~~~~~~~~~~~~~~~ Año XI Cagua, Venezuela Nº 150 ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras ~~~~~~~~~~~ http://www.letralia.com ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ 9 de octubre de 2006 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras, es ~~~~~~~~~~~ la revista de los escritores ~~~~~~~~~~~ hispanoamericanos en Internet. ~~~~~~~~~~~ Usted puede enviarnos sus ~~~~~~~~~~~ comentarios, críticas o material ~~~~~~~~~~~ literario a info@letralia.com ~~~~~~~~~~~ ~ * ~~~~~~~~~~~ ~~~ JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor ~~~~~~~~~~~ ~~~~~ Depósito Legal: pp199602AR26 ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ === Sumario =============================================================== | “Los mejores libros de la década”, Jorge Gómez Jiménez. | Editorial | Un hotel creativo. / Roa Bastos virtual. / Otro taller | Breves en 4 Cuentos. / Poesía & Fotografía. / El taller de | Joselolo. | | Noticias Falleció la escritora argentina Paola Kaufmann. / | Instituto Cervantes de Roma homenajea a Octavio Paz. / | La chilena Malú Urriola obtuvo el premio Pablo Neruda de | poesía. / Novela de Jorge Bucay gana el premio | Torrevieja. / Presentan en Venezuela colección bilingüe | de literatura indígena. / Festival de Medellín recibe el | premio Nobel Alternativo de la Paz. / Publican portal y | obras completas de Amado Nervo. / En marzo concluirán el | Centro José Hierro. / Premio Nacional de Poesía de | España para Caballero Bonald. / Sergio Pitol dona lote | de libros al Museo de Teocelo. / Colombia reconstruirá | la casa natal de Gabriel García Márquez. / Publican | textos del archivo personal de Julio Ramón Ribeyro. / | Confieren a Jorge Semprún el Premio de Literatura | Europea. / Semana Cervantina realizarán en Alcalá de | Henares. / Sesionará en Bayamo el XIV Coloquio de | Literatura. / Organizan encuentro literario en | Cajamarca. / Celebran festival de danza contemporánea en | universidades de Bogotá. / Inge Feltrinelli recibirá el | Reconocimiento al Mérito Editorial. | | “Buscando las raíces de Kunta Kinte”, Roberto Bennett. / | Artículos y “Las estrellas brillan sobre Toledo. Ciencia y filosofía | reportajes en al-Andalus”, Carlos Montuenga. / “Luisa Futoransky: | la eterna lucha”, Carlos Barbarito. | | “Teatro del Pueblo: escuela y semilla actoral. Los | Entrevistas albores del teatro independiente uruguayo”, Aldo Roque | Difilippo. | | “Visiones decimonónicas de América: Martí y Sarmiento”, | Sala de ensayo Juan Carlos Hernández Cuevas. / “Manuel Machado y su | peregrinaje a Eleusis”, Laura Quadrelli. / “La | construcción de la imagen de la mujer en obras de | descendientes de inmigrantes judíos en América”, Roberto | Ángel G.. / “Civilización y barbarie”, Jorge Majfud. | | “Los pezones de Alicia”, Carolina Lozada. / Poemas de | Letras Javier Raya. / “Domingo de visita”, Yamileth Latorre | Quintana. / Poemas de Nora Nani. / Relatos de Alberto | Hernández Cobo. / Poemas de Goyette Dos Gallos. / | “Pasajera”, Sergio Borao Llop. / Poemas de Adriana | Lamela. / “La guerra”, Ana Isabel Hibert. / Poemas de | Martha Espejo. / “Lo que no esperas”, Miguel Corrochano. | / “La muchacha”, Moisés Sandoval Calderón. / Poemas de | Rubén Eduardo Gómez. / “La última carta”, Severo | Insausti. / Poemas de Ernesto Carrión. | | José Ortega y Gasset. | Post Scriptum | =========================================================================== Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Año http://www.geocities.com/SoHo/8753 =========================================================================== Premio "La Página del Mes" de Internet de México el 3 de mayo de 1998 http://www.internet.com.mx =========================================================================== Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998 http://www.megasitio.com =========================================================================== Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999 http://www.redchilena.cl =========================================================================== Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999 http://www.fortressdesign.com =========================================================================== Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999 http://www.exodusltd.com =========================================================================== Premio Mejor Página de Poesía, de La Blinda Rosada, en julio de 1999 http://blindarosada.org.ar =========================================================================== Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Para suscribirse a Letralia, envíe un mensaje vacío a: letralia-subscribe@gruposyahoo.com Para desuscribirse, envíe un mensaje vacío a: letralia-unsubscribe@gruposyahoo.com También puede formalizar su suscripción o su desuscripción en un formulario visible en nuestro sitio en el Web: http://www.letralia.com/herramientas/listas.htm Ediciones anteriores: http://www.letralia.com/tierradeletras/archivo.htm === Los mejores libros de la década Jorge Gómez Jiménez ============== Hace algunas semanas convocamos desde la Tierra de Letras la consulta “Los mejoes libros de la década” (http://www.letralia.com/ed_let/decada), que concluyó el pasado 18 de septiembre y cuyos resultados publicamos esta semana en forma de un trabajo especial en Editorial Letralia. Todo un esfuerzo mancomunado en el que participaron los lectores de nuestra revista y los escritores letralianos, para producir un documento que bien puede servir como una medida —jamás definitiva— de lo que ha sido el devenir literario en español en los últimos diez años. El procedimiento que escogimos para esta consulta garantizó que tanto lectores como escritores relacionados con la Tierra de Letras expresaran su criterio sobre los libros en español que, habiendo sido publicados a partir de 1996 —el año de nacimiento de nuestra revista—, merecen por su calidad literaria el adjetivo de imprescindibles. Quienes participaron en la consulta tuvieron la oportunidad de darnos su opinión sobre el libro que estaban apoyando. Todo ese material ha sido reunido en el informe final, que presenta así a una nutrida multitud de lectores aportando diversas miradas, no sólo sobre los diez libros que ocuparon los primeros lugares, sino además sobre una constelación de otros 76 títulos. Aunque los detalles se encuentran registrados en ese informe, consideramos interesante comentar aquí algunos de los resultados. Nuestros lectores más curiosos ya sabrán que Roberto Bolaño obtuvo los dos primeros lugares, con Los detectives salvajes y 2666, obras colosales en torno a las cuales no nos parece exagerado afirmar que tienen asegurado un importante lugar en la historia de la literatura latinoamericana de entre siglos. Bolaño comparte ese bien ganado derecho de ocupar dos lugares con Mario Vargas Llosa, cuyas novelas La fiesta del Chivo y Travesuras de la niña mala —ésta recién publicada— también recibieron el favor de nuestros lectores. Cuatro de los escritores que ocuparon los primeros lugares en los resultados de nuestra consulta son españoles: Javier Cercas, Carlos Ruiz Zafón, Javier Marías y Antonio Muñoz Molina. Una sola mujer alcanzó uno de los diez primeros puestos: la colombiana Laura Restrepo, por su novela Delirio. Y sólo un venezolano, y con una obra de ensayo, también comparte esos primeros lugares: Fernando Báez, por su Historia universal de la destrucción de los libros. Es obvio que una consulta de esta naturaleza no tiene el propósito de arrojar resultados definitivos ni restrictivos sobre lo que debe leerse. Interprétese este trabajo, en el que participaron lectores de todo el ámbito de habla hispana, como un gran juego basado en la actividad que para muchos de nosotros es el mayor de los sostenes espirituales: la lectura. Jorge Gómez Jiménez, editor http://www.letralia.com/jgomez === Hablemos..., de Octavio Santana Suárez, en Editorial Letralia ========= Una colección de dípticos filosóficos, redactados en forma de diálogos, que abarcan temas como la filosofía, el hombre, la libertad, la política y el amor. Con prólogo de Antonio Núñez Ordóñez e ilustraciones de Nicolás Herrera, puedes leer o descargar este libro exclusivamente en Editorial Letralia, el espacio de libros digitales de la Tierra de Letras. http://www.letralia.com/ed_let/hablemos ||||||||||||||||||||||||||||||| BREVES |||||||||||||||||||||||||||||| Un hotel creativo. Acaba de inaugurarse en Madrid la Escuela de Escritura Creativa Hotel Kafka, que ofrece, entre otras posibilidades, un máster en escritura creativa, con la participación de grandes escritores contemporáneos, y que anima a sus alumnos a participar con sus propuestas, sea cual sea su orientación artística. Este particular hospedaje creativo está ubicado en la antigua imprenta y editorial de Pérez Galdós, en el 104 de la calle Hortaleza de la capital española. Entre los autores que están dictando los primeros talleres se encuentran Rafael Reig, Eloy Tizón y Jordi Doce. http://www.hotelkafka.com Roa Bastos virtual. El Centro Virtual Cervantes ha publicado un monográfico dedicado al escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, ganador del premio Cervantes en 1989, en el que se describen diferentes aspectos de su vida y obra: su estancia en Buenos Aires, el exilio y el retorno a sus orígenes. Además se ha incluido una antología de Yo, el Supremo, cada uno de cuyos pasajes introducido y comentado por el hispanista Blas Matamoro. Esta recopilación de fragmentos de la obra cumbre de Roa Bastos ofrece un complejo retrato del dictador latinoamericano. Por último se presenta una completa bibliografía, así como diferentes perfiles críticos sobre la obra de Augusto Roa Bastos. http://cvc.cervantes.es/actcult/roa Otro taller en 4 Cuentos. El próximo viernes 6 de octubre el Taller de Escritura 4 Cuentos retoma su actividad con el taller permanente, la presentación del primer libro escrito por sus alumnos y varios talleres intensivos en los que se podrá profundizar en determinados aspectos de la escritura creativa. La cita es los viernes a las 6 de la tarde en Aula Nosa (calle Monasterio Caaveiro, 1). http://www.4cuentos.com Poesía & Fotografía. La poeta venezolana Edda Armas dictará, a partir del 16 de octubre, su taller “La mirada por la palabra, Poesía & Fotografía”, donde los participantes ampliarán la visión desde la cual se puede percibir, leer y expresar los sentimientos que el arte despierta, a través de la palabra. El taller ofrecerá al participante lecturas y ejercicios que estimulen su capacidad de percepción sensorial, de significados y relacionamientos, así como su habilidad para comunicar ideas, argumentos y sentimientos. La actividad, que tiene un costo de Bs. 80.000, se desarrollará en seis sesiones de dos horas y media cada una, entre 6 de la tarde y 8:30 de la noche, cada lunes entre el 16 de octubre y el 27 de noviembre, en el Centro Cultural Chacao de El Rosal (Caracas). Teléfonos 9533990 y 9516623 El taller de Joselolo. El escritor venezolano Ángel Gustavo Infante dictará a partir del 1 de noviembre un taller de narrativa en los espacios de la Sala de Arte de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab), en Caracas. Infante es autor de obras como Cerrícolas (1987), Joselolo (1987), Yo soy la rumba (1992) y Una mujer por siempre jamás, en prensa. Las sesiones serán los miércoles de 6 de la tarde a 8 de la noche, hasta junio de 2007. Escuela de Letras de la Ucab, teléfono 0212 4074233 ¿Quiere publicar una nota en este espacio? Envíenosla por correo electrónico a breves@letralia.com. === ¿Le interesa estar informado sobre concursos? ========================= Reciba por correo electrónico los anuncios vigentes de concursos literarios y artísticos en general suscribiéndose a nuestra lista de distribución. Todo lo qu tiene que hacer es enviar un mensaje vacío a letralia-concursos-subscribe@gruposyahoo.com, o visitar nuestra cartelera de concursos en http://www.letralia.com/herramientas/concursos.htm. Si desea enviarnos las bases de un concurso, escríbanos a info@letralia.com |||||||||||||||||||||||||||||| NOTICIAS ||||||||||||||||||||||||||||| *** Falleció la escritora argentina Paola Kaufmann La bióloga y escritora argentina Paola Kaufmann, que en 2005 ganó el Premio Planeta de Novela de América Latina con la obra El lago, murió el sábado 23 de septiembre a los 37 años en Buenos Aires a causa de una enfermedad terminal. La autora había permanecido ingresada en una clínica de la capital argentina durante las últimas semanas. Sus restos fueron trasladados a su tierra natal, la ciudad sureña de General Roca, donde el domingo 24 se llevó a cabo el velatorio y el lunes 25 fue enterrada en presencia de sus familiares y amigos. Kaufmann era doctora en neurobiología en la Universidad de Buenos Aires (http://www.uba.ar). Desde 1999 hasta 2003 realizó estudios de post-doctorado en Smith College (Massachusetts, http://www.smith.edu), donde obtuvo el doctorado en física. Y desde entonces se radicó en Buenos Aires, donde trabajaba como investigadora científica. La autora, quien definía su obra como “un juego de alegorías”, había confesado que pensó en dedicarse seriamente a la literatura después de realizar un taller con el escritor argentino Abelardo Castillo en 1995. En 1998 recibió una mención del Premio del Fondo Nacional de las Artes, con el libro de cuentos La noche descalza. Otro libro, El campo de golf del diablo —que recibió el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes en 2002— incluye cuentos que individualmente fueron premiados en diferentes concursos internacionales. En 2003 su novela La hermana, sobre la poeta norteamericana Emily Dickinson, obtuvo el galardón Casa de las Américas en Cuba. “Entregué la obra el último día de plazo porque estaba bastante atascada con el final. Llegué justo”, reconoció la escritora al recibir en noviembre el premio Planeta de Novela de América Latina 2005 por El lago. Fuentes: EFE • La Voz *** Instituto Cervantes de Roma homenajea a Octavio Paz Una muestra dedicada a Octavio Paz, el poeta mexicano más prestigiado y controvertido del siglo XX, Premio Nobel de Literatura 1990, fue inaugurada el pasado 27 de septiembre en la sede del Instituto Cervantes de Roma (http://roma.cervantes.es). Titulada “Octavio Paz. De la palabra a la mirada”, la exhibición, que permanecerá abierta al público hasta el próximo 29 de octubre, recoge más de 30 obras, entre ellas cuadros, serigrafías, libros de artista y ediciones limitadas que el poeta realizó con artistas de talla internacional, como John Cage, Balthus o Tápies. Organizada por la Embajada de México en Italia (http://www.sre.gob.mx/italia) y gracias a la colaboración de su viuda, Marie José Paz, la muestra surgió de un diálogo que el poeta estableció con artistas plásticos desde la década de los setenta, según explicó el embajador mexicano en Italia, Rafael Tovar y de Teresa. “Encontramos aquí obras de Tápies, Moderwell, de los principales artistas mexicanos como Tamayo, Vicente Rojo, Arnaldo Cohen, Pedro Coronel o Gunther Gerszo, Raymundo Sesma, en la que una obra plástica creada por ellos se establece un diálogo con alguno de sus textos poéticos”, añadió. Resaltó asimismo que la muestra incluye ensamblajes de Marie José Paz, su esposa, hechos con distintos materiales y que obedecen al diálogo entre la palabra y la obra plástica. Según el diplomático, la muestra permitirá difundir en la Ciudad Eterna la palabra y la dimensión pluridisciplinaria de Paz, “que siempre tuvo un contacto con las demás manifestaciones artísticas, en este caso la pintura”. Recordó que Octavio Paz admitía ser el poeta surrealista de la lengua española, porque probablemente los avatares de la historia impidieron al español García Lorca seguir su camino. Por su parte, Fanny Rubio, directora del Cervantes, dijo que la muestra es “un paseo en la memoria y en la obra de uno de los poetas más importantes de todos los tiempos”, y agregó que “Octavio Paz asiste a la poesía española con la misma naturalidad que la poesía española del siglo XX deja su marca en México”. “Recordemos que las ondas del mar llevaron al exilio mexicano a León Felipe, a Juan Larrea, a Francisco Jiménez de los Ríos a José Moreno Villa, a Manuel Altolaguirre, a Luis Cernuda, a Emilio Prados, a Manuel Andujár y otros muchos”, añadió. Octavio Paz, dijo, los recibió y sobre esta convivencia fueron escritas “páginas certeras”. Los poetas mexicanos y españoles —subrayó— colaboraron en revistas como Letras de México, Tierra Nueva, Romance, Taller, Cuadernos Americanos o El Hijo Pródigo. Señaló que en la obra de paz “hay una lenta y parsimoniosa reflexión a propósito de la teoría surrealista del arte y el contraste de ésta con el mundo contemporáneo y finalmente un lento hacerse y destejerse de la palabra creadora”. Nacido en 1914 en la Ciudad de México, donde murió en 1998, el primer compendio de poemas de Paz, Luna silvestre, fue publicado en 1933. Le siguieron obras como Raíces del hombre (1937), Piedra del sol (1957), Salamandra (1962), Versante Est (1969) o El laberinto de la soledad (1950). Fuente: Notimex *** La chilena Malú Urriola obtuvo el premio Pablo Neruda de poesía En una decisión tomada por unanimidad, la poeta chilena Malú Urriola se adjudicó este 27 de septiembre la versión 2006 del premio de poesía Pablo Neruda, que anualmente entrega la fundación del mismo nombre (http://www.fundacionneruda.org). Aunque reconoció que otros autores también podrían recibir la distinción, el jurado presidido por Jorge del Río Pérez estimó que en el caso de Urriola su proyecto poético es “original y creativo”. En el veredicto se agrega que la obra de Urriola “revisa con insistencia el acto de escribir en medio de la descomposición de un mundo donde la soledad es materia viva y logra representar esta pregunta hecha carne en una palabra derramada y contenida al mismo tiempo”. La poeta santiaguina, que el próximo 12 de diciembre recibirá el galardón consistente en un diploma, una medalla y 6.000 dólares, ha publicado las obras Piedras rodantes (1988), Dame tu sucio amor (1994), Hija de perra (1998) y Nada (2003). Urriola también ha recibido los premios Mejor Aporte Televisivo (2004) del Servicio Nacional de la Mujer; Municipal de Poesía y Mejores Obras Editadas (2004) del Consejo Nacional del Libro por Nada; y la beca creación literaria de la Fundación Andes para escribir el libro Bracea (inédito). El premio, instaurado en 1987, se entrega anualmente a poetas menores de 40 años. En sus anteriores versiones lo recibieron Gonzalo Millán, Raúl Zurita, Diego Maquieira, Carlos Trujillo, Teresa Calderón, Erick Pohlhammer, Alicia Salinas, Tomás Harris, José María Memet, Isabel Gómez, Bernardo Chandía, Rosabetty Muñoz, Andrés Morales, Armando Roa, Jaime Huenún, Víctor Hugo Díaz y Germán Carrasco. Además de Jorge del Río Pérez, el jurado también estuvo integrado por Rosabetty Muñoz (Fundación Pablo Neruda), Matías Rafide (Academia Chilena de la Lengua) y Reynaldo Lacámara (Sociedad de Escritores de Chile). Fuente: El Mostrador *** Novela de Jorge Bucay gana el premio Torrevieja El argentino Jorge Bucay obtuvo este 28 de septiembre el V Premio Ciudad de Torrevieja con su novela El candidato, un thriller político ambientado en un país latinoamericano imaginario, mientras que Ignacio García Valiño ha obtenido el premio finalista, dotados, respectivamente con 360.000 y 125.000 euros y convocados por el ayuntamiento local (http://ayto.torrevieja.infoville.net) y el sello Plaza y Janés (http://www.plaza.es). En su novela, Bucay, que se había presentado bajo el seudónimo de Julio Castrillo, describe la historia del general Cuevas, un dictador de Santa Mora, que por sorpresa decide abandonar el cargo y convocar elecciones democráticas. La aparente calma de la trama se va complicando conforme van siendo asesinados uno a uno todos los candidatos, el país se sumerge en el caos y todas las sospechas apuntan a un misterioso grupo, La Familia. En nombre del jurado, el novelista andaluz José Calvo Poyato ha destacado que ese Estado ficticio, con una capital de nombre La Milagros, puede estar ambientada en cualquier lugar de Sudamérica, algo que el propio autor no ha desmentido. El personaje central, recuerda Calvo Poyato, es una periodista, Carolina Guijarro, que “vive una historia de amor entrecruzada con la historia política”. Para el jurado, “se trata de una novela bien construida que crece en su intensidad de desarrollo y que en el último momento casi nada es lo que en una primera impresión pensaba el lector”. “Toda la vida me he dedicado a contar cuentos”, explicó Bucay en la presentación posterior al fallo, “pero ahora que he escrito mi primera novela puedo decir que escribir una novela es muy difícil, pero ha sido emocionante, cautivante y sorprendente”, especialmente por el vínculo que los personajes establecen con el autor que incluso escapa de sus manos. El escritor ha confesado que su debut en la novela le ha supuesto “tres años de esfuerzo” y que la mayor dificultad fue “pensar por qué el dictador decidía convocar las elecciones, para que fuera creíble, y espero que los lectores coincidan en que eso también puede suceder en Sudamérica”. El fallo del premio fue anunciado durante una velada literaria a la que asistieron unos 500 invitados, entre ellos los escritores Ana María Matute, Martín Casariego, Ildefonso Falcones, Luis Miguel Ariza, Xoan Bello, Javier Sierra y Sebastián d’Arbó. Fuente: El País *** Presentan en Venezuela colección bilingüe de literatura indígena Este 28 de septiembre fue presentada por el sello Monte Ávila Editores Latinoamericana (http://www.monteavila.com.ve), en un acto especial en su sede en Caracas, la colección bilingüe de literatura indígena “Waanükü: Nuestra Palabra”. Beatriz Bermúdez Rhote, directora de la colección, afirmó que ésta es una prueba de cómo se afianzan los esfuerzos por difundir la literatura indígena en el país, apoyada en el respaldo a la cultura general de las poblaciones autóctonas. Según Bermúdez, esta colección —que es parte de un esfuerzo de divulgación de obras indígenas traducidas al español— constituye una expresión de una novedosa corriente creativa apoyada por el respaldo constitucional dado a los indígenas. Sus voces, dijo, ya no sólo narran en el tiempo presente su pretérita historia mítica, ni claman por derechos y reivindicaciones, sino que asoman nuevas corrientes creativas y expresiones literarias con sitial propio en el quehacer cultural mundial. Nünüiki ka ikai: Lenguaje del sol, antología poética del venezolano José Ángel Fernández Silva Wuliana, y Ri upalaj ri kaq’ik’: El rostro del viento, del poeta guatemalteco Humberto Ak’abal, son los primeros títulos de esta colección. A ellos se sumarán Poesía indígena de Venezuela, Cantos shamánicos Kuna y Entre los unos y los otros: Relatos breves. El título de la colección proviene del idioma del pueblo añú, perteneciente a la familia lingüística arawak, que mantiene viva su lengua pese a siglos de presiones culturales. En Venezuela viven 28 etnias, cuyos derechos son garantizados por la Constitución aprobada en 1999, primer año del mandato de Hugo Chávez, en cuya redacción participaron indígenas por primera vez en la historia. Fuente: Prensa Latina *** Festival de Medellín recibe el premio Nobel Alternativo de la Paz Este 28 de septiembre le fue conferido al Festival Internacional de Poesía de Medellín (http://www.festivaldepoesiademedellin.org), por sus esfuerzos en construir la paz, el premio Right Livelihood (Modo Correcto de Vida), mejor conocido como el Nobel Alternativo, galardón creado en 1980 por el alemán-sueco Jakob von Uexküll. El jurado concedió la distinción al evento cultural “por enseñar cómo la creatividad, la belleza, la libertad de expresión y el sentimiento de comunidad pueden florecer e incluso triunfar donde el miedo y la violencia están profundamente enraizados”. El Festival Internacional de Poesía de Medellín fue creado por miembros de la revista literaria colombiana Prometeo en 1991 como una respuesta cultural y pacífica ante la crisis de violencia que padeció la ciudad en la década de los 80 y 90 a manos de los carteles del narcotráfico. Desde entonces, a la capital del departamento de Antioquia han asistido más de 750 poetas de 131 países del mundo, quienes han leído poemas en más de 60 idiomas en plazas públicas y escenarios, entre los que se destaca la asistencia del Nobel de Literatura 1986, el nigeriano Wole Soyinka. El certamen lírico de la ciudad colombiana compartió el galardón con el activista estadounidense Daniel Ellsberg y la india Ruth Manorama, según anunció la fundación Right Livelihood Award (http://www.rightlivelihood.org), que otorga esa distinción a la labor social. Los directores del festival recogerán el premio el próximo 8 de diciembre en una ceremonia especial en el Parlamento sueco. El festival estará representado en Estocolmo por el poeta Gabriel Jaime Franco y la artista Gloria Chavatal. El Nobel Alternativo fue otorgado en 1990 a otra entidad colombiana, la Asociación de Obreros Agrícolas del Carare, organismo que trabajó por la paz de esa región azotada por una oleada de violencia entre 1987 y 1990. El premio de dos millones de coronas suecas (unos 275 mil dólares) será invertido en el festival, según sus productores. Fuente: EFE *** Publican portal y obras completas de Amado Nervo El Centro de Estudios Literarios de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx) presentó el pasado 29 de septiembre la edición de las obras completas del poeta y narrador Amado Nervo, proyecto que surgió tomado de la mano de la creación de un completo portal (http://www.amadonervo.net) sobre su vida y su obra. La idea se viene desarrollando hace 10 años y fue impulsada por el investigador Gustavo Jiménez Aguirre, del mencionado centro, quien dijo que se trata de “poner al tú por tú” al poeta con el narrador, “porque hoy en día tienen más vigencia sus crónicas, cuentos y novelas cortas que sus poemas”. El proyecto en general lleva por nombre “Amado Nervo, lecturas de una obra en el tiempo” y las dos primeras obras impresas, coeditadas por el Instituto de Investigaciones Filológicas de la Unam y el sello Océano, corresponden a sus crónicas Lunes de Mazatlán (crónicas: 1892-1894), y a Tres estancias narrativas (1890-1899), a los que le siguen Poesía reunida y Epistolarios, de un total de 13 volúmenes que integran la colección. “No sólo trabajamos en la edición de los libros, es un proyecto multimedia, ya que creamos una página en Internet donde los lectores encontrarán una selección de la poesía dispersa de Nervo, que se va enriqueciendo día con día con los versos que nos vamos encontrando en revistas o periódicos de su tiempo”. El proyecto de los 13 volúmenes, dice Gustavo Jiménez, “está enfocado a los géneros que actualmente tienen mayor interés, como la narrativa, la crónica y el epistolario, que incluye cartas de sus lectores” y correspondencia con autores como Alfonso Reyes y Antonio Machado. Tres estancias narrativas, segundo volumen de la serie, recoge los cuentos del llamado modernista mexicano, escritos entre 1890 y 1899 en las tres ciudades donde él vivió: Zamora, Mazatlán y ciudad de México, “hasta antes de salir a París en 1900, donde se hace un narrador más profesional”. Sobre el lugar que ocupa Nervo entre los autores de su generación, el investigador explica que el poeta nayarita no sólo fue un autor central en la literatura de finales del siglo XIX, sino también un impulsor del gobierno revolucionario, aunque su labor en la diplomacia se inició en el porfiriato. Gustavo Jiménez explica que Nervo tuvo estancias muy importantes en España y Argentina, “donde hace una labor enorme en favor del reconocimiento del régimen político revolucionario, en ese momento encabezado por Venustiano Carranza. De manera que no sólo es el poeta místico, como se le reconoce en varios ámbitos, sino un hombre de su tiempo, muy inmerso en la problemática política y cultural de su país”. Fuente: El Universal (México) *** En marzo concluirán el Centro José Hierro Las obras del Centro de Poesía José Hierro, de Getafe (Madrid, España), finalizarán el próximo mes de marzo de 2007 con una inversión de 1,5 millones de euros, según anunció el pasado 30 de septiembre el concejal local de Cultura, José Manuel Vázquez. El edificio está situado en una parcela de 3.000 metros cuadrados en la senda de Mortadelo y Filemón del barrio del Sector Tres, y reunirá un fondo documental especializado en poesía que abarcará desde la Generación del 98 en adelante. Este fondo estará integrado, además de volúmenes editados, por manuscritos, impresos, revistas, material audiovisual y un archivo sonoro. Las instalaciones tendrán también un aula con capacidad para 78 personas y una biblioteca de 200 metros cuadrados que reunirá la donación efectuada por la familia de José Hierro con volúmenes, manuscritos originales y una obra gráfica del autor con un archivo de la palabra de poetas españoles. Además, el centro organizará actividades como talleres de poesía y narrativa, encuentros literarios, fiestas poéticas y clubes de lectura. El concejal de Cultura señaló que el edificio es singular porque cuenta con una bóveda con forma de cono truncado bajo la cual se sitúa la biblioteca. El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid aprobó el pasado mes de mayo el Plan Económico y Financiero de este centro y encargó las obras a la empresa pública Arrendamientos y Promociones de la Comunidad de Madrid (Arproma). Fuente: Madrid Press *** Premio Nacional de Poesía de España para Caballero Bonald El escritor gaditano José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1928) obtuvo este 3 de octubre el Premio Nacional de Poesía por su libro Manual de infractores (Seix Barral). El galardón que concede el Ministerio de Cultura está dotado con 15.000 euros. El premio se otorga a la mejor obra de poesía publicada en el año anterior en cualquiera de las lenguas de España. El jurado que falló el premio estuvo formado, entre otros, por Ana María Bueno, Paula Izquierdo, Javier Lostalé, Miguel García Posada y José Corredor Matheos, ganador de la edición anterior. Este Manual de infractores devuelve el mejor aliento poético necesario para estos tiempos y, según dijo el propio autor el día de la presentación del libro, le ha servido “para rejuvenecer”. Es un ejemplo de poesía recia, maestra y comprometida, “hija de la indignación inicial que me hace conducir la pluma sobre el papel, pero también de la melancolía, la incertidumbre, la recuperación de un pasado nebuloso y de rastreos en temas prohibidos de la experiencia”. El escritor ya ganó el año pasado el Premio Nacional de las Letras, que se reconoce al conjunto de una obra literaria compuesta en alguna de las lenguas del Estado español. Caballero Bonald, licenciado en filosofía y letras, y profesor de literatura en la Universidad Nacional de Colombia durante una década, se estrenó como escritor con 26 años con la obra Las adivinaciones. A partir de ahí, se ha labrado una sólida carrera como poeta, novelista y ensayista, encuadrado por la crítica dentro de la conocida como generación poética del 50. Como poeta ha obtenido varios premios, entre ellos el Boscán, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, y el de la Crítica. Su obra poética hasta 1969 está recopilada en un tomo titulado Vivir para contarlo. Más tardía pero igual de afortunada fue su incursión en la narrativa. Su primer trabajo, Dos días de septiembre, obtuvo el premio Biblioteca Breve. Luego publicaría Ágata ojo de gato (que obtuvo el Premio de la Crítica), Toda la noche oyeron pasar pájaros, En la casa del padre y Campo de Agramante. Fuente: El País *** Sergio Pitol dona lote de libros al Museo de Teocelo El escritor Sergio Pitol, ganador del premio Cervantes 2006, donó este 4 de octubre un lote de libros de su autoría al Museo Comunitario de la Antigua Estación Ferroviaria de Teocelo, en el estado mexicano de Veracruz. La donación incluyó los tres primeros tomos de sus Obras reunidas y la segunda edición de su libro de ensayos La casa de la tribu, así como Una adicción a la novela inglesa; El relato veneciano de Billie Upward; Todo está en todas las cosas; De la realidad a la literatura y Soñar la realidad. También incluyó libros de otros autores, como la novela El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, traducida por Pitol; la antología Cuentos mexicanos, compilada por Sealtiel Alatriste; la antología de ensayos cervantinos A propósito de El Quijote, editada por la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx), y los cinco primeros títulos de la “Biblioteca del Universitario”, una colección literaria de la Universidad Veracruzana (http://www.uv.mx): Visión de Anáhuac y otros textos, de Alfonso Reyes; El extraño caso del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde, de Robert Louis Stevenson; Papá Goriot, de Balzac; Hamlet y Macbeth, de Shakespeare, y Cuatro novelas ejemplares, de Miguel de Cervantes Saavedra. Con esta donación, el Museo Comunitario dará forma a una biblioteca pública especialmente diseñada para la atención a niños y jóvenes, aunque ya es posible acceder a los libros. Fuente: El Sol de San Luis *** Colombia reconstruirá la casa natal de Gabriel García Márquez El Gobierno de Colombia reconstruirá la casa natal del escritor Gabriel García Márquez, situada en la población de Aracataca, en el departamento caribeño del Magdalena, anunció este 5 de octubre el Ministerio de Cultura. El despacho indicó que aportará los casi 85.000 dólares que vale la reparación de la casa en la que, en 1928, nació el novelista y premio Nobel de Literatura de 1982, que está muy deteriorada. Para realizar las obras se abrirá el próximo 17 de octubre un concurso público en el que podrán participar profesionales o empresas de construcción. García Márquez, quien reside en México hace más de veinte años, estuvo en contacto en los dos últimos dos años con líderes de su pueblo natal que promueven la construcción de obras municipales. Aunque la familia del Gabo era oriunda de otras regiones del Caribe colombiano, el escritor nació en Aracataca cuando su padre trabajaba allí como el telegrafista del pueblo. La zona aparece en casi todas sus obras retratada en el mítico mundo de Macondo. También en 2005 las