~~~~~~~~~~~~~~~ Año XII Cagua, Venezuela Nº 165 ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras ~~~~~~~~~~~ http://www.letralia.com ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ 4 de junio de 2007 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras, es ~~~~~~~~~~~ la revista de los escritores ~~~~~~~~~~~ hispanoamericanos en Internet. ~~~~~~~~~~~ Usted puede enviarnos sus ~~~~~~~~~~~ comentarios, críticas o material ~~~~~~~~~~~ literario a info@letralia.com ~~~~~~~~~~~ ~ * ~~~~~~~~~~~ ~~~ JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor ~~~~~~~~~~~ ~~~~~ Depósito Legal: pp199602AR26 ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ === Sumario =============================================================== | “Miedo”, Jorge Gómez Jiménez. | Editorial | Historias de muerte. / 15 necronomicones. / Jazz y | Breves letras. / Piquiriquitraque. / Novelas en el cine. / | Chiappe en la feria. / Los alemanes. / Títeres | internacionales. | | Realizan en Venezuela Congreso de Composición Musical. / | Noticias Orígenes de la cultura venezolana describen en | conferencia en China. / Editorial italiana publica | antología de narrativa fantástica gallega. / Chileno | Omar Lara gana el Premio Casa de América. / Recuperada | continuación del Quijote escrita por Shakespeare. / | Feria del Libro de Madrid dedicada a la cultura | africana. / Concluye en Venezuela el IV Festival Mundial | de Poesía. / Premio Gil de Biedma para el español Juan | Manuel González. / Doctorow gana el premio de Novela | Histórica de Zaragoza. / Festival de Teatro Breve | celebran en Caracas. / Gabriel García Márquez | representado en México como un títere. / Se celebra | encuentro Mieres en Verso ‘07. / Lecturas dramatizadas | de teatro latinoamericano en Caracas. / Celebrarán en | Chiapas encuentro literario homenaje a Ernesto Cardenal. | / Encuentro Interliteral analizará en Jaén la literatura | digital. / Festival de la Palabra realizarán en Armenia. | | “Una saga del monte”, Juan Manuel Roca. / “El texto como | Artículos y exorcismo”, Miguel Correa Mujica. / “Madres y huachos en | reportajes La burla del tiempo de Mauricio Electorat”, Francisca | Pérez de Arce. / “Un nombre literario”, Dixon Moya. / | “José Tomás Angola: Sin freno concebido”, Carmen | Cristina Wolf. / “A propósito de ciertos comentarios | sobre la obra de J. L. Borges”, Miguel de Loyola. / “La | zonificación en el ejercicio de la función sexual”, Cruz | A. Yayes B. | | “Rubén Bonifaz Nuño y Aguascalientes”, Marco Antonio | Entrevistas Campos. / “Jorge Marchant Lazcano: Nuestras novelas son | una promesa de mejor vida”, Lilian Fernández Hall. / | “Jorge Gómez Jiménez, catador de reacciones y gestos: | “La literatura es una expresión de la libertad””, Rafael | Ortega. | | “¿Cómo se produce el texto literario?”, Iván Bedoya | Sala de ensayo Madrid. / “Barbie y el paradigma de la mujer de goma”, | Paolo Astorga. | | “La vecina desnuda”, Carolina Lozada. / “Tríptico”, Leda | Letras Schiavo. / “El viento y la ceniza”, Ramiro Sanchiz. / | “Juventud poética”, Rafael Batista Cáceres. / “Tres | monedas”, Mirta Alicia Gisondi. / Dos poemas de Karen | Valladares. / Dos cuentos de Antonio Vizcaya Durán. / | “Desde otra isla” (extractos), Ihosvany Hernández | González. / “El río”, Mercedes Álvarez Gutiérrez. / “La | guadaña entre las flores” (extractos), Ángel Padilla. / | Dos cuentos de Marianela Cabrera Pineda. / “Poemas | cuánticos”, Liza Rosas Bustos. / “Versa impropia” | (extractos), Miguel Ángel Rodríguez Sosa. / “Tejas | verdes”, Alexánder La Rosa. / Poemas de Verónica Cento. | | “Todo ha sido soñar; homenaje a Pepe Barroeta”, varios | El regreso autores. / “Una tierna maldición”, Oswaldo Roses. | del caracol | Andrés Neuman. | Post Scriptum | =========================================================================== Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Año http://www.geocities.com/SoHo/8753 =========================================================================== Premio "La Página del Mes" de Internet de México el 3 de mayo de 1998 http://www.internet.com.mx =========================================================================== Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998 http://www.megasitio.com =========================================================================== Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999 http://www.redchilena.cl =========================================================================== Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999 http://www.fortressdesign.com =========================================================================== Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999 http://www.exodusltd.com =========================================================================== Premio Mejor Página de Poesía, de La Blinda Rosada, en julio de 1999 http://blindarosada.org.ar =========================================================================== Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Para suscribirse a Letralia, envíe un mensaje vacío a: letralia-subscribe@gruposyahoo.com Para desuscribirse, envíe un mensaje vacío a: letralia-unsubscribe@gruposyahoo.com También puede formalizar su suscripción o su desuscripción en un formulario visible en nuestro sitio en el Web: http://www.letralia.com/herramientas/listas.htm Ediciones anteriores: http://www.letralia.com/tierradeletras/archivo.htm ||||||||||||||||||||||||||||| EDITORIAL ||||||||||||||||||||||||||| === Miedo Jorge Gómez Jiménez ======================================== El pasado 27 de mayo finalizó la concesión del canal privado venezolano Radio Caracas Televisión (RCTV), que quedó desde entonces impedido de transmitir en televisión abierta dado que dicha concesión no sería renovada por el gobierno de Venezuela, tal como se venía anunciando desde varios meses atrás. La medida, bien conocida por todos pues sus implicaciones han sido discutidas en varios medios internacionales, ha despertado reacciones encontradas en Venezuela. Principalmente durante los días posteriores a la salida del aire del canal, grupos de ciudadanos venezolanos han salido a las calles de diversas ciudades del país para manifestar rechazo o apoyo en relación con la decisión de las autoridades. Lo que se está viviendo en Venezuela en estos momentos es un auténtico polvorín social. Quienes rechazan la medida lo hacen en la convicción de que el gobierno ha hecho uso de su control sobre las concesiones del espectro radioeléctrico para mitigar la acción de la oposición. Quienes la apoyan, remiten a un oscuro historial de RCTV en relación con el manejo de la información, el tratamiento que el grupo empresarial 1BC —propietario del canal— le ha dado a algunos de sus empleados, especialmente en los años del gobierno de Hugo Chávez Frías, y la comprobada participación del canal en diversas iniciativas contra el mismo gobierno. La libertad de expresión es el bien más preciado de las sociedades contemporáneas. El concepto mismo de libertad se fundamenta en gran medida sobre el derecho indiscutible que todos tenemos de enfrentar con la palabra cualquier vulneración contra nuestra dignidad como seres humanos. Es por ello que se considera que un Estado ideal debe crear y sostener todas las herramientas legales necesarias para los casos en que el uso de la libertad de expresión por parte de un individuo afecta los derechos de otro. De esta manera, la concepción de la libertad de expresión encontraría, como único límite, el que delinea la obvia responsabilidad de cada individuo. Tenemos la convicción de que cada uno de los delitos que se han atribuido a la directiva de RCTV podían ser ventilados en predios jurídicos. Tal procedimiento habría sido justo e irreprochable, y habría mantenido incólume el concepto de libertad de expresión. Las justificaciones de la medida nos parecen insuficientes unas y erradas otras, y creemos que la aparición de conductas de autocensura, en otros medios que en el pasado también participaron en acciones contra el gobierno y que hoy se han asegurado su permanencia al eliminar la crítica de sus contenidos, es un claro indicador de que se ha impuesto en esos medios un sentimiento hasta ayer difuso: el miedo. Jorge Gómez Jiménez, editor http://www.letralia.com/jgomez ||||||||||||||||||||||||||||||| BREVES |||||||||||||||||||||||||||||| Historias de muerte. El jurado del VII Concurso de Tanatocuentos, convocado por la revista Adiós, editada por la Empresa Mixta de Servicios Funerarios de Madrid, ha declarado ganador el relato “Muerte por asfixia”, de la mexicana Judith Godoy, quien recibe 1.200 euros como dotación, como se informó a mediados de mayo. Nacida en 1976, Godoy colabora con diversas publicaciones y programaciones radiofónicas de Monterrey como docente, cronista, locutora, correctora de estilo y guionista, y poemas suyos fueron publicados en nuestra edición 156. El cuento “La tragicomédie Blanchard”, de la española residente en Dresde (Alemania), Clara Sanmartí, quedó finalista. Tras una primera selección sobre 473 cuentos, quedaron sobre la mesa diez relatos entre los que el jurado seleccionó, después de tres votaciones, a los dos mencionados. Los miembros del jurado, presididos por Gabino Abánades, director de los cementerios municipales de Madrid, fueron en esta ocasión Carlos Santos, periodista de RNE y filólogo; Marga Brea, empresaria; Paco Junquera, editor gráfico y profesor de la Universidad Francisco de Vitoria; José Alves, corresponsal en España del diario francés Les Echos y de la revista portuguesa L’Expresso; Fernando Palacios, músico y asesor pedagógico del Teatro Real; Eugenio Gil, físico y miembro del Consejo de Seguridad Nuclear, y Nieves Concostrina, periodista y escritora que actuó como secretaria del jurado. http://www.revistaadios.es 15 necronomicones. La edición número 15 de Necronomicón, la revista de literatura de terror, fantasía y ciencia ficción editada desde Venezuela por Jorge de Abreu, acaba de aparecer con una triple invitación a sentir el terror infantil desde el punto de vista del más indefenso, a disfrutar de la imaginación de nuestros sueños y a acompañar a un policía en una investigación de un caso de conspiración milenaria. Tres autores, tres visiones, tres relatos: “En la oscuridad”, del español José Vicente Ortuño, “Nunca soñé”, del argentino Rolando Revagliatti y “El superviviente”, del español Miguel Ángel López, cuento este último que aparece ilustrado por el venezolano Juan Raffo. http://necronomicon.avcff.org/necronomicon/necro15/necro15.htm Jazz y letras. Durante todo el mes de junio se desarrolla el I Festival de Jazz “Interpretación en la música, arte y literatura”, en la cafetería-librería El Espejo de la Luna (canal de Miramontes 2960-4, colonia Los Girasoles, Coyoacán, a un costado de la Alameda del Sur), propiedad del comunicólogo y poeta Alejandro Rojas, quien a principios de este año decidió fundar un espacio que a la par del café y los libros de viejo ofreciera a los visitantes alternativas artísticas. El festival se inició este domingo 3 de junio con un concierto. El sábado 9, a las 7 de la noche, Agustín Jiménez ofrecerá una charla sobre el jazz y la literatura, mientras que la historia del género musical será abordada a la misma hora, el lunes 25, por Pedro Wyant. El miércoles 20, a las 7 de la noche, se exhibirá la cinta Round Midnight, la vida de Dexter Gordon, de Bertrand Tarvernier. El siguiente sábado, en un horario similar, tocará el turno a Bird, de Clint Eastwood, basada en la vida de Charlie Parker. El cuarteto Rictus ofrecerá un concierto la noche del sábado 16 y la clausura estará a cargo del ensamble Cuarto Creciente Jazz, en una actividad que podría desarrollarse en la Alameda del Sur, si las autoridades delegacionales deciden apoyarlo. Piquiriquitraque. Acaba de aparecer en Buenos Aires la reedición de Piquiriquitraque, libro de relatos para niños escrito por la argentina María del Carmen Villaverde de Nessier. Publicado originalmente en 1993, esta nueva edición corre a cargo de Editorial Bonum. Con un lenguaje de un sorprendente ritmo juguetón, que introduce al pequeño lector en la inocencia y la fantasía de un mundo sin fronteras, Piquiriquitraque es un volumen de 62 páginas pleno de imágenes nítidas y contagiosas que llevan al lector a entrar en el lugar del cuento y compartir inocentemente la vida de los diminutos personajes con sus pequeñas vidas. Cada cuento es un poema que revive un mundo encantado donde los seres humanos se integran con las inocentes criaturas de la naturaleza. Sobre el libro ha dicho María L. Caruso: “Las inquietas manos de María del Carmen Villaverde de Nessier —una dulce soñadora— fueron enhebrando una a una las palabras hasta que se formaron versos y los versos se hicieron canciones, las frases se volvieron locas aventuras y los duendes las poblaron de chistes y travesuras”. http://www.queleer.com/page/1/Prod/9505079605 Novelas en el cine. La Filmoteca de Extremadura, en colaboración con la Asociación de Escritores Extremeños y el Cineclub Fórum, dedicará a la literatura el ciclo de películas que exhibirá durante el mes de junio en Mérida (España). La organización ha escogido cuatro cintas basadas en otras tantas novelas de la literatura latinoamericana contemporánea: El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez; La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa; Tinta roja, de Alberto Fuguet; y Ciudad de Dios, de Paulo Lins. La película Tinta roja abrirá el ciclo el próximo martes 5 de junio. Las proyecciones serán en los Multicines Mérida todos los martes del mes de junio, en sesión doble a las 7:30 y 10:30 de la noche. Chiappe en la feria. El escritor peruano-venezolano Doménico Chiappe estará el próximo domingo 10 de junio firmando ejemplares de su novela Entrevista a Mailer Daemon, en la Feria del Libro de Madrid. Uno de los números inaugurales de la colección BlowUp Novela Corta del sello La Fábrica Editorial, el libro es un relato de surrealismo futurista en el que Mailer Daemon, ese ser del que todos hemos recibido un correo electrónico en algún momento, dedica sus días a buscar al maligno para convencerle de que se arrepienta. Chiappe estará en la caseta de la editorial (Nº 138, entre Alfaguara y Fnac) entre las 12 del mediodía y la 1 de la tarde. Además, el lunes 9 de julio a las 7 de la noche se realizará la presentación de la novela en la librería Fnac de Callao (Madrid), donde Chiappe realizará un concierto-lectura con el músico Jorge Ramírez y la actriz y cantante Natalia Hernández. Una puesta en escena inspirada en la propuesta que Ítalo Calvino lanzó en Si una noche de invierno un viajero: durante algunos instantes la lectora se evade del libro para dejar fluir su inconsciente. http://www.lafabricaeditorial.com Los alemanes. El Instituto Cultural Boliviano-Alemán (Icba) y la Universidad Simón I. Patiño (Usip), de Bolivia, están realizando conjuntamente, desde el pasado 17 de mayo, un ciclo de conferencias sobre literatura, historia y arte alemán que ya lleva dos sesiones. La próxima es el 14 de junio, cuando la historiadora Heike Kropp dictará la charla “De la cocina a la cancillería; mujeres en Alemania en el siglo XX”. Le siguen la licenciada Manuela Koritensky con “Ingeborg Bachmann y la literatura de la posguerra”, el 28 de junio; la licenciada Susanne Belser con “A la búsqueda de la danza: Pina Bausch”, el 12 de julio, y repite en la sesión final la historiadora Kropp con “La república de Weimar: ¿una democracia débil?”, el 26 de julio. El ciclo se desarrolla en el auditorio de la Usip (Av. Villazón, Km 1), con entrada libre y a partir de las 7 de la noche. http://www.usip.edu.bo/conferencias.html Títeres internacionales. Entre el 25 de junio y el 6 de julio se celebrará la I Muestra Internacional de Títeres Zamora 2007, actividad organizada por la Promotora Cultural Paco Azcona y que se llevará a cabo en diferentes municipios de la Gran Caracas, como Zamora, Plaza, Parque Central y en la región de Caucagua. En esta muestra de títeres los asistentes, y en especial los niños, tendrán la oportunidad de disfrutar de una gran variedad de compañías invitadas a participar, como Artemisa, Cuatro Tablas y Artificio (Venezuela), Farolito (Colombia) y Garabatos-k (Canarias, España). Las presentaciones se harán tanto en salas convencionales como en espacios abiertos para el disfrute y entretenimiento del mayor público posible. promcultural-pacoazcona@hotmail.com ¿Quiere publicar una nota en este espacio? Envíenosla por correo electrónico a breves@letralia.com. === ¿Le interesa estar informado sobre concursos? ========================= Reciba por correo electrónico los anuncios vigentes de concursos literarios y artísticos en general suscribiéndose a nuestra lista de distribución. Todo lo que tiene que hacer es enviar un mensaje vacío a letralia-concursos-subscribe@gruposyahoo.com, o visitar nuestra cartelera de concursos en http://www.letralia.com/herramientas/concursos.htm. Si desea enviarnos las bases de un concurso, escríbanos a info@letralia.com |||||||||||||||||||||||||||||| NOTICIAS ||||||||||||||||||||||||||||| *** Realizan en Venezuela Congreso de Composición Musical Este año la Maestría en Música de la Universidad Simón Bolívar (USB, http://www.usb.ve), de Caracas, celebra su 10º aniversario con la organización del I Congreso de Composición Musical en Venezuela, que bajo el lema “Creación - Enseñanza - Difusión” es organizado por el Decanato de Estudios de Postgrado, el Decanato de Investigación y Desarrollo y la Dirección de Cultura. El evento, que tendrá lugar en la mencionada casa de estudios entre el 4 y el 7 de junio, tiene como objetivo reflexionar sobre las últimas cinco décadas de la composición en Venezuela: las diferentes tendencias estéticas, la diversidad en la formación de los compositores y la enseñanza de la composición hoy en día. Los días 4, 5 y 6 de junio se presentarán 17 ponencias dictadas por destacados compositores, docentes e investigadores venezolanos que fueron seleccionadas de un amplio espectro de propuestas. Además, el 7 se realizará una mesa redonda en la que participarán representantes de importantes instituciones musicales y culturales de Caracas como orquestas sinfónicas, directores de cultura y directores de festivales, entre otros, y en la que se analizará el tema de la difusión de la música en Venezuela. Paralelamente al congreso, se realizará una semana de clases magistrales dictadas por el maestro argentino Mariano Etkinn destinadas a los jóvenes compositores. El 4 de junio abrirá el ciclo de conferencias el compositor Manuel Sosa con “Venezolano-Compositor, en busca de un tiempo”. Le seguirán Oswaldo Torres con “El compositor en Venezuela en peligro de extinción”; Emilio Mendoza con “Popularismo: tendencia actual en la composición en Venezuela basado en el proceso de apropiación cultural”; Andrés Levell con “Apuntes sobre la problemática del vacío en nuestra música actual”, y Rubén Riera con “La tiorba, actualidad de un instrumento antiguo”. El martes 5, Adina Izarra pronunciará su conferencia “Estilo en el aleatorismo de la música de los siglos XX y XXI” y será seguida por Juan Francisco Sans con “La Escuela de Chacaíto, un balance”; Luis Pérez Valero con “Retrospectiva de la composición musical de la enseñanza de los conservatorios y escuelas de música en la Venezuela de los años noventa”; Diana Arismendi con “¿Qué se enseña en composición? Razón versus intuición”; Arcángel Castillo con “Música y multimedia”, y Miguel Noya con “Venezuela analógica-digital: un análisis de la historia reciente y la actualidad de la música electrónica en el país”. El miércoles, Adela Barreto iniciará la jornada con su charla sobre derechos de autor, siendo seguida por Mariantonia Palacios con “La obra pianística de Inocente Carreño”; Yoly Rojas con “Acercamiento al lirismo en la obra de Alfredo del Mónaco a través del estudio de Tientos de la noche imaginada”; Willmer Flores con “Pensamiento compositivo y el pentagrama musical como plano de representación” y Orlando Cardozo con “Estrategias para la composición de métodos de enseñanza basados en ritmos populares venezolanos”. El jueves 7 Alfredo Rugeles dictará su charla “Los Festivales Latinoamericanos de Música, 1991-2006, balance y repercusión”, prosiguiendo con una presentación de la Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela (Sacven, http://www.sacven.org). Fuente: El Papel de la Bolívar *** Orígenes de la cultura venezolana describen en conferencia en China Por invitación del Rectorado de la Universidad Suroccidental de China y la Oficina de Cooperación e Intercambios Internacionales de esa casa de estudios superiores ubicada en la región de Beibei de la ciudad de Chongqing (gran urbe directamente subordinada al gobierno central de China), el pasado día viernes 18 de mayo el escritor Wilfredo Carrizales, agregado cultural de la misión diplomática venezolana en Pekín, dictó la conferencia “Los orígenes de la cultura venezolana: sincretismo y mestizaje”. A la conferencia, realizada en el moderno edificio de sesiones de la Universidad Suroccidental, la más grande de esa región de China, asistieron los estudiantes de las facultades de Cultura, de Lengua China y de Historia. La conferencia constó de tres partes, la primera de ellas dedicada a Venezuela y su ubicación geográfica, y durante la cual se proyectó un documental. En la segunda, el conferencista se paseó por la Venezuela prehispánica, la conquista y la colonización, así como la introducción de los esclavos negros africanos, con apoyo de la animación audiovisual digital Venezuela negra, dirigida por Víctor Holder, producida por Pedro Holder y con textos de Carrizales. En la parte final se tocó el proceso de mestizaje de la cultura venezolana y sus características, con apoyo de imágenes fijas digitales y música. *** Editorial italiana publica antología de narrativa fantástica gallega “El punto de fuerza del imaginario gallego consiste en poder disponer de una amplia gama de temas sobrenaturales directamente conectados al sentimiento de la tierra”. Con estas palabras presentó, el pasado 22 de mayo, la editorial italiana Edizioni Estemporanee, afincada en Roma, el libro Cruceiros; racconti della Galizia magica, una antología de narrativa fantástica en gallego traducida al italiano. Realizado por Enrico Passoni, Cruceiros recoge la obra ya editada de nueve autores de diversas generaciones, entre Vicente Risco (1884-1963) y Patricia A. Janeiro (1978). “Muerte, espíritus del más allá, visiones, procesiones y apariciones nocturnas, lobos, leyendas y tesoros ocultos”, anuncia la contraportada del volumen. Rafael Dieste, Ánxel Fole, Xosé Castroviejo, Álvaro Cunqueiro, Xosé Luis Méndez Ferrín y Suso de Toro completan la nómina seleccionada por Passoni. “La intención de la antología es recoger la riquísima herencia tradicional gallega que se ha visto enriquecida por las creencias célticas, la mitología romana y la infinita tradición medieval”, explican en la editorial romana. Passoni asegura que a través del libro pretenden mostrar “el poder subversivo de la fantasía, el arte de contar, su capacidad de mostrar el reverso de la moneda”, aplicadas al caso galaico. El compilador de Cruceiros, Enrico Passoni, entró en contacto con la literatura en gallego durante una estancia por motivos de estudio en Santiago de Compostela. Estemporanee, especializada en Hispanoamérica, ha publicado libros procedentes de Cuba o Santo Domingo. Fuente: El País *** Chileno Omar Lara gana el Premio Casa de América El poeta chileno Omar Lara resultó ganador, este 23 de mayo, del VII Premio Casa de América de Poesía Americana con su obra Papeles de Harek Ayun, según comunicó en Madrid el jurado, compuesto por los poetas y escritores José Manuel Caballero Bonald, Luis García Montero, Jesús García Sánchez, Benjamín Prado, Julia Escobar e Imma Turbau. Del escritor, nacido en la localidad chilena Nueva Imperial en 1941, el jurado destacó “su poesía precisa, madura, que indaga en los temas íntimos y colectivos y borra las fronteras entre el sentimiento individual y la realidad colectiva”. Su libro será editado por la editorial española Visor, añadió la Casa de América (http://www.casamerica.es), que destacó como objetivo de este premio la necesidad de “estimular la nueva escritura en el ámbito de las Américas, con especial atención a las obras poéticas que abran o exploren perspectivas inéditas y temáticas renovadoras”. Lara, quien recibirá su premio en octubre, es fundador del Grupo Trilce de Poesía y de la revista Poesía de Trilce. Ha recibido, entre otros galardones, el Premio Casa de las Américas por su libro Oh buenas maneras (La Habana, 1975). Es un destacado traductor del rumano al español y, además, es autor de las obras Argumento del día, Los buenos días, El viajero imperfecto, Islas flotantes, Fugar con juego, Memoria, Vida probable, Bienvenidas calles del Perú, Voces de Portocaliu y La nueva frontera. El poeta estuvo exiliado en Bucarest entre 1974 y 1981, y diferentes editoriales rumanas, españolas, chilenas y peruanas han publicado sus traducciones, entre ellas El Ecuador y los polos, de Martin Sorescu, que recibió el Premio Internacional de Poesía Mística Fernando Rielo (Madrid, 1983). Los últimos ganadores del Premio Casa de América han sido Oscar Hahn, también de Chile, quien en 2006 recibió el galardón por su libro En un abrir y cerrar de ojos; Marco Antonio Campos (México), que ganó en 2005 con Viernes en Jerusalén, y Edwin Madrid (Ecuador), vencedor en 2004 con Mordiendo el frío. En esta séptima edición del premio, los organizadores recibieron 319 originales de toda América, añadió la institución. Fuentes: DPA • EFE *** Recuperada continuación del Quijote escrita por Shakespeare Gregory Doran, director de la Royal Shakespeare Company (http://www.rsc.org.uk), anunció el pasado 24 de mayo que la compañía ha logrado autentificar una de las versiones de Cardenio, la obra escrita por William Shakespeare basándose en uno de los personajes de Don Quijote de La Mancha, de Miguel de Cervantes. La obra será representada por la compañía en “tres o cuatro años, hacia 2009”, en una coproducción hispano-británica. Shakespeare escribió Cardenio en 1612 junto al dramaturgo John Fletcher, pero los originales se perdieron durante tres siglos y en ocasiones se llegó a especular sobre su inexistencia. El autor de Hamlet había leído la traducción al inglés del Quijote publicada ese mismo año por John Shelton, y hay constancia de que, casi al terminar de leerla, habría convencido a Fletcher para escribir, a cuatro manos, una suerte de continuación. Se sabe que la compañía King’s Men la estrenó en 1613, y la representó sólo dos veces. Pero en pocos meses, un incendio destruye el Teatro Globe londinense, a las orillas del Támesis, y con él se pierden los originales. En 1653, un historiador del arte dice haber encontrado una Historia de Cardenio firmada al alimón por Shakespeare y Fletcher. Y en 1727, el dramaturgo Lewis Theobald dice haber escrito su obra Double falshood refundiendo un original de Cardenio con otro dos textos. Con los años la obra se dio por desaparecida. En círculos académicos se sabe que existió, pero también que se desvaneció en la niebla. Cardenio comienza a ser motivo de disputa entre eruditos. Unos aseguran que jamás existió; otros señalan alguno de los anaqueles polvorientos en Stratford-upon-Avon. La obra pasa a ser leyenda, y de ahí al olvido, hasta ahora. Fuente: El Mundo *** Feria del Libro de Madrid dedicada a la cultura africana Santiago Fisas, consejero de Cultura y Deporte de la Comunidad de Madrid (http://tinyurl.com/2ep5e6), inauguró este 25 de mayo la 66ª Feria del Libro (http://www.ferialibromadrid.com), dedicada este año a la cultura africana. El consejero recorrió el Paseo de Coches de El Retiro, parándose en muchas de las 344 casetas que este año se exponen y en algunos de los pabellones donde se celebran las actividades culturales. Durante el recorrido, el consejero conversó con libreros y editores y adquirió diversas obras literarias, interesándose por materias como el cómic o la poesía. En el Pabellón de la Comunidad de Madrid, Fisas hizo hincapié en el plan emprendido desde su consejería para el fomento de la lectura y la atención especial que se pone en promocionar esta actividad entre los más pequeños. La Feria del Libro de Madrid 2007, que permanecerá abierta hasta el 10 de junio, cuenta con 344 casetas que albergan a 362 expositores, de los que 114 son librerías, y de ellas, 56 especializadas; 191 editoriales; 21 distribuidores y empresas de venta a crédito y 36 organismos oficiales. El evento es organizado por la Asociación de Empresarios del Comercio del Libro de Madrid (Gremio de Libreros de Madrid, http://www.librerosmadrid.es), la Asociación de Editores de Madrid (http://www.editoresmadrid.org) y Distribuidores de Libros de Madrid (Fande, http://www.fande.es) y patrocinado por el Ayuntamiento de Madrid (http://www.munimadrid.es), Caja Madrid (http://www.cajamadrid.es), Telefónica Movistar (http://www.movistar.com) y RTVE (http://www.rtve.es), con la colaboración de diversas entidades públicas y privadas. La cultura africana es la protagonista de la feria. El 25 de mayo, día de la inauguración, se celebró el Día de África. El objetivo de haber dedicado esta entrega a la cultura africana es mostrar la realidad de un continente desconocido para la mayoría. Se pretende profundizar en la literatura de este continente, que ha tenido una gran producción en los últimos treinta años, pero de la que no se ha publicado una gran muestra en España. De ahí que la Feria del Libro de Madrid haya mostrado interés en incentivar el conocimiento de otras culturas y motivar la aparición de canales que den a conocer al gran público la existencia de otras literaturas que cada vez cuentan con más presencia en el mundo. En este sentido, ha establecido una estrecha colaboración con Casa Árabe (http://www.casaarabe-ieam.es), organizando en torno a su eje temático un interesante programa de actividades. El pabellón correspondiente, en su objetivo de fomentar la lectura entre los más pequeños, se titula “África, casa de palabras”. Una amplia programación se ha preparado para los más pequeños: cuentacuentos, talleres (uno de caligrafía árabe), danzas y marionetas, y otros espectáculos. Una biblioteca-exposición de libros infantiles dedicados a África está a disposición de los niños y se ha editado una guía de lectura para padres y educadores con más de 70 títulos. Entre las actividades destacadas se encuentra el encuentro que, con escritores de Europa y Latinoamérica, presentó el 30 de mayo el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc, http://www.cerlalc.org). Como maestro de ceremonias estuvo Daniel Samper, que moderó una mesa de escritores formada por Rodrigo Fresán (argentino), Santiago Roncagliolo (peruano), Juan Gabriel Vásquez (colombiano) y Juan Cruz (español). “Son escritores postboom y ahora forman parte del boomerang, es decir, del actual movimiento que es la aparición de nuevos autores latinoamericanos”, dijo Samper. “El primer boomerang fue el movimiento modernista, hace más de un siglo”, prosiguió, “y el otro boomerang es el fenómeno que todos conocemos de hace treinta años, cuando los García Márquez, Vargas Llosa, Rulfo, Cortázar, etcétera”. A la pregunta del moderador sobre si se publicaban demasiados libros, las opiniones de los escritores fueron tranquilizadoras. Vásquez manifestó su convencimiento de que “todos los tiempos adolecieron de más libros que los que se podían leer”; a Fresán le hubiera gustado recuperar su antigua mirada sobre el libro, “una mirada menos sofisticada que ahora, que soy un escritor leyendo”. Roncagliolo dijo que hoy se había perdido el concepto de buena y mala literatura “porque hay literatura para diferentes lectores y eso me parece que ha democratizado la lectura, porque cada lector busca su libro”. Sin embargo, Juan Cruz, que empezó comparando el libro con las vacas y con las cervezas, dijo, y convenció, que el libro se lleva la peor parte porque en un hipotético congreso de cerveceros “no dirían que hay demasiadas cervezas o que la cerveza es muy cara”, para continuar diciendo que “los demasiados libros es un tópico que un avispado lanzó y la sociedad ha comprado, y eso es una falacia”. Cruz, con experiencia como editor, escritor y periodista, concluyó que “el mejor destino de los libros es ser editados porque si son buenos terminarán por publicarse. Un buen libro siempre sale a flote”. En el marco de la feria, el pasado viernes 1 de junio la ministra de Cultura, Carmen Calvo, entregó en el Pabellón de Encuentros Fundación de Círculo de Lectores de la Feria del Libro, el Premio Libro del Año 2006, que concede el Gremio de Libreros de Madrid, al escritor Manuel Rivas, por su novela Los libros arden mal (Alfaguara). En el acto intervinieron también Rogelio Blanco, director general del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura de España (http://www.mcu.es); Pilar Gallego, presidenta del Gremio de Libreros de Madrid y de la Feria del Libro; Teodoro Sacristán, director de la Feria del Libro de Madrid, y libreros, editores y lectores que abarrotaban el Pabellón de Encuentros de la Fundación Círculo de Lectores. El jurado de este premio ha valorado “la intensidad de un relato que recorre la historia de La Coruña desde finales del siglo XIX hasta nuestros días”. Además, en el acta del premio se ha destacado que “con la quema de libros procedentes de numerosas bibliotecas de la ciudad en los días posteriores al golpe de Estado de 1936 como eje central, la novela ahonda en un tiempo que tiñó de humo y negras sombras la ciudad y todo el país tras la Guerra Civil. A lo largo de sus seiscientas páginas se asoman vencedores y vencidos que, de la mano de su autor, van abriendo resquicios por donde se cuela algo de luz en sus vidas”. El libro finalista ha sido El mar, de John Banville, publicado por Anagrama. El Gremio de Libreros de Madrid también ha expresado su reconocimiento a la obra del escritor y periodista Ryszard Kapucinsky, recientemente fallecido. Este domingo 3 de junio fue presentado el libro El Quijote inédito de Édouard Zier: 12 miradas literarias, una edición que recoge la mirada iconográfica de Zier, uno de los grandes ilustradores del Quijote. Editado por SIAL y patrocinado por ACC Seguros-Grupo Zurich, el libro tuvo como introductores de lujo a dos de los autores que han participado con la escritura de un texto alusivo al Quijote: Luis Alberto de Cuenca y Alfonso Mateo-Sagasti. La edición cuenta además con colaboradores de la talla de Francisco Nieva, Luis Antonio de Villena, José Luis Alonso de Santos, Vicente Molina Foix y Carlos Marzal, entre otros. Se trataba de acompañar a Zier por los diferentes episodios de la gran obra de Cervantes y para ello los autores tuvieron la libertad de elegir, no la lámina, pero sí la forma en que la abordaban. No sólo estos textos se adentran en el espíritu quijotesco desde perspectivas de estudio, sino también desde la creación —obra de teatro, cuento, poesía...