~~~~~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~ Edición 64 15 de febrero de 1999 ~~~~~~~~~~~ ================================================ ~~~~~~~~~~~ LETRALIA ~~~~~~~~~~~ Tierra de Letras ~~~~~~~~~~~ ================================================ ~~~~~~~~~~~ http://www.americadelsur.com/letralia ~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras es ~~~~~~~~~~~ una revista literaria que ~~~~~~~~~~~ difunde el trabajo de escritores ~~~~~~~~~~~ hispanoamericanos contemporáneos ~~~~~~~~~~~ Usted puede enviarnos sus ~~~~~~~~~~~ comentarios, críticas o material ~~~~~~~~~~~ literario a letralia@rediris.es ~~~~~~~~~~~ ~ * ~~~~~~~~~~~ ~~~ JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor ~~~~~~~~~~~ ~~~~~ Depósito Legal: pp199602AR26 ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ Miembro de la Biblioteca Circular ** http://bc.encomix.es === Sumario =============================================================== | "Vértigo", Jorge Gómez Jiménez. | Editorial | Libro de Marcelo Jurisich en la Editorial Letralia. | Anuncios | especiales | Crean lista para estudiar los sistemas educativos. / | Noticias Efemérides por correo electrónico. / 19 plumas | femeninas. / en.red.ando en tres idiomas. / Fallece el | editor español José María Amado. / Parlamento Europeo | favorecerá la protección de los derechos de autor. / | Teatro de lo oscuro. / Pablito viene naciendo. / Mil | artistas en Arco. / El aniversario de Rushdie. / Hablar | castellano en Estados Unidos puede ser costoso. / Muere | el poeta Juvencio Valle. / Borges en las revistas. / | Curso sobre Bécquer dictará en línea la Universitat | Jaume I. / Activando la creatividad. / 10 años de La | Escuela de Letras. / Tranvía ya en rieles. / La | literatura del Caribe. | | Premio Nacional de Poesía para Niños "Narciso Mendoza". | Entre bases / II Concurso Literario de Cuento y Poesía. / XIII | Premio Internacional de Cuentos "Max Aub". / XI Premio | Internacional de Novela "Rómulo Gallegos". / VI Premio | Mejor Libro del Año 1998. / II Concurso Nacional de | Cuentos de Sacven. / Concurso Anual Monte Ávila Editores | Latinoamericana. / XII Certamen Literario Dulcinea. / II | Certamen de Poesía Maika Ortiz. / III Concurso de Cuento | Viceversa. / I Certamen Internacional Pleamar de la | Poesía Romántica. / V Premio Latinoamericano de | Literatura Infantil y Juvenil. / Primer Concurso de | Cuentos Interactivos. / II Concurso Literario Anual | Arístides Rojas. | | El Vengador A Go-Go. | Literatura | en Internet | "Etimología de la vida cotidiana", Samuel Wolpin. / | Artículos y "Robinson Crusoe, Chile: La Isla del Tesoro", Arnoldo | reportajes Varona. | | "Una lectura de Lejana, de Bestiario", Margoth Cuevas | Sala de Ensayo Aro. / "El influjo de la locura en los estilos | literarios de Poe, Maupassant y Nietzsche", Juan Jacinto | Muñoz Rengel. | | Dos cuentos de Rosa Elvira Peláez. / Poemas de Alfredo | Letras de la Carrión Vermiglio. / "Dios y el sexo tras el humo del | Tierra de Letras cigarro", Rafael Grillo Hernández. / "Los plagiadores", | Ivanóskar Silén-Acevedo. / "Mis jueves sin ti", Oscar | Godoy Barbosa. / "Pensar sobre la angustia", Tomás de | los Reyes Burgos Ariosa. / "En la madrugada", Édgar | Allan García. / Poemas de Edith Goel. / "Recuerdo el | parque", Rodrigo Castillo. / Poemas de Wilmar Pereira | Aranguiz. | | Buscando datos sobre Agueda Pizarro de Rayo. / | El buzón de la Materiales sobre técnicas narrativas. / Historias de | Tierra de Letras Marta y Fernando. | | Ángel Rosenblat. | Post Scriptum | Cómo publicar en Letralia, Tierra de Letras. / Las casas | Coordenadas de la Tierra de Letras. | | =========================================================================== Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Año http://www.geocities.com/SoHo/8753/ =========================================================================== Premio "La Página del Mes" de Internet de México el 3 de mayo de 1998 http://www.internet.com.mx =========================================================================== Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998 http://www.megasitio.com =========================================================================== Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999 http://www.redchilena.cl =========================================================================== Para suscribirse o desuscribirse de Letralia, envíe el comando correspondiente en un mensaje sin subject a listserv@rediris.es: Para suscribirse: subscribe letralia Para desuscribirse: unsubscribe letralia También puede formalizar su suscripción o su desuscripción en un formulario visible en nuestro sitio en el Web: http://www.americadelsur.com/letralia/listas.htm === Editorial ============================================================= Vértigo Sólo unas breves, brevísimas palabras para agradecerles la paciencia con la que han soportado los vertiginosos días que transcurren en relación con nuestra revista. Nuevamente hacemos aclaratorias de fechas: esta edición debía haberles llegado el lunes antepasado, y la próxima significa la vuelta a nuestro cauce apareciendo el 1 de marzo. La aclaratoria viene a cuento porque en mensaje enviado a los suscriptores de nuestra lista de correo nos equivocamos en la fecha, y el vértigo nos hizo escribir 1 de abril, confundiendo a más de uno. La profusión de textos que nos han llegado en los últimos meses ha hecho crecer, ya deben de haberse percatado de ello, el tamaño de nuestras ediciones regulares. Esto es muy bueno, por una parte, pues nos indica que nuestra revista se está leyendo cada día más y se está valorando nuestro trabajo. Por otro lado, nos obliga a ser un poco más estrictos en la selección de los textos, por lo que rogamos comprensión a quienes aspiran a aparecer en nuestras páginas. Quisiéramos poder servir de medio de difusión a todos los escritores que llegan hasta nosotros, pero la enorme cantidad ahogaría a nuestros lectores. Es esa la razón por la que desde hace varias ediciones Letralia está tendiendo al gigantismo. Esta edición, por ejemplo, llega a ustedes con más de doscientos kilobytes de noticias culturales, bases de concursos literarios y buenas letras hispanoamericanas. El equipo de la Tierra de Letras agradece a sus lectores, como siempre, la lectura y difusión de este material. Jorge Gómez Jiménez, editor http://members.tripod.com/~jorgegj === Libro de Marcelo Jurisich en la Editorial Letralia ==================== Hoy aparece, en los electrónicos anaqueles de la colección Narrativa de nuestra Editorial Letralia, un nuevo libro: Apócrifas biografías de la noche, una colección de relatos del escritor argentino Marcelo Jurisich (odiseo@delta.com.ar). Apócrifas biografías de la noche reúne varios cuentos cortos de Jurisich, en los que con un lenguaje desenfadado y haciendo uso de interesantes metáforas y asociaciones de ideas, se expresa lo sórdido y absurdo del espíritu humano. Jurisich nació en Zárate, provincia de Buenos Aires, en 1971, y es licenciado en Letras. Este nuevo título de nuestra editorial electrónica es ilustrado por el pintor venezolano José Ángel Tovar, quien también ha hecho este trabajo para otros libros de este proyecto. Como se sabe, la Editorial Letralia ofrece promoción a ilustradores que participen en la edición de los títulos, como se explica en http://www.americadelsur.com/letralia/ed_let. Apócrifas biografías de la noche puede leerse en: http://www.americadelsur.com/letralia/ed_let/apocrifa === Noticias ============================================================== *** Crean lista para estudiar los sistemas educativos Con la finalidad de intercambiar información y compartir experiencias, un grupo de profesionales de la educación ha creado, con el apoyo del servidor de listas de la Red Académica y de Investigación de España (RedIRIS), la lista de correos Edu-Comp, que fungirá de espacio de discusión para profesores e investigadores dedicados a estudiar las características y evolución de los sistemas educativos. Según los propulsores de la lista, "Internet se vuelve imprescindible para desarrollar con un cierto grado de éxito nuestra profesión", toda vez que el intercambio de información es un factor importante para ello. La lista ha sido creada con tres objetivos básicos: comentar eventos, libros, páginas web y otros recursos informativos sobre educación comparada, compartir documentación de interés y debatir sobre temas de actualidad relacionados con el campo. Para suscribirse a Edu-Comp, envíe un mensaje sin subject a listserv@rediris.es con el comando SUBSCRIBE EDU-COMP en el cuerpo. Una vez que esté suscrito, deberá usar la dirección edu-comp@rediris.es para comunicarse con los demás suscriptores. Y si necesita conocer más información sobre la lista o ver sus archivos, puede ir a: http://www.rediris.es/list/info/edu-comp.html *** Efemérides por correo electrónico Un servicio para distribuir efemérides ha sido creado por el equipo de La Civilización Desconocida (http://www.zyberchema.net/mump.html), permitiendo a sus suscriptores recibir diariamente reseñas sobre los hechos más importantes de la fecha a través de todas las épocas. Además de las efemérides, el servicio distribuye información sobre aniversarios, el santoral, frases famosas, chistes y otros elementos de información menuda. Para suscribirse, siga las instrucciones que conseguirá en: http://www.seker.es/Zyberchema/zyberg.html *** 19 plumas femeninas Vidas de mujer es el título dado a una antología de cuentos publicada en España bajo el sello de Alianza Editorial, con relatos de diecinueve autoras que han representado un papel importante en la literatura hispana de los últimos treinta años. Mercedes Monmany es la autora de esta antología, presentada el 6 de febrero en Madrid, y recopiló textos de Rosa Regas, Esther Tusquets, Clara Janés, Lourdes Ortiz, Cristina Fernández Cubas, Adelaida García Morales, Ana María Moix, Soledad Puértolas, Fanny Rubio, Ana Rossetti, Nuria Amat, Rosa Montero, Paloma Díaz-Mas, Clara Sánchez, Laura Freixas, Nuria Barrios, Luisa Castro, Lucía Etxebarria y Espido Friere. Rubio, Freixas y Rossetti participaron en la presentación, donde acotaron que, pese a que la literatura hecha por mujeres ya no es minoritaria y tiene buenos visos comerciales, mantiene un ritmo moderado en el seno de una sociedad que siguen considerando machista. *** en.red.ando en tres idiomas La revista en.red.ando (http://enredando.com), dirigida desde España por el periodista Luis Ángel Fernández Hermana, arribó a su tercer aniversario el pasado 8 de enero. Su edición aniversaria apareció el 9 de febrero inaugurando sus webs en castellano, catalán e inglés, una de las novedades de en.red.ando que vale la pena conocer. En su tercer aniversario, en.red.ando ha creado en.medi@, un conglomerado de cinco listas de distribución moderadas: I+D+D (laboratorio comunicacional), +en.red.andos (hemeroteca), Ojeando-críticas y Ojeando-novedades (biblioteca) y Nueva.Sociedad (material de investigación), con información de alta calidad, investigación, crítica, novedades editoriales, artículos de otras publicaciones electrónicas traducidos a nuestro idioma y un seguimiento de las tendencias que configuran la sociedad de la información. Pensando en ser una herramienta aun más útil para investigadores del área de la información, en.red.ando ha incluido en su sitio un buscador multifuncional, un navegador fuera de línea para facilitar la lectura de la revista y las secciones des-enredos, sobre las noticias más polémicas de Internet que se quedaron en el limbo, y en.juego, con el juego del mes y una columna sobre juegos a cargo de Daniel Gómez. *** Fallece el editor español José María Amado José María Amado, quien fuera director de la revista Litoral, murió el 10 de febrero a causa de una neumonía. Amado, quien tenía 81 años, sufría de mal de Alzheimer desde hace un año, y a finales de enero su situación se había agravado por un accidente doméstico. El editor malagueño, quien compartía la dirección de Litoral desde 1975 con su yerno, el pintor y poeta Lorenzo Saval, condujo la revista a través de 220 números desde 1968. Litoral, creada en 1926 por los poetas Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, fue el medio de difusión de la creación artística de la generación del 27. Durante la dirección de Amado, Litoral ha venido publicándose en forma de números monográficos o de homenaje. La revista ha marcado un hito histórico para la literatura hispana, con las firmas de Alberti, García Lorca, María Zambrano, Brenan, Aleixandre, Bergamín, Nehru, Mao Zedong, Neruda, García Montero y Picasso. *** Parlamento Europeo favorecerá la protección de los derechos de autor El 10 de febrero fue aprobado en primera lectura por el Parlamento Europeo una directiva que tenderá a regular la protección de los derechos de autor en la red, atendiendo peticiones de artistas europeos quienes, preocupados ante la posibilidad de que sus creaciones sean lesionadas, presentaron un manifiesto a las autoridades europeas. El Parlamento aprobó la directiva con 437 votos a favor, 47 en contra y 51 abstenciones. Entre los artistas que firmaron el manifiesto se encuentran los españoles Alejandro Sanz, Raimundo Amador, Luis Cobos y Alejandro Amenábar. Una vez que esta directiva se apruebe definitivamente, los países europeos podrán aplicar el cobro de los derechos de autor a las obras que se difundan por Internet, y garantizará la existencia de mecanismos para defender la creación artística difundida en medios electrónicos. *** Teatro de lo oscuro En Venezuela fue creado, hace pocos años, el Instituto Universitario de Teatro, Iudet, con la intención de ofrecer estudios formales a quienes se interesan en las tablas. En su momento, la inauguración de la casa de estudios, única en su género en el país, fue anunciada con bombos y platillos como la concreción de una idea enmarcada en la profesionalización de la cultura. Hoy, el Iudet está completamente a oscuras. Desde el martes 9, la compañía que surte de energía eléctrica al área metropolitana de Caracas -el Iudet está ubicado en el edificio Cantaclaro de la parroquia San Juan, en la capital venezolana- suspendió el servicio a la institución, paralizando todas las actividades. El jueves 11, el estudiantado del Iudet publicó un manifiesto en el que se expuso la situación, que se resume en una deuda de 700.000 bolívares por la que La Electricidad de Caracas decidió ejecutar el corte. Los recursos fueron solicitados ante las autoridades del Consejo Nacional de la Cultura, pero se les negaron aduciendo falta de disponibilidad presupuestaria. El Instituto Universitario de Teatro de Venezuela alberga a 450 estudiantes, 95 de los cuales están a punto de protagonizar la cuarta promoción. El estudiantado ha reunido alguna cantidad de dinero por su cuenta, pero obviamente no alcanza para resolver el problema, por lo que piensan solicitar ayuda al gobernador del Distrito Federal, Hernán Grüber Odremán, y al alcalde del municipio Libertador, Antonio Ledezma. *** Pablito viene naciendo Pablo Milanés presentó en México su nuevo disco, Vengo naciendo, el 11 de febrero. La más reciente producción del cubano ya ha vendido más de ciento cincuenta mil copias e incluye temas como Yolanda, Para vivir, Yo no te pido y cuatro temas inéditos, entre los cuales está El amor de mi vida, que interpreta a dúo con su hija Suylen. El cantautor declaró a los medios aztecas que considera la aparición del disco como un renacimiento, ya que llevaba ya más de nueve meses sin cantar en su país. El amor de mi vida, una de las canciones inéditas de Vengo naciendo, es el tema de la telenovela homónima, rodada en México con la participación de la actriz venezolana Eileen Abad. Durante su estadía en México, Milanés declaró que, si bien Cuba "no es un paraíso" -parafraseando una de sus canciones más afamadas-, sigue defendiendo a su patria, por la que cree que aún hay esperanza y por la que sigue haciéndolo todo. "Si somos sinceros", agregó, "sinceros por lo que hemos dicho durante tantos años de la Revolución Cubana, todos sabemos que aquello no es un paraíso y que la estamos pasando mal". Para Milanés, conocer la realidad latinoamericana le hace sentirse orgulloso de vivir en Cuba. "Sigo defendiendo aquello", declaró. *** Mil artistas en Arco En medio de una polémica acerca de su futuro, fue inaugurada en Madrid el 11 de febrero la Feria Internacional de Arte Contemporáneo Arco, una de las más importantes de España. Al acto asistieron representantes del gobierno y la nobleza de España, artistas y personalidades ligadas al mundo cultural y artístico europeo. La página de la feria, evento que tiene como escenario el recinto Juan Carlos I, puede visitarse en http://www.arco.ifema.es. En su 18ª edición, Arco reunió a 233 galerías, provenientes de 27 países, incluyendo las 97 españolas. El país invitado es Francia, cuyo arte contemporáneo conforma una muestra de especial interés en el seno de Arco, contando con la presencia del primer ministro de ese país, Lionel Jospin. El presidente del gobierno español, José María Aznar, recorrió con Jospin el pabellón galo. Treinticinco galerías francesas participan en Arco. En sus primeros días, Arco produjo un buen índice de ventas. La inauguración al público se hizo con los precios de las entradas elevados deliberadamente para evitar la afluencia de multitudes. Oliva Arauna, galerista, señaló que los primeros coleccionistas compraron con velocidad "por temor a quedarse sin la pieza". En la feria destacó la presencia de artistas de la talla de Botero, Tápies, Bacon y Picasso, quienes compartieron escenarios con las desenfadadas instalaciones presentadas en los llamados project rooms, habitaciones en las que artistas jóvenes desarrollaron sus propuestas personalísimas. Igualmente, se ha hecho interesante la forma como la fotografía y el arte apoyado en la computación han ganado terreno ante las disciplinas artísticas tradicionales. Pero la feria se encuentra en un momento difícil, toda vez que se habla de que se ha estudiado la posibilidad de que las ediciones posteriores sean realizadas sin selección previa, lo que obviamente redundará en la disminución de la calidad de la muestra. Pese a estos temores, Fermín Lucas, director general de la Feria de Madrid, Ifema -organismo que regula la realización de eventos de esta naturaleza-, declaró categóricamente que no se modificarán los mecanismos de la feria. Sobre la carencia de la selección, la directora de Arco, Rosina Gómez Baeza, ha dicho que convertiría a la feria en un evento sin interés "para los artistas, los coleccionistas o el entorno internacional". Dijo que la feria tiene un gran futuro, y propuso medidas para fomentar el coleccionismo en empresas e instituciones. Otros participantes del evento, como Manuel Ojeda, dueño de una galería de Las Palmas de Gran Canaria, se oponen francamente a la eliminación de la selección previa. Para Ojeda, tal medida no tendría sentido y terminaría convirtiendo a Arco en un mercadillo. Eduardo Arroyo, artista, calificó de escandalosa la imposición de un criterio económico en la realización de la feria. *** El aniversario de Rushdie Salman Rushdie publicó hace unos años una oscura y enmarañada historia en la que un holocausto surrealista daba inicio a una serie de extrañas situaciones. Los versos satánicos habría podido pasar desapercibida, a no ser por la pena de muerte impuesta en febrero de 1989 por el Ayatolá Jomeini en contra del autor de la novela. En efecto, el 12 de febrero se cumplieron diez años de la sentencia ordenada por el líder iraní. Y, aunque el gobierno de ese país ya no apoya el cumplimiento de tal condena, fundamentalistas del ámbito musulmán siguen considerando al escritor británico como una especie de enviado del demonio. Es así como a finales de la semana pasada se desarrollaron protestas en Teherán y en Bombay, advirtiendo a Rushdie que la sentencia sería de cualquier manera cumplida. Pancartas en la Universidad de Teherán anuncia la disposición musulmana a no olvidar ni perdonar la ofensa del novelista. En Bombay, manifestantes pisotearon retratos de Rushdie. *** Hablar castellano en Estados Unidos puede ser costoso Los ayuntamientos de diversas localidades estadounidenses han iniciado sus propias campañas en contra del idioma castellano, imponiendo multas a ciudadanos de procedencia hispanoparlante por el solo hecho de hablar en su lengua original. Norcross, población del estado de Georgia en donde viven más hispanos que angloparlantes, tiene una ordenanza que exige que todos los carteles deben ser elaborados en inglés para facilitar la acción de policías y bomberos. En un pueblo habitado principalmente por personas que hablan castellano, la aplicación de la ordenanza ha representado un problema mayúsculo para hispanoparlantes propietarios de establecimientos comerciales. El idioma de Cervantes es el vehículo comunicacional de más de treinta millones de habitantes de Estados Unidos, quienes representan un poder comercial de cerca de 350.000 millones de dólares anuales. En las regiones fronterizas hay poblaciones en las que casi no se habla inglés. Sin embargo, muchos ayuntamientos imponen medidas tendentes a impedir el avance del castellano. Organizaciones como la Unión Americana de Libertades Civiles (Aclu) han levantado la voz en protesta ante lo que a todas luces es una actitud de discriminación. En Florida, la Asociación de Choferes de Vehículos Comerciales presentó la semana pasada una demanda colectiva contra la aplicación en ese Estado de una ley federal de 1936 que obliga a todos los conductores de vehículos públicos a hablar inglés. Ed Chen, experto en derechos lingüísticos de la sede californiana de Aclu, indica que los hispanoparlantes se han visto más atacados por las ordenanzas municipales que por las leyes estatales. "La presión municipal afecta a la vida cotidiana de los latinos", explica Chen. *** Muere el poeta Juvencio Valle A los 98 años de edad, el sábado 13 murió el poeta chileno Juvencio Valle, cuyo verdadero nombre era Gilberto Concha Riffo. Valle fue amigo personal de Pablo Neruda y entre 1970 y 1973, bajo el gobierno de Allende, fue designado director de Bibliotecas, Archivos y Museos. El poeta provenía de una familia pobre del sur de Chile y empezó a darse a conocer como escritor a sus 29 años. Entre sus libros se encuentran Nimbe de piedras, Nuestra tierra se mueve y El hijo del guardabosques. Su obra fue reconocida en 1966, cuando recibió el Premio Nacional de Literatura. Sus restos mortales fueron sepultados en Nueva Imperial, población donde nació. *** Borges en las revistas La editorial argentina Emecid ha anunciado que en abril publicará los libros Borges en Sur y Borges en El Hogar, dos recopilaciones de artículos del escritor, cuyo centenario se conmemorará este año. La información fue suministrada por la editora Sara del Carril. Los trabajos del primer libro son reseñas literarias y de cine de entre 1921 y 1970, preparadas para la revista Sur, para la que el escritor era colaborador. El segundo libro contiene trabajos de entre 1936 y 1939, en torno a hechos de la literatura internacional. *** Curso sobre Bécquer dictará en línea la Universitat Jaume I La Asociación de Becquerianistas y la Universitat Jaume I de Castellón (España) están convocando a un curso en línea sobre la obra de Gustavo Adolfo Bécquer, que tendrá una duración de tres meses y se desarrollará a través de la red informática Internet. El curso será evaluado mediante actividades y exámenes en línea, y sus participantes recibirán un diploma de la Universitat Jaume I. Será dictado por Jesús Costa (jcosta@pie.xtec.es), secretario de la Asociación de Becquerianistas. Los interesados pueden inscribirse en el campus virtual de la casa de estudios, en http://campus.fue.uji.es/campus/literaturae.html. El programa está compuesto por nueve unidades, cada una de las cuales consistente en material hipertextual con ilustraciones. Los participantes conocerán sobre el romanticismo en general y en España, leyenda y realidad en Bécquer, la generación contemporánea a Bécquer, rimas, prosa y teatro del autor y Bécquer como el origen de la modernidad. Además, podrán desarrollar una mesa redonda en línea con becquerianistas reconocidos y redactar un ensayo sobre la obra de Bécquer que podría ser publicado en el boletín El Gnomo. *** Activando la creatividad La creatividad puede ser estimulada por diversos mecanismos, que funcionan como activadores del proceso mediante el cual el hombre imagina nuevas ideas y resoluciones de problemas. Para ayudar a aprovechar estos activadores, el Master Internacional Creatividad Aplicada Total de la Universidad de Santiago de Compostela ha convocado su tercer Minicurso de Activación Creativa, cuyas inscripciones estarán abiertas durante todo el mes de febrero y se celebrará entre marzo y mayo, con duración de 90 horas. Los activadores son mecanismos para estimular los procesos que conforman el pensamiento creativo, como el pensamiento racional y analógico para la transformación fantástica y efectiva, la creatividad verbal y plástica para la ejercitación del pensamiento divergente, la resolución efectiva de problemas para vivir y producir mejor y el análisis, interrogación y búsqueda de nuevas alternativas para generar ideas originales. Pueden aplicarse a diversas situaciones en todos los ámbitos profesionales y sociales. Este curso le dará las herramientas que le permitirán aprovechar los activadores más convenientes a su actividad. El curso se apoya en el libro 10 activadores creativos, coordinado por el doctor David de Prado Díez. La inscripción tiene un costo de 145 dólares para estudiantes y cesantes y 180 para profesionales en ejercicio, además de 75 dólares por portes. Se puede cancelar con cheque de banco estadounidense por el valor total a nombre de Master de Creatividad Aplicada Total, Universidad de Santiago de Compostela o transferencia bancaria a Caixa Galicia, Oficina Principal de Santiago, Nº 2091-0300-44-311-0000-482, a nombre del Master Internacional de Creatividad. Quienes usen esta opción deberán incluir una fotocopia del resguardo bancario. Para formalizar la matrícula deberá presentarse la ficha de inscripción, una fotocopia del DNI o pasaporte, del comprobante de pago y del carnet de estudiante o tarjeta de cesantía. La ficha de inscripción puede prepararla el interesado escribiendo con letra de imprenta o en máquina de escribir los siguientes datos: nombre completo del interesado, dirección, ciudad, código postal, país, teléfono, fax, correo electrónico, titulación, puesto de trabajo y área de aplicación de los activadores. *** 10 años de La Escuela de Letras Con una serie de cursos especiales, La Escuela de Letras celebra su décimo año de actividades haciendo posible el estímulo y aprovechamiento de las aptitudes literarias de sus alumnos. En su décimo aniversario, la institución española pretende darse a conocer aun más entre el público hispanoparlante con iniciativas de importancia en la enseñanza y aprendizaje de la creación artística. Arrancando en esta primavera, los cursos de La Escuela de Letras pueden seguirse en línea o en forma presencial. En la modalidad electrónica, la institución está ofreciendo un curso de creación literaria para el cual es posible inscribirse hasta el 14 de abril, iniciándose el primer curso al día siguiente, y un curso de guión cinematográfico cuyo plazo de inscripción cierra el 3 de marzo e iniciará las sesiones el 4. Por otro lado, los participantes de ambos cursos que geográficamente puedan asistir, tienen derecho a integrarse a un foro abierto en la cafetería de la institución, presentando allí sus propias propuestas, textos, comentarios u otros materiales. Además, La Escuela de Letras dispone de una serie