~~~~~~~~~~~~~~~ Año XII Cagua, Venezuela Nº 179 ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras ~~~~~~~~~~~ http://www.letralia.com ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ 21 de enero de 2008 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras, es ~~~~~~~~~~~ la revista de los escritores ~~~~~~~~~~~ hispanoamericanos en Internet. ~~~~~~~~~~~ Usted puede enviarnos sus ~~~~~~~~~~~ comentarios, críticas o material ~~~~~~~~~~~ literario a info@letralia.com ~~~~~~~~~~~ ~ * ~~~~~~~~~~~ ~~~ JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor ~~~~~~~~~~~ ~~~~ Depósito Legal: pp199602AR26 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~ ISSN: 1856-7983 ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ === Sumario =============================================================== | “El mapa del Imperio”, Jorge Gómez Jiménez. | Editorial | Letralia publica “Salmos compulsivos por la ciudad”, | Anuncio especial de José Carlos De Nóbrega. | | El manual de García. / Poetas de La Matanza. / 8ª | Breves Narrativas. / Español práctico. / Pizarnik completa. / | La búsqueda de Miosi. / Cine del pasado. / Clases de | novela. / Todo el sabor de Arias. / El taller de Cabesa. | / Talleres en la Casa Bello. / Ciencia ficción de papel. | | Publicaron poesía completa del venezolano Juan Liscano. | Noticias / Leve mejoría presenta Mario Benedetti. / Entregados en | Cuba varios premios literarios. / Inauguran en México | una biblioteca virtual en un vagón ferroviario. / | Falleció el poeta nicaragüense Álvaro Urtecho. / | Editarán en México literatura prehispánica. / Reabren la | Casa-Museo Zenobia-Juan Ramón. / Cien años de soledad, | ilustrada y policial. / Fallece el escritor y dramaturgo | mexicano Fernando Sánchez Mayáns. / Muere el escritor y | filósofo hondureño Roberto Castillo. / Falleció el | escritor cubano Lisandro Otero. / Murió en México el | poeta y escritor Andrés Henestrosa. / Identificados | restos del poeta peruano Juan Ramírez Ruiz. / Murió el | poeta español Ángel González. / Falleció el escritor | venezolano Adriano González León. / México pondrá en | línea acervo de su Biblioteca Nacional. / Biblioteca | Digital Hispánica brinda acceso a 10.000 obras. / Mario | Bellatin obtiene el Premio Nacional de Literatura de | México. / Murió el intelectual español Fernando Borlán | Rodríguez. / Publican edición ilustrada de Poeta en | Nueva York, de García Lorca. / Compañía venezolana | Garabatos-k se presentará en Chile. / Celarg desarrolla | actividades con sectores populares de Caracas. / El | Festival de Granada homenajeará a Ángel González. | | Quórum de Revistas. / Biblioteca Digital Hispánica. / | Literatura Wikilengua. / Tinta-E. / Poemínimo. / Todos quieren ser | en Internet Cary Grant. / Yoescribo.com.ar. | | “José León”, Alexis Márquez Rodríguez. / “José León | Especial: José Tapia”, Leonardo Ruiz. | León Tapia | “Escuela Santa María de Iquique: cien años de una | Artículos y masacre”, Roberto Bennett. / “La vida de Miguel Delibes | reportajes en un año”, Jorge Urdiales Yuste. / “Ignacio Ramírez, el | Cronomante”, Dixon Moya. / “Poeterías” (extractos), | Gonzalo Fragui. / “Retardar sueños del principio. La | poesía de San Juan de la Cruz”, Salomón Valderrama Cruz. | / “Recapitulamos la filosofía”, Guillermo Cerceau. / “El | V Festival de Poesía en la Montaña o la magia de la | metáfora”, Basilio Belliard. / “Tres buitres”, Aldo | Roque Difilippo. | | Gonzalo Rojas: “Yo soy herida, yo soy un poeta | Entrevistas fisiológico”, entrevista por Augusto Rodríguez. / “Román | Funes, el paisaje urbano dentro del arte: “La poesía sí | funciona””, Rafael Ortega. / “Raúl Figueroa Sarti: “Si | uno no escribe, lo mejor que puede hacer es editar buena | literatura””, Lilian Fernández Hall. / “Julio Lellis, | director de cine: “La pasión por las palabras me llevó | al cine””, Ramón Alfredo Blanco. | | “La duda esencial”, Ricardo Mena Cuevas. | Sala de ensayo | “Morir con los zapatos puestos”, Julia Elena Rial. / “El | Letras espejo y la memoria” (extractos), Gustavo Solórzano | Alfaro. / “Frente al televisor”, Scott A. García P. / | Poemas de José Ramón Huidobro. / “Origami para | principiantes”, Juancarlos López. / “De terror”, Luis | Alposta. / “La mujer rubia”, Rebeca Montañez. / Tres | poemas de Francisco Pinzón-Bedoya. / Dos cuentos de | Mercedes Álvarez Gutiérrez. / Ocho poemas de Cinzia | Ricciuti. / “Antes de dormir”, Sergio Rodríguez. / 5 | sonetos de amor de Javier Aguirre Ortiz. / “Crónicas | desesperadas de dos ángeles en Sodoma”, Alejandro | Maciel. / “Cavilaciones”, Oscar Iván Londoño Zapata. / | “¿Un sueño en Viena?”, Juan Manuel Pérez Álvarez. / “Al | final del crepúsculo”, María Alejandra García Mogollón. | | Darío Jaramillo Agudelo. | Post Scriptum | =========================================================================== Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Año http://www.geocities.com/SoHo/8753 =========================================================================== Premio "La Página del Mes" de Internet de México el 3 de mayo de 1998 http://www.internet.com.mx =========================================================================== Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998 http://www.megasitio.com =========================================================================== Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999 http://www.redchilena.cl =========================================================================== Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999 http://www.fortressdesign.com =========================================================================== Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999 http://www.exodusltd.com =========================================================================== Premio Mejor Página de Poesía, de La Blinda Rosada, en julio de 1999 http://blindarosada.org.ar =========================================================================== Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Para suscribirse a Letralia, envíe un mensaje vacío a: letralia-subscribe@gruposyahoo.com Para desuscribirse, envíe un mensaje vacío a: letralia-unsubscribe@gruposyahoo.com También puede formalizar su suscripción o su desuscripción en un formulario visible en nuestro sitio en el Web: http://www.letralia.com/herramientas/listas.htm Ediciones anteriores: http://www.letralia.com/tierradeletras/archivo.htm ||||||||||||||||||||||||||||| EDITORIAL ||||||||||||||||||||||||||| === El mapa del Imperio Jorge Gómez Jiménez ========================== Empiezan a hacerse frecuentes las iniciativas que tienen que ver con la digitalización de la cultura, una de las cuales —la Biblioteca Digital Mundial— comentamos en este mismo espacio en noviembre del año pasado (http://www.letralia.com/175/editorial.htm). Se trata de un proceso indetenible, justamente por necesario, que impone su propio ritmo sobre la marcha y del que dependerá absolutamente el desarrollo futuro de la sociedad. Reflexionamos sobre esto a raíz de dos nuevos hitos de este proceso: la creación de dos colosales bibliotecas digitales que, a ambos lados del Atlántico, ofrecerán a sus usuarios acceso total a las creaciones que han dado su forma actual a nuestra cultura. En España, ya fue presentada y se encuentra operativa la Biblioteca Digital Hispánica (http://www.bne.es/BDH/index.htm), que reúne materiales culturales que van desde el Poema de Mio Cid hasta los códices de Leonardo. En México, el anuncio del pronto lanzamiento de la Biblioteca Nacional Digital —aunque las fuentes se resisten aún a dar una fecha concreta para su apertura— ya promete el advenimiento de un archivo de cerca de un millón de imágenes y de cuatro colecciones de invaluables documentos. Si estos anuncios ya prefiguran perspectivas interesantes en cuanto al futuro de las fuentes documentales, el hecho de que ambos provienen de las bibliotecas nacionales de sus respectivos países contribuye aun más a reforzarlas. Se trata apenas de uno de los signos del cambio que se avecina en la forma como nos relacionaremos con la cultura: la asunción de la tarea por parte del sector público, que tradicionalmente la ha eludido por no considerarla una prioridad. La digitalización de la cultura tendrá dos flancos, el documental y el instrumental. El primero se inició hace ya más de tres décadas, con los pioneros de la digitalización como Michael Hart y su Proyecto Gutenberg, e incluye no sólo la traducción de nuestra cultura al lenguaje binario, sino también la construcción progresiva de la cultura contemporánea en ese entorno, pues para el consumidor de información la Biblioteca Digital Mundial tendrá el mismo valor documental que, por mencionar un sitio, YouTube. El segundo no termina de superar la etapa experimental, con sus dispositivos aún torpes y costosos, pero —como casi todo en esta vida— es sólo cuestión de tiempo para que se conviertan en bienes accesibles que en su momento serán considerados de primera necesidad. Para los críticos de este proceso, la conversión de los objetos culturales al entorno digital es una labor vana, comparable con la paradoja de Aquiles y la tortuga. Como aquel mapa del Imperio borgiano, cuyo rigor cartográfico le había conferido el tamaño del Imperio mismo, la digitalización de siglos de cultura requeriría, según sus detractores, un tiempo equivalente. Es una crítica inexacta; en cualquier caso, la tarea debe ser acometida aunque se dude que se pueda llevar a término. Jorge Gómez Jiménez, editor http://www.letralia.com/jgomez |||||||||||||||||||||||||| ANUNCIO ESPECIAL ||||||||||||||||||||||||| === Letralia publica Salmos compulsivos por la ciudad, ==================== === de José Carlos De Nóbrega ============================================= Editorial Letralia inicia el año 2008 presentando a los lectores de la Tierra de Letras el libro Salmos compulsivos por la ciudad, del ensayista y narrador venezolano José Carlos De Nóbrega. El 11º título de nuestra Colección Ensayo y el 45º de nuestra editorial contiene una serie de textos en torno a temas de literatura venezolana, latinoamericana y universal. La primera parte del libro, titulada igualmente “Salmos compulsivos por la ciudad”, está dedicada a la literatura venezolana e incluye un análisis de la novela El hombre de hierro, de Rufino Blanco-Fombona; una semblanza de la obra de Guillermo Meneses; una comparación de Andrés Mariño Palacio y Salvador Garmendia como representantes del exilio de los autores de provincia que marchan a la capital, y una revisión del cerro El Ávila en la obra de Israel Centeno. “De soledades, pachucos y buenos salvajes” es el título de la segunda parte, en la que De Nóbrega analiza el devenir de la literatura latinoamericana del siglo XX y de este incipiente siglo XXI, desde sus precursores como César Vallejo y Vicente Huidobro hasta los autores brasileños contemporáneos, pasando por el tratamiento de la soledad en nuestras letras. El libro cierra con un “Bonus track” compuesto por diez aforismos sobre poética. Nacido en Caracas en 1964, De Nóbrega es licenciado en educación, mención lengua y literatura, de la Universidad de Carabobo (UC, http://www.uc.edu.ve). Ha publicado los libros de ensayo Textos de la prisa y Sucre, una lectura posible, ambos en 1996, y Derivando a Valencia a la deriva (2006). Fue director de la revista La Tuna de Oro, editada por la UC. Forma parte de la redacción de la revista Poesía, auspiciada por la misma casa de estudios. En 2007 su blog Salmos compulsivos (http://salmoscompulsivos.blogspot.com) obtuvo el Premio Nacional del Libro a la mejor página web. Como es costumbre, este nuevo título de nuestro espacio de difusión del libro digital está disponible gratuitamente y en dos formatos: el tradicional accesible desde la Web en http://www.letralia.com/ed_let/salmos, y en un práctico archivo PDF (http://www.letralia.com/ed_let/pdf/salmos.pdf) de 374 Kb que puede descargarse para imprimir o para leer sin necesidad de estar conectado. ||||||||||||||||||||||||||||||| BREVES |||||||||||||||||||||||||||||| El manual de García. En diciembre pasado fue presentado en el Auditorio Príncipe Felipe, de Oviedo (España), el Manual práctico de escritura creativa 1, una obra de Rubén García Cebollero que se pasea por los secretos del oficio a través de la narrativa breve, la hiperbreve y la novela, así como a la creatividad, su desarrollo, y las técnicas y ejercicios que nos permiten narrar historias. El libro recoge un compendio de la principal bibliografía existente sobre el tema, así como los apuntes, notas y ejemplos de García Cebollero y de la voz de otros escritores, para animar al lector a experimentar el placer de la creación. Escritura creativa, el tono, el final, el personaje, los sentidos, el cuento, el microcuento, el ambiente, el tiempo, el diálogo, la metaliteratura, la metáfora, el humor, el bloqueo y la novela son algunos de los temas abordados en esta obra. http://tinyurl.com/2xpoxx Poetas de La Matanza. El editor argentino Carlos Kuraiem viene recopilando textos poéticos de autores nacidos o residentes en el Partido de La Matanza (Gran Buenos Aires, Argentina), con la intención de ofrecerlos a lectores y escritores, para un mayor conocimiento de la historia y de la realidad de uno de los distritos más poblados del país sureño. En su tercera entrega, Poetas de La Matanza incluye materiales de Carmen Carmona, Norberto Corti, Carlos Carbone, Alicia Chilifoni, Raúl Pérez Árias, Eduardo Dalter, Haydée Paley y Aroma Ligia. Además, la edición incluye una obra de la artista plástica Natalia Moreyra. Estas antologías virtuales son un trabajo de Kuraiem para el Boletín Cultural La Bodega del Diablo y reúnen en total a 26 autores de La Matanza, cuyas obras, ya lo suficientemente consolidadas en el lenguaje, están en pleno crecimiento aún y viven apartadas, sin ningún reconocimiento ni fomento oficial. http://www.redeco.com.ar/labodega/b230707.htm 8ª Narrativas. Editada por Magda Díaz Morales y Carlos Manzano, la revista digital Narrativas arribó en diciembre a su octavo número. Entre las novedades de esta edición se encuentra una entrevista de Ana Solanes al escritor español Enrique Vila-Matas, quien habla sobre Exploradores del abismo, libro de cuentos que define como el resultado de la búsqueda de nuevos procedimientos literarios. La edición abunda también en comentarios críticos sobre esta y otras obras de Vila-Matas, así como otra entrevista que Sandra Becerril le ha hecho a Angélica Gorodischer, y textos de Blanca Vázquez, Carlos Montuenga, Rolando Revagliatti, Sergio Borao Llop, Marta Navarro, Ahmed Oubali, Luis Emel Topogenario y otros. Narrativas se publica en formato PDF y tiene como objetivo dejar constancia de la diversidad y la fecundidad de la narrativa contemporánea en castellano. http://carlosmanzano.net/narrativas/narrativas08.pdf Español práctico. La Gramática práctica del español, primer volumen de la colección “Guías Prácticas del Instituto Cervantes”, fue presentada el pasado 16 de enero por el mencionado centro y la editorial Espasa Calpe. La obra tiene como finalidad describir las principales propiedades gramaticales del español de una forma breve, clara y comprensible. Está destinada a todos aquellos que sientan interés por mejorar su nivel de competencia gramatical de esta lengua, pero también es susceptible de ser manejada con provecho por cualquier hablante nativo de español que desee una explicación sobre una determinada cuestión gramatical, en términos sencillos y comprensibles para un no especialista, o bien resolver una duda gramatical, ya sea de tipo descriptivo o normativo. También puede ser consultada por hablantes no nativos y estudiantes de español de distintos niveles que necesiten soluciones simples para sus problemas gramaticales. http://www.cervantes.es Pizarnik completa. Acaba de aparecer en Madrid el libro Bibliografía completa de Alejandra Pizarnik, de la investigadora venezolana Patricia Venti (Maracaibo, 1966). Se trata de la primera bibliografía que se publica de Alejandra Pizarnik, pero además es una bibliografía completa que incluye no solamente los libros de su autoría, sino también sus participaciones en volúmenes colectivos y revistas literarias, las entrevistas que ha realizado, sus traducciones, las traducciones de su obra, los libros que se han escrito sobre ella e incluso el contenido de su archivo personal que hoy es propiedad de la Universidad de Princeton. Venti estudió letras en la Universidad del Zulia y obtuvo un master en literatura iberoamericana en la Universidad de Mérida. Desde 1994 vive en Europa y se doctoró en la Universidad Complutense de Madrid (España) sobre la obra de Alejandra Pizarnik. Ha publicado dos libros de poesía en Venezuela y colabora en diversos periódicos y revistas internacionales. El libro puede solicitarse por teléfono o correo electrónico al sello Del Centro Editores. Teléfono-fax: 34-914298363 • E-mail: delcentroeditores@telefonica.net La búsqueda de Miosi. Este 21 de enero será presentada en España la novela La búsqueda, de la escritora peruana Blanca Miosi. La novela, que cuesta 15 euros y aparece bajo el sello de Roca Editorial, narra la historia de Waldek Grodek, cuya entrada en la adolescencia coincidirá con el advenimiento de la guerra. La invasión de Polonia por los nazis hace que se plantee por primera vez lo que es la libertad y la respuesta a la que llega le llevará a comprometerse con la resistencia. Después será capturado y encerrado en un campo de concentración donde sobrevivirá a situaciones extremas. Alejado de su familia y atrapado en el mismísimo infierno, conseguirá a duras penas llegar al final de la guerra y a la liberación propiciada por los Aliados. Desde ahí, se enfrentará a la infranqueable cortina de hierro, al vergonzante muro de Berlín y a la incertidumbre de no saber cómo encaminar su vida, hasta que emprenda viaje a Latinoamérica, su paraíso soñado, en el que sin embargo se enfrentará a las extrañas hermandades de nazis que van ligadas a fortunas incalculables y oscuros secretos, para darse cuenta de que nunca podrá desvincularse del todo de su pasado. Nacida en Lima y residente en Venezuela desde 1979, Miosi es hija de madre peruana y de padre nisei (descendiente de japoneses, nacido en Perú). Estudió dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Perú y diseño y alta costura. http://tinyurl.com/28vkly Cine del pasado. Petroperú y Cine Arte de San Marcos están presentando el cine-foro “Mirada al pasado”, que se iniciará este martes 22 a las 6 de la tarde con el filme Nosferatu, de F. W. Murnau (Alemania, 1922) y protagonizada por Max Schreck. Frank Pérez Garland hablará sobre este clásico del más temprano cine de terror. El miércoles 23 a las 4 de la tarde le toca el turno a El día en que paralizaron la Tierra, de Robert Wise (Estados Unidos, 1951), sobre el cual disertará Armando Robles Godoy. Finalmente, el jueves 24, a las 11 de la mañana, se presentará El Mago de Oz, de Victor Fleming (Estados Unidos, 1939), con charla de Claudia Makishi. La entrada es gratuita y las funciones son en el Auditorio de Petroperú (Canaval y Moreyra 150, San Isidro), en Lima. El programa completo se extiende hasta el 28 de febrero e incluye obras como Metrópolis, de Fritz Lang, El gran dictador, de Charles Chaplin, o 2001: Odisea del espacio, de Stanley Kubrick. http://www.petroperu.com.pe/Main.asp?T=3607&S=0&id=21&idA=8920 Clases de novela. El escritor venezolano Fedosy Santaella, autor de Rocanegras (Ediciones B, 2007), dictará un taller de novela a partir de este jueves 24 de enero, a las 7 de la noche, en los espacios del centro de actividades literarias Santa Palabra, en La California Sur (Caracas). El objetivo de la actividad es hacer que cada participante aborde su propio proyecto y llegue a comprender las estrategias necesarias para lograr estructurar y realizar una novela. Los participantes leerán obras como Mientras escribo, de Stephen King; La loca de la casa, de Rosa Montero; La enfermedad, de Alberto Barrera Tyszka, y No habrá final, de Roberto Echeto, además de presenciar la proyección de filmes sobre el hecho literario. Teléfonos: (0212) 2579745 o 2562587 • E-mail: santapalabra@gmail.com. Todo el sabor de Arias. El próximo miércoles 30 de enero será presentada, en el Centro Cultural Benjamín Carrión (Jorge Washington y Páez), de Quito (Ecuador), la novela Todo el sabor tropical, que bajo el sello Eskeletra Editorial acaba de publicar el escritor ecuatoriano Ramiro Arias Barriga. En la presentación, que se iniciará a las 7 de la noche e incluirá un brindis, intervendrán Lucía Lernos, Raúl Serrano y Renato Ortega. Un capítulo de la novela fue presentado en exclusiva recientemente en el número 10 de la revista Eskeletra, de la misma casa editorial. Nacido en Quito en 1954, Arias Barriga fue en los 80 uno de los integrantes del taller de literatura La Pequeña Lulupa. Ha publicado los libros de cuentos Ocultas bocas de fuego (Quito, 1980), Un ángel entre los hombres (Quito, 1993) y Lo inútil de la felicidad (Quito, 1998). http://www.eskeletra.com El taller de Cabesa. Teatro, arte y literatura serán los tópicos en los cuales se enfocará el taller que, a partir del jueves 31 de enero a las 5 de la tarde, dictará el narrador, poeta y ensayista venezolano Manuel Cabesa (Caracas, 1960) en los espacios de la Biblioteca Agustín Codazzi y de la Escuela de Teatro en la Casa de la Cultura de Maracay, Aragua (Venezuela). El taller, que se dictará todos los jueves cada 15 días hasta el mes de junio, es auspiciado por la Agrupación Literaria Pie de Página. Cabesa perteneció al Taller de Poesía del Celarg y ha colaborado con las principales páginas literarias de la región y del país. Ha publicado el poemario Vida en común (1985), la antología El acto y el lugar de la poesía. Una antología de arte poética venezolana (Maracay, 2002) y el libro de cuentos Falsificciones (Villa de Cura, 2004). http://www.letralia.com/firmas/cabesamanuel.htm • piedepagina12@yahoo.es Talleres en la Casa Bello. Las inscripciones para los talleres de creación literaria de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, en Caracas, permanecerán abiertas hasta el próximo viernes 8 de febrero. Conformados por cuarenta clases en los géneros de narrativa, poesía, ensayo y dramaturgia, estos talleres se iniciarán el lunes 18 de febrero y se realizarán en sesiones de 2:30 a 4:30 de la tarde. El cupo es limitado y para participar es preciso llenar la planilla de registro en la Coordinación General de Programas de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, ubicada en la parroquia Altagracia al lado del Ministerio de Educación. Igualmente, el aspirante debe consignar una muestra de algún trabajo realizado, mecanografiado y no mayor a cinco cuartillas. No podrán participar quienes hayan asistido a otros talleres de Nivel III dictados por la fundación. http://tinyurl.com/2274me Ciencia ficción de papel. La Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción (AEFCFT) ha publicado las convocatorias para sus antologías Fabricantes de sueños 2008 y Visiones 2008. Ambas están dedicadas a la ciencia ficción y la fantasía, pero la primera —que cierra el 29 de febrero— está limitada a relatos que hayan sido publicados en 2007 en alguna revista o fanzine, mientras que la segunda —cuyo plazo se extenderá hasta el 31 de marzo— está abierta a autores que no hayan publicado libros de manera comercial. Además, la convocatoria para Visiones 2008 incluye un apartado para ilustradores que se ofrezcan para hacer la portada. Las bases de ambas convocatorias pueden revisarse en nuestra sección de concursos. http://www.aefcft.com http://www.letralia.com/concursos/0802297.htm http://www.letralia.com/concursos/0803317.htm ¿Quiere publicar una nota en este espacio? Envíenosla por correo electrónico a breves@letralia.com. === ¿Le interesa estar informado sobre concursos? ========================= Reciba por correo electrónico los anuncios vigentes de concursos literarios y artísticos en general suscribiéndose a nuestra lista de distribución. Todo lo que tiene que hacer es enviar un mensaje vacío a letralia-concursos-subscribe@gruposyahoo.com, o visitar nuestra cartelera de concursos en http://www.letralia.com/herramientas/concursos.htm. Si desea enviarnos las bases de un concurso, escríbanos a info@letralia.com |||||||||||||||||||||||||||||| NOTICIAS ||||||||||||||||||||||||||||| *** Publicaron poesía completa del venezolano Juan Liscano La Fundación para la Cultura Urbana (http://www.fundacionculturaurbana.org) publicó en diciembre de 2007 el volumen Obra poética completa (1939-1999), que reúne toda la poesía del escritor venezolano Juan Liscano (Caracas, 1915-2001). Se trata de veintidós títulos, publicados en esos sesenta años, recogidos por el también poeta Rafael Arráiz Lucca, quien se tomó la tarea de realizar un recorrido cronológico por toda la obra, acceder a una lectura de su poesía, organizada sobre la base de recurrencias temáticas, sesgos obsesivos y trabajos con el lenguaje. En esta voluminosa obra de más de ochocientas páginas, Arráiz Lucca destaca “cuatro ejes obsesivos” en la obra de Liscano: lo americano, lo erótico-cósmico, lo trascendente y lo apocalíptico-ecológico. Aunque “tampoco su obra se agota en este cuadrilátero. Sobre todo si tomamos en cuenta que la obra de nuestro autor no se consume exclusivamente en el poema, sino que abarca el ensayo histórico, el político, el literario, el antropológico, junto al artículo periodístico”. Otro aspecto interesante para considerar en la lectura de la totalidad de la obra poética de Liscano es que para él era importante mantenerse al margen de cualquier tipo de grupos literarios, por lo que escribir su obra desde la soledad fue siempre un modo de afrontar su vocación y oficio literario. De allí a que Arráiz afirme que “el poeta se ha movido por intuiciones, que se alimentan de fuerzas en cambio permanente, y ha tenido la honradez y la valentía de dialogar con los vientos de los tiempos que ha visto pasar en su dilatada existencia. Más que contradictoria, la obra de Liscano es múltiple, polimórfica, como una hidra de cabezas que incesantemente buscan alimento”. Poeta, ensayista, crítico literario y editor, a Liscano suele situársele entre los poetas del grupo Viernes (1936-1941), aunque no perteneció a él, y en la llamada generación del 42. Su iniciación acaeció a fines de la década de 1930 con sus 8 poemas. Publicó también Cármenes (1966), Nombrar contra el tiempo (1968), Fundaciones, vencimientos y contiendas (1991) y Antología poética (1993). En el ensayo destacó por su interés en recorrer e iluminar las más graves instancias contemporáneas. Tal la que examinó en El horror por la historia (1980) y Reflexiones para jóvenes capaces de leer (1985). Como crítico, recorrió e iluminó la comprensión del proceso de las letras contemporáneas venezolanas. Volúmenes suyos, como Caminos de la prosa (1953), Espiritualidad y literatura (1976) o Lecturas de poetas y poesía (1985), constituyen los singulares dentro de estas búsquedas. Como editor, fue presidente de Monte Ávila Editores y gestor de las revistas Cubagua (1938) y Zona Franca (1964-1984). Fuentes: El Poder de la Palabra • El Universal (Venezuela) *** Leve mejoría presenta Mario Benedetti El escritor uruguayo Mario Benedetti experimentó una “leve mejoría” en su estado general pero seguirá ingresado en una unidad de cuidados intensivos de un sanatorio de Montevideo, según informaron el pasado viernes fuentes médicas. El autor de La tregua fue ingresado hace dos semanas por una deshidratación a consecuencia de una infección gastrointestinal. “Afortunadamente ha habido una leve mejoría derivada de un tránsito digestivo mejor”, explicó la doctora María Brotos, directora técnica del sanatorio Impasa, de la capital uruguaya, donde se encuentra internado el escritor. Brotos agregó que ese mejor tránsito digestivo “permite una mejor hidratación del paciente y con ello una mejoría, leve, pero mejoría al fin”, agregó. Benedetti “está lúcido, su corazón y pulmones funcionan bien y, además, está de buen ánimo”, destacó Brotos, quien el lunes 14 había hablado de la “preocupación” de los médicos que atienden al poeta uruguayo por su falta de evolución tras permanecer ingresado diez días. Autor de unos 80 libros, Benedetti ha obtenido innumerables reconocimientos a su obra, entre los que destacan el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1999), el Premio Iberoamericano José Martí (2001) y el Premio Internacional Menéndez Pelayo (2005). El pasado 18 de diciembre fue condecorado con la Orden Francisco de Miranda en grado de “Generalísimo” por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien calificó al escritor como un “incansable y sempiterno caballero de la batalla” y “andante Quijote como el Che Guevara”, durante la ceremonia organizada en el Paraninfo de la Universidad de la República (http://www.universidad.edu.uy), con la asistencia de unas trescientas personas, entre ellas líderes sindicales y representantes diplomáticos. “Benedetti es uno de los indispensables. Nosotros sigamos su ejemplo, luchemos toda la vida”, dijo el mandatario venezolano, de visita en Montevideo, donde participó de la cumbre del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, con Venezuela en proceso de adhesión). Esta semana el gobierno venezolano anunció también la concesión a Benedetti del primer Premio ALBA de las Letras, dotado de 75.000 dólares. Fuente: EFE *** Entregados en Cuba varios premios literarios El diario oficialista cubano Granma (http://www.granma.cu) dio a conocer el pasado 19 de diciembre de 2007 el resultado del Premio Nacional de Música y el de Literatura, otorgados a Marta Valdés y el escritor Humberto Arenal, respectivamente. Según el diario, el jurado decidió de forma unánime premiar al narrador, dramaturgo, periodista y poeta, “por la riqueza y diversidad de su obra y el peso que ella tiene en la literatura nacional”. Presidido por Leonardo Acosta, el jurado fue integrado por María Elena Llana, Julio Travieso, Guillermo Rodríguez Rivera, Álex Pausides, Roberto Méndez y Alberto Guerra, reunidos en el Centro Cultural Dulce María Loynaz. La entrega oficial será el 14 de febrero durante la XVII Feria Internacional del Libro de La Habana. La compositora Marta Valdés, por su parte, fue premiada por la obra de su vida, también por decisión unánime del jurado, presidido por Juan Formell y conformado por Harold Gramatges y Digna Guerra. La entrega se realizó el jueves 20 de diciembre durante un concierto público celebrado en el Teatro Auditórium Amadeo Roldán. El miércoles 19, Víctor Fowler recibió el Premio Nicolás Guillén de Poesía 2008, el lauro de mayor significación en el sistema literario cubano para reconocer libros de ese género, por su poemario La obligación de expresar. Aunque Fowler es más conocido en el ámbito literario por su labor investigativa, ensayística y crítica de arte, esta incursión poética fue altamente valorada por el jurado por “la sinceridad de su escritura y el despego hacia la artificiosidad muy recurrente en la actual poesía”. Este galardón anual que convocan la Editorial Letras Cubanas (http://tinyurl.com/36pdoc), la Fundación Nicolás Guillén (http://www.fguillen.cult.cu) y el Instituto Cubano del Libro fue instituido desde 2001, y ha sido recibido por Roberto Méndez, Sigfredo Ariel, Teresa Melo, Mario Martínez Sobrino, Roberto Manzano, Juana García Abás y Ricardo Alberto Pérez. El jurado de esta edición estuvo integrado por Pedro de Oraá, Luis Álvarez Álvarez y Omar Pérez, y sesionó en el Centro Cultural Dulce María Loynaz en presencia de Edel Morales, presidente del galardón, en representación de las instituciones convocantes. La entrega se realizará en febrero en San Carlos de La Cabaña, como parte del programa de actividades centrales de la XVII Feria Internacional del Libro de La Habana. El jueves 20 también fue anunciado el veredicto del Premio Uneac 2007 de Literatura, que dotado con un reconocimiento en metálico y la oportunidad de publicación de los trabajos es el más antiguo y prestigioso lauro que otorga la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac, http://www.uneac.com) en las categorías de narrativa, testimonio, poesía y teatro. En la ceremonia de entrega de su 42ª edición, el poeta cubano y fundador del premio, César López, dijo que ese importante lauro convoca al respeto de disímiles criterios, a la unión de la cultura y al progreso de nuestra América. El jurado de poesía premió la obra Hombre de la edad y de la piedra, del holguinero Manuel García Verdecia, y dejó constancia de su brillante elaboración formal, la amplitud de su registro temático y la eficacia de su lenguaje artístico. En narrativa el lauro fue obtenido por Evelyn Pérez González con su obra Supuestas vidas. También obtuvieron mención Teoría del cuarto oscuro, El jardín de los caminos que se cruzan, Matar al pájaro sentado, Cuentos para llegar al otro lado e Historia portátil de la literatura cubana, todas escritas por mujeres. El escritor habanero Alberto Curbelo se alzó con el premio de teatro por su pieza Huracán, calificada por el jurado de una obra singular que dialoga armónicamente con el tiempo pasado, presente y futuro. Las menciones de esa categoría, Nevada y Béisbol, fueron propuestas para publicación. Memorias para un reencuentro; conversaciones con Santiago Álvarez, testimonio del escritor e investigador avileño Larry Morales, resultó ganador en su categoría. Finalmente, el miércoles 26 fue anunciado el veredicto de los premios Alejo Carpentier, uno de los más relevantes galardones literarios de la isla caribeña, que en coincidencia con la celebración del 103º aniversario del natalicio del autor de El siglo de las luces y ganador del premio Cervantes en 1978, recayeron sobre Margarita Mateo, Gina Picart y Alberto Garrandés. Reconocida crítica y ensayista, que atesora incluso en esas categorías premios de la crítica y Alejo Carpentier en otras ediciones, Margarita Mateo debuta con su primera novela Desde los blancos manicomios, que obtuvo la distinción en esa categoría. Al decir del jurado, destaca su maestría en el manejo del lenguaje y creación de un universo de múltiples significados. Otra sorpresa resultó que el destacado cuentista Alberto Garrandés alcanzó el premio en la categoría de ensayo con su obra El concierto de las fábulas. Discursos narrativos, historia e imaginación de la narrativa cubana de los años 60. Siempre a partir de la cuentística y por la originalidad de los temas y logros del lenguaje, la escritora y periodista Gina Picart se llevó el premio con su cuaderno Oil on Canvas. Picart mantiene la bitácora personal Hija del Aire en http://hijadelaire.nireblog.com. Los premios Alejo Carpentier son convocados por el Instituto Cubano del Libro y la Editorial Letras Cubanas. Fuentes: AIN • Escambray • Granma *** Inauguran en México una biblioteca virtual en un vagón ferroviario El pasado 19 de diciembre fue inaugurado en la colonia Venustiano Carranza, en Ciudad de México, una biblioteca virtual para la comunidad que funciona en un antiguo vagón ferroviario. Julio César Moreno Rivera, jefe delegacional, dijo que las autoridades junto con los padres de familia, “tenemos la obligación de generar espacios que promuevan las actividades educativas y culturales, no por el hecho de salir en la foto, sino que cada uno deje huella de haber contribuido en el engrandecimiento de la comunidad”. Esencialmente, añadió, deben recuperarse espacios públicos y promover actividades que mantengan a los jóvenes alejados de acciones ilícitas y de las drogas, mediante los instrumentos necesarios, en este caso, como la biblioteca virtual. Comentó que su compromiso como funcionario público es con la educación, principalmente entender el vertiginoso crecimiento tecnológico. De ahí la razón por la que se puso en servicio la segunda biblioteca en una de las colonias más conflictivas, como es la 20 de Noviembre, y precisamente con un símbolo de la Revolución, como es el ferrocarril. Así, mediante una inversión total de 605 mil pesos, se trasladó el vagón, que data de 1917, mismo que fue repintado y equipado con 13 computadoras, para ser instalado en lo que era un parque público que estaba en manos de malvivientes y drogadictos. Moreno Rivera puntualizó que aunque esto suena sencillo, su meta es que todos los jóvenes y niños tengan acceso a la cultura, así como a las oportunidades recreativas y laborales para hacer de esta demarcación un espacio lleno de igualdad y más seguro para habitar. Fuente: El Sol de México *** Falleció el poeta nicaragüense Álvaro Urtecho El pasado 20 de diciembre falleció el poeta nicaragüense Álvaro Urtecho Lacayo, en su residencia de Managua, después de una larga enfermedad. Su cuerpo fue trasladado a Rivas, donde fue velado en el Museo de la ciudad, y desde donde partió el domingo 23 el cortejo fúnebre. Distintas organizaciones, como la Academia Nicaragüense de la Lengua y el Centro Nicaragüense de Escritores (http://www.escritoresnicaragua.org), así como intelectuales de todo el país, expresaron sus muestras de pesar a la familia del escritor, y coincidieron en que “es una gran pérdida para las letras nicaragüenses”. Poeta, filósofo, intelectual y humanista, Álvaro Urtecho nació en Rivas el 1 de noviembre de 1951. Estudió filosofía y letras en Madrid y Barcelona, España; y humanidades en la Universidad Centroamericana (UCA, http://www.uca.edu.ni), de Nicaragua. Trabajó, entre 1979 y 1983, en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (http://www.unan.edu.ni) como profesor de filosofía y literatura. Posteriormente se desempeñó como investigador literario en el Ministerio de Cultura de su país. En la década de los noventa impartió docencia en la UCA. Desde 1984 se dedicó al periodismo cultural. Fue editor y columnista de periódicos y suplementos culturales en Nicaragua y en países de Centroamérica. También dirigió, en la última década, segmentos culturales en emisoras radiofónicas nicaragüenses. Fue galardonado en 1999 con el premio “Rigoberto Cabezas”, otorgado por la Asociación de Periodistas de Nicaragua (APN). Publicó Cantata estupefacta y otros poemas (1986), Cuadernos de la provincia (1994), Esplendor de Caín (1994), Auras del milenio (1995), Tumba y residencia (2000) y Tierra sin tiempo (2007), entre otros. Con la creencia que la poesía se produce con la emoción más que con la inteligencia y sin negar que es imposible expresar una emoción poética sin recurrir a la racionalidad, Urtecho aborda, en su poesía, tanto la problemática de la vida como muerte y de la muerte como vida; la temporalidad y lo cósmico relacionado con el hombre, así como la problemática del mal y odio humano; la existencia, la maternidad, el amor y la mujer. Se le ha reconocido como el Poeta del Amor, el Ser y el Tiempo. Miembro del CNE, participó de manera destacada en diversas ocasiones en el Lectorado de los Certámenes de Literatura, así como ponente en los Seminarios Nacionales de Actualización Literaria para Profesores de Secundaria, promovido por el Centro. En el Día Nacional del Escritor Nicaragüense realizado en homenaje al nacimiento de Rubén Darío el 18 de enero del año 2002, recibió por parte del CNE una placa de reconocimiento en homenaje por la calidad de su destacada vida, labor y obra literaria. Fuentes: El Nuevo Diario • Prensa Latina • Rebelión *** Editarán en México literatura prehispánica Con el objetivo de difundir y promover la enseñanza de las más de 60 lenguas indígenas que se hablan en el Distrito Federal mexicano, la Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades (Sederec) realizó a finales de diciembre de 2007 un taller dirigido a personas que hablan o leen alguna de estas lenguas con el fin de darles las herramientas para que puedan enseñarla entre los habitantes de su comunidad. Uno de los principales problemas con los que se encontró esta secretaría, y que al final motivó la implementación del taller, fue que al no haber instructores, algunas lenguas corrían el riesgo de perderse definitivamente. “Muchas personas hablan alguna lengua, la pueden leer, pero no saben escribirla ni enseñarla”, explicó Rosa Márquez Cabrera, titular de la Sederec. Agregó que las clases tienen el propósito de dar a los alumnos herramientas teórico-metodológicas para que estén en posibilidades de transmitir esta experiencia y este conocimiento entre sus comunidades. Este primer taller —que se coordinó con el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali, http://www.inali.gob.mx)— tuvo una duración de tres meses y estuvo conformado por cuatro profesores que instruyeron a 60 alumnos, los cuales, en suma, son hablantes de 19 lenguas indígenas con sus correspondientes variantes: mixe, zapoteca, mixtecas, náhuatl, chinanteca, amuzga, mazahua, ch’ol, mazateco, triqui, tzeltal, tzotzil, purépecha, popoloca, totonaco, otomí suave, zapoteco y tarahumara. Respecto a la dinámica que se utilizó en las clases, Adolfo López Villanueva, encargado del área indígena dentro de la secretaría —también se encuentran Desarrollo Rural y Migrantes— explicó que junto con Inali se seleccionó una bibliografía sobre técnicas de redacción, gramática, pronunciación, historia y, en menor medida debido a su escasez, textos literarios. “Con estos conocimientos, los indígenas podrán rescatar vía escrita cuentos y fábulas. Esa es justamente la idea del taller: que se pueda aprovechar la cultura de estas lenguas a partir de sus relatos y novelas. En el caso, por ejemplo, de la comunidad Triki, en Oaxaca, es muy numerosa. La mayoría lo habla, pero casi nadie sabe poner ese conocimiento en papel”, indicó López Villanueva. A decir de Fausto Aguilar, uno de los alumnos del taller, otro problema es el poco interés que hay entre los más jóvenes por aprender estas lenguas. “Siendo honestos, son pocos los interesados”. Fausto fue el único alumno del taller con conocimientos de la lengua popoloca. Actualmente imparte algunos cursos, todos a adultos, en los que utiliza los pocos cuentos tradicionales, fábulas y leyendas que han llegado hasta nuestros días por la vía oral. López Villanueva confió en que este será un primer paso para que después los alumnos se conviertan en alfabetizadores. “El perfil de los alumnos (uno con maestría, 36 con licenciatura y 17 con bachillerato) nos permite tener grandes expectativas al respecto”, aseguró. Ha dado tan buenos resultados esta primera experiencia, que no sólo repetirán el taller este año, sino que ya contemplan la idea de iniciar una serie de publicaciones que rescaten relatos que estaban a punto de perderse. Asimismo, la secretaría presentará la propuesta para crear el Centro de Lenguas Indígenas. De aprobarse, el centro tendría una sede específica. De lo contrario, se localizaría en las mismas instalaciones de la Sederec. “Se apruebe o no, el proyecto ya se va a echar a andar”, afirmó entusiasta Márquez Cabrera, quien habla de su deseo por que no haya más discriminación contra las comunidades indígenas. Lo que ya es un hecho, dijo, es la publicación, en náhuatl, del primer documento oficial que se publica en la Gaceta del GDF. “Se trata del Programa de Desarrollo Oficial del Gobierno del Distrito Federal. Ya nos solicitaron la traducción y lo vamos a publicar en la Gaceta. Esto es algo fundamental e histórico”. Fuente: La Crónica de Hoy *** Reabren la Casa-Museo Zenobia-Juan Ramón La Casa-Museo Zenobia-Juan Ramón, ubicada en la calle Nueva de Moguer (Huelva, España), localidad natal del poeta, reabrió sus puertas el pasado 26 de diciembre, después de culminar el proceso de restauración iniciado en abril de 2004 y que ha supuesto una inversión superior a los 1,5 millones de euros. El presidente de la Junta de Andalucía (http://www.juntadeandalucia.es), Manuel Chaves, acompañado por la consejera de Cultura, Rosa Torres, presidió la inauguración de este edificio construido en el siglo XVIII y catalogado como Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento. Su uso como casa-museo se remonta al año de la concesión del Premio Nobel al poeta moguereño en 1956. Chaves destacó la importancia de la reapertura de la casa ante la conmemoración el próximo año del cincuentenario de la muerte del Nobel, al que ha calificado como “uno de los poetas más insignes” que ha habido a lo largo de la historia de España. Asimismo, resaltó el hecho de que el edificio queda para disfrute de moguereños, andaluces, españoles y de todos los ciudadanos del mundo que están interesados en la obra de Juan Ramón Jiménez (1881-1958) y su esposa Zenobia Camprubí Aymar (1887-1956), y se ha mostrado satisfecho por el trabajo realizado en el inmueble desde el punto de vista arquitectónico y funcional. Además, la Casa-Museo Zenobia-Juan Ramón Jiménez estrena un nuevo enfoque al margen del de la difusión de su obra y la profundización en la vida del poeta, el dirigido al turismo cultural, como puntualizó Chaves. Con respecto a la decisión de añadir a la nomenclatura de la Casa el nombre de Zenobia, el presidente de la Junta ha asegurado que se trata “de un acierto y un acto de justicia que se reconozca en la labor literaria de Juan Ramón la colaboración de su mujer”. También habló Chaves sobre la decisión del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Moguer (http://www.aytomoguer.es), de abandonar la Fundación Juan Ramón Jiménez (http://www.fundacion-jrj.es) por la “politización” que, según el Partido Popular, el PSOE realiza en torno a los actos relacionados con el poeta. En este sentido, y tras precisar que no era día para polemizar, ha conminado al alcalde a reconsiderar su actitud y posición “pensando en su pueblo” y ha resaltado lo fundamental de la colaboración de las tres administraciones. “Si algo le ha molestado se pueden dar todas las explicaciones necesarias en el seno de la fundación”, agregó. Este centro constituye un espacio de referencia para el estudio de la obra de Juan Ramón Jiménez, y un lugar destacado para la comunidad literaria hispana. Su restauración integral y la puesta en marcha del proyecto museístico han supuesto una inversión total de 1,5 millones de euros, de los que la Junta ha aportado alrededor del 50 por ciento, y el resto la Diputación de Huelva y el Ayuntamiento de Moguer. En concreto, se han invertido en la restauración del inmueble 860.000 euros, y 683.000 euros en su conformación museística. Las obras de restauración y redistribución interior han devuelto al edificio al estado original en el que se encontraba cuando vivía en él Juan Ramón Jiménez, mientras que el proyecto museográfico ha dotado a la vivienda de todas las instalaciones necesarias para que el legado documental, artístico y personal del Nobel y de su esposa pueda mostrarse con mayor comodidad y amplitud. Así, el objetivo principal del proyecto es acercar al público al Juan Ramón Jiménez menos conocido, a través de un recorrido por los objetos personales que rodearon su vida, sus sonidos, sus textos e imágenes y todo ello desde una visión didáctica, conseguida gracias a la reforma del acondicionamiento planteada por el nuevo proyecto museístico. La reforma integral de esta típica casa señorial andaluza ofrece un amplio abanico de posibilidades que dinamizan la obra del poeta, poniéndola en valor, y que recrean una etapa de la historia de la comunidad andaluza. La colección de la casa-museo está compuesta por la biblioteca y hemeroteca personal del poeta, con 3.700 volúmenes y 7.500 revistas en inglés, alemán, francés y español, además de mobiliario y enseres personales y una importante colección de pinturas. Fuente: EFE *** Cien años de soledad, ilustrada y policial Cuba lanzó el miércoles 26 de diciembre una edición ilustrada de Cien años de soledad, la novela del escritor colombiano Gabriel García Márquez, en homenaje a los 40 años de su primera publicación y a los 80 de su autor. Con el texto, ilustrado por el pintor Roberto Fabelo, el Instituto Cubano del Libro celebra los 80 años que en marzo de 2007 cumplió García Márquez, “un escritor imprescindible en la historia de la literatura hispana”, dijo un vocero de la institución. También se festejan las cuatro décadas de “una obra que imprimió un nuevo rumbo a la narrativa y destapó el boom de la literatura latinoamericana, en los años 60”, subrayó. Con varias ediciones en la isla, traducida a 35 idiomas y considerada una obra maestra de la literatura hispanoamericana y universal, Cien años de soledad “puso en el mapa del mundo a Macondo, un territorio que como la Yoknapatawpha, de William Faulkner, entró en el doble reino de la realidad y los sueños, por derecho propio”, agregó el vocero. La novela del Gabo, quien asistió en diciembre al Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, del cual es fundador, tiene “una presencia familiar” en la isla y “estará circulando en la Feria Internacional de Libro de La Habana”, que se celebrará en febrero. El ministro de Cultura de Cuba, Abel Prieto, informó que García Márquez había quedado satisfecho con la edición. “Él y Mercedes (Barcha, su esposa) estaban muy contentos por los resultados”, agregó Prieto, quien dijo que entregó los primeros ejemplares al Gabo cuando estuvo en Cuba a comienzos de diciembre en el Festival de Cine de La Habana, y que envió un libro a Castro, amigo cercano del escritor, aunque aún no tenía sus impresiones de la publicación. La novela también había sido objeto de un homenaje en México, específicamente en Nezahualcóyotl, donde el 16 de diciembre el alcalde Víctor Bautista López entregó una edición conmemorativa a los 1.300 elementos de Seguridad Pública, quienes traducirán algunos de sus pasajes a clave policial, hecho inédito en el mundo. A la ceremonia asistieron el rector de la Universidad La Salle, campus Nezahualcóyotl, Raúl Valadez García; el director de la policía municipal, Jorge Amador Amador, y el escritor Benito Taibo. Los asistentes escucharon, en voz del comandante Juan Meléndez Mecalco, el inicio del primer capítulo en un lenguaje diferente a los 35 a que ha sido traducida la novela en cuatro décadas. “Muchos alfas posteriores, frente al grupo que hace 44, el coronel Aureliano Buendía hacia 60 de una tarde remota en que su progenitor le hace 26 a 62 el hielo. Macondo era un 22 habitacional de veinte 94 de barro y caña 9. Construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que hacia 26 por 22 de rocas pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente que muchas cosas