—, conformando una visión novedosa de la obra de Cervantes. Según el director de la feria, Teodoro Sacristán, “sería muy positivo” dedicar una edición a los países hispanoamericanos, pero la decisión debe ser adoptada por los nueve miembros de la comisión, integrada por editores, libreros y distribuidores, y “aún es pronto” para saber qué pasará con esa propuesta, que viene apoyada por el Ministerio de Cultura, y el objetivo del Cerlalc al formularla es conseguir que el mundo editorial y literario en América Latina no funcione como muchos mercados independientes, sino como un todo interrelacionado en que se den a conocer más autores. Sacristán se refirió también a la buena marcha de la Feria del Libro y dijo que editores y libreros “están encantados porque se van a superar las ventas de otros años”. En los fines de semana, cuando la afluencia es mayor, “la gente no viene sólo a pasear; viene a comprar”, según le comentan los responsables de las casetas al director de la feria. Fuentes: EFE • FLM2007 *** Concluye en Venezuela el IV Festival Mundial de Poesía La cuarta edición del Festival Mundial de Poesía, que reunió a cerca de treinta poetas de los cinco continentes y a más de doscientos cincuenta venezolanos, se despidió este domingo con una muestra de versos de poetas de Haití, Rusia, Siria, y Venezuela, en la sala José Félix Ribas del Teatro Teresa Carreño, en Caracas. Este encuentro de los versos del mundo, que recorrió todos los estados del país, bajo el lema “Los poetas en el corazón de Venezuela”, rindió homenaje a la poetisa trujillana Ana Enriqueta Terán. En la clausura, a sala llena, el ruso Yevgueny Yevtushenko abrió el evento con sus poemas “Desdoblamiento”, “Conversación con Dios” y “La paloma de Santiago”, en el que evocó el suicidio de un joven. “En mi presencia, un muchacho de 18 años saltó de un piso 24 y al caer mató a una paloma que paseaba sobre el asfalto”, relató el escritor, para dar paso a la poeta venezolana Carmen Verde. El poeta haitiano Frankétienne, considerado el mayor escritor vivo de su país, subió su voz para dejar en los oídos caraqueños su fuerte canto en la lengua creole. El venezolano Gustavo Pereira antes de recitar su “Memorial de la pobreza”, exaltó a los espectadores con algunos datos “Para desnudar a una mujer”, donde sus versos refirieron que no hace falta pericia, ni astucia, ni inteligencia, ni sabiduría para tener en los brazos a una fémina. En esta cuarta edición del festival participaron poetas de Argentina, Brasil, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Uruguay, Ecuador, Francia, Italia, España, Inglaterra, Rusia, Palestina, Camerún, Congo, Nueva Zelanda, Colombia y México, entre otros países. Los poetas extranjeros intercambiaron con los venezolanos a través de sus versos de conferencias, charlas, y diálogos, recorrieron todo el país hasta el archipiélago de Los Roques, desde la apertura del encuentro el domingo 20 de mayo. Cagua, la ciudad de la Tierra de Letras, fue el escenario del capítulo Aragua del festival. Allí protagonizaron un recital, el miércoles 23, los escritores Justina Jiménez, Argenis Díaz, Williams Hernández, José Rafael Jiménez, Astrid Salazar, Isabel Rivas, Susana Potente, Jorge Gómez Jiménez, Alberto Cobo y Eleazar Marín, además del invitado especial, el poeta británico Nials Binn, todos bajo la coordinación de la escritora Amanda Reverón. Fuente: ABN *** Premio Gil de Biedma para el español Juan Manuel González El profesor de Literatura del campus de Segovia de la Universidad de Valladolid (http://www.uva.es) y miembro del Departamento de Español Urgente de la Agencia EFE (Fundeu, http://www.fundeu.es), Juan Manuel González, ganó este viernes 1 de junio el XVII Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma, al que han concurrido 206 obras de diferentes países. Además del trabajo premiado, presentado con el título de Tras la luz poniente, con una dotación de 10.000 euros, se han otorgado sendos accésits a La percepción inquietante, de Anunciada Fernández de Córdova, y Luz en ruinas, de Itziar Minguez. Las obras galardonadas serán editadas por Visor. El miembro del jurado y poeta Guillermo Carnero Arbat explicó que González ha utilizado el tema del viaje de manera muy eficaz, como viaje en el espacio, por tierra: “Es el símbolo del gran viaje al que se tiene que enfrentar todo ser humano, que es la existencia”. Consideró que “se trata de un libro muy bien escrito, que coloca el premio en un nivel muy alto, cuyo autor tiene el don del sentido intuitivo del manejo del ritmo y del lenguaje, sabe escribir en el verso llamado libre y triunfa en este reto”. Agregó que González “maneja de forma muy controlada la irracionalidad, es muy comprensible para el lector, utiliza un lenguaje muy rico, hace un libro barroco, también de forma controlada, con referencias culturales pero de las auténticas”. Presidido por el titular de la Diputación Provincial de Segovia, Javier Santamaría, y coordinado por el escritor Gonzalo Santonja, el jurado estuvo integrado por Juan Van Halen, Luis María Ansón, Juan Manuel de Prada, Antonio Colinas, Guillermo Carnero Arbat, Clara Janés y Jesús García Sánchez. Nada más conocer la noticia, González mostró su satisfacción por haber alcanzado el galardón que lleva el nombre del poeta Gil de Biedma, uno de los más prestigiosos en lengua castellana, del que ya fue finalista, en 1996. Aseguró que “Segovia es una segunda patria para mí, era un premio que siempre quise tener, para añadirlo a otros, como el Rafael Alberti o el Ateneo de Sevilla de poesía, llevo años echando originales, deseando que se produzca este momento”. Para el ganador, “es como el reconocimiento de Segovia y, por mi parte, el homenaje a toda la tradición lírica castellana y a la fuerza poética, filosófica y moral que hay en la Castilla interior”. Del poemario premiado, su autor explicó que “es un libro dedicado a Castilla y a Portugal, un libro de fraternidad ibérica, de tendencia ética y lírica, también neosimbolista, donde hay poemas dedicados a Ávila o a Salamanca, y sobre todo a la comarca de Lisboa —Sintra, Cascais, Estoril— y a la raya de Portugal con Castilla”. Explicó que “se trata de una obra con poemas de amor y desamor, de canto a la naturaleza, de percepción de la divinidad y también de intuición del misterio del azar en la vida de los hombres”. Además, a su juicio, el galardón se produce cuando la poesía lírica tiene corrientes y tendencias de gran variedad y diversidad en sintonía con este premio, “que es libre, limpio y que refleja la pluralidad poética del momento en España, rica y grande”. González (Madrid, 1954) ha publicado siete libros de poesía, como Luces inciertas, La llama del brezo, En el filo de la sangre o Líneas minerales, y ha reunido su obra poética en Hacia el alba de nieve. Al premio, concedido por la Diputación Provincial de Segovia (http://www.dipsegovia.es), con accésit de 3.000 euros cada uno, financiados por el Ayuntamiento de Segovia (http://www.segovia.es) y la Junta de Castilla y León (http://www.jcyl.es), han llegado trabajos desde Estados Unidos, México, Chile y Alemania. Fuente: EFE *** Doctorow gana el premio de Novela Histórica de Zaragoza La gran marcha, del norteamericano Edgar Lawrence Doctorow, ganó este 1 de junio el III Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza, en una decisión tomada por el jurado por “mayoría suficiente”, según anunció el presidente del mismo, Juan Bolea. La ganadora fue elegida entre 31 obras presentadas por 17 editoriales de las que cinco llegaron hasta el tramo final: El halcón de Palermo, de María Bordhinn (Seix Barral); El galeón de Manila, de Manuel Lozano (Ediciones B); El desafío de las damas, de Almudena Arteaga (Martínez Roca); El caballero del templo, de José Luis Corral (Edhasa), además de la galardonada, editada por Roca. El premio le fue entregado a la editora puesto que el norteamericano no pudo acudir por encontrarse en su país. El prestigioso escritor hizo llegar un comunicado en el que mostraba su “alegría por el galardón” y alababa a sus traductores Isabel Millán y Carlos Ferrer. Edgar Lawrence Doctorow es una de las voces fundamentales de la literatura norteamericana contemporánea. Su obra, traducida a treinta lenguas, ha merecido los premios más importantes de su país: el National Book Award, el Premio Nacional de la Crítica y el PEN/Faulkner, entre otros. Ahora recibe el premio de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza porque su décima obra, La gran marcha, “ha deslumbrado literariamente a buena parte del jurado”, aseguró Bolea, quien destacó del autor “la exhibición de utilización de recursos literarios que ha realizado con el rigor de los hechos históricos de la Guerra de Secesión”. La gran marcha cuenta la marcha del general unionista William Tecumseh Sherman hacia el mar en la que arrasa, junto a sus hombres, todo lo que encuentra en una guerra contra los confederados para la abolición de la esclavitud. Todos los miembros del jurado que acudieron al acto se mostraron de acuerdo en la “grandeza de la obra”. Así, María Pilar Queralt destacó su “rigor inmenso. Cuando lo leo no sé si es una novela o la voz de la gente que estaba padeciendo la guerra”. En el mismo acto, también se entregaron los premios Ciudad de Zaragoza de relatos a Crisanto Pérez y el de poesía a Pablo Martín. Fuente: El Periódico de Aragón *** Festival de Teatro Breve celebran en Caracas La sala Levy Rossell de la Fundación Espacios Culturales, en Parque Central (Caracas), es desde el pasado 1 de junio el escenario donde se desarrolla el XII Festival de Teatro Breve, evento que aglutina a un gran número de noveles directores teatrales, quienes se dan cita durante este mes en la referida sala para mostrar su visión estética llevando a la escena textos de renombrados autores venezolanos. Obras como La sonata del alba, de César Rengifo; Los amantes de Verona o el final de una encerrona, de Aquiles Nazoa; Al unísono, de la escritora venezolana recientemente fallecida Elizabeth Schön; La identificación, El responso de don Juan, La cucarachita Martínez, La barragana, Chopin y El límite de la fuerza, entre otros muchos textos, podrán ser apreciados y disfrutados por el público amante de las tablas, manteniendo viva la llama de estos autores que pese al paso del tiempo continúan vigentes por el contenido de su dramaturgia. La dirección general del festival está a cargo del propio Levy Rossell, dramaturgo, productor, director y docente teatral, quien a su vez es el fundador de esta actividad que tiene como intención motivar tanto al público como a los creadores escénicos a conservar esta modalidad teatral que marcó pauta en el quehacer cultural venezolano. Las funciones se realizan los viernes, sábados y domingos desde el 1 hasta el 24 de junio, a las 4, 6 y 8 pm. *** Gabriel García Márquez representado en México como un títere El afamado escritor colombiano y premio Nobel de Literatura 1982, Gabriel García Márquez, es representado por un títere en la obra Casi cien años de soledad, que se estrenó este domingo 3 de junio en Ciudad de México. El director de la compañía de Teatro Niños Aira, Rodolfo Pineda, dijo que Gabriel García Márquez, autor de El coronel no tiene quien le escriba y otras obras de gran riqueza literaria, estará presente en el escenario a través de un títere de tamaño natural que será manipulado por Beatriz Herrera, la única actriz en escena. Pineda explicó que se trata de un monólogo basado en fragmentos de Cien años de soledad, Diatriba de amor contra un hombre sentado, El amor y otros demonios, El otoño del patriarca y Isabel viendo llover en Macondo, algunas de las más emblemáticas obras del escritor y poeta colombiano. “Es una propuesta muy abierta, no estamos siendo fieles cien por ciento a sus textos, sino que de alguna manera lo estamos traicionando porque él mismo dice que su obra es irrepresentable y en ese sentido es una traición, pero también es un homenaje”, destacó Pineda. Explicó que la trama central surge de su única obra de teatro Diatriba de amor contra un hombre sentado (1984) en la que una mujer celebra sus 25 años de matrimonio y confronta a su marido. La obra Casi cien años de soledad será representada todos los domingos de junio y julio en el Foro Contigo Américo, de la capital mexicana. Fuente: EFE *** Se celebra encuentro Mieres en Verso ‘07 Más de veinte destacados poetas participarán desde hoy 4 de junio y hasta el próximo sábado 9 en el Festival Mieres en Verso ‘07, con charlas, recitales y conciertos. La cita con la mejor poesía asturiana y española del momento comenzará con la inauguración del performance El desafío, del colectivo Ropa Tendida y continuará con diversas actividades en varios puntos de Mieres (Asturias, España). Entre los insignes escritores participantes estarán José Luis García Martín, Jorge Riechmann, Jordi Doce o el popular Luis Antonio de Villena. Versos en la noche, con lecturas de poesía en varios cafés de Mieres, música hip hop (poesía musical urbana), conferencias y conciertos, componen esta primera edición de Mieres en verso. La concejala de Cultura, Educación y Juventud del Ayuntamiento de Mieres (http://www.mieres.es), Diana González, destacó en la presentación del encuentro, realizada el pasado 25 de mayo, la frescura y envergadura de esta iniciativa, avalada por la calidad de sus 22 escritores organizadores y participantes, todos ellos con prestigiosos currículos. Mieres en Verso cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Mieres y con el patrocinio de la Universidad de Oviedo (http://www.uniovi.es). José Luis Argüelles y Miguel Barrero se mostraron, durante la presentación, muy satisfechos de los contenidos y el apoyo recibido para la organización de “este espacio escénico para la divulgación, reflexión y disfrute de la poesía en primera persona”. Ambos también confían en que esta primera experiencia permita consolidar un ciclo de poesía que tenga a Mieres como referente en España, apoyándose en su denominación de ciudad universitaria para extender el arte de hacer versos a toda la población, especialmente en los colegios e institutos. En el marco del encuentro, el jueves 7 se procederá a la entrega del premio Teodoro Cuesta 2006 a Pablo Pablo Texón y Pablo Rodríguez Medina, y la Banda de Gaites Villa de Mieres estrenará una xirandiya compuesta por Teodoro Cuesta. El mismo día, el escritor José Luis García Martín pronunciará en la Casa de la Cultura su conferencia “Estado de la poesía española actual”, tras lo cual se celebrará un concierto de Alfredo González y un recital de poesía. El viernes 8 en el Salón de Actos de la Casa de la Cultura, se realizará el recital de poesía para niños “Los versos ilustrados”, a cargo de Eva Vaz y José Luis Piquero. Ese día también los escritores participantes se dirigirán a las escuelas del municipio para presentar recitales poéticos. En la noche, Jorge Riechmann protagonizará un recital de poesía comentada y se celebrará un concierto con Anabel Santiago. Las actividades terminarán el sábado 9 de junio con una visita guiada al concejo de Mieres y una nueva presentación del performance El desafío, de Ropa Tendida, con José Luis Piquero, Ana Vanessa Gutiérrez, Miguel Rojo, Eva Vaz, Pablo X Suárez, Víctor M. García, David González, Inés Toledo, Vicente Muñoz, Pablo Texón, Guillermo del Pozo y Sibisse Rodríguez. En la noche se celebrará un recital de Luis Antonio de Villena y un concierto de hip-hop. Fuente: Ayuntamiento de Mieres *** Lecturas dramatizadas de teatro latinoamericano en Caracas Entre el 7 y el 28 de junio se desarrollará en la Casa de Rómulo Gallegos, en Caracas (Venezuela), en el marco de la 2ª Edición del Premio Libertador al Pensamiento Crítico, el ciclo “Cuatro obras del teatro testimonial latinoamericano”, un evento presentado por la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg, http://www.celarg.gob.ve) y el Ministerio de la Cultura de Venezuela (http://www.ministeriodelacultura.gob.ve). El ciclo cuenta con la coordinación general del profesor Humberto Orsini, la asistencia de producción de Mayling Peña Mejías y la dirección de Alberto Rowinsky, Javier Moreno, Luis Domingo González y Costa Palamides. Las presentaciones serán los cuatro jueves del mes de junio: 7, 14, 21 y 28, a las 8 de la noche, en la Sala Experimental Sótano 3 de la Casa de Rómulo Gallegos. La entrada es libre. La primera de las lecturas será la noche del jueves 7, con La muerte y la doncella, del argentino Ariel Dorfmann, bajo la dirección de Alberto Rowinsky, quien además actuará al lado de José Luis Montero y Nova Rowinsky. Una obra sobre la justicia y el perdón, sobre la relación de la víctima con el victimario, sobre la memoria y el olvido. El tema de las dictaduras en América Latina con sus consecuencias de represión, desaparecidos y torturados, un tema sensible, especialmente en el sur, por las consecuencias heredadas que se manifiestan con turbulencias en la memoria y consecuencias psicológicas, a veces irreversibles. El jueves 14 se realizará la lectura de Fulgor y muerte de Joaquín Murieta, del chileno Pablo Neruda, premio Nobel de Literatura 1971, bajo la dirección de Jean Helmuth y con actuaciones de Trino Rojas, Homero Chávez, Eduis Guerra, Karla Fermín, José Gregorio Abreu y Marco Suniaga. Estrenada en 1967 en el teatro Antonio Varas, de Santiago, la obra es un testimonio del gran poeta chileno que gira alrededor del legendario Joaquín Murieta. “Cuando salió de Valparaíso a conquistar el oro y a buscar la muerte”, cuenta el mismo Neruda sobre Murieta, “no sabía que su nacionalidad sería repartida y su personalidad desmenuzada. No sabía que su recuerdo sería decapitado como lo mismo lo fuera por aquellos que lo injusticiaron”. El jueves 21 le toca el turno a Pedro y el capitán, del novelista, poeta y dramaturgo uruguayo Mario Benedetti, bajo la dirección de Luis Domingo González, quien también actuará al lado de William Escalante. La obra discurre a través de un diálogo entre un prisionero y su torturador, donde ambos desarrollan sus estrategias para conseguir sus objetivos: el prisionero evitar la tortura y lograr su libertad y el verdugo conseguir la delación, que desde luego no logra, para salvar su pellejo ante sus superiores y a veces por el amor propio surgido desde el interior de su descomposición humana. Finalmente, el jueves 28 se leerá El juicio, del novelista y dramaturgo mexicano Vicente Leñero, bajo la dirección de Costa Palamides y con las actuaciones de Fernando Gómez, Ludwin Pineda, Norma Monasterios, Arnaldo Mendoza, Nirma Prieto, Orlando Rodríguez, Luis Vicente González, Jhonny Rivas y Alexánder Rivera. El juicio es una obra testimonial sobre el asesinato, en 1929, del general Álvaro Obregón, presidente electo de México, y sobre el juicio seguido a José de León Toral, cristero fanático, confeso del crimen meditado contra Obregón por ser víctima como todos los cristeros de las persecuciones ejercidas tanto por el presidente Carranza como por Obregón contra la Iglesia, bajo la acusación de no colaborar con la revolución. Toral sería ejecutado el 29 de febrero de 1929. Fuente: Celarg *** Celebrarán en Chiapas encuentro literario homenaje a Ernesto Cardenal Entre el 30 de agosto y el 1 de septiembre se realizará en la Biblioteca Central Universitaria de la Universidad Autónoma de Chiapas (http://www.unach.mx), además de en varias escuelas de nivel básico, medio y superior, el 2º Encuentro Internacional de Poetas Investigadores, evento que se celebra en homenaje al poeta nicaragüense Ernesto Cardenal. Los poetas e investigadores interesados en participar en el encuentro deben inscribirse antes del 30 de julio. La inscripción es gratuita. Podrán participar poetas, escritores, estudiantes de nivel medio y superior de instituciones públicas y privadas en general; catedráticos de literatura, español, lectura y redacción, y del área de humanidades de todos los niveles educativos de institución de educación en general, así como maestros de talleres de creación literaria. Los investigadores literarios interesados en participar deberán presentar ponencias sobre la vida y obra poética de Cardenal o la poesía contemporánea de Latinoamérica, Centroamérica, México o Chiapas. Es preciso que remitan una síntesis de la ponencia con extensión máxima de una cuartilla, y síntesis curricular de hasta diez líneas en un archivo de Word con letra a 12 puntos y a doble espacio. Igualmente, los poetas deberán enviar una propuesta poética de hasta cinco cuartillas y una síntesis curricular de diez líneas. Podrán optar por participar en una lectura poética de hasta diez minutos, en la que podrán leer poemas de tema libre y con una extensión máxima de ocho cuartillas. Los poetas con obra publicada deberán donar dos ejemplares. Los participantes que deseen ser incluidos en la memoria del encuentro deberán enviar en tiempo y forma sus trabajos y contactar a los organizadores para los costos y convenciones sobre la publicación, a más tardar el 2 de julio, a los correos electrónicos homenaje_ernestocardenal2007@yahoo.com.mx, socorrotrejosirvent@hotmail.com y marisatrejos@hotmail.com (con copia a las tres direcciones). Los gastos de transporte, hospedaje y alimentación de los ponentes y poetas serán financiados por sus universidades e instituciones o con recursos propios. Las constancias de participación de los poetas y ponentes en este encuentro académico y de extensión serán expedidas por la Secretaría Académica de la Unach. Los poetas y ponentes participantes leerán exclusivamente obra propia o sus trabajos de investigación. No se admitirá trabajos de escritores e investigadores que no participen en el encuentro. Fuente: Unach *** Encuentro Interliteral analizará en Jaén la literatura digital Organizado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (http://www.juntadeandalucia.es/cultura), el Instituto Andaluz de la Juventud (http://www.juntadeandalucia.es/institutodelajuventud) e Íttakus, Sociedad para la información (http://www.ittakus.com), el 20 y 21 de septiembre se celebrará en Jaén (España) el I Encuentro de Literatura Digital “Interliteral” (http://www.interliteral.com), que tendrá como objetivo crear un lugar de encuentro, debate, análisis, intercambio de todos los agentes que intervienen en la creación, producción, edición y difusión de la “literatura digital”. “En pleno desarrollo de la sociedad de la información, la actividad de la creación literaria se ha visto afectada de forma irreversible por la aplicación de las nuevas tecnologías”, se ha indicado en la presentación del encuentro, celebrada el 23 de mayo en la Biblioteca Provincial de Jaén. “El nuevo mundo configurado a través de la red ha eliminado barreras y fronteras de todo tipo: físicas, idiomáticas, económicas, etc. Estamos ante una nueva realidad que cambia a un ritmo vertiginoso y en pocos años lo que parecía casi imposible, hoy es una realidad y poco o nada podremos fijar para un futuro, más o menos cercano, debido a esta evolución sin precedentes en las comunicaciones”. Interliteral es la más reciente de una serie de iniciativas que en los últimos tiempos se han desarrollado en Jaén en torno a la idea de la universalización del acceso a la literatura, siempre como “literatura digital”. El encuentro nace, entonces, con la intención de analizar y examinar el pasado, presente y futuro de esta “nueva literatura”. En la presentación intervinieron Rafaela Valenzuela, directora general del Libro y del Patrimonio Bibliográfico y Documental de la Consejería de Cultura; Francisca Company, delegada provincial de la Consejería de Cultura; Carmen Álvarez, delegada provincial en Jaén de la Consejería para la Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía, y Fernando R. Ortega, director general de Íttakus. En el programa preliminar de Interliteral destacan las conferencias de inauguración y clausura, la primera de ellas a cargo de la escritora española Soledad Puértolas, quien hablará sobre la experiencia del autor, mientras que la segunda será dictada por el escritor peruano Santiago Roncagliolo. Entre otras actividades se realizará un “Blog & Coffee” en el que se analizarán las herramientas para la socialización de la creación literaria. La participación en Interliteral es gratuita y abierta, previa inscripción a través de la página del encuentro (http://www.interliteral.com/inscripcion.html), ya que las plazas están limitadas. Todos los asistentes disfrutarán de desayuno, comida y cena; además, la organización ofrece alojamiento gratuito en habitación doble compartida en el nuevo Albergue Juvenil de Jaén, catalogado como el mejor de Europa. Fuente: Interliteral *** Festival de la Palabra realizarán en Armenia Entre el 12 y el 15 de octubre se celebrará en Armenia, Quindío (Colombia) el Festival de la Palabra, evento cofinanciado por la alcaldía local y coordinado por la escritora Samaria Márquez Jaramillo, ganadora del Premio Iberoamericano de Novela Mario Vargas Llosa 2004. El encuentro tiene como propósito brindar al público una ocasión para la reflexión cultural, así como proporcionar una nueva dimensión del arte, procurar mejorar el promedio de lectores, multiplicar el interés por la literatura y enseñar a reconocer el valor de ésta como experiencia formativa. El departamento del Quindío, además de ofrecer a sus visitantes una serie de bellezas naturales, cuenta con instalaciones en hoteles campestres, antes haciendas cafeteras, que garantizan una confortable permanencia. “Esta ciudad”, indicó Márquez Jaramillo, “favorecida por la naturaleza con un medio verdaderamente prodigioso, para llegar a ser un producto turístico tiene que posicionarse como un centro cultural. Tras esa pretensión ya se inició un diálogo entre la cultura, la estrategia urbana y el Estado”. Por medio de sus editoriales se invitarán a unos veinte narradores y poetas colombianos y a cerca de quince de otros países. Por invitación directa se convocará a pensadores, editores, periodistas, analistas literarios y sociólogos, para que ellos con sus charlas den a conocer las nuevas tendencias de la narrativa ficcional. “Como mensaje de albricias desde la tierra del café”, proclamó Márquez Jaramillo, “se anuncia que el Festival de la Palabra será un escenario donde los escritores se miren a los ojos y dejen que hablen sus obras. Armenia, en octubre, se vestirá de color de ilusión y de fantasía para ser anfitriona del pensamiento libertario hispano”. Fuente: Samaria Márquez Jaramillo ||||||||||||||||||||||| ARTÍCULOS Y REPORTAJES |||||||||||||||||||||| === Una saga del monte Juan Manuel Roca ============================== (Nota del editor: en la Feria del Libro de Bogotá fue presentada la novela 1851, folletín de cabo roto, del escritor colombiano Octavio Escobar Giraldo, que aborda la colonización del occidente colombiano desde una óptica narrativa antes que meramente historicista. El poeta Juan Manuel Roca le dedica al libro la siguiente reseña, en la que identifica a Escobar Giraldo como autor de la novela que le da un segundo aire al tema). La epopeya de la colonización antioqueña, con sus miserias y grandezas, ha sido muchas veces contada desde el ámbito de la historia, de la sociología o la economía, una y más veces. Así que el que desee rastrearla para volverla materia literaria, quiéralo o no se encontrará con un acervo de datos, de debates, de discusiones y puntos de vista cuya cantera, como las vetas de oro del pasado minero del país, pueden apabullar al narrador y volverlo subsidiario de esa casi unívoca manera de ver la realidad pasada que es la que impone el historicismo. El exceso de materia prima que entrega esa epopeya, que alguien recordaba, para bien y para mal, como de la misma estirpe de la de los bandeirantes de Brasil, podría volverse, antes que un soplo para la creación literaria, un verdadero lastre. En manos de alguien que guardara excesiva servidumbre a la historia, bien podría asediarlo la novela de tesis o la novela que de manera discutida y discutible se ha dado en llamar histórica. Señalo esta posible talanquera, pero hay otros precipicios que resultan difíciles de sortear a la hora de emprender una obra ambiciosa como esta. Uno de ellos es el costumbrismo. Otro es la repetición de usos y maneras del lenguaje que, no obstante haberse cerrado de manera lúcida con don Tomás Carrasquilla, pervivió en algunas novelas de Manuel Mejía Vallejo y en algunos seguidores de una literatura regional hecha para la teja y la lágrima, para la nostalgia y una mirada pasadista que pensaba que por fortuna se murieron los abuelos. No tanto porque estos abuelos fueran un legado de un pretérito aferrado a camándulas y visiones agiotistas a la vez, como porque con su extinción supuestamente se relajaron las costumbres, según lo anunciaban los versos maniqueos de un poeta de la montaña celebrado con el absurdo epíteto de “poeta de la raza”. Parecía pues, entre tanto, que el camino a la novela de la colonización antioqueña estaba de entrada viciado. Pero así como Guimaraes Rosa no hace costumbrismo cuando habla del sertao brasilero, o Rulfo no hace folclorismo cuando traza las costumbres y el habla popular mexicana desde unas estructuras y una visión moderna y expresionista, el tema esperaba en Colombia quien lo llevara más allá de los linderos anacrónicos de la novela vernácula, quien le diera un segundo aire. Creo que ese alguien es Octavio Escobar Giraldo y que la novela es 1851, folletín de cabo roto. El país conoce muy bien esa gesta antioqueña del siglo XIX que, arrancando desde las laderas y las tierras poco benignas de la región, obligó a los insatisfechos, a los aventureros a los que les hormigueaban los pies, a iniciar la colonización del occidente colombiano en Antioquia, en Caldas y en lo que hoy son Risaralda, el Quindío, el norte del Tolima y el norte del Valle del Cauca. Visto de nuevo ese hecho de tan gran trascendencia para el país, de la mano de uno de los más notables narradores colombianos, se agradece que no haya querido hacerlo de manera privativamente historicista. No es una novela histórica, aunque siembre sus raíces en esa lonja, en esa parcela de nuestra historia. No es una novela costumbrista, aunque se haya volcado de manera tan rigurosa en el conocimiento de la cultura del desarraigo y en sus costumbres. No es una novela política aunque rastree tantos hechos de violencia, tantas confrontaciones ocurridas entre colonos y terratenientes que aprovecharon la llamada “ley de vagancia” cuando no el despojo forzado de tierras, en algo que es aún nuestro gran problema insoluble: la tenencia de ellas. Desde esos tiempos, hasta estos días del paramilitarismo, el país, casi sin darse cuenta o sin querer hacerlo, ha ido comprobando que se ha hecho una contrarreforma agraria sin que haya existido antes una reforma. Sortea muchas tentaciones esta novela. El paisajismo excesivo o el regodeo en exteriores, pues cuando describe esas montañas despeñacabras o ciertos parajes idílicos, lo hace por la necesidad de ubicación del hombre en una geografía, y no como un simple escenario exotista. La novela trata del año de penurias, dolores y amores dolorosos de Juan Escobar, uno de tantos olfateadores de oro de la Antioquia profunda que hace el tránsito de Medellín a Salamina en busca, diría Barbajacob, de mejores aires. Todo es ajeno para Juan: la tierra, la mujer que ama y que vive con su primo José Alonso Escobar, y hasta ajeno es su propio destino. Juan Escobar es el prototipo del transterrado, del que merodea inclusive en sí mismo. Y es una suerte de triángulo de amor y soledades lo que comparte con Serafina Jaramillo y con su primo. Resultan, con el telón de fondo de una gesta, personajes de carnadura humana, creíbles y descritos de manera un tanto elusiva, a través de un gran virtuosismo en los diálogos. Así ocurre con Pablo Arango, una mezcla de lo que después se llamaría pájaro y que hoy se llama sicario, un mercenario a merced de un gran señor de destinos y caminos, Elías González, enemigo rastrero de los colonos. Las pequeñas y grandes historias que germinan en medio de la gran historia, la mirada atenta a una legión de seres sin heráldica, sus amores y sus fobias, tienen bajo la mirada amorosa pero no pocas veces pérfida del narrador, un soporte, una suerte de distanciamiento, en ciertos ramalazos de humor en medio de su controlado lirismo. Escrita a la manera de un folletín, por entregas mensuales, la novela de Octavio Escobar Giraldo nos atrapa, esta vez sin entregas. En cada uno de los meses resuenan voces y guiños literarios que van desde Cervantes y Cordobés Moure hasta Gregorio Gutiérrez González, un poeta sado-mazorquista que nos endilgó sus largos versos sobre el maíz, y que acá recupera el novelista de manera ejemplar. Escobar Giraldo se sirve, a manera de epígrafe en cada capítulo del folletín, de algunas imágenes tomadas de la celebrada Memoria científica sobre el cultivo del maíz en los climas cálidos del Estado de Antioquia por uno de los miembros de la Escuela de Ciencias i Artes i dedicado a la misma Escuela. Un título que logró que en los colegios fuera más difícil aprenderse el kilométrico y andariego título que todo el resto del virgiliano escrito de don Gregorio. No se afilia tampoco esta novela a un trasunto puramente político. Aunque hay espigadas y bien calibradas observaciones desde ese ámbito. Juan Escobar, por ejemplo, es alguien que “si fuera un hombre más reflexivo se preguntaría por qué un país tan joven pertenece a unos cuantos ricos de siempre, pero no acostumbra tales pensamientos”, afirma el creador del personaje, con lo cual, por vías de la negación de lo político lo pone de relieve en un sesgo malicioso e inteligente. La botánica, las plantas que acompañan el viaje de los arrieros y de los colonos. La arquitectura, ese reino de la guadua que fue todo: ducto y viga, pared, canoa para el agua. La comida, una bronca comida hecha para hombres sin reposo, para jornaleros sin tregua. Los juegos, como el tute al que se jugaban caballos y mulas e imposibles. Los 33 lances con machete en la contienda. El mapa minero de mister Parsons. Los artilugios de todo realengo. Unos trozos de panela que por momentos resultaban tan apreciables como el oro, esa suerte de vellocino tras el que van los hombres enfebrecidos. Por el oro, por la lucha en pos de las minas, se abandonaba todo. Ese oro que según las palabras de Escobar devino en alhajas para los políticos, los militares y los terratenientes, un oro que servía lo mismo para hacer copones y custodias que cinturones de castidad. Como telón de fondo, siempre, los pasos lentos y tercos de la arriería. Es como si los arrieros hubieran llegado a pensar que no hay patria más deseable que la lejanía. Todo esto es visto por Octavio Escobar Giraldo desde una larga y rigurosa investigación de tiempos y usos del lenguaje. El pasado clerical, la fe del carbonero o la doble moral cristiana asisten muchas de las páginas de esta novela. Es un retrato colectivo de una suerte de naturaleza dividida. Esa naturaleza hondamente humana que pecaba en un español procaz, como el de Sara la boquisucia, pero que recibía la absolución del cura en un sacralizado latín de sacristía. Creo que 1851, folletín de cabo roto es una narración en la que el lenguaje también es un gran protagonista, por su mesura y ductilidad, porque es un lenguaje bien habitado. Se trata de una novela de la que se hablará no solamente como de la más lograda de las obras hasta ahora escritas por Octavio Escobar Giraldo, sino, muy seguramente, como uno de los nuevos y escasos hitos de la actual narrativa colombiana. ** Juan Manuel Roca Escritor, poeta, crítico de arte y periodista colombiano (Medellín, 1946). Coordina, desde finales de los 80, uno de los talleres de poesía que ofrece la Casa de Poesía Silva (http://www.casadepoesiasilva.com). En 1997 la Universidad del Valle (http://www.univalle.edu.co) le otorgó el título honoris causa en literatura. Ha obtenido el Premio Eduardo Cote Lamus de Poesía y el Universidad de Antioquia en el mismo género y en cuento, así como el Premio Simón Bolívar de Periodismo. Dirige el periódico cultural La sangrada escritura. Ha publicado libros en colaboración de artistas plásticos como Augusto Rendón, Antonio Samudio, Fabián Rendón, José Antonio Suárez, Darío Villegas y Patricia Durán; los poemarios Memoria del agua (1973), Luna de ciegos (1975), Los ladrones nocturnos (1977), Señal de cuervos (1979), Fabulario real (1980), Antología poética (1983), País secreto (1987), Ciudadano de la noche (1989), Luna de ciegos —antología— (1990), Pavana con el diablo (1990), Prosa reunida (1993) y Lugar de apariciones (2000); los ensayos sobre poesía Los cinco entierros de Pessoa (2001), Arenga del que sueña (2002) y Cartografía memoria (2003), y la novela Esa maldita costumbre de morir (2003). Recibió el Premio Nacional de Poesía 2004, del Ministerio de Cultura de Colombia, y el Premio de Poesía del Mundo Latino “Víctor Sandoval” (2007), de la ciudad de Aguascalientes (México). Durante diez años dirigió el Magazín Dominical del diario El Espectador (http://www.elespectador.com). === El texto como exorcismo Miguel Correa Mujica ===================== (Nota del editor: recientemente fue presentada en Nueva York la tercera edición de Al Norte del infierno, la primera novela del escritor cubano Miguel Correa Mujica, que aparece esta vez bajo el sello de la Editorial Artimaña [http://www.artimana.net/main/art_libros.html], de la ciudad estadounidense. El texto que presentamos a continuación es la presentación de la novela, preparada por su autor. En la antología 17 narradoras latinoamericanas, la argentina Cecilia Abzats expone en un breve prólogo o comentario que precede su cuento “La siesta”, lo siguiente: “El primer libro que se escribe suele ser una historia que uno tiene atravesada en la garganta: ponerla en palabras funciona como un exorcismo” (19). Confieso que no habría podido encontrar mejores palabras para referirme al libro que esta noche presentamos en la librería McNally Robinson de Nueva York, mi querido Al Norte del infierno. Y aunque la máxima de Abzats es de por sí sumamente abarcadora, me he adentrado en ella por otros rumbos que ésta me ha sugerido: en efecto, el primer libro que escribimos es usualmente un exorcismo, un dolor que uno tiene clavado en el pecho, una especie de trabazón que no nos deja respirar. Esa condición de texto-nudo es la que hace salir el libro con la fuerza de un bocado atragantado en las vías aéreas, para evitar así, tal vez, la muerte por asfixia. Y esa gestión inevitable —sacarnos ese nudo del interior— tenemos que realizarla con toda la rapidez que una situación de peligro conlleva. La urgencia con que el texto demanda salir a la luz hace que éste no siga, por lo general, las pautas que siguen los textos reposadamente concebidos (la inmensa mayoría de ellos), ni los que resultan de esmeradas investigaciones bibliográficas, ni siquiera las que siguen ciertos textos mesiánicos. Ese primer libro que llevamos dentro no puede esperar tanto. Su existencia viene tocada por el apremio, por la violencia, por la inmediatez: o me lo saco del gaznate o perezco. Al Norte del infierno nació bajo esas condiciones agónicas. Su texto se me había atorado no sólo en la garganta sino en toda mi alma. Lo sentía como un molesto padecimiento, como si se tratara de un proyectil que desde hacía tiempo llevaba alojado en los sesos y que ahora buscaba, por sí solo, salir a la superficie a través de la piel. Sacarlo de mí se convirtió en mi mayor prioridad, sin tiempo que perder y sin detenerme a pensar en cómo lo haría. Pero arrancarnos un texto que vive en nuestro interior como un organismo vivo e independiente es un proceso de exorcismo que tiene sus propias reglas. En primer lugar, la urgencia que el texto exige ni siquiera deja un espacio para echar un vistazo a las pautas literarias que rigurosamente establecen las épocas y la tradición, ni para analizar los estilos en boga para configurarlo, ni nos permite remitirnos a las diatribas, valores, pareceres o maneras que consciente o inconscientemente nos impone desde alguna parte “el canon” o sea, sin siquiera prestar mucha atención a la literatura misma. Escribí Al Norte del infierno sin poderme acercar o considerar el mundo literario que transcurría a mi alrededor, sin tenerlo en cuenta, sin saber si eran éstas las formas que la narrativa exigía de los escritores de mi época. Escribí la primera y única versión del libro en unos 8 meses, todo en 1982. El manuscrito apenas sí tuvo una revisión sintáctica. Desde mi salida de Cuba a través del éxodo del Mariel en 1980, los personajes formaban enormes algarabías y tumultos en mi mente, insoportables estrépitos, alborotos inenarrables, verdaderos motines de seres que al parecer sólo querían decir su verdad y estallar, como si sus vidas dependieran del mero hecho de la enunciación de sus gritos. A veces, el estruendo de las voces era tal que ya no podía hacerme el desentendido; entonces me hacían levantar en medio de la noche invernal y a las tres de la madrugada tenía yo que escribir lo que ellos iban a dictarme. Como autor yo sólo recibía alivio cuando terminaba de plasmar por escrito el mensaje de los más agresivos. Sólo después me permitían dormir un poco, pero yo sabía que muchos de ellos permanecían de pie en aquella cola metafísica hasta que les llegara su turno para hablar o sea, para reventar. Cuando terminaba de escuchar, recoger y escribir la exposición de una de aquellas voces, ésta parecía calmarse. Sus gritos continuaban pero ahora desde la página mecanografiada, no ya desde mi interior. Entonces comprendí que el nudo era una especie de hinchazón que yo debía evacuar con cierta regularidad para aliviar así la enorme presión craneana acumulada o de lo contrario, el dolor acabaría conmigo. Y así salió este libro, a deshoras, en medio de grandes desvelos, sin pretensiones de ningún tipo y sin la menor expectativa, obedeciendo únicamente el agónico clamor de unas voces que se habían adueñado de mí y que exigían su materialización, su salida de mi cabeza y su relocalización física aunque fuera en lo textual. De no haber cumplido con las demandas de las voces, de seguro que hubiera enloquecido. Cuando transcribí el último clamor, sentí un vacío en mi interior que me pareció igualmente aterrador: volví a ser el joven de 23 o 24 años que por entonces era, con todas las angustias que mi condición de refugiado cubano implicaba. Con el paso del tiempo y una vez publicado este texto endocrino, me ha ocurrido con Al Norte del infierno lo que le ocurría a Alejo Carpentier con su Écue-Yamba-Ó: me ha dado por huir de mi texto, por lo que apenas lo releo. Carpentier rechazaba su texto primigenio porque, según él, éste le parecía inmaduro. No me parecen razones válidas las suyas. El texto sólo se hace inmaduro a nuestros ojos, porque estamos conscientes de nuestra evolución física e intelectual. Pero el texto permanece congelado en el tiempo, almacenando dentro de sí los códigos de nuestra identidad en el momento de la creación. Las razones de mi rechazo son otras: el libro me hace recordar un doloroso capítulo de mi vida que no quisiera volver a padecer. Aunque apenas releo las viñetas que integran Al Norte del infierno, estoy feliz de que exista tal y como es, tal y como me lo dictaron sus personajes, los más auténticos de cuantos han invadido mi mente. Por lo que agradezco a mi editor Carlos Zequeira, de la Editorial Artimaña, el haber reeditado el libro, volumen del que no me avergüenzo sino que sencillamente observo desde cierta distancia. Hace algún tiempo, un amigo poeta me hizo ver algo extraño en Al Norte del infierno: los personajes están en el aire, me dijo, no tienen un espacio