de cursos monográficos sobre temas diversos, como técnicas de relato breve, dialoguismo, periodismo y fundamentos de la creación literaria, todos a dictarse entre marzo y mayo y con precios de 70.000 pesetas (salvo el último, de 110.000). Para solicitar información sobre precios, otros cursos y actividades de la Escuela de Letras, puede dirigirse al número 5 de la calle Factor, 28013 Madrid, o comunicarse por los números de teléfono 91 5427937 / 0307. También puede solicitar información por correo electrónico a edletras@eims.es o dirigirse a la página de la institución, en http://www.escuela-interlet.com. *** Tranvía ya en rieles Ya está todo listo para la publicación del primer número de Tranvía, la revista literaria que desde hace varias semanas viene anunciando el escritor español Borja Rodríguez-Pantoja de Ory (brpory@ctv.es), de la Tertulia Madera Húmeda. Como habíamos informado, la información sobre Tranvía puede ser revisada en http://www.ctv.es/USERS/brpory/home.html. En efecto, Tranvía está ya en prensa y sólo faltan días para que su primer número llegue a todos los rincones del planeta. La labor de selección de los materiales se convirtió en un arduo trabajo, del cual se escogieron apenas unos cuantos de entre un total de ciento doce que se recibieron. La primera edición de Tranvía incluirá un texto del escritor cubano Jesús Díaz, quien acompañará a los autores noveles en las páginas de la nueva revista. Díaz nació en La Habana en 1941 y se ha desempeñado como director, guionista y director de cine, además de ser narrador y ensayista. El autor es premio Casa de las Américas 1966, cuando lo obtuvo con su libro de cuentos Los años duros. Reside actualmente en Madrid, donde trabaja como profesor de la Escuela de Letras. *** La literatura del Caribe El 8 y 9 de abril se realizará en el Michael C. Carlos Museum de Emory University, en Atlanta, EUA, el coloquio Literatura Caribeña Hispánica, en el que se analizará los rumbos que ha tomado la producción cultural en los países del Caribe que pertenecen al ámbito hispanoparlante. El coloquio, que se inaugurará con el lema "Escribir otras islas: el Caribe hispánico hoy", contará con la participación de las escritoras Mayra Montero (Cuba-Puerto Rico), Ángela Hernández (República Dominicana) y Reina María Rodríguez (Cuba). El evento es organizado por el Departamento de Español de Emory University. Los organizadores pretenden hacer de este coloquio el ambiente para un diálogo profundo acerca de las tendencias actuales de la producción cultural del Caribe hispánico. Las escritoras invitadas presentarán lo mejor de la creación literaria de sus respectivas naciones y fomentarán el debate en torno a las coincidencias de las literaturas del Caribe. Si usted desea más información sobre el evento, puede contactar al profesor Néstor E. Rodríguez (nrodrig@emory.edu) en el Departamento de Español de Emory University, en 501N Callaway Center, Atlanta, GA, EUA 30322. También se le puede contactar vía telefónica en el número 1 404 7272468 o por el fax 1 404 7274072. ====================== Envíenos información cultural ====================== Este espacio está destinado principalmente a la divulgación del trabajo de los escritores hispanoamericanos, pero no desdeñamos la difusión de las noticias culturales, que siempre son de interés. Envíenos toda la información que pueda a letralia@rediris.es. === Entre Bases =========================================================== *** Premio Nacional de Poesía para Niños "Narciso Mendoza" H. Ayuntamiento Municipal de la H.H. Ciudad de Cuautla de Morelos. MENCIONES: Poesía. PARTICIPANTES: Escritores nacidos o residentes en México. CONDICIONES DEL MATERIAL: Inédito; triplicado; mecanografiado a 1 espacio sobre papel tamaño carta; poemario encuadrado en el género de niños; extensión libre. IDENTIFICACIÓN: Seudónimo; sobre aparte cerrado con nombre completo, dirección, teléfono y datos biográficos esenciales del autor. JURADO: Tres personalidades de reconocido prestigio nacional. Al cierre de participaciones se darán a conocer los nombres. FECHA TOPE: 19 de febrero de 1999. PREMIACIÓN: 30.000 pesos a cuenta de derechos correspondientes a la primera edición de su obra. La obra final será examinada por un grupo de destacados músicos y compositores para niños, quienes harán la musicalización de algunos poemas. VEREDICTO: Antes del 19 de abril de 1999. ENTREGA: Entre el 30 de abril y el 2 de mayo de 1999. Los gastos de transporte y estadía en este período corren por parte de los convocantes. DIRECCIÓN DE RECEPCIÓN: Dirección General de Planeación y Seguimiento. Unidad Deportiva "José María Morelos y Pavón". 62742, Cuautla, Morelos. INFORMACIÓN: Teléfono: 52 735 21530. *** II Concurso Literario de Cuento y Poesía Revista Asociación de Fomento Barrio Constitución MENCIONES: Cuento y poesía; 2 categorías: menores y mayores de 18 años de edad. PARTICIPANTES: Escritores argentinos. CONDICIONES DEL MATERIAL: Inédito; extensión máxima: cuento, 2 páginas o 66 renglones; poesía, hasta 20 renglones; triplicado; mecanografiado en papel tamaño oficio por una sola cara; se pueden enviar hasta 3 trabajos por categoría, siempre que se haga con seudónimos distintos. IDENTIFICACION: Seudónimo; sobre aparte cerrado con los datos del autor y que conste en el exterior el seudónimo, la categoría, el género y el nombre del trabajo. JURADO: Será anunciado oportunamente. FECHA TOPE: 25 de febrero de 1999. PREMIACION: No fue anunciada. DIRECCION DE RECEPCION: II Concurso de Cuento y Poesía, Revista de la Asociación de Fomento Barrio Constitución, Mar del Plata 99, Vicente López y Planes 1755, (7600), Mar del Plata, Argentina. INFORMACION: Teléfonos 54 223 790997 / 4791661 / 11 46543569 / 46561592. Correo electrónico: panizzi@copetel.com.ar. *** XIII Premio Internacional de Cuentos "Max Aub" Fundación Max Aub MENCIONES: Cuento. PARTICIPANTES: Escritores hispanoamericanos. CONDICIONES DEL MATERIAL: Tema libre; inédito; quintuplicado; mecanografiado a dos espacios, por una sola cara; extensión máxima de 15 páginas. IDENTIFICACIÓN: Seudónimo; sobre aparte cerrado en cuyo exterior se escribirá el título del cuento, el seudónimo y si se opta al Premio Comarcal; en su interior se incluirá una nota con el título del cuento, nombre y apellido del autor así como su teléfono y una breve nota biobibliográfica. JURADO: Se anunciará oportunamente. Habrá un jurado de selección y uno de calificación. FECHA TOPE: 27 de febrero de 1999. PREMIACIÓN: Premio Internacional de 500.000 pesetas; Premio Comarcal, dotado con 100.000 pesetas para autores nacidos o residentes en la comarca de Alto Palancia; una escultura del artista valenciano José Vento González; edición a cargo de la fundación auspiciante y a Editorial Pre-textos. ENTREGA: 29 de mayo de 1999. DIRECCIÓN DE RECEPCIÓN: Fundación Max Aub, XIII Premio Internacional de Cuentos Max Aub, apartado de correos 111, 12400 Segorbe (Castellón, España). INFORMACIÓN: Teléfono: 34 96 4713866. Fax: 34 96 4713877. Correo electrónico: fundacion@maxaub.org. Web: http://www.maxaub.org. *** XI Premio Internacional de Novela "Rómulo Gallegos" Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Venezuela) MENCIONES: Novela. PARTICIPANTES: Escritores de todo el mundo, con novelas en castellano. CONDICIONES DEL MATERIAL: Novelas publicadas en primera edición entre el 1 de enero de 1997 y el 31 de diciembre de 1998; idioma castellano; 10 ejemplares. IDENTIFICACIÓN: Datos reales del autor. JURADO: Ángeles Mastretta (México), Saúl Sosnowski (Argentina), Antonio Benítez Rojo (Cuba), Hugo Achugar (Uruguay) y Carlos Noguera (Venezuela). FECHA TOPE: 1 de marzo de 1999. PREMIACIÓN: US$60.000,00, medalla de oro y diploma. ENTREGA: 2 de agosto de 1999. DIRECCIÓN DE RECEPCIÓN: Fundación Celarg, Casa de Rómulo Gallegos, Av. Luis Roche, cruce con tercera transversal, Altamira, Caracas 1062, Venezuela. *** VI Premio Mejor Libro del Año 1998 Centro Nacional del Libro MENCIONES: Edición de libros de ilustraciones, de divulgación, de creación literaria, infantiles y artesanales. PARTICIPANTES: Editores establecidos en Venezuela. CONDICIONES DEL MATERIAL: Libros editados, reeditados o impresos en Venezuela en 1998; un ejemplar de cada obra concursante. Las obras seleccionadas para optar al premio formarán parte de la VI Exposición Producción Editorial Venezolana, a realizarse durante la Semana del Libro (abril de 1999). IDENTIFICACIÓN: Datos del editor, el diseñador y el impresor en los casos que aplique. El paquete deberá incluir la leyenda "Premio Mejor Libro del Año". JURADO: Será anunciado oportunamente. FECHA TOPE: 15 de marzo de 1999. PREMIACIÓN: Reconocimiento público, diploma y presentaciones especiales en los stands venezolanos de las ferias internacionales del libro en las cuales participe Venezuela durante 1999. VEREDICTO: 21 de abril de 1999. DIRECCIÓN DE RECEPCIÓN: Centro Nacional del Libro, Av. Rómulo Gallegos con 1ª Av. de Santa Eduvigis, Ed. Pascal, torre A, piso 1, Of. 13-A, Urb. Los Palos Grandes, Caracas. INFORMACIÓN: Web: http://eltaller.com/filcaracas. Correo electrónico: cenal@reacciun.ve. Teléfonos: 58 2 2842098 / 4847 / 2859054 / 5171. Fax: 58 2 2850829. *** II Concurso Nacional de Cuentos de Sacven Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela MENCIONES: Cuento. PARTICIPANTES: Escritores venezolanos y extranjeros radicados en Venezuela. CONDICIONES DEL MATERIAL: Inédito; idioma castellano; un cuento por autor; cuadruplicado; páginas numeradas y perfectamente legibles; mecanografiado a doble espacio por una sola cara sobre papel tamaño carta; extensión máxima de 20 cuartillas; tema libre. IDENTIFICACIÓN: Seudónimo; sobre aparte cerrado con datos personales del autor; en el exterior de este sobre debe escribirse el título del cuento, el seudónimo y la leyenda "II Concurso Nacional de Cuentos de Sacven". JURADO: Tres escritores venezolanos de reconocida trayectoria. FECHA TOPE: 20 de marzo de 1999. PREMIACIÓN: Bs. 1.000.000. Sacven se reserva el derecho de publicar una edición de los cuentos finalistas y el ganador. DIRECCIÓN DE RECEPCIÓN: Sacven, Av. Andrés Bello, Ed. Vam (frente al Ed. Las Fundaciones), torre Oeste, piso 10, Gerencia de Atención al Socio. *** Concurso Anual Monte Ávila Editores Latinoamericana Monte Ávila Editores Latinoamericana MENCIONES: Poesía, narrativa y ensayo. PARTICIPANTES: Escritores venezolanos que no hayan publicado ningún libro. CONDICIONES DEL MATERIAL: Inédito; extensión y tema libre; transcritos en Microsoft Word 6.0, superior o compatible; cuadruplicado; una sola cara; papel tamaño carta a espacio y medio o dos espacios; acompañado de disquete; cada autor podrá presentar más de una obra en uno o más géneros, simultáneamente. IDENTIFICACIÓN: Nombre completo del autor; número de cédula de identidad; dirección y número de teléfono donde localizarlo; constancia bajo fe de juramento de que el autor no ha publicado ningún libro. JURADO: Poesía: Luis Alberto Crespo, Alba Lía Barrios y Carmen Verde. Narrativa: Luis Barrera Linares, Rubén Wisotzky y Ángel Gustavo Infante. Ensayo: Oscar Rodríguez Ortiz, Carlos Pacheco y Christian Álvarez. FECHA TOPE: 1 de marzo de 1999. PREMIACIÓN: Suma en metálico (no fue anunciada) y edición de las obras ganadoras en las colecciones de la editorial que correspondan en cada caso. Se escogerán tres ganadores por cada género. VEREDICTO: 30 de marzo de 1999. DIRECCIÓN DE RECEPCIÓN: Monte Ávila Editores, Avenida Principal de La Castellana, cruce con 1ª Transversal, Quinta Cristina, Caracas, Venezuela. INFORMACIÓN: http://www.monteavila.com. *** XII Certamen Literario Dulcinea Acción Cultural Miguel de Cervantes MENCIONES: Cuento y poesía. PARTICIPANTES: Escritores españoles. CONDICIONES DEL MATERIAL: Composición poética acerca de algún personaje de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, de entre 20 y 50 versos, o un cuento de tema libre de hasta 4 páginas; original e inédito; triplicado; lengua española; mecanografiado a doble espacio; el participante no debe haber obtenido un primer premio en ediciones anteriores de este certamen. IDENTIFICACIÓN: Seudónimo o lema; sobre cerrado con los datos del autor en cuyo exterior conste el mismo seudónimo o lema. JURADO: Será anunciado oportunamente. FECHA TOPE: 1 de marzo de 1999. PREMIACIÓN: Ambas menciones serán premiadas en la forma siguiente: 1r. premio: 50.000 pesetas. 2º premio: 25.000 pesetas. VEREDICTO: Principios de abril. Será publicado en la revista electrónica Cervantina Digital, en http://www.telebase.es/cervantina/index.htm. DIRECCIÓN DE RECEPCIÓN: Acción Cultural Miguel de Cervantes. Calle Guitard, 45, Átº 2º, 08014, Barcelona (España), o se entregarán en mano en la secretaría de la Entidad. INFORMACIÓN: Correo electrónico: cervant@telebase.es *** II Certamen de Poesía Maika Ortiz Noticias Latin America MENCIONES: Poesía. PARTICIPANTES: Escritores hispanoamericanos. CONDICIONES DEL MATERIAL: Hasta 3 poemas originales e inéditos; tema libre; idioma castellano; extensión máxima de 50 versos por cada poema. IDENTIFICACIÓN: Datos personales del autor: nombre completo, edad, nacionalidad, dirección y teléfono. JURADO: Será anunciado oportunamente. FECHA TOPE: 30 de marzo de 1999. PREMIACIÓN: Tres premios consistentes en publicación en el periódico Noticias Latin America, edición de mayo, y diploma firmado por los miembros del jurado. DIRECCIÓN DE RECEPCIÓN: Por correo electrónico a la coordinadora, Eva Urzáiz, ta5237@qww.ac.uk. INFORMACIÓN: Web: http://dspace.dial.pipex.com/noticias. Correo electrónico: ta5237@qww.ac.uk, noticias@dial.pipex.com. *** III Concurso de Cuento Viceversa Instituto Nacional de Bellas Artes / Revista Viceversa MENCIONES: Cuento. PARTICIPANTES: Escritores nacidos o residentes en México. CONDICIONES DEL MATERIAL: Inédito; triplicado; mecanografiado a doble espacio en papel tamaño carta; extensión de hasta 15 cuartillas; tema libre; la entrega de los premios implica el reconocimiento y aceptación de los autores al derecho en exclusiva de Viceversa a publicar y comercializar las obras ganadoras. IDENTIFICACIÓN: Seudónimo; sobre aparte cerrado con nombre completo, dirección y teléfono del autor. JURADO: Tres especialistas reconocidos en el genero cuyos nombres serán dados a conocer con oportunidad. FECHA TOPE: 31 de marzo de 1999. PREMIACIÓN: 1r. lugar: un viaje a Londres de siete días y seis noches. 2º y 3r. lugar: un paquete de libros y videos del CNCA. Publicación de los ganadores en la revista Viceversa. VEREDICTO: Será publicado en el número 75 de la revista Viceversa (agosto de 1999). ENTREGA: Septiembre 1999. DIRECCIÓN DE RECEPCIÓN: Tercer Concurso de Cuento. Wisconsin 68, Col. Nápoles, C.P. 03810, México, D.F. *** I Certamen Internacional Pleamar de la Poesía Romántica Centro Cultural Kemkem MENCIONES: Poesía. PARTICIPANTES: Escritores de todo el mundo. CONDICIONES DEL MATERIAL: Inédito; idioma castellano; tema relacionado con el género romántico; sin límites de extensión, formato o estructura de las obras; hasta 2 trabajos por autor; se deberá cancelar un arancel de US$10,00 IDENTIFICACIÓN: Seudónimo; sobre aparte cerrado con datos personales del autor. JURADO: Será presidido por la profesora Ilda Mígueles. El resto de los miembros será dado a conocer oportunamente. FECHA TOPE: 1 de abril de 1999. PREMIACIÓN: Se premiará a los 5 mejores trabajos incluyéndolos en la grabación del disco compacto Pleamar Romántico, así como en el libro del certamen. Los ganadores recibirán diplomas y libros de destacados autores y sus obras se publicarán electrónicamente y en medios de comunicación impresos de Uruguay, Chile, Venezuela, México, Argentina, Colombia, Puerto Rico, Estados Unidos, Suecia, Holanda y Japón, entre otros, y se recitarán en el programa Pleamar, que trasmite la emisora FM 2000 107.7 MHz, Quequen, de Argentina. VEREDICTO: 4 de abril de 1999. DIRECCIÓN DE RECEPCIÓN: Correo postal: 527 N° 366 o 521 N° 604 Quequen (7631). Provincia de Buenos Aires, Argentina. Correo electrónico: granate@teletel.com.ar. INFORMACIÓN: http://www.necocheanet.com.ar/kemkem. *** V Premio Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil Grupo Editorial Norma / Fundación para el Fomento de la Lectura, Fundalectura (Colombia). MENCIONES: Obra narrativa (cuentos o novela). PARTICIPANTES: Autores latinoamericanos. CONDICIONES DEL MATERIAL: Inédito; idioma castellano (los participantes brasileños podrán enviar sus textos en portugués); sin compromisos de publicación ni presentación en otros certámenes; tema libre; extensión entre 80 y 200 páginas tamaño carta; orientado a lectores de entre 11 y 18 años de edad; triplicado; mecanografiado en máquina o computador (en este caso, 12 puntos), a doble espacio, sin ilustraciones. Los autores cubanos deberán enviar sólo 1 ejemplar de su trabajo. IDENTIFICACIÓN: Seudónimo; sobre aparte cerrado con datos del autor y currículum vitae. JURADO: Tres autores, investigadores o críticos de literatura infantil, un representante del Grupo Editorial Norma y un representante de Fundalectura, de Colombia. Sus nombres se anunciarán oportunamente. FECHA TOPE: 30 de abril de 1999. PREMIACIÓN: US$15.000 como anticipo de las regalías que se estipulen en el contrato de edición; publicación por la Editorial Norma; participación, con gastos pagados, en un evento nacional o internacional de interés para el área de la literatura. Si el jurado lo decide así, se otorgará un accésit de US$2.000 como anticipo de regalías estipuladas en el contrato editorial, y publicación, a escritores con ediciones en otros campos que no hayan publicado libros para niños y jóvenes. ENTREGA: Durante la 13ª Feria Internacional del Libro de Bogotá (2000). DIRECCIÓN DE RECEPCIÓN: Fundalectura, Premio Literario Norma-Fundalectura. Avenida 40, Nº 16-46. Bogotá, Colombia. INFORMACIÓN: Teléfono: 57 1 3201511. Fax: 57 1 2877071. Correo electrónico: fundalec@impsat.net.co. *** Primer Concurso de Cuentos Interactivos Fundación Centro de Información Digital del estado Aragua (Venezuela) / Fundación Laberinto de Letras / Letralia, Tierra de Letras MENCIONES: Cuento y diseño HTML. PARTICIPANTES: Escritores de habla hispana. CONDICIONES DEL MATERIAL: Cuento en formato HTML; categoría diseño básico: páginas cuyos archivos componentes (HTML, gráficos, sonido) no excedan en total los 25 Kb y puedan ser visualizados con las versiones 2.x de Microsoft Internet Explorer y Netscape Navigator, y con la 2.12 de Opera, y no incluir elementos de lenguajes de programación tales como CGI, Java o JavaScript; categoría diseño avanzado: páginas cuyos archivos componentes no excedan en total los 200 Kb, no se imponen límites en cuanto a los visualizadores que puedan interpretar el contenido y se pueden incluir elementos de programación. Los materiales deberán ser previamente comprimidos en formato ZIP y enviados en un archivo anexo a un mensaje de correo electrónico a la dirección indicada. Los límites de 25 y 200 Kb de ambas categorías se refieren a la totalidad de los archivos antes de ser comprimidos en el formato ZIP. Todos los trabajos que se presenten a participar serán publicados, durante tres meses a partir de la fecha de cierre del plazo de recepción, en la página del CID (http://www.el-cid.org.ve). IDENTIFICACIÓN: Datos personales del autor: nombre completo, dirección, teléfono, nacionalidad, dirección electrónica y categoría en la cual participa. Esta identificación deberá incluirse en el cuento y en el mensaje de correo electrónico con el que se envíe. JURADO: Tres reconocidos editores en Internet de distintas nacionalidades, cuyos nombres serán anunciados en el momento de publicarse el veredicto. FECHA TOPE: 15 de mayo de 1999. PREMIACIÓN: Se premiará a los trabajos que en cada categoría logren la mejor conjunción de los recursos tecnológicos y literarios. Los trabajos ganadores serán publicados en reconocidas editoriales digitales y sus autores recibirán por correo ordinario un diploma que acredite la premiación. La organización se compromete a difundir el veredicto ampliamente en diversos medios impresos y electrónicos. VEREDICTO: 30 de mayo de 1999. DIRECCIÓN DE RECEPCIÓN: letras@el-cid.org.ve / letralia@rediris.es. INFORMACIÓN: http://www.el-cid.org.ve/letras / http://www.americadelsur.com/letralia. *** II Concurso Literario Anual Arístides Rojas Contraloría General de la República de Venezuela MENCIONES: Novela, cuento, poesía y ensayo. PARTICIPANTES: Escritores venezolanos y extranjeros residentes en el país. CONDICIONES DEL MATERIAL: Inédito; idioma castellano; no comprometido con editorial alguna; extensión mínima: novela, 150 cuartillas; libro de poesía, 50 cuartillas; libro de cuentos, 100 cuartillas; libro de ensayo(s), 100 cuartillas; papel Bond tamaño carta; mecanografiado a doble espacio por una sola cara; cuadruplicado. IDENTIFICACIÓN: Sobre manila cerrado identificado con seudónimo; contendrá un sobre aparte cerrado con el nombre, apellido, cédula de identidad, dirección y teléfono del autor. JURADO: Novela: Alexis Márquez Rodríguez, Antonieta Madrid y Guillermo Morón. Libro de poesía: Néstor Francia, Rafael Arráiz Lucca y Patricia Guzmán. Libro de cuentos: Salvador Garmendia, José Pulido y María Antonieta Flores. Libro de ensayo(s): Germán Carrera Damas, Karl Krispin y Enrique Viloria Vera. FECHA TOPE: 31 de mayo de 1999. PREMIACIÓN: Premio único para cada modalidad consistente en Bs. 800.000, diploma y publicación. Se podrá otorgar menciones especiales consistentes en diploma y posible publicación según recomendación del jurado. DIRECCIÓN DE RECEPCIÓN: Contraloría General de la República, Concurso Literario, Atención Fundacea. Edificio Fondo Común, piso 9, avenida Andrés Bello, sector Guaicaipuro, Caracas, D.F., Venezuela. INFORMACIÓN: Teléfonos 58 2 5083476 / 85. === Literatura en Internet ================================================ El Vengador A Go-Go http://www.geocities.com/SoHo/Lofts/8942 Con las facilidades que brinda Internet para difundir información en las formas más variadas y haciendo uso de recursos que en el papel serían impensables, es fácil determinar extremos en las publicaciones que puede uno hallar en cualquier sesión de navegación. Lo visual, así como la manera de organizar la información, suele generar tendencias diversas: publicaciones electrónicas que quieren parecerse a las impresas, por un lado, y mezclas de artilugios tecnológicos mal empleados que terminan en sitios de difícil apreciación, por el otro. Encontrar una publicación que apueste por un punto medio es siempre un hallazgo valioso. El Vengador A Go-Go tiene esta facultad: apoyándose en un diseño aparentemente caótico, se presenta como una revista fresca, con contenidos interesantes que equilibran extrañamente una profusa selección de fondos, colores y tipos y tamaños de letras. Sus impulsores, estudiantes de Ciencias Sociales de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, reúnen en las páginas de El Vengador materiales literarios, visuales y musicales, en una producción de calidad que parece huir deliberadamente de toda regla establecida. Las secciones principales del Vengador brindan al visitante material literario, en lo que se incluyen novelas por entregas, relatos y hasta historietas; reseñas musicales y archivos de sonido, con enlaces a páginas de los intérpretes de "la música que el Vengador escucha"; y una exposición gráfica algo desenfadada, con muchos collages. Además, en la página usted puede conocer la versión impresa del Vengador, obtener iconos y otros souvenirs y enterarse de quiénes hacen la revista. El Vengador A Go-Go nació, como publicación impresa, en noviembre de 1995. Fue creada por tres estudiantes de la UBA como una especie de divertimento que tuvo apenas veinte ejemplares. En abril del año siguiente, sacaron un nuevo número consistente sólo de una hoja en formato A4 impresa por ambos lados. De la premura por incluir todos los materiales en tan escaso espacio surgió el diseño característico de la versión impresa del Vengador. Desde entonces, la revista se ha venido publicando mensualmente (salvo los meses de enero a marzo) y hoy en día se hacen seiscientos ejemplares en formato A3 que se distribuyen gratuitamente en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UBA y en algunas librerías bonaerenses, aunque existe la posibilidad de enviar algunos ejemplares de muestra a través del correo ordinario. Sobre el diseño de la versión electrónica, Máximo Tuja (vengador@geocities.com) nos explicó en conversación reciente que no tiene muchas similitudes con el concepto original de la versión impresa, aunque sí mantiene la idea del caos como expresión. "El formato HTML no permite plasmar muchas de las características visuales de nuestra publicación. Por otra parte en el WWW contábamos con el recurso del color, vedado para nosotros en el papel por el costo. El caos que reina en el papel tenía que ser transferido de alguna manera a la página de Internet. Esto en parte lo logramos colocando fondos diferentes e imágenes que remitan a la estética de la edición en papel, pero creo que no pudimos reflejar lo que el Vengador original transmite". El Vengador admite textos de colaboradores espontáneos. Antes de enviar sus propios textos, dé una vuelta por las páginas de esta muy particular revista electrónica, pues el único requisito para escribir allí es que el texto sea tan caótico como el estilo que verá en esas páginas. Los materiales se pueden enviar a vengador@geocities.com. === Etimología de la vida cotidiana Samuel Wolpin ==================== (Nota del editor: Los tres textos que siguen son parte del trabajo que, como columnista del diario rosarino La Capital, realiza el periodista argentino Samuel Wolpin). *** Las mariposas consumistas "El 20% de los países con el ingreso más fuerte concentran el 86% del consumo; el 20% de los más pobres, el 1,3". Informe sobre desarrollo humano de la ONU, Clarín, 27/9/98. "Las mariposas ocupan el segundo lugar entre las cosas aladas más hermosas. El primero corresponde al dinero". Sofía Loren. Le debemos al filósofo chino Chuang Tse -siglo IV a.C.