira toda actividad humana. Y ms: la lengua
es el mismo hombre, pues ste (como tampoco Dios) no tendra razn de ser
sin la existencia de ese sol lingstico que le confiere conciencia e
identidad.

Al referirnos a la lengua como producto social no hacemos ms que acentuar
su carcter cultural (ms all de lo meramente lingstico), pues si
cultura es todo utensilio material o inmaterial producido por el hombre,
tenemos entonces que la lengua es la semilla de donde parte el ingente
rbol de la cultura. Esto es una redundancia, pudiera pensarse. Sigamos
pues transitando por el desgastado carril de lo obvio. Sin la lengua, quiz
no existiran la filosofa ni la religin. Seguiramos siendo bestias (aun
lo somos, en muchos aspectos).

En torno al lenguaje se ha creado una gran variedad de mitos y sentencias:
El que calla, otorga, deca mi abuela; El pez muere por la boca; Uno
es dueo de lo que calla y esclavo de lo que dice; La lengua es el
castigo del cuerpo; Todo preguntn es chismoso (otro refrn favorito de
mi abuela). Explicar el significado de cada una de estas sentencias est de
ms: saltan a la vista conceptos como sabidura, prudencia, castigo... Y es
que ante la lengua el ser humano no deja de asombrarse, porque l mismo es
palabra: en ella y por ella se reconoce, filosofa, ama, odia, vive, muere.
A la Palabra le teme como al propio Dios, porque es Dios: En el Principio
fue el Verbo (Gnesis); Lleg aqu entonces la Palabra (Popol Vuh)... El
hombre se aferra como un navegante al timn de la sincrona; trata de
enrumbar la formidable nave lingstica, pero la tormenta diacrnica azota
las velas, el mar es un pandemnium.

Mar de interrogantes poblado de prehistricos especmenes, uno de ellos,
sin duda el ms temido: la Academia. Este espcimen, como cualquier animal
domstico o salvaje, guarda entre su pelaje una gran variedad de parsitos,
hecho que obliga al noble animal a rascarse el alma (el Alma Mter?) con
las mismsimas pezuas de Toms de Torquemada.

En nombre de tan noble animal se cometen y se han cometido crmenes de lesa
humanidad contra el idioma de Cervantes. Qu pas con letras como la Ch y
la Ll? All las vemos, acurrucadas y sumisas, viviendo arrimadas en las
majestuosas casas de C y L, respectivamente. En contraposicin, la brbara
W tiene casa propia, en una zona poco concurrida del barrio Cementerio
(alegre voz cortaziana que significa diccionario).

Hemos cado en el pantanoso terreno de la discriminacin lingstica. Era
inevitable. Somos (parias pensantes!) campeones intergalcticos en ese
extrao deporte de complicarnos la vida. Hay discriminacin tnica, social,
ideolgica... Y por supuesto, lingstica. (Quiz debiera llamarla
discriminacin fontica, pues casi siempre la persona que padece de
racismo lingstico slo atina a decir que la palabra en cuestin suena
feo, as, en masculino.) Pero para el caso que nos ocupa da igual. Una de
esas palabras poco agraciadas es sobaco. Muchas personas prefieren utilizar
un sinnimo que tiene igualmente tres slabas, pero que, segn ellos, suena
ms elegante, ms bonito: Axila (la bella miss Axila). Perdnalos,
Gngora, estos prejuiciosos no saben lo que dicen. Que no se recurra al
ardid de lo esttico, que es otro cantar. Valga la hiprbole: Sobaco es el
poema ms corto y hermoso que se conoce en castellano, y cada quien lleva
dos buenos ejemplares de dicho poema bajo los brazos: so-b-ko (para
escribirlo y digerirlo en todo su esplendor fontico). Quien quiera ser
acusado de hereje y vulgar, slo tiene que recitar este lindo poema en
presencia de estos inquisidores de la lengua. 

Otro vocablo vctima de estos inquisidores es el inofensivo pelo (sobre
todo cuando se emplea como sinnimo de cabello). Qu sera del mundo sin
el preciado pelo? Sera un mundo pelado, un autntico desierto. Por lo
dems, sera un mundo aburrido y tristn (recordemos el dicho: Donde hay
pelo hay alegra). Los tristes seres que niegan la sinonimia entre pelo y
cabello, seguramente nunca se han cortado el pelo con un PELUquero, sino
con un cabelluquero. Cabelluquero que a lo mejor trabaja en una
cabelluquera, no en una PELUquera. Y si el inquisidor es calvo debe
ponerse una cabelluca en vez de una PELUca. A buen entendedor pocas
palabras.

El sustantivo comn, concreto y masculino conocido como hueco, no se queda
atrs. En un ameno dilogo con una seora, cierta colega mencion la
palabra hueco. A la seora le dio un soponcio, y muy seria le dijo que
dicha palabra era horrible, que era preferible decir agujero, porque es
ms fino. Fin de mundo. 

En una oportunidad, el autor de estas lneas acompa a un vecino a la casa
de un seor de origen guyans. Era diciembre, y el buen seor le pregunt
al amigo qu regalo le iba a pedir al Nio Jess. El vecino le respondi
(con el perdn de las fminas) que le pedira de regalo una mujer. El
guyans lo corrigi enseguida: Mujer ser chabacano, decirse una joven.
Obviemos el punto de los tiempos de conjugacin verbal, sabemos que el
castellano no es la lengua madre de los guyaneses. Nos referimos al punto
de los prejuicios lingsticos, fonticos, semnticos. A estos inquisidores
provoca gritarles en esplndido pemn: Poto-rutu da a bendigamam (Que
Dios te bendiga).

Ahora que hemos ledo algo en pemn, nos es propicia la ocasin para
sealar que los mal llamados dialectos indgenas no son (tales)
dialectos, como errneamente creen muchas personas (incluso profesores y
periodistas). No, seor. Los idiomas indgenas son idiomas, ni ms ni
menos. Lenguas poseedoras de un sentido fonolgico, semntico,
morfosintctico y pragmtico muy propios. Idiomas que nada tienen que
envidiarle a las cultas lenguas indoeuropeas. Incluso, no sorprendera
que algunos de estos dialectos pudiera sobrepasar en antigedad al ingls
o al castellano (por poner el caso de los idiomas ms importantes de las
ramas germnica y latina, respectivamente). Veamos lo que nos dice el
cementerio acerca de dialecto: Modo o modalidad que adopta una lengua
dentro de un territorio determinado. Son acaso las lenguas indgenas
variantes o modalidades de, por ejemplo, el espaol? De ningn modo. Por el
contrario, el castellano se ha nutrido una barbaridad con voces
provenientes de diferentes lenguas indoamericanas (vivas y muertas, o sea,
asesinadas).

As, pues, catalogar de dialectos a estas ricas lenguas (cuyos usuarios
poseen una cosmovisin tan particular como profunda), es, a todas luces,
discriminatorio. Que muchas de estas lenguas indgenas son habladas por
grupos relativamente pequeos? Es cierto. Pero si tomamos al pie de la
letra tal afirmacin, veramos entonces que la lengua vasca, uno de los
idiomas vivos ms antiguos de Europa, vendra a ser un dialecto con
respecto al espaol y el francs, y todos sabemos que el idioma vasco es
una isla en medio de las dominantes ramas lingsticas indoeuropeas. O
para ponerlo de un modo ms radical: es como si se tachara de dialecto al
espaol hablado en las Filipinas, demasiado disminuido hoy da en el
Archipilago (un oso panda lingstico), por el solo hecho de encontrarse
numricamente muy por debajo del tagalo y el ingls, las lenguas fuertes de
esta nacin asitica. Qu aberracin!, dira Martinet, quien dedic buena
parte de su vida al estudio de los dialectos.

Por otro lado, y esto tiene que ver con la escritura, est el caso del uso
de las (letras) minsculas o maysculas luego de los dos puntos. El empleo
culto acepta tanto la mayscula como la minscula, indistintamente. Por
supuesto, luego de dos puntos no se va a escribir en minscula una palabra
que designe un nombre propio de persona, animal o cosa. Por ejemplo: ella
tiene dos hermanas: Helena y Manuela. Estara fuera de lugar escribir:
helena y Manuela. De igual modo, se comienza con mayscula cuando lo que
sigue de los dos puntos es una cita textual. Hay otros aspectos, que no
vamos a considerar aqu. Lo que quiero reflejar es lo siguiente:
ltimamente he visto con cierto asombro, sobre todo en algunos diarios
impresos (por fortuna, no todos), un uso exclusivo de las maysculas
(despus de los dos puntos), en detrimento de las minsculas. Estaremos
ante otro tipo de prejuicio, quiz de tipo grfico? En la variedad est la
riqueza. 

En todo caso, cada lengua es a s misma su propio barco. Luego de la cada
de la Torre de Babel, muchos barcos han naufragado; unos por tormentas,
otros por encontronazos con naves ms poderosas (como le pas a muchas
lenguas en Amrica durante la Conquista). Las naves (lenguas) nacen,
evolucionan, mueren; se pueden casar entre s, comercian sus prendas
(voces), etc. Pero todas sin excepcin han de navegar en ese infinito mare
nostrum como lo es el lenguaje, facultad del ser humano. Como pasa con toda
estrella, llegar el da en que el sol lingstico deje de brillarnos?
Volveremos a vagar por el bosque, felices, libres como los prehomnidos,
sin esperanza alguna de reencontrar el fuego prometeico?  

                               Torre de Babel, jueves 22 de febrero de 2007

** Leonardo Maicn
   lmaican@letralia.zzn.com
   Escritor venezolano (Maracay, Aragua, 1967). Profesor de lengua y
   literatura, egresado con mencin Magna Cum Laude de la Universidad
   Pedaggica Experimental Libertador (Upel, http: / / www.upel.edu.ve), en
   Maracay. Tiene un libro de relatos, Duelo de ases, publicado por la
   editorial La Liebre Libre (1995). Obtuvo una mencin especial en el
   Concurso Semana de la Juventud (La Victoria, 1995). Mencin honorfica
   en la I Bienal Interuniversitaria de Literatura "Simn Rodrguez"
   (Valencia, 2001). Cuentos suyos han aparecido en antologas, diarios y
   revistas del estado Aragua. Tiene un libro de cuentos indito, titulado
   El sueo del Titanic.



=== Roma, laberinto de espejos      Carlos Montuenga ======================

Bueno, no me digis que no os gusta el hotel, un antiguo palacio
renacentista situado a dos pasos de la Piazza Venezia. S, de acuerdo, las
habitaciones son pequeas y las camas tienen somieres metlicos de esos que
ya no se llevan por el mundo, pero habis subido ya a la terraza que hay
sobre el ltimo piso?

El panorama que se contempla desde all es extraordinario: al frente, tras
dos pequeas cpulas barrocas, casi adosadas al viejo casern del hotel,
surge majestuoso el monumento en mrmol blanco de Vctor Manuel II,
coronado por dos cuadrigas que conducen ngeles; a la izquierda, se
extiende el perfil boscoso del Palatino, con el Coliseo asomando entre los
pinos. Y al volver la vista en sentido opuesto, aparece a los lejos la
cpula de San Pedro, dominando un mar de tejados rojos, torrecillas y
campanarios de innumerables iglesias.



Esto es de locos! son slo las siete de la maana, y ya estamos en la
recepcin del hotel esperando a que llegue el taxi, tras desayunar a toda
prisa. La luz gris de un da lluvioso envuelve calles desiertas, mientras
cruzamos la ciudad en direccin al Vaticano. El taxi se detiene en la Va
Leone IV, y el conductor seala con gesto significativo al otro lado de la
calle, donde una cola largusima, formada por quienes han tenido la osada
de madrugar ms que nosotros, se estira bajo las severas murallas que
rodean los Museos Vaticanos.

Pues nada, es cuestin aguantar aqu, con estoicismo, las casi dos horas de
espera que tenemos por delante, hasta poder alcanzar la entrada; lo que
faltaba! empieza a llover con fuerza, ahora me ver obligado a compartir el
paraguas con este seor tan pesado, que se ha pegado a nosotros y va mal
preparado para la lluvia.

Un verdadero ejrcito de visitantes, vigilado por algunos agentes de la
polica romana, avanza sin cesar en sentido opuesto por la calzada; buscan
el final de la cola, que dobla ya la calle a nuestras espaldas y se pierde
en direccin a la plaza de San Pedro.

En fin, ya estamos dentro; all vamos, perdidos entre la gente, atravesando
salas bellsimas, en donde no se sabe si admirar ms las esculturas, los
tapices, la gracia de los suelos de mrmol veteado con formas geomtricas,
o la filigrana de los techos dorados.

Y aqu est la famosa galera de los mapas, con sus grandes frescos de
colores brillantes que muestran, como en una visin rea, distintas
comarcas italianas, bordeadas por el azul intenso del Adritico y el
Tirreno.

Por los ventanales que flanquean la sala se ven los patios interiores de
este entramado de edificios que fueron residencia de los papas, y, sobre
ellos, surge majestuosa la cpula de San Pedro, donde descubro con asombro
a la gente asomada en su cspide, seres minsculos rodeando la cima de una
montaa artificial. La visin me produce vrtigo, como cuando me veo en
sueos subiendo por un edificio de dimensiones imposibles, que se eleva
sobre el mundo hasta desaparecer entre las nubes.

Pero la cpula que tengo ah enfrente no llega a tanto, las nubes tendran
que ir muy pegadas a la tierra para ocultarla, y sin embargo es fascinante,
tiene algo de sobrehumano. Me pregunto qu tipo de sensaciones despertara
en los habitantes de Roma, cuando hace ms de cuatro siglos empez a
erguirse sobre los tejados de la ciudad: una estructura gigantesca
emergiendo de la polvareda oscura producida por obreros y artesanos, en
incesante hormigueo entre el andamiaje levantado en torno suyo.

Vamos a ver lo que dice mi gua de Roma: La construccin de la baslica
fue uno de los proyectos ms audaces del Renacimiento italiano. La
iniciativa parti, a comienzos del siglo XVI, del papa Julio II, quien se
propuso devolver la independencia al papado y conseguir que los estados
pontificios recuperaran todo su esplendor y poder.

Pues vaya si lo consigui el tal Julio II! Este singular personaje, un
verdadero peso pesado entre los sucesores de San Pedro, fue capaz de poner
de rodillas a los seores feudales que desafiaban su autoridad. Lleg
incluso a tomar la espada para someter a la ciudad de Bolonia y no dudo en
aliarse con el rey de Francia, para que Venecia se viera obligada a
devolver varias ciudades a los estados pontificios. Pero luego, temeroso
del creciente podero francs, el pontfice concert por separado la paz
con Venecia y atac a sus antiguos aliados galos. Se celebraron varios
concilios, hubo excomuniones, y al final los franceses salieron de Italia
con la cabeza gacha. Por supuesto, el papado recuper sus antiguos
territorios.

Bueno, todo eso es historia, pero en Julio II vemos sobre todo al impulsor
de las artes, al mecenas, bajo cuya proteccin los grandes artistas del
Cinquecento dejaron el sello de su genio en la Capilla Sixtina o en la
baslica de San Pedro. Por encargo del papa, Bramante inici la
construccin de la baslica en 1506, y a su muerte le sucedi Rafael como
arquitecto responsable de las obras. Pero el cimborio, la enorme estructura
cilndrica que sostiene la cpula, no se remat hasta bastante tiempo
despus bajo la direccin de Miguel ngel, que por entonces sobrepasaba ya
los ochenta aos.

Me imagino al anciano, yendo y viniendo con paso renqueante por la
baslica, para comprobar el progreso de las obras; ah est, con su aspecto
desaliado, sus ropillas negras cubiertas de polvo, hablando con artistas y
maestros canteros, que le escuchan con atencin y se esfuerzan en
satisfacerle; a pesar de su edad, parece capaz de dirigir con un solo gesto
a todo ese ejrcito que se mueve entre grandes bloques y poleas; ahora se
ha quedado silencioso, abismado en sus pensamientos, consultando una y otra
vez los planos extendidos sobre un tablero que ha ordenado colocar en el
centro del edificio, bajo la interseccin de la nave central y los dos
brazos del crucero; en lo alto se abre un enorme hueco circular, lleno de
polvo oscuro, por el que se filtra la luz fra de la maana. Cientos de
obreros se afanan all arriba, en los andamios colgados del colosal
cimborio destinado a soportar el peso de la cpula. Miguel ngel aparta con
gesto nervioso los planos y su rostro arrugado se contrae en un gesto de
inquietud. A veces se siente desfallecer, como si le oprimiera cada vez ms
la responsabilidad de llevar a trmino tan formidable empresa. Los aos van
mermando sus fuerzas. Acaso no viva lo suficiente para llegar a ver la
baslica coronada por esa gigantesca cpula, que por ahora slo existe en
sus sueos...

Pap, se puede saber qu miras por ah?, si te paras a cada momento,
vamos a estar aqu todo el da y an nos queda por ver la Capilla Sixtina.

Perdona, pensaba en cosas mas; ahora mismo vamos para all.



La lluvia ha cesado y Roma se despereza bajo el sol tibio de mayo. Dejando
atrs la escalinata flanqueada por flores de la Piazza di Spagna, las
viejas casas alineadas en la Via Condotti despliegan ante nosotros un
calidoscopio de escaparates, donde los turistas se detienen para admirar
las creaciones que exhiben las primeras marcas de moda italiana. Ms
adelante, nos adentramos en un laberinto de callejuelas, entre viejos
edificios con paredes desconchadas; fachadas decadentes, desfiguradas por
el paso del tiempo, rincones y pasadizos sombros, que tras confundirnos
con sus pretensiones de modestia, desembocan bruscamente en espacios
diametralmente distintos, plazas luminosas dominadas por templos o columnas
descomunales, donde est presente el nervio de la Roma imperial.

Y si nos damos una vueltecita por la Piazza Navona? Est muy cerca y es
tal vez el lugar ms emblemtico de la Roma barroca. Su forma alargada
obedece a que en ese mismo lugar se alz el estadio de Domiciano en el
siglo I d.C., para celebrar competiciones deportivas. Siglos despus fue
escenario de grandes fiestas, durante las cuales era inundada para
representar espectculos en los que se simulaban batallas navales vaya
ocurrencia!

Pues aqu estamos ya. Pocos lugares hay en la ciudad ms animados que este
amplio espacio reservado a los peatones. Seguimos por inercia el movimiento
de la multitud, hacia una esquina donde se ha formado un corrillo para ver
a dos jovencitas minifalderas, que bailan claqu frente a una terraza. Las
notas estridentes de un reproductor de cintas situado en el suelo, se
mezcla con las risotadas de unos borrachos, que jalean el taconeo de las
chicas.

La actuacin ha finalizado, se serena el ambiente y retrocedemos hacia el
centro de la plaza para hacernos unas fotos junto a la famosa Fontana dei
Fiumi de los Ros para entendernos debida a Bernini. Cuatro gigantes
atlticos, en torno a un obelisco, representan a algunos de los mayores
ros del mundo: Danubio, Ganges, Nilo, Ro de la Plata... es curioso que el
artista no pensara en el Amazonas como smbolo del continente americano. El
grupo escultrico es magnfico, produce una sensacin de gran dinamismo;
parece como si los cuerpos creados por Bernini obedecieran a una fuerza que
aligera su peso. Ayer, mientras veamos los frescos de la Capilla Sixtina,
pens algo parecido frente a la escena del Juicio Final, la gran obra
creada por Miguel ngel, que ocupa la pared situada tras el altar. El
espectador queda all situado ante un torbellino de cuerpos titnicos, que
despiertan de la muerte cuando los ngeles anuncian el final de los
tiempos. Dominando la escena, el gesto implacable de Cristo parece impulsar
el movimiento vertiginoso del conjunto, que oscila entre el Paraso y el
espanto de los abismos.



Este rissoto alla romana est buensimo, cuando volvamos a casa tenemos
que ir un da a Ginos, a ver si lo hacen igual que aqu .

Es hora de reponer fuerzas y da gusto contemplar el panorama desde esta
terraza situada en la Via Della Pilotta, muy cerca de la Piazza Venezia.
Por todas partes se ve gente que disfruta del da primaveral. No es un
restaurante caro, pero ofrece una buena carta y el personal derrocha
amabilidad. Los camareros estn siempre de broma, hace un momento los hemos
visto fotografindose con dos chicas americanas que no dejaban de rerse
con sus ocurrencias.

Veo que en la acera de enfrente, al lado de un edificio con aspecto de
palacio renacentista, se est congregando mucha gente; hay quien prepara su
cmara fotogrfica, como si esperara la aparicin de algn famoso. Pregunto
al camarero, que pasa junto a nosotros movindose con su bandeja entre las
mesas

Loro vogliono vedere il presidente me responde, sin volver apenas la
cabeza.

De repente, la gente congregada rompe a aplaudir y, en la puerta del
edificio, aparece un grupo de hombres de pelo engominado, con trajes
oscuros, que avanzan presurosos hacia un enorme automvil.

Es Romano Prodi dice alguien en una mesa prxima.

De otro grupo que se mantiene algo apartado, surge un viva Berlusconi! que
es acogido con abucheos por los fieles del nuevo presidente.

Bueno, terminaos los capuchinos y voy a pedir la cuenta. Yo creo que ahora
podamos acercarnos a ver el Foro, me parece que el Coliseo se puede
visitar a partir de las cinco.



La tarde va transcurriendo con placidez en la Via dei Fori Imperiali, una
gran avenida que Mussolini tuvo la ocurrencia de construir en mitad de la
Roma antigua. Me produce una sensacin extraa este revoltijo de ruinas. El
arco de Septimio Severo, el templo dedicado a Saturno, los muros del
Palatino... parece la osamenta gastada de un gigantesco fsil. Sin embargo,
aqu estuvo una vez el centro del mundo, la capital de un imperio que se
extenda desde Finisterre hasta Jerusaln.

Al acercarse el da a su fin, las sombras se alargan y el lugar se puebla
de siluetas borrosas, como si las ruinas quisieran desaparecer por completo
y confundirse con el polvo. Pero los ltimos rayos del sol, casi oculto ya
tras el Capitolio, han envuelto las viejas piedras en un resplandor fugaz
que ahuyenta su letargo.

Por unos instantes, los muros descarnados del Coliseo, las columnas
mutiladas, el oscuro estanque flanqueado por estancias donde moraban las
vestales, recuperan su pasada gloria y son como un laberinto de espejos,
por donde se deslizan destellos de un mundo lejano, bello y cruel a la vez.
Ahora, sera posible sentir la animacin en los mercados, el entusiasmo de
la multitud durante los combates entre gladiadores, la cadencia solemne de
ceremonias en honor a los dioses. En la Va Sacra, un clamor vibrante de
trompetas se eleva sobre el gritero, al paso de una legin que vuelve
victoriosa de Germania y desfila hacia el Capitolio. En cabeza del cortejo,
varios hombres, cubiertos con pieles de lobo, elevan con orgullo sus
enseas. Les sigue el carro triunfal del general victorioso tirado por
caballos blancos, y tras l, los prisioneros caminan abatidos hacia el
cautiverio o la muerte.

Se escuchan otra vez las trompetas y entonces... pero, un momento, no
estn sonando de verdad..?

Pap mira!

Eh? qu?

Mira, un Ferrari Enzo!

Un qu?

A pocos metros, pasa veloz un coche impresionante lanzando al aire una
sinfona de bocinazos, que resuenan como clarines. Se oyen silbidos y
exclamaciones de admiracin entre los paseantes. Alguno, hasta apunta su
mvil hacia el blido para intentar inmortalizarlo en una foto.

Fjate qu ruedas, cmo se pega al suelo!

S, s, ya lo veo, pero adonde ir ese loco, circulando as por una va
peatonal?

El Ferrari se aleja en direccin al monumento de Vctor Manuel II y gira a
la derecha, desapareciendo entre los rboles de la plaza. Durante unos
segundos, seguimos oyendo el ronquido de sus seiscientos setenta caballos,
hasta que acaba por perderse en la distancia.



La noche ya ha cado sobre Roma y el guio de mil luces invita a descubrir
otras caras de la ciudad, nuevas sensaciones que slo despiertan cuando el
da se apaga. Los cafs vuelven a llenarse de animacin; las calles son un
bullir de gentes que deambulan sin rumbo fijo, sorteando el intenso trfico
en la Va del Corso y detenindose frente a restaurantes o tiendas de
recuerdos, donde lo mismo puede encontrarse cristal veneciano que
recortables del Coliseo.

Desde el Palacio del Quirinal, una callejuela mal iluminada desciende en
silencio por la colina, como si buscara a tientas el esplendor sereno que
irradia la cercana fontana de Trevi.

** Carlos Montuenga
   cmrbarreira@hotmail.com
   Escritor espaol (Madrid, 1947). Doctor en ciencias. Colabora con
   artculos y relatos en publicaciones de comunicacin social, tales como
   ETC Magazine (Buenos Aires) en espacios literarios como Vorem, Margen
   Cero, Ariadna (Asociacin de Revistas Electrnicas de Espaa), Revista
   Amalgama, Revista Voces y en portales de la red dedicados a la difusin
   de la filosofa y el humanismo como La Caverna de Platn y Liceus.



=== Nocturno y otros desamparos, de Moiss Agosto Rosario =================
=== Yolanda Arroyo Pizarro ================================================

Hay golpes en la vida tan fuertes, yo no s. Golpes como las letras de
Moiss Agosto Rosario. Letras que te hacen conmover, aun aferrndote a la
valenta que te da la experiencia de saberte vivo. Aun si te convences de
que eres fuerte, y de que tu paso por este mundo angosto no ha sido en
vano, y que la piel de reptil que has formado te ha vuelto un ser humano
duro, con un escudo que protege las emociones. Justo cuando piensas que
todo eso te ayudar a sobreponerte a la pena, llega este libro, Nocturno y
otros desamparos y es como si la mano de Dios te abofeteara.

Moiss Agosto Rosario (Puerto Rico, 1965) es un escritor de usted y tenga.
Obtuvo el grado de bachiller en artes de la Universidad de Puerto Rico en
1988. Es miembro de la Generacin de Poetas de los Ochenta en PR. Ha
publicado poemas y cuentos en diferentes revistas literarias, entre stas
Contornos, Revista Cupey, Revista Hostosiana y en la seccin En Rojo del
peridico Claridad, entre otras publicaciones. Su poesa aparece en las
antologas Mal(h)ab(l)ar y PoeSIDA, tambin en la pgina de Internet Poetas
del Mundo. Ha ganado premios y distinciones que van cnsonos con su
quehacer literario y que nos recuerdan que escribe sus letras con sangre.
Entre cada latido que te da el cuerpo mientras lees a Agosto Rosario,
aguantas la respiracin porque a veces no quieres saber el desenlace, pero
a veces s quieres, entonces es una dicotoma que no te permite apartarte
de su narrativa. Actualmente se encuentra en el proceso de terminar de
escribir su primera novela.

Los seres que crea para su audiencia Agosto Rosario navegan por el mundo de
la ficcin tan parecida a la vida de carne y hueso, sin que el autor agote
el discurso moralizante. Nios varones a los que se les utiliza como a las
hembras de la casa, as, sin que medie un consentimiento o voto de
aceptacin de parte de ellos, menores que juegan con otros menores a
hacerles lo mismo que los grandes hacen con ellos cuando bien podran estar
disfrutando de su pubertad, del juego en el campo, de los muequitos en la
tele o la simple observancia de las vacas en el corral. Chiquillos que
comparan el olor de la sangre de vacas moribundas con el olor de la sangre
que se les desliza del ano recin estrenado. Jovencitos moribundos, acaso
tan moribundos como ese mismo grupo vacuno que se mira deambular a la
muerte. Espejismo de ganados, de una sociedad que va en manada hacia su
propio degello-exterminio. No hay quien detenga este mundo que gira como
un trompo agitado por la cabuya de alguna deidad de turno. No hay quien se
conmueva por un muchacho que baila solo en una discoteca y que lanza
ptalos rojos, blancos, amarillos, color meln al suelo. No hay quien se
acerque y lo toque con un roce de humanidad, no hay quien lo descifre y lo
haga desistir de la idea de partir a solas y en compaa de unas venas
abiertas en su baera. No hay quien. Hay golpes tan fuertes.

Moiss Agosto Rosario trae consigo la minusvala de los pequeos y dbiles,
un tema tan controversial y tan descrito a veces que insensibiliza
conciencias. En este despacho de historias, sin embargo, el asunto es
tratado con total apoderamiento de la elocuencia y el acierto.

Los mortales homo sapiens, homo erticos, homo erectos que componen el
balance de sus fbulas, son personajes carnales, contundentes, pecadores y
angelicales. Lo mismo piensan en la infidelidad sin tregua ni redencin, o
lo mismo hacen una pausa vespertina para tomarse los medicamentos que los
mantendrn alejados de infecciones oportunistas. Lo mismo fumarn marihuana
de una pipa, derretirn piedritas para intoxicarse, abrazarn una tableta
de xtasis entre sus lenguas y sembrarn el navo extraviado de la
eutanasia privativa con los seres de la noche. La colectiva desesperanza de
este terreno planetario, se mutila observando las bolas de cristales
colgadas de los techos en clubes oscuros y Agosto Rosario lo sabe muy bien.
Por eso lo escribe, para perpetuar las madejas de existencia paria.

Mi historia favorita pertenece al segmento final del libro, cuya divisin
magistralmente labrada separa a los nocturnos de los otros desamparos.
Este desamparo es el ltimo cuento, Matilde, y pertenece a una mujer que
no es mujer, con pasado de hombre que nunca fue hombre, con pesadillas de
un abuso familiar conjuntivo, no consentido y poco forzado. La ninfa
andrgina protagoniza una historia de amor con otro ser, que no es de su
gnero, pero que se vuelve genrico, que se disfraza de genitalia anhelada,
o acaso su genitalia se disfraza del ser. Comparten un romance famlico,
verosmil y memorable; despampanante al mejor estilo de las dragas de
Almodvar, de las divas que lo fueron, o que an lo son de a poco, o que
han dejado de serlo y continan sondolo. Es una historia redactada con
una genialidad multifactica y multiemblemtica. Los borbotones de
provocacin que preluden la tentacin casi mitolgica del romance, son
esenciales para la comprensin existencial, folklrica y cultural de estas
vidas. Es un must leer el libro de Agosto Rosario si quiere uno bajarse
del viaje de la hipocresa del tiempo, y montarse en el caballo de la
desnudez y veracidad de espritu.

Daniel Torres, escritor y crtico literario, menciona sobre el autor lo
siguiente: Moiss Agosto Rosario ha creado en estos nocturnos todo un
universo narrativo de la supervivencia en la era que le sigue a la pandemia
del VIH/Sida. Son estos los relatos del desamparo de narradores
sobrevivientes, que nos cuentan de su vida ertica, desde sus inicios
pueriles hasta las grandes relaciones que han marcado sus vidas. Se hace
inevitable la disyuntiva del exilio que se vive en Estados Unidos, y esa
mirada oblicua, desde fuera, de la realidad islea.

Tambin ha dicho el catedrtico Ruben Ros vila sobre el autor de Nocturno
y otros desamparos: Moiss recuerda la mejor tradicin de la prosa urbana
gay en ingls (...) de John Rechy, o la prosa escueta y fulminante de
Edmund White y Andrew Holleran. La prosa de Agosto Rosario se lee de
espaldas al espejo de la crudeza, o de frente a las facetas de los vitrales
del subconsciente.

** Yolanda Arroyo Pizarro
   yarroyo@vernetwork.com
   Escritora y docente puertorriquea (Guaynabo, 1970). Es instructora
   educativa de tecnologa en la Universidad del Turabo. Ha escrito ensayos
   para la pgina de literatura Ciudad Seva (http://www.ciudadseva.com) y
   columnas para los peridicos El Vocero y La Expresin. Es autora de un
   libro de cuentos, Origami de letras, y una novela, Los documentados.



=== Conjuro del demonio meridiano =========================================
=== (Notas sobre Agamben y Foucault para una fantasmofsica) ==============
=== Rafael Toriz ==========================================================

                            Hoy es preciso pensar toda esa abundancia de lo
                           impalpable: enunciar una filosofa del fantasma.
                                                               M. Foucault.

La vida se desgasta y con ella la esperanza. La vida acontece y en su fuga
irrevocable slo va dejando el lgamo, escueto sedimento amasado con
tristezas: cobijados por Saturno, expuestos a los rayos despiadados de un
sol oscuro, la melancola se ofrece como la nica morada para contemplar,
espectadores de nosotros mismos, el pesado y categrico paso del tiempo: el
horrendo dictamen de que todo es el del gusano. Nada queda entonces sino
dialogar con fantasmas, fantasas de dolores y alegras no siempre
nocturnas que en silencio escoltan el presente envenenado de memoria,
promesa postergada de un futuro fracturado. Es la portentosa vitalidad de
la muerte, entre otras causas, la razn por la cual nos aferramos a
fotografas, tardes, cartas, besos y relmpagos que alumbran soledades.
Nada duran las centellas. Los recuerdos son siempre incendios diminutos.

