~~~~~~~~~~~~~~~ Año XI Cagua, Venezuela Nº 156 ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras ~~~~~~~~~~~ http://www.letralia.com ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ 22 de enero de 2007 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras, es ~~~~~~~~~~~ la revista de los escritores ~~~~~~~~~~~ hispanoamericanos en Internet. ~~~~~~~~~~~ Usted puede enviarnos sus ~~~~~~~~~~~ comentarios, críticas o material ~~~~~~~~~~~ literario a info@letralia.com ~~~~~~~~~~~ ~ * ~~~~~~~~~~~ ~~~ JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor ~~~~~~~~~~~ ~~~~~ Depósito Legal: pp199602AR26 ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ === Sumario =============================================================== | “Cabalismo mágico”, Jorge Gómez Jiménez. | Editorial | Premios del Maestrazgo. / El taller de Primo. / La mejor | Breves del 2006. / La Gaceta en la red. / Premiados en el sur. | / Nació Ficcionaria. / Los diversos. / Ionesco en | Caracas. / Talleres en Chiapas. / Playas a las plazas. / | Café en el KJC. / Sánchez Lecuna en francés. | | Para recordar a Elí Galindo. | Material “Caos”, poema de su libro inédito Metamorfosis. | especial | Premios Fernando Báez entregaron en Argentina. / Premio | Noticias Nobel de Literatura tiene dos nuevos jueces. / Premio de | Relato Julio Cortázar gana el letraliano Juan Pérez | Rosales. / Yolanda Arroyo gana por segunda vez | consecutiva el Pepe Fuera de Borda. / Creada la | Federación Internacional de Asociaciones de | Catalanística. / Leonardo Acosta obtiene el Premio | Nacional de Literatura de Cuba. / Felipe Benítez Reyes | obtuvo el premio Nadal de novela. / Chile solicitará a | EUA repatriar manuscritos de Gabriela Mistral. / | Detienen producción de filme basado en guión de García | Márquez. / Tomás Eloy Martínez gana premio en Portugal. | / Falleció el escritor venezolano Efraín Subero. / | Escritores mexicanos dictan charlas sobre su experiencia | como lectores. / Ganadores del Casa de las Américas | serán anunciados este 25 de enero. / Hay Festival | Cartagena se inicia este jueves. / Enrique Vila-Matas | recibirá premio de la RAE por Doctor Pasavento. / Ateneo | Insular celebrará seminario sobre los movimientos | literarios. / Hotel Kafka anuncia nuevos cursos. | | “Julio Ortega y su lámpara en la niebla”, John Jairo | Artículos y Junieles. / “Andrea Cabel: Las falsas actitudes del | reportajes agua”, Carlos Villacorta Gonzales. / “A propósito de Un | cuarto propio, de Virginia Woolf”, María Candel de | Puerta. / Dos artículos de Ricardo Mena Cuevas. / “La | corriente, cárcel, mundial de las patentes”, Salomón | Valderrama Cruz. | | Alberto Barrera Tyszka: “Rara vez uno siente que una | Entrevistas novela está lista”, Jorge Gómez Jiménez. / “Inquisición | al poeta Pedro Perales”, Leoncio Luque Ccota. | | “El Señor Presidente: La descentralización como | Sala de ensayo respuesta literaria a la figura del invisible dictador | omnipresente”, Karla Preciado Mendoza. | | “La despedida de Bárbara”, María Eugenia Sáez. / Poemas | Letras de Gustavo Lespada. / Tres cuentos de Jorge Etcheverry. | / Poemas de Antonio José Rodríguez Soria. / “Olvido”, | Jéssica de la Portilla Montaño. / Poemas de Leda | Maidana. / “El visitante”, Marcial Fonseca. / “Memoria”, | Judith Godoy. / “El justiciero”, Luis Recuenco Bernal. / | Tres poemas de Estrella Gomes. / “Mi amigo el linyera”, | Gladys Liliana Abilar. / Poemas de Juan Pérez Rosales. / | “Almas gemelas”, Gabriela de la Peña Astorga. / Poemas | de Delia Rengifo. / “Non in solo pane vivit homo”, | Fernando Arrojo-Ramos. / “Poesía ligera para almas en | desuso”, Miguel Ángel Zapotitla Pérez. | | “Hasta que ardan las velas”, de Neida Bonnet de Mendonça | El buzón | Aldous Huxley. | Post Scriptum | =========================================================================== Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Año http://www.geocities.com/SoHo/8753 =========================================================================== Premio "La Página del Mes" de Internet de México el 3 de mayo de 1998 http://www.internet.com.mx =========================================================================== Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998 http://www.megasitio.com =========================================================================== Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999 http://www.redchilena.cl =========================================================================== Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999 http://www.fortressdesign.com =========================================================================== Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999 http://www.exodusltd.com =========================================================================== Premio Mejor Página de Poesía, de La Blinda Rosada, en julio de 1999 http://blindarosada.org.ar =========================================================================== Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Para suscribirse a Letralia, envíe un mensaje vacío a: letralia-subscribe@gruposyahoo.com Para desuscribirse, envíe un mensaje vacío a: letralia-unsubscribe@gruposyahoo.com También puede formalizar su suscripción o su desuscripción en un formulario visible en nuestro sitio en el Web: http://www.letralia.com/herramientas/listas.htm Ediciones anteriores: http://www.letralia.com/tierradeletras/archivo.htm ||||||||||||||||||||||||||||| EDITORIAL ||||||||||||||||||||||||||| === Cabalismo mágico Jorge Gómez Jiménez ============================= Dentro de tres meses será inaugurado en la ciudad amurallada de Cartagena de Indias el IV Congreso Internacional de la Lengua Española, el evento en el que las academias se sientan a discutir sobre el presente y el futuro del idioma con el que nos comunicamos —o al menos tratamos de hacerlo— cerca de cuatrocientos millones de personas. Cartagena es una ciudad con suerte. Por estos días se celebrará el Hay Festival, una versión local del encuentro original que Peter Florence dirige en la localidad británica de Hay-on-Wye, un pequeño pueblo de 1.300 habitantes en el parque natural de Beacons Brecon en las montañas de Gales. Allí, cada año desde hace dos décadas, los escritores que asisten se reúnen con los lectores para compartir en un ambiente de camaradería. Así que este año la histórica ciudad colombiana tendrá oportunidad para apreciar los dos lados del quehacer intelectual. Por una parte, el Hay Festival será el escenario en el que los escritores darán la mano a los lectores y conversarán con ellos sobre lo divino y lo humano. Por otra, el congreso reunirá a representantes de academias, científicos, empresarios, escritores, editores, periodistas, lingüistas e historiadores para analizar cómo hablamos, y por qué lo hacemos de esa manera. Pero el congreso será aprovechado para otra coyuntura. 2007 es el año en el que arriba el premio Nobel de Literatura 1982, Gabriel García Márquez, a tres aniversarios alineados. El primero es su propio cumpleaños, que cumplirá el 6 de marzo, cuando habrá llegado a ochenta años de aquella mañana remota en que naciera, durante un aguacero torrencial, el primero de siete varones y cuatro mujeres y que fuera bautizado de emergencia ante el temor de que muriera asfixiado por su propio cordón umbilical. Como ya se sabe, los otros dos aniversarios corresponden a los cuarenta años de la publicación de Cien años de soledad, la novela que ha dividido a sus lectores entre quienes la comparan con Don Quijote de La Mancha y quienes huyen despavoridos de su influjo, y a los veinticinco desde que, en Estocolmo, el Gabo, al recibir el Nobel, citara a su duende tutelar William Faulkner: “Me niego a admitir el fin del hombre”. Una confluencia muy apropiada para quien confiesa ser un supersticioso irredento. “Las supersticiones —o lo que llaman supersticiones— pueden corresponde a facultades naturales que un pensamiento racionalista, como el que domina en Occidente, ha resuelto repudiar”, le dice el Gabo a Plinio Apuleyo Mendoza en la ya —también— remota El olor de la guayaba. Otro aniversario menor, también relacionado con García Márquez, se cumple este año, y seguramente él lo añadirá a su expediente cabalístico. El 7 de abril hará diez años desde que el autor de Cien años de soledad, en la primera edición de este mismo congreso, aquella vez en la ciudad mexicana de Zacatecas, recomendara (http://cvc.cervantes.es/obref/congresos/ zacatecas/inauguracion/garcia_marquez.htm) para horror de puristas y gracia de colegas: “Enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver”. Cartagena es, a no dudarlo, una ciudad con suerte. Jorge Gómez Jiménez, editor http://www.letralia.com/jgomez ||||||||||||||||||||||||||||||| BREVES |||||||||||||||||||||||||||||| Premios del Maestrazgo. El I Concurso de Relatos Comarca del Maestrazgo se convocó en junio de 2006 y el plazo de entrega de originales finalizó el 30 de octubre. Los relatos debían ser originales, tener una extensión de entre 5 y 10 folios, ser inéditos, y girar en torno al tema “Las Masías, masoveros y masoveras del Maestrazgo”. Concurrieron 21 participantes de toda la geografía española. El jurado se reunió el 5 de diciembre y acordó otorgar el primer premio, de 600 euros, a “La quinta de Cantavieja”, de Raúl Rentero Mateos, y el segundo, de 300 euros, a “El amor profundo de las masoveras”, de Manuel Terrín Benavides. Se otorgaron dos accésits a “Lápiz y papel”, de Víctor Galve Ruiz, y “Donde hoy es siempre todavía”, de Rafael Esteban Silvestre, además de dos menciones a “La deuda”, de José María Andrés Sierra, y “Caminos y senderos del Maestrazgo”, de Ricardo Martín Mir. Por otro lado, el 13 de diciembre se realizó la presentación, en la Librería FNAC de Zaragoza, de Días de cierzo, la novela con la que Elifio Feliz de Vargas Pastor obtuvo el I Premio de Novela Corta Maestrazgo. La obra habla del Maestrazgo de hoy, de cómo transcurre el tiempo en las masías anudando el pasado con el presente, de los vínculos que se establecen entre el territorio y las gentes y de la relación entre las expectativas de futuro y la ilusión de los habitantes. El autor convierte el Maestrazgo en material literario y mediante un lenguaje maduro, estilizado y elegante, consigue un relato intenso de ritmo muy preciso que juega con la sugerencia y el matiz. http://comarcamaestrazgo.es/actualidad.htm El taller de Primo. El dramaturgo colombiano Primo Rojas dictará en Bogotá en los próximos meses su Taller de Teatro Narrativo, que tendrá un cupo máximo de 20 personas y un mínimo de 15. Durará 36 horas distribuidas en dos meses, y se llevaría a cabo dos veces por semana entre las 5 de la tarde y las 7 de la noche, tentativamente los lunes y los miércoles. El taller exploraría diversos aspectos del teatro narrativo. Al final del taller se hará una muestra abierta al público de los diversos resultados individuales. Para pedir mayores detalles es preciso escribir a primorojas@gmail.com. http://primorojas.blogspot.com La mejor del 2006. La novela Nocilla dream, de Agustín Fernández Mallo (Candaya, 2006) ha sido elegida por la revista Quimera, en su edición de diciembre, como la mejor novela publicada en castellano en España en 2006. Fernández Mallo (La Coruña, 1967) reside en Palma de Mallorca, es licenciado en ciencias físicas y ejerce en el ámbito de la física de las radiaciones nucleares con fines médicos. Nocilla dream contiene referencias al cine independiente norteamericano, a la historia del collage, al arte conceptual, a la arquitectura pragmática, a la evolución de los PCs y a la decadencia de la novela. El autor se enfoca en los outsiders del siglo XXI y sobre todo en la misteriosa conexión entre algunas vidas alternativas y globalizadas que transitan por escenarios de Serie B: rubias de burdel que sueñan con que algún cliente las lleve hacia el Este, ácratas que habitan en extrañas micronaciones, ancianos chinos adictos al surf, un argentino que vive en un aparthotel de Las Vegas y construye un singular monumento a Jorge Luis Borges, un emigrante checo que en Estados Unidos que hace música con los ruidos de los edificios. La novela fue presentada en la Librería Literanta, de Palma de Mallorca, en noviembre pasado, y puede adquirirse en el sitio de la editorial. http://www.candaya.com/nocilladream.htm La Gaceta en la red. La Gaceta Literaria de Santa Fe, órgano de difusión de circulación trimestral que ya había rebasado los 25 años de aparición ininterrumpida en el ámbito cultural argentino, ha debido tomar la decisión de afrontar la necesidad de asumir un paréntesis en su historia impuesto, en especial, por dificultades de índole financiera. Por lo tanto, el número 131 es el último en ver la luz desde su formato tradicional. Desde este momento, la publicación, coordinada por Jorge Alberto Hernández, Arturo Lomello, Norma Segades-Manias y Jorge Taverna Irigoyen, y fundada por Luis Di Filippo, continúa su andadura en su nuevo sitio en la red. http://gacetaliteraria.blogia.com Premiados en el sur. Recientemente fue publicado el veredicto del Primer Certamen de Cuento Breve “Cuentos del Sur”, que organizan en la Municipalidad de Almirante Brown (Argentina) el Directorio del Boulevard Shopping de Adrogué y la Biblioteca Popular y Municipal “Esteban Adrogué”. El jurado estuvo integrado por los escritores Laura Massolo, Ángela Pradelli y Ariel Bermani, y decidió entregar el primer premio a “Una carta en la manga”, de Jorge Luis Sagrera (San Pedro, Provincia de Buenos Aires), mientras que el segundo premio recayó sobre “La fiesta”, de Daniela Vestir (Capital Federal) y el tercero sobre “¿Adónde?”, de la española Carmela Trujillo (Barcelona). Además se concedieron cinco menciones a “No me mires”, de Agustín Prieto (Montreal, Canadá); “Veinte segundos”, de Fabiana Andrea Tarantino (Adrogué); “La cacería”, de María Virginia Ciotola (San Carlos de Bariloche, Río Negro); “Incunables”, de Susana Moyano (Córdoba) y “El tío Roberto”, de María Alejandra Araya (San Juan), y menciones especiales a “Frío”, de Agustina María Bazterrica (Capital Federal), “Horacio, el rey”, de Antonio Cali (Puerto Madryn, Chubut); “Tramo final”, de Liliana Teresa Chávez (Córdoba); “Einstein y la pelusa”, de Alberto Lorenzo Díaz (Burzaco); “La vaca”, de Zelmar Acevedo Díaz (Capital Federal); “¿Quién?”, de Leticia Liliana Marconi (Punta Alta), e “Invasión”, de Sebastián Villar Rojas. Nació Ficcionaria. La escritora Marianne Díaz Hernández edita desde Valencia (Venezuela) la revista digital Ficcionaria, que circula cada dos meses por correo electrónico. Las ediciones se envían en formato PDF y, en su número cero, aparecen textos de Ivana Croxcatto, María Iholanda Rondón, Jorge Carrasco, David Hidalgo, Sara Vánegas Coveña, María Eugenia Caseiro, la transcripción inédita de un discurso de Ángeles Mastretta, una reseña de Ramón Alfredo Blanco sobre Nélida Piñón, Ermanno Fiorucci, Gonzalo Villamizar, Ángel Balzarino, Julio César Parissi, Mariela Cordero y Yolanda Arroyo Pizarro. La revista está abierta a colaboraciones espontáneas, para lo cual es preciso leer las indicaciones en su última página. Para formalizar la suscripción gratuita, basta con enviar un mensaje solicitándola a suscripciones.ficcionaria@gmail.com. Los diversos. A finales del año pasado se emitió el veredicto del Primer Certamen de Poesía y Narrativa Palabras Diversas, convocado por la revista literaria digital del mismo nombre, que en su edición número 3 de este 15 de enero ha publicado los textos ganadores. El jurado de poesía otorgó su primer premio a “Para el día en que debuten los milagros”, de Irelia Pérez Morales (Cuba), y además concedió dos accésits a “Alejandra Pizarnik”, Juan Emmanuel Ponce de León (Argentina) y “Matices”, de Zoelia del Carmen Frómeta Machado (México). En narrativa, el primer premio correspondió a “Cómo pactar con el demonio”, de Roberto Santiago de Brito (Argentina), y se concedió dos accésits a “Hallelujah Jones”, de Pablo David López Baruja (Paraguay) y “La mano tonta de Antoñita Miracielo”, de Antonio David Bravo Carrasco (España). http://www.palabrasdiversas.com/palabras/premios.asp Ionesco en Caracas. Hasta el 18 de febrero se estará presentando en Caracas La cantante calva, la icónica obra teatral de Eugène Ionesco, en un montaje del colectivo Séptimo Piso, bajo la dirección de Dairo Piñeres. Las funciones son en la Sala Experimental Sótano 3 de la Casa de Rómulo Gallegos, sede de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg). La obra, la primera de su autor, fue escrita en 1950, convirtiéndose en el pionero de la actual tradición escénica de la vanguardia. En ella, Ionesco utiliza el diálogo disparatado para mostrar la absurdidad de la vida cotidiana a través del colapso de la semántica. Piñeres obtuvo el año pasado el Premio Municipal de Teatro y es profesor en el Instituto Universitario de Estudios Teatrales (Iudet, http://www.iudet.edu.ve) y en la Escuela Superior de Artes Escénicas Juana Sujo. En este trabajo dirige a Carlos Díaz, Marvin Huise, Alexander Rivera, Moisés Berroterán, Luis Vicente González y Morris Merentes. Las funciones se presentan de jueves a sábados a las 8 de la noche y los domingos a las 6 de la tarde, con entradas que oscilan entre los 10 y 15 mil bolívares. http://www.celarg.org.ve Talleres en Chiapas. El poeta chiapaneco Óscar Wong se apresta a dictar tres talleres literarios en Chiapas (México), cada uno de los cuales se desarrollará a través de doce sesiones. El primero es su “Gramática histórica del mito poético”, que se inicia el viernes 26 de enero y se dictará de 7 a 9 de la noche. El curso explora los mitos que involucran a la creación poética: la fe como conocimiento sensible, la inspiración, la musa, el poeta como vidente o revelador, la guerra en el Cielo, Adán y Lilith, la caída del hombre, etc. El segundo curso, “La magia del lenguaje”, comenzará el sábado 27 de enero y se dictará de 12:30 a 2:30 de la tarde. El curso pretende responder a las diversas interrogantes que el estudio y la creación poética plantean, con reflexiones que van de las expresiones de vanguardia hasta las manifestaciones que develan el ámbito de lo sagrado. El último curso es “Presencia de la Musa: mito y poesía”, y se iniciará también el sábado 27 de enero. Será dictado de 5 de la tarde a 7 de la noche y abordará la visión mágica del mundo, presente en las teorías milenaristas de la época actual. http://www.geocities.com/poetaoscarwong Playas a las plazas. El poeta chileno Mauricio Torres Paredes publicó en noviembre de 2005 el poemario-objeto …todas las playas del planeta, que en su momento fuera presentado en la Sociedad de Escritores de Chile y relanzado, unos meses después, en la Casa de la Cultura de Cerro Navia. Este 31 de enero, entre las 10 de la mañana y la 1 de la tarde, Torres Paredes realizará una nueva actividad promocional consistente en “liberar” doce ejemplares del libro en las plazas De Armas (centro de Santiago), Mori (Providencia), San Bernardo y Quinta Normal, a razón de tres ejemplares en cada una. El libro expresa una visión sobre “cómo las vacaciones, y sobre todo las playas, son un espacio que va más allá del relajo y la recreación, siendo también una alternativa para proyectarse infinitamente en el universo”. mauriciotorresp@hotmail.com Café en el KJC. En nuestra edición 155 dimos a conocer el manifiesto poético del Café Nueva York, organización literaria creada en la ciudad estadounidense por los escritores Carmen Boullosa, José Manuel Prieto, Naief Yehya, Sylvia Molloy, Eduardo Lago y Eduardo Mitre. Este 5 de febrero a las 6 de la tarde, el Café Nueva York se presentará con un recital poético en el King Juan Carlos Center, en el que estarán presentes Carmen Boullosa, Eduardo Lago, José Manuel Prieto, Sylvia Molloy, Eduardo Mitre y Naief Yehya. Los autores explicarán someramente las relaciones de Nueva York con el mundo hispano, desde su fundación hasta la Guerra Civil española, y luego procederán a leer fragmentos de sus obras mientras a sus espaldas habrá proyecciones de imágenes de los “patrones”, escritores de relieve del mundo de habla hispana que han vivido en la ciudad. http://www.nyu.edu/kjc Sánchez Lecuna en francés. El escritor venezolano José Sánchez Lecuna dictará el próximo viernes 2 de marzo, en la Maison de l’Amérique Latine, en París (Francia), su conferencia en francés “Ars Poetica”, sobre el carácter mítico y arquetípico del relato, en la que el autor hablará sobre sus obras El viaje inefable, El ineludible destino y Memorias de la esperanza (estas dos últimas inéditas) y sobre la importancia de las imágenes y de los símbolos en la literatura occidental. La presentación estará a cargo de Francois Delprat, miembro del Comité de Apadrinamiento de la Asociación Fraven y director del Centro de Estudios de Literatura Venezolana de la Universidad Sorbonne-Nouvelle Paris III (http://www.univ-paris3.fr). La sede de la Maison está ubicada en 217, Boulevard Saint-Germain; 75007 Paris. La actividad se iniciará a las 6:30 de la tarde. http://josesanchezlecuna.blogspot.com ¿Quiere publicar una nota en este espacio? Envíenosla por correo electrónico a breves@letralia.com. === ¿Le interesa estar informado sobre concursos? ========================= Reciba por correo electrónico los anuncios vigentes de concursos literarios y artísticos en general suscribiéndose a nuestra lista de distribución. Todo lo que tiene que hacer es enviar un mensaje vacío a letralia-concursos-subscribe@gruposyahoo.com, o visitar nuestra cartelera de concursos en http://www.letralia.com/herramientas/concursos.htm. Si desea enviarnos las bases de un concurso, escríbanos a info@letralia.com ||||||||||||||||||||||| MATERIAL ESPECIAL ||||||||||||||||||||||| === Para recordar a Elí Galindo =========================================== El 13 de febrero de 2006 falleció en Caracas el poeta venezolano Elí Galindo. Miembro de la generación de los 70 junto a Eleazar León, Hanni Ossot, María Fernanda Palacios, Alejandro Oliveros y David Gutiérrez Caro, entre otros, su vida concluyó días antes de que fuera presentado su último libro, que terminó siendo póstumo: San Baudelaire. Galindo era natural de San Sebastián de los Reyes, la población más antigua del estado Aragua, donde nació el 13 de septiembre de 1947. Poeta, colaborador de las más importantes publicaciones periódicas de Venezuela y profesor, por más de veinte años, en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve), había recibido el Premio Internacional de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo (UC, http://www.uc.edu.ve; 1985), y el Premio Conac de Poesía Francisco Lazo Martí (1987). San Baudelaire reúne los libros Los viajes del barco fantasma (UCV, 1974), que mereció el Premio Universidad Central de Venezuela mención Poesía (1975), Ruido de las esferas (Monte Ávila Editores, 1986), ganador del Premio Municipal de Literatura del Concejo Municipal del Distrito Federal (1985), y el poemario inédito Las estrellas fugaces me ponen ebrio, que recibió el premio Casa de la Cultura del Estado Aragua (1971). Además recibió el Premio Municipal de Literatura “Manuel Díaz Rodríguez” del Concejo Municipal del Distrito Sucre (1974). A su obra inédita pertenecen los libros Metamorfosis, Elegías y Convidado de tierra. Sus inquietudes intelectuales lo llevaron a incorporarse a la agrupación conocida como la Pandilla de Lautréamont, y coincidir con Caupolicán Ovalles, Luis Camilo Guevara, el Chino Víctor Valera Mora, William Osuna, Enrique Hernández D’Jesús y Luis Sutherland, entre otros, a finales de los años 70. Trabajó como redactor en la Revista Nacional de Cultura, donde dejó numerosos artículos y notas que reseñan la obra de autores venezolanos. Como miembro del Fondo Editorial Orlando Araujo de la Federación de Asociaciones de Escritores de Venezuela promovió la obra de valores nacionales y coordinó, entre otros, la edición del libro La casa en la poesía venezolana del siglo XX (1993). Para recordar al autor de San Baudelaire, sus amigos y sus lectores se reunirán este martes 30 de enero a las 10 de la mañana en el salón “Laura Boyer” de la Universidad Nacional Abierta (UNA, http://www.una.edu.ve) en su sede de San Bernardino (avenida Los Calvani, Nº 18; Caracas). El poema “Caos”, que es parte del libro inédito Metamorfosis y acompaña esta nota, ha sido gentilmente autorizado por la viuda de Galindo, la también escritora María Clara Salas. Caos Elí Galindo Antes que el hombre nombrara a través del caos las cosas disonantes de la creación existía la armonía El cielo y la tierra cruzaban sus mensajes de fuego uno al otro comunicaban sus fiestas dolores y lamentos Para nada había obstáculos conversaban y se entendían perfectamente Todo era hábil Todo extendía su propio peso su real valor Sin miedo lo inútil se sabía en descanso de la materia luego según la rueda perfecta de la fortuna vivía su turno Lo muerto no sufría retornaría poco después y lo vivo soportaba el vivir pronto vendría el descanso natural Antes que el pensamiento creara la muerte mucho antes que el hombre pensara en el término de las cosas y el caos abandonara su misión verdadera todo era perfecto todo era irrupción azar |||||||||||||||||||||||||||||| NOTICIAS ||||||||||||||||||||||||||||| *** Premios Fernando Báez entregaron en Argentina El pasado 10 de diciembre fueron entregados en la sede de la Biblioteca Nacional de Argentina (http://www.bibnal.edu.ar), en Buenos Aires, los premios del Concurso Latinoamericano de Investigación en Bibliotecología, Documentación, Archivística y Museología que la institución impulsó con el nombre del escritor venezolano Fernando Báez, autor de Historia universal de la destrucción de libros, entre otros títulos, quien estuvo presente en la ceremonia. La entrega de los premios tuvo lugar en el auditorio “Jorge Luis Borges” de la Biblioteca Nacional, y contó también con la presencia de los miembros del jurado, compuesto por Horacio González (director de la institución), Alejandra Mendé (Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares, Conabip, http://www.conabip.gov.ar), Claudio Agosto (Grupo de Estudios Sociales en Bibliotecología y Documentación, Gesbi), Hugo García (Centro Argentino de Información Científica y Tecnológica, Caicyt, http://www.caicyt.gov.ar) y el propio Báez. Dividido en tres categorías, el concurso otorgó galardones a autores profesionales, estudiantes e idóneos. En la primera categoría recibieron la distinción Florencia Bossie, por Historias en común; censura a los libros en la ciudad de La Plata durante la última dictadura militar (1976-1983), y Cristian José Oliveira Santos, por Ós primeriros arquivos eclesiásticos brasileiros no contexto da legislacao e praticas arquivisticas da igraja catolica. En la categoría estudiantil los ganadores fueron Federico Zeballos, por Bibliotecas y dictadura militar en Córdoba, 1976-1983, y Daniel Canosa, por Radios indígenas: aprovechamiento de experiencias para desarrollar colecciones de audio en bibliotecas indígenas. En la categoría Idóneos, los ganadores fueron Luis Oporto Ordóñez, por La destrucción de la memoria oficial en Bolivia, y Natalia García, por Los contrabandistas de la Vigil. También recibieron menciones especiales Beatriz Rosalía Kessler, por Publicaciones libros y bibliotecas en la colectividad judeo-progresista Argentina; Silvana Bonacci, por Un golpecito a la palabra (libros de literatura infantil censurados durante los años 1976-1983), y Julián Barsky, por Gardel y Buenos Aires: El mito de Cronos. En intervención ante el público, Báez resaltó la función social que deben cumplir las bibliotecas y exhortó a los bibliotecarios a ser animadores culturales, cuya misión es facilitar el acceso y apropiación masiva del conocimiento. “El bibliotecario del siglo XXI”, concluyó, “es un luchador, el bibliotecario del siglo XXI pasa por ser un hombre capaz de dar la vida por la memoria, que es lo que a nuestros pueblos les garantiza un sentido de dignidad, porque no hay democracia sin memoria, no hay democracia sin justicia, y la justicia es imposible con el olvido”. El cierre de la jornada estuvo a cargo de la agrupación teatral El Palo en la Rueda, quienes pusieron en escena la obra de teatro Biblioclastas, dirigida por Adolfo Dorín y protagonizada por Luis Ferreyra y Jorge Gómez. Fuente: Caicyt *** Premio Nobel de Literatura tiene dos nuevos jueces El pasado 20 de diciembre fueron investidos como jueces del premio Nobel de Literatura (http://www.nobelprize.org) los escritores suecos Kristina Lugn y Jesper Svenbro, en sustitución a Östen Sjöstrand y Lars Gyllensten, fallecidos durante 2006. Así, la próxima edición del galardón será decidida por un jurado de 18 miembros suecos. En el acto de posesión de los dos nuevos jueces participaron el rey Carlos Gustavo de Suecia, la reina Silvia y la heredera Victoria. Lugn (Skövde, 1948) es crítica, dramaturga y poeta. Ha publicado nueve poemarios y sus obras teatrales han sido escenificadas por el Teatro Dramático Real de Suecia y el Teatro Brunngatan 4. Ha recibido el Premio Nacional Bellman, el Piraten y el de la Fundación Selma Lagerlöf. Es dirigente artística y directora del Teatro Brunnsgatan 4 de Estocolmo. La escritora sustituye en el jurado a Gyllensten, quien pese a haber interrumpido su colaboración con la Academia Sueca en 1989, en protesta por el silencio de la institución ante las amenazas de muerte contra Salman Rushdie, no podía ser removido del cargo hasta su muerte. Svenbro (Landskrona, 1944) tiene un PhD en literatura por la Universidad de Lund (http://www.lu.se) y es especialista en poesía griega. Es director de investigaciones del Centro Louis Gernet de investigaciones sobre las sociedades antiguas (CRCSA, http://www.ehess.fr/centres/gernet), en París. Sigue aún vacío el sillón número 15, correspondiente a la escritora Kerstin Ekman, quien se alejó de la Academia junto con Gyllensten. Tampoco participa en ninguna de las actividades a modo de protesta el escritor Knut Ahnlund, que ocupa el sillón número 7. Fuente: DPA *** Premio de Relato Julio Cortázar gana el letraliano Juan Pérez Rosales La Universidad de La Laguna (ULL, http://www.ull.es), en Tenerife (España), anunció a mediados de diciembre los veredictos correspondientes a sus certámenes de literatura, cine, teatro, arte, fotografía y música, en una ceremonia celebrada en el salón de actos del Colegio Mayor San Agustín. Durante la velada, el dúo Soto Voce de flauta y guitarra clásicas interpretó algunas piezas de su repertorio, el poeta Javier de la Rosa dramatizó algunos versos del poemario ganador y se proyectaron videos con selecciones de los ganadores y finalistas de los premios convocados, y se distribuyeron ejemplares de algunas de las obras premiadas en las categorías literarias. También se presentó la nueva revista cultural del vicerrectorado, Cultura Per Se, con la cual se pretende difundir las actividades culturales de la institución. Los premios se convocan desde hace once años, y cuentan con una amplia difusión, especialmente en España y Sudamérica, de donde proviene la mayor parte de los trabajos que concurren. En total, se han presentado 720 trabajos provenientes de 13 países distintos. En el VIII Premio Internacional de Poesía Luis Feria, se registró una participación de 43 trabajos procedentes de España, Cuba, Perú, México, Venezuela y Argentina. El primer premio fue declarado desierto, pero el jurado concedió menciones especiales a los poemarios de autores españoles Desde la otra orilla, de Manuel Terrín Benavides (Albacete), y Paisajes para un atardecer, de Juan José Alcolea Jiménez (Madrid). En el IX Premio Internacional de Relato Breve Julio Cortázar participaron 124 autores de España, Cuba, Ecuador, Argentina, Chile, México, Perú, Uruguay y Venezuela. El ganador fue “Cartas desde Cincinnati”, del español Juan Pérez Rosales (Las Palmas de Gran Canaria), autor letraliano cuyo relato “Dos mujeres” fue publicado en nuestra edición 147 (http://www.letralia.com/147/letras14.htm). Los accésits se concedieron a “Manzana de tierra”, de la española Raquel L. García Escribano (Madrid); “Se busca muchacha con mariposa celeste”, del chileno Adriano Améstica Fernández; “La crisis”, del español José Manuel Moreno Pérez (Madrid); “Entre ninfas y sátiros”, de la española Nieves Leticia Martín Hernández (La Palma); “El declarante”, del argentino Pablo Antonio Zubiaurre; “La paradoja de Zenón”, del español José Juan Díaz de la Cruz (Tenerife) y “Viaje”, del también español Vicente Pérez Masedo (Madrid). Al IV Premio de Relato Breve Día del Libro, de ámbito interno de la ULL, se presentaron 38 trabajos, y resultó ganador “Hombre que come hinojo”, de Diana Bauzá García. El jurado destacó con menciones especiales a “Malas noticias”, de Yerai Teruelo Hernández y “Dilemas de amor y rutina”, de Daniel Ramos Estellés. También se designó una nómina de seis finalistas cuyas obras acompañan a las anteriores en la publicación que se realizó con obras del certamen. En cuanto al IX Premio Internacional de Teatro de Autor Domingo Pérez Minik, en total hubo una participación de 10 trabajos procedentes de España, Argentina y Estados Unidos. Resultó ganador La chica de ayer, de César López Llera (Madrid). Para el III Premio Internacional de Cortometrajes de la Universidad de La Laguna se recibieron 87 trabajos procedentes de España, Chile, Francia y Argentina. Se concedió el I Premio al filme La guerra, de Luiso Berdejo y Jorge C. Dorado, y sendas menciones especiales para A falta de pan, de Martín Rosete (Madrid); Valle Paraíso, de Eduardo Martín Julve (Madrid); Déjà Vú, de Emilio J. López (Granada); Mi tío Paco, de Cayetano Aníbal González Ramírez (Granada) y Hasta la muerte, de Juan Pérez-Fajardo Frochoso (Madrid). Estos y otros trabajos seleccionados se proyectarán en la próxima Muestra Internacional de Cortometrajes de la ULL Midec 2007. Al XI Certamen Internacional de Guiones Cinematográficos de Cortometraje se presentaron 49 trabajos procedentes de España, Colombia, Francia, Uruguay, Perú, México y Argentina, y lo obtuvo El nuevo Oeste, del mexicano Antonio Zúñiga. El mecanismo para elegir a los ganadores del II Premio de Música de la ULL es diferente, ya que se seleccionan grupos que participarán en el festival ULL Rock 2007, que se celebrará a mediados de marzo en la Facultad de Educación, del cual saldrá el nombre del vencedor. A la convocatoria se presentaron 11 grupos, y fueron seleccionados para la final Marvel Hill, C4 Jazz Band, Psgirl, Ryk Ramos, The Pirs and the Aguas y Tamgo. Al Premio Internacional de Fotografía Rafael Ramos García se presentaron 310 trabajos procedentes de España, Argentina, Colombia, Perú y Grecia. En la categoría de fotografía individual, el trabajo titulado fue “Luz de luna”, de Gonzalo Peláez Martínez (Tenerife), mientras que en la modalidad de serie, fue elegido el grupo “En el olvido”, de Stavros Meletlidis (Grecia). Estas y otras obras se exhibirán en una exposición que se inaugurará el próximo 18 de enero en el Centro de Fotografía Isla de Tenerife. Por último, al X Premio Nacional de Pintura “Enrique Lite” se presentaron 48 trabajos. El ganador fue “Azul”, de Silvia Gómez-Zurro Delgado (Tenerife), mientras que el segundo puesto fue para “Dualidad”, de María Pilar Figueroa González (Tenerife). Asimismo, se concedieron dos accésits a “Océano 2”, de Uwe Schmidt (Gran Canaria) y “Comunicación no verbal II”, de Patricia Rodríguez León (Tenerife). Estas y otras obras participarán en una exposición que se abrirá el 1 de marzo en el vestíbulo de la Biblioteca General y de Humanidades. Fuente: ULL *** Yolanda Arroyo gana por segunda vez consecutiva el Pepe Fuera de Borda Con el relato “Las ballenas grises”, la escritora puertorriqueña Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970; http://www.letralia.com/firmas/arroyopizarroyolanda.htm) ha ganado por segunda vez consecutiva el primer premio del concurso “Pepe Fuera de Borda”, que organiza en Argentina la página homónima (http://www.pfdb.com.ar), según se informó el pasado 19 de diciembre. En 2005, Arroyo Pizarro obtuvo este mismo galardón por “El coleccionista de latidos”. Escritora y docente, Arroyo Pizarro es instructora educativa de tecnología en la Universidad del Turabo (http://www.suagm.edu/ut). Ha escrito ensayos para la página