- la siguiente parábola: "Soñaba que era una mariposa. Revoloteaba alegremente; era una mariposa muy contenta de serlo. No sabía que era un hombre. De repente desperté y me asombré de ser un hombre. Y ya no me era posible saber si era un hombre que había soñado ser una mariposa, o era una mariposa que estaba soñando ser un hombre". Mariposa es otra de las palabras cuyo origen se desconoce. Como uno no puede admitir su ignorancia, se arriesga a suponer que el latín mare, mar, es sinónimo de movimiento y que el latín pausa significa reposo. Sin embargo, en latín mariposa se dice papilionis, con lo cual se acerca el francés papillon y el azteca papalote, pero no el italiano farfalla, ni el inglés butterfly, ni el alemán schmetterling. Volvamos a la frase de Sofía Loren. Dinero sólo se puede conseguir comerciando, ya sea con las fuerzas y/o habilidades físicas y/o mentales. A Mercurio, dios del comercio, se lo representa con un sombrero alado; es lo mismo decir que la imaginación y el dinero vuelan, remontan detrás de las cosas que queremos conseguir. Ahora bien, así como nunca en la vida física estamos a la altura de la imaginación, en el consumo tampoco estamos al mismo nivel de los ingresos. Nuestros sueldos reales sueñan pretensiones ilusorias. Exceptuando algunos que son mariposones, todos somos los hombres-mariposas del cuento: al no saber cuál es nuestro ser real, mal podemos saber cuáles son nuestras necesidades verdaderas; por lo tanto, estamos siempre desorientados, sin advertir que es la realidad la que nos consume a nosotros y no a la inversa. Y en ese loco afán de encandilarnos con las posesiones, terminamos como esas mariposas que se queman en la llama por las que sienten una atracción irresistible. Si seguimos consumiendo como lo estamos haciendo, se nos van a quemar las alas, y el despertar -en el suelo- será similar al de los ángeles caídos, un infierno, pero uno no previsto en la obra de Dante: el infierno de las tarjetas de crédito. *** La lista de Schindler II Existen dos palabras de raíz germánica: listo y lista; liste y list, respectivamente, en sus versiones originales. Listo significa hábil, mañoso, astuto. Listura es la calidad de listo. Estar listo, o la expresión ¡listo!, es dar por terminado algo, inclusive la vida. Pasarse de listo es confiar demasiado en la astucia. Lista es el femenino de listo: hay hombres listos y -como veremos- mujeres listas. Pero las listas más comunes son los catálogos. Las listas negras excluyen del trato a personas; pasar lista es llamarlas. Listado es una serie de objetos; la lista de espera es un turno; la fe de erratas es una lista de errores; el precio de lista es un argumento de venta; el menú es una lista de comidas. Algunos se alistan en el ejército y cuando lo tachamos de la lista, le decimos adiós a alguien. Salvando las distancias, así como Steven Spielberg sacó del anonimato a Emily, a través del filme "La lista de Schindler", voy a ocuparme de otra desconocida: Alma Schindler (1880-1964). Esta mujer enviudó, en dos oportunidades, del músico Gustav Mahler (1860-1911) y del escritor Franz Werfel (1890-1945); se divorció del arquitecto Walter Gropius (1883-1969) y, mientras ellos estaban absorbidos en sus creaciones, fue amante del pintor Oskar Kokoschka (1886-1980). Alma Schindler se pasaba de lista: tenía a mano una lista de espera de intelectuales de bastante buen nivel que, a medida que estaban ya listos, los iba tachando de la lista, en tanto condenaba a otros a la lista negra. Y como si esto fuera poco, les ofrezco a precio de lista el último dato: en sus años finales a esta tipa lista se la bautizó con el apodo de "la viuda de las cuatro artes". *** Una tajada de tejado En latín, tectum es tejado. En general, implica techo y, por extensión, casa, habitación, albergue. Tego, también en latín, es teja, pero abarca lo que es cubrir, envolver, ocultar, defender, amparar, y la familia de la palabra proteger: protector, protectorado, protección, protegido. Todas significan poner tejas para resguardo y seguridad. Otro vocablo asociado a la raíz tego es tegumento, el tejido que cubre algunas partes de las plantas y de los animales. Tejar es el lugar donde se fabrican tejas y la acción de colocarlas. Tejero es el que elabora o pone tejas. Es un apellido -como muchos otros que identifican oficios: Herrero, Sastre, etcétera- que encuentra equivalentes en otros idiomas: Tiler (tile, teja), en inglés, o Decker (dach, teja), en alemán. El tejo del juego pertenece al mismo grupo etimológico de la teja; sin embargo, es ajeno el verbo tejer, ya que se origina en el latín texere, de donde derivan los textiles. Existen dos expresiones: de tejas para abajo y de tejas para arriba. Con la primera nos referimos a las circunstancias humanas, mientras que reservamos la segunda para señalar los designios divinos. Hay techos tan bajos que uno tiene que agacharse. En Italia esto puede resultar riesgoso; allá al techo se le dice tetto. El tango "Caserón de tejas" lo grabó Goyeneche; no obstante, todos coinciden en asegurar que la mejor versión pertenece a María Graña. Aclaremos ahora un término que se usa incorrectamente. ¿Qué significa tajo? Sin duda, lo aplicamos a una incisión en la piel, en una tela o en un neumático. Tajo -del verbo tajar, taliare, en latín- es cortar en tajadas, separar en dos o más partes. O sea, amigos tangueros, que de aquí en adelante tenemos que modificar el concepto acerca de las marcas dejadas por el cuchillo. En lo sucesivo serán cicatrices, señales o heridas, a menos que a la víctima se la meta en una de esas máquinas cortadoras de fiambres y se la convierta en un montoncito de tajadas. También el ladrón conocido como tajero tendrá que rebautizarse. Propongo incisivo. La única tajada que vamos a dejar intacta es la que resulta un sinónimo de coima, porque los que se llevan esa tajada de los negocios constituyen una institución inamovible, por los siglos de los siglos, amén. ** Samuel Wolpin nació en Rosario, Argentina, en 1946. Escritor y periodista, ha publicado 20 ensayos y un diccionario, todos referidos a la filosofía oriental. Fue becado por el Dalai Lama y residió en un monasterio en la India, estudiando el budismo tibetano. Es colaborador permanente del diario La Capital, de Rosario, donde publica semanalmente su columna Etimología de la vida cotidiana, dedicada al origen, curiosidades y rarezas del mundo de las palabras. zuny@intercol.satlink.net. === Robinson Crusoe, Chile: La Isla del Tesoro Arnoldo Varona ======== Cuando "El Gringo" Bernard Keiser, un rico industrial norteamericano de 48 años de edad, llegó el pasado mes de noviembre a la isla Robinson Crusoe, un islote volcánico a 650 millas de las costas chilenas, estaba convencido de que en pocos días lograría desenterrar "el oro de los aztecas", un tesoro oculto con un valor de diez mil millones de dólares, que según él, se encontraba enterrado en aquella isla. "Yo sé donde está", diría. La isla chilena, con una población de algo más de 500 habitantes en su mayoría pescadores, fue hecha famosa por la obra literaria y el héroe de la novela del mismo nombre del escritor inglés Daniel Defoe, quien se inspirara en las peripecias del marino holandés Alexander Selkirk, abandonado por su capitán en aquella solitaria isla del archipiélago de Juan Fernández en 1704 y donde estuvo hasta que fue rescatado en febrero de 1709. Keiser, dueño de la fábrica de textiles norteamericana Architex International, después de varios años de estudios e investigaciones así como miles de dólares invertidos, había aparentemente descifrado el enigma que por casi 300 años había tenido oculto un tesoro llevado a la isla en 1714 por el español Juan Ubilla y Echeverría, general de la flota en Veracruz, México, cuando éste decidió traicionar a su país entonces bajo la dinastía de los Borbones. Cuatro años después de numerosas pesquisas alrededor del mundo entre las que se encontraban visitas al Museo y Biblioteca Militar Británica, donde pudo verificar parte de la historia y algunas de las cartas de navegación escritas por marinos españoles e ingleses, pudo Keiser lograr, según el, la identificación real del lugar exacto donde se encontraba el tesoro. Cuando comenzaron el pasado 14 de noviembre las excavaciones en la isla, a sólo unos metros de la playa y en el lugar conocido como Puerto Inglés, Bernard Keiser "sabía" que el tesoro se encontraba al final de la cueva semidestruida en unos 80 barriles de madera de 1 metro de alto llenos de oro, joyas y piedras preciosas que el general Ubilla, después de dos años de ocultamientos, había logrado enterrar en aquel lugar pocos meses antes de morir frente a las costas de la Florida. Uno de los documentos descifrados en poder de Keiser provenientes del oficial inglés Cornelius Webb, que en 1716 explicara cómo llegar al tesoro después de que él mismo lograra desenterrarlo parcialmente, identificaba un punto del lugar en forma de escorpión a "un cable del Inglés", medida naval que equivale a 182 metros. Todos los antiguos documentos en poder del norteamericano Keiser han sido verificados por expertos de varios países y considerados como auténticos. "Es allí", dijo Keiser al señalar el punto donde 4 cavadores contratados en la isla picaban sobre rocas y tierra árida del volcánico subsuelo. Tres días después, el martes 17, los arqueólogos chilenos que acompañaban a la expedición para verificar y proteger los lugares, al golpear los excavadores a metro y medio de profundidad una roca madre, hicieron detener los trabajos al determinar que era imposible pudiese ser ese el lugar donde estaría enterrado el tesoro y donde tendría que haber una base distinta, más porosa. El alcalde de la isla, Leopoldo González, tan seguro como el mismo Keiser sobre la existencia del oro oculto, ha dicho: "El señor Keiser me ha mostrado documentos que prueban la existencia del tesoro. Yo también estoy seguro de que está allí, sólo es cuestión de tiempo encontrarlo". Con la ayuda prometida por el norteamericano para la población de la isla si encuentra el tesoro, un hospital y una escuela secundaria, todos los habitantes de Robinson Crusoe se muestran expectantes. El acaudalado norteamericano, sin inmutarse por el revés, ha enviado a buscar al continente numerosos instrumentos sensitivos como radares y equipos electromagnéticos, al mismo tiempo que ha pedido a sus abogados en Chile la obtención de nuevos permisos para continuar la búsqueda. "Tengo sumamente claro que se trata de un largo proceso que comenzó hace 4 años", declaraba Keiser. Los habitantes de la isla Robinson Crusoe parecen estar también de acuerdo en que la historia no ha terminado allí. ** Arnoldo Varona Limia, periodista y productor radial nacido en Cuba y actualmente radicado en Miami. Ha publicado material ensayístico y periodístico en diversos periódicos y revistas de Estados Unidos y América Latina y es miembro de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos. arnoldov@aol.com. === Una lectura de Lejana, de Bestiario Margoth Cuevas Aro =========== (Nota del editor: Julio Cortázar murió el 12 de febrero de 1984 víctima de la leucemia. Su obra ha dejado una de las huellas más profundas y duraderas en la literatura del continente, gracias a su dominio magistral del arte narrativo, evidente en narraciones como Lejana, que ocupa hoy la atención de la ensayista argentina Margoth Cuevas Aro). El escritor argentino Julio Cortázar (1914-1984) publica su primer libro de cuentos, Bestiario, en 1951, el mismo año en que se radica en París. Son ocho relatos que van sembrando mundos desconcertantes, en equilibrio inestable y al filo del abismo. Haces de fuerzas subterráneas se infiltran en el medio de un espacio cotidiano y rutinario dejando al descubierto zonas sumergidas. Son mundos preñados de otredad, que amenazan constantemente con enajenarse. La realidad se ensancha más allá de la costumbre, lo normal y lo estatuido. La alteración de lo habitual y reconocible provoca quiebres, puntos de fuga por los que ingresa la sospecha de que existe otro orden camuflado, mediatizado por la cultura, que amenaza nuestra cosmovisión. Desde el mismo umbral del texto, con "Casa tomada", el lector se adentra en un ambiente cerrado, casi orgánico: "A veces llegamos a creer que era ella (la casa) la que no nos dejó casarnos". Recuerda la casa de Usher, pero en este caso el elemento desencadenante del desequilibrio no proviene de la propia casa. Se trata de una fuerza indefinida que ingresa del afuera y va apoderándose día a día del espacio íntimo. Se inicia un proceso de distanciamiento del refugio hogareño. La casa que "guardaba recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia" deviene en ajena y hostil llegando a expulsar a sus moradores. A veces son los propios impulsos que se objetivan materializándose, como ocurre en "Carta a una señorita en París". En este relato, el narrador vomita cada tanto un conejito. Aunque el hecho sea inusual, es relativamente predecible, lo que permite al personaje incorporarlo al ámbito cotidiano. Sólo cuando aumenta la frecuencia y ya no es posible controlar el nacimiento-vómito, pensará en ese "balcón sobre Suipacha lleno de alba". En "Ómnibus" la fuerza intrusa que amenaza el orden habitual está personificada. La pasajera aborda el 168, el colectivo que pasa por el lugar de la muerte y pretende ir más allá. Se niega a aceptar que el cementerio debe ser la última parada. Peor aun, desafía a los otros pasajeros, al conductor y al guarda, abordando ese ómnibus sin un ramo de flores. Pretende viajar hacia la última morada con las manos vacías, contra toda costumbre. Hay otras ocasiones en que es imposible decidir si las fuerzas disgregadoras están dentro o fuera de los personajes, como en "Cefalea": "No estamos inquietos, peor es afuera, si hay afuera". El narrador retacea información al lector, le entrega el mundo fragmentado, le impide definir si los acontecimientos salen del ámbito de lo normal o son explicables como alucinaciones. En "Circe" los hombres no son transformados en cerdos después de comer los manjares ofrecidos. Las fuerzas oscuras que toman cuerpo en las cucarachas y liberan a Delia ("gemía [...] en medio de un placer infinito") acaban con la vida de sus enamorados. Ulises contrarrestó la pócima de Circe y pudo deleitarse con los manjares. Mario, sin un Hermes que lo ayudara, pudo salvarse porque no probó los bombones. Entre "los monstruos (...) que bajan de regiones vagas de la ciudad (...) las mujeres casi enanas y achinadas, los tipos como javaneses o mocovíes" está Celina, la única capaz de abrir "Las puertas del cielo" y aparecer bailando en el medio de la pista, después de muerta. Una dimensión distinta, la del paraíso, se superpone a la "real" terrestre, pero, aunque resulta inquietante, no hay confrontación de los dos mundos. El acontecimiento no provoca una alteración en el mundo real. Falta el conflicto, la problematización entre lo normal y lo anormal para considerarlo un relato fantástico. Se acercaría más al cuento maravilloso. El libro se cierra con "Bestiario". Los deseos sumergidos, las situaciones veladas, la efervescencia por debajo de las relaciones familiares normales, se materializan en la figura de un tigre. Éste define la vida del hogar, de él depende la ocupación de los espacios en la casa. Las actividades de la familia se adecuan a su deambular. "hay que fijarse si - (...) Pasó un rato largo hasta que un peón avisó que el tigre estaba en el jardín de los tréboles, entonces (...) entraron a comer. Esa mañana las papas estuvieron resecas". Él es, finalmente, el "correctivo" de la vida familiar. "Lejana" es el tercer cuento de Bestiario. Fue publicado antes de ser incorporado al libro, en febrero de 1948 en "Cabalgata", revista mensual de artes y letras de Buenos Aires. Aquí la fuerza que extraña no es extraña. Es el alter ego del propio personaje quien comienza a inficionar su identidad. En el universo de Alina Reyes invadida por la Lejana, lo uno y lo múltiple, la identidad y la diversidad, son apariencias diferentes de un mismo rostro. En el caso de Alina, la certeza de ser una, única e irrepetible es desalojada por la entrevisión de la multiplicidad. El concepto de individuo y en general la cosmovisión unívoca a la que nos acostumbramos, pierden pie en este mundo en el que el encuentro con el otro puede ser el encuentro con uno mismo. Cuando Cortázar afirma su pretensión de que "escribir y respirar (en el sentido indio de la respiración como flujo y reflujo del ser universal) no sean dos ritmos diferentes" sino dos manifestaciones de una misma sustancia, está diciendo claramente que no podemos separar su obra de su experiencia vital, o mejor aun, que su obra es parte de esa experiencia vital. No significa que podamos establecer relaciones directas entre tal o cual circunstancia particular del escritor y tal o cual pasaje de su obra. Los mundos que la literatura hace posibles son siempre de segundo grado y sus correspondencias con el mundo "real" que les sirve de base no es biunívoca ni directa. No obstante, podemos lograr un mejor acercamiento a la obra si conocemos los avatares de la vida de su creador. Como sabemos, Cortázar fue un hombre comprometido socialmente, aunque no en el momento de la escritura de Bestiario. Mucho más tarde producirá un relato como el de "Apocalipsis en Solentiname". Las fotografías del horror se abren paso entre otras imágenes, se imponen a la mirada del personaje que no puede sustraerse a una realidad dolorosa observando fotos turísticas. Es literatura de denuncia sin dejar de ser fantástica, lo que muestra que una y otra no se excluyen per se. Todo lo contrario. La literatura fantástica amplía nuestra visión del mundo al ponernos en contacto con la otredad. El conocimiento de las orillas de la realidad cambia nuestra visión de las orillas de la sociedad. Quiero rastrear esta posibilidad de compromiso social del relato fantástico, en un cuento como "Lejana", para ver si las máscaras diferentes de la realidad remiten a las máscaras diferentes de la sociedad, si los marginales de la realidad son también marginales de la sociedad. El mejor punto de partida para el análisis es la propia lectura que hace el escritor de la literatura en general y de su creación en particular. La poética de un autor puede estar "desparramada" por su obra, lo que obliga a un esfuerzo de desentrañamiento, casi siempre difícil y opinable por el teñido subjetivo que se suele deslizar. O expresa en algunos textos críticos, en los que el autor analiza su escritura y que se constituyen en guías ineludibles de la lectura. En Cortázar ocurren ambas cosas, su actitud frente a la literatura puede encontrarse ficcionalizada en su obra pero es en La vuelta al día en ochenta mundos y en Último round donde se concentra su esfuerzo crítico. El impulso primero de su literatura es el asombro. El escritor lo denomina el "sentimiento del absurdo" que hay que aceptar "como el modo natural en que se nos da una realidad inconcebible". Pero no se trata de una realidad caótica o del sinsentido, sino de la toma de conciencia de que cada cosa lleva de suyo incorporado un llamado a otras con las que se encuentra en relación paradigmática, ya sea para que la complemente o para que la neutralice. Estas "fracturas del continuo" generan el "sentimiento de no estar del todo en cualquiera de las estructuras" porque se entrevé ante cada camino otros caminos posibles. Esta apertura al mundo no es algo dado, es una elección, un acto volitivo para lograr "la aprehensión de las relaciones subyacentes" mediante la espera de lo desacostumbrado. Ese estar aquí y allá es el punto de partida en la creación de mundos amenazados por la otredad y la disgregación. Mundos en los que las fracturas del continuo representan una apertura constante hacia otras perspectivas vitales. En el caso de "Lejana" esas otras perspectivas vitales significan también diferentes perspectivas sociales. La Alina burguesa que vive una vida de reina en Buenos Aires comparte la misma identidad esencial con la Alina harapienta que mendiga en un puente en Budapest. Pero Cortázar hace algo más que sugerir el mismo rostro detrás de las máscaras que la sociedad impone. Construye un relato, organiza un mundo, en el cual no sólo hay un intercambio de identidades, sino que éste arrastra una reversión en las posiciones sociales. De esta manera, Alina se hace otra en la realidad y en la sociedad. La Alina pobre será reina y la Alina rica sentirá en carne propia el dolor de la marginalidad. La duplicidad es estructural en "Lejana". No es uno el personaje que para exorcizar las fuerzas disociativas que retrasan el sueño, juega con las palabras. "...Tengo que repetir versos o el sistema de buscar palabras con a, después con a y e, con las cinco vocales, con cuatro. Con dos y una consonante (ala, ola), con tres consonantes y una vocal (tras, gris) y otra vez versos (...)". También palíndromas y anagramas. Juegos con el lenguaje que profundizan la mirada y atraen la fuerza invasora (la otra Alina) hacia ella. Tampoco es uno el lenguaje. Da saltos idiomáticos del español al inglés, pasando por el francés. "Now I lay me down to sleep...". "(...) Votre âme est un paysage choisi...". También son varios los registros. Del coloquial "M'hijita, la última vez que te pido que me acompañes al piano. Hicimos un papelón" al poético "(...) caballos erizados de estalagmitas y polizontes rígidos, hogazas humeantes y flecos de viento (...)" y también formal "Alina Reyes de Aráoz y su esposo llegaron a Budapest (...)". Hasta la misma estructura formal del cuento se parte en dos, abriéndose en dos perspectivas de los hechos, cada una con un narrador diferente. La primera parte tiene forma de diario íntimo. El narrador es un personaje, la protagonista del cuento, Alina Reyes; "Anoche fue otra vez, yo tan cansada de pulseras y farándulas (...)". La segunda parte tiene forma de crónica periodística, con un narrador en tercera persona; "Alina Reyes de Aráoz y su esposo llegaron a Budapest el 6 de abril y se alojaron en el Ritz". El narrador protagonista de la primera parte le da un marco de posible caso clínico a los hechos: todo indica que puede tratarse del simple delirio de una burguesa trastornada por una vida de ocio y frivolidad. En cambio, el narrador en tercera persona le da una apoyatura "objetiva" al tema. El tono propio del discurso periodístico le imprime al relato un efecto de realidad complementario. En la primera parte, el diario de Alina Reyes, Alina va relatando fragmentariamente cómo otra Alina, la Lejana, va penetrando poco a poco en su mente, ocupándola, sin que ella pueda evitarlo. El Diario mismo supone un antes, pero igualmente esa imagen de un tiempo que es continuación de otro es reforzada por la primera oración con que inicia el relato del 12 de enero: "Anoche fue otra vez", que aclara que la llegada de la "otra" no ha sido abrupta, sino que se ha venido repitiendo, seguramente muchas otras veces, las suficientes para haber despertado en Alina un sentimiento de odio y de rechazo que, sin embargo, no impiden el acercamiento de la Lejana. Una apertura especial frente al mundo -la de Alina combinando palabras- le permite ingresar por las grietas del orden rutinario hacia estadios anteriores de la conciencia y comunicarse -intercambiarse- con ese otro yo posible. La segunda fecha del diario es el 20, 8 días después. Ahora la Lejana no solamente se presenta de noche, cuando Alina no puede dormir, a la hora en que el límite entre el sueño y la vigilia es difuso, cuando todo parece posible y no hacen falta explicaciones racionales, sino que alcanza con enmarcar el hecho extraño en el ámbito de la duermevela. Esta vez irrumpe en pleno día, en el medio de las actividades cotidianas. En este momento la Otra ya inició el proceso de desestabilización para desalojar a Alina de sí misma. Se introduce en su vida y la hace ajena, la sustrae de sus vivencias haciéndola parecer extraña ante sus allegados. A medida que la Lejana va ganando terreno en la identidad de Alina, ésta va distanciándose, haciéndose lejana. Este proceso se profundiza en la siguiente entrada que es del 25 de enero. Ella misma, Alina, comienza a sentirse otra: "me veía las manos entre las teclas y parecía que tocaban bien"; sus manos adquieren autonomía porque empieza a separarse de sí misma, a verse con ojos que se sitúan afuera de ella. Este distanciamiento corre parejo con el cambio de sentimientos por la Lejana. Esa misma noche escribe "A veces es ternura, una súbita y necesaria ternura hacia la que no es reina y anda por ahí". Quiere conocerla, confortarla. A partir de este momento, el espacio en que se desarrolla la vida de la otra adquiere nombre, es un puente en Budapest. Antes no importaba, podía también ser Jujuy o Quetzaltenango o cualquier parte; ahora, en cambio, la definición de un lugar preciso en el planeta al que es posible ir, va preanunciando la materialidad de la Lejana y la inserción del relato en un ámbito social "real". Esa misma noche, Alina sueña la vida de la Otra, no solamente la ve como espectadora, sino que actúa, participa, en su otra vida. La siguiente entrada es del 28 de enero. La Lejana parece haberse ido. Sin embargo es el momento en que Alina comienza a vivir dos vidas en una: por un lado continúa con su hacer de todos los días, pero al mismo tiempo, en ese hacer cotidiano se producen puntos de fuga por los que ingresa la vida de la Otra o por los que Alina se distancia para ingresar a la vida de la Otra. Los espacios de ambas son un continuum "(...) y de mi platea se salía abiertamente a la plaza, con la entrada del puente entre vastísimas columnas". Es ahora cuando ella se aferra a las respuestas racionales para explicar el fenómeno: está claro que se trata de juegos mentales, "Es bueno no caer en la zoncera: eso es cosa mía, nada más que dárseme la gana, la real gana. (...) Esto se me antoja y lo sigo por gusto, por saber adónde va, para enterarme si Luis María me lleva a Budapest, si nos casamos y le pido que me lleve a Budapest". La entrada del 30 de enero es sorprendente. Apenas unas líneas para registrar que va a casarse. Luis María es el instrumento que le permitirá acercarse a la Lejana. El 31 de enero es igual. El júbilo se une al miedo. Irán a Budapest; "Iremos allá. Estuvo tan de acuerdo que casi grito. (...) Peoncito Luis María, al lado de su reina. De su reina y -". Alina no cierra la frase, pero deja claro que no la está cerrando. Para este momento, ya se identifica a sí misma como dos y aunque todavía le quede el resquemor de nombrar a la Otra con todas las letras, le guarda un lugar, un guión que indica un sitio ocupado, al lado de su nombre. La Lejana ya se hizo un espacio al lado de Alina, por eso ésta comienza a sentirla como una ausencia. Las últimas anotaciones en el diario están fechadas el 7 de febrero. Pasaron siete días de la entrada anterior, imprevistamente, porque había venido aumentando paulatinamente la frecuencia de los relatos. Recuerda lo que había pensado en el concierto y dice que no escribirá el final. El día del concierto, 28 de enero, es clave para entender los sueños de Alina como premoniciones de lo que luego vivenciará en Budapest. Ella se ve entrando en el puente "(...) entre la nieve arriscada que me empuja con el viento por la espalda, manos de toalla de esponja, llevándome por la cintura hacia el medio del puente". Se pregunta si las otras vivencias que la invaden le sucederán a la Otra al mismo tiempo, "¿Pero por qué al mismo tiempo? A lo mejor me llega tarde, a lo mejor no ha ocurrido todavía". Pero sabe con certeza "que allá me estarán pegando de nuevo". El 7 de febrero anota que cerrará el diario, que irán, ella y José María, a Budapest. "Vamos allá pero no ha de ser como lo pensé la noche del concierto. (...) En el puente la hallaré y nos miraremos". Define a la Otra como una "adherencia maligna" contra la cual debe luchar; "Y será la victoria de la reina contra esa adherencia maligna, esa usurpación indebida y sorda. Se doblegará si realmente soy yo, se sumará a mi zona iluminada, más bella y cierta; con sólo ir a su lado y apoyarle una mano en el hombro." La Lejana es considerada por Alina como la cara oscura de sí misma, a la que es necesario captar para lograr un yo pleno, integrado. A pesar de lo que pensó en el concierto, tiene la convicción de que logrará fusionar los dos aspectos de su yo que están separados. Aspira a la comunión de las dos Alinas en una especie de rescate de sus yo proteicos. Como si hubiera en cada uno de nosotros un ser esencial que se despliega en formas disímiles, que se multiplica en diferentes vidas, las cuales se buscan entre sí, impelidas por el impulso de integración y en el afán de la unidad. Lo que Alina ignora es que la Otra no es una "adherencia maligna" o una "usurpación indebida y sorda". La Otra tiene, también, una entidad ontológica, es en la misma medida y de la misma sustancia que es Alina. La marginada tiene el mismo "derecho" a ser el centro de sí misma, en la realidad y en la sociedad. En la segunda parte del texto, un narrador en tercera persona relata la llegada de Alina y su esposo a Budapest el 6 de abril. "Eso era dos meses antes de su divorcio". Al día siguiente, ella salió a caminar, se dejó llevar "buscando vagamente algo; pero sin proponérselo demasiado, dejando que el deseo escogiera (...)". Cuando llegó al puente caminó dificultosamente hasta el centro. Quiso volver, pero en ese momento vio a la Otra que le tendía ansiosamente las manos. "Sin temor, liberándose al fin -lo creía con un salto