~~~~~~~~~~~~~~~ Año XII Cagua, Venezuela Nº 180 ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras ~~~~~~~~~~~ http://www.letralia.com ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ 4 de febrero de 2008 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras, es ~~~~~~~~~~~ la revista de los escritores ~~~~~~~~~~~ hispanoamericanos en Internet. ~~~~~~~~~~~ Usted puede enviarnos sus ~~~~~~~~~~~ comentarios, críticas o material ~~~~~~~~~~~ literario a info@letralia.com ~~~~~~~~~~~ ~ * ~~~~~~~~~~~ ~~~ JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor ~~~~~~~~~~~ ~~~~ Depósito Legal: pp199602AR26 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~ ISSN: 1856-7983 ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ === Sumario =============================================================== | “Autoautores”, Jorge Gómez Jiménez. | Editorial | La voz en el espejo, de Rafael Fauquié, en Editorial | Anuncio especial Letralia. | | Parada premiado. / López Urquiza en papel. / Talleres de | Breves Fuentetaja. / Aprendiendo a actuar. / Latinoamérica | urbana. / Alarcón y las mujeres. / Sacando las obras de | la gaveta. | | Falleció la escritora argentina Susana Degoy. / Premio | Noticias Grinzane Cavour para el vasco Bernardo Atxaga. / | Universidad de Chile presentó adelanto de su biblioteca | digital. / Nieta de Juan Gelman pedirá que se investigue | desaparición de su madre. / Nancy Morejón recibirá este | año doctorado honoris causa en Francia. / Gerardo Piña | Rosales a cargo de la Academia Norteamericana de la | Lengua. / Bruno Rosario Candelier gana Premio Nacional | de Literatura dominicano. / Publican libro con cartas de | la madre de Lorca al poeta. / Presentada edición china | de La enfermedad, de Alberto Barrera Tyszka. / Víctor | Montoya publicará obras en inglés y sueco. / Declaran | desierto en México el Premio de Poesía Aguascalientes. / | Anunciados ganadores del 49º Premio Literario Casa de | las Américas. / Bautizarán biblioteca madrileña con el | nombre de Ángel González. / Chile despidió al poeta | Volodia Teitelboim. / Dado de alta el poeta Mario | Benedetti. / Telefónica digitalizará fondos de la | Biblioteca Nacional de España. / Australia devolvió a | España mapamundi robado de la Biblioteca Nacional. / | Publican en Nueva York antología de narradores | dominicanos. / BCNegra homenajea a P. D. James. / IV | Festival Internacional de Poesía celebrarán este mes en | Nicaragua. | | ¡Colorín Colorado! / Letras Escondidas. / Isla Negra | Literatura Editores. / Revista Puerto. / Cruzagramas. / La mirada | en Internet atónita. | | “El amor en los tiempos de la crítica”, Dixon Moya. / | Artículos y “Fútbol en la calle Costa Rica”, Fernando Sorrentino. / | reportajes “Literatura gay: autenticidad o marginación”, Jorge | Marchant Lazcano. / “Sobre Cuentos de doctrinas y muerte | de José Gregorio Parada”, Julia Elena Rial. / “Palabras | profundas: una lectura a flor de tierra”, Teresa | Dovalpage. / “Franz Tamayo, el insigne poeta boliviano”, | Víctor Montoya. / “John Junieles nos sorprende y nos | atrapa”, Lidia Corcione Crescini. / “Una sola muerte | numerosa, de Nora Strejilevich”, Gonzalo Contreras. / | “Palabras para ser entendidas. Philippe Jacottet: | Pensamientos bajo las nubes”, Ricardo Martínez-Conde. / | “El viejo Eguchi, al fin muerto de ganas”, Leopoldo de | Quevedo y Monroy. | | Jorge Herralde: “El auténtico escritor no necesita | Entrevistas consejos”, entrevista por Augusto Rodríguez. / “Te | sientes bien cuando dices lo que quieres”: J. M. | Caballero Bonald, entrevista por Harold Alvarado | Tenorio. / Harry Almela, exiliado voluntario de una | comarca de ausencias: “La música es el espíritu de la | poesía”, entrevista por Rafael Ortega. | | “De la ausencia al testimonio. Reflexiones en torno a | Sala de ensayo las ruinas”, Musa Ammar Majad. / “Dos hombres y un mito: | el doctor Fausto y Dorian Gray”, Luisa Pastor Martínez. | / “Volver a lo lúdico”, Jorge Arce Hernández. | | “Desnudo y a la intemperie” (extractos), Elsa Sanguino. | Letras / “El mate te hace pensar cuando estás solo”, Rodolfo | García Quiroga. / Poemas de Reynaldo García. / “En las | playas doradas del Beni...”, Carlos Duarte Merino. / | Poemas de Simón Fernando Herrera Herrera. / “Adivina | adivinador”, Daritza Rodríguez Arroyo. / Poemas de Marco | Giovanni Montenegro La Forgia. / “Crónica de un | diagnóstico”, Gladys Liliana Abilar. / “Cuervos | blancos”, Andrés Matías. / “Efecto Cyrano”, Marcela | Adaros Rojas. / “Ambrosía”, José Geraldo Neres. / Tres | relatos de Adriana Prieto. / Poemas de Osvaldo Ciezar. / | “Mujeres muertas de amor” (extractos), Triunfo | Arciniegas. / Tres poemas de Marcos Seguín. / “Mar que | ruge cayenas”, Arnoldo Rosas. | | Leopoldo Lugones. | Post Scriptum | =========================================================================== Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Año http://www.geocities.com/SoHo/8753 =========================================================================== Premio "La Página del Mes" de Internet de México el 3 de mayo de 1998 http://www.internet.com.mx =========================================================================== Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998 http://www.megasitio.com =========================================================================== Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999 http://www.redchilena.cl =========================================================================== Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999 http://www.fortressdesign.com =========================================================================== Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999 http://www.exodusltd.com =========================================================================== Premio Mejor Página de Poesía, de La Blinda Rosada, en julio de 1999 http://blindarosada.org.ar =========================================================================== Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Para suscribirse a Letralia, envíe un mensaje vacío a: letralia-subscribe@gruposyahoo.com Para desuscribirse, envíe un mensaje vacío a: letralia-unsubscribe@gruposyahoo.com También puede formalizar su suscripción o su desuscripción en un formulario visible en nuestro sitio en el Web: http://www.letralia.com/herramientas/listas.htm Ediciones anteriores: http://www.letralia.com/tierradeletras/archivo.htm ||||||||||||||||||||||||||||| EDITORIAL ||||||||||||||||||||||||||| === Autoautores Jorge Gómez Jiménez =================================== En estos tiempos en que la nomenclatura 2.0 está tan de moda y la interactividad es la orden aún cuando no se la comprenda demasiado bien, abundan las iniciativas que ofrecen facilitar las cosas al escritor. Descendientes directos de las listas de correo y de los primeros foros en línea, los sitios de autopublicación y los servicios de impresión por demanda se han ido abriendo sus propios espacios en el ambiente editorial hasta el punto de que ellos mismos conforman un ambiente editorial particular: el de los autoautores. Es en estos ámbitos donde la experimentación está bullendo con mayor fuerza; no nos referimos al aspecto estilístico, a esa magia de la que un escritor perspicaz y con un buen manejo de sus herramientas puede dotar a sus textos, sino al aspecto meramente editorial. En los sitios de autopublicación cualquiera puede someter su obra al escrutinio público, que es medido no sólo con los comentarios de los lectores sino con eficientes sistemas de calificación, lo que los convierte en una metáfora de la vieja costumbre de mostrarle los textos a nuestros amigos, aunque sin incluir la molestia que esta práctica representa para quien no esté interesado en leernos. Los servicios de impresión por demanda, por su parte, han logrado un nivel de profesionalización tal que hasta se permiten ofrecer ganancias que serían imposibles en una relación con una editorial tradicional. Por supuesto, tanta maravilla no deja de tener sus bemoles. El ambiente de la autopublicación tiende hacia el amateurismo enconado. La discusión de la obra —y generalmente la mera lectura— suele estancarse en las cuatro paredes de la comunidad y para muchos autores nunca saldrá de allí, algo que está bien para quienes son sinceros cuando afirman que no aspiran a la fama ni al reconocimiento, pero que termina por volverse frustrante para quienes no se conforman con el comentario esporádico en el blog o las cinco estrellas en la calificación de la comunidad y, como es lícito, tienen aspiraciones más concretas. Blogs que se convierten en libros de éxito o que saltan a otros medios, ganancias sustanciales obtenidas de programas de compensación por publicidad como AdSense (http://adsense.google.com) y autores que desde el bullicio de una comunidad en línea llaman la atención de editoriales tradicionales, son aún casos esporádicos. La impresión por demanda es un ámbito híbrido —tiene sus raíces en el medio digital y su copa en el mundo real— que, por diversas razones, ha tardado lo suyo en hacerse una alternativa interesante para el autor. Nacidos en la última década, estos servicios han sido bombardeados por las dificultades lógicas que implica la necesidad de ofrecer un producto de calidad al menor tiempo posible, amén de la falta de credibilidad de una parte del público que ya ha visto demasiados adefesios del tipo “antologías cooperativas” y que le teme, no sin razón, a todo lo que requiera el uso en línea de una tarjeta de crédito. Se transita en el área por un proceso de afianzamiento que ha derivado de la oferta real de ganancias como producto de la venta de los títulos que el usuario publique en ellos; con todo, un sitio tan grande y confiable como Lulu (http://www.lulu.com) ha demostrado que el sistema de impresión por demanda es ideal —al menos por ahora— sólo para la venta de autoayuda y material instructivo, por encima de cualquier otra literatura. Para el mundo real, el inmenso mundo real que aún necesita del tangible papel, estos experimentos no significan aún gran cosa. Quienes han logrado buenos resultados utilizando las herramientas del mundo real siguen siendo mayoría y en no pocos casos desprecian estas iniciativas. Aquí incluimos a todos los participantes de la cadena: autores, editores y lectores. El papel goza de un culto fundado en la seguridad, la tradición y, a no dudarlo, el dinero. Produce muchos más beneficios publicar un libro tradicional en una gran editorial que hacerlo por cualquier otra vía; es esa la razón por la cual acceder a tales beneficios es difícil y suele desmoralizar a quienes lo intentan. Sin embargo, no hay que dejarse engañar por este panorama. Hace treinta años el único teléfono móvil conocido era el de Maxwell Smart; hace veinte Internet era un lujo extraño, un territorio desconocido que no terminaba de sacar los pies del estanque de la ciencia ficción; hace diez el término blog era una idea recién nacida de la que sólo estaban enterados algunos geeks. Hoy podemos atravesar el éter internáutico blogueando desde nuestros teléfonos móviles. El factor que motoriza todos estos cambios es, aunque no siempre nos demos cuenta o lo admitamos, el bienestar material. Por ello es posible identificar en el presente, ya sea en la forma de programas como AdSense o sistemas híbridos como Lulu, las huellas tempranas de una tendencia que, en esa incertidumbre que llamamos futuro, dará al autoautor una presencia tangible y rentable en el mundo real. Jorge Gómez Jiménez, editor http://www.letralia.com/jgomez |||||||||||||||||||||||||| ANUNCIO ESPECIAL ||||||||||||||||||||||||| === La voz en el espejo, de Rafael Fauquié, en Editorial Letralia ========= Desde esta semana es posible acceder a la edición digital del libro La voz en el espejo, una recopilación de ensayos del escritor e investigador venezolano Rafael Fauquié, en los anaqueles virtuales de Editorial Letralia, nuestro espacio de difusión del libro digital en español. Ilustrado con obras de la artista mexicana Lilia Luján (México, D.F., 1965), el libro contiene seis ensayos agrupados en dos partes: “Facciones, voces” y “Reflejos de un linaje”. A través de sus páginas, Fauquié se pasea por el reflejo que del ser latinoamericano se proyecta en su literatura, y analiza el peso de autores como Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, Mariano Picón Salas, Alejo Carpentier, Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, José Lezama Lima y Jorge Luis Borges. Además, en el apéndice “Razones para la escritura”, el autor esboza un arte poética a partir de la identificación de lo que él aprecia como sus dos dimensiones: “una, épica; escritura mitológica del principio de la historia, inicio de la memoria del tiempo; otra, solitaria e íntima; escritura como descubrimiento personal del escritor consigo mismo”. “Este libro propone”, explica Fauquié en una nota introductoria, “la valoración de ciertas facciones de un rostro latinoamericano. Rostro de herejía, de juventud (que es no saber aún lo que se quiere o no saber aún lo que se es), de marginalidad y desamparo, de ocultamiento e indagación, de disimulo, de individualismo, de incertidumbre”. La voz en el espejo fue publicado originalmente en 1993 por el sello Alfadil y el Instituto de Altos Estudios de América Latina. La versión digital que hoy presentamos puede ser apreciada en el Web (http://www.letralia.com/ed_let/voz) y en formato PDF (http://www.letralia.com/ed_let/pdf/voz.pdf), un archivo de 700 Kb que puede leerse fuera de línea y cuyo diseño es idóneo para la impresión. ||||||||||||||||||||||||||||||| BREVES |||||||||||||||||||||||||||||| Parada premiado. Dos libros del escritor venezolano José Gregorio Parada (Bailadores, Mérida, 1968) recibieron recientemente sendos galardones. El primero es Cuentos de doctrinas y muerte, que se alzó con el Premio Augusto Padrón 2007, convocado el año recién finalizado en la categoría de narrativa. De este libro ha dicho la ensayista Julia Elena Rial que está compuesto por dos líneas narrativas: “una el presente, los sucesos y sus personajes que involucran al narrador, otra el misterio que se esconde en cada relato y concierne al autor. Ambas líneas no se interceptan, tampoco una es consecuencia de la otra, de ahí lo difícil para el lector hacer deducciones”. El segundo es Memorias de un refugiado, novela que compartió con Yo no he visto a Linda, de Enrique Plata Ramírez, el premio del Concurso de Narrativa de la Asociación de Escritores de Mérida 2007, que encierra una suerte de sucesión de cuadros de películas que se proyectan paralelamente aunque estén alejadas en el tiempo. Una de ellas, de forma un tanto autobiográfica, retrata a un venezolano que navega entre la nostalgia de su Mérida nativa y las maravillas del Viejo Continente. La otra posa sus lentes en la sencilla figura de un refugiado chileno al que el destino trasplantó en tierras galas después del golpe militar. Entre el descubrimiento del mundo del primer personaje y el padecimiento y la añoranza por la patria austral del segundo, se cuelan las andanzas de un tercero, un joven escritor salido de las faldas de la universidad al tocarle un golpe de suerte en un concurso literario, para imprimirle a la historia un tono de ligereza y buen humor. López Urquiza en papel. Publicado por la Sociedad Cultural Miguel Hidalgo, de Morelia (México), acaba de aparecer el libro Contares y tentativas poéticas, del escritor y abogado mexicano Alejandro López Urquiza. El volumen, del que publicamos el relato “El juego” en nuestra edición 178, está compuesto por una serie de cuentos y poemas escritos por López Urquiza en los últimos años, en los que el autor apela por igual al relato costumbrista y a la más vanguardista experimentación formal. Además del cuento ya mencionado, el libro contiene los textos “Recuerdos”, “Olvidos”, “Realpariencias” y “Carne”, así como una serie de poemas. Nacido en Zitacuaro, Michoacán, en 1976, López Urquiza trabaja en la administración pública y en la procuración de justicia. Poemas suyos han aparecido en el periódico Cambio de Michoacán y textos de crítica política en la revista Por Qué, de Morelia (Michoacán). http://www.letralia.com/firmas/lopezurquizaalejandro.htm Talleres de Fuentetaja. Este mes dan inicio cuatro de los talleres literarios de Fuentetaja, de Madrid. El primero arranca mañana martes 5 de febrero y se titula “Cómo escribir literatura infantil y juvenil: claves para dirigirse a los más jóvenes”. Tendrá una duración de 6 meses y será dictado por Luis Rafael con una sesión semanal de 5:30 a 7:30 de la tarde. El miércoles 6, Pablo Nacach iniciará su taller “Tesis, Tesinas, Tesoros... Un taller de escritura de no-ficción”, que durará 3 meses y se realizará en sesiones semanales los miércoles entre 8 y 10 de la noche. Esther Ramón comenzará el jueves 7 su taller “La poesía en el límite: mirada y música”, que se realizará los jueves de 5:30 a 7:30 de la tarde durante 6 meses. Finalmente, el viernes 8 se iniciará “Cómo crear una serie de televisión: la Biblia del guionista”, un taller dirigido por Nuria Verde que se desarrollará a través de 6 meses en sesiones semanales los viernes entre 8 y 10 de la noche. Todos los talleres cuestan 80 euros mensuales más 30 euros de inscripción, aunque están exentos de gastos de matrícula los antiguos alumnos. http://www.fuentetajaliteraria.com Aprendiendo a actuar. El próximo sábado 16 se dará inicio en Caracas al Taller de Actuación y Expresión Corporal para Principiantes, que será dictado por el profesor Noel de la Cruz, licenciado en artes escénicas en La Habana (Cuba). El taller, auspiciado por el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), tendrá dos modalidades y se llevará a cabo durante cinco meses. Este proyecto está orientado a la formación integral del actor, por lo cual el resultado podrá ser útil a los participantes para incursionar en cualquiera de los medios: teatro, televisión o cine. También se podrá cambiar su enfoque atendiendo a las necesidades del medio al cual se quiera orientar. El taller está dirigido a personas mayores de 13 años y aquellas que poseen poca experiencia en la actuación, con el objetivo de adentrarlos en el conocimiento de las técnicas referidas al cuerpo, la voz y el espacio, imprescindibles para poder introducirse en el proceso de creación. En su modalidad regular el taller será dictado los lunes y miércoles de 6 de la tarde a 9 de la noche entre el 18 de febrero y el 16 de julio, en la Sala B del piso 6 del Celarg. En la intensiva, se dictará los sábados de 9 de la mañana a 2 de la tarde entre el 16 de febrero y el 19 de julio, en la Sala A del mismo piso 6. En ambos casos la inscripción tendrá un costo de 80 bolívares y el taller completo, de 200 bolívares. http://www.celarg.org.ve Latinoamérica urbana. El fotógrafo José Antonio Navarrete dictará, del 18 al 22 de febrero, el taller “Imágenes e imaginación urbana en América Latina (siglos XIX - XXI)”, que guiará a sus asistentes en torno a cómo la fotografía representa las dinámicas y problemáticas urbanas en América Latina desde el siglo XIX hasta el presente, les explicará las relaciones establecidas en América Latina entre los discursos sobre la arquitectura y el urbanismo y las representaciones visuales de base fotográfica, y los ayudará a identificar proyectos creativos importantes de la fotografía latinoamericana que han tenido a la ciudad y sus modos de vida como eje temático. El taller tiene una duración total de 20 horas y se desarrollará en sesiones de 3 de la tarde a 7 de la noche en el Museo Rómulo Gallegos (Casa de Rómulo Gallegos, Av. Luis Roche, Altamira, Caracas). Los participantes recibirán certificado de asistencia. El costo del taller es de 100 bolívares que deberán depositarse en la cuenta del Celarg, y el cupo es limitado. Teléfonos: 2852990 / 285 2721 / 2852644 ext. 212 • Telefax: 2866571 asistenteav@celarg.org.ve • violettebule@celarg.org.ve http://av.celarg.org.ve/Eventos/SeminarioImagenes.htm Alarcón y las mujeres. El próximo 8 de marzo será presentado, en la Librería Lectura, (sótano del Centro Comercial Chacaíto, en Caracas), el nuevo libro del venezolano Francisco Alarcón, Mujer, con el que rinde homenaje a la mujer en su día. Publicado por Vismar Ediciones, el libro será presentado por Américo Martín, tras lo cual Alarcón firmará ejemplares. “Como mujer”, ha dicho Carolina Jaimes Branger en el prólogo del libro, “es emocionante recibir el sentido homenaje que nos hace Francisco Alarcón con su poesía. Porque a través de su poesía, que describe toda la gama de los sentimientos bellos y buenos, apasionados y sublimes que una mujer suscita en quien la ama, Francisco tiene la generosidad de desnudar su alma, su corazón y sus sentimientos para compartirlos con nosotros”. La actividad se realizará a partir de las 11 de la mañana. Sacando las obras de la gaveta. Terranova Editores auspicia el primer Taller Desgavetadero Literario 2008, que se llevará a cabo todos los sábados desde el 8 de marzo hasta el 21 de junio en las instalaciones de la editorial, ubicadas en Cuartel de Ballajá, local V, Viejo San Juan (Puerto Rico). El taller está dirigido a escritores noveles que deseen lanzar a la luz pública sus obras literarias en los géneros de cuento y relatos cortos, y será dictado por la escritora puertorriqueña Yolanda Arroyo Pizarro, una de las autoras jóvenes más destacadas en Latinoamérica, quien recientemente publicó su título Ojo de luna. El Desgavetadero Literario capacitará a sus participantes en temas fundamentales como derecho de autor, edición y manejo conceptual de material editorial. Al final del taller, se lanzarán las obras en una antología colectiva que se presentará en las principales librerías del país. http://www.terranovaeditores.com ¿Quiere publicar una nota en este espacio? Envíenosla por correo electrónico a breves@letralia.com. === ¿Le interesa estar informado sobre concursos? ========================= Reciba por correo electrónico los anuncios vigentes de concursos literarios y artísticos en general suscribiéndose a nuestra lista de distribución. Todo lo que tiene que hacer es enviar un mensaje vacío a letralia-concursos-subscribe@gruposyahoo.com, o visitar nuestra cartelera de concursos en http://www.letralia.com/herramientas/concursos.htm. Si desea enviarnos las bases de un concurso, escríbanos a info@letralia.com |||||||||||||||||||||||||||||| NOTICIAS ||||||||||||||||||||||||||||| *** Falleció la escritora argentina Susana Degoy El pasado 18 de enero falleció en Argentina la escritora Susana Degoy, una destacada ensayista y narradora nacida en Córdoba en 1943. Docente y doctora en letras por la Università degli Studdi de Roma (Italia). Se especializó en la investigación de temas relacionados con la sociología del espectáculo, y en particular, en la obra teatral de Federico García Lorca, sobre quien publicó En lo más oscuro del pozo. Figura y rol de la mujer en el teatro de García Lorca (1996), obra en la que presenta su exhaustiva investigación de las mujeres que pueblan las piezas del autor español, desde Mariana Pineda a La casa de Bernarda Alba. Degoy formó parte del grupo literario “El sello, el cráneo y la sed” junto con los poetas Osvaldo Pol, Rogelio Pizzi, Leandro Calle, Raquel Garzón y Rafael Velasco. La autora también publicó la biografía Niní Marshall, la máscara prodigiosa (1997), sobre la actriz hija de asturianos y pariente de Degoy; el libro de relatos Ver bajo el agua; historias de La Para (2005), y el ensayo La Infanta Doña Urraca de Castilla o la manipulación de la memoria (2007). *** Premio Grinzane Cavour para el vasco Bernardo Atxaga El escritor vasco Bernardo Atxaga fue galardonado este 23 de enero, en la categoría de Narrativa Extranjera de los XXVII Premios Grinzane Cavour, por su obra El hijo del acordeonista. Ahora el autor asteasuarra participará junto a otros galardonados para optar al premio especial en la categoría de “ganador absoluto” de este premio. Atxaga competirá en este premio especial con el alemán Ingo Schulze y con la rusa Ljudmila Ulickaja. Los premios Grinzane Cavour son promovidos por la región del Piamonte (Italia) y la Fundación CRT, entre otras entidades. El hijo del acordeonista es la séptima novela de Atxaga, publicada en 2003 por la editorial Pamiela en su versión original en euskera. Un año después salió a la calle la versión en castellano y desde entonces se ha traducido al inglés, catalán, italiano, francés, ruso y al alemán, entre otros. Desde el principio la obra ha obtenido una buena aceptación y las críticas se han mostrado en su mayoría positivas. El nombre del vencedor del premio especial lo decidirá un jurado formado por 27 personas. La ceremonia de entrega de estos premios tendrá lugar en el castillo Grinzane Cavour, en la zona de Langas, en Piamonte, el próximo mes de junio. *** Universidad de Chile presentó adelanto de su biblioteca digital En el marco de las Séptimas Jornadas Bibliotecarias de la Universidad de Chile (http://www.uchile.cl) realizadas en la Casa Central este 23 de enero, se dio a conocer un adelanto de la nueva biblioteca digital (http://www.bibliotecadigital.uchile.cl) con que contará esta institución a partir de marzo y los objetivos planteados en esta área para el presente año. En la primera etapa del evento participaron Íñigo Díaz, vicerrector de Asuntos Académicos; Gabriela Ortúzar, directora del Sistema de Servicios de Información y Bibliotecas (Sisib) de esta casa de estudios; Isabel Maturana, jefa del Área de Automatización del anterior organismo; y Javier Gimeno, director de Evaluación y Calidad de la Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid (UCM, http://www.ucm.es). El profesor Íñigo Díaz destacó que de acuerdo a la mirada que hoy se levanta sobre la educación, el verdadero aprendizaje se logra desarrollando competencias en los estudiantes, y entregándoles una fuerte cuota de responsabilidad. “La implementación de este nuevo modelo impacta a todos los ámbitos de la actividad universitaria. Y requerirá el uso intensivo de tecnologías y recursos de información, por lo que la biblioteca será un elemento clave para desarrollar una docencia basada en competencias”. Díaz señaló que la Vicerrectoría de Asuntos Académicos “a través del Departamento de Pregrado, ha aceptado la propuesta del Sisib de realizar en el segundo semestre de este año un Curso de Formación General sobre el uso de recursos de información y apoyo a la docencia, como una forma de apoyar a nuestros estudiantes que les permita obtener las competencias para localizar, evaluar y utilizar eficazmente la información que les será necesaria para toda su vida profesional, y eventualmente para su vida académica”. Gabriela Ortúzar, en tanto, delineó los desafíos planteados para el área en 2008, destacando la introducción del concepto de servicios interactivos en la biblioteca universitaria, promovido por la web social; el posicionamiento de la nueva biblioteca digital, y la actualización del concepto de “plan de calidad” para la gestión de bibliotecas universitarias. La directora del Sisib agregó que “es muy grato constatar que la comunidad bibliotecaria de la Universidad de Chile, aunque dispersa en los diferentes campus de la universidad, se encuentra cohesionada trabajando por una causa común: entregar más y mejores servicios que contribuyan al cumplimiento de la misión de la universidad, aportando a los distintos ámbitos del quehacer universitario: la docencia, la investigación y la extensión”. Posteriormente, Isabel Maturana presentó un adelanto de la biblioteca digital, que será lanzada de manera oficial en marzo. Se trata de un portal que integra los distintos servicios ofrecidos por el Sisib. Toda su base de datos está sustentada en servidores externos y su sistema permitirá a los referencistas de la universidad modificar o actualizar los contenidos permanentemente, una vez que reciban la debida capacitación previa, a través de talleres gestionados por el organismo. “Esta herramienta lo que hace es entregar todos los recursos de la Universidad de Chile, más todos los gratuitos disponibles, a sus usuarios, y los ordena contextualmente, utilizando tecnología de punta con una presentación gráfica atractiva”, sostuvo en este sentido la jefa del Área de Automatización del Sisib, agregando luego la importancia que tendrá para investigadores y académicos la posibilidad de suscribir una “sindicación” para contar con información actualizada sobre los temas de su interés. Más adelante, el director de Evaluación y Calidad de la Biblioteca de la UCM presentó en una clase magistral la experiencia de su casa de estudios en la optimización de este tipo de servicios durante los últimos años. De acuerdo al profesor Gimeno, la mencionada biblioteca cuenta con reglamento y presupuestos propios, y su plan de evaluación, aplicado entre 2005 y 2007, redundó en un considerable mejoramiento del organismo. Fuente: Universia *** Nieta de Juan Gelman pedirá que se investigue desaparición de su madre Macarena Gelman, nieta del poeta argentino Juan Gelman, pedirá a la justicia uruguaya que se reabra el caso de su madre, la argentina María Claudia García, desaparecida en 1976 como parte del “Plan Cóndor” de represión coordinada por los regímenes militares de la época en Uruguay y Argentina. “Entre el 10 y el 14 de febrero vamos a presentar lo que será el primer pedido a la justicia que firma Macarena para tratar de conocer lo que ocurrió con su madre”, dijo este 24 de enero el abogado José Luis González, que la representa. El magistrado destacó lo que es “un claro cambio de actitud” de Macarena, “que hasta ahora estuvo un poco alejada del tema, seguramente haciendo su duelo y resolviendo temas personales, y ahora está decidida, aportó información y datos y quiere ir para adelante”, agregó el abogado. Actualmente la justicia uruguaya está de vacaciones de verano hasta el 6 de febrero. El caso de María Claudia García impulsado por Juan Gelman, actualmente radicado en México, fue archivado en octubre de 2005 al entender que está contemplado dentro de la denominada “Ley de Caducidad”, aprobada tras el retorno a la democracia, en 1986, y que suspendió antes de su inicio formal los juicios contra militares y policías implicados en violaciones a los derechos humanos durante la dictadura (1973-1985). “Han surgido nuevos elementos, entre ellos el reconocimiento de parte de la Fuerza Aérea Uruguaya (FAU) de vuelos clandestinos trayendo presos políticos desde Buenos Aires a Montevideo y en uno de ellos pudo haber sido trasladada María Claudia”, agregó. La nuera de Gelman fue secuestrada a mediados de 1976 en Buenos Aires junto a su esposo, Marcelo Gelman, cuyo cadáver fue localizado poco después. Por entonces María Claudia tenía 19 años y un embarazo de 7 meses. Posteriormente dio a luz en el Hospital Militar de Montevideo una niña (Macarena) y desapareció. La niña fue entregada a la familia de un policía uruguayo ya fallecido y localizada por Gelman en marzo de 2000 y luego de una investigación de varios años que en su etapa final tuvo la colaboración del entonces presidente uruguayo Jorge Batlle. Tiempo después Macarena recobró su identidad legal. “En el caso queda mucho por hacer, no hubo citaciones a declarar y son varios los nombres implicados”, agregó González. Por la causa de María Claudia García de Gelman fueron investigados los coroneles (r) Antonio Rodríguez Buratti, que se suicidó en septiembre de 2006, Ricardo Arab, Manuel Cordero, Nino Gavazzo, Gilberto Vázquez, Ernesto Rama, Jorge Silveira y el ex policía Ricardo Medina. A excepción de Cordero que está requerido por la justicia y detenido en Brasil, el resto están presos acusados de otros casos de violaciones a los derechos humanos durante el régimen militar que gobernó en Uruguay. Fuente: EFE *** Nancy Morejón recibirá este año doctorado honoris causa en Francia La universidad francesa de Cergy-Pontoise entregará este año el doctorado honoris causa a la poeta cubana Nancy Morejón, aseguró el pasado 25 de enero la profesora Francoise Moulin, decana de la facultad de Lenguas de esa casa de altos estudios. La investidura, informó Moulin —quien integró el jurado del Premio Casa de las Américas 2008—, tendrá lugar durante el actual año. “Ella está contentísima y yo orgullosa de que mi propuesta haya sido aceptada por la universidad y el Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia” (http://www.diplomatie.gouv.fr/es), comentó la ensayista, quien obtuvo su doctorado en la Sorbonne Nouvelle, París III. Moulin hizo su tesis en 1983 sobre el neobarroco cubano, para lo cual trabajó la obra de escritores como Alejo Carpentier, José Lezama Lima y Severo Sarduy. En el caso del autor de Los pasos perdidos lo estudió a fondo durante todo un año, agregó. Fuente: Prensa Latina *** Gerardo Piña Rosales a cargo de la Academia Norteamericana de la Lengua El académico español Gerardo Piña Rosales, afincado en Estados Unidos desde hace tres décadas, fue elegido el pasado viernes 25 de enero nuevo director de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (Anle, http://www9.georgetown.edu/faculty/irizarry/academia), cargo en el que sustituye a Odón Betanzos, quien falleció en septiembre pasado (http://www.letralia.com/173/0924betanzos.htm) y fue uno de los fundadores de esa entidad a comienzos de los años 70. “Es una verdadera aventura, un reto, un desafío”, señaló el nuevo director de la Anle, quien nació en La Línea de la Concepción, Cádiz (España), en 1948, creció en Málaga y cursó la enseñanza secundaria en Tánger (Marruecos). Piña Rosales resaltó que la Anle asiste “desde dentro” a la evolución que registra el español respecto del inglés, en un país que cuenta con más de 40 millones de residentes de origen hispano. A pesar de esa importante presencia de hispanohablantes, “el español se siente acosado por el inglés”, según Piña, y los cambios e innovaciones lingüísticas que primero se perciben en EUA se verán al poco tiempo “adoptados o rechazados en otros países, tanto en España como en América Latina”. Piña cursó estudios universitarios en Granada y Salamanca hasta que en 1973 se trasladó a Nueva York, donde se licenció en lengua y literatura española y a comienzos de la década de 1980 obtuvo una Maestría en Filosofía en el Centro de Estudios Graduados de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (Cuny, http://www.cuny.edu). Dedicó su tesis de doctorado a la narrativa española del exilio. El nuevo director de la Anle tiene además una amplia experiencia en el ámbito docente, que ha desarrollado en diversos centros del sistema universitario de Nueva York y en el que aún trabaja como profesor de lengua y literatura españolas en el colegio universitario Lehman. Manifestó su disposición a que en esta nueva etapa la Anle, además de la labor propia que desarrolla en el entorno de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale, http://asale.org), colabore con las instituciones culturales hispánicas en EUA y con los medios de información. “Me parece esencial que la Anle colabore estrechamente con esos medios —prensa, televisión, radio, Internet— para que el español que se utilice sea, en todo momento, correcto”. Piña Rosales es autor del ensayo De La Celestina a Parafernalia: estudios sobre teatro español (1984), al que siguieron Narrativa breve de Manuel Andújar (1988), La obra narrativa de S. Serrano Poncela (1999), Presencia hispánica en los Estados Unidos (coed. 2003), España en las Américas (coed. 2004) y Escritores españoles en los Estados Unidos (2007), entre otras obras. La elección de Piña Rosales coincidió con la concesión a las 20 academias americanas de la lengua del XX Premio Elio Antonio de Nebrija, que convoca la Universidad de Salamanca (http://www.usal.es), en reconocimiento a la labor que han desarrollado a favor del estudio y de la difusión de la lengua y la cultura españolas. Las academias premiadas son las de Colombia, la decana fundada en 1871; Ecuador, México, El Salvador, Venezuela, Chile, Perú, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Cuba, Paraguay, Bolivia, Nicaragua, Argentina, Uruguay, Honduras, Puerto Rico, República Dominicana y la Norteamericana. Fuente: EFE *** Bruno Rosario Candelier gana Premio Nacional de Literatura dominicano El ensayista y crítico literario dominicano Bruno Rosario Candelier fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura 2008, que auspicia la Fundación Corripio, organización no gubernamental de República Dominicana, según se anunció de manera oficial el pasado 26 de enero. Rosario Candelier es director de la Academia Dominicana de la Lengua y su actividad intelectual está centrada en su condición de filólogo, narrador, educador y promotor cultural. La entrega del premio se celebrará el 19 de febrero, en el Teatro Nacional. Al contactar al ganador por la vía telefónica, el presidente de la Fundación Corripio le informó que “estamos aquí, todo el jurado del Premio Nacional de Literatura, cinco rectores y una vicerrectora, para participarte que haz sido elegido como Premio Nacional de Literatura. En años anteriores pudiste ser uno de los ganadores, pero no hay mal que por bien no venga, ya que en este año ha sido dotado de un millón de pesos, antes era medio millón; a veces llegar tarde tiene sus ventajas”. Para conceder el premio, el jurado consideró las cualidades y aportes a la literatura dominicana y la contribución a una nueva valoración del ejercicio de la crítica literaria desde que en 1977 publicara Lo popular y lo culto en la poesía dominicana. También se tomó en cuenta su tesis de grado para el doctorado en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid (UCM, http://www.ucm.es), dice el fallo del tribunal. Rosario Candelier es miembro correspondiente de la Real Academia Española (RAE, http://www.rae.es), creador del Movimiento Interiorista y presidente del Ateneo Insular, y ha sido galardonado además con el Premio Internacional del Instituto de Cultura Hispánica, de Madrid; el Premio Siboney de Ensayo (1983 y 1985) y el Premio Nacional de Ensayo. El jurado del premio estuvo formado por el secretario de Cultura, José R. Lantigua, los rectores de las universidades Autónoma de Santo Domingo (http://uasd.edu.do), Roberto Reyna; Católica Santo Domingo (http://www.ucsd.edu.do), Ramón Alonso; Instituto Tecnológico de Santo Domingo (http://www.intec.edu.do), Miguel Escala, y Central del Este (UCE, http://www.uce.edu.do), José Hazim Frappier. Asimismo, de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (Unphu, http://www.unphu.edu.do), Miguel Fiallo; el director ejecutivo de la Fundación Corripio, que patrocina el galardón, Jacinto Gimbernard y Mukien San Ben, vicerrectora académica de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (http://www.pucmm.edu.do). Fuentes: Listín Diario • Prensa Latina *** Publican libro con cartas de la madre de Lorca al poeta La totalidad de las cartas escritas por la madre de Federico García Lorca al poeta granadino se publican por primera vez en un libro, Cartas de Vicenta Lorca a su hijo Federico, editado por el periodista Víctor Fernández, quien en la presentación este 28 de enero explicó que el proyecto surgió a raíz de un reportaje que escribió sobre el asesinato del poeta. “La investigación para aquel reportaje me llevó a conectar con la familia Lorca, sobre todo con Laura García Lorca, a la que propuse publicar las cartas de Vicenta, que permanecían inéditas y que custodia el archivo de la fundación (http://www.garcia-lorca.org) del autor granadino, que tiene su sede actual en la Residencia de Estudiantes de Madrid (http://www.residencia.csic.es)”. El volumen incluye “las 34 cartas de Vicenta Lorca conservadas”, aunque, según Fernández, “seguramente hay más porque, de hecho, hay constancia de cartas de Lorca enviadas a su familia desde 1910, pero el epistolario comienza en 1920”. “Por una ironía del destino”, anota Fernández, la última de las misivas de doña Vicenta fue redactada casi exactamente dos años antes del asesinato de Federico, la noche en la que el poeta recordó por última vez que “mi madre me lo enseñó todo”. El editor recuerda que aunque la Fundación García Lorca había publicado las cartas conservadas por los herederos que el poeta envió a su madre y al resto de su familia, “poco se sabía de las escritas por doña Vicenta a su hijo” y sólo se conocían algunos fragmentos publicados por Mario Hernández, Andrew A. Anderson y Christopher Maurer en sus ediciones del epistolario lorquiano. Las cartas de la madre han llegado hasta nuestros días porque “Lorca guardaba toda la correspondencia que recibía” y, de hecho, se conservaron dentro del archivo personal junto con los manuscritos de sus obras. Diferente suerte corrieron las cartas enviadas por Federico a otros escritores e intelectuales, “pues en 1936 tener una carta de Lorca podía llevarte al calabozo o incluso a una muerte segura”, subraya Fernández. El editor no pierde la esperanza de que algún día se encuentren las cartas de Lorca a su amigo Dalí, a Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca y último amante del autor del Romancero gitano, la misma denuncia presentada contra Lorca que llevó a su detención o la reseña que Unamuno hizo del primer libro de Lorca, que tampoco ha aparecido. El epistolario “retrata tanto a doña Vicenta como a su hijo” y su publicación íntegra ayudará, según Fernández, a “precisar algunas cartas de Lorca, que normalmente no llevaban fecha, así como a seguir el proceso de escritura de sus obras”. A partir de las cartas se pueden seguir asimismo los viajes de Lorca a Londres, París, su estancia en Madrid en la Residencia de Estudiantes, su importante viaje a Nueva York en 1929 y posteriormente a La Habana, o en los años 30 a Argentina. Abundan también las referencias familiares, la preocupación como madre por la vida de su hijo, su salud, y un tema que permanece ausente en los escritos, la homosexualidad del poeta. Según el editor de las cartas, “Lorca tenía pánico de que alguien de su familia supiera que era homosexual, y de hecho la familia hasta hace muy poco no hablaba del tema; sin embargo alguna sospecha debía de tener su madre, pues la cuestión circulaba en los corrillos de la Granada de la época, que casi funcionaba como un pueblo”. Víctor Fernández destaca el papel que tuvo la madre, como “primera lectora” de buena parte de la obra de su hijo, “sin menospreciar el rol que jugó su padre, que fue quien costeó sus dos primeros libros (Impresiones y paisajes y Libro de poemas), su viaje a Nueva York y la estancia en la Residencia de Estudiantes”. Fuente: EFE *** Presentada edición china de La enfermedad, de Alberto Barrera Tyszka El pasado lunes 28 de enero fueron presentadas, a las 9:30 de la mañana, las seis novelas ganadoras del concurso anual convocado por la Editorial de Literatura Popular de China, en una ceremonia realizada en el Salón de Actos del Hotel de los Chinos de Ultramar, en Pekín. Como informáramos en mayo de 2007 (http://www.letralia.com/164/0522enfermedad.htm), en el grupo de novelas ganadoras se encuentra La enfermedad, del venezolano Alberto Barrera Tyszka, que a finales de 2006 había obtenido también el premio Herralde de novela (http://www.letralia.com/152/1106barreratyszka.htm). La obra de Barrera Tyszka comparte el galardón, en la categoría de novela latinoamericana, con Pasiones griegas, del chileno Roberto Ampuero. Las otras obras ganadoras fueron The Emperor’s children, de la estadounidense Claire Messud; Ourancia, del francés Jean-Marie Gustave Le Clézio; Melnitz, del suizo Charles Lewinsky, y Sanika, del ruso Ch. Buliliepin. Al acto de presentación de las novelas y entrega de las placas sólo asistieron, por los autores, Le Clézio y Lewinsky, de acuerdo con la normativa de la Editorial de Literatura Popular de invitar, en cada ocasión, de manera rotativa por continente, a dos de los autores premiados. Durante el acto de presentación de las novelas premiadas hicieron uso de la palabra cada uno de los traductores de las obras ganadoras, quienes resaltaron los méritos y las características literarias de las piezas escogidas, y los dos autores extranjeros invitados. Asistieron numerosos periodistas chinos que cubren la fuente cultural, académicos, traductores, especialistas en literatura extranjera y lectores. El galardón de la Editorial Popular de Literatura se concede anualmente, desde el año 2001, a la mejor novela en español publicada en España e Hispanoamérica, y también a las mejores en inglés publicadas en Estados Unidos y Gran Bretaña; en francés publicadas en Francia; en alemán, ruso, japonés y en portugués publicadas en Portugal y Brasil. *** Víctor Montoya publicará obras en inglés y sueco El escritor boliviano Víctor Montoya (http://www.letralia.com/firmas/montoyavictor.htm), radicado en Estocolmo desde 1977, publicará en los próximos meses tres de sus libros traducidos al inglés y al sueco, según informó el pasado 29 de enero. La norteamericana Elizabeth Gamble Miller, profesora emérita de Universidad de Dallas y traductora oficial de una treintena de obras de autores hispanoamericanos, está a cargo de la traducción del libro Retratos, de Víctor Montoya; una obra donde se funden el texto literario y las imágenes del arte visual. El libro, que tendrá una edición bilingüe inglés-español para atender a la masiva presencia de hispanos en el país del norte, inauguró en diciembre de 2006 la colección “Crónica” de nuestra Editorial Letralia, y puede ser visitado en la Web (http://www.letralia.com/ed_let/retratos) o descargado como archivo PDF (http://www.letralia.com/ed_let/pdf/retratos.pdf). Asimismo, Mary Harding y Sally Hanlon, ex monjas y activistas de derechos humanos en Washington, acaban de concluir la traducción de Cuentos violentos, que, en su versión inglesa, contará con el epílogo del escritor e historiador Sandor John. Se considera que este libro, donde se recrea la represión política y los procesos de tortura durante los años de la dictadura militar en Bolivia, requiere de una explicación extraliteraria destinada al lector norteamericano que desconoce una de las etapas más sombrías de la historia boliviana. El libro, que está en la fase de revisión, será publicado tanto en Suecia como en Estados Unidos, con el fin de alcanzar a un mayor número de lectores, destacó Montoya. Por otro lado, la traductora sueca Yvonne Blank, ponderada por la crítica tras la traducción de las obras de Eduardo Galeano, Gioconda Belli y Javier Salinas, entre otros, tradujo Cuentos de la mina, de Montoya, quien dijo que este libro, ilustrado con imágenes del Tío y fotografías de mineros, será editado en el curso del presente año. Aunque anteriormente algunos de sus cuentos fueron traducidos y publicados en diversas antologías, ésta es la primera vez que se traducen al sueco y al inglés tres de sus obras íntegras. El escritor paceño, colaborador asiduo de Letralia, se ha mostrado satisfecho con este avance significativo de su producción literaria, no sólo porque con Cuentos de la mina será el segundo narrador boliviano, después de Augusto Céspedes, que verá publicado un libro suyo en sueco, sino también porque la traducción de sus libros Retratos y Cuentos violentos lo convertirán en uno de los pocos escritores bolivianos cuyas obras han sido vertidas al inglés. *** Declaran desierto en México el Premio de Poesía Aguascalientes El Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2007 fue declarado desierto porque, entre los 207 originales recibidos para el certamen, ninguno presentaba la calidad suficiente para hacerse acreedor a este reconocimiento, según se informó el pasado 31 de enero. Auspiciado por el gobierno de esa entidad (http://www.aguascalientes.gob.mx), el Patronato de la Feria de San Marcos y el Instituto Nacional de Bellas Artes (http://www.bellasartes.gob.mx), el galardón es el más importante de la nación azteca en ese género literario, y su dotación asciende a 250 mil