adonde asirse, no tienen una plataforma que los recoja, no hay un setting demarcado o descrito donde ocurra la acción argumental. En efecto, los personajes de esta obra están en el aire. Tras analizar la observación de mi amigo he llegado a la conclusión de que tiene toda la razón: el libro no se detiene en la formación de un espacio literario donde los personajes puedan existir. Pero no lo tienen porque los personajes no lo necesitan, porque ellos no son sino gritos, voces, willies, ánimas que revolotean en el viento estival, en la ingravidez, en el estupor de una época malsana, acaso desde un Más Allá inaprensible. Este es un libro donde el espacio literario lo edifica el lector (no el narrador) a partir de los discursos que emiten, desde la textualidad, las voces. A pesar de que este texto no ha seguido los parámetros considerados prestigiosos o canónicos, Al Norte del infierno ha hecho una verdadera carrera triunfal. Me pregunto cómo ha sido posible esa maravilla. Y he llegado a la conclusión de que la respuesta está en que la literatura no es una disciplina fácilmente encasillable, ni que funciona de un modo único, sino que prioriza, por sobre todas las cosas, su primordial objetivo que es el echar un poco de luz, aquí y allá, sobre el hombre y su tragedia. Por ello es que, a mi juicio, Al Norte del infierno ha cosechado triunfos que sobrepasan incluso mis propias expectativas: porque su razón de ser ha sido exponer la furia, la miseria, la desesperanza y el anónimo martirio de unas víctimas con quienes una época y unas circunstancias se ensañaron en sus individualidades. Para nada cuentan aquí las fórmulas literarias, ni los modismos, ni siquiera el autor. Si para los estructuralistas sólo importa lo textual, éste es su libro ideal. Gran parte de la crítica que se ha acercado a este libro mío —y desde hace tiempo ya también de ustedes— considera que uno de sus valores del mismo es su apabullante actualidad. Al Norte del infierno no es un libro de tesis, ni de protesta, ni siquiera de reflexiones: es un libro donde sus personajes-voces sólo quieren que alguien los escuche. La actualidad del libro se debe a la postración del contexto histórico y sociopolítico que generó a las víctimas aquí tratadas: la tiranía castrista que desde la segunda mitad del siglo XX asola a mi país, ese hermoso archipiélago bañado por las cálidas aguas de la corriente del Golfo y por la enceguecedora luz tropical pero dominado también por la miseria, el estalinismo y la estupidez. Ojalá que el libro perdiera toda la actualidad que desde siempre le ha caracterizado. Ojalá que dentro de poco los acontecimientos que narra sean algo del pasado. Y que el libro pierda toda su vigencia. Le pido a Dios que así sea. Porque pertenezco al grupo de los que consideran que la literatura no es más importante que el hombre. Muchas gracias. Bibliografía - Rivera Izcoa, Carmen, ed. 17 narradoras latinoamericanas. Puerto Rico: Huracán, 1998. ** Miguel Correa Mujica correamcorrea@yahoo.com Escritor cubano (1957). Reside en Nueva York desde 1980. Profesor asociado en la City University of New York. En 2002 se doctoró en literatura española e hispanoamericana con una tesis sobre Reinaldo Arenas. Ha publicado las novelas Al norte del infierno (1984) y Fragmentos del discurso humano (2000). Publica crítica literaria en diversas revistas hispanoamericanas. === Madres y huachos en La burla del tiempo de Mauricio Electorat ========= === Francisca Pérez de Arce =============================================== En la novela de Mauricio Electorat La burla del tiempo, se presenta el conflicto de un hombre que debe afrontar, desde el exilio, la muerte de su madre y el afrontamiento con el hombre que lo delató provocando su exilio. El proceso que vive el protagonista se ve directamente influido tanto por la presencia de su madre en la constitución de su propia identidad, como por el hecho de asumirse como un huacho, y la superación del conflicto psíquico en el que se encuentra consiste en identificarse con su agresor, en cuanto ambos son huachos. En su libro Madres y huachos, la antropóloga Sonia Montecino establece que Chile se ha constituido sobre la base de un mestizaje racial y cultural, que ha traído como consecuencia un predominio de la figura de la madre como base del constructo social y el huacho, sus hijos, como identidad adquirida por lo masculino. En este sentido, la madre de Pablo Riutort se muestra como un personaje complejo, representa el quiebre, la trasgresión de la tradición (hace gimnasia desnuda, y no le importa aparecer sin ropa frente a individuos poderosos, como el empresario que negocia con su marido), pero a la vez tiene el poder y la autoridad para permitirse ser conciliadora, mediadora entre los miembros de la familia, simpatizante del PC, pero católica y autoridad frente a su marido (su propio marido le entrega una cuota de poder al engañarla con una prostituta). La madre de Pablo Riutort se presenta como un personaje potente, fundamental en la psiquis de su hijo, y de ahí la necesidad de su continua presencia a lo largo de la novela a través de sus cartas. Se presenta como una madre muy sana, no castradora, que asume su sexualidad sin tapujos ni vergüenzas, incluso mostrándose como un cuerpo deseable y poderoso hacia todo el mundo. Esta misma estrategia de detentar poder es la que utilizan las mujeres subversivas de la novela, Rocío y Soledad Fortea, quienes se relacionan con los hombres que conforman el partido de resistencia a través de su cuerpo, de crear el deseo en el otro y estimularlo, pero no satisfacerlo más que con un solo hombre (no satisfacerlo las colocaría en la posición de inactivas sexualmente). Incluso Rocío se vale de este mismo mecanismo de poder para zafarse de la presión de Aguilera, el “soplón” que le pide delatar a sus compañeros de izquierda. Este poder que se instala en la sexualidad femenina es explicada por Montecino con el verso de Gabriela Mistral “bendito sea mi vientre en que mi raza muere”, “Una raza que muere toda vez que la mujer se niega a parir, gesto de inversión de imagen salvífica de María... pero a la vez estrategia que coloca a la mujer en un sitial sacro” (Montecino, 57, 58). El cuerpo de la mujer tiene de por sí el poder de dar la vida... y de no darla. Esta cuota de poder es equivalente a la de matar o no matar que podría haber tenido un militar en época de dictadura. En cuanto a los personajes masculinos de la novela, es interesante comprobar que ambos jóvenes encomendados a la tarea de delatar a los compañeros marxistas son, de hecho, huachos de padre, e hijos de mujeres que deben avocarse a tareas de servidumbre y prostitución, en cada caso, lo que las sitúa en una categoría de madre genésica, reproductiva y no afectiva (Montecino, 56). El rencor que nace en estos dos personajes no se basa en ideologías políticas, sino en su propia condición social: “El bastardo buscará su legitimidad en lo heroico —la cofradía de los huachos que luego se troca en bandidaje, en protesta social o en violencia contra lo femenino— pugnando por superar su estadio de hijo, asumiéndose como ‘macho’ ” (Montecino, 56), que se contrapone a la de los “niñitos bien” que conforman la resistencia universitaria, que tienen madre y padre, incluso se valen de su trabajo en la Secretaría Nacional de la Juventud, y no de sus méritos académicos (que los tienen) para sacar a sus madres de la vida que llevan, porque es desde ahí donde pueden hacer que el que no nació huacho se transforme en huacho, y el método que utilizan para esto es el envío al exilio, el alejamiento del individuo de la patria (patria, de la voz latina que significa padre) “enhuachándolos”, obligándolos a vivir en esta condición mientras dure en el gobierno el poder que los ampara. La escena de la violación de Nelson y Aguilera ilustra lo que según Montecino fue un fuerte móvil de las mujeres que reclamaban su patria usurpada por el marxismo durante la UP: “La recriminación de la poca hombría expresada en el plano de la sexualidad, que puede leerse como la percepción extrema que las mujeres tienen de los hombres. El arrasamiento vital de la patria se debe a que los hombres no se comportan como tales, permitiendo la violación de otros (o)” (Montecino, 110). En este sentido, y si nos adscribimos a la teoría de que Chile conforma en su esencia una “matria” más que una “patria”, hecho asumido incluso por la masculinidad hegemónica de la época, los propios militares: “Y Kakariekas, que su carácter tenía la mujer chilena, y el comandante, que se lo iba a decir a él, si en este país mandaban las mujeres, oiga (...), si este gobierno se había llenado de señoras que mandaban lo mismo o más que un general” (Electorat, 309), entonces se explica el hecho de que el teniente Espina haya debido vestirse de mujer para someter a los jóvenes a torturas y vejámenes, todos ellos afectándolos en su sexualidad, poniendo en juego su virilidad “homosexualizándolos”. Decidora resulta la imagen de ambos torturados unidos por el ano a través de un palo. Durante esta época aquel que traicionaba a la derecha traicionaba a la “patria”, este hecho era consecuencia de “falta de hombría” y era denunciado por las mujeres, que era quienes “en verdad mandaban el país”. De este modo se articula el universo planteado por Electorat, que sin duda refleja una realidad vivida hace treinta años. La madre continúa posicionándose como plataforma social, y el hijo todavía es un huacho, que con el tiempo deviene en machista. En este sentido el mecanismo a través del cual el protagonista, Pablo Riutort resuelve su conflicto psíquico, que no es otro que haber perdido su “patria”, es el de afrontar a su delator para conocer el motivo de su rencor, y al descubrir que éste se basa en su propia condición de huacho se produce una suerte de identificación mutua en este hecho. Al final, ambos son huachos, han pasado veinte años y ninguno está mejor que el otro, la madre y la esposa han desaparecido de su vida y ellos hoy, son más huachos que nunca. Bajo este panorama común, el rencor da paso a la compasión, tanto del otro como de sí mismo. Bibliografía • Electorat, Mauricio. La burla del tiempo. Bogotá: Seix Barral, 2004. • Montecino, Sonia. Madres y huachos. Alegorías del mestizaje chileno. Santiago: Sudamericana, 1991. ** Francisca Pérez de Arce franciscaperezdearce@gmail.com Investigadora chilena (1981). Licenciada en Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile (http://www.puc.cl), y actual alumna del Magíster en Estudios de Género de la Universidad de Chile. Ha trabajado en el mundo editorial y cultural. Su producción literaria permanece inédita. === Un nombre literario Dixon Moya =================================== En mi trabajo cotidiano, debo atender diversos trámites de ciudadanos nicaragüenses y varias veces he tropezado con un nombre que al comienzo pensé coincidencia, hasta convertirse en grata constatación. Algunos de mis usuarios responden al nombre de Jorge Isaacs, igual que el autor colombiano, creador de una figura inmortal, la protagonista de María, la gran novela del siglo XIX. Un rápido escrutinio en Internet, permite asegurar que la casualidad / causalidad se repite por toda América Latina. María fue uno de los primeros éxitos editoriales de un autor latinoamericano, publicada inicialmente en 1867; curiosamente un siglo después surge Cien años de soledad (1967), la obra cumbre de Gabriel García Márquez. El romance de Efraín y María, transcurrido en la hacienda El Paraíso, en el Valle del Cauca, ha sido libro de cabecera de varias generaciones de latinoamericanos, quienes hemos vertido ríos de lágrimas, contribuyendo a acrecentar las reservas de agua del planeta. María ha sido llevada varias veces al cine y la televisión. De hecho, inspiró la primera película colombiana, filmada en 1927, en blanco y negro, muda, pero rodada en el Valle del Cauca; cincuenta años más tarde y en la misma hacienda El Paraíso, se filmaría la versión de 1972 con Taryn Power en el papel de María, único rol de importancia para la bella hija de Tyrone Power; el galán mexicano Fernando Allende encarnó al sufrido Efraín. En 1991, el director colombiano Lisandro Duque realiza una elogiada miniserie de televisión, con guión de García Márquez. Jorge Isaacs nació en Cali en 1837; aparte de escritor fue periodista, diplomático, explorador científico. Alcanza a conocer el éxito como novelista gracias a las numerosas ediciones continentales de María, aunque él se consideraba esencialmente poeta. Su filiación política cambió de conservadora a liberal; “he pasado de las tinieblas a la luz”, manifestó. En uno de sus innumerables viajes como inspector de trabajos de caminos de herradura, contrajo una enfermedad que se lo llevó a los 58 años, cuando planeaba escribir una novela histórica que, según él, sería su obra cumbre. Hay un dato curioso: Isaacs fue uno de los pioneros en la exploración energética en Colombia, tanto de petróleo como de carbón, encontrando yacimientos carboníferos en los “desiertos de Aracataca”, es decir, en las proximidades donde nacería García Márquez en 1927 (noventa años más tarde). Los cordones umbilicales de la creación son inescrutables. No resulta extraño que con el nombre y apellido del autor colombiano, muchos padres en América Latina hayan bautizado a sus hijos. A uno de mis usuarios, Jorge Isaacs, quien coincidencialmente viajaba a Cali, le recomendé visitar El Paraíso, la antigua hacienda, escenario mítico de la novela, actual museo dedicado al escritor colombiano. Espero que haya seguido mi consejo. A los 140 años de publicada María y 170 del cumpleaños de Isaacs, resulta grato comprobar el sublime homenaje de un lector al bautizar a su hijo con el nombre de su escritor favorito. El caso de Jorge Isaacs no es el único. En Colombia abunda el apelativo Rubén Darío, siendo responsable un extraordinario poeta nicaragüense. Otro buen ejemplo de los bautizos literarios. ** Dixon Moya dixonm@hotmail.com Diplomático colombiano aficionado a la literatura. Fue cónsul de Colombia en Ciudad Guayana (Puerto Ordaz, Venezuela) y actualmente desempeña un cargo diplomático en Nicaragua. Ha publicado artículos en revistas de su país. === José Tomás Angola: Sin freno concebido Carmen Cristina Wolf ====== Nuevamente la editorial Actum sorprende con un poemario, Sin freno concebido, de José Tomás Angola. Puede ser que el personaje de sus páginas sienta que ha perdido la sindéresis y se lance en carrera hacia su propia sombra amenazante, pero el teclado de la computadora no se vio apresurado por el autor, porque este es un libro muy bien pensado y de medida exacta. De primer momento, los versos producen un desasosiego creciente, una tristeza de barranco. El que lleva la voz es a veces un automóvil, a veces el chofer o un pasajero, siempre embalado hacia quién sabe cuál destino, exasperado y solo, sin entender por qué está en medio de la vía y de la vida. Es como un personaje de teatro haciendo un monólogo: Así soy, antena nunca radio, así soy, velocímetro nunca motor. Desvarío en un paisaje de egoístas, Y apenas una señal de tránsito para tantos ciegos manejando. Este poemario profundiza en la psicología del ser humano sumergido en la más absoluta desolación. Pero en medio de la carrera de las páginas, nos encontramos con esa vocación de plenitud que suele acompañar la existencia: Te verás sola entre cíclopes de concreto. te verás sola mas no debes temer. No dudes que yo, vestido de silencio y estrechando tu mano, paseo a tu lado. No dudes que te acompaño como sigiloso lazarillo. (...) Llegarás entre aves y otoños (...) No hay tristeza que dure ante el exorcismo. Aun en la más sombría noche del alma, un atisbo de luz aguarda al final de las horas: es la esperanza de volver a ver la “alfombra vegetal del parque sobre nuestras mañanas”, un regresar “vadeando nimbos y huracanes” para salvar al hombre “del olvido donde soy prisionero”. Así expresa José Tomás la nostalgia de la felicidad perdida. Es el drama del abandono y la soledad sin ventanales. Alguien se ha ido, óigase bien, una persona en quien habíamos depositado nuestros anhelos, sueños y sonrisas. Y nos quedamos vacíos. Porque no cuidamos de reservar algo de amor para nosotros, lo dimos todo. Mal negocio, señores, mal rollo, como dicen en España. No se puede andar por ahí entregando el cuero y los huesos en pedazos, sin guardar al menos un poco de corazón para quererse uno a sí mismo. Estos son unos versos de lobo solitario, como hay tantas personas en el mundo, en búsqueda del amor y del sosiego. Muy bien concebidos según suele ser la escritura del autor de El pasajero de la fragata y El molino (obras de teatro publicadas por Pailla Libros Editores & Libreros de Sevilla). José Tomás Angola es poeta, director teatral y periodista nacido en Caracas en 1967. En 1996 ganó una mención en la Bienal Nacional “Miguel Ramón Utrera” por su libro Una vaca en Nueva York. Recientemente recibió el Premio del Concurso Anual de Cuentos de El Nacional. Actualmente es presidente del Círculo de Escritores de Venezuela. ** Carmen Cristina Wolf literaturayvida@yahoo.com Poeta, narradora y ensayista venezolana (Caracas). Es abogada graduada en la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab, http://www.ucab.edu.ve) y ha participado en talleres en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg, http://www.celarg.org.ve). Ha realizado estudios de retórica contemporánea y dicta talleres de ontología del lenguaje y teoría de la argumentación. Es secretaria de Comunicaciones Institucionales del Círculo de Escritores de Venezuela. Su obra aparece reseñada en Antología de poetas venezolanos, de la Universidad de Los Andes (ULA, http://www.ula.ve; 2002), Quiénes escriben en Venezuela, del Consejo Nacional de la Cultura (Conac, http://www.conac.gob.ve; 2004); El hilo de la voz, de Ana Teresa Torres y Yolanda Pantin (2004); Antología poética, del Círculo de Escritores de Venezuela (2005); La Bitblioteca (http://www.analitica.com/Bitblio/home), de Venezuela Analítica (http://www.analitica.com); y Antología de versos de poetisas venezolanas (2006). Ha publicado Canto al hombre (1997), llevado al teatro y traducido al francés, Canto al amor divino (1998), Escribe un poema para mí (2001), Prisión abierta (2002); Retorno a la vida (ensayo, 2005); Ensayos publicados en revistas y periódicos (1990-2005), Atavíos (2006) y La llama incesante (aforismos, 2006). Colabora con diarios y revistas venezolanas y extranjeras. Ganó el premio del concurso de cuentos La Librería Mediática (2004). Mantiene una bitácora personal en http://literaturayvida.blogsome.com. === A propósito de ciertos comentarios sobre la obra de J. L. Borges ====== === Miguel de Loyola ====================================================== A menudo se oye hablar de Borges en círculos literarios, a menudo he leído artículos referidos a él. A diario es citado Borges a propósito de cualquier cosa en revistas “literarias”, pero la verdad que en contadas ocasiones he leído algo que vaya un centímetro más allá de la cosa general con que se suele hablar hoy por hoy de todo, sin tener el debido conocimiento, o por lo menos alguna astilla de esa sabiduría que se desprende de una lectura atenta e interesada en plantearse donde están las fortalezas de este genio de la literatura llamado Jorge Luis Borges. En estos comentarios generales sólo se repite una vaguedad tras otra, una seguidilla de lugares comunes que no acotan en lo más mínimo el universo borgiano. Son muy pocos los que se detienen a analizar un detalle concreto de alguna de sus obras, dejando así al lector tan ignorante como al principio. Aunque, desde luego, deslumbrado ante las alusiones altisonantes del articulista. El problema se explica por sobre todo, porque la obra literaria de Jorge Luis Borges no es de interpretación ni de lectura fácil, y se requiere de una dosis importante de esa llamada “competencia literaria” para entrar en su laberinto. Un cuento de Borges no se lee como un cuento de un autor convencional, sujeto al canon tradicional del género. En los cuentos de Borges el lector tiene que trabajar, poner de su parte, porque suele perderse, y en muchos párrafos necesita volver atrás para reinformarse de lo que allí se cuenta. Trabajo que lectores ni críticos de nuestro tiempo se dan, y por eso sus comentarios no pasan más allá del nivel del “comentólogo” que raya en la pedantería. Los cuentos de Borges se adentran siempre por caminos llenos de curvas y cuestas abismantes, buscando la novedad, buscando de algún modo cuestionar, remecer los paradigmas que perviven en el imaginario del lector. Las historias de Borges no tienen principio ni fin, en el sentido que habitualmente le damos a una historia. Tampoco trasuntan metafísica, en el sentido literal del término. Avanzan siempre hacia lo fantástico, pero sin caer en ese género propiamente tal, desconcertando al lector con un desarrollo escabrosamente racional, frío, metálico, rigurosamente elaborado, adquiriendo así un carácter literario que ningún otro escritor de su tiempo ni de su lengua alcanza todavía. Por eso más de alguien ha dicho que Borges es el escritor más literario de todos los tiempos. Aunque explicar lo que “literario” significa, bien podría extraviarnos en un ensayo de mil páginas sin la seguridad de definir el término. Aquí, tendríamos que conformarnos con decir que “literario” es todo texto que se construye bajo el convencimiento de que es una mentira deliberada, recreada por una mente capaz de ordenarla para provocar al lector. Todo ha sido previamente seleccionado con un propósito, con un fin. Tal vez por eso que al lector corriente le cuesta leerlo, y de hecho no lo lee, y tienen que pasar algunos años para empezar a comprender, y más que eso, a disfrutar la literatura de Borges. El uso del idioma en sus obras es medido, comprimido, sin aspavientos lingüísticos tendientes a deslumbrar al lector con adjetivos artificiosos. Es un castellano que contiene la influencia inequívoca del uso de otras lenguas más precisas y más breves que la nuestra. Es una prosa que sintetiza, donde cada palabra alcanza un sentido matemático, por eso si el lector no está atento, se pierde, porque una palabra de Borges contiene la información que antecede a la que vendrá, y sobre la cual el texto no volverá otra vez en el futuro. Leer a Borges es lo que llaman hoy, en computación, defragmentar, descomprimir para luego recomponer un hecho puntual. El cuento “Emma Zunz” podría servirnos de plataforma para concretizar lo que hasta aquí estoy tratando de decir. Se trata de una historia que se va descomprimiendo palabra tras palabra para llegar a un final que reordena el cuento tal y como si nos lo hubiesen contado de manera lineal. El narrador va entregando en pequeñas gotas lo que sabe, abriendo así núcleos narrativos que resumen la vida entera de Emma con una economía de lenguaje impresionante, creando a su vez una atmósfera cargada de misterio e incertidumbre. Una historia que parece desinformada (al principio no entendemos mucho), pero que informa todavía mejor que si la información la entregara completa. Y si bien después de una vez conocido el plan de Emma éste puede resultar macabro, dada su complejidad y su orden meticulosamente premeditado, al final termina por liberar ese deseo de venganza que ha generado en el lector, convirtiéndose la consumación del crimen en un triunfo de la moral, por sobre el pecado. Es indudable que la configuración del cuento es magnífica, y que tal vez sea este uno de los grandes cuentos de El Aleph (1949), donde se advierte que cada palabra, cada idea, ha sido escogida y ordenada por el autor. Es decir, existe un orden racional previo a escribir la historia que Borges descompone en un puzzle para que lo vuelva a armar el lector con su propia imaginación. Desde luego, este trabajo de ordenar y reordenar es el que no puede hacer un lector sin competencia literaria, y es posible que abandone su lectura bajo el convencimiento de no haber entendido el cuento, sin comprender que por allí está la pillería, la jugarreta, el gran ludo maestro de Jorge Luis Borges. ** Miguel de Loyola deloyola@hotmail.com Escritor chileno (San Javier, región del Maule). Realizó estudios universitarios en la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde se tituló de profesor de estado con mención en castellano en 1981, y obtuvo en 1994 el grado de magister en letras con mención en literatura. En esa misma casa de estudios obtuvo sus primeros premios literarios entre 1978 y 1981. Participó en el Taller Literario de Roque Esteban Scarpa y Alfonso Calderón, y más adelante en el de José Donoso. En 1981 obtuvo un primer lugar compartido en el concurso literario de la revista La Bicicleta. Ha publicado el libro de cuentos Bienvenido sea el día (edición del autor) y la novela Despedida de soltero (Lom Ediciones). Es secretario de redacción de la revista literaria Proa y miembro del Círculo de Críticos de Arte de Chile. También es editor de Ensayo y Crítica Literaria de Letrasdechile.cl. === La zonificación en el ejercicio de la función sexual ================== === Cruz Yayes Barco ====================================================== Al igual que en el fútbol, en el ejercicio de la función sexual tenemos que establecer la zonificación: una Zona de Seguridad, Zona de Creación y una Zona de Definición. La Zona de Seguridad comprende la eliminación de ansiedades, miedos, culpas y odios. Tenemos que vivir la sexualidad desde una plenitud de amor, confianza, respeto y comunicación con la pareja. Siempre es conveniente dentro de esta zona el buen uso de los preservativos y aun más si se trata de una relación con una extraña. Se debe cuidar aun con la propia pareja de los embarazos no deseados. Asegurarse para nuestra propia salud sexual y de la pareja que la relación sea de mutuo acuerdo. Desplegar toda la acción en la preparación de la pareja. Si somos hombres o mujeres no olvidarnos del enfoque de género. La Zona de Creatividad representa, para la pareja y para sí mismo, jugar a las estimulaciones (dar y recibir) teniendo en cuenta el lado fuerte y el débil, las zonas erógenas, las preferencias, los cambios y combinaciones de posiciones. Dejarse llevar por el lenguaje gestual y actitudinal de la pareja y hacer lo mismo al pasar de activo a pasivo durante el desarrollo del juego en su momento creativo. Hacer uso cuanto sea necesario y cuantas veces sea necesario del lenguaje verbal. Comunicación es poder para el triunfo y para superar fracasos. La Zona de Definición exige el no abandono del balón, tiene que ponerse en funcionamiento la fase de ataque y defensa para hacer efectivo el gol, que en este caso es el orgasmo de la pareja y el nuestro. Puede que sea el de ella primero y después el nuestro, simultáneo o primero el nuestro, siempre y cuando podamos centrar, hacer toques cortos y nunca asumir la conducción que nos pueda poner fuera de juego por posición adelantada. De allí que debemos integrar a la pareja desde el comienzo en el bloque y hacer con ella un escalonamiento. Durante todo el desenvolvimiento de la función sexual, debemos hacer la pausa, los cambios de juegos, salir por el lado débil, insistir sobre el estado de agresividad-amorosa, acariciante. Mantener un adecuado grado de concentración, siempre con la disponibilidad de dar y recibir estimulaciones. Tenemos que superar la actitud machista y romper con el ciclo de la ignorancia sexual. Operamos a través de la convivencia estable y fiel de la pareja los mecanismos de seguridad, ya que el no tener una opción de paso nos hace establecer con la pareja una verdadera llave a favor de los goles efectivos del orgasmo como indicador de salud, bienestar y felicidad. En el ejercicio de la función sexual no vale el ataque tres contra uno ni dos contra uno, aunque sí el de zona-marcación uno contra uno y saber que la ciencia y la tecnología, con ingredientes de valores morales, ayudan a superar y mejorar el sistema de juego. ** Cruz Yayes Barco yayesoci@hotmail.com Escritor, filósofo y sexólogo venezolano (San Fernando de Apure, 1952). Reside en San Cristóbal (Táchira). Locutor y productor de programas de radio, eventos y otras actividades enfocadas en la difusión de la salud sexual y la prevención del sida. Licenciado en filosofía por la Universidad del Zulia (LUZ, http://www.luz.edu.ve, 1976) con un máster en ciencias mención Orientación de la Conducta, por el Centro de Investigaciones Psiquiátricas, Psicológicas y Sexológicas de Venezuela (1988) y un certificado de planeación pastoral por el Instituto Teológico Pastoral del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM, http://www.celam.org) y la Secretaría Permanente del Episcopado Venezolano (SPEV, 1988). Trabaja como planificador y orientador para la Universidad Nacional Experimental del Táchira (Unet, http://www.unet.edu.ve). |||||||||||||||||||||||||||| ENTREVISTAS |||||||||||||||||||||||||||| === Rubén Bonifaz Nuño y Aguascalientes Marco Antonio Campos ========= Rubén Bonifaz Nuño (Córdoba, Veracruz, México; 1923) es ensayista y poeta. Licenciado en derecho, obtuvo la maestría y el doctorado en letras clásicas en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx). Es autor de los libros de poesía La muerte del ángel, Los demonios y los días, El manto y la corona, Fuego de pobres, El ala del tigre y La flama en el espejo, entre otros. Entre otros cargos, ha sido director de la Dirección General de Publicaciones; creador de los centros de Lingüística Hispánica de Traductores de Lenguas Clásicas y de Estudios Mayas; director de la colección Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana; director del Seminario de Estudios para la Descolonización de México; miembro de la Junta de Gobierno de la Unam y presidente de la Sociedad Alfonsina; ha obtenido, entre otras distinciones, la de doctor honoris causa en 1985 por la Unam y en 1992 por la Universidad Veracruzana (UV, http://www.uv.mx); el Premio Internacional Alfonso Reyes 1984; el Premio Jorge Cuesta 1985; el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde 2000; el Premio Francisco Javier Clavijero 2004 y la Medalla Rosario Castellanos 2005. Obtuvo el Premio de Poesía del Mundo Latino Víctor Sandoval, junto con el poeta colombiano Juan Manuel Roca. Ambos lo recibirán en el mes de octubre en Aguascalientes. Esta entrevista fue proporcionada por el Centro de Investigación y Estudios Literarios de Aguascalientes “Fraguas”. Primero que nada quisiera decir que estoy muy agradecido con Aguascalientes, porque yo estaba lleno de dudas sobre mis posibilidades literarias, y en esa ciudad se empeñaron en demostrarme que yo era buen escritor. En 1945, cuando tenía 21 años, concursé en los Juegos Florales que se organizaban año con año en abril en la ciudad de Aguascalientes coincidiendo con la Feria de San Marcos. Ese año gané el cuarto premio, un accésit al primer tema, y fue el motivo que me llevó a esa ciudad. Sacó el primer premio Antonio Esparza, poeta poblano, excelente versificador, quien después publicó un solo libro. Ganó el segundo Jesús Reyes Ruiz, que era muy buen poeta, fuerte en escribir poesía cívica, y el tercero fue para Miguel Álvarez Acosta, poeta muy bueno, quien sólo publicaría también después un bello libro (Nave de rosas antiguas) en Cuadernos Americanos. Con Reyes Ruiz y Álvarez Acosta hice una inmediata gran amistad. Gané los Juegos Florales de Aguascalientes en 1946, 1947, 1950 y 1958. Acción ritual de las reinas de los Juegos Florales era, después de entregar los premios a los poetas triunfadores, darles a besar su mano. La reina de la feria en 1946 era una joven llamada Alma Tiscareño y en 1950 otra llamada Haydeé Romero. Eran bellezas deslumbrantes. En aquel 1945 conocí a grandes maestros que me orientaron toda la vida. Me fue importantísimo Agustín Yáñez, quien escribió una página definitiva para mí en su revista Occidente, en el número de septiembre-octubre de ese año. En ella describe el largo viaje en ferrocarril a San Luis Potosí, luego en coche a Aguascalientes, y los días que permanecimos en esta ciudad. Recordaba, por ejemplo, cómo me paseaba solo por las calles y jardines solitarios y parecía hablar conmigo mismo; que tomaba y tomaba notas en un cuaderno, pero lo que más le impresionó fue cuando subí al proscenio del teatro a decir mis versos, y el contraste que había entre mi forma de decir versos con la de los otros poetas, excelentes declamadores, el cual contraste “era mayúsculo”. Con afectuosa generosidad que entonces yo pensé que era justicia decía, lo recuerdo de memoria, que en el momento en que yo recitaba le parecía estar frente a un iluminado en momentos de liberación, ajeno a toda circunstancia; que más que un hombre de carne y hueso parecía un fantasma inmóvil, que dejaba el espacio a la pura poesía, y ésta cobraba fuerzas mágicas, vibraciones y resonancias de misterio. Yáñez me haría asimismo muchos años más tarde el honor de contestarme el discurso cuando entré en la Academia Mexicana de la Lengua. Conocí también (formó parte del jurado) a Gabriel Méndez Plancarte, quien en una hora me dio una espléndida lección de todo lo que es posible saber sobre cómo escribir un soneto. En mi vanidad, en mi torpeza, le pregunté en el hotel París, donde nos hospedábamos jurados y premiados durante una semana, por qué razón le daban el primer premio a Antonio Esparza, si sólo mandó tres sonetos, y a mí, que mandé diez, me otorgaban el cuarto. “Porque los sonetos de Esparza están bien hechos”, me contestó. Méndez Plancarte me explicó, entre otras cosas, que en los versos de los sonetos de Esparza no había asonancias internas, ni versos terminados en agudas, ni eran asonantes las rimas de tercetos y cuartetos. Tan bien aprendí la lección, que al año siguiente, 1946, mandé a los Juegos Florales tres poemas, en sonetos la mayor parte. Por mis tres poemas me dieron los tres primeros premios, pero como era excesivo, el segundo y el tercero los agruparon en el segundo, y el tercer premio se lo dieron a Álvarez Acosta. En esa ocasión tuve el supremo deleite de besar dos veces la mano de Alma Tiscareño, que me impuso los dos premios: la Flor de Oro del primero, y una placa de oro y plata por el segundo. Uno de esos días de abril de 1945 llegó a sentarse Antonio Castro Leal a una mesa del café o restorán del Hotel París. Estaban Agustín Yáñez, Gabriel Méndez Plancarte, Carlos Pellicer, los poetas premiados, Fanny Anitúa y su discípula Oralia Domínguez, de quien por cierto estuve enamorado sin que ella lo supiera. Alguien empezó a leer uno de mis poemas de La muerte del ángel, el poema que me posibilitó el accésit a los premios. Castro Leal se fijó en una estrofa, la cual mereció su elogio. Pellicer me dijo: “Muchachito, usted ha recibido un elogio de Antonio Castro Leal; guárdelo en su corazón”. Y lo he guardado tanto, que en este momento, 62 años después, se lo estoy diciendo. En aquellos años de los cuarenta los jurados eran muy distinguidos. Nada más piense lo que era ser premiado por Carlos Pellicer, Antonio Castro Leal, Xavier Villaurrutia, José Gorostiza, Jaime Torres Bodet, Julio Jiménez Rueda o Agustín Yáñez. Aguascalientes era una ciudad preciosa. En aquel 1945 las caminatas las hacía solo porque en ese tiempo yo no tenía amigos allí, ni nadie me conocía. Mi camino era del Hotel París, situado en Plaza de Armas, siguiendo la calle, que me dice usted que se llama Venustiano Carranza, y que llevaba al Jardín de San Marcos. Aún recuerdo las gigantescas pilastras de piedra rosada y el jardín que entonces —no sé ahora— estaba sembrado en su mayoría de rosales. En el jardín me pasaba las horas. En días de la feria había corridas de toros, peleas de gallos, espectáculos de palenque y todo tipo de juegos de apuestas. Una vez, con Agustín Yáñez, estábamos viendo una pelea de gallos, y se acercaron unas niñas religiosas. Le pregunté a Yáñez, pretendiendo ser bromista: “¿Y también ellas van a pelear?”, y él muy serio me contestó: “No, vienen a pedir dinero para su convento”. En abril se llenaba de puestos el exterior del Jardín de San Marcos. En ese tiempo los homosexuales no se lucían como ahora. A un lado del jardín había dos puestos de enchiladas manejados por jotos y las gentes decían con curiosidad: “Vamos a verlos”. En 1946 el ambiente me fue más familiar. Ya tenía buenos amigos, como el famoso tipógrafo y grabador Francisco Díaz de León, y los poetas Jesús Reyes Ruiz, Miguel Álvarez Acosta y Pedro Caffarel Peralta. Mis amigos poetas ganaban todos los concursos, y cuando participaba yo, se conformaban a veces con los segundos premios. Caminaba con ellos y saludábamos a todo mundo. Pude, en la calle, estrechar la mano de grandes toreros como Alfonso Ramírez, el Calesero, y Rafael Rodríguez, el Ciclón de Aguascalientes. En mis idas a esa ciudad sólo asistí a dos corridas de toros: en una actuó Luis Procuna y en la otra Rafael Rodríguez. ¿Me pregunta si advertí con los años cambios físicos en la ciudad? Recuerdo uno fundamental: en 1945, la catedral tenía una sola torre; al año siguiente la segunda estaba construida a la mitad y en 1950 ya estaba terminada. Pero el Jardín de San Marcos siguió siendo, hasta 1958 cuando gané mis últimos juegos florales, el jardín maravilloso de siempre, y el barrio de El Encino el lugar donde paseaba con los amigos, especialmente con Francisco Díaz de León. Don Francisco era tan conocido en Aguascalientes, lugar de su nacimiento, que los mariachis cantaban canciones en su nombre. Recuerdo una cuarteta: “Por el barrio de El Encino / va don Pancho Díaz de León, / entonando sus canciones / y tocando su acordeón”. Díaz de León, como grabador, ganó el Premio Nacional de Artes; me hizo la distinción de diseñar tipográficamente años después la primera edición de El manto y la corona. En la ciudad, entre los organizadores de los Juegos Florales, conocí también a otro gran señor. Se llamaba Alejandro Topete del Valle, quien creó el escudo de Aguascalientes, gracias a que ganó el concurso convocado con esa finalidad. No sé si fue en 1946. Recuerdo también como algo muy emocionante los domingos en Plaza de Armas cuando los muchachos y las muchachas caminaban en sentido contrario, muy despacio, alrededor de la plaza. Como ya dije volví a ganar en 1947 y 1950. Luego, en 1958, cuando se cumplieron los 25 años de esos Juegos Florales, convocaron a un concurso especial en el cual entrarían los poetas laureados en tales años; participé, por cierto, y lo gané, con un poema de El manto y la corona. Eran tan bien dotados los premios de los Juegos Florales (no sólo en Aguascalientes) que yo viví algunos años gracias a lo que en ellos ganaba. En ese tiempo era un dineral. Por decirle, en 1946, cuando me dieron los dos primeros premios gané 2.500 pesos. Al enterarse mi padre de eso, se asombró, porque nunca en su vida vio 2.500 pesos juntos. Él era telegrafista y su sueldo debía ser de 150 pesos mensuales; con eso debió mantener a toda la familia. En 1950 gané en Aguascalientes 2.000 pesos. Era yo invenciblemente tímido. Me tortura y me avergüenza recordarlo. Alma Tiscareño, la reina de 1946, trabajaba —no sé si exista aún— en un lugar llamado La Casa de Vidrio. Ella me citó en su trabajo, y de puro miedo, no fui. En una ocasión en 1950 Haydeé Romero iba caminando sola por una de las calles de Aguascalientes, y yo empecé a seguirla, ella caminó más lentamente, tal vez para que yo la alcanzara. No me atreví a hacerlo. La