terrible de júbilo y frío- estuvo junto a ella y alargó también las manos". Se abrazaron la Alina rica y la Alina pobre. "Cerró los ojos en la fusión total (...). Le pareció que dulcemente una de las dos lloraba. Debió ser ella porque sintió mojadas las mejillas, y el pómulo mismo doliéndole como si tuviera allí un golpe". El dolor del pómulo es el primer indicio de la sorprendente vuelta de tuerca que se produce a continuación. Alina y el lector creyeron que iba a producirse la integración de las dos manifestaciones de un mismo yo que estaban desencontradas. Sin embargo, mezclada con la felicidad de sentirse una con otra, empezó a sentir en el cuerpo el agobio de la pobreza. "Al abrir los ojos (tal vez gritaba ya) vio que se habían separado". Fue Alina Reyes la que se quedó en el puente, vestida con harapos, fatigada por la miseria, mientras la Otra Alina Reyes "lindísima en su sastre gris" se alejaba hacia el hotel. Recién en las últimas líneas del relato comprendemos que no se produjo la esperada fusión, sino un intercambio de identidades. La seguridad de una posición social privilegiada es trastocada -en el corto tiempo de un abrazo, el breve instante de la intersección de dos mundos separados- en la inestabilidad que define a la marginalidad. La Alina cuyos desafíos a las exigencias culturales de su entorno pasaban por combinaciones inusuales del lenguaje, se encuentra de pronto librada a los tremendos desafíos de la pobreza y la miseria. El texto impone la "normalización" de la otredad preterida -la Alina "otra" pasa a ocupar el espacio central de la realidad y de la sociedad- y el extrañamiento, el distanciamiento hacia las orillas, de lo normal. Podríamos hablar de un acto de estricta justicia o, si se quiere, de revancha. Dado que las dos Alinas son esencialmente idénticas, es justo que ambas puedan vivir, alternativamente mientras el mundo siga como hasta ahora, una vida cómoda. La mendiga de Budapest "saca" a Alina de sí misma y la ocupa, mientras le entrega su cuerpo. La burguesa sentirá en carne propia sus padecimientos de marginada social. Si la Alina reina hubiera sabido antes que podía estar en los zapatos de la harapienta, tal vez se hubiera preocupado porque tuviera otros zapatos. Si pudiéramos ver al "otro" como un potencial "nosotros", nos cuidaríamos más de las injusticias del mundo. Entretanto la sintió "otra" la comprensión de su sufrimiento es meramente intelectual: "'Ahora estoy cruzando un puente helado, ahora la nieve me entra por los zapatos rotos'. No es que sienta nada, sé solamente que es así...". "(...) Humedad entre esa nieve que no siento, que no siento y me está entrando por los zapatos". Recién cuando comprendió que ella misma era la otra, luego del abrazo en el puente, la situación comienza a cambiar: "...repentinamente tan cansada...". Para Cortázar, el cuento tiene su propio impulso vital. Es una criatura autónoma que se vale del escritor para tomar forma. Es como una "alimaña" que enajena al escritor, lo transporta "fuera del mundo circundante", a regiones de ensueño, para que procese el "coágulo" y lo transforme en relato. Un relato que se genera a partir de sucesos olvidados, que fueron vivenciados en estratos primitivos de la conciencia, en regiones anteriores a la diferenciación del todo, y anteriores, también, al lenguaje. La misión del escritor es la de lograr el procesamiento semiótico de ese mensaje informe que aun él mismo desconoce hasta ponerlo en signos. Seguramente la interpretación que como lectores hagamos del mensaje dependerá del abordaje que hagamos del cuento. En "Lejana" no escuchamos la historia de la Alina marginada porque, obviamente, para ser "otra" debía estar en las orillas, alejada del centro organizador del relato. Sin embargo, al asumir la vida de la Alina rica, se lleva también su voz. Vemos que la reina que ahora es mendiga ya no nos habla desde sí misma, el relato dejó de estar en primera persona, es necesaria la intervención de un tercero en la narración. También interpretamos que la voz, la posibilidad de asumir el relato de su propia historia, es inherente a una determinada condición social privilegiada. En el momento en que nos detenemos a escuchar la voz silenciada, la de la Alina de los zapatos rotos, es cuando nos encarrilamos fácilmente hacia la interpretación del cuento como de denuncia social. Un nítido llamado de atención para que veamos al "otro" -al desvalido, al pobre, al marginal, al diferente- como un idéntico. Si lo lográramos, me parece que el mundo podría ser más justo, como quería Cortázar. ** Margoth Cuevas Aro, escritora argentina. Algunos de sus ensayos pueden apreciarse en su página personal, en http://www.geocities.com/Athens/Crete/4868/index.html. cuevac@neunet.com.ar. === El influjo de la locura en los estilos literarios de Poe, ============= === Maupassant y Nietzsche Juan Jacinto Muñoz Rengel ================= Presupuestos estéticos Antes de acometer la exposición de mi tesis, me asaltan con urgencia dos preguntas (quizá las dos preguntas fundamentales de la Estética): la primera se interesa por qué es lo que lleva al hombre a crear, a producir de forma desinteresada la obra artística; la segunda cuestiona qué hace artística a la obra de arte, ¿es lo bello, lo distinto, lo bello-distinto..? Naturalmente, se hace imposible responder aquí a estas dos preguntas capitales, pero sí me parece interesante apuntar en qué sentido voy a tratarlas a lo largo de las páginas siguientes. En lo que respecta a lo que impele al artista a crear, manejo dos hipótesis. Una: al hombre creativo no le satisface la realidad, no lo deja lleno, y es este hambre lo que lo empuja a buscar angustiosamente nuevos mundos, nuevos conceptos. Dos: existe la situación contraria, ante tanta información procedente de la realidad determinados individuos se ven incapacitados para procesarla, y degeneran su actividad intelectual hacia producciones delirantes, alucinaciones, estados de ansiedad, en definitiva, nuevos mundos diferentes a la realidad. Hay hombres que pertenecen sólo al primer caso, y cultivan su creatividad intencionalmente; hay otros que pertenecen al segundo de los casos, y se ven forzados a la creatividad sin desearlo (a la creatividad imaginativa, no efectuada en obras); pero también hay unos terceros, unos individuos que participan de los dos casos, y su obra voluntaria se ve inesperadamente alterada por una naturaleza delirante (enferma, patológica), su obra se ve de repente investida por los signos de la locura (y por tanto más cerca de lo distinto, de la expresión extraña a la realidad). A este tercer tipo de artistas creo que pertenecen, entre otros muchos, Poe, Maupassant y Nietzsche. Aún me queda por atender a la segunda pregunta, qué es lo que hace artística a la obra de arte; no obstante, creo que con la satisfacción de la primera ya la he empezado a señalar: lo artístico es lo esencialmente distinto; si artístico fuera únicamente lo bello (lo armonioso, proporcionado, cálido), por qué tendría que provocarnos experiencia estética lo trágico, o lo tenebroso. Dubos afirma que la tragedia gusta porque combate al peor de los estados mentales, la indolencia; Hume recupera esta idea;(1) a través de los dos autores podemos considerar que la indolencia, o la abulia, es estar parado en lo real, estancado en la realidad inerte. En este último sentido, Fontenelle sitúa el placer estético en el movimiento entre los grados de dolor y de placer; adecuándolo a nuestro interés, la experiencia estética la podríamos situar en el movimiento entre lo real y lo irreal. El arte es un recorrido hacia el límite (y también en esta dirección se mueve el concepto estético de lo sublime matemático de Kant).(2) Con esta interpretación del arte pretendo justificar la naturaleza artística de las obras de los tres autores que motivan este escrito; pero no sólo aspiro a confirmar esa calidad artística (ya tan reconocida, por otro lado), sino que, siguiendo la línea de lo más arriba indicado, voy a intentar mostrar la influencia que en el genio de los tres literatos y en sus obras ha tenido la locura, la degeneración mental, la tendencia indeseada hacia los límites de la razón, hacia lo "más allá" de la realidad; intentaré también llamar la atención sobre las pautas sorprendentemente parecidas que en los tres ha seguido el proceso de este influjo. Paralelismos biográficos El primero de nuestros tres autores en irrumpir en el mundo fue Edgar Allan Poe (1809-1849). Nació en Boston, hijo de unos cómicos errantes, que viajaban en destartalados y mugrientos carromatos de compañías de teatro nómadas. Su padre David Poe, tuberculoso y alcohólico, abandonó la familia cuando Poe contaba con un par de años, y murió más tarde de su enfermedad en paradero desconocido; dejó a su madre también tísica y embarazada de su tercer hijo. El alcoholismo del padre marcó a los tres hijos: el mayor, William, murió prematuramente de una tuberculosis alcohólica, la pequeña Rosalía nació y murió idiota, y el propio Poe morirá en 1849 de una crisis de delirium tremens. Cuando Poe todavía no contaba los cuatro años le llegó la hora de la muerte a su madre, Elizabeth Poe. Los tres niños huérfanos fueron recogidos por familias distintas. Poe fue adoptado por un rico comerciante y plantador virginiano, John Allan, que aparte de su segundo nombre le proporcionará seguridad y una educación estimable. Su madre adoptiva, Frances Allan, volcará sobre él un afecto agobiante y excluyente, plegándose a todos sus caprichos y manías. La familia Allan viaja a Inglaterra en 1815; de esta estancia Poe nos explica: "Mis recuerdos más tempranos de la vida escolar están vinculados a una inmensa y vaga casona isabelina, en un brumoso villorrio de Inglaterra, donde había una cantidad enorme de árboles gigantescos y retorcidos, y donde todas las casas eran demasiado antiguas". Esta infancia de niño miedoso y sensible nos explica su posterior gusto por lo macabro, lo misterioso, los hechos sobrenaturales, y su afición a la lectura de literatura gótica, llena de folklore antiguo, leyendas tétricas, tumbas y abadías abandonadas. A su regreso de Inglaterra conoció a su primer amor, Jane Stanard, que moriría meses más tarde loca y tuberculosa. En 1826 se matriculó en la facultad de Lenguas Clásicas y Modernas de la Universidad de Virginia; allí empezó a escribir (entre sus influencias se encuentran Byron, Shelley, y sobre todo Hoffmann), pero también se habituó a las drogas: alcohol, opio, láudano; el alcohol sacó a la luz una enfermedad hereditaria (tanto su abuelo como su padre eran alcohólicos), agravada por la desnutrición y los malos tratos sufridos durante sus primeros años de vida. Poe afirma que bebía para "huir de los recuerdos que lo torturaban, de la insoportable soledad, del temor de alguna desgracia inminente...". En 1827 sirve en el ejército como soldado raso; después ingresó en la academia militar de West Point, pero su carácter arisco chocaba con demasiada frecuencia con las autoridades militares, hasta que finalmente fue expulsado. A partir de 1833 parece comenzar a sonreírle la suerte, empieza a ser conocido como escritor y es contratado en la redacción de un periódico; pero es atacado por una fuerte depresión, que lo perseguirá a lo largo de toda su vida, se entrega de nuevo al alcohol y es despedido. En los años siguientes irán apareciendo sus distintas publicaciones, y el proceso circular sigue repitiéndose una y otra vez: es contratado como redactor o consigue el puesto de director de una revista, recae después en el alcohol y la melancolía, y es despedido. En 1836 se había casado con su prima Virginia, con la muerte de ésta en 1847 Poe acabó de sumirse en el camino de su propia destrucción. La muerte de su mujer hace que las alucinaciones y los estados de delirio le persigan con aun más tenacidad. Con motivo de una tremenda borrachera sufre una crisis de delirium tremens e intenta dos veces suicidarse; en este último período sufre también ataques de manía persecutoria. En la madrugada del 3 de octubre de 1849 fue encontrado en un callejón, cerca de High Street, en Baltimore, a pocos metros de una taberna: un borracho semiinconsciente, destrozado y exánime, que moriría cuatro días después a las cinco de la mañana en el Washington Hospital, a la edad de cuarenta años; dice Savater que Poe fue una de las víctimas más probadas del sufragio universal, pues murió de la definitiva borrachera que le hicieron coger un grupo de electorales para aprovecharse de su estado y obligarle a votar varias veces.(3) Su fallecimiento pasó totalmente desapercibido, nadie asistió a su entierro. Cuando Guy de Maupassant (1850-1893) tenía cuatro años, su padre, Gustave de Maupassant, y su madre, Laure Le Poittevin, se separaron; la muerte de Alfred Le Poittevin, el hermano de Laure, que estaba casado con Louise de Maupassant, la hermana de Gustave, puso en evidencia que la base de su matrimonio no era muy sólida. Así pues, Maupassant no conoció a su padre natural, y la figura de "padre adoptivo" la desempeñó desde el primer momento el escritor Flaubert, íntimo amigo de Alfred. Todas estas enredadas disquisiciones de parentela son necesarias para hacer comprender que Maupassant, al igual que Poe, no tuvo relación con su padre carnal, y que la estructura de su seno familiar era igualmente inconsistente; pero al mismo tiempo quisiera señalar la importancia de la figura del difunto tío de Maupassant, Alfred, en su vida, pues tanto Flaubert como Laure lo idealizaban con desmesura. Gustave Flaubert inició inmediatamente a Maupassant en la escritura; Flaubert se convirtió en su mentor literario, y, como es obvio, en su primera influencia. Maupassant se introduce por lo tanto desde muy joven en la corriente del naturalismo, siendo otras de sus primeras influencias Balzac, Zola y Stendhal. La guerra de Francia contra Prusia, iniciada en 1870, en la que Maupassant había participado asignado a la intendencia de Ruán, dejó en él una impresión duradera de desprecio al estamento militar, como nos demostrará en sus cuentos de guerra. En su primera etapa, Maupassant pertenece al naturalismo, un naturalismo que considera de forma analítica la realidad y que tiene por función describir de forma aséptica las situaciones más apremiantes de ésta; sin embargo, de repente Maupassant deriva hacia lo fantástico: de tanto buscar en la realidad se da cuenta de que la realidad pide otra realidad, la otra realidad que queda "más allá". Su cambio hacia un nuevo registro literario es lógico, voluntario, reflexivo, pero el nexo de unión con lo fantástico se lo proporciona realmente a Maupassant la enfermedad. El primer contacto con ésta lo tiene a través de su madre, por herencia: Maupassant padecía una enfermedad nerviosa hereditaria; pero a partir de 1877 esta dolencia se agravó a causa de la sífilis. A su vez, la sífilis le provoca en poco tiempo una degeneración física que le ha de llevar a la locura; no tarda en apoderarse de su vista, del hígado, del estómago, la garganta, y del corazón. Los efectos son devastadores: caída del cabello, alucinaciones, reumatismos varios, migrañas. Para consuelo de Maupassant, a finales del siglo XIX empezó a popularizarse la relación entre genio y locura, y quizá eso fue lo que le hizo exclamar al conocer que tenía la sífilis: "¡Tengo la sífilis, al fin, la auténtica!". De este modo la personalidad enferma se convierte en un "alter ego" literario. Su progresiva pérdida de visión y sus alucinaciones se convierten en su herramienta para construir relatos fantásticos. Entre sus nuevas influencias están Nerval, Hoffmann, y el propio Poe, cuyas secuelas estilísticas en Maupassant analizaremos más tarde. En 1888 su salud decae rápidamente. Pero es su hermano menor Hervé, de quien no habíamos hablado hasta ahora, el que se adelanta, y aquejado por una parálisis general y totalmente loco, como resultado de la enfermedad nerviosa hereditaria de la familia, es internado en un hospital psiquiátrico, donde muere a finales de año, a los treinta y tres años de edad. Además de alucinaciones, ahora Maupassant sufre desdoblamientos de la personalidad y manía persecutoria. Su última carta es un calco exacto de sus cuentos fantásticos, en ella ve la proximidad de su muerte, que ya ha visto reflejada en la de su hermano, y llega a la terrorífica conclusión: "estoy loco". Su locura mezcla personajes imaginarios con la realidad. El 1 de enero de 1892 se intenta suicidar, a raíz de una visita de su madre, y es internado en una casa de salud, como tantos de sus propios personajes. Tras dieciocho meses de vida puramente vegetativa, muere el 6 de julio de 1893, a los cuarenta y tres años de edad. Fiedrich Nietzsche (1844-1900) nació antes que Maupassant, pero he preferido hablar de él en tercer lugar (y lo seguiré haciendo más adelante) porque es de los tres autores el más desemejante: no escribe relatos, hace filosofía. Así pues, Nietzsche nació en Röcken, Sajonia, en 1844, hijo del párroco protestante del lugar y descendiente de luteranos. Cuando Nietzsche cumple cinco años, su padre muere al caerse de una escalera: con éste es el tercero de nuestros autores privado de la figura paterna a edad excesivamente temprana (a este respecto, es cuando menos llamativo observar la cantidad de artistas de primera magnitud que fueron niños huérfanos o abandonados, entre otros Voltaire, Rousseau, Tolstoi, Gandhi, Sartre, Descartes, Erasmo, Pascal, Kierkegaard, Bertrand Russell, Renan, Marcel, Bacon, Diderot, Paracelso, D'Alembert, Schopenhauer, Aristóteles, Platón, Camus, Molière, Dickens, Renard, Baudelaire, Victor Hugo, Dostoievski, Dante, Dumas, Keats, Swift, Gibbon...).(4) En 1850 la madre se traslada a Naumburg, llevándose consigo a Nietzsche y a su hermana menor Elizabeth; allí el filósofo vivirá entre mujeres, su madre, su hermana, su abuela paterna y tres tías. De 1854 a 1864 estudia en la escuela de Pforta, donde empieza a manifestar un espíritu melancólico y retraído; es allí donde tiene también su crisis de fe, y adopta una postura anticlerical y anticristiana. En 1864 se matricula en la Universidad de Bonn, para estudiar Teología por deseo de su madre, pero pronto abandona y estudia Filología Clásica. En 1865 viaja a Colonia, donde acaba por error en un burdel en el que dicen que adquirió la infección sifilítica que luego contribuiría a su locura de los últimos años. En 1866 se incorpora al ejército nada más estallar la guerra entre Austria y Prusia, pero meses más tarde tiene que interrumpir el servicio militar por una caída de caballo, seguida de enfermedad. De nuevo es el tercero de nuestros autores que ingresa en el ejército, y que tras una breve estancia lo abandona en circunstancias desafortunadas, pero eso no es todo: en 1870, durante la guerra francoprusiana, se alista como enfermero: Maupassant y Nietzsche combatieron al mismo tiempo en la misma guerra desde ejércitos contrarios. A pesar de todo, hubo pocas posibilidades de que se encontraran, porque la frágil salud de Nietzsche y su pronunciada miopía le hicieron volver a Basilea casi de inmediato; después de esto contrajo una grave disentería y una difteria, que dejarían huella en su vida futura, de hecho, los trastornos de vista y los dolores de cabeza persiguen a Nietzsche durante toda la vida, convirtiéndole la lectura y la escritura en un verdadero suplicio. En la Universidad de Basilea, Nietzsche había sido nombrado doctor y daba clases desde 1869. A partir de 1872 se ve obligado a abandonar las clases y vive ya al cuidado de su hermana debido a su salud; su aislamiento crece, fomentado por el carácter acaparador de su hermana Elizabeth (la mano femenina tras la figura de nuestros artistas se repite: Frances Allan, Laure Le Poittevin, Elizabeth Nietzsche). En 1879, gravemente enfermo (jaquecas, dolores de estómago, náuseas, depresiones, trastornos de vista), se retira de la enseñanza y pasa el verano en Saint-Moritz. A partir de aquí empieza su extensa labor literaria en el retiro, y en los años siguientes van saliendo a la luz sus libros de filosofía. Lee a novelistas franceses, siendo el naturalista Stendhal su favorito. Vive errante, casi sin dinero ni comida, casi sin amigos ni lectores, en estas deplorables condiciones dio a luz su obra, ¿o tendríamos que decir que fue gracias precisamente a ellas? Desde luego las pericias de Nietzsche en esos años se reducen a las interiores, sólo en su interior, en la privación de lo exterior, crece su sabiduría, su mermada visión, es él mismo quien nos dice en su Ecce homo que fue la soledad y la enfermedad las que le proporcionaron un derecho a la quietud, al ocio, en definitiva, a pensar; en el autobiográfico Ecce homo el propio Nietzsche nos describe cómo la enfermedad afectó su vida y su obra, la perspectiva que le dio el paso continuo de la salud a la enfermedad, en forma de "decadente" dialéctica. En 1882 se enamora de Lou Andreas-Salomé, joven judía que más tarde escribiría su biografía,(5) amante de Rilke y discípula de Freud. Nietzsche le pide matrimonio dos veces, pero ella ambas veces lo rechaza; nuestro filósofo vive una etapa depresiva, pensando incluso en el suicidio. En 1889 sufre una crisis mental en Turín. Ingresa en una clínica psiquiátrica de la Universidad de Basilea, con los diagnósticos de "reblandecimiento cerebral" y de "parálisis cerebral progresiva de tipo esquizofrénico". En 1897 su hermana Elizabeth vuelve a hacerse cargo de él, instalándole en Weimar; ya no recobrará la lucidez mental. En 1900 muere Nietzsche de apoplejía, y es enterrado en su Röcken natal, a los cincuenta y seis años de edad. No creo necesario hacer hincapié en este punto sobre todas las circunstancias coincidentes que han ido determinando los ciclos vitales de nuestros autores, semejanzas (grandes y pequeñas) que cualquiera podrá discernir por sí mismo. Sí me gustaría sumariar las que creo fundamentales para este estudio: los tres tuvieron una infancia desordenada, triste, que tentaba a la melancolía, apoyada en una estructura familiar inconsistente; los tres se inclinaron hacia la literatura, o bien mediante el estudio de Lenguas Clásicas y Modernas (Poe), de Filología Clásica (Nietzsche), o mediante un tutor literario (Maupassant), y todos acabaron escribiendo; a los tres los persiguió la enfermedad a lo largo de su vida, y algunas de las dolencias se repetían insistentemente en unos y otros (depresiones, delirios, alucinaciones, fobias, manías persecutorias, jaquecas, pérdidas de visión), afectando de forma patente a su obra literaria, quizá incluso provocando su creación, a través del desasosiego patológico, de la inquietud congénita por tener que decir algo que los demás no podían decir, algo de "lo otro", de lo "más allá" de la realidad; a los tres los mató su locura, los precipitó en su carrera por la vida, los arrastró a estados lamentables, los empujó a todos a respectivos intentos de suicidio, y acabó con ellos en mitad de sus existencias geniales. Tan sólo me gustaría hacer un comentario más antes de pasar al siguiente apartado, a propósito de esta última circunstancia común, el intento desesperado de suicidio y la muerte temprana: nos encontramos ante tres casos a los que el psiquiatra Alonso-Fernández se referiría como "genios rotos por el trastorno mental".(6) Las perturbaciones de las que tratamos no sólo exacerban el genio, sino que poco después del arrebato numinoso, del mismo modo que acostumbra la voraz mantis religiosa, acaban con él, lo destruyen. Análisis de los efectos de la enfermedad y la locura en los estilos literarios Como ya anuncié antes, me centraré en primer lugar en Poe y Maupassant, y dejaré para el último lugar a Fiedrich Nietzsche, pues debido a la disparidad de los géneros literarios me veo obligado a tratarlo de forma independiente. Poe fue el primero de los tres literatos en introducirse en el género al que luego Maupassant se afiliaría y que Nietzsche nunca llegó a cultivar: los cuentos de terror. En un principio, sus cuentos de terror podrían parecer similares a los clásicos: un héroe recluido en un castillo, encerrado en un calabozo o perdido en medio del bosque sombrío; pero sin embargo la personalidad compleja de Poe, la misma que lo ha atraído hacia lo gótico, le hace diferenciarse de los demás: Poe no describe los lugares, describe la angustia, el desaliento que se puede sentir al encontrarse dentro de ellos. Las descripciones son intencionadamente vagas, los objetos no se ven nítidos, no presentan detalles definidos, y esta incertidumbre contribuye quizá mejor que ninguna otra forma al horror. Los relatos de Poe, a diferencia de los clásicos de terror, discurren en una dimensión psicológica, no describen situaciones, sino que sugieren estados de ánimo. Los relatos de Poe no hacen mención al mundo sobrenatural, sino más bien al mundo interior, a un mundo interior grotesco colmado por sus propias fobias y manías; la deformidad anímica del propio Poe le sirve de excelente instrumento para poblar su mundo de ficción. Es fácil distinguir sus obsesiones favoritas entre los temas de sus cuentos: la muerte está presente en casi todos ellos (de forma especial, sumamente alegórica, en Los hechos sobre el caso de M. Valdemar, donde un muerto hipnotizado nos habla de la muerte desde el más allá), el asesinato en muchos (de los que son los más representativos Los crímenes de la calle Morgue o Corazón delator), en otros la forma que toma el homicidio es el emparedamiento (El barril de amontillado, El gato negro) o la inhumación en vida (El enterramiento prematuro). La imagen que permanece en el fondo de toda la literatura de Poe es la imagen de la madre moribunda, Elizabeth Poe; todas las otras muertes de sus mujeres amadas, Jane, Frances, Virginia, renovarán esa imagen primera que espantosamente se le grabó en el recuerdo. Por otro lado, los personajes de los relatos de Poe son borrachos, melancólicos, neurasténicos, hipocondríacos, hipersensibles, locos en definitiva, inclinados a la demencia, a la perversidad. Para describir sus mundos interiores Poe se acoge a la primera persona, desde la que los protagonistas de sus historias nos trasmiten sus pensamientos tal cual son, sin la mediación de la figura de un narrador. Para dar veracidad a los pensamientos enajenados Poe elige frases cortas, agresivas, rabiosas, de talante nervioso; su estilo por lo tanto es poco recargado, la adjetivación es la justa y las oraciones no se entretienen en ejercicios retóricos o poéticos (por este motivo muchos críticos tacharon a su obra de deficiente o no del todo buena, como T. S. Eliot o Aldous Huxley). Paralelamente, el estilo de Guy de Maupassant también es sobrio, lineal, con el añadido además de su herencia naturalista: "Sea lo que sea lo que se quiere decir, sólo existe una palabra para expresarlo, un verbo para animarlo y un adjetivo para calificarlo". Maupassant pone el énfasis en el rigor estricto en la composición, en la impersonalidad, en la relatividad de los puntos de vista narrativos. En ninguno de estos atributos se distancia en exceso su estilo del de Poe; sin embargo, se acerca en mayor medida al de éste por cuanto Poe resultó ser para él una influencia efectiva: la obra de Poe le aportó una original pasión por el análisis y por el género narrativo breve, en la forma de relatos detectivescos, le proporcionó asimismo el molde del relato, la atmósfera, la noción de que lo inquietante convive con lo cotidiano, aunque escape a la razón, le traspasó su humor y su tendencia a lo infausto. Los temas de los cuentos de Maupassant se agrupan en dos clasificaciones: los centrados en símbolos y lo que se ocupan de sus fantasmas. Entre los primeros destacan el agua, los cambios en la naturaleza, los espejos, la imagen del doble.