eran 56 de 62 y para 57 había que ponerles el dedo. Todas las alfas, al final del primer trimestre, una familia de gitanos indigentes ponía su 94 cerca del 22 habitacional y con fuerte 9 de equipo sonoro daban 62 nuevos inventos”. En relación a este ejercicio literario, Bautista López señaló que es una manera lúdica y diferente de acercarse a la novela. La primera es el Don Quijote de La Mancha, que en su momento ya fue abordada por el programa “Literatura Siempre Alerta”. Por su parte, el escritor Benito Taibo se mostró sorprendido de estar con un grupo de policías lectores y pensantes e indicó que este ejemplo de capacitar a la policía debería seguirse en todo el país. En su oportunidad, el director de Seguridad Pública municipal, Jorge Amador, dijo que se continuará con el esfuerzo de dotar de diversos instrumentos y herramientas a la policía, a fin de que cumplan de manera eficaz su labor. Fuentes: La Jornada • Prensa Latina *** Fallece el escritor y dramaturgo mexicano Fernando Sánchez Mayáns El escritor, dramaturgo, poeta y diplomático mexicano Fernando Sánchez Mayans, murió el jueves 27 de diciembre a los 82 años en Ciudad de México, tras un derrame cerebral que sufrió hace unas semanas, informó su familia. Nacido en Campeche el 1 de mayo de 1923, al intelectual le sobreviven sus hijas Mónika y Jovanka, y su esposa Ángela Torres. Sánchez Mayáns nació en la ciudad de Campeche (Yucatán) el 1 de mayo de 1923; estudió letras españolas y letras francesas en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx); estuvo becado por el gobierno de Estados Unidos para estudiar en las universidades de Harvard, Yale y Nueva York. Desempeñó varios cargos en el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura: representante de Prensa, coordinador del Departamento de Literatura, jefe del Departamento de Danza y subdirector de la Escuela de Teatro. Recibió el Premio Fiestas de Primavera del Departamento del Distrito Federal (1951), el Premio Nacional de Teatro (1951 y 1962), el premio del diario El Nacional (1959), el premio Juan Ruiz de Alarcón por la mejor obra del año de 1960, Las alas del pez; la Medalla de Oro otorgada por la Asociación Nacional de Escritores de México (1962), la Medalla de Oro otorgada por la Asociación Nacional de Compositores de México (1962), el Premio Nacional de Poesía (1963), la Medalla Molière de la Alianza Francesa de Guatemala (1975) y la Medalla de Bellas Artes (2004) por su trayectoria como dramaturgo, poeta y promotor de la cultura mexicana en el extranjero. Escribió una treintena de libros en distintos géneros literarios. Parte de su obra fue publicada en los principales diarios y revistas de México. Fuentes: El Universal (México) • La Jornada *** Muere el escritor y filósofo hondureño Roberto Castillo El escritor y filósofo hondureño Roberto Castillo, ganador en 1984 del Premio Latinoamericano de Narrativa Plural otorgado en México por la casa editora y revista del mismo nombre, murió el pasado miércoles 2 de enero a causa de una enfermedad cerebral que le fue descubierta hace varios años, informaron fuentes allegadas a su familia en Tegucigalpa. Entre sus obras literarias destacan Anita la cazadora de insectos, un cuento que en 2002 fue llevado al cine por el hondureño Hispano Durón. También escribió Subida al cielo y otros cuentos (1980), El corneta (1981) y Figuras de agradable demencia (1985), entre otros. Castillo, quien nació en 1950, fue catedrático de filosofía durante más de 20 años en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah, http://www.unah.hn), y estaba dedicado por completo a la literatura. Estudió filosofía en Costa Rica y deja unas 17 obras inéditas. En 1992 se hizo merecedor del Premio Nacional de Literatura “Ramón Rosa”, que otorga el Estado hondureño. Diversos sectores, incluyendo la Secretaría de Cultura, Artes y Deportes (http://tinyurl.com/2ovmgk), han lamentado la muerte de Castillo. La entidad gubernamental decretó tres días de duelo sin suspensión de labores. Fuentes: EFE • El Heraldo *** Falleció el escritor cubano Lisandro Otero A los 75 años de edad falleció la noche del jueves 3 de enero, en La Habana, el escritor cubano Lisandro Otero, Premio Nacional de Literatura 2002 y uno de los narradores de mayor reconocimiento en la literatura cubana de la segunda mitad del siglo XX. Aunque entre sus amigos y colegas no era un secreto que padecía de problemas de salud, su muerte asombró y conmovió al medio literario cubano. “Dos noches antes estuvimos muchas horas juntos y hablando de todo, de la vida literaria, los proyectos, y estuvo espléndido, estaba muy bien, se veía muy repuesto”, recordó el novelista Reynaldo González. “Estaba en plena actividad”, agregó. En su opinión, fue “un hombre significativo para varias generaciones literarias en el país, que siempre estuvo en las aventuras culturales más destacadas” y supo llevar sus experiencias a la literatura “en la medida exacta, sin que los temas eclipsaran la parte creativa”, agregó González, quien calificó a Otero como “el novelista vivo más importante del país y un periodista de punta, con una altísima categoría”. Otero nació en La Habana el 4 de junio de 1932 y se graduó en periodismo y en filosofía y letras en 1954 por la Universidad de La Habana (http://www.uh.cu), estudios que completó en la Sorbona francesa entre 1954 y 1956. Mereció el Premio Nacional de Periodismo de Cuba, el galardón que otorga el Club de Periodistas de México y el Premio de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro, y durante más de 50 años colaboró con decenas de periódicos en Cuba, América y Europa. Fue director editorial del diario Excelsior (http://www.exonline.com.mx) de México y colaboró en los periódicos The Washington Post (http://www.washingtonpost.com) y El Nacional (http://www.el-nacional.com) de Caracas. Autor de la trilogía novelística integrada por La situación (premio Casa de las Américas), En ciudad semejante y Árbol de la vida, y de otras notables expresiones en el género, entre las que se encuentran Pasión de Urbino, Temporada de ángeles y Bolero, Otero desarrolló una intensa actividad en el campo del periodismo desde la década de los 50 hasta su muerte. También ocupó cargos en instituciones culturales, en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac, http://www.uneac.com), de la que fue fundador, y en el servicio diplomático. En los últimos tiempos, como director, estuvo al frente de la Academia Cubana de la Lengua. Fuentes: Granma • Reuters *** Murió en México el poeta y escritor Andrés Henestrosa El escritor y poeta mexicano Andrés Henestrosa murió de causas naturales en su domicilio en Ciudad de México, el jueves 10 de enero, a los 101 años, informó su hija Cibeles Henestrosa a través de la estación de radio Formato 21. “Descanse en paz el maestro Andrés Henestrosa, quien está confirmado por su hija Cibeles Henestrosa, hace unos momentos falleció”, indicó la estación. Henestrosa se destacó por sus aportes al indigenismo. Había nacido el 30 de noviembre de 1906 en Juchitán, Oaxaca, donde hasta los 15 años sólo conoció el idioma indígena de la cultura zapoteca, edad en la que se trasladó a Ciudad de México para iniciar sus estudios y aprender español. En 1929, además de pertenecer al movimiento vasconcelista, publicó Los hombres que dispersó la danza. De 1936 a 1938 gozó de la beca Guggenheim. Otras de sus obras fueron Retrato de mi madre (1940), Los cuatro abuelos (1961), Los caminos de Juárez (1972) y Espuma y flor de corridos mexicanos (1999). Entre sus galardones destacan el Premio Internacional Alfonso Reyes (1992), la Medalla Belisario Domínguez (1993) y el Premio Nacional de Ciencias y Artes (1994). Días antes de su muerte le fue concedido el doctorado honoris causa por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM, http://www.uam.mx). En esa oportunidad la distinción fue recibida por su hija Cibeles, pues el autor ya tenía problemas de salud. Fonetizó el idioma zapoteco y elaboró un alfabeto y un breve diccionario del zapoteco al español. A lo largo de su vida recibió los más altos reconocimientos que otorga el gobierno mexicano y el mundo de la cultura. También participó en la política como miembro del PRI, al cual representó como diputado y senador. Adán Cruz, quien fuera su biógrafo y una de las personas más cercanas a él, autor de Henestrosa, nombre y renombre, calificó al autor como “uno de los más grandes hombres de letras, no sólo de México sino de la lengua española. Su obra está hecha de libros, poemas, palabras y canciones, y ojalá y así sea amortajado, con poesía. Escribió obras memorables, y no dicho por mí, sino por un Premio Nobel, Octavio Paz, quien vio en su libro Retrato de mi madre que se acercó a la perfección”. Fuentes: AFP • Proceso *** Identificados restos del poeta peruano Juan Ramírez Ruiz El cadáver el poeta peruano Juan Ramírez Ruiz, quien se había dado por desaparecido desde mediados del año pasado, fue identificado por sus familiares el pasado 11 de enero en Virú (Trujillo), según informó el blog Pospost (http://tinyurl.com/2rv57b). Ramírez Ruiz —autor de Un par de vueltas por la realidad (1971), Vida perpetua (1977) y Las armas molidas (1996)— había sido arrollado por un ómnibus de American Express en julio pasado, muriendo instantáneamente, y fue sepultado en el cementerio “Los Jardines de la Paz”, de Virú, en una tumba “Ningún Nombre” (NN) gestionada por la empresa, dado que no portaba documentos. Familiares y amigos del escritor habían iniciado una búsqueda en Trujillo y todo el norte peruano con la ayuda de la Policía Nacional del Perú (http://www.pnp.gob.pe) y de un gran número de amigos, quienes difundieron su búsqueda en diarios y blogs, así como de la Policía de Trujillo y Chiclayo y el ex congresista Rafael Aita, amigo personal de Ramírez Ruiz. Un peritaje dactiloscópico realizado por el mayor (PNP) Oscar Zavala determinó que el cadáver sepultado en Trujillo coincidía con la identidad del poeta. Nacido en Chiclayo en 1941, Ramírez Ruiz fue fundador, junto a Jorge Pimentel, José Carlos Rodríguez, Mario Luna, Julio Polar y Jorge Nájar, entre otros, del grupo literario Hora Zero, del que se constituyó en su principal teórico. Se le consideraba una de las voces más notables de la generación de poetas del 70. Fuentes: La República • Pospost *** Murió el poeta español Ángel González El poeta Ángel González murió a la edad de 82 años en una clínica de Madrid la madrugada del sábado 12 de enero, como consecuencia de un paro cardíaco, informaron fuentes cercanas a su familia. El escritor había ingresado a un hospital de Madrid el jueves 10. Nacido en Oviedo en septiembre de 1925, González era uno de los grandes vates españoles del siglo XX. Ha sido merecedor de premios como el Príncipe de Asturias de las Letras y el Reina Sofía de Poesía Hispanoamericana. Además era miembro, desde 1996, de la Real Academia Española (RAE, http://www.rae.es). El autor estudió derecho en la Universidad de Oviedo (http://www.uniovi.es), licenciándose en 1949. Trabaja para La Voz de Asturias (http://www.lavozdeasturias.es) como redactor y en 1950 empieza a estudiar periodismo en Madrid. En 1955 se traslada a Barcelona, donde trabaja como corrector de estilo y entabla amistad con poetas como Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Gabriel Celaya o Caballero Bonald. Su primer libro, Áspero mundo, se publicó en 1956. En 1968 publica su poesía completa con el título de Palabra sobre palabra, reeditada y aumentada en varias ocasiones. Uno de sus últimos libros fue 101+19 = 120 poemas, volumen en el que se recogen 101 poemas de su obra anterior junto a otros diecinueve inéditos. Desde 1972 trabaja como profesor visitante en la Universidad de Nuevo México (http://www.unm.edu). En 1979 conoció a Susana Rivera, con la que se casará en 1993, año en el que se jubilará de su actividad docente. El ministro de Cultura de España, César Antonio Molina, dijo al conocer la noticia: “Aunque no guste, en poesía hay que hablar de generaciones, y Ángel González fue uno de los grandes de la del 50”. El poeta gaditano José Manuel Caballero-Bonald ha querido recordarle como a su “amigo del alma. Ahora me importa él, su obra la recordaré otro día”. El poeta valenciano Francisco Brines: “un poeta con una gran transparencia y precisión. Su poesía y su persona eran muy paralelas”. Por su parte, el director de la RAE, Víctor García de la Concha, le ha calificado: “uno de esos poetas que ejerce magisterio”. El poeta granadino Luis García Montero ha querido resaltar la gran calidad humana de González: “más que la pérdida de un gran poeta, sentimos la pérdida del inmenso amigo”. El compositor Joaquín Sabina lo definía como “un poeta en carne viva y uno de los seres humanos más dignos, decentes y ejemplares que han existido” y el poeta y novelista madrileño Luis Antonio de Villena: “un poeta que luchó contra el franquismo, porque creía en la libertad”. El poeta valenciano Carlos Marzal ha definido al genial escritor como: “Un ejemplo de actitud ante la vida y ante la literatura” y miembro de una “generación de maestros” que “ha mantenido encendida la llama de la tradición”. Según la directora del Instituto Cervantes (http://www.cervantes.es), Carmen Caffarel, “renovó la poesía y el lenguaje poético, manteniendo el fondo crítico de la poesía social”. Múltiples homenajes se han anunciado a raíz del fallecimiento del escritor. En Leganés (Madrid), el nuevo colegio público del barrio Arroyo Culebro llevará su nombre, según se había acordado con el propio González cuando visitó Leganés en mayo del pasado año, con motivo del homenaje que los institutos públicos de esta localidad madrileña le rindieron editando un libro con poemas, dibujos e imágenes sobre su obra poética. Por su parte, la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes mantiene la Biblioteca de Autor Ángel González (http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/AGonzalez), como una manera de rendir tributo a quien fuera uno de los más importantes poetas de la nación ibérica. Fuentes: Cadena Ser • EFE • El País • Servimedia *** Falleció el escritor venezolano Adriano González León Este sábado 12 de enero falleció en Caracas el escritor venezolano Adriano González León, víctima de un infarto que sufriera a las 3 de la tarde durante un almuerzo en el restaurante Amazonia Grill, de la urbanización Las Mercedes, que frecuentaba en los últimos meses. Según el diario Últimas Noticias (http://www.ultimasnoticias.com.ve), aún a las 5 de la tarde se esperaba la llegada de un paramédico que certificara la muerte y permitiera el levantamiento del cadáver. Los restos de González León son velados hoy en la Funeraria Vallés de La Florida. Nacido en Valera (Trujillo) en 1931, González León fue el autor de País portátil (Seix Barral, 1968), novela que en 2008 arribará a sus 40 años, y en la que narra la épica historia de la familia trujillana Barazarte a través de los recuerdos y vivencias del último de sus hijos, Andrés, un guerrillero urbano que debe atravesar Caracas para cumplir una misión. La obra obtuvo en 1968 el premio Biblioteca Breve y en 1979 fue llevada al cine por los realizadores venezolanos Iván Feo y Antonio Llerandi. El escritor acababa de ver la edición en Venezuela de su novela Viejo, publicada por Alfaguara en 1995, y que recibió elogios incluso de Gabriel García Márquez, quien aseguró era “la novela que yo hubiera querido escribir”. A los 15 años fue corresponsal del diario El Nacional (http://www.el-nacional.com) en la zona andina y a los 24, ya graduado de abogado en la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve), donde además fue profesor de literatura, fundó con Guillermo Sucre, Edmundo Aray, Rodolfo Izaguirre, Efraín Hurtado y otros el grupo Sardio, que editó una revista del mismo nombre que difundía escritores de todo origen y de gran compromiso político. El escritor, quien nunca ocultara su tendencia izquierdista, fue también un activo luchador contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez a principios de los 50. Más tarde colaboraría con revistas como Letra Roja y El Techo de la Ballena. El Nacional también le dio el premio del Concurso Anual de Cuentos de 1956 por “El lago”. Sus primeras incursiones en la literatura fueron como cuentista, con las obras Las hogueras más altas (Buenos Aires, Goyanarte, 1959; Premio Municipal de Prosa 1958), Asfalto-Infierno y otros relatos demoniacos (El Techo de la Ballena, Caracas, 1963) y Hombre que daba sed (Jorge Álvarez, Buenos Aires, 1967), donde describía ambientes urbanos y campesinos sombríos y dramáticos. Además publicó Damas (1979), De ramas y secretos (poesía; Rayuela, Caracas, 1980), El libro de las escrituras (serigrafías de Marco Miliani; Ediciones de Galería Durban-Arte Dos, Caracas-Bogotá, 1982), Solosolo (1985), Linaje de árboles (Planeta, Caracas, 1988), Del rayo y de la lluvia (crónicas poemáticas; Contexto Audiovisual-Pomaire, Caracas, 1991), Viejo (Alfaguara, 1995), El viejo y los leones (cuento para niños; Rayuela, 1996), Hueso de mis huesos (poesía; ilustraciones de Manuel Quintana Castillo; Rayuela, Caracas, 1997) y Viento blanco (Rayuela, Caracas, 2001), así como la antología de sus relatos, Todos los cuentos más Uno, publicada por Alfaguara en 1998. En 1978 había obtenido el Premio Nacional de Literatura y en 2003 el doctorado honoris causa de la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica, http://www.unica.edu.ve), de Maracaibo. En los años ‘60 es designado primer secretario de la Embajada de Venezuela en la República Argentina, se donde adquiere vinculaciones valiosas. De vuelta a Venezuela trabajará como profesor de la Facultad de Economía de la UCV. Durante quince años mantendrá en el canal del Estado venezolano Televisora Nacional (canal 5) el programa Contratema, en el que pretendía, según dijo en una entrevista, “interesar a la gente por la literatura, demostrar que no es difícil con cierta malicia”. A mediados de los ‘90 retornará al servicio diplomático como agregado cultural de Venezuela en España, país en el que volvería a la televisión, como colaborador y frecuente presentador del espacio Taller Abierto de la Televisión Educativa Iberoamericana. En los últimos años había retomado su columna semanal en El Nacional, bajo el título “De ayer, de hoy y de siempre”. No dudó en compartir su experiencia con las nuevas generaciones, por lo que fue uno de los impulsores de la iniciativa “Escribas” (http://www.letralia.com/146/0825escribas.htm), en la que dirigió cátedras literarias junto a otros destacados autores venezolanos. Como un homenaje a su obra y a lo que representa en el universo literario venezolano, el PEN de Venezuela (http://www.pendevenezuela.org) creó en 2004, en sociedad con el Grupo de Empresas Econoinvest (http://www.econoinvest.com) y el Grupo Editorial Norma (http://www.norma.com), el premio Bienal “Adriano González León”, con el propósito de difundir la obra de los novelistas venezolanos. El galardón fue obtenido en 2004 por Milton Quero Arévalo (http://www.letralia.com/126/0719quero.htm) y en 2006 por Héctor Bujanda (http://www.letralia.com/151/1011bujanda.htm). “Para mí es inconcebible”, dijo en otra entrevista más reciente, “que muchos compañeros con quienes construimos una idea de la izquierda venezolana hoy estén tan confusos y no hayan aprendido la lección brutal del fascismo, el nazismo, el gran engaño del estalinismo y, sobre todo, la construcción artificial de esas repúblicas socialistas, que no fueron sino países espantosamente sometidos y vejados”. Este jueves 24 a las 12:30 del día, la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello (http://casanacionaldelasletras.blogspot.com) le rendirá un homenaje al autor de País portátil en una tertulia que dirigirá Luis Alberto Crespo, presidente de la institución. La entrada es libre. Fuentes: ABN • El Nacional • El Tiempo • Últimas Noticias *** México pondrá en línea acervo de su Biblioteca Nacional El acta de proclamación de la Independencia de México, el archivo epistolar de Benito Juárez, la correspondencia entre el poeta Carlos Pellicer e intelectuales y políticos de su tiempo, así como los 26 primeros libros publicados en el Nuevo Mundo durante el siglo XVI, se podrán consultar gratuitamente a través de la Biblioteca Nacional Digital de México, que se pondrá en marcha en los próximos días, según se informó el pasado martes 15. Cerca de un millón de imágenes de seis colecciones del Fondo Reservado de la BNM, institución que desde 1914 resguarda la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx), conforman el acervo que estará en línea para beneficio de investigadores, estudiantes y lectores curiosos de México y el mundo, pero también para preservar y difundir la memoria histórica de los mexicanos. Algunos de los archivos digitalizados por el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la Unam (IIB, http://biblional.bibliog.unam.mx), a través de la Biblioteca Nacional, fueron declarados en 2002, por la Unesco, “Memoria Regional del Mundo” dentro del programa Memoria del Mundo. Éstos y otros invaluables documentos convertirían a la Biblioteca Nacional Digital en la más completa de Iberoamérica en su carácter de obras bibliográficas patrimoniales. Rosa María Gasca Núñez, coordinadora de la BNM, asegura que la puesta en línea del portal será un espacio que ofrecerá al lector un acercamiento a la historia y la cultura mexicana mediante el acceso a obras completas y documentos patrimoniales. La Biblioteca Nacional Digital incluirá cuatro archivos de entre los siglos XVI y XIX: Colección Lafragua, Archivo Benito Juárez, Impresos Mexicanos del siglo XVI y colección Enrique de Olavarría y Ferrari; además de dos acervos contemporáneos: Carlos Pellicer y Lya y Luis Cardoza y Aragón. “Suman cerca de un millón de imágenes en el portal, que estará a prueba pero abierto en Internet. La idea es que este proyecto siga creciendo y se sigan incorporando colecciones para potenciar la consulta en México y en el extranjero y, al mismo tiempo, preservar todas las obras del Fondo Reservado”, señaló Gasca Núñez. El trabajo de digitalizar parte de los archivos del Fondo Reservado inició en 2004, los primeros resultados fueron con el Archivo Benito Juárez, que pusieron en línea en 2006 durante el año del Bicentenario del Benemérito de las Américas; pero será en unos días cuando los cibernautas puedan tener acceso a los documentos patrimoniales de México y a su memoria histórica. Una de las más emblemáticas, por su valor histórico y porque es el acervo más consultado, es la Colección Lafragua, con alrededor de 800 mil imágenes del acervo que reunió José María Lafragua a lo largo de su vida, con lo que se documenta el siglo XIX. Le sigue el archivo Enrique de Olavarría y Ferrari, dentro del proyecto Españoles en México en el siglo XIX y principios del XX, así como los 26 impresos mexicanos del siglo XVI, primeros libros publicados fuera de Europa. De la época contemporánea, sólo dos archivos, que en tiempos recientes fueron donados a la Unam, están digitalizados al 100%, se trata de las colecciones Carlos Pellicer y Lya y Luis Cardoza y Aragón; la primera rica en correspondencia, manuscritos y poesía de Pellicer y sus contemporáneos; y la segunda, una reunión de documentos y fotografías de la cultura mexicana del siglo XX. Para la coordinadora del proyecto de digitalización que estuvo a cargo de un equipo comandado por Jorge Arturo Ruedas Mendoza, se digitalizaron las colecciones más significativas para el conjunto del Fondo Reservado. El anuncio fue hecho en el marco de la celebración de los 140 años de la Biblioteca Nacional de México (BNM, http://www.bibliog.unam.mx/bib/biblioteca.html), resguardo de la memoria bibliográfica y máximo acervo de la nación mexicana. Recientemente se constituyó la Asociación Civil Amigos de la Biblioteca Nacional de México, integrada por donadores, intelectuales y académicos, quienes entre otras acciones, apoyarán el desarrollo del acervo digital, y el fortalecimiento de los trabajos de catalogación, automatización y conservación. Hoy, el acervo de la BNM asciende a más de 1.250.000 unidades entre libros, folletos y documentos, y su Fondo Reservado es el más importante de la nación, pues alberga valiosas obras, como los incunables (libros impresos en Europa en el siglo XV), archivos y manuscritos de personajes como Benito Juárez, Francisco I. Madero o el doctor Atl. En los últimos cuatro años los materiales de este recinto han sido consultados por 105.581 usuarios. En dicho periodo, su Fondo Reservado ha sido visitado por más de 14.240 personas, quienes han examinado aproximadamente 39.900 de los más de 200.000 volúmenes en este espacio. Por su parte, la Sala Mexicana, una de las zonas donde se encuentran libros de gran valía histórica, como los relativos a la Independencia de México, atesora unos 1.200 ejemplares. Como parte de sus funciones, la Biblioteca es receptora del depósito legal; adquiere las obras sobre México editadas o producidas en el extranjero; compila la bibliografía nacional y proporciona servicios bibliotecarios y de información. El acervo se organiza en las colecciones de Fondo Reservado con los documentos más antiguos. También figura la Colección General, conformada por obras monográficas contemporáneas; la Sala de Consulta, que ofrece títulos en estantería abierta, y las Salas Especiales. La BNM, junto con la Hemeroteca Nacional, es responsabilidad del IIB, dependiente de la Coordinación de Humanidades; ese instituto, como parte de sus tareas, impulsa y realiza la investigación bibliográfica, hemerográfica, bibliotecológica, bibliológica, de archivos y manuscritos, y de estudio de fuentes. Asimismo, prepara, edita y difunde inventarios, guías, índices, catálogos y otros instrumentos que faciliten la labor en la materia. Hija de la Reforma y del pensamiento liberal, la BNM fue fundada el 30 de noviembre de 1867 por el presidente Benito Juárez en el antiguo templo de San Agustín, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. En ese recinto, se inició la compilación de su acervo con los libros de las bibliotecas de corporaciones religiosas, de la Real y Pontificia Universidad y de donaciones particulares. Fue inaugurada el 2 de abril de 1884, con aproximadamente 91.000 volúmenes. No fue sino hasta 1914 cuando quedó vinculada a la Universidad Nacional de México, y cuando ésta obtuvo su autonomía en 1929, pasó a formar parte de esta casa de estudios. Para administrarla y coordinarla, en la década de 1960 se creó el Instituto de Investigaciones Bibliográficas, y en 1979 se trasladó de su antigua sede al Centro Cultural Universitario. El IIB, en tanto, tiene como antecedente al Instituto Bibliográfico Mexicano, creado en 1899, el cual se formó como parte de la Biblioteca Nacional, con la misión de formar el acervo general del país, que incluyera tanto las obras de mexicanos escritas en el territorio y en el extranjero, así como de autores foráneos. El instituto desapareció en 1909 y fue hasta el 15 de diciembre de 1967, por acuerdo del Consejo Universitario de la UNAM, cuando se crea el IIB con la función principal de dirigir y coordinar las labores de la Biblioteca y Hemeroteca nacionales. Ésta última posee más de cuatro millones de ejemplares con más del 60 por ciento de su contenido digitalizado. Fuentes: El Universal (México) • Unam *** Biblioteca Digital Hispánica brinda acceso a 10.000 obras La Biblioteca Digital Hispánica (http://www.bne.es/BDH/index.htm) fue presentada el pasado miércoles 16 por el ministro de Cultura de España, César Antonio Molina, y el secretario de Estado de Telecomunicaciones, Francisco Ros. El recurso, que fue presentado en la Biblioteca Nacional de España (BNE, http://www.bne.es), pondrá a disposición del internauta, de manera totalmente gratuita, 10.000 obras, entre las que se incluyen documentos, libros editados entre el siglo XV y el siglo XIX, grabados, mapas o primeras ediciones, que atesora la Biblioteca Nacional. Las consultan podrán realizarse en inglés y en todas las lenguas del Estado español. La Biblioteca Digital Hispánica inició sus actividades con ocho colecciones. Agrupadas por documento —grabados, dibujos, carteles— o por temática, el usuario tendrá a su disposición obras como el Beato de Liébana, las Cantigas de Santa María, el Poema de Mio Cid, dibujos de Velázquez y de Goya, el Atlas de Sgrooten, los códices de Leonardo o los grabados de Rembrandt y Durero. “Las obras digitalizadas son sólo una parte mínima para una biblioteca de esta categoría”, reconoció Milagros del Corral, responsable de esta institución, que tiene en sus fondos 25 millones de ítems. El coste de este proyecto ha sido de 500.000 euros financiados por Red.es (http://www.red.es) y otro medio millón de euros aproximadamente que salen del presupuesto de la BNE. Advirtió, asimismo, que existe un coste “adicional” por mantener y actualizar los archivos digitalizados que supondrá un “gasto eterno”. Todo ello para emular la vieja idea de la Biblioteca de Alejandría y para cumplir el compromiso adquirido con la UE de contribuir a la futura Biblioteca Digital Europea, que en 2010 deberá estar constituida por seis millones de objetos digitales en línea. Así, a partir de este año, la BNE iniciará su nueva estrategia de digitalización masiva con el objetivo de lograr en cinco años la digitalización de sus obras más importantes, hasta alcanzar las 200.000 obras, que supondrían más de 25 millones de páginas. “Con estas 200.000 obras ya estamos hablando del número que se baraja en las grandes bibliotecas nacionales”, apuntó Del Corral, quien puso como ejemplo la Biblioteca Nacional de Francia (BNF, http://www.bnf.fr), que espera digitalizar 300.000 obras por año. “Hay que ser prudentes para poder digerir el proceso”, advirtió Del Corral, quien destacó que aunque “cuantitativamente” lo digitalizado es una “gota de agua”, “cualitativamente estamos a la cabeza de las grandes bibliotecas”. Para realizar la selección de las obras digitalizadas, la BNE contó con la ayuda de un comité de expertos, coordinados por José Manuel Blecua, y constituido por especialistas de las diferentes ramas del conocimiento. Este comité eligió los materiales y documentos que consideran esenciales para el conocimiento de la cultura hispánica: además de libros impresos y manuscritos, dibujos, grabados, mapas, partituras, fotografías y carteles, desde el siglo IX hasta el siglo XX, en todas las lenguas españolas. Respecto a la temática hispanoamericana, se incluyen libros que van del siglo XV al siglo XX, representativos del período colonial y del movimiento de independencia. Incluye básicamente crónicas históricas, diccionarios históricos y biográficos, descripciones geográficas y estudios sobre las misiones de todos los países de Iberoamérica y sur de Estados Unidos. Entre las imágenes digitalizadas destaca la colección Iconografía Española, compuesta por retratos, en grabados, dibujos y fotografías de personajes españoles de los siglos XV al XIX y los grabados alemanes de los siglos XV y XVI, donde destaca la obra de Durero, junto a los mejores pintores alemanes de esa época. Fuentes: Biblioteca Digital Hispánica • La Nueva España *** Mario Bellatin obtiene el Premio Nacional de Literatura de México Por su obra El gran vidrio, el reconocido escritor mexicano Mario Bellatin obtuvo el pasado 16 de enero el Premio Nacional de Literatura, dotado con 80.000 pesos y convocado por el Instituto Municipal de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán (http://www.culturamazatlan.com). El galardón le será entregado este viernes 25 en el marco del Carnaval, que se lleva a cabo del 31 de enero al 5 de febrero en ese puerto del Pacífico. La decisión fue tomada por un jurado integrado por distinguidos autores contemporáneos como Vicente Leñero, Juan Villoro y José Agustín. Editado por Anagrama en 2007, El gran vidrio relata una fiesta que se realiza anualmente en las ruinas de los edificios destruidos en la Ciudad de México, donde viven cientos de familias. Habitar entre los resquicios dejados por las estructuras quebradas representa un símbolo mayor de invisibilidad social; quizá por eso, los protagonistas deciden pertenecer al resto, cuando carnavalizan de alguna manera su situación y deciden llamar El gran vidrio a su celebración. El galardonado autor recrea tres autobiografías que muestran, a través de su hermetismo, lo que una autobiografía tradicional es incapaz de transmitir. Nacido en la Ciudad de México en 1960, Bellatin es autor de las novelas cortas Mujeres de sal, Efecto invernadero, Canon perpetuo, Salón de belleza, Damas chinas, Poeta ciego, El jardín de la señora Murakami, Shiki Nagaoka: una nariz de ficción, Flores, La escuela del dolor humano de Sechuán, Jacobo el mutante y Perros héroes. Se han traducido al francés y al alemán Poeta ciego y Salón de belleza; esta última fue nominada al Premio Médicis a la mejor novela extranjera editada en Francia en el 2000. Bellatin ganó el premio Xavier Villaurrutia 2001 con la novela Flores, y en 2002 obtuvo la beca Guggenheim. En 2000 fundó la Escuela Dinámica de Escritores, que constituye una forma novedosa de aproximarse al hecho creativo. Este Premio Nacional de Literatura le ha sido otorgado en ediciones anteriores a autores como Octavio Paz, Ángeles Mastreta y Elena Poniatowska, entre otros. Fuente: El Universal (México) *** Murió el intelectual español Fernando Borlán Rodríguez Fernando Borlán Rodríguez, poeta, escritor, catedrático jubilado de literatura, ex profesor del IES Brianda de Mendoza (http://centros4.pntic.mec.es/ies.brianda.de.mendoza) y, ante todo, un librepensador de profundo espíritu crítico y hombre de reflexión, falleció en Guadalajara (España) este domingo 20 de enero, según informaron fuentes allegadas al autor. Borlán padecía una grave enfermedad que en los últimos años había ido deteriorando su salud. Recientemente fue objeto de un multitudinario homenaje en el Brianda de Mendoza, y su discípulo y más estrecho colaborador, Carlos Alba, junto a la familia, editó un volumen con sus obras completas. Alcarreño de adopción, Borlán Rodríguez nació en Galleguillos de Campos (León) el 18 de agosto de 1932. De joven ingresó en un seminario, y llegó a consagrarse al servicio de la Iglesia, pero en los años 50 rompió con lo religioso y orientó su pensamiento hacia una profunda carga política de izquierdas, oscilante por momentos entre la socialdemocracia y los postulados libertarios. Durante la transición militó en el extinto PSP de Tierno Galván. Durante el curso 1952-1953 trabaja en el reformatorio vallisoletano “Arzobispo Gandásegui”. Al año siguiente se translada a trabajar al colegio El Salvador. En ese curso funda con Julio Jiménez, en el colegio mayor de la Santa Cruz, un Aula de Oratoria, a la cual asistió el poeta Francisco Pino. Colaboraba también con la emisora de radio EAJ47, de Valladolid, enviando poemas al programa Versos al viento. En enero de 1954 debe cumplir el servicio militar, por lo que es trasladado a Colmenar Viejo. Al acabar el campamento le destinan al Cuartel del Conde Duque para dar clase a los cabos. Licenciado del servicio militar comienza a trabajar en el diario El Alcázar y pocos meses después colabora con Diez Minutos. A la vez prepara las oposiciones a agente judicial, las cuales aprueba y es destinado a Luarca. El 25 de agosto de 1961 se casa con Lydia Pazos e inicia estudios de filosofía y letras en la Universidad de Oviedo (http://www.uniovi.es). En 1966 se traslada con su familia a Ferrol, donde sigue trabajando como agente judicial e imparte clases en el colegio Montefaro. Trabaja como profesor de francés en el Instituto Concepción Arenal y establece lazos con el grupo de teatro de ex alumnos denominado Teatro Estudio, al que pertenecen figuras clave en desarrollo del teatro gallego como Eduardo Alonso y Luma Fernández. En 1972 crea el cine club Hexágono en el Instituto Esteban Manuel Villegas de Nájera, en La Rioja. Poco antes de la muerte de Franco, se traslada a San Lorenzo de El Escorial, donde es destinado como secretario al Instituto Juan de Herrera. En estos meses publica su primer poemario, Por la noche y en medio de la calle, y se dedica a recorrer las emisoras de Madrid recitando sus poemas. Es así como contacta con Rafael Montesinos, Octavio Uña, Manuel Hidalgo, Claudio Rodríguez, Rafael Morales o Luis Rosales. En 1978 se incorpora al Instituto Eijo y Garay en Madrid, donde conoce a Ángela Bautista y Rosalía Vallejo, con quienes funda la revista La cuadratura del círculo. En 1980 se muda a Las Rozas, donde tiene como alumno a Benjamín Prado, y en donde frecuenta el Rincón del Arte y la Asociación Prometeo de Poesía. Tras su llegada en 1982 a Guadalajara, donde se establecerá de forma definitiva hasta su jubilación, se afilia al grupo literario Enjambre y junto con Alfredo Villaverde realiza una selección de poesía castellana editada bajo el título Y nació la trova en Castilla. En 1985 publica su segundo poemario, Cántico carnal. Funda con Mariluz Adama y Francisco Núñez el grupo GENS, que mezcla poesía, imagen y sonido, e impulsa la creación de una radio en el instituto en el que trabaja. En 1990 crea con Alfredo Villaverde y Francisco Núñez la colección “El Semáforo Verde”, en donde publica su siguiente poemario Taberna de humo y sueño. “La taberna” será también el título de la columna de opinión con la que colaborará en el periódico local El Decano (http://www.eldecano.es). Regresa a la actividad teatral en 1992, al coincidir en su instituto con María Pedroviejo y Carlos Alba. Al año siguiente en Sahagún presenta Clásicos por la calle, un espectáculo lírico, y escribe su tercer poemario, Zálata. En 1996, en la revista literaria Barataria, surge su último poemario, Derrota de los ídolos. En 1998 escribe su primera novela, El arcón de la Argamasilla. El año pasado, Carlos Alba impulsa la publicación de una edición de toda su poesía, bajo el título Poesías completas. Fuentes: El Decano • Wikipedia *** Publican edición ilustrada de Poeta en Nueva York, de García Lorca Poeta en Nueva York (1929-1930), el libro que Federico García Lorca nunca pudo ver publicado, regresa ahora en una nueva edición conmemorativa concebida íntegramente, por primera vez, desde el punto de vista de la ilustración, según ha afirmado su editor, Pedro Tabernero. La ciudad que fascinó a Lorca durante su estancia como estudiante en la Columbia University (http://www.columbia.edu) y que le inspiraría una de sus obras poéticas más famosas, es ilustrada casi ochenta años después por el artista asturiano Alfredo Sánchez (1933), más conocido como “Alfredo”. Las ilustraciones de “Alfredo” son naïf y expresionistas, y con sus lápices de color ha recordado a Lorca sobre una nube encima del Empire State, con letras que vuelan sobre el puente de Brooklyn en “Esa ciudad sin sueño”, y con negros llorando entre paraguas en “El rey de Harlem”. El nuevo libro tendrá una edición limitada de 1.000 ejemplares (por el acuerdo llegado con los herederos del poeta, que han dado su aprobación al libro), y ha sido realizada en español y en inglés, ésta última a través de un encarte incluido al final del libro. Poemas como “En la cabaña del Farmer” o “Huida de Nueva York” han sido representados por “el mejor ilustrador español de ciudades”, según Tabernero, pues “Alfredo” ya lo demostró en su libro De Moscú a Nueva York, que “marcó un antes y un después en la ilustración de ciudades”. Federico García Lorca se topó en Nueva York con la pobreza y la abundancia, Harlem y Wall Street, en un momento en el que, para Tabernero, “su sensibilidad estaba ávida de paisajes y de paisanajes más cosmopolitas”. La sensibilidad de Lorca, que en aquellos momentos tenía 31 años, tal vez estaba “cansada de gitanos”, subraya en la introducción del libro el cantante y escritor Leonard Cohen, tan apasionado por el poeta granadino que a su hija le ha puesto de nombre Lorca. Leonard Cohen confiesa que una vez leyó unos versos y exclamó: “¡Aquí estaba mi mundo! ¡Aquí estaba mi paisaje! Este poeta me destrozó la vida. Su nombre era Federico García Lorca”. La edición se presentará el lunes 28 en la Casa Hispánica de Columbia University, donde una placa recuerda la estancia del poeta granadino en dicha universidad y donde todavía se encuentran las habitaciones que ocupó durante dos años. Responsable de la edición y dirección gráfica de numerosos proyectos culturales como los carteles y la mascota de la Expo’92, el sevillano Pedro Tabernero ha destacado que la nueva edición ilustrada hace de Poeta en Nueva York un libro más cercano al público en general e invita a profundizar “en sus versos llenos de sugerencias”. Tabernero ha explicado que la idea de hacer esta obra le surgió junto al actual ministro de Cultura, César Antonio Molina, cuando éste era director del Instituto Cervantes de Nueva York (http://nuevayork.cervantes.es), y tras buscar una versión ilustrada de este libro descubrieron que todavía no se había hecho. A Pedro Tabernero le encantaría que esta obra, que inicia una colección titulada “Poetas y ciudades”, fuera para Federico García Lorca, quien dejó una documentación gráfica sobre su estancia en Nueva York, “la que a él le hubiera gustado hacer”. Fuente: EFE *** Compañía venezolana Garabatos-k se presentará en Chile Entre el 29 de enero y el 3 de febrero la compañía venezolana de títeres y teatro Garabatos-k participará en una nueva edición del Festival Iberoamericano de Teatro Ovalle 2008 que se celebrará en la ciudad de Ovalle en el marco del IV Encuentro de la Red Iberoamericana de Artes Escénicas. Creada por venezolanos y radicada en las islas Canarias, Garabatos-k cuenta con el apoyo del programa “Canarias Crea” que lleva adelante el gobierno de Canarias para la promoción y proyección de las diferentes compañías artísticas del mencionado archipiélago. Esta compañía en particular ha desarrollado una interesante labor cultural desde su creación, acercando a los chiquillos obras entretenidas de gran contenido ético y educativo, reafirmando de esta manera su premisa principal: Educar desde el Entretenimiento. En esta oportunidad Elisa González y Róger Vargas, directivos de la institución, se han propuesto llevar al referido festival iberoamericano la obra El burro y su lecherita, original de Elisa González, quien recrea en esta pieza, con ayuda de música folklórica infantil, la importancia que tuvo el burro en la ardua labor del campesino canario. Desde el inicio de sus actividades en Canarias (2003), Garabatos-k se ha caracterizado por lo peculiar de sus montajes dirigidos íntegramente a los niños, representando historias divertidas, sencillas y de gran contenido ético, musicalizadas de tal manera que atraigan la atención del público infantil. *** Celarg desarrolla actividades con sectores populares de Caracas El Proyecto “El Celarg y la Comunidad”, que desarrolla en Caracas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg, http://www.celarg.org.ve), abarcará en su tercera etapa, además de los ya conocidos talleres de teatro dictados a niños de los sectores populares del municipio Chacao, talleres de sensibilización musical, de iniciación musical y de cuatro, con el apoyo de la Junta Parroquial de Chacao (http://www.chacao.gov.ve/gobiernomunicipal.asp?Id=38) y de la Fundación Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, FOSGMA. El inicio de las actividades está pautado para el miércoles 30 de enero con el ciclo de talleres de sensibilización musical dictado por la FOSGMA. Estos talleres tienen entre sus objetivos enseñar a los asistentes qué es la música y para qué sirve, y que además puedan reconocer la importancia de este arte como instrumento para afianzar la identidad cultural de los pueblos. El ciclo proseguirá durante los días 31 de enero y 12, 13 y 14 de febrero, en la Sala A del piso 6 de la Fundación Celarg. El sábado 9 de febrero se dará comienzo al taller de teatro para niños, dirigido a niños y niñas de los sectores populares Pajaritos y La Manguera, con edades comprendidas entre los 6 y los 12 años. Este taller será dictado por la Fundación Medatia (http://www.medatia.org.ve), de Pajaritos, y Citlalli Godoy, de La Manguera. Con él se busca desarrollar la creatividad de los infantes y ofrecerles la oportunidad de reunir informaciones y experiencias sobre el lenguaje teatral. Ese mismo día comenzará en el sector San José de La Floresta el taller de iniciación musical, dirigido a niños y niñas con edades comprendidas entre los 6 y los 12 años y dictado por la FOSGMA, a través del Grupo Quitiplás. Ambos talleres serán desarrollados durante 19 sábados culminando el domingo 29 de junio en la Sala de Teatro 2 de la Fundación Celarg con la presentación de una muestra con lo aprendido por los niños. El 16 de febrero iniciará el taller de cuatro, dictado por Arturo Avilés y dirigido a niños, niñas y adolescentes del municipio Chacao, en el piso 4 de la Fundación Celarg. El curso tendrá una duración de tres meses y abordará aspectos técnicos, pedagógicos y teóricos de este instrumento que es referencia clave del acervo musical y cultural venezolano. Todos estos talleres son completamente gratuitos. Fuente: Celarg *** El Festival de Granada homenajeará a Ángel González El Festival Internacional de Poesía Ciudad de Granada (España; http://www.festivaldepoesiadegranada.com), que se celebra la segunda semana de mayo, dedicará su quinta edición al poeta asturiano Ángel González como homenaje tras su fallecimiento la madrugada del pasado sábado 12 en Madrid. La figura y la obra del autor de Áspero mundo será recordada por sus amigos más cercanos, entre los que se encuentran poetas, novelistas, periodistas, políticos, músicos y pintores, entre los que se encuentran algunos de los autores ya habituales en el festival, como Luis García Montero, Benjamín Prado, Chus Visor o Francisco Brines, que acudirá también como ganador del IV Premio de Poesía Federico García Lorca. Además, el festival tiene previsto cursar una invitación a otros íntimos amigos del poeta como Joaquín Sabina, Pedro Guerra —que actuó junto a González en la primera edición del festival—, José Manuel Caballero Bonald, Almudena Grandes, Juan José Millás o Juan Cruz, entre otros. Los directores del festival, los poetas Daniel Rodríguez Moya y Fernando Valverde, están solicitando a las diferentes instituciones que aúnen esfuerzos para conseguir que el homenaje que Granada rendirá al primer galardonado con el premio García Lorca de Poesía pueda estar a la altura del poeta, que es su “referente”, “por sus poemas, que como pocos son capaces de llegar al lector y emocionarle, y por su calidad humana”. El desarrollo del festival será similar al de ediciones anteriores, con una importante presencia internacional y actuaciones musicales. Además, al igual que en la pasada edición, la clausura coincidirá con la entrega del premio García Lorca. El Festival de Poesía de Granada contó con la presencia de Ángel González en su primera edición, en mayo de 2004, cuando ofreció un recital en el teatro Isabel la Católica de Granada junto al cantautor Pedro Guerra y participó en una lectura poética en la Huerta de San Vicente junto a otros poetas de su generación como Francisco Brines o José Manuel Caballero Bonald. Del mismo modo, el festival propuso la candidatura del poeta al Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca, convocado por el Ayuntamiento de Granada y que el poeta obtuvo en 2004. En la edición más reciente del festival, en mayo del año pasado, se repartieron más de 100.000 tarjetas postales en los domicilios de Granada con el poema “Muerte en el olvido”, de González. Fuente: Granada Digital ||||||||||||||||||||||| LITERATURA EN INTERNET |||||||||||||||||||||| Quórum de Revistas http://www.quorumderevistas.org El Portal de Revistas Iberoamericanas fue creado recientemente con el objeto de convertirse en un espacio de referencia en el que tengan cabida revistas especializadas de América Latina, España y Portugal. Se trata de un proyecto académico gestionado por el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Alcalá (http://www.uah.es), que cuenta con la colaboración de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (http://www.cervantesvirtual.com) y con el patrocinio del Grupo Santander (http://www.gruposantander.es), de la Agencia Española de Cooperación Internacional (Aeci, http://www.aeci.es) y de la Universidad de Alcalá. El portal incluye información sobre revistas vinculadas al ámbito académico y también a publicaciones independientes. Ya hay seleccionadas 250 revistas de ciencias sociales y jurídicas y de literatura y lingüística. Está formado por cuatro secciones: • Temas de Portada: dos textos, uno de ciencias sociales y otro de literatura, elaborados por la redacción del portal, que servirán como introducción a un dossier formado por los artículos de las revistas relacionados con el tema de portada. También se incluirán documentos, bibliografía, entrevistas y otros materiales. Estos temas, que serán permanentemente actualizados, se constituirán en líneas temáticas del portal. • Artículos recomendados: se incluirán, y destacarán de forma rotatoria, los artículos recomendados por las revistas y por el Comité Académico del Portal y los evaluadores del portal. • Libros reseñados: se incluirán las reseñas de libros de las revistas y de los suplementos culturales de los principales periódicos de América Latina, España y Portugal. • Noticias: el portal incluirá las noticias que envíen las revistas a su redacción. Biblioteca Digital Hispánica http://www.bne.es/BDH/index.htm Recurso que ofrece acceso libre y gratuito, para su consulta, lectura y descarga, de 10.000 obras del patrimonio de la Biblioteca Nacional de España, entre las que destacan manuscritos, libros impresos del siglo XV al siglo XIX, grabados, dibujos, carteles, fotografías y mapas, y que se encuentran organizadas por colecciones y subcolecciones. Wikilengua http://www.wikilengua.org Una wiki sobre el uso del castellano, donde se pueden consultar, con una orientación esencialmente práctica, dudas frecuentes y que se puede ir extendiendo y corrigiendo con la colaboración de la propia comunidad. La consulta del sitio, así como la consignación de observaciones, propuestas y artículos, es libre y gratuita, y no requiere registro. Está orientada a autores, traductores, editores, lingüistas, correctores, profesores, estudiantes, periodistas y en general todas las personas interesadas en la lengua. Tinta-E http://tinta-e.blogspot.com Bitácora del docente español Juan Luis Chulilla en torno a la digitalización del mundo del libro y la lectura. Dispositivos, tecnologías y tendencias en torno a la transición del libro impreso al digital, con comentarios orientados al lector no iniciado en jergas técnicas. Poemínimo http://www.poeminimo.com Herramienta de difusión de bitácoras, páginas personales y obras de autores literarios independientes. El autor puede publicar un extracto o resumen del contenido que desea promover, junto con el enlace correspondiente, y los lectores pueden votar a favor o en contra. Cuando un contenido suma muchos votos a favor se promueve a la portada principal, donde adquiere mayor popularidad y genera enlaces hacia la fuente original en la página del autor. Todos quieren ser Cary Grant http://todosquierenser.blogspot.com Novela por entregas de la escritora argentina Susana Salguero. Se trata de una comedia de enredos, un homenaje a las comedias clásicas hollywoodenses pero ambientada en el Buenos Aires de fines de la década de 1990. La versión en Internet se corresponde con una edición de autor que Salguero publicara en 1999. Yoescribo.com.ar http://www.yoescribo.com.ar Sitio sobre el aprendizaje del lenguaje español, creado como respuesta a la necesidad de frenar el constante deterioro del lenguaje a partir de la expansión incontenible de los medios masivos de comunicación. Ofrece recursos y consejos que ayudarán a escritores, correctores y traductores a mantenerse permanentemente actualizados y mejorar su manejo de la gramática, la ortografía y el español neutro. |||||||||||||||||||||||||||||| ESPECIAL ||||||||||||||||||||||||||||| === José León Alexis Márquez Rodríguez =============================== A Néstor Tablante y Garrido Con José León Tapia (1928-2007) me unió una amistad de seis décadas. Nos conocimos en 1947, cuando él estudiaba Medicina en la UCV y yo Pedagogía en el viejo Instituto Pedagógico Nacional. Desde entonces tuvimos una camaradería sin sombras ni falencias. Íbamos con frecuencia a una casa de la entonces amable parroquia Santa Rosalía, de Pinto a Viento 49. Allí vivían y tenían una grata pensión familiar dos seres excepcionales, don Miguel León Landaeta y doña Felicia Escobar de Landaeta, padres de Coromoto, quien entonces también comenzaba a estudiar Medicina. Los Landaeta eran de Guanare, pero vinculados con gente de Barinas, y su afabilidad propiciaba la reunión frecuente de amigos, casi todos jóvenes estudiantes de ambas regiones, amén de algunos de otras partes del país. Al culminar sus estudios —en circunstancias, por cierto, tormentosas, ya bajo la dictadura perezjimenista— José León regresó a su entrañable Barinas. Comenzó entonces una etapa fundamental en su vida, en que la práctica de la Medicina se fue cumpliendo de una manera paradigmática, con una profunda sensibilidad social y un acendrado sentido de servicio público, al par que con una constante angustia ante la creciente pérdida de esos mismos valores, sacrificados en aras de un mercantilismo infame, no sólo entre sus propios colegas, sino, en general, en todos los estamentos de la sociedad en que le tocó vivir. Fue, afortunadamente, esa amargura causada por la descomposición social lo que despertó en él su otra vocación, la de escritor, cumplida a caballo entre la historia y la literatura. Se propuso entonces rescatar algunos hechos y ciertas figuras de nuestro pasado aún no remoto, que de una u otra manera, con aciertos y errores, lucharon a su modo por el país y el pueblo que los vieron nacer. Uno de sus primeros libros, Maisanta, el último hombre a caballo, en el que sitúa al famoso y contradictorio personaje en sus justos términos históricos, hizo que a Tapia se acercara Hugo Chávez, descendiente directo del ospinero Pedro Pérez Delgado —nombre real de Maisanta—, y que entre ellos se forjara una cordial amistad, mucho antes de la asonada militar del 4 de febrero de 1982. Me consta que, no obstante la simpatía despertada en José León por el joven oficial, éste también le producía una cierta desconfianza, alimentada por su condición, que ya él conocía, de conspirador que entonces preparaba, y Tapia lo sabía, un anacrónico golpe de estado. Alentado por el propio Chávez, y por otros amigos muy cercanos, José León lanzó su candidatura a diputado de la Asamblea Nacional Constituyente convocada en 1999. Sin embargo, su candidatura no fue apoyada por el chavismo, que tuvo sus propios candidatos, y de hecho él se lanzó solo, sin respaldo de ningún grupo organizado, contando solamente con su enorme prestigio en todo el estado Barinas, ganado principalmente por su larga trayectoria de médico dotado de una profunda sensibilidad social, y por su obra histórico-literaria, escrita toda ella con el deliberado propósito de llegar preferentemente al pueblo más humilde. La campaña que él realizó sin la ayuda de nadie, más allá de sus familiares y uno que otro de sus más entrañables amigos, dio un resultado para muchos inesperado, pero nada sorprendente: Tapia obtuvo la más alta votación en todo el estado. Su trabajo en la Constituyente fue ejemplar. Allí mismo comenzó su decepción frente al gobierno de Chávez, que se mostraba muy distante de lo que él, ideológica y afectivamente, hubiese deseado. Ni una vez logró que Chávez lo recibiese siendo constituyente, deseoso como estaba de darle algunas opiniones acerca de su gestión presidencial. Discreta pero firmemente se fue produciendo un alejamiento del novel caudillo de Sabaneta, hasta culminar en 2004 con su renuncia al Premio Nacional de Literatura, consciente como estuvo de que se le había otorgado, más que por sus méritos —que los tenía de sobra—, con propósitos de cobijarse al amparo de su nombre y su obra con fines de proselitismo oficialista. Miguel Otero Silva dijo una vez, en uno de sus versos, “Cuando muere un niño yo no puedo entender la misión de la muerte”. Ahora, ante este amigo y compañero que se nos ha ido antes de tiempo, pudiéramos parodiar ese verso diciendo: “Cuando muere un hombre bueno, ¿cómo entender la misión de la muerte?”