autoridades de la población propusieron cambiarle el nombre por Aracataca-Macondo, pero la iniciativa no fue aprobada en una votación efectuada a comienzos de este año. Fuente: EFE *** Publican textos del archivo personal de Julio Ramón Ribeyro El Fondo Editorial Cultura Peruana y el Instituto Raúl Porras Barrenechea presentarán en Lima, este 6 de octubre, el libro El archivo personal de Julio Ramón Ribeyro, del investigador Luis Fuentes Rojas. El volumen consta de 370 páginas, cuya primera parte comprende 26 artículos del autor de La palabra del mudo jamás publicados en libro. La segunda reproduce las carátulas (a color y en couché) de todas las ediciones de los libros de Ribeyro y acerca de él. La última sección es una bibliografía completísima sobre este escritor. Todos los ejemplares de esta edición se obsequiarán. Julio Ramón Ribeyro nació en Lima el 31 de agosto de 1929 y, aunque se le reconocen principalmente sus relatos, tuvo éxito también en géneros como la novela, el ensayo, el teatro y otras formas literarias como el diario y el aforismo. El conjunto de sus cuentos se halla reunido en el libro La palabra del mudo, que fue ampliando a lo largo de su carrera. Sus obras, aparecidas a partir de la década del 50, han sido traducidas a numerosas lenguas. Con Ribeyro el realismo urbano llega a su desarrollo pleno en el Perú y se abre el camino para obras de autores del boom latinoamericano como Mario Vargas Llosa y Alfredo Bryce Echenique. Ribeyro murió en Lima el 4 de diciembre de 1994, poco tiempo después de obtener el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo. La ceremonia de presentación de la obra se desarrollará a partir de las 6:30 de la tarde en el Instituto Raúl Porras Barrenechea, ubicado en la calle Colina 398, Miraflores (Lima). Participarán en la presentación Jorge Coaguila, Carlos Eduardo Zavaleta y Luis Fuentes Rojas. Fuentes: LAWI Noticias • Wikipedia *** Confieren a Jorge Semprún el Premio de Literatura Europea El escritor español y ex ministro de Cultura Jorge Semprún recibirá el Premio de Literatura Europea del Estado austríaco, según anunció este sábado 7 de octubre el secretario de Estado para el Arte de Austria, Franz Morak, durante la Feria del Libro de Francfort (http://www.frankfurt-book-fair.com). “Como escritor, intelectual y político, Semprún se encuentra entre las figuras más destacadas del siglo XX”, afirmó Morak al dar a conocer al ganador del premio, que está dotado con 22.000 euros (27.900 dólares). El jurado consideró que los libros de Semprún, nacido en 1923 en Madrid, son “narraciones a muchos niveles sobre los tiempos del exilio, la resistencia y el campo de concentración, de la época del nazismo y el totalitarismo soviético. Se encuentran entre las obras maestras de la narrativa del siglo XX”. El premio lo han recibido hasta el momento personalidades como Claudio Magris, Julian Barnes, Cees Nooteboom, Christoph Hein y Umberto Eco. El galardón se entrega anualmente durante los Festivales de Salzburgo (http://www.salzburgfestival.at). Fuente: DPA *** Semana Cervantina realizarán en Alcalá de Henares El alcalde de Alcalá de Henares, Bartolomé González, presentó la semana pasada el programa de actividades culturales y turísticas de la Semana Cervantina, que atraerán a la ciudad complutense a cientos de miles de visitantes entre el 8 y el 15 de octubre. Como en los últimos años, una de las principales propuestas será el Gran Mercado de El Quijote, que con más de 200 puestos se configura como uno de los más importantes del sur de Europa. Se instalará entre el 6 y el 9 de octubre en el área que conforman la plaza de San Diego, la plaza de Cervantes, calle Mayor, calle de San Felipe Neri, plaza del Padre Lecanda y plaza de Palacio. Durante el periodo de apertura del mercado, el Consistorio hará una promoción turística especial que consistirá en la habilitación de puntos de información itinerantes y también de una carpa a modo de jaima que se situará en la plaza de Cervantes y ofrecerá un servicio de alquiler y venta de trajes que evocarán la época en la que vivió Miguel de Cervantes. Al ya tradicional Tren de Cervantes se sumará una visita teatralizada al servicio de los visitantes que quieran conocer, de la mano de personajes de época, los dos mil años de historia de la ciudad. En el apartado cultural, el programa de la Semana Cervantina incluye también la representación en el Teatro Salón Cervantes de obras como Sonetos de amor y otros delirios, el estreno de Cómo ser Leonardo y Alonso Quijano, El bueno, en lo que viene siendo la habitual apuesta de campaña escolar en una fecha tan señalada como lo es el homenaje a Cervantes. La literatura también tendrá un lugar específico en las actividades. Así, el viernes 6 tendrá lugar la inauguración de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, que se prolongará hasta el 22 de octubre. Aparte, habrá varias presentaciones de libros y la Sala de Lectura de la Biblioteca Central albergará una de las conferencias literarias del momento, “Literatura para caníbales”, cuyo autor, junto a la ganadora del premio Planeta, Espido Freire, y al ganador del Nadal, Fernando Marías, hablará sobre el llamado malditismo en la literatura. Coincidiendo con la Semana Cervantina se inaugurarán también dos exposiciones: la esperada “Civilización”, que arranca este martes 3 de octubre en el Antiguo Hospital de San María La Rica, con una extraordinaria revisión de la ciudad romana y de los dos mil años de historia de Alcalá, y otra en la Casa de la Entrevista con los dibujos de Juan Antonio Aguirre. El espectáculo callejero “Dragons”, previsto el 12 de octubre a las 7 de la noche, el VII Encuentro Coral Cervantino y los actos propios del día de Cervantes, el 9 de octubre, completan el programa festivo, que se refuerza con la muestra permanente “Los universos de Cervantes” en la Capilla del Oidor. Sobre esta última exposición, el alcalde explicó que “el nuevo museo será un centro de interpretación cervantino” donde se mostrará la pila bautismal de Cervantes, el facsímil de su partida bautismal y de las de sus hermanos, una colección permanente con unos audiovisuales multimedia sobre la vida de Cervantes y su relación con Alcalá. Además se expondrán todas las joyas bibliográficas y artísticas que el Ayuntamiento ha ido adquiriendo desde hace más de cien años. Fuente: Europa Press *** Sesionará en Bayamo el XIV Coloquio de Literatura Del 18 al 19 de octubre sesionará en Bayamo (Cuba), el XIV Coloquio de Literatura, en el marco de la Fiesta de la Cubanía, con el tema central “Literatura y civismo en la formación de la nacionalidad cubana: figuras y obras representativas”. El evento tendrá como sedes la Unión Nacional de Artistas y Escritores de Cuba (Uneac) y la Biblioteca 1868, en la capital provincial, y aglutinará a escritores, especialistas y amantes de la lectura en torno a la crítica literaria y las discusiones acerca del espacio de la literatura en la cultura cubana. Al encuentro han confirmado su participación importantes personalidades de las letras: los premios nacionales de Literatura César López y Reynaldo González, Ambrosio Fornet, Francisco López Sacha, Álex Pausides, Eugenio Marrón y otros. Las temáticas a tratar por los ponentes y conferencistas serán: La literatura de campaña y su significación para la cultura cubana; Por los caminos de la novela histórica y su visión del proceso sociocultural cubano, Poesía e ideales patrios: los poetas de la guerra; Romanticismo y visión de la realidad cubana; Vinculación entre preocupación cívica y composición literaria: nuestros próceres; El exilio cubano en el siglo XIX y su reflejo en la literatura; La poesía y su papel en la formación de la cultura cubana; La oralidad cubana y su visión de las circunstancias político social; y El teatro vernáculo y su diálogo con la situación político social cubana. El Coloquio es convocado por el Consejo Provincial de Casas de Cultura y la Biblioteca 1868, con la finalidad de profundizar y valorar el papel de la literatura en la formación de la identidad nacional. Fuente: La Demajagua *** Organizan encuentro literario en Cajamarca Entre el 19 y el 20 de octubre se realizará en Cajamarca (Perú) el I Encuentro de Literatura Regional Cajamarca, un evento organizado por los estudiantes de la especialidad Comunicación VIII del Instituto Superior Pedagógico Público “13 de Julio de 1882” San Pablo, y que tendrá como escenario el auditorio del mencionado centro de estudios. Según sus organizadores, el proyecto nace de la necesidad de vincular la literatura desde los distintos aspectos culturales y pedagógicos e ir enlazando acercamientos y conocimientos entre los propios actores de la literatura de la región que trabajan la interculturalidad día a día. El objetivo de la actividad es recoger vivencias en un encuentro literario entre los diferentes actores educativos, para iniciar un punto de partida creando un espacio para la literatura donde sea posible presentar el modo de ver de los habitantes de la zona, y decir a través de la expresión literaria. En el encuentro se reunirá a 8 ponentes expertos en la literatura regional e interregional para que compartan sus experiencias literarias con los asistentes. Además se ha organizado una serie de talleres y los participantes podrán presentar sus ponencias sobre diversos temas. *** Celebran festival de danza contemporánea en universidades de Bogotá Entre el 23 y el 27 de octubre se realizará en Bogotá el X Festival Universitario de Danza Contemporánea (http://www.danzaenlau.com), un evento que en sus diez años de trabajo ha contribuido a incentivar desde la academia el crecimiento del gremio de la danza, y que se celebrará en los espacios y auditorios universitarios de la capital colombiana. Creado como una vitrina para que los estudiantes universitarios dieran a conocer sus propuestas en danza contemporánea desde el trabajo no formal, este festival se ha convertido en un gestor cultural y ha incentivado el reconocimiento del espectador frente a los límites del movimiento y el cuerpo. La reflexión sobre el cuerpo, la sensibilidad del individuo y el colectivo, la armonía y los recursos de improvisación en espacios no convencionales se darán cita en la actividad mediante la participación de agrupaciones artísticas de diversas universidades de Colombia y de seis universidades extranjeras. El festival se desarrollará en los espacios de las universidades Nacional de Colombia (http://www.unal.edu.co), Javeriana (http://www.javeriana.edu.co), Libre (http://www.unilibre.edu.co), Externado (http://www.uexternado.edu.co), de La Salle (http://www.lasalle.edu.co), Jorge Tadeo Lozano (http://www.utadeo.edu.co), del Rosario (http://www.urosario.edu.co) y de Los Andes (http://www.uniandes.edu.co). Para mayor información, comuníquese con Sheyla Yurivilca Aguilar por los teléfonos 2250675 y 2427030, ext. 1195, o a través del correo electrónico información@danzaenlau.com. Fuente: Organización del Festival *** Inge Feltrinelli recibirá el Reconocimiento al Mérito Editorial Como un homenaje a su incansable labor en el mundo editorial italiano, en el que ha publicado a los más relevantes autores extranjeros y ha permitido que los autores italianos lleguen a un público internacional, la editora Inge Feltrinelli recibirá el Reconocimiento al Mérito Editorial en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (http://www.fil.com.mx), que se desarrollará en la ciudad mexicana del 25 de noviembre al 3 de diciembre. Nacida en Alemania, Feltrinelli ejerció como periodista. En ese rol entrevistó a artistas como Hemingway, Picasso y Simone de Beauvoir para diversos diarios europeos. En los años sesenta se mudó a Milán, en donde se casó con Giangiacomo Feltrinelli, propietario de Giangiacomo Feltrinelli Editore, casa fundada en 1955. Ella tomó el cargo de presidenta en 1972, después de la muerte de Giangiacomo. Desde entonces ha desarrollado un trabajo de intensa colaboración con editores internacionales. Entre los escritores latinoamericanos que se encuentran en el cátalogo de Feltrinelli se cuentan Isabel Allende, Alfredo Bryce Echenique, Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Ángeles Mastretta, Juan Carlos Onetti, Laura Restrepo, Augusto Roa Bastos, Ernesto Sábato, Marcela Serrano, Mario Vargas Llosa, Manuel Vázquez Montalbán y Enrique Vila-Matas. Parte fundamental de la labor de Inge Feltrinelli fue la apertura de 95 librerías en ciudades italianas. Actualmente es presidenta honoraria de Librerie Feltrinelli, compañía que se fundó después de la separación de la casa editorial y la distribuidora, en 1998. Desde enero de 2005, tras el establecimiento del grupo financiero EFFE, institución responsable del control de las librerías y de la casa editorial, ocupa el cargo de vicepresidente. Es también miembro del consejo de la Fundación Giangiacomo Feltrinelli y del comité de la escuela para libreros Umberto e Elisabetta Mauri. Su compromiso con la promoción de libros ha sido reconocido en múltiples ocasiones. En 1986, recibió el Chévaliere de I’Ordre des Art et des Lettres de Francia y el Cavaliere dell’Ordine al mérito de Italia. Es doctora honoris causa por la Università degli Studi di Ferrara (1991, http://www.unife.it) y por la Università degli Studi di Milano (2004, http://www.unimi.it). Recibió el Bundesverdienstkreuz am Bande des Verdienstordens der de Alemania (1999) y fue premiada con el título de Commandeur dans L’Ordre des Artes et des Lettres (2002). El Reconocimiento al Mérito Editorial fue instituido en 1993 por la FIL Guadalajara, en honor al argentino Arnaldo Orfila Reynal —director del Fondo de Cultura Económica (http://www.fce.com.mx) y fundador de Siglo XXI Editores (http://sigloxxieditores.com.mx), en México— para destacar la visión y el oficio de esta figura en el mundo de los libros. El veredicto lo da un comité internacional integrado por Peter Weidhaas, director honorario de la Feria del Libro de Frankfurt; así como editores reconocidos en años anteriores: Morgan Entrekin (2005), Roberto Calasso (2004), Francisco Porrúa (2003), Jorge Herralde (2002); Antoine Gallimard (1999); Beatriz de Moura (1998); Kuki Miller y Daniel Divinsky (1996) y Neus Espresate (1994). Otros editores reconocidos con este homenaje han sido Alí Chumacero (2000), Jack McClelland (1996), Jesús de Polanco (1997); Joaquín Diez-Canedo (1994) y el propio Orfila, en 1993. Fuente: FIL ||||||||||||||||||||||| ARTÍCULOS Y REPORTAJES |||||||||||||||||||||| === Buscando las raíces de Kunta Kinte Roberto Bennett =============== Al aterrizar en el aeropuerto internacional de Yundum, uno sabe inmediatamente que se encuentra en el corazón del África Ecuatorial. No sólo por la lujuriosa vegetación y las penetrantes fragancias tropicales que envuelven al viajero al poner pie en tierra, sino también por los abundantes árboles cubiertos de miles de pajarillos multicolores. La pequeña torre de control carece de radar que funcione las 24 horas. Dos personas con gesto indiferente y aburrido observan el horizonte con prismáticos, para detectar la llegada de los escasos aviones que se posarán sobre el suelo de Gambia ese día. Esta pequeña república angloparlante de la costa atlántica africana, fronteriza con Senegal, ubicada entre el Ecuador y el Trópico de Cáncer, de apenas 500.000 habitantes, ex colonia del fenecido Imperio Británico, es una angosta nación de 320 kilómetros de largo por 32 de ancho. Bordea ambos márgenes del caudaloso río Gambia y se encuentra incrustada en medio del África francófona. Bella tierra llena de color y gente amable, simpática, hospitalaria y físicamente hermosa (tanto las mujeres como los hombres). No en vano es la cuna de los famosos mandingos, una tribu orgullosa y fuerte, que lamentablemente fue la preferida por los infames traficantes de esclavos y los propietarios de plantaciones de la América colonial. De allí quizá le viene a Gambia su fama internacional, triste por cierto pero curiosamente, uno de sus principales atractivos turísticos en el día de hoy. Un recorrido por la isla del Fuerte James y su fortaleza semiderruida (donde casi se pueden oír los quejidos fantasmales de miles de esclavos que aguardaban allí, vilmente encadenados, antes de emprender su penoso transporte a las colonias americanas), es una visita obligada. El motivo de este, mi primer viaje a Gambia, era para asesorar a su presidente sobre las posibilidades de explotar su riqueza ecológica y sus parques nacionales. Gambia no tiene una fauna salvaje de gran tamaño, como sucede con otros países vecinos, pero sí posee una floresta casi virgen y gente pacífica que se desvive por atender al visitante. Su economía se basa principalmente en la agricultura (cacahuetes) y en una abundante pesca oceánica. Sin embargo, en sus bosques viven más de 250 especies diferentes de aves. Y en su reserva natural de Abuke no sólo pueden verse cocodrilos, hipopótamos, monos, hienas, lagartos gigantes, antílopes, leones y algún gorila, sino que allí se instaló el primer Centro de Rehabilitación de Chimpancés que ha existido en el mundo, fundado por Edward Brewer en 1967. El trayecto desde el aeropuerto hasta la capital, denominada Banjul, es en sí toda una experiencia, ya que el ingeniero alemán que comenzó a construir la carretera (también levantó el pequeño aeródromo), tuvo una disputa con el gobierno gambiano y salió del país sin más, dejándola a medio hacer. Por lo tanto, de una autovía correctamente pavimentada se pasa súbitamente a un camino de tierra colorada, muy malo y bacheado. Algunos miembros del gobierno nacional me aseguraron que aquel alemán era representante de Odessa (la temida organización de ex nazis) para las Islas Canarias y el África Ecuatorial. Aparentemente, su verdadera función tenía que ver más con el contrabando de piedras preciosas y maderas nobles que con las obras públicas. Mito o realidad, lo cierto es que la ruta de entrada a Banjul deja mucho que desear. Mi primera entrevista con el señor presidente fue en su palacio presidencial. Una mansión blanca y señorial, con grandes columnas, construida en el mejor estilo colonial británico, pero amueblada como si estuviese ubicada en un frío condado del norte de Inglaterra y no en pleno trópico. Todos sus pasillos y salones están lujosamente alfombrados, y las ventanas cubiertas con pesados cortinajes, lo que produce una terrible sensación de agobiante calor. Además, aquel día el termómetro marcaba 38ºC a la sombra, con un 100% de humedad. Únicamente el señor presidente tenía aire acondicionado en su despacho. Las demás salas y habitaciones eran un horno húmedo e insoportable. Repletas de soldados armados hasta los dientes, que pululaban desconfiando de todo el mundo, protegiendo al presidente contra posibles golpes de estado palaciegos. Por orden presidencial, el director general de Turismo fue mi guía y eficaz acompañante durante los días que visité aquel encantador país. En un Mercedes Benz negro (obsequio de la embajada alemana al gobierno de Gambia), recorrimos prácticamente todos los caminos de la selva y nos metimos en los peores zanjones y barrizales. Confieso que a menudo daba pena el estado en que quedaba al final del día aquel otrora lujoso vehículo, ahora convertido en un vulgar todoterreno. Pero tal vez la excursión más interesante (aparte de las visitas a las reservas de animales) haya sido a bordo de la pequeña motonave “Paunic”, cuando nos internamos río arriba por el majestuoso Gambia, rumbo a los poblados más lejanos y la mítica aldea de Juffure. Donde nació Kunta Kinte, iniciador de la saga familiar relatada por el escritor norteamericano Alex Hailey en su célebre novela y posterior serie televisiva Raíces. Quizá el viaje no fuese tan emocionante como algunos paseos que realizamos en piraguas talladas de los troncos de grandes árboles. Surcando pantanos y manglares infestados de cocodrilos, pero la extraña sensación de estar internándonos 300 años en la historia y el corazón del continente africano, resultó sumamente apasionante. Desembarcamos en el antiguo puerto de Albreda, muy conocido en los días de la esclavitud, porque si un esclavo lograba escapar y se sujetaba al mástil de la bandera que ondeaba en la plaza central, recuperaba su libertad. O al menos eso dice la leyenda... Caminando durante un cuarto de hora por un sendero de cabras, entre pastos altos, bajo un inclemente sol y con escasa sombra, llegamos por fin a Juffure. Una pequeña aldea que hoy recibe con asombro a muchos ruidosos turistas norteamericanos. Éstos, con sus altisonantes exclamaciones y obsesiones fotográficas, estropean el ambiente somnoliento de ese sencillo poblado, del cual salió un día el joven Kunta Kinte para no volver jamás. Allí permanece su choza, aún habitada por miembros de su familia, muy cerca de la humilde mezquita. En Juffure nos recibió el jefe del poblado y nos presentó (de lejos, eso sí), a sus numerosas esposas. Todas ataviadas con largos vestidos estampados de colores brillantes. Unas molían granos, otras acarreaban agua y alguna cuidaba de los niños, mientras el jefe charlaba con nosotros. Más tarde, mi guía explicó que el trato había sido tan amigable porque habíamos llegado sin previo aviso, lo cual eximía al jefe de la obligación de tener que ofrecernos algo más que agua, según marca una ancestral costumbre de su tribu. Permanecimos en Juffure todo el día, difrutando de la compañía y hospitalidad de aquella gente risueña y encantadora. Imaginándonos el terrible desgarro que debe haber significado para sus ancestros caer en las infames redes de los despiadados traficantes de esclavos. Casi al atardecer, cuando nos aprestábamos a partir, luego de efusivos apretones de mano y repetidas palmadas en la espalda, desde un cielo encapotado y renegrido se desencadenó una fenomenal tormenta tropical. Un espectáculo único de rayos, truenos y relámpagos. Seguido por lluvia torrencial que dejó todo el entorno con un dulce y agradable olor a hierba húmeda, a tierra mojada... Sabor a selva vírgen, original, impoluta, auténtica, cautivante, milenaria... Lo que algunos viajeros llaman “el excitante llamado de África”, porque dicen que quienes lo experimentan una vez, no podrán negarse a su siguiente convocatoria. A raíz de ese, mi primer e impactante encuentro africano, una mitad de mi corazón quedó cautivo entre la selva, su gente y aquel inmenso río. Y la otra mitad lucha día a día por un pronto retorno allí. ** Roberto Bennett rbennettuy@yahoo.es Escritor uruguayo (Montevideo, 1948). Estudió comunicación de masas y marketing en la Universidad de California (1970-73). Trabajó en periódicos, radio y televisión en EUA. En 1973 gana una beca a un seminario de comunicaciones internacionales en Yugoslavia y posteriormente se establece en Palma de Mallorca. Allí publica su libro de cuentos Lo que arrastra el río y otras historias (Soler, 1986). Luego publica dos libros sobre mamíferos marinos: Delfines y ballenas, los reyes del mar (1989), en coautoría con el doctor David C. Taylor, y Animales marinos (1990), ambos traducidos al inglés y al italiano. Se establece en Chicago, participando del 1r. Encuentro de Escritores Latinoamericanos celebrado en esa ciudad, publicando cuentos en periódicos y revistas en castellano de EUA. En 1994 publica en Uruguay su segundo libro de cuentos El último verano (Editorial Graffiti). En 1996 se establece en Madrid y continúa colaborando con periódicos y revistas de España y América. A partir del año 2000, luego de 30 años de viajes por el mundo, vuelve a residir en Montevideo, donde escribe su primera novela. En 2003 se incluyen dos cuentos suyos en la antología Mundo poético, tomo I de poesía y narrativa (Editorial Nuevo Ser, Buenos Aires). === Las estrellas brillan sobre Toledo ==================================== === Ciencia y filosofía en al-Andalus Carlos Montuenga =============== No me canso de contemplar esta ciudad, que se eleva con gallardía sobre ásperas peñas ceñidas por el abrazo del Tajo. Me gusta sentarme entre las jaras de la orilla, junto al puente de San Martín, sentir el temblor de la brisa entre las ramas, recorrer con la mirada sus murallas, tras las que se vislumbran las bellas formas góticas de San Juan de los Reyes, circundadas por jardines, torres almenadas y campanarios mudéjares. Las aguas impetuosas del Tajo, en su viaje hacia poniente, rodean la ciudad por este lado formando un profundo foso, que fue decisiva defensa natural para sus antiguos moradores. Entorno los ojos; el rumor sordo del río sobre el lecho rocoso y el sonido lejano de alguna campana, que araña el cristal puro del aire en esta tarde fría de otoño, se mezclan con el bullicio de los pájaros en la arboleda de las orillas. Parece como si todos nuestros afanes e inquietudes quedaran en suspenso, mientras la niebla de la llanura asciende por las murallas alcanzando las almenas; una atmósfera incierta, en la que los contornos se diluyen, lo va envolviendo todo. Hay veces en que, al morir la tarde, los últimos rayos del sol flamean sobre las torres más altas y envuelven en resplandores dorados el caserío terroso de la ciudad, como si, por obra de algún antiguo hechizo, el polvo de los siglos se transmutara en oro. Entonces, los ojos de la imaginación nos pueden mostrar cosas que casi siempre permanecen ocultas: tal vez palacios resplandecientes de los visigodos elevándose sobre la bruma, o quizá alcázares árabes rodeados por jardines y altos minaretes, como los que hace siglos se encumbraban sobre estas rocas, cuando Toledo era una de las perlas más admiradas de la España musulmana. A medida que nos confiamos a la fantasía, las barreras del tiempo se van desvaneciendo, al igual que los arcos del puente de San Martín, apenas visibles ya entre las veladuras de la niebla. Sólo hay que atreverse a dar el primer paso, y tal vez... He atravesado el puente, y al alcanzar la otra orilla e iniciar la subida por las cuestas pobladas de maleza que conducen a las murallas, empiezan a insinuarse las siluetas borrosas de una multitud que se apresura a regresar a la ciudad al finalizar el día, llevando animales, pequeños carromatos tirados por asnos y enseres de labor. Distingo a mujeres, niños, hombres de todas las edades, cubiertos con burdas túnicas de campesino y mostrando la piel curtida por los rigores del trabajo a la intemperie en los viñedos próximos. Al verme, algunas mujeres se ocultan el rostro tras sus velos y me observan con curiosidad. Corre el último cuarto del siglo XI; reina en Toledo al-Mamun, soberano musulmán que ha reunido en su corte un verdadero ejército de hombres de ciencia. Cruzo la muralla y paso bajo un arco con grandes sillares de piedra oscurecidos por el humo de las hogueras, sobre el que ondean estandartes de vivos colores. Apenas puedo moverme entre el gentío, los pies se me hunden en el piso embarrado, donde la paja se mezcla con los excrementos de los animales, y por poco no me doy de bruces con varios hombres armados que no reparan en mí, atentos nada más que a las órdenes de un oficial responsable de controlar el acceso a la ciudad; es un individuo alto, de gesto altivo, cubierto por una cota de cuero reforzada con pequeños discos metálicos, que porta al cinto una espada curva con empuñadura de marfil. La calle serpentea entre edificios de ladrillo, torrecillas abovedadas, paredes blancas con ventanucos cubiertos por celosías, de los que sale olor a frituras. Más adelante, desemboca en una plaza con numerosos tenderetes, algunos cerrados ya a esta hora de la tarde, donde los comerciantes se afanan en recoger todo tipo de mercancías; se amontonan allí cántaros de vino, tinajas de aceite, carnes en salazón, frascos con hierbas medicinales al lado de cestos con frutas. Paso junto a talleres de curtidores, sastres, zapateros y herreros. Continúo ascendiendo por un laberinto de callejas en dirección a la parte más alta de la ciudad. Al pasar frente a un zaguán, entreveo un pequeño patio cubierto de enredadera, y en su centro, un pozo de brocal labrado en el que se apoya una muchacha de larguísima melena negra. Un poco más arriba, varios hombres con turbantes blancos conversan junto a la puerta de una casa. De un callejón cercano sale corriendo un grupo de niños con grandes racimos de uvas, perseguidos por una anciana enfurecida que dobla la esquina amenazándolos con una vara. Ha anochecido hace rato y no queda ni rastro de la niebla. Reparo con sorpresa en la tibieza del aire, impregnado con las fragancias de un jardín, al borde mismo de las murallas, donde se oye el murmullo de un surtidor sobre el rumor lejano del Tajo en el fondo del barranco. En la parte más alta de la ciudad, se recorta contra la negrura de la noche el alcázar del rey al-Mamun iluminado por la luz oscilante de las antorchas, y próximo a él, la llamada Casa de la Sabiduría, un centro que alberga a una multitud de estudiosos al servicio del monarca. En alguno de los torreones del palacio está el famoso observatorio, desde el que los astrónomos escudriñan el cielo estrellado en las noches serenas. Tal vez, en este momento, se encuentre allí mismo al-Zarqalí, sabio eminente bajo cuya dirección se completaron hace años unas tablas en las que se recogen las posiciones y movimientos de los astros; dicen que su visión del sistema planetario supera en audacia a todas las que se han concebido hasta ahora, y ha sido el primer astrónomo de la historia capaz de imaginar el giro de los planetas menores en torno al sol. Varios siglos atrás, los astrónomos árabes ya habían iniciado, a partir de los tratados babilónicos, cálculos muy complejos de los movimientos celestes, permitiendo el desarrollo de una astronomía matemática que culminó en la primera y más importante crítica al sistema geocéntrico de Tolomeo. Con el paso del tiempo, esta aportación de la ciencia islámica jugará un papel decisivo en la revolución copernicana. Pero la corte de al-Mamun no sólo debe su fama a los astrónomos; en Toledo viven también otros sabios entregados a estudios de alquimia o a la preparación de remedios eficaces para aliviar múltiples dolencias. Tal es el caso de Ben Uafid, un insigne naturalista que dirigió la plantación de un jardín botánico junto al Tajo y ha escrito un tratado sobre plantas y medicamentos conocido en todo al-Andalus. Levanto la vista hacia el cielo nocturno, resplandeciente sobre los tejados de Toledo con el fulgor lejano de las estrellas. Al elevarse sobre el Palacio Real, el rostro impúdico de la luna sumerge calles y plazas en una luz fría de plata derretida. Me pregunto si bastaría con la fuerza de los sueños para viajar en sus rayos más allá de los confines del firmamento, rumbo a la inmensidad misteriosa en la que brillan Aldebarán, Rigel, Alhabor, Alhurab... Puedo sentir la fascinación que ejerce la noche sobre los pueblos originarios del desierto. Los nómadas ven surgir ante sí la bóveda estrellada cuando el sol abrasador se oculta cada tarde tras el horizonte, y en medio del silencio que envuelve las dunas, el espíritu se dilata sin esfuerzo en la contemplación del infinito. Los astros no sólo se mencionan con frecuencia en el Corán, sino que permiten a los creyentes orientarse hacia la Meca en sus rezos diarios. Para la mentalidad del mundo árabe, el objetivo último de la ciencia no puede ser otro que la salvación del hombre, la de su alma pero también la de su cuerpo; tal vez por eso, grandes filósofos como el persa Avicena, han sido profundos conocedores de las cuestiones teológicas, al tiempo que excelentes médicos. En Toledo, como en otros centros del saber de al-Andalus, ciencia y filosofía han alcanzado tal pujanza en estos últimos años del siglo XI, que la España musulmana se convierte en un verdadero faro para Occidente. Tras un largo período de postración intelectual, la Europa cristiana empieza a recuperar su pulso al entrar en contacto con la realidad cultural y científica del Islam. Los vastos conocimientos en teología, filosofía, medicina, astronomía o ingeniería que atesoran los musulmanes andalusíes, se difunden entre los estudiosos latinos, ávidos de descubrir nuevos campos del saber. Los manuscritos de los grandes pensadores clásicos, como Aristóteles y Tolomeo, que los árabes habían traducido del griego e incorporado a su acervo cultural en épocas pasadas, se vierten ahora del árabe al latín; se propicia así el redescubrimiento de los autores griegos en el mundo cristiano, iniciándose una recuperación cultural y científica que culminará en el Renacimiento. El aire se ha llenado con sones de flautas y laúdes que, desde algún lugar cercano, se ondulan con languidez en la quietud de la noche. Camino, atraído por la música, hasta llegar a una plaza donde aparece una villa de aire señorial rodeada por jardines. Tras altas tapias cubiertas por enredaderas en flor se eleva, entre el perfil oscuro de los cipreses, una esbelta torre coronada por bovedillas blancas, y al lado hay un portalón entreabierto a un patio rodeado por columnas en las que arden lámparas con aceites aromáticos. Veo allí a numerosos personajes de aspecto ilustre que pasean entre los surtidores del patio rodeados de macetas con flores, mientras los músicos arrancan las más dulces notas a sus instrumentos y los criados se afanan llevando de un lado a otro grandes bandejas colmadas de manjares. Es una más de las frecuentes veladas que animan la vida nocturna de Toledo con el encuentro de renombrados poetas y filósofos. La ciudad se recrea en su propio esplendor y tal vez sus moradores hayan llegado a creer que ninguna amenaza puede poner fin a este período venturoso. Mientras tanto, la situación política que se vive en la península es cada vez más favorable a la expansión de los reinos del norte, y en el año 1085 estas mismas calles se estremecerán con la entrada victoriosa de Alfonso VI. Pero lejos de terminar con la supremacía de la ciudad como promotora del desarrollo científico y filosófico, la llegada del monarca cristiano, que aspira a convertirse en un protector de las distintas culturas que conviven en Toledo, va a encumbrarla todavía más. Así, durante los dos siglos siguientes, terminará por convertirse en uno de los centros del pensamiento más destacados en el mundo occidental. Atraídos por la Escuela de Traductores, que funda el obispo Raimundo en el año 1130, llegarán aquí sabios procedentes de todos los rincones de Europa, como Gerardo de Cremona, traductor de un número ingente