En este ensayo intentar empatar y debatir el captulo primero de las
Estancias de Giorgio Agamben analizando la configuracin y presencia del
demonio meridiano la acedia/tristitia en la contemporaneidad as como
sugerir, siguiendo al Foucault del Theatrum Philosophicum, una filosofa
del fantasma fundada en la materialidad de lo incorpreo, en la ausencia
como topos y la voz como lugar de aparicin y representacin de los
espectros.

Este ejercicio ser una tentativa por asimilar la melancola como una
filosofa de duelo capaz de ofrecer, en su teatro sobre el viento armado,
un lugar para (con)vivir con lo(s) que ha(n) sido.



Del pecado imperdonable

                            Yo soy el tenebroso, el viudo, el sin consuelo.
                                                                    Nerval.

En Estancias, libro de imprecisa belleza, Agamben recuerda una presencia,
sutil en su incorporeidad, que logr inmiscuirse en las fortalezas del
espritu. El entonces llamado demonio meridiano, aguda sensibilidad que
responda (como responde) al nombre de acedia, tedium vitae o desidia, es
el mismo personaje, abrasador y demandante, presentado bajo las mscaras
del ennui, el spleen, la depresin y la tristeza; santo patrono del blomov
de Goncharov, del infinito Des Esseintes de Huysmans, facilitador del
sentimiento trgico unamuniano, del sindicato de escritores aglutinados en
Pessoa, de los Dipslmata kierkegaardianos o de la visible oscuridad de
Styron. Es la presencia de este demonio con su llama oscura la que derrama
su poder sobre los temperamentos metafsicos, inyectando la bilis negra que
atormenta al corazn mundano.

Conviene transcribir, por la similitud con el lector contemporneo, la
sintomatologa de este vicio imperdonable que conformaba, segn los
antiguos, el octavo pecado capital:

      La mirada del acidioso se posa obsesivamente sobre la ventana, y con
      la fantasa, se finge la imagen de alguien que viene a visitarlo;
      ante un crujido de la puerta, salta sobre sus pies; oye una voz, y
      corre a asomarse a la ventana (...); y sin embargo no baja a la
      calle, sino que vuelve a sentarse donde estaba, embotado y como
      amedrentado. Si lee, se interrumpe inquieto, y un minuto despus, se
      desliza en el sueo: se frota la cara con las manos, distiende los
      dedos y, quitando los ojos del libro, avanza algunos renglones,
      farfullando el final de cada palabra que lee; y mientras tanto se
      llena la cabeza con clculos ociosos, cuenta el nmero de las pginas
      y los folios de los cuadernos (...), finalmente vuelve a cerrar el
      libro y lo utiliza como cojn para su cabeza, cayendo en un sueo
      breve y no profundo, del cual lo despierta un sentido de privacin y
      de hambre que debe saciar (1).

Todo estudiante de literatura, toda naturaleza melanclica, padecer la
condena del hasto y el desasosiego. Al menos al interior de los textos.

Qu hacer entonces para combatir el desconsuelo?, cmo sublimar, por
decirlo con Vctor Hugo, la alegra de estar triste? En La suspensin
poltica de la tica Slavoj Zizek ha sugerido una respuesta. El esloveno ha
dimensionado polticamente la potencia de la desolacin al sostener que lo
mejor que se puede hacer es abandonarse a la apata y el desgano, viendo en
la abulia una forma de resistencia cultural, tomando la pasividad como
posibilidad autntica de inconformismo. Bajo esta perspectiva todo
esteticismo/existencialismo deturpado por la experiencia del capitalismo
tardo dejara de ser la ideologa de una burguesa en decadencia para
ofrecerse como posibilidad crtica del hombre, la modernidad y la angustia
que lo devora. (Pinsese en W. Benjamin sobre Baudelaire y en Pars como
capital del s. XIX) (2).

Y aunque Pierre Bourdieu lo vera como un fundamento de la mitosociologa
literaria, es un hecho que la creacin, como la filosofa misma, no slo
intenta nombrar los dolores sino tambin habitarlos y arder con ellos. El
desencanto de Soundgarden en Black hole Sun como la depresin
psicoanaltica de Kristeva en Soleil noir son formas de vestir la ausencia,
nocturnas luminiscencias expositoras de dolores compartidos, testimonios
meridianos de la entidad que nos ocupa, que habita en la profundidad de la
piel y la espesura de la mirada. Escribe la blgara: La tristeza es el
humor fundamental de la depresin... La creacin literaria es esta aventura
del cuerpo y de los signos que da testimonio del afecto: de la tristeza
como seal de la separacin y como esbozo de la dimensin del smbolo (3).
Despus de un tiempo uno aprende a gozar con sus demonios, a ensanchar y
cantar las tristezas con encendida certidumbre. Algo as hace Concha
Urquiza en su Job, altsimo soneto:

      l fue quien vino en soledad callada,
      y moviendo sus huestes al acecho
      puso lazo a mis pies, fuego a mi techo
      y cerc mi ciudad amurallada.

      Como lluvia en el monte desatada
      sus saetas bajaron a mi pecho;
      l mat los amores en mi lecho
      y cubri de tinieblas mi morada.

      Troc la blanda risa en triste duelo,
      convirti los deleites en despojos,
      ensordeci mi voz, lig mi vuelo,

      hiri la tierra, la ci de abrojos,
      y no dej encendida bajo el cielo
      ms que la obscura lumbre de sus ojos (4).

Una vez que se ha contemplado al daimon ste deja una impronta imborrable.
Entre las variadas seales de su visita ninguna tan categrica y
representativa como poner la cabeza sobre la mano en clara y voltil
reflexin. Lichtenberg hered, para el ocio contemplativo, sus notas sobre
las 62 formas posibles de evocar la tristeza del ngel de Durero, un ntido
inventario meditabundo y cabizbajo de la expresin melanclica.



Notas para una fantasmofsica

En un ensayo que no admite acotaciones, demasiada es su luz y riqueza,
Giorgio Manganelli barroquista descarado escribe y describe una rutinaria
preocupacin del ser humano en general y de los escritores en particular.
Con su Discurso sobre la dificultad de comunicar con los muertos nos
recuerda que toda filosofa de la muerte es una meditacin sobre la vida,
evidencia que por esa misma razn se nos escapa y consigue sumirnos en un
olvido esencial: la certeza de que hacer literatura o filosofa es conjurar
a los demonios, invocar a los fantasmas y sus imgenes (imagines en latn,
phantasmata en griego): leer literatura, pensar filosofa, es habitar el
lugar donde acontecen los espectros, registrar por escrito sus apariciones.

En su glosa a Lgica del sentido y Diferencia y repeticin, Michel Foucault
bosqueja y delata los cimientos para una fantasmofsica, es decir, una
filosofa capaz de rescatar al fantasma de la consigna signada por Hamlet,
es preciso, pues, liberarlos del dilema verdadero-falso, (del) ser-no ser
y dejarlos que realicen sus danzas, que hagan sus mimos, como
extra-seres... Es intil ir a buscar detrs del fantasma una verdad ms
cierta que l mismo y que sera el signo confuso... Los fantasmas no
prolongan los organismos en lo imaginario; topologizan la materialidad del
cuerpo (5). Su proposicin enarbola un discurso metafsico, un decir sobre
la materialidad de lo impalpable. Evidentemente no es fortuito que el lugar
de esta filosofa, de toda fantasmofsica por venir, sea el escenario: la
filosofa no como pensamiento sino como teatro; la filosofa entonces como
representacin homologada entre lo real y el simulacro, ritualidad que se
ejecuta en su intangible circunstancia.

En el breve desarrollo de este texto se ha equiparado, sin mayor distincin
que un sealamiento nominal, al demonio con el fantasma, entidades
metafsicas perfectamente diferenciadas por inconfundibles rasgos
cualitativos. Los he igualado por los lineamientos que seguira un director
de escena. En un teatro, si bien los personajes son distintos, acontecen y
devienen en un mismo espacio y en s mismos. El lugar de las apariciones,
el territorio de su actuacin ya sea transfigurado o sostenido es un
topoi konoi: la tristeza, la depresin y la melancola, distritos contiguos
en los que operan, con distintas mscaras, los mismos actores. Centinelas
no de lo que el hombre es sino de la materia que lo consume.

Asumir la necesidad de una fantasmofsica, adems de trazar la cartografa
sensible en el proceder filosfico, ser una manera de conjurar al demonio
meridiano, tanto para invocarlo como para retraerlo.

La posibilidad de una fantasmofsica, ms que extinguir la tristeza o poner
en manos del hombre el control sobre sus embates, ser una va para hacer
de la desesperacin y la congoja una afirmacin de la voluntad a travs de
sus debilidades.

Despus de todo, y regreso a Walter Benjamn, no nos ha sido dada la
esperanza sino por los desesperados.

                                                          A Mariana Trevio

Notas

 1. Sancti Nili, De octo spiritibus malitiae, cap. XIV, citado por Agamben.

 2. Y para honrar a Lpez Velarde same permitido, en abono de la
    intertextualidad, el siguiente verso: En abono de mi sinceridad same
    / permitido un alegro. / Entonces era yo seminarista, sin / Baudelaire,
    sin rima y sin olfato.

 3. En Sol negro. Depresin y melancola, Monte vila, Caracas, 1991.

 4. En El corazn preso, Conaculta, Mxico, 1990.

 5. Theatrum Philosophicum, Anagrama, Barcelona, 2005.

** Rafael Toriz
   gandel@terra.com.mx
   Ensayista mexicano (Xalapa, 1983). Estudi msica y literatura en la
   Universidad Veracruzana (http://www.uv.mx). Ha sido distinguido con
   mencin honorfica en el Concurso Internacional de Ensayo convocado por
   la Organizacin de las Naciones Unidas (ONU, http://www.un.org/spanish)
   y la Repblica Islmica de Irn (2001). Ha participado como ponente en
   congresos nacionales e internacionales de poesa, filosofa, ciencia y
   literatura. Curs los talleres de composicin dramtica de Emilio
   Carballido. Fue becario en el rea de ensayo de la primera generacin de
   la Fundacin para las Letras Mexicanas (2003-2004;
   http://www.fundacionletrasmexicanas.org). Es ganador del Premio Nacional
   de Ensayo Carlos Fuentes (2004). Textos y traducciones suyas han sido
   publicados en libros antolgicos y revistas especializadas en ciencia,
   literatura, arte y teatro de Argentina, Espaa, Estados Unidos, Mxico,
   Venezuela e Italia. Ha participado como ponente, conferencista y
   profesor invitado en la Universidad Nacional Autnoma de Mxico (Unam,
   http://www.unam.mx), en la Benemrita Universidad Autnoma de Puebla
   (Buap, http://www.buap.mx), en la Universidad de Guanajuato
   (http://www.ugto.mx), en la Universidad Michoacana de San Nicols de
   Hidalgo (UMSNH, http://www.ccu.umich.mx), en la Universidad Veracruzana,
   en la Universidad de Costa Rica (http://www.ucr.ac.cr), en la
   Universidad Catlica Cecilio Acosta (Unica, http://www.unica.edu.ve), de
   Maracaibo, Venezuela, y en la Universidad Nacional del Centro de la
   Provincia de Buenos Aires (http://www.unicen.edu.ar). Coordinador del
   seminario Identidades nmadas: acercamientos tangenciales a la
   circunstancia latinoamericana en la Universidad Veracruzana
   Intercultural (http://www.uv.mx/uvi). Actualmente es becario del Fondo
   Nacional para la Cultura y las Artes (http://fonca.conaculta.gob.mx) en
   el rea de literatura.



=== Intencin, responsabilidad y libertad      Oswaldo Roses ==============

Todo transcurre todo es consecuente al transcurrir respondiendo a su
contexto y siendo asimismo resultado de las circunstancias de ese contexto
en concreto (los leucocitos con respecto a un organismo, con respecto a
uno): es un algoritmo de l. Sin embargo, en lo humano se ha concertado o
se ha ideado mejor lo social, algo que sin lugar a dudas ha favorecido el
lenguaje de signos o, en fin, una mayor capacidad para conocer y tambin
para exhibir las emociones porque trasciendan en un proyecto existencial.

Conque en disertacin el ser humano progresa con voluntad, intensifica
siempre aun ms las intenciones. Veamos, nunca una esperanza basta, le es
suficiente; nunca una comodidad basta, le es suficiente; nunca una libertad
con respecto a cualquier vinculacin social basta, le es suficiente. As,
la intencin le conduce mientras progresa a que no sea autosuficiente o
determinante la mera respuesta a su contexto, a que no sea suficiente lo
natural, los elementos reales presentes en su entorno, la naturaleza;
quiero decir, responde a lo que desea aun ms, en idealizacin, por lo que
contraviene en realidad a cualquier clase de algoritmo y, adems, compite
con los otros para que aun ms aumente esa contraposicin.

S, de manera que intesta una intencin en otra, una esperanza en otra que
sobredimensionar y, desde ah, a la libertad que se dirige emocionalmente
por ejemplo no es a la libertad connatural que precedi a la complejidad
social, sino a una continua idealizacin de ella o... contraposicin. O
sea, para el ser humano, la felicidad siempre ser una osada y mrbida
correccin idealizante de la naturaleza.

Pero por otro lado est lo posible, lo coherente con respecto a la
realidad, lo ms prctico, lo que s puede conseguirse como justo o
equilibrado. Me refiero a que los niveles de consecucin idealizante de
la libertad o de la felicidad sean lo ms comunes y lo menos
discriminatorios, sean a fin de cuentas reales.

Ningn ser humano puede pretender para la sociedad que la libertad sea en
la praxis para unos demasiado por diferentes modos de explotacin y de
marginalidad y para otros desprecio o casi nada. Desde luego, la libertad
o la felicidad es digna si t como ciudadano admites que practicas la ms
comn dentro de una sociedad, proporcional a cualquier otro ciudadano; si
no, si ests en ventaja o en desventaja, en coherencia conlleva eso una
responsabilidad: renuncindola o por el contrario exigindola. Puesto que
el ser humano individualmente satisface sus prejuicios y, como resultado,
daa.

Ms claro, el resultado a las intenciones de cada cual por satisfacer sus
prejuicios o su idealizacin desequilibrada es dao e incluso la
complacencia de tal dao.

El que unos, por ejemplo, ejerzan la libertad de contaminar mucho siempre
resultar un dao injustificable u opresivo o desequilibrado para los que
no practican esa libertad. Por ello, digamos, el disfrute de una libertad
irresponsable destruye siempre, involuciona, interviene porque crezcan de
una manera totalmente objetiva los sufrimientos del otro.

S, en un mundo globalizado, interactivo, las acciones responsables debern
satisfacer a una globalidad, a una generalidad, a un orden no
discriminatorio o de derroches; esto significa que una guerra la pagan
todos aunque unos iluminados la empiecen, sa crea las carencias de
recursos energticos, institucionales o humanos que los dems luego habrn
de reponer (es decir, si uno de los principales exportadores de petrleo
como es Irak es parcialmente destruido, los consumidores pagarn el
petrleo encarecidamente y despus le echarn las culpas a Dios o
embobadamente al supuesto de que hay ms consumidores).

Los recursos humanos o son preservados para lo estrictamente humano para
que exista ms libertad o felicidad o el asunto social seguir en
decadencia por manos de los que manipulan, y ah los intelectuales
representan un papel primordial censurando a toda carrera a quienes aclaran
algo ya que demuestran una y otra vez un juego sucio y no les interesan.
Hablan, hablan de la verdad pero quitando o negndole al otro los
mecanismos o las mismas reglas para decirla: dogmatismo puro y duro, en
auge en Espaa.

Un truco para justificarlo todo es buscarle su parte de enriquecimiento o
de enajenacin o de exaltacin de locura; por ejemplo, el ftbol es un
negocio-espectculo-violencia que utiliza lo que de deporte tenga cuando
hay cientos de deportes discriminados frente a l y mejor atendiendo
centralmente a la salud fsica para manejar l solo ms dinero y ms
fanatismo en vez de cultura que los otros cientos de deportes. Y es que
toda crueldad hasta tiene su parte positiva para que se la encuentren
retorcidamente y la vendan los manipuladores.

He mantenido, claro, que ahora impera ms dogmatismo que en la Edad Media
porque antes lo amparaban o lo comprendan menos instituciones de las que
actualmente se desencadenan en la ya evidente diversidad
econmico-poltica. Tambin, a ver, si las jerarquas religiosas tanto se
implican ahora en detalles polticos, qu dicen, en cambio, sobre la
desigualdad la que ellos mismos consienten?, qu piensan que es Dios?,
acaso un negocio de doble moral que tienen metido en la cabeza?

La esclavitud ha existido siempre, pero lo que no se puede venerar an
socialmente es que siga uno esclavo voluntariamente de prejuicios que
corrompen y que se conciba la esclavitud como una manifestacin fortuita al
margen de toda responsabilidad e inevitable por manos del destino el que
le limpia el culo con reverencia a los poderosos.

** Oswaldo Roses
   oswaldo_roses@hotmail.com
   Pensador, poeta, narrador y ensayista espaol (Cuevas de San Marcos,
   Mlaga, 1965). Ha publicado los libros Cantos de sangre (Ediciones
   Rondas, Barcelona, 1984), La muerte ms difcil (Ediciones Torre Tavira,
   Cdiz, 1994) y Amada, dulce amada (sumario sideral). Ha ganado los
   premios ngel Martnez Baigorri, de Navarra, y Encina de la Caada, de
   Madrid. Es asesor literario de la coleccin Torre Tavira de Cdiz, donde
   ha publicado los plegables La muerte ms difcil, Carne de can (1996),
   Soada luz (1999) y La caja de cristal (2000). Textos suyos han
   aparecido en diversas revistas de todo el mundo, como Casa de las
   Amricas (Cuba), Repertorio Americano (Costa Rica), Signo (Bolivia),
   Trizas de Papel (Venezuela) y Los Papeles de Ro Seco (Espaa), entre
   otras. Mantiene una bitcora personal en
   http://maspolvoenamorado.blogspot.com.



=== Una voz en la oscuridad      Miguel A. Schmucke P. ====================

                     Soy amigo de Platn pero soy ms amigo de la verdad.
                                                                Aristteles

Cierta vez me encontraba muy orgulloso en el seno de la Universidad Centro
Occidental Lisandro Alvarado (UCLA), rodeado de una plyade de
personalidades, con motivo de participar en un curso de filosofa, dictado
con motivo de la presencia de un destacado profesor, proveniente de mi
siempre recordada ciudad natal Caracas. Una de esas noches y esperando que
terminara de llover, me dispuse a realizar un intercambio intelectual,
directo, face to face con algunos de los profesores que todava se
encontraban en la oficina del coordinador, esperando tambin a que
escampara, entonces se me ocurri hacer una pregunta, y justo cuando
esperaba la respuesta, zas! Se fue la luz. Fue un largo apagn y una
respuesta muy corta, la pregunta fue Acaso no se ocupa la filosofa de
investigar la existencia de Dios?. Y la respuesta fue un rotundo, seco y
castrante No.

Es en este tipo de oportunidades en las que me encuentro con personas que
supuestamente son intelectualmente superiores, cuando viene a mi memoria la
razn por la cual al filsofo y matemtico Renato Descartes se le ocurri
desarrollar su propio mtodo para encontrar la verdad. Resulta que, a pesar
de ser lo que se consideraba un docto para su poca, l mismo consideraba
que todo el saber de las universidades en las que haba estudiado no le
serva de nada, que estaban plagados de errores, y por lo tanto l dudaba
de todo lo que le haban enseado sus profesores, y se dispuso entonces a
comenzar de nuevo a construir un sistema de conocimientos vlidos y
verdaderos a partir de una primera intuicin indubitable, y sta era que l
exista debido a que estaba pensando. Siguiendo el ejemplo de mi admirado
mentor, me arm de valor y me dispuse a contradecir al oponente intelectual
que se encontraba sentado ante m, en esa hmeda y oscura habitacin,
ubicada en el supuesto recinto del conocimiento universal. Acaso le dije
no han salido ya todas las ciencias del seno de la filosofa? No es acaso
una de las que an quedan, la ontologa, el estudio del ser? De qu trata
la filosofa entonces? Qu significa El ser es y el no-ser no es, de
Parmnides? Y la metafsica, no es acaso el estudio de lo que est ms
all de lo fsico, es decir el Mundo espiritual? Ahora... me
interrumpi una voz en la oscuridad no estudiamos a Dios.

Realmente me pareci totalmente insatisfactorio que los responsables de
propagar el conocimiento, nieguen olmpicamente la posibilidad de la
existencia de Dios, a pesar de haber establecido Parmnides las cualidades
de ese ser superior: inmutable, inmvil, inmortal, infinito, a partir de la
deduccin de su famosa frase, fundamento todava hoy del principio de No
contradiccin que se expresa, por medio del sentido comn, al decirse:
Las cosas son lo que son y no otra cosa, por lo tanto el Ser es... o,
dicho de otra manera, Dios existe debido a que la idea de la
no-existencia es imposible.

Al salir de esa habitacin, no dej buenos amigos, incluso algunos
demostraron disgusto, al escuchar cmo el que haba asistido para aprender
terminaba dando una leccin pero, al igual que el viejo Aristteles, cuando
era joven, me dije: soy ms amigo de la verdad!

** Miguel A. Schmucke P.
   maspar@cantv.net
   Docente y comunicador social venezolano (Caracas, 1954). Ha publicado
   artculos de opinin en los diarios El Impulso y El Informador, sobre
   temas de filosofa, didctica, historia, psicologa, poltica y ciencias
   en general.



=== Apostilla tras apostilla      Lobsang Castaeda =======================

                                                            Todas las cosas
                                                       a las que me entrego
                                                se enriquecen y me disipan.
                                                                R. M. Rilke

Nuestras ideas condensan una gran cantidad de referentes que no siempre
necesitamos mostrar o comunicar. La mente divaga, elige hilos de forma
arbitraria, responde a los estmulos del exterior completando lo que ve y
tejiendo de manera mediata sus propios discursos. No decimos todo lo que
pensamos sino que elegimos una perspectiva, interpretamos una variacin del
tema en cuestin, trabajamos sobre lo dado corrigiendo, modificando
patrones que recibimos del entorno, improvisando sobre una partitura ya
escrita. Pensar sistemticamente es algo que requiere tiempo y dedicacin;
algo que nos exige, ante todo, tener un espritu investigador. Si
pretendiramos hallar una analoga literaria que se adecuara al trabajo de
la mente no elegiramos el tratado filosfico sino el ensayo corto, forma
de escritura que Julio Torri defini de la siguiente manera: El ensayo
corto ahuyenta de nosotros la tentacin de agotar el tema, de decirlo
desatentadamente todo de una vez. Nada ms lejos de las formas puras de
arte que el anhelo inmoderado de perfeccin lgica [...]. Es el ensayo
corto la expresin cabal, aunque ligera, de una idea. Su carcter propio
procede del don de evocacin que comparte con las cosas esbozadas y sin
desarrollo. Mientras menos acentuada sea la pauta que se impone a la
corriente loca de nuestros pensamientos, ms rica y de ms vivos colores
ser la visin que urdan nuestras facultades imaginativas. No cabe duda,
nuestro pensamiento se manifiesta en frases breves, en rfagas de viento
que sucumben tan slo para regenerarse con mayor plenitud y frescura.

Los objetos que utilizamos a diario son fieles testigos de estos modos
fragmentarios de pensar; de estas pasiones y experiencias que florecen a
ratos; de estas prendas e imperfecciones que se revelan como una de las
caras laterales de un icosaedro. Concentrando en s mismos una gran
cantidad de alusiones, los instrumentos cotidianos hablan sin proferir,
dicen sin hacer ruido, reafirmando que son espejos que proyectan instantes
de nuestra existencia o seales incandescentes que van revelando las
vivencias que nos constituyen. A un escritor, por ejemplo, se le puede
reconocer por los dedos manchados de tinta, por los libros y papeles que
resguarda celosamente bajo el brazo o por la leve callosidad que va dejando
en la eminencia hipotenaria de la mano el roce con el papel. Los
utensilios, pues, graban su huella en quien los usa y reciben de igual
forma una impresin externa real e ideal de quien los emplea. La historia
de un objeto es la historia de la humanidad entera, de sus evoluciones y
retrocesos, de las abstracciones conceptuales y relatos particulares que la
configuran. Obras como El libro del reloj de arena de Ernst Jnger o
algunos cuentos de Manuel Gutirrez Njera en donde lo anecdtico depende
de los avatares de un objeto cotidiano son ejemplos claros de ello. Todo se
va encaminando de lo particular a lo universal, y viceversa.



En su Historia del lpiz Peter Handke ha retratado fielmente la mente del
escritor que se muestra a pedazos, que deja ver parcialmente sus ideas e
invenciones a fuerza de elegir un objeto que las represente. El lpiz en
tanto instrumento de trabajo se transforma en un til elocuente que trae
al presente oficios inconclusos, pensamientos preliminares o esbozos de
obras que jams cristalizaron. En el lpiz se entrecruza la realidad con la
ficcin, el furor con el tedio creativo, la crudeza de la vida con las
posibilidades de la vocacin. En esta bitcora de Handke que recopila los
apuntes del escritor austriaco de 1976 a 1980 confluyen dos caminos: el
del instrumento que decora las hojas mientras se consume a s mismo y el
del propio autor que al ejercitarse va perfeccionando su estilo. Ambos
celebran la lucidez momentnea, la claridad que surge en cualquier lugar y
en cualquier tiempo; ambos ofrecen lo que han percibido del ambiente sin
condicin y sin destinatario fijo: en el aire las palabras flotan y
cualquiera que est atento puede atraparlas.

Hablar de la historia de los objetos no significa, empero, abordar una
serie de datos inconmovibles o hacer un registro minucioso de las
modificaciones tcnicas del utensilio elegido. No se trata de indagar en la
Historia entendida sta como una sucesin de acontecimientos archivables,
sino de enfrentar la historicidad de la historia, es decir, lo que se
mantiene en perpetuo cambio o transformacin. El lpiz de Handke simboliza
el devenir, el nomadismo intrnseco del pensamiento que desdea toda
fijacin. Si el objeto escogido es un lpiz (no una cmara fotogrfica o
una mquina de escribir) es porque se intenta ponderar lo borrable, lo
ambiguo, lo transitorio, en suma, lo que testimonia aquella vorgine en
donde todo puede desvanecerse. El lpiz al contrario de la pluma o el
pincel caduca, se desgasta con el uso, se acerca a su muerte conforme va
disminuyendo de tamao. Los trazos grisceos que va grabando en la hoja
palidecen con el tiempo: el viento y la humedad agotan su legibilidad. El
lpiz es orgnico, dcil al contacto con el ambiente. Su escritura tiene
aroma de madera, de rbol, de savia; brilla con la abundancia de su follaje
y disipa su cspide con la llegada del otoo, pues como bien cantaba
Hlderlin todo vuelve a la tierra:

      Los frutos ya estn maduros, hundidos en la llama
      y cosidos, probados por la tierra. Y es ley
      que todo vuelva all, tambin
      las profticas serpientes que suean
      en las colinas del cielo. Y hay
      mucho que conservar,
      como sobre los hombros un haz de lea.

A Handke le interesa mostrar que cuando el instrumento habla nuestra forma
tradicional de relacionarnos con las cosas se desvanece: el lpiz deja de
ser una herramienta de trabajo y se convierte en un objeto parlante capaz
de contar su propia historia. De igual forma, la labor del escritor se
bifurca al imprimirle a dicho objeto una fuerza indita, una autonoma
lozana y vital que lo convierte en parte integral de su vocacin. El lpiz
de Handke es su confidente; un compaero de juegos que evapora las
imposturas tradicionales de la llamada intelectualidad; una especie de
confesor en donde el escritor puede permitirse ser honesto. Mediante una
dinmica festiva, el lpiz viaja a los parajes ltimos de la creacin y a
los fundamentos imaginarios que les dan sentido: All donde, en el
fantasear, se forma finalmente la estructura, se inicia mi pensamiento
personal, escribe Handke. No existe una divisin tajante entre reflexin e
invencin: se crea al pensar y se comprende al crear. Las fantasas van
descubriendo estructuras cognoscitivas que dilatan nuestros horizontes
significativos, haciendo de la imaginacin el motor de la razn. Para
Handke es categrico el hecho de que la escritura nos ayuda a pensar, a
darle a cada cosa, rostro y presencia una expresin. Reflexin y creacin
van siempre de la mano, una al lado de otra, complementndose y
auxilindose, recorriendo juntas los derroteros de la existencia.

En tanto objeto parlante el lpiz trasciende los lugares comunes: su misin
es buscar al otro hasta dar con l. El sentido se despliega rompiendo los
lmites del solipsismo, hallando los vasos comunicantes que,
paulatinamente, nos aproximan a la alteridad. Este acercarse al otro no es,
empero, una intrusin malhadada sino una suerte de empata que pretende
describir el mundo mediante un lenguaje plstico, material. Slo as se
lograr una verdadera comunin entre escritor y lector: Yo tengo que
materializar las visiones en el lenguaje: hacer que puedan reconocerse como
experiencias compartidas, dice Handke. Las palabras sirven para construir
una Weltanschauung, una visin del mundo arraigada en lo cotidiano. Si algo
deja ver el instrumento es que su contemplacin no es suficiente para
conocer los procesos creativos del escritor; que hay que usarlo, actuar,
agregarle significado, dejar grabado cada secreto como si fuera verdadero:
Vosotros nunca habis hecho ms que interpretar y cambiar el mundo: pero
lo importante es describirlo.



Historia del lpiz es un libro que pretende iluminar una pequea parte de
la realidad: aquella en donde el que escribe se acerca al que lee para
mostrarle el andamiaje de su trabajo. Como un artesano, el escritor ventila
su labor ante el otro recuperndolo en cada objeto y en cada lnea. La
brevedad con que estn escritas las ideas, la economa de palabras gil y
despreocupada es una virtud propia del que tiene mucho que decir. Y aunque,
despus de tanto improvisar, surja el deseo de redactar un libro de talla
descomunal, se har pensando en que la gran literatura no es ms que una
mezcla compuesta de vivencias humanas y esfuerzos inhumanos, pues escribir
como bien queda ilustrado con la figura del lpiz implica una sucesin de
aciertos y correcciones, de coherencia y divertimento, de orden y esfuerzo.
Porque escribir significa tambin tenerle miedo a la derrota. Cada maana
uno se pregunta con extraa insistencia si lo que logr redactar la noche
anterior vale la pena o si por lo menos resulta legible. El atisbo de la
cada est siempre presente, el tropiezo apremia y la derrota acecha en
cada rincn. Jams se extinguen aquellas fuerzas oscuras que nos incitan a
revisar de nuevo un texto que no hace mucho creamos terminado. Nada de lo
que imprimamos est acabado, tal y como la realidad misma no deja de
transformarse nunca. Aunque la literatura logre convertirse en el espejo de
lo real, en una calca del mundo, la imagen proyectada ser una imagen
fugaz, instantnea, un timbre perdido en medio de la msica ambiental:
Nada de escritos definitivos! Slo apostilla tras apostilla, escribe
Handke.



Es probable que al leer esta bitcora uno recuerde la forma con que estn
escritos los cuadernos de notas de Elias Canetti o, si pudiramos rastrear
tal estilo en nuestras letras, las pginas perfectas del ya mencionado
Julio Torri, de Carlos Daz Dufoo o Juan Jos Arreola. En el caso de Torri
es notable cmo la escritura se revela tambin como una manera de asir la
fugacidad del pensamiento, como una frrea voluntad contra el silencio, el
olvido y la renuncia. Al igual que Handke, Torri precis siempre de la
dulce compaa del lpiz, compaa que le hizo sugerir: Escribe luego lo
que pienses. Maana ya ser tarde. Tu emocin, tu pensamiento se habrn
marchitado. El escritor ha de tener a su servicio una firme voluntad;
siempre ha de estar dispuesto a escribir (esa sombra de la accin) [...]
Escribir es hoy fijar evanescentes estados del alma, las impresiones ms
rpidas, los ms sutiles pensamientos.

As, en la literatura no hay ciclos que se cierren por completo sino textos
que, por lo pronto, quedan suspendidos en la inmensidad del mundo. Cuando
un lpiz cae al suelo, produciendo un sonido tenue y diminuto, miles de
historias se desprenden de su superficie y se esparcen por doquier,
esperando que, al recoger su instrumento de trabajo, el escritor pueda
integrarlas de nuevo a la suave madera que resguarda el grafito.

** Lobsang Castaeda
   lobsang_cs@yahoo.com.mx
   Ensayista mexicano (Estado de Mxico, 1980). Licenciado en Filosofa por
   la Universidad Nacional Autnoma de Mxico (Unam, http://www.unam.mx).
   Ha publicado en diversas revistas y suplementos literarios as como en
   El hacha puesta en la raz; ensayistas mexicanos para el siglo XXI
   (Mxico, Fondo Editorial Tierra Adentro, 2006). Ha sido becario en
   ensayo de la Fundacin para las Letras Mexicanas (2004-2006) y lo es
   actualmente del programa Jvenes Creadores del Fondo Nacional para la
   Cultura y las Artes (Fonca, http://fonca.conaculta.gob.mx).



||||||||||||||||||||||||||||    ENTREVISTAS    ||||||||||||||||||||||||||||

=== Guillermo Cadrazco, un artista integral ===============================
=== La poesa paga de muchas maneras      Rafael Ortega =================

      Es cuentista, poeta, actor de teatro, compositor de msica llanera y,
      sobre todas las cosas, un hombre del pueblo que observa y describe
      con fiel precisin cada detalle que tal vez por prisa o desgano se
      nos escapa de nuestros ojos en el diario trajinar.