. ** Alexis Márquez Rodríguez grealemar@cantv.net Lingüista, docente y abogado venezolano (Sabaneta, Barinas, 1931). Profesor de castellano y literatura egresado del Instituto Pedagógico Nacional (1950) y abogado egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve) en 1961. Ejerció la docencia durante 36 años, 25 de ellos en la Escuela de Comunicación Social de la UCV, de la que fue director, y de la Escuela de Educación de la misma casa de estudios. Ha dictado cursos y conferencias en numerosas universidades de Venezuela y de otros países de América y Europa. Individuo de número y vicepresidente (2005-2007) de la Academia Venezolana de la Lengua; miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, y miembro correspondiente de Hispanoamérica de la Academia Cubana de la Lengua. Presidió el sello estatal venezolano Monte Ávila Editores Latinoamericana (http://www.monteavila.gob.ve; 1996-2001). Ha publicado más de veinte libros sobre teoría y crítica literaria, así como numerosos ensayos en varias revistas especializadas de diversos países americanos y europeos. Ha ejercido el periodismo por más de 60 años. Mantuvo desde 1985, y por espacio de 17 años continuos, la columna semanal “Con la lengua”, en el diario El Nacional (http://www.el-nacional.com), de Caracas, llevada a la radio desde 2005 con el nombre “Con la lengua en Onda”. Actualmente mantiene la misma columna en la web (http://www.conlalengua.com) y en el diario vespertino Tal Cual (http://www.talcualdigital.com), donde también publica quincenalmente una columna de opinión sobre aspectos políticos. Es colaborador permanente de las publicaciones electrónicas Venezuela Analítica (http://www.analitica.com) y WebArticulista (http://www.webarticulista.net). De sus trabajos de crítica literaria destacan más de cien, entre libros, artículos y ensayos sueltos, dedicados a la vida y la obra del escritor cubano Alejo Carpentier, tema en el cual es considerado un especialista de gran autoridad, incluso por el propio Carpentier. Ha recibido tres veces el Premio Municipal de Literatura de Caracas, el Premio Nacional de Periodismo Mención Docencia y el Premio Nacional de Periodismo Mención Opinión. === José León Tapia Leonardo Ruiz ==================================== Allá en 1972, José León Tapia abrió, delante de todos nosotros, una ventana con su libro Por aquí pasó Zamora. Aquel libro nos puso a pensar que la memoria del General del Pueblo Soberano era, como en efecto es, algo vivo para las mayorías empobrecidas y traicionadas por las élites. Se iniciaba una escritura febril, concebida “para reventar el mundo” —como dijo poco después Orlando Araujo. Y no pudo parar Tapia, el resto de sus días, aquella experiencia dictada por el dolor. Autor de numerosas obras narrativas que indagan y registran, a caballo de la ficción, la crónica y la prosa memorialística, la historia menuda de su Barinas natal desde la época colonial hasta la actualidad, igualmente Tapia escribió algunos textos sobre su profesión de médico, recreando la historia de la medicina en su región y avanzando angustiosas consideraciones sobre la ética médica en la Venezuela de hoy, sin obviar una soterrada condena a la oprobiosa circunstancia de la privatización/deshumanización de la profesión a que entregó casi 60 años de su vida. En casi todos sus libros, Tapia deja oír la voz de la gente. Él les da la palabra a sus informantes. Por ello en esa obra hay un muestrario de voces y visiones encontradas, abismos expresos que, en la conciencia colectiva, sobreviven como huellas desgarradas de la “otra historia”. La “verdad histórica” oficial ha solido ser distinta, acomodaticia, interesada. Evoco a José León desde mis doce o trece años, conversando con mi padre, J. E. Ruiz Guevara, y con Humberto Febres Rodríguez, siempre sobrio él entre rones, chimó y palabrotas en la babel donde me crié, peleando, discutiendo como carajitos, rodeados de papeles viejos, cassettes, croquis de batallas, manuscritos... Los libros más importantes de Tapia son, entre otros, en mi recuerdo, Barinas y su medicina en tiempo pasado y presente, Por aquí pasó Zamora, Maisanta: el último hombre a caballo, Tierra de marqueses, El tigre de Guaitó, La música de las charnelas, La heredad, La casa de los Pulido, Viento de huracán, Los vencidos, El compromiso de ser médico, Retazos del olvido. Relatos de vida y muerte, el libro de memorias El tiempo indetenible, Bajo el sol de los siglos, La ciudad de las mansiones blancas y El embrujo de los Palacio. Hay más. Debe haber más. Yo llegué hasta ese último título, especie de síntesis de su mirada histórica sobre Barinas y sobre sí mismo. Que yo sepa, mantiene inéditos un volumen sobre su experiencia como diputado a la Asamblea Nacional Constituyente de 1999 y otros relatos. Me sé de memoria páginas enteras de esas. Siento el orgullo de haber sido editor de Bajo el sol de los siglos, con el que iniciaba su mirada de una totalidad que fue suya desde siempre, a su modo, en la entrecortada sintaxis que era espejo fiel de sus inveteradas desazones. Como hizo con no pocos amigos y colaboradores, en más de una ocasión me concedió el honor de realizar algunas lecturas, críticas o de simple corrección, previas al envío de sus libros a la imprenta; después, claro está, que lo hiciera Carmen Dolores, su eterna lectora y compañera. Fue político muy a su manera. En 1957, finalizando la dictadura perezjimenista, fue diputado a la Asamblea Legislativa de Barinas; algunos han querido injustamente oscurecer su condición política con ese paso efímero por el gobierno de Pérez Jiménez aquí en Barinas, presidido por aquel García Monsant que sacó a Humberto Febres y Jesús Enrique Guédez varias botellas de vino para atenuar la espera de su huida en las horas previas a la rabia popular de enero de 1958. En los años 70, sus libros lo convirtieron en una referencia política, un tanto hacia la izquierda en la medida que reclamaban —aquellos libros— cierto lugar de justicia para los “vencidos”, como él mismo los llamó en el título de una de sus obras. En realidad, su visión de la historia era más conservadora de lo que siempre pareció, y quizás por ello sus amigos Luis Beltrán Prieto Figueroa, José Vicente Abreu, José Vicente Rangel u Orlando Araujo, socialistas incorregibles que escribieron prólogos o notas sobre sus primeros libros (los más encendidos e ideologizados en el corpus de su obra), siempre procuraron conminarlo a mayores compromisos, los cuales Tapia constantemente sorteó. Sin embargo, lo recuerdo acompañando a José Vicente en su campaña electoral de 1973, en una tarima frente a la casa de altos de la Plaza Sucre en Barinitas, a la que habían subido, entre otros, Juan de Dios Moncada Vidal, Juvencio Pulgar, mi padre y otras figuras que se borran. Algunas de sus obras posteriores a Viento de huracán (novela que pinta el desdibujamiento de la cultura y la vida tradicional ante la penetración del “american way of life” en Barinas), reflejan precisamente ese su desapego voluntario y definitivo de cualquier compromiso con las ideas socialistas o izquierdistas. No es, como dicen algunos, que Tapia se fue de la izquierda cuando se desilusionó del chavismo tras su paso por la Constituyente de 1999, en la que participó convencido por Hugo Chávez, Luis Miquilena y José Vicente Rangel. Tapia había abandonado todo signo izquierdista diez años antes, al aceptar ser homenajeado por el recién estrenado segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez en 1989. Fue constituyentista en el 99 (me lo dijo muchas veces) creyendo que podía incidir en la redacción de aquellos artículos relacionados con la aberración de la medicina privada, la que conocía desde las entrañas mismas del monstruo. Y de la Constituyente volvió a Barinas también horrorizado ante la pretensión de dos o tres diputados de imponer en la Carta Magna la pena de muerte, pretensión que gracias a todos los dioses y a Hugo Chávez fue sofocada antes de nacer (me lo dijo también José León muchas veces). Pero sobre todo, Tapia estaba angustiado por la violencia que supuso caracterizaba todavía al presente período político venezolano. Y tenía razón. La violencia está ahí. Si alguien sabía perfectamente quiénes fabricaban y fabrican violencia aquí, en Venezuela, ese era Tapia, que la tuvo como tema vertebral de casi todos sus libros. No entendí nunca su rechazo al Premio Nacional de Literatura. Las cartas manuscritas que remitió al ministro de Cultura revelan un titubeo. Primero, quiso recibir el premio si no era de manos de Chávez, e incluso me planteó que fuésemos el cronista de Barinas (Alberto Pérez Larrarte) y mi persona a recibirlo en su nombre, a lo cual no se negó en ningún momento el otrora viceministro Francisco Sesto. Eso es bueno decirlo, porque él sabía que ese máximo galardón siempre lo habían entregado los presidentes de la República, al menos en las décadas de la democracia representativa. Ana María Oviedo y yo fuimos correos de aquellas cartas, que después fueron manipuladas con insania por la prensa antichavista. Por cierto, las instituciones y personalidades que postularon a Tapia para el Premio Nacional de Literatura no eran ni son chavistas, con la excepción del poeta Luis Alberto Crespo; lo hacían como un justísimo e inobjetable reconocimiento a su obra y a su trayectoria de escritor éticamente intachable; fueron escuchados y el dictamen del jurado fue aceptado sin la mínima censura de parte de las autoridades culturales. Si Tapia hubiese querido alzar su voz contra lo que no le gustaba del gobierno de Chávez (quien por cierto nunca se enteró de esa postulación), pudo tener allí una estupenda tribuna, que descartó al expresar no querer que su obra escrita se asociase a la política; aunque a mi modo de ver, su obra escrita era y es política e ideológica por donde se la lea. Otros, desafortunadamente también y para todos (incluido el propio Tapia), hicieron de eso un festín politiquero y mediático que a él (me lo confesó indignado) le hizo más daño que gracia. Finalmente, ¿qué era sino un gesto absolutamente político rechazar el máximo galardón literario que otorga el Estado venezolano? De cualquier modo, para todos nosotros acá en Barinas y para muchos venezolanos que supieron leer entre líneas lo que la manipulación desvirtuó por egoísmo o lo que sea, José León Tapia está sentimentalmente premiado como un escritor de primera línea si pensamos en su prosa nacionalista y revolucionaria sin epítetos. Creo que la vida, los libros, la condición ciudadana, profesional y la militancia humanística de José León Tapia, hablan y hablarán por sí solas siempre. Les rindo tributo con la humildad y el pesar que puede sentir, a la hora de su partida, quien vino al mundo en sus manos, y quien lo admiró y quiso profundamente. ** Leonardo Ruiz leonardo.lgrt43@gmail.com Poeta, ensayista y crítico cultural (Barinas, 1959). Sus textos aparecen permanentemente en periódicos, revistas y antologías nacionales y extranjeras. Fundó, junto a Freddy Castillo Castellanos, la revista Letra Continua, en Barquisimeto (1981). Fue miembro del grupo “Caín” de Mérida a mediados de los 80. En 1995 publicó la antología Barinas, 100 años de poesía y en 1998 y 1999 respectivamente publicó los poemarios Heráclito Caín y Libro de muertos. En la actualidad es directivo del Instituto de Investigaciones del Llano y los Llaneros (Inllano), fundado por el extinto intelectual barinés Humberto Febres Rodríguez. ||||||||||||||||||||||| ARTÍCULOS Y REPORTAJES |||||||||||||||||||||| === Escuela Santa María de Iquique: cien años de una masacre ============== === Roberto Bennett ======================================================= El 21 de diciembre de 2007 se cumplieron cien años de un luctuoso episodio que manchó para siempre la historia de Chile. Con el paso de las décadas, este hecho ignominioso fue quedando sepultado bajo los soles calcinantes y las ásperas arenas del desierto de Atacama, hasta que a inicios de los 70, una cantata popular titulada “Santa María de Iquique”, con texto y música de Luis Advis, grabada en un disco histórico por el grupo folklórico chileno Quilapayún, volvió a poner sobre el tapete esta matanza de hombres, mujeres y niños inocentes. Cabe destacar que el master original de esta obra fue destruido durante el golpe de Estado del general Pinochet en 1973. La tragedia comenzó a gestarse el día 15 de diciembre cuando, cansados de recibir repetidas postergaciones a sus planteos de ajustes salariales y pedidos de mejoras en las condiciones de vida, los trabajadores de las salitreras del norte chileno comenzaron un largo viaje a través de la pampa desértica hacia el puerto de Iquique, donde se hallaban las oficinas de las empresas operadoras de las minas. Casi todas ellas propiedad de capitales ingleses. Iban confiados en la justicia de sus reclamaciones y tanto es así que muchos llevaban consigo a sus mujeres e hijos. No había ánimo de violencia ni intención de causar disturbios. Es más, confiaban que el intendente de Iquique fuese su valedor y capaz de convencer a los empresarios de que sus demandas eran razonables. En esos años, la industria del salitre en Chile estaba prácticamente en manos extranjeras y entre estos hombres de empresa destacaban dos británicos por su inmenso poder económico, John Thomas North y Robert Harvey, llamados popularmente “los Reyes del Salitre”. Ambos se habían beneficiado con la victoria de Chile en su guerra del Pacífico contra Perú y Bolivia, antiguos propietarios de esas tierras. El 20 de octubre de 1883, Perú oficialmente cedió los territorios de Tarapacá al gobierno chileno. A su vez, el gobierno en Santiago los declaró provincia suya el 31 de diciembre de 1884. Las fabulosas riquezas que se adquirían con la extracción del nitrato de sodio habían comenzado bajo la administración peruana, antes del conflicto bélico de 1879. Pero el gobierno de aquel país había expropiado las salitreras, emitiendo pagarés hipotecarios que denominó “certificados” y al no disponer el fisco peruano de fondos suficientes para pagar a las empresas expropiadas, dichos “certificados” sufrieron una pronunciada baja, hasta llegar a cotizar apenas a un 10% de su valor original. Terminada la guerra, el interés del dinero en Chile descendió de un 12% hasta un 5%, lo que permitió a los capitalistas convertir sus deudas en otras que pagaban más bajo interés. En Santiago se facilitó el crédito bancario y los extranjeros dueños de “certificados” retuvieron estos documentos, aguardando la oportunidad que les brindarían los tenedores peruanos, obligados a vender a causa de las miserias ocasionadas por su derrota militar. Efectivamente, al final y sufriendo grandes pérdidas económicas, éstos malvendieron a los pocos extranjeros conocedores del pingüe negocio en ciernes. Además, los británicos sabían que el gobierno chileno tenía el propósito de reconocer dichos documentos. Entre estos astutos especuladores se encontraban North y Harvey, que así se transformaron en grandes industriales del salitre. Una vez establecida la paz, los empresarios extranjeros comenzaron a imponer sus normas laborales a miles de mineros peruanos, bolivianos, argentinos y por supuesto chilenos. Estos últimos venidos desde el lejano sur, con la vana esperanza de hacer dinero. A ellos se les llamaba “enganchados” pero en verdad llegaron engañados a las minas. Con falsas promesas, se les instigaba para ir al salar a ganar dinero fácil. Una rápida riqueza que aguardaba en la extrema sequedad de los páramos norteños a todos aquellos que estuviesen dispuestos a trabajar en el desierto. El campesino sureño, ilusionado, abandonó su hogar, a menudo su familia, sus amigos, su tierra fértil y se fue a instalar en la áspera aridez del norte, para convertirse en obrero del salar. En un ser casi esclavo, desgraciado habitante de esas vastas extensiones arenosas donde se encuentran las minas de nitrato sódico. Allí, en las solitarias “oficinas”, como se llamaba localmente a las salitreras, bajo un límpido cielo azul, donde nunca llueve y quema inclemente el sol en lo alto (al que luego cantó Violeta Parra), el sureño supo con amargura que las empresas contratantes no ofrecían nada de lo prometido. Las hileras de míseros barracones adonde les alojaban semejaban un campo de concentración. No había casi atención médica ni escuelas suficientes para los que vinieran con sus mujeres e hijos. Sus camastros eran llamados “catres patas de oso” y consistían en una plancha de zinc con un saco de arpillera por colchón, colocada sobre cuatro tarros de parafina rellenos de tierra. El pago del salario se hacía por medio de fichas, que acuñaba la propia salitrera y eran sólo canjeables en el almacén de la empresa, a precios abusivos fijados por el patrón. El mismo que les vendía mercancía cara y alterada en su peso y medidas. El obrero tenía prohibido adquirir objetos fuera de su salitrera. De hecho, cada empresa tenía su propia aduana. Si pedían el cambio de fichas por dinero, se les descontaba un 30%. En la práctica, la compañía se quedaba siempre con sus míseros ingresos. En esta condición, el “enganchado” no era siquiera un asalariado. Trabajaba para subsistir y sólo le solucionaban sus necesidades más básicas: alimentación magra, vestuario elemental, un mísero techo y bebidas. Estaba prohibido el comercio o intercambio de bienes entre mineros de las diferentes salitreras, el horario de trabajo era de sol a sol (que en la pampa norteña significa catorce horas o más), sin descanso dominical ni vacaciones anuales. Existía un sistema de persecución policial recompensada cuando había que atrapar a un obrero que hubiese abandonado su empresa sin dejar un depósito de garantía por las herramientas utilizadas en el trabajo. Además, la administración de justicia estaba en manos de la “serenía”, una guardia policial interna, que a menudo recurría al cepo o el látigo para imponer castigos ejemplares. A las pésimas condiciones de trabajo, se sumaba la falta de salubridad en las pocilgas hechas de chapa y costra de sal donde habitaban los mineros con sus familias. Poco más altas que un hombre y techadas con sacos o latas, verdaderos hornos durante el día y gélidas cuando llegaba la “camanchaca” (neblina fría propia de las noches en el desierto chileno). Casuchas malolientes donde proliferaban las epidemias, producidas por un ambiente malsano, donde las inmundicias de los desperdicios y las letrinas anexas a los barracones convertían aquellos habitáculos en un hervidero de moscas, gérmenes y pestes. Con un hacinamiento aberrante que invitaba a la promiscuidad casi animal entre sus inquilinos y estimulaba la procreación de los roedores que pululaban entre los humanos. La carencia de sacerdotes en aquella inhóspita región llevó también a los pampinos al animismo, como una mística religiosa necesaria y popular que les reconfortaba de sus penurias. Así surgieron en las soledades silenciosas del desierto, pequeñas capillas de “animitas”, cientos de ellas que son visitadas aún hoy, adornadas con ofrendas de flores, coronas y alguna vela, que luego se derrite bajo el sol inclemente del mediodía. Mientras tanto, el poderío de los extranjeros dueños de las minas crecía. Si antes de la guerra del Pacífico el capital europeo representaba sólo un 13% de la industria, a finales de 1901 su porcentaje había aumentado hasta un 85% y el capital chileno se había quedado con apenas 15%. Con este panorama preocupante se llegó al año 1907. Antes habían ocurrido algunos levantamientos y huelgas, las cuales acabaron en enfrentamientos sangrientos y fusilamientos de obreros, tal como ocurrió en la salitrera Ramírez el 15 de febrero de 1891, cuando unos 1.700 obreros de diferentes minas tomaron los trenes de carga y partieron rumbo a Iquique, para protestar contra las malas condiciones de vida. Las autoridades provinciales, temerosas de que la movilización acabase ocupando el puerto, obligaron a los trabajadores a detener su marcha en la salitrera Ramírez, ubicada al sur del pueblo de Huara. De inmediato, hasta allí llegaron tropas con la misión de frenar la marcha, y luego de dialogar brevemente con los mineros abrieron fuego, sofocando cruelmente la manifestación. En la matanza murió un número indeterminado de obreros y a los 18 supuestos cabecillas les fusilaron en pleno desierto. El descontento fue acallado temporalmente pero las condiciones no mejoraron y al poco tiempo la agitación renació en la pampa salitrera. La incomunicación con el resto del país no fue impedimento para que los mineros norteños comenzaran a escribir su propia historia de pioneros en la soledad del desierto pampino. En medio de la bravura del paraje, se forjaron hermandades solidarias que tomaron conciencia de su significación como necesaria fuerza de trabajo y empezaron a erigirse los cuerpos sociales, las mancomunidades, las mutuales y las federaciones obreras. En los pueblos del salitre también comenzaron a circular periódicos y folletines de tinte político e ideológico, dedicados al pampino y sus problemas. El triunfo de la revolución de 1891 contra el gobierno del presidente Balmaceda trajo consigo un fortalecimiento de las fuerzas más conservadoras de Chile, apoyadas por los propietarios extranjeros de las salitreras. Tras el suicidio de Balmaceda y bajo el gobierno de Pedro Montt, la moneda se devaluó considerablemente, lo cual provocó que los artículos de primera necesidad y otras mercancías básicas subieran de precio, produciendo un gran descontento entre los trabajadores asalariados. Los primeros movimientos de agitación social comenzaron cuando los industriales y administradores de las salitreras dispusieron un aumento de un 40% en los precios de sus almacenes y una rebaja del 25% en los jornales y las carretadas de caliche. Además, el canje de fichas por dinero efectivo desde ese momento tendría un recargo de un 20%. Para colmo de males, las leyes dentro de los recintos seguían siendo dictadas por los empresarios y si un obrero iniciaba un reclamo, era expulsado junto con su familia, sin compensación por despido y abandonado a su suerte en los límites territoriales de la salitrera, generalmente en mitad del desierto. Estas medidas arbitrarias provocaron la reacción de los obreros, que comenzaron a movilizarse y nombraron una comisión negociadora. Dicha comisión, compuesta por representantes de varias minas, viajó a Iquique para exponer al intendente y a los dueños o administradores de las empresas, el sentir de los trabajadores. La comisión fue recibida por la primera autoridad provincial, quien prometió poner todo de su parte para resolver el conflicto antes de 15 días. Confiada, la comisión retornó a sus lugares de origen y explicó lo acordado a sus representados, pero pasaron los 15 días y no hubo contestación oficial. Entonces escribieron al intendente y para su sorpresa, la respuesta fue una negativa tajante: no había solución favorable a su petitorio. Consultadas las bases, se decidió entonces que a partir del 10 de diciembre de 1907 se paralizarían las tareas en toda la pampa salitrera y se marcharía en masa al puerto de Iquique, para protestar frente al intendente y los empresarios. A su vez, esta demostración daría a conocer a la opinión pública de la provincia y al país entero, los abusos que se cometían con los obreros del salar. Los días 11 y 12, la noticia corrió como reguero de pólvora y los trabajadores comenzaron a movilizarse en las distintas salitreras, pueblos y cantones de la provincia de Tarapacá. Entre las reivindicaciones que figuraban en su petitorio, se solicitaba que sus fichas se fijaran al cambio de 18 peniques, porque el salitre se vendía al mercado exterior en libras esterlinas y no había sufrido con la devaluación de la moneda chilena (más bien todo lo contrario), también se pedía que se concediese la libertad de comercio para los trabajadores de las minas, que en el futuro fuese obligatorio un desahucio de 15 días cuando se pusiese término a un contrato laboral y que afuera de las pulperías o almacenes de las empresas se colocara una balanza y una vara para comprobar el peso y la medida de la mercadería adquirida. El sábado 14 los hombres de la pampa norteña, algunos con sus mujeres y niños, comenzaron su lento andar hacia el puerto. Ese mismo día, la Alcaldía decretó la suspensión hasta nueva orden de todos los espectáculos públicos y la clausura de las cantinas en esa pequeña ciudad portuaria de apenas 40.000 habitantes. Los consulados extranjeros ubicados en Iquique también comenzaron a emitir señales de alerta a sus respectivos gobiernos. El domingo 15 de diciembre de 1907, los primeros 2.000 obreros llegaron a los altos de la ciudad y sus dirigentes les solicitaron que abandonasen allí sus palos y barras de hierro, que habían servido como bastones durante la larga marcha. Así se hizo y los trabajadores con sus familias entraron pacíficamente en el puerto de Iquique. De inmediato fueron rodeados por tropas del Regimiento de “Granaderos”. También les esperaba el intendente suplente, el abogado Guzmán García, acompañado por algunos destacados vecinos. El intendente titular, don Carlos Eastman, se encontraba esos días en Santiago, junto con el jefe de la División Militar, el general Roberto Silva Renard. La Municipalidad inicialmente había ordenado que los manifestantes se instalaran en el hipódromo y hacia allí les enviaron. También se dispuso el envío de pipas de agua y víveres. Luego una comisión de trabajadores se dirigió a entrevistarse con el intendente suplente y en nombre de sus compañeros, solicitaron se diera respuesta a los puntos acordados, dejando claro que si no se aceptaban sus demandas, ninguno volvería al trabajo. Guzmán García expresó su satisfacción con el orden mostrado por los obreros a su arribo a la ciudad y dijo que la autoridad tenía el deber de escuchar y poner todo de su parte para satisfacer de una manera conveniente las presentes dificultades. Los trabajadores manifestaron que en ningún caso el orden sería alterado. El intendente interino agregó que el clima pacífico favorecería el estudio de sus peticiones y les recomendó que presentaran un pliego con las mismas, para conversar con los representantes de las compañías salitreras. Mientras tanto, para dar mayor comodidad a los obreros del salitre, que junto a sus mujeres e hijos seguían llegando por centenares, se dispuso un nuevo lugar para darles cobijo: la escuela “Santa María”, que estaba desocupada porque su alumnado había salido de vacaciones. Allí se les daría el rancho diario, compuesto de desayuno y almuerzo, ya que los pampinos habían venido sólo con lo puesto. Después de una nueva reunión, el intendente suplente propuso a la comisión negociadora una tregua de ocho días para permitir que los industriales se pudieran reunir, estudiar las demandas y consultar a sus casas matrices en Gran Bretaña y Alemania. En el ínterin, los huelguistas debían retornar a sus respectivos hogares. Sólo quedaría en la ciudad una comisión para proseguir con las negociaciones y se intentaría nombrar un árbitro por cada parte, como había sucedido en Tocopilla. Este planteamiento solamente era aceptable por los industriales salitreros si los huelguistas se volvían a la pampa y a sus labores, porque ellos no querían resolver bajo presión, deseosos de mantener intacto el prestigio de los patrones. La masa de obreros se acercó hasta el edifico de la Intendencia y allí escucharon atentamente a sus representantes, que intentaron explicarles la conversación mantenida con García. Lo que oyeron no les satisfizo en absoluto. Sonaba a más de lo mismo. Pese a que la comisión negociadora procuró convencer a los trabajadores, éstos, hartos de engaños y dilaciones indefinidas, se negaron a emprender la retirada y no dieron más que 24 horas de plazo a los patrones para pronunciarse. El suplente del intendente intentó tranquilizar a las masas, garantizándoles que sus peticiones serían aceptadas, pero que debían conceder el plazo de ocho días. Y en el caso de que no fuesen dadas por buenas sus propuestas, les prometió que la Intendencia pondría los trenes necesarios para que pudiesen retornar a Iquique. Pero por ahora debían volver a sus lugares de trabajo y retomar las faenas suspendidas por la huelga. Algunos parecieron estar convencidos de las buenas intenciones del intendente interino y se dirigieron a la estación ferroviaria, donde les aguardaban los trenes dispuestos por la autoridad para su viaje de vuelta. Sin embargo, luego de embarcados en los convoyes, compuestos por coches de pasajeros, vagones de carga y carros planos, surgieron las dudas y los arrepentimientos, y súbitamente todos desembarcaron, uniéndose a los demás obreros que les observaban desde los andenes. Juntos emprendieron nuevamente la marcha hacia la plaza Prat, en el centro de la ciudad. Allí celebraron otra reunión y posteriormente prosiguieron por la calle Baquedano en dirección a la Intendencia, donde comunicaron a la comisión negociadora su decisión de permanecer en Iquique hasta que se resolviera el conflicto. Ésta les pidió mantener el orden y la compostura, y esa noche volvieron a dormir en la escuela “Santa María”. Durante todo el día siguieron llegando más obreros con sus familias, para unirse a la huelga. A primera hora del día 16, los trabajadores enviaron un segundo petitorio a la Intendencia, tal como les había sugerido el propio intendente suplente. Dicho documento reflejaba los puntos antes mencionados y solicitaba que una vez aceptados los términos, se elevaran en escritura pública para mayor seguridad de ambas partes. Ese día, por primera vez los huelguistas fueron visitados por dirigentes sindicales de Iquique, que les ofrecieron cooperación social, organizativa y económica. También acordaron crear un “Comité Directivo de la Huelga”, formado por dirigentes de la pampa y la ciudad. A su vez, se nombraron comisiones que recorrieron el comercio porteño, pidiendo ayuda para alimentar al creciente número de personas en huelga. Los comerciantes en general respondieron generosamente y gracias a ello se pudo organizar el plato único diario. Sin embargo, a medida que pasaban las horas, la situación se volvía cada vez más compleja y tensa. Una marea humana, compuesta por miles de personas, seguía llegando al puerto y casi no cabían en la escuela, por lo que debieron alojarse (previa autorización de su propietario) en la vecina carpa del “Circo Zobarán”, levantada a un costado de la plaza Manuel Montt, frente a la misma institución educativa. Cabe destacar que dicho circo comenzó ese día a ofrecer solidariamente funciones gratuitas para entretener a los hijos de los huelguistas. Otras familias pampinas se ubicaron en una bodega y edificios de la vecindad, en clubes deportivos, sedes de sindicatos y casas particulares. El pueblo de Iquique demostró no temer a esa multitud que había descendido de los cerros, ofreciéndole las más amplias muestras de su generosidad. Los gremios de Iquique también les apoyaron. La huelga era prácticamente la culminación del malestar de los trabajadores, causado por los abusos y las injusticias que se cometían desde hacía años en las salitreras. Además, en adhesión al movimiento de los pampinos, varios sectores obreros de la ciudad detuvieron sus actividades, como una inequívoca señal de apoyo. Pero no todos reaccionaron de la misma forma. Mientras los patrones se comprometían a dar una pronta respuesta, la extensión de la manifestación huelguista en Iquique produjo gran inquietud entre el Cuerpo Consular, cuyo decano era el cónsul británico Charles Noel Clarke. Éste informó a Londres que se hallaban ante un movimiento que cada vez tomaba más impulso. En vista de estos hechos, el cónsul Clarke dirigió una carta al intendente en funciones, ofreciéndole un contingente de hombres para reforzar y conservar el orden público. En la misma nota, le preguntaba si tenía elementos suficientes para proteger la vida y propiedad de los extranjeros. Guzmán García respondió que efectivamente contaba con los hombres armados necesarios y también informó que venían en camino refuerzos militares para afrontar cualquier emergencia. Al día siguiente, el cónsul británico volvió a insistir, presionándole con el tema de la seguridad de los extranjeros y García respondió que ya había llegado al puerto el Regimiento “Rancagua” y que castigaría con toda energía cualquier acto subversivo. En efecto, las tropas recién arribadas desembarcaron y rápidamente sustituyeron a la policía local. Ese día, procedentes de las salitreras de Alianza, Granja, Norte, Centro y Sur Lagunas, llegó un convoy con más de 1.000 obreros y éstos también se alojaron en la escuela, que ya se había constituido en el cuartel general de los huelguistas. El día 18 echó ancla en la bahía el crucero de la armada chilena “Esmeralda”, que traía tropas del Regimiento de Artillería de Costa, procedente de Valparaíso. Y el ministro del Interior Rafael Sotomayor, desde Santiago, dio la autorización a García para armar al Cuerpo de Bomberos de Iquique. Mientras tanto, seguían llegando nuevas columnas de obreros pampinos a la escuela “Santa María”. El Comité Directivo, reunido dentro del recinto, esperanzado en una pronta resolución favorable a su petitorio, mantenía el orden entre los manifestantes, que adoptaron la bandera blanca como su símbolo y estandarte de paz, lo que les ayudó a congraciarse con la población civil, que mayormente no se sentía amenazada por ellos, a pesar de su masiva presencia. Continuando con su presión, Clarke informaba al encargado de Negocios de su Embajada en Santiago que las autoridades locales no podían o no querían adoptar las medidas adecuadas para imponer el orden y le solicitaba que pidiera al gobierno chileno que tomase las providencias necesarias para remediar la situación. El diplomático británico, de nombre Ernest Rennie, se entrevistó con el ministro Sotomayor y con el subsecretario de Relaciones Exteriores, manifestándoles la preocupación del gobierno de Su Majestad Eduardo VII por el giro peligroso que estaban tomando los acontecimientos en el lejano norte. El ministro del Interior intentó tranquilizarle dando cuenta del envío de más tropas y buques de guerra para reforzar la guarnición de Iquique. El jueves 19 llegaron al puerto el intendente titular Carlos Eastman y el general Roberto Silva Renard, a bordo del crucero “Zenteno”. En el mismo barco viajaba también el Regimiento “O’Higgins”. Como primera medida, Eastman se dirigió a los huelguistas desde el balcón de la Intendencia y les pidió buena voluntad para solucionar las diferencias existentes entre patrones y obreros. Declaró su intención de arreglar amistosamente el conflicto y transmitió a los allí reunidos que ese era también el deseo del presidente de la República. Por último, pidió el esfuerzo de todos para buscar la armonía entre los habitantes de la provincia. La multitud estalló en vivas a sus palabras y los trabajadores se retiraron más confiados y tranquilos hacia la escuela. El intendente Eastman comenzó a reunirse en forma separada con ambas partes, buscando un pronto arreglo al conflicto. Oyó las demandas de los huelguistas y conversó con los patrones y administradores, que le expresaron su buena voluntad para resolver las diferencias. Pero éstos también le exigieron la retirada de la masa obrera que ocupaba la ciudad, ya que les era imposible negociar bajo tanta presión. Pactar en esas condiciones sería para los empresarios una pérdida de prestigio y respeto, que según ellos “es la única fuerza del patrón frente a sus obreros”. En horas de la mañana desembarcó un piquete de marinería con 90 hombres del “Esmeralda” y 40 más de la Compañía de Desembarco. Por la tarde, llegaron a la ciudad otros 2.000 obreros desde las salitreras en huelga. Esta constante escalada de tensión en el conflicto comenzó a preocupar a la opinión pública nacional y regional, hecho que se vio reflejado en los periódicos de la época. El 20 de diciembre por la mañana llegaron a Iquique en un tren de carga 3.000 huelguistas más. Ese día, Eastman continuó las conversaciones e hizo saber que la patronal estaba dispuesta a negociar, pero con la condición de que los obreros retornasen a sus puestos de trabajo y dejasen en el puerto solamente una comisión negociadora. El Comité explicó lo difícil que les era aceptar esa propuesta y sugirieron una contrapartida especial, consistente en un aumento del 60% en los jornales durante el mes que durasen las negociaciones. Lamentablemente, por la tarde corrió el rumor de un enfrentamiento sangriento en la estación de Buenaventura, donde una patrulla militar había baleado a una columna de 800 trabajadores, para impedir que llegasen hasta el puerto, dando muerte a varios de ellos. Esto respondía a una orden del ministro Sotomayor, emitida a la Intendencia por cablegrama, exigiendo que se procediese como en un estado de sitio, prohibiéndole a la gente llegar hasta Iquique. Este suceso trágico hizo precipitar aun más los acontecimientos y por la noche, mientras los huelguistas esperaban una respuesta, el intendente Eastman decretó el estado de sitio en la ciudad. De hecho, esto significaba que no se permitirían reuniones ni circular por las calles a grupos superiores a seis personas y que toda la gente venida de la pampa debía concentrarse en la escuela “Santa María” y la plaza Montt. Se cree que para ese entonces habían bajado a Iquique unas 20.000 personas o tal vez más. Los diarios dejaron de ser publicados y se estableció la censura cablegráfica y telegráfica. La noticia del estado de sitio causó una fuerte impresión entre los huelguistas e indudable satisfacción en los patrones. La llegada de buques y tropas fortalecía su posición en las negociaciones y la Ley Marcial marcaba el principio del fin de la revuelta obrera. Lo único que perseguía la Ley Marcial era impedir la llegada de más trabajadores a Iquique pero el ambiente se enrareció, presagiando acontecimientos inesperados. Mientras tanto, los pelotones de soldados comenzaron a recorrer las calles, instando a los huelguistas a que se juntaran en el predio de la plaza y la escuela, donde seguramente se les comunicaría que los patrones habían aceptado sus planteamientos. Sin embargo, el fin que perseguía la autoridad era reunir allí a todos para facilitar las medidas que se iban a tomar con posterioridad. Un comunicado que envió el cónsul británico a su Embajada indicaba que “se tomó esa medida porque el sofocamiento de los disturbios de Tarapacá impedirá el desarrollo de huelgas en la vecina provincia de Antofagasta”. En la mañana del 21, el intendente se reunió con los industriales para informarles de la última propuesta de los huelguistas y decirles a su vez que el gobierno aportaría la mitad del aumento de salario que se acordara, durante el mes que durasen las negociaciones. La patronal recibió esta oferta con frialdad y volvió a insistir en su exigencia de que los obreros debían abandonar la ciudad y regresar a las salitreras, porque ellos no estaban dispuestos a negociar bajo presión. Agregando que hacer concesiones en esa circunstancia sería tomado por los huelguistas como signo de debilidad y conduciría a promover demandas cada vez más extravagantes de los trabajadores. El intendente también les propuso un arbitraje, que a regañadientes aceptaron, pero se mantuvieron inflexibles en que no aceptarían salarios que fuesen pagados al cambio de 18 peniques. Eastman, consciente de la poca receptividad de los empresarios, intentó encontrar una salida al problema e invitó al Comité de Huelga a otra reunión en la Intendencia, pero este declinó la invitación, aduciendo que la orden que decretó el estado de sitio les desamparaba por completo y cercenaba sus derechos. Los dirigentes temieron ser víctimas de una trampa tendida para detenerles bajo el imperio de la Ley Marcial, con el propósito de descabezar al movimiento obrero. Y no se equivocaban, porque el ministro Sotomayor había mandado un cablegrama con carácter de “estrictamente reservado” al intendente, en el cual expresaba que “sería muy conveniente aprehender a los cabecillas, trasladándoles a los buques de guerra”. Mientras por la ciudad corrían alarmantes rumores, referidos a saqueos e incendios y terribles actos vandálicos que planeaban los huelguistas, transcurrían las horas de aquel fatídico 21 de diciembre de 1907. Pasado el mediodía, se comunicó a los trabajadores instalados en la escuela “Santa María” que debían mudarse inmediatamente al Club Hípico, un hipódromo situado en las afueras de Iquique. Esta disposición buscaba alejar a los miles de huelguistas y a sus familias del centro de la ciudad. El intendente ya había recibido la autorización del presidente Montt para actuar prontamente y reprimir el conflicto, adoptando “todas las medidas que requiera la cesación inmediata de la huelga”. Y de parte del ministro Sotomayor, Eastman recibió otro cable indicándole que debía alejar a los pampinos del puerto, haciéndoles regresar a sus lugares de trabajo, custodiados por la tropa y con órdenes de hacer fuego si se resistían o intentaban regresar a Iquique. La tensa espera de siete días había terminado y las órdenes fueron transmitidas al mando militar, que ejercía el general Silva Renard. Éste tenía a su tropa, pertenecientes a los regimientos “Rancagua”, “Granaderos”, “Carampangue” y “O’Higgins”, y también a la marinería, reunida en la plaza Prat. Todos portaban fusiles y sus respectivas ametralladoras de pie. De allí marcharon a las 13:45 en punto, rumbo a la cercana plaza Montt, donde se encontraban la escuela y la carpa de los huelguistas. De inmediato, las tropas se desplegaron rodeando a ambas, para evitar la dispersión de los pampinos y así obligarles a dirigir sus pasos hacia el hipódromo. En su informe oficial, el general Silva Renard escribió que la escuela “Santa María” se hallaba repleta de obreros, que portaban banderas y estandartes de los gremios, agregando que “se podía observar que desde adentro hacia el centro de la plaza, rebozaba una turba de huelguistas que no cabían en el interior de la escuela y que en apretada masa cubría su entrada y frente”. Calculó que en el interior habría unas 5.000 personas y afuera 2.000 más, y añadió que “aglomerados así oían los discursos y arengas de sus oradores, que se sucedían sin cesar en medio de los toques de cornetas, vivas y gritos de la multitud”. Silva Renard comisionó al coronel Ledesma para que se acercara al Comité y les comunicase la orden de evacuar la escuela y la plaza. Debían dirigirse de inmediato al Club Hípico. Pero éstos se negaron a cumplir la orden, a pesar de las palabras de Ledesma, primero conciliadoras, luego enérgicas y amenazantes. Abandonar la escuela era rendirse, entregar la huelga a los militares y patrones, capitular la larga marcha por el desierto y traicionar al movimiento. Ante esta actitud desafiante de los obreros, el general tomó nuevas disposiciones para imponer a los huelguistas el respeto y la sumisión. Hizo avanzar las ametralladoras del “Esmeralda” y las colocó frente a la escuela. Acto seguido se dirigió al Comité para, según sus palabras: “suplicarles que evitasen al Ejército y la Marina el uso de las armas para hacer cumplir la ley”. Silva Renard decidió que no podía esperar más. Temía que si se hacía de noche, con la oscuridad la situación se complicaría aun más. En esos momentos apareció en la plaza una manifestación de unas 400 personas, representando a los gremios de Iquique, gritando y apoyando a los pampinos en huelga. La tropa les dejó pasar para que se unieran a los huelguistas y así evitaron que anduvieran circulando descontrolados por la ciudad. Mientras tanto, los jefes militares debatían sobre si era mejor cargar con bayonetas o utilizar las armas de fuego. Finalmente se decidieron por estas últimas. Al mismo tiempo, los cónsules de Perú y Bolivia realizaban gestiones desesperadas para salvar las vidas de sus compatriotas encerrados en la escuela, pero éstos, en un acto de valentía y solidaridad, rehusaron salir, declarando que: “Con los chilenos vinimos y con los chilenos morimos”. Las 15:45 fue la hora señalada. Silva Renard consideró que se habían agotado todas las instancias para lograr el cumplimiento de la orden gubernativa y según él: “viendo que no era posible esperar más sin comprometer el respeto y prestigio de las autoridades y fuerza pública...”, ordenó