de tratados sobre matemáticas, medicina y astronomía, entre los que destaca el Almagesto de Tolomeo, una obra capital de la astronomía alejandrina codiciada durante largo tiempo por los eruditos cristianos. Ya en el siglo XIII, los colaboradores de Alfonso X confeccionarán, a partir de los textos de al-Zarqalí, las Tablas Alfonsíes, que van a ser las más utilizadas hasta el Renacimiento. En ese mismo siglo, las traducciones de las obras de Averroes realizadas en Toledo, permitirán que el pensamiento del eminente filósofo y médico cordobés, quien propone por vez primera la supremacía de la razón sobre la fe, se difunda por las universidades europeas, coincidiendo con el despertar de la escolástica. El canto de un gallo en la lejanía saluda las primeras luces del alba. Pronto va a empezar a clarear sobre la vega del Tajo y la voz poderosa de los muecines no tardará en dejarse oír por todas partes, llamando a la oración. La ciudad irá recuperando poco a poco el trajín cotidiano, mientras los comerciantes se preparan para exponer sus mercancías en los puestos del zoco. Las calles se van a llenar una vez más de artesanos, mujeres con cántaros de agua, menestrales que acuden a desempeñar sus funciones, aventureros, sanadores y mendigos. La guardia de la ciudad volverá a hacer subir las pesadas rejas que cierran el paso en las puertas de las murallas y se iniciará el trasiego de gentes en todas direcciones; labriegos que acuden a cuidar los campos, patrullas de soldados, viajeros en ruta hacia tierras lejanas. Los contornos del puente se insinúan de nuevo entre la bruma que asciende del río. Es tiempo de volver a cruzarlo... ** Carlos Montuenga cmrbarreira@hotmail.com Escritor español (Madrid, 1947). Doctor en ciencias. Colabora con artículos y relatos en publicaciones de comunicación social, tales como ETC Magazine (Buenos Aires) en espacios literarios como Vorem, Margen Cero, Ariadna (Asociación de Revistas Electrónicas de España), Revista Amalgama, Revista Voces y en portales de la red dedicados a la difusión de la filosofía y el humanismo como La Caverna de Platón y Liceus. === Luisa Futoransky: la eterna lucha Carlos Barbarito =============== Luisa Futoransky nació en Buenos Aires en 1939. Entre 1965 y 1968 estudió poesía anglosajona con Jorge Luis Borges en la Facultad de Letras de la Universidad de Buenos Aires, al tiempo que recibía su título de abogado de la misma universidad. Años antes había realizado estudios musicales en el Conservatorio Municipal (Buenos Aires) bajo la dirección de Cátulo Castillo (1953-1961). En 1970 comenzó su travesía por el mundo que la llevó becada a la Universidad de Iowa, EUA, primero, y a Roma, Italia, después, donde realizó estudios de poesía contemporánea en la Universidad de Roma y en la Accademia Chighiana-Siena. En 1981 se radicó en Francia, en donde desde 1989 ocupa el cargo de conferenciante en el Centro Pompidou, y desde 1995 es redactora de la agencia de noticias France Presse. Los trabajos de Luisa Futoransky merecieron varios premios y distinciones, entre los que se cuentan tres premios de poesía del Fondo Nacional de las Artes, Chevalier des Arts et Lettres (Francia, 1990) y diversos premios en España, Argentina y Francia. En 1991 recibió la Beca Guggenheim (EUA) y en 1993 la del Centre National des Lettres (Francia). Ha colaborado recientemente en diversos medios literarios y periodísticos (Ars, L’Ane, Página/30, Página/12, Clarín, El Correo de la Unesco, World Fiction, Hispamérica, Basel Zeitung, entre otros), y ha realizado también trabajos para Radio France, el Ministerio de Cultura Francés y Radio Euzkadi (España), de la cual es corresponsal desde 1986. Vive actualmente en París, en donde, cuando la niebla y el frío lo permiten, va a trabajar en bicicleta. Retrocedo en el tiempo hasta mi adolescencia. Organizábamos un concierto de un grupo de rock, en mi ciudad natal, Pergamino. En una revista de prensa subterránea, una de las tantas que pululaban por entonces, encontré un poema de Luisa Futoransky del que apenas recuerdo un verso: ...uníos a esta misa. De inmediato se lo mostré a los integrantes del grupo quienes decidieron ponerle música. Fue en el ya desaparecido Cine San Martín, semanas más tarde, cuando esa canción surgida de modo imprevisto tuvo su estreno y única interpretación. Yo no sabía entonces quién era Luisa Futoransky, lo supe bastante después. De todos modos, desde aquel momento hasta hoy no dejé de leer sus textos y de interesarme por su actividad tanto poética como periodística. Luego supe que Luisa vive en París desde 1981, al cabo de una década de travesías por el mundo que la llevaron a Iowa y a Roma, que desde 1989 ocupa el cargo de conferenciante en el Centro Pompidou, que desde 1995 es redactora en la Agencia France Presse. Leo en una biografía suya: ...cuando la niebla y el frío lo permiten, va a trabajar en bicicleta. Lo que no imaginé es que, décadas después de aquel primer poema encontrado por azar, me encargarían una breve presentación de unos textos de Luisa. No pretendo calcular la cantidad de mecanismos que debieron ponerse en marcha y en contacto para ello, sólo quiero celebrar el hecho. El pescador sabe devolver al agua / las palabras que no sirven. Aquí, lo primero que atrae mi atención. Tal vez porque, desde siempre, el agua constituye una de mis obsesiones y, también, porque la ardua elección entre una palabra y otra es tarea continua de todo poeta y, obviamente, no soy una excepción. Claro, no hay palabra que no sirva pero hay palabras que nos atraen y otras que nos producen rechazo, palabras que nos alegran y otras que nos entristecen, palabras que nos alimentan y otras que nos hieren. Hay palabras que desde que tenemos memoria nos alumbran y otras que nos empujan hacia la sombra. A veces tenemos una explicación para ello, a veces no. Pienso en la división entre bestias puras e impuras del Antiguo Testamento, así las palabras: el poeta-pescador eliminando de las hinchadas redes lo que no lo alegra, alimenta y sostiene. Es mucho más lo que se devuelve al mar que lo que se conserva en el bote. Unas pocas palabras-peces quedan sobre la madera del fondo luego de una prolongada y fatigosa pesca entre olas inmensas y a menudo con el viento en contra. No sólo pescador el poeta, también jardinero. Las plantas como las palabras crecen de forma inesperada —escribe Luisa. La labor es modelarlas conforme su naturaleza, nos dice, pero sin olvidar el azar. Ciencia y magia, de un extremo al otro del oscilar del péndulo está comprendido el quehacer del poeta, del jardinero. Porque si todo estuviese calculado, medido y pesado, no habría lugar para el asombro. Cuidar, regar, hacer acodos, cortar lo que está de más o se secó, sí, pero, también, dejar que el aire, el rocío, la lluvia, la luz del sol hagan lo suyo. La poesía como bella planta surgida de la razón y del prodigio, de la vigilia y del sueño, surgida de la tierra y que crece con paciencia. Si con paciencia crecen calas y malvones, también con paciencia se hacen los poemas, el resto —me parece que así piensa Luisa— es vanidad. Finalmente, como última confesión, lo que siente Luisa frente a la eterna lucha de los poetas. O, mejor, de toda aquella persona que sueña. Con una ristra de ajíes en el muro se puede atravesar el invierno. Hacer como que no existen los estragos del dinero, las arrugas ni la fatiga de vivir. Pero: Tarde o temprano los ángeles llegarán cargados de advertencias. O promesas. Con sus cuentas de diezmos a pagar. Es que, tiene razón Luisa, para una cosa están los hombres que sueñan, entre ellos los poetas, y para otra muy diferente, están los ángeles. Los ángeles no sueñan ni escriben poesía, hacen que órdenes ajenas se cumplan y nada más. Para ellos la ruta es siempre la misma, la cumplen sin chistar. Para nosotros, dice Eliot, es el intento; el siempre cambiante, interminable viaje hacia el mar. ** Carlos Barbarito barbarito694@hotmail.com Escritor argentino (Pergamino, 1955). Ha publicado diversos libros, como Teatro de lirios (1985), Caballos y otros poemas (1990), Bestiario de amor (1992), Desnuda materia (1999) y Puntos de fuga (2002), así como otros títulos en ediciones artesanales y en colectivas. En Internet textos suyos pueden leerse en su página web, http://d-sites.net/barbarito, así como en los sitios Brindin.com, Etcétera (Brasil) y Caminos de Pakistán (España). Ha obtenido, entre otros, el Premio Fundación Alejandro González Gattone, el Premio Fundación Argentina para la Poesía, el Premio Raúl Gustavo Aguirre de la Sociedad Argentina de Escritores y el 3r Premio Enrique Pezzoni del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Integra el Consejo Editor de la revista Matérika de San José de Costa Rica y el staff de Los Noveles. |||||||||||||||||||||||||||| ENTREVISTAS |||||||||||||||||||||||||||| === Teatro del Pueblo: escuela y semilla actoral ========================== === Los albores del teatro independiente uruguayo ========================= === Aldo Roque Difilippo ================================================== El 2 de septiembre de 1949 se fundaba en Montevideo el Instituto Teatral “El Galpón”. El de mayor jerarquía y continuidad en el país. Su primer local fue inaugurado el 4 de diciembre de 1951 en la esquina de Mercedes y Roxlo. “Tuvo durante décadas”, apunta el investigador Roger Mirza, “la más importante escuela de actores junto con la municipal, una escuela de títeres, un seminario de dramaturgia y un director de la talla de Américo Celestino (Atahualpa) del Cioppo, verdadero patriarca del teatro latinoamericano, cuyo magisterio se extendió a diferentes países de América”. En más de cinco décadas de vida El Galpón ha atravesado diferentes etapas de donde surgió toda una escuela de directores y actores como Ugo Ulive, Blas Braidot, Villanueva Cosse, Ruben Yáñez, Juver Salcedo, César Campodónico y Jorge Curi, entre otros. Ubicado dentro de los grupos o compañías independientes, El Galpón ha desarrollado una vastísima obra que en gran medida han definido toda una generación de actores, directores, dramaturgos y técnicos; labor reconocida tanto dentro como fuera de fronteras. Pero en sus inicios fue simplemente un modesto galpón de una empresa de demoliciones que albergó a un grupo de soñadores que pretendían hacer teatro, siguiendo en cierta medida, el camino marcado por el ahora poco recordado Teatro del Pueblo que desde 1937 venía marcando el camino. La prehistoria En lo que podría catalogarse la prehistoria del teatro uruguayo, el Teatro del Pueblo fue el “más antiguo de los grupos independientes, que contó con sala propia aunque pequeña (para unos setenta espectadores)”, expresa Roger Mirza en Historia de la literatura uruguaya contemporánea (1997). “En su larga trayectoria fue uno de los grupos que más contribuyó a la consolidación del Teatro Independiente y al apoyo del autor nacional estrenando numerosas obras uruguayas”, de Andrés Castillo, Carlos Maggi y Luis Novas Terra, entre las más importantes. Inspirado en la obra de Romain Rolland, Teatro del Pueblo nació en ambas márgenes del Río de la Plata, primero en Montevideo, en 1937, y años después en Buenos Aires conducido por Leonidas Barletta. La iniciativa montevideana partió de un grupo de intelectuales y jóvenes entusiastas conducidos por Manuel Domínguez Santamaría, aunque en principio “surge como pura idea, sin sala, sin peculio, ¡sin actores!”, apunta Américo Mibelli en el libro Las dependencias del Teatro Independiente (1960), escrito en coautoría con Wilson Armas. Posteriormente, en 1938 se realiza el 2º manifiesto de Teatro del Pueblo, y de allí en adelante, las obras comienzan a representarse en diferentes salas obtenidas a préstamo, o sencillamente al aire libre. “Es interesante destacar, dentro de un contexto histórico cultural montevideano, que Teatro del Pueblo nació como una necesidad”, expresa Wilson Armas, “debido a la chatura de lo que era el teatro como manifestación cultural del Uruguay”, fundamentalmente compañías argentinas y españolas que representaban comedias “de muy baja calidad. Eran compañías eminentemente profesionales de carácter comercial”. Radicado actualmente en Mercedes, Wilson Armas rememoró esos años iniciales definiéndolos como “de una inquietud de carácter social, estético y ético, que son los tres puntales donde se asienta la filosofía del Teatro del Pueblo. Una de las cláusulas fundamentales del programa es cultificar al hombre que va a hacer teatro, y por medio de su cultificación trasmita su mensaje al público. De tal manera, que había un rechazo de plano a todo lo que fuera profesional. Porque en aquel entonces ser profesional no tenía el mismo sentido que tiene ahora. Significaba tener las primeras figuras, donde se formaba una especie de compañía que de acuerdo al papel y a la importancia era lo que ganaban. Algo contrario a lo que al Uruguay le hacía falta. Porque no te olvides —agrega Armas—, que en Uruguay estábamos dominados por las ideas fascistas. La guerra española estaba en pleno auge. Federico García Lorca fue asesinado en 1936, y Teatro del Pueblo se funda como respuesta cultural. Inmediatamente toma contacto con Aiape, un gran movimiento cultural de plástico y escritores que estaba compuesto por Paco Espínola, Podesta, Montiel Ballesteros, Ortíz Saralegui y una cantidad de gente importante”. Esta especie de compañía itinerante recorrió los barrios montevideanos y algunas capitales departamentales, representando obras de teatro, junto a conferencias donde participaron Serafín J. García, Juan José Morosoli, Justino Zabala Muniz (futuro fundador de la Comedia Nacional), Emir Rodríguez Monegal y Joaquín Torres García, entre otros. “Una de las cosas que yo decía cuando escribimos el libro con Mibelli, es haber hecho del teatro una especie de aula, que a través de los años vimos que fue un gran error. Porque ahí ingresaba cualquier tipo de gente, y entonces se empezó a enseñar al actor desde el ABC, desde escribir. Se le enseñaba a leer, respiración, política, cultura”, a personas que llegaban, a veces, carentes de toda preparación previa. Pero este “error” de convertir al teatro en “una especie de aula” sirvió para hacer sus primeros pasos a individuos que posteriormente han marcado el panorama cultural uruguayo. A modo de ejemplo, en la primera década de Teatro del Pueblo participaron como alumnos o actores Juan C. Carrasco, Olimpo Salzano, Roberto Barry, Alfredo Gravina, Rubén Yáñez, Nelly Goitiño, Juan Gentile, Juan M. Tenutta, Poema y Numen Vilariño, entre otros de una extensa lista. En 1942, en el quinto aniversario de Teatro del Pueblo, la prensa montevideana daba cuenta de los progresos de este emprendimiento, reseñando lo hecho hasta ese momento catalogándolo como la “primera escuela dramática del país, y cuyos méritos se acreditan a través de largos años de fructífera labor”. Buscándose, según el cronista, en “una más honda y amplia capacidad y perfección. (...) Teatro del Pueblo fue una verdadera escuela pública. Se dictaron, y se dictan, clases de lenguaje, educación de la voz, música, mímica, caracterización, maquillaje. Todo, de acuerdo con la norma establecida en el mismo Reglamento de las Clases de Teatro del Pueblo del Uruguay: Por el Alumno, para el alumno, bajo la orientación del profesor. Y podemos afirmar, también, que cada ensayo es una clase pública de teatro. En cada ensayo, y partiendo de la materia viva que es la obra que se ensaya, el alumno-actor, y quienes los presencian, recogen nuevas y ricas enseñanzas. Se ahonda así, día a día, su capacidad para trasmitir la emoción vitalizadora del arte”. A lo gitano “Se trató, fundamentalmente, de tocar aquellas obras de carácter social, pero del repertorio universal”, comenta Armas. Primero en el Chofer Club, después en el Centro de Protección de Choferes, Casa de Galicia, “de ahí a donde está el Teatro Circular, donde formamos nuestro propio teatro”. Donde la idea de hacer un teatro comprometido con la sociedad nacional comienza a tomar consistencia, ya que los actores contaban con 3 años de experiencia “y se nos empezó a mirar con cierto respeto, porque la sociedad montevideana no estaba acostumbrada a un teatro de esta naturaleza, ajeno totalmente al sentido del lucro. Había una concepción más bien idealista, y no pensamos nosotros, en aquel entonces, que el actor tiene necesidades para formarse, cultivarse. Tiene necesidad de vivir del teatro y para eso tiene que profesionalizarse. Sucede que a través del tiempo, la profesionalización se desvirtuó y ahora no se hace teatro sino se hace comercio. Nosotros anduvimos prácticamente mendigando. Al punto que en 1943 el ministro de Cultura Ciro Giambruno nos prometió, por primera vez en la historia del teatro uruguayo, cierta subvención del Estado, que nunca obtuvimos, y al final logramos que irnos de ese local. Así que siempre estuvimos a lo gitano”. El Galpón A instancias de Flor de María Bonino se obtiene un galpón en desuso, donde por poco tiempo Teatro del Pueblo tuvo su sede física y teatro propio. “Flor de María Bonino que era sobrina de unos señores de una empresa que se dedicaba a la demolición de obras, la empresa Zunino y Bonino, entonces le solicitó un local, y le dieron uno donde guardaban herramientas, en Mercedes y Carlos Roxlo, y ahí fue la fundación de El Galpón”. Pero este idilio duró poco. Tras algunas disputas internas Teatro del Pueblo queda nuevamente en la calle, dividiéndose el elenco. Esta división se centró en una disputa promovida por un grupo, que en su momento fueron catalogados como “elementos trasnochados de ambición de poder”, que veían en la figura de Domínguez Santamaría a un adversario, más por sus propias limitaciones intelectuales y afán de protagonismo, que por la mala conducción o procedimiento del director. Esta pequeña facción promovió una serie de asamblea en medio de un clima enrarecido, con el casi único argumento de acusar a Domínguez Santamaría de utilizar “medios de seducción amorosa” hacia algunas actrices, que por otra parte fueron las últimas en enterarse del hecho. Solicitaban la renuncia de Domínguez Santamaría por ese presunto “acoso sexual” que a estas alturas resulta pueril, y sin dudas falto de fundamentos, pero que sirvió para enrarecer el ambiente de esas asambleas a la cual, según diversos testimonios, algunos de los denunciantes concurrieron armados de palos y huesos, provocando el desorden. La situación se zanjó mediante un trámite burocrático, por el cual Domínguez Santamaría adquirió las llaves del local para poder seguir funcionando allí, pero cuando fueron a hacerse cargo comprobaron que a quienes se la habían adquirido las habían cambiado, por lo que Teatro del Pueblo no pudo ingresar, quedando con su gente y su independencia en la calle. “De ahí El Galpón siguió con su gente”, agrega Wilson Armas, “y con Domínguez Santamaría nos hicimos una sala en la calle Yaguarón entre Soriano y Canelones que fue el primer teatro, nuestro propiamente, y que se nos quemó, por un descuido del pintor Manolo Lima. Resulta que Rubén Yáñez que era el escenógrafo y electricista, ponía de noche unas lámparas de 1.000 wats para cargar baterías, y no se tuvo cuidado. Manolo Lima dormía ahí, abajo del escenario. No se tuvo cuidado, y se prendieron fuego unos papeles de celofán. A las 9 de la mañana hubo una explosión, y en menos de 20 minutos voló la sala y todo”. Teatro del Pueblo estaba nuevamente en la calle, hasta que consiguió instalarse en el Teatro Victoria. El despertar En 1950 la Intendencia montevideana crea su departamento cultural dirigido por Alfredo “Moreno” Benedito. “Entonces se nos dio la oportunidad de hacer teatro en los diferentes barrios de Montevideo”, agrega Armas. “La intendencia prestaba la locomoción y nosotros hacíamos teatro en forma gratuita. No se ganaba un peso, y por eso es que siempre teníamos que andar poniendo plata, esa fue siempre nuestra vida”. Pese a ello “Teatro del Pueblo fue un despertar de carácter cultural. Nosotros hicimos obras de carácter, como El alcalde de Zalamea y Crimen en la Catedral cuando recién estaba por nacer la Comedia Nacional. Teatro del Pueblo sembró la semilla, y por algo es que a partir de 1950 crece una cantidad de teatros que son los verdaderos continuadores de nuestra obra. Lo que quiero destacar es que son muy pocos los historiadores del Teatro Independiente uruguayo que toman en serio la formación del Teatro del Pueblo. No le dan la importancia que realmente debe dársele, porque fue el nacimiento de una generación, y el despertar de un aspecto de la cultura uruguaya, que se forma, gracias a esta cantidad de gente que colaboró en la formación de la conciencia del teatro como elemento de la expansión cultural”. ** Aldo Roque Difilippo aldodifilippo@adinet.com.uy Periodista y escritor uruguayo (Mercedes, 1966). Ha publicado el libro de cuentos Verdades a medias (dos tomos, coautor con Wilson Armas) y una serie de investigaciones literarias e históricas en el suplemento Lecturas de los Domingos del diario La República, y en la revista Posdata (Montevideo). Desde 1991 trabaja como corresponsal en Soriano para el diario La República de Montevideo. ||||||||||||||||||||||||||| SALA DE ENSAYO |||||||||||||||||||||||||| === Visiones decimonónicas de América: Martí y Sarmiento ================== === Juan Carlos Hernández Cuevas ========================================== A don Ignacio Soldevila Durante El escritor cubano José Julián Martí Pérez (1853-1895) escribió en la ciudad de Nueva York, entre 1881 y 1895, crónicas que exponen y examinan los efectos finiseculares de la política estatal en contra de las minorías étnicas en los Estados Unidos de América e Hispanoamérica, particularmente en Argentina, país dominado por el capital inglés, y cuya base ideológica se encuentra en el proyecto de nación contenido en Facundo: civilización y barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga (1845), del argentino Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888). Es nuestro propósito subrayar objetivamente que el ensayo Nuestra América (1891) y varias crónicas neoyorquinas de Martí, integran un discurso sociohistórico y político que sopesa y contradice la posición ideológica de Facundo: civilización y barbarie. Obra que sustenta el proyecto genocida llevado a cabo en la Argentina de la segunda mitad del siglo XIX, con el fin de implantar una civilización de ascendencia europea basada en el modelo capitalista de desarrollo de los Estados Unidos. La visión de Martí se efectúa dentro de un marco conceptual alejado del eurocentrismo decimonónico para demostrar los estragos y consecuencias del racismo y la política supremacista blanca de los Estados Unidos y Argentina, como un peligro latente en Hispanoamérica. Por este motivo, consideramos necesario realizar un estudio revisionista que explique el contexto racista de Facundo, ya que éste continúa siendo minimizado en la mayoría de los círculos académicos, enfocados primordialmente en la exégesis del estilo de la prosa o el contenido histórico del texto. José Emilio Pacheco advierte que Martí no estuvo presente en los hechos, pero recogía las noticias de los periódicos de la época para dar a la crónica un alto contenido intelectual y estilístico. Según Pacheco, las crónicas de Nueva York son reportajes que le otorgan a Martí ser el primer escritor que investiga con el ánimo de diseminar ideas y educar al lector (1). Destacan sus colaboraciones en La Opinión Nacional de Caracas, La Nación de Buenos Aires, El Partido Liberal de México y La América de Nueva York (2). Con una actitud vehemente, Sarmiento justifica la colonización española y la supuesta supremacía racial y cultural de origen europeo en Argentina: Habían antes de 1810 en la República Argentina dos sociedades distintas, rivales e incompatibles; dos civilizaciones diversas: la una española, europea, civilizada, y la otra bárbara, americana, casi indígena; y la revolución de las ciudades sólo iba a servir de causa, de móvil para que estas dos maneras distintas de ser de un pueblo se pusiesen en presencia una de otra, se acometiesen y después de largos años de lucha, la una absorbiese a la otra (Facundo, 64). A guisa de contrapunto, Escenas norteamericanas (1900) presenta imágenes de una sociedad sujeta a un impetuoso deseo de homogeneización económica, cultural y racial. Martí escribe para que sus lectores latinoamericanos visualicen y entiendan, entre otros temas, la problemática social en los Estados Unidos: un país joven y en pleno crecimiento. Así, Escenas norteamericanas describe la realidad cotidiana de un ámbito que su autor conoció a fondo (3), tal y como lo corroboran sus títulos: “El problema negro” (12: 335); “Negros y blancos” (12: 277); “Los indios de Norteamérica” (9: 293); “Bosquejo del problema indio”; “Política del presidente Cleveland con los indios” (10: 321); “Los indios, los soldados y los agentes del gobierno en el territorio indio” (10: 287); “El problema indio en los Estados Unidos” (10: 371); “Los últimos indios” (12: 287), etcétera. De este modo, observa Juan Carlos Ghiano, Martí buscó que los países de la América española conocieran con veracidad a los Estados Unidos; de esta manera se evitaría la admiración indiscriminada que manifestaron escritores y políticos de la mitad del siglo XIX, Sarmiento entre ellos (24). Martí entendió el impacto general de la política demográfica hacia las minorías étnicas de Estados Unidos como grave riesgo para el avance de Latinoamérica. Esta toma gradual de conciencia surgió frente a los resultados del proyecto de nación argentino del siglo XIX, donde el indio había sido conquistado y excluido, subraya Martí, “anonadado bajo la formidable presión blanca [...]” (Nuestra América, 5: 100). En consecuencia, Nuestra América incluye planteamientos ideológicos que contrarrestan la presencia histórica del arquetipo de desarrollo estadounidense que cautivó a Sarmiento (4), y lo condujo a la eliminación personal de indígenas, negros y gauchos. Una realidad que Martí aborda en las crónicas “Mensaje presidencial” (1888), “Tipos y costumbres bonaerenses” (1889) y “La pampa” (1890). Varias páginas de Facundo enfatizan en la superioridad racial y cultural “de los pueblos de procedencia europea” (236), y reflejan la obsesión de Sarmiento por establecer en Argentina una civilización libre de los “salvajes” (257) de la pampa, cuyo estilo de vida y fuerza política representan un obstáculo para el desarrollo idealizado por él. Según Leopoldo Lugones: “El Facundo constituye todo el programa de Sarmiento. Sus ideas literarias, su propaganda política, sus planes de educador, su concepto histórico, están ahí” (165). El discurso de las crónicas martianas ofrece una visión madura, libre de prejuicios raciales; el objetivo del pensador cubano es ofrecer una solución a las apremiantes necesidades de los pueblos heterogéneos que habitan desde el río “Bravo a Magallanes” (5) (Nuestra, 1: 22), y a la vez evitar el influjo neocolonialista en América Latina. Leopoldo Zea comenta que el “ideal a alcanzar por los países del sur, poco después de su emancipación frente a la Colonia, podría quedar expresado en la frase del argentino Domingo F. Sarmiento: “Seamos los Estados Unidos de la América del Sur” (13). No obstante, y antes de concluir el siglo XIX, las ideas de Martí ofrecían ya una respuesta directa al programa de Sarmiento: Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino! Se entiende que las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus elementos naturales [...]. Surgen los estadistas naturales del estudio directo de la Naturaleza. Leen para aplicar, pero no para copiar. Los economistas estudian la dificultad en sus orígenes. Los gobernadores, en las repúblicas de indios, aprenden indio (Nuestra América, 18-19). Los efectos genocidas de la dinámica social estadounidense, permitieron a Martí examinar los yerros históricos del proyecto político argentino. En Nuestra América desenmascara a Sarmiento con la intención de evitar la propagación de una ideología basada en el odio racial, y por lo tanto impráctica a la realidad étnica y necesidades de América Latina: Ni el libro europeo, ni el libro yankee, daban la clave del enigma hispanoamericano. Se probó el odio, y los países venían cada año a menos [...]. De nuestra América se sabe menos de lo que urge saber, aun por aquellos que fungen de opinadores en las cosas públicas y celebran a los Estados Unidos con tanta pasión como la que ponen en denigrar a los demás pueblos de América, sin conocer de éstos ni aquéllos más que la engañosa superficie (Nuestra, 1: 18, 37). Martí provee opciones que se ajustan a la idiosincrasia americana, e indica que no “hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza” (Nuestra, 1: 11-12). Hans-Otto Dill asevera que “rechaza la falsa erudición por ser producto de otra sociedad; lo natural aparece, en Martí como lo positivo; la falsa erudición, que sustituye a la civilización del pensador argentino, deviene lo negativo” (127). La implícita veracidad de las tesis martianas, rectifican la prédica sarmientista: Los pensadores canijos, los pensadores de lámpara, enhebran y recalientan las razas de librería, que el viajero justo y el observador cordial buscan en vano en la justicia de la Naturaleza, donde resalta, en el amor victorioso y el apetito turbulento, la identidad universal del hombre. El alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y en color. Pero contra la Humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas (Nuestra, 1: 21). Las ideas planteadas en Nuestra América son una respuesta colectiva y racional a la diatriba racial del Facundo que, de hecho, propició la eliminación de gente considerada inferior en el ideario de nación: Las razas americanas viven en la ociosidad, y se muestran incapaces, aún por medio de la compulsión, para dedicarse a un trabajo duro y seguido. Esto sugirió la idea de introducir negros en América, que tan fatales resultados ha producido (Facundo, 34). En el mismo libro, y en torno a la resistencia social y política de la población negra argentina, aparece esta opinión: “Felizmente, las continuas guerras han exterminado ya la parte masculina de esta población [...]” (232). Otros textos de Sarmiento demuestran un desprecio explícito hacia el amerindio, asignándole un carácter de inferioridad, y se le cataloga como un salvaje, bárbaro y ladrón (6). Por consiguiente, y conforme a los resultados del proyecto argentino, esta actitud revirtió histórica y progresivamente en otros habitantes de la pampa que, antes de su exterminio, habían sido ya excluidos por Sarmiento: Los jefes mazorqueros, ó gauchos, a los que llaman desheredados, no tendrán parte en el gobierno de Buenos Aires, sin una lucha de vida ó muerte, no con el gobierno actual, sino con una mayoría de población [...] (Obras de D. F. Sarmiento, XVI: 299-300). En 1799, el geógrafo alemán Alexander von Humboldt y el naturalista francés Aimé Bonpland realizaron una serie de viajes de exploración en la América del Sur. Iniciaron la jornada en el norte de Venezuela, hasta los ríos Orinoco y el Casiquiare. Llegaron hasta el norte de los Andes, y recorrieron las mesetas andinas, observando cuidadosamente la flora de cada región; además escalaron casi hasta la cima del Chimborazo, que en aquel entonces se pensaba que era el pico más alto del mundo (6.272 m). De ahí se encaminaron hacia Perú, siguiendo la ruta de los Andes. En el transcurso del siglo XIX, seguirán su ejemplo varios europeos, entre ellos el inglés Charles Darwin en 1831 (Caviedes, 12-14) (Trad.) (7). Humboldt, en sus recorridos por las pampas o llanos, entendió el valor potencial de los abundantes recursos naturales que aparecían ante sus ojos. Estas observaciones fueron incluidas en su Personal narrative of travels to the equinoctial regions of America during the years 1799-1804 (1818). La misma naturaleza e información sobre los suelos fértiles argentinos, condujo a Sarmiento a elaborar planes futuros demográficos y de explotación agrícola-ganadera: el “nuevo gobierno” establecerá grandes asociaciones para introducir población y distribuirla a orillas de territorios feraces [...] y sucederá lo que en Norteamérica [...] que se han levantado como por encanto ciudades, provincias y Estados, en los desiertos [...] (Facundo, 257). A diferencia de Sarmiento, Humboldt percibía a “la naturaleza como un todo, y al hombre como parte de éste” (Botting, 259) (Trad.). En este medio ambiente los pobladores de las majestuosas llanuras, acorde a la visión del sabio alemán, se mimetizan con el paisaje y logran llevar una existencia opuesta al ideal civilizador decimonónico. Para Sarmiento, como hemos referido previamente, la “ciudad es el centro de la civilización argentina, española y europea [...]” (Facundo, 35). Un testimonio de aquella época, Viajes por la América del Sur: 1847-1848, de Samuel Greene Arnold (1951), relata también la situación de los indios de la pampa que obstaculizan el desarrollo de los asentamientos humanos europeos y criollos en la Argentina (Greene, 181-199). Además del influjo de Humboldt, Sarmiento desarrolló una concepción del desierto y sus habitantes, basándose en el Lazarillo de ciegos: caminantes desde Buenos Aires hasta Lima (1773), de Alonso Carrió de la Vandera alias “Concolorcorvo”. Sobre los habitantes de la pampa, opina Carrió de la Vandera: Son traidores, y aunque diestrísimos á caballo y en el manejo de la lanza y bolas, no tienen las correspondientes fuerzas para mantener un dilatado combate. Siempre que han vencido a los españoles, ó fué por sorpresa ó peleando cincuenta contra uno, lo que es muy común entre indios contra españoles y mestizos (53). El Lazarillo de ciegos es una obra que manifiesta un marcado desdén hacia los indios pampas, a quienes considera ladrones (31), bárbaros (319), piojosos (183) y “sumamente inclinados al execrable pecado nefando” (53). Describe a los gauchos como seres palurdos, ladrones, holgazanes (33-34), cantores de coplas horrorosas (172); y a los negros como bárbaros y groseros (325-326). Desde entonces, Concolorcorvo indicaba la fertilidad y riqueza potencial del suelo argentino; sugiere que podría ser explotado por “la centésima parte de los pequeños y míseros labradores que hay en España, Portugal y Francia [...]” (177). Concolorcorvo asimismo establece un parámetro ideológico que influyó a Juan Bautista Alberdi (1810-1884) que, al