~~~~~~~~~~~~~~~ Año XII Cagua, Venezuela Nº 164 ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras ~~~~~~~~~~~ http://www.letralia.com ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ 21 de mayo de 2007 ~~~~~~~~~~~ 11º ANIVERSARIO ~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras, es ~~~~~~~~~~~ la revista de los escritores ~~~~~~~~~~~ hispanoamericanos en Internet. ~~~~~~~~~~~ Usted puede enviarnos sus ~~~~~~~~~~~ comentarios, críticas o material ~~~~~~~~~~~ literario a info@letralia.com ~~~~~~~~~~~ ~ * ~~~~~~~~~~~ ~~~ JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor ~~~~~~~~~~~ ~~~~~ Depósito Legal: pp199602AR26 ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ === Sumario =============================================================== | “Salud”, Jorge Gómez Jiménez. | Editorial | Ciencia ficción venezolana. / Amates y tepalcates. / | Breves Kanel en el Celarg. / Poesía en El Escorial. | | La Tierra de Letras saluda a la Tierra de Letras. “La | Material gente linda”, Gladys Abilar. / “¿Cuándo hallé el | especial territorio de letras?”, Beatriz Badaui. / “Mejores | tierras”, C. A. Campos. / “Cuando descubrí Letralia”, | Estrella Cardona Gamio. / “Un puente, un hogar, un | amigo”, Doménico Chiappe. / “La edad de los perros”, | Leopoldo de Quevedo y Monroy. / “45 grados al sur”, | Teodoro Frejtman. / “Alegre misiva para Jorge Gómez | Jiménez, creador y auriga de once prósperos años de | Letralia”, Luisa Futoransky. / “Parte de mi vida”, | Nesfrán Antonio González Suárez. / “Intraterrestres”, | Jorge Guitart. / “Letralia”, Nohemí Hinojosa Lizárraga. | / “Letralia imaginada”, Martha Beatriz León. / “Pequeña | anécdota para el festejo”, Patricia Lorenzo. / “Once de | Letralia”, Dixon Moya. / “Sorpresa familiar”, Carmen | Alida Méndez. / “Nacionalidad reasumida”, Julio César | Parissi. / “Prehistoria personal”, Rolando Revagliatti. | / “Carta al jefe de estación”, Angélica Santa Olaya. | | Crean en México el Premio de Poesía del Mundo Latino | Noticias “Víctor Sandoval”. / Fernando Vallejo renuncia a su | nacionalidad. / Iván Cabrera Cartaya gana el Premio de | Poesía Juan Ramón Jiménez. / Festival de literatura | erótica en Cuba renuncia al erotismo. / España publica | en Internet más de 20 millones de archivos históricos. / | La peruana Blanca Varela gana el Premio Reina Sofía de | Poesía. / Celebran en China coloquio sobre poemario de | Wilfredo Carrizales. / Premio Fernando Lara para Jesús | Sánchez Adalid. / Juan Marsé preside el jurado del | Premio Tusquets Editores de Novela. / Inauguran IV Feria | Internacional del Libro de Panamá. / Falleció la | escritora venezolana Elizabeth Schön. / Editorial cubana | rescatará literatura infantil de América Latina. / | Presentarán en Madrid novelas de Isaac Goldemberg. / | Congreso de Escritores “Literatura Viva” celebrarán en | Salta. / Expondrán en Ciudad de México fotografías de | Juan Rulfo. | | “La lección de Andrés Bello”, Manuel Cabesa. / “Por los | Artículos y caminos del Homosapiens”, Manuel Zapata Olivella. / | reportajes “‘Entre paréntesis, amor’, de Rolando Gabrielli. Del | poeta nació el amor, que creció y se hizo poema”, Fedor | García Luna. / “Los descendientes de Babel”, Daniel | Navarro. / “Crítica a la biología pura”, Miguel A. | Schmucke P. | | “Evelio Rosero Diago: Desde la paz preguntan por | Entrevistas nosotros”, John Jairo Junieles. / “Leonardo Maicán, un | narrador apasionado por la historia: ‘El escritor es un | cronista de su época’”, Rafael Ortega. / “Efraim Medina | Reyes: ‘Mi mayor fracaso es no tener un hijo’”, Juan | Ensuncho Bárcena. | | “Retorno al problema del anonimato”, Musa Ammar Majad. / | Sala de ensayo “Papel de Estraza siglo XX: la poesía de Zoila M. Cuevas | Paralizábal”, Juan Carlos Hernández Cuevas. / “Una | transformación inconclusa”, Giovanni González Arango. / | | Poemas de Leonardo Hernández Cala. / “El olor de las | Letras nubes”, Sergio Llorens. / Poemas de Jenny Levine | Goldner. / “Destiempo (Nuestra casa era un nido, donde | las aves solían no encontrarse)”, Piera Pallavicini. / | “Manhattan en la caverna”, Dinapiera Di Donato. / Tres | relatos de Roger Ferrer Ventosa. / “Seico de versos | hipotéticos”, Adriana Lamela. / “El Valle de Virginia”, | María Elvira González. / “Poema para María”, Nuño | Aguirre de Cárcer. / “Y todo por el merengue”, Paula | Winkler. / “Cabalística” (extractos), Ulises Varsovia. / | “Tarde en la Neue Pinakothek”, Anda Butoiu. / “Desecho e | izquierdo”, Rolando Revagliatti. / “El cuento póstumo”, | Usbaldo Volcán. / Poemas de Graciela Rodríguez Sena. / | “Un caso de celos”, Ricardo A. Halperin. | | Antonio Gala. | Post Scriptum | =========================================================================== Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Año http://www.geocities.com/SoHo/8753 =========================================================================== Premio "La Página del Mes" de Internet de México el 3 de mayo de 1998 http://www.internet.com.mx =========================================================================== Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998 http://www.megasitio.com =========================================================================== Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999 http://www.redchilena.cl =========================================================================== Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999 http://www.fortressdesign.com =========================================================================== Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999 http://www.exodusltd.com =========================================================================== Premio Mejor Página de Poesía, de La Blinda Rosada, en julio de 1999 http://blindarosada.org.ar =========================================================================== Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Para suscribirse a Letralia, envíe un mensaje vacío a: letralia-subscribe@gruposyahoo.com Para desuscribirse, envíe un mensaje vacío a: letralia-unsubscribe@gruposyahoo.com También puede formalizar su suscripción o su desuscripción en un formulario visible en nuestro sitio en el Web: http://www.letralia.com/herramientas/listas.htm Ediciones anteriores: http://www.letralia.com/tierradeletras/archivo.htm ||||||||||||||||||||||||||||| EDITORIAL ||||||||||||||||||||||||||| === Salud Jorge Gómez Jiménez ======================================== En cada aniversario de Letralia nos gusta, después de la publicación de la edición correspondiente, reunirnos con amigos a rendirle tributo al vicio de la memoria. A lo largo de estos once años han sido muchas las historias de buen y mal talante que se han cobijado bajo la piel arenosa de la Tierra de Letras, y ya es inevitable hacer un balance de todo ello disfrutando los buenos recuerdos y aprendiendo de los malos. Hace once años no queríamos siquiera asegurar nada, como declaramos en nuestro primer editorial (http://www.letralia.com/01/index.htm#edit.htm). ¿Qué paso en firme podíamos dar entonces? Letralia era apenas un sueño, una aldea de veinte casas de barro y cañabrava, una idea que se alimentaba de la insolencia de nuestra juventud y del entusiasmo de tener a nuestro alrededor a una docena de suscriptores primigenios. Hasta la forma como accedíamos a Internet era un catálogo de procedimientos artesanales y engorrosos que, por fortuna, buena parte de nuestros lectores actuales no llegaron a sufrir. “Tan sólo anunciaremos que nuestra intención es apoyar a la literatura como arte, sin mayor complicación y sin el absurdo del compromiso”, decíamos en ese primer editorial, y era una suerte de disculpa por nuestro atrevimiento de querer publicar, en un medio entonces considerado frío, lo mejor de la literatura desconocida en español. No sabíamos por aquellos años que el aliento nos alcanzaría para tanto y que el otrora frío medio que habíamos escogido para darle cauce a nuestras ideas se convertiría en uno de los escenarios más importantes para la difusión del trabajo de los escritores hispanoamericanos. Como en toda edición aniversaria, la que usted está leyendo en este momento es un alto en el camino para apreciar cuánto hemos avanzado. Es por ello que hemos querido ofrecer a nuestros lectores una serie de historias de algunos de los autores que, durante poco más de una década, nos han ayudado a soñar este sueño. Nuestro especial de aniversario, “La Tierra de Letras saluda a la Tierra de Letras”, está compuesto por el testimonio de varios viajeros que, tras vagar por los inconmensurables océanos de Internet, echaron anclas en Letralia y se sentaron con nosotros alrededor del fuego. Once años después de su primera edición, Letralia puede desprenderse de la modestia y ostentar su más de centenar y medio de ediciones, sus libros digitales, su presencia como enlace en más de trescientos mil recursos a nivel mundial y, lo más importante, el trabajo sostenido que nos ha permitido reunir en un solo lugar las letras y el bagaje de más de mil trescientas personas que expresan sus sueños en español. Es con ellos, y con los miles de lectores que nos han seguido todos estos años, con quienes esta noche compartiremos el calor, el cielo y la tierra de la Tierra de Letras para alzar nuestras copas y, prestos a la ebriedad, brindar al unísono: ¡Salud! Jorge Gómez Jiménez, editor http://www.letralia.com/jgomez ||||||||||||||||||||||||||||||| BREVES |||||||||||||||||||||||||||||| Ciencia ficción venezolana. El número 15 de Erídano, la serie de libros digitales de la revista de ciencia ficción Alfa Eridiani, presenta a sus lectores la antología Lo mejor de la ciencia ficción venezolana, en línea desde el pasado 14 de mayo. La lista de autores incluye a William A. Trabacilo, Susana Sussmann, Ermanno Fiorucci, Iliana Gómez Berbesí, Jorge de Abreu, Julio Nicolás Camacho, Marcos Molero, Ronald R. Delgado C., Juan Carlos Aguilar y Jorge Gómez Jiménez, todo con ilustraciones de Juan Raffo. La antología se distribuye en forma de un archivo .pdf de 84 páginas y poco más de 2 Mb. Erídano es una iniciativa del editor de Alfa Eridiani, José Joaquín Ramos, nacida de la necesidad de reunir textos de largo aliento en volúmenes unitarios, y se inició con Extraño Buenos Aires, una colección de cuatro cuentos de Franco Arcadia. En Erídano se ha difundido la obra de diversos autores, y algunos números especiales han reunido a varios de los exponentes de la narrativa de ciencia ficción en los países hispanoamericanos como Cuba, Colombia, Perú, Argentina y ahora Venezuela. http://dreamers.com/alfaeridiani/marcos/eri15.html Amates y tepalcates. Los amates son pinturas realizadas en amate, que es un nombre derivado de la palabra amatl que en el idioma náhuatl significa papel. Dicho papel sigue siendo elaborado conforme a la técnica prehispánica y sobre él, los artesanos plasman motivos florales, aves y animales estilizados, así como escenas de fiestas y la vida cotidiana. Los tepalcates son literalmente pedazos de piezas de barro y por extensión objetos de ese material y cerámica, mucha de ésta muy apreciada tanto en México como internacionalmente. La muestra “Amates y tepalcates”, de artesanía popular mexicana, será inaugurada este martes 22 de mayo a las 7:30 de la noche en el Espacio Cultural “Pedro Páramo” de la Embajada de México (España y San Rafael) en Asunción, Paraguay. http://www.embamex.com.py Kanel en el Celarg. En el marco del Ciclo de Expresiones Musicales que desarrolla el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), este martes 22 se presenta, a las 8 de la noche, la agrupación musical Kanel, en un concierto que tendrá como escenario la Sala de Teatro 1 de la Casa de Rómulo Gallegos, en Altamira (Caracas). Kanel fue fundada el 3 de agosto de 2002 y es una agrupación de estilo antillano contemporáneo, especialista en el reggae, compás y música caribeña, aparte de contar con un gran repertorio de versiones de músicos como Bob Marley, UB 40 y Alpha Blondy, entre otros. Kanel está dirigida por Adely Jeune, quien además es tecladista, y en sus filas se encuentran también Jean-Guyvens Domoni, Peter Oliver, Frantz Möíse, Camille Chery, Álvaro Parra, Estival Jean y Manuel Barrios. La entrada oscila entre 15 y 20 mil bolívares. http://www.celarg.org.ve Poesía en El Escorial. Del 25 al 30 de junio se dictará en Madrid el curso “Poesía: escribir y decir”, que será impartido por los escritores Ana Rosetti y Enrique Gracia Trinidad con la colaboración de Ruth Gabriel, actriz, y Andrea Navas, actriz y dramaturga. El curso está destinado a personas que empiezan a escribir poesía o para quienes, ya teniendo experiencia, desean profundizar en diversos aspectos de la escritura poética. Contendrá sesiones teóricas y prácticas y los asistentes recibirán material con información sobre técnica poética, ejemplos y otros datos de interés para escritores. También se impartirá técnicas para mejorar la voz, la pronunciación y la lectura en público, así como de entonación, trucos y habilidades para lecturas y recitales, la respiración, las notas y el lenguaje no verbal. El curso se realizará en la Casa E. San José (Av. Reyes Católicos 12, El Escorial) y la matrícula incluye desde la cena del día 25 hasta el desayuno del día 30. El precio del curso es de 450 euros e incluye el derecho a asistir y a recibir materiales, además de hospedaje en habitación doble. Para quienes deseen habitación individual hay plazas limitadas a un costo de 485 euros. Hay facilidades de pago. graciatrin@yahoo.es ¿Quiere publicar una nota en este espacio? Envíenosla por correo electrónico a breves@letralia.com. === ¿Le interesa estar informado sobre concursos? ========================= Reciba por correo electrónico los anuncios vigentes de concursos literarios y artísticos en general suscribiéndose a nuestra lista de distribución. Todo lo que tiene que hacer es enviar un mensaje vacío a letralia-concursos-subscribe@gruposyahoo.com, o visitar nuestra cartelera de concursos en http://www.letralia.com/herramientas/concursos.htm. Si desea enviarnos las bases de un concurso, escríbanos a info@letralia.com ||||||||||||||||||||||| MATERIAL ESPECIAL ||||||||||||||||||||||| ||||||||| LA TIERRA DE LETRAS SALUDA A LA TIERRA DE LETRAS ||||||| El 20 de mayo de 1996 circuló la primera edición de Letralia, Tierra de Letras, que fue recibida en los buzones electrónicos de doce suscriptores primigenios. Hoy, a once años de camino, con miles de lectores en todo el mundo y reconocida como una de las publicaciones líderes en su género, Letralia se saluda a sí misma: un grupo de escritores, llegados a la Tierra de Letras en diversos momentos de su historia, comparten con nuestros lectores cómo ha sido su experiencia letraliana. === La gente linda Gladys Abilar ===================================== Querido amigo: Quiero expresarte mis más sinceras felicitaciones por los 11 años de Letralia. Esto no hubiera sido posible sin tu empeño, tu talento y esa virtud que tienes de convocar a la gente linda. ¡Adelante! ¡No pierdas nunca el entusiasmo! === ¿Cuándo hallé el territorio de letras? Beatriz Badaui ============ Imprecisiones de la memoria aconsejan no dar una fecha. Sí recuerdo que buscaba a determinados autores por Internet. Y encontré Letralia. Abrí la revista y después de varias lecturas supe que iba a volver siempre; como vuelvo al chocolate, a la menta, al sol (mis adicciones). Busqué y encontré reglamentos de concursos, temas variados y una gran cantidad de escritores amigos, también conocí a otros que me gustaron y seguí informándome en otros sitios sobre ellos. Advertí que el material estaba seleccionado, entonces quise pertenecer a ese lugar y, audaz, lo intenté. Me agradó, Jorge, que incluyeras mis sonetos, mi poesía en general es libre, pero como no me agrada discriminar también escribo sonetos y además porque me gusta hacerlo. Cuando recibo Letralia la reenvío a algunos lugares, es así como mi amiga Ana María Rodríguez Francia también entró a formar parte del territorio de letras, y cómo no iba a estar presente con su apoyo incondicional y su generosidad, el diario El Norte, de San Nicolás, enlazando los nombres de las dos amigas y el de Letralia en el Suplemento Cultural de su valioso papel que ya cumplió 80 años. Jorge, esta heredad de letras que durante once años aumenta su caudal merece seguir cumpliendo aniversarios con los faroles del mundo encendidos y todos, a tu manera, tendremos que decirte: ¡salud! === Mejores tierras C. A. Campos ===================================== Mis habichuelas en Letralia yo he sembrado, en ese conuco que de comer da a ricos y pobres, niños y adultos, a extranjeros y conocidos. Las he sembrado allí, en mejores tierras, para su fruto no echar a perder, para que de la mala yerba se libren, de mi gramática. En Letralia, en esa América... === Cuando descubrí Letralia Estrella Cardona Gamio ================== Creo que fue en el año 2000, por casualidad mientras navegaba por Internet, y el encuentro constituyó un auténtico flechazo, cuyos efectos aún perduran; me enamoré de Letralia poniéndome acto seguido en contacto con Jorge al que pedí que me suscribiera a sus boletines, pero la dicha duró poco porque cuando menos lo esperaba Letralia desapareció de la red con gran decepción por mi parte. La empecé a buscar sin ningún resultado; cada vez que descubría la palabra “Letralia” en algún buscador pinchaba saliéndome entonces aquella advertencia en inglés que te informa que no está la página que te interesa, y así durante meses primero y luego años, y yo sin perder la esperanza..., contra toda lógica, hasta que finalmente un día, también por casualidad, leí que a alguien le habían publicado un relato en Letralia, pinché... ¡Y era Letralia de verdad, la antigua y querida Letralia resucitada! Como es de suponer, escribí inmediatamente y Jorge respondió, el resto es historia entre la revista y yo, un cuento publicado, “Será una vez...” y, mucho después, mi participación mensual en Ciudad Letralia con artículos sobre diversos temas de interés cultural. ¿La anécdota que puedo contar?, pues que yo creía en un principio que Jorge Gómez Jiménez era un señor mayor, pasada la cincuentena, que se dedicaba a su revista virtual como hobby, y un buen día al contemplar su foto en Letralia recibí la gran sorpresa porque el retratado era un hombre joven que aún no había cumplido los 40. Se lo conté e imagino que en la distancia nos reímos los dos de mi equivocación, yo en el futuro y él en el pasado por aquello de la diferencia horaria. Lo importante es que Letralia ya ha cumplido sus primeros 11 añitos de vida a los que espero sigan muchos, muchos, muchos más, para satisfacción de todos los que componemos esta inmensa familia letraliana. ¡Feliz aniversario! === Un puente, un hogar, un amigo Doménico Chiappe =================== Ahora que me separa de Venezuela mucho más que una masa de agua, mucho más que la distancia salvable con una oferta de Santa Bárbara, frecuento un puente que se tiende entre mi salto al vacío y las letras latinoamericanas: Letralia. Para mí Letralia es un hogar, un espacio para la intimidad, donde coexisten mis esporádicas colaboraciones con otros textos verdaderamente buenos y sesudos, que dan a los libros una mirada que trasciende las decisiones empresariales y el canon. Es un hogar que viene a mí, que me espera en mi correo electrónico. Es el hogar de Jorge, que ha empeñado más de media vida en levantarlo con sólidos cimientos. A Jorge, su padre y constructor, nunca le he estrechado la mano. Ya me gustaría brindar con él, en Cagua o Madrid, por la salud de Letralia, que coquetea con la pubertad. Decirle que me siento afortunado de verla crecer. El océano está ahí y yo estoy lejos de la costa. Y los aviones de Santa Bárbara vuelan tan saturados de pasajeros que hace mucho tiempo que la compañía no vende de aquellos pasajes baratísimos. Recurro al puente, otra vez. === La edad de los perros Leopoldo de Quevedo y Monroy =============== Cuando conocí a Letralia, vino a mi mente un mundo de letras, un torbellino de recuerdos gratos. De un compañero de juventud, venezolano amante de la literatura, Félix Primitivo Sánchez. Creo que después de salir del seminario claretiano donde nos conocimos, fue diputado de ese país hermano. Con él fundamos en Zipaquirá, una tertulia literaria que llamamos “Academia de la Lengua”. Escribíamos y nos criticábamos, pero él era la voz cantante. Hoy es Jorge Gómez, otro venezolano quien me mantiene en vilo con las letras. Nos muestra otro mundo lleno de palabras. Y letras, a veces duras, a veces irónicas, a veces —las más— nos trae deliciosos textos sobre eventos, apariciones de libros. Su pluma es fluida, fácil, moderna, refinada, sin caer en expresiones desobligantes. Como todo un editor responsable, sabedor de que su ejemplo dará la talla de su revista. Once años en el arte habrá que contarla como la edad de los perros. No se pueden contar como días calendario, como años corrientes. Trasegar en el arte es tarea difícil y de mucho cuidado y paciencia. De manera que contemos por siete cada año y alegrémonos por las ganas y por estar vivos. Y por cargar en la red esa cantidad de peces llenos de vitalidad. ¡Felicitaciones! === 45 grados al sur Teodoro Frejtman ================================ El imán de la vital Letralia, en su oncena cumpleañera, atrae mi vector rioplatense en esta tarde de garúas, tan otoñales como persistentes. No sé qué tienes, Letralia, para que yo haya decidido emprender este viaje hasta tu vera y tu paisaje de cerros y de verdes, si no he transitado más que unas pocas veces tus poéticas callejuelas gomezjimenezcas, noctámbulas de prolíficos internautas hispanoparlantes. Desde este sur de lo fraterno vale la pena dejar fluir el abrazo celebratorio por haberte sumado a la nómina de esas cosas, cuyos nombres que me acercan a tu país. Si me dicen “Venezuela”, se apretujan y arremolinan desordenadamente, desde mis oídos hasta mi frágil memoria sesentona, los Úslar Pietri, desde un Barrabás que sigue enhiesto o los Sucre libertarios de Ayacucho, la majestuosa belleza de tantas misses universales propias o el inigualable reservorio energético del estratégico oro negro, la inédita reciente victoria caraqueña en el mismísimo Monumental de Núñez o la hermandad de la espuma, de las garzas y las rosas, hecha joropo migrante y eterno, sin omitir, por supuesto, al gran prócer fallecido en Santa Marta, sin trenes ni tranvías. Y aquí estoy, desde 45 grados al sur de tu geografía, ascendiendo por mi meridiano personal con las amistades arrobadas de mi mochila de mayo, para acceder al balcón de tu propuesta, simplemente para descargar mis augurios, tan erguidos como contagiosos, tan frontales como sinceros, tan límpidos como musicales. Muchas gracias, Cagua, por custodiar a Letralia, por albergarla y protegerla de las inclemencias y de las tentaciones. No la abandones nunca y, si lo recuerdas, el domingo 20 despiértala tempranito con once tironcillos de las orejas, como hacemos por estas latitudes. === Alegre misiva para Jorge Gómez Jiménez, =============================== === creador y auriga de once prósperos años de Letralia =================== === Luisa Futoransky ====================================================== Gracias por habernos dado un espacio en la red que nunca bajó de nivel sino que por el contrario con el transcurrir de la aventura se y nos enriqueció. Gracias por la generosidad de la acogida y el diálogo. Gracias también por posibilitar a los letralianos que seguimos con entusiasmo la publicación facilitarnos el cumplimiento del bíblico mandato de creced y multiplicaos. Jorge querido, abrazo, salud y los más calidos augurios de Luisa Futoransky. === Parte de mi vida Nesfrán Antonio González Suárez ================= En mi universo literario, Letralia pasa a conformar, desde hace tres años hasta el día de hoy, un triunvirato de actualización junto con los suplementos Papel Literario de El Nacional y Contenido del diario El Periodiquito. Es una ventana que te permite mostrar a un mundo sin fronteras los trabajos que nacen por la afición y el gusto por las letras; claro está, la primera vez que envié mis primeros poemas a la revista esperé por varios meses la aparición de los mismos (pensé que habían sido descartados), pero el producto final colmó mis expectativas. Luego vino el contacto personal con Jorge Gómez, persona amable y receptiva con la que puedes pasar horas hablando de literatura. Letralia ha pasado a formar parte de la vida de cada amante de las letras que aprovecha el ciberespacio para conocer y darse a conocer, no me queda más que felicitar a Jorge por tan loable labor desempeñada en estos 11 años. === Intraterrestres Jorge Guitart ==================================== Querido Jorge, Espero que todo el mundo se sienta tan intraterrestre como yo en nuestra Tierra de Letras, nuestra Letralia. Felicidades y gracias. === Letralia Nohemí Hinojosa Lizárraga =============================== Di con Letralia por casualidad. Leí un artículo de la Revista Año Cero, que es de las favoritas de uno de mis hermanos y que hojeo para enterarme de cosas que en realidad nunca he comprendido. Como los fantasmas, los aparecidos, las supersticiones, los horóscopos, las cábalas y demás temas circunvecinos. Un artículo me llamó la atención. El uso del sufijo “alia” para señalar lugares. Así mencionaban “Numeralia” para referirse a los números, “Vegetalia” para señalar sitios para vegetarianos, y de pronto pensé: ¿y si existiera Letralia? Así que esa noche tecleé la palabra y encontré la Tierra de Letras. He de confesar que me sentí un poco triste pues me sentía que había inventado el hilo negro al descubrir “mi” palabra, pero nada, resultó que la revista ya estaba lo suficientemente acreditada como para reclamar autoría por el vocablo. Entré sólo un rato al site para quedarme casi hasta el amanecer. Leyendo artículos, viendo los links y sobre todo enterándome de los concursos. Sentí que había aterrizado al sitio seguro que había anhelado sin saber que existía. Desde entonces Letralia es una de las páginas obligadas y favoritas. Leyendo a mis compañeros, celebrándolos, la cobardía crecía a la par de la admiración. Quise entonces enviar algo de mi material para ver si era digno de ser publicado. Me tomó más de dos años animarme a vencer la pantalla en blanco y por fin enviar ese mail que me pondría en el tocadero; no lo hice jamás. Tenía miedo de ser rechazada, criticada. La perspectiva de fracaso ofrece seguridad, una zona de confort. También tenía miedo de ser aceptada. Cómo pesa vencer la inercia de la inactividad. Cómo pesa intentar. Escribo cuentos. Narro episodios de mi vida. No suelo leer poesía. Ni tampoco solía escribirla. Hasta que un día me topé con microhistorias que no cumplían la estructura de los cuentos. Esto es un poema, me dijeron mis compañeros del taller de escritura. Quería una crítica objetiva, de alguien experto que no me conociera. Que no hubiera leído mi narrativa. Que no supiera nada de mí. Entonces volví a abrir el link de Letralia, “Cómo publicar”. Y dije, ¡va que va! Y les envié cuatro de mis poemas. El tiempo de espera fue una dulce agonía. Me van a refrendar mi falta de talento. Esperaba por respuesta un e-mail indicándome todo lo que a mi poesía le hacía falta para llamarse como tal. Esperaba la crítica más corrosiva y aleccionadora. Sin duda, aprendería algo de esta experiencia. Y pues nada, que recibo el mail que me indica que mi material había sido aceptado. Mi sorpresa no pudo ser más grande. Yo, que pensaba era puro cuento, me abría paso en Letralia con poemas. La publicación, además, coincidió con el cumpleaños de mi sobrino el más pequeño. Júbilo total en la familia. Júbilo en mi fuero interno. El universo entero derramó confeti sobre mi lacio transcurrir cuando vi publicadas mis letras en tu página web, Jorge, y hoy, que cumples once años en esta labor, es mi deseo que sientas lo mismo y sobre de ti, además de aplausos, el universo derrame montones de confeti multicolor. === Letralia imaginada Martha Beatriz León =========================== Ya viviendo en Estados Unidos, a donde llegué hace más de diez años, me encontré, gracias a las cualidades literarias de otro miembro de la familia con Letralia, esa maravilla digital. Sentí vergüenza de no haber sabido nada de ella mientras viví en mi país y me encantó que se editara en Cagua, al fin y al cabo siempre he tenido nexos con el estado Aragua y su gente. Después de hacer una revisión profunda de su formato, leer sus Letras —mi sección favorita— por vez primera y encontrarme con un fino y delicado trabajo que no deja nada al azar, traté de imaginarme el taller donde se produce. Al menos un buen pero muy buen equipo de computación y sus correspondientes periféricos, impresoras de lujo, scanners y la más confiable conexión disponible a Internet en una amplia oficina cuyo ruido de fondo habría de ser el rumor de un aire acondicionado y quizás buena música en ocasiones, todo interrumpido por el ruido incesante del teléfono o las charlas del grupo editor. ¿Y el personal? Un diligente equipo de asistentes editoriales —posiblemente estudiantes universitarios de letras o cualquier rama de humanidades, escritores en ciernes, lectores— y un afable editor, experimentado y canoso pero como comandante de barco, ya que un esfuerzo así requiere una mano firme. A él no sólo le correspondían las decisiones más trascendentales de la publicación, sino que jamás él perdería su tiempo leyendo cualquier colaboración que le enviase un escritor advenedizo, como me considero yo. Y las cosas de la vida hicieron que, más pronto que tarde, me atreviese a mandar un intento de colaboración —parece que no sabe nuestro Jorge que es él el que colabora con el ego de uno cuando las acepta— después de leer y releer las condiciones, de sopesar el escrito, de asegurarme que nada estaba mal decido ni mal escribido. Meses de incertidumbre me dieron la respuesta anhelada, a los que siguieron otros en espera de la edición donde “Catorce”, mi primera publicación aparecería. Por supuesto mi idea de la oficina de redacción ideal se reafirmó, así como mis deseos de escribir y mandar más obras ego-estimulantes. No quiero quitarle la ilusión al que se imagina la creación de Letralia de esa manera, quizás con ligeros matices. Pero los que hemos ido más allá del correo electrónico para acercarnos a La Tierra de Letras y su creador sabemos que no hay condiciones ideales, que es un esfuerzo titánico que tomamos por descontado, que involucra, si bien la satisfacción de llevar a cabo un sueño y la elaboración de un producto de alta calidad, mucha dedicación y recursos diversos. Quiero la Letralia imaginada y sé que la mayoría de los que la seguimos también. No sólo para que no caiga en el peso del mundo real con su vulgaridad y falta de medios de expresión de verdadera cultura. La verdad es que merece darle su lugar como Patrimonio Digito-Cultural Iberoamericano, término que estoy inventando pero que considero bien merecido para la primera revista literaria iberoamericana de importancia que se paseó por el mundo electrónico. === Pequeña anécdota para el festejo Patricia Lorenzo ================ En el año 2002 comencé una Maestría en Literatura Latinoamericana en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y buscando autores y textos en la red aparecí en Letralia... y me quedé. Se convirtió en figurita de intercambio y recomendación para mis colegas. Mucho más tarde me animé a enviar algunos de mis textos, que fueron publicados. Ahora es lugar de consulta y tema de conversación con mis alumnos. ¡Gracias, Jorge, y gracias a los demás letralianos! Estoy en una tierra de la que no deseo salir. === Once de Letralia Dixon Moya ====================================== Letralia cumple once años en su recorrido editorial, convirtiéndose en medio de expresión para escritores y aficionados a la literatura, como el suscrito, pero también siendo grata compañía de los lectores de ojos cuadrados, los de esta generación transeúnte entre las postrimerías del siglo XX y el inicio del tercer milenio. Lectores que en vez de mojar el dedo para pasar la página, han aprendido a leer en la pantalla, pulsando el ratón. La misma generación “sándwich”, definida por sociólogos, psicólogos sociales y periodistas como aquella que está atrapada entre dos miedos, el miedo ancestral a los padres y el miedo hacia los hijos. Once años me hace pensar que somos más viejos y no necesariamente más sabios, menos osados pero igual de imprudentes. En todo caso, algunos llegamos al punto de contar canas y otros a descontar cabellos. Mi vínculo con Letralia no fue desde su comienzo, no hice parte de esos doce “apóstoles” que siguieron a Jorge Gómez, ese “profeta cibernético”, quien en buena hora unió las letras con los circuitos. Sin embargo, coincidencialmente, hace once años iniciaba mis labores como diplomático de carrera, luego de salir de la Academia de San Carlos en Bogotá. Cuatro años más tarde me encontraba en Venezuela, mi primer destino, viviendo en una ciudad milagro, forjada en medio de la selva y la sabana. Una ciudad de múltiples identidades, conocida generalmente como Puerto Ordaz, aunque su nombre oficial sea Ciudad Guayana. Estando en esa urbe fundida en acero, anclada sobre el macizo más viejo del mundo, el Guayanés, al abrigo de cascadas eternas en parques naturales como La Llovizna y Cachamay, un día envié a cierta página literaria encontrada por casualidad, un artículo sobre José Asunción Silva, el gran poeta bogotano. Silva, santo patrono de los malos comerciantes y buenos poetas, quien estuvo en Caracas como diplomático ocasional y vería naufragar sus mejores páginas en un barco que regresaba a Colombia. La primera vez que me leí, con sincera emoción debo decir, fue en el año 2000, desde entonces, con la relativa frecuencia que permite mi trabajo, he intentado preservar el vínculo con Letralia, una entrañable editorial, a cuyos responsables, concretamente a Jorge Gómez, deseo un feliz aniversario y muchos años más de existencia. El número once, el cual puede verse como dos lanzas que apuntan al cielo, es similar a la vida misma, empieza con uno y termina con uno. Los seguidores de la numerología, aquellos que piensan que nuestra existencia está fundamentada sobre una compleja arquitectura matemática, catalogan al once como un número maestro, una cifra de visionarios, aplicable a quienes desean descubrir secretos en los astros, los sueños, o quizás en el laberinto del alfabeto. Once es un número especial, no en vano, el deporte más bello del mundo, el fútbol, enfrenta a equipos compuestos por once jugadores. Que las dos lanzas erguidas, sean símbolo de constante éxito. ¡Salud! === Sorpresa familiar Carmen Alida Méndez ============================ Querido amigo: Es bueno tener la oportunidad de compartir con tus letralianos la última anécdota que he vivido en este mundo virtual. Hace varios domingos recibí una llamada telefónica de la tía Nena para participarme que mi primo Aquiles, estrenando Internet en su casa, se dedicó a buscar los nombres de la familia. Y cuál no sería su sorpresa al encontrarme como poeta en Letralia, pues él sólo me conoce como vendedora de inmuebles. Así como el primo, varias personas han hecho contacto. Recibe mi afecto, un gran abrazo y ya prepararemos el bonche por esos 11 años y los del editor. === Nacionalidad reasumida Julio César Parissi ======================= No recuerdo de quién fue la recomendación, pero sí me acuerdo que un día entré en Letralia y me encontré con una página literaria hecha a mi medida. Lo primero que me capturó fue el diseño (¿una imagen vale más que mil palabras?) y luego sus textos, y ambos me convirtieron en un frecuentador habitual del sitio. Me da placer la lectura de buenos trabajos de ficción como también las noticias importantes de nuestra lengua. En cierto año gané un premio en Francia pero, como resido desde hace treinta y siete años en la Argentina, a pesar de ser uruguayo pasé a figurar como argentino, por lo menos para la gente que me dio el premio. Tengo hijos y nietos argentinos, por lo tanto no me disgusta esa confusión, porque vivo con agrado en este país. Pero me puse a razonar que los uruguayos podrían suponer que renegaba de mi origen, y en ese orden les pedí a Radio Francia Internacional la rectificación. La cosa no era sencilla: ellos también tienen la desorganización que siempre le achacamos a los sudamericanos, y no hubo manera de que se arreglara el error. Además, ese error se había divulgado por otros sitios que tomaron la noticia. Algo parecido sucedió en otro sitio literario donde yo figuré, por un tiempo, como ¡norteamericano! De todas estas confusiones vine a salir por el lado de Venezuela. Como se dice habitualmente, de los laberintos se sale por arriba, ergo, si vivo en el Río de la Plata era menester salir por el Caribe. En Letralia, nuestro excelente Jorge colgó mi cuento y, junto a él, mi nacionalidad verdadera. Para los que entren en Letralia no soy ni argentino ni norteamericano, soy uruguayo. Sólo me queda una duda. Espero que esta rectificación sirva para esclarecer y no para que alguno, frecuentador de la web, diga: “Pero, al final, ¿de dónde es este tipo?”. Felicitaciones, Jorge, por tu labor. Un afectuoso abrazo. === Prehistoria personal Rolando Revagliatti ========================= Letralia ocupa para mí un lugar apenas sí compartido por otros dos o tres sitios web. En efecto, Jorge, ha sido cuando todavía yo renegaba de la cibernética, cuando me negaba a transar con ella y hasta a comprenderla, que se produjo la publicación allí de textos narrativos de mi autoría. Ignoro, en verdad, cómo te habían llegado. Si por vía postal y a través de mí o si por vía electrónica y a través de algún amigo. Esto último que ahora establezco, me consta que había acontecido en aquellos años. En fin, en Letralia se inscribe mi “prehistoria” como autor en la red. Un abrazo. === Carta al jefe de estación Angélica Santa Olaya =================== Desde su catártica estación Adán, que ya había probado la manzana, dijo: Manda textos a Letralia. Buen sitio. Caí en la tentación y mis irredentas palabras viajaron a través de la red cibernética buscando un lugarcito donde acomodarse en aquella estación virtual donde la promesa era, nada más y nada menos, ser la Tierra de las Letras. Las palabras llegaron y se instalaron a sus anchas antes de lo que yo esperaba. Hoy las visito alguna vez para saludarlas y saber que siguen ahí, que están tan saludables como las dejé y para guiñarnos un ojo entre píxeles. Las veo bien. Han conocido muchas personas, más de las que conocerían de haber permanecido a mi lado. Están a gusto, rodeadas de amigos. Lo sé porque desde que ellas se fueron a vivir a Letralia yo recibo desde allá besos y abrazos internéticos cuyo calor atraviesa la pantalla y llega hasta los poros con la insolencia y el amoroso desenfado que sólo la amistad puede ostentar. No he tocado aún la piel del abrazador cuidador de mis palabras pero sé que debe ser cálida como una tarde al sol bebiendo cerveza. La “tierra” es el lugar donde se nace, se crece y se es feliz. De ahí que en muchos lugares de Hispanoamérica a la tierra se le llame “querencia”. La palabra es más que correcta cuando el lugar donde se vive nos quiere y lo queremos; cuando hay amor. Y en Letralia, la Querencia de las Letras, hay amor. Un amor que viaja a través de las intangibles moléculas que transportan palabras a la estación Letralia. Moléculas que viajan, incansables, día con día, conectando pensamientos y corazones a través de la mano generosa y cordial de un conductor cuya presencia virtual ha superado las frías esperanzas de la tecnología. Gracias Jorge por llevar a buen resguardo y mantener calientes y abrigadas nuestras palabras pero, sobre todo, por el cariño y el calor humano que prodigas al staff. Desde que mis palabras llegaron a tu querencia sólo puedo decir Gracias. Algún día, tal vez, podremos estrechar la mano como estrechamos la palabra. Entre tanto, por favor, continúa conduciendo este tren para beneplácito de los que amamos la literatura en Hispanoamérica. Va un gran abrazo desde México para continuar con la tradición. |||||||||||||||||||||||||||||| NOTICIAS ||||||||||||||||||||||||||||| *** Crean en México el Premio de Poesía del Mundo Latino “Víctor Sandoval” Con motivo de los cuarenta años del Premio de Poesía de Aguascalientes, en México, y en el marco de la celebración “Aguascalientes: Ciudad de Poesía”, se anunció a principios de este mes la creación del Premio de Poesía del Mundo Latino “Víctor Sandoval”, a iniciativa del gobierno local y con la colaboración del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta, http://www.cnca.gob.mx) y la Comisión Organizadora del Encuentro de Poetas del Mundo Latino, que en conjunto aportarán 250 mil pesos para premiar a poetas de reconocida trayectoria, que serán designados por un jurado conformado por poetas y miembros de la propia comisión. Este Premio se conferirá a poetas mexicanos o extranjeros que escriban en algún idioma del mundo latino (países cuya lengua tenga su origen en el latín) y será un reconocimiento al valor del conjunto de su obra, su trayectoria y su relación cercana de creación con México. El doctor Víctor Manuel González Esparza, director general del Instituto Cultural de Aguascalientes, anunció que el Premio de Poesía del Mundo Latino “Víctor Sandoval”, en su primera emisión, será conferido a los poetas Rubén Bonifaz Nuño (Veracruz, México, 1923), autor de los poemarios La muerte del ángel, Los demonios y los días, El manto y la corona, Fuego de pobres, El ala del tigre y La flama en el espejo, entre otros, y Juan Manuel Roca (Medellín, Colombia, 1943), autor de Luna de ciegos, Fabulario real, Ciudadanos de la noche, Monólogos, Memoria de encuentros y La farmacia del ángel, entre otros. El premio consistirá en 125 mil pesos para cada uno y será entregado en el mes de octubre, durante la extensión del Encuentro de Poetas del Mundo Latino que reunirá en la ciudad de Aguascalientes a importantes escritores de diversas nacionalidades. El jurado estuvo integrado por Víctor Manuel González, Francisco Hernández, Marco Antonio Campos, Claudia Santa-Ana y José Ángel Leyva. El poeta Víctor Sandoval, además de ser un destacado promotor cultural del país, es autor de los libros Aire libre (1959), El viento norte (1959), Hombre de soledad (1960), El veterano de guerra (1967), Retorno (1967), El viento combativo (1969), Poemas de juventud (1974), Che (en colaboración con Héctor Hugo Olivares y Desiderio Macías Silva, 1974), Para empezar el día (1974), Agua de temporal (1988), Fraguas (1991), Trovas de amor y desdenes (1994) y Adenda (1999). Sus poemas han sido traducidos al inglés, italiano, griego, neerlandés, alemán, árabe, francés y rumano. En 2004 el Instituto Nacional de Bellas Artes le otorgó la Medalla Conmemorativa de Bellas Artes, por su trayectoria en el terrero de las Letras y de la Promoción Cultural nacional y fue nombrado Miembro Correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua. El Fondo de Cultura Económica le publicará en fecha próxima una antología de su obra, en cuyo prólogo refiere Hugo Gutiérrez Vega: “Bajo el tumulto de los pájaros de la primera hora de la noche, el poeta revive a su patria íntima con sus ruidos de trenes, resoplidos de la Casa Redonda, barrios apacibles, iglesias de torres puntiagudas, torbellinos feriales, crecimiento desmesurado, reuniones de escritores de poesía, calores veraniegos y hielos invernales... Es una obra poética que se ha venido desarrollando sin prisas y sin preocupaciones por la fama”. *** Fernando Vallejo renuncia a su nacionalidad El escritor Fernando Vallejo anunció que ya no deseaba ser considerado colombiano, en una carta que hizo pública el pasado 7 de mayo en la que acusó a Colombia de dificultar su carrera literaria y cinematográfica, y reiteró su intención de permanecer en México hasta su muerte. “Lo que me reste de vida lo quiero vivir en México y aquí me pienso morir”, indica al final del texto. Vallejo, quien actualmente vive en México, recibió a finales de abril la nacionalidad de ese país, por lo que para él es claro que “esa mala patria de Colombia ya no es la mía y no quiero volver a saber de ella”. El autor de La virgen de los sicarios acusa a su país de haberle atropellado tantas veces como le ha sido posible. “Hace un año me quería meter preso por un artículo que escribí en la revista SoHo (http://www.soho.com.co) señalando las contradicciones y las ridiculeces de los Evangelios. Eso dizque era un agravio a la religión y me demandaron. ¡Agravios a la religión en el país de la impunidad!”