Cuando las races de un hombre estn arraigadas en la tierra que le vio
nacer, es inevitable percibir ese color local que le caracteriza. Por eso,
al conversar con el poeta Guillermo Cadrazco se escucha en sus palabras ese
sonido del pueblo que viene arrastrado por la brisa marina de las costas
colombianas que fueron testigo de su llegada a este mundo, que l se empea
en cambiar a travs de la poesa, all en la Villa de San Benito Abad, en
Sincelejo.

Es cuentista, poeta, actor de teatro, compositor de msica llanera y, sobre
todas las cosas, un hombre del pueblo que observa y describe con fiel
precisin cada detalle que tal vez por prisa o desgano se nos escapa de
nuestros ojos en el diario trajinar.

Tras una breve estada en Colombia, Cadrazco se inici en el mundo
artstico venezolano en los aos ochenta, a la edad de dieciocho aos, de
la mano de Josefina Cabrices, en el grupo de Danzas 1 de Mayo, en Santa
Rita. De aquellos tiempos, recuerda: Siempre me gust el trabajo
folclrico, el trabajo cultural en las escuelas y nunca haba tenido la
oportunidad de participar porque a mis padres no les gustaba eso, pues
significaba un gasto para ellos.

Pero una sola presentacin en el barrio del grupo dancstico fue suficiente
para encender la mecha artstica de nuestro entrevistado, a quien el hecho
de que los muchachos llevaran tres meses de ensayos no merm sus nimos, a
pesar de que como l mismo confiesa no saba mover un pie.

Para aquel entonces, las letras empezaron a llamar su atencin. Andaba
buscando esa forma y esa idea.... Senta que por sus venas flua la msica
tradicional latinoamericana. Somos latinoamericanos y, como buenos
latinos, el sabor folclrico no deja de estar dentro de nosotros. El canto
de la msica llanera, los poemas, sobre todo cuando escuchaba los primeros
temas de Reynaldo Armas, as como de otros autores, tales como Montoya,
Juan Vicente Torrealba, marcaron una huella indeleble en su inclinacin
musical. Todo lo que hay dentro de ese universo del paisaje que describen
esas letras hace que descubramos nuestra interioridad.

Tambin la msica vallenata fue una influencia para Cadrazco: Toda esa
msica que yo traa de Colombia, escuchando las canciones de Alejo Durn,
Calixto Ochoa, Los Corraleros de Majagual, Anbal Velsquez, Lisandro Meza,
me mostr que all estaba el paisaje y all estaba la interioridad del
autor, la musicalidad, el poema estaba all. En nosotros mismos. Y fui
descubriendo eso que estaba en mi sangre. Y comenc a investigar, a
escudriar....

Fue as como nacieron sus primeras composiciones para msica llanera, junto
a su compaero de estudios de bachillerato, Eduardo Cabrera, quien tocaba
el cuatro. Empec a componer en el liceo. All tuve un profesor que se
llamaba Carmelo, quien daba sus clases muy inspirado y nos hizo leer a
Vicente Gerbasi, Prez Bonalde, Aquiles Nazoa, y sus obras me incitaron a
escribir mis primeros poemas, de los cuales yo pensaba que eran grandes. Y
an lo sigo creyendo, pues cuando creemos en lo que hacemos, empezamos a
crear conciencia de nosotros mismos y eso es algo importante en cada uno de
nosotros.

Escribir, para Cadrazco, se convirti en un hbito que casi rayaba en el
vicio: Aquellos poemas eran rimados. Si vena el Da de la Madre, le
escriba un poema a la madre; si era el Da del Padre, le escriba un poema
al padre; si era el Da de la Secretaria, escriba un poema alegrico a las
secretarias y estos trabajos los llevaba al poeta Adalberto Prez Ramrez,
quien los publicaba en el diario El Arageo. Igualmente, cuando se
acercaba la fecha del Natalicio del Libertador, le escriba un poema al
Libertador y me introduje en esa parte histrica. Siempre me gust la
historia. Desde entonces, no ha parado de escribir y cuenta en su haber,
hasta el momento, con dieciocho trabajos inditos.

Sobre su participacin en los talleres literarios y la formacin recibida
en ellos, Cadrazco nos dice: Cuando ingres a uno de ellos, ya haba
ganado un concurso de cuentos. Tuve como compaeros a Efrn Barazarte, Jos
Correa, Jos Garca, Esso lvarez, quien hoy en da es un excelente
fotgrafo, y Omar Gutirrez, que en paz descanse... muy buena persona,
mejor amigo, compaero... fue un muchacho, as como sus poemas, con
bastante humildad.

En cuanto a las herramientas adquiridas en los talleres, tras haber
repasado las obras de Cortzar, Borges, Octavio Paz, Vallejo, Neruda, T. S.
Elliot, Roberto Juarroz, Whitman, Rubn Daro, declara que esto le ayud a
desarrollar ms cosas, aunque todo est hecho, lo dems es cuestin de
composicin. Componer con la espiritualidad. Desde all, desde ese punto de
vista interior, desde ese paisaje interior que nos mueve hasta lo que nos
circunda, todo lo que nos rodea, las personas con quienes hablamos.
Entonces, hacia eso vamos dando un vuelco. Vamos viendo que el lenguaje se
torna interesante y vamos descubriendo todas las emociones que hay
alrededor de nosotros y ese mundo inefable que siempre llevamos en nuestra
visin. Lo que podra ser insignificante para algunos, para el poeta tiene
un gran significado.

Algunas de las obras de Guillermo Cadrazco han sido reconocidas, tal es el
caso del cuento Tan slo un sueo, presenci todo aquello, que en el ao
1984 recibi el premio del suplemento Orgenes del diario El Arageo,
conjuntamente con el poeta Al Rafael Garca Arriechi, de Barquisimeto.
Ese premio me ayud con mi evolucin. Me dio nimos de seguir escribiendo,
seguir ahondando, seguir buscando, porque todos los das buscamos.
Despus, en el ao 1986, obtuvo el primer premio en el concurso literario
Lina Cabrera Sosa, en San Sebastin de los Reyes.

Desde hace varios aos coordina el taller literario Tiempo de Palabras en
diferentes instituciones educativas del estado Aragua, donde participan no
slo alumnos, sino maestras, profesores y miembros de la comunidad.
Comenc el taller en una escuela ubicada en la avenida Constitucin de
Maracay, despus me fui al mdulo 12 de Octubre de Santa Rita y luego en
Marionetas de Aragua, gracias a la colaboracin de Juvenal y Xiomara.
Prosegu en la Escuela Nacional Coropo, en la Parmanacay, la Arminda
Morillo, la Reina de Vsquez y la Escuela Bsica Nacional Ivonne Gonzlez
Marcano, entre otras.

Es preciso destacar su desinteresada entrega al trabajo creativo y su
fortaleza ante los obstculos que pueden presentarse en el oficio del
escritor: Cuando uno es poeta el lenguaje est dentro de uno. A travs del
conocimiento vamos creando conciencia. Muchos dicen que la poesa no paga,
pero la poesa paga de muchas maneras, desde el punto de vista romntico,
humanstico, espiritual, y hasta material, por qu no? Desde cualquier
punto de vista, la poesa paga.

Por tal razn, cuando se le pregunta si se considera un artista integral
responde que s lo es porque nada se separa de nada, todo va unido entre
s y es una mezcla porque tenemos un punto donde desarrollamos cada trama
(...) los actores tenemos que interpretar. Incluso, entre sus planes
futuros vislumbra la posibilidad de incursionar en la pintura: De repente,
un da me siento por ah a pintar porque tambin tengo esa visin. Yo hago
mscaras en arcilla porque all estn la poesa y el teatro presentes.
Igual pasa con la msica y todas las artes.



      Autorretrato de un poeta

      Vilma Flores, una compaera de trabajo, un da me pregunt: Por qu
      tu madre te pari poeta?. Y yo le respond: Mis palabras revelarn
      el porqu e inmediatamente sub a la azotea y escrib:

      Nos entendemos por lo que hablamos
      Por la infinita posibilidad potica
      Decir que soy poeta constituye y significa un alto grado de la vida
      Pernoctado en el alma
      Dibujado en lo que fui
      En lo que soy
      En lo que he sido
      Un heroico viajero en el tiempo
      Vivificado en la presencia de tu memoria
      Atado al ro
      al atardecer
      a las flores que me adornan
      a este caudal divino del habla
      guiado por notas musicales
      y soy poeta porque Dios me adorn con su palabra
      ensendome triunfos y derrotas
      para que habite eternamente en el sendero del Quijote
      all en El llano en llamas
      dentro de Cien aos de soledad
      donde definitivamente convivo con Dios

** Rafael Ortega
   rafaelortega@letralia.zzn.com
   Escritor venezolano (Maracay, Aragua, 1969). Es tcnico superior
   universitario en publicidad. Ha sido jurado en concursos literarios del
   estado Aragua. Textos suyos han sido publicados en revistas y peridicos
   venezolanos, as como en las antologas Narrativa aragea en Tierra de
   Letras (Senderos Literarios, 1997), Narrativa de Aragua (Secretara de
   Cultura del Estado Aragua, 1997) y Muestra de minificcin aragea
   (Secretara de Cultura del Estado Aragua, 2001). En 2002 public su
   libro de cuentos La ltima sutileza del diablo.



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=== Un solo soador: el ensayo en Latinoamrica      Karina Falcn ========

      Hay un solo soador; ese soador suea todo el proceso csmico,
      suea toda la historia universal anterior, suea incluso su niez, su
      mocedad... En ese momento empieza a existir, empieza a soar y es
      cada uno de nosotros, no nosotros, es cada uno.
      Jorge Luis Borges, La Pesadilla 1980

He de ver a toda Latinoamrica, experimentada, traducida y expuesta al
Universo a travs de las ideas de su soador, que apelando al solipsismo es
cada uno de nosotros y no nosotros en conjunto. Este soador que respira
gracias al aliento que de su patria extrae; que de sus imgenes como un
gran manto se arropa de la indiferencia fra; que existe por la palabra que
corta en racimos de los viedos mticos de su Latinoamrica: nica y en
constante Gnesis.

Latinoamrica que es mujer, con su delgada cintura hmeda y las
carnosidades peruvianas que la coronan, los declives que la suavizan, el
desierto a sus pies postrado al pecho sosegando y los destellos afluentes
que le abrillantan de norte a sur su glorioso cuerpo. Ella que es mujer,
posee la fertilidad serena que aguarda por los huertos de ideas y los
gritos de pertenencia que sus hijos, sus soadores hacen brotar a travs de
la palabra. Latinoamrica es palabra. Jorge Luis Borges deca que el sueo
es el gnero y la pesadilla la especie, vlido es decir que Latinoamrica
es el sueo y el gnero es el ensayo; la pesadilla, la especie sera
entonces el silencio en estas tierras semi-vrgenes que an buscan ser
dichas y nombradas, que an tienen mucho que ofrecer para sondeo de sus
soadores y los que an duermen sin soar pero prontos estn a hacerlo.

Carpentier hablaba de la musa nombrada Amrica con la magia que un nio
recin abierto al mundo lo hara y a travs del Orinoco la reconoci como
un Gnesis constante y una forma de lo sagrado en cada visin consecuente.
Si bien para la segunda mitad del siglo XX ya haba muchos ensayos acerca
de la Amrica, Carpentier atina en descender a los parajes poco explorados
de la musa y hablar del folklore que esconda, de su musicalidad lista para
ser pronunciada.

A qu suena Amrica? A polifonas. Cnones. Contrapuntos. Voces hmedas y
de tierra... Al Orinoco? Al ro Bravo? A los Andes? A la mujer dormida?
A l le sonaba a nueva en cada prxima visin que de ella obtena. De l se
desprende el observar y analizar la responsabilidad que posee el hombre (y
aun ms el hombre escritor) con respecto a la historia de su identidad, de
su tierra. En Alejo Carpentier es fcil reconocer este puente tan corto que
establece entre el hombre y su historia; y la trascendencia de ambos a
travs de la palabra. Y el reconocimiento continuo de desanudar leyendas
aprisionadas en la no-exploracin mediante las letras, mediante el ensayo.

El soador, este hombre sensible que explora con ojos de nio, ha buscado a
lo largo de ms de un siglo hablar de su identidad, de su independencia y
de los procesos histricos que le han acompaado en su diurna siesta. Los
ensayistas de Latinoamrica han establecido puentes seguros entre hombres
de distintos tiempos y sus diferentes formas de ver a la musa. Manuel
Gonzlez Prada eriga con fuego este puente entre tiempos. Hablaba entonces
en la primera mitad del siglo XX, de la Amrica exacerbada en pro de una
homogeneidad heterognea revelada en la Lima precolombina, que tomara su
rumbo entre luces tenues y otras turbadas por la madre Espaa hacia un
criollismo fructuoso cimentado en la conmiseracin del indio. Tema que
sera retomado aos despus por el venezolano Arturo slar Pietri en su
ensayo El mestizaje creador. En Gonzlez Prada encontramos la lucha de
clases, la lucha de gigantes en una misma selva, la celebracin de la
humanidad y el trabajo slo a travs de la pasin, pasin que hoy en da
duerme y lo hace sin soar; encontramos, como en todo ensayista
latinoamericano, la voz que habla por la nacin y un pueblo, desde una
perspectiva personal y subjetiva. Y el corazn apesadumbrado de una vida
intelectual endeble que se refugia en el obrero para levantar su voz.

Jos Enrique Rod comparta el sentir de pesadumbre que caa en los hombros
de la juventud y posteriores generaciones de Amrica Latina que ejercieran
la profesin de fe, de dar arte por el arte mismo y encontrar en ella la
pasin latina comn, compartida por cada soador y creador. Rod hablaba de
la identidad latina ya antes dicha, pero esta vez dando personalidad a los
pueblos en diversidad constituyentes. Busc races ms profundas ligadas a
la identidad nacionalista y encontr caractersticas renovables, pasajeras
pero perdurables que ligaban no slo a la gente de una nacin, sino a las
naciones pertenecientes a un continente fijo en un sello original y preciso
que habla de su propia definicin del hombre. Y aqu el comienzo del hombre
que inicia la poca: el hombre rebelde.

Existe una modernizacin y reajuste de la definicin de hombre de acuerdo
al tiempo, cada tiempo lleva consigo los smbolos que decodifican el
carcter del soador, del hombre en cuestin. Es asunto crucial saber
manejar estos smbolos para reconocer al hombre y traducirlo en imgenes a
travs de un dilogo nico, que slo puede ser cultivado en agros del
ensayo. Pues a travs de este dilogo es posible encontrar el conocimiento.

Continuando con el sentido de pertenencia implcito e insistente en los
ensayistas de Latinoamrica, no se puede dejar de lado la subversin
inmutable y la curiosidad que cargan sus textos. Fernando Ortiz, ensayista
cubano, ya conversaba de transculturacin para referirse al trnsito de
la cultura latinoamericana teniendo como referente la cultura africana. Con
Rod uno puede contestar la pregunta A qu sabe Amrica? Millones de
sabores se acercaran a la respuesta. Sabe a Azcar. A yerbas. A tabaco. A
maz. A frutas tropicales? Qu sabor tiene la musa? Tiene sabor a letras,
a escritura.

Tal como lo refera Rosario Ferr, al hablar de la cocina de la escritura y
la importancia de la narradora en esta empresa. Ella hablaba de su creacin
como un escaparate necesario para sus decepciones y heridas, donde el
folklore era la pluma que sedimentaba su sentir y el ensayo la forma ms
adecuada para darlo a conocer. Se refugi en las letras para dialogar
acerca de su identidad, no slo como latinoamericana, sino como mujer.
Abord el tema de la imaginacin y las diferencias posibles en hombres y
mujeres con respecto a la creacin literaria. Con un halo sedicioso pero un
tanto dolorido escribi desde el lado femenino de la musa. Desde otra parte
de esta enorme identidad, el lado de la literatura escrita por mujeres tan
retomado en las universidades europeas y acunado por Rosario Ferr como un
hambre primordial.

Es muy interesante encontrar en las ensayistas la bsqueda de su identidad
como latinoamericanas y el enorme impulso de platicar su encuentro desde
sus ojos femeninos. Dar a conocer el aroma de la musa a travs de ropajes
de indias, escritoras y artistas; del talle hermoso de otro segmento en
ella nunca antes explorado. Con Gabriela Mistral acertamos en un Chile
femenino, marino, perfecto y leonino: tal como ella. Con un folklore y
visin que se tornan populares y graciosos, llena de ritmo su narrativa,
habla de las letras, sociedades, educacin y guerras, de esas que se hallan
en los escenarios diarios de la vida. Las que libran las madres, maestras,
alumnas y dems mujeres que se estaban abriendo a una nueva Latinoamrica
llena de posibilidades.

Sin embargo, no slo estas visiones nos dejan ver las ensayistas. Beatriz
Sarlo, ensayista argentina de la segunda mitad de siglo XX narraba sobre la
historia, la postmodernidad, la guerra, la cultura y la transicin de las
palabras hechas literatura al paso del tiempo. En su ensayo Descripcin
celebratoria o descripcin crtica? Sarlo presenta la cuestin del vivir el
pasado como el presente y la crisis de la transicin hacia la
globalizacin. Que sin duda ostenta una Latinoamrica ms explorada,
retomada desde la sociedad y ya no desde su orografa y caractersticas
solo fsicas.

Tras la confesin de la pertenencia latinoamericana a travs de una
narrativa en bsqueda, lleg la penitencia de expresarla en emociones. La
musa hablaba a travs de sentires y la enunciacin de lo mgico mediante un
estilo que pudiera mostrar lo comn y lo cotidiano en trminos de lo irreal
e inslito.

Ya con Miguel ngel Asturias encontramos en su ensayo una sociedad
denunciada y en perspectiva ligada a otros pases. Invoc a la mitologa de
una manera ms clara y notoria con palabras de un toque ms potico y una
estilstica del sentir, ms que del pensar y razonar. Evoc imgenes y
smbolos para descubrir una nueva identidad propia, una nueva identidad del
soador que explicitaba su sueo y lo hacia volar como aves exticas sobre
una Latinoamrica selvtica y multicolor. Explor el carcter fsico de su
tierra y su vegetacin surrealista hasta integrarlos en el nuevo dilogo:
del realismo mgico. Y de la mano de autores como Gabriel Garca Mrquez o
Alejo Carpentier el gnero se creci.

El colombiano Germn Arciniegas posey ese mismo dilogo en muchos de sus
ensayos. Mostraba una Colombia en el cambio, donde la identidad era tejida
por los nuevos elementos que se integraban como modernidad. En su ensayo El
automvil mostraba los nuevos proyectos que embellecan a Colombia de los
aos 30s, los retratos y fenmenos que la erigan; la estampa que
observaba lejos de su Latinoamrica. Desde Europa, donde se tena una mejor
posicin para revelar la belleza de las tierras americanas.

La tecnologa y la literatura tomaban de la mano a los ensayistas y les
llevaban a proliferar sus escritos. Ya conquistada la soberana en el
gnero faltaba discernir corrientes y encontrarse en ellas para hablar
desde ah, en dectico. Con Enrique Anderson Imbert podemos vislumbrar una
Argentina de tecnologa; una Argentina como metfora del siglo venidero.
As lo deca Octavio Paz: Cada civilizacin una metfora del tiempo. Y
Argentina era una metfora de ciencias aplicadas, de mquinas, de
industrias, del capitalismo y el conflicto que se estaba produciendo a
partir de la conjuncin de estos trminos.

Por el lado de la literatura, Anderson Imbert se pronunciaba a favor del
ensayo y las bondades del nosotros en vez del yo a travs de ste
gnero. Discuti la importancia del gnero y la seriedad que le abanderaba,
donde el ensayo no era un texto producido por la pluma mozuela y nefita de
indecisos y aprendices. Todo lo contrario, era producto de la revolucin de
espritus que en su ingeniosidad y conocimiento podan producir un dilogo
de temas diversos. Del realismo mgico escribi una breve biografa, nombr
a los autores ms representativos y los cimientos de lo real maravilloso.
Entonces encontramos una nueva lnea para el ensayo en nuestra tierras. De
los platillos voladores de Garca Mrquez a los parasos artificiales de
Jos Miguel Oviedo hay un gran paso, y un camino donde el gnero del ensayo
madura y crece.

Con Oviedo y Gabriel Zaid encontramos una Amrica en subdesarrollo, una
musa con defectos y corrupciones. Una musa ya no de pertenencia y sus hijos
soadores sin sueo y en mediocre conocimiento. Para Oviedo el nombre
Amrica Latina ya no posea una identidad segura dentro de sus territorios.
Su Amrica era la que los anglosajones estudiaban y conocan mejor, aun
mejor que sus propios hijos latinos. La lucha contra el imperialismo y la
necesidad soberbia de deslindar las clases dominantes para un mayor
reconocimiento de identidad eran su preocupacin.

Para Gabriel Zaid la economa funga como preocupacin central en muchos de
sus ensayos. Los intelectuales y la poesa venan a constituir un rubro
importante y responsable de trnsitos productivos dentro de la sociedad,
poseedores de la verdad y la sanidad de la memoria. Pues muy cierto es que
la salud de una nacin la constituye la memoria. En este caso Latinoamrica
se encontraba enferma y ha enfermado mucho ms.

Ya Monsivis, Hctor Libertella y Enrique Krauze reconocan la generacin a
la cual pertenecan y los problemas a contrarrestar, la economa y
democracia como centro en sus ideas nos dejaban ver de forma clara la
tirana en la cual muchos de los pases en Amrica Latina se encontraban
sumergidos. Y que an se encuentran. Tomndoles como referencia nos
encontramos con la Amrica Latina actual, tierra varia de autcratas y
democracias en batalla. De tendencias y transiciones cuya palabra ms fiel
y que invita al dilogo, al encuentro identidad-insercin mundial, sigue
siendo sta: Ensayo.

ste que habla por su patria y por su tierra, por las tierras hermanas que
le rodean y las bondades que ofrece. La orografa, la hidrografa, la
sociografa y las emociones de estos declives encierran un continente que
constantemente se traduce en Gnesis, que cuando parece cerrarse al tiempo
y a la exploracin se vuelve a abrir para dar ms que celebrar.

El ensayo es una provocacin y una incitacin honesta al dilogo. Conocer
del ensayo en Latinoamrica es una invitacin a la identidad, la expresin
y negacin de su origen, de forma subjetiva y, como dira Quevedo, Dan a
leer sus ojos al mundo. Transitan con el tiempo y se quedan en la
intemporalidad de la palabra, nica e intransigente que reconoce lo
humanizado en los rincones del tercer mundo, en la democracia perdida y la
autonoma y soberana reconquistadas gracias al verbo.

La responsabilidad por las races que se llevan al escribir es develada
desde el ms profundo sentir de los ensayistas. Que hablan desde un mundo
objetivo, bajo el cielo relativo que todo permite, pero que todo medita y
escudria hasta hacer una potica, un ritmo, un canto, una polifona. Una
realidad extradiscursiva que representa una realidad, un sueo y un gnero.

** Karina Falcn
   karinafalcone@hotmail.com
   Escritora y docente mexicana (Ciudad de Mxico, 1984). Es autora de Diez
   cartas al abismo (2003) y Devocin: poesa de la carne (2006). Fue
   incluida en la Antologa internacional de poesa amorosa (2006) junto a
   Enriqueta Ochoa (Mxico), Charlotte Grasnick (Alemania), Jorge del
   Castro Pinto (Colombia), Elmys Garcia Rodrguez (Cuba) y otros poetas.
   Ha publicado en distintas revistas literarias de Mxico. Ha investigado
   sobre la mitologa griega, iconografa de lo femenino y de la
   participacin de la mujer en lo sagrado, religioso y espiritual. Ha
   impartido cursos y ofrecido conferencias sobre mitologa, conocimiento
   ancestral, el rol de la mujer en lo sagrado en lugares como la
   Universidad de Londres (http://www.lon.ac.uk, 2004-2005) y World Trade
   Center en la Ciudad de Mxico (2005). Es fundadora del colectivo
   literario y escnico Templo de la luna: Novena Luna con el cual se ha
   presentado en distintos lugares como parte de las Noches de Poesa en
   Voz Alta que busca dar difusin a autoras hispanoamericanas de cuento y
   poesa. Es profesora del idioma ingls desde 2002, especializada en
   gramtica y literatura. Ha sido entrevistada en radio y medios impresos
   como los diarios Reforma (http://www.reforma.com) y El Universal
   (http://www.eluniversal.com.mx) acerca de su visin como poeta y
   creadora.



=== Libertad, igualdad y fraternidad, pero no para los indios =============
=== Carlos Bastidas Padilla ===============================================

Emancipada nuestra Amrica del hispano coloniaje, signados por los
principios tutelares de la soberana nacional y el liberalismo burgus,
nuestros pases vinieron a dar en repblicas regidas por constituciones
que, en la letra, garantizaban la soberana popular, la divisin tripartita
del poder, la igualdad ante la ley, la tutela de las libertades
democrticas, los deberes impostergables e irrenunciables de los
gobernantes en relacin con los derechos de los ciudadanos por quienes y
para quienes, sin distingos de raza, credo o posicin econmica, se
levantaron los estados de derecho: soberanos, democrticos, unitarios,
encargados de promover y sostener la fraternidad, las libertades, la
igualdad, el bien comn y la medida de la justicia distributiva que decide
lo que es igual y lo que no es igual.

Que el problema de la independencia no era el cambio de forma, sino el
cambio de espritu, dijo Jos Mart. Pese a la proclamacin republicana de
la igualdad jurdica de todos los ciudadanos, en los pases
latinoamericanos se conjugaron varios factores para mantener el sistema de
gobierno y de produccin colonial que se pretendi derribar con la
independencia de los pases de la Nueva Espaa; los criollos no hicieron
otra cosa que sustituir a los peninsulares en el manejo de la estructura
del poder; se mantuvo inmodificado el rgido sistema de castas; el modo de
produccin sigui sustentado bajo el rgimen servil del indio que de
encomendado semi-siervo pas a ser siervo y pen en las grandes propiedades
rurales. Sigui en pie, por obra y gracia del caudillismo militar y de los
caciques de nuevo cuo, la esclavizante y sistemtica incomunicacin entre
los pueblos. La jerarqua clerical continu erguida dominando la sociedad y
estorbando todo anhelo de cambio que mortificara a Dios, a sus mitrados
representantes en la tierra, o que amenazara con tocar sus privilegios que,
entre otras gracias, haba dado lugar a la detentacin de inmensas
propiedades territoriales amortizadas en sus manos. La Repblica no aport
nada nuevo a la Amrica Latina, desde el punto de vista de la constitucin
social: la aristocracia terrateniente conserv su estatus de privilegio y
la condicin de centro de gravedad en el nuevo sistema de poder (1); es
decir, lo que qued pendiente tras el triunfo de las armas republicanas en
Amrica Latina fue la emancipacin social.

La Corona espaola en varias ocasiones haba legislado en favor de los
indios; empezando porque las Leyes de Burgos, promulgadas en 1512,
cargaron, frente a los indios, de responsabilidades a los encomenderos para
que en las Indias no establecieran seoros; se mand que a los indios,
junto con la instruccin religiosa, se les enseara a leer y a escribir, y
a los hijos de los caciques que se les ensease tambin gramtica latina;
se prohibi el trabajo de las indias embarazadas; ordense el pago de un
salario al indio por el da que trabajase; que se tratara a los nativos
como a personas libres, y que si ellos daban muestras de poder gobernarse
por s mismos se los dejara hacerlo; que no se los hiciese trabajar lejos
de su casa, para que despus de sus jornadas laborales pudieran descansar
junto a sus familias y dedicarse a su comercio; en fin, que deban ser
tratados como personas libres, como lo son, y no como siervos.... Que no
consientan ni permitan hacer guerra a los indios, si no fuere en los casos
expresados en el ttulo de la guerra, ni otro cualquier mal, ni dao, ni
que se les tome cosa ninguna de sus bienes, haciendas, ganados ni frutos,
sin que primero se les pague, y d satisfaccin equivalente, procurando que
las compras y rescates sea a su voluntad, y entera libertad, y castiguen a
los que les hicieren mal tratamiento o dao (2). Pero los reyes mandaban
sobre las Indias sin gobernar en ellas ms que los encomenderos que
ejercan la encomienda, como deca Fray Domingo de Las Casas, contra el
bien de la repblica indiana; tem contra la razn y la prudencia humana;
tem en contra del bien y el servicio del rey, nuestro seor, y contra todo
derecho civil y cannico; tem, es contra todas las reglas de la filosofa
moral y teolgica; tem, contra Dios y contra su intencin y contra su
iglesia (3). En el caso de los indios norteamericanos, tambin la corona
los acogi bajo su regia tutela. Pasada la Colonia, la Ordenanza del
Noreste, de 1787, declaraba en su artculo III: La mejor buena fe ser
siempre observada para con los indios; sus tierras y propiedades no sern
jams tomadas sin su consentimiento (...); debern ser promulgadas de
tiempo en tiempo, leyes fundadas en la justicia y la humanidad, a fin de
evitar que les sean cometidas injusticias y a fin de preservar la paz y la
amistad con ellos (4).

Como se dijo, desde un comienzo la Corona Britnica reconoci en cabeza de
los indios la propiedad de la tierra; pero pasada la euforia igualitaria de
los revolucionarios norteamericanos, y no obstante el espritu benefactor
de la citada Ordenanza del Noreste, a los indios no se les reconoci
derecho de propiedad alguno sobre sus tierras, sino el right of ocupanccy
(derecho de ocupante); en consecuencia, slo haba que desalojarlos de la
tierra que ocupaban para tomar posesin de ella. En los territorios
descubiertos y conquistados por los ibricos, la tierra americana se
enajen por el derecho de descubrimiento y conquista, y se dio, concedi y
asigno a perpetuidad por el Papa a Espaa y Portugal mediante la bula
nter Caetera en 1493 y por el Tratado de Tordesillas del ao siguiente.
As que, por concesin papal, los reinos de Espaa y Portugal accedieron al
justo ttulo sobre el dominio del Nuevo Mundo; concesin hecha a
perpetuidad, por siempre jams, para la predica de la doctrina cristiana
y la conversin de los indios. Por otra parte, mientras en Norteamrica los
anglosajones excluyeron al indio como fuerza de trabajo, en el Nuevo Mundo
espaol los indios, primeramente fueron repartidos por los capitanes de la
conquista entre los colonos que sin ningn reparo humanitario se
beneficiaron de su trabajo servil; despus, por mandato real, segn la
cdula de Medina del Campo de 1503, encomendados a los espaoles como
privilegio real, de acuerdo con los servicios prestados a la Corona, aunque
se responsabiliz a los encomenderos del cuidado de los indios; es ms,
para evitar que la raza indgena se extinguiera en servidumbre, hacia
finales del siglo XVI la Corona cre la institucin de los resguardos; es
que la Corona se vio precisada a equilibrar una poltica que con la Mita y
la Encomienda favoreciera al conquistador, y con el Resguardo preservara de
su aniquilamiento al indio; que al fin de cuentas, haba que proteger de
algn modo la fuerza de trabajo, como durante el industrialismo el
capitalista ordenaba bajo la amenaza y cumplimiento de severas penas el
cuidado de la mquina por parte de sus miserables operarios.

Con todo, las Leyes de Indias firmes en su propsito de evitar que en
Nuevo Mundo los espaoles formaran seoros reconocieron a los jefes de
las tribus como seores naturales y dueos de sus tierras; as vinieron los
territorios indgenas a tomar el nombre del cacique que seoreaba en ellos
y que tena como vasallos suyos a los indios que vivan en su jurisdiccin;
as, en condicin de vasallaje directo o indirecto los quera la feudal
Espaa; no como esclavos sobre los que podan disponer los conquistadores a
su amao; de ah la pregunta de la reina Isabel al saber que Coln haba
repartido los indios de La Espaola entre sus hombres: Con qu autoridad
dispone el almirante de mis vasallos? (5). La misma reina en su testamento
orden al Rey, a su hija y al esposo de ella que pongan mucha diligencia,
e no consientan ni den lugar que los indios e moradores de dichas yndias e
tierra firme, ganadas e por ganar, reciban agravio alguno en sus personas
ni bienes; mas manden que sean bien e justamente tratados; e si algn
agravio han recibido, lo remedien y provean (6).

