~~~~~~~~~~~~~~~ Año XIII Cagua, Venezuela Nº 194 ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras ~~~~~~~~~~~ http://www.letralia.com ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ 1 de septiembre de 2008 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras, es ~~~~~~~~~~~ la revista de los escritores ~~~~~~~~~~~ hispanoamericanos en Internet. ~~~~~~~~~~~ Usted puede enviarnos sus ~~~~~~~~~~~ comentarios, críticas o material ~~~~~~~~~~~ literario a info@letralia.com ~~~~~~~~~~~ ~ * ~~~~~~~~~~~ ~~~ JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor ~~~~~~~~~~~ ~~~~ Depósito Legal: pp199602AR26 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~ ISSN: 1856-7983 ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ === Sumario =============================================================== | Perú en alta mar. / Axxón en papel. / 24 de Dramateatro. | Breves / Poetas en pantalla. / Manchados. / Documentando. / | Juan José, airado. / Beca audiovisual. / Desangrados. / | Oculto en el desván. / Juan Ramón en Nueva York. / | Panorama mexicano. / Literatura en Ayacucho. / | Transporte y cultura. | | Traducirán al inglés novela del colombiano Eduardo | Noticias García Aguilar. / Editorial Cronopios abre convocatoria | para autores venezolanos. / Alberto Castillo Vicci gana | Concurso de Narrativa para Tercera Edad. / Carlos | Monsiváis recibió la medalla Sor Juana Inés de la Cruz. | / Muere a los 94 años la escritora catalana Maria Dolors | Orriols. / Efraín Barquero gana el Premio Nacional de | Literatura de Chile. / Comunidad sevillana protesta | contra Biblioteca del Prado. / Familia de maestro | enterrado con García Lorca exige investigación. / Chile | y Venezuela suscriben acuerdos editoriales. / Jotamario | Arbeláez gana el premio Valera Mora con Paños menores. / | Caso de Ernesto Cardenal será elevado ante la CIDH. / | Ciclo de Poesía “La Palabra Manchada” realizarán en | Chile. / Debatirán en Argentina el rol de los medios en | la literatura. / Escritores harán diagnóstico de la | literatura en Michoacán. / Casa de Cultura de Parres | llevará nombre de Benito Pérez Galdós. / Universidad | Central de Colombia crea Posgrado en Creación Narrativa. | / Presentarán en noviembre prototipo de la biblioteca | virtual Europeana. / Realizarán en Buenos Aires el I | Festival Internacional de Literatura. | | 500 ejemplares. / La Luciérnaga. / Libros Gratis. / | Literatura Alberto Ruy-Sánchez. / solodelibros: la laboriosa | en Internet felicidad de la lectura. | | “Mahmoud Darwish”, Harold Alvarado Tenorio. / “Notas | Especial: para recordar a Darwish, el poeta de la resistencia | Mahmoud Darwish palestina”, Musa Ammar Majad. | | “Ya no hay fronteras”, Álvaro Giménez García. / “Visión | Artículos y medioambiental, desde la perspectiva ecocrítica, de la | reportajes novela Única mirando al mar, de Fernando Contreras | Castro”, Yelenny Molina Jiménez. / “EME: nota sobre un | pensador”, Andrés Ugueruaga. / “Por qué nos gusta leer”, | Alfonso Ramírez de Arellano. / “Llamado para los | entendidos en la materia de vivir”, Fernando Vargas | Valencia. / “El lector, de Bernhard Schlink”, Miguel de | Loyola. / “El discurso juvenil de los estudiantes: ¿un | atentado contra el buen uso del idioma?”, Oscar Iván | Londoño Zapata. / “Inefable Fanny, adiós”, Leopoldo de | Quevedo y Monroy. | | “El largo viaje de Fernando Vallejo”, entrevista por | Entrevistas Jaime de la Hoz Simanca. / “Luis Ángel Casas: El | verdadero antólogo es el tiempo”, entrevista por Frank | Otero Luque. | | “Teresa de la Parra, pobre animal de tierra caliente”, | Sala de ensayo Yurimia Boscán. / “Los hijos de Acteón”, Gabriel | Mantilla Chaparro. / “La cultura bajo asedio”, Luis | Alejandro Contreras. | | “Naturalezas muertas”, Marcela Aguilar Morales. / “El | Letras guardián del faro”, Yvette Schryer. / “Los lugares | comunes” (extractos), Beatriz Vanegas Athías. / | “Palabras regadas por el piso”, Luis Alejandro Ordóñez. | / Poemas de Simón Zavala Guzmán. / “En aquel entonces”, | Moisés Sandoval Calderón. / Poemas de Rafaela Pinto. / | “La explanada”, Sergio Borao Llop. / Poemas de Stephanie | Carolina Amaro Vans. / “Don Goyo”, Susana Arroyo Furphy. | / Poemas de Oscar Portela. / “La entrevista”, Antonio | Mora Vélez. / Poemas de Sergio Ortiz. / “Las leonas”, | Gilda Manso. / Poemas de Juan José Cantón y Cantón. / | “Carta de desamor”, Ligia Minaya. | | Simón Darío Ramírez. | Post Scriptum | =========================================================================== HABLEMOS..., de Octavio Santana Suárez Redactado a la manera de los clásicos de la filosofía, en el estilo característico del español Octavio Santana Suárez, Hablemos... dibuja diversas reflexiones sobre los grandes temas de siempre. “Un inmenso poema del pensamiento”. Antonio Núñez Ordóñez. Léelo en Editorial Letralia: www.letralia.com/ed_let/hablemos =========================================================================== Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Año http://www.geocities.com/SoHo/8753 =========================================================================== Premio "La Página del Mes" de Internet de México el 3 de mayo de 1998 http://www.internet.com.mx =========================================================================== Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998 http://www.megasitio.com =========================================================================== Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999 http://www.redchilena.cl =========================================================================== Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999 http://www.fortressdesign.com =========================================================================== Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999 http://www.exodusltd.com =========================================================================== Premio Mejor Página de Poesía, de La Blinda Rosada, en julio de 1999 http://blindarosada.org.ar =========================================================================== Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2008, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Para suscribirse a Letralia, envíe un mensaje vacío a: letralia-subscribe@gruposyahoo.com Para desuscribirse, envíe un mensaje vacío a: letralia-unsubscribe@gruposyahoo.com También puede formalizar su suscripción o su desuscripción en un formulario visible en nuestro sitio en el Web: http://www.letralia.com/herramientas/listas.htm Ediciones anteriores: http://www.letralia.com/tierradeletras/archivo.htm ||||||||||||||||||||||||||||||| BREVES |||||||||||||||||||||||||||||| Perú en alta mar. “Después de todo la palabra” es el título de la muestra de poesía peruana contemporánea con que viene el número 241 del suplemento mexicano ALTAMar, que produce en Colima la Editorial Ecos de la Costa bajo la dirección general de Ernesto Terríquez y la dirección de René González. La muestra, editada por Ana Gabriel Castillo y Juan Carlos Recinos, incluye poemas de Carlos Germán Belli, Magdalena Chocano, Luis Fernando Chueca, Antonio Cilloniz, Arturo Corcuera, Domingo de Ramos, Rosella di Paolo, Isaac Goldemberg, Willy Gómez, Mirko Lauer, José Antonio Mazzotti, Maurizio Medo, Raúl Mendizábal, Mario Montalbetti, Carmen Ollé, Rodrigo Quijano, Josemari Recalde, Róger Santiváñez, Enrique Verastegui y José Watanabe. “La propuesta de estos poetas”, dice la presentación del dossier, “es reveladora, arcádica, se pierde en la mudez pétrea de un monólogo. El poeta habla aquí como el hombre natural que ha sido desamparado por la sociedad represora, a la que responde con los restos de un naufragio, con el discurso de la tradición donde las formas de la poesía son un canto completo. Esta muestra pretende dar a conocer a poetas que comparten entre sí una preocupación que a todos los poetas de América ha seguido por mucho tiempo: la innovación del lenguaje”. ecosdealtamar@hotmail.com Axxón en papel. La revista argentina Axxón, de ciencia ficción y