. Vallejo lleva más de la mitad de su vida en México. Llegó allí, según sus explicaciones, “porque Colombia me cerró las puertas para que me ganara la vida de una forma decente que no fuera en el gobierno ni en la política, a los que desprecio y me puso a dormir en la calle tapándome con periódicos y junto a los desarrapados de la Carrera Séptima y a los perros abandonados, que desde entonces considero mis hermanos”. Argumenta que Colombia le cerró las puertas a sus propuestas cinematográficas, que fueron censuradas, y finalmente rodadas, financiadas y exhibidas en México. La carta fue publicada por Caracol y puede leerse su texto íntegro en http://www.caracol.com.co/noticias/423741.asp. La decisión del escritor ha dado lugar a diversas reacciones, destacando la solicitud, hecha este fin de semana en la revista Cromos por su colega y coterráneo William Ospina, de que reconsidere su decisión de renunciar a la nacionalidad colombiana y que siga siendo “la mala conciencia de Colombia”. En una carta pública, Ospina subrayó que Vallejo no puede dejar de ser colombiano, porque pone “a prueba nuestra capacidad de convivir con los que piensan distinto”, e increpa al escritor diciéndole que no puede “ser colombiano, pero al mismo tiempo no puedes dejar de serlo, porque no hay nada en ti que sea de otra parte”. Fuentes: Caracol • EFE *** Iván Cabrera Cartaya gana el Premio de Poesía Juan Ramón Jiménez El escritor español Iván Cabrera Cartaya, (Tacoronte, Santa Cruz de Tenerife, 1980), ha sido el ganador del XXVI Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez, organizado por la Diputación de Huelva, con la obra Cariátides 2001-2005, según el fallo del jurado conocido el pasado 8 de mayo. El presidente de la Diputación, José Cejudo, fue el encargado de abrir la plica número 292, en la que se encontraban los datos reales del autor, que firmó su obra bajo el seudónimo de Ricardo Gabidia. El ganador, que recibió la noticia sorprendido, destacó la admiración que tiene hacia los poetas que lo eligieron ganador y explicó que la obra la terminó hace unos dos años y que decidió presentarla al Premio por su prestigio y por el significado de la figura de Juan Ramón Jiménez. Subrayó que en la obra ha intentado recuperar la estructura utilizada por el poeta moguereño, de dividirla en cinco partes, en la que se muestra la naturaleza y el paisaje “y en la que se refleja mi intercambio con otras lenguas, artes y culturas”. Por su parte, el presidente del jurado, el poeta valenciano Francisco Brines, destacó que se trata de un libro “con un nivel muy bueno, escrito en una línea muy aséptica, con grandes aciertos de tipo sensorial y con una poesía interiorizada”. El también valenciano y poeta Vicente Gallego explicó que el libro ganador “presenta poemas suficientemente interesantes como para que haya requerido la atención del jurado pese a no estar incluido en la selección final”. Según indicó, el libro “revela a un poeta con voz propia en un libro de clima sonámbulo y misterioso donde destaca la luz y la proximidad con lo natural”, al tiempo que resaltó el acierto en la concepción en cuanto a la investigación sobre los aspectos más ocultos del alma, “hace una poesía íntima suya y a través del paisaje natural habla del paisaje del alma”. Además apuntó sus aciertos expresivos, algo para lo que también tuvo palabras otro miembro del jurado, Carlos Marzal, indicando que “combina dos climas, el de la prosa poética con los poemas en verso con maestría y buen gusto”. A la presente edición del Premio, dotado con 12.000 euros y la publicación de la obra en la colección Juan Ramón Jiménez de la Diputación de Huelva, han concurrido 344 ejemplares de 24 países diferentes. Fuente: El Día *** Festival de literatura erótica en Cuba renuncia al erotismo El festival nacional de literatura erótica “La llama doble” en Cuba ha renunciado al erotismo, después de que sus organizadores decidieran dedicarlo sólo a cuentos inspirados en el amor de pareja, a partir de su más reciente convocatoria, según se anunció el pasado martes 8 de mayo. “La llama doble”, convocado en la provincia oriental de Las Tunas, retomará sus bases fundacionales de 1983, para “cuentos inspirados en el amor de pareja”, si bien para esta cita ya desistió de la novela erótica, incluida en 1998 y cuyos premios quedaron desiertos en 2005 y 2006. Los nuevos límites, impuestos en la convocatoria de la vigésima primera edición, están relacionados con las restricciones económicas, según la especialista del Centro Provincial del Libro de Las Tunas, Tania López. La funcionaria opinó que el galardón, que debe su nombre al ensayo homónimo del mexicano Octavio Paz sobre el erotismo y la sexualidad, cumplió su vida útil porque “había un déficit de este tipo de literatura o, al menos, eso vimos desde Las Tunas”. Pese a que este concurso ha reconocido a prestigiosos escritores cubanos como Senel Paz, José Miguel Sánchez (Yoss), Amir Valle y Alberto Garrido y al auge de la literatura erótica cubana, visible desde la última década del siglo pasado; a esta convocatoria sólo se presentaron trece cuadernos. Entre tanto, el ganador en la categoría de cuentos de amor de 1998, el escritor cubano Yoss, instó a recuperar este espacio para este tipo de literatura, aunque “las obras premiadas tenían de erótico, lo que yo de astronauta”, apuntó. Yoss, que se ha acercado con su literatura al mundo sadomasoquista, acotó que sería importante para el evento tunero “compaginar la literatura de amor y la novela que se escribe para leer con una sola mano”. “La llama doble”, junto al concurso “Farraluque” de poesía y literatura erótica, convocado desde hace 14 años por el Centro de Arte y Literatura “Fayad Jamís”, lideraban los eventos dedicados a este género en la isla. Fuente: EFE *** España publica en Internet más de 20 millones de archivos históricos Un total de 19 millones de imágenes y 1,7 millones de documentos procedentes de los principales archivos españoles, los “grandes desconocidos” del patrimonio histórico, están disponibles a partir del jueves 10 de mayo en el Portal de Archivos Españoles, Pares (http://pares.mcu.es), un portal creado por el Ministerio de Cultura de la nación ibérica. Los documentos de Pares se podrán consultar 24 horas al día sin ningún tipo de restricción, según explicó durante la presentación del portal la titular de Cultura de España, Carmen Calvo, quien también destacó la preparación de una futura Ley de Archivos que se encuentra en su fase de borrador. Cualquier usuario podrá visualizar documentos digitalizados del valor del Tratado de Tordesillas, el testamento de Isabel la Católica, documentos de Hernán Cortés o planos de urbanismo de la época colonial, procedentes de los Archivos de Indias, Simancas, Histórico Nacional, la Corona de Aragón, el General de la Administración, el de la Guerra Civil, el de la Real Cancillería de Valladolid, y los provinciales de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. “Somos una potencia archivística de primer orden mundial”, destacó Calvo, que confía en que esta iniciativa “mejore la gestión interna, la conexión y la coordinación de los archivos estatales, así como la accesibilidad y difusión de estos documentos hacia los ciudadanos”. Este portal, que ha contado con un presupuesto de tres millones de euros, incrementará su oferta hasta finales de 2007 hasta un total de treinta millones de archivos —28 millones de imágenes y 2,7 millones de documentos. En este sentido, el director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, Rogelio Blanco, aseguró que esta iniciativa se beneficiará de las inversiones que el ministerio destine a la modernización de archivos públicos o privados, y apuntó como ejemplo el archivo de la Fundación Francisco Franco (http://www.fnff.org). “Siempre que sea posible, los archivos digitalizados gracias a subvenciones del ministerio serán susceptibles de ser colgados en la red”, arguyó Blanco, que anunció un “sensible” incremento del presupuesto de Pares para el próximo ejercicio. El portal ofrece las opciones de búsqueda, la posibilidad de visionar los inventarios de contenidos y aumentar, disminuir e imprimir las imágenes digitalizadas, así como crear una agenda para conservar elementos seleccionados, o el envío de imágenes a un correo electrónico. Por otro lado, la ministra de Cultura distinguió a los archivos españoles como “los documentos palmarios de nuestra historia”, por lo que “las instituciones deben hacerlas accesibles a todos como muestra del derecho a la información de los ciudadanos”. Con motivo de su inauguración, el portal ofrece tres secciones dedicadas a los “Deportados españoles a campos de concentración nazis” (8.705 registros), “Carteles de la Guerra Civil española” (2.293 carteles) y “Respuestas generales del Catastro de Ensenada” (13.118 registros). España tiene un total de cuarenta mil archivos de titularidad pública y privada, parte de los cuales “atesoran parte de la historia del mundo”; es el caso del Archivo de Indias en Sevilla o el de la Corona de Aragón, que está datado como el más antiguo de Europa, subrayó Calvo. Fuentes: Pares • Periodista Digital *** La peruana Blanca Varela gana el Premio Reina Sofía de Poesía La poeta peruana Blanca Varela (Lima, 1926) obtuvo este 10 de mayo la XVI edición del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, dotado con 42.100 euros, y convocado conjuntamente por Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca. En el jurado estaban, entre otros, Antonio Gamoneda, José Saramago y la directora de la Biblioteca Nacional española, Rosa Regás. Este prestigioso galardón tiene como objetivo reconocer el conjunto de la obra de un autor vivo cuyo valor literario constituya una aportación relevante al patrimonio cultural común iberoamericano y de España. Antes que ella lo han ganado el argentino Juan Gelman, el brasileño Joao Cabrao de Melo Neto, el colombiano Álvaro Mutis, el uruguayo Mario Benedetti, el chileno Nicanor Parra y el español Antonio Gamoneda, último Premio Cervantes, entre otros. Y una sola mujer, la portuguesa Sophia de Mello. La autora de Ejercicios materiales y El libro de barro no figuraba en las primeras propuestas del jurado, que sí barajó en sus deliberaciones nombres como los de Francisco Brines, el cubano Cintio Vitier, Carlos Edmundo de Ory y el mexicano José Emilio Pacheco. Brines y Pachecho fueron los que a la postre más resistirían el empuje de Blanca Varela. Antonio Gamoneda, ganador de la edición del año pasado, hizo de maestro de ceremonias y presentó los méritos de la autora que debutara en el planeta de la lírica en 1959, a los treinta y tres años, con el poemario Ese puerto existe, título sugerido entonces por su gran amigo y mentor Octavio Paz. “No se puede leer a Varela”, dijo Gamoneda, “queriendo buscar una palabra informativa, magníficamente hermoseada y ornamentada. Lo que encontramos en la poesía de Blanca Varela es un brote existencial que nos llega a través de un lenguaje impredecible. Lo que significa que su lírica es muy distinta a la que predomina y es hegemónica en España en estos momentos, la que usa un lenguaje realista y normalizado, lo que impide que la tradición avance. Su obra está impregnada de pensamiento poético, y no muestra ninguna intención testimonial, ideológica o filosófica”. En octubre, Varela fue la primera mujer en obtener el Premio Lorca de Poesía, dotado con 50.000 euros. Pero no pudo ir a recibirlo por problemas de salud. La poeta peruana está “inmensamente feliz” por el galardón, que supone “el reconocimiento definitivo de su poesía en España”, declaró su hijo, Vicente de Szyszlo, en el país ibérico, adonde fue a recoger el Premio Lorca en nombre de su madre. De Szyszlo, que comunicó la noticia a su madre, dijo que Varela no esperaba el premio. “Aunque no puede expresarse (la poeta peruana sufrió recientemente un ictus), los que estaban junto a ella en la casa me comentaron que le cambió por completo la cara”, relató su hijo. Fuentes: ABC • Clarín • EFE *** Celebran en China coloquio sobre poemario de Wilfredo Carrizales El 11 de mayo se celebró en la ciudad de Wuhan, capital de la provincia de Hubei (China), un coloquio sobre poesía que tuvo como tema central el libro Textos de las estaciones, del poeta Wilfredo Carrizales, agregado cultural de la Embajada de Venezuela en China (http://www.venezuela.org.cn). El coloquio fue organizado por el Centro de Estudios e Intercambios Culturales Internacionales, dirigido por el periodista, escritor y pintor Yu Xi y adscrito al Grupo Periodístico del Río Yangze, de la provincia de Hubei, y con la cooperación de la Federación Literaria y la Asociación de Escritores de Wuhan. Carrizales estuvo presente en el evento y los poemas y fotografías de Textos de las estaciones recibieron una alta y positiva evaluación de los poetas, eruditos, profesores y críticos de Hubei. Xie Keqiang, vicepresidente de la Asociación de Escritores de Wuhan, afirmó que los textos del poeta venezolano “le habían conmovido, al unir el sentimiento del poema con el significado de las imágenes. Sobre todo aquellos poemas que hacían referencia directa o indirecta a Wuhan y a sus paisajes”. Los representantes de los principales medios de comunicación de la provincia de Hubei, tales como Diario de Hubei, Diario del Río Yangze, Diario Chutian, Vespertino de Wuhan, Matutino de Wuhan, la Televisora de Wuhan y la Radio del Pueblo de Wuhan cubrieron el evento y entrevistaron al poeta Carrizales, quien para cerrar el coloquio habló acerca de la génesis de los Textos de las estaciones, el lenguaje primigenio utilizado y el porqué de la escogencia de las fotografías que acompañan a los textos. Finalmente, la poeta A Mao leyó en chino los cinco poemas de Textos de las estaciones que hacen referencia a Wuhan y sus vistas. Textos de las estaciones fue publicado por primera vez en una versión digital en Editorial Letralia, en octubre de 2003 (http://www.letralia.com/ed_let/estaciones). En 2006 la Editorial La Lagartija Erudita publicó una edición impresa en español y chino, con fotografías del autor y diseño del también venezolano Pedro Holder. Nacido en Cagua (Aragua) en 1951, Carrizales es autor también de Ideogramas (1992), Calma final (1995), La casa que me habita (1999), Postales (2004), Mudanzas, el hábito (2003) y Desde el Cinabrio (2005). Además ha publicado diversas traducciones del chino al español. *** Premio Fernando Lara para Jesús Sánchez Adalid El escritor Jesús Sánchez Adalid (Don Benito, Badajoz, 1962) obtuvo este 11 de mayo el XII Premio de Novela Fernando Lara, galardón dotado con 120.200 euros y la publicación de la novela, con la obra El alma de la ciudad, según dio a conocer el jurado del premio, integrado por los escritores Carlos Pujol, Antonio Prieto, Juan Eslava Galán, Fernando Delgado y Ángeles Caso, en el transcurso de una cena celebrada en el Real Alcázar de Sevilla (España). Tras conocerse el fallo, Sánchez Adalid, que se presentó al premio con el seudónimo de Juan de Ambroz y con Los dos caminos como título de la obra, destacó que con ésta, una novela histórica ambientada en plena Edad Media, “se salda la deuda adquirida con la facilidad en la literatura, frente al castigo que hemos sufrido con esa serie de escritores complejos y enrevesados”. De esta forma, citó a Miguel Delibes como “un ejemplo de castellano limpio y palabras concisas, capaz de expresar muchas cosas en un sólo párrafo”. Asimismo, este escritor, que hace quince años se ordenó como sacerdote abandonando su anterior carrera de juez, confesó que en su obra “siempre hay una parte de espiritualidad, ya que se trata de una faceta del hombre que está muy olvidada en la literatura de nuestro tiempo”. A este respecto, matizó que dicha espiritualidad “no está entendida como constatación de un dogma, sino como una búsqueda del sentido de las cosas”. Al hilo de ello, incidió en que “la religión no es lo fundamental en esta novela, aunque forme parte de ella, sino que lo relevante es la historia del protagonista, que se ve enfrentado entre dos mundos en una pugna en la que no hay ni buenos ni malos”. Así, el autor resaltó que el texto “no es la obra de un párroco, porque tampoco pretendo crear un dogma, sólo persigo reflejar mi versión del ser humano”. De la misma manera, manifestó que este texto “huye de ejercicios que se enjuicien como políticamente correctos o no, ya que mi objetivo únicamente es el de plasmar un tiempo histórico y una época concreta”. De esta forma, destacó que su novela “recrea la Ávila del siglo XII y la repoblación de la trastierra, en una época en la que Alfonso VIII se embarca en la aventura de una nueva reconquista y se funda la ciudad de Ambrosía, la actual Plasencia”. “La obra narra la fundación de las ciudades en la Edad Media, del concepto de burgo, del nacimiento de una nueva civilización, del Gótico y de una manera de entender el mundo que no se configura como un espacio cerrado o un túnel oscuro hasta el Renacimiento, sino como algo que va más allá de estos conceptos”, apostilló. Sánchez Adalid definió la novela histórica como “una cámara panorámica que te permite viajar a otro tiempo para comprender otra época y a las personas que vivieron en ella, empujando a entender mejor, de esta manera, el tiempo que nos ha tocado vivir”. Además, apuntó que la obra “responde a una absoluta honestidad histórica en la que ningún dato está violentado por capricho del autor”. Igualmente, apuntó que “la vida de personajes como Ricardo ‘Corazón de León’ o del Rey Arturo nos suena o la conocemos gracias al cine, por lo que, en este sentido, la literatura tiene que acercarnos a la historia, ya que no somos capaces de adentrarnos en el mero dato frío y estadístico”. A este respecto, confesó no saber el porqué de la moda de la novela histórica, pero resaltó su valor “siempre que esté hecha con honestidad”. Autor también de El mozárabe, Félix de Lusitania o La sublime puerta, Sánchez Adalid confesó que Alange, el pueblo extremeño de 2.000 habitantes en el que es párroco, “como cualquier otra comunidad humana, por pequeña que sea, es una fuente de inspiración grandísima”. Sin embargo, agregó que, “a pesar de llevar publicados siete libros y de haber vendido un millón de ejemplares, para mis feligreses yo sigo siendo el párroco”. Por último, indicó que el premio no cambiará sus hábitos de vida y señaló que con la cuantía de este galardón “quizás cree una fundación, pero será el tiempo el que lo decida, de momento simplemente me confieso y reconozco que el Fernando Lara lo que sí me ha dado ha sido fuerza”, concluyó el autor. Fuentes: EFE • El Cultural *** Juan Marsé preside el jurado del Premio Tusquets Editores de Novela El pasado 11 de mayo se dio a conocer la conformación del jurado del III Premio Tusquets Editores de Novela, que será entregado a finales de este año en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México). El equipo de jueces que tendrá a su cargo el veredicto de este galardón estará presidido por el escritor español Juan Marsé, a quien acompañarán la escritora española Almudena Grandes, el chileno Jorge Edwards, el colombiano Evelio Rosero (ganador de la edición anterior) y la editora Beatriz de Moura, en representación del sello del que es directora editorial y fundadora. Juan Marsé (Barcelona, 1933) obtuvo en 1965 el premio Biblioteca Breve con Últimas tardes con Teresa. Entre su extensa obra destacan Si te dicen que caí, La muchacha de las bragas de oro, El amante bilingüe, El embrujo de Shangai, Rabos de lagartija y Canciones de amor en Lolita’s Club. Entre otros muchos galardones ha obtenido el Premio Planeta, el Nacional de Literatura, el Premio de la Crítica y el Juan Rulfo. En 2005 renunció al jurado del premio Planeta por inconformidad con el nivel de las obras ganadoras. Almudena Grandes (Madrid, 1960) ha publicado las novelas Las edades de Lulú (XI Premio La Sonrisa Vertical), Te llamaré viernes, Malena es un nombre de tango, Atlas de geografía humana, Los aires difíciles, Castillos de cartón y la última y celebrada El corazón helado. Muchas de ellas han sido llevadas al cine, y sus libros se han traducido a más de veinte idiomas. Jorge Edwards (Santiago de Chile, 1931) es autor de cuentos, novelas, ensayos y memorias, además de columnista en medios de España e Hispanoamérica. Entre sus obras destacan Persona non grata, una crítica al régimen cubano y un clásico en el género, Adiós Poeta..., El Sueño de la Historia y El inútil de la familia. Ha merecido, entre otros, el Premio Comillas de biografía, autobiografía y memorias, el Premio Nacional de Literatura y el Premio Cervantes. Evelio Rosero (Bogotá, 1958) es autor de la trilogía novelística Primera vez, traducida al sueco, noruego, danés, finlandés y alemán. Entre su obra posterior destacan las novelas Plutón, Los almuerzos, En el lejero y Los ejércitos, ganadora del II Premio Tusquets de Novela en 2006. Ese mismo año obtuvo el Premio Nacional de Literatura en Colombia. Como se recordará (http://www.letralia.com/135/1130tusquets.htm), el premio Tusquets Editores fue creado en 2005 y su primera edición fue declarada desierta por un jurado presidido por Alberto Manguel y en el que también estaban Alberto Ruy-Sánchez, Francisco Goldman, Aurelio Major y Beatriz de Moura. En aquella oportunidad los jueces dijeron no haber encontrado un manuscrito que les pareciera “realmente excepcional”. Fuente: Tusquets *** Inauguran IV Feria Internacional del Libro de Panamá Rolando Gabrielli (http://rolandogabrielli.blogspot.com, Especial desde Panamá).— El presidente de Panamá, Martín Torrijos, inauguró en la noche del pasado 15 de mayo la IV Feria Internacional del Libro de Panamá (http://www.camarapanamenadellibro.com/feria.html), cuyo país invitado de honor es España. La fiesta del libro tiene como escenario el Centro de Convenciones Atlapa, tradicional escenario de festivales y de la vida cultural en el istmo, frente al océano Pacífico. En el alfombrado y refrigerado palacio de convenciones, el libro es el rey a quien se rinde homenaje a través de la palabra, exhibiciones, lecturas, recitales, actos de toda naturaleza para provocar la imaginación del lector. España, que es el cuarto país mundial en ediciones impresas con 350 millones de ejemplares, unos 80 mil títulos anuales, ha traído sus libros y escritores de la mano de la lengua española, que ya hablan unos 500 millones de hispanohablantes en el planeta. Rogelio Blanco, director general del Ministerio de Cultura de España (http://www.mcu.es), ha dicho más o menos esas palabras y también reconocido que la cultura posee una inmaterialidad que las estadísticas no constatan, ni podrían reflejar en su magnitud y profundidad, aunque la cultura represente para España un nada despreciable 1 por ciento de su Producto Interno Bruto. En su largo, documentado discurso, se refirió a los períodos históricos de Panamá, a la influencia de Rubén Darío, a que la lectura es clave para desarrollar una sociedad democrática, y que debemos leer la realidad, la vida, naturaleza, a nuestros semejantes y a uno mismo. Más libros, más libres, sentenció, las tres eles. Contenido, conocimiento y compromiso, las tres c, subrayó. Abogó por una lectura amplia, abierta, pluralista, única manera de preparar un ciudadano para que actúe críticamente, precisó. Trinidad Jiménez, secretaria de Estado para Iberoamérica, indicó que una feria del libro es un lugar singular para el comercio y el mercado de ese bien que es el libro. Las industrias culturales, subrayó, representan un 7 por ciento del PIB mundial. La cultura es un negocio en todo el sentido de la palabra, nos parece en este blog enclavado en el corazón de las Américas. Eso no es todo, señaló más adelante, porque el libro tiene mucho de su autor y lo que posee cada lector. Para ella, como para Borges, entre otros, el oficio de leer es tan importante como el oficio de escribir. La cultura, dijo la representante del gobierno de España, es una opción estratégica en la globalización para países que desean aventurarse en un desarrollo sustentable. Debemos generar lectores, los lectores se hacen, leer a Neruda, Cortázar, poesía, a Bolaño, historias, leer, leer, aunque sean los papeles de la calle como dijo Cervantes. Umberto Eco, citó Trinidad Jiménez, dijo leer para vivir. El presidente Torrijos dijo que hoy se editan más libros y se lee más que en cualquier otra época de la humanidad. Advirtió que una sociedad de la imagen es una sociedad fracasada, porque la verdadera riqueza está en la cultura. Panamá, comentó, ha vivido varios booms económicos: el ferrocarril, el canal, la banca, ahora la construcción, porque somos un país atractivo para las inversiones, pero yo espero el boom de la cultura. Nuestro gobierno, acotó, está moviéndose en ese sentido, ya han regresado al país Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez. Debemos crecer en el Producto Interno Bruto Inteligente, subrayó el mandatario en medio de la risa del público. Martín Torrijos, hijo del conocido líder panameño el general Omar Torrijos, recordó que tenemos una misma lengua, hablamos un idioma común. Cuando se encontraron esos dos gigantes de la poesía, Darío y Machado, ellos sabían que escribían en una misma lengua. Espero, concluyó el presidente Torrijos, que ya estemos en el umbral del boom de la cultura. *** Falleció la escritora venezolana Elizabeth Schön El pasado 15 de mayo falleció en Caracas la poeta venezolana Elizabeth Schön, considerada una de las más prolíficas creadoras literarias de Venezuela. Nacida en la capital venezolana en 1921, Schön fue Premio Nacional de Literatura en 1994, por el conjunto de su obra, y Premio Municipal de Literatura 1971 por su poemario La cisterna insondable. Natural de la parroquia Altagracia e hija de María Luisa Ibarra del Fino y Miguel Antonio Schön, estuvo casada con el libretista, publicista e inventor Alfredo Cortina (1903-1988), autor de la primera radionovela venezolana y de la primera serie radial de suspenso. La autora escribió una extensa obra a lo largo de toda su vida. En una reciente entrevista con el diario El Universal (http://www.eluniversal.com) aseguró que comenzó a escribir a los cuatro años de edad y se mantuvo haciéndolo hasta sus últimos momentos, a pesar de haber sufrido un accidente cerebro-vascular. Monte Ávila editó una antología poética de Schön en la que se incluyeron trabajos correspondientes a sus libros En el allá disparado desde ningún comienzo (1962), El abuelo, la cesta y el mar (1965), La cisterna insondable (1971), Mi aroma de lumbre (1971), Casi un país (1972), Es oír la vertiente (1973), Incesante aparecer (1977), Encendido esparcimiento (1981), Del antiguo labrador (1983), Concavidad de horizontes (1986), Ropaje de ceniza (1993), Aún el que no llega (1993), Árbol del oscuro acercamiento (1994), Campo de resurrección (1994) y La flor, el barco, el ama (1995). La selección de los poemas fue realizada por la autora junto a la prologuista Luisana Itriago. En uno de sus últimos libros, Visiones extraordinarias —presentado en octubre de 2006—, relató sus experiencias de contacto con Dios. “Eso que está allí es verdad. Yo estaba sentada en esta silla, tenía al lado una estrella y cuando me volteé tenía al otro lado otra estrella. Yo tenía los ojos abiertos, porque no quería que fuera fantasía sino realidad. Me vi parada sobre una enorme hoja de zinc y me dijeron: Tú estás en el presente, en el futuro y en el presente; en lo infinito y lo finito. Yo no tenía miedo, y de pronto volví a mi cama otra vez”, relató. Fuente: El Universal *** Editorial cubana rescatará literatura infantil de América Latina La editorial cubana Gente Nueva, dedicada a los niños y adolescentes, se propone festejar su 40º aniversario con el rescate de la literatura latinoamericana y del tercer mundo. Para ello cuenta con obras del brasileño Frei Betto y el nicaragüense Ernesto Cardenal, entre otros, quienes cedieron los derechos de algunos de sus libros a la isla, afirmó el director de ese sello Enrique Pérez Díaz en rueda de prensa celebrada el pasado 18 de mayo. Díaz anunció que para 2008 se prevé 124 títulos y cinco nuevas colecciones, entre éstos una selección del escritor indio Rabindranath Tagore y la trilogía En un lugar llamado Tierra, del español Jordi Sierra. “Trabajamos en varios proyectos al mismo tiempo y estamos en proceso de agrupar las colecciones en un nuevo formato”, precisó Díaz, tras subrayar el aporte de escritores como el noruego Jostein Gaarder y el italiano Carlo Fabretti. Entre los títulos que saldrán a la luz figuran tres dedicados a Galicia, invitada de honor de la próxima Feria Internacional del Libro de Cuba, uno de ellos del autor gallego Antonio García Teijeiro (El libro va recitando). A esos se añaden El misterio en solitario, de Jostein Gaarder (El mundo de Sofía), una antología de cuentos noruegos titulada Loca por Rogers, y Calvina, la más reciente obra de Carlo Fabretti, ganadora del concurso infantil El Barco de Vapor 2007, en España. Entre las cinco nuevas colecciones sobresalen Ambar, de ciencia ficción y suspenso —uno de los géneros más demandados—; Lira, con novelas clásicas de amor, y Veintiuno, destinada a la literatura de autores cubanos contemporáneos. Desde su fundación, el 31 de mayo de 1967, Gente Nueva ha publicado tres mil cinco títulos y unos 150 mil millones de ejemplares, de autores como Dora Alonso, Mirta Aguirre, Julio Verne, Emilio Salgari, los hermanos Grimm y Alejandro Dumas. Fuente: Prensa Latina *** Presentarán en Madrid novelas de Isaac Goldemberg La vida a plazos de don Jacobo Lerner y Tiempo al tiempo, las dos primeras novelas del escritor peruano Isaac Goldemberg, aparecen en un solo volumen, ahora reeditadas por la Editorial San Marcos, de Lima. Traducida al inglés y al francés, en 2001 La vida a plazos de don Jacobo Lerner fue seleccionada por un jurado internacional convocado por el National Yiddish Book Center de los Estados Unidos (http://www.yiddishbookcenter.org) como una de las 100 obras más importantes de la literatura judía mundial de los últimos 150 años. De Tiempo al tiempo, traducida también al inglés, Ariel Dorfman escribió en el New York Times Book Review (http://www.nytimes.com/pages/books): “Uno piensa en los personajes de Proust, Philip Roth y Elías Canetti y se percata de que Marcos Karushansky Ávila, el protagonista de Tiempo al tiempo, la brillante segunda novela de Isaac Goldemberg, es una fascinante adición a este grupo”. Esta edición contiene comentarios elogiosos de parte de Mario Vargas Llosa, quien afirma que La vida a plazos de don Jacobo Lerner “coloca a Isaac Goldemberg como uno de los más altos exponentes de la nueva narrativa latinoamericana”. En palabras de José Emilio Pacheco, la novela “se mantiene en pie como una de las grandes obras de la literatura peruana, hispanoamericana y de lengua española y es ya uno de nuestros clásicos”. Mempo Giardinelli, por su parte, afirma que, “inscrito en la línea de Philip Roth, de Saul Bellow, de Bashevis Singer, pero también en la de Groucho Marx, Isaac Goldemberg ofrece una bellísima pieza titulada La vida a plazos de don Jacobo Lerner. Goldemberg maneja una multiplicidad de estilos, con una riqueza conceptual y argumental realmente estupenda. Poéticamente, ramplonamente, él crea una obra tierna, verosímil, testimonial y satírica, alrededor de un derrotado que jamás claudica y del que el lector termina siendo un cómplice encantado”. Según José Miguel Oviedo, “las virtudes de Tiempo al tiempo son evidentes: es fluida, es entretenidísima, posee encanto, tiene un preciso control sobre su tono. Esta novela confirma que Goldemberg es un narrador nato, moderno y cautivante”. Mientras que Jorge Rufinelli escribe, en Unomasuno, que “la riqueza de Tiempo al tiempo reside en su profunda eficacia narrativa, en la visión global del mundo judío peruano, en sus modos de inserción y fricción dentro de la sociedad tradicional, todo ello contado con la fruición del narrador nato”. Esta edición de La vida a plazos de don Jacobo Lerner y de Tiempo al tiempo se presentará el 5 de junio en la Casa de América de Madrid a las 7 pm, y contará con la presencia de Goldemberg. *** Congreso de Escritores “Literatura Viva” celebrarán en Salta Del 13 al 15 de junio se realizará en Salta (Argentina) el Congreso de Escritores del Noroeste Argentino (NOA) “Literatura Viva III”, organizado por la Dirección General de Cultura de la Municipalidad, a cargo de Hugo Ovalle. El encuentro tendrá como eje de debate el tema “La influencia de los medios de comunicación y del habla rural en el lenguaje de la ciudad”. Desde hace dos años “Literatura Viva” se ha posicionado como uno de los principales foros de producción intelectual de la región. En las ediciones anteriores contó con la presencia de importantes referentes de la región. En esta oportunidad, el objetivo del congreso es reflexionar y debatir sobre las relaciones entre cultura y lenguaje; lo regional y lo global; la literatura, la sociedad y la educación; y la cosmovisión en los textos literarios, tanto escritos como orales, en el NOA. Podrán participar del congreso poetas, narradores, escritores, estudiosos, docentes e investigadores de las ciencias sociales. Los paneles estarán integrados por tres expositores y un moderador. Las ponencias no excederán los quince minutos; y el debate, los cuarenta y cinco minutos. Los encuentros se desarrollarán en el Centro Cultural Saluzzi (Independencia y Santa Fe) y en la Sala “Juan Carlos Dávalos” de la Casa de la Cultura (Caseros 460). Los trabajos presentados serán editados por la Municipalidad de la Ciudad de Salta, a través de su Dirección de Cultura. Los docentes que tengan el 85 por ciento de asistencia obtendrán puntaje. Las inscripciones son gratuitas para ponentes y asistentes y se reciben en la Dirección General de Cultura de la Municipalidad, La Florida 62, o en el teléfono: 4-373391. También por e-mail, en saltaliteraturaviva@yahoo.com.ar. Fuente: Salta al Día *** Expondrán en Ciudad de México fotografías de Juan Rulfo Entre el 9 y el 30 de agosto se presentará, en la Casa Universitaria del Libro, en Ciudad de México, una exposición con facsímiles de 23 fotografías que hace casi medio siglo ofreció el autor de Pedro Páramo en una muestra similar. El presidente de la Fundación Juan Rulfo, Víctor Jiménez, informó de la exhibición y reveló que hasta hace apenas dos años no se tenía conocimiento de la muestra original, expuesta en 1960 en la ciudad de Guadalajara, en el occidente mexicano. Por contra, se creía que la primera exhibición de fotografías del escritor había tenido lugar en los años 80. Jiménez explicó que las fotografías de la exposición original fueron localizadas en el archivo fotográfico de Rulfo, compuesto de siete mil negativos, gracias a la colaboración del profesor de literatura estadounidense Lon Pearson, que había visitado la muestra que se celebró en Guadalajara hace 47 años. El testimonio de Pearson se publicó recientemente en el libro Tríptico para Juan Rulfo, bajo el título “Una exposición fotográfica olvidada”, que es también por ahora el nombre de la exhibición, compuesta por imágenes del paisaje, los grupos indígenas y la arquitectura colonial de México. El presidente de la Fundación Rulfo anunció también que a finales del año se presentará en la Galería Manuel Álvarez Bravo, de Oaxaca, en el sur mexicano, una serie de fotografías que el escritor realizó en 1955 en esa zona poco tiempo después de publicar Pedro Páramo. De las siete mil imágenes que tomó Rulfo con su cámara sólo se han dado a conocer hasta ahora alrededor de 600. Fuente: El Universal (México) ||||||||||||||||||||||| ARTÍCULOS Y REPORTAJES |||||||||||||||||||||| === La lección de Andrés Bello Manuel Cabesa ========================= (Nota del editor: en Venezuela se celebra, el 15 de enero de cada año, el Día del Educador. Con tal motivo, este año el Instituto de Previsión y Asistencia Social del Ministerio de Educación [Ipasme] invitó al escritor Manuel Cabesa a dictar una conferencia sobre Andrés Bello, uno de los mayores intelectuales nacidos en el país durante el siglo XIX. Letralia presenta hoy a sus lectores la transcripción de esta conferencia). Buenos días: quisiera comenzar pidiendo una disculpa por adelantado. Quisiera decirles que hablar públicamente de don Andrés Bello me excede, ya que como diría Witold Gombrowicz: “Cuando uno carece de medios para realizar un estudio sutil, bien enlazado verbalmente, empieza a meditar acerca de esas cosas de modo más sencillo, casi elemental y, a lo mejor, demasiado elemental”. Así pues serán pocos los aportes que pueda yo poner esta mañana a su disposición para comprender su obra. Y es que la bibliografía existente sobre este personaje es tan abrumadora, que una vida dedicada a su lectura sería insuficiente. Luego es de destacar la profundidad y erudición con que autores como Pedro Grases, Rafael Caldera, Pedro Pablo Barnola, Emir Rodríguez Monegal, entre muchos otros que se han acercado a la obra de Bello, lo cual deja lo que yo pueda decir en un estado incipiente. Por otro lado está el hecho de que, como muchos venezolanos de mi generación (y supongo que generaciones posteriores a la mía), pensar en Bello, hablar de Bello, estudiar a Bello resultaba un asunto bastante pavoso. Sospecho que tiene que ver con la forma en que a los adolescentes de mi época se les pedía aprender sobre el maestro: Bello venía envuelto en un celofán neoclásico, con el rostro severo y la actitud de un personaje que no guardaba ninguna relación con nuestros intereses cotidianos. Creo que en esto incidía la manera en que nuestros maestros nos acercaban al tema: de una forma fría, sin pasión ni devoción por el tema tratado en clase. Lo que paradójicamente llama a la ironía y a la reflexión, ya que era precisamente Bello quién se oponía a esa forma tan poco estimulante de iniciar a los educandos en el numen de sus estudios. Pero sobre esto volveremos luego. Luego Bello representa, de alguna manera, la parte aburrida de nuestra gesta nacional: mientras los héroes independentistas blandían sus espadas en los campos de batalla en procura de nuestra libertad, Bello permanecía apartado, imbuido en el estudio permanente, desarrollando sistemas morales y jurídicos con los cuales poner en vías de desarrollo a las repúblicas nacientes. Sobre esta aparente contradicción Augusto Mijares reflexiona lo siguiente: Un pintor puede muy bien hacer sensible la idea de la gloria mediante los penachos, los cordones de oro y el sable sonador que se conceden a los héroes; se aprecia muy bien el triunfo del combatiente que esquiva el golpe mortal y logra a su vez derribar al contrario, es un buen asunto decorativo; y hasta el más estulto siente la belleza del valor y la abnegación, cuando esas virtudes las representa un bien formado paladín que espolea su caballo contra el cuadro enemigo. Pero ¿cómo hacer comprender al vulgo que es también un sacrificio heroico de la vida el que se hace en el trabajo y en el estudio, en el silencio y la soledad, para darle vida a una idea desinteresada? ¿Cómo representar mediante colores y formas la abnegación del que se consagra a una obra austera y lentamente la hace crecer, aferrado a ella durante años y años, ciego y sordo a la ronda seductora de los placeres fáciles? Razones más que suficientes para que su vida no sea simpática a la multitud: es incomprensible. Y como a la postre su gloria no es “pintoresca”, según ya dijimos, se reúnen dos motivos muy sólidos para excluirlos razonablemente de aquella clase de pinturas educativas (1). Aunque volcado al estudio y al desarrollo de ideas que con el tiempo iluminarían el cielo de nuestras necesidades civiles, Bello no deja de ser una figura atrayente. El estudioso al detenerse en los momentos trascendentales de su vida, debe reconocer el mucho temple y el gran coraje que implica una existencia castigada por las privaciones, que aún así se mantiene altiva ante un propósito vital: cauterizar a través de la educación las heridas de un continente abatido por la guerra. Los estudiosos de Bello procuran resumir su vida en tres etapas definitorias; veamos cómo las presenta Rafael Arráiz Lucca: La vida de Bello puede organizarse en tres etapas. Una primera que comienza con su nacimiento en la Caracas colonial y culmina con su viaje a Londres en 1810; una segunda que se inicia el día que llega a la casa de Miranda en la Grafton Way de Londres, a los veintinueve años, y concluye con el instante en que zarpa a Chile, a los cuarenta y ocho; la tercera y última es la plenitud chilena que concluye con su muerte, a los ochenta y cuatro años en 1865 (2). Los primeros años en Caracas, desde su nacimiento en 1781 hasta el año en que se decreta nuestra independencia, corresponden al primer aprendizaje: es fama que a los once años leía apasionadamente a Calderón de la Barca y el Quijote. Aprendizaje que culmina con la obtención del grado de Bachiller en Artes que recibe en 1800. Fue el tiempo de las primeras lecturas y los primeros escritos; escritos que luego desdeñaría, tal como lo manifiesta en una carta al intelectual argentino Juan María Gutiérrez en 1845. Allí le dice: “Algunas poesías son producciones juveniles que me avergonzaría publicar ahora”. Tiempo también de exquisitas tertulias en casa de los hermanos Ustáriz donde la poesía y los temas de la política actual se dan la mano entre los participantes. Tiempo en que se perfila su vocación de educador, develando a aquellos contertulios que tenían casi su misma edad los misterios de un saber que ya él iba dominando con la perfección adecuada. Entre estos beneficiarios se encuentra nada menos que Simón Bolívar. El mismo Libertador, años postreros, en una carta escribe: “...fue mi maestro cuando teníamos la misma edad; y yo lo amaba con pasión”. Tiempo en que sin siquiera saberlo se convierte en pionero de muchas actividades intelectuales: aún adolescente acompaña al sabio europeo Alejandro de Humboldt en una expedición al Ávila para inventariar sus especies herbolarias, se hace periodista de La Gaceta de Caracas y es el autor del Calendario Manual y Guía de Forasteros en Venezuela, primer libro publicado en nuestro país en 1810, y en cuyas páginas se encuentra el Resumen de la historia de Venezuela redactado por el propio Bello y semilla del libro que años después preparara Rafael María Baralt con el mismo título. 