Como vasallos del rey fueron tenidos los indios del Nuevo Mundo, no como
esclavos a menos que fueran levantiscos o canbales; pero, a pesar de los
cuidados de la Corona, sometidos al rgimen de la Encomienda, los indios
cayeron de hecho en servidumbre Espaa quedaba lejos, y aqu las rdenes
reales se acataban pero no se cumplan. Los espaoles se lanzaron a la
aventura americana para seorear, para hacer fortuna y regresar despus a
Espaa a reclamar mayorazgos o condados; as es que contra la voluntad
real, en las Indias hubo trasplante de seoros, y a pesar de la cautela
con que se procedi a adjudicar tierras, los encomenderos terminaron por
convertirse en terratenientes y seores, pues la tierra que se les asign,
de acuerdo con las disposiciones reales, la agrandaron con el despojo de
las tierras de los resguardos indgenas; con las de los pequeos
propietarios que las perdan por no poder hacerlas producir, debido al
escaso nmero de indios que se les haba repartido para tal efecto; con la
apropiacin de las llamadas tierras realengas y las ejidales. Se desaloj
a los indios de los resguardos, porque teniendo stos all sus tierras de
labranza no se mostraban interesados en dejarse explotar en tierras del
encomendero; de ah que con este pretexto se las quitaron y se les dej
conservar las menos aptas para el cultivo; as se tuvo al indio en
disposicin de ir a trabajar como siervo o como pen en las tierras de los
laicos o en los latifundios de la Iglesia que se ensanchaban tambin porque
los clrigos, como prestatarios agiotistas, se apoderaban de las tierras de
los propietarios insolventes, y porque en las disposiciones testamentarias
conseguan que, a cambio del santo vitico para el viaje al cielo, se les
legasen tierras, con lo que la Iglesia pas a ser propietaria de tales
latifundios que finc en ellos su ilimitado dominio en Amrica. En Mxico,
por ejemplo, lleg a ser duea de ms de la mitad del territorio; en
Crdoba del Ro de La Plata, ms de la mitad de los esclavos, al tiempo de
la expulsin de la Compaa, eran de propiedad de los jesuitas; en la Nueva
Granada el monopolio de la tierra corra por cuenta de la Iglesia, y con
tal perjuicio para el Nuevo Reino, que en su Relacin de Mando de 1727 el
Presidente Antonio Manso Maldonado deca que una de las causas de la
postracin econmica del Nuevo Reino era el excesivo afn de lucro de los
ministros de la Iglesia que poco a poco se han hecho eclesisticos todos
los bienes races de calidad, que apenas se encontrar casa o hacienda que
no sea tributaria de eclesistico . En Ecuador, la mayor parte de las
mejores tierras del pas era de los jesuitas. Ciegos de codicia, dice el
obispo Gonzlez Surez, muchos sacerdotes alcanzaron a enriquecerse,
buscando para s los bienes miserables de los indios (...). Los abrumaban
con trabajos penosos, sin darles jornal alguno, y en las fiestas religiosas
ponan mayor empeo en exigir sus emolumentos temporales antes que en
instruir a sus feligreses (7).

                                     *

Trescientos aos despus del descubrimiento, los encomenderos o los
descendientes de ellos se libraron de las formaletas reales y se quedaron
con las tierras del indio y con el indio sin que mediasen intromisiones
regias. La mayor parte de los indios vino a la Repblica de mala gana,
oponindose a la independencia de Espaa; as pas en Guatemala, Cuba,
Panam, Per, Uruguay, en las provincias de Santa Marta y Pasto y en las
regiones indgenas de Oaxaca y Chiapas, de Mxico, y no fue raro encontrar
indios llorando porque Ya no haba mas rey. Cmo explicarlo? Y por qu
los indios iban a alegrarse de que con la independencia quedaran los
criollos como dueos absolutos del poder? Acaso no eran los mismos que
durante siglos haban usufructuado su fuerza de trabajo? Sus enemigos
jurados? Los que contrariando las rdenes reales los haban convertido en
esclavos y hecho vctimas de sus desprecios? No hay que olvidar, de paso,
la decisiva influencia ideolgica de la Iglesia sobre el realismo de los
indios, cuyo aislamiento, hbitos adquiridos, falta de ilustracin, no les
permiti entender el momento histrico en que vivan. Temed a Dios y
honrad al Rey era la consigna religiosa; con todo, los indios de Pasto y
Santa Marta, por ejemplo, preferan a los realistas que defendan a un rey
que, aunque lejano, era su protector, y que no era malo con ellos: los
malos eran sus subalternos, sus delegados, el gobierno que se ejerca en su
nombre; por eso gritaban los diez mil indios, junto con los dems comuneros
de la revuelta de 1781: Viva el rey; muera el mal gobierno!; igual grito
reson antes entre los indios que en 1765 se rebelaron en Quito y que tras
su triunfo contre los alcabaleros, de rodillas ante el retrato del Carlos
III expuesto en la plaza mayor, pie derecho en tierra, le rindieron
pleitesa y vasallaje. El mismo inca Tupac-Amar, despus de coronarse rey,
en un edicto que envi a la ciudad de Cuzco, el 20 de noviembre de 1780,
deca que su nico nimo era cortar el mal gobierno de tanto ladrn
zngano que nos roba nuestros panales (8). Y Amrica dej de tener reyes y
se qued con el mal gobierno, jams regido, como lo queran las utopas
liberales, por la razn y la naturaleza.

Ms malos que los que venan no fueron para los indios sus reyes; que al
menos ellos les permitieron el usufructo de los resguardos, porque los
republicanos lo primero que hicieron fue reparar en que la tierra en manos
de los indios era un bien de manos muertas, en una poca en que, signados
nuestros pueblos por el mercantilismo ingls, el capital comercial de los
dueos de los medios de produccin se volc sobre la agricultura como base
fundamental del mercado interno y de exportacin. Por mandato del Congreso
de Ccuta, en 1821, quedaron abolidos los resguardos (aunque la disposicin
no se cumpli sino en 1832). Es que los resguardos, deca Jos Mara Samper

      ...estancando, inmovilizando la propiedad del indio y hacindola
      indivisible, condenaron a los indios a dos cosas deplorables:

      1 la incapacidad de ser jams artesanos, obreros o cualquier otra
      cosa distinta del oficio de agricultor lo cual equivala a mantener
      al indio enteramente extrao al contagio de la civilizacin y al
      movimiento de la vida social; 2 a ser psimos agricultores, puesto
      que careciendo de propiedad fija personal, determinada y
      transmisible, no podan tener inters ninguno en mejorar cierto
      terreno, ciertos caminos, puentes, regados, etc., exactamente, como
      los bienes de manos muertas y los de particulares proindivisos...
      (9).

Las leyes no decan que lo que se buscaba para las nuevas formas de
produccin republicana eran las fuerzas de trabajo libres de ataduras
patrimoniales que pudieran inmovilizarlas, y libres de esclavitud o
servidumbres: los resguardos sustraan la mano de obra que necesitaban los
latifundistas e impedan que la tierra fuera objeto de la especulacin
mercantil; y as la tierra, convertida en mercanca, vino a concentrarse en
pocas manos, y de los extinguidos resguardos salieron contingentes de
obreros que con los esclavos manumitidos pasaron a engrosar la fuerza de
trabajo miserable que abarrotaba las haciendas de los republicanos que,
desligados de obligaciones con sus esclavos y los indios, los cargaron de
deudas para que durante toda la vida trabajaran para ellos y heredasen a
sus hijos el servilismo irredimible al servicio de la triloga llamada
infame: el hacendado, el militar y el cura.

Con la independencia, ahora todos somos peruanos, dijo en el Per San
Martn. Ya no hay indios, sino peruanos; pero con prohibir las palabras
indio, indgenas o naturales no cambi la real situacin de los
hijos y ciudadanos del Per, que el 4 de julio de 1825 quedaron sin
resguardos, por disposicin del Libertador Simn Bolvar, quien decret
desde el Cuzco la reparticin de las tierras de comunidad, incluyendo las
de los caciques y recaudadores que las haban obtenido prevalidos de sus
oficios. El mismo da extingui el ttulo y autoridad de los caciques en el
Per; esto porque la Constitucin de la Repblica no conoce desigualdad
entre los ciudadanos; aunque tambin, para acabar con el trabajo servil
del indio por parte de los jefes civiles, curas, caciques y hacendados,
decret que no habra en adelante trabajo del indio que no est sustentado
en un contrato libre que fije el precio de su trabajo que deber ser en
dinero contante y no en especie; entre otros considerandos, para este
decreto se tuvo en cuenta el gravoso pago de los derechos excesivos y
arbitrarios que comnmente suele cobrrseles por la administracin de los
sacramentos.

A mediados del siglo XIX, en casi todos los pases latinoamericanos se
agudizaron los conflictos de tierras con los indios amparados en los
resguardos y que no podan exhibir los justos ttulos segn los
requerimientos del Cdigo Civil. Por las tierras de manos muertas se
enfrentan tambin los gobiernos republicanos con la Iglesia, sobre todo en
Mxico (1850) y Colombia (1861). Y con todo, la situacin del indio
continuaba empeorando y segua la tierra concentrada en pocas manos; y lo
que del Mxico de 1857 deca el constituyente Ponciano Arriaga, en palabras
de Jess Silva Herzog, se poda decir, palabras ms, palabras menos, de los
dems pases latinoamericanos:

      ...en su aspecto material la sociedad mexicana no haba adelantado,
      puesto que la tierra continuaba en pocas manos, los capitales
      acumulados y la circulacin estancada. Deca tambin que en su
      concepto los miserables sirvientes del campo, especialmente los
      indios, se hallaban enajenados de por vida, porque el amo les
      regulaba el salario, les daba el alimento y el vestido que quera y
      al precio que deseaba, so pena de encarcelarlos, atormentarlos e
      infamarlos si no se sometan a su voluntad... (10).

Es que se discuta en la Constituyente de ese ao los principios bsicos de
la Carta Fundamental de la Repblica de Mxico; en las mismas sesiones,
deca Vallarta que la Constitucin democrtica que se estaba discutiendo
sera una mentira y un sarcasmo si no se garantizaban los derechos de los
pobres y si no se les aseguraba la proteccin contra los seores feudales
improvisados y anacrnicos (11).

Y en la Repblica ya no es libre el indio? Si se lo ha subido a la
categora de ciudadano, debe serlo. Tal vez por eso los liberales se
preocuparon primero por hacerlo propietario; as se hizo en Per, en
Colombia, en Mxico, en Ecuador...; la propiedad comunal no iba con la
repblica liberal que entre nosotros sirvi para erigir al individualismo
como suprema ensea del ciudadano; a pesar de sus duras y victoriosas
batallas contra el despotismo, contra los privilegios de la Iglesia y la
tuicin de cultos, contra el colonialismo, contra la esclavitud... Ahora el
liberalismo quiere ciudadanos iguales, libres y unidos por la fraternidad.
El ciudadano americano es libre ya para darse su propia forma de gobierno a
travs de elecciones democrticas; pero para ser elector se necesita ser
propietario, tener un sueldo y saber leer y escribir; entonces, mas all de
la utopa liberal de la igualdad jurdica, el indio estaba lejos de llegar
a ser ciudadano; no caba el indio dentro de los postulados filosficos del
liberalismo econmico y poltico.

                                     *

Al capitalismo vinimos a dar los latinoamericanos en calidad de proveedores
de materia prima, y nuestro accionar econmico fluctu entre el librecambio
y el proteccionismo. Por el librecambio camos en los barcos mercantes de
los ingleses proteccionistas en su economa interna y librecambistas a
caonazos frente a los puertos de pases con veleidades proteccionistas,
como el de Buenos Aires durante la dictadura de Rosas. En la Nueva Granada,
Florentino Gonzlez y Murillo Toro propugnaban por el librecambio para
corresponder cumplidamente, como deca Murillo Toro, a esa invocacin de
fraternidad industrial que nos llega desde Europa...; y respecto al
librecambismo que defiende Florentino Gonzlez en 1848, para que dentro de
la divisin internacional del trabajo haya pases industrializados y
proveedores de materias primas. Luis Eduardo Nieto Arteta, en su libro
Economa y cultura en la historia de Colombia, se llena de coraje contra
Gonzlez: Es Florentino Gonzlez el primer desgraciado defensor de tan
equivocada posicin ante el desarrollo de la economa neogranadina (12).

El librecambio, durante la dcada de los aos cincuenta del siglo XIX,
trajo consigo en Latinoamrica la acumulacin primaria del capital que
precis de la consolidacin de los latifundios para satisfacer la demanda
externa de los productos agrcolas. Comerciantes y terratenientes
conformaron una nueva aristocracia seorial sustentada en el mercado de
trabajo y en la acumulacin de tierras en las cuales el indio pas a ser
asalariado. Las haciendas algodoneras, cafetaleras, tabacaleras o ganaderas
lo convirtieron en jornalero del campo; as los encontramos en Mxico
durante el porfiriato; all, de 340 terratenientes con haciendas hasta de
1.000.000 de hectreas (como la de Canutillo), segn John Reed en su Mxico
insurgente, dependan 12.000.000 de jornaleros campesinos, el 80%, del
total de una poblacin mexicana de 15.000.000 de almas. En las mismas
haciendas se levantaban los cepos para el indio y las tiendas de raya en
donde, vendindole al indio a precios ms altos que en el mercado, lo
endeudaban de por vida con la compra de productos alimenticios, vestidos,
herramientas, aguardiente y pulque con lo que lo enviciaban y lo sometan
como a los brutos. En cuanto a su miserable jornal, apenas le alcanzaba
para que l y su familia comiera lo indispensable para no perecer. Sus
hijos, desnutridos, vctimas de la injuria, de la ignorancia y de
enfermedades infecciosas, moran con frecuencia antes de cumplir dos aos.
En cuanto a aquellos que a pesar de todo triunfaban en un medio tan hostil,
su destino era ser para siempre peones de la finca como sus padres, sus
abuelos y sus antepasados (13).

Con razn, se lanzaron en medio del turbin revolucionario de 1910 tras la
justicia prometida, la libertad y la reforma agraria. Enternecen las
palabras que John Reed escuch de un viejo indio gastado, esculido y
hambriento, que en el Mxico revolucionario de 1910 le pona a sus rdenes
lo poco que tena, y miraba con esperanzas el resultado de la revolucin:
...me dicen que hay muchas tierras, al norte, al sur y al oriente. Pero
esta es mi tierra y la quiero. En los aos de vida que tengo, durante los
que vivieron mi padre y mi abuelo, los ricos se han quedado con el maz y
lo han retenido con los puos cerrados ante nuestras bocas. Y solamente la
sangre les har abrir las manos para sus semejantes (14). Por cierto, que
sometidos por su voluntad nunca fueron los indios mexicanos; pues, desde
1869 hasta 1926, los indios se levantaron en armas cerca de 40 veces, y
lucharon para formar para ellos y por su cuenta una repblica de indios,
para exterminar a los blancos, recuperar la tierra que es de todos y
abolir los gravosos tributos. Los yakis pelearon por la libertad y la
tierra desde 1875 hasta 1926, cuando Obregn, empleando contra ellos todo
el poder del Estado mexicano, los venci definitivamente. Despus de una
feroz carnicera, les expropi las tierras y los entreg a los
colonizadores. Ms duros con los indios que con los norteamericanos fueron
los gobernantes de Mxico. Y acaso el indio no era mexicano?; lo es
responde Antonio Caso, porque paga impuestos sobre las ventas... es
mexicano cuando se contrata para trabajar en las plantaciones de caf o de
pia donde recibe como anticipo sobre su salario una buena dosis de
alcohol; es mexicano cuando cae en manos de los agentes municipales que lo
encarcelan para hacerle pagar multas... (15). Historia comn de Amrica.
En Ecuador, Garca Moreno concibi la idea de repoblar esa repblica de
indios por alemanes, en este sentido se dirigi al Congreso en 1875
solicitndole la autorizacin debida: No est lejos, deca, el da en
que tengamos que perseguirla (a la raza jbara) en masa, a mano armada para
ahuyentarla de nuestro suelo y diseminarla en nuestras costas, dejando
libre a la colonizacin aquellas frtiles e incultas comarcas. Para estas y
otras partes despobladas de nuestro territorio, obtendremos en breve una
inmigracin de alemanes catlicos, si dais al gobierno la autorizacin y
los fondos suficientes (16).

                                     *

La implantacin del modernismo en Amrica Latina, desde principios de
siglo, por la fuerza expansionista, neocolonial y voraz de los Estados
Unidos, trajo consigo la sobreexplotacin de las fuerzas de trabajo de las
neocolonias al sur del Ro Bravo. Las vacas gordas de la burguesa
latinoamericana abrieron las puertas del paraso salvaje de los recursos
naturales de sus pases a las compaas transnacionales que cayeron sobre
el azcar, el banano, el caucho, el petrleo, la madera, el cacao, el
estao, el nquel, el oro y el cobre, y la mano de obra servil y esclava de
los trabajadores latinoamericanos. Y no hubo pas nuestro que fuese altivo,
nacionalista y fuerte frente al garrote vil del inters estadounidense,
bajo cuyos dictados se confeccionaron leyes petroleras y contratos
bananeros (a la manera de Juan Vicente Gmez en Venezuela, y Ubico en
Guatemala), y se nombraron presidentes que, como dijo Jorge Elicer
Gaitn, tenan el fusil presto contra sus conciudadanos y la rodilla
temblorosa ante el oro yanqui...

Una transnacional inglesa, en sociedad con los hermanos Arana del Per,
extendi sus tentculos sangrientos desde Salisbury House hasta Manaos; se
asent como una esfinge devoradora, sanguinaria e inmensa, en las oscuras
selvas de la cuenca del Amazonas, y entre 1900 y 1910 asesin a 30.000
americanos; se ceb especialmente en los indios huitotos, andoques,
miraas, nonuos, boras, cuyotes, menias, socaimas y sandoques, que
habitaban esas regiones. Era que la Perubian Amazon Company haba venido
por nuestro caucho, por medio de una concesin del gobierno peruano. Y como
ha sido nuestra historia, ahora el banquete de los explotadores ingleses se
cocin con la tragedia de los indios que eran cazados por cuadrillas de
capataces, lista en mano, para forzarlos a cumplir con obligaciones que
ellos no pactaron: deban entregar de 50 a 60 kilos de caucho cada doce
das, so pena de ser mutilados, azotados o fusilados.

El libro Las crueldades de los peruanos en el Putumayo y en el Caquet de
Vicente Olarte Camacho es un testimonio vivo de la tragedia que para las
tribus indgenas de la cuenca del Amazonas represent la explotacin
neocolonial del otro oro negro que para Per, Inglaterra y los Estados
Unidos sala chorreando sangre. Deca Jos Eustasio Rivera que cuando l
denunci la tragedia de la explotacin del caucho en su novela, los
magnates decan que eran cosas de La vorgine; cuando las mismas
crueldades fueron denunciadas ante las autoridades peruanas en 1900, las
negaron, y as salan en defensa del buen nombre del Per; decan que
slo se trataba de problemas fronterizos. En cuanto al Brasil, dejaban
hacer y dejaban pasar porque, al fin de cuentas, el caucho les representaba
en 1910 el 25% de sus exportaciones. Y fue en el extranjero, en Londres no
en Colombia, Per, Brasil, Bolivia, Venezuela..., en donde se clamara por
la tutela de los indgenas; all funcionaba la Sociedad Antiesclavista y
Protectora de aborgenes, para que los gobiernos de Inglaterra y de los
Estados Unidos pusieran fin a esa gran vergenza del siglo XX en que se
haba convertido la explotacin del caucho en Amrica del Sur. Pero en
vano; Charles Goodyear necesitaba el caucho para proveer de neumticos a
los dos millones de coches anuales que produca su amigo Henry Ford, en
1921, en sus factoras levantadas en los cinco continentes. No es gratuito
que en el Manifiesto del Partido Comunista se diga que: por donde quiera
que se lo exprima, el capitalismo chorrea sangre.

Cuando en septiembre de 1907 el vapor llamado El Liberal, de la Casa
Arana, lleg a Iquitos, el peridico local La Sancin lo recibi con cajas
destempladas:

      El Liberal, vaporcito de la Casa Arana, ha trado del Putumayo 93.000
      kilos de goma elstica.

      Cuntos latigazos, mutilaciones, torturas, lgrimas, sangre,
      asesinatos y desolaciones representar tal goma!!!

      Y los miserables que disfrutan de ese dinero maldito, as como sus
      asquerosos defensores, aquellos que roen el hueso descarnado que les
      arroja la casa criminal, cun tranquilos estn y de cunta impunidad
      gozan..!!! (17).

La ola de explotacin destructiva, dice Tulio Enrique Donghi en su libro
Historia contempornea de Amrica Latina, avanza as sobre la Amazona
peruana destruyendo las plantaciones naturales y tambin todo el modo de
vida de poblaciones neolticas, arrojadas a participar en la economa del
siglo XX mediante el doble estmulo del alcohol y el terror (18). En
nombre del catolicismo, primero; en nombre de la civilizacin, despus; en
nombre del modernismo, al fin, el indgena durante ms de quinientos aos
no ha hecho sino representar en Amrica la pasin del inca Tupac-Amar:
descuartizado por los cuatro caballos de la muerte a la espaola que
tiraron de l y arrastraron sus brazos y sus piernas por las cuatro
esquinas de su Amrica.

                                     *

Los gobiernos latinoamericanos, para desembarazarse de sus obligaciones
educativas frente a los indgenas habitantes de las selvas, optaron por
entregar la educacin de ellos a los misioneros catlicos y a los del
Instituto Lingstico de Verano. A finales de siglo (1897) el misionero
franciscano fray Gabriel Sala, citado por Emilio Serrano Caldern de Ayala
en su libro Los olvidados (Premio Casa de las Amricas 1992), propone que a
los indios campa de la selva central peruana, para que aprendan a
comportarse, hay que hacer lo que se hace en todo el mundo, echarles bala
y aplicarles el terror y el castigo moderado para que se vean obligados
a recurrir a la piedad del padre misionero, y as pueda ste ejercer,
como Dios manda, su divino ministerio; pero no slo a los selvcolas, a
los serranos tambin hay que inclinarles la voluntad aunque sea a
garrotazos a fin de que tarde o temprano se les ilustre y abra el
entendimiento (19).

Prevalidos del rgimen concordatario de la Ley 89 de 1890 que entreg el
co-gobierno de los territorios nacionales a las misiones catlicas, del
Convenio de Misiones de 1902, y nutridos con los $16.000.000.000 que
anualmente les entrega el gobierno colombiano del presupuesto de la nacin
(no toda catlica), los misioneros catlicos se han convertido en
verdaderos amos de indios en los territorios nacionales, en donde, como
dicen los indgenas bolivianos, seorean como resultado de la colonizacin
cerebral cristiana. El espritu seorial de los misioneros no les permite
comprender que el catolicismo no es el nico telescopio para mirar al
cielo. La civilizacin exige el respeto por las diferencias, por el otro
que no cree, no piensa, no suea, no construye sus mundos exteriores e
interiores con la misma visin de los dems; pero esto no lo admite el afn
proselitista e ideolgico de la Iglesia. No lo admite el catolicismo que a
rajatabla quiere entrar a posesionarse del universo indgena, de su
cosmovisin y de su alma, combatiendo sus creencias y sus prcticas
rituales y mgicas en donde no ven sino manifestaciones de sus explcitos
pactos con el diablo.

Pasando como enviados de Dios, los ministros catlicos y protestantes no
hacen sino representar en este siglo el papel de nuevos encomenderos: se
les ha entregado, por concordatos con la Santa Sede y por los convenios con
las misiones catlicas y protestantes, las tres cuartas partes y hasta la
mitad de los pases latinoamericanos para que cristianicen a sus
indgenas, los eduquen y los reduzcan a la civilizacin. Pero educar,
civilizar y reducir a los indgenas, sin respetarles su cultura, sus
derechos humanos, su cosmovisin, su derecho a la tierra, su acceso libre a
la tcnica y a los modos de vida contemporneos, es ejercer otra violencia
contra ellos y condenar al fracaso la supervivencia de una parte de la
humanidad que, como ninguna otra, no desea sino vivir en perfecta alianza
con la Tierra y con el Cielo que no es otra cosa que el sueo de todos los
hombres de ser felices en algotra parte.

As es que los postulados liberales de igualdad, libertad y fraternidad,
prometidos por las repblicas democrticas a todos los ciudadanos, es una
triple mentira predicada al indgena, una afrenta a todos los hombres
humildes sin pan, sin techo, sin salud, sin educacin, sin trabajo, sin
voz, sin voto. La misma manera como las llamadas democracias
latinoamericanas democracias cuyos cadveres, deca Fidel Castro, ha visto
desfilar muchas veces han venido educando al indio, no ha sido sino la
preparacin para su dependencia, para su aniquilamiento como etnia, para
una final aculturacin que lo obligue al fin a dejar su ser indio y
parecerse que no igualarse al blanco que, como es presentado, es la suma
de la generosidad, de la inteligencia, de la religiosidad, de la belleza y
del valor. En ltimas, educar, civilizar y reducir al indio; decirle, de
dientes para afuera, que es igual a todos, no es otra cosa, como dijo Jean
Monod, que meterlo en cintura. Cierto, educar al indio desde afuera de su
universo es meterlo en cintura para que entregue la tierra o no la reclame,
para que no eche a andar su pensamiento libre, para que no se organice por
su cuenta en la bsqueda de su propio futuro y de los medios para rescatar
y revalorar los logros inmensos de su cultura espiritual, poderosa, rica, y
que no rie sino con la intolerancia, la incomprensin, el fanatismo, la
perversidad, la ambicin y la violencia de los intrusos llamados
conquistadores, encomenderos, libertadores, misioneros institutos
lingsticos, narco-terratenientes, narco-guerrilleros, paras, soldados y
policas; todos aunados por un objetivo comn: reducir al indio, en nombre
de qu? Conmovido Juan Montalvo por la triste condicin del indio de su
pas, deca que si su pluma tuviera el don de lgrimas y escribiera un
libro titulado El indio, hara llorar al mundo...



Notas

 1. GARCA, Antonio. La estructura de atraso en Amrica Latina, citado
    por TORRES ACOSTA, Hugo. Elementos crticos para una nueva
    interpretacin de la historia colombiana, Bogot: Tupac-Amar, 1974, p.
    109.

 2. JARAMILLO ARANGO, Pablo. Al margen de la legislacin espaola. Bogot:
    guila, 1937, p. 70.

 3. HANKE, Lewis. La lucha espaola por la justicia en la conquista de
    Amrica. Madrid: Aguilar, s. f.; p. 154.

 4. KEITH, Shirley. Los indios de Amrica del Norte: un pueblo en vas de
    desaparicin, p. 19-36. En: El etnocidio a travs de las Amricas.
    Mxico: Siglo Veintiuno Editores, 1976; 365 p.

 5. HANKE, Op. cit., p. 44.

 6. JARAMILLO ARANGO, Op. cit., pp. 61-62.

 7. Citado por VILLAMARN, Homero, En: Geografa e historia del Ecuador.
    Quito: Don Bosco, 1970; p. 216.

 8. ASPURUA, Ramn y BLANCO, Jos Flix. Documentos para la historia de la
    vida pblica del Libertador. Caracas: Ediciones de la Presidencia de
    la Repblica, 1978; p. 147.

 9. SAMPER, Jos Mara. Ensayo sobre las revoluciones polticas. Bogot:
    Universidad Nacional, 1969; p. 62.

10. SILVA HERZOG, Jess. Breve historia de la Revolucin Mexicana. Mxico:
    Fondo de Cultura Econmica, 1986; p. 14.

11. Ibid. p. 14.

12. NIETO ARTETA, Luis Eduardo. Economa y cultura en la historia de
    Colombia. Medelln: Oveja Negra, 1975; pp. 153-154.

13. SILVA HERZOG. Op. cit., p. 44-45.

14. REED, John. Mxico insurgente. Madrid: Sarpe. 1985; p. 157.

15. MEYER, Jean. El problema indio en Mxico, pp. 55-83. En: El etnocidio
    a travs de las Amricas. Op. cit.

16. SERRANO CALDERN DE AYALA, Op. cit., p. 29.

17. OLARTE CAMACHO, Vicente. Las crueldades de los peruanos en el Putumayo
    y el Caquet. Bogot: Imprenta Nacional, 1932; p. 167.

18. DONGHI, Halperin. Historia contempornea de Amrica Latina. Bogot:
    Crculo de Lectores, 1981; p. 247.

19. SERRANO CALDERN DE AYALA, Op. cit., p. 30.

** Carlos Bastidas Padilla
   tantalia@latinmail.com
   Docente colombiano. Es profesor en la Universidad del Cauca
   (http://www.unicauca.edu.co/ucauca). En 1975 obtuvo el Premio Casa de
   las Amricas con el libro de cuentos Las races de la ira. Entre otros
   libros, ha publicado El intrpido Simn, novela histrica juvenil sobre
   Simn Bolvar; La cancin del haragn, novela juvenil; rase una vez el
   libro. La historia del libro contada a los nios como un cuento; La casa
   de Tntalo, mitologa griega, y Permtame que la muerda, seorita,
   cuentos humorsticos.



|||||||||||||||||||||||||||||||    LETRAS    ||||||||||||||||||||||||||||||

   *** Adorables enemigos
       Mara Anglica Franco Fras

   *** Poemas inertes
       Manuel Cabesa

   *** Los hombres de la ley
       Patricia Romana Brcena

   *** Poemas
       Martha Espejo

   *** Amor de frutas
       Sergio Llorens

   *** Tres textos de Mooning over Water
       C. A. Campos

   *** El libro sabio
       Yvette Schryer

   *** Cuatro poemas
       Nohem Hinojosa Rivera

   *** Cupido acrbata
       Luis Xeiroto

   *** Ahora que el amor se me instala
       Nuria Ruiz de Viaspre

   *** Historias de otro mundo
       Hctor Javier Pea

   *** Poemas
       Luciana Andrea Mellado

   *** El loco
       Pablo Mendieta Paz

   *** Poemas
       Fred More

   *** El encuentro
       Mercedes lvarez Gutirrez

   *** Tres poemas de Oscuro nacimiento
       Gonzalo Mrquez Cristo



=== Adorables enemigos      Mara Anglica Franco Fras ===================

      A mis queridsimos amigos Luisfer Benedetti y Fernando Nomi Navarro

                                                Hace tiempo tuve una amiga,
                                                 a la que quera de verdad,
                                       una princesa que andaba a dos pasos,
                                                 de sus zapatos de cristal.
                                   T por m, Cristina y Los Subterrneos

Al comenzar esta historia, todos tenamos diez aos largos. Al ltimo curso
de la primaria, entr una nia que habra de convertirse en una de mis
mejores amigas, curiosamente, aportara ms que su amistad a mi vida
infantil; ramos primas, y a su vez, era prima del que habra de ser el
primer amor de mi infancia, el cual, vindolo bien, no puede ser
considerado literalmente como tal, ms bien fue una mera ilusin, alguien
con quien poda identificarme a tan temprana edad.

Mi compaera de curso result ser una excelente compaera de juegos, era
divertida, creativa, chistossima, duea de un repertorio de picardas y
maldades propias de quien se cra entre un montn de primos y primas
contemporneos. Fsicamente, no podamos ser ms distintas: ella es rubia,
de cejas y pestaas clarsimas, ojos verdes, muy delgada. Al ser su
anttesis, pareca inverosmil que nos uniera un parentesco no tan remoto;
pero eso no importaba, al llegar las vacaciones, me invitaba a jugar por
las tardes de enero a su casa, de la que era reina indiscutible, y yo
acuda puntual al compromiso, divirtindome ms en cada visita. En un
barrio en el que ahora predominan los edificios, tenamos no slo el enorme
patio para correr a nuestro antojo, sino todo un callejn en el que los
vecinos la adoraban y ms primos vivan a la vuelta. Coincidamos en
primeras comuniones y fiestecitas de cumpleaos, por lo cual el vnculo
entre nosotras y otras nias conocidas se afianz. Sin hermanos ni
hermanas, nunca antes haba tenido tantas amigas de mi edad con quienes
compartir. Me senta dichosa.

Una maana, de regreso al colegio, esperando el bus en el mismo paradero de
otra compaera de curso, estaba sentado l. Muy bien peinado, seguramente
acicalado por su mam, con el uniforme limpio y un aire de resignacin en
la cara... Otro largo da en Turbaco! pareca transmitir en su contrita
mirada gris. Mi corazn dio un vuelco. Era el muchachito ms lindo que
haba visto en mi vida (lo que me faltaba por ver...) y era gordito. Como
yo.

Pronto supe ms cosas de aquel que me arrancaba suspiros, sorprendindome
del paralelismo de nuestras existencias: ambos ramos hijos nicos, mimados
de nuestros respectivos abuelos, a los que acompabamos a hacer mercado y
propietarios de sendas mascotas de negro pelaje, su perrito era un cocker
spaniel, el mo era un furibundo pekins enrazado quin sabe con qu otra
estirpe canina.

Confes a mi amiga mis sentimientos y ella correspondi el abrirle mi
corazn de casi once, con inesperada solidaridad. No slo era su prima,
sera su cuada, pues los haban criado para quererse fraternalmente. Eso
nos uni aun ms. Me regal una foto de ellos dos y su hermano mayor,
tomada durante una visita a Orlando, escogida entre instantneas que los
mostraban trepados en el lomo de un elefante y con las caras pintadas de
payaso. Con dedicatoria al respaldo, la atesor como el ms preciado bien.