literatura fantástica y además la primera revista digital de habla hispana, ha editado por su cuenta el Anuario I de Axxón: ciencia ficción y fantasía, su primera antología de cuentos del género. La portada del volumen fue realizada con una obra de Guillermo Vidal, y la diagramación estuvo a cargo de Axxonita. Incluye relatos de Miguel Bordino, Juan Pablo Noroña, Carlos Daniel Joaquín Vázquez, Claudio A. Amodeo, Germán Amatto, Laura Núñez, Carlos Gardini, José Vicente Ortuño, Jorge de Abreu, Yoss, Marcelo di Lisio, Alejandro Alonso, Antonio Cebrián, Alfredo Álamo, Raquel Froilán García, Raúl A. Alzogaray, Andrés Diplotti, Eduardo J. Carletti, Claudia de Bella, Carlos Feinstein, Ricardo Castrilli, Claudio Biondino, Fabio Ferreras, Fabián Casas, Hernán Domínguez Nimo, Miguel Ángel López Muñoz y Saurio. El libro, para lectores argentinos, cuesta 35 pesos, 25 dólares para el resto de países de América y 20 euros para Europa. Los lectores de Argentina no pagarán el envío. La distribución está a cargo de Ediciones Godot. También se puede adquirir directamente en el Quiosco de Omar, en Corrientes 5509 (Corrientes y Gurruchaga), frente a la casa de artículos eléctricos Electro Corrientes, de 5 de la mañana a 1 de la tarde. http://axxon.com.ar/anuario.htm 24 de Dramateatro. La revista digital Dramateatro, que dirige desde Venezuela el escritor y docente argentino-venezolano Carlos Dimeo, acaba de publicar su 24ª edición. En ella es posible leer los trabajos “Heptalogía de Hieronymus Bosch de Rafael Spregelburd”, por Dominika Czarny, de la Universidad de Varsovia; “Memoria de los Premios Dramáticos Casa de Teatro (1983-2005)”, por Emilio J. Gallardo Saborido; un tributo a Marcel Marceau por Jesús Eloy Gutiérrez, titulado “Recuerdo al ‘Maestro del silencio’: su paso por el Teatro Teresa Carreño”; “Los mecanismos de la producción teatral ácrata en Córdoba”, por Carlos Fos; “La casa sin sosiego de Griselda Gambaro: una resemantización del mito de Orfeo”, por Araceli Laurence; "La transparencia del tiempo entreísta a Griselda Gambaro”, por Joaquín Navarro Benítez; “Notas acerca de la dramaturgia: de lo cotidiano a lo extraordinario, de la imagen primigenia al armado de la obra”, por Cecilia Propato; “Reflexiones sobre lo nuevo en el teatro argentino actual”, por Jorge Dubatti, y la obra teatral La musa de los pobres, las albatros de Baudelaire o el último panfleto, de Víctor Loreto López. Publicada desde hace 10 años y ya en su tercera etapa, Dramateatro obtuvo en 2007 el Premio “Teatro del Mundo”, que otorga la Universidad de Buenos Aires (UBA). http://www.dramateatro.com/ediciones.php?edicion=24 Poetas en pantalla. Producido por la Agencia Bolivariana de Noticias (ABN), ya es posible apreciar en línea el documental Ensayo sobre poesía, dirigido por Miguel Guédez, quien durante el pasado V Festival Mundial de Poesía en Venezuela (2008) captó las impresiones de siete poetas del mundo sobre temas eternos y controversiales del quehacer poético, del oficio de ser poeta. Cómo nace el poema y cuál es el papel que juega el poeta en los procesos políticos son algunas de las preguntas que en este ensayo didáctico intentan aclarar, para quienes están cercanos al trabajo con la palabra, el francés Ludovic Janvier, el italiano Davide Rondoni, el jamaiquino Linton Johnson, el colombiano Juan Manuel Roca, el venezolano Gustavo Pereira, la portuguesa Rosa Alice Branco y la argelina Rabia Djelti. Nacido en Caracas en 1983, el realizador es hijo de Jesús Enrique Guédez, uno de los cineastas más reconocidos de Venezuela. Es poeta, fotógrafo y cineasta, y ha dirigido además los documentales Merengue caraqueño, ayer hoy y siempre (2005), Una vida, una historia (2006), Un gigante que agoniza (2006) y La industria del disco (2007). http://migueleguedez.wordpress.com/2008/08/23/ensayo-sobre-poesia Manchados. Acaba de aparecer el número 10 de La Mancha Literaria, que trae como autores invitados a la escritora española Pilar Adón, con su relato “Para que nada cambie”, y al peruano Ricardo Sumalavia, con “Primeras impresiones”. Además se incluyen los cuentos “Grandes emociones”, del español Nicolás Melini; “Los taxis baratos”, del español Ernesto Pérez Zúñiga; “Plano 12: odio de princesa”, del venezolano Juan Carlos Chirinos, y “El cuento que leía mi vecina”, del también venezolano Juan Carlos Méndez Guédez. En la sección de reflexión se poder leer los trabajos “Unabomber, F.B.I, Hollywood, los buenos y los malos”, de Melini; “Sé que no es un relato”, de Pérez Zúñiga; “El olvido del agua”, de Méndez Guédez, y “Ningún escritor verdadero se dedica a la crítica”, de Chirinos. Por último, dos críticas de los libros El umbral de la noche, de Stephen King, por Chirinos; y El día de la mudanza, de Pedro Badrán, por Méndez Guédez. http://delamanchaliteraria.blogspot.com Documentando. Este 3 de septiembre se inicia, en la sede del Centro de Investigación y Formación Documental (Piedras 730, subsuelo, San Telmo; Buenos Aires), un ciclo de tres seminarios que abarcan diversas áreas de la producción de documentales. El primero será el seminario de documental periodístico y periodismo audiovisual que Pablo Torello dictará a lo largo de seis clases, los miércoles 3, 10, 17 y 24 de septiembre y 1 y 8 de octubre, de 7:30 a 10 de la noche. Le sigue el seminario intensivo de Miguel Mirra “Teoría, metodología y nuevas tendencias en el documental”, que se realizará el sábado 20 de septiembre de 9 de la mañana a 1 de la tarde y de 2 a 6 de la tarde, y el domingo 21 de septiembre de 9 de la mañana a 1 de la tarde. Mirra abordará temas como los orígenes y desarrollos conceptuales del documental, metodología y enfoque, fundamentos de la práctica documental, sujeto y objeto documental, el documental social y otros temas. El último seminario será el de antropología visual “La descolonización de la mirada”, a cargo de Adolfo Columbres, que se dictará los días 22, 24 y 29 de septiembre y 1 y 6 de octubre, de 8 a 10:30 de la noche. El arancel general de estos seminarios es de $300, salvo para docentes y estudiantes de la educación pública, que pagarán $200. Para reservar vacante es preciso escribir a centroformacion@documentalistas.org.ar http://www.documentalistas.org.ar Juan José, airado. Este jueves 4 de septiembre a las 7:30 de la noche se presentará en el Centro Cultural Cafae-SE “José María Arguedas”, de San Isidro (Lima, Perú), el poemario Airado verbo, del escritor limeño Juan José Soto, publicado bajo el sello Sol Negro Editores. La presentación, que servirá a la vez de despedida como antesala del viaje de Soto a Madrid, estará a cargo de los poetas José Pancorvo, Johnny Barbieri, Rodolfo Ybarra y Víctor Coral, todos bajo la moderación del editor Paúl Guillén. Nacido en Lima en 1965, Soto ha publicado además los poemarios Cárcel de mi ojo (1994), Morada Diosa (1997) y Palabra sobre los abismos (2005). Estudió ciencias de la comunicación en la Universidad de San Martín de Porres y ha seguido una maestría en periodismo. Dirigió la agenda cultural Itinerario de la Palabra (2005-2007). Actualmente administra la bitácora virtual de difusión literaria Surfeando en la Red. De Airado verbo ha dicho el crítico Miguel Ildefonso: “Soto ha dado un paso más en su onda pendular entre la materialidad (las pasiones, los instintos, los cauces históricos veladamente tratados, etc.) y lo metafísico (sus indagaciones, digamos, en lo suprasensorial), y su poesía se ha concentrado en los más finos sonidos de su lira”. http://airadoverbo.blogspot.com Beca audiovisual. El Fondo de Fomento al Audiovisual de Centroamérica y el Caribe (Cinergia) y la Licenciatura en Producción y Realización Audiovisual de la Universidad San Judas Tadeo de Costa Rica, están invitando a estudiantes o profesionales de todos los países de Centroamérica, Cuba, República Dominicana y Puerto Rico a participar por una beca de estudios en dicha licenciatura. La beca cubre los gastos de matrícula y los costos de todas las materias. Para participar es preciso enviar curriculum vitae a la dirección electrónica info@cinergia.org