1810 es también el año en que se inicia el exilio que, sin Bello saberlo, sería definitivo. El 10 de junio de ese año se embarca junto a Simón Bolívar y Luis López Méndez a Inglaterra como parte de la representación que la Junta de Caracas envía ante las autoridades inglesas. Un mes después arriban a su destino y se alojan en el 27 de Grafton Street, dirección donde vivía otro venezolano insigne: Francisco de Miranda. Se dice que fue allí, en la rica biblioteca que poseía el precursor, donde Bello inicia sus estudios de griego. Sería fascinante imaginar cómo fueron las tertulias entre esos dos amantes de las letras bajo la lumbre de los candelabros y frente a una humeante taza de té. Don Pedro Grases nos aporta lo siguiente: En la coincidencia de espacio y tiempo entre Miranda y Bello, hay una poderosa convergencia de intereses que nos puede explicar la afinidad de los dos caracteres. Hay un pensamiento común: América, y una devoción compartida: la cultura. El símbolo de esta estupenda correlación puede ser la magnífica biblioteca particular de Miranda, quien a lo largo de sus andanzas por el mundo no ha desatendido las preocupaciones de libros y lecturas. Si grande ha de haber sido el pasmo ante el criollo universal, mayor asombro ha de haberle producido enfrentarse con la hermosa y rica colección de volúmenes pertenecientes a Miranda. Bello habrá recorrido con avidez explicable el rico tesoro que le prometería tanto nuevo conocimiento, tantas experiencias futuras. López Méndez y Bello, a la partida de Miranda hacia Venezuela, vivieron en su casa de Grafton Street. Dícese que en la biblioteca de Miranda inició Bello sus nuevas pesquisas en tierra inglesa. No es difícil creerlo. Habrá dedicado todos los ocios posibles a enterarse de las informaciones que el medio colonial no ha podido haberle proporcionado (3). Sin pretenderlo la vida de Andrés Bello se queda detenida en la fría capital inglesa durante 19 años. Pero no son años muertos. Este período se destaca por ser una época de estudios e investigaciones, época de formar familia y velar por la prole; pero también época de privaciones y penurias económicas, pero con la mente puesta en la América remota y en los acontecimientos que en ella suceden. Debemos a Arturo Úslar Pietri esta hermosa semblanza: Está envejecido y refleja cansancio. Las arrugas, las canas y la calvicie prematura no han destruido la bella nobleza de su rostro, ni la honda serenidad de aquella mirada azul que parece reposar sobre las cosas sin prisa, pero también sin esperanza. Los guardianes del British Museum, que pasan silenciosos por su habitual mesa de trabajo, lo conocen bien. Es Mister Bello, un caballero de la América del Sur que desde hace diecisiete años visita asiduamente la rica biblioteca. Unas veces se enfrasca en la lectura de los clásicos griegos y su rostro se ilumina de una plácida sonrisa de niño sobre los renglones de una erudita edición de la Odisea. En otras ocasiones lo ven meter tímidamente la mano, como marcando con vago gesto el compás de la medida de una égloga de Virgilio, y, en otras, se hunde en las Crónicas de Turpín o en un tratado de fisiología, o en el grueso infolio de Las siete partidas (4). Los años londinenses son también los años de cristalización de la poética bellista. En Londres, Bello estructura un extenso canto épico al que llamaría América, del cual terminaría sólo por publicar apenas sus dos famosas silvas: Alocución a la poesía, editada en la Biblioteca Americana en 1823, y La agricultura de la zona tórrida, publicada en el primer numero de El Repertorio Americano en 1826. Ambos poemas definirían el rumbo de la poesía castellana, serían el punto de partida de toda una poética nacional que se mantendrá vigente hasta bien entrado el siglo XX. Julio Miranda nos dice: Todo está en Bello, todo remite a él: como prolongación o como contraste, como desarrollo parcial o como negación —se sepa o no, se quiera o no: en el círculo luminoso trazado por su obra (las dos silvas, fundamentalmente) se ha seguido moviendo gran parte de la escritura poética del país, tanto lírica como épica, y no sólo en el siglo XIX. Círculo, pues, casi mágico; castillo encantado capaz de hechizar por su monumentalidad y sus dimensiones internas, también por su armonía aparente —no por su cantidad, sí por lo compacto y estructurado de su presencia. Porque la de Bello (1781-1865) es una auténtica literatura fundadora —y, como tal, mitificante— cuyo “repertorio americano” en verso realiza un tal despliegue temático-anecdótico que imanta, atrae y se traga todo lo que tiene cerca; algo así como un agujero negro de la poesía venezolana —el otro, un siglo después, será Ramos Sucre (1890-1930). La apretada materialidad de dicho repertorio implica que, para escaparle, haya sido necesario apuntar casi directamente a su reverso: descartar su círculo de luz —con su contenido reseñado y codificado— e instalarse en la sombra, en lo nocturno, a veces en lo subterráneo (5). Aunque poseía ya una fama ganada como intelectual, Bello seguía padeciendo un rosario de penurias, sobre todo de tipo económico. Con una familia a la cual mantener, se ve obligado a sobrevivir impartiendo modestas clases particulares. Es entonces cuando recibe la oferta del gobierno chileno para regresar a América, iniciando así la tercera etapa de su vida, y para allá parte un 14 de febrero de 1829. Es en Chile donde verdaderamente se desarrolla su labor magisterial, según nos lo relata Fernando Murillo Rubiera: Uno de los aspectos de más acusado interés en el Bello profesor es el de su método, claramente influido por la huella que en él dejó la forma de enseñar que se le inculcó en los años en que se abrió al mundo de la inteligencia de la mano de aquel hombre, sin duda gran pedagogo, que fue fray Cristóbal de Quesada... De otra parte, el docente Bello se prolongó en sus textos. De esa suerte, si bien Bello no fue un profesor, propiamente hablando, sino ocasionalmente, poco tiempo y reuniendo en torno a sí un número reducido de alumnos, sería incurrir en una inexactitud pensar que su magisterio docente quedó restringido a esos estrechos límites. Sabemos que sus libros se reeditaron varias veces, se divulgaron y fueron adoptados como texto en universidades fuera del país en que vieron la luz (6). Bello proclama, en sus clases y en sus escritos, la necesidad de una educación integral, a la vez inteligible y laboriosa; es decir, que partiendo de las herramientas más elementales, sobre las que se fundan las ciencias y las artes, el educando puede abrirse paso por el frondoso camino del saber. Bello parece suscribir la idea de Montaigne de que “el niño no es una botella a la que hay que llenar, sino un fuego que es preciso encender”. Para eso es necesario desarrollar el espíritu de la observación y de la reflexión para facilitar, de esa manera, el entendimiento y la investigación. Veamos algunas ideas que recoge Miguel Ángel Mudarra: “Es necesario que el niño entienda lo que aprende; pero puede serle perjudicial que se le facilite y allane de todo punto la adquisición de sus primeros conocimientos. No debe formársele un receptáculo pasivo de ideas ajenas, a que él no tenga que añadir ninguna especie de elaboración. Debe acostumbrársele desde temprano a luchar con las dificultades”. “Una enseñanza que no procura acrecentar y desarrollar la observación y otras nobles facultades, no puede ser completa ni producir en el porvenir el menor provecho”. “Procurar bienes y evitar males al individuo y a sus semejantes es el objeto que nos proponemos al formar el corazón y el espíritu de un hombre, y por consiguiente, podemos considerar la educación como empleo de las facultades más a propósito para promover la felicidad humana”. “Todas las facultades humanas forman su sistema, en que no puede haber regularidad y armonía sin el concurso de cada una. No se puede paralizar una fibra (permítaseme decirlo así), una sola fibra del alma, sin que todas las otras enfermen”. “La generalización de la enseñanza requiere un gran número de maestros completamente instruidos; y las aptitudes de éstos, sus últimos distribuidores, son, ellas mismas, emanaciones más o menos distantes de los grandes depósitos científicos y literarios. Los buenos maestros, los buenos libros, los buenos métodos, la buena dirección de la enseñanza, son necesariamente la obra de una cultura muy adelantada” (7). Como han notado he venido hilvanando todo un florilegio de autores y de citas, pero como dije al principio el tema bellista me excede sobremanera. Fíjense que ni siquiera he mencionado la importancia de su Gramática de lengua castellana para uso de los americanos, publicada en 1847 y cuyos conceptos todavía se mantienen vigentes. Pido disculpas por ello. Ahora permítanme un par de reflexiones antes de terminar. Al principio dije que como muchos jóvenes que padecimos el bachillerato en los años setenta, estudiar la figura de Bello me parecía fastidioso, lo cual resulta incongruente ya que es el mismo Bello quien proponía una educación dinámica que incentivara la curiosidad y el amor por los estudios. Sin embargo, resulta que para la mayoría de los jóvenes el aprendizaje de la lengua y sus expresiones literarias no han sido más que letra muerta. Me pregunto: ¿es que acaso la lección que nos ha heredado Andrés Bello ha perdido su vigencia? No creo; pienso que el ejercicio de la educación, más allá de crear herramientas para la práctica de un oficio, es también una forma de comunicación cuyo objetivo es la perfectibilidad humana; la transmisión de ideas y saberes son parte importante de las bases en donde se construye cualquier sociedad. Aprender a aprender, aprender a enseñar conforman el tejido de un aprendizaje aun mayor: aprender a vivir y, sobre todo, aprender a vivir en comunión con nuestros semejantes. Solemos quejarnos de la mala educación en nuestro país, oímos a los burócratas hablar de cambios de paradigmas, culpamos al bajo presupuesto educativo el que maestros y profesor no se sientan estimulados, ni identificados con la materia que manejan, conformándose con repetir como autómatas datos, fechas y fórmulas que muchas veces caen en el vacío. Fernando Savater dice: “En cualquier educación, por mala que sea, hay suficientes aspectos positivos como para despertar en quien la ha recibido el deseo de hacerlo mejor con aquellos de los que luego será responsable” (8). En tanto que educadores ese debería ser el norte de nuestra vocación: mejorar cotidianamente en el estudio y la reflexión para que al mismo tiempo podamos mejorar el espacio donde nuestro discurso se desenvuelve. Darnos la libertad de asumir nuestras dudas y contradicciones para que en el conjunto humano donde se desarrolla nuestra labor podamos discernir, ampliar, fortificar y avanzar en la construcción, no de una sociedad de fríos intelectuales ni anacrónicos sabios, sino en una comunidad de personas civilmente preparadas, conviviendo en armonía, edificando un futuro más deseable para nuestros descendientes. Debemos estar atentos ante esta realidad, no sea cosa que algún día, entre alguno de nuestros alumnos, escuchemos el eco de esta paradójica frase de George Bernard Shaw: “Mi aprendizaje fue interrumpido por los años que pasé en la escuela”. Muchas gracias. Notas 1. MIJARES, Augusto: Hombres e ideas en América. Caracas: Ministerio de Educación / Academia Nacional de la Historia, 1988. 2. ARRÁIZ LUCCA, Rafael: El coro de las voces solitarias. Caracas: Grupo Editorial Eclepsidra, 2003. 3. GRASES, Pedro: Estudios sobre Andrés Bello II. Barcelona (Esp.): Editorial Seix Barral, 1981. 4. ÚSLAR PIETRI, Arturo: Letras y hombres de Venezuela. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana, 1995. 5. MIRANDA, Julio: Poesía, paisaje y política. Caracas: Fundarte, 1992. 6. MURILLO RUBIERA, Fernando: Andrés Bello: Historia de una vida y de una obra. Caracas: La Casa de Bello, 1986. 7. MUDARRA, Miguel Ángel: Semblanzas de educadores venezolanos. Caracas: Fondo Editorial Ipasme, 1988. 8. SAVATER, Fernando: El valor de educar. Barcelona (Esp.): Ariel, 1997. ** Manuel Cabesa hjsherman@hotmail.com Narrador, poeta y ensayista venezolano (Caracas, 1960). Perteneció al Taller de Poesía del Celarg y ha colaborado con las principales páginas literarias de la región y del país. Ha publicado el poemario Vida en común (1985), la antología El acto y el lugar de la poesía. Una antología de arte poética venezolana (Maracay, 2002) y el libro de cuentos Falsificciones (Villa de Cura, 2004). Reside en Maracay, Aragua. === Por los caminos del Homosapiens Manuel Zapata Olivella =========== Presentación Un ser entero que no necesitó nada para estar completo A este hombre maravilloso, revestido de genialidades, jocoso, costumbrista, arraigado, de una sensibilidad absolutamente exquisita y con una mente prodigiosa y brillante, lo único que le faltó fue vida para seguir plasmando en cada una de sus líneas su sentir. Una vez más, nos sorprende con este escrito inédito en donde nos muestra de una manera amplia el recorrido del Homosapiens a través de sus investigaciones y de su pensamiento, literario y científico, cuestionándose de forma sencilla el desarrollo del hombre. Pasados sus 80 años, sus neuronas aún funcionaban perfectamente, con la lucidez de un infante y la transparencia de un riachuelo, y nos demuestra que “la condición de viejo depende del contexto social”. Manuel Zapata Olivella fue sembrador de semillas y colector de cosechas durante toda su vida. Así lo demostró y nos sorprendió a los que tuvimos la oportunidad de conocerlo personalmente. Permaneció joven y receptivo, receptivo a todo lo bello, a los mensajes de la naturaleza del hombre, a sus anécdotas, a sus vivencias, a sus amigos, a sus admiradores y hacia los mensajes del infinito. Él estará y vivirá en el futuro. No le tuvo miedo al eco y supo valorarse en su esencia espiritual. Sencillamente fue él mismo. Lidia Corcione Crescini *** Por los caminos del Homosapiens Manuel Zapata Olivella ¿Cómo expresar cualquier sentimiento amoroso, colérico y artístico de nuestra conducta? ¿O los contrapuestos afectos que envuelven las palabras, Dios y hombre, vida y muerte? ¿Y cuáles las estrategias conceptuales para distinguir, mezclar y expresar las emociones psicoafectivas que nos inspiran los colores y tonalidades frente a un cuadro de Rembrandt, Rivera o Leonardo? ¿Cómo derivar por los olores de un jardín lo que quieren decirnos el titilar de las estrellas en lo alto del firmamento? ¡Aun más paradójico e inexplicable que podamos evocar durante el sueño onírico, emociones y experiencias vividas en la vigilia! La paleontología al escrutar los primeros pasos del Homosapiens, ha podido seguir paso a paso las huellas anatómicas y fisiológicas que le permitieron el desarrollo de sus facultades sensitivas y respuestas abstractas mediante el pensamiento. De igual modo a partir de los gestos, aullidos y silbos, logró articular sílabas y palabras hasta tejer el lenguaje que le permitiera conformar familias, hordas y clanes. Todo ello después de alcanzar en las cavernas, todavía a oscuras, los fundamentos indispensables para la creatividad material y espiritual de la cultura. Observador insomne de la naturaleza y la vida, siempre enfrentado a las fieras, hambrunas, enfermedades y climas rigurosos, le obligaron a inventar herramientas nunca antes existentes: agujas con astillas de huesos; arcos y flechas, cachiporras de palo y piedra, coberturas de pieles, etc. Indudablemente el uso del fuego constituía el principal aliado para subsistir, como se ha comprobado por las cenizas y piedras ahumadas en las primeras cuevas que habitó. Desde luego también fue un recurso para protegerse de las bajas temperaturas y en sus excursiones por la selva mediante antorchas flamígeras. Pero su empleo debió ser el resultado de un largo proceso de creatividad inteligente y de repetidos intentos, desde aprovechar y conservar las brasas de los incendios hasta la chispa al frotar palos y piedras de pedernal. En períodos posteriores y en distintos continentes los arqueólogos han podido deducir los primeros atisbos de religiosidad del hombre primitivo, al excavar dólmenes y pictografías en rocas ribereñas; templetes en altas cumbres y sarcófagos con restos humanos tatuados y junto a ellos cadáveres de animales de caza y plantas comestibles petrificadas, indicios ciertos de rendir cultos a la muerte y a una esperada vida de ultratumba. Acucioso observador de los fenómenos naturales entendió los movimientos del sol, la luna, los mares y ríos; la velocidad del relámpago y su compañero el trueno; las corrientes y rumbos de los vientos; la sucesión de las noches y los días; las múltiples y cambiantes luces de las auroras, crepúsculos y arco iris, pruebas inequívocas de poseer espíritus que los animaban, razón por la cual las ciencias antropológicas lo consideraron como el primer sistema de creencias empero mágicas al cual denominaron “animatismo”. En esta nebulosidad de ideas mágicas, la siguiente aventura fue descubrir que los animales también poseían un espíritu que les permitía rechazar movimientos autónomos para correr, sujetar objetos con las manos, y sobre todo ayuntarse en parejas de distintos sexos para copular y procrear hijos, según las diferentes especies: mamíferos, aves, peces, reptiles e insectos. Observó que, a diferencia de ellos, los árboles siempre en raíz en la tierra no se desplazaban, pero al florecer esparcían semillas que arrastradas por el viento generaban nuevos y abundantes bosques. Sin mayores conjeturas, el hombre primigenio consideró que tanto los animales y árboles poseían espíritus superiores a los que animaban los vientos, fuegos, noches y días; y procedió a implorarles sus poderes, dando principio al toteísmo, término utilizado por la antropología moderna. Ansioso de proteger su vida y prole suplicante le pidió al feroz león le prestara sus garras depredadoras. Quiso también poseer las alas y ojos oteadores del halcón. Al búfalo padrote envidió su falo fecundador. Sintiéndose frágil por su desnudez, buscó protegerse con la doble coraza del rinoceronte antidiluviano. Para nadar en los ríos propuso obediencia al cocodrilo. Y ávido de conocimiento al longevo y filósofo mamut, lo hizo su maestro en el arte de rumiar la sabiduría. Por aquellos tiempos, en el período paleoindio de América ya nuestros ancestros rendían culto totémico al jaguar, la serpiente y la llama, al igual que a los árboles. Aun más, en la tradición de los mayas, los propios hombres se consideraban creados por el Dios Quetzalcoalt, la serpiente emplumada, con tallos y mazorcas de maíz. Simultáneamente en África, los sudaneses del área subsahariana tenían como templo sagrado al Caobabo de frondoso follaje en cuyas ramas dormían sus difuntos, pudiendo conversar con ellos en noches de luna llena. Le daban gracias por sus cosechas y nacimiento de los recién nacidos en la comunidad, ataviados de blanco y coronas de flores, se los presentaban bailando al son de retumbantes tamboras o “lincas”. Con el devenir de los tiempos concebirían el mayor prodigio de la imaginación: deificar a los propios humanos, dando origen a las mitologías y religiones. Se calcula que aproximadamente quince o más siglos antes de nuestra Era, en la Mesopotamia, istmo entre Asia y África a orillas del mar Mediterráneo, convivieron los pueblos más antiguos del Orbe, atraídos por la fertilidad y las tierras bañadas por los caudalosos ríos Nilo en la vertiente africana y el Tigris y el Éufrates en la asiática. Allí intercambiaron las primeras experiencias culturales logradas por los hombres dispersos en los distintos ambientes de la naturaleza: agricultura, pesca, pastoreo, metalurgia, artesanías, edificaciones, etc. Ámbito propio donde los diversos lenguajes entretejieron y unificaron mitologías, cultos religiosos, alfabetos matemáticos y astronómicos. Placenta de las ulteriores civilizaciones de la antigüedad. Entre sus pobladores figuraban descendientes directos del Homosapiens africano: nilóticos, etíopes y kennatas de los Grandes Lagos Victoria (Olde Way), inventores de las primeras herramientas. Así mismo descienden los zulúes de Sudáfrica. Entre los más industriosos se destacaban los egipcios, babilónicos, asirios y fenicios. Del continente euro-asiático procedían pobladores griegos, romanos, celtas, ibéricos, tartesios. Entre los primigenios habitantes del Asia, figuraban indios, persas, mongoles, chinos y japoneses. Y desde luego, nativos del océano Índico, indostaníes, malayos y negritos, seguramente los más antiguos pobladores de América. Si bien es cierto que siglos más tarde en las plazas y calles de Atenas, Roma y el Cairo disertaban filósofos, legisladores y matemáticos y en el armazón de esta Arcada de dioses, musas, ninfas y sátiras, las ambiciones obnubilaron a los césares, faraones, reyes y príncipes, quienes validos de legiones y caballerías armadas de corazas férreas y espadas de acero, conquistaron a pueblos pacíficos y religiosos para esclavizarlos a nombre de sus divinidades. Desde la chispa de pedernal a la desintegración atómica y los viajes interplanetarios Si hemos sido extremadamente prolijos en esta historia del Homosapiens desde su primigenia barbarie, ha sido sólo para resaltar que tales prodigios y oprobios fratricidas fueron perpetrados sin que los más avanzados científicos conocieran la dinámica cerebral generadora de las potencias abstractas del pensamiento. Sin embargo, mucho más sorprendente y terrorífico es constatar que hoy, cuando se conoce la estructura y fisiología de las neuronas cerebrales, igual en todos los hombres, llevados por delirio de grandeza y poder, hayamos convertido nuestro planeta en sepulturas de las modernas civilizaciones. Aunque las hojas de la historia parecieran adentrarse a nuestros pasos, la verdad es que hace tan sólo 100 años y unos cuantos días atrás, en 1906 fue cuando el sabio español Santiago Ramón y Cajal, sorprendió al mundo científico al anunciar que había hallado el método para identificar las células nerviosas o neuronas de la corteza gris del cerebro, altamente especializadas en las funciones del pensamiento. Tras analizar los complejos y microscópicos fenómenos involucrados en el proceso, los denominó por vez primera: arco reflejo monosináptico, lo que le valió el Premio Nóbel de la Academia de Ciencias de Suecia (Fisiología humana, Bernardo Houssay). Apenas cuatro años antes, el fisiólogo ruso Ivan Pavlov había sido galardonado con igual distinción por su experimento sobre los reflejos condicionados e incondicionados de la actividad nerviosa de los hemisferios. Tales aportes convulsionaron las ideas filosóficas, religiosas y científicas de milenios de historia, reduciendo las especulaciones metafísicas sobre el don divino de la inteligencia, a las dimensiones microscópicas observadas en una placa ácida con reactivos químicos. A estos sorprendentes descubrimientos no tardaron en sumarse los ensayos del médico Segismundo Freud, quien ya basado en pruebas anatómicas y fisiológicas, formuló su “Teoría Psicoanalítica del Consciente y el Inconsciente” ubicándolos respectivamente en las neuronas de la corteza cerebral y en los núcleos del hipotálamo. Las interpretaciones freudianas de los complejos incestuosos de Edipo y Electra, tomados de los dramas míticos de la literatura griega, sintieron el rechazo de la Iglesia Católica que veía socavados los fundamentos consuetudinarios de la Familia Sagrada. A su vez los médicos que defendían la patología organicista, consideraron el psicoanálisis como un renacer de la brujería bajo el ropaje seudocientífico. Se replanteaba, pues, la vieja encrucijada entre el conocimiento empiromágico que había nutrido la sabiduría de los pueblos a través de la historia, enfrentando al pensamiento filosófico y religioso de la praxis cultural y científica. Un dilema ontogénico que se recrea en cada niño que nace al convertirse en un nuevo demiurgo cuando inventa sus primeras palabras para reconstruir la realidad a imagen y semejanza de sí mismo. ** Manuel Zapata Olivella Investigador colombiano (Santa Cruz de Lorica, Córdoba, 1920; Bogotá, 2004). Estudió medicina en la Universidad Nacional (Colombia), pero se dedicó a plenitud a las investigaciones antropológicas y etnográficas; a la literatura, destacándose en la narrativa (novela y cuento), al teatro y como guionista para radio y televisión. Ha participado como conferencista en múltiples eventos científicos, culturales y literarios en América, Europa y Asia. Recibió, entre otros, el Premio Espiral sobre Testimonio (Bogotá, 1954), el Premio de Novela Casa de las Américas (Cuba, 1962), el segundo lugar del Premio Seix Barral de Novela (Barcelona, España, 1963), el Premio Literario Nuevos Derechos Humanos (París, 1988) y el Premio de Novela Francisco Mattarazzo Sobrinho (Brasil, 1988). Publicó las novelas En Chimá nace un santo; Detrás del rostro; El gran putas; Chambacú, corral de negros; Tierra mojada; La calle 10; El fusilamiento del diablo y Hemingway, el cazador de la muerte; los libros de cuentos Cuentos de muerte y libertad; El galeón sumergido y ¿Quién le dio el fusil a Oswald?; las obras de teatro Los pasos del indio; Las tres monedas de oro; El retorno de Caín y Caronte liberado; los libros de testimonio He visto la noche; Hotel de vagabundos y Pasión vagabunda; los ensayos Los pasos del folclor en Colombia; Cantos religiosos de los negros de Palenque; Traducción oral y conducta en Córdoba; Identidad del negro en América Latina; Las claves profundas; Etnografía colombiana; Golfo mágico; Nuestra voz y Las claves mágicas de América. ** Lidia Corcione Crescini licorcione@gmail.com Narradora y poeta colombiana (Cartagena). Abogada egresada de la Universidad de Cartagena (http://www.unicartagena.edu.co). Columnista del periódico El Universal (http://www.eluniversal.com.co), de su ciudad. Textos suyos han sido publicados en las revistas Unicarta de la Universidad de Cartagena; Oxigen (http://www.revistaoxigen.com), de Madrid; Revista Literaria Remolinos (http://es.geocities.com/revista_remolinos) y Aula Caribe. === Del poeta nació el amor, que creció y se hizo poema: Silvia Campazzo == === Fedor García Luna ===================================================== Qué raro ver impreso a un poeta inédito hasta la médula del poema, polvo y hueso de su palabra convertida en letra impresa real. Repetido en la virtualidad de Internet, archivado en el trópico, y a veces, la fiesta de la palabra pasa de rodillas, miserable altar de unos cuervos cojos ciegos, que no hacen sombras. El poema nace detrás de la palabra, donde el verbo es sombra lúcida de su propio silencio. El poema convoca en su nombre a todo y nada. El abecedario, el diccionario, los escaparates están llenos de palabras y papel. Desde siempre y mucho antes, la “manía” fue poetizar la palabra o el lenguaje fue la palabra real en el poema de lo cotidiano. Aire, oxígeno de aquel hombre y mujer, que el hielo y las cavernas convirtieron en primavera. Hablaron todos los elementos por su boca y palabras. Años ha, el cosmos era un huevo gaseoso a punto de estallar. Entre paréntesis, amor, poemario de Rolando Gabrielli editado el 14 de abril en Colombia, impreso por Ediciones Cisne Color Ltda., ha estallado por fin en 92 poemas y tres cadáveres exquisitos, con lo que el autor resuelve su propio olvido. Poesía de amor, poesía en la poesía y poesía palabra: un solo lenguaje. No es difícil abandonar el momento cumbre del olvido de sí mismo, ha dicho el autor de Entre paréntesis, amor, arrastrando las húmedas vocales y consonantes. Una edición muy cuidada, con una portada en rojo, muy sugerente, ilustrada por una mujer de espalda desnuda, silueteada, con una bata roja que cae informalmente hacia su cintura sobre una cama. Al fondo, en un gran primer plano, una ventana cubierta en parte por una cortina. La contraportada es una fotografía muy sensual de unas largas y hermosas piernas, cuya parte superior de la mujer está cubierta por una bata roja. La contraportada está contrastada y enmarcada en negro. El poema Última fortaleza, se refiere a la portada de alguna manera: Tu espalda / sigue siendo / mi obsesión / es tu última / fortaleza. Y las largas piernas, como una geografía chilena, están trazadas en más de uno o dos poemas. Las fotografías están suscritas por SC y el diseño del libro a cargo del colombiano Hernán Santos, quien buscó una armonía estética para toda la obra en la textura del papel y en su nítida tipografía. Entre paréntesis, amor, se expuso en la XX Feria Internacional del Libro en Bogotá, Colombia, recientemente concluida. Un par de volúmenes fueron robados del stand de Chile o de algún descuidado armario en esos días, lo que significa que la poesía goza de buena salud. (Es tal vez un homenaje a Roberto Bolaño, quien sobrevivió en su juventud con lecturas robadas de las librerías del DF). También estuvo en la Casa Silva de la Poesía y un librero mexicano compró un flamante recién editado ejemplar. Gonzalo Rojas se llevó otro a Chile. Manuel Silva Acevedo y un animador de la TV chilena, sendos libros. Suficiente para romper el hielo. Silvia Campazzo, profesora argentina, en un prólogo de 11 líneas traza la atmósfera del libro y define al poeta en la intimidad, respiración de su verbo. Es un guiño para el lector, una señal, porque como dice Gabrielli “la poesía es la búsqueda del Otro”. Se busca con la palabra: carne, cuerpo, materia, una atmósfera húmeda. Silvia Campazo sostiene en su brevísima y precisa introducción al poemario, que “en cada verbo un sentido, en cada adjetivo un deseo y en cada punto, el tiempo de retomar el aliento para volver amar y seguir sintiendo”. “Del poeta nació el amor, que creció y se hizo poema”. “El poema”, enfatiza Campazzo, “fecundó la pasión que se esparce en estas páginas como en sábanas revueltas”. ¿El poema fue anterior al amor o la palabra fecunda primero la sombra antes que el cuerpo? Así Rolando Gabrielli ha desenredado el ovillo de palabra y ha echado a rodar el carretel de su esperanza en el camino de sus versos, concluye la profesora Silvia Campazzo, desde el fondo de su(s) propia(s) lectura(s) del poemario de 112 páginas redondas, estética y agradablemente impresas, acota: “Este es el hombre, el poeta y su obra, atravesada por la invencibilidad de la distancia”. En su última página, a modo de corolario, el autor advierte: “Un libro no se explica, es como una historia de amor, sucede. Éste fue escrito con todos mis sentidos, para una mujer, que es todas las mujeres, el poema”. La poesía / es cosa muda / rota dice y toca / pasa y queda / provoca. Tres antiguos, tradicionales, permanentes, universales temas contiene el libro: el amor, el poema en el poema y la palabra. El lector es quien escoge las palabras y se queda con la última cuando lee un libro. Debe comer, beber y ayunar en el “El plato del poeta”: Repaso la poesía / como la vida / en un plato hondo / vacío de letras // y estómago / eructo / sin tener que decir / Nada por obligación / Repaso / la poesía / sobre un plato vacío. La elocuencia del poema en lo que no se dice, se sabe, el silencio, la soledad y el oficio dentro de un plato vacío. ¿Para qué editar?, se habrá dicho mil veces Gabrielli. Un libro con muchas señales y guiños, nos ha dicho Silvia Campazzo desde su intuición y lecturas. Más allá de las palabras el autor ha dibujado un largo y estrecho paréntesis y “el lector sabe que tiene más que palabras, un ruido que la hoja en blanco contiene y no ahoga”. Se siente la respiración en el poema, de quien lo escribe y lo lee, y de para quién fue escrito. La respiración de dos es un juego más profundo y sagrado. El poema sólo tiene un recurso, sus palabras. “Santa palabra”: Arrodíllate, le digo // en cruz, Santa palabra, / inquisidora mía / revélate ahora / y condénate conmigo / por todas las vigilias / De los siglos / si quieres. Una poesía que tiene cuerpo, un verbo que copula, penetra, impregna y humedece la punta de la palabra en ese pozo de luz oscura irrefrenablemente. “Verbo copulante”: Verbo copulante, mi coma / mi punto, mi rosa helada / todo el abecedario / lo bendigo en tu nombre / A mí me yace, a mí me vive / Tierra si no soy tu tierra, / húndome o primavera muscular / frívolo rompiente verano / verbo rojo, doliente / mi paréntesis hablante copulante. El libro tiene diversos pisos, capas, contaminación, mixtura, obsesión, reciclaje, una mirada hacia lo desconocido, señala su autor. Hay ciudades míticas en la memoria del poeta, Denver, México, D.F., Ciudad de Panamá, Santiago de Chile. A pesar del largo silencio sobre el papel, porque Gabrielli ha escrito varios libros de poesía y prosa, según dan cuenta algunas publicaciones virtuales, un poema recoge la obsesión, la dependencia visceral del poeta sobre su propio oficio y género: “Poesía”: Soy tu sirviente / considérame tu público servidor / humildemente / un cómplice incondicional. / Tócame el corazón / con la yema de tus dedos / desnuda la semilla seca / y sé mi fruto. Texto confesional, medalla de múltiples caras en una sola: la poesía. “Poema” complementa esta postura, alarde de silencio en el silencio de la palabra. A veces siento / que he alimentado / un elefante blanco. / La página, la página. Entre paréntesis, amor, respira la mujer de carne y hueso, la femme, la Musa, la Bella, porque el poema / respira en el poema / como nosotros / un solo cuerpo / del delito consumado. La palabra se consuma en el poema, como la carne sobre la carne. ¿Nos devora / el cuerpo / del poema // la palabra / o este amor / que respira / este aire / sin palabras? Preguntas en un confesionario público, transparente, en la intimidad del diálogo. De esta respiración mutua, paréntesis, intervalo de una realidad jugada en el imaginario del poema nace “La sin par”: Tú eres la sin par / mi folletín del atardecer / musa soleada en el rojo espejo / Te recuerdo en una taberna / y sólo se ve nieve / una catedral que asciende / nube imaginaria / ¿Qué esperas ángel para volar / soy el agua adivinada en el bautizo de tu mano / Un búho que arroja sus ojos / en el pozo de un hilo sin punta / que crece en la noche del poema. El hilo seduce en el poema, palabra por palabra, no la madeja. El poema dice/calla/narra/describe como sugiere “Descripción de la mujer”. Es un ángel bestialmente hermoso / arbitrario, patéticamente tierno, / me asfixia su silencio. / Su ombligo habla / y yo le debo mi libertad / lúdica bisagra, empuja forastero / tu profundo oro de la noche, amor / luna plana, brillante, ciega / el tacto oscuro de tus manos / es pétalo, es rosa, lágrimas. Toda poseía verdadera respira por la herida. Esta no es la excepción. Poesía que pulsa una época, un río que la recorre. El poeta echa fuego a su palabra, aconseja, cuando veas arder la capilla de la poesía. Fuego y más fuego, el poeta ama / con frenesí desenfrenado / desbocado / caballo sobre yegua. La palabra no se rinde. Hay más poesía en Entre paréntesis, amor, tal vez una historia, como suele ocurrir en el amor. Ciudades, el tiempo y la muerte, unas cuantas nostalgias que nos dejan ver las palabras cuando se juntan de cierta manera al decir y callar. El poema tiene la última palabra y el lector que le otorga su propia visión y lectura. Las palabras de Silvia Campazzo son precisas, hilo sobre el hilo de la historia que narra y quizás en la palabra esté la invencibilidad del poema. Dame tu palabra Entrégame tu verbo, tu lengua, tu cuerpo, dame tu palabra. Ciego voy Ciego voy hacia tu luna, beso tus abismos, amor, tus carnes en cruz y mis clavos, el morado sol, tus profundas bocas, mis parcelas, estas noches doradas, los labios baten sus lenguas, dicen quién eres, quién soy, dentro de tus abismos, la flor y la espina, una isla abre otra isla. Sol rojo De rodillas, siento que un naipe abre el negro vicio del juego, la rótula instalada con su hermana en las blancas sábanas, se vienen las nieves el alba rosa de la mañana, horas en que el pan entra al horno y despunta la sangre en la cresta de un gallo, sol rojo de alas maduras, vuela, vuela al infinito. Bestia Bestia, pisas la noche, vas por tu alimento. Compartimos, lo poco que tenemos o lo mucho, la presa que somos. Seda Seda soy yo, el gusano, vísteme. S Sólo ámame, sedúceme con tu libertad. Ancla en mí. Oh, cedazo Oh, cedazo me filtras el amor en unos cuantos miserables granos, que el viento trae y lleva y trae. Marea Déjate ver, marea, recoge el velo, desnúdate. Mi negocio Mi negocio son las palabras que carecen de estanterías, del ruido infernal de la cartelera, no tienen nombre, ni dejan de nombrar, aborrecen todo perfil noticioso, escupen saliva, prefieren callar, ser mudas, no tienen lomo de etiquetas, formalmente pueden ser unas putas, completamente descarriadas, vírgenes inmaculadas. Calcomanía Yo me repito, me calco en el poema, hago que me borro y unto el dedo de saliva y se me seca la palabra. Carta a un púgil Continúo por estos escenarios de cuarta categoría, haciendo sombras con un verbo oxidado. La poesía, rota, inútil desvencijada, vieja maleta de otro paseo. Estas calles son ahora, La ciudad frente al océano, el día que viaja como una persiana, abre y cierra la luz. Armo los días como una cartelera de poca monta, la sombra crece frente a un contrincante que surge de la nada. El país se aborrece El país se aborrece, se borra a sí mismo, es la pausa olvidada de su tránsito. El hombre en la ciudad, como la palabra, se gasta en el muro. El poeta exiliado, en un cuarto oscuro hace sombras con las palabras. La oveja descarriada cambia el balido por el despiadado silencio del sacrificio como el poeta cuando no encuentra las palabras. Finalmente Finalmente, palabra he de morder el polvo para que tú puedas mover las alas y yo respire de tu aire sin conocer el aire que respiro. === Los descendientes de Babel Daniel Navarro ======================== (Nota del editor: preparada antes de la entrega de los premios Oscar de este año, este trabajo del escritor y naturalista mexicano Daniel Navarro compara la estructura narrativa del filme Babel, de Alejandro González Iñárritu, con la figura del benshi, la persona que se encargaba de explicar al espectador la historia que se desarrollaba en las películas del cine mudo japonés). Un curioso invento de la época japonesa del cine mudo es el benshi. Frente a la pantalla, mientras transcurría el filme, una persona al frente daba explicaciones acerca de la historia, diálogos y significado. Percibiendo y modulando las reacciones del espectador, el benshi tendía un puente entre las imágenes en pantalla y el lenguaje verbal. Asimismo, dialogaba entre visiones de otras culturas, y las tradiciones populares locales. Para ello se requería de enorme talento y fue motivo de admiración entre los japoneses, al grado de que cuando se inventó el cine sonoro, tardaron años en desaparecer. Actualmente se sabe poco de los benshi fuera de Japón. En el cine moderno, los subtítulos proporcionan traducciones “instantáneas” de los diálogos, y el denominado “Close Caption” incluye no sólo representación escrita del lenguaje verbal sino también de sonidos, lo cual está diseñado para espectadores con problemas auditivos. Antes de 1940, los benshi parecían indispensables porque las diferencias de lenguaje y expresión parecen intrínsecamente imposibles de derribar. Esto sucede hasta la fecha y no únicamente en Japón ni sólo en el cine. El esfuerzo del esperanto (1) es una prueba de ello: aproximadamente dos millones pueden comunicarse a través de esta lengua en todo el planeta. Una cantidad ínfima después de más de un siglo de haber sido inventada. En un mundo lleno de formas de lenguaje (casi siete mil lenguas diferentes registradas), la identidad de la palabra verbal es poderosa. Tales formas de comunicación conllevan algo más que signos o de reglas gramaticales, forman la columna vertebral de conductas, pensamiento, religión, mitología. Usando el símbolo bíblico de Babel, el director Alejandro González Iñárritu y el escritor Guillermo Arriaga elaboran una película en el año 2006. Tríada de historias interconectadas, profundamente humanas, y que demuestran justamente el caso que ocurre cuando por circunstancias accidentales, el lenguaje verbal conduce al caos, a la falta de entendimiento, a la violencia. Y a través del filme Babel, encuentran la forma de hacernos entender que, en condiciones de desesperanza, ansiedad, dolor, otro lenguaje surge de manera natural, profunda, espontánea: el lenguaje fundamental del cuerpo que va más allá de las palabras. La película refleja sentimientos universales: amor y violencia, odio o competencia, aullidos o diálogos de sordomudos, otras formas de comunicación que requieren ya sea el contacto con la piel, las miradas de solidaridad de una anciana, o las posturas de alegría, amor u odio en menores de edad. Del libreto a la pantalla, Alejandro González Iñárritu se propone alcanzar al espectador. Y por algunos acusado de nihilismo, pienso que nos llega, nos conmueve en su propio mensaje artístico. Si hacemos cuentas con los cuatro idiomas que se registran en Babel, un total de 953,9 mil millones de hablantes del planeta entienden en forma nativa alguna parte del filme. Cosa nada sencilla, porque supera por un estrecho margen al idioma de mayor densidad de hablantes en el mundo: el chino, con 937,1 mil millones. El equipo de actores es soberbio, con Brad Pitt encabezando el elenco y generando tanta admiración que en una crítica de The New York Times se considera a su papel, encarnando a un turista norteamericano en Marruecos, como la mejor actuación de su carrera. La parte marroquí muestra una desgarradora secuencia en ambientes desolados, cabras y comidas comunales de un solo plato. La lista de actores es distante a lo que estamos acostumbrados, pero el papel de Boubker Ait El Caid como Yussef es poderoso, encarnando a un niño que se rinde ante la policía, con las manos en alto, confesando y al mismo tiempo implorando ayuda por un hermano agonizante. En la contraparte fronteriza México-Estados Unidos, un valemadrista y rebelde norteño es encarnado por Gael García, quien recibe encuadres nocturnos de fotografía que recuerdan al archivo Casasola. Su personaje impulsivo contrasta notablemente con el de Adriana Barraza, una amorosa nana que no se arredra ante el sofocante desierto californiano y sucumbe ante los rinches (como se le denomina localmente a la policía fronteriza de Estados Unidos) en su esfuerzo para tratar de mantener con vida a dos pequeños norteamericanos menores de edad. La parte central del filme deslumbra con el destello continuo que surge de Rinko Kikuchi y su personaje de joven estudiante sordomuda de clase alta en la sociedad japonesa. Su candidez e inocencia se mezclan con erotismo, desesperanza y revelación, que cierra la película en un ambiente de desequilibrio y ternura. Gustavo Santaolalla, ese argentino universal tan querido en México, imprime su audio-sello una vez más, después de haber vagabundeado musicalmente con Amores perros, del propio González Iñárritu, Diarios de motocicleta, y con el genial Ang Lee y su desafiante Brokeback Mountain. Si bien el filme ha recibido siete nominaciones para el Oscar de febrero de 2007, ojalá me equivoque, dudo mucho que pueda alcanzar dicha presea. La competencia fundamental