el comienzo de las descargas de fusilería, seguido de las ametralladoras, generando una matanza indescriptible. La desesperación y confusión se apoderaron de la muchedumbre, compuesta por hombres, mujeres y niños desarmados, que corrían intentando salir de aquella balacera infernal. Pero un cerco de militares con sus bayonetas caladas se lo impedía. Luego de las primeras descargas de fusiles y ráfagas indiscriminadas de ametralladoras, para más horror de la gente que gritaba y lloraba frente a heridos ensangrentados y cadáveres que se iban apilando en su caída, cargó la caballería con sus lanzas en punta, aniquilando a muchos más en su arremetida. Así cayeron otros muchos inocentes, atravesados por lanzas y bayonetas o golpeados brutalmente por las culatas de los fusiles. Cuando hubo concluido la atroz masacre, tanto en la escuela como la carpa del circo y la plaza quedaron tendidos centenares de muertos y heridos. Los sobrevivientes fueron evacuados a la fuerza por la calle Barros Arana, rumbo al hipódromo y los mandos militares calcularon que se llevaron aproximadamente entre 6.000 y 7.000 personas, que iban custodiadas por los lanceros. Muchas de ellas se desplomaron y cayeron en el trayecto, a causa de la gravedad de sus heridas. El gobierno desde Santiago felicitó públicamente a las autoridades provinciales y al general que dirigió la operación. La cifra oficial de muertos fue de 140 ciudadanos, sin embargo otras fuentes citaron 230 cuerpos apiñados sólo en la entrada de la escuela. Los informes de los cónsules acreditados en Iquique discreparon con la versión oficial. Por ejemplo, el de los Estados Unidos informó a su gobierno que “la escena después fue indescriptible. En la puerta de la escuela los cadáveres estaban amontonados y la plaza cubierta de cuerpos”. Hasta el cónsul británico Charles N. Clarke afirmó que “las ametralladoras dispararon durante un minuto y medio, dejando tal cantidad de muertos que es difícil contabilizarlos”. El corresponsal de El Comercio de Lima calculó 300 cadáveres y el de The Economist de Londres cifró en 500 los caídos aquel día. Innumerables heridos fallecieron posteriormente en el Hospital de Beneficencia y fueron enterrados rápidamente en una fosa común, para evitar su inclusión en las listas de difuntos. Estudios más recientes mencionan la cantidad de 2.000 personas ejecutadas durante la masacre en la escuela “Santa María” y Luis Advis declara 3.600 víctimas en su cantata. Sea cual fuese la verdadera cifra final, el hecho sin duda constituye una auténtica barbaridad. Así concluyó este conflicto sangriento en el norte chileno. Para consolidar la normalidad en Iquique, el crucero “Esmeralda” trajo desde Coquimbo al Regimiento “Arica” y en el buque de transporte “Maipo” llegó una fuerza del Regimiento de Carabineros, con la misión de custodiar las salitreras y la pampa. Un dato curioso y a la vez indicativo de la enorme influencia de los empresarios británicos, es el hecho de que el 25 de diciembre zarpó desde Montevideo el crucero de la Armada Real “Sapho”, rumbo al puerto de Iquique. Los “Reyes del Salitre” habían logrado que el gobierno de Su Majestad Eduardo VII enviara un buque de guerra desde el Océano Atlántico al Pacífico, con instrucciones de intervenir en caso que las autoridades chilenas no fueran capaces de proteger las vidas y propiedades de los súbditos del Imperio Británico. El crucero arribó a Iquique el 7 de enero de 1908, lo cual produjo gran satisfacción y tranquilidad en la colonia extranjera allí instalada. Su llegada también fue cordialmente recibida por las autoridades locales. Pero la verdad es que los huelguistas no cometieron ningún desorden importante. No amenazaron a la población, ni a los patrones ni a la autoridad provincial. Tampoco pretendieron sustituirla. Sus planteamientos no eran irrazonables y además iban desarmados. Luego de la trágica masacre, muchos obreros chilenos se dirigieron con sus familias de vuelta al lejano sur, de donde habían llegado llenos de ilusión, abandonando para siempre las soledades calcinantes del salar. Comenzó también el éxodo de trabajadores de otras nacionalidades. Unos mil obreros peruanos solicitaron al gobierno de Lima su repatriación y éste envió un buque de transporte para cumplir ese propósito. Mezclados con los peruanos pudieron escabullirse varios cabecillas de la revuelta y miembros de la comisión negociadora. Así, por medio de ellos se escuchó la versión de los perdedores y se supieron más detalles de esta tragedia que marcó para siempre la historia de Chile. Hoy, quien visite el puerto de Iquique con motivo de haberse cumplido, en diciembre de 2007, cien años de la masacre que hizo trágicamente famosa a la ciudad, al llegar al edificio que alberga la escuela “Santa María” (construido en 1936, porque el original se quemó en 1928 durante un voraz incendio), se encontrará con una irónica coincidencia: actualmente también está ocupada por obreros en huelga. Parece como si poco hubiera cambiado desde entonces. A pesar de la masacre de 1907 y las posteriores movilizaciones y matanzas de obreros en las salitreras de San Gregorio (1921), Marussia y Coruña (1925), recién en ese momento, 18 años más tarde, las reivindicaciones de los trabajadores del salar se transformaron en leyes, aunque evidentemente su lucha por mejores condiciones laborales continúa hasta hoy. Las viejas salitreras dejaron de funcionar hace ya décadas (la última en cerrar sus puertas fue la Victoria, en diciembre de 1979) y alguna incluso recientemente fue declarada Patrimonio de la Humanidad, pero sus siluetas tristes siguen aún en pie en medio de la pampa norteña, como cruel recordatorio de las penurias vividas por miles y miles de infelices, que dejaron sus sudores y hasta sus vidas, luchando por arrancarle el caliche a la Madre Tierra, en la sequedad agobiante del desierto chileno. ** Roberto Bennett rbennettuy@yahoo.es Escritor uruguayo (Montevideo, 1948). Estudió comunicación de masas y marketing en la Universidad de California (1970-73). Trabajó en periódicos, radio y televisión en EUA. En 1973 gana una beca a un seminario de comunicaciones internacionales en Yugoslavia y posteriormente se establece en Palma de Mallorca. Allí publica su libro de cuentos Lo que arrastra el río y otras historias (Soler, 1986). Luego publica dos libros sobre mamíferos marinos: Delfines y ballenas, los reyes del mar (1989), en coautoría con el doctor David C. Taylor, y Animales marinos (1990), ambos traducidos al inglés y al italiano. Se establece en Chicago, participando del 1r. Encuentro de Escritores Latinoamericanos celebrado en esa ciudad, publicando cuentos en periódicos y revistas en castellano de EUA. En 1994 publica en Uruguay su segundo libro de cuentos El último verano (Editorial Graffiti). En 1996 se establece en Madrid y continúa colaborando con periódicos y revistas de España y América. A partir del año 2000, luego de 30 años de viajes por el mundo, vuelve a residir en Montevideo, donde escribe su primera novela. En 2003 se incluyen dos cuentos suyos en la antología Mundo poético, tomo I de poesía y narrativa (Editorial Nuevo Ser, Buenos Aires). === La vida de Miguel Delibes en un año Jorge Urdiales Yuste ========= Cuando Delibes escribe Un año de mi vida quiere escribir un diario. En él anota las experiencias cotidianas que le van sucediendo, pero también reflexiones intemporales que sirven para comprender la personalidad del autor vallisoletano. Un año de mi vida es más importante de lo que nos pudiera parecer a primera vista: supone una de las mejores maneras de conocer en profundidad a su autor. He aquí algunos de sus pensamientos más personales junto a comentarios cotidianos que han hecho de Delibes un autor sencillo, natural, cercano a las gentes del campo. La gallina cobarde y el gallo peleón y jactancioso Tenían fama de excelentes y abundantes las truchas de Mave, al norte de Palencia, no lejos de Aguilar de Campoo. Las aguas del Pisuerga, por allí corrían frías y la corriente era rápida. El 7 de agosto se dispone a pescar truchas Miguel Delibes, en Mave. Cuenta lo que le pasó en Un año de mi vida, con lo que confirma el convencimiento popular de que las gallinas son cobardes, pero el gallo es peleón y jactancioso. Ayer tarde me atacó un gallo, cuando pescaba truchas en Mave en el Pisuerga. (Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 7 de agosto, p. 23). El lenguaje popular compara al cobarde con las gallinas. Las gallinas son cobardes, huyen, es lo suyo. El Diccionario de la Real Academia da como acepción 4ª, gallina: Persona cobarde, pusilánime y tímida. El mismo diccionario recoge el sentir popular respecto al gallo y llama gallear, 2ª acepción: Presumir de hombría, alzar la voz con amenazas y gritos, y 3ª acepción: Pretender sobresalir sobre otros con presunción y jactancia. Como 5ª acepción de gallo da la de hombre fuerte y valiente, y como 6ª: Hombre que trata de imponerse a los demás por su agresividad y jactancia. Miguel Delibes recoge este sentir popular y cuenta lo que le pasó a orillas del Pisuerga, en Mave, Palencia. Al hacerlo, las gallinas huyeron, como corresponde, pero el gallo me hizo cara y cuando menos lo esperaba se arrojó aleteando sobre mí y me dio un trompazo en el pecho con los espolones (...) en cuanto le di la espalda volvió a arrojarse sobre mí picoteándome el trasero. Al alejarme, se encaramó en las bardas y lanzó un quiquiriquí triunfal. (Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 7 de agosto, p. 23). La peripecia la comenta Miguel Delibes en Avellanosa de Burgos, donde le aseguran que los gallos son iguales que los hombres. Delibes concluye: La verdad es que yo había oído hablar de la agresividad de los gallos en defensa de su cuartel, pero nunca había vivido la experiencia. (Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 7 de agosto, pp. 23-24). Intuición de Miguel Delibes, certeza científica Una joven brasileña toma como tema de su tesis Cinco horas con Mario. Se llama María Elena G. de Jesús. Echa mano de métodos psicoanalíticos y estructuralistas y llega a la conclusión de que la novela de Miguel Delibes tiene dos claves que abren su último sentido: la erótica y la económica. Lo que ha contado Miguel Delibes en su novela Cinco horas con Mario tiene perfecta y plena coherencia, por más que el autor asegure que se puso al trabajo de escribirla “al buen tuntún”. Su intuición es de gran novelista y, así, la obra sale de una pieza, entera y magna: Ella hace ciencia o, por mejor decir, psicología, sociología y filología de lo que en uno no es más que intuición. (Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 7 de septiembre, p. 39). Depresiones de Miguel Delibes y letra manuscrita Un compañero del periódico El Norte de Castilla, Santiago Álvarez, le copia a Delibes artículos y novelas. Está acostumbrado a su letra, es de los pocos que la entienden. Un día Santiago Álvarez le hace una observación de psiquiatra: Hoy me ha hecho una observación digna de un psiquiatra: cuando yo aprieto letra con letra, como arropándose unas con otras, de forma que quepan muchas en poco espacio, mi espíritu pasa por un período de depresión. Y, al contrario, en las temporadas de relativo optimismo, mi letra es grande, tendida, pródiga, abierta. (Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 16 de septiembre, p. 45). Momento relativamente optimista de Diario de un cazador y sombrío de Cinco horas con Mario y Parábola del náufrago Tras la anterior observación de Santiago Álvarez, Miguel Delibes apostilla: Y, al contrario, en las temporadas de relativo optimismo, mi letra es grande, tendida, pródiga, abierta. Así era, por ejemplo, el manuscrito de Diario de un cazador —lo he verificado— y, en cambio, los manuscritos de Cinco horas con Mario y Parábola del náufrago, son macizos y tupidos y, por añadidura, están muy corregidos. Más sobre depresiones de Miguel Delibes Los temperamentos neuróticos pasamos, casi sin transición, de la depresión a la euforia. En mi infancia me sucedía otro tanto. Y pienso que en los momentos actuales de equilibrio, uno reconstruye con fruición sus momentos felices (El camino, Diario de un cazador), y por el contrario, en las fases depresivas, uno rescata aspectos sombríos y melancólicos del pasado (La sombra del ciprés, Cinco horas con Mario, Parábola del náufrago, etc.). En todo caso, para encontrarle a uno entero (al menos una aproximación) habría que rastrear entre lo positivo y lo negativo que recatan los personajes que uno ha puesto de pie a lo largo de su vida. (Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 9 de junio, pp. 213-214). Cuidado con proyectar la persona de Miguel Delibes en sus entes de ficción Vintila Horia califica de novela sin esperanza a Parábola del náufrago. Miguel Delibes le da la razón, puesto que dentro de ese libro suyo no hay esperanza. Pero el autor no la ha puesto precisamente porque piensa en los lectores, de los que tiene piedad y a los que quiere dejar margen para la esperanza. El ente de ficción puede servir de escarmiento en cabeza ajena de mentira al lector, hombre de verdad. Esta observación de Miguel Delibes no habrá que perderla de vista frente a los críticos que quieren encontrar en los personajes de las novelas de Miguel Delibes con rápida ligereza y facilidad la proyección de su creador, de sus anhelos más hermosos y de sus posibles frustraciones. Y, en efecto, dentro de mi libro no la hay (no hay esperanza). Como no hay piedad. Pero si yo no he tenido piedad de Jacinto San José, criatura de ficción, es porque la tengo de mis lectores, criaturas de carne y hueso. Entonces, mi esperanza (que desde luego está fuera del libro) estriba en que los hombres de verdad acertemos a escarmentar en una cabeza ajena de mentira. (Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 26 de septiembre, p. 51). El abuelo francés, Federico, y la abuela Saturna Mi abuelo Federico era francés, de Toulouse. Vino aquí a construir un tramo de ferrocarril de Alar del Rey a Santander. A las puertas de Molledo-Portolín hay un túnel importante, excavado en la roca viva, que debió de costar Dios y ayuda perforar. Allí conoció a la abuela Saturna y allí se casaron. (Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 1 de octubre, p. 54). La Castilla rural desaparece En conversación con un nieto de Ortega y Gasset, José Varela Ortega, que se ha recorrido muchos pueblos castellanos, mientras estudia su mundo cerealista, tona nota Delibes de la observación que éste le hace y la apostilla: Me ha dicho: “Apresúrate a escribir tus novelas; la Castilla rural desaparece”. Y es cierto. Y las razones no son exclusivamente económicas. Existe un desdén, una desafección creciente por el campo a todos los niveles. Hay muchos que escapan de él a conciencia de que en la ciudad van a pasarlo peor. (Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 5 de octubre, p. 57). Miguel Delibes cree que la televisión está destruyendo la personalidad de una sociedad “viva hace diez años”, y se fija en tres cosas en vías de destrucción: su talante, su orgullo y su idioma. Esto encaja, creo yo, dentro de la deshumanización general que nos envuelve. Las cosas despiertan nuestra codicia hasta el extremo que incluso nos llevan a renegar de valores permanentes como la Naturaleza. No acertamos a dignificar la vida en los pueblos, conservando vivo el amor a la tierra. (Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 5 de octubre, p. 57). Edición utilizada: Destino, Barcelona, 1986. ** Jorge Urdiales Yuste jurdiales@jorgeurdiales.com Investigador español (Madrid, 1969). Licenciado en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid (UCM, http://www.ucm.es, 1992), donde obtuvo también el Certificado de Aptitud Pedagógica (1995) y el doctorado en Ciencias de la Información (2004) con su tesis “El discurso de carácter popular-rural en la narrativa de Delibes”. En 2006 publicó el Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editado por la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua (Ilcyl, http://www.ilcyl.com). Ha trabajado como profesor de lengua y literatura de ESO y bachillerato. Desde 2001 es colaborador honorífico del Departamento de Filología III de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM. Artículos suyos han aparecido en diversas publicaciones como Noticias SEK, Galicia en Madrid, Revista de Folclore, Espéculo (http://www.ucm.es/info/especulo), Destiempos (http://www.destiempos.com), Leerescrear y Noticias Alicante. === Ignacio Ramírez, el Cronomante Dixon Moya ======================== (Nota del autor: el presente texto fue publicado hace algunos meses por la revista colombiana Libros & Letras [http://www.librosyletras.net], siendo leído y comentado por Ignacio Ramírez. Ahora cuando Ignacio ha muerto y quedamos huérfanos de palabras y Cronopios, al autor del artículo le queda esa nostálgica satisfacción). Hubo un Ignacio Ramírez, escritor y humanista, que en su momento fue pertinaz, cual salmón, le llevó la contraria a la corriente fácil, vivió en el siglo XIX, era mexicano y se hacía llamar el Nigromante; por sus ideas revolucionarias casi fue llevado al paredón, fundó periódicos y escribió de todo un poco, hasta versos de amor: “El tiempo más feliz, yo supe osado extender mi palabra artificiosa como una red, y en ella, temblorosa, más de una de tus aves he cazado”. Entre los siglos XX y XXI, ha vivido, incluso contra pronósticos y diagnósticos, otro Ignacio Ramírez, colombiano desde y hasta la médula, que al igual que su ilustre homónimo ha sido constante, terco, mi madre-abuela Carmen diría puntilloso, en su misión de llevar la cultura, como bandera, escudo y lanza. A pesar de tantas semejanzas entre estos dos Ignacios, hay una gran diferencia, el Ramírez mexicano escogió como nombre de batalla, Nigromante, es decir, aquel que adivina a través de los muertos, en cambio el Ramírez colombiano, ha escogido desde siempre la vida y a ella se ha aferrado, en contra del discernimiento de especialistas y profanos, para fortuna de los amantes de la palabra. En lugar de convocar a difuntos, diariamente invoca a los vivos, mediante el sagrado conjuro de las letras. Ignacio Ramírez, el colombiano, tomó uno de los mejores inventos del gran Julio Cortázar, para convertirlo en vehículo de la literatura y el arte en general. Fundó un diario virtual bautizado Cronopios, dirigido a mujeres y hombres de palabra, según su presentación. Este diario siempre ha llegado puntual a nuestros buzones imaginarios, quizás se ha interrumpido en alguna ocasión por un demonio cibernético, mutación contemporánea del antiguo “duendecillo de la imprenta” de los periódicos del pasado, pero la ausencia circunstancial sólo ha reforzado la importancia de su existencia. Recibir a diario Cronopios, ese boletín amable e ilustrado, es una de las justificaciones de empezar cada nueva jornada. Por eso, nuestro Ignacio Ramírez es un gran Cronomante, lo que también podría entenderse como el amante no sólo del tiempo vital, sino de cronopias y cronopios, alguien que no desea ser fama, ni buscarla, discípulo aplicado del maestro Cortázar, convertido en apóstol al servicio de los demás. Gracias al Ramírez colombiano y a su cotidiano Cronopios, se puede leer a una serie de escritores, no sólo a los reconocidos, sino también a aquellos advenedizos, como este servidor, por fuera de la corriente oficialmente aceptada. Ramírez es la voz de quienes no hacemos parte de roscas ni asociaciones debidamente constituidas, ni quizás jamás apareceremos en las antologías de las letras nacionales, pero no por ello dejamos de aceptar el compromiso con la palabra, el reto de la página o la pantalla en blanco. Dicen que el nombre Ignacio es de origen latino y significa “ardiente”. Aunque su naturaleza de fuego lo emparentaría con el infierno, tiene antecedentes en el santoral como Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, quien en su vida tuvo que enfrentar el dilema de la vida cómoda o seguir el llamado de su vocación. Ignacio Ramírez, el colombiano, al igual que su tocayo beato, seguramente tuvo la misma disyuntiva, la que planteaba una existencia acomodada, con un horario fijo y cheque al final del mes, al final le apostó a otra opción más difícil, aunque más placentera, la que muchos envidiamos y por nuestra cobardía ante el vacío no tomamos, pero aplaudimos desde la galería. La opción de vivir para la palabra, muy diferente a vivir del cuento. Algunos pensarán que esta nota es un desvergonzado elogio, una descarada apología. Para enfado de quienes así lo piensan, están en lo correcto. Aunque en este caso, a diferencia de ciertas lisonjas, este homenaje es totalmente merecido. Como mi sabia madre-abuela repetía, las flores sirven para arrancar sonrisas a las personas vivas, no para adornar frías lápidas vacías. Ignacio Ramírez, el colombiano, además ha sido un ejemplo de dignidad, en medio del infortunio, de la fragilidad del cuerpo y los huesos. Un hombre que no pide generosidad para él, sino que entrega generosidad a granel, quien no acude a los bolsillos cerrados, sino a las mentes abiertas. Salud y sonrisas para el cronomante tan profusamente mencionado en esta nota, pero nunca suficientemente ponderado. ** Dixon Moya dixonm@hotmail.com Diplomático colombiano aficionado a la literatura. Fue cónsul de Colombia en Ciudad Guayana (Puerto Ordaz, Venezuela) y actualmente desempeña un cargo diplomático en Nicaragua. Ha publicado artículos en revistas de su país. === Poeterías (extractos) Gonzalo Fragui ============================= (Nota del editor: Poeterías es una colección de anécdotas sobre escritores y artistas, recopiladas por el poeta, periodista y editor venezolano Gonzalo Fragui. Publicado por El Perro y la Rana en 2007, el libro ofrece a sus lectores la gracia, la aventura y la desventura insospechadas de la vida privada de quienes pueblan la historia cultural de Hispanoamérica. Hoy presentamos en la Tierra de Letras, por una gentileza de su autor, algunos de los textos). *** Juan Rulfo Cuenta Bryce Echenique que un día hacía una fiesta en su casa de París. Uno de los invitados habituales era el escritor Juan Rulfo. Por su timidez, Rulfo siempre quería pasar inadvertido, pero no podía. Para colmo de males una funcionaría trepadora se le pegó esa noche como un chicle. Rulfo no sabía qué hacer para quitársela de encima. Consultó entonces a Bryce. —A la próxima pregunta respóndale con una pesadez —fue la recomendación de Bryce. Así hizo. La señora se le acercó de nuevo y con cara de culta preguntó al maestro mexicano que si ya se había leído El capital, de Carlos Marx. Y ahí fue que llegó la oportunidad esperada por Rulfo. —No, pero vi la película —fue la respuesta del escritor. La señora no se le volvió a acercar durante toda la noche. *** Arguedas Nunca he visto mayor dolor que el del escritor peruano José María Arguedas. Todos sabían que se iba a suicidar, pero no podían evitarlo. Un día unos amigos cercanos se atrevieron a conversar sobre el tema. —¿Arguedas, qué hacemos para que no te mates? —preguntaron los amigos. Y Arguedas respondió con —posiblemente— la más triste de las frases en lengua castellana: —Eviten la llegada de los españoles. *** Gallegos y Carlos Augusto León Un día, siendo Rómulo Gallegos presidente de Venezuela, el autor de Doña Bárbara llamó al poeta Carlos Augusto León para confesarle algo y pedirle un favor. Por esos días el escritor norteamericano William Faulkner había ganado el Premio Nobel de Literatura y prometía venir a Venezuela. Gallegos estaba muy apenado porque, siendo él también escritor, no había leído nada de Faulkner. Llamó entonces a Carlos Augusto. —Carlos Augusto, tú no tendrás por ahí algo de Faulkner, quien parece que va a venir por ahí en estos días, y yo no he leído nada de él. El poeta Carlos Augusto, comunista y sin complejos, le respondió al otro lado del teléfono. —¿Y tú crees que él haya leído algo tuyo? *** Leonardo Gustavo Ruiz Leonardo Gustavo Ruiz se dio cuenta de que estaba un poco gordo un día que necesitó tomar un taxi. Se dirigió a la avenida y llamó al primero que vio. Se trataba de uno de esos taxis blancos, pequeñitos. El chofer miró a aquel hombrón, lo recorrió de arriba a abajo y se negó a llevarlo. —Disculpe, señor, yo no hago mudanzas. *** Harold Alvarado Tenorio El poeta colombiano Harold Alvarado Tenorio dictaba un día una conferencia sobre la poesía. Miró el auditórium y observó que la concurrencia era escasa. Apenas unas veinte personas desperdigadas por toda la sala. Con resignación agradeció a los pocos presentes. Dijo que posiblemente se debía a un problema de convocatoria. Y se lanzó con la conferencia. Al cuarto de hora se levantaron unas diez personas y se fueron. Alarmado, y tratando de que no se le fuera nadie más, estimuló a la concurrencia diciendo que el tema era difícil. Se requería de esfuerzo, de inteligencia, de voluntad. Dijo como excusa que la poesía no era para todo el mundo. Luego salpicó su charla con citas bíblicas como: “Son muchos los llamados y pocos los escogidos”, y otras. Sin embargo, a los cinco minutos se fueron otras personas. Desesperado, el poeta ya estaba olvidando hasta el tema de la conferencia, por estar pendiente del público. Cinco minutos más y sólo quedó una persona que estaba en el último puesto de la sala. Harold no se amilanó. Se dirigió al único presente y le dijo: —Por lo menos hay alguien que conoce de esta vaina. Hermano, dígame quién es usted. A lo que el señor respondió: —Pues la verdad es que yo no entiendo nada de lo que usted está diciendo, pero no me puedo ir porque soy el portero y estoy esperando que usted termine para cerrar. *** Iris Tocuyo La poeta Iris Tocuyo, quien armoniza muy bien la poesía erótica con la poesía infantil, un día se quedó sin aliento al escuchar hablar a algunos de sus familiares. Uno de ellos preguntaba, sorprendido, a la madre de Iris: —¿De dónde le habrá salido a Iris esa vena artística? Desde chiquitica era así. En la escuela le gustaban los actos culturales, las obras de teatro, y ahora, miren, la gran poeta que es. ¿Será de ti? La madre de Iris inmediatamente se defendió: —De mí no será. Yo he trabajado siempre. *** Juan Félix Sánchez Tirso Meléndez le había ofrecido un perrito a Juan Félix Sánchez. Pasaba el tiempo pero el perrito no llegaba. Un día, en broma, Juan Félix preguntó a Tirso por el perro. Tirso le dijo que no se preocupara, que ya la perra había parido y que muy pronto tendría al cachorro. Efectivamente, a los días llegó un niño a la hacienda El Tisure con un perrito y una nota de Tirso. La nota decía: “Juan Félix, ahí le envío el perro prometido. Saludos. Tirso”. Epifanía, la esposa de Juan Félix, se acercó para ver al cachorro, y preguntó: —¿Qué nombre le pondremos? Juan Félix se sorprendió ante la pregunta. —Cómo que qué nombre. Pues Prometido, eso es lo que manda a decir Tirso. Y así se quedó. Prometido. Prometido duró como 18 años. Cuando Prometido murió buscaron otro perrito porque se habían encariñado con el animal. Ahora fue Juan Félix quien preguntó a Epifanía: —Ya que Prometido se murió, ¿qué nombre le pondremos a este perrito? Epifanía no dudó: —Pongámosle lo mismo. Y así le pusieron: Lo Mismo. *** El loco de Pregonero Cuenta el poeta Antonio Mora que en Pregonero había un loco, como en todos los pueblos. En una oportunidad nadie supo de él por varios días, así que los vecinos del pueblo lo dieron por perdido. Organizaron varios grupos de voluntarios y salieron en su búsqueda. Un campesino vio al loco de lo más tranquilo caminando por el campo y le informó que en el pueblo lo creían perdido y que lo andaban buscando. El loco empezó a rezar de inmediato: —¡Virgen del Carmen, que yo aparezca, que yo aparezca! *** Carlos Yusti Una periodista le pregunta al escritor Carlos Yusti: —¿A usted, cómo le gusta el sexo? Y el poeta le responde sin titubeos: —Oral y por escrito. *** El embajador David llamó como a las ocho. El bar estaba ruidoso a pesar de que a esa hora todavía no hay muchos clientes. Gustavo salió del bar para atender la llamada. No podía creer lo que le estaban ofreciendo del otro lado de la línea. Regresó al bar, se sentó de nuevo con sus amigos y estuvo silencioso por un rato. No sabía qué hacer. Finalmente no aguantó la tentación y decidió contar lo que le acababan de proponer. —Me acaban de preguntar que si quiero ser embajador en Birmania. Yo no sé ni dónde queda, pero dije que sí. Los amigos no cabían en su asombro. Cuando al fin uno de ellos pudo reaccionar lo hizo para celebrar. —Una ronda para la mesa del embajador. Los brindis empezaron a llegar ahora desde todas las mesas. Unas muchachas que durante la noche habían permanecido indiferentes asomaron tímidas sonrisas. La mesa empezó a crecer, hubo que poner nuevas sillas. Pasaron varias horas y en el bar no se hablaba de otra cosa. Todo el que llegaba se enteraba inmediatamente. Algunos incluso lo felicitaban sin conocerlo. Gustavo agradecía y saludaba como un candidato en elecciones. Ya, a punto de cerrar, en la mesa del futuro embajador se hablaba de convenios. Uno pedía ser agregado cultural o de negocios. Otro pidió ser agregado militar argumentando que era el único de la mesa que había ido al cuartel. Otro se conformaba con ser chofer o jardinero. El embajador anotaba minuciosamente los compromisos adquiridos. Daba consejos de cómo debían comportarse. A uno le pidió que se fuera con toda la familia, a otro que debía seguir estudiando, a otro que aprendiera idiomas, que no fueran mano suelta con el dinero. Los detalles son del diablo. Al salir del bar no había una persona de la mesa que se hubiera quedado sin trabajo en la lejanísima embajada. A la mañana siguiente, Gustavo buscó en un mapa dónde quedaba Birmania. Luego se metió en Internet y se enteró un poco de la historia, personajes famosos, escritores, deportistas y hasta de la gastronomía. Le emocionó saber que el mismísimo Neruda había sido cónsul allí. Eso podía ser una buena señal. Pasaron los días y David no llamaba para confirmar. Los nervios atacaron al embajador. Dejó de dormir, comía poco, gastaba parte de sus reservas económicas llamando a un celular que nunca respondía. Al cabo de varios meses, Gustavo se convenció por fin de que no lo volverían a llamar. Regresó al bar y se reunió de nuevo con los amigos. Durante un tiempo le jugaban algunas bromas pero luego hubo un consenso para no herirlo más. Sin embargo, siempre que llegaba, no faltaba alguien que en voz baja comentara: “Llegó el embajador”. *** Pedro Salima Cuenta Pedro Salima que la Asociación de Escritores de Margarita tuvo que tomar un día una difícil decisión. Había que elegir la nueva Junta Directiva y entre los propuestos había una persona de quien no se tenía conocimiento que fuera escritor, pero el personaje tenía una licorería que compartía generosamente con los escritores. Alguien objetó: —Cómo lo vamos a meter en la Directiva si él no escribe nada. Los demás escritores salieron en su defensa: —No importa, no importa. Nosotros le escribimos. *** El sistema métrico de Domingo Miliani Contaba Miliani que cuando su padre se enteró que iba a estudiar literatura no estuvo de acuerdo. El padre era constructor y deseaba que Domingo fuera ingeniero civil. —¿Literatura? —le preguntó—. ¿Qué es eso? Yo siempre dije que usted no iba a servir para nada. Años más tarde, ya graduado Domingo, el padre le volvió a preguntar que para qué servían sus estudios. Domingo le respondió amorosamente: —Para nada, viejo. De no servir para nada, también se hace una profesión. Es una cuestión de sistema métrico. Usted mide el mundo en metros cúbicos de concreto. Yo aprendí a medirlo en versos. Ninguno de los dos es mejor. Sólo que son sistemas métricos diferentes. ** Gonzalo Fragui fragui@cantv.net Poeta, periodista y editor venezolano (Mucutuy, Mérida, 1960). Cofundador del grupo literario Mucuglifo. Magíster en Filosofía por la Universidad de Los Andes (Mérida). Ha publicado los poemarios De otras advertencias, El poeta que escribía en menguante, De poetas y otras emergencias, La hora de Job, Viaje a Penélope y Dos minutos y medio, así como el libro de autoayuda El manual del despecho y el libro de crónicas literarias Poeterías. En 1990 obtuvo el premio de poesía de la Dirección de Asuntos Estudiantiles de la Universidad de Los Andes, y en 2001 el premio de poesía de la III Bienal Nacional de Literatura Juan Beroes, San Cristóbal (Táchira). === Retardar sueños del principio ========================================= === La poesía de San Juan de la Cruz Salomón Valderrama Cruz ========= ¡Oh noche que guiaste! ¡Oh noche amable más que la alborada! ¡Oh noche que juntaste Amado con amada, amada en el Amado transformada! (i) San Juan de la Cruz Los límites siempre son ahogamientos que trazaron otros. Dios, la eterna especulación. Vida, gracia de la materia inerte. Todo encuentro es una ficción pura. Semejante entre ver a Dios y pelear con él. La suprema soledad es lo que nos hace ver a Dios, mezquino de un mundo, de nosotros mismos. Dios, amor absoluto, nos quiere solo para él. No existe amor por parte o mitad. Alucinar o predecir. Todo encontrar implica un desafío. Una violación. Entonces la poesía debe ser perpetuamente ese encuentro, una recuperación, un éxtasis, un retorno en la naturaleza siempre impura por principio. Todo parte de todo. Y todo partió de lo único. Cardinal andrógino. En la poesía se observa esto: lo estéril y lo fértil son iguales. Lo inerte y lo vivo indivisibles (ii). Todo está dependiente a una misma madre. Origen. Idea, blanco inerme. Lo más importante de una relación de objetos debe ser el cortejo, aporte para un mismo plano, y no la, interrelación o soporte, culminación. El proceso para desear poseer, la ofrenda, la otra cosa, la otra persona, su pureza para contigo. La exposición. La primera vez que alguien encuentra a alguien ignorado es como si fuese una virginidad recuperada, no a manera de exigencia, sino a modo del fortuito de ser la fruta nueva. Acompañando a la primera palabra / Apareces desnuda junto a otras / De madera de hierro de arcilla / Insuflando en su ombligo / La muerte que anida en sus ojos / Despega sin encontrar bandada (iii). Eres virgen para mí porque ninguna vez te he tocado yo. Las otras no cuentan, actuantes de plano en relación, las otras no soy yo. Y si es la primera vez que estás con alguien seguro te violaré porque esto, bueno o malo, jamás lo olvidarás. Tal el licor ve preexistencia segura. La poesía nos aterra pero nos gusta. Lo más delicado es ser muerto. Olvidé estar muerto. No sé, me voy curioso, Cosmos. La poesía está desprovista de todo acto negativo. Ella no habla nunca de lo que el hombre no puede hacer. El poeta debe ser aquel elemento neutro que recoge o sistematiza el imposible dado. Y ya sea en estancia cerrada o abierta, en la cadencia o en la profundidad, su corriente se disimula acabada. De la vida que reclama en su retorno. Sin forma es la materia eterna. Su no conocer. Y no importa cuántos de siglos pasen, en ella ya se habrá dado todas las respuestas. Como adelantado en el estrato humano. Avanzar por buscar lo gélido. Es un abismo lo que esperamos abrazados (iv). Es lo que jungla San Juan de la Cruz, cuando leemos sus poemas nos evidenciamos cúmulos del infinito esperando la retrocesión de Dios. Todos partimos de él. Todos nos devolvemos a él. Creyentes o no. Heterodoxos u ortodoxos. Galantes o impíos. Escalar línea oscura del punto. Todo el conocimiento. Entreme donde no supe (v): El que allí llega de vero de sí mismo desfallece; cuanto sabía primero mucho bajo le parece, y su ciencia tanto crece, que se queda no sabiendo, toda ciencia trascendiendo. Cuanto más alto se sube, tanto menos se entendía, que es la tenebrosa nube que a la noche esclarecía; por eso quien la sabía queda siempre no sabiendo, toda ciencia trascendiendo. Este saber no sabiendo es de tan alto poder, que los sabios arguyendo jamás le pueden vencer; que no llega su saber a no entender entendiendo, toda ciencia trascendiendo. Es el hombre una alta luz que ríe a perdición. Es el hombre al que todo lo retira. Deidad por nombre. Amor. Ciencia. Estas tres coplas recitan que no hay cualidad incipiente por amar fragilidad. Ya que todo tiene un tiempo de formación precisa. Empero lo vulnerado debe ser protegido y nadie escapa de este equilibrio. Por eso lo eterno no tiene forma para adoptar la cualquiera. La poesía es la muerte que nos acerca al infinito. Así la muerte es el instante más próximo de la vida. La vida de la muerte que es el infinito. Se conceptúa en la esfera que representa a Dios (vi) o en el viaje del instante, al instante, ilimitado. Aquende, todo lo que he visto y ha sido dado por muerto no es más que la reincorporación de infinitos. El infinito que todo ente posee. Menos el amante, no velado de hielo humano. Y el único capaz de regalar infinidad (vii). Todo lo desconocido. Sol perfecto que escapas en unidad repetida. Canciones entre el alma y el Esposo: ¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huiste, habiéndome herido; salí tras ti clamando, y eras ido. Pastores, los que fuerdes allá por las majadas al otero, si por ventura vierdes aquel que yo más quiero, decidle que adolezco, peno y muero. Buscando mis amores, iré por esos montes y riberas; ni cogeré las flores, ni temeré las fieras, y pasaré los fuertes y fronteras. El teatro poemático debe ser una inmortal celada de vuelo detenido. El poeta debe poder capturar toda la riqueza hasta ese instante. Alucinar redondamiento de abarcarlo todo y luego verlo si no a través de los que quedan. Debe formularse un nuevo infinito y en túnel persistir para vida rescatada. En Vida, tiempo no diagramado por perdido de eternidad en luz estancada. Porque ignorar la oscuridad de la poesía es abundar en luz inútil. Lo tenebroso es una luz más que oscura. Es la luz de Dios. Poeta: Heme gigante flor de volver. Perfecto es el primer cuerpo perdido en el extremo de ser. La única libertad del poeta es tomar su muerte. Donaire de su desesperación su poesía. Leerla, y entenderla, es tocar su infinito, ponerla en peligro. Temblar sus muchos secretos. Es como si ya no sintiera nada. Espasmo. Carne muerta. Miseria. Asesinato. Amor. Algo nacerá puro o muerto. Lo que importa es que alguien vivo la vea. Noche oscura: A oscuras y segura, por la secreta escala disfrazada, ¡Oh dichosa ventura!, a oscuras y en celada, estando ya mi casa sosegada. En la noche dichosa en secreto, que nadie me veía, ni yo miraba cosa, sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía. Aquésta me guiaba más cierto que la luz del mediodía, adonde me esperaba quien yo bien me sabía, en parte donde nadie parecía. Lo que originó el poema y después de todo lo que está navegando ya no importa o importa poco. Lo que provoca está al principio. Lo que despierta como sagrado en nosotros. La poesía nos vuelve fantasmas del Todo. El poeta es un fantasma. Un poderoso y peligroso fantasma. Que no tiene límites, la vida y la muerte son lo mismo. Los funde como penitencia y adulación del mundo. El poeta es un ser reprimido en el escenario físico, porque no debe liberar su poder en el vacío. Eso que es impuesto por la Fe, que aún no tienen en él. El poema es un acto de ausencia y su valor está determinado por la propensión masiva a leerlo en la privación. Cuando escribe el poeta se sienta donde sea y lo olvido todo, lo que significa algo o nada para él. Se olvida del canon o del método y dibuja o hace que le ataque la poesía pura. Y si ésta se deposita en alguna estructura anterior a él es porque ésta ya está contenida en su vulnerabilidad. Se funda en él. Una estructura cerrada como un planeta involucra aun una más grande destrucción. Romance sobre el Evangelio: En el principio moraba el Verbo, y en Dios vivía, en quien su felicidad infinita poseía. El mismo Verbo Dios era, que el principio se decía. Él moraba en el principio, y principio no tenía. Él era el mismo principio, por eso de él carecía. El Verbo se llama Hijo, que del principio nacía. Pero no hay principio y tampoco fin. Nuestra fantasía es la más segura. Todo está al otro lado de la vida. Y la poesía igual que todo lo que hace el hombre para no interrumpir su entidad injustificable es sólo un magro espejismo de lo que es, un ordinario elemento del gran conjunto. Y la bondad o la legalidad con la cual regimos nuestras vidas no son nada más que viejos imaginarios anónimos. Estocada del poeta. Sólo una cosa no hay. Es el olvido. / Dios, que salva el metal, salva la escoria / y cifra en Su profética memoria / las lunas que serán y las que han sido. / Ya todo está. Los miles de reflejos / que entre los dos crepúsculos del día / tu rostro fue dejando en los espejos / y los que irá dejando todavía. / Y todo es una parte del diverso / cristal de esa memoria, el universo; / no tienen fin sus arduos corredores / y las puertas se cierran a tu paso; / sólo del otro lado del ocaso / verás los Arquetipos y Esplendores (viii). Pero Pandora se siente viva, toco su sudor de luz y me extravío en su mejilla oscura, vuelo entrando en ella y yo no soy Epimeteo (ix). La poesía es lo que quedará al final. Y la realidad hasta puede ser El Cristo de San Juan de la Cruz (x). Otras del mismo a lo divino Tras de un amoroso lance, y no de esperanza falto, volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance. Para que yo alcance diese a aqueste lance divino, tanto volar me convino que de vista me perdiese; y con todo, en este trance, en el vuelo quedé falto; mas el amor fue tan alto, que le di a la caza alcance. Cuando más alto subía deslumbróseme la vista, y la más fuerte conquista en oscuro se hacía; mas, por ser de amor el lance, di un ciego y oscuro salto, y fui tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance. Cuanto más alto llegaba de este lance tan subido, tanto más bajo y rendido y abatido me hallaba; dije: ¡No habrá quien alcance!; y abatime tanto, tanto, que fui tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance. Por una extraña manera, mil vuelos pasé de un vuelo, porque esperanza de cielo tanto alcanza cuanto espera; esperé sólo este lance, y en esperar no fui falto, pues fui tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance. Notas i. De Noche oscura. En Poesías de San Juan de la Cruz. Centro Virtual Cervantes (http://cvc.cervantes.es/obref/sanjuan), estudio de la doctora María Jesús Mancho Duque. Para todas las citas. Ahora rememoro algunos versos de los Salmos de Marco Valerio, VII: El alma es el mayor robo de la Historia / Ningún corsario o dios griego osó tanto / Ni hubo romano, asirio, sumerio o zulú / Que diga lo contrario. En La transformación de los metales, tRpode Editores (Lima, 2005), de Paúl Guillén. ii. Esto se hace en belleza inocente por pérdida. De Macedonio Fernández, Creía yo: No a todo alcanza Amor porque no puede / romper el gajo con que Muerte toca. / Mas poco Muerte logra / si en corazón de Amor su miedo muere. / Mas poco Muerte logra pues no puede / entrar su miedo en pecho donde Amor. / Que Muerte rige a vida; Amor, a Muerte. En “No todo morirá: Los poetas saben que ya podemos conocer la eternidad”. Víctor Hurtado Oviedo. Revista Libros y Artes de la Biblioteca Nacional del Perú (Nº 1 / mayo 2002). Sinesio López Jiménez, director. iii. De Lilith. En La clavícula de Salomón, Juegos Florales “Jorge Basadre Grohman”, Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Lima, 2003). De Diego Lazarte. iv. Esta imagen me recuerda a la desolación que se estanca en Héctor y Andrómaca (1917), de Giorgio de Chirico. La misma que está dada por nuestro conocimiento de lo que le sucede a ellos y a Troya. La destrucción, hoy, es un hecho más que romántico. Parece lo más verdadero. Hay un culto fuerte hacia los edificios más altos, hacia las máquinas, que aplastan la masa social. v. De Coplas del mismo… vi. Dios es una esfera inteligible, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna. Consúltese La esfera de Pascal, de Jorge Luis Borges. En Nueva antología personal, Editorial Bruguera, S.A. (Barcelona, 1980). vii. Lo que se aprecia muy bien en el cuadro Los amantes (1928), de René Magritte. La intimidad, nuestros secretos, están dados por infinidad. Esta dura curiosidad también se debe ver en el poema Elogio de los navegantes de Juan Ojeda: Pero mirar, surgir gritando / Como rocas, árboles, tallos erguidos en la temerosa claridad / Que guardan las montañas. Crecer, y no crecimos, no damos, // No después de mucha o tanta eternidad de sombra, / Por sentirnos poco en aquello que sale y desteje, / Y abandona cuanto nace, acaba en la mirada. En Arte de navegar, antología, Arteidea Editores (Lima, 2005). viii. De Everness. J. L. Borges. ix. Quiero que se entienda que escribo así porque la poesía no tiene justificación lineal. La poesía no es lineal. Y menos el Universo. x. (1951) Insólita obra de Salvador Dalí. ** Salomón Valderrama Cruz eljuguetequees@latinmail.com Escritor peruano (La Libertad, Chilia, 1979). Ha publicado Adrina, Sinfonía de flores cruzadas, De Lampa para El Porvenir, Las flores negras, La revolución de las cosas, Los hijos de mi casa hermosa, Sonidos de algunos instrumentos tuertos y En el agujero del poncho. === Recapitulamos la filosofía Guillermo Cerceau ===================== Teoría de las despedidas Guillermo Cerceau Universidad de Carabobo Octubre de 2007 (Nota del editor: el pasado 23 de octubre, en el marco de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo, fue presentado en la ciudad venezolana de Valencia el libro Teoría de las despedidas, del escritor argentino Guillermo Cerceau. De esta colección de ensayos ha destacado José Carlos De Nóbrega la capacidad del autor para “desacralizar el acto de pensar y recrear el mundo por vía de la palabra firme y reposada de la sobremesa”. Hoy traemos a nuestros lectores uno de los textos del libro). Le gustaba decir, remedando el lugar común de la biología, que en cada discusión entre amigos recapitulamos la historia entera de la filosofía. Es el tipo de cosas que se dicen cuando se posee la inteligencia suficiente para constatar las afinidades entre las cosas del mundo, pero se carece del sentido de la ironía que, muchas veces, nos recuerda a tiempo cuán frágiles son las metáforas. Lo cierto es que en nuestras conversaciones, todo argumento era trasladado a una especie de “Academia Transhistórica”, y de la enumeración de citas se pasaba a la sucesiva demostración de la verdad o falsedad de todo argumento parecido, de todas sus implicaciones, reales o imaginarias, de tal manera que el mínimo disenso frente a él podía significar horas de inútiles e informados debates. Bastaba traspasar la reja que guardaba el jardín de su casa, heredada, como todos sus bienes, materiales o soñados, de sus abuelos, para sentirse agobiado por un posible debate sin fin, por una necesidad apremiante de tomar posición, por una batalla inminente de palabras. Ninguna idea era despreciable ni había frase que no mereciera su justa refutación. Hablábamos constreñidos por el temor de que cualquier afirmación, por inocente que fuera, corría el riesgo de desatar una exquisita y bien encadenada secuencia de afirmaciones que se enfilaban, sin barrera posible, hacia un triunfo dialéctico. Sin embargo, si era inclemente con la palabra, no dejaba de ser amable y caballero, como correspondía a su mitología personal, arduamente alimentada por sus antepasados empobrecidos. La casa era de noble mampostería y sin duda reflejaba unos años que nunca volverían, una clase social desaparecida, unos gestos que ya nadie sabía interpretar. Es posible que como sus salones (en uno de ellos había un piano, en otro, un cómodo sofá amarillo), la manía de este hombre singular de ponerlo todo en cuestión, fueran parte de esos tiempos en que los hombres refinados, para huir de las crueldades de sus contemporáneos, se refugiaban en sus libros y en sus conversaciones. No podían, imaginar, creo yo, que esa crueldad evitada emergería, como un síntoma, años después, en su desdén por aquellos que no los comprendían. Ese día tocaba al romanticismo. Los poetas, los filósofos, el nacionalismo, las influencias en nuestros modernos tiranos o en los científicos audaces, todo era cubierto por una conversación sin fin, conversación que no carecía de refinamientos, pero de la que estaba ausente toda emoción, como si se tratara de una máquina recitando y enhebrando respuestas a toda pregunta posible. Como sucede a menudo con estas manías de la imaginación, sus propias premisas hacen que la realidad corrobore, ya que en efecto, recapitulábamos todo el pensamiento, él como las voz de la sabiduría, yo como el testigo que escucha y sin el cual (ahora sospecho) no hay pensamiento, original o recapitulado. Otra vez en el jardín, un poco mareado por el coñac y el humo de las pipas, me preguntaba si este no era el jardín de Averroes o de Epicuro, si este momento no lo había vivido antes y, en fin, todas esas tonterías de las que nos burlamos cuando estamos lejos de ellas, pero cuyo origen y sentido podemos comprender y hasta justificar cuando la vida nos juega ciertas pasadas. No volvimos a vernos sino cuando ya los años habían hecho su labor de zapa, y casi no nos reconocimos, o no nos quisimos reconocer. Fue mejor así, una fría mirada, una amabilidad genuina pero inútil y cada quien por su lado, en aceras opuestas, refugiándonos de una llovizna que amenazaba en convertirse en aguacero. Fue mejor así. Este hombre que había pasado sus años juveniles castigando las bibliotecas y la paciencia de los amigos, que había hecho un culto de la Historia de las Ideas, seguramente sufría ante este naufragio de las ideas que vivimos hoy. Por un momento, sin embargo, sentí que me hubiera gustado experimentar otra vez aquella sensación de una verdad que se escapaba de mis conocimientos demasiado escolares. Me preguntaba: ¿qué hubiera dicho del post-modernismo? ¿Cómo se habría enfrentado a las mil peripecias del pensamiento moderno? ¿Sería tan duro con la Escuela Francesa como lo había sido con los neo-kantianos? Afortunadamente no lo vi más. Unos meses después un amigo me contó que al poco tiempo de terminar el bachillerato, se enroló en el ejército, participó en la llamada “guerra sucia” y fue acusado de crímenes contra la humanidad. Parece que disfrutaba de torturar a los prisioneros políticos mientras les leía el Fedón, remedando cruelmente un gesto clásico. ** Guillermo Cerceau guillermo.cerceau@gmail.com Escritor argentino (1957). Reside en Venezuela desde 1972. Es autor