(7) Entre los segundos encontramos la enfermedad, la neurosis, la obsesión por la soledad, el miedo, el suicidio, la bastardía, las mudanzas de estado de ánimo, el temor a la pérdida de identidad, la duplicidad, el magnetismo, la hipnosis y la locura. Con semejantes temas, los personajes de los relatos de Maupassant no pueden ser sino locos, enfermos, infectados, sifilíticos, prostitutas (en su mayoría neuróticas o histéricas), u hombres versados en la aventura y en el horror que se despliega por el mundo. Los argumentos de sus creaciones son sus propias inquietudes, es claro que Maupassant expresa de forma artística su propio miedo a la locura, a la enfermedad, a la pérdida de la identidad. Ante este miedo a la pérdida de identidad (tan sutilmente cincelada en su magnífico relato El Horla, donde en ningún momento se sabe si el protagonista está realmente loco o si lo que le ocurre le sucede de verdad), la forma que utiliza Maupassant para que el lector autentifique su propia existencia es dirigiéndose a él en primera persona: el protagonista del relato es el medio por el que habla él mismo y el lector se convierte en un confidente de sus preocupaciones; la narración es una confesión del autor al lector. Charles Baudelaire fue de los pocos autores que mantuvo desde el principio la coherencia filosófica de la obra de Poe, veía en ella una tendencia a la unidad que no veían otros críticos, que lo trataban como un talento gótico, disperso y ligero. Para Baudelaire, Poe trazaba en sus poesías y relatos un análisis de la "perversidad primordial del hombre", de "la gran verdad olvidada", y lo hacía a través de las relaciones dialécticas entre bien y mal, terror y calma, vértigo y lógica.(8) La apreciación de Baudelaire es muy discutible. Aunque podemos observar en Poe una cierta erudición que descarga en sus relatos (el procedimiento analítico que utiliza el personaje Auguste Dupin en sus historias detectivescas, la resolución de códigos criptográficos, como en El escarabajo de oro, las introducciones seudofilosóficas como la de El demonio de lo perverso...), a mi entender esto no puede ser entendido sino como una técnica narrativa, que Poe utiliza para dar riqueza a sus cuentos, para darles quizá más autenticidad o simplemente dotarles de una atmósfera enigmática; es, en última instancia, la técnica docta y bibliófila de la que años más tarde beberá Borges. De la que no existen dudas en cambio, es de la naturaleza de los textos de Nietzsche: su contenido es evidentemente filosófico, pero su forma es sumamente literaria. Al contrario de lo que ocurre con los estilos de filósofos como Aristóteles, Kant o Hegel, que son plenamente ensayísticos, fríos, calculados, el de Nietzsche es abierto, imaginativo y retórico, utiliza la metáfora con un elevado alcance poético y no duda incluso en incluir personajes de ficción para la exposición de sus tesis. Nietzsche utiliza un lenguaje efectista, juegos de palabras, cadenas de discursos simbólicos que sólo mantiene unidos un argumento muy débil... Escribe haciendo continuas remisiones a la primera persona, acomete una y otra vez, como nuestros otros dos autores, sus propias circunstancias personales, su relación con la enfermedad, su itinerario vital e intelectual. Su estilo aforístico, inaugurado con Humano, demasiado humano, es de escritura nerviosa, briosa, de trazos incisivos. La mayoría de los comentaristas de Nietzsche interpretan el empleo de aforismos como una forma de oponerse al sistema, la "inversión de valores" implica luchar contra el sistema, y lo menos sistemático es la brevedad de los aforismos; los aforismos, al igual que el discurso a veces incoherente, entrecortado, serían la forma de expresar con palabras lo que nunca ha sido dicho, de indicar "lo otro" con un lenguaje de por sí limitado. Además de ésta hay otra hipótesis, quizá la más práctica y por tanto la menos interesante. Esta conjetura viene a decir que Nietzsche se pasó al estilo aforístico obligado por su creciente pérdida de visión: la vista no le permitía vertebrar grandes párrafos ni capítulos, pero sí redactar (o quizás incluso dictar) sucintos mensajes. Esta última hipótesis representaría la influencia más directa de la enfermedad en la obra de Nietzsche. El estilo de Nietzsche es entonces literario, ¿pero en qué se asemeja por lo demás a los de Poe o Maupassant? Es nervioso, impulsivo, está escrito desde una primera persona que remite a un orador de carácter inusual, orgulloso, petulante, enfermizo, profético, ¿pero qué más? El género en el que se desenvuelven Poe y Maupassant es el de los relatos de terror, Nietzsche escribe ensayos de finalidad filosófica, y, sin embargo, ¿no habría escrito Nietzsche narrativa de terror si sus derroteros no se hubieran visto inmersos en la filosofía? Hay muchas razones para pensarlo así. Sus personajes no son precisamente apacibles, son animales, como la serpiente o el águila, o seres deformes, como el enano de Así habló Zaratustra, que simboliza el espíritu de la pesadez; cuando se refiere a conceptos abstractos, como el de Estado, lo hace llamándolo "el monstruo más frío de los monstruos fríos"; al concepto de espíritu lo somete a una metamorfosis que lo convierte primero en camello, después en león, y por último en niño, todo esto entre aguas sucias, frías ranas y calientes sapos, fantasmas y dragones. El propio protagonista de su obra capital, Zaratustra, es un profeta legendario que nos cuenta sus temores y alegrías, que nos revela su sabiduría adquirida en los años de soledad, que se entristece ante la incomprensión y el rechazo de la gente; Nietzsche lleva a cabo una catarsis de sus frustraciones y deseos personales al autotransfigurarse en Zaratustra.(9) Algunos fragmentos de la obra de Nietzsche nos serán de particular ayuda para comprender el talante tenebroso de su estilo, como éste de La gaya ciencia: "¿Qué sucedería si de día o de noche te siguiese un demonio a la más apartada de tus soledades y te dijese: 'Esta vida, tal como tú la ves actualmente, tal como la has vivido, tendrás que revivirla una vez más, y una serie infinita de veces, nada nuevo habrá en ella (...)'. ¿No te arrojarías contra la tierra rechinando los dientes y maldiciendo al demonio que así hablase?".(10) O este otro de Así habló Zaratustra, no menos espeluznante, en el que nos representa alegóricamente la superación del eterno retorno: "Hace poco andaba yo sombrío, a la luz crepuscular de cadavérica palidez, con el gesto fruncido, los labios apretados y la mirada hosca (...). Entonces lo vi. Un pastorcillo se retorcía en el suelo, ahogándose, convulso, con el rostro desencajado, pendiendo de su boca una gran serpiente negra. ¿había visto yo alguna vez esa expresión de náusea y de terror en algún rostro humano? (...) Tiré de aquel reptil con mi mano una y otra vez, pero todo fue inútil. No podía arrancarlo. No pude reprimir este grito: '¡Muérdele! ¡Muérdele! ¡Arráncale la cabeza de un mordisco!'. Así me gritaban mi horror, mi odio, mi asco y mi compasión".(11) A modo de conclusión La conclusión más natural a todo el largo razonamiento anterior sería afirmar de una forma parca y a modo de resumen que la enfermedad y la locura supusieron una influencia determinante en las obras de Poe, Maupassant y Nietzsche, y que fueron ellas las que los llevaron a cultivar el género de terror, o, en el caso del último, a dejarlo filtrar entre líneas. Sin embargo, a esta conclusión ya se ha podido llegar a lo largo de toda la exposición antecedente, por lo que no estaría diciendo nada nuevo ni en exceso interesante. Estas páginas se reducirían a un estudio lineal y tedioso, algo, por otro lado, en absoluto en la línea creativa, sugestiva y convulsa de los escritores que son motivos de este ensayo; en cierto sentido, este escrito habría fracasado en su función: la adecuada representación de su objeto. Por todo ello, voy a asirme a la idea de ficción de Nietzsche(12) para proporcionar a este ensayo un final del todo inesperado. Para Nietzsche mentir en el sentido extramoral equivale a una desviación consciente de la realidad que se encuentra de fondo en el mito, el arte, la metáfora, etc. Los juicios más falsos son los más indispensables para nosotros; sin dar validez a las ficciones lógicas, sin medir la realidad por el mundo puramente imaginario de lo incondicionado, sin una continua falsificación del mundo, el hombre no puede vivir. La mentira, en el sentido extramoral, es entonces necesaria para el conocimiento en cuanto que es fundamento de la verdad y en cuanto tiene el poder de la sugerencia (no en vano, como nos dice Nietzsche, la voluntad de engaño es el alma del arte; tampoco hemos de olvidar a todos esos autores, entre otros Schopenhauer, que han sostenido la experiencia estética como modo de conocimiento). En este sentido, y como conclusión de este estudio, voy a formular estas tres muy discutibles hipótesis: 1ª. Edgar Allan Poe, que siempre estuvo obsesionado con los asesinatos por emparedamiento, y cuyos personajes autores de los crímenes siempre terminaban por delatarse a sí mismos impelidos por el "espíritu de la perversidad",(13) asesinó realmente a una persona, posiblemente a una amante, y la emparedó tras los muros de alguna de sus viviendas. Sus cuentos son sus propias confesiones, a las que le empujaba el "espíritu de la perversidad"; pero hasta ahora sus confesiones han sido leídas una y otra vez sin concedérseles otro valor que el de la ficción. 2ª. Guy de Maupassant, que demostró repetidas veces su obsesión por la duplicación de la identidad, que se horrorizó al ver su propia muerte reflejada unos años antes en la de su hermano, a modo de imagen doble, de reverberación en un espejo, acabó por enloquecer realmente porque tuvo una intuición sobrenatural: las duplicaciones de las almas se daban de hecho, y, entre otros, Edgar Allan Poe y él mismo eran una única persona, y la vida circular que había acabado con Poe era la misma que había de acabar con su existencia, condenándolo una vez más a la enfermedad y a la destrucción irremisible. 3ª. Fiedrich Nietzsche vislumbró, con plena nitidez, el Eterno Retorno de lo mismo, comprendió que todas las cosas se mueven por el orden de la repetición y el círculo, y que las relaciones de parentela entre los hombres no son lo que parecen ser,(14) que su propia subjetividad podía estar repetida dentro de otros cuerpos, con otros nombres propios (Poe, o Maupassant, por ejemplo); pensó que la visión de la serpiente que se muerde la cola sólo era apta para los más fuertes, pero él mismo no lo fue lo bastante, y el mensaje de Zaratustra poco a poco corrompió su cordura hasta arrancarle la vida. Ahora sí, este escrito representa su objeto más adecuadamente. Notas 1. David HUME, La norma del gusto y otros ensayos. Traducción de María Teresa Beguiristáin. Barcelona, Península, 1989. En el capítulo "Sobre la tragedia", pp. 66-77. 2. El concepto de límite en la estética de Kant podría corresponder al concepto de infinito, ese infinito que podemos alcanzar con la razón pero no con la imaginación. Ante lo sublime generaríamos "un sentimiento de dolor que nace de la inadecuación de la imaginación, en la apreciación estética de las magnitudes, con la apreciación mediante la razón (...), y al mismo tiempo es un placer el encontrar que toda medida de la sensibilidad es inadecuada a las ideas de la razón", Inmanuel KANT, Crítica del Juicio. Traducción de Manuel García Morente. Madrid, Espasa-Calpe, 1995, pp. 199-200. La alternancia de la impotencia de nuestra imaginación para alcanzar el límite, y el placer de darnos cuenta de nuestra libertad moral, de la capacidad de nuestra razón para oponerse a la naturaleza, es lo que provoca el sentimiento de lo sublime, el vértigo intelectual y estético. 3. Fernando SAVATER, Escritos politeístas, Madrid, Editora Nacional, 1975, p. 247. 4. ALONSO-FERNÁNDEZ, Francisco, El talento creador: rasgos y perfiles del genio, Madrid, Temas de Hoy, 1996, p. 184. 5. Cfr. Lou ANDREAS-SALOMÉ, Nietzsche, Madrid, Zero-Zyx, 1978. 6. ALONSO-FERNÁNDEZ, Francisco, op. cit., pp. 270-276. 7. De los cuentos-símbolos que tratan del agua Maupassant habla a su madre en 1875, anunciándole su proyecto de componer un libro con todos sus relatos de "escenas de remo". De entre estos relatos es especialmente representativo "Sobre el agua", donde el protagonista se aventura de noche a un viaje en barca para acompañar a un amigo a su casa; una costumbre que realmente frecuentaba en vida el propio Maupassant. Es curioso el hecho de que Poe también recurriera al poder simbólico del agua en sus cuentos y poemas; a este último respecto es interesantísima la lectura de Gastón BACHELARD, El agua y los sueños, Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1994. 8. Cfr. Charles BAUDELAIRE, Edgar Allan Poe, Madrid, Visor, 1988. 9. Lou ANDREAS-SALOMÉ, op. cit., p. 187. 10. Fiedrich NIETZSCHE, La gaya ciencia, Madrid, M. E. Editores, 1994, p. 211. 11. Fiedrich NIETZSCHE, Así habló Zaratustra, Madrid, M. E. Editores, 1995, pp. 164 y 165. 12. Para este tema V. Fiedrich NIETZSCHE, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, Valencia, Cuadernos Teorema, 1980, que incluye el estudio de Hans Vaihinger "La voluntad de ilusión en Nietzsche". 13. El "espíritu de la perversidad" es descrito ampliamente por Poe en "El gato negro" y en "El demonio de lo perverso", y representa el impulso primitivo, elemental, que arrastra al hombre a buscar el mal para sí mismo; es la razón que lleva a los protagonistas de Poe a confesar contra su voluntad sus asesinatos. 14. "Con quien menos emparentado se está es con los padres; estar emparentado con ellos sería el signo más claro de vulgaridad. Los seres superiores proceden de algo infinitamente anterior, y para crear a unos seres así ha habido que estar durante muchísimo tiempo reuniendo, ahorrando y acumulando (...). Aunque yo no lo entiendo, mi padre podría ser Julio César, o Alejandro, ese Dionisio de carne y hueso". Fiedrich NIETZSCHE, Ecce homo, Madrid, Busma, 1982, pp. 46 y 47. ** Juan Jacinto Muñoz Rengel, escritor español nacido en Málaga en 1974. Es codirector de Estigma, revista monográfica de filosofía y teoría de la literatura editada por la Diputación Provincial de Málaga. Licenciado en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga. Docente y miembro de organizaciones dedicadas al estudio de la filosofía y la literatura. Ha obtenido el segundo premio en el IX Concurso Literario Dulcinea (1996) y en el Concurso Literario de Relatos Maestro de Sueños (1998), y finalista en el I Concurso Literario Hojas Iconoclastas, Premio Salman Rushdie de Narrativa Breve, y en el XVII Certamen Literario Ciudad de Vélez-Málaga. Artículos, cuentos y poemas suyos han aparecido en las revistas Estigma, Espéculo, Caminos, Almoraima, El País Digital y otras, así como en el suplemento literario Hojas Iconoclastas. jjmr@tinn.net. === Letras de la Tierra de Letras ========================================= *** Dos cuentos de Rosa Elvira Peláez. *** Poemas de Alfredo Carrión Vermiglio. *** "Dios y el sexo tras el humo del cigarro", Rafael Grillo Hernández. *** "Los plagiadores", Ivanóskar Silén-Acevedo. *** "Mis jueves sin ti", Oscar Godoy Barbosa. *** "Pensar sobre la angustia", Tomás de los Reyes Burgos Ariosa. *** "En la madrugada", Édgar Allan García. *** Poemas de Edith Goel. *** "Recuerdo el parque", Rodrigo Castillo. *** Poemas de Wilmar Pereira Aranguiz. === Dos cuentos Rosa Elvira Peláez =================================== *** Buono Natale, Dona (un cuento de Navidad) Dios había creado la vida para que ella la disfrutara. Donatella vivió los primeros 17 años de su vida pensando así, luego se casó con Antonio y entregó sus sueños a continuos naufragios. Lo había conocido víspera de la Navidad de 1930, ella había ido con su hermana a retirar un encargo en la carpintería donde él ya había dejado atrás la etapa de aprendiz. Era un muchacho alto, con manos anchas y fuertes. Al día siguiente, en la primera cita, Dona había rendido su corazón. Una torpeza que entonces parecía muy dulce; simulaba ser inicio de días maravillosos y ante el altar, la joven había dado gracias por tanta bienaventuranza. El principio, como todo principio, tenía muchas páginas en blanco, y Dona pensó que su matrimonio escribiría cosas lindas. Se había casado enamorada y la ingenuidad no la ayudó a presumir que cuando ella ponía sentimientos y devoción, de la otra parte sólo había un cuerpo cumpliendo necesidades animales, con la idea de que la mujer es simplemente un objeto para colocar en el formato social. Un objeto que puede terminar siendo molesto, ignorado y hasta obviado. Vivían en Bolonia, sin sufrir estrecheces en lo material; la casita era cómoda, siempre con flores, y la mesa apetecible porque de la cocina de Dona sólo salían excelencias. Antonio era un hábil carpintero ebanista y los muebles florecían en sus manos, en proporción directa a la marchitez del carácter. Tanto martillo y tanto clavo maldecían a las manos, las iban ahogando con cicatrices, y por extraña conexión, vaya cualquiera a saber por qué, el carácter se le iba volviendo fiero y desabrido. A los cuatro años de casada, con dos niños y un incisivo recuento de frustraciones, Dona se desentendió de la oscura trenza que hasta entonces había peinado con inmenso placer. Cuando la tiró a la basura, fue como si cancelara las dudas sobre la felicidad matrimonial; ahora sólo tenía certezas, y supo que estaba equivocada: Dios no había hecho la vida para que ella la disfrutara. Siguieron juntos por rutina y por la familia como concepto sagrado; un concepto que la cotidianidad, en alianza con Antonio, se encargaba de saquear. Los niños, como todos los chicos, trajeron alegrías y preocupaciones; gracias a ellos Dona se había reconciliado con Dios y cada mañana asistía a misa para rogar felicidad para los hijos. Antonio seguía en su taller y encerrado en un elemental código para demostrar señales de afecto a los pequeños: un manotazo en la espalda respaldado por una semisonrisa indicaba que estaba de buen humor; un manotazo a secas, era preámbulo de la ira, y lo mejor en esos casos era esconder el cuerpo. Fabrizio tenía 11 años y Doménico 10 cuando llegaron a Bolonia los rugidos de la guerra; la madre vivía pendiente del acecho de los bombardeos, pensando que para sus hijos la vida podría ser de otra manera. En el patio habían construido un refugio y el padre era el primero en ponerse a buen resguardo; los niños bajaban luego y por último Dona, con la respiración infectada por el miedo. Las navidades nunca fueron consuelo para su alma, por mucho que se proponía hacer borrón y cuenta nueva. El rostro de Antonio ahogaba cualquier intención de mejorar la convivencia. Cuando acogotado por las secuelas de la guerra, decidió que América iba a ser la nueva casa, ella pensó que tal vez quedaba un borde de esperanza; si cambiaban de lugar, acaso cambiaría el clima hogareño. En abril del 45 llegaron al puerto de Buenos Aires y para la Navidad estaban radicados en Bahía Blanca, al sur de la capital, pero ya Dona se había despojado de expectativas: iba a envejecer sin gratificaciones para el alma. Antonio estuvo unos años más carpinteando, luego, en sociedad con otros dos paisanos y con la incorporación de cuatro operarios, estableció un negocio de venta de muebles, que no lo hizo rico pero lo sacó de pobre. El tiempo se fue llevando la juventud de los hijos, Fabrizio era atrevido y fuerte, Doménico, temeroso y débil; mientras, Dona encontró, como quien dice, a sus primeras amigas en la vida; y con ellas, alivio, motivos para reír y hasta, de vez en cuando, para soñar que soñaba. Dios acaso enmendaba algunos errores. Cuando Antonio agitaba su malhumor, el silencio de la mujer ya no culminaba en llanto; después, mañana, dentro de unos días, iba a vaciar su amargura reprimida con las amigas, que ante los detalles subrayaban el sacrificio de la buena mujer. Una, especialmente, era la confidente. Dona con sus misas y Adela con el Rosh Hashná al margen, fueron tejiendo una amistad que perduraba más allá de 50 años. Fabrizio había regresado a Italia, tenía familia; algo reflejaba del duro carácter paterno y realmente la madre no lo echó de menos. Los nietos le crecían en fotos que esporádicamente llegaban a Bahía Blanca. En cuanto a Doménico, vivía a pocas cuadras de la madre, pero la distancia era su esposa. La llegada de cada Navidad desdecía la paz y la alegría que la fecha significaba para Dona. La vejez no había aligerado el mal carácter del marido y la nuera poco aportaba a la armonía, con sus constantes quejas y su inconformidad por todo y ante todo. Sabiendo la significación de la fecha para su amiga, la judía Adela nunca olvidaba llamar temprano para decir: "¡Buono Natale!"; y en la tarde siempre acomodaban un tiempo y compartían un té; la cristiana Dona comprendía con aquellos gestos tan poco extraordinarios pero de fuertes raíces, que no estaba sola. A su vez, en cada año nuevo judío telefoneaba a la amiga para desearle "¡Shana tová!". Para ese día, Adela andaba muy atareada con los preparativos de la cena para toda su familia, los hijos y nietos llegaban de distintos lugares y la casa se volvía hotel; personalmente preparaba cada uno de los platos y se divertía en especial envolviendo los regalitos que tarde en la noche repartiría. Un día el tiempo también se llevó al amargo Antonio y Dona quedó sola en la casa para hablar en paz consigo misma y sacar sus propias cuentas. Tuvo que aprender a conducir su vida pasados los 70, porque el marido nunca le había dado participación en nada. En largos años apenas había visto dos veces a Fabrizio, en visitas que se intercambiaron; la relación con Doménico y la mujer pesaba por su debilidad. Dona ya no se quejaba, asumía que estaba de más, pero la amistad la retenía en la tierra, respetuosa de su Señor, esperando que el tiempo la barriera con delicadeza. Curiosamente, después de enviudar y de a poco, Dona fue fabulando una vida, otra, con el finado. Fue su manera de cumplir los sueños depositados en el matrimonio. Las amigas, con asombro, asistían a la renovada historia, y no la contradecían, regalándole el derecho de ser feliz, aunque fuese de esa rara manera. Reescrita, la historia de Dona y Antonio agradaba. En una Navidad en la que estaba de reposo en la cama, Adela y Juanita la visitaron y descubrió la costumbre de reunirse, las tres, en la fecha, a la tardecita; así fue durante algunos años. Juanita era una gallega que vivía sola, en su casa había un cuarto lleno de santos, velas y oraciones, y nadie sospecharía, conociendo esto, lo divertida que era la anciana. Pero lo era; un día, convocada por la muerte, no pudo bromear y faltó, y las otras sintieron que perdían su parte risueña, pero continuaron con la reunión acostumbrada de diciembre, animadas ahora por recordar a la gallega. Con cada Navidad, el infaltable "Buono Natale" en la voz de Adela le abría las puertas del día a Dona. Un día -siempre hay un día-, Adela enviudó y a los pocos meses se mudó a Buenos Aires, para estar cerca de los hijos. A contramano de su amiga, Adela no tenía que inventar una reconfortante historia del matrimonio; le bastaba recordar y la felicidad le asomaba en mil y un detalles, aunque la memoria le produjese el dolor de recordarle también que había tenido que ver partir al Otro. Pese a la distancia, aquel "Buono Natale" nunca estuvo ausente. Misas y sinagoga no hacían la diferencia. El teléfono también sabía que el "Shana tová" cumplía puntual. Con la partida de la amiga, Donatella celebraba una solitaria Navidad, consumiendo muchas horas en la iglesia. Con delicadeza pero intransigente, se excusaba para no ir hasta lo del hijo, adquiriendo fama de viejita recalcitrante; simplemente no soportaba la debilidad de Doménico y los maltratos de la nuera. Una vez, para el año nuevo judío, en septiembre, el "Shana tová" de Dona tuvo una rara resonancia, como de pasos que se diluyen en la nada. "La vejez y sus inconvenientes -quiso bromear-, para la vejez no hay remedio, ¿o sabés vos alguno?". Para Navidad, cuando Adela telefoneó contestó Doménico. La noche antes, Dona había muerto, tranquila, murmurando solamente, únicamente, una frase: "Buono Natale... Shana tová". Dice el hijo que quiso hablar con Adela, pero el tiempo no le alcanzó, el sueño venía levemente pesado, como todo lo que amenaza ser eterno. Buenos Aires, septiembre 1998. *** El oficio sagrado Un hombre tiene un oficio muy especial: vende ideas muy detalladas a otros para que escriban las historias. La capacidad para semejante trabajo se la propició un anciano que encontró en el mayor basurero de la Gran Ciudad un día que la necesidad más paupérrima los reunió a ambos. Aquel miserable tan añoso y apestado le dijo que había encontrado ese oficio pero no se sentía con fuerzas para desempeñarlo. Además, otra era su tarea. Y fue parco, pero fue suficiente. Como al toque -explicó- quien asumía el oficio pasaba a ser un Elegido: por la capacidad de generar historias, de forma imparable, las historias que todos querían leer, historias vividas, soñadas, fabuladas. Una caravana abismal de personajes. No había límites, pero su firma quedaría en el anonimato, no podía escribirlas él mismo. Como contrapartida, dejaría de padecer escasez, ganaría mucho, todo estaría a su alcance. O casi todo. Había una cláusula, una sola, única, estricta, insoslayable cláusula, con alma de patíbulo: no podía contarle lo que hacía a nadie. A nadie. Nunca. Cuando aceptó el oficio, el hombre no calculó la pesadez que puede ser un compromiso, una cláusula, así, tan así, al punto que le quitaba placer a su trabajo. De nada valía que pretendiera autoconvencerse de que casi siempre el trabajo no le da placer al que lo ejecuta. Él, que podía ser feliz al poseer la llave para todas las historias, era desdichado y sufría. ¡Era el autor ignorado! Se sentía despojado de la gloria y había comenzado a odiar su amor. Un amor que empezó compartiendo con una lista casi infinita de autores del Gran País, y después convocaba a escritores de todo el Gran Mundo. Todos se movían sigilosos para ir a pedirle ideas, personajes, al hombre del maravilloso oficio. Compartían un vasto secreto, suculento, insaciable. Pero nuestro Hombre, sencillamente sufría. Hastiado, un día decide contarle a un reconocido autor, poseedor de todos los Grandes Premios y para el cual trabajaba con dedicada laboriosidad, su propia historia, la del tipo que vende historias en secreto. Se citaron en su bar preferido. El escritor, primero con recelo, luego con estupor y más tarde con franca fascinación, siguió el cuento, pero debió interrumpirlo porque fue llamado por teléfono a la barra del bar, ¿quién es?, repite la pregunta, silencio, nadie contesta. Después se dará cuenta de que un momento -aquél- puede ser la eternidad. Como siempre ocurre, los hombres reaccionan tarde; en sucesivas camadas que se alternan, los hombres son hijos de la inteligencia y padres de la torpeza, y viceversa. Al regresar a la mesa, el contador de historias ha desaparecido. En el bar, repleto, nadie se había percatado de la salida del hombre y el escritor lamentó haber interrumpido el cuento. Mientras iba camino a su casa, el autor meditaba en lo que había escuchado: bien podría ser material para la nueva novela. Pero su propósito nunca será realidad. Tercamente inasible se le volverá el oficio. Como si las palabras se negaran a conversar unas con las otras para hacerse entender y ser amenas; más allá del bien y del mal. Aturdido por tal estado de cosas, humillado por la escritura, el famoso autor miraba conmovido sus muchos premios; y con los meses, se volvió ferviente lector. La lectura fue su religión, dio sentido a su vida; con devoción buscaba así calmar la culpa de no procrear más libros. Había leído las grandes obras de todos los tiempos y se había actualizado con la literatura contemporánea. Lo que empezó siendo una rara