antes del 5 de septiembre. Los interesados deben ser bachilleres en periodismo, publicidad, diseño publicitario, comunicación, relaciones públicas o ciencias de la comunicación colectiva. La persona seleccionada deberá iniciar sus estudios en el último cuatrimestre del 2008 (II semana de septiembre) y cubrir sus gastos personales en Costa Rica (alimentación, transporte, hospedaje, materiales, etc.), y los relativos al trámite de graduación y otorgamiento del título. Además debe obtener una nota igual o superior a 80 puntos y no podrá retirar o congelar asignaturas. http://www.cinergia.org http://www.universidadsanjudas.ac.cr http://abbrr.com/xF6 Desangrados. Entre el 8 y el 12 de septiembre se presentará en el Complejo Cultural Cine Teatro 25 de Mayo (Buenos Aires), en funciones que se iniciarán a las 9 de la noche, la obra Sin sangre, en un montaje mixto de la compañía chilena Teatro Cinema que fusiona los lenguajes del teatro y el cine. La presentación será en el marco del lanzamiento del festival Tecnoescena 08, que se celebrará entre el 30 de octubre y el 15 de noviembre en el Centro Cultural Recoleta, y cuenta con el auspicio de la Embajada de Chile. Se trata del primer montaje de la compañía chilena de mayor proyección internacional, que ha logrado reconocimientos en Santiago, Bélgica, Colombia, Corea, Italia, Taiwán y Alemania. La obra, una adaptación de la novela homónima del escritor y periodista italiano Alessandro Baricco, incorpora a la puesta en escena criterios y miradas cinematográficas. La historia apunta a la perturbadora necesidad de la reconstrucción de la memoria; al torbellino de pasiones desatadas en las formas de venganza, amor, soledad y fatalidad. Los personajes son seres silenciosos portadores de una herencia de guerra. El autor desnuda los mecanismos que hacen de la venganza una ley arcaica y conduce a sus personajes a rebelarse y a probar un modo estoico e impasible de confrontar las heridas abiertas que los mantienen cautivos del pasado. La dirección de la obra es de Juan Carlos Zagal y los actores son el mismo Zagal acompañado por Laura Pizarro, Diego Fontecilla, Ernesto Anacona y Etienne Bobenrieth. Las entradas oscilan entre los 35 y los 60 pesos. Complejo Cultural Cine Teatro 25 de Mayo Av. Triunvirato 4444 • Telf.: 4524-7997 http://www.tecnoescena.com Oculto en el desván. El próximo miércoles 10 de septiembre, a las 5 de la tarde, será presentada en la Sala José Ignacio Cabrujas del Centro de Cultura Chacao (3ª Avenida de Los Palos Grandes, Centro Comercial El Parque, Nivel C-1, Caracas) la novela El desván de lo oculto, del escritor venezolano Álvaro Pérez Capiello. “Cansado de una vida de rutinas y desaliento”, ha escrito la ensayista Cristal Valois sobre el protagonista de la novela, “comienza a sentirse perplejo por las revelaciones que recibe a través de los sueños. Siente una atracción irresistible por otra época, otros personajes, signos y símbolos desconocidos. Su existencia se transforma en búsqueda y asombrosas coincidencias”. Pérez Capiello nació en 1972 y es presidente del Consejo Consultivo del Círculo de Escritores de Venezuela. Realizó estudios superiores en la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab) e hizo el postgrado en Barcelona, España. Ha publicado los libros de ensayo Ventanas y La memoria de un símbolo, las novelas Guardatinajas, Sombras bajo el sol y El Bar de Luso, y el libro de cuentos Entre la verdad y el engaño. Escribe para diversos diarios y revistas. http://www.circulodescritoresvenezuela.org Juan Ramón en Nueva York. La exposición “Juan Ramón Jiménez. Aquel chopo de luz”, organizada por la Consejería de Cultura de Andalucía a través del Centro Andaluz de las Letras (CAL), viajará a la Universidad Internacional de la Ciudad de Nueva York (Cuny), donde podrá ser visitada del 25 al 27 de septiembre con motivo de la celebración de un congreso sobre la figura del poeta onubense, que servirá de colofón a las actividades desarrolladas en el marco de la celebración del Trienio Juanramoniano (2006-2008), en el que se conmemora el 50º aniversario de su muerte. La exposición consta de 35 paneles y ofrece un recorrido por la biografía y la producción literaria del escritor a través de reproducciones fotográficas, textos y manuscritos que recrean la trayectoria de Juan Ramón Jiménez desde sus orígenes y comienzos poéticos, su llegada a Francia, los primeros años de su peregrinaje a Madrid, el regreso a Moguer y posteriormente de nuevo a la capital o su encuentro con Zenobia Camprubí. También queda reflejada su primera plenitud entre 1917-1923, los años de frenética actividad, la época del exilio, su llegada a América y el destierro. http://www.juntadeandalucia.es/cultura/caletras Panorama mexicano. Con el objetivo de difundir por todas las vías posibles el quehacer poético de México, los poetas Romina Cazón y Rubén Falcón están convocando a sus colegas de toda la nación azteca a participar en el Panorama de poesía mexicana, un proyecto que pretende reunir lo mejor de la poesía contemporánea de ese país. Podrán participar todos los poetas de cualquier edad que sean de nacionalidad mexicana y los extranjeros siempre y cuando residan en cualquier estado de la República Mexicana desde hace por lo menos dos años. Los poemas deberán ser de su autoría y en español. La cantidad a enviar es de uno a cinco poemas, con una extensión máxima de 5 cuartillas. La temática es libre. Si los poemas pertenecen a algún libro o plaquette se ruega citar el nombre al pie del poema. Asimismo, deberá incluirse una breve ficha literaria con extensión de seis líneas. La convocatoria está abierta hasta el 31 de octubre de 2008 y los interesados deberán enviar el material a los correos romina_cazon@yahoo.com.mx y antologia_mexicana@yahoo.com.mx. Se les avisará al recibir sus trabajos y al seleccionarlo. También se les informará de las páginas de Internet en donde será publicado, en formato PDF, el Panorama de poesía mexicana. romina_cazon@yahoo.com.mx antologia_mexicana@yahoo.com.mx Literatura en Ayacucho. Entre el 5 y el 8 de noviembre se celebrará, en el Centro Cultural de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, en Ayacucho (Perú), el VII Encuentro Nacional de Escritores “Manuel Jesús Baquerizo”, evento convocado por el mencionado centro en conjunto con el Gremio de Escritores del Perú. Literatura peruana en el contexto de la globalización, literaturas regionales, poesía, narrativa y teatro peruanos, literatura andina y el rol del escritor en el contexto de la realidad nacional son algunos de los temas que serán abordados en las diversas actividades programadas, entre las cuales se encuentran conferencias en instituciones educativas, conferencias magistrales, ponencias, talleres, presentaciones de libros, recitales, feria del libro, noches culturales y un tour. Para inscripciones es preciso escribir a ccunsch@gmail.com o a gremio_de_escritores@yahoo.es http://www.unsch.edu.pe Transporte y cultura. Hasta el próximo 15 de diciembre es posible enviar propuestas de participación para la antología Autos, barcos, trenes y aviones: Medios de transporte y cultura en América Latina, que preparan el poeta uruguayo Eduardo Espina y el narrador argentino Fernando Reati. La antología reunirá artículos sobre la relación entre la cultura y los medios de transporte: autos, barcos, trenes, aviones y otros, que funcionan como disparadores del argumento y referentes de identidad cultural. “Desde el tren repleto de cadáveres tras la huelga bananera en Cien años de soledad, hasta los autos en una serie de road movies como la película argentina Caballos salvajes y la mexicana Y tu mamá también, pasando por los barcos sometidos a peligrosas travesías por los mares patagónicos en Maluco y El náufrago de las estrellas, los medios de transporte son una presencia recurrente y a menudo icónica en el cine, la literatura, la música y las artes plásticas de América Latina en el siglo XX y lo que va del XXI”, dicen los coordinadores del proyecto. El libro resultante será