seguí hasta su casa. En esa edad sufría ya indeciblemente por las mujeres. Desde 1958 no he vuelto a Aguascalientes. Sin embargo puedo decirle otra vez abiertamente que si soy poeta se lo debo a esa ciudad. Si no me hubieran premiado, si Yáñez no hubiera escrito esa página que me tocó el alma, me hubiera dedicado a otra cosa, quizá a ser abogado, para lo que estudié. Tuve una juventud desdichada pero Aguascalientes fue la felicidad de esa juventud. ** Marco Antonio Campos Poeta, narrador, ensayista y traductor mexicano (México, D.F., 1949). Ha publicado los libros de poesía Muertos y disfraces (1974), Una seña en la sepultura (1978), Monólogos (1985), La ceniza en la frente (1979), Los adioses del forastero (1996) y Viernes en Jerusalén (2005). Ha traducido libros de Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, André Gide, Antonin Artaud, Roger Munier, Emile Nelligan, Gaston Miron, Gatien Lapointe, Umberto Saba, Vincenzo Cardarelli, Giuseppe Ungaretti, Salvatore Quasimodo, Georg Trakl, Reiner Kunze, Carlos Drummond de Andrade. Ha obtenido los premios mexicanos Xavier Villaurrutia (1992) y Nezahualcóyotl (2005), y en España el Premio Casa de América (2005) por su libro Viernes en Jerusalén. En 2004 se le distinguió con la Medalla Presidencial Centenario de Pablo Neruda otorgada por el gobierno de Chile. === Jorge Marchant Lazcano ================================================ === Nuestras novelas son una promesa de mejor vida ======================== === Lilian Fernández Hall ================================================= LFH: Jorge, acabas de obtener el Premio Altazor en la categoría Narrativa por tu novela Sangre como la mía (Alfaguara, 2006). ¿Qué significado tiene este Premio para ti? JML: El Premio Altazor me llega en un momento muy especial de mi vida como escritor. En 1977 apareció la edición argentina de mi novela La Beatriz Ovalle, lo que significa que estoy cumpliendo 30 años de trabajo literario, levemente interrumpido en algún momento por mi desempeño en televisión. Pero la literatura siempre estuvo presente como el objetivo final de mi vida. El hecho de que los propios escritores nacionales premien al autor y a la novela más relevante del año anterior, le da a este galardón un significado extra. Hay sin duda un reconocimiento que me era necesario porque, en muchos momentos de mi carrera, me he sentido infravalorado: tengo la sensación, compartida con algunos críticos, de que mi obra no se ha valorado suficientemente, no por falta de calidad, sino por alguna razón mediática ajena, entre las cuales podría caber, precisamente, mi trabajo en el area dramática de Televisión Nacional. En los años 80 no me perdonaban que escribiera teleseries. Hoy, felizmente, muchos talentosos escritores jóvenes pueden trabajar en ese espacio que yo les abrí, sin culpa ni castigo alguno. —Tu novela aborda el tema de la homosexualidad. ¿Qué piensas acerca de las “etiquetas” en la literatura? ¿Existe una “literatura gay”? Ser homosexual y escribir una novela gay ¿le da otra dimensión al tema? —Sin duda que mi visión como escritor homosexual le da otra dimensión a la historia que estoy contando. E. M. Forster no habría escrito Maurice si no hubiese tenido determinados sentimientos, ni de no haber amado hombres, ni Mishima habría escrito Confesiones de una máscara, ni James Baldwin habría escrito El cuarto de Giovanni, ni Alan Hollinghurst habría escrito La línea de la belleza, todas obras comprometidas con la condición humana de sus autores. Es cierto también que otros escritores se han enmascarado detrás de textos como El retrato de Dorian Gray o de El lugar sin límites, e incluso A la búsqueda del tiempo perdido. En la primera mitad del siglo XX, los escritores homosexuales debieron abrirse camino con un rótulo secreto. Vivieron en medio de la represión y la oscuridad (incluso, muchos de ellos, como Somerset Maugham, tras lo sucedido con Oscar Wilde, vivieron aterrados de que sus nombres fueran asociados con la homosexualidad. Somerset Maugham jamás escribió sobre este tema). Autores de la magnitud de Gide, de Thomas Mann, de Cocteau, de Yourcenar, constituyen la primera avanzada de lo que más tarde se conocería como cultura gay, una literatura creada sobre el doble juego de la culpa y la justificación. Con sus talentos son capaces de crear redes de alusiones. Oscurecen el significado de sus textos cuando les parece adecuado para escapar de la censura. De acuerdo a esto, por cierto existe una “literatura gay” aunque la mayoría de las obras antes mencionadas escapan por completo de esa definición y entran en la categoría de gran literatura a secas. Existe también el riesgo de confundir los terrenos e involucrar dentro de los mismos márgenes a unos textos comerciales semi-pornográficos (o decididamente pornográficos) que se comercializan en Europa y los Estados Unidos para lectores interesados en la diversión, por lo que hay que tener mucho cuidado en este aspecto. Las nuevas novelas que se están escribiendo al respecto, oscilan entre el goce de las libertades adquiridas y la constante reivindicación. Esta nueva literatura que, por mi parte, comparto con un David Leavitt o un Fernando Vallejo, ya no necesita burlar al oficialismo pero hereda la permanente necesidad de afirmar una identidad. Leo estas palabras de Susan Sontag en su recién publicado diario y me identifico plenamente con ellas: “Mi deseo de escribir está relacionado con mi homosexualidad. Necesito la identidad como un arma, para enfrentarla al arma con la que la sociedad me amenaza”. —¿Es más difícil que sea aceptada una novela con temática gay en América Latina que en Estados Unidos o en Europa? —Sí, yo creo que es más difícil que en América Latina se acepten estas obras que en Europa o los Estados Unidos, a pesar de la diversidad de voces que ha surgido en nuestro continente a partir de mediados del siglo XX. Reinaldo Arenas, Severo Sarduy, Lezama Lima, Virgilio Piñera en Cuba, Manuel Puig en la Argentina, Luis Zapata en México, Fernando Vallejo en Colombia, Pedro Lemebel en Chile, e innumerables voces ricas, variadas, imaginativas, rompedoras de esquemas y lenguajes. Pero frente a esta exhuberancia idiomática y temática, se opone la omnipresencia de la Iglesia Católica de Latinoamérica y su red de influencias que abarca diversos ámbitos del quehacer cultural. Eso hace que nuestras voces disminuyan cuando no se logra que desaparezcan del todo. Felizmente, sospecho que en los países más progresistas de América Latina —léase Argentina, Uruguay, Brasil, Chile—, hay una notoria liberación de las costumbres que ayudará a una mejor difusión del arte en general. El fin de las dictaduras, leyes de divorcio (¡al fin en Chile!), conformación de movimientos homosexuales exigiendo igualdad ante la sociedad, la revolución de la juventud por mejor educación, el rechazo al armamentismo, a los militares y a las fuerzas policiales, son señales intermitentes de luz verde. —Cuando se habla de una novela con tema gay quizás muchos piensen que la sexualidad estará en primer plano, pero ésa no es mi impresión con tu novela. ¿Qué piensas tú al respecto? —Esto tiene algo que ver con lo que te respondía a una de las preguntas anteriores. Muchas veces la literatura gay se confunde con textos semi-pornográficos (ojo, no tengo nada contra la pornografía pero no en literatura) de fuerte genitalidad y excesos de actos sexuales. Por otra parte, los escritores anglosajones de mi generación o más jóvenes, suelen enfatizar también la sexualidad especialmente homoerótica, tal vez porque han estado desde mucho antes expuestos a la liberación de las costumbres. Ahora, respecto a mi novela es cierto lo que tú señalas e incluso Camilo Marks, el crítico de El Mercurio, la compara con la película de Douglas Sirk, Written on the Wind, en relación al “sentimentalismo desbocado de sus incidentes, ligado a un extraño tono represivo” que sería también tónica de mi novela. Yo creo que tiene toda la razón. Desde los primeros borradores me planteé una obra en cierta forma contenida, que no se desbordara por los costados. Los personajes del pasado están por cierto despojados de grandes pasiones, aunque tal vez no habría estado mal que los hombres jóvenes del presente hubiesen exteriorizado más sus sentimientos. De cualquier forma, el intenso momento en que James Dean tiene sexo oral con uno de mis protagonistas en un cine de la calle 42 en el New York de los años 50, quizás desmienta todo lo antes dicho. —Como homosexual en los años ’50 y ’60, se estaba condenado a una marginalidad, a una no-existencia o una existencia en el margen, en algunos espacios, si no aprobados, por lo menos tolerados. ¿Sucede lo mismo hoy en día? —Sin duda las cosas han cambiado. Te voy a contar de mi experiencia. Yo crecí educándome en un colegio católico tradicional chileno en los años ‘50 y ‘60, con sacerdotes que le daban vuelta la espalda a la realidad (jamás, por ejemplo, se nos habló de la Revolución Cubana que estaba sucediendo por esos años) y se pretendía en cambio convertirnos en “líderes cristianos”, en lo posible con vocación de santidad. En la mayoría de los casos fallaron. En ese mundo cerrado y machista, la sexualidad no tenía ninguna cabida. Muchísimo menos la diferencia. En mi adolescencia, fui constantemente molestado por un profesor de gimnasia por mi incapacidad para hacer determinados ejercicios y el sujeto me bautizó como “la dama de las Camelias” (¡qué nombre tan rebuscado!). Yo utilicé esa anécdota en un cuento que se publicó posteriormente en inglés en una antología de ficción gay latinoamericana. El cuento se llamó “Matar a la dama de las Camelias”. En consecuencia, viví toda mi adolescencia con mi sexualidad totalmente encubierta, sin posibilidad alguna de enfrentar a mis padres, ni a mis maestros, bloqueado por el miedo. El terror a ser descubiertos en tu condición sexual nos convertía en seres introvertidos, melancólicos, vulnerables, buscando desesperadamente una seña de identidad que más tarde descubriríamos a través del cine y la literatura, y mucho después, en contacto con personas similares a uno. Hoy en día, si a un muchacho lo molestara de esa forma un estúpido profesor de gimnasia, lo denunciaría a las autoridades. —En cuanto a la situación de los homosexuales y la prevención del sida, ¿cómo es la situación en Chile en este momento? —La situación de los homosexuales en la sociedad chilena ha cambiado en alguna forma, especialmente gracias a cierta movilidad social de organizaciones gay, pero esto a una escala muy limitada. Tan limitada como la voz de algunos pocos escritores como Lemebel, Simonetti o yo mismo. En rigor, la homofobia está presente en la mayor parte de las actividades nacionales. Una encuesta realizada por la Universidad de Chile en 2006 arroja que el 50% de los habitantes de la ciudad de Santiago estima que “los médicos deberían investigar más las causas de la homosexualidad para evitar que éstos sigan naciendo”. El 43% se mostró favorable a la idea de que a los homosexuales no debería permitírseles ser profesores de colegios. ¡Alarmante! ¿No? Los pocos homosexuales que dan la cara, suelen ser figuras de la televisión relacionadas con la farándula, sin opiniones serias, los cuales entran en el juego mediático permitiendo que los demás se sigan riendo de ellos mismos. Existe algo más grave aun. La homofobia que presentan los propios homosexuales, especialmente aquellos provenientes de la clase media y alta, quienes desvalorizan a “las locas” y a los travestis, por considerarlos indignos, seres inferiores a ellos mismos. En general, creo que la prensa no tiene para nada las cosas claras, y el calificativo de “maricón” suele ser usado como sinónimo de traidor o sospechoso. En cuanto a la prevención del sida, tema que, a mi juicio, escapa por completo de la pregunta, por cuanto ya sabemos que este es un problema de salud pública en general, no existe en Chile ninguna campaña de prevención seria y sostenida. Cada tantos años aparece alguna campaña, inconsistente y deslavada, y como si esto fuera poco, boicoteada sistemáticamente por la Iglesia Católica, la cual prohíbe su difusión en los canales de televisión católicos. —La llegada de las medicinas que frenan el virus ha producido una cierta conformidad en la conciencia colectiva. El sida ya no es una enfermedad mortal, queremos creer. Sin embargo, aunque más lentamente, la gente muere igual, y son cada vez más los portadores del virus, sobre todo en el tercer mundo. ¿Qué se debe hacer para sacudir la conciencia de la sociedad, para que el tema del VIH vuelva a tener protagonismo en las conciencias tanto de los gobernantes como en las de la gente común? —Remitirse a las espantosas estadísticas. Si las autoridades médicas y gubernamentales de todo el mundo —y los seres humanos en general— no nos movilizamos, en los próximos 14 años 45 millones de personas van a morir, más que las víctimas de Hitler y de Stalin juntos, tal como lo señalan en los Estados Unidos. En estos momentos, una víctima se infecta cada 8 segundos y tres millones morirán este año en el mundo. A 25 años de la detección del sida, África es un continente marcado por la orfandad y el dolor. Son 25 años marcados por la negligencia. Nadie fue tan inmoral como los moralizadores religiosos de distintas tendencias, quienes veían al sida como una especie de revancha de la naturaleza (en un comienzo, el castigo de Dios contra los homosexuales). En países como Chile, se sigue ligando necesariamente al sida con la homosexualidad, como me ha sucedido a mi en relación con Sangre como la mía. Aunque viéndolo de otra forma, no deja de ser interesante que mi novela permita esta discusión extraliteraria. —¿Tienen los escritores una responsabilidad especial en este punto? Tú has dicho que un escritor gay tiene la obligación moral de tocar temas como el sida y la discriminación. ¿Sigues pensando lo mismo? —Yo no puedo hablar por todos los escritores, ni siquiera por los escritores gay. Sólo hablo a partir de mi trabajo narrativo. Tal vez me propasé al hablar de una responsabilidad moral en general. Estoy muy satisfecho con el texto de Sangre como la mía y creo que, al margen de sus cualidades literarias, ha realizado un importante aporte —especialmente en Chile— respecto a la situación del sida, especialmente como una catástrofe del ser humano de nuestro tiempo. Una catástrofe tan espantosa como el Holocausto. Por eso, en alguna ocasión dije que el sida era como el holocausto de los homosexuales, por cuanto ellos habían sido las primeras víctimas. Por otra parte, la enfermedad engrandeció a quienes la padecieron y a quienes estaban cerca de un enfermo. Había —hay que ser— muy valiente para enfrentar este sufrimiento, este aislamiento, esta vergüenza, tal como lo hacen sentir los demás. —Tú hablas de la caída de la cultura gay durante los años 80, a raíz de la tragedia del sida. ¿En qué consistía esa cultura? ¿Está realmente extinguida? —La aparición del sida a comienzos de los años 80 significó la abrupta interrupción de un modo de vida, especialmente en los Estados Unidos y en Europa, que solemos llamar “cultura gay”. Como no soy historiador, me remito a la voz del joven narrador del siglo XXI de Sangre como la mía. Daniel dice “fuimos la primera generación de homosexuales libres. Creamos como única opción un gueto en algunas grandes ciudades norteamericanas, donde no sólo desarrollamos nuestra aventura sexual, sino también un posible radicalismo político y cultural”. O a la alarmante advertencia que hizo Allen Ginsberg en 1972 y que también reproduzco de la novela: “Si hay demasiada tensión neurótica por el desmadre, la ruptura, y aun por la liberación gay, esto hace que todo sea excesivamente tenso, y la ligereza del amor se pierde. Lo cual quiere decir que, tarde o temprano, el movimiento de liberación gay tendrá que aceptar las limitaciones del sexo”. Las voces más conservadoras en los Estados Unidos hablan del fin de aquella supuesta “cultura gay”, y su asimilación por el sistema. El matrimonio entre parejas gay sería una consecuencia de esa asimilación, lo que suena como un triunfo o como una amenaza. No conocemos las consecuencias de esta nueva vida planteada en el mundo civilizado. Porque acá, en esta otra parte del mundo, en el tercer mundo, todo sigue prácticamente igual. Acá, discoteques más o discoteques menos, saunas más o saunas menos, todo sigue en el mismo estado salvaje o inocente, anterior al sida. —Tú hablas de la hipocresía y de la doble moral de la Iglesia en términos muy duros. ¿Por qué la Iglesia sigue teniendo tanta influencia en América Latina, y en países como Chile, al cual se lo señala como uno de los más progresistas de América Latina? —Es algo, a mi juicio, inexplicable. Pero resulta irritante la forma como la Iglesia Católica está constantemente interfiriendo en la vida civil de Chile. Si sale una ley de divorcio, de inmediato está la Iglesia Católica emitiendo juicios, o si el gobierno de Michelle Bachelet entrega la píldora del día después a las adolescentes, la Iglesia Católica está censurando y pidiendo explicaciones. Claro, la Iglesia Católica hace pagar caro el apoyo a los perseguidos durante la dictadura militar. Además, en el mismo conglomerado de gobierno está la voz discrepante de la Democracia Cristiana que más se parece a la voz de la derecha. Tal vez todo esto tenga que ver con el alarmante poder de una derecha conservadora y tremendamente reaccionaria. No debe olvidarse que en Chile, como en gran parte de Latinoamérica, los grandes medios de comunicación están en manos de esa derecha. Cualquier progresismo está perdido ante alianzas tan poderosas. —En un momento de tu novela, uno de los personajes, refiriéndose al VIH, dice: “Es extraño que, en cierta forma, haya sido una epidemia la que aceleró esta conciencia, confiriéndonos de paso una curiosa forma de dignidad, que antes no teníamos” (p. 128). ¿A qué te refieres con ésto? ¿De qué manera la enfermedad, aun indirectamente, puede otorgar dignidad? —La dignidad por el dolor. La enfermedad dignificó a los homosexuales en el dolor, porque tal como lo dijo Susan Sontag, “la enfermedad es el lado nocturno de la vida”. En medio de la larga noche de los años 80, ya no éramos tan alegres, tan ligeros, tan irresponsables, tan infantiles incluso. Ese es uno de los grandes objetivos que me planteé al escribir Sangre como la mía. —Para algunos de los personajes de tu novela, sobre todo los que viven en Chile, la homosexualidad es todavía algo sucio y pecaminoso. A pesar de ser abiertamente homosexuales, se sienten fracasados, inútiles, “sucios” (1). Siguen, a lo largo de toda su vida, atormentándose por esta decisión y el sentimiento de culpa los persigue. ¿Cuál es el origen de este sentimiento de culpa tan fuerte? —Esa sensación de suciedad, pecado y culpa la he querido plantear precisamente en las primeras generaciones de homosexuales de mi novela. Más concretamente en los puntos de vista del reportero de la revista Ecran y de Daniel Morán. Por otra parte, ambos son personajes relativamente frustrados, con poco o ningún estudio, incapaces de establecer relaciones afectivas, terriblemente solitarios. Pagarán muy caro por esta falta de compromisos emocionales. Creo que ambos son consecuencia de una época que los marcó en forma negativa. Si en mi infancia y adolescencia todo era cerrado, imagínate lo que habría sido para esos hombres criados en los años 40, en un país completamente provinciano, con una Iglesia aun más conservadora. Lamentablemente, creo que aun hoy, en muchos homosexuales, sigue existiendo esa falta de compromisos emocionales, como si algo fallara dentro nuestro, fuéramos incapaces de crecer, y nos dominara el egoísmo. El síndrome de Peter Pan, que puede ser muy estimulante porque parecemos no envejecer, pero que nos convierte al mismo tiempo en eternos adolescentes. —Tú rescatas en tu novela (2) un paralelismo muy audaz: entre los gays y los judíos, y has mencionado la comparación del Holocausto con los millones de muertos a causa de la tragedia del sida. ¿Qué opinas acerca de este punto de vista? Se me ocurre que es muy controversial, ¿has recibido comentarios al respecto? —Sin duda —como te lo comentaba antes— es uno de los puntos más interesantes de mi novela. El sida fue, ha sido, sigue siendo, una verdadera condena para el amor homosexual. Parejas destruidas, familias quitándoles las pertenecias a quien sobrevive, ausencias en funerales familiares. Por ello, si los escritores judíos (y no judíos como William Styron en Sophie’s Choice) han denunciado el horror del Holocausto por más de 50 años, tenemos un largo tiempo por delante para rendirle culto a nuestros muertos a través de la literatura. Es lo que ha hecho Alan Hollinghurst con La línea de la belleza, 25 años después del comienzo de la tragedia. Me enorgullezco de colocarme en esa fila. Nuestras novelas son una promesa de mejor vida. Nuestro propio “Nunca más”. Lamentablemente, en Chile prácticamente no he recibido comentarios al respecto. He sacado el tema a colación en entrevistas, pero la crítica no se ha hecho parte de este punto. —Más adelante te atreves a otra comparación audaz: Santiago durante la época anterior al golpe militar, con Berlín antes de Hitler (a propósito de la película Cabaret, que describe la Berlín de “antes de que Hitler dejara la gran cagada” (p. 246). ¿Qué dices al respecto? —La comparación entre el Santiago de comienzos de los años 70 y el Berlín pre-Hitler, no la hago precisamente yo, sino una de las voces narrativas de la novela, a partir de Cabaret, la película de Bob Fosse basada en un famoso musical norteamericano que a la vez se basó en una colección de historias de Chistopher Isherwood. Es la voz del personaje más oscuro y más reaccionario de la novela: Daniel Morán, quien es capaz de traicionar a su tío empresario cinematográfico, y de haberse casado con una norteamericana sin amarla. Las expectativas por ver Cabaret en Chile eran entonces enormes. En el boicot por hacer caer al gobierno de Salvador Allende participaron también las grandes compañías norteamericanas de cine, por lo que en el Santiago de 1972 y 1973, apenas podían verse algunas películas europeas y cintas de la Europa del Este. Todo el mundo hablaba de Cabaret, de lo más o menos inmoral que era, de las similitudes que podían o no podían haber entre esa época en Alemania y las postrimerías del gobierno de la Unidad Popular. Para muchos, especialmente para los jóvenes como yo, la vida era un cabaret en esos años de iniciación. Para otros, incluidos mis padres, la vida era una pesadilla. Una época turbulenta, sin duda. La Unidad Popular encabezada por el socialista Salvador Allende había subido al poder en medio de la sangre derramada por la derecha. Días antes de que Allende fuera ratificado como Presidente de la República, fue asesinado el general Schneider, un militar fiel a la Constitución. En definitiva, esta comparación intenta visualizar el caos que se vivía en los meses previos al golpe de Pinochet —y como todo en la novela—, está marcado por una película de Hollywood. —Tú pintas la época previa al golpe como una época en que “se destapó la olla” (p. 248), en que la libertad sexual permitió que el amor homosexual aflorara en las calles, en los cines, en las fuentes de soda. ¿Viviste tú esta época? ¿Vivías en Santiago entonces? ¿Fue así? —Te hablaré de mi experiencia en aquellos años. Yo había comenzado mi educación universitaria en la Escuela de Periodismo en Valparaíso el año 1969. El puntaje obtenido no me alcanzó para entrar a la Universidad de Chile en Santiago. Al año siguiente mi padre —militante democrata-cristiano y primo hermano del presidente Frei Montalva— logró trasladarme a Santiago. De tal forma, estaba en el epicentro de la izquierda juvenil el año 1970, cuando Allende es elegido presidente de Chile. Yo venía de una educación religiosa y reaccionaria, de una familia en donde no se hablaba de política, por lo que fácilmente me dieron vuelta en el más amplio sentido de la palabra, y me deslumbré con la briosidad de las ideas de esos muchachos socialistas, comunistas, y casi silvestres. Fue en realidad una época maravillosa. Tuve la suerte de tener 21 años cuando todo parecía estar hecho para la juventud. Como aún no éramos exquisitos ni sofisticados, nos conformábamos con muy poco. Además, todo aquello coincidió históricamente con la época más liberal en las costumbres, a nivel mundial. Santiago no se quedó atrás. De esa forma, mi aprendizaje político, cultural y sexual, comenzó en el mejor momento. Claro que, después de septiembre de 1973, todo se vino estrepitosamente abajo. —Tu fascinación por el cine la compartes con varios autores de tu generación, ¿a qué se debe? —La fascinación por el cine de muchos autores de mi generación se debe a que crecimos sin televisión. Nuestro primer acercamiento al mundo visual fue a través de la pantalla cinematográfica. En mi caso particular, mi padre era también un hombre a quien le atraía el cine, y en más de una ocasión me llevó al cine en días laborales, a la salida del colegio. Recuerdo perfectamente la tarde en que me llevó al cine Metro a ver Ben-Hur. Fue uno de los momentos más emocionantes del fin de mi infancia. La película me aterró por la presencia de la madre y la hermana de Charlton Heston convertidas en leprosas. Ahora que se le han descubierto otras lecturas a esa película y que Gore Vidal, uno de sus guionistas, dice incluso que conversó con Stephen Boyd para que le diera una connotación gay a su relación amistosa con Charlton Heston, pienso que filmes como ése cumplieron también otras funciones en mi conciencia. —¿Cuál es la relación entre las películas del Hollywood de los ‘50 y los ’60 y la sociedad chilena de entonces? ¿Es que en ambas se vivía una fachada de lujo y bienestar, pero en el fondo todo era una gran mentira? Estas películas, ¿funcionan en tu novela como una evasión de la realidad, o como un espejo donde observarse? —Las películas de Hollywood de los años 50, principalmente, con sus intensos melodramas o sus ligeras comedias, intentaban retratar la prosperidad de los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, y el llamado “baby-boom” que vendría con dicha prosperidad. Eran películas tremendamente reaccionarias y llenas de censura. Hollywood estaba en medio del maccarthismo y todo pretendía ser perfecto. Nunca un blanco se enamoró de una negra, los comunistas no existían ni en la imaginación, como tampoco los homosexuales, y los adúlteros eran por lo general condenados. En mi novela, durante su visita a Los Angeles, Daniel Morán se impacta ante la publicidad que decía que los Estados Unidos “es la nación donde hay más casas, más automóviles, más teléfonos, más confort que en ninguna otra nación en la Tierra”. Desde su pequeña mirada, él siente que aquel mundo es exactamente igual al suyo. Que Chile no se diferencia mayormente de todo aquello. Y claro, las películas hollywoodenses nos hacían creer que la prosperidad de la clase media era también nuestra forma de vida. En cierta forma, había algo de verdad en todo aquello. En Santiago de Chile crecían los barrios residenciales como aquel donde yo me crié, con hermosas casas con jardín, educación pagada, madres que se vestían como personajes de películas, automóvil a la puerta, y muchos, muchos niños jugando en las calles. Nadie se enamoraba tampoco de ningún negro, porque sencillamente en Chile no había negros. Y por todo eso nos creíamos los ingleses de Latinoamérica. Claro que, al mismo tiempo, los pobres se morían de hambre y tuvo que llegar la década del 60 para que comenzara a hacerse una reforma agraria. Era un mundo plagado de contradicciones, en donde se vivía por completo de espaldas a la realidad. Pero al mismo tiempo, esas imágenes cinematográficas permitían algunas señas de identidad, aunque fueran falsas, especialmente para los homosexuales. Al no tener a nadie con quien compararse, de quien enamorarse, intentabas parecerte a James Dean o, más directamente, te enamorabas de él. —El tema de la hipocresía, que está muy presente en tu novela, ¿tiene que ver más con nacionalidad o con clase social? —Con las dos cosas. Chile es un país con una sociedad terriblemente hipócrita, falsa. Se suele decir algo y se piensa lo contrario. Es parte de nuestro carácter nacional. Y como es un país muy clasista, donde más se nota esa hipocresía es en las relaciones de clases. Se suele decir que en los tiempos que corren ya no se consideran las divisiones sociales, pero eso en Chile es una mentira del porte de un buque. —Los saltos en el tiempo y en el espacio, la pluralidad de narradores, la estructura de espejos de la novela, exigen un lector muy activo y alerta. ¿No temes que estos recursos dificulten la lectura? —Sin duda alguna. Fue algo que conversamos en su momento con la editora de mi novela, e hicimos algunos pequeños cambios al respecto. Pero yo insistí en el diseño original de la diversidad de voces, y en los dos tiempos históricos que se viven en la novela. El pasado que avanza hacia el presente, y el presente que retrocede hacia el pasado. Sabía que todo eso dificultaría la lectura, pero me interesa un lector cómplice, un lector atento y comprometido. Sucedió algo parecido con La joven de blanco, mi anterior novela, en donde hay también dos tiempos narrativos. Lo que le sucede a James Whistler en Chile en 1866, y el texto de una novela que él está leyendo. Es probable que con textos más lineales conseguiría un público más masivo, pero creo que un novelista no puede transar con las estructuras literarias que el propio texto exige. —Algunos de tus personajes con identidad homosexual han tenido madres fuertes y dominantes. ¿Qué papel desempeña la figura de la madre en la elección de la identidad sexual? Uno de tus personajes ha caracterizado al amor de madre en Chile de “empalagoso” (p. 182) además de dominante y posesivo (3). ¿Es sofocante el amor de las madres chilenas? —El amor de las madres chilenas es tan sofocante como el amor de todas las madres. Como las madres judías y las madres musulmanas, tal vez predomina en ellas un fuerte sentimiento religioso. Además, el régimen machista en el que ellas mismas han sido criadas las hace ser a su vez muy “machistas”. Por otra parte, es bien sabido que los homosexuales suelen tener madres fuertes y dominantes en contraposición con padres más bien débiles. En mi caso, el plan resultó a la perfección. Por eso, tal vez, soy tan insistente en las relaciones entre madres e hijos. Gran parte de las mujeres en mis obras, son madres, y por cierto en Sangre como la mía es el principal rol que le asigno a las mujeres. —Gabriela Mistral parece ser una figura muy querida por ti. ¿Nos podrías contar por qué? —Hablando de madres, una que no lo fue. Tengo varias amigas que no han sido madres. Como yo no he tenido, ni tendré hijos, hay razones para sentirme muy cercano a ellas. Somos “hijos sin hijos” como los que creó Vila-Matas, personas que no deseamos descendencia alguna. Más allá de la homosexualidad, no tengo instinto paternal alguno. No estoy seguro si en el caso de Gabriela Mistral esto sucedió así, dado el intenso y casi obsesivo amor que sintió por Yin-Yin, su sobrino-hijo. Pero ella estuvo toda su vida errante rodeada de mujeres solas. Después de la muerte de Doris Dana, la gran amiga de la última etapa de su vida —y su heredera universal—, todo el legado de la Mistral queda en manos de una sobrina de Dana, otra mujer sola a su vez. En medio de esta sociedad tan proclive a la descendencia, especialmente promovida por la Iglesia Católica, la soledad como forma de vida, más allá de la diversidad sexual, pero como motor de la creatividad artística, me conmueve y me identifica. Veo a Gabriela Mistral como el gran símbolo de la soledad errante, de la diferencia marginada de Chile. —Tu vida, como la de algunos de tus personajes, transcurre dividida en por los menos, dos ciudades: Santiago y Nueva York. ¿Cómo funciona esa vida? ¿Cómo te afecta emocionalmente? ¿Influye en tu proceso de creación, en tu forma de escribir? ¿Te ha dado la distancia una visión distinta de tu país? —Tal como tú lo señalas, desde hace unos tres años mi vida se divide entre las ciudades de Santiago y Nueva York (debo añadir que también paso mucho tiempo en Viña del Mar). En Santiago tengo mi biblioteca más importante, por lo tanto ese es el lugar donde me siento más cómodo y donde puedo trabajar mejor en cuanto a investigación literaria se refiere. Pero aunque en Nueva York comparta un pequeño departamento con mi compañero chileno —quien vive allá—, ése es el lugar de mayor libertad y el más cercano a mi corazón. Vivir lejos de Chile, aunque parezca un lugar común, es saludable, liberador y purificador. Más aun después de una novela como Sangre como la mía que me ha dejado tan expuesto y desgastado. No es fácil en Chile cargar con el peso de una novela como ésta. Especialmente porque los medios no están interesados en sus aspectos literarios sino en las similitudes que pueden existir entre sus personajes y mi propia biografía. En Nueva York soy un ser anónimo que escribe sin darle cuentas a nadie y en donde siento que he podido ampliar los alcances de mi propia narrativa al integrar a la ciudad como parte de un escenario común. Algo que profundizaré aun más en mi próxima novela. Esta doble vida no es fácil —como hemos descubierto a lo largo de esta entrevista que ninguna doble vida lo es—, especialmente cuando estoy en Chile porque siento una tremenda necesidad de regresar a Nueva York. Por el contrario, cuando estoy en Nueva York casi no me acuerdo del Chile inmediato, el de todos los días, pero se agudiza la visión crítica y sentimental del lugar donde nacimos. ¿Seré capaz algún día de dar el salto definitivo? No lo tengo claro. —La pregunta infaltable: ¿cuáles son tus proyectos literarios en este momento? —Estoy trabajando en una nueva novela que se relaciona en algunos aspectos con Sangre como la mía, especialmente por la presencia de una familia y sus ramificaciones. En esta obra introduzco temas como el desarraigo, la culpa, la soledad, en el escenario de Nueva York, con una mujer chilena que ha formado una familia norteamericana, y la presencia perturbadora de un pariente sacerdote. Tengo en mente un homenaje a la novela Pasión y muerte del cura Deusto del escritor chileno Augusto d’Halmar, nuestro Primer Premio Nacional, otro desarraigado chileno, otro paria en el desierto, otro hijo sin hijos. Notas 1. “Debieron ser apenas oscuras ideas como las que han rondado siempre por mi alma. Los obscenos pensamientos que me acompañaron sin piedad desde un hotel de la ciudad de Los Angeles, California, cuando Arturo Juliani secaba su cuerpo después de la ducha, con la puerta entreabierta, hace muchos años” (p. 253). 2. “Es John Boswell que señala que el destino de los judíos y los gays ha sido casi el mismo a lo largo de la historia europea, desde la primitiva hostilidad cristiana hasta el exterminio en los campos de concentración. Tal vez, haciéndose cargo de esto, la doctora Mathilde Krim, investigadora del cáncer en el Weizmar Institute of Science y luego una de las fundadoras del American Foundation for AIDS Research, pensaba que las reacciones de muchos de sus amigos heterosexuales en torno al sida le recordaban historias acerca de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. El mito de que eran sucios, malignos y merecían morir. Precisamente, ella quiso prevenir que en los Estados Unidos se utilizara el sida para estigmatizar a los gays con los mismos argumentos que sirvieron para llevar a los judíos a las cámaras de gas” (p. 171). “Ella, que no es judía, me habló de cierto rabino dando auxilio pastoral a los homosexuales infectados en San Francisco. Me contó que, de acuerdo al rabino, aquello era como el holocausto, cuando la reacción de los judíos en los guetos se transformó en resistencia espiritual, al reconocer la verdad de la situación en que se encontraban” (p. 197). 