sensación, terminó siendo una certidumbre cruel: había menos libros cada día. Adoptó la costumbre de buscar ejemplares viejos y los domingos se hundía en la espesura de una feria de segunda mano, en el parque cercano a su casa. Una tarde, un viejito desarrapado le acercó un ejemplar precioso, de tapas duras de cuero y hojas del más delicado papel, que parecían sutiles velos de aire. La impresión parecía no ser de este mundo. Impecable, una joya. Se veía nuevo pero dejaba oler antigüedad. El libro de los libros, título en un rojo sangre, muy rimbombante, ambicioso, quizá sacrílego. Las manos le temblaron cuando agarró el volumen, comprado por escasas monedas -sólo monedas pedía el viejo-, y se prometió a sí mismo devorarlo en la noche. Muy ufano por la adquisición, se fue a casa. Justo decir -aunque creo que es injusto al final de cuentas- que, desde aquel día en el bar, los numerosos clientes del contador de historias se preguntaban qué había sucedido. Y todos llegaron al bloqueo: más rápido o más tarde, ninguno pudo copular con la palabra. Muy pronto, las editoriales del Gran País sufrieron una caída notoria, que con el tiempo se acentuaba; la prensa reflejó el fenómeno, que comenzó a ser debatido en una sucesión de paneles, simposios y los más enrevesados debates, hasta instalarse en los espacios académicos, dando pie a una avalancha de tesis e investigaciones para explorar lo acaecido. En fin: es grave la depauperación creativa en la literatura. Se ha extendido, como un mal silencioso, fatal, inexorable, por todo el Gran Mundo. Acaso, una epidemia sin cura. Se especula que durará mucho tiempo, que las nuevas generaciones están debilitadas por la invasión de la TV. Algunos culpan a las computadoras, que andan en manadas impertinentes, cada vez mayores, y acusan con encono a la Internet. Los más pesimistas hablan de que la oscuridad cayó sobre el libro, como una maldición a perpetuidad. De esta noción han nacido innumerables sectas. Como siempre, el desconocimiento pone en órbita a la fe. Todos hablan, nadie sabe. No saben que el ex contador de historias siente que vive la oscuridad más oscura. No tiene noción de tiempo ni espacio, carece de necesidades fisiológicas. Sabe que no sabe nada. Importante atributo al que no todos pueden acceder, pero que para él ofrece inutilidad, en la exasperante situación de total ignorancia en que se encuentra, si es que se encuentra en algo o todavía es algo. Sólo es capaz de paladear la oscuridad. Así las cosas, hasta el momento en que siente vibraciones, ondulaciones de origen impreciso. Evoca la luz. Eso es la luz, ¿no? Atisba que la oscuridad cede. A medida que las vibraciones avanzan, la oscuridad es menor. Llega el instante en que frente a él unos ojos enormes, oscuros, lo escudriñan. Sí, recuerda, esos son ojos. Al fin se reencuentra con una mirada. Después se percata de un leve bamboleo de la mirada. Y comienza a detallar el enorme rostro frente suyo, ¡claro que eso es un rostro!, ya lo había olvidado, y no es amenazante, es más, le recuerda a alguien, alguien, ¿pero quién?... Un sonido insistente le trae reminiscencias de algo que no puede precisar. ¿Qué suena de ese modo, con brevísimas pausas? Siente que se marea, ¡esos movimientos que no consigue calibrar!; siente que cae. Un estremecimiento lo recorre. (El ex escritor ha contestado el teléfono, del otro lado alguien ofrece venderle ideas para escribir y hacen una cita para el día siguiente. La oferta lo ha dejado tan conmocionado que decide dejar la lectura para otra ocasión. Antes de acostarse, todavía va a estar pensando si acaso no será todo una broma. Esa noche soñará, por primera vez en largo tiempo, soñará con la muerte y el nacimiento, las fichas del juego eterno.) ...Le molesta ese estremecimiento indefinible. No logra identificar el sonido del teléfono, como tampoco alcanza a detallar el rostro, cuando de pronto lo tapan. Tiene la sensación horrorosa de que lo tapan. Deja de ver, pero aún distingue algo. Se queda a la espera, escucha, siente una vibración que ya reconoce, y siente otra, y otra. Quiere gritar, no puede. Cada vez distingue menos. Esos velos se le enciman, lo lastiman. La luz se va agotando de a poco. Dolorosamente cesa. Antes de volverse a su absoluta oscuridad, el hombre que tenía el oficio de contar historias tiene un destello de razón, que es lo último que lo va a iluminar: es uno más entre los personajes de un libro. Está hecho de palabras. Qué trágico le resulta todo. Para colmo, no sabe ni el título. Buenos Aires, noviembre 1997 ** Rosa Elvira Peláez, periodista cubana nacida en La Habana en 1956. Ha trabajado en diversos medios de comunicación de Cuba, para los que ha sido enviada especial en varios países americanos y europeos. Es corresponsal de Radio Habana Cuba en Buenos Aires. repabel@sinectis.com.ar. === Poemas Alfredo Carrión Vermiglio ================================= *** (sin título) Me perturbas, con el solo pensar de tu presencia ante mí, del olor de tus palabras, me imagino tocando con las yemas de mis dedos la carne viva de tus labios y tu mirada que sabe que soy yo. Soy yo el que descarga de fuego incontenible, de aliento azorado que te envuelve en mil hojas de otoño abrigado y frente a la chimenea, que incinera nuestros actos, me perturbas, con él sólo pensar en tu presencia. *** v.1 Con miradas de fuego y pasiones desmesuradas vivo aniquilando los versos de mi alma y el viento se los lleva a un celeste paraíso, aquí no queda ya nada, se fueron mis versos del alma *** v.2 Con miradas de fuego y pasiones desmesuradas vivo aniquilando los versos que brotan del agua. Y se los lleva el viento, así estoy yo viviendo, se van mis versos del agua. Escoja usted... ** Alfredo Carrión Vermiglio, joven escritor peruano nacido en Lima en 1982. Cursa estudios secundarios en un colegio evangélico y aspira a ingresar en la Universidad Católica del Perú para estudiar letras. fico@cabinas.iaxis.com.pe. === Dios y el sexo tras el humo del cigarro Rafael Grillo Hernández == Calmosamente, encendió el cigarro. Parecía querer seducir al tiempo, y obligarlo a detenerse, con el movimiento de la mano, lento y estudiado, que llevó el encendedor hasta la punta del cigarro. Absorbió el humo, no con ansiedad sino paladeándolo, y lo retuvo en sus pulmones el tiempo justo para sentirse inundado de aquella sustancia que, desde hacía muchos años, no le era ajena a su cuerpo sino necesaria. Cuando lo exhaló, intentó puerilmente armar anillos: puso su boca en forma de círculo, y lo fue expulsando poco a poco, pero sólo logró que el humo saliera en difusas bocanadas intermitentes. No se sintió decepcionado, no le frustraba fallar siempre sus intentos, sólo se reía para sí del infantilismo de aquellas tentativas. Estaba solamente siguiendo con detenimiento todos los pasos de un rito privado, tantas veces repetido que había acabado quedando totalmente desprovisto de significado y sentimientos, desnudo y obstinado como todas las obsesiones íntimas. Pretender formar círculos de humo era sólo el momento final, el toque maestro, si se quiere, que despojaba a toda aquella minuciosidad de repulsiva solemnidad y la convertía en una especie de juego, de reconciliación entre el niño que habitaba en él y los vicios de su adulto. Se consideraba a sí mismo un fumador verdadero, distinguiéndose de las personas que acuden al cigarro sólo para enfrentarse a una ansiedad volátil y devastadora, pudiendo entonces sustituirlo. No, él disfrutaba realmente el acto de fumar. Había terminado identificando el aroma y el sabor del cigarro con el aroma y sabor, irritante y ríspido pero cautivador, de su propia alma en soledad. Porque fumar lo recogía dentro de sí, lo aislaba de su circunstancia, detenía el transcurrir y el movimiento, lo envolvía en la niebla protectora de sus propios pensamientos. Viajaba a través de sí mismo, se descubría con cada bocado de humo que tragaba, y se perdía con cada espiral de humo que se disolvía en el aire como si encontrara la ruta inextricable de su frágil pensamiento y la siguiera hasta extinguirse en la nada (o la incógnita) que acecha al final de todos los caminos. Quizás por todo esto le resultaba tan difícil apartarse de aquel hábito que reconocía pernicioso; lo más curioso es que pensara, sin embargo, que podía abandonarlo, no cuando quisiera pero sí cuando la búsqueda de su vida hubiera llegado a término. También le gustaba combinar el cigarro con una taza de café, aspirar el humo y sorber el líquido, alternativamente, hasta acabarlos al unísono. Hubiera deseado hacerlo ahora pero era imposible: habría sido una falta imperdonable que abandonara el lecho, en este preciso instante, para preparar café; ella hubiera malinterpretado su acto, y no le gustaba herir la sensibilidad ajena, prefería reprimir su deseo. Se quedó acostado, disfrutando el advenimiento de su voz interior, el regreso de su intimidad proveniente sin duda de los complicados arabescos del techo que la cortina de humo dejaba entrever. Había concluido de hacer el amor y, sin prisas, como de costumbre, esperando se aquietaran los desórdenes que el sexo genera en los cuerpos, se había separado de ella, tendiéndose a su lado para ejecutar, a manera de epílogo, la maniobra descrita. No había hecho el amor, y esta fue la primera conclusión, insoportable pero veraz, que su entendimiento, despertado por el cigarro, se apuró en brindarle. Había realizado el acto sexual con aquella mujer y nada más, descubría que no la amaba, ni había colmado aquel encuentro sus expectativas. Se reconocía decepcionado. Había perseguido a esa mujer varios meses con una desesperación casi adolescente, creía estar enamorado, y además poseído por una lascivia sorda y profunda que ablandaba sus entrañas, la deseaba como si con su posesión alcanzaría la anhelada redención espiritual. Ahora que ella había sido, al fin, suya, se percataba de su renovado autoengaño: como otras tantas veces se había dejado cegar por la esperanza de la realización de un sueño inalcanzable. Pero ella no tenía la culpa, eso lo alcanzaba a discernir claramente, y de nada vale culpar a los demás de las derrotas propias. En este momento sólo hubiera deseado que ella le permitiera engullir su frustración a la velocidad perezosa con que se consumía su cigarro. Pero ella no lo dejaría. No podía hacerlo, perdida como estaba en sus propios laberintos. Lo veía sumido en su autismo introspectivo, absorto, como si ella no estuviera ahí, al parecer solamente interesado en observar las fugaces volutas de humo que se posaban sobre ellos. La venció su fantasma insumiso: la inseguridad. -¿Qué te pasa? ¿No te has sentido bien? -le preguntó. Él se demoró en contestar. Percibió el resquemor, la duda sensible que arrastraba la pregunta. Hubiera preferido callar a tener que mentir pero sabía que el silencio iba a ser tomado como una confirmación de insatisfacción. No le gustaba mentir pero no dudaba en hacerlo si con ello evitaba dañar a otra persona. Aunque esta vez no estaba seguro de que su respuesta la calmaría, quizás el tono de su voz lo traicionaría, mas no tenía otra opción. -No, no pasa nada. Me siento bien -respondió. Luego pensó que debió haber dicho algo más, algo así como "¿Por qué me haces esa pregunta?" o "¡A qué viene esa tontería!", algo que la obligara a ponerse a la defensiva o que le restara importancia a la pregunta. Pero no dijo nada más. -Es que te has quedado mudo. Tú no eres así. ¿Por qué no me dices la verdad? No te he gustado, esperabas más de mí. ¿No es eso? -su temor no la dejaba callar, la incertidumbre de ser una amante torpe le llenaba la boca de frases infelices-. Has encendido ese cigarro y estás distraído, como si anduvieras por otra parte, y no al lado mío. Seguramente piensas que yo... La interrumpió. Comenzaba a molestarle grandemente aquel interrogatorio que lo arrancaba de sí mismo e interrumpía su plácido ritual. Trató de agarrarse de algo. -Estoy fumando porque siempre lo hago. Eso no significa nada. Aquella respuesta tenía la sólida y aplastante concisión de lo verosímil, y él pudo lograr su propósito: ella calló, se echó hacia atrás sobre su espalda, y tapó con la sábana su cuerpo desnudo con un pudor repentino y comprensible. Él prosiguió su rutina, contento de poder recobrar la lucidez que la situación otorgaba a su pensamiento. "Aunque estés casi convencido de que es en vano, sigues buscando a Dios en el orgasmo", pensó. Dios era sólo una metáfora. No era creyente, y, si lo fuera, nunca se le hubiera ocurrido buscar a Dios en la satisfacción carnal. Hablaba de Dios porque intuía la semejanza entre su búsqueda y la de los filósofos, los místicos y los religiosos. Él buscaba una experiencia sublime, un máximo de intensidad que otorgara sentido a la vida misma. La Felicidad, el Absoluto, el Paraíso, tantas palabras para denominar la misma cosa. Probablemente sea esto lo que buscan todos los hombres, pero cada uno escoge su camino particular. Él había escogido el sexo porque había sido ahí, precisamente, donde más cerca se había hallado de alcanzar su meta. Cuando lo hacía, unas veces más que otras, se sentía próximo a su objetivo; en el clímax casi lo veía llegar, surgía el rostro de Dios, se revelaban sus contornos, difusamente pues nunca lograba percibir todos los detalles de su cara, y se desvanecía rápidamente tras el orgasmo, dejando tan sólo esa sensación de derrota que nunca es tan honda ni tan destructora como cuando uno ha estado muy cerca del triunfo. A veces pensaba que la solución era el amor, que no había amado a nadie nunca y esa era la causa de su fracaso, creyó que sólo en la conjunción del amor y el sexo, que sólo el sexo con amor era la solución. Mas tuvo que reconocer luego que si aceptaba el hecho de no haber amado nunca, que si aceptaba que las palpitaciones en el corazón, el temblor en las piernas, el deseo irresistible de ver, ser visto, poseer, ser poseído, morir, ser muerto, los celos, los sufrimientos que había sentido por algunas mujeres a lo largo de su vida no eran amor, entonces no debía estar capacitado para amar, o el amor era algo tan elevado, tan esquivo y sutil, que era prácticamente inalcanzable. Y si esto era así, ¿debía renunciar? No. Fue en ese momento que se inventó el mito de la mujer ideal. -¿Me quieres? Dime, ¿me quieres? -ella volvía a la carga. Ahora escondiendo, bajo el disfraz de la sadomasoquista curiosidad femenina, la imperiosa necesidad de escuchar del hombre la confirmación, casi siempre engañosa, de ser amada. Él conocía de sobra esa maniobra, manida y absurda, y aunque era capaz de entenderla sintió repugnancia. Nuevamente inquirido, casi lo vence el impulso de mandarla al diablo o de levantarse de un tirón de la cama y marcharse, mas se controló pero sin poder evitar que su respuesta fuera brusca y trasluciera desprecio: -¿Por qué no me dejas en paz de una vez y no haces más preguntas? Ella se viró de costado, de espaldas a él, y rompió a llorar, con un llanto reprimido, entrecortado, que lo tornaba más dramático, más desgarrador. Él se sintió compulsado a compadecerla, se arrepintió para sus adentros de su tosquedad, sentía culpa, y dolor por el dolor ajeno, pero no hizo nada. Trató de imaginarse consolándola y lo que le vino a la mente fue la imagen de un león, una bestia bruta y feroz, que de pronto regresara sobre sus pasos para arrullar a una flor que pisaron sus zarpas. Aquello le pareció ridículo. Maldijo entonces al condenado cigarro, que no acababa de quemarse, y lo mantenía atado a aquel lecho extraño. Regresar a su ensimismamiento era la única manera de soportar aquella situación. "La mujer ideal, la mujer perfecta, la mujer escondida bajo cualquier rostro de mujer que pudiera transportarme a los cielos, una mujer única, que debía estar en alguna parte y que yo debía encontrar. Empezar a saltar de cama en cama, de sexo en sexo, en una trágica batalla contra el tiempo limitado de mi existencia, siempre buscando, siempre creyendo haber encontrado, y siempre fracasando... hasta llegar aquí. Hasta cuándo debo continuar para acabar de convencerme de que mi pretensión es un absurdo. Y si se acabaran las mujeres -se rió para sí como a quien se le ha ocurrido un desatino-, entonces continuaría con los hombres, de hombre en hombre buscando ahora no una princesa sino un príncipe azul que me eleve hasta el Infinito" -un calor peligroso entre los dedos de la mano le anunció que el lazo que lo encadenaba a ese sitio estaba terminando de quemarse y las cenizas dispersas anunciaban su liberación. ¿Todavía la deseaba? Un repentino insight en su conciencia le hacía dudar. Si su búsqueda no tendría fin, ¿era lógico seguir buscando? Si era su método irracional, ¿no debía abandonarlo? ¿Podría haber en verdad algo más allá de ese arrobamiento, de ese éxtasis providencial que lo sobrecogía en el clímax del placer? ¿Y si fuera aquello el máximo de intensidad que la vida nos puede otorgar o que podríamos soportar? Pensó que la áspera soledad en que se refugiaba era también su cárcel y su desamparo, sólo el roce de otra piel lo hacía sentirse menos solo, aunque más solo, más él mismo, pero más deseando reunirse con el otro. Ella se había acercado a él y lo tocaba suavemente, tanteándolo, temiendo su reacción. Él expulsó de un golpe, sin detenerse a hacer anillos, la última bocanada de humo, y tiró la colilla minúscula en el suelo, adonde había ido a parar toda la ceniza. Se volvió hacia ella, tenía unas ganas inmensas de que lloraran juntos, no sabía por qué, hubiera deseado enjugarle sus lágrimas, pero ella ya no lloraba y se contuvo de hacerlo. Ella ahora lo miraba fijamente a los ojos. Él jugó a prever lo que vendría: un hermoso, y hasta dudoso, arranque de sinceridad femenina. -Sabes, yo quería decirte algo, aunque quizás no deba, pero no me importa, sólo te pido que, por favor, no vayas a mentirme, y a decirme lo mismo sólo por lástima. Me he sentido muy bien contigo. Creo que nunca me había sentido así -dijo ella y le puso un dedo sobre los labios, con esa romántica teatralidad propia exclusivamente de las mujeres. No por esperado a él le pareció menos halagador, sabía que no debía repetir algo similar a sus palabras aunque se sintiera tentado a hacerlo, y no por lástima sino por agradecimiento, porque empezaba a pensar que también la había pasado bien. Pero todo lo que hizo fue darle un beso corto y decirle, a modo de chiste, algo que creyó sólo él podría entender: -Entonces encontraste a Dios -y se sonrió, de una manera transparente, sin rastros de burla ni superioridad en su mirada. Aquello la tomó por sorpresa, pero se recuperó enseguida de su asombro, y ripostó con esa rotundamente simple pero implacablemente acertada lógica femenina. -No estoy segura de qué quieres decirme con eso... pero no, no encontré a Dios, tampoco lo andaba buscando. ** Rafael Grillo Hernández, escritor cubano nacido el 6 de noviembre de 1970. Es licenciado en Psicología con 3 postgrados. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura del Ministerio de Educación de Cuba en 1984 (cuento) y 1986 (poesía). Reside en La Habana. === Los plagiadores Ivanóskar Silén-Acevedo ========================== Que nadie llegue a tiempo, y que nadie pregunte por qué la noche cayó sobre Iván de esta manera. Que nadie sea como yo en este sueño, porque un cielo negro gira en mi cabeza y canta nautamente como Ulises. Hoy que tengo miedo de decir lo que el poema dice desfachatadamente. Hoy que no quiero publicar ni siquiera mi sombra (para ver al que se roba el hilo de la costura del alma). Porque la luna está sufriendo en los aleros, y el sueño padece en las palabras, cuando el Plagiador finge y simula, Alí el de la baba, laureado remotamente espagnolo cerca, sigiloso, maldito, sutil, mientras la noche cae de lluvia en lluvia, como luces de bengalas y-el-ojo-de-la-vela-vela- el-viento- del-nao-do-remotamente- acompañado-remo-con-la-muerte, porque el otro, quizás tú mismo que lees, como si fuera cierto aquél copiador, aquél que finge y que sueña, pero que sólo espía syringamente lo que en el suelo escribo. Sólo espías lo que en el remo sueño, para luego, de capitán en capitán, como un servus, o como una Loca, tú, hacer de las palabras trampas, hacer de la muerte hilo, y de lo abyecto esa pose de Aeda en donde plagia el pergamino mío, porque estoy a punto de matar, más oscuro que el "asesino" tuyo, más oscuro que Dios en las sombras de lo remoto apolillado en los folios de tu Whitman (donde tu queja vulgar a mi poema), esquivas la queja de tu envidia, en los papyros del Dios enamorado, narcómano, fugaz, a los oídos míos. He allí los rapsodas de los largos magazines, distantes, vestidos de homo, aunque espantosos, pintando uñas, haciendo rizos oliendo perfumes, buscando fetos in filo suo, Dyonisio pendet, a la vara, clavando los fetos por el culo como las muñecas de Dios (¡Oh, Lesbia, no me codicies!) porque las olas del delirio me arrastran y las sombras de las sombras en lo remoto do el mar te bate contra tu propio tocador de criminal gime la noche como Eco en los espejos. *** Escupe, tú, ahora, con tu fístula rota de papyrus y de caña, escupe tú ahora, saliva, contra Dios y bebe tu ceniza porque el nao del aspa-astilla, el nao del alba a la gaviota, el ala, te arrojan contra las astas de los hombres y las ratas. La noche te queda inmensa y Lorca te queda más inmenso todavía, como quien desconoce la muerte, porque en el crepúsculo del dios, las novias del puerto, avevo una vez, un enclenque como tú, llenito, en los espejos del amante, do cantas escorbutamente al ala derecha de los Girondinos como si hubieras besado a las sirenas por el sueño. Pero todo es falso, nada es cierto en la provincia del que finge, con su manita dorada de poeta (que-anda-la-luz) que plagian los kotex manchados como si hubieran visto el esplendor en los ocasos. A los lejos, como si Ulises me hubiera iluminado, espío el ojo que me espía y escribo a mitad de la astilla "Los plagiarios" que no te mereces, porque los escribas creen que somos lo mismo, porque sudo debajo de la luna esta sangre de plata de hilo, do la vena mía del alma, do el navío de Dios golpea y da contra la costra del alma. La muerte, que sabe del ritmo del viento, en donde se oye el "Claro de las lunas" y la sonata sin par de los acordes, recuerda que soy yo, como si estuviera loco, y no tú, hijo de Olivio, quien poetamente escupe contra los copleros del nao. Es la rabia delicada, como cálaos ciegos, (¡Oh, Baudelaire canta contra la furia del Albatros!) do fluyen las flautas de las flores y de olas mágicas y de las rosas de Dios que giran en las fiebres, el escorbuto blanco, contra el ojotuerto del que espía en la inmensidad de los delirios negros. Desgarro, entonces, tierno la sombra y doy con mi lira, Delirante, y con mi falo de orquídea doy, más delirante aun, ¡oh, sangre!, con mi bicho de rosas golpeo contra la astilla, contra el clavo golpeo, contra el alfiler, ¡Oh, Cristo!, contra esta espina de la luz do la sangre sema en la mirada paranoica del Testigo. ¿Qué podrías decir, entonces, a mitad de la asamblea de los muertos? ¿Qué podrías decir tú como un Marat cualquiera a mitad de los cuchillos? Porque yo odo tus pasos detrás de las ratas que sueñan en el viento la tormenta tuya, y sé que oyen en mí el hedor de Dios que los cautiva. Oyen este remo de aguas de tu plagio, oyen este Domingo de Ramos, do Manuel plagiara Las mariposas de alambre que te obsequio desde el odio como si buscaras en mí el rapsoda de la ciudad que has ocultado anda-luzmente oscuro y cretinamente bueno en lo que le falta a tus sueños. Como si buscara, entonces, casi alados sobre el Dios que escupes lo que has perdido en la carne y en las siluetas de los taxis. Dios me besa hoy insólitamente en las palabras con su propia carne viva me besa, y a las tres de la mañana me anuncia, como un letrero enorme de octubre, los pasos sigilosos de aquél que rema a mi lado el odio de Dios, la náusea de Dios, y el horror con que escribo estos "Plagiarios" del cuerpo. *** He aquí que me escondieron y me petrificaron en la bodega del barco, para que nadie mirara mi voz de sirena, ni oyera nadie mi voz de ángel fañoso que sueña entre las piernas aquella hoz mohosa de la siega, aquella guardaña de sangre que las muchachas descalzas, frenéticas de luna, (codiciadoras del Aleph del sexo) en el tocador de la Muñeca de la muerte buscaran las mariposas del tiempo deshecho y del tiempo recobrado. Este es abril que parece octubre, y este es el octubre que vuelve para parecer abriles. Este es el acto de escupir contra ti, porque te equivocas al decir, celestinamente: "que nos encantaría pasar una noche con Lorca". Esto este es el abril de los octubres que pasan (el viejo odio de Unamuno contra Darío y la vieja actitud de la muerte), los mismos textos diferentes, amanecidos de bruma, apolillados de bruma, hechos rosas, retintos de agua que van a la guerra étnica, como tú, falsacirce, porque no entendiste, (¿cómo podías entender, tú?), la Ciudad de la Muerte. Si turista, tú, ajeno, no entediste tu alma cómo presumías, entonces, hablar de todas las almas en la ciudad del amor. Todo fue la confusión, el caos, la maldad cuando los coperos te brindaron la soledad de los nichos. Te ofrecieron también la ciudad de los grandes taxis de Dios, que los poetastros robaron gonorreamente de El miedo del Pantócrata como monjas. El hurto fue fácil en las ambulancias de Dios donde los vates, de las manos doradas y en el pico una flor, se masturban delante de los santos magazines (delante del Pantócrata del nicho) que no llegó a Madrid, ni Andaluz, las cuatro son veinticinco y el pegao, porque quisiste ahogar a Filí-Melé en los casilleros de tu olvido. ¡Oh, que inmensa es la patria cuando se desgarra en los poetas! *** Y la noche quiso ser gris, como un disparo en la boca de la vida, en la soledad de las rosas, como mariposas que desgarran la lengua y se borró la historia real (la historia del traidor y del héroe) que no quisiste escribir amatoriamente. La noche quiso ser gris, porque una cosa es lo abyecto del alma de "Dios", y otra cosa lo yerto de la luz en las cosas de enero, porque el Dandy, ciego, tanteando, en el "trucco" del Delirante, tardío y remoto, no se parece al placer de las muñecas ninfómanas. ¡Oh, el Infractor de los "comics"! ¡Oh, el Escribidor de la apariencia y del teatro! Quisiste, tú, escribir sobre lo abyecto del alma pero la ciudad de Venecia se llenó de Polvo y telarañas y alacranes en la misma podredumbre de la lengua. Era el polvo, los ascensores, era la muerte, contra esa luz de los pinos, en los sauces y en las sombras de las sombras, en lo remoto como si fueran lo mismo del ser reflejándose en el agua astillada, mariposamente, reflejándose contra el cielo roto, como si fuéramos los mismos. Los buitres, andariegos, locuaces y el Cálao solitario no vuelan juntos bajo el mismo cielo, porque la belleza de uno se parece a la ceniza del Hades y la belleza del otro, lánguida, oscurecida en el sida, se parece a la belleza del Limbo. Te hago un favor con el Narciso que te mira, mientras remas náufrago en el corazón de "Dios" con la imagen del otro-Ego-meus y contemplas en tu mano el rubí del rey burgués que finge eclipsado de lunas y eclipsado en los cisnes de vidrios azules, amarillos y verdes, do-contemplas-los-culos-de-los-niños-rotos en las lámparas de tus lágrimas locas mientras sueñas climateamente para huir de los bosques encendidos. *** ¡Oh, mar, bate! ¡Oh, navío, ruge contra los vientos viejos de las velas viejas desgarradas, deshechas, rotas, donde la luna fofa, anémica y tísica se sumerge para que la ciudad del sueño brote de orquídeas y pompones y esmeraldas contra la otra ciudad de las escorias y de los taxis plagiados ivanamente por los versos. Era necesario que la noche cayera sobre ti como un signo añejo, maldito, niuyorkinamente falso. Era necesario que la noche