de literatura Ciudad Seva (http://www.ciudadseva.com) y columnas para los periódicos El Vocero (http://www.vocero.com) y La Expresión. Es autora de un libro de cuentos, Origami de letras, y una novela, Los documentados. El segundo premio ha recaído sobre la escritora argentina Adriana Lamela (http://www.letralia.com/firmas/lamelaadriana.htm) por su cuento “Cuestión nominal”, mientras que el tercer premio ha sido para el también argentino Gustavo Agra por “El Viaje del Haruwen”. El jurado ha concedido menciones de honor a los cuentos “Lobo marino”, del cubano Juan Manuel Betancourt; “El viento de los locos”, del español Marcelo González; “La encrucijada”, del alemán Cristian Eduardo Nutz; “Mundos diferentes”, del hondureño Darío Ruben Pinus; “Velero”, del argentino Marcelo Gustavo Zanetti, y “Vino Lili”, del argentino Bernardo Rusquellas. El concurso “Pepe Fuera de Borda” fue creado en 2004 para premiar relatos inéditos, escritos en español, con argumentos relacionados con la navegación, el mar y otros temas afines. Este año los jueces han sido los navegantes Luis Nin Estévez (Uruguay), Corcho Daroqui (Argentina), Héctor M. Wrublewski (Argentina), Juan Carlos Domínguez Yela (Argentina), Íñigo Sainz de Baranda (España), Juanjo Palacios (España), Roberto Cimadevila (Argentina) y Manuel F. Pérez Sola (España), y el kayakista Fernando López Albarellos (Argentina). Además se contó con la asesoría técnica literaria del dramaturgo y compositor argentino Eduardo Goldman. Fuente: Pepe Fuera de Borda *** Creada la Federación Internacional de Asociaciones de Catalanística Seis entidades catalanísticas de todo el mundo constituyeron el pasado 22 de diciembre la Federación Internacional de Asociaciones de Catalanística en la sede del Institut d’Estudis Catalans (IEC, http://www.iec.cat), en Barcelona (España). La nueva institución actuará como interlocutor con el Institut Ramon Llull (IRL, http://www.llull.com) y otras instituciones públicas y privadas para la promoción de la lengua, la literatura y la cultura catalanas en el ámbito académico y universitario. La iniciativa, impulsada por el IRL y un consorcio integrado por la Generalitat de Cataluña (http://www.gencat.net) y el IEC, tiene como objetivo facilitar la colaboración entre diferentes asociaciones catalanísticas para mejorar la proyección internacional de la lengua catalana. Las asociaciones catalanísticas son entidades que agrupan a estudiosos y expertos de la lengua y literatura catalanas, residentes dentro o fuera del dominio lingüístico. Estas entidades se constituyeron a partir de la segunda mitad del siglo XX para promocionar el estudio de la lengua, la literatura y la cultura catalana en universidades extranjeras, y ahora forman esta federación para mejorar su rendimiento. Las seis entidades que constituyen esta federación son la Associació Internacional de Llengua y Literatura Catalanes (AILLC, http://www.iec.es/aillc), la Anglo-Catalan Society (http://www.kent.ac.uk/acsop), la Associazione Italiana di Studi Catalani (Aisc, http://www.filmod.unina.it/aisc), la Association Française des Catalanistas (http://www.france-catalanistes.com), la North-American Catalan Society (Nacs, http://www.nacs-catalanstudies.org) y la Deutscher Katalanistenverband (http://www.corpora-romanica.net/dkv). La federación estará presidida por el lingüista alemán Johannes Kabatek, miembro de la Deutscher Katalanistenverband, quien aseguró que “no es coincidencia que se haya escogido a un alemán para presidir esta federación”, puesto que 2007 es el año de la cultura catalana en Alemania. Kabatek anunció que durante este año, “además de celebrarse la Feria del Libro de Frankfurt, donde el catalán será la lengua invitada, se están organizando viajes de escritores por todo el país y se está preparando un congreso internacional de catalán, en la ciudad de Kiel, en el Mar Báltico”. Con todo, reconoció que “aún es muy temprano como para concretar todos estos proyectos”. Además del recién escogido presidente de la federación, a la presentación de esta institución también asistió el presidente de la Sección Filológica del IEC, Joan Martí, quien aseguró que esta iniciativa “de internacionalización del catalán debe servir para promocionar una lengua que ha estado marginada como el catalán”. Por su parte, la responsable del área de lengua del IRL, Maria Àngels Prats, destacó el carácter “coordinador” de esta federación y aseguró que “la buena relación entre las diferentes asociaciones catalanísticas de todo el mundo, debe servir para mejorar las iniciativas de promoción cultural que se hacen fuera de Catalunya”. Fuente: EFE *** Leonardo Acosta obtiene el Premio Nacional de Literatura de Cuba El escritor, periodista, músico y pedagogo cubano Leonardo Acosta (La Habana, 1933) fue distinguido el pasado 27 de diciembre con el Premio Nacional de Literatura de Cuba, correspondiente al año 2006, según informó el diario oficialista Granma (http://www.granma.cu). Acosta, quien ha recibido en cinco ocasiones el Premio de la Crítica, ha publicado, entre otros títulos, Paisaje del hombre (cuento), José Martí, la América precolombina y la conquista española, Música y épica en la novela de Alejo Carpentier, Música y descolonización, Del tambor al sintetizador, El barroco de Indias y otros ensayos, y Novela policial y medios masivos. Su libro Alejo en tierra firme, intertextualidad y encuentros fortuitos, recibió el Premio de la Crítica en 2005 y de la Academia Cubana de la Lengua. A la fascinante personalidad intelectual de este artista se une la de fundador del rock cubano y latino desde Los Hot Rockers, en 1957. Acosta también fundó el legendario Grupo de Experimentación Sonora del Icaic (GES), que revolucionó la música de la isla, junto a Leo Brouwer, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Sergio Vitier, entre otros. Fuentes: Cubaperiodistas • Encuentro en la Red • Prensa Latina *** Felipe Benítez Reyes obtuvo el premio Nadal de novela El poeta y narrador gaditano Felipe Benítez Reyes obtuvo este 6 de enero, con la obra Mercado de espejismos, el premio Nadal de novela, el más antiguo de los galardones literarios españoles, convocado por la editorial Destino (http://www.edestino.es). El jurado del premio ha seleccionado además como finalista, entre las 268 presentadas, la obra Algo tan parecido al amor, de la escritora Carmen Amoraga. La novela ganadora se centra en la historia de dos ladrones de obras de arte ya retirados que reciben un último encargo, el robo de unas supuestas reliquias de los Reyes Magos en la catedral de Colonia. El jurado de estos segundos premios ha subrayado que el autor era “uno de los poetas más destacados de la actual lírica joven española, y poseía una obra donde se une la poesía de la experiencia, de intenso amor por la vida, con un exquisito cuidado formal”. A partir de este presupuesto argumental, el autor construye una parodia “hilarante y demoledora” de las novelas de intrigas esotéricas, de su truculencia y de sus peculiaridades descabelladas. Benítez Reyes ha dicho que, en relación al tono irónico y paródico, ha querido seguir las enseñanzas del gran maestro de la parodia, Cervantes, que “nos enseñó a construir verdades humanas, personajes reales y no simples muñecos”. Mercado de espejismos es también, ha añadido el escritor, un “diagnóstico de la fragilidad de nuestro pensamiento, de las trampas de la imaginación y de la necesidad de inventarnos la vida para que ésta adquiera realidad”. En su opinión, “en la literatura es habitual establecer una distinción genérica que es artificial y artificiosa”, y argumenta en favor de su origen poético que “una condición para escribir novelas es escribir poesía, pues la poesía tiende a la precisión, a procurar que las palabras hagan un doble esfuerzo, y al final actúa en beneficio de la novela”. Algo tan parecido al amor, de la escritora valenciana Carmen Amoraga, describe la trayectoria amorosa de tres amigas, imbricada en otras tantas que corren en paralelo a sus vidas. El trío protagonista sirve a la autora de vehículo para reflejar las inquietudes emocionales que anidan en el corazón y en la mente de hombres y mujeres, sus dudas, sus miedos, sus lealtades, infidelidades y, en definitiva, “la nada fácil búsqueda de la felicidad”. Fuente: EFE *** Chile solicitará a EUA repatriar manuscritos de Gabriela Mistral La Cámara de Diputados de Chile acordó este 12 de enero solicitar formalmente la repatriación desde Estados Unidos de los manuscritos de la poeta chilena Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura 1945, cuyo destino es incierto tras la muerte de su albacea Doris Dana. Los legisladores esperan que la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos (http://www.loc.gov) entregue a Chile el material inédito de la primera latinoamericana en obtener el Nobel, que se encuentran en esas dependencias. Las más de 40 mil obras inéditas de la poeta permanecen retenidas hasta que se conozca el contenido del testamento de Dana, su albacea, quien murió en noviembre de 2006. El material fue entregado en comodato, como se desprende de las múltiples declaraciones de la que fuera secretaria personal de la escritora. La petición de los diputados apunta a que, junto con las gestiones que realice el Congreso chileno, se solicite al ministro de Relaciones Exteriores tomar contacto con su par en Estados Unidos para gestionar la repatriación del material. Dana murió el 28 de noviembre a los 86 años en Estados Unidos, pero su deceso recién se conoció en Chile el 10 de enero, justo cuando se cumplieron 50 años de la muerte de Mistral, efeméride que fue recordada en la Biblioteca Nacional de Chile (http://www.dibam.cl/biblioteca_nacional), en un coloquio en el que participaron narradores, ensayistas y poetas. En la actividad, la voz de la poeta fallecida en 1957 volvió a escucharse en la institución, gracias a registros originales que formarán parte del centro de archivo y difusión de la obra de Mistral que el Ministerio de Cultura de Chile aspira a crear. Los funcionarios de la biblioteca repartieron a los usuarios textos con extractos de las obras de Mistral y durante varias horas parte de sus poemas fueron leídos en voz alta en el antiguo y vetusto edificio por niños y adultos. En el mismo recinto se realizó la mesa redonda “El Legado de Mistral”, en el que participaron poetas, escritores y ensayistas, todos conocedores y estudiosos de la vida y obra de la autora de Desolación, que nació el 7 de abril de 1889 en la norteña ciudad de Vicuña. Entre los asistentes estuvieron el poeta Gonzalo Rojas, Premio Cervantes de Literatura, y también el Premio Nacional de Literatura, Alfonso Calderón. La jornada siguió con la exhibición del documental El ojo limpio, de Maga Meneses, sobre la vida de la escritora, y con un recital de poesía y música en el que participaron las poetas Eugenia Brito, Paula Ilabaca y Malú Urriola (Premio Pablo Neruda 2006). En Vicuña, la tierra de la que fue también maestra rural, a 533 kilómetros al norte de Santiago, el Museo Gabriela Mistral difundió a través de radios locales una serie de programas especiales sobre su vida y obra, y cientos de escolares y autoridades visitaron su tumba en Monte Grande y asistieron a una misa en su memoria. En tanto, el domingo 13 las autoridades ofrecieron una “mateada” gigante en la plaza de esa ciudad. La infusión de mate era una de las bebidas preferidas de la poeta, que solía disfrutar junto a su familia y amigos en los diversos países que visitó y en los que vivió. Según Jaime Quezada, biógrafo de la autora y presidente de la Fundación que lleva su nombre, Lucila Godoy Alcayata —el nombre real de la poeta— aún es una desconocida por los chilenos. Fuentes: Argenpress • EFE *** Detienen producción de filme basado en guión de García Márquez La producción del filme basado en Noticia de un secuestro, guión cinematográfico de Gabriel García Márquez, estaría en peligro de no realizarse, o por lo menos “está estancada”, según declaró el pasado 12 de enero en México el productor Epigmenio Ibarra. El productor dijo que, si bien la guionista argentina Aída Bortnik (La tregua, Gringo viejo) está escribiendo el guión sobre el texto del Premio Nobel de Literatura colombiano, la productora Argos Cine está pasando por “negociaciones delicadas” con la agencia literaria poseedora de la obra original. Bortnik es una reconocida autora teatral y de TV, y fue responsable del guión de La historia oficial, de Luis Puenzo, que en 1986 ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera y le dio la oportunidad de ingresar como miembro a la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood. La película, de realizarse, será dirigida por el mexicano Carlos Carrera, responsable de El crimen del padre Amaro (2002), la más vista del cine azteca en su país en todos los tiempos. Por el momento, Carrera está preparando capítulos de la serie Capadocia, la primera que la empresa HBO produce junto a Argos Televisión en exclusiva para América Latina. Noticia de un secuestro era justamente uno de los cuatro proyectos que Argos Cine tenía planeado rodar este año y al mismo “el más importante”, subrayó Ibarra. Los otros proyectos son El viaje de Teo, de Walter Groener; Prohibido amar al sexo, de Pedro Pablo Ibarra, y La frontera del mundo, que dirigirá Jorge Fons, quien regresa luego de casi una década de estar alejado de los sets. El productor Ibarra sostuvo que no podía dar más detalles sobre la filmación de Noticia de un secuestro porque se trata “de un proyecto en específico, que es tan entrañable, tan complejo, y tan importante para América Latina y para México”. Fuente: Telam *** Tomás Eloy Martínez gana premio en Portugal El escritor argentino Tomás Eloy Martínez recibió este 16 de enero el premio de creación literaria de la Casa de América Latina en Portugal, galardón que se entrega por vez primera, por la novela El vuelo de la reina. Al premio, dotado con 10.000 euros, se presentaron 33 obras de escritores de Brasil, Cuba, Chile, Colombia, Perú, Uruguay y Argentina, publicadas por diferentes editoriales lusas. El escritor narró, en su discurso de agradecimiento, cómo durante la primera mitad del año 2001, cuando ya había escrito ciento diez páginas de El vuelo de la reina, un examen médico de rutina produjo resultados que hicieron a uno de los especialistas darle apenas seis meses de vida. “El episodio hizo volar en pedazos la primera versión (que comenzó en 1998), y que sucedía en Andorra y Barcelona, con personajes y melodías que nada tienen que ver con la novela definitiva”, señaló. En noviembre de 2000, Tomás Eloy Martínez fue atropellado junto a su esposa por un automóvil. Ella murió en el acto. “Durante varios meses quedé en estado de pasmo. Escribir cada palabra era un trabajo de Sísifo y pensé que nunca recuperaría el impulso para retomar la novela”, agregó. Ante una audiencia que seguía cada palabra con un silencio respetuoso y acogedor, el escritor explicó que “en julio del año siguiente, cuando más lejos me sentía de la felicidad, tuve la inmensa dicha de enamorarme otra vez de la mujer ideal. De su mano aprendí a volar otra vez, como lo indica la dedicatoria de El vuelo de la reina”. Martínez manifestó que “los libros siguen poblando los sueños de la especie humana, para unos significan conocimiento, para otros libertad”. Al final de sus palabras de agradecimiento por el premio, Martínez agregó: “Somos hijos de Camões, de Cervantes, de Pessoa, y en nuestra diversidad seguimos encontrando todavía las raíces de nuestra identidad ibérica”. El escritor argentino recibió el premio de manos del alcalde de Lisboa, Antonio Carmona Rodrigues, quien lo calificó como “uno de los grandes autores de la literatura latinoamericana”. La novela de Martínez, aparecida hace dos años en Portugal, logró el premio de la editorial española Alfaguara en su edición de 2002. El autor de Santa Evita (1995), la novela argentina más traducida, es actualmente profesor distinguido de la Rutgers University (http://www.rutgers.edu) en Nueva Jersey (EUA) y director del Programa de Estudios Latinoamericanos (Rulas, http://www.rci.rutgers.edu/~rulas) de esa universidad. Fuente: EFE *** Falleció el escritor venezolano Efraín Subero El poeta, escritor, educador y académico venezolano Efraín Subero (Pampatar, Nueva Esparta, 1931) falleció en Caracas este 18 de enero a sus 75 años. El intelectual deja un vacío en la cultura por sus aportes en la poesía, escritura, labor académica, investigación del folklore, literatura hispanoamericana e infantil. Hijo de Jesús Subero y Agueda Narváez de Subero, se graduó de maestro de educación primaria urbana en la escuela “Miguel Antonio Caro”, de Caracas, en 1950. Cursó letras en la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve) y obtuvo la licenciatura en 1965. Más tarde obtuvo un doctorado en la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab, http://www.ucab.edu.ve) con su tesis La décima popular en Venezuela. Fue colaborador de las páginas literarias de los diarios El Universal (http://www.eud.com) y El Nacional (http://www.el-nacional.com), de Caracas, así como de la Revista Nacional de Cultura y del diario Antorcha de El Tigre, en Anzoátegui. Era Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua y miembro correspondiente hispanoamericano de la Real Academia Española, además de miembro activo y honorario de numerosas instituciones en su país y en el extranjero. Obtuvo varios lauros en campos poéticos y educativos y recibió numerosos homenajes por su vasta labor intelectual. Fue docente en Los Robles, Santa Rosa, San Tomé y El Tigre; director del Centro de Investigaciones Literarias de la Ucab (http://www.ucab.edu.ve/ucabnuevo/index.php?seccion=143), profesor de casi la totalidad de las universidades venezolanas, socio de la Asociación de Escritores de Venezuela y especialista en estudios del folklore, literatura infantil e hispanoamericana. Publicó más de un centenar de libros, por los cuales ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Literatura. En fecha reciente el gobierno regional de Nueva Esparta creó la Fundación Efraín Subero, por la cual se entregarán becas a estudiantes universitarios de destacada actuación académica. Sus obras más conocidas son Décima popular en Venezuela, Campo sur, Literatura del subdesarrollo, Del ideario pedagógico venezolano y Poesía margariteña. Según Ángel Félix Gómez, cronista del municipio Marcano, Subero era la mejor representación de los intelectuales neoespartanos. “La isla de Margarita no estuvo presente sólo en sus escritos, sino en toda su vida. A donde iba le decía a la gente con gran orgullo que era margariteño. Cuando llegaba a cualquier ciudad del mundo, lo primero que hacía era buscar si en sus bibliotecas había referencia cultural de Nueva Esparta”, indicó. Fuente: El Universal *** Escritores mexicanos dictan charlas sobre su experiencia como lectores Desde el pasado jueves 18 se desarrolla en Ciudad de México el ciclo “Los escritores y sus lecturas”, en el que un grupo de destacados autores de la nación azteca estará en contacto con el público para conversar sobre su experiencia como lectores, a través de sesiones en el Centro Cultural Condesa. Paco Ignacio Taibo II, Marco Antonio Campos, Orlando Ortiz, Héctor Perea, Mauricio Montiel Eigueiras, Hernán Lara Zavala, Francisco Hernández, Alicia García Beruga y Vivianne Thirión ofrecerán sus respectivas charlas en este ciclo que se extenderá hasta el próximo mes de marzo. Además participarán en los Paseos Literarios por el Centro Histórico de la capital mexicana. La primera sesión fue el jueves 18 y estuvo a cargo de Orlando Ortiz (Tampico, Tamaulipas, 1945), guionista, articulista, periodista, redactor, director creativo, conferencista y docente. Su gran experiencia de más de 30 años como coordinador de talleres literarios le ha permitido atestiguar los cambios y enriquecimiento de nuestro lenguaje y generar formas novedosas en materia literaria. Son reconocidos sus cursos “Ensayo, teoría y práctica”; “Estructuras y técnicas de la novela”; “Panorámica de la crítica literaria”; “La otra cara del cuento” y “Cuestiones de narratología”. Además es autor de En caso de duda, Una muerte muy saludable, Vidrios rotos, Sin mirar a los lados, Secuelas, Desilusión óptica, Recuento obligado y Miscelánea cruel, entre otros. Este 23 de enero, y además el 6 y 20 de febrero y el 6 y 20 de marzo, Mauricio Montiel Figueiras (Guadalajara, Jalisco, 1967) dictará su charla “De la página a la pantalla”. Montiel ha publicado poesía, ensayo, crónica, traducción y crítica literaria y cinematográfica en los principales diarios y revistas de México. Es autor de Donde la piel es un tibio silencio, Páginas para una siesta húmeda, Insomnios del otro lado, La penumbra inconveniente y La piel insomne. Ha publicado también dos libros de poesía: Mirando cómo arde la amarga ciudad y Oscuras palabras para escuchar a Satie. Su título más reciente es el volumen de ensayos La errancia. Taibo II participará en “Leer o morir”, el miércoles 24. El escritor nació en Gijón, España, en 1949, y ha destacado como escritor, historiador, activista político, profesor universitario, periodista, presidente de la Asociación Internacional de Escritores Policíacos y director de la Semana Negra. Es también una de las voces más destacadas en novela policíaca, y ha obtenido premios como el Grijalbo de Novela, Café Gijón y, en tres ocasiones, el internacional Dashiel Hammett. Entre sus libros destacan Héroes convocados: manual para la toma del poder, De paso, La vida misma, Cuatro manos, La bicicleta de Leonardo, Arcángeles y Ernesto Guevara, también conocido como el Che, en la que muestra su admiración por la figura del legendario guerrillero argentino-cubano. El curso-taller de poesía con Francisco Hernández se iniciará el 24 de enero y continuará el 31; luego habrá sesiones el 7, 14, 21 y 28 de febrero; y el 7 y 14 de marzo. Hernández (San Andrés Tuxtla, Veracruz, 1946) recibió en 1982 el Premio de Poesía Aguascalientes, por Mar de fondo, en 1993 el Premio Carlos Pellicer para obra publicada y en 1994 el Premio Xavier Villaurrutia. Ha publicado Cómo Robert Schumann fue vencido por los demonios y Habla Scardanelli, entre otros. El viernes 25 le toca el turno al narrador y ensayista Héctor Perea (Ciudad de México, 1953), licenciado en periodismo por la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx) y doctor en la misma disciplina por la Universidad Complutense de Madrid (UCM, http://www.ucm.es). Ha publicado una veintena de libros con temas de literatura, arte, historia y comunicación, entre los que se cuentan España en la obra de Alfonso Reyes, Cartas echadas, El viento en fuga, A contraluz, Nuestras naves, Océano de colores, La rueda del tiempo, Sellos de agua y la antología en Internet Cinco décadas de cuento mexicano. La poeta y ensayista Alicia García Bergua (Ciudad de México, 1954) dictará sus charlas “Poesía, reflexión y conocimiento” el 25 de enero y el 1, 8, 15 y 22 de febrero. García Bergua se ha distinguido por su trabajo editorial en temas relacionados con la divulgación de la ciencia, en las revistas Cómo ves? y Naturaleza, entre otras. Colaboró con el proyecto Cienciorama, una enciclopedia de ciencia en Internet. Ha publicado los poemarios Postales, Fatigarse entre fantasmas, La anchura de la calle, Una naranja en medio de la tarde y Tramas. El taller de promoción de lectura con Vivianne Thirión (Ciudad de México) se iniciará el 27 de enero y continuará el 3, 10 y 17 de febrero. Thirión es promotora cultural independiente, capacitadora y tallerista en el campo de la lectura. Además participa como narradora oral desde 1989 dentro y fuera de su país. Desde hace 10 años organiza la Fiesta de la Palabra. Como reconocimientos a su labor ha recibido el premio Caracol en 1994 y el Premio Chamán 1995 otorgado por la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica (Ciinoe, http://www.cuentosorales.8m.com/ciinoe.html). El 30 de enero, así como el 13 y 27 de febrero y el 13 y 27 de marzo, el escritor, maestro, editor y director de difusión cultural Hernán Lara Zavala (Ciudad de México, 1946) dictará su charla “Crónica de viaje”. Lara Zavala es autor de De Zitilchén, El mismo cielo, Después del amor y otros cuentos, Cuentos escogidos, Charras, Contra el ángel, Equipaje de mano y Viaje al corazón de la península. El miércoles 31 Marco Antonio Campos dictará su charla “Para leer poesía”. El poeta, narrador, ensayista y traductor nació en 1949 en la capital mexicana y ha publicado Muertos y disfraces, Una seña en la sepultura, Monólogos, La ceniza en la frente y Los adioses del forastero. Obtuvo el V Premio Casa de América de Poesía Americana con su obra Viernes en Jerusalén. Los Paseos Literarios estarán a cargo de Edgar Tavares, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, y abarcarán la calle de Madero, una de las mejores muestras de la belleza arquitectónica de la capital azteca, los antiguos templos como el de San Francisco, la Torre Latinoamericana, la famosa Casa de los Azulejos, lugar de reunión por excelencia de escritores y artistas mexicanos, y otros parajes locales. Fuente: El Informador *** Ganadores del Casa de las Américas serán anunciados este 25 de enero Con más de 400 obras de 18 países, concursantes en cinco géneros, desde este 15 de enero deliberan en la ciudad cubana de Cienfuegos los jueces del XLVIII Premio Casa de las Américas de Literatura, uno de los más prestigiosos del ámbito hispanoamericano. El veredicto será dado a conocer el 25 de enero. El escritor Jorge Fornet, de la dirección de Casa de las Américas (http://www.casadelasamericas.com), anunció en conferencia de prensa en la sede de la institución que las palabras de apertura de la ceremonia de entrega de la presente edición serán pronunciadas por el teatrista y actor colombiano Santiago García, fundador del Grupo La Candelaria. Fornet destacó, asimismo, la relevancia intelectual de García y que esta es la primera ocasión en la historia de los premios que un teatrista pronuncia el discurso inaugural. El Premio Casa de las Américas se entrega en los rubros novela, ensayo, teatro, literatura testimonial y literatura brasileña. El tribunal de novela lo integran Fernando Báez (Venezuela), Fernando Contreras (Costa Rica), Poli Délano (Chile), Cristina Rivera Garza (México) y Jorge Ángel Pérez (Cuba). En ensayo sesionarán Víctor Barrera (México), Claudia Gilman (Argentina) y Víctor Fowler (Cuba). El ganador en testimonio lo seleccionarán Reynaldo Disla (República Dominicana), Jorge Dubatti (Argentina), Ramón Griffero (Chile), Hugo Salcedo (México) y Carlos Celdrán (Cuba). En literatura testimonial los jueces son Manuel Cabieses (Chile), José Alejandro Castaño Hoyos (Colombia) y Daisy Rubiera (Cuba). Por último, en literatura brasileña el jurado está conformado por Joao Cézar de Castro Rocha, Ivan Junqueira y Luis Ruffato. Como parte del programa del Premio se ofreció un concierto el pasado 14 de enero, en la sede de Casa de las Américas, por la Orquesta Música Eterna, dirigida por el maestro cubano Guido López Gavilán. Asimismo se presentaron los Premios Casa 2006 y celebraron, entre otros, los conversatorios “Dramaturgias personales en cruce”, “Caminos de la actual literatura brasileña”, “El ejercicio del criterio” y “Una novela sin novelistas”. El 25 de enero, en el acto en el cual se darán a conocer los triunfadores del certamen 2007, también se entregarán los Premios Anuales José María Arguedas (narrativa), Ezequiel Martínez Estrada (ensayo), y José Lezama Lima (poesía). Fuente: Prensa Latina *** Hay Festival Cartagena se inicia este jueves Entre el 25 y el 28 de enero se desarrollará en Cartagena, Colombia, la segunda edición en esa ciudad del Hay Festival (http://www.hayfestival.com/cartagena), una versión del original realizado desde hace más de dos décadas en un pueblo de 1.300 habitantes, Hay-on-Wye, en el parque natural de Beacons Brecon en las montañas de Gales, Gran Bretaña. Unos setenta escritores de quince países se reunirán para establecer contacto con el público y hablar sobre sus obras, el oficio de escribir, los géneros literarios y el rumbo de la literaria en el tercer milenio. A raíz de la primera edición colombiana, realizada el año pasado, los organizadores decidieron que Cartagena continuara siendo una de sus sedes. Las calles estrechas de la ciudad amurallada y la informalidad resultaron adecuadas para que el ambiente de proximidad entre escritores y lectores, que suele buscar el festival, funcione a la perfección. El evento recibió aportes por 50 millones de pesos del Ministerio de Cultura de Colombia (http://www.mincultura.gov.co) para su realización. Los recursos provienen del Programa de Concertación que lidera el ente, y que busca apoyar a creadores y gestores culturales en proyectos individuales y colectivos. Participarán escritores provenientes de España, Reino Unido, Noruega, Nigeria, Perú, Argentina, México y Cuba, entre otros países. Entre los principales invitados sobresalen el Premio Nobel de Literatura de 1986, el nigeriano Wole Soyinka, el ex futbolista argentino Jorge Valdano, y los periodistas Santiago Segurola (España), el mexicano Jorge Volpi y el francés Jean Francois Fogel. Colombia estará representada por unos veinte escritores, entre los que destacan Daniel Samper Pizano, Sergio Álvarez, Óscar Collazos, Tomás González, Jaime Manrique Ardila y Mario Mendoza, entre otros. Durante el evento se presentará por primera vez en concierto en Colombia el músico Bob Geldof, gestor de los legendarios conciertos “Live Aid” (1985) y “Live 8” (2005), que atrajeron la atención mundial hacia el creciente problema de pobreza en África. Su concierto se realizará en la Plaza de la Aduana este jueves 25. “Estamos profundamente agradecidos a nuestros invitados, a la gente de Cartagena de Indias y a todos los que este año han hecho posible el Festival. Acompáñennos y disfruten de cuatro días de aventura, debate e historias”, instó el director del Hay Festival, Peter Florence. Fuentes: ADNMundo • Hay Festival • Semana *** Enrique Vila-Matas recibirá premio de la RAE por Doctor Pasavento Este jueves 25 será entregado el Premio de Novela de la Real Academia Española (RAE, http://www.rae.es), que ha recaído sobre el escritor español Enrique Vila-Matas por su novela Doctor Pasavento (Anagrama, 2005), tal como se anunció el 22 de diciembre pasado. El galardón, dotado con 25.000 euros y una medalla conmemorativa, lo concede la institución cada dos años a obras de creación o de investigación lingüística o literaria propuestas por las veintidós academias de la lengua española. La noticia le llega al novelista, afincado en Barcelona, cuando está a punto de presentar su nuevo libro, un volumen de relatos que trata sobre el vacío existencial y las distintas formas de llenarlo. “Quien rechaza un elogio es que está esperando dos”, ha bromeado el autor, quien ha repetido varias veces que este premio ha sido “especial” por “el factor sorpresa”. “No quiero abrir expectativas, pero este momento es el inicio de una nueva etapa”, ha declarado el escritor. “Este año tuve un colapso físico importante. Salí de la enfermedad con menos peso, en todos los sentidos. Tuve la sensación de que heredaba el trabajo de un escritor antiguo y que tenía que gestionarlo. Recibo este premio con esa distancia, porque considero que ahora hay una nueva persona en mí”. El Premio de la RAE se entregará en una ceremonia que incluirá también un homenaje a Francisco Ayala. La institución argumenta que ha distinguido a la novela Doctor Pasavento porque sitúa “el ejercicio de la creación literaria en el centro de la experiencia humana”, además de alabar su “exigente cuidado formal”, entre otras virtudes. Nacido en Barcelona en 1948, Vila-Matas cierra con Doctor Pasavento una trilogía basada en la búsqueda de la identidad y en la reflexión sobre el oficio de escritor. El libro recibió en abril de 2006 el Premio de la Fundación José Manuel Lara Hernández, concedido por doce editoriales españolas y dotado con 150.000 euros. La obra de Vila-Matas, uno de los más originales y reconocidos escritores de España, está traducida a numerosos idiomas y ha sido galardonada con premios como el Ciudad de Barcelona (por Bartleby y compañía), el Internacional de Novela Rómulo Gallegos (El viaje vertical) y el Herralde por El mal de Montano. Fuentes: El País • La Vanguardia *** Ateneo Insular celebrará seminario sobre los movimientos literarios El Ateneo Insular de República Dominicana realizará su acostumbrado Encuentro Literario desde el sábado 27 de enero a las cuatro de la tarde, en la sede de la Academia Dominicana de la Lengua, ubicada en la calle Mercedes 204, Ciudad Colonial, Santo Domingo. La actividad se iniciará con un coloquio sobre el misticismo, y participarán la escritora Ofelia Berrido, quien hablará sobre el misticismo en las letras hispanoamericanas, y el connotado escritor y crítico literario, doctor Bruno Rosario Candelier, quien hablará acerca de la trayectoria mística en la crítica de Flérida de Nolasco. Al término del coloquio los interioristas y sus invitados se trasladarán a la vecindad de Villa Mella, donde celebrarán la tertulia de la noche con la presentación de una ponencia en torno al movimiento surrealista, a cargo del escritor Jaime Tatem Brache. Además, habrá una velada lírica en la cual se leerán poemas de autores interioristas. La Sesión Matinal, el domingo 28, contempla la presentación del estudio de Miguel Solano sobre el criollismo en las letras hispanoamericanas, y el de Ramón Farid Rosario sobre el modernismo en Latinoamérica. El presidente del Ateneo y director de la academia, doctor Bruno Rosario Candelier, puntualizó que “en cada uno de estos encuentros literarios los creadores, los interioristas, ratifican la fuente de motivación espiritual, el aliento para la creación, el estímulo para la promoción literaria, el entusiasmo para el ideal interior y el motivo para su crecimiento intelectual y estético”. Agregó que este tercer seminario sobre los movimientos literarios se inserta dentro del programa que ambas instituciones desarrollan durante todo el año, a través de toda la geografía nacional, con miras a fomentar, cultivar, conocer y divulgar el acervo lingüístico y literario de noveles y consagrados intelectuales. Fuente: El Nuevo Diario *** Hotel Kafka anuncia nuevos cursos La escuela de creación literaria de Hotel Kafka (http://www.hotelkafka.com), iniciativa nacida en 2006 con el objeto de renovar la oferta cultural madrileña, anunció recientemente sus nuevos cursos para 2007, estrenando la nueva área de guión. Durante el mes de enero habrá oportunidad para inscribirse en los nuevos cursos de Escritura Creativa, Poesía, Guión de Cine y Guión de Televisión, según informó José Antonio Redondo, director del centro. Los autores que impartirán los cursos de guión serán el escritor y también guionista Martín Casariego (Cine) y Antonio Santos Mercero (Televisión), periodista y guionista cocreador de la exitosa y longeva serie “Hospital Central”. El curso de guión de televisión es una oferta única en el mercado de formación español, donde normalmente se mezcla con otras disciplinas como el cine; en este caso se aborda desde una perspectiva práctica por uno de los profesionales más reconocidos del medio. Jordi Doce, poeta, crítico y traductor, impartirá el curso de poesía; este joven autor es doctor en letras por la Universidad inglesa de Sheffield y ha sido lector de español en la Universidad de Oxford. La oferta se completa con una serie de cursos breves: un Taller de Escritura Creativa, un Curso de Redacción y una nueva edición del Curso de Microrrelato. Asimismo se ha reforzado la web de Hotel Kafka con la inclusión de blogs dedicados a autores y artistas tan relevantes como Franz Kafka, MC Escher, Phillip K. Dick, Ray Bradbury, Paul Auster y Julio Cortázar, concluye la nota. La sede de Hotel Kafka es el número 104 de la calle Hortaleza, de Madrid, donde estuvo ubicada hace aproximadamente cien años la antigua editorial de Benito Pérez Galdós, el autor entre otras obras de los Episodios nacionales, Tristana o la que es considerada la mejor novela de la historia de la literatura española, Fortunata y Jacinta. Fuente: Hotel Kafka ||||||||||||||||||||||| ARTÍCULOS Y