3. “Myrna parece entender de otra forma el amor maternal, menos posesivo y esclavizante que el de las chilenas. (...) Como yo mismo me habría sacado de encima el empalagoso amor de mi propia madre (...). Llegado el momento, Daniel tendrá la suerte de sacarse de encima a Myrna, sin culpa alguna. Y eso me parece muy saludable” (p. 182). ** Lilian Fernández Hall lilian.fernandez@yahoo.com Docente e investigadora argentina residente en Estocolmo, Suecia. Egresada de la carrera de Letras de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Colabora en varias publicaciones, impresas y digitales, de Europa y de América Latina. Corresponsal en Suecia de El Diario de Hoy (http://www.elsalvador.com), de El Salvador. Coordinadora de círculos de lectura en español en Suecia. === Jorge Gómez Jiménez, catador de reacciones y gestos =================== === “La literatura es una expresión de la libertad” ======================= === Rafael Ortega ========================================================= Escribir es dialogar “Escribir es dialogar. Es un diálogo imaginario con alguien imaginario: un personaje que no puede faltar, el lector. El escritor va construyendo este personaje a medida que construye su texto, dotándolo de apariencia y carácter”. Siendo muy joven, Jorge Gómez Jiménez (1971) cargó a cuestas con la dirección de la Peña Literaria Cahuakao, así como del semanario El Tabloide, allá en su natal Cagua. Desde 1996 edita en Internet la revista literaria Letralia, Tierra de Letras, la primera publicación cultural venezolana en la red. Publicó el ensayo La educación secundaria venezolana: un muerto sin dolientes (Editorial El Tabloide, 1985), el libro de cuentos Dios y otros mitos (Senderos Literarios, 1993), la novela corta Los títeres (Baile del Sol, Tenerife, 1999) y la antología de narrativa venezolana Próximos (Embajada de Venezuela en China, 2006). Textos suyos han aparecido en algunas antologías de Venezuela y el exterior. Por su blog JorgeLetralia (http://jorgeletralia.blogsome.com), el cual aborda no sólo temas literarios, sino comentarios de libros, temas científicos o cualquier cosa que se le ocurra al editor de Letralia, obtuvo recientemente el premio 20Blogs en la categoría Blog Latinoamericano, otorgado por la web 20 Minutos (http://www.20minutos.es) en España. En cuanto a su obra literaria, sus relatos y sus poemas se caracterizan porque irradian un halo de romanticismo sublime que conmueve y escarba los cimientos de las relaciones de pareja y sus inevitables desengaños. —¿Cómo fueron tus inicios? —Empecé a escribir cuando aprendí a escribir. Recibí una influencia muy fuerte de mi papá, que era periodista, poeta y pintor, pero además en mi familia las letras siempre han estado presentes: la maestra que me enseñó a escribir fue mi tía abuela; mi mamá fue una de mis maestras de lengua en la primaria. En esa época solía participar en pequeños concursos literarios en la escuela, que consistían, generalmente, en escribir sobre fiestas patrias o próceres históricos. Cierta vez mi papá se dio cuenta de que estaba copiando textualmente los libros que me servían como fuente, y me habló de la importancia de narrar lo mismo con mis palabras. Yo tendría siete u ocho años. Ese fue el primer consejo literario que recibí en mi vida, y aún hoy lo sigo considerando el más valioso. —¿Cuáles fueron tus primeras lecturas? —Un diccionario Sopena de dos tomos paquidérmicos. Aún los conservo. Incluso los “leía” antes de aprender a leer, pues me atraían las imágenes, los mapas, las láminas. Uno de mis primeros recuerdos de la infancia tiene relación con eso: el redescubrimiento feliz de esos libros cuando, a los cuatro años, fui capaz de leer los textos alrededor de sus imágenes. En cuanto a literatura propiamente dicha, leí los clásicos de siempre: Verne, Salgari, Twain. Los cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo, los poemas de Aquiles Nazoa. En casa siempre estuve rodeado de libros y devoraba todos los que podía. Pero fue en los primeros años de mi adolescencia cuando la lectura de Cien años de soledad, de García Márquez, me permitió atisbar que había algo más allá, una especie de hermandad secreta. Me sentí, por primera vez, un lector. —¿Cuándo comienzas a escribir relatos y poesía? —En la infancia. Entonces escribía unos poemas satíricos que ilustraba y regalaba a mis amigos. Escribía también pequeños comics. Sin embargo, fue durante la adolescencia cuando tomé conciencia del hecho literario y empecé a escribir cuentos. A los doce o trece años gané un concurso en un diario local y la sensación fue tan placentera que me convertí en un cazarrecompensas, un escritor de concursos. Coleccionaba los anuncios de concursos literarios y escribía cuentos que se ajustaran a sus bases. El concurso prevaleciendo ante la obra. Una fea práctica, y aunque en aquellos años no volví a ganar otro concurso, me sirvió para ir delineando un estilo y conocer diversos procedimientos de escritura. Empecé a tomarme el asunto en serio a los 17 años, cuando escribí un relato breve, “Catorce de septiembre”, que fue el primero que me satisfizo como lector y me permitió descubrir que era eso lo que quería hacer en la vida. Fue entonces cuando empecé a escribir por el puro placer de darle forma a una historia, y mi relación con los concursos se volvió distinta, pues aprendí a participar sólo cuando tenía material que se ajustara a sus condiciones. La obra prevaleciendo ante el concurso. La poesía fue más reciente. Hasta el año 2000 escribía unos poemas terribles, muchos de los cuales fueron sufridos, con mayor o menor paciencia, por las chicas que los inspiraban. Luego me volví más exigente conmigo mismo, empecé a trabajar más y poner en la poesía la misma pasión que ponía en la narrativa. —¿Has participado en algún taller literario? —Hace unos años participé en un taller de guión para cine y televisión que dictó en Maracay el escritor Carmelo Castro. Aparte de ese ningún otro, aunque a principios de los noventa fui seleccionado para uno de los ya mitológicos talleres del Celarg. No lo cursé porque me vine a Cagua a dirigir El Tabloide, el periódico de mi familia. —¿Crees que los talleres de literatura son fábricas de escritores? —La única fábrica de escritores que conozco es la experiencia. Los talleres aportan herramientas técnicas: son básicamente atajos para llegar, en un aula con aire acondicionado, a lo que otros descubren con sangre. —¿Cuáles temas te motivan a escribir? —El amor y las peculiaridades de la gente son las espitas que me ponen a escribir. Tengo libros enteros en torno al tema de las relaciones de pareja, como España, una colección de relatos sobre mujeres, parcialmente inédita, y de la que se han filtrado algunos por haber ganado premios, como “Florida” o “Estocolmo”. Incluso cuando he intentado escribir en parcelas específicas de la literatura como el género negro, la ciencia ficción o el terror, mis historias han estado salpicadas del tema del amor. Lo otro, las peculiaridades de la gente, es todo un alimento para mí. Mi mayor afición es catar reacciones, gestos. —¿En cuál género literario te sientes más a gusto? —He escrito de todo, pero definitivamente donde me siento más a gusto es en la narrativa. En la poesía y en la dramaturgia me considero un principiante; el rigor del ensayo suele sofocarme, aunque por razones de trabajo es un género al que recurro casi a diario. —¿Cómo nacen tus relatos? —No me he puesto a sacar estadísticas, pero creo que la mayoría de ellos tienen que ver con experiencias propias o ajenas. En mi adolescencia me esforzaba por darle forma a historias a las que me volcaba con ínfulas de ingeniero: armaba el argumento, construía los personajes, me desgastaba en un lenguaje preciosista. Ya cercano a mis veinte años me topé con los relatos de Borges y Cortázar y entendí que uno podía escribir virtualmente cualquier cosa. Entonces me volví loco, solía empezar un relato con una frase sin sentido concreto y a partir de eso iba dándole vueltas hasta que la cosa quedaba redonda. La verdad no sé cómo sobreviví a eso. Actualmente es común que reconozca el filón literario en una experiencia; cuando eso sucede, pienso en cómo construir una historia basándome en el hecho y llega un momento en que puedo sentarme ante la computadora y escribir fluidamente. En ocasiones soy capaz de escribir relatos breves, de menos de diez páginas, en una sola sentada. La versión definitiva surge después de varios días de revisión, pero por lo general es muy parecida a la primigenia. —Aparte de la lectura, ¿de qué otras fuentes te nutres para escribir? —Además de lo ya comentado —las experiencias propias o ajenas—, muchas de mis ideas surgen de una película o un sueño. Algunos de mis relatos se formaron durante la siesta. Uno de mis cuentos nació de la unión de un documental, una película y un sueño. Y los aspectos principales de una novela que escribo actualmente han ido surgiendo a lo largo de varios sueños. —¿Cuál es la función del escritor? —Me parece horrenda la idea de que el escritor tenga una función. Cada quien que asuma la función que desee. Como escritor no me siento atado a una función, a un compromiso con nada ni nadie; si asumiera la literatura como el producto de una función, un deber que responsablemente estuviera obligado a satisfacer, le perdería el gustico. Entiendo la literatura como una expresión de la libertad, no del deber. Mis deberes ciudadanos son una cosa; mi actitud como escritor es otra. Como escritor no reconozco deber alguno, pues estaría supeditando mi trabajo a un ente externo, y es así como se desvanece el fulgor de la libertad. —¿De qué manera influyó el boom de la literatura latinoamericana en los escritores venezolanos? —Favorablemente, en mi opinión; aunque de retruque. Al igual que en el resto del continente, el boom inspiró a una miríada de imitadores. Los que no escribían sus particulares visiones de Macondo con sus historias de familias milenarias, armaban enrevesados rompecabezas intentando darle una nueva vuelta de tuerca a Rayuela. Hubo muchas mariposas amarillas y mucha literatura ininteligible, y lo peor es que buena parte de eso fue lo que aprendimos a respetar como nuestra mejor literatura. Sin embargo, esa literatura sucedánea sirvió de caldo de cultivo para una reacción que terminó produciendo la literatura variopinta y ambiciosa que Venezuela empieza a ostentar en la actualidad. —¿Las instituciones ofrecen la ayuda necesaria al investigador? —Supongo que depende de la institución y del investigador. En las universidades y otras instituciones se realiza una labor constante a pesar de las limitaciones presupuestarias. Solemos creer que el nuestro es un medio totalmente árido, pero tenemos investigadores de talla internacional como el lingüista Francisco Javier Pérez o el bibliotecólogo Fernando Báez. Obviamente no es fácil acceder a los recursos —más aun cuando todo está tan impregnado del tufo político—, pero tampoco tiene por qué ser fácil. —¿Cómo ves el panorama regional y nacional actualmente? —A nivel regional y nacional me parece alentador que se empiece a considerar la literatura como una actividad profesional y no como una ocupación anecdótica. No estamos en un estado de cosas, digamos, ideal, pues todavía pervive con mucha fuerza la práctica de convocar a los escritores a participar en iniciativas a título honorario. Pero hay diversos signos a los que debemos prestar atención, especialmente del lado de las editoriales, que están enfocándose más en la producción local. También hay que considerar el esfuerzo editorial que en este momento empieza a desarrollar el Estado y que, con sus muchas fallas, podría convertirse más adelante en un impulso importante para la creación y para la lectura. —A tu criterio, ¿cuáles escritores venezolanos son fundamentales? —No sé quiénes podrían ser fundamentales, pues eso es algo del criterio de cada quien, pero puedo nombrar a los que leo con mayor gusto, una lista en la que tengo a Francisco Massiani, Francisco Herrera Luque, Eduardo Liendo, Federico Vegas, Ana Teresa Torres, Oscar Marcano, Alberto Barrera Tyszka. No hay que olvidar a los clásicos; Gallegos con su fuerza estilística y simbólica, que es en sí todo un taller literario; Úslar Pietri y Otero Silva con sus relatos que se desmarcaban de la tradición literaria de su tiempo; otros como Oscar Guaramato o los poetas Aquiles Nazoa y Andrés Eloy Blanco. De nuestra generación, hay que ponerle un ojo a Salvador Fleján, Eduardo Mariño, Rodrigo Blanco Calderón, Enza García Arreaza, quizás a algún otro. Y nuestros grandes poetas: el “Chino” Valera Mora, Montejo, Cadenas, Sánchez Peláez. —¿A qué atribuyes que los escritores venezolanos no sean tan conocidos como los de otros países? —Históricamente, el mercado editorial venezolano ha sido incapaz de superar un estado bastante incipiente, muestra de lo cual es la ausencia de la figura del agente literario y la existencia solitaria de Monte Ávila, por mucho tiempo, casi como único cauce de la producción literaria nacional. Siempre se adujo que el mercado editorial tenía las proporciones de nuestra población lectora, pero yo sospecho que en el país hay muchos más lectores que los que salen en las estadísticas. Ahora bien, que esos lectores no estén en las estadísticas es consecuencia de una política sistemáticamente errada en el sector libro y de una dotación irrespetuosa de nuestras bibliotecas públicas, entre otras muchas causas. ¿O es que lector es sólo el que compra libros? —Es difícil ser un escritor en un país de pocos lectores. ¿Cómo asumes ese reto? —Creo que hay muchos prejuicios con eso de la cantidad de lectores. Lo que realmente nos hace falta no es un colectivo de lectores, sino los canales para que la literatura llegue hasta los que existen, de manera que se genere el debate, la tertulia. En el interior de Venezuela conozco muchas bibliotecas que dan vergüenza: tienen problemas de infraestructura y de dotación que las convierten en lugares de espanto. No se puede esperar que seamos una potencia literaria si los lectores tienen que ir a Caracas o a las capitales de estado a buscar los libros. Es por eso que me he dedicado a la difusión de literatura, desde Letralia pero también desde otros frentes. Es así como asumo este “reto”, que no es tal sino la expresión de una actitud ante la vida y la creación. —¿Qué opinas de las nuevas tecnologías? —El hombre siempre termina adaptándose a la tecnología que le brinda mayor provecho, la que le permite acceder más rápidamente a sus objetivos. En lo personal, no seré nunca un nostálgico de la textura y el olor del papel, por las mismas razones por las que no se me ocurriría alquilar un caballo para ir a Caracas. El libro tradicional es una tecnología milenaria que falla en algo básico: el acceso a la información es secuencial, lo que es muy bueno para leer pero muy engorroso para recuperar y relacionar datos. En el libro digital el acceso a la información es constante, aunque éste no es portátil, no puede leerse en el baño. Cuando esta molestia sea eliminada, cuando ambas tecnologías se fusionen, tendremos en nuestras manos el canal definitivo para la literatura y otras áreas del pensamiento. —¿Cuáles libros de la literatura universal recomendarías? —Difícil recomendar libros, pues cada quien tiene sus gustos de lectura. Sin embargo, podría mencionarte algunos de los que me han marcado: casi toda la obra de Borges, Bolaño, Cortázar, Poe, Kafka, Vian; los trópicos y La crucifixión rosada de Henry Miller; Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera, El otoño del patriarca y el relato “Ojos de perro azul”, de Gabriel García Márquez. (Esta entrevista fue publicada originalmente en el suplemento literario “Contenido”, del diario venezolano El Periodiquito, de Maracay, Aragua, el sábado 26 de mayo de 2007). ** Rafael Ortega rafaelortega@letralia.zzn.com Escritor venezolano (Maracay, Aragua, 1969). Es técnico superior universitario en publicidad. Ha sido jurado en concursos literarios del estado Aragua. Textos suyos han sido publicados en revistas y periódicos venezolanos, así como en las antologías Narrativa aragüeña en Tierra de Letras (Senderos Literarios, 1997), Narrativa de Aragua (Secretaría de Cultura del Estado Aragua, 1997) y Muestra de minificción aragüeña (Secretaría de Cultura del Estado Aragua, 2001). En 2002 publicó su libro de cuentos La última sutileza del diablo. ||||||||||||||||||||||||||| SALA DE ENSAYO |||||||||||||||||||||||||| === ¿Cómo se produce el texto literario? Iván Bedoya Madrid ========== Cuando un sujeto que tiene experiencia al escribir es exigido a hablar sobre los temas o asuntos literarios —sobre lo que es su dedicación cotidiana o habitual— adelanta algunas justificaciones o aclaraciones que sorprenden o por lo demasiado obvias o al contrario por lo sumamente extrañas o “subjetivas”: que se trata de dejar todo a la inspiración, que es la mitad trabajo y la otra mitad intuición o método ya aprendido en anteriores esfuerzos de escritura. Que no se puede seguir o definir una estructura previa, un método y a continuación seguirlo fielmente. Que se trata sólo de comenzar e ir construyendo sobre la marcha el desarrollo de lo que finalmente será o sería el texto (libro, novela o cuento) como obra final. La producción textual es un asunto misterioso, inconsciente, desconocido, tan sumamente subjetivo que intentar objetivarlo o pensarlo sería imposible o daría lugar a tantas opiniones como autores se trata. Sería más conveniente apreciar o disfrutar en un sentido estético precisamente de la obra final, del texto que se nos presenta, prescindiendo de las condiciones de su producción. Acá, sin embargo, hay implícitos algunos cuestionamientos que si se pretendiera ahondar en el tema, se podrían explicitar o tematizar. Desde un enfoque epistemológico —o pedagógico se podría decir— es interesante o pertinente sondear en el asunto de la producción teórica: no tanto para esclarecer “finalmente” cómo se realizó ésta, sino con el propósito de entender un tanto este proceso tan “emocionante” de la producción de una obra literaria, como obra de arte —como obra de creación literaria— aunque, de nuevo, valga la redundancia, se encontraría uno con las opiniones más diversas y personales, si se interrogase directamente a sus creadores. Pero sin pretender realizar un “tratado de la creación literaria”, se puede pensar cómo, de qué forma, a partir de qué elementos, con que estructura se trabajó, qué influyó más en una determinada obra, si lo biográfico, en forma esencial, o la crítica a una realidad social o imaginada, si las lecturas previas realizadas por el autor en cuestión o la formación de toda una vida conformada por las lecturas realizadas desde la más temprana infancia, etc. En este enfoque formativo se trata de entender el proceso de construcción de un texto para poder orientar, a los que pretendiesen formarse como escritores, cómo debieran proceder o actuar: se parte del supuesto de que es suficiente desestructurar, por así decir, la obra escrita, el texto literario, para conocer su proceso de elaboración o de construcción como obra de arte. No tanto a nivel de disposición de los elementos materiales empleados: sistema de la lengua escrita, gramática, sintaxis, ortografía, etc., sino en lo que se refiere al proceso de imaginación o de planteamiento desde o de los temas que determinaron o guiaron el proceso concreto de escritura. Aquí algunos anotarán que esto es lo que le da al proceso o al hecho de escribir toda su especificad y dificultad: que no se puede generalizar o intentar develar algunas reglas o un método general que pudiera ser objetivado u enseñado para lograr o mejor formar futuros buenos escritores... Recuerdo por un breve instante todo aquel ambiente vivido que existió como un denso carnaval y del que no queda más que el remoto recuerdo que por un instantáneo momento revivo, pero para desaparecer de nuevo y seguir todo en el ahora vivido como el único tiempo realmente existente. Todo ese pasado ya ha quedado definitivamente vivido y sólo como parte de un pasado que cada día, o cada instante que nuevamente transcurra, se irá borrando más de nuestra memoria, hasta tal vez desaparecer ya definitivamente. ¿Por qué habré de recordar algunos de esos instantes o escenas vividas hace ya tanto tiempo? ¿Por qué he de volver, con mucha nostalgia en algunos casos, a dichos acontecimientos tan cubiertos ya con el polvo del olvido? ¿Por qué se recuerdan algunos momentos, como escenas de un gran fresco que aún permanece en nuestra memoria, como sin atreverse a irse, a perderse del todo? ¿Por qué todo lo que conformaría la totalidad de dicho fresco o grabado aún se mantiene como latente pero no logramos del mismo recuperar de igual manera dicho conjunto? ¿Por qué puedo recordar algunos acontecimientos vividos en la infancia? ¿Por qué tienen aún ese ámbito afectivo o esa carga de emotividad? El recuerdo es lo que mantiene vivo el afecto. Existe como una especie de relación entre el presente y el pasado, como un hilo conductor que mantiene la tensión entre los diferentes momentos vividos, de tal modo que le da ese carácter de continuidad a la vida y así ésta aparece como una presencia constante, sostenida por el fluir permanente de acontecimientos. Suceden los hechos, ocurren acciones, se desarrollan actuaciones: así se podría decir que todo ese fluir que es la vida de cada persona, de cada “personaje” en la trama novelesca que conforma el todo, tiene una significación profunda, de la que no somos conscientes, pero se desenvuelve sin la participación efectiva o afectiva de nosotros como sujetos. Es decir, la realidad para fluir como tal con la dimensión real que tiene, no requiere que nosotros —en tanto sujetos que participamos en esos mismos hechos—, seamos sus productores o ejecutores para ser tal realidad. Hay una significación que sostiene todo el orden real: todo hecho por sencillo o elemental que haya sido tiene un sentido con relación a los demás hechos vividos del pasado y por tal carácter es que un sujeto actual —yo, actuando como tal sujeto— puede recordar, relacionar unos hechos vividos en el presente con los que se vivieron en ese remoto —o reciente— pasado. La recuperación o rememoración de un pasado es posible, pues, por la relación inextricable, incomprensible, en un primer momento, que tienen los hechos entre sí. Este orden o relación es lo que les da su profunda significación actual, recuperable por la rememoración. Pero lo que hay que señalar es que esta rememoración —o acción de recordar—, una especie de nueva anámnesis, según el significado platónico, es muy deficiente o sólo funcional en ciertos procedimientos de carácter sicoanalítico o literario. Pero no se realiza normalmente por el sujeto como parte de su vida o actividad cotidiana (por lo general se le asigna sólo a ciertos profesionales: sicólogos o siquiatras con propósitos curativos o terapéuticos exclusivamente). Mi propuesta es tratar de llegar a emplear como una metodología pedagógica este procedimiento mnémico, pero no sólo como una forma de recordar y de relacionar hechos o acontecimientos vividos del pasado con alguno del presente, con el único propósito de recuperarlos del olvido —como una nueva búsqueda del tiempo perdido— sino con el propósito u objetivo de fundamentar la subjetividad en una continuidad temporal o, en otras palabras, darle al sujeto la capacidad de tomar conciencia de su continuidad temporal o constitución a través de sus diversas actuaciones en el transcurso temporal: que sea consciente de que es y ha sido el mismo sujeto a través de su historia. Es una propuesta que se enmarca en el contexto de la pedagogía reconstructivista: como fundamentación de un proceso formativo que no se puede reducir a los procesos cognoscitivos o gnoseológicos. Esto se debe apoyar en la constitución previa del yo o del sujeto consciente y cognoscente. Es el proceso fundante ético pedagógico que recupera todas sus relaciones existenciales y temporales, propuesta que desde la Modernidad se denomina proceso de constitución del yo consciente o sujeto filosófico. Entonces se trata de que el sujeto tome conciencia de su subjetividad transformándose a través de su proceso histórico formativo. Que en cada etapa de su proceso formativo ha sido el mismo como en una continuidad subjetiva, fundamentada en sí misma para cualquier proceso formativo que pretenda apoyarse en un fundamento sólido. Recordemos que Descartes en la Modernidad pretendía básicamente fundamentar en el yo pienso (Cogito) la base de todo proceso cognoscente, ético, y por lo tanto, político y formativo. Lo que se manifiesta actualmente como pérdida del sentido de vivir, depresión o baja autoestima en el sujeto como problemas vitales que están impidiendo procesos formativos sólidos es que el sujeto actual, ante la avalancha o exceso de información, ya no se percibe siquiera como sujeto, como un centro de posibilidad formativa, sino a lo sumo como una esponja que podría recibir cualquier cantidad de información. O sea, es el sujeto diluido en las cosas, en la exterioridad, en los otros: pretende o espera que sean los otros, el Otro, quien le ayude o mejor resuelva todos sus problemas, que le dé la solución completa de cualquier interrogante, o ni siquiera ve la necesidad de interrogarse sobre nada, porque del exterior de sí mismo es de donde espera que le ha de llegar las soluciones empacadas para cualquier situación o dato. Un proceso pedagógico auténtico debe lograr orientar esta formación esencial en el sujeto en tanto éste se esté constituyendo como tal. Más que información de datos (o contenidos con un propósito cognitivo) de lo que se trata es de estructurar la subjetividad como fundamento sólido en que se pueda sustentar el proceso formativo, no como una adjetivación o agregación de valores o datos o conocimientos. La formación se inicia con el autoreconocimiento del yo como sujeto autónomo, que puede decidir por sí mismo, que es autoconsciente y responsable del proceso que él mismo ha iniciado, solo, aunque con la asesoría de sus verdaderos maestros. Esta autoconciencia hay que irla propiciando gradualmente, no propiamente como etapas previamente programadas, sino como un proceso consciente, autónomo, histórico, subjetivo e irreversible (ya que no se puede devolver para corregir y volver a desarrollar lo que no se haya podido conseguir). No existen modelos de formación a los que se pueda acomodar cada sujeto en formación, en un amoldamiento o copiado. La formación no se logra imitando un modelo exterior que se estuviese siguiendo como objetivo. Tampoco, sacando una supuesta esencia de lo que una persona o sujeto tendría en su interior como un núcleo o semilla que pudiera ser desarrollada como tal. Por eso se puede decir que la formación es un proceso complejo en sí mismo que ya que no está predeterminado, ni se puede planear como cualquiera otra tarea o proyecto humano. Depende de una serie de valores, realidades, elecciones decisiones, tomas de conciencia y hasta conflictos —superados— que la van constituyendo en cuanto proceso humano. No es una sumatoria de elementos o eventos que se dieran previamente y sólo se diera la necesidad de agregarlos o incorporarlos en una nueva realidad. Hay que pensarla más bien como una integración problemática y compleja de procesos y actuaciones a su vez complejos y trascendentes, en el sentido de que no se pueden reducir a alguno de sus elementos componentes. Hay que insistir, entonces, en el sentido profundo de formación como Bildung o construcción a partir de elementos complejos que se integran de un modo consciente, moral y filosóficamente hablando, del tal como que en cada estadio de dicho proceso, el sujeto está cada vez mejor estructurado y no simplemente agregado o acumulado por todo lo que habría recibido del contorno o mundo exterior. Esto es lo que permite decir que desde una sola disciplina no se puede abordar la complejidad que constituye la formación. En el contexto de la Postmodernidad hay que hacer un abordaje multidisciplinar de dicha complejidad. La conjugación de varias disciplinas para fundamentar y orientar el trabajo de la pedagogía es lo que se pretende hoy en día para poder entender más acertadamente el proceso de la formación y sobre todo para poder orientarla mejor, o sea para que se dé realmente un verdadero proceso de formación o en otros términos para poder corregir a tiempo, desviaciones. He pensado sobre la posibilidad de relacionar dos disciplinas o enfoques aparentemente tan dispares como son la pedagogía y la lingüística. La intuición —o casi despropósito— surgió primero en forma de sueño, sí, de un real sueño o de un sueño que realmente tuve una noche o más bien ya al amanecer porque —recuerdo en particular ese detalle— desperté precisamente casi de inmediato o justo luego de haber tenido el sueño al que me estoy refiriendo. Soñé que estaba en un espacio al aire libre, posiblemente en un escenario amplio como el de un teatro, y allí estaba exponiendo un tema al que le prestaban atención muy motivada mis oyentes de turno en ese momento: colegas profesores de artes y de ciencias sociales. Recuerdo de manera muy detallada y emotiva, como ocurre en algunos sueños de los que recuerdo muchos detalles porque los acababa de tener en el momento justo en que me despertaba, que les estaba sustentando lo que para mí era lo más importante y decisivo para elaborar mi proyecto intelectual: lo literario es una especie de conjuro sobre lo real para poder entender o asir el sentido profundo de lo que es o se desarrolla con o en torno a nosotros: todos los elementos que conforman nuestros procesos reales se articulan de tal modo que —aunque no seamos conscientes de ese orden aparentemente oculto— van originando el orden o nivel de realidad que se presenta ante nosotros y nos envuelve conformando la vida actual de cada uno. Esos elementos se articulan ante nosotros de la misma forma en que se articulan los elementos lingüísticos desde el enfoque significativo, es decir, que se relacionan entre sí por lo que tienen de significación: se van estructurando de tal modo que van adquiriendo un significado al relacionarse entre sí: es la relación entre estos elementos lo que le otorga el sentido muchas veces oculto a nuestros actos. Cada acto en sí mismo no significa nada trascendente: es dicho acto y no más, pero cobra su sentido verdadero cuando se relaciona con los otros actos con los que debe formar un conjunto armónico. Se ha creído, hasta ahora, que la relación o articulación se da sólo entre los elementos que son significativos por sí mismos: los signos lingüísticos, entendiendo por éstos no sólo las palabras, sino todo elemento sintáctico, desde los fonemas hasta las estructuras significantes más complejas como la frase o el párrafo. Sostengo, entonces, que todo, en la complejidad de las relaciones humanas, está estructurado como un lenguaje —pienso en la tesis lacaniana de que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, en el sentido de que un solo elemento por sí mismo no es significativo sino en la medida en que esté relacionado y articulado con todos los demás en diferentes series significativas de las que no somos conscientes en cuanto tales, o en otros términos, las que no tienen que pasar por la conciencia del sujeto que las tiene para poder constituirse. Es un proceso significativo la vida misma pero no requiere para tener tal significación que sea consciente o pensada por cada sujeto en particular. La recomposición del orden real se da como una rememoración, como un proceso de anámnesis de los eventos que no se consideraban significativos en sí mismos. Por eso se recuerdan los acontecimientos pero en relación unos con otros, o un acontecimiento en particular, se logra rememorar más claramente en la medida en que lo relacionamos con otro u otros en una especie de complejidad que pasa por encima o por debajo de estos mismos acontecimientos o como se dice ahora, meta, más allá de estos mismos, se encuentra un orden o una estructura que funciona de tal manera que los eventos que ocurren son sólo una manifestación de ese orden oculto, estructura que estaría latente u oculta. Los hechos en que participamos o los que realizamos tienen una estructura latente, oculta, que no logramos comprender completamente porque no se necesita para que la vida pueda vivirse, para que pueda darse como tal: vivimos como si no viviéramos. ** Iván Bedoya Madrid jbedma@hotmail.com Investigador colombiano (Medellín, 1949). Licenciado en filosofía y letras por la Universidad Pontificia Bolivariana (Medellín) y magíster en investigación socioeducativa por la Universidad de Antioquia (Medellín), donde además es profesor titular en la Facultad de Educación. Autor del ensayo Pedagogía: ¿Enseñar a pensar? (Bogotá, Ecoe, 2005) y de la reseña crítica "Comenio. Pampedia", publicada en Educación y pedagogía (Medellín, Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia; 1992/93), así como de Epistemología y pedagogía, en colaboración con M. Gómez (Bogotá, Ecoé, 2004) y de "El saber pedagógico y las condiciones de enseñanza de las ciencias", incluido en Cuatro ensayos sobre pedagogía y saber (Medellín, Lealon, 1986). === Barbie y el paradigma de la mujer de goma Paolo Astorga ========== “Yo quiero la muñeca que ella está usando”. Hablar de la niñez es hablar de una etapa donde la mente recibe intensas impresiones de distintos niveles psicológicos. Entre los que destacan dentro de este rubro, son las emociones y el deseo por aprender modelos preestablecidos socialmente, para lograr “adaptarse” a dicho entorno de una manera aceptada y a la vez convencionalmente “normal”. Pero sabemos que esta etapa es también una de las más frágiles en el proceso evolutivo de la personalidad y la toma o aprehensión de modelos a seguir, es decir paradigmas instalados como fines o ideales que muchas veces son regidos por un colectivo influenciado por entes alienados y de pensamientos industriales de orden meramente económico, caso de la llamada moda Barbie, o en términos más específicos la utilización de un juguete con personalidad inventada y altamente variable (según el contexto), para que a través de sus casi infinitos atractivos individuales (accesorios, formas, capacidades motrices o vocálicas del juguete, etc.), hasta aquellas que impone una sociedad de consumo (es decir, que si no la compras, no eres popular), logre en la mente altamente imaginativa de los niños, una respuesta inmediata, un empecinamiento por obtener aquello que los hará diferentes, que les dará cierto estatus dentro de su entorno amical. La aceptación de este consumo trae sus consecuencias y más aun cuando la personalidad y la facultad de elegir quedan fuertemente influenciadas por los medios de comunicación que saturan al niño a comparar (o a exigir) a sus padres a que le compren dicha muñeca, argumentando que su amiga tal ya tiene una. Claro que hasta cierto punto esto parece algo aún muy cotidiano y hasta inofensivo en estos tiempos: ¿qué le puede hacer una muñeca de goma a mi hija? “Compre ahora, compre ya” Barbie es, en sí, un paradigma. La muñeca ha pasado a tener incontables personalidades desde una profesión (doctora, enfermera, secretaria, abogada, veterinaria, etc.) hasta llegar a ser un modelo a seguir dentro de la etapa de la niñez, muchas veces alejando a los niños de muchos valores y virtudes sociales. Caso mero es el de la amistad, el amor, la autoestima, siendo esta última el más afectado por esta industria. Esto se da a raíz de las denominadas “modas”, que son una total invención del sistema económico actual para hacer que el colectivo tenga un pensamiento único e invariable sobre un objeto mercantil determinado, en este caso, la clásica Barbie. ¿En realidad uno es el que elige? Las muñecas Barbie son una industria, no olvidemos esto. Ya que es una industria, lo que el vendedor quiere del público es principalmente que compren su producto y no tanto la de inculcar valores o crear en el niño una toma de conciencia de lo que es tomar decisiones, crear una personalidad auténtica. “Quisiera ser como una Barbie” Ahora bien, no hay nada de malo en jugar con estás muñecas. Al fin y al cabo no dejan de ser, en el fondo, simples objetos de goma con forma de mujer que tienen en el trasero una frase que dice “Made in USA”. La cuestión está más allá del producto. La sociedad muchas veces impulsa a las niñas a jugar con muñecas, cosa que en cierta manera es muy buena, pero cuando este uso es incentivado por imposiciones, es decir: “Si no eres fashion, si no vistes bien, si no hablas como una señorita refinada y decente como Barbie, entonces, nunca serás alguien popular”, esta imposición se convierte en uno de los primeros males que causa la alienación en los niños. No sólo a través de Barbie, la cual reúne toda la modernidad y el estilo actualizado de una sociedad de consumo desarraigada, casi fagocitaria, la cual esconde sus vacíos existenciales en objetos que supuestamente tienen un valor, muchas veces mayor que el valor humano, que el amor a uno mismo, que la capacidad del ser para no tener que necesitar ningún “accesorio de moda”, para ser quien es, sino también de otros productos que destruyen lentamente la integridad humana: los prejuicios, la segregación, los vicios. ** Paolo Astorga das_adler@hotmail.com Poeta peruano (Lima, 1987). Es técnico en diseño web. Ha publicado el poemario Anatomía de un vacío (Lulu.com, 2006). Fue finalista del II Premio Internacional de Poesía “Desiderio Macías Silva” 2006 con su poemario Rehenes del silencio. Textos suyos han sido publicados en Encontrarte (http://encontrarte.aporrea.org), Ser Poeta (http://www.serpoeta.com), Tu Breve Espacio (http://www.tubreveespacio.com), Oxigen (http://www.revistaoxigen.com) y Liceus (http://www.liceus.com), así como en la antología Reflejos del alma. Mantiene en Internet la revista digital de creación y opinión literaria Remolinos (http://www.remolinos.ar.gs). Es creador de la primera antología digital de poesía La voz del mundo (http://www.lavozdelmundo.pe.kz), la cual reúne a más de 24 poetas de diferentes países de Latinoamérica y el resto del mundo. ||||||||||||||||||||||||||||||| LETRAS |||||||||||||||||||||||||||||| *** La vecina desnuda Carolina Lozada *** Tríptico Leda Schiavo *** El viento y la ceniza Ramiro Sanchiz *** Juventud poética Rafael Batista Cáceres *** Tres monedas Mirta Alicia Gisondi *** Dos poemas Karen Valladares *** Dos cuentos Antonio Vizcaya Durán *** Desde otra isla (extractos) Ihosvany Hernández González *** El río Mercedes Álvarez Gutiérrez *** La guadaña entre las flores (extractos) Ángel Padilla *** Dos cuentos Marianela Cabrera Pineda *** Poemas cuánticos Liza Rosas Bustos *** Versa impropia (extractos) Miguel Ángel Rodríguez Sosa *** Tejas verdes Alexánder La Rosa *** Poemas Verónica Cento === La vecina desnuda Carolina Lozada ================================ Si al menos pudiera levantarme y darle de comer a ese perro que se echa a mi lado y me mira con ternura. Si pudiera alcanzar las flores de la ventana para rociarles un poco de agua. Si el cerebro pudiera enviarle una señal a mi mano para que agarre el teléfono que está reventándose sobre la mesita de noche. Y el recibo de energía eléctrica que a mí no se me ocurrió cancelar a tiempo. Ahora, seguro, me la cortan. Y ese refrigerador que está tan repleto de hielo. ¿Por qué no le hice caso a mi madre cuando me recomendó comprar una nevera sin escarcha? La leche, ¿la compré de larga duración? No recuerdo. Qué poco precavida soy, Dios mío, ¿por qué me hiciste así? Ni siquiera recuerdo si guardé el envase de leche dentro de la nevera o lo dejé afuera junto al resto de las compras. ¿Y ahora cómo hago para ir hasta la cocina y arreglar un poco las cosas? No, ahora ya no puedo. Tal vez mañana venga Cecilia y limpie el apartamento. ¡Qué pena con ella! Dígame si encuentra el envase de leche a punto de estallar, porque eso suele suceder con los cartones de leche. Una vez consumida su fecha de duración se abomban como globos y la bebida se descompone en un sabor apestoso. Lo sé porque en más de una ocasión, por descuido, he tomado un sorbo de leche dañada. Llego, abro la nevera, tomo un trago sin fijarme en fechas de vencimiento ni pensar en cuántos días lleva ahí metida y voy y trago un sorbo. Y bueno, a escupir el buche blanco y pastoso. Pero ¿qué digo? Cecilia no va a venir mañana. No va a venir porque yo la boté. Le hice un cheque y le pedí que no viniera más, qué bruta soy ¿cómo pude hacer eso? ¿cómo pude botar a Cecilia? Además, ella no tuvo la culpa. La taza se rompió porque se cayó de sus manos. Se rompió porque las cosas frágiles se rompen cuando caen al piso. ¡Te vas porque no te soporto!, pero, ¡si yo no soporto a nadie! Ni siquiera me soporto a mí misma. Y la Cecilia es una buena mujer. Mantenía el apartamento limpio, se aguantaba mi neurosis y me daba consejos para mantener la salud. Qué bestia soy, Dios mío, ¿por qué me hiciste así? Ahora estoy arrepentida. ¿Cómo hago para que Cecilia regrese? No, ella no va a querer regresar. Yo como siempre, arrepintiéndome después de mandarme la cagada. Bueno, ¿qué se le va a hacer? ¡cómo qué se le va a hacer! Ahora que recuerdo, también compré carne y, al igual que la leche, la dejé sobre la mesa porque no tenía ganas de acomodar nada, tampoco quería comer, ni siquiera bañarme. Sólo deseaba meterme en la cama y esperar que amaneciera. Ahora van a llegar las moscas al apartamento. Qué asco ese mosquero, esas patitas sobre la carne. El ruido que hacen, insoportable. ¿Quién me manda a mí a no hacer bien las cosas? No quise bañarme, pero igual abrí la ducha. Ya vendrán los vecinos del piso de abajo, a quejarse por el bote de agua que se filtra en su techo. Ya vendrán a quejarse y a espiar, porque eso sí les gusta, averiguar. Bueno, a la esposa, la esposa es una entrometida. El marido no, él es un tipo tranquilo. Es un fisgón normal, como todos los hombres. Lo he pillado mirándome el culo. Pero yo a la vecina la mantengo a raya, cada vez que viene a informarme sobre una junta de condominio le abro la puerta con las tetas al aire, a ver si así aprende y deja de molestarme. Y un día de estos, si viene con el marido, les abro la puerta completamente desnuda. Pero, ¿qué estoy diciendo? Ahora ni siquiera puedo levantarme. Esto me pasa a mí por no saber controlarme. A ver perrito, anda, avísale al conserje que suba al apartamento. Anda, no te quedes ahí mirándome como un idiota, ¿no ves que no me puedo mover? Anda perrito, él sabrá qué hacer. Sí, ya sé que no le agrado al conserje, que a veces ni siquiera le saludo y que en más de una ocasión he hecho comentarios xenófobos, pero bueno ¿qué se le va a hacer? Yo no soy un sujeto sociable, por alguna razón vivo sola con un perro ¿no? Además, yo no nací para caerle bien a todo el mundo. Pero, ¿qué estoy haciendo? ¿reflexionando y dándole explicaciones a un perro? ¿a dónde he llegado? Tú, perrito, hazme caso. Sal y avísale a alguien que no me puedo mover. Espera, si te encuentras al vecino del piso de abajo, mucho mejor, a él le encantará verme desnuda en la cama. ¿Por qué nunca me acosté con ese tipo? Él me desea, yo lo sé. Lo he visto cómo se fija en mis tetas cuando subimos en el ascensor y cómo mira, disimuladamente, mi trasero cuando paso a su lado. Me hubiese acostado con él para molestar a la imbécil de su mujer. Pero, ahora ya no puedo. Sin embargo, puedo hacer que él venga y me vea desnuda. Hay hombres que tienen perversiones y quién sabe, tal vez, al verme desnuda y quietecita en la cama, tenga una erección. Y tú, ¿todavía sigues ahí? ¡perro incompetente! ¿por qué te recogí de la calle? Ya sé, fue tu mirada, tus ojos llenos de ternura. Claro, la eterna trampa canina. Esos ojos que la hacen a una sentir culpable si no lo recoges y lo llevas contigo. Ahí estás, mirándome con la misma ternura de entonces. Anda perrito, mira que son varios días y ya comenzaron a llegar las moscas. Huele feo, perrito, ¿te estás haciendo caca en la habitación? Anda, perrito, mira que la resaca es muy violenta. Fueron muchas pastillas y demasiado alcohol. Anda perrito, avísale al vecino. A él le gustará verme quietecita y desnuda. Sólo espero que no le moleste el olor a carne descompuesta. ** Carolina Lozada natalia_linacero@hotmail.com Escritora venezolana (Valera, Trujillo, 1974). Licenciada en letras mención lengua y literatura hispanoamericana y venezolana (Universidad de Los Andes, ULA, http://www.ula.ve, Mérida). Ganadora del I Certamen de Relatos Breves “El País Literario” (Madrid, 2005) y del Certamen de Narrativa “Oswaldo Trejo”, convocado por el Instituto Merideño de Cultura (Mérida). Mención de honor en el II Concurso de Narrativa “Antonio Márquez Salas” de la Asociación de Escritores de Mérida (Mérida, 2005). Mención publicación en el I Certamen de Narrativa “Salvador Garmendia” (Caracas, 2006). Ha realizado trabajos de investigación literaria para la ULA. Correctora de estilo en diarios regionales. Actualmente forma parte del taller de narrativa del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg, http://www.celarg.org.ve), impartido por el profesor Luis Barrera Linares. === Tríptico Leda Schiavo ============================================ 1. Queda el silencio La cúpula de San Giorgio Maggiore se refleja temblorosa en el agua la memoria se estremece recordando la luz de esos días y el corazón trepida rememorando los errores repetidos todo tiembla el aire la luz el agua pronto temblará mi mano urgida de deseos de años de recuerdos de sombras mi voz ya no te nombrará tu nombre no se hará de mi sonido inútilmente veremos pasar los días los libros las horas los placeres las [calles alquimistas fracasados no supimos transmutar el vil metal en oro el vino se hizo agua el agua se hizo hiel queda el sucio silencio 2. Tarde larga de primavera La primavera se abre paso agazapada destila hilitos dorados que van cubriendo las baldosas del balcón los árboles, otra vez, forman un bosque trémulo y vacilante ilusorio de vida La tarde del domingo se alarga frente a la pantalla y frente al mar de hojas verdes que se agita inútilmente convocando días en que cada hora era una celebración mientras la memoria duele con dolor de ausencia Sólo apoyar la cabeza en un brazo generoso si fuera posible cálido pero no pido más pedir es arriesgado y la tarde se alarga y la vida se alarga y la espera es un hueco donde caben todas las sombras Fantasear, imaginar, inventar que te quiero y que sos como yo digo mientras la tarde sigue pasando lenta y tiemblan las hojas de los árboles 3. Arte poética Se puede tirar a la basura las cosas de los muertos olvidarse de contestar el teléfono cuando quien llama es el deseo preterido, soslayado, inmaculado Se puede no comprar una pistola para acabar limpiamente esta vida que se alarga más de lo que los huesos la soportan y el músculo cuelga en el museo mientras la rosa no logra florecer en el poema Se puede creer en la primavera que llega aunque no llegue el ómnibus y los pólenes marchiten el alma y la respiración mientras se olvidan las nieves de antaño y los días van cayendo disciplinadamente del almanaque Se puede ir y venir y pensar que se ha llegado a alguna parte cuando nunca se sale de uno mismo y apenas se consigue un gemido de reconocimiento confundido con el éxtasis o la felicidad Y en un día como hoy cerrar la puerta y no salir a jugar ** Leda Schiavo donaleda@uic.edu Poeta argentina. Es licenciada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA, http://www.uba.ar) y doctora por la Universidad Complutense de Madrid (UCM, http://www.ucm.es). Se especializó en literatura española contemporánea. Ha dictado clases en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB, http://www.uab.es), en la Universidad de las Islas Baleares (http://www.uib.es/es), en la Universidad de Santiago de Compostela (http://www.usc.es) y en la Universidad de Seúl (http://www.useoul.edu). En Buenos Aires fue investigadora del Instituto de Filología de la UBA, y en la Argentina se desempeñó como profesora titular en la Universidad Nacional de La Plata (http://www.unlp.edu.ar) y en la Universidad Nacional de Mar del Plata (http://www.mdp.edu.ar). Ha publicado Historia y novela en Valle-Inclán (Castalia, Madrid) y El éxtasis de los límites (Corregidor), y el poemario bilingüe Con las debidas licencias / With leave and license; poems (Chicago, Black Swan Press, 2000), entre otros. Publicó también ediciones de La marquesa Rosalinda, de Valle-Inclán, para Clásicos Castellanos (Espasa-Calpe), y Valle-Inclán, hoy; estudios críticos y bibliográficos (Universidad de Alcalá de Henares, UAH; http://www.uah.es). Textos suyos fueron incluidos en las antologías Astillas de luz / Shards of Light (Olivia Maciel, ed., Chicago, Tía Chucha Press, 1998) y Between the Heart and the Land / Entre el corazón y la tierra; Latina Poets in the Midwest (Brenda Cárdenas y Johanny Vázquez Paz, eds., March/Abrazo Press, Chicago, 2001). Colabora en Contratiempo y en Agenda del Sur. === El viento y la ceniza Ramiro Sanchiz ============================= A partir del jueves no hubo más días soleados. Desde el sur y el océano, como provenientes de algún oscuro desastre, nubarrones gigantescos dominaron los cielos para siempre, bañando las cosas de una luz como cenizas, como rosas muertas. Los otros habitantes del pueblo parecían no percatarse. Tampoco era necesario preguntarles. Él salía de su casa y se sentaba en el porche, mirando pasar el aburrido desfile de niños hacia la playa, los jóvenes en autos enormes y polvorientos, las viejas gordas con pañuelos en la cabeza, y algo le hacía sentir que había retrocedido en el tiempo, que el viento que había arrastrado aquellas nubes desde el sur también había traído consigo los días de su infancia. Por las noches trabajaba en la Obra, incansable. Una tarde vinieron a preguntarle si insistía en sus viejos trabajos. Sospechó de inmediato de aquellos rostros. Tenían la marca de las múltiples hermandades de brujos y nigromantes, así que sólo contestó con evasivas. No, no les mostraría el sótano. No, no les mostraría el atanor. No, no hay biblioteca. —¿Ya ha quemado todos sus libros, entonces? —le preguntaron, y él supo que había cometido un error. —No todos —respondió, sin más remedio—; algunos días me entretengo quemando los que quedan. Hago una hoguera en el fondo. Se marcharon al caer la noche. Tras la partida guardó los pocos libros que no necesitaría en una caja, preparado para quemarlos al día siguiente. Encontró una foto de sus padres, descubriendo que casi había olvidado sus rostros hacía tiempo. En otra de las imágenes una mujer de cabellos cobrizos sonreía abrazada de un hombre muy alto y delgado. En otra el mismo hombre jugaba con un niño. No recordó sus nombres. Fue entonces cuando empezaron a desaparecer los edificios. El pueblo parecía simplificarse. La compleja arquitectura de la Feria Octogonal adquirió curvas más amplias y decoraciones equilibradas y sencillas. Se desvanecían las gárgolas de las torres, los dragones de los portones y las cabezas barbudas. A nadie parecía importarle, o nadie se daba cuenta. El invierno se acercaba rápidamente y no había más veraneantes. Los pocos que quedaban no bajaban a la playa. Por todas partes aparecían vagas construcciones de metal, vigas retorcidas, alambres y púas que remedaban esculturas incomprensibles infringidas por artistas dementes. Tardaron dos semanas en desaparecer. Pronto quedó solamente su casa, levantándose desamparada en la colina. A su alrededor los caminos que iban hacia el norte y hacia la playa eran recorridos por carretas y otros vehículos, movidos en su mayoría por bestias prehistóricas. Entonces regresaron a preguntarle si insistía en la Obra, deslizando sutiles amenazas en sus palabras. Llevaban espadas y báculos; parecían resueltos a ser conducidos hacia el sótano. —Todavía tiene tiempo de poner un fin a sus costumbres. Comenzar de nuevo, libre —le dijeron—. Muéstrenos su taller y nos encargaremos de todo. Él se negó. Sabía que en el fondo no podían obligarlo. Contrariados, mascullaron palabras de venganza y represalias, intentando asustarlo. Les abrió la puerta y se internaron en el desierto deslumbrante y gris. Entrado el invierno ya casi no se veían viajeros por los caminos del norte o el noreste. Con cierta preocupación empezó a constatar que su casa también perdía sus formas y ornamentos: desapareció primero la Rosa de los Vientos, luego el Cristo Órfico del hall. El pentagrama grabado a los pies de la puerta de calle había perdido toda definición. Pronto fue imposible cerrar las ventanas o encender la chimenea. El viento desgarraba las cortinas y cubría la casa de polvo y ceniza. Y todas las noches trabajaba en la Obra, incansable. El día de la Primavera constató que la habitación de huéspedes ya no tenía muebles. Las paredes, resignadas al viento y el salitre, se descascaraban exhibiendo la piedra antigua que las conformaba. Él se sentaba en la sala central, apoyando la espalda contra la chimenea, pensando sin palabras, casi sin imágenes. Apenas tenía recuerdos. Apenas tenía fe en la Obra. Se supo continuando sus procesos movido por la costumbre, inanimando cada operación con la misma meticulosidad con la que iban desapareciendo todas las cosas que antaño lo habían rodeado. Esa tarde lo visitó una niña vestida de rojo. —Estás muerto o muriendo —le dijo—, pero aún tienes tiempo de recomenzar. Y él creyó que era una enviada de los brujos, así que la despidió bruscamente. Tomó el último libro que persistía en el taller y lo quemó en el jardín. Las llamas palidecieron con los colores del crepúsculo agotado, las páginas ardían lentamente, extinguiéndose el fuego ya entrada la noche. Hacia el verano los caminos se poblaron nuevamente, pero los transeúntes no fueron los mismos. Se detenían ante el portón desvencijado y lo llamaban a voces. —¡Queremos hablar con el Gran Maestro que vive en esta casa de piedra, pues hemos recorrido los senderos y el cansancio del mundo buscando sus palabras! En un principio sospechó, pero a medida que las tardes se dilataban y las noches se ahondaban en el vacío, sintió una vez más el deseo de compañía. Les abrió la puerta y los recibió, acomodándolos en los rincones de la casa sin muebles. La necesidad de atenderlos le hizo notar que llevaba meses sin comer, pero el hecho no lo inquietó. Hora tras hora recibía halagos y preguntas. —¿Es verdad, maestro, que llegado el momento todo Artista ha de quemar sus libros? —¿Es posible hacer regresar una rosa de sus cenizas? —¿Existen ciudades en el Orbe construidas como las páginas de un libro, de modo que sus caminantes las leen mientras recorren sus calles y reciben su Historia y su Mensaje? Y respondía que sí, que era verdad, y que nadie podía realmente convertir una rosa en cenizas y así destruirla, y que tales ciudades sólo existían en los sueños de los ciegos. Pero no creía una sola palabra de sus respuestas y empezó a fastidiarlo la veneración que todos tenían —o simulaban— hacia sus palabras. El día del solsticio escuchó que una pareja de visitantes se quejaba de la pobreza de su casa. Entre sus tantos admiradores había dos brujos, así que hizo un pacto con ellos para que creasen ilusiones de riqueza y abundancia. A partir de ese momento llegaron visitantes de todas partes, maravillándose del esplendor de los salones. Sin embargo, la magia no funcionaba siempre, y aparecían cabezas de gallinas o huesos de dragones en los lugares menos esperados. Por las noches miraba los instrumentos de la obra intentando recordar las viejas operaciones de su arte. Cada proceso le tomaba horas enteras, pero aun así no descansaba jamás. Una tarde descubrió que entre sus visitantes estaban aquellos hombres que habían intentado disuadirlo de su arte más o menos un año atrás. Los increpó con violencia, pero ellos se sorprendieron o fingieron sorpresa. Pensó que probablemente se había equivocado. No podía estar seguro de sus rasgos, así que les pidió perdón humildemente. Entonces los visitantes empezaron a dudar de sus palabras y pronto casi dejaron de hacerle preguntas, prefiriendo hablar entre ellos, jugar a las cartas o perseguir insectos. Los simulacros fueron suspendidos y la casa retornó a su devastación original, más acusada aun, de paredes polvorientas y techos derrumbados. Hubo algunos días en los que buscó nuevamente aquella adoración, simulando sapiencia e ingenio con historias largas y maravillosas sobre los tiempos del Imperio, la Flor y el aprisionamiento del Dragón, pero ya casi no lo escuchaban. Descubrió entonces que algunos de los visitantes no tenían cara o que sus facciones parecían tan limadas por el viento y la ceniza que era imposible reconocerlas. Pensó en expulsar a los visitantes de una vez por todas, pero el miedo a la soledad y a las posibles represalias lo amedrentó. Odiaba a todos y cada uno de los hombres y mujeres que se paseaban por su casa ignorándolo, hablando del viento, la ceniza, la piedra derruida. Y un día, cerca de la mitad del otoño, los dos brujos que habían conjurado en su momento las simulaciones le dijeron que estaban esperándolo en el fondo de la casa. El tono de sus palabras y la rigidez en los ojos le hicieron saber que no tenía más remedio que obedecer. Salió y encontró a un hombre muy alto, vestido de púrpura, que sostenía un libro; a su lado había un ayudante, cargado con artilugios mágicos. —A partir de este momento te será prohibido ingresar a tu casa de piedra, viejo artista, tu desobediencia ha llegado a su fin. Vivirás entre las piedras y a merced del viento. Y fue así como abandonó finalmente la obra. Logró acomodar algunas piedras y construirse un refugio más o menos adecuado para defenderse de los vendavales de la costa. Con láminas de piel seca de basiliscos marinos, que encontraba en la playa, improvisó un techo que parecía sostenerse. Allí recluido recibía insultos y desprecio de todos los que ahora frecuentaban su casa, que estaba a punto de derrumbarse. Todas las noches los seres sin rostro, idénticos a horribles demonios, celebraban fiestas en las que se contaban a gritos historias del Imperio, del Matriarcado Oculto, de cómo se les ha mentido la Historia a los hombres. Él creía comprender, pero todas las mañanas olvidaba lo escuchado y desesperaba de su destino. Sin embargo, a medida que se sucedían los días, empezó a olvidar el tiempo en que trabajaba en la Obra y residía en una casa y encendía una chimenea, por lo que dejó de lamentarse y ya no habló más. Entonces, el día del solsticio de invierno, el hombre muy alto vestido de púrpura, su ayudante y una mujer con cara de cerdo (que por alguna razón le pareció extremadamente familiar), destruyeron su refugio y lo expulsaron hacia la playa. —Aquí serás sirviente de los demonios —le dijeron, dejándolo entre la arena y la ceniza. Tuvo memoria entonces del mar, como un recuerdo largamente buscado, como una liberación. Se acercó a la orilla y tocó el líquido. Estaba extrañamente espeso y tibio. Una enorme repugnancia lo invadió, así que regresó a los médanos. Alguien lo llamó por un nombre que no era el suyo, pero al que claramente debía obedecer. Miró hacia donde había estado su casa, sin saber qué esperaba encontrar, y lo deslumbró un resplandor que no venía de ningún sol. Dos demonios alados se le acercaban. Hundió sus manos en la arena y halló solamente cenizas, que agitó con fuerza para constatar con alegría (y riendo por primera vez en quién sabe cuánto tiempo) que sus dedos empezaban a deshacerse y que pronto todo lo que había sido su cuerpo tendría el mismo y deseado destino. ** Ramiro Sanchiz rasanchiz@hotmail.com Narrador y poeta uruguayo (Montevideo, 1978). En el presente a punto de terminar la licenciatura en letras, con intención de especializarse en narrativa inglesa del siglo XX, particularmente la obra de James Joyce. === Juventud poética Rafael Batista Cáceres ========================== I ¡Oh gozo, límpido espejo inhumado; llevo tu amargo lauro de gloria y el náufrago silencio de mi historia en mi abierto pecho olvidado! II Antes ya, sí, mucho menos golpeado, A ti entregaba mis liras y musas e iba el sentido extasiado de ilusas, visiones engendradas por el cayado. III Cual taciturna ave en agonía palpita el corazón con los umbrales, recogidos al aire en gritos fatales enroscaron la sangre y la vida impía. IV Y sólo la armonía embelesada del fecundo esfuerzo noble y cuitado se irguió suntuoso y olvidado en su faz, destino de tez golpeada. V Acompañóme la poesía en mi andar, alternando evocaciones ilusorias marcadas con imágenes suasorias de lo que fue una vez, mi cavilar. VI Pasajero fui de la vida incauta por mi caminar bien corto e iluso, fugitivo fui, y en un minuto intruso de mi primitiva existencia nauta. VII Pero he de sentirme a gusto aquí pues siento en mi alma el cielo azul un campo bien harto con flores de tul aspirando su aroma extasiado en mí. VIII Un penador colmado de una voz cautiva en su exhausta esencia, plañida, con una silente cadencia con chispa de la intensidad precoz. IX La fortaleza idealiza de ensueño y se atraviesa de ausencia cálida, salpicada de inocencia escuálida despertando un tiempo risueño. X No hay muerte sino vida nueva que abraza el más puro sentimiento, si no es de humanos errar al viento, sin comer tan sólo la fruta de Eva. XI En su profunda cavidad ausente voy cantando con el alma cortada, y voceo la tenue brisa soplada en mi mente de espacio silente. XII Yo he visto el amanecer bebido en su cáliz por el ángelus mortuorio, que azota a la noche, grito ambulatorio rasgando en su cara el velo curtido. XIII Se empañan unas ondas de tristeza deshojando en cada rama una lágrima, cortado de esperanza en el ánima de un bardo, invernácula simpleza. XIV Por el amor, yo encuentro en la celda El justo alivio saciado de cosas, que tiñen horas divinas y hermosas, cargadas de aromas en la oscura celda. XV La intacta efigie llora sinuosa en la errante y denueda huella, y ese afán de sentirme con ella renueva y halla ventura famosa. XVI Si fuera el preludio futura vivencia de algo que ocurre en la niñez pasada, pasarían visiones por la cascada del recuerdo lejano de mi inocencia. XVII Ya que evoco la simiente de oro que roza las liras de una cadencia, se rompen al aire como una esencia exótica de armonía, garbo y decoro. XVIII En aquella oquedad impía del lecho en que yo reposo, sólo recuerdo su risa glamorosa y el cuerdo silencio que palpita en mí, pecho. XIX El oleaje escondido es arado por la súplica vuelta congoja, y la fijada expectativa moja de ansiedad el gajo inmolado. XX Soledad, si es algo tan irreal en el interior fuente de uno, si destruye a alguien en el infortunio ciclón de alguna vida especial. XXI En tanto, que el alba diera el recuerdo vibrante y vago de las noches solas, el eco inquieto atraería olas ansiosas en que sólo, me remuerdo. XXII En medio de lo increíble, clara es la esperanza halagüeña dada, y aquella hazaña de luz labrada revive el escarnio, una karma rara. XXIII Emerge la lánguida secuela rota del hórrido incienso aterido que flota entre las ondas del descuido que reboza cautivo en una nota. XXIV Vaya, qué inmóvil se siente la vida en estancias de reposo por olvido, cual fulgor luminoso y envilecido en intenso éxtasis se dilapida. XXV Asomando unos ojos que aspiran sólo el oleaje de aromas anhelados, en la cumbre, esos mismos mencionados, templaron mi razón a la cual inspiran. XXVI Entonces me rodeaba un filtro imbuido con la desesperación, y del amparo fortuito investido, recibí el lloro remoto, con los rubores oprimidos. XXVII Alcázar reluciente, incrustados lienzos raídos de gloria, estremecieron ellos, los vahos que entumecieron, el raudo paso de mis inciensos. XXVIII En aquel reguero salino se juntan dos astros fugitivos maniatados; e infaustos destinos sopesados, instan a mi balanza, a la que hurtan. XXIX Serpenteando el aire, galana natura, en giros se rompe en rutilante onda, anuncia la áspera cristalina fronda del valle invernáculo de dulzura. XXX Se sublima el alma, se quiebra el frío, amanece la hora con silencio antiguo, se mezcla la mente y se mezcla ambiguo destino largo, y se piruetea el lío. XXXI La leve hoja comba se transfigura en el mastín inmemorial del sueño, y en la cúpula en tinieblas es sedeño aquel errante suspiro que fulgura. XXXII Rasgado, aspiro artificios vanos, la aristócrata denueda huella, miro, mil gargantas serían el mejor tiro en oídos velados, gratos, lejanos. XXXIII Un arrullo gentil, desbordado lloro, playa de vida, socavón de alegría, experiencia innata, flor de simpatía, arraigo en raudo soplido sonoro. XXXIV Cordura inacabable, mártir hincado, fúndete, eficacia, en la caída hábil, junta agitada, sustenta el frágil gesto proceloso que duerme atado. XXXV Grito ampuloso, conciso vulgar, región sorda de la pesadumbre rota, congoja mística, dolencia corta, sed infinita, vigosa y seglar. XXXVI Boca eterna, taciturna quimera, azarosa alma, colosal figura, dueña del aire y toda escultura erguida en bases de quieta frontera. XXXVII Antorcha del delirio vasto y fecundo, Santuario, en desvarío turbio, Porvenir de enigma y, sólo enturbio, Aquellas cosas proceras de un mundo. XXXVIII Peregrina terneza, inerte brisa, Difícil gesto, un ademán prendido, Duro oficio, el arte escondido En la pluma esposa de la premisa. XXXIX Prado inclemente, ribera secreta, Pertinaz deseo derramado en cosas, Veleta ansiosa, y leyendas hermosas Que danzan ellos, en la mente del poeta. XL Por fin descanso del heroico grito, Hostil verdugo, el que tosco asecha, Mas ese capricho será la cosecha De frutos lustrosos de un real mito. ** Rafael Batista Cáceres lexraf@hotmail.com Escritor panameño (Panamá, 1974). Licenciado en derecho y ciencias políticas por la Universidad de Panamá (1999). Ha participado en diversos cursos relacionados con su carrera y otros intereses. === Tres monedas Mirta Alicia Gisondi ================================ Hacía varias horas que Matías estaba sentado en la sala de espera, desde donde veía pasar los trenes. Las luces de los vagones al pasar iluminaban su cara, haciéndolo parpadear. Tenía la mente en blanco, no podía pensar, su pasado y el devenir flotaban indiferentes quién sabe en qué galaxia. Cómo había llegado hasta esta estación ferroviaria, lo ignoraba, o que había ocurrido en su vida para hallarse en esta situación, tampoco lo preocupaba, sólo sabía que tres monedas plateadas tintineaban en su bolsillo. Con la mano izquierda jugueteaba con ellas, mientras en su mano derecha apretaba un papel. Volvió a releer las breves líneas: “Tren azul de las 24hs”. Con una de las monedas sacó un pasaje sin saber el destino, tomó otra y la tiró dentro de la gorra de un vagabundo, que parecía dormitar, la tercera moneda la guardó porque no sabía que hacer con ella. Esperó el tren, y no bien llegó se apiñó en el vagón junto a cientos de personas desconocidas para él. Nadie hablaba ni sonreía, todos parecían ensimismados en sus pensamientos. —¿Piensa que llegaremos en horario? —preguntó a quien estaba a su lado, tratando de entablar una conversación. —Siempre lo hace —contestó escuetamente, sin darle oportunidad de seguir hablando. Intentó con otra persona haciendo una pregunta pueril, pero tuvo la misma suerte, por lo que optó guardar silencio en medio de los poco amigables pasajeros. Cuando llegaron a destino, una luz enceguecedora invadió el tren y los pasajeros comenzaron a salir en orden, sin inmutarse. Al cruzar la puerta de salida se acordó de la tercera moneda y entonces resolvió qué hacer, compraría el boleto de regreso antes de que fuera demasiado tarde. Recorrió el andén, casi apurado, tratando de hallar la máquina expendedora; al dar con ella introdujo la moneda y marcó el destino, fue cuando apareció en la pantalla un simple “gracias”. Insistió varias veces, y viendo que no le daba el boleto, comenzó a golpearla con el puño. Hasta que un nuevo cartel avisó: “No insista, ya llegó a destino”. Matías no se quedó conforme y decidió averiguar el motivo por el cual había llegado hasta ahí. Salió de la estación y se encontró frente a una gran extensión de tierra árida y estéril que terminaba en una loma. Buscó en derredor a algunos de los pasajeros que habían viajado con el, y sólo pudo ver cómo los últimos desaparecían tras el promontorio. Caminó apurado y al traspasar la loma se encontró con lo más parecido a la Nada. Un vacío nebuloso en donde se mezclaban niebla y seres que blandamente parecían confundirse con el entorno, hasta desaparecer. Temeroso volvió sobre sus pasos y entró nuevamente a la estación. La soledad era estremecedora, las luces estaban apagadas y sólo se filtraba una tenue luminosidad por las ventanas. En un alejado banco alguien lo miraba fijamente, se acercó y creyó reconocer al vagabundo a quien le dejara una moneda. —Usted tampoco se animó —le preguntó éste suavemente. —No, tuve miedo, además ignoro qué está pasando y por qué estoy aquí —contestó Matías. —Yo me fui dando cuenta solo —dijo el extraño con un dejo de tristeza—. Durante mucho tiempo, puse como excusa la falta de una moneda para realizar el viaje, por culpa suya ya no tuve más pretexto. Matías se encogió de hombros, ya no podía pensar más, el cansancio lo dominaba y entró en un profundo sueño. Cuando despertó, estaba solo y rodeado de un abrumador silencio. Amanecía y la luz comenzaba a filtrarse por las claraboyas. Algo llamó su atención en el fondo de la plataforma, eran las luces de la máquina expendedora de boletos, que titilaban provocándole el impulso irrefrenable de intentar nuevamente sacar el suyo. Buscó en los bolsillos, infructuosamente, una moneda, recordando luego que las únicas que tenía las había utilizado. Una gran desesperanza le acometió, haciéndolo maldecir por su suerte, hasta que sus ojos tropezaron con una moneda que asomaba debajo de la máquina, tal vez perdida, olvidada o como esperándolo. La apretó muy fuerte, con miedo la introdujo en la ranura y esperó impaciente que saliera la inscripción: “Destino”, pero no lo hizo, sólo largó el boleto. Uno muy extraño, totalmente en blanco por el frente y por detrás con la inscripción “Operación anulada”, y en tinta roja bien destacado: “Regreso”. En el tren varias personas fueron ocupando los asientos, algunos sonreían, otros conversaban y hasta alguien lo saludó con la mano desde lejos. Lástima que el vagabundo no regresó, parecía una persona agradable, aunque algo enigmática. ** Mirta Alicia Gisondi mirtagisondi@yahoo.com.ar Escritora argentina (Buenos Aires, 1943). Ha participado en diversas antologías, como Homenaje a Cortázar (2002), Poesía y relatos en Argentina (2003), Canto a la vida de la Universidad Católica Argentina, UCA (2004), Los rostros y las tramas (2005), de Editorial Dunken, y Cuentos en el aire, de Editorial Planeta. Obtuvo una mención en la Feria del Libro de San Nicolás (Provincia de Buenos Aires) por el cuento “Tres monedas”, el segundo premio en el concurso Letras de Tango en Ituzaingó (2005) y el segundo premio compartido en el Concurso Literario Homenaje a Mozart (http://www.euroyage.com) en Salzburgo, Austria (2006). === Dos poemas Karen Valladares ====================================== *** Devuélvanme Devuélvanme las manos Con las que se construyen Paredes de mi barrio, De mi ciudad. Con las que se cocinan Ideas para compartirlas Con ustedes o con nadie Cuando sea preciso. Los ojos Con los que reconocen La materia dócil De la que estamos hechos Los pasos que registran Caminos que no llegan a ningún verso. Devuélvanme las ideas Con las que construimos Mundos de azúcar y cristales Donde construimos Hombres estallados en llamas En (vacíos) Profundos Voces innecesarias a la boca Cuerpos expuestos a la intemperie del recuerdo. Devuélvanme la voz El tiempo perdido sin brújulas y relojes Las ideas sin pronunciarse Los pasos enrojecidos por el olvido Devuélvanme cada cosa Que nos o me pertenezca. Pero sobre todo Devuélvanme la dicha Donde habita la palabra Y entonces Desaparezco Muero Resucito Eterna Y furiosa En Ella. *** De vez en cuando Sergio A Sergio Bahr De vez en cuando Sergio se convierte en el tragaluz de un verso, para no asfixiar la memoria. No importa sonido, forma, llanto. Colores, tiempo, o recuerdos que lleguen a esconderse en la profundidad de sus manos. Una sonrisa suya Es la línea de fuego Que consume el iceberg Escondido en mis párpados. Luxación del cualquier intento para no llegar a cualquier parte. Inquietante sonido Parsimonioso sonido, Lámpara de arena que confunde La sombra del tiempo en las paredes. Historia desvelada en la orilla de mi boca, Ráfaga silenciosa Cuadrante de unas manos vacías (las tuyas en ellas, a veces) sumatoria de silencios corto punzantes Jade que aplasta cuando se ausenta. Que viene con fuerza cuando nos llega. Que corta, Que observa, Que se vuelve a su antojo, Que nos vuelve a su antojo Y entonces, vuelve a despertarme En la profundidad de un solo nombre. ** Karen Valladares karen18es@yahoo.es Poeta hondureña (Tegucigalpa, 1984). Estudiante de leyes en la Universidad Tecnológica de Honduras (UTH). Ha participado en lecturas realizadas por el grupo colectivo de poetas Paispoesible y Máscara Suelta. Participó en el 5º certamen de la Semana de la Juventud, en el Instituto Salesiano San Miguel, y en el 2º Encuentro Internacional de Escritores y Escritoras. Poemas suyos han sido publicados en revistas y periódicos de Honduras, El Salvador, Panamá y Perú, así como en los sitios web El Mounstruario (http://www.elmounstruario.com) y Poetas del Mundo (http://www.poetasdelmundo.com). === Dos cuentos Antonio Vizcaya Durán ================================ *** La mancha Sus pies hinchados de tanto deambular las calles apenas caben en los zapatos rotos, abiertos, exactamente por donde respiran perpetuos los callos punzantes; sobre todo cuando descansa la jornada, frente al aparador, cada tarde, a la sombra del techo plegable, predilecto por extender su frescor hasta el pavimento. El techo ha olvidado escurrir la lluvia y la lluvia los escupitajos del viejo por más de tres meses; distrayéndose un rato de seguir ofreciendo fastuosos tesoros traducidos en cheques al portador con el amparo de la suerte; pero sobre todo de la Lotería Nacional. Sus ojos dejaron de ser confiables de tanto verse en apuros. Ahora son esos delgados anteojos escurridos hasta la punta de su gruesa nariz los que lo alertan ante quien quiera canjearle billetes por cheques sin fondos o su pan a cambio de nada. El resto de los sentidos reconocen no sólo el linde y edad de toda moneda, olores o acertijos de pájaros de cuenta capaces de violar cualquier nido con tal de hacerse de dinero fácil; siempre listo de espantarse pajarracos de mala muerte a punta de bastonazos a la menor provocación de su tacto-audible, diestro al guiar mil pasos rotos hasta aquel cuarto de azotea, al fin sacarse los zapatos, los andrajos: jirones de camisa y pantalón colgantes de idéntico matiz al rostro abotagado en resignación; mientras el corazón se le sale por los pies. El sol rasante, reflejado en el cristal, al cegarlo lo vuelve a la vida. El ansia de confort insiste en abstraerlo pensando cómo hacerse de ese par de zapatos sin que nadie lo advierta; sobre todo los buitres al acecho de su botín. A medio crepúsculo suele colocarse frente a ellos. A fuerza de costumbre ha llegado a convencerse, enfocando inútilmente las gafas, de que son de su exacta medida, quizás un número más grande para beneplácito de las monstruosas callosidades; y por supuesto que se encuentran en mejor estado que los suyos. Le atrae sobremanera el moño formado por ambas cintas, como si el par coquetearan con su orgullo: “Ven, tómanos, somos tuyos, te estamos esperando”; mientras lanza dos que tres muletazos más espantándose las moscas que también se turnan para alimentarse de él como sanguijuelas. Con mucho tiento, para que nadie lo descubra, el desgastado hombre desliza el bastón armándose de paciencia infinita, paso a paso, imitando al caracol que parece seguir inmóvil a lo largo de las horas a pesar de haber devorado la planta de pies a cabeza; sin perder de vista los zapatos que parecen seguir llamándolo a través de la apetitosa transparencia del cristal. Algo le dice que si no lo intenta hoy, mañana será demasiado tarde. Seguramente no es el único que los desea, que los necesita, que está dispuesto a correr el riesgo a pesar del peligro latente; y es que el bello corte estilo mocasín con florituras en los lados y los tacones tan perfectos lo cautivaron desde un inicio. Las semanas se convirtieron en meses y los meses en necesaria obsesión para olvidarse de una vez por todas de esas burlescas bocas siempre abiertas en sus chanclas horrendas que hasta los tacones arrastra al caminar por el Zócalo, gritando sus billetes. La punta metálica del bastón, con cientos de abolladuras opacas, ocultando a la vista del incauto otras docenas más, perdidas en las calles, al fin logra introducirse en uno de los dos seductores rodetes del moño, entre profundos jadeos del viejo, manipulando la operación secreta con sus ojos saltones, entornados a más no poder jalar aire; a punto de perder el equilibrio. Ya no hay marcha atrás. Esos zapatos deben ser suyos hoy mismo; de lo contrario bien presagia las consecuencias. El caos citadino provoca que su mente se aísle del entorno, incluso sus oídos silban en ascendente. Es un soldado decidido a llegar antes que sus camaradas al pillaje, a la rapiña absoluta entre bombas enemigas. Las bisagras giran en silencio. Tiene medio abdomen más allá de ese espejo de sorpresas. Los callos insolentes lo martirizan con punzadas no deseables al adversario que sigue lanzando granadas desde su trinchera; incitando al anciano achacoso a un último esfuerzo, a sacudir la lengua asquerosa al sentirse tan cerca del manjar; a pesar de su escasa y desgastada dentadura. Una mueca maliciosa, que podría interpretarse como sonrisa cansada, puja lo suficiente para que el bigote relamido y la barba descuidada se tornen grisáceos en el momento en que el sol termina de ocultarse en el último edificio de enfrente. El bastón logra al fin que los zapatos se muevan ligeramente. Hasta este momento ningún peatón parece advertirlo, aumentando la emoción del abuelo. Penden apenas de la punta de metal ante el pulso titubeante y su rostro sudoroso, ambicioso. La mano derecha apoyada, a punto de resbalar junto con todo ese cuerpo regordete, desparramado, oloroso insoportable; con gran peligro, en cualquier momento, de convertir la osadía en simple anécdota policíaca en la última página de los diarios de mañana. No puede más. Tiene que decidir ahora mismo entre dar la vida en nombre de la presa o salvar la propia vida. La cabeza calva le da vueltas. Le parece sentir agujas atravesando los dedos pulgares de sus pies. Sus brazos ceden al igual que los brazos de un árbol atiborrado de frutos, de lluvia, de cuervos guarecidos contra la voluntad del huésped. Pero las cintas del calzado resultaron estar tan enredadas que, más que su bastón, lo que necesita son dos pares de palillos chinos, una lupa y hasta tres pinzas quirúrgicas para desenmadejar el laberinto en el laboratorio de un siquiatra especialista en nudistas: su prominente panza negruzca y apestosa ya es observada en la calle por varios curiosos alarmados, más allá de lo permitido por el manual de buenas costumbres. ¡Se va a caer! Fue impostergable la llamada anónima de emergencia a la policía. Las televisoras enviaron equipos al lugar, esperanzadas en tener la edición completa de la nota antes de las nueve de la noche; pero ninguna de esas cámaras de tonalidades amarillentas logró enfocar a tiempo al par de zapatos desbarrancándose contundentes, en línea recta, desde la azotea del edificio de tres pisos hasta rebotar sobre el pavimento desgastado, mordisqueado por la lluvia y el tiempo; luego de abollar ligeramente el cofre de un vetusto auto estacionado. El viejo, aturdido, desesperado, en el último instante prestó atención, sobre todo, al fugaz silbido de un largo tramo de cinta de video que se encontraba enredada, a la vez, entre las propias cintas podridas de los zapatos que sólo necesitaban de un sublime intento para ser liberados de su condena; de todos esos años que permanecieron colgados entre los inútiles cables del telégrafo, en pleno centro de la ciudad. Cables atiborrados, cada tarde, de pajarracos asustados ante el bastón que el viejo apenas logró salvar en la ventana, con el semblante enfermo. Expresión semejante a la del soldado que levanta las manos pidiendo clemencia. Es verdad, los noticieros de la noche aumentaron su audiencia; al menos comparada con la del culebrón-telenovela de moda; y eso que ayer se decidía la suerte del protagonista principal: en el capítulo anterior su amante le había ofrecido fastuosos tesoros traducidos en ilimitados cheques al portador con el amparo de su futura viudez. Un segundo después te invitaban a comprar toda la gama de artículos que podrías adquirir si te ganaras la Lotería Nacional. Las imágenes en los noticieros resultaron hasta cierto punto comunes, aburridas, nada fuera de lo ofrecido cotidianamente: el viejo les gritaba a los niños allá abajo que “esos zapatos le pertenecían”... —¡No se los roben, hijos de puta! ¡son míos! ¡de “naiden” más que míos! —sintiendo el rostro inflamado y lo poco que quedaba de su mirada diluida entre lagrimones de impotencia; mientras los chicos lanzaban el par tan preciado una y otra vez a las alturas, encantados, después de atar entre sí de nuevo las cintas. Inadvertido el rancio personaje desde la terraza que seguía gritando con voz gruesa, amenazante, desesperada; tan sólo deseaba comprender, con su corta vista, el carnaval allá abajo; sin perder oportunidad para sazonar la escena inconclusa con cristalinos escupitajos cuya consistencia y espontaneidad hizo por momentos pensar a uno que otro testigo en la tan anhelada primer lluvia del verano. Sin olvidar, sea dicho de paso, los aplausos del respetable público, aquella tarde calurosa, obsequiados al valiente bombero: a pesar de los bastonazos que soportó en su espalda, bajó los tres pisos con el viejo a cuestas; desnudo de todo pudor. El par de zapatos se encuentran de nuevo colgados, enredados una vez más por cuenta y riesgo de los chiquillos; repitiendo de esta forma la epopeya de sus padres; con la única