pesos. El acta correspondiente al fallo del jurado enuncia que, “reunidos en la sala Ladislao Juárez Ponce, de la Casa de Cultura de la ciudad de Aguascalientes”, el 31 de enero de 2008, José Luis Rivas, Jorge Esquinca y José Javier Villarreal, consideraron “de manera unánime, declarar desierto el premio”. Lo anterior, “debido a que ninguno de los manuscritos cumplió con el nivel de excelencia indispensable en un concurso con la trayectoria y el prestigio propios del Premio de Poesía Aguascalientes”. Los integrantes del jurado decidieron dedicar un homenaje al poeta español republicano Gerardo Deniz, “en reconocimiento al conjunto de su obra en la que se cumple una de las voces mayores de la poesía escrita en nuestra lengua”. Fuente: Notimex *** Anunciados ganadores del 49º Premio Literario Casa de las Américas Los jueces de la 49ª edición del Premio Literario Casa de las Américas emitieron este 31 de enero sus veredictos, tras revisar las 472 obras enviadas desde 24 países en diez intensas jornadas celebradas desde el 21. La lectura de los veredictos se realizó en una ceremonia en la sala Che Guevara de la Casa de las Américas (http://www.casadelasamericas.com). En el género poesía, en el cual se recibieron 223 obras, el jurado estuvo integrado por Carmen Berenguer (Chile), Jorge Boccanera (Argentina), Gustavo Pereira (Venezuela), Juan Manuel Roca (Colombia) y Álex Pausides (Cuba). El premio fue para el poemario La llave Marilyn, de Laura Yasan (Argentina, http://www.letralia.com/firmas/yasanlaura.htm), por tratarse de “una metáfora de la soledad en la ciudad moderna, con un tratamiento original en el que destaca un lenguaje despojado e irónico, entre la imagen y el habla cotidiana”. Se concedió una primera mención a In vitro, de Nelson Simón, Cuba, y menciones a Todos los cadáveres soy yo, de Cristian Avecillas, Ecuador; Textos de la barbarie, de Juan Cameron, Chile; Traficantes de oxígeno, de Alexis Díaz Pimienta, Cuba y a Exilio en Buenos Aires, de Elena Cabrejas, Argentina. En el género cuento participaron 148 libros, juzgados por Mario Bellatin (México), Luis López Nieves (Puerto Rico), Humberto Mata (Venezuela), Francisco Proaño Arandi (Ecuador), y María Elena Llana (Cuba). Por unanimidad el premio fue concedido a La furia de las pestes, de la también argentina Samanta Schweblin, quien “alcanza una alta calidad estética, tanto por el conocimiento que demuestra de las técnicas y posibilidades del género, cuanto por la originalidad con que aborda aspectos de la realidad desde diversos enfoques —lo extraño, lo absurdo o lo simplemente cotidiano—, todo ello con un lenguaje al que, más allá de su economía de palabras, sustentan el intenso ritmo interior y un inexcusable aliento poético”. Los libros de ensayo de tema histórico social, en total 45 obras, tuvieron un jurado integrado por Guillermo Castro Herrera (Panamá), Ana Esther Ceceña (México), Jorge Mansilla Torres (Bolivia) y Mayra Espina (Cuba), el cual acordó otorgar el premio por unanimidad a El etnotexto: las voces del asombro, de Hugo Niño, Colombia, “en virtud de que proporciona una valiosa herramienta de incorporación de la creación cultural de los grupos, hasta ahora, subordinados, en el análisis histórico de los nuevos sujetos sociales que están dando forma al siglo XXI latinoamericano. El etnotexto, generado por los sujetos de raíz indígena y afroamericana, es colocado a la altura de las expresiones lingüísticas de la cultura occidental, impuestas como universales por los dominadores, puesto que no guarda con ellas una relación jerárquica sino que es producido por formas de pensamiento de calidad y genealogía diferentes”. En esta categoría se concedió una mención especial a Hacia una historia de lo imposible. La revolución haitiana y el “libro de pinturas” de José Antonio Aponte, de Juan A. Hernández (Venezuela), y menciones a Leyendo en colores. Lecturas racializadas de literatura hispanoamericana, de Maria Candida Ferreira de Almeida (Brasil) y a Imágenes del Nuevo Mundo en la Relación de Viaje (1599-1605) de fray Diego de Ocaña, de Beatriz Carolina Peña Núñez (Venezuela). En la categoría de Literatura Brasileña se recibieron 37 obras. El jurado, integrado por José Luis Jobim, Livia Reis y Ricardo Rezende acordó por unanimidad otorgar el premio al libro A globalização da natureza e a natureza da globalização (La globalización de la naturaleza y la naturaleza de la globalización), de Carlos Walter Porto-Gonçalves por su “análisis del impacto de la globalización sobre el medio ambiente, en un recorrido que abarca desde la periodización del “sistema-mundo moderno colonial” hasta las críticas a las nociones establecidas sobre “desarrollo-tecnocracia y poder”, la demografía, el hambre y la “geopolítica del neoliberalismo ambiental”, con una argumentación sólida y elaborada en un lenguaje bien cuidado discursivamente, con una bibliografía actualizada y pertinente”. Hubo también menciones para A literatura na poltrona. Jornalismo literário en tempos instáveis, de José Castello y para O ex-leviatã brasileiro. Do voto disperso ao clientelismo concentrado, de Wanderley Guilherme dos Santos. En la categoría Literatura Caribeña en francés o creole el jurado estuvo integrado por Françoise Moulin (Francia), Rafael Rodríguez Beltrán y Yolanda Word (ambos de Cuba) y la decisión, por unanimidad, favoreció a la novela Les dieux voyagent la nuit (Los dioses viajan de noche), de Louis-Philippe Dalembert, Haití, que el jurado calificó como “un libro novedoso en su estructura que funde presente y pasado a través de una memoria que transita por espacios diversos. Con un lenguaje intenso e imaginativo se narra una historia personal marcada por conflictos íntimos insertos en la realidad haitiana”. Se concedió una mención de honor a la novela Une heure pour l’eternité, de Jean-Claud Fignolé, y menciones al libro de relatos Le testament des solitudes, de Emmelie Prophète y al poemario Caïques, de Joël des Rosiers (los tres de Haití) y a la novela Brisants, de Max Jeanne, Guadalupe. En otra categoría, la Casa de las Américas otorgó, por séptima ocasión, los Premios Honoríficos a libros relevantes de autores de nuestra América o sobre temas latinoamericanos, en los géneros de poesía, narrativa y ensayo. Este año participaron libros publicados en 2005. El Premio de Ensayo Ezequiel Martínez Estrada lo recibe Elogio de la diversidad. Globalización, multiculturalismo y etnofagia, de Héctor Díaz Polanco (República Dominicana); el de Poesía José Lezama Lima, En un abrir y cerrar de ojos, de Óscar Hahn (Chile) y el de Narrativa José María Arguedas, El ejército iluminado, de David Toscana (México). En el discurso de apertura de las jornadas culturales, el poeta chileno Gonzalo Rojas aconsejó a los poetas: “Oficio y más oficio, mis oyentes, y no sólo iluminación o inspiración como dicen los necios por ahí. Los poemas se arman. Oficio y más oficio. Poe lo sabía, Edgar Allan Poe... Oficio y más oficio, ése es el juego de la poesía, el gran juego incurable: encantamiento y condena. Nadie se cura de ella si te la dan a la palabra... Pero gánala, hombre, con imaginación y con coraje”. Fuente: Granma *** Bautizarán biblioteca madrileña con el nombre de Ángel González Todos los grupos municipales del Ayuntamiento de Madrid (http://www.munimadrid.es) aprobaron por unanimidad este 31 de enero la propuesta presentada en el Pleno por el PSOE en la que solicitó que se otorgue el nombre de Ángel González a una institución cultural de la ciudad. La elegida ha sido una biblioteca municipal en el distrito de Latina, actualmente en construcción. En la reunión estuvieron presentes como oyentes la portavoz de IU en la Asamblea de Madrid, Inés Sabanés, la artista Rosa León y las escritoras Rosa Montero y Almudena Grandes, todas ellas amigas personales del poeta. La votación finalizó con aplausos como homenaje a González. El ayuntamiento quiere así reconocer a uno de sus vecinos más ilustres, ya que el asturiano vivió en la capital desde su jubilación, en 1993. Hasta esa fecha, González pasaba la mayor parte del año en Albuquerque (Nuevo México, Estados Unidos), donde fue profesor de literatura en la universidad y donde sigue residiendo su viuda, Susana Rivera. Fuente: Europa Press *** Chile despidió al poeta Volodia Teitelboim Este 1 de febrero el pueblo chileno se volcó a las calles a despedir al poeta y dirigente comunista Volodia Teitelboim, quien falleciera el pasado jueves 31 de enero a los 91 años, a causa de un fallo respiratorio derivado de una neumonía. Sus restos fueron velados en el antiguo edificio que ocupó el Congreso en Santiago y posteriormente fueron trasladados a la plazoleta de avenida La Paz, donde recibieron el homenaje del público antes de ser inhumados en el cementerio general. La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, quien también visitó a Teitelboim durante su agonía, destacó que “todo Chile ha reconocido y recordado con respeto y cariño la partida de Volodia Teitelboim, que sin duda ha dejado un gran vacío político, intelectual”, según sus declaraciones al abandonar el edificio. “Estamos acá porque él ha contribuido mucho en nuestra historia. Es una persona que siempre se entregó con fuerza a las causas en que creyó”, agregó la mandataria socialista. Entre los asistentes estaban el subsecretario de Relaciones Exteriores, Alberto Van Klaveren, el senador socialista Juan Pablo Letelier, la embajadora de Venezuela, María Urbanejas, y una comitiva en representación del Gobierno cubano, encabezada por el embajador Giraldo Mazola. Entre los discursos destacaron los del Premio Nacional de Arte 2007 Guillermo Ñúñez, del secretario general del Partido Comunista, Guillermo Teillier, y la hija del literato, Marina Teitelboim. Marina fue la última en dedicarle palabras de despedida. “Vine a despedir a un padre que no es sólo mío”, dijo. “Con tu fuerte valentía esperaste a que llegara. Aquí estoy, papá, para rendirte un homenaje de hija”, dijo en referencia a su viaje desde Polonia, para acompañar a su padre antes de que falleciera. También agradeció las numerosas señales de apoyo de miles de chilenos y de personalidades del ámbito político y cultural. Antes de que el féretro ingresara al Cementerio General, el coro del Teatro Municipal interpretó la Internacional Comunista. Teitelboim murió la tarde del jueves 31 en la habitación 611 del Hospital Clínico de la Universidad Católica, tras una agonía de casi una semana. Al momento de su deceso, a las 7:05 pm, Teitelboim estaba acompañado de su secretaria personal, su hija Marina y de la auxiliar que lo acompañó durante sus horas más críticas. En 2006 le había sido detectado un cáncer linfático que, poco a poco, fue menguando sus fuerzas. Nacido el 17 de marzo de 1916 en Chillán, Valentín Teitelboim Volosky era hijo de Moisés Teitelboim y Sara Volosky, quienes desde temprana edad le inculcaron la literatura. A los 16 años Volodia, como fue conocido posteriormente, inició su militancia en las Juventudes Comunistas y desde entonces la actividad política marcó su vida. Lideró por años la oposición a la dictadura militar de Augusto Pinochet. Estudió leyes en la Universidad de Chile y fue presidente del centro de alumnos de la Escuela de Derecho. En 1935 publicó, en colaboración con Eduardo Anguita, la Antología de poesía chilena nueva, mostrando un nuevo sendero. Quizá su único error fue no incluir a Gabriela Mistral, situación de la cual se arrepintiría, según sus propias palabras. Teitelboim fue considerado integrante de la generación de 1938, pues ejerció la crítica literaria en distintas publicaciones. En 1952 publicó Hijo del salitre, novela que fue descrita por Pablo Neruda como un “racimo asombroso de vida y de luchas cargadas de semillas”. Tuvo numerosas ediciones en su país y fue traducido a varios idiomas. En 1954 fundó y dirigió en Santiago la revista cultural Aurora, y más tarde, durante su exilio, hizo lo mismo con Araucaria de Chile. La revista fue publicada en Madrid, España, durante 12 años y fue un instrumento de resistencia crítica de los intelectuales exiliados. El golpe de Estado de 1973 lo sorprendió en Europa y de ahí en adelante se trasladó de nación en nación para asentarse, por 15 años, en Moscú. Allí trabajó en el programa transmitido por onda corta Escucha Chile, de Radio Moscú, donde junto con otros exiliados políticos denunció los atropellos a los derechos humanos en su país. En 1984 apareció en España su biografía Neruda, publicada también en cuatro idiomas diferentes: inglés, ruso, alemán y francés. También fue biógrafo de Jorge Luis Borges y Vicente Huidobro. Regresó clandestinamente a Chile en 1988, en las postrimerías del régimen militar, uniéndose a la lucha por el retorno a la democracia. Durante su vida desarrolló distintas labores, como escritor, crítico literario, periodista fundador de El Siglo, abogado, locutor radial, diputado, senador. Un muchacho del siglo XX fue el libro de memorias que editó en 1997. En 2000 dio a conocer La gran guerra de Chile y otra que nunca existió; un año más tarde, Noches de radio, que recogen, desde su perspectiva política y social, una gran gama de situaciones y vivencias del Chile del siglo XX. En agosto de 2002 recibió el Premio Nacional de Literatura, mismo año en que lanzó su última obra, Ulises llega en locomotora. Fuentes: AFP • El Mercurio • El Mostrador • Wikipedia *** Dado de alta el poeta Mario Benedetti “Por suerte ya estamos en casa. Tiene el alta del sanatorio pero es como una internación domiciliaria. Ahora tiene que seguir una rutina de fisioterapia y un régimen alimenticio”, explicó Ariel Silva, secretario del escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti, de 87 años, quien el pasado viernes 1 de febrero fue dado de alta de un hospital después de cuatro semanas de internación debido a una infección intestinal. “Ahora ya está tranquilo porque está acá con todas sus cosas”, añadió el asistente del autor de Poemas de oficina, una de sus obras más reconocidas, que trata sobre la rutina del trabajo. Tal como informamos en nuestra edición 179 (http://www.letralia.com/179/0019benedetti.htm), Benedetti ingresó el 3 de enero a un hospital privado de Montevideo con un cuadro de deshidratación causado por una enterocolitis y permaneció más de dos semanas en cuidados intensivos. Fuente: Reuters *** Telefónica digitalizará fondos de la Biblioteca Nacional de España En 2012, 25 millones de páginas procedentes de la Biblioteca Nacional de España (BNE, http://www.bne.es) podrán consultarse desde un ordenador, tras el acuerdo que Telefónica (http://www.telefonica.es) y el Ministerio de Cultura de España (http://www.mcu.es) han suscrito este 2 de febrero para impulsar la digitalización de los fondos del centro. Para ello la empresa que preside César Alierta invertirá 10 millones de euros. “Dentro de unos años estaremos en el ‘top’ de las bibliotecas nacionales en cuestión de digitalización”, indicó la directora de la BNE, Milagros del Corral. En la red estarán las obras más importantes de la institución: 15.000 manuscritos, 40.000 libros impresos de los siglos XVIII y XIX, 120.000 dibujos, grabados y fotografías y los principales periódicos españoles e iberoamericanos que se conservan. Con este proyecto, se quiere constituir una colección digital propia de unas 200.000 obras. Se trata, según se informó, del plan más ambicioso de digitalización de fondos emprendido hasta ahora por la Biblioteca Nacional, “que tiene por objeto tanto la difusión como la preservación de su enorme patrimonio bibliográfico”. Una vez digitalizados los fondos, éstos se convertirán en una herramienta fundamental para fomentar la investigación sobre la cultura hispánica, al facilitar la consulta de su contenido a los estudiosos e hispanistas de todo el mundo sin tener que desplazarse a la Biblioteca Nacional. No obstante, en estos momentos, ya se pueden consultar en Internet 10.000 obras dentro de la página web de la Biblioteca Digital Hispánica (http://www.bne.es/BDH/index.htm), que está recibiendo una media 100.000 descargas diarias, según indicó Del Corral. “Esta siendo todo un éxito”, comentó. Por otro lado, este nuevo convenio de colaboración —que tendrá una vigencia inicial de cinco años con posibilidad de prorrogarse— contempla también una estrecha colaboración de ambas entidades en temas relacionados con la promoción de contenidos culturales en el ámbito de la educación y las nuevas tecnologías. Fuente: Europa Press *** Australia devolvió a España mapamundi robado de la Biblioteca Nacional El Gobierno australiano devolvió a España este domingo 3 de febrero el mapamundi de Ptolomeo que fue robado de la Biblioteca Nacional (BNE, http://www.bne.es), en Madrid, y que fuera luego recuperado por la Policía de Sydney. Anathony Byrne, jefe del gabinete del primer ministro Kevin Rudd, entregó la obra al embajador español en Australia, Antonio Cosano, en un acto oficial en la misión diplomática al que también asistieron la directora de la BNE, Milagros del Corral, y el cónsul español en la ciudad, Enrique Sardá. El documento cartográfico, impreso en Ulm (Alemania), forma parte de una de las dos piezas arrancadas en agosto del año pasado de la obra Cartografía, un incunable de 1482, y que finalmente fue incautado por la Policía australiana a un anticuario que lo compró por Internet sin saber que era robado. La Policía sospecha que el documento, valorado en 160.000 dólares australianos (unos 145.000 dólares estadounidenses), ha pasado por las manos de distintos comerciantes de Argentina, Londres y Nueva York. Byrne destacó durante la ceremonia que Australia “quiere dar un mensaje al mundo de que robar patrimonio cultural no será una práctica tolerada”, mientras Cosano agradeció a Sardá su labor en la recuperación de la obra, pues el cónsul se comprometió desde el primer momento en la investigación policial que finalmente llevó a su hallazgo, y subrayó la importancia de los acuerdos multilaterales que aceleraron la entrega. La devolución se realizó en cumplimiento de la Convención de la Unesco (http://www.unesco.org) de 1970 que impide la importación, exportación y transferencia de propiedad ilícitas de bienes culturales, de la que tanto España como Australia son signatarios. Dos agentes del grupo especializado en patrimonio histórico de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil viajaron a Australia y se llevarán el mapa a España en los próximos diez días. Por otra parte, Del Corral tiene previsto aprovechar su estancia en el país oceánico para firmar un memorando de entendimiento para colaborar con las autoridades australianas en la digitalización de archivos de la BNE. Fuente: EFE *** Publican en Nueva York antología de narradores dominicanos El Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos (http://www.comisionadodecultura.com) publicó, bajo la Colección Ultramar de la Editora Nacional de la República Dominicana, la obra Viajeros del rocío, una antología de cuentos recopilada por el escritor Rubén Sánchez Féliz (http://www.letralia.com/firmas/sanchezfelizruben.htm), que recoge las voces de los 25 escritores más representativos de la narrativa quisqueyana de la diáspora. La obra, según se informó en un comunicado este domingo 3 de febrero, incluye los cuentos “La salida de Poughkeepsie, de Julia Álvarez; “Besos de mariposa”, de Annecy Báez; “El traje de novia”, de Dinorah Coronado; “El que resultó no ser Alistair Cooke”, de Rhina P. Espaillat; “Un abuelo impropio”, de Ligia Minaya; “Sabor a mamá”, de Nelly Rosario, y “No me olvides nunca”, de Minelys Sánchez. Además, los relatos “Cuando el mundo me miró”, de José Acosta; “Cojuelo”, de Rey Emmanuel Andújar (http://www.letralia.com/firmas/andujarreynoldsemmanuel.htm); “Mi amigo Hemingway”, de José Carvajal; “Los malvados”, de Santiago Campo Gutiérrez; “Cumpleaños”, de José M. de la Rosa; “Boyfriend”, de Junot Díaz; “Gatos”, de Tomás Modesto Galán; “Gladiolo”, de Franklin Gutiérrez; “Sueño americano uno”, de Eduardo Lantigua; “El mismo lobo feroz”, de Josidalgo Martínez; “Visa para un sueño”, de Otto Oscar Milanese; “Historia de mudos”, de Keiselim A. Montás; “Las guazábaras”, de Leonardo Nin; “Quizás soy blanco”, de Víctor Manuel Ramos; “La cucaracha cantora”, de Juan Rivero; “El valor del sueño”, de Luis R. Santos; “Alguien vuelve a llenar las tardes de palomas”, de René Rodríguez Soriano (http://www.letralia.com/firmas/rodriguezsorianorene.htm), y “Unas tazas de café”, de Osiris Vallejo (http://www.letralia.com/firmas/vallejoosiris.htm). En la contraportada del libro se destaca que la antología registra 25 narradores dominicanos que escriben desde el extranjero, para quienes la escritura (la experiencia personal) se convierte en un trampolín hacia la meditación del destierro, y ese mapa imaginario los ayuda a exorcizar la confusión existente en torno a su condición de emigrantes, separando de algún modo su propia historia de las demás y definiéndolos. “Estos cuentistas responden a una necesidad interior y forjan, a través de sus textos, una relación con el país dejado atrás. Desde tierras extrañas, cada uno con su estilo, edifican sus ‘casas’ mediante el ejercicio de la escritura. Aquí, la palabra escrita pasa a ser el hogar imaginario y, paradójicamente, real del escritor”. Sánchez Féliz, el antólogo, es poeta y narrador; tiene un asociado en Artes Liberales de Hostos Community College (http://www.hostos.cuny.edu) y una licenciatura en pedagogía de New York University (http://www.nyu.edu). En 2005 publicó la novela El décimo día. El comisionado dominicano de Cultura, doctor Franklin Gutiérrez, dijo que con la publicación de la antología Viajeros del rocío, la institución que dirige continúa su plan de promocionar y respaldar a los escritores dominicanos que residen fuera del país. Señaló que a través del Comisionado se han publicado las obras El West End Bar y otros poemas, del fenecido poeta Carlos Rodríguez; Voces de ultramar: Selección de textos de escritores dominicanos de la diáspora; las obras ganadoras del Concurso Letras de Ultramar, del Comisionado: Saint Domingue, 2044, de Osiris Vallejo; y Reminiscencia, de Keiselim A. Montás. Además Cantos de ámbar, del poeta Dagoberto López; Los emigrantes del siglo, de Héctor Rivera (Yamasá), Aguas de dos ríos, una antología poética de Rhina Espaillat; e Hija de Camila, de Daisy Cocco de Filippis. Fuente: Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos *** BCNegra homenajea a P. D. James Una cuarentena de autores, procedentes de una decena de países, participarán desde hoy hasta el 9 de febrero en BCNegra (http://www.bcn.es/cultura/bcnegra), el encuentro de novela negra de Barcelona, evento en el que se desarrollará mesas redondas, exposiciones, lecturas dramatizadas y música, entre otras actividades que tienen por objetivo dar a conocer, extender y difundir títulos de la denominada “novela negra”. La escritora británica Phyllis Dorothy James será homenajeada el día 8 de febrero en el Palau de la Virreina, en un acto al que ella no podrá acudir puesto que se encuentra convaleciente de una operación. Nacida en 1920, P.D. James se inició en la escritura cuando ya era mayor y no publicó su primera obra, Cubridle el rostro, hasta el año 1962, dando vida al policía Adam Dalgleish, su personaje más famoso. En el homenaje participarán los escritores Alicia Giménez Barlett, Ana María Moix, Rosa Ribas y Daniel Vázquez Sallés. BCNegra será trasladada a Madrid el 21 de febrero a través de una mesa redonda, moderada por el comisario del evento, Paco Camarasa, con la presencia de Alicia Giménez Bartlett, Francisco González Ledesma, Andreu Martín y Lorenzo Silva. En el centro cultural Blanquerna estos escritores ofrecerán su mirada sobre la Barcelona más negra, de la mano de algunos de sus personajes, desde el viejo policía Méndez, a la inspectora Petra Delicado, o el detective Àngel Esquius. Durante los días que dure el evento, por otra parte, se podrá visitar en la biblioteca Jaume Fuster la exposición “El perro de los Baskerville”, con portadas y carteles de esta novela protagonizada por Sherlock Holmes, el detective de papel más famoso de todos los tiempos. Asimismo, el 4 de febrero se emitirá nuevamente a través de de la Cadena Ser el serial radiofónico Taxi Key, que se emitió a partir de octubre de 1948 y durante los años cincuenta y sesenta por Radio Barcelona. Camarasa ha resaltado que se trata de rendir un homenaje a los antiguos guionistas radiofónicos del género negrocriminal, con un programa especial incluido en La Ventana, de Gemma Nierga. De las diferentes mesas redondas que se celebrarán durante la semana, destacan una en la que se debatirá sobre el estado de la narrativa policial en la Galicia de hoy, y otra en la que se tratará sobre el género en las Islas Baleares. También tendrá su relevancia una mesa redonda sobre la corrupción en el Mediterráneo, con la presencia del juez antimafia Gianrico Carofiglio, el juez de Roma Giancarlo de Cataldo y el reconocido escritor griego Petros Markaris. La ex ministra de Justicia de Noruega y escritora de novela negra Anne Holt es otro de los autores que estarán en Barcelona en estos días, igual que el escocés Philip Kerr y los ingleses Andy Oakes, Mark Billingham y David Hewson. Fuera de programa, pero muy relacionada con la semana, será la exposición “Asesinato en el museo”, una propuesta que quiere mostrar cómo trabajan los profesionales de la criminología para resolver sus casos, que podrá verse entre el 4 de marzo y el 6 de enero de 2009 en el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona (http://w10.bcn.es/APPS/wprmuseuciencies/Museu.GeneradorPagines?idioma=2). Fuente: EFE *** IV Festival Internacional de Poesía celebrarán este mes en Nicaragua Poetas y escritores de más de 50 países asistirán al IV Festival Internacional de Poesía que se realizará del 11 al 16 de febrero en la colonial ciudad de Granada, Nicaragua. El evento, considerado una de las principales ofertas culturales de la región centroamericana, será dedicado al célebre poeta nicaragüense Salomón de la Selva (1893-1958), autor de prosas, ensayos y versos en inglés y español. El presidente del Festival, Francisco de Asís Fernández, informó que la cita de este año persigue difundir la calidad de la poesía nicaragüense y nominar a Granada, situada al lado del prominente lago Cocibolca, sur de Nicaragua, como Patrimonio de la Humanidad. El festival contará, además, con la participación de más de 154 poetas de 50 países del mundo, entre los cuales se cuentan Colombia, Bolivia, Ecuador, Brasil, España, México, Honduras, Guatemala y Argentina, entre otros. Por Estados Unidos han confirmado su asistencia los poetas Quincy Troupe, Stephen Cushman, Jimmy Santiago Baca, George Evans y Steven White. Por México asistirán al evento Elva Macías, José Vicente Anaya, Marco Antonio Campos, Lina Zerón y Laura Hernández. La delegación más numerosa que estará en el cónclave cultural será la de Nicaragua, con 63 participantes. Otras confirmaciones recibidas por el comité organizador son de Centroamérica, el Caribe, América del Sur, Europa, Rusia, Serbia, China Continental e Israel. El evento también expondrá al público novedades literarias como una Antología de la poesía centroamericana editada por la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx). Se presentará la vida y obra de Salomón de la Selva, un exponente del modernismo literario centroamericano, que estudió en Estados Unidos, donde publicó en 1918 su primer libro de versos en inglés, llamado Tropical Town and Other Poems. El poeta, quien peleó en la primera guerra mundial al servicio del rey de Inglaterra, es autor de la obra El soldado desconocido, publicada en 1922 en México, donde también vivió muchos años. Selva murió en 1958 en Francia, cuando era embajador de Nicaragua, dejando un legado literario poco conocido que pretende ser recuperado en la IV edición del Festival de Granada. Fuentes: AFP • El Nuevo Diario ||||||||||||||||||||||| LITERATURA EN INTERNET |||||||||||||||||||||| ¡Colorín Colorado! http://www.colorincolorado.org Sitio bilingüe (ingles-español) dedicado a familias y maestros que ayudan a sus niños a leer. Publica materiales de estudio sobre el tema y abundante información bibliográfica, libros infantiles, actividades, ideas y estrategias para fomentar el desarrollo de la lectura y escritura en estudiantes a nivel primaria hasta el doceavo grado. Letras Escondidas http://www.letrasescondidas.net Portal creado para las diversas vertientes del arte y literatura que existen, como poesía, prosa y fotografía. En los foros del sitio se pueden exponer textos de creación, debatir sobre temas diversos (poesía, narrativa, metaliteratura, cine, artes visuales y otros) y expresar opiniones constructivas para aprender por medio de la interacción entre lector y escritor. Isla Negra Editores http://editorialislanegrapr.blogspot.com Bitácora oficial de la pujante editorial puertorriqueña dirigida por Carlos Roberto Gómez Beras. Publica reseñas sobre los títulos del sello y anuncios de eventos, entre otros temas. Revista Puerto http://revistapuerto.blogspot.com Revista española de crítica literaria que se publica desde Sevilla en papel y en la Web. Las ediciones digitales están disponibles gratuitamente en formato PDF y las impresas se distribuyen gratuitamente cuando el interesado adquiere un libro de poesía en alguna de las librerías afiliadas, ubicadas en varias ciudades de España. Además, la revista se envía gratuitamente a España y América. Cruzagramas http://cruzagramas.blogspot.com Publicación virtual del grupo literario del mismo nombre. El sitio contiene consejos para escritores (algunos en tono irónico, pero siempre con un fin educativo), textos de los escritores miembros, talleres, comentarios sobre libros y películas, novedades literarias y una agenda de eventos literarios en Argentina, entre otros temas. La mirada atónita http://lamiradaatonita.blogspot.com Bitácora del escritor español Carlos Blázquez, con el texto de la sección semanal que se emite en el programa de radio “Punt de llibre” dedicada a la literatura. Es la visión personal del autor y, habitualmente con un toque de humor, de todo lo que rodea al mundo de los libros. Además, también se pueden escuchar algunas de las ediciones del programa de radio. ||||||||||||||||||||||| ARTÍCULOS Y REPORTAJES |||||||||||||||||||||| === El amor en los tiempos de la crítica Dixon Moya ================== La crítica como ejercicio de opinión, puede ser tan demoledora como aquellas enfermedades legendarias que se renuevan con los tiempos, ayer el cólera, hoy el sida, enfermedades del amor en todo caso. El reciente lanzamiento de El amor en los tiempos del cólera, película dirigida por el británico Mike Newell, basada en la monumental obra de Gabriel García Márquez, ha sido objeto de las más diversas críticas, desde aquellos que la han vilipendiado sin derecho a la defensa, como los que han afirmado que se trata de una de las más bellas películas de los últimos tiempos. En mi caso, como simple espectador y lector de la crítica especializada, esbozaré mi particular opinión sobre esta puesta en escena. Las obras cinematográficas basadas en las literarias comienzan perdiendo, por la sencilla razón de que los lectores fieles de las historias originales han elaborado su propia película mental, han esbozado las escenas y los personajes, sobre todo cuando son clásicos de la literatura mundial. La película, como obra de arte, debe ser considerada de manera independiente; el lenguaje cinematográfico es diferente al literario, a no ser que la obra escrita esté pensada en imágenes de cine (ahora se vive un auge de novelas que más parecen guiones de cine y algunos autores no ocultan su intención de perseguir una adaptación en la pantalla grande). Por ello ha sido tan difícil llevar las obras de García Márquez al cine, porque el genio colombiano es ante todo un poeta de filigrana, y un párrafo de su creación llevado a la escena puede resultar anodino o absurdo. El Nobel es consciente de ello y por eso su renuencia a llevar Cien años de soledad al cine, porque su máxima creación es un homenaje a la palabra y no siempre una imagen es mejor que mil palabras. Las versiones de las obras de García Márquez han resultado difíciles de digerir para el espectador; quizás las más destacadas hayan sido las adaptaciones del mexicano Arturo Ripstein (El Coronel no tiene quien le escriba, 1999) y del colombiano Jorge Alí Triana (Tiempo de morir, 1985), aunque fueron bien comentadas, nunca fueron éxito de taquilla, mientras que otras como la ambiciosa Crónica de una muerte anunciada (1987), del italiano Francesco Rosi, naufragaron en medio de diálogos forzados e interpretaciones poco convincentes. El amor en los tiempos del cólera es, sin duda, la novela más íntima y querida para el novelista colombiano; es el homenaje literario a sus padres, pues en la vida real, un modesto, paciente y constante telegrafista conquistó a una mujer de familia acomodada, dando origen a una numerosa familia, con un premio Nobel incluido. Podría decirse que esta novela es un largo poema, sobre un idealista anacrónico que reta al tiempo y la enfermedad antes de lograr su propósito. De allí que sea meritoria la obra de Mike Newell; de hecho la puesta en escena es impecable, aprovechando el escenario natural en que transcurre la novela, logra transmitir algo de la magia que inspira Cartagena de Indias con su belleza arquitectónica y natural; la fotografía limpia e incluso las melodías compuestas por Shakira, con nostalgia andina y melancolía caribe, ambientan a la perfección la historia. Las fallas tienen que ver con la actuación de los protagonistas y paradójicamente no porque sean pésimas, sino porque otros personajes los opacan. En el caso de Javier Bardem, habría sido un convincente Florentino Ariza si no fuera porque el joven Unax Ubalde le arrebata la esencia del personaje; es tan intensa la actuación de Ubalde que la de Bardem parece sin alma en el momento en que lo reemplaza; sin embargo, cuando el personaje envejece, Bardem logra dominarlo. Claro, hay una sutil explicación para suponer el cambio de Florentino en relación a los demás personajes, él es quien se queda, quien sufre por la ausencia del amor como lo canta Shakira, lo que significa un deterioro físico y emocional, pero no es fácil para un espectador normal hacer ese análisis y difícilmente puede entender cómo es posible que el otrora muchachito en un par de años se convirtiera en un hombre avejentado, mientras los demás personajes, como su amada y su tiránico padre, no han cambiado un ápice. En el caso de Giovanna Mezzogiorno, la bella italiana no alcanza a convencer como encarnación del amor sublime; en las escenas que comparte con Catalina Sandino es eclipsada por completo por su compañera. Posiblemente Sandino pudo haber interpretado con mayor credibilidad a Fermina Daza aportando un elemento que resulta imprescindible: la feminidad colombiana, que aunque suene extraño es muy particular, pues en una sociedad aparentemente machista es evidente el peso matriarcal, mujeres que combinan belleza, inteligencia, dulzura, picardía y carácter, como lo ha interpretado García Márquez. Quizás le faltó riesgo al director británico, haber escogido un elenco menos internacional, aunque en esto fue más afortunado que Rosi quien enfrentó una verdadera Babel en Crónica de una muerte anunciada, así como considerar filmarla en español. Un director controvertido con olfato comercial como Mel Gibson ha descubierto que las historias en sus idiomas originales cobran mayor relevancia. Sin embargo, resulta muy injusto calificar negativamente la obra en su conjunto, sobre todo al ver la cartelera del año 2007, que resultó tan deficiente (al menos lo que ha llegado a las salas latinoamericanas), con una carga excesiva de películas comerciales ramplonas, repeticiones, secuelas, unidas a la moda navideña de imponer historias épicas o de fantasía, queriendo imitar una obra de arte como El Señor de los Anillos. No resulta extraño que algunas de las mejores cintas del año sean refinadas elaboraciones animadas por computador, en donde la parte técnica suple el argumento; el drama y la comedia viven su peor momento. Ante la ausencia o imposibilidad de ver películas artísticas e inteligentes, El amor en los tiempos del cólera resulta una refrescante alternativa para reconciliarse con la industria cinematográfica, que a riesgo del fracaso económico todavía le apuesta a historias sobre las personas y sus circunstancias, el sentido de la existencia, dirigido por la brújula de la constancia, terquedad o tenacidad, e incluso el amor verdadero. Ojalá todos vieran esta película y elaboraran su propia crítica, juzgándola en su propia dimensión, sin la constante comparación con una gran novela, suficiente para que le fuera otorgado a García Márquez un segundo premio Nobel. ** Dixon Moya dixonm@hotmail.com Diplomático colombiano aficionado a la literatura. Fue cónsul de Colombia en Ciudad Guayana (Puerto Ordaz, Venezuela) y actualmente desempeña un cargo diplomático en Nicaragua. Ha publicado artículos en revistas de su país. === Fútbol en la calle Costa Rica Fernando Sorrentino ================ Las empresas inmobiliarias ejercen cierta poética de intención lucrativa. Así, al barrio de Las Cañitas lo llaman La Imprenta, y a mi barrio natal, Palermo Viejo. Las cinco primigenias repúblicas centroamericanas corren desde la frontera sur (terraplén del Ferrocarril San Martín) hasta la norte (calle Dorrego). Las calles, aunque arboladas, son irremisiblemente grisáceas. El arco tiene sus postes en un árbol y la pared; el travesaño, invisible, es la altura del brazo vertical del arquero, estirado al máximo. Hay un arco en cada vereda, y, entre ellos, unos cincuenta metros. El partido, describiendo su geometría, se denomina cruzado. Ecuánimes como los terremotos y como las epidemias, vandálicos futbolistas usurpan calzada y veredas, asestan pelotazos en las ventanas, salpican con el agua de la cuneta, ponen en peligro el físico de los peatones. La justa reprobación, el sacro odio de los vecinos ultrajados es un aceite ominoso que cae sobre ellos. Más allá del bien y del mal, a los jugadores la furia circundante los tiene sin cuidado. Las quejas y amenazas jamás consiguen abreviar un solo minuto el partido. Termina cuando tiene que terminar. Salvo dos casos de fuerza mayor: A veces, la pelota cae en una casa hostil. De allí puede no volver nunca, y es como un amigo querido que parte en un viaje sin retorno. O puede volver acuchillada y cortajeada, y es como recibir el cadáver mutilado de ese mismo amigo. Otras veces es el advenimiento de la ley —bajo la hipóstasis de agentes de la comisaría 31— el que provoca la dispersión y la fuga, honorables si se logra salvar la pelota para próximos partidos. Hace muchos años que no hay fútbol en la calle Costa Rica. Yo, vándalo de aquel entonces, recibo ahora ese recuerdo como si fuera un perfume. ** Fernando Sorrentino fs_literatura@yahoo.com.ar Escritor; profesor en letras (Buenos Aires, 1942). Ha publicado, entre otros, los libros de cuentos Imperios y servidumbres (Seix Barral, 1972; reedición, Torres Agüero Editor, 1992), El mejor de los mundos posibles (Plus Ultra, 1976; 2º Premio Municipal de Literatura) y El rigor de las desdichas (Ediciones del Dock, 1994; 2º Premio Municipal de Literatura); la novela Sanitarios centenarios (Plus Ultra, 1979; reedición, Editorial Sudamericana, 2000); la nouvelle Crónica costumbrista (Pluma Alta, 1992; reeditada como Costumbres de los muertos, Colihue, 1996); los libros de relatos para niños o adolescentes Cuentos del Mentiroso (Plus Ultra, 1978; Faja de Honor de la Sade; reedición, Norma, 2002), Historias de María Sapa y Fortunato (Sudamericana, 1995; Premio Fantasía Infantil 1996; reedición, Santillana, 2001), El que se enoja, pierde (El Ateneo, 1999) y El Viejo que Todo lo Sabe (Santillana, 2001); los libros de entrevistas Siete conversaciones con Jorge Luis Borges (Casa Pardo, 1974; reediciones, El Ateneo, 1996, 2001) y Siete conversaciones con Adolfo Bioy Casares (Sudamericana, 1992; reedición, El Ateneo, 2001). Libros suyos han sido traducidos al inglés, al portugués, al italiano, al alemán, al polaco, al chino, al vietnamita y al tamil. === Literatura gay: autenticidad o marginación ============================ === Jorge Marchant Lazcano ================================================ Hace algunas semanas, dos escritores norteamericanos leían fragmentos de sus nuevos libros en la Mercantile Library, una institución aparentemente conservadora, para promover la lectura en Manhattan. Se trataba de David Leavitt y de Edmund White. Provenientes de distintas generaciones, ambos han dedicado gran parte de su obra —en especial Leavitt—, a mostrar la “domesticidad” de la vida norteamericana, desde la variante gay. El éxito de Leavitt en los países de habla hispana (por las traducciones de Anagrama) se basa en lo que, al mismo tiempo, sería el motivo de su condena en los Estados Unidos: la exploración demasiado sexual de sus personajes homosexuales. Decidido a dar un giro a su carrera literaria, Leavitt lanzó este otoño su novela The Indian Clerk (El empleado indio), una obra intensa, sesuda e investigativa, sobre un episodio fundamental en la vida de G. H. Hardy, un brillante académico de Cambridge. En 1913, Hardy se encontraba trabajando en un problema matemático complejísimo, cuando recibió una carta de un tal Srinivasa Ramanujan, un pobre empleado de Madras. Sin ninguna preparación académica, el indio decía haber resuelto la hipótesis de Riemann. El encuentro entre ambos fue inevitable. Ramanujan viajó a Cambridge para convertirse en un célebre protegé del matemático. Al mismo tiempo, según contaría Hardy, éste habría sido el único incidente romántico de su vida. Leavitt logra así abandonar el terreno de la diversidad norteamericana cercana a él, para incursionar en la historia inglesa. Al parecer, el sueño de algunos americanos desde Henry James. Pero, al contrario de su célebre compatriota, sin esconder su cara más auténtica. Queda así claro que, con su nueva obra, Leavitt no se aleja del todo de una variante literaria que surge hacia mediados del siglo pasado en los Estados Unidos, cuando prestigiosos críticos (especialmente desde el New York Times) piden invariablemente a los escritores homosexuales que terminen de “disimular”, mostrando sus propios tormentos psicológicos a través de falsos caracteres heterosexuales. Era lo que sucedía con Tennessee Williams en cuyas obras extrañas mujeres parecían más bien homosexuales confundidos, y extraños hombres eran definitivamente homosexuales perdidos. ¿Por qué no mostrar sus propias reales vidas en la escena o en las páginas de una novela? ¿Por qué insistir en esos Georges y Marthas luchando con la furia de dos homosexuales en ¿Quién le teme a Virginia Woolf? Gore Vidal y James Baldwin dan el paso en la dirección correcta con La ciudad y el pilar (1948) y La habitación de Giovanni (1956), respectivamente. No por ello el panorama se puso más fácil. Con McCarthy cazando brujas, se llegó a hablar de una suerte de “mafia gay” dominando el panorama cultural de los años 50, en donde la extrema expresión habría sido West Side Story, creada en 1957 por cuatro artistas gay (Bernstein-Laurents-Robbins-Sondheim). El máximo triunfo de la sensibilidad camp. Todo esto como preámbulo para hablar de dos novelas españolas aparecidas recientemente, y que dan cuenta de esas mismas necesidades en el mundo hispano. De cualquier forma, el escenario en la España del siglo XX siempre fue mucho más catastrófico del que vivieron los escritores norteamericanos a pesar de la hipocresía anglosajona. Tuvo que derrumbarse un cruel período de fascismo, avalado por la omnipresente iglesia católica, para que los escritores homosexuales mostraran sus verdaderos rostros, sus verdaderas voces. Contra natura, de Álvaro Pombo (Anagrama, 2005) y Como la tentación, de Alberto Mira (Editorial Egales, 2007) son dos concluyentes e importantes obras al respecto. Contra natura es el resultado de una extensa obra narrativa en torno al develamiento de la homosexualidad en la sociedad española, y sin duda, una de sus obras cumbres. En pleno poder de sus habilidades narrativas y estilísticas, Álvaro Pombo (1939) traza en esta novela la historia de cuatro caracteres unidos por la obsesión, el deseo y la necesidad de obtener una recompensa para el vacío de sus vidas. En un extraño epílogo, Pombo nos señala que ha pretendido un alegato en contra de la superficialidad de la vida gay de hoy, en oposición a la autenticidad con que se habría vivido la homosexualidad en generaciones anteriores (la suya propia). Pero como él mismo es consciente de que no hay homosexualidad sino homosexualidades, el alegato resulta mucho más amplio, porque los personajes, lejos de convertirse en estereotipos, son a la vez frívolos y auténticos, entrañablemente humanos o perversamente miserables. En efecto, Javier Salazar es un brillante editor retirado que cree haber encontrado una cierta paz en su vida. Pero detrás de esa aparente paz, hay apenas una soledad indescriptible, una falta de amor que se desbaratará por completo por la repentina presencia en su vida de Ramón Durán, un muchacho atractivo pero de escasa formación. Enfrentado a un nuevo juego, cada vez más complejo (y que un narrador excesivamente omnisciente dificulta aun más) Salazar volverá a encontrarse con Paco Allende, otro homosexual de su misma generación, educado en el catolicismo franquista, y con Juanjo Garnacho, antiguo profesor y ex amante de Ramón, formando una compacta red de relaciones desiguales. Nadie actúa contra natura, porque como el mismo Pombo señala: “La naturaleza única que yo estaba dispuesto a aceptar era aquella construida por cada uno de nosotros” y no la que imponía la historia oficial. La novela es un verdadero tratado de la sensibilidad y la inteligencia gay, por partes iguales. Pero es a la vez un angustioso espejo deformante de nuestra misma realidad. Esto queda claro en un parlamento de Salazar sobre la conexión ontológica de la homosexualidad con la marginación: “Nadie nos librará de nuestra esencial conexión con la marginación, con el fracaso y con la muerte. La mayor parte de la gracia que aún tenemos los maricas, antes que la trivialidad y la normalidad nos convirtieran en simples consumidores pancistas españoles, mariquitas per cápita que contribuyen con normalidad e incluso con un muy buen balance anual a los gastos de la hacienda pública, antes y después de toda esa babosa voluntad de normalización e identidad con los comemierdas que siempre hemos envidiado y odiado, nuestra conexión más pura es con el fracaso, con la marginación y con la muerte”. Por una cuestión generacional, el discurso de Alberto Mira (nacido en Valencia en 1965) en Como la tentación parece divergir por completo con el de Pombo. Su novela acaba de ganar el Premio Terenci Moix —el maestro español de cierta forma de literatura relacionada con la cultura popular— que Mira ha asimilado muy bien. Sumando a esto su interés en el melodrama hollywoodense y un doctorado sobre la enunciación homosexual en el texto dramático, centrada en la obra del mismo Williams, Mira va por buen camino. Estamos frente a un texto de iniciación, aunque tal como lo ha señalado el mismo autor, podría ser también de tentación o de corrupción. Desde el punto de vista que se mire. Sergio Blanch es un muchachito de dieciséis años que debe enfrentarse al verano definitivo de su vida. ¿Logrará asumirse gay alguna vez? Como buen homosexual de comienzos de los 80, tiene miedo, no sabe lo que quiere, es poco asertivo, y por último parece ir en contra de lo que manda la mayoría. Es en este punto en que Mira rompe con lo establecido y narra desde la insólita y juguetona voz de un fantasma. Uno de esos fantasmas corporizados con extensos poderes muy propios de cierto tipo de comedia americana. A la falta