igual que sus coetáneos, propugnaba la migración europea para poblar y civilizar la Argentina (Crow, 596-597). Alberdi expone gran parte de sus ideas en el libro Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina (1852). La visión de Alberdi compagina con el proyecto de Sarmiento, ya que, según Lewis Hanke, Alberdi propone y defiende la migración europea, el trabajo duro y la construcción de vías ferroviarias; plantea la necesidad de atraer la inversión de capital extranjero, la prosperidad, organización, educación y paz basándose en el modelo estadounidense de George Washington (75) (Trad.). Un comentario del Lazarillo de ciegos delinea el contraste entre civilización y barbarie, tema fundamental para Sarmiento: Por pueblo bárbaro tengo á aquel que no está sujeto a leyes ni á magistrados, y que finalmente vive á su arbitrio, siguiendo siempre sus pasiones (319). Con base a este punto de vista, Sarmiento ve al habitante del desierto como un elemento irredento de la naturaleza, que debe ser conquistado y redimido por la cultura que emana de Europa. John A. Crow reitera que Sarmiento, en la búsqueda e implantación del ideal civilizador, demuestra un odio exacerbado hacia la inhumanidad de los gauchos, a quienes desea eliminar para realizar su labor en la ciudad (578). Un hecho que Eduardo Galeano corrobora al señalar que en 1862, Sarmiento escribe al entonces presidente de Argentina Bartolomé Mitre (1821-1906): “No trate de economizar sangre de gauchos, es lo único que tienen de humano. Éste es un abono que es preciso hacer útil al país [...] (Las venas abiertas de América Latina, 289). El mismo año, Mitre desató campañas de exterminio de gauchos en las que participó activamente Sarmiento. En sus Obras completas, Mitre expresa el deseo de extirpar la barbarie del desierto para derramar “las semillas de la civilización” (XIII-198). Ante la obsesión de crear una civilización argentina, en 1869, se aprueban leyes para cercar la pampa con alambre de púas traído por el inglés Richard Newton. Esta misión significó una lucha histórica a muerte, pues el gaucho no podía concebir su existencia sin el caballo y la pampa en un ámbito delimitado por el alambre de púas. Irónicamente, en 1879, el general Julio Argentino Roca —gracias al apoyo de un ejército de gauchos— derrota en definitiva a los indios pampas del sur de Argentina (Crow, 601, 594, 578) (Trad.). Durante la conquista del desierto argentino, subraya Hanke, al gaucho se le convierte en un insignificante peón de rancho. Los indígenas son eliminados y desplazados de la pampa para dar paso a una impresionante transformación económica, agrícola y ganadera que satisface el apetito de Europa (8). El trabajo de millones de inmigrantes europeos cambia el paisaje de la llanura con cercas de alambre, el frigorífico inglés y el ferrocarril. La producción de trigo y otros productos agrícolas imperan sobre el mercado de la carne (76-81) (Trad.). Hasta aquí, explica Galeano, los planteamientos económicos del Facundo son una realidad palpable: “No somos ni industriales ni navegantes —afirmaba Sarmiento—, y la Europa nos proveerá por largos siglos de sus artefactos en cambio de nuestras materias primas” (Las venas, 289). Una crónica de Martí corrobora este hecho: La Compañía de carnes frigorizadas de Londres y el Plata está ya siendo enorme pulpo comercial, que acapara el tráfico de carnes [...] de donde ha volado el indio como el avestruz [...] (Nuestra, 5: 219) A consecuencia de la prosperidad argentina, la reacción de los patriarcas norteamericanos no se hace esperar, y en 1888, Martí informa desde Nueva York: “el caballero Edward Hopkins aboga elocuentemente por el establecimiento de una línea de vapores correos entre estos estados y la Argentina” (Nuestra, 2: 175). Dos años después, se entablan pláticas en Washington para construir el ferrocarril inter-americano: “A ser posible, el ferrocarril debe pasar por las ciudades principales cercanas a la vía, o construir ramales que lleven a ellas” (Nuestra, 3: 97). En los últimos años de su existencia, José Martí entiende con precisión el modelo de desarrollo capitalista impuesto en América. Intuye así las contradicciones del violentísimo etnocidio en Norteamérica y Argentina, y vislumbra las consecuencias nefastas para los demás países latinoamericanos. A finales del siglo XIX, las experiencias estadounidense y argentina representan abiertamente un peligro para millones de indígenas, mestizos, negros y otras gentes que pueblan nuestra América. En este periodo, las nuevas oligarquías hispanoamericanas buscan consolidar el ideal civilizador europeo y norteamericano. En la Argentina finisecular triunfa la civilización europeizante sobre la supuesta barbarie americana. La bonanza económica proyectada por Sarmiento en el Facundo, es una realidad palpable; las ubérrimas y domesticadas pampas ofrecen sus frutos al mercado internacional. Lejos de Nueva York, José Martí muere en Cuba, luchando por alcanzar una “entidad continental que pudiera dialogar en un plano honorable con los Estados Unidos y Europa” (Ghiano, 24). Notas 1. Comentarios académicos expresados por J. E. Pacheco en el seminario “Modernismo” de la University of Maryland, Estados Unidos de América. Juan Ramón Jiménez Hall, College Park. Abril de 1999. 2. Estas correspondencias fueron recopiladas en el siglo XX, y aparecieron publicadas en 1939 con el ensayo Nuestra América (1891), y en Escenas norteamericanas (1900). La presente investigación está fundamentada en Nuestra América y las crónicas publicadas con el mismo título (1939). Escenas norteamericanas fue incluida con otras correspondencias en Escenas norteamericanas y letras, pinturas y artículos varios (1900). 3. Según Andrés Iduarte: “su vida y su obra están más cuajados de Estados Unidos que la de cualquier otro hispanoamericano. En tanto que, a pesar de todos los reproches que Martí les hace, sobre todo en la última época de su vida, nadie en Hispanoamérica está tan dentro de ellos [...] Maneja todo lo norteamericano, sus bienes y sus males como cosa propia” (20). 4. Para mayor información, véase American Holocaust: Columbus and the Conquest of the New World, de David E. Standard. Se reproducen episodios y testimonios históricos del genocidio indígena en los Estados Unidos de América, los cuales motivaron la conquista de la pampa argentina (Stannard 119-121). 5. Alexander von Humboldt apunta: “La población mexicana se compone de los mismos elementos que las demás colonias españolas. Hay siete castas: 1ª, los individuos nacidos en Europa, llamados gachupines; 2ª, los hijos de españoles, nacidos en América, o criollos; 3ª, los mestizos descendientes de blancos y de indios; 4ª, los mulatos, descendientes de blancos y de negros; 5ª, los zambos, descendientes de negros y de indios; 6ª, los indios, o individuos de la raza indígena; 7ª, los negros africanos. Dejando a un lado las subdivisiones, resultan cuatro castas principales [...]” (Ensayo político sobre el reino de la Nueva España, 64). 6. Los volúmenes XXIV y XXVI de las Obras de D. F. Sarmiento contienen varios artículos publicados en el periódico chileno El Nacional. Sarmiento analiza los problemas de la frontera argentina entre 1855 y 1858. Para él, esta región es un extenso territorio plagado de indios salvajes, enemigos de la civilización (XXIV: 356-358, XXVI: 285-359). 7. Se incluye la abreviación (Trad.) para indicar los textos traducidos del inglés al español por el autor. 8. El programa de Sarmiento es a la vez una extensión de la política española etnocida del siglo XVI. Los testimonios del padre Fray Bartolomé de Las Casas indican que desde “el año de mil e quinientos y veinte y dos o veinte y tres han ido al Río de la Plata, donde hay grandes reinos e provincias, y de gentes muy dispuestas e razonables, tres o cuatro veces capitanes. En general sabemos que han hecho muertes e daños [...] han destruido y despoblado grandes provincias y reinos de aquella tierra, haciendo estrañas matanzas y crueldades [...]” (157-159). Bibliografía - ARNOLD, Samuel Greene. 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Becario de la Fundación Max Aub (Segorbe, Valencia, España; 2000-2001), ha trabajado como instructor de español para Emporia State University (Kansas, EUA, 2002-2004). === Manuel Machado y su peregrinaje a Eleusis Laura Quadrelli ======== ...el mito cuenta una historia sagrada; relata un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial, el tiempo fabuloso de los “comienzos” (i). El espíritu del hombre moderno, escindido y desgarrado, descubre el poder de su yo interior, de su propio pensamiento con el que pretende suplantar la pérdida de sus certezas. Muchas son las criaturas atormentadas por una crisis desalentadora, una crisis de la propia creencia y, naturalmente, de fe. Esta crisis profunda, manifestada claramente hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX, desde Nietzsche en adelante, pasando por Weber y Pareto (ii), expresó la pérdida de todo valor trascendente que se llevó consigo también la validez de la razón. La metafísica occidental entra en crisis, una crisis de realidad y de racionalidad que enunció su notoria intensidad en el derrumbe de una estructura sostenida por siglos. La ostensible irracionalidad del mundo, la falta de certidumbres y las restricciones de los postulados científicos se hicieron frecuentes en las argumentaciones de la época, pues la misma supremacía del espíritu científico que la caracteriza es anuncio de su inmediata decadencia (iii). Es evidente que esta propuesta de explicar científicamente los orígenes y el lugar del hombre en el universo producirá un vacío que se verá traducido, en la obra de muchos poetas, en una solitaria y desesperada búsqueda hacia el interior del mismo hombre y, en muchos casos, en un pasado “incontaminado” que se les presenta como un manantial inagotable de motivos y creencias donde cultivar el espíritu. Manuel Machado, poeta inmerso en la turbulencia de los cambios finiseculares, hereda los dogmas paternos de las demostraciones de los orígenes no divinos del hombre y de sus análisis antropológicos del mito y de la sociedad (iv). Pero semejante instrucción no lo llevó a contribuir aun más con la explicación científica del hombre, sino a condensar, en sus primeros trabajos, las consecuencias emocionales de lo ya asimilado (v). En 1902 ve la luz Alma (vi), su primer poemario juvenil, y la segunda sección del libro —profundamente simbolista y misteriosa— se titula “Estatuas de sombra”, pero curiosamente, el poema con el que Machado inicia su camino profundo hacia las veladas e inmóviles figuras del pasado es “Eleusis”, título en clave que alude, en clara correspondencia con los misterios iniciáticos eleusinos, a sus inaugurales experiencias de poeta. Tanto el nombre dado al apartado como al poema preliminar, constituyen una especie de hermetismo aun para el lector actual, evidenciándose cómo el poeta, análogamente al carácter esotérico original de los ritos antiguos, también obstaculiza toda sugerencia que pueda develar el enigma que habita en el interior del mismo hombre. En estado de semitrance, el poeta aspira un “retorno al origen” (vii) por los sombríos caminos del tiempo. Se escinde y permite que su alma inicie el simbólico peregrinaje sin descanso (viii) hacia las más primitivas de las civilizaciones, a la fuente prerracional del hombre y de la cultura a través de los negros e indefinidos bosques del sueño: Se perdió en las vagas selvas de un ensueño, y sólo de espaldas la vi desde lejos... Como una caricia dorada, el cabello, tendido, sus hombros cubría. Y al verlo, siguiola mi alma y fuese muy lejos, dejándome solo, no sé si dormido despierto (ix). Sugestiva y misteriosa visión hipnótica de una figura femenina; tal vez se trate de Deméter en busca de Perséfone, el poeta no la describe, sólo nos la sugiere a partir de sus dorados cabellos que cubren parte de su etéreo cuerpo. Esta imagen vivificada cuenta con una larga trayectoria; es símbolo y fetiche tradicional de la sensualidad femenina en todos los tiempos y escrituras, ambiguo amuleto que encanta a la vez que se evade: Pasamos... Mi alma tras ella corriendo, dejándome solo, no sé si dormido o despierto. La atracción que ejerce este éxtasis mítico es utilizado por Machado como un símbolo homogéneo del artista frente a la inseguridad perturbadora y a la fugaz disolución en el vacío que produce el arte moderno, pero supone también el riesgo de un vía de perfección que conduce hacia el abismo donde lo divino y lo demoníaco, el amor y la muerte, Dionisos y Apolo, la percepción y la destrucción del yo, tiene unos dominios y limites comunes que hay que afrontar como franco portal hacia las emociones de lo desconocido. Fascinado aún por la fugaz visión de la furtiva diosa (x), su retroceso no se detiene, continúa desandando el tiempo a través de las verdes llanuras jónicas: Se fue hasta las verdes llanuras de Jonia; y el templo cruzó de Partenes. Del mármol eterno dejó las regiones... Y se fue más lejos con mi alma, dejándome solo, no sé si dormido o despierto. En este ensueño retrospectivo el poeta —“servidor dionisiaco” diría Nietzsche— observa cómo su alma es arrastrada en pos de “la bella apariencia” que también va a contramano del tiempo, desandando edades y siglos haciéndolo transitar, en sólo un instante, por la Edad Media, por la Grecia clásica, por los imperios orientales y los tiempos prehistóricos donde intenta alcanzar lo inalcanzable en su anhelo de fusión con esa imagen ideal, en una permanente oscilación entre la angustia y el deseo de trascenderse: Oro y negras piedras, y muros inmensos, y tumbas enormes —sepulcro de un pueblo que mira hacia Oriente con sus ojos muertos—. Siguió... Y arrastraba mi alma más lejos, dejándome solo, no sé si dormido o despierto. Y ya en este tramo final de la simbólica y fugaz peregrinación de su alma, la velada visión del Enigma humano se pierde en el oscuro caos primordial, origen de las cosas, donde no le es permitido ingresar: Y arrastraba / mi alma más lejos, / dejándome solo... Luego, ya de regreso, nos deja las últimas imágenes de un ayer experimentado, testigo dormido sobre “tumbas enormes”, símbolo de fragmentos y escombros de religiones muertas: Siguió; entre menhires pasamos, y horrendos despojos de fieras... Siguió; y a lo lejos perdiose en las selvas oscuras del sueño, dejándome solo, no sé si dormido o despierto. A lo largo de todo el poema, se mantiene latente y sin posible resolución la ambivalencia en la atracción que ejerce sobre el sujeto lírico esa “figura” sugestiva, cautivadora y potencial transformadora hacia un nuevo estado. Esta permanente vaguedad, sumada a la falta de un claro desenlace, produce el efecto de penetrar aun más en la gran incógnita humana planteada por el poeta. El ir en pos de una presencia enigmática, de una imagen ideal es sed de vida y también sed de conocimiento; pero curiosamente, en este peregrinaje onírico sólo se vislumbra una tenue luz en los umbrales de Thánatos, luego todo vuelve a ser sombra. Sostiene Mircea Eliade que algunos mitos y los ritos iniciáticos del regresus ad uterum simbólicamente representan la preparación para el “renacer” del hombre. Una especie de “retorno al génesis” que repite el acto del nacimiento en el orden espiritual permitiéndole al iniciado acceder a una nueva y superior manera de existencia. Esto refleja tal vez con más claridad que, como sostiene Eliade, en momentos de crisis total, cuando el hombre se ha perdido en las sombras de la irreligiosidad, la única ilusión que lo sostiene es la “esperanza de recomenzar”; la aspiración de una nueva existencia, regenerada, pletórica y significativa, pero concretamente, donde la muerte cumple una función positiva: la preparación de un “nuevo nacimiento espiritual” (xi). En “Eleusis”, Manuel Machado recrea simbólicamente la esfera propicia para un iniciado en los saberes recónditos, místicos y teosóficos, tan calificados en el arte y en las letras finiseculares como conjunto heterogéneo de enseñanzas arcanas que constituía más un síntoma de la pérdida de toda referencia y, consecuentemente, una aspiración inconcreta hacia otra realidad, que a una verdadera respuesta a la desorientación provocada por la modernidad. Este “renovado” interés por los misterios arcanos, como una expresión más de la atracción general que el romanticismo desencadenó hacia todo tipo de saberes esotéricos y ritos de trascendencia, paganos o cristianos, había tenido un largo cultivo durante todo el siglo XIX, especialmente manifestado en sus últimas décadas. Tal vez la máxima referencia fue “la llamada de los misterios eleusinos” que Friedrich Nietzsche hacía en un párrafo muy significativo de El nacimiento de la tragedia de 1872: El barro más noble, el mármol más precioso son aquí amasados y tallados, el ser humano, y a los golpes de cincel del artista dionisiaco de los mundos resuena la llamada de los misterios eleusinos: “¿Os postráis, millones? ¿Presientes tú al creador; oh mundo?” (xii). En la elección del tema del peregrinaje onírico, el poeta actualiza y reaviva una larga tradición romántica de ir en pos de una figura cautivadora: madre o hija, esposa o hermana, enemiga o benefactora; musa concebida intuitivamente como una “estatua de sombra”. Símbolo trascendente del ideal donde el poeta moderno proyecta su actual desgarro y confusión espiritual, su más íntimo anhelo de otredad; develar, a través de su otro yo, los grandes enigmas del hombre sin fe en su reino interior. El poeta se nutre de un pasado mitológico valiéndose de la diosa Deméter y del ritual eleusino de iniciación que, obviamente, no trata de repetir el modelo de una renovación cósmica, puesto que ya no desempeña una función ontológica, pero sí plenamente cargada de significados e eminentemente simbolista: el mito es la materia con la que se construye el símbolo, fenómeno frecuente en la poesía de todos los tiempos. Sostiene Eliade que “El mito es una realidad cultural extremadamente compleja, que se puede abordar e interpretar en perspectivas múltiples y complementarias (...) el mito cuenta una historia sagrada; relata un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial, el tiempo fabuloso de los comienzos” (xiii). La composición de Manuel Machado traza un peregrinaje simbólico emulando el regreso primordial, un descenso hacia lo más hondo y secreto de sí mismo que comporta la pérdida de la conciencia y de todo condicionamiento o circunstancia humana —histórica, cultural, social o sentimental— en un anulador ensueño, viaje de desposesión que transfigura la propia esencia del sujeto antes de fundirla con lo Uno absoluto. Notas i. Mircea Eliade (1998), “Ensayo de una definición del mito”, en Aspectos del mito. Editorial Paidós Ibérica, S. A., Buenos Aires, p. 16. ii. Max Weber fue uno de los fundadores de la sociología moderna; sus primeros trabajos estaban relacionados a la sociología industrial, pero son más conocidos los últimos trabajos sobre sociología de la religión y sociología del gobierno. Ver su ensayo La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Traducción José Chávez Martínez, 9ª edición, 1991. Premia Editora S. A., México, Vol. I, pp. 1-206. iii. Luis Diez Del Corral (1954), “La tragedia griega según Nietzsche”, en La función del mito clásico en la literatura contemporánea. Editorial Gredos, S.A., Madrid, 189. iv. Ver el trabajo de J. G. Brotherston “Manuel Machado y Álvarez and Positivism”, Bulletin of Hispanic Studies (Liverpool), XLI, núm. 4, 223-229. Antonio Machado y Álvarez padre, fue uno de los pocos intelectuales del siglo XIX español en adherir al desarrollo científico en el extranjero, y sostuvo su urgente aplicación en la sociedad española inclinando su postura hacia un determinismo científico intransigente. v. “Eleusis” hace referencia a los Misterios Mayores griegos celebrados en el santuario de Deméter situado en la ciudad homónima, ubicada cerca de Atenas. Estos ritos dionisíacos eran célebres en la Grecia clásica, y de todos los rituales religiosos este era el de más importancia y renombre; así como Delfos era considerado el centro político y adivinatorio de Grecia, Eleusis era su centro religioso y místico. vi. Alma, su primer poemario, durante algún tiempo llevó el título provisional del apartado: “Estatuas de sombra”. vii. Ver Mircea Eliade, “Técnicas tradicionales del ‘retorno hacia atrás’ ” Op. Cit., pp. 74-78. viii. Dentro del catolicismo cultural de Machado, el peregrinaje a “Eleusis” guarda similitud con el expresado por Rubén Darío en “Divagación”. Ver Poesías completas, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1987, Vol. II. ix. Manuel Machado (2000), “Eleusis”, en Alma Caprichos El mal poema. Editorial Castalia, S. A., Madrid, pp. 137-38. x. Deméter y Perséfone, Ceres y Proserpina para los romanos, son las diosas gemelas percibidas como madre e hija, representaban para los pueblos de la antigüedad los poderes de la naturaleza, su transformación y emergencia cíclica. Los Misterios de Eleusis, o Misterios Mayores que celebraban estas diosas, eran ritos de pasaje destinados a personas adultas que proporcionaron un espacio sagrado para vivenciar nuevos estados de conciencia y una percepción de la vida que surge de la muerte. xi. Ver Mircea Eliade (1989), Iniciaciones místicas. Editorial Taurus S.A., España, p. 37. xii. Friedrich Nietzsche (1995), El nacimiento de la tragedia. Alianza Editorial, S. A., Buenos Aires, p. 45. xiii. Mircea Eliade (1998), “Ensayo de una definición del mito”, en Aspectos del mito. Editorial Paidós Ibérica, S.A., Buenos Aires, p. 16. Bibliografía - ALARCÓN SIERRA, Rafael (1999), Entre el modernismo y la modernidad: la poesía de Manuel Machado (Alma y Caprichos). 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Ediciones Nueva Visión, traducción de Emilio Bernini, Buenos Aires. - NIETZSCHE, Friedrich (1995), El nacimiento de la tragedia. Alianza Editorial, S.A., traducción Andrés Sánchez Pascual, Buenos Aires-Madrid. ** Laura Quadrelli tatiana4@infovia.com.ar Docente, investigadora y escritora argentina (Córdoba, 1950). Es Licenciada en Letras y JTP en las cátedras de literatura española I y II en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, sede Trelew. === La construcción de la imagen de la mujer en obras ===================== === de descendientes de inmigrantes judíos en América ===================== === Roberto Ángel G. ====================================================== El presente trabajo tiene por objeto la revisión de la construcción de la imagen de la mujer en el judaísmo en obras de descendientes de inmigrantes judíos en Chile y México. Estos textos corresponden a Sagrada memoria de Marjorie Agosín, Poste restante de Cynthia Rimsky, Escenario de guerra de Andrea Jeftanovic, Por el ojo de la cerradura de Jorge Scherman, Donde mejor canta un pájaro de Alejandro Jodorowsky, estos cinco autores todos chilenos, y Las genealogías, de Margo Glantz, quien es mexicana. Plantearemos en el siguiente informe tres entradas con respecto a la mujer hebrea, que se interrelacionan entre sí: a) tradición y familia en la mujer judía; b) discriminación y marginalidad y c) escritura de la mujer (1). Tradición y familia en la mujer judía En el judaísmo, la mujer es considerada como raíz espiritual de la educación. La madre es responsable de que los valores se transmitan de generación en generación. En el libro de Bereshit (2) (2:22) se lee: “Y construyó, Dios Todopoderoso, la costilla... en una mujer”. En hebreo “Y construyó” viene de las palabras “construcción” y “entendimiento”. Por lo que la mujer, gracias a este “entendimiento”, tendría una misión elevada, que sería la de “construir” una casa en Israel, una casa donde se viva de acuerdo a la Torá (3). Por otra parte en la Torá aparece: “Moshé ascendió a Dios y Él lo llamó desde la montaña diciendo: Así dirás a la casa de Iaacov y relatarás a los hijos de Israel” (Shemot 19). En la interpretación rabínica, “la casa de Iaacov” se refiere a las mujeres y “los hijos de Israel” a los hombres. Al ser mencionadas primero se expresa que deben ser ellas las que transmitan el mensaje al pueblo judío. Esto es significativo, ya que si consideramos que, tal como señala Lewin, la identidad judía se apoya en un mecanismo de preservación de la memoria, recordando y rememorando el pasado histórico y que son ellas las que tienen esta tarea, podríamos decir que sin mujer judía no podría existir la tradición ni por ende tampoco el pueblo judío (4). Marjorie Agosín expresa que han sido las mujeres las que han tomado conciencia de la identidad hispanoamericana-judía o judía-hispanoamericana. Señala que Ana María Shua, escritora judío-argentina, repudia la negación para decir no al olvido, y compara el trabajo de las arpilleras con el de la memoria, que “en el proceso de escribir se recupera y teje” (Agosín, Escritura, 98). Para ella existen escritoras que están rescatando la memoria de lo sagrado y que incluso “están recuperando los pormenores y secretos de la comida y mesa judía, para integrarlos a un ritual...” (Agosín, Escritura, 94). De hecho, la misma Shua ya ha publicado un libro dedicado a recetas y anécdotas de la cocina judía. También Rodrigo Cánovas señala “que las genealogías se sustentan en las voces femeninas, siendo las hijas quienes reanudan el sagrado vínculo” (Cánovas, Mujeres). Y agrega que “la mujer es la portadora de la tradición, significando la matriz” (Cánovas, Árabes), cuyo legado es un rito que genera un nuevo comienzo generación tras generación. Avni, refiriéndose a los indios judíos de Venta Prieta, también escribe que “la tradición oral” es “transmitida por las ancianas del grupo” (Avni), donde se aprecia que éste era un rol más femenino que masculino. El libro Las genealogías, de Margo Glantz, es un texto que recupera la historia y costumbres de los padres de la autora, inmigrantes rusos-judíos en México. Por medio de una grabadora, la escritora mexicana va relatando las anécdotas de sus ascendientes, tanto en la Rusia de las primeras décadas del siglo XX, como las ocurridas a su llegada como inmigrantes a México. Glantz asume, en un discurso que evoca la cotidianidad, que su viaje será ir tras la huella de su padre, que es su referente de la tradición judía. Para ella, tal como lo señalara Agosín, será importante el rol de la cocina y comida judía (“sin cocina no hay pueblo”, [Glantz, 139] escribe), detallando recetas de la comunidad y también recalcando que su madre, a la llegada a México, instaló un restaurante de comida típica hebrea. La tradición por medio de la mujer también es un tema relevante en Sagrada memoria, libro que relata las vivencias de una niña judía a su llegada a Chile desde Europa. Valparaíso y sobre todo Osorno, ciudad en la que se observa una profusa naturaleza, serán los escenarios en los cuales se escriban las costumbres de una familia judía en Chile. Arturo Flores rescata que es la madre de Marjorie, Frida, quien le confía la historia. Mientras que para Glantz el pilar era su padre, Flores señala que para Agosín serán “las abuelas de la familia, que van a aparecer continuamente en el ambiente que es traído al presente” (Flores, 108). En Sagrada memoria es lo femenino lo encargado de portar la tradición, en donde “las supersticiones eran los ritos cotidianos de mi abuela Sonia” (Agosín, Sagrada, 24). Agosín mezcla superstición y tradición, pero siempre, o es su madre, o son sus abuelas quienes las transmiten. También se da tiempo para recrear el arte de la cocina: “Cuando era niña, mi madre me adiestraba en los oficios culinarios” (Agosín, Sagrada, 39). Al igual que para Glantz, la comida no es posible separarla de la tradición. En el libro Poste restante, de Cynthia Rimsky, una viajera, que por el azar del destino encuentra un álbum de fotos que registra su apellido, decide seguir el rastro de aquellas imágenes, lo cual la lleva a los exóticos parajes del Medio Oriente. Aquí estamos ante un caso un tanto más especial. Tanto así que Cánovas escribe estas palabras para referirse a Poste restante: “El origen —la familia, la Tierra Prometida, una herencia identitaria— también puede ser concebido como una pérdida, algo al cual incluso hay que renunciar o, mejor, transgredirlo” (Cánovas, Mujeres, 219). Al respecto, si bien Rimsky señala que irá de viajé con la excusa de dilucidar el misterio del álbum de fotos y que además puede verse este periplo como un acto de independencia de la protagonista, también es importante notar que para ella es relevante el ir tras la tradición. Rimsky señala que “quería llegar allí y pisar la tierra, enfrentar la gigantesca huella que a pesar de los años continúa alcanzándome” (Rimsky, Rezagos). Y así como para Glantz era el padre y para Agosín sus abuelas, para Rimsky será su abuelo la imagen de la nostalgia de su tradición. “Mi único anhelo era caminar por Ulanov y ver con tus ojos lo que tu padre había visto con los suyos” (Rimsky, Poste, 156), le escribe a su padre. Y al igual que Glantz y Agosín, también Rimsky permite que en su libro exista un espacio para la comida. Una receta de Limassol (plato típico de Chipre) y sus comentarios a los pepinos, razones suficientes para convencernos de que también existe la importancia de la cocina en su tradición. Escenario de guerra relata la vida de una niña-mujer (Tamara) y la relación con su familia de ascendencia judía en Chile. Un padre traumado por la milicia en Europa, una madre enferma y depresiva, sus dos hermanos y un amante misterioso y oscuro completan el cuadro de esta novela, en la cual se expresa todo el daño psicológico que puede ser producido debido al flagelo de la guerra y a la triste historia del pueblo hebreo. El hecho de que en el presente la madre se comporte como una persona enferma y depresiva, pero que antes haya tenido un rol más relevante y adecuado en cuanto a la educación y cercanía con sus hijos, permite vislumbrar en la novela dos aspectos con respecto a su rol: existirían dos legados, uno estacionado en el pasado, en el cual la madre sí ocuparía un lugar relevante y armónico y otro ubicado en el presente, en donde la tradición se fragmentaría y casi desaparecería y en el cual la figura que la encarna sería trasladada desde la madre hacia el padre. El punto de inflexión de este proceso se produciría cuando la madre olvida a su hija, logrando de esta forma que la tradición materna desaparezca. Al respecto la protagonista señala: “Tengo dos mamás. Una, contiene mi presente —otra forma de pasado— y esboza lo que viene. La otra, es sólo olvido, un agujero negro y vaga por rincones ajados” (Jeftanovic, 80). Esta antigua dicha, en la cual la familia permanecía unida y “la cocina tiene aromas más dulces” (Jeftanovic, 31) y “el horno siempre está tibio” (Jeftanovic, 31), irá poco a poco resquebrajándose. La madre comenzará a renegar de la tradición (“...no soporta los sábados” [Jeftanovic, 130]), para luego negar a la protagonista. La mamá se entregará al tejido, que como señala Agosín puede ser comparado con el proceso de recuperación de la memoria y el legado de las costumbres, pero el resultado serán prendas mutiladas, simbolizando el quiebre con el pasado. Y ya que su madre la ha abandonado, Tamara decide recuperar su historia por medio de su padre. Pero él también aparecerá como un ser traumado por la guerra y la vida, por lo que poco podrá encontrar. Es así como resuelve, una vez muerto su padre, partir en un viaje hacia la tierra natal de él, que le permita vincular de algún modo su vida con su pasado, lo cual consigue tan sólo a medias (nuevamente), ya que una vez allá el hermano gemelo de su papá le relata que éste había encontrado, cuando niño, el cadáver de su padre tirado en la calle, generando que la protagonista vuelva a Chile. Y como en el libro de Rimsky, ahora Tamara, al no ver cerrado el círculo de su viaje, decide inventarse otro periplo, en el cual intentará encontrar la figura de un desconocido que se encuentra en una de las fotografías que tomara en la visita a su tío. No lo llevará a cabo, por lo que su legado no se cerrará, como sí ocurriera con la protagonista de Poste restante. Por el ojo de la cerradura es un relato acerca de tres mujeres (abuela, hija y nieta) y su historia desde la llegada a América de Viera, la abuela inmigrante judía. El relato es presentado como tres historias (la de cada mujer), que en realidad es una, ya que unidas cronológicamente el libro se puede ver como un solo gran relato. Si bien el autor es varón, las protagonistas no lo son y en la novela, debido a las desavenencias de Marina (la nieta) con su madre, es la abuela Viera (y no su abuelo o padre) quien tiene el rol de educarla. Además son tanto Viera como su hija (incluso sin haber vivido su vida allá) quienes constantemente evocan (con nostalgia) a la Rusia en donde la comunidad judía tenía una parte de su hogar. Además es Marina quien señala “debo rehacer la senda, andar de nuevo el camino de las mujeres de mi familia” (Scherman, 29), imponiéndoselo como una obligación, al igual que Viera, para quien su único anhelo, más allá de la inmortalidad, es que “sus entregas permanezcan en el corazón de su hija y de Marina” (Scherman, 255), para así poder continuar el tejido de la memoria. La novela de Jodorowsky Donde mejor canta un pájaro es la historia de su árbol genealógico, pero otorgándole, tal como el propio autor lo señala, un carácter de leyenda, en la cual las historias de sus ascendientes se multiplican en un entretenido imaginario. Tanto en el libro de Scherman como en éste, no es posible apreciar una real importancia hacia la cocina judía ni hacia su legado, posiblemente a causa de que los textos comentados anteriormente fueron escritos por mujeres. Pero lo que sí señala Jodorowsky explícitamente es que la mujer es su patria y su identidad, lo cual es importante en un libro como éste, en el cual el autor parodia constantemente y lo que por un lado toma por verdadero, en las siguientes páginas lo podemos ver como falso. Es por esto que, en el texto, Teresa (abuela paterna de Jodorowsky), inmigrante judía llegada a Chile, sí puede verse como una mujer que rivaliza y va en contra de la tradición judía, a tal punto de señalar ante una comisión de rabinos que odia a Dios y la Torá. Finalmente, su descuido hacia su pueblo le traerá consecuencias y se convertirá en prostituta de un detective, tras lo