publicado por una editorial latinoamericana que será anunciada próximamente. Los interesados deberán enviar sus propuestas de artículos antes del 15 de diciembre de 2008 a los correos de ambos autores: freati@gsu.edu y edespina@yahoo.com. Se debe incluir título, sinopsis de 250 a 500 palabras, nombre del autor y afiliación académica. Con base en las propuestas que sean aceptadas, se abrirá un nuevo plazo hasta el 1 de junio de 2009 para recibir los artículos completos. Éstos deberán estar escritos en español y tener una extensión de hasta 25 páginas a doble espacio (incluyendo bibliografía y notas), estilo MLA. freati@gsu.edu edespina@yahoo.com ¿Quiere publicar una nota en este espacio? Envíenosla por correo electrónico a breves@letralia.com. === ¿Le interesa estar informado sobre concursos? ========================= Reciba por correo electrónico los anuncios vigentes de concursos literarios y artísticos en general suscribiéndose a nuestra lista de distribución. Todo lo que tiene que hacer es enviar un mensaje vacío a letralia-concursos-subscribe@gruposyahoo.com, o visitar nuestra cartelera de concursos en http://www.letralia.com/herramientas/concursos.htm. Si desea enviarnos las bases de un concurso, escríbanos a info@letralia.com |||||||||||||||||||||||||||||| NOTICIAS ||||||||||||||||||||||||||||| *** Traducirán al inglés novela del colombiano Eduardo García Aguilar El estadounidense Jay Miskowiec (1958) obtuvo la Beca de Traducción Literaria 2008 convocada por el Ministerio de Cultura de Colombia (http://www.mincultura.gov.co) para traducir al inglés la novela El viaje triunfal, de Eduardo García Aguilar (Manizales, 1953; http://egarciaguilar.blogspot.com), tal como se desprende del veredicto emitido el pasado 17 de julio. Miskowiec es Phd en letras y profesor del Minneapolis College (http://www.mcad.edu), y fue un destacado alumno de Gregory Rabassa, el traductor de García Márquez, Jorge Amado y Julio Cortázar. Debe entregar en cuatro meses la traducción de la novela, que será publicada en la primavera de 2009 en Estados Unidos y presentada en Nueva York. El ganador de la beca, de unos 8.000 dólares, ha traducido a varios narradores argentinos y mexicanos, y previamente tradujo al inglés, del mismo García Aguilar, su novela Bulevar de los héroes, así como el libro de relatos Urbes luminosas y el ensayo Delirio de San Cristóbal. El jurado, compuesto por los traductores y académicos Juan Manuel Pombo y Timothy Keppel, otorgó la beca a Miskowiec en virtud de que El viaje triunfal “es una novela bien escrita que capta una época histórica de América Latina de las generaciones del modernismo y del vanguardismo, es una traducción bien ejecutada y es interesante que se conozca ese periodo fuera del país. La experiencia del traductor es sólida, con una buena formación académica”. García Aguilar, quien reside en París, es autor además de las novelas Tierra de leones y Tequila coxis y, entre otros libros, ha publicado Celebraciones y otros fantasmas, una biografía intelectual de Álvaro Mutis y los poemarios Llanto de la espada y Animal sin tiempo. Publicada en 1994 por TM Editores en Colombia, y reeditada en México por Nueva Imagen en 1998 y en España por Altera en 2003, El viaje triunfal fue traducida hace unos años al bengalí y publicada en la India. Su libro Llanto de la espada fue traducido y publicado en francés en 2007. Fuentes: Blog de EGE • Ministerio de Cultura de Colombia *** Editorial Cronopios abre convocatoria para autores venezolanos Un nuevo emprendimiento editorial venezolano, Editorial Cronopios (http://www.editorialcronopios.com), acaba de abrir el plazo de recepción de obras para sus primeras publicaciones, que serán presentadas a mediados de 2009 como parte de un ambicioso proyecto que pretende “elevar los estándares en el ámbito editorial venezolano en cuanto a la calidad gráfica y literaria de lo publicado, y su promoción y difusión”, según indicó la escritora Marianne Díaz Hernández (http://www.letralia.com/firmas/diazhernandezmarianne.htm), una de sus impulsoras. Hernández dirige la editorial junto con su madre, la también escritora Susana del Rosal (http://www.letralia.com/firmas/delrosalsusana.htm), y en el equipo trabajan además una diseñadora gráfica, correctores y un asesor jurídico. El sello está dedicado a la publicación de libros de autores venezolanos, preferiblemente poco difundidos hasta el momento. Publicará libros de poesía y ensayo, pero su principal interés editorial será el relato y la novela breve. Los libros aparecerán clasificados en cuatro colecciones: Babel, con traducciones hasta ahora inéditas, o poco difundidas, de obras extranjeras; Libro de Arena, de narrativa breve de ficción; Arroyito, de narrativa y poesía dirigida al público infantil, y Horizontes, de ensayo de carácter social. “Una de nuestras políticas fundamentales es la apertura, en el entendido de recibir originales y considerarlos para publicación, con independencia de cualquier criterio excepto su calidad literaria”, explicó Díaz Hernández, quien agregó que la tecnología será un aliado indispensable del sello. “Proyectamos presentaciones y lecturas de nuestros libros, campañas publicitarias y la integración del uso de la tecnología en el espacio de la editorial. Algunos de nuestros escritores podrían mantener blogs dentro del espacio de la editorial, y como estrategia promocional se liberará fragmentos de sus libros en formato PDF”. Para este primer período de recepción de obras, que cierra el 1 de noviembre, Cronopios está buscando libros inéditos y en español, pertenecientes a los géneros de narrativa, poesía o ensayo, aunque se le dará preferencia a los libros de relatos y a los ensayos sobre temas literarios o sociales. Los mismos deben tener de 50 a 150 páginas tamaño carta, en tipografía Arial a 12 puntos y con un interlineado de 1,5 centímetros. Los interesados deben enviar sus libros, acompañados de la correspondiente nota biográfica y datos de contacto, al correo editor@editorialcronopios.com. *** Alberto Castillo Vicci gana Concurso de Narrativa para Tercera Edad El escritor venezolano Alberto Castillo Vicci se alzó con el premio único del Primer Concurso de Narrativa para la Tercera Edad, convocado por la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello (http://www.casabello.gob.ve), según el veredicto emitido el 14 de agosto por el jurado del certamen, compuesto por los escritores Julián Márquez, William Osuna y Sael Ibáñez Castillo Vicci obtuvo el premio con su libro Cuentos esotéricos, valorado por el jurado “sobre la base del ensamblaje de un lenguaje de transparente expresión literaria, combinado con la constante presencia de un sentimiento analítico, sustentado en el recurso de la ironía y el humor negro”. El veredicto también afirma que “a través de estas conexiones narrativas se manifiesta una crítica mordaz a la presencia avasalladora del cientificismo, la tecnología desbordada y a cierto razonamiento filosófico, antagónica con los anhelos de establecer vínculos de armonía existencial entre los seres humanos. Todos esos elementos, eficazmente narrados, conducen a una posición reflexiva en torno al futuro de la humanidad, necesitada de reconquistar los sueños de nuevas utopías: única posibilidad de orientar el mundo contemporáneo, según se desprende del planteamiento temático de esta obra”. Nacido en Barquisimeto, Lara, en 1938, Castillo Vicci es casado con la médica Alesia Nass, con quien tiene cinco hijos. Es asesor académico, en docencia e investigación, de varias instituciones universitarias venezolanas. Es egresado de la Universidad Simón Bolívar (USB, http://www.usb.ve) y de la Universidad de Wisconsin (EUA, http://www.wisc.edu) en ciencias de la computación e inteligencia artificial. Actualmente, es profesor jubilado de la Universidad Centroccidental Lisando Alvarado (Ucla, http://www.ucla.edu.ve). Ha publicado libros de ensayos técnicos en la rama de su especialización como en fundamentos de la tecnociencia, como Machina ratiocinatrix: en busca del razonamiento