de referencias de Sergio para convertirse en un “buen homosexual”, el fantasma venido del mismo cielo, entrega imágenes insólitas para la transformación de Sergio. Se le aparece como Mary Poppins, la niñera de Disney que tiene el poder de alterar a familias disfuncionales. Como si esto fuera poco, luego se convierte en Richard Gere y como tal intercambia sexo oral con el sorprendido muchachito. Aún hay más: la tercera aparición es en la forma de William Holden, esta vez sacado de la película Picnic. Aunque aquí no tenemos a Kim Novak convertida en reina de belleza pueblerina. Con esas lecciones a su haber, cualquiera terminaría como lo que Pombo más detesta. Una mariquita per cápita o la babosa voluntad de normalización. Pero Mira es un escritor que sabe crear un mundo a partir de esas extravagantes aventuras y tal como dice su narrador, “no es que los musicales hagan a la gente gay, pero me consta que en buenas manos ayudan un montón”. (En rigor, Mary Poppins lograría, de acuerdo al texto de Mira, mejores resultados que Terence Stamp en Teorema.) La novela de Alberto Mira aporta frescura, liviandad, a una materia grave. Es probable que a través de la edición de Editorial Egales llegue a un amplio público ansioso por reconocer sus propios rostros. En la lengua española, a diferencia de los norteamericanos, hay un amplio camino aún por delante. ** Jorge Marchant Lazcano jorgemarchant@hotmail.com Escritor chileno (1950). Su novela Sangre como la mía obtuvo en 2007 el Premio Altazor, Premio de las Artes Nacionales de Chile. === Sobre Cuentos de doctrinas y muerte de José Gregorio Parada =========== === Julia Elena Rial ====================================================== (Nota del editor: a finales del año pasado fue emitido en Maracay, Aragua [Venezuela], el veredicto del premio Augusto Padrón de Narrativa 2007, que recayó sobre Cuentos de doctrinas y muerte, del escritor merideño José Gregorio Parada. La ensayista Julia Elena Rial se pasea por los textos que componen este libro, en el que, dice, Parada despliega todo su arsenal simbólico). La experiencia de viajar a través de los relatos se compara, metafóricamente, con las tendencias naturales que movilizan por el mundo a las aves migratorias. José Gregorio Parada nos revela un impulso, casi mítico, por cambiar de mundos, por partir. Sus cuentos no se detienen en la India, Egipto, ni en Ecuador, ni en España, los arropa una necesidad de sentirse siempre en otra parte. Por eso desde su proyección estilística crea una argamasa entre lo viejo y lo nuevo, entre lo conocido y lo extraño. Con gran desplante exploratorio nos lleva, con la tecnología de un trasbordador que violenta el tiempo cronológico, hasta la España de Felipe II cuando se estaba construyendo El Escorial. En “Un viaje a El Escorial”, Eliseo se desfasa del tiempo real gracias a la máquina inventada por su tío Jacobo y vive el período inquisitorial con sus graves consecuencias. El escritor encuentra el elemento creativo en la historia del siglo XVI y sugiere un gusto, con cierta desviación de preferencias subjetivas, por finales desconcertantes y por los conflictos. No existen dones particulares que prefiguren los acontecimientos, cada personaje se va realizando según coordenadas que la vida les presenta. Siempre regados por el mismo flujo de pensamiento, la vulnerabilidad de los personajes se revela como obsesión literaria, sobre todo en “Triste recuerdo”, episodio sobre la persecución de una familia judía durante la segunda guerra mundial o en “La Guagua Pichincha”, cuya incontenida naturaleza volcánica arrastra en su erupción tradiciones, genealogías y vidas. Se trata de planteamientos emergentes escritos por quien se delata atento investigador de las transformaciones que sacuden los cimientos naturales y sociales del mundo histórico. Son los protagonistas quienes sufren los cambios, a veces por las ironías que la vida les depara. En cada cuento naufragan en la incertidumbre de un mundo impredecible como en “Políglota”, que relata la ilusión de Robert y Le-Ou por dejarle a su hijo la herencia lingüística, lograda por genealogía familiar, pero el niño, ¡oh frustrante paradoja!, nace sordo. Parada despliega su arsenal simbólico ya sea para dar cuenta de atrocidades sociales o para dar el golpe distintivo de su narrativa en la construcción de personas que se identifican por actitudes y acciones, así el mago Wysler es “Un pobretón”. En su vida no había nada ni nadie... “La comida la conseguía en la calle, pedir no le costaba mucho”. Se trata de un personaje cuyo componente vital impreciso, se revierte cuando pone en práctica las fórmulas mágicas de sus lecturas, probablemente apócrifas al estilo Borges, así se convierte en “El afamado mago que pretendía cortar por el medio a dos seres humanos”. La tensión promueve el devenir psíquico de sus criaturas, advierte sobre lo misterioso, lo no develado de cada ser humano, dicho a través de un narrador que calla hasta el final la escena crucial, pero va creando una atmósfera que, por lo general, coagula en lo imprevisto. Algunas veces ese narrador intercambia papeles, ya sea que se relate a sí mismo, al estilo “La venganza”, para realizar un trueque por el espectador de los sucesos, cambio que coincide con la fragmentación del relato. Se trata de un reordenamiento anecdótico para iluminar aquello que en un momento llama más la atención: incluir el diario acontecer como forma narrativa que aflora para luego esconderse y mostrar el trágico desenlace porque como bien lo dice: “Hoy la curiosidad de ha apoderado de nosotros y seguimos las huellas húmedas, mojadas en calles desesperadas, para saber lo que está ocurriendo (o lo que ocurrirá): un cadáver en la biblioteca”. Dos líneas narrativas se revelan en los cuentos de José Gregorio: una el presente, los sucesos y sus personajes que involucran al narrador, otra el misterio que se esconde en cada relato y concierne al autor. Ambas líneas no se interceptan, tampoco una es consecuencia de la otra, de ahí lo difícil para el lector hacer deducciones. Por lo general los resultados se justifican por la densidad pretérita, por la genealogía simbólica que se trabaja, historia y mitos de otros tiempos. La actividad de relacionar o presuponer es obligante en la lectura. Parada no permite que el impulso de la materia narrada se lleve por delante la voluntad de construir su estilo, la voz propia que permanece como función literaria genealógica. En Cuentos de doctrinas y muerte el autor polemiza sobre realidades, historia y ficciones, viajes insensatos, mujeres lejanas, bamboleos y vacilaciones de espíritus anodinos o el espejo deformante de la ironía, como manera de plantear inquietudes y estimular lo real para que parezca distinto, para que lo aparentemente simple se convierta en conflicto; algunas veces con un humor trágico que se disuelve en la escritura, en situaciones absurdas, opresivas o de una desmesura que convierte la mentira de la ficción en lo real de la vida. En todos los casos el relato se sostiene por su propia fuerza, como en “La maldición de Osiris”, donde la recreación del mito lleva a la muerte, según la maldición escrita, a todos los arqueólogos que trataron de profanar su tumba. Los relatos de Parada traen el recuerdo de las palabras de Mark Twain en Sobre la decadencia del arte de mentir: “Creo que es imprescindible examinar con inteligencia qué tipos de mentiras son las mejores y más saludables, dado que todos tenemos que mentir y que todos mentimos”. El escritor merideño inventa historias, cree que la narrativa debe hablar sobre el mundo y la vida a la cual debe modificar, algunas veces para hacerla más real y otras para dar rienda suelta a la fantasía. José Gregorio Parada sabe contar las mentiras, prefiere arropar historia, religión, mitos y sociedad en el contexto universal. “El último Dalai Lama”, “El Camino de Santiago”, “El Taj Majal”, “La maldición de Osiris” y “Un viaje a El Escorial” son, entre otros relatos, príncipes tutelares y cómplices de su narrativa. ** Julia Elena Rial majusa@cantv.net Escritora y docente argentina (Tandil, provincia de Buenos Aires). Reside en Maracay, Aragua (Venezuela). Profesora de castellano y literatura en el Instituto del Profesorado de Buenos Aires. Estudió filosofía en la Universidad de Buenos Aires e historia de las ideas latinoamericanas en la Universidad de Chile. Se especializó en literatura latinoamericana en la Universidad de Chile y cursó la maestría en literatura latinoamericana en la Universidad Pedagógica de Maracay. Ha publicado el cuento "La fábula rota" y los ensayos El esperpento en Tirano Banderas de Valle Inclán, La poesía social de José Martí, Las masacres: ortodoxia histórica, heterodoxia literaria (premio de ensayo Miguel Ramón Utrera 1998) y Constelaciones del petróleo (2002). En publicación Memoria e identidad en José León Tapia y el ensayo Identidad, memoria y olvido (mención de honor en el premio de ensayo Augusto Padrón 2005). Colaboradora de la revista brasileña Hispanista. Jurado del premio de ensayo Augusto Padrón 2001 y del premio de ensayo Marita King 2005. Dicta talleres sobre narrativa del petróleo y ensayo en Maracay desde 2002. === Palabras profundas: una lectura a flor de tierra ====================== === Teresa Dovalpage ====================================================== En el mundo de hoy, donde los secuestros parecen estar a la orden del día, ¿qué significa ser “un prisionero”? En los relatos que forman Subterráneos, Premio Andalucía Joven de Narrativa 2005, se encuentra una respuesta en clave... para quien la sepa encontrar. Los textos están unidos unos a otros como un collar estilo grunge en que todas las piezas tienen algo en común, por disímiles que parezcan. Pero no es hasta el final que descubre el lector el eslabón perdido. Los escenarios de Subterráneos cambian de una página a otra. Van desde un glaciar en Groenlandia hasta el universo virtual de una computadora en el año 2731, pasando por las calles históricas (¡ay, don Leopoldo Alas!) de Oviedo. Los subterráneos en que habitan los personajes no están siempre bajo la tierra. Hay prisioneros que sobreviven o medio mueren en cárceles extrañas, que no saben por qué los han recluido y que tienen una curiosamente educada relación con sus verdugos. Y hay otros encerrados en un campo virtual, que a pesar de estar muertos siguen discutiendo, debatiendo sobre (y debatiéndose entre) la fe y la razón. Y cautivos de las palabras, que son, a fin de cuentas, el hilo de Ariadna de este bien urdido laberinto semántico. La estructura de los cuentos varía también notablemente. Está la convencional, con sabor borgiano, de “Soltecht”, en que un aspirante a arqueólogo perdido en el desierto encuentra huellas de una civilización desaparecida. Hay otros relatos con un muy definido toque postmoderno, como “Psiquia” más noveleta que cuento a secas, y que lo deja a uno con ganas de buscar la continuación y enterarse del destino final de los (¿o el?) personajes. En “Psiquia” se da un diálogo computerizado, pero aun así asoman las orejas Schopenhauer y Unamuno. Y hasta Mircea Eliade hace un guiño desde cierto rectángulo, como para indicar que no nos dejemos confundir por términos como microlapsos y conciencia de campo. Aquí hay mucha tela, y no precisamente virtual, por donde cortar. Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970) ha construido con esta obra una arquitectura poética formidable. Mora es actualmente director del Centro del Instituto Cervantes en Albuquerque (New Mexico, USA). Ha publicado además la novela en marcha Circular 07. Las afueras (Berenice, Córdoba, 2007), y los ensayos Singularidades. Ética y poética de la literatura española actual (Bartleby, 2006), Pangea. Internet, blogs y comunicación en un mundo nuevo (Fundación José Manuel Lara, 2006) y La luz nueva. Singularidades de la narrativa española actual (Berenice, 2007). Asimismo, han visto la luz sus poemarios Texto refundido de la ley del sueño (1999), Mester de cibervía (Pre-Textos, 2000), Nova (Pre-Textos, 2003), Autobiografía. Novela de terror (Universidad de Sevilla, 2003) y Construcción (Pre-Textos, 2005). Ejerce la crítica en marcha en su conocido blog Diario de Lecturas (http://www.vicenteluismora.com), y es crítico de revistas como Quimera, Mercurio, Archipiélago, Clarín, Animal Sospechoso, Puerto y Cuadernos del Sur. Acaba de recibir el I Premio Málaga de Ensayo por un libro sobre los espacios simbólicos entre arte y literatura (próxima edición en Páginas de Espuma). ** Teresa Dovalpage dovalpage@aol.com Novelista e investigadora cubana (La Habana, 1966). Terminó una licenciatura en lengua y literatura inglesas y una maestría en literatura española en la Universidad de La Habana (http://www.uh.cu). Desde 1996 reside en Estados Unidos. Actualmente vive en Albuquerque y estudia el doctorado en literatura latinoamericana en la Universidad de Nuevo México (http://www.unm.edu). Ha publicado las novelas A Girl like Che Guevara (en inglés, Soho Press, http://www.sohopress.com; 2004), Posesas de La Habana (en español, PurePlay Press, http://www.pureplaypress.com; 2004) y Muerte de un murciano en La Habana (Anagrama, http://www.anagrama-ed.es; 2006; finalista del Premio Herralde 2006), así como artículos en El Nuevo Herald (http://www.elnuevoherald.com), Hispanic Magazine (http://www.hispanicmagazine.com), Latina Style (http://www.latinastyle.com), Hispanic Culture Review (http://www.gmu.edu/org/hcr), Rosebud Magazine (http://www.rsbd.net), Latino Today (http://latinotoday.net), Encuentro (http://www.cubaencuentro.com), Revista Baquiana (http://www.baquiana.com) y La Peregrina Magazine (http://www.laperegrinamagazine.com). Mantiene una página personal en http://www.dovalpage.com. === Franz Tamayo, el insigne poeta boliviano Víctor Montoya ========== Escribir una apretada síntesis sobre una de las figuras más descollantes de la literatura boliviana parece fácil, pero resulta una tarea difícil, debido a su personalidad polifacética y a la complejidad de su prolífica obra que, hasta el día de hoy, sigue siendo motivo de interpretaciones y controversias. Sobre la vida y la obra de Franz Tamayo se han escrito libros, pero ninguno logra atraparlo en su verdadera dimensión, que es la de un genio alzándose como una cumbre en medio de la planicie intelectual de su medio, donde algunos lo consideran un simple mortal de carne y hueso, con virtudes y defectos; en tanto otros lo mantienen en un pedestal, convirtiéndolo en un mito y hasta en un tabú. A tiempo de dedicarle estas líneas, quiero dejar constancia de que la obra de Tamayo es una de las joyas mejor pulidas en el cofre literario de un país que, a pesar de la desidia y los cercos de silencio que soportó durante siglos, aprendió a distinguir las luces de la genialidad en medio de las tinieblas. Asimismo, por razones didácticas y sentido común, he optado por dividir su trayectoria en tres facetas: la familia, el político y el poeta. La familia Franz Tamayo nació en la ciudad de La Paz el 28 de febrero de 1879 —en pleno conflicto internacional con Chile—, y murió en la misma ciudad el 29 de julio de 1956. Fue el primogénito del abogado, político y diplomático Isaac Tamayo Sanjinés, quien, después del desastre de la Guerra del Pacífico, partió rumbo a Europa con sus propios recursos, como lo haría años más tarde, estableciéndose en París con su familia durante la revolución federalista de 1899. Según sus biógrafos, Isaac Tamayo Sanjinés sirvió al gobierno de Hilarión Daza y llegó a ser prefecto de La Paz y ministro de Hacienda del presidente conservador Aniceto Arce. Aunque fue un estudioso entroncado en el gamonalismo, tuvo certeros atisbos sobre el problema del indio, al que consideraba, a pesar de las corrientes racistas y antiindigenistas profesadas por las clases dominantes de la época, el núcleo fundamental de la nación boliviana. Su obra sociológica Habla Melgarejo (1914), firmada con el seudónimo Thajmara, explaya la tesis fundamental de que el tirano fue el producto de la sociedad boliviana, de todos sus vicios y no un hecho accidental. Franz Tamayo asimiló desde su infancia las ideas y experiencias de su padre, el mismo que, consciente de la aguda inteligencia y la enorme capacidad asimilativa de su primogénito, le procuró una educación privada de humanidades, con asignaturas que incluían lecciones de piano, alemán, inglés y francés. De su madre, doña Felicidad Solares, se sabe poco y lo poco que se sabe es que fue una mujer de sangre indígena y dedicada íntegramente a la crianza de sus siete hijos. Mas por el amor y la admiración con que Franz Tamayo se refiere a ella, se deduce que, a través de sus sentimientos maternales y hablándole en la dulce lengua de sus antepasados, le transmitió la sensibilidad para captar las vibraciones de la naturaleza, la belleza del paisaje altiplánico, la nobleza de una raza injustamente menospreciada por los colonialistas; pero, ante todo, con ella aprendió a sentir orgullo por su abolengo aymara y a no tener desdén por los valores culturales de sus ancestros. No en vano, en un furibundo documento de respuesta a Fernando Diez de Medina, apuntó: “Por la línea materna en mi raza y en mi sangre no hay birlochaje —muchacha proveniente del cruce de la chola y el criollo, y que ya cambió la pollera por el vestido occidental— (...). En mi madre por ningún lado aparece el mestizo, el híbrido ni la mula (...). En mis venas y gracias a mi madre, no hay una gota de birlochaje putrefacto” (1). La infancia de Franz Tamayo, que transcurrió entre la casa solariega de la ciudad y las propiedades rurales de su padre, estaba marcada por el amor de sus progenitores y la grata compañía de sus hermanos, con quienes compartía los juegos y las fantasías propias de su edad. En su adolescencia entró en contacto con las culturas, las lenguas y los escritores del Viejo Mundo. Uno de los que mejor supieron tocar sus fibras íntimas fue Víctor Hugo, cuyas obras leía en francés y con pasión inusitada. Franz Tamayo retornó a Bolivia en 1904, pero se ausentó nuevamente gracias al sostén económico de su padre, quien lo mandó a estudiar en La Sorbona de París. En Londres conoció a la joven francesa Blanca Bouyon, con la que contrajo matrimonio sin el previo consentimiento paterno. Tras vivir un tiempo en Europa, la pareja se trasladó a Bolivia, donde convivió algunos años más, combinando el ambiente urbano con el rural, hasta que la unión se rompió de manera inevitable, debido, en parte, a desavenencias culturales. Las dos hijas del matrimonio, Blanca y Anita, fallecieron a temprana edad. El amor que Tamayo sentía por la francesa, según algunos, inspiró el célebre poema “Balada de Claribel”, una auténtica joya de la lírica hispanoamericana. Tiempo después, al cumplir los treinta años de edad, Tamayo conoció a Luisa Galindo, una mujer de singular belleza y carácter afable, que le cautivó el corazón y le alivió el dolor sentimental de su matrimonio anterior. Y, a pesar de la oposición de su madre y sus hermanos, Tamayo, en una actitud que denotaba su rebeldía juvenil, formalizó su relación con Galindo, sin necesidad de acudir al registro civil ni a la iglesia católica. Así, y por varias décadas, empezaron a compartir los instantes más felices junto a sus hijos, pero también las adversidades que la actividad pública le deparó al insigne poeta y pensador fecundo, quien acabó siendo admirado por unos y criticado por otros, sobre todo por quienes en los corredores del poder político se declaraban sus adversarios ideológicos. Vivió en una casona de La Paz y en su hacienda de Yaurichambi —situada cerca del majestuoso Illampu y el lago Titicaca—, que adquirió en 1910 y donde creó gran parte de su producción literaria. El político De Franz Tamayo, personaje de tendencias liberales en la cultura y la política, se sabe que terminó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional Ayacucho de La Paz, que obtuvo su título de abogado en un examen de excepción rendido en la Universidad Mayor de San Andrés y que durante su estadía en Europa cursó estudios de filosofía, literatura y ciencias políticas, aparte de que aprendió el griego y el latín. A partir de 1910, compaginó su vocación literaria con su participación activa en la política. Fundó, junto con otros jóvenes intelectuales, el Partido Radical en 1911, que tuvo existencia efímera por la falta de experiencia y solidez organizativa. Su pasión por los problemas nacionales y sus deseos de terminar con el “bandidismo gubernativo”, lo llevaron a desempeñar numerosas tareas en la administración pública: presidente de la Cámara de Diputados, delegado de Bolivia ante la Liga de las Naciones para presentar y debatir los reclamos marítimos, asesor jurídico del Ministro de Relaciones Exteriores y canciller de la República. Tanto sus simpatizantes como sus adversarios lo recordaban siempre protagonizando memorables discusiones con el también poeta Ricardo Jaimes Freyre en el Parlamento y con otros representantes del Partido Republicano de Saavedra. Sus poses y su retórica, capaces de deleitar, persuadir y conmover, lo destacaban como a un orador consumado y polemista temible. Claro que detrás de la actitud del político estaban los conocimientos y la inteligencia de un hombre que supo ganarse el respeto a fuerza de medir sus argumentos con la mediocridad de sus contrincantes. Franz Tamayo desarrolló una amplia labor como periodista. Fue fundador de El Fígaro (1913), El Hombre Libre (1917) y director del matutino El Diario. Asimismo, ejerció la cátedra de sociología en la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz y colaboró con varias publicaciones nacionales y con el Amauta del peruano José Carlos Mariátegui, entre otras. El 11 de noviembre de 1934, en plena Guerra del Chaco, fue elegido presidente de Bolivia por imposición de Daniel Salamanca. Y si no asumió el cargo, a punto de ser investido, fue debido a un golpe militar que anuló la elección considerándola ilegítima. De todos modos, aquí surgen las preguntas obligadas: ¿qué hubiera hecho el poeta desde la silla presidencial? ¿Hubiera acabado con la oligarquía minero-feudal, que por entonces ostentaba el poder político y económico del país? ¿Hubiera proclamado la justicia social para los desposeídos? La incógnita de esa historia no se llegará a saber nunca, aunque por todos es conocido que Tamayo no fue pobre sino un señor. “Un gran señor feudal, dueño de haciendas y de indios”, como irónicamente lo definió Tristán Marof. Más todavía: “Tamayo fue un burgués liberal (...). Un señor de sombrero de copa, un conservador de los privilegios de su casta y de su país” (2). Franz Tamayo, a pesar de las críticas insensatas y los comentarios malintencionados, ha sido uno de los propulsores del nacionalismo boliviano que, años más tarde, se vio reflejado en la revolución de 1952; un proceso que impulsó la nacionalización de las minas, el voto universal y la reforma agraria, pero sin resolver plenamente las tareas democráticas burguesas pendientes. El político en Tamayo se frustró mucho antes de que empezaran las reformas de la revolución nacionalista presidida por Víctor Paz Estenssoro. Nadie sabe exactamente cuáles fueron las causas que motivaron su alejamiento de la vida pública. Probablemente se debió a la desilusión que sintió por los políticos de turno o al fracaso en su intento por forjar un país con una visión que se extendía más allá de la mente chata de sus contemporáneos, quienes tenían la impresión de que Tamayo, acostumbrado a sentir el dolor metafísico ante los enigmas del mundo y sus asuntos, contemplaba la realidad montado sobre las nubes, como todo genio que no siempre encuentra la compresión entre el resto de los mortales. La prueba de su genialidad aparece citada en el Diccionario de la literatura boliviana, donde se refiere la siguiente anécdota: “En 1954, el Departamento ‘This I’ Belive’, de una empresa norteamericana de revista y radio, invitó a un grupo selecto de intelectuales y científicos, entre ellos a Einstein y Tamayo, para explicar en forma sintética su pensamiento filosófico. Así, a comienzos de 1955, El Diario de La Paz registró en sus páginas este acontecimiento, relievando la participación de Tamayo. Frente a los hechos de entonces, exponía una concepción vitalista, manifestando que la inteligencia y la acción del hombre se perdían ‘en un mar de síntomas y detalles, en el fondo secundarios, pero por otra parte indispensables para la polémica conducción de la vida. Pocos se abstenían del vértigo de la luna’ —decía—, ‘porque abstenerse del todo es también imposible (el Apekhou griego). Pocos tienen la fuerza de alcanzar un plano superior al plano superficial en que todos vivimos y luchamos, y alcanzar un plano superior de mejor verdad y mayor realidad (una cosa triste: hasta en la verdad hay gradaciones)” (3). Apartado del compromiso político, y ante la necesidad de seguir transmitiendo su erudición a través de los versos, se recluyó en su casa vetusta y colonial de la calle Loayza y, como su padre, se entregó a la soledad, rechazando los compromisos sociales y el trato con la gente. Se cuenta que en las postrimerías de su vida, pasaba los días sólo en compañía de sus seres más allegados, dedicado a la meditación filosófica, a su quehacer literario y a tocar las notas de Chopin en el piano; un instrumento que amó desde niño y a través del cual aprendió a amar la música clásica. Franz Tamayo, por mucho que haya muerto en la soledad, quedó para siempre en el corazón palpitante de un pueblo que, en honor a la verdad, sabe reconocer y defender a los hombres cuyas mentes iluminadas son el mayor orgullo de una nación en busca de su propio destino. Tamayo fue el poeta más grande de Bolivia, un defensor de la raza aymara, un estadista honesto y un ejemplo para las generaciones de ayer y de siempre. Su incursión en la política, casi en desmedro de su creación literaria, no impidió que su gran legado de intelectual trascendiera como una luz brillante en la tierra que tanto ocupó su tiempo y su talento. El poeta El modernismo en la poesía boliviana irrumpió con figuras como Manuel María Pinto, Ricardo Jaimes Freyre (con su ya famosa Castalia Bárbara), Gregorio Reynolds y, el mayor de todos, Franz Tamayo; una verdadera revelación que sacudió los cimientos de la versificación castellana junto a casos geniales como Rubén Darío y Leopoldo Lugones. Los críticos aseveran que algunas de sus obras, aun perteneciendo al género dramático, se han analizado siempre como piezas líricas, debido a su gran carga poética tanto en la forma como en el contenido. De ahí que La Prometheida (1917), al lado de Scherzos (1932), Scopas (1939) y Epigramas griegos (1945), es una de las creaciones donde más resplandece el talento poético de Tamayo, no sólo porque representa una grandiosa tragedia humana, con personajes de la mitología grecorromana, sino también porque constituye una sinfonía lírica en la cual la musicalidad del idioma encuentra su más alta expresión, unida a una sinestesia, cuya imagen o sensación subjetiva, propia de un sentido, está determinada por otra sensación que afecta a un sentido diferente, como una suerte de disco cromático en el cual las palabras expresan la diversidad de los colores. “Tamayo pretende hablar con los sonidos de las palabras que emplea, y en ello estriba buena parte de su originalidad”. Por ejemplo, el canto de Melifrón “es de una armonía imitativa de tan certeros efectos que demuestra cómo se puede expresar, con el sonido de las palabras antes que con el sentido de éstas, largamente, la melancólica voz de un ruiseñor en el preciso momento en que va a producirse la muerte de la protagonista” (4). Así como su poesía destaca por la cadencia de las palabras y la armonía musical, destaca también por las transgresiones literarias y su deslumbrante dominio del idioma que le permite, además de desnudar su alma de manera sabia y profunda, ensayar nuevos giros idiomáticos y técnicas literarias sin precedentes. Como todo hombre universal, con un vasto bagaje cultural y una hipersensibilidad a toda prueba, cultivó la mayoría de los géneros y en todos ellos fue innovador y creativo. Sus libros, escritos en verso y en prosa, abordan temas con un alto valor ético y estético. En ellos revela la fuerza de su inteligencia, su amplio conocimiento de las ciencias filosóficas y las artes en general. Algunos lo consideran el poeta boliviano por excelencia, mientras otros lo tratan como al vate iberoamericano digno de ser conocido, leído y difundido más allá de sus fronteras nacionales. Nadie pone en duda que fue supremo artífice del arte de versificar con la precisión de un orfebre. El crítico literario Nicolás Fernández Naranjo, con respeto y admiración ante una obra y un autor de proyecciones universales, afirma en su comentario: “Tamayo es un poeta de extraordinaria dimensión artística. Su conocimiento de la lengua castellana asombra; nos deja atónitos su maestría y culto de la perfección. Formado en la escuela de Goethe, habría ‘preferido una revolución a un desorden’; no se hallan ripios, lugares comunes ni ‘rellenos’, ni tampoco prosaísmos en su obra poética (...). Los metros favoritos de Tamayo fueron el endecasílabo y el heptasílabo. Sus rimas son ricas, magistrales. Sensorialmente, era colorista: hay en sus versos derroche de sensaciones de color. Sentía atractivo y cultivaba a la perfección las figuras: las aliteraciones, las ‘derivaciones’, las onomatopeyas; en el retruécano no tiene rival; sus metáforas son igualmente ricas, inesperadas, asombrosas (...). Leyendo sus versos, se nota el trabajo de síntesis: sentía predilección por las fórmulas lapidarias, los pensamientos más densos expresados en pocas palabras” (5). Por otra parte, es preciso señalar que el poeta andino, aunque empapado de una sabiduría grecolatina, no dejó de rendirle homenaje a su ascendencia escribiendo, a veces con un dejo de melancolía y pesimismo, versos que reflejan el espíritu de los habitantes del kollasuyo y la geografía física de una nación enclavada entre las cumbres nevadas de la cordillera andina, sin acceso al litoral, rodeado de llanuras y de selvas. Estaba convencido de que había una profundidad y grandeza en el espíritu aymara y en los enigmas telúricos del altiplano. Por eso mismo, con una dicción impecable y una intuición natural para el manejo del lenguaje figurativo, en su poesía elevó un canto sinfónico a las virtudes y costumbres de su raza, a las imponentes montañas, a las pampas yermas y, por último, a la belleza de un país mágico y secreto, que Tamayo supo interpretar por medio de su inteligencia innata y sus metáforas, como quien posee una personalidad prodigiosa que deja estelas por doquier. Si bien es cierto que su búsqueda de un lenguaje efectivo, basado en las lenguas clásicas y modernas, lo convirtió en un innovador del arte poético, es cierto también que el manejo excesivo de un vocabulario rebuscado, lleno de neologismos y voces extrañas, lo convirtió en un poeta casi impenetrable para la mayoría de los lectores, pues, paradójicamente, siendo uno de los poetas bolivianos más renombrados, es uno de los menos leídos. El hermetismo de Tamayo, de manera consciente o inconsciente, ha contribuido a que su poesía sea poco conocida en el continente americano y casi desconocida internacionalmente. Sus obras no han circulado debidamente, ni siquiera en las bibliotecas públicas ni académicas. Y, claro está, menos entre los lectores que por razones económicas no tienen acceso a la literatura en general, y menos aun a los libros de poesía; un género apreciado apenas por un reducido círculo de lectores acostumbrados a pasarse los libros de mano en mano, de reunión en reunión, de tertulia en tertulia. Sin embargo, valga reconocer que la limitada difusión de la poesía de Tamayo obedece, por otro lado, a factores socioeconómicos, históricos e incluso geográficos. Según Mariano Baptista Gumucio, por citar un caso, el desconocimiento de Tamayo “tiene que ver con el encierro físico y espiritual en que se halla Bolivia y con el menosprecio que los poderes públicos y los empresarios del nuevo riquismo vacunado sólidamente contra cualquier expresión del espíritu, manifiestan hacia la cultura. Para las gentes obnubiladas con el nuevo becerro de oro del desarrollo bien poco importa que la obra de autores como Tamayo, sea divulgada en el exterior. Si no hay una sola reedición de sus libros de poemas y hasta ahora no se ha recopilado sus ensayos y artículos dispersos en diarios y revistas, ¿cómo podemos imaginar que se le conozca fuera del país?” (6). De sus trabajos en prosa es necesario citar Horacio y el arte lírico (1915), Proverbios sobre la vida, el arte y la ciencia (2 vols. 1905-1924) y, como no podía faltar, su polémica Creación de la pedagogía nacional (1910), conformada por una serie de 55 editoriales publicadas en El Diario de La Paz, y que, contrariamente a lo planteado por Alcides Arguedas en Pueblo enfermo, aborda con lucidez aspectos de la educación boliviana desde una perspectiva indigenista y nacional; se trata de un auténtico ensayo filosófico que, por su trascendencia y por el impacto que tuvo —y sigue teniendo—, merece un análisis profundo y una nota aparte. Notas 1. Cita tomada de: BAPTISTA GUMUCIO, Mariano: Yo fui el orgullo. Vida y pensamiento de Franz Tamayo, Ed. Los Amigos del Libro, La Paz-Cochabamba, 1983, p. 40. 2. MAROF, Tristán: Ensayos y críticas, Ed. Juventud, La Paz, 1961, p. 161. 3. CÁCERES ROMERO, Adolfo: Diccionario de la literatura boliviana, Ed. Los Amigos del Libro, La Paz-Cochabamba, 1997, p. 235. 4. CASTAÑÓN BARRIENTOS, Carlos: Literatura de Bolivia, Ediciones Signo, La Paz, 1990, p. 105. 5. FERNÁNDEZ NARANJO, Nicolás y GÓMEZ DE FERNÁNDEZ, Dora: Los géneros literarios, Ed. Juventud, La Paz, 1973, p. 80. 6. BAPTISTA GUMUCIO, Mariano: Yo fui el orgullo. Vida y pensamiento de Franz Tamayo, Ed. Los Amigos del Libro, Cochabamba-La Paz, 1983, pp. 21-22. ** Víctor Montoya montoya@tyreso.mail.telia.com Escritor, periodista cultural y pedagogo boliviano (La Paz, 1958). Perseguido, torturado y encarcelado durante la dictadura militar de Hugo Banzer, fue liberado en 1977, después de haber pasado por las prisiones de mayor seguridad de San Pedro y Viacha, por una campaña de Amnistía Internacional. En prisión escribió su testimonio Huelga y represión. Se exilió en Suecia. Es autor de Días y noches de angustia (1982), Cuentos violentos (1991), El laberinto del pecado (1993), El eco de la conciencia (1994), Antología del cuento latinoamericano en Suecia (1995), Palabra encendida (1996), El niño en el cuento boliviano (1999), Cuentos de la mina (2000), Entre tumbas y pesadillas (2002), Fugas y socavones (2002) y Literatura infantil: lenguaje y fantasía (2003) Dirigió las revistas literarias PuertAbierta y Contraluz. Ha recibido premios y becas literarias y tiene textos traducidos y publicados en antologías internacionales. Actualmente escribe para diversas publicaciones en América Latina y Europa. === John Junieles nos sorprende y nos atrapa Lidia Corcione Crescini = John Jairo Junieles, escritor joven, seleccionado para hacer parte de Bogotá 39, en Bogotá Capital Mundial del Libro y Hay Festival 2007, acaba de hacer el lanzamiento de su libro de cuentos Con la luz que me queda basta, nueva edición de Panamericana donde incluye ocho cuentos inéditos. Junieles, antes que escritor, es un monstruo devorador y no precisamente de galletas como el personaje de Plaza Sésamo, sino de libros. Lector compulsivo, apasionado por las letras sin excluir su pasión arraigada por el cine. La lectura y el cine roban quizás gran parte de su tiempo, aunque él sin proponérselo con sus escritos atrapa a los lectores y a los críticos de la literatura invitándonos de alguna manera a degustar sus palabras que se elevan como barriletes en el mes de agosto. Algo caracteriza a Junieles, su sencillez como ser humano, el lenguaje entretejido en cada línea y los personajes hasta finalizar la historia. Su procedencia, el haber nacido en Sincé (Sucre), lo hacen portador innato de su narrativa vivencial antes que nada, donde combina la añoranza, la fantasía y la perplejidad de una niñez que indudablemente marca su literatura fresca, descomplicada, con dejos de suspenso que lo enfrentan a los recuerdos que penden del lomo de una mariposa con alas irisadas bajo un sol ardiente o una noche oscura, frente a realidades crudas y aterradoras que vivimos a diario ante la sangre que corre por nuestra tierra y se conjuga con los ríos que clandestinamente lavan las culpas de los asesinos. “Hombre viejo en un cuarto oscuro”, el primer relato de su libro en mención, vuelve a la casa de un pueblo con la memoria. Las palabras habían estado esperando por años. El personaje del abuelo, su voz, su mano apretada a la de él, lo mantienen alerta con las fervientes ganas de quedarse allí prendido y pregnado de ese ser sabio con piel surcada que delira y se debate entre el dolor por esos hombres que bajo la lluvia huyen de otros hombres, que matan, están enfermos, con palabras ponzoñosas por esas noticias que llegan desde lejos y los hacen enemigos mortales. A la edad del personaje de la historia, éste creía firmemente en las ensoñaciones de su abuelo porque la realidad aún no lo ahogaba... Cruda realidad la que vivimos... “El hombre es lobo para el hombre” (T. Hobbes); tal vez eso era lo que el abuelo quería manifestarle, él sólo se limitaba a escucharlo boquiabierto, con la ingenuidad de sus primeros años. No podemos descifrar con precisión quién es Junieles, si es él mismo o es el otro que está en él o si son varios personajes los que habitan en su interior; cuando rescata el pasado que lo mantiene presente y avanza al futuro que lo mantiene en pasado, cuando evoca su orilla y cruza los ríos y vuelve la mirada a su interior bajo el espíritu de Santiago su hermano que muere a las pocas horas de haber nacido, siendo Santiago él mismo. Nos invita a reflexionar sobre el tiempo, lo que sucede atrás, lo que está por suceder o lo que sucedió. “Lo que me parece claro y evidente, afirma San Agustín, es que ni el futuro ni el pasado son impropiamente, pues, decimos: los tiempos son tres: pretérito, presente y futuro. Con mayor propiedad se diría acaso: los tiempos son tres: presente del pasado, presente del presente, presente del futuro. Estas tres modalidades están en el alma; en otra parte no las veo: memoria presente de lo pasado, intuición presente de lo presente, expectación presente de lo futuro”. El patio en la vida de Junieles jugó un papel trascendental; para él, en su cuento “El naranjo”, era largo como un callejón al cielo. Había en ese patio muchos árboles, pero sobre todos esos guerreros de extensas jornadas de sol y lluvias esquivas, se destacaba un naranjo dulce, iluminado por una extraña luz como si el sol anidara sobre él. Ese árbol tenía su historia: un niño que debía ser su hermano mayor y que murió a las pocas horas de nacer porque el cordón umbilical lo traía enredado a su cuello; ese hermano jamás vio la claridad de un patio ni vio la tierra sedienta tragarse las gotas de agua que se escurrían de la ropa acabada de lavar que colgaba de los alambres. Conoció la historia por boca de su abuelo. Se podría pensar, como manifiesta el escritor en una de sus líneas, “porque quizá yo no sería Santiago, si Santiago estuviera aquí”, y se pregunta quién habría sido él, si no hubiera sido él. Echemos una mirada. “El cuerpo es la cárcel del alma, cuando esa chatarra que la contiene muere, el alma empieza a flotar para llegar a su grado de purificación y perfección y cuando lo logra se introduce en otro cuerpo”. Seguramente Platón nos hablaba de la inmortalidad del alma, esa, la de Santiago, la que vino a introducirse en el otro Santiago, él mismo, para que a través de ese nuevo cuerpo pudiera percibir todo lo que él siente, piensa y vive. La atracción por el naranjo, su complicidad y calidez, aun antes de conocer la historia, es para ambos “ese cielo que flotaba arriba como un globo de cumpleaños”. “Un día de pesca”, otro de sus relatos, nos enseña en las palabras de su abuelo cómo la pesca “es el arte del silencio y la paciencia”, por eso el abuelo y él se habían inventado un lenguaje del silencio y sin gestos y tactos. Allí podía estar con su abuelo horas sin moverse y sentía que de él siempre podría aprender algo. Su relación con las cosas que lo rodeaban era armoniosa, el abuelo jamás gritaba por alegre, triste, enojado o borracho que estuviera. “Lo bello produce alegría y agrado. Pero no todo lo que agrada y alegra puede considerarse como bello”. “Pulcra sunt quaeviso placent” (“Son bellas las cosas que, vistas, agradan”, Tomás de Aquino). El agrado es fruto de la belleza, no su causa, y quizás Santiago al escuchar todo eso que le decía el abuelo lo hacía quedar inmerso en esa belleza espiritual, esa paz y ese sosiego que le trasmitía en cada palabra. “Los gritos nunca son necesarios. El mejor cazador del reino animal es el silencio. Un grito es una ofensa contra uno mismo”. Esas palabras tan sutiles y sabias del abuelo envolvían a Santiago en un mundo mágico y quizás utópico para ese ser especial en la vida de Santiago. “Luces a lo lejos”, inevitablemente esas cosas ocultas que atan a algunos lugares, en el caso específico del personaje en el patio. El niño que fue se halla extraviado en un mundo raudo de horarios, autos y altas paredes, sus ojos se posan hoy sobre una pantalla de televisión y avisos y luces. ¿Tenía miedo Santiago? Dejar todo atrás, ¿qué sensación le produciría? ¿Enfrentarse a otro mundo siendo el mismo mundo donde los duendes de su fantasía posiblemente se convertirían en demonios? Y no es que Santiago fuera pesimista, pero de alguna manera, antes de llegar a la ciudad, un pensamiento le advertía que nada sería igual. Santiago recuerda su intención dormida, la de escapar algún día de casa, pero oyendo a Nazario comprendió que no estaba listo, que aún tenía que enfrentar muchas cosas para poder fumarse un tabaco en frente del mundo, pues de lo contrario se pasaría la vida buscando rincones oscuros. “¿De qué otro sitio ha tomado Dante la materia para su infierno, si no de nuestro mundo real? Y, sin embargo, llegó a conseguir un verdadero infierno. En cambio, cuando le llegó la tarea de describir el cielo y sus alegrías, se encontró con una dificultad insuperable, porque nuestro mundo no ofrece ningún tipo de material para ello” (Schopenhauer). En su relato “Cómo paga el diablo a quien bien le sirve”, Nacho le cambió la vida, le enseñó la diferencia entre un infierno imaginario y uno verdadero: la realidad real. Le lavó la ingenuidad y puso malicia y tenacidad en sus acciones, pintó su mundo de un color intenso y mandó el azul celeste al desván del pasado. Nacho era un verdadero bruto, capaz de arrebatarle al diablo su trinche y hundírselo en la espalda. “Como una pelota de béisbol”, para un desengañado como él, la filosofía no aportaba mucho, era sólo una postura desde la cual se lanzan rayos de colores que no tienen efecto sobre la realidad, sino que la sobrevuelan como las golondrinas. Su pensamiento encaja en lo que dijo Kierkegaard: “Lo que dicen los filósofos sobre la realidad es a menudo tan decepcionante como un cartel colocado en el escaparate de una tienda en la que se dice: Aquí se plancha ropa. Si llevas tu ropa para planchar, te llevarás un chasco, porque el cartel está a la venta”. Lo narrado por Junieles, en su oficio de periodista, le dio también la oportunidad de descubrir casos extraños, en un mundo donde los seres de alguna manera somos “extraños”, ya que la mente humana es indescriptible, indescifrable y se anida como bandadas de pájaros que arremeten desafiando el viento en busca de su refugio. En el caso de “Una voz al teléfono”, donde el asesino a través de sus llamadas en el programa “Veinte minutos para soñar”, su frase favorita era: “Ya saben, deben levantar la cara para que no queden mal degollados”. Su vida de transitar, sus amores imaginarios o reales, sin preguntas ni miedos, cuando probó por primera vez los labios de Nina, y a pesar del tiempo, ese tiempo inventado en sus días por esa chica que vio alejarse en un autobús que luego descubre su expresión en las primeras sillas de un cine, acompañada de un viejo. En su libro Con la luz que me queda basta, el personaje odia muchas cosas de él mismo, pero detesta una especial aunque a veces le resulta conveniente para él: su manía de andar siempre entre dos aguas, de no concentrarse jamás en el presente porque su mente divaga en busca de otros mundos, como un pez que en su pecera sueña con el océano, lo podríamos encerrar el poema que Borges escribió: Descartes Soy el único hombre en la tierra y acaso no hay tierra ni hombre. Acaso un dios me engaña. Acaso un dios me ha condenado al tiempo, esa larga ilusión. Sueño la luna y sueño mis ojos que perciben la luna. He soñado la tarde y la mañana del primer día. He soñado a Cartago y a las legiones que desolaron Cartago. He soñado a Lucano. He soñado la colina del Gólgota y las cruces de Roma. He soñado la geometría. He soñado el punto, la línea, el plano y el volumen. He soñado el amarillo, el azul y el rojo. He soñado mi enfermiza niñez. He soñado los mapas y los reinos y aquel duelo del alba. He soñado el inconcebible dolor. He soñado mi espada. He soñado a Elizabeth de Bohemia. He soñado la duda y la certidumbre. He soñado el día de ayer. Quizá no tuve ayer, quizá no he nacido. Acaso sueño haber soñado. Siento un poco de frío, un poco de miedo. Sobre el Danubio está la noche. Seguiré soñado a Descartes y a la fe de sus padres. Jorge Luis Borges (1989), La cifra Los dejo entonces con este abrebocas de la obra de John Junieles, Con la luz que me queda basta. Y los invito a leer sus historias porque de alguna manera se identifican con el vivir cotidiano de cada persona. ** Lidia Corcione Crescini licorcione@gmail.com Narradora y poeta colombiana (Cartagena). Abogada egresada de la Universidad de Cartagena (http://www.unicartagena.edu.co). Columnista del periódico El Universal (http://www.eluniversal.com.co), de su ciudad. Textos suyos han sido publicados en las revistas Unicarta de la Universidad de Cartagena; Oxigen (http://www.revistaoxigen.com), de Madrid; Revista Literaria Remolinos (http://es.geocities.com/revista_remolinos) y Aula Caribe. === Una sola muerte numerosa, de Nora Strejilevich Gonzalo Contreras = Una sola muerte numerosa, Nora Strejilevich. Córdoba: Editorial Alción, 2007 (2ª reedición; 1ª reedición 2005; 1ª edición North-South 1997). Premio Letras de Oro (USA) 1996. De entrada y sin mayores preámbulos tenemos que decir que nos encontramos frente a un excelente libro político, de amplio registro, lo que nos permite volver y reflexionar sobre temas que en su oportunidad plasmaron magistralmente Primo Levi y Hannah Arendt sobre los horrores del nazismo en el viejo continente. Ahora las coordenadas geográficas son otras, pero la experiencia infernal obedece a la misma sinrazón; en todo caso lo primero que se agradece es que el libro nos remite en su lectura a un ejercicio político de primer orden, y nos hace ver con sabia claridad que los bárbaros siempre están a la vuelta de la esquina. Desde el comienzo, la primera sensación que se percibe como lector-testigo es la de emprender un viaje iniciático por uno de los horrores más impunes y persistentes de la América Latina del siglo XX: las dictaduras militares que con sus siete plagas azotaron sin piedad al continente americano. A medida que avanzamos nos vamos adentrando lentamente en una especie de museo viviente del horror-absurdo en que vivieron los argentinos en esos años (1976-1983). En ese macabro recorrido se experimenta en toda su dimensión un cúmulo de emociones encontradas, que en último término expresan lo más íntimo y lo más vivo de la condición humana. En esta vorágine se mezclan la rabia, la impotencia, el desconcierto, la ternura, el deseo de hacer justicia (y hasta la vieja tentación de