cual volverá arrepentida a su familia. Pero también se puede advertir que es la mujer, en este caso Jashe (abuela materna), quien se pone como misión crear un hogar y una casa para Alejandro Prullansky (abuelo materno) y su hija Sara Felicidad (madre de Jodorowsky) en su vida de pobreza. “Así comenzó su lucha para dominar el espacio” (Jodorowsky, 189), señala Jodorowsky, similar esfuerzo al que realizaría otra mujer, Viera, pero esta vez en la novela de Scherman, quien se esfuerza por montar su casa junto a su hija en un conventillo, cuando su esposo Samuel las abandonó por otra mujer, rescatando una vez más el valor del hogar y la familia para la mujer judía. Discriminación y marginalidad Así como en la historia del judaísmo es posible apreciar que el rol de la mujer es importante, ya que es ella quien tiene como primera misión el cuidado de su familia y hogar y con esto el legado de la tradición, también es posible ver en estos mandatos una suerte de discriminación, ya que si bien su tarea es de primera línea, asimismo le son cerradas las puertas para desenvolverse en otros ámbitos de su vida. Para María Clara Lucchetti la mujer es considerada desde siempre una “perturbación”, debido a su propia corporeidad. También Gil, Pita e Ini lo ven de esta manera. Para ellas el legado biológico de ser mujer lleva la carga del molde aristotélico, en el cual el varón es la norma. Para Lucchetti, en el judaísmo las mujeres comienzan a ser discriminadas desde su nacimiento, al no poder ser parte del rito de iniciación (la circuncisión), lo cual continúa al considerar como impuros sus ciclos menstruales (en la tradición hebrea durante este periodo no están permitidas las relaciones sexuales), valorando tan solo su capacidad de dar a luz. Además agrega que en la Iglesia, pese a ser protagonistas, constituían un ejército invisible y poco reconocido. Gil, Pita e Ini también señalan que la presencia de la mujer en el ambiente doméstico se contrapuso a su ausencia en el público, lo que organiza en el nivel social la diferencia sexual. Las mujeres han padecido el encierro en el hogar y así se han normado ciertos comportamientos aceptables para ellas. En cuanto al judaísmo, en los tiempos bíblicos la sociedad hebrea era de corte patriarcal y la mujer no estaba obligada a seguir los preceptos religiosos como los hombres, y su educación era similar a la que se otorgaba a los niños, negándoseles la lectura de la Torá y otros libros sagrados. Se le daba el carácter de ayuda para el esposo y no para sí misma. La Ley Rabínica era tal, que por ejemplo, la mujer podía ser declarada en niddah (periodo de la menstruación) aun cuando su cuerpo no lo manifestase. Durante el transcurso de la historia la discriminación ha ido disminuyendo. El rabino Hirsh, líder de la ortodoxia en Alemania en el siglo XIX, funda en este tiempo una escuela para mujeres judías y señala que también para las hijas de Israel no es menor la obligación de estudiar la Torá. Pese a esto, es consabido que hoy en día aún se mantiene relegada a la mujer en varios aspectos. En la parte legal, por ejemplo, en Israel, a diferencia de los hombres, una mujer judía no tiene derecho a divorciarse, tal como lo estipula la ley rabínica y sanciona la ley estatal. Para Agosín, el hecho de que la mujer (judía) sea considerado “lo otro” permite que sea ella quien rescate desde su situación a entidades marginales como los analfabetos, las domésticas y los indígenas. Señala que judíos e indígenas tienen mucho en común y que han sido constantemente desdeñados desde siempre. Al respecto Avni señala que los “indios judíos del sur de Chile incluso se proclamaron sionistas en 1917” (Avni) y que su afán de recordar con suma pertinacia su tradición, pese al castigo, los hacía muy similares al pueblo hebreo (5). En Las genealogías podemos ver algunos rasgos de lo anteriormente expuesto. En su libro, Glantz señala que las mujeres para bañarse tenían la mikveh: “Cuando terminaba su tiempo, iba a la mikveh y quedaba kosher para su marido” (Glantz, 34), es decir, hacía esto “para su marido”, para que él pudiera establecer relaciones puras con su esposa. Además explica que quien cuidaba de los baños no podía ser un hombre judío y que las mujeres debían ocultar su cabello. Glantz pareciera decir estas cosas más con un carácter histórico que haciéndose parte de ello, insinuando que “quizás el excesivo libertinaje de las costumbres actuales se deba a que los cabellos se exhiben al aire y a que los baños públicos de purificación han pasado de moda” (Glantz, 36). En tono de reclamo, Glantz además sostiene que su madre no consiguió trabajo en México ya que a la mujer, entonces, no la tomaban en cuenta. Al respecto Maiz-Peña sostiene que “el proceso de lectura, interpretación y registro autobiográfico de Glantz apunta al deseo de romper códigos sociales, culturales y sexuales de su momento” (Maiz-Peña). La protagonista también agrega que se ha sentido desde siempre tanto exiliada como niña expósita, integrándose de esta forma con los marginales. En Sagrada memoria la protagonista vive la discriminación de una forma más violenta. La niña es apedreada e insultada con calificativos como “perra judía” o “niña judía de mierda”. Tal como señala Cánovas, en el ámbito religioso tampoco recibe la atención de “un dios judío demasiado lejano y no entiende por qué la virgencita no la ayuda” (Cánovas, Árabes, 33). Pero esta niña judía será amparada por las indiecitas y las sirvientas, quienes la albergaran como una más dentro de su marginalidad. La figura de Gabriela Mistral, persistente luchadora por los derechos de los indios y quien recibe una flor de manos de la protagonista, revelará que en el texto “lo otro”, pese a todo el rechazo y la violencia, siempre estará protegido. Pese a que la protagonista de Poste restante se ve una mujer moderna e independiente, tal como señala Cánovas “es un sujeto itinerante, que se articula en una red de puntos que sólo señalan su orfandad” (Cánovas, Mujeres, 219). La propia Rimsky dice que “lo que fui a buscar en ese viaje a Ucrania fue esa alteridad. Una vez allá me di cuenta que lo otro era yo” (Rimsky, Rezagos). De esta forma, también la turista rescatará (y será rescatada) a ciertos personajes de su aislado mundo: la rumana de la barra del bar, quien fue violada por un amigo de su padre en su pasado, abre su secreto ante la protagonista; la hija de un matrimonio turco le muestra la intimidad de su cuarto y la turista le regala un aro con forma de pájaro como recuerdo; el joven P. convivirá con ella y le comentará que es virgen. Por otra parte, el tema del casorio obligado también es señalado por la autora. Ante el deseo de su abuela de que se case con un judío rico, ella apela al argumento del amor, para luego rememorar historias de mujeres de la colonia que se habían rebelado a su destino, como agradeciendo que los tiempos ya son otros y ella está en condiciones de elegir. En la novela de Scherman la culpa es un tema recurrente. Diego, pretendiente de Marina (la nieta), le recrimina el por qué de cargar con tamaña mochila. Ella sólo atina a responder: “Bienaventurado si no has tenido que soportar una educación basada en el sentido de la historia como obligación ética” (Scherman, 51). De aquí en más el deber y la culpa se constituyen en una especie de hilo conductor del libro, como el caso de la hija de Viera (la abuela), quien no puede estudiar letras y filosofía y debe atenerse a los deseos del padre, que son que cuide de la casa. A su vez, ella es negada tanto por los demás personajes (su padre Samuel la abandona, su esposo la maltrata, su hija Marina no le habla) como por el autor, por ser la única que no recibe un nombre por parte de éste en su obra. Tampoco es sencillo que logre la separación de su esposo Bernardo, pese a ser su deseo (reprimido), lo cual finalmente ocurre sólo cuando éste la golpea brutalmente. A contraposición de las tres obras anteriores, en ésta la historia se centra exclusivamente en las tres mujeres, por lo que otros ambientes marginales en la obra, ajenos a ellas, no los he logrado vislumbrar. En Escenario de guerra es posible notar que el cuerpo de la mujer es el que recibe la discriminación e incluso la violencia. La protagonista señala que su madre sufre en su cuerpo y recalca que las heridas están dentro de él. También su padre le dice: “no quiero sangre en esta casa”. (Jeftanovic, 37), refiriéndose a su periodo menstrual. Creo que lo hace por dos cosas: la primera, que se aprecia explícitamente en el libro, es el hecho de que él está traumado por la guerra, por lo que rehuirá todos los sucesos que involucran sangre, dado la cantidad de muertos a los cuales se expuso. Por otra parte, también es posible observar el concepto de impureza que la tradición judía le otorga a los flujos de la mujer, lo cual estaría un tanto velado por el primer aspecto. Al igual que las protagonistas de la novela de Scherman, Tamara también siente la culpa que hereda de la tradición de su pueblo judío. Es curioso que ambos autores utilicen el mismo símbolo del boomerang para referirse a ella: Scherman escribe: “...he estado ciega y, como un boomerang, la vida me enseña que en la búsqueda del mal menor yace también agazapada la desgracia” (Scherman, 169); Jeftanovic: “Secciono el pasado en golpes secos, que se devuelven como boomerangs a mi presente” (Jeftanovic, 73). Al final de la obra, Tamara sostendrá a su padre en sus espaldas, lo cual refleja su apoyo hacia él y lo que tuvo que vivir en su pasado, pero también la pesada herencia que, como las mochilas de las cuales hablaba Scherman, se heredan debido a la tradición. En cuanto a lo marginal, aparece en la figura del “maestro” que pinta la casa de sus padres. Será su madre quien mantendrá una relación sentimental con él, ocurriendo con esto la desarticulación de la familia. En Donde mejor canta un pájaro, podemos apreciar que el autor intenta rescatar a la mujer en ciertos momentos de la obra. Es así como menciona que los flujos menstruales de las mujeres poseen un carácter fecundador, los cuales ayudan a hacer “crecer un buen trigo” (Jodorowsky, 65). También Teresa (abuela paterna del protagonista) se revela de la ley de Dios por considerarla injusta y más encima deja a su esposo, increpándole que “me pusiste a tu servicio, así como lo hiciera tu padre con su esposa, obedeciendo al Gran Canalla” (Jodorowsky, 117). Y si ella se siente usada y menoscabada por su marido, el personaje con el cual se va es el más discriminado de todos: un hombre-mono, quien desde pequeño no fue considerado más que un animal. Junto a él forjará su nuevo destino, intentando juntos poner fin al rechazo. Como se mencionó antes, Teresa falla al contradecir esta ley divina (situación homóloga a la de la madre de Tamara en Escenario de guerra y su relación con el “maestro”, ya que debido a esto, la familia se desploma), poniendo en duda si realmente la mujer será capaz de revertir su situación de marginal. También la figura del hijo de Teresa y Serafín (el hombre-mono) puede ser vista como un intento de dar a la mujer el sitio que le corresponde: un ser andrógino, un nuevo mesías, que no es ni hombre ni mujer, sino los dos, ambos necesarios para los nuevos tiempos. Escritura de la mujer Agosín explica que la escritura de la mujer es una forma de hacer frente a la violencia endémica que ha existido siempre sobre ellas. El rechazo a esta violencia “se manifiesta a través de la interioridad del lenguaje” (Agosín, Lenguaje, 125) por medio de textos que están ligados al silencio, al cuchicheo y a la invisibilidad. También señala que el acto de escritura es una manera de expresar la rabia y un deseo de reafirmar su existencia. Para ella la mujer ha sido siempre la otra y recalca las palabras de Cixous, quien señala que “las mujeres deben escribir su cuerpo y al hacerlo liberarán su inconsciente que ha sido silenciado hasta ahora” (Agosín, Silencio, 14). Es por esto que Agosín dice que escribir como mujer será escaparse del falocentrismo y del discurso masculino dominante. También es posible ver la escritura femenina como un nuevo soporte. Por medio de ella, la mujer crea un nuevo mundo el cual desplaza y se impone ante el mundo real que la discrimina y rechaza. Al respecto Cánovas señala que si bien existe una serie de textos chilenos donde la mujer aparece como madre, huérfana y solitaria, también es cierto que por medio de los mismos ellas recomponen la memoria familiar de la estirpe. En cuanto al género autobiográfico, Arturo Flores señala que la diferencia entre un relato de este tipo y uno ficticio es que en el primero “el autor, narrador y protagonista tienen una misma identidad que corresponde al ‘yo’ sujeto de la enunciación” (Flores, 100). Esto es importante ya que así la autobiografía es tomada como verdadera por parte del lector. En cuanto a la autobiografía femenina, Estelle Jelinek señala que la mujer tiene una manera de escribir diferente a la del hombre, la cual se caracteriza por la fragmentación, la falta de progresión y la diversidad y dispersión de unidades significativas. Esto lo retoma Maiz-Peña agregando que la escritura masculina es más cronológica, lineal, coherente y pública, oponiéndose a la más personal, íntima, subversiva y comunitaria del sujeto femenino. Flores también señala que pocas veces en los textos autobiográficos de mujeres aparecen descritas las condiciones históricas y sociales establecidas. En cuanto al análisis de nuestros textos, Las genealogías es un libro que se desarrolla en base a anécdotas familiares y en el cual no se aprecian, tal como vaticinara Flores, grandes capítulos o comentarios relativos a situaciones históricas o sociales. En cambio, según Maiz-Peña, Margo Glantz sí está “obsesionada por una búsqueda original, por un estilo y un espacio individual” (Maiz-Peña), logrando de esta manera reubicarse en el mundo por medio de su texto. Por otra parte, el carácter comunitario del libro se aprecia en el hecho de que su historia es creada y compartida por su familia (sus padres y su hija). Además el formato de preguntas y respuestas, el crear y estar dentro de una escena hogareña íntima y el hecho de que señale que ella transcribe los diálogos, permiten afianzar la confiabilidad del lector. En Sagrada memoria, libro marcado por un lenguaje poético particular, Cánovas señala que “escuchamos un coro de voces femeninas” (Cánovas, Mujeres, 218), que corresponden a las de la hija, la madre y las abuelas. Para él, lo que predomina en el texto es la rabia ante la discriminación, lo que es posible observar en las constantes líneas del libro que recuerdan con dolor y cólera escenas del holocausto y tortura nazi en contra de judíos. Cánovas señala que “la escritura no está allí para lograr una conciliación, sino para remendar, dejando la costura a la vista” (Cánovas, Árabes, 32), logrando de esta manera la denuncia. Por otra parte, Flores dice que si bien Agosín rompe el pacto de la autobiografía (en el cual autor, narrador y protagonista tienen una misma identidad), ya que la autora no cuenta la historia de ella sino que la de su madre Frida, también señala que luego lo retoma por el hecho de transformarse en un niña de trece años, con lo cual regresa la confianza de parte del lector hacia el relato íntimo. Otro aspecto que señala Flores es que “a pesar de ser una obra al parecer enmarcada en un acontecimiento como el holocausto, el contexto histórico-ideológico está definitivamente relegado a un segundo plano” (Flores, 108-109). Creo disentir en esta observación. Si bien reconozco que el episodio histórico del holocausto está reflejado explícitamente en pocas líneas del texto, creo también que la escritura de Agosín en Sagrada memoria evoca constantemente, gracias a esas escasas menciones llenas de ira y rabia, una denuncia y una ideología en la cual se reprocha constantemente el periodo aludido y que el hecho de su casi invisible existencia en el libro no se corresponde sino con el tipo de resistencia femenino, en el cual, como señala Agosín, “la mujer siempre ha estado más cerca del silencio que de la escritura porque su acceso al habla siempre ha sido marginal” (Agosín, Silencio,15) y tal como lo mencionara antes, “la violencia como negación, aparece en silencio, como huella de palabras que son signos de una violencia endémica”. (Agosín, Lenguaje, 126). En cuanto al texto de Rimsky, Rodrigo Cánovas señala que en él existe “un sujeto protagonista en busca de un soporte existencial, que en parte es remediado por el ejercicio de la escritura del mismo libro” (Cánovas, Mujeres, 226). Al respecto la autora, en Rezagos, cita a Maurice Blanchot: “Quien escribe está en el destierro de la escritura; allí está su patria donde no es profeta” (Rimsky, Rezagos). “Soporte existencial, que en parte es remediado”, “no es profeta” en su escritura. Tal vez el carácter posmoderno que ve Cánovas en la obra tenga que ver con esta incerteza del libro, el cual es piedra de apoyo para los pies de la autora, pero a su vez génesis de incertidumbre. Continuando con la línea de Flores, podemos señalar que en el texto no aparecen señalados en mayor medida sucesos históricos o sociales, y con respecto a la autenticidad de la autobiografía, creo que algo que genera confiabilidad en el lector es el hecho de exponer en el libro las fotografías del álbum, que son la excusa del viaje, así como también la intercalación de cartas de parientes y amigos que aumentan la veracidad de éste. Por último, en Escenario de guerra tampoco podemos ver un marcado enfoque hacia acontecimientos históricos y sociales, ya que si bien por la televisión está siempre presente el motivo de la guerra, creo que es la historia íntima de la familia lo que prevalece en el libro. El relato, como mencionara antes Maiz-Peña con respecto a la escritura autobiográfica de la mujer, se presenta de forma fragmentaria y dispersa. Por medio de él, la protagonista va rearticulando su propia —otra— identidad, ya que como señala Cánovas, “la única salida para esta abandonada es la construcción de un espacio propio, la escritura, su cuaderno azul...”. (Cánovas, Mujeres, 224). De esta manera, Jeftanovic logrará intercambiar “su marca judaica por una letra identitaria” (Cánovas, Mujeres, 226). Notas 1. En este capítulo se analizarán sólo los textos de las autoras mujeres antes mencionadas. 2. Libro que corresponde al Génesis de la Torá. 3. Al respecto Lewin señala que los judíos “se sienten moralmente obligados a mantener o recuperar la ‘casa judía’ ” (Qtd Massmann), rol que por historia le corresponde a la mujer hebrea. 4. Es interesante destacar que este año 2006, en el marco del Día Internacional de la Mujer, la Intendencia Regional de Valparaíso premió como “Mujer Destacada” a Claudia Kravetz, presidenta de la Juventud Judía de Chile, ya que “se ha esforzado por mostrar a la sociedad civil, la cultura y tradición de su pueblo”. 5. Al respecto quisiera rescatar el testimonio de Juana Paillalef, relativo a ser una mujer mapuche. Ella sostiene que el serlo se corresponde con una persona que no concuerda con el prototipo esperado en la sociedad, enseñado en las escuelas de Chile sin ningún tipo de cuestionamiento (como ciertas leyes rabínicas) y que durante su vida vivió muchas persecuciones y discriminaciones. Pese esto, un buen motivo que ha permitido que ella continúe siendo lo que es se lo otorga a su familia, que por medio de una tradición oral ha mantenido vivas las raíces de su pueblo. Como se ve, al igual que para el pueblo judío, discriminación, tradición oral y familia son todos conceptos relevantes en los mapuches. Bibliografía • AGOSÍN, Marjorie. “El lenguaje femenino frente a la violencia en la literatura latinoamericana”. Taller de Letras 32 (2003): 125-126. —. “Escritura judía e historias de vida”. Taller de Letras 24 (1996): 93-98. —. Sagrada memoria. Chile: Editorial Cuarto Propio, 1994. —. Silencio e imaginación: metáforas de la escritura femenina. Colombia: Katún, 1986. • AVNI, Haim. “Judíos en América: cinco siglos de historia”. Haim Avni, reseña de Leonardo Senkman. En: http://www.tau.ac.il/eial/IV_2/senkman.htm. • CÁNOVAS, Rodrigo. Novela chilena: nuevas generaciones: el abordaje de los huérfanos. Santiago, Chile: Eds. Universidad Católica de Chile, 1997. —. “Voces inmigrantes en el relato chileno: mujeres judías”. Revista Chilena de Literatura 68 (2006): 217-226. —. “Voces inmigrantes: de árabes y judíos en el relato chileno. 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En: http://scielo-test.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0071-17132005000100009&lng=pt&nrm=iso. • RIMSKY, Cynthia. Poste restante. Chile: Editorial Sudamericana, 2001. —. “Rezagos”. Revista Patrimonio Cultural (2001). • SCHERMAN, Jorge. Por el ojo de la cerradura. Chile: Editorial Cuarto Propio, 1999. ** Roberto Ángel G. rangel@uc.cl Crítico literario chileno (1978). Aspirante al grado de magíster en literatura hispanoamericana en la Pontificia Universidad Católica de Chile (http://www.puc.cl), casa de estudios en la cual también realizó sus estudios de pregrado. === Civilización y barbarie Jorge Majfud ============================= ¿Incluyen nuestros valores la imposición de nuestros valores? De cómo presentar el horror propio como una novedad ajena. En un discurso ante el World Affairs Council de Los Angeles, el primer ministro inglés, Tony Blair, dijo que todas las luchas que libran los países libres alrededor del mundo son para defender nuestros valores. “No es solo sobre seguridad”, dijo el primer ministro, “o sobre tácticas militares; se trata de mentes y de corazones. Se trata de inspirar a la gente y persuadirlos sobre la integridad de nuestros valores [...] Se trata de demostrarles que nuestro sistema de valores es robusto, verdadero y vencerá sobre los suyos” (CNN, 1º de agosto de 2006). Como todo discurso, también éste va dirigido a una masa previamente modelada. Bastaría con observar que diferenciar “tácticas militares” con “mentes y corazones” no es más que un nuevo y falso dilema hecho a la medida del consumidor. ¿Qué sería de los ejércitos del mundo ultramoderno si no contaran con el apoyo cómplice de las “mentes y los corazones” de los pueblos? Pero basta con que el ministro trace otra línea en el suelo para imponer la nueva dicotomía: no se trata sólo de tirar bombas; se trata de conquistar los corazones. El público deberá asumir que nuestra conquista de los corazones se realiza con Amor, mientras la conquista del fanatismo ajeno se realiza con Odio. Ya en otro ensayo me ocupé de este punto, de la cultura del odio, que es el principal instrumento de dominación que comparten hoy en día los supuestos adversarios, las supuestas civilizaciones en conflicto. Veamos ahora brevemente el problema de “nuestros valores”. Es lógico y natural que todos consideremos nuestros valores como superiores a los valores ajenos; si no fuera así, adoptaríamos otros valores. El problema surge cuando en nombre de unos valores se materializan realidades opuestas. Como por ejemplo: en nombre de la tolerancia se suprime al diferente; en nombre de la compasión se bombardean ciudades; en nombre de la vida se riega los campos de muerte. En nombre de la “defensa de nuestros valores” —que incluye la aceptación del otro— se invaden países lejanos para “imponer nuestros valores”. Creo que la pregunta central aquí sería: ¿Nuestros valores incluyen la imposición de nuestros valores? El ministro ha hablado de “persuasión” (It’s about inspiring people, persuading them). Pero habrá que reconocer que la guerra como forma de persuasión es un sofisma antiguo que sólo sobrevive gracias a la inagotable estupidez humana que se renueva con cada generación. ¿No tenemos aquí un dilema que exige el principio de no-contradicción?: o se persuade o se impone. La persuasión no es el primer recurso, sino el amable complemento para quienes sobreviven a la sagrada imposición. Pero he aquí una nueva muestra de lo que he llamado “la colonización del lenguaje”. ¿Por qué se llamó “conquista” a la usurpación, robo, esclavización y masacre de pueblos enteros en América? O hay dos formas de conquistas (una por seducción; otra por imposición) y no nos aclararon de qué acepción se trataba, o hay una palabra colonizada: si un asiático conquista, eso es barbarie; si un occidental conquista, eso es seducción. Y seguramente lo mismo podemos decir desde la otra perspectiva. Manuel González Prada, en 1908 observaba la costumbre de los teóricos europeos al especular sobre las razas. Muchos —decía el intelectual peruano— se refieren a “la solidaridad entre los hombres civilizados de la raza europea frente a la Naturaleza y la barbarie humana. Donde se lee barbarie humana tradúzcase hombre sin pellejo blanco”. No es mi intención separar de forma absoluta el discurso (la narrativa ideológica de la realidad) de los “hechos”. No obstante, decir y hacer todavía siguen siendo dos cosas diferentes. Veamos, entonces, algunos hechos históricos. En la antigüedad eran los pueblos “bárbaros” los que solían invadir las civilizaciones más avanzadas. No obstante, desde las invasiones musulmanas a España y las turcas en el este de Europa, el proceso ha sido abrumadoramente el contrario. ¿Cuándo en los últimos quinientos años, una tribu africana, un pueblo sudamericano, un país asiático ha invadido Europa o Estados Unidos, es decir, los centros “civilizados” del mundo? A lo sumo la “invasión” ha sido pacífica, en forma de productiva inmigración, por necesidad y no por desbordada ambición. Pero nunca militar; ni siquiera ideológica. Las invasiones de “defensa” han procedido siempre desde el centro a la periferia, del mundo “civilizado” hacia los pueblos “bárbaros”. Así han procedido todos los imperios orgullosamente llamados “occidentales”: el imperio romano (por no comenzar con Alejandro), el imperio español, la Francia imperialista, el imperio británico y el imperio norteamericano. Siempre en nombre de Dios, la Libertad, la Democracia y la Civilización; todo lo cual se resume en una única bandera: la defensa de los mejores valores —los nuestros. Lo que significa que esos “valores” han sido, principalmente, los valores de la invasión de territorios ajenos por la fuerza de las armas y del dinero. Por lo tanto, no invadir a un país más débil es entendido como una forma de traición a esos “valores occidentales” —tanto como criticarlo. En nuestro tiempo, el hecho de que exista la doctrina de la singularidad de Estados Unidos no tiene nada de singular. La (arbitraria) singularidad justifica la imposición de los valores propios. Lo mismo han pensado todos o casi todos los pueblos del mundo primitivo, especialmente aquellos que por alguna razón material han predominado sobre otros más débiles. La fuerza es el mayor legitimador de la barbarie, porque el “éxito” siempre procede de “dios”. La idea de singularidad habilita a soslayar las mismas leyes que se les imponen a otros. Predomino, luego fui elegido por mi alta moral. Incluso los pigmeos —y no hago alusión al tamaño físico— se consideran “los verdaderos hombres”. No tiene nada de particular, entonces, que en Estados Unidos los líderes religiosos consideren que este es el nuevo “pueblo elegido”. Si cien países votan en la ONU por no y uno o dos votan por sí, eso no es entendido como una derrota abrumadora de Uno o Dos. Por el contrario, es una prueba de que el mundo es malo y aun así es salvado por Uno o Dos pueblos elegidos por Dios. Porque Dios no puede beneficiar a todos los pueblos por igual y llamar a todos los pueblos “pueblos elegidos”. Esta es la razón lógica de la singularidad. La razón práctica se demuestra con la superioridad militar de uno o dos sobre cien o doscientos, lo que hace cualquier votación una muestra irrefutable de la impotencia de cien o doscientos contra la voluntad de Dios. Cuando un pueblo elegido sufre una catástrofe (natural, económica o militar), es tan grande su singularidad y su excepcionalidad, que la tragedia nunca es atribuida a Dios sino a fenómenos naturales o a la maldad humana. Es el único momento cuando los fanáticos religiosos se acuerdan de la Naturaleza. Tampoco tiene nada de singular ni de novedoso para la historia el hecho de que hoy sea Estados Unidos el país que más influencia tiene en el mundo —para bien y para mal— y al mismo tiempo sus habitantes sean las personas que más ignoran lo que pasa más allá de sus fronteras. Por otra parte, todas estas paradojas —toda esta singularidad—, no es propia de una raza o de un pueblo en particular o de una religión: es propia del vencedor. Ángel Gavinet anotaba, a finales del siglo XIX: “Yo quisiera ver —ha escrito Cobden— un mapa del mundo según la proyección de Mercator, con puntos rojos marcados en todos aquellos lugares en que los ingleses han dado alguna batalla; saltaría a la vista que, al contrario de todos los demás pueblos, el pueblo inglés lucha desde hace siete siglos contra enemigos extranjeros en todas partes menos en Inglaterra. ¿Será preciso decir una palabra más para demostrar que somos el pueblo más agresivo del mundo?”. Años antes, en 1866, el ecuatoriano Juan Montalvo escribía: “Los pueblos más civilizados, aquellos cuya inteligencia se ha encumbrado hasta el mismo cielo y cuyas prácticas caminan a un paso con la moral, no renuncian a la guerra: sus pechos están ardiendo siempre, su corazón celoso salta con ímpetus de exterminación”. Y más adelante: “La paz de Europa no es la paz de Jesucristo, no: la paz de Europa es la paz de Francia e Inglaterra, la desconfianza, el temor recíproco, la amenaza; la una tiene ejércitos para sojuzgar el mundo, y sólo así cree en paz; la otra se dilata por los mares, se apodera de todos los estrechos, domina las fortalezas más importantes de la Tierra, y sólo así cree en paz. Los zuavos, los huásares, los cazadores de Vincennes son la paz de Francia; los buques acorazados, Gibraltar, Malta son la paz de Inglaterra [...]. Rusia ahogando a Polonia, ahorcándola, azotándola, mandándola a los steeps de Siberia, es la paz de Europa. La Gran Puerta degollando, desterrando, aniquilando a mansalva a los montenegrinos, es la paz de Europa. Prusia defendiendo el derecho divino, oprimiendo a Dinamarca...”