de Las palabras sobre la mesa (inédito, 1988), Equivalencias (1998), Fragmentos sublunares (1999), Sueño y vigilia (2000), Sólo en cuanto mortales (2002), También el humo tiene su forma (2000), Muere el elefante (2007), Teoría de las despedidas (2007) y otros títulos de ensayo y poesía. Ha publicado artículos y reseñas de libros en Tiempo Universitario (http://www.tiempo.uc.edu.ve), Laberinto de Papel y diversos medios regionales y nacionales. Ha dictado conferencias sobre temas culturales desde la década de los 80. Es miembro fundador del Grupo Cultural Li Po (http://grupolipo.blogspot.com), en el cual dicta conferencias desde 2004. Mantiene una página personal en http://www.cerceau.com/guillermo y una bitácora en http://gcerceau.wordpress.com. === El V Festival de Poesía en la Montaña o la magia de la metáfora ======= === Basilio Belliard ====================================================== Como una romería navideña, un puñado de poetas consagrados y noveles emprendieron la ruta hacia las montañas de Jarabacoa, República Dominicana, un fin de semana de diciembre de 2007, para leer sus creaciones, en contacto con la naturaleza verde y fresca. En este evento, que ya es tradición, las montañas sirvieron de escenario a los versos y a la palabra de diversos poetas, quienes compartieron durante dos días en un espacio de cofradía, jolgorio y pasión. Decenas de poetas de todo el país acudieron al llamado de la montaña y los ríos, las mesetas y los valles y compartieron con los poetas del municipio de Jarabacoa, más un público que se dio cita en la fértil y acogedora estancia de los salesianos a disfrutar del evento, acaso el más original de la región caribeña y que habrá de convertirse en modelo a seguir para otras experiencias similares. Este Festival constituye un eslabón para expandir la solidaridad, la esperanza y la fe en el porvenir no sólo de la poesía, sino del arte y la humanidad, que tanto lo necesita en medio de tantos avatares existenciales, desastres naturales, resentimientos, odios y exclusiones. De ahí que este evento asegure un trampolín para articular acciones de convivencia y tolerancia que deberá crear la conciencia ciudadana, política y moral que demandan los tiempos actuales y que ninguna otra actividad ha podido lograr. Ojalá que sea la poesía el arma que logre cristalizar la utopía que no hemos podido alcanzar con las armas ni con las ideas. Estos festivales poéticos de la montaña, donde convergen la música y la poesía, la conversación y la pintura, el turismo ecológico y la palabra, tienen como ideal la promoción de “la poesía como alimento del espíritu”, “motivar la práctica del turismo cultural”, “incentivar el cultivo de la amistad y la solidaridad entre los participantes y los asistentes” e “impulsar la poesía para que sirva de canal en la formación de mentes puras con ideales sanos, erradicadores de la violencia y de los instintos permisivos de las bajas acciones”, rezan algunos de sus objetivos. Los recitales y los encuentros poéticos sirvieron de telón de fondo en los que la imaginación y la creatividad, el humor y la fantasía sentaron sus reales y sacudieron el verdor de las montañas jarabacoeñas, gracias a la iniciativa, al tesón y la pasión que le impone la maga Taty Hernández, inventora de esta fiesta del verso. Los vasos comunicantes, los cadáveres exquisitos, los micrófonos abiertos, la prosa, el verso, los performances y el teatro, hicieron ecos en las montañas para constituirse en técnicas de expresión del cuerpo y la palabra que llenaron de magia, misterio y asombro este weekend tropical, con la presencia de voces poéticas como las de Soledad Álvarez, José Mármol, Ángela Hernández, Plinio Chahín, Nan Chevalier, León Félix Batista, Mateo Morrison, Basilio Belliard, Federico Jovine Bermúdez y voces del exterior como las de Etnairis Rivera de Puerto Rico y Marcelo Morales de Cuba. De igual modo, pudimos escuchar la frescura de poetas como Oscar Peña, Rafael Peralta Romero, Rosa Silverio, Noé Zayas, Lissette Ramírez, Patricia Minilla, Rafael P. Rodríguez, Pedro Antonio Valdez, Rafael García Romero, Eduardo Lantigua (quien vino de Nueva York) Romina Bayo (de Argentina y aplatanada en Santo Domingo), Manuel Llibre Otero, Juan Freddy Armando, Reyson Peralta y poetas provenientes de los talleres literarios de San Cristóbal, Mao, Santo Domingo, Santiago, Jarabacoa y de otros rincones de la isla poética que ascendieron a la cordillera central en un acto de convivencia transgeneracional. Desde el Gran Jimenoa hasta el Seminario de los Salesianos, los días 8 y 9 se colmaron de vino, celebración, pan, anécdotas, poesía, remembranzas, narraciones y cherchas cotidianas para hacer más eucarístico y ameno el ceremonial literario al que nos convocamos para despedir el año y vernos, según lo anunció su gestora, en agosto de 2008, ya con la creación de la Fundación Festivales de la Montaña, entidad que asumirá la organización del VI Festival. ¡Enhorabuena y felicidades a Taty Hernández por el éxito de este festival poético que, de seguro, se quedará a vivir en la montaña de Jarabacoa! ** Basilio Belliard basiliob@hotmail.com Poeta y ensayista dominicano (Moca, 1966). Fue miembro del Taller Literario César Vallejo. Desde 1990 colabora con artículos y ensayos de crítica de artes y literatura para diversos suplementos culturales de su país. ha publicado Diario del autófago (1997), Vuelos de la memoria (1999) y Sueño escrito (2002), libro con el que obtuvo el Premio Anual de Poesía Salomé Ureña de Henríquez. Su obra también figura en antologías nacionales e internacionales. Actualmente ejerce la docencia en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD, http://www.uasd.edu.do) y en la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD, http://www.ucsd.edu.do). === Tres buitres Aldo Roque Difilippo ================================ Tres buitres, Henry Trujillo; Alfaguara, 2007, 195 págs. La peripecia de un joven que pretende hacer dinero rápido para emigrar a España es el pretexto que utiliza Henry Trujillo para contar una historia de vidas marginales, traiciones y hasta un amor no concretado. Es que a estas alturas podría decirse que Henry Trujillo domina, más allá de la trama y los artilugios que utilice, el oficio del novelista que sabe qué hacer para mantener al lector pegado al texto. Tres buitres, esta novela con aditivos del género policial, se suma a la trayectoria de este autor nacido en Mercedes en 1965 y que se inició en 1993 con Torquator, al que le siguieron El vigilante (1996), La persecución (1999), Gato que aparece en la noche (1998), El fuego y otros cuentos (2001) y Ojos de caballo (2004). En ella, como en su inicial Torquator, Trujillo apuesta al juego de los distintos tiempos narrativos, un recurso que ha sabido explotar y que como en una película sirven para mantener en vilo al espectador desde el inicio de la trama. “Así nosotros contamos historias, nada más por ese segundo cuando nos asomamos a algo que no es lo mismo. Nada más que para que el próximo día, el próximo minuto o el siguiente segundo no sea idéntico a todos los demás”, reflexiona uno de sus personajes que quizás es el propio Trujillo. El contrabando de autos parece ser la opción para Javier Michel (el personaje central de la novela) para hacer dinero rápido y emprender viaje a España; y ese submundo delictivo es la opción elegida por Trujillo para tejer una trama de negocios ilícitos y traiciones, donde también hay espacio para la solidaridad y el verdadero amor, aunque no sea correspondido. Ya desde Torquator y El vigilante Trujillo había utilizado esos personajes marginales, o lo que es peor, marginados por la sociedad, para reflejar su forma de ver la sociedad, y con el correr del tiempo además refuerza ese oficio que ha ido forjando en una obra que vista en perspectiva puede catalogarse como auténtica y personal, donde los personajes se mueven a veces a un ritmo vertiginoso, similar a una secuencia cinematográfica y otras detenidos, aplastados por una realidad que no logran sortear, donde inevitablemente el medio terminará condicionando sus peripecias. ** Aldo Roque Difilippo aldodifilippo@adinet.com.uy Periodista y escritor uruguayo (Mercedes, 1966). Ha publicado el libro de cuentos Verdades a medias (dos tomos, coautor con Wilson Armas) y una serie de investigaciones literarias e históricas en el suplemento Lecturas de los Domingos del diario La República, y en la revista Posdata (Montevideo). Desde 1991 trabaja como corresponsal en Soriano para el diario La República de Montevideo. |||||||||||||||||||||||||||| ENTREVISTAS |||||||||||||||||||||||||||| === Gonzalo Rojas: ======================================================== === “Yo soy herida, yo soy un poeta fisiológico” Augusto Rodríguez === Gonzalo Rojas nació en Lebú (Chile) en el año 1917. Ha recibido numerosos premios internacionales entre los que se cuentan el Premio Sociedad de Escritores de Chile por Poesía inédita (1946), el Premio Reina Sofía de Poesía de España, el Premio Octavio Paz de México y el José Hernández de Argentina, además del Premio Nacional de Literatura de Chile en 1992 y del Premio Cervantes de Literatura 2003. Basta con leerlo para acercarnos a este poeta que es todos los poetas a la vez. A la iluminación de su poesía y a su discurso de piedra inagotable. Esta entrevista pretende conocer un poco más a este poeta chileno que es uno de los poetas pilares de nuestra lengua. —Gonzalo, cuénteme de su infancia y cómo empieza a escribir poesía. —Cuando era niño era asmático y de paso tartamudo, así que se me dificultaba hablar. No hablaba pero la palabra la sentía muy dentro mío (esto lo digo sin ánimo de pretensión). Soy un animal esdrujulario. Todo empieza por una dinámica personal. Me estimulaba los sonidos, la iluminación. Estaban allí, en mí. Yo me considero un poeta pasable nada más. Yo solo vivo la vida y la poesía. Es decir, esta relación vida y poesía. Sólo que la transfiguro nada más. Como dice Goethe: un poeta de circunstancias. La palabra se me encendía, se me mostraba desafiante, me transportaba. Mire, amigo mío, yo no creo que la palabra tenga que nacer de mentes sórdidas o confundidas que sólo confundan la poesía. Y los que estén confundidos que no escriban y vayan al doctor o al psiquiatra, igual ellos no te ayudan a solucionar tu problema, me entiende. La palabra debe ser un ente vivo y sólo escribir desde la sinceridad y de lo que te fue dado. No busquen otras cosas. Hay que ser honesto, sincero, verdadero con uno mismo, me entiende, real. Yo creo eso, yo no soy brujo ni nada que se le parezca. —¿Qué me puede decir de su paso por el grupo Mandrágora? —El año 1938 unos jóvenes liderados por Braulio Arenas, pensaron que era importante un ejercicio literario que tuviera como centro el surrealismo. Y a partir de ello expusieron y dieron conferencias en el Salón de Honor de la Universidad de Chile, esto fue en el año 1938. Yo entré en este grupo en el mes de septiembre de ese año. Sin ningún interés surrealista, mas bien por curiosidad y porque había leído en serio a los dadaístas. En el año 1941, es decir años después me retiré de ese grupo. No me interesó. No tengo ninguna reserva contra ellos. Me fui porque nada tenían que ver con los movimientos surrealistas de Perú con César Moro o Emilio Adolfo Westphalen a la cabeza o de los argentinos, que era liderado por un médico y poeta argentino Aldo Pellegrini que sí tenían un pensamiento surrealista de verdad. —¿Cómo fue su relación con Teillier, Lihn, Anguita y con los poetas chilenos de su época? —Teillier y Lihn son más jóvenes que yo. Anguita que era del 1914 y yo del 1917, es decir somos más cercanos. Anguita realmente tenía talento. Su obra es a ratos cercana a la mía, pero a la vez distante. Mire, en la poesía chilena sólo hay tres grandes poetas que son: Vicente Huidobro que conocí y lo quise bastante. Fue el único que en verdad nos liberó. Puso libertad en nuestras cabezas de jóvenes principiantes de 20 años. El segundo fue Pablo de Rokha, pueden decir lo que sea de él, que era rudo, cruel, desmedido, pero fue el único que puso en marcha los istmos, la vanguardia y sobre todo la ruralidad como lo hizo el mexicano Rulfo pero en prosa. El otro poeta es por supuesto Pablo Neruda, que a los quince años escribía con una cierta madurez, es el más precoz de todos; él leyó bien a los poetas franceses, no hay duda. Su gran libro es Residencia en la Tierra, pero escribió cien libros más muy malos. ¿A quién se le ocurre escribir 140 libros, por Dios? Lo que pasa, amigo, es que acá los chilenos somos muy generosos. Todo lo que es nuestro lo alabamos. Decimos que toda la poesía de este lado del continente es decisiva pero no es así, somos pasables no más. Pasables nada más, repito, amigo mío. Sólo hemos tenido tres grandes poetas y nada más. —En su poema “Carbón” se abarca la relación padre-hijo, que a mí personalmente me interesa mucho ¿Qué me puede decir de esto? —Es un poema que habla de la distancia. Mi padre muere cuando yo tenía 4 años. Él vive en mi mente. Y hasta acá sigo oliendo la mina de carbón bajo el mar. Lo oigo en vilo. Lo oigo a mi padre y por eso escribí ese poema sobre mi padre, desde la distancia. —¿Se considera un poeta que escriba sobre erotismo? —Yo no soy un poeta erótico. Yo escribo desde la palabra para exaltar el cuerpo. El poeta español Cernuda escribió una vez: Hay cuerpo, y eso es lo que hay: Cuerpo. Para mí el placer es algo sagrado. El parto es algo sagrado. El orgasmo es algo sagrado. Pero hay necios que creen otras cosas sobre el orgasmo, ese minuto bello y hermoso es para mí algo sagrado, repito. Hay otros poetas que escriben sobre erotismo, yo soy un poeta que escribe sobre el cuerpo. —En uno de sus poemas se repite el mismo verso, todo es herida; Gonzalo, ¿el mundo sigue siendo una herida? —No es para tanto, amigo mío. Eso lo escribí hace mucho. La vida no es tan completa, es verdad. Ella es mutilación y de ahí se abre la herida. Yo soy herida, yo soy un poeta incompleto, como tú seguramente, somos incompletos, aprendices, inconclusos como el resto de los seres humanos. —Usted ha ganado el Premio Cervantes y es eterno aspirante al Premio Nobel. ¿Qué opina de eso? —Pues que los premios son tonterías, no sirven para nada. No significan ni deben significar nada, me entiende. Por qué no le dieron el Premio a Kafka o a Fiódor Mijáilovich Dostoievski. Debería haber un premio que se llame Premio Kafka o Premio Fiódor Mijáilovich Dostoievski pero no lo hay. Son tonterías que la gente se inventa. Y lo que es peor es un riesgo porque confunden al lector o al resto. Ya se cree que por ganarlo tal escritor se es más importante... eso es mentira. Y claro, a los que no ganan no se los ve igual, puras tonterías que no sirven para NADA. —¿En qué proyectos literarios se encuentra Gonzalo Rojas? —Mi último libro se llama Esquizo, que acaba de ser publicado hace pocas semanas. Yo no soy esquizofrénico ni mucho menos. Aunque sí creo que el poeta escribe como dice Baudelaire para un hipócrita lector. Para mí el poeta es todos los hombres a la vez. Cuando nace tiene esa universalidad. Después es maltratado, humillado, descompuesto, desbaratado por eso que llamamos colegios o liceos que lo echan a perder. Pierde su gracia, que le fue dada desde del inicio. Por eso yo afirmo que soy un poeta fisiológico. Perdí mi juventud en los burdeles Perdí mi juventud en los burdeles pero no te he perdido ni un instante, mi bestia, máquina del placer, mi pobre novia reventada en el baile. Me acostaba contigo, mordía tus pezones furibundo, me ahogaba en tu perfume cada noche, y al alba te miraba dormida en la marea de la alcoba, dura como una roca en la tormenta. Pasábamos por ti como las olas todos los que te amábamos. Dormíamos con tu cuerpo sagrado. Salíamos de ti paridos nuevamente por el placer, al mundo. Perdí mi juventud en los burdeles, pero daría mi alma por besarte a la luz de los espejos de aquel salón, sepulcro de la carne, el cigarro y el vino. Allí, bella entre todas, reinabas para mí sobre las nubes de la miseria. A torrentes tus ojos despedían rayos verdes y azules. A torrentes tu corazón salía hasta tus labios, latía largamente por tu cuerpo, por tus piernas hermosas y goteaba en el pozo de tu boca profunda. Después de la taberna, a tientas por la escala, maldiciendo la luz del nuevo día, demonio a los veinte años, entré al salón esa mañana negra. Y se me heló la sangre al verte muda, rodeada por las otras, mudos los instrumentos y las sillas, y la alfombra de felpa, y los espejos copiaban en vano tu hermosura. Un coro de rameras te velaba de rodillas, oh hermosa llama de mi placer, y hasta diez velas honraban con su llanto el sacrificio, y allí donde bailaste desnuda para mí, todo era olor a muerte. No he podido saciarme nunca en nadie, porque yo iba subiendo, devorado por el deseo oscuro de tu cuerpo cuando te hallé acostada boca arriba, y me dejaste frío en lo caliente, y te perdí, y no pude nacer de ti otra vez, y ya no pude sino bajar terriblemente solo a buscar mi cabeza por el mundo. ¿Qué se ama cuando se ama? ¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes, o este sol colorado que es mi sangre furiosa cuando entro en ella hasta las últimas raíces? ¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo, repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces de eternidad visible? Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una, a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso. Carbón Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir mi Lebú en dos mitades de fragancia, lo escucho, lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces, cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento como una arteria más entre mis sienes y mi almohada. Es él. Está lloviendo. Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor a caballo mojado. Es Juan Antonio Rojas sobre un caballo atravesando un río. No hay novedad. La noche torrencial se derrumba como mina inundada, y un rayo la estremece. Madre, ya va a llegar: abramos el portón, dame esa luz, yo quiero recibirlo antes que mis hermanos. Déjame que le lleve un buen vaso de vino para que se reponga, y me estreche en un beso, y me clave las púas de su barba. Ahí viene el hombre, ahí viene embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso contra la explotación, muerto de hambre, allí viene debajo de su poncho de Castilla. Ah, minero inmortal, ésta es tu casa de roble, que tú mismo construiste. Adelante: te he venido a esperar, yo soy el séptimo de tus hijos. No importa que hayan pasado tantas estrellas por el cielo de estos años, que hayamos enterrado a tu mujer en un terrible agosto, porque tú y ella estáis multiplicados. No importa que la noche nos haya sido negra por igual a los dos. —Pasa, no estés ahí mirándome, sin verme, debajo de la lluvia. El fornicio Te besara en la punta de las pestañas y en los pezones, te turbulentamente besara, mi vergonzosa, en esos muslos de individua blanca, tocara esos pies para otro vuelo más aire que ese aire felino de tu fragancia, te dijera española mía, francesa mía, inglesa, ragazza, nórdica boreal, espuma de la diáspora del Génesis... ¿Qué más te dijera por dentro? ¿griega, mi egipcia, romana por el mármol? ¿fenicia, cartaginesa, o loca, locamente andaluza en el arco de morir con todos los pétalos abiertos, tensa la cítara de Dios, en la danza del fornicio? Te oyera aullar, te fuera mordiendo hasta las últimas amapolas, mi posesa, te todavía enloqueciera allí, en el frescor ciego, te nadara en la inmensidad insaciable de la lascivia, riera frenético el frenesí con tus dientes, me arrebatara el opio de tu piel hasta lo ebúrneo de otra pureza, oyera cantar las esferas estallantes como Pitágoras, te lamiera, te olfateara como el león a su leona, para el sol, fálicamente mía, ¡te amara! ** Augusto Rodríguez elfrancotirador79@hotmail.com Escritor ecuatoriano (Guayaquil, 1979). Ha publicado los poemarios Ausencia (Santiago de Chile, 1999), Mientras ella mata mosquitos (2004), Animales salvajes (2005) y La bestia que me habita (2005). Sus textos aparecen en varias antologías locales y del extranjero. Ha obtenido el Premio Nacional de Poesía David Ledesma Vásquez (2005), el Premio Nacional Universitario de Poesía Efraín Jara Idrovo (2005) y Mención de Honor en el Concurso Nacional de Poesía César Dávila Andrade (2005). Es el fundador del grupo cultural guayaquileño Buseta de papel. === Román Funes, el paisaje urbano dentro del arte ======================== === “La poesía sí funciona” Rafael Ortega ============================ “El lector forma parte importante como un juez, por lo que busco identificarme con ese juez-lector para que el poema perdure en su memoria sin importar si recuerda al poeta”. El oficio de artista callejero le enseñó a Román Funes (Maracay, 1973) a hurgar en la mirada y en el alma de las personas, quienes transitan azoradas por las arterias viales, las cosas que sienten y no se atreven a decir por temor a ser catalogadas como débiles y anticuadas. En su poemario Ínfimo a Coidiz (1996), publicado por el Círculo de Escritores del estado Cojedes, se observa el grado de importancia que otorga a la contemplación de la naturaleza y los hechos cotidianos, como elemento fundamental en la creación artística. Coincide con la frase de Facundo Cabral que reza: “Por cada cantor, hay un soldado menos” y la parafrasea: “Por cada artista, hay un soldado menos y un soldado menos significa una guerra menos en nuestras naciones... un muerto menos”. —¿Cuáles obras o autores te motivaron a escribir? —Un poeta que me atrapó con su obra fue el doctor Guillermo Ferrer, de Maracaibo, con su poemario Humos del viento. La lectura de ese libro me hizo sentir muy bien y desde ese momento comencé a identificarme con lo que sucedía en el ambiente. También Dante Alighieri, con La Divina Comedia, y Oriana Fallaci, entre otros, aunque vine asumiendo el rol de poeta tras la publicación de la antología Nuevas voces, publicada por el Instituto de Cultura del estado Cojedes, cuando Luis Felipe Bellorín me dijo que el compromiso con la palabra es eterno. Y eso lo asumí como un compromiso ante el público para ofrecer las cosas que yo pueda dar con respecto al medio. —¿La publicación de tus poemas en esa antología se debe a tu participación en un taller literario? —Sí, en el año 1992 participé en un taller de expresión literaria conducido por Carlos Villaverde. —¿Consideras que los talleres son fábricas de escritores? —No, los talleres son nutrientes para el escritor, sirven para ayudar y reforzar a ese creador que está allí, leyendo poesía, narrativa, ensayos, para demostrarle que no está solo. —¿Cuáles temas te motivan a escribir? —Por lo general, los temas que siempre florecen son el de la mujer, la naturaleza, soy un tanto simbólico en esos aspectos, me valgo de las metáforas para no describirle al lector cómo son las cosas, sino simplemente hacerlo partícipe de ese acontecimiento que sucede allí mientras lee, pues el lector forma parte importante como un juez, por lo que busco identificarme con ese juez-lector para que el poema perdure en su memoria sin importar si recuerda al poeta. —¿Cómo nacen tus poemas? —A veces me quedo en silencio, un silencio que ni yo mismo entiendo, y es como si entrara una luz en mi cabeza, en mis pies, en mis manos... y me voy solo a escribir, es algo que me motiva, una energía que está allí, y voy plasmando las cosas que me han sucedido o las que me pueden suceder. En mis poemas siempre encontrarás elementos de la naturaleza: el amanecer, la aurora, el ocaso, cuando la tarde se entrega a la noche, básicamente es eso: la parte sublime que uno va consiguiendo dentro de sí. —Tengo entendido que actualmente escribes una novela, ¿con cuál corriente literaria te identificas? —Con la corriente fantástica, me siento cómodo soñando, me gusta hacer hablar a los animales, hacerlos sentir, mostrar una analogía entre el hombre y el animal, esa convivencia bien sea en la calle, en el bosque, en el mar... el animal siempre le va a reclamar al hombre por qué le quitó su ambiente y lo llamó medio ambiente. —¿Aparte de la lectura, de qué otras fuentes te nutres para escribir? —La mujer, la ciudad, la vida diaria, cuando salgo a la calle y observo las situaciones que ocurren y las traslado a ese silencio que comprende la almohada, la cama, el lápiz, el cuaderno y el ladrido de los perros. —A tu criterio, ¿cuáles escritores venezolanos son fundamentales? —Eugenio Montejo, Arturo Úslar Pietri y José Antonio Ramos Sucre, uno de los más intensos, entre otros. —¿A qué atribuyes que nuestros escritores sean poco conocidos en el exterior? —No puedo decir “es culpa de...”, creo que cada quien va mereciendo en la medida en que vaya aportando, porque si yo escribo y tengo cien mil papeles guardados en mi casa, esa es mi decisión. Ahora se están dando muchas oportunidades para participar en talleres literarios, se están conformando editoriales que ofrecen publicaciones a los más jóvenes. El hecho de que los poetas venezolanos no se hayan hecho sentir en el mundo depende de la condición de cada uno. Esa responsabilidad la tiene uno como poeta, no se la atribuyo al Estado ni a las editoriales ni a los periódicos, porque si yo quiero publicar voy directamente a la fuente. —Pero en Venezuela los niveles de lectura son muy bajos, ¿es difícil ser escritor en un país de pocos lectores? —Mi experiencia como poeta y artista plástico, aparte de otras actividades que realizo en el área de la docencia en las escuelas, me impulsa a trabajar con los niños en la creación de personajes, a los que ellos mismos van a dar vida para luego leer y dibujar. Siempre tenemos una hora de lectura para comprender el significado de las palabras, para utilizarlas como una manera de expresar los sentimientos, independientemente del tema que el niño quiera escoger. Por lo general los niños siempre escogen temas del hogar o temas fantásticos como “El heladero volador” o “El perro que caminaba sobre las aguas”; en fin, dentro de mi trabajo como artista-docente sí he notado que ha mermado muchísimo la lectura y el reto es seguir, tratar de conformar círculos de lectura para niños en las comunidades, en las escuelas. —¿Cuáles autores de la literatura universal recomendarías? —Recomiendo La Divina Comedia, de Dante Alighieri, allí está la vida del hombre terrenal, desde el Paraíso, el Infierno y el Purgatorio. —¿Las instituciones del Estado prestan ayuda necesaria al escritor? —Uno recurre a fundaciones, a amigos, a gente que está en el medio, quienes te invitan a participar en actividades. Recuerdo que en el año 1996 fui invitado por Roberto Santana y Claudia Hernández a una tertulia poética en el Ateneo de Maracay, esos eventos se hacían allí y se les daba un sentido real, se respetaba esa oración que cada poeta expresaba... Ahora, eso se ve muy poco y uno se pregunta: ¿dónde están los planificadores? Entonces, de allí deduzco que el Estado no ayuda a los artistas, aunque sí reconozco que se han hecho algunas cosas, como la Feria del Libro en Caracas, el Encuentro Internacional de Poesía de la Universidad de Carabobo, pero el deber del Estado es aportar lo más que pueda a la cultura. —¿Cuál es la función de un escritor? —Hacer que el lector, en esa hora, media hora o minuto en que lea una obra, vea mejor el mundo a como ya lo había visto, que esa lectura le sirva, le funcione. Una vez, una mujer se me acercó y me dijo: “Estoy perdiendo a mi esposo, mi matrimonio se va al piso”. Saqué un libro y comencé a leerle algunos textos. Me lo pidió prestado y se lo entregué con plena confianza. A las tres semanas, ella regresó y me devolvió el libro, diciéndome: “He salvado mi matrimonio, muchas gracias”. Entonces le pregunté qué había hecho y me explicó: “Todos los días le enviaba un texto a su celular”. Eso quiere decir que la poesía sí funciona. La función es esa: sensibilizar a la población, que la gente vea un mundo distinto, disminuir el estrés, que es una de las enfermedades que más aquejan a nuestras sociedades modernas. —¿Cómo ves el panorama regional en la actualidad? —Se está haciendo un trabajo, eso lo comprobé en el Encuentro Internacional de Poesía, donde vi varios grupos literarios. Pienso que en Aragua existen escritores que tienen la suficiente calidad, fuerza y empuje para mostrarse ante cualquier público. —¿Piensas que las nuevas tecnologías facilitan la promoción de la obra de un escritor? —Me parece que sí, por ejemplo, existen muchas páginas web donde publican inclusive autores noveles, y hasta pueden ser traducidas a diversos idiomas. La tecnología se puede aprovechar al máximo y puede darle consistencia al trabajo literario. Tendrá sus defensores y detractores, pero la tecnología forma parte de la realidad del hombre moderno y tenemos libre albedrío para escoger lo que queremos. —¿Algún día los libros virtuales suplantarán la tinta y el papel? —No creo que el libro vaya a ser borrado, al contrario, pienso que se va a mantener por muchos años más. Una pantalla, unas teclas y un chip nunca suplantarán al libro. Un paso a la inmortalidad “Escribir es entrar en un espacio donde se da el primer paso hacia la inmortalidad. Es quedar en la memoria de un pueblo, hacerse partícipe de un legado cultural que sucede a diario en un país, un pueblo, una comunidad... es esa forma de querer vivir para contar...”. Esta entrevista fue publicada originalmente en el suplemento cultural Contenido, del diario El Periodiquito (http://www.elperiodiquito.com), de Maracay, Aragua, Venezuela. ** Rafael Ortega rafaelortega@letralia.zzn.com Escritor venezolano (Maracay, Aragua, 1969). Es técnico superior universitario en publicidad. Ha sido jurado en concursos literarios del estado Aragua. Textos suyos han sido publicados en revistas y periódicos venezolanos, así como en las antologías Narrativa aragüeña en Tierra de Letras (Senderos Literarios, 1997), Narrativa de Aragua (Secretaría de Cultura del Estado Aragua, 1997) y Muestra de minificción aragüeña (Secretaría de Cultura del Estado Aragua, 2001). En 2002 publicó su libro de cuentos La última sutileza del diablo. === Entrevista a Raúl Figueroa Sarti ====================================== === “Si uno no escribe, lo mejor que puede hacer ========================== === es editar buena literatura” Lilian Fernández Hall ================ Raúl Figueroa Sarti es editor y actualmente preside el Gremio de Editores de Guatemala. Es fundador y dirige la reconocida casa editorial F&G Editores y acaba además de ser designado Presidente de la V edición de la Feria Internacional del Libro de Guatemala (Filgua), que se realizará entre el 25 de julio y el 3 de agosto de 2008 en el Parque de la Industria en la ciudad capital. Figueroa Sarti nació en Mazatenango, Guatemala. Estudió agronomía en la Universidad de San Carlos a principios de los 80, pero antes de terminar sus estudios se vio obligado a partir al exilio a Costa Rica, a causa de la represión que sufrieron los estudiantes durante el gobierno de facto de José Efraín Ríos Montt. En Costa Rica estudió análisis de sistemas, especializándose en análisis de datos aplicados a las ciencias sociales. Trabajó para el Instituto de Relaciones Europeo-Latinoamericanas (Irela) en Madrid y en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales en Costa Rica. En 1993 regresó a Guatemala y ese mismo año fundó F&G Editores. Como editor ha colaborado con la Cruz Roja Internacional, la Fundación Oscar Arias, la Fundación Myrna Mack, la Universidad de San Carlos y otras entidades. Fue coordinador de la Editorial Universitaria de la Universidad de San Carlos de Guatemala. En 1997 publicó una edición especial del Código Procesal Penal de Guatemala, que ya lleva 12 ediciones hasta la fecha. Actualmente, Raúl Figueroa Sarti reside alternadamente en Ciudad de Guatemala y en la ciudad de Nueva York. F&G Editores publica actualmente unos 15 títulos al año y se especializa en ciencias sociales, leyes y literatura guatemalteca. —Raúl, cuéntanos un poco sobre F&G Editores: cuándo y cómo surgió, cuáles son sus metas y cómo sobrevive en una zona tan insegura —tanto política como económicamente— como Guatemala y Centroamérica. —Inicialmente F&G Editores surgió como una empresa de servicios editoriales que en esencia realizaba trabajo de edición y maquetación para instituciones públicas y organizaciones no gubernamentales. Paulatinamente, hemos ido construyendo un fondo editorial en ciencias sociales y literatura guatemalteca, que actualmente llega a poco más de 60 títulos vivos. Afortunadamente, en el momento actual, nuestra mayor preocupación para la supervivencia deriva de las dificultades económicas implícitas en el hecho de hacer libros en un país con una alta tasa de analfabetismo. De manera general se pude afirmar que en Guatemala la inseguridad política es cosa del pasado y ahora, con relativa tranquilidad, uno puede publicar cualquier tipo de libro sin que con ello se vea directamente amenazada su integridad personal o la de la editorial. En el momento actual nuestra supervivencia económica está garantiza por los servicios editoriales que continuamos ofreciendo, nuestros textos de leyes de Guatemala y cada vez más por el área internacional (Libros de Guatemala) que en los últimos años ha crecido mucho y cada vez aporta más recursos para el crecimiento de la línea literaria de la editorial. —¿Cómo es la situación general de la industria editorial en Guatemala? ¿Qué otros actores importantes existen y cuál es la relación entre ellos? —La industria editorial en el país está atravesando por un momento de mucho crecimiento. Entre el 2003 y el 2007, la cantidad de títulos registrados en la Agencia Nacional de ISBN pasó de 379 a 1.216 (cifra preliminar). De acuerdo con cifras del Banco Central también ha habido un incremento en el gasto de los hogares en libros y materiales relacionados. La industria editorial está conformada por unas 10-15 empresas cuya principal actividad es la editorial, así como por unas 50-60 instituciones que, como parte de sus actividades, publican al menos unos 3-5 libros por año. Entre las primeras hay que mencionar a Artemis Edinter, Piedra Santa, Oscar de León Palacios, Magna Terra Editores y Letra Negra, así como las subsidiarias de Santillana, Norma, Océano y el Fondo de Cultura Económica. —Qué apoyo recibe la industria editorial de parte del Estado? ¿Existe algún plan de fomento del libro y la lectura en Guatemala? —No existe ningún apoyo del Estado para la industria editorial. En la segunda mitad de los años ochenta se aprobó una Ley Nacional de Fomento del Libro que incluía algunos beneficios fiscales. Sin embargo, éstos fueron suprimidos en los años noventa. Guatemala forma parte de distintos planes internacionales de fomento de la lectura, aunque personalmente desconozco en específico qué se está haciendo al respecto. —¿Cómo funcionan las bibliotecas públicas en el país? ¿Reciben apoyo municipal? ¿Tiene tu editorial algún tipo de cooperación con las bibliotecas del país? —De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, hay en el país unas 500 bibliotecas, entre bibliotecas públicas y escolares. Algunas de ellas son atendidas por organizaciones comunitarias y son muy pocas las que cuentan con un decidido apoyo de las municipalidades, a pesar de que por ley la atención de la biblioteca municipal es una de sus atribuciones. De manera eventual realizamos donaciones a bibliotecas públicas. En algunos casos hemos gestionado recursos de cooperación internacional para hacer donaciones de algunos de nuestros títulos. —En el ámbito literario se habla mucho del “amiguismo”, de algunos círculos cerrados de escritores y críticos que se apoyan mutuamente e ignoran a quienes no pertenezcan a su núcleo, haciendo muy difícil para los jóvenes o para quienes no les interesa pertenecer a estos círculos, lograr un espacio propio. ¿Sucede lo mismo con las editoriales? ¿Cuánto influye la amistad, los conocidos comunes, la pertenencia a un grupo, en la posibilidad de publicar? ¿Qué debe hacer un escritor para publicar en F&G? —El amiguismo es algo que se suele dar en las editoriales públicas, mas no en las privadas, donde la mayor dificultad es de carácter financiero. Sin embargo, sí influye mucho la amistad, los conocidos comunes. Entre un manuscrito que llega por correo electrónico y uno que es presentado por un amigo en cuyo criterio el editor confía, tiene más posibilidades de lectura inmediata el segundo. En F&G Editores, afortunadamente, los autores no pertenecen a un mismo círculo. Para publicar en F&G Editores se necesita pues tener algo interesante que comunicar, comunicarlo bien y, sobre todo, tener mucha paciencia: recibimos más manuscritos de los que estamos en capacidad no sólo de publicar, sino de leer. —F&G se especializa en la publicación de títulos de derecho, ciencias sociales y literatura guatemalteca. ¿Por qué justamente estas tres disciplinas? —En los años ochenta tuve ocasión de ver lo mal editados que en Costa Rica —donde residía entonces— estaban los libros de leyes: sin índices temáticos y sin referencias a otra legislación. Al mismo tiempo, son libros con mucha demanda. Cuando inicié el proyecto del fondo editorial propio en Guatemala tuve claro que, para publicar buena literatura y propuestas interesantes en ciencias sociales, debería contar con libros que se vendieran fácilmente y que nos proveyeran de los recursos requeridos por los libros que venden menos. En Guatemala los libros de leyes estaban peor editados que en Costa Rica y, al mismo tiempo, el sistema de justicia no funcionaba (y ahora tampoco funciona) como debiera. Los libros de leyes tienen entonces un doble propósito en F&G Editores: contribuir al conocimiento de la ley y de la jurisprudencia y proveer de los recursos necesarios para el desarrollo de las otras líneas editoriales. Después de un conflicto armado de casi 40 años, la armazón intelectual del país fue totalmente destruida: muchos de los mejores intelectuales con que contaba el país fueron asesinados y otros salieron al exilio. Durante los años ochenta y noventa, y aun ahora, los estudiantes universitarios estudiaron haciendo uso de fotocopias de fotocopias. Ello puede dar una idea entonces de la necesidad que hay en el país de literatura de ciencias sociales. Y finalmente... la literatura me apasiona y si uno no escribe, pues lo mejor que puede hacer es editar —o tratar de hacerlo— buena literatura. —¿Qué relaciones existen entre tu editorial (o tu gremio editorial) y otras editoriales o gremios centro y sudamericanos? ¿Existe algún tipo de cooperación, intercambio o coordinación de las estrategias de distribución de las publicaciones? —Más allá de la relación formal no hay ninguna cooperación real. —¿Por qué? ¿No les convendría a todos un acercamiento? —El acercamiento no sólo es conveniente sino que yo diría que indispensable para lograr distribuir nuestros libros fuera de las fronteras nacionales. En relación con Centroamérica me parece que el origen de ello es el escaso desarrollo de la industria editorial. El otro aspecto que incide notablemente es que todos buscamos lo mismo: distribuir nuestros libros, pero nadie tiene una estructura que le permita distribuir los libros de los demás. —En ese sentido, ¿qué papel puede cumplir la participación en las distintas ferias del libro o salones de derechos en distintos puntos de América Latina? —Las ferias del libro son la oportunidad para dar a conocer nuestra producción editorial más allá de nuestras fronteras y en el caso de Guatemala, donde no hay una desarrollada red de librerías, también dentro de las fronteras. Las ferias del libro nos hacen visibles. —¿Cómo ha sido tu experiencia en la reciente Feria del Libro de Guadalajara? —Guadalajara es, para nosotros, la feria más importante. Nos permite acercarnos a los bibliotecarios de Estados Unidos que hoy por hoy son los compradores más importantes de libros guatemaltecos. Nos fue muy bien en la feria. Es importante destacar que por primera vez en muchos años de asistir, este año contamos con algún apoyo del Ministerio de Economía, lo cual nos permitió contar con mayor presencia. —El escritor hispanoargentino Andrés Neumann hablaba de una “balcanización” de la industria editorial española e hispanoamericana, en el sentido de un aislamiento y un profundo desconocimiento mutuo del trabajo de cada uno, producto sobre todo del desinterés y la desinformación de los editores. ¿Qué piensas al respecto? —Más que derivado de desinterés o desinformación, ello obedece a las abismales diferencias económicas entre los editores españoles y los latinoamericanos. La industria editorial española cuenta con un incondicional apoyo del Estado español, en tanto que en América Latina las editoriales, con excepción tal vez de Colombia, carecen de apoyos gubernamentales. Es una relación dispar: en tanto que en cualquier librería de cualquier pueblo perdido de Guatemala se encuentran libros españoles, los libros guatemaltecos no se encuentran en las librerías madrileñas, ni siquiera aquellos editados en Guatemala por subsidiarias de editoriales españolas. —¿Cómo perjudica la piratería a la industria editorial de Guatemala? ¿Tiene este fenómeno algún aspecto positivo? —Principalmente afecta al sector del libro de texto escolar. Ahí su impacto es bastante grande. El principal daño es que afecta el desarrollo de la industria editorial y desestimula la producción de textos de alta calidad. Como editor no le encuentro ningún aspecto positivo, puesto que encarece el precio de los libros. Además, generalmente las ediciones “piratas” son de muy baja calidad editorial y, si se toma en cuenta que son textos escolares, tienen un impacto negativo en la generación de nuevos lectores. —Cómo influyen las cada vez más populares autoediciones y las ediciones electrónicas de libros en el tradicional mercado editorial? —En Guatemala las ediciones electrónicas aún no tienen mucha incidencia. Lo que sí afecta son las autoediciones. Una de nuestras mayores dificultades es el “amateurismo” existente en la producción editorial. Éste puede tener diversos orígenes, pero las consecuencias son las mismas: un producto carente de profesionalismo que en última instancia afecta a los lectores, mala distribución del libro, crea muchas disparidades en el sistema de precios, etc. En Guatemala es muy utilizado por autores-profesores que teniendo la posibilidad de comercializar sus libros con sus alumnos, optan por hacer ellos mismos sus libros, lo cual además crea problemas de transparencia en el medio educativo. Adicionalmente existe la idea equivocada, generada por la producción de best-sellers, de que la industria editorial es un gran negocio, y algunos autores no quieren que los editores “se hagan ricos” a costa de lo que ellos han escrito y por eso optan por llevar su libro a una imprenta en lugar de buscar una casa editorial. A la larga la autoedición, sobre todo cuando se da en grandes magnitudes —como me parece sucede en Guatemala—retrasa la necesaria profesionalización de la industria editorial guatemalteca. —Tú eres actualmente presidente del Gremio de Editores de Guatemala. ¿Cuál es tu trabajo concreto en esa asociación y cuáles son tus visiones? —Mi trabajo es coordinar las actividades que desarrolla la organización gremial. En un país como Guatemala, las tareas que tiene una organización gremial son muchas. En principio tenemos dos compromisos: demandar que, de parte del Estado, se transparente el proceso de selección de libros para las bibliotecas escolares y que, de parte de las autoridades locales, se apoye el desarrollo de las bibliotecas municipales. Vamos a trabajar en la actualización de la Ley de Fomento del Libro y esperamos que el nuevo gobierno que tomará posesión en enero del 2008 asuma como propias las políticas nacionales sobre el libro, la lectura y las bibliotecas. —Cuéntanos algo más sobre la Feria del Libro que se celebrará en julio-agosto en Ciudad de Guatemala. —La feria se realizará del 25 de julio al 3 de agosto del 2008. Su objetivo más general es contribuir a dinamizar la libre circulación del libro en el país. Nos interesa básicamente ampliar la diversidad de la oferta editorial, para lo cual esperamos contar con una amplia participación de editoriales latinoamericanas cuyos libros no circulan en el país. Adicionalmente, la feria pretende ser una vitrina para la producción editorial nacional que, debido a la inexistencia de una desarrollada red de librerías, permanece invisible todo el tiempo. La feria contará además con un programa de actividades cuyo público serán niños, profesores de historia, profesores de educación primaria, etc. Las actividades más relevantes son: Encuentro de escritores centroamericanos, Conferencia Internacional de literatura indígena, taller para bibliotecarios, taller para libreros, etc. —Mi última pregunta: tú vives y trabajas en Guatemala, un país pequeño en una zona que todavía lucha con las secuelas de los años de guerra, con catástrofes naturales, problemas de violencia, corrupción, criminalidad, con altos grados de analfabetismo y con una gran parte de la población viviendo en situaciones de extrema pobreza. Estas circunstancias desanimarían a más de uno que deseara prosperar propagando la lectura, la cultura y el libre pensamiento. Tú, sin embargo, siempre te muestras positivo y expresas fe en el futuro de la industria editorial guatemalteca y en la capacidad y el deseo de la gente de leer y reflexionar sobre su propia historia y su identidad. ¿Cuál es tu secreto? —¿Mi secreto? Confío en la gente, en su capacidad de salir adelante. He tenido oportunidad de editar libros donde los sobrevivientes del conflicto armado narran cómo sobrevivieron a los cercos del ejército, a la persecución, al dolor, cómo vencieron a la muerte y luchan por un futuro mejor para sus hijos. Cuando conoces esas historias, cualquier barrera te parece una minucia. Por otra parte, cuando llevas 15 años haciendo libros y viviendo de ello, y con una editorial que a pesar de su tamaño es una de las más relevantes en el país, pues no puede uno tener espacio para el pesimismo y debe ser optimista, aunque ello parezca locura. ** Lilian Fernández Hall lilian.fernandez@yahoo.com Docente e investigadora argentina residente en Estocolmo, Suecia. Egresada de la carrera de Letras de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Colabora en varias publicaciones, impresas y digitales, de Europa y de América Latina. Corresponsal en Suecia de El Diario de Hoy (http://www.elsalvador.com), de El Salvador. Coordinadora de círculos de lectura en español en Suecia. === Julio Lellis, director de cine ======================================== === “La pasión por las palabras me llevó al cine” ========================= === Ramón Alfredo Blanco ================================================== Julio Lellis es un joven cineasta, nacido en el estado de Minas Gerais (Brasil). Cuando leyó a Nélida Piñón, dice, se descubrió cineasta. Esa pasión por el lenguaje cinematográfico de Piñón lo llevó a Río de Janeiro, en su sueño de estar cerca de la gran escritora. Hoy es su asistente personal y director del largometraje Nélida Piñón: o Atlántico e suas correntes, una producción hispano-brasileña que indaga en la obra de la destacada autora, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2005. —Julio, ¿cuándo te descubriste cineasta? —Me descubrí cineasta leyendo a Nélida. Esta pasión que tengo por la palabra me llevó al cine. Fue a través del cuento “Dijo un campesino a su amada” que percibí su lenguaje naturalmente cinematográfico. —¿Cómo surgió la idea de realizar un documental sobre Nélida Piñón? —Fue la pasión. El entusiasmo que me permitió salir del interior de Minas Gerais para intentar aproximarme de ella. Recuerdo que le dije a mi madre: “Quiero ir a Río de Janeiro para estar próximo de Nélida. Quiero hacer cine”. Ella no comprendió muy bien, pero lo aceptó. Hoy, observando a Nélida, pienso cuán generoso fue el destino conmigo al permitirme esa aproximación. —Walter Salles dijo que el cine es lo invisible que complementa lo visible. De acuerdo a esta afirmación, ¿qué es lo “invisible” que le gustaría mostrar en este trabajo? —Dar visibilidad a la palabra de Nélida. Mostrar a los lectores sus palabras traducidas a la pantalla de cine. —¿Cree que esta película la ayudará a tener mayor proyección? —Nélida tiene mucha visibilidad dentro y fuera de Brasil. Lo que pasa es que son pocos los lectores... Paulo Coelho, por ejemplo, vendió un millón de ejemplares aquí en Brasil. No es mucho pensando en un país que tiene ciento setenta millones de habitantes. El código Da Vinci, un fenómeno, vendió veinticinco millones. Lo interesante para el gran público es que la imagen es absorbida más rápidamente que la lectura, que es solitaria. Si un adolescente o un adulto se interesara por leer algún libro de Nélida a partir de mi película, quedaré feliz en haber presentado a esta persona algo tan extraordinario, algo que me conmueve tanto, una escritura tan real. —En esta película se cuenta con la participación de la misma Nélida y de sus amigos, como Mario Vargas Llosa, Maria Bethania, Ligya Fagundes Telles, Fernanda Montenegro (nominada al premio Oscar como mejor actriz), entre otros. Supongo que haber trabajo con estas figuran ha sido una gran experiencia, y rica en anécdotas. —Sí, por ejemplo, Fernanda Montenegro me llamó por teléfono diciéndome: “Julio Lellis, no me gustaría que hubiese un filme sobre Nélida sin mi participación”. —¿Cuál es el presupuesto estimativo del cortometraje? —Desde 2001 cuando inicié mis contactos con la escritora estaba tentando negociar con algunos productores. No obtuve ninguna respuesta pero continué insistiendo en mis objetivos. Entonces dos amigos y yo nos unimos y abrimos Sinos Produçoes Audiovisuais para así viabilizar nuestro proyecto. El financiamiento de la película está en negociación. —¿A qué atribuye el resurgimiento vigoroso del documental en su país? —El Brasil es un semillero de historias, un país encantador. Vengo de Minas Gerais, un estado que es conocido por las innumeras aventuras contadas... El Brasil tiene esa característica de contener tantas historias a ser escritas, por su tamaño geográfico, con tantos y diferentes pueblos. —¿Qué papel juega en la actualidad la crítica cinematográfica? —Soy un cineasta reciente en este mundo de la crítica. Tengo cuatro cortometrajes y algunos clips, además de algunos filmes institucionales de arte. No quiero pensar en críticos en este momento. Quiero transmitir el fantástico lenguaje de Nélida al gran público que todavía no la conoce. Quiero pautar mi carrera y mi vida en intentar ser lo más fiel a los recuerdos de aquel niño del interior que vino a Rio guiado por la pasión. —¿Cómo presentaría a Nélida Piñón a quien no la conoce? —Nélida un día me preguntó: “Julio, ¿todavía te conmuevo?”