se hiciera denario y se llenara de Latonas, de Dianas, de Minervas, cuando amontonabas los poetas como ratas en las latas de embutidos, y para que no se oyera en ti tu corazón de telarañas, para que no hediera en ti el eclipse del corazón rasgado, ni vieran tampoco el Aposento Alto de tu falsa fístula de Cristo. ¡Qué caramente vendías la amistad! Qué horrible, para ti, fue vivir debajo del-paraguas-semen-de-tu-padre donde llueve. ¡Qué terrible, él, abriéndote las puertas, los retretes oliviamente, las revistas, los amigos, mientras, tú, ¡oh, seudoLorca!, equidistante, como el rapsoda del San Juan de la Maguana, como el nihilista de la kodak, cretinas los días de fiesta, y trutruas al limo blanco, y escribes, caribeñamente "alalimón", y falas, y rebuznas, que se rompió la fuente, en el corazón del cielo contra los lirios haraposos de la dicha. Hoy no debes tocar los grilletes de Dios que te contagian, porque la pluvia cae anémica de la lluvia sobre el puente húmedo, como las sombras del sueño contra el sueño de las sombras, do tú, metamorfosismente (ahora yo por tu plagio), el mismo, de pie, con la voz de las sirenas roncas, canto fañoso, fofo, en el corazón de Dios (la legión que soy contra las sombras, el ego que soy contra los nadie, el abismo de Ulises contra los dioses) paso, e ivano ligeramente otro, extravagantemente solo, a ver si Penélope faxea cartas de amor, y postales de odio... No sé si soy el otro que a mi lado clonamente mete su pan en la Santa Cena de mi olvido. No sé si soy el Ego del otro mismo ajeno que irremediablemente, cretino, publica lo que escribo como suyo, para que tú, ¡Oh, seudoLorca!, augurio mío, a pesar tuyo, canalla meus, manyes de mi mano el maná del gesto oscuro, siniestro, incandescente, que te sostiene en tu desierto de ser "famoso" debajo del semen del sueño de tu padre. *** (O quizás, tú, Calicles, ingratus, tú, en los anfiteatros vacíos donde cubículamente sueñas a Nietzsche, o a César Augusto, mientras te empolvas jorobadito, flaquito, niuyorkinamente te motas, en los baños públicos en las discotecas de vidrio, donde disfrazado de poeta-novia portas el refajo sabiendo, como dices, que es mejor cometer la injusticia que sufrirla.) O tú, Judío Errante de los Broadway sombríos, afónico casi, en las gradas de los juegos de fútbol, gritas hebreamente el nombre del Mesías, y protestas contra Dios dyonisiacamente, mientras inventas poemas "filosóficos", como si Martín Adán, Pessoa e Ivanóskar, ¿recuerdas? no hubiéran escalado ya el sueño de Macchu Picchu, la escalera de Jacob, y los escalones del ser contra tu ángel. No pronuncies, deuteronómicamente, entonces, ¡oh, acróbata de la nada!, las palabras doradas y en el pico la Flor, porque el ser que te aplasta contra los versos, la espina dorsal de la rosa blanca que se te clava falamente (tecatamente) en la rosa negra de la vena contra ese Dios azul de los espejos, que mejor que tú, casi sombra, portará conmigo tu ataúd, una noche de abril inmensa, interminable, do la lluvia de octubre, jorobada, anuncie los judíos errantes de tu exilio. *** Era mejor morirse en las auroras vacías, y no haber venido de testigo a comer mi propia carne, con los propios prójimos que escriben palimpsestamente con las manos falsas, cuando Dios se pierde en las ambulancias de Iván, o cuando Dios plagiado, oscuro, criminal, me haya empujado y extraviado accidentalmente, en los plagios de los "amigos míos", del coro meus, ¡oh, Grecia! o en los puertos, o en los teatros, o en las paradas grises, como un taxista azul que espera al pasajero blanco en el tiempo gris-oscuro de la noche. Este es el sonido de mi voz y no basta. Esta es la guerra de Dios contra mí mismo y no me colma en el color semejante del cielo. Este es el sonido de la vida como el color extraño de la muerte. ¿A dónde, entonces, te escondiste, DesAmado? ¡Oh, Santa Teresa! ¡Oh, San Juan! ¿Qué larga noche del ataúd oscuro casi golpeando dráculamente contra el nao? Que raro marino, todavía, sudando sangre, esperma, ardiendo de luna, afiebrado contra el gallo, afiebrado-contralto, afiebradas corcheas y calurosos gemidos redondos de la muerte en clave de fa do el disparo es bello en las lágrimas fortuitas de Ivano (o el gemido siniestro de Navioskar, en clave de sol, las lágrimas de Dios amontonadas, aborbotones). ¡Ah, que nadie venga, entonces, que nadie diga, que nadie hurte, ni sepa, ni eructe, ni mee, el horizonte mío, el sentido de la muerte mea que mis poemas exhiben, sin el adjetivo criminal. Porque no he de ser eternamente este Iván ocultado en donde me despojas emmanuelmente (moralmente me despojas, alexismente do, teamente roto, josémente mea, paranoico roto, Iván meus camisa de fuerza del poema, loco y pazzo, esquizo, atado, a la soga del poema, la paloma del poema, al mar del poema, al odio del poema, al grito del poema, el alaluz, el alamar, el alamuerte, el-ala-lá, el alanoche, el aladía, rancampán, rancampán, rancampán la espalda de Deus, el alalá de la muerte, las-sombras-de-la-sombra, en los documentos falsos de la fama. No he de ser jeroglíficamente este Iván que vende pintas de sangre, en los hospitales de Brooklyn, para poder comprar las ediciones de Borges, las ediciones más oscuras y más remotas de Kafka en la librería oscura del Kastillo. Estoy cansado de lidiar con los secretarios de la muerte. Estoy hastiado de lidiar con los burócratas de la belleza que escupo rimbaudmente, porque ésta es la historia, y no hay otra, infame de tu fama, que dice lo que todo el mundo sabe niuyorkinamente de la POESÍA y nadie quiere decirlo ivanamente en las palabras chuecas, y en las cloacas de los versos nadie habla. Esta es la historia fatal de lo real que no se escribe, como el sueño donde mientes, delante de los testigos de la Tercera Dimensión y delante de nosotros, porque estamos, como tú, ¡oh, Héctor!, poblados de traiciones. Pero está también la noche de Dios, girando en las espinas rotas, o en las rosas de los paredones agrietados donde giran las estrellas de luz a la velocidad de la muerte... Tu voz está delante ti y delante de mí como un choque inevitable, como un delito eterno de la cita, como una muerte que el coro canta, más oculto, más remoto, delirante, huyendo como Iván del palimpsesto tuyo, y huyendo todavía de las amantes remotas, inéditas, pálidas de luz, de lluvia, delamor, delosodios, delasaguas, delosbesos, delamar, como un disparo sobre tu frente. Es el sonido de las alas del Asesino meus apocalípticamente caído en los cálaos que acuden lapidariamente Ícaro a sembrar los sonidos grises de la rueca donde se teje tu horca, oh, amigo mío. Son los oráculos que chirrian por el cielo, son los labios que cantan, los que maldicen, los que poeman, unos contra otros, para evitar las espinas del placer, el fuego de la carne, que Dios quiebra, y rosa, y sema, los labios telarañas del Aeda que sangran de Dios toda la patria, que sangran de Dios todo el poeta, en los acechos, en los atrechos, do se quiebra las venas al espejo: alamuerte, alaluz, alamar, alalá. 25 de octubre de 1998 Nueva York ** Ivanoskar Silén-Acevedo, poeta puertorriqueño nacido en 1944. Ha publicado los poemarios "Los poemas de Filí-Melé", "El miedo del Pantócrata" y "La poesía como libertá", los ensayos "El llanto de las ninfómanas", "Nietzsche o la dama de las ratas", "La rebelión" y "Los ciudadanos de la Morgue", las novelas "La biografía", "La casa de Ulimar" y "Las muñecas de la calle del Cristo" y el libro de cuentos "Los narcisos negros". Muestras de sus textos se pueden leer en http://www.dmz-pr.com/ivansilen. ivanelsa@aol.com. === Mis jueves sin ti Oscar Godoy Barbosa ============================ (Nota del editor: "Mis jueves sin ti" es el cuento que, presentado con el seudónimo "Kalimán", obtuvo el primer premio en el VIII Concurso Nacional de Cuento para Trabajadores organizado en Colombia por Confiar Caja Cooperativa, Coofinep y Coopdesarrollo. Este concurso, que está a punto de emitir su novena convocatoria, cuenta con una página informativa en http://www.fundesa.com). Tu voz me despertó en la madrugada. Tu voz no: tus quejidos. Unos quejidos largos, como de gata en celo. Como si la vida se te fuera con cada sonido de la boca. Como si te estuvieran asesinando. Tu voz, o mejor, tu quejido, atravesó las paredes y penetró en mi cuarto a oscuras. Silvana dormía. La oscuridad era total y yo sentía su respiración en mi nuca. Su cuerpo tibio. Sus senos pegados a mi espalda. Su brazo en mis costillas. La curva de sus caderas rodeando mis nalgas. Helada en la madrugada. Debían ser las 2 o 3 de la mañana cuando sentí tus gritos. Otras veces, en otros moteles, había escuchado los sonidos del amor en los cuartos vecinos, cuestión de paredes delgadas o de parejas demasiado fogosas. Pero nunca aquellos gritos lograron la resonancia fantasmal de los tuyos. Al principio te escuché en mis sueños. Soñaba con las montañas desiertas, angustiantes, de un valle que era una trampa. Una mano inclemente me había depositado allí y no me dejaba escapar. Resignado a morir de sed, me disponía a excavar mi propia tumba cuando irrumpió tu voz. Tu quejido salvador. Pensé que era una señal celeste, una voz divina indicando la salida. Agradecí tus mensajes en clave de gemido y los seguí, presuroso, sin mirar hacia atrás. Pero de pronto entendí que se trataba de un sonido de este mundo. Que no eran los ángeles del bien sino tu garganta, tu quejido de mujer en la noche helada. Mi sueño se detuvo en seco. Abrí los ojos y temí que el encanto desapareciera. Me saludó en la oscuridad total del cuarto. Las gruesas cortinas no dejaban pasar ningún resplandor de la calle. Moví una mano ante mis ojos y no logré verla, ciego sin remedio, sombra entre tinieblas, alcancé a creer que mi pesadilla no había terminado. ¿Había abierto los ojos? Y otra vez, en medio de aquel negro impenetrable, comprobé que tu voz era real. Tu quejido animal. Tu disfrute de la vida. De nuevo habías llegado en mi rescate. No era un quejido cualquiera. Se recreaba al salir. Adquiría tonalidades, matices y curvaturas. Era todo: dedicación y goce. Un sonido libre. Tal vez confiabas que las paredes no dejarían escapar tu voz hacia los cuartos vecinos. O simplemente no te importaba. Imaginé las posibilidades de tu actitud, las circunstancias en que podías encontrarte para emitir tales gemidos tan cerca, tan cerca de mi alma. Imaginé primero una opción con tu ceño fruncido y tu boca entreabierta, tus ojos fijos en el lugar del deleite. Para mirar. Podrías estar apoyada en los codos, o en las dos almohadas de la cama. Imaginé otra posibilidad más clásica, con tus ojos cerrados y tu cabeza echada hacia atrás, más atrás de la almohada, sacudida por los espasmos. Y llegué a pensar en una última, contigo acaballada. Las piernas a lado y lado de otras caderas, la cabeza levantada y las manos inquietas. Podías tener la luz prendida. O estar a oscuras. Las posibilidades eran infinitas, pero concluí que la situación no tenía importancia. Lo único y válido era el efecto acariciador de tu quejido. Y el misterio. El misterio de tu voz en la noche. Para ese momento ya estaba bien despierto. Miraba la oscuridad y trataba de imaginarte. Silvana dormía. Le gustaba aferrarse a mí y ni siquiera dormida sus dedos dejaban de tocarme. Decía que así no caería en las trampas mortales de sus sueños, que eran como remolinos sin fondo. Traté de soltarme pero no fue posible. Me volví boca arriba y Silvana modificó su posición al instante, par adaptarse. Su respiración suave me recorrió la oreja. Tu quejido iba en aumento. Los intervalos se hacían más breves. Los sonidos más fuertes. Mi propia respiración empezó a agitarse. Pensé en despertar a Silvana para iniciar otra acometida, repuesto por completo del esfuerzo que nos había hecho caer como desmayados unas horas antes. Tu voz era suficiente incitación. Tu ritmo. El eco de tu gemido. Entonces sonó un grito corto, uno nada más, y reinó el silencio. Si volviste a quejarte fue en voz baja. Se perdió tu voz en las sombras. Su lugar lo ocupó la respiración suave de Silvana. Permanecí mucho rato en la oscuridad pensando en ti, imaginando tu cara, suponiendo la escena al otro lado de la pared. Tu quejido, como mensaje del más allá, todavía retumbaba en mi cerebro. Empecé a morir de curiosidad. De ganas de conocerte. ¿Cómo serías? La dueña de aquel quejido no podía ser una mujer común. Mis propias horas con Silvana perdieron importancia. Desde la extinción de tu grito, la noche de jueves carecía de sentido. De pronto sonó la puerta de tu habitación. Una voz de hombre y una de mujer se confundieron con apuro. Los pasos se alejaron por el pasillo, rumbo a la escalera. Sin vacilar aparté las manos de Silvana y me levanté. Corrí las gruesas cortinas de la ventana y pude ver el taxi amarillo que esperaba. Había llovido. La calle mojada brillaba con el paso de los autos. La pareja llegó a la calle y se acercó al taxi. El hombre abrió la puerta y esperó, caballeroso, a que la mujer entrara. En ese momento pude verte. No eras muy alta. Vestías con discreción: falda por debajo de la rodilla, blusa blanca, abrigo oscuro. Tacones. Mujer delgada y elegante. El cabello corto, suave, sacudido por el movimiento de la entrada al taxi. Y el fino borde de tu cara, con una expresión entre triste y preocupada. Usabas gafas grandes, que te daban un aire de oficina, de jornadas laborales, de horarios. Abordaste el taxi y te sentaste al otro extremo. Pero al voltear a mirar al hombre que se disponía a subir, me viste. Creo que me viste. Una fracción de segundo, nada más. Por el rabillo del ojo viste la cortina abierta en el segundo piso y mi figura en la oscuridad. Tus ojos se volvieron abiertamente hacia mí. Fulminado, cerré la cortina de un golpe. No pudo ser más torpe mi actuación. Cuando volví a correr tímidamente la cortina, el taxi ya había partido. Regresé a la cama para pensar en ti. En tu apariencia discreta. En tus movimientos finos. Lo más opuesto a la voluptuosa mujer que había imaginado. Ni boca ancha ni curvas para perderse. Pequeña y tímida, un tanto nerviosa. Pálida bajo la luz de la calle. Y con esas gafas enormes, serias, desconcertantes. El contraste no podía ser más grande entre tu aire discreto y forma expansiva de quejarte. No deje de pensar en ti el resto de la noche, el día siguiente, la semana entera. Todo me intrigaba. Si te encontrara por la calle sin saber lo que sabía, habría pensado que eras una secretaria de gerencia, de esas responsables, silenciosas y eficientes. O una jefe de empresa, con muchos destinos en sus manos. O una ama de casa ejemplar con un esposo y dos hijos pequeños y educados. En cualquier caso, alguien de mucha distinción y carácter, que nadie ubicaría gimiendo en un motel a las dos de la mañana. Me ganaba la obsesión. Cada vez que entraba en una oficina, en una calle o en un teatro, que me sentaba en un restaurante o en mi auto, miraba alrededor buscando tu cara. Quería saber más, obtener una pista, una clave para responder mis dudas. Pero la ciudad y la fortuna no me alcanzaron para encontrarte. Así llegó otro jueves, como el jueves en que te conocí. Cansado de buscarte entre la gente, opté por acudir al único lugar donde podía saber de nuevo tu existencia. Regresé al mismo motel de tres pisos, gris y un tanto lúgubre. Logré que el administrador me diera habitación en el segundo piso, muy cerca de la anterior, con vista a la calle. Llegué más tarde, casi a medianoche, y pronto estuve tendido en la oscuridad, atento a la noche. Camila dormía. Le gustaba voltearme la espalda y olvidarse en sus sueños. Los disfrutaba. Decía que le atraían recuerdos de otras vidas. Su olvido me facilitó las cosas. Me paré junto a la ventana y vigilé con precaución. De vez en cuando me acerqué a la puerta y pegué el oído a la madera. No pensaba regresar a la cama, así que me vestí para no helarme. Entre la puerta y la ventana me alcanzaron las dos de la mañana. Empezaba a dormirme de pie, contra la cortina, a tropezar en la oscuridad, a envidiar el sueño profundo de Camila, cuando sonó tu quejido. Igual que una semana antes, tu quejido intermitente perforó el silencio. Eras tú, no había duda alguna. El mismo sonido, tu misma voz. Esperé con paciencia. Miré el reloj con ayuda de una lamparita, pero no contabilicé tus quejidos. Sólo entendí que el tiempo no te importaba. Que mientras gimieras, el mundo alrededor, la historia que tuvieras, tu forma de vestir y de actuar, no tenían importancia. Te prodigabas. La música de tu garganta era el final y el comienzo. También constaté, mucho más tarde, que el hombre a tu lado no producía sonidos. Contenía su voz. Callaba. No existía. Si hubieran sonado a dúo, seguro no sería tan intrigante. Sólo una copulación más en un lugar construido para eso. Pero sonabas sola, sola tú, y ese era uno de los secretos de tu magia. Como la vez pasada, tu quejido se detuvo en seco. Eran las tres de la mañana. El aire helado no importaba ya. Ni la oscuridad. Deambulé por el cuarto preguntándome qué hacer. Me urgía comunicarte mi existencia. Sin agredir, sin avergonzarte, sin ninguna intención distinta a decirte hola, tu secreto está seguro conmigo, hola, me gustaría hablarte, y hola, ¿por qué no?, te amo como a nadie nunca, tus quejidos me devolvieron la ilusión, tu aspecto me recordó la ternura, tu goce las ganas de vivir, tu angustia el miedo a la muerte. Muy pronto sentí la puerta. Demasiado pronto para haber preparado una estrategia. Los pasos en el pasillo. No sonaron las voces apagadas. No lo pensé más, me lancé hacia la puerta, abrí, salí al pasillo, miré tu espalda que estaba a punto de descender por la escalera. Comprobé que eras aun más bajita que en mis cálculos. Tu abrigo oscuro te ocultaba. La luz no era buena, pero adiviné tu espanto a sentirme. Tu estremecimiento. Echaste una ojeada rápida hacia mí y desapareciste. Maldije mi impulso. Regresé al cuarto murmurando putazos. En la ventana corrí la cortina, esta vez con descaro. Me asomé sin disimularlo. Miré hacia el taxi que esperaba. (¿Por qué un taxi? ¿Por qué no un auto lujoso como el que debías merecer?). Muy pronto apareciste. Se repitió la escena de la vez pasada. Sólo que entonces, al sentarse, no miraste hacia tu hombre. Me miraste a mí. Intrigada. Preocupada. Tus ojos me encontraron. Una mirada de horas que sólo duró unos segundos. El hombre se sentó a tu lado y no le dijiste nada. No me señalaste. No le hablaste con alarma. Nada más te dejaste abrazar y me regalaste una última mirada por encima de su hombro, antes de que el taxi se pusiera en movimiento. Regresé a la oscuridad. Camila dormía. Tan profundo era su sueño, que sólo cerca de su rostro era posible comprobar si todavía respiraba. Comprendí que ya compartíamos, tú y yo, un secreto. El secreto de mi presencia. Con torpeza o con miedo, con rabia o con esperanzas, sabías que te había escuchado. No pensé en otro cosa durante toda la semana. Ansiaba que llegara el jueves para saber si me esperabas. ¿Qué pensarías de mí? ¿De qué tamaño sería tu intriga? De algo estaba seguro: si regresabas el jueves al motel, sería porque algo ocurría conmigo. Duda, odio, interés de cualquier tipo. Si tu sentimiento fuera de pánico, con seguridad no regresarías. Aquel jueves se volvió crucial. Con lentitud transcurrieron los días. Como siempre, no dejé de mirar las caras por la calle. De buscar tu figura menuda, pero el azar seguía empecinado en negarme tu encuentro. El jueves llegó y estuve puntual en la cita. Segundo piso, vista a al calle. La misma habitación de la primera vez. El administrador ya me reconocía y pensé que pronto podría ganar su confianza para preguntarle sobre ti. A las dos de la mañana estuve preparado. Liliana dormía. Adoraba rodear la almohada con sus brazos y descolgar la cabeza sobre el colchón. Como un muñeco desgonzado. Tal vez por la incómoda posición de su cuello, la respiración salía pesada y llenaba el cuarto. Sus sueños sonaban como carros de guerra. Transcurrieron los minutos de silencio. Tu voz no sacudió la quietud de las cosas. A las cuatro de la mañana me venció el sueño. La cara sonriente de Liliana al despertar no fue aliciente para recobrar las ganas de vivir sin tu quejido. Carolina dormía boca arriba, con los brazos y piernas extendidos en cruz. Pensaba que la cama era todo para ella. María José dormía de medio lado, justo al borde del abismo. Milena se encogía como un bebé. Sandra nunca se quedaba quieta. Y tú ya no regresaste. Al sexto jueves dejé a Laura sola en el cuarto y me bajé a hablar con el administrador. Lo encontré dormido sobre su escritorio, envuelto en una ruana gruesa, con el radio en volumen bajo. Le toqué el hombro y despertó sobresaltado, pero al verme sonrió. Sus dientes demostraban 50 años de desgaste. Su actitud era cómplice cuanto trató de decirme algo sobre mis semanales visitas al motel, pero no lo dejé entrar en mis cosas. Le dije, hermano, con billete a la vista, dígame una cosa. Y le conté de la mujer que me intrigaba. Se sorprendió al principio: no esperaba tal investigación de un tipo según él tan exitoso. Pero pronto olvidó su sorpresa. Los hombres como él están cansados de ver situaciones clandestinas. Te recordó al instante. Ah, sí, la del abrigo. Venías todos los jueves desde hacía más de un año, me dijo. Con el mismo hombre, no me diga, con el mismo hombre. Pero en los moteles no se hacen preguntas. No sabía nada más. La mujer no había regresado. En todo ese tiempo no dejé de buscarte por la calle. Aguzaba la vista desde mi ventana mientras atendía los asuntos diarios. Salía con frecuencia a visitar clientes y aprovechaba para espiar las oficinas. Se me iban los ojos hacia los parques, donde las mamás paseaban a sus hijos. Entraba de último a los cines antes de que apagaran la luz, para observar la muchedumbre mientras buscaba mi puesto. Recorría los centros comerciales simulando devorar vitrinas. No tenía una idea muy cercana de tu rostro, pero sabía que lo reconocería de inmediato. Como a tu cuerpo. Como a tus pasos breves y seguros. Catalina dormía boca abajo, con la cabeza un poco ladeada para respirar. Sonia parecía un cadáver, rígida, sin doblar codos ni rodillas. Leila esparcía su negra cabellera por la almohada. Mi amigo el administrador se cansó de darme partes sin novedad. Conmovido, optó por anotar mi número telefónico para avisarme si llegabas. Pero nunca me llamó. Las esperanzas empezaban a perderse hasta un lunes al mediodía cuando el azar, conmovido al fin, me regaló tu presencia. Fue en un restaurante del centro, de esos de gente de negocios. Yo había invitado a Viviana a almorzar, intrigado por averiguar su forma de dormir. Era un típico lugar para almuerzos de trabajo, con el gentío y el barullo de esa hora de descanso. Pedí mi plato -una carne, creo- y conversé con Viviana sobre temas vacíos. Por costumbre, entre una frase y otra, lancé miradas en todas direcciones. Y de pronto, para mi infinita sorpresa, di contigo. Estabas en una mesa grande, sentada con cinco o seis personas más de ambos sexos. Al sentirte descubierta bajaste la mirada y te pusiste roja. Por fortuna el centro de atención era un hombre al extremo de tu mesa y nadie se dio cuenta. Viviana carraspeó para llamar mi atención y tuve que dejar de mirarte, pero ya nada en el mundo tenía más importancia que el rincón donde te sentabas. Respondí con síes y nóes los comentarios de Viviana, pero ella sabía que no estaba en esa mesa. Planeé mis movimientos para lanzar de vez en cuando miradas hacia tus ojos, entre palabra y palabra, entre pedidos absurdos al mesero, entre comentarios sobre el tráfico. Poco a poco fui construyendo la situación. La razón de tus nervios, que no era yo. O mejor, que mi entrada al restaurante había puesto en evidencia. Lo descubrí a la tercera mirada, cuando seguí tus ojos y me fijé en el hombre al extremo de la mesa, el que acaparaba la atención. Era el mismo de tus jueves en la noche. El mismo caballero que te abría la puerta del taxi. El mismo que no hacía ruido en tu cuarto. No muy alto, con expresión severa. Un hombre con dedos largos. No se sentaba a tu lado y al mirarte no demostraba ninguna atención especial. Planeé mejor la siguiente mirada, pues algo, un detalle no tan insignificante, había llamado mi atención. Algo, aparte de descubrir a tu hombre. Algo que no encajaba. Esperé a que Viviana hablara pero ella, ante mi indiferencia, había optado por comer en silencio. Ya no me importó ponerme al descubierto. Sin excusa, volteé a mirar. En ese momento lo entendí todo. Bueno, al menos una parte de la verdad. Tu mano, sobre la mesa, estaba aprisionada por otra mano de hombre, la de tu vecino de puesto, un hombrecito de aspecto cordial. Tu novio, tu esposo. La persona autorizada para tomarte de la mano en público. Te diste cuenta de mi descubrimiento, lo sé. No participabas de la charla. No reías con tu grupo. No mirabas a ninguno de los dos hombres. Pálida, nerviosa, te morías por saber mi reacción. Viviana había terminado de comer y me observaba. Mi plato apenas comenzado. Le dije que no tenía hambre y pedí disculpas para ir un momento al baño. Entré al cuartico a dar vueltas sobre mí mismo. ¿Qué hacer? No quería que te fueras pensando mal de mí. No quería que me odiaras. ¿Cómo acercarme a tu mesa? ¡Escribirte una nota! Saqué una tarjeta blanca de mi billetera y escribí una frase. Una nada más, de nueve palabras. No olvido esa nota, nacida de mi pulso agitado, desde el fondo de mi alma: "Los jueves no son lo mismo sin ti". Pensé agregarle aclaraciones, disculpas, promesas, pero desistí. Quedaba mejor sola. "Los jueves no son lo mismo sin ti", la repetí en voz baja. Ahora la gran pregunta era: ¿cómo ponerla en tus manos sin que nadie se diera cuenta? Y entonces, al abrir la puerta del baño, me encontré de frente con tus ojos. Nunca te había visto tan cerca. Las gafas grandes ocultaban unas pupilas verdes, pequeñas, y unas huellas como de raíces en la piel a lado y lado de los ojos. Una boca pequeña y todavía tentadora. Una barbilla que temblaba. Una expresión de angustia infinita. -¿Qué quiere? -susurraste con rabia. Tu susurro sonó como un grito en mis oídos. -Nada -tu angustia se pasó al asombro. Todo ocurría en segundos, protegidos por un muro junto al baño. Los pocos comensales que podían vernos no podían sospechar nada de nuestra actitud tranquila. No alcanzaban a leernos los ojos. Nada, había dicho. Nada. Cualquier petición hubiera sonado a chantaje. Cualquier sonrisa a amenaza. Una persona rompió el embrujo del momento al pedir permiso para pasar al baño. Saqué del bolsillo la tarjeta y te la di. Te dije "tranquila", y regresé a mi mesa. Viviana me miraba. Se había dado cuenta de todo, pero no quiso entrometerse. Regresaste a tu asiento más tarde, con expresión ya tranquila. Me miraste casi con una sonrisa. Tus ojos brillaban con un aire cómplice. Pagamos la cuenta. Pasé junto a ti en mi camino a la salida. Me estudiaste, sin borrar tu sonrisa. El azar no me ha vuelto a regalar otro encuentro cercano con tus ojos. El jueves siguiente regresé al motel. Ocupé la habitación de la primera vez y le dije a mi amigo el administrador que te reservara la siguiente. No hemos dejado de ir entonces. Ahora vivo con otros miedos. El primero, que no vuelvas. Me aterra en otras semanas como las que pasé sin tu quejido. Serían el final, la angustia eterna. Pero hay un pánico peor: me aterra pensar que un día decidas llegar sola al motel y me dejes abierta la puerta. Conocerte de cerca, ver tus ojos, ser causante de tu quejido, son opciones que me niego a disfrutar. Porque yo sé que por más que me guste, por más que adore tu quejido, el día que conozca tu forma de dormir se acabará el misterio. Pero esos miedos en el fondo, no hacen otra cosa que darle más emoción a mis jueves por la noche. A mis madrugadas en la ventana. A mi sueño en la oscuridad. Por eso sigo