. En 1942, Alfonso Reyes recordaba al primer ensayista francés: “Es cierto, se decía Montaigne, que aquellos indígenas [de las Amazonas] son caníbales, pero ¿no es peor que comerse a sus semejantes el esclavizar y consumir, como lo hace el europeo, a las nueve décimas partes de la humanidad? América tortura a sus prisioneros de guerra; pero Europa, piensa Montaigne, se permite mayores torturas en nombre de la religión y la justicia”. El mismo Juan Montalvo había observado: “El tigre devora al corzo, pero ¿vemos que jamás el tigre devora al tigre, ni el oso al oso, el buitre al buitre? Sólo el hombre devora al hombre y en esto viene a ser peor condición que la bestia misma”. Ahora, si las diferencias religiosas fueran tan importantes como lo promueve la ideología de The Clash of Civilizations, las diferentes comunidades en un mismo país vivirían en permanente guerra. La razón de los conflictos mundiales radican en los intereses del poder, y éstos generan las ideologías y los discursos moralizantes que las sostienen. La cultura del odio es el instrumento democrático del cual se sirve el cálculo del interés, que es el fin aristocrático. La lógica nos dice que la repetida y saturada invocación a Dios por parte de los fanáticos de un lado, debería hacer reflexionar a los fanáticos del otro bando que recurren a la misma invocación divina con la misma insistencia. La locura ajena debería iluminar la locura propia: secuestrar a Dios es una pretensión arbitraria y criminal. Sin embargo, observamos que el efecto es estrictamente el contrario: los fanáticos de un lado y del otro profundizan el mismo recurso sin ver la paja en el ojo propio. Lo que bastaría para demostrar que no los guía la razón ni la sensatez, sino el mismo fanatismo. Pero ¿cómo explicarle esto a un fanático que se cree elegido por Dios? Aún mantengo la creencia en el progreso de la historia. Pero cuando miro el repetido horror del cerebro humano, cometido en nombre de la Verdadera Religión y de los Mejores Valores, lo único que le pido a Dios es que exista. ** Jorge Majfud jmajfud@hotmail.com Escritor uruguayo (Tacuarembó, 1969). Arquitecto graduado en la Universidad de la República del Uruguay (1996). Ha sido profesor en la Universidad Hispanoamericana de Costa Rica y en la Escuela Técnica del Uruguay, donde ha enseñado artes y matemáticas. Enseña literatura latinoamericana en la Universidad de Georgia, Estados Unidos. Ha publicado las novelas Hacia qué patrias del silencio (memorias de un desaparecido) (Graffiti, Montevideo, Uruguay, 1996; Baile del Sol, Tenerife, España, 2001) y La reina de América (Baile del Sol, 2001), el libro de crónicas 9 viajes (Trilce, Montevideo, 2002) y los libros de ensayo Crítica de la pasión pura (Graffiti, 1998; HCR, Virginia, EUA, 1999; Argenta, Buenos Aires, Argentina, 2000) y El tiempo que me tocó vivir (2004). También textos suyos aparecen en Entre siglos-Entre séculos: autores latinoamericanos a fin de siglo (Pilar Ediçoes, Brasilia, Brasil; Bianchi Editores, Montevideo, 1999). Cuentos y artículos suyos han sido publicados en diarios, revistas y selecciones, como La República, El País, La Vanguardia, Rebelión, Resource Center of The Americas, Revista Iberoamericana, Eco Latino, Jornada, Centre des Médias Alternatifs du Québec y otros. Es miembro del Comité Científico de la revista Araucaria de España. Ha colaborado en la redacción de Enciclopedia de Pensamiento Alternativo (Buenos Aires). Sus ensayos y artículos han sido traducidos al inglés, francés, portugués y alemán. En 2001 recibió mención del Premio Casa de las Américas, Cuba, por La reina de América. Obtuvo el Premio Excellence in Research Award in Humanities & Letters, UGA (Estados Unidos, 2006). ||||||||||||||||||||||||||||||| LETRAS |||||||||||||||||||||||||||||| *** Los pezones de Alicia Carolina Lozada *** Poemas Javier Raya *** Domingo de visita Yamileth Latorre Quintana *** Poemas Nora Nani *** Relatos Alberto Hernández Cobo *** Poemas Goyette Dos Gallos *** Pasajera Sergio Borao Llop *** Poemas Adriana Lamela *** La guerra Ana Isabel Hibert *** Poemas Martha Espejo *** Lo que no esperas Miguel Corrochano *** La muchacha Moisés Sandoval Calderón *** Poemas Rubén Eduardo Gómez *** La última carta Severo Insausti *** Poemas Ernesto Carrión === Los pezones de Alicia Carolina Lozada ============================ Soy el soldado de tu lado malvado. Calamaro. Los pezones de Alicia son como dos medallones chilenos, grandes y oscuros. Ella sabe que me matan sus pezones, por eso cuando voy a buscarla, baja corriendo las escaleras con una diminuta blusa color rosa sin sostenes que retengan esas delicias del Pacífico. Yo la veo bajar y observo cómo se mueven sus frutas marinas. La tomo entre mis brazos y trato de aferrarme lo más posible a su pecho henchido. Ella lo disfruta al principio, pero luego me pide que la suelte un poco, que le estoy cortando la respiración. Si Alicia supiera que eso es lo que quiero, ahogarle la respiración con mi abrazo y mis besos infinitos y mortales. Salimos, es sábado y esta noche vamos a bailar en la discoteca frente al mar. Haremos el amor y yo comeré sus medallones chilenos. En la discoteca Alicia baila y su cuerpo se vuelve liviano como la espuma, sus espeluznantes caderas tropiezan con mi miembro, su respiración jadeante me enloquece en medio del baile. Le tomo los senos y se los acaricio violentamente, hasta que se los lastimo. Ella, molesta, me aparta y sale de la pista de baile, yo la sigo con desesperación y le pido disculpas. Con mimos y palabras bonitas logro calmarla y la convenzo de ir a la orilla de la playa. Llegados hasta ese lugar, observados por los ojos acuáticos, nos besamos y arrastramos por la arena. Le desnudo los senos y sus pezones surgen como ojos que me observan desde sus pechos y logran atrapar toda mi atención, olvidándome de quitarle su falda y bragas. Sus pezones me atrapan de tal manera que no me interesa desnudarle su jadeante sexo de vellos petroleros. Sólo me interesa mirar y lamer ese par de medallones que se me ofrecen como animales mitológicos y salvajes. Alicia comienza a incomodarse por mi desatención hacia su parte de abajo que implora llorosa por mi lengua y mi falo. Pero tanto Alicia como su parte de abajo no entienden que soy prisionero de sus pezones, que no soy más que un miserable esclavo de ese par de lunas oscuras que como imanes atraen mi mirada y mis manos. Y lo que en principio fue el placer mórbido de la mirada por ver ese par de estrellas sonrosadas sobre sus pechos galopantes, se convirtió en una fijación enfermiza que no me dejaba disfrutar el resto de su cuerpo, y pronto entendí que debía eliminarlos. Y antes que ellos leyeran mis pensamientos, me di a la tarea de lamerlos y endulzarlos y al hacerlo sentía cómo respiraban gozosos y al mismo tiempo percibía el calor rabioso de su despechada entrepierna que intentaba morder mi falo ante mi indiferencia por esa zona de volcanes y maremotos. Luego de los besos y lametazos, cuando los pezones embrujadores estaban más acaramelados, lancé mi primera estocada. Un gran mordisco cuyo dolor hizo gritar a Alicia, pero como ya todo estaba previsto, le había tapado la boca. Luego vino el otro mordisco a ambas puntillas y pronto unas leves líneas de sangre como sonrisas comenzaron a surgir de sus malignos pezones. Al ver la sangre supe que tenía que acabar rápido el trabajo, así que comencé a morder atropellada e insistentemente, hasta que las finas líneas escarlatas se convirtieron en gruesos borbotones de sangre oscurecida, mientras que las mejillas de Alicia iban perdiendo color y vida y sus gritos se fueron apagando, a tal punto que al final no eran más que leves gemidos de gata moribunda. Los pezones fueron cediendo ante la insistente mordida y cayeron uno a uno en mis manos que los recogieron y lanzaron al mar, esperando que algún día llegaran al Pacífico, de donde seguramente, habían salido. De repente el cuerpo de Alicia dejó de moverse y quejarse y un frío arropó toda su piel que hasta hace minutos era fuego. Me levanté y emprendí mi camino, ya pronto amanecería y no es mi estilo andar por la calle con luz de día. ** Carolina Lozada natalia_linacero@hotmail.com Escritora venezolana (Valera, Trujillo, 1974). Licenciada en letras mención lengua y literatura hispanoamericana y venezolana (Universidad de Los Andes, ULA, http://www.ula.ve, Mérida). Ganadora del I Certamen de Relatos Breves “El País Literario” (Madrid, 2005). Mención publicación en el I Certamen de Narrativa “Salvador Garmendia” (Caracas, 2006). Mención de honor en el II Concurso de Narrativa “Antonio Márquez Salas” de la Asociación de Escritores de Mérida (Mérida, 2005). Ha realizado trabajos de investigación literaria para la ULA. Correctora de estilo en diarios regionales. Actualmente forma parte del taller de narrativa del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg, http://www.celarg.org.ve), impartido por el profesor Luis Barrera Linares. === Poemas Javier Raya =============================================== *** Hundimiento del día Encallado en su inabarcable fuga, hierve el día tras el horizonte, desanudando el vendaje sucio de la herida solar. En el vuelco de otra ola convergen los siglos enlutados al velamen de su marcha. Chorro de luz crujiendo la inmolación del astro, la memoria irrespirable, cada gaviota en su asidero. La potestad humana se hunde a veces como el día, con toneles de vino y tesoros gravitables hacia el fondo. Todo así está en orden. *** Arribo Vine aquí buscando mi sombra. Ando bajo la lluvia, soy lluvia. El motivo de la respiración era mi fardo, mi herrumbre, pero aquí estoy, soy lluvia, te escucho, dime lo tuyo en los postigos del sueño, sobre la lámpara inmoladora de palomillas. Necesitas silencio, un grito preñado de aire vacío para decirte, la hoja predispuesta sobre el escritorio y razonable calma. El gatillo marca la hora. Te esperaba y te instalaste. Yo escribo mientras te esperando, fuera llueve, nadie sale, no digas puerta, conjura lo conjurable de esta noche: dime lo tuyo. Eclosionas: veo tu rostro a la orilla del humo, tu paso cimbra los animales de mi sueño. Te escribo: llegas o estuviste siempre atada de manos a mis manos, detrás de las cerraduras que ocultan el polvo, detrás de los objetos, como humo en la visión, persiguiéndome. Vine aquí buscando tu sombra. *** Irritado de rito... a Tomás Segovia Irritado de rito, hastiado de la vuelta siempre derretida hacia el mismo espacio, con la misma cadencia de alas que son hojas, de ríos que son polvo de ramas que son vuelo, voy sin ti por las márgenes buscando mis pedazos. ** Javier Raya raya.ja@gmail.com Poeta mexicano (México, D.F., 1985). Ha hecho estudios de literatura en la filial de Querétaro, donde reside, de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem, http://www.sogem.org.mx), y en el Seminario de Creación Literaria del Centro Estatal de Formación Artística y Cultural (Cefac). Fue miembro del consejo editorial de la revista Crótalo Nueva Época. Mantiene el blog de poesía La casa invisible, en http://javierraya.blogspot.com. === Domingo de visita Yamileth Latorre Quintana ====================== Una hernia es una enemiga seria. Convierte mi andar en casi una súplica, me aguijonea para hacerme pedir que por favor la vida no transcurra tan rápido. Que al menos los altos de los buses sean menos breves y me den tiempo siquiera de que mi pierna izquierda alcance a la derecha sin complicaciones, dándole un respiro a mi fatigada dignidad. ¿Quién lo diría? Los domingos de visita ya no me gustan. Se me antojan cada vez más lánguidos, pesados. Están como ausentes de las risas en coro, de esa alegría a dos o tres voces. Ya no tienen el aroma de las viandas preparadas con esmero y anticipación. Y, sobre todo, carecen de ese alguien —poseedor de la misma sangre, o al menos de las mismas ilusiones, en las venas— a quien visitar. Igual, hoy hice mi mejor intento para salir del encierro o, mejor dicho, para sacar a pasear mi encierro. Pensé: doña Delmira y el compadre Carlos se pondrán felices al verme. Claro, un poquito más la doña, que nunca se cansó de mandarme recados, como lo hacía con Carmelita, preguntándome: “¿Cómo anda la familia, don Pedro?”. Que manía la de esta señora. Preguntarme por la familia, sabiendo bien que cuando los hijos crecen ponen un pie fuera de casa, consiguen el marido, la mujer. Se largan lo más lejos posible a disfrutar su independencia. Y ni más. Pero para qué hacérselo recordar, seguro que lo sabe, y bien, pero finge no estar al tanto. Y cuando hablo de fingir, yo prefiero hablar del disimulo. Que es casi un arte de restauración y una filosofía, también de restauración. Es una forma de devolverle los colores naturales a las cosas, aunque en el fondo sepamos que han sido trastocadas por insólitos pinceles. Pero hablar del disimulo con ella sería un problema mayor, qué va a saber de todo eso esta mujer, que nunca oculta el rubor en sus cachetes mofletudos cuando me ve venir. Y el compadre Carlos también finge no estar al tanto, por eso son tal para cual. El disimulo lo restaura todo. Sí, cómo no. Por eso yo disimulo cada vez que siento manifestarse con más fuerza este infame bulto que destruye mis tejidos, pero nunca es suficiente. Me duele la hernia, sí señores. Pero, ¿por qué he de quejarme?, me duelen tantas cosas: los domingos de visita, los hijos que ni más, el rumor de las calles como ausentes de ella, mi voluntad que nunca es suficiente, me duelen tantas cosas propias y ajenas, me duelen estas reflexiones y este solo dolor. Y he llegado a pensar que así está bien. Mientras la vida aún me duela, será señal de que estoy vivo. Cuando ya no haya dolor, habrá muerte. Estoy convencido. Pero he de aclarar que yo no tengo nada contra el compadre Carlos, mucho menos contra la comadre Delmira. Es sólo que cada vez me gustan menos los domingos de visita y aun así los siento como un deber, una tradición familiar que no voy a ser yo quien la eche a perder, no señores. Pero esta mañana, a pesar de olvidarme que tengo más de 80 años, varias veces sólo he llegado hasta el estribo de la 35B antes de darme la vuelta y poner los pies en la tierra, derrotado. Pronto necesitaré que alguien me lleve del brazo y me ayude a subir todos los caprichosos escalones que se me crucen en el camino. Ni el disimulo puede contra estos. Algún día —que ya lo siento como si fuera hoy— se tiene que perder la independencia ganada, no hablo sólo de aquella obtenida al salir de casa dando un portazo, sino también de esa que merece una efigie por lo arduo de la conquista. Lo entiendo ahora: hay tantas clases de cárceles como las hay de presos. Y logré subirme a la línea 35B, acompasando el dolor con la recompensa de mi propósito cumplido. Yo sabía desde que me levanté de la cama que no iba a ser misión sencilla sacar a pasear mi encierro y llevarlo de visita a casa de don Carlos y doña Delmira. Lo peor fue cuando ya en el bus unos jovenzuelos se negaron a cederme el asiento reservado (debo reconocer que tengo algo de culpa en esto: siempre ando aparentando excesiva suficiencia), pero esta vez me había cansado de mostrar tanta amabilidad y complacencia ante tanta indiferencia. Antes de ordenar bien las ideas, mi hernia se animó a dar un discurso de cómo era la vida antaño y ogaño en Lima, les restregué en sus oídos capitalinos-mestizos que los efebos respetaban a los ancianos. Y, como yo soy un hombre de escuela, les dije que los ancianos son el banco de conocimiento de la humanidad y que había que honrar su presente, más que su pasado. Cuando el carro dobló por la avenida Manco Cápac, en La Victoria, mi hernia y yo nos entregamos al reposo, faltaban pocas cuadras para llegar a casa de doña Delmira. Algunos hasta creyeron que debían pagar mis reprimendas con centavos. Sonrojado hasta los tobillos me negué a recibirlos (no en vano había defendido con tanta vehemencia mi vapuleada dignidad), a pesar de que me hubieran sido útiles para pagar el pasaje con recargo por feriado. Cuándo entenderé que a esta edad ya no se está para mirar con desdén unas cuantas monedas más en los bolsillos. Y alguna vez también tenía que pasarme que los días empezaran a ser excesivamente largos, con demasiados intervalos en blanco. A pesar de que doña Delmira no escatimara abrazos de bienvenida y el compadre Carlos hiciera lo mismo, yo no supe qué hacer para llenar los momentos que parecían detenerse. Todo bien por la casa. Pausa. Claro que uno extraña a los hijos y los sigue queriendo como cuando eran pequeñitos. Pausa. ¿Desde cuándo planta tulipanes, doña Delmira? Este clima no les sienta tan bien. Doble pausa. Y usted don Carlos sigue igualito. Pausa. No se preocupen yo tomo lo que haya en la casa, cualquier cosa, como buen viejo. Doble pausa. Sí, claro, sigo con mis lecturas, aunque los ojos ya no me dan para tanto. Pausa. Sólo sírvame un poquito, doña Delmi, estoy un poco inapetente, pero venga todo lo que haya para tomar. Un pisquito estará bien. ¡Salud! Pausa. Pausa. Pausa. Pausa... Nunca Carmelita estuvo más ausente como esta mañana, y esa ausencia era más bien una presencia fortalecida. Se asomó en la merienda servida, en el sillón que me quedó más grande que nunca, en mis momentos de mutismo que parecían cada vez más prolongados, en mi incapacidad de amenizar la reunión como lo hacía ella con una simple carcajada o esos gestos comedidos de poner la mesa, llevar aquello, traer lo otro. Vengo a entenderlo ahora: sin Carmelita soy doblemente tímido, doblemente triste, doblemente dependiente, doblemente infeliz, doblemente viejo. Y ya no sé si sólo he perdido el apetito o las ganas de reírme en coro. Me aterra el pensar que también voy perdiendo las ganas de luchar contra mi hernia. La vida pasa hoy como si yo la viera desde la ventana de enfrente, como una película en la que yo no soy ni por asomo el protagonista. ...Será mejor que regrese el próximo domingo, doña Delmi. Pausa. Es que mi hernia no ha dejado de molestarme desde que me desperté. Pausa. Sí, pues, qué pena que Carmelita ya no esté con nosotros. Pausa... Y otra vez el delirio de enfrentarme a mi hernia, de sortear las calles y atrapar el bus de regreso a casa. Menos mal que vivo justo a una cuadra del parque El Porvenir, muy cerca de la avenida México (ahí donde muchos tienen la manía de no salir, como yo). Señor, no se vaya a pasar. Unos cuantos metros serían como kilómetros para mí. Por supuesto que tengo sencillo, pero ya deténgase por favor. Aquí se está bien. Menos mal que ya termina el domingo de visita. Que ya terminó. Aquí no hay lugar para el disimulo, aquí, junto a la torcida yerba, es más fácil comprender que mi historia ya no es la principal. Que hay otras que recién empiezan, como aquellas colgadas del balcón. Por ejemplo, sé que la casa amarilla (claro que es amarilla, si se la ve bien) está habitada por una madre soltera —¿o quizá viuda?— y dos hijos, una niña muy chiquita y un niño ya más grandecito. Que en aquella otra casa celeste viven dos señoras, me contaron que son hermanas, que renunciaron a ser monjas, pero convirtieron su hogar en lo más parecido a un convento de claustro. Sí pues, hay tantas clases de cárceles como las hay de presos, creo haberlo dicho ya. Que en esa quinta vive sólo un viejo, qué desperdicio de lugar. ¿Qué cómo lo sé? Las ropas tendidas en los balcones tienen voz, yo sólo las escucho con atención desde esta banqueta, antes de volver a casa, ya no queda más por hacer. Sólo luchar un poco más contra mi hernia y resignarme a perder cada vez un poquito más mi independencia. Las tardes se mueren como si volvieran al vientre materno. Así se va la vida de regreso, como recogiendo las lágrimas, como juntando las alegrías desbordadas, los perdones, las promesas y haciendo con ellas un amasijo comestible. Y yo que estoy inapetente. Así se va el domingo, llevándome por un brazo de regreso, a paso ligero. Jurándome que habrá un lunes y otro domingo y otro lunes. Consolándome cuando yo he gritado que ya no quiero mis pies sobre el asfalto, que ya me he cansado de correr en círculos concéntricos. Y este regreso será como tomar la 35B de espaldas, con más sigilo y mayor cálculo. Sabiendo que partiré y al llegar encontraré la vianda preparada, las risas en coro, la casa estremecida de júbilo, el mes de diciembre de los años celebrados con vino y champagne. Este regreso será como encender la luz y encontrar la felicidad intacta, con su propio fulgor. Ya no habrá necesidad de escarbar en el disimulo. Estarán esperándome mis días de padre, de obrero, de hermano, de hijo. Estará mi esposa, tendiendo nuestras ropas, nuestras historias, no importa si en el balcón o en el tendal. Y estaré yo, en otro domingo de visita, sabiendo que el dolor se oculta en alguna parte, con fuerzas aún para jugar a las escondidas y correr para no ser atrapado. Me lo han contando los días que se mueren como si volvieran al vientre materno y aun así, me sigue doliendo la vida porque sí. Me iré a llorarla a casa en solitud. ** Yamileth Latorre Quintana yamileth@ec-red.com Escritora peruana (Lima, 1977). Licenciada en ciencias de la comunicación, con especialidad en periodismo escrito, por la Universidad de San Martín de Porres (http://www.usmp.edu.pe). Es periodista, docente universitaria y colaboradora de la revista Etiqueta Negra (http://www.etiquetanegra.com.pe). === Poemas Nora Nani ================================================= *** Canción para un insomnio Quiero rimar la noche con el sueño y digo carbón. No sé. Por decir algo. Por alzar las tramperas de la sombra y descubrir su luto estrepitoso de estrellas, chispas de una hoguera espléndida. Estado de vigilia. Catatonia de los límites. Dibujo ojos que narré durante el día en chimeneas pródigas de prolija obscenidad. Vuelvo atrás y recojo en el fuego diurno algún olvidado designio, lo repaso con furia o con cariño, inevitablemente le cambio algunas fichas, palabras que equivocaron lugar, personajes que perdieron su identidad de esquina, gestos que se desdoblan en palomas y en gatos, vuelvo a construir el paisaje, el retazo de vida que me ronda y otra vez la luna en carcajada de luz me declara inocente. ¿Quién dijo que los inocentes duermen? Es un estrépito la caravana que transcurre mi sangre y una matemática feroz vuelve a pedirme una rima. Rimemos insomnio y camino. Ocurre la noche y repito los sitios que anduve: ademanes, congojas, risas... Me sigue doliendo la palabra como un grano en el silencio. Las piernas tiemblan con temblor de caminata y solo las venas trazan los pasos que vegeta el cielo entre movida de ángel y peón del demonio. Me alejo. ¿Iré a dormirme? Este es un paisaje que desconozco. Pero ya me está trazando un árbol. ¡Que borre ese árbol! ¡Que borre la despedida de ese árbol! Debo detenerme. Algo de familiar tiene en el pasamanos de su corazón. Entonces pensaré en alguien, en alguien que rime con ese árbol, porque ese árbol vuelve a ser día detrás de los párpados, y pude haberme sentado a su sombra o celebrado algún rito que no recuerdo o un personaje que vive de ardilla ató mi cintura al humo de los trenes... Ya estoy viajando por las vías cercanas del árbol en un tren que oprime la rutina y sé que ahora no quiero dormirme porque voy a pasarme, me pesan los ojos pero ya llegamos, rimo sueño con destino y no sé por qué se me ocurre madrugada. *** Una chicharra Me molestaba el ruido. Pero quizás era el canto: su grito de amor, el conjuro desvelado. ¿Desafinaba de alas o de patas mi pequeña mensajera del sol, opaca y chirriante como una moneda sucia que el verano desgrana? Pero quizás era el canto. Y yo no sabía que se puede aserrar el aire así con tanta abundancia de llaves derramadas, con tanta lamentación en el sonido, con tanto vidrio atravesado por ojos insolubles, oh descarada y terca juntando en la saliva de los astros la manera del aullido y el tono que convoca la asfixia. Hoy maté una chicharra. Porfiada de altas monotonías era un puñal en el pecho del aire. Maté su insecto desbocado, su insolencia de vida, su perfil de flecha en mi distancia. Hoy maté una chicharra. Un bicho pequeño con cara de langosta tristona. Una ternura destemplada poniendo agujas en mi silencio. Pero quizás era el canto. *** Tendida en la hierba Nunca se pone más ángel la noche que cuando la mira mi corazón derramado en la hierba. Allí va entrando a un zoológico de estrellas, nombra a las bestias en su redil poderoso, pasa lista a sus vientres de humo y ya listo el pastoreo de azul y de milagro, les arropa las aristas con siluetas de nube y las entrega al corral del vértigo como a una cajita que madura toda la eternidad en su sonrisa. Después vuelve —mi corazón, digo, cumplida su tarea de angelicar la noche— regresa a la cueva de mi pecho donde yo lo espero desnuda con toda la inmensidad a cuestas. ** Nora Nani noranani@hotmail.com Poeta argentina (Leones, Córdoba, 1946). Reside en Villa Rumipal, en las sierras de Córdoba. Ha publicado Ciruelas, Los funerales de la sangre, Diré tu nombre y Maneras del silencio. === Relatos Alberto Hernández Cobo =================================== *** Relato 1 Era él, estaba totalmente convencido de que todo lo que respiraba, a su alrededor, era su propio sudor. Le olía a azufre, importado desde el mismísimo infierno, pero lo que más le preocupaba, lo que realmente lo confundía, era que necesitaba con urgencia seguir sintiendo el aroma repugnante de su carne. Se sabía infestado de plagas, vértigos somnolientos y silencios repletos de instantes viciosos por los temores de la muerte. Las horas de su existencia estaban rodeadas por seres invisibles, caníbales, sedientos de los más viles espacios de su sangre. Deseaba arrancar las sombras de sus sueños, ansiaba derrotar los fantasmas que habitaban sus ojos, sentía la terrible necesidad de saberse solo en el mundo que había invadido a través de las manos de un ciego, pero ni el vértigo, ni la ausencia del silencio, le permitían escapar de las palabras de la noche. Pensaba, perdía su poco tiempo estudiando la forma de terminar los aburridos sueños del cuerpo que poseía, siempre se repetía que no seguiría viviendo de esos sueños, pero siempre regresaba, volvía una y otra vez al mismo hueco, repleto de fragancias débiles, rabias absurdas, grises melancólicos y esperas bruscamente ásperas, todas carcomidas por una soledad pestilente y atadas al filo de su conciencia de lo no permitido por su memoria. Sufría lo indecible, sentía miles de látigos azotando las miserias de su lengua, siempre trataba de huir del acoso de gritos que rasgaban sus oídos. Recordaba las tempestades que rodeaban su infancia, dolores indescriptibles, todo heredado por el frío y las angustias de su breve dormir. Tenía el poder de terminar felizmente su estropeadísima forma de vida, con solamente morderse un meñique, mientras abría un ojo y con un libro de algún poeta venezolano se acabaría todo, pero tenía unos problemas mucho más grandes, le resultaba muy difícil morderse un dedo porque no tenía dientes, otro de sus inconvenientes era el no poder abrir un ojo porque ambos eran de vidrio y lo peor de todo era no poder poseer algún libro porque era un simple y pobre ermitaño. Al fin pudo recobrar una pequeña parte de su conciencia, se vio obligado a hacer un último intento para recordar cómo había llegado a esa fantasía inundada de sombras frías. Cuando escuchó su último suspiro, se dio cuenta de que estaba viviendo toda su realidad en otro ser, había muerto, se había despertado en un abismo lleno de sus propios recuerdos, insomnios y deseos de muerte. *** Relato 2 La muerte se había llevado su conciencia. Le dejó vivir para que sirviera de “vivo” ejemplo ante los seres que lo rodeaban, para que supieran que el que apuesta contra ella, siempre termina escribiendo sobre la locura que deja en el lugar de la memoria. Esperaba un día caluroso para poder enfrentarse una vez con la muerte, para recuperar su cordura, pero ella sabía que él no podría vencerla, él no tenía nada que ofrecer porque lo había perdido todo, lo único que le quedaba era un frasco, su cuerpo, con un poco de aire y ansias de volver a sentir los sueños. Volaba entre frías imágenes, sombras infinitamente profundas y el silencio escalofriante que se escondía en el absurdo arte de sus nostalgias. Escribía únicamente lo que sus fantasmas le permitían. Sus horas eran absorbidas por la impaciencia, la ansiada y repetida sed de venganza y los pocos reflejos de sol. Había voces que decían que no hablara, que no retara a la muerte a llevarse sus ruinas, pero él insistía y repetía que le ganaría, nadie le creía. Los seres más osados no podían creer lo que escuchaban, el solo hecho de llamar a la muerte les causaba escalofríos, les ponía los pelos de punta, se imaginaban que ella escucharía al aventurero y por culpa de éste todos perderían sus almas, pero fue lo contrario. La muerte al fin decidió presentarse en el lugar de batalla, todos se escondían y trataban de no escuchar los lamentos y maldiciones que salían de su bata negra. La muerte traía un contrato para su retador, algo así como un “negocio redondo”; ella le proponía al arriesgado aventurero regresarle todo lo que por ley había conseguido llevarse, pero a cambio, él tendría que llevarle a ella el alma de una poeta no mayor de 23 años, tres cabellos de un escritor de cuentos que no llegase a los 52 años y los dedos de la mano izquierda de alguien que mencionara la palabra “extravío” en sus emotivos escritos, cosa que era muy arriesgada porque divulgaría el escondite de los únicos seres que toleraban su locura. *** Relato 3 Creía que viviría en paz, pensó que finalmente las voces que habitaban en su conciencia se habían extinguido. Erradamente, sentía que una soledad infinita y hueca que invadía sus ojos, sus manos y hasta su boca. Tenía la terrible sensación de que un espacio inerte se apoderaba velozmente de la poca locura que tenía para sobrevivir en la noche. Sus quejidos se escuchaban hasta en el mundo de Morfeo, ya estaba a punto de lanzarse al vacío permanente y oscuro del olvido, pero algo borró su desespero, una extraña voz le susurró a su desmemoriada memoria que no podía matar los breves recuerdos que soportaban su humilde respiración, que debía esperar el retorno de la luna para curar sus lamentos y aburridos vértigos guardados bajo su carne. Entonces esperó. Esperó y esperó sin más. El tiempo le cruzaba por los ojos; sin ver, sin oír, sin andar, esperó que la luna asomara entre los árboles, los samanes desfiguraban el día. Las estrellas fueron apareciendo lentamente en el horizonte. La luz del sol se encogía y ocultaba detrás de los montes. Él, continuaba esperando. Sólo el brillo de la luna podía devolverle la esencia de su existencia efímera. Aguardó con paciencia, primero; luego con calma, al rato la preocupación iba subiendo por su espalda; su respiración se agitaba, sus labios temblaban, la paciencia desaparecía frente al temor, el miedo y el desespero se apoderaron de su cuerpo. La luna no saldría esa noche, tampoco las siguientes. Ella se había fugado hacia otro espacio del universo. Entonces, el hombre, ya al borde de la cordura, comprendió que su vida estaba destinada a no ser. Alzó las manos sobre su rostro, presionó el botón de auto-liquidación y sin recibir respuesta, recordó que hacía ya muchos años su mundo había comenzado a ser una copia del caos apocalíptico. Él, como androide, estaba destinado a la eternidad. ** Antonio Hernández Cobo alexcobo1@hotmail.com Escritor venezolano (Maracay, 1980). Ganador de una mención especial en poesía en el Concurso Literario Interliceísta “Sergio Medina” (Maracay). Ha participado en el I Encuentro de Jóvenes Escritores de la Universidad de Carabobo (Valencia, Carabobo) y en el I Encuentro de Jóvenes Escritores 2004 (Santa Ana de Coro, Falcón), entre otras actividades literarias. Textos suyos han aparecido en el suplemento cultural Contenido del diario El Periodiquito (Maracay, http://www.elperiodiquito.com) y en las revistas digitales Panfleto Negro (Venezuela, http://www.panfletonegro.com) y Presagios Virtual (Cancún, México, http://presagios.mx.tripod.com). Ha publicado el libro de cuentos Susurros de octubre (La Liebre Libre Editores, 2006). === Poemas Goyette Dos Gallos ======================================== *** Mi provincia bastarda Fuerte y acalambrada está mi entrepierna, el goce de aquella figura buscando la gota salada te invita a desterrar a tan añejas pinturas, la noche cae inevitablemente como todo imperio. Y mientras sentado en aquella banca de cemento, contemplo la seguridad que es fundada por el miedo, limpias en la madrugada del vómito de hace unos cuantos minutos, Soberbias lamentaciones tras la celda de la semana anterior. Tolerancia para algunos, brandy para otros, y un señor tirado en el prado, oliendo a tabaco y a bebida fermentada. Así es la provincia llena de gestas y traiciones, una envidia de las muertas, bien lo sabe Ibargüengoitia, que cada amanecer toca siniestramente a cuévano. Vienes a tocar el frío de una plaza, ignota a tu naturaleza pervertida por la costumbre. muñecas de trapo con olor a aguardiente, Vendiéndose en los portales de herencia bastarda. Déjame seguir leyendo textos de otros tiempos, junto a una taza de olor de otras tierras, más o menos pervertidas no lo sé, bésame ahora mientras hay calor en mí. *** Libro del cincuenta Búscame una razón para la existencia de mis labios, Siento que es inevitable su roce con el asfalto, Acostumbrados al sabor que da el vinagre, Hazlo y pronto, porque se tornan morados. Te espero ya que estoy harto de caminar, Perturbado por tu mirada no puedo más que meditar, ¿Quietud? No la hay, ¿soledad? Tal vez. ¿Amargura? Seguramente no. Agazapado tras el brandy incondicional de sus muslos, Con vuelta a las victorias de antaño, memoria perdida, Destino conocido y tormentoso de aquellas plazuelas inmundas, Harto de las flores y de su belleza busco quien las supla. Ratos de espera y desesperación, subida inclinada de una pasión, Espinas que entran hondo en su pensamiento y suprimen el amor, ¿Entrega? Todo y nada, ¿Generación? La tuya. Libro del cincuenta olvidado y revendido al peor postor. *** Caminando Caminando por aquellas viejas calles de Interlaken De piedra triste y gris fue que encontré refugio con él, Turco era el posadero quien me brindó aquella cerveza, Helada y amarga logró levantarme, pagué algunos francos. Seguí andando hasta llegar a la plaza, respiré y lloré, De ver tan limpio el cielo, tan fácil el aire y tanto dolor, Solté la pena dejando caer su pañuelo muestra de amor, Lo dejé ahí para siempre, herido limpié la lágrima y sangre. Sentado en el sendero de Asís lo volví a sentir, escribí Y le di la espalda, lo recorrí ahora con más esfuerzo, Arriba se alza la razón de estar ahí, perdido fuera de mí, Tirado escuché cómo el agua caía tocando un canto glorioso. ** Goyette Dos Gallos goyettedosgallos@gmail.com Escritor mexicano (Celaya, Guanajuato, 1984). Estudia derecho y es activista político. Mantiene una bitácora de poesía en http://plateaumontroyal.blogspot.com, y una personal en http://goyettedosgallos.blogspot.com. === Pasajera Sergio Borao Llop ======================================= —No me gustan las despedidas —había dicho mi amigo Luis. Después me abrazó con impaciente levedad y se alejó hacia la calle, sin volver el rostro, sin mostrar la menor emoción. Dejando atrás los reflejos de los innumerables cristales, salió de la estación y se dirigió con prisa hacia el aparcamiento. Sonreí. Le conocía bien. Las separaciones le resultaban tan dolorosas como a cualquier otro, pero le molestaba emocionarse. Por ese motivo, siempre que era capaz de prever algún conato de abrazos prolongados y frases empalagosas, escapaba a la situación alegando una prisa que no siempre era fingida. Por otra parte, apenas faltaba un mes para que comenzase la nueva temporada: la rutina de los entrenamientos, el descubrimiento de las virtudes y de los defectos en los jugadores nuevos, la épica de los partidos, los problemas con la directiva... Y ahí íbamos a estar un año más, codo con codo, lidiando con jugadores, directivos y árbitros, empeñándonos en sacar adelante al equipo, sufriendo acaso alguna decepción en forma de final perdida, llenándonos de orgullo cada vez que alguno de nuestros jugadores llegaba a las ligas superiores. De ahí, del esfuerzo común, provenía nuestra amistad. A través de la enorme cristalera, vi pasar su auto, lanzado ya hacia la costa. Consulté el reloj. Aún faltaban quince minutos para la salida del tren que debía tomar. (Tomar un tren —pensé— lo mismo que quien toma café o un aperitivo) Volví a comprobar mi billete; apuré el cortado que se enfriaba sobre la barra de la cafetería; compré algunos diarios; me dejé mecer por una apacible nostalgia. Había terminado mi semana. L’Estartit quedaba ahora allá atrás, arrinconado en los estantes de la memoria. Quedaban pequeños detalles, instantáneas fugaces que fui atrapando y colocando cuidadosa, ordenadamente, en el archivador de recuerdos gratos: los paseos en barca, la inefable calma de las mañanas de pesca, los atardeceres frente al mar, en la terraza del club náutico o al otro lado del puerto, junto a la playa... Ahora todo era una bonita película en colores cuyas escenas desfilaban a cámara lenta, fotograma a fotograma, ante mis ojos agradecidos. La arena, el inequívoco olor del mar, las islas... Pero en este lado, los minutos pasaban implacables. Aferré la bolsa de viaje y bajé las escaleras, al asalto del tren. Un andén no difiere en exceso de cualquier otro. Los de esta estación, sin embargo, me resultaron particularmente hostiles (porque me alejaban del mar, de las tranquilas calas, de los inquietantes acantilados, del oleaje y las Medas. Porque me arrojaban de vuelta a la rutina, al trabajo agotador, al rostro siempre huraño y desconfiado del patrón, a la inacabable monotonía sonora de la máquina, a la nave oscura, a los hierros y a tantas cosas que aborrezco y de las que aún no he aprendido a prescindir). Mi tren estaba llegando. Puntual como una calamidad. Silencioso como el sueño. Lento y poderoso, hizo su entrada en la estación, se detuvo, escupió algunos viajeros, permitió el abordaje de otros, cerró impasiblemente sus puertas y partió con el mismo sigilo con que llegara, igual que si estuviese huyendo del bullicio de las estaciones, buscando acaso el anonimato de los raíles. Desde mi asiento pude contemplar cómo la ciudad se iba diluyendo entre árboles, cómo los edificios se transformaban en bosque y las calles dejaban paso a los senderos. “Esta es”, pensé, “una ciudad de hermosos contrastes. Hay agua, hay vegetación, aire. Es