. Y yo le respondí: “Nélida, cuando usted no me conmueva más, vuelvo a mi ciudad natal para buscar a ese niño que sigue atado a sus raíces de Minas”. Una gran mujer, una extraordinaria escritora. ** Ramón Alfredo Blanco blancoramonalfredo@yahoo.com.ar Escritor argentino (Paso de los Libres, Corrientes, 1986). Reside en Concepción del Uruguay, Provincia de Entre Ríos. Ha ganado premios y menciones en el ámbito nacional e internacional. Sus trabajos han sido publicados en antologías del país y del exterior, distribuidas en Europa y América Latina; en diarios como Clarín (http://www.clarin.com) de Buenos Aires, y La Calle (http://www.lacalle-online.com) de Concepción del Uruguay. Integra el Comité Organizador de la 6ª Feria del Libro y la Cultura del Mercosur y del 2º Encuentro Literario Internacional del Mercosur, con sede en Brasil. Corresponsal del Instituto Literario y Cultural Hispánico de California (EUA) y de la revista literaria Alba de América. Textos suyos han sido publicados en Mundo Cultural Hispano (http://www.mundoculturalhispano.com) de España y en la revista digital de cultura Archivos del Sur. ||||||||||||||||||||||||||| SALA DE ENSAYO |||||||||||||||||||||||||| === La duda esencial Ricardo Mena Cuevas ============================= La diferencia entre apariencia y realidad se ha dado en el ser humano desde que éste tomó conciencia de lo absurda que es la vida que percibían sus sentidos, ya que éstos le indicaron a su raciocinio que todo nacía, se reproducía, y moría, siguiendo los dictados de la implacable naturaleza. Desde el momento en que ese absurdo tomó posesión de su existencia, permitió que su exiguo intelecto claudicara ante su desbordante imaginación, aplicando, en consecuencia, esa moderna regla según la cual, lo más siempre es mejor que lo menos, y esa clásica regla según la cual lo bello y poético, es preferible a lo feo y prosaico. Parece que del sentimiento naturalista de la vida que aceptaba el nacer, reproducirse, y morir, este ser humano pasó al sentimiento salvífico de la vida, que esperaba el nacer, reproducirse, y morir, para vivir en otra vida. Según este sentimiento salvífico, era cierto que la existencia podía parecer absurda, pero que tal parecer no era real, ya que la misma vida natural escondía un secreto, una promesa, una esperanza en otro mundo mejor. Para la religión hindú toda esta realidad era una farsa, un engaño, pues los sentidos y las pasiones eran una trampa en la que caían los ignorantes; la salvación radica en el intelecto, en la contemplación pura, en aniquilar los deseos, única vía mística para escapar, tras el velo de Maya, de la rueda material del Destino en donde las almas transmigran según sus merecimientos. En el caso de la religión órfica que eclosiona con la escuela pitagórica, se desarrolla con la eleata, y madura en la Academia de la escuela platónica, se declaró que existía esta realidad, este reino del Devenir (Heráclito), pero que este reino era una copia de la vida original que era el perfecto mundo de las Ideas, el reino del Ser (Parménides), cuyo epítome perfecto es la metáfora de la caverna de Platón. En el caso de la religión judeocristiana, se aceptó esta realidad física sin dudas, mas como paso o purgatorio hacia otra vida eterna feliz (cielo) o miserable (infierno), dependiendo de la virtud desplegada por cada alma en esta dantesca “selva oscura”; como la hindú, la religión judeocristiana también tuvo sus ascetas y místicos cuyo éxtasis supremo consistía en aniquilar el cuerpo sensitivo, mediante la fusión intelectiva con el fuego divino que es Dios. El paradigma de este sentimiento de ataraxia, lo ofrecen estos versos de San Juan de la Cruz sobre el alma y su amado, Dios: Gocémonos, amado, y vámonos a ver en tu hermosura al monte o al collado do mana el agua pura; entremos más adentro en la espesura. Y luego a las subidas cavernas de la piedra nos iremos, que están bien escondidas, y allí nos entraremos, y el mosto de granadas gustaremos. Allí me mostrarías aquello que mi alma pretendía, y luego me darías allí tú, vida mía, aquello que me diste el otro día: el aspirar del aire, el canto de la dulce filomena, el soto y su donaire, en la noche serena con llama que consume y no da pena. Todo esto pareció real mientras la Tierra siguió siendo el centro del universo. Los nuevos descubrimientos científicos, no obstante, han erosionado los cimientos de este sentimiento salvífico, ya que la Tierra parece que ya no es el centro del universo (Copérnico, Galileo), ni el ser humano parece que sea ya biológicamente divino y separado del resto (Darwin). La razón metafísica parece decirnos que “Todo es Uno” (Parménides), y que todo forma parte de la misma substancia divina (el “Deus sive natura” de Spinoza). No obstante, respetar la provisionalidad sobre qué es apariencia y qué es realidad, es la principal función de la razón científica de hoy día, pues ésta acepta como realidad física lo que una teoría demuestre como tal, según una comprobación empírica certera, y según sea susceptible, o no, de ser modificada por otras nuevas teorías científicas también provisionales (Popper). La esencia del ser humano es su escepticismo (Descartes), ya que la razón que utiliza el ser humano para comprender la realidad, no es otra cosa que uno más de sus atributos o instintos naturales (Hume). Dudamos, luego existimos. ** Ricardo Mena Cuevas ricardomenacuevas@hotmail.com Escritor español (Málaga, 1975). Abogado de profesión. ||||||||||||||||||||||||||||||| LETRAS |||||||||||||||||||||||||||||| *** Morir con los zapatos puestos Julia Elena Rial *** El espejo y la memoria (extractos) Gustavo Solórzano Alfaro *** Frente al televisor Scott A. García P. *** Poemas José Ramón Huidobro *** Origami para principiantes Juancarlos López *** De terror Luis Alposta *** La mujer rubia Rebeca Montañez *** Tres poemas Francisco Pinzón-Bedoya *** Dos cuentos Mercedes Álvarez Gutiérrez *** Ocho poemas Cinzia Ricciuti *** Antes de dormir Sergio Rodríguez *** 5 sonetos de amor Javier Aguirre Ortiz *** Crónicas desesperadas de dos ángeles en Sodoma Alejandro Maciel *** Cavilaciones Oscar Iván Londoño Zapata *** ¿Un sueño en Viena? Juan Manuel Pérez Álvarez *** Al final del crepúsculo María Alejandra García Mogollón === Morir con los zapatos puestos Julia Elena Rial =================== El sentido de querer más vida le nublaba los ojos y le producía taquicardia. Miró a ambos lados de la calle, ¡ni un alma! Era lo mismo cada noche al salir de la facultad. Las sombras nocturnas perturbaban su tranquilidad, semejaban a un quinqué que sólo se encendía para llenar de fantasmas las siete cuadras que caminaba desde el trabajo hasta su casa. Había aprendido a sentirse acompañada con las luces de otros que también se acostaban tarde. Ella evadía lo circundante y se refugiaba en lo que llamaba “el camino del costado”, un relajamiento que la tornaba al paisaje de la infancia, a la tierra de sus padres, a las anécdotas de El Pirry, cuya palabra invocaba para pensar cuántas veces los personajes de sus cuentos morían de sustos prefabricados. Ese día no le parecía como todos, el ambiente escamoteaba el color de lo superfluo, el aire se sentía espinoso e incómodo. Empezó a caminar apurada hasta que oyó unos pasos junto a su espalda. La tensión la hizo correr. Quería vislumbrar ya las ventanas de su apartamento, pero éste se transformó en un móvil distante, en un espejismo. Un hombre provisto de un paraguas cruzó la calle y se le acercó a la vez que le decía: —No tema, señorita, no corra, yo la puedo acompañar. ¿Qué sería peor, aceptar o seguir sola? Mientras pensaba, el hombre emparejó su paso con el de ella y no le quedó más remedio que seguir nerviosa a su lado. —Relájese, todavía no he cometido el primer crimen —le dijo sonriendo—. ¿Vive lejos? Ella titubeó. —No, sólo a siete cuadras. Las camino todas las noches, estoy acostumbrada. Me gusta contemplar el cielo entubado, ver como la noche se sintetiza en un pedazo de calle donde nada sobra. Mientras miraba asustada las marchitas luces de los postes trató de seguir hablando, las palabras le salían pesadas, densas. Ella que le daba vida a las frases más simples, que entusiasmaba a su auditorio del taller de narrativa con expresiones familiares en armonía con las literarias, que representaba el mundo de las novelas como si fueran imágenes vivas, poniendo en juego su magnífico don verbal, no encontraba ahora las palabras mágicas. Sus cuentos fantásticos se transformaban esa noche en cuentos de terror. Ser escritora y andar sola de noche significaba poner dos veces la cabeza en la misma guillotina. Le hubiera gustado parafrasear esos temores que no estaban creados por su imaginación sino por ese exiguo instante de oscuridad, junto a un desconocido, en una ciudad de crímenes diarios. ¿Acaso el hombre no se daba cuenta de que era un incómodo huésped? Él la miraba esperando, tal vez, un guiño de complicidad, aprovechando las múltiples oportunidades que ofrece el juego nocturno. Tanto podía tratarse de un Hades, raptor de inocentes, como de uno de esos ogros compasivos que sólo existen en los cuentos de Andersen. Lo miró de reojo, su cara era una sombra poco perfilada. El cuerpo informe bajo una ancha chaqueta de “blu yins” A pesar de su falta de prejuicios el primer paso que imaginó fue el de la apariencia, es la mejor fábula para el que la contempla. Mientras elucubraba qué decirle para descubrir sus intenciones el hombre inició una conversación sugestiva y atemorizante. —Hoy en día es peligroso andar sola de noche, más aun a esta hora —miró el reloj—; ya son las once. Quedó callada. Su compañero lograba asustarla, a pesar de la voz pausada y tranquila. ¿Sería una voz fingida? Quién sabe qué se ocultaba bajo esa costra de espesa y sedada apariencia. Distraída con sus pensamientos tropezó con unas baldosas sueltas, aunque conocía de memoria sus huecos. Él la tomó del brazo, se le soltó de un sacudón. Por fin llegaban a la panadería; se alegró al ver las tazas puestas a secar y las últimas arepas recalentadas, bajo un retrato del Gato Galárraga que había sustituido en escalas sucesivas al de los presidentes del siglo XX. Casi seguro que el béisbol le evitaba al panadero confrontaciones políticas entre sus habituales clientes. Se sorprendió cuando su acompañante le dijo: —Disculpe, sólo quiero ayudarla. Usted sabe, la ciudad es un regazo salvaje que permite a sus hijos arañarse a cada rato. Muchos gozan y otros padecen. Le aconsejo que siempre mire a lo lejos para dominar el espacio y también cerca para ver a quien tiene a su lado. La conversación estaba tomando un giro distinto. Pura retórica, pensó, ese hombre sabía codificar la simulación, sin duda era un representante nato de este principio de siglo. El simple sonido de sus palabras le hería la atención, no lograba cautivarla a pesar de que él apelaba a su entendimiento, no sabía graduar el ritmo ni la seducción del tono. Después de esta noche interminable se prometió a sí misma disfrutar el elixir de la rememoración, desde luego sin magulladuras literarias. Debía estar alerta, no le convenía contravenir las aparentes reglas del juego, podía ser fatal desviar su atención del tipo que tenía a su lado. Poco a poco iba perdiendo la capacidad analítica, sus pensamientos soslayaban la situación inmediata. ¿Y si el hombre pretendía acompañarla para robarle? ¡Cómo no se le había ocurrido, era día de quincena! Esto sucedería en el mejor de los casos. Recuperó el espacio callejero al oír una voz que le decía: —¿Con quién vive? ¿Tiene parientes aquí? —Con mis padres y varios hermanos —mintió sin remordimiento—. Y usted, ¿vive con su familia? Tenía que retrucarle, el miedo aún no le había hecho perder del todo la agilidad mental. Contuvo la respiración para oírlo murmurar: —Vivo solo pero tengo parientes en las afueras de la ciudad. Dos soledades imaginó ella, cada una distinta y única. —La mía es todavía una mochila vacía, no tiene historia, pero sí la “hormona psíquica” de la imaginación de la que tanto hablaba Ortega —un morral abarrotado de ficciones que inflamaban su pasión latinoamericana. La sacó de su oración narrativa una luciérnaga que, desde un árbol, prendía y apagaba su faro amoroso. Trató de llamar la atención de su acompañante. —Mire el luminoso coleóptero, igual que los humanos, disfruta de una luz efímera. Sólo que en nosotros muchas veces lo fugaz es por lo inesperado que interrumpe el goce de la vida. El hombre la miró extrañado por sus palabras tan sugerentes. Le levantó la voz. —Por favor señorita, no se apure, ya vamos a llegar. El apresuramiento lleva por mal camino. Mire este negocio. ¡Hay que ver cómo cambia de nombre a cada rato! Hace unos meses se llamaba “El Pabellón de la Arepa”, ahora “La Covacha de la Arepa”, sin duda que las palabras indican una definición cultural. Pasaron junto a una vidriera iluminada, por primera vez pudo ver bien a su compañero: piel mate, ojos diáfanos, algo desgarbado. Aprovechó para echar un vistazo a la izquierda, más allá de su pareja no había nadie. Se palpó el cuerpo con un ademán de nerviosismo. De pronto recordó que esa mañana, en medio del apuro, no se había cambiado la ropa interior. ¡Qué vergüenza si la recogían herida o muerta y la desvestían para hacerle el reconocimiento médico! Se miró los mocasines vino tinto, los había comprado ayer. Imaginó el sortilegio de “los zapatos rojos danzantes”, los de ella no bailaban, pero ¿seguirían caminando? ¿La dejaría el hombre morir con los zapatos puestos? En todo caso al recogerla cualquiera se daría cuenta de que las suelas aún no habían perdido el barniz que lucen cuando están nuevas. Si la encontraban muerta, por lo menos quería salvar esa dignidad que entrelaza el vestido con el alma ausente del cuerpo. Se miró el cuerpo, ¡qué ironía! Vestía de amarillo, como el luto oriental. Era su color preferido. Si el hombre la mataba moriría con la solemnidad de un mandarín chino. Miró el cielo en busca de un pájaro que con su canto detuviera la mano asesina. No, eso no pasaría, ya no hay pájaros en una ciudad tan contaminada. ¡Qué lejanos le parecían los ruiseñores de sus escritores favoritos! Luego de la pesadilla imperial se imaginó tendida en una camilla de la morgue, frente a un saqueo de su “look”. Se repartirían el cinturón de cabretilla, la blusa de algodón y por fin, con dos dedos, tocarían los mocasines. —Son de cuero —dirían discretamente para no ser oídos, se los arrancarían sin consideración. Y ella ahí acostada, sin poder hacer nada. El contacto con el brazo del compañero la trajo a la realidad. Había empezado a contar de retro, estaba por llegar y apenas le quedaba su letra inicial: A. Extraña coincidencia, su prima Alicia y ella Alida, no quería pensar en finales parecidos. De pronto sintió un golpeteo en la espalda. —Usted sabe, he visto morir a personas poseídas por el miedo, relájese, la noche arropa pero no es mortaja —dijo remarcando el pronombre de un nombre que no le interesaba averiguar. Le faltaban dos cuadras y se sentía aterrada por tener que morir tan joven y con tantos proyectos por realizar. Se apoyó contra su acompañante. ¡Qué absurdo buscar protección en el enemigo! Ella nunca había dejado de ser un poco niña, veía el mundo en “cosmocolor”, solía tomar la vida en juego, por eso se entretuvo imaginando que las negras ventanas y las puntiagudas aristas de los edificios cobijaban a los personajes del castillo de Kronborg, pero allí no estaban ellos para protegerla, ni Holger, el viejo guerrero de piedra que desde las sagas impartía justicia. Si lograba salir con vida escribiría un cuento con este mundo de signos oscuros que, a pesar de ser cotidianos, no envolvían su intimidad. Trató de decir algo para romper el incisivo silencio. Tal vez el hombre estaba maquinando los sucesos futuros. Quiso hablar, al abrir la boca las letras se le confundían con los significados, las palabras chocaban atoradas unas contra otras y volvían a caer en un abismo de temores. Sentía una fuerte opresión en el pecho, ¡no era posible que vida y recuerdos se fueran a acabar porque un sádico iba a matarla! Sólo un sádico podía acompañarla siete cuadras hacia la muerte. Retomó la conversación a pesar de tener la garganta seca. La dicción le salió confusa al preguntar: —¿Qué hace usted a estas horas de la noche? —Voy a mi trabajo, soy reportero nocturno. Busco noticias y redactó artículos para un matutino, también coordino el tele crimen. —¡Mentira! —se dijo—, si así fuera no perdería el tiempo conmigo. El miedo iba en aumento. Trato de pensar en algo agradable. Recordó haber leído que la muerte es sólo el último dolor. Eso bastaba para destruir sus sueños cotidianos. Ella no había inventado ese mundo de mortandad, ni su problema provenía de conflictos interiores no resueltos. Era mucho más grave, se trataba de un desconocido que iba a matarla con premeditación y alevosía. Lo peor del caso es que no sabía cómo hacerle frente al riesgo, a pesar de vivir en un lugar y una época drapeados por peligros y muertes. ¿Qué hacía cada noche sino morir un poco en ese recorrido de siete cuadras? Probablemente no sería la única, había muchos en la ciudad que no morirían en la cama. Ya, basta de torturarse, ¿y si en realidad se trataba de un periodista que quería ayudarla? Lo imaginó afín con su pensamiento, seguramente leería no con la curiosidad de mero lector sino componiendo los rostros que describían las palabras. Cerró los ojos e imaginó la página roja, se transformaba en imágenes detrás de sus párpados. Se avergonzó al darse cuenta de que el dolor de otros no llegaba a conmoverla tanto como este que estaba alterando su rutina diaria. Miró de reojo a su vecino, los zapatos gastados, caducos. El bolsillo derecho abultado, debía esconder algo que tanteaba de vez en cuando. Bastaba un simple cuchillo bien afilado. Un escalofrío le invadió el cuerpo. Pasaron junto a un rincón oscuro; la noche renueva su vida en las sombras o besa a los que parten para no volver nunca más. Le flaquearon las piernas, el miedo se asemejaba a un maleficio inevitable. Si pudiera correr, huir hacia algún sitio donde una muchedumbre la protegiera. Su corazón de veintiocho años latía intermitente, una cuadra y llegaría, aun así no podía esconder el pánico. Percibió una voz lejana: —No me escucha, ¿en qué está pensando? Creo que llegamos. Lo miró asombrada, él sabía cuál era su apartamento. Sí, seguramente la venía observando desde tiempo atrás, la vigilaba y hoy decidió matarla. El hombre esperaba tranquilo con la mano en el bolsillo mientras ella hurgaba nerviosa el pequeño bolso. Tanteó un lápiz labial y el bolígrafo descartable. Se ensució los dedos con la tiza antialérgica, allí estaba el “blush” y el sobre con la quincena, ¡una miseria! Por fin encontró la llave, trató de meterla en la cerradura, una vuelta era suficiente para que al espacio oscuro de la calle le sucediera el iluminado del vestíbulo; otros días abría la puerta en un santiamén, ahora no acertaba, la mano le temblaba demasiado. El hombre se dio cuenta y le reclamó: —Vamos señorita, déme —le quitó la llave—, yo le abro. El desconocido creaba la urgencia que sus deseos le imponían; parecía contrariado por la intromisión de ella en su realidad o tal vez en el juego de sus sueños nocturnos. Mientras él abría los hierros, el terror la llevó a incrustarse la yema del pulgar en la uña del dedo del corazón, el noble músculo acusó el agravio y al instante se contrajo en un movimiento involuntario. Mientras tanto el cielo se tornaba tormentoso y a ella se le acababa el tiempo de jugar con la realidad. Se sintió paralizada, tanto que no percibió las gruesas gotas que caían en el umbral. Disfrutaba el todavía existir cuando el filo de una hoja de periódico, arrastrada por el viento, le veló la cara; al instante cayó de espaldas sobre el granito del portal. Todos los sonidos cesaron de golpe. Rómulo la miró incrédulo. Sintió que los perfiles de los edificios lo envolvían y asfixiaban. La sacudió, le palpó la carótida, nada, estaba muerta. Se dio cuenta de que ni siquiera sabía su nombre. Recogió un zapato que se le había salido y se lo volvió a poner. ** Julia Elena Rial majusa@cantv.net Escritora y docente argentina (Tandil, provincia de Buenos Aires). Reside en Maracay, Aragua (Venezuela). Profesora de castellano y literatura en el Instituto del Profesorado de Buenos Aires. Estudió filosofía en la Universidad de Buenos Aires e historia de las ideas latinoamericanas en la Universidad de Chile. Se especializó en literatura latinoamericana en la Universidad de Chile y cursó la maestría en literatura latinoamericana en la Universidad Pedagógica de Maracay. Ha publicado el cuento "La fábula rota" y los ensayos El esperpento en Tirano Banderas de Valle Inclán, La poesía social de José Martí, Las masacres: ortodoxia histórica, heterodoxia literaria (premio de ensayo Miguel Ramón Utrera 1998) y Constelaciones del petróleo (2002). En publicación Memoria e identidad en José León Tapia y el ensayo Identidad, memoria y olvido (mención de honor en el premio de ensayo Augusto Padrón 2005). Colaboradora de la revista brasileña Hispanista. Jurado del premio de ensayo Augusto Padrón 2001 y del premio de ensayo Marita King 2005. Dicta talleres sobre narrativa del petróleo y ensayo en Maracay desde 2002. === El espejo y la memoria (extractos) Gustavo Solórzano Alfaro ====== *** Haikú para las aves El ciruelo florece, el ruiseñor canta; pero yo estoy solo. Kobayashi Issa Sombra del sueño, caemos hacia el alba: ágil delirio. Tu nombre canta las sílabas finales de aquel silencio. Ahora el aire parece diminuto: una mariposa. Si el viento calla, la montaña empieza a cantar en la noche. Te vi desnuda: tu mano reposada... y tu cintura. Caen las hojas, el tiempo detenido: serenidad. Aunque no muera, mi camino está listo: el sueño aguarda. El frío cae, mis rodillas lo saben y desesperan. Hoy lo presiento, mañanas de verano y una paloma. La rama añeja se desprende en el aire y tu risa aparece. Nada es tan fácil cuando el viento arrasa tus labios secos. Las nubes solas, y tus viejos jardines rompen el cielo. Hoy estoy solo: lejos del aire frío brilla tu risa. Busco secretos en la fugaz tormenta de nuestros miedos. Aspiro lienzos donde pintar el fuego que nos embriaga. Las estaciones: pequeñas dagas rojas inalcanzables. Si el cielo calla robaré tus silencios para alcanzarte. La suave lluvia amaina los segundos: todo está en calma. El árbol roto es aquella ventana en la que bailas. Las verdes ramas acallan el crepúsculo y nada importa. Los nidos viejos son esquirlas húmedas de liviandad. La noche viene. Mis temores empiezan: la inmensidad. Cuando descansan, las aves son espejos del infinito. El viento sopla. El día soleado. Mis ojos lloran. Si nadie aguarda, el tiempo llegará contra las nubes. En la mañana observo el cielo oscuro: la brisa pasa. Veo pájaros que en su vuelo inventan la eternidad. *** Lugares La ventana se ladea ante la sombra. Tu nombre se pronuncia en la distancia. ¿Dónde podremos llegar si el mundo calla? Mi mano se posa en tu silencio. Sé que hay lugares para amarte de nuevo y olvidar. *** El enterrador Aquí yace la sombra: allá la duda, allá el misterio, más allá los tejados, las montañas. Y allá, mucho más allá de donde el tiempo imagina, las mañanas y el espejo de otros nombres y otras sombras. ** Gustavo Solórzano Alfaro gsolorzano9@gmail.com Poeta, ensayista, profesor y editor costarricense (1975). Creador de la revista de teoría y crítica de literatura y artes Fijezas. Actualmente es el editor de la editorial Euned. Ha publicado los poemarios Del sudor de tus ojos (Líneas grises; San José, 1994) y Las fábulas del olvido (Euned; San José, 2005). === Frente al televisor Scott A. García P. =========================== Veo a través del umbral de su habitación, puerta entreabierta, y no sólo veo, mucho más, en silencio expongo mi rostro y con él mis ojos y mis sentidos al aire húmedo y melancólico que expele su aposento, habitado sólo por ella, en la más absurda soledad. Está parada allí, una vez más y no se percata; los pies descalzos bien plantados sobre el vapor de su alfombra, sus pequeñas rodillas de adolescente con la prominencia de naranjas cortadas a la mitad. A medio muslo comienza la onda suave del vestido con que pasa día y noche, su pijama, puesta a punto para las galas a las que no asiste ni dormida ni despierta. Subo la mirada hacia sus diminutos pechos, pueriles bajo la delgada tela, que bien podrían pertenecer a una niña como a ella; seguidamente su cuello, largo y débil, hundido a la mitad y palpitante; su aguzado mentón; labios anegados de savia; la maraña de sus cabellos negros cansados de dar vueltas en la cama con la misma presencia, o mejor, con la misma ausencia de sus noches y sus días aun más nocturnos, y, finalmente, sus ojos, sin más, hermosos, fijos en un solo objeto donde ella se pierde y parece no encontrarse cada vez que la observo. El televisor apagado refleja su rostro. Como fuente de energía utiliza una aguja de luz que se filtra entre las láminas debidamente cerradas de la persiana y llega a la habitación para iluminar lo poco que puede. En la pantalla negra, inánime, sin estática, ella observa sus facciones borrosas en tonalidades grises, y vienen éstos a ser los grises que le brotan del alma inundando la pared frontal de aquel aparato cúbico que no es más que la puerta del mundo en que ella vive. Divisa sus ojos reflejados y cree ver los de otra persona, no se reconoce en lo que ve, parece pensar que hay alguien del otro lado de la pantalla que le muestra la tristeza y el desconsuelo. Son tales sus pensamientos que no abandona su cuarto en ningún momento. En la semana que ha transcurrido desde su llegada a la pensión, sólo se la ha visto salir dos veces a recibir llamadas telefónicas de su madre y, cada vez, luce más desesperanzada y desarreglada. Nadie sabe por qué está aquí, sólo se le oyó la voz el día en que llegó pidiendo un cuarto sin especificar la fecha de su partida. También se sabe que deja casi toda la comida que se le sirve, que pasa gran parte de sus horas llorando, con la evidencia de los gemidos de dolor que escapan de esas cuatro paredes, y que se mira abobada frente a un televisor apagado. Han transcurrido dos días. Vuelvo a transitar por el corto corredor de la pensión. Toco a su puerta, esta vez cerrada, yo, bandeja en mano, sobre ésta pan tostado y jugo de toronjas. Apenas toco, la puerta se abre y vuelvo a verla, absorta en la contemplación de sí misma en el reflejo oscuro que le proyecta una televisión a oscuras, y ahora me impresiona alguien que quiere verse y no verse al mismo tiempo, entonces opta por verse a medias; con el instinto ardoroso de conocer quién es y qué quiere de sí y, por otra parte, el yugo de lo que le ha tocado vivir que la reprende. Me hago notar ante ella golpeando sobre el marco de madera, entonces se da cuenta de que estoy ahí con el desayuno y me mira. Ha estado llorando, o tal vez no ha parado, lo veo en sus ojos notablemente hinchados. Un simple gesto bastará para que yo deje la comida que no comerá sobre la mesa de noche y me marche. Estando en la cama no he podido dejar de pensar en ella. Qué le habrá ocurrido en los días previos que la ha dejado así. Recreo escenas en mi mente: la imagino desgarrándose de pena frente al televisor con la pantalla en negro y muda, insiste en ver su rostro incansablemente y no lo consigue, más bien no sabe si lo quiere; sus pupilas se dilatan más y más y, como musgos, buscan esa gota de luz que les dibuje un mapa de la persona que es hoy, pero no sabe si tiene el coraje de confrontarse y mantenerse en pie ante eso. Me he solidarizado con sus cuitas, al punto de no lograr conciliar el sueño. La noche me dejó una idea, y es ésta y no la otra la que busca redimir a esa mujer, puesto que en su existencia siempre es de noche, por muy mediodía que sea. Emprendo el camino que conduce a su puerta y, trémulo, latidos desbocados, allí estoy, atado en cuerpo y espíritu a cada lágrima que ella llora frente a aquel aparato que no prende. Deslizo por debajo de su puerta lo que le he traído: carencia de su habitación, en las pensiones económicas puede faltar cada cosa. Golpeo con mi puño sobre la madera para llamar su atención y que ella pueda divisar el objeto. Hecho todo esto, me sorprende mi limitada creatividad para dar solución a problemas de este tipo, por mucho que me desvele. Amanece de nuevo y no hay noticias de ella. Se habrá ya dado cuenta de que su televisor está dañado. Creo que la pobre aún no ha intentado encenderlo, y, si lo ha hecho, no se ha tenido parte de su queja. Conmoción universal, asida con fuerza la maleta, ella sale de su alcoba, ahora vestida más apropiadamente, aunque sin esmeros. Se dirige a mí y dice que se marcha, que cancela su cuenta en la pensión. Sus ojos hermosos aún no se recuperan, se los enjuga frente a mí; está muy triste todavía, pero se va, está decidida a ello. Yo la despido sintiéndome impotente, en el fondo, por verla en tal estado. Entonces ella se da la vuelta, camina un poco hacia la entrada de la pensión que ahora es la salida, y se detiene. En este momento sólo le quedan su ser y su maleta; seguro que ésta alberga el espejo que, anónimamente, le he regalado. Desorientada, un pie junto al otro en la salida, pero aún adentro. Se le inunda la mirada. Cuando dé el primer paso estará afuera, y sentirá la luz y el calor del sol sobre su frente. ** Scott A. García P. desert_rain7@hotmail.com Músico y escritor venezolano (Maracaibo, Zulia, 1983). Médico graduado de la Universidad del Zulia (LUZ, http://www.luz.edu.ve, 2007). Con estudios musicales desde la infancia, ha formado parte de la Orquesta Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela, con la que acompañó al Papa Juan Pablo II en su visita a Venezuela en 1996, y de la Orquesta Sinfónica del Zulia. Junto a ambas instituciones realizó giras por varias ciudades de Colombia y Brasil. Durante esos años se formó también en historia de la música, lenguaje musical y fundamentos de armonía. Ha obtenido el primer lugar en el Concurso de Cuentos “Las formas del Lago”, a nivel regional, con el relato “Lago de lágrimas”, y una mención honorífica en el Concurso Día Mundial de la Francofonía con el cuento “Je voulais seulment trouver les fées”. === Poemas José Ramón Huidobro ======================================= *** Arcada de tubería Cuando se mira al espejo no contempla un poeta sólo un hombre sin afeitar evita los ojos se pasa la cuchilla palpa cicatrices el desagüe traga jabón milimétricos pelos la corriente de la rutina arcada de tubería cuando el espejo le mira observa a un hombre frotando el vacío llagas en los dedos huellas de grito chirría un nombre en el cristal el grifo se desangra poesía de usar y tirar *** National Geographic Hoy vi en el National Geographic la foto del vuelo de una hoja su sombra proyectada en el suelo silueta del crimen a punto de cometerse delata a la Belleza asesina con estilo *** Hombría Hay que ser muy hombre para soportar la belleza Antonio Gamoneda Cuánto tiempo puede mantenerse la mirada fija de un niño al que se le ha salpicado con sangre sin mamar Cómo no fugarse de la amante repudiada en la habitación de las pupilas colapsadas a punto de explotar Hay que sacarse los ojos si alguien deletrea el miedo a los fantasmas desaparecidos en noches de claridad Puede el cielo del atardecer matar a un ciego que se defiende del vacío con un aguijón descargado Es carnívora la belleza de las mujeres que cobran por desnudar en una esquina con sus sexos cuchillos Existen los hombres domadores los pechos fortalezas manos que calmen el silencio de una lápida sin llorar *** El patio interior Una tela de araña invisible entre las cuerdas de tender punto de mira de francotirador apunta al tanga transparente de la vecina del primero tiro errado contra el suelo se encasquilla la pinza se le caen de los dientes calzoncillos exprimidos pierden el equilibrio revientan contra las tejas del patio cementerio araña arrinconada teje una salida huye de la polea con dientes las golondrinas chillan en el patio interior *** Valium Leo las contraindicaciones del valium no dice nada acerca de la soledad son comprimidos muy pequeños nunca los probé ni siquiera quería que me lo recetaran hoy no podía dormir me acordé de esas pastillas en el botiquín de emergencia me dio por pensar lo que fui está muy lejos lo que seré es el vacío miro la cama vacía sin olor a mujer conocida arenas movedizas que me tragan en esta noche insoportable ordeno las capsulitas en fila india y me pregunto cuántas son necesarias para el sueño definitivo mañana sería un cadáver relajado vendrían amigos a curiosear ** José Ramón Huidobro jramonhuidobro@telefonica.net Poeta español (Madrid, 1966). Ha publicado Africano (Colección Baños del Carmen, Ediciones Vitruvio, 2002), Los amantes de Coriolis (Colección Helado de Mamey, Ediciones Amargord, 2005), (no sólo) palabras para la Paz, antología VV.AA (Ediciones Amargord, 2004) y Sleeping train (Ediciones Amargord, 2007). Mantiene una bitácora personal en http://sleepingtrain.blogspot.com. === Origami para principiantes Juancarlos López ====================== Sobre el escritorio al lado de la computadora colocó la figura de un pájaro en origami. En los dobleces del papel no se podía percibir los papeles que antecedieron, como intentos absurdos y equivocados, tratando de cobrar vida en las manos del principiante del origami. Quizás en lo arrugado del pico, en lo manoseado de las alas se podía intuir un cierto desgaste del papel, si se miraba muy de cerca con la ayuda de una lupa o gafas con bastante aumento. Pero una persona distraída y con poco interés no se daría cuenta de que aquel pajarito de papel era el último, o mejor dicho el primer y único sobreviviente de una larga cadena de papeles mal doblados, que llegaron a ser meras bolas arrugadas en el fondo del bote de basura. Las noches no fueron pocas, los desvelos y la preocupación fueron más, pero finalmente cada doblez quedó en su sitio y dieron un pájaro geométrico, lleno de ángulos, producto de un diagrama, pero pájaro al fin. No se sabía qué clase, familia o país de origen, pero la forma triangular del pico y lo casi rectangular y puntiagudo de las alas, apuntaban a que aquello era pájaro, sin duda alguna, y no pez, reptil, mamífero, insecto o flor. La mano no bien dejó la pequeña figura cuando el temblor de los dedos dejó el disimulo y la frente del hombre babeó puntos de sudor. Volteó la cabeza en todas direcciones y el conserje no lo vio. Al fin, después de todo, la impresionaría, llamaría su atención y probablemente a la hora del cigarrillo de las dos y media de la tarde, ella le permitiría invitarla a un café. Salió de la oficina revisando en su mente cada uno de los pasos del plan que había preparado para dejarle el detalle de papel. Primero, esperar que todos salieran de la oficina; segundo, disimular que estaba trabajando en algo atrasado e importante; tercero, velar que el empleado de limpieza estuviera lejos del cubículo de ella; cuarto (a), sacar el pajarito de papel sin que se rompiera o lastimara alguno de los lados; cuarto (b), escribir con cuidado su nombre en alguna de las alas, tal vez en la derecha o en ambas dividiendo el código de área en una y el resto de los dígitos en otra; quinto, acercarse al escritorio de ella cuando el empleado estuviera sacando la basura; sexto, colocar el origami al lado del teclado de la computadora, con el triángulo del pico en dirección de la taza de café vacía; séptimo (a), regresar a su escritorio; séptimo (b) quejarse del trabajo; séptimo (c) procurar que el empleado de la limpieza escuche la queja; octavo (a), bostezar; octavo (b) intercambiar algunas palabras con el ya mencionado empleado; noveno (a), en la conversación dar señales de cansancio; noveno (b) comenzar a recoger para salir; décimo, salir de la oficina y repasar los pasos anteriores del plan incluyendo el décimo. Esa noche, llegó a su apartamento para prepararse su comida congelada en el microondas. Comió sin gran entusiasmo sentado en la sala con el televisor apagado. Luego del baño abrió una botella de carménère cosecha 2003, se sirvió en una copa manchada por sus propios dedos y comenzó a beber. No es que él sea un conocedor de vinos, pero la ganó junto con una canasta que incluía quesos y frutas, en un sorteo que hicieron en la oficina en la fiesta anual de Navidad. Se bajó poco más de media botella sin saber de degustación, aromas o cepas, solamente tuvo deseos de beber y bebió hasta que el cansancio y el sabor del vino le abrumaron los ojos y entendió que tenía que acostarse. En la cama cuando restaban algunos segundos antes de cerrar por completo los párpados y entregarse al sueño a todas sus anchas, llegó a su mente la imagen del instante en que colocó el pajarito de papel sobre el escritorio. ¡Mierda! Fue lo próximo que dijo. Volvió a recrear en su mente la serie de sus movimientos al menos cuatro veces más y cada vez se hacía más claro, más evidente el error cometido. ¿Cómo pude fallar después de tanto tiempo planificando los pasos, de practicar los gestos? Perdería, tal vez, la oportunidad de su vida. Entonces como si su mente tratara de rebelarse en contra de él, apareció en sus oídos la conversación que casualmente oyó en el cuarto de las fotocopias, cuando ella le comentaba a una amiga lo maravillada que quedó por la pequeña exhibición de origami del periodo del Shogunato Tokugawa en el museo del centro. Hablaron sobre las manos de aquellos magos y artistas del papel, sobre la paciencia y la dedicación que se requería para los dobleces. También comentaron algo del tiempo libre que debieron haber tenido para hacer todas las figuritas. Pensó y tuvo la idea de comprar un libro sobre origami para principiantes, hacer alguna de las figuras y regalársela a ella para conseguir un poco de su atención, y ¿por qué no?... una cita aunque fuera un café. La mano se alejó de las alas de papel, pero los ojos, posiblemente por los nervios, por el empleado, no se percataron de que las manos habían colocado el pájaro sin haberle escrito el número telefónico, sólo su nombre. Ya era demasiado tarde para regresar a la oficina, cualquier excusa que diera al guardia de la entrada sería motivo de sospecha. No podía creer que hubiera cometido tal estupidez. Los deseos de dormir desaparecieron, el origami aparecía en su mente riéndose, aleteando sobre su cabeza diciéndole lo inútil que fue, lo idiota. Necesitaba descansar; ya mañana solucionaría el problema. Quizás ella se daría cuenta y entendería todo el mensaje, pero... ¿y si no? No era posible continuar de este modo. Fue al baño y en el botiquín buscó unas pastillas para dormir y colocando la boca en el grifo del lavamanos se tragó tres. Regresó a su cama y después de quince minutos los párpados comenzaron una vez más a juntarse para llamar a gritos las uñas sucias y roídas de Morfeo. No sabe cuándo en la noche sintió un aire frío que le tocaba la cara y despertó, aún con el sueño entre los dientes, y notó que su ombligo estaba expulsando aire. Se pasó los dedos y sintió el aire rozarle suavemente la piel. Tuvo la sensación de que se hacía más liviano. —Creo que me estoy vaciando —pensó por un instante, pero lo dio por un sueño, cerró los ojos, se acomodó debajo de la sábana y continuó durmiendo. Estaba soñando con algo de su infancia, cuando su cuerpo entendió que pronto tenía que despertar para ir a la oficina. Trató de abrir los ojos y no pudo. Los brazos, aunque los sentía por completo livianos, no los podía mover. El sueño desapareció; despierto con los ojos cerrados y sin poder mover su cuerpo, no sabía qué hacer. Pensó en el historial médico de su familia: una tía con epilepsia, una abuela y el padrino con diabetes y asma, un primo lejano con osteoporosis, un hermano con gonorrea y un sobrinito con piojos. Pero nada de parálisis o cosa que se pareciera. Entonces trató de concentrar todas sus fuerzas para abrir los ojos y nada resultó. Decidió después de mil intentos y pensamientos no hacer nada y esperar que así como apareció aquel ataque de parálisis así mismo desapareciera. Sin percatarse cómo, comenzó a ver por el ojo derecho, aunque lo único que podía ver era la punta de un bolígrafo azul. Creyó por un instante que era algún tipo de visión, sueño o síntoma propio de la parálisis. Pero de repente dejó de ver el bolígrafo y apareció en el ojo izquierdo. Con los párpados arriba intentó de ver más allá pero todo se veía demasiado borroso. Entre tanta claridad todavía podía percibir la silueta oscura de la punta del bolígrafo como la sombra que se queda cuando se mira directo al sol. La vista no se acostumbraba a ver después de tantas horas. Ahora el problema (como si la parálisis no fuera suficiente) era que no podía parpadear. Por más que empujaba los párpados no se cerraban, forzaba todos los músculos de la cara sin lograr ningún resultado. En uno de esos intentos la vista se acostumbró a la cantidad de luz y pudo observar las manos de ella sosteniendo entre los dedos el bolígrafo azul. Con la otra mano se llevaba la taza de café humeante a la boca. Y con los ojos perdidos en todas las direcciones vio el teclado de la computadora, el resto de los cubículos, la puerta del cuarto de fotocopias, su escritorio vacío y una vez más el rostro de ella. Una amiga se acercó a ella y comenzaron a hablar. Él, mirándole la boca, creyó entender algo parecido a su nombre, pero su habilidad para leer labios era muy limitada por no decir inexistente. Ella lo tomó entre las manos, riéndose a todo dar cuando pasó delante del monitor, él con el ojo izquierdo, se dio cuenta que tenía pico y alas de papel. Con frustración y mirando rápidamente su ala confirmó que había olvidado escribir su número telefónico. Entonces ella lo tomó entre ambas manos y comenzó a convertir el pájaro en una bolita de papel arrugado. Después de varios movimientos circulares con las palmas de la mano las líneas y la geometría se contorsionaron en estrujadas insinuaciones esféricas y lo arrojó al bote de basura. Las alas dejaron de ser alas para mezclarse con el pico y el resto de la anatomía; uno de los ojos quedó casi al descubierto detrás de un doblez defectuoso. Así logró ver cómo la amiga se despidió para hacer sus cosas, ella regresó a trabajar con la computadora y él no pudo cerrar el ojo. ** Juancarlos López jotacelopez@gmail.com Escritor puertorriqueño (Hatillo, 1979). Estudiante graduado de español y portugués en la Universidad de Texas en Austin (http://www.utexas.edu). Además de publicar en varias antologías y revistas, ha escrito un libro de cuento titulado Bestiario de caricias y una novela inédita, El último viaje del Buraq. === De terror Luis Alposta =========================================== *** El extraño caso El inmortal libro de Stevenson, escrito a fines de 1885, es una alegoría moral narrada como historia de misterio, en la que los dos extremos, el bien y el mal, se unen en una sola persona. En la de un médico que descubre una sustancia química capaz de transformarlo, primero a voluntad y después incontroladamente, en un monstruo. En un monstruo o una sombra que no es más que su otro yo y que termina por destruirlo. Una sombra que asume todo lo oculto y abominable de su alma. La atracción de este pequeño libro está en esa conciencia dubitativa y vacilante del lector. Cada uno de nosotros es el doctor Jeckyll. Y, también, cada uno de nosotros es mister Hyde. Y ahora repasemos esa historia en los catorce versos de un soneto: El extraño caso... Entre alambiques juntó experiencia y halló el brebaje del bien y el mal. Hoy a babuchas de su conciencia va el homo sapiens y el animal. Ya no es el mismo su consultorio. Ya no hay pacientes que visitar. Ahora es adicto al laboratorio y hay un cadáver en el placard. Su yo y su sombra se han separado. Es el galeno o el depravado. Son los dos puntos que lleva adentro sin darse bola y ese es el guay. Y en la constante del desencuentro va el doctor Jekyll con míster Hyde. *** Jack the Ripper Extrañas e ingeniosas teorías tendientes a esclarecer el enigma de la identidad de Jack the Ripper o Jack el Destripador, terminan diluyéndose entre las brumas londinenses y las de nuestro Riachuelo, dado que hay quienes sostienen que el mencionado asesino serial vino a terminar sus días entre nosotros. En todo caso, no ha sido el único, ya que la criatura del doctor Frankenstein también barajó la posibilidad de autoexiliarse en estas latitudes. Ambos, bien podrían considerarse hoy como un antecedente ilustre del tan temido basurero nuclear. Los crímenes atribuidos a Jack the Ripper ocurrieron en el corto período que va desde el 31 de agosto al 9 de noviembre de 1888, y eso le bastó para ser uno de los asesinos con más prensa durante todo el siglo XX. Los hechos ocurrieron en un suburbio londinense en el que vivían desocupados, inmigrantes indocumentados, prostitutas y curdelas, es decir, un suburbio habitado por gente enferma porque era pobre y que cada día era más pobre porque estaba enferma. Las víctimas eran prostitutas y, según los riperólogos, que los hay, no fueron más de cinco. El nombre de la primera fue Mary Ann Nichols, que fue encontrada degollada y con mutilaciones en el abdomen. Se dice que Jack the Ripper, en su afán de averiguar la vida interior de sus víctimas, recurría al bisturí sin más trámite. Jack the Ripper Soy fino, pulcro y muy ordenado. Visto de oscuro y salgo los martes. Sólo Picasso me ha interpretado: yo a las mujeres las quiero en partes. Mi gran orgullo es mi maestría (que no se dio por casualidad). Yo fui ayudante de anatomía. ¡Lo mejorcito en la Facultad! Por lo que sigue no se me asuste. Soy Jack the Ripper pa’ lo que guste. Ya pasó un siglo y de cuando en cuando si vuelvo al yeite de destripar, es porque busco seguir zafando y hacerle un corte a la Scotland Yard. Soy fino, pulcro y muy ordenado. Visto de oscuro y salgo los martes. Sólo Picasso me ha interpretado: yo a las mujeres las quiero en partes. *** Tango del vampiro En el lenguaje popular se llama vampiro o chupa sangre al que explota el trabajo del otro y al mismo tiempo toma sus recaudos para que el otro no pueda explotar. Viene a ser la otra cara del que labura noche y día como un buey. La cara oculta —o no tan oculta— del que vive de los otros, del que afana y el que curra, y para el que no parece existir la ley. Pero hoy vamos a referirnos a otro tipo de vampiro. Recordaremos al conde Drácula, el inmortal personaje de Bram Stoker. Drácula es una palabra de origen rumano, que tiene dos significados: puede ser “drac”, diablo, o “dracul”, dragón. Este personaje, desde su nacimiento literario, en 1897, ha originado numerosos estudios, ha sido llevado muchas veces al cine y ha gozado siempre de muy buena prensa. A través de los años, se ha ido perfilando hasta lograr una personalidad tan definida que, más que un espectro, hoy se nos puede antojar como un viejo conocido. Alguien que se ha ido metamorfoseando hasta convertirse en un personaje tan digno, dentro de su desgracia, tan aparentemente real, tan terrorífico y cruel a la vez, que hasta nos da pie (un pie muy pálido, por supuesto) para que lo tratemos con humor. La astucia del conde Drácula es proverbial. Si alguna vez se le aparece y le dice que le amará hasta la muerte, tenga por seguro que se refiere a la muerte suya y no a la de él. Recuerde que detesta la luz del día y el olor del ajo. A Drácula y a Lucy, la más conocida de sus víctimas, acabo de llevarlos al tango: Tango del vampiro Escucho a un fueye que me asegura que ya es de noche y es noche oscura. Hoy su rezongo suena a sirena que está anunciando que hay luna llena. Éste es el tango que con voz ronca le canto a Lucy al salir del jonca. ¡Lucy! ¡Mi Lucy! Que no hay collares con que se oculten tus yugulares. Desde hace siglos no siento el hambre y hoy sólo quiero beber tu sangre. ELLA: ¡Conde! ¡Mi conde! ¡Mi amor prohibido! Ya desde el día en que la has bebido mi sangre toda te corresponde. Si me has herido, mi flor de anemia no es esta noche lo que me apremia, sino la llama que has encendido. Si algo me quieres, sólo por eso, abre la boca con que me hieres y hoy dame un beso. El mismo fueye, como si hablara, me está diciendo que es noche clara. Ya no es rezongo, ni es la guadaña. Ni es esa historia de Transilvania. Éste es el tango con voz quebrada que ahora le canto a mi enamorada. ¡Pero carajo..! ¡Pero carajo..! ¡Quién trajo el ajo..! ¡Quién trajo el ajo..! ¡Tan justo ahora, que sin collares Lucy me muestra sus yugulares! *** Cuartetos para un ahorcado Dicen que fue en el árbol del pasado donde colgó la soga del recuerdo. ¿Filósofo, poeta, loco o cuerdo? Nos pregunta su sombra desde el muro. Sólo sé que vistiendo traje oscuro, ciñó a su cuello el lazo, suavemente, dejó caer el banco del presente y le sacó la lengua a su futuro. *** Frankenstein En la novela Frankenstein, escrita en 1816, cuando la Criatura le pide a su creador que le haga una novia, lo hace con estas palabras: Estoy terriblemente solo, nadie quiere compartir mi vida; es imposible que nos separemos sin que prometáis concederme lo que os pida. Sólo una mujer tan monstruosa y deforme como yo estaría dispuesta a concederme su amor; una mujer que fuera en todo semejante a mí, que poseyera incluso mis defectos. Si aceptáis otorgarme lo que os suplico, nunca, ni vos ni cualquier otro ser humano, volveréis a verme. Me estableceré en las enormes tierras deshabitadas de América del Sur. O sea que, si la Criatura, a la que solemos llamar Frankenstein, le echó el ojo a la Patagonia, bien pudo haber cantado por milonga estos versos: Frankenstein Entre el horror y el espanto hago de mi grito un canto: Mi drama es no tener madre y ser engendro de un padre que ahora reniega de mí, y aunque sin nacer nací sin tener siquiera un nombre soy sólo un remedo de hombre, un muñeco desdichado, y si fui galvanizado por mi padre Frankenstein, en tangótico vaivén, hoy lo que más me subleva es ser un Adán sin Eva, tener prohibido el nosotros y ver amarse a los otros. ¡Ver cómo comen perdices y yo con mis cicatrices! Es por mi figura