será con el trabajo de Clint Eastwood y su tratamiento fílmico al icono militar y nacionalista de los Estados Unidos: la batalla de Pearl Harbor. Por otra parte, la cuasi anarquista visión del mundo en Babel, de desprecio a la autoridad en uniforme, levantarán poco aprecio de los críticos de la Academia. En aisladas ocasiones el cine es admiración, por eso es enormemente reconfortante escribir acerca de este benshi chilango moderno que nos visualiza como descendientes de Babel, y nos recuerda que de todos modos, a pesar de los lenguajes, no somos tan diferentes. Notas 1. Del 27 al 30 de julio se llevará a cabo el 55º Congreso Anual de Esperanto League for North America en Tijuana, en donde se tratará de incrementar el conocimiento del esperanto como lenguaje universal. Véase http://esperanto-usa.org/node/667. ** Daniel Navarro rei_cancun@hotmail.com Escritor y naturalista mexicano. Escribe en el periódico Voz del Caribe (Cancún, México) una columna semanal de cuento denominada "Camafeos literarios", y ha escrito las series de cuento tituladas Cuentos mejicanos, así como De ninfas. Conduce el taller de lectura Al Aire Libre en la Casa de la Cultura de Cancún. Aparece en http://www.anuariodelarte.com así como en http://www.tulumlanovela.com. Mantiene una bitácora personal en http://daniel-navarro.blogspot.com. Crítica a la biología pura Miguel A. Schmucke P. Según la manera como Enmanuel Kant entendía los conceptos, podría traducirse nuestro título como “Investigación sobre la verdad evidente en biología”. A pesar de su carácter oscuro y hermético, los textos de Kant operaron una verdadera revolución en la filosofía, cuyos efectos llegan hasta la actualidad. Él acuñó la frase “Sapere aude” (“Atreverse a conocer”); vamos entonces a atrevernos a conocer su criterio y específicamente a la consecuencia en una de las ramas del conocimiento, de la cual algunas de sus premisas están aún por ser definidas. Nos vamos a referir a la ciencia biológica. En uno de sus principales libros, Crítica de la razón pura, Kant desarrolla la tesis de la existencia de los juicios “sintéticos a priori”. Según su filosofía, estos juicios eran los que verdaderamente caracterizaban al “conocimiento científico”. Su esfuerzo por tratar de definir el verdadero conocimiento se justificaba por el hecho de que, tanto en su tiempo como en el nuestro, han existido conceptos, ideas y teorías falsas, y siempre se ha hecho necesario para el intelecto poder disponer de instrumentos que permitan identificar lo verdadero de lo falso, y para ello Kant nos ofrece el llamado “juicio sintético a priori”, juicios de naturaleza “híbrida”, debido a que son juicios que tienen características, tanto de los llamados “juicios analíticos”, como de los llamados “juicios sintéticos”. Los juicios analíticos pueden hacerse de manera universal, e independientemente de la experiencia; son, por lo tanto, a priori, pero no constituyen un aumento del conocimiento. Los juicios sintéticos aumentan el conocimiento, pero dependen de la experiencia de un hecho particular; parecen ser, por lo tanto, a posteriori. Sin embargo la ciencia debe producir afirmaciones no fortuitas. Kant define el problema de la ciencia como “la fundamentación de los juicios sintéticos a priori”, es decir, afirmaciones de validez universal que puedan realizarse independientemente de la enumeración de los hechos constatados por la experiencia de un solo individuo. El mejor ejemplo que se puede proporcionar para entender la naturaleza de un juicio sintético a priori (juicio verdaderamente científico según Kant) es el siguiente: no es igual decir “El calor dilata los cuerpos”, que decir “El calor siempre dilata todos los cuerpos”; este juicio es universal, necesario y no sujeto a la experiencia, es decir “a priori”. En resumen, para que una proposición sea realmente conocimiento científico, además de ser universal, necesaria y también de no estar sujeta necesariamente a la experiencia, debe además producir un aumento del conocimiento. Los biólogos evolucionistas afirman que “los organismos vivos evolucionan”, afirmación que realmente no ha hecho que el conocimiento biológico aumente, debido a que todavía se ignora el mecanismo que explique la forma en que se produce, y también que “la evolución es el fundamento de la biología moderna”. Ahora bien; si es bien sabido que la evolución no es universal, debido a que existen especies que no han evolucionado, como el género de los quelonios, y que tampoco es necesaria para explicar las variaciones genéticas, debido a que este fenómeno es consecuencia de las funciones bioquímicas del ADN, señores profesores, respondan esta pregunta: ¿qué tan bien fundamentada podrá estar la biología moderna..? ¡Atrévanse a hacer conocer la verdad! ** Miguel A. Schmucke P. maspar@cantv.net Docente y comunicador social venezolano (Caracas, 1954). Ha publicado artículos de opinión en los diarios El Impulso y El Informador, sobre temas de filosofía, didáctica, historia, psicología, polìtica y ciencias en general. |||||||||||||||||||||||||||| ENTREVISTAS |||||||||||||||||||||||||||| === Evelio Rosero Diago: ================================================== === Desde la paz preguntan por nosotros =================================== === John Jairo Junieles =================================================== Entrevista con el escritor colombiano ganador del Premio Tusquest Editores de Novela en España 2006. Su novela ganadora, Los ejércitos, fue lanzada en el marco de la 20ª Feria Internacional del Libro de Bogotá. Colombia es una flor extraña con pétalos de orquídea y cebolla, en un jardín feudal perfumado de altas hogueras. Qué guerra de poderes inconfesables se libra en este país, qué ventrílocuos hay tras escena. Qué destino espera a esa nación de nómadas atemorizados que crece en el vientre del país oficial. Ese país portátil del que habla el escritor colombiano Evelio Rosero Diago en su novela Los ejércitos, donde conviven de forma incestuosa lo más sublime de la condición humana, con los arrabales y las tinieblas del hombre, y que nos recuerda aquellas líneas de T. S. Eliot: “¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?, ¿dónde esta la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?, ¿dónde el conocimiento que hemos perdido en información? Veinte siglos de historia humana nos alejan de Dios y nos aproximan al polvo”. Los ejércitos obtuvo el II Premio Tusquets Editores de Novela 2006. Según Evelio Rosero (1958), “la novela está ubicada en un pueblo imaginario en Colombia, cualquier pueblo, cualquier aldea, sometida al conflicto tan desafortunado que estamos viviendo, me refiero sobre todo a los civiles, a la gente”. El novelista, que ya abordó un tema similar en su anterior obra, En el lejero, recordó el trabajo de investigación que llevó a cabo para mezclar “mucho de realidad y mucho de ficción”. Destacó que los hechos que aparecen reflejados en la obra “son totalmente reales, están tomados de recortes de periódicos, noticias de televisión y testimonios de desplazados, sobre todo a la ciudad de Cali. Este conjunto de acontecimientos verídicos son los que han dado forma y han consolidado el argumento de la obra”, quien agrega que en Colombia “hay cuatro ejércitos, todos alimentados por el peor enemigo: el narcotráfico”. En declaraciones a Europa Press, el autor explicó que se decidió a abordar esta temática hace varios años, “cuando los secuestros en mi país se empezaron a intensificar y muchas personas se vieron obligadas a abandonar sus casas, sus trabajos y sus vidas para desplazarse a otras ciudades a causa del miedo y la amenaza continua”. El resultado de todo ello fue “una obra que me ha dejado vacío” y permitió “enterarme de muchos aspectos humanos que desconocía”. “Procuré no insistir tanto en los esclarecimientos políticos que mueven a estos ejércitos, sino a la consecuencia humana en la gente de Colombia, que es la que pone los muertos”. Evelio Rosero nació en Bogotá. Cursó estudios de comunicación social en la Universidad Externado de Colombia. Es autor de la trilogía novelística Primera vez, integrada por las obras Mateo solo (1984), Juliana los mira (1986, traducida al sueco, noruego, danés, finlandés y alemán) y El incendiado (1988, II Premio Pedro Gómez Valderrama a la mejor novela colombiana publicada en el quinquenio 1988-1992). Sus novelas posteriores, Señor que no conoce la luna (1992), Las muertes de fiesta (1995), Plutón (2000), Los almuerzos (2001) y En el lejero (2003), así como sus libros de relatos Las esquinas más largas (1998) y Cuento para matar un perro y otros cuentos (1989), han sido tema de estudio y tesis universitarias. En 2006 obtuvo en Colombia el Premio Nacional de Literatura, otorgado por el Ministerio de Cultura. Dice Eduardo García Aguilar: “El premio que acaba de obtener Evelio Rosero —el más prestigioso para novela en el ámbito iberoamericano por la calidad de sus jurados— puede ser una sorpresa para muchos, mas no para quienes hemos seguido su camino desde el inicio con admiración y alegría... Rosero comenzó desde muy temprano una obra literaria de méritos extraordinarios con una narrativa nerviosa, ágil, que nunca cedió a la facilidad y exploró los más inquietantes caminos de la locura y el horror de la vida. Con novelas como Mateo Solo (1984), Juliana los mira (1986), El incendiado (1988) y la para mí espectacular Las muertes de fiesta (1995), entre otras muchas obras, Rosero forjó un cuerpo narrativo de primer orden”. Aquí una entrevista con el autor de Los ejércitos. —Heráclito decía que el tiempo es un niño que juega a los dados. Según la ciencia, el primer recuerdo se produce cuando el sistema nervioso se modifica como respuesta a un determinado estímulo. Cuál es su primer recuerdo, esa foto mental. —Son dos recuerdos, y ambos ocurren, como es natural, en la infancia. El primero de ellos, a los cinco o seis años, en Fontibón, donde vivíamos. Había una niña llamada Sandra, y vivía en la esquina, en una casita blanca, con antejardín. Seguramente yo le había dicho a Saél, un amigo, que Sandra me gustaba. Una mañana, frente a la casa de Sandra, los vecinos asomados a las ventanas, los amigos, todos empezaron a reír y asegurar que Sandra y yo éramos novios, y que nos íbamos a dar un beso. De pronto la puerta se abrió, salió Sandra. La recuerdo vestida de blanco, era rubia. Y se acercó a mí, decidida. Todos los vecinos coreaban nuestros nombres. Yo pensé que se trataba de un beso en la mejilla. Ya era demasiado tarde cuando vi el rostro de Sandra cerca del mío, y luego sentí el beso en los labios. Recuerdo la risa de los vecinos, las carcajadas, pero sobre todo la sensación de ese primer y único beso. Empecé a correr con todas mis fuerzas y sólo me detuve cuando ya no podía más, en un potrero. Caí, casi desmayado: sentía el corazón rebotando contra la hierba, y, en mis labios, los labios de Sandra, todavía, y todavía sigo sintiéndolos, como el primer deslumbramiento. El segundo recuerdo es también una suerte de aliento vital; ocurrió a los nueve o diez años, en Pasto, en la biblioteca de mi padre. Yo acababa de leer el Robinson Crusoe. De hecho, acababa de cerrar el libro. Y descubrí, de pronto, que yo quería escribir también, contar historias, descubrí que yo quería ser escritor, que era un escritor —y sin haber escrito aún el primer libro. Semejante descubrimiento fue una luz purificadora, la paz, íntima, de un horizonte definido: ya sabía quién era yo, y para qué viviría. —Mirando hacia atrás, ¿qué aspecto considera determinante para que su vocación creadora sobreviviera a las barreras y contingencias sociales propias de los países latinoamericanos? —Justamente porque es la vocación creadora, el convencimiento y la alegría de hacer lo que queremos. Las barreras y contingencias, aunque resulte paradójico, alimentaban las fuerzas de escribir. Siempre que las cosas se ponían difíciles el acto de escribir me salvaba, aunque a veces, muchas veces, de manera irresponsable. Tener que aplazar los pagos de arrendamiento, deber las facturas y servicios, deber dinero a los amigos, a los hermanos, me hacía refugiarme con mayor obstinación en la escritura. Algo tenía que salvarme, tarde o temprano. —¿Por qué unos temas le han atraído más que otros? —No podría afirmar que unos temas me hayan apasionado más que otros. Simplemente hay unos temas que nos determinan, que son viscerales, que nos impiden el sueño. Esos son los que remueven y conmueven los argumentos que resuelvo en mis novelas. Los temas “a medio camino”, que no son tan... determinantes, tarde o temprano los desecho. Aguardo sobre todo el escalofrío total, una especie de rebelión contra algo, o alguien, incluso yo mismo, contra lo instaurado. Y un deseo —general— de luchar contra el olvido, edificar el pasado, otra vez, y vivificarlo mucho más que el presente. —Frente a las dudas e incertidumbres propias del acto creativo, ¿cuál es su actitud laboral, qué tipo de ejercicios prácticos o soluciones artesanales desarrolla, para saltar los silencios creativos en medio de los proyectos? —Sólo he experimentado un único “bloqueo creativo”, o “crisis” (como lo definen varios escritores) en mi vida de escritor. Todas esas dudas e incertidumbres me cayeron en bloque, me resquebrajaron. Y ocurrió en Chía, hace ya varios años. Seguramente porque me había separado de quien era mi compañera, por los problemas económicos, el aguardiente a solas, el silencio literario que me rodeaba, dudé de mi propio trabajo. Incluso pensé que no era realmente un escritor, que yo mismo me había engañado, y que ya era tiempo de despertar, de no seguir el juego a los sueños. No lograba adelantar una sola página de la novela que me encontraba escribiendo, pasaba días enteros sentado frente a la hoja en blanco, fumando como una chimenea, y estuve a punto de arrojar la toalla, incendiar todos los proyectos de escritura y pedir trabajo como profesor en un colegio, o redactor de un periódico. La única manera de salvar ese desánimo fue escribiendo, precisamente, un artículo bastante pesimista, titulado “La creación literaria”, y que fue publicado por el Boletín Bibliográfico del Banco de la República. Allí decía, sin ambages, lo que me sucedía. Afirmaba que sentía que “me estaba repitiendo”. Nada más peligroso, e inútil. Sencillamente los escritores escriben y vuelven a escribir sobre sus vidas, a lo largo de todas sus obras. En fin, con ese breve ensayo-suicida yo claudicaba ante mí mismo. Pero, irónicamente, la escritura y publicación de ese mismo trabajo me desbloquearon; volví a escribir, casi de inmediato, y lo hice con fuerza redoblada, cuando muchos amigos y lectores daban por hecho que yo estaba acabado, sobre todo los “reseñadores” de ese mismo boletín, que se fueron lanza en ristre contra mis obras: no me importó: lo único bueno fue que nunca más volví a padecer semejante incertidumbre. —¿Con qué criterios encara el proceso de hacer ficción a partir de la realidad autobiográfica? ¿Cómo teje esas dos dimensiones: el alambre de la realidad y la seda de la ficción? —La realidad de la ficción, cuando escribo, es más real que la realidad que vivo. Así tiene que ser. Aunque esté trabajando con base en personajes de la infancia, de mi pasado, o plenamente ficticios, ellos se imponen. Tienen más sangre y carne y huesos que los seres reales que me rodean, más vivos que yo mismo. Si la realidad de la ficción, de la novela, coincide con la realidad presente, pues tanto mejor. Pero lo único determinante es que el trabajo de escritura está más vivo, y es más real que cualquier otro aspecto de la realidad. —La gama de intereses de los lectores es tan amplia como las propuestas de los escritores; sin embargo, es una realidad que hay en la literatura colombiana dos o tres tendencias editoriales masivas, entre ellas el aprovechamiento del morbo despertado por la violencia, y las confesiones sexuales. ¿Cuál es su visión de este fenómeno? —Yo no llamaría tendencias a las confesiones sexuales, o el tratamiento de la violencia, etcétera. Uno es honesto con su obra, o por lo menos trata de serlo. El despertar sexual, el impulso sexual, son parte vital de cualquier ser humano. La muerte, y si es la muerte a la fuerza, como la que padecemos los colombianos, es algo que remece nuestras fibras más íntimas. La sinceridad del trabajo literario está en acometer estos aspectos si realmente lo necesitamos como escritores, testigos de su tiempo, y no como mercaderes aprovechando las tendencias del día. —Si una muchacha o un muchacho le dice que está pensando en dedicarse a escribir, en asumir esa vocación como algo real, ¿usted qué le diría? —No lo estimularía, pero tampoco buscaría disuadirlo. Un escritor, tenga la edad que tenga, no se acercaría a nadie a preguntar si sería bueno escribir. A lo sumo, y con seguridad, enseñaría una docena de cuentos, mostraría todos sus poemas. El escritor, si lo es de verdad, no espera a que otro decida por él si vale la pena escribir. El joven escritor siente —como nunca lo volverá a sentir en toda la vida—, que es el mejor escritor, el más grande, más grande que cualquiera. La vida le irá dando sus sorpresas (como reza la canción), pero también le irá entregando los frutos, buenos o marchitos, pero siempre sinceros, de su trabajo. ** John Jairo Junieles johnjairojunieles@yahoo.com Escritor colombiano (Sincé, Sucre, 1970). Es periodista, guionista e investigador de temas literarios. Estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Cartagena, y cursos de Periodismo en la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano. Ha publicado Hombres solos en la fila del cine (novela); El temblor del kamikaze (cuentos), Canciones de un barrio en la frontera (poesía), Temeré por mí al final de estas líneas (prosa poética) y Papeles para iniciar el fuego (poesía). Nominado al Premio Rolex Mentor de Suiza (2003), Premio Nacional de Literatura Ciudad de Bogotá (2002) y ganador de la Beca Nacional de Novela del Ministerio de Cultura (2002). Textos y reflexiones suyos pueden leerse en su weblog (http://johnjairojunieles.blogspot.com) o en su página web (http://espanol.geocities.com/johnjairojunieles/John_Junieles.htm). === Leonardo Maicán, un narrador apasionado por la historia =============== === “El escritor es un cronista de su época” ============================== === Rafael Ortega ========================================================= “La literatura es un monstruo de mil y una cabezas. Es un monstruo que se come a sí mismo, se devora a sí mismo, pero a la vez se recrea” En su haber se cuentan algunas menciones en reconocimiento a su trabajo literario. En el año 1992 publicó su primer libro de relatos, titulado Duelo de ases, y ahora comparte su trabajo docente con la escritura, oficio al cual llegó sin saber cómo ni cuándo, según nos confiesa el propio Leonardo Maicán (Maracay, 1967): “Mis inicios en la literatura son un poco oscuros. Es como si le preguntaras a alguien cuándo comenzó a caminar. Nadie sabe cuándo comenzó a caminar en sí. Algo así es la literatura. Empezamos a gatear, pero no tenemos conciencia. Damos nuestros primeros pininos para caminar, pero no tenemos conciencia. De repente, cuando somos niños leemos y escribimos, pero todavía no tenemos conciencia de que vamos a ser unos creadores, unos escritores. En bachillerato, algunos escribimos poemas cuando nos enamoramos de una compañera de estudios o de una profesora. Es algo tan instintivo como aprender a caminar, nunca sabemos cuándo comenzamos en sí”. —¿Hubo alguna influencia en tus lecturas iniciales? —Mi madre es una gran lectora, pero eso no influyó en mí. Todo fue espontáneo. Cuando era niño, mi abuela me mandaba a comprar los periódicos y me gustaba leerlos. Aunque aprendí a leer a los siete años, un poco tarde; de hecho, comencé a hablar casi a los cinco. En mi casa pensaban que iba a ser mudo. Pero ahora atribuyo eso a que sentía un gran apego hacia mi mundo interior. Recuerdo cuando era estudiante de bachillerato y mi profesor era el poeta Alberto Hernández. En una prueba, Alberto nos dijo que por cada cinco errores ortográficos nos bajaría un punto. Pues, bueno, yo presenté el examen y escribí un relato de unas diez líneas. Cuando el profesor me entregó el examen me llamó aparte y me dijo: “Tú eres un tipo raro, si quisieras sacar veinte, lo sacas”. En aquellos tiempos, lo reconozco, no era un estudiante sobresaliente, era más bien tímido. Escribía una que otra cosa, pero luego destruía lo que hacía. Mis primeras lecturas fueron novelitas de kiosco, vaqueras, ciencia ficción. Cuando comencé a leer “literatura seria”, los primeros libros que cayeron en mis manos fueron Los tres mandamientos de Misterdoc Fonegal, de Francisco Massiani; El Llano en llamas y Pedro Páramo, de Juan Rulfo. —¿Qué te motivó a escribir? —Como lo dije antes, siempre he tenido mi propio mundo interior. La vida es como una historia, como una narrativa. Es el hacer, el narrar, el actuar y siempre he sido muy observador. En mi cuento “Salón”, por ejemplo, trato de retratar la descomposición de la sociedad venezolana, la corrupción, la trata de blancas, la política burocrática... reflejo un poco lo que fue el cuatro de febrero del noventa y dos. El escritor es un cronista —para bien o para mal— de una determinada época. —En una etapa de tu vida decidiste alistarte en el Batallón de Paracaidistas del Ejército venezolano, ¿qué anécdotas guardas de aquella experiencia? —Desde niño me llamó la atención esa gente que se lanzaba desde las alturas. Cuando veía a un paracaidista en la calle era como si me topara con una estrella de cine. Decidí alistarme en el Ejército venezolano porque había desertado de la escuela y me dije, bueno, voy a meterme ahí a ver qué pasa. Buscaba experimentar y allí descubrí un mundo nuevo: el mundo militar, lo rígido, la disciplina, lo que llaman el carácter espartano. Levantarse a las cuatro de la madrugada a hacer ejercicios, a subir cerros trotando. En mis ratos libres leía. Cuando los oficiales pasaban revista en los escaparates siempre conseguían un libro en el mío. —Hablemos de tus influencias literarias... —Soy amante de la literatura antigua. El Quijote lo he leído como tres veces, al igual que las Novelas ejemplares. También está Dante Alighieri; Platón, con La República; Eurípides, Petrarca, Sófocles... me gusta mucho la literatura vieja, antigua. Es como si fueras a Centroamérica y te encontraras en la Selva Virgen con unas ruinas mayas, algo así como si las ves desnudas en el tiempo, en el espacio, y tú las percibes, las tocas y las hueles, las saboreas. Incluso, la literatura prehispánica, es algo sagrado. Aunque no puedo negar que me he nutrido mucho con el boom. Somos post boom. Cortázar, García Márquez, Vargas Llosa, Bryce Echenique... independientemente de su ideología. A mí no me interesa que un escritor sea de derecha o izquierda, lo que me interesa es su literatura, su obra. También están Milan Kundera, Thomas Mann, Giovanni Papini y entre los venezolanos puedo mencionar a Salvador Garmendia, José Rafael Pocaterra y Guillermo Meneses. De Garmendia, que en paz descanse, confieso que fue uno de los escritores que más he admirado y tuve el honor de que fue jurado de un concurso literario donde recibí una mención honorífica. Ese mismo año se publicó Duelo de ases y me gradué de bachiller. Cuando entré al Pedagógico, estudié la parte lingüística de una manera más precisa, con la obra de Chomsky, Saussure y Jacobson, descubrí mi parte lingüística, los misterios del idioma, la fonética, la semiótica. Cuando leo una obra siempre me fijo en la manera como el escritor trata el tema, del estilo. Además, soy un apasionado de la historia, no sólo de Venezuela, sino la universal. La historia y la literatura van de la mano. Es como descubrir ciudades bajo la tierra. Algunos de mis relatos tienen que ver con la historia. —Aparte de la narrativa, también has publicado algunos ensayos, ¿en cuál género te sientes más a gusto? —Me gusta tanto el cuento como el ensayo. Comencé como cuentista, pero me siento a gusto con el ensayo. Nuestra mente es como un barco que va en el mar, en el mar de los sargazos, en un mar atlántico, un mar mediterráneo, que no sabe hacia dónde va, pero siempre va hacia un punto. Me gusta experimentar, leer la obra de equis autor y escribir sobre eso, siempre y cuando me resulte interesante. —¿Qué opinas de los talleres literarios? —Los talleres son un invento del siglo XX, quizás uno de los antecedentes se encuentra en el decálogo de Quiroga, que aunque no es un taller en sí, éste nos indica el camino a seguir. Creo que cada escritor respira de una manera diferente, come diferente, camina diferente. Los talleres nos sirven, quizás, para unificar criterios y guiar a las nuevas voces que se levantan. Muchos escritores famosos nunca pasaron por un taller de literatura. Ahora, ¿para qué se han prestado los talleres de literatura hoy en día? Para formar la línea y formar tribus, ¿cuántas tribus hay, cuántos talleres hay? Eso no debe ser así, debe haber unión. Participé en un taller con el poeta Harry Almela y reconozco haber aprendido mucho de él. Recuerdo una frase suya: “Hay que aprender a oír”. Cuando vamos al centro, al mercado, en medio de la bullaranga, hay que afinar el oído. —¿Es difícil para un escritor publicar su obra en Venezuela? —A pesar de que se ha abierto un abanico, continúa siendo difícil publicar. Si yo fuese millonario, mis amigos y yo tuviéramos varios libros publicados, pero, lamentablemente, no lo soy (risas). —Pero gracias a las nuevas tecnologías se ha divulgado la obra de muchos autores... —Es cierto, la Internet nos ha ayudado a promocionar nuestra obra, ahí está el ejemplo de la página Letralia.com, dirigida por Jorge Gómez Jiménez, allá en Cagua, por medio de la cual se han dado a conocer los trabajos de muchos autores de la región en el mundo global. La literatura es un monstruo de mil y una cabezas. Es un monstruo que se come a sí mismo, se devora a sí mismo, pero a la vez se recrea. —¿Cómo nacen tus relatos? —Nacen de lo cotidiano, del mundo real tomo el lenguaje y lo demás forma parte del estilo propio de narrar. —¿Qué es para ti el oficio de escribir? —García Márquez dijo una vez que escribía para sus amigos. Escribir es una necesidad, aunque tal vez no escriba todos los días. Cuando escribo entablo una conversación con mi propio yo. Escribir es un acto solitario y sagrado. Soy muy exigente con lo que escribo. Mi primer crítico soy yo. Muchos de mis cuentos han ido a parar a la gaveta del olvido y algunos han corrido con la suerte de ser rescatados. El escritor debe ser autocrítico. —¿Cómo ves el panorama actual de la literatura aragüeña? —Hay mucho talento, un diamante en bruto que hay que pulir. Por ejemplo, Alberto H. Cobo, Gloria Dolande, Astrid Salazar, María Luisa Angarita y José Mejías, entre otros. Los he leído a todos y eso me ha revelado que no se ha perdido el tiempo. En cuanto a los poetas representativos del estado Aragua, están Alberto Hernández y Harry Almela, ambos con una obra consolidada, conocida no sólo en estos lares, sino en otros ámbitos. También está Erasmo Fernández, el poeta de la calle, de la ciudad. De hecho, mi trabajo final en la universidad fue sobre su obra y no lo escogí porque es mi amigo, sino por sus méritos. Además, tuve la oportunidad de leer un trabajo de Román Funes, llamado Ínfimo a Coidiz, y me encontré con un poeta que trabaja mucho con el lenguaje y el intelecto. —¿Cómo asumes tu rol cotidiano frente al oficio de escritor? —Como profesor universitario, a mis alumnos siempre les inculco la lectura, les hablo de la transculturización y las deformaciones de nuestro idioma. El castellano es patrimonio de todos nosotros y debemos convertirnos en custodios del idioma. Si no defendemos nuestro idioma, ¿quién lo va a defender? Aunque no se trata de cerrarse ante los neologismos. Un escritor, un creador, jamás debe estar divorciado del entorno. Incluso, uno es parte del entorno. Es algo indisoluble. —¿Para qué sirve un escritor? —Un médico sirve para curar heridas, un hechicero sirve para hacer y contrarrestar maleficios. Pero el escritor es un puente, un cronista de su tiempo, un vínculo entre lo real y el mundo imaginario, una expresión del pueblo. La palabra forma parte de él. Vivir para narrar “Como narrador, gusto de sumergirme en las deliciosas aguas del cuento y la novela. Pero un narrador debe beber de otras aguas. En mi caso, la poesía me ha permitido profundizar en el alma de los personajes que creo; la poesía barniza el ambiente, la trama en general. En tanto que la lectura de obras de teatro ayuda al narrador a pulir sus diálogos y descripciones, y también, por qué no, permite explorar los demonios del alma humana (ahí tenemos los personajes de Shakespeare, por ejemplo). La lectura de ensayos y de textos de historia es vital: es la luz que nos ubica en el tiempo, permitiéndonos navegar por los enmarañados caminos del laberinto humano. Por último, el creador debe patear la calle, oír sus gemidos, oler sus aromas e inmundicias. Todas estas son herramientas con las que debe contar un narrador”. ** Rafael Ortega rafaelortega@letralia.zzn.com Escritor venezolano (Maracay, Aragua, 1969). Es técnico superior universitario en publicidad. Ha sido jurado en concursos literarios del estado Aragua. Textos suyos han sido publicados en revistas y periódicos venezolanos, así como en las antologías Narrativa aragüeña en Tierra de Letras (Senderos Literarios, 1997), Narrativa de Aragua (Secretaría de Cultura del Estado Aragua, 1997) y Muestra de minificción aragüeña (Secretaría de Cultura del Estado Aragua, 2001). En 2002 publicó su libro de cuentos La última sutileza del diablo. === Efraim Medina Reyes: “Mi mayor fracaso es no tener un hijo” =========== === Juan Ensuncho Bárcena ================================================= El polémico escritor colombiano se le midió a responder el cuestionario de Juan Ensuncho Bárcena y el célebre cuestionario Proust. He aquí el resultado, no menos contradictorio, sorprendente y divertido que el mismo escritor. *** Cuestionario Ensuncho —¿Cuál es el defecto propio que aprecias más? —La modestia. —¿Cuál es el defecto que más aprecias en los otros? —La modestia. —¿Cuál es tu estado mental más extraño? —La realidad. —¿Dónde y cómo te gustaría haber nacido? —Muerto, en el infierno. —¿Por qué razón o por quién darías la vida? —Por cualquiera de las personas que amo. No hay nadie por quien no daría la vida, creo. —Si pudieras matar a un personaje de ficción ¿a cuál escogerías? —Sería muy divertido matar a la madre del payaso de “Opiniones de un payaso”. —¿Cuál es tu extravagancia más estúpida? —Todas. —¿En qué situaciones dices la verdad? —No creo que exista una ocasión. La verdad es un mal del que me curé poco después de nacer. —¿Qué persona viva te inspira más ternura? —Mis dos sobrinas. —¿A qué persona viva desprecias? —Uf... hay un montón... hay que escoger una, ¿no?... una representante... qué pregunta tan jodida. Yo creo que desprecio infinitamente a Bush. —¿Qué palabras o frases jamás usas? —Yo estoy muy contento de haber nacido costeño... porque te imaginas que si hubiera nacido cachaco mi cuento en vez de llamarse “Mi Verga y Yo” se llamaría “Mi Pipí y Yo”. La palabra “pipí” me parece lamentable. —¿Cuál es tu idea de la infelicidad perfecta? —El fútbol de playa. —¿Cuál ha sido tu acto más valiente? —Ser yo mismo. —¿Cuál es tu mayor orgullo? —Haber sido capaz de alegrar la vida de mi madre en esta etapa de sus años... es de la única cosa de la que me siento orgulloso, de ver a mi mamá sonreír por culpa mía. —¿Cuál es la virtud más subvalorada por la sociedad? —Yo creo que... la modestia (jaja). —¿Qué es lo que más te gusta de tu apariencia? —Hombre, a mi siempre me han gustado mis dientes. —¿Cuáles son los nombres que menos te gustan? —Wilson. —¿Qué talento desearías arrojar a la basura? —El talento literario. —¿Qué es lo que más te gusta de la vida? —Sentarme con mi madre a ver televisión, en silencio. —¿Cuándo y dónde has sido más infeliz? —En Cartagena, en la adolescencia. —Si pudieras, ¿qué mantendrías de tu familia en el tiempo? —Lo que conservo por fortuna: la forma despiadada como nos amamos. —¿Cuál ha sido tu mayor fracaso? —En este momento, no tener un hijo. —¿Cuál es tu posesión menos valiosa? —Todas las cosas que tengo. Es lo que menos vale. —¿Cuál es la manifestación más clara de la riqueza? —La suma de los amigos. —¿Dónde te gustaría morir? —En la casa de mi mamá en Cartagena. —¿Cuál es tu pasatiempo más estúpido? —Ver tenis. —¿Cuál es la cualidad que más desprecias en una mujer? —La lucidez. —¿Cuál es la cualidad que más desprecias en un hombre? —En un hombre... el compromiso. —¿Cuál es el héroe de ficción más deplorable? —Flecha Verde, indudablemente. Pobre Flecha Verde. —¿Cuáles son tus villanos favoritos de la vida real? —Los villanitos... Mario Jursito... Andrés Hoyitos... *** Cuestionario Proust —¿Cuál es el defecto propio que deploras más? —No mantener la boca cerrada, al menos 23 de las 24 horas del día. —¿Cuál es el defecto que más deploras en los otros? —Que piensen que soy un buen escritor. —¿Cuál es tu estado mental más común? —La lucidez. —¿Cómo te gustaría morir? —Drogado. —¿Convertido en qué persona o cosa regresarías después de muerto? —En una cosa: Andrés Hoyos. —Si pudieras elegir a un personaje de ficción ¿a cuál escogerías? —Yo creo que Larsen, de El astillero y Juntacadáveres, el personaje de Onetti... es fantástico. —¿Cuál es tu mayor extravagancia? —Creer que soy un tipo chistoso y que le caigo bien a la gente. —¿En qué ocasiones mientes? —Sólo cuando hablo con alguien. —¿Qué persona viva te inspira más desprecio? —David Sánchez Juliao. —¿A qué persona viva admiras? —Admiro mucho a Stefano Benni. —¿Qué palabras o frases usas más? —La palabra que más uso es “Todavía”. —¿Cuál es tu idea de la felicidad perfecta? —Estar tumbado en el sofá con mi perro, mientras mi mujer está en la alfombra viendo la televisión. —¿Cuál es tu mayor miedo? —Le tengo mucho, pero mucho miedo a quedarme a solas con un bebé. —¿Cuál es tu mayor remordimiento? —No haber publicado los poemas de Kennet León Menazas. —¿Cuál es la virtud más sobrevalorada socialmente? —El sentido del humor. —¿Qué es lo que más te disgusta de tu apariencia? —Las marcas de acné que tengo en la cara y el culo. —¿Cuáles son tus nombres favoritos? —Adriana. —¿Qué talento desearías tener? —Me gustaría saber manejar un carro. Tengo uno en Italia, pero sólo me subo en él en el patio e imagino que voy manejando. —¿Qué es lo que más te desagrada en la vida? —Que algo me desagrade. —¿Cuándo y dónde has sido más feliz? —En un apartamento de veintidós metros cuadrados en el sector de La Macarena, en Bogotá, entre 1996 y 2000. —Si pudieras, ¿qué cambiarías de tu familia? —El desorden. La poca capacidad de organización. —¿Cuál es tu mayor logro? —Estar grabando un CD de rock y música electrónica, haciendo la voz principal, habiendo compuesto todas las canciones y habiendo hecho arreglos... sin saber un pito de música. —¿Cuál es tu posesión más atesorada? —Un muñeco de Enrique —el de Plaza Sésamo— que canta rock and roll. —¿Cuál es la manifestación más clara de la miseria? —Tener que pedirles favores a los desconocidos. —¿Dónde desearías vivir? —Bogotá es mi lugar favorito en el mundo. —¿Cuál es tu pasatiempo favorito? —Ver comerciales de televisión. —¿Cuál es la cualidad que más aprecias en una mujer? —Que piense que soy todo en su vida. —¿Cuál es la cualidad que más aprecias en un hombre? —El ser capaz de poner la amistad por encima de cualquier otra cosa. —¿Cuál es tu héroe de ficción favorito? —Flecha Verde. —¿Cuáles son tus héroes de la vida real? —Esto suena bastante lugar común, pero en mi caso qué más puedo decir... mi Madre es la Gran Heroína de mi vida real... Ciro Díaz es otro de mis héroes, una persona que cambió mi visión del mundo... Rómulo Bustos es otro de mis héroes... y más... los amigos en general para mí son como héroes. Reseña biográfica Efraim Medina Reyes nació en Cartagena de Indias hace 40 años. Su carácter inquieto e irreverente se refleja en su actividad como bajista y autor de todas las canciones de la legendaria 7 Torpes Band, en fundar empresas como Fracaso Ltda., cuyo lema dice “Donde se necesite un fracaso, allí estaremos”, y en dirigir películas como 3 horas mirando un chimpancé. Se ufana de haber tenido una impresionante racha de novias gordas y de haber disputado catorce combates de boxeo sin conocer la victoria. En 1995 ganó el Premio Nacional de Literatura Colcultura con la obra Cinema Árbol y otros cuentos (Tercer Mundo Editores, 1996). En 1997 ocupó el primer lugar del Premio Nacional de Novela del Ministerio de Cultura con Érase una vez el amor pero tuve que matarlo (Proyecto Editorial, 2001), cuya versión italiana publicó la prestigiosa editorial Feltrinelli a mediados del 2002. Su exitosa novela Técnicas de masturbación entre Batman y Robin (Planeta, 2002) fue lanzada en España, Italia y Alemania. En 2004 publicó La sexualidad de la Pantera Rosa. El año pasado, Editorial Planeta republicó Cinema Árbol y otros cuentos. Para 2007 prepara el lanzamiento de su novela La mejor cosa que nunca tendrás. ** Juan Ensuncho Bárcena juanensuncho@yahoo.com Escritor y periodista colombiano (San Marcos del Carate, 1975). A los 14 años trabajó para un noticiero infantil de televisión. Hizo radio cultural entre los 20 y los 25 años. En 1997 comenzó a escribir para los suplementos y revistas literarias de Colombia e Iberoamérica. En 1999 filmó un cortometraje, con el cual participó en varios festivales de cine. Desde 2002 ha dirigido siete documentales sobre diversos aspectos de la cultura del Caribe. En 2004 publicó el libro El poeta en el hotel. Vive en Bogotá desde septiembre de 2005. ||||||||||||||||||||||||||| SALA DE ENSAYO |||||||||||||||||||||||||| === Retorno al problema del anonimato Musa Ammar Majad =============== Con este artículo entra a colación el problema del autor, aquel que, luego del “encargo”, da inicio a la cadena del fenómeno artístico integral. El anonimato ha sido receptáculo de observaciones sustanciales, como la de aquel autor que señala la existencia de una “angustia entre el silencio y la palabra”. Y es que bajo el anonimato el autor entra en su propia muerte, la “voz” trata de extraviar su origen, de anularse como entidad responsable. I.- La obra, el anonimato y la intentio auctoris Como invención moderna, el autor, allí donde no es identificado, donde no se le conoce, se le intenta desentrañar, junto con sus gustos y pasiones, no a través de la identificación personal, de la que se carece, sino por medio de una época, de todas aquellas franjas significativas de orden político, económico, artístico y social que enmarcan la obra. Porque, como dice Barthes, “es el lenguaje, y no el autor, el que habla”. Las referencias históricas no permiten, necesariamente, el conocimiento de un antes y un después de la obra para el autor ni el ahora de la misma para el mismo. Lo primero se acerca a la idea romántica del artista que vive antes de la obra, que la piensa y sufre, para dejar que la mano sea tan rápida como la pasión, siendo la extremidad del sentimiento; lo segundo insiste en la forma, en la lentitud para su logro, en la inscripción más que en la expresión. No obstante, queda una sospecha. Inscribir es, según Barthes, trazar “un campo sin origen”. Esto es: un espacio en el que convergen distintos elementos, ninguno de los cuales es el original, en el que se mezclan las formas, estableciendo nuevos pactos que no llevan a crear una tradición cultural sino a manipularla. Es innegable que en base a un texto anónimo no se puede afirmar que el autor carece de pasiones, humores, impresiones, sentimientos, pero sí que posee esa corriente de formas, ese tejido de signos del que extrae los elementos compositivos. II.- La obra, el anonimato y la intentio lectoris Un texto anónimo es un texto “sin seguro”, sin autor, cosa que impide que el ciclo de las interpretaciones se cierre. Sin embargo, un texto, que como objeto cultural está hecho de referencias, de citas, que basa su existencia en la multiplicidad de las mismas, sólo puede tener unidad en el origen o en el destino. Barthes recuerda: Recientes investigaciones (J.