cumpliendo con nuestra cita. Por eso no fallo nunca. Tu quejido me despierta siempre a las tres de la mañana. No sé, ni me interesa saber, cómo te las arreglas para salir cada jueves, por qué prefieres un taxi para mayor clandestinidad, cómo explicas esas horas. No sé, ni me interesa saber, tu vida, tus miedos, tu traición. Lo único que sé es que cada madrugada, desde el taxi, me miras con una sonrisa y a veces hasta me dices adiós con la mano. Y también sé que tu quejido, desde que sabes mi existencia, es más intenso, más lleno de matices, más cargado de mensajes para mis oídos. Y a veces, muy de vez en cuando, vuelvo a soñar con el valle que era una trampa. Pero no me desespero. Tengo confianza en tu quejido que surge de la noche en mi rescate. ** Oscar Godoy Barbosa, escritor y periodista colombiano. Es el jefe de Redacción del diario La República y reside en Santafé de Bogotá, Colombia. === Pensar sobre la angustia Tomás de los Reyes Burgos Ariosa ======== I. a Schopenhauer y Kierkegaard, que habitan en el reino de la angustia. Uno no puede cambiar la letra de la canción que Dios le canta. Uno llama cansancio, destino o libertad al gran vacío que va tejiendo con sus células, mientras convierte su lamento en el motivo de su angustia. Como una abeja en agridulce solitario uno descubre que no puede, después de mil intentos, que no puede, cambiar siquiera su forma de reír o de llorar. De qué sirven entonces los manuales, los espejos y recuerdos, si al fin y al cabo se nos muere siempre en el momento exactamente imprescindible cuando nos es terriblemente necesaria, toda la claridad de la esperanza. II. A su derecha está el cielo, a su izquierda está el infierno. el hombre es un Dios eterno lleno de poder y anhelo. el cielo está a su derecha, el infierno está a su izquierda, y la eterna luz lo acecha para que no se le pierda. III. Mientras bebo este café (cinco minutos de pausa) pienso en la vida, en la fe, en las cosas y sus causas. pienso que el mundo no es tan triste como parece. es cierto que está al revés pero se endereza a veces. tengo la angustia y la muerdo, la hiero bien en el centro. cuando en la angustia me pierdo, gracias a la luz me encuentro. en el universo yo tengo el tamaño de un grano. es bueno que exista Dios, porque no basta lo humano para ascender y llegar al verdadero camino. no te canses de buscar hombre, que ese es tu destino. ** Tomás de los Reyes Burgos Ariosa, poeta cubano nacido en La Habana en 1967. Ha participado y obtenido premios en varios concursos poéticos cubanos. Ha participado en programas radiales de alcance nacional. Tiene tres libros inéditos. Es licenciado en Matemáticas por la Universidad de La Habana. tomasrba@hotmail.com. === En la madrugada Édgar Allan García =============================== Timbraron con insistencia y me desperté aturdida, sin saber dónde estaba. El reloj que siempre pongo sobre la mesita de noche se me cayó de las manos crispadas. Di un salto a ciegas y empecé a caminar, tropezándome con las paredes. Al fin llega, pensé. Me había advertido que vendría en cualquier momento, que estuviera lista, pero ¡ja!, yo no estaba dispuesta a quedarme otra vez en vela, no después de tantas noches de espera, no después de semejante tensión y angustia, así que me fui a dormir, a soñar, sí, quería soñar furiosamente en ese otro sueño que estaba a punto de realizarse. Mientras avanzaba arrastrando la bata de noche, sin atinar a ponérmela, por unos instantes me pareció ver la sonrisa infantil de Osmar, escuchar su voz diciéndome que la operación había sido todo un éxito, que ni la empresa ni su esposa sospecharían nada hasta el lunes en que estuviéramos en Miami y luego en las Bahamas, con pasaportes falsos y nombres cambiados, disfrutando de los millones de la "transferencia". Abrí adormilada, boba, sonriente; abrí cómplice insustituible, secretaria de gerencia, amante, gorrioncito de oro; abrí con ganas de sentir el chicotazo de la felicidad en la cara, entre los pechos, bajo el vientre que ya empezaba a humedecerse; abrí burbujeante, atolondrada, estremecida por una súbita corazonada que no logré descifrar a tiempo. Bajo el dintel apareció un hombre alto y cadavérico que tomó una de mis manos, con lentitud, como si quisiera acariciarla, y me atrajo hacia él. ¿Osmar?, balbuceé a sabiendas de que no era. El desconcierto me había empotrado en el piso. Su aliento descompuesto, sus labios carnosos, sus ojos saltones, su cuerpo de calamar adhiriéndose al mío mientras una garra feroz se abrigaba bajo mis nalgas desnudas, se volvieron un solo remolino, una sola y espantosa sensación de asco, de impotencia, de terror incontrolable. Las luces parpadearon y el suelo se hundió bajo mis pies. "Ya le ha hablado el señor Osmar de mí, ¿verdad?". Moví la cabeza negativamente. Él apretó aun más fuerte. Yo era una muñeca de trapo en sus manos y estaba segura de que a esa hora de la madrugada nadie escucharía ese gemido sordo que brotaba de mi pecho. Lo escuché respirar con agitación creciente y luego reír con una risa ahogada, maligna. En un destello recordé a un Osmar transfigurado, siniestro, al Osmar que me producía escalofríos cuando me hablaba de su sombra, de su brazo ejecutor, de su perro carnicero. Nunca mencionó su nombre, pero aquel "perro" invisible era el encargado, según Osmar, de "eliminar la basura". No lo escuchaba en realidad, o trataba de no escucharlo; sus palabras revoloteaban sobre mi cabeza, se me escapaban, era como si no estuvieran destinadas a mí, como si todo eso del perro carnicero fuera una broma terrible de alguien más hablando a través de su boca a una persona que no era yo, que no podía ser yo. La última vez que volvió a mencionarlo, simplemente le di las espaldas, puse otro cubo de hielo en su vaso de whisky y corrí a acurrucarme entre sus brazos. Nunca lo había hecho, pero esa vez lo interrumpí; desesperada le hablé del sueño que había tenido en la madrugada, le conté que había sido una pesadilla angustiosa en la que él me perseguía por un parque o bosque desolado. En esa inmensidad se escuchaban ladridos, aullidos, Osmar, gritos lejanos, en tanto... ah, ¡todo era tan real! -balbuceé, temblando-, desde algún lugar del sueño me llegaba un rumor bronco, un rumor, sí, un ruido semejante al de una enorme puerta de piedra cerrándose, Osmar, y luego tú o, no sé... alguien semejante a ti, me arrojaba a un abismo... Ahora tengo frente a mí, increíblemente vívida, la imagen de Osmar repatingado sobre el sofá, tomándose la barriga con ambas manos y riendo hasta casi desfallecer. Mi historia le pareció tan graciosa que se contorsionó atacado por un hipo incontrolable y estuvo a punto de atorarse con un cubo de hielo. Luego, retomando su habitual seriedad, como quien apacigua a una niña asustada, me sentó sobre sus piernas, acarició mis cabellos unos instantes, me dio un beso en la mejilla y, movido por una secreta urgencia, se marchó con la promesa de volver tan pronto él y el dinero transferido estuvieran fuera de peligro. En cualquier momento llego, espérame despierta, dijo en un susurro, dándome la espalda, sabiendo, ahora lo sé, que no esperaría despierta, que en la madrugada escucharía el timbre, que me despertaría entre las hilachas de un sueño, que abriría atolondrada esperando ver su sonrisa iluminándole el rostro, y que, sin saber cómo, el gorrioncito de oro se encontraría aquí, justo aquí, indefensa, en el umbral de otra pesadilla, entre las fauces de su enorme "perro carnicero". Ahora siento cómo el hombre se separa un poco de mí y me abandona en mitad de un súbito abismo, temblando. Me mira a los ojos con un gesto de burla, me deja ver por unos instantes su sonrisa estragada, sus mejillas comidas por la viruela, su colmillo de oro. Entonces acaricia, palpa con el pulgar un punto de mi garganta y me empuja hacia adentro. "Es mejor así", alcanzo a escuchar. ** Édgar Allan García, escritor ecuatoriano de 39 años. Tiene en su haber cerca de quince libros, entre los cuales se cuentan poemarios, cuentos, literatura infantil, ensayo y antologías. Ha obtenido importantes premios en su país y los internacionales de cuento Plural (México, 1992) y Susaeta (Bogotá, 1993). Es traductor y profesor universitario de creatividad y expresión. Sus textos se pueden leer en su página personal, http://www.inter-dec.com/edgarallan. garsol@ecuanex.net.ec. === Poemas Edith Goel ================================================ *** (sin título) Para él Para ella Para usted Soy la calma Para mí soy la lluvia que no calla. La alegría fundiendo el silencio de las rocas. Tengo el mundo muy cerca. A veces toco la seda. A veces bebo la saciedad del lodo después de la tormenta. Me queda aún el delicioso vicio en las caderas. Y pierdo por fin todas las anclas. *** Send in the clowns Me trajeron todos los payasos Pero mi voz estalla sola entre las linternas. Llegaron los payasos con sus risas de helicóptero Pero la tristeza de los parques ahonda en mí la luz de las tormentas. There has to be clowns. Mi canción vuelve al campanario y se arroja al lodo. Es feliz. En la ranura de esta noche inmensa. *** (sin título) A Walt Whitman Amo esta carne mía su textura adversa. La pequeñez titilante de las vidas tose en abril las impurezas. Un monte de amor repara los inviernos. Desde el parque vacío de mis piernas espero el eco la voz estentórea. Pero no escucho el murmullo de la siembra. *** (sin título) Y la llaman la paz. Y es la paloma bordada en el hilo colosal de los equilibristas. ** Edith Goel, escritora argentina nacida en 1952. Es profesora de Lengua y Literatura Española, traductora e ilustradora, y ha obtenido varios premios literarios. Sus textos han aparecido en antologías y han sido traducidos a varios idiomas. Tiene tres poemarios inéditos y reside en Israel. edigoel@inter.net.il. === Recuerdo el parque Rodrigo Castillo ============================== A veces puedo recordar los parques. Me recuerdo sentada, jugando con el pasto entre los dedos y dejando a las hormigas furiosas deambular por mis piernas como haciendo carreras, como buscando atajos, como recuperando tiempo entre mis muslos y mis pantorrillas. También a veces, cuando está nublado, puedo recordar las tardes de otoño en las que me sentaba en el parque y dejaba que el tiempo fuera el acortador de espacios, el exterminador de penas, el que deambula por mis ansias y por mi piel. De pronto estoy en el parque sentada y a mi alrededor hay mucha gente que se arremolina a lo largo de los metros de pasto. Yo estoy jugando con palos de fósforo. Los prendo y contemplo cómo la llamita se desplaza, cae y se aleja por la madera. Miro el fuego y me pierdo entre las formas dibujadas como ciclos, como relieves, como desenfreno ambiguo que se estira y se encoge. A veces, mientras la llama termina de desplazarse, libre, por el diminuto pedazo de madera, me distraigo y me encuentro con un movimiento elíptico de mis dedos que al sentir la cercanía profunda del fuego, se contorsionan y arrojan lejos ese pequeño instante de infierno. En el pasto, la llamita canta una despedida lúdica, como una bailarina, se encoge, saluda y se esfuma de todo. Se esfuma de mi realidad y de mis dedos y de mi carne apenas herida y me deja aquí, con los dedos en la caja cuadrada, buscando nuevo palitos para encender. A veces en cambio, estoy aquí tan quieta que me largo a recordar historias imaginadas antes, historias desprendidas que me han atrapado -o resguardado- en días nublados, sentada en la cama deshecha, leyendo un libro o dibujando rayas con carbón o sólo mirando la televisión que me esparce. De pronto imagino que deambulo por mi cuerpo, que me recorro, reconociendo espacios, cayendo. Imagino esos momentos y mientras lo pienso, en realidad me recorro, me encuentro, me atrapo en los pliegues que no conocía, me distraigo las manos y desahogo clases de murmullos que no habían existido en mi piel o en mi garganta. Recuerdo entonces mi cuerpo tendido sobre la cama deshecha y me tambaleo sin prisas para intentar dormir, pero no duermo, mis manos insisten en reclamar mis brisas, mis manos insisten en recompensar mis escalofríos y mis vientos y tal vez la arena que se esparce entre mis ropas en algún día, casi inexistente, en el que me trepé sobre otro cuerpo y me llené de arena y polvo y pedazos de conchitas que se me metían por todas partes y me daban cosquillas. Mi cuerpo está tendido sobre la cama deshecha, y mis manos insistentes me toman por las caderas para trasladarme lejos del sueño, hacia el montón de arena suave que me eriza y me tironea despacio las ropas ceñidas que bloquean mis sentidos. Algo en esta cama deshecha me hace recordar el paisaje del que mis manos se inundan y con un ojo entreabierto puedo contemplar en el espejo mi cuerpo tendido. Lo observo despacio, con un cuidado distraído que me revuelve entera. Veo mi pelo negro y brillante atrapado en una cola apretada de las que me hago para dormir, y redescubro mi piel envuelta en una polera gastada, de un color impreciso que tal vez fue negro o gris oscuro y que ahora es de un color gris incomprensible, de un gris cualquiera, manchado, desteñido, con hoyitos redondos, como dibujados con compás. Veo cómo ese pedazo de tela cubre muy poco de mi piel tostada y por lo tanto vislumbro de inmediato mis brazos y mis manos tramposas que se pasean despacito por mi estómago, arremangando la tela gris y dejando ante mis ojos -que se buscan- la tela blanca (de un blanco hiriente), de estos calzones chiquititos que casi en broma aún me cubren. Algo me pasa al mirarme así, tan como de lejos, tan como si fuera a otra a quien estuviera mirando mostrar los calzones blancos y diminutos a una cámara desarmada que filtra tonos, movimientos y deseos. Entonces recuerdo. Recuerdo mientras miro de reojo mis dedos delgados escarbando en mis pliegues. Esta cama deshecha huele un poco a mar, a aire de mar y me revuelco entre las sábanas de la cama deshecha y siento las migas de unas galletas viejas que me trasladan de vuelta hacia donde mis manos insisten en llevar mis ganas. Estoy frente al espejo y la polera que me cubría la descorrí a tirones, como telón, como enjambre pasajero y ahora, casi desnuda, me sorprendo de vuelta en la arena suave. Mi pelo está suelto y desparramado y se le han pegado un montón de ramitas. Siento el peso de un cuerpo ajeno sobre mi cuerpo completamente vestido y otras manos me recorren y me entreabren con dulzura, con cuidado, sin preguntar y sin necesitar respuestas. Siento cómo la tela áspera de una chomba gruesa me impide sentir el calor de esas manos y me estiro para ser despojada de esa frontera, de esa trampa que me oculta. Mi cuello está húmedo de saliva y de sudor y de los olores que ese otro cuerpo me cede. Quiero sentir ese cuerpo más cerca, quiero que se desbaraten de pronto todos los conjuros de tela que me atrapan y que me esconden. Las sábanas suaves las siento ásperas para recobrar esas sensaciones, y el espejo me devuelve un reflejo nuevo de mi cuerpo sudado y brillante. Veo mis piernas desnudas, mis muslos, mi vientre y mis manos que recorren circulares la curva de mis pechos redondos. Veo mis dedos flacos desordenar despacio mi pelo suelto y mis piernas que se estrujan apretándose con fuerza o abriéndose hasta sentir dolor. Veo entonces en el espejo el dibujo de mis ingles tensas al abrir las piernas y veo ese pedazo de tela diminuto que de vez en cuando acaricio, con los dedos, con las manos, con el brazo. Tomo con cuidado el borde del elástico, lo estiro y lo desplazo un poco hacia abajo hasta que alcanzo a observar el nacimiento del pubis -ese enjambre de pelos negros, húmedos, desordenados que se van volviendo más y más tupidos a medida que mis ojos bajan y se sumergen. La sensación de mis dedos tibios se inunda de olor a mar, y me puedo ver estirada sobre la arena áspera. Unas manos suaves descorren por fin mis telas y siento cómo mis pechos liberados se anegan de besos y de lengua y de dedos. Me crispo completa, me estiro como gata, me sumerjo en mis sentidos y ahora soy yo la que busca piel, la que desplaza botones y broches y hebillas. Estoy tendida sobre la playa suave y aún tengo puestos esos jeans ásperos. El otro cuerpo está sobre mí y mientras acaricia mi cuello y mi nuca y mi pelo puedo sentir el calor de su pecho sobre el mío. Mis piernas se abren con angustia para sentir más, para sentir más cerca, para desparramar los jugos que han mojado las ropas. Me siento vencida por todos los flancos, ya no soy capaz de refrenar las ansias atrapadas -casi angustiadas- y, apurada, descorro el cinturón y zarandeo el botón duro y reacio de mis pantalones. El otro cuerpo se retira un poco para darme espacio, para permitir que me arrastre, para descubrir el propio cuerpo. Mientras mis manos bajan el cierre, él se ha levantado y sin cuidado se quita la ropa. Lo hace sin mirar, sus ojos no dejan ni un solo momento de contemplar mi cuerpo, mis manos, mis caderas que se levantan para sacarme a tirones los pantalones demasiado ajustados. Levanto la cabeza y lo contemplo, está completamente desnudo y mis ojos recorren su cuerpo despacio, como sin querer terminar, como demorando instantes, apaciguando mi respiración encabritada. Recuerdo que sobre la cama deshecha, mi cuerpo está cubierto sólo por la tela de algodón claro que cubre mi pubis. Mis manos, sobre la arena, sobre las sábanas desordenadas y brillantes de humedad, se arrastran hacia mi cuerpo anhelante. Muerdo las hebras de mi pelo y acaricio con fuerza el monte que emerge triunfante bajo mi vientre. Con ambas manos tomo los elásticos y con un movimiento suave me desprendo de los últimos escudos. El espejo refleja mis piernas haciendo espasmos por abrirse aun más y miro con deleite el tajo abierto que cruza mis pliegues. Mis manos recorren alternadamente la piel suave de mi abdomen, los pezones erguidos, maduros, erectos; la humedad selvática y olorosa que me cruza. Mientras tanto, el ser frente a mis ojos, sobre la playa, se ha inclinado para besarme, para recorrer con la lengua sedienta los espacios y los huecos y los murmullos sordos de mi interior. Se ha desplazado entre mis piernas y con los labios besa la tela delgada y empapada que aún se enrisca, que aún me aleja. Sus dedos juegan con los elásticos y con mis premuras; me enloquece con las manos y con los dientes mordisqueando, lamiendo, pellizcando en pausas cada labio, cada pecho, cada hueso. Sus brazos me levantan, me ponen de pie frente a ese mar que avanza y retrocede y con la mano extendida hunde los dedos en la tela suave, con cuidado. Despacito me gira y mientras estoy de espaldas a él, sus manos me recorren como nuevas, como ajenas, perdiéndose en cada orilla, en cada monte, en cada puente. Yo ya no he podido mantener más la calma y casi sin darme cuenta he arrastrado el algodón blanco hacia abajo, hacia las piernas, bajo los pies, a la arena. Ahora, libre, puedo sentir su piel, su ser completo sudando junto al mío, y aprieto mis caderas y mis nalgas contra su cuerpo, contra su montaña alta y tibia. Quiero sentir sus manos por todas partes, quisiera encontrar más huecos en mi cuerpo para que su cuerpo los colme, aferro sus manos y las restriego entre mis piernas; me abro, me flecto, la saliva escapa de mi boca y mi lengua busca esas manos húmedas para besarlas, para morderlas, para lamerlas. El cuerpo me separa, me retira con suavidad y me contempla. Mi cuerpo, que aún está sediento, se mueve, se retuerce, musita frases cantadas, me enreda. Él, el otro, me contempla en silencio, me da la espalda desnuda y se dedica a recoger las ropas. Despliega chalecos y abrigos sobre la arena y se tiende. Se esparce sobre el camastro improvisado y me estira la mano. Yo delirante me aproximo. De pie sobre su cuerpo lo miro y despacio me monto sobre él. Al principio no sé qué hacer, por dónde empezar, dónde morder, qué hueco llenar. Al poco rato él me toma por las caderas, me inclina y me penetra. Siento cómo todo en mí cruje, se arremolina, hierve, despega. Su boca repite murmullos y confesiones y signos, la mía sólo es aire, aire escapando de prisa, aire que se vuelve jadeo mientras siento su cuerpo entrar en mí. No quiero perder ni un segundo, mis ojos, los mismos que recuerdan el espejo que me refleja desnuda y delirante, me devuelven luces que encandilan. Mi cuello está torcido para observar mi carne que se abre bajo la mata de pelos negros, viendo cómo ese ser abstracto, con vida propia, se escabulle hacia adentro. Cierro por un segundo los ojos y el placer me mata, me tortura, me hace reír y llorar. Siento cómo ese cuerpo que está dentro de mí se encabrita y yo, domadora despierta, voy buscando ritmos, encontrando frases, recobrando augurios. Sus manos acarician mi cuerpo, sus labios besan mis pechos, mi cuello, sus dedos se clavan en mis nalgas, las amasan, les dan forma. Descubro mis labios pidiendo fuerza, pidiendo gritos, pidiendo escapes; descubro mi pubis restregándose, dichoso, abriéndose, girando. Los gritos y los gemidos llegan hasta el mar, el ruido de las olas se confunden con el ruido húmedo de mis entrañas y siento como si todo el mar estuviera en mi vientre, dentro de mi cuerpo, descubriéndome, alimentándome hasta que ya no puedo más de placer y confundo mi último suspiro con el suyo, con las rocas, con mi cuerpo que se queda tendido junto al otro, junto a la cama desordenada, frente al espejo que me refleja desnuda y laxa, dormida sobre el pasto asoleado del parque que a veces recuerdo. Parques, Santiago, Chile. ** Rodrigo Castillo, abogado chileno nacido en Santiago en 1973. Residió en Buenos Aires varios años. Su obra permanece inédita. castillo@mnvb.sa.cl. === Poemas Wilmar Pereira Aranguiz =================================== *** Visión estaba frente a mí como una diosa remolinos de sol en sus cabellos los labios ruborosos que temblaban bajo la luz hermosa de sus ojos yo estático mortal que presenciaba el modelo original con privilegio del junco más flexible conocido que con cimbreante andar me hipnotizaba mi boca con ausencia de palabras mis ojos dilatados con asombro fueron testigos mudos de la alquimia de la belleza pura y de su esencia estaba frente a mí como una diosa y yo como una estatua en su camino... 31-7-98 *** Desandando resuenan los acordes misteriosos de un órgano virtual, aquí en mi pecho y danzan fantasmales las vivencias de un mundo insospechado en el recuento retroceso informal, desnuda mi alma sinsabores con miel, en rara mezcla se apretujan dejando sin respuesta a ideales, amor y la conciencia descubro sin querer que las verdades tildadas de puntuales e inmutables son gárgolas de piedra en la fachada de un templo de ilusión, casi la nada desfilan además en el recuerdo las emociones, de colores varios montadas en corceles de esperanza amantes del centauro Desengaño 26-5-1998 ** Wilmar Pereira Aranguiz, poeta y artista plástico uruguayo nacido en 1938. Es profesor de artes plásticas y publicista y su obra literaria permanece inédita. Reside en Rivera, a 500 Km de Montevideo. aranguiz@adinet.com.uy. === El buzón de la Tierra de Letras ======================================= *** Buscando datos sobre Agueda Pizarro de Rayo 2 de febrero de 1999 ¡Hola! Bueno... Tendría muchas cosas por preguntarles, pero en esta ocasión me limito a decirles que su publicación me encanta, pues es una posibilidad que no tengo ni siquiera en soporte de papel. ¡De verdad que es genial! Soy adicta a leerla. Deseo saber si saben dónde encuentro más direcciones de concursos de literatura, información sobre poesía femenina, poetas, publicaciones, etc... y preguntarles si saben algo sobre una escritora colombiana que se llama o se llamaba Agueda Pizarro de Rayo; ella es o era la esposa del maestro Omar Rayo (el fundador del Museo Rayo de Roldanillo, Valle, Colombia). Espero no molestarlos y deseo positivas y prontas respuestas. Paula Benítez (samirp@epm.net.co) Medellín, Colombia L: Los concursos literarios son anunciados en nuestra sección Entre Bases, así como en la página web de dicha sección: http://www.americadelsur.com/letralia/bases.htm. En cuanto a la escritora Pizarro de Rayo, esperamos que algún lector responda a su consulta. *** Materiales sobre técnicas narrativas 9 de febrero de 1999 Señores Revista Letralia Presente.- Sean mis primeras palabras de saludo y de felicitación por vuestras publicaciones en el Internet, las cuales son de mucha utilidad para la gente que gusta de las letras. Les contaré que soy de Perú y que en estos momentos me encuentro estudiando maestría en la Universidad Mayor de San Marcos, el programa de Literatura Hispanoamericana. En dicho programa estoy realizando un tema para la sustentación de tesis sobre las técnicas narrativas. Es por ello que recurro a su distinguida revista, a fin de solicitarles material acerca del tema en mención, la cual será de mucha ayuda para el desarrollo de mi tesis. Seguro de su comprensión, atención y ayuda, les agradezco de antemano vuestra colaboración. Quedo de ustedes. Luis Martín Palacios Guerrero (mpalacios@diceta.mpfn.gob.pe) L: Disponemos de materiales sobre el particular, y enlaces a otras páginas dedicadas a ello, en nuestro sitio Cómo se aprende a escribir, que puede visitar en: http://www.americadelsur.com/letralia/aprender *** Historias de Marta y Fernando 10 de febrero de 1999 Me interesa el libro de Gustavo Martín Garzo, "Historias de Marta y Fernando", que obtuvo el premio Nadal de novela, según información vuestra. Quisiera saber cómo obtengo el texto, editorial, etc. Carlos Torres (ctorres@eeb.com.co) === Post Scriptum ========================================================= "Hasta hoy hemos vivido bajo la soberanía de la palabra. La escritura, y sobre todo la escritura alfabética, representó la potencialidad y multiplicidad de la palabra. Más aun después de Gutenberg". Ángel Rosenblat, Sentido mágico de la palabra (1997). === Cómo publicar en Letralia, Tierra de Letras =========================== Antes de enviar algún texto para publicar en Letralia, le agradecemos leer nuestras condiciones de publicación. Usted puede obtenerlas en el Web visitando la página http://www.americadelsur.com/letralia/publicar.htm. Si lo prefiere, puede recibirlas por correo electrónico escribiendo un mensaje a letralia@rediris.es, con la palabra "Condiciones" en el subject, o simplemente dando un doble click de ratón en el enlace siguiente: mailto:letralia@rediris.es?subject=Condiciones. === Las casas de la Tierra de Letras ====================================== Si usted no está suscrito a Letralia, o lo está pero le falta algún número, puede conseguir las ediciones en los siguientes sitios, a donde llegan simultáneamente con su aparición. Sitio de Letralia http://www.americadelsur.com/letralia/archivo.htm Página informativa http://www.rediris.es/list/info/letralia.html Atarraya http://venezuela.mit.edu/atarraya. Tulane University, http://www.tulane.edu/~latinlib/letralia (sólo Nueva Orleans, EUA ediciones de texto hasta la del 16/9/96). DC BBS BBS del Decanato de Ciencias de la Universidad Centro Occidental "Lisandro Alvarado". Barquisimeto, Lara, Venezuela. Telnet a obelisco.ucla.edu.ve o a 150.186.96.4. Login: bbs Sendanet BBS ftp://ftp2.sendanet.es/ftp/letralia. España. SSDA Boletines electrónicos argentinos adscritos al Sistema de Soporte de Distribución de Archivos, a donde Letralia es subida por Horacio Massimino (dodo@mail.cano.com.ar). Si usted ha subido las ediciones a algún otro sitio dentro o fuera de Internet, por favor háganoslo saber para incluirlo en esta lista. ########################################################################### La edición en texto ASCII de Letralia circula en forma de lista de correo como un servicio de la Red Académica e Investigativa Española (RedIRIS, http://www.rediris.es) a la Comunidad Hispanoamericana de Internet. 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