REPORTAJES |||||||||||||||||||||| === Julio Ortega y su lámpara en la niebla John Jairo Junieles ======= Los libros tienen destinos extraños, hay novedades editoriales que llegan pronto a nuestras manos, pero en la memoria tienen vidas más cortas que un ratón en un serpentario. Hay otros libros que se hacen esperar años para llegar, como si alguien hubiera urdido secretamente una cita inevitable. El lugar es la avenida séptima con Jiménez, en Bogotá, muy cerca al lugar donde cayó asesinado Jorge Eliécer Gaitán, en 1948, cuando se produjo el levantamiento popular que casi arrasa la ciudad con incendios y saqueos. El día es un domingo, muchos años después de ese día en que murió un país. Los libreros extienden sábanas de plástico sobre la calle y venden libros y revistas de múltiples orígenes. En esa biblioteca horizontal y dispersa tropiezo la Antología de la poesía hispanoamericana actual, realizada por el crítico peruano Julio Ortega. Un libro pequeño y gordo, de segunda mano, de la primera edición de 1987 en Siglo Veintiuno Editores. Empecé a leerlo en un autobús de vuelta a casa, y después de muchos años, es uno de los pocos libros que ha sobrevivido a todas las mudanzas. Muchas generaciones de lectores debemos a ese trabajo antológico, crítico, y por qué no: creativo; la oportunidad de haber descubierto universos insospechados de nuestra literatura. No es la habitual antología de acumulación representativa: cuotas nacionales, o de escuelas o movimientos, y las inevitables afinidades personales. Muchísimo más que un inventario, es una antología fenomenológica: registros peculiares identificados en las estéticas personales de cada creador, influencias comunes entre los autores seleccionados, pero asumidas y aprovechadas de manera distinta. Una experiencia aun más formadora derivada de esa lectura, es la de exponerse sucesivamente a estilos contingentes, confrontación de voces y sensibilidades. Así, los recursos que un poeta elige son descartados por otro, los temas en donde ahonda un creador son dejados a un lado por otros. La antología de Ortega es, algo sí, como la representación poética de El jardín de las delicias, del Bosco, ese tríptico excepcional, prodigio de mitos y tradiciones mundanas e imaginativas, plagado de un clima de fantasía inagotable. Este trabajo obliga a pensar en el antólogo como en un creador, director de orquesta de un caos de percepciones. Voces autónomas transmutadas en una coral armoniosa de opuestos y complementarios. Los comentarios de introducción a cada uno de los poetas, nos invitan a hacer el mismo ejercicio reflexivo; a definirnos como lectores frente a los poemas. Un esfuerzo interpretativo por leer lo que no puede leerse en un verso. Minería de las esencias, hallazgo de las categorías propias de cada estética. Cumple meta, y más aun, tal como lo expresa en las motivaciones del prólogo que antecede a los 82 poetas convocados: “Las antologías suelen ser de autores, aunque las hay también de textos. Ésta, en cambio, quiere ser una antología de lectura: una selección de poesía hispanoamericana actual cuyo sentido radica en la actividad del lector, en esa lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Hecha para ser leída en esa intimidad combinatoria, esta antología busca al lector como su centro; y eso significa, en primer término, que todos los criterios de la selección están a su servicio, y no al servicio de un programa literario y, mucho menos, supeditados al mero gusto del antólogo. (...) Una antología que no se base en las nociones tradicionales que privilegian la figura del poeta pero que tampoco tribute al fetichismo lingüístico de los textos espera convocar al lector en las propiedades de su lectura: poner en circulación el habla que se modula entre las apelaciones e indagaciones de esta textura comunicativa”. Muchos años después del hallazgo dominguero de la antología, me he tropezado hace pocos días, en la misma biblioteca nómada, la edición 276 de la Revista de la Universidad de Antioquia, de Medellín, Colombia; donde se le dedica un dossier especial a Julio Ortega (el azar es más puntual que mil citas, dicen los tuaregs del desierto). El homenaje empieza con un Julio Cortázar que no da espera, nos dice: “No soy crítico literario, pero a fuerza de leer los trabajos que se han escrito sobre mis libros he terminado por distinguir entre lo que no pasa de meras reseñas y lo que se interna profundamente en la materia literaria buscando explicarla, es decir desplegarla en todas sus facetas. La labor de Julio Ortega pertenece a esta segunda categoría, poco frecuente todavía en América Latina porque exige una dedicación y una suma de conocimientos que las dinámicas actuales de la escritura y sus ediciones tienden a reemplazar por rápidas y casi siempre subjetivas reseñas, en las que los prejuicios, los temperamentos y casi siempre la suficiencia de los falsos críticos sólo alcanzan una visión superficial de algo que, como las flores aún cerradas, guarda los pétalos de lecturas más hondas, ésas en la que está verdaderamente contenido el escritor. La crítica de Julio Ortega busca abrir estas capas sucesivas en busca del fuego, del perfume central”. Octavio Paz, por su parte, sentencia: “Julio Ortega practica el mejor rigor crítico, el rigor generoso”. El cubano José Lezama Lima, manifiesta: “...Me impresionan sus estudios por la forma de sus aproximaciones. Lee la obra, toma notas, revisa anteriores testimonios. Luego establece una suspensión, un retiramiento, como decían los clásicos... Su crítica recorre una metamorfosis paralela con la obra estudiada. Una metamorfosis no en el sueño sino con la lucidez de un metal que absorbe y refracta el corpúsculo solar”. La Revista de la Universidad de Antioquia también presenta una selección de ensayos de Ortega, que contagian su afán por elaborar conceptos meditados para explicar el cosmos de relaciones presentes en un cuento, una novela, un poema, una pieza teatral. La red teórica necesaria para entender el sentido de lo universal en lo particular de cada voz. La pasión por comprender esas voces insatisfechas con la realidad: las de los poetas. Voces, a veces gritos, consecuencias del choque con esa realidad que los obliga a imaginar mundos posibles, memorias de un futuro menos absurdo. Uno de los textos más exóticos es “El escritor medita en la fama esquiva”, donde Ortega reflexiona sobre la creación (real) de una agencia literaria encargada de administrar la obra de los escritores tras su fallecimiento cuando las obras suelen adquirir la extraña notoriedad mediática que otorga la muerte, y que tanto se anheló en vida. Al respecto dice en un momento: “Es bueno recordar que César Vallejo, como Borges y Lezama Lima después, pagó por la incomprensión de sus primeros libros. Cesar Moro sólo publicó en vida dos breves colecciones de poemas. Emilio Adolfo Westphalen no tuvo un sueldo fijo, ni un seguro de salud, y mucho menos una pensión. Enrique Molina sólo obtuvo un premio en vida, el Pérez Bonalde, de la Casa de Poesía de Caracas. (Murió, me contó su viuda, con esa presea entre las manos, pobre consuelo)...”. También están sus textos: “La librería de mala poesía”, “La paliza de leer”, “Julio Cortázar con musas al fondo”, “Leer el Quijote”, “Los suaves ofendidos”, “El sujeto de la abundancia”. Le siguen a esta corta, pero significativa antología orteguiana, una entrevista de María Ramírez Ribes, donde entre otras ideas, Ortega expone: “...La cultura es tan poderosa y tan rica en recursos de sobrevivencia, que ejerce una labor reparadora o médica, en un sentido social: allí donde se abren las grandes desgarraduras de la crisis, la cultura trabaja de forma reparadora. Humaniza el espacio contrario, decora el espacio vacío, reforesta el espacio desértico. O sea que hace lo posible por manejar un entorno antagónico. En ese sentido, a pesar de todas las razones en contra, la vida en América Latina sigue siendo un proyecto realizador...”. El especial de la revista continúa con palabras del colombiano Juan Gustavo Cobo Borda, quien recuerda los orígenes del crítico: “El año del nacimiento de Julio Ortega fue en Caracas en 1969, cuando Monte Ávila Editores publicó La contemplación y la fiesta. Era un ceñido ejercicio de lectura donde a partir de Borges, fundador, se exploraba esa ‘escritura abierta’ que era la nueva novela latinoamericana: Pedro Páramo, Rayuela, Paradiso, Cien años de soledad, Cambio de piel y Tres tristes tigres...”. Sigue el dossier con un comentario: “Una visión de Rubén Darío” de Helena Araújo, seguidamente “Ortega: La digresión como fábula”, de Eduardo Verastegui, también participa Beatriz Colombi con “Julio Ortega, Ruben Darío”, avanza la muestra con un texto de Adolfo Castañón sobre El discurso de la abundancia, libro de ensayos de Ortega. Y culmina el especial con una biobibliografía del peruano, desde su nacimiento en 1942 en Casma, Perú, hasta su trabajo como director del segundo Congreso Internacional de Estudios Trasatlánticos, en Brown University, el año 2004. Los lectores de Julio Ortega, los agradecidos con su trabajo, celebramos este número 276 de la Revista de la Universidad de Antioquia. Esta antología de textos de Ortega y sobre Ortega, que nos ayudan a comprender, por ejemplo, por qué el ensayo, ese género omnívoro, se convierte en la puerta que debe tocar la novela de nuestro tiempo. Gracias a la lámpara que ha llevado entre la niebla de nuestra cultura, Julio Ortega nos ha enseñado el camino de la ardiente paciencia en la búsqueda de la posible unidad, presente en la verdad dispersa y contradictoria de la literatura de nuestro tiempo. Más allá de las corrientes de pensamiento impuestas por las modas mediáticas, más allá de la violencia excluyente de arrogantes escuelas teóricas, y la soberbia personalista y egocéntrica de muchos estudiosos propietarios de la verdad; está Julio Ortega, quien ha dedicado su vida a intentar entender, humildemente, las leyes de ese extraño imán que atrae a las palabras con las cuales buscamos desentrañar el universo. ** John Jairo Junieles johnjairojunieles@yahoo.com Escritor colombiano (Sincé, Sucre, 1970). Es periodista, guionista e investigador de temas literarios. Estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Cartagena, y cursos de Periodismo en la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano. Ha publicado Hombres solos en la fila del cine (novela); El temblor del kamikaze (cuentos), Canciones de un barrio en la frontera (poesía), Temeré por mí al final de estas líneas (prosa poética) y Papeles para iniciar el fuego (poesía). Nominado al Premio Rolex Mentor de Suiza (2003), Premio Nacional de Literatura Ciudad de Bogotá (2002) y ganador de la Beca Nacional de Novela del Ministerio de Cultura (2002). Textos y reflexiones suyos pueden leerse en su weblog (http://johnjairojunieles.blogspot.com) o en su página web (http://espanol.geocities.com/johnjairojunieles/John_Junieles.htm). === Andrea Cabel: Las falsas actitudes del agua =========================== === Carlos Villacorta Gonzales ============================================ (Nota del editor: el año pasado apareció en Lima el poemario Las falsas actitudes del agua, el primero de Andrea Cabel, sobre el cual el crítico peruano Carlos Villacorta Gonzales ha escrito este auspicioso análisis. El libro puede ser adquirido en línea, dentro y fuera del Perú, en los anaqueles virtuales de PeruBookStore [http://www.perubookstore.com/cgi-bin/perubookstore/store.cgi? action=link&sub=LP&sku=LP502]). Ganadora del concurso de poesía Esquina de Papel organizado por la Municipalidad de Lima en febrero de 2006, Andrea Cabel presenta su novel poemario Las falsas actitudes del agua, sin duda uno de los libros de poesía más importantes publicados en el año que ya concluyó. En la poesía de Cabel, la escritura cuestiona sus propias herramientas, es decir el lenguaje pero también la misma contemplación por parte de la poeta. Al cuestionarlas, se indaga en otro universo, el otro lado del espejo como dice Lewis Carroll, donde el universo está en constante fluir, en expansión, en equilibrio pero también en caos, en unicidad pero también en pluralismo. Las falsas actitudes del agua es un poemario que abre una caja de Pandora y que arroja sobre sus lectores la melancolía de un universo perdido. Las falsas actitudes del agua Los tres primeros poemas que abren el libro discuten la poética sobre la que se funda todo el resto. [mímesis] establece su primera ecuación: “Mi máscara / se asemeja al andrajo que te viste”. Cabel entiende que tanto el rostro que se oculta bajo la máscara y el cuerpo vestido en los pedazos de la ropa son dos caras de la misma moneda: fragmentación y representación. Ambos son reflejos de una realidad que no es trasgredida sin dejar a quien contempla atrapado entre ambas: “como algún último favor enclaustrado entre el cielo y el infierno”. Al ser consciente de esta igualdad, aparece la escritura no como posibilidad de escape sino como un nuevo encierro que se repite incansablemente sin esperanza: “como aquella última promesa escrita a cada instante”. Fragmentación, representación y repetición son los ejes en los que se mueve el poemario de Cabel y es a partir de ellos tres que viene el cuestionamiento del lenguaje (como posibilidad de fijar un significado), de la realidad (como única e inequívoca) y del escritor (como sujeto que contempla con / sin participar del mundo). Este cuestionamiento no camina solo, sino que es guiado por la pluma de otros escritores: Lezama Lima, Julián del Casal, y como veremos más adelante Jorge Eduardo Eielson y Carlos Germán Belli. El diálogo con la tradición implica un diálogo con la escritura poética pero también en asumir un rol muy específico como poeta. [san antonio I], el último poema de esta parte, llama a esa reflexión: “y la estrella fija en el cielo, / la misma que acompaña ardiendo, contemplando / sin respuesta, / sin pedazo de polvo / sin desnudez que agobie”. En plena conciencia de la contemplación del universo, se hace hincapié en la unidad con lo que es fragmento, desnudez, y silencio poético. Tal vez el poeta sea un privilegiado, pero no por las respuestas que busca y que no encuentra, sino por el anhelo de cierta paz que tal vez sea silencio. El edén partido Cabel no termina ahí su búsqueda sino que ésta continua en la segunda parte de su poemario Fruta partida. El primer poema de esta parte, al igual que los tres primeros ya mencionados, es el preámbulo para los siguientes poemas. [Fruta partida] no sólo es un homenaje al poeta Carlos Germán Belli y a su poética, que Cabel abiertamente admira, sino que es una muestra de la escisión que los aparta y que al mismo tiempo los junta como creadores. La disposición del poema en tres partes pone frente a frente a los dos poetas: “criatura como yo”, “criatura como tú”, validando así las preocupaciones tanto de Belli como las de la Cabel. Al mismo tiempo, en la tercera estrofa resume y entrelaza los alcances del lenguaje de ambos con un tercer poeta: “(de nudos pródigos) / con tez verde y vestido de cuna / sublunar”. La referencia clara al poeta Jorge Eduardo Eielson, fallecido recientemente, pareciera proponer que es él que más puede resolver las preocupaciones estéticas de la poeta. Es decir, equilibrar el universo partido y fragmentado del lenguaje a través del mismo lenguaje. Los siguientes poemas, de la “a” a la “z”, juegan con tres personajes, Salvador, Micaela, Susana, a veces llamados él, ella y el yo que nace del momento en que “el mundo se partió en dos”. El infinito juego que se entabla entre ellos permite la multiplicación de voces que se descubren una y otra vez en todas sus posibilidades: “nos gustaba anularnos, / porque no hacía daño, / nunca sobrepasaban los diez minutos y éramos caras nuevas / sonrisa huecas, rarísimo / carnavalesco. / todo era invertido”. Y que ese mismo descubrimiento y juego infinito, como el agua que fluye interminable, termina en el desgaste cuando no en la muerte: “junto a mi sueño más profundo, junto al río de dos / de tres / ahogados”. Todas las mujeres han sido tú Lo que descubre Cabel en las dos primeras partes de su poemario aspira a un equilibrio en la tercera parte. La palabra que se representa, el universo fragmentado, la escritura que agobiante contempla su propia dispersión remite a un regreso sobre sus propios pasos en la búsqueda de la comunión en lo partido: “cosmos infinito, descifrado engranaje solar, / música que no rota / que no se enamora nunca” ([mayana]). Otro poema, [lejanas], propone esa unión de lo partido no desde su unidad sino justamente desde el reconocimiento de sus fragmentos y de sus dobles o semejantes. Aquí el indicado no será ni Belli ni Lezama, sino el portugués Fernando Pessoa en cuanto al reconocimiento del yo fragmentado: “dos mujeres caminan por la calle / sugiriendo efecto mariposa, terremoto y oleaje inmenso”. Esta pareja que deambula es el equilibrio que provoca el caos. Sin duda, Cabel recupera no sólo la identidad-lenguaje divididos desde los primeros poemas a través de la figura de dos mujeres enlazadas como estrellas dobles que al mismo tiempo están inmersas en el mismo proceso de caos y de cuestionamiento que propone todo el poemario: “mientras ellas, cobijadas pronto, en su cielo nuevo de alas convexas, / se cuenta, a escondidas del padre, los cabellos / y se destruyen las llagas lamidas, / se destruyen cada trozo que vivo late y ascienden al cuarto piso”. Todas las mujeres han sido tú finaliza la búsqueda de Cabel sin encontrar una respuesta clara a una contemplación que no sólo es el devenir del agua que es fragmento y dispersión. Las falsas actitudes del agua avanza en y contra la corriente del universo buscando escribir justamente el equilibrio de quien contempla y participa del universo con la escritura. Vale recordar entonces el verso ya citado del primer poema: “como aquella última promesa escrita a cada instante”. La poesía es una promesa no cumplida de reconciliación no sólo con el mundo abierto sino con la identidad fragmentada. El universo que fluye infinito en el poemario de Cabel empieza a reducirse a ese tú del último poema, ese tú que es “una explosión de gritos” y que se derrumba como se derrumba la poesía ante el silencio. Impecable final a un poemario y el amanecer de una poeta que dará mucho que hablar en los años venideros. ** Carlos Villacorta Gonzales cevillacorta@hotmail.com Crítico peruano (Lima, 1976). Estudió literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú (http://www.pucp.edu.pe). En 1998 formó parte del grupo de poesía Inmanencia, con el que publicó Inmanencia (1998) e Inmanencia: regreso a Ourobórea (1999). Fue invitado al Primer Junio de Poesía (México, D.F., 2000) así como al Encuentro de Jóvenes Escritores (Cuzco, 2004). Sus libros incluyen El grito (2001) y Tríptico (2003). Fue editor del periódico peruano Odumodneurtse!, publicación dedicada a la poesía actual. Ha hecho la selección y antología de Los relojes se han roto: Antología peruana de los noventa (Guadalajara, 2005). Una breve selección de sus poemas ha aparecido en la antología de Hostos Review / Revista Hostosiana - Destellos digitales: Escritores peruanos en los Estados Unidos 1970-2005. Artículos y poemas suyos han aparecido en distintas revistas literarias. Desde 2004 radica en Boston, donde sigue un doctorado en literatura hispánica. === A propósito de Un cuarto propio, de Virginia Woolf ==================== === María Candel de Puerta ================================================ Un cuarto propio, de Virginia Woolf, se puede considerar un clásico de la literatura feminista. Ensayo enmarcado en la Inglaterra post-victoriana que empieza a recoger su mirada expansionista y a fijarla en su problemática interna. En él se expone la desigualdad social, económica y moral en que ha vivido la mujer durante siglos. A los 49 años, el discurso de la escritora en este ensayo se hace incisivo e irónico. No aparece en él la mujer educada en el convencionalismo victoriano. Virginia Woolf es una mujer de su tiempo que siente en carne propia el apartheid en el que vive. Se hace dueña de una voz que expresa sus pensamientos tamizados por la reflexión; una voz queda que sale a través de unos dientes apretados. Su cabeza está llena de preguntas que no tienen respuesta por parte del hombre. Es consciente de que durante toda su vida tendrá que asomarse a ese pozo sin fondo en el que habitan las preguntas sin respuestas. Menciona con ironía que en una tarde de octubre soleada salió dispuesta a encontrar “la verdad” entre los anaqueles del Museo Británico. Su reiterada pregunta de ¿por qué son pobres las mujeres? tropieza con toda suerte de opiniones encontradas que para nada la ayudan. Pasea su estupefacción por cientos de hojas; va de Goethe, que venera a las mujeres, a Mussolini, que las menosprecia. La “verdad” se le esconde entre las arrugadas páginas. La ira es una constante en todo el discurso de los “profesores-patriarcas” (como llama a su contraparte) cuando se refieren al tema femenino. Mientras tanto se acercan vientos de guerra, la barbarie triunfa en varios países y eso supone el fin de la civilización que ella conocía. Entre estos vientos de guerra que hablan de fuerzas y debilidades, concluye que la superioridad del hombre está apoyada en la invención por parte de éste de la inferioridad femenina. Escribe: “Hace siglos que las mujeres han servido de espejos dotados de la virtud mágica y deliciosa de reflejar la figura del hombre, dos veces agrandada”. Menciona que sólo la mujer que puede contar con una renta propia, es capaz de ser dueña de su voz. Busca a esa mujer inexistente, su voz, su mirada; aunque sea trazas de ella, y sólo encuentra la sombra que ha dejado su pasantía por la historia. En la novela y el teatro los personajes femeninos que encuentra son heroínas-hermosas-buenísimas, o pérfidas-brujas-malísimas. Son el tema con que se nutre la poesía y las grandes ausentes de la historia. La mujer que conforma la gran masa silenciosa no aparece. No hay información de sus vidas, de sus quehaceres diarios, apenas parecen deslizarse de puntillas por la historia. Toda disidencia que se torne en expresión de sentimientos agresivos está prohibida. Cualquier mujer que alzara la voz más allá del cuello de su camisa, era bruja o loca. George Eliot y George Sand se mimetizan con el espectro masculino para sobrevivir a su universo. “El mundo no pide a las personas que escriban poemas y novelas e historias; no las precisa”, afirma Virginia Woolf. En medio de ese desinterés el autor queda solo y encerrado en un nido de palabras. A la dificultad de pensar, escribir y expresar de cualquier autor ante un auditorio indiferente, se le suma el hecho de que la voz femenina deberá pactar antes con sus propios demonios. Sólo así podrá sentirse cómoda en un cuarto propio. La soledad del corredor de fondo “Y después de la batalla, corriendo en soledad, acompañado de sus pensamientos afrontó su destino”. Batalla de Maratón Valle de las Termópilas El corredor de fondo, solo, avanza entre los parajes agrestes por los que transita el camino que ya está marcado. Todo va quedando atrás, los campos, los competidores-compañeros. Un mundo nuevo se abre con cada zancada firme que asienta su pie. La tierra que pisa por primera y última vez sólo sirve de impulso para el siguiente paso hacia la zancada final, que le lleva al término del camino. La soledad inseparable camina a su lado, al mismo ritmo; hombre y soledad se complementan, se acompañan, se aceptan. Paralelas interminables. Nosotros sólo vemos en este acto la gloria final, el triunfo, el reconocimiento, y olvidamos el vacío y el vértigo que conlleva bordear el límite en solitario. Así como el movimiento es el síntoma de la vida, la quietud es de la muerte. Virginia Woolf reconoce en las pioneras el valor de lo callado y lo desatento de la vida. Mujeres como Lady Wilchelsea, en 1661, “noble de linaje y también por su casamiento”, abre fuego con su poesía que rezuma tristeza y resentimiento. Escribe poemas de rima dulce y de amarga ironía. Camina solitaria por los campos, “sufría de una triste melancolía”. Cómo no ser rara y melancólica cuando en acallar las palabras que ahogan se va gran parte de tus energías. La Duquesa Margarita de New Castle, de inteligencia indómita, escribe resentida: “La mujer vive como murciélagos o lechuzas, trabajan como bestias y mueren como gusanos”. Su mente un día se extravió entre los laberintos de setos de su enorme jardín. Sus rabias y sus iras apuntan al hombre pero con disparos poco certeros que se diluyen en el tiempo; las emociones nublan su visión. Primero tendrá que distanciarse. Más tarde surgen voces fuertes y combativas, que no se quedan atrapadas en el lamento y la queja. Luchan armadas de una débil pluma, traducen obras de otros y exigen un salario ante la mirada atónita del hombre. Comienza el siglo diez y nueve y trae luz y fortaleza. Por esa época la mujer abre las ventanas que han permanecido cerradas por siglos, su voz y su mirada salta a través de ellas y se va incorporando, tímidamente primero y después con el impulso y el apremio que otorga el reconocimiento del tiempo perdido. Esta contemplación del mundo le lleva a valorar otros temas: biografías, dramas, críticas; se asoma a la historia de la que siempre estuvo ausente. Mary Carmichael con Lifes Adventures abre un espacio nuevo en la literatura femenina. El valor y el aporte de ella en este ensayo se encuentra en crear una voz propia y lanzarla para que abra caminos, ya que los libros, como los acontecimientos de la vida, son consecuencia unos de otros. La mujer comienza a “ver” a la otra mujer y lleva a las páginas su mirada curiosa. Descubre su entorno, lo que ha sido su pequeño universo: la sala pequeña donde cocina y atiende a los hijos; y algunas, las más inquietas, hacen rimas con aromas a guisos y especies. Durante toda la historia la mujer ha sido la hacedora de espacios, de nidos; en ellos se ha refugiado, los ha compartido, ha dejado siempre su impronta marcando su territorialidad de hembra. Virginia Woolf conoce el alma femenina y posee una delicada sensibilidad. Ahora le pide a la mujer que se haga de un cuarto y de una renta propia como el primer paso hacia el reconocimiento y la valoración de sí misma. Pero que no olvide “que todos tenemos en la nuca una mancha del tamaño de un chelín que nunca podemos ver. Es uno de los buenos servicios que un sexo puede hacer al otro: describir esa mancha del tamaño de un chelín en la nuca”. Inteligencia andrógina y mirada abierta En la medida que nos adentramos en el texto de Virginia Wolf, percibimos su mirada abarcante sobre el ser humano y su existencia en general. Virginia da un paseo por sus pensamientos y reflexiones, paseo que se asemeja a la corriente de un río (del que hace numerosas referencias) y va creciendo según avanza en su recorrido. Por el camino va recogiendo las distintas conclusiones que van apareciendo cuando investiga los diferentes discursos; el masculino y el femenino. Su intuición y su sensibilidad la llevan a afirmar: “La mente es por cierto un órgano muy misterioso del que no sabemos nada en absoluto”. Con estas palabras Virginia Woolf comienza una serie de reflexiones y llama la atención del lector con respecto a la mente humana y su relación con la creatividad artística. En nuestra psiquis conviven los dos principios complementarios del ser humano, lo masculino y lo femenino, por lo que cualquier creación de éste, para que sea equilibrada, tiene que llevar en su esencia las polaridades que nos acercan al encuentro de la totalidad. Menciona las palabras de Coleridge, el poeta inglés, cuando dice que: “toda gran inteligencia es andrógina”. Piensa en Shakespeare como el arquetipo de ésta, menciona también a Keats, Sterne, Cowper, Lamb, como escritores que utilizaron los dos principios. En sus obras esa particularidad es apreciable en una mayor y mejor comprensión del tema que abordan y a la vez que su mirada se amplía significativamente, “toda mente debe estar abierta de par en par y así tendremos la certeza de que el escritor está comunicando su experiencia con plenitud perfecta. Tiene que haber independencia y tiene que haber paz”. Su discurso ha ido evolucionando según corrían las ideas y caminaban las palabras. Busca la hibridez en los textos: la novela se enriquecerá si se codea con la historia, la poesía se hará eterna con la filosofía, y el teatro se nutrirá absorbiendo el latido de la vida que lo circunda. Lo perdurable del texto de Virginia Woolf después de haber transitado por la historia de la mujer, está en el hecho de haber podido distanciarse de sus propios sentimientos, y volver su mirada caleidoscópica hacia la diversidad, permitiendo que el tiempo haga su labor cicatrizante. Deja el camino abierto y al río fluir. Más tarde, ella se sumergirá con los bolsillos llenos de piedras en lo boscoso de sus aguas verdes. ** María Candel de Puerta puertacandel@cantv.net Escritora venezolana (Madrid, España, 1952). Ha publicado cartas en el diario El Nacional (http://www.el-nacional.com), donde obtuvo mención especial a la mejor carta de 2005. También ha publicado artículos de opinión en el diario El Carabobeño (http://www.el-carabobeno.com). === Dos artículos Ricardo Mena Cuevas ================================ *** El método Shandy La guerra es ese estado temporal, por excepcional y transitorio, en donde unos seres humanos representados bajo la égida de una institución (sea ésta un Estado, gobierno, coalición, etc.), se miden violentamente y mediante el uso de la fuerza frente a otros seres humanos representados bajo el mando de otra institución (sea ésta un Estado, gobierno, coalición, etc.), por la consecución de unos objetivos políticos, económicos o religiosos. Esta es la primera definición de guerra que se me ha ocurrido, pero creo que una segunda definición personal más breve sería ésta —la guerra es un horror que no siempre es un error. Lo que quiero decir es que la violencia es, muchas veces, lo único que nos queda cuando alguien nos pone en peligro o atenta contra la vida de nuestros seres queridos, y que la paz es ese estado del que se goza gracias a que podemos defenderla incluso con el sufrimiento de una guerra. No es cierto que para sentir placer haya que sufrir, de la misma manera que para ver no necesitamos oír, pero sí es cierto que el que ha visto en algún momento determinado de su vida lo peor del Hombre, sabe reconocer mejor y con mayor hondura estética la belleza que encierra una lágrima, un beso o una larga y recompensada espera. No somos animales, sino poetas, porque vivimos por encima del umbral de los instintos y percibimos en la búsqueda de nuestros ideales (aprendidos, heredados o creados) el camino de nuestra auténtica felicidad, una felicidad que muchos residencian en la idea de Dios, idea ésta que posee una carga poética insoslayable que es ignorada por ateos y agnósticos debido a una obcecación soportada por unos inseguros cimientos racionales ante la evidente falta de pruebas —empíricas o científicas, naturalmente—; sin duda un juez fallaría a favor del agnóstico dada la evidente falta de pruebas a favor y en contra de la existencia de Dios, pero la existencia no es un juicio; en este sentido, Kafka era demasiado lógico y escaso poeta como para sentir felizmente la idea de Dios, al cual veía, como en El proceso, como un Juez despótico escondido en la sombra. La vida no es un juicio, sino una oportunidad regalada a la que hay que abrazar incluso mediante el uso de la fuerza; en este aspecto, Homero fue lo suficientemente grande como poeta como para hacer de la guerra honrosa lo mismo que hizo Shakespeare con el drama: el ideal por el cual los seres humanos medirían durante siglos sus respectivas vidas. La poesía es el éter, lo invisible cosmológico, mediante el cual medimos y comprendemos el tiempo, término éste fruto de una gran invención poética asimismo. El método Shandy creado por el genial Lawrence Sterne consiste en intentar narrar nuestra propia vida para acabar desarrollando nuestra narración sobre substanciosas cuestiones incidentales ensambladas dentro de grandes digresiones e interpolaciones más que pasajeras. Este ensayo es una gran digresión, una gran interpolación dentro del tronco principal que sería narrar mi propia vida, con la salvedad de que en mi vida reina una regalada paz y no tengo carencias como las que nacen en una guerra. Yo comparto la visión de Sterne (abanderada por Nabokov) de que es más importante una bella digresión que el tema central que lo engendra, porque el placer de la literatura consiste en abrazar los detalles de la vida, y el placer de narrar mi propia vida consiste en intentar comprender la cuestión de la guerra entre israelíes y árabes —una gran interpolación interminable nada pasajera. El Universo como jardín de recreo Considerando que la estética es aquella parte de la filosofía que estudia la belleza y sabiendo que nada hay más bello en esta vida como conseguir ser feliz y serlo, bella sería aquella cosa cuya sola visión nos conmoviese y nos hiciese sentir placer y felicidad, ser alegría en movimiento; por eso mismo nada sea más bello que observar una sonrisa o sentir una risa en los demás que acabamos compartiendo. Así, si el humor nace gracias al ingenio y el ingenio a la inteligencia, podemos concluir que el hombre más sabio e inteligente es aquel que sabe reírse de sí mismo y lo expresa sonriendo. El universo, por poco que se mire en las noches de profunda claridad serena, es una gran fiesta de pirotecnia en donde todo brilla y palpita refulgiendo como si fuese nuevo y oliésemos los laureles y el vino de la festividad de Apolo Febo; su sola visión atenta nos daría la oportunidad de sentir de cerca la estela de la felicidad, al menos como la sintió Lorca en su interior cuando declaraba en un poema de juventud que “Hoy he sentido en el corazón Como un vago temblor de estrellas” Observar el firmamento es nutrirse de su inmensidad, imbuirse de su líquida fluidez y nadar en la profundidad de su lúdico movimiento; sería una gran verdad decir que las estrellas nos enseñan la gran lección del universo, la lección universal —que somos pequeños. “Todo es vanidad de vanidades”, es otra forma de decir “Cuando estéis tristes, mirad al cielo”. El universo se conforma así como un lugar en donde buscar consuelo —en un auténtico jardín de recreo. Ése es el papel de la religión cristiana: acercar el universo a la tierra, bajar a la divinidad a nuestro encuentro, celebrar y festejar con lágrimas en los ojos que Dios está vivo y está cerca y detrás de todo lo que vemos. Puede ser que existan en el mundo monstruos horribles parecidos a los peores demonios de los infiernos que digan que hay que ser serios y respetables, que los niños deben guardar silencio y no leer cuentos ni ver películas porque los cuentos cuentan mentiras sobre la vida y las películas enturbian la mente con héroes irreales demasiado idealizados o buenos. A esos monstruos (suelen ser agnósticos o darwinistas) que coartan la imaginación de la inocencia, a esos demonios soberbios y presuntuosos que consideran el trabajo como lo único digno de atención en la vida y lo único serio, habría que encarcelarlos y aislarlos con el fin de que no intoxicaran la vida del resto; a esos horribles entes amantes de la seriedad y las buenas formas habría que gritarles a la cara que lo más serio en la vida es una cómica sonrisa; en serio, la risa es lo más serio en la vida porque no hay nada más serio que querer ser feliz y serlo, ni más importante que dar poca importancia a las cosas, su importancia justa. De la misma forma en que dormir bien no es dormir más sino descansar mejor, así vivir mejor no consiste en vivir más sino en vivir más intensamente; sin duda volver los ojos a la infancia sólo requiere que sepamos preservar la inocencia del peligroso tedio y sigamos siendo capaces de leer a Dickens riendo. La belleza consiste en el placer que nos produce la cosa bella cuando la vemos y ése es el placer de lo bello contenido en algunas religiones que no vienen a repetir o explicar el mundo como hace la ciencia, sino para venerarlo y celebrarlo, para amarlo y aprender a seguir teniendo los ojos abiertos. No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor vidente que