-P. Vernant) han sacado a la luz la naturaleza constitutivamente ambigua de la tragedia griega; en ésta, el texto está tejido con palabras de doble sentido, que cada individuo comprende de manera unilateral (precisamente este perpetuo malentendido constituye lo “trágico”); no obstante, existe alguien que entiende cada una de las palabras en su duplicidad, y además entiende, por decirlo así, incluso la sordera de los personajes que están hablando ante él: ese alguien es, precisamente, el lector (en este caso el oyente). De esta manera se desvela el sentido total de la escritura. El lugar donde lo múltiple es cifrado para hacerse unidad está en el lector, en el oyente, en el contemplador, en el que se anexiona, por medio de los sentidos, la obra. Actuando en tal sentido, el lector ha de manifestar un proceso de reconocimiento de los distintos elementos de la obra, respetada como plano de la expresión. Contrario a lo que se pudiera suponer, aquí la competencia lectora no presupone necesariamente identidad con la del productor del texto, ni siquiera con la de los lectores primarios, ya que los niveles de capacidad lectora vienen dados por “posiciones sujeto”, es decir, por puestos de observación desde los cuales se interpreta la obra. Es así que, como texto icónico plástico y como discurso, por ejemplo, una obra de arte puede ser reducida a componentes, a “bloques de unidades expresivas”, que indican un pacto de formas, sostenido por medio de un proceso de filiaciones. Igual un libro. Al captar los signos codificados —el acto de decodificar—, el lector es impelido en una sensación, un esfuerzo, una determinación. Lo que implica, por ende, ver el texto como una unidad intencional. Existe la intención del que lo escribe y existe la intención del que lo lee. En tal acto el puente, el lazo, es el código, que recae, aunque no necesariamente, en el campo de lo convencional, del hábito. Cada haz de convenciones, ya sean simbólicas, ideológicas, de la percepción naturalista o perspectiva, refuerza la presencia de ciertos significados, reprime otros e instaura jerarquías. Se puede producir una reducción de los significados más evidentes a favor de los más ocultos, inconscientes o ambiguos; lo cierto es que cada elemento es portador de significados parciales que a su vez se agrupan en unidades superiores. ** Musa Ammar Majad musamajad@hotmail.com Investigador venezolano (Táriba, Táchira; 1977). Licenciado en letras por la Universidad de Los Andes (ULA, http://www.ula.ve). Dirige la Coordinación de Eventos Educativos del Museo de Artes Visuales y del Espacio (San Cristóbal, Táchira), donde ha llevado adelante el Centro de Investigaciones Históricas, Artísticas y Culturales y el proyecto de registro y catalogación de la colección permanente, entre otras actividades. En 2004 recibió la orden Luis María Rivas Dávila, de la ULA, por su alto desempeño académico. === Papel de Estraza siglo XX: la poesía de Zoila M. Cuevas Paralizábal === === Juan Carlos Hernández Cuevas ========================================== ¡Qué frío es caminar al sol vivo en una ciudad que al progresar, se deshumaniza! Alfredo Gutiérrez y Falcón Uno de los segmentos menos conocidos de la poesía finisecular del siglo XX está contenido en las páginas de la revista mexicana Papel de Estraza (1975-1986), cuyas colaboraciones provinieron —casi todas— de catedráticos, periodistas y profesores egresados de la Escuela Nacional de Maestros y Escuela Normal Superior de la ciudad de México. El grupo literario Papel de Estraza estuvo integrado por sus fundadores Efraín Huítzil López y Alfredo Gutiérrez y Falcón; María Marcela González Urrutia, Fernando Escopinichi Osuna, Guillermo Augusto García Cuevas, Gildardo Martínez Torres, Emilio B. Garzón, Simonetta de Iss, Lino Juárez Méndez, José Torres Juárez, Alicia Valdés y Gutiérrez, Lilia Rebolledo Mendoza, Zoila Mercedes Cuevas Paralizábal, Juan Padrón, Carlos Álvarez Cervantes, Miguel Bustos Cerecedo, Arcadio Noguera Vergara, Guillermo Augusto García y Otto Raúl González. A diferencia de otras revistas —advierte el prólogo de la edición poética antológica 100 (1)—, Papel de Estraza adquirió una posición de vanguardia al convertirse en un foro literario abierto e independiente a las ayudas oficiales y filantrópicas. Es más, ésta sobrevivió por más de una década gracias a las contribuciones económicas de maestros y amigos, tal y como testimonia uno de ellos: ¿Cómo es posible que en México, en plena crisis, pueda sobrepujar una revista literaria como Papel de Estraza, sin mecenas, sin subsidios, sin protección oficial y huérfana permanente de dineros? ¿En México, donde todo puede suceder, menos la protección a la cultura? Y todavía menos si consideramos la nómina integrada por maestros en servicio, sin más patrimonio que su soledad interior ni más tesoro que su increíble capacidad para soñar (Papel de Estraza 100: 99). La función más significativa del grupo fue su generosidad incondicional para dar a conocer poetas inéditos o escasamente difundidos, quienes viéndose confinados al ostracismo ideológico, social, étnico o de género, encontraron una tribuna para manifestar su capacidad literaria y entablar un diálogo continuo y directo con alumnos, profesores y otros sectores del pueblo mexicano que deseaban leer a los creadores de un discurso alterno a los grupos de escritores protegidos por el canon literario y el PRI: Partido Revolucionario Institucional (1946). Pese a las presiones económicas e indolencia de la crítica literaria, la revista fue apoyada con colaboraciones de los poetas de estatura internacional: Miguel Bustos Cerecedo, Otto Raúl González y Ricardo Sánchez (2). Entre las páginas de Papel de Estraza cabe destacar la obra poética de la profesora Zoila Mercedes Cuevas Paralizábal (1931-2006), cuya raíz intelectual se remonta a Sor Juana Inés de la Cruz, quien en el siglo XVII abogaba por los derechos culturales de la mujer novohispana, aunque dentro de una dimensión en la cual las mujeres de color no eran consideradas ciudadanas. A finales del siglo XX, Cuevas Paralizábal reflexiona sobre la condición de la mujer mexicana que desde el hogar, la fábrica, el agro, la oficina, calle o podio universitario, continúa luchando con el propósito de reivindicar su derecho a ser y estar dignamente en el sitio al que fuerzas fuera de su control la han arrojado a través de las centurias y la historia. Su obra poética de-construye grano a grano la falocracia racista, diseñada e impuesta por el colonialismo europeo primero, y reciclada y reimpuesta por el imperialismo norteamericano mediante varios canales de control y persuasión de masas. Cuevas Paralizábal no se parapeta en el discurso latinoamericano moderno de “clases sociales” que camufla el racismo, sexismo y la intolerancia religiosa coloniales que perviven hasta el presente. Contraria a la voz de sus antecesoras y coetáneas, quienes desde las alturas de la torre de marfil del canon literario se suponen defensoras de los de abajo, la voz poética subversiva de Cuevas Paralizábal surge y emana desde “Esa tierra agreste que hoy fructifica” (3) en las conciencias forjadas de los legítimos hijos de la revolución que la oligarquía pretende mantener sin voz ni gracia y tratar como inferiores. Exalta el campo de batalla chinaco (4) en donde “los cuerpos morenos agitados” de un “puño de valientes” empolvados, sudorosos, fatigados, aterrados son los protagonistas de “cruentas y continuas” batallas por una “tierra prometida” cuyos surcos han sido sembrados a lo largo de quinientos años de coloniaje, esclavaje y guerras mezquinas con “cuerpos campesinos” que han venido forjando un espacio de “Tierra y Libertad” para todos, acorde a la sabiduría milenaria heredada de los ancestros indígenas y bantúes, la cual es médula del ethos mexicano revolucionario plagiado por los criollos durante la fase cultural de la Revolución Mexicana: 1921-1968 (5). La autora versifica con libertad los temas clásicos poéticos del amor, vida, muerte, naturaleza, Dios, el tiempo, y crea así un estilo que revela inconformidad, sustentada por el análisis del entorno social capitalino. Hoy he sentido más que nunca la insidia inherente a mi sexo, la divina invalidez del desvalido. La esterilidad e ineficacia de las leyes que rigen el mundo aparente [de los hombres, el impulso exacerbado hasta romper con la armonía que nos rige, el imperativo de gritar y ser oído en el ámbito que nos circunda. Hoy he sentido más que nunca la burla y el escarnio manifiesto en la vasta incomprensión de los humanos, el aherrojamiento férreo de [los goznes [...] la inútil voz de la conciencia, la escala de valores suprimida la dignidad humana arrodillada al no darse a entender con los vocablos, la no identificación de los lenguajes [...] (74: 17-18). Es importante destacar que este poemario no excluye la coparticipación del hombre en la emancipación del género humano, y discurre progresivamente en la intimidad afectiva de la autora que a partir de su propia insuficiencia y condición de emigrante de Villa Hermosa, Tabasco a la capital mexicana en los años treinta, anhela infructuosamente y en plena madurez intelectual, el encuentro y unión sublime con el ser amado, inconsciente de su propia realidad social, entre millones de congéneres urbanos. Una situación patente en “Compañero”: Detén un momento tu marcha, compañero ahora vuelve tu rostro a contemplarme, no esquives más mi mirada, sé sincero, acepta mi mente, mis palabras, no soy ya la sombra de hace siglos. Por derecho soy tu igual, no me rechaces, derriba el muro de ayer, que hoy nos separa, hay mucho por hacer en este mundo de penurias, estrecha la mano cordial que te aproximo; y emprendamos juntos la lucha, compañero (74: 10). Zoila Cuevas es una poetisa lírica que emerge en un ámbito literario muy complejo, en el cual, la producción poética femenina de la época tiene como antecedente las aportaciones de Concha Urquiza, Margarita Michelena, Guadalupe Amor, Dolores Castro, Enriqueta Ochoa, Gloria Riesta, Emma Godoy, Rosario Castellanos, Margarita Paz Paredes; las exiliadas españolas Ernestina de Champourcín, Concha Méndez y Nuria Parés, quienes se establecieron independientes, pero no ajenas, a los movimientos, vanguardias y revistas literarias del siglo XX, integradas por modernistas, ateneístas, colonialistas, estridentistas, contemporáneos, el exilio español y grupos literarios posteriores, que asimismo y en conjunto influyeron en la formación académica de Cuevas Paralizábal en la Escuela Normal de Señoritas y la Normal Superior de México: instituciones que le otorgaron los títulos de profesora de educación primaria y maestra en lengua y literatura españolas. En ambas escuelas ejercían el magisterio escritores, colegas o discípulos de las generaciones que conforman las letras mexicanas del siglo anterior. Entre ellos, la maestra Emma Godoy dejó un acervo indeleble en la educación literaria de Zoila Cuevas, cuya pluma se unió a la de sus mentores y colegas para protestar la matanza gubernamental del 10 de junio de 1971, ocurrida en las inmediaciones de las escuelas normales: un hecho conmemorado en el poema “Diez de junio”: “En recuerdo de los compañeros fallecidos en esta fecha”. En días de lluvia como éste en que el agua apaga el sofocante verano, mi alma se sienta a contemplar el ritmo de la gente que transita y mi mente se agita al recordar la lucha y masacre en esta fecha, la sangre derramada en ese día, la protesta viril sacrificada, los jóvenes ideales aplastados (74: 11). La obra de Cuevas Paralizábal se incorpora a la pléyade de poetas mexicanos que completan estéticamente el ciclo iniciado a principios de siglo XX. Son determinantes en su formación intelectual, las corrientes, grupos y vanguardias literarias entronizadas en la capital; la Revolución Mexicana de 1910, el asentamiento del PRI —promotor de la acelerada corrupción gubernamental y deshumanizante industrialización del Distrito Federal—, los movimientos reprimidos de ferrocarrileros, maestros, guerrillas y estudiantes. Para ella, la poesía es instrumento de liberación social, una invitación abierta que debe contrarrestar los efectos de la premeditada y bárbara modernización urbana; idea perceptible en “¿A dónde vas?”: Tu ausencia de valor me estremece carente de ilusiones hoy te muestras los conceptos de la vida, atrofiados sin querer reconocer que en cualquier tiempo se lucha por conquistar ideales propios. No sigas destilando amargura decídete a enfrentar la vida aparta la indolencia que te ahoga [...] (100: 24). José Emilio Pacheco ha comentado que en la primera década, la ciudad de México se convirtió en capital del modernismo (1: XLVII) donde y simultáneamente coexisten poetas que continuaban buscando nuevas formas de expresión en el haikai (6). El modernismo se distingue en ser la primera corriente de Hispanoamérica que tuvo una dimensión literaria internacional. Los modernistas renuevan el lenguaje y proveen a la poesía con universalidad y ambientes exóticos: Cultivaron juegos de sinestesias, evocaciones helenísticas, el rococó del siglo XVIII, japonesismos y chinerías y símbolos de aristocracia como el cisne o la flor de lis [...] (Anderson 1: 363). El estallido de la Revolución Mexicana coincide con la fundación del Ateneo de la Juventud que, a través de su programa predominantemente eurocéntrico, influye en la conformación de la cultura oficial contemporánea y la educación en México: interés por el conocimiento y estudio de la cultura mexicana, en primer término; interés por las literaturas española e inglesa y por la cultura clásica —además de la francesa ya atendida desde el romanticismo—; interés por los nuevos métodos críticos para el examen de las obras literarias y filosóficas; interés por el pensamiento universal que podía mostrarnos la propia medida y capacidad de nuestro espíritu; interés por la integración de la disciplina cultivada, en el cuadro general de las disciplinas del espíritu (Martínez, 4-5). Al mismo tiempo, la obra poética del ateneísta Alfonso Reyes, escrita y publicada en Madrid, coadyuvó a engrandecer la dimensión de la poesía mexicana en Iberoamérica. En la década de los veinte, el estridentismo se convierte en un movimiento poético que su líder Manuel Maples Arce define: “El estridentismo no es una escuela, ni una tendencia, ni una mafia intelectual, como las que aquí se estilan; el estridentismo es una razón de estrategia. Un gesto. Una irrupción” (Schneider, 66). Los estridentistas publicaron manifiestos y las revistas Irradiador (1921-1923) y Horizonte (Jalapa, 1926-1927). Además de Arce, sus principales animadores fueron Arqueles Vela, Germán List Arzubide, Luis Quintanilla y Salvador Gallardo: Sus primeros trabajos literarios —poemas, relatos, ensayos— fueron de reacción contra la literatura y particularmente la poesía en boga, al mismo tiempo que convocaban a los nuevos escritores a la revolución poética (Martínez, 29). Recientemente, Jaime Labastida ha indicado algunas características del programa estridentista: Los estridentistas surgieron en México con un ímpetu renovador, al propio tiempo estético y político. Intentan desarrollar una poesía en la que se funde la revolución social con la literaria. Rompen moldes. Espantan, aterran (122). Los Contemporáneos (1928-1931), reunidos en la revista que designa al grupo, cultivaron el teatro, el ensayo, la crítica, la narrativa, y particularmente la poesía. Con respecto a su actividad literaria, Andrés Henestrosa asienta: Este grupo —el de Contemporáneos— representaba entonces una tendencia que procuraba incorporar la literatura occidental a la propia, principalmente la francesa, por el lado de Xavier [Villaurrutia] y Jaime Torres Bodet, y la inglesa por el lado de Salvador Novo (Inba, 131). En contraposición al estridentismo, denotan una marcada indiferencia ante el medio ambiente de México: “los desprecian por igual las derechas conservadoras de los veinte que las izquierdas militantes de los treinta” (Palou, 239). Los Contemporáneos Carlos Pellicer, Bernardo Ortiz de Montellano, Jaime Torres Bodet, Enrique González Rojo, José Gorostiza y otros, integraron en 1919 un segundo Ateneo de la Juventud. Su expresión literaria quedó contenida en la antología Ocho poetas (1923). En la capital mexicana, y a través del siglo, continuará imperando un ambiente literario antagónico que congrega a poetas de diversas generaciones e ideologías en las revistas literarias Revista Moderna (1870-1919), Pegaso (1917-1918), Falange (1922-1923), Ulises (1927-1928), Contemporáneos (1928-1931), Taller Poético (1936-1938), Taller (1938-1941), Rueca (1941-1952), Cuadernos Americanos (1942), Letras de México (1937-1947), Ábside (1937-1978), Tierra Nueva (1940-1942), El Hijo Pródigo (1943-1946), Universidad de México (1946), Revista Mexicana de Literatura (1955-1965), Cuadernos de Bellas Artes (1960-1964), los suplementos culturales México en la Cultura (1949-1961), La Cultura en México (1962-1972), La Gaceta (1971) del Fondo de Cultura Económica, Plural (1971-1976), Vuelta (1976-1998) y otras. El Hijo Pródigo, explica Octavio Paz, reúne escritores de dos generaciones y tres revistas: Contemporáneos, Taller y Tierra Nueva (111). Los refugiados españoles crean las revistas España Peregrina (1940), Romance (1940-1941), El Pasajero (1943); la tercera época de Litoral (1944); Las Españas (1946-1956), Ultramar (1947), Clavileño (1948), Presencia (1948-1950), Segrel (1951), Sala de Espera (1948-1951), Los Sesenta (1964), Diálogos de las Españas (1957-1963), Diálogos (1964-1985), etc., y colaboran en un considerable número de revistas mexicanas. Jesús Silva Herzog funda Cuadernos Americanos; y Octavio G. Barreda funge como editor de Letras de México e inaugura El Hijo Pródigo que publica a un respetable número de poetas. Según Francisco Caudet, y con base a las palabras de Octavio G. Barreda, la exclusión de Octavio Paz, Xavier Villaurrutia y Samuel Ramos en las colaboraciones de Cuadernos Americanos, creó un clima tenso. Hubo desacuerdos con el radicalismo americanista de Silva Herzog, y se acusaba a su revista de prestar poca atención “a lo europeo, la síntesis de lo nacional y lo universal” (163). Durante aquel tiempo y ante la escasa difusión de la poesía escrita por mujeres, el exiliado español Max Aub conjunta en su Antología de la Poesía Mexicana (1950-1960), una selección de la poesía femenina del periodo literario que comprende a Margarita Michelena, Guadalupe Amor, Dolores Castro, Rosario Castellanos, Nuria Parés y Ernestina de Champourcín: representante de la “Generación del 27”. Es en esta atmósfera donde Zoila M. Cuevas, siendo estudiante de la Escuela Normal Superior de México y alumna de Margarita Paz Paredes y Arqueles Vela, colabora en la revista Juglar (1977), y posteriormente en Papel de Estraza, donde la mayoría de sus poemas aparecen en los volúmenes 62 y 74, con el rubro Poesía del Último Cuarto. El número 100 incluye una semblanza y siete poemas más, entre los que cabe destacar “Los hombres de 1910”: dedicado a su padre “Alejandro Cuevas Gómez, uno de los hombres de la Revolución”. Me conmueve la lucha que arrostraron el vívido terror de tantas veces, el sudor, la fatiga derramados, gota a gota por el polvo del camino. Los cuerpos morenos agitados cubiertos por la manta, casi harapos abrojos y espinas a sus plantas Los miembros ateridos, desgarrados el grito ahogado en las gargantas: de “Tierra y Libertad” [...] Los surcos de esta “tierra prometida” sembrados con los cuerpos campesinos enlutóse por meses y por años, cubriendo amorosa a sus hijos [...] (100: 25) La poesía de Cuevas Paralizábal es una invitación abierta a compenetrarse en la visión y sentimientos de la autora que ofrece aspectos biográficos y testimonio parcial de un tiempo convulso, en el cual contribuyó por más de tres décadas en calidad de profesora de educación primaria; lengua y literatura hispánicas en escuelas secundarias, Colegio de Bachilleres, y en los movimientos magisteriales independientes. En aquellos años amables y ásperos, la poesía fue para ella un mundo abierto y estimulante que surgía y conformaba disciplinadamente en sus cátedras y cuadernos que manifiestan su vasto conocimiento de la literatura universal y lengua española: aprovechados con el fin de sintetizar reflexiva y poéticamente sus vivencias cotidianas. En sus primeros poemas, hay un acento de alegría y dolor que parte del subjetivismo recreado en la musicalidad de los versos o calidades sensuales, plásticas y sensoriales, regidas por la ilación emotiva y el pensamiento. “Coplas” y “Horizonte” ejemplifican lo dicho: I Si yo no te conociera, si yo no te amara así, ¿Qué haría? ¡Con tantos años de vida! ¿Qué haría? ¡Con esta pena mía! ¿Qué haría? ¡Con esta existencia mía! (62: 4) El horizonte gris que me rodea se torna azul cuando me miras, escucho tu voz metálica en mi oído. El alma vuelve a mi cuerpo nuevamente. Y la vida para mí toma conciencia (62: 3). La doble condición de ser mujer y mexicana, diría Rosario Castellanos, aflora en la segunda serie que profundiza en la realidad sociopolítica personal y colectiva, determinada por el tiempo, vida, muerte, la rebeldía y esperanza de una existencia decorosa. Esta creatividad desvela un acento de humanidad realzado por hermosas metáforas y otras figuras literarias que enriquecen la calidad expresiva de una poetisa del siglo XX, quien nos ofrece su sabia inconformidad, soledad y ternura en “Despierta mujer”: Desde tu cuna mujer se te señala el camino a seguir en esta vida, te encasillan en un mundo de presiones, es el molde a emular, el de tu madre. Patrón cultural de hace diez siglos [...] Si te atreves mujer a rebelarte y levantas la cabeza desafiante usando tu razón y tu derecho ¡Mil soplos de calumnia te acorralan! Despierta mujer de tu letargo intégrate a la realidad que te circunda [...] (74: 7). Sus últimos poemas prosiguen temas anteriores, sin embargo, manifiestan una mayor profundidad filosófica que universaliza la visión poética personal, convirtiéndola en un libro abierto. Entiendo que el vivir es aventura: lanzados somos del mar de los ensueños, de un oscuro, confortable mundo, pasamos al real ...esplendente mar de disturbios y emociones pasajeras [...] Sentimos que la vida es nuestra, el ciclo ... la etapa se repite, nadamos en un mar de ilusiones, condicionados para continuar en la efímera, “la frágil existencia” (100: 26). A guisa de despedida a la colección de Papel de Estraza, Cuevas Paralizábal reflexiona en “Creación”: ¿Qué fuerza te ha creado Universo? No hay ciencia que resuelva tal enigma creación divina, celestial muestra evidente, planetas, asteroides y cometas en rítmico y perenne movimiento, trazando en el éter mil piruetas (100: 28). En los albores del siglo XXI, Papel de Estraza continúa rezagado por la crítica literaria mexicana e instituciones gubernamentales. No obstante, la relevancia de sus cuentos, crítica, divulgación, poesía, ejercicio del periodismo cultural, y labor docente en la Escuela Nacional de Maestros y otras instituciones, le asignan un espacio extraoficial en la literatura del siglo anterior. Obras citadas • ANDERSON IMBERT, Enrique. Historia de la literatura hispanoamericana. Vol. 1. México: FCE, 1961. • AUB, Max. Poesía mexicana (1950-1960). México: Aguilar, 1960. • CAUDET, Francisco. El exilio republicano en México: las revistas literarias (1939-1971). Madrid: Fundación Banco Exterior, 1992. • CEIDE-ECHEVERRÍA, Gloria. El haikai en la lírica mexicana. México: Ediciones de Andrea, 1967. • CUEVAS PARALIZÁBAL, Zoila Mercedes. Papel de Estraza 62 (19?): 4-17. —. Papel de Estraza 74 (19?): 3-18. • Grupo Literario Papel de Estraza 100 (1984): 22-26. • HERNÁNDEZ CUEVAS, Marco Polo. África en el Carnaval Mexicano. México, D.F.: Plaza y Valdés, 2005. —. African Mexicans and the Discourse on Modern Nation. Dallas: University Press of America, 2004. • INSTITUTO NACIONAL DE BELLAS ARTES. El trato con escritores 2. Dibujos de Jesús Escobedo. México: Ediciones Inba, 1964. • LABASTIDA, Jaime. La palabra enemiga. México, D.F.: Editorial Aldus, 1996. • PACHECO, José Emilio. Antología del modernismo (1884-1921). 2 vols. México: Unam, 1970. • PALOU, Pedro Ángel. La casa del silencio. Aproximación en tres tiempos a Contemporáneos. Zamora, Michoacán: El Colegio de Michoacán, 1997. • MARTÍNEZ, José Luis. Literatura mexicana siglo XX; 1910-1949. México: Antigua Librería Robredo, 1949-1950. • PAZ, Octavio. Sombras de obras. Arte y literatura. Barcelona: Seix Barral, 1996. • SCHNEIDER, Luis Mario. El estridentismo o una literatura de la estrategia. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1997. Notas 1. Se indica que la portada fue obsequiada por el prestigioso dibujante y grabador mexicano Alberto Beltrán García (1923-2002). 2. Algunos títulos del mexicano Bustos Cerecedo (1912-1998) son La noche arrodillada (1933), Tres poemas revolucionarios (1935), Remoto amor (1942), Elegías para recordar un amor (1950), Oración a Enrique González Martínez (1952), Sonetos (1953), La Ciudad de México en la poesía (1974), Biografía de un amor: poemas (1982), Nocturnos para vivir un sueño (1986), Antología poética (1995). Parte de la prolífica obra poética del exiliado guatemalteco Otto Raúl González (1921) abarca: Voz y voto del geranio (1943), A fuego lento (1946), Sombras era (1948), Viento claro: poemas de un viaje al amanecer del mundo (1953), Hombre en la Luna (1960), Para quienes gusten oír caer la lluvia en el tejado (1962), Diez colores nuevos (1967), Oratorio del maíz (1970), Cementerio clandestino (1975), Sonetos mexicas (1987), Concierto para metralleta: cántigas para el Che Guevara (1997), Colibrí y conejo: medio siglo de poesía (1998), Versos del tapanco (1999), Galería de Gobernadores del Soneto (2002), De Xibalbá es que vengo (2003). Ricardo Sánchez (1941-1995) es uno de los más prominentes poetas de los Estados Unidos de América. Autor de Canto y grito mi liberación (y lloro mis desmadrazgos...) (1971), Hechizospells (1976), Milhaus Blues and Gritos Norteños (1978), Brown Bear Honey Madness: Alaskan Cruising Poems (1981), Amsterdan Cantos y Poemas Pistos (1982), Selected Poems (1985), Eagle Vision/Feathered Adobes (1990), The Loves of Ricardo (1997). 3. Éste y los versos siguientes provienen del poema “Los hombres de 1910”. 4. Según Marco Polo Hernández Cuevas, los chinacos son los célebres guerrilleros afromestizos de la Guerra de Independencia (1810-1821), Guerra de Reforma (1858-1861), Intervención Francesa (1862-1867) y Revolución Mexicana (1910-1920), descendientes de los cimarrones que durante el periodo colonial (1521-1810) desarrollaron una cosmovisión propia (África en el Carnaval Mexicano, 111-30). 5. Así denomina M. Hernández al periodo 1921-1968 (African Mexicans and the Discourse on Modern Nation, 1). 6. José Juan Tablada y Efrén Rebolledo introdujeron el haikai en la poesía hispanoamericana. Gloria Ceide Echeverría indica que el haikai es “una poesía dotada de un alto sentido filosófico, llena de preocupaciones y los sentires de un hombre particular ante las múltiples facetas que componen su mundo. Presenta una visión de la vida, sentida y objetivada en tres versos de un poema. Un pequeño incidente, aparentemente insignificante, pero sin embargo parte integral y representativa de la vida misma” (10-11). Carlos Álvarez Cervantes, catedrático de la Escuela Nacional de Maestros y colaborador de Papel de Estraza, continuó cultivando el haikai. ** Juan Carlos Hernández Cuevas juancarlos_59@hotmail.com Investigador. PhD en estudios hispánicos (literatura latinoamericana) por The University of British Columbia (Vancouver, Canadá), máster de artes por Pórtland State University (Portland, Oregon, EUA), licenciado en artes y letras (Portland) y minor en estudios africanos (Portland). Tiene también una diplomatura en educación primaria por la Escuela Nacional de Maestros de Ciudad de México. Ha publicado "México" en Max Aub en el laberinto del siglo XX (Ed. Juan María Calles; Valencia, España, 2003) y "Los cuentos mexicanos de Max Aub" en Actas del Congreso Internacional Max Aub: testigo del siglo XX (2003). Becario de la Fundación Max Aub (Segorbe, Valencia, España; 2000-2001), ha trabajado como instructor de español para Emporia State University (Kansas, EUA, 2002-2004). === Una transformación inconclusa Giovanni González Arango =========== No podría hablarse del desarrollo de las sociedades modernas sin remitirse al auge de los medios, como quiera que se convirtieron en la ruta obligada para legitimar la composición del mundo social. La creación de las instituciones y el desarrollo de su marco de relaciones para con los individuos son procesos propios de la vida moderna, que debieron establecerse a la luz de iniciativas mediáticas, pues no sólo fue ésta la ruta para la advertencia de las problemáticas, en rededor de las cuales se tejió el proyecto moderno, sino la de las propuestas para sus respectivas soluciones. Será este el núcleo problémico de las opiniones que, a continuación, tendrán la oportunidad de conocer. La institución, máximo símbolo moderno Como en efecto se reconoce, la modernidad implica una profunda relectura del mundo, que sugiere la derogación de límites impuestos desde todas las esferas, incluyendo la moral. Lo moderno nos dirige al plano de lo alternativo, de lo plural y de todo aquello que indique una amplitud, siempre basada en el progreso y el reconocimiento de nuestra eterna necesidad de evolución como seres sociales. Así, pues, este proceso, en el que sin duda se advierte un definitivo tinte revolucionario, necesitó de la consolidación de entes, eventualmente disuasivos, capaces de legitimar acciones y formas de pensar. Esta necesidad de organización encontró eco en un mecanismo de regulación social, que hoy reconocemos en las instituciones. Pero estas instituciones no adquirieron tal capacidad operativa debido a su mero principio organizativo sino como respuesta a un prolijo y previo juicio de raciocinio, que pretendió construir una estructura capaz de filtrar todas aquellas necesidades abiertas desde la Ilustración. La institución, por tanto, se convirtió en un modelo de asociación, donde convergieron todos los poderes de representación colectiva; sus intereses y la promesa de actuar en su beneficio. Así, las instituciones adquirieren el carácter simbólico que las une a determinada colectividad y, esto último, a su vez, las acondiciona para convertirse en el ente legitimador de una propuesta de imaginario colectivo. Ese poder de representación necesita de herramientas que faciliten la difusión del discurso institucional y su potencial interacción con los individuos del común. Es allí donde dicho individuo sale del cascarón, que le condena a la impasibilidad, para convertirse en protagonista de ese proceso constitutivo, en una acción que lo lleva a ser juez y parte de la configuración de los escenarios que le son propios y los marcos interrelacionales que lo ubicarán dentro de estos últimos. Es decir, que, conseguido esto, se hará partícipe del preestablecimiento de su propio entorno social, en todo lo que ello conlleva. Las herramientas que hacen posible tal transporte son los medios de comunicación, que, por lo aquí mencionado, se convierten en hacedores de la acción colectiva. A través del discurso moderno, la colectividad adquiere un peso notable y lo simbólico, reconocido como el punto donde convergen los intereses de los individuos pertenecientes a determinada colectividad, adquiere esa capacidad para filtrar las necesidades de dichos actores, de las cuales hablábamos anteriormente. El interés de las instituciones se vierte, por tanto, en el afán por consolidar estrategias que le aseguren una producción de contenidos simbólicos lo suficientemente impactantes como para mantener ese nivel disuasivo sobre la colectividad, también traído a colación, con anterioridad. Es allí donde los medios entran a hacer gala de toda su recursividad, promoviendo la ratificación, reversión o derogación de las acciones y formas de pensar presentes en la sociedad. Los medios, el vehículo El individuo reconoce el saber sobre sí mismo y sobre quienes le rodean a partir de un ideal de comportamiento que emerge de esas instituciones, como ya se advirtió, legitimadoras de la composición del mundo social. Esta tarea exige la competencia de canales que intervengan en la producción de todos aquellos rasgos que distinguen a un proyecto de sociedad, en determinado territorio. Nacen, entonces, ciertos parámetros que limitan los campos de acción, bien sea individual o colectiva, como parte integral de una red de escenarios y relaciones que sirven de plataforma a determinado tipo de sociedad. Estas microestructuras aportan una serie características específicas que identifican a varios grupos de personas, atribuyéndoles un marco cultural susceptible de provocar una organización política que ratifique el consenso social que los ha llevado a compartir un territorio, ciertas costumbres y otros parámetros, limitantes de su accionar; todo lo anterior, filtrado a través de una producción simbólica que cobije a todos los miembros de dicha sociedad. Como queda demostrado, estos canales se dimensionan en la medida en que logren consolidar el proyecto social suscrito por determinado ente de dominio público, respaldando los procesos de constitución del poder y el tipo de sociedad que se ha producido a partir de su acción política. De allí que los contenidos simbólicos producidos en este punto inviten a la ejecución de actos rituales y otros mecanismos que generen un nexo entre el tipo de acción y el discurso político vigente, siempre encaminado a la consolidación de referentes de representatividad colectiva entre la sociedad y sus círculos de poder. Los medios de comunicación, como abanderados en la materia, se encargan de generar dicho fenómeno, no sin la respectiva preexistencia de una inobjetable capacidad persuasiva. Si, en principio, la modernidad nos señalaba un camino de liberación que acudía a las instituciones como fuentes de una movilización social, siempre supeditada a mecanismos de regulación, ya no se vislumbra con diafanidad a quiénes atañe la máxima responsabilidad en la propugna, ni podría afirmarse, bajo ningún punto de vista, que el proyecto sigue siendo emancipador. No sabemos, en la actualidad, cuáles son los mecanismos y cuáles sus activadores, pues nos resulta sumamente dispendioso establecer dónde se produce el mensaje y si son las instituciones las que acuden a los medios o viceversa. Tampoco seríamos capaces de identificar, con certeza, los intereses que se movilizan en el accionar colectivo ni el marco interrelacional que las dota de sentido. Para debatir Pero aun cuando surja la complejidad analítica que plantean los nuevos códigos emergentes de la acción colectiva, promovidos por los medios de comunicación, cabe destacar la vigencia de los principios dialécticos que, a juicio propio, rigen las relaciones humanas, no sólo frente a los medios de producción y su forma de explotación sino en todos los órdenes, como principio básico del imaginario colectivo. Este fenómeno se hace más difícil de romper si tenemos en cuenta que la lógica bajo la cual hemos fundado este gran intricado, conocido como el mundo social, nos obliga a establecer vínculos entre referentes completamente opuestos, como la única manera de identificarlos con precisión. Transformar los patrones que generan esta coacción, como consenso social universal de acción y pensamiento, significa decantar hasta el grado de lo impoluto las motivaciones históricamente presentes en la conformación de nuestras sociedades. Quedará en el debate, como desde hace tanto tiempo, si nuestras sociedades han sido o no sometidas al noble proyecto de la modernidad. ¡Ustedes juzgarán! Bibliografía • THOMPSON, B. John. Los media y la modernidad: una teoría de los medios de comunicación. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica S. A., 1998. • HABERMAS, Jurgen. Teoría de la acción comunicativa I: Racionalidad de la acción y racionalización social. Madrid: Taurus, 1984. • RUDÉ, George. “El vocabulario de la revolución francesa”. En: Historia crítica Nº 2, julio – diciembre de 1989. • GARCÍA CANCLINI, Néstor. Las culturas populares en el capitalismo. La Habana: Premio Casa de las Américas, 1982. • MARX, Karl. Teoría marxista del método. París: Ideas, 1857. ** Giovanni González Arango giovannipapa2004@yahoo.com Escritor colombiano (Bogotá, 1985). Estudia comunicación social en la Universidad Central de Bogotá. Ha publicado textos en la revista digital Atramentum (http://www.atramentum.com). ||||||||||||||||||||||||||||||| LETRAS |||||||||||||||||||||||||||||| *** Poemas Leonardo Hernández Cala *** El olor de las nubes Sergio Llorens *** Poemas Jenny Levine Goldner *** Destiempo (Nuestra casa era un nido, donde las aves solían no encontrarse) Piera Pallavicini *** Manhattan en la caverna Dinapiera Di Donato *** Tres relatos Roger Ferrer Ventosa *** Seico de versos hipotéticos Adriana Lamela *** El Valle de Virginia María Elvira González *** Poema para María Nuño Aguirre de Cárcer *** Y todo por el merengue Paula Winkler *** Cabalística (extractos) Ulises Varsovia *** Tarde en la Neue Pinakothek Anda Butoiu *** Desecho e izquierdo Rolando Revagliatti *** El cuento póstumo Usbaldo Volcán *** Poemas Graciela Rodríguez Sena *** Un caso de celos Ricardo A. Halperin === Poemas Leonardo Hernández Cala =================================== *** XX esta canción no la escuché ayer sino cuando partió mi hermano en busca de no se sabe qué solapa y quedé como un reloj donde la noche deja su rocío no conozco otro fantasma en los recuerdos corté la hebra que anunciaba su retorno mi hermano está perdido y no ocupo su lugar nací para otros menesteres el álbum es un caballo meciéndose en el sonido de un arpa la toca mi madre que está con las palomas las palomas vienen a traer la infancia en las sábanas tendidas el año aquí comienza soy el pasado en las hojas del flamboyán soy el presente en la inocente luz de las velas pero quién soy si me veo repetido en los tejados en los vuelos de las palomas de mi madre el año comienza en medio de las voces mi hermano vuelve mi madre puede consolarme pero olvida mi nombre más allá de los laureles que asoman por sus dedos y nada más lejano que el innombrable hermano que regresa. *** Los puentes siguen esperando los puentes frente a mí y voy a cruzar luego de dejar mi voz en la ventana vengan saluden a mi voz que mañana dirá adiós por última vez escuchen a mi voz que sueña y ronca como un viejo en las plazas miren a mi voz que dibuja peces y allí los puentes siguen esperando hoy estaré con mi voz que quiere cantar mi voz frente a los puentes que siguen esperando mi voz como agua debajo de los puentes cruzo. *** Los espejos y tú hay días que te asaltan los espejos empujan tu sombra sonríen miran a todos los rincones y te sorprenden hacen planes beben el vino de tu mesa ellos llegan no hay silencio no hay trampa segura ni red donde la humedad hace su escombro para atrapar la vida llegan los espejos los miras y no sabes qué decir en ese instante de imágenes en ese minuto de comparaciones los espejos te roban la voz y conversan con todas tus verdades. *** Allí A Daysi Lugo allí teníamos un puente en cada lado una pregunta en cada lado un posible camino que como todo camino es una adivinanza y nos gustaba jugar a perdernos en las posibles soluciones a buscar acertijos en el humo del tren que pasaba cada tarde enseñándonos un pequeño pedazo de libertad teníamos un puente y abajo las casas perdidas en el sol las casas casi destruidas con muchos fantasmas colgando de muchos [recuerdos teníamos un amigo empeñado en ser bandido cuando todos sabíamos que siempre había sido un caballero que se moriría siendo un caballero y convenciendo a otro amigo que es posible ser naranja aunque no quieran saber de tu néctar teníamos una novia siempre iba con un espejo para cazar fantasmas para cazar recuerdos y sentarse desnuda en un banco del parque para ser la loca oficial del pueblo teníamos fiestas en portales o en casas de padres ausentes teníamos padres que nos daban buenas noticias y helados buenas noticias y despedidas obligadas para cumplir con el deber en otras [tierras malas noticias y muerte innecesarias innecesarias y tremendas teníamos llanto lágrimas en lo más alto del puente cuando la noche es esa bruja que todo lo escucha y no puede dar consejos y no puede remediar la ausencia y la ausencia pretenden llenarla con una insignia con medallas falsas y podridas con un discurso trasnochado que no convence ni al más idiota teníamos noches y milagros cuando la amiga abría su vientre te dejaba entrar para encontrar sosiego en los gemidos teníamos una canción que compartir un puente elevado sobre nuestras vidas una austera mesa y la necesidad de todo hallazgo. === perdí mi casa y terminé cantando extrañas alabanzas terminé en una calle donde no era el seductor muchacho que traía peces en las cejas y algún poema en el bolsillo perdí mi casa y en su lugar levantaron rojizas carpas los payasos sacaban sus lenguas en medio de la música mientras prestaban sus narices al primer entusiasta de la noche donde estuvieron mis amores los leones dormían con sus rugidos huían los últimos recuerdos perdí mi casa y mis lágrimas no pudieron evitarlo ni siquiera mis esfuerzos impidieron que llegaran los dueños de toda respiración y empezaran a derrumbar paredes con gritos y tremendas palizas perdí mi casa y luego la madrugada fue un vaso para herir mis sienes fue un vaso para tomar la cantidad exacta de veneno la pócima me transformó en viejo olvido en lejanía que cabalga en una estrella oscura perdí mi casa y los niños me escupían con fuerza de guerreros los perros me creyeron sus fantasmas y orinaban en mis zapatos como si fueran los zapatos de la muerte y ellos se salvaran perdí mi casa y muy dentro de mis ojos comenzó el desamparo. *** Ernesto ya vienes en camino ya siento tu risa llenando los días de mi vida ya vienes a decirme mi nombre exacto y puro a ponerte mis camisas y a reírte con mis sueños que a la larga son por ti y para ti ya noto tu presencia llena de calor y ternura tus primeras palabras y tus pequeños pasos por mi pecho. ya sé que estás aquí y voy cazando estrellas. *** Sencillamente cae A Rosita la gota de lluvia cae y con ella cae y rueda la paciencia de quien la ve en cada aguacero la gota de lluvia cae y los muebles inician su baile protector buscan un rincón caliente y seco donde guardar su brillo la gota de lluvia cae deja su huella en la pared en el desnudo ladrillo que está cansado de frío y sufrimiento la gota de lluvia cae. no riega flor alguna. no hace feliz a nadie sencillamente cae cae. cae cae sin permiso sin amor cae. *** He visto tu rostro más sincero A P.I.B. como un niño asustado y perdido te quedas tranquilo en los espejos que mienten y mueves los brazos como dos alas negras y tristes sólo yo conozco tu verdadero nombre tu verdadera razón y tus mentiras refúgiate en mi nube habitación miedoso niño grande engañador perpetuo de otros animales sé de tus pasiones de la compra y venta de tus sueños he visto tu rostro más sincero y no esa estatua que camina entre los hombres los gestos más limpios quedaron en mi casa la ciudad que habita en tu corazón como una fuente seca también estuvo en mi paisaje te conozco tanto que veo en tus ojos los caminos de ayer mismo los parques donde estuviste con tu propia leyenda y todas las aves y conejos que comieron de tu cintura sé que regresarás a las calles con el disfraz que te libra de pedradas y gritos de pedradas e insultos sé que cuando nos crucemos en las aceras calientes en las aceras donde todos guardan sus secretos, en las aceras calientes por el miedo y el futuro harás como si yo fuera un fantasma o un peligroso guerrero y tus ojos serán raras estrellas que no me mirarán y no responderás a mi breve saludo a mi cordial mano tendida como un niño asustado y perdido andas por el pueblo gris y pequeño donde nos mentimos donde todos encierran sus verdades que ciegan como luces muy blancas pero no importa. mi habitación sigue abierta mi casa es una gran avenida siempre podrás desplegar tus alas decir con tu voz verdadera con las palabras que no entienden los fuertes de mano *** Breve historia de una casa cargo con mi casa inmueble-desperdicio Reina María Rodríguez regresad estaré en la misma casa que se rompe que vive vacía sin nombres sin un mínimo tesoro no existe una palabra que pueda describir mi casa ¿quizás precipicio? ¿tal vez desperdicio total? no sé el precipicio estuvo antes con los pájaros ellos se lanzaban desde los aleros se suicidaban sin remordimiento delante de los niños se mataban sin vergüenza frente a las señoritas delicadas hubo denuncias se querellaron contra mí. me acusaron de ser el culpable de la aparente locura de los pájaros convirtieron mi casa en una jaula por solidaridad o pena los vecinos traían restos de sus comidas en nuestras casas sobran dijeron queremos que se salven al menos dos pajaritos mi jaula-casa apestaba arroz verdoso carne putrefacta en cualquier sitio tropezaba con ratones que se discutían por una pata de pollo por el ojo de una vaca negra fue mi casa-jaula el basurero del pueblo di refugio a los peores vecinos los ladrones dormían hasta muy entrada la mañana las prostitutas se cambiaban de traje en mi cuarto y ponían mariposas en sus labios el escándalo crecía decidieron los que siempre deciden colocar bombas en los cuatro puntos cardinales de mi casa vuelvan sigo en la misma casa coja que se rompe. ** Leonardo Hernández Cala leo_698@yahoo.es Escritor cubano (Candelaria, 1964) residenciado en Barcelona, España, desde 1992. En 1993 obtuvo el premio Jaime Gil de Biedma, que convoca la Asociación de Jóvenes Escritores Españoles, con Seis poemas de amor para Mariela. En 1998 recibe el premio Esquío en lengua castellana con el cuaderno Como un árbol. Ha publicado además Sin importarme el arco (1991) y Se acaba marzo (2001). === El olor de las nubes Sergio Llorens ============================== Aquella nube parecía perdida. Atravesaba un cielo amoratado de julio. No era fácil ver nubes en mi ciudad. Y cada vez que veía una, recordaba esta historia, que resultó ser difícil. Algo imposible. Pero aun así lo intenté. Porque por muy complicadas que fueran las cosas, por muy lejos que estuvieran, no había que renunciar a ellas. Y no con el objeto de conseguirlas, sino para descubrir otras cosas, seguramente mejores, porque no sólo se trataba de ganar en esta vida. Por aquel entonces tenía alquilado un ático a las afueras de mi ciudad. Era un edificio altísimo. Vivía, como me gustaba decir a mí, entre las nubes. El apartamento tenía dos habitaciones. Mi preferida era el comedor. Por las vistas. Sentado en mi mesa, como cada tarde, miraba por las ventanas. El sol, ya cabizbajo y sin apenas fuerzas, golpeaba los edificios, enrojeciéndolos, mientras yo intentaba escribir un cuento. La revista para la que trabajaba me exigía que fuera de amor. Ariel Pereira, Premio Primavera en el 2000, escribiendo cuentos de amor. Había tocado fondo. Sin lugar a dudas. Todavía me preguntaba qué pasó con mis lectores. Qué pasó con todo aquello que decían los medios de comunicación. Halagos y más halagos. Y luego el premio. 