diferencia de servir ahora como espantapájaros en la acera de enfrente. Ajustándose indiferente los anteojos inútiles, sin perder de tacto los billetes y su cena, al anciano le parece que esta noche el cristal del aparador de la zapatería tiene una mancha que no había advertido antes; ubicada, tomando en cuenta el ángulo desde el que disfruta de su cotidiano descanso otoñal, un poco a la derecha de la ventana de su vivienda, en aquella oscura solana. Se descalza, pausado. El bastón rebota varias veces sobre el cemento, en sus oídos; ante la indiferencia de la gente que sigue corriendo frenética en busca de sus propios sentidos; sin imaginar que el abuelo los capturó todos en esa extraña mancha apenas palpable, rasposa como lija en sus yemas endurecidas. “Verdosa, gelatinosa...” —parece murmurar algo entre risillas... El bigote humedecido se abre en abanico ante lo que podría interpretarse como franca sonrisa pícara; mostrando a quien quiera ver los últimos tres dientes masticando con delirio el pedazo de pan. *** Un minuto La perspectiva es inigualable a pesar de que, irónicamente, el destino, el futuro, la suerte, el simple azar son ficticios para él. La ciudad se le obsequia en libre naturalidad. No puede creerlo. No debe perder detalle; no olvidará uno sólo de estos súbitos segundos en toda su vida. Inmerso en el paisaje convertido en escenario para él, espectáculo invaluable de sus sentidos. Lienzo reconciliado, a la lejanía, con lo abstracto que representa el bosquejo de ese par de avenidas paralelas torciendo caprichosas más de una vez hacia cualquier punto perdido entre edificios, arboledas y el smog. Los autos que las surcan semejan frenéticas hormigas metálicas, multicolores; reflejando en intervalos de monótona sorpresa la luz alta del sol que a la vez explota en la atmósfera completa; enmarcada por las nubes que parecen jubilosas ante la fugaz dicha de Jacinto. Es tan corto el lapso que sus emociones no pueden darse el lujo de reflexionar, de concentrarse en un punto determinado; olores y sonidos creando en su garganta y en el ambiente un trago tan dulce, complaciente, necesario. Suficiente al descubrir al fin la simetría imperfecta, lejana, de su propio barrio; su vida en un suspiro impostergable; recortado en trecho alcance a la altura de aquella capilla por las ramas más delgadas, desnudas, de un árbol viejo, despuntando ociosas a pocos centímetros del barandal donde los ojos y la boca de Jacinto no pueden abrirse más ante el trazo de las sombras de docenas de arquitectos, firmadas por un niño en cautiverio. La bandera nacional, en la cima del horizonte, guarda el luto de su tristeza al lucir escurrida, inmóvil en aquel mástil afilado. Todo ha resultado un redescubrimiento intraducible. A sus pies, sobre la calle del hospital, en un parpadeante “zoom” de sorpresas, no sabe si el vértigo que siente es debido a la altura, con las manos esposadas, o a lo que representan realmente las esposas, su profunda depresión; viendo caminar a la gente por las banquetas sin que nadie repare en él. Los autos entran y salen de la calle angosta, angustiantes, como obsequios fugaces de la vida allá afuera. Varios chicos juegan fútbol en un parque cercano. A Jacinto le parece escuchar sus gritos; confundidos con las aves jugueteando de palmera en palmera, en el camellón, sobre el bulevar. Los transeúntes que no contestan llamadas en sus móviles parecen responderse a sí mismos en absoluta abstracción. El viento ligero que inicia la jornada parece llevarse las pocas nubes más allá del lienzo; invitando a ese gato equilibrista, gran amo del balcón, a reclamarle su presencia indeseable a Jacinto, viéndolo directo a los ojos a la vez que maúlla de nuevo, prepotente, erizando su lomo pardo; liberando parcialmente al hombre de su ensimismamiento. Una voz seca, autoritaria, pero al mismo tiempo reflejando cierta compasión, se escucha desde el interior: —¡Eh! ¡Jacinto! ¡Se acabó! —viendo de reojo su reloj de pulsera. Jacinto voltea despacio, abstraído aún. Sabe bien lo que la orden significa; el minuto más largo de su vida se ha terminado. Quisiera quedarse ahí, inmóvil para siempre, junto al gato que impasible espera la retirada sin pretextos del extraño. Los chicos siguen jugando fútbol. Las aves cantan en las palmeras. La ciudad completa interpreta su infortunio. Jacinto desfila al lado del recio policía custodio, quien lo observa como si descubriera de pronto un inesperado milagro encadenado a sus propias muñecas; a su pasado. Jacinto nunca logró planear unas vacaciones como todo el mundo, unos cuantos días al año. Primero fue el exceso de trabajo, la bonanza, el cumplimiento del deber y el pago de favores; luego la falta de dinero, la quiebra. Las deudas le ordenaron mentir para lograr el sueño de los suyos; pero terminó cometiendo ese pequeño error que lo hace comprobar ahora, después de los primeros cinco años de condena, que la eternidad de la ciudad Lux suelen conjugarla algunos afortunados en insufribles estaciones a la sombra. Acaba de firmar la paz con un mundo que apenas reconoce la libertad en el chasquido de unos dedos: el policía custodio cierra contundente la puerta de cristal del balcón; amotinándose en la mente de Jacinto tantos recuerdos que creía olvidados en los alrededores de aquella capilla. —Me parece injusto que el médico me haya pesado con las esposas y la cadena puestas. ¡Te aseguro que si me hubieran dejado ir al baño antes, pesaría al menos dos kilos menos de lo que anotó el doc! —¡Pinche Jacinto! ¡Si sigues así no volverás a ver nunca la ciudad! —riendo de buena gana el custodio amigo; sigue la broma del reo sin perder detalle de su caminar inseguro, enfermo; avanzando ambos por el pasillo en penumbra hasta llegar a la celda, a esa eterna morada dueña del destino en futuras suertes al azar. La reja se cierra en un eco que duele, activándose automático el cerrojo ante la curiosidad sigilosa de uno que otro preso vecino. La voz de las palmeras al viento se adormecen ligeras en el convicto. —Ni una palabra de esto a nadie, ¿entendido? —le susurra el policía al más afortunado de los prisioneros. —¿Cuándo volveré a verla? —pregunta a media voz Jacinto; macizos sus puños en los barrotes de acero que su mirada parece iluminar. —No lo sé, Jacinto... no lo sé —evadiendo la mirada del recluso se aleja con paso lento. Debe entregar de inmediato el informe al alto mando. ** Antonio Vizcaya Durán alipuso@yahoo.com.mx Escritor mexicano (Pachuca, 1964). Comerciante de café de grano y empleado público administrativo del sector salud, ha publicado textos en Pachuca, periódico local, El Norte (Monterrey) y diversas revistas underground de Ciudad de México y Guanajuato. === Desde otra isla (extractos) Ihosvany Hernández González ========== *** Entre la multitud y el asco de la tarde Te llevo entre la multitud y el asco de la tarde entre el golpe de dados y el incienso te clavo en el esplendor de las vidrieras y te pienso sentado en el metro que penetra los túneles más abajo bajo tierra con una fuerza que corroe mi nostalgia que corrompe mi vergüenza. *** Las islas que una mañana hallé años después persisten las islas que una mañana hallé por asomo a tus ojos tierras inertes donde hirió tu boca mi cofradía veo toda la tierra sombreada en tu rostro duerme el color en esa tibia imagen que años después me provoca convocarte a la humedad fría de otras noches en Montreal. islas náufragas bocas amordazadas por no liar todo el encanto de un amigo intolerante que venero en cada plaza que se abre a mi camino. *** Toda belleza es un ciruelo Toda belleza es un ciruelo a merced del tiempo, mito ante lo ignoto, agua inmersa mientras la lluvia cae sobre ese vientre contenido en un verso de Catulo, manuscrito a salvo en el país palpitante de esa habitación donde se exhibe el cuerpo deleznable del amor, cárcel donde la luz pone en evidencia la perfección de alguna axila y los días se hacen de esa rúbrica añorada, el abrazo del amigo ido hacia esas riberas del mundo. La vida urge de espuma, efervescencia de rostros aunándose en las breñas de la noche. La paz está en la reconciliación, hijos de Adán y Zeus, naturales de Ítaca y Alejandría, nervudos dioses en ese esplendor avizorado por mi nostalgia cuando en ombligos y bocas voy izando tímidos pecados sabiendo que toda belleza es un ciruelo a merced del olvido. Del poemario inédito Desde otra isla. ** Ihosvany Hernández González ihosvany74@hotmail.com Poeta cubano (La Habana, 1974). Reside desde 2004 en Montreal (Canadá). Escribió libretos radiales para la emisora cubana Radio Progreso, mientras estudiaba licenciatura en historia en la Universidad de La Habana (http://www.uh.cu). Tiene inéditas las novelas El mejor sitio del mundo y La salida. Obtuvo el segundo premio en el evento literario Tendiendo Puentes (2005, http://home.oise.utoronto.ca/~lared/Ganadores.htm), convocado por la Universidad de Toronto, con el cuento “Salón Sahara”, y que aparece en la antología bilingüe Ruptures, continuities and re-Learning, The political participation of Latin Americans in Canada (http://www.wier.ca/~%20daniel_schugurensky/ruptures.html). Fue finalista del II Premio Internacional de Poesía “Desiderio Macías Silva” (http://www.ayc.com.mx/listafin06.htm), convocado por ediciones Azafrán y Cinabrio, de México, con el poemario Días despavoridos como ciervos. Mantiene una página personal en http://www.geocities.com/ihoshernandez. === El río Mercedes Álvarez Gutiérrez ================================ Para Carlos Cela. —¿Cecilia? Voy a dar una vuelta —dijo el hombre. Cecilia lo miró desde la hamaca en la que estaba recostada, bajó el libro un momento y asintió. Julio abrió el gran portón de hierro y salió al bosque. No le gustaban los domingos con amigos en la casa de campo durante los veranos. Las charlas cada vez más frecuentes acerca de la comida y los hijos, y luego, esa costumbre que tenía Cecilia de hablar poco, y de recluirse a su hamaca en el momento menos pensado, mientras las parejas jugaban a las cartas después de la siesta. Julio buscó en el suelo entre las hojas y eligió un palo que usaría para caminar por el sendero que llevaba a la cascada. Cuando empezó el trayecto se sentía molesto y hostil. La noche anterior había tenido una discusión con Cecilia. Al levantarse ella le había pedido perdón. Sin embargo Julio no había podido borrar de su mente la mezcla de vergüenza y dolor que le habían provocado las palabras. Ahora, mientras caminaba, parecía que se le iban destilando lentamente en la sangre, y no fue hasta que hubo avanzado un buen tramo que logró dejar de pensar. Se detuvo para quitarle al palo unas pequeñas ramas que salían del tronco principal. Le hubiera gustado lijarlo, convertirlo en un objeto acabado para la larga caminata que le esperaba. Pero eso no era posible. Se conformó con sacarle las ramas, y cuando terminó sólo le preocupaba la idea de que los otros se cansaran de las cartas y decidieran seguirlo. En una curva del sendero tropezó con una piedra: la apartó con el bastón y levantó la vista: la cascada no estaba muy lejos, pero antes había que cruzar dos veces el río. Alguien, una vez, había dicho aquella frase famosa. “Nadie se baña dos veces en el mismo río”. Siguió avanzando. Había llovido el día anterior y el terreno estaba mojado, pero había un extraño placer físico en la humedad, muy distinto del que sentía cuando estaba en la ciudad. La ciudad era para él un ámbito necesario, pero si le hubieran dado a elegir se hubiera quedado con el bosque. Julio siguió el sendero por la derecha y llegó al río. Pensó en su padre, al que le gustaba pescar en medio del agua. Luego dejó el bastón y se quitó los zapatos. Sus pies desnudos tocaron la tierra y las hojas mojadas, y emprendió el camino al otro lado de la orilla. El agua estaba helada. Vio un grupo de lucios nadando juntos a toda velocidad. Cuando llegó volvió a pisar tierra y hojas mojadas y se puso los zapatos. Apoyándose en el palo, subió la pequeña cuesta que lo separaba del sendero y siguió el camino. Sin embargo no estaba ansioso por llegar al siguiente cruce, porque seguramente estarían ahí las mujeres de los pueblos vecinos, recogiendo el agua azufrada que salía de un caño entre las rocas, y prefirió desviar el camino para cruzar el río más adelante. Y Cecilia, desde su hamaca y con el libro en la mano, decidió que si había creído escuchar a su marido masturbándose durante la noche no era porque de verdad hubiera sucedido, sino porque a veces, cuando dormía con él, soñaba con él. De modo que Julio se desvió por el atajo de detrás de la sierra. La lejanía cada vez mayor de la casa y de la gente lo hacía sentir aliviado y libre. Creyó que las diferencias entre él y los amigos, entre él y Cecilia, se hacían cada vez más profundas y evidentes. Tanto que fantaseó con la idea de perderse en el bosque, de caminar sin descanso y no volver esa noche. Dormir en una cueva, tal vez, y sólo por la mañana pensar en el regreso. Pero no había llevado agua ni tampoco comida. Al pasar una curva del sendero a Julio le pareció oír el rumor de la cascada. Recordó que una vez hacía años, cuando acababan de comprar la casa, había recorrido la misma desviación del sendero para bañarse en el río con Cecilia, y antes de llegar habían hecho el amor entre los árboles. Sólo que ahora, desde hacía tiempo, ya no sentía ganas de acostarse con ella, y en lugar del deseo entre los dos se había instalado esa indiferencia que aparecía cuando la observaba durante un rato, como si dejara de conocerla o nunca la hubiera conocido. Y si bien creía que su vida podría seguir exactamente igual sin ella, también era cierto que lo invadía una asombrada tristeza cuando pensaba en la separación. (Sin embargo a veces sospechaba que era el hecho de encontrarse tan armónicamente vacío y no la idea del divorcio lo que le dolía, y al mismo tiempo lo que le daba la confirmación de que estaba envejeciendo). Se sentó unos momentos al costado del camino, sobre una roca. No tenía hambre, pero empezaba a sentir un poco de sed. Recostó la cabeza sobre el tronco de un árbol y respiró el olor a tierra. Desde donde estaba podía ver el oscuro margen del monte, una forma desdibujada y rodeada de nubes. Nunca había creído que la juventud pasara tan rápidamente como se lo habían advertido los adultos en su adolescencia, y resultaba que así era. De pronto ya no se era joven. De pronto se empezaba a tener miedo, y sentir se convertía en una tarea cada vez más difícil. Recordó a su padre en medio de las aguas turbulentas, peleándose con el río y con los peces, o tal vez con él mismo —porque viéndolo, uno nunca podía saberlo. Un día que Julio lo había acompañado a pescar, en el descanso que habían hecho para el almuerzo, el padre le había dicho: —¿Sabés? Ya no siento deseo por ninguna mujer. Es lo bueno de ser viejo: que uno por fin está tranquilo. A Julio el comentario le había parecido triste. El padre había sonreído. Julio se apoyó en el palo para levantarse y continuó. Pensó en llegar rápido al siguiente cruce del río para poder tomar un poco de agua, pero no aceleró el paso sino que siguió lento, y cuando vio el agua corriendo allá abajo se detuvo en medio de los árboles y tuvo el deseo ingenuo de que todo volviera a ser como antes. Y Cecilia, desde su hamaca y con el libro en la mano, decidió aferrarse a la creencia de que no todo estaba perdido, de que si bien la apariencia de las cosas había cambiado el fondo seguía siendo el mismo, que todavía quedaban los gestos, la manera en que él le acariciaba distraídamente el pelo mientras tomaban sol, o la forma en que se abrazaba a ella algunas noches en la oscuridad de la cama. Julio continuó el sendero hacia abajo, teniendo cuidado de no herirse con los arbustos de espinos. Se apoyaba en el palo y apartaba las ramas. De vez en cuando se resbalaba con las hojas húmedas. Cuando llegó a la orilla se quitó los zapatos y las medias. Sus pies tocaron nuevamente la tierra y después el agua. Se inclinó para beber un poco. Vio su reflejo deforme pasar raudo por debajo del torrente. Después se paró y empezó a caminar. “Nadie se baña dos veces en el mismo río”, pensó. Sin embargo él lo estaba haciendo. El cruce le resultó más difícil que el anterior. Por esa parte el río bajaba más turbulento, y se vio obligado a parar varias veces en el camino. Tuvo la sensación del agua helada en los tobillos que se le extendía por el resto del cuerpo, pero aun así logró mantener el equilibrio. Subió por entre las piedras hasta el sendero. Sabía que si se acercaba un poco más podría oír el rumor de la cascada. Se sentía ansioso y excitado como un niño a punto de desarmar un reloj. La ansiedad le provocaba un placer tan infantil que le dieron ganas de orinar, pero no lo hizo sino que siguió, por entre los árboles y más arriba, hasta que empezó a oír el ruido del agua. Entonces no pudo contenerse por más tiempo. Se desabrochó los pantalones y orinó sobre la tierra. Sintió parte de la tensión liberada, pero a la vez supo que no era suficiente. Ese contacto inicial de la mano con el sexo lo llevó a masturbarse. En la naturaleza se sintió poderoso. Creyó que le volvía la voluntad, parte de la energía de la juventud. Creyó que le volvía el deseo y la inteligencia. Tuvo el anhelo de inmensidades y planicies, pero a pesar de eso sintió que era el bosque lo que mejor se adecuaba a sí mismo. De modo que lo derramó todo sobre la tierra, donde antes había derramado la orina, y luego cayó de rodillas, feliz, vencido por el calor. “La vida de los relojes atenta contra la vida de los seres humanos”. Se le ocurrió de pronto, al mirar la hora, y pensó que si hubiera tenido un papel a mano lo hubiera escrito. De rodillas sobre la tierra se quedó contemplando un enorme escarabajo azulado que volaba de flor en flor, igual que un pájaro. Lo miró largo rato, mientras pensaba cuán cierto era, qué rápido se acababa el tiempo de actuar y qué difícil le resultaba a veces recordar quién era, quién había querido ser. Le costó unos momentos reaccionar y volver a emprender el camino, pero ahora se sentía más ligero. Tenía de antemano la sensación del agua en el cuerpo. Retomando el sendero subió por la parte de piedras. El bastón no le era ya de ninguna utilidad, de manera que lo dejó, apoyado contra un árbol, para el momento en que tuviera que regresar. Entre las piedras y con las ramas como techo el ambiente era fresco. La humedad se le metía en los huesos. Pero tenía tal deseo de libertad después del orgasmo que el camino no le pesaba. A pesar de que parecía volverse más difícil por momentos. Cecilia, los amigos, no eran más que un recuerdo lejano, como si no los hubiera dejado esa mañana sino hacía días, tal vez meses. Julio ponía toda su fuerza en sujetarse a las piedras. Resbaló dos veces lastimándose las rodillas, pero continuó. No quería pensar en el regreso sin haberse metido en el agua. Entonces, de pronto, mientras buscaba dos huecos de tierra para apoyar los pies entre las rocas, vio en la distancia la figura de un caballo. Se quedó quieto, contemplando al intruso. Era un caballo alazán, pero tenía las patas blancas, o al menos eso era lo que podía verse desde la distancia. Julio se acercó un poco, haciéndose lugar entre las rocas, y el caballo dio unos pasos hacia atrás. Se preguntó cómo habría llegado el animal al bosque, porque había demasiadas piedras en esa parte de la sierra. Hizo un nuevo intento por acercarse: esta vez el caballo se quedó quieto. El hombre arrancó unas hierbas que crecían entre los árboles y extendió la mano. El caballo olfateó el aire. Mientras tanto, Julio avanzó con el manojo de pasto, caminando lentamente en cuclillas entre las rocas. El animal no se movió. El hombre logró llegar a un metro de él. Vio la estrella blanca que tenía en la frente. Vio una costra redonda y grisácea en una de las patas delanteras y también rasguños de sangre. Le extendió el pasto, pero el caballo se alejó al trote. Julio se quedó observando la figura que se hacía cada vez menos nítida. Luego tiró las hierbas y se sacudió las manos. Se quedó todavía unos momentos agachado entre las rocas, sorprendido del encuentro, de la habilidad del caballo para esquivar las piedras. Después se levantó. “La vida de los relojes atenta contra la vida de los seres humanos”, volvió a pensar. Quiso seguir, pero no se decidía a continuar subiendo. De vez en cuando miraba a izquierda y derecha por si aparecía el caballo o lo veía a lo lejos. Pero el caballo ya no estaba. Por fin, quedó convencido. Volvió a caminar entre las rocas. Sólo un poco más arriba, detrás de la piedra más grande que ocupaba el lugar en lo alto del camino, divisó la cascada. Era como un chorro que surgía de entre las piedras, y abajo, donde caía, estaba la zona estancada del río, el punto donde habían ido a bañarse con Cecilia aquella vez, después de hacer el amor. A veces se sentía extranjero de sí mismo cuando pensaba en el pasado. A veces, de pronto, lo invadía una dolorosa sorpresa, que era la nostalgia de lo que podía haber sido. Se preguntó si sería verdad lo que decía su padre, que cuando uno envejece está tranquilo por fin, pero no fue capaz de creerlo. Bajó por la cuesta de tierra ya sin piedras. Se sacó los zapatos, los pantalones, la camisa, el calzoncillo. Se acercó y tocó el agua con los pies. Una oleada de frío se le extendió por todo el cuerpo. Se metió un poco más adentro. Se quedó contemplando la cascada. Le pareció que el agua era una de las pocas formas que tenía de olvidarse de sí mismo. Avanzó unos pasos hacia los remolinos. Porque dónde se había quedado su manera de querer, las ganas de convertirse en un abogado un poco menos mediocre, ahora que tenía treinta y ocho años y se declaraba vencido. Dónde el sentido del humor y el don de la comprensión y del sexo. ¿Se habría agotado, acaso, su capacidad de dar? Entonces, quizás tampoco pudiera ya recibir nada. Caminó hacia adentro en el río. Ahora el agua le llegaba a las rodillas. Movió las piernas para desentumecerlas. Sólo entonces tuvo el valor de zambullirse. Sintió un dolor en la frente y creyó que se helaba. Los músculos se le pusieron rígidos como si se le hubieran acalambrado de golpe. Después sacó la cabeza y nadó acercándose a la cascada. Se detuvo unos metros antes. Había un poco más de profundidad, pero seguía tocando el fondo con los pies. La fuerza del agua creaba remolinos a su alrededor. Julio se mordió los labios. Movió las piernas y los brazos en círculo. “La vida de los relojes atenta contra la vida de los seres humanos”, se dijo una vez más. Miró con odio el reloj en su muñeca izquierda. Ahora podía alejarse del torrente o acercarse todavía un poco. Dio una brazada. Los oídos le dolían de frío, pero podía más la fascinación de estar tan cerca del agua, de ser por fin parte de algo como hacía mucho tiempo que no era. Y Cecilia, desde su hamaca, pensó si tendría que ir a buscar a Julio o bien esperar. Después levantó la vista del libro y vio a los amigos que habían dejado las cartas y se habían quedado dormidos sobre el pasto, las caras y los brazos desnudos expuestos al sol. Se incorporó para reunirse con ellos, pero una vez de pie no fue capaz de avanzar y volvió a sentarse, como si tuviera de pronto un cansancio mortal, en un lado de la hamaca. Sumergido por completo en el agua Julio parecía haberse olvidado de todo lo que lo había hecho emprender el paseo por el bosque. Se acercaba peligrosamente a la cascada. Ya no tocaba el fondo con los pies y sólo podía asomar la cabeza. Fue, probablemente, la primera vez que sintió que podía morirse. De pronto el corazón le latió fuerte y en el estómago se le apretó un dolor punzante. Movió los brazos al compás de los remolinos. Después le pareció escuchar al caballo relinchar muy cerca. Se volvió, pero no había nada. Siguió moviendo el cuerpo. Tenía los labios morados y el sexo entumecido. Con grandes esfuerzos nadó hacia fuera, intentando aferrarse a las piedras. Movió los brazos y las piernas con furia hasta que por fin salió, extenuado, y se sentó sobre una piedra al sol. Poco a poco el nudo del estómago se fue haciendo menos intenso. Contempló las piedras, el chorro que caía inconmovible, más atrás las hojas y las ramas, el bosque por todas partes. El caballo se había ido definitivamente. Escuchó los pájaros. Después se levantó con dificultad. Pensó en el palo: tenía que encontrarlo donde lo había dejado. Al volver, tarde en la noche cuando todos estuvieran dormidos, lo lijaría para dejarlo totalmente liso. ** Mercedes Álvarez Gutiérrez almercedes3@hotmail.com Escritora argentina (Tandil, Buenos Aires, 1979). Un relato suyo aparece en la antología del Premio Nacional de Cuentos Haroldo Conti (1998). === La guadaña entre las flores (extractos) Ángel Padilla ============ (Nota del editor: el poemario antitaurino La guadaña entre las flores, del escritor español Ángel Padilla, fue distribuido por la Asociación Nacional para la Defensa de los Animales, de España. El libro fue elogiado por el crítico literario y novelista Manuel García Viñó, en TVE, como “uno de los mejores libros que he leído en 2002”). *** El puente de los mártires 1 Con el corazón tañido por relámpagos, el cosmos en el pecho, el trueno en la garganta y la primavera en tus ojos de cuatreño, morirás. Aun cuando el cuervo blanco sobrevuele tu sima con el crucifijo de sus alas, aun cuando del estigma de la corona surjan palomas, las flores sacien el hambre de tu fosa y al odio lo hechice el invicto resplandor del amor, morirás. Y tu muerte no será la del gorrión dormido cuyos párpados se cierran en la hierba. Pues hacia ti sube desde un cuadro de Goya un español. 2 La fatal semilla brota en tu estrella. Tu memoria en la llama del justo se exorciza. Florecerá la luz de tu recuerdo en el ayer: tus astas frondosas de cielo; tus pezuñas, raíces en la hierba. Y en el toro del futuro renacerás. Cuando el árbol bendiga la hoja al viento, cuando en el humano amanezca el nuevo humano y la cizalla busque otro cubil, volverás. Volverás de la muerte hacia la vida, volverás de la sangre hacia las flores por el puente de muertos de los mártires que entregamos nuestro hoy por tu mañana. *** Los versos del picador 1 Sobre el viejo caballo, que no es un caballo, que es el mar, que es un árbol, que es el viento. Y en la puerta de tierra de la hierba volverá a llamar en primavera. Con tu garrocha, que no es una garrocha, que es un fuego, que es la nieve cayendo, que es la muerte. Y en la puerta encendida de las flores volverá a llamar en el invierno. Hundes tu brazo de hierro en el toro, que no es un toro, que es el mundo, que es tu madre y es tu pecho. Y en el cielo de tus ojos volverá a volar cuando no haya nubes de leones. Picador, que no eres picador, que eras un prado, que ahora eres la noche, el hielo. Y volverás, alba, como un rayo a la nueva hierba, a iluminar las fosas que creías cumbres. Una herida en el corazón del mundo, sangra bosques el cielo, sangra cielos el hocico del toro, sangran hierba tus ojos, sangran estrellas tus labios, sangra rosas tu cara, sangra caras tu cara, caen por ella tus vecinos y cae por ella la pared de tu casa, tu edificio, tu ciudad, por tu cara se derrama el mundo porque tu cara no es tu cara, es el agujero de la muerte y bajo tus pies y bajo las raíces del suelo hueco corren millones de pies de los muertos inquietos caminando por debajo. Porque el rugido de tu lanza hace brotar la lágrima en la piedra y despierta los rojos bisontes de la sangre en los cadáveres. Un mugido del toro y hacia su sangre los que lo queremos caemos talados y hacia su roja hondura el llanto se despeña y hacia él caen los prados, las montañas y los cielos, hacia su pena grande como la lluvia en los desiertos y quedas solo, picador, en el aire solo, llenas de sangre tus manos y tu cuerpo, picador rojo flotando y girante en un viento quieto. Sin ningún ser a quien zaherir ni matar, tú verdugo y herida, herida en el mundo solo y solo sin cielo ni raíces. Enamorado de la muerte, iluminado de infiernos, tu corazón pare Vírgenes. 2 Alguien ha conducido a tu anciana madre a la dehesa dentro de los verdes cercados, entre los toros, que tu madre no es una mujer, que es la tierra, que es un bosque, que es el mar, que es un toro. Y cuando caiga como mujer y luego se alce a cuatro patas sobre las flores mugirá una canción de cuna ante tu losa. Tú has llegado entre vaqueros, tembloroso tu aguijón, a la montaña de su cara y con los truenos de tus manos de lluvia has alzado al toro de tu madre de entre los demás huidizos toros y no has hundido tu garrocha sobre su negra testuz porque no veías en ella a un toro sino a una mujer. Pero en el toro jamás verás (y en él habita, como en la mariposa la oruga o en la rama gris, la hoja) a tu madre. Sobre el viejo caballo. Otro mugido del toro. Helado. Rojo. Sobre el viejo caballo. Que no eres un picador. Eras la hierba. Sobre el viejo caballo. Que no es un caballo. Lluvia. Arriba de la vida. La muerte. La muerte. *** El sepultorero 1 Dicen que de tu frente asoman leones, que tu lengua es azul de hablar con Dios y que a tu lado las flores se electrizan. Pero yo sólo veo una boina flotando en el aire y una caótica elevación de neuronas y de nudos estéticos que algunos llaman hombre. Dicen que cuando caminas a tu paso los lobos se vuelcan panza arriba y en las nubes los truenos tragan lluvia, que caminas y a tu paso el día se ilumina y la hierba verdea. Pero yo te veo hablar por la noche con las llamas y descender en tu finca por largas escaleras iluminadas de rojo. 2 Sepultorero, a quien cubres con tu roja mortaja aún no está muerto, es la hierba, aire en pie. Si lograses ver ojos en las piedras y manos en las hojas, si lograses ver mares en los labios, sepultorero, tu roja mortaja sería una manta para el frío de un vagabundo. Hay tantos vagabundos en España pasando frío y hambre. Hay tantos árboles rozando el cielo y luego cayendo, tienen pezuñas, tú crees que es tierra el aire que rodea al vagabundo que cubres, mira su cabello, míralo bien son astas. Sepultorero, a quien cubres con tu roja mortaja aún no ha muerto, es el cielo, sangre en pie. Si lograses ver voces en las orillas y codos en las ramas, si lograses ver ríos en los te amos, sepultorero, tu roja mortaja sería una alfombra hacia la hierba para el toro que ahora tiene tanto frío y es un vagabundo lejos de la dehesa y tiene hambre de flores. Hay tantos toros dentro del toro hambriento de amor, tiene árboles dentro cayendo mientras quieres cubrirlo, crees que le rodea la tierra al vagabundo con pelo de cuernos, míralo bien, sus astas tocan el cielo, son cielo y son labios. Tiene árboles con frío, míralo bien, le caen los cuernos, le caen los labios, le caen los ríos, míralo, le caen a pocos las patas, vagabundo de la hierba, el frío, le tapas las astas rojas, son herida, vagabundo. *** Volverás Mira el viento es un caballo. Volverás de la mano del mismo viento que ahora golpea con sus cabezas de pico tus heridas. Volverás sin el hocico rojo con los ojos llenos de hojas verdes y en tu lengua el río. Cuando tu vuelta, cuando tu vuelta, amor, las golondrinas, cielo que salen de tus patas y se llena el aire es la felicidad, la tierra azul. Volverás para cantar las bocas que en el hoy vibra una semilla, para cantar la semilla que en su estómago verde hay una boca, para cantar su boca que hay la canción en su viento interno con pájaros que volarán en los jardines del mañana donde trotarán tus pezuñas, donde el verbo volverás será carne como un tronco de árbol. Correrás tanto en la felicidad y será tan feliz todo a tu alrededor que será la tierra y la hierba y sus flores las que correrán bajo tus patas y el cielo el que surcará veloz azul tu lomo. Mira. Volverás: el futuro espera tu vuelta y correrá contigo. Volverás. *** La canción del mayoral En tus pasos la muerte, tus piernas son de la muerte, tu mirada de la muerte, en tu lengua la muerte. Sangre, tristeza, lluvia, duele hablar de ti, la hoz. Mayoral, la hoz, tu sonrisa la hoz, en tu heno la cruz, los clavos verdes, come, toro, y muere la pradera. Viene tu te quiero de nieve a cubrir de hielo las cumbres, los labios, mayoral, invierno. Mayoral, invierno, luz, lágrima, manos verdes, manos blancas, el vino, la muerte. Tu cara verde un árbol más, los pájaros, y caminas por dentro del toro, su mujer callada, le creces cielos falsos en la espalda y pájaros, caminas las astas con piernas de estrellas, azul, pero lluvia, y tu morada en la noche, la tristeza y la sangre, mayoral, tu verde reino, la llama de tu lengua, tu heno rojo, la hoz, en tus dedos de margarita la hoz, y la sangre, el viento, su funeral en tus dedos celestes, la sangre, tristeza, la hoz. ** Ángel Padilla poetanimales@hotmail.com Poeta español. Es el fundador y director de la editorial Toro de Hierro (http://www.utopiaverde.net/torodehierro), que ha convocado, con ayuda de las sociedades protectoras de animales españolas y otras entidades, varios certámenes internacionales como el I Concurso de Poesía Antitaurina o el II Concurso de Poesía Animalista. Ha ganado el Primer premio del XVI Certamen Nacional Casc Antic 2004 de Prosa Castellana, el primer premio del VIII Certamen de Poesía Leonardo Cercós In Memoriam y una mención de honor en el IX Certamen Literario Emilio Murcia de Poesía Cilancos. Ha publicado el poemario La guadaña entre las flores y la novela Mundo al revés, entre otros libros. === Dos cuentos Marianela Cabrera Pineda ============================= *** Un cuento breve y de lo último A Mladen Beg S. y Víctor Antonioni. Por el estilo Si alguien me pidiera que escriba sobre las aguas como le pidió Antonioni a Beg ayudado por la cultura en Manrique que hable del mar y la lluvia asunto que de por sí me atrae nada más porque mi cuerpo se deshace de calor y sudo como si dijera a mares o a cántaros para revelar que la sensación también es sonora de la cual no podemos tener visiones sino audiciones y recuerdo que desde siempre surcaban los mares al principio para reconocer y conquistar y después para comerciar oro plata y otras bagatelas de las que pienso la más importante que cruzó los mares del oriente fue el sacrificio de la mariposa que nunca lo fue dejando su esencia en la seda de una pantaleta hecha canción de la pantaleta el jueves 22 de septiembre de mil novecientos noventa y cuatro que hombre o mujer bajaría metiendo los dedos pulgares aparatosamente quizás despojándola del erotismo más que de la prenda que luego por los años de Mary Quant también se metían al agua bellísimas muchachas a jugar con el mar que a veces de noche se iba superando los malecones y dejaba su huella noctámbula o bajamar poblada de jelly-fish y sirenas petrificadas para que al caminar desandando la nocturnidad de Cymru aprendiéramos de la nostalgia que dejaba un excelente alucinógeno que crece sobre las cagadas de vacas y cabras en los pastizales de las colinas que jamás se mojan pero puedes ver el mar a lo lejos con sus costas recortadas a cuchillo y presientes el viaje del norte con la lengua que se mezclaría con ésta e igualmente barcos llenos de cadáveres que aún no lo eran hasta ver la costa y no poder soltar amarras y bajar velas e intercambiar cultura y dioses de mitologías distintas porque ya se convertían en naufragio en el mar implacable que se lo tragaba todo ante la mirada atónita de quienes frente a la embarcación vikinga aguardaban letras para comunicarse y darle el nombre de Moskoe-strom con una violencia o ronquido de mar profundo que se revuelve sobre sí en un torbellino huracán que se traga su propio fin o se muerde la cabeza con la cola o al revés de la serpiente emplumada y el espejo humeante del otro lado del mar cuando supimos que los visitamos antes sin pena ni gloria y que ellos una vez se devolvieron asustados de ver tanto realismo mágico pegado a las paredes de rocas y bajo las aguas plagadas de perlas que no habían conocido galeones hundidos sino que sólo sabían de sus miserias de mar pobre o muy salino pero no había nacido hijo alguno de Homero un Ulises atado sin sirena que volvería a Ítaca y uno se quedaba con las ganas de poblar el mundo de viajeros que permanecieran años en una isla con Calipso y los Argonautas corriendo peligro porque navegar es preciso y vivir no para que las mujeres como Penélope pensaran eternamente de Medea que Jasón se lo merecía y pudieran relajar su angustia cosiendo y descosiendo la mortaja también de Aquiles con sus pies ligeros y de los fantasmas que suben de las aguas una vez encallados los restos de madera y las arcas vacías o saqueadas por los infames piratas que gracias a que no gustaban de iconos sonrosados la imaginería popular de nuestros países está llena de santos católicos apostólicos y románicos que no conocían el mar y tampoco tenían memoria porque escondían los libros o los quemaban en piras macabras que hacían al humo subir y amenazaba el fuego de Roma a la biblioteca de Alejandría en tiempos disímiles pero la historia como los poetas se repiten tanto que es mejor unirlo todo para saber que sabemos y la historia o Fidel Castro no nos van a excluir por ser figura principalísima de la tradición y aunque no haya puntos ni comas como se lo pediste a Juvenal y no a mí pero que ahora me acuerdo y les digo que es mi memoria también el agua es vida y el mar es memoria y uno se antepone a procesos inevitables en una actitud mítica reflejándose mientras nos ahogamos en los sargazos sin querer salvar del desastre en altamar a nadie que se parezca a la familia Robinson padres del incesto que se lo enseñaron ellos a los indios antes de que sucediera y por eso a veces el mar trae mucha basura consigo aparte de algas pero menos mal que los indios lo olvidaron fácilmente ocupadas sus mentes como estaban en el sacrificio humano y en los ídolos de piedra tamaño ultra gigante y el cocido o curanto debajo de la tierra con los vapores de rocas ígneas que arden aún bajo las aguas de un mar helado en la costa inimaginable de un país que está de brazo por el polo donde los pingüinos hablan porque es una reserva de parque nacional y aprender a leer y escribir está dentro del presupuesto de Wild Life desde la playa de Bush cruzando el desierto de la guerra incluidas las ciudades destruidas o inexistentes en el mar de arena hasta nuestros días y sabemos de buena fuente acuífera que el mundo también tiene intestinos y suele abandonarse en grandes arcadas líquidas o vómitos universales como les dio por llamarlo a los sabios del parlamento inglés y a los árbitros del Barsa mientras olvidamos que al mar le debemos haber sido el primer colchón para que la diosa tierra se acostara tan cansada aquella tarde cuyo sol perpendicularmente hería el ojo de un azteca sentado a pensar que la ciudad ya construida les había quedado mirando al norte y el sol sale por el este o sea por Chacao así que rompieron una brecha entre Galileo y los astros para imponer sus observaciones las cuales tarde pero en el mar de las ciencias físicas navegó viento en popa la teoría que dio origen al metrónomo que sonó en el naufragio del María Celeste mientras D’Vinci tocaba sin parar el piano en la medida que se hundían y la gente cree aún que únicamente nos hundimos en el agua cuando sé que hasta los ríos vivientes caen en vertical así sea describiendo puntos de polvo o piedras fósiles blancas como la luna y cuando quiera nos alcanza el agua hasta cubrirnos esta visión erótica e inventiva salada como el óxido de la sangre después que esa misma piedra blanca me golpea y creo que estoy viendo un naufragio colorido un buzo unos peces dorados un baulito de plástico mientras el hijo de puta que destroza mi casa mete mi cabeza en la pecera y debe ser que me voy a morir porque mi vida pasa tan rápido que me parece que ya se las conté. *** Un cuento en las montañas escarpadas La camioneta roja cruzó frente a la única gasolinera a 160 kilómetros por hora. Era una línea cortando las montañas en el fondo con tono crepuscular. Lou sonrió al verla. Tenía una mano en el gatillo que clicaba sonoro dentro del tanque de su Sky Lark 62’ y la otra sujetaba un cigarrillo dentro de su boca. Siguió el curso del vehículo con la mirada, girando el cuerpo, como un vaquero. Apuntó con la pistola de la manguera y dos chorros golpearon el vidrio. ¡Bang, bang! Se sacó el cigarrillo y lo arrojó dentro de la vieja bomba de gasolina. Hizo el gesto de una enorme explosión, saltando hacia atrás y su carcajada resonó con eco en el vacío e inhóspito paraje. Desde la capital hasta las montañas, Alma y Thea habían cruzado tres estados, iban a los Andes a disfrutar del aire libre, la nieve y la soledad. Se conocieron en el hospital, mientras Alma se recuperaba de un accidente de auto. Thea, solícita comprendió que el corazón de una mujer es más vulnerable ante la visión de su propia tragedia. Mostrando su mejor lado, fue el pilar para borrar los malos recuerdos y lo mejor que pudo ocurrirle a ambas fue iniciar aquella amistad. El paisaje cruzaba a toda velocidad ante sus ojos, las cumbres de los cerros cubiertas de nieve y las amplias praderas y bosques orquestaban el ánimo más allá de una contemplación pasiva del entorno, involucrándolas en algo así como un secreto obsequio de la naturaleza para su goce. Las dos reían y hablaban de todo cuanto llamara su atención. Alma cantaba una canción para su amiga justo en el momento que pasaron rasantes frente a la última estación de servicios, la cual, vieja y destartalada, ni siquiera apareció digna de ser vista. El invierno cerraba la tarde con una oscuridad que tapizaba el cielo como una cortina. Las densas nubes dibujaban ciudades en el fondo del horizonte, y el frío erizaba las puntas de los senos. Thea le confesó a Alma que hacía rato no veía una estación y que la gasolina de la camioneta estaba cerca de la reserva del tanque. El ligero sueño que había disfrutado no la salvó del sobresalto que tuvo al enterarse. “¿Pero estamos cerca, no es cierto?”, preguntó angustiada. Thea, que no le seguía, no respondió. Miraba por el retrovisor las luces de un auto, que subían y bajaban sin ritmo. Se orilló en el hombrillo. Alma se impacientó. “¿Qué ocurre, Thea, por qué te detienes?”