el que ve mal lo evidente —estamos rodeados de magia, de belleza en movimiento, de un inmenso universo como jardín de recreo. ** Ricardo Mena Cuevas ricardomenacuevas@hotmail.com Escritor español (Málaga, 1975). Abogado de profesión. === La corriente, cárcel, mundial de las patentes ========================= === Salomón Valderrama Cruz =============================================== América, me das pena, rabia Por esta gente idiota que puede y no hace —Que hace y lo hacen idiota— América, no seas puta, cambia de posición. De América, cambia de posición ¡Me quemo, ardo en deseos de algo nuevo, amigos nuevos, caras nuevas y lugares! Oh, estar lejos de todo esto. Ezra Pound En el mundo, en nuestro mundo, en mi mundo, en el mundo que mentalmente tenemos, creemos o hacemos, que no es el mismo de la Edad Media, ni de la América Inca, Azteca y Maya ni de los siglos VII y VI a.C. en las polis helénicas, formación, eclecticismo del estudio del alma o de la naturaleza como totalidad, nacer de la filosofía occidental, época clásica del pensamiento por el pensamiento: instante irrepetible según, el oscuro, Heráclito de Éfeso. Existe la corriente mundial de las patentes. De la forma, del tamaño, del sonido, del sabor, del olor, del color, de la energía, de la función (del código genético)... De las horrendas y asquerosas patentes, como si fuese necesario, en el mundo, tener una reina o un rey: la mujer más bella del mundo que siempre es alguna, otra, que jamás será coronada porque nunca se la encuentra; la que está como, subrepticia y bella, escondida. Esto es mío y, por lo tanto, no tuyo: si quieres usarlo debes pagarme. Y si lo usas y no me has pagado, si me entero, te enjuicio y hago que me pagues; y si no tienes dinero te meto a la cárcel, con mis influencias. ¿Qué hacer: otra forma de revolución? Todo parece tener dueño o patente. Se crean patentes (se mata a millones :: se beneficia una familia nuclear), se roban patentes (se mata a más :: se beneficia otra, o la misma, familia nuclear), se trafican patentes (se ahogan millones :: se beneficia alguna familia), se quiebran patentes (se salvan billones :: se benefician trillones), ejemplo: que ya nadie asista a comer en una cadena de comida rápida, que nadie haga caso a la, estúpida, propaganda que invade a toda hora y en cada canal de la televisión, que se usen todos los medicamentos menos los de las transnacionales, que todos los países llamados “subdesarrollados” no le compren armas a los llamados “desarrollados”... Que se prohíba, mundialmente, hacer armas o, más precisamente, que se evite hacer de cualquier invento algún arma: ley universal. Teorema de la paz. Tratados, tratados de libre comercio o “seguros de opresión” (control de calidad) que se negocian sobre balanzas trucadas, con sobornos, proporción: de tres a un millón (sobornas a tres y vendes a un millón :: pagas, “inviertes”, y aseguras el monopolio). Total, la ley ve cuando la dejan ver, cuando se paga para que vea. Qué hacer; esperar o hacer como George Orwell, debajo de un puente, la Rebelión en la granja: sublevarnos todos como animales, como animales que nos ven y que son. Tan iguales como el mismo tú o yo o él ó “tú y yo”. El mismo mono del milenio. Giros, documentos, dinero que se digita de una cuenta a otra para asegurar la deferencia, la mácula en “el todo ordinario”. Se puede negociar, vender, el mismo producto en los restaurantes pero no en todos cuesta lo mismo, marginación legal, se cobra más no porque sea mejor, diferente o peor sino porque de esa manera ahí no entra la basura social sino únicamente los que pueden pagar, los que, aparentemente, controlan la sociedad, los pocos, los dueños de las grandes empresas. Los que determinan y acuerdan lo que sale en los medios de comunicación. Para hacer el mundo feliz o el mundo pánico (¡Terror! Pobre masa ordinaria o pueblo estadounidense), el mundo hechizado o vacunado con el cuento de hadas, de la ignorancia representada en la diversión, que Aldous Huxley vaticinó y nadie le cree, en, desde El mejor de los mundos. Así como el pueblo hindú, con sus líderes y Mahatma K. Gandhi, derrotó al imperio británico; qué nos cuesta vencer al imperio brutal de Estados Unidos de Norteamérica. En palabras de Pablo Neruda, el pobre Paraguay herido, digo, la pobre Cuba herida pero cultísima, valiente, bloqueada o aislada pero exportadora de ideas y mentes. América salvaje, América libre, América puta, América Edén, América genéticamente única; en ella hay la suficiente energía como para ejecutar un bloqueo inverso, de raíz, integrar América Centro y Sur y contrarrestar la agresión de los países desarrollados. Pobre John F. Kennedy, en su propio país se erigió la idea, la muerte o persecución. Ya sabemos quién ganó. Al paso, rengo, que vamos es imprescindible una revolución. Y en algunos núcleos de la “América libre” ya se está tratando de erigir, con todo en su contra: el imperio global de la telecomunicación. Necesitamos preparar a las mentes, abrir mentes, exportar e importar mentes. El juego eterno de todos los imperios: se envía gente a estudiar lo aprovechable del subyugado, militarmente, o subdesarrollado (las armas químicas, los virus, los misiles que mandan bajo fe y moral) y así rastrear o robar las posibles ideas venideras y, lo más importante, se lleva material, se importan o prestan personas para que estudien en el núcleo del imperio, para luego enviarlos de regreso como portadores de la voz imperial; todo lo mejor está allí. O te quedas en el núcleo y te uso como bandera, para decir: siempre les doy oportunidades. Me llevo la joya para seguir gobernando en el mundo y te permito, o te apoyo para, que gobiernes en tu triste país. Yo siempre adelante y tu siempre detrás. Son precios que hay que pagar. También en el poema, El fuego y la poesía: El amor de economía quebrantada / Como el país más expansionista / Sobre millares de seres desnudos tratados como bestias / Para adoptar esas sencillas armas del amor / Donde el crimen pernocta y bebe el agua clara / De la sangre más caliente del día. En La tortuga ecuestre de César Moro. Ir a la cárcel por algún heterónimo, ser asesinado por pensar. En todos los imperios está, estuvo y estará prohibido pensar otra cosa que la agenda de la política gubernamental. Entonces, es un dulce y gozoso peligro pensar. Dadaísta, creacionista o ultraísta que jamás seré. Hasta que nació Fernando Antonio Noguera Pessoa, el raay metamórfico, desde los llanos hasta las cumbres, pasando por las más disímiles cavernas de la realidad sustentada en las palabras: Si las cosas son astillas / del perspicaz universo, / que o sea mis fragmentos / distraídos y diversos / Lo fueron y no lo fueron; un Cristo que jamás nació ni murió, es el Cristo que siempre estará. En todo caso, qué importa ser, haber sido o no-ser, si todo forma parte del mismo indivisible Todo, natural, universal (hombre = animal = vegetal = mineral...). Como dice Paul Valéry: La Historia de la Literatura no debería ser la historia de los autores y de los accidentes de su carrera o de la carrera de sus obras, sino la Historia del Espíritu como productor o consumidor de literatura. Esa historia podría llevarse a término sin mencionar un solo escritor. Así, sin lugar a dudas, nadie necesita de patentes. Sería como esa película, que sólo una vez vi, de realidades, posibilidades, paralelas en el tiempo, los tiempos, donde, en un tiempo, todos los automóviles eran blancos y eran usados por aquel que lo necesitaba y además, donde estaba prohibido irritarse y engordar: males, según la película, que se evitaban con cirugía cerebral. Propuesta similar a la vista en El planeta de los simios. Será que así como el hombre se lo ha imaginado, en un futuro, será, algún día, legal. Cómo saberlo. Si, en palabras de J. L. Borges, nada sabemos del porvenir. Ah, si hasta el día de hoy no hemos avanzado nada, en el mundo, lo que se dice nada. Ni en sociedades desarrolladas ni subdesarrolladas, en pasado ni en presente y como se ve, ni en un futuro. Por lo que es posible crear o creer en lo que sea: lo que llamaremos, temporalmente, alguna verdad, o fórmula, para soportar el vivir. Necesito poesía, malcriada, para vivir. ** Salomón Valderrama Cruz eljuguetequees@latinmail.com Escritor peruano (La Libertad, Chilia, 1979). Ha publicado Adrina, Sinfonía de flores cruzadas, De Lampa para El Porvenir, Las flores negras, La revolución de las cosas, Los hijos de mi casa hermosa, Sonidos de algunos instrumentos tuertos y En el agujero del poncho. |||||||||||||||||||||||||||| ENTREVISTAS |||||||||||||||||||||||||||| === Alberto Barrera Tyszka ================================================ === Rara vez uno siente que una novela está lista ========================= === Entrevista por Jorge Gómez Jiménez ==================================== “Creo que, desde hace mucho, me interesa el tema de la fragilidad, de nuestra debilidad frente a lo inevitable”, afirma Alberto Barrera Tyszka en relación con la historia que narra en La enfermedad, cuyo germen primigenio se remonta a finales de los 70 cuando, a sus 18 años, trabajó como enfermero en el Hospital Oncológico Padre Machado, el bastión de la Sociedad Anticancerosa fundado en 1959 por el doctor Alejandro Calvo Lairet. “Lo hice por poco tiempo, pero me resultó algo definitivo, fundamental”. El escritor recuerda claramente esa temporada en el piso 4, donde se atendía a enfermos de cáncer genital. “Viví de cerca el sin sentido y la sin razón de la enfermedad, las experiencias —intensas pero también a veces insólitas, trágicas pero a veces también cómicas— que respiran en ese ambiente. Pienso ahora que tal vez eso me marcó, que ahí quizás empieza mi interés por el tema”. La novela que hace menos de tres meses le hizo acreedor del XXIV Premio Herralde, convocado cada año por el sello español Anagrama, se desarrolla alrededor de Andrés Miranda, un médico que por un lado confronta el diagnóstico del cáncer que aqueja a su padre y, por otro, es perseguido por un hipocondríaco que lo cree su última esperanza. Empezó a escribirla como un cuento, pero al cabo de algún tiempo se le fue de las manos. “Comencé a pensar y a trabajarla, ya con la idea de una novela, a finales del 2003”, explica. “Tenía algunas cosas claras, con respecto a la trama y a la estructura, pero otras fueron saliendo en el camino”. El tiempo y los amigos fueron personajes invisibles ya no de la novela, sino del triunfo de Barrera Tyszka en el Herralde, sobre cuya fecha límite para la recepción de obras tenía una confusión que casi le disuade de presentar el manuscrito. Del error lo sacó su amigo Oscar Marcano —finalista del mismo premio, el año anterior, con Puntos de sutura. “Con él y con Federico Vegas, a veces, compartimos lecturas, chismes y cafés los viernes en la tarde. Oscar me hizo ver que todavía estaba a tiempo para mandar el manuscrito y también me entusiasmó para hacerlo”. Afirma que no estaba seguro de las posibilidades de La enfermedad. “Cualquiera tiene dudas al entrar en una carrera donde hay muchísimos manuscritos compitiendo, donde de seguro concursan escritores más viejos, experimentados, mejores, etc... Me animó bastante Oscar. Creo que, en el fondo, los dos apostábamos a la posibilidad de la publicación, a la posibilidad de que, aun sin ganar, a la editorial quizás le interesara publicar el libro”. Le dedicó muchas horas a la corrección. “Pasé mucho tiempo, sobre todo, buscando un ‘tono’, el ‘tono’ que quería que fuera la novela”, recuerda. “Escribí, borré, suprimí, reescribí. Hasta el último momento. Casi hasta el instante en que estaba con los manuscritos frente a la oficina de DHL. Yo creo que rara vez uno siente que una novela está lista. Para eso sirven también los concursos y los editores. Para que uno deje ya de corregir, para separarnos de los manuscritos”. Manual de procedimientos Barrera Tyszka maneja un estilo galopante que no deja tregua al lector. Ya lo había puesto de manifiesto en También el corazón es un descuido, que en 2001 lo dio a conocer como novelista, y en la que confluyen la estética del género negro y una minuciosa descripción intimista del dolor persistente que sufre un personaje amargo e inseguro. Nacido en Caracas en 1960, su nombre es familiar desde hace unos diez años para los lectores del diario El Nacional, quienes cada domingo se encuentran con su incisiva perspectiva de la realidad venezolana a través de su columna “Siete Días”. Ya antes había publicado los poemarios Coyote de ventanas y Tal vez el frío, así como el libro de cuentos Edición de lujo. En la década pasada empezó a descollar también por otro oficio: el de guionista de telenovelas. Había iniciado su andadura en tales lides desde mediados de los 80, pero en 1996 el éxito internacional de Nada personal, afamada producción mexicana en cuya plantilla figuraba como guionista principal, lo consolidó en un género que, confesaba por aquellos años, él hubiera querido transformar, y que definía en un simple manual de procedimientos: “Protagonista virgen, amor de pobre, mucho sufrimiento, tesoro escondido, sangre, racismo, y un sueño”. En 1998 Hugo Chávez gana las elecciones en Venezuela e inicia uno de los períodos presidenciales más polémicos de nuestra historia. Seis años después, Barrera Tyszka y la periodista de temas internacionales Cristina Marcano se embarcan en una exhaustiva investigación en torno a la figura del presidente que derivaría en Hugo Chávez sin uniforme, una biografía publicada en 2006 y que su prologuista, Teodoro Petkoff, ha definido como “una carta de navegación imprescindible para la comprensión de este peculiar fenómeno que es el chavismo”. Tal diversidad de facetas ha podido producir algún efecto en el novelista, aunque él mismo no lo tiene demasiado claro. “Creo que todo eso opera de manera bastante irregular, con procedimientos secretos que, tal vez, ni yo mismo percibo”, explica. “Sé que son medios, espacios, géneros... distintos, diferentes; pero igual sigo siendo yo quien escribe”. El mayor aporte de los muchos hitos de su carrera tiene que ver, especula, “con la disciplina, con entender que escribir no es un oficio de inspiraciones súbitas, de noches bohemias, de glamour estético. Para escribir hay que saber atornillarse a una silla, frente a un teclado, durante demasiadas horas seguidas”. Del otro lado de nuestras palabras El Herralde se entrega desde 1983, cuando fue dignamente inaugurado por El héroe de las mansardas de Mansard, del español Álvaro Pombo. Está dotado con un contrato por quince años con Anagrama y 18.000 euros, aparte de brindar a sus ganadores, por supuesto, un alza instantánea en su cotización editorial. Al obtener tan prestigiosa distinción, Barrera Tyszka no sólo se sienta al lado de Roberto Bolaño, Enrique Vila-Matas o Alan Pauls, sino que su triunfo es comparado con el de Adriano González León, quien en 1968 ganara con País portátil el Biblioteca Breve y obtuviera un sitial similar junto a Mario Vargas Llosa, Guillermo Cabrera Infante y Carlos Fuentes. En el momento actual de la literatura venezolana, cuyos autores, en virtud de un trabajo sostenido, llaman la atención de los editores cada vez con más fuerza, Barrera Tyszka pareciera estar —no porque así lo haya planeado— en el centro de la euforia. Le pregunto qué se siente ser el alma de la fiesta. “Me resulta un poco incómodo eso de ser ‘el alma de la fiesta’. No me lo creo. No es cierto”, responde. “Es decir, ahí hay una novela, un premio... Pero también hay muchas otras novelas, mucha otra gente que escribe. Y hay muchos lectores. Quizás esa sí sea la fiesta. Darnos cuenta —escritores, pero también, y sobre todo, los editores— que allá afuera, del otro lado de nuestras palabras, hay un grupo enorme de gente que lee, que desea leer, que espera leer”. Ni siquiera cree que el que haya ganado el Herralde sea una especie de síntoma de una actitud general en las letras venezolanas. “Creo que hay un vigor nuevo en nuestro mundo editorial”, afirma. “Y eso es buenísimo. Creo que, por diversas razones, algunos editores por fin también están queriendo arriesgarse con nuestra literatura. Y eso es buenísimo. Creo que los escritores estamos buscando lectores, pensando en los lectores. Y eso también es buenísimo... Pero no me creo que el premio sea síntoma de nada”. Las buenas noticias, dice, seguirían produciéndose independientemente del triunfo de su novela. “La enfermedad ha podido no ganar el Herralde y todo esto seguiría existiendo, igual, con la misma fuerza”. Estima que no son los premios los que marcan la pauta de la literatura. “Los premios tienen que ver más con el azar que con el oficio. Los premios no fundan literaturas, ni tampoco las certifican. Las bases de cualquier optimismo, en este sentido, no está en los premios sino en los libros que se encuentran, cada vez más, con sus lectores”. Pero si algo es cierto es que la literatura venezolana atraviesa una coyuntura muy favorable. Y esto plantea, en opinión de Barrera Tyszka, algunos cambios. “Yo sospecho que estamos ante un nuevo momento donde, también, quizás sea necesario reinventar el perfil del editor en el país”, explica. “Recién ahora, quizás, las editoriales comienzan a mirar de otra manera a los autores, comienzan a buscarlos, a conocerlos, a arriesgarse con ellos”. Y, aunque no existe un manual de procedimientos para escritores que deseen salir de la penumbra, el autor de La enfermedad aventura algunas indicaciones. “Para escribir cada vez mejor, o al menos para intentarlo, sólo hay tres verbos: leer, escribir, corregir. Uno debería encerrarse en un cuarto con esos tres verbos el mayor tiempo posible. Aun cuando no haya garantía de que eso nos haga salir de la penumbra”. Tienes cáncer “Preferiría que todo fuera más borroso, que esa tarde no permaneciera tan nítida; que se alejara un poco, que con el paso de los días también ella se fuera perdiendo, hundida en esa suma ociosa del pasado. Pero no. Esa tarde siempre está ahí, filosa, hiriente, áspera; desde ese día, detrás de cada tarde, siempre está esa otra tarde, más sólida e inolvidable. Andrés ha hecho lo imposible por que desaparezca, pero es inútil. Es una mancha que no sale con nada, no se va. Durante dos semanas, Andrés no ha dejado de verse en ella, de verse a sí mismo, cada tarde, en aquella misma tarde, una tarde dentro de otra, repitiendo, siempre repitiendo: ”—Tienes cáncer, papá”. (La enfermedad, p. 101). === Inquisición al poeta Pedro Perales ==================================== === Autor de Edades y El libro del amor y los encuentros ================== === Leoncio Luque Ccota =================================================== Pedro Perales ha anunciado la publicación de su tercer poemario, Máscara de jade, y motivado por este anuncio fui a buscarlo a su casa de San Juan de Miraflores, Pamplona Alta, donde muchas veces tuvimos la oportunidad de conversar sobre nuestra poesía y los proyectos conjuntos que realizamos alguna vez. A Pedro lo conocí en la Universidad Nacional Federico Villarreal (UNFV, http://www.unfv-bib.edu.pe), cuando dirigía la única revista universitaria cultural, Sirka, que intentaba ventilar y poner parche al vacío ilustrativo que se respiraba en la universidad. Nuestro acercamiento fue cuestión de ruta, creo, ya que vivimos en la misma zona marginal del cono sur de Lima. Este camino nos permitió conocernos y conocer su poesía. Desde 1987 hasta la fecha han pasado casi veinte años, y en ese lapso hemos compartido momentos de confabulación dentro y fuera de la poesía. Y es así que el año 1996 publicamos y presentamos, por mutuo acuerdo, tres poemarios en la Biblioteca Nacional del Perú (http://www.bnp.gob.pe): Edades, de Pedro Perales; El libro azul, de Johnny Barbieri, y Por la identidad de las imágenes, de quien escribe esta nota; y por coincidencia en el año 2001 también publicamos los poemarios El libro del amor y los encuentros, de Pedro, y el mío En la grieta de tu espalda, bajo el sello de ediciones Noble Katerba. Entonces, digo, algo nos une y por eso, esta entrevista a este amigo del camino. Sabemos que los libros de poesía tienen su propia historia, ritmo interior, mitos que posibilita engarzar en unidad y coherencia un poemario, y que sólo el autor, a veces, nos puede ayudar a dilucidar ese misterio: qué es la poesía y la escritura de ésta. Y es por ello animado, decidí hacer las veces de inquisidor de este amigo, para preguntar sobre lo que piensa y hace. No sin antes señalar que Pedro Perales labora actualmente en la Biblioteca Nacional del Perú, hace más de quince años, como especialista en literatura, además de dictar el Taller en Creación Literaria en la misma biblioteca. Y sin más preámbulo, aquí las preguntas: —Pedro, es verdad que la poesía está marcada por el sello de la experiencia, ya sea individual o colectiva, y en esto tú no escapas. ¿Por qué el título de tu primer libro, Edades?, ¿tiene que ver con el contexto familiar social en que creciste? Ya que hablas de la travesía del hombre por el tiempo y el espacio, como “...un largo viaje labrado de piedras lacerantes y fecundos sacrificios”. —Sí, tu percepción es exacta. Cómo escapar de las vivencias individuales. Y al afirmarlo, te das cuenta que hasta me autocompadezco. En la adolescencia y en la primera madurez esta manifestación artística fue muy criticada por mis pares. Me atrevería a decir que, en los medios en que me desenvolvía, la libertad que te brinda la poesía no era entendida, había como una envidia, pugnas que lo invadían todo. Los lugares en los que me desarrollé eran duros y complicados para un joven sensible que estaba recién construyendo un vehículo de comunicación, esto era frustrante. Edades se construyó como un canal de salvación, era una forma mimética a la vez real y sensible de verme a mí mismo como un hombre que lo ha superado todo. Fue desde el momento en que se concibió una forma positiva de liberarme de los fantasmas reales y ficticios que convivían en mi mente y en mi entorno. —¿Cómo influyó exactamente la atmósfera social en que viviste para dedicarte a la literatura? —Sabes, ahora que me preguntas, siempre tuve que manejar una dicotomía, como un sino. Este elemento de enfoque individual ha sido una terrible carga con la que he tenido que combatir todos estos años. Me refiero a que desde muy joven, cuando escribía breves líneas, que bien podrían ser ahora fragmentos de poesía, me preguntaba qué era lo que estaba haciendo. Pero al hacerlo descubría que era una forma de confrontarme y a la vez dar paso a un espacio sosegado de tranquilidad. Como tú veras, los espacios en que me desarrollé no eran apacibles, digamos que mi infierno empezó cuando ese caos exterior pareció apoderarse de mis pensamientos. He ahí la sublimación del caos a través de la poesía. —En este primer poemario hay un desarraigo a todas luces. Yo sé que viviste en Barrios Altos, un lugar limeñísimo, para luego trasladarte a Pamplona Alta (de extracción serrana y costumbre provinciana), un lugar al que nunca te acostumbraste. ¿Este lugar te dejó alguna huella poética como experiencia? —Sí, una sensación de encierro de caja china; yo ya era un desarraigado en los Barrios Altos. Imagínate llegar a un lugar, en dónde la desconfianza del serrano ante el intruso lo marcaba todo e imagínate, enfrentarte con la otra cara el cholo acriollado pedante y mal intencionado que conocí. Mucho se habla de igualdad, óyeme, he vivido una escolaridad totalmente discriminadora. Verás que sólo he marcado un sesgo del desarraigo, ahora también tengo los íntimos, los que marcaron mi vida para siempre. No sé si lo que cuento sea una huella poética, pero sí fueron marcas que sellaron mi posición en determinados momentos. Ahora que te expreso esto, me atrevería a decir que con el libro que está por salir cierro el triángulo. Edades, el libro de la liberación lacerante, es en realidad un grito. El libro del amor y los encuentros, la actitud más noble y equilibrada. El obsesivo amante del mundo y Máscara de jade, que es una deuda con el descubrimiento personal que ya había empezado con Edades. —Como intelectual, ¿tuviste un compromiso con alguna organización social en el tiempo de violencia que nos tocó vivir entre el 80 y los 90? ¿Cómo te afectó personalmente? —No, nunca me atrajeron. El desarraigo también lo viví por ese lado. No me avergüenzo al decir que fui en cierta forma un espectador. Pero no insensible; escuchaba y veía con pánico la realidad del país, sobre todo cuando comenzó a golpear la cercanía del barrio en que vivo. —¿Tú crees que la poesía es un oficio como cualquier otro? —No como cualquier otro. Es una actividad especial que requiere mucho del escritor y a la cual le robamos tiempo con otras actividades. —¿Qué te llevó a escribir poesía? ¿Algún llamado interior consciente o colectivo? —Tengo la impresión de que era la forma en que mejor se adaptó mi espíritu. Las frases cortas y sentidas a las emociones intensas que viví en esos momentos. Sobre el llamado, creo que fue un llamado consciente de necesidad de salvación. A partir de ese primer abrazo elementos subconscientes se hicieron visibles y empecé a tomar conciencia de ellos. —¿En que momento asumiste conscientemente la actividad creadora como un acto consciente y público? —En los años de universidad. Yo sólo quería escribir mis breves cosas o pensar en ellas, pero no, a la vez quería ser conocido, paradójico, ¿no? Me presenté a un juego floral. Quedé segundo, recuerdo. Esto sucedió en el segundo año de universidad. Después me encontró “Voe Mya”, un grupo que apostaba por la vida poética. A veces, creo que no fue bueno haberlos conocido tan rápido. Necesitaba más tiempo para mí. Pero así ocurrieron las cosas. —Volviendo a Edades, tu primer libro de liberación, te descubre como un hombre sensible, a quien la experiencia del tiempo parece que te marcara. ¿Es verdad eso? Ya que el libro se divide en dos temas: travesías del hombre y su encuentro con el resto, como una reconciliación. —Ahora que lo mencionas, Edades era un libro de liberación. Y como toda liberación, lamento o queja surge libre, sin ataduras, he ahí la precariedad, en parte del texto. Por supuesto, su organización, pienso que originalmente se vio así. Pero también pienso que era inicio de un gran proyecto por venir. —Cuando leo tu poesía encuentro epígrafes de Vicente Aleixandre, en especial en tu primer libro, pero en El libro del amor y los encuentros percibo más bien el espíritu de este poeta, en todo el poemario. ¿Por qué? —Nunca había reflexionado en esto, pero supongo que fue una proyección de lo que posteriormente fue el segundo libro. Sí, Vicente Aleixandre estaba presente, entiendo que es una figura emblemática para mí por la serenidad que transmite en muchas de sus poesías. En mi caso era la necesidad, una búsqueda. —¿Hay alguna influencia en especial que ha marcado tu poesía? —Soy un escritor de intuiciones y de épocas. Las emociones me enervan y si es el momento escribo. No interesa que estos espacios estén distantes en el tiempo. En realidad he escrito poco. Pero no me siento mal por esto. Creo que respondo a mi propio ritmo. A mis propias improntas vivenciales. —Más allá de la función estética, ¿la poesía debe tener una función social o moral? ¿Tal vez podrías contestar por qué se achaca a Noble Caterva el no haber tenido un compromiso real con la sociedad de su tiempo? —Creo que ninguna función. Sólo el disfrute y la contemplación. Creo que el compromiso “real” lo cumplieron otras personas. Cada uno cumplió su rol. En NK, fueron coincidencias. Como tú verás mi lucha individual fue tan cruel e insensata como la lucha que se dio afuera. —¿Qué relación estética hay entre Edades y El libro del amor y los encuentros? —Tengo la impresión de que existe un hilo que se rompe entre ambos. A decir verdad, tengo la idea de que son dos personas diferentes las que escriben ambos libros. Fui víctima de una esquizofrenia creativa. El primero contempla. El segundo actúa. —Al leer tu último libro, El libro del amor y los encuentros, percibo una evolución hacia una poesía surrealista que engarza al amor un tanto liberador, lleno de imágenes que transfiguran las palabras. ¿Qué hay de cierto en eso? —Más que una evolución, y esto es una confidencia, creo es el resultado de explosiones individuales, cada uno en distintos momentos, por distintas razones. La primera, la liberación montaraz de experiencias sucesivas arrastradas por años. La segunda, la liberación de las emociones por una mujer, que a la vez son todas las mujeres. —Vienes anunciando la publicación de tu tercer poemario, Máscara de jade; ¿nos podrías dar un adelanto?, ¿sobre qué versa? Máscara de jade reúne poemas divididos en forma intuitiva. En el poema inicial intenté liberarme de un karma muy sentido para mí: las penurias de mi madre, con quien tuve emociones ambivalentes, en vida de ella, de amor y odio. Pienso yo que emociones de este tipo terminan por marcarte definitivamente. Utilizo el verso para exorcizar esas emociones. En la segunda, imágenes diversas como en un alambique se cruzan y reclaman vida propia, las presento como un haz de fotografías. —¿Hay algo que quisieras agregar? —Sí, que la ruta ya está marcada, que no hay vuelta atrás. Esta certeza, en vez de hacer agobiante el descubrimiento, le da un matiz de encanto y de obsesión a lo que he ido descubriendo en mi proceso creativo. Para mí las amistades, aunque pocas, han sido familias en las que liberé parte de mi ternura, y la poesía una forma de hacerla extensiva. La fiereza y temeridad de algunos versos no han sido sino el irrefrenable oleaje en que a veces me he visto, son pedidos en mi travesía en medio del océano. ** Leoncio Luque Ccota leoncioluque@hotmail.com Escritor peruano (Puno, Huancané, 1964). Siguió estudios de economía en la Universidad Nacional del Callao (http://www.unac.edu.pe, 1985), la misma que abandonó un año después, para seguir estudios de educación en la especialidad de lengua y literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal (http://www.unfv.edu.pe). Publicó los poemarios Por la identidad de las imágenes (1996), En las grietas de tu espalda (2001) y Crónicas de Narciso (2005). Actualmente estudia la maestría en la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle (http://www.une.edu.pe, La Cantuta). Mantiene los blogs http://noblekaterba.blogspot.com y http://cronicaskaterbianas.blogspot.com. ||||||||||||||||||||||||||| SALA DE ENSAYO |||||||||||||||||||||||||| === El Señor Presidente: La descentralización como respuesta literaria ==== === a la figura del invisible dictador omnipresente ======================= === Karla Preciado Mendoza ================================================ Acerca de El Señor Presidente se han dicho y escrito muchas cosas. Se ha analizado e interpretado desde diversas perspectivas, sobre todo en lo referente al carácter mitológico y a los aspectos estrechamente relacionados con la política. Los interesados por esta obra también han hecho que los lectores vuelquen su mirada hacia los juegos léxicos y las bellísimas metáforas que se manejan en el texto. De una manera más convencional, se han acercado a esta obra a partir de la trama, poniendo especial atención en la historia amorosa. Muy diversas pueden ser las lecturas la obra, pero en este caso interesa la intención global del texto frente al sistema dictatorial, que debemos recordar, va más allá del que se plantea en la novela. Es por ello que me atrevo a sostener la tesis de que la instancia narrativa mantiene un proceso de descentralización a lo largo de toda la obra, con la finalidad de manifestarse en contra del sistema opresor representado a través de la figura del dictador, quien se percibe en todo momento sin estar, salvo en contadas ocasiones, de manera física al alcance del pueblo. El escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1899-1974), diputado y embajador, se interesaba profundamente por las repercusiones de los sistemas opresores en Hispanoamérica. Es así como surge el texto que nos ocupa, una mirada a las acciones de un dictador diegético que se deshace de quienes le resultan incómodos y que inculpa a algunos inocentes valiéndose de uno de sus allegados más incondicionales, Cara de Ángel, quien de manera redentora se enamora pero termina siendo también traicionado por el dictador. El marco teórico que me permitirá aproximarme al texto es el que ofrece el método sociocrítico de análisis textual. El propósito fundamental es analizar los diferentes constituyentes ideológicos y las significancias sociológicas contenidas en El Señor Presidente para demostrar que la instancia narrativa no permanece pasiva ante el proceso dictatorial, sino que como corpus literario, participa activamente en un proceso que se opone al opresor que no da la cara ante su gobierno, y que sin embargo observa y determina la mayoría de las acciones. Para ello manejaré dos líneas: la primera corresponde el caos heterogéneo en la novela y la segunda se ocupará de la sistemática de la fragmentación. En este apartado se tratará el tema del caos de lo heterogéneo manifiesto en El Señor Presidente. Dicho de otra manera, hablaré de la postura de la instancia narrativa que convoca sentimientos, actitudes y hechos en el mismo espacio donde se mueven los personajes ya que al asumirlos de manera simultánea, rompen con el orden presupuesto de las cosas. Ese caos se genera ante el ojo siempre atento del Presidente, que no ante su figura de carne y hueso. Para desarrollar el tema me valdré de los textos semióticos (o polaridades) más evidentes en la obra que nos ocupa. Las dicotomías nos remiten de inmediato a una descolocación en la atmósfera dictatorial. El Presidente es el propio caudillo que existe sin estar, manifiesto a través de los diferentes sujetos transindividuales y de la colectividad toda: “Poco a poco se fueron juntando los convidados (...). Lo que ninguno pudo decir fue dónde y a qué hora desapareció el Presidente” (Asturias, 1998: 154). Así, el caos puede significar una reacción no consciente de los personajes, pero también puede ser la representación del dictador que a pesar de su carácter etéreo adquiere vida a través del pueblo mismo y se concreta en él. Lo interesante es que los ejes de oposición en la novela no se vuelcan exclusivamente sobre sí mismos, sino que son capaces de intercambiarse, como sucede con la intromisión de lo femenino en lo masculino, cuando se reitera la voz amujerada de Lucio Vázquez, o la influencia de lo masculino en lo femenino, con el olor a hombre siempre presente en las prostitutas del burdel al que ha sido vendida Niña Fedina. Los personajes no se encuentran estandarizados. Aquí no hallamos a la figura femenina sempiternamente sometida por el yugo de lo masculino, porque existen personajes como la esposa del titiritero, la señora Venjamón, mujer capaz de frenar las actitudes de su marido, quien en determinado momento decide soltar sus propias amarras para sumergirse en una tragedia individual. Las identidades no se encuentran reconcentradas sino que se expanden hacia los polos que parecen más alejados de la esencia. Una paradoja ocurre entre los personajes que parecen estar en una constante búsqueda de lo materno, signo exaltado a través de la figura masculina, pero que se hace patente también en Camila, y la situación de las madres, como Niña Fedina, que no terminan de aceptar la separación emocional o material de sus hijos: “Las madres nunca llegan a sentirse completamente vacías de sus hijos” (Asturias, 1998: 165). El caos, entonces, no se limita a la esfera de las contaminaciones más evidentes, sino que abarca los estadios del alma misma, representación de la búsqueda constante en la vida de los personajes y producto de la insatisfacción inmersa en la dictadura, pero que va mucho más allá del dictador. En El Señor Presidente, la maldad y la bondad se manifiestan de una manera implícita a través de las oposiciones de toda la instancia narrativa, pero esto no se refiere sólo a la cansina lucha entre el bien y el mal de orden religioso, suponiendo más bien una pugna irremediable entre el progreso que fomentará el conocimiento y la atmósfera oscurantista impuesta por la dictadura. Así, la historia es un vaivén entre ver y no ver, entre observar la realidad y padecer una ensayada ceguera blanca. Nuevamente el lector se topa con esta doble visión del sujeto