300.000 euros. Casi ya evaporado. Desde aquel año del premio no volví a publicar nada, ninguna editorial quiso mis novelas. Seis libros rechazados, uno por año. Cuando me propusieron lo del cuento semanal, dije que sí. Sin pensarlo. No me quedaba otra. Además, escribir sobre el amor no debía ser complicado. Sin embargo, sí que lo era. Yo jamás había escrito sobre el amor. Lo mío era la novela negra. Cigarrillos, gintonics, asesinatos violentos y amores canallas. Y ahora me tocaba contar historias de pasiones imposibles, desesperadas y, a la vez, tiernas. Mientras esperaba la inspiración, creí tener una idea. Un punto de partida. Era algo descabellado, sin mucha consistencia. Pero debía intentarlo. Nunca había que renunciar a nada. Lo que me daba vueltas por la cabeza era algo relacionado con las nubes. O mejor, con su olor. Lo leí hace tiempo en un periódico. Un chico se había matado al caerse desde su ventana. Según dijeron, fue por amor. Quería atrapar el olor de una nube para después regalárselo a su novia. Y así sorprenderla con algo que nadie había hecho. No llegó a hacerlo. O tal vez sí. Según la noticia, un tarro de vidrio se salvó del impacto. El chico logró protegerlo de la caída. En la pared del cristal estaba escrito: El olor de las nubes. Seguía sin teclear nada. Sólo tenía ideas. Puntos de partida. Levanté la cabeza del ordenador y miré a través de las ventanas. El cielo ya estaba negro, acurrucado, como un gato dormido. Había media luna, flotaba en el aire y daba algo de brillo a la noche. Una nube gris, densa, cruzó la parte blanca de la luna y luego siguió su camino. Al verla pensé en la historia del chico enamorado. Tal vez podría escribirla. Me acerqué a la ventana, la abrí del todo y saqué la cabeza. Nunca antes había hecho esto. Las ventanas sólo se abrían un par de centímetros. Para la ventilación. Eso decían las normas. Asomar la cabeza por allí fue como aparecer de pronto en la cima de una montaña, como sentir un aire en la cara que nunca había sentido. Puntos de colores correteaban debajo de mis ojos. Por un momento fui un gigante. Sin embargo, yo también era un puntito. Sólo que ahora lo veía todo desde otra posición. Estiré más el cuello y miré hacia la nube. La vi más cercana, más alcanzable, como si con un ligero esfuerzo la tocara. La altura daba siempre un poder inmenso, de pura inconciencia. Como el de encerrar en un tarro de vidrio el olor de las nubes. Me asomé más, me agarré con fuerza al alféizar. Yo no quería alcanzar nada. No quería presumir de audacia. Sólo respirar el olor de una nube. Si tenía que escribir sobre ello, tenía que hacerlo. Me asomé un poco más. Todos los olores del mundo vinieron a mi nariz. Si allí olía a nube, no habría sabido distinguirlo. Entre todos los olores me vino uno en especial. Era como una fragancia. Un perfume. De mujer. Incliné mi cabeza hacia la ventana de abajo. Una chica de pelo negro, de ojos marrones, y con dos lunares en la mejilla, me preguntó: —¿Buscas algo? —Un olor —le dije. —¿Cuál? —la humedad de la noche le marcaba los pómulos. Era tan bella. —El de aquella nube —la señalé con el dedo. Se quedó mirándola, sonrió girando la cabeza y se metió en su apartamento. Me senté delante del ordenador. Pantalla blanca. Intacta. La historia del chico que olía las nubes no funcionaba. Atrapar el olor de una nube, menuda idea. La ventana del comedor seguía abierta. Pensé en mi vecina, en la impresión que le habría dado. Seguro que pensaba que era un tarado. Un tipo que se asoma desde la ventana de un rascacielos para oler las nubes, me habrá tomado por loco, seguro. El cursor seguía con su parpadeo. Bombeaba. Como un corazón incansable. Mis ideas no fluían. Las palabras no salían de mis dedos. No era capaz de juntar ni un par de sílabas. Escuché un ruido, venía de fuera, era como un chasquido. Me asomé otra vez a la ventana. No sabía si por el ruido, o más bien por buscar a mi vecina de abajo. Ella estaba asomada. Su pelo negro y rizado le caía con suavidad por sus hombros redondos, descubiertos. Puso sus brazos en cruz sobre el marco de la ventana y apoyó la barbilla sobre sus manos. —La nube ya no está —me dijo girando la cabeza hacia mí. Sus ojos parecían tomar un tono verdoso a la luz de la luna. —Esperaré que pase otra. —¿Y si no pasa? Valencia no es una ciudad de nubes. —Seguiré intentándolo. —Has pasado de ser Premio Primavera a oler nubes. ¿Por qué? —Verás, no es lo que parece... Me saludó con la mano y se metió dentro. Me quedé allí, con medio cuerpo colgado. Balanceándome. Como un asiento de noria en una tarde de domingo y viento. Supongo que tenía que haber sido más rápido en mi respuesta, más hábil. Me incorporé y miré al cielo limpio. Sólo la luna estaba allí, partida por la mitad, como una galleta de chocolate blanco. Miles de diminutas estrellas formaban geometrías imposibles a su alrededor, como en un planetario de juguete. La cosa se ponía más difícil. La nube ya no estaba. Y yo necesitaba inspiración, tener la nube delante. Parecía absurdo pero si iba a escribir una historia sobre nubes, necesitaba que estuviera allí, y probar otra vez, si era posible, sentir su olor. ¿Y si el chico tuviera razón? Tal vez las nubes olían a algo. Y entonces sí que tendría una buena historia. Me levanté y di vueltas por el comedor. No perdía de vista las ventanas. ¡Una nube, por favor! ¡Tampoco era tan difícil! Llamaron a la puerta, con los nudillos. Una fotografía asomó por debajo. La cogí y le di la vuelta, había escritas unas palabras: Aquí tienes tu nube. Olerla aquí es más seguro. Julia. Con la foto en la mano, fui hacia la ventana. Mi vecina parecía concentrada en un punto, ajena a todo. Me gustaba su formar de mirar. Envolvente, silenciosa. —Gracias por la foto, Julia. —De nada. Olerla ahí es más sensato. Me quedé sin saber qué decir. La miré. La absorbí con los ojos. Ella me dijo algo, pero no la entendí. Se giró un viento de poniente. Me lo volvió a repetir, pero no había manera. En vista de lo complicado que era hablar, desapareció con un gesto. A pesar del viento no aparecían nubes en el cielo. Raso. Cristalino. Bueno, al menos tenía la foto. Era la nube del atardecer. La única que había visto hoy. Grisácea, condensada. Una pértiga atravesando a traición la espalda de la luna. La miré, me la acerqué a la nariz. Estaba obsesionado con oler las nubes. Pero así no iba a escribir el cuento. Debía centrarme en la historia y no obcecarme con algo imposible. Antes de empezar a teclear no estaba mal reconocer algo. Yo nunca escribí cuentos. Ni antes ni después del premio. Sólo novelas y siempre negras. Y no tenía ni idea de cómo estructurar esta historia de amor, de cómo darle forma. Ni tan siquiera tenía un título. Sólo tenía una noticia de un periódico, una fotografía y una incipiente obsesión por oler las nubes. Mientras jugaba con las letras, la misma nube de antes, o tal vez otra, apareció en el cielo. En aquel instante pensé que si iba a escribir una historia sobre aquel chico, debía al menos intentarlo. Olería aquella nube. ¿Pero qué me estaba pasando? ¿Me había vuelto loco? ¡Así no terminaré el cuento nunca! La nube se acercaba. Cada vez más rápido. La ancha noche seguía negrísima, como un océano tintado de petróleo. A la altura de la ventana, la nube paró. El viento de poniente había desaparecido. Allí fuera no se movía nada. De repente, un chasquido. Me asomé y vi a Julia. Le hacía fotos a la nube. Saqué medio cuerpo por la ventana. Me movía, levemente. De lejos debía parecer un péndulo humano. Menos mal que no sufría vértigo. —Me encantan las nubes —dijo Julia sin dejar de fotografiar—. Desde que era pequeña. —¿Te gusta aquella? —Se ven pocas como esa. Hay que aprovechar. Julia me contó que era fotógrafa. De nubes. Se dedicaba a buscarlas por el mundo. Las fotografiaba desde todos los ángulos posibles. Por eso también eligió vivir en aquel rascacielos, para vivir más cerca de ellas. Yo la escuchaba, doblado como una hoja de papel, en el alféizar de la ventana. La historia de Julia y las nubes me fascinaba. Tal vez la utilizaría para el cuento. Seguro. Julia daba mucho de sí como personaje literario. Era misteriosa, atractiva y tenía un trabajo sugerente. —¿Por qué te asomas siempre tanto? —me preguntó Julia—. Es peligroso. —Quiero intentar algo. —¿Oler las nubes? —Sí. Julia se metió dentro de su casa. Se encogió de hombros y murmuró: —Otro igual. De nuevo en mi mesa, otra vez delante de la pantalla blanca. La noche avanzaba. Todavía no había puesto ni la primera palabra del cuento. La obsesión por oler la nube había pasado a un segundo plano. Ahora pensaba en Julia. Era tan sensual, me gustaba. Tal vez debería bajar a su casa y contarle lo del cuento. A nadie le gustaba que le juzgaran por descolgarse de su ventana, con el único empeño de oler las nubes. Sí, eso haría. Bajar y decirle que todo formaba parte del proceso de escritura. El cuento para la revista podía esperar. Llamé con suavidad a su puerta. Me abrió con una sonrisa, entre sus manos tenía un tarro de cristal, en el que decía: El olor de las nubes. —Toma, huele —me dijo mientras lo abría y lo ponía debajo de mi nariz. —No huele a nada. Soltó el tarro de las manos e impactó contra el suelo. —Ahora huele a ti, huele a mí. ** Sergio Llorens depende99@hotmail.com Escritor español (Valencia, 1972). Licenciado en filología hispánica. Ha publicado De lo canalla, del amor y de lo absurdo (Brosquil Ediciones). === Poemas Jenny Levine Goldner ====================================== *** Prisión Con una herida ficticia y sin total conciencia de mis párpados, busco debajo de la boca el árbol caído. Está el tiempo cayendo gota a gota, arriba, en el techo de la prisión, la simultánea cara del viento y el susurro de tres mil adverbios agonizantes. Y mi vestidura más rasgada por las máscaras sólo me besa, multiplicando el dolor. En la pared más cercana, caída verticalmente, mis manos incrédulas y mi sangre, mi saliva, mi puño. Ya sabremos enfrentarnos al veneno, a estas carcajadas inequívocas, al alba enorme que produzco en los mapas de la vida que me empujan. Esta mañana caliente, (donde todo es lo que se construye, en medio de la sequedad, la agonía y sudores infinitos y la luz alrededor de tu boca herida) es el camino recorrido, donde el no sé me pone en la fila de lo incurable. *** Casa de nadie Después de la noche, la risa es inexistente. Esta mañana me basta para saciar el hambre que aparece allá, donde no falta nada. Te mostraré lo que tenemos, el intento de salir, el rostro de la mujer que llegó y no parece. En sus camas, los niños pudieron, quizá, llagar su propio sueño lento, verosímil. Sus ojos tensamente cerrados y un hombre no ha llegado todavía. Cuentos de la vida y la muerte, han pasado por momentos durante días, pensando siempre cuándo los dejarán ir. El cielo rodea como una advertencia, por cauces y causas y por muchedumbres en limbos. Dobla una sábana con desesperación y apunta al cielo de su azar. A partir de ahora, está cruzando el agua de un desvanecimiento. El hielo y sus decoraciones han pasado de improvisto. Despierta en la mañana y tendrás que volver a escribir, a escribirle, a inventarle. *** Debajo de un árbol Es un sendero múltiple fluyendo siempre. Todo comienza de nuevo y de pronto, sin transición, un denso tejido se hace polvo y cae la lluvia en los ojos de la estatua. Las sinrazones deben ser más fuertes que el sentimiento redomado. Los árboles oyen hablar con un desdén meticuloso, las dos respiraciones debajo de la sombra. Fluyen gotas que se aproximan a la boca. El cielo múltiple también observa, escucha, con su luz acercada e indiferente para ellos. Un poco más allá, más allá, la noche entró por los huecos. Sus sombras se rompieron hundiendo la sequedad de la tristeza. En él respira su silencio, en ella es un dolor de voz que se apaga. Y llega el sueño, destrozando la suavidad de la palabras de los labios, Después lo onírico se queda y la realidad se disuelve. No hay que correr, ni esconderse, ni llorar, ni gritar, ni morir. *** Desván En el desván de las grietas está oculta la confusión, la conjetura. La pregunta adyacente de todos los días muere al tiempo en vano. El cuerpo ebrio, la espalda húmeda, los labios inquietos y con los ojos en un estado turbiamente molesto, nos dedicamos a cuestionar nuevamente: ¿Fui de nuevo el vivo a medias? Aproximándose a la mesa con una desdeña extravagante queda un hombre atisbado en la desesperanza y en el turbador desván que la memoria ha creado para sus recuerdos insólitos. Pero no es hora de lamentarse. Ha de vivir con sus difíciles pasiones, sus amnesias postergadas (íntimas del infinito). Recordar un solo instante de los que existió, con la forma de su cuerpo y con el amor al lado de la muerte. *** Pasiones La realidad espesa del sol y la playa, la sombra indirecta de las esquinas de la pared, la desmoronada barda de la ferocidad y la lástima. Y así, la ternura compadece y pierde. Sus nombres recuperados se depositan en la madrugada mendigándolos en rincones y escondites del bosque. La obstinación se repite y el fulgor se llena de oscuridad. La noche se abre como una mano en medio de un recuerdo afilado. Comas, tachaduras, puntos, acentos, todo persiste sin sentido alguno. Sólo el árbol florece y la ternura regresa. El sueño, como cúmulo, con una progresión lírica y mística me escarba buscando una sórdida melancolía. Y las pasiones, las pasiones... ** Jenny Levine Goldner jenny_offline@yahoo.com Escritora mexicana (México D.F.). Ha participado en los talleres de poesía de Raúl Renán y José Cedeño. Actualmente estudia la carrera de psicología en la Universidad Iberoamericana (http://www.uia.mx) y se encuentra trabajando en dos libros de poesía que serán publicados este año por la editorial Siglo XXI Editores (http://sigloxxieditores.com.mx). === Destiempo ============================================================= === (Nuestra casa era un nido, donde las aves solían no encontrarse) ====== === Piera Pallavicini ===================================================== Ella siempre me ha querido, lo sé. A veces le costaba demostrarlo y creía que con una buena comida yo me percataría. Por las mañanas yo leía el periódico en la terraza y ella aparecía radiante, con un café cargado y alguna que otra vez con un pastelito de acompañante. A media mañana, a eso de las doce, a mí me daban ganas de conversarle. Los temas me daban igual, aunque por qué negar que siempre he querido contarle mis sueños de la noche anterior o simplemente comentar un reportaje que haya visto en el discovery channel. Sin embargo, justo a esa hora ella no podía saber de mí. Presidía una reunión de actividades solidarias todas las mañanas, y las realizaban en casa, por lo que debía transformarse en la brillante anfitriona que es. A veces yo le hacía “hola” con una seña como ésta. O le guiñaba un ojo aun sabiendo que lo ignoraría. Entonces, resignado, me iba a leer. A la hora de almuerzo ella aparecía con una rica comida que, aunque era preparada por la criada, ponía sobre la mesa con cara de “mira lo que hice para ti”. Pero como yo no podía ver las noticias en otro horario, justo a la hora de almuerzo debía chequear si habían novedades, mi mujer comprendía que era mi trabajo y por ende, mi obligación. Entonces ella cuchareaba la sopa con desgano y me miraba (lo sabía porque a veces la miraba de reojo). Cuando terminaba el noticiero, yo me volteaba velozmente ya que la extrañaba tanto. Pero me encontraba con la silla vacía y un café helado. Ella dormía placidamente la siesta cuando yo me iba al canal catorce a trabajar. Después no sé qué planes desarrollaba (no tenía mucho tiempo para preguntárselo). Al volver a casa a eso de las nueve, me tenía una rica cena en el microondas en el cual pegaba una nota que decía “lo hice para ti”. Y mi rostro esbozaba una sonrisa aun sabiendo que era mentira. Entonces, comprendía que debía haberse ido a la casa de su hermana a cuidar al pobre Pepe que está tan enfermo. Yo la admiraba por eso y aceptaba el porqué de sus siestas. ¡Qué desgracia que después del postre a mí me daban unas ganas desesperantes de conversarle! Entonces hablaba solo o llamaba a algún amigo y le contaba mis anécdotas del día y lo que tenía planeado para el siguiente. Cuando me ponía mi pijama yo siempre pensaba en ella, quizá por eso nunca me ponía el color café (simplemente lo odiaba). En la televisión encontraba siempre una película. A veces me entretenía viendo unos filmes de acción pero me decía a mí mismo: “¿que te diría Laura si estuviera aquí?”. Entonces, comprensivo, cambiaba el canal y dejaba alguna película romántica o un programa de esos que te ríes de lo poco graciosos que son. Cuando mis ojos comenzaban a resbalar de sueño, ponía su canal preferido. “Así cuando llegue va a estar contenta”, le acomodaba bien su almohada, doblaba las frazadas, encendía la lamparita de su velador y le dejaba un vaso grande de agua. En la mañana yo despertaba y ansioso me volteaba para saludarla, pero ella ya no estaba. La televisión en el canal de deportes ¡Qué bien! Entonces me duchaba y me iba a la terraza a leer el diario. En eso aparecía ella... radiante, con un café cargado y una que otra vez con un pastelito acompañante. Ella entendía que yo debía leer las noticias, por eso se retiraba discreta esperando que a media mañana me dieran ganas de conversarle y le fuera a guiñar el ojo por la ventana. ** Piera Pallavicini pierapallavicini@gmail.com Escritora chilena (Santiago, 1984). Reside en Viña del Mar. Estudiante del último año de psicología en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV, http://www.pucv.cl). Cursó un taller de narrativa con el escritor Marcelo Beltrand Opazo. Algunos textos suyos han sido publicados en diversos medios electrónicos, en periódicos de la región y en el programa de Radio Agricultura Cuentos y otras letras. Interpreta la guitarra y cursa estudios de guión de cine. Mantiene una página personal en http://www.pierapallavicini.cl. === Manhattan en la caverna Dinapiera Di Donato ====================== (Nota del editor: ganadora de algunos de los más importantes premios literarios venezolanos, como la Bienal José Antonio Ramos Sucre o el Premio de Narrativa Alfredo Armas Alfonzo y autora de Noche con nieve y amantes [1991], La sonrisa de Bernardo Atxaga [1995] y Desventuras del ocio [1996], la narradora y poeta Dinapiera Di Donato presenta a los lectores de la Tierra de Letras este texto, que forma parte de su poemario inédito Pasarelas de mensajería). “Los días no son grandes, anochezrá privado, escrivir en tiniebra es un mester pesado” Gonzalo de Berceo. Prólogo al Poema de Santa Oria Virgen. *** I Pentimento Hay nieve en los valles del río Cárdenas, veo en el cuello de espejo de la [inclinada sobre el pergamino de David los congelados picos de un ave [quebrada Contorsionada entre el marco de exposición y la pantalla de consolador [iridiscente de su móvil, los caracteres hebreos del copista rotos con un español de [alcoba Corrida en tus bragas con el estampado de las hienas blancas leo sobre sus hombros que pierden la h en estos tiempos porque la multitud me empuja hacia el salmo y en la D iluminada por Fra Angélico ella canta cada nota, las acompañantes que admiran su erudición judaica dudan acerca de la autoría de taller de los aprendices místicos y escoltan a punto de cortar con una tijera moira quien se atreva a un gramo de intimidad La multitud y yo atrás en zona de no cobertura donde los celulares duermen [justo cuando empieza el tríptico de la natividad ella se descuelga retrocede me tropieza los ojos relampagueantes de los móviles me lanzan maldiciones y yo que traigo de la pared anterior la violenta luz que San Jerónimo probó [en un fuego amistoso la figura que siempre huye de un relato patrístico como si un diamante pelado de su cáscara podrida pudiera estar vivo como si un santo pudiera ser sin la santísima vulgata y la droga dura del amor de Cristo cuando es mansa Nuestra Señora Inanna y las poetas pastan sobre las ramas más verdes muévete un poco déjame pasar conviértete en partitura de Von Bigen con su voz de Uxía al fondo de tu trago Un instante ilegal de cuando todo era petrificada luz me seguía así arropada voy en mi tiniebla en cuadros de exposición un pentimento volcado sobre la nuca de la mujer de la pintura siguiente mientras ella estudia los ángeles de vuelta las madonas como vulvas iluminadas Lenguas succionan sobre el retablo de Santa Lucía una mujer oscura que yace en su ceguera vieja y una clara que enceguece [mirando deseos armados de alas hasta los dientes con dedos de ciega aplicas una lupa y rompes el sistema de las parcas ahumado el paladar, poniendo el azahar y la gota marina en manos de una [hiena blanca, así recostada junto a mí, intensamente dorada la miel [nauseabunda de su trago vomitada y amada en mi boca vuelve el diamante a las orejas de África y es el agua que vuelve y se retira a tiempo Es la rama de hojas brillantes de un regreso de Virgen de otra costa el coro de Ani de Franco de Kerrianne Cox de Cesarea y Joplin te despiertan han sido la visitante y su ángel comensales servidos en mi mesa el ordenador aislado sus huesos y la sombra de los huesos un estudio de taller sus pieles leídas por una bella judía anoche en NewYork mientras en la otra costa su amante acariciaba nieve entre espuma diurna con la misma inadvertencia con la que pensó que siempre regresarías de una resaca para no decir te amaré como las hienas erectas como una mujer sobria sin padre ni madre ni linaje ni Freud la chica emparedada de la caverna silence las mariposas blancas en el prado como la nieve en el cenobio de San Millán *** II La clavícula Usa oro Fra Angélico en sus tiras cómicas Aún La Compañía no había adquirido los derechos sobre las visiones y ya Catalina de Siena pone una condición quiere ser la mujer invisible Una rueda aparecerá sola desequilibrando el conjunto pronto los cofrades que si los estigmas podrían mejorarse y nuestro señor [Jesucristo dejar ese aire de paloma roja extraterrestre Y los demonios con aire de horóscopos chinos ponernos a temblar Catalina es el vacío enamorado Se le nota porque la rueda se echa a volar en un efecto de ovni quieto es el andrógino de platón en su monstruosa voltereta alucinógeno barato de cine porno Cuánto tiempo desarrollando los apuntes de Fra Angélico en la historia de la mirada the missing segment *** III La llaga seca Dijo que vagaba entre vampiros a la izquierda del cuadro allí donde no me atreví a mirarte oh negra muchacha escondida en la luz pastosa del ojillo púrpura bien disuelta en la sangre negra que revienta el tumor de esta historia sagrada Queda un hueso sin hojas para el caldo del mundo Beato Angélico con su bata de monje radiólogo te extiende el bisturí ** Dinapiera Di Donato dpdidonato@yahoo.com Narradora y poeta venezolana (Upata, Bolívar, 1958). Cursó una licenciatura, maestría y DEA en estudios hispanoamericanos en la Université de Paris VIII (Francia, http://www.univ-paris8.fr). En Venezuela fue profesora agregada en la Universidad de Oriente (UDO, http://www.udo.edu.ve). Cursa estudios doctorales en el Graduate Center de Cuny (http://www.gc.cuny.edu) y enseña español y francés en universidades de Nueva York. Ha obtenido, entre otros, el Premio de Poesía Ateneo de Guayana (1986), el Premio de Narrativa Bienal Daniel Mendoza del Ateneo de Calabozo (1989), el Premio de Narrativa X Bienal José Antonio Ramos Sucre (1990), el Premio de Narrativa Alfredo Armas Alfonzo (1994) y el Premio de Narrativa Concurso Literario Universidad de Oriente (1997). Fue colaboradora de diarios y revistas venezolanas y de la revista Correo de la Unesco (http://www.unesco.org). Relatos y poemas suyos han aparecido en antologías como: Timor: do poder das armas a força do amor (Portugal, 2002), Las voces de la hidra, la poesía venezolana de los años 90 (Venezuela, 2002), El hilo de la voz (Venezuela, 2003) y Aquí me tocó escribir (España, 2006), entre otras. Ha publicado Noche con nieve y amantes (Fundarte, Caracas, 1991), La sonrisa de Bernardo Atxaga (Fondo Editorial Predios, Upata, 1995) y Desventuras del ocio (Fondo Editorial del Estado Sucre, Cumaná, 1996). Además tiene varios libros inéditos. === Tres relatos Roger Ferrer Ventosa ================================ *** Problemas de agenda Si su reloj digital marcaba las 7:18, era la hora de ejercitarse con la tabla de musculación. Esa mañana debía estar un poco somnoliento porque iba con retraso. Debía completar su tabla de ejercicios en tres cuartos de hora. A las 8:13 tomó un desayuno completo: zumo, cereales, una tostada untada con mermelada, y una naranja. Era importante comenzar la jornada con vitalidad. Sintió ganas de ir al lavabo pero eso haría que incumpliera el horario previsto, lo cual sería un error. Se aguantó. A las 9:15 llegó al despacho. Revisó la agenda. Durante cuarenta y cinco minutos comprobó que los últimos informes fueran correctos; luego mantuvo la primera reunión, que concluyó a la hora acordada. Sus siguientes consultas a la agenda supusieron: a las 10:30, visita de unos clientes; a las 11:15, amonestación a la secretaria por sus errores constantes; a las 11:45, descanso de cinco minutos, tiempo suficiente para escuchar dos veces su canción preferida; a las 11:50, telefonear a su hermana, que cumplía años, llamada que terminó a los 11:54, dos minutos antes de lo imaginado, lo que le permitió escuchar una vez más su canción favorita. Al llegar a las siete y media de la tarde, consultó su agenda que, como en las treinta y ocho veces anteriores del mismo día, indicaba un nuevo punto: “Abrir la ventana, coger carrerilla, dar un gran salto”. ¿Era posible? Por primera vez tenía una cita de ese estilo. Aquello significaba un cambio irreversible respecto a su futuro. Comprobó las hojas siguientes; estaban en blanco. La agenda nunca se había equivocado, así que no le quedaron más opciones que abrir la ventana, tomar carrerilla y saltar. A las 19:31 su reloj digital de pulsera se estrelló contra el pavimento. A las 20:02 una ambulancia trasladó el cadáver al hospital del municipio. *** El ataque de grasa saturada Tragaldabas esperaba que le sirvieran su mazacote extra de ternera; el olor de la carne en la sartén se esparcía por el restaurante lleno de gente. Salivaba al paladear el suculento pedazo que iba a llevarse a la boca. Entonces, su estómago gruñó enojado. ¡Cocinero incompetente! Como no se apresurara, iba a descubrir a un Tragaldabas de muy mal humor. Los camareros y el cocinero se libraron de su ira al distraerle el telediario. “El número de obesos aumenta en la Unión Europea. España destaca con uno de los porcentajes más altos, superior al veinte por ciento. Los médicos alertan del peligro originado por el sobrepeso”, decía la flacucha presentadora. “Milongas de curanderos”, masculló para sí mismo Tragaldabas, mientras acariciaba su oronda barriga. Al fin apareció la camarera con su mazacote. La carne rebosaba, los bordes sobresalían del plato. “¡Ya era hora!”, bramó Tragaldabas, aunque la visión de la ternera rebajara su enfado. Se aprestaba a dar la primera dentellada al mazacote, cuando le interrumpió un gran estruendo procedente de la cocina. ¡Se iban a enterar! Ahora bien, más valía mazacote en plato que pelea debilitado, así que se despreocupó y siguió con el entrechocar de los cubiertos, trinchando pedazos de mazacote que devoraba ansioso. La puerta de la cocina se desprendió de las bisagras y salió despedida. Irrumpió una enorme masa grasienta, tan alta que llegaba hasta el techo y con un volumen mayor que el mayor de los elefantes. —Soy Grasa Saturada —barboteó el monstruo—. Os voy a comer y no voy a dejar ni los huesos. Los otros clientes gritaron, corrieron, o incluso algunos las dos cosas a la vez. Grasa Saturada engulló a un camionero fornido y eructó al cabo de unos segundos. Cuando ya se dirigía hacia Tragaldabas, y éste protegía el plato con el mazacote, aparecieron los superhéroes rivales de Grasa Saturada. —Me llamo Dieta Mediterránea —se presentó el primero. —Yo soy Súper Vegetariano—anunció el segundo. Finalmente, el más temido por el monstruo, su enemigo acérrimo: —¡Bajo en Calorías al rescate! Antes del enfrentamiento, Tragaldabas pesaba ciento noventa kilos e iba en aumento; después de la hazaña de Bajo en Calorías y sus aliados perdió más de cien kilos. Grasa Saturada desapareció para siempre. O eso se figuraba Tragaldabas. *** Autobiografía ficticia de una escritora de best-sellers Son muchas las veces en que me han preguntado cómo nace una novelista, o qué circunstancias llevan a una persona a pretender ser escritora, como si el hecho de querer compartir espacios ficticios, de ser afortunada y disfrutar de cierto éxito en la aceptación del público, así como haber sido fecunda en la creación literaria, se debiera a una ecuación matemática que diera como resultado una novelista. Hasta ahora les daba respuestas evidentes y poco comprometedoras: que si la lectura, que si el gusto por la soledad y la introversión, que si la necesidad de ser amada, y otras por el estilo; todas ellas ciertas pero superficiales. Sólo ahora, que al hecho de ser novelista de éxito uno la vejez, y que sé con absoluta certeza que no me quedan demasiadas respiraciones en esta extraña tierra, me aventuro a explicar una verdad que, por dura y dolorosa, nunca antes confesé. Empecé a escribir cuentos a los ocho años de edad para huir de los gritos, de los insultos, y de las palizas que le pegaba mi padre a mi madre. Después de ser horrorizado e impotente testigo de aquella miseria, me escondía en el más oculto y discreto rincón (bajo la cama, en el interior del armario paterno), y fantaseaba con otro mundo donde esas desgracias no ocurrían, donde la gente era amable, educada, se amaba, y cada conflicto terminaba en una solución ejemplar. Años después, ganaría mi primer concurso de literatura infantil, y soportaría las primeras críticas por mi estilo edulcorado, digno de una señorita de clase media cuyo mayor conflicto en la vida había sido elegir entre diversos pares de zapatos. He ahí mi auténtico origen como narradora de éxito. ** Roger Ferrer Ventosa dragon-blanco@wanadoo.es Escritor español (Barcelona, 1976). Trabajo en diversos empleos relacionados con las energías renovables y la agricultura biodinámica. Ganó un concurso de relatos largos organizado por el Ateneo barcelonés y el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB, http://www.cccb.org), y ha quedado en diversas posiciones en otros concursos. Textos suyos han aparecido en tres libros colectivos como premio por haber ganado o quedado finalista en sus respectivos concursos. El más importante, el del Ateneo y el CCCB, publicado por Ellago Ediciones (http://www.ellagoediciones.com). También ha publicado en revistas digitales y en formato impreso. === Seico de versos hipotéticos Adriana Lamela ======================= “...Así las sensaciones de este mundo; los cantos subjuntivos...”. César Vallejo. I Tal vez fagocite el espejo la cotidiana sed de lo prohibido y exploten inusitados los cristales. Dónde fueres, sin reflejos, sin sombras pletórico de ausencias / inmune... II Es posible que expelan estrellas las entrañas sobre un desierto de alegrías sonámbulas; que un dromedario sediento/ ¿un demiurgo? rasguñe la placenta de los átomos hasta que se haga la luz de otro principio. III Y allí donde pernoctaren las nostalgias, un hueco abierto al alba / pretérita expresión de razones imperfectas, abisme el llanto de los ciegos. Y las lombrices quizás repten cristalinas. IV Se prohíbe en el reino de los cielos colgarse en las ramas de un paraíso / ¿y qué si Adán y Eva no hubieran comido la manzana? Un absurdo sofisma como absurdo es el mundo. Absurdas las preguntas y responderlas absurdo. V Entramos y no entramos. Somos pero tampoco; aguas arriba, vidas abajo / un murmullo impertérrito. Piedras en la orilla y en el fondo piedras; sobre la turbulenta calma el tiempo se demora. VI Sus dedos escarban la corriente y entretanto, es probable que las benditas sirenas / allí donde estuvieren, hayan mutado de ángeles caídos. Sin arpas; sin apéndices. Sólo un concierto de escamas rutilantes. ** Adriana Lamela lameladriana@gmail.com Escritora argentina (Neuquén Capital, 1961). Trabaja como secretaria técnica en una oficina del Estado provincial. Ha participado en el taller literario en línea de Laura Calvo (Bariloche, 1998) y en el taller literario presencial de la Dirección de Cultura de Neuquén, a cargo de Roberto Giglione (1999-2000). Ha obtenido mención especial en el V Concurso de Poesía y Cuento del Río de la Plata, en Buenos Aires (1998) y varios trabajos suyos han sido premiados en juegos florales realizados en la provincia de Neuquén, como el Primer Premio en cuento y Primer Premio en Poesía y los Juegos Florales de Verano en la Ciudad de Centenario (1999). Un poema suyo fue escogido para la muestra internacional de poetas editada en 2005 por Editorial Dunken (Buenos Aires). === El Valle de Virginia María Elvira González ======================= La vi venir entre la mancha móvil de gente que baja en cascadas las escaleras del metro. Lleva un corazón de lentejuelas rojas sobre la franela negra, dos bolsas y un maletín en una mano y un muchachito en la otra, esconde rollos de todo tipo entre los jeans y camina encaramada en enormes sandalias —casi zancos— de moda. Logró entrar antes que se cerrara la puerta y pudo sentarse con bolsas, maletín y muchachito en un solo asiento. Se siente observada y me mira. Regreso a la página central del periódico. En la última columna a la derecha, la caricatura en trazos simples: rancho, perro flacuchento, moscas revoloteando y enclenque hombre de pueblo diciendo cualquier juego de palabras contra el gobierno, cualquier gobierno. Es tarde, llevaré pan para no hacer arepas. Ella sigue ahí, con su pelo pintado, el muchachito durmiéndose encima de las bolsas y sus manos huesudas rodeándolo todo, con una pulserita de lágrimas de plástico y las uñas pintadas de verde. Se me ocurre que trabaja en Petare, tal vez buhonera, y el muchachito juega debajo de los tenderetes, entre cartones. ¿En qué piensa? ¿Qué opinaría de la caricatura? La mujer me miró y se acomodó en su asiento. Momento de fijarme en el señor que viaja de pie frente a mí, parece un oficinista boliviano. El llavero colgando de su pantalón, es un tumi. ¿Será peruano? Otra vez al periódico, lo compré esta mañana y no he pasado de los titulares: Cabrera pegó cuadrangular. Río Apure desbordado, pobladores en canoa. Muertos en Irak, muertes en Palestina. Muerto comerciante secuestrado. Muertos que nos llegan vía satélite a la incomodidad del hogar, donde sin necesidad de vivir gran cosa, digerimos píldoras para sufrir que nos sirven en la tele. Pausa publicitaria, Urbanización Hogar de Sueños, town house, piscina, y centro comercial. Píldora para reventar. ¿Será envidia? No creo, no me gustaría vivir ahí. ¿Por qué? ¿Están verdes? Los muchachos ya habrán llegado, quién sabe qué estarán inventando. El celular hace falta. Ojalá no les haya pasado nada malo. El muchachito se despertó. Rápidamente se está arrodillando en las piernas de la madre, ella está intentando sentarlo en otro asiento que ha quedado vacío, pero él prefiere ir cargado como un bebé. Ahora está abrazado al cuello de su mamá. Se está chupando el dedo y con la otra mano juega con el zarcillo de plástico. De pronto da la vuelta y me mira. Yo le vuelo un beso, él cierra los ojos y se tapa la cara con una mano. Mejor interrumpo ese jueguito amoroso y vuelvo al periódico. ¿Cuántas estaciones faltan además del trasbordo? Sería chévere que el trasbordo me llevara en góndola hasta una estación en el mar y de allí en canal subacuático directo a Manhattan. No sé bien por qué, pero creo que me gustaría vivir en Manhattan. Nunca he estado allí, pero suena estupendo. El chico de Manhattan, Manhattan Transfer. No estoy segura si quiero regresar al hogar —no el de mis sueños—, el del piso 18, torre D. Siempre me toca ese número. En la cola para la citología también. Qué cosa. ¿Será que juego ese número? ¡Ah! no, lotería no, hasta allá no llego, aunque Marx diga que el hombre piensa como vive. Ojalá el ascensor esté funcionando. Visualización creativa: Imagen de ascensor funcionando, lucecitas marcando los pisos. Se abre la puerta, no hay ascensor, me voy por el hueco. Cancelado. Cero pensamientos negativos. Lo que sí me puede matar es que no estoy haciendo la dieta como debería, ni estoy haciendo ejercicios. Después de la cena me instalo frente al televisor, agarro el control y clic arriba, clic abajo. Orangutanes multiplicando, leones huérfanos y cocodrilos amarrados. Lo demás son muertos: emergencias, policiales, catástrofes aéreas, guerras, sida, forenses. En la tele, la única que no mata a nadie es la Madre Angélica, y eso si no es semana santa. Yo debería levantarme a las cuatro de la mañana y salir a caminar a Los Próceres, pero no, me quedo acurrucada en mi cama, hasta las cinco y media, cuando ya no hay tiempo ni de desayunar. El hombre con tumi se sentó al fin. Lleva anillo de casado y actitud de quien no conoce el trayecto, ojalá no lo atraquen por ahí. Ahora saca de una de sus bolsas un libro y se dispone a leer. ¿Qué estará leyendo? Parece nervioso, como si no conociera bien la estación donde debe bajarse. ¿Por dónde iremos? Esta gente del este se conoce hasta por la manera de mirar el tren cuando llega. Entran al vagón como si quisieran decir algo importante pero no lo pueden decir, y se instalan sentados o de pie, sin mirar a nadie. No sé como lo logran, pero van con los ojos abiertos sin ver. Cero contacto visual, como aconseja el Departamento de Policía de Nueva York. En-uai-pi-di. Ya se sentó esa niña punk al lado del hombre del tumi, sí, parece peruano. Y aquel pobre viejo, si no se sienta se va a caer, ah, por fin un chamo amable, qué bueno. Creo que más bien voy a comprar pan dulce para todos. No para mí, porque engordo. Esa es otra, por si fuera poco, todo lo que me gusta engorda o es muy caro. Tan fácil que esa punketa lleva un realero en peinado y pintura del pelo, falda de cuero —bien corta por cierto— maquillaje, tatuajes, sortijas, zarcillos, cadenas y equipo portátil de escuchar música. Ahora me ha dado por sentir envidia de todo el mundo. Especialmente si el objetivo no tiene celulitis. Tengo que quitarme esa pésima costumbre que se revierte en mi contra. Nada de eso, cancelado, los seres inteligentes y sensibles como yo somos observadores, lectores, amables, educados, positivos. Eso de hablar de bolsillos es de mal gusto. Las personas que leen (las que pueden) las novelas de hoy en día, saben que no hay pobres. Hasta la palabra es fea. El llano en llamas se extinguió, y Pedro Páramo está enterrado, lo que sigue vigente es el fantasma de Juan Rulfo, y el premio, para que no vaya uno a creer que eso le salió así, como si fueran puras voces en su cabeza no más. O sea, el estilo y la técnica y tal. Mañana debo ir a pagar la electricidad o me la van a cortar. No sé si aún hay campesinos, si desaparecieron en los tremedales de Gallegos, o si los mataron en los primeros cuentos de los grandes maestros. No sé. Los pequeños seres de botiquines y prostíbulos andan por ahí como detalles de encuadre. Pero de la gente del cerro ni hablar. Demasiado realismo social demodé. ¿Quién podrá escribir una novela cuyo escenario sea el cerro de San Andrés que veo desde mi ventana en el apartamento 18D? ¡Eso es candanga! Felizmente ya pasamos esa etapa de crudezas y dificultades del prójimo. Ahora estamos en Pare de Sufrir. Y además, ¿para qué hablar de eso? ¿Quién querría leer ese dramón? Interesante es cuando te echan cuentos babilónicos, o te explican en detalle ciertos códigos para detectar enemigos en Egipto Antiguo. La erudición me fascina. El erotismo de buen gusto también. Yo disfruto una novela como unas vacaciones. Adulterio y homosexualidad incluidos. Digo en la novela, no en las vacaciones. Así es, ¿no? Un poco más que uno, pero no tanto allá. Pero sobre todo, nada que asome que estamos pasando trabajo, a menos que sea en París. Si me oyeran los chamos dirían que me puse gótica, y eso suena peor. En cuanto llegue, les hago una pasta para que coman y se acuesten. Nada de arepas ni pan dulce. A lo mejor ni se han bañado. Ojalá me pueda encerrar a leer la novela de esa escritora colombiana que me prestó mi compadre ayer. Si es que terminaron la tarea. Si es que no me quedo dormida. Si es que no me atrapa primero la telenovela brasilera ambientada en Marruecos, donde hay baile del vientre y todo. Ahí está la señora de uñas verdes, detrás de aquel montón de estudiantes. Ahora el niño va acostado, con la cabeza en las piernas de la madre y chupándose el dedo. No sé cómo esa señora puede caminar con esas sandalias tan altas y cargar las bolsas, el maletín y el muchachito. Yo debería escribir una telenovela. ¿Por qué no? En la telenovela los pobres son como nosotros, aunque vivan en el cerro. Las muchachas pobres nunca son tan pobres, ni son putonas. Son siempre muchachas honradas y decentes. Nunca se presentan incestos, ni los vecinos se masturban en el ascensor. Los niñitos nunca son bizcos y las niñitas se visten como niñitas, con medias tobilleras y todo. Nada de bailar regatón ni salsa erótica en pantaleticas de faralao. Tampoco hay sirenas como las que se escuchan aquí todas las noches, esas alarmas como aquella famosa que mantuvo despierto a Perucho Contreras. A él ¡Gloria a Dios! le dio por querer ser Pedro Infante, en cambio a mí las hormonas me hicieron una trampa patética, y cuando estaba ya toda verde, a punto de convertirme en Hulk, me desinflé llorando a moco tendido en el baño, con tapones de algodón en los oídos, abrazada a mi almohada, entre la regadera y el lavamanos. A pesar de esas diferencias —digamos de género— mi supervisora me dice que escribo bien los informes, y las muchachas se ríen cuando les cuento las tragedias con mi ex. Quién sabe... De repente me consigo por ahí a Leonardo Padrón por estas calles, y zas le cuento rapidito unos cuantos episodios, y Leonardo: —Oye chica, interesantísimo, nos vemos en el canal. No, mejor me invita a comer y todo. Desengáñese comadre, no hay escritoras viviendo en superbloques, y menos con cuatro angelitos negros. ¡Ah! Si yo fuera Eduardo Liendo. ¿Quién ha visto negro como ese, ah? Bájate de esa nube. ¿A quien podría interesarle un ascensor descompuesto, una lavadora que no exprime y cuatro carajitos echando vaina? Aterriza. Busca la manera de mudarte para Mérida. Otro ambiente, más culto. Mañana antes de entrar al metro, voy a jugar la serie completa del 18. Así le doy la razón a Marx, y pienso como vivo. ¿Por azar? La señora de sandalias altísimas con muchachito sigue allí. Irá para El Valle también. ¿Quién sabe? Sus ojos tristes se fijan en mí como si me descifrara. No sostengo la mirada, busco