cuanto se necesita para vivir. Hay asfalto, hay civilización. Es cuanto se precisa para ser desdichado”. Tratando de huir de la tristeza que imperceptiblemente comenzaba a embargarme, indagué con disimulo los rostros de mis escasos compañeros de viaje. Ninguno de ellos consiguió llamar mi atención. Me resigné a los diarios. Bombardeos en Mostar, corrupción gubernamental, hambre en alguna parte (o en muchas partes) de África y en otros lugares de difícil pronunciación, violaciones sistemáticas de los derechos humanos, no menos atroces violaciones de muchachas solitarias en parques nocturnos o garajes o zaguanes oscuros, nuevos atentados... Compruebo sin entusiasmo la fecha, sabiendo de antemano que es inútil. Que la fecha puede ser la de hoy, pero el horror no es nuevo, es el mismo que se repite sin descanso, día tras día, sin que nadie mueva un dedo por cambiar el signo de las cosas, sin que podamos aferrarnos ni siquiera al mínimo consuelo de una remota esperanza. Agobiado, guardé el diario y busqué una revista de humor, tratando de huir de la espantosa realidad. Con disgusto, con desaliento, comprobé que no tenía ninguna. Se habían quedado atrás, en el hotel o en casa de mis amigos, encerradas en el tiempo de las vacaciones, ajenas al devenir del ajetreo, aparentemente inocentes de las malas noticias que me traían de vuelta a lo cotidiano. Estábamos llegando a Barcelona. De nuevo los enormes bloques de viviendas levantándose a izquierda y derecha, como otros tantos nichos alineados frente al pálpito cansado de mis ojos, delatando la presencia de la concentración humana, certificando de alguna manera el fin del verano. Luego, los túneles sumiendo al tren en las entrañas de la ciudad, entre vistosas pintadas distribuidas por los muros. Alegría o decepción coloreando los rostros de los viajeros que llegaban al final de su viaje y se apiñaban con sus maletas en los pasillos, prestos al abandono de los vagones, resignados al inaplazable retorno a la rutina, de algún modo impacientes por terminar con ese incómodo interludio que separa el verano del resto de los días. Lo que siguió fue un barullo de gentes bajando a los andenes, abrazándose, despidiéndose, estorbándose, subiendo con prisa, casi con precipitación, a los vagones detenidos, buscando acomodo para sus maletas y para sí mismos, todo como una película antigua, de ésas en que los personajes se movían a una velocidad insólita y casi ridícula, pero nada de ello me pareció gracioso. Por el contrario, las prisas, el cruce de miradas fugaces, la disimulada lucha por un determinado asiento, los movimientos de cabeza en busca de una ubicación idónea, los gritos, las carreras por los pasillos, no hicieron sino contribuir al desánimo que había ido asentándose en mi alma en los últimos minutos. Entre el gentío, me llamaron la atención dos mujeres. Ambas viajaban sin compañía. Una de ellas era rubia, bonita, de ojos inexpresivos. No supe si lamentar o celebrar que pasase a mi lado sin mirarme. La otra no era hermosa, pero su larga melena negra, sus formas poderosas y un algo exótico en su rostro, en su atuendo, obligaban a mirarla con detenimiento. En mal español, preguntó si el asiento contiguo al mío estaba libre. Me apresuré a ofrecérselo. Cuando el tren se puso en movimiento, noté con asombro que el bolso de mano que descansaba en su regazo se movía. Una diminuta cabeza canina asomó por la abertura. Sonreí con disimulo ante aquella transgresión de las normas. En ese momento, entró el revisor en nuestro vagón. Ella me miró con sus enormes ojos negros. Puso su dedo índice sobre los labios carnosos, pidiéndome silencio, convirtiéndome en su cómplice, llenándome de una extraña ternura. Alentado por ese gesto de confianza, me atreví a contemplarla casi con descaro. Su pelo basto, muy oscuro, la voluptuosidad de las nalgas, los labios llenos, gruesos, delataban la raza negra en algún recodo de su árbol genealógico. Todo lo demás parecía claramente occidental. Cuando por fin el revisor hubo contrastado los billetes y abandonado el vagón, le ofrecí un cigarrillo, que ella rehusó, y charlamos. Por sus palabras, supe que venía de Lisboa, que su nombre era Andrea, que regresaba, como todos, de unas cortas vacaciones junto al mar, que siempre viajaba con su perrito y que vivía en una pensión desde que se separó de su novio. Su voz destilaba bondad. Nada dijo acerca de su profesión. Sospeché oscuramente que era prostituta. Tuve ganas de abrazarla. Yo le conté a grandes rasgos las trivialidades que se suelen confiar a alguien que acabamos de conocer. (Pero ya intuía que no se trataba de una extraña, que ese gesto suplicante había tendido un puente entre nosotros, un puente que nos unía y que nos elevaba sobre el murmullo de las conversaciones a nuestro alrededor, separándonos de esas otras voces, de esos otros rostros que no formaban parte de nuestra pequeña isla en medio de las vías) Ella me hablaba de su Lisboa, de su pasado. Después, la conversación derivó hacia las tópicas generalidades. Hubo momentos de cálido silencio, de miradas. El tren se deslizaba veloz sobre los raíles acercándonos a la inevitable separación. En cada pueblecito atravesado, en cada estación, yo le contaba cosas de aquellos lugares, historias que a menudo inventaba para ver el gesto de maravillada sorpresa en el rostro de mi amiga, todo en pos de unos minutos más de conversación, de escuchar una vez más aquella voz con acento portugués que tanto me relajaba, que conseguía arrullarme llevándome a esa dimensión en la que todo es aún posible, donde cabe la ilusión de un mañana, de una flor renaciendo entre los escombros. Otras veces fue ella quien hizo preguntas, tal vez por idénticas razones. En un par de ocasiones pronunció mi nombre, atándome a su voz, llenándome de felicidad y desazón porque ya Lérida había quedado atrás y mi ciudad iba acercándose sin compasión. Yo deseaba prolongar aquel viaje, permanecer allí sentado junto a Andrea que me miraba lánguidamente y cuyas manos oscuras de larguísimas uñas rojas despertaban mis viejos instintos primordiales. Un silencio de campos vertiginosos corría paralelo allende las ventanillas. El sol bañaba los rastrojos y los montes lejanos, pero en el interior del vagón no había más luz que la que irradiaban los ojos de Andrea, que a ratos parecían estar buscando algo en el fondo verdoso de los míos. El tren lanzado era una sádica resta de minutos y yo no encontraba las palabras precisas. Me iba perdiendo entre explicaciones casi absurdas sobre los cultivos y el clima, disertaciones inexplicables acerca de la vida en las aldeas de mi tierra y en sus asfixiantes ciudades y exposiciones sinceras de las maravillas existentes en los tan amados Pirineos, pero todo ello como un alejamiento a pesar de los cuerpos tan cerca, de los rostros casi juntos y las manos rozándose en la división de los asientos. Cada estación era como una siniestra zarpa cayendo sobre mi rostro y desgarrándome. Uno tras otro iban pasando los kilómetros, el paisaje se iba transformando, la angustia crecía hasta límites intolerables. Ya se divisaban, al fondo, los edificios que marcaban el final de mi viaje, los pétreos sepulcros verticales que iban a sumirme, de nuevo, en la más insoportable tristeza. Pensé, deseé, estuve a punto de pedirle que se bajase conmigo, que renunciase a su Lisboa, que se quedase a mi lado en esta ciudad, que compartiese mi vida. En cambio, sólo atiné a decir: “Estamos llegando a Zaragoza. En medio de aquellos edificios altos está mi casa”. El tren se hundió en las profundidades de la tierra, bajo el ajetreo de la ciudad; fue reduciendo la velocidad, prolongando cruelmente los minutos finales, aquellos en los que ya nada es posible. Por fin, quedó parado entre las luces falsas de la estación. Aun fui capaz de una última inspiración: no me apearía, seguiría con ella hasta Madrid, o hasta Lisboa o al fin del mundo. Un beso en la mejilla me separó de Andrea para siempre. Cuando el tren se puso de nuevo en movimiento, aún pude ver sus ojos clavados en mi rostro, como formulando una pregunta de imposible respuesta. Después, recomenzó el decurso de los días de absoluta normalidad. Regresé a mis obligaciones, a la inmovilidad de una vida sedentaria, enmarcada entre las crudas aristas del trabajo y la soledad. Sé que nada es perdurable. Que todo es un tren que viaja incansable entre las innumerables estaciones, deteniéndose efímeramente en alguna de ellas, atravesando otras sin ruido y arrebatando miradas de nostalgia, suspiros. Sé que la vida no es sino un compendio de recuerdos, un asombrado catálogo de estaciones que fuimos dejando atrás. Pero ahora que el tiempo ha pasado, el recuerdo de aquel viaje, de Andrea, vuelve a mí con insistencia, tiñendo de melancolía los atardeceres, y llevándome incomprensiblemente a ese banco del andén, desde el que, cada tarde, contemplo con atención el tránsito engañoso de los trenes. ** Sergio Borao Llop sbllop@aragonesasi.com Encuadernador, periodista y escritor español nacido en Mallén (Zaragoza, 1960). Ha publicado cuentos y poemas en diversas publicaciones electrónicas. Además, textos suyos aparecen en las antologías Relatos Zaragoza y Poemas Zaragoza (ambas de 1990), en las antologías Callejón de palabras y Poemas quietos, del grupo Mizar, y en diversas ediciones de la revista Nitecuento. Pueden apreciarse varios de sus trabajos en su página, http://www.aragonesasi.com/sergio/index.htm. === Poemas Adriana Lamela ============================================ *** Entre el ser y su reflejo: si te distraes, perdés... “Los paraísos inmóviles no pueden prometer más que un eterno aburrimiento...”. Simone de Beauvoir Que hace él ahora que lo sabe; Acaso no lo sabe / ¿lo sabrá? Ser entre las dormidas avenidas de Occidente; o entre las sabanas pulidas del Oriente. ¿Qué diferencia al mono de una rana? Acaso llegue ella primero / “quien ríe al ultimo, ríe siempre mejor”. De todos modos; él buscará entre los juncos de la izquierda sólo porque las grullas se demoran derechas. Paradojas de la vida cotidiana, la mirada del otro es la que nunca calla aunque los ojos de él desgasten las pupilas. Arrugas en la frente y costras en los codos; ¿Por qué será que salta con los brazos en jarra? En la inútil percepción de los detalles / ceñudo y compadrito se demora puliendo soledades; un carrusel, un arco iris y una nube de algodón anunció la gitana / ¿la suerte o su sombra lo aconsejan? Ya se muere la tarde y el sol se quedó sin propinas. Ahora, si se demora en los huecos de la noche, ¿quién contará las pecas a la luna? *** Seico de versos hipotéticos “...Así las sensaciones de este mundo; los cantos subjuntivos...”. César Vallejo I Tal vez fagocite el espejo la cotidiana sed de lo prohibido y exploten inusitados los cristales. Dónde fueres, sin reflejos, sin sombras pletórico de ausencias / inmune... II Es posible que expelan estrellas las entrañas sobre un desierto de alegrías sonámbulas; que un dromedario sediento/ ¿un demiurgo? rasguñe la placenta de los átomos hasta que se haga la luz de otro principio. III Y allí donde pernoctaren las nostalgias, un hueco abierto al alba / pretérita expresión de razones imperfectas, abisme el llanto de los ciegos. Y las lombrices quizás repten cristalinas. IV Se prohíbe en el reino de los cielos colgarse en las ramas de un paraíso/¿y qué si Adán y Eva no hubieran comido la manzana? Un absurdo sofisma como absurdo es el mundo. Absurdas las preguntas y responderlas absurdo. V Entramos y no entramos. Somos pero tampoco; aguas arriba, vidas abajo / un murmullo impertérrito. Piedras en la orilla y en el fondo piedras; sobre la turbulenta calma el tiempo se demora. VI Sus dedos escarban la corriente y entretanto, es probable que las benditas sirenas / allí donde estuvieren, hayan mutado de ángeles caídos. Sin arpas; sin apéndices. Sólo un concierto de escamas rutilantes. *** A (omní) modo mío “...Hay horas, horas, horas, en que estás tan ausente que todo te lo digo...”. Jaime Sabines. Ahora no. Me brota la desidia entre los dedos la calle cruje una caverna de murmullos eléctricos mecánicos y cruje Mis pies se refriegan hambrientos en esas horas paridas de pie un otoño alumbrada con tus ojos Ahora que no estás. Esta esquina con tu sonrisa en la vidriera hasta mañana la dibujo Subo el cordón de la vereda con esas manos tuyas en mis caderas Sin pudor las presiento me contengo las imagino palomas tal vez sea el día toda la noche. Sin tiempo. Tu voz es una sílaba pendiente la devanan los husos cilíndricos los sueños ovillada en tu pelo. Te a... mojada modelada mohína la tarde mohosa mordiendo momentos Sin tiempo te amo. Me senté a esperar sobre la orilla corazón del río Demoré las palabras cotidianas Ahora —te amo— que no estás —vendrás— sin tiempo Recogí colores de piedra cangrejos rengos en los tobillos Enhebré pececitos con nudos de mi espalda algas azules entre las piernas Me eché a dormir sobre la orilla piel de tu ausencia Ahora que sin tiempo —no estás— te amo Te amo ahora —que no estás— sin tiempo sin tu voz, tus manos tus ojos tu sonrisa en la vidriera recuerdo tu recuerdo. Iluminada de palabras que digo —sin tiempo— y se trata sólo de decirte todo —ahora— que no estás porque vendrás —te amo— ** Adriana Lamela lameladriana@gmail.com Escritora argentina (Neuquén Capital, 1961). Trabaja como secretaria técnica en una oficina del Estado provincial. Ha participado en el taller literario en línea de Laura Calvo (Bariloche, 1998) y en el taller literario presencial de la Dirección de Cultura de Neuquén, a cargo de Roberto Giglione (1999-2000). Ha obtenido mención especial en el V Concurso de Poesía y Cuento del Río de la Plata, en Buenos Aires (1998) y varios trabajos suyos han sido premiados en juegos florales realizados en la provincia de Neuquén, como el Primer Premio en cuento y Primer Premio en Poesía y los Juegos Florales de Verano en la Ciudad de Centenario (1999). Un poema suyo fue escogido para la muestra internacional de poetas editada en 2005 por Editorial Dunken (Buenos Aires). === La guerra Ana Isabel Hibert ====================================== A los 17 años tomé un arma de fuego por primera vez en mi vida y le disparé a un hombre. No puedo decir que me arrepiento al recordar el odio ardiendo en sus ojos mientras su machete desgarraba el aire, buscándome. La bala apenas le hizo un agujero entre sus cejas, pero su cráneo explotó en mil pedazos, lanzado hueso, sangre y sesos que se regaron hasta dos metros detrás de él. En ese momento no sentí asco, ni miedo, ni pena; nada. Me acerqué a su cuerpo y le quité el enorme anillo de oro del dedo; la única posesión valiosa que el ahora muerto cargaba sobre su persona. El anillo cayó dentro de mi bolsillo sin ningún miramiento. A lo lejos, alguien llamaba a la retirada, gritándome y moviendo los brazos de arriba abajo. Regresé a la carpa donde los cobardes líderes antirrevolucionarios se quedaban a “supervisar” los ataques. Cambié el rifle por un billete de cien pesos. No mucho, pero lo necesitaba con urgencia o mis hermanitas pasarían un día más sin comer. La guerra no me dejó opción. Regresé a mi casa apretando el billete teñido de sangre entre mis dedos. Me detuve al pasar frente a la puerta de la vecina. La veía dar vueltas en la cocina, mientras un bebé lloraba en algún lugar de la diminuta casa. Me acerqué a la puerta pero me faltó valor para golpearla. La vecina me saludó, sonriéndome desde el otro lado de la ventana. Le devolví el saludo, pero no la sonrisa. Me agaché y, tras decir una corta oración, deposité el anillo de oro de su marido sobre el tapete antes de regresar a mi casa. ** Ana Isabel Hibert ahibertjr@gmail.com Estudiante mexicana (México, D.F., 1989). === Poemas Martha Espejo ============================================= *** Nuestros rincones interiores Nuestros rincones interiores son nuestros pequeños grandes y ausentes muertos, son la gente que camina anónima por una calle también anónima, somos nosotros mismos que caminamos por esa calle y nos convertimos en [transeúntes anónimos para esa gente, son nuestra casa perdida, nuestra infancia de jazmines nuestras pasiones humanas simples o complejas, son el lugar donde habitamos y nos habitan día a día son nuestra propia ausencia el alejamiento de nosotros mismos, donde nos guarecemos donde nos escondemos para llorar los ríos helados del alma. Es el lugar desde donde giramos. *** Somnolencia Voy por este camino amarrada a mis propios sueños que sueño en vilo día a día despierta muy despierta, pero dormida. *** Preguntas a la calle ¿Quién será esa mujer que acaba de pasar a mi lado? ¿Qué estará sintiendo y pensando? Y quién seré yo mientras el señor de la mesa vecina me observa y piensa ¿quién será esa mujer que escribe mientras yo me pregunto qué piensa? *** Inicio Volvamos al mundo como si recién hubiésemos nacido, sin memoria ni espíritu ni pasado vírgenes, amante, vírgenes ambos, sin el fin pegado a los ojos al levantarse y la duda recostada a la espalda antes de apagar la luz para dormir. Mis ojos y espalda piden la nada, un hombre sin historia, de vida reciente, tan reciente como de unos segundos, que nazca justo al minuto de voltearse y mirarme. *** Tangencial Sólo conoces de mí la falsa sonrisa la pendular alegría la soledad concurrida la legitimación del comportamiento los escrúpulos a los que nos adscribimos para ser parte de la sociedad, la plena conciencia. Por eso, hace falta una convocatoria a conocer de mí el silencio y la ausencia, la colección de calamidades la fugacidad de unos ojos y unos labios la asfixia por el llanto la muerte en nuestras manos el seguir en pie por cansancio y no abrir la ventana que nos libera, las goteras el nombre que se omite los fantasmas que se alojan el despertar en enero el terrible amanecer de cumpleaños mi voz ausente cuando prefiera el silencio. *** Ajena Me siento como la punta de un lápiz sin punta soy barro poblado por las hormigas moldeado por las manos de un mago que saca y saca conejos, abejas y mangos de un zurrón para alimentar a otros, me oigo cacofónica no tengo nombre de día sólo duermo el sueño de los vagos soy noctívaga alma errante que baila en la luna nueva de la vida en la que no existo, estoy, no estoy, sólo deseo ser ** Martha Espejo maespejo@yahoo.com Politóloga venezolana (Altagracia de Orituco, Guárico, 1971). Reside en Bogotá (Colombia). Egresada de la Universidad Central de Venezuela (1994, http://www.ucv.edu.ve), desde entonces ha trabajado en el diseño e implementación de políticas públicas, así como al desarrollo de proyectos sociales orientados a mejorar las condiciones de vida de las personas, desde diversos organismos públicos en Caracas. Vivió cuatro años en Puerto Ayacucho (Amazonas), donde trabajó con la población indígena local y formó parte de la Red de Escritores del estado Amazonas. === Lo que no esperas Miguel Corrochano ============================== Capítulo 1: I.S. Yo no esperaba estar muerto. De verdad. Me han puesto una sábana encima para archivarme en una sala deprimente. Me llamo Íñigo Isastu y soy consultor de medios en una agencia de publicidad. O lo era. Me levanto a las seis y comienzo a preparar el trabajo del día, a las siete despierto a los niños, a las ocho cero cinco salgo con ellos en el coche y los deposito en el colegio. Rápido voy a la estación, abandono el coche en el parking disuasorio, espero el tren de las ocho quince que me dejará en Chamartin a las ocho cincuenta, voy a la agencia, descargo el portátil sobre la mesa y paso el trabajo de la noche al fijo. Entonces empieza todo lo demás. Odio a los conductores de tren. Cuando estaban en huelga planifiqué la jornada cogiendo el coche, pero ahora ya no hay huelga. Ahora ellos siguen cobrando lo mismo pero trabajan mal para presionar a sus jefes: detienen los trenes, hacen revisiones absurdas y en definitiva llegan cuarenta minutos tarde a la estación para llegar noventa y tres minutos tarde a mi destino, pero no hay huelga. Les necesito, ese es el problema. Preciso llegar a las nueve a la oficina. Sólo diez minutos después de Alejandro Montanares, ese chico tan competitivo, tan racional y productivo, con esas ideas tan geniales. Formamos un buen equipo: él pronto y yo tarde, él recién duchado y yo sudando, él sin prisa y yo revisando la agenda. “Puedo hacerlo todo”, le dije al director. “Todo es organizarse”. Pero no, no puedo. Estoy sentado en un andén perdido en las afueras de Madrid con trescientas personas más esperando un tren que no llega. Todo porque un conductor ha decidido que le tienen que aumentar el sueldo a costa de poner en riesgo el mío. He pagado mi billete y tengo derecho. “Vaya a protestar a casa de su jefe”, le dije. “Yo soy quien le pago. Arranque este maldito tren de una vez”. La única forma de hacer un trabajo es realizarlo lo mejor posible. Yo lo pienso así, tienes que dar todo, planificar todo y disciplinarte para cumplirlo. Lo del tren ha sido una estupidez, pero no es fácil convivir con la autocomplacencia de los demás. ¿Le darán mi despacho a Monatanares? Capítulo 2: M.G. Yo no esperaba estar acusado de asesinato. Me han encerrado en un calabozo con una pequeña jarra de plástico blanco llena de agua. Me llamo Mariano Gutiérrez, soy conductor de tren y asesino en ratos libres, por lo que parece, al menos eso piensan ellos. Es todo mentira. Todos los días me siento a la cabeza de un enrome tren de cercanías para llevarlo del Escorial a Guadalajara, de Guadalajara al Escorial. Todos los días lo mismo. Realmente no sé si me lleva él o lo llevo yo, ¿importa eso? Entre un punto y otro de mi recorrido hay más de veintiséis estaciones hambrientas de pasajeros. Ciudades que necesitan echar gente y recibirla, así lo veo yo. Me dedico a fecundar ciudades, sistemáticamente, con violencia. Penetro en ellas con más de cien ruidosos metros de hierro a sesenta kilómetros por hora, escupo mi carga de pequeños y atareados seres humanos sobre su estación y vuelvo a marcharme dejando la ciudad aliviada hasta dentro de dos horas. No puedo girar a derecha o izquierda, sólo puedo aumentar o disminuir la marcha, frenar o continuar, sentarme o seguir sentado. Mi jefe dice que algún día los trenes se conducirán solos (prácticamente ya lo hacen), pero que por ahora no es viable por la gente: a los viajeros les gusta pensar que alguien conduce el tren. Vaya estupidez, si supieran cómo les odio. Últimamente odio a todo el mundo, es algo de lo que me di cuenta cuando conducía autobuses. Yo tenía el número 2 y un problema de vejiga. El médico del seguro me dijo que no bebiera tanta agua pero, ¡coño! ¡me deshidrataba! En la ultima parada me encontraba con una fila enorme de gente esperando: descargaba pasajeros, cerraba el autobús y me iba al bar más cercano a orinar. La gente que esperaba en la fila me miraba con odio pensando que iba a tomar café. ¿Qué podía hacer? ¿Explicar que iba a mear? Los camareros del bar me miraban mal por no consumir nada, los viajeros por hacerles esperar, los perros me ladran sin motivo porque soy muy corpulento y abulto el doble que sus dueños. Pues eso, ahí empecé a saber por qué odiaba a la gente. Antes les odiaba igual, pero no sabía la razón, el motivo es que son una peña chunga, muy chunga. Me han detenido varias veces por meterme en líos, es cierto, pero no es culpa mía. El problema es que cuando yo me peleo apenas recibo ningún golpe. Mucha gente me ha comentado que debería ser boxeador, el inconveniente es que los boxeadores son de la poca peña que me caen bien. Si los contrincantes fueran viajeros de autobús pelearía gratis con todos ellos, pero eso no se lo he soltado a la policía. Ellos dicen que tienen más de veinte tipos dispuestos a declarar que discutí con el muerto, que los gritos fueron subiendo de tono hasta llegar a proferir amenazas. No sé qué es proferir, pero sí, le dije que o salía de mi zona o le daba una ostia que lo mandaba a Villalba, luego el tío siguió y siguió con su traje oscuro y su burlona corbata de seda bailando bajo sus insultos: brillaba mucho, tanto como el sudor que me caía por la frente, como sus ojos. Le avisé que se fuera, que le iba a partir la cabeza, ¿qué podía hacer? Luego se fue y me quedé muy jodido por no haberlo hecho. Yo no le seguí, joder, ¡ese juez debería creerme! Si ese juez fuera boxeador me gustaría abrirle la cabeza también a él. Capítulo 3: A.L. Yo no esperaba encontrarle en medio del descampado. Mi padre me ha advertido miles de veces (de verdad, lo repite dos o tres veces todos los días), que no lo suelte, que es peligroso, que faltan no sé qué papeles. Mi perro se llama Roko y es un rottweiler negro con manchas. Yo me llamo Antonio y soy un alumno del colegio San Patricio. He sacado un siete en matemáticas, la primera vez en mi vida que ocurre algo así. Me había llamado veinte minutos antes: iba a ir con sus amigas al centro comercial. Natalia tiene las piernas más largas de todas las chicas del cole, o la falda más corta, o tal vez las dos cosas. Cuando la veo con su uniforme me entran ganas de estudiar mucho, todo a su lado, cualquier cosa. Tenía que sacar a Roko, pero si me iba hasta el encinar no iba a llegar a tiempo, por eso me quedé cerca de la estación, por eso le solté, para que hiciera pis de una vez y poder volver a casa. Entonces Roko se lanzó contra aquel arbusto detrás del cual había un hombre, uno que corría mucho con un maletín oscuro, uno que desapareció de mi vista sin decir nada, con un golpe seco, como de muchos papeles que golpean al caer sobre una mesa. Encontré a Roko babeando justo en el borde, dos metros por encima del cuerpo. Se veían piedras muy grandes y blancas marcando la silueta de un traje oscuro. Había sangre y Roko miraba satisfecho. Debía contárselo a mi padre, él sabría qué hacer: ¿matarme? Debía estudiar, debía obtener notas, debía aprobar el examen de inglés de la academia. No debía sacar a Roko cerca de la estación, no debía soltar la correa, no debía mentir, tampoco contar la verdad; no si incluía haber matado a alguien. No creo que pueda vivir con esto, mi foto aparecerá en los periódicos. Fue un accidente. Lo juro. Esto es una pesadilla. Capítulo 4: S.L. Yo no esperaba que se agriase el coñac. Se supone que prospera con el tiempo, que por un precio de cincuenta euros la botella es razonable esperar cierta calidad. Me llamo Sebastián Linares y soy juez. Me gusta tomar una copa de coñac saboreando el aroma de un buen puro habano al final del día sentado en el porche. Creo que lo merezco. Reconozco que me da miedo esa gente, los otros, prácticamente todos los demás. He visto tantas cosas. Sé con qué rapidez aparece la sangre en medio de esta existencia extraña; afortunadamente, mi vida discurre por otros caminos. Un tipo ha discutido con un conductor de cercanías con motivo de la huelga de celo, apenas disimulada, que están llevando a cabo durante toda la semana los conductores. Por la tarde vuelven a encontrarse y repiten la discusión al llegar a la estación de Las Rozas una hora y media más tarde de lo habitual. El tipo abandona el tren y se pierde en el descampado que hay junto a la estación. El conductor, según el testimonio de varios viajeros indignados, abandona su puesto y vuelve a aparecer varios minutos después (con la remota excusa de haber ido al baño por un apuro prostático). Tres horas más tarde es encontrado el cadáver. El forense cifra la hora de la muerte nada más salir del tren. Nadie ha visto nada en el descampado. La causa del fallecimiento está clara: caída desde una altura de dos metros y treinta centímetros sobre un cúmulo de piedras desechadas de la última obra de la estación. No hay señales de violencia ajenas al golpe de la caída. Debería haber comprado dos botellas. Ahora tendré que conformarme con una ginebra para acompañar el sabor del puro. ¿A quién le gusta la ginebra? A mí, desde luego, no. Pero una ligera dosis de alcohol me auxilia a la hora de conciliar el sueño. Llevo una vida muy tranquila, de usía y excelencia, como dice mi mujer. Tengo mucha suerte y me genera un extraño cosquilleo reparar en la gente que no la tiene, la cantidad de personas desahuciadas que no se benefician de lo que algunos privilegiados pensamos que es la vida. Todos acaban apareciendo ante mí tarde o temprano, muertos o acusados, desahuciados o heridos, agitando los brazos dentro de su propia desdicha. No dejaré que ninguna circunstancia extraña pueda perturbar mi sentido de la vida. Mi nombre aparece en todas las quinielas como opción firme para formar parte del gran tribunal. Excelente. Compraré una caja entera de botellas de coñac para celebrarlo, no de cincuenta euros, de cien. Tal vez debería adquirir alguna propiedad en la costa. Me gusta mi vida. Puede haber bastado un empujón. Por el aspecto del acusado yo diría que no necesita acercarse a nadie para matarlo. Ciento treinta kilos bien colocados con la mirada precisa pueden inducir a cualquiera a saltar o correr. Al menos el puro es excelente: buen tiro, soberbia combustión, sabor con recuerdos de vainilla y madera. Lástima no disponer de un buen coñac para acompañarlo. En un mundo más razonable uno podría esperar que la gente no se matase en las estaciones y el coñac de cincuenta euros no se convirtiese en vinagre. Eso pienso yo. Cap 5: R. Yo no esperaba un tipo con bata blanca armado con una inyección letal. Desde antes de nacer mis genes se entrenaron para guardar el territorio: luchar y vencer sin desfallecer ni dar muestras de dolor: ese soy yo, ese es Roko. Llevo un collar con dos púas en la parte interior. Cuando trato de correr las puntas se clavan en mi cuello desgarrándome la piel, pero no me intimida, es un regalo de mis amos. El otro es dejarme perseguir algún conejo cuando paseamos temprano por el encinar. La gente sale alborotada de la estación y me miran a través de la verja cuando pasan frente a la casa. Son como un ejército. Se ríen porque estoy enjaulado ladrando y no puedo llegar hasta ellos. Tienen miedo, por eso pasan tan rápido, y hacen bien. Me gusta correr bajo la lluvia y pelearme con otros perros, ¿quiénes se creen que son para venir a mi territorio? Siento que me estoy durmiendo, poco a poco, con un embriagador olor a vainilla y madera en el aire, como cuando mi amo se sienta en el porche al final del día con una enorme copa y un puro humeante entre los dedos, mientras yo permanezco firme, orgulloso y tranquilo, tumbado a sus pies. ** Miguel Corrochano miguel@xtrm.es Escritor español (Madrid, 1966). Licenciado en derecho, trabaja en una agencia de publicidad. Ha escrito guiones de televisión y artículos como periodista. Escribe su primera novela. === La muchacha Moisés Sandoval Calderón ============================= Esa mañana, en la casa grande reinaba el caos. En su alcoba, el patrón amaneció muerto. El cadáver, medio envuelto por las sábanas y el rostro descubierto, parecía un marchito capullo de muerte. —No incomode a la muchacha. Súbame usted un vaso de agua, y le pone una ramita de albahaca —fue lo ultimo que en la noche anterior le dijo a doña Carmen, el ama de llaves. El patrón quería mucho a la muchacha, y le tenía muchas consideraciones. A veces la llamaba “hijita”. Pero esa noche iba estremecido por la noticia de la muerte de su compadre. Su único deseo era retirarse a su lecho a dormir tranquilo; su ánimo, el de prepararse para la larga velada del día siguiente. Tenía que prevenir cualquier desarreglo. Y es que sacando cuentas, a sus sesenta y pico, de ese grupo de amigos de su juventud, él era el único que quedaba en la otra orilla. Viudo y con cuatro hijos dedicados a dilapidar su fortuna, veía la vida pasar como sentado en un rincón de osario. Pero esa noche la muchacha se obstinó en cumplir con el encargo. Si siempre había sido ella quien atendía al patrón, ¿por qué ahora iba a ser diferente? Conocía perfectamente su situación en esa casa y tenía que preservarla. — Unos hombres bajaron el cuerpo y lo tendieron en el recibidor, en un catre de campaña. Ahí mismo lo velaron. La muchacha lloraba desconsolada. Y parecía que en cada lágrima vertía una parte de su vida. Impresionaba su pena. Tanto que los vecinos pensaron si no habría enloquecido. Una anciana trataba de consolarla: —No hay poder que cure las heridas de la pena, más que Dios. Bastante sufriste de niña con la pérdida de tus padres, hija mía, te comprendo. Derrama esas lágrimas por quien te sacó de la pobreza, te protegió y vio en ti a una hija. Y la pobre muchacha seguía llorando a mares. — La muchacha no era bella, pero tenía el aroma perfumado de la pubertad; los ojos grandes y el talle estrecho. Esa mañana, silbando había abierto la puerta de la recámara principal. Y no le extrañó la quietud y el silencio que reinaban en el interior, pues el patrón solía madrugar a sus quehaceres. Pero en el umbral hizo una pausa, se inmovilizó con la mirada levantada; quizá su olfato detectó un tufillo extraño. El aire parecía enrarecido con algo que no alcanzaba a identificar. Pero estaba desvelada, era mejor no ponerse a cavilar. Usualmente, ella aprovechaba esa hora de la mañana para regresar al lugar en que había compartido parte de la noche, con el propósito de remover los restos de la humedad de su cuerpo; los sudores saturados de su esencia que impregnaban las sabanas y las almohadas. Todavía desorientada por la semipenumbra, ya se disponía a correr las cortinas y a abrir las ventanas de par en par con el propósito de iluminar el cuarto y, de airear los efluvios del sexo nocturno. Pero alcanzó a ver el bulto todavía arropado. Entonces, como niña viciosa, con el turbador encanto de quien recibe los primeros abrazos de los hombres, cerró la puerta, recorrió en la punta de los pies el espacio que la separaba de la orilla de la cama, y poco a poco jaló la sábana tomándola por el borde. Lo vio echado allí, inerte; su rostro era el de un andrajo humano corrompido por los años. Y ese ojo entreabierto, esa piel terrosa le indicó que el bulto era una cosa muerta. De repente, le invadió un miedo cerval. Tuvo conciencia clara del peligro a que se hallaba expuesta: a tener que volver a la ronda por las calles cenagosas, a los bailes de arrabal, a los tugurios miserables con sus pasillos de aserrín húmedo de cerveza derramada de donde la había rescatado el dueño de la casa grande. Sonó el silbato del tren en la estación lejana, con su cargamento de putas rumbo a los cañaverales de la ciénaga; el silbido le llegó con un tono melancólico. Y a la