En esos felices das, mi amiga y yo inventamos un pequeo peridico
ilustrado, en el que cada uno de nuestros amiguitos era representado con su
propio personaje de caricaturas; tambin aprendimos a tejer con dos agujas,
labor que practico hasta la fecha. Nos disfrazamos de griegas para un
montaje de la Odisea para el da del Idioma y la llamaba Nausica, igual que
la ninfa de la epopeya.

Cmo pasar por alto los regaos que nos ganbamos por las interminables
llamadas telefnicas que sostenamos, para comentar los libros que nos
estbamos leyendo. En Navidad, el Nio Dios me trajo a Jim Botn y Lucas el
maquinista, de Michael Ende, autor de La historia sin fin, la cual me haba
visto en cine. A su vez, ella lea con deleite Charlie y la fbrica de
chocolate. Algo bonito puedo rescatar de esa experiencia literaria: fue
ella quien me prest el relato que tanto disfrutaron mis ahijados, Adriana,
Juan Luis y Orlando Mario, veinte aos despus. Adry tiene los dos tomos de
la historia, La fbrica de chocolate y Charlie y el gran ascensor de
cristal, escritos por el gals Roald Dahl.

Pero fue Alan y Noem el libro que marc nuestras mentes que entraban a la
adolescencia, despertando en un mundo lleno de conflictos de toda ndole,
marcado por las secuelas de la violencia de dos guerras mundiales. Claro
est que la cita del texto que repeta constantemente mi compinche era:
Oye, Condello encanto, no te mees en la cama esta noche!.

Al entrar al bachillerato, perdimos algo ms que las tirantas del uniforme.
De repente, un clima de malestar nos rondaba. Empezaron los cotilleos, a
los que trataba de hacer caso omiso: Ella habla mal de ti.... No
obstante, hubo algo que no pude ignorar. Cierto da me cont que si bien
ramos parientes, la rama a la cual pertenezco haba sido borrada del rbol
genealgico familiar. El motivo lo supe a punto de llegar a la mayora de
edad, de labios de mi abuela, fallecida unos cuantos aos despus.

Alguien, no s quin, le sape a l que me gustaba. All empez mi camino
de espinas. Me detestaba. Creo que si un genio de la lmpara le hubiese
planteado como deseo, el poder desaparecer de la faz de la tierra a la
persona que quisiera, sin pensarlo dos veces, hace rato no estuviera por
aqu. Un poco apabullada al principio, dolorida, pero sin demostrarlo del
todo, decid contraatacar. Si se cambiaba de banca en la iglesia, al
advertir que ocupaba el puesto detrs del suyo, o si no me contestaba
cuando le preguntaba algo trivial; que se atuviera a mi ofensiva, contaba
con seguidoras que acolitaron la guerra sin cuartel en la que me vi
enzarzada.

En una ocasin estuve a punto de dimitir, al verlo sentado absorto, con la
mano bajo la barbilla, en el muro de la entrada de la casa de su primo,
atrapada en un monumental trancn, viniendo del trabajo de mi mam. El ms
mnimo movimiento poda delatar mi presencia, y no me convena que ni l ni
ella se dieran cuenta de mi nerviosismo. No haca mucho, me haba pegado
tremendo sermn por escaparme de la clase de ballet, para ir a verlo
jugando en los jardines de las casas de la segunda avenida; advirtindome
que no tena que estar prestando atencin a un culicagado.

La pice de rsistance fue el da del cumpleaos de mi amiga. Vindolos en
la cocina, se me ocurri acercarme a pedirles un vaso con agua, para
refrescarme, luego de correr de arriba a abajo por toda la casa, driblando
un baln de basket y bailando con las otras invitadas, El jardinero.
Tanto l como el hermano de la cumplimentada, no daban crdito a semejante
osada. Refunfuando, no slo me dieron el mentado vaso, sino que l le
aadi unos cubos de hielo. Contenta? me espet enfurruado. Contenta
no, feliz. Me haba salido con la ma.

Para devolver tantas y generosas atenciones, se me ocurri invitar a varias
de las asistentes a la fiesta y a su anfitriona a jugar a mi casa el ltimo
viernes antes de finalizar las vacaciones de mitad de ao. Dispuse todo
para la reunin y me vi, al caer la tarde, plantada. El cumpleaos de una
primita de mis invitadas hizo que olvidaran el compromiso, yo tambin
olvid la fecha, pues estudiaba con nosotras en el mismo saln.

Retomando nuestra rutina acadmica, continubamos yendo juntas a visitar la
casa de la nica de nuestras condiscpulas que tena piscina y asombradas,
observbamos impotentes cmo la zapatilla de Dayana se hunda en el agua
azul, sin atrevernos a rescatarla. La dej varias veces ms en su casa,
regresando de fiestas a las que empezaban a asistir nios. Una noche, su
abuelo la estaba esperando para alzarla en brazos y decirle: Lleg la
linda! su abuelo, primo del mo, que muri meses antes de mi nacimiento.

De repente, ella empez a cargar con las angustias de los adultos de su
entorno, y se reflej no slo en su humor, sino en su rendimiento. Una
maana mi pap apart la vista del peridico y me dijo que al pap de mi
amiga, las cosas no haban salido como lo haban previsto y que eso tendra
consecuencias. Ella hablaba que era probable que el ao siguiente no
estudiramos juntas y la idea me llenaba de tristeza. Haca unas trenzas
maravillosas con esas manos de porcelana, adems de lo dura que era la
perspectiva de perder a una amiga tan especial.

Nos llevaron a visitar la Exposicin Cientfica en la seccin masculina del
plantel. La advertencia de la maestra antes de entrar fue: Comprtense
como nias calmadas. A lo que Silvana replic por lo bajo: Ni que nos
furamos a poner arrechas con razn estoy a favor de brindar a mis futuros
hijos una educacin mixta. Pas mucho trabajo estudiando slo con mujeres.

El nico puesto de la feria de la ciencia que visit fue el dedicado a
Guglielmo Marconi. Escuch la explicacin una y mil veces, hasta grabar
cada una de las palabras que pronunciaba impersonalmente el esquivsimo
objeto de mi afecto, el que para mi sorpresa, no dio seales de suspender
su presentacin, pese a que me tena sembrada al frente suyo. Repiti las
palabras que haba memorizado como un loro, mientras convidaba ms y ms
compaeras a que lo vieran disertando. Fue una de las muestras ms
concurridas, se mereca una medalla al valor civil, ms que el primer
premio de la exposicin, porque el aparatito que haca las veces de
telgrafo no pareca funcionar muy bien.

Como seguamos hostigndolo por turnos por las tardes, suplic clemencia
con un: Dejen de estar jodiendo... fue un ruego desesperado, al que
hicimos caso a medias.

La sesin solemne de fin de ao que tendra la escuela de baile a la que
asista mi amiga, se acercaba. Bailara cha cha ch y no s que otros
ritmos. Me pidi que fuera a verla ensayar. Llegu temprano, estuvimos
hablando en la puerta. Quedamos de vernos esa noche en la presentacin de
las comparsas de las pasadas fiestas de noviembre, cuyas boletas estaran
destinadas a recoger fondos para obras sociales. Estaba ilusionada por la
llegada de un nuevo hermanito o hermanita que esperaba su mam, a la que
siempre saludaba efusivamente cuando me contestaba el telfono. Esa tarde
su mam me increp, alegando estar harta de mis embusteras. Slo
recuerdo esa palabra y el llanto. Nunca supe qu pas, ni por qu ella me
gritaba como una posesa, al mejor estilo Linda Blair en El exorcista...
Seran las hormonas enloquecidas por el embarazo, o que su hija dijo que
iba para clase donde Betty Taylor y se vol para otro lado, sin permiso? El
chofer lleg a buscarla y no la encontr...

Dnde se habra metido? Todava desconozco cmo llegu a ser parte de tan
disparatado enigma.

Asist a la presentacin como desde la tercera dimensin, con los ojos
ardindome por las lgrimas derramadas y contenidas, concentrndome ms en
mirar el enorme brillante que luca la esposa del radilogo que tom las
placas con las que el especialista dictamin prescribirme calzado
ortopdico. Nunca ms he ido a un evento auspiciado por las Inspectoras
Cvicas.

Los arranqu de mi corazn. Out of sight, out of mind (Fuera de la vista,
fuera de la mente). A ella no la vera ms pues era oficial que dejaba el
colegio para irse a estudiar con las monjas. A l me tocara enfrentarlo
unas cuantas veces ms.

Mi universo pueril se vera poblado por nuevos habitantes, del sexo
opuesto. Partes de ste eran mis dos amigos del alma de la adolescencia,
quienes brindaron consuelo a mis penas y me ofrecieron una nueva identidad:
Zoad (primognita, en rabe). El sobrenombre no era de mi agrado, por lo
que se arraig ms, hasta perder mi personalidad. Slo algunos compaeros
de colegio todava me llaman as y ya no me disgusta. Al Zoad le fue
agregado Girl always getting problems (nia que siempre est metindose
en problemas), como recordatorio de los recientes infortunios que acababa
de vivir. Me consta que me defendan, sobre todo la vez que tuvieron que
retarlo, por mi irnico comentario afirmando haber sido noviecitos de
manito sudada. Lo dije de pura mala, porque hasta all llegaban mis ms
descabelladas fantasas de lo que poda ser un par de novios de trece aos.
Por supuesto, l lo neg con la mano en la Biblia y retorcindose del asco.
Esa era la idea. En mi peculiar opinin, sostener un romance a esa edad, se
reduca a que me dejaran participar de los divertidos juegos de varones, de
los que estbamos completamente excluidas.

A mi pretrita amiga pude confrontarla cuando, aniada, con traje de lazo
en la espalda y medias con encajitos a juego, me la tropec en la fiesta
del reinado de la alegra en el Hilton. La conmin a que me dijera qu
haba pasado, a lo que respondi que nuestra profesora haba ido hasta su
casa a decirle a su mam que no nos dejara ser amigas. La dej en paz, di
media vuelta y hasta el da de hoy nunca ms hemos vuelto a cruzar palabra.
Nunca me molest en corroborar sus aseveraciones, ni siquiera cuando una de
sus primas intervino conciliadora, aduciendo que eran peleas entre nias y
que haba que dejarnos resolverlas solas. Me invit a su fiesta de
cumpleaos. Fui con miedo y con guardaespaldas. Mi mejor amigo, se coma
las aceitunas que me pasaban en una bandeja, las que no me atreva a probar
por temor a intoxicarme. Ninguno de los dos primos asisti a la
celebracin, en la que las parejitas bailaban los merengues de Cuco Valoy y
Holliday, cantado por Madonna.

Lo ltimo que supe de l fue el remate de un ciclo trgico: sus paps se
separaron. Y me coloc el ms horrible, humillante y repugnante apelativo
que no me es posible repetir. Cada vez que alguna de esas compaeras
quera hacerme dao, lo sacaba a colacin. Conteniendo bruscamente las
putrefactas palabras, con el correr del tiempo, ya nadie ms volvi a tocar
el tema. Fue condenado a olvido forzado.

Una gran oportunidad me lleg a los diecisis aos. El Grupo de Teatro
buscaba miembros para montar una obra musical, basada en una historia de la
autora del rector del Gimnasio Cartagena. Recuerdo estar sentada en el
patio del preescolar Alborada, esperando mi turno para audicionar. El
tambin esperaba y la suma de todos mis temores se materializ. Imaginaba
que, de ser seleccionada, me hara la vida imposible, que volveran las
risitas crueles y los cuchicheos a mis mal disimuladas espaldas. Presa de
un ataque de pnico en la audicin, no pude cantar ni una estrofa. Por su
parte, recibi un ejemplarizante regao de parte del director musical, por
cantar el rap Mi abuela. Tachndolo como un ritmo tono, el tambin to
de mi ex amiga lo amonest inicialmente, pero le dio el papel del Cura de
la obra. Fui la ta solterona Guillermina, cantaba mi propia parte al
final, nos presentamos en el Teatro Amira de la Rosa en Barranquilla y el
montaje transcurri en santa paz, pues he de decir con toda honestidad que
nunca tuvimos ni un s ni un no.

Estaba casi para graduarme de bachiller y l se qued rezagado unos cuantos
cursos. Lo escuch cantar vallenatos, a do con su primo que haca el papel
del loco del pueblo. No tena mala voz.

La observ rabiosa, al verme parada en la puerta de la casa de su abuelo
buscando a mi amiga Mara Paula, quien entr un instante a la tradicional
celebracin que todos los aos llevan a cabo por las fiestas de la
Candelaria. No le prest ni cinco de atencin, su ceo fruncido me tena
sin cuidado.

La noche de la ltima presentacin de la obra, tuvo que ser sustituido por
una fractura en la pierna. En muletas, fue a vernos. Al final, ya despojada
del maquillaje y el talco que converta mi largo cabello negro de teenager
en la canosa cabeza de una incauta anciana pueblerina, me encontr frente a
frente con l. Le pregunt cmo se senta y respondi corts que estaba
mejorando. Se despidi con una educada inclinacin de cabeza. Respir
aliviada.

Hace diez aos tuve la mala pata de dejar entrar en mi vida a alguien a
quien mejor me habra valido no haber conocido, no porque tenga algo en
contra suya, sino porque no era ni el lugar ni el momento para tratarnos.
Esta persona trajo a la palestra a mi antiguo adversario, aquel entraable
y desaliado Nmesis, comentndome que su compaero de universidad (los
tres tenemos la misma profesin) haba sacado a relucir un presunto vnculo
en la pubertad, que para estupor de mi dolor de cabeza (en casa no saban
que nos frecuentbamos), me atreva a negar. No daba crdito a sus
palabras: Pero si l me detestaba! mi infructuosa defensa slo logr
desatar aun ms su hilaridad.

No me quedaba ms remedio que entornar la mirada por fsica vergenza,
cuando l saludaba a mis amigas. Alguien ms saba mi secreto. Hoy lo
recuerdo y me muero de la risa.

Paulatinamente, a ella dej de verla. Se cas y su foto sali en el
peridico. Ni idea qu fue de su vida.

Trabajando en un evento nacional, coincid con l. Tuve que escuchar a mi
amigo y testigo de tantos avatares decir: Cmo da vueltas el mundo, al
agotar todos los recursos que me impedan cambiar un billete de alta
denominacin e intercambiar unas palabras que salan a trompicones de mis
labios y a l le fluan con naturalidad. Ahora, era flaca, y l segua
vindose como a los once aos.

La ta de ambos, bajo cuya gentil mirada corramos alrededor del rbol de
caucho de la casa de mi compaera de andanzas, me cuenta que tuvo una nia,
que cuando su sobrina viniera a visitar la ciudad, no dejara de irla a
conocer. Sonre con tristeza y nostalgia. Me alegr por ella.

Lo vi saliendo de una bomba de gasolina y me asombr verlo incmodo consigo
mismo, como si el verdadero l luchara por salir de su interior. No s si
era el clima, pero se vea fatigado, a punto de tirar la toalla.

Con asombrosa complacencia lo vi ya convertido en otra persona, pero en el
fondo, sigue siendo el mismo muchachito de ojos grises que me rob el
corazn hace veintin aos. Me pregunto, sin cuestionar para nada su
apostura: ser que siempre lo percib as como se ve ahora? De algo estoy
segura, yo, ex gorda confesa y flaca impune desde hace aproximadamente ocho
calendarios: ms que amor de cachorritos o traga maluca, lo que vea en l
siendo nios, era alguien con quien identificarme, pues pese a no cumplir
parmetros estticos establecidos, se poda ser lindo por lo que se es como
ser humano. Cre ciegamente en eso porque, a esa tierna edad, a l le
interesaba cualquier cosa menos prestar atencin a las carantoas de una
carajita voluntariosa. Demasiados rboles de caimito y mango en que trepar,
buscapis por estallar con guante de seguridad y cabalgatas a las que
asistir, nos separaban.

Los sbados lo veo saliendo de su especializacin, en el saln contiguo al
taller de escritura creativa del que soy miembro. La cara de puchero que
pone al hablar con sus colegas es la misma que pona al esperar el
transporte escolar casi rayando el alba. Finalizada la ltima sesin, salgo
del campus con rumbo al supermercado. Va un poco ms adelante, slo que
esta vez no lo sigo, simplemente tomamos el mismo camino. El otro da pas
en su camioneta por la puerta de mi casa.

** Mara Anglica Franco Fras
   mfrancofrias@yahoo.es
   Abogada colombiana (Cartagena, Bolvar, 1974). Egresada de la
   Universidad de Cartagena (http://www.unicartagena.edu.co). Ha publicado
   relatos y artculos en Semana (http://www.semana.com), Letralia
   (http://www.letralia.com), Destiempos (http://www.destiempos.com),
   Revista Literaria Remolinos (http://es.geocities.com/revista_remolinos)
   y Caasanta (http://www.canasanta.com). Mantiene una bitcora personal
   en http://mariafrancofrias.blogspot.com.



=== Poemas inertes      Manuel Cabesa =====================================

                                                     Los poemas inacabados,
                                  los poemas que se abandonan como derrota,
                             dejan sus imgenes en algn rincn desconocido
                   donde poco a poco se va formando solitario otro poema...
                                                           Roberto Juarroz.

*** Potica

Cul ser la palabra que me sea fiel

Cmo hablar de m sin mentir
sin mentirme

Desconozco el arte de escribir mi historia
sin que al hacerlo
no me convierta en otro fantasma
herido en la imaginacin



*** Pjaros que una gran afinidad
    mantienen en los confines del hombre

Mientras vuelan
los pjaros
van trazando su secreta escritura.

El hombre
incapaz de descifrar su mensaje
prosigue su camino
sin alzar la mirada.

Ignora que su destino
est escrito
               sobre el pergamino del cielo.



*** Por afuera ests dormida
    y por adentro sueas

La que all duerme suea que va descalza
cruzando un bosque de espuma.

Desde mi vigilia la miro dormir
entregarse desarticulada
al placer de juntar estrellas.

La que all duerme
ha olvidado su cuerpo dormido
ahora viaja entre fulgores y tormentas.

Trazo lneas de grave escritura
con la esperanza de asir
las visiones de su sueo.

La que all duerme
se encuentra lejos de su cuerpo
que horizontal yace a mi lado,
como una casa habitada por sueos.



*** Memorial de intemperie

Cuntas palabras
sin refugio
cuntos gestos
cuntas miradas
hallarn
su eco
entre la niebla
del olvido



*** Luna de enero

Como un viejo surrealista
te nombro ms all del sueo.

Carnero celestial.

Arcngel de la sangre.



*** Nocturno

Ebrias voces melanclicas
recuerdan una triste historia de naufragios.

Me pregunto
cuntas soledades habrn cubierto
los cuerpos de nostalgia

A esta hora la risa ntima
de un ngel
ha descubierto para m
la lejana sensacin de un amor tardo.

Mientras
afuera la noche duerme
solamente.



*** Cruce de caminos

Del mismo barro que somos
estn formados nuestros caminos.

Largas veredas como aos interminables.

Algunas veces
estas sendas se cruzan
uniendo dos soledades.

Luego cada cual prosigue su marcha
llevando consigo un recuerdo
como nico equipaje.

Ninguno se permite
entonces
mirar hacia atrs.

** Manuel Cabesa
   hjsherman@hotmail.com
   Narrador, poeta y ensayista venezolano (Caracas, 1960). Perteneci al
   Taller de Poesa del Celarg y ha colaborado con las principales pginas
   literarias de la regin y del pas. Ha publicado el poemario Vida en
   comn (1985), la antologa El acto y el lugar de la poesa. Una
   antologa de arte potica venezolana (Maracay, 2002) y el libro de
   cuentos Falsificciones (Villa de Cura, 2004). Reside en Maracay, Aragua.



=== Los hombres de la ley      Patricia Romana Brcena ====================

Ayer agarraron al Bulmaro los hombres de la ley. Dicen en el pueblo que lo
demos por muerto. Pero su mujer est tranquila porque Bulmaro s entiende
de leyes y va a salir vivo. Yo no lo creo. Los hombres de la ley siempre
nos trajieron desgracias. Mi agelo nos contaba que antes no haba
problemas en el pueblo, que la pobreza se soportaba porque el sol y la
lluvia hacan crecer el miz y con eso tenamos pa comer, nanque nos
faltaran trapos pa taparnos del fro. Ese Bulmaro es valiente, se les puso
cara a cara y le echaron el ojo. Los hombres de la ley tienen malos piensos
de nosotros, creen que somos malos, pero qu va, ac la gente es de fiar,
nadien abusa del otro a la hora de repartir la cosecha. Lo malo fue cuando
nos cambiaron el grano por dinero y cuando trajieron esos papeles que
disque dicen que esta tierra no es nuestra. Ya ni la friegan, pos de quin
va a ser si aqu nacimos, y antes ac vivan nuestros agelos y los agelos
de ellos. Yo no creo que haigan vendido la tierra sabiendo que sus hijos y
sus nietos no tenan pa onde irse. Somos de ac. La tierra que sembramos es
nuestra. El sol y la lluvia s son pa todos y a todos nos alcanzan, qu
no? Lo que pasa es que a los hombres de la ley no les da por trabajar,
noms quieren la ganancia. Yo la meritita verdad no entiendo nada de la
ley, que disque es muy importante. El Bulmaro s la sabe porque jue a
aprender muchas cosas al pueblo grande, por eso vino tan cambiado. Nos
deca cosas re bonitas de nuestros derechos y de nuestra lucha. Ya ni me
acuerdo qu tanto deca, pero los ms mayores s le entendan y le dieron
su apoyo pa organizar la protesta. Yo siento rete bonito cuando marchamos
todos juntos por la democracia, nanque no entiendo bien qu es eso. Jui
porque me hartaron los hombres de la ley con sus mentiras, disque nos iban
a dar pa medicinas y pa que estudien los nios, pero lo que hicieron fue
arrebatarnos la tierra y dejarnos sin escuela.

Bien trajiaditos se presentaron en la plaza pa pedirnos que votramos por
las selecciones. Pero tambin bien tontos que son porque ac ni tarjetas de
votar tenemos. Nos dieron lminas pa taparnos de los aguaceros, frijoles en
bolsas y miz molido. Como la gente les tiene desconfianza, pos no dijo
nada, agarraron las cosas y pensaron que con eso bamos a estar tranquilos.
Qu tarugos. Los trajiados se aprovecharon pa venir a robarnos todo. Qu
cabrones viejos. Nos empezaron a joder y se burlaron de nosostros. Yo por
ms que pregunto nadien me sabe decir qu chingaos es la ley. Pa m que es
un permiso de los padrecitos de la iglesia pa que los hombres de la ley
vengan a hacer y a deshacer a su antojo. Y pa colmo, muchos hombres del
pueblo se jueron a trair dinero a Estados Unidos. Unos bien que llegaron
pero otros jueron balaciados por los polecas de la frontera. Dicen que
muchos de los que se jueron se murieron solitos porque los rayos del sol
les secaron las tripas. Vaya ust a saber. Lo que s es que hay que ser
bien bragao pa irse tan lejos a buscar pan pa los hijos, porque los que
llegan pos ta bueno, pero los que se quedan tirados por all dejan a sus
hijos pa siempre.

El Bulmaro nos contaba todo eso. A los hombres les dijo que ya no se
jueran, que mejor se enrolaran en la lucha por la democracia pa tener aqu
mismo trabajo, a las mujeres nos dijo que juramos adelante pa que los
hombres de la ley nos vieran. Bulmaro se pens que nosotras bamos a
detener la balacera, pero los hombres de la ley no se tientan el corazn
por nadien, se nos vinieron encima nanque hubiera nios y mujeres. Ya son
retihartos los muertos que vamos a llorar. Al gerito que vino a tomar
fotos, que disque pa dar testimonio, le tiraron en medio del pecho. Nos lo
mataron el mismo da que Bulmaro deca que bamos ganando. Ya ni llorando
vamos a recuperar al gero; ese s que entenda de la ley, pero no le dur
la vida pa contar de dnde a dnde iban las balas. Nosotros s lo sabemos,
pero la ley la tienen ellos, los de mero arriba, y nanque no entiendo la
ley ya voy pensando que es algo muy poderoso, como que la ley es un permiso
pa robar y pa matar sin pagar por eso. Sabr Dios, pero yo le tengo mucha
tirria a la ley, como que no es pareja. All los trajiados en sus grandes
casas se encierran con la ley, y nosotros seguimos bien jodidos sin
conocerla siquiera. Los polecas los cuidan mucho y a nosotros nos avientan
agua y gases, tambin nos sueltan disparos los canallas.

No s lo que va a pasar. La gente est enmuinada. Ya no vamos a estar nunca
en paz, y menos si matan al Bulmaro. Todo es cosa del dinero. Nosotros no
tenemos ni pal pasaje pa ir a buscarlo, y los hombres de la ley tienen bien
harto, pa pagar polecas que nos sigan asustando. Nos van a matar a todos
cuando maten al Bulmaro. Genara dice que no, que sgamos en la lucha.
Anoche que o balazos sent que me entraban en las entraas. Noms de puro
coraje voy a seguir luchando. Nimodo de hacerme a un lado como si juera
cobarde. Los que tienen harto miedo son los hombres de la ley, esos s no
salen sin polecas. Nosotros a puro pelo sin nada pa defendernos tomamos la
plaza y ah nos pasamos hartas noches pa cuidar a los maestros, que han
sido los ms golpiados, y hora se los andan llevando como si jueran
ladrones. Esos hombres de la ley no entienden que no les tenemos miedo, que
noms nos encanijan. Ni piensen que vamos a quedarnos quietos despus de
tantas cosas que le hacen a nuestra gente, y de tanta mentira que dicen de
nosotros; que si ensuciamos las calles, que si quemamos los carros y los
edificios; clarito vimos que eran del gobierno los que regaron el fuego. A
poco somos tarugos pa no darnos cuenta. Piedras s les echamos, y hartas,
pa darles a los policas en sus cabezas, pero primero les llevamos flores
pa que se dieran cuenta que no queramos la guerra; las tiraron al suelo y
se nos vinieron encima, nos baaron con sus mangueras gordas y nos dijieron
hartas majaderas, por eso no los queremos ver en la plaza ni en las
calles, que se vayan pa su cuartel. Ac noms ha de haber gente de bien,
que trabaje en sus costuras, en sus trastes de barro, en sus camisas
bordadas que venden a los que vienen de juera; gente que le guste trabajar
la tierra, y gente que no traicione al pueblo. Antes los adinerados nos
vean bien, hasta nos daban trabajo, y nanque nos pagaran poco llevbamos
la fiesta en paz, total cada uno en su lugar, pero hora se pusieron de
parte del gobierno y nos miran con desprecio. Eso duele harto. Si no juimos
a la escuela no jue nuestra culpa. Sabemos otras cosas y no somos majaderos
como ellos. Ni a los maestros los quieren que son los que ensean las
letras, pos entons qu es lo que quieren, que nos muramos pa ya no vernos.

Hora ya es como un pecado ser pobre y andar caminando por el pueblo. Vamos
a seguir marchando hasta que nos den al Bulmaro, y a los compaeros que se
llevaron lejos. Si los regresan muertos, hora s nosotros mismos vamos a
incendiar toditito el pueblo, pa que nos qumemos parejos; indios,
ancianos, maestros, mujeres, estudiantes, padrecitos y dotores, pero,
primeramente quemamos a los hombres de la ley que empezaron este pleito.

** Patricia Romana Brcena
   patriciabarcena@hotmail.com
   Docente mexicana (Mxico, 1952). Maestra especialista en audicin y
   lenguaje. Es subdirectora de la revista literaria Al Margen
   (http://www.almargen.net) y miembro activo del club "La Pluma del
   Ganso". Colabora en las revistas Navegaciones Zur y Actualidades
   Educativas. Es directora de Cultura de la Asociacin de Residentes de
   Las Arboledas. Ha publicado los libros Traicin al diablo; De suerte,
   amor, honor y muerte; La noche del nuca; Los cuentos de la Romana y
   Largas historias en textos breves.



=== Poemas      Martha Espejo =============================================

*** Ajena

Me siento como la punta de un lpiz
sin punta
soy barro poblado por las hormigas
moldeado por las manos de un mago
que saca y saca conejos, abejas y mangos
     de un zurrn
para alimentar a otros,

me oigo cacofnica
no tengo nombre
de da slo duermo
el sueo de los vagos
soy noctvaga
alma errante que baila
en la luna nueva de la vida
en la que no existo,

estoy,
no estoy,
slo deseo ser.



*** Ausencia

Amo desde mis sueos ocultos,
lo recndito que nos une es lo que no est,
lo desierto de tus palabras
lo inexpresivo de tus manos,
el nombre ya olvidado.

Hoy te escribo, con la ansiedad de tu mirada que no me mira
con el recuerdo de lo que no hemos vivido
con este amanecer que se persigue.

Hoy te escribo para recordarme a mi misma lo mucho que extrao
tus pasos que no he odo,
tus ojos que no me han visto,
tu impaciencia que no he consumido,
tu deseo que no me aprieta,
tu voz que no me llama.



*** Morada

Morada
silencioso estircol lujurioso
furia que emerge del amante
enardecido cuerpo imperioso
rabia de los sentidos
nobleza de los sentimientos
sueos siempre inconclusos donde se guardan las necesidades,
saco sin fondo
lana que nunca termina de calentar
verano sin sol
sol que no calienta lo suficiente
agua sin sed, agua que no quita la sed
onrica realidad de los humanos
todos caemos en la tentacin que nos subyuga a un mundo que siempre estamos
buscando
la casa que buscamos
hasta nunca conseguir.



*** Tus ojos

Tus ojos ya no ven
ya no me quieren decir nada
se clavan como astillas inertes
que vacan todo, taladrando huecos.

Esos ojos que me vean
son hoy un par de plegarias mudas
resumen tu ausencia
no avistan mi clamor.

Tus ojos que me cans de besarlos
ya no me besan en tus sueos.
Despertaste y yo sigo dormida
desvalida
desnuda
triste
sin proteccin ni escondite
tremendamente vulnerable.

Tus ojos que me desvelan, parpadean ahora tranquilos
y no me ven
se mueven en todas direcciones
y nerviosos me dicen nada.
Tal vez mis ojos se han convertido para ti
en un par de rayos sin luz,
qu hago con mis ojos que an te ven,
y te respiran
y te sienten
y te besan?



*** Vieja memoria

Tu imagen cansina llega a mis ojos
como las nubes de tu extenso cigarrillo
como el color gris de tu piel,
objeto que vuelas inanimado
flotas vagando en tu morada sin epitafio.

Emerges de entre los sueos
aferrndote al pioln de la vida eterna
envuelves mi infancia en el ms absoluto
velo
del onirismo,
recreas tu propia historia en mi memoria
ubicuo
a ratos me parece que vives.

Mil aos tienes ya
y yo de tanto pensarte ya estoy llegando
a tu madurez,
duermes el inmortal sueo malva
mientras te observo
y no puedo ms que mirar tu cara con indulgencia.

Resistes en la distancia
te perpetas frente al tiempo
tu explosividad se vuelve una pelcula
muda en cmara lenta
que atajo
y rebota.

Pareces estar cansado,
viejo de tanta energa lerda,
ahora se acumulan los aos
pero quin sabe
cuntos aos le correspondern a un muerto.

** Martha Espejo
   maespejo@yahoo.com
   Politloga venezolana (Altagracia de Orituco, Gurico, 1971). Reside en
   Bogot (Colombia). Egresada de la Universidad Central de Venezuela
   (1994, http://www.ucv.edu.ve), desde entonces ha trabajado en el diseo
   e implementacin de polticas pblicas, as como al desarrollo de
   proyectos sociales orientados a mejorar las condiciones de vida de las
   personas, desde diversos organismos pblicos en Caracas. Vivi cuatro
   aos en Puerto Ayacucho (Amazonas), donde trabaj con la poblacin
   indgena local y form parte de la Red de Escritores del estado
   Amazonas.



=== Amor de frutas      Sergio Llorens ====================================

Siempre que pasaba por su puesto del mercado la miraba. Ella se llamaba
Vernica y, probablemente, olera a limones y cerezas. Su cara era
dulcsima y brillaba como la piel de una manzana recin lavada. Me enamor
de ella en cuanto la vi.

Desde que viva en el centro, cada jueves iba al mercado. Me gustaba aquel
sitio. Con esa mezcla de olores: almendras tostadas, salazones y frutas de
verano. Todo a la vez. Y todo en aquella placita. Era una delicia darse una
vuelta por all. Siempre dejaba para el final la frutera. El puesto de
Vernica era el ltimo del mercado. La mayora de las veces, compraba a los
comerciantes de alrededor. As poda mirarla con la ltima luz de la tarde,
cuando el sol no era ms que una media naranja olvidada sobre la raya del
mar.

La brisa del atardecer meca el toldo a rayas verdes y blancas, donde en
letras negras deca: Amor de frutas. Y justo al lado, estaba escrito su
nombre: Vernica. Desde lejos la vea atender entre limas, duraznos, moras,
fresas y manzanas. Cuando le pedan alguna fruta, ella atenda con calma.
Coga las frambuesas con delicadeza, las mandarinas con ternura, y los
damascos y granadas con pasin. Luego lo pona todo en el platillo de la
balanza. Lentamente. Con cuidado de no daar la fruta. Despus se la daba a
los clientes con una sonrisa.