la verdad de su interés en sus bolsas, en el maletín negro, en el muchachito. El tren se detiene en Las Tres Gracias. La mujer sacude sus rollos y se levanta con el niño de la mano, pasa frente a mí y me lanza una última mirada de reconocimiento. El maletín es una laptop, y antes de bajar, la espalda de su franela negra me gritó en blanco relieve que es graduada en letras. Algo me dice que mañana a esta hora seré yo la que irá en el vagón del metro rumbo a El Valle. En su pantalla de auténtica escritora, mis cejas escasas destilarán verdades de mujer madura sin maquillaje; sospechosa de cualquier cosa por mi falda marrón larga, y para colmo, mocasines. Pero tendrá sus dudas. Mi nariz, los lentes, el periódico. ¿Y la ridiculez de lanzarle besos al niño? Si le gusta Agatha Christie, es posible que mi aspecto oculte al ama de llaves del jefe de una banda distribuidora de drogas en el metro, o a la verdadera jefa. Pero si —como supongo— prefiere un espíritu británico más exquisito, seguramente cambiará mi agenda de reuniones y el té con mis amigas, y me describirá organizando una reunión para vender Avon (such a convenient brand) en el vecindario, o lanzando miradas de enganche a chicas que prometan una aventura lésbica. Tal vez, esa discípula de Virginia Woolf en sandalias de plataforma, aún sin habitación propia, pero con laptop y muchachito, ni siquiera me imaginó. Soy algo marrón en la mancha gris, azul, que viaja cada día en el metro. En cualquier metro. ** María Elvira González mariaelviragonzalez@cantv.net Escritora venezolana (Caracas). Reside en El Limón, Maracay (Aragua). Fue docente en Maracay y en el Instituto de Lenguas Extranjeras de Beijing (China). Ha sido traductora en la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve) y en forma independiente para diversas publicaciones. Fundó y dirigió durante varios años la revista Libros de Venezuela, que circuló en el país y en bibliotecas del extranjero. La mayoría de sus trabajos están inéditos, aunque dos cuentos breves se publicaron en el diario El Periodiquito (http://www.elperiodiquito.com), de Maracay, y su cuento “Ojos verdes” fue publicado en la página web Escuela de Escritores (http://www.escueladeescritores.com) como finalista del concurso Relatos Breves con Banda Sonora. === Poema para María Nuño Aguirre de Cárcer ========================== I Contigo las palabras, el río. El vientre inagotable de la ciudad; por sus raíces caminamos. Por sus raíces como surcos de piedra caliza, como agua fotografiada en su huida; extendemos un mural de conversaciones que es un baño de paz para las farolas, y dobla las aceras y las esquinas, donde la gente cruza, salta, para un taxi o se ahoga de angustia. Mis palabras salen y salen como cuentas de un collar roto interminable. Soy un loro charlando sobre su rama. Pero si tú no me escucharas luego no tendría sentido querer estar solo. II Contigo las no-palabras, el fuego. Las serpientes subterráneas, sus escaleras. Los ratones. El Gato de Billetes, su perseverancia. El minúsculo peso en el bolsillo. Tú me ves y comprendes que estoy a un paso de gigante de la locura que estoy vomitando a través de mi sonrisa y mis Buenosdías. Sabes que estoy a punto de renunciar a tu belleza, a tu constancia de escupir a la humanidad y a sus razones. Sabes que quiero romper las posaderas de los nenúfares que flotan por la vida. Sabes que quiero quemar mis naves y lanzarme al océano envenenado. Y sabes si besarme o azotarme, burlarme o esquivarme. III Y contigo, suavemente, a veces llega el silencio. Quiero decir que los coches siguen pitando y las bombas cayendo y la gente muere de hambre, de cólera, de rabia, de asco; pero hay un silencio entre mis manos que fluyen como peces y tu cuerpo que se agita como un bosque. Entonces puedo cerrar los ojos sobre tu pelo y se apagan los vagones y los minutos de espera. La pendiente de tu brazo se curva, se marea hace florituras a través del techo, vacía las paredes de sentido De los poros del aire nace el silencio. El peso de tu brazo sobre mi espalda. Aún no hay tiempo. El silencio no se destruye hasta que llegan Las palabras. ** Nuño Aguirre de Cárcer neftons@yahoo.com Escritor español (Madrid, 1982). Reside en Edimburgo (Escocia). Realizó el primer ciclo de filología hispánica y se licenció en teoría de la literatura y literatura comparada en 2005. Sus actividades literarias han estado ligadas al taller literario “El Arenque Rojo”, grupo con el que colaboró en la organización de recitales y en la publicación de revistas. === Y todo por el merengue Paula Winkler ============================= Lourdes pone mala cara cuando, después de haber traspirado todo el día en la 57 street, oye a su novio que rechaza el sancocho de frijoles. Justo él, que ha estado el santo día durmiendo y bailando la noche del sábado con otra. Dicen que un merengue, y calzado en esos lindos zapatos de charol que ella le regaló el último aniversario. No es mala Lourdes, pero está cansada. Al fin con su trabajo mantiene a su familia y también al novio, que parece preferir las hamburguesas grasientas a los sorullitos de los domingos que le prepara durante los desayunos, antes de ir misa. No es fácil meter por entre las hojas de plátano los granos de maíz y armarse de paciencia para que el vago ese se levante por las mañanas y le hable de las noticias, pues ella no tuvo tiempo de aprender ni a leer en español desde que llegó de la isla. Lo menos que puede pedir es que la quieran con exclusividad. Cuando vuelve de la 57 street a su casa, le sonríen sólo las ollas y sartenes apilados el día anterior. Raras veces la espera él, quizá, por eso, se le enciendan los ojos, y sus caderas tiemblen al verlo. Su madre le ha enseñado a cocinar desde chica, el plato que más le gusta es la malarrabia: le encanta meter sus dedos en el almíbar para sentir los hilos del azúcar y zambullir en la olla los pedacitos de guayaba y batata hasta verlos convertidos en terrones. A Lourdes no le es fácil vivir en la gran manzana, donde el edificio chrysler se ve más portentoso y alto que las palmeras de Santo Domingo. Extraña la playa en la que solía correr con sus hermanas y trepar por los árboles en busca de algún coco jugoso. Le han dicho que es feliz en Nueva York, y así debe de ser, pues el dinero le alcanza para comprar cientos de esmaltes de uñas e ir al cine cada tanto. Habitualmente, sonríe, sobre todo en la cocina. Aunque cuando se enteró de que su novio se había ido a bailar con otra, le dieron ganas de cocerlo en pedacitos como los caribes cocinaban a sus prisioneros antes de deglutirlos en una larga ceremonia. Al poco tiempo de instalarse, su madre intentó enviarla al colegio por lo del inglés, pero no le fue fácil adaptarse y al fin no duró ni una semana. Aunque comprende cuando le hablan los whities y puede traducirle a su madre. En el barrio enseguida se sintió cómoda: todos, de la isla, compartían la música y las oportunidades de trabajo. Salvo la de las piernas largas, que no le cayó bien de entrada: una mirona, desde chica atrapaba con sus ojos a los hombres. Qué habrá hecho distinto la mirona para haberlo atrapado esa noche a su novio, porque ella se esmera en servirle, no sólo la comida que prepara, gozosa. Lourdes se detiene siempre en los detalles. Su pelo, renegrido, lo lava con el mejor champú. Y estudió danzas para bailar mejor que nadie el merengue, por eso se enamoró él. Los ingredientes de sus platos los compra en un mercado de Staten Island: los huevos más frescos y la fruta exquisita. No habrá podido estudiar, pero no es ninguna estúpida, y si ésa hizo la primaria, no demuestra conocer nada, excepto a los hombres. Los envuelve con su charla y su cuerpo de sirena, pero es fría como el acero; y ella es fértil y enérgica. Él no va a abandonarla. —Si no te gusta el sancocho, queda algo de pavo —le dice con rabia—. Y si tampoco se te da por el pavo, en la heladera hay pescado. —Ni pavo ni nada, venga conmigo —y se queda mirándola como si, mirándola, fuera a expiar su infidelidad. Lourdes no está para andanzas, pero el merodeo de la mirona la tiene preocupada. Mejor le hace caso, no hay que guardar rencores. De su madre aprendió los artilugios de las mezclas y el poder secreto de las especias. Tomillo, clavo de olor y perejil, pimienta y ralladura de coco. El picado fino de la cebolla lo conoció por la tía Engracia, que gritaba, contenta, para no pensar en el llanto: niñas que vais bailando, en el infierno terminaréis saltando. Para Engracia, en la cocina comenzaba el cielo que se prolongaba para Lourdes hasta la playa interminable de arena blanca. En la isla, Lourdes no sólo había disfrutado de la libertad de los pájaros y de los nidos de caracoles gigantescos que armaron con sus hermanas cuando el mar les arrebató a su padre en un día furioso de pesca; también, del trigo albarejo y del trigo candeal, aia bombé, mujer, que no resisto tu salsa, el sol se ha de poner. Pero después de que murió el padre, como ninguna había prestado atención a la pesca, y se hizo duro vivir sin él, Engracia les mostró unas fotos de Nueva York. A ellas les gustaron esas fotos, y como un primo iba a ayudarlas, adiós mar y adiós pájaros. Esa parte del nuevo continente, hecho de burbujas y de collares marinos, quedó atrás y hubo que homenajearlo con las comidas. Trascurrido el tiempo, todo se pierde. Salvo la memoria, si se ocupan las personas de mantenerla viva. Apaga la radio. Han estado pasando strangers in the night, como si ella no fuera una extraña en la noche neoyorquina. Claro que al estar de novia, no se siente tan sola. Baja las escaleras lo más rápido que le permiten sus piernas. La saluda el viejo sin dentadura del primer piso y de inmediato la invita a bailar con un descaro travieso y dulce. Le da unas palmadas en el hombro. La espera el aire tibio de un día que se anuncia caluroso. Camino al trabajo, piensa cómo definiría el Mar Caribe. Rocas viejas y duras, olas que se encaraman para abrirse el paso. Algunos barcos se distinguen en la aurora mientras los tiburones nadan, escondidos, quizá a la espera de los cuerpos asoleados de los amigos de Lourdes y sus hermanas, que por la noche hacen acrobacias en los bailes. Y en la isla, campos de trigo y maíz en las llanuras y los olores de la cocina de Engracia y su madre. Al llegar a la esquina escucha las bocinas y los compases de un rock que empujan para ser oídos desde el equipo de música de uno de los nietos del viejo sin dentadura. El sol, de a retazos, amenaza con recalentar el aire. En la parada no reconoce más que a los vecinos ruidosos del edificio que limita con el suyo. Ahora que mira, le parece ver a la mirona. Un hombre desagradable le da órdenes, y cruzan. Sube al micro y en el recorrido hasta la 57 cree adivinar un acertijo. Se lo comentará a su novio esa noche para deshacer los nudos de su noviazgo, como cuando le reza a la virgencita “desata nudos”. Al fin, él la querrá a ella sola, como sucede en todas esas comedias del cine. En el trabajo le dieron permiso para salir antes, tiene tiempo de sobra para preparar la cena. Algo especial que acompañe las velas y los velones y el vestido rojo que lucirá. Duda: plato dominicano o comida distinta, sabrosa. Comida sabrosa, pero cuál. Hojea un recetario. Tiene que pensar en algo. Piensa, nada. Hasta que se le ocurre la mejor sorpresa: hamburguesas caseras con salsa criolla y copos de puré de papas con queso parmesano, gratinados al horno. De postre, unas cerezas con jarabe y pimienta y café con chocolate rallado y canela. Le dirá que la mirona no es tan lista como parece, la primera vez hace todo gratis. La segunda, cobra, y que cobra para darle el dinero a otro. No tendrá que ir de compras y el tiempo que ahorre lo va a usar para tomar un baño como si estuviera en las playas anchas de Santo Domingo. Ay, qué goce gozoso, él y el sabor de la pimienta que penetra y se expande por toda la boca en busca de lava. Eso hará, la comida sabrosa con la carne picada que se animó a comprar en Queens, qué buena elección. Las hamburguesas, previa media cocción, se llevan con el queso mantecoso a horno caliente. (No ha podido reunir aún el dinero suficiente para una parrilla.) Bate el puré, recién hecho y salpimentado, con la yema de dos huevos. El puré está esperando, turgente, la manga del decorado y explotará en los moldes que van a ser llevados al horno, después de haberle desparramado el queso parmesano. Las cerezas se han estado ahogando en el jarabe. Agrega un poco de pimienta, y todo listo. Enciende las velas y los velones, disfruta del contacto de sus pies descalzos con el mosaico y corre a buscar el vestido. Los pliegues deben estar perfectos, tal vez un poco de plancha. Y el sostén hace juego. No usará nada más. En una hora, que le parece eterna, después del baño, se viste. El pelo renegrido lo deja sin peinar. Se pinta la boca de un rojo que hace juego con el esmalte de las uñas de sus pies y manos. ¿No estará exagerando? Allá él, se ve linda en el espejo. Estira las sábanas y corre a la cocina, no vaya a ser que se exceda en el tiempo de cocción. Por entre el visor, los copos del puré parecen a punto. Las hamburguesas con el queso y la salsa despiden un olor barroco, que combina con el vaho del vino tinto. Tocan a la puerta. Es él, qué suerte. Se le abalanza, lo invita a la mesa. Él, casi sin verla, le hace caso y hunde el tenedor en el puré. Corta, paciente, la carne de las hamburguesas. Se lleva la comida a la boca. Lourdes aprovecha para comentarle lo que vio por la tarde. La mirona —claro que no la llama así cuando le habla a él— trabaja por encargo, no vaya a pensar que la sedujo, nada de eso, esa mujer va a cobrarle, ella se dio cuenta enseguida. Pero él no le contesta, está concentrado en los olores de la comida y en el sabor del vino. Ella insiste hasta que la interrumpe y le dice que ya lo sabía, le cobró la primera vez, después del merengue. Lourdes se queda largo rato mirando su boca agrandada por la comida sabrosa. No puede evitar preguntarse de dónde sacó dinero para pagarle, si ella lo mantiene. Ahora él detiene su vista en los pechos de Lourdes. Sin embargo, a ella le vienen ganas de escabullirse entre los manjares. Nada de amor, con lo que trabaja en la Gran Manzana. Lo deja olfateando las cerezas y el jarabe y los azúcares y la grasa de la manteca que ha quedado pegoteada en las ollas. Lourdes querría esfumarse como sucede en el cine, gracias a esos trucos, para no ser devorada. Le reza a la virgencita “desata nudos”. Tal vez la ayude, y se convierta en la última cereza que él, insistentemente, trata de llevarse a la boca y, vaya a saberse por qué, rebota. ** Paula Winkler paula_winkler@fibertel.com.ar Escritora argentina (Buenos Aires). Doctora en derecho y ciencias sociales y magíster en ciencias de la comunicación. Ensayista y cuentista, ha publicado el libro de cuentos Los muros, la nouvelle Cartas escritas en silencio para el viento y el libro-objeto Cuentos perversos y Poemas desesperados, además del ensayo El discurso argentino de la mentira, del cual es coautora. Ha recibido el premio Jorge Luis Borges de la Fundación Givré (1989), el premio publicación categoría cuento de Ediciones Nuevo Espacio (2003), y el mismo premio en la categoría cuento breve (2005). Textos suyos han aparecido en revistas como Híbrido Literario, El Escribidor, Letras (Buenos Aires), Everba (Universidad de Berkeley), Turia (Aragón, España), Hontanar-Cervantes, (Meulbourne, Australia), Brújula Compass (Instituto de Escritores Latinoamericanos de Nueva York), y en la revista del Lake Forest College, (Departamento de Literatura y Lenguas Extranjeras de Chicago). Su cuento "Esperando instrucciones" ha sido traducido al alemán por la escritora y traductora Lilith Tetzner. === Cabalística (extractos) Ulises Varsovia ========================== *** 3. Rosa de Pentecostés Primavera de violentas ráfagas en mayo crepuscular desgarrando su vegetal vestidura, resquebrajando el aire a eléctricas dentelladas. Marcial mi triste actitud de varón iracundo en las lindes de lo vesperal y lo viviente, habitado por guerras atravesando el umbral del águila y del azufre, viril en el cruce atmosférico. No capitular, manes silvestres, no deshojar la humedad hasta la desnudez terrestre, no descender el hilo órfico por el escalofrío del sueño. Allí sus pétalos carnales congregando la nitidez del agua y sus transeúntes, allí su arrebolada copa llena de efímeros zumos, llameando de luz vesperal. Primavera de incendios desnudando su festividad, atravesando en ráfagas de húmedos cuchillos su bello color transitorio. Pero marcial mi actitud de triste guerrero erguido en las lindes de lo viviente, viril en los sombríos cruces de trigo atmosférico. *** 6. Atributo cuántico Sobrecogedoramente hermoso el atributo cuántico del íncola terrestre afanado en su ímproba labor de transeúnte planetario, interestelar con su herramienta inspeccionando el orden de las absortas esferas. Aplicado discípulo del sumo demiurgo de los siete días, de su celo empresarial la preclara corrección del orden originario, y por la muchedumbre pluvial ufano con su atributo cuántico desmalezando el mundo. Altivo el bípedo gris, el amo sobre criaturas caídas a la esclavitud desde su inocencia salvaje. Héroe interestelar, tu imponente magnificencia de monarca planetario, tu arrogante señorío sobre patas y metales, sustentado en la hipotenusa dividida por sus catetos, y de una crin de extrema tensión tu propia hez sobre tu cabeza. Sobrecogedoramente hermoso tu atributo cuántico pendiendo sobre ti con sus siete filos. *** 7. Orquídeas Quizás su hermético misterio nada más que un parpadeo de invisibles alas cruzando las dimensiones del agua, quizás su silencioso color sólo la súbita conversión de precámbricas deposiciones devolviendo a la tierra su bella urdimbre de espectros. Ella allí, magnífico cáliz vertiendo su misterio azul desde una pluvial vertiente sacudida por mágicos dedos, esbelta doncella en flor dormida en su danza inmóvil. A tus húmedos labios una gota de la eternidad, un secreto de milenios herméticamente obscuro asomado, exhibiendo su vegetal enigma. Inconmovible flor del sueño, de tu cáliz mínimo un portentoso fluir de linfas adormeciendo la atmósfera de precámbricas emanaciones. En tu invencible presencia la tierra otra vez su esplendor de salvaje intemperancia, conmovedora en su monarquía. Pero quizás tu hermético misterio nada más que un parpadeo de alas dormidas cruzando las dimensiones del sueño. *** 13. Por aquél entonces La poesía sus nidos en los tortuosos desfiladeros al norte de todas las aguas, clandestina con su copa de cuotidiana cicuta, libre en su libertad bajo botas y fusiles. La humanidad mientras tanto su desgarradora lucha, avanzando y retrocediendo con su sisífica roca, alegre con su destino de animal en eterno tránsito. Por aquél entonces vértigo la altura de la aeronáutica, vértigo la intromisión del ojo en el protoplasma, vértigo el aniquilamiento de los viajeros nocturnos caídos al sótano humano, y un poeta en su atalaya acumulando en su pluma el peso de los difuntos, la simbología del sueño, las velocidades muertas. La poesía sus hijos en los tortuosos senderos, al centro de los derrames. *** 20. Acto carnal En el acto carnal, criaturas sonámbulas obscura cantidad de eléctricas distancias en ciega ansiedad desatadas. Un tropel de pájaros en vuelo incendiario, clavando sus dardos de metal agrario en el árido surco depositario. Tu destino un fruto de obscuro destino y anónimo rumbo, entre los ciegos hijos del animal recluso en sí mismo. Mañana atroz cereal dispuesto en cruz, en el lecho cenagal ebrio de luz, con su eléctrica carga de plenitud. Mañana ciego cereal de índole imbácula con su carga vital. Criatura sonámbula de obscura cantidad monástica. *** 21. Maraña Dos a la mediamañana inclinados sobre el abismo, con la conciencia alarmada en la intrincada maraña de los destinos. Un solo paso en falso, una palabra proscrita, y rodarán nuestras vidas al sumergido espanto de la luz dormida. Aquí tu cuerpo desnudo atrapado en su maraña de invisibles lianas creciendo desde el humo de la infancia. Valor en la mala hora de las persecuciones, circuídos de antorchas, y a ciegas por un bosque de altas sombras. Dos hacia la mediatarde a orillas del abismo, con su duro destino de vástagos totales interrumpidos. Todavía tu resolución, todavía un paso a tientas, y la luz somnolienta desde su vieja prisión alas abiertas. Todavía tu abrazo de fuego en desmesura, ardiendo en la espesura de tu propio fárrago, virgen desnuda. Y por el mismo camino de los viajeros ciegos, una niña encendiendo sus símbolos dormidos en otro sueño. Dos hacia la medianoche al fondo del abismo, con todos sus sentidos lúcidos en el roce de sus destinos. *** 25. Lilas Antes que las lilas sepulten su perfume racimal, antes que la intensidad de sus pródigas ubres se apague en el clímax de su lácteo esplendor, antes, Claire, que sus secos pistilos se adormezcan y duerman su ávido sueño invernal dispersos por la tierra, antes que su color de desnudas diademas en el misterio matriz de la primavera palidezca, antes que su hálito azul se disuelva en la amplitud del aire irrecuperable, y pierda el polen púdico su efímera doncellez, antes, antes, amor, que las lilas racimales sepulten su perfume de espesa intensidad, y apaguen las ubres su flujo de linfas no terrenales, antes, Claire, que sus alas depongan su circuito dentro del aire, y ya nada en la tierra tenga sentido, antes que se extravíen nuevamente en su propio perfume las lilas racimales... *** 26. Teorema Todas sus partes la misma parte, todos sus lados un único lado, y sus diferentes caras una y la misma cara repetida o desdoblada, copiada o reflejada, unificada en serie o por sí misma multiplicada. Uno un múltiplo, pues, de todos los demás, y todos los demás una enorme multitud de índole numeral, innumerable y total, finita en su filiación de ente infinitesimal, infinitamente otro y el mismo en su dispersión. Cuál, entonces, el uno, y cuáles los demás, quiénes los que girando y quiénes haciendo girar, cuántos enumerados y cuántos por enumerar. Porque árboles un árbol y bosque un uno y total, hoja la hoja, y la hojarasca la misma hoja numeral, nueces la nuez moscada, castañas su proyección castañeteada. Pues un ser todos los seres y seres la humanidad, porque una ola las olas y todas las olas la mar. Unidad diversificada en repetida unidad unificando, lo que disuelto en la mar en la mar unificado. *** 27. Cabalística Obscura su misteriosa entidad de cabalísticos dados, volcando su carga óntica en el inescrutable azar de destinos entrecruzados. Grave el solitario asceta en su sumergida ermita escrutando las señales de los magnéticos astros, concentrado en sí, tenso su instrumento orbital en torno a los objetos. Supremo sacerdote, el arco de tu omnipotente inmanencia, el arco de tu obscuro poder tendido sobre las cosas, cuajado de premoniciones titilando en el firmamento. Sí, ahora su magnetismo, ahora su metafísico empuje gravitando sobre los destinos, volcando su carga óntica sobre el fugitivo azar. Obscura tu misteriosa entidad de cabalísticos dados rodando sobre los destinos, entrecruzando los rumbos y volviéndolos a desatar, grave asceta solitario. *** 30. Oracular Oracular instrumento el poeta sonando en mitad de los tiempos, borracho de azar y vaticinios, borracho de todas las lenguas, en su fantasmagórica nave a través de sueños y alfabetos, libre en su solitaria demencia. Un licor de iracundas uvas en su palúdica conciencia turbia de legámicos vapores, a tientas por la física luz con su milenario báculo, dormido y lúcido en su borrachera. Trémulo ser de trémulas cuerdas sonando en las altas esferas su vaticinio cósmico en idiomas anteriores a todas las lenguas de terrestre raigambre, nauta en viaje por edades muertas en su fantasmagórica nave, ningún alfabeto luminal, ninguna lengua de la tierra en las oraculares voces brotando de su onírico instrumento. Todos los tiempos estelares, todas las edades planetarias imponiendo su caducidad, fijando plazos y obsolescencia, y tú con tu báculo ciego apareciendo y desapareciendo. Oracular fantasma el poeta sonando sus diáfanas aguas en la sed de las almas enfermas. *** 33. Regazo tribal La muerte conmovedor su abnegado amor filial de madre universal, dolorosa en su luto flameando intermitente entre el túnel y la luz, al final y al comienzo. Conmigo y sin mí, contigo y desnudo, con nosotros, y ni uno, sino su inmanencia parpadeando su amparo de regazo tribal, de seno genérico, de matriz universal. Dondequiera, poetas, dondequiera que nadie en torno abrigando la desheredad; que nadie sus leños en el hogar vacío el fuego vital... Dondequiera, poetas, que la atroz soledad su frío estandarte, su inmensa inmensidad, allí su tibio amparo, allí su abnegación, allí su conmovedora inmanencia universal, flameando intermitente entre la noche y la aurora, entre nunca haberse ido y no volver nunca más. Conmovedor, poetas, su abnegado amor filial de madre innumerable, omnipresente y total. *** 35. Un minuto humano Un minuto de póstuma luz, un minuto de aire irrespirable, un minuto del perfume ácido de las ciruelas, un minuto del tiempo expulso de los relojes. La lluvia otra vez, hermanos poetas, la lluvia trémula otra vez temblando en el alambique de la alquimia atmosférica, sólida en su permanencia de indestructibles leyes terrestres. O un cardumen de peces desplazando su marcha inmóvil en la invisible dirección de atávicas coordenadas. Las abejas misioneras en su ferviente propagación de diminuto polvo proteico, de ortodoxo credo lumínico cuajando en la luz póstuma, hermanos. Dejadme, hermanos, dejadme en la póstuma obscuridad emerger un minuto humano, emerger un minuto del aire, un minuto del perfume corrosivo de las ciruelas, un minuto de física lluvia, de polen solar irradiándose. O de un cardumen de peces desplazando su dirección en el extravío del tiempo póstumo de los relojes. ** Ulises Varsovia rommel.krieger@unisg.ch Escritor chileno (Valparaíso, 1949). Es docente de español en la Universidad de St. Gallen (Suiza). Ha publicado más de veinte títulos de poesía desde 1974, en forma artesanal, y sus poemas han aparecido en más de sesenta revistas literarias de Latinoamérica y Europa, en español y en otros idiomas. Textos suyos pueden leerse en su página personal, http://varsovia.tripod.cl. === Tarde en la Neue Pinakothek Anda Butoiu ========================== Le gustaba cómo sonaban sus pasos en aquel edificio en forma de caracol, con sus facciones metálicas, con cortes estrictos, decididos. De vez en cuando se paraba a escuchar cuán lejos estarían los demás, pensaba en las piezas que ellos verían y que él ya había contemplado, y se forzaba en reproducirse sus expresiones pétreas, fortificadas por una indiferencia hiriente. Pegado a una ventana intentaba comparar el susurro que se acercaba con alguna música conocida, pero inmediatamente otro elemento le llamaba la atención: quizás era la vista, el paisaje... o la repentina conciencia de su presencia en medio de todos aquellos cuadros..., que no le pertenecían, pero de los que se sentía el creador. Sería por ello por lo que no se complicaba en penetrar en su secreto, pues pensaba que su significado estaba ya en su espíritu, aunque en aquel preciso instante no le viniera a la memoria. Su mirada no podía captar significado preciso alguno, su alma se había llenado de una tal euforia que el análisis artístico, psicológico o histórico de una pieza le hubiera sido imposible. Sentía tanto, veía tanto, veneraba tanto todo aquello que pensar en ello en aquel instante hubiera sido la insensatez del hombre corriente, del hombre fenoménico, tal como le gustaba llamarlo. La musicalidad en la disposición de los cuadros, en las expresiones, en los personajes... ¡cómo pensar aquello..., cómo reproducirlo en uno mismo! ¡Cómo someter a examen algo que ni siquiera existía! Había leído sobre aquellas obras, había soñado verlas durante una vida entera, pero ahora, al hallarse delante de ellas tenía que aceptar que no eran más que quimeras suyas, que todo había sido concebido en una noche de soledad, la única noche que había vivido... Un monumento que todo el mundo conoce es tan abstracto como una idea platónica..., no puede hallar su sede en ningún bosque, a orillas de ningún lago. Y tampoco puede ser antes de que nosotros seamos delante de él. En cualquier caso hubiera aceptado que lo creado fuera expuesto en una especie de santuario abierto solo a unos cuantos, a unos pocos fieles. Se figuraba aquello una especie de profanación, un sacrilegio. Frenaba su ira contra aquellos cuerpos inertes, que se paraban delante de alguna obra sólo para enfrentar su materialidad a la suya... Había subido y bajado durante horas por las galerías marmóreas. También encontró salas vacías, laberínticas y absurdas. Cruzó pasillos enteros por haber antes vislumbrado una obra conocida en algún rincón insospechado. Era un cuadro que había soñado ver, experimentar durante años. Ahora no lo reconocía. Exhausto, colérico, vetusto, se paraba delante de él. Intentaba recrear la emoción que años atrás le aturdía. Se sentaba; cerraba los ojos y se lo imaginaba... Sí..., mejor así..., ahora lo veía..., ahora... Mas al despertar y al analizar de cerca el cuadro advertía que muchos elementos no coincidían con lo imaginado. El recuerdo, tan familiar, tan cercano..., construido a través de los esquemas de un estilo propio, muchas veces contrastaba con la obra, tan abierta, tan pública, tan una en relación con todas las demás opiniones. Repentinamente se fijaba en el movimiento de unos dedos; la conmoción del rostro le recordaba el ser de la obra... Rememoraba vagamente..., sí..., se acordaba de sí mismo en el momento de leer sobre aquel cuadro. Rápidamente se tornaba iracundo; él tampoco veía nada, él tampoco le encontraba ningún sentido a todo aquello. ¡Oh, sí, el sentido estaba dentro de él..., dentro de él! Pero él se había distanciado tanto de sí mismo, había abandonado su antigua imagen, que ahora lo único que quedaba era el ideal..., la sombra de una sombra, el recuerdo de otro recuerdo más remoto aun. Se sentó en el banquillo que había en medio de la sala. Apoyó las manos sobre las rodillas y empezó a buscar frenéticamente la salida. Una ventana al menos, la visión de algún patio interior, con una fuente, con un poco de césped. La necesidad de la novedad, del olvido... Ahora era lo que necesitaba; el elemento que le sustrajera de esa tensión, de esa dialéctica torpe. La mirada se cruzaba con tonos violetas y verdes, con mezclas oriundas y sarcásticas. No cabía posibilidad de reconocimiento ni de estilos, ni de autores..., ni de historias. Su mirada estaba vacía..., sólo percibía la estética de los rostros inexpresivos, sólo era capaz de atacar al otro, de analizar su perfil insoportable..., de declarar su imbecilidad. Era imposible la huida; las paredes camuflaban las salidas, cuadros gigantes comunicaban entre sí; las escenas se confundían en un espectáculo grotesco; los personajes habían bajado al cuarto, habían abandonado su escenario, habían descendido a una dimensión más inmediata, más actual. Volvió muy tarde, cuando las luces chillaban en medio de la noche, cuando ellas solas, altivas, rutinarias, eras las únicas compañeras de viaje. Cruzó el pasillo de la pensión..., no se encontró a nadie, todos estarían abrumados por otras realidades más convincentes y categóricas, mundos oníricos que hacen dudar de la existencia de lo presente. Entonces pensó que los otros estarían siempre durmiendo, y él deambularía solo durante la existencia entera esquivando sus vidas inverosímiles. Le llenó de repente esa euforia que se manifestaba sólo cuando estaba seguro de sí mismo. Estaba solo, estaría solo durante toda su vida. Se sacó el traje, luego la camisa empapada. Estaba sacudido de tanta felicidad, de tanta dicha repentina. Él no había unido su destino a nadie..., se había mantenido como al principio, estaba listo en cualquier momento de reanudar el juego. Se secó la frente acordándose de pronto de la charla que había tenido con un antiguo compañero...; hacía 20 años de aquello. El compañero le había echado en cara su egoísmo, su enfatizada impasibilidad. “—La única forma de egoísmo que veo posible, dijo entonces, es la de la negación de la maravilla que la vida supone. Un hombre que quiere todo para sí mismo no es en ningún caso un egoísta, se podría decir que ama demasiado todo lo que la naturaleza pueda ofrecerle, se encapricha con su espectáculo, se olvida de los dogmas cristianos, que la humanidad, como entidad o institución se ha atribuido, y se entrega simplemente a la existencia. Su voluntad no es capaz de acaparar los deseos de otras voluntades. Y esto último sería un absurdo. Cómo puede querer un ser que pretende afirmarse por encima de los demás, ayudar a esos otros para que algún día le aplasten en la lucha por el éxito, por la “fama”, por el gran trofeo y el culto a la personalidad. Jaja, sería un absurdo... La gran huella de egoísmo es mostrarle a uno que empieza el alivio que se siente al acabar, porque, al fin y al cabo, no ha sido tal como uno se esperaba.... La única muestra de egoísmo posible es negarle a la vida sus misterios, sus bellezas..., sus razones para afirmarse. (Lo había dicho todo de golpe, sin pensarlo, sin analizar el efecto que tendrían en el otro estas palabras. No sabía cómo le habían llegado a la memoria tales frases..., hacía tiempo que no pensaba en ello, de hecho no sabía con certeza si eran suyas, o si las había leído en alguna parte). ”—A todos nos espera lo mismo (había afirmado el otro apresurado, disgustado por el poco compañerismo, colérico...)... ”—No amigo, no a todos nos espera lo mismo, teniendo en cuenta que la dimensión en la que ese esperar se hace patente y recibe su castigo o recompensa es la vida, no podemos decir que todos van a tener una vida semejante. Aquí es donde nos podemos diferenciar..., desprendernos de ese magma del que hemos salido, sentir nuestro ser más íntimo, deslumbrar al mundo con su originalidad. El que estemos hechos de una misma materia no quiere decir nada..., aunque retornemos a ella”. El otro le había dado la espalda, había cerrado el diálogo, gesticulaba dejándose entender que ya no había nada que hablar, que aquello era inaguantable. Estaba viciado por las escuelas de la época y no entendía cómo su amigo se había convertido en discípulo de tales bagatelas. “—Vamos, todo es historia, todo es historia, ¿qué es lo que no entiendes, qué intentas defender? ¿Crees que eres un Hegel, un Schiller con sus razones infinitas, con sus espíritus universales? Ahora eso está mal visto... Pero mira, algo ha quedado, algo bueno habrán hecho... Ha quedado esa antropología pragmática desde la que ha de analizarse y revisarse todo... Hemos de mirar a las cosas, ja Freunde..., hemos de verlas bien, bien..., con los ojos, con estos ojos sensibles y perecederos... Las cosas... (Había parado de repente. Los gritos le provocaron espasmos, se interrumpió temblando, apoyándose en un radiador). ”—Las esferas de la conciencia varían de la tragedia a la nada... (le contestó). Los individuos que toman demasiado en serio la materialidad/evidencia/rigidez/severidad de las cosas no han logrado superar el estado de inercia en el que estaban cuando eran tan sólo materia”. ¿Había mantenido alguna vez aquella conversación? Ahora que la recordaba le parecía harto distante, artificial. Ahora ya no se hablaba de aquella manera... ¿Qué eran esas palabras..., de quién habían sido? Seguramente sería un monólogo improvisado en las estancias de la Neue Pinakotheke..., asimilado ahora, cuando los demás/visitantes dejaban por fin de insistir en su figura, abandonaban por algunas horas su penetración en mundos ajenos. Abrió la ventana...; abajo se sentía el río, con sus resonancias estereotipadas, tan conocidas..., tan vetustas y sinceras. Habría deseado encontrar otras cosas; abrir la ventana y que del caudal estallara una pieza mozartiana..., un fragmento que le recordara a algo, no sólo las miserias de la tierra..., sus fragancias viciadas. La artificiosidad sabía mentir mejor, sabía aplacar las dudas... Las invenciones propias, los productos seniles de la memoria tranquilizan más que la evidencia presente... La verdad ha de ser trágica para ser creída..., ha de ser nuestra. De esta idea llevaba ligado un entero episodio de su vida, el recuerdo de la ruptura con su última compañera..., porque desde entonces decidió que nadie le acompañaría a ninguna parte jamás. Su amante le sorprendió una vez distante y caído, frustrado como un animal apaleado. Ella había terminado los estudios, trabajaba ahora en una empresa de la construcción, en una ciudad lejana, olvidada por todos. Venía al apartamento que compartían en Hilser una vez a la semana. Ese viernes lo encontró recatado, hojeando un periódico. Había escrito algo, el cuaderno yacía sobre la mesa arrugado..., flaqueado. —Me han dicho que te vas a casar... —Hablan demasiado en ese rincón del mundo... No hay mucho que hacer, los espíritus se cansan... —No siempre la razón se alimenta de quimeras, querida... El que lo haya dicho un tal Nietzsche no demuestra nada... Jaja... Y cuéntame, ¿cómo es él? No quisiera averiguar que me estás engañando con un ingeniero..., una bestia de esas automatizadas, tecnologizada. Elsa le sonrió con esa figura inexpresiva que le impacientaba, que le acordaba la poca cosa de la naturaleza de aquella mujer, tan común, tan opaca. —Espero que no te pongas otra vez a insultar mi profesión, mi falta de ideas e ideales..., mi superficialidad. Tú ocúpate de tus dioses, de tus esencias... A mí déjame vivir, no me vengas con mónadas y fundamentos inconcusos... Serían las últimas palabras. Ella abandonaría Hilser esa misma noche...y se casaría dentro de dos meses... ¡Jaja! ¿No había sido genial? Había logrado reducir esa relación a un fenómeno cuya fuerza ya se había agotado... Elsa, sus caprichos, sus quejas, todos los sonidos que sacaba aquel animal fantástico, habían cesado... Su enigma se había corrompido..., de hecho nunca pensó en ella como en alguien que podría esconder algo de precio. Al principio intentó construirle una historia sagrada, oculta e ideal, como todos los amantes... Luego renunció a ello..., las miradas demasiado directas, las palabras reglamentarias de aquella mujer..., su hermetismo de tierra fértil, que ansía ser..., en fin... Ahora también le entraban ganas de reír... ¿Qué se había esperado descubrir detrás de ese cuerpo masivo, de estatua? Se había acordado de las palabras de un buen amigo de la facultad... “¿Y qué es esa broma de la conciencia en un ser que es mero aparecer, que es mero fenómeno, en el que nada hay de profundo ni abismal, sino el ideal que él mismo se ha forjado? ¿Y por qué concibe el hombre dioses que nada tienen de humano..., dioses sólidos y putrefactos, dioses que no envejecen jamás? Dios es de hierro. El hombre es puro aparecer. Aparecer y cambio. Sí, ya se sabe, se trata de la proyección de sus deseos, de sus ideales y miedos. Dios es antropomórfico. Dios es anthropos. Pero el hombre no es sólo deseo que proyecta, sino enfermedad, melancolía y locura. Busca lo trágico, lo ansía, pues es lo único que puede satisfacer sus anhelos de dominio, de perfección, de autoflagelamiento. Dios es un ser calmado en su quietud desde la que no le queda ni siquiera la contemplación. Dios lo sabe todo, lo posee todo, es ese todo que el mismo ha creado, que continuamente representa en su volver sobre lo mismo en el pensamiento. ¿Pero el hombre? El hombre no puede ser sino demencia y desmesura. Y cae en los excesos al intentar captar lo verdadero. Lo busca en los lugares más peligrosos, en lugares que le hagan sentir lo verdadero. Si no se siente la verdad, si no se percibe el estar en la verdad, aunque esa verdad se haya descubierto, no nos convencería ni lo más mínimo. La verdad no basta con que sea verdadera, ha de ser trágica. Ha de producirnos náusea, ha de introducirnos en el éxtasis”. Aquella tarde no se encontraba bien; alguna cosa le había producido realmente náusea, pero prefería verlo como un efecto de las palabras de su amigo... Había sido tan verdadero, tan auténtico e indiscutible lo que Jean le había confesado, que todo aquello le había producido náuseas. ¿No era eso lo que se sentía delante de la verdad? Quería caer en locuras como los héroes dostoievskianos..., mas juzgaba que nunca sería capaz de tanta sensibilidad, de tanta corporeidad ... ¡Jaja! Ahora sí se podía reír..., cuando estaba a salvo..., cuando las demás identidades ya no se confundían con la suya. Se acostó sobre la cama..., cerró los ojos y vislumbró el único panorama que se le aparecía en los bastidores. Las salas marmóreas... Le gustaba cómo sonaban sus pasos en aquel edificio en forma de caracol, con sus facciones metálicas, con cortes estrictos, decididos... (Sería el único personaje de la farsa..., los demás ya no tenían cabida). ** Anda Butoiu andinia76@hotmail.com Escritora española (1987). Es estudiante de filosofía en la Universidad de Valencia (España, http://www.uv.es). La mayor parte de su producción permanece inédita. === Desecho e izquierdo Rolando Revagliatti ========================== *** Y aunque el mate esté frío Nos estamos cayendo en el dos mil y el pescado sin vender gaucho entre los gauchos y atraviesa el malón la polvareda el buenón en cambio juega solo a la taba crisis de identidad la del buenón que poco capea sus contradicciones del todo contraindicado el buenón aires de pampa mía cavándole el hoyo pa’ quel hueserío haga hito como la traición entre las tradiciones y el esmero del inveterado malón al pervertir a las infamélicas y consanguíneas hembritas insosteniblemente vaporosas y a las regionales y desencantadas esposas de los intendentes meta rasgueos de guitarras Y aunque el mate esté frío, doña Dominga doña Venancia, doña Azucena, doña Hilariona no dejo de payar en estas circunstancias confusas para este acreditado paisajista de acendrado calar nacional y popular Síganme pobretes y ricachos a las puertas del amor de un día por la inmensidad tanto como por la circunscripción que no los voy a defraudar macho gaucho y guacho que no los voy a fotografiar con zoom en la estaqueada en esta superproducción reproductiva. *** Dándole vueltas Dándole vueltas y vueltas a cierto cachito significante estaba entre la vulgaridad de tirarme una cana al aire o familiarmente desde el amplio ventanal de un cuadragésimo piso O desgarrar el avejentado himen de una sección perezosa de mi cerebro Me encaré: ¿Por qué no rozar el urticante tema de las propensiones? Es un tema tuyo, Rolando el de las estructuras que supimos adquirir las resignaciones que no terminan de caer de las secoyas ancestrales los renunciamientos a la mescalina al fru-frú, a la masturbación, al asesinato del alma ¿Tantos años de tarado echados a la basura? ¡El orgasmo es mío, mío! ¿Así como así, hijos de puta arremeten con sus topadoras sobre el gueto de mi infelicidad? ¿Qué me faltaba cuando sólo era un miserable? *** Allá Yo siempre supe allá en el fondo que alguien la tendría más grande Toda una vida acallando ese presentimiento aturdiéndome con éxitos, figuración y altísimas calificaciones mucho ruido pequeño sin duda con talentos e imprevisibilidad Pero el genio era otro otro el fenómeno, el anormal y al portento no le interesaría la trascendencia en cambio yo me consumiría en mi satiriasis ¡ufa! en mis floripondios y maratonismo demasiado mortal huérfano, viudo atenazado por el letargo exhaustivo de la compasión y sobre todo con su fachada ecuánime cuando no insigne por la maldad revisionista Las sirenas aún me aseguran que soy el mejor que antes de mí, patrañas y rutinas estándares amables a lo sumo que el imperioso mar es mío y el viento pero lo reconocí al principio fue al principio cuando lo reconocí: allá en el fondo. *** Madurez Hasta yo dentro de poco pareceré aplomado: crucial obsolescencia. *** Al medio y por la mitad Fuego sagrado tú enviudé con astucia y placebo Neo-cerbatánico escupo monogramas endilgo inagotables iniciales lacro por lo que dure esta disipación tartamuda de linajes y otras señas Estamos en la niebla de paso reprimo besos y te invento bondadosamente Contigo tomate partido al medio y milanesa partida al medio y huevo duro por la mitad: sensorium y perceptum: tú del pan lactal yo, de las cebollitas de verdeo Aire en grumos siendo desalojado de mi pecho: chamusca, carajo, la niebla sin embargo. *** Pase en sucio o indaga la daga Para el más azul de los príncipes la nieve más blanca La salpicada de estrellas le ofrecía al cristiano vagina gaucha: quince para una escoba: deshacerse las trenzas y deshacerse de las enaguas ¿Por qué pues entonces desnudez por desnudez me quedo de smoking bailando con la más fea? Tautología con todo mi amorcito y besos de salva: confiar en el pasado mañana o sucumbir ayer cobardemente Sinceramente no entiendo: ¿agoniza la burla? *** Las patas Las patas en el aire despotrican contra las patas enterradas Histéricas en el aire y obsesivas enterradas me convidan con pancito al dirimir con ellas sus recelos en mi consultorio. *** Impotencia Borracho de amor y vino blanco qué no hice yo por arrancarle el ilustre convencimiento de que más valía la humilde sapiencia de mis manos que cien volando Procurar conquistarla fue para mí de rango estructurante lo digo clínicamente tras biopsia Al aguardiente lo que es del aguardiente ¿y al pollito mínimo? *** Manicomial Tragué vidrio (garuaba finito sobre mi actuación) “y todo porque soy un pequeño magnate” transido entoné En una glorieta extenuada del neuropsiquiátrico (desplegada garúa) transido entoné “y todo porque soy un pequeño magnate” Y al cabo saludé con carraspera. *** Eléctrico Los quince de cada mes a la noche, si es que llueve me enchufo con un recuerdo siempre el mismo irrevelable muy falso muy vergonzoso (en los 220 vatios). *** La constante es querer No supe atreverme a querer no quise atreverme a saber Amparo Mom nunca diría lloré sin querer (nos reveló, mientras quería, Norah Lange) Amparo Mom nunca lloró sin querer En el exilio ¿usted lloró sin querer ante un mate espumoso? ¿Quería usted cuando lloraba sin querer? ¿Quiso usted cuando quería? ¿Tal vez quiso cuando no quería? (Sin querer bostezó y se durmió) ¿Usted lo dijo sin querer? *** Abundábamos Abundábamos en cópulas algunas se suspendían extenuados, sin eyaculación sin sobrepasar la marca de cuatro cópulas con consecuencias seminales y dando acceso hasta seis por suma de cópulas. *** Tu mordida Inexperta en tu embestida púbera que me hiciste mal cuando te desesperaste Sin racionar no hay poesía. *** Complementarios El áspero y la suave hacían planes: que un juego de dormitorio aunque no en Maple El imperativo y la sutil No recibirían herencia estos enamorados legítimos Disfrutaban de sus besos complementarios Un perro blanco levanta la patita Mientras ellos lo miran los estimo En la ciudad no se me pierden ni en la memoria Transiten de manos tomadas por Florida o Bacacay ya abuelos. *** Si te morís Si te morís con los ojos abiertos sonaste: ni en sueños volverás a pestañear. *** Quedé ¿Partido en el parto de mí o aun antes? *** Hubieran sido dos Hubieran sido dos, me dijo eso me dijeron, que eran dos Desarticulados bien de noche en un banco del Parque Lezica de duelo allí estábamos, ella conmigo ya, creo 17 de febrero de 1964. *** ¿Qué se hace con este fastidio? ¿Qué se hace con este fastidio con cara de bobo? Uno como yo, con cara de bobo en esta mañana ¿qué hace con este fastidio con cara de bobo? La adoración del bobo que vive en mi cara fastidia a mi cara de bobo cumpliendo una mañana más ante tanto fastidio. *** La teta izquierda La teta izquierda de la esposa de mi enemigo me dio de lleno en el rostro Me dio de lleno la teta izquierda de la esposa de mi enemigo en el rostro De la cual la teta ya no me separo. *** Lo admito Mi noviecita es un aguantadero para mí (subido a una tarima lo admito blandiendo un espadín de cartulina) La luzco en mis presentaciones y en otros eventos culturales (mi tic nervioso la ceja ésta que me desdice no me deja mentir) Mi aburrimiento a veces le cede un espacio a la imaginación estereotipando los arrestos de un beso apasionado Me guarezco en mi novia del que en mí propende a divulgarse fulminantemente. *** ¿Se acuerdan de mí? ¿Se acuerdan de mí —¡qué risa!— en mis temporadas de putañero? ¿Me ubican?: de la secundaria: el gordito de pie en la foto apoyándosela a nuestra profesora de contabilidad Hoy me agarran asoleándome en este poema de un amigo. *** Que me la Que me la sostuviera tanto rato con sus dos manitas emocionadas y que me produjera lo que me produjera de emoción allí hasta ametrallarla entre los ojitos y que se riera fue poco pero muy poco menos que sublime. *** Vestíte y andáte Huí nomás capulina, chabacana con mi camisa de corderoy con mi riñonera Dejáme ahora si es ese tu placer consecuente tan tristón como solo e inútil; inferíme la desolación obstinada de la inutilidad; arrojáme a mi síndrome ¿No era que nunca te había ocurrido lo que conmigo? ¿Entonces mi producción es poco más que morondanga? ¿No venía a ser yo quien te globalizaba los sentidos? “¡Orgasmáme, pijudo!” en tus labios obvios: exaltados: ¿era una expresión retórica, parásita? Huí nomás diletante, peliforra con mi boina blanca Lleváte tu impronta abrasadora; disipá tu horrible fobia matutina tragándote el dominguero paisaje suburbano Huí con mi slip con mis chinelas A esta desnudez mía y patética que se queda —hoy ya extenuada la nochecita del sábado tres de octubre— despidiéndote rocío con mi esperma. *** Estando La índole de mis pensamientos con un palo en el culo lo juro ante Dios: me torna vano y blasfemo. *** Dícese de la cría que ha perdido la madre El modo en el que la habré perdido no atrae todavía a los revisionistas ¿La habré perdido tropezando con la misma piedra —equívoca del escándalo de las poéticas— con la que antaño otras tropezaron también desmadrándose? ¿La habré perdido por la índole obstinada de mi rebelde condición de cría? ¿Hay allí, donde indico, qué de intrínseco? ¿Substancia del manumitir en la expósita? A vuelapluma: ¿dícese? *** Día de la Madre Mamá merece un lavarropas nuevo y una multiprocesadora de 400 vatios de potencia y una más moderna licuadora Mamá merece también una tostadora eléctrica de última generación y un secavajillas con cinco programas y tres temperaturas Mamá es muy buena No hay como mamá Mamá merece una lustraspiradora con barral cromado rebatible y tres cepillos flotantes ¿Qué menos que una máquina de coser con quince funciones de puntada merece mamá? Mamá es muy buena Merece esto y mucho más Mamá merece una cocina con paneles autolimpiantes y puerta visor con doble vidrio Mamá merece una plancha con capacidad de tanque para 320 mililitros Mamá es muy buena Queremos mucho a mamá Demos de una vez en el blanco de las principales necesidades de mamá. *** Oportunidad Yo me conformaría con tener treinta y nueve años menos darme otra oportunidad tan sólo otra oportunidad para no pasar tan resquebrajadamente desapercibido birlaron mi momento de gloria no supe apresarlo Mi madre me peinaba con Brancato el micro me pasaba a buscar repetí tercero, cuarto y quinto grados Creyendo obedecer designios divinos mortifiqué un tanto mi carne circunstancial Una pérfida se casó conmigo y logró ella fecundarse de mí y producir hijos que también desaprovecharían la oportunidad de suicidarse en el jardín de infantes. ** Rolando Revagliatti revadans@yahoo.com.ar Docente y escritor argentino (Buenos Aires, 1945). Ha hecho estudios de realización cinematográfica, formación actoral, psicodrama psicoanalítico y psicoanálisis, entre otros. Entre 1988 y 2004 ha publicado los poemarios Obras completas en verso hasta acá, De mi mayor estigma (si mal no me equivoco), Trompifai, Fundido encadenado, Tomavistas, Picado contrapicado, Leo y escribo, Ripio, Desecho e izquierdo, Propaga, Ardua, Pictórica, Sopita y Corona de calor; los libros de cuentos Historietas del amor y Muestra en prosa, y la obra de teatro Las piezas de un teatro. Doce de estos libros se encuentran en distintas bibliotecas virtuales de varios países. Ha sido traducido y difundido a diez idiomas en medios gráficos y electrónicos. Ha coordinado cafés literarios y ha dirigido espectáculos teatrales. Textos suyos pueden leerse en diversos medios latinoamericanos y en su página, http://www.revagliatti.com.ar. === El cuento póstumo Usbaldo Volcán ================================= A Horacio, quien no pudo contar su propia historia. El cuentista levantó su rostro y miró a su alrededor. Quiso levantarse de su cama, pero no halló fuerzas suficientes en su maltratado cuerpo. Hace días tiene una idea: Antes de ser recluido nuevamente en el hospital, compró un pequeño frasco de extraño contenido y lo guarda celosamente entre sus ropas. El cáncer lo está devorando lentamente... y nadie le ha visitado, ni sus hijos ni esposa... Su vida siempre estuvo enmarcada en el fatalismo y la frustración de no poder adaptarse al medio ni integrarse a los cenáculos literarios que le vieron crecer y declinarse sin remedio alguno. Todos le han dado la espalda y ya nadie respeta su genio ni su esfuerzo. Ese hombre está solo, y en lo más remoto de sus culpas, cree ver a amigos que entran y salen… Pero no ve a nadie realmente. Está solo... Solo... Postrado en su cama, después de una noche de insomnio, recuerda al Río Uruguay, y sonríe de alucinada felicidad al jugar con su padre en Misiones. —¡Piapia! —grita con vehemente somnolencia. —¡Chiquito! —murmura el padre. Y torpemente, se tumba sobre la arena albeante, rodeando con sus brazos las piernas de su hijo. —¡Chiquito, no estés triste! —implora con ternura y el niño no alcanza a decir nada, pues, en ese preciso instante de la tierra emergió desafiante, una enorme escopeta, que furtiva dejó escapar de su cañón a una enorme Yaracasú, quien con una rápida mordedura, cegó la vida de su padre. —¡Piapia! —grita el niño mientras lo ve morir... ¡Pero con mayor insania, ve a un segundo hombre, paralítico y consternado, tratando de accionar una escopeta con los pies! El cuentista quiere detenerlo; pero la Yaracasú no lo deja pasar. La sierpe lo observa taciturna, amenazante..., engreída… Es justo allí y ante los desorbitados ojos del cuentista, que el hombre logra accionar el gatillo y la escopeta escupe su fatal mensaje de muerte... ¡Cuánto dolor e impotencia hay en el corazón del cuentista! Quisiera matar a la sierpe infernal, pero tiene miedo... ¡Mucho miedo! Justo en ese momento de trivial desosiego, escucha una voz tras de sí: —¡Horacio, ayúdame! —clamó la voz. —¿Federico? —exclamó el cuentista al creer reconocer la voz de su amigo Federico Ferrando asesinado por miles de serpientes, que amenazantes, se le acercaban mientras el permanecía impotente al borde de un precipicio. El cuentista trató de prestarle ayuda, pero la Yaracasú se lo impidió. Enardecido, tomó un leño del suelo y embistió a la sierpe con tal fuerza, que salió despedida por los aires como un tiro de revólver... ¡Pero, Oh, infame destino: la sierpe fue a caer justo al rostro de su amigo y lo hirió de muerte!... El hombre con la serpiente enrollada en su rostro y sus brazos tratando de zafarse con instintivo dolor, se fue de espalda hacia el brumoso precipicio. Ahora, el cuentista está llorando de pena reprimida y la culpa es un puñal que se clava en su corazón con insistente porfía. Ha vuelto a la realidad: está postrado en la cama del hospital... Levanta la vista y cree ver a otros pacientes recluidos en el mismo cuarto. Creer reconocer a uno de ellos... ¡Es su esposa! Su esposa, que se ha envenenado por haber leído sus cuentos de amor, de locura y de muerte... El cuentista gritó de impotencia y queriendo enmendar sus errores ante la inminente muerte de su esposa, deseó volver atrás. Él sabe que va a morir... ¿Pero cómo evitarlo? ¿Cómo? La culpa se acrecentaba cuando ella deja de respirar y el cuentista se sume en un “tormentoso mutismo”. El hombre, de mirada enfermiza y esquizofrénica, sabe lo que tiene que hacer: el frasco de extraño contenido es la solución... Sabe que está solo y que nadie se interesa por él. Sus hijos y su segunda esposa lo han abandonado. Todos le menosprecian y parecen olvidarle... Ahora, con el pequeño frasco entre sus dedos, tiembla de manera imperceptible pero creciente. Suda copiosamente y su mirada se torna más profunda, taciturna... Destapa el frasco con inusitada vehemencia y lo pasa por su nariz como para reconocer el olor, olor mismo, que le produce un edulcorante placer, un gozo exultante impregno de morbo... Sus manos tiemblan de manera incontrolable y su mirada aún permanece fija... Tiene sed... Mucha sed... ¡pero no beberá del contenido del frasco tan fácilmente! Desde hace días lo ha estado observando vacilante... Ya tiene la boca del frasco sobre sus labios inquietos. Aún hay tiempo de volver atrás... ¿O es que a veces es mejor morir para nacer realmente? Ahora, el líquido irrumpe con fuerza sobre sus labios y choca con sus dientes. Aún esta en la boca... ¡Hay tiempo de escupirlo! El extraño líquido es de un sabor amargo llameante… ¿O de un dulce subyugante? El líquido trata de caer; pero el hombre lo retiene... Está a punto de resbalar por la garganta; pero el hombre no lo permite... Parece quemar su paladar durante eternas horas, y aún no hay pasado un segundo... El hombre está dudando; pero esto va a cambiar, pues, el líquido retenido se deja caer hasta lo más profundo de sus entrañas. Ardiente, se desplaza amenazante por la tráquea del hombre, pasa por el esófago y llega hasta su delicado estómago. El cuentista dejó caer el frasco y se llevó una mano al cuello tosiendo secamente; la otra mano, la llevó hasta su ardiente estómago. Sintió una sensación de tirante abultamiento, y de pronto, dos o tres fulgurantes puntadas como relámpagos, irradiaron desde su estómago hasta su ingle y su tórax. Se retorcía con dificultad sobre la cama, y una trivial sequedad en la garganta le arrancó un terrible juramento... Sentía el tronco como un bloque deforme y duro que reventaba la camisa, y como para amainar la dolorosa sensación, trató de acurrucarse con fuerza, presionándose para vencer su agonía. Apenas habían pasado unos segundos y ya parecían siglos. Recordó a su esposa y a sus hijos... Recordó a la selva de Misiones, y, nostálgico, lloró la pena de sentirse fracasado como padre y como esposo (aunque como cuentista fue un genio). Tuvo un siniestro escalofrío y se sintió de pronto entrañablemente aliviado. El tronco y la garganta apenas le dolían y ya no sentía sed... Amainó la tos y el aire que respiraba le pareció tan puro y sugestivo... Recordaba a su tortuga gigante sobre el almohadón de plumas, a la gallina degollada en una estación de amor turbio. Una fantasía nerviosa se apoderó de el en un desierto con techo inmenso, y se sentía navegar sobre la Paraná, cuando la corriente lo arrastraba hacia una cámara oscura... Su vista se nubló, y sintió que tal vez era porque entraba en ese túnel de oscuro nihilismo... Sentía una edulcorante somnolencia impregna de inventados recuerdos... Más allá de cualquier selva..., de cualquier infierno terrenal, hay un reino oculto en el mundo en el mundo de las sombras..., donde hay luz... Luz... Atrás dejaba el genio creador..., al perfecto cuentista... De pronto se sintió helado y lívido hasta la garganta. ¿En qué fecha estaba? ¿En que mes?... —Marzo… —recordó. El cuentista dejó caer un brazo de la cama. —Diez y ocho... —se dijo. Y cesó de respirar. ** Usbaldo Volcán volcan_duende@yahoo.com.ar Docente y escritor venezolano, dedicado a las artes escénicas y al periodismo radial e impreso en Santa Lucía del Tuy, Miranda. === Poemas Graciela Rodríguez Sena =================================== *** Las magas Si me obsequia una mirada estaré en el umbral del quizá. Las posibilidades burbujearon cuando la vi llegar. Mujer. Loba. Amapola. Cereza. Barca. Tierra. Así la imaginé. Así me dijeron que sería. Viene por mí, ya no hay duda. Sus ojos me han sonreído. Y existe esa complicidad que sólo se da entre dos como nosotras. Seremos magas. Reclutaremos un regimiento de peces resucitados, muñecas huérfanas, enanos risueños, y muchísimas gorgonas para despoblar al mundo de falsas heroínas. *** Un tanka para Saúl Alegrándome Saúl movió los vientos Agitándome rompió las horas negras quebró las tardes secas *** Brunilda y Orfeo Bajo el cielo pardo van Brunilda y Orfeo. Pretenden escapar del mundo de los vivos, de la civilización y sus ruidos. Deambulan sosteniendo misterios sedosos, fragantes. Recogiendo viento, lluvia, soledad. Tejiendo desastres e historias castañas. Van Brunilda y Orfeo dándose una oportunidad. /Un gato sigiloso los observa/. *** Familiaridad y extrañeza Menos seis grados centígrados. El frío quiebra las estrellas, aviva los tentáculos de la tristeza y las lenguas de la ironía. En mi casa se ha dormido el encanto, la sorpresa parece un poco cansada. Hay moretones en cada palabra; un poco de familiaridad y extrañeza sobre las paredes rojas, también en la cama. Regresan varias imágenes tambaleándose, están pálidas, vienen del cementerio. No niego que su visita ya no es grata, tampoco niego que fueron parte de mis historias, de mis quimeras, que sin ellas ahora no sería esta mujer, la que escribe. Un grado centígrado. Se han ido... Dejaron húmeda la habitación. Mientras las calles se descongelan, pequeñas ilusiones se prenden de mis cabellos. *** Círculos Quisiera tener la suficiente valentía para buscarme en el espejo y saltar descalza sobre el fuego. Tanta historia repetida, yo con los ojos secos. /Círculos. Triángulos/. Es muy triste... No habrá más trucos de magia. *** El bosque amarillo Se abre el libro de los amores [apócrifos. Los protagonistas: una mujer que carga un puño de cal en su vientre; un hombre que despedaza pupilas de agua; una larva que come cenizas. El escenario: un bosque amarillo, allí se izan historias agridulces y se entretejen sutilezas. Comienza [la transfiguración. La mujer ata en cada árbol pañuelos de nube, como esperando ser bendecida por un ser supremo. El hombre caza espectros y espejos en donde no halla su reflejo. Tras ellos la larva, tiñe de negro su pequeñísimo corazón. Página tras página. Desfile de letras. Acentos, comas y espacios por todos lados. Los personajes enloquecen, piden a gritos el final, el más inmaculado de todos: [la muerte. ** Graciela Rodríguez Sena sovka_sena@hotmail.com Poeta mexicana (Saltillo, Coahuila, 1982). Estudió ciencias de la comunicación. Ha colaborado para varias revistas y medios electrónicos de México. Mantiene la bitácora personal Efectos secundarios (http://sovka03.blogspot.com) y textos suyos pueden leerse en LaPalabra.com (http://sovka.mexico.com). === Un caso de celos Ricardo A. Halperin ============================= Pluralitas non est ponenda sine necessitate (atribuido a Guillermo de Occam, 1285-1347) I Oliver Sacks es un psiquiatra norteamericano que alcanzó éxito literario-comercial con sus relatos sobre algunos de los casos más “extraños” que le tocó enfrentar. Una de sus obras más populares se titula “El hombre que confundió a su esposa con un sombrero...”. Yo confieso que nunca me tocó lidiar con pacientes tan interesantes pero sí tuve un caso que me superó, es al día de hoy que aún está fresco el recuerdo. Han transcurrido muchos años y los actores principales están ya muertos, de manera que no cometo una falta en relatarles la historia. Yo recién había comenzado a trabajar como psiquiatra y la mayoría de mis pacientes eran jóvenes de clase media que buscaban ayuda para enfrentar sus miedos, problemas sexuales y las angustias del vivir cotidiano. En aquella época el psicoanálisis estaba ya de moda pero la competencia profesional no era tan intensa como ahora, de manera que tuve la fortuna de formar una buena clientela relativamente pronto, ayudado por mis amigos médicos que me refirieron un buen número de pacientes. R. llegó a mí recomendado por uno de estos amigos, y su caso me interesó porque se trataba de un joven escritor algunos de cuyos cuentos yo ya había leído en un periódico importante. No puedo decir categóricamente que me habían gustado, me habían parecido ingeniosos pero denotaban una cierta frialdad que les sustraía mérito. Me sorprendió que fuese tan joven como era, en aquel entonces rondaba los veintiocho, y lo acepté como paciente de buen grado. Físicamente era un tipo bastante común, ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco, pelo negro en el que ya asomaba alguna que otra cana y entradas que anticipaban una incipiente calvicie. Podría haber pasado desapercibido en cualquier ambiente si no fuese por su nariz. ¡Otra que la de Cyrano! ¡Era una señora nariz, con forma de pera, color de manzana deliciosa y textura de frutilla, una especie de invocación facial a la fruticultura! Al comienzo confieso que me costaba esfuerzo ignorar la agresión visual proveniente de esa nariz de narices, pero con el tiempo me fui habituando. Un dato interesante: en nuestras conversaciones jamás trajo a colación el tema... Demoró mucho en abrirse conmigo y yo, como buen freudiano, lo dejé tomarse su tiempo. Poco a poco, sin embargo, me fue relatando su historia. Era el menor, por cuestión de minutos, de dos hermanos mellizos y esta circunstancia fue un aspecto determinante de su vida y de su conducta. Entró a la familia como segundo y jamás perdonó por esto ni a sus padres ni a su hermano. Previsiblemente, los celos —que iban acompañados de resentimiento hacia sus padres— eran un tema recurrente en nuestras sesiones. Era un hombre muy inteligente y creo que entendía lo irracional de sus sentimientos, pero estaban tan arraigados que por más que escarbásemos juntos, no podía dejarlos atrás. Les conté antes que él escribía. Había escogido el cuento como género y su estilo y temática tendían a lo intelectual; más de una vez analizamos su reticencia a abordar situaciones que requerían describir sentimientos y la posible relación que tendría con sus problemas. Coincidentemente, o quizás no deberíamos sorprendernos mucho dada la comprobada influencia de la genética en la formación de la personalidad, su hermano también escribía, aunque más como pasatiempo que como profesión —era abogado— y su obra tenía una orientación más comercial, lo que le había deparado un cierto grado de reconocimiento por parte del gran público. R. manifestaba desdén por la obra de su hermano, a lo que se agregaba un gran enojo porque éste “escondía” su parentesco firmando con un seudónimo: Edmundo Dantés. Teníamos dos sesiones semanales, lo más que él podía afrontar dada su situación económica, y aunque yo habría preferido un tratamiento más intenso, esto fue suficiente para que, al cabo de un año matizado de silencios y divagaciones, pudiese compenetrarme bastante de la historia familiar, vista —claro está— a través de sus ojos... Era una historia muy típica, de padres dedicados a sus hijos, quizás algo hipocondríacos y sobreprotectores, pero por lo demás nada fuera de lo común. De pequeños los hermanos habían sido vestidos igual, como era la costumbre entre muchas familias cuando se trataba de mellizos, y más adelante fueron enviados a las mismas escuelas, pero R. percibía una preferencia hacia su hermano que no podía demostrar en ejemplos concretos pero que lo carcomía por dentro. Sorprendentemente, los celos no habían sido obstáculo para que los jóvenes ingresaran a la adolescencia compartiendo amistades y actividades. R. era el más introvertido de los dos y se apoyaba en su hermano para generar relaciones y vida social. Fue el hermano quien encontró novia primero y esta presencia femenina trazó la primera línea divisoria en las vidas de ambos. Poco a poco se fueron espaciando las salidas en común y los hermanos se fueron encaminando por senderos diferentes, aunque compartiendo la ayuda doméstica semanal de la ahora señora mayor que los había criado. R. no terminó sus estudios universitarios y a los veinte años comenzó a trabajar en un periódico; su hermano mientras tanto se recibió de abogado, trabajó brevemente como defensor de pobres en la justicia y finalmente se asoció a un conocido estudio de abogados penalistas, lo que le trajo una situación económica bastante acomodada. Cuando se acercaban al cumpleaños de los treinta, R. estaba comenzando a escribir su primera novela y ese proyecto lo obsesionaba. Muchas de nuestras sesiones se convertían en discusiones de literatura, pese a mis intentos por utilizar sus ideas como trampolín exploratorio al inconsciente... Aquel cumpleaños habría de ser fatídico, R. le compró a su hermano una muy convencional billetera y cinturón y aquél le correspondió con un paquete misterioso y una admonición “No lo abras hasta terminar la novela!”. El resto de la historia es tan extraño que no quisiera distorsionar los hechos a través de una versión propia. Tengo ahora en mi poder una copia del diario de R., y prefiero transcribir algunas de sus palabras literalmente, para que Uds. juzguen. Sólo he omitido aquel material que no tiene relación directa con esta historia y he salteado algunas anotaciones irrelevantes. Jueves 5 de mayo Fui a James Smart a comprar el regalo para C. Había pensado comprarle una bufanda, ya que él lleva mucho tiempo usando la misma. Supongo que mi sicoanalista va a decir que eso revela una intención reprimida de estrangularlo. Si fuese así, las represiones ganaron porque no encontré nada que me gustase y opté por una convencional billetera y cinturón del mismo cuero, bastante lindos y en precio... Por Florida me encontré con Sarita, que cada día está mejor, la invité a salir el domingo pero se hizo la opa... Peor para ella, no sabe lo que se pierde. Trabajé un poco en la novela, pero no estaba muy inspirado y terminé el día viendo fútbol en diferido por la tele. Bermúdez me llamó, creo que ya es la tercera o cuarta vez, para jugar al tennis y no tuve más remedio que aceptar, ¡el sábado le espera una buena paliza! Viernes 6 de mayo Me vino la duda si el regalo será suficiente, ¡al fin y al cabo son treinta años! Además no quiero pasar un papelón si C. me hace un regalo mucho mejor. Generalmente gasta más que yo, aunque para ser sincero en el pasado ninguno ha sido excesivamente generoso con sus regalos... Mañana me voy a dar una vuelta por Glenmore a ver cuánto cuesta una linda camisa o un pullover. Hoy trabajé un poco en la novela, creo que voy a cambiar el enfoque, porque me temo que mi idea original es demasiado intelectual y no va a tener suficiente “gancho” para atraer al lector común. Un poco de sexo siempre vende bien, pero el desafío es introducirlo de manera que sea natural y no rebaje el nivel de la obra, ¿pero si lo pueden hacer García Márquez y Vargas Llosa por qué no yo? Intenté llamarla a Sarita pero me atendió el contestador; no quise dejar mensaje, probaré mañana... Sábado 7 de mayo Nos encontramos con Bermúdez en Gimnasia. Pobre, el tipo viene tomado lecciones desde hace quién sabe cuándo y piensa que poder pasar la pelota por encima de la red lo convierte en un Guillermo Vilas. El primer set terminó 6-0 y confieso que me dio un poco de lástima, así que en el segundo set le dejé ganar un game y terminó feliz perdiendo 6-1. Credo que no me va a llamar para jugar de nuevo por un buen tiempo, pero confieso que el partido me sirvió para darme cuenta que estoy un poco herrumbrado y necesito volver a la cancha con más regularidad. Domingo 8 de mayo Al final no fui a Glenmore y me quedé con el cinturón y la billetera. Celebramos el cumple en lo de los viejos. Como el día estaba bastante lindo, Papá hizo asado afuera y abrió un par de botellas de Navarro Correas. Los viejos me regalaron un chaleco de lana que me va a venir bien y C. rehizo un regalo con una admonición misteriosa; “¡No tenés que desempaquetarlo hasta que termines tu novela, es una sorpresa!”. También estaba la tía Marisa, como siempre, que nos regaló a ambos corbatas que compiten en mal gusto, aunque creo que en esa competencia exótica yo salí ganando... Estuve esperando que Sarita llamase pero no lo hizo, seguramente se olvidó de la fecha. Sábado 5 de noviembre Salí segundo en el campeonato del club, porque en la final me dieron calambres tan fuertes que tuve que abandonar. Aunque tengo la convicción de ser el mejor del club, necesito entrenarme con más regularidad para que esto no me vuelva a suceder. Sábado 19 de noviembre Estoy al final, pero agotado, es casi medianoche y llevo sin parar desde las 7. Mañana termino la novela, la obra que conmoverá al mundo, el primer premio Nobel de literatura para la Argentina, y si no me lo dan es porque ya sabemos que discriminan en contra nuestra. En fin, ¡si Borges se aguantó que lo cagaran estoy en buena compañía..! Intenté llamarla a Sarita pero el teléfono no contesta, mientras yo laburo la mina se va de joda! Bueno, ya va a venir al pie cuando me publiquen la novela... Me imagino la cara de C. cuando me publiquen, creo que él nunca pensó que llegaría; otro que va a tener que cantar la palinodia. Lunes 21 de noviembre Aun no estoy repuesto de la sorpresa... Necesité un día de descanso para intentar encarar fríamente la situación, pero por supuesto eso de la frialdad es relativo. Creo que empezar a ponerlo por escrito me ayuda y me obliga a buscar lógica donde no la puedo encontrar. Empecemos desde el principio: ayer abrí el paquete que mi hermano me había dado para mi cumpleaños. ¡Que bien que me vendría una sesión, pero el desgraciado de mi analista eligió este momento para irse a un congreso en Mar del Plata y no regresa hasta la semana que viene! En fin, tendré que manejarla solo. Lo llamé a C. pero no contestó, esta noche me caigo por su departamento para verlo! Necesito entender que está pasando! Esto fue lo último que escribió en su diario. Aquel martes 22 de noviembre me tocaba presentar una ponencia en el congreso, así que me levanté bien temprano para revisar mis notas. Decidí salir del hotel para desayunar y en la esquina compré el diario para leer mientras comía. Allí encontré la noticia: Alrededor de medianoche, la policía acudió a un llamado en el barrio de Belgrano. Un vecino dijo haber escuchado disparos de bala en el departamento contiguo y cuando la policía llegó encontró muertos al titular de la propiedad, C., joven abogado y escritor conocido por su obra publicada bajo el seudónimo Edmundo Dantés y a su hermano, R., periodista. Ambos tenían heridas de bala en el corazón. No había signos de entrada forzada al departamento y no parece tratarse de un caso de robo, ya que ambos tenían sus respectivas billeteras y relojes consigo. El oficial a cargo de la investigación, inspector Roberto Argüello, se rehusó a hacer declaraciones hasta que se avance más en la investigación. C., o quizás deberíamos decir Edmundo Dantés, era muy querido por su labor a favor de las víctimas de la polio, enfermedad que lo afectó cuando niño dejándolo semiparalizado, lo que no fue óbice para lo que hasta ahora se perfilaba como una exitosa carrera. II Transcurrió una semana, un periodo de desconcierto y especulación. Los diarios habían dado amplia cobertura al hecho y tejían toda clase de hipótesis, pacto de suicidio, fratricidio y posterior suicidio —alternando hipótesis sobre los motivos que podría haber tenido uno de los hermanos para matar al otro—... La policía mantenía un silencio hermético y no sabíamos que estaban haciendo. Yo me sentía culpable de no haber podido ayudar mejor a mi paciente y me acerqué a los padres para ofrecerles apoyo. Debo decir que manejaban su dolor bien y se portaron muy correctamente conmigo. En algún momento les pregunté si habían encontrado el regalo que C. le había hecho a su hermano para su cumpleaños pero manifestaron no recordar el hecho. Aquel martes yo estaba solo en mi consultorio, era relativamente tarde y el último paciente ya se había retirado. Yo estaba haciendo anotaciones y ordenando papeles cuando sonó el timbre de entrada. Aunque inusual, no habría sido la primera vez que un paciente angustiado se caía sin aviso previo para compartir alguna preocupación extrema, así que abrí sin preguntar para encontrarme frente al inspector Argüello. En aquel entonces Argüello contaría unos cuarenta y cinco años, era un hombre alto, de tez oscura, bigote porteño, y cigarrillo perpetuo. Lo reconocí inmediatamente ya que con motivo del caso su imagen había aparecido en la televisión en algunas oportunidades recientes. Era una persona de maneras secas, casi cortantes, y mirada severa, seguramente entrenada para intimidar a su clientela habitual más que para la convivencia social. No pidió disculpas por la visita extemporánea y fue directamente al grano: “Necesito hablar con usted”. Así comenzó una relación sorprendente que me demostró lo equivocado de dejarnos llevar por primeras impresiones. Argüello era no solamente muy culto, contra el estereotipo que muchos tenemos de los policías, sino también profundamente perspicaz y de espíritu inquisitivo por naturaleza, un detective nato que evaluaba la evidencia metódicamente y no abandonaba ninguna pista por insignificante que pareciese. Con el tiempo me permitió conocer otro aspecto de su personalidad, escondido para los que no eran allegados: un sentido del humor que muchas veces era irónico pero ocasionalmente tenía la inocencia de lo infantil. Consideré que la muerte de mi paciente, y las circunstancias de la misma, me eximían de invocar el secreto profesional que protege las relaciones entre un psiquiatra y su cliente y compartí con el inspector la poca información relevante al caso que él me solicitó. Creo que ambos sentimos la misma frustración al cabo de una larga hora de conversación, y confieso que Argüello me hizo sentir culpable de no haber indagado más profundamente en algunos aspectos de la personalidad de R. que quizás podrían haber ayudado a comprender mejor lo que había ocurrido. Eran ya pasadas las ocho cuando Argüello agotó sus preguntas. Cuando se levantó, y yo suponía que estaba por irse, me hizo una propuesta que me sorprendió. “Se hizo un poco tarde. Lo invito a cenar”, dijo. A esa hora aún había pocos clientes en El Tropezón y conseguimos una buena mesa. Puchero y vino mediante, la conversación deambuló por diversos temas, pero sospecho que Argüello con alguna habilidad la orientó al campo de mi trabajo, la psicología, disciplina sobre la que demostró un conocimiento más que superficial. Así fue que, casi sin darme cuenta, en algún momento me encontré compartiendo con él mis hipótesis sobre los celos de R. hacia su hermano. Sospecho que parte del oficio del buen detective es saber escuchar, traer a la relación esa actitud de interés que promueve la voluntad del que habla en continuar haciéndolo. Eran casi las doce cuando salimos del restaurante y cuando nos despedíamos Argüello me entregó una copia del diario de R. (algunas de cuyas páginas ustedes han podido leer) y me propuso reunirnos en unos días para que le diese mis comentarios. Al entregármelo me hizo la pregunta: “¿Qué piensa usted de que R. nunca le haya dicho nada sobre la parálisis de su hermano?”. III Nos reunimos nuevamente en el despacho de Argüello, una oficina pobreta, con muebles desvencijados y escasa privacidad. Policías de uniforme entraban y salían sin pedir permiso, buscando o trayendo gruesas carpetas que iban a parar a unos enormes muebles de metal que cubrían tres de las cuatro paredes. Argüello parecía ignorar el entorno, que yo admito me daba una impresión muy desfavorable. Me ofreció un café y cometí el error de aceptar, era un jugo tibio y ácido que apenas merecía el nombre de la noble infusión. Argüello lo saboreó con gusto... “Usted me habló sobre los celos de R. hacia su hermano. ¿Piensa que es posible que ese regalo misterioso esconde la clave, el motivo que lo llevó a matar y que luego del crimen, cuando tomó conciencia de lo que había hecho, se haya suicidado?”. Yo ya me había hecho la misma pregunta muchas veces. Era la explicación lógica, todo apuntaba hacia ella, y sin embargo me resistía a aceptarla. R. era celoso, sí, pero entre los celos y la capacidad de matar hay una distancia grande y me resistía a pensar que en todo el tiempo que R. y yo habíamos pasado juntos yo hubiese sido incapaz de detectar ese potencial homicida. Sin embargo no tenía una base contundente para decir que no. “Existe otra posibilidad”, le respondí. “Quizás fue el hermano quien mató a R. y luego se suicidó. ¿Cómo podemos saber quién mató a quién? Yo no lo conocí a C., pero su parálisis me da vueltas en la cabeza. Ese podría ser un motivo de celos mucho más fuerte que los que tenía, o imaginaba R. ¿Y ese regalo misterioso, que puede esconder..?”. Argüello no respondió. Al cabo de un largo silencio me dijo: “Les hicimos la prueba de parafina, y encontramos residuos de pólvora en las manos de ambos. Esto parece descartar la hipótesis de que uno mató al otro y luego se suicidó, si fuese así solo el asesino tendría residuos de pólvora en su mano. Podría ser que el asesino contaminó la mano del otro, sea accidental o deliberadamente, pero no suena muy plausible”. Seguimos charlando, considerando y descartando hipótesis hasta que un llamado obligó a Argüello a dar por terminada la reunión. Al despedirnos, Argüello me dijo resignado: “Me parece que éste va a ser otro caso más sin solución. Lamentablemente en este departamento eso se está convirtiendo en costumbre...”. IV Creo haberles ya comentado que el doble crimen me perturbó mucho, y que sentía una vaga sensación de culpa por no haber detectado el indicio que me hubiese permitido evitarlo. Quizás por eso, en las semanas siguientes me sumergí en el trabajo y no dejé mucho tiempo para el descanso o para los vuelos de la imaginación. El llamado de Argüello, más de un mes después de nuestro último encuentro, me tomó de sorpresa. Estaba de buen ánimo y me invitó nuevamente a El Tropezón, obviamente uno de sus lugares favoritos. Si tenía un motivo para la reunión, no me lo comunicó. Cuando nos encontramos, Argüello estaba radiante. Obviamente algo había ocurrido para tanta evidencia de felicidad. Sin embargo, sus primeras palabras fueron en tono de pregunta: “¿Conoce usted la ley de Occam?”, me dijo. El nombre me resultaba familiar, vagamente lo asociaba a teorías científicas, pero no podía contestarle con precisión, y así le contesté. “La ley de Occam”, me dijo con tono magisterial, “es uno de los pilares del conocimiento científico. Occam era un filósofo de la Edad Media y lo que él postuló es que a igualdad de condiciones la explicación más simple tiende a ser la mejor”. “Dígame”, agregó. “¿A usted le parece muy plausible que dos hermanos, jóvenes de clase media, educados, sin diferendos económicos o amorosos, se maten mutuamente por celos?”. “En otras palabras”, agregó, “¡estuvimos meando fuera del tarro!”. Evidentemente, Argüello había descubierto algo y gozaba con su aún escondido triunfo. “Me doy por vencido, Argüello. ¿Por qué no me dice de que se trata?”, le dije. Con gesto triunfal, Argüello casi me gritó: “¡Agarramos al asesino!”. El tono de la voz obviamente había sido elevado porque desde varias mesas nos miraron, no sé si con desaprobación o curiosidad. “¿Se acuerda que C. había trabajado brevemente como defensor de pobres?”, me preguntó retóricamente y sin esperar respuesta continuó. “Uno de sus primeros casos fue la defensa de un traficante de drogas, que tuvo la buena suerte de solo recibir cinco años de cárcel. Aparentemente el individuo no esperaba cárcel y suponía que C. lo iba a poder librar de ella con alguna escaramuza legal o quizás pasando unos pesos por debajo de la mesa, lo cierto es que pasó los cinco años masticando rabia hacia la justicia, el juez, el fiscal y el abogado defensor. Ni bien saló de la cárcel lo primero que hizo fue buscarlo a C. y, cuando lo encontró con el hermano, los mató a los dos”. “¿Pero, cómo sabe todo esto?”, se me ocurrió preguntar desde mi confusión. “Elemental, mi estimado doctor, su siguiente víctima iba a ser el fiscal del caso, pero ese segundo crimen —o quizás debería decir tercero— le salió por la culata. El fiscal vive en un departamento con un sistema moderno de seguridad, que incluye una cámara de televisión que permite controlar quienes intentan ingresar. Cuando lo vio en la puerta de entrada, lo reconoció enseguida y llamó a la policía que lo pudo atrapar con un revólver en el bolsillo. Lo apretamos un poquito y largó todo el rollo...”. No quise preguntarle a Argüello en qué consistió eso de “apretarlo un poquito”, era demasiada información en muy poco tiempo. Argüello siguió hablando y en un momento me di cuenta que sus palabras me habían devuelto la tranquilidad; mi cliente no había sido un asesino y yo no había fallado al no detectar esa tremenda falla de personalidad. Cuando nos despedimos Argüello me palmeó amistosamente y me dejó el recuerdo de sus palabras de despedida, “¡Sabe una cosa, a veces un cigarro es simplemente un cigarro..!”. “Andate a la mierda!”, pensé para mis adentros, pero en el fondo sabía que me había hecho de un nuevo amigo. ** Ricardo A. Halperin rhalperin2@comcast.net Escritor y docente argentino (Buenos Aires, 1940). Actualmente reside en las afueras de Washington (EUA). Se educó en la capital de su país y en Córdoba, y completó estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (EUA). Fue profesor de economía en la Universidad de Buenos Aires (1968-1973). En 1976 se incorporó al Banco Mundial, en la ciudad de Washington, DC, donde desempeñó diversos puestos gerenciales hasta jubilarse en 2001. Ha publicado numerosos trabajos sobre temas económicos. ||||||||||||||||||||||||||| POST SCRIPTUM ||||||||||||||||||||||||||| “No tengo yo una idea muy original de la poesía. Me parece que equivale a la poyesis platónica, en la idea de creación o de construcción. Es como un líquido que toma la forma del recipiente en que se vierte. Hay poesía de pintura, de literatura, de música, de escultura, de arquitectura... Habrá incluso una actitud poética que no se materialice en nada sino en procurar estarse ante las cosas con una posición de aprendizaje, de pregunta, de perplejidad: algo que no es más que una vía de conocimiento. Eso es la poesía, y no una vía de comunicación. De ahí que la poyesis que se concreta en el poema sea la más apreciable y la más difícil: una cristalización casi insoportable, una quemadura con la realidad más honda y verdadera, una reunión de contrarios, a través de sus raíces, desde luego”. Antonio Gala, Poemas de amor (1998). === Cómo publicar en Letralia, Tierra de Letras =========================== Antes de enviarnos algún texto para publicar en Letralia, le agradecemos leer nuestras condiciones de publicación. Usted puede verlas en el Web en http://www.letralia.com/tierradeletras/publicar.htm. 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