automático, Crítica a la teoría computacional de la mente o Ciencia y misticismo... hoy. Sus investigaciones le han merecido reconocimiento académico, como la Medalla Institucional de la Ucla y el Premio de Ciencia e Ingeniería de la Asociación de Profesores. Cuentos esotéricos recoge sus primeros intentos de incursionar en la literatura de ficción. En el texto de presentación, el autor expone: “Pretendemos con estos cuentos esotéricos ensayar con la ficción acerca de lo que pudiera suceder si algunas teorías, de muy variado orden, lógicas, científicas, filosóficas o teológicas pudieran extenderse más allá de sus propios límites; esperando interesar (y, ¡ojalá!, divertir) sobre el tema al lector no iniciado”. Castillo Vicci tiene, además, dos novelas de ciencia ficción: Demiurgo, SA (Fábrica de utopías), que será publicada por la Sociedad de Nuevos Autores en Francia en diciembre de este año, y Proyecto Tánato, inédita. *** Carlos Monsiváis recibió la medalla Sor Juana Inés de la Cruz El escritor mexicano Carlos Monsiváis recibió el pasado jueves 21 de agosto, de manos de Carmen Beatriz López Portillo, rectora de la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ, http://www.ucsj.edu.mx), la presea Sor Juana Inés de la Cruz, máximo galardón que otorga la mencionada casa de estudios. La ceremonia se realizó en el Gran Claustro de la UCSJ. Al recibir el reconocimiento, Monsiváis dijo que “el humanismo es el gran espacio de resistencia ante la destrucción del valor de la vida humana que se encuentra en uno de los momentos más tristes y trágicos que recordamos”. “Encuentro ese espacio de resistencia”, dijo, “en la marcha que hicieron en Creel, Chihuahua, y en los colonos que se niegan a medidas que malefician sus derechos como ciudadanos y los de la naturaleza, y en la búsqueda de los de muchísimos grupos, en un momento en que hay un estallido de vindicaciones y reivindicaciones de primer orden que debieron darse hace mucho”. Al igual que en estas movilizaciones por los derechos humanos, el humanismo también se encuentra en el estudio de los clásicos. La enseñanza del humanismo “para mí es señal suficiente de vida y del poderío de resistencia del conocimiento”, aunque, advirtió, “la ofensiva de la irracionalidad, de la intolerancia y del placer del asesinato como práctica de vida, intentan anular lo que ha significado este avance civilizatorio. Frente a ello está la resistencia del activismo, está la protesta, pero está también la práctica y la enseñanza del humanismo como fuerzas vitales”. Al finalizar su discurso ofreció una improvisada conferencia de prensa en la que habló de la vigencia de la obra de Sor Juana; la despenalización del aborto, de la que señaló: “estoy seguro de que no puede darse marcha atrás, porque sería una derrota del desarrollo civilizatorio de México. Estoy convencido de que no va a suceder”; la reunión del consejo de seguridad —que se realizó unas horas después—; el papel de la sociedad civil en la demanda de mejoras en materia de seguridad, o quién es el culpable de la ola de violencia en México. El PRI acusa a Felipe Calderón, “Felipe Calderón podría acusar al PRI y entre todos podríamos acusar a todos. De los gobiernos es la responsabilidad y es parcialmente la culpa, de la sociedad es la responsabilidad y es parcialmente la culpa, de la delincuencia es totalmente la culpa y así seguiríamos hasta el infinito”. Aseguró que es hora “de indagar por los responsables mediante métodos sociales y gubernamentales de estudiar, de escudriñar lo que está pasando, la búsqueda de culpables siempre termina con la danza de las acusaciones al vapor. Los culpables están a la vista, los patrocinadores de los culpables tienen que ser denunciados y tienen que comparecer ante la justicia”. Pero advirtió, asimismo, que “una pregunta de quién es el culpable, ‘quién mayor culpa tiene’, para citar a Sor Juana, no llevaría a ningún lado, sino de qué manera esos culpables pueden ser llevados ante la acción de la justicia. Estamos ahora en un momento de localización de las causas que permiten que los culpables sean denunciados o no tengan todas las garantías de la impunidad”. En cuanto a la forma en que la sociedad civil puede exigir que los gobiernos combatan la delincuencia sin demagogia, el cronista declaró que no tiene la fórmula satisfactoria: “Las marchas son un método, las protestas continuas son otro, pero también creo que debe haber la renuncia explícita a la resignación y la inercia que terminan siendo las constantes de las acciones sociales de protesta, y eso ya no funciona. Hace cuatro años fue la gran marcha contra la situación de violencia, ahora el horizonte delincuencial se ha incrementado. ¿Qué pasó? ¿Qué no funcionó? La sociedad también tiene que preguntarse por los métodos eficaces”. Pero, agregó, “una ciudadanía no puede limitarse a una acción anual o semestral de denuncia, tiene que incorporarse a la solución, porque si no va a santificar el problema”. Fuentes: La Jornada • UCSJ *** Muere a los 94 años la escritora catalana Maria Dolors Orriols La escritora catalana Maria Dolors Orriols (http://www.escriptors.cat/autors/orriolsd) falleció el pasado 23 de agosto en Barcelona (España) a los 94 años, tras una vida dedicada a las letras, con una trayectoria narrativa que inició en 1949. El funeral se celebró el lunes 25 en el tanatorio de Sant Gervasi de Barcelona, de donde fue trasladada al cementerio de Cabrils, en Barcelona. Maria Dolors Orriols i Monset nació en Vic en 1914 y desde joven se interesó por la escritura y las artes plásticas. Entre sus obras figuran los libros de cuentos Cavalcades (Aymà, 1949; Montevideo, 1986); y Reflexos (Club de Divulgació Literària, 1951), y las novelas Retorn a la Vall (Juris, 1950), Cop de porta (Pòrtic, 1980), Contradansa (Pòrtic, 1982), Petjades sota l’aigua (Eumo-La Tralla, 1984), Molts dies i una sola nit o Una altra sonata a Kreutzer (Llar del Llibre, 1985), Una por submergida (Columna, 1992) y El moviment d’un cercle (1997). También publicó El riu i els inconscients, novela escrita en 1950 y que en 1969 obtendría en Paría el Premi Extraodinari de Novel•la Ramon Turró, pero que no sería publicada hasta 1990, y que ha sido reconocida como uno de los documentos más conmovedores de la posguerra en España. Su obra más reciente fue la autobiografía Escampar la boira (Absis, 2003). Fundadora del Club de Divulgació Literària y miembro de la Associació d’Escriptors en Llengua Catalana (AELC, http://www.escriptors.cat), Orriols recibió los premios Concepció Rabell (1949), por Cavalcades; Joseph Trueta, de Londres (1964), por Reflejos, y el Premio Extraordinario de Novela Ramón Turró (1969), por El riu i els inconscients, y fue finalista del Premio Sant Joan para novela inédita por El moviment d’un cercle. Fuentes: AELC • Europa Press *** Efraín Barquero gana el Premio Nacional de Literatura de Chile Por tratarse según el jurado “de un poeta inconfundible, campesino y universal”, Efraín Barquero (http://efrain-barquero.net), seudónimo de Sergio Efraín Barahona, fue distinguido como Premio Nacional de Literatura de Chile el pasado lunes 25 de agosto. El jurado, presidido por la ministra de Educación de la nación sureña, Mónica Jiménez, se decidió por Barquero en forma unánime. Estuvo compuesto además por José Miguel Varas en su calidad de último galardonado; Víctor Pérez, rector de la Universidad de Chile (http://www.uchile.cl); Misael Camus, rector de la Universidad Católica del Norte (http://www.ucn.cl), y Andrés Gallardo, de la Academia Chilena de la Lengua (http://www.institutodechile.cl/lengua). Barquero recibirá 14 millones de pesos y una pensión de por vida de 20 unidades tributarias mensuales (UTM), actualmente, unos 700.000 pesos. Nacido en Piedra Blanca, Curicó (Región del Maule), en 1931, Barquero vive alternativamente entre Chile y Francia, país donde estuvo exilado y trabajó desde 1975 a 1990, y donde permanece parte de su familia. Ha viajado y residido en países del Extremo Oriente, América Latina y Europa, como China, México, Colombia y Cuba. Considerado