Me met la mano en el bolsillo y saqu la cartera, estaba vaca. Vaya, hoy
que me haba decidido a comprarle algo, no llevaba dinero. Me acerqu
igualmente. Mientras mostraba inters por la fruta, o eso es lo que yo
pretenda, la mir de reojo. Estaba sentada, coma cerezas y lea un cuento
de Mario Benedetti. Su pelo era oscuro, lo tena mojado, hacia atrs. Unas
cuantas gotas de agua se movan por su pecho, por su escote, empapaban su
delantal verde aceituna. El lazo de un bikini fucsia asomaba alrededor de
su cuello. Sus ojos no se despegaban del libro. Y mientras sus pupilas
vibraban como burbujitas en un acuario, las cerezas enrojecan sus labios.

Sin darme cuenta, palp la piel de un limn. Ella se levant, dej el libro
con una seal y me dijo:

Qu te pongo?

Perdona, slo estaba mirando.

Te gusta mirar? me dijo con una sonrisa.

Ms que mirar, mirarte.

Ah, s?

S le devolv la sonrisa.

En aquel momento pens que lo mejor era dejarlo aqu. Ya haba ido
demasiado lejos por hoy. Nada de precipitarse. Vernica me gustaba mucho.
As que le dije que se me haca tarde. Y que ya nos veramos el jueves que
viene. Cuando ya estaba a unos cuantos metros de ella, me llam.

Perdona, eres escritor, no?

Por qu lo dices?

Por cmo me has mirado, bueno, y por cmo me miras todos los jueves.

La sangr me colore la cara, como cuando un nio decide comerse solo una
raja de sandia.

Me traers algn cuento el jueves? un par de cerezas rozaban sus labios,
no las morda, las besaba.

Claro le dije todo convencido. Poco a poco recuperaba mi color normal.

Sac la punta de su lengua rosada y lami las cerezas, nos miramos durante
muchos segundos, todava hoy no sabra decir cuntos, y despus, dos
puntitos rojos trazaron un crculo en el aire, levant la palma izquierda y
sent todo el deseo de aquella fruta en las lneas de mis manos.

Son para ti.

Gracias.



De camino a casa me puse las cerezas varias veces junto a la boca. Sent su
piel suave, brillante, hmeda. No pude resistir la tentacin por ms
tiempo, me las com. Y record a Vernica, sentada bajo su toldo a rayas,
leyendo un cuento de Benedetti. Vi otra vez las dos cerezas, volando hacia
m, barnizadas con gotitas de su saliva. Y luego su sonrisa y sus palabras
Me traers un cuento el jueves?.

Por qu lo hice? Por qu le ment? Yo no era escritor. De dnde sac
aquella idea? Por cmo me has mirado, eso fue lo que me dijo. Acaso los
escritores miraban de alguna manera en particular? En fin, cosas suyas. A
m Vernica me gustaba mucho y si ella pensaba que yo era escritor y quera
un cuento mo, pues lo tendra.

Pero haba un pequeo problema. Jams haba escrito ningn cuento. Ni tan
siquiera una carta. Y para escribir no slo bastaba con la voluntad o el
mpetu del enamorado. Haba que saber hacerlo, y yo no haba cogido un
lpiz desde haca aos. Tampoco lea. Poco a poco lo tena ms claro, no
era suficiente el estar enamorado para escribir un cuento.

Un cielo rosado y un viento caliente envolvan una luna exigua, flaca, que
apareca junto a Venus. Iba por las callejuelas del centro hacia mi casa.
Con el tallo de las cerezas todava entre los dedos y abatido por el ansia
desmedida del deseo, llegu a una conclusin. Necesitaba ayuda. Pero a
quin se la pedira? No conoca a nadie que le gustara escribir. Pens en
comprarme un manual de escritura. Lo descart. Me pasara leyndolo toda la
semana y no tendra tiempo de escribir. Tambin pens en copiar algn
cuento de amor, pero ella lea a Benedetti. No se poda engaar a una
lectora de ese gran escritor.

En una de las farolas de mi calle vi un anuncio pegado. Pareca llevar
tiempo, pero nunca me haba fijado en l. Deca lo siguiente: Resuelvo
problemas de amor. Le el anuncio varias veces. Nunca hubiera imaginado que
alguien se ganara la vida as. Bah!, ser un fraude, pens. Pero antes de
entrar en casa, pens en Vernica, en el sabor de sus cerezas, en el cuento
para el jueves, y me decid a llamar. Me contest un viejo, era argentino,
pareca agradable. Le cont mi problema, el tiempo que dispona y la poca
idea que yo tena de escribir cuentos. El viejo no daba nada por perdido y
quedamos para la tarde siguiente en un caf. Resolvera mi problema.



No me imaginaba cmo sera un tipo que resolva problemas de amor. Por
alguna extraa razn, uno se imagina a alguien especial. Pero aquel tipo
era un viejo de lo ms corriente. Se llamaba Marcelo. Tena la piel ajada
por el viento hiriente de la Patagonia. Su pelo gris le tapaba la frente y
le llegaba a los ojos, que eran azules, tristes, ahogados, como dos
planetas de agua.

Ah lo tena, delante de m. Al viejo que iba a resolver mi problema. O al
menos eso me dijo por telfono. El viejo me explic, en voz baja y bastante
quebrada, que yo era su primer caso. Estuve a punto de levantarme. Pens
que me tomaba el pelo. Cmo poda ofrecerse alguien como un solucionador
de problemas si todava no haba resuelto ninguno? Con voz calma me pidi
una oportunidad. l estaba seguro de encontrar una solucin a mi problema.
Le pregunt si al menos haba escrito algo alguna vez. Me dijo que no.
Volv a levantarme de la silla y el viejo volvi a pedirme calma.

Le expliqu que no poda perder ms tiempo. El jueves tena que darle el
cuento a Vernica. El viejo insisti en que me tranquilizara. Y yo cada vez
me desbordaba ms. Pierdo el tiempo, me repeta una y otra vez.

A ver, dime qu tenemos me dijo el viejo. Pero no me digas cmo es ella.
Ni cmo huele. S de sobra que es una belleza y que huele a limones y
cerezas. Dime algo ms. Algo que recuerdes.

Eso. Cerezas. Le gustan las cerezas.

El viejo cerr los ojos. Al poco los abri. Me mir fijamente. Marcelo
tena la mirada ms triste del mundo. El agua azul de sus ojos era un pozo
de insatisfaccin. No quise preguntarle sobre su vida. S que no me hubiera
respondido. No era yo el que solucionaba problemas.

Ya tengo el ttulo. El sentimiento de las cerezas me dijo mientras se
pasaba la mano por el pelo.

A m me pareci cursi. Rebuscado. Pero Marcelo insisti en que era
perfecto. Se me ocurri preguntarle cmo se le haba ocurrido. Luego
entend que no deba haberlo hecho. El ttulo no era suyo. Lo haba tomado
prestado. Por tercera vez estuve a punto de irme. Aquel viejo me
desquiciaba. Pero dnde iba yo con un ttulo robado? Qu locura. Este
viejo me llevaba directo a la ruina. Marcelo no haca ms que pedirme
calma. Que no me preocupara. Est bien, est bien, dije en voz alta, y
despus del ttulo qu.

Me dijo que ante todo deba seguir su consejo. Si a m me gustaba ella, que
era as, tena que hacer lo que l dijera para conquistarla. Porque Marcelo
estaba aqu para eso, para solucionar mi problema. Volv a preguntarle por
el cuento, por cmo iba a ser. Me respondi lo que ya me tema.

Todava no lo s.

Marcelo tena que madurarlo. Pensar en su estructura. Necesitaba tiempo.
Quedaramos en vernos el jueves, el mismo da que yo haba quedado en darle
el cuento. No supe qu decirle. Era demasiado precipitado. Y si el cuento
no me gustaba? Dejaba todo en manos de un extrao.

Tienes alguna otra opcin? me dijo el viejo.

Me temo que no.

Marcelo me dio su palabra. Segn l, todo saldra bien. El cuento estara
para el jueves. No pierdas la confianza, me dijo el viejo a modo de
despedida, todo se reduce a esa palabra: confianza.

Est bien. Pero no me falle. Necesito ese cuento, por favor.

Recuerda esa palabra. Confianza. Y nos vemos el jueves aqu a las siete de
la tarde. Con tu cuento hecho.



El caf estaba vaco. Slo el camarero deambulaba por la barra con un trapo
blanco metido en un bolsillo del pantaln. Faltaban cinco minutos para que
apareciera el viejo con el cuento. Dieron las siete y el camarero se me
acerc con un sobre. Era para m, de parte de Marcelo. El viejo haba
cumplido. Respir aliviado. No quise abrirlo, se me haca tarde. Sal
dndole las gracias al camarero y me dirig al mercado.

Antes de entrar en la plaza, abr el sobre. Dentro haba un folio. En
blanco. Lo encabezaba un ttulo, El sentimiento de las cerezas. No haba
ms que eso. La desesperacin me llev a girarlo varias veces. Busqu
palabras, frases, comas. Y slo encontr un inmenso vaco. Maldije al viejo
Marcelo. Maldije los 100 euros que le pagu.

El sol se consuma, lejano, como la llamita de una vieja estufa. Y yo
estaba en la entrada del mercado, como un jueves ms. Pero este era
distinto. Tena que llevarle un cuento a Vernica. Ella lo esperaba, y yo
slo tena un papel con un ttulo. Y una frase que me retumbaba cuando
caminaba hacia el puesto de frutas: Recuerda esta palabra, confianza.

Vernica estaba sentada bajo su toldo a rayas. El viento meca las letras
de Amor de frutas. Ella lea un libro, seguramente, de Benedetti. Y yo slo
tena un folio en blanco. En fin, ya no haba vuelta atrs. Algo se me
ocurrira. Me vio de lejos, me sonri. Su pelo largo y rizado le baaba los
hombros. Sus dedos acariciaban un par de cerezas. La salud con una
sonrisa, ella vio el folio y se puso muy contenta.

Me lo has trado?

S contest.

Qu bien! Puedo leerlo? me dijo antes de meterse una cereza en la boca.

Dud. Y volv a dudar. De pronto, record la palabra del viejo Marcelo,
confianza. Mir de reojo el ttulo del cuento y decid regalrselo, pero
antes le ped una cereza. Me dijo que primero el cuento. La palabra
confianza retumb en mi cabeza. Entonces fue cuando me acerqu a Vernica y
la bes. Saba a pulpa de cereza, a crepsculo de verano. Mientras nos
abrazbamos sent el olor de su piel. Era cierto. Ola a limones y a ms
cerezas. Y tambin ola a moras y a duraznos y a flores de damasco y a
todas las frutas del verano.

Despus del beso me pidi el cuento. Le ense el folio.

El sentimiento de las cerezas ley en voz alta. Pero dnde est el
cuento?

En tu boca.

** Sergio Llorens
   depende99@hotmail.com
   Escritor espaol (Valencia, 1972). Licenciado en filologa hispnica. Ha
   publicado De lo canalla, del amor y de lo absurdo (Brosquil Ediciones).



=== Tres textos de Mooning over Water      C. A. Campos ===================

*** Soneto

       Cmo lo explico si es como recibir carta
de Dios: el tiempo, la msica, convertido en aire,
viento, espacio. Como recibir boleto para un baile
de brasas o ascuas siderales que sin falta
ahuyenta de la noche, de tu puesto, la pena
de la luna, de tu alma. Si es como esquivar los desaires,
como si la alegra fuera asunto de socaires,
de lo onrico, el azcar, del vino o la yerba.

       Cmo explicarlo si tengo que disminuirme, exagerar,
si debo recurrir al hermtico historial
del silencio: mi ignorancia y elocuencia.
Cmo. Si no s hablar, menos escribir,
si apenas puedo con la lectura, con este vivir
que hasta recrimina lo que preservamos de inocencia.



*** Coda

       l no desapareci, simplemente lo cambiaron de morada. Entre las
lneas de un poema que acaba de nacer, que carece de nombre, de bautismo y
seas personales, l ahora vive, l ahora contina gastando el resto de la
cera, contina tapando con las manos las goteras de los ojos mientras
nervioso espera el dictado de los dioses esa prueba en la que se quema y
se quema por ser hombre, estudiante. l no le abandon, simplemente lo
cambiaron de recuerdo. As que no se enoje, no le guarde rencor. A pesar de
que su libertad carece de espontaneidad y continuidad, fue l quien de
buena gana se la concedi. Recuerde que de usted l no espera ni las
gracias, que l sera capaz de bajar la mirada si usted decide alabarle o
difamarle. l no le olvid, pese a lo que diga la gente, l le echa de
menos cuando piensa en lo poco que hizo por usted, por usted que es
producto de un sueo y un recuerdo, de un salto hacia el cielo.



*** Confesin a pie de pgina

       Empuar tierra,
no la mar ni los cielos.

Reempuarla
es lo que ambiciono.

       A nuestra Amrica,
nuestro pentagrama.

** C. A. Campos
   l_tmartin@hotmail.com
   Escritor dominicano nacido en Santiago. Desde 1984 reside en Nueva York,
   EUA. Escribe tanto en ingls como en castellano.



=== El libro sabio      Yvette Schryer ====================================

Cuando Abelardo conoci a Dborah Reina, naturalmente no lo saba. Habra
de enterarse ms tarde, en el velorio del padre de la joven.



Abelardo tena slo un amigo. Fernando trabajaba en su oficina y si fuera
necesario demostrar que los extremos se atraen, la amistad entre los
jvenes era el mejor ejemplo.

Fernando era tan trabajador, entusiasta y movedizo, cuanto Abelardo era
indolente y pasivo. Su familia haba emigrado a Sudamrica y para l,
proyectar nuevos derroteros, abandonar sus costumbres y afrontar lo
desconocido, represent un obstculo tan grande, que prefiri quedarse solo
en una casa que se vena abajo por la falta de cuidado. Dejado y perezoso
era el muchacho.



Cierta vez, Fernando le pidi que los acompaara al cine a l y a su novia
porque iba tambin una chica amiga. Abelardo no se pudo negar (le deba al
diligente Fernando muchos favores) aunque aceptar significaba alterar sus
costumbres dominicales de pasar el da tirado en la cama, releyendo de
tanto en tanto su nico libro, que era uno que le haban regalado en la
infancia y que segua releyendo, saltando captulos segn el humor.

De l se poda decir que era un hombre de un slo libro.



Los jvenes se gustaron a primera vista y comenzaron un noviazgo dulcemente
tranquilo. La joven trabajaba en la pastelera de su familia, junto con su
madre, las cinco hermanas y dos tas. 

Dborah Reina era la hija mayor. Posea una mente organizativa y llevaba
con bro incansable las riendas del Caf y Repostera Dulcinea.



La muchacha era graciosa, cuando pasaba entre mesa y mesa, sirviendo a los
clientes, moos del delantal al viento, se podra pensar que volaba de un
lado a otro. Tena los cabellos color miel, ojos negros y risueos y una
boca pequeita que frunca a menudo en un gesto que la converta en el
piquito de un colibr.

El nombre pasaba de generacin en generacin, a la mayor de las hijas. Una
particularidad de la familia consista en que la descendencia fuera casi
exclusivamente femenina y los pocos varones que nacan fuesen enfermizos y
muy pocos alcanzaran la madurez.



Cuando muri el padre de Dborah Reina, Abelardo se enter de que los
antepasados del difunto tambin haban sufrido paros cardacos antes de
cumplir los cincuenta aos. Pareca ser un destino comn a los esposos de
esa colmena de mujeres.

Abelardo escuch sin darle gran importancia al hecho, ya que las
especulaciones no eran la caracterstica ms fuerte de su carcter.



La repostera Dulcinea exista desde haca ms de cien aos. El nombre no
se originaba en ninguna referencia cervantina, sino en el sabor de las
mercancas. La especialidad de la casa eran las tortas de miel y las
bombitas de almbar; infierno de diabticos y paraso de golosos.

Todas las tortas las preparaban las tas, la madre y tres de las hermanas.
En la cocina, aparte el ruido de las batidoras, se escuchaba el incesante
zumbido de las voces de las mujeres.

Dborah Reina atenda a los clientes junto con dos hermanas y tambin se
ocupaba de la contabilidad y de empaquetar primorosas cajitas octogonales
con pequeos compartimientos, para que las masitas no se tocaran entre s.
El papel era de color celeste brillante, con dibujos de abejas y flores,
igual al de las servilletitas de papel.



Abelardo y Dborah Reina tuvieron un lento y acaramelado noviazgo que
culminara en boda despus de dos aos.

Como ella estaba tan atareada con la pastelera, no se inquietaba por la
ndole aptica de su enamorado y los domingos, que era el da de mayor
afluencia, trabajaba sin cesar, mientras l se dedicaba a su deporte
favorito; holgazanear en pijama hasta la noche y releer su nico libro, por
el cual senta un renovado entusiasmo... si de entusiasmo se pudiera hablar
en algo concerniente al indiferente Abelardo.

El da de la boda se aproximaba y el novio, en vez de mostrarse contento se
haba tornado taciturno. Sin que l mismo se diera cuenta, lo escuchado en
el entierro haba echado races en su interior.

A veces interrumpa la lectura del libro, que de tanto manosear haba
perdido mitad de la tapa y del ttulo se distinguan claramente slo las
dos primeras palabras: LA VIDA D... y nada ms.

Apartaba los ojos de la lectura y escrutaba el vaco, aparentemente
pensativo y marcaba, de tanto en tanto, algo en las pginas. Su instinto de
conservacin le indic qu deba hacer, aunque eso significaba un gran
esfuerzo para l. Prepar poco a poco y en secreto todo lo necesario; tan
en secreto, que ni Fernando sospech lo que proyectaba.



La novia esperaba impaciente en la sacrista de la iglesia, rodeada por el
nervioso agitar de los tules de un enjambre de hermanas y primas. El novio
estaba atrasado.

De pronto apareci Fernando, plido y jadeante para dar la noticia:
Abelardo se haba volatizado.

Aparentemente olvidado sobre la cama, estaba el libro, abierto en el
captulo sobre los znganos de la colmena... marcado de rojo.

** Yvette Schryer
   ivets@netvision.net.il
   Escritora argentina (1932). Reside en Israel desde 1970. Estudi
   filosofa y letras en Buenos Aires. Public en 2003 el libro de cuentos
   Un ramo de prosas en la editorial ndigo, de Pars. Madre de 2 y abuela
   de 6. Habla italiano, francs y hebreo. Imparte en Israel lecciones de
   castellano y dirige un taller de escritura creativa en castellano.



=== Cuatro poemas      Nohem Hinojosa Rivera =============================

*** Encuentro

El universo entero
derram confeti
sobre mi lacio transcurrir
cuando en el inmenso muro de mi nada
irrumpieron encantadores
los verdes vitrales de tu alma.



*** Yo

Yo,
tan egosta,
le abr paso a tu presencia.

Yo,
tan fascinante,
ebria de admiracin te di la bienvenida.

Yo,
tan disipada,
contigo le puse orden a muchas cosas.

Yo,
tan fra,
no pude permanecer ajena a tu calidez.

Yo,
neurtica,
encontr paz en tu ritmo de violetas.

Yo,
frentica,
me diversifiqu con tu paciencia.

Yo,
aprensiva,
desat la generosidad tras la sombra de tu sonrisa.

Yo,
noctmbula,
cambi mis ciclos circadianos para vivir en tus das.

Yo,
reticente,
me volv en quien ms ansa.

Yo,
que decid ser tuya,
cuando ya ibas de salida.



*** Aura

No te agobies.
Promet no volver a tocar el tema
y bien sabes que lo he cumplido.

Dentro de lo poco que te ofrec,
tuve siempre la honestidad por principio.

Es cierto,
escribo pensando en ti
pero esta vez mis letras
no llevan la intencin
de unir nuestros destinos.

De suyo lapidarias,
hoy solamente las utilizo
para decirle adis
a todas aquellas cosas
que pude haber vivido contigo
si hubieras querido.



*** Delineando una acuarela

Tiempo etreo.
Nostlgica atmsfera fresca
vigilante de un espacio vaco
que slo se habita con tu presencia.

Luz tras una ventana abierta.
Contraste de tu silueta en movimiento.
Pupilas que se contraen y se dilatan:
escaparate de tus pensamientos.

Blanco papel, siempre dispuesto
para ser la voz de tus anhelos.
Transparencia dinmica del agua,
transicin de los colores, antes quietos.

Suave pincel que se mueve
sutilmente impulsado por tus dedos
emergiendo de la nada esttica
trazos recin inventados, nuevos.

La calma rodea tu espritu.
Algo sucede en secreto.
Tu ser en libertad tangible
expresando sus misterios.

T y tu soledad creadora
magia y misticismo del momento.
Gritando tus sentimientos
todo en completo silencio.

** Nohem Hinojosa Rivera
   arqnhinojosa@gmail.com
   Arquitecta y narradora mexicana (Monterrey, Nuevo Len, 1973). Su primer
   cuento data de 1989; tambin escribe ensayos de arquitectura. Ha
   publicado artculos en las revistas mbito Arquitectnico; artculos de
   opinin en la revista Violeta del Instituto Estatal de las Mujeres en
   Nuevo Len, y poemas en la revista Contexto Grfico. Particip como
   lectora en la Feria del Libro de 2006 dentro de la mesa Das Feriados,
   Escritores de Nuevo Len. Posee un libro de cuentos indito que
   distribuye en edicin artesanal y actualmente trabaja en su primera
   novela. Coordina el taller de escritura Bocetos de Escritores que se
   rene semanalmente en La Garganta. Ha sido tallerista de Patricia
   Laurent, Mario Anteo, Eduardo Antonio Parra y David Toscana. Mantiene
   una bitcora personal en http://bocetodeescritora.blogspot.com.



=== Cupido acrbata      Luis Xeiroto =====================================

      Si un hombre atravesara el Paraso en un sueo y le dieran una flor,
                                      Como prueba de que haba estado all,
       Y si al despertar encontrara esa flor en su mano... Entonces qu?.
                                                    Alfredo Bryce Echenique
                                                         Reo de nocturnidad

                        De la humillacin slo se puede huir ascendiendo.
                                                                    Kundera

                                                      A Mel y Mait Torres.

Poco tiempo despus de nuestra llegada al Caf, cuando an no habamos roto
el hielo, Cupido se acerc a la mesa. T no le prestaste atencin ni le
reconociste. Y no te culpo. Vena de incgnito, sin embargo, yo saba que
era l. Este Cupido tena un aire ms natural y haba prescindido del arco
y la flecha, quizs pretendiendo parecer un poco ms civilizado y moderno.
Adems de ello, fue muy sensato al no presentarse con su acostumbrada facha
pueril como salida de un spot de paales, porque creo que esa es la razn
por la cual muchas personas tienden a pensar que el amor es una inmadurez.
Nada de rizos ridculos a lo David Bisbal ni tirabuzones
shirlietemplinescos. No seor. Su look estaba remozado y se mostraba en su
total esplendor y desnudez, sin caer en lo pornogrfico. Apenas estbamos
apertrechndonos cuando le vi revoloteando las alas bajo un resquicio de
sol, regodendose en su vuelo, ascendiendo, bajando, dando vueltas entre la
luz y la sombra, materializado en la etrea y tornasolada presencia de una
mariposa technicolor. Pens que realizaba ese ejercicio de calentamiento
para acercarse a la pareja de la mesa vecina. Probablemente haba cumplido
su tarea con ellos y slo estaba ponindose a punto para su prximo trabajo
de amor, me dije. Mi mayor sorpresa fue verlo venir hacia nosotros. En ese
instante tus ojos estaban sumidos en el regalo que acababa de entregarte y
tus manos ya haban comenzado a quitarle el envoltorio, cual Psique
develando a Eros (o fue al contrario?). Bueno, lo cierto es que este
ltimo ya estaba posado en tu rodilla. De pronto, se me vino a la mente la
vez aquella que Chacho, el profesor de lenguaje y comunicacin, relat en
clase ese infausto captulo de la mitologa griega del cual, a duras penas,
slo recuerdo el desenlace. No tard en invadirme el temor por protagonizar
junto a ti una de esas tragedias como slo los griegos, inventores del
gnero, saban hacerlo.

De manera que mientras descubras el obsequio, me di cuenta de cmo (al
tiempo que rasgabas el papel con relativa parsimonia) te ibas envolviendo
en un estado de emocin similar al de un nio cuando desnuda su golosina y
est presto para hincarle el diente. Al ver a Cupido mariposeando de un
lado a otro pens si la naturaleza le brinda la redencin a un insecto que
hasta hace poco se arrastraba debido a su condicin biolgica (del mismo
modo como yo me haba arrastrado ante alguien, menesteroso de amor) y logra
convertirlo en una flor voladora deseada y admirada por muchos, bien podra
aspirar por mi propia metamorfosis. No me habra importado la escasa
longevidad de estos animales de belleza recin nacida, pero cuyas vidas
estn al borde de la muerte. Slo quera dejar de ser Gregorio Samsa II.
Pero cmo saber si todos los gusanos optaran a esa oportunidad, segu
pensando. Y si ya haba sido seleccionado, en cul de las fases me
encontraba. Quieto, ms bien inmvil, con mi cuerpo fijo en la silla,
permanec durante un rato contemplndote en silencio, como una crislida
aferrada a una hoja, viendo de reojo sin mirar el reflejo del vaivn de la
gente, ciego e indolente a lo que ocurra lejos de mi campo visual ocupado
enteramente por ti, escuchando las voces externas sin or, mientras t
terminabas de romper el envoltorio. Mis temores recientes haban quedado
entonces tan deshechos como el papel del regalo.

Cada uno de nosotros tena una sonrisa dibujada en el rostro. La tuya era
la ms fcil de reconocer; la del retrato de Bjrk que tenas en tus manos
era indefinida, de hecho, muy pronto percibiste la ambigedad de esa lnea
horizontal ligeramente oblicua, comparable a la de la Mona Lisa. Por mi
parte, rea porque tu risa me haba contagiado y porque era como un acto
reflejo motivado adems por las cosquillas que me produca Cupido por
debajo de la mesa, justamente en la mano zurda, autora material del dibujo
y agente provocador de ese momento exttico, apotesico. Agit la mano sin
que lo advirtieras y en seguida las piruetas de nuestro travieso compaero
de mesa te sacaron del arrobamiento, hicieron que te fijaras en su acto de
acrobacia ejecutado en nuestro honor y sin peticin de ninguno de los dos.
Bueno, al menos no directamente. Me abstuve de hacer comentario alguno
sobre lo sucedido, evitando que la magia de la estela dejada por Cupido se
evaporase rpidamente. A cambio me qued con el beneficio de la duda, si es
que hay algn beneficio en ignorar si t compartas mi percepcin o si, por
el contrario, una vez ms el cartesianismo (incapaz hasta ahora de hacerte
percibir un instante de realismo mgico) se alzara sobre tu imaginacin,
exhortndome a que apoyase tu posible punto de vista ah ests t pintado:
es slo una mariposa, coo, no lo ves?. Quizs s, quizs no. Cmo
saberlo? Con un par de semanas de estar saliendo juntos todava no podemos
sacar conclusiones el uno del otro.

Siempre haba pedido recibir una seal para reconocer a la persona a quien
deba consagrar mis sentimientos. En una oportunidad le que el significado
de ngel es mensajero y por eso le encomend a ellos esa misin. Y han
cumplido, a su manera, pero lo han hecho. El inconveniente ha sido que los
ngeles no traducen sus mensajes, ellos los envan en una especie de
lenguaje cifrado, un argot para iniciados y yo todava soy un tanto
analfabeta en ese tema. Hasta la fecha ha habido una constante: en vista de
que los querubines han sido representados como seres alados y se ha fijado
esa idea en el imaginario colectivo, he optado por asociarlos con cualquier
objeto volador identificable. Pero mi vocacin potica que algunos han
tildado de anacrnica (como si los sentimientos estuvieran sujetos a modas)
se ha vuelto exigente. Por eso dej pasar por alto la vez aquella, la
primera de todas, cuando una mosca zumbaba insistentemente en mi odo y
luego haca lo propio en el de mi acompaante. Despus de tanto esfuerzo
por zafarnos de ella y de su fastidiosa meloda, decidimos dejar nuestra
pltica para otra ocasin, y por supuesto, en otro lugar lejos de esa plaza
infectada de bichos y mendigos. No hubo esa prxima vez, al menos no con
esa misma persona. Era mi debut fallido en un encuentro a solas con alguien
y pens que si acababa de conocer a la persona, escuchara campanas al
viento, vera palomas al vuelo y dems chorradas tpicas de una mente
sobrealimentada de romanticismo como la ma. Pero, hazme un favor, se
presenta una mosca con nfulas de violinista y no dud un instante en
mandarla con su msica a otra parte. Lo dicho, estos animales donde se
paran la cagan y si de paso uno les echa una ayuda y riega la mierda propia
se sentirn en ambiente y no habr manera de deshacerse de ellas.

Cupido, al estilo de su homlogo Proteo, ha encarnado sucesivamente de
diversas maneras, ha mudado numerosas pieles, alternando entre la
insignificancia de un mosquito o el metlico y ruidoso trnsito de un
avin. (Ahora caigo en cuenta que mientras pasbamos por el Museo
Aeronutico, bamos hablando de cmo suponamos que deba ser nuestra
pareja ideal y la conversacin gir durante un largo rato sobre el mismo
punto, con escarceos que se desviaron hacia mi decepcin amorosa recin
estrenada, pensando el mtodo a utilizar para deshacerme de ella y enviarla
a su lugar de origen, aceptando tu consejo de resetear el disco duro. As
estuvimos suspendidos un buen rato hasta caer en el abismo del silencio,
rescatados seguidamente por una de tus palabras dichas en el momento
preciso y con la entonacin debida). Una tarde remota en mi mente, que de
no ser por este inventario de ancdotas ilustrativas al caso no valdra la
pena sacar del olvido, caminaba con otra persona, no muy lejos de all, del
Museo Aeronutico. Estbamos sentados exactamente en uno de los escalones
laterales de la Alcalda de esta ciudad, mirando hacia el cielo, divagando
cada uno por su cuenta, hablando para no sentirnos completamente solos, ms
solos que cuando no se tiene compaa. Una bandada de pjaros (que
inmediatamente mi memoria asociativa relacion con la pelcula de
Hitchcock) volaba alrededor del edificio en construccin ubicado en frente
de donde nos encontrbamos esa persona y yo. Era una cantidad considerable
de ellos. Le ped que nos retirsemos de ese sitio en seguida. (But then
this bird just flew away... cant para mi capote al quedarme a solas).
Tena como referencia los gritos y el colapso nervioso de Tippi Hedren
producido por las aves canoras que le amenazaban en el filme y no me
pareca agradable pasar por una situacin similar. Segn una teora de Mr.
Hitchcock, uno desea sentir la emocin del miedo precisamente cuando se
siente seguro. En contrapartida, el temor se haba adueado de m
involuntariamente y lo nico que faltaba era ver al saboteador de mi
felicidad en una de esas rituales apariciones. Esos cameos en los momentos
ms inoportunos debi haberlos aprendido del mismsimo maestro del
suspenso, que de sus cincuenta y tres pelculas se dedic un fotograma en
treinta y cuatro de ellas. El catecmeno de Hitchcock casi se acerca a la
cifra. Ya he perdido la cuenta, pero est tan manido el recurso que no
surte el mismo efecto. Si antes me desequilibraba, ahora me causa gracia.

Sin duda, el destino s que es un excelente bromista y aunque su humor
resulte un tanto patoso, es preferible seguirle la corriente y festejarle
los chistes. Sabes a qu me refiero. La tarde del sbado de nuestra segunda
cita, no s si recuerdas haber decidido sentarnos en las mesas al aire
libre de aquella panadera, muy cerca de donde haca casi dos meses atrs,
Gaby me daba unos bocados de realidad para que los sumergiera en un caf
amargo. Mi mente no se est quieta ni siquiera cuando duermo, te lo he
dicho y me lo has reprochado pese a que siempre te respondo que pensar es
parte de mi trabajo, por eso no me result extrao mezclar a Balzac con el
mismo lquido que le paliaba el hambre y le estimulaba la creatividad al
autor de la Comedia humana. De Balzac pas a la educacin sentimental del
maestro Flaubert y la leccin que recibira minutos despus de aquel
encuentro sera difcil de asimilar (mais a gente aprende, a vida e uma
escola, dice una cancin brasilera). Representaba para mis adentros una
absurda versin de Madame Bovary teniendo a Gaby como nico auditorio.
Puesto que an me quedaba suficiente caf en la taza (casi ni lo haba
probado de tan amargo que se le figuraba a mi desazonado paladar), simulaba
la escena de la inmolacin de la herona. En este mundo no hay lugar para
la religin ni para el amor, en todo caso, para la simulacin, palabras de
Faulkner que se cruzaban por mi mente. A falta de arsnico, alcanc la
papeleta sobrante de azcar, la revolv lentamente, pero, en cambio, opt
por sorber hasta la ltima gota de un golpe, como si fuese un trago de
licor. Esa era la mxima exposicin de dramatismo que estaba dispuesto a
ofrecer ante un amor no correspondido, pero evidentemente no surti ningn
efecto estimulante ni venenoso. De ser posible, le habra aguado el guarapo
a Werther, Romeo, Melibea y a los enfants terribles de Cocteau sacrificados
por una causa comn pero extraa en estos das. Yo segua all, frente a
Gaby, esperando una respuesta; tratando de entretenerme con ese pattico
juego premonitorio, y apaciguar de este modo el estrepitoso aterrizaje al
valle de la depresin en donde acamp desde ese veinte de marzo hasta el
da de nuestro reencuentro, el tuyo y mo. A medida que l me expresaba su
decisin yo divagaba ms y ms, llegando a evocar a Proust, pensando cmo
el simple gesto de remojar una magdalena en una taza de t o, por qu no,
tambin pudo ser un caf como el que tena frente a mis ojos, el caso es
que esa accin le inspir a lanzarse a la odisea de buscar el tiempo
perdido. Habra querido creer en la posibilidad de recobrar el tiempo
pasado entre Gaby y yo, pero slo un tonto o un desesperado (y yo era ambas
cosas en ese momento) hubiese imaginado conseguir su cometido al hacer
girar las agujas del reloj al revs. Ped un mensaje providencial, pero
slo recib la respuesta de una voz interna que repeta el disco rayado del
cuervo de Poe: Nevermore, Nevermore. Todo era cuestin de esperar a que la
decepcin se sentase junto a m en una de las dos sillas vacantes, tal y
como, en efecto, sucedi. Lleg antes de la cuenta, cancelada raudamente
por Gaby, quien no disimul la prisa por despacharme en la parada para
posteriormente ir a encontrarse con el punto a del torcido tringulo
dibujado a mano alzada y con psimo pulso que acababa de ser borrado.