horrible que nunca seré querible; y hago de mi grito un canto entre el horror y el espanto: Mi drama es no tener madre. ¡compadre! *** Del diario de Víctor Frankenstein En la bulliciosa calma de un mundo que ahora es mi celda se escucha un trueno que suelda la tierra con lo infinito. Luego el viento como un grito, como un divino reproche, pone a la calma su broche y anuncia la tempestad vejando a la claridad que se enluta con la noche. Dejo constancia en mi diario que en éste, mi consultorio, que ahora es un laboratorio, hecho de humanos despojos acaba de abrir sus ojos quien con macabra figura nació de una sepultura. Mi nombre no le daré. De aquí en más lo llamaré: ¡La Criatura! Escribo esto en una siniestra noche en que mi obra ya está lista y mi sueño ha perdido todo atractivo. Una repulsión invencible se apodera de mí. *** A una sombra del 1500 Benvenuto Cellini nació en Florencia en el 1500, y se inició como aprendiz de orfebre a la edad de 15 años. Fue discípulo de Miguel Ángel durante corto tiempo y llegó a ser un destacado escultor y uno de los grabadores y orfebres más importantes del Renacimiento italiano. A los 16 años tuvo que exiliarse en Siena a consecuencia de su apasionado temperamento que lo llevaba a involucrarse continuamente en duelos y peleas. Sus Memorias no sólo ofrecen un retrato valioso de la vida política, social y eclesiástica del siglo XVI, sino también un ameno relato de sus huidas, aventuras e intrigas. Considerado como un prototipo del hombre del renacimiento, Benvenuto Cellini fue alguien que, al mejor estilo de los cuchilleros de Borges, supo cargar sobre sus espaldas más de una muerte. Tenía su taller de orfebrería en el Ponte Vecchio, sobre el río Arno. Por sus aires lunfardos y a falta de un tango que lo recuerde, valga este soneto que escribí en Florencia en 1975: A una sombra del 1500 En la ciudad en que la flor del lirio es emblema y el Arno la atraviesa, creo ver una inmensa fortaleza concebida entre el arte y el delirio. Allí perdió el infierno su secreto y Boccaccio escribió el Decamerón. Y sabe Dios al pie de qué balcón Petrarca a Laura le leyó un soneto. Es en esa ciudad, cuando oscurece, que sobre el Ponte Vecchio me parece ver entre sombras la crispada mano. Pero el día me vuelve a la certeza. El buril o el cincel ya no interesa y hay un puñal que está aguardando en vano. *** “...Que te sacarán los ojos” “Cría cuervos y te sacarán los ojos”, dice un antiguo refrán. Caracterizado desde siempre por la rapiña y la astucia, el cuervo nos trae, inmediatamente, la imagen de un ave siniestra revoloteando sobre la presa indefensa. El cuervo tiene el triste privilegio de haber iniciado una casta que lleva sobre sus alas una maldición divina. La casta de los pájaros de mal agüero. Edgar Allan Poe, en su conocido poema, nos presenta al cuervo como símbolo de la muerte. “...Que te sacarán los ojos” Yo también tengo un cuervo en la sabiola revoloteando en ella noche y día, que cada tanto y sin pasarme bola me dicta alguna negra poesía. Lo crié de pichón. ¡Flor de gilastro! Y ya ves... hoy, metido a poetastro, le pido en verso que me deje en paz. Y el muy turro, creyéndose Allan Poe, abre el pico, sabiendo que me jode, para sólo decirme: “Nunca más”. *** Angiolieri Cecco Angiolieri nació en Italia en el año 1260 y murió en el 1313. Fue un poeta de estilo personalísimo: amargo, burlesco, lapidario. Poseedor de un humorismo y de una ironía que lo llevaban a caer fácilmente en el sarcasmo. Realista; gustaba de abordar temas profanos. Tan escéptico como talentoso. Fue un hábil sonetista y la contracara del poeta áulico. Se dice que su amistad con Dante terminó de mala manera después de haberle dedicado uno de sus sonetos. A Angiolieri se le atribuyen unos 150 sonetos, de los cuales, el más conocido es el titulado Si yo fuera fuego, en el que nos dice que si fuera fuego quemaría el mundo, si fuera agua lo inundaría, si fuera viento lo arrasaría, si fuera Dios lo destruiría; si fuera Papa le haría la vida imposible a los católicos y si fuese emperador le cortaría la cabeza a todos. Vaya pues, a su memoria, este otro soneto: Angiolieri (c. 1260-1313) Si fuera fuego incendiaría el mundo; si fuera agua abundaría en lodo; si fuese viento avivaría el fuego; si fuese Dios haría bolsa todo. De ser Papa, sería un descreído; cambiaría la tiara por bonete. De ser emperador ¿sabés qué haría? Cortaría sabiolas a rolete. Si fuera muerte le huiría al jonca; si fuera vida engendraría bronca; si fuera paz engendraría peleas y si fuera el que soy —poeta rante— con las más bellas jugaría de amante y a los demás les dejaría las feas. ** Luis Alposta luisalposta@fibertel.com.ar Médico y escritor argentino (Buenos Aires, 1937). Miembro de número de la Academia Porteña del Lunfardo y académico titular de la Academia Nacional del Tango. Ha publicado Los bailes del internado (1977, traducido al japonés), Trece historias a muerte (1982), Antología del soneto lunfardo (1978), Geografía íntima de Villa Urquiza (1981), Acerca del dinero (1984), Todo Rivero (1985), Con un cacho de nada (1986), El lunfardo y el tango en la medicina (1986, con prólogo del doctor Luis F. Leloir), Definitiva Buenos Aires (1986, coautor), El tango en Japón (1987), Villa Urquiza; sus orígenes (1989), Entelequias (1994), La balanza de hielo (1981, traducido al persa), Lorca en lunfardo (1986), La culpa en Martín Fierro (1988) y Otro él (2000). Sus poemas (algunos traducidos al francés, inglés e italiano) figuran en numerosas antologías, habiendo sido, muchos de ellos, musicalizados y grabados por Edmundo Rivero, Rosita Quiroga, Osvaldo Pugliese, Daniel Melingo y Juan Carlos Tata Cedrón, entre otros. === La mujer rubia Rebeca Montañez =================================== Aquel caluroso verano del 70 estará siempre presente en mi memoria. Viajaba en la segunda clase. El tren se deslizaba ruidosamente pero a mí no me disgustaba aquel estrépito. Después de estar más de dos años en el campo militar, sin apenas tener contacto con el exterior, aquello me parecía una fiesta. Viajaba solo, una familia que había acompañado mi largo viaje había descendido minutos antes. De pronto la puerta se abrió. Entro una mujer rubia, algo pasada de carnes, con una pequeña maleta y una bolsa de mano que parecía a punto de explotar. Saludó brevemente, tomó asiento frente a mí. De inmediato sacó un libro de la atestada bolsa e ignorándome se refugió en él. No obstante, por momentos, podía sentir su mirada curiosa, discreta, recorriéndome. Al llegar la noche, ella me pidió ayuda. Levanté su asiento para convertirlo en una litera. Agradeció, se recostó y siguió en su lectura. Fuera porque el calor era demasiado, la mujer iba ligera de prendas. Una blusa azul de tela muy delgada y unos pantalones blancos delineaban su silueta turgente. Su cuerpo húmedo era un imán para mis miradas. No sé bien a qué hora, el libro cayó al piso. La mujer, con los ojos cerrados, dormía relajada. Entonces pude observarla a mis anchas, labios carnosos, cejas delgadas, nariz delineada, senos generosos... Las horas pasaban sin ápice de sueño, no podía parar de mirarla. Ella parecía dormir, me extrañaba que no hiciera sonido alguno que lo evidenciara, pero su cuerpo estaba inmóvil. Lo imaginé caliente y sudoroso. Y no pude más. Me aproximé a ella. Con movimientos delicados toqué su rostro, senos, abdomen, el triángulo de su sexo, muslos, pantorrillas... ella seguía muy quieta. Sopesé el peligro. Lo más grave era que despertase y reportara mi falta al cuidador. Quizá mi uniforme militar me salvaría, solamente obtendría una reprimenda menor y el cambio de vagón. El riesgo lo valía... Sin pensar más, mis labios se apoderaron de su boca, de la aureola tibia de sus senos, mis manos se deslizaron hacia su pantalón para introducirse y tocar con deleite su pubis y recrear mis fantasías aparcadas. ¿Gemía ella levemente o era mi imaginación? No podía afirmarlo. Pero el caso es que la mujer no abría los ojos, su respiración era ciertamente más agitada y nada más. Las oleadas de placer estallaron furiosas, ante lo inminente, marché al baño. Retorné minutos después. Ella seguía quieta. Levanté mi asiento, la comodidad de la litera me permitió dormir. A la mañana siguiente, la ruidosa parada del tren en la estación X puso fin a mi descanso. Esta vez fui yo quien mantuvo los ojos cerrados, expectante... La mujer rubia se levantó. Tomó su maleta, la atestada bolsa. Se acercó a mí, dejó un beso húmedo y leve en mis labios y cerró la puerta tras de sí. Su libro quedó olvidado en el suelo. ** Rebeca Montañez rebeca_sw@yahoo.es Escritora mexicana (Mérida, Yucatán, 1963). Ha publicado las plaquettes de poesía Breve eroticario y Tiempo sin rostro. Además relatos suyos han aparecido en diversas antologías. === Tres poemas Francisco Pinzón-Bedoya ============================== *** Sólo queda... Desde lo alto de mi nube se veían las formas y sus sombras La tarde ardía entre mis manos y apenas el lápiz garabateaba trozos de memoria Una luz navegaba lenta por entre los cactus de la ladera y se extasiaba en los brillos que iba dejando la marea Te aparecías como si existieras clavada en el silencio eterno que emanaba de mis sueños Y ni una lluvia ni unas gotas que lágrimas eran hacían que la palabra dejara de navegar en tu piel y en la discordia que aún vivía en el papel secreto con que tus manos las mías en otro tiempo recorrieran Y yo era de la ciudad y tú... sin tiempo ni geografías... abarcabas y te tomabas todo todo todo lo poeta que yo era Y luego se dio el salto y en medio del milagro de la nube / sólo quedó este poema *** Fugaz... Como si sólo la mitad de ese sol rojo nos perteneciera... Como si cada paso cantara acariciando los dedos con la arena... Como si en cada tonada de las olas canoras de mi mar se levantara un silbo de ilusión... Como si no hubiera más gente ni más presente ni más mujer... Como si todo fuera posible y las luces sólo se te acercaran... Como si las fantasías cupieran en uno solo de mis suspiros... Así te vi pasar mirando embelesada los destellos nocturnos de ese sol que ya se iba anoche cuando te encontré reflejada en la mejor foto ...de mi playa *** Lextura Yo, quien paseo mis dedos por la piel de los poemas que en noches como esta te he escrito, adquiero su escozor, su dulzura, y su inexplicable forma de entregar ternura... Yo, quien navego en noches broncas, por el camino que me dé la paz que necesito, llevo en mí el ángel del desarraigado, el tufo estampado por el beso malevo, la coraza que deben darme mis miedos, los adioses de otros, los cantos que no fueron, los dolores de algún silencio ajeno... tu irte simplemente al fin de los tiempos... Yo, quien estoy atado al color de mis recuerdos, acudo a la piel de algunos versos incrustados en la esencia de los registros de otros que se fueron y que hago con ellos un forcejeo a los míos, a los tuyos, a los nuestros... Confronto mi todo, confronto lo que soy y lo que tengo, y aun así... surgen poemas... y sigo y sigo y sigo... ¡No dejo de tejértelos! ** Francisco Pinzón-Bedoya poesia_fpb@yahoo.es Poeta colombiano (Líbano, Tolima, 1956). Es docente universitario. Ha publicado el poemario Encuentro (1999). Textos suyos han aparecido en publicaciones digitales como Poesía en español (http://www.poesia-inter.net) y Almiar - Margen Cero (http://www.margencero.com). Mantiene una bitácora personal en http://poesia-letras.blogspot.com. === Dos cuentos Mercedes Álvarez Gutiérrez =========================== *** Verano El niño que vivía junto al edificio de las palmeras solía jugar todas las tardes en el patio con aviones de colores. Tenía ocho años y se entretenía, como casi todos los niños de su edad, con cosas que fabricaba él mismo. Su especialidad indiscutible eran los aviones y los paracaídas. Casi siempre jugaba solo. No tenía amigos, ni tampoco hermanos. A pesar de que su madre había estado embarazada sólo unos meses atrás, y un día le habían dicho que pronto tendría un hermano, luego nadie se lo había repetido. Su madre había estado ausente un par de días y en la familia no se había vuelto a hablar del tema. A veces, mientras jugaba, su madre y su tía se sentaban en el patio debajo de la sombrilla y conversaban. Él no solía prestarles atención. Era un niño solitario y taciturno. Durante algún tiempo sus padres lo habían considerado una especie de genio —probablemente desde el día en que vieron su primer paracaídas hecho con corchos, maderas y bolsas de la compra— pero más tarde una visita a un psicólogo infantil los había sacado de su error. Ese día —un día de verano— el niño estaba jugando en el patio como de costumbre con aviones de colores fabricados por él, mientras la madre y la tía conversaban sentadas en sillas de mimbre, las dos bronceadas y en vestidos de verano, debajo de la sombrilla a un costado en el patio. —Es terrible lo del casamiento de ese pobre chico —decía la madre, mientras tomaba un sorbo de jugo de naranja artificial de un gran vaso de vidrio lila donde flotaban dos enormes hielos en forma de estrella—. Con esa chica, ¿de dónde es? —Rusa. —Rusa. Por Dios. Lo único que le interesa es cuánto vale el reloj de su marido. Incluso se lo preguntó un día. —¿Cómo? —la tía se inclinó un poco hacia delante. El escote del vestido se le deslizó hacia abajo dejando ver la franja blanca debajo del bronceado. Tenía finas líneas de arrugas verticales en medio de los pechos. —Me lo dijo Víctor. Víctor era el padre del “pobre chico” que acababa de casarse, un amigo reciente de la madre con el que ella y la tía habían estado tomando un café tres días atrás. —¿Se lo dijo así? ¿Cuánto vale tu reloj? —preguntó la tía. —Algo así —respondió la madre. Suspiró. Tomó un trago de su vaso y se acomodó en la silla con las piernas cruzadas. —Bueno —dijo—. Supongo que cuando se viene de esa pobreza... Señaló el vaso de la mujer que la miraba como asintiendo: —¿Más jugo? La mujer le extendió el vaso enorme, de color rosado: —Sí, por favor. La madre lo agarró y desapareció dentro de la casa soleada, sintiéndose magnánima. Volvió con el vaso lleno y un bol repleto de enormes hielos en forma de estrella. —No hacía falta —dijo la tía—. Se van a derretir. —Sí, pero con este calor... —murmuró la madre. Agarró uno de los hielos con sus largas y finas manos donde brillaba el anillo de casada, se lo pasó por los labios y lo dejó caer en el vaso. La otra mujer la miró con envidia: ese tipo de gestos de su hermana siempre le habían parecido deslumbrantes. En el patio se escuchó un ruido como de hojas agitadas por el viento. Pero no había viento. La madre y la tía alzaron los ojos y vieron al niño trepado a la escalera, con los brazos metidos entre las ramas del ciruelo. La madre corrió, haciendo ruido con los pequeños tacos de sus zapatos blancos contra las baldosas oscuras. —¡Juan! —gritó. En ese momento el avión de color naranja cayó del árbol al piso: una de las alas se desprendió del cuerpo ovalado. El niño se bajó de la escalera sin siquiera mirar a su madre, recogió el avión y el ala y empezó a volver hacia el centro del patio. La mujer caminó detrás de él y lo obligó a girarse agarrándolo de un brazo. —Que sea la última vez que te veo hacer eso —le dijo. El niño la miró. —¿Cómo recupero mis aviones si se van al árbol? —preguntó, poniendo ese tono de voz entre insolente y cortés que imitaba de su padre, y que ella no podía soportar. —Nos lo decís a nosotras —dijo—. A tu tía y a mí. —No pueden —siguió el chico—. Con esos tacos no pueden. La mujer respiró hondo. Miró a su hermana. Se dijo que no iba a permitir que nada ni nadie le arruinaran el día. —Nos los sacamos, si hace falta —dijo midiendo cada palabra. Miró al niño. Ambos se miraron desafiantes. Pero cuando volvió junto a la mujer había cambiado por completo de expresión, y otra vez parecía radiante y muy joven. —Qué voy a hacer con este chico —murmuró con una sonrisa de comprensión maternal. Lo cierto era que Julieta no tenía en absoluto instinto de madre. Había vivido el embarazo de Juan, y el aborto de hacía unos meses también, como si fueran cosas que no le estuvieran sucediendo a ella. Y, finalmente, después de un tiempo, había aceptado ambos sucesos como parte de su destino, como esas cosas que tienen que ocurrir a pesar de uno, y aunque uno no las comprenda. Sólo que ella no podía admitirlo, y si le hubieran preguntado no hubiera sido capaz de confesar que en realidad nada de eso le pertenecía. —Le sigue gustando fabricar cosas —dijo la tía. Julieta levantó la cabeza. —¿Qué? —Que le sigue gustando fabricar cosas. A Juan, digo —repitió ella. —Ah, sí. Siempre —dijo la madre. —¿Y no pensás en mandarlo a algún taller? —No quiere —afirmó ella—. Nunca quiere nada. Por un momento su aspecto radiante se ensombreció como cuando pasa una nube por encima de un cielo resplandeciente de verano, exactamente igual al que tenían sobre sus cabezas ese día. Después tomó un trago de jugo. —Ojalá todos los días fueran como este —dijo. Sonrió mostrando una hilera perfecta de dientes muy blancos. La mujer sonrió también, y agregó a su vaso dos hielos en forma de estrella. Durante un rato se quedaron en silencio, mirando jugar al niño. —No es rusa, es polaca —dijo entonces la tía. —Quién —preguntó la mujer. —La chica; la novia del hijo de Víctor. Me parece que dijo que era polaca. —Ah —dijo la mujer, con una expresión que dio a entender que para ella Rusia y Polonia eran más o menos la misma cosa. Después se levantó y miró la hora. Comprobó con cierto sentimiento de pesar, que de inmediato se esforzó por alejar de su mente, que su marido no tardaría en llegar. En ese momento sonó el teléfono dentro de la casa. La mujer caminó con el paso ligero, haciendo ruido con los tacos. Desapareció por la puerta que el niño se quedó mirando con los ojos entornados y la expresión severa. La tía arrastró su silla al sol y se levantó ligeramente el vestido para que se le broncearan los muslos. Ahora, sin la conversación de las dos mujeres, el patio parecía un lugar vacío y silencioso. El chico seguía con la mirada fija en la puerta mientras ordenaba los aviones. Siempre, cuando se cansaba de jugar, se ponía a ordenar los aviones: era una de las cosas que más le gustaban. Pero ahora lo hacía casi sin mirar. Cuando terminó eligió un avión verde y lo lanzó al aire. El avión describió una curva contra el cielo azul y cayó a los pies de la madre, en el momento exacto en que salía de la casa para volver al patio. Ella lo recogió y lo dejó sobre la mesa. —¿Era Ignacio? —preguntó la hermana. —Sí —mintió ella. Se rozó la punta de la nariz con el dedo índice. El chico agarró el avión de la mesa y volvió a su lugar de juego. La madre se sentó en la silla de mimbre al sol. Abrió un abanico que la hermana no pudo saber de dónde había salido y se abanicó con energía. Durante un rato estuvieron así, sin moverse, ocupando cada uno un espacio determinado en la superficie del patio mientras los hielos en forma de estrella se iban derritiendo lentamente a la sombra. En el cielo no había un solo trazo de nube y el calor seguía cayendo constante, perpendicular al piso de baldosas ardientes. De pronto dejó de escucharse el golpeteo del abanico. La mujer se inclinó y se pasó las manos por las piernas largas y bronceadas, de gimnasta. Se paró. Dio una vuelta alrededor del patio y se detuvo delante del chico. Su cuerpo proyectó una sombra alargada por encima de su cabeza. El niño, que estaba arreglando el ala del avión naranja, levantó la vista. La madre había pensado remediar el episodio del árbol con alguna palabra amable, pero en cambio dijo: —Tu padre está por venir en cualquier momento —su voz de registros graves le imprimió a la frase un tono amenazador. El chico agarró su avión naranja y encajó el ala en el cuerpo ovalado. Ella quiso pedirle perdón, pero no pudo. Se agachó junto a él y le pasó una mano por el pelo. Sin esperar la reacción del chico, se incorporó y caminó hacia la sombrilla. Desde lejos, el hijo la vio detenerse junto a la mesa, de espaldas al sol. Siguió observándola. La vio agarrar con una mano los dos vasos de colores y con la otra el bol de los hielos. La vio caminar hasta la puerta con la espalda erguida y los pies rígidos, haciendo ruido con los tacos contra las baldosas. Después, antes de que desapareciera dentro de la casa soleada, dejó de mirar. *** Vecinos La pareja no era joven. Tampoco eran viejos. Juntos, ella parecía un poco más joven que él, pero era sólo una impresión. Él era bajo y fuerte y ella un poco más delgada y alta. Ambos tenían cincuenta años y habían nacido en el mes de febrero. Al principio, cuando se conocieron, él pensó que eran demasiadas coincidencias y se mantuvo distante, sin prestarle demasiada atención. Sólo después de un tiempo que consideró “prudencial” se decidió a acercarse. El noviazgo había durado tan sólo unos meses. Después se habían casado. Una ceremonia simple en el registro civil. Habían tenido una corta luna de miel de cinco días en un balneario cercano y luego se habían instalado en su nueva casa. Lo primero que hizo ella al llegar fue ponerse a lavar la ropa. La mujer trataba su ropa con verdadero cuidado. Solía juzgar a las personas por su aspecto físico, y dentro del aspecto físico la ropa era un elemento importante. Más que eso: para ella la ropa era “sagrada”. Lavar y planchar su ropa era una de las tareas más reconfortantes de la semana. En cuanto a su marido, él tenía una idea clara de lo que era “sagrado” en la vida. Consideraba que, aparte de la apariencia física, había otro tipo de apariencias más importantes que guardar. No entablar relación más allá del saludo con nadie que no hubiera nacido en su propio país era una de sus preocupaciones fundamentales. En segundo lugar venía mantener el balcón limpio y las cortinas bien cerradas. Ninguno de los dos tenía hijos, y como eran firmes ahorradores con los años lograron comprarse una casa en las afueras de la ciudad. Era una construcción modesta pero tenía una pileta en el jardín. El lavadero y la cocina eran grandes. El verano del mismo año que la compraron se fueron al pueblo a pasar las vacaciones. Llenaron la pileta desde el primer día y tomaban largos baños al sol. La mujer tendía la ropa al aire libre y estaba contenta porque siempre se secaba muy rápido. De vez en cuando leía novelas. El marido jugaba a las cartas todas las tardes en el bar y a la noche cenaban en un restaurante cercano, pero sólo los fines de semana, porque de todos modos había que seguir cuidando la economía. Durante un tiempo estuvieron solos en la cuadra. El mes siguiente empezaron a llegar las familias a las otras casas de veraneo. Los primeros que se instalaron fueron una pareja de recién casados. Después, más adelante, familias con chicos. Un matrimonio con dos hijos se mudó justo al lado de su casa. Ellos dejaron de ir a cenar a los restaurantes los fines de semana porque tenían que hacer cola. Se quedaban en el jardín, y a veces aprovechaban para tomar baños nocturnos. En general el pueblo se había transformado en un lugar un poco más molesto. Era jueves el día que el chico de los vecinos de al lado apareció en su jardín. Debían ser aproximadamente las dos de la tarde y el sol estaba fuerte. Refulgía alto en el cielo cuando la mujer vio la pequeña figura del niño avanzar por el borde de su pileta. Llevaba un fusil colgando de la espalda y se había puesto un sombrero de fieltro blanco que hacía que gruesas gotas de sudor le corrieran por las sienes. La mujer lo observó desde el porche caminar seguro por el borde de la pileta y vio cómo iba ensuciando el azulejo celeste con las ojotas negras. Lo vio ir y venir dos veces más. Entonces se levantó y se acercó a él. —No sé cómo entraste —le dijo—. Pero te agradecería que no hicieras eso. Mejor que vuelvas a tu casa. El chico la miró con sus diminutos ojos castaños y después, poco a poco, fue abriendo una sonrisa que horrorizó a la mujer. Dio una vuelta más a la pileta terminando de ensuciar los azulejos y saltó la tapia al otro lado del terreno. La mujer se quedó mirando el vacío con una expresión entre sorpresa y enojo. Esa noche, mientras estaban leyendo el diario en el jardín después de la cena, habló con su marido. El hombre había encendido uno de los enormes puros que ella detestaba, y fumaba mientras leía el diario. —Hoy vino un chico —dijo ella—. Al mediodía. Saltó la tapia. —Espero que no fuera uno de esos rumanos del barrio de al lado —contestó el hombre. —No es rumano, y vive exactamente cruzando esa valla —la mujer señaló la tapia con el dedo índice. Hizo una pausa. Después agregó: —Creo que deberíamos hablar con los padres. —Es un chico, no creo que por una vez... —Iba armado —sentenció la mujer. —¿Era un arma de verdad? —preguntó el hombre. —Yo diría que sí. El hombre volvió al diario en una clara demostración de incredulidad. —Era un fusil —dijo la mujer—. De verdad creo que deberíamos hablar. Había pasado una hora al sol del mediodía limpiando meticulosamente el borde de la pileta. —Deberías haber ido en el momento —dijo el hombre soltando una bocanada de humo encima del diario. —¿Qué pasa si lo vuelve a hacer? —Entonces les hablamos. —¿Qué pasa si lo hace cuando nosotros no estemos? Los ojos del hombre se detuvieron de pronto en una palabra y ya no logró avanzar en la lectura. El hecho de que alguien pudiera violar su propiedad en su ausencia era algo que no había considerado desde su llegada al pueblo. Durante unos segundos se quedó pensativo y no dijo nada. Meditó un rato, y después decidió que no quería enfrentarse a nadie. Había visto a los padres del chico: eran dos gordos con cara de campesinos y una mirada de total estupidez en sus caras. De manera que finalmente dijo: —Si lo vuelve a hacer, entonces hablamos. La mujer asintió y retiró algunas cosas de la mesa. Esa noche no se metieron en la pileta. En los pueblos de veraneo los días transcurren lentos. Cada vecino se dedica a su propio jardín, a escuchar música, a recibir visitas. Ellos no tenían visitas. Pasaban el tiempo viendo la televisión o en la pileta. De vez en cuando hacían una excursión a un pueblo cercano donde había un monte. Sin embargo, poco a poco, el aburrimiento se fue haciendo cada vez más patente. Por esos días el chico de al lado hizo su segunda aparición en el jardín. Eran también las dos de la tarde cuando saltó la tapia. La mujer estaba sola; el hombre se había ido a jugar a las cartas como todos los mediodías y ella se había metido en la pileta a tomar sol. No se dio cuenta de la presencia del chico hasta que sintió una sombra sobre su cabeza. Entonces abrió los ojos y lo vio. Esta vez iba desnudo de la cintura para arriba, pero llevaba puesto el sombrero y tenía el fusil colgando de un hombro. Empezó a dar vueltas alrededor del borde. La mujer lo miraba atónita. —Quiero que te vayas —logro articular luego de unos minutos. El chico la miró burlón. Después levantó la cabeza hacia el cielo. Vio pasar un pájaro y le dio un tiro imaginario con el fusil. —Deberías irte —repitió la mujer. El chico metió una de sus ojotas sucias en el agua. —¿Sabe? —dijo—. En casa no tenemos, pero todas las casas deberían tener una pileta. —No es mi culpa que no tengan —replicó la mujer. —Tal vez no, pero me puede dejar entrar a la suya. —No puedo dejar entrar a todo el vecindario. —Yo solamente me veo a mí por acá —dijo el chico. La mujer no dijo nada. Él observó el fusil en sus manos un momento y asintió. Caminó por el borde hasta el otro lado de la pileta y permaneció ahí, sonriente y extraño, frente a la mujer. —No deberías andar con eso —dijo ella—. Es peligroso. El chico soltó una carcajada. Levantó el rifle a la altura de la cabeza de la mujer y después lo bajó, sin parar de reírse. Antes de que ella se diera cuenta, pegó un salto al otro lado de la valla. —Son mejores los rumanos —le dijo esa noche a su marido—. Ellos por lo menos no aspiran a tener una pileta en casa. —Supongo que por lo menos los vecinos no roban —le respondió el hombre. —Tampoco lo sabemos —dijo la mujer. —Es un chico travieso. —Y tiene un arma. Mañana mismo hablo con los padres. El marido se encogió de hombros y sorbió un trago de su copa de vino de mesa. La mujer se cruzó de brazos. Esa noche no pudo dormir bien. Tuvo un sueño extraño: iba en un tren sin rumbo. Pasaban un pueblo tras otro pero ella no sabía adónde se dirigía el tren ni en qué lugar le hubiera gustado detenerse. El chico de la casa vecina estaba sentado frente a ella y la escoltaba con su fusil al hombro. Se despertó sudando. Hacía mucho calor y no sabía por qué tenía miedo. Tardó un rato en volver a dormirse. Al día siguiente se preparó un café muy cargado y estuvo de mal humor toda la mañana, pensando en lo que le diría a los padres y ordenando las frases una y otra vez. Hacia las dos, cuando el marido se fue a jugar a las cartas, salió de su casa y tocó el timbre de la puerta de al lado. Había mucho sol, y bajo el fulgor deslumbrante de los rayos la mujer pudo a duras penas contemplar el pequeño camino de piedras y a los costados el pasto amarillento, las pocas plantas faltas de riego, algún que otro juguete roto y abandonado por los niños. Volvió a tocar el timbre cuando consideró que ya había esperado suficiente. La puerta tenía unos cuantos rayones y en el centro se veía un corazón atravesado por una flecha: Sara ama a Juan. La mujer iba a intentarlo una vez más cuando escuchó los pasos que se acercaban del otro lado. Una mujer gorda con un pelo escaso y rubio pegado al cráneo abrió la puerta. Inmediatamente ella le leyó en los ojos los mismos signos de estupidez que el marido había visto, y supo que las cosas no iban a ser fáciles. —Hola —dijo la vecina. —Hola. —¿Buscaba a alguien? —Vengo por lo de su hijo. —¿Qué es lo de mi hijo? —preguntó la mujer abriendo unos ojos inexpresivos en su cara gorda. —Supongo que sabrá que su hijo se está dedicando a pasearse por mi jardín con un fusil en la mano —recalcó la palabra fusil para que la frase tuviera más impacto. —¿Se refiere a su rifle de aire comprimido? —preguntó la mujer. —Me refiero a su fusil, ni más ni menos —dijo ella. —¿Qué hace exactamente? —Ensucia mi pileta y me apunta con el arma. La mujer levantó la ceja derecha. Después volteó la cabeza hacia el interior de la casa y llamó: —¡Juanito! Juanito no respondió, pero a los pocos segundos apareció en la puerta y se puso al lado de su madre. No llevaba puesto el sombrero, tenía zapatillas y medias y parecía recién bañado. —La señora se queja de que estás entrando en su jardín. ¿Eso es verdad? —Entré una o dos veces, para ver. —Y de paso apuntarme con un fusil —dijo la mujer. —No le apunté —negó el chico—. Apuntaba a un pájaro que estaba detrás de usted. Tendría que agradecérmelo: era un cuervo. —Basta —dijo la madre. La mujer se quedó mirando al chico con el gesto firme. —Supongo que te habrán enseñado lo que es la mentira —dijo. Miró de reojo a la madre: tenía serias dudas de que alguna vez le hubieran hablado de la mentira, o le hubieran enseñado a distinguir lo bueno de lo malo. —¿Verdad? —insistió mirando alternativamente a la madre y al hijo. —Sabe lo que es la mentira —dijo la madre tajante. Detrás de ella apareció una nena de pelo rubio y cara redonda como la mujer pero mucho más delgada. No se explicaba cómo esos chicos tan flacos tenían una madre tan gorda. —Andá para adentro —le dijo la mujer. La nena no se movió. Permaneció detrás. Tenía ojeras y se tocaba la nariz constantemente como si estuviera resfriada. Llevaba un vestido rosa con rayas verticales verde agua. —Andá para adentro. Vayan los dos para adentro —repitió la madre. Esta vez obedecieron. La vecina parecía ansiosa por cerrar la puerta de la casa y dejar a la mujer del otro lado. —Le prometo que no va a volver a pasar —le dijo con un malhumor evidente. —Eso espero —respondió la mujer. Se giró y escuchó el golpe de la puerta. El sol seguía siendo fuerte, sin embargo ahora, sobre el pasto, distinguió la figura de una muñeca sin cabeza. —Ni siquiera son capaces de admitir sus errores —le dijo esa noche a su marido. —¿Qué errores? —Tienen unos chicos sucios y maleducados, y la ropa de ella, ¡había que verla! Parecía una sábana gastada. El vestido de la nena sin planchar, la puerta rayada... —Bueno, lo importante es que hablaste —dijo el marido mientras se fumaba uno de sus enormes puros en el jardín. —La madre dice que no lo va a volver a hacer, pero no le creo. —Habrá que ver —dijo él. Pero lo cierto es que no llegaron a ver nada. Sólo unos días después salieron de la casa de al lado los vecinos de luto. Los padres gordos y el hijo flaco vestidos de negro en medio del calor de las cinco de la tarde. Hasta la noche, en el barrio no se enteraron de que era la niña la que había muerto: el hermano la había encontrado tirada en la cocina, con un golpe en la cabeza. Se había caído de la silla al intentar alcanzar algo de un armario. Al día siguiente vieron pasar los coches fúnebres. Algunos vecinos habían salido a la vereda y se hacían la señal de la cruz a medida que avanzaba la caravana. Fueron días tristes en el barrio. Al principio la mujer no expresó sus opiniones. Sólo de vez en cuando murmuraba “pobre nena” o “qué desgracia”. Pero pasada una semana, una noche que como tantas cenaban con su marido en el jardín, dijo exactamente lo que pensaba. Había luna llena y encendieron unas velas. Soplaba una brisa cálida. Se escuchaba el ruido de la manguera llenando lentamente la pileta. —Esto se veía venir —dijo de pronto. —Esto, ¿qué? —preguntó el hombre. —Lo de la nena. Sabía que podía pasar. Desde que vi la casa, y a la madre, lo sabía. —Lo sabías... —murmuró el hombre. —Sí. Y es terrible. —Sí, es terrible —afirmó el hombre. Se quedaron en silencio. En la casa de al lado no había ruidos ni luces. La mujer no esperaba que el chico volviera a aparecer en su jardín. Tampoco que trajera el fusil al hombro y tuviera la misma mirada desafiante de las tres veces que lo había visto. Sin embargo no habían pasado dos semanas de la muerte de la nena cuando lo vio cruzar la valla. Estaba sentada en una silla de mimbre, leyendo una novela sobre Alejandro Magno. Llevaba media hora y estaba al final de uno de los capítulos más largos. Cuando lo terminó hizo una pausa para ir al baño. Volvió a la silla pensando en la página 206. Cerró los ojos y se imaginó la batalla contra los persas, donde Alejandro aparecía más hermoso que cualquier actor de moda. Después volvió al libro, pero no había llegado a la página 208 cuando escuchó los ruidos en el jardín, y cuando levantó la mirada vio frente a ella la figura delgada del chico. Tenía puestas las zapatillas y las medias y parecía limpio y bañado como la última vez que lo había visto. La mujer le buscó los signos del duelo; sin embargo no vio nada en su cara que pudiera indicar que estaba triste. Tal vez —pensó— tuviera los ojos un poco más duros, un poco más brillantes, pero era una apreciación demasiado vaga como para sacar conclusiones. Se quedaron mirando uno a otro. La mujer dobló la hoja en la página 207 y dejó el libro apoyado sobre la mesita de jardín que tenía al lado. —Siento lo de tu hermana —dijo. —¿Por qué? Usted no la conocía. —Quiero decir, que siento que se haya muerto tan joven —respondió la mujer con paciencia. Bajó la cabeza y miró la ilustración de Alejandro Magno en la tapa del libro. Iba a caballo y empuñaba una espada. —Era muy joven —repitió sin saber bien por qué. —Tenía cinco años —dijo el chico. Se dio vuelta y se acercó a la pileta. Empezó a caminar por el borde como otras veces, pero después pareció cambiar de opinión: se descolgó el fusil, lo dejó a un costado y se zambulló con toda la ropa puesta. La mujer se incorporó como un resorte y gritó. El chico asomó la cabeza por un ángulo de la pileta. —Hace demasiado calor —dijo. Fue de un lado a otro nadando mientras la mujer lo miraba atónita. Después subió la escalera y salió, dejando un rastro de tierra y pequeñas piedras en el agua limpia. Agarró el fusil y apuntó a la mujer. —¿Cree que me parezco a Alejandro Magno? —preguntó. Y soltó una carcajada. Después se dio vuelta, se acercó a los canteros y empezó a dispararle a las flores con el fusil. La mujer no fue capaz de gritar. No fue capaz de hacer nada. Se quedó mirando sin saber qué hacer. Tenía unas ganas terribles de llorar, pero tampoco podía. Después de observarlo durante un rato se dio vuelta y se metió en la casa. Dejó la puerta abierta. Se sentó frente a la mesa. Una brisa caliente entraba y hacía el aire pesado. Seguía escuchando los tiros en el jardín. Cuando logró recuperarse un poco se levantó y se sirvió un vaso de agua. Con cada trago sentía que se le iba pasando el miedo y la sorpresa, al tiempo que le crecía la rabia a la altura del pecho, del estómago. Miró hacia fuera: el chico se había detenido y la contemplaba desafiante. Ella salió con el vaso en la mano. Ahora la rabia se le había acumulado como una piedra en el cerebro. Dejó el vaso en la mesa de jardín y se cruzó de brazos frente al chico. —No me extrañaría nada que a tu hermana le hubiera pasado algo —dijo. El chico abrió mucho los ojos y levantó las cejas. —¿Algo como qué? —preguntó con la voz ronca. —Como nada. Que tu hermana haya tenido alguna ayuda... La mujer se detuvo. —De tu parte —agregó. Inmediatamente se arrepintió de lo que había dicho, pero se dio cuenta de que ya no podía volver atrás. El chico la miraba. Se había puesto pálido. Estaba claro que no había esperado una frase como esa. Durante unos minutos ninguno de los dos pudo reaccionar. Se miraron, y lo único que ocurrió entre ellos fue esa especie de fenómeno de transferencia por el que el rencor pareció estarse evaporando del cuerpo de la mujer para concentrarse en el del chico. —No sé por qué lo dije... —empezó ella. —Cállese —dijo el chico. Levantó el fusil y le apuntó a la cara. —Cállese, vieja. —Es cierto —murmuró. Después, todo sucedió en un momento. El chico disparó y a la mujer le dio tiempo a saltar: la bala le tocó un hombro. Se quedó tirada sobre la tierra, aturdida por el impacto, mirando al cielo como si todo fuera irreal, como si lo que hubiera pasado no hubiera ocurrido de veras. Un hilo de sangre iba regando el pasto de rojo. Cuando logró recuperarse se levantó y buscó una toalla. Presionó, pero no quiso mirar. Fue al médico en un taxi, con la herida tiñendo lentamente la tela. La curaron con dos puntos y le dieron calmantes. Cuando volvió su marido todavía no estaba en casa. Se tiró en la cama con las persianas bajas. Se sentía pesada como si hubiera aumentado de golpe cincuenta kilos. Si se quedaba muy quieta las manos le temblaban. Cerró los ojos. Estaba mareada y se durmió casi sin darse cuenta. Tuvo un sueño horrible donde aparecía el chico. La hermana muerta estaba viva y ambos jugaban y se reían en la pileta de su jardín, mientras cuatro policías armados con fusiles los custodiaban. Se despertó sobresaltada. Por un momento perdió la noción del espacio, y cuando la recuperó su marido estaba en la puerta de la habitación. —¿Estás bien? —le preguntó. —Estoy bien —dijo ella—. Tuve un accidente en el jardín y me corté en un brazo. Decidió en ese momento que por nada del mundo el hombre tenía que enterarse de lo que había pasado. Los días siguientes estuvo muy triste. Dejó de salir al jardín. No leía, y con frecuencia se iba a la cama poniendo el pretexto de que el calor la agotaba. Lavar la ropa ya no le producía ningún placer, de modo que deambulaba por la casa con un pantalón de gimnasia y una remera vieja. El hombre estaba preocupado, pero cada vez que intentaba hablar con ella no obtenía más que respuestas vagas, excusas para evadir las razones verdaderas de la tristeza. A la mujer, la culpa se le hacía una carga imposible de desplazar. Dejó de comer. Adelgazó. Le dolía el cuerpo. Se sentía vieja y cansada. Todos los esfuerzos del marido por sacarla de paseo eran inútiles. Cada vez que cerraba los ojos se le aparecía la imagen del chico, y a la noche dormía mal, sólo de a ratos. Le salieron ojeras, y unas arrugas en la comisura de los labios que nunca antes había tenido. La única salida que hizo en casi dos semanas fue al hospital para sacarse los puntos de la herida. Su marido la acompañó en el auto y el médico le dio dos suplementos de vitaminas para que tomara. Cuando volvió se sentía más cansada que nunca. Estaba pálida. Su marido la llevó al jardín y se sentaron al sol por primera vez en muchos días. Entonces, ella pidió: —Vámonos. El hombre la miró con los mismos ojos lastimeros con que la miraba en los últimos tiempos. —¿Dónde te vas a recuperar mejor que en esta casa? —preguntó—. Te hace falta tomar sol, estar afuera, ver las plantas. —¿No te das cuenta de que es esta casa lo que me enferma? —respondió la mujer casi gritando. El hombre la siguió observando y en su cara crecía la sorpresa, la decepción. Pero el tono de la mujer no admitía réplica. —Está bien —dijo por fin—. Si es lo mejor, vámonos. Salgamos la semana que viene. Ella negó con la cabeza. —Mañana —dijo. Él guardó silencio. Ambos se quedaron callados recibiendo el sol en la cara en medio de la tarde calurosa. Había un ambiente plácido, y el olor de las flores en el aire parecía calmar a la mujer. Cerró los ojos, y por primera vez en mucho tiempo tuvo un momento de tranquilidad, hasta que sintió que una sombra se proyectaba sobre su cuerpo. Cuando abrió los ojos, vio al chico delante de ella. Esta vez no llevaba el fusil. Miró al costado, pero el hombre se había ido. —¿Qué estás haciendo acá? —le preguntó. El chico no contestó. No hizo nada. Se quedó parado a contraluz y sonrió con la misma sonrisa que había horrorizado a la mujer el primer día que lo había visto. Ella buscó detrás suyo. No veía al marido. El chico seguía junto a su silla, implacable. Ella se paró y se volvió a sentar. Se restregó las manos. De pronto, el chico corrió hasta la valla y la saltó. El hombre apareció en el jardín inmediatamente después, con un vaso en una mano y unas pastillas en la otra. —Este chico... —dijo—. Pensaba que había hablado con los padres. —Hablé —dijo ella en voz muy baja. —Te traigo tus vitaminas. —No quiero vitaminas —dijo ella. Se levantó y caminó hasta su cuarto. Permaneció acostada toda la tarde. A la noche sufrió un ataque de nervios y el hombre tuvo que llevarla al hospital. Dos días después, salieron hacia la ciudad. ** Mercedes Álvarez Gutiérrez almercedes3@hotmail.com Escritora argentina (Tandil, Buenos Aires, 1979). Un relato suyo aparece en la antología del Premio Nacional de Cuentos Haroldo Conti (1998). === Ocho poemas Cinzia Ricciuti ====================================== *** La última noche en la Tierra Píntenle alas a ver si vuela Márquenle el corazón en el pecho a ver si siente Tóquenle un acordeón a ver si despierta Mójenle de sal a ver si sufre Ciérrenle los ojos a ver si ve Ábranle la tierra a ver si nace Cántenle una frase a ver si piensa Háblenle de lo real a ver si asume Ódienle a ver si agradece Ámenle a ver si se muere *** Lejos Viven intercambiando humores y ansias compartiendo miserias e infiernos prometiendo cielos Se saben viejos ancianos de experiencias rotas en la trampa de la esperanza de sus corazones partidos de tantos sueños Intuyen que la libertad es eso acercarse cada vez más a la ausencia honda de una realidad nunca esperada y de un amor inmenso *** Quietud encendida Me miro en tu espejo. Recorriéndome en ti en la mirada expectante en los libros logrados en las palabras redondas en el léxico simple en la quietud encendida en la vida recorrida. Ando Rellenando carencias proyectando quimeras confirmando certezas experimentando sombras. *** Carne Es que te siento desmitificada, viva, sedienta. Es que se te percibe alegre, exuberante. Es que se te ve protagonista, bellísima. Eres el hermoso límite de mi alma que le da sinsentido a mis convicciones. La que apagando la luz me adentra en los misterios. La que me aturde y me vuelve niña. La que me hace entender el absurdo de la culpa. La que se mueve incontrolada bajo mi piel, reclamando espacio, la que se funde con los pensamientos, ahora libres, cada vez más libres. *** Instantes infinitos Dejas de ser tú siendo más tú que nunca te brinca el alma te desnudas vestido te deslumbras viendo lloras riendo. En tu despierto ensueño te afinas te animas te fortaleces te relajas te alegras te hueles en la maravilla. Magnífica congestión. Todo queda en ese momento que no ha empezado, que no termina. *** Vas y vienes A veces te olvidas a veces te piensas te agredes te esterilizas te adelgazas te volatilizas te pones rimmel para avisarle a las lágrimas que no salgan los tacones buscando amor/sexo/amor/sexo/amor barato mental general masivo impersonal rápido falso impotente. Luego te acuerdas cuando te duele el vientre y te retuerces acostada y te da por llorar y te mientes que son las hormonas y te ríes de ti misma porque no te respetas. Pero vuelves con ganas de mandar todo a la mierda con una soledad guerrera y robusta con la falta de un abrazo con la imaginación fortalecida. *** Impulso Esto es irremediable, irrefrenable (me descubro sintiendo) hasta que pase (me descubro pensando) ridículo (me descubro riendo) y se me van levantando los vellos de los brazos, se me desperezan las papilas, se ablandan los músculos, empiezan a fluir las maravillas y mi cobardía implora (¿se puede implorar gritando?) un seudónimo que me permita diluirme en el anonimato de esto que también soy. *** Sin título Aquí, al transmutar besos en versos latidos en palabras respiros en lecturas cuerpos en siluetas, descubro lo brutal de apetecer viceversas. ** Cinzia Ricciuti cinziaricciuti@yahoo.com Poeta venezolana. Es intérprete público, traductora y docente del idioma italiano. Cursó estudios de derecho en la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab, http://www.ucab.edu.ve). Ha recitado poemas suyos en lecturas públicas. Su obra permanece inédita. Mantiene la bitácora http://verdadesqueasoman.blogspot.com. === Antes de dormir Sergio Rodríguez ================================= Tenía cinco días para saldar una deuda de veinte mil pesos. Poco dinero, en realidad, pero no para alguien que está acostumbrado al despilfarro. Mi trabajo me daba para cumplirme algunos caprichos y, a falta de alcohol, comer algo sólido. En contra de mi voluntad, también lograba apartar algo para pagar la renta, cuyo monto jamás saldaba por completo. Lamenté mi carácter derrochador cuando supe que, si no pagaba la deuda dentro del plazo fijado, me harían miembro vitalicio del buró de crédito. Tras dejarme las uñas a la mitad a fuerza de mordidas, creí que me había tranquilizado lo suficiente como para buscar una solución para el problema. Pasé revista a mis opciones. Desde luego que el banco quedaba descartado. Por otro lado, que no se me ocurriera pedirles ayuda a mis padres, quienes me habían retirado su cariño por mi tendencia a olvidar mis deudas. En cuanto a mis dos hermanas, me retiraron la palabra cuando transcurría mi niñez, pues mi afición a ciertas partes femeninas me obligó cierta noche a usarlas para satisfacerme. ¿Amigos? Eran tan sibaritas e irresponsables como yo. Me entrevisté con un par de ellos en un bar. Les conté mi predicamento y replicaron que les daba gusto tener un conocido que debiera más que ellos. Se me ocurrió tragarme el orgullo y pedirle ayuda a Connie, legendaria puta cuyos servicios eran solicitados por decenas de fulanos que, al igual que yo, visitaban asiduamente la casa de Madame Chantel. Me integré a la fila de clientes que se había formado en el pasillo alfombrado y, pacientemente, aguardé audiencia. Al recibirme, Connie gesticuló mitad con gusto mitad con fastidio y, tras desnudarse, se tumbó cara abajo en el lecho y flexionó los dedos de los pies. Pero mi hambre fetichista se contuvo. Senté a Connie, me coloqué a su lado y, sin entrar en detalles, le conté mi problema y le pregunté si podía ayudarme a resolverlo. Aunque yo sabía que ella había ahorrado lo suficiente como para vivir unas dos vidas sin privaciones, replicó que sus ingresos apenas le alcanzaban para sobrevivir, amén de que debía mandarle dinero a su madre a California. Comprendí que no me tendería la mano. Tras revelarle cuánto me molesta que la gente use circunloquios para no herirme con la verdad descarnada, la sometí de un puñetazo y le hice otras cosas que callaré. Huelga decir que no pagué la consulta. Salí corriendo de la casa porque dos esbirros de Madame Chantel me persiguieron para escarmentarme por el tratamiento que yo le había dado a Connie. Logré escabullirme y, asilado en una cantina, me limité a beber y lamentar mis infortunios. En cuanto advertí que el primer día del plazo que se me había impuesto no existía más, evadí como pude un acceso de llanto y respiré trabajosamente. Pesimista empedernido, me resigné a no reunir la suma que me faltaba. De pronto, una parroquiana tomó asiento a mi lado y me pidió que le invitara “una copita”. —Si acaso, mi reina —babeé—, me alcanza para un chesquito. —‘Ta bueno. Pidió un Squirt con popote. Algo sentí cuando la vi chupar. No sé en qué momento, ni por qué medios, mi bebida fue adulterada con un narcótico. Tal vez la gentuza que me rodeaba me creyó rico, a causa, sin duda, de mi arreglo en el vestir. El caso es que empecé a cabecear; la fulana me tomó por el brazo y, casi a rastras, me condujo a un cuarto ruin. Lo último que recuerdo es un colchón viejo y percudido. Desperté sintiéndome mal, y me sentí peor cuando noté que me habían robado el reloj, la billetera, el cinturón, la corbata y los zapatos. Nunca sabré si poseí a la puta. Gemí al levantarme. Estaba solo. Había punzadas dentro de mi cabeza. Traté en vano de abrir la puerta. Comencé a aporrearla y a demandar que me dejaran salir. La puerta se abrió de pronto. Intenté tomar por el cuello a quien hubiera abierto, pero resultó que no había nadie por ahí. Pese a la penumbra del derredor, me abrí paso hasta lo que consideré que era la salida. Abrí sin problemas una puerta apolillada y me encontré en la calle. El sol me dio de lleno en la cara. Tardé en acostumbrar mi vista a la iluminación. Los transeúntes me miraban como si fuera un apestado. Los ignoré y afanosamente hice señas a cuanto taxi aparecía ante mi vista. Muchos me pasaron de largo, quizá porque mi absoluto desaliño prefiguraba complicaciones al momento del pago. Por fin, aproveché un alto donde el tráfico se congestionó, abordé casi a la fuerza un taxi y amenacé al conductor con matarlo si no me llevaba a mi casa. El conductor quiso amenizar el viaje. Me preguntó qué me había pasado. No pude narrarle nada porque ni yo mismo sabía los pormenores del asalto. Me negué a abrir la boca. El chofer me imitó. Ya ante el edificio, llené un cheque sin fondos y se lo di al chofer, quien se fue sin protestar. Tomé un baño larguísimo. Me dolían los pies por haber andado en calcetines. En bata, con el pelo húmedo, me acabé una botella de tequila y caí privado de conocimiento. Desperté y noté que mis desgracias eran reales. Seguí cavilando sobre qué hacer para salir del atolladero. Como no tenía sueño, me vestí y abandoné el departamento, decidido a pasear. Suponía que así podría ordenar mis ideas. Ahora bien, en cuanto salí de mi humilde vivienda —presentía que el casero me la quitaría pronto—, escuché un buenas noches pronunciado por una mujer. Vi hacia la izquierda y encontré a la vecina. Se llamaba Yolanda. Era bajita, rubia y guapa. Sus ojos claros me contemplaban fijamente, mientras que en sus labios se dibujaba una sonrisa que me enardeció. Devolví el saludo con el ánimo de no agregar nada. Preferí mantenerme a distancia porque, en primer lugar, Yolanda estaba casada y tenía dos pequeñas hijas preciosas —de seis y siete años— y, en segundo, las presiones me impedían abrazar la lujuria. Con todo, Yolanda tenía otros planes para mí. Como advirtiera mi semblante cariacontecido, me preguntó si me ocurría algo. Lejos de considerar que se metía en un asunto que no era de su incumbencia, respondí: —Sí. Tengo un problema. —¿Se lo ha contado a alguien? —En vano. —Entiendo. Pero no todos los oídos gustan de hacerse los sordos. —¿Eso significa? —Que quiero invitarle un cafecito. Llevamos tres años siendo vecinos y jamás nos hemos reunido. —Es que soy de los que respetan... —Mi marido no está. Entré en el departamento. Se diferenciaba del mío no en el tamaño, sino en la decoración. Esa mujer tenía gusto. Me sentí cómodo en ese lugar, en compañía de Yolanda. Me condujo a la sala, me indicó el love seat. Ella preparó café. Le quedó delicioso. Le di dos sorbos a mi taza. —Está exquisito —juré. Ella sonrió. —A ver —dijo—. Cuénteme. Previo carraspeo, encendí un cigarrillo, acomodé algunas ideas en la mente y, al fin, narré mi situación con lujo de detalles. Ella me escuchó con atención y simpatía. —¿A qué me dijo que se dedica? —Vendo seguros —no se lo había dicho, pero ¿qué más daba? —¿No pueden adelantarle algunos meses? —No he acabado de pagar los que me han adelantado. —Ya. Sobrevino un lapso de silencio. Ella rellenó las tazas. Encendí un nuevo cigarrillo. Consideré que era hora de retirarme. El marido podía llegar. No me apetecía añadir un nuevo conflicto al catálogo de mis desdichas. Relatar mis tribulaciones no me había tranquilizado, pero decidí darle a entender lo contrario a mi anfitriona. —Creo —dijo repentinamente— que yo lo puedo ayudar. Confieso que sus palabras me encantaron. Agucé el oído. —Todo lo que usted tiene que hacer —repuso—, es venir mañana a las nueve de la noche. —¿Usted cree que su marido esté de acuerdo..? —No le daremos el dinero así como así —cortó, contundente. Tragué saliva. Tensión en el ambiente. ¿Qué se proponía? —¿Necesitan “asegurar su futuro”? —Nada de eso. Ya está asegurado. Además, mi marido odia a los vendedores de seguros. —Dudo que mi situación cambie. De todos modos, de todo corazón... —¿Por qué se preocupa tanto? —interrumpió—. Lo único que tiene que hacer es presentarse aquí mañana. Considere que ya tiene el dinero, pero recuerde que debe ganárselo. —Estoy tan desesperado que no le pediré detalles. Su sonrisa me excitó. —Mañana se los daré —anticipó. Me marché por fin. Eran las diez de la noche. Quizá por ello no había visto a las niñas. Con toda seguridad, dormían mientras su madre y yo hablábamos. Ya no salí a caminar. Me refugié de nuevo en mi cubil y pasé la noche delineando planes de pago para mis nuevos acreedores. Me quedé con el plan que más me convenía, desde luego. Acabé pegando el ojo a las seis de la mañana. Por un instante volví en mí, llamé a la oficina y me reporté enfermo. Me aclararon que no me extrañarían. Me volví a dormir. Declinaba la tarde cuando desperté. Estaba fresco, descansado. Me duché, comí tanto como el refrigerador me lo permitió. Se acercaban las nueve, hora de la cita. El edificio estaba en silencio. Antes de que cerraran la farmacia, logré comprar cigarrillos. Nueve en punto. Me había vestido de modo casual —camisa con botones en el cuello, saco gris oxford, pantalón negro— pues, a mi juicio, el encuentro con mis vecinos era indigno de formalidades. Desempolvé una botella de vino tinto que se agazapaba en mi alacena y fui a tocar el timbre del departamento de Yolanda. Ella me abrió de inmediato. —Nada como la puntualidad —celebró—. Me encantan los hombres puntuales. Tragué saliva. Su comentario me pareció imprudente, sobre todo porque el marido estaba justo detrás de ella. León era un tipo alto, fornido, semicalvo, de mirada displicente. Jamás habíamos departido. —Pásale —dijo. Prácticamente me arrebató la botella. No dejaba de atraerme el modo en que Yolanda estaba vestida. Imaginé que la pareja gozaría al rato. Quise creer que la entrevista sería breve. Tomé asiento y puse cara de circunstancias. Yolanda se mantuvo a mi lado, de pie, contoneándose. ¿Qué estaba pasando? De soslayo vi que, desganadamente, León destapaba la botella y servía vino en una sola copa, que acto seguido dejó vacía. Cató el líquido, lo aprobó mediante un asentimiento, volvió a servirse. Me aclaré la garganta. —Antes que nada... —empecé. —Qué bárbaro —interrumpió Yolanda, cruzando los brazos—. Sigues creyendo que el dinero te caerá gratis del cielo. —Sé que no será así —me puse a la defensiva. —Veinte mil pesos no se le dan a nadie por caridad. Nosotros, por lo menos, no lo haríamos. —¿Qué debo hacer? —fui al grano. —Seguirme —dijo, extendiendo una mano hacia mí. Pareja extravagante, pensé. Miré fijamente a León. Continuaba bebiendo, echado en el sofá, acaso esperando que el vino lo pusiera a dormir. Me puse en pie. —Olvídate de él —susurró Yolanda. Me tomó de la mano y me guió a su habitación. Cruzamos el umbral. —Esto me parece incorrecto —me las di de moralista. —Te endeudaste para pagar ciertos servicios, ¿no? —me recordó que, la víspera, mi lengua había sido imprudente. Medio asentí. Ella cerró la puerta con llave. —Nada de remilgos de ahora en adelante —dispuso—. ¿Nos desvestimos el uno al otro? —Yo nunca dejaría que mi mujer se acostara con alguien más —señalé, dudando sobre si desvestirme rápidamente o con parsimonia. —Tú harías muchas cosas en determinadas circunstancias —advirtió, quitándome el saco. No entendí. La dejé desnudarme. No me dio vergüenza verme desnudo ante ella. ¿Por qué iba a darme vergüenza? Lo que me fascinó fue el clóset; era de esos cuyas puertas están recubiertas por espejos. La cama se ubicaba ante ese mueble. Yo nunca había fornicado ante un espejo. Sería interesante, preví. Yolanda me pidió que la auxiliara con un par de cremalleras. La serví mecánicamente. Quería acabar con eso de una vez, para largarme dinero en mano. No me entró remordimiento alguno. Mi posición era poco masculina y, sobre todo, poco honorable, pero la necesidad... Por lo menos, no era León quien revelaba ante mí su desnudez. El cuerpo de Yolanda era aceptable. La brevedad de su estatura no lo afeaba en lo más mínimo. Lo contemplé gustosamente durante largo rato. Empecé a acariciarlo. Ella mostró reciprocidad. Nos tumbamos en la cama, comenzamos a frotarnos. —Ustedes han de ser de esas parejas swingers que abundan ahora, ¿no? —pregunté. —No me gusta que me hablen mientras me lo hacen —observó Yolanda, poco afable el gesto. Entonces hizo algo que me dejó sorprendido. Del cajón del buró sacó un rollo de cinta de embalar, cortó un trozo y lo untó sobre mi boca. Ni tiempo tuve de oponer resistencia. Esas cosas no iban conmigo, pero, si a la dama le gustaban... Además, había miles de pesos de por medio. Pero la mordaza no sería todo. La infame empleó unas medias para sujetarme de brazos y piernas a las cabeceras de la cama. Sospeché que mi vida podía correr peligro y, sin embargo, opuse la mejor cantidad posible de resistencia. Lo que no me gustó para nada fue que me vendara los ojos. No poder estar al tanto de sus movimientos me colmaría de angustia, lo sabía. Desde luego que no pude impedirle que procediera. Quedé cegado. De pronto, ella se apartó de mí; había estado lamiendo mi cuerpo, estimulando mi sexo, actividades que cesaron de golpe. Sentí que se bajaba de la cama. ¡Mientras no se le ocurriera llamar al crapuloso marido! Me entregué a forcejear, a gemir a través de la mordaza. Escuché que una puerta del clóset se abría. ¿Qué se le ocurriría sacar de ahí? “Ojalá que sus hijas no despierten de pronto”, pensé, “con ganas de espiar a papá y mamá”. Me calmó que la infeliz no me surtiera de latigazos. Hay mujeres cuyas manías sobrepasan lo imaginable. Qué bueno que Yolanda no fuera así. ¿No era así? De súbito volví a ser tocado. Me sorprendí en la misma medida en que me extasié. Sin duda, Yolanda había pasado un buen rato untándose crema en las manos. La suavidad de las palmas que emprendieron un continuo viaje por mi humanidad era absoluta. Me hizo sentir de maravilla. Penosamente, no podría abandonarme a languidecer. Cierto, una lengua se dedicó a estimular mi entrepierna, pero ¿cómo podía ser que, al mismo tiempo, otra lengua me ensalivara las tetillas? Mis forcejeos se desproporcionaron. ¡El tercero tenía que ser León! Me prometí que lo mataría a puñetazos no bien me liberara. No, los pulverizaría a los dos. Malditos enfermos. Saldar mi deuda había dejado de importarme. Ahora, mi fin consistía en escarmentar a quienes se habían burlado de mí. Me solté la mano derecha y, en lugar de lanzar un puñetazo al aire, me quité la venda de los ojos. En el proceso fui dejado en paz; asimismo, atiné a escuchar interjecciones peculiares, ciertamente no proferidas por un hombre. Ya con la vista libre, alcancé a ver dos cabezas rubias perdiéndose tras la puerta del clóset, que a toda prisa cerró Yolanda. Me quité furiosamente la mordaza. —Hija de puta —dije—. ¿Qué fue eso? Se abrió la puerta del cuarto. Entró León, con la botella en la siniestra y una .38 en la diestra. Me apuntó con el arma. —¿Se está poniendo pesado? —le preguntó a su mujer. —Se sorprendió un poco. Yo estaba inmóvil porque no deseaba que a León, cuya ebriedad era notoria, se le ocurriera apretar el gatillo. —¿Las niñas están satisfechas? —prosiguió el borracho, antes de darle un trago a la botella. Yo estaba horrorizado. —Me parece que no terminaron —maldita Yolanda. —Joder. ¡Ahora no se dormirán! —¿Quién te mandaba que las acostumbraras a dormirse con esa leche? León movía negativamente la cabeza. —Vuelve a atarlo —dijo, y a renglón seguido preparó el percutor. Yolanda obedeció. La venda, la atadura, la mordaza regresaron a su sitio. Nadie necesitaba explicarme nada. Volvió a oírse el ruido de la puerta del clóset, deslizándose sobre un carril. Ellas subieron a la cama, me tuvieron. No opuse resistencia. A León le dio un ataque de hipo. Los padres lo verían todo. Me vine. Las hijas bebieron. Diez minutos después, yacían dormidas a mis costados. Yo respiraba agitadamente. —Me... dejaron seco... —oí que decía León, con la cara para atrás—. Me lo destrozaron... Sus encías desdentadas... Luego les salieron los malditos dientes... Oí un ruido sordo, primero, y uno más potente, después. La botella y León habían caído. La madre se llevó primero a una niña, luego a la otra. El silencio era sepulcral. Fui soltado. No me atreví a hablar. Yolanda se había puesto un camisón. Me ayudó a vestirme. Me dio veinte mil pesos en efectivo. Mis manos temblaron al empuñar los billetes. Franqueé el cuerpo de León para alcanzar la salida. Faltaban tres días para que se venciera el plazo fatal. Tentación. Conté muchas veces el dinero. Veinte mil. Lo había ganado con mucha facilidad. Tal vez, antes de que terminara el plazo... Al día siguiente visité a Connie, me disculpé con ella por la tunda que le había propinado la última vez, le di diez mil pesos para que no asumiera una actitud que me chocara. Pasamos una noche increíble. ¿Para que contarla, entonces? La noche siguiente repetí la faena. Usé a placer el cuerpo de Connie y me quedé sin un quinto. Me llamaron de la oficina. Que me habían dejado ir por faltista, que en absoluto me echarían de menos. Sonreí. Me quedaba un día, ¡un solo día! Salí del departamento, di dos o tres pasos, oprimí un timbre. Yolanda abrió. Eran las nueve en punto. ** Sergio Rodríguez sarodriguezn@yahoo.com Escritor mexicano (México, DF, 1974). Abogado de profesión. Ha publicado la novela Intramuros (Edamex, http://www.edamex.com; 2002) y el libro de relatos Segunda muerte (Edamex, 2004). === 5 sonetos de amor Javier Aguirre Ortiz =========================== *** Vida nueva Quiero nacer hacia la vida nueva, al corazón que se abre a la ventura, quiero ser en virtud de tu figura, quiero quemarme entero mientras nieva; tu mirar ver donde mi voz se abreva, tu llama amar donde el no ser se cura tu tierra arar, porque es la derechura, la vía que al amor del cielo lleva. Quiero comer tu corazón ardiendo, caminar en la lluvia deseada, no quiero dejar nada que no entregue para que no nos vaya así perdiendo: la viva luz comparta la mirada, que no quede una sombra que nos niegue. *** Lluvia Naciste en medio del abril lluvioso naciste en ella y en la lluvia vives y en el agua de lluvia que recibes ya todo es esplendor maravilloso llueves un ancho río proceloso con el barro radiante con que escribes y si una flor en el pasado inhibes serás mañana amanecer gozoso la lluvia llama ardiente en la ventana llena de lumbre mi mirada oscura mis ojos y mi voz mi boca muda la lluvia sube y en tu mano suda y salta el corazón de rana en rana y ardiente lava ignota gota pura *** Amaneces eres la luz que alumbra floreciente mi corazón que canta con la aurora eres el sol que nunca se demora la claridad del agua de la fuente inicias tu pasaje por mi frente desde la noche en que el silencio mora no duermes incesante roedora siempre conmigo cuando estás ausente amaneces el sol de la palabra soplo en la niebla faro de la luna y la lluvia en la luz que dulce brilla el horizonte ante la luz se abra las hojas se enternezcan una a una y el aire mueva su canción sencilla *** Necesito tu voz para vivir Si el sol se nubla, qué será mi vida. Habré de anochecer sin tu mirada. Mi mirada se acuesta enamorada pálidamente, busca una salida. Qué será de la senda detenida. Qué será de la mar ciega y callada. Qué habrá de ser mi voz, palabra errada, sombra distante, luz desatendida. Necesito tu luz para nacer. Necesito tu voz para vivir. Necesito tu vida para ser. Sólo contigo empezaré a existir. Sólo contigo vuelve a amanecer. Sólo contigo viene el porvenir. *** Tiemblo Si el corazón toda su lluvia mueve, ¿superará la muerte que le encierra? ¿podrá brotar la vida de la tierra? Ya el sol con toda su esperanza llueve. ¿Se llevará mi corazón la nieve o el miedo vencerá que todo cierra?, ¿descansará jamás la santa guerra que agrava al corazón de sangre leve? La sangre se conmueve amaneciente, llena mi pecho el canto de la aurora con su rojo manar de viva fuente. Todo lo llevará la destructora luz, arrasando el barro de mi frente, con su voz que radiante me enamora. *** Escuche amor mientras el odio suena Señor, dame tu gracia en esta hora, déjame ver, Señor, déjame verte cómo nos das la vida con tu muerte y al corazón su llama redentora. Da luz al alma de la que es señora tu voz, mi débil corazón haz fuerte, haz que sea agua y pan la piedra inerte y retoma mi ser, que es tuyo ahora. No se pierda entre piedras mi premura y escuche amor mientras el odio suena, no beba sombra, sino sea pura. Sienta romper el hombre la cadena que le aferra, mortal. En tu estatura vuele libre, inmortal: hueco que llena. *** Viernes Santo Todo es desolación, todo amargura, hoy ha muerto la luz, la luz del día, hoy lo que era esperanza y alegría es sólo muerte bajo piedra dura. Ha desaparecido el agua pura, qué silencio mortal, qué noche fría, no hay vida, no hay verdad, no hay sol, no hay vía, el día yace bajo sombra oscura. La tierra cubre toda la esperanza, murió la vida y en su hueco cierra lo que estaba en la mano y no se alcanza. No sé qué más podrá decir la tierra, ni si un viento de bienaventuranza desarmará la muerte que se entierra. *** Resurrección La semilla ha bajado a los infiernos y ya nace sin fin la maravilla: rompe la tierra abierta la semilla surtiendo un agua o vino o cielo eternos; la llama enciende luces para sernos, y brilla, brilla, brilla, brilla, brilla, y es todo luz el mar de una a otra orilla, y eterna primavera los inviernos; la muerte ha muerto derrotada y muerta, sólo cáscaras quedan de la tumba, vence la vida cierta, y desconcierta con su inmenso fulgor, y amor retumba desde este Dios con la ventana abierta, oh amor descomunal, oh sol que zumba! ** Javier Aguirre Ortiz jaguirreo@yahoo.fr Poeta español (Bilbao, 1973). Es licenciado en filología hispánica por la Universidad de Deusto (http://www.deusto.es) y en filología inglesa por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (Uned, http://www.uned.es). Es profesor de español en el Liceo Internacional Montessori de Bailly (Francia). Ha publicado colaboraciones literarias en las revistas La Galleta del Norte, Zurgai, Pérgola, El Fantasma de la Glorieta (http://www.elfantasmadelaglorieta.com), Luke (http://www.espacioluke.com), Escáner Cultural (http://www.escaner.cl), Realidad Literal (http://www.realidadliteral.net) y otras. === Crónicas desesperadas de dos ángeles en Sodoma Alejandro Maciel == “No es del todo cierto lo que está escrito en un libro tenido por sagrado donde se nos imputa haber descendido a censar las abominaciones humanas en un vecindario donde la lujuria corría pareja con su pravedad. Bastante ya ha sido tratar con los pecados del cielo; ni Dios, que es omnipotente, podía comisionarnos a la tentación de conocer la culpa antes que la infracción del deseo. Lo cierto es que bajamos a la tierra con el edicto sagrado para exterminar a los injustos junto con los aduladores, a los forajidos y a quienes observan tan escrupulosamente la ley que la convierten en una prisión para sus cuerpos y un suplicio para sus espíritus. La ley se escribió para igualar a los mortales con los dioses. La misma muerte no es más que una ley menor. Era el atardecer, la hora de la mansedumbre cuando un vapor invisible llena la hora moribunda de sombras y grises, la hora en que las alhucemas hacen flotar en ese vapor el gusto ácido, opalescente, que recuerda la omisión de la memoria humana. El sol rojeaba los relieves de las cuestas mientras Lot se inclinaba a gemir sus plegarias por los justos en el umbral de su casa. También es cierto que, al entrar en celo la noche, Lot nos convidó a su mesa, nos hospedó; atendió nuestras fatigas, la sed y el hambre para demostrarse a sí mismo que todo acto de justicia exige una privación. Después, el escrito sagrado lo consigna con reservas al pudor de sinagogas, templos y catedrales, vino la horda de los sodomitas, vino el asedio. Secretamente intuimos la fiesta de la carne que nos amenazaba. Los hombres y mujeres nada saben de los ángeles; en cambio, nosotros somos versados en excesos, dolo e indecencias que aprendemos del rebaño humano y por eso, conocemos a la gente. Todos los disidentes del Paraíso aprendieron las maquinaciones humanas antes de entregarse a la estafa y el fraude. Nuestra fue la idea de instar a Lot a comerciar la castidad de sus hijas para salvar nuestra honestidad. Nuestra existencia, que precede a la sucesión del tiempo humano, ya conocía el incesto que el relato describe mucho después del exilio de las ciudades condenadas: Gomorra, Sebohim, Admá y Sodoma. Pero la turba no aceptó el trato. Colándose por los párpados de las persianas nuestra pureza esparcía un perfume a infancia. Ese aroma delicado del pétalo exhalando la llamada del germen encendió el fuego de los ánimos; los placeres largamente agostados se sacudieron repentinamente, un filo de acero parecía brillar en la cabeza de la noche, las chispas de su refriega bullían en el interior de los sodomitas. Todo era fuerza escaldada, humo de bufidos, sudores y gemidos. Los hombros de los hombres arremetían con fuerza contra la puerta. Crujían las fallebas rítmicamente como la máquina de los sitiadores contra los paños de un muro de piedra que se desgaja. Decidimos cegarlos: es sabido que la visión es aliada de la sensualidad; pero ellos seguían insistiendo, aullando de deseo y de odios. Intentaron arrastrarnos al vicio por medio de promesas pero en el cielo nunca creció el árbol del deseo, por esa razón, tanto nuestra virtud como nuestra perversidad no tienen límites. Quienes no fuimos amasados de materia en el tiempo, ignoramos por completo las desesperaciones del porvenir y las acusaciones del pasado. Lot no parecía entender nuestra misión. Vinimos como mensajeros; para él éramos simples verdugos, artífices de la catástrofe. Primero imploró por cien justos ofreciendo canjear la ciudad por su piedad pero buscando en su memoria no halló los cien. Ofreció diez, tampoco los encontró aunque revisó escrupulosamente sus amigos y parentela. Ofreció uno pensando que la sola existencia de la justicia merece la salvación; pidió por un justo, pidió por Lot. Cerca, más allá de la pendiente reseca, gruñía el Mar Muerto. Tuvimos que explicarle pacientemente a la mezquina luz de alcuzas que colgaban de las vigas que ni siquiera un rebaño de justos es suficiente a la hora de limpiar tantas ofensas; que Dios había creado un mundo generoso en el que ser justo no exigiera tanto esfuerzo y eximiera de tanto dolor. Que el Altísmo ya había sentenciado; que la demolición y la hoguera no tardarían más que nuestras dudas que quizás en las entrañas de la oscuridad el azufre ya brotaba para el exterminio. Clareaba con tibieza en el naciente cuando salimos de la ciudad confiscada al mal. A todos advertimos sobre el riesgo de mirar hacia el pasado, pero la mujer de Lot buscó despedirse de sus recuerdos y volvió los ojos hacia la muralla fulgurante bajo el cielo furioso que estragaban las llamas. Dios la convirtió en sal, materia sagrada, odiosa al demonio porque impide la corrupción de la carne. Nadie sabe que la desobediencia, a veces, santifica. Dios la bendijo premiándola con la perpetuidad: los años y los siglos rebanarán los riscos, reducirán la piedra al polvo del que está hecha la criatura humana pero la mujer de sal seguirá observando de pie la dignidad de los exiliados. Nadie conoce el pensamiento de Dios, que es mortífero. Hemos de confesar que después de acompañarlo desde siempre, sin principios, aún hoy sus enigmáticos designios consiguen sorprendernos. ¿Por qué la lluvia de fuego sobre Sodoma y Gomorra cuando sabemos con certeza que en otros sitios se cometen males mil veces más aberrantes, se masacra a los inocentes y se tortura a los justos? Los males, ya lo aprendimos, son necesarios en el universo desquiciado que, sin ellos, sería imperfecto. Muchos males prestan valiosos servicios: el crimen enseña a valorar la vida; por el sendero de los vicios llegamos a la prudencia. El odio a la guerra mantiene la paz. Muchas veces un exceso de lascivia conduce a la santidad más ascética, como la de Thaís de Alejandría y Agustín de Hipona. ¿Por qué destruir entonces Gomorra y Sodoma, futuros templos de castos? Hemos de vigilar la historia para descubrir la respuesta. Intuimos que Lot ya la conoce; por eso se salvó del castigo destinado a los fornicadores. Y también sabemos que una larga noche fue amante de sus hijas, y sobrevivió. No podemos dudar de Dios ni de su justicia; pero sí de Lot”. (De La salvación después de Noé). ** Alejandro Maciel alebovino@fibertel.com.ar Escritor argentino (Corrientes). Ha publicado diez libros, el más reciente de los cuales es la Culpa de los muertos (Ínsula Libros, Barcelona, España, 2008) Dirige la revista-libro semestral Palabras Escritas (Editorial Servilibro). Mantiene una bitácora personal en http://alebovino.blogspot.com. === Cavilaciones Oscar Iván Londoño Zapata =========================== *** Curva peligrosa A Gabriel Peralta La noche anuncia ecos diferentes, el camino se teje en redes de miedo, doblas a la derecha, doblas a la izquierda, una curva peligrosa silencia tus recuerdos. Ya otra morada será tu destino, no importa lo que fuiste, hoy viajas en camino silente, mas en este mísero paraje, tu memoria sigue presente. Curva peligrosa que anuncia un peaje a mil metros, a mil metros de distancia yace tu cuerpo. ¡Para... para..! era el feroz eco de tu mente, mas el camino indiferente, arrebató tu frío aliento. *** Cuerpo alado No reconoces el espacio, el tiempo se ha detenido. Poco a poco la naturaleza se silencia, deseas dormir pero algo te detiene. Una voz que en el aire se siente ha creado unas manos que te mueven, rozan tu cuerpo de pies a cabeza, estiran tus manos hacia el infinito, juntan tus piernas, ya han llegado al fin. Te acuestan, te sientan, juegan contigo. Impaciente buscas el rostro del titiritero, no lo puedes ver. Te conviertes en cuerpo alado, aunque sin alas para volar. *** Voces vacías A L.F. porque su voz no hizo eco Silente camino en la bruma que tu incertidumbre teje. Me miras y me hablas mas no encuentro palabra alguna. Tu voz vacía es eco de un susurro que sigiloso vela el engaño. ¿Por qué son ciegas tus palabras? ¿Por qué se esconden en la bruma? Bruma eterna que colapsa mis sentidos y revive el eterno ocaso. Será tal vez que mi alma es presa de tu voz, o será que tu voz es la ambrosía mortal del cadalso. Despierta alma mía, ya las voces no hacen eco, ya el olvido olvidó el amor, ya eres libre, vuela. *** Autorretrato Los caminos se abren cual centella iracunda. Voces en ecos lejanos corroen mi tumba. —Son los sonidos de la muerte—, gritaban sin amparo, aquellos seres inertes cual cadáveres gastados. Logro escapar con esfuerzo de aquel laberinto de hielo, que absorbe sin cavilaciones, todo mi anhelo. La luz se abre a mí como un fénix andante, ya he derrotado los impíos que en el cadalso arden. *** La musa ¡Oh musa del olímpico cuarteto!, escucha este suplicio en vano llanto, acude presurosa y con encanto, has brotar letras para este soneto. ¿Por qué no respondes a mi llamado? ser puro de inagotable belleza, ya no quieres inspirar esta pieza, o acaso pretendes que muera cansado. Extraño amigo de un país lejano, no te agotes en un ruego demente, el poder del soneto es más cercano. La verdad está en tu infinita mente, no intentes buscarme simple profano, ya he desaparecido en el presente. *** M. La noche se apaga de un soplo, la brisa anuncia la llegada del rocío. Los ojos de M. se posan en la piel, siente ajeno el cuerpo. Las formas no obedecen a sus recuerdos, no dice nada, no sabe nada. La epidermis ha extinguido su verdor, acompañante cromático de toda la vida. Ya el pasto no le sabe igual, sus papilas son presa de otra ambrosía. La mirada confunde en el horizonte, no encuentra su historia. Camina y reconoce el paraje, el lugar interminable del pasado. Bosque eterno que desde esta altura, sí tiene fin. Sacude su ajeno cuerpo en busca de aladas membranas. Pero es inútil el esfuerzo, han desaparecido. Se recoge con impulso extremo, intenta dar un salto, agotado su cuerpo queda, en el más rotundo fracaso. Estática la mirada, la boca abierta en desencanto, despide una onda de miedo, un grito mudo y desolado. *** Desgarrados Tus manos se juntan con las mías, parecen susurrar. Ecos lejanos llegan a mí y no los entiendo, te siento distante aunque cerca estás. Tus labios rozan los míos, no los encuentro. Mis sueños te buscan, te ven y huyes de mí. Ya no siento ecos ni besos, pero aún me miento. *** El juego de la sombra y la luna Una noche bañada en sombras, sombras que juegan con la luna, luna pálida y serena, serena voz de la fortuna. Es el nido la luna, nido de la sombra, sombra errante y pequeña, hermoso ser de ternura. El tiempo pasa iracundo sin dejar aliento en las manos. La luna mira su cuerpo, en pedazos ha quedado. Sombra... sombra... juega con la luna, vuelve pronto sombra, ella espera por ti. *** La caja de Pandora Eterna caja de Pandora, conocedora de secretos, muda duermes en la noche, el sol anuncia tu regreso. La luz aleja el caos del que has sido presa. Los sabios inmortales desfilan como persas. Se han metido a tu alma ofreciendo bellas joyas, pero con tristeza sientes que sólo son sombras. Sombras errabundas anhelando un camino fijo. Mentes acechantes de un débil delirio. *** Orgasmatrón Tu maquinaria afecta mis sentidos, silencia mis palabras y acelera la noche. Tu maquinaria desprende su savia por mi cuerpo, aceites tibios buscan un mar de besos. Tu maquinaria inyecta vida a mi vida, descargas sórdidas que se impregnan en mi piel. Tu maquinaria se desarma en mis manos, engranajes que con lujuria estallan de placer. *** Ofrenda A J. E. por su ofrenda de amor... Ofrendé tu perfume a la noche y juré ante las sombras mi amor, le pedí a la luna palpitante que en cada átomo de brisa te pudiera encontrar. Ofrendé tu esencia al mar y juré ante la bruma que cada amanecer tu rostro estaría conmigo, y que cada anochecer te inventaría sin agonía. Ofrendé tu alma al fuego y juré ante las llamas que así sería mi amor una entrega total y consumada. Ofrendé tu cuerpo al viento y en un soplo de amor te trajo a mí... te quedaste por siempre como una ofrenda a mi amor. ** Oscar Iván Londoño Zapata oscarivan84@yahoo.es Escritor e investigador colombiano (Ibagué, Tolima, 1984). Es licenciado en lengua castellana de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad del Tolima (UT, http://www.ut.edu.co), graduado con la modalidad de “Excelencia Académica” y la distinción “Grado de Honor”. Autor del estudio discursivo: Análisis crítico de los discursos evaluativos de los docentes de lengua castellana de los grados décimo (10º) y once (11º) de algunas instituciones educativas de Ibagué (2007). Fue coinvestigador del Grupo de Investigación de Competencias Comunicativas de la misma facultad en el proyecto “Caracterización y evaluación del desarrollo de competencias en la comprensión y producción textual de los estudiantes de pregrado de la Universidad del Tolima”. Colaborador en la sección “Facetas” del periódico El Nuevo Día (http://www.elnuevodia.com.co), de Ibagué. Es miembro de la Asociación Latinoamericana de Estudios del Discurso (Aled) y ha sido ponente en eventos nacionales. Textos suyos han sido publicados además en la Revista Latinoamericana de Estudios del Discurso (Venezuela) Discurso & Sociedad (http://www.dissoc.org), Crítica.cl (Chile), Avivavoz UT (http://avivavozut.blogspot.com), El Salmón y Cuadernos de Pedagogía de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Pereira (Colombia). === ¿Un sueño en Viena? Juan Manuel Pérez Álvarez ==================== Abrí los ojos para asir al impalpable visitante, Cogerlo por el cuello y arrancarle su secreto de humo, Mas solo vi una sombra perderse en el silencio, aire en el aire. Octavio Paz Se oyeron dos golpes en la puerta. —Adelante. Nuevamente otros dos golpes. —Sí, usted. Puede pasar. En el umbral se descubre un rostro indeciso cercado por arrugas de sombras, efecto natural de un lienzo tenebrista del siglo XVII. Pertenece al organismo de un hombre maduro de reducida estatura, casi ridículo, que sostiene una chistera de prestidigitador en la mano derecha. —Señor... Ahora le tiemblan los labios. Siente cómo languidece la elocuencia en su lengua. Y... —Tenga la bondad de sentarse. El individuo repara en la habitación no demasiado espaciosa en la que se encuentra, iluminada por una ventana abocinada que se despliega en la pared de enfrente, como un óculo velado por una cortinilla de muselina. El tiempo recita la sentencia cifrada desde un reloj de pared, cuyo ebrio péndulo describe un surco invisible. ¿Prisión quizá? Primera impresión. No se trata de eso. La amarillenta pared está remendada con cuadros y fotografías, títulos y diplomas ilegibles. La existencia aguarda en actitud contemplativa. Dos ojos oscuros en los que danza una llama lejanísima interrogan al espectador. Todo espera una respuesta. —Quisiera hacer un reconocimiento. Eso es todo. —Por supuesto... En aquél diván de allí, por favor... Reclínese, así... Un hombre vuelve la espalda y parece manipular objetos sonoros enfundados en una vitrina. Sobre una silla reposa un volumen desgastado. El reclinado huésped lo recoge. Lo examina. Comienza a hojearlo. —“Petti, nihil me sicut antea iuvat / scribere versiculos amore percussum gravi”. Horacio. ¿Lee usted a Horacio? Se escucha un ronquido vocalizado. —Sí, a veces... Amore percussum gravi. Colgadas del dintel como lámparas magnéticas levitan oleadas de un exótico perfume, semejante en olor a cinamomo de Asiria mezclado con incienso sabeo. En la araña dorada que gravita perpendicular al techo, los cientos de cristalitos rutilantes como constelaciones parecen empañarse. La melopea de un recuerdo de diamantina concisión embarga los sentidos del personaje reclinado en el diván, y su mirada se condensa en momentos que fluyen hacia el mar ontológico, en donde forman ondas y corrientes que armonizan los estados de ánimo universales. Frente a su abstraído icono, un diploma plano y recortado por un marco ortogonal muestra al curioso su pecho escrito: DIPLOMA ACREDITATIVO D. (no se descifra su onomástica) Licenciado en Medicina Psicoanalítica El título se difumina como el vapor de una idea en la mente del lector: Licenciado en Medicina Psicoanalítica A medida que la apacible neblina de la inconsciencia se adueña de las reptantes facultades del paciente, el doctor (sin duda él es, pues viste una bata blanca) afila sus moribundos sentidos. Es el momento de actuar. Un fenómeno inesperado interrumpe el silencio como un presagio. Se trata de un pesado volumen precipitado por el determinismo de la Conciencia Universal, inimitable y providente, desde un robusto anaquel de madera rígida. El nacimiento de lo imprevisto bautiza el movimiento. El doctor se inclina en necesaria genuflexión para tomar la pieza astronómica en sus manos. —La interpretación de los sueños, de Sigmund Freud. Otro experimento de taumaturgia no ha mucho tiempo ha redimido a la raza de José. Populus Dei. Las Setenta Semanas y la Parusía. Acto seguido deposita el testimonio en la estantería. Mecánica de los signos ajenos a la investigación. Sin duda algo ha querido decir con eso. Antes de regresar al paciente, como aquella voz que grita en el desierto se manifiesta a su memoria La flauta mágica de Mozart: —Espacio reservado para la incorporeidad de las notas— Siempre renace de la ceniza secular. El pensamiento, hábito de la materia gris, comienza a atar cabos infinitos, repetitivos y pertinaces como rima alejandrina. El médico resopla y empaña sus gafas. Misteriosa humedad visible en el cristal de la ciencia. Alrededor de la duda instrumental, una mosca recorre el perímetro de la habitación diseñando el perfil de la trascendencia. —Musca vulgaris —apunta el doctor. La órbita sucesiva se cierra en círculos concéntricos cada vez más próximos. Más próximos. ¡Eureka! El aeroplano díptero se ha volatilizado. —Musca supersonica —rectifica el doctor. ¿Dónde se encuentra? Ni Aquí ni Allí. Quizá en otro lugar. El zumbido persiste en el espacio ovalado y capital, como si la Plaza de San Pedro en Roma fuese recorrida por un motor cardíaco de explosión, propagador del Mensaje Urbi et Orbi. Espera en tu crisálida, memoria. “La musca vulgaris”, recuerda el doctor consultando la Enciclopedia Mental, clasificada en tomos alfabéticos virtuales, “es un insecto pterigógeno perteneciente al orden de los dípteros. Medida aproximada: de 6 a 8 mm de longitud. Constitución: insecto de antenas cortas y grandes ojos pardos, cuyo aparato bucal se compone de una trompa chupadora, que termina en una masa esponjosa atravesada por unos delgados canalículos, a través de los cuales aspira sus alimentos, previamente licuados por la acción de la saliva”. Con esto es suficiente para una completa ficha técnica de la Sociedad de Consumo, la cual desde la Revolución Neolítica ha manifestado un progresivo engrandecimiento del Poder Temporal, y que utiliza todas las diversas acepciones de la cultura inspirada en la moral para absorber esta materia disforme con la trompa de su desarrollo mecánico, previamente diluida en la disolvente economía colectiva. Toda una tesis. Se cierra el volumen en el aire tangible por el gong o trueno canoro propagado en todas direcciones. Algo así como el aplauso del vulgo, estandarte del Orden Público. El médico vuelve al paciente. Pero ahora existe un nuevo obstáculo. Hay un camino intrincado y angosto que conduce hacia él. Se trata del Laberinto Vertical del Pensamiento. Debemos atravesarlo. “Un momento”, exige la Prudencia Octogenaria, “¿y si alguien nos observase?”. Es inútil atormentarse. Nihil et nihil. Espejo del espejo. Da un nuevo paso al frente. A pesar de todo, los astros siguen su curso. Y ahora es necesario atravesar el abismo dividido en dos nuevos pasos. Caelus et Inferos. Adelante, homo sapiens. Mientras el reloj geocéntrico reproduce impresiones plastificadas de olvido, el doctor toma el pulso al paciente, el cual, recostado en el diván, duerme hipnotizado con la boca abierta. Al percatarse, el facultativo pupilo del ofidio Esculapio zarandea su indispuesto organismo para —en palabras de Homero— sacudir el sueño de sus vigorosos miembros. El paciente reacciona al favorable estímulo y vomita fragmentos de palabras que el doctor anota en un cuaderno. “OBERTURA DEL EXPERIMENTO” titula sus anotaciones. —¿Cómo se encuentra? —pregunta al paciente con la mansedumbre del cordero sacrificado para reivindicar el deber. —...Relativamente ataráxico —responde el impoluto, suma de cuerpo y alma. —Muy bien. Si hace usted el favor, quisiera que me nombrara al animal que primero le viene a la cabeza en este momento. —Digamos que el elefante. —¡Ajá!. El e-l-e-f-a-n-t-e. ¿Por qué le llama la atención ese animal y no otro? —Por el tamaño. —Perfecto. P-o-r e-l t-a-m-a-ñ-o. ¿Recuerda alguna anécdota de su vida relacionada con el elefante? —¡Vaya si la recuerdo...! Cuando yo era joven —sonríe rememorando la Edad de Oro— en la escuela nos obligaban a traducir un pasaje de Tito Livio que trataba de las Guerras Púnicas... Y allí conocí por primera vez a ese animal... Pero yo nunca lo había visto... —Gu-e-rr-a-s P-ú-n-i-c-a-s. —¿Nunca se ha montado en un elefante? —No. —¿Y en un ascensor? —Sí. —¿Qué sensación experimentó la primera vez que subió en ascensor? —Una especie de temor extraño, y a la vez vacío... —¿El mismo temor que cuando le tocaba traducir las Guerras Púnicas? —Hombre... No sé hasta qué punto... Hace mucho tiempo de eso... Incluso me atemorizaba el aspecto que imaginaba de Aníbal, pero... ¿Por qué mencionar esto ahora? —¿Todavía le causa miedo? —¿Aníbal..? —No, el ascensor. —En cierto modo... El médico escribe: “El temor del hombre por el elefante es directamente proporcional al experimentado por Aníbal planteando la hipótesis de que se subiera a un ascensor”. La pluma del doctor picotea en el papel del cuaderno como un grajo hambriento. —Pasaremos a la segunda parte del tratamiento —pregona—. Le propongo el ejercicio Nº 20 del Profesor Incognitus: recite automáticamente sin mediar la conciencia de la reflexión y en una sola frase (puede permitirse lagunas) la Historia de Roma de cabo a rabo (ab urbe condita) teniendo en cuenta la versión que prefiera (Salustio, Gelio, Tácito, Mommsen, etc.) y yo grabaré su voz en este reproductor. Dilate lo que pueda el discurso. Tiempo. Pulsa el botón “on”. El paciente comienza: —...Desde hace muchos siglos prevaticanos subsistía la Ciudad (Urbs) fundada por los doce buitres de Quirino bajo los penates, auspicios y trapacerías de Eneas y sus descendientes venusinos por línea directa hasta Augusto Cesar Pater Patriae pasando por Cicerón, Varrón, Virgilio, Horacio, los dos Catones, Julio, Pompeyo, Bruto, Ovidio, Mario, Sila, Plauto y Terencio entre otros; después de Augusto hasta Augústulo: Séneca, Nerón, Marco Aurelio, Calígula, Nerva, Trajano, Adriano, Epícteto y San Agustín. —Ya está. Deténgase. Ahora hinche los pulmones y cante la Historia de la Humanidad. —Es un proyecto demasiado ambicioso. Tendré que exponerlo en secuencias. Inspírame un vendaval, oh Musa. Adán - el Pecado - El Diluvio - Sacrificio de Noé - Abraham entre bárbaros - Moisés libera a Israel - Las doce tribus de Palestina - Homero y los siete sabios de Grecia - Sócrates muere - Alejandro conquista Asia - Roma en el Mediterráneo - Aristóteles en una vitrina de la Biblioteca de Alejandría - Profetas - Mesías Cristo - Nuevo Mundo - Guerra entre naciones - Hasta hoy. Se acabó. —Disculpe usted. Me llaman por teléfono —el doctor se acerca a un cajón dentro del cual suena un timbre. Abre la gaveta con un impulso maquinal y acerca un auricular al oído derecho—. ¿Sí..? ¡Ah, no faltaba más..! La próxima semana le pagaré. Adiós —cuelga. Al paciente:—. Estoy con usted. El médico se dirige a la estantería y extrae de ella un libro empolvado. Lo abre por el medio y toma en sus manos una fotografía tamaño postal. Se la muestra al paciente. En ella se representa en blanco y negro a una mujer en bañador. —¿Qué le sugiere esta imagen? No se avergüence de su respuesta. —Pues no sé... Placer visual. —¿Sólo visual? —Bueno..., digamos que erótico, si lo prefiere. —Eso es otra cosa. Durante un intervalo brevísimo de tiempo, se deja escuchar el íntimo gorjeo de un petirrojo que ha aterrizado en el alféizar de la ventana. Da cuatro saltitos a modo de despedida protocolaria y se echa a volar. —Tal vez la trompeta del Juicio suene así —deduce el médico mirando al techo y poniendo el índice sobre la boca—. ¿La ha escuchado alguna vez? —Alguna vez... —repite el paciente mirando al suelo. —¿Sabe? Se me ocurre algo. Podríamos fundar usted y yo una empresa de comestibles para el Más Allá. Hasta la segunda venida del Mesías, le quedan mil años de espera a los fallecidos inscritos en el Libro de la Vida (según Apocal. 20-19). Ya he diseñado las siglas fluorescentes: C.O.S.A. (Comestibles del Orco Sociedad Anónima) Todos los Derechos Reservados Tendríamos que aportar un capital inicial. Sería suficiente el 30% de nuestros ingresos salariales en veinte años. Espere... calculando la derivada de... inflación, contribuciones, tasas e impuestos... o... ¡será posible..! coeficiente de... ¡Tiende a infinito! —Déjelo —musita el paciente saboreando con hedonismo una calada de opio—. Siempre seré el “cerdo de Epicuro”. —Le convencería mejor si se lo taquigrafiase en verso: Derivada de Elevada a En fin, me parece ser el paciente. A usted se lo debo. Suena el teléfono de nuevo. El médico lo descuelga. —¿Quis est? ¿Más Allá? Sí, Señor, ya nos vamos ahora —cuelga. Al paciente:—. La toman con nosotros. Otra guerra-relámpago. Se percibe el zumbido estridente de una mosca que cruza la sala. El ruido aumenta en masa como un globo a punto de estallar. En otro lejano lugar, un hombre se despierta. Observa a la mosca que ha aplastado inconscientemente sobre la mesa con una sola mano. Sueña que es la misma mosca que había visto en sueños. —Debe ser el clima vienés... —musita. Y se incorpora para abrir la ventana. ** Juan Manuel Pérez Álvarez juanmanuelperezalvarez@yahoo.es Escritor español (Ourense, Galicia, 1985). Es estudiante de Derecho. Textos suyos han sido publicados en revistas digitales como Voces. Ha publicado los poemarios Azul y oro / Diario suspensivo y Vidrieras. === Al final del crepúsculo María Alejandra García Mogollón ========== *** Abandono A Ricardo Contreras Cierta claridad crepuscular es atraída por un efecto lunar dibujándose tenuemente la constelación de Orión, que ha sido plasmada mágicamente en tu pecho como en cual cielo infinito en el que pierdo y abandono todo... caigo inevitablemente en un suspiro casi mortal y sin tiempo, para retroceder, pudiendo así, abandonarlo todo y en ti lentamente con la Luna mirando la bóveda celeste idiotizada por la constelación, que, aunque desapareciera la noche, siempre en tu pecho se iluminará. *** Al final del crepúsculo Al instante del desenfreno, observo tus pupilas, aun más que en el alba y sólo las veo reposar como al final del crepúsculo, hasta que depositas tus preciosas gemas vertiginosas dentro de mi sagrado aposento de tu heredad. *** Ausencia A Ricardo Contreras Hoy el alma ya no encuentra el sosiego que le dan tus besos, pues hoy, de gris se viste la bóveda y cobija de tristeza la plácida y ausente imagen, ya impenetrable, en la más agobiante ausencia. Ha desaparecido el albor, el suspiro, hasta las fuerzas, por la lejanía de tu cuerpo, ya ni la savia tiene sentido, si tu respiración no sostiene un dulce debate con la mía, en ese hermoso instante de adhesión, anhelado e ineludible a la vida y a la muerte se juntan... se aman para saber que no ha sido en vano el existir. *** Viento En solitario lecho que habito, implacable encuentro con el viento dejando sólo tu recuerdo que salpica de tristeza al cuerpo inocente, entre tus manos mientras este leve viento acaricia sin permiso lo que te pertenece. Anhelamos... nuestra inmensidad cuando la irrumpe el viento, en sublime placer al ínfimo contacto pues ese soplo de vida cualquier fuego aviva induciendo la explosión al alba absorbiéndolo todo en donde ni el viento puede habitar. *** Cautiverio A Emmanuel (el primer niño nacido en cautiverio en Colombia) Colmada de vestigios de verdad, ausente para los sedientos de justicia la luna contagia de tristeza al sol, Lagrimear de estrellas Cielos que recubren Bajo terciopelos de topacio Frías e inescrutables tumbas Olvidadas en la soledad de la selva Lúgubres lechos, impunes refugios De almas devastadas, mutiladas Por un descomunal arrebato de libertad Ríos de impunidad, Donde flotan nombres y cuerpos Que saben a años de espera Sueños e ilusiones De un país que se contempla En un juego sin tregua ni fin ¡Oh esperanza! Que dibujas tus contornos En falsos pactos de alta ralea Permítenos no borrar tu nombre No acabar nuestros anhelos de verte Por primera vez ¡Oh Emmanuel! Y olvidar tu cautiverio. *** Sentencia Aterrador escenario espigado por la eternidad, aloja allí a las innumerables almas sin destino y sin fin; confundidas, atrapadas con incesante codicia y abrumadora desesperación, albergando en sus recuerdos pavorosos episodios de la morada terrenal, confrontándose entre los confines del odio y la locura, la fascinación y la espera del acto de redención inexistente en el crepúsculo, transitado ya, sin retorno, mientras Sílfide, dulce ninfa, recorre los bosques con nimia sutileza y premeditada indolencia, ignorando el dulce susurro de sus condenados, que por un fuego abrasador son consumidos una y otra vez. Y así, la sentencia eterna: lo que en vida no se logra destruir, después de la muerte esgrime para la dulce satisfacción de sus más temidos verdugos. *** Impunidad Sobre frías y húmedas tierras reposas, inanimado, cobijado de injusticia con tu conciencia ausente abatido por las sombras van transcurriendo por su cuerpo el tedio de las horas mientras un ejército de pequeños habitantes marchan implacables arrebatando a su paso lo que dejó tu verdugo sin reclamos, ni sollozos y tu alma expectante anhela la victoria sobre la impunidad. ** María Alejandra García Mogollón metzwey@hotmail.com Poeta, cantante lírica y pianista colombiana (Bogotá, 1983). Ha participado en actividades como Jóvenes Futuro para Sucre (Cámara de Comercio de Sincelejo, 1998), Diseño Participativo de una Política de Juventud (Gobernación de Sincelejo, 1999) y el Congreso Departamental de Políticas de Juventud para Personeros y Líderes Estudiantiles (Gobernación de Sincelejo, 1999). Lideró actividades en los proyectos nacionales Dotación del Aula de Informática a Través del Programa Nacional de Informática y Bilingüismo (1999) y en el Grupo Creativo Juvenil de Periodismo Regional (Liceísta, 1999). Ha recibido clases de piano de los maestros Beatriz Acevedo Mesa (en Pamplona), Karol Bermúdez (en Bogotá) y Marino Alviz H. (Sincelejo), de canto lírico con la maestra Alexandra Álvarez (en Bogotá) y el maestro Andrés Pineda (director del Coro Institucional de la Universidad Pedagógica Nacional, http://www.pedagogica.edu.co), y talleres de canto lírico con los maestros Enric Serra (barítono español), Detlef Scholz (músico alemán), Camilo Mendoza (barítono), Amalia Carrera Duque (mezzosoprano, violinista y directora de coros de Bucaramanga). Ha participado en el Festival de la Chanson Française (Universidad de Pamplona, http://www.unipamplona.edu.co, 2003). Se ha desempeñado como representante del área artística de Música ante el Concejo Municipal de Cultura, Pamplona (2006). Ha dictado conferencias para el Centro Literario El Túnel (http://eltunelpamplona.blogspot.com). Directora y fundadora del coro Óngaku (San José Provincial, Pamplona; 2006) y del coro Kyrie Eleison (Licapeve, Corozal, 2007). Ha participado en la publicación de la antología poética virtual Por la paz, realizada por el Centro Literario El Túnel. Hoy se desempeña como poeta, docente de música, directora y fundadora del Centro Cultural El Laberinto (http://centro-el-laberinto.blogspot.com, Corozal, Sucre) y subdirectora del Centro Literario El Túnel. Mantiene la bitácora http://metzwey.blogspot.com. ||||||||||||||||||||||||||| POST SCRIPTUM ||||||||||||||||||||||||||| “Abundan los lectores sutiles, pues la sutileza es un atributo del buen lector, acomodado, como está, a hallar su placer en distinguir códigos tan equívocos como los nombres, los verbos y los complementos, e inclinado a degustar las palabras que van al ritmo de lo que cuentan y, aun más, dado a embriagarse con signos que son lo que dicen, y aquí hablo de oídas, a propósito de una definición de poesía que leí el otro día en un libro sobre el tiempo. Todo es verosímil. Hay personas, la mayoría, que levitan con la música. Hay otros que se transportan a otra dimensión emocional con la contemplación de una pintura, ¿por qué no habrá algunos que alcancen su efímero cielo con un poema?”. Darío Jaramillo Agudelo, “Memorias de un hombre feliz” (2000). === Cómo publicar en Letralia, Tierra de Letras =========================== Antes de enviarnos algún texto para publicar en Letralia, le agradecemos leer nuestras condiciones de publicación. Usted puede verlas en el Web en http://www.letralia.com/tierradeletras/publicar.htm. 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