hacerla por mano propia, según el lector) y también el deseo de no olvidar jamás para no repetir la experiencia, no permitirla bajo ninguna circunstancia. El relato funciona como un gran angular, de a poco nos va amplificando la galería del horror, de a poco nos va mostrando, a la manera de un vía crucis, el proceso, el cruel derrotero que vive un hombre en manos de la maquinaria de la muerte. Por estas páginas la indefensión del hombre se transforma en “el pan nuestro de cada día” y, como diría el poeta Carlos Pezoa Véliz, “tras la paletada nadie dijo nada”. Sólo el tiempo y la memoria es capaz de revertir este silencio espurio. Y así, según pasan los años, van tomando cuerpo, van asomando nítidamente los otros culpables: una clase dirigente cómplice, corrupta y acomodaticia, que de pasada saquea el país, y hunde a la Argentina en el peor desastre económico de su historia, y lo más grave; que siguió, y sigue (algo más debilitada con la asunción de Kirchner) enquistada en el poder dándole sustento teórico al “cambalache”. Ese es uno de los grandes méritos del libro: dejar en evidencia una traición política kitsch, y que en gran medida, los argentinos —obnubilados por el champán y la pizza— apoyaron sin reparos. De esta forma esta escritura no es sólo una catarsis simbólica, sino que también opera como un gran ajuste de cuentas con todos los estamentos de la sociedad argentina: la iglesia, las fuerzas armadas, la clase política, la sociedad civil. El gran contubernio que permitió el infierno dictatorial. Por otra parte, Una sola muerte numerosa no se lee como pura contingencia del horror, o como una vida, pasión y muerte bajo una dictadura latinoamericana. Sin duda, es eso, pero también es siempre una lacerante reflexión sobre la marcha, una reflexión filosófica in situ. En este sentido este relato se entronca con una obra emblemática de Sartre: La República del Silencio. En Una sola muerte numerosa se vuelve a una de las interrogantes centrales del libro de Sartre: “¿Hasta dónde es capaz de resistir un hombre?”, a todo prisionero le preocupa quebrarse, “¿hasta dónde podrá aguantar?”, ¿soportará la tortura con dignidad?, valdrá la pena resistir si otros hablan? El dilema ético siempre está presente, como un gran telón de fondo. Llama la atención también como este relato funciona a la manera de una tragedia (post)moderna. Existen en el texto, (y se desarrollan) todos los elementos de una representación en forma, pero esta tragedia está matizada por la ironía, y por un humor negrísimo que pone la distancia necesaria que permite a este testimonio entrar a la categoría de un arte maduro que jamás cae en la tentación de lo obvio o lo panfletario. Es más, toda esta neo-tragedia está atravesada por el discreto encanto de una inteligencia desolada; sin ir más lejos, muchos pasajes del libro parecen sacados de un guión de Woody Allen, y eso lo vuelve más humano, más universal. Quienes lean este libro se verán enfrentados a un variado abanico de lecturas que ofrece y permite el texto. Se puede leer de muchas formas: puede ser la continuación de una historia del éxodo que comienza con la persecución nazi (la historia vuelve a repetirse). Puede ser la historia de “la desaparición de una familia”. Puede ser la “vida, pasión, muerte y resurrección” de un sobreviviente al que dejaron con la palabra en la boca y vivió para contarlo. O sin más, también puede ser “las mil y una noches” de una dictadura a la argentina. Puede ser todo eso, más la persistencia de la memoria. Por último, cabe señalar que en el aspecto formal el relato se desdramatiza y se contiene continuamente a partir de cortes precisos donde se intercalan materiales que obedecen al imaginario de la cultura popular: letras de tangos, de música popular, canciones patrias del colegio, consignas políticas, cartas, etc. Este recurso le permite la fluidez necesaria, y aligera la carga dramática implícita del texto. Leer Una sola muerte numerosa resulta una experiencia política y de vida fortalecedora, de fe en ese ser humano que deja su testimonio para los que vienen, y para que ese dolor no haya sido en vano. Al final la apuesta por la vida prevalece aun en los momentos más oscuros y desesperanzadores. Nora Strejilevich http://www.norastrejilevich.com Nora Strejilevich es una narradora argentina cuya escritura elabora el legado del terrorismo de Estado a partir de su propia experiencia como sobreviviente y exiliada. Tras su liberación del campo de concentración “Club Atlético” (1977) fue asilada política en Canadá, donde se doctoró en literatura latinoamericana en la Universidad de la Columbia Británica. Se desempeñó como docente en varias universidades de Norteamérica entre 1991 y 2006, y se dedicó sobre todo a la enseñanza de derechos humanos y literatura. Ha publicado prosa, poesía y ensayos. Su libro más reciente es El arte de no olvidar: literatura testimonial en Chile, Argentina y Uruguay entre los ‘80 y los ‘90 (2006). Una sola muerte numerosa (1997, 2006) le ha dado reconocimiento internacional. Esta novela testimonial fue galardonada con el Premio Nacional Letras de Oro (USA, 1996), traducida al inglés (A Single Numberless Death, 2002) y adaptada para teatro (USA, 2002). En Italia, la historia inspiró la película Nora (2005). El libro se estudia en cursos de universidades de Argentina, México, Brasil, Alemania, Austria y Francia. En estos momentos Strejilevich se dedica a la escritura y la investigación. Su proyecto más reciente es el estudio de la resistencia de las mujeres a regímenes totalitarios a través del arte. ** Gonzalo Contreras gonzacon@hotmail.com Escritor chileno (Santiago de Chile, 1958). Estudió literatura en la Universidad Católica de Valparaíso (http://www.pucv.cl). Ha residido en Suecia y Estados Unidos. En 1989 obtuvo la Beca de la Fundación Pablo Neruda (http://www.fundacionneruda.org) y en 2005 la Beca de Apoyo de Ediciones del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (http://www.consejodelacultura.cl). Ha publicado el libro de cuentos La danza ejecutada (1985), las novelas La ciudad anterior (1991, premio de novela de la Revista de Libros del diario El Mercurio, http://www.elmercurio.com) y El nadador (1995), el ensayo El frío e impersonal mundo de la poesía (1994) y las antologías Poesía chilena desclasificada (1973-1990) (2006) y Poéticas de Chile / Chilean Poets on the art of Poetry (2007). Fue editor de la revista literaria Reseña y colaborador de los diarios El Mercurio y La Época, además de la revista Apsi. Mantiene en Internet las bitácoras Gonzalo Contreras el Otro (http://wwwgonzalocontreras.blogspot.com) y Poéticas de Chile (http://poeticasdechile.blogspot.com). === Palabras para ser entendidas ========================================== === Philippe Jacottet: Pensamientos bajo las nubes ======================== === Ricardo Martínez-Conde ================================================ Las veía, y las veo, en el cuerpo glorificado del río. Seamus Heaney. Eliot, el sobrio y consciente poeta inglés, recomendó, al parecer, a un joven autor que quería solicitar su opinión respecto de su incipiente obra poética: “Tráigame usted un solo poema, con eso es suficiente”. Obviando lo que haya en esta escueta recomendación de estricta realidad, sí existe, a mi entender, un contenido de verdad. Al menos de unos contenidos mínimos y esenciales para llegar a definir lo que sea poesía dentro de ese poema y, acaso, lo que haya de poeta en su autor. “Yo soy como aquél que cava en la bruma”, escribe Jaccottet en el primer verso de uno de estos poemas (muy fiel y delicadamente traducidos, todo sea dicho*) demorados, reflexivos, naturales en la medida que implica, tantas veces, al paisaje y sus elementos. La suya es una poesía antigua y nueva, de un mirar pensante. Pero ahonda con sencillez, y esa condición, vital en todo poeta verdadero, capta pronto y con celo la atención —y la voluntad— del lector. El verso integra el cuarteto inicial de un poema largo en la tercera parte del libro que lleva, como título genérico: La mot joie. Después de su manifiesto de identidad, “yo soy”, hay una voluntad solidaria, de proximidad, al menos en la intención: “como aquél”. Existe una forma de humanización consciente; ¿tal vez una referencia a ese Otro que es, siempre, nuestro interlocutor omnisciente? Luego viene el acto, el gesto preciso: “que cava”. En la expresión van, implícitos, duro esfuerzo físico, búsqueda. Búsqueda en lo posible, en lo oscuro, ¿en lo prometido aludiendo a una promesa primigenia? ¿Y dónde cavar?: “en la bruma”. Vuelta a lo primigenio, a la desnudez del origen. Sólo este verso bastaría para hallar motivo suficiente de perplejidad y reflexión como para implicarnos en la lectura poética. Tan es así que el yo lector hace ofrenda enseguida —tal es la virtud poética del contenido del verso— de su voluntad en favor de un significado que, implicándole, le incita a continuar en procura no ya de una explicación externa, sino de su propia implicación ontológica. El lector, no en vano, es también sujeto que busca como sujeto de inteligencia. Pues bien, ¿en busca de qué?: “en busca de aquello que escapa a la bruma”. No parece difícil derivar de esta expresión una voluntad de conocimiento, de claridad en el sentido más llano. Para escapar a la bruma —que no tiene por qué ser una bruma física, palpable, inmediata en el paisaje consciente del poeta y sí una bruma simbólica, a saber: duda, incertidumbre de fe, de destino; una tribulación espiritual. Digamos ya que el poeta, cualquier poeta, es un pensador. Un ser ontológico por definición empeñado en despejar el camino en procura de una realidad real, en procura de verdad. Hasta aquí, a mi entender, podríamos establecer sucintamente el contenido de estos dos primeros versos que, eso sí, enmarcan y contienen un significado muy elaborado y profundo. Ellos establecen por sí la pauta de la reflexión general. Algunos teóricos de la poesía han querido resaltar, en más de una ocasión, la importancia del primer verso en un poema. Particularmente, por lo común, yo he entendido que querían referirse a un efecto sonoro, casi efectista. Lo cierto es que, en efecto, también puede guardarse en ese primer verso el contenido esencial del poema. Otras veces se va definiendo lentamente y, en ocasiones, sólo al final, de un modo deslumbrante y eficaz, tal vez en una sola palabra, es cuando el poema adquiere toda su vida propia, todo su valor. A la hora de leer, conocer, valorar, degustar y entender la poesía sería bueno tener en cuenta el poder casi omnímodo de una sola palabra. ¡Qué decir, qué pensar de un verso donde aparece la palabra amor o la palabra muerte, esos pilares de la expresión emoción-racional que es el lenguaje, la comunicación! Ya se ha dicho muchas veces, el oficio es muy sencillo: juntar palabras. Ahora bien, cada palabra por sí está llena de vida, de significado. Pero, ¿cuáles elegir? ¿Cómo juntarlas entre sí? Decía Matsuo Basho, el maestro del haiku, que podía darse por satisfecho aquél que, a lo largo de su vida, hubiera escrito un buen haiku. Y, a buen seguro, podría considerarse satisfecho y feliz aquél que hubiera alcanzado a trasladar al lector no ya un buen poema, sino tan solo un único verso. A mí también me parece que no hay poeta innecesario, y que unos y otros contribuyen a la confección de ese gran poema que se va elaborando en el Tiempo. Todo lo expuesto hasta aquí viene a querer decir fundamentalmente dos cosas: de una parte, la exigencia ética —por el valor de la significación— y estética —por el valor de la armonía— de un poema. De otra, que al lector de este libro lleno de rigor y exigencia creo le deparará gozo literario el entrar en unas páginas elaboradas con una capacidad poética trascendente que avalan un discurso de un rigor inusual; un libro implicador —como deberían ser todos los libros— en el sentido de que pronto, quien lee con todos los sentidos, no podrá eludir la alusión a sí propio como referente última de todo discurso, del acto de vivir. Un vivir para sí y en el espacio común de los otros, con lo que ello supone de consciencia, de toma de postura. Contribuyen a hacer una lectura más amena los grandes apartados en que se subdivide el contenido del libro, algunos de título tan evocador como “Pensamientos bajo las nubes”, que constituye el título genérico del libro, o “Lamentos por un compañero muerto”. La edición del libro, impecable, tal como viene siendo marca de la casa en esta joven editorial, y muy cuidada la traducción, fiel esencialmente al contenido, tanto en la labor inconclusa dejada por Sillero —tal como se nos explica en nota adjunta— como por Veyrat bajo el asesoramiento del propio autor. Así llama el poeta: “Yo soy aquél que cava en la bruma / en busca de aquello que escapa a la bruma / por haber escuchado, a lo lejos, los pasos / y las palabras que intercambian viajeros” (p. 51). Quien leyere que entienda. Sólo queda, pues, recomendar: lee, amigo lector, lee y léete a ti mismo que es, en el fondo, el secreto que encierra la Literatura. * Editorial Calima, Madrid, 2003. ** Ricardo Martínez-Conde csbgfrf@cesga.es Escritor español (Sanxenxo, 1949). Cursó los estudios de filosofía y letras y el doctorado en la Universidad Complutense de Madrid (http://www.ucm.es). Textos suyos han aparecido en la Revista de Occidente, el Boletín Galego de Literatura y las revistas Clarín, Claves y Extramundi. Además ha sido colaborador en diversos periódicos. Ha publicado los poemarios en gallego Lento esvaece o tempo (Milladoiro, 1990), Orballo nas camelias (Sotelo Blanco, 1993), O silencio das árbores (Espiral Maior, 1995), A núa lentitude (Follas Novas, 2001) y Compostela, vella memoria (3C3, 2003); y, en castellano, Los argumentos de la tarde (A.G., 1991), Sombras del agua (Endymión, 1993), Evoë (Calambur, 1997) y Los días sin nombre (Calima, 2000, premio Benasque de Poesía). En prosa ha publicado, en gallego, Os simbolos de Galicia (Cª Cultura, 1993) y Debullar (Galaxia, 1998) y, en castellano, Cuentas del tiempo (Pre-textos, 1994), La figura del Rey según Quevedo (Una lectura de la "Política de Dios") Ed. Endymión-Mº Cultura, Madrid, 1996, Alusión al paisaje (Calima, 2002). Ha recibido diploma de honor en el Concurso Internacional de Relatos Breves "Jorge Luis Borges" (California, 1992) y el premio Reimóndez Portela de Xornalismo (A Estrada, 1997). === El viejo Eguchi, al fin muerto de ganas =============================== === Leopoldo de Quevedo y Monroy ========================================== ¿Qué es lo que une al hombre con la mujer? ¿Los estereotipos de niñez, juventud y vejez aplicados al ser humano son tan definidos y separantes? ¿El joven repulsa al niño que fue, el joven repulsa al viejo que no quiere ser y el viejo vuelve a mirar el joven que no pudo ser más? El niño es considerado un estado amorfo, de pura movilidad en crecimiento, maleable y objeto de dedicación y cariño. Esa es su esencia. El joven, desde el arte antiguo y clásico es sinónimo de vida plena, erotismo, idealismo, fuerza e inspiración. El viejo ha sido mirado desde ojos de joven con corteza ya insensible como de árbol rugoso y arrugado, incapaz de amar y de tener erección, inofensivo y decadente. En efecto, no concebimos al niño en escenas de lances amorosos ni con su siquis retorcida fijando su atención en obscenas alucinaciones o alentando falsos amores con criaturas de su edad. No podemos imaginar al joven con caminar flemático y ausente de conquistas amorosas, sin siquiera un papelón para ahuyentar un moscón intruso. Y tampoco pondremos en la balanza de Cupido a quienes han alcanzado llegar a la edad cuando todo se ha probado y ya el pastel servido no sabe a nada. Esto es lo obvio y a ojos vista, es verdad de Perogrullo. ¿Será el amor, esa anguila que mueve entre la sangre, o será el deseo de compañía para matar la soledad, o serán las ansias de meter la melancolía que agobia al ser humano en el fondo de la olla, turbina que saca de quicio a quienes habitamos este valle de hermosas Evas? ¿O será simple y llanamente esa fea costumbre que llamamos curiosidad y que aplica el hombre a sus más mínimas expresiones? Llama mucho la atención la respuesta que Kawabata nos ofrece a los lectores en su libro donde narra las andanzas del “anciano” Eguchi. En más de diez ocasiones denomina al viejo que busca saciar sus apetitos primigenios “anciano triste”. ¿Era, precisamente, la tristeza que fluye por el hígado y los ojos y pone la piel de verde como el frío sapo de río el bravo impulso que llevaba a Eguchi a visitar a las dulces hembras en la noche? ¿O era el impetuoso torrente de la pasión por Venus la que lo ponía en carreras como atleta olímpico? ¿A quién hemos de creer? ¿A los folletines de barata tienda que predican que a los 67 años ya el macho deja de serlo y que por sus venas sólo corre miel de purga? ¿O a las consejas de falsas hechiceras que fabrican sus pociones para que el hervor del culto miembro nunca acabe? ¿O habremos de aceptar que hasta su muerte el masculino ser será fauno con vigor y poderío para generar inundación como aluvión de invierno, sin necesidad de inyección de dinamita que dé salida a sus instintos? Kawabata insiste en su delicioso libro en el que invita a realizar con Eguchi el recorrido de la Casa de las muchachas “empepadas”, que los ancianos iban a recostar sus deseos más recónditos junto a la piel de seda de aquellas dormitantes exponentes del sexo en vivo, que lo hacían para alejar la tristeza de sus vidas por una noche. No concede que a los viejos también les invade el cruel deseo sexual en sus vísceras como al joven o al semental de campo. ¿Es porque es una novela en la que se visten de hadas o serpientes las verdades o es por disminuir la culpa propia por una infinita tristeza personal que lo poseía? Siendo uno honorable con el texto escrito cuando el famoso Nobel tenía 62 años, no aparece referencia directa a que el memorable Eguchi programara las citas que se imponía con inveterada frecuencia porque la tristeza lo llevara en pos de la virginidad de las suaves féminas. ¡Cuándo iba él a suponer, por otra parte, que se suicidaría inhalando gas, a la edad de 73 años, manera muy superficial de imitar al curioso y medroso Eguchi! Deberán ustedes haberlo leído o, si les pica la roncha, verifíquenlo, por favor. Todo lo contrario. Eguchi llevó consigo a la tumba —¿al horno crematorio, tal vez?— la felicidad que sin cinismo construía paso a paso y ni sus coetáneos ni amigos o familia la hubieran podido adivinar por sus desvaríos nocturnos. Sólo tuvo por guía y confidente a la “Dama” de la Casa que a esta hora todavía se pregunta la verdad de lo ocurrido. Toda su vida fue un continuo gozo, de encuentros sin búsqueda, de mujeres que le alegraron sus 67 primaveras, siempre en flor y con perfumes. Ahí sí, con gracejo y sorna desde el polvo y la ceniza, sonreirá y dirá: “¡Vaya, amigos, qué tristeza irme en la hartura de la dicha!”. ** Leopoldo de Quevedo y Monroy leoquevedom@hotmail.com Escritor colombiano. Abogado egresado de la Universidad Libre (http://www.unilibre.edu.co) y magíster en Docencia Universitaria por la Universidad del Valle (http://www.univalle.edu.co). Ha publicado Confesiones de un cura casado (Corredor, 1999), El anteproyecto y el proyecto de investigación, los poemarios Versos sacros y profanos (Artes Gráficas del Valle; Cali, 2005) y Cotidianidad en Re-verso (Artes Gráficas del Valle; Cali, 2006) y diversos materiales en el diario El Tiempo (Cali) y la revista Plenilunio. Ha participado en eventos literarios como la “Hora de la Poesía” en la Feria del Libro en Bogotá (2005), el V Festival Internacional de Poesía en Cali, la XI Feria del Libro Pacífico y otros. |||||||||||||||||||||||||||| ENTREVISTAS |||||||||||||||||||||||||||| === Jorge Herralde ======================================================== === “El auténtico escritor no necesita consejos” Augusto Rodríguez === “He tenido la suerte de acompañar la carrera de un autor casi desconocido (Roberto Bolaño) hasta convertirse en uno de los escritores más importantes en lengua española en los últimos cincuenta años”. Jorge Herralde es editor, fundador y director de Editorial Anagrama. Está considerado el mejor editor literario del mundo hispano después del desaparecido y mítico Carlos Barral. Ha recibido diversos galardones por su actividad editorial: entre ellos en 1994, el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural, otorgado en España por primera vez, y el Premio Targa d’Argento La Stampa Tuttolibri de 1999, otorgado por la Associazione Biblioteca Europea en colaboración con dicho periódico. En 2000 recibió el Premio Clarín, otorgado por los libreros de Oviedo, y también la Creu de Sant Jordi “por la prestigiosa singladura que ha llevado a cabo al frente de la editorial Anagrama, renovando nuestra sensibilidad a través de la introducción en España de los principales autores europeos y americanos contemporáneos, en cuidadísimas traducciones. En 2002 fue distinguido con el Reconocimiento al Mérito Editorial de la Feria del Libro de Guadalajara, y en 2003, en Italia, con el Premio Nazionale per la Traduzione del Ministero per i Beni Culturali. En 2005 recibió la distinción de Oficial de Honor de la Excelentísima Orden del Imperio Británico y el Premio Grinzane Editoria. En 2006 fue nombrado, en Francia, Commandeur de l’Ordre des Arts et des Lettres. Como autor, Jorge Herralde ha publicado cinco libros relacionados con su trayectoria editorial. —¿Cuándo y cómo te interesas por la literatura, es decir por leer, escribir y editar libros? —Como todos los editores literarios y, naturalmente, todos los escritores, empiezo como lector. Ya de niño me veo leyendo periódicos, tebeos, prensa deportiva, libros de todo tipo, y ya en la adolescencia voy encontrando mis escritores favoritos como Hansum y Huxley, en su día, la generación perdida americana, con Faulkner, Hemingway y Scott Fitzgerald a la cabeza, y poco después la fascinación por Kafka y, como tanta gente de mi generación, con Sartre. Y empiezo, en buena parte, a editar para compartir entusiasmos. —¿Cómo nace la editorial Anagrama? —Anagrama nace a finales de los 60, en una época muy exaltada políticamente (mayo del 68, guerra de Vietnam, la revolución cubana, la revolución china) y también culturalmente. En España se avecinaba el fin de Franco y su censura (aunque aún tardó algunos años). Y en los inicios de Anagrama se reflejan, sobre todo, tales convulsiones. Aparecen textos de la izquierda heterodoxa (desde el Che, Mao, Rosa Luxemburg, Trotski, Bakunin o los situacionistas franceses) así como se incorporan nuevas corrientes de pensamiento, el estructuralismo, la antipsiquiatría, el pseudomarxismo, se inicia la biblioteca de Antropología, la Cinemateca Anagrama y un largo etcétera. También figura, desde el inicio, la literatura, aunque más tímidamente. En el 77 aparece la colección “Contraseñas”, dedicada a literatura más o menos marginal o salvaje, con Bukowski y los ases del Nuevo Periodismo. —¿Cómo ves el mundo editorial y del libro en España comparado a América? —En España se ha producido, desde finales de los ochenta, como es sabido, un fortísimo proceso de concentración editorial, con grupos como Planeta, Random o Santillana. Sin embargo, han persistido editoriales independientes muy rigurosas culturalmente como Tusquets, Pretextos, Siruela y la propia Anagrama, y han surgido, especialmente en los últimos años, nuevas editoriales con fuerte vocación literaria. Nunca he sido pesimista al respecto y tampoco ahora. En cuanto a América, muy significativas editoriales (Sudamericana, Emecé, Joaquín Mortiz, por ejemplo) han sido adquiridas por los grandes grupos españoles, por causas de todos conocidas. Sin embargo, al igual que en España, siguen surgiendo muchas y combativas editoriales. El mayor problema sería, quizá, el escaso número de librerías. —Tengo la impresión que estás apostando más por literatura latinoamericana, por ejemplo recuerdo en este momento nombres como Halfon, Zambra o Villoro, ¿es así y por qué? —En efecto, en los últimos años he ido aumentando el número de autores latinoamericanos en nuestro catálogo: actualmente la mitad de los títulos de narrativa son de autores españoles y la otra mitad latinoamericanos. Por una parte, en muchos países de América Latina están surgiendo escritores muy interesantes, liberados de la “angustia de las influencias”, de la resaca del boom, y Anagrama ha afianzado su distribución y la captación de escritores. Por otra parte, el revés que la política más habitual de los grandes grupos, nosotros publicamos a cada autor en su país de origen y en España y distribuimos sus libros por todo el continente. —¿Qué autores de tu editorial son los más vendidos? —Así, de memoria, como autores: Paul Auster, Patricia Highsmith, Tom Sharpe, Carmen Martín Gaite, José Antonio Marina y Ryszard Kapuscinski. Por otra parte, los títulos más vendidos de la editorial han sido: La conjura de los necios, de John Kennedy Toole; Seda, de Alessandro Baricco; El dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy; Brooklyn Follies, de Paul Auster, y Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez. —¿A qué autores clásicos te hubiera gustado conocer y publicar en tu editorial? —Muchos. Desde luego me hubiera gustado conocer a Nabokov y a Kafka, aunque he conseguido publicar obras de ambos autores. Y la curiosidad de conocer, preferiblemente a media distancia, a Rimbaud. —Es reconocido el premio Anagrama. ¿Qué me puedes decir de este premio? —En la editorial convocamos los premios para manuscritos inéditos: el Anagrama de Ensayo y el Herralde de Novela. Precisamente en 2007 se han cumplido 60 convocatorias: 35 del premio de ensayo y 25 del de novela. El de ensayo es el más veterano de nuestro país, y en él se han galardonado novelas de interesantes pensadores (a menudo en los inicios de su carrera) como, por citar algunos, Fernando Savater, Xavier Rubert de Ventós, Antonio Escohotado y José Antonio Marina o los latinoamericanos Juan García Ponce, Rafael Rojas o Carlos Monsiváis. En cuanto al premio de novela, los primeros galardonados fueron Álvaro Pombo y Sergio Pitol, entonces casi desconocidos y que ahora están en primerísima fila de la literatura en lengua española. En los primeros años fueron galardonados en especial jóvenes escritores de la llamada “nueva narrativa española” como Félix de Azúa, Javier Marías, Vicente Molina Foix, Enrique Vila-Matas (que primero fue finalista y años después lo ganó). En los cinco últimos años lo han ganado autores latinoamericanos: Alan Pauls, Juan Villoro, Alonso Cueto, Alberto Barrera Tyszka y Martín Kohan. Y algo antes, nada menos que Roberto Bolaño, quien con Los detectives salvajes empezó su carrera internacional con tan merecido éxito. —¿Qué conoces de literatura ecuatoriana? —Menos de los que debiera, sin duda alguna. A Leonardo Valencia lo conocí hace años en Barcelona, tenemos amigos comunes, como Vila-Matas, y le he leído con gran interés como periodista cultural en Lateral y otras publicaciones. —Es conocido tu libro sobre Bolaño, ¿cómo fue esta relación entre tú y Roberto Bolaño, qué me podrías decir de él? ¿Cómo fue que Bolaño llega a ti? —En Para Roberto Bolaño relato nuestro primer encuentro en la editorial, así como el segundo con el manuscrito de Estrella distante y, a partir de ahí, una amistad permanente y la publicación de sus libros. Y he tenido la suerte de acompañar la carrera de un autor casi desconocido hasta convertirse en uno de los escritores más importantes en lengua española en los últimos cincuenta años. Así lo ha proclamado la más exigente crítica estadounidense después de la publicación de Los detectives salvajes en su país. En tres meses se habían vendido 25.000 ejemplares, según me dijo Jonathan Galassy, el editor de Farrar Strauss, una cifra casi impensable en literatura traducida. Y más aun si nos atenemos a la literary fiction. —Sé que has publicado algunos libros de narrativa. Cuéntame sobre tu literatura. —He ido publicando, desde Opiniones mohicanas hasta Por orden alfabético, una serie de títulos todos ellos en torno a mi actividad editorial. Recogen textos sobre autores de la editorial, sobre colegas cuya labor admiro y estimo y también otros (a menudo en forma de cartas de batalla) en torno a los problemas de la edición en nuestros días. Yo diría que son una suerte de cara B, en términos discográficos, del catálogo de la editorial y una crónica de una manera de entender y practicar la edición. —Si tuviera que dar un consejo a alguien que recién empieza a escribir y que desea escribir hoy en día, ¿qué le diría? —El auténtico escritor no necesita consejos: tiene que escribir, resistir, perseverar frente a todo. Está condenado a ello. ** Augusto Rodríguez elfrancotirador79@hotmail.com Escritor ecuatoriano (Guayaquil, 1979). Ha publicado los poemarios Ausencia (Santiago de Chile, 1999), Mientras ella mata mosquitos (2004), Animales salvajes (2005) y La bestia que me habita (2005). Sus textos aparecen en varias antologías locales y del extranjero. Ha obtenido el Premio Nacional de Poesía David Ledesma Vásquez (2005), el Premio Nacional Universitario de Poesía Efraín Jara Idrovo (2005) y Mención de Honor en el Concurso Nacional de Poesía César Dávila Andrade (2005). Es el fundador del grupo cultural guayaquileño Buseta de papel. === “Te sientes bien cuando dices lo que quieres”: J. M. Caballero Bonald = === Harold Alvarado Tenorio =============================================== Poeta, novelista, estudioso del flamenco, teórico del vino, productor musical, navegante, pintor, guionista de teatro y televisión, letrista, profesor de literatura, editor, subdirector de Papeles de Son Armadans, la revista de Cela, y presidente del PEN Club en España, José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) pudo ser un elegante capitán de barco por su porte elegante, de aristócrata andaluz afligido de señorío y nostalgias, yendo y viniendo entre los viñedos y pantanos, las serranías y playas del mar, amando la vida y sus placeres. Quizás por ello goza de un enorme prestigio entre casi todas las cáfilas y catervas de los intelectuales peninsulares y sudamericanos, que le han celebrado con numerosas distinciones entre las que figuran el Premio Nacional de las Letras, Nacional de Literatura, Nacional de la Crítica en tres ocasiones, Pablo Iglesias, Reina Sofía, Julián Besteiro, Andalucía de las Letras, Biblioteca Breve, Plaza y Janés, Boscán y el Nacional del Disco por su Archivo del cante flamenco. Desde cuando regresaron de Colombia, a comienzos de los años sesentas, José Manuel (Pepe) Caballero Bonald y María Josefa (Pepa) Ramis Cabot, su mujer, han vivido en la Dehesa de la Villa en el barrio de la Ciudad Universitaria de la Complutense, jardines donde se defendió la ciudad durante la Guerra Civil, en violentos combates comandados por Buenaventura Durruti. Un barrio poblado de piñoneros, carrascos, almendros, chopos, fresnos, olmos y acacias, sobre todo en las calles Francos Rodríguez, donde está una de las bocas del metro y María Auxiliadora, donde queda su piso, en un edificio que han ocupado Francisco Brines, Fernando Quiñones, José Ramón Ripoll, Arcadio Blasco o Carmen Perujo, sus amigos de siempre. Caballero Bonald ha cumplido el año pasado sus únicos ochenta años, y una batahola de conferencias y exposiciones fueron programadas en la fundación que en su ciudad natal lleva su nombre. He conversado con el poeta en su piso madrileño, este último verano, el mismo día cuando una editorial catalana puso en venta la más reciente antología de su obra: Summa vitae, preparada por Jenaro Talens. Caballero Bonald conserva ese rostro de modelo de Velásquez de muchas de sus fotos de juventud, con un habla salpicada de picardías, medio cubana y colombiana, aparentando estar distraído pero al borde de una mueca maliciosa que va dando cuerpo a ese lento desdén prolongado con el cual precisa y dicta los despojos de su prodigiosa memoria. —Ochenta y un años, Pepe... —Cuando se mira para atrás se ve de todo. Se ve que cada vez va quedando más pasado y menos futuro, y eso no es un episodio como para andar celebrándolo. La vejez es una cosa atroz, una frontera alarmante; te has convertido en un viejo y eso te angustia en cierto modo. Has escrito lo que tenías que escribir, has cumplido con tu propia vida, con tus ambiciones y te quedas ya como sentado en tu butaca viendo caer la tarde bajo un árbol en el jardín. Y esa sensación de acabamiento, de postrimería, produce un sentimiento de fin de trayecto, y ya no hay ningún nuevo punto de partida. Todo eso es una cabronada, claro, aparte, claro, del escepticismo, la desgana, las descreencias... Da para mucho la vida de una persona que ha vivido 81 años y se sigue defendiendo de muchas cosas que aparecen cada mañana en la prensa. Basta repasar las noticias del día, esa sarta espantosa de imágenes, guerras miserables, injusticias, lo que pasa con los derechos humanos. Yo trato de recuperar la dignidad de vivir. No quiero convertirme en un viejo cascarrabias, no me gusta, pero cada vez hay una tropa mayor de majaderos, fantoches y tentetiesos. Me dan ataques de cólera que procuro dominar. Pero no tengo edad de aguantarme. Yo soy un ciclotímico literario, así que cuando no escribo me ocupo bastante de la vida cotidiana y de la política, y eso me alarma y me sofoca. Siempre me ha tentado decir lo que pienso, aunque me costara esfuerzos y me proporcionara algún que otro encontronazo. A mí, los años quizá me hayan hecho más temerario en este sentido. Y eso me produce una especie de satisfacción —digamos— de doble filo. Pero de lo único que estoy plenamente satisfecho es de mi obra literaria, que he trabajado con ahínco y creo que con solvencia, y de mi vida privada. Llevo más de media vida con una mujer que me ha ayudado mucho a no perder el norte. —Usted nació y vivió hasta bien entrada la adolescencia en Jerez de la Frontera... —Ser jerezano es una denominación de origen, una mezcla de buena educación y de ignorancia, yo nací en los años veintes y puedo decir que me gustó nacer entonces. De mi niñez siempre recuerdo la azotea de mi casa, desde donde me asomaba a ese mundo luminoso de Jerez, a las ventanas, las escaleras y los patios de nuestros vecinos, pero lo que bien recuerdo de mi niñez y primera juventud fueron aquellos veranos en Sanlúcar de Barrameda, donde conocí el mar y viví las primeras excitantes escapadas de las domésticas, un descubrimiento del mundo... Luego, en mi adolescencia estuve un año en cama, reposando, y entonces conocí la literatura; un viejo amigo de casa, amante de los libros, me prestó la antología de la poesía española que había hecho Diego y los poemas de Juan Ramón Jiménez, y entonces quise ser poeta... —Hijo de cubano y francesa... —Sí, pero sepa usted que no me siento para nada francés, incluso hay algo que repudio en toda esa cultura francesa, no me seduce ni me siento identificado para nada con Francia. Me considero más ligado a mi sangre cubana. Mi padre, Placido Caballero, era de Camagüey. Yo he estado en Cuba varias veces y me he sentido como reencontrando las raíces familiares. Uno de mis cuatro abuelos era andaluz, andaluz de la costa malagueña mediterránea, y seguramente, a través de ese abuelo, me viene esa memoria árabe que cada vez entiendo más vigorosa y más influyente y que desplaza a cualquier otro asidero espiritual respecto a una u otra cultura. Mi madre, Julia, era bisnieta del Vizconde de Bonald, un integrista y un reaccionario de mucho cuidado, pero mi madre era otra cosa, era liberal, extrovertida. Mi padre se dedicaba a los negocios con el vino y por eso me he interesado en su elaboración, su tratamiento, color, pero no desde el punto de vista industrial o químico, sino desde la magia, la alquimia, de alguien que ve cómo la uva se convierte en ese líquido maravilloso que agrada y perturba... —¿Juan Ramón Jiménez? —Si, de Juan Ramón he aprendido casi todo, incluidos sus excesos, y no sólo como poeta sino como prosista. Casi nunca ha dejado de decirme cosas inolvidables. Aunque en alguna ocasión me las haya dicho con escasa ecuanimidad o con excesiva retórica, que eso importa menos. Entre otras cosas, porque cada vez estoy más convencido de que muchas de mis trastiendas artísticas, y hasta mi gusto por las infiltraciones neuróticas del lenguaje, dependen en parte de ese ya remoto entrenamiento. Lo cual siempre es muy de agradecer. Desde la Segunda antolojía —el primer libro poético que me dejó absorto— hasta Espacio —uno de los poemas más fascinantes de toda nuestra cultura literaria—, Juan Ramón Jiménez ha sido el supremo y egocéntrico regente, el gran mentor inflexible de casi todo el aparato estético que usó —y sigue usando— la poesía española del siglo XX. Con él se acota una jurisdicción literaria que aún mantiene sus prerrogativas y en la que incluso se integrarán los últimos poetas —puros o impuros, qué más da— que ya esperan tumo en el arrabal didáctico de los manuales. —Pero entiendo que fue José Ignacio Javier Oriol Encarnación de Espronceda y Delgado quien lo hizo hacerse escritor... —Es cierto. En Jerez, en la pequeña biblioteca familiar, descubrí una biografía de Espronceda escrita por Narciso Alonso Cortés, un historiador ya olvidado. Quedé deslumbrado por el personaje, un hombre que había hecho de todo en sus treinta y cuatro años de vida, había luchado en las barricadas de París, fundado una sociedad secreta, estado preso, exiliado por republicano, había sido diputado, guardia de corps, diplomático en Holanda y como si eso fuera poco, se fugó a Lisboa con una muchacha de la que había estado enamorado desde que ella era una niña, hasta cuando ella le dejó y un buen día, paseando por la calle Santa Isabel de Madrid, Espronceda se asomó a una casa donde estaban velando un cadáver y descubrió que la muerta era su ex amante, y entonces escribió su magnífico Canto a Teresa. Yo quise ser como Espronceda. Quería imitarle, pero como era imposible emularle en tantas y tan maravillosas facetas y hazañas, lo que hice fue rivalizar con él en las dos que tenía más a mano: escribir poesía, cosa que me ha durado hasta hoy, y llevar una vida licenciosa, que en aquellos años con la asignación semanal se limitaba a llegar algún día tarde a casa... Y así hasta el sol de hoy... —También quiso ser marino... —Aún ahora sigo siendo muy aficionado al mar. Navego con cierta frecuencia, en Galicia o en Andalucía. La mar ejerce en mí una fascinación muy especial, por todo lo que representa: la libertad absoluta, y también la aventura. Creo que me hice escritor porque soy un aventurero frustrado. Esa afición procede de mis lecturas de Emilio Salgari y Jack London. Hasta donde alcanza mi memoria me veo leyendo a Salgari. Siempre fui muy aficionado a la literatura de aventuras, sobre todo aquellas relacionadas con el mar. He sentido, siento aún, una predilección especial por todos los escritores que eligen el mar como escenario para sus historias. Autores como Stevenson, Conrad, Melville. Todo lo que tuviera que ver con aventuras en la mar me apasionaba... y cada vez me apasiona más. Yo quería ser un aventurero y la única posibilidad que tenía a mano era hacerme marino, pero luego, como casi todos los muchachos de mi edad de la posguerra, enfermé del pecho, tuve que reposar y ya no estaba en condiciones físicas de ser marino y lo cambié por Filosofía y Letras en Sevilla, que fue como equivocarme de otra manera. —La Guerra Civil, como a sus compañeros de generación, transformó su vida... —La guerra fue un caos, una barbarie colectiva. La verdad es que creo que nuestra relación con la guerra se materializó a través de la posguerra. En la posguerra hubo el edicto de persecución y muerte al perdedor, y eso fue horroroso. Yo era un niño cuando los acontecimientos, mis recuerdos son muy vagos, pero es que luego ya éramos adolescentes, y la guerra, aunque había acabado, seguía estando ahí, como una presencia terrible, traumática, que afectó a todos los españoles. Y, claro, también a nosotros. El título de mi primer libro de memorias, Tiempo de guerras perdidas, tiene un sentido figurado, se refiere a las ilusiones que no se materializan, a los sueños truncados. Pero también tiene un sentido real, el de la propia guerra perdida. Porque, al finalizar la guerra, se suponía que yo pertenecía al bando de los vencedores por mis orígenes, por mi familia, pero poco a poco empecé a sentirme del lado de los vencidos. Otro hecho es la censura, durante mi juventud eché de menos muchos textos. A medida que crecía y me aficionaba a leer, iba teniendo noticias de escritores, sobre todo poetas del 27... y a esos textos no se podía acceder. Libros de Cernuda, de Alberti, del mismo Lorca... vamos, todas aquellas páginas maravillosas que estaban fuera de la circulación. Entonces, a través de algún amigo que había salvado de la quema —en muchas ocasiones, de la quema real— yo fui leyendo aquellos autores prohibidos, falazmente censurados por la censura franquista. Al principio yo no entendía muy bien por qué aquellos libros estaban prohibidos. Por aquel entonces yo era todavía muy joven, y mis ideas políticas no estaban lo que se dice definidas. No le daba muchas vueltas al hecho de que ciertos libros estuvieran fuera de la circulación. Simplemente pensaba que, bueno, que eran autores que habían perdido la guerra, que estaban en el exilio... Me limitaba a soportar esas carencias, esa falta de determinados libros, pero reconozco que no hacía ningún tipo de crítica. Las críticas vinieron después. —Y vino el viaje a Madrid... —Llegué a Madrid con mi primer libro, Las adivinaciones, que ganó el Premio Platero y un accésit del Adonais. Fue una llegada muy triste, era una ciudad con restricciones de luz, medio en penumbra, existía la cartilla de racionamiento, había que comer en los restaurantes económicos. Era un Madrid muy sórdido y muy triste. Gris. Un ambiente muy hostil en la calle. Allí, en el Colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe, conocí a Valente y Goytisolo y a Hernando Valencia Goelkel, Jorge Gaitán Durán y Ernesto Mejía Sánchez, que fueron mis amigos y por quienes conocería buena parte de América Latina. Fueron esos los años cuando comencé a tener cierta conciencia política, en la milicia naval universitaria, un período que duraba tres veranos. Fui testigo de tantos disparates en la organización militar... esas jerarquías, ese sentido de la obediencia... Bueno, todo aquello fue provocándome un prurito de enfrentamiento a una ideología que empezaba a encontrar disparatada. A través de ese encono personal, y todavía sin una conciencia política clara, yo me fui enfrentando a toda una situación social de la España de la época. Luego ya el proceso político real se materializó de la mano de Dionisio Ridruejo, que fue un personaje al que yo quise mucho, y al que estábamos unidos un grupo de personas como Moreno Galván, Juan Benet, Fernando Baeza, Pepín Vidal Beneyto, para mí fue como el foco de donde arrancó mi actitud política antifranquista. Con Dionisio compartí yo muchas cosas... incluso la cárcel, en el año 64. Así me vinculé a la lucha antifranquista. —Miembros también de la Generación del 50, a la cual usted pertenecería... —El grupo del 50 fue eso, un grupo. Generación, de ninguna manera. Sólo era un grupo dentro de una generación. Éramos ocho o nueve poetas y el correlato de los novelistas: García Hortelano, Marsé, Grosso, Zúñiga, Ferres, etc. El concepto de grupo dentro de una generación ha tenido una importancia cada vez más notoria en la evolución de la poesía española y además creo que había algunos miembros de esa generación —como podían ser Barral o Gil de Biedma— que eran realmente unos hombres cultos, petulantes, unos eruditos insolentes, críticos de la cultura, personas que hablaban tres o cuatro idiomas. Un grupo diezmado por la fatalidad y un tanto autodestructivo, con tendencia a hacer lo contrario de lo que parece convencionalmente recomendable. Surgió por complicidad política y de eficacia operativa en Collioure, durante el aniversario de Antonio Machado. Entonces Carlos Barral decidió que se iba a publicar una antología recogiendo la actitud del grupo, que es lo que en cierto modo fue verdad. Yo creo que el grupo surge porque realmente éramos amigos, unos más que otros, como siempre ocurre y luego teníamos muchas cosas en común. Una actitud moral frente a la dictadura. El respeto mutuo, más o menos la misma estatura... Leíamos los mismos libros. Procedíamos de un medio universitario y luego nos unió sobre todo la lucha contra la dictadura. Era un factor de cohesión de innegable importancia. Era el tiempo de la utopía. Afortunadamente, la utopía se defendía. Luego fue como una esperanza aplazada. Esa lucha, esa oposición al régimen de Franco fue lo que de verdad nos unió. Porque teníamos muchas cosas en común, sí, traíamos con nosotros una nueva manera de vivir... y de beber, porque teníamos una tendencia manifiesta al consumo de bebidas alcohólicas. Pero luego la procedencia universitaria, el origen familiar, la necesidad de restaurar una realidad cultural que la guerra había interrumpido... Esos factores, qué duda cabe, sirvieron para unirnos. Pero sobre todo nos mantenía como una piña el deseo de demostrar nuestra oposición a la dictadura, a una situación que no comprendíamos. Iniciamos el mestizaje, una tradición hecha de otras tradiciones, españolas y también en este caso anglosajonas. Pero las afinidades literarias, aunque en teoría iban por el mismo camino, o por caminos próximos, tampoco me parecen muy destacables. Hubo, eso sí, durante algún tiempo, algo común que tenía una manifiesta justificación histórica: la pretensión de usar la literatura como un instrumento de agitación social. No olvide, Alvarado, que estábamos luchando y escribiendo en unas circunstancias absolutamente angustiosas: persecuciones, encarcelamientos. Cultivamos una auténtica literatura de la resistencia, condicionada por las secuelas de la situación policíaca del franquismo. Había que sortear la censura con eufemismos, medias palabras, claves, sin explicar las cosas directamente. Todo eso repercutió en perjuicio de la propia literatura. Pero todo eso también acabó dejándose llevar por la desgana, el escepticismo. Éramos muy distintos literariamente hablando. Gil de Biedma tiene poco que ver con Barral, o con Valente... Yo nada con Goytisolo. Pero éramos muy amigos, Nos reuníamos con frecuencia, hablábamos... éramos muy aficionados a trasnochar, éramos noctámbulos, desobedientes, insumisos. Y que Barral fuera editor y a través de la editorial canalizara nuestras primeras obras fomentó, digamos, una sensación de solidaridad entre nosotros. —¿Cuáles, de ellos, fueron sus más cercanos? —Mis grandes amigos fueron Ángel González y Juan García Hortelano. Con Barral, que además fue mi primer editor, mantuve también una relación de amistad imperturbable. Con los Goytisolo, muy estrechas, sobre todo con los dos hermanos mayores, a quienes conocí en la universidad. Pepe Valente, al que conocí cuando éramos estudiantes, era una persona muy compleja. Yo lo quise mucho. Anduvimos por medio mundo y nos reímos mucho juntos. En ocasiones, no obstante, era esquinado, y cuando se retiraba a sus cuarteles de invierno resultaba una persona bastante incómoda. Con él tuve más afinidades por el lenguaje. Como a él, nunca me ha gustado la poesía obvia, explícita, directa, la narratividad que ahora está muy en boga. Esa poesía no me interesa. Me gusta el riesgo de trabajar con el lenguaje y en eso Valente ha sido un maestro. Como lo fue también en cierto modo con Carlos Barral, poéticamente hablando. Pero también con Paco Brines y Gil de Biedma, cuya obra tiene una eficacia mayor porque además de hacer política hacía buena literatura acusando una serie de episodios de su vida personal enfrentados a una situación histórica y eso permanece. —Luego vendrían los intensos años de Colombia... —Tengo la convicción de que aquellos tres años pautaron mi futuro y fijaron los modelos de las despedidas de la juventud y los anticipos de la madurez. Fueron años decisivos, tuve mi primer hijo, escribí mi primera novela, me vinculé al grupo que hacía la revista Mito, me adentré en el mestizaje, que ha sido siempre un factor esencial para mí. No obstante, veo aquella época como muy lejana. Cuando me fui a Colombia quería ser sólo poeta, pero una vez allí empezaron a intensificarse mis recuerdos, era la época del realismo social, y quise escribir una novela donde se reflejara mi experiencia en ese mundo de las viñas y las bodegas de Jerez que tenía muy cerca por razones familiares y que era un tema que se compadecía muy bien con la intención de denuncia... Y quizás influyeran también algunos de los eventos de entonces, como aquella sobremesa cuando Eduardo Carranza, raro espécimen de falangista colombiano que siempre que bebía mostraba una acusada tendencia a la elasticidad ósea y la expulsión de la dentadura, comenzó a alabar a Franco en términos que parecían emanados de la boca de Fraga Iribarne, su protector, y yo comencé a endilgarle los más subidos improperios que causaron un detallado informe contra mí de la embajada de España en Bogotá, considerándome elemento peligroso, porque además, escribía yo en El Espectador artículos sobre las campañas represivas del franquismo. Ni olvido algunas de las mujeres que conocí esos años, como aquella española, Alicia Baraibar, que estuvo casada con un poeta diplomático y gobernador imitador de Eliot, y que como Elvira Mendoza, Rita Agudelo, Marta Traba, Gloria Zea y Sonia Osorio, con su tono libertario, predicaban el amor libre, amaban el cine erótico francés de Cofram y les encantaba divertirse. —Hablemos ahora de los géneros, de la poesía, la narrativa, las memorias... —Cada día me convenzo y estoy dispuesto a admitir que no existen los géneros. Creo que lo que llamamos géneros literarios tiene mucho que ver con el artificio, las estratagemas, las trampas retóricas. Un poema es la máxima temperatura que puede alcanzarse con el manejo de la lengua. La música es esencial en la poesía, sin música no hay poesía. La poesía, aparte de un hecho lingüístico, es una especie de mezcla desigual de música y matemáticas. Yo me siento identificado con un poema cuando se me abre una puerta, se rompe un sello y me asomo a un mundo que me descubre algo emocionante y desconocido. Alguna vez dije que los temas son como el ingrediente superfluo de un todo fundamentalmente definido por el tratamiento literario que se le dé. O sea, que sigo pensando que la poesía es un hecho lingüístico. El argumento, la verdad de la poesía, se genera a medida que se hace el poema. Por eso mismo un poema no se termina nunca de corregir, puede ser corregido cada vez que lo relees. Las memorias son otro género de ficción, como lo es la poesía y la novela. Todo el que recuerda se equivoca de algún modo, sobre todo porque resulta imposible reconstruir lo ocurrido tal como ocurrió. Hay lagunas, olvidos, y hasta recuerdos ajenos de los que te apropias, recuerdos falsos... Y mi obra debe mucho a la memoria. Si perdiese la memoria no escribiría. —La novela, como buena parte la poesía actual, descuida el lenguaje en beneficio del asunto, del cuento en vez del canto... —Hoy circula por ahí una cierta tendencia a depreciar el papel del escritor en beneficio del papel del informador. Yo detesto radicalmente y por principio, cualquier tipo de copia de la realidad. A mí todo eso me parece una estupidez, una de esas modas que se inventan los mediocres. Si un escritor no es exigente y riguroso con el uso del lenguaje, es porque no tiene ni puta idea de su oficio. Otra cosa es que el escritor deba, sin olvidar el oficio, ser un crítico de la sociedad, del poder, del signo que sea. No es que el escritor tenga que proponérselo previamente, es que traspasará siempre a su obra su propia ideología. Pero a mí lo que me interesa es la literatura considerada como obra de arte, la prosa narrativa de alcance artístico. Una palabra bien elegida puede significar poéticamente más de lo que significa en los diccionarios. La ironía, que depende del estilo, de la forma, incluso de la sintaxis, es para mí una suerte de método de interpretación de la realidad, y una literatura sin ironía, sin sentido mínimo del humor queda a trasmano, como si fuera para predicadores... —Vendrían luego los interminables días del franquismo... —Durante esa época he estado bastantes temporadas fuera de España. Estuve en Colombia, luego he vivido en Francia y Cuba. Cuando yo desperté a la política y a la realidad española en tiempos de Franco, mi obra se empobrece, se empobrece incluso deliberadamente porque suponía, con disculpable desenfoque, que era mucho más importante denunciar algo de lo que estaba ocurriendo a través de la literatura. Lo que no publicaban los periódicos, procuré registrarlo de alguna manera en mi obra. Entonces, la novela que publiqué en tiempos del franquismo más exacerbado, más opresivo, y un libro de poemas, adquieren un valor más ético que estético. Yo me preocupaba por que en mi obra se filtrara la condición de una persona que estaba luchando contra el sistema, que estaba en la resistencia, digamos, con muchos escritores de mi generación. Fuimos encarcelados, perseguidos, silenciados. Todo eso naturalmente se refleja en algún libro mío, porque en ese tiempo creí que era más honesto acusar literariamente la realidad española que preocuparme de las contradicciones estéticas de mi obra. Sólo cuando se supera la etapa franquista, vuelvo a recuperar lo que me había sugestionado siempre en literatura. Vista ahora, con frialdad y sin apasionamiento, veo aquella época como una especie de mediocridad ambiental. Todo parecía mezquino y de una hostilidad soterrada, sobre todo para los que estaban en la lucha antifranquista. Tampoco hay que negar que, al lado de eso, la libertad interior de cualquier artista es tanta que puede más que cualquier control externo. Por eso pensábamos que nosotros aportábamos a esa mediocridad una nueva forma de vivir y de beber. —Usted bien puede decir confieso que he bebido... —Porque aparte de la actividad antifranquista, estaba esa especie de autodestrucción que acabó con casi todos los miembros de aquel grupo de amigos... Ahí se filtraban muchas cosas, el aburrimiento, la necesidad de ir en contra de los convencionalismos, de soliviantar a conciencias timoratas, de enfrentarse al orden establecido, a la moralina ambiental... De todo eso había. Yo he sido muy hedonista, me gustaban los placeres que alegran la vida, que hacen soportables las desdichas y atropellos de la historia, me gusta beber, he buscado placeres de éstos, pequeños placeres, que te puede ofrecer la vida cotidiana, enfrentado a un mundo hostil, a un mundo en guerra, en manos de un ignorante como el señor Bush, peligroso ignorante, fanático del eje del mal. Todo eso me produce escalofrío y procuro, aparte de tomar partido, contrarrestar los malos efectos de todo eso con los buenos efectos del hedonismo. —Hablemos de dos de sus libros, primero Ágata ojo de gato... —Sigue siendo mi novela favorita, creo que logré hacer lo que quería, creo que es la manifestación de un mito, de la mater terra que castiga a todo aquel que pretende ultrajarla y me inventé esa historia medio legendaria. Ágata es un intento de sustituir la historia por sus presuntas equivalencias mitológicas, pero siempre manteniendo esa realidad que responde a la historia verídica del coto de Doñana. Además con ese libro me ocurrió, y eso sí que era mágico no por el método literario sino por sus consecuencias, que conocí a personajes después de haber escrito la novela que eran un reflejo fiel de los que yo me había inventado y eso es muy inquietante y muy apasionante. Conocer en la vida real a personajes de ficción, tuyos, propios, provoca entusiasmo e inquietud. —En sus libros el Coto de Doñana se llama Argónida... —Argónida es para mí una referencia humana ineludible, una complicidad onomástica y buena parte de las memorias las escribí frente a ese paisaje para mí irreemplazable. Es el paisaje natural de buena parte de mi biografía, de mi educación sentimental. Ahora me paso medio año frente a Doñana y eso me ayuda a ir tirando. Cada uno tiene su paraíso privado, y para mí ese paraíso es Argónida. Me inventé ese nombre, con sus deliberadas resonancias clásicas o mitológicas, porque quería buscarle a la realidad de un paisaje, de un mundo concreto, ciertas equivalencias legendarias. A mí no me atraía para nada reflejar la realidad de ese mundo, sino elaborar una aproximación artística, una interpretación distinta de ese mundo. La realidad se me antojaba tan obvia, tan insuficiente, que tenía que cambiarla hasta de nombre. Pero las amenazas de deterioro son constantes por parte de los abanderados del progreso inhumano. Doñana siempre ha estado rodeada de acosos a su integridad, a su equilibrio natural. Yo ando siempre un poco haciendo las veces de centinela privado, y eso me alivia de tensiones. —Con Descrédito del héroe echa por la borda la poesía que privilegia el asunto contra la melodía... —Por supuesto. Hace ya tiempo que procuré orientar mi poesía en ese sentido. Nunca me sentí atraído ni por el realismo de vuelo rasante ni por toda esa tabarra del coloquialismo. Y detesto el costumbrismo, venga de donde venga. Eso que llaman la “posmoderna elegía sentimental” me suena a conserva de mermelada. Descrédito del héroe contiene una serie de temas que yo creo están en mi poesía de todos los tiempos, vamos, desde que empecé a escribir poesía. Aquí está más exacerbada la preocupación por rastrear en una zona muy concreta de la experiencia, de mi propia experiencia; este libro tiene algo de memorial nocturno, donde pretendo dar forma literaria a una serie de fijaciones, de obsesiones críticas. En el fondo, el libro posee ciertos dispositivos de crítica moral de las instituciones; sobre todo en lo que se refiere al deseo de desmontar ese crédito tan poco estable sobre la figura del héroe. En su sentido más amplio: el héroe tanto como protagonista de una situación, como arquetipo de esos ídolos de barro inventados por una sociedad caduca, abolida, como era la sociedad española de los años sesenta. Yo soy un lector y un gustador inagotable de los textos clásicos griegos y latinos desde Homero hasta los poetas de la Roma decadente, pasando luego por muchas zonas de esa cultura mediterránea que llega hasta Kavafis. Yo intento, a través del propio lenguaje, aclararme mi propia experiencia, ejercer una crítica de ese lenguaje que me sirva a la vez para investigar en mis fijaciones, en mis fantasmas temáticos; en ese caso el sexo está muy elaborado en el libro; el sexo, la crítica moral y, en cierto sentido, el deseo de aproximarse a una realidad que desconozco. —Libros que parecen más escritos por un latinoamericano que por un peninsular... —Es posible... A lo mejor es un contagio cubano-colombiano. Aparte de García Márquez y de José Eustasio Rivera, me siento muy ligado a dos escritores cubanos: Carpentier y Lezama Lima, que son muy distintos pero en el fondo coinciden en algo de esa fascinación tropical, de ese criollismo que fermenta en el lenguaje. A pesar de que sus poéticas sean muy distintas me han servido de estímulo fundamental y creo que en ese sentido también me siento muy cubano, me siento heredero de una forma digamos antillana de trasplantar a la literatura el mundo vivido. Si tuviese que reconocer un padre literario diría sin pensarlo dos veces el nombre de Alejo Carpentier, su lectura me emocionaba y contenía a la vez, así como en Lezama Lima encontraba la forma de mi tradición barroca en medio del presente. La poética de Lezama está simultáneamente incorporada a su poesía y a su obra narrativa. Paradiso es un libro fascinante. Hay allí páginas que son poemas deslumbrantes, que no creo que se hayan producido en toda la literatura castellana del siglo XX. A lo mejor en algún recodo de la obra de Valle Inclán pueda descubrirse la misma garantía de invención, la revitalización de la lengua. Yo he defendido el barroco toda la vida porque reivindico mi historia, mis tradiciones. Andalucía es barroca desde Góngora hasta la Catedral de Cádiz, no creo que lo barroco sea algo confundible con la retórica, con lo ampuloso o artificial. Ya le he dicho que todo lo que no es barroco es periodismo. —Usted admiró mucho la Revolución Cubana... —Cuando triunfó la revolución, en los años 1959, 1960 y 1961, Cuba fue un punto de referencia ejemplar en muchos aspectos. Luego la revolución cubana ha dado muchos virajes, muchos bandazos. Hoy es difícil que uno defienda lo que está ocurriendo en Cuba, la dictadura de Castro, pero en aquellos años era un ejemplo de dignificación social. Las transformaciones en el orden educativo, en el orden sanitario, eran magníficas; pero, poco a poco, todo eso fue declinando hacia otro tipo de actitudes. Castro es alguien absolutamente incapacitado para evolucionar, para dar un nuevo viraje a la política interior cubana. Yo no puedo estar de acuerdo con la actual Cuba, pero estuve muy de acuerdo con la Cuba triunfante después de la revolución. Ha sido una decepción para mí y para muchos. Me irrita tanto como me irritan los anticastristas. Me pasé media vida en la lucha antifranquista, pero la dictadura castrista sólo la defendí en su primera etapa. —Y sigue fungiendo, a su edad, de radical, incluso ha publicado un Manual de infractores... —Sí, me considero un radical. Cuando hice el libro de Espronceda me agradaba todo eso que tenía el romanticismo de insumisión, de rebelión contra una sociedad retrógrada, inmovilizada por el influjo de la tradición. Yo detesto a los obedientes, los sumisos, los bien pensantes, a los gregarios, los curas neofranquistas, los adictos a la intolerancia, a la mentira, a los fundamentalismos..., a todos esos botarates que aceptan sin rechistar lo que les mandan y van por ahí con la divisa del pensamiento único. Para ellos vivir al borde de la vida o es un delito o un pecado... Escribir bien es una forma de rebeldía, un ajuste de cuentas, de resistencia contra los acosos de una realidad que consideras detestable. A lo mejor se escribe para que alguien, una persona concreta, se indigne con lo que dices y también para que alguien se alegre compartiendo tus ideas. —Ahora dígame, para terminar, cuáles son los recuerdos más recurrentes de su vida en estos ochenta y un años cumplidos... —El registro de mi casa por los falangistas. Una atrocidad, gente maleducada y violenta. Luego, la muerte de mi madre. Yo perdí allí algo. No había cumplido como hijo, eso siempre se piensa. Y, después, la cárcel, la temporada que pasé en Carabanchel. Era el año 1964, habíamos presidido una asamblea por la amnistía de los presos políticos, en la Facultad de Derecho. Una claustrofobia fatal. Miedo de que se olvidaran de mí. Quedarte allí con la barba crecida, envejeciendo, solo... ** Harold Alvarado Tenorio alvaradotenorio@telesat.com.co Escritor colombiano nacido en Buga (1945). Doctor en Letras de la Universidad Complutense de Madrid. Dirigió el Departamento de Español y las Latin American and Spanish Writers Series del Marymount Manhattan College (Nueva York, EUA), así como el Comité de Redacción de la revista China Hoy (Beijing, China). Es profesor titular de la Cátedra de Literaturas de América Latina y director del Departamento de Literatura de la Universidad Nacional de Colombia. Dirige actualmente la editorial y la revista de poesía Arquitrave (http://www.arquitrave.com). Ha publicado Summa del cuerpo (2002); Fragmentos y despojos (2002); Literaturas de América Latina (1995); Ensayos (1994); Poemas chinos de amor (1992); La poesía de T.S. Eliot (1988); Espejo de máscaras (1987); Una generación desencantada: los poetas colombianos de los años setentas (1985); Kavafis (1984) y Cinco poetas españoles de la Generación del Cincuenta (1980). Ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar y el Internacional de Poesía Arcipreste de Hita. Su obra ha sido publicada en inglés, francés, italiano, griego, chino, alemán y portugués. === Harry Almela, exiliado voluntario de una comarca de ausencias ========= === “La música es el espíritu de la poesía” Rafael Ortega ============ “Existe una sintaxis de preocupaciones temáticas, que está como muy ordenada, en el panorama de la poesía venezolana en general: la casa, la infancia, el amor, los viajes, tratando de establecer una conversación de tú a tú entre los espacios venezolanos con lo que tradicionalmente se consigue en otros lugares”. Una de las referencias obligatorias al momento de realizar un estudio acerca de la literatura en el estado Aragua es el escritor y editor Harry Almela (Caracas, 1953), quien ha dedicado su vida a construir un universo particular, a través de un exquisito manejo del lenguaje, que convida al lector a transitar por el camino de las reminiscencias y los campos de lo onírico. En reconocimiento a la calidad de sus obras en los distintos géneros, que ha trabajado con la dedicación de un orfebre de la palabra, ha recibido diversos premios que lo consolidan como una de las voces de mayor proyección en nuestro país. —¿Cuáles fueron tus lecturas iniciales? — Me enseñaron a leer a los cinco años de edad con el libro Poda de Andrés Eloy Blanco, los cuentos de Andersen y La Pequeña Lulú. Cuando entré al segundo grado de la escuela, ya sabía leer y escribir. Haber aprendido en esas tres fuentes me ayudó a comprender que no hay mucha diferencia entre la realidad y la ficción. En mi niñez, además de leer los textos de Andrés Eloy Blanco, lo escuchaba recitar en los discos de acetato que salían al mercado. Luego entré al mundo de la narrativa, leyendo literatura de aventuras: Alejandro Dumas, Charles Dickens... en casa había unos libros de la colección Aguilar —todavía conservan algunos ejemplares allí—, donde leí por primera vez a Rómulo Gallegos, Mariano Picón Salas, Ramón Díaz Sánchez, además de la novela policial clásica: sir Arthur Conan Doyle, Agatha Christie... —Entre los años 1981 y 1982 participaste en un taller literario del Centro de Estudios Latinoamericanos “Rómulo Gallegos”, diez años después fuiste coordinador de un taller de poesía en la misma institución. ¿Consideras que los talleres literarios son fábricas de escritores? —No, más “fábricas de escritores” son los grupos literarios (risas). Pienso que ese fue el último gran taller de poesía que se dictó en el Celarg, aunque años después dicté uno en esa institución. Allí participaron Leonardo Padrón, Eloy Yagüe, Lourdes Sifontes Greco, María Auxiliadora Álvarez, Sonia González, Patricia Guzmán, María Vásquez y Maritza Jiménez, entre otros. Fue un grupo que después siguió, cada uno en su ritmo, con su voz particular, sus propios derroteros, ya sea en la dramaturgia, en la narrativa, en la poesía o en la investigación. El hecho de haber tenido a un maestro como Luis Alberto Crespo nos marcó mucho. Luego empecé a estudiar las fuentes de donde venía Luis Alberto: Paul Celan, René Char, Edmond Jabès... entonces, cuando te encuentras con los maestros de los maestros y comienzas a entender que esa camisa de fuerza que has heredado no te permite expresar lo que realmente quieres decir, y en la medida que vas asumiendo la conciencia más o menos inteligente de la voz que te toca asumir dentro del coro, vas apartándote y eso fue lo que sucedió. Yo fui tallerista, armé y coordiné talleres, por lo que creo que una de las cosas más importantes es que te brindan la posibilidad de compartir los temores de la escritura, sobre todo para la gente joven que está comenzando, y son un espacio para el encuentro con la bibliografía, de los libros que debes leer en función del ejercicio de la escritura. —¿Cuáles son los temas que te motivan a escribir? —Lo que me ocurre no deja de ocurrirle al resto de los poetas de este país. Existe una sintaxis de preocupaciones temáticas, que está como muy ordenada, en el panorama de la poesía venezolana en general: la casa, la infancia, el amor, los viajes, tratando de establecer una conversación de tú a tú entre los espacios venezolanos con lo que tradicionalmente se consigue en otros lugares. Por ejemplo, a la gente no le cuesta mucho hablar de París, pero sí le cuesta hablar de Villa de Cura. En un libro llamado Instrucciones para armar un meccano —que espero sea el último que publique—, hay unos poemas que podrían tener la marca de “municipales”. Esos temas son los que están ahí, siempre presentes, porque en este país de ausencias, de exiliados —desde el punto de vista del territorio y de la lengua—, el único sitio donde se puede fijar la memoria colectiva es en estos espacios. No es casual que en Mi padre el inmigrante, de Vicente Gerbasi, considerado por algunos como el padre de la modernidad en Venezuela, se destaque la presencia del padre, de la infancia, de la casa, de la aldea. Gerbasi construyó un Canoabo literario. —Aparte de la lectura, ¿de cuáles otras fuentes te nutres para escribir? —Desde pequeño siempre tuve una cercanía con la música, con la ejecución de los instrumentos y el canto, hasta que comprendí que era imposible escribir poesía sin los conceptos básicos de la música: el ritmo, la melodía. Luego, durante mi formación académica, tuve la fortuna de ver una asignatura donde se estudia cómo suenan las palabras y eso me ayudó a entender la historia de la poesía en castellano. Entendí que la música no es solamente un tema, sino que es el espíritu mismo de la poesía. Si la música no está presente en un poema, tú lo sientes. Entonces, el problema consiste en aunar la música al tema. Con las artes visuales tuve un acercamiento por cuestiones laborales, pues me tocó investigar sobre el paisaje en la literatura venezolana y descubrí que existe un paralelo, lo que en la poesía se expresa de una manera, en las artes visuales se expresa de forma parecida. —A tu criterio, ¿cuáles escritores venezolanos son fundamentales? —Yo dije que no haría más listas porque eso es “pavoso” (risas). Podría ser injusto, pero hay poetas a los que siempre regreso pues considero que son los que me dicen cosas: Andrés Eloy Blanco, Miguel Ramón Utrera (a quien pocos leen en este país), Enriqueta Arvelo Larriva. Con Rafael Cadenas y Eugenio Montejo me sucede otra cosa porque, además de leer sus obras, existe con ellos una amistad personal, y agradezco mucho sus conversaciones. —¿A qué atribuyes que los escritores venezolanos no sean tan conocidos en el exterior? —A mí me parece bien, por una parte. En el prólogo de la antología a Rafael Cadenas publicada por Visor en Madrid, Ana Nuño dice que la poesía venezolana siempre se siente en minusvalía, lo cual es bueno —y estoy de acuerdo con su criterio— porque ha facilitado el hecho de escribir a contracorriente de los gustos públicos y de los gustos editoriales. Si en algún momento la poesía venezolana se va a imponer, se va a reconocer en el mundo a partir de ese principio. El otro elemento es que el escritor venezolano se acomodó a los registros culturales de las instituciones, pues a cada uno se le dio —y me incluyo en ello— su plato de petróleo, traducido en canonjías consulares y editoriales. Por ejemplo, crearon Monte Ávila para publicar las obras. Yo tengo tres libros en esa editorial y no sucede nada más allá de ciertos espacios. —¿Las políticas editoriales del Estado han sido efectivas a la hora de difundir las obras literarias? —No le agradezco a Monte Ávila haberme publicitado en el extranjero. Recuerdo que una vez fui invitado a presentar mi libro en la Feria de Guadalajara en México y cuando llegué allá no había ni un ejemplar. Por suerte, llevaba algunos para regalárselos a las personas que iba a conocer y ése terminó siendo el material con el cual se hizo la actividad. Con esto te das cuenta de cómo son las cosas. Esa relación con ese ogro filantrópico que es el Estado, le ha hecho mucho daño a la poesía venezolana. Pero ha ocurrido lo que tenía que ocurrir, la poesía venezolana empieza a aparecer en los escenarios académicos internacionales. En los casos de Colombia, México, Argentina y Brasil es distinto porque ellos asumen desde el principio que uno de los trabajos de la Cancillería es promover sus productos culturales, pues detrás de ellos viene el resto de la política. Pero como aquí eso de la cultura y las artes es un poco “municipal”, no se le presta mucha atención. —¿Consideras que la literatura venezolana es material de exportación? —Bueno. Me invitaron a la Bienal de Mérida porque van a hacer un homenaje a Pepe Barroeta, quien publicó y además grabó unos poemas antes de morir para Candaya (una editorial española), lo cual ha sido todo un acontecimiento. Ya se han agotado dos ediciones, va para la tercera y se han hecho unas veinte presentaciones en toda España. Qué bueno que la academia y las editoriales extranjeras se estén preocupando por Pepe. Antes de él, ya estaban (José Antonio) Ramos Sucre, Eugenio (Montejo) y Rafael (Cadenas). Se está dando un acercamiento de los españoles, que es verdaderamente grato, lo que demuestra que en cuanto a calidad y profundidad, la poesía latinoamericana “se lleva en los cachos” a la poesía española contemporánea. Allí se unieron las ganas de comer con el hambre. Existe un gran interés por parte de las editoriales españolas por publicar literatura latinoamericana. Actualmente, estoy preparando una antología de la poesía amorosa en Venezuela para una editorial española. El hecho de que una editorial internacional se esté preocupando por publicar estos ejercicios poéticos, particulares y temáticos, es importante, independientemente de que lo haga Harry Almela. —¿Cómo percibes la presencia de la mujer en el mundo de la literatura? —En Venezuela, la poesía escrita por mujeres es de antigua data. A principios del siglo veinte, ya María Calcaño escribía poesía, así como Luisa del Valle Silva. Entonces, cuando vino el boom de la poesía escrita por mujeres en los ochenta (María Auxiliadora Álvarez, Patricia Guzmán, Hanni Osott, entre otras), a muchos pareció sorprenderles que las mujeres sean inteligentes y también escriban. El mayor reto que tiene la literatura escrita por mujeres es pelear contra el discurso masculino. En el caso de la literatura escrita por hombres, a nosotros nos interesa demostrar que sufrimos, que paseamos, que miramos y queremos poseer el mundo. A las mujeres no les interesa demostrar nada, porque si así fuera, sería una pobre poesía, sería competir en el mismo terreno del discurso de lo masculino. Entonces les corresponde elaborar un discurso desde la exclusión con un registro muy particular, lo que lo hace más interesante. —¿Cuál es la función de un escritor? Tras lanzar una carcajada, el poeta recordó una frase de Octavio Paz cuando renunció a la Embajada de México en la India: “Mi único deber es con la palabra y con la conciencia”. Minutos después, continuó: —Creo que en la modernidad, si el poeta no se asume como exiliado, no tiene la posibilidad de escribir una sola línea. Si algún deber tiene el escritor es el de ser, de alguna manera, la conciencia y la voz de la época y eso lo obliga a estar siempre a contracorriente, atendiendo las grandes y pequeñas preocupaciones y la preservación del idioma. No entiendo a los escritores que se cuadran con regímenes políticos y los defienden a capa y espada. Si algo nos enseñó (Charles) Baudelaire, el ensayista, es que el poeta es el primer exiliado de la modernidad. —¿Piensas que las nuevas tecnologías son herramientas útiles para la promoción del escritor? —No sé si para promocionar al escritor, pero sí lo son para escribir con más sosiego. Ahora no puedo escribir si no es frente a la pantalla del computador. En la medida que más países puedan tener acceso a la red, habrá mayor manejo de la información, pero una cosa es la información y otra cosa es la cultura. Poesía fuera del poder “La poesía es la más difícil de todas las expresiones literarias y es precisamente ahí donde está su aparente debilidad y su enorme fuerza. No acompaño a Rimbaud cuando dice que la poesía debe ser hecha por todos. La poesía no es para cultos ni para inteligentes ni para un sector exclusivo de la sociedad, ni para los que se suponen excluidos, y en cualquier caso debe mantenerse fuera de los espacios del poder”. Esta entrevista fue publicada originalmente en el suplemento cultural Contenido, del diario El Periodiquito (http://www.elperiodiquito.com), de Maracay, Aragua, Venezuela. ** Rafael Ortega rafaelortega@letralia.zzn.com Escritor venezolano (Maracay, Aragua, 1969). Es técnico superior universitario en publicidad. Ha sido jurado en concursos literarios del estado Aragua. Textos suyos han sido publicados en revistas y periódicos venezolanos, así como en las antologías Narrativa aragüeña en Tierra de Letras (Senderos Literarios, 1997), Narrativa de Aragua (Secretaría de Cultura del Estado Aragua, 1997) y Muestra de minificción aragüeña (Secretaría de Cultura del Estado Aragua, 2001). En 2002 publicó su libro de cuentos La última sutileza del diablo. ||||||||||||||||||||||||||| SALA DE ENSAYO |||||||||||||||||||||||||| === De la ausencia al testimonio ========================================== === Reflexiones en torno a las ruinas Musa Ammar Majad =============== El ensayista francés Gérard Wajcman propone, en El objeto del siglo, libro publicado en 1998, un concurso interesante: “¿Y si a la hora de soplar las velas de este siglo centenario se abriera un concurso para designar el Objeto del siglo XX?”. La pregunta parece caprichosa, arbitraria, banal. Sin embargo, Wajcman se las ingenia para jugar con ella, estirar el suspenso y finalmente escribir un ensayo contundente sobre el estatuto de la imagen contemporánea. Primero Wajcman da una serie de opciones: el cohete, la minifalda, la botella de plástico, el átomo, el comprimido de penicilina, la línea de cocaína, el Empire State, entre otras. Éstos, para el autor, no son objetos; son, simplemente, “artículos de celebración y propaganda”. Avanza entonces sobre una reflexión del filósofo Jean-Christophe Bailly en torno a las ruinas. Más allá de Bailly, que las circunscribe al siglo XX, Wajcman se percata de que la ruina, como imagen, aparece a lo largo de toda la historia. Y no se equivoca. No es ésta una observación efímera; es profunda y consistente: las ruinas han existido siempre, siempre asociadas a una idea de destrucción lánguida y previa; la diferencia estriba en que el siglo XX “es el siglo que inventó la destrucción sin ruina”. La solución final nazi es la prueba de esa paradoja. El extermino de los judíos: la búsqueda del crimen perfecto, el cual no es aquél que queda impune sino, antes bien, es aquél del que nadie sabrá jamás que tuvo lugar. Allí residió la utopía nazi, en no dejar rastros, huellas, testigos. “La esencia de la solución final era volver a los judíos, y volverse, ella misma, invisible”. Y es que de las cámaras de gas funcionando no hay fotos, no hay sobrevivientes. El acontecimiento se reconstruye a partir de testimonios, relatos, indicios. Todo para llenar un vacío, dando sentido a una ausencia, merodeando alrededor de una falta, rondando la realidad que nadie ve, perviviendo más allá de la angustia. No en balde en hebreo y en alemán los términos referentes al silencio significan también calma y tranquilidad. En alemán, donde stille es silencio, stillen significa asimismo “calmar” y “amamantar”. Paradójico y lamentable. Pues ¿cómo hacer congruente la realidad con ese lenguaje? Que estas reflexiones son deudoras de textos como La diferencia, de Lyotard, o Paroles Suffoquées, de Sarah Kofman, es cierto en la medida en que éstos son textos, se perciben como textos, que se preguntan sobre el momento en que las víctimas se encuentran en la terrible condición de tener que probar su condición de víctima. Tal es el requisito imprescindible para que un relato sea testimonio: siempre es un diálogo con lo que no está. La destrucción del arte implica volver al testimonio. A la afirmación, a prueba de todo, siempre constante como una fe, de una existencia. Es, en la línea de Wajcman, presentar a la imagen como ausencia, como falta, como agujero negro. No en balde Wajcman no elige como ganador de su concurso a un solo objeto, sino a tres: Shoah, documental de Claude Lanzmann sobre el exterminio; La rueda de bicicleta, de Marcel Duchamp; Cuadrado negro sobre fondo blanco, de Malevitch. Tal tríada es pertinente. La película de Lanzmann está armada a base de testimonios, relatos de sobrevivientes y testigos como el guardia de la estación donde pasaba el tren cargado de judíos o el peluquero; no muestra los campos de concentración, no se ven fotos desgarradoras. El horror está allí, en la ausencia que circula en el aire como humo de una enorme y fétida combustión. Se mira, sin mirar, una cosa no mirada. Respecto a la obra de Duchamp, la cual es, simplemente, una rueda de bicicleta sobre un taburete, Wajcman esclarece que “el ready-made consiste en introducir vacío en el objeto”. ¿Por qué? Porque los ready-made son objetos “sin”. En este caso, una rueda de bicicleta sin neumático; en otros, una pala para nieve sin nieve, un escurrebotellas sin botellas. Se declara una ausencia, una destrucción, una eliminación, una supresión, para hacerla arte mostrando eso que no se puede ver, mirando (repito) sin mirar una cosa no mirada. En torno al Cuadrado negro sobre fondo blanco de Malevitch, sólo hay que recordar las palabras de Malevitch sobre su obra: “Lo que expuse no era un simple cuadrado vacío, sino más bien la experiencia de la ausencia de objeto”. Y es que, como señalara Jean Baudrillard, “la desaparición no significa el fin, hay un arte de la desaparición y varias maneras de desaparecer. Más allá de la desaparición puede ocurrir algo, y es posible que en esa ficción, en esa reinvención de la ilusión (...), surja algo...”. Ese algo que surge no es una operatividad simbólica idéntica a la del objeto o sistema destruido; es, completamente, otra. Muy probablemente ese objeto otro esté determinado en su significante por las pasiones, junto a otras franjas volitivas (políticas, económicas, religiosas) que lo enmarcan. Hablar de pasiones es revelador. Indica en qué medida la destrucción implica un algo nuevo. Es desechar la idea de que las pasiones no se estudian. ¿Cómo no intentar estudiar lo que permanece, siempre y a costa de todo? Las pasiones siempre están. La destrucción es la materialización de las pasiones. La destrucción es la pasión hecha acto. Pienso en Thomas Nipperdey: En este aspecto cabe aquí la historia de las emociones, la historia del temor y la esperanza, de la alegría y de la agresión, del llanto y de la risa, de la crueldad y la venganza, de la ambición y la magnanimidad, del amor y del odio, de la estabilidad y de la ambivalencia de situaciones sentimentales: esos no son campos delimitables como objetos históricos, pero son elementos de la realidad de la vida, que tienen que ingresar en un análisis sistemático y que pueden insertarse en campos especiales de la investigación histórica. (...) ¿Por qué son los hombres de un mundo y una época pasados tan diferentes, y de qué manera son diferentes? Las ruinas nos lo explican. ** Musa Ammar Majad musamajad@hotmail.com Investigador venezolano (Táriba, Táchira; 1977). Licenciado en letras por la Universidad de Los Andes (ULA, http://www.ula.ve). Dirige la Coordinación de Eventos Educativos del Museo de Artes Visuales y del Espacio (San Cristóbal, Táchira), donde ha llevado adelante el Centro de Investigaciones Históricas, Artísticas y Culturales y el proyecto de registro y catalogación de la colección permanente, entre otras actividades. En 2004 recibió la orden Luis María Rivas Dávila, de la ULA, por su alto desempeño académico. === Dos hombres y un mito: el doctor Fausto y Dorian Gray ================= === Luisa Pastor Martínez ================================================= “Una fatalidad pesa sobre toda superioridad física e intelectual, esa especie de fatalidad que sigue, a través de la Historia, los pasos vacilantes de los reyes. Es mejor no ser diferentes de nuestros contemporáneos. Los feos y los estúpidos son los mejor librados desde ese punto de vista en este mundo”. Estas palabras de Basilio Hallward, pronunciadas a modo de sentencia en el capítulo I de El retrato de Dorian Gray, advierten magníficamente del sino que comparten los dos personajes sobre los que va a versar este ensayo. Ambos dramas tienen un origen común: la soberbia. El joven galán y el anciano doctor se sienten superiores al resto de la humanidad: el uno, por su belleza; el otro, por su sabiduría. Esas cualidades jugarán, paradójicamente, en su contra, por ellas acabarán perdiéndose. Dorian no soporta la idea de que el tiempo marchite su beldad; a Fausto le pesa el conocimiento de que, a pesar de su vasta cultura, morirá con muchos interrogantes, como cualquier mortal. Aun siendo superiores, ambos saben que llegará el momento de equipararse a sus congéneres, y no pueden soportar tal mediocridad. A la luz de esta idea, el razonamiento de Basilio es muy acertado. Para Dorian, quizás hubiera sido mejor no ser un Adonis, así la fealdad de la vejez no le resultaría tan extraña y aterradora; y en cuanto a Fausto, el hecho de ser un hombre erudito e inteligente le lleva a la certidumbre de que el hombre, en su corta vida, a pesar de su dedicación, es incapaz por sí mismo de saciar plenamente su curiosidad, de resolver su inseguridad ante el misterio de la existencia. Esto lo expresa claramente el personaje al principio de la obra, cuando, desencantado de toda ciencia y repasando los logros acumulados a lo largo de su vida, finalmente él mismo concluye: “Con todo, tú sigues siendo Fausto, sólo un hombre” (1). Por su parte, Dios no parece estar dispuesto a calmar la desesperación de nuestros protagonistas; no así el Diablo, que acude solícito a satisfacer sus ruegos. Fausto quiere conseguir lo que en toda una vida de esfuerzo y dedicación no ha logrado: fama, riquezas, poder... A cambio de la consecución de tales dones está dispuesto a hacer entrega incluso de su alma: “Aunque tuviera tantas almas como estrellas”, dice, “todas las daría a cambio de Mefistófeles. Con él seré yo el gran emperador del mundo” (acto I, escena IV). También Dorian condena su alma cuando en el estudio de Basilio, su amigo pintor y autor del macabro retrato, desesperado ante la idea de que la imagen del cuadro conservaría su belleza y lozanía, aun cuando él acusara el paso del tiempo, pronuncia la súplica que propiciará el maleficio. Con ecos medievales resuena otra idea en sus oídos: ¡La fama! “¡Que admiren el nombre de Fausto los confines de la tierra mientras perdure su hermosa estampa!” (acto III, escena II), dice el intrépido doctor cuando Mefistófeles le propone visitar al Papa. También Dorian disfruta de la fascinación que su belleza produce en los demás, le gusta ser objeto de comentario. Así lo confiesa en el último capítulo de la obra, cuando ya el personaje está algo hastiado de sí mismo y abriga serias intenciones de rectificar su frívola conducta. Al dar por terminada una velada con Harry (su particular Mefistófeles, disfrazado de amigo), de vuelta a casa dos muchachos se cruzan con él: “Oyó a uno de esos cuchichear al otro: ‘Es Dorian Gray’. Recordó cómo le gustaba antes que la gente le señalara con el dedo, le mirase o hablara de él”. En aras del renombre, ambos han dado un terrible paso: sus almas están empeñadas. La ilusión de contentar su ambición les llevó a no valorar exhaustivamente las consecuencias del acto en sí. Pero cuando Fausto se queda a solas en su cámara tras la visita de Mefistófeles, el personaje tiene la oportunidad de calibrar la importancia de la propuesta que ha hecho al Maligno. El osado erudito pierde entonces la seguridad con que al principio renegaba de Dios; incluso antes de firmar con su sangre el pacto, ya necesita darse ánimos y cobrar fuerzas para seguir adelante con él. “No retrocedas ahora. ¡Ánimo, Fausto! / ¿Por qué esos titubeos? ¡Ah, algo me resuena en los oídos! / Abjura de esta magia, vuelve a Dios de nuevo. / ¿A Dios? Él no te ama: / El Dios al que sirves es tu propio apetito / y en él está trabado tu amor a Belcebú” (acto II, escena I). En el caso de Dorian, hay que sumarle el factor sorpresa. Hasta que no hace su primera fechoría (abandonar cruelmente a Sibila Vane) y observa que el retrato empieza a acusar los estigmas de su pecado, permanece ignorante de su insólita situación. Fausto sí ha podido meditar sus pasos, siquiera ligeramente; él, no, y la sorpresa con que descubre el cumplimiento de su petición le aturde y le llena de pavor: “¿Seguramente su anhelo no había sido escuchado? Tales cosas eran imposibles. Pensar en ellas solamente parecía monstruoso. Y, no obstante, el retrato estaba ante él, con aquel rasgo de crueldad en la boca” (capítulo VII). Sin embargo, ni uno ni otro se echa a atrás. Fausto piensa: “¡Riquezas! / Mío será el señorío de Emden!”; Dorian saborea esto otro: “Eterna juventud, pasión infinita, placeres sutiles y secretos, alegrías ardientes y pecados más ardientes aun...” (capítulo VIII). Con todo, sus conciencias no dejarán de atacar, como si en su interior dos entidades luchasen denodadamente por objetivos opuestos, sin obtener nunca por completo la plena satisfacción. En la obra del dramaturgo inglés, esa lucha aparece manifiestamente a través de dos personajes: el Ángel Bueno y el Ángel Malo. ÁNGEL BUENO: ¡Oh, Fausto! Aparta de ti ese libro de perdición / y no pongas en él tu mirada, no sea que tiente tu alma / y atraiga sobre tu cabeza la airada cólera de Dios. / Lee, lee las Escrituras. Esto otro es blasfemia. ÁNGEL MALO: Sigue adelante, Fausto, con ese arte eximio / que contiene todos los tesoros de la Naturaleza: / sé en la Tierra como Júpiter en los cielos, / dueño y señor de estos elementos. La obra de Wilde, menos alegórica, opta por la encarnación de esas dos polaridades en dos seres humanos: Lord Henry, la influencia perniciosa, y Basilio Hallward, su fiel amigo, que, como premio a sus buenos consejos, recibirá la muerte de manos del mismo Dorian. El joven, como Fausto, sabe distinguir el bien del mal, pero la senda de la beatitud no le resulta atractiva. Dorian, Fausto. Podrían ser las dos caras de un mismo hombre, que se niega a aceptar con sumisión su destino: la decrepitud y la incertidumbre. Así es la vida. Una bella melodía suena y, de improviso, el silencio, aterrador. Los miembros de la orquesta enfundan sus instrumentos, y desaparecen. Sólo los mitos perduran. Notas 1. De las versiones del mito fáustico, en esta cita y las que suceden a ella, hacemos referencia a la obra dramática The Tragicall History of Dr. Faustus, del dramaturgo inglés Christopher Marlowe, contemporáneo de Shakespeare. Parece ser que esta pieza pudo estar inspirada en otra, menos conocida, de un librero llamado Johann Spies, Historia von D. Johann Fausten, conocida también como Volksbuch, traducida al inglés y a otros idiomas al poco de ver la luz (1587), dado el éxito de público que alcanzó en su época, a pesar de que no se le reconozca calidad literaria de interés. ** Luisa Pastor Martínez luigipastorderegil@yahoo.es Docente española (Orihuela, 1974). Imparte clases de lengua castellana y literatura en el IES Gabriel Miró de su ciudad natal. Textos suyos han sido publicados en revistas digitales como El Coloquio de los Perros (http://www.elcoloquiodelosperros.net) y Realidad Literal (http://www.realidadliteral.net). === Volver a lo lúdico Jorge Arce Hernández ========================== No olvido el paraíso, ese lugar de la infancia, con su felicidad a cuestas y tanta luz entre los ojos. María Mercedes Carranza. Que te vas a acordar Isabel de la rayuela bajo el mamoncillo de tu patio de las muñecas de trapo que eran nuestros hijos de la baranda donde llegaban los barcos de La Habana cargados de... [en cambio yo sigo tirándole piedrecillas al cielo... haciendo y deshaciendo figuras en la piel de la tierra y [mis hijos son de trapo y mis sueños son de trapo. Raúl Gómez Jattin. Hablar de lo lúdico en el ser humano nos remite a un espacio lejano, ausente y, en palabras de Humberto Maturana, a un camino desdeñado. Alguna vez jugamos y nos dejamos llevar por el asombro infinito generado por las hojas acunadas en el viento, por la danza de las mariposas, por la palabra desconocida, por el descubrimiento diario en medio de la aventura de la vida. Ahora, frente al espejo, no encontramos más que hombres y mujeres serios para los que el juego y lo lúdico pasaron a ser parte de la historia, la de cada uno y la de los otros; algo sin importancia que no tiene más lugar que un apretado cajón que nunca abrimos. Es aquí donde empezamos a perder el sentido de lo cotidiano como construcción permanente, la posibilidad de reconciliarnos con nosotros mismos y con los demás, la ruta a los lugares que añoramos, la certeza de la felicidad como algo permitido. Lo lúdico es aquello que nos lleva al espacio de desarrollo personal creativo, espontáneo y placentero; a la posibilidad de satisfacer necesidades básicas; a la construcción individual y colectiva; a la formación de la cultura, a una actitud de vida. Mantiene, además, la capacidad de asombro, recupera el contacto con lo afectivo, nos permite una liberación interna y contribuye a la resolución de conflictos. Es una dimensión básica en el desarrollo de los seres humanos y por eso la necesidad de devolverle su espacio, ahora ocupado por relaciones funcionales, actitudes pasivas, modelos estáticos y ausencia de afectividad. Lo lúdico es la dimensión, la actitud, la pasión, las ganas de vivir. Lo lúdico actúa, si lo dejamos, en cada instante, en cada mirada al mundo, en cada respiración; nos construye y nos resignifica en medio de la esperanza de alcanzar nuestro proyecto de vida. Esa misma esperanza que parece perderse cuando olvidamos jugar, en medio del afán de llegar a ninguna parte y de la racionalidad excesiva que derrumba los sueños, en medio del abandono de la tierra, de la ausencia de afecto y relaciones significativas, en medio del miedo a hacer y a ser, en medio de lo arbitrario y de las socializaciones equivocadas, en medio de la guerra. Es necesario, entonces, hacer una revisión del origen de la dimensión lúdica y de las características y condiciones que permiten que se convierta en una herramienta imprescindible para el desarrollo integral del ser humano. La situación de lo lúdico Lo lúdico es una actitud y actividad natural e imprescindible para el ser humano. Sin embargo, se ha convertido en aquello poco serio y sin importancia; aquello que es permitido sólo como una distracción sin sentido, o lo que no es permitido porque es más importante que un niño se maquille de tristeza en un semáforo, o sea el papá de sus hermanos, o camine por su país sin su tierra. Desde este punto de vista el juego, aun con mayor certeza, es desterrado a un rincón arrugado al que ni niños ni jóvenes ni adultos vuelven a acercar. Primera pista: nos olvidamos de lo lúdico porque tenerlo presente significaría encontrarnos de frente con ese espejo al que tanto tememos, reencontrarnos con la vida sin disculpas, encontrarnos con nosotros mismos sin los personajes que hemos actuado para no contactarnos con lo que somos. Segunda pista: dejamos de lado lo lúdico porque consideramos que es lo menos importante. Lo que vale es que los niños y jóvenes produzcan bienes materiales, aporten dinero, pongan cara de adultos serios e insensibles ante la vida que pasa con prisa cuando lo que quieren es disfrutarla... jugarla. Tercera pista: olvidamos que aprender es divertido y que las aulas están para convertirse en espacios alegres, significativos y lúdicos porque separamos el juego del trabajo. Convertimos el espacio de clase en un recinto de “conocimientos” que no tienen ninguna relación con las risas y las emociones. Cuarta pista: olvidamos que con el juego y lo lúdico, a través del camino, hemos resuelto situaciones conflictivas, nos hemos liberado de las opresiones internas, hemos ensayado la vida. Quinta pista: olvidamos el juego porque no jugamos. Nacimiento del juego y la dimensión lúdica Para empezar a recuperar la importancia de lo lúdico como elemento de desarrollo y aprendizaje es necesario dar una mirada a su desarrollo inicial, desde los primeros momentos de vida. El primer contacto que un niño recién nacido tiene con el mundo exterior es su mamá. Durante los primeros meses ésta hace parte de su mundo interno en una relación simbiótica de la que ninguno de los dos puede separarse; la mamá y el bebé son uno solo. La construcción de un mundo aparte es un acto de descubrimiento y duelo para el bebé. A veces también para la madre. Ese es el primer paso para la construcción de la dimensión lúdica. Pablo tiene un poco más de un año, sonrisa contagiosa, manos grandes. Desde hace unos días anda apegado a una pijama verde-azul de su mamá. La abraza con fuerza cuando ella no está y a la hora de dormir. La llama mamita. Ese objeto tan simple pero en ese momento tan complejo e indispensable es el primer paso en la transición del mundo interno al externo. Representa a su mamá pero no es su mamá. En otras palabras, Pablo utiliza un objeto externo para una representación interna. Ese objeto es llamado por Winnicott objeto transicional y representa, aunque de forma rudimentaria, la primera relación de objeto de los seres humanos. A partir de ésta, también se origina la llamada zona transicional, un espacio virtual que media entre lo interno y lo externo y que facilita a los niños el paso de uno a otro, ida y vuelta. Este espacio permanece toda la vida y es allí donde se construyen y desarrollan manifestaciones del ser humano libres, espontáneas y creativas que le permiten la expresión; la liberación de contenidos internos molestos, conflictivos o dolorosos y la construcción interna y del mundo. Éstas son, para ir más allá de lo planteado por Winnicott, necesidades básicas del ser humano. El primer habitante de este espacio es el juego. Pablo juega, empieza a descubrir que el mundo es divertido y que vivir es lindo. Empieza a experimentar, sin saberlo, los beneficios de lo lúdico: la satisfacción de necesidades, el desarrollo de habilidades, el encuentro con lo real a través de la fantasía, la posibilidad de expresión, la capacidad de asombro, el ensayo de la vida, su propia construcción. Pablo juega y así logra conectar su mundo interno con el exterior, sus necesidades con las condiciones del medio, sus deseos con las normas, su pensamiento con la acción, sus risas con el aprendizaje. Este contacto es posible por la existencia de ese espacio virtual en el que no cabe el juicio ni la imposición, donde es posible ser y hacer. Cuando Pablo crezca, crecerán con el sus necesidades de expresión, liberación y construcción. Cuando Pablo crezca y ya el juego no sea imprescindible en su vida, sí lo seguirán siendo, así debería ser, la dimensión y las actividades lúdicas. Y serán éstas las que le permitirán seguir dando satisfacción a sus necesidades y contribuir a su desarrollo integral. Serán éstas, también, las que evitarán que se exprese, se libere y se construya por caminos equivocados. Roger Callois, en su libro Los juegos y los hombres (1), habla de la corrupción de los juegos para referirse a los caminos equivocados que han tomado los juegos a través de los contextos sociales y la historia de la cultura, actividades que cumplen con algunas de las funciones de éstos pero que pierden su esencia y su verdadero sentido. Podemos partir de esta idea para reflexionar sobre la importancia de construir vías adecuadas de satisfacer las necesidades antes mencionadas y el camino que éstas pueden tomar si no encuentran espacios para ello. Dentro de este mismo tono, Winnicott afirma que cuando el ser humano abandona la infancia continúa encontrando, dentro de la llamada zona transicional, actividades como el arte y la ciencia que le permiten mantener la esencia de la misma y sus beneficios. Lo anterior nos lleva al siguiente ejemplo: un adolescente, en medio de su identidad y de las múltiples reorganizaciones interiores a las que se enfrenta, puede expresar sus necesidades, sentimientos y angustias a través de actividades lúdicas, a través de la escritura, la pintura, la música, etc. Pero también, si no encuentra un camino de expresión y liberación adecuado, bien puede hacerlo a través de la violencia, las pandillas, las drogas y otras actividades que le permiten expresarse y liberarse, aunque aquí estos procesos sólo sean una ficción equivocada y perjudicial. El punto de esta reflexión es: si no construimos espacios y actividades lúdicas que permitan la satisfacción de estas necesidades, encontraremos otros escenarios que vienen a llenar los vacíos... que no conducen más que al vacío. La expresión y resolución de crisis y conflictos A partir de lo anterior, es claro que el juego y las demás actividades lúdicas sirven para expresar y muchas veces resolver conflictos internos. Sigmund Freud ayuda a complementar el concepto. En 1920 presenta las conclusiones de la observación del juego de su nieto, el llamado por él “juego del Fort-Da”. En éste el niño, en ausencia de su mamá, jugaba a desaparecer y reaparecer un carrete, lanzándolo y atrayéndolo con la cuerda a la que lo tenía atado; al lanzarlo pronunciaba los sonidos “o-o-o-o” y al atraerlo los sonidos “da-da-da”. Freud interpretó estos sonidos como actos de lenguaje: “fort” y “da” (se fue y está acá). Aquí vuelve a destacarse la sustitución de la mamá por un objeto que la simboliza y un acto que representa una situación que para un niño resulta traumática: la ausencia de su mamá. De esta manera se está expresando el conflicto interno surgido del hecho y se maneja mediante la representación, mediante el juego. Lo que el niño hace es adquirir control sobre una situación que le es penosa y, de esta manera, la resuelve. A través del juego el niño domina la situación y asume un papel activo en ella; con ello se libera de la tensión y el conflicto que le produce la ausencia de su mamá y elabora los sentimientos que ésta le genera. Cuando los niños, jóvenes y adultos jugamos lo hacemos desde nuestras características individuales, desde lo que pensamos, sentimos, deseamos y necesitamos. Las actividades lúdicas, situadas dentro de esa zona de la que habla Winnicott, permiten que nos relatemos a través de ellas y que logremos la satisfacción de las necesidades que se plantearon anteriormente. Para concretar lo anterior, es importante recordar que el juego y las actividades lúdicas: • Permiten reconstruir las situaciones traumáticas y revivirlas con una menor carga emocional. • Facilitan la expresión de los sentimientos generados por situaciones traumáticas y dolorosas. • Llevan a quien las realiza a desempeñar un papel activo en la recreación de las situaciones, a diferencia del papel pasivo, de “víctima”, en el momento del suceso. • Permiten que quien realiza la acción domine las situaciones, pensamientos y sentimientos expresados y asuma la responsabilidad sobre ellos. • Generan una toma de distancia necesaria para la comprensión y la elaboración. • Ayudan a resignificar, desde lo simbólico, los contenidos internos a través de “ponerlos afuera sin peligro”. • Llevan al efecto de catarsis que puede definirse como la descarga emocional lograda a través de la exteriorización de situaciones traumáticas. Aristóteles hablaba ya de esta catarsis para referirse a la purificación que lograban los espectadores asistentes al teatro. Lo anterior deja claros los beneficios del juego y de las actividades lúdicas para el desarrollo integral y, en especial, para la expresión y resolución de conflictos y crisis. Ahora es necesario dar un breve vistazo a la escuela dentro de este proceso. Vamos para el aula La escuela, como agente socializador, debe aportar a la recuperación del ambiente y la actitud lúdica desde su dinámica interna, las prácticas pedagógicas cotidianas y la proyección hacia la comunidad. Enrique Buenaventura realiza una comparación entre el espacio de clase y el de descanso dentro de la escuela. La campana (el timbre, la sirena, el sonido que indica la salida y entrada del aula) se ha convertido en la diferencia entre el placer y el trabajo; entre lo superficial y lo serio; entre el recreo y la clase. Y de nuevo lo lúdico se pierde entre las caras largas y aburridas de los estudiantes que se encuentran con un espacio carente de significado, motivación, espontaneidad y vida. Es necesario, entonces, regresar a lo lúdico su estatuto de seriedad y libertad para que las mariposas vuelvan a revolotear en los estómagos. Si queremos ver las sonrisas de nuevo, la escuela debe sonreír. La escuela debe devolver a los niños, niñas y jóvenes que la habitan el trabajo en la dimensión lúdica, teniendo en cuenta además que muchos de ellos no han tenido tiempo ni “aprobación social” para hacer del juego y lo lúdico una fuente de desarrollo. La escuela debe seguir aprendiendo que a través del juego y lo lúdico se logra que los estudiantes conecten sus dimensiones, aprendan desde la cabeza, el corazón, el espíritu y el cuerpo; que los ambientes y los aprendizajes se vuelvan significativos y alegres; que los niños, niñas y jóvenes aprendan a convivir consigo mismos y con los demás; el desarrollo de habilidades y capacidades en medio del estímulo permanente de las posibilidades de cada uno; logra personas felices. La escuela, para terminar, debe generar espacios y proponer, al interior de las aulas y fuera de ellas, juegos y actividades lúdicas que ayuden a la expresión, la liberación de contenidos internos y la construcción individual y colectiva; juegos y actividades lúdicas que contribuyan a la recuperación psicoafectiva de los niños, niñas y jóvenes que han vivido situaciones traumáticas y dolorosas. De esta manera empezarán a cerrar los ciclos, a elaborar los duelos, a resolver sus crisis y conflictos para iniciar un proceso de reconstrucción y resignificación de sus vidas, un proceso que los lleve a creer en lo que pueden hacer, a volver a confiar en la vida y a proyectarse dentro de ésta como personas productivas, seguras de sí mismas, con la capacidad de ejercer una ciudadanía responsable y con el derecho a ser felices. Notas 1. CAILLOIS, Roger (1986). Los juegos y los hombres: la máscara y el vértigo. México, Fondo de Cultura Económica. ** Jorge Arce Hernández arcehj@gmail.com Escritor y psicólogo colombiano (Bogotá, 1972). Su producción permanece mayoritariamente inédita. Ha realizado la publicación de algunos documentos educativos y se desempeña actualmente como coordinador de programas de alfabetización. ||||||||||||||||||||||||||||||| LETRAS |||||||||||||||||||||||||||||| *** Desnudo y a la intemperie (extractos) Elsa Sanguino *** El mate te hace pensar cuando estás solo Rodolfo García Quiroga *** Poemas Reynaldo García *** En las playas doradas del Beni... Carlos Duarte Merino *** Poemas Simón Fernando Herrera Herrera *** Adivina adivinador Daritza Rodríguez Arroyo *** Poemas Marco Giovanni Montenegro La Forgia *** Crónica de un diagnóstico Gladys Liliana Abilar *** Cuervos blancos Andrés Matías *** Efecto Cyrano Marcela Adaros Rojas *** Ambrosía José Geraldo Neres (traducido por Marta Spagnuolo) *** Tres relatos Adriana Prieto *** Poemas Osvaldo Ciezar *** Mujeres muertas de amor (extractos) Triunfo Arciniegas *** Tres poemas Marcos Seguín *** Mar que ruge cayenas Arnoldo Rosas === Desnudo y a la intemperie (extractos) Elsa Sanguino ============== Desnudo y a la intemperie Elsa Sanguino Poesía El Perro y la Rana Caracas, 2006 Depósito legal lf2212005800713 ISBN: 980-376-303-2 42 páginas Vivir Esperar el amor Llega como silbido de metralla ¿Qué otro oficio tiene una bala? === Quieres a tragos de brandy poblarme sin saber que desde siempre mis palabras son inquilinas de tu pecho === Pagarías con moneda antigua verme vestida de harapos alejarme de la noche de luna negra cuando conjuro tu alma con murmullos que desconoces Puedes huir con lamentos y salvarte a tiempo Pero algo irremediable te hace desear una muerte dulce para tu gusano de seda === Estuve perpetuada en la estampa de un mantel En la demora pude ver a mi sombra desalojar tus palabras del azucarero === Mañana estaré en las mangas de otra camisa Háblame un idioma distinto Que los gorriones no entiendan === Sí, soy quien te hizo paria en el largo silencio de los granos de arena Caen tras el cristal del reloj === No hay billete de retorno Hemos esperado demasiado intercambiando miserias postales y voces al borde de la noche sostenida por agujas Partes igual como llegaste a mi premura Nada nos redime === Muda aguardé esa ráfaga de aire amargo te arrastró desbaratando trampas derribando cercas Desde entonces celebro la llegada de los huracanes Hacen de mi vestido una fiesta ** Elsa Sanguino hecate106@hotmail.com Licenciada en educación, artista plástica, fotógrafa, escultora y poeta venezolana (San Cristóbal, Táchira, 1961). Con el libro Equinoccios obtuvo el Premio de Poesía de la Dirección de Cultura del Estado Táchira en 1987, y con El guardián de la salamandra en 1997. Ha publicado además Piel (2002), Bitácora inconclusa (2004) y Desnudo y a la intemperie (2006). Ha realizado exposiciones artísticas en el Museo de Artes Visuales y del Espacio de San Cristóbal y en otras salas. === El mate te hace pensar cuando estás solo Rodolfo García Quiroga == Me parece que fue Iván Renkine el que lo anunció. A alguien, no me acuerdo quién —como siempre en estos casos, es alguien borroso; digamos: el amigo de un amigo—, lo habían internado en una clínica para tratarlo por una nueva clase de adicción. Creo que esa vez éramos varios los que estábamos reunidos. Una mesa de hombres solos, la mayoría de nosotros ludópatas. Quiero decir, solteros, divorciados o tipos con serios conflictos conyugales, dedicados a cultivar de modo compulsivo el dominó o el ajedrez. Afuera llovía a cántaros esa tarde, de eso sí me acuerdo bien. En esa época yo todavía no tomaba las cápsulas antes de acostarme, así que tenía mucha más percepción que ahora; mi cerebro estaba más despierto. La gente entraba y salía del club con los paraguas mojados; los baldosones rústicos del piso estaban llenos de ese barro pegajoso que forma siempre la arena en las suelas de los calzados. Todos hablaban un poco más fuerte de lo habitual, como si quisieran imponerse al mal tiempo o a la contundencia de las noticias, o alejar el temor a una visita de la policía. Iván acababa de decirnos que él y Mariana estaban buscando tener un hijo. Era una noticia con peso propio y opacaba cualquier otro comentario. Cada uno de nosotros nos sentíamos más vivos ante la promesa de un bebé en el mundo; era un dato que de algún modo coincidía con la potencia del agua —todavía impoluta— cayendo del cielo y reverdeciendo al campo seco. Cada vez que nos daban alguna noticia vinculada a la vida, a la vida humana, prestábamos mucha atención; aunque nadie estaba dispuesto a confesar esas cosas, porque las imágenes de la televisión eran tan fuertes que inhibían los diálogos. Vuelvo a lo que contaba: cuando Iván mencionó aquello de los nuevos adictos, pensé que se trataba de una de esas historias breves con las que le gustaba sorprendernos cada tanto, como cuando decía que en una época hacía exhibiciones públicas domingueras con una iguana gigantesca en San Isidro o que de tanto en tanto iba a cazar víboras a Entre Ríos para renovar el terrario. Los reptiles le gustaban mucho y por eso en el fondo de su tienda de diseño independiente, había instalado un serpentario. Iván tiene esas cosas. Antes de irse —ese día tenía que entrevistarse con una artesana especializada en platería mapuche—, me miró a los ojos y me amonestó con el dedo. “Yo sé que no me diste pelota, pero haceme caso, no te olvides de una palabra”. “¿Qué palabra?”, dije yo. “Mateadicto”, dijo él. Tampoco le presté atención, pensé que esa salida coincidía con su sentido del humor. Eso ocurrió a mediados del año, sería en la última semana de junio. En julio del año siguiente leí en un pequeño recuadro de Clarín que un gendarme había aparecido degollado en Posadas mientras investigaba a una secta de fanáticos. Fanáticos del mate, decía el diario. Tuve que leer dos veces para convencerme de que había leído bien. Esa fue la primera ocasión en la que miré al mate que tenía en la mano de una manera distinta. Fue justo ahí cuando empecé a pensar en lo que Iván me había dicho, pero por entonces yo todavía no había visitado la chacra y por eso ignoraba muchas cosas. En ese momento yo todavía no sabía nada del proyecto. Aunque también debo decir, por honestidad intelectual, que no estoy por completo seguro de que eso que se llama el proyecto exista, o al menos que exista tal como yo lo describo. Unos días después de haber leído ese articulito en Clarín me encontré con el fiscal Tenzi en una confitería. Era lunes y él estaba muy animado, comía medialunas dulces almibaradas. Me di cuenta de su buen semblante; lo percibí: se sentía satisfecho en la vida y eso, no sé por qué, me entristeció un poco. Muriel justo se había ido de la casa sin decir nada. “Tengo un caso para comentarle”, me dijo Tenzi. “En realidad, me parece que usted es la única persona capaz de encararlo, estoy en una posición delicada porque el defensor de oficio piensa que no se puede intervenir”. “¿Por qué no podría?”, dije yo. “Es uno de estos fanáticos, los kaámistas”, dijo él. Enseguida traté de acordarme si existía algún grupo político que llevara esa denominación, porque tal palabra no me decía nada. El fiscal se dio cuenta de mi desconcierto. “¿Pero no vio la televisión, doctor? Está en todos los informativos”. No, yo no había visto los informativos, ni veía nunca la televisión. En una de ésas, por las imágenes a las que me refería antes; las imágenes de la guerra, las imágenes de la muerte. Noté enseguida que el fiscal se sentía un poco indignado. Los profesionales —se dice a cada momento y el fiscal debía compartir ese punto de vista— tienen que estar informados, el mundo es muy cambiante. “Estudia. El derecho se transforma constantemente”, recordé el mandamiento para mi fuero interno. “Si no sigues sus pasos, serás cada día un poco menos abogado”. Retomo ahora una idea simple pero exacta, porque hemos podido comprobarla una y otra vez: es increíble cuántas y cuán variadas son las cosas que ignoramos acerca de lo cotidiano. Lo más elemental a veces nos es desconocido. Para destrabar la conversación le di a entender al fiscal claramente que no tenía ni idea de lo que me decía y entonces Tenzi me explicó —con cierta alegría de transmitir su sapiencia, seguro ahora de mi ignorancia— que los kaámistas era los adictos al mate. “Adictos peligrosos”, añadió él, con una leve tensión en su frente, como si se acordara de algún hecho puntual. Yo reaccioné con sorpresa, claro, porque hasta ese momento la ceremonia de cebar mate, la bombilla, la pava en el fuego, eran uno de los pocos asuntos que permanecían en el ámbito familiar, en las costumbres cotidianas, ajenos a la esfera del Estado. En ese momento entró a la confitería un hombre alto, con el pelo casi cortado al ras. El hombre, que llevaba puesto un impermeable elegante, me miró con gesto desconfiado y el fiscal tuvo que aclararle que yo era un abogado. El otro quiso saber en qué defensoría trabajaba y Tenzi le contestó que ejercía la profesión de modo independiente. El individuo de ojos brillantes pareció molesto con mi presencia. Siempre mirando al fiscal, dijo que nadie había hablado de meter en el asunto a un abogado independiente. Tenzi, irritado, dijo: “Usted déjeme a mí, que yo sé bien cómo me muevo”, y me dio enseguida unas fotocopias anilladas. Se excusó porque tenía que ir a cumplir un mandamiento de desalojo y me pidió que cuando estuviera listo para visitar la chacra lo llamase. “¿Qué chacra?”, dije yo. “La chacra”, dijo él, “donde internamos a los adictos”. Entonces me acordé del gendarme degollado y empecé a preguntarle si había alguna conexión. Pero Tenzi ya salía, casi empujado por el hombre alto. Me dijo que me llamaría. Fui enseguida a una computadora y traté de averiguar en el Google quiénes eran los kaámistas. No tuve ninguna suerte. Incluso hoy no han aparecido informaciones al respecto. Revisé la carpeta anillada: el expediente trataba de una contravención, aparentemente nada fuera de lo usual. Un desocupado de cincuenta años había agredido a unos chicos que jugaban en la calle, bajo los efectos de una sustancia tóxica. Lo habían aprehendido durante 48 horas, el informe de antecedes había revelado que era reincidente, y después el juez había decretado su internación “en el establecimiento denominado La Chacra”. Cuando lo llamé a Tenzi y le dije que quería conocer la chacra, enseguida se excusó por la sobrecarga de trabajo. Finalizó su confusa explicación diciéndome que él no sabía nada de los kaámistas, ni tampoco había nada de especial en la chacra. “Pero yo tengo las fotocopias”, le dije. “¿Para qué me las dio, no era que quería que me hiciera cargo de la defensa del contraventor?”. “Mire, mejor no se meta, doctor, yo me equivoqué; ese hombre no necesita un defensor sino un buen médico”, dijo él. Iba a colgar, porque me parecía inútil seguir hablando, cuando el fiscal me repitió: “Por favor, doctor, hagame caso: olvídese. Olvídese de todo”. Traté de percibirlo del otro lado de la línea; le noté la voz rara, pero él enseguida cortó y la comunicación se perdió. Que me olvidase, eso me dijo el fiscal Tenzi. Pero yo todavía no me olvidé, claro. Ni siquiera el tratamiento me hizo olvidar. Justo en ese punto, sin embargo, terminan los recuerdos normales. Las drogas me provocaron una amnesia selectiva. Pero hay fragmentos que sé bien corresponden a la realidad, no al sueño. Otros permanecen en una frontera dudosa, en un limbo que me es difícil precisar. Trataré de transcribirlos con cierta distancia, como si estas cosas le hubieran pasado a otro. Los fragmentos están un poco grises en mi memoria, permanecen como en un segundo plano alejado del foco. Pero sé bien que estas cosas ocurrieron, pese a que no puedo probarlas y a que la gente no confía en quienes han estado internados en un centro psiquiátrico. El primer retazo de recuerdos se vincula a una estación ferroviaria, creo que es la que está en la entrada de Pinamar. Ese día —pero no sé a qué mes ni a qué año corresponde— estaban allí el fiscal, el hombre del impermeable azul y otro tipo canoso, de mirada huidiza, vestido con un traje de primera calidad. Llevaba un escudo militar en el pecho. Era un militar o un político, tal vez fuese ambas cosas; hablaba como un argentino que hubiese permanecido muchos años en el exterior. La conversación fue agitada. Yo repetía que ese tipo de tareas no formaba parte de mis funciones habituales. Hicimos algún tipo de acuerdo. Me dieron dinero, pero no fue en billetes sino el cheque de un banco. Era una suma que me permitía comprarme un auto importado. El talón del cheque llevaba impresiones en letras rojas, pero no me atrevo a mencionar la entidad ni al titular de la cuenta. Tampoco puedo decir que fuese un asunto oficial. Extendí un recibo; simular que las cosas están bien, algo común entre nosotros. Guardo un sentimiento de indignidad asociado con esa imagen, como si hubiese renunciado a algún valor moral al sellar el acuerdo con esas personas. Es más, sé que fue así. El segundo fragmento tiene lugar en el acceso a un barrio privado de chacras. Hay un tranquerón con apertura automática y el coronel oprime el pulsador para permitirnos el acceso. Viajamos en una camioneta japonesa cuatro por cuatro. El coronel nos dice que el gobierno alquiló todas las fracciones; ningún propietario va a molestar al desarrollo del proyecto. Pregunto qué proyecto es, pero el coronel hace como si no me hubiese escuchado. La reflexión más obvia es que se trata de un complejo de chacras cercano a la estación ferroviaria de Pinamar, pero lo raro es que he estado ahí varias veces y pienso que es otro lugar. La vegetación era diferente; no había ninguno de los talas que son tan característicos de las cercanías de Pinamar sino árboles de porte elevado. El coronel —así le decían al hombre canoso, aunque no sé si era un grado o un simple apodo— comentó que era propietario de unos cuantos caballos de carrera en el Hipódromo de Palermo. Mencionaron el nombre de una yegua famosa y el coronel dijo que esa yegua era suya. No sé por qué hizo ese comentario, pero lo menciono porque enseguida dijeron que habían probado los efectos de la planta en animales de competición. Pregunté qué planta y no me respondieron. “Siempre gana”, dice el coronel, y se ríe. Esa risa todavía me persigue. “Siempre gano” dice ahora el coronel, en mis pesadillas. El tercer trozo de mis recuerdos es un informe escrito. Se trata de una publicación de la Stanford University Press. Guardo la memoria del esfuerzo de leer en inglés y quizá gracias a ese esfuerzo yo haya retenido una parte importante del contenido. Es el fiscal Tenzi quien me dio esa publicación; recuerdo que tenía resaltadas en amarillo algunas ideas claves. Hay que remontarse atrás, muy atrás en el tiempo. Cuando los españoles llegaron al Paraguay, el mate se consumía ya desde épocas remotas; en la mitología guaraní había incluso dioses vinculados a la yerba mate. Los españoles advirtieron enseguida que el efecto del consumo de mate en la población nativa era terrible. La gente se descontrolaba después de tomarlo y los efectos fueron comparados por los comentaristas en lenguaje de la época con casos de posesiones diabólicas. Hay ciertas descripciones acerca de las consecuencias de la ingesta de la yerba —que los guaraníes llamaban ka’a— también entre los conquistadores que se atrevían a probar la infusión. Recuerdo la trascripción de un párrafo bastante inquietante, se refería a ciertos temblores en las mandíbulas y a conductas de desenfreno sexual. En conclusión, las autoridades prohibieron el consumo de mate. Los que desobedecían sufrían azotes en la plaza e incluso se los metía en el calabozo por veinticinco días. El mate, en los orígenes de la conquista europea, fue una infusión temida. Sin embargo, está esa sed, esa sed por saber, que es tan humana. Había una organización de religiosos intelectuales: los jesuitas. A ellos también les impresionó la planta, pero en lugar de mantenerse alejados, se le acercaron, empezaron a estudiarla. Advirtieron que las semillas de la yerba germinaban después de pasar por el estómago de los tucanes, quienes las depositaban en la tierra con sus deposiciones; fueron también ellos los primeros en cultivar la ilex paraguariensis en sus misiones, a partir de la domesticación de las especies silvestres que habían usado los guaraníes desde tiempos inmemoriales. Gracias a las gestiones de los jesuitas, las autoridades españolas y portuguesas levantaron la anterior prohibición de tomar mate y la costumbre readquirió e incluso intensificó su antiguo vigor, hasta que la expulsión de la Compañía de Jesús de América del Sur hizo que los yerbales fuesen abandonados. El cultivo desapareció por más de cien años hasta que a fines del siglo XIX aparecieron de nuevo superficies cultivadas en Misiones. Hasta aquí todo resultaba más o menos conocido. ¿Pero era realmente así? Es decir, ¿la infusión que todavía consumimos, se obtiene de la misma ka’a que enloqueciera a los primeros conquistadores españoles y a la que se atribuía carácter demoníaco? El artículo formulaba tal interrogante y brindaba una sorprendente respuesta negativa. Los estudiosos jesuitas habían sido extremadamente hábiles. Seleccionaron unas especies de las menos agresivas de la yerba mate e iniciaron sus plantaciones en forma masiva. Precedida por el prestigio de siglos, la demanda enseguida fue importante y con el tiempo el producido de las ventas de la yerba mate se convirtieron en la principal fuente de recursos de las misiones. Pero ya desde entonces, algunas mentes perspicaces habían advertido que el efecto de las hojas de las plantas domesticadas, si bien estimulante, era bien distinto al que producían las especies salvajes. Incluso la publicación citaba pasajes provenientes de la pluma de un sacerdote dominico, que documentaba con sorpresa la llamativa inocuidad de la “nueva” yerba mate. Las especies más agresivas, por cierto, no se habían extinguido y todavía crecían silvestres, pese a que su consumo había sido abandonado desde hacía siglos. A principios de 2007 un grupo de botánicos norteamericanos las habían identificado en su hábitat y recogido muestras. Las conclusiones del laboratorio resultaron pasmosas. Las especies recogidas poseían características que la distinguían tanto de la yerba mate que se comercializaba habitualmente, que se llegó a la conclusión de que en realidad se trataba de plantas distintas. Probaron esas yerbas con simios. Los efectos seguían siendo tan notables como los que habían determinado al Santo Oficio a calificar al mate de los guaraníes como una bebida diabólica y presentaban cierta analogía con las crisis de epilepsia: espasmos musculares involuntarios, fuertes chillidos, episodios de autoagresión, repentina rigidez corporal... Hay una imagen que me preocupa. Una voz —pero no sé a quién pertenece esa voz— repite: “Nada de eso es serio, es una manipulación de datos. Ellos saben que no es así”. Si nunca me hubieran drogado, aseguraría que esa afirmación corresponde al hombre al cual le decían el coronel. La cuarta parcela de mis recuerdos sobre este asunto, se refiere a una charla. Estoy reunido con el fiscal Tenzi. Hay un retrato de Juan Bautista Alberdi en el despacho, que lo preside y que me ha ayudado a rescatar ese segmento de las ruinas de mi memoria, porque es infrecuente que los fiscales tengan retratos de Alberdi; con posterioridad he visitado esa oficina y pude constatar que se trata del mismo retrato. El fiscal dice que el asunto tiene que permanecer oculto porque produciría un daño tremendo a la economía del país. “Todo el mundo toma mate”, dice el fiscal, mientras ceba mate con las piernas instaladas sobre su escritorio. “La industria yerbatera se iría a pique. Lo encuadramos como una contravención, doctor, y listo. Así casi no hay derecho de defensa, es como cuando usted se emborracha y hace líos en la calle”, dice el fiscal. “De hecho nunca decimos con claridad el tipo de sustancia del cual se trata. Después hacemos que el equipo forense entregue un informe en el Juzgado en el cual se indica que por el nivel de concentración de la droga en sangre se trata de un paciente con consumo habitual. Y entonces, el Juzgado determina que esa persona no sufrirá pena, sino que se le aplicará una internación asistencial adecuada. Ahí mismo les explicamos el caso a los parientes y lo metemos en la chacra”. Yo pregunto qué pasa con los parientes, con los amigos, y el fiscal me dice que se sienten agradecidos, porque los mateadictos se vuelven incontrolables, mucho más y más rápido que los adictos a cualquier otra sustancia. Yo pregunto cuánto tardará en descubrirse el asunto. El fiscal me contesta que todo está bajo control. “Si no, yo tampoco tomaría más mate, doctor”. Pregunto si está seguro de eso, si está seguro de que no hay problema. “A usted qué le parece”, dice el fiscal. Se ríe debajo del retrato de Alberdi, cuyo gesto siempre me ha parecido adusto. Pero percibo que el fiscal no está tan tranquilo ni tan contento mientras sorbe mate. Diría que está preocupado. Hay un quinto fragmento, que es brumoso y que ondula como una bandera bajo la luz de mis recuerdos. Mi primera visita a la chacra de internación, o quizá han sido varias visitas que se funden ahora en una sola imagen centrada. Me doy cuenta enseguida de que los internados no son drogadictos. He estado en granjas de rehabilitación de drogadictos y son muy distintas a ésta. Hay mucha gente de guardapolvo blanco, algunos aparentan ser extranjeros. Hay laboratorios móviles, decenas de ellos, de apariencia sofisticada, con antenas satelitales exteriores. La gente de guardapolvo blanco entra y sale constantemente de ellos, con gestos y ademanes nerviosos, casi sin hablar, como si no estuvieran en medio de un tranquilo paisaje rural. En realidad, el conjunto ofrece el aspecto de un centro tecnológico instalado en el medio del campo. Los internos están bajo permanente control y casi no se desplazan por sus propios medios, pese a que se los obliga a permanecer al aire libre. Se extraen muchas muestras sanguíneas, sin ejercer ningún tipo de violencia física aparente. Dividiría a los internos en dos grupos. La mayoría son gente muy pobre: cartoneros, linyeras, personas que duermen a la intemperie. Entre ellos, muchos por su aspecto físico, parecen inmigrantes. Bolivianos, peruanos, paraguayos. El encargado de la chacra se refiere al centro de internación y a las actividades que allí se desarrollan como al “proyecto”. Habla con gran respeto y energía del “proyecto”. Me explica que por casualidad un cargamento de yerba mate —de la “especie crítica”— fue distribuido en un asentamiento de emergencia de Buenos Aires y que se hizo necesario “adoptar medidas”. Es decir, los trasladaron a la chacra por la fuerza. Por supuesto, aclara el director, “el grado de daño neurológico es importante e irreversible”. Es imposible determinar cuándo esas personas podrán salir de las instalaciones. Pienso en los medallones blancos que unos soldados con cascos de la Cruz Roja reparten como caramelos entre los internos pobres. El segundo grupo es bien distinto al primero y mucho más reducido. Está integrado por personas que han sido, en su vida anterior —es decir, en su verdadera vida—, periodistas, políticos, opositores al gobierno, sindicalistas. Hablo con ellos, hasta donde pueden hablar. Parecen mucho menos dopados que los miembros del otro grupo; también tienen un alojamiento diferenciado. Mientras los primeros duermen en contenedores pintados de blanco y convertidos en viviendas improvisadas, a los del grupo más reducido se los ha instalado en las cabañas del complejo. Me queda la imagen de un hombre que pronuncia sin cesar un discurso, pero en un tono muy bajo, neutro, que no se compadece con la gravedad de sus denuncias por corrupción. Es el hombre de impermeable azul el que se hace cargo de la vigilancia de este grupo. No les dan la pastilla blanca, pero observo que de tanto en tanto, los inyectan. A los cabañeros —así los llama el hombre de impermeable azul— se les permite usar los botes para pasear por la laguna, e incluso pescar pejerreyes. Cada tanto también les sacan sangre. Dicen que es para control, en algunas oportunidades advertí quejas de parte de los pacientes. Un hombre macizo con aspecto ucraniano, toca el saxo con la mirada perdida arriba de un bote. Lo reconozco, es un senador de la oposición. “¿También estaba en la villa cuando distribuyeron la yerba equivocada?”, pregunto con intención. El hombre del impermeable azul me mira y no dice nada. Después, cuando ya me subo a un jeep, me toma del hombro, me lleva a un costado y dice: “Escúcheme bien, yo no soy el fiscal, a ver si le queda claro. A usted le pagan por presentar escritos de defensa y se le paga muy bien. Ojo con lo que dice, mire que yo sé lo que les pasa a los abogaditos que se quieren pasar de vivos”. La sexta de estas piezas es la más dudosa de todas. Estoy hablando con uno de los internos. Es un hombre con el cráneo pelado por completo. Estamos los dos arriba de un bote, en la laguna del complejo de chacras. Me dice que no crea la teoría de los jesuitas. Le contesto que parece razonable. Me dice que el gobierno aprovechó la droga para deshacerse de un montón de indeseables y larga una risa seca y corta. “Nada de eso es nuevo”, dice. Me pide que lea a Michel Foucault. “Mire cómo me pelé”, hace notar el hombre, se toca la cabeza y me produce un escalofrío porque su parecido físico con Michel Foucault es bastante notable. Después de un rato de observar el agua y los juncos con cierta ansiedad, como si esperase la irrupción de un animal, lanza una piedrita al aire. “Tiro varias piedras el día. Es para saber si me mantengo fuerte”, dice. Después se sienta otra vez, mira la juntura de los maderos, dice que va a tener que calafatear. Después tengo el recuerdo de un nuevo paseo en bote. El hombre calvo está de pie. Se sienta. Vuelve a ponerse de pie, toca la línea, dice que la pesca está brava, que no hay pique. Me mira: evalúa si se puede confiar en mí. Me dice si he escrito mucho en mi cuadernito, yo digo que todavía no. Tira una piedrita, vuelve a mirarme. Dice que las semillas de la nueva planta son de origen extraterrestre. Le digo que sí, que seguro, que voy a escribirlo; y lo escribo enseguida, con letra prolija. Él no me hace caso y mira a la laguna. Tira una piedra, tira otra. Dice que todavía está fuerte. Que ponga atención, que a mí también me pueden “dar algo”. No sé si escucharlo o irme, pero estamos los dos en el bote y se supone que tengo que escribir en el cuadernito anillado. Él dice que las semillas las encontraron en un plato volador. Una patrulla de gendarmes lo descubrió en Corrientes, estaba semienterrado en una zona despoblada de pastizales altos; al principio ciertas inscripciones los confundieron y creyeron que se trataba de un avión chino de última generación. También les llamó la atención que cerca de la nave, había un aguará-guazú que se retorcía de dolor en el piso y largaba espuma por la boca; lo mataron de un tiro para evitarle más sufrimientos. El gobierno mandó un equipo científico de Buenos Aires para averiguar de qué se trataba. Los gendarmes querían llamar a los norteamericanos, como es lo usual en esos casos, pero el jefe del equipo dijo que no, que ellos podían arreglarse solos y empezaron a cultivar las semillas en un laboratorio. Nacieron enseguida unos brotes azules alargados. Cuando descubrieron que esas plantitas producían una intensa destrucción neuronal, al ministro de salud se le ocurrió darles un uso político. Podía servir para deshacerse de opositores a las nuevas leyes de seguridad interior, a quienes, de cualquier modo, ya se calificaba de locos. Para entonces los norteamericanos se habían enterado y exigían al gobierno que entregase la nave. El embajador de China también se ofrecía a enviar a unos científicos de Shangai “para colaborar con la investigación al más alto nivel”. El jefe del equipo se mantenía firme en no entregar nada y el presidente empezó a dilatar la cosa hasta que los yanquis mandaron a un grupo comando de la base de Mariscal Estigarribia; los comandos se llevaron todo el material, incluyendo varias partes de la nave y a un técnico que conocía el asunto a fondo. No quiero escuchar más, pienso que ha sido suficiente por hoy; estoy cansado. Voy a abandonar el bote, cuando el tipo se vuelve y me dice: “Le mentí, no es cierto que usen la planta para eliminar pobres. Es mucho peor, la planta actúa por sí misma”. Me siento otra vez; el hombre del impermeable azul nos mira desde el amarradero. El tipo de las piedritas me dice que nadie sabe cómo, se produjo flujo génico, que las plantas extraterrestres que se habían cultivado en el laboratorio hibridaron a algunos yerbales. Le pido que me aclare lo que significa eso. Me dice que por acción del viento o de los pájaros, quién sabe, los plantines azules del laboratorio se cruzaron con plantas de yerba mate y que esos cultivos quedaron genéticamente modificados. Nadie sabe cómo parar el fenómeno y él personalmente cree que ya no se puede hacer. Sigue hablando, sin que yo le pregunte nada. Lo de la villa de Quilmes no fue provocado por el gobierno; lo que pasó es que las hojas de la yerba modificada llegaron a la planta de elaboración; quienes consumieron después ese producto enloquecieron. Ha pasado otras veces, dice el hombre. Empieza a desplegar los dedos de su mano derecha y sigue con los de la otra mano. Dos veces en Isidro Casanova, una en Gregorio de Laferrere, una en la Villa 31, una en La Cava, dos en Fuerte Apache, otras dos en Rosario. Le pregunto que pasó con esa gente. Deja de tirar piedritas. “Los mataron a todos, no podían darse el lujo de dejar que la plaga se propagase”, dice él, como si fuese una explicación obvia. “¿Y la televisión, no informa nada?”, digo yo. “La televisión miente, miente siempre”, dice él. Tira una piedrita más y agrega que los norteamericanos usaron herbicidas de gran potencia para matar las plantaciones, les salía más barato indemnizar a los productores y a los industriales que permitir una contaminación masiva. Le pregunto cómo sabe todo eso, y él tira una piedrita más al agua. Dice, como si hablara de otro: “Yo fui el tipo que sacó esas semillas de la nave, mi amigo. Yo hice germinar esos brotes, yo vi cómo crecieron cuando los pasamos a tierra. Yo omití tomar las medidas de seguridad apropiadas, suponiendo que pudiésemos saber qué carajo era lo apropiado en un caso como ése. Yo lo convencí al presidente de que no hacía falta llamar a los norteamericanos; le dije que ya estábamos grandecitos, que alguna vez teníamos que animarnos a investigar estas cosas nosotros solos. Yo quería ganar el Premio Nobel, yo quería que se acordaran de mi nombre. Mire usted si sabré o no lo que pasó”. En ese momento, llega otro bote y nos separan. El hombre de cráneo pelado no se resiste y mientras me acerco a la costa, veo que sigue tirando piedritas al agua. En el amarradero el tipo del impermeable azul me extiende la mano: quiere ver mi cuaderno de notas. Hasta ahí los recuerdos, pero soy capaz de meditar sobre mi situación actual. Hace poco que me dieron de alta del centro de rehabilitación. Muriel jamás fue a verme y eso que los horarios de visita eran generosos. Nunca quise leer nada vinculado al caso mientras permanecí internado, pese a que me habían dado libre acceso a la biblioteca y a la computadora. Nunca me hicieron tomar los pastillones blancos ni me inyectaron, al menos que yo recuerde. Salvo en una ocasión, pero eso fue más terrible, porque también usaron electroshock. El coronel estuvo ahí ese día y me quiso hacer firmar un papel, yo me negué y por eso me hicieron electroterapia. Ahora, cuando vuelvo al club, todos me dan un trato especial. No es por amistad, creo que sienten algo de temor. Nadie quiere tomarme en serio, supongo que así les es más fácil. Cuando observo con cierta aprehensión al mate que circula de mano en mano, los muchachos se miran entre ellos y se hacen guiños de entendimiento. “Todo el mundo toma mate”, dijo el fiscal Tenzi en su momento. Y como todo el mundo toma mate, yo también tomo. Aunque lo menos posible, si tengo que ser sincero. Sé que contar la historia, o al menos los fragmentos de la historia que he referido, no serviría de nada porque nadie me creería. Me duele decir que ni siquiera yo lo creo del todo; es probable que haya desarrollado algún tipo de fobia a la yerba. Me sometí a un tratamiento conductista para recuperar el hábito de tomar mate, aunque ni siquiera eso ha sido efectivo. Primero un sorbido, después dos, después un mate entero. “¡¿Ve, mi amigo, que con un buen cimarrón no pasa nada?!”, me decía la psicóloga que consulté. Pero todavía tengo que vencer cierta resistencia interior al acercarme a la boquilla de una bombilla. Cada vez que pruebo un mate, me pregunto si habrá algo escondido en la estructura celular íntima de las hojas de la yerba molida. Me pregunto si ese algo no pasará al agua y del agua directo a mi garganta. Algo, no sé qué; algo como lo que le hacía contraer los músculos a los simios hasta morir, algo cómo lo que enloqueció a ese aguará-guazú; algo que podría anidar en algún sitio de mi cuerpo, en el fondo de mis entrañas. A los que más estimo, les cuento algunas cosas que me han pasado. Y me doy cuenta de que ellos reaccionan conmigo como yo reaccioné en su momento con el hombre calvo de la laguna. Simplemente me ven como si arrojara piedritas al agua y hablara como hablan los locos. Nadie me hace caso. Así les es más fácil. Iván Renkine jura que él jamás me habló de los mateadictos, que ni siquiera escuchó nunca ese término. Cuando me le acerco mira a los demás con una mirada que quiere ser cómplice, pero que es de algún modo, un pedido de auxilio. No creo que a él lo hayan internado. Siempre ha sido un tipo con sentido común. Cuando vio lo que me pasó a mí, él debió reflexionar. En una de esas también a él lo visitó el hombre del impermeable azul y quizá lo hicieron firmar algo. Tal vez le haya bastado enterarse de la desaparición del fiscal Tenzi. Nadie volvió a saber del fiscal y nadie se cree que un tipo como Tenzi haya dejado a su mujer con sus tres hijos chicos de buenas a primeras, sin dar ninguna explicación. A veces, cuando nos cruzamos en el dominó o en el ajedrez, nos miramos a los ojos. Hablamos poco o casi nada, porque la policía puede estar vigilando, porque nuestras computadoras personales pueden estar intervenidas, porque puede haber micrófonos en cualquier lado. Es legal, la ley de seguridad interior lo permite. Hasta los satélites, allá arriba, pueden estar pendientes de nosotros y de las nuevas plantaciones de yerba. Hasta el interior de nuestros cuerpos podría estar monitoreado con algún chip. ¿Dónde podríamos escondernos del gobierno? Escribí todo esto porque si bien ya soy un ser marginal, no quiero ser como el hombre pelado de la laguna, es decir, volverme un hombre sin nombre. Quizá me hayan envenenado de una manera más sutil, es probable que esa horrible planta esté haciendo sus efectos en mí y yo vaya perdiendo la razón; recuerdo que a los internos del centro psiquiátrico nos daban mate en lugar de agua para tomar. En los peores días siento que algunos objetos de la realidad —una moneda, una baraja, una tarjeta plástica— se desintegran, como si se fueran deshilachando, hebra por hebra, y después noto que cada pieza separada se vuelve líquida, empieza a licuarse, hasta que esas cosas quedan reducidas a un sinsentido amorfo y casi desaparecen, haciéndome interrogar por la consistencia del resto del mundo circundante. Por las noches tengo pesadillas, me revuelvo en mi cama de una plaza, sudo. Sudo mucho. Y en los últimos días, una imagen vuelve recurrente. No se si ha ocurrido en algún momento, o si la he soñado; me inclino por esto último, pero eso no la hace menos preocupante. El hombre del impermeable azul e Iván conversan y el hombre del impermeable hace un gesto hacia mí y yo comprendo que han estado hablando. Han hablado mucho porque percibo que los dos están agotados y en rebelión con su propia conciencia. Esto no ocurre en el club, es una oficina de la zona de Puerto Madero, mucho cristal y metal, mucha asepsia; hay una fotografía de Gandhi como la que estaba colgada en el pabellón de enfermedades infecciosas del centro psiquiátrico. Discuten y discuten y yo veo que en una zona puntual debajo de la frente, la cara de Gandhi empieza a desmembrarse, a laminarse en diminutas cuerdas. Alcanzo a escuchar que Iván dice algo que no puedo aceptar, que no puede ser cierto. Es como una ola lenta que fluye y refluye, mientras el mundo se reacomoda: “Ojo, que él también es uno de los nuestros”. Es el ojo, el ojo derecho de Gandhi lo que ha desaparecido, dejándolo medio ciego; ahora podría empezar por la retina del otro ojo. Ya empieza el proceso, ¿cuándo irá a terminar? Quiero percibirlos, pero se me escapan; sus mentes se han vuelto difusas. Iván camina, camina, parece que viene de lejos, como si se desplazara a través de un corredor extenso, casi interminable. Se me acerca y me dice, moviendo el dedo frente a mi cara: “Yo sé que no me diste pelota, pero haceme caso, no te olvides de una palabra”. Pienso que va a decir ojo. Pienso que también yo podría empezar a disolverme en cuerdas caprichosas, en delgados gusanos azules, que se enrollan sobre sí mismos, se estiran y se alargan, cada vez más fuertes, cada más incontrolables. “¿Qué palabra?”, digo yo. “Chacra”, dice él. ** Rodolfo García Quiroga roquiroga@yahoo.com Abogado y escritor argentino (General Madariaga, Buenos Aires, 1967). Graduado en 1990 en la Universidad Nacional de Mar del Plata (http://www.mdp.edu.ar). Es autor de la novela de ficción histórica Los amores de Sarah Beckett, inédita, y de varios relatos. En 2001 obtuvo el Premio Jóvenes Narradores Bonaerenses. === Poemas Reynaldo García =========================================== *** Este amor Este amor Es un cuerpo De mar o de arena... Un profeta, un naufrago sin piel, ni sueños, ni mariposas Un aborigen extranjero, Un vendedor de manos y abrazos Un calendario de recuerdos y cenizas Un café con sus pájaros negros Unas postales manchadas de tristeza Un candil de la calle con sus ángeles adentro Y unos árboles de viernes Arrastrando sílabas de viento. A este amor yo lo conozco Con su abrigo de invierno Con sus copas de árboles Con sus manos vencidas Es un amor que anuncia La llegada de la tarde Con el paso de los trenes Mirando qué tan lejos queda La casa del regreso. *** Cuídate patria Cuídate patria del dolor desnudo De la piedad y sus aguaceros De los rumores de los mendigos De la flecha en el corazón adicto a la mentira de los relojes auspiciando funerales de héroes. Cuídate de ese vicio de quemar las naves de pronunciar en altas voces el rumor del verano, la muerte de los pájaros más tristes y viejos cuídate de las calles de ciudades lejanas Del petroleum y las amapolas de los huesos de los patriarcas bautizando la tierra... Ya te hicieron suficiente daño Ya te incendiamos varias veces, Te dejamos huérfana de sol Y casi ciega reventamos tus poros con la sangre de las guerras te trituramos el vientre entre las piedras Para que no nacieran veranos y unicornios O lagos tristes donde Una vez las mañanas Se queden a pastar sus promesas. *** Hay cierto dolor Hay cierto dolor que se quedó en el rostro Como una piedra en la esquina de los ojos Como una espesa llama en el aire Como una calle olvidada y fría. Después de perderte sólo quedan Unos libros ausentes con tus poemas muertos. *** Tierra adentro ¿Mi patria? Ella compartió su silencio con el canto de los pájaros Se vistió de invierno para enseñar su locura Abrazó los patios, los geranios y los niños sin padre deletreó la tristeza con gotas de luz de la mañana... Ella es un caracol que guarda el mar entre sus lunas Un amanecer con alas y esperanzas, Un puente dentro de un río y una mano tibia de pedazos de agua Que alcanza los crepúsculos de aquella ciudad Donde el viento besa Un reloj que no despierta nunca Aunque suenen los cristales rotos de la edad de la piedra Donde nacieron los peces y sus manos... Cuando la sueño pienso que el invierno es falso Falsa la joroba de la tristeza blanda, el otoño y sus vientos de memorias huérfanas A veces creo que este árbol no nació para esos pájaros Mientras el frío palpita en la calle Como una mariposa o un duende en un planeta helado. Pero nada cambiará el curso de tu camino El horizonte está cercado y tus palomas arribaron a las puertas antiguas los potros lamieron el sudor de la tierra Mientras tu pelo hace que la noche siga siendo negra Unos árboles llegaron a conversar en los sueños Con las viejas paredes de los amores muertos. Ángela, Esta inocencia de los peces y ese calor tuyo Hacen que el puerto Sea una ciudad deseable A pesar de sus muertos Y sus guardias de sangre. ** Reynaldo García sntaluciarey@hotmail.com Escritor salvadoreño (Santa Clara, San Vicente, 1964). Ejerció la docencia y trabajó en la cátedra de literatura y comunicación de la Universidad Estatal y la Universidad Francisco Gavidia (UFG, http://www.ufg.edu.sv). Ha participado y ganado algunos certámenes literarios de su país, como los Juegos Florales de Santa Ana, Sonsonate, San Vicente y el premio de poesía Salvadoreños en el Mundo (2007). Textos suyos han sido publicados en algunos periódicos salvadoreños. En 1987 fundó junto a otro grupo de trabajo la revista literaria Semilla, como parte del desarrollo político de las comunidades de jóvenes escritores. La revista fue cancelada a causa de la guerra civil tras algunas ediciones. Ha escrito poesía y cuento bajo el seudónimo de Salvador Robles y actualmente prepara la edición de la novela La mujer del herrero y el poemario Poemas bajo la sombra, que responden a la temática de la poesía indocumentada que junto a otros poetas está impulsando en Dallas, Texas (EUA), donde actualmente reside. === En las playas doradas del Beni... Carlos Duarte Merino =========== El extranjero de barba entrecana está echado en la hamaca, en la vera del río y a la sombra de los siringales, meciéndose suavemente, mientras su salón calibre 22 descansa en sus brazos nervudos. Mira hacia el río de manera soñadora y curiosa, esperando ver aparecer la cabeza de un jochi, tatú, u otro animal de monte que le sirva de desayuno. Las aguas lechosas transcurren mostrando el ondular de su oleaje y de vez en cuando exhiben triunfantes algún tronco arrastrado de algún turbión ya amainado aguas arriba. En los siringales y demás árboles se ve el baile bullanguero y saltarín de los monos manechis y demás simios montaraces, y se escucha su ulular y chillar entremezclado con los gritos graves y/o agudos de las grullas, pavitas, loros, y aves del monte. Ese ruido ensordecedor se escucha todas las mañanas, comenzando a las 05 y media, cuando el monte amazónico comienza a teñirse de rojo anunciando que el sol nuevamente bañará toda esa selva y que es hora de comenzar a ganar el sustento del día. El aire comienza a ponerse espeso por la humedad y los mosquitos y marigüíes comienzan a llenarse de la sangre de los brazos, torsos, piernas y cualquier pedazo de piel descubierto. Serena y resignadamente piensa en el mundo que dejó atrás. En la amada, en sus hijos, en todo lo vivido. La hamaca acuna sus recuerdos y ayuda a perfilar sus sueños. Lo único que enturbia su ensoñación es la picada fuerte de un marigüí que lo obliga a abofetearse en la parte afectada. O el llamado cercano, largo y lúgubre de alguna pavita mutún que bien podría adornar su mesa en esa mañana... pero no la ubica en la densa y poblada población arbórea. A unos 30 metros, en el río, los hijos de María Tujuré se bañan, jugando a lanzarse agua en las caras, zambulléndose en las oscuras y lechosas ondas apareciendo metros más allá para gritar llamando la atención de los demás. Son niños y están jugando. Al frente, en la banda del río, descansa un caimán de tamaño mediano tratando de captar y acumular el máximo de calor de un sol que aún no termina de despertar y que todavía se siente frío. Más allá, en el vado, se adivinan las pirañas por las ondas dispersas en la superficie y por los chapoteos ocasionales. Todo está normal. El extranjero, maduro y robusto, mira todo ese entorno y trata de recordar cómo es que llegó allí. Lo trajo la aventura, lo desconocido, el querer abandonar un mundo que lo apresaba cada vez más en sus cadenas superficiales, o lo empujó el querer escapar de un amor que se tornó imposible. Realmente no lo sabe ni lo recuerda. A estas alturas, ya los motivos fueron olvidados, se los llevó el río y se los engulló la selva. Ya las caras en su mente están cada vez más desdibujadas. Ya el olvido comienza a tender su manto, incluso en el rostro de la amada. Solamente quisiera... ¡espera! Acaba de aparecer la cara puntiaguda de una londra en la ladera de tierra del río. El extranjero apunta cuidadosamente. El disparo sonó seco y por un momento la bullanguería animal se detuvo, para proseguir indiferente momentos después. La londra es un bello animal, su carne es muy sabrosa. Ya está ganado el día. Es hora de moverse e ir a dirigir la siringa y los recuerdos quedan nuevamente guardados en las gavetas del corazón. La hamaca queda sola, esta vez meciéndose por la brisa matinal que comienza a levantarse. Los niños siguen jugando. ** Carlos Duarte Merino carlosduartemerino@hotmail.com Escritor chileno (Santiago, 1946). Residente en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) y es ingeniero consultor de empresas. === Poemas Simón Fernando Herrera Herrera ============================ *** Descubrimiento El mundo cruzado por el primer albor de quien despierta, el árbol negro de su arcón dibujado en sus manos, la dicha quebrada por el susurro de la aurora, un centenar de ecos en la hora doblada de la tarde, un encuentro aéreo entre el pestillo del recuerdo y la ausencia del follaje en los rostros. La maquinaria inicia el contoneo de los vasos, sonidos incendiados a la espera del camino iluminado por las lunas impresas al costado, comienza el deslizar de huellas sobre el trazado ignoto de la hoja y la silenciosa madrugada hurgar en los bolsillos del pasado. *** Olores ¿Qué guarda en sus palabras un poema? Se desliza un rubor de agua por las letras, almacén de fiebres y desatados cúmulos de tierra ¿qué esconden las sombras de las sílabas? refugio y consuelo de llanto de montaña, deshielo de la carne, amplitud de ecos olvidados, morada y memoria en la boca de tus manos, atisbo de otros nombres sobre piedras removidas, un susurro vuela al instante que llamea la escritura ¿qué guarda en sus palabras un poema? *** En este sitio Aquí no hay sol aquí no hay sombra, no se muestra la mano amable del extraño, todo aquí agoniza y se oculta sin sol y sin sombra en la tierra sin nombre en el trazado de los pasos sobre días que se apilan, de altos ojos neblina y visitas centellas al corazón de los recuerdos, en boca de la memoria en el pecho dormido de las calles para ser de nuevo raíz y contemplación del minuto monumento. *** Lectura de personas y cosas Más que al silencio de la bruma, más que las húmedas pisadas de los pechos y la pasarela de sombras sobre las huellas, busco la voz partida de quien despierta, las luces palpitantes en las manos a pesar del cuerpo, el retorno único de las palabras presentidas, el destello en busca de su cauce, y la lucidez del entorno entre el vaivén de la memoria. *** Cardumen Las paredes son calles y las calles ilustran los muros, de las casas escurre tristeza de ladrillo, todo es piedra vencida bajo el sopor del día. Hay un áurea negra que lastima el presente, más allá de la vista reside tu rostro y tu voz llameando los recuerdos en el océano nocturno de los sueños. Y me veo multiplicado por tus cien risas sin tiempo, sin mirar o tornar el pensamiento al origen claro de los dardos bañados de tarde, no habrá ya balbuceos de huellas o una caja de sonrisas, es el tiempo de la estela erguida transparente y turbia, de los pesos de las manos que lloran y que hablan de los muros y sus conquistas, es la hora y el minuto trepando por los hombros, tomando la exacta medida de los huesos y los músculos, viajando sobre un silencio de notas y su rojizo firmamento de aventura. ** Simón Fernando Herrera Herrera si80n@hotmail.com Docente mexicano (Veracruz, 1973). Es profesor de telebachillerato en Veracruz. Participó en el taller de poesía de Oscar Wong y más tarde en el de Marianne Toussaint. === Adivina adivinador Daritza Rodríguez Arroyo ====================== Adivino que la vida en su infinita sabiduría nos obliga a la soledad reflexiva en una especie de preparación a nuestro inevitable ocaso. Es lo que pienso mientras marco el compás de las horas con el rechinar de esta mecedora, mientras observo el ir y venir de cientos de rostros ensimismados. Pero ya no me perturbo con las absurdas pretensiones de que la gente y el mundo sean como a mí me gusta, ahora simplemente observo y acepto el flujo natural de todo cuanto acontece ante mi vista. Si esta actitud me hubiese acompañado tiempo atrás, cuando contaba con participación activa dentro del gran drama de lo que llamaba “mi vida”. Pero bueno, el ahora es territorio del presente y a éste me suscribo. Adivino que Lenita cree que me complace el estar acá en pleno salón principal de cara al balcón y de puertas abiertas como colocado en escaparate de feria. Antes me molestaban las miradas curiosas e indiscretas de los niños; ahora las prefiero a esas otras, miradas de adultos mezcla entre indiferencia y terror. Los niños son sinceros, mientras que esos pendejos tienen pintado en la frente el mismo miedo a la vejez y a la soledad que cargué yo durante tantos años. Por eso los que saben que al llegar justo al frente se toparán con mi silueta juegan a que van de prisa y que yo pretenda que no se han dado cuenta de mi presencia. Entonces se me espantan los deseos de poder hablar y decirle a Lenita que con el asunto de la sentada, no acierta. Que mejor me siente atrás, en el jardín, bajo algún árbol frondoso donde escucho los pajaritos y observo las lagartijas. Allí donde puedo escuchar el sonido del agua en la fuente y el aire es ligero y me oxigena el cuerpo y la mente. Pero no hay de otra, debe ser mi última misión hacer de conciencia a cada transeúnte. Tal vez aquí sentado como monigote reflexiono yo y los hago reflexionar a ellos y así voy expiando algún pecado o saldando algún karma, total, ya ni siquiera eso me interesa. Pero prefiero pensar eso antes de creer que todo esto ocurre por simple capricho de la Lena. En un tiempo me entretuve adivinando qué tipo de sentimientos podía generar en cada uno de ellos; lástima, burla, generosidad. Pero no era tan sencillo mi pasatiempo de adivinador porque a la mayoría los miraba de perfil y no de frente. Tenía que emplear un poco de conocimiento, experiencia, y por supuesto, una gran dosis de imaginación; pero a la larga concluía que todo cuanto intuía no era más que una mera proyección mía. Entonces me deprimía y gritaba a Lenita tan fuerte como podía para que viniese a socorrerme de las garras de mis revelaciones, del monstruo de mi verdad. Asumo que por telepatía ella llegaba con la excusa de que me tocaba el baño o la comida, me limpiaba las babas, me secaba el sudor y con esa voz chillona que tiene me preguntaba, como queriendo adivinar, que por qué estaba tan azorado, que si había visto un muerto. Y sí, siempre acertaba la contrallada Lena, había visto un muerto, me había visto a mí, muerto en el rostro de todos los que me pasaban de frente jugando a la indiferencia dentro del drama actual que insisto en llamar mi vida. ** Daritza Rodríguez Arroyo daritzarodriguezarroyo@gmail.com Escritora puertorriqueña (Bayamón, 1973). Reside en Santurce y es trabaja para el gobierno local como inspectora de juegos de azar. Mantiene las bitácoras http://caleidoscopia.wordpress.com (cuentos), http://blogs.ya.com/saudadeyalma (poesía), http://blogs.ya.com/sinremilgos (opinión social) y http://pajitasquelecaenalaleche.blogspot.com (anécdotas de humor). === Poemas Marco Giovanni Montenegro La Forgia ======================= *** Il mare Así que esto es solo una carta a través del tiempo, Dos personas solitarias con una mirada más allá de este espacio, Con unas manos que no son del pasado y que tienen una mente más allá de [estos años. El mar es tan amplio que te hace parecer lejano y pequeño, Pero eres más grande que él cuando sabes comprenderlo, ¿Qué darías por escribir y ser leído? Sabemos las cosas que pasaron, pero no las que pasarán, Si hay una respuesta entre estos mundos tan similares. ¿Qué darías por escribir y ser leído? Mirar lo ficticio, sentir lo inexistente, escribir lo inescribible... Las manos siempre caen bajo el peso de una pluma, Y con los párpados cerrados alzas la mirada al cielo A ver si ves tus pensamientos. Sentir la brisa marina correr por las venas, como una palabra Libre que está volando a otros tiempos... Mira el otro lado... siente el peso, sostenlo y abre tus alas. ¿Qué darías por escribir y ser leído? *** La película Sí, una vez más, otra vez, viene la tristeza... Por ver lo que veo en estas venas que sienten tu dolor, Como un puñal que es fantasía, pero que en realidad atraviesa Como una mirada amiga dañina como un temblor. En esta escultura de mil grietas tus palabras se deforman En una canción que retumba en mi mente por el recuerdo Que sin pensar muerdo y estoy lleno, porque mis ojos se forman En este paraíso que no he sabido vivir, porque soy mi siervo... Pero mi espíritu sigue levantándose y mi futuro cayéndose, Poniéndome más plomo en los pies en un camino prieto, Poniéndome una mirada elevada al Sol que mis ojos aclarándose Mienten, que mi sonrisa aparece... pero no están ahí, estoy en un Aprieto. Pero dejo el tiempo decidir... Se pone en blanco y negro mi futuro, El puente es sólido, cuando lo piso es blando, cuando lo toco no existe. ¿Cuál es mi error? Mis labios susurran dañándome como un golpe duro Directo al vacío que nadie sabe que existe o si mi cuerpo lo resiste. Antes se llenaban copas de vino, ahora se llenan mis penas, Ahora se va el encanto de las cosas y las rosas serenas No me invitan a pasear, su aroma desaparece y perece En un futuro que mi mano pudo tomar hasta que mi vida algún día, Sintiese. *** Rayo ancestral El cielo cae sobre nosotros, Sobre nosotros cae el cielo, En la tarde helada mis ojos Caen de pena en terciopelo. El tiempo reposa en la calma, Mi corazón con fuego se quema. Mi destino con voces suaves se van, Vuelven, y se van. La sociedad me sofoca con sus palabras, Lentamente el cielo baja y se deshoja. Llueve en un crespón sin flores olorosas, Vuelven y se van, como las hojas. En el marco triste de una pared olvidada, Una mancha tuerce el paisaje que se asoma, El sol, triste, se pierde en una escena cansada, Y el perfume de las flores pierde su aroma. Los ángeles cantan, los ojos se pierden, El infinito de redes hace lo que cree. La espumosa y alta mano de dulces movimientos, Da más música y alza su tempestuosa mirada. En la tierra amarga de llantos y más sentimientos, La peste muerta y verde como la silueta de un árbol. El surco en la tierra se encorva y se agita, Más dolor que el tiempo sin sentirse se marchita. ** Marco Giovanni Montenegro La Forgia mgiovannim@hotmail.com Escritor venezolano (Mérida, 1992). Estudiante de 4º año de educación diversificada en ciencias. === Crónica de un diagnóstico Gladys Liliana Abilar ================== Miguel Ángel Santos salió del laboratorio de análisis clínicos taladrado por una aguda intriga. Obviamente, hasta no saber a ciencia cierta qué decía el veredicto dentro del sobre, era inútil exteriorizar cualquier clase de sentimientos. El disimulo. Eso era, había que disimular las mil conjeturas que se entretejían en su cerebro; aunque la razón titubeara entre el bien y el mal con imperceptibles posibilidades de éxito. Era el segundo intento. Pero valía la pena. Siempre hay lugar para el error y Miguel Ángel suplicó por uno para él. Se abrió camino entre el gentío que atiborraba las calles de la ciudad a esa hora, pasado el medio día, pleno centro. Sólo veía bultos que se desplazaban. No tenían rostros, colores ni expresiones. Eran él y su destino. Aprisionaba entre sus manos el sobre aún cerrado que le entregara la recepcionista del sanatorio. Lo aprisionaba; dedos como garfios, prolongaciones de un deseo asesino de querer pulverizar la evidencia, ¿también asesina? Lo miró con ojos enemigos y percibió, al contacto con su mano, palpitaciones premonitorias, latidos del ocaso, reloj del último tic-tac. Le pareció que respiraba arriba, en la garganta. No le bajaba el aire al pecho ni a los pulmones. Lo tenía ahí, arriba. Como si tuviera miedo de proyectar el desánimo al resto de su asustada anatomía. No quiso abordar ningún taxi, ni micro, ni subte, ni nada que acortara distancias. Lo esperaban, pero él no quería llegar. Necesitaba borrarse entre la multitud, confundirse, mimetizarse. Desaparecer. ¿Acaso no era dueño de faltar a la cita? Una cita con su médico, nada más y nada menos. ¿Acaso no era dueño de arrojar el maldito sobre por la alcantarilla que le bailaba ante sus ojos invitándolo a deshacerse de él? Se detuvo ante el enrejado de hierro bajo sus pies y miró el fondo negro. Sus ojos no hallaron el fin. Todo era negro. La nada. Si él arrojaba el sobre por la rejilla, desaparecería, y con él, el problema. ¡Qué fácil! Solucionar los dramas de la vida tirándolos por una alcantarilla. —¡Movete, imbécil! —gritó un joven desde la ventanilla de su auto—. ¿No ves que quiero estacionar? Miguel Ángel dio un salto y se puso a resguardo. “¿Qué más da?, ¡que me estacione encima!”, pensó. Continuó su camino hacia ninguna parte y releyó la cara del sobre inconscientemente: Señor: Miguel Ángel Santos De pronto su nombre le pareció extraño. Como si fuera la primera vez que se encontraba con él, que tropezaba con algo desconocido. Es más, le pareció cruel. Muy cruel. ¡Llamarse “Ángel y Santos” al mismo tiempo y soportar el peso de la condena a su edad y sin ninguna consideración! Tenía un compañero en la facultad cuyo impúdico nombre era Martín D’Uro de la Verga, que gozaba de excelente salud y mejores concesiones del destino. ¡Ironías! Se sorprendió de sí mismo obsesionado en este extraño cuestionamiento de nombres, tan fuera de lugar, tan alejado de su ansiedad, tan ajeno a la circunstancia que estaba viviendo. Escapismo, pensó. Cualquier pretexto era bueno para poner distancia del dolor. Una joven que avanzaba entretenida observando al payaso que repartía volantes en la vereda, pasó a su lado embistiéndolo con el hombro. La bolsa que llevaba en la mano rodó por el suelo. Miguel Ángel reaccionó como si bajara de la nube en la que estaba flotando. —Disculpame... no te vi —al tiempo que ambos se agachaban a recoger la bolsa. —No, perdoname vos. Yo iba distraída —no alcanzó a terminar la frase cuando su magro cuerpo se tambaleó apoyándose en el joven. —¿Qué tenés? ¿Qué te pasa? —tartamudeó él sujetándola de la cintura. —Ya pasó. Fue sólo un mareo... gracias. La chica se recompuso e intentó continuar. —No, esperá. Vos no estás bien —dijo Miguel Ángel. Recién descubría la terrible palidez en el rostro de la joven, apenas una adolescente. Dejame que te acompañe. —No te molestés. Gracias. —Hay un café en la esquina. Vamos, de verdad te veo mal —la chica no se rehusó. —Está bien. Acepto porque me siento un poco mareada. Entraron en la confitería y, sentados junto a la ventana, pidieron un par de cortados y permanecieron en silencio por unos minutos. En realidad poco y nada tenían que decirse. De pronto, Miguel Ángel comprobó que, por un momento, se había desprendido de su problema. Desprendido... era sólo una manera de relativizarlo. En realidad, allí seguía estando. Pegado a su mano, quemándole la sangre. Le hablaba a la chica espiando el sobre con el veredicto en su interior. ¿Lo ignoraba? Imposible. Era sólo una tregua. Por algo se había cruzado con la joven. Sí, para tomar distancia del homicida. Miguel Ángel tenía pendiente una pulseada mortal con el destino. —¿Cómo te llamás? —Cecilia. ¿Y vos? —Miguel Ángel. —Bueno, gracias por ocuparte de mí. Pero ya estoy mejor. ¡Qué vergüenza..! Perdoname. Nunca me pasó esto... de caerme en la calle. —Tranquila, no hay problema. Se diría que no comiste nada. ¿Hay algo de eso? —preguntó con el interés repartido entre la chica y el sobre. —Bueno, más o menos. Lo que pasa es que me presenté para un casting en una agencia de modelos y no quería tener pancita. Ya me rechazaron en la prueba anterior. Así que me vine con un jugo nada más. —¡Las mujeres..! Son capaces de suicidarse por unos kilos de menos. ¿Te pido un sándwich? Dale, te va a venir bien. —¡No, no! Gracias. Ahora llego a casa y me preparo una buena comida. Pero vos, supongo que ibas a algún lado, tendrás algo que hacer, ¿o no? —En realidad, iba a algún lado pero con muy pocas ganas. —¡Ah!, Entonces te libero, así hacés lo tuyo —se puso de pie como para marcharse, alisándose la minúscula falda de cuero que dibujaba sus caderas estrechas. —¡No, esperá! Terminá tu café. ¿Me acompañás con un tostado? —Bueno. Está bien, ya que insistís. De todas maneras, tengo un viaje hasta casa. —¿Dónde vivís? —dijo él demostrando un interés que no estaba seguro de sentir. —En La Plata. —¡Ah! Sí que tenés un viaje. Pensé que eras de por aquí, de Barrio Norte. —¿Qué te hace pensar que soy de Barrio Norte? —preguntó entre graciosa e intrigada. —Qué sé yo, tu aspecto... típica chica porteña. Mi mejor amigo, Esteban, también es de La Plata y somos compañeros en la UBA. —¿Qué estudiás? —Abogacía. Estoy cursando cuarto año. ¡Mozo, dos tostados de jamón y queso, por favor! —dijo esto último alzando el brazo para llamar su atención. En ese instante, Cecilia vio, encima de la mesa, el sobre que acababa de liberar. Leyó el membrete: Laboratorio de Análisis Clínicos. —Ibas al médico, ¿no? —Sí. Pero no tiene importancia. Puedo llegar más tarde —y cubrió el sobre con la mano. Llegar más tarde. Sí, prolongar la agonía, nada más. O no. Quizá era el renacer. El regreso a la esperanza, a la alegría de descubrir que todo fue una burda farsa del destino. Una pesadilla, de aquellas que al despertar, dan por finalizado el tormento. De hecho, cuando días atrás recibió el sobre con sus primeros análisis, comenzó a abrirlo con la autosuficiencia y el desparpajo de cualquier joven que vive con la certidumbre de que el mal se inventó para cualquiera menos para él. Sin embargo, la contundencia de la realidad lo sacudió: “Positivo”; hormigas rojas en la sangre; escorpiones en la yugular; pirañas en el cerebro; un iceberg en el pecho a punto de estallar. Y aquella sensación de tener los pies en el vacío. Pero el médico le dijo que era preciso luchar por un segundo intento. Felizmente los errores existen. Y Miguel Ángel necesitaba uno para él. El sobre con el veredicto continuaba asfixiado bajo su mano, palpitando su destino. Ruleta rusa, pensó. La vida o la muerte. Una brisa sopló desde la calle y perforó la melena rubia de Cecilia alborotando su cabello. Recién se fijaba en lo bonita que era. El perfil de belleza de la chica, daba como para modelo. Piernas largas y delgadas que se entrelazaban como algas. Su estilo lánguido y casi felino. La sensualidad de sus gestos. Pelo sedoso, largo, ondeado. Tal vez resultara seleccionada para el modelaje. Y supo que el incidente en la vereda podía haber sido cualquier otro que lo arrebatara de su abstracción. Un perro, un anciano, un paralítico o un niño hubieran logrado el mismo efecto: arrancarlo del tormento. Inconscientemente se aferraba a cualquier factor externo para huir de su pesadilla: postergar, postergar, postergar. Aunque, en definitiva, no era lo mismo chocar con un perro que con una linda chica. Por supuesto que en otras circunstancias el “accidente” con Cecilia hubiera sido un delicioso desafío. —¡Ey! Te quedaste callado. ¿Algún problema? —cuestionó ella retocándose el maquillaje frente a un espejo de cartera. Delineó sus labios con gracia singular y sacó un cepillo del bolso para peinar sus cabellos. La coquetería era su sello personal. —Disculpame... no, nada. Sólo pensaba —la miró con ojos negros y sonrisa ajena. —¿En qué pensabas? —No sé... en que sos muy linda. Vas a ser una gran modelo, supongo —repuso él. —Bueno, gracias. Eso, si me seleccionan. El silencio se instaló de nuevo entre ellos. Miguel Ángel tamborileaba los dedos encima del sobre, la mirada puesta en algún punto indefinido. Quería posponer la preocupación que lo atormentaba para disfrutar de ese instante, pero no podía. Ella, visiblemente aburrida por la falta de diálogo, se entretenía espiando sin disimulo a una parejita que se besuqueaba en la mesa contigua, olvidados del mundo. En ese instante, el estruendo provocado por el choque de dos vehículos en la esquina de Santa Fe y Riobamba, los trajo a la realidad. Cecilia miró la hora en su reloj pulsera y se inquietó. —¡Uy! La hora que es. Se hizo re-tarde. Me tengo que ir —dijo poniéndose de pie mientras colgaba el bolso sobre su hombro. —¡No te vayas, por favor! ¡Tengo miedo! —dijo él casi gritando. Cecilia se paralizó. Lo miró y, lentamente, suavemente, se volvió a sentar. Tironeó de su breve falda como para cubrir los muslos y apoyó el mentón sobre la palma de su mano. Lo escudriñó con ojos grandes, sonrisa trocada en asombro. Abrió la boca, pero de ella no salía ninguna palabra. Tragó saliva y se recompuso. —¿De qué tenés miedo, Miguel Ángel? —musitó bajito, casi deletreando, por temor a asustarlo. Él titubeó, avergonzado. No supo qué decir. Había cometido una necedad y no sabía cómo salir de ella. Entonces eligió el silencio. Escondió la mirada y se recogió en sí mismo. En realidad, no había demasiados caminos para escapar. Ella fue más lista. —El sobre, ¿no? —dijo señalando la porción del mismo que sobresalía bajo la mano de él. Mano delgada, blanca, se diría que pálida, con tenues venas azuladas que divergían sobre las falanges como la desembocadura de un delta. Un leve temblor, claramente perceptible, denunciaba su descontrol, el miedo, la angustia. Nunca se había sentido tan humillado. Nunca se había sentido tan infeliz. —Disculpame, no debí ser tan torpe. Ni te conozco y estoy involucrándote en mi vida. O en mi muerte. Pronunció la última frase como si fuera extraída de un texto teatral, provocando el incuestionable efecto de una sentencia. Venciendo la timidez y el pudor que le producía el hecho de sentirse descubierto, tuvo el coraje de mirarla a los ojos sin ocultar su rostro herido. Casi un rasgo de valentía en medio de tanto miedo. Miguel Ángel se levantó, dejó unos billetes sobre la mesa y, con el sobre pegado a su mano, huyó hacia la calle y se disolvió entre el gentío. ** Gladys Liliana Abilar gladys8@fibertel.com.ar Poeta y narradora argentina (Chilecito, La Rioja). En 1972 se graduó de profesora superior de piano, y en 1980 obtuvo el título de ingeniera agrónoma. Asumió la dirección del Instituto de Investigaciones Agropecuarias de la Universidad de La Rioja, donde tuvo a su cargo la Cátedra de Genética. Realizó estudios de postgrado en el IAP, de Paisajismo. Paralelamente incursionó en la Literatura publicando los libros: Ecos del corazón (poemas, 1989), Más allá del pecado (novela, 1993), Eclipse de Lubna (novela, 1997), Pensar sin permiso (aforismos, con prólogo de José Narosky, 1999), Doce hogueras (cuentos, ilustrado por el pintor uruguayo Carlos Páez Vilaró y prologado por Eduardo Gudiño Kieffer, mención en la Faja de Honor de la Sade, 2000), y Destino rabioso (cuentos, Faja de Honor de la Sade, 2003). Participó en el IV Encuentro Internacional Literario de Montevideo (2003) y en el IV Encuentro Internacional de Escritoras "Inés Arredondo" de Guadalajara (2004), donde fue invitada para presentar Destino rabioso a cargo de Alicia Steimberg. Con este último género integró siete antologías y participó en numerosos concursos literarios, obteniendo diversas distinciones nacionales e internacionales, tales como el premio "Ugarit", otorgado por la sociedad Sirio Libanesa y "Cuentos Aller", otorgado por la comunidad Allerana de España, entre otros. Participó en la Feria Itinerante del Libro en Chilecito (2004), donde también se presentó Destino rabioso. Participó en la edición y presentación del libro de Héctor David Gatica Integración cultural riojana (2005). Colaboró en la edición del libro La Rioja, de Manrique Zago. === Cuervos blancos Andrés Matías ==================================== Todos los días va el señor del paraguas a la librería se va por la calle donde venden frutas y flores en otras ocasiones camina en medio de las basuras y juega al fútbol con la cabeza de una niña sin muñeca también marcha por el bosque e imagina y abre su paraguas al regreso de la librería cuando le dicen que su libro de poemas. a nadie le interesa. === Al frente de mi casa el sol golpea su amarillo con violencia los pájaros son asesinados por las ventanas cerradas y la oscuridad de la noche guarda las primeras ausencias de su canto === Su nombre no era Gregorio Samsa y él nunca escribió una carta al padre tampoco guardaba los sobres del jabón para ganarse un viaje lejos de los nazis no era hermano de Grete ni tenía capa de super hombre lo que sí es cierto es que un día su cuerpo fue transformado === Ellas disfrutaban estar juntas salían a mirar las flores y las tractomulas amaban el sol cuando había lluvia Desde las ventanas las miraban: las gentes, las moscas y la luna la luna cantaba para ellas sus mejores noches las moscas no saben del amor las gentes tampoco. === Heredadme tus besos esos que nunca fueron cuando estabas ahora aunque amargos como la música que te pudre no me heredes tus miradas nunca aprendí a coleccionar cabezas de animales exóticos si puedes heredadme el cielo en la tierra nunca fuimos. === Solíamos ser felices inventábamos flores y caballos con la piel del cielo corríamos detrás de los carros o de las mariposas sabíamos deslizarnos con la lluvia sobre los tejados de zinc y llegar primero que el olor del café a orillas del viento. === Abrevié mi nombre de tu cuerpo ni un solo rastro ni una sola huella luego te fuiste en una boca sellada como esas cartas que cruzan nuestros miedos mientras te amaba te fuiste para siempre y no hay un Dios que te detenga nada antes del fuego de tus manos que amarraban a mi espejo tu deseo. === Esos hombres viven desde siempre en una esquina han cruzado el firmamento muchas veces y saben hablar solos como si estuvieran felices toman café y fuman mucho hasta la llegada de la oscuridad ** Andrés Matías andresmatias78@yahoo.es Abogado, poeta y ensayista colombiano. Ha participado en diferentes paneles, recitales, simposios y encuentros. Fundó y dirigió el Centro de Estudios Políticos y el Café Literario de la Universidad La Gran Colombia (http://www.ulagrancolombia.edu.co). Ha publicado Toda flor arrancada es un cadáver, La casa de un poeta, Versos cómplices, Versos impenitentes y Cuervos blancos. Ha sido columnista y analista de temas de derecho internacional y geopolítica, así como de crítica de arte, historia y humanidades. === Efecto Cyrano Marcela Adaros Rojas =============================== Al llegar a la Residencia de la Universidad de Alcalá, imponente en sus quinientos años, lo primero que hizo la recepcionista fue asignarme la habitación Chile y de paso una compañera de cuarto entre todos aquéllos a quienes no conocía más que en las clases, de manera superficial y siempre políticamente correcta. Se trataba de Renée, una abogada del Ministerio de Obras Públicas, a quien siempre encontré distante y con un aire melancólico nada interesante. Pero estábamos de viaje, y aunque era de estudios, pensé que podría dar alguna sorpresa. Y no me equivoqué. La primera noche abrió su maleta y sacó una botella de Chivas cuyo dorado resplandor osciló con su paso rápido. Bebimos, comimos queso manchego y conversamos animadamente, y después de unas horas, ya se había generado una corriente simpática que nos hizo pensar en cómo era posible que no nos hubiésemos conocido más en esos tres años. Al calor de una copa entramos sin pudor en el plano de las confidencias y me confesó que había terminado una relación de un año con un colega que aún no podía superar. Por eso vino, aunque no estaba en trance de tesis, porque sabía que C.K también había salido de Chile rumbo a España. —¿Le has escrito alguna vez una carta de amor? —le pregunté. Ella me miró extrañada, como si le hablara de algo insólito, seguramente le pareció anacrónico escribir una carta de amor en tiempos de los mass media. —Tú sabes que yo escribo y tengo cierta habilidad para eso. Bien, te propongo poner mi pluma al servicio de tu historia —dije, levantándome teatralmente mientras apuraba un sorbo de agüita de Escocia. Así fue como esa noche hicimos una alianza que comenzó con la primera carta que ella envió desde un locutorio al correo electrónico al que únicamente había escrito por razones de trabajo. “C: estoy en España desde hace unos días y veo que la realidad abre paso a los sueños, sustancia de la que está hecha la vida para navegantes y viajeros. Esos sueños se parecen ahora a Alcalá de Henares, con sus tejados medievales por los que pasean las cigüeñas. Cuando las observo noto que al atardecer se duermen, y no puedo dejar de pensar que en sus enormes nidos guardan algo que no alcanzo. R” Días después en Toledo, terminamos empapados una caminata frente a la catedral. Celebraban un carnaval, entonces vimos pasar extraños personajes por el lado, mujeres con largos vestidos de encaje negro, mantilla cubriéndoles la cara y guarecidas bajo un solo paraguas negro. Me pareció que venían de otros tiempos en que siempre era posible reír de a dos bajo la lluvia. “La lluvia en Toledo cae suavemente como queriendo no hacer daño a las iglesias, monasterios, grutas, escaleras de piedra y estrechas callejuelas llenas de gente. Caminas por ellas y de pronto llegas a lo alto y cuando recobras el aliento descubres las colinas verde-chiloé llenas de cipreses y no parece real, es como si fuera parte de un cuadro del Greco y estuviéramos allí sólo para comprobar que no existimos realmente si no es dentro de ese cuadro. Tú debieras estar allí, para mostrar la eternidad a los amigos del Conde de Orgaz. R” Antes de volver a Chile, decidimos ir a Barcelona y nos internamos por los laberintos trasnochados del Barrio Gótico mezclados entre ríos de gente buscando el vino de la casa, y mientras devorábamos raciones de patatas bravas, concluimos que en España la gente se divierte comiendo, bebiendo vino, y sobre todo hablando. Recordamos con nostalgia que en Chile de noche, más que comer y hablar, se baila, justo lo que Renée necesitaba esa noche para exorcizar demonios de corbatas grises. “Barcelona se me antoja como una moderna y sofisticada Babel. Lo que menos se escucha es castellano. Suena tan dulce el catalán en sus bocas, voz en off con las demás lenguas, guturales, ásperas, espesas articuladas por los miles de turistas e inmigrantes. Me siento lejos, más lejos de lo que alguna vez imaginé de la neurótica parquedad de Santiago. Se siente bien estar aquí...”. Así, mientras de día cubría espacios académicos y turísticos, de noche escribía cartas para un sujeto que nunca vi, cartas que Renée despachaba puntualmente cada día y cada vez más olvidada de por qué lo hacía. En esos días ocurrió también que dimos en descubrir que mientras avanzaba la noche, eran más abordables las personas y la ciudad. Imaginábamos la caída de las máscaras sólo para ver de verdad, y en esa tarea nos exponíamos también nosotras. “C: En la Barceloneta el mar está muy cerca, creo que me duermo escuchando cómo se bate en retirada para luego volver a mi almohada, mientras sueño algo que llena con su aroma exasperante la inmensa noche de España. R” A esas cartas siguieron todas las que escribí para ella en Madrid, Barcelona y la última, enviada desde el locutorio de la residencia de la Universidad de Valencia. Cartas escritas como si fueran para un hombre capaz de inspirarme el deseo de hacer de la experiencia magia en las palabras; cartas escritas secretamente por mí, para que Renée las firmara. “C: Seguramente sabes que Valencia está en la costa de Levante, zona también llamada Costa del Azahar, el olor que desprende la flor del naranjo. Creo que también le llaman Costa de la Luz, porque está en el Levante español, donde dicen que son más bellos los amaneceres. Si a esto le añades que está en el Mediterráneo, donde el mar es azul intenso, puedo decirte que estoy en el lugar más. Te cuento esto, porque creo que es la influencia de ese mar la que dio origen a la cultura latina que nos define a ti y a mí, no sólo en los rasgos físicos, sino en la forma de ser y de hacer. ‘Exprimiendo y forzando’ más el argumento, podría decir que es lo que hace que después de estar un montón de horas escribiendo mi tesis, con una Coca Cola al lado, me apetezca contarte estas cosas. También puede ser, simple y llanamente, un deseo de averiguar hasta dónde se puede llegar a distancia, en el empeño de conocer a un hombre como tú. R” Sin embargo, estoy en este hostal en Madrid, sola. Nuestra incipiente amistad colapsó entre bibliotecas, cansancio y la obligada cercanía entre dos personas extrañas y complejas que las circunstancias unen. —Arréglatelas como puedas —fueron sus palabras antes de cerrar la puerta. Y así fue, llegué como pude a Barajas, me senté sobre el carrito con mi maleta y me dispuse a leer un ejemplar de El País del día anterior. De pronto un hombre me preguntó si viajaba a Santiago, contesté afirmativamente y comenzamos a hablar mientras las horas pasaban sin darnos cuenta. —Me encanta como hablas, tus palabras tienen el color del agua en el Levante, ya que estamos en España —dijo sonriendo, y yo, medio distraída con sus ojos, me pregunté: ¿Dónde he oído eso antes? Él viajaba a Chile en otro vuelo, y al despedirnos escribió mi correo electrónico en una tarjeta y me entregó otra con su nombre y correo anunciando que me escribiría para que nos reuniéramos en Santiago. —Escríbeme —me pidió, antes de dirigirse a la sala de embarque. Mientras desaparecía, y antes de guardar la tarjeta en el bolsillo, la miré y leí: Ministerio de Obras Públicas Christian Klaussen Abogado —Dios... en menudo lío me he metido —no pude menos que exclamar en voz alta, mientras veía a Renée y a los otros acercándose por el pasillo del aeropuerto. ** Marcela Adaros Rojas marcelaadaros@gmail.com Escritora chilena (Coquimbo, 1963). Profesora de estado en castellano y filosofía y doctora en ciencias de la educación. Académica de tres universidades de la ciudad de La Serena. Mantiene un blog en http://www.atinachile.cl/blog/u33774. === Ambrosía José Geraldo Neres ====================================== === Traducción: Marta Spagnuolo =========================================== sentir el ritmo y sumergirse en el cántico de las aguas el grito revela el paladar-líquido del rocío-carne moldura inclinada sobre un cáliz de música y palabras I en la barranca pintura de miedo perfume de luna con trenzas de árbol tejo un columpio y bailo en las estrellas la ronda de los sueños II con vestes estelares dragones en la cintura las caras de la luna en el peregrino dorso en la acuarela gritos destrozan girasoles III el sexo grita los dolores del arco iris espasmo secular gotas insanas relieve sin tramas IV con las lágrimas la cara mezclada lava otras caras el mar salvaje se curva escultura desnuda cruda de secretos V un puñal onírico tatúa en la película del cuerpo diecisiete piedras recorren el castillo en las sandalias de la luna VI el cuerpo sudado moldura del agua bebe naturaleza un acuario solloza su cuerpo desierto VII delirio plateado protesta callada de una geisha orquídea con máscara de rocío sentencia despedidas (temporal de sake) VIII cautivos en sueños verdes amaru y sade en versos cáliz cuerpo cálido convexo guirnalda mítica cantiga tenue madrugada desnuda IX busca el cuerpo dentro de sí en actos de salvajería se rasgan susurros en el octavo día semanal la madrugada extasiada se baña en el néctar uterino de la madre tierra X fantasmas se entregan a la noche el día besa la cara de la madrugada XI sus pecados parto por la mitad sin ningún esfuerzo las sobras de sus actos las dejo para el juicio de su amada eso si aún le queda alguna XII riacho de la luna guerrera pez y fuego en la moldura el día en el vientre del centauro negro flecha humedecida en la aurora boreal XIII cántico en la órbita azul verbo de tambores y silencios agua en la caza de un sagitario y laberintos grito las melodías del Vesubio esfinge siembra el noveno girasol en el reloj lunar XIV Médula ser libertino se mezcla con líquido en mañoso éxtasis el deleite acompasa el desatino tatúo un poema en su dorso manifiesto silente de misterios la madrugada estimula tramas estrellas juegan en el espejo del alma rocío el paladar del amanecer son versos en papiro inmaculado XV rozar arco iris con dedos cristalinos susurrar palabras extintas en el diccionario de la selva carnal puñal aterciopelado bálsamo en cicatriz azul ingenuo instante poema bilingüe modela nubes de algodón XVI estrella marina acuario de viento gota tejedora suspendida (ojos-tempestad) el seno lunar contornea el rocío piedra de fuego late en la acuarela-vientre génesis XVII en el lecho silueta sol de labios místicos en la puerta el son me llama a bailar reina-mujer cabalga y alimenta tatúa su mapa en este peregrino en la barca-deseo el sudor de la noche sin estrategia sin miedo al mañana me entrego oh cazadora! Avalón se dibuja en la savia navego XVIII Muerdo la noche y los espejos de luz — mujer retazos de palabras carnívoras en el tiempo de sombras cuerpo laberinto de mis ojos la música de su vientre revela las puertas de la muerte abrazo esa melodía la savia de una estrella y siento la canción del silencio correr por el cuerpo un beso recibe la primera gota de rocío me alimento de su sonrisa ofrenda de sangre ** José Geraldo Neres jgneres@uol.com.br Poeta brasileño. Cofundador del Grupo Palavreiros (http://www.palavreiros.org), en el que confluyen narradores y poetas residentes en Diadema, São Paulo (Brasil), y de cuyo sitio en Internet es coordinador de Comunicación y webmaster. Es coeditor de la revista Poética Social. Trabajos suyos han aparecido en las antologías Alabastros (2002) y Proyecto Cultural Tiempos Perplejos, Poética Social (2002), así como en las revistas A Cigarra, Nozarte, Metamorfose (Brasil) y Lote (Argentina) y en varios sitios literarios en Internet. ** Marta Spagnuolo martaspag@hotmail.com Investigadora y docente argentina (Colón, Buenos Aires, 1942). Es profesora en Letras por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (http://www.uba.ar). Ha publicado Historias de Maizales (cuentos), Paraná, Editorial de Entre Ríos, 1990; Tres visiones del encuentro de dos mundos (ensayo sobre Ruy Díaz de Guzmán, Bernal Díaz del Castillo, Inca Garcilaso de la Vega), Buenos Aires, FAIGA, 1992; Fray Mocho, el estilo matrero (ensayo), Paraná, Editorial de Entre Ríos, 1992); El aprendizaje del misterio. Análisis de Por los tiempos de Clemente Colling, de Felisberto Hernández (Buenos Aires, El Arca, 1996); Claro el afán (Poesía), Pergamino, Sopeña Hnos. 1995); La lectura, recurso básico para el desarrollo humano, sociocultural y económico (Buenos Aires, ABA, 2005). Varios de sus cuentos y poemas integran las antologías Letras de Oro 2003 (Buenos Aires, Honorarte, 2004); Antología de la llanura pampeana (Buenos Aires, Colihue, 2000); Narradores de la tierra mía (Buenos Aires, El Francotirador,1997); Poetas de la Norpampa (Pergamino, 1996). Ha obtenido numerosas distinciones, entre ellas: Primer Premio Concurso de Ensayo Fundación el Libro en el V Centenario del Descubrimiento de América (Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, 1992), Primer Premio IV Certamen Internacional de Ensayo Breve 1995 (Banco Mercantil Argentino, Buenos Aires), Primer Premio Concurso Anual de Literatura “Fray Mocho” 1992-Ensayo (Gobierno de la Provincia de Entre Ríos), Primer Premio Concurso Anual de Literatura “Fray Mocho” 1998-Cuentos (Gobierno de la Prov. de E. Ríos.) y Segundo Premio ABA a la Educación 2004. Artículos suyos han sido publicados en revistas como Variaciones Borges (The J.L. Borges Center for Studies and Documentation, The University of Iowa, EUA; http://www.uiowa.edu/borges/vares.shtml), Espéculo (Facultad Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, España; http://www.ucm.es/info/especulo) ; La Casa de Asterión (Departamento de Idiomas de la Facultad d Humanidades de la Universidad del Atlántico; Barranquilla, Colombia; http://lacasadeasterion.homestead.com) y Jornal de Poesia (São Paulo, Fortaleza; Brasil; http://www.revista.agulha.nom.br/poesia.html). Como traductora del portugués al español ha publicado sus versiones de los poemas de Floriano Martins Por onde cai a linguagem / Por donde cae el lenguaje (Online: Triplo V) y Antes da queda / Antes de la caída (Online: TriploV y Palabra Virtual). También de Floriano Martins, acaba de traducir los libros de poesía Tres estudios para un amor loco, La noche impresa en tu piel y Teatro imposible, de próxima publicación (2006), respectivamente por Editorial Alforja (México DF); El Pez Soluble (Caracas) y La Rana y El Perro (Caracas). En el área académica ha dictado las asignaturas Literatura Argentina; Literatura Hispanoamericana; Gramática y Estructura del