que permanece con los ojos vendados, pero que al mismo tiempo está realizando un ensayo de inteligente supervivencia. Se encuentra consciente del desorden (que incluso es capaz de provocar), que enfocado desde la perspectiva extratextual puede convertirse en la bomba de tiempo de un pueblo profundamente inconforme. Asturias acertadamente deja un resquicio en la obra para que el lector capte, dentro del sentido a veces doloroso, otras sarcástico de las palabras, una esperanza en la que el pueblo todo está actuando contra el sistema opresor que pretende a toda costa nublar su vista. La obra está estructurada en un ambiente constantemente alterno entre luz y sombra. Estas incidencias permiten acercarnos a la visión del tiempo, al transcurso de los días y las noches, e incluso lo vivo y lo muerto. Nuevamente, ambos reinos, el de la luz y el de la oscuridad se fusionan desordenando los ejes que se podría suponer deben permanecer cada uno en su correspondiente hemisferio. Sin embargo, hay que destacar que la constante, literalmente hablando, es sombra y no oscuridad. La semántica de la palabra sugiere que entonces nos estamos enfrentando no a la ausencia de luz, sino a la interposición de un cuerpo con la luz que debería reflejarse en algún sitio. Se trata de una de las tantas metáforas carentes de inocencia en el texto, porque de lo que se está hablando es de la figura del dictador, de esa conciencia siempre presente que se tornasola cuando se esfuma como presencia humana para seguir observando desde su palco especial. Finalmente, nos encontramos con la bipolaridad constituida de culpabilidad e inocencia. Esto en dos sentidos: el primero de ellos es el sentimiento del sujeto individual que inflinge un severo juicio moral sobre sí mismo, como ocurre en algunos momentos de la narración con Miguel Cara de Ángel, y la posible inocencia de algunos (pocos, si se quiere) en sus acciones. El segundo tópico, el más evidente y quizá el más importante, es el de la verdadera culpabilidad, de los autores intelectuales y materiales de los diferentes crímenes que se desencadenan, y la inocencia de los personajes muy poco pudientes que intencionalmente son inculpados y atrozmente castigados por los altos mandos y en primera instancia por las órdenes del Presidente. Una vez más se puede observar que los textos semióticos se suplantan para descolocar las instancias de lo que pudiera denominarse como curso normal de las acciones. Algunos críticos se han dado a la tarea de analizar el texto semiótico que surge entre el mito y la realidad en la novela. Tal eje verdaderamente es una sistemática de la interrelación regional, ya que no puede ser tomado bien a bien como una oposición entre caracteres. No es aquí la mitificación o en todo caso desmitificación lo que nos preocupa, son más bien los sentidos profundos del caos que nos plantea. Fernando Alegría (1996) señala que Asturias maneja un tono de caos mitológico regional, pero que no intenta con ello ejercer un ataque contra la tradición literaria pues, estructuralmente, conserva la forma. No podemos concordar del todo con este teórico, ya que es precisamente esa ruptura con la tradición literaria la que hace pensar en El Señor Presidente como en un texto actual y novedoso que juega con otros recursos además del lenguaje singularmente onomatopéyico. La estructura es tema de otra disciplina. El Señor Presidente ofrece una mirada caótica, desfasada, sobre todo propensa a la periferia, que permite observar las acciones desde una perspectiva más amplia. José Miguel Oviedo dice: “La ciudad es un núcleo de conflictos individuales y sociales (...). La antigua lucha épica contra la naturaleza se ha fraccionado y se libra en muchos frentes a la vez; se llama soledad, alienación, angustia, incomunicación” (Oviedo, 1996: 431). Quien esto escribe concuerda con tal sentencia, pues los traslapamientos que se suceden en el texto eminentemente cosmopolita no son producto de una casualidad, ni exclusivamente del sistema dictatorial. La convocación de los diferentes discursos crea una mezcla heterogénea que se desplaza fuera de la figura que se representa y gobierna al país. En todo caso Miguel Ángel Asturias reproduce literariamente una desorganización que se opone precisamente a la rigidez que intenta imponer el caudillo, hay que admitir, muy probablemente a costa de los propios personajes. El segundo lineamiento a tratar es la sistemática de la fragmentación en el texto como proceso de descentralización. Si en lo caótico las instancias analizadas se concatenan, en este apartado la fragmentación se encarga de descongestionar un ambiente viciado, pero también se manifiesta el dolor de una segmentación forzada entre los personajes y las minuciosidades de su vida. La constante de los elementos fragmentados remite ineludiblemente a la forma y en caso muy específico de esta novela, al vacío. Si la narración por sí misma pretende sacudir conciencias, toma como punto de partida lo que el pueblo puede hacer o no en unión. Llama la atención el hecho de que precisamente la fragmentación sea el punto de partida para ubicar las consecuencias de la dictadura en los sujetos desesperanzados. En el sentido que llamaremos positivo, se encuentra el lenguaje, que a través de las onomatopeyas constantes y la sistemática de la repetición fragmenta no sólo el discurso oral, sino que a través de la visualización ejerce una libertad frente a las normas canónicas que impone el aparato de Estado. La manera sumamente esporádica en la que se citan elementos de pluralidad es otra vertiente del discurso sistematizado de la fragmentación. Desde el índice podemos percatarnos a través de los determinantes gramaticales que el sujeto se encuentra apartado de sus semejantes y lo mismo sucede con los elementos que lo rodean. La polisemia en la obra llega desde la periferia y no del centro, como si al separarse la multiplicidad de voces tomara lugar desde las orillas para dejar un vacío en el centro. El dictador se encuentra inmerso en ese vacío, ya que sus acciones no repercuten en el sujeto colectivo del país únicamente, sino que se vuelcan también hacia él, como si su opresión se propagara desde su entorno invisible de manera expansiva e impulsara hacia fuera del tremendo círculo a unos cuantos. El tránsito entre lo positivo y lo negativo en la fragmentación es inevitable. También se fragmenta constantemente el cuerpo humano, sobre todo en lo que respecta a la figura femenina y concretamente a las imágenes eróticas hasta convertir la narración en un cuerpo un tanto carnavalesco, pero adornada dentro de los elementos indigenistas, sin caer en un insulso modernismo. Mario Benedetti establece lo que sigue: Cuando en las nuevas letras latinoamericanas el personaje desaloja a la naturaleza de su privilegiado sitial en la evaluación narrativa, acaso ello signifique, entre otras cosas, una inédita manera de postular que este hombre de la porción latinoamericana del tercer mundo se rebela contra un paisaje que de algún modo es inocente sostén del poder arbitrario, de la injusticia, del tratamiento inhumano, del despojo (Benedetti, 1996: 362). Es decir, que las rupturas en la normalidad no sólo afectan de manera negativa al individuo, puesto que, como se ha dicho, forma parte de una colectividad que le impulsa de alguna manera a rebelarse, porque a pesar de hallarse oprimido, actúa a favor de un bien común quizá a través de su propio sacrificio. Curiosamente, lo doloroso se plantea en el texto a partir de la pluralidad y los objetos: son las cuentas claras, las mujeres malas, los tíos y las tías. Cabe resaltar que cuando el discurso se fragmenta para convertirse en un elemento que llamaremos de soledad, surge simultáneamente un ambiente de colectividad del que permanece físicamente excluido el dictador. Cuando en el burdel las prostitutas se dan cuenta de que lo que lleva entre los brazos Niña Fedina es su hijo muerto, comienzan todas a organizar un improvisado ritual mortuorio y la instancia narrativa, ya no Asturias, nos dice: “A todas se les había muerto aquella noche un hijo” (Asturias, 1998: 218). No es su hijo, sino un hijo, como si en medio de la soledad de Fedina, ellas se identificasen también con algo muy personal pero conformando al mismo tiempo un ambiente de unidad y comprensión. Resulta inevitable volver a tocar el tema de la vacuidad. Es una cuestión que también nos remite al espacio que parece contenerlo todo pero que bien puede fungir también como habitante. Con esto quiero decir que al parecer el relato se mueve en círculos concéntricos que a toda costa pretende alejarse del caudillo quien nunca se sabe en qué lugar está. En medio de la miseria y los seres queridos que le son arrancados, el sujeto se siente vacío: la madre, la nana de Camila. Ambas figuras llegan a un espacio enrarecido. Niña Fedina a la cárcel, con el despojo de sus entrañas apretujado y ante el que decide convertirse en tumba, formar parte del lugar sombrío que ocupa y al mismo tiempo elige fusionarse con el cadáver de su hijo. La nana de Camila llega a la casa en total desorden donde transcurrieron las etapas más importantes de su vida, donde trabajó muchos años y con la que termina envolviéndose en una atmósfera enfermiza, que la conduce a la muerte. La casa entonces es habitada por seres en primera instancia vacíos, segmentados. Con el transcurso de los segundos se van fusionando con ellos y forman un nuevo círculo, para contener ese espacio dentro de sí. Proceso de sístole y diástole entre la fragmentación y la concatenación, movimientos vitales provocados quizá por el centro de todo, que son las órdenes del Presidente. Gastón Bachelard considera al respecto de lo que hemos dicho lo siguiente: “No solamente nuestros recuerdos, sino también nuestros olvidos están ‘alojados’. Nuestro inconsciente está ‘alojado’. Nuestra alma es una morada. Y al acordarnos de las ‘casas’, de los ‘cuartos’, aprendemos a ‘morar’ en nosotros mismos” (Bacherlard, 2001: 29). Es entonces, a través de los trozos de recuerdos y figuras inconscientes que se creen olvidadas, que el espacio es susceptible de ser parte del sujeto individual y también son la vía para reconcentrarse sobre sí mismos, pero declaradamente no junto a la figura autoproclamada mayestática. La fragmentación, hemos visto, presenta diversas caras y la del tiempo es una más. Las cicatrices las va dejando también en la figura del dictador, que en los pocos momentos en los que se manifiesta de manera física pierde los estribos, y se muestra como una entidad carente de sentido, fría e intrascendente que es obedecida sin el mayor apego sentimental, incluso por sus más allegados que se someten a través del miedo y se extravían en el discurso roto de su dirigente: “los culpables son ustedes, imbéciles, servidores de qué..., de qué sirven..., de nada!...” (Asturias, 1998: 195). De este modo, el propio Presidente disipa su realidad a través de la ambigüedad de las palabras que profiere, que se dispersan haciéndole perder respetabilidad y lo convierten en títere de sí mismo, semianimalizado. En el orden trastocado, donde convergen, según hemos visto, inocencia y culpabilidad, el mismo general Canales, idealista y perseguido por un crimen no cometido, se va desgranando poco a poco literalmente: “En la respiración se le escapaban restos de palabras, de quejas despedazadas, y sabor del corazón que salta, que se encoge (...)” (Asturias, 1998: 108) Esto inmanentemente para irse alejando de la opresión y la injusticia tan recientemente recaída en su persona, para, en última instancia, dejar de ser. La historia a través del discurso se convierte entonces en una imagen de mosaico, donde los seres todos de la dictadura, incluyendo al dictador que no sale de su propio círculo, se confunden entre las incidencias del pasado, entre los espacios que se ven obligados a llenar o entre los vacíos que no pueden agotar. Una fragmentación a través de la lengua, a través de la percepción estética del lector, pero también y posiblemente al mismo tiempo, del interior de cada uno de los personajes que conforman ya no el sujeto colectivo, sino el sujeto cultural que es la dictadura, removiéndose ante una presencia que les es temerariamente conocida, pero negada a través de la figura de carne y hueso, en este sentido, casi divinizada. Finalmente, hemos hecho un recuento de dos aspectos fundamentales y un poco desatendidos en El Señor Presidente. Es necesario reconocer que los problemas fundamentales son los mismos en la humanidad entera y si bien una novela no nos develará la quintaesencia de la vida del hombre, sí es capaz, en este caso concreto, de reunir y convocar variadas lecturas, e interpretaciones, y lo más importante, provoca intereses analíticos que incluso pueden ir más allá del interés literario: la figura del dictador y el comportamiento de sujeto cultural que se ve afectado por sus acciones. Es así como el texto que nos ocupa y la instancia narrativa que lo modela construyen su propio espacio literario con un rostro fresco dentro de los movimientos de vanguardia, sin la necesidad de lanzar al mundo manifiestos explícitos, puesto que finalmente se puede decir que el texto verdaderamente habla por sí mismo, formando auténticos textos semióticos como unidad toda. Si bien habla de caos y fragmentación, discursos de por sí relacionados, es una integración de pocas hojas para la temática tan amplia que abarca. Finalmente el texto como unidad responde a la ausencia física de la presencia mental y emocional del gobernante que somete. El texto es un viaje prácticamente inacabado del centro a la periferia que se expande mucho más allá de las fronteras nacionales de la implícita Guatemala, para así poder aislar a la figura del dictador dentro del círculo casi apocalíptico de elementos separados. Asturias revuelve y desune, pero al mismo tiempo unifica, protestando a través de una palabra renovada, siempre viva. Bibliografía • ADOUM, Jorge Enrique (1996). “El realismo de la otra realidad” en César Fernández Moreno, ed., América Latina en su literatura, México: Siglo Veintiuno Editores, 1972, pp. 204-216 • ALEGRÍA, Fernando (1996). “Antiliteratura” en César Fernández Moreno, ed., América Latina en su literatura, México: Siglo Veintiuno Editores, 1972, pp. 243-258. • ANDERSON IMBERT, Enrique (1985). Historia de la Literatura Hispanoamericana II. 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Ha participado en lecturas de su producción (inédita) narrativa y poética por dos años consecutivos en un par de museos. ||||||||||||||||||||||||||||||| LETRAS |||||||||||||||||||||||||||||| *** La despedida de Bárbara María Eugenia Sáez *** Poemas Gustavo Lespada *** Tres cuentos Jorge Etcheverry *** Poemas Antonio José Rodríguez Soria *** Olvido Jéssica de la Portilla Montaño *** Poemas Leda Maidana *** El visitante Marcial Fonseca *** Memoria Judith Godoy *** El justiciero Luis Recuenco Bernal *** Tres poemas Estrella Gomes *** Mi amigo el linyera Gladys Liliana Abilar *** Poemas Juan Pérez Rosales *** Almas gemelas Gabriela de la Peña Astorga *** Poemas Delia Rengifo *** Non in solo pane vivit homo Fernando Arrojo-Ramos *** Poesía ligera para almas en desuso Miguel Ángel Zapotitla Pérez === La despedida de Bárbara =============================================== === Relato compacto de la salida de Cuba ================================== === de una “marielita” hace un cuarto de siglo ============================ === María Eugenia Sáez ==================================================== Antes, una cita de Espejo de paciencia (1609), poema épico sobre el rescate del obispo Juan de las Casas Altamirano de manos del pirata francés que lo tenía preso, Gilbert Giron, cuyo apellido dio nombre a la Playa Girón, famosa desde el intento de Bahía de Cochinos. Los que os quejáis de la fortuna avara Por cualquiera mediano movimiento; Los que mostráis en público en la cara Lo mucho que sentís un descontento Así no es Bárbara. Su cara irradia un contento eufórico. Alta, tremenda, con el pelo bien cortado y pintado, de pantalones negros, blusa blanca y una chaqueta a juego, parada ante nosotros. Sus alumnos la miran y yo, su colega, también, mientras espero que comience su prometido “cuento sobre cómo salí con los balseros del puerto de Mariel en 1982”. Nunca se queja de nada. Todo lo contrario. No han pasado ni seis meses de que le sacaran un tumor canceroso del cerebro y ni una vez se ha quejado que yo recuerde. Por decisión propia volvió a sus tres clases de español, mes y medio después de la operación. Y a su puesto de directora. Y a llevarse al semestre de verano en Madrid a 35 estudiantes. Aquí está. Cuando la vuelva a ver ya habrá leído este escrito que le envío por correo electrónico. “Ya saben cómo son de diferentes las cosas aquí en Estados Unidos de las de nuestros países”. Me pregunto si los estudiantes lo saben. Se les ha dado la consabida explicación sobre Cuba, Castro y los Marielitos. Pero ninguna explicación sobra cuando los estudiantes son estadounidenses, aunque latinoamericanos de origen o de nacimiento. En este país la poca geografía que aprendemos es a bombazos, invasiones, y cuando llovemos misiles. Perennes caen nuestras lluvias sobre algún infeliz punto de la geografía que nos incomoda, como Irak o Afganistán o Vietnam, un -tan, o -an. Sólo así aprendemos. Los estudiantes. Lo que saben de Cuba es que es una isla, cerca de la Florida, y que allí hablan como Scarface y Ricky Ricardo y Gloria Estefan, y que tiene un dictador comunista y con barbas, barbudo como los terroristas iraquíes que no se dejan liberar por nosotros, que somos los buscadores de Armas de Destrucción Masiva. Es una isla caribeña como Jamaica, de donde viene el reggae y la ganja, y como Puerto Rico, de donde vienen los beisboleros, mujeres culonas como Jennifer “J-Lo” López y “la vida loca” de Ricky Martin. A Bárbara la miran con mediana curiosidad. Es demasiado rubia. Too happy. Estaba el buen Obispo tan cansado Que dar no puede pasos adelante; Y viendo en el camino puesta á un lado La cruz con que Jesus salió triunfante, Al pié de ella se puso arrodillado, Y con contrito corazon constante, Mientras que le dejó la gente fiera, A hablarle comenzó de esta manera. “Fidel no dejaba que ningún cubano se acercara a las embajadas porque podían pedir asilo. Así que las tenía rodeadas de guardias con ametralladoras. Pero, como les dije, la del Perú se llenó de gente y fueron llegando docenas y luego cientos y luego miles y llenaron la embajada y comenzaron a aposentarse...”. ¿Qué significa esa palabra, aposenké?, pregunta la bonita del grupo. “Es como posarse sobre algo, como las palomas se posan en los aleros de los tejados, antes de emprender el vuelo”. Pero “posarse” es, para estos estudiantes mexicoamericanos, algo que suena a “posadas” y Las Posadas es una tradición navideña que se celebra en México. María y San José van de posada en posada buscando un lugar donde ella pueda dar a luz. Una voz se dirige a la bonita: “Yo soy José y tú la Virgen, mamacita”. Se forma un relajo. Estamos a 15 de diciembre. Bárbara tarda un minuto en calmarlos. Que dar no puede pasos adelante... “Se fueron aposentando en el techo, que casi lo hunden. Y las cámaras de televisión de todo el mundo filmándolos y se formó un escándalo internacional que tomó desprevenido a Fidel, él, que lo anticipa todo, y, en un momento de rabia decidió dejarlos ir. Luego, como Fidel cambia de opinión de un día a otro, según le entra la ventolera, decidió dejar salir a cuanto cubano estuviera siendo reclamado por sus familiares en el exterior, claimed by his family, you know what I mean? Ni qué decir que mil barcos partieron de Florida, o cientos al menos”. Gaviotas, uves blancas, en pos del pescadito. “A los que les llegaba permiso de partir tenían que tener máximo cuidado porque si se enteraba algún vecino te hacían ‘acto de repudio’, organizado por el encargado de vigilar el vecindario, que cada cuantas casas había uno. Venían a pegarte, a apedrearte y pintarrajearte la casa y a echarle basura adentro, le cortaban el agua y la electricidad, te cercaban, te insultaban y hasta los niños le jalaban el pelo a tus niños. Yo tuve que mandar a mis dos hijas, de ocho y nueve años, al acto de repudio contra una vecina, porque si no lo hacía nos fichaban. Cuando vi cómo le estaban jalando el pelo a la pobre vieja, mi comadre, me asomé por la ventana y les grité: ‘vuélvanse niñas, suban’ ”. La estudiante anglo que está sentada al lado mío, una mujer canosa, de ojos claros rodeados de líneas de humor y de saber, me comenta: “Mejor es jalada de pelo que los miles de toneladas de bombas y napalm que les echamos a los del Vietnam, más bombas que cayeron en toda la Segunda Guerra Mundial echamos sobre un paisito del tamaño del estado de Nuevo México, y eso y-que-por-contener a la China comunista, y ahora es nuestro principal socio comercial, nuestro principal acreedor y casi nuestro aliado”. Conozco a esta estudiante desde que estuve sustituyendo a Bárbara en sus clases durante el post-operatorio, pero no puedo hacerle comentario porque Bárbara de pronto mira hacia nuestro lado. Me viene a la mente la imagen de Bush y, a su espalda, el enorme retrato de Ho Chi Min que le pusieron en la sala de banquetes, en el tour que hace unos días hizo al Vietnam. Asiento callada. Miro hacia el frente. Hay una mujer alta y rubia parada frente a nosotras. Sus manos revolotean. Vuelta a Cuba. Embravecióse el mar en aquel punto Como sentido de la humana afrenta, Y con el viento hizo contrapunto, Tan triste como suele en gran tormenta. Todos mostraron la color difunta; Que el miedo de morir y dar la cuenta Hace mudar al hombre los intentos, Y mejora la vida y pensamientos. “Fidel dijo que iba a dejar salir en barco a todos los que tuvieran prontuario policial, police record. Soltó a todos los criminales de las cárceles”. (¿Y a los sidosos del sanatorio Los Cocos?, pero Bárbara no dice nada a respecto). “En Cuba casi no hay criminales. No los encuentras por las calles, como aquí a los pandilleros. Así que para encontrar criminales, Fidel tuvo que vaciar las cárceles. ¡Vieran qué gente! Gente que yo nunca había visto así. Algunos hasta con tatuajes adentro de los labios. En Cuba nadie lleva tatuajes. Tatuarse es de lo más bajo. Sólo la gente de los más bajo, los criminales, llevan tatuajes y aun ellos se los ponen en las partes escondidas del cuerpo”. Miro a mi alrededor. Pues aquí algunos estudiantes están tatuados. Ellas suele ser con una coqueta serpientica bajo el ombligo, en la línea de vello del pubis, o en la ingle, o donde la espalda pierde su casto nombre y comienza la raja del llamado culo; o con un corazoncito en el hombro, o con una diosa en el brazo. Ellos tatuados con algo “macho”, como una mujer bien chichona y encuerada, con sus chichotas paradotas y el pelo largo, montada sobre un toro o en una moto grandota, o con una Virgencita de Guadalupe mirando al suelo, modestica madrecita morenita indita. “Total que mi esposo Andrés tuvo que decir que era criminal para que nos dejaran salir. Tuvo que inventarse que había vendido en el mercado negro, él, que no era sino supervisor de la red ferroviaria. Lo aceptaron sin hacer muchas preguntas porque mi hermano tenía alto cargo en el Partido Comunista. Pero se le quedaron mirando a mi suegra y Andrés tuvo que salirles al paso: “Y mi mamá también. Mi madre alquilaba un cuarto a las parejas que querían tener amores, así que ella también es criminal. ¿Y no es que rentaste el cuarto más de una vez a una jinetera, mamá?”. “Pues ustedes dos pueden salir, pero su esposa y sus hijas no, porque ellas no han declarado actos delictivos”. Eso fue lo que le dijeron a Andrés. “¡Mi suegra nada menos que de celestina!”. Bárbara suelta una carcajada llorosa. “¿Qué es ‘celestina’?”, pregunta la bonita del grupo, una belleza tapatía de melena negra, piel blanca y ojazos melados. “La sonsacadora, la que presta el cuarto al sancho”, dice José y todos ríen. Para evitar el acto de repudio, Bárbara se fue con sus niñas a casa de una tía en Santa Clara donde nadie las conocía. El esposo de Bárbara, Andrés, se quedó en La Habana con su madre enferma de diabetes, que parecía ir perdiendo la razón. Hablaba la vieja señora de que su casa estaba siempre limpia, no como las de sus vecinos. Repetía a las paredes que sus muebles eran de buen gusto, porque ella siempre se las había arreglado para encontrar revistas americanas de decoración. Que ella había sido la que forró los muebles, sola. Que era la tela del color de moda. Que había sido ella la que compró los muebles y, después de la Revolución, la que encontró en el mercado negro las revistas, la que, 20 años después de la Revolución, la que encontró en el mercado negro, sola, las telas para volver a forrar los muebles. Que su casa siempre estaba inmaculada, con cortinas, sin polvo, sola, callada, las sábanas limpias porque las lavaba a mano, todas, una vez por semana, sin o con jabón. Que plantó árboles para darles fruta a sus hijos, guayabas, vitaminas, complementos de la dieta. Le ofrecen frutas con graciosos ritos, Guanábanas, gegiras y caimitos. Escondida, mirando por la ventana, Bárbara vio llegar a Andrés. Solito, bajando por la calle, las manos en los bolsillos, mirando hacia el frente y no hacia la casa. Ella salió al tiro, casi sin cerrarse la bata sobre el pechazo; su marido se puso el índice en los labios sellados y la agarró del brazo llevándosela a la casa. “Agarra a las niñas y pon el par de cosas necesarias en una sola bolsa y en 10 minutos estás a la puerta con ellas porque nos vamos ahora mismo a La Habana. Nos dieron permiso de salir a todos de Cuba, gracias a tu hermano, y tengo un taxi esperando a la vuelta de la esquina. Agarra todo el dinero; le tenemos que dar los 400 dólares para que nos lleve. Mamá está en el taxi esperándonos. ¡En 10 minutos!”. Bárbara les dijo a las niñas que hicieran pipí. Acababan de desayunar. Tomó un bolsón y metió un cambio de pantaletas para las tres, un botellón de plástico lleno de agua, cepillos de dientes, un peine, una fruta y el dinero. “¡Ah!, y metí un paraguas, un paraguas grandote, que no sé por qué lo tomé pero que nos vino de lo mejor, luego, en la travesía, para protegernos del sol y ahí, debajo del paraguas, cabíamos todos. Los cinco andábamos debajo del paraguotas, todos pegados unos a otros, como si fuéramos en peregrinación”. Por cualquiera mediano movimiento; Los que mostráis en público en la cara... “Llegamos a La Habana en poco más de cuatro horas. Lo mas difícil fue mantener calladas a las niñas, que no dijeran nada de adónde íbamos. Porque en el taxi iban también otros dos pasajeros que nos eran desconocidos. Todos amontonados. Yo con el bolsón a mis pies y una niña arriba de mis piernas. La otra, la grandota, sentada sobre Andrés, que es bajito. Gracias a Dios mi suegra no habló. Iba como ida”. “Déjenos aquí por favor en la parada, que tenemos que tomar una guagua a otra ciudad”: eso le dijeron al taxista sin darle mayor explicación (“guagua”, aunque la palabra que Bárbara y Andrés usaban era “autobús”). Y se bajaron, pero no demasiado cerca del estadio. Adentro del estadio estaba concentrada la gente que se disponía a salir de Cuba, del puerto de Mariel, y que esperaba su barco y a ver si de verdad le daban permiso de salir. No fueron directo al estadio los cinco. Se metieron en una iglesia, aunque no la de ellos, a esperar que oscureciera. “Oremos a Dios que nos ayude a escapar”, dijeron los dos, cristianos evangélicos, y la suegra dijo por su parte una oración a la Virgen de la Caridad del Cobre. Llegó el crepúsculo. Andrés trajo un poco de comida. El sacerdote les dejó usar el baño y no les hizo preguntas. Dejaron que oscureciera del todo y comenzaron a caminar las ocho cuadras que los separaban del estadio. Por cualquiera mediano movimiento; Los que mostráis en público en la cara... Pero al llegar vieron que estaba todo rodeado de guardias con metralleta, alambre de púas, camionetas y camiones militares. Afuera, una fila inmensa de gente recibiendo insultos a gritos desde lejos de los que se quedaban. Bárbara miró a su marido, miró a las niñas y a la suegra que ya no podía más. Andrés decidió entrar por atrás, donde había un campo baldío, con el monte crecido. De noche. Caminaron hacia el estadio a través de la maleza. Andrés fue primero. Bárbara se le quedó atrás con una niña en cada brazo, el bolsón colgado al cuello y la suegra a la espalda. “Wonderwoman”. Andrés dijo “síganme”. Andrés avanzó. Sin que perdiese punto en su defensa, Hizóse afuera y le apuntó derecho... Se adentraron por entre las matas que les llegaban hasta las rodillas, cargando a las niñas y Bárbara sin soltar el bolsón que se colgó del cuello. La suegra iba agarrada de Andrés y le temblaban las flacas piernas. Se estaba orinando. Lentos los veinte o treinta pasos que dieron hasta que el ruido que hacen las armas semiautomáticas al recargarse les clavó los pies al suelo y les alzó las manos. “Deténganse. Los estamos apuntando”. Bárbara se echó al suelo sobre su hija menor y pensó “que me den a mí y no a ella”. Andrés alzó un papel en la mano y dijo en voz alta: “¡No disparen! Tenemos el permiso de salir”. Los rodeaban unos ocho hombres armados; quizá no tantos. Los reflectores no les dejaron ver al miliciano que le quitó el papel, lo rompió en pedazos y les gritó: “Síganme”. Sin rechistar le siguieron hasta el estadio. Y allí. Vinieron de los pastos las napeas Y al hombro trae cada una un pisitaco Había miles de gentes. Una gran tienda y bajo ella había soldados, miles de personas, casi ninguna letrina, como pronto descubrieron. No hubo comida esa noche. No sabían dónde echarse a dormir. Abuelos y niños, parejas que se miraban sin agarrarse de las manos, familias. Hombres tatuados. Sus mujeres pestilentes a entrepierna, chancletudas, desdentadas. Un muchacho pálido, flaquísimo, de nalgas planas casi inexistentes, tatuado en el bajo vientre, mira a una mujer implacablemente sola, esté donde esté parada, con sus nalgotas colgando y sus pantalones blancos apretados, sus tacones blancos, aretes rojos, labios rojos y pelo pintado. La mulata jineteaba donde él, cerca del puerto. Hasta que los agarraron. Ahora son como San José y la Virgen que están buscando posada. No saben dónde echarse a dormir. Tampoco Andrés y Bárbara. Escogen un poste y allí tienden el “puesto” alrededor, porque Bárbara ha oído que los militares entran a la tienda de noche para buscar a los criminales que se escapan de “la otra tienda” (la de los criminales) porque no se quieren ir de Cuba porque tienen miedo de cómo se trata a los negros en Estados Unidos y que los van a repatriar. Los militares entran a la tienda de noche, es lo que ella ha oído, y pasan por encima de la gente, corriendo, pisando, armas cargadas en mano. Pero aun en la noche se ve un poste y por eso es un sitio seguro. Para dormir sin que te pisen. Vinieron de los pastos las napeas Y al hombro trae cada una un pisitaco Y entre cada tres de ellas dos bateas De flores olorosas de navaco Al día siguiente por la tarde recibieron su primer alimento: cada uno una latica de arroz, revuelto con un huevo hediondo. Se la comieron. Bárbara guardó una lata extra que le dio un viejito enfermo. Al otro día los mudan para otra tienda, otro campamento más cerca del puerto de Mariel. Y les dan yogurt. Sin azúcar ni nada, pero “¡qué divino!”. Y otra latica de arroz con huevo. A la suegra le da un mareo y van a la enfermería. Todo lo que tiene la enfermera es caramelos de limón para la tos. Les hace entrega de un paquetico. Bárbara le da un par de caramelos a su suegra y se guarda el resto para el viaje. Salen afuera al sol a hacer pipí, ella, la suegra y las niñas, todas bajo el paraguas. Andrés sale afuera con su cuñado y se fuma su último cigarro cubano, encaletado. Al otro día volverán a darles yogurt. De los prados que acercan las aldeas. Vienen cargadas de mehí y tabaco, Mameyes, piñas, tunas y aguacates Plátanos y mamones y tomates. Andrés ha averiguado de quién hay que hacerse amigo para pasar a la lista de los próximos que pasarán a la tienda final, la del último campamento, ya pegado al puerto. “Es que Andrés es muy listo”. Ofreciéndole una bicicleta a un conocido del Partido, porque el carro no se lo puede ofrecer —ya se lo han quitado— entra Andrés en la próxima lista con su familia. “Más vale que sea pronto porque mamá, mírala hermano, se pone a hacer pipí en el suelo y se quita la ropa a cada rato, y se agacha sin bloomers a orinar delante de todos”. “Así es viejo, se ponen así, se les va la cabeza”. Otro yogurcito, otra latica y oyen sus nombres. Un miliciano armado les pide sus documentos de identificación. Rompe en pedazos cada una de las tarjeticas. Por el suelo se les ha quedado su identidad cubana. “Ya no éramos nadie”. (Nos pararon en fila como a los judíos, dice, y se mira el brazo. No tiene tatuajes Bárbara. Libre su brazo también de brazaletes.) “Ya éramos nada; no existíamos”. Parados en fila, Bárbara oyó gemidos detrás de una cortina. Salían voces delicadas. Se fue acercando. Sonaba como cuando los novios aprovechan un momentico solos y se ponen a hacer el amor en la casa de los padres de ella, en el sofá, en cualquier parte, mordiéndose los labios y rasguñándose las espaldas. (Los estudiantes ya no se ríen; están quietos, atentos). Bárbara descorrió un poco la cortina y vio a una mujer tendida boca arriba, con las piernas inmensamente separadas y la vagina expuesta, como una rosa herida entre una oscura mata. Le está metiendo los dedos enormes una negra uniformada. Lo hace para chequear si se ha escondido algo en la vagina, el anillo de bodas, una moneda, lo que sea. Andaba entre los nuestros diligente Un etíope digno de alabanza, Llamado Salvador, negro valiente, De los que tiene Yara en su labranza, Hijo de Golomón, viejo prudente: El cual, armado de machete y lanza, Cuando vido a Gilberto andar brioso, Arremete contra él cual león furioso. Don Gilberto que vido al etíope, Se puso luego a punto de batalla, Y se encontraron; mas quedó del golpe Desnudo el negro, y el francés con malla. ¡Oh tú, divina musa Caliope, Permite, y tú bella ninfa Aglaya, Que pueda dibujar la pluma mía De este negro el valor y valentía! Andaba Don Gilberto ya cansado, Y ofendido de un negro con vergüenza; Que las más veces vemos que un pecado Al hombre trae a lo que nunca piensa: Y viéndole el buen negro desmayado, Sin que perdiese punto en su defensa, Hizóse afuera y le apuntó derecho, Metiéndole la lanza por el pecho. Mas no la hubo sacado, cuando al punto El alma se salió por esta herida, Dejando el cuerpo pálido y difunto, Pagando las maldades que hizo en vida. Luego uno de los nuestros que allí junto Estaba con la mano prevenida, Le corta la cabeza, y con tal gloria A voces aclamaron la victoria. ¡Oh, Salvador criollo, negro honrado! ¡Vuele tu fama, y nunca se consuma; Que en la alabanza de tan buen soldado Es bien que no se cansen lengua y pluma! Y no porque te doy este dictado, Ningún mordaz entienda ni presuma Que es afición que tengo en lo que escribo A un negro esclavo, y sin razón cautivo. Y tú, claro Bayamo peregrino, Ostenta ese blasón que te engrandece; Y a este etíope, de memoria dino, Dale la libertad pues la merece. De las arenas de tu río divino El pálido metal que te enriquece Saca, y ahorra antes que el vulgo hable, A Salvador el negro memorable. “No se quede mirando que usted es la próxima, con las hembras de su familia, y váyase quitando los bloomers”. Bárbara vuelve con sus niñas, las pone detrás de su corpachón y le dice. “Aquí estoy, haz conmigo lo que quieras, estoy preparada”. Pero no se tiene que bajar las pantaletas porque la dejan ir sin examen vaginal, y a sus hijas, y a su suegra lo mismo. “¡Bendita seas de Dios negra bella, Dios te bendiga, negra que me libera, negra que me libra y a mis niñas, la Virgen te ampare!”. Unos segundos y Andrés también sale de atrás de la cortina, en la fila de los hombres, con una sonrisa triunfante. No le han hurgado el ano. El pálido metal que te enriquece Saca, y ahorra antes que el vulgo hable, A Salvador el negro memorable. Todos bajo el paraguas a pleno sol en el barco camaronero. Andrés saltó adentro, de los primeros, para agarrar un puestico junto al motor. A media hora quedó Cuba. Cuba es una fila de espuma donde no se aposentan las gaviotas. Al crucero norteamericano que acecha entre las olas lo han dejado pasar sin montarse en él. Saben que no los va a llevar a Florida sino a Georgia, a un campamento de concentración de marielitos. Y además tienen miedo de los marines por si son como los del Vietnam que salen todo el tiempo en la televisión. Ya han tenido bastante de campamento y de militares. “Déjalos pasar papi. Ya en cuatro horas estamos en Florida, deja que los otros se vayan con los marines, nosotros no, estamos casi a salvo”. “Mamaíta, pero y si hay tormenta...”. “No la va a haber, Andrés, no más, nunca más”. Como suele después de la tormenta Venir con alegría la bonanza, Y la gente de triste y descontenta Volver su desconsuelo en confianza; Así pues para todos nuestra afrenta, Que se volvió en contento y esperanza Viéndoos en libertad... Al poco tiempo llegarán a tierra. A la Florida mítica, fuente de la eterna juventud. Adiós a Cuba, adiós. Allá queda atrás el Paraíso con su serpiente y su árbol de la vida y de la ciencia del bien y el mal, de la verdad mordisqueada apenitas. Los ojos húmedos de un mar eterno, la sonrisa luminosa, se despide de esa isla Bárbara y nosotros nos quedamos aquí. ¡Es bien que no se cansen lengua y pluma! Y no porque te doy este dictado, Ningún mordaz entienda ni presuma Que es afición que tengo en lo que escribo. ** María Eugenia Sáez mayerfmt@aol.com Escritora y editora venezolana (Maracaibo, 1955). Reside en Alhambra (Los Angeles, EUA), donde edita el quincenario Avance. Es historiadora por la Universidad Central de Venezuela y doctora en literatura de los Siglos de Oro por la University of Southern California (Los Angeles). Ha sido profesora universitaria en la UCV y en California. Tiene inédito su libro Don Quijote de Indias, así como diversos relatos de ficción y poemas. === Poemas Gustavo Lespada =========================================== *** Sueño urdo conexiones, tramas, nudo a nudo la red paciente tejo, armo figuras que luego remitirán a otras, despliego el infinito ante el espejo; algún sueño fugaz donde soy otro tantea analogías en lo obscuro. afirmo apisono este suelo de palabras este sustento solo de palabras adonde crezca la palabra hierva o donde oscura moje al sueño o seas un refugio de lucidez como un lecho de ojos donde la noche cae abierta. sueño donde voy hacia los nombres que han de poblar el mundo donde pienso o camino o donde, con voces y silencios y todo lo ignorado, hemos cumplido con reconocernos. *** El nombre en el principio era el caos indiscriminado. no es que se encuentre la verdad revelada como si se tratase de un tesoro escondido sino que la búsqueda modela, construye esa verdad, como la mano modela la forma que recorre. por tanto la verdad última es la misma búsqueda, puesto que no hay desciframiento sin previo cifrar. nombrar es identificar, separar aquello que el nombre delimita y recubre como una piel, aislándolo del amasijo del caos. la piel del nombre origina y conforma al ser: el ser es porque es nombrado. y puesto que nombrar es discriminar, diferenciar, en suma, otorgar identidad, con esa piel el nombre nos entrega la perspectiva que implica una mirada y una distancia imprescindibles. nombrar siempre es un acto de violencia, de una doble violencia: la que se ejerce sobre lo nombrado, al arrancarlo de su anomia inerte, y la que desgaja al ser que nombra exponiendo su espalda a la intemperie. nombrar, entonces, siempre será alejarme, puesto que para llegar a poseer algo debo primero ser un otro. el parto trae al hijo, pero también hace a la madre. el nombre es esa forma de paliar la soledad de la existencia aferrándonos a aquello de lo que indefectiblemente nos alejaremos. es un reclamo por la unión perdida. como un huérfano que, deslumbrado por tus caderas, ha perdido su nombre en la penumbra. pone su huevo entonces, su enjambre de silencios, su mezquina torpeza, su cielo de ecos muertos cada vez que te llama. en el nombre reside la nostalgia del caos primordial. *** El silencio ese silencio de materia blanca imprescindible blanco del soporte o nada generosa / asedio siempre en deuda insuficiente siempre como el deseo siempre que ninguna / consumación colmar ni calmar puede lo que decanta quieto lo que tempranamente supiste: lo que nunca sabremos, eso somos. después de los rituales laxos o tímidas traiciones cotidianas / sólo después te preguntas pensando en ella / recorriendo los acuarios perplejos de la imaginación sólo después, refugio: cómo será —te preguntas— el adentro cómo sería de ancha su cara al hundirme en ella / cómo sería no naufragar y esta vez sí / rumbo a Ítaca a su boca / cómo será lo que no sea, entonces, cómo sería el silencio de alrededor de ese beso (en homenaje a Felisberto Hernández) *** En el ritual sombrío en el ritual sombrío los estambres más acá del susurro de los secretos pactos de estrellas borroneadas por las copas del bosque más acá donde el roce escondido de la abeja humedece la palabra lengua / el rocío perplejo en que la sed liba su borde tímido con sus tintas de fuego acá nomás has de mojar la pluma para escribir mi nombre y me darás mis manos sobre dos lunas blancas y todos tus zumbidos serán míos. ** Gustavo Lespada gustavo.lespada@osde.com.ar Investigador argentino (1953). Licenciado en letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA, http://www.uba.ar), doctorando sobre la obra de Fesliberto Hernández y docente e investigador de la mencionada casa de estudios. Ha publicado Naufragio (poesía; Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 2005), Esa promiscua escritura (ensayo; Córdoba, Editorial Alción, 2002) e Hilo de Ariadna (poesía; Buenos Aires, Ediciones Último Reino, 1999). Coeditó una antología crítica de Noé Jitrik, Suspender toda certeza, con Gonzalo Aguilar (Buenos Aires, Editorial Biblos, 1997). Textos suyos han sido incluidas en diversas publicaciones colectivas como Violencia y silencio; literatura latinoamericana contemporánea (edición de Celina Manzoni, Buenos Aires, Corregidor, 2005), La fugitiva contemporaneidad; narrativa latinoamericana 1990-2000 (edición de Celina Manzoni, Buenos Aires, Corregidor, 2003) y Las maravillas de lo real (Noé Jitrik, compilador, Instituto de Literatura Hispanoamericana de la UBA, Buenos Aires, 2000), entre otras, además de varios artículos y estudios editados en revistas especializadas de Uruguay, Estados Unidos, México y Argentina. Es miembro del Consejo de Redacción de la revista Enclaves, editada por el Departamento de Docencia del Hospital Borda (Buenos Aires), y de la revista virtual Everba (Berkeley, Estados Unidos, http://www.everba.org) desde diciembre de 2003. Ha participado de numerosos congresos nacionales e internacionales sobre literatura, teoría literaria y de carácter interdisciplinario. Ha recibido el premio Juan Rulfo 2003 en la categoría ensayo literario por su trabajo sobre Las cartas que no llegaron, de Mauricio Rosencof; además fue distinguido por la Honorable Cámara de Diputados de Argentina en reconocimiento a su labor profesional en el campo de la cultura (2004), finalista del Premio Continentes 2004 de Poesía "País de las Nubes" (México, 2004) y premiado por la Academia Nacional de Letras del Uruguay en 1997 por un ensayo sobre Nadie encendía las lámparas de Felisberto Hernández. === Tres cuentos Jorge Etcheverry ==================================== *** Hecatombe Pobres animales de la televisión, la niña dice desde la sabiduría de (algunos) infantes que miran el mundo desde el no compromiso inicial. A nivel nuestro tratamos de suprimir la presencia de esa masacre en que consiste nuestra existencia misma de carnívoros. El primate humano echó a caminar sobre el lodo, que era rojo y mezclaba la tierra arcillosa primordial con la sangre. En las ciudades se tapa el origen de bisteques, costillares y hamburguesas. Ya no hay carnicerías con hombres de delantal blanco que descuartizan cuerpos colgantes, cabezas de cerdo y vacuno con ojos vidriosos y enormes que nos persigan en sueños. Se venden las partes en envase plástico, selladas al frío en bandejitas de polietileno que acelerarán la corrupción de este ambiente hacia la pureza inorgánica de su contaminación. Peor es nada. Porque esta historia es pecaminosa. Pero no somos creyentes. Ya los niños no son llevados de la mano por la empleada a la feria para escoger gallinas que allí mismo beneficiará el puestero ante su mirada inocente. Cuando uno come carne, después quiere seguir comiendo más y más, uno duerme inquieto, se da vuelta. Digo. Francisco dice que el hombre nació carnívoro, dice además que el sexo masculino es mutación del femenino. Dice otras cosas que prefiero callar. Pero pienso en la horda de gallinas, pollos, codornices, cerdos, patos, seres marinos. Las langostas emiten chillidos al hervirse. Cuadrúpedos, conejos en primera fila, que nos esperarán cuando después de muertos en el mito cristiano nos vayamos caminando hacia las Puertas del Paraíso. Sus ojos nos harán retroceder a los infiernos. Sin mediar espada de fuego. Gracias a Dios que por aquí por lo menos no somos creyentes. *** Pintura Para mí la pintura, el dibujo, las artes plásticas son el camino que no seguí. En la encrucijada de mis dieciséis años vi pasar a una niña alta, pelo negro, perfil acentuado, blanquísima. No me vio. Pero en las horas que siguieron le hice un poema con rima. Traté de hacerle una témpera. La imagen distó del original y de lo que tenía en la cabeza. Cuarenta años después tomé clases para pulir mi técnica y poder reproducir lo “real”, dizque (ahí me aprieta el zapato). La pintora trató de que centrara la atención en lo visto, pero seguí haciendo lo que tenía en la cabeza. Pintaba redonda la parte inferior de una botella porque sé que tiene base curva, aunque en realidad todos la ven derecha, recta. Me dijo “vas a tener que pasar diez años educando la mirada”. Lo que a mi edad es mucho tiempo. “La fotografía liquidó a lo real en la pintura”, le dije. Cerré la puerta al irme. Su olor me persiguió y me sigue en sueños. Confieso que me gustan los impresionistas, que deforman al objeto por el lado de la luz. Me detengo a la vera de las instalaciones, del arte conceptual, que se agota en una sola idea, más al ritmo actual de mis neuronas. Pero siempre tengo a la pintura como el señorón latino mantiene amantes escondidas que visita a veces. Hago afiches para eventos, portadas de libros, dibujos varios, “monos”, como decimos. Trato de vez en cuando diversos materiales y formas, con cuidado, sin pretensión profesional. Porque esta otra terminaría por obsesionarnos. A nuestra edad ya no sabríamos satisfacerla. *** Cuervos “Cría cuervos y te sacarán los ojos”. Mentira. Más crueldad verás en esa bandada de gorriones que persiguen a picotazos al miembro débil o enfermo hasta ocasionar su muerte. A vista y paciencia nuestra que paseamos por una calle bastante moderna, no te creas. Estoy haciendo un poema largo llamado gorriones —hace años de esto— y ella propone hacer un change and replace y ponerle en cambio Codornices, inglés quail. Los cuervos de un parque en British Columbia le copian a patos y aves exóticas y nadan en la fuente o se sacuden el agua para que les tiren comida los turistas. Negros se remontan con mariscos en el pico junto a las gaviotas y los dejan caer desde lo alto para romper caparazones y conchas y comerse las entrañas. O disputan a los buitres la carroña de incontables animalitos que aplastan los autos en las interminables carreteras del país. El cuervo es el delfín de los pájaros, Francisco dice, desplegando ante nosotros el pavor de la biología. Los pollos recién brotados del cascarón mueren de hambre sin un pájaro al lado del que puedan aprender cómo comer. Los nazis ya estaban empezando a adiestrar cuervos para que transportaran cámaras y bombas como los delfines de los gringos. En la cadena sin fin y circular de la lucha por la supervivencia en este planeta y otros, no somos nada. La naturaleza a lo más es un espejo de nuestros talentos y limitaciones. ** Jorge Etcheverry jorgee@magma.ca Escritor chileno (Santiago de Chile). Doctor en literatura y traductor. Ex miembro del Grupo América y la Escuela de Santiago, agrupaciones poéticas de los sesenta. En Canadá desde 1975, ha publicado The Escape Artist / El evacionista (Canadá, 1981), La calle (Santiago, 1986), Tánger (Santiago 1990; versión inglesa, Canadá, 1997), A vuelo de pájaro (Canadá, 1998) y Vitral con pájaros (Ottawa, 2002), además de la novela De chácharas y largavistas (Canadá, 1993) y Northern Cronopios, antología de narradores chilenos en Canadá (Canadá, 1993). Ha publicado prosa, poesía y crítica en Chile, Estados Unidos, Canadá, México, Cuba y España. En 2000 ganó el concurso de nouvelles de Escritores.cl con "El diario de Pancracio Fernández". === Poemas Antonio José Rodríguez Soria ============================== *** Nihil Si germinan interrogantes gruesos acerca de las causas y porqués en el adoquín pisoteado, pie de mi sombrero, cerebro de zarzas, madeja de hilo infinito, inconscientemente echo a caminar por la pasarela de los piratas de las carabelas, mientras que los tiburones famélicos afilan cuchillos y tenedores y extienden el mantel italiano de cuadritos rojos, negros y blancos sobre la espuma del mar. Esto es —en términos aforísticos—: Aquellos que se plantean los porqués son suicidas en potencia. *** Intimidad corpórea Salgo despelotado de la ducha. Echo un ojo al espejo turbio. Vaharada. Diletante yo del clásico cuerpo proporcional de la Grecia de Fidias, y con una mortaja negra en el cabestro, estética homosexual, tímidamente de macho masculino, un pito flácido, abúlico, paseo por doquier racionalmente. Pues a fin de cuentas lo más íntimo de un hombre es su cara que lo diferencia de la gregario. Polla y glúteos inertes tienen el resto. *** La muerte, la humanidad, las formas de vida Un monte isla circular rodeado de vacío (la muerte) al que corren irracionalmente las ordas (la humanidad) que se regeneran en el centro del islote para tomar uno de los radios (las formas de vida) que lleva a la desaparición (la muerte) *** Cosmopolitismo itinerante Un culo inquieto, apátrida de doble moral, fantasmagórico incapaz de portar un vil broquel de mi pueblo y hombre fácil para culturas exóticas, paradigma de la hipocresía multicultural. Cosmopolitismo itinerante. *** Equilibrio del creador Limita la literatura sensibilidad en el escritor, que cuando padece el Síndrome de Stendhal le trastabilla la mandíbula, se colapsan las palabras, se entontece agradablemente, mientras que a la hora de crear le abordan vagas reminiscencias académicamente formales cuando las fuerzas del bien y el mal lo tensan por igual. Equilibrio frío, deleznable representación sutil en la cueva de Platón de lo añorado, de los dolores, y a los lectores llega como mucho un 25% de lo experimentado. *** Altruismo artístico El artista entregado a la humanidad rinde homenaje a los difuntos, eleva a la máxima potencia invertida la pusilanimidad de los miserables en una maravillosa mentira o en una verdad de las que se olvidan y tira del carro a su manera, con palmaditas en la espalda a quienes queden actuando al servicio de Dios para que no cese la especie, (como el sexo, como diría Nietzsche), pintando a toda mecha coloridos frescos, incluso abigarrados en las húmedas bóvedas de cañón de cemento inquebrantable. ** Antonio José Rodríguez Soria rodriguez_soria1908@yahoo.es Escritor español (1987). Estudiante de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid (UCM, http://www.ucm.es). Habitualmente ha colaborado con una publicación periódica de la UCM, así como con su radio. También ha ganado dos premios de poesía regionales y uno de relato breve local. Su producción permanece inédita. === Olvido Jéssica de la Portilla Montaño ============================ Había una vez una niña invisible. Bueno, no era exactamente invisible, aunque ella llegó a creerlo. Mejor dicho: parecía no existir, no haber existido jamás; y es que nunca nadie se acordaba de ella. A veces hasta ella se olvidaba de sí misma. Encerrada en los laberintos de su memoria, solía pasar días enteros sin salir de su casa, sin hacer absolutamente nada, nada que la hiciese sentir viva; y todo porque hacía mucho tiempo, quién sabe cuántos años ya, había perdido completamente las ganas de vivir. Nunca pensaba en ello, o al menos eso intentaba; aunque a veces es inevitable mirar el mapa del destino y preguntarse hacia dónde va uno, en qué momento se ha perdido el camino. Como sea, nadie se acordaba de ella. Era como si hubiese desaparecido, o estuviera muerta para el mundo. Nadie la llamaba por teléfono, no recibía visitas ni cartas ni correo electrónico, nada. Nadie la mencionaba nunca, ni por error, y ni siquiera para hablar mal de ella. De vez en cuando, no muy seguido, se hartaba de estar sola; entonces el teléfono le servía para revivir a esos que alguna vez habían sido sus amigos. En ocasiones de extrema desesperación, la niña iba a cualquier lugar en que pudiese encontrar alguna cara conocida; sólo entonces se sentía “visible” y pasaba un buen rato con quien estuviera, pero la niña volvía a ser olvidada casi al instante de despedirse. Lo que más le atormentaba no era la soledad ni el aburrimiento y ni siquiera la falta de rumbo: era el saber que ella no era importante... trascendente para nadie. Esta idea la entristecía, pero también reforzaba su comportamiento. “Que me busquen si quieren, yo no pienso volver a buscar nunca a nadie”. Y nadie la buscó más, ni siquiera aquellas personas con las que alguna vez creyó tener lazos fuertes. No volvió a salir de su casa y, con el tiempo, sus vecinos también se olvidaron de ella. Se desconectó tanto del mundo que el mundo, incluyendo a su familia, también se desconectó de ella. La niña deambulaba por su casa sin hacer nada más que llorar, y en cada lágrima se iban uno a uno sus recuerdos. Una noche el Olvido entró por una ventana y se instaló cómodamente en un sillón. La niña sólo sintió un poco de frío, pero no se dio cuenta de que alguien la observaba pues ella no dejaba de llorar y lamentarse por todo. El Olvido sintió tanta pena por la niña que decidió librarla de su sufrimiento. Las venas de la niña se inundaron de tinta indeleble. Ella se asustó al sentir tanto peso repentino; apenas si podía moverse, así que se acostó en la cama con la firme intención de no volver a levantarse. El Olvido se acercó a la niña. —¿Y tú quién eres? —Tu mejor amigo. Vine por ti para que me acompañes. —¿Estás enamorado de mí? —preguntó la niña, con cara de sorpresa. La tinta indeleble había ahogado sus neuronas. —Así es —contestó el Olvido—. Mira, te traje flores. La niña tomó el ramo de rosas viejas, casi amarillas, que el Olvido le ofrecía. Por un momento se sintió feliz, inmensamente feliz, de que al menos alguien se acordara de ella. La niña cruzó los brazos luego de dejar las flores sobre su pecho y se dispuso a morir pero, en lugar de eso, comenzó a hundirse en la cama debido al peso de toda la tinta morada en sus venas. La cama siguió hundiéndose y, cuando la niña llegó al nivel del suelo, vio que ya no había ningún suelo sino un gran agujero blanco... Y entonces se la tragó la Nada. ** Jéssica de la Portilla Montaño gina@ginahalliwell.com Escritora mexicana (México, D.F., 1979). Textos suyos aparecen en la antología Brotes de luna, de Teresa Dey (1999). Cursó los talleres de teoría y práctica del cuento con Alberto Chimal, creación literaria con Teresa Dey y novela con Gerardo de la Torre. Trabaja como correctora de estilo y traductora. Mantiene una página personal en http://www.ginahalliwell.com. === Poemas Leda Maidana ============================================== (Nota del editor: la argentina Leda Maidana recibe constantemente, de los lectores de su blog en http://leda-ma.blogspot.com, diversas propuestas a partir de las cuales ella escribe su poesía. He aquí una sucinta muestra de su trabajo). *** Asomar Para el Juano, con cariño transatlántico Asoma, el chico oculta su trompo en el bolsillo estira con orgullo sus tiradores nuevos olfatea el aire seco y espera, le brilla el pelo endomingado, sonríe, escarba con el índice culposo la madera y sueña ¿qué sueños marineros tendrá un chico de diez años que mira por la hendija de una puerta? La isla florece y el chico vuela. ¿Vendrá desde el norte el amor? Los chicos de diez años no sueñan con amores, sonríen y chispean, cuentan dedo a dedo las monedas y también esperan. Y la puerta se abre lenta y él asoma primero la nariz, después los ojos tiernos. Un chico es un regalo que no conoce precio y este chico entonces se lleva todos los premios. Afuera todo es aire, polvo, luz y arena, misterio silencioso, que siempre eso es la siesta. Si el chico intenta ahora, si el chico logra hacerlo, sacará su pie hacia afuera y el mundo será suyo más allá de su puerta. Escrito a partir de una imagen enviada por Marce *** Pegotear Tijeras, coraje y recortes de diario trazos indelebles en una hoja blanca un manchón negro como única coartada y el miedo acechando. La noche pasaba tan negra, luz tenue, buscar qué palabras: “un diario no trae mucha variedad”, pensó con nostalgia y siguió buscando. Letra por letra quizá su tarea (manchones y diario) sería más fácil “pero no es camino que allane la fama”, pensó recortando el término justo, un nombre preciso, el que le faltaba... Los focos del día como por costumbre fueron asomando, vocablo a palabra terminó su obra temblorosa y parca, manchones y diario, silencio-amenaza, sonrisa de nada. Y entonces huyendo hacia el día libre manchado y de diario, con miseria a cuesta (no sé a qué conciencia ni por qué mirada), adentro de un sobre y hacia un cruel destino impune, cobarde ya viaja el anónimo. Escrita a partir de la imagen que propuso Laru, ¡gracias! *** Mirar ¿Soñando qué castillos un sueño se hace trizas? ¿en qué universos tristes perdiste la puntada? Una mano se extiende. Una risa se apaga. Los colores son tenues y es tenue tu mirada. ¿Planeando qué proyectos te vas desenrollando? Parecen muy antiguos, Parece que sos frágil. Un sentimiento pálido Así como tu alma. ¿Viajando en qué preguntas es que ya no hay señales? ¿En qué palabras tiernas, Y cuánto lo esperaste? Hace falta que marches por parajes extraños Con bríos de corsario y anzuelo de pirata. Las respuestas quedan siempre a un palmo de la mano. Escrita a partir de los cuadros de Waterhouse enviados por Marina. *** El que se va El gato de grandes botas lame, vuelve a lamer y relame un dedo y otro y la mano, mientras te escribo [Es a vos, sí, a vos a quien le escribo vos que te paraste aquí... por un ratito con ganas de vencerle al tiempo porque ya nadie quiere leer nada de nada y menos poesía] El gato lee despacio, empuja con un pie y con su garra infalible, mientras te escribo [Vos seguí leyendo igual aunque no tengas ganas para algo te invitaron y al final no está nada mal leer poesía sin que se entere nadie] Las botas le quedan grandes al gato de grandes botas pero ya no me hará caso si se prepara para su largo viaje, mientras te escribo [Es a vos, sí, a vos y despertate que no es hora de siesta y a estas alturas el gato ya partió y va como por la legua sexta...] Mientras te escribo. ** Leda Maidana ledama2@yahoo.com.ar Docente y escritora argentina (Buenos Aires, 1957). Edita y corrige manuales escolares, de los que ya ha publicado más de cuarenta. Publica sus trabajos en su blog, http://leda-ma.blogspot.com. === El visitante Marcial Fonseca ===================================== Cuando Serpentus se materializó en aquel sencillo y limpio jardín en la figura de un sesentón de abundantes canas, baja talla y mirada serena, de inmediato le vino a la mente su incursión terrenal anterior cuando le tocó ser, durante doce meses, un íncubo de treinta años de edad, 1,83 de estatura y ojos azules. En esa oportunidad logró que trescientas treinta y seis mujeres ganaran la maldición eterna a cambio de un orgasmo que ellas catalogaron de celestial. De todas las personificaciones que había hecho: visitante, agorero, mesías, súcubo, íncubo, fantasma, ángel de la muerte, ángel burlón, pastor evangelizante, mentalista radial y gurú, la que más disfrutaba era el de visitante, a pesar de que no le era permitido valerse de artilugios para vencer el libre albedrío de los miembros de la familia escogida, y así evitar que lo expulsaran de las casas visitadas; pero si era echado, no se consideraba un fracaso. Cuando no lo rechazaban, siempre alcanzaba su propósito. Hubo una excepción por allá en el año 1922, en España, cuando no pudo doblegar el espíritu de Josemaría Escrivá; y como éste más tarde sería San Josemaría, Serpentus no se sintió humillado. Dejó de recordar y se dedicó a estudiar el modesto lugar. Cinco puertas a lo largo de un corredor en forma de L; desde tres habitaciones salía el respirar de gentes que dormían con el estómago lleno y un zaguán en penumbras indicaba que los ocupantes no esperaban visitas durante las siestas. La cocina estaba en un extremo de la vivienda por lo que Serpentus no la divisaba, pero no le importó, la mayoría de las decisiones en estos hogares se tomaba en el pasillo. Dejó de curiosear en espera de que se percataran de su presencia. Sin hacer ruido, se cobijó bajo la sombra del arbusto más frondoso, que le serviría a su fin porque podría ser visto desde casi cualquier sitio de la casa. “Sí”, pensó, “creo que no tendré dificultades con las reservas morales de esta familia”. La primera persona que salió de uno de los dormitorios fue una bella y agraciada joven. Al ver el señor en el jardín, llamó al padre sin mostrarse asustada pero sí con un tono de voz tal que hizo que salieran de sus modorras el papá, la madre y los dos hermanos. Todos se mostraron sorprendidos, pero ninguno perplejo, muy típico de las familias sencillas, y este matrimonio, de apellido Pérez, lo era. La rutina definía su vida; a dormir le dedicaban diez horas, dos de ellas todas las tardes; ver televisión les era tan ceremonioso y comunitario como asistir a misa los domingos o sentarse a la mesa todas los días. Su única diversión fuera de casa consistía en comerse un hervido de gallina a la orilla del río del pueblo; el resto del tiempo, el padre trabajaba en el gobierno local, la madre atendía los oficios del hogar y los hijos cumplían sus deberes estudiantiles sin muchos aspavientos. Por la manera instintiva y simple como entendían la vida, los Pérez no percibirían lo extraordinario de lo que estaba empezando a sucederles. La familia esperó a que el jefe del hogar tomara la iniciativa, y la tomó. Se aproximó al sujeto y le preguntó qué quería. “Nada”, contestó Serpentus; “Salga de la casa”; “No me iré”; “Llamaré a la policía”; “Hágalo, pero yo de aquí no me muevo”. El padre, con cautela, regresó a los suyos, y aunque no comprendían la situación, rápidamente concluyeron que no debían avisar a las autoridades. Sería embarazoso denunciar la presencia de un hombre en la casa; además, el extraño, parado en el medio del patio interior, no se ocultaba, no mostraba intenciones de huir ni tampoco presentaba gestos amenazantes y no parecía un delincuente. La señora Pérez insistió: “¿Qué desea usted?”, le gritó desde el corredor, “Solamente morar en este jardín, no molestaré, no les pediré comida ni agua ni cama”; “¿Cómo hará para vivir así?”, preguntó uno de los hijos, “No se preocupen por mí, ustedes sigan su vida”, respondió el visitante. Por la grisura de sus caracteres, los Pérez aceptaron aquella propuesta; pero tomaron sus precauciones. Durante los primeros días montaron guardia para ver si el desconocido hacía algo fuera de lo normal; y no lo hizo; comprobaron que se la pasaba cerca de la mata de semeruco, no dormía y no se hacía sentir, ni siquiera visualmente porque se camuflaba en el arbusto; no merodeaba por los alrededores, no entraba en los cuartos, no pedía agua ni manifestaba que tuviera hambre. Cuando los Pérez se convencieron de que no tendría ideas o movimientos raros, suspendieron la vigilancia y regresaron poco a poco a su normalidad. Estaban seguros de que el extraño no interferiría en la marcha de la familia. La vida continuó; aceptaron como natural que las únicas palabras con él fueron las que cruzaron cuando irrumpió en el hogar. Para los amigos de la casa era un tío huraño, y un poco ido, que los visitaba. En una oportunidad hablaba la hija con sus padres sobre lo difícil de la semana por los exámenes finales; les explicaba que no sabía a qué materia prestarle mayor atención; las nombró y notó que el hombre del jardín asintió con la cabeza al mencionar la tercera; decidió dedicarle a ésta sus mejores esfuerzos; y aprobó todas las asignaturas con muy buenas calificaciones. En otra ocasión el señor Pérez comentó que le habían planteado dos negocios con un dinero que pronto recibiría y no hallaba por cuál decidirse. Habló del primero y miró hacia el huerto, el sujeto no mostró ningún gesto; describió el segundo y todos vieron que el visitante mostraba una sonrisa de aprobación. El padre, sin dar las gracias, que no eran exigidas, optó por el que había recibido el movimiento afirmativo. La idea fue un gran éxito. Todos se dieron cuenta de que si el intruso daba su consentimiento, las cosas salían bien. Así que modificaron sus vidas. Las decisiones las tomaban en el corredor una vez que se anunciaban y del jardín llegaba la aquiescencia. La madre incursionó en repostería, previa consulta con el desconocido, que junto con el negocio del padre mejoraron las finanzas del hogar. La hija no aceptó un pretendiente porque la señal de Serpentus fue de desacuerdo; los varones estudiaban con más ahínco por sólo ver la cara sonriente del hombre del patio. Los Pérez empezaron a ser menos comunes y más felices; adquirieron otro vehículo y cambiaron las excursiones al río por visitas a la playa. Ya no sólo miraban hacia la mata de semeruco para consejos sobre qué hacer con el dinero, cómo enfrentar un problema doméstico, qué hacer ante una enfermedad, etc., ahora hasta para cualquier tontería buscaban la aprobación de Serpentus. Si querían ir a una retreta de la plaza o a una fiesta juvenil, la asistencia dependía de la expresión que pusiese el invitado, como ya lo consideraban. La existencia les era agradable, sin contratiempos, con un rumbo conocido, igual que antes pero con alguien decidiendo por ellos. El padre, que había hecho progresos en el trabajo con la ayuda del hombre del arbusto, rompió la tranquilidad de una tarde hogareña anunciando que se jubilaría para montar un comercio propio. La reacción del sujeto del jardín sobre dejar el empleo fue de alegría, mas no sobre la iniciativa empresarial. El señor Pérez comprendió que no tenía que ser tan vago y debía plantear un negocio concreto. En conversación con su señora, enumeraron varias posibilidades; y luego de muchas dudas, emergieron dos ideas: una ferretería y una agencia de festejos. Con los comentarios apropiados, y las respuestas adecuadas desde el patio, la cabeza de hogar entendió que debía seleccionar la primera. La esposa comentó que ella ampliaría su repostería con la segunda opción. Serpentus no reaccionó ante la decisión de ella. Los diez meses previos a la jubilación fueron de mucha actividad en la preparación de los nuevos negocios. El señor Pérez contactó a los futuros proveedores de la ferretería, palabreó un local, registró la empresa. La señora, por su lado, se dedicó a comprar sillas, mesones y manteles. En el hogar, ya la familia consultaba menos al hombre del jardín, consideraban que la confianza que les daba tenerlo en el patio era suficiente. Así, por ejemplo, el hijo mayor decidió estudiar Administración y ni siquiera habló de ello en el corredor, lo hizo en la cocina, por lo que el visitante no dio su opinión. El inicio del retiro del padre coincidió con el de las vacaciones de los muchachos. Y como éstos se levantaron tarde y los esposos habían salido temprano a hacer diligencias relacionadas con sus empresas, nadie se fijó en que el hombre del jardín no estaba en el sitio acostumbrado. Descubrieron su ausencia al mediodía cuando se disponían a comer en familia. La primera emoción fue de incredulidad. Que debe estar por aquí, que busquen en los cuartos, que aquí no está, que aquí tampoco. “Seguro que anda por la calle”, afirmó la hija; “Preguntemos en el vecindario”, agregó el señor Pérez, “No”, respondió la madre, “¿qué vamos a preguntar? Siempre hemos dicho que es un tío; seguro que lo tendremos de vuelta esta tarde”. Volvieron las guardias, ahora en espera del ausente y para vigilar la puerta de la calle que dejaban abierta toda la noche; así permanecieron durante seis días y el parterre se mantuvo vacío. Surgieron las mutuas recriminaciones. Que a lo mejor alguien lo molestó y por eso se fue, que ya no le estábamos haciendo caso, que no le dimos la importancia que se merecía, que papá no fue agradecido, que mamá no lo consultó más, que debimos hacerlo todos los días. No sabían cómo actuar ni qué hacer para volver a la monotonía anterior. La carencia de una vida ordinaria les produjo un gran desamparo; de la pasividad que vivieron antes de la llegada del huésped y de la felicidad que disfrutaron durante su estancia en la casa, pasaron a un futuro lleno de sobresaltos. Empezaron por no hacer las comidas o ver televisión en comunión, los varones se volvieron irresponsables, el padre fracasó en el negocio recién emprendido, la madre perdió toda su clientela, la hija quedó preñada del joven que había rechazado, uno de los carros se les incendió, los amigos desaparecieron. El visitante no regresó. Después de haber abandonado a los Pérez, se fue a un pueblo vecino e invadió un humilde hogar, siempre con un aspecto familiar, pero de ahí lo sacaron a golpes. Se materializó en otra vivienda donde por temor o vergüenza le permitieron que se quedara. Pronto, la nueva familia se percató de los poderes del extraño y se dispusieron a sacarle provecho. Serpentus se limitó a complacerlos y a esperar los primeros actos de desobediencia para luego marcharse y sumirlos en la desgracia. ** Marcial Fonseca fonsecamf@pdvsa.com Escritor venezolano (Barquisimeto, 1948). Es ingeniero electricista de profesión. Ha publicado el conjunto de relatos La nube en el cielo (Comala, http://www.comala.com) y la noveleta Los mandamientos de Moisés (Funsagu), así como artículos en los diarios El Nacional (http://www.el-nacional.com), Tal Cual (http://www.talcualdigital.com) y El Mundo (http://www.elmundo.com.ve). === Memoria Judith Godoy ============================================= 1. Esta es noche de resurrección, se han abierto los sepulcros, y mi pasado anda suelto, como el loco de los evangelios. Las cadenas no lo turban, ni lo detiene su desnudez, y anda obsceno y desarrapado, vagando por doquier. Libérame Tú de la memoria, entrégala de tarde a los cerdos, déjala huir con Legión a Gerasa a danzar eterna, frente al acantilado. 2. Trasgresora lengua de tinta hazte presente, desnuda ante ellos mis temores, profana entre letras mi silencio. Voz, hoz que desgrana el trozo fugaz de memoria, saberse un poco de carne y tinta, entenderse, como sangre y papel. Sube mi dolor como incienso a tu presencia, soy bestia sacrificial lechuga abierta. Soy Jonás en busca de ballena. Soy mástil pendo de tu aire violento navego en tierra escrita. Memoria, dame tu veneno, hazme flotar en aliento, déjame beberte, tinta con estas pupilas gastadas. 3. Me hiere el aire como carne viva al viento, Lucha la lengua por hallar palabras, Qué dolor más sordo cuánta danza y angustia. Es ya inútil esconder esa peste de amor muerto. Este aroma a desengaño que grita nocturno por las calles. 4. Aleteando en torno a mí bate sus brazos con fuerza, danzando no sé qué ritos en círculo a mi alrededor. Grita, escupe y carcajea llorando gotas de fuego, revolcándose arenosa en hondo suelo mojado. Cuánta pena causas memoria mía. ** Judith Godoy judith_godoy@hotmail.com Escritora mexicana (1976). Estudiante del Doctorado en Letras Modernas en la Universidad Iberoamericana (UIA, http://www.uia.mx), Plantel Santa Fe, donde además cursa la maestría en literatura con especialidad en poesía mexicana. Colabora con diversas publicaciones y programaciones radiofónicas de la UIA y el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (Itesm, http://www.itesm.mx) como docente, cronista, locutora, correctora de estilo y guionista. Un ensayo suyo fue incluido en Poéticas mexicanas del siglo XX, coordinado por el doctor Samuel Gordon para el sello EON-UIA. === El justiciero Luis Recuenco Bernal =============================== No sé si contar la historia de los hermanos von Boolen. Los pocos que la conocen me aconsejan que no la recuerde en voz alta ni la ponga por escrito ya que podría conjurarla de nuevo. Yo pienso que mal podría amedrentarme un conjuro si primero no he entendido la historia del todo, y creo que sólo contándola la entenderé. Además ya me siento con fuerzas, así que la voy a contar. Ursula von Boolen nació en la segunda mitad del siglo pasado, un año antes que su hermano Uwe. Sus padres, Friedrich y Klara von Boolen, alemanes de procedencia innegablemente aria, se casaron por poderes, ya que los negocios de él en Méjico —prósperas empresas fundadas por su abuelo y heredadas por su padre primero y luego por él— le impidieron viajar hasta Alemania para celebrar la ceremonia. Fijaron su residencia definitiva en Cuernavaca, hasta donde viajó Klara cuando la casa estuvo habitable y allí nacieron Ursula y su hermano Uwe, ambos de evidentes rasgos arios también, lo que les ocasionó no pocos problemas en su infancia con otros críos, que aun siendo también de familias adineradas, poseían sangres mestizas o algo mezcladas, hecho que les avergonzaba y por tanto no toleraban sin humillación la presencia de los hermanos. Eran todos descendientes de los primeros empresarios alemanes que viajaron a Méjico en busca de fortuna y que, con la ayuda de sus conocimientos industriales y de su inagotable capacidad para el trabajo, pronto la obtuvieron y constituyeron una nueva clase privilegiada en aquel país de gente pobre. Aunque los solteros y los allí nacidos preferían matrimonios con alemanas que conocían en sus frecuentes viajes a Alemania o a través de referencias de familiares y amigos, cada vez se daban más matrimonios con mujeres de otras nacionalidades, sobre todo estadounidenses y mejicanas de familias nobles. Éstas últimas aceptadas con reticencias, la palabra mestizaje todavía avergonzaba cuando no estigmatizaba, como en el caso de que alguna joven de esta nueva clase se enamorase de un mejicano, siendo entonces censurada su conducta para que las intenciones no pasasen a ser hechos, en cuyo caso ella era repudiada, excluida de la comunidad. El espíritu marcial y la estricta formación calvinista impuesta por Herr Friedrich convirtió la educación de Ursula y Uwe en una instrucción militar. Sometidos a una disciplina de cuerpo y de alma que impedía cualquier conato de rebeldía o ejercicio de libre albedrío, los hermanos se acostumbraron pronto a la obediencia ciega a sus mayores y preceptores y al acatamiento de los preceptos de la iglesia luterana. A pesar de que iban a un colegio alemán de Cuernavaca, exclusivo y riguroso, en el que estudiaban en distintas aulas durante jornadas agotadoras, eran obligados a tomar clases adicionales en casa de protocolo social, música y religión, con profesores particulares venidos desde Alemania. En sus días quedaba pues poco tiempo libre para los juegos o la diversión, así que tramaron un sistema de señales invisibles para comunicarse entre ellos y así poder jugar mientras cumplían sus menesteres. Movimientos imperceptibles de músculos faciales, posturas y gestos difíciles de observar para los demás, sonidos apenas audibles con el tacón contra el suelo o con los dedos sobre la mesa, formaban su repertorio comunicativo y les permitía sostener su propia conversación al margen de los profesores o padres, que nada notaban. Con el tiempo fueron perfeccionando su lenguaje silencioso, lo fueron enriqueciendo y ampliaron los recursos que lo componían, lo que les permitió disponer de otro idioma, no menos válido que los que ya dominaban —alemán y español, algo menos inglés y francés— para hablar entre ellos. Mantenían interminables conversaciones durante las clases o en las comidas, mientras fingían una atención cortés a cuanto se les decía. De hecho, podían seguir dos conversaciones a la vez, una con los profesores, por ejemplo, y otra entre ellos, sin cometer ningún error ni perder nunca el hilo, contestando con propiedad a cuanto se les preguntaba sin interrumpir la charla que estuviesen manteniendo. Llegó un día en que pudieron comunicarse sin estar en la misma habitación. Por la noche, nada más acostarse, cada uno en su dormitorio, charlaban alegremente sobre los sucesos del día, y se dedicaban a criticar a sus compañeros y a mofarse de los profesores, también hablaban de su padre, a quien temían y de su madre, a la que compadecían. Se divertían gastando bromas a todo el mundo, en especial a sus compañeros de colegio, a los que acabaron despreciando por su mediocridad. Crearon, en definitiva, una infancia paralela a la impuesta por su padre, en la que eran felices como los demás críos, pero de una manera diferente. Cuando fueron adolescentes su padre los envió a Alemania para que estudiasen en la Universidad de Colonia, y aunque a Uwe le faltaba un año para acabar los estudios secundarios, la preparación adicional que había tenido esos años le permitió aprobar el examen de ingreso. Ambos se matricularon en la Facultad de Dirección de Empresas, ya que su padre había decidido que entrasen a trabajar con él y llevasen las riendas del negocio cuando él faltase, y aunque era Uwe el heredero de las responsabilidades por ser varón, no renunció Herr Friedrich a la baza de Ursula, al haber notado lo bien avenidos y compenetrados que estaban sus hijos, lo que pensaba con acierto que sería productivo para el negocio. Aquí puede comprobarse cómo una personalidad tiránica no está reñida en absoluto con una mente práctica. En esa ciudad nos conocimos de veras, ya que aunque yo había asistido al mismo colegio que ellos en Cuernavaca, nunca fuimos amigos, al ser ellos soslayados por casi todos —yo incluido— por su pureza de sangre al principio y por su falta de interés en unirse a ningún grupo o pandilla más tarde. Yo estudiaba en la misma facultad y pronto hice amistad con los hermanos, únicos paisanos que había por allí, y que para mi sorpresa resultaron ser locuaces y divertidos y poseían una alegría vital fuera de lo común. Uwe, que era mi compañero de clase —Ursula cursaba otra especialidad—, me contó un día que la carencia de una infancia normal, con juegos y amigos y el cariño de sus padres —el del padre había faltado por un rigor mal entendido; el de la madre por miedo—, la compensaban de algún modo no tomándose la vida demasiado en serio, como suelen hacer los niños. Era como si estuviesen viviendo de mayores una infancia postergada, no vivida a su debido tiempo. Aunque su padre les había enviado a casa de una hermana suya con el encargo expreso de que fuesen sometidos a la misma disciplina que habían soportado en Méjico, la tía resultó ser bastante más tolerante que su hermano y les permitía unos horarios flexibles, además de no interrogarles sobre su vida privada, lo que agradecieron sinceramente tanto Ursula como Uwe, que a cambio jamás plantearon la posibilidad de pasar una noche en casa de algún amigo, ya que habrían puesto en un brete a su tía. Solíamos almorzar juntos, los hermanos y yo, en el comedor de la facultad, y charlábamos después sentados sobre el césped del campus; allí me pusieron al corriente de su lenguaje. Al principio creí que era una broma, pues siempre estaban gastándolas a todo el mundo, pero pronto pude comprobar que era cierto, aunque al principio pensé que tal vez se trataba de un fenómeno telequinésico, que sus cerebros habían desarrollado una habilidad especial para ponerse en contacto y transmitirse información, y entonces no se trataba tanto de un lenguaje nuevo como de una manera diferente de comunicarse. Pero argumentaron que alguien que lee la mente de otra persona puede leer la de cualquiera —o casi—, pero ellos sólo podían entenderse entre sí. Jamás habían establecido contacto con otra persona por la simple razón de que nadie más conocía su idioma privado. Ahora es cuando debo hablar de Penélope y de los acontecimientos que su aparición desencadenó. Estudiaba en otra facultad pero almorzaba en los comedores de la nuestra porque la comida decía que era mejor. Se sentaba sola y leía sin parar, incluso mientras comía. Nadie pudo dejar de fijarse en ella, por su rara belleza y su mirada lánguida. Un día que el comedor estaba repleto se acercó a nuestra mesa y nos preguntó si nos importaba que se sentase. La aceptamos encantados. Además de guapa era muy inteligente y culta, y poseía una personalidad seductora y misteriosa, algo retraída, que contrastaba con la infantil espontaneidad de los hermanos. Nos acostumbramos a sentarnos con ella desde aquel día. La buscábamos en el almuerzo y nos sentábamos en su mesa, ella al principio un poco reacia, tal vez porque estimaba y buscaba la soledad, pero pronto nos admitió por completo y compartía gustosa nuestras bromas y nuestro optimismo contagioso. Debo confesar que sus encantos me cautivaron desde el principio, pero me convencí de mi incapacidad para abordar su amor y me resigné a quererla en silencio. Pronto se vio que Uwe estaba también enamorándose de ella: se ponía nervioso y su conversación resultaba artificial en presencia de Penélope, comenzó a excusarse para no almorzar con nosotros, se volvió huraño y se enfadaba con facilidad. Comenzó además a discutir con Ursula, siempre en voz alta, para eso no usaban el lenguaje secreto. Las desavenencias entre ellos crecían a la par que la amistad entre Ursula y Penélope, cada vez más unidas por lazos que no acertaba a explicarme, siendo las dos tan diferentes, casi antagónicas. Pronto conocí la razón. Una tarde lluviosa, sentado en clase junto a la ventana, vi en el sendero que llevaba al bosque dos figuras que caminaban despacio, agarradas de las manos. Las reconocí con más pesadumbre que sorpresa y me extrañó menos verlas allí —eran horas de clase— que la lentitud de su caminar y el hecho de que no apartasen la mirada una de la otra. Al cabo de un momento se detuvieron y se besaron largamente bajo la lluvia. Pensé que esa era la explicación a la desavenencia entre los hermanos: ahora eran rivales. A partir de ese día los acontecimientos se precipitaron. Uwe se marchó a Méjico sin acabar el curso; iba a trabajar con su padre, me dijo. De Ursula nada supe las semanas siguientes. Su hermano, con quien hablaba por teléfono de vez en cuando, me aseguraba que se había quedado en Alemania con “esa fulana” y en casa de la tía siempre contestaban que “la señorita no se encontraba en ese momento”. Supuse que se habría ido a vivir con Penélope, así que un día decidí hacerle una visita, para comprobarlo. En realidad estaba más preocupado por Penélope, a quien tampoco veía desde que comenzó su relación con Ursula. Llegué a la casa al atardecer, casi de noche; no había conseguido encontrar el número de teléfono para avisar, así que no sabía si habría alguien en la casa, pero necesitaba saber de Penélope y no quería esperar más. Las luces de la casa no estaban encendidas, excepto por un tenue resplandor en la ventana de la buhardilla. Llamé al timbre y nadie acudió a la puerta, así que di la vuelta y comprobé que la de la cocina estaba sólo entornada. Entré y llamé a Penélope, pero no hubo respuesta. En ese momento percibí una música que parecía proceder del piso de arriba. Subí las escaleras con cautela, me encontraba incómodo por estar en una casa a la que no había sido invitado y, aunque era amigo de la propietaria, esta nada sabía de mi llegada, menos de mi intrusión. Localicé la procedencia de la música en la buhardilla, bajo cuya puerta cerrada se filtraba algo de luz, débil como la que había visto por la ventana. No sabía bien qué hacer, llamar me resultaba violento y además estaba algo asustado. La situación era sospechosa, nada normal. Intuía un peligro tras aquella puerta. Me di la vuelta, acobardado de repente, para marcharme; entonces la puerta se abrió de golpe y oí la voz de Ursula antes de terminar de girarme hacia ella. “Hola, Matías, ya pensaba que nunca ibas a venir a verme. Te he echado de menos”. Su voz sonaba cálida pero su rostro inexpresivo y enajenado —estático y extático a la vez— negaba aquella calidez y me confundía. “Yo a ti también”, contesté de forma mecánica, escrutando su rostro impasible, sus ojos inertes, como los de los ciegos. “Supuse que estarías aquí, Uwe me dijo que no lo habías acompañado a Méjico”, yo intentaba ganar tiempo sin saber bien para qué; me fui acercando a ella, tratando de ver por encima de su hombro la habitación a sus espaldas, de donde salía la música. “¿Y no te dijo que mejor no me buscaras?”, dijo, con menos calidez ahora. Llegué hasta donde ella estaba, en el vano de la puerta; en su liviano vestido había manchas encarnadas, también en sus manos. Alarmado de repente, intuyendo lo terrible, la aparté de un empujón y entonces vi aquella escena que no logro olvidar y que me persigue en los sueños todavía, cinco años después. Sobre una manta de color crema yacía en el suelo el cuerpo desnudo de Penélope. Tenía la garganta desgarrada por un enorme tajo y la sangre formaba un charco bermejo alrededor de su cabeza. Había signos en la piel de su vientre y de sus pechos, dibujados con su propia sangre. Su cara tenía una expresión de asombro y había en ella un rictus de terror, acentuado por tener los ojos abiertos por completo —que daban al cadáver un aire de irrealidad, como el que desprenden las imágenes de los museos de cera. Oí de nuevo la voz de Ursula. “Era necesario que muriese, Matías, intenta comprenderlo, yo la amaba, la deseaba, pero mi padre jamás hubiese consentido nuestra relación, sabes de él lo suficiente como para imaginártelo. Y yo no podía consentir perderla sin que antes hubiese sido mía, sin haber poseído parte de su esencia, aunque las condiciones no fuesen las mejores para ello. Sabía que tenía que matarla, era el único final posible para nosotros, Matías, y estaremos pagando por ello lo que nos quede de vida”. “Te equivocas, Uwe, tú lo pagarás ahora mismo”, dije mientras sacaba la pistola de mi cazadora y disparaba contra el cuerpo de Ursula, que cayó al suelo y quedó inerte y con una expresión en los ojos entre el asombro y el miedo, como los de Penélope. Los ojos de Ursula que eran —o fueron mientras ella estuvo con Penélope— en realidad los de Uwe. Este era el último y genial recurso que los hermanos habían incorporado a su sofisticado mecanismo de comunicación y que yo sólo había sospechado cuando traté de comprender la razón por la que Uwe se había marchado estando enamorado de Penélope: habían conseguido sustituirse, habitar cada uno el cuerpo del otro. Por eso fingieron la desavenencia que justificase la partida de Uwe, que en realidad se quedaba, siendo Ursula la que partió con el cuerpo del hermano. Fue éste quien enamoró a Penélope con el cuerpo de Ursula, fingiendo una personalidad apropiada a los gustos de aquella. Una doble impostura de cuerpo y de espíritu. Yo sospeché desde que los conocí mejor en Alemania que sus mentes no podían estar sanas, que en algún momento de su infancia se habían desquiciado para siempre. Sus continuas bromas, sus dotes para la mentira y el disimulo, su exacerbado optimismo, su complicidad excesiva, eran signos que anunciaban para quien supiese interpretarlos un trastorno grave de personalidad, propia de mentes perturbadas e infantiles. Supuse que ya de críos habían decidido unir sus esfuerzos para protegerse de un mundo hostil que no toleraban, de ahí su invención de un lenguaje sin sonidos que usaban para confabular sin ser descubiertos delante mismo de sus víctimas, que lo serían de faltas y culpas menores al principio. Pero al perfeccionar su técnica también aumentó la envergadura de sus delitos, que culminaron, tras la incorporación del último truco que les permitía intercambiar sus cuerpos sin que nadie lo notase, como consumados ilusionistas, en el asesinato de Penélope, que se condenó a sí misma al descubrir el secreto de los hermanos von Boolen, cosa que había de ocurrir antes o después y ellos sabían que entonces habría que matarla. Y lo hicieron a su manera cruel e infantil, como un juego macabro. Fue el miedo por la suerte de Penélope tras convencerme de que estaba en grave peligro lo que me impulsó a coger la pistola que mi padre me había regalado cuando me gradué en el colegio de Cuernavaca. Era, como todos allí, un experto en el manejo de armas y sabía que no dudaría en usarla si mis sospechas se confirmaban, como así fue. Renuncié a contar la verdad a la policía: nadie me habría creído; así que confesé que había matado a Ursula y a Penélope por celos. La locura pasional era convincente para explicar la falta de coherencia entre los crímenes y, en cierto modo, me exculpaba ante mi familia y amigos de Méjico, que siempre habrían condenado el amor entre dos mujeres. Yo sería para ellos una suerte de justiciero que había actuado al servicio de la moral y las buenas costumbres. Ahora vivo en esta prisión alemana, donde pasaré algunos años más. Mi padre me escribió hace mucho que Uwe (Ursula) se había disparado un tiro en la cabeza poco después del entierro de Ursula (Uwe) en Cuernavaca, una vez repatriado el cadáver. Supongo que se sintió incapaz de vivir sin su otra mitad y sin su propio cuerpo. Sospecho que antes de suicidarse trató de establecer contacto con su hermano muerto y no lo había conseguido, abocada así a la —para ella— terrible condena de vivir en cuerpo ajeno una vida sin diversión y sin complicidad. Su mente de niña trastornada no toleró la evidencia de que todos los juegos tienen un final y usó la pistola para ir al encuentro de su hermano. ** Luis Recuenco Bernal luis@recuenco.es Escritor español (Alora, Málaga, 1962). Reside en Rincón de la Victoria. Estudió ingeniería de telecomunicaciones y ciencias empresariales. === Tres poemas Estrella Gomes ======================================= Nacida de una V invertida rasgada por el vértigo en tu vientre he sabido conocer el silencio de cada libélula posada en tus dedos esos mismos me dibujaron tantos rostros en estación de lluvia A veces suelo detenerme y susurrarle a mi sombra, así los amaneceres no bailan en mi balcón Hoy me asomo a la ventana por la misma donde cada día me veo renacida en un verbo nunca entendido coloreo mi descenso en el matiz de tus ojos Quizá siembre oraciones en el jardín para que al pisar la tierra recuerdes que me aferro a tu pisada con cada grito que escondes en tus pies. === Siento mis ojos suspendidos ellos se cuelgan en los cadáveres repetidos cada poste me insinúa un secreto, ahora corto el cruce peatonal para hacer nuevos vestidos que simulen el acuerdo tácito de pretendida satisfacción con esta ciudad de pecas de luz, ella no deja más que adivinar los rostros desde sus laberintos de carbono. === Dibujar alas con saliva en tu espalda nunca fue mi intención Sentarme estática a contemplar tus ojos en otoño no fue un pasatiempo sino una razón de sobrevivir No encontramos el mar en la acera, ni confundí mis dedos con raíces. Pocas veces mi piel sonrió al verte y siempre suicidaste mi sudor Me sembraste noches en las pupilas supiste hacer que permaneciera en mí el invierno Pudimos observar cómo la gente caía como lluvia en mis espejos, y nunca sentí el ardor de la vida ** Estrella Gomes estre294@gmail.com Poeta venezolana (Miranda, 1990). Es integrante del Programa Circuito Liceísta de las Letras, donde ha recibido talleres de formación literaria. Ha participado en el recital de clausura de la Bienal Juan Beroes (Táchira) 2005, en el Encuentro Nacional de Poetas Liceístas 2006 y en el Encuentro de Escritores Colombo-Venezolano 2006. Textos suyos aparecen en la primera antología de poetas liceístas Voces jóvenes en la mirada del mañana (2006). Produce y conduce, junto con Aquarela Padilla, el programa radial literario Habitantes de la Palabra, para Activa, Radio Nacional de Venezuela. En 2006 fue reconocida como la facilitadora más joven del Sistema Nacional de Talleres Literarios. === Mi amigo el linyera Gladys Liliana Abilar ======================== El linyera revolvía con un palo el sucio y maloliente basural. Una densa nube de moscas zumbaba a su alrededor. Algunas se le enredaban en su barba larguísima y apelmazada, cuyos contornos desaparecían entre los bigotes. Llevaba el cabello muy crecido y sucio como catarata de lodo. Debió de haber sido negro, pero luego el color fue degradándose hasta un marrón cobrizo claro entreverado con mechones canosos. Christian regresaba del colegio a la hora acostumbrada, pero no por el camino acostumbrado. Ese día quiso cambiar la rutina, a pesar del enojo que iba a generar en su madre. Ya lo había hecho un par de veces, pero ella no llegó a enterarse. Era muy estricta y sobreprotectora y lo reprendía cuando alteraba el orden impuesto, casi sin piedad. A Christian le divertía hostigar a Ronco, el perro de José Luis —un compañero antipático y chupamedias cuyo talento le alcanzaba sólo para cosechar enemigos— con una varilla a través de la reja; “cada dueño tiene el perro que se merece”, le había dicho en una ocasión su hermano mayor. El animal era lunático e irascible. Apenas un cuzco revoltoso que causaba más ruido que una jauría en un baúl. Christian lo provocaba, desde la vereda, azuzándolo, burlándolo con gestos, sonidos, y la varilla nerviosa que chicoteaba entre reja y reja, enfureciendo al animal de ojos saltones, negros como bolitas de alquitrán. El ladrido, cada vez más apretado, se volvía finito de a ratos, y se entrecortaba por una extraña ronquera que le podaba la voz. Presa de una gran iracundia, Ronco corría de un lado a otro, saltaba y rebotaba como una pelota. Pero ese día, el pestillo de la puerta de hierro no estaba bien cerrado; la punta apenas tocaba la armella sin llegar a atravesarla. Los cimbronazos producidos por el desaforado animal, hicieron que la puerta cediera. Christian logró presentir el peligro antes de que el perro descubriera la puerta abierta, y emprendió una carrera loca para poner distancia entre sí y el cuzco que ya ganaba la calle. Potenciado por el malhumor concebido en burlas anteriores, Ronco devoraba la distancia rozando apenas el suelo, disparado como bala de cañón. El niño corría enloquecido sin dar tregua a sus piernas, que ya desfallecían. Ronco se le acercaba cada vez más, y Christian sintió los dientes del perro rozar su zapatilla. Hizo un último esfuerzo y ganó apenas unos metros de distancia. Distancia que Ronco volvió a acortar. Christian advirtió que se le cerraba el pecho a punto de estallar. El corazón le palpitaba en la garganta. En medio de su aturdimiento, y cuando las fuerzas lo abandonaban, divisó el baldío que se abría a un costado y se metió en él seguido por el tozudo animal. Tal alboroto en la calle llamó la atención del linyera que, al ver la escena, se arrancó del basural donde estaba metido y atravesó el terreno al encuentro del niño, en el preciso instante en que el perro saltaba para atacarlo por la espalda. El viejo se interpuso entre ambos y Ronco impactó contra el pecho del hombre de barba. Se le pegó como una sanguijuela y empezó a morderlo con devoción de piraña. El animal estaba encarnizado y no había modo de distraerlo de su tarea. El hombre manoteaba al perro desesperadamente tratando de sacárselo de encima. Lo tironeaba hacia fuera pero el cuzco no se desprendía, al contrario, se estiraba como banda elástica volviendo a su posición de ataque. La escena de violencia, de depredación, parecía durar una eternidad, mientras el anciano empezaba a sangrar notablemente, ante la mirada estupefacta y estremecida de terror del niño. Christian observaba desde su indefensión, acurrucado entre unos escombros, al hombre que se debatía en su lugar con el colérico animal. Por fin, el ciruja logró un movimiento certero que arrancó de cuajo el cuerpo duro y caliente del perro que babeaba sangre. Lo arrojó lejos, como si fuera un cascote. Y sonó como tal, al estrellarse contra la tapia de adobes resecos. Se oyó un aullido filoso y luego Ronco desapareció. El hombre miró a su alrededor buscando al niño. Y lo vio. Oculto detrás de un pedazo de pared, lloraba en silencio, bajo el temblor que sacudía su cuerpito trémulo. El linyera se le acercó para calmarlo, pero el niño se contrajo, evadiéndolo. El aspecto del hombre lo asustó: la cara desfigurada, los harapos desgarrados, el pecho sangrante, las manos rotas. No se correspondía la magnitud del daño producido con el tamaño del agresor; pero sí con su ira. Intentó limpiarse la sangre con un poco de pasto, arregló sus exiguos guiñapos y acomodó la catarata de lodo que hacía las veces de cabellera. Se sentó cerca de Christian y lo miró con sentida consideración. —No tengás miedo. No te voy a hacer nada —dijo con voz quejumbrosa. —Está... está todo lastimado... por culpa mía... —sollozaba el niño. —No importa, ya se me va a pasar. En cambio, si te hubiera pasado a vos... capaz que no contás el cuento. Tranquilizate —el niño seguía llorando y ocultaba la cara entre las manos—. ¿Por qué llorás? Te dije que ya pasó. El perro se escapó, se fue. —Perdí mi mochila. Mi mamá me va a pegar —un llanto desconsolado le cortaba las palabras. El hombre se compadeció y no pudo evitar una sonrisa, a pesar de su estado maltrecho y desfalleciente. —¿Eso es todo? Bah, como si fuera tan grave. Vení, te acompaño a buscarla. Le tendió la mano, lo ayudó a levantarse, y juntos emprendieron el camino de regreso. Hallaron la mochila a una cuadra, cerca de donde habitaba Ronco. —Andá, andá a tu casa antes de que tu madre te eche de menos. —¿Y a vos, quién te va a curar? —Yo me las arreglo. Al fondo del baldío pasa una acequia. Ahora voy, me lavo, y listo. No más heridas —dijo el viejo pasando su callosa mano por la cabeza infantil—. No digás nada a nadie de lo que pasó. Te pueden retar. Es un secreto entre vos y yo, ¿de acuerdo? —Sí —respondió Christian, con incipiente complicidad—. ¿Cómo te llamás? —Alfonso —dijo el otro. A esta altura ya le había perdido el miedo al linyera. Colgó la mochila a su espalda y emprendió el camino a casa. Después de su merienda Christian se sintió inquieto, un sentimiento nuevo empezó a perseguirlo y no logró calmarse hasta tomar una decisión. En el botiquín del baño divisó el estuche de primeros auxilios que su madre solía utilizar para curarle las heridas. Subido a un banquito, y en puntas de pie, logró alcanzarlo. Una vez en su poder, metió el bulto en una bolsa de supermercado para que nadie lo notara. De la heladera sacó un queso redondo y, de la alacena, un pan. Salió a hurtadillas ocultándose de miradas indiscretas. Corrió el par de cuadras que lo separaban del terreno baldío, rogando que su amigo no se hubiera ido. Lo buscó y no lo encontró. Era tarde ya, pero Christian decidió internarse en el lugar abandonado a pesar del miedo visceral que le tenía a la oscuridad. La respiración se le aceleraba, los latidos del corazón le tañían como campanas en cortejo fúnebre. Los ojos grandes, muy grandes, intentando ver más allá de lo posible, entre los árboles, los yuyos, entre las sombras, el silencio. Continuó avanzando hacia el fondo, rumbo a la acequia. No se animaba a gritar, “¡Alfonso, Alfonso!, ¿dónde estás?”, sólo por temor a desnudar su indefensión. De pronto, un bulto se movió entre los matorrales, cercano al murmullo del agua, cuyo sonido le devolvió un jirón de realismo a su imaginación. Era el linyera que, dificultosamente, intentaba acomodar su cuerpo a las inclemencias del terreno. Christian corrió y cayó de rodillas junto al anciano. Diligente, y asistido por un chorro de luna que se coló entre los álamos, empezó a extraer del maletín, gasas, alcohol y curitas, y limpió una por una las heridas del ciruja. Alfonso lo miraba desde otra dimensión, como suspendido en otra galaxia, agradecido. Emocionado. Luego, el niño lo cubrió de innumerables curitas por todo el pecho, la cara, los brazos. Cerró el maletín, sacó de la otra bolsa el pan y el queso. Le preparó un sándwich y se lo ofreció. El viejo luchó con la comida pues sólo contaba con un par de encías desnudas que, dolorosamente, mordisqueaban el alimento. Un solo diente, largo, marrón y astillado, se erigía, exultante, desde el maxilar inferior. —Tenés que volver a tu casa, pibe. Tu madre te debe estar buscando. Vamos, te acompaño un trecho porque ya se hizo muy tarde —dijo sin desviar su mirada húmeda del rostro del niño. En vano intentaba ocultar la congoja. Alumbrados por el cono de luz que se filtraba entre la densa oscuridad, Christian encontró los ojos viejos, acuosos, de un extraño color, entre gris, verdoso y azulado, con una virola blanquecina rodeando el iris, que lo miraban de un modo sobrenatural, mezcla de fervor, de agradecimiento y ternura. Una mirada cargada de años; venía de cursar decenios. El niño había notado que los ancianos tienen los ojos algo desteñidos. Como si los años les desgastaran el color. Grande fue la paliza que recibió Christian a su regreso, pues no supo explicar su ausencia. Se había propuesto no develar la existencia de su nuevo amigo, aquel sujeto tan distinto y distante de ellos a quien su madre, seguramente, impugnaría. No por mala, más bien por desconfiada. Desde entonces, cada día al regreso del colegio, Christian pasaba por el terreno baldío y le ofrecía a Alfonso la manzana y el paquete de galletas preparados por su madre para comer en los recreos. A cambio, el linyera le narraba historias fantásticas, cuentos, anécdotas, fábulas, que había ido recogiendo a lo largo de su existencia. Christian disfrutaba de aquellos relatos con entusiasmo y alegría. No recordaba haberse divertido tanto con sus amigos, niños pulcros, educados, aunque de prematura arrogancia y mezquindad. A partir de aquel violento episodio con el perro, Alfonso le encontró un sentido a su vida. Por supuesto, no dejó de cirujear. Una premura desconocida lo inquietaba: el encuentro diario con su pequeño amigo. Era invalorable e impostergable para un viejo como él: un linyera. Continuaba andando y desandando las vías del tren, siempre seguido por el humo de moscas negras; hurgaba recovecos, revolvía basurales, actividad que desarrollaba con displicencia, como si fuera un derecho adquirido. Era su única rutina, que sólo modificaba para volver puntualmente al lugar de encuentro y esperar a Christian a su regreso del colegio. Pero ese día, Christian halló a Alfonso tirado sobre el pasto, casi inconsciente. Volaba de fiebre. El niño, al advertir la gravedad, se quitó el guardapolvo para mojarlo en la acequia, y lo colocó en la frente del anciano. Repitió la maniobra cuatro, cinco veces hasta bajar un poco la temperatura. Luego, lo obligó a ponerse de pie y, casi arrastrándolo, llegaron a la casa del pequeño a pesar de la resistencia del viejo —no quería comprometer al niño con su presencia. Entraron por la puerta de servicio para que no los vieran. Atravesaron el jardín evitando los faroles y otras luces. Siempre en la oscuridad, lograron alcanzar el cuarto de herramientas que se hallaba en el fondo de la casa. Allí el ciruja fue asistido por Christian con mantas, aspirinas y comida. Su madre no tardó en descubrirlos, uno junto al otro. Perturbada, conmovida ante el cuadro que ofrecían su hijo y el linyera, se apiadó del enfermo y llamó a emergencia sanitaria para que lo asistieran en un centro de salud. El niño, desde su infantil entendimiento, imaginó una ambulancia con sirena que cargaba a su amigo para alejarlo de él. Había oído hablar mal de los hospitales donde los viejos sufren por malos tratos y mueren por desatención. Aprovechó una breve ausencia de su madre para sacar a Alfonso fuera de su casa. Previamente, y guiado por su sentido práctico, pudo recoger un par de frazadas y desaparecieron en la noche. En el baldío improvisó un camastro con pasto, bolsas de nylon y arpillera. Sobre esa cama acomodó a Alfonso que volaba de fiebre, mientras lo cubría con la manta. Le puso un trapo mojado en la frente y se acostó junto a él. El viejo apretó la mano del niño y lloró. Dolor y felicidad eran una sola cosa. Dos lagrimones surcaban el pergamino de su piel. Christian susurró: —No tengás miedo, no te voy a dejar. ** Gladys Liliana Abilar gladys8@fibertel.com.ar Poeta y narradora argentina (Chilecito, La Rioja). En 1972 se graduó de profesora superior de piano, y en 1980 obtuvo el título de ingeniera agrónoma. Asumió la dirección del Instituto de Investigaciones Agropecuarias de la Universidad de La Rioja, donde tuvo a su cargo la Cátedra de Genética. Realizó estudios de postgrado en el IAP, de Paisajismo. Paralelamente incursionó en la Literatura publicando los libros: Ecos del corazón (poemas, 1989), Más allá del pecado (novela, 1993), Eclipse de Lubna (novela, 1997), Pensar sin permiso (aforismos, con prólogo de José Narosky, 1999), Doce hogueras (cuentos, ilustrado por el pintor uruguayo Carlos Páez Vilaró y prologado por Eduardo Gudiño Kieffer, mención en la Faja de Honor de la Sade, 2000), y Destino rabioso (cuentos, Faja de Honor de la Sade, 2003). Participó en el IV Encuentro Internacional Literario de Montevideo (2003) y en el IV Encuentro Internacional de Escritoras "Inés Arredondo" de Guadalajara (2004), donde fue invitada para presentar Destino rabioso a cargo de Alicia Steimberg. Con este último género integró siete antologías y participó en numerosos concursos literarios, obteniendo diversas distinciones nacionales e internacionales, tales como el premio "Ugarit", otorgado por la sociedad Sirio Libanesa y "Cuentos Aller", otorgado por la comunidad Allerana de España, entre otros. Participó en la Feria Itinerante del Libro en Chilecito (2004), donde también se presentó Destino rabioso. Participó en la edición y presentación del libro de Héctor David Gatica Integración cultural riojana (2005). Colaboró en la edición del libro La Rioja, de Manrique Zago. === Poemas Juan Pérez Rosales ======================================== *** Humo rojo de Java El amor es humo que se mueve y que por un delicioso efecto mariposa llega al entorno de alguien y viste de sueño sus ojos Pero es humo que empezó a elevarse en Java, o en algún lejano oasis, o en un río, o en la chispa de la aurora sobre un mástil, o en las laderas de un monte antiguo Es humo color rojo, como el color de la noche vista desde Orión, y anda entre los libros y los huecos de los libros, y entre los dientes cuando se agitan para sonreír Por eso cuando éramos niños entrábamos las manos en los armarios donde habitan las fotos, y las traíamos manchadas de rojo Y esa dura tristeza de los momentos sublimes, esa perfecta lejanía, es porque es humo rojo que se eleva en Java *** La alfombra de Aladino Si estuvieras aquí tomaría tu sangre no muerta y la llevaría conmigo en la alfombra de Aladino, con un turbante feroz y sublime, y con risas en la parte interior de mi cara, y con los ojos en el nacimiento del fuego Tendría la cara levantada como el rey de los orgullosos y mis manos en la raíz de tus senos Si estuvieras aquí chuparía tu boca como si fuera dátil, y bebería el agua que lleva a tu sexo hasta nunca saciarme Requiero tu olor con el secreto objetivo de revolverme en él. Mujer, mujer hermosa bañada en Gardahia, o en Tahit, o en Salah, o en Tiberias, conviertes mi sangre en sexo Si estuvieras aquí te daría las águilas y los halcones que habitan en mis neuronas, y recibiría de frente la oleada de tus ojos, y llovería verde, llovería dunas y mares verdes, y mis manos escarbarían en tu vientre verde para olerte hasta el alma No hay alternativa más que tú, amo la llegada de tu aliento envolviendo mis ojos, amo tu boca antigua como la arena, mujer de Tamanrasset o de Magdala, amo tu voz sobrecogida y triste, como dolor de luna rota Si estuvieras aquí me ungiría con tus lágrimas y te amaría hasta volverme loco, y bailarías hasta que yo habite en tus muslos y sepa cómo morderlos, y vería cómo tu cabello me busca en el viento, volando en la alfombra de Aladino *** Jazz Bebes del vaso y el jazz vuelve a nacer, es humo toda tu boca sobre el vaso, y tu pelo es humo oscuro que abre y cierra tu mirada Eres el jazz, la sed del humo en este color de vértigo, eres la mano en la mesa y tu ropa en el furtivo verde Bebes y miras como si fueras