. Era el primer auto que veía desde hacía dos horas. “Espérame, bajaré a hablarle”. Muy decidida, característica usual en ella, Thea descendió del auto, subió el cuello de su chaqueta y volvió a meter medio cuerpo para tomar los Marlboros del panel. Encendió uno, aspiró una bocanada y terminó de salir. Con las luces acribillando el vidrio trasero, aunque bajas, encandilaron a Alma, quien no podía ver nada en esos minutos que le parecieron siglos. Sintió al rato el sonido de las llaves y el desgonce de la tapa del combustible. De espaldas a su ventanilla, Alma saltó cuando sobre el vidrio retumbó el toc toc de unos nudillos. Bajó apenas un tercio del cristal. Lou sonreía de lado, con un cigarro arrugado y sin fuego entre la comisura de los labios. —Hola, bonita, bonita —dijo Lou con voz cascada—. ¿Qué bueno verme, eh? Alma, sin prisa, asintió con la cabeza. No dijo nada. Cruzó sus brazos, y por el espejo de afuera vio la espalda del hombre desaparecer tras la camioneta. Mérida se revelaba en una silueta con picos y mesetas, al frente, subiendo las colinas estaba la cabaña a donde Thea la llevaba por primera vez, a tomar un descanso juntas. Ya instaladas, sin permitir Thea que Alma moviera un dedo o gastara un ápice de su energía, había dispuesto las cosas ordenadamente y un olor a aceite de pino invadía su olfato casi hasta marearla. El fuego ardía ya en la chimenea y Thea sobre el escalón atizaba el fuego con un garfio del siglo XVII. Alma se dirigió detrás del mesón de la cocina, colocó unas copas y las llenó de vino tinto. La cabaña comenzaba a calentarse por secciones, las habitaciones oscuras rezumaban la humedad patética del frío glaciar instalado en sus paredes. Cerca del fuego, la luz opaca atravesaba el humo concentrado en su afán de colarse hasta arriba. Alma le entregó una copa a Thea y se sentó junto a ella. El aparatoso silencio de la casa en el medio de las colinas aturdía su cabeza, acostumbrada al ruido de la ciudad. Creyó por un momento que no lo iba a soportar. Sumida en un estado de pánico pasajero, ahuyentó sus pensamientos y se dispuso a tener una excelente velada. Thea era alta, sus cabellos estaban recogidos en una cola debajo de un gorro que enmarcaba su rostro haciéndolo parecer casi el de una niña. Frente al fuego, la mitad de su cara se velaba en las sombras y tomaba matices de alguien irreal. Alma se reflejaba en ángulo, destellando su propia luz, y espantaba las sombras hacia los rincones de la casa. Una frente a la otra, ocuparon el centro de la escena teatral. Sus manos se acercaron sin preámbulos. Siguieron sus caras que se juntaron para besarse abiertamente las bocas, jugando con sus lenguas, se excitaban con caricias concertadas por el tenue sonido de la madera al crujir. Thea desvistió a Alma lentamente y permitió ser desnudada a tientas, con desesperación ante la inminencia de la piel, tan cubierta de ropas. Alma se recostó sobre la alfombra, estirando sus brazos por encima de su cabeza, mostrándole a Thea una visión grandiosa. Se arrojó contra sus pechos, y mordisqueaba la fruta de sus pezones rosados. Lamía y recogía su saliva cambiando la caricia de un modo casi imperceptible. Alma gemía a ratos, tocaba los cabellos sueltos ahora, que caían sobre ella. Atrayendo la cara de su amiga hasta su boca, se daban las lenguas sacándola fuera de los labios, mirándolas hacer su incursión apasionada. El cuerpo de Thea ardía y se balanceaba suavemente buscando la manera cómo calzar perfecto sobre Alma. Ella la recibió abrazándola con piernas y brazos, tocando su espalda arqueada al contacto de las palmas frías. Los besos eran cada vez menos prolongados, en su desesperación de comerse los labios, la lengua. Los sexos abiertos a contraluz se calentaban y sentían cómo resbalaban las gotas tibias por sus labios, hasta abajo, cayendo y describiendo una línea en la delicada piel del interior de los muslos blancos. Thea jadeaba y trataba de decir que no soportaría mucho más la presión en su sexo. Alma se incorporó sobre su codo, dándole una pequeña vuelta sobre su cuerpo penetró hondamente con sus dedos, sintiendo las paredes húmedas y estrechas de su sexo. Thea se tensó como un arco, podía salir música desde su posición en el espacio. Alma pedía más. Quería entrar superando el alcance de los dedos, empujaba con vehemencia, y acercó su boca al clítoris expuesto de su amante. Allí la caricia se excedió hasta los gritos. Succionó primero lenta y suavemente, disfrutando el tenerlo mojado dentro de su boca ávida, después mordía con desenfreno hasta llevarla al borde del orgasmo. Thea la empujó ante la inminencia de su venida. Y cambiaron de posición. Colocó a Alma de espaldas hacia ella, separó sus brazos y piernas mientras recorría su cuerpo desde el cabello hasta el culo. Una actitud un tanto agresiva, impuesta, pero que desmadejaba la voluntad de Alma, hasta el punto de pensar que si no hacía algo contundente en los próximos segundos, su paroxismo desbordaría la magia y comenzaría a exigirle a voces que la tomara. Deseaba sentir su lengua dentro, y luego sus dedos, mientras, estaba tocándola por delante con destreza. Sus brazos se agitaban hacia atrás, pegándose al cuerpo de Thea quien la embestía con estilo y a cada movimiento, una oleada de placer la recorría desde todos los puntos culminantes de su cuerpo que desconocía ya, abrumada por un orgasmo violento, que la hizo gritar y gemir como una mítica sirena. Al caer sobre la alfombra, Thea la volvió hacia sí, y colocando el sexo abierto sobre sus labios se movió aprisa en círculos hasta que su orgasmo se derramó bañándola hasta el cuello. Afuera, en el frío, Lou resoplaba sobre la ventana, empañándola y limpiándola con el revés de su guante izquierdo. La otra mano masturbaba su miembro erecto hasta resumir en vapor la calentura de su eyaculación, la cual fue a parar de lleno en el cristal. No se preocupó por limpiarlo. Al día siguiente, Thea, su vecina favorita, lo haría. No era la primera vez que ella pagaba 20 litros de gasolina con un excelente espectáculo. ** Marianela Cabrera Pineda zcabrerap69@hotmail.com Escritora venezolana (Barquisimeto, 1965). Reside en Cagua (Aragua). Trabaja en un laboratorio de biomedicina de la Universidad de Carabobo (UC, http://www.uc.edu.ve) como asistente para un proyecto del CDCH UC, sobre células apoptóticas. Estudió letras en la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve) y ha colaborado en diversos periódicos y revistas literarias. En 2006 recibió una mención honorífica en la Bienal de Literatura Augusto Padrón con el poemario Necrolírica para Eros despiertos. === Poemas cuánticos Liza Rosas Bustos =============================== *** Subliminal urbano DF Coyoacán Resonancia magnética 120-licencia Para niño pianos, venta (de volver a amar) Vendo Taco steak Se renta De todo para su mascota Hospital Tehuantepec Estética desire (de volver a amar) Ben Stiller Noche de Museo Artículos desechables para sus fiestas No escogemos los productores Sólo pagas lo que hablas Horarios y facturas Impresos en general (Parece que león va a llorar) La mejor visión de tu vida No al fraude electoral Quien ya nació Luismi ya es papá El tabaco causa adicción Definitivamente los #1 El catálogo más efectivo El memo que cautiva a los expertos (nos vemos en la calle) Supera tu propio éxito (y quién tea consejará) (Él era un hombre del campo oriundo de Nuevo León) Ésta es la Álvaro Obregón, que le vaya bien. *** Subliminal urbano Queens-Manhattan Semáforo Foco Letrero de neón Más fokos Letrero con luz Simple luz Tristar Lumber Sunoko Autorepair 7 Food Sunshine El Mexicano deli Letras verdes y rojas Mc Donalds Amarillo Rojo Un diner Con luces Una encendida Otra no Taco Bell Pizza Hut Cleaners Punjab Autorepair Schoolbus Satisfying Getty 6:28 Luz roja De neón Carwash Luz roja De neón Luces rojas Amarillas Circularres Arriba de un camión rojo *** Subliminal urbano Dí¬a de verano en invierno Mujer con chaketa Mujer con chaketa celeste Hombre con jeans Hombre con bolso en la mano y Paraguas en el bolso Mujer con chaketa gruesa Ke pesa Mujer afroamericana con chaqueta De muselina Virgen Marí¬a, túnica eterna, Sin chaketa Mujer con gorro a cuadros y pañuelo en la garganta Jadeando Chicos jugando baloncesto con Camisa manga corta *** Subliminal urbano Harlem-Washington Heights Luz roja Adornos poligonales En un edificio reacondicionado Washington Mutual Escalera de incendios Sin un escape al suelo Autodiagnostic center Real State Mural enrejado de plantaciones Con 3 esclavos Más edificios reacondicionados 7 escaleras de incendio desembocando en el aire Walbergh Realty Harlem Azotea con rejas Ambulancia pasa Boo boo Mujer hablando por celular Greaco Beauty Salon Deli grocery Always real Always Harlem Math Reading success I rolled the window Up and down up and down Down it stuck I had to get a new lock The mirrors I fixed Myself now for some reason The window will not stay up I gotta wait and see what happens now *** KOPULA TE MIRO ME TOCO TE TOCO ME TRUECO TE MIENTO TE TIENTO TE DIGO TE SIGO TE TOMO TE MARCO TE CERCO TE TENGO ME ATENGO TE CIERRO ME ENCIERRO *** KAMANCHAKA KAMANCHAKA KAMANCHAKA KAMANCHAKA KAMANCHAKA KAMANCHAKA KAMANCHAKA DAME CIELO QUE ME CIEGO QUE RESISTO ESTE AYER QUE ME ATAKA QUE ME CIEGO ME RESISTO QUE NO EXISTO, ME CONGELO *** El hoyo Tú y la taza de baño a medio levantar Tú cazando la vida por el lente Tú ido por la pantalla del computador, Tú estancado en un orgasmo que no sale Tú y tus pelos repatriados al lavabo Tú babeando mientras duermes Me gustas kuando kallas Me gustas kuando kallas porque eres omnipresente *** Zapatillas negras Zapatilla negra botones, cordones, cotelé corrugado Zapatilla negra botones cordones no existe Zapatilla negra botón, cordón amarrado Zapatilla negra ¿dónde estás? ¿Te perdiste? Zapatillas negras o verdes o azules me miran Zapatillas negras o verdes o azules insisten Zapatillas negras o verdes o azules las miro Zapatillas negras o verdes o azules no existen Zapatillas negras como el pelo de mi madre Zapatillas negras como el pelo de mi madre gritando Zapatillas negras como las que de niña vi Zapatillas negras como yo escuchando Zapatillas negras, negra imagen me entregan Zapatillas negras, escucho, no miro, no veo Zapatillas negras me miran, me gritan, me lloran, me ciegan Zapatillas negras, soy mierda, soy bruta, soy puerco *** Canción no desesperada Estás en lo que no digo En lo que no escribo En lo que no rallo Estás en lo que no soy Calla Gabriela Calla Pablo Calla Vicente Jorge Luis, calla Qué importa que este sea un mal poema Total, no tiene tu nombre *** El amor del eterno retorno Yo soy una pieza infinita en tu rompecabezas Pieza que tú confundes a menudo con mi recuerdo Nadie soy si no estaba en ese momento cuando me buscaste Si no era cuando me extrañaste Si no abrí¬ la puerta cuando la dejaste entreabierta Estoy fabricada de tus carencias Soy el espacio que derrite con luz tu sombra Desaparecerá mi luz Se derretirá mi candente halo Me borraré de tu recuerdo con un destello azul Ya verás Espera un dí¬a Aparecerá otra pieza infinita en tu rompecabezas Pieza que tú confundirás a menudo con su recuerdo Nadie será si no hubiese estado en ese momento cuando la buscaste Si no hubiera sido cuando la extrañaste Si no hubiese este ser abierto la puerta cuando la dejaste entreabierta Desaparecerá su luz Se derretirá su candente halo Se borrará de tu recuerdo tras un destello azul Desaparecerá su luz Se derretirá su candente sombra Se borrará de tu recuerdo con un destello azul Aparecerá otra pieza infinita en tu rompecabezas Pieza que tú confundirás a menudo con su recuerdo... Nadie será... bla bla bla ** Liza Rosas Bustos sup7@aol.com Escritora chilena (Valparaíso, Chile, 1969). Reside en Nueva York (EUA). Ha colaborado para el periódico literario Puente Latino de Nueva York y forma parte del Espacio de Escritores del Bronx Writer's Corps. Cuentos suyos han aparecido en las revistas Hybrido (Departamento de Español en City University of New York) y Conciencia (Universidad de Nueva York). === Versa impropia (extractos) Miguel Ángel Rodríguez Sosa =========== *** XXIII A Paco Bendezú, in memoriam Grácil es tu figura, y menuda, bibelot rescatado de una ignota exhibición de alabastro fino. Luce tu piel el tacto sutil de duraznos maduros, tu talle se cimbra cuando hacemos el amor como el mástil de un junco que ha desplegado velas al atardecer sobre las aguas doradas del mar de la China. En tu ombligo anidan pequeñas gaviotas que alzan vuelo, graznan celosas cada vez que un beso febril estampo en el hoyuelo. Sobre el paño marfileño de tu dorso podría grabar sutiles anagramas de tu nombre o laboriosos alejandrinos a tu sexo, lúbricos, repentinos, anhelantes. De tus brazos, que diré, aletean, flamencos alzando breve vuelo hacia mi espalda; tus manos siguen mis contornos arcifinios, encuentran mis oasis, deducen mis senderos más ocultos. En tus labios, no importa cuánto los fatigue con mis besos, atisba siempre el sabor dulcísimo de la fruta prohibida del Edén, y se entreabren, a la vez exigentes y entregados, luciendo enfebrecidos el oriente de las perlas de Adajh-el-Basr que adornan tu sonrisa. No guardo un orden lógico elaborando la memoria de tu geografía. Cada noche es un descubrimiento, el hallazgo de un valle verdaderamente remoto, un húmedo bosque de culantrillos, un nuevo topos. Tú bien lo sabes. No obstante, la fiebre ni el deslumbramiento me impiden tener unas pocas certezas y conservar el rumbo de tu cuerpo. Sé, por ejemplo, que cuando ciñes mis caderas con tus piernas y te eriges sobre mí como una cariátide labrada en coral rosáceo, tu melena de Medusa bate rizos de bronce sobre el rostro; entonces los apartas con un mohín de labios y el tierno influjo de tu aliento; y sé —tengo tanta evidencia, azás lo he vivido— que en ese momento tus pechos se me ofrecen como las manzanas del Paraíso que Alá y su profeta entregan sólo por el martirio. Entonces tengo la certidumbre de que me he conectado, iluso de mí!, Ex Sistere; y estoy aquí aún; ya he conocido. Te he conocido. *** XXV ¡Qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa eres! ¡Tus ojos son como palomas en medio de tus guedejas! Cantares: 4,1 I En el iris de tus ojos, cuando los miro bien y me estás mirando Se mueve como agitado por viento axial un denso follaje auriverde Por momentos allí brillan carbuncos dorados, los ojos de una pantera color de obsidiana, que me acecha Y pretende devorarme; me doy cuenta. Quiere lanzarse sobre mí cuando te beso; más brío muestra cuando el beso es más profundo y pleno. Lo sé porque entreabro los párpados y la veo agazapada en el fondo felino de tus ojos bien abiertos. II En el verde de tus ojos hay un lampo de la luz matinal del Egeo en agosto. La tonalidad exacta, entre el óleo traslúcido de olivas y el color de frescas limas sobre la mesa frugal de aquella pequeña hostería que nos acogió en Salónica, el color damasquino del Shiraz que bebías entonces maridando pescadillas asadas sobre brasas y el brillo chispeante del sol sobre los leves rizos en el mar verdecido, frente a esa playa donde naufragamos de amor. III Cuando te abrazo y te ciñes a mí, y nos tomamos tan intensamente, te miro a los ojos y veo, en el fondo como de esmeralda sobre paño oscuro, el Hada Verde que perturba a los poetas y perdió para siempre a Baudelaire. No he probado el ajenjo pero sé que beberlo con frecuencia produce [alucinación y locura. No lo he de hacer y en verdad no importa, porque el Hada Verde ya me posee. Enloquéceme otra vez con sólo tu mirada. *** Nocturno 1 Y luego de soñar intensamente, despierto Embelesado. Miro en la oscuridad el otro lado de la cama, Anonadado. No estás allí. Recuerdo entonces que estoy solo, Desesperado. Tu ausencia resuena en el silencio de la noche. Atormentado, Pregunto en vano ¿dónde estás, qué haces ahora? Pienso: tal vez duerme, mi amor; sueña conmigo —Ilusionado. O está mirando también por la ventana, la neblina. Y piensa en mí, en nosotros dos. Mi amor va a ti en las tenues alas de la noche, Alborozado. Vuela raudo portando la humedad de un beso Apasionado Que te envío, cierro con fuerza los ojos otra vez, Ensimismado. Busco encontrarte en sueños, nuevamente, Enamorado ** Miguel Ángel Rodríguez Sosa marodriguezsosa@gmail.com Poeta peruano (Arequipa, 1952). Es sociólogo y consultor. Ha publicado varios libros sobre temas científicos. === Tejas verdes Alexánder La Rosa =================================== He pasado diecisiete años sin venir a Venezuela. Ninguna fiesta familiar, diligencia o entierro me hizo regresar durante todo este tiempo. Ahora soy un norteamericano, que por cosas de la vida vio la luz en un país del tercer mundo. Para justificar mi exilio voluntario no dejo de leer las noticias nacionales para luego repetirme, el consabido: —¿Yo, a Venezuela? ...ni loco. Luego, bien justificado, sigo con mi vida de nacionalizado, siempre intentando dejar atrás mi acento latino, almorzando en quince minutos en las escaleras de un museo y celebrando con especial esmero cada halloween, eastern, thanksgiving day, etc. Es decir, más gringo que mi vecino que nació en Indiana, estudió en New York y que cree que conoce Latinoamérica porque pasó siete días en Cancún. Pero justo este año, la empresa para la que trabajo, una compañía enorme de tecnología, me asignó un proyecto en Venezuela, y aquí estoy. Nada más bajarme del avión, de una línea norteamericana por supuesto, porque: —¿Yo, viajar con líneas aéreas venezolanas? ...ni loco. todo me pareció caos, desorden e improvisación. Mis reuniones de trabajo no contribuyeron en nada a mejorar mi impresión de turista anglosajón; la gente llega tarde, se toman el respectivo cafecito, hablan quince minutos de política, de baseball, del tráfico y ahora, hasta de football. Así pasaron los días y comenzaba a sentir un deseo incontrolable de volver a mi paraíso personal, pero esta mañana, un poco hastiado del trabajo, decidí pasear por Caracas, a ver qué tan golpeada estaba la ciudad. Por supuesto dejé, a buen resguardo en la habitación del hotel, el reloj, el pasaporte, el dinero, el bolígrafo, los lentes de sol, la cadena, el anillo de matrimonio y el palm pilot. Sólo cargo el celular por aquello de si se presenta algún problema, poder llamar a los números de emergencia, aunque sospecho que el novedoso 711 no va a servir de mucho. Con los vidrios arriba y el aire acondicionado funcionando, manejé mi carro alquilado, y supongo que por instinto llegué hasta El Paraíso. Entré en la calle en la que mi bisabuelo, a principios del siglo veinte construyó una casa para que su hijo Juan Luis formara familia con María Emilia, una señorita de su casa, a las que todo el mundo conocía y conocería siempre como Mamama. Yo recordaba Tejas Verdes como una casota que le debía su nombre a las tejas estilo gregoriano, que mi bisabuelo, un hombre de mundo, mandó a instalar y con las que todo el mundo la distinguía. —¿La casa de los Bracamonte?, esa que está dos casas después de Tejas Verdes —respondía la gente. —No, no... mucho antes de Tejas Verdes —aclaraban. Todavía está en pie el muro exterior que mi abuelo mandó a construir cuando las cosas empezaron a cambiar y El Paraíso ya no era sino una urbanización más de una Caracas en la que sólo el “Este” comenzaba a ser sinónimo de estatus y felicidad. El portón de metal, que sustituye a las antiguas rejas coronadas con flores de lis, al menos, es verde. En lugar de aquellas letras cursivas que orgullosas anunciaban el nombre de la casa, están ahora unas letras doradas que antipáticas parecen gritar: “Señores, esto es un sindicato”. Toqué el intercomunicador y le comenté a la robotizada voz que me respondió, que deseaba visitar la casa donde había pasado mi infancia. Sin mayores explicaciones el portón se abrió. Apenas cruzar el umbral mi vista sube al techo, sólo para ver unas tejas de un decepcionante color rojo. Camino por el sendero al lado del jardín bien cuidado. Recuerdo la foto blanco y negro que tiene una de mis tías en su casa de Atlanta, donde aparecen en un jardín enorme, un bebé regordete recostado en las piernas de un niño cachetón de unos cinco años, vestido con una franela de Los Picapiedras. El niño cachetón soy yo y el jardín es aquel que ahora admiraba. Saludé formal a la señora que me recibió en el porche, y le comenté que yo había vivido en esa casa con mis padres, mis dos hermanos, dos hermanas y mi abuela, hasta la edad de doce años, cuando nos mudamos a un apartamento en el más apropiado sureste de la ciudad, que al cumplir veintitrés años emigré a los Estados Unidos, y que desde entonces no venía a Venezuela. La señora, una mujer joven de piel maltratada, enfundada en un pantalón de cotton lycra púrpura descolorido por las múltiples lavadas dijo ser la conserje, y me invitó a pasar a la oficina para hablar con el jefe del sindicato. Entré y pude ver que aún permanecía el piso de grandes baldosas blancas y negras y la sólida escalera de madera, desprevenido escucho el ruido de los morrales tirados al piso y las carreras infantiles subiendo las escaleras. Mis hermanos y yo llegamos de la escuela y subimos a la carrera a la segunda planta donde estaban nuestros cuartos y el balcón trasero: nuestro reino. El que había sido el salón de la casa donde Mamama y mi mamá recibían visitas, está ahora convertido en una sala de espera, desaparecieron los nobles muebles de madera, y el tinajero coronado con aquel helecho frondoso que refrescaba la sala con su constante goteo. Sólo hay sillas de metal alineadas contra la pared y un muy sonoro ventilador de techo. Cruzo la estancia y entro a la biblioteca, ahora oficina del director del sindicato. Me recibe un hombre sorpresivamente joven y delgado. Me examina de arriba a bajo como quien ve a un extraterrestre. Le referí mi historia y de inmediato muy amable me invitó a pasear lo que quisiera por la casa, le agradecí y salgo por la puerta que da al pasillo principal, desde aquí puedo tomar a la izquierda a la cocina o a la derecha pasar frente al comedor y entrar al cuarto de música. No tuve valor de ir a la derecha así que fui hasta la cocina. Me sorprendió su tamaño, la recordaba grande y amplia, pero me topé con un espacio demasiado pequeño, oscuro y mal decorado. Un fuerte olor a grasa reutilizada me asfixia. Observo que la puerta que da al patio trasero está abierta y salgo casi huyendo. El patio está tal como lo recordaba, el piso de piedras aún soporta la presión de las raíces de la mata de mango, que todavía da la misma sombra generosa. Me maravilla la cantidad de frutos maduros, con el recuerdo del sabor busco el gancho que mi mamá nos había hecho para bajarlos sin maltratar la mata, sólo para ver mi mano sin sentido extendida hacia uno de los rincones. La piscina que mi papá había mandado a instalar, cediendo bonachón a la presión de mis hermanas, está ahora tapiada. Cuando le comento a la conserje, que me había acompañado todo el rato siempre un paso atrás, que bajo aquella hierba descuidada se encontraba una piscina, se sorprende. Me dice que ella trabaja con el sindicato desde hace varios años y esa parte de la casa siempre estuvo así. Nada sabía de esa área, donde habíamos celebrado no sé cuántos cumpleaños, primeras comuniones, fin de año escolar y hasta un matrimonio entre el recién llegado coli de José Ramón Fuentes y Linda la coli de la Tati mi vecina de enfrente y donde había actuado como portador de arras, Toby, mi cachorro de terrier. Me sonrío y me pregunto qué habrá sido de José Ramón, de la Tati, de las Bracamonte, del loco Pepe y de Alexandra. Con el recuerdo de Alexandra, doy media vuelta, cruzo la cocina y subo las escaleras de servicio. Así llamaba Mamama a unas escaleras angostas que subían desde la cocina hasta la planta alta. Sentada en el descanso está Alexandra dándome un beso nada infantil, gracias a la complicidad de La Negra. La Negra, mi nana, era una mujer de color, que lucía rolliza y aguada pero al tocarla te encontrabas con una piel tan dura como piedra. Aquella mulata maravillosa y yo compartimos un secreto desde siempre: yo era su favorito. Así que me permitía mi iniciación a la sexualidad de manos de una niña dos años mayor que yo, me daba el pedazo de dulce más grande, me guardaba los mangos más duritos, alcahueteaba todas mis travesuras, y hacía el dulce de lechosa como sólo a ella y a mí nos gustaba. La recuerdo poniendo cara de tonta cuando Mamama decía: —Esta negra boba no sabe hacer el dulce, ¿cómo hace para que le quede la lechosa dura y el melado oscuro? Yo le correspondía, cuando ni Mamama ni mamá estaban presentes, abrazándola por detrás y maltratándola con rudos besos. Ella se reía un instante, mostrando su perfecta dentadura para después apartarme de un empujón: —Echa pa’llá, muchacho meloso. Una gran sala de reuniones abarca lo que era el cuarto de los varones y el balcón de juegos. Se levantaron paredes, se tiró techo y pusieron unas ventanas pequeñas desde donde apenas se puede ver al patio trasero. Imposible un juego bélico con el bando de malos al pie de la mata de mangos y de súper malos en el balcón. El cuarto de Mamama y el de mis hermanas se convirtieron en un amasijo de escritorios de un gris mortecino. No hay rastro del olor dulzón del saché que mi mamá preparaba ella misma y con el que perfumaba los semanarios, unos muebles primorosos con siete gavetas que las hembras y Mamama usaban para almacenar exclusivamente la ropa interior que utilizarían durante toda la semana. El cuarto de mis padres tiene ahora un letrero que advierte “Oficina de Reclamos”, intento abrir y a Dios gracias está cerrado. Bajo la escalera principal y la conserje me pregunta si quiero entrar al salón de música, la veo a los ojos y le digo que sí, y ella casi solemne abre las puertas dobles. Está tal cual lo recordaba, el área más iluminada de la casa, el piso de granito pulido, el gran ventanal y las molduras en las paredes. Dominando la escena el gran piano de cola. Suena un nocturno de Chopin y yo me acuesto en el piso por debajo del piano y calladísimo siento los martillos golpear melancólicos en tanto Mamama toca por horas. El recuerdo me agobia, dándole la espalda a la conserje, paso mi mano sobre el piano tal como lo hacía Mamama antes de sentarse a tocar, como saludando a un viejo amigo enfermo. La conserje me dice que siempre le ha gustado ese cuarto y que se esmera mucho en mantenerlo. —Casi nadie entra aquí —me dice. Yo pienso: Mamama sigue imponiendo las reglas. Le doy las gracias con un abrazo, ella entiende por qué y salgo apurado de Tejas Verdes, subo al carro alquilado, y por primera vez siento cuán lejos está Weston y cuán fría es mi casa prefabricada. Pienso en mi hijo, Juan Andrés, sin hermanos con quienes jugar a los malos y los súper malos, con baby sitters que nada tienen que ver con una nana consentidora, sin contacto diario con su abuela, sin una Alexandra que a escondida le enseñe las delicias de los besos a la francesa. Bajo los vidrios del carro, pongo el brazo en el marco de la ventana, pongo la radio, me sumo a la caótica cola de la avenida Páez y sintiéndome más lúcido que nunca, tomo el celular y llamo a Cathryn y en perfecto español le digo: —Estoy loco por traer a Juan Andrés a Venezuela. ** Alexánder La Rosa alarosa@adytumcorp.com Escritor venezolano (Caracas, 1968). Licenciado en computación. Textos suyos han aparecido en Panfleto Negro (http://www.panfletonegro.com). === Poemas Verónica Cento ============================================ *** I me cuesta acostumbrarme a esta opacidad a este fingido espejo que refleja a alguien que podría ser yo pero definitivamente no lo soy si lo fuera tendría el rostro diminuto apenas entendible y lo quebraría un rastro de muerte dulce y pacífica una lenta e inespecífica lumbre me abraza retiro el cuerpo de la noche para que no se liquide oh poesía mis manos son constructoras de abismos no de detalles soy una mujer informe a veces ridícula y apasionada los ojos volteados al cielo miran el velo de la palabra esa secreta fórmula de la escritura que tanto desconozco y a la que tanto pertenezco *** II mi palabra tan dubitativa evocadora de secretos y sagrados rituales de infancia aquella deshojada y cuarteada por mi boca para que no diga esas cosas que hieren y traspasan ferozmente esa palabra minusválida corporal y maciza la emancipada por mis pérdidas aquella salvajemente hermosa que frente al público prefiere no desvestirse y que posee un dolor en la boca indescifrable mi palabra llena de asombro ante las cosas ante el amor agolpado sin saber qué decir sin saber si callar o pronunciarse a veces simula saber sobre cuerpos y las sombras de los rostros pero no mi palabra transpira tanta hambre *** III tengo un nombre un precioso nombre que es espejo puñal un nombre de bolsillo de cartera de tránsito y de vanguardia un poético nombre una simple vanidad llevada en el cuerpo como una flor por su amante una vestidura con que partir la noche un nombre de garganta de verbo y de locura un nombre que expresa hasta el cansancio mi suerte él traspasa este rostro a diario agitándome *** IV Pájaros torpes se cuelan entre abrazos, y conmemoraciones de antaño me ahorcan el aire. Escribo porque me arde la garganta por hablar Lástima que al recordar, sufro. Me cuesta tanto definir quién fui. Escribo porque temo guardar esta infancia dentro. Temo el daño que aún pueda causarme. Las paredes eran huecas, porque las nubes siempre fueron paisajes invisibles. La infancia aún me lleva a cuestas, porque ambas nos dolemos *** V Cómo te explico la casa donde nací, el cuarto donde aprendí el lenguaje y en donde relucían dolores de siglos. Puedo mostrarte mi piel, y estos huesos calcinados, pero el dolor no es externo. Ya no me delata Mis dedos, agujas frágiles de tinta, escribieron el amor tan tarde, que al hacerlo, recordaron ese vacío añejado que es el pasado *** VI Lo que la boca no se atreve a murmurar Contamos palabras, abrazos y símbolos con estas manos remarcadas de tinta. Fabricamos muros frente al enemigo, para que no nos hiera. Combatimos a capa y espada nuestro nombre, para que nunca se diluya. Nuestro rostro es una esfera, una lumbre, una posibilidad de asombro frente al espejo. Compramos pañuelos de seda para llorarnos todo el dolor de madrugada, mientras la noche nos pervierte. *** VII El poema debajo de la tinta o debajo de tu cuerpo es un instrumento tan peligroso, como una suerte de arma voraz incendiándose entre los dedos. Cuántas cicatrices debo guardar en la piel, para saber que he sufrido. Cuánta muerte irresistible debo canjear por besos a tu espalda. Tu guitarra en mi ombligo crea acordes de nostalgias inauditas; un incierto espejo nos refleja aprendiendo nuestros rostros. Afuera, la lluvia juega a desdibujarnos, y el jardín nos humedece los ojos dejándonos desamparados, mientras la noche nos traga a oscuras. Mi boca entona palabras graves que desaparecen al tacto. El tiempo del silencio cabe en mis manos. Al mirarme al espejo soy tan sólo crepúsculo; un rostro casi inabarcable. ** Verónica Cento veronicacento@yahoo.com.ar Escritora argentina (1980). Reside en Caracas (Venezuela). Estudia letras en la Universidad Central de Venezuela. Su producción permanece inédita. ||||||||||||||||||||||| EL REGRESO DEL CARACOL |||||||||||||||||||||| === Todo ha sido soñar Varios autores ================================ Editorial Venezolana, C.A. (edivenca@gmail.com) Mérida (Venezuela), junio de 2006 ISBN: 980-1027-01-2 92 páginas Hace casi un año, el 5 de junio de 2006, falleció en Mérida el escritor José Barroeta, o Pepe Barroeta para los amigos, una de las más importantes voces poéticas de Venezuela. No fue una muerte inesperada —el poeta sufría de cáncer en el cerebro y ya se avizoraba el destino final—, pero sí muy dolorosa en el ámbito literario venezolano y latinoamericano. Poco después de su muerte, varios de sus amigos se reunieron en Mérida para recordar al poeta. De ese homenaje es producto el libro Todo ha sido soñar, un volumen bellamente empastado en el que los amigos se reunieron para escribir en torno a su vida y obra, alternando con algunos de los poemas del escritor —el primero de los cuales, en la página 8, es “Todos han muerto”, quizás el más conocido. De 92 páginas, el libro contiene además un CD con un programa de radio documental sobre Barroeta, en el que se puede oír al autor recitando su propia obra, y sus páginas están ilustradas con fotografías que dan cuenta de la dimensión humana del homenajeado, tomadas por Gonzalo Fragui, Gregory Zambrano y Gerard Uzcátegui. Todo ha sido soñar empieza con “Arte de anochecer” —titulado así en recuerdo de un conocido poema de Barroeta—, un breve texto epistolar del novelista Adriano González León en el que le reclama a su amigo el empeño en “hacer insistencia sobre las desapariciones y el jugar a esconderse bajo tierra”, haciendo referencia a la temática de la muerte, presente en toda la obra del escritor. “A tus hermanos, a tu padre y a tu madre, a la casa de bahareque, a las calles solitarias, al montecito detrás de la iglesia donde asoman los lagartos, a tus amigos y a mí, les debés una eterna vigilancia”. En este sentido homenaje a Pepe Barroeta participan, entre otros, escritores de la talla de Eugenio Montejo, Alberto Hernández, Gonzalo Fragui, Gregory Zambrano, Harold Alvarado Tenorio, Harry Almela, Joaquín Marta Sosa, Luis Barrera Linares, Gustavo Guerrero y Victoria de Stéfano. Algunos de los textos son recuerdos alrededor del momento fundacional en que sus autores conocieron a Barroeta, otros son poemas dedicados a quien fuera uno de nuestros poetas mayores; hay incluso análisis literarios y hasta una guía de lectura para conocer la poesía del escritor. Un libro indispensable para conocer al Pepe Barroeta poeta y amigo, Todo ha sido soñar fue publicado por la Universidad de los Andes a través de su Dirección General de Cultura y Extensión, la Casa de las Letras “Mariano Picón Salas”, Econoinvest Casa de Bolsa y Editorial Venezolana. === Una tierna maldición Oswaldo Roses =============================== Poesía Ediciones Índice Bogotá (Colombia), 2006 ISBN: 958-33-9154-9 56 páginas Oswaldo Roses es el nom-de-guerre del escritor español José Repiso Moyano (Málaga, 1965). Autor de Cantos de sangre (1984), La muerte más difícil (1994) y Amada, dulce amada (2006), su cuarto libro, Una tierna maldición, reúne lo mejor de su producción poética de los últimos años. El libro está dividido en tres partes: “Un oasis de corazón en el viento”, “Una tierna maldición” y “El tiempo virgen”, en las que destila el cuidado lenguaje de este poeta cercano también, en muchos de sus trabajos —algunos de los cuales han sido publicados en Letralia—, al ámbito de la filosofía. Esta relación entre poesía y filosofía se observa en algunas de las 56 páginas de este libro de Roses: “Oigo los perdones de la inmensidad, / se desnudan porque son así, / centelleantes, / arrullantes catedrales, / porque son así / de bellos, de antiguos potros, / de lágrimas enseñadas a reír...”. No deja, sin embargo, de traslucir la poesía intimista en varios de los poemas del libro: “Casi la adivina un menhir de otoño, / desnudez así, hojas besadas, / desnudez con piedra que resplandece, / que amanece, / desnudez de sangre que impregna al miedo, / fragancia de Dios, / limosna en el brío adorado, / alegría errante por entre el deseo”. Así le escribe Roses al beso de la mujer amada: “Un beso se imagina que estoy en su palacio / columpiando ayeres, / y precisa de mi dulzura / mientras la razón de ella se peina / mas así llega el tiempo / de la sonrisa, de la gaviota / en luz o acaso migas de llama”. En el prólogo, el escritor peruano Paúl Guillén describe el estilo de Roses como “un estro a la vez arcaizante y moderno, primitivo y tecnológico, prístino y neurasténico, que nos recuerda, en algunos trazos, la aventura poética de León Felipe, León de Greiff, Gabriel Celaya, José Hierro o Jaime Gil de Biedma”. ||||||||||||||||||||||||||| POST SCRIPTUM ||||||||||||||||||||||||||| “La diferencia fundamental entre un escritor aficionado o principiante y otro más experto no es tanto el talento innato que cada cual tenga, sino la absoluta certeza de que la mirada ajena forma parte del proceso de escritura, y dentro de ella se incluye la discrepancia y la crítica pública, algo que es parte del juego y que hay que aceptar con resignación pero también como una forma de enriquecimiento”. Andrés Neuman, entrevista con Ideal Digital (19/05/2007). === Cómo publicar en Letralia, Tierra de Letras =========================== Antes de enviarnos algún texto para publicar en Letralia, le agradecemos leer nuestras condiciones de publicación. Usted puede verlas en el Web en http://www.letralia.com/tierradeletras/publicar.htm. 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