muchacha le dio por llorar. ** Moisés Sandoval Calderón sandovalsoto@prodigy.net.mx Escritor mexicano (San Ignacio, Sinaloa, 1965). Reside en Culiacán (Sinaloa). Es servidor público y cursa la carrera de derecho en la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS, http://www.uasnet.mx). === Poemas Rubén Eduardo Gómez ======================================= *** (piso al paso) piso frío que calzan los pies y encierran al paso de la cama al mundo la mañana es siempre un invierno personal *** (lluvia urgente) una mano en la lluvia fría el codo el hombro una pequeña muerte aire esquivo no viene a la boca los ojos ciegos al día golpean con agua se busca que el alma vuelva urge *** (la de espinas) a mano llena - de puntas y piedras se enreda la corona de laureles la de espinas la coronilla sea cual fuere el vencimiento siempre falta menos *** (raya al costado) hay la raya al margen al costado es de infancia ese arar con agua parecer un parecido una gota corriendo la frente ojos de ella arriba de la raya ojos mirando a los de ella los ceños fruncidos la tarea el margen esa raya al costado al margen del arado renglones del instante previos a la partida *** (paso palabra olvido) hay un paso que maldice levanta el polvo la palabra caída de un murmullo y olvida quedarse la memoria el paso palabra olvido lo que abandona se denigra *** (alma de alambre) una cuerda de pared a pared la ropa y el viento y el peso mojado vencen el dueño del patio supo qué hacer arte de alambre argentino no es incomprensible cuidar su patio y familia a la vista están sus desamparos *** (sombra habitable viva) veneno fiel una sombra habitable viva en los labios quema negra ahora una letra del aire y mancha el pecho un tajo de amor tapa los huecos lo irreversible de un camino cierto nunca se sabe adónde lleva adónde termina (del libro inédito Lo que son las cosas, 2006). ** Rubén Eduardo Gómez ruben_e_gomez@hotmail.com Escritor argentino (Comodoro Rivadavia, Chubut, 1965). Es empleado administrativo y ha publicado los poemarios El pecado de soñar (Editorial Filofalsía, Buenos Aires, 1988, en colaboración con Andrés Cursaro), Géiser (Filofalsía, 1990), Siega, (Editorial Bogavante/Bizarra, Comodoro Rivadavia, 2004) y Libro del ojo (Editorial La Luna Que, Buenos Aires, 2004). Mantiene el grupo de noticias Los Salieris del Portu (http://groups.msn.com/LosSalierisdelPortu) y el blog Sentido Común (http://www.blogs.ya.com/sentidocomun). === La última carta Severo Insausti ================================== 1 Allí estaba la mujer a la que amé durante tantos años, oía su voz dulce, la que me cautivó desde el primer día que dijo mi nombre. Desde el sitio en que me encontraba, tras el cristal, podía adivinar una gran reunión social, en la que se debía encontrar la mayoría de las personas que conocía, las cuales habían venido a verme a propósito de aquel acontecimiento. Se me figuraba estar en un gran teatro, con los ojos de todas las personas puestos sobre mí. Personas con las que compartía a diario, o que tal vez había visto ocasionalmente, o personas amigas de las conocidas, u otras tal vez, a las que jamás había visto en mi vida; todas ellas reunidas allí en ocasión de haberme convertido yo, en alguien que despertaba un inusitado interés. Y entre los asistentes se encontraría, por supuesto, Felipe, vestido impecablemente, como siempre, con aquella compostura y elegancia que nunca le abandonaban. Felipe y yo éramos amigos desde los años de la universidad; era un tipo inteligente, brillante, lleno de cualidades; siempre el primero en la clase y en los deportes. Poseía un gran espíritu de competitividad y, en cualquier cosa que emprendiera, el corazón se le iba en pos del triunfo. Con ello suplía (eso lo analicé más tarde) sus otras grandes deficiencias espirituales. Cuando me casé con Marian, a la que ambos conocimos por esos días y hacia la que no podía ocultar sus sentimientos, sintió por vez primera, me imagino, la agriedad y el sinsabor de la derrota, y a pesar de que las cadenas de nuestra amistad habían sido laboriosamente trabajadas, comenzó a crecer, indetenible, un océano que iba separando partes de nosotros, haciendo olvidar lugares que nos fueron comunes y convirtiendo en armas peligrosas, bombas de tiempo de destruir las vidas, a aquellas confidencias enterradas tiempo atrás, con el tácito y silencioso acuerdo de jamás rememorarlas. Pero, unidos los dos en empresas comunes, trabajando en proyectos y planes siempre soñados, nuestra amistad continuó, a pesar de ello, sobre ese tapiz social que todos pisamos obligatoriamente, aunque, en nuestro fuero interno, muchas veces nos disguste. Asociarnos en los negocios fue para mí un acto de conveniencia y supervivencia, y para él, una forma de estar cerca de Marian, pues las personas como Felipe jamás dejan de apetecer lo que no pueden alcanzar, aunque la obsesión de mantener ese deseo les haga perder los caminos hacia una felicidad distinta, propia y auténtica. Y las personas como yo, lo reconozco ahora, somos pobres candidatos al éxito empresarial sin alguien que, siendo capaz de entretenerse en los intrincados recovecos del análisis meticuloso y frío, no vea el lado romántico de las cosas y el humano de las personas, y nos empuje, con fuerza y determinación, hacia la consecución del descalabro ajeno. Así que, cada cual seguro de lo que poseía, nuestra relación se hizo fuerte de nuevo, con estos insospechados vínculos de una hipocresía controlada y necesaria. Los negocios comenzaron a dar sus frutos, yo era feliz con Marian y él nos miraba y compartía nuestra felicidad. Su pasión eran los autos y en ello malgastaba su dinero; yo por mi parte, adquirí una casa en la casa cerca de la playa, y allí pasábamos juntos casi todos los fines de semana. Felipe siempre venía con regalos. Si yo le reprochaba sus excesivos gastos, él argumentaba que nosotros éramos sus únicos verdaderos amigos. Por supuesto, yo sabía que su intención era halagar a mi esposa, pero, ¿cómo podría yo dejar de sonreír y perder aquella interna sensación de victoria en lo único que realmente lo aventajaba? Por otra parte, nunca guardé demasiadas reservas por ello, pues, a pesar de que él, aun andando con muchas mujeres, convertido irremediablemente en soltero empedernido, nunca dejaba de posar sus ojos de rapaz sobre la hermosura de mi Marian, yo confiaba en ella todo lo que puede ser capaz de confiar un hombre y sabía que, aun en las circunstancias más adversas, aun si se diese la mejor combinación de condiciones posibles para hacer flaquear sus fuerzas y opacar, aunque fuese por un instante, el inmenso amor que ella me profesaba, siempre guardaría un resto de carácter y determinación para rechazar cualquier intento de Felipe por acercársele en ese plano de deseo que, sólo con pensarlo, me resultaba repugnante. A veces, cuando hacía este ejercicio de la meditación tratando de imaginarlos juntos, en una especie de estúpida flagelación de mí mismo, terminaba por sacudir mi cabeza, diciéndome que aquello sería la antítesis de lo posible y que no habría forma de que sucediese. Pero, así como sabía que Marian era inamovible en su amor hacia mí, sabía también que no escapaba a las frivolidades de la vida y a los caprichos de mostrar y querer mostrarse ante los demás, y sobre todo ante sus amigas, con orgullo —que yo legitimaba, en mi amor hacia ella—, los avances, los progresos alcanzados, la posición social que ambos habíamos ido escalando. Así que, un buen día, a Marian, a mi amada Marian, no le fue suficiente la casa del litoral y dejó de gustarle, también, el barrio en que vivíamos y, de la casa que antes veía como el nido de nuestro amor, y que juntos pintamos, decoramos y acomodamos a nuestra manera, ahora ya no le gustaban las ventanas, ni la chimenea, ni el obscuro pasillo que conducía a las habitaciones, y odiaba, sin que yo pudiese saber por qué, a la antigua y cómoda butaca en donde siempre me sentaba. Para complacerla, nos mudamos a una casa más grande en un barrio más elegante, y cuando los camiones vinieron a devorarlo todo, mezclando en un grotesco amasijo las cosas del espíritu y las de la carne, aquella compañera de muchas soledades, con sus cojines y apoyabrazos adaptados ya a las posturas de mi cuerpo, quedó allí, desolada, contemplando la desnuda chimenea, como centinela en un campo abandonado, donde nada hay que guardar ya, excepto los recuerdos. En la nueva casa, las blancas paredes de la sala, sin haber sido asaltadas aún por cuadros y adornos que reposaban en el piso, apoyados sobre ellas, se me figuraban pantallas de cine, listas a recibir las imágenes de una retoñeciente vida, como si un borrador mágico hubiese desintegrado el pasado y nuestros destinos fuesen a comenzar de nuevo. Pero no sentía temor, porque Marian estaría conmigo, tal vez ahora, después del tratamiento a que se había sometido a causa de su esterilidad, tendríamos hijos que viniesen a completar nuestra felicidad. Recuerdo que durante mucho tiempo tuve que soportar las miradas y los reproches de su madre, que, siempre lo supe, veladamente me acusaba de ser el culpable de no haber tenido nietos a pesar de los años que teníamos de casados. Ella habría preferido a Felipe, elegante, práctico y superficial como ella misma, con el que congeniaba perfectamente y al que encontraba siempre dispuesto a atenderla en lo que ella requiriese, tanto en la casa, en la empresa —en donde se aparecía frecuentemente con la única finalidad de mortificarme y hacerse notar— o en la casa de la playa. Y yo sabía que estas atenciones estaban dirigidas a agradarle no por ella, sino por Marian, atenciones que habían surtido efecto con el tiempo, al punto de haber escuchado yo, por casualidad, una conversación entre madre e hija en donde la primera le decía entre otras cosas: “Si un día quedas viuda...”. Aunque no la veía, estoy seguro de que mi suegra se encontraba también en la reunión. Andaría pavoneándose con cara de circunstancia, a diestra y siniestra con su inmensa nariz que en más de una ocasión me había hecho reír. Creo que se encontraban allí, también, varias personas a las que no había visto en mucho tiempo. De algunas de ellas casi no me acordaba, otros eran viejos conocidos, compañeros del club o relacionados de negocios. Podría haberme sonrojado, nunca tanta gente me había prestado tantas atenciones. Ello me incomodaba absolutamente porque, sin jactarme de filósofo o erudito, he aprendido que los vestidos de la admiración son cosidos frecuentemente con los hilos de la envidia. Los pedestales en que los humanos nos colocamos unos a otros no tienen nombres propios, y al más pequeño parpadeo los aduladores derrumban a sus ídolos, poniendo más saña en el despedazamiento que énfasis habían puesto en la aclamación. Parecía ser, entonces, que aquel acontecimiento de suprema importancia para mí, había sido aprovechado para demostrarme cuán estimado era en el círculo social en que me desenvolvía. Traté de hablarles, pero las palabras no salían de mi boca, quise gritar, pero no pude, traté de voltear para ver a alguien que se me acercaba y en ese momento, cerraron la tapa de mi urna y luego, sentí que me llevaban. 2 Cuando era niño, en el enorme caserón de campo donde vivían mis padres, jugaba al escondite con mis amigos, y al encontrarme solo en alguna de aquellas vacías e inmensas habitaciones, me asaltaba un irremediable temor de quedarme allí, encerrado para siempre. De alguna manera vinieron a mi mente aquellos juegos de la infancia; mas ahora nadie me buscaba, ni estaba en una de aquellas inmensas y vacías habitaciones. El miedo era diferente, el encierro tan pequeño y tan absoluto, que no encontraré palabras para describir lo que sentía. Recuerdos pasados y cercanos comenzaron a filtrarse entre mi desesperación, sin orden ni cronología. Vinieron a mi mente los años de la universidad. Recordé los paseos por el campo con Marian, cómo retozábamos sobre la hierba, ignorantes de todo, menos de nosotros mismos. Por aquellos días, ella comenzaba a llenar mi vida y no podía imaginarme sin ella, sin verla correr como una mariposa entre los pequeños arbustos, sin su risa, como una cascada que impregnaba de euforia todas las partes de mi ser. Después, los regresos, abrazados, soñando con nosotros, y luego, los encuentros con Felipe, con su mirada inquisidora, sus preguntas, las indirectas, tratando de disuadirme, lo sabía yo, para tener el campo libre. Pero no sucedió. Yo me casé con Marian y él estuvo allí, en nuestra boda, de padrino por supuesto, rumiando su orgullo herido. Sentí balancearse la caja. Pensé que alguien querría echar un último vistazo, entonces los miraría a los ojos y sabrían que estaba vivo. En ese instante, daría todo lo que tenía por ver un rostro de un ser humano, amigo o enemigo, que viniese a rescatarme de la desesperación de estar allí, en el umbral de la nada, para siempre. Pero pasaron los minutos y nadie apareció. Lo último que recuerdo, antes de despertar en el ataúd, es el rostro de Marian. Esa noche vestía un camisón negro con encajes que dejaba entrever su aún joven y siempre hermoso cuerpo, sus senos, suaves y provocativos, sobresalían levemente por encima de los bordados. Hicimos el amor como no lo habíamos hecho en mucho tiempo. Me levanté y me di una ducha. ¡Cómo maldije al agua, que borraba de mí las huellas de mi Marian! Hacía frío aquella noche, cuando salí de la ducha, ella dormía plácidamente; la contemplé casi hipnotizado, su rostro se me parecía a una azucena, entre las mantas de la cama. Me dirigí al bar de la sala y tomé la botella de aquel licor que guardaba para las ocasiones especiales, ese del que solamente yo bebía. Me serví una copa y la apuré de un trago, luego me serví otra, coloqué la botella en su lugar, prendí un cigarrillo y regresé a donde mi Marian dormía. Saboreaba mi copa sentado en el borde de la cama, cuando sentí aquel fuerte dolor en el estómago y un gran calor en todo el cuerpo; me recosté y pensé en despertarla, pero me arrepentí, supuse que sería algo sin importancia. Entonces, me sobrevino un mareo y un dolor agudo me golpeó en el pecho, la miré y, de pronto, todo se apagó. ¡Dios mío!, ¡me iban a enterrar!, ¡pero yo estoy vivo! —me dije. ¡Vivo! Moví los dedos de los pies, comenzaba a sentir mi cuerpo de nuevo, como saliendo de un estado de gran pesadez. Grité. Nadie me escuchó. El grito resonó dentro del ataúd, haciéndome conocer el verdadero sentido de la soledad y del abandono. En la vida había tenido muchas y personales soledades, aquellas que arropan la pequeñez del ser humano. Y sólo ahora comprendía —ignorante de mí—, cuando ya no quedaban casillas en que colocar las cruces de la enmienda, que aquellos vulnerables castillos eran un encierro que me autoprocuraba, y sólo mi exacerbada autoestima, que hacía desmerecer ante mis ojos a quien valía tanto o más que yo, era la causa de que me sintiese solo, estando rodeado de tanta vida. Mi alma, empobrecida en lo vulgar y cotidiano, no veía más allá del ansia más inmediata e, insatisfecha, alimentaba el dolor con celo inusitado, haciéndose inmensa en la contemplación de sí misma. Por los ruidos que oía afuera, deduje que iba en el carro fúnebre, pues lo que escuchaba, parecían ser las estridencias del tráfico. Imaginaba a los conductores dentro de sus vehículos, en la forma casi autómata como se conduce en las autopistas, sobre todo en aquellas transitadas muchas veces, cuando, al llegar a un determinado lugar, pensamos que hemos ido casi de memoria, y no tenemos recuerdos de por dónde hemos pasado o de qué otros autos o cosas hemos visto en el camino. Me los imaginaba así, con las mentes en sus asuntos y las manos a tiro de claxon para, mediante este moderno método del insulto, agredir a quien, aunque fuese por una milésima de segundo, retrasase sus alocadas y rutinarias carreras. Me parecía ver sus ojos, fijos en el vehículo delantero, sin mirarlo, sólo palpando la distancia, yendo por inercia, a cualquier parte, como hormigas, sin jamás detenerse, pero vivos, libres, fuera de aquel ataúd que me encerraba. Yo mismo había transitado ese camino muchas veces, sin percatarme de todo lo que existía, vivía y respiraba a mí alrededor, abocado únicamente a mis propios y miserables anhelos, mirando a los demás como comparsa, sin darme cuenta de que era un actor de reparto, como otros, en este inmenso teatro universal. Pero ahora, ¡qué banales, infructíferas e inútiles todas las metas de mi vida, ante la inédita contingencia! Me encontré deseando desesperadamente un segundo final, un instante en que ya dejase de pensar. Quería creer en la eternidad, en otra vida después de esta; era algo en lo que había meditado ocasionalmente, pero eso estaba tan lejano que, inútil en adentrarme en lo insondable, volvía inmediatamente a la realidad. Además, sentía una gran fatiga espiritual al tratar de discernir en si en verdad habría una continuación del ser. Ora imaginaba espíritus sin formas definidas vagando por todas partes, ora un inmenso jardín con fuentes de agua que manaba sin ir a tener a parte alguna, en que las almas se recreaban... Pero, ¿cómo —me preguntaba— aquellos entes sin rostro, sin piernas, sin brazos, podrían reconocerse unos a otros, y si cada persona que había muerto en el mundo desde el principio de la humanidad, poseía un espíritu en esta o en alguna otra parte, cómo moverse y convivir entre ese abarrotamiento de seres? Por otro lado, ¿qué tipo de existencia sería esa continuidad asexual por años y años, sin un punto final en el tiempo, sin un esperado evento que marcase la vuelta a los placeres conocidos antes de la muerte? Ya no tenía dominio sobre mis pensamientos. En mi mente bullían demasiadas cosas, demasiados recuerdos. ¿Y mis proyectos?, ¿y lo que me faltaba por hacer en la vida?, ¡tantas preguntas que no atinaban a respuesta alguna! ¿Qué fue lo que me pasó?, ¿quién fue el médico que me declaró muerto?, ¿habría habido alguno?, ¿qué me hizo quedarme en ese estado? Sudaba. Por momentos sentía náuseas y mareos, entonces pensaba que era el final, pero abría los ojos y me daba cuenta de que aún continuaba allí. ¡Si Marian supiese, o aunque sea sospechase por un momento que yo vivía, abriría la caja con sus propias manos, con dientes, con uñas, desesperadamente! Entonces me ayudaría a salir, me abrazaría, me besaría y me diría “Te amo” hasta quedarse sin voz. Pero, ¡cómo iba a sospechar tal cosa, sumida en el infinito dolor que mi muerte le causaría! Siempre pensé que el sufrimiento por la muerte de una persona estaba íntimamente ligado al egoísmo de seguir teniéndola, pero que cada ser nace, vive y muere por sí mismo en una augusta y definitiva soledumbre como esta a la que estaba sometido. Pero eso era antes de conocer el amor de Marian, el sufrimiento que ella sentiría en ese momento no tendría nada que ver con egoísmo alguno, y estaba absolutamente seguro de que ella hubiese preferido morir conmigo, antes que quedarse sola en un mundo cruel, en el que no tendría mis ternuras y mis cuidados. Su amor me confortaba, sus sentimientos hacia mí daban sentido a todos los años que había vivido, y, casi tan sólo por esos sentimientos, me llenaba la ansiedad de no morir, porque —pensé en ese instante—, sin el amor de Marian, mi vida no hubiese sido nada, y desaparecer hubiese sido como matar un mosquito, pues no cambiaría nada en el mundo. Pero mi muerte cambiaría su vida; eso, más que lo que pudiese suceder con la fábrica, con mis asociados, mis clientes o con las personas que trabajaban para mí, me hacían sentirme importante. Y deseaba no morir, casi más que por el miedo de desaparecer para siempre, por el infinito dolor que a Marian le causaría. Pensaba también que todo había pasado demasiado rápido. Me parecía que los años de la infancia estaban allí mismo, a la vuelta del último respiro. El mundo allá afuera, continuaba sin mí; ¡tan importante que me creía, tan indispensable, casi un designado de Dios!, ¡y el mundo continuaría sin mí! Ahora, apartado abruptamente, todo me había sido vedado. Otros ojos verían lo que yo había mirado, otras manos tocarían lo que había sido mío; pero una cosa en mi desesperación, me animaba absurdamente: ella jamás sería de otro, iría pasando los días sostenida en mi recuerdo, porque el tiempo no podría borrar todo el amor que habíamos compartido. Hubiese querido verla aunque fuese una vez más, amarla aunque fuese una vez más, oír su risa de nuevo en la campiña y acurrucarme en su regazo, sentir sus manos acariciando mis mejillas y la humedad de sus besos interminables; pero el péndulo se había detenido y ahora, sólo me esperaba el silencio y la eternidad. Había tenido, en ocasiones, pesadillas horribles, me veía atacado por fieras, o cayendo de precipicios, o en muchas otras situaciones desesperadas pero, al despertar, me reía de aquellas angustias en mis sueños. Cerré y abrí los ojos repetidamente tratando de despertar, mas, cada vez que los abría, la certeza del ataúd me devolvía a la desesperante vigilia de mi fin. Y recordaba ahora, también, esos cuentos de los enterrados vivos, de cómo habían sido encontrados sus esqueletos volteados dentro de las cajas, y la madera arañada con las uñas. Por instantes, me parecía ver a los gusanos devorando mi carne, se me erizó la piel y traté de alejar esos pensamientos. Tenía que pensar fríamente, actuar inteligentemente, analizar la situación en el poco tiempo que me quedaba; la desesperación no me conduciría a parte alguna. Intenté moverme dentro de la caja; aunque tenía espacio para flexionar un poco las piernas, el cristal estaba demasiado cerca de mi cara. Lo golpeé, pero no tenía ángulo suficiente para hacerlo tan fuertemente que se rompiera. No podía respirar bien. “¡Moriré asfixiado!”, pensé. Entonces me quedé inmóvil, pues pensé que, si me agitaba, el oxígeno se acabaría más rápidamente. Luego, concebí un plan que no podía fallar: cuando se detuviesen en el cementerio, golpearía, patearía la caja con todas mis fuerzas y me sacarían de allí. ¿Y si no me oían?, ¿y si en esos momentos, el ruido de un avión o de un tractor les impedía escucharme? ¡Marian!, ¡sí!, antes de bajar la urna, mi adorada Marian se inclinaría sobre ella para darme el último adiós, más que inclinarse, ¡la abrazaría!, ¡trataría de pegarse a la caja para irse conmigo!, ¡oh Marian!, ¡me dolía marcharme, por dejarte! Entonces, cuando estuviese sobre la madera, le gritaría: ¡amor, estoy vivo, sácame de aquí! Sería una buena sorpresa para toda aquella gente. Me imaginaba que llegado ese punto del funeral, la mayoría estarían ya fastidiados, pensando en sus trabajos, en sus mujeres, en quién sabe qué, deseando que me enterrasen de una vez para terminar de cumplir con el compromiso y marcharse. Me parecía escucharlos: “Se mueren los mejores”, o “Tanta gente mala y le vino a tocar a él”, o “Es una gran pérdida para tal o cual”, o tal vez “Tan joven...” y “Tenía una salud de hierro...”, y aun, “Es el destino”. También lo sería para mi suegra, que pensaría, en su interior, que jamás se iba a deshacer de mí, y aunque estaba seguro de que Felipe se encontraría profundamente compungido, el suceso alimentaría vanamente sus ilusiones de un futuro con Marian. ¡Tan seguro estaba del amor de ella! Quería creer firmemente que todo saldría bien, que sortearía aquella situación, igual que otras, difíciles en mi vida... Continuaba oyendo ruidos de automóviles, entonces sentí como que se detenían, y otra vez el movimiento, pero ya no oía nada afuera del carro que me llevaba. “Están entrando al cementerio”, me dije, “debo guardar fuerzas para golpear la madera, cuando vayan a sacar la urna”. Mi corazón comenzó a latir con más fuerza, respiraba entrecortadamente. ¡Ya iba a salir!, ¡vería la luz de nuevo!, ¡volvería a la vida! Se detuvieron. Transcurrieron agónicos minutos en que traté de contener la respiración y los pensamientos, como para que nada pudiese interferir en el momento más importante, en el acto más heroico de mi existencia: gritar y patalear. Oí como que abrían una puerta, entonces me desmayé. 3 Sentí un estruendo, como de cristales que se rompían, y luego que hurgaban en mí, como revisándome. Escuché un silbato lejano y voces, luego pasos muy rápidos, como de alguien que corría, después solamente oí los cantos de los grillos. A través de la tapa abierta veía el cielo estrellado. Respiré profundamente y, como pude, sacudiéndome los trozos de vidrio que habían caído sobre mi cara, salí del ataúd, me senté sobre él y me puse a llorar. Al escalar la fosa, me encontré con una selva de lápidas frente a mí. Corrí, corrí tan rápidamente como me fue posible, dejando atrás mi sepultura, en la nueva vida que los ladrones de tumbas me habían regalado. Debía ser de madrugada. Me encontré en una calle que ya me resultaba familiar: era la de mi nueva casa. Todo lo que veía a mí alrededor me parecía nuevo, conocido pero nuevo, y no sabría cómo explicarlo. No podía creer lo que me había pasado, pero encontrarme en la calle a aquella hora me confirmaba que no había vivido un mal sueño, sino una terrible realidad. Las primeras luces del alba se levantaban detrás de la arboleda; jamás había visto un amanecer tan radiante, todo me parecía maravilloso. Ahora viviría cada día, cada hora, cada segundo, como si fuese el último de mi vida; me alejaría de los negocios y saborearía todos los pequeños placeres de la vida, pues no estaba dispuesto a perder esta segunda oportunidad. ¡Marian! Todos mis pensamientos comenzaron de nuevo a girar en torno a ella. Ella fue la razón por la que me mantuve vivo; de no haber sido por ella, hubiera sucumbido, mi espíritu se habría entregado en aquellas horas aterradoras. Sabía que no podía irme con todo aquel amor en mi corazón. Ahora debería vaciarme sobre ella hasta quedarme seco, besarla hasta que me doliesen los labios, apretar su cuerpo contra el mío, así me daría cuenta de que estaba realmente vivo. Busqué en mis bolsillos, instintivamente, las llaves de la casa. Estaban vacíos; yo me sentía como aquel traje con el que me habían embarcado al más allá; pero ahora llenaría mi vida de las cosas realmente importantes. Marian estaría durmiendo; no tocaría la puerta, entraría por la ventana, como cuando éramos novios, en casa de sus padres, y la despertaría con mis besos. ¡Oh Marian, de nuevo estaría contigo!, ¡vería tu cara de felicidad al saber que no había muerto!, ¡cuántas caricias te tenía reservadas!, ¡otra vez iríamos al campo a acostarnos sobre la hierba, te vería caminar entre las flores, y tu risa sería como antes! La ventana de nuestro cuarto estaba cerrada. Di la vuelta a la casa: las cortinas de la sala se bamboleaban con el viento. No habían retirado, aún, las sillas adustas de la funeraria ni un atril lleno de tarjetas. ¡Todas las condolencias y toda la hipocresía resumidas allí, en blanco y negro! ¡Qué sorpresa se llevarían todos!, sobre todo aquellos a quienes mi muerte les beneficiaría; mis asociados, los que me debían sin recibo, los que, de una u otra forma, echarían mano de mis bienes... Todos menos Felipe, pues a pesar de nuestras viejas rivalidades, había entre nosotros un afecto sincero, controlado pero sincero, una relación en la que nos conocíamos y nos aceptábamos, pero a los demás, ¡cómo gozaría viéndoles la cara! Llegué a la puerta de nuestra habitación, respiré profundamente, eché mano al pestillo, abrí la puerta y prendí la luz. El ruido los despertó. Pude ver el terror en los ojos de Felipe; Marian se aferró a él, apretando los dientes, gimiendo, como si un mismo diablo se le hubiese aparecido. Lo que sentí era como morir de nuevo. Entonces lo entendí todo. Entendí el macabro plan que ambos habían urdido para deshacerse de mí. ¿Desde cuando me engañaba?, ¿desde cuándo el socio, el amigo que yo recibía en mi casa, se reía de mí? Una rabia incontenible se fue apoderando de mi ser en fracciones de segundo. Todo lo que amaba se había perdido, todas mis ilusiones se habían derrumbado y me sentía el hombre más miserable sobre la Tierra. No pude pronunciar palabra, sólo atiné a golpear el marco de la puerta con mis puños, corrí a la biblioteca, saqué el revólver que aún estaba en mi escritorio y regresé. Comenzaron a gritar, sin salir todavía de su asombro. Con los ojos llenos de lágrimas disparé una y otra vez. La sangre de ambos saltó sobre las sábanas, sobre el copete de la cama, y llenó de manchas la pared. Salí de allí desesperado, con el revólver aferrado aún entre los dedos y me fui sin rumbo por las calles de la ciudad, que estaba despertando. Llegué hasta la vieja casa y, en mi querida butaca abandonada, frente a la chimenea apagada y fría, me senté de nuevo. Es por eso que me encontrarán aquí. A nadie se culpe de mi muerte. ** Severo Insausti severoinsausti@hotmail.com Escritor venezolano (Paredes, Orense, España; 1950). Reside en Venezuela desde 1961. Ha publicado el poemario El cantar de las tentaciones (2005) y tiene inéditos varios libros de poesía y prosa. === Poemas Ernesto Carrión =========================================== *** Zarathustra explica el desván de las cenizas ¿qué es este canto saudade, tapizando la niebla en vuelo detenida, cuando la hiel de los guerreros mece el calor de las cruces trabajadas con paciencia? Me refiero a un bosque de clavicordios, oscuramente afinados por el diluvio de las horas, que macula el blanco lazo que arrea las estrellas; después de la cellisca. * ni la saliva rozando paladares (como un ala que brilla en su ejercicio) advertirá la noche larga en el chillido de las nucas; ni en los umbrales cremados por la complacencia al pie de la mujer que se desnuda. Afanoso pasa el polvo, de nuestra greda de bestias, noche y día sin llevar el cálculo de sus ancestros. Únicamente el delicioso tramo de los eucaliptos. * harapienta, la luz limpia la casa abandonada, la íntegra vajilla, aun la ciénaga abolida por su gloria; y piensa en esos cuerpos que siempre se extravían vendándose las palmas, en esas culpas (cojeando sin memoria) donde aprende el escozor que sobrevive. En tantos y tantos cautiverios, echados a perder con las primeras voces. * la paz más se parece a una muchacha ebria que a los sombreros de mármol de las nubes que adquieren movimiento. Más a la lejanía de las luces, que danzan distraídas sobre el cristal cuarteado de los papalotes. La paz (vendimia de pavesas) no avanza por legiones extranjeras repasando sus diarios carcomidos. Sino por el rescoldo de las aguas, que encienden la carcasa del secreto. *** Desconstrucción de Pessoa Tras las máscaras máscaras me acechan. Álvaro de Campos El comienzo es siempre una simiente que mejora el crimen y el silencio. O sobre el pecho, esta escalera de mundos que no llegan a ninguna puerta, a ninguna cerradura. Que demoran mi temor de no morir ajeno, por no decir que el tiempo me visita. Vivir consigo mismo es tan difícil, cuando lo único cierto es un tambor de pieles que los otros rompen para levantar sus voces. La majestad del hueso, que asienta su cardumen, sobre el podrido eje de una tierra fría. ¿Pero sabrá el otro, que enarbola su canto desde las entrañas, que yo también existo? ¿que también yo canto? Aunque la realidad no puede ser el otro, porque sé que tampoco soy yo mismo: un espejo astillado bajo la luz [caliente... Y la poesía, obra pura que derrota mi lugar en este sitio. HERMOSO MONSTRUO. Reflejo fiel del ser humano que no construye ni destruye nada. Acaso tú, la más segura de las máscaras que tuve, la más desvergonzada; no terminarás siendo otra cuando alguien pase tus páginas sin entenderte. Cuando alguien piense este canto, para todos. *** El mar relee a Safo Cuán claro este animal enorme, que cerca de mis pies se lame el cráneo. Y cuán grande y fatigada está su sombra, con tantas franjas suaves escondidas. Con tantas fiestas y vitrinas copadas por la luna. Ya pronto, hacia un estanque en silencio, hacia el estrecho de una espuma que aderece, elevaré mi canto. Y dentro, como en un jardín de sueños, numerosas estatuas brindarán mi polvo. Brindarán por la ceguera de cada edad clavada entre la sal y el cielo. Y este animal enorme, que hoy cerca de mis pies se lame el cráneo, sin darse cuenta, cabalgará en mis versos. y cabalgará, aunque no quiera... * Y yo la llamo mar, Porque reposa inquieta como una amante en los remordimientos del sol. En [las preguntas de esta carne, que no logró jamás guardar secretos. Y yo la llamo mar, porque su voz proviene del exilio; y su materia de una noche intacta donde [duerme un búho. De una noche profunda, donde dios amplía su red como [una trenza espesa de destellos. Y yo le digo ella, porque la pienso [ciega, blanca y vanidosa entre nosotras. Porque yo también fui hermosa, cuando ciega. * ¿y si mudamos? —preguntas— y si mudamos, que nunca nos posea ningún hombre. (así es como prospera la presencia en la flexión del tiempo) ** Ernesto Carrión carrionernesto@hotmail.com Escritor ecuatoriano (Santiago de Guayaquil, 1977). Ha colaborado con la prensa escrita, realizado trabajos de crítica literaria, ejercido la docencia y participado en encuentros literarios fuera y dentro de su país. Publicó en 2002 El libro de la desobediencia, Editorial La (H)onda de David, y ganó el Premio Nacional de Literatura “César Dávila Andrade” el mismo año con su segundo libro, Carni vale, publicado posteriormente por la Universidad de Cuenca (http://rai.ucuenca.edu.ec). Su tercer libro, Labor del extraviado, fue publicado por Editorial Koz, de Quito. Textos suyos han aparecido en la revista Solotextos, de la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas, y por revistas virtuales de Chile y España. ||||||||||||||||||||||||||| POST SCRIPTUM ||||||||||||||||||||||||||| “Todos los que escribimos nos damos clara cuenta del reducido margen dentro del cual puede moverse nuestra elección en punto al idioma. El habla de nuestra época nos impone su estructura general, y las transformaciones que el más grande innovador del decir haya realizado son nada si se las compara con su originalidad en los otros planos de creación. Las condiciones y finalidad del idioma hacen de él una cosa en gran parte mostrenca y comunal”. José Ortega y Gasset, “Ideas sobre Pío Baroja” (sin fecha). En: El espectador (1970). === Cómo publicar en Letralia, Tierra de Letras =========================== Antes de enviarnos algún texto para publicar en Letralia, le agradecemos leer nuestras condiciones de publicación. 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