indefensa, como si no conocieras la madera, como si no surgiera el alba de tu boca, como si no lloraras en los atardeceres Me miras con tanta luz en los ojos que haces que mi boca se abra, y vuelves con tus animales de humo con el jazz en las caderas, y en la casa *** La fuente Tú sentada en una silla eres el origen del aire. Tanto tiempo buscándolo, tantos exploradores intrépidos. Resultó que no había nada, la fuente aparece ahora cuando miras desde una silla con soles rojos en tus ojos Escribirán mentiras imposibles en los libros de geografía: “no hay una fuente para el aire, se formó hace millones de años, y gracias a él vivimos” Pero yo diré que es mentira allá donde haya que decirlo. Iré a congresos, reuniones sesudas, iré incluso a los periódicos: “Hay una fuente de donde nace el aire, y es una silla y una mujer con los cabellos largos” Me pedirán pruebas, y yo sólo ofreceré una lágrima con una lágrima dentro. La pequeña es verde, como savia que lleva un solsticio. La escrutarán, y verán al microscopio una mujer en una silla. Tu mano derecha duerme en la sombra, tu mano izquierda es un resplandor que aviva el fuego. Es tu boca, en una silla, la fuente del aire *** Las cuatro locuras Un dios especialmente ensañado levantó mi cabeza y trasladó mi cuerpo al frío mundo de las cruces Me dijo con su mano blanca: “Te doy cuatro locuras, habrás de hacerte fuerte y llevarlas a cuestas, como si lloraras desde detrás de tus ojos” Y de repente me vi en un camino muerto por las nieblas, desnudo y soberbio, y con mi cuerpo blanco. Hube de atravesar los recuerdos, apilados en torno a palos de madera, y el anhelo de las bocas, y todo se quedaba atrás: esta fue la locura del norte, la locura de la muerte con una hoz y una sotana negra. Tuve frío, y yo era un animal bajo una manta. Se me llenó la boca de colores y sólo pude escupir cintas delgadas, como arco iris mustios y arrugados: se me vino de frente la locura del sur, y también le preparé una casa La locura del este, la de la sangre, acarició mi frente con una mano extendida. Puso en el camino un arco para saciar las heridas, y me dijo: “apunta al corazón, esa es la rutina” Armado, con el color adecuado, y sin miedo a la muerte, quise mirar a los hombres como si yo fuera un hombre, pero sólo vi sus rastros de tristeza. Si alguien me habla, oigo la parte que aún no ha despegado de la tierra, una mirada siempre trae todo lo que pudo ser, y yo veo cómo palpita esa nostalgia. Mido a los seres humanos por sus racimos de tristeza: para siempre quedé envuelto en la locura del oeste *** Boca No tu voz, sino tu boca, se revienta y se funde en la pócima del druida Todos deben morirse para calmar tu ira de inocente. Pero tú, quedas en la menta, siempre viva, entre todos los días. Y en la tierra sucederán los hachazos, sucederán las casas, sucederá la muerte. Todo será un aullido que no cesa hasta que asciendas desde la hierba, hasta que decidas recoger las gotas de tu boca, y vuelvas a convertirte en el milagro del viento en mis ojos. ** Juan Pérez Rosales jperros@gobiernodecanarias.org Escritor español (Las Palmas de Gran Canaria, 1962). Es profesor de matemáticas en enseñanza secundaria. Su obra permanece mayoritariamente inédita. === Almas gemelas Gabriela de la Peña Astorga ======================== Supongo que no puedo hacer una novela, y en su lugar escribo cuentos. Siempre tuve fama de fantasiosa, así es que podríamos decir que lo mío fue hacer cuentos desde niña. Si entonces sentía hervir la sangre contando historias de muertos y fantasmas, ahora dejo salir todos mis temores en forma de mujer desconcertada, canalla del demonio o perro vagabundo. A veces —de vez en cuando realmente— me viene a la cabeza algún chispazo que vale la pena desmenuzar, combinar, cocinar a diestra y siniestra o, simplemente, sacar a la intemperie de un día caluroso. Tuve uno de esos disparos sorpresivos cuando alguien me preguntó si creía en las almas gemelas. “¡Sí!”, contesté sin miramientos ni recato. “Ya me he encontrado con algunas. Espero a un montón más... estoy atenta. Pueden aparecer a cualquier hora, justo aquí, por esa puerta”. Ironías de la vida, nunca le pregunté a esa persona de dónde había sacado semejante pregunta... tampoco es que haya vuelto a verla. Quizá ella era otra de mis almas gemelas, aunque pensándolo bien, no creo. Si así fuera, su pregunta me habría enganchado de inmediato a ella, o ella se hubiera enganchado a mí sin remedio. La cuestión es que su presencia nunca llegó a mayores en mi vida. O quizá sí, pues a partir de ese comentario comencé a pensar de nuevo en las almas gemelas con las que me había topado en la vida y en la incontenible curiosidad que ahora sentía por saber qué habría sido de sus vidas. Tomé mi directorio telefónico, intenté localizarlas. Caso perdido, ya no vivían en la misma ciudad en la que las había conocido, igual que yo. Buen signo. Mis almas gemelas seguían pareciéndose a mí en esa obsesión vital de ir de un lugar a otro a la primera oportunidad. Recordé que una de ellas me había escrito un par de años atrás un mensaje electrónico desde su nueva sede. Las almas gemelas somos así, nos llamamos a través de extrañas vibraciones periódicamente y aunque sabemos que no habremos de encontrarnos otra vez en situaciones que algún día fueron familiares para nosotros, conservamos la certeza de sabernos cerca en la distancia y la ilusión de que el siguiente encuentro se convertirá en algo mágico, inesperado, totalmente nuevo. Pero toda esta ansiedad del preludio no me fue útil en lo más mínimo para localizar a alguna de mis almas gemelas. A lo más que llegué fue a sacar de ese mensaje electrónico el teléfono de mi amigo Sam, a quien pude localizar justo un mes antes de que se mudara de Barcelona a Las Vegas. Después de un sorpresivo saludo, pude adentrarme de nuevo en su vida, como si los últimos años no hubieran transcurrido en absoluto. —Pero bueno, ¡qué sorpresa!, ¿que me cuentas? —me cuestionó, sorprendido por mi llamada. —Mhm... Pues nada, que ahora tengo cuentos. ¿Te los cuento? —Vale, despáchate. —Ok. Un hombre, una mujer y un niño. Ella se fuga con el hombre, el niño se desilusiona de la vida. —Mhm... Esperé un momento en silencio mientras esperaba su ansiado comentario, para mí la historia era fantástica, pero descubrí un poco desilusionada que no era así para él. —¿Y? —Y nada, tío. De eso va el cuento. —Así es que ahora haces cuentos. Joder, pero si lo tuyo fue siempre ir de historia en historia. Siempre tuviste mentiras con qué entretenernos a todos. ¿y el resto, qué ha sido de tu vida? —Nada. Que ahora hago cuentos. —Ya. Muy tuyo. Pero de algo tendrás que comer, ¿no? —¡Ah! Soy traductora, y doy clases de teatro. —¿Teatro?... vaya, dramática sí que eras, pero ¿clases de teatro? —Pues eso. Teatro y traducción. —Como no vayas de comediante... —Bueno... —¿También comediante? —Pero eso fue hace tiempo. Me descontaron de la compañía por no querer salir con una teta al aire. —Pues ya te podías haber guardado el pudor en algún lado. —Una teta al aire y una nalga con un cono de colores. —Eso sí que era vergonzoso. —Como te digo. ¿Y tú?, ¿sigues de maestro de cerámica? —¡Qué va! Ahora voy de chef de cocina japonesa. —¡No! No me lo creo. ¿Me vas a decir que te enamoraste de una china y ella te llevó a la cocina? —Japonesa. —Muy internacional que has sido desde que te conozco, ni con grúa te sacábamos del bar argentino. —Vale, que estás orgullosa de conocer mis raíces. —¿Y qué tal, estás contento? —Me ha fichado el Barça. —¿Qué? —Que ahora soy parte del equipo de apoyo del Barcelona. Al parecer la japonesa les va de cojones a los tíos estos del balón. —Y tú en medio de las estrellas. Astrónomo fue siempre lo tuyo. —No te burles... lo de la astronomía fue sólo por unos meses. —Lo recuerdo. —¿Has sabido algo del Joel? —¡Qué va! Lo vi la última vez del brazo de una guiri por la Rambla del Poble Nou. —Que la guiri se lo ha amarrado. Se han casado. —Pero si era un burro para las mujeres. —Pues ya ves. Ahora vive en Suiza el jodío. Y va de banquero. —¿Qué me dices? —Tengo pruebas. Me mandó un talón con su sello. —¿Un regalo, quizá un talón en blanco? —El cheque era falso. Intenté cobrarlo. —¿Estafador? —¡A saber! El tío está feliz con su guiri, se le puede perdonar que sea banquero, estafador o panadero. Me enteré de que mi amigo Sam partía a Las Vegas en búsqueda del oasis universal, según me contó. Había leído el Kybalión unos meses atrás y había descubierto que en medio del más inclemente desierto —el de Las Vegas, según concluyó— estaba su destino final. Partiría con su novia japonesa a comprobarlo. Así es que Joel en Ginebra, Sam en Las Vegas y yo intentando encontrar un poco de estabilidad en Guadalajara, México. Había regresado al país con un divorcio a cuestas, después de sobrevivir durante casi una década entre la cuna de la tauromaquia —¡y vaya que sólo España podía haber creado un arte así!— y el paraíso del consumismo —en el que mi sueño americano no pasó de leer los más de cinco catálogos de tiendas departamentales que recibía diariamente con el periódico. Los cuentos me habían sacado buena parte de una depresión crónica y me mantenían alejada de fantasmas e interrogatorios no deseados. Pero esa es otra historia que ya barnizaré de ficción en otra ocasión. Lo cierto es que del teatro y la traducción pasé al siempre bien visto oficio de la docencia. Ahora mis historias van de otra cosa. Acaso de integrar, para esparcir... de integrar, para remontar O de integrar para crear... cualquier cosa, lo que sea. No importa ya. Cosa curiosa, me he enterado de que también los derroteros de esa persona, que un día me preguntó a quemarropa si creía en las almas gemelas, van hoy en día de otras cosas. Ahora es alto funcionario de su gobierno local. Y mis amadas almas gemelas... esas siguen inventándose cuentos como yo. ** Gabriela de la Peña Astorga fampeast@prodigy.net.mx Docente e investigadora mexicana (Torreón, Coah, 1971). Ha publicado trabajos académicos en el Anuario de Investigación de la Comunicación, la revista Comunicación y Sociedad, la Revista de Humanidades del Tecnológico de Monterrey y otras publicaciones. Ha participado en diversos eventos internacionales de antropología. Textos suyos han aparecido en http://www.sieyin.com/jaque y en http://www.cosiampiros.com. === Poemas Delia Rengifo ============================================= *** La visita de Dios Los días amarillos llegaron sin anunciarse, tocaron a su puerta, no preguntaron si podían entrar y con absoluta solemnidad entraron, tampoco saludaron y de a pedacitos fueron acomodándose en su humanidad. Ahora con paciencia y majestad de anciano va rememorando nombres, colores, siluetas, caminos y toda una geografía de lugares, amores, canciones, fantasías. No quiere que la memoria se esfume. De la fábula va rescatando página a página la historia de su vida, aquellos días del rebullir de hormonas y de galopes desbocados, aquel tiempo intenso que ahora desanda con saudades. Solemnidad y fábula trazaron apretadamente en una antigua agenda un itinerario intrincado de rutas desahuciadas. Aquella tarde gris, que aún carga mi alma cantaba recuerdos de infancia tejidos con fragancia de mastranto y adornados con estrellas madrinas y barcos de carbón y hojalata con cargas de limón y mandarinas que recorrían rutas de antiguos marineros en los charquitos del patio. Aquella tarde gris como la lluvia en una cárcel de mujeres comprendí que aquella santa humanidad estaba preparado para el viaje sin boleto. Mis ojos se encontraron con los suyos y aquella mirada profunda y sostenida fue nuestra singular despedida. Él lo sabía y yo también, y esos silencios nuestros fueron la promesa diciente de que algún día y en algún lugar nos volveríamos a encontrar para seguir la fábula en otra dimensión. Solemnidad y fábula esperan, en paz, la visita de Dios. (del poemario Las manos del tiempo). *** Reverón y Arráiz Lucca Poeta: hoy te invito a romper la cotidianidad, ese ritual citadino que día tras días bebes hasta emborracharte. Hoy no vayas a las aulas de siempre. Vente a mi castillo, quítate la corbata, el saco y la camisa, deja que los vientos azules embadurnen tu piel hasta el cansancio, remángate los calzones, tira los zapatos por ahí y camina descalzo para que sientas el tiempo y la vida en cada piedra y los recuerdos de abuela en los musguitos del patio. Vive la diferencia de los días en este castillo transparente y primitivo, levantado con estas manos que profanan los rigores del ritual de la costumbre y la etiqueta, escribe un poema de amor con quince letras rompiendo normas gramaticales, describe con Victor Hugo el arte de lo azul, y camina con los ojos cerrados hacia el mar y cuando sientas que puedes tocar las olas, ábrelos para que te embriagues con estallidos de luces y colores. Ahora toma a tu mujer, siéntala sobre una roca, desvístela y píntala de azul, y cuando la gente de Macuto pregunte si éstas loco grita y grita a todo pulmón: “hoy me dio la real gana de pintar a mi Guadalupe de azul ¿y qué?”. (del poemario De la vida y el amor). *** Poeta es aquel Mis amigos dicen que soy poeta porque suelo jugar con las palabras, para no ahogarme en las tristezas, nunca he creído que lo soy, no por falta de deseos, sino por abundancia de ausencia del ingenio. ¡Qué poeta voy a ser yo! si todavía, con líneas de expresión a mi pesar que el verdugo del espejo me devuelve, no he aprendido a conjugar el verbo amar. Poeta fue Neruda que escribió versos en el bosque, en la lluvia y en el mar, cantó a las minas ajenas y a sus mineros de pechos abiertos y desnudos, exhibiendo una dignidad numérica, dolores y miserias. Cantó Odas Elementales a los objetos más elementales, y al caído, al expatriado, y a la patria sometida; a Terusa, a Delia, a Antonieta, a mil amores más, y a su Matilde, el amor de la unidad, cien sonetos de madera, salidos del perfume y del alma de la selva chilena. También cantó a Rangoom y a sus dioses de verdad y de mentira, a la Hermana Cordillera, a las reinas de salón y a las prostitutas de los puertos, que siempre amó sin amar. Poeta fue Rilke que cantó y canta todavía con voz antigua, versos antiguos a los ángeles sin tiempo. Poeta fue Vallejo que dando Traspié entre dos estrellas cantó al que tiene chinches, al que lleva zapato roto bajo la lluvia, al que vela el cadáver de un pan con dos cerillas, ... al que lleva reloj y ha visto a Dios y al Parado en una piedra... a la orilla del Sena. Poeta fue Andrés Eloy Blanco que cantó a los angelitos negros y a una loca, por allá en la cordillera andina, Luz Caraballo se llamaba y decían que era bella y bordaba frailejones, con los deditos de las manos. Poeta es el tío Camilo Balza que escribe versos azules y canta a las estrellas dormidas, al Árbol, a la Ciudad y al Eco, y se ha pasado la vida inventando silencios, y haciendo Preguntas que no tienen Respuestas. Poeta es aquel que canta a la descomposición social, al desarraigo del hombre de su entorno natural, a la humanidad deshumanizada. Es el que decodifica códigos antiguos escuchando el llanto de las hojas al caer o la risa del rocío al amanecer; es aquel que escucha y obedece las voces de sus muertos y celebra las risas de sus vivos, es aquel que entiende que las flores son la sonrisa de los árboles y que las estrellitas fugaces son esperanzas desvanecidas. Poeta es aquel que llora el entierro de una hormiga como si fuera el entierro de su mejor amiga. Es el que estando solo se siente acompañado; es aquel que escribe en el azul y recoge en el desierto las estrellas licuadas por el viento; es aquel que tiene el corazón hecho de agua, de pan, de sal, de azúcar, de miel, de savia y de cristal. (del poemario De la vida y el amor). ** Delia Rengifo deliarengifo@yahoo.es Poeta venezolana (1950). Fundadora de la revista Ensayos y el periódico Brújula. Abogada de profesión, tomó varios cursos sobre materias relacionadas con el derecho y participó en la fundación de la Asociación Venezolana de Derecho Médico. Asesora de asuntos históricos de la Fundación Cultural Mariano Martí. Ha preparado y corregido textos para diversos documentales y largometrajes de ficción de Producciones Franco Rubartelli, empresa con la cual ha colaborado también en la producción de comerciales. Ha publicado los poemarios Retratos (2000), Piel de siglo (2002) y Perla salina de barro y azul (Fundación Cultural del Banco Industrial de Venezuela, 2003). En 2001 obtuvo el tercer lugar en el Concurso Tópicos Jurídicos y el Funcionario Judicial, mención Poesía, auspiciado por la Dirección de la Magistratura del Tribunal Supremo de Justicia. Entre 2004 y 2005 mantuvo la columna Análisis de arte pictórico para la revista Fundación Banco Industrial de Venezuela. En 2004 fue aprobado por Citgo Petroleum Corporation su proyecto Venezuela, una tierra bajo el sol, que comprenderá cinco libros. Igualmente, en 2005 fue aprobado por Laboratorios Roemmers, con el aval de la Sociedad Venezolana de Pediatría, su proyecto editorial Arte y sonrisas de Venezuela para el mundo, un libro de lujo en elaboración. === Non in solo pane vivit homo Fernando Arrojo-Ramos ================ Desde la huraña ventana de la sacristía, don Tello, cura párroco de San Gundisalvus, primero ve surgir la mula por el recodo de la empinada vereda que conduce a la ermita, después al hombre que va detrás. Distrae la mirada por un instante y cuando vuelve la vista sólo alcanza a ver la mula, caminando resignada cuesta arriba; el hombre no está por ninguna parte. Se frota los ojos y de nuevo dirige la vista hacia la vereda: ahora ve al hombre y la caballería, el hombre delante. Don Tello está en ayunas y piensa que el estómago vacío le hace ver visiones; o acaso sea la edad. El hombre y la mula se van acercando. La ermita de San Gundisalvus se halla como agazapada en lo alto de una montaña, rodeada de pinos y robles milenarios que ocultan el horizonte, un bosque que arrebuja y aísla, como antes a los godos y antes a los romanos y antes... a quien fuese que hubiera vivido por aquellos parajes. Esto impone a don Tello una vaga sensación de herencia, de continuidad. La ermita se construyó en tiempo de los godos. Recia en su abovedamiento y en sus muros, tiene apariencia de fortaleza, sólo agraciada en su interior por capiteles florales, tímidos y escuetos. El que se encuentre alejada del camino de los peregrinos es una pesadumbre para don Tello y los vecinos. Los peregrinos nunca se desvían para visitarla, porque la verdad es que no tiene mucho que ofrecer en cuestiones de indulgencias. San Gundisalvus no posee reliquias como otras iglesias, acaso todavía más apartadas pero que deparan un sin fin de gracias y perdones. Con una santa reliquia podría hacerse una jira misericordiosa por las aldeas cercanas, y los pecadores y los enfermos se beneficiarían de sus propiedades milagrosas. Quizá algún rico, agradecido por un favor o ante la cercanía de la muerte, haría una donación generosa. Don Tello es un hombre piadoso y práctico. Sus aspiraciones son más bien modestas: no pretende el dedo de Santo Tomás, ni huesos de María Magdalena, ni una muela de San Juan Bautista, y mucho menos una muestra de la preciosa sangre del Señor, astillas de la Santa Cruz o un mechoncillo de los cabellos de la Virgen. Reliquias tan preciadas eran para templos y monasterios de gran categoría. Para San Gundisalvus, él se conformaría con el dedo o quizá la tibia de algún santo poco conocido; el antebrazo sería ya mucho pedir. Don Tello sale a recibir al visitante. Aparenta unos cincuenta años. Tiene el pelo canoso, greñudo; el rostro, curtido, arrugado, de persona muy expuesta al sol y los vientos; las manos, ennegrecidas. Su indumentaria —abarcas, sayo pardo, manto, todo muy desgastado— denota dejadez y pobreza. Las alforjas de la mula van repletas de cajas y bultos. “Buhonero tenemos”, piensa don Tello. El hombre saluda respetuoso. Dice que ha hecho muchas etapas largas y arriesgadas para llegar a la ermita de San Gundisalvus. —Traigo algo que os va a complacer —afirma. —Hijo mío, no tengo dinero para comprarte nada —repone suavemente don Tello. —Yo no vendo cosas, hago regalos —responde el otro con altivez. Y antes de que don Tello pueda salir de su asombro, el hombre explica: —Hace ya muchos años se me apareció en un sueño Santa Elena, que, como sabéis, encontró, en Jerusalén, la Cruz en que murió Nuestro Señor. Me anunció que yo estaba destinado, por mandato divino, a continuar la labor que ella había comenzado. Irás por el mundo en busca de santas reliquias y, una vez halladas, las entregarás a aquellos que más las necesiten para aliviar los sufrimientos de la cristiandad. Siempre en sueños recibo noticias de lugares y nombres, y nunca fallan. A don Tello, estupefacto, sólo se le ocurre preguntarle su nombre. —Los que han recibido mis sagrados presentes me llaman Reliquiero. El Reliquiero saca de las alforjas un bulto bastante alargado, envuelto en muchos trapos, y lo desenvuelve. Don Tello se queda horrorizado: es la momia de un niño. Va cubierta con una especie de delantal de color indefinido, hecho jirones y casi petrificado; en la cabeza tiene manojillos de pelo oscuro, lacio; lo que debió ser piel blanca, suave, tersa, es ahora cuero marrón amarillecido, estrujado como la corteza de un árbol; los ojos son dos puntos inconscientes que se fijan en la nada; la boca, abierta, atónita. “Por ahí se le escapó el alma”, piensa don Tello, incapaz de pronunciar una sola palabra. El Reliquiero deposita la momia en el suelo, sobre el montón de trapos, y refiere a don Tello su historia. En vida, el nombre del niño era Opropio, hijo de un matrimonio romano convertido a la fe de Cristo. Como tantos nuevos cristianos, los padres de Opropio fueron condenados a morir en el circo, pasto de las fieras. El muchacho, que tenía entonces diez años y que también se había convertido, quiso estar junto a ellos en el último y aciago momento. Pero los jueces romanos, considerando su edad, no lo permitieron. A los pocos días de la muerte de sus padres, Opropio contrajo unas fiebres malignas y, sin nadie que lo cuidara, pasó a mejor vida. Unas almas piadosas conservaron su cuerpo en una urna de piedra. Pasó el tiempo y el cadáver no se descomponía, a ojos vistas, un milagro. ¡El niño había sido un mártir a posteriori! Durante los primeros años del cristianismo el suceso fue bien conocido y el pequeño muy venerado. Pero después el tiempo gastó el recuerdo. Y la urna con el cuerpo de Opropio desapareció hasta que él la encontró intacta, oculta del ojo humano, en una antigua necrópolis, en las montañas de Asturias, junto con una lápida en la que se refería la historia del pequeño mártir. No había traído la lápida por el peso. Don Tello tiembla de emoción. La historia de Opropio le acongoja. Desdichada criatura. Pero al mismo tiempo no puede reprimir un íntimo júbilo del que acto seguido se avergüenza. El Reliquiero asegura que ahora es sólo cuestión de tiempo. Se correrían las voces del descubrimiento, las gentes vendrían a ver el cuerpo, ocurrirían milagros y la Iglesia canonizaría a Opropio —San Opropio, niño y mártir—, lo que ya de hecho había fructificado en la mente de los primeros cristianos. Él mismo, en el momento oportuno, podría dar fe del hallazgo y aportar la lápida. Además, en Roma tenía que haber documentos que probaran la veracidad de los sucesos. Don Tello no sabe qué pensar. ¿Qué diría el señor obispo? Los primeros mártires eran, desde luego, los que más se estimaban por ser los más cercanos en el tiempo a la Crucifixión; su poder de intercesión debía ser enorme. Pero... ¿y si todo esto fuese una superchería? Cavila. Por otra parte lo que le había traído la Providencia no era una simple reliquia; era todo el cuerpo milagrosamente conservado de un mártir, un niño inocente además. Como adivinando todos sus pensamientos, el Reliquiero habla del conocimiento de saber que se sabe algo, que algo significa mucho, que mucho de lo que se sabe es un gozo y a veces una duda. El Reliquiero se despide. Don Tello ensaya unas palabras apresuradas de agradecimiento. El hombre y la mula bajan ya por la vereda. Don Tello, con Opropio en sus brazos como si fuera un haz de leña, intenta decir adiós con una mano, mas su torpe saludo resulta inútil, pues sus ojos sólo confrontan la pedregosa vereda. Dentro de la ermita, don Tello decide instalar, por el momento, de pie y apoyado contra el fondo de una hornacina el envarado cuerpo de Opropio, lo que ya empezaría a darle un tono de imagen sagrada. Da unos pasos atrás y contempla su arreglo. Le parece adecuado. Pero no puede evitar un repeluzno. Han pasado dos meses, dos meses de muchos quehaceres y proyectos; también hay recompensas: los peregrinos acuden cada vez en mayor número, casi ya una romería. Hoy, con la ermita llena de fieles, don Tello se siente inspirado y determina echar un buen sermón que avive el recuerdo de las penas del Infierno. A través de uno de los ventanucos observa muy apurado que sus dos cabras están comiéndose las flores que alguien ha dejado sobre una tumba, en el cementerio de la ermita. “Malditas cabras, que Dios las confunda”, dice entre dientes. Tose, se yergue y predica: —Los castigos infernales son horripilantes y jamás se interrumpen, segundo tras segundo, minuto tras minuto, hora tras hora, día tras día, y así por toda la eternidad, por toda la eternidad. Don Tello, en sus sermones, siempre repite las cosas que él considera más vívidas por mor de la comprensión y el recuerdo. —Lucifer, recostado en su trono, que es la lápida de un sepulcro, contempla y dirige los tormentos. Tiene barbas rojas, tan rojas como las llamas que siempre arden en el Infierno, las llamas que siempre arden en el Infierno, orejas grandes como las de un conejo y cuernos retorcidos, entre los cuales lleva la corona que le proclama Rey del Mal. Su cuerpo es mitad hombre y mitad macho cabrío, muslos peludos y patas delgadas. De su boca repugnante no salen palabras, sólo berridos, sólo berridos. Las cabras pastan ahora en otra tumba. —Sus acólitos se le asemejan, y además poseen alas membranosas que les sirven para desplazarse fácilmente por todo el ámbito infernal y torturar a los condenados. En el Infierno, un antro interminable, con infinitas cavernas, agujeros nauseabundos y rocas negras y puntiagudas, la única luz es la del fuego eterno, la del fuego eterno. Y luego pinta una sucesión de tormentos inimaginables. Don Tello sabe leer y escribir con mucho esfuerzo, con el latín se hace a menudo un galimatías. Acaba de escribir en su diario de un tirón: “In nomine domini nostri Jhesu Christi et ego Tello Gómez y ayer domingo el octavo día del mes de abril y del año de gracia 1180 y di un sermón y la gente y mucha de ella peregrinos y en busca de indulgencias y me escuchó atenta y les describí los castigos infernales”. Muy ufano con su consignación, se dispone a decir la primera misa del día, que ahora celebra a la prima, demorada en atención a los peregrinos que se desvían de su camino para visitar la ermita. En la sacristía hace un frío de mil diablos. “Esta primavera es más traidora que Judas”, piensa don Tello. Se pone la casulla. Ya en el altar, advierte que hay un gran número de peregrinos —gracias a Dios y a la perseverancia de sus propios esfuerzos—; también una caterva de viejas devotas y varias mujeres jóvenes cubiertas con el recato debido, todas ellas rosario en mano, muchos campesinos, que esperan cosechas milagrosas por voluntad divina, más ahora con la intercesión de Opropio, y unos pocos mozos medio adormilados que vienen de mirones y que, cuando tengan los ojos abiertos, mirarán casi todo el tiempo hacia las mozas, a ratos hacia el oficiante. Ninguna novedad. Ya les ajustará las cuentas. Cuando concluya la misa, los fieles irán desfilando ante el altar para contemplar el cuerpo de Opropio, expuesto en una urna de cristal que don Tello ha mandado construir. El niño mártir, un manantial de consuelos y esperanzas. Está don Tello a punto de comenzar cuando de improviso se abre una de las hojas del portón y una bocanada de neblina gélida se entromete en la ermita. La confusa luz del día queda un momento menguada por la figura corpulenta del obispo —le reconocería en cualquier parte—, que entra acompañado de un diácono y se acomoda erguido en la tosquedad del último banco. El diácono se queda de pie, respetuoso, detrás del obispo. Don Tello, haciendo de tripas corazón, se encara con los presentes y dice con voz fuerte, pero no del todo segura: Oremus. ** Fernando Arrojo-Ramos f.arrojo@isp.com Escritor español (Madrid). Reside en Estados Unidos. Doctor en filosofía y letras por la Universidad de Connecticut (EUA, http://www.uconn.edu). Profesor emérito de literatura española y ex director del Programa de Literatura Comparada en Oberlin College (Ohio, EUA; http://www.oberlin.edu). Sus relatos se han publicado en diversas revistas literarias de España, México, Colombia y Francia. Muchos de ellos, traducidos al inglés, han aparecido en diversas revistas estadounidenses. En 2005 fue nombrado para el Premio Pushcart (uno de los más prestigiosos en EUA) por el cuento “Enigmas”. Autor asimismo de numerosos artículos de crítica literaria y ensayos culturales. === Poesía ligera para almas en desuso Miguel Ángel Zapotitla Pérez == A Magalí, por ahogarme en los suicidas mundos de la depresión y el desuso. *** Minuto diez y siete Yo podría pedirle al instante de luz que se quede, pero prefiero hacer que se erija sordo sobre mis labios que escuchan más palabras dichas por esto o aquello, en este lado del silencio con el que persigo a Magalí el resto de mis sueños. Aunque ella bebe de la vida de otro y yo me arrastro en el minuto diez y siete donde principia la mortal derrota que se mete en los ojos de mi madrugada. Y es que no pretendo ir a casa por ella, no me importa volar contagiado de las tres manos de mi alma. A mí, hoy solo me interesa olvidarme de los insectos que me invitan a ser mosca. Y tú magalí-mata bichos, eres la verdad de un yo-todo-roído ***** Pastoso evento elástico, cuento híbrido y desamparado, al que no es ni un suspiro en ti *** Alma en desuso I No sé de quién es esto otro que sobra y escurre cerca de los labios lentos que no salen a buscar luto. No lo sé, y por más que me esfuerzo no lo sé, pienso que estás y en realidad no, creo en los mundos hundidos y busco la llave maestra de las ciudades perdidas, la que sea de todos y me use, y me busque tras el patio. Los deshuesaderos en desuso de mi alma, el cuento, la historia, tú, ninguno; sólo hay más palabras, más bocas, más besos en otros, más luto... ¡Más luto! II. Detrás de tu ventana saltó el mediocre que esta tarde llora vestido de negro y no lo miras, es quizá invisible, es tal vez un enano aturdido y sin cuerpo, medio loco, fantaseando sus tres egos y convencido de que mi cabeza no está sobre los hombros. III. Qué esperanza es la de salir libre de mis vicios, estoy adherido al piso y mi anhelo duerme en el rincón fantástico de los espejos. === I ¿Cuántas mujeres más ordenaran mi muerte a los jueces del karma? ¿Cuántas más darán cuerda al reloj que marca mis horas hacía atrás? ¿Cuánto más caeré podredumbre de mis misterios o elevaré el cuarto donde vivo hasta el infinito volteado de cabeza? Luego, solo, desesperanzado, beberé el insomnio del universo perdido en un beso incierto, y vagaré en el vasto espacio que nadie ocupa desde ayer. II. Todo está herido y mis talones débiles, y mis sorprendidos alegatos conmigo mismo se vuelven el veneno en mi aire, martirizan este cenicero mortal. El fuego misterioso de las des-horas se escapa de mis añoranzas falsas, tan falsas como mis historias, tan falsas como el yo que presume su etéreo decir de cosas que no hacen falta a nadie. III. Con todo y él mismo arrastra su vida, la envuelve en sortilegios, la engaña y la arroja al mar; se pierde con ella amarrada a sus pasos... ¡Hasta el hartazgo de tanta mierda! *** Hoy tú I. Hoy desperté mediocre y cansado y triste y jodido. Tenía por la mañana un nombre rodeando mi boca, era como el beso que respiro a veces, cuando logro soñarte. II. Hoy reventó mi cuerpo, se gozó pálido de la vida ordinaria, se enroscó como armadillo... Hoy despertó mi cuerpo contigo en las venas y no tuve más ganas de hablar. *** Fragmentos para una noche con mucho sueño, poca luna y María envenenada I. Ya me cansé de escribir al revés, porque tengo mis manos atascadas de sapos, yo el gigante idólatra, el supuesto espectro sentado frente a un gran error. II. Llegó ahí mi pesada existencia, entró a la casa cobijada con tristeza, encontró enredados mis vicios en la sabana, y la vida creyó que soy color de invierno, o cualquier otra sonda contagiada de los lilas del humo de Eva. III. Llega alguien a la cama, la miro patidifuso, no le creo, es una mentira, se altera al verme triste, sirve vino tinto, desnuda su cuerpo. Me toca, quiebra el vaso de mi depresión un rato más tarde cuando llega la verdad. IV. Yo aquí aburrido y menguante, mejor me voy con los otros dos que soy. V. Magalí, que existe en gotas de dos décadas, es principio y fin de la guerra, de la solvencia en calma por enajenación del malo. VI. Tengo sueño, y cuando duermo soy tres. Y nadie más podría imitarme; soy el que escribe y por la tarde su debilidad mental le dicta algo desconocido a los mil que no existen. Soy entonces el que duerme, soy el que juega, y detesto el juego que hago para saber por qué soy, y le abro la puerta al mortal negro; y soy el otro, yo-tres, soy culpa, soy juego, soy sueño. El yo tercero confiesa su culpa, es el que no creo ser yo. Soy entonces, el último yo, el que murió en tu casa (Azazel). ** Miguel Ángel Zapotitla Pérez abismoazh@hotmail.com Escritor mexicano (1981). Licenciado en filosofía por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha publicado en revistas independientes de poesía, cuento y ensayo, tales como Vouyerismo Intelectual y La Parada Sociedad, proyecto fundado y dirigido por él. Imparte filosofía, taller de lectura y redacción y ética y valores en el Instituto Salvador Allende. |||||||||||||||||||||||||||||| EL BUZÓN ||||||||||||||||||||||||||||| === “Hasta que ardan las velas”, de Neida Bonnet de Mendonça ============== 5 de enero de 2007 Estimados señores: Tengo el agrado de dirigirme a ustedes, después de haber recorrido telefónicamente todas las librerías de Caracas y de haber recorrido casi toda la red, en búsqueda de una lucecita para ubicar el relato de Neida Bonnet de Mendonça, lo cual me ha sido “misión imposible” ya que al parecer nadie sabe nada de él. A través de la red lo único que pude encontrar al respecto fue su pequeña reseña sobre el premio obtenido por la escritora en su publicación del 18/09/06, Nº 148 (http://www.letralia.com/148/0902heliovera.htm), es por ello que tengo a bien molestar su atención con el objeto de encontrar alguna señal, por muy pequeña que pueda ser, que me oriente hacia mi objetivo, que no es otro que localizar este relato. Agradeciendo de antemano cualquier información que pudieran suministrarme sobre el tema tratado, Atentamente, Yazmin Scorza Bercegui yscorza@stanzione.com ||||||||||||||||||||||||||| POST SCRIPTUM ||||||||||||||||||||||||||| “En arte hay simplicidades más difíciles que las más intrincadas complicaciones”. Aldous Huxley, Contrapunto (1928). === Cómo publicar en Letralia, Tierra de Letras =========================== Antes de enviarnos algún texto para publicar en Letralia, le agradecemos leer nuestras condiciones de publicación. Usted puede verlas en el Web en http://www.letralia.com/tierradeletras/publicar.htm. Si lo prefiere, puede recibirlas por correo electrónico escribiendo un mensaje a info@letralia.com, con la palabra "Condiciones" en el subject, o simplemente dando un doble click de ratón en el enlace siguiente: mailto:info@letralia.com?subject=Condiciones. ########################################################################### El alojamiento de nuestra página web en http://www.letralia.com es cortesía de Abracaadabra Network (http://www.abracaadabra.net) Letralia, Tierra de Letras, es una producción de JGJ Binaria (http://www.letralia.com/binaria) y circula para el mundo de habla hispana desde Cagua, Venezuela ########################################################################### Atentos: nuestra próxima edición circula el lunes 5 de febrero de 2007