No haba terminado de contarte lo sucedido ese da cuando una abeja se
dispuso a callarme de plano, obligndome a interrumpir el ritmo y el final
de la historia. Al principio nos remos de su pesada existencia, tan pesada
como la lata de Coca Cola que asa entre mis manos, pero no tard en lograr
que nos fusemos de all recorriendo el mismo camino de aquel da en
cuestin. Como de costumbre, no pude descifrar oportunamente el mensaje de
Cupido, es cierto. Pero a cambio de ello, imaginaba. Ya no senta que
parta rumbo al patbulo siguiendo las huellas de Selma (el personaje
interpretado por Bjrk en Bailando en la oscuridad), ni me acompaaba un
verdugo. El vendaje del amor haba sido reemplazado por el dolor de una
verdad reticente e ineluctable. Y no se trataba de una verdad dura del
todo; yo era demasiado dbil para aceptarla. Para apaciguar la muerte de un
sentimiento, para no convertirla en un acto luctuoso, Gaby intent
enarbolar la bandera de la esperanza al decir que quizs en el futuro o en
otro lugar podramos unirnos, ser felices juntos. Ser que en ese instante
pensaba inventar el amor a partir de la nada con la paciencia de un
alquimista o germinarlo en papel peridico remojado cual si se tratase de
un puado de semillas de frijoles. Esa fecha podra darse, por qu no, me
deca a m mismo, a la fraccin ms estpida de mi cerebro; pero la otra
fraccin, la restante, la que se cree muy lista, se despert del letargo
para recordarme sardnicamente s, tal vez me amara ese da por la tarde,
ad calendas graecas, Nevermore. Pero ya no me dola ese sbado cuando
parta junto a ti a travs del camino de ladrillos amarillos rumbo a la
tierra de Oz, dejando atrs un pasado yermo. Yo era Dorothy, el hombre de
hojalata, el len cobarde o el espantapjaros; era todos ellos al mismo
tiempo y senta que mi felicidad poco a poco  tambin        se        e
x         p   l      a     y      a      b       a,   se  multiplicaba a la
mxima potencia.

Anoche noms tuve un sueo indito, ambientado en ciertos lugares comunes.
Me explico: estoy seguro de que otros antes de m lo soaron. Ms aun, no
deja de ser irnico el hecho de que el Gabo (fjate en la coincidencia, no
slo en lo referente a mis tantos aos de soledad; sino adems por sentirme
como un bicho raro, pariente del Gregorio Samsa kafkiano, aquel que le
permiti descubrir su vena literaria al estilista neogranadino, el tocayo
de tu-sabes-quin), haya puesto una mirada de mariposas amarillas batiendo
las alas a mi alrededor desde el arranque del sueo, en plena fase de
R.E.M. Eran demasiadas y se empeaban en moverse muy cerca de m; poda
sentir el efluvio desprendido por ellas al posarse sobre mi nariz y por
todo mi cuerpo, a tal extremo de producirme una sensacin de ahogo y
desesperacin. Hablaban al unsono, cada una recitaba su inaudita sinfona
discordante, impidiendo que pudiese seguir el hilo del discurso colectivo.
De nada vala que las espantase porque se multiplicaban y, si las mandaba a
callar, las voces se tornaban menos perceptibles, se perdan en el aire del
mismo modo como ocurre en cualquier algaraba. Las oa sin escuchar y esta
vez no era por falta de concentracin. En vista de que soy zurdo (creo
haberlo dicho antes), instintivamente extend primeramente mi mano
izquierda y una mariposa se instal en ella. Con el dedo ndice y el pulgar
de la otra mano, le agarr las alas y me la met a la boca sin saber muy
bien por qu lo haca. Contrario a la lgica propia de la realidad, esa que
los sueos son capaces de desafiar, el cuerpo de la mariposa se disolva
lentamente sobre mi lengua como una hostia. Pero a diferencia de ese trozo
redondo de pan zimo ofrecido en la comunin, incoloro e inspido, mis
papilas gustativas se haban activado para experimentar un sabor inefable y
efervescente. Lejos de saciarme, entre ms mariposas engulla ms ganas
tena de seguir en la faena. Cuando me quedaba una sola de reserva la dej
hablar. Me dijo:

Si realmente quieres conservar el regusto unos segundos despus de
despertar y esperar la sobremesa real y metafsica, ms te vale combatir la
gula.

Cmo sabr la hora del postre y quin ser el anfitrin? le pregunt
seguidamente.

Yo estar all para activar la campana de Pavlov. Pero te advierto: si
despus de tanto ensayo y error an no sabes reconocer tus instintos
condicionados, estars perdido. Tan perdido como siempre lo has estado,
confundiendo que, slo hasta hoy, si por fin logras verme, haba estado
preparando mis maniobras de vuelo. Llevo aos espantando sapos que jams
seran prncipes aunque se desgastasen tus labios de tanto besarlos. En su
defecto, pudieron salirte ampollas por acercarte ms de lo convenido a la
lechosa anatoma de esos indeseables con los cuales pensabas involucrarte.
Como s que te adelantars a defender a alguno de ellos, debo decir que
efectivamente hubo excepciones, pero no los advertiste a tiempo; llegaste
antes pero te distrajiste en la fiesta y sacaron a bailar al verdadero
prncipe mientras te quedabas plantado como una flor de papel tapiz
descolorido. S, casi siempre te rezagabas. Cuando creas que era tu turno,
la fiesta haba terminado, te quedabas solo, desierto como el saln donde
horas antes hubo msica, gente y diversin. En su lugar, las mesas y las
sillas borrachas por el alcohol absorbido durante toda la velada, se
mostraban burlonas ante ti, o al menos eso creas. Como bien sabes, agua
pasada no mueve molino, as que mira hacia adelante, no te pase lo que a
Orfeo. Ms de una vez te previne en voz baja que bien vale la pena esperar
lo justo ni antes ni despus primero a que ambos despegramos del suelo,
amigo mo, que si bien recuerdo naciste el ao de la serpiente segn el
horscopo chino. Desde ese da de septiembre del 77 cuando me mandaron la
titnica y azarosa tarea de velar por ti, empezamos a volvernos
indivisibles. Y hace poco, para variar, creyndote la reencarnacin de
Quetzalcatl, te apresuraste cuando ya me faltaban unas pocas lecciones de
vuelo. Tnatos te lanz una aagaza hacindose pasar por m y caste cual
inocente pajarito acudiendo a aquella cita. Bien merecidos tienes los
golpes que recibiste en la cabezota, uno ms entre tantos, mi Million
Dollar Baby. Cuando volviste en ti estabas ms confundido todava,
sobndote la herida; prometindote, prometindome tener ms cuidado la
prxima vez. No queras dar crdito a la maldad de una persona que fingi
ser tu amigo, cuando en realidad slo pretenda abusar de ti y arrebatarte
el honor y la dignidad, los pocos tesoros que te quedan. De vainita
escapamos de esa, mi errtico amigo. Tranquilo, ya pas, y s que ambos
aprendimos la ensima leccin como buenos alumnos que somos. You learn, you
learn, Alanis Morissette dixit. Afortunadamente la persona que eleg para
ti, la que considero digna de merecerte, posee las cuatro virtudes
cardinales de las cuales t careces y, gracias a ello, ha sabido ser
paciente. Habl demasiado sin decrtelo todo. Slo necesito unas cuantas
horas ms de prctica para demostrarte el espectculo que estoy preparando
en secreto desde que me salieron las alas. Ya lo vers. Mientras tanto,
mientras siempre, sigue soando.

** Luis Xeiroto
   xeiroto@hotmail.com
   Diseador de modas venezolano (1977) hijo de inmigrantes colombianos.
   Curs estudios de Artes en el Instituto Universitario de Estudios
   Superiores de Artes Plsticas Armando Revern (Iuesapar,
   http://www.iuesapar.net) en Caracas, llegando a participar en varios
   salones de pintura a nivel nacional y adems en Pamplona, Colombia.
   Ilustrador ocasional para la revista de modas espaola Pasarelas
   Internacionales y la edicin francesa de Marie Claire. Textos suyos han
   sido publicados en El Ciudadano (http://www.elciudadano.cl) de Chile y
   en el portal juvenil, hoy extinto, www.mentesx.cl.



=== Ahora que el amor se me instala      Nuria Ruiz de Viaspre ===========

      (Nota del editor: los poemas de la escritora espaola Nuria Ruiz de
      Viaspre, que leer el lector a continuacin, constituyen el poemario
      Ahora que el amor se me instala, publicado en 2004 por Editorial
      Celya [http://www.editorialcelya.com] con prlogo de Eduardo
      Mendicutti).

*** I

AHORA que el amor se me instala
Puedo dormir en paz y mirarte a los ojos
Aunque me diluya y tiemble mi cuerpo bajo tu mano
Como un perro aterido y hambriento
Ahora que el amor se me instala
Quiero articular palabras
Aunque me derrita si estoy en tus bocas
Deshacindome en miles de pieles
Ahora que el amor se me instala
Me disperso como el polvo en el viento
Se disipan mis neuronas
Ahora que el amor se me instala
No quiero volver a hilar
Ni un solo pensamiento cuerdo
Me pregunto quin te ha dado esa fuerza de pjaro
Ahora que el amor se me instala



*** II

ESCLAVOS del mundo
Con nuestras mortales muecas
Atadas a aquello que amamos
Que lenta muerte no caer
Y desasir las desgastadas
De terrenales ligaduras
Los pjaros viajan con viento bajo sus alas
Slo viento
Viento atrapado



*** III

SABIS lo que es la pena?
Es un bicho asqueroso que trepa por tu cuerpo
Nace en los pies y sube sin tregua ni descanso
Hasta la parte ms alta de tu garganta
All, anida por ms tiempo impidiendo respirar
Slo cuando se desliza en un despiste a tus ojos
Y la tapa de tus sesos est abierta
La pena sale y muere en atmsferas nuevas



*** IV

DENTRO
En los jardines araados por la lluvia
Mujer que tiritas la edad de tu ternura
Me lanzar al abismo de tu escote
Para estrellar all mi garganta encendida
Que la lluvia ha llegado
Ya nos lo dijeron las flores secas
Ahora es tiempo de ternuras



*** V

Es un perro muerto incrustado en tu pecho
Un animal mojado por aguas negras
Que va lamiendo lentamente tus despistados huesos
Mientras deja su saliva en las ramas de tus tendones
A veces escucho en la noche voces en mis huesos
Y en sus huesos caninos
Aullidos



*** VI

DUERMES
En algn lugar del mundo, duermes
Y te alejas en tu sueo a legendarias tierras
Navegando en paisajes azules perfectos
Duermes
Y dormida
Extiendes los brazos hacia mi real cuerpo
En busca de algo ms de vida



*** VII

VAMOS a embarcar las dos
En aquella nube blanca
La barca est esperando
Iremos a ese otro mar ms azul
Aun ms azul que todo el azul del Mundo
All donde nuestras palabras
Suban ms libres aun que las olas
All donde los leves cuerpos nuestros
Nunca anden sin el alma
All
Donde nunca se grita Tierra



*** VIII

EN la longitud del cuello de mi tero
Se esconde el verso ms sucio
El verso de la sin razn y el vicio
El vicio de atragantarme
Con tu semen de adolescente

** Nuria Ruiz de Viaspre
   nruiz@e-factory.es
   Escritora, redactora y correctora profesional (La Rioja, 1969). Ganadora
   del XX Premio Ciudad de Tudela de Poesa y finalista del Premio de
   Poesa Academia Castellano Leonesa de Poesa, el IX Premio Internacional
   de Poesa Gabriel Celaya, el Premio Internacional Sial de Poesa y el
   Premio de Poesa Mara del Villar. Ha publicado El mar de los suicidas y
   otros poemas (Huerga y Fierro, 1999, Madrid); Desvaros subterrneos
   (Ediciones Devenir, 2001, Madrid; Ediciones Globo, 2001, Gran Canaria);
   Ahora que el amor se me instala (Editorial Celya, 2003, Salamanca), con
   prlogo de Eduardo Mendicutti, y El campo de tus sueos rojos (Editorial
   AC Maana es Arte, 2004, Madrid), con prlogo de Rosa Regs, versin
   bilinge portugus. Adems textos suyos fueron incluidos en la antologa
   La otra voz. Poesa femenina 1982-2005 (Ediciones 4 de agosto, 2005, La
   Rioja). Ha organizado presentaciones de libros, lecturas y otras
   actividades literarias. Ha sido miembro de jurado en diversos certmenes
   literarios nacionales e internacionales y ha coordinado diversos
   talleres literarios. Intervino con produccin potica propia en las V
   Jornadas de Poesa ltima de la Fundacin Rafael Alberti (Cdiz, 2003;
   http://www.rafaelalberti.es/asp/fundacion.asp) y en el III Festival
   Internacional de Poesa del Moncayo (Ediciones Olifante, Litago, 2004).
   Poemas suyos han sido publicados en las revistas Texturas
   (http://www.geocities.com/revista_texturas), Calidoscopio, El Otro
   Mensual-EOM (http://www.eldigoras.com/eom), y Agulha-Jornal de Poesa
   (http://www.revista.agulha.nom.br). Perteneci al consejo editorial de
   Editorial Celya (Salamanca; http://www.editorialcelya.com) y actualmente
   trabaja en el Grupo Anaya (http://www.anaya.es), en Madrid.



=== Historias de otro mundo      Hctor Javier Pea =======================

Ella andaba de aqu para all, de unos diecisiete, dieciocho aos. Dando
pasos cortos de ida y de vuelta, sobre adoquines sucios en la plaza, con
sus sandalias mostrando sus empeines desnudos, plidos. A sus espaldas el
lago, con su agua verdosa, sucia, donde hubo un ahogado hace mucho tiempo.
Se qued quieta por un momento y un pato emergi de su hombro, se poso en
l y abati, intil, sus alas intentando volar. Miraba de vez en cuando
hacia la escuela, como si estuviera esperando a alguien.

Desde la escuela, esperando el timbre de salida, espera la horda de
changos, uniformados de azul y blanco. Una hilera de clones, rubios o
morenos, hablando al mismo tiempo, creando el barullo, unsono y torpe, de
la masa. Seguro que hablan de ella.

Seguan su figura. Cuando sacaba su lengua y la paseaba sobre los labios,
deseaban que hiciera lo mismo con ellos. Esa extensin rosada, como de
cachorro, como de monstruo, como de cualquier cosa. La mayora senta el
bulto erecto, maltrecho contra los calzones. Otros slo la vean, su piel
blanca, como de gringa, el cuerpo esttico como estatua, moran por
tocarla. Unos muy pocos, descubran su realidad, al no sentir nada y mejor
vean a sus compaeros mirar a aquella mujer tan distinta a sus compaeras.

Yo, vengo cruzando el patio, agachado, derrotado en ese linchamiento que es
la secundaria. Intento sacudir el pantaln, pero el lodo se est empezando
a secar. Fui a tomar agua, hice fila como los dems, y al momento en que
baj la guardia me empujaron. Me tambale, estaba parado sobre unas piedras
y tuve que dejarme caer poco a poco, con dignidad, como si no importara, y
al levantarme rer, rerme de m mismo, para que no rieran tan fuerte.

Fue Carlos, me vio indefenso, y a huevo tuvo que mamar.

Fue una broma se disculp entre risas.

Veo a la chava, que ahora se sienta sobre la barda desde donde se ven los
patos, muestra sus muslos a los transentes. Ella tambin debe estar
vindome, a pesar de la distancia voy caminando hacia ella, debo ser
irreconocible, uno ms en el montn, al unirme al grupo de la reja ya no me
distinguir.

Sin embargo me ha reconocido, me sigue con la mirada, incluso parece
interesada.

Eh, Ral.

Chin, deb haber corrido, no quera que me alcanzara y siguiera molestando,
incluso me encabrona su voz, con ese tono de all de por su casa. Es con la
que siempre me molesta y se burla de m.

Me volteo a verlo, temeroso, siempre tengo miedo, de que me observen, de lo
que piensen, de que se ran.

Me vas a prestar el dinero pregunta acercndose, imponindose.

No s contesto, pero esa no es mi voz, es con la que me oculto.

Por qu? pregunta hastiado, sabiendo que deber insistir, que tendr que
convencerme, como otras tantas veces.

No s e intento distraerme con las palabras de los otros en la reja.

La muchacha estaba sentada, esperando, muchos aseguraban que al sentarse la
falda haba subido un poco y se le podan ver los calzones.

La veo. Ahora s que me est mirando.

Por qu no puedes?

Mi mama no est, sali de viaje le digo fingiendo distraerme con la mujer
de enfrente, igual y as me deja en paz.

Eh, no mames la ha visto, casi la est apuntando con el dedo, est bien
pinche chula, gerita, chaparrita y tetona.

Mateo, esa con quien viene le pregunta a otro que tambin la vea.

Sabe contesta, sigue mirando, y tiene la boca abierta como idiota.

Miro hacia al patio, ese que acabo de cruzar, el cemento brilla, est casi
blanco por el sol. Me arderan los ojos si lo viera tan directo, tan
enorme, inmenso, con ganas de perderme ah. Me gusta ser amigo de las
inmensidades, como el bosque, andar entre tantos rboles, o como el mar,
aunque no lo conozca. Mam ha prometido llevarme en el verano. Y ahora me
estoy acordando, de eso otro, enorme, inmenso, que me aplasta de inmediato
al quedarme solo. La puta de mam, debo decirlo, una y otra vez, de tanto
decirlo sern tan slo palabras, o quizs me acostumbro. Por eso me gusta
lo infinito, perderme entre sus componentes, entre los rboles, ser uno de
ellos, incluso que sean ms que yo y as no ser nada. De un tiempo para ac
me sorprende como veo las cosas, pero no es que sepa ms o menos, soy un
simple testigo. Veo desde afuera, percibiendo, sin poder actuar. Mi mam es
puta, no como las de la escuela, esas que dejan que Carlos les vea los
calzones, que les toque las piernas, y que yo pueda ver mientras lo hacen y
me sonren, como si me tuvieran lstima. A mam le pagan. Ha de ser mucho.
De sirvienta a no hacer nada. Llego a la casa y ah est, dice que ahora su
trabajo es menos pesado y sale ms temprano. Y lo peor de que ahora parece
ms contenta, como debi serlo con pap, antes de que muriera. Sale de
noche, por lo menos una vez de lunes a jueves, siempre los viernes y los
sbados, para regresar con regalos. Hace poco sali temprano, por la tarde,
y regres acompaada. Era un seor un poco ms grande, elegante, formal. Al
principio me cay bien, pero la cag cuando empez a preguntarle sobre l,
como si se interesara. Me hubiera gustado decirle, qu chingados le
importa, por qu no se va mucho a la chingada, escupirle las palabras en su
cara. As lo hubiera hecho Carlos, pero sera un pendejo ms. Me levant y
me fui al cuarto, mientras poda escuchar a mam mortificada, a dnde vas,
qu tienes, tenemos que hablar, y l trataba de apaciguarla. De seguro
cuando entre al cuarto la abrazo, para consolarla porque estaba llorando. Y
luego fue peor cuando me avis que nos cambiaramos de casa, y me metera a
otra escuela, y de ahora en adelante habr muchos cambios, as es la vida,
me dijo muy solemne, muy pinche proftica.

Tons, se va a hacer lo de la lana?

Que no me est hartando, y ella me sigue mirando.

No s qu le ven, si es bien golfa golfa, esa palabra la aprend recin
entr a la escuela. Carlos me ha escuchado y se burla.

No mames lo dice sorprendido. Si bien que te gusta y su sarcasmo se
extiende en su boca. O que eres puto? esa ser su nueva broma, su nuevo
chantaje con lo que me minimizar.

Es golfa como mam. La he visto venir antes, otros das. Incluso ha
intentado hablar conmigo, pero no pasa de dos tres frases.

No soy maricn se lo digo serio, casi retndolo, como si pudiera pelear
con l y ganar. Aunque es un poco ms alto, y eso es mucha ventaja.

S, gey me ignora. Cunto a que no vas y hablas con ella? la voltea a
ver y ella lo ve, fija sus ojos en l, o eso cree. Con madre sera darle la
sorpresa, demostrar que me ve a m. Se ha intentado acercar, pero la evado,
para eso s la hago.

Y qu le digo? respondo despus de unos segundos de duda.

No s, pero si no eres maricn, y le voy a decir a los dems que eres bien
culo.

Por dentro, es decir, entre la sangre y mis tripas, siento esa impresin
abstracta, firme. Ese odio, ese sobresalto, ese susto de saber lo de mam.
Esa impresin de cuando vi al viejo, ojete, sentarse en la casa como si
fuera suya. Idntico a ese nervio al llegar a la escuela y camino entre
risas, que supongo siempre, son para m.

Eso siento, lo percibo en la debilidad de mis pasos mientras me dirijo a
ella. Atrs, la bulla de los dems. Ese pequeo trayecto es mi refugio, no
puedo regresar, tampoco llegar hasta ella. Ya estoy afuera, ya me brinqu
la barda de la escuela, sal antes del timbre, ni modo.

Qu onda la saludo muy informal, con desdn.

Hola dice con una sonrisa tmida y se levanta para acercarse. Cmo has
estado? pregunta muy solemne la pendeja.

Pues aqu y ya se me ha terminado la imaginacin. Volteo a la escuela y
Carlos est distrado platicando y los dems no se ven tan interesados.

Y qu, vas para tu casa, o slo vienes de paso? pregunto con aire
aburrido.

Pues para la casa, o a dnde te gustara ir? propone con simpleza.

A ningn lado, aqu estoy bien le rezongo con hostilidad.

No te enojes, yo slo quiero que seamos amigos y se acerca a poner su
mano sobre mi hombro. No quiero que me toque, as lo hace mam, y ya no la
tengo conmigo, ya estoy solo. Pero me acuerdo de Carlos al escuchar el
timbre, viene en camino para lucirse con ella a mis expensas.

Bueno, vmonos le digo ms tranquilo.

A dnde? pregunta.

Pues a la casa le digo y sonre con esperanza.

Pienso que ah vienen, que estn distrados y sin embargo lo hago. Le cedo
el paso para que dirija el paso hacia el carro que debe estar esperndonos
muy cerca. Luego le doy una sonora nalgada que la deja quieta, adolorida.
Esa que le he querido dar desde que la conoc. Que retumba a lo largo de la
calle y se escurre hasta la escuela. Detonan las risas y el gritero a las
espaldas, ve mi rostro, y comprende de inmediato.

No dijiste que nos debamos llevar bien la veo pasar saliva por su cuello
esbelto, ha de ser rabia, o coraje, o quin sabe.

S, pero no seas as y se quiebra su voz de vergenza.

Fue una broma, perdn. No lo vuelvo a hacer s que eso la va a convencer.
Me ve, va a decir algo, sacar los celos que me tiene, pero en el fondo
quiere olvidar la nalgada. Sigue caminando. Me acerco a ella como si fuera
a tomarla de la mano.

Estamos alejndonos de la escuela, me detengo y, con la mano en alto, me
despido de Carlos. Mueve la cabeza, pero no me mira, an no sabe cmo me lo
chingu. Ni lo sabr, no vuelvo, otro escape, y a donde llegue ser igual,
otro nuevo escape.

Alcanzo a Carolina. La cara le ha cambiado, ya no est roja de vergenza o
coraje, o quin sabe de qu. Vamos caminando despacio, platicando entre
risas, como una pareja. Es bonita, pero no debo usar esa palabra, como con
mam. No la voy a llamar ms, tratar de no pensar. Recuerdo entonces que
tengo catorce aos pero extrao a mam.

Carolina la llamo. Est a punto de subir al carro y se detiene.

Qu?

Mi mam cundo regresa? sonre comprensiva y se acomoda dentro.

Ya la extraas? el carro empieza a avanzar.

No, slo quiero saber.

El domingo.

Seguimos avanzando hacia mi nueva casa. Quiero preguntar cmo debo
llamarla, hermana o hermanastra, pero todava no me acostumbro a verla as.

** Hctor Javier Pea
   fossil_matrix@hotmail.com
   Escritor mexicano (Saltillo, Coahuila, 1983). Es estudiante de derecho.



=== Poemas      Luciana Andrea Mellado ====================================

*** Sangre

La nia sangra y en hembra la transforman
y el juego se suspende sin pausa y sin aviso.
Despiertan sed sus nuevas humedades
y la arena es barro en sus manos an torpes.

Los perros domsticos hociquean su sexo
intolerantes al disimulo de una sangre
que cambiar de color en cada parto.

Los ojos de la nia se espesaron
ya no ve ramos de transparencias en el aire.

      (de Las nias del espejo, 2006)



*** El cuerpo y la nostalgia

Vagidos secos anuncian la aurora sin que nada inaugure el sueo
o debo decir que soy yo quien te mira las manos
telaraa de belleza, ternura desgarrada?
Esto ocurre en un lugar intraducible donde la muerte bebe
la inocencia de nias muertas
que nadie busca / que nadie reclama.
Una procesin atraviesa el sendero de tus ojos cerrados
camino breve que dilata el sueo, jardn de malezas y de lluvias
animal que huele el precipicio y arremete.

      (de Las nias del espejo, 2006)



*** Imposibilidad de los cuadros

Experiencia inenarrable que se deshace en silencios, cesuras, eufemismos
No es el mo ese lienzo consagrado, ese libro ilustrado
por los clebres hermanos que siembran cosecha ajena
tampoco la voz que los evoca, rubia, masculina, extraa.

El mo es ese contrapunto que no repite ningn tapiz, ninguna publicidad,
navajas que se hieren en celo e iluminan un segundo
la imagen que me reencarna: ventana rota, descuajeringada,
detrs de la que baila una mujer abandonada a su propia alegra.

Nada es sucesivo en este cuadro que la noche del lenguaje oscurece
que la vigilia ordena, limpia y pule.
La belleza de las cosas se desplaza fuera de la metfora
ese juego revulsivo que une lo que nunca fue separado.

      (de Las nias del espejo, 2006)



*** Y ya entrada la noche

Y ya entrada la noche cuida el lenguaje
como se cuida a los hijos enfermos o a la madre dbil.
Aprende a ver en la oscuridad verdosa de sus noches
silencio que aplaca la costumbre reverberante del espejo
que le devuelve su imagen y el sonido de la ropa
que hoy nadie quita ni espera.
Ningn perro puede morder su propia cola piensa
y entonces se equivoca y sale al mundo
porque cree que est sola
porque cree que conoce la naturaleza de su deseo,
mundano afecto inenarrable hacia los otros.
Si soar la liberara un poco soara
que muere en un cadalso
que se eleva con los brazos abiertos
como quien va a volar y vuela.
Pero soar ocurre con voceos entrecortados,
presentimientos de una aurora que se resiste, batalladora.
Nadie muere en la vspera le dicen en su sueo.
pero ella advierte al despertarse el repique de unas llaves,
su golpeteo incesante en los rosados dedos
de un verdugo impiadoso.

      (de Las nias del espejo, 2006)



*** Tus ojos I

Nada es inocente en este mundo
salvo tus ojos.

Tu cuerpo quemado / incendiado por los aos
dibuja dos grandes soles
anillos sabios que te acercan a lo divino.

No exagero, es cierto, todo sobra en mi casa
todo es olvidable
menos los puentes acuosos de tus ojos.

Como aquello que ignoro conociendo
o mejor aun lo insondable de vos.
Te oigo desde lejos.

      (de Las nias del espejo, 2006)



*** Hoy se es triste, se est triste, dos veces

Hoy se es triste, se est triste, dos veces.
Las cuencas de tus manos no dan de beber,
decorado de ros que van y vienen
del mismo modo al mismo lugar,
idnticos a la desgracia sin sangre,
sin combate.

Tu movimiento ahora es pura insistencia,
necedad que supervive con el mnimo esfuerzo,
con el trax inmvil hasta la expiracin.

Hoy recuerdo el mejor lugar
en la sombra de la infancia.
Las hojas de esos rboles son las mejores
albergan toros luminosos
que la tormenta no ensombrece.
Son los mejores los rboles de la infancia.
La felicidad trepa por sus troncos
y no estn los mandatos de tu voz,
el artificio de tu silencio.

Nunca ms habitars la sombra
de quien supe ser cuando era feliz.
Nervadura de una flor astuta
que anhela la humedad subterrnea
mientras dispone su cuerpo hacia la altura.

      (Indito)

** Luciana Andrea Mellado
   lucianamellado@infovia.com.ar
   Escritora y docente universitaria argentina (1975). Reside en la
   Patagonia argentina. Recibi el Premio Academia Argentina de Letras
   (2000) y becas de la Agencia Espaola de Cooperacin Internacional
   (Aeci, http://www.aeci.es) y del Fondo Nacional de las Artes
   (http://www.fnartes.gov.ar, 2000 y 2006). Ha coordinado distintos
   talleres de escritura y publicado artculos en revistas de cultura
   argentinas e internacionales. Ha publicado el poemario Las nias del
   espejo (2006).



=== El loco      Pablo Mendieta Paz =======================================

Ayer y hoy he estado contigo y me froto las manos al saber que nada ni
nadie podrn impedir que permanezca en tu presencia. Me dices cosas
susurrantes al odo que me llegan como truenos, y cosas como truenos que me
suenan a susurro. He ah tu genio, amigo! Nadie lo podra hacer, o tal vez
s, pero no con tu inspiracin.

El otro da, al amanecer, junto al ro, cuando agitaba mis pies en el agua
clida de la aurora, vi cmo el sendero de arbustos nacientes haba
atrapado en sus flores todava no del todo abiertas, al sol que
despuntaba... Yo saba que era el momento en que vendras, pues siempre
apareces acompaado de la virtud ms excelsa de la naturaleza. De pronto
asomaron tus pasos que se aproximaban a mis espaldas haciendo sonar los
tacones de tus zapatos; aquellos con los cuales pisas todo lo inservible de
este mundo, y me dijiste:

No te des vuelta! No quiero que hoy me mires... No quiero que mi traza
de hombre vesnico te perturbe! Qudate as como ests, sentado, fijando
tu vista en lontananza, pero no trates de atravesar los umbrales del
horizonte (eres muy propenso a eso), sino que escucha, slo escucha
atentamente!

Soy un poeta loco; si t lo quieres, sin Dios, o con un Dios a medio
hacer. Tu dirs: Podrs ser un nuevo ser? Alguien que nunca haya pisado
lo que todos lo hemos hecho, como la tierra? O que haya atrapado entre sus
manos lo que nunca nadie lo ha conseguido, como el viento? O que haya
cortado las alas de sus pensamientos como un cuervo herido de muerte? O un
hombre cegado por la luz de un alba nunca antes revelada? Y yo te
contestara: Podra ser todo eso, y tambin nada... Pero ya que tienes
odos para or, oye. Presta atencin y todo resultar ms fcil; es una
aventura que si quieres, vvela, pero no pierdas de vista lo que te he
dicho: de ti depende entenderla, corre por tu cuenta. Y luego de vivirla me
admirars o me odiars, ya que conmigo no hay medias tintas, es decir, no
te hablar de juicios vagos y nada resueltos, dictados por extremada
cautela y receloso espritu. Te dir lo que es, y nada ms. Y aunque
sientas como la sacudida elctrica de un rayo que recorre tu pequeo mundo
de creencias tan ntimas, pero tan comunes, de ese mundillo opaco y cmodo
en que acostumbras a refugiarte para huir de tu penoso desamparo, me
confesar de plano a ti, ingenuo y sarcstico, para que salga a luz tu
desabrigo falsamente cubierto y ensearte a aprobar y querer la vida como
hombre juicioso. Pues este viejo a quien escuchas, retrado como el
anacoreta de las montaas, pretender a veces, muchas veces, expulsar tu
conviccin en Dios y tu creencia en una vida que deslumbra, alucinante,
luego de la fatdica muerte. Ja, qu necedad!... Vida despus de la
muerte. No, no, mil veces no, tienes que hacerte duro, tan duro como una
roca gigante a la que no se puede mover ni empleando a toda la existencia!
S... haz frente a todos los estmulos complacientes y maleables y s duro
en tus relaciones con los dems; lzate en un ansia intensa de yugo! Al
diablo con la benevolencia! No sirve. Con ella nos han engaado siempre los
filibusteros que gozan de la gracia de Dios. Pero ten presente una cosa
ms: todo esto tambin quiere decir que la dureza tienes que emplearla
necesariamente contigo mismo, pues ella adorna al individuo de la misma
manera que adornan los sonidos, sublimes, con los cuales el msico crea una
obra de arte superior. Ah! Y jams te rindas, pues, adems de que la
gente se reira de ti con esa risa parecida al crujir de la zarza en el
fuego, te transformaras en una bazofia, en una sustancia en
descomposicin, en un ente bueno para nada que habita con los gusanos en
los basurales! Esa es la fragilidad de los mediocres, de aquellos que
pululan por doquier. Hay tantos que se chocan contigo a su paso. No hay que
olvidar que la compasin ya lo dijo alguien es la tristeza nacida del
dao del otro: es debilidad.

Toma conciencia de que Dios ha muerto, y recupera la fidelidad que le
diste en tiempos pretritos al significado de la tierra. Lnzate como una
catapulta humana al desafo de vivir esa vida que se quiere vivir otra vez,
perdida como una joya que ha zozobrado en el mar.

Puede que creas, amigo mo, que el alegato que expongo es indigno. No. Al
final de cuentas, aunque parezca sibilino y ciclpeo, debo confesarme ante
ti que sufro de miedos y gozos, y tambin de fatiga por la dureza de mi
destino. Vaya paradoja! Tal vez esto sea porque muchos aos he comunicado
mi sabidura slo a mi soledad, all, en las montaas del sur.

Me comprendes? Y si me comprendes, rechazas mi mensaje? No quiero que me
abandones, amigo, ni quiero abandonarte yo; pero siento una necesidad
irrefrenable de retirarme otra vez a esas montaas, a mi cueva, a
entenderme tal cual soy, pues puede ser que me halle navegando como un
pensador sabiamente expuso en la hermosa razn del azar, o, quizs, no
est haciendo otra cosa que una suerte de exaltacin de mis fracasos, de un
mensaje destinado a nadie ms que a m mismo; pero eso s, que converja en
tiempos futuros, no muy remotos, a una aurora de mil colores que al fin
llegar. As que quiero que comprendas que el hombre tiene que ir al
hombre, a la tierra, a la vida, y no como hacen aquellos que deshonran la
suya propia alimentando sus fuerzas en la bsqueda de una existencia
ultraterrena. Patraas! Y para ir al encuentro de eso se empequeecen como
el caracol. La humildad no sirve; tampoco la docilidad, y menos el gemido
de los blandos y la serenidad sumisa que sacan ronchas. En este mundo de
misterios, pero de verdades, slo deben imperar la soberbia y la sutileza!
Pero aunque parezca contradictorio, amigo, jams hablar de apoyar al
nihilismo, pues como te dije hace slo un momento el crepsculo matinal
llegar con millones de arco iris que arroparn al hombre en su nuevo
destino, y ya no ser ste un intil incapaz de poner en movimiento su
fuerza creativa; que ya no desee nada; que se contente con vivir una vida
meramente inane; que su principal preocupacin sea no tener malestares en
su salud; y que se resigne a efmeros deleites ordinarios. Ser un nuevo
hombre que podr elevarse sobre los resignados a su suerte, aquellos que
con la cabeza hundida como el avestruz dejan transcurrir el tiempo,
preconizando la profunda eternidad a la que un da llegarn...

Hay algo adems de tantas otras cosas que desprecio de los mediocres: el
resentimiento. Sabes qu es el resentimiento? Es el rencor llevado a su
mxima expresin que apunta a vindicarse, como las tarntulas, y cantar
victoria, con lo cual los dbiles triunfan como tales e imponen sus propios
valores nacidos de su desprecio; y esto conduce a un talante siempre
reprensible; a una ineptitud para arrobarse, enaltecer y amar; a un deseo
enfermizo de ser amado, sustentado y halagado. Comprende, por tanto, que el
resentido siempre, pero siempre, te apuntar con su dedo acusador. Su alma
est tan corroda que se encuentra al acecho de un fundamento moral para
algo que es un hecho absolutamente natural. Y es ms. Atribuye su
atormentada impotencia a otros so pretexto ntimo de no confesarse como un
ser endeble. Alguien dijo en cierta ocasin y cunta razn tena! que
quienes predican la igualdad no son ms que unos seres enanos, gregarios,
que jams podrn llegar a ser como los fuertes, los poderosos. Por eso la
predican. Mentecatos... En tanto que stos, mientras ms vigorosos sean,
esparcirn la diferencia de los hombres bajo la imposicin de un renovado
sistema de valores...

Mientras se qued por un instante meditando, vi en aquel ro la vida tan
honda como el mar, tan clara como los cielos donde retozan el amanecer y el
crepsculo, la penumbra y el fulgor. El murmullo del ro me seduca, como
la msica de las aves y el susurro de los rboles, a veces silenciado por
el chirrido de las cigarras: no era otra cosa que el idioma de la
naturaleza. Por momentos, en mi fantasa, se me antojaba aquel ro como una
pleamar en noche de luna llena. La brisa clida de primavera me rozaba la
cara. Me senta bien...

Y aunque sea difcil decirlo, es cierto: Dios ha muerto. No es que no
existe, sino que ha muerto, pues t, hombre ya adulto, dueo absoluto de
tus pensamientos y de tus pasiones, puedes superarte por ti mismo sin tener
que recurrir a lo que recurren quienes quieren cobijarse en las barbas de
Dios. De esta manera, te reconcilias con tu propio cuerpo y lo admites
henchido de felicidad, aunque sea degradante y deforme. As, el cuerpo
vive, brota como una amapola refulgente, autotrasciende, ya no hay
idealidad y no se arredra ante la posibilidad de fecundar su propia
libertad creadora; y desde ah comienza la ansiada diversidad que desvanece
las sombras de la inicua nocin de alma, recuperando el hombre su inocencia
extraviada. La tierra nuevamente es el edn pleno de huertos embriagantes,
que ya no tiene a Dios como a su capataz. En ella, tendr buena posada el
hombre y un rayo de luna chispeante ser lo que antes la medianoche de su
vida. Por eso ste debe saltar como con una garrocha sobre los valores de
la moral corriente, absurda, abyecta, que tiende a la igualdad
intransmutable, aquella de los dbiles, que tienden al gregarismo, y no,
claro, de los fuertes que van a la bsqueda de la soledad, y luego del
poder, del poder del artista, del bohemio, del que reniega de la ambicin y
el clculo, del conquistador, del que no se disminuye.

Debes estar lo plenamente consciente de que todo lo que existe se mueve, y
por lgica, existe el tiempo, y por aadidura, el tiempo es finito, como
una sucesin de instantes idnticos, tan circular como una pelota que flota
en el vasto ocano, o como un anillo que cabe en otros anillos. Es el
tiempo que llega a su clmax y vuelve redondo, otra vez, a su misin. Y
aunque parezca fatal y agobiante, la presunta tragedia orbicular se
transforma en una representacin festiva: la repeticin perpetua hasta de
los ms insignificantes momentos: como un solaz...

No hay pecado! No hay culpa! El hombre est libre pues el cenit espanta
los fantasmas que crean su fragilidad, y solo, va configurando su propio
destino, un destino desbordante de bienestar que se esparce como una luz
cegadora en todo su ser. Es la paz con la tierra y con la existencia...

Como siempre, permanec junto al ro agitando mis pies en el agua clida
del medioda viendo cmo el sendero de arbustos haba atrapado en sus
flores al sol que todo lo inundaba... Yo saba que era el momento en que se
ira, pues siempre desaparece acompaado de la virtud ms excelsa de la
naturaleza. De pronto resonaron sus pasos que se alejaron de mis espaldas
golpeando los tacones de sus zapatos, aquellos con los cuales pisa todo lo
inservible de este mundo, y me dijo:

No te des vuelta! No quiero que hoy me mires!

** Pablo Mendieta Paz
   mendipaz@hotmail.com
   Msico y abogado boliviano (1955). Reside en La Paz. Tiene estudios en
   el Conservatorio Nacional de Msica y especializacin en Direccin de
   Coros con el maestro parisino Alain Charron, y estudi derecho en la
   Universidad Mayor de San Andrs de La Paz. Ha publicado artculos de
   derecho financiero y derecho constitucional y el libro Actualidad
   jurdico-financiera en Bolivia (1996).



=== Poemas      Fred More =================================================

*** No era amor, era cortesa

Tan amable ella,
con todos tan dulce y afectuosa,
su mirada y su sonrisa contagiosa
la hacan ms atractiva, ms bella.
A todos saludaba sin distincin
con un tierno besito
o con un inocente abracito
y todos la adoraban con veneracin.
Vestida de elegancia y sencillez
slo despertaba respeto y admiracin,
tal vez ocultando fantasas atrevidas
de que ella fuera la mujer de sus vidas.
Yo un da
de ilusin prendido
le pregunt si me quera.
Ella me contest asombrada
que yo la haba malentendido.
As perd el amor que soaba
y su simpata.



*** La felicidad viene slo de visita

La felicidad viene slo de visita
a la humana morada
de mi existencia,
a veces brevemente,
a veces con frecuencia.
La felicidad viene slo de visita
a veces con sorpresa,
sin previa cita.
Nunca se queda indefinidamente,
se va con la promesa
de volver oportunamente.
Estar siempre servida la mesa
y abierta la puerta
de mi alma y de mi vida
para su bienvenida.
La felicidad viene slo de visita,
as es la vida,
si triste es su partida
dulce ser su prxima venida
para volver a ser feliz,
volver a amar
a soar, a cantar,
a trabajar, a descansar,
volver a la patria, al hogar,
a la salud, a la normalidad,
de nuevo la habitual actividad,
de nuevo la felicidad.
Qu bueno sera
a su presencia acostumbrarse
pero ella no viene para quedarse.



*** Aquellos tiempos difciles

Primeras horas
de una maana cualquiera.
El acostumbrado caf
antes de las faenas del da.
En la barra de la cafetera
en las mesas desnudas
las gentes de siempre
taciturnas, casi mudas.
Una patrulla tempranera,
al trote por la acera.
En la emisora
las palabras del lder a toda hora.
Recelosas miradas
hacia el recin llegado:
misterioso, callado,
desconocida su identidad:
tal vez un agente de la Seguridad,
un vecino, un forastero.
Un delator, un extranjero,
un transente, un taxista
un funcionario, un turista.
Una voz hesitante, con temor:
gusta un caf, seor?
La expresin de anuencia
del desconocido.
Sensacin de un tiempo vencido.
Aroma de caf humeante
en tazas de peltre brillante.
Son amigos en un instante.
Un apretn de manos calurosas,
agradecidas, amistosas.
Maana en esta cafetera
sabr mejor el caf de cada da.

** Fred More
   romanfre@cantv.net
   Escritor y docente italiano (Verona, 1938). Es profesor de idiomas
   modernos. Ha publicado Figura y pensamiento del monseor Rafael Arias
   Blanco (Italgrfica).



=== El encuentro      Mercedes lvarez Gutirrez ==========================

(Sucedi cuando tenamos diecisis aos e bamos al colegio. Una de esas
maanas con Cartier).

Cartier cierra la puerta de la casa y se cuelga la mochila al hombro.

(Uno de esos das nublados de invierno).

Llega tarde al colegio, pero no va apurado: esa maana tiene clase de
fsica.

Cartier no soporta a la profesora. Los das que tiene fsica, se toma antes
un vaso de vodka. Se lo sirve en el bao y brinda frente al espejo. Despus
esconde la petaca en el botiqun, detrs del papel higinico. Su madre rara
vez mira ah: su madre rara vez mira nada.

(Porque no haba nada que mirar; porque todo era pobre, chato y vaco,
porque los das se estiraban como una sustancia pegajosa y adentro de m
slo haba ese silencio hueco).

Cartier sube al colectivo. Se encuentra con su amigo Dupr, que est
sentado en la ltima fila.

Hola.

Hola.

Dupr es el mejor amigo de Cartier.

Durante un rato ninguno de los dos habla. Cartier mira por la ventana con
los ojos entornados porque hoy no tom un vaso, sino dos: el sueo que tuvo
durante la noche le trajo a la mente los peores recuerdos.

El alcohol me relaja dice Cartier despus de un rato.

Dupr lo mira.

Ests loco se re con la voz ronca.

Dupr es el mayor admirador de Cartier. Cartier, el mayor admirador de
Dupr.

En la puerta del colegio, Dupr toca el hombro de Cartier que se acaba de
quedar dormido.

Cartier abre los ojos.

Vamos dice el otro.

Bajan del colectivo frotndose las manos. Afuera hace un fro seco y
cortante. Los amigos avanzan encorvados.

Van hacia la entrada. Hacen todo el camino hasta el aula.

Como siempre, se sientan uno detrs del otro. Saludan con un gesto a los
compaeros que van entrando.

(Y yo pensando en el sueo, con mi padre en la escalera; la cara demudada
del da que se fue. Mi padre en la escalera con el gesto duro:)

Cinco minutos ms tarde entra la profesora de fsica. Es una mujer arrugada
y enrgica, con un pelo chato y escaso de un extrao color amarillo verdoso
por el efecto de las tinturas.

Se pone los anteojos y mira a Cartier, que le sonre estpidamente desde el
banco.

(Siempre esa cara de idiota, los ojos perdidos. El peor alumno de la clase,
la desgracia de todos los profesores).

Se odian. Slo que Cartier est demasiado borracho como para decir nada en
ese momento.

Como de costumbre, pasa la primera hora de clase dormido y la segunda
mareado.

A las diez de la maana la profesora se saca los anteojos, recoge las
carpetas y le dirige a Cartier una ltima mirada recelosa.

Hace tiempo que Cartier asiste a las clases como ausente, pero ella
permanece a la defensiva.

(Porque nunca se saba cmo podan llegar a reaccionar todos esos chicos
que eran como animales, como bestias en una jaula de cuatro paredes).

Intuye que Cartier toma algo desde hace tiempo, pero en el fondo lo
agradece. Todava recuerda los primeros meses del ao (las discusiones
absurdas e imposibles, Cartier vaya a hablar con el rector, Cartier se lo
digo por ltima vez; si no me hubiera jubilado al ao siguiente me hubiera
muerto).

Despus del timbre del recreo, en el aula slo quedan Cartier y Dupr.

A Cartier se le acaba de pasar el efecto del alcohol.

Vmonos dice.

Adnde pregunta Dupr.

Adonde sea.

En dos minutos los amigos recogen las cosas y salen del edificio.

La ciudad es una aglomeracin de casas y cemento. La zona que rodea al
colegio slo tiene edificios altos y espaciados, ennegrecidos por la
contaminacin.

Cartier y Dupr atraviesan el jardn donde slo hay tilos de ramas peladas.
Siguen caminando y pasan sin dificultades por la reja abierta.

Qu insoportable es esta mina dice Cartier.

Yo creo que le gusts a la vieja.

Cartier se re.

Te la podras coger.

Qu asco.

Te la imagins cogiendo? pregunta Dupr.

Se ren. Cruzan la calle corriendo, con el semforo en verde. Cartier
escucha las bocinas como de lejos. Empieza a estar nervioso.

La razn principal por la que Cartier toma es la necesidad de
tranquilizarse.

(Era esa euforia, esa necesidad constante de hacer algo, de tener que ir
siempre a otro lado. No estar bien nunca en ningn lugar: eso era).

Cartier y Dupr caminan hasta un banco en una plaza en medio de los
edificios. Dos nenes de unos cuatro o cinco aos juegan en los toboganes,
bajo la mirada atenta de las madres.

Sacan una caja de cigarrillos. Encienden uno cada uno. Durante un rato no
tienen nada que decirse. Cartier tose. Vuelve a fumar. Vuelve a toser.
Finalmente apaga el cigarrillo contra el cemento del banco.

Mira el suelo de piedras diminutas.

Tengo una idea dice.

Qu.

Vmonos de viaje. Lejos. Desaparezcamos.

Dupr se re.

De verdad que ests loco.

Lo digo en serio.

Cartier levanta la vista hacia los edificios. Ve el cielo nublado y las
antenas de televisin en las terrazas. Se frota una mano contra la otra.

De dnde sacamos la guita.

Yo s de dnde responde Cartier.

(Y se me ocurri aquella idea ridcula de ir a ver a mi padre).

(Y se le ocurri aquella idea espantosa de ir a ver a su padre).

Se para. Dupr lo sigue. Los dos empiezan a caminar con rumbo incierto.
Unos metros ms adelante se detienen en la parada del colectivo.

Mir el que nos lleve a Villa Nueva dice Cartier.

Para qu.

Vos mir.

(Villa Nueva adonde mi padre se fue a vivir despus del divorcio).

(Yo iba y me sentaba horas en la puerta para verlo entrar, para verla
entrar a ella e insultarla. Miraba si estaba su auto. No era capaz de
entender cmo haba podido arruinar veinte aos en un solo gesto, dejarme
sola en esa cama gigante donde nunca encontraba la posicin).

Podemos ir a la costa, tomar un barco.

De dnde vamos a sacar la guita insiste Dupr.

Se la vamos a pedir a mi viejo.

(Yo con esa necesidad, esa euforia de salir corriendo detrs de los
pjaros, o avenida abajo, o ver la sangre de las liebres como cuando bamos
a cazar con l, con mi padre, cuando yo tena diez aos).

Dupr no pregunta. Llega el colectivo y se suben. A travs del vidrio miran
la extensin de la avenida.

No hablan.

Dupr est nervioso.

Avanzan a lo largo de la avenida. Pasan las fbricas y las villas miseria.
Mendigos y chicos semidesnudos estn parados en las veredas de tierra.
Dupr cree ver piedras y palos en sus manos. Cartier est mirando al otro
lado y slo ve terrenos baldos.

Unos metros ms all empieza el barrio residencial.

Nos bajamos ac dice Cartier.

Dupr se levanta. Tocan el timbre y salen.

Una vez abajo, Dupr se anima a preguntar.

Pensaba que no lo veas a tu viejo dice.

No responde Cartier.

Avanzan por la calle delante de casas iguales, de arbustos de hojas iguales
recortados de la misma forma prolija, de ventanas con macetas idnticas
sembradas de flores amarillas.

Dupr quiere irse, volver atrs. Tiene un presentimiento horrible, pero no
se anima a decirle nada a Cartier.

(Era como si fuera a pasar algo malo. Hasta pareci que el cielo se pona
ms negro).

Cartier se detiene frente a una de las puertas idnticas y toca el timbre.
Espera. Nadie abre. Vuelve a tocar. Entonces aparece un hombre alto. Una
gran panza le asoma por entre los pliegues de la bata a cuadros.

Flix dice.

Padre e hijo se miran como dos desconocidos. Cartier est a punto de
extender la mano para saludarlo,

(como a un gerente, como a un director de un banco)

pero no lo hace.

(Me miraba con los ojos duros; mi hijo que no me haba perdonado).

Dupr le toca el hombro.

Te espero afuera.

Cartier lo arrastra hacia adentro:

No.

Se sientan en el silln.

Un caf? pregunta el hombre.

Se toca el pelo escaso tratando de ponerlo en orden. Hace esfuerzos por
taparse las piernas flacas con la bata a cuadros.

(Y ese era mi padre. Un hombre triste, con cara de anciano y unas piernas
como de palo, con la boca fina y estirada y el rictus hacia abajo).

Ests solo? pregunta Cartier.

Est Pablo dice el hombre.

(Porque Mabel ya no estaba nunca, porque todo en mi vida haba salido
errado).

Cartier lo mira confuso. Le cuesta unos segundos recordar que tiene un
hermano. Entonces, por un momento, se siente indefenso, herido. La sola
existencia del chico que duerme en alguna de las habitaciones de la casa le
resulta ofensiva.

Qu ests haciendo? pregunta el hombre.

Cartier levanta la cabeza.

Qu?

Digo que qu ests haciendo repite el hombre. No ests estudiando?

S. Como siempre.

El hombre sabe que su hijo debera estar en el colegio en ese momento, pero
no dice nada.

Cartier va recuperando el dominio de la situacin. Los ojos se le ponen
rgidos, duros como dos bolas negras incrustadas en la piel clara.

Entonces, por fin, habla:

Necesito plata.

El hombre lo mira.

No alcanza lo que le doy a tu madre? pregunta tmidamente.

A m nunca me das nada dice Cartier.

Dupr se sorprende de la enorme frialdad de su amigo. Le gustara correr.
Irse.

El hombre sigue sentado. Se defiende. Cartier sabe que slo tiene que
quedarse ah quieto para que ceda. Sabe que no tiene que hacer nada ms.

Se recuesta en el silln y espera. Dupr pide saber dnde est el bao. El
hombre se lo dice.

El hombre y el chico se quedan solos.

En el living, en el silencio, se escucha el tic-tac de un reloj.

Cartier espera. Tiene los ojos turbios, pero lo ve todo con una claridad
asombrosa.

(Vi que mi padre me tena miedo. Vi que estaba solo; intu que no era
feliz. Por un momento lo vi todo como ahora lo veo en la distancia. Me fue
dado el don supremo de la comprensin. Entonces l se levant).

Entonces el hombre se levanta. Desaparece detrs de una puerta. Dupr
vuelve del bao. Ninguno de los dos habla.

Cartier mira alrededor como si no viera. No quiere tocar ni uno solo de los
objetos de la casa. No quiere recordar despus.

(Pero record. Record la lmpara y la mesa de tres patas, la alfombra
rabe, as como record esas piernas como de palo y el rictus de la boca
hacia abajo).

El hombre vuelve. Trae unos billetes en la mano. Se los da a Cartier, que
los guarda sin mirarlos. Se queda expectante.

Cartier entiende que tiene miedo de que el hijo se despierte, que al darle
los billetes supone que se ir rpido. No quiere entender nada ms.

Cuando Cartier acepta el dinero de las manos del padre, sabe que ya no
volver a verlo nunca.

(Porque lo hubiera respetado slo si me hubiera negado hasta el ltimo
centavo; porque nunca le perdon que aceptara el chantaje).

Ahora toca el hombro de Dupr y salen sin decir palabra, sin haberse
dirigido ni siquiera una ltima mirada.

Caminan en silencio, tristes, vencidos.

(Porque la victoria que obtuve fue nicamente una forma de la derrota).

Van pateando latas y piedras hasta la parada del colectivo. Se sientan.

No saba que tenas un hermano dice Dupr.

Cartier no le responde. Est contando el dinero, los quinientos dlares que
el padre le acaba de dar. Despus separa la mitad y se la ofrece a Dupr.

Por qu? pregunta Dupr.

Es justo dice Cartier.

Llega el colectivo. Ambos se suben y vuelven sin hablar. Pasan la villa
miseria; entran de nuevo en el barrio de edificios grises. Slo cuando
estn a punto de llegar a la puerta del colegio, Dupr pregunta:

Adnde vamos?

A cualquier lado dice Cartier.

De pronto ya no tiene ganas de viajar. Solamente quiere llorar tirado en la
cama.

Tocan el timbre del colectivo. Cartier se baja primero y Dupr lo sigue.

El cambio de espacio y la caminata les hace olvidarse un poco del barrio
residencial, del hombre, de las villas miseria y de los terrenos baldos.
Pero no consigue borrar la sensacin de malestar.

Ninguno de los dos quiere volver a su casa.

Se est haciendo de noche y van caminando con rumbo a ningn lugar. Cartier
parece ciego mientras avanza por las calles donde empiezan a encenderse las
luces. En el aire flota una humedad que lo deja todo brillante, vidrioso.

Adnde vamos? pregunta Dupr.

No s dice Cartier.

(Todo pareca equivocado. Las calles tenan un aspecto vaco y deprimente).

Dupr saca los cigarrillos y fuma uno. Se lo pasa a Cartier.

Ya es de noche dice l.

Hace fro dice Dupr.

Caminan hasta un parque cercano y se sientan en uno de los bancos de
piedra. Encienden los cigarrillos. Fuman.

Cartier piensa en el dinero que tiene metido en el bolsillo.

Hay un atardecer sin colores, que es slo un oscurecimiento paulatino y sin
matices.

Cartier piensa en su casa. Le gustara colarse silenciosamente por la
ventana. Alcanzar la cama. Masturbarse. Llorar.

Dupr no piensa en nada. Est callado. Tiene los ojos brillantes y las
articulaciones entumecidas por el fro y la humedad.

Una mujer renga pasa a su lado y les pide un cigarrillo. Cartier se lo da.
Se lo enciende. La mujer lleva una manta agujereada bajo el brazo y tiene
puesto un tapado viejo, gastado en los codos y en los puos.

Se aleja caminando lento, con el cigarrillo entre los labios.

Cartier y Dupr se miran. Ninguno de los dos hace un gesto para moverse.
Por entre las construcciones, en el cielo negro, aparece el perfil blanco
de la luna.

** Mercedes lvarez Gutirrez
   almercedes3@hotmail.com
   Escritora argentina (Tandil, Buenos Aires, 1979). Un relato suyo aparece
   en la antologa del Premio Nacional de Cuentos Haroldo Conti (1998).



=== Tres poemas de Oscuro nacimiento      Gonzalo Mrquez Cristo ==========

*** Descenso a la luz

La noche es mi regreso. Transito el museo de la ausencia.
Todo sufrimiento es intil para quien no persigue la poesa, para quien no
      [alimenta con sus ojos a las guilas.
Ejercito la sed. Amo tan slo a quienes no pude salvar.
Ya no existe una oscuridad que gue nuestros sueos ni los fantasmas del
      [deseo inconcluso; slo el abyecto intercambio que ha remplazado al
      [rito.
Ya no busco, pierdo...
Y ni siquiera encuentro lugar en el asombro.
No puedo olvidar ms. Ni pretendo saber las tres respuestas ocultas por la
      [muerte.
Aqu nadie carece del odio necesario para recobrar el paraso, ni confiesa
      [su ruda cada en el da.
Debo ser sombra o grito. Retorno o nacimiento.
Cada origen decretar la abolicin del yo.
Es entonces cuando la respiracin ser verde.
Y aunque todo se lo deba al dolor... Avanzo: caigo. Elijo los caminos que
      [no tienen final. Las voces que incendian las tinieblas. El poema.
T lo sabes, cuerpo estremecido:
No es en el tiempo donde he puesto mis palabras.



*** Cita de la tierra

Lo tena todo hasta que lleg la palabra.
Durante la vigilia conoc el grito azul. Prob todas las mscaras incluidas
      [las del t. Esper que mi pobreza me hiciera libre y delat a
      [aquellos que decidieron heredar los desiertos.
Los seal con mano de sal y desert de la luz.
La sublevacin del deseo nos dej a la intemperie.
Imitamos la palidez de la luna y curamos la herida del insomnio con la
      [ventana trmula de un cuerpo desnudo.
Las lgrimas, el miedo, las visiones, y todo lo que ser recuerdo, me forz
      [a la fuga de mi rostro.
La tierra cit a sus testigos y los rboles fueron ledos por el viento. El
      [fuego nuevamente interrog nuestros sueos.
La sangre del amanecer cay en mi pecho y padec el cruel reinado de las
      [horas.
No s cunto ms debo perder para que me sea develado el poema. No s cul
      [es la sed que debo atizar para continuar en la respiracin. Elud
      [las rutas propuestas por el sol. Bautic todo lo perdido. Habit la
      [Edad del grito. Emprend el camino hacia mi voz.
Y ahora, cuando cierro los ojos, alguien regresa a la vida.



*** Gnesis

Para sobrevivir nos arriesgamos a la memoria, nos entregamos al vaco.
Ya conocimos el ave de rapia del viento y la serpiente del agua. El
      [silencio jams volver a separarnos.
Regresamos al slex, escuchamos la oracin del fuego.
Emprendemos el numinoso sobresalto. Vivimos la voracidad de los hallazgos y
      [el juego espectral del deseo.
El nico fruto del rbol al que no podemos renunciar es a su sombra.
      [Sufrimos la persecucin de la primavera y fue all donde la palabra
      [se hizo verde.
Lo que ms dura es el instante, lo que ms oculta es la luz.

Cuando se interrumpe el tiempo alguien decide nacer.

** Gonzalo Mrquez Cristo
   comunpresencia@yahoo.com
   Escritor colombiano (Bogot, 1963). Ha publicado el poemario Apocalipsis
   de la rosa (Quimera del Oro, 1988; Hojas Sueltas, 1990), la novela
   Ritual de tteres (ganadora de Beca Colcultura en 1990; Tiempos Modernos
   Editores, 1992), El tempestario y otros relatos (Comn Presencia
   Editores, 1998), La palabra liberada (primera edicin Coleccin Los
   Conjurados, 2001; segunda edicin, 2005), la antologa Liberacin del
   origen (Universidad Nacional de Colombia, http://www.unal.edu.co, 2003)
   y Oscuro nacimiento (Primera Mencin en el Concurso Nacional Jos Manuel
   Arango; Coleccin Los Conjurados, Bogot, 2005; segunda edicin, 2006).
   En 1989 particip en la fundacin de la revista cultural Comn Presencia
   (reconocida con Beca Colcultura a mejor publicacin cultural del pas,
   1992), de la cual es director. Es creador y coordinador de la coleccin
   internacional de literatura Los Conjurados, actualmente distribuida en
   cinco pases. Varios de sus poemas y relatos han sido traducidos al
   ingls, francs, italiano, portugus y braille. En los aos 2005 y 2006
   fue finalista en el concurso nacional de literatura Libros & Letras
   elegido por votacin de los lectores. Actualmente prepara un libro de
   reportajes a grandes escritores y artistas contemporneos. Mantiene un
   blog en http://gonzalomarquezcristo.blogspot.com.



|||||||||||||||||||||||    EL REGRESO DEL CARACOL    ||||||||||||||||||||||

=== La Honda y el Pjaro ==================================================
=== Cooperativa Cultural Al Margen del Jardn =============================

      Revista literaria
      Ediciones de la Cooperativa Cultural Al Margen del Jardn
      Maracay, Aragua (Venezuela), diciembre de 2006
      ISBN: 1315-0618
      12 pginas

El poeta venezolano Erasmo Fernndez dirige en Maracay la revista La Honda
y el Pjaro, publicacin de accidentado recorrido vital que se inici en
1992 y que, en esta su ms reciente aparicin, alcanza su cuarto nmero
amparada en la invocacin hecha por el mismo Fernndez en el editorial de
los poetas cados, fallecidos entre los aos 70 y el presente, Zoraida
Garca y Rafael Fernndez, as como el escultor Daniel Herrera.

El cuarto nmero de La Honda y el Pjaro fue presentado el 21 de diciembre
con una jornada de exposiciones, conciertos y recitales en las reas libres
del Complejo Cultural Santos Michelena mejor conocido como la Casa de la
Cultura de Maracay, junto con el nmero cero del peridico La Mano del
Surco, ambos de la Cooperativa Al Margen del Jardn con los aportes del
Conac y el Ministerio de la Cultura.

La revista ha sido diseada por Csar Colmenares, quien ofrece en esta
ocasin una propuesta que emparenta la publicacin con las plaquettes, a no
ser por el tamao: 60 centmetros de ancho por 30 de alto en su pliego
mayor. Las ilustraciones han ido por cuenta de Edito Lpez, Abdul Vsquez,
Carmen Quiero, Carlos Trejo, Dobber y Federico Zarkovich.

Engalanada desde su portada con uno de los trabajos de la serie Fsiles,
del artista Orlando Guerra, la revista incluye poemas de Wilson Camero,
Mohamed Abid Hassan, Eduardo Prez, Pablo Acosta Ros, Astrid Salazar,
Ezequiel Piero, Marcos Veroes, Jaime Betancourt, Romn Funes, Eleazar
Marn, Miguel Henrquez y Manuel Lupi, as como relatos de Zoraida Garca,
Erasmo Fernndez, Rafael Ortega, Gloria Dolande, Isabel Rivas, Roberto
Santana, Csar Colmenares, Manuel Gonzlez y Leonardo Maicn.

La Cooperativa Cultural Al Margen del Jardn es presidida por Fernndez,
quien con ms de treinta aos en el quehacer cultural se ha hecho acompaar
en la mencionada agrupacin por un grupo de escritores, escultores y
pintores, quienes buscan exaltar la labor creativa de los artistas de la
entidad. 



|||||||||||||||||||||||||||    POST SCRIPTUM    |||||||||||||||||||||||||||

Mi tarea no consiste en indicar a los dems la perfeccin objetiva, sino
mi propia manera de buscarla (y aunque slo sea una pena, un lamento) con
la mayor claridad y honestidad posibles.

      Hermann Hesse (1931).



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