en sus inicios como el natural continuador de la línea de desarrollo poético abierta por Pablo Neruda, su libro La piedra del pueblo (1954) fue incluso prologado por el Premio Nobel, además de ser calurosamente recibido por la crítica por su temática y por el surgimiento de una voz definida y bien calibrada dentro del panorama literario. El autor es identificado como miembro de la Generación Literaria de 1950, al igual que Enrique Lihn, Armando Uribe Arce y Jorge Teillier, entre otros. Es autor de, entre otros, Árbol marino (1950), La compañera (1956), Enjambre (1959), El pan del hombre (1960), El regreso (1961; traducción francesa 1990), Maula (1962), Poemas infantiles (1965), El viento de los reinos (1967), La compañera y otros poemas (1969), Epifanías (1970), Arte de vida (1971), El poema negro de Chile (1974), Bandos marciales (1974), Mujeres de oscuro (1992), A deshora (1992), El viejo y el niño (1992), La mesa de la tierra (1998), Antología (2000) y El poema en el poema (2004). Sus poemas han sido traducidos a diversas lenguas. De apariencia huraña y generalmente de bajo perfil, el escritor suele construir su obra a partir de la visión de elementos simples del acontecer cotidiano, como el pan, la miel y la agricultura, así como el compromiso con la mujer, “la compañera”, a quien ha dedicado algunos de sus libros. Junto al nombre de Barquero sonaban como posibles ganadores Patricio Manns, Claudio Bertoni, Oscar Hahn y Delia Domínguez. Fuentes: El Mostrador • La Nación *** Comunidad sevillana protesta contra Biblioteca del Prado El pasado miércoles 27 de agosto, unas 65 personas se concentraron a las 8 de la noche ante las vallas de las obras de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla (http://bib.us.es/prado-ides-idweb.html) en los Jardines del Prado, con el fin de protestar por la destrucción de esta zona verde. “Esto es un gesto testimonial de los ciudadanos sensibles ante la impotencia de ver cómo se mutila un parque”, comentó Jacinto Martínez, presidente de la Asociación de los Amigos de La Oliva. Minutos antes de la hora, cuando aún eran pocos los congregados, dos patrullas de la Policía Nacional estacionaron en los alrededores, pero no hubo ningún incidente. Algunos participantes en la jornada de protesta dijeron que ya se estaban quitando los naranjos de la zona verde, y el comentario generalizado era que no era época de trasplantes y para llevarse por ejemplo los laureles de Indias habría que hacerles un cepellón de yeso, lo que tarda varios meses. Entre otros, participaron Juan Iglesias, de Ecologistas en Acción (http://www.ecologistasenaccion.org); Jorge Palma, de la Asociación de Profesores para la Difusión y Protección del Patrimonio Histórico y Natural, Ben Baso (http://www.benbaso.com); Francisco Rodríguez, presidente de la Asociación Demetrio de los Ríos para la Defensa del Patrimonio Histórico Artístico Sevillano (http://www.carmona.org/Ciudadan/asociacion.php?id=112); Rafael Sanmartín, del Centro de Estudios Históricos de Andalucía (Ceha, http://www.ceha.es); Ángel López Hueso, presidente de la Asociación del Pumarejo; José Baena, presidente de la Coordinadora de Asociaciones Independientes de Sevilla (Cais, http://www.lavozdesevilla.es); José Miguel González Cruz y Christine Lessart, de la Asociación Huerta de la Salud (http://huertadelasalud.com); el concejal del PP (http://www.pp.es), José Miguel Luque; Beatriz de la Torre, de UP y D (http://www.upyd.es), y Antonio Egea, del Grupo de Ciudadanos Independientes (http://www.grupodeciudadanosindependientes.tk), así como miembros de las asociaciones Amigos del Parque del Alamillo y Riberas del Guadalquivir (http://www.amigosalamillo.com) y Amigos de los Parques y el Paisaje. Jorge Palma, de Ben Baso, criticó “el menosprecio del alcalde” al movimiento asociativo: “El otro día dijo por la radio que éramos cuatro vecinos y cuatro forasteros que pasaban por aquí. Sólo queremos que no se mutile el parque. No vamos en contra ni de la universidad ni del alcalde”. Criticó que cada día a los ciudadanos se les arrincona más y dijo que sentían mucho el despilfarro del contribuyente europeo “ya que se destruye lo que se hizo hace 12 años”. Antonio Egea abundó en el despilfarro y dijo que el sitio de la biblioteca estaba “ahí al lado”, señalando al Prado. Según la Universidad de Sevilla, el proyecto “se encuentra en armonía con el entorno, debido al color del material y a la altura del mismo, la cual es muy similar a las de los edificios aledaños”, como indica la exposición de la arquitecta Zaha Hadid. Más información sobre la construcción puede leerse en http://www.us.es/infraestructuras/proyectos/biblioteca/biblioteca. Fuentes: ABC de Sevilla • Universidad de Sevilla *** Familia de maestro enterrado con García Lorca exige investigación Nieves Galindo, la nieta del maestro Dióscoro Galindo, enterrado en una fosa común en Víznar (Granada, España) junto al poeta Federico García Lorca, solicitará ante la Audiencia Nacional de España que se investigue el paradero de su abuelo, asesinado el 18 de agosto de 1936 junto con dos banderilleros y el insigne poeta. Según informó el pasado 28 de agosto la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (http://www.memoriahistorica.org), la nieta de Dióscoro Galindo lleva años tratando de promover la exhumación de la fosa en la que podrían encontrarse los restos de su abuelo, pero se ha encontrado con la oposición de la familia Lorca, que desde el primer momento se ha negado a una posible exhumación, alegando que sería una forma de traicionar la memoria del poeta. La nieta del maestro de la localidad granadina de Pulianas sumará su demanda a las de numerosas asociaciones y personas que a título particular iniciaron en la Audiencia Nacional una solicitud por la investigación de más de 1.200 republicanos desaparecidos como consecuencia de la represión franquista y de los impedimentos que pusieron las autoridades de la dictadura para que las familias de los asesinados pudieran investigar y dar con el paradero de sus seres queridos. El pasado mes de julio Baltasar Garzón solicitó a los ministerios de Defensa e Interior informes acerca de los desaparecidos durante la guerra civil y la dictadura. Ambos ministerios respondieron que carecen de dichos informes, por lo que el juez ha remitido solicitudes a otras instancias institucionales en busca de esa documentación. Meses antes el fiscal de la Audiencia Nacional solicitó que se archive el caso con el argumento de que los asesinatos perpetrados por las fuerzas franquistas no formaban parte de una estrategia generalizada, sino que habían sido crímenes aislados y que por tanto su investigación correspondería a los correspondientes juzgados de primera instancia. Las asociaciones desde entonces han remitido al juez Garzón numerosa documentación con el fin de demostrar que los asesinatos fueron llevados a cabo como una estrategia generalizada para eliminar a miles de personas que habían apoyado los gobiernos de izquierdas durante la Segunda República. La asociación argumenta que, en caso de que la fosa de Lorca fuera exhumada, la identificación de los restos de los cuatro hombres que se encuentran en ella sería extremadamente sencilla. Por un lado, al maestro, Dióscoro Galindo, le faltaba una pierna; otro de los banderilleros era cojo y la frente del poeta, Federico García Lorca, podría ser identificada con un rápido estudio de los restos óseos. Nieves Galindo, la nieta del maestro, acudirá en unos días al juzgado número 5 de la Audiencia Nacional acompañada por uno de los abogados querellantes, Fernando Magán, para solicitarle al juez Garzón que investigue la desaparición forzada de su abuelo, al que quiere darle una sepultura digna. Fuente: Ideal *** Chile y Venezuela suscriben acuerdos editoriales Con la visita de trabajo realizada el pasado jueves 28 de agosto a Venezuela por Reynaldo Lacámara, presidente de la Sociedad de Escritores de Chile (Sech, http://www.sech.cl), se establecieron varios acuerdos dentro del área editorial para publicar a