Lenguaje; Lengua, y se ha desempeñado como JTP de Composición, Teoría Literaria y Literatura de Europa Meridional. === Tres relatos Adriana Prieto ====================================== *** De no ser por la vena De no ser por la vena que se salió de su pie, su vida no hubiera cambiado nada. Vio que poco a poco se salía y sintió que no debía ser mayor preocupación para él. Se comenzó a alarmar cuando notó que ésta se inflaba como un globo, su sangre era casi transparente, mientras más se inflamaba la vena más transparente se hacía todo, llegó a convertirse en una tela invisible que parecía un gran lazo sobre su pie. Caminaba entonces elevando ese globo que lo sostenía, era una sensación única, su cuerpo había adquirido un ritmo muy particular al caminar; su preocupación apareció el día en el que el globo explotó, se escuchó un gran estallido, y cuando miró, su pie parecía de un recién nacido, lo cubría un polvo blanco que parecía talco y sutiles manchas rojas evidenciaban que alguna vez hubo sangre por allí. Al llegar al hospital el médico le explicó que la vena rechazaba totalmente el pie, por alguna extraña razón su cuerpo había decidido no tenerlo más como acompañante. El médico mirándole a los ojos le dijo: “Es inevitable, su pie debe ser cambiado por otro”. De no ser por la vena que se salió de su pie, su vida no hubiera cambiado nada. *** Ya a punto de caer me agarro de un ala Ya a punto de caer me agarro del ala de un ave que va pasando. Ella sigue su camino. Al sentirme ignorado me suelto nuevamente y de inmediato delante de mí veo una nube, me acomodo y me dejo caer plácido en ella, ella, como si nada continúa su leve movimiento. Miro mi cuerpo, me siento ofendido y me echo a un lado. Sigo mi camino. De repente siento que no hay nada más, sigo cayendo sin un ave que me recoja, sin una nube que me busque. Cuando menos lo pienso, me agarra una mano: —¿Y tú, qué haces aquí? —me pregunta. —¿Yo? —le respondo—: ¡cayendo! *** Al levantarse cada mañana Al levantarse cada mañana sentía cómo la gota caía, lentamente, desde la mitad de su cabeza hasta llegar a la punta y desaparecía. Nadie podía creer que algo le caminaba por la cabeza, que algo se vaciaba gota a gota, que algo se le escurría por dentro. Ella, en cambio, sí lo percibía, cada día que pasaba sentía cómo iba saliendo algo, cómo su cuerpo se iba debilitando, cómo su delgadez y su tez cambiaban diariamente. Trató de ignorarse, de hacerle caso a los demás, era imposible que eso le sucediera, era lo que decían todos. Continuó así. Un día se echó a caminar y nadie la detuvo, nadie la podía detener, no hubo forma de comunicarse con ella, nadie lo entendió, era como si su ser hubiese escurrido entre la nada, como si realmente estuviese vacía. ** Adriana Prieto adrianasolnegrove@yahoo.com Escritora venezolana (Maracaibo, 1981). Licenciada en letras y en educación mención Castellano y Literatura por la Universidad del Zulia (LUZ, http://www.luz.edu.ve). Dicta clases de literatura para niños en el Colegio Alemán de Maracaibo (http://www.cam.edu.ve). Forma parte como actriz-bailarina del Colectivo Corpus-Teatro. Ha publicado artículos literarios en revistas digitales e impresas. === Poemas Osvaldo Ciezar ============================================ *** de ciertos cielos aquí ni es azul ni está poblado es una manta gris democráticamente aburrida apenas transitada por algunas sombras pero sobre todo una oleada de melancolía que repite hasta el hartazgo que sólo somos islas sometidas al lento divagar derivar de los recuerdos *** arrebujado entre dos tiempos te deslizas bajo las pieles muertas pues se trata apenas de yacer de quitarse colores y calzar los ojos de ciego desentrañar los murmullos estirar tanta arrugada geografía de la sinrazón y quedarse quieto con esa quietud de las esperas aun a sabiendas que nada viene después que es todo desvarío este aire entre dos sensaciones falsos equilibrios desnudeces adonde se cuece el desastre más triste que la muerte esta degradación de cada minuto cada hora cada día tanta desazón que sólo cabe en una sonrisa *** agujeros de sueño a fuerza de sollozar ausencias solsticios ajenos tantas premuras apenas siento venir los vientos —los negros vientos que apuntan desde los primeros pasos tergiversan para descolgarse orondos cuando el aliento se entrecorta crecen las sombras y comienzan los tiempos de descuento voces que apenas disimulan la alegría inundaciones de optimismo flujos de suerte carcajadas nos llegan desde aquella noche sideral donde amontonamos sin concierto temores y chanzas éxtasis y deslumbramientos rescoldos de ventura esos rincones donde se acuclillan los girones de dicha las sonrisas perdidas los versos truncos y tanta vergüenza que desborda quiebra los vasos y sale a embriagar otras venturas ajena al dolor agujeros de sueños despedazados para siempre *** inventario esa mano desprendida caricia suelta avergonzada ese flaco reír de circunstancias fue lo que quedó y apenas. sabíamos que no se vuelve como cosas que no se recomponen hay excesos ahora nimios y olvidos circunscriptos que dejaron de caber en almanaques. nos costará hablar en pasado pero más dolor encima tendremos en los huecos esas ideas asesinas como preguntarnos qué carajo hacemos esta tarde y las luces iluminen las ausencias los parques sin paseantes los pájaros desplumados como cualquier otoño y no haya tampoco lugar para llantos ya todos secos y cuarteados como una bella foto del futuro que no está, seguro, pero no faltará a la cita. *** Despedida para epifanio madrid díez un destello de marfil sonrisa helada para siempre un nombre irrepetible acción un paso delante de las coplas y un resumen que algunos creen macabro otros sienten necesario porque esos viajes son largos el resuello se corta rápido y la memoria se impacienta hasta dejar caer detalles importantes y mustios como aquella gioconda desvaída con que te fuiste para siempre de pronto el futuro te cayó como una rosa y nada fue lo mismo porque eso es la eternidad. *** sombras vuelve a pensar que todo está acabado y sólo quedan en escena sombras de viejas permanencias muñecos rotos polichinelas huellas endurecidas sonrisas desvaídas y pretéritas tibiezas derramadas sin concierto y el vaho dulzón de alguna atmósfera indisipada que sólo se mantiene a la espera del sonido final del estruendo de una puerta abierta con su torrente de luz sus sonidos su indisciplinado poema del vivir cercano para cerrar el último capítulo y hacer que por fin el astronauta insomne cierre los ojos para siempre *** una de alegría dispara al viento una sonrisa un rasgo de sol una caricia y regresan los tiempos desdeñados las viejas costumbres de mirarte en este trasluz de primavera de olores francos de suavidades dispersas entre colores y tactos siempre hay una madrugada de sueño guardada en un pliegue bien profundo lejos del dolor de decepciones de olvidos e injusticias donde el futuro aún puede conjugarse en pasado los tiempos se cruzan y uno es niño ni siquiera el que fue sino el que quisiera haber sido hay días así donde el contento te acribilla a mansalva tenés ganas de reír sin perder conciencia de los negros trazos de la historia cotidiana esa miserable que teje redes de dolor paños de amargura y ausencias sobre todo ausencias *** mano eso fue el comienzo, luego la mano hizo porque conoce todos los gestos los golpes las caricias los desprecios pero sabe sobre todo ofrecer y quitar desde el fondo inmemorial su simple oficio todo lo sabe y lo conjuga lo trae a tierra y lo redime descubre y finge apacigua pero se arma en golpe sorprende y consuela traduce y crea ventila muchas veces aspavienta se retuerce en desvelos se disfraza confunde sabiendas y averías cruje y se desarma a ratos tiembla de apretada desde adentro confusa y solemne alhajada y cubierta de esfuerzos que todo deja huella en su extraña geografía la mano vive junto a ti te prolonga raras veces se aposenta protagoniza por naturaleza trasciende y vende desnuda sabe hallar mecanismos y efluvios tantea sin vergüenzas ni placeres hace su mundo y te lo ofrece sólo hay que dejarla ponerla en marcha darle un punto inaugural para que todo comience *** madres ¿de dónde viene ese deseo manifiesto de vida que nos lleva a acabar con todo hacer tabla rasa recomenzar con la fe de un fanático cruzado y construir de nuevo sin bases ni proyecto gimnasia amnesia y ritornello? ¿qué madre nos infectó con ese virus total insidioso irreductible para demoler y retrazar sobre las ruinas aún tibias humeantes idénticos desatinos inviabilidades proyectos de miserias a veces altas y brillantes meros blancos para otros empecinados infectados contrario sensu placenteros nautas de contramano? desde esta aurora en ciernes grávida de buenos soles de vidas compartidas compartibles sólo nos queda guardar lo que hicimos en otros pasajes en otras galaxias y ampliar ampliar desbordarnos de acción para que estos tímidos túmulos meras apiladas montones informes se ofrezca y relumbre ante los ojos pero por encima de todo sean techo y lumbre cobijo sitios de encuentro conjugación positiva y olviden los ritos las ventajas las prebendas las estúpidas ambiciones de alcanzar eternidades que haga humanos los pasajes las confluencias, los abrazos y hasta los cabreos por eso de que somos diferentes discrepamos pero todos compartimos los viejos códigos a pesar de las madres contrabandistas infectadas eslabones débiles de esta aventura que se llama simplemente vivir. *** huesos de siesta en siesta esas cosas calientes lineales que te atrapan en cada sombra uno busca los gritos que despierten recuerdos asesinos nostalgias pedazos de rencor y cosas viejas simplemente para levantar la vista y revivir —qué remedio queda— aquella angustia o soledad o desencuentro donde el tiempo tropezó con huesos ciertos. *** de pasaje los ángeles se van sin mostrar la oreja y uno queda diciendo pavadas de vuelta en su rincón puro ojos sin boca canciones falseadas desafinos incapaz de entender los dedos de un almanaque las brisas desmayadas y tanto grito como se oye en estos tiempos los ángeles se van sin decirte nada tal vez para correr hacia otros plenilunios y uno ya se olvida hasta de su existencia los ángeles se van ya se fueron y uno choca contra el muro hasta ayer ausente ahora todo debe ser abrirse paso entre las piedras reunir lo que quede sortear las nieblas sonreír para la cámara y soñar a solas con mundos poblados de venturas los ángeles rebusque de memoria eran incorregibles fumaban y bebían muchas veces blasfemaban decían nombres sin tacha y en vano pero llevaban consigo como escudo el secreto de la risa los ángeles tenían la musculatura apropiada para vivir de alegrías la mano tendida y esa facilidad de ser amigos apoyar el hombro donde hace falta y compartir las miradas cargadas de nubes y futuros las ganas de vivir y la lejana idea de ser algo de servir para algo de ser más que esta bolsa de huesos de paladar agriado y vagos recuerdos que emerge entre murmullos y protestas cada salida de sol sin ganas de celebrarlo simplemente porque los sueños te rechazan te empujan por ocupar demasiado espacio y hay un celo vertical que distribuye los humores nuestros de cada día los ángeles se fueron acaso nunca llegaron pero era dulce el ensueño de haberlos creído *** adónde está es que siempre me pregunto dónde está la profunda disidencia que me roba el tiempo de contar una a una las marcas de tus labios de tus ojos de tus manos porque esa es la manera de recordarnos juntos de compartir siquiera aquel pasado donde la risa y el llanto brotaban sin pensar en el futuro donde el gesto prefería la sonrisa para distenderse en las dimensiones posibles del gesto y el alfabeto donde todas eran marcas en apariencia indelebles que sin embargo pasarían factura sin descaro hasta vernos reducidos a ésto dos que se quieren a través de los olvidos los rencores los gestos inconvenientes las palabras que sólo saben estar juntos abrazados bajo los vendavales tratando de mirar otros mañanas unidos apenas por las hilachas de estas emociones que nos arrancan lágrimas furtivas amapolas virtuales entre el naufragio y el sueño y sólo se apagan en las exhaustas madrugadas pesadillas y dolores mezclados raras veces sonrisas cuando palpita todavía ese rosáceo ocultable ese candor —aromas de café, la mesa puesta— y el deseo de prolongar la modorra confortable de otros brazos que son apenas textiles incapaces de calor de tan extraños *** pedazos lentamente con esa parsimonia de almanaques que cuelgan en desorden me voy desviviendo a pedacitos sin buscar ni que me busquen sentado a la orilla sin mirar al paso de tanto y tanto peregrino sin tener tampoco la noción de haberme quedado puro ojos y destellos de contacto simple enumeración de desastres cotidianos sin poder juntar los buenos pedazos de balance los trozos selectos los retazos presentables despeinado de almas reducido a la pinta y los recuerdos mientras se prepara un carnaval de petardos y relámpagos una orgía de espíritus que escaparán inevitablemente hacia cimas impalpables cielorrasos fulgurantes nubes y el vacío invade arrasa con brazos y caderas te reduce implacable hasta que sólo queden gargantas en cuerda viva incapaces de gritos confundidas entre sordidez y gozos invariables escombros de lo que nunca fue más que ilusión desvarío de insomne —insomne él mismo demudado *** decir uno sabe que está pero se ha ido irse es quedarse pegarse a una imagen (volver pero soñando de tus viajes ojos cerrados poros abiertos) irse es un modo de quedarte de decir no de decir a secas *** odiosos funerales para aquel compatriota inquieto de saber tantas cuestiones microcosmos de color y calenturas giro en torno de aspavientos senderos de color y otras sanciones porque hay una emboscada que me aguarda entre esas matas y aquellas convicciones el morral escrito me desloma sólo hay que aguantar y aquella apuesta de que llegue anochecer y con las luces equívocas desleídas hasta indiferentes de relieves y gestos me mantiene vivo aunque encerrado entre esa falda almidonada de mañana y el crujiente uniforme sanguinario habrá un pizarrón negro una olvidada palabra en quechua que desdibujada en trazos balbucientes diga cosas absurdas como respeto hombre gente idolatrías y mazmorras los nuevos rostros de la esclavitud consciente y se eche a reír cuando uno roza gesto postrero de dolor y aviso de impotencias ensueños de mañana cuando todos sabemos que sólo hay una ráfaga de maloliente rencor de mala chicha en manos que olvidaron entre discursos del valor de haber sido diferentes nadie ignoraba que allí había el hombre encerrado de incógnitas hirsuto desenlace de aquella imagen desnudo hasta el hueso capaz de toda entrega simplemente solidario tal vez errado pero gesto empedernido de hermandad —lobo que optó por otro rebaño por eso perdido en los tumultos al margen de lo que se debe ajeno pero nunca extranjero ni intruso simplemente eso capaz de mirar pero exento de juicio un mero hombre delgado de hambrunas ahíto de pensamientos lúcido y disgustado por eso de morirse sin que nadie a su lado comprenda que con la ráfaga final volarán en pedazos vergüenzas miedos de despertar placeres herramientas materiales nobles sagradas geometrías amamantadas desde los orígenes desde las primeras caídas del sol las corrientes esenciales el rumor de las aguas bautismales los temblores del otoño inaugural sensaciones de sentirse en vida capaces de situar al hombre a la mujer a sus frutos entre las cortezas del árbol de la vida lejos de las fórmicas venturosas del aparato electrónico de los simulacros que matan desde el extremo de la atmósfera pobres robots que sólo saben repetir memoria electrónica virtual inútil inhumana lecciones imbéciles de cosas viejas sin tiempo de esperar su propia imagen apenas carátula cadavérico presente de los amos que dejan de jugar cuando el viento cambia de amuras y el espectro de la realidad insoportable sino se echa a morir como una mala reescritura en ese triste cobertizo de difuntos miserable ni siquiera lóbrego bajo un cielo que será para siempre inhóspito como una maldita traición como un crimen como un juicio deshonesto y perdido contra la muerte. *** cantas cantas a las hojas que fueron y sin embargo también tengo mis figuras negras mis amantes ideales mis amigas que fueron a estrellarse contra una curva arbolada cuando sólo ellas lo esperaban cantas a las hojas muertas y tengo aún en las manos el calor de los que se fueron para siempre cantas siempre al pasado cuando un cielo ajeno y limpio me espera más allá de las playas cantas porque el aire se agolpa en tu garganta y se acumulan las citas en un espacio inasible en rincones de viento allí donde soplan los espíritus y las buenas vecinas se regocijan cantas porque nada queda más que eso una nota temblorosa entre las sienes una fugacidad de pasos una tiniebla y la nada recomienza suavemente como en cada madrugada *** cenizas para josé “pepe” ciezar, i.m. nadie te pregunta ya de entresijos ni humores de silencios ni protestas de pasares ni penas bastó el fuego final definitivo para acabar con esas falsas estructuras esos huesos de quejumbre esa inmensa colección de amaneceres y sonrisas habrá quien te recuerde eje secundario del aceitado planetario silencioso a veces siempre justo filósofo a ratos parado en la dimensión de lo presente anunciador de tragedias pero más aun oasis en un mundo apaciguado de gritos dominados de sangres en reposo de pasados incapaces de huellas diferentes a los toscos amorosos recios fundamentos de lo que llaman vida conjunción de barro y sueño la dimensión exacta del dolor ya no por lo ocurrido sino por todo el resto *** de lugares y éxtasis amo aquella cárcel de cielo tan alto y tan azul donde alcurnia y mierda viven de la mano donde todo se confunde la alegría es terminal el asesinato curriculum la fortuna robo descarado donde la piedad la fe el desparpajo dejaron de valer hace tanto tiempo lo que se dice un hombre amo esa sociedad que siempre inventa los valores después y mientras tanto roba saquea miente sin perder candores hace perpetuo el regocijo infantil celebra todos los errores sahuma su cerebro de sándalos y especias se onaniza creando paraísos ilusiones tristes pavadas salta entre dos adoraciones con bien domesticada destreza persigue animales legendarios corre hacia praderas de solodisney hipermascope y fantavisión vislumbra colores de más allá de los espectros envidia carnes saturnales prefiere sus mugres interiores mientras protesta expulsa vitupera a quienes ya olvidaron elegir y buscan en el punto intermedio entre gargantas y cloacas el espacio del simple reposar donde puedan preparan el salto final hasta la nada amo esa tierra de contrastes virgen habituada a tantas exacciones tapiz de gente que murmura improperios mientras marcha mansa hacia el cadalso descarga final de tanta vida malograda porque sí desbaratada entre dos decretos contratos acuerdos connivencias que grita en el éxtasis y calla de dolor llora a destiempo e imagina días de ventura nada más para seguir imaginando que puede sonreír despojada de culpas amo ese lugar violento soez inimaginable donde se mata sin pensar como quien juega donde se piensa sin jugar como quien mata donde deslumbra todavía insensata la flor de la inocencia ** Osvaldo Ciezar osvaldo.ciezar@gmail.com Poeta y periodista argentino (Buenos Aires, 1937). Reside en París desde 1974. Ha publicado los poemarios Para una despedida (1954/62), Quién sabe qué pasados (2001), De ciertos cielos (2002), Que la noche sea eterna (2003) y Por toda la cuenta (2004). Ha sido redactor en diarios, revistas y agencias de noticias. === Mujeres muertas de amor (extractos) Triunfo Arciniegas =========== (Nota del editor: a finales de 2007 fue anunciado el veredicto del Premio de Narrativa Jorge Gaitán Durán, de mucho prestigio en Colombia y hermano gemelo del Premio de Poesía Eduardo Cote Lamus. El jurado, compuesto por Jaime Echeverri, Octavio Escobar y Lina María Pérez, decidió concederle el premio al libro de cuentos Mujeres muertas de amor, de Triunfo Arciniegas, del que hoy traemos a nuestros lectores dos relatos). *** La mano en el bosque 1 Lucas Malerba, estudiante universitario y destacado atleta, encontró la mano mutilada cubierta de moscas en el bosque de sus ejercicios sexuales la tarde del 13 de noviembre de 1997. Por supuesto, no era la primera vez que recorría el bosque con la amiga de turno. Lo conocía a profundidad, casi árbol por árbol, hasta los rincones más secretos, donde no llegaba la curiosidad de los niños que burlaban la escuela, e incluso lo había recorrido alguna noche desnudo y sin extraviarse, y pretendía el mismo conocimiento con la hija del doctor Malaver. Habían bailado un par de veces en El Decamerón, habían visto solos una película que la hizo llorar, y apenas se habían tocado. “Las parejas que atraviesan el bosque de la mano, quedan encantadas”, dijo Lucas medio en broma, medio en serio. Ella le ofreció la mano y él la guió hacia uno de esos lugares secretos. Acababan de recostarse y encender un tabaco de marihuana cuando descubrieron la mano mutilada entre los tréboles. La hija del doctor Malaver se desmayó y Lucas tuvo ante sí dos tareas: despertar a la muchacha y entregar la mano a la policía. Por suerte no la habían destrozado los perros ni la habían devorado las hormigas. De pronto, Lucas supo que la mano podía esperar y ni siquiera espantó las moscas. La mano no tenía a dónde ir, entre otras cosas: ningún saludo pendiente, ningún adiós, ninguna partida de naipes. Una mano de hombre con una uña pintada. Lucas fumó el tabaco despacio, regocijado, hasta quemarse los dedos, como dándole tiempo a la muchacha para que despertara por su propia cuenta. ¿Cuántos cuerpos había tocado esa mano, cuántos billetes, cuántas copas de vino? ¿Cuántos sexos húmedos, cuántas lágrimas, cuántos pies tibios? Y ahora, sólo una mano muerta, un desperdicio. Después de la última chupada y excitado por el lujurioso pasado de la mano, Lucas acarició el rostro de la bella durmiente, se atrevió a besarla, le separó los labios con la lengua y hasta la consagró con un trébol en la frente. “Soy un sapo, mi reina de tréboles”, dijo con voz ronca. “Vas a desencantarme”. Bajó a su cuello y, una vez abierto el cierre de la chaqueta, a sus senos. Mordisqueó los pezones dormidos y luego recorrió con la lengua un vientre pálido, suave y salado, y se extasió ante la profundidad del ombligo. Citó un verso de Neruda: “Soy más pequeño que un insecto”. Estrechándose, aplanándose, la araña de su mano penetró en el más bello y profundo de los bosques, de breves, suaves y bien pulidos árboles, y exploró la fuente de los deseos. Luego, con la garganta seca, Lucas Malerba deslizó el pantalón y los calzones por debajo de las nalgas mientras la muchacha realizaba un movimiento cómplice. Lucas descubrió y separó los muslos, y luego la hizo suya, y la muchacha despertó toda empapada, gritando de pasión. En fin, llevaron la mano a la estación envuelta en un pañuelo, y un policía con cara de palo registró la información. “¿Qué hacían ustedes en el bosque?”, preguntó el policía. “Caminar”, dijo la muchacha. A pregunta idiota, respuesta ídem. Después de la penosa diligencia, se detuvieron en una heladería y, cuando Lucas quiso saber si se había desmayado de verdad, ella dijo con cierto placer: “¿Estás desencantado, lobo feroz?”. Lamió con regocijo el helado de chocolate y añadió: “¿Para qué llevan las niñas al bosque?”. 2 La mano fue depositada en un frasco de alcohol mientras se encontraba a su dueño. Alguien la fotografió a escondidas. La historia de la mano, cada vez más disparatada, hechizó a los lectores de la página roja durante tres días. El nombre de la hija del doctor Malaver fue sabiamente escamoteado mientras la mala reputación del atleta corrió a mil por hora pero no en su contra. Las muchachas lo buscaban para que les contara con pelos y señales la historia de la mano y se excitaban como locas en el sitio del hallazgo. “¿Qué hacen las niñas con una mano en el bosque?”, bromeaban. Sobra decir que el dueño de la mano nunca fue encontrado y el misterio de la uña pintada se conservó para siempre. Mucho tiempo después un teniente borracho cambió el alcohol por ron. La mano se descompuso y fue arrojada a la basura. 3 La hija del doctor Malaver prefirió gritar en otros lugares: una pensión, el apartamento de un amigo, un auto. Su vientre se hinchó de tantos gritos. Lucas Malerba, con razón, no se hizo responsable. Últimamente la muchacha gritaba con quien fuera y donde fuera. Hasta se dijo que entretuvo con su lengua a dos negros debajo de una mesa en La Gata Coja. Cosas así se murmuraban en las paredes y los baños públicos. Alguien le oyó a la hija del doctor Malaver la historia de una mano peluda que la asustaba por las noches. La pobre amanecía con los pelos en la boca. Escupía, vomitaba, maldecía. En su honor se compuso una canción obscena sobre los placeres de la mano. El doctor Malaver hizo borrar de las paredes los letreros que la hicieron famosa y la envió de vacaciones a Cartagena, donde su ansiedad no encontró alivio. Según se supo, diversas manos la enloquecieron. Después del parto, la encontraron desnuda en la playa, con su dedo pulgar en la boca. No recordaba ni su propio nombre. 4 ¿Lobo feroz? Lucas Malerba se había sentido en el bosque como un sapo encantado, como un insecto, como una araña tal vez, pero nunca como un lobo. Olvidó sin dificultad a la hija del doctor Malaver con una estudiante de matemáticas que lo acompañaba acezante por el bosque de sus ejercicios. Si se rezagaba, la veía como una oveja a punto de perder su lana, y si se adelantaba, como una perra en celo, mientras él sólo era otro de los tristes animales del deseo. *** Astilla La mujer timbró una sola vez y casi de inmediato la muchacha se asomó por la ventana del segundo piso. —Diga. —¿Elisa? —Sí. —Vengo a hablar con usted —dijo la mujer. —¿Qué se le ofrece? —Sobre Humberto —dijo la mujer. La muchacha cerró la ventana. La mujer pensó que no la vería más aunque insistiera con el timbre durante el resto del día. Casi en seguida la oyó descender las escaleras. O le pareció. Oyó que alguien giraba el seguro y apretó el bolso contra su cuerpo. Y entonces la vio, desde los pies en pantuflas hasta su cara morena, sus cabellos breves y negros, sus ojos grandes, su boca grande, su nariz fina. Una belleza a pesar de la palidez del susto. “Usted me disculpará la molestia”, dijo la mujer. Cuando la muchacha la invitó a seguir, la mujer apreció su cintura de avispa, su culito parado, sus piernas brillantes. No esperaba menos: una pequeña y bien moldeada belleza. Subieron las escaleras. Atravesaron una sala que servía de comedor y cocina, y entraron a un pequeño cuarto de estudiante. La mujer se identificó como la esposa de Humberto. —Lo adiviné al verla —reconoció la muchacha—. Pero no sabía que usted existía. Se lo juro, señora. Siéntese, por favor. La mujer depositó el bolso en la mesa y se sentó en la única silla del cuarto. Se había maquillado y vestido con esmero, sin exageraciones, se había juzgado sin piedad frente al espejo. Más que digna quería verse hermosa, aunque nada podía hacer una mujer de treinta y siete años contra el esplendor de los diecinueve. No podía disimular el maltrato de los años, los bultos que comenzaban a dibujarse bajo los ojos, la dureza de la boca. Supo que acudía al campo de batalla con las armas desgastadas. La muchacha se preguntó con cierto asombro cómo Humberto se había enamorado. Por supuesto, ignoraba que la mujer fue bonita, loca y feliz, y que los años llegan atropellados y desmoronan los sueños. —La costumbre que tiene Humberto es esperar a que estén bien enamoradas para decírselo. —¿Bien enamoradas? —Sí. ¿Usted lo quiere? La muchacha no respondió. En el cuarto apenas había espacio para la silla y las piernas recogidas, una cama estrecha, un frágil escaparate para la ropa limpia y una cesta de mimbre para la sucia. El televisor del tamaño de una caja de bocadillos, junto al teléfono, la grabadora y la torre de cassettes, algunos libros, papeles, lápices, todo encima de la mesa que servía de escritorio, planchadero y comedor. Afiches de cantantes y actores semidesnudos en las paredes. Y un letrero: Sé feliz y no mires con quién. “¿Café?”, ofreció la muchacha, y la mujer aceptó. Trató de grabar en su mente todos los objetos, hasta que la muchacha regresó con el pocillo. Encima de la mesa, tres lápices de madera gigantescos, con las sabidas frases de amor, adornaban un pocillo de graciosas vacas negras. La mujer saboreó el café, amargo como sus días, y bebió sin mirarla. —¿Cuándo se conocieron? —En marzo pero sólo me convenció hace tres meses. Ya sabrá de su insistencia. —Su lengua es peligrosa. Ella, la muchacha, lo sabía muy bien. Casi se estremeció al recordarlo. Su lengua. La mujer, por su parte, trató de precisar el tiempo, de limitarlo, de disminuirlo, de menospreciarlo: noventa días. Suficientes, sin embargo, para corromper a una tonta e inexperta muchachita. Ya estaría toda encoñada, ya tragaría tierra por su hombre. Una espina le atravesó el corazón al imaginarla con las piernas abiertas en la estrechez de la cama. —Lo supe hace como una semana. La demora fue encontrar su casa. Sé mucho de usted, Elisa Durazno. Hace tercer semestre de filosofía, lee en francés, le gusta el teatro. Quiere viajar a Canadá. Sé que dejó un novio por Humberto. Sé que es la hija mayor, que nació en Bogotá pero que vive en Piedecuesta con sus padres y dos hermanos. ¿Su mamá se llama Teresa? —¿Tienen hijos? —Tres. Todos suyos. Él sabe con precisión el momento en que los concebimos. —¿Enamoradas? ¿Han caído muchas? —Usted no es la primera. Le traje unas fotos. La mujer enseñó fotos de todas las épocas del hombre, con distintas mujeres, a veces las mujeres solas, casi siempre ligeras de ropas. —No traje las vulgares —explicó la mujer—. Le gustan las cosas raras. Una vez me empujó a una iglesia con el propósito de violarme en uno de los confesionarios. No me pareció decente y le arañé la cara. Esa misma noche se emborrachó y me pegó por primera vez. Cuídese, le digo. Puede que no le pegue pero no tardará en compartirla con sus amigos. ¿A usted ya la fotografió? —No sabía de su mala fama —dijo la muchacha—. No sabía que fueran tantas. ¿Por qué no lo deja? —Eso venía a pedirle —dijo la mujer—. No le conviene. Tiene el futuro por delante. —¿A usted le conviene? —Es mi marido. Ya estoy acostumbrada. Pasado mañana será otra. —No debió molestarse entonces. Si pasado mañana será otra significa que me dejará pronto. Déjelo usted, señora. Usted es bonita. Puede conseguirse a alguien. —Soy mujer de un solo hombre, a la antigua, y una, como mujer, tiene sus necesidades. Usted me entiende. Las muchachas de ahora cambian de amante como de ropa: de un día para otro. En fin, quería que supiera algunas cosas. No es ningún santo. —Ninguno lo es. No he conocido muchos pero ninguno lo es, señora. —Sólo quiere aprovecharse de usted. —No quiero saber —dijo la muchacha—. No quiero ser grosera pero no quiero oír más cosas. —Está en su derecho. Con permiso. —La acompaño a la puerta. —Gracias. No dijeron nada mientras descendían las escaleras. —Olvidé el bolso —dijo la mujer. —Voy a traérselo. —No se preocupe —dijo la mujer y corrió escaleras arriba. La muchacha corrió tras ella y la encontró sentada en la cama, chupándose un dedo. —Me clavé una astilla de la mesa —explicó. —Déjeme ver. La muchacha tomó el dedo de la mujer y presionó. Brotó una gota de sangre, luminosa y perfecta. Con un impulso ciego, la muchacha lamió el dedo y dijo: —Voy por una aguja. Trajo una aguja del cuarto de Jade y extrajo la astilla. La acarició entre las yemas del pulgar y el índice. —Tan pequeña y todo el dolor que causa —dijo la mujer. —No quiero que sufra. —No es su culpa. La muchacha dejó caer la astilla en el pocillo de los lápices. Abrió una caja de cartón repleta de marcadores, lápices de colores, frascos de perfume vacíos que coleccionaba por sus formas raras, y separó la botella del alcohol. Empapó un trozo de algodón y lo restregó en la herida. Por un momento, a la luz de la ventana, entretenidas en la curación, se vieron como dos amigas, como dos hermanas, carne de la misma carne y sangre de la misma sangre. La muchacha le ofreció una servilleta. —Séquese las lágrimas, señora. La mujer se palpó el rostro con ambas manos y sólo entonces descubrió las lágrimas. Aceptó la servilleta. Se recobró en seguida y dio las gracias. La visita había concluido. Se levantó, tomó el bolso y abandonó el cuarto. Parecía haberse olvidado del dedo cuando llegaron a la puerta. —Que pase buen día —dijo, con una sonrisa. —Gracias. Lo mismo. La muchacha cerró la puerta y subió corriendo las escaleras. Se arrojó sobre la cama y maldijo su puta suerte. Lloró toda la mañana, hasta que sonó el teléfono. —Ya sabe quién soy —dijo la esposa de Humberto—. Lo pensé mejor. Se lo dejo. Se lo dejo para el resto de su vida. Se lo regalo. Colgaron. Entonces Jade abrió la puerta. La muchacha no necesitaba asomarse a la ventana: sólo su amiga tenía otra llave. La puerta se cerró de un golpe y Jade subió las escaleras de prisa. Se desbocó al cuarto de Elisa, arrojó los libros sobre la mesa y soltó la noticia sin preámbulos: —Mataron a Humberto. Ay, Elisa. Lo apuñalearon en El Danubio Azul. ** Triunfo Arciniegas triunfoarciniegas@yahoo.com Escritor nacido en Málaga (Colombia) y residente en Monteadentro, en las afueras de Pamplona. Ha publicado El cadáver de sol, En concierto, La silla que perdió una pata y otras historias, El león que escribía cartas de amor, La media perdida, La lagartija y el sol, Los casibandidos que casi roban el sol, La pluma más bonita, Serafín es un diablo, El Superburro y otros héroes, El vampiro y otras visitas y las obras de teatro El pirata de la pata de palo, La vaca de Octavio, La araña sube al monte, Lucy es pecosa, Después de la lluvia y Mambrú se fue a la guerra. Con Las batallas de Rosalino obtuvo el VII Premio Enka de Literatura Infantil, con Caperucita Roja y otras historias el premio Comfamiliar del Atlántico, con La muchacha de Transilvania y otras historias de amor el Premio Nacional de Literatura de Colcultura y con Torcuato es un león viejo el Premio Nacional de Dramaturgia. === Tres poemas Marcos Seguín ======================================== *** Días Hay días amor que pesan como sacos de serrín en los que callo y me quedo [sólo en el sendero días vacíos como fuelles en los que no digo ni palabra y me oculto en la [vaguada torcidos días como la planta que busca la ventana en los que callo como [callan los que presencian la explosión Hay días indescriptibles días largos como semanas en un pozo en los que cuaja mi silencio como nunca insospechados días en los que para poder dormir como dormía tendría que [contarte mi naufragio Hay días acribillados como el espacio en torno al cactus cargados amor de [horas silenciosas y también días blancos al otro lado de los que parecen noches transparentes días, malos para los indemnes y buenos para los condenados y días en que me subo a todas las carretas y brinco precipicios sin [mirarlos días en que estoy contento, amor, en que escucho el mar en cada caracola, [en que río en la estela de tu risa días en que salto de la cama y caigo en el café, en que todo está por [decidir sorprendentes días en los que para poder dormir como dormía tendría que [olvidar cada fracaso Hay días sin fuerza ni valentía, de fruta sin sabor días trastornados que parece que discurren al revés, días sin pies ni [cabeza, días que me gastan los zapatos y me quitan el color de aquellas tardes de sol en tu toalla días en que nacen las heridas, se abren las costuras, se anda para arriba, [se buscan las señales, se piensa lo impensable hay días amor que encuentro versos largos y días de pensamientos diminutos [como semillas de laurel días llenos de senderos, húmedos, que me pegan al asiento como a un sello pero hay días amor en que mis bobadas merecen tus cosquillas días en que me salvas de mi mismo y la tristeza no pasa la puerta que [custodias días en que me das fuerza para todos los esfuerzos, días que decoras para [mí, días que me enseñas que vivir no es ir tirando días en que pronunciaría para ti todas las palabras sorprendentes días amor en los que para poder dormir como dormía bastaría [con esconderme entre tus brazos *** Elogio de la nada Que se había ido vaciando en el transcurso de la tarde (neumático traspasado por la aguja) con aquel adagio de lluvia en la chapa galvanizada con esa tristeza de ventanas vacías a medio abrir esas antenas quietísimas en sus mástiles el gato aquel adelante y atrás entre los vidrios (consumido imaginador de un paraíso de ratones que no huyen) en lo alto de la tapia acicalada el riesgo de la curva para las bicicletas el silencio mojado silenciosísimo la corriente entre ventanas llevándose el olor del café y de las uvas negras y ácidas de la cesta (el invierno libra al año de un tardo otoño) el suplemento de periódico calado en la silla de afuera esa inmovilidad de cada cosa esa ausencia de pájaros cerrada ese sentirse bajo la tapa de la quesera (limón apretado criando moho en la despensa) así fue pero no de repente se fue vaciando me confesó con estas palabras u otras similares más o menos hasta la nada (¡reino de tantas cosas!) y sin remedio dijo. *** Paisaje con ermita Recuerdas niña lo bien que antes sabíamos callarnos, volcarnos por ejemplo aquellas tardes sobre la barandilla fresca y mirar a la ermita, sólo eso Tanta fue la traición luego de los días agotadoramente largos que nos volvimos charlatanes, locuaces, alegres bailarines ante el éxito de cualquier insensata labor de vigilancia Signos del declive ya por entonces te hablo de los años amarillos: una tras de otra las nueces salían negras los melocotones ásperos olvidaron oler a melocotón por esos días se jodió todo niña, eso pasó Se bifurcó salivosa la trayectoria de nuestras paciencias, todo se hizo pequeño y tropezamos en cada esquina, denegamos cautos nuestro derecho a no cerrar los ojos en presencia del otro Caímos alarmados en la cuenta del mínimo espacio de nuestra soledad sin rincones ni cerrojos corrimos a comprar candados e hicimos celosías en los vanos y arrancamos las aldabas de por fuera Añoramos subterráneos sin accesos donde calmar el latido de cada encuentro accidental (no los había de otro modo), celosamente extraños entre extraños enloquecimos niña, eso pasó Minuciosos escrutadores de nuestras costuras nos rendimos sin luchar como se suele, llamamos melancolía a lo que era ya entonces tristeza espesa como azogue y gritamos ante farmacias sin receta Nos fuimos niña, eso pasó cada uno por su lado al mismo sitio nítido, de recintos descuadrados, vacío de heladas y de tardes … … … … … … … … … … … … … … … … recuerda aquel entonces como yo verás que era perpetuo el silencio de los días que éramos dioses nombrados cada víspera que tuvimos el infinito entre las manos. ** Marcos Seguín mseguinsil@yahoo.es Escritor español (Ourense, Galicia, 1967). Es doctor en geografía e historia por la Universidad de Salamanca (http://www.usal.es). Trabaja como profesor de ciencias sociales. Ha escrito poesía, cuentos y tres novelas: La ciudad retirada, Vi leones en la playa al atardecer y Los juicios idiotas. Reside en Santiago de Compostela. === Mar que ruge cayenas Arnoldo Rosas =============================== A Luis Barrera Linares. Afuera el mar ruge. Sientes el movimiento en el sonido. Te parece estar en la playa, pisando la arena, descalzo como te gusta; no aquí, entre estas montañas húmedas por donde la neblina desciende con lentitud de vieja monja; en esta casa de paredes blancas y rodapiés marrones gigantes, cuartos que se comunican, alcayatas que sobresalen a pesar de los cuadros que cuelgan intentando disimularlas. El mar revienta en blanco sobre las piedras oscuras y la brisa salobre penetra por la ventana. Sin saber por qué, dices: ¡Yésica!, al oír pasos en las escaleras. La casa es de un solo piso, con un jardín inmenso sembrado de cayenas, únicamente cayenas. Estiras la mano hacia el vaso de ron que suda frío sobre la mesa, mojando cuartillas escritas. Resuena una nueva ola en la distancia y no comprendes cómo el mar ha llegado hasta aquí. Quizá la vieja: tiene poderes. Maraqueas el vaso mirando hacia las teclas. Realmente no fue el cadáver de Marta el que sacaste chorreando sangre una noche lluviosa. Un cuerpo demasiado frágil para ser el mismo que se dobla sobre el coleto y la escoba; demasiado sutil para haber soportado los golpes de la vieja. Marta no podía morir con esa tensión en los músculos. Cómo, si siempre fue ternura, caricia. Hablas en pasado y la duda te asalta. ¿Y? ¿Entonces? ¿Qué ha sido de ella? Ya no recorre los cuartos, no acomoda los manteles tejidos, no arrima las mecedoras para que se sienten las visitas y tampoco les prepara café. Marta se ha perdido. Enciendes un cigarro a pesar de que no fumas, justo cuando la ola dobla su cresta espumosa para arrastrarse sobre la arena. Nuevamente siente pasos en las escaleras. Yésica tiene tiempo que no viene a ti, no atraviesa las paredes, no navega por el cuarto en su vuelo pausado de fantasma. Yésica, tú también te has ido. Golpeas las teclas suavemente buscando el instante en que Marta se atravesó en el camino de la bala. La vieja en la ventana parece mirar el mar y no las montañas que realmente se ven. Esa niña es gafa; cara de gafa; se porta como una gafa. Se aleja por el corredor, la vieja, para adentrarse en el jardín y perderse entre las cayenas. Ah muchacha pendeja, cará. Ves al cigarro consumirse solitario en el cenicero y bebes un trago del vaso de ron. A Yésica la atropellaste una noche lluviosa, pero ella regresa y se sienta allí, en la silla de mimbre, y comienza el diálogo con un me gusta éste tu apartamento en la playa. Te pasas la mano por la cabeza y te restriegas los ojos. Todas las sillas son de cuero y en el jardín sólo hay cayenas porque así me gusta a mí y se acabó, no pregunte tonterías y póngase a cocinar. La vieja coge la correa amenazante. Ah muchacha pa’ salía, cará. El sonido del mar no es monótono, tiene altibajos, rugidos y voces apacibles. Marta tomó el revólver y se lo llevó a la sien, ¿comprendes, Yésica? Pero Yésica no está en la silla con las piernas cruzadas, jugando con su pelo. Te levantas cansado y caminas por la sala-estudio, apoyas la mano en el sillón de mimbre, resoplando. Marta, vaya a comprar. Marta, tráigale un café a. Marta, vuelva a sacudir el polvo. Marta, aprenda a limpiar. Marta le falta sal a. Marta. Marta. Marta... Las piedras están rodeadas de arena mojada, salpicadas de arena mojada y pedazos de algas marrones y verdes. De pronto todo quedó oscurecido en gris por la neblina. El disparo sonó más profundo por la imposibilidad de ver. Alguien dijo llueve. Al cadáver que no puede ser de Marta lo sacaron a la carrera bajo la noche. Yésica, ven, te necesito. El mar rugió fuerte, fraccionándose en mil contra las piedras. ¿Qué hace, usted, en la ventana? ¿A quién mira así? Esas no son cosas de muchacha decente. Ah cará, ¿ah? ¿se va a meter a puta ahora? Váyase pa’ dentro, arregle el jardín, riegue las cayenas, póngase a lavar la ropa, cará. Regresas a la silla, el vaso de ron se ha calentado totalmente. Me gusta éste tu apartamento en la playa. El rugir del mar, la brisa fresca, esta semipenumbra que siempre hay en la sala e, incluso, el desorden. Crean un ambiente para la confesión, el diálogo, no sé. Comprendo por qué huyes a encerrarte aquí cuando te atormenta alguna historia. ¿Me atropellaste aquí o no hubo problemas para el accidente? El cigarro es tan sólo el filtro marrón unido a una columna gris de cenizas de donde ya no sale humo. Vas a la cocina en busca de más hielo y ron. Regresas campaneando. El movimiento afuera, en las escaleras, continúa. Te sientas frente al escritorio. Te aflojas la correa y, sin querer, miras al cesto lleno de papeles convertidos en pelotas: ¡pura porquería! Te levantas y los pisas hasta aplastarlos totalmente. Es que te enrollas demasiado. Se te nota la desesperación en cada movimiento, en la manera que mueves el vaso para hacer sonar los hielos, en el modo que dejas consumir los cigarros en el cenicero, en la rabia con que golpeas las teclas, en la forma como marcas las equis para tachar líneas, párrafos enteros. Eso no puede ser así, no debe ser así. Es enfermizo, entiende. Debes tomarte las cosas con más tranquilidad. Deja a las historias que maduren, que sedimenten. Yésica respira y parece querer más ron. El mar continúa repiqueteando más allá de la ventana, chocando contra las piedras, pero, en vez de gotas, esparce cayenas sobre la tierra del jardín de la casa en la montaña. ¡Pues miren a la muchachita esa, ¡¿ah?! ¡Eso sí que no! ¡Marta! Véngase pa’ dentro de la casa. ¡Qué vaina es! ¿Qué es eso de estarse besando con ese hombre en la calle? La correa de la vieja silbó abriendo camino en la neblina. Yésica tenía razón, dices, arrancando la hoja en blanco, arrugándola, tirándola a la papelera. Pero es que no puede ser. Es inconcebible. Su carácter. Esa dulzura a pesar de todo. A pesar de la vieja. No, no le corresponde esa muerte. Definitivamente no fue el cadáver de Marta el que saqué una noche de lluvia de la casa de las cayenas. No quiero que lo sea. Prendes un nuevo cigarro. Bebes un trago más. Apoyas la cabeza en tu mano sobre el escritorio. No llores, Marta. No le creas a la vieja de mierda. No lo pudo haber mandado a matar. Cómo le vas a creer. No, Marta, no, no, no agarres el revólver... Pero es la verdad, ¿no? Me lo has contado siempre. Por qué violentar la realidad. Por qué olvidar que ahí está el mar y no las montañas de tu historia. Por qué no aceptas que sí fue Marta la suicida, que así lo determinaste y que es el único final. ¿Te encariñaste con ella y quieres que siga contigo? Termina de matarla, deslígala de esa historia de una vez, y Marta vendrá así como yo siempre he vuelto. ¿Te das cuenta que eso mismo es lo que hace Dios con los que quiere? Yésica tenía razón. Yésica, ¡desde hace un mes!, ven por favor. Caminas hacia la ventana a ver el mar. Sientes otra vez pasos en las escaleras, te volteas y, cuando Marta traspone la puerta y te ofrece café, ves a Yésica bajo la lluvia, deslizando por el capó de un carro, atravesando el parabrisas con un tiro en la sien; justo cuando el mar lanza el último rugido de la noche. ** Arnoldo Rosas arosas@labbehrens.com Escritor venezolano (Porlamar, Nueva Esparta, 1960). Ha publicado Para enterrar al puerto (Pen Club de Venezuela, Caracas, 1985), Igual (Guaicamar, Porlamar, 1990) y Olvídate del tango (Fondo Editorial Santiago Mariño, Porlamar, 1992; 2ª ed., Ateproca, Caracas, 1999). Obtuvo una bolsa de trabajo del Taller de Narrativa del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg) para el período 1981-1982. Además ha obtenido el Premio de Narrativa Régulo Guerra Salcedo (1987) y el Premio de Narrativa Rosauro Rosa Acosta (1988), así como una mención de honor en la Bienal Latinoamericana de Literatura José Rafael Pocaterra (2000) y menciones en otros certámenes. Relatos suyos han sido recogidos en Antología de narradores neoespartanos (1993), Antología de narratistas orientales (1994) y Recuento, antología del cuento breve venezolano (1994). ||||||||||||||||||||||||||| POST SCRIPTUM ||||||||||||||||||||||||||| “Para lo bello, joven cofrade, Basta una cuerda de violín. Una fresa en la copa de jade, Una rima, un beso, un jazmín... ...O una lágrima si tu miseria Con dignidad la ha de verter. Mucho espíritu en poca materia. Esto es todo cuanto hay que hacer”. Leopoldo Lugones, “Al joven poeta”. En: La copa de jade (1937). === Cómo publicar en Letralia, Tierra de Letras =========================== Antes de enviarnos algún texto para publicar en Letralia, le agradecemos leer nuestras condiciones de publicación. Usted puede verlas en el Web en http://www.letralia.com/tierradeletras/publicar.htm. 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