los poetas venezolanos en el sur del continente y a los chilenos en Venezuela. Con unos 2.100 miembros, Lacámara indicó que el ente que dirige aspira a perpetuar los nexos con la Red Nacional de Escritores de Venezuela (http://www.rednacionaldeescritoresdevenezuela.org) y con el Centro Nacional del Libro (Cenal, http://www.cenal.gob.ve) para concretar intercambios en el área. Explicó que surgieron algunos compromisos de coedición que “lo más seguro es que se realice con editoriales del Estado como El Perro y la Rana (http://www.elperroylarana.gob.ve), mientras que en Chile tenemos que hacer un trabajo con las editoriales que se dedican a difundir la literatura latinoamericana”. En su primera visita a Venezuela, destacó el trabajo que se realiza en la El Perro y la Rana, donde “se está editando mucha literatura y a precios muy asequibles”, indicó. “La literatura crea una oportunidad única de pensar, de tener un criterio propio, de leer el mundo”, ilustró el también poeta quien confesó que en su país no existe una editorial estatal. Por otra parte, destacó que con la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello (http://www.casabello.gob.ve) esperan realizar la coedición de una clase magistral del intelectual chileno Volodia Teltelboim, quien estuvo en Venezuela hace unos tres años, y que falleció en 2007. Autor de poemarios como Lota sobre la tierra (2000), Pasajes de otro año, Poesía (1997), y Esta delgada luz de tierra (2007), destacó que estos convenios en el área editorial pretenden ampliarse e incluir otros géneros. “En principio poesía, pero en la medida en que estas futuras ediciones se conviertan en colecciones, y sigan prosperando, vamos a saltar a toda la literatura, narrativa, ensayo”, concluyó. Fuente: ABN *** Jotamario Arbeláez gana el premio Valera Mora con Paños menores En la Sala de Teatro 2 de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg, http://www.celarg.org.ve) se dio a conocer este viernes 29 de agosto el veredicto del II Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora, que dio como ganador al poeta colombiano Jotamario Arbeláez (Cali, 1940) por su poemario Paños menores. El jurado, que concedió el premio por unanimidad, estuvo conformado por la escritora y poeta mexicana María Baranda, la poeta, ensayista e historiadora literaria colombiana Luz Mary Giraldo, y el poeta, fotógrafo y editor venezolano Enrique Hernández D’Jesús. Paños menores recibe este galardón en virtud de “la fuerza vital de sus imágenes, su propositiva relación con la historia que de lo universal conduce a lo familiar y personal, por su poética contemporánea y por la manera en que renueva el lenguaje coloquial entretejido con ironía y humor, propiciando un sugestivo acercamiento con el lector”, según indica el veredicto. Arbeláez es uno de los autores que integraron el Nadaísmo, movimiento poético iconoclasta fundado por Gonzalo Arango. En 1966 publicó El profeta en su casa y en 1980, con Mi reino por este mundo, ganó el Premio Nacional de Poesía de la Editorial Oveja Negra y la revista Golpe de Dados. En 1995 recibió el Premio Nacional de Poesía de Colcultura con La casa de memoria y en 1999 el Premio de Poesía del Instituto Distrital de Cultura con El cuerpo de ella, libro que obtuvo una edición bilingüe en París. Uno de sus libros más recientes es Nada es para siempre; antimemorias de un nadaísta (2003). Arbeláez es columnista del diario El Tiempo (http://www.eltiempo.com). Dotado con 100.000 dólares, el Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora recibió este año 152 poemarios de Francia, Canadá, Italia, Cuba, Venezuela, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, México, Argentina, Chile, Ecuador y Perú, entre otros países. El galardón será entregado el próximo 21 de octubre, fecha conmemorativa del nacimiento de Valera Mora. Fuentes: ABN • RNV *** Caso de Ernesto Cardenal será elevado ante la CIDH El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh, http://www.cenidh.org) introdujo este lunes en la mañana ante el Tribunal de Apelaciones de Managua (TAM, http://www.poderjudicial.gob.ni/tribu.htm) un recurso de exhibición personal a favor del poeta y sacerdote Ernesto Cardenal (Granada, 1925), a causa de una cuestionada condena por injurias, y anunció que llevará el caso este martes 2 de septiembre ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh, http://cidh.oas.org/Default.htm). La consignación del caso ante esa instancia tiene su razón de ser “porque al padre Cardenal, de forma ilegal y arbitraria, se le quiere restringir su derecho a movilizarse”, anunció a la prensa la presidenta del Cenidh, Vilma Núñez, quien recibió a Cardenal en la sede del organismo el pasado jueves 28 de agosto acompañado por el también escritor, y ex vicepresidente de Nicaragua, Sergio Ramírez. Núñez manifestó su compromiso de acompañar a Cardenal “hasta el final, para que se le haga verdadera justicia”. “Si me quieren echar preso en este sistema que hay ahora en Nicaragua, estoy listo para ir a la cárcel”, reiteró Cardenal al presentar su denuncia. Por su parte, Ramírez leyó un mensaje de solidaridad para el poeta enviado por el escritor portugués José Saramago, premio Nobel de Literatura 1998, en el que aseguró que a Cardenal “no le ha servido la ley porque la administra una justicia que se dejó corromper por los rencores y las envidias del poder”. “Ernesto Cardenal, uno de los más extraordinarios hombres que el sol calienta, ha sido víctima de la mala conciencia de un Daniel Ortega indigno de su propio pasado, incapaz ahora de reconocer la grandeza de alguien a quien hasta un papa, en vano, intentó humillar”, expresó Saramago en su nota, disponible en su blog en http://www.josesaramago.org. El escritor además le solicitó a Ortega “que se mire en un espejo y me diga qué es lo que encontrará en él. Si le da vergüenza, al menos que tenga la valentía de pedir perdón. Si no lo pide, si no levanta la voz para clamar, él mismo, contra la condena de Ernesto Cardenal, sabremos que sus méritos humanos y políticos han caído a cero. Una vez más una revolución ha sido traicionada desde dentro”. El martes 26 de agosto, el poeta Cardenal fue condenado por el juez primero de Distrito Penal de Managua, David Rojas, a pagar al fisco, en un plazo de tres días, una multa de más de 1.000 dólares por el delito de injurias y calumnias, en el marco de una querella entablada hace cinco años por el empresario alemán Inmanuel Zerger por un litigio de propiedad. Cardenal fue absuelto de esta sentencia en diciembre de 2005, pero según el juez Rojas el caso estaba en apelación, aunque no pudo explicar por qué se resolvió casi tres años después. El escritor anunció que no acatará la sanción, declarándose en rebeldía por considerar que el fallo es una venganza política del presidente Daniel Ortega por haberlo acusado de ladrón, y que el juez se excedió en sus funciones al sentenciarlo por un delito del cual ya había sido absuelto hace tres años. Durante la visita del presidente nicaragüense a Paraguay, la segunda semana de agosto, y en un ambiente que le era adverso, promovido por movimientos feministas que repudiaron su presencia públicamente por la acusación de supuesta violación a su hijastra Zoilamérica Narváez, Cardenal le acusó de “ladrón” y de establecer en Nicaragua un “reinado de unas cuantas familias en alianzas con somocistas”. Considerado uno de los más grandes exponentes de la lírica latinoamericana, Cardenal fue ministro de Cultura en el primer gobierno de Ortega (1979-1989), pero se distanció de éste en 1990 por divergencias en la conducción del partido Frente Sandinista y es actualmente uno de los más fuertes críticos del gobernante. Rojas, por su parte, negó cualquier cariz político en la sentencia y comentó que “cree” que tiene que ver con el “proceso de limpieza de casos viejos que se está dando en los juzgados”. En respuesta a la negativa de Cardenal de cumplir la sanción, y debido a que las leyes nicaragüenses prohíben encarcelar a personas mayores de 75 años, el juez resolvió declarar al octogenario poeta “reo valetudinario” (decrépito y enfermizo) con la finalidad de dictar medidas cautelares en su contra hoy lunes 1 de septiembre. Sin embargo, esta mañana decidió no seguir conociendo del caso debido, dijo, “a la fuerte campaña mediática nacional e internacional en contra del sistema judicial de Nicaragua”. Argumentó además que se separa en pos de la “transparencia” del proceso y “por el bien del sistema judicial”. El nuevo juez a cargo será Ronaldo Morán, suplente de Rojas en el Juzgado Primero del Crimen de Managua. Rojas indicó que no impuso ninguna medida cautelar en contra de Cardenal, aunque advirtió que ya se venció el plazo para que éste pague la multa al fisco. Morán será quien decida las medidas cautelares contra el sacerdote. Entre tanto, el abogado del poeta, Boanerjes Ojeda, presentó el viernes pasado un recurso de exhibición personal, en el cual rechaza las pretensiones del juez de restringir la libertad de su defendido con un eventual arresto domiciliario o limitaciones de movilización. Refutó, además, que el juez declare “valetudinario” a su cliente, sin un dictamen médico legal que confirme que está mal de salud. El jueves, el vicepresidente de Nicaragua, Jaime Morales Carazo, había intentado deslindar al gobierno nicaragüense del caso. Apuntó que, aunque él no comparte algunas ideas del poeta “sobre teología de liberación y ese tipo de cosas”, porque son cosas muy personales, sí respeta toda posición, y negó que a alguien se le ocurra llevar a Cardenal a la cárcel, pues su situación es una cuestión de un juez. “No es una situación que algunos pueden pretender que proviene de las más altas esferas del Ejecutivo”, subrayó. Además de Sergio Ramírez, quien calificó la sentencia de “una barbarie”, otros intelectuales nicaragüenses han cerrado filas con el poeta, como la escritora Gioconda Belli, quien señaló que la actitud del gobierno contra Cardenal “no es más que una muestra de la cobardía con que actúan los que ostentan el poder en contra de quienes se muestran críticos y adversos”. Belli dijo que denunciarán el caso en foros internacionales y advirtió que el poeta “no está solo”, agregando que “un ataque contra Ernesto es un ataque contra todos nosotros los escritores del país”. “Estoy impactada de ver la arbitrariedad y el abuso que se está cometiendo en contra de personalidades que lo único que han hecho es poner en lo más alto el nombre de Nicaragua y que dedicó su vía a la Revolución”, señaló igualmente la escritora Claribel Alegría. De la misma manera, otros escritores extranjeros además de Saramago han expresado su respaldo al poeta. El escritor uruguayo Eduardo Galeano se solidarizaron el jueves pasado con Cardenal asegurándole que tiene toda su solidaridad, por considerarlo “gran poeta, espléndida persona, hermano mío del alma”, contra “esta infame condena de un juez infame al servicio de un infame gobierno”, manifestó en un correo electrónico el autor de Las venas abiertas de América Latina. “Estas infamias te elogian, Ernesto”, concluyó. “Esta acción es totalmente ilegal”, dijo por su parte la académica venezolana Gloria Guarda de Alfaro, en un comunicado en nombre del PEN de Venezuela (http://www.pendevenezuela.org). “Pero el sistema judicial responde a la voluntad política de Daniel Ortega”. Guarda de Alfaro calificó de “clara represalia” el proceso contra Cardenal, y llamó la atención sobre el hecho de que la sentencia fuera dictada a su regreso de la toma de posesión del presidente Fernando Lugo en Paraguay. “Ernesto Cardenal es la más reciente víctima del acoso sistemático orquestado en contra de todos aquellos que han levantado sus voces para denunciar la falta de transparencia, el estilo autoritario y el comportamiento inescrupuloso y la falta de ética de Daniel Ortega en su retorno al poder”. Por su lado, el escritor chileno Antonio Skármeta, en otro correo de solidaridad con el poeta, advirtió: “Dile a (Daniel) Ortega que aquí en Chile le decimos que no se atreva a tocar a Cardenal ni con el pétalo de una dama”. En tanto, el activista de derechos humanos en Estados Unidos, Roberto Vargas, escribió a Cardenal: “Estimado padre y poeta Cardenal, no estás solo”. Asimismo, se sumó la portorriqueña Luce López-Baralt, traductora de literatura: “Sé bien de tu entereza (yo conozco tu alma como pocas personas) y de tu valor incondicional, pero me apena de veras que, a estas alturas de tu vida, ejemplar en todos los sentidos, tengas que pasar por estos sinsabores totalmente innecesarios. La revolución perdida, qué bien lo apuntaste”, añadió. La escritora brasileña Ione Carvalho advirtió sobre la “tensión” que pueda estar sufriendo Cardenal, de 83 años, por esa condena por injurias. “Estoy segura de que no te pondrán en la cárcel, porque esto provocará un movimiento de repudio a Daniel (Ortega) de escala nacional e internacional”, señaló. El caso ha levantado incluso protestas de calle, como las protagonizadas este domingo 31 de agosto en dos ciudades del departamento de Carazo (al sur de Managua), convocadas por la Red Territorial de Carazo, la Coordinadora Civil, la Unión de Ciudadanos por la Democracia y el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), cuyo representante, Edmundo Jarquín, señaló que por el cierre, en el gobierno de Daniel Ortega, de los espacios políticos democráticos, más personas están recurriendo a acciones de desobediencia civil como las adoptadas por Cardenal. Jarquín calificó al gobierno nicaragüense de “dictadura institucional” y dijo que Cardenal “nos está enseñando el camino de lo que debe ser la lucha contra ésta, porque los espacios legales están siendo trastocados para adecuarse a las revanchas políticas”. Por su parte, Dora María Téllez aseguró que las acciones contra el poeta representan una continuidad de la política de Ortega contra artistas, comunicadores, periodistas y todas las voces independientes que se levantan por Nicaragua, denunciando nacional e internacionalmente los desmanes creados por el así llamado “danielismo”. La marcha partió a las 9:40 de la mañana de la parte frontal de la basílica de la ciudad de Diriamba, para culminar en el Parque Central de Jinotepe. Ciento veinte agentes de la Policía Nacional y antimotines se presentaron para evitar enfrentamientos con miembros del oficialismo. Las manifestaciones de respaldo hacia Cardenal han llegado en grandes cantidades, por lo que los allegados del poeta han dedicado buena parte de su tiempo estos días a organizar toda esta información, que está siendo publicada por diversas vías en Internet. Muchos de los apoyos recibidos están incluidos en una lista publicada por el sitio del escritor portugués José Saramago (http://www.josesaramago.org), en la que se puede leer nombres de reputados intelectuales de todo el continente, como los del brasileño Chico Buarque de Holanda, el uruguayo Mario Benedetti, el colombiano Héctor Abad Faciolince, el cubano Eliseo Alberto, los venezolanos Edda Armas (http://www.letralia.com/firmas/armasedda.htm), Victoria de Stefano y Oscar Marcano, el salvadoreño Miguel Huezo Mixco, la mexicana Ángeles Mastretta, el peruano Julio Ortega, la brasileña Nélida Piñón y la colombiana Laura Restrepo. La web del Nobel de Literatura 1998 recibe manifestaciones de respaldo en la dirección apoyocardenal@josesaramago.org. Pero el exceso de trabajo ha tenido sus consecuencias. En una de las listas de manifestaciones de respaldo fue erróneamente incluido el nombre de la venezolana Carmen Bohórquez, quien es coordinadora de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (http://www.humanidadenred.org.ve) y directora general de Relaciones Internacionales del Ministerio de la Cultura (http://www.ministeriodelacultura.gob.ve). Ante el error, Bohórquez exigió, en una carta enviada el pasado jueves 28 de agosto, que su nombre fuera borrado de las listas. “Independientemente de la valía del poeta Cardenal”, dice Bohórquez, “quiero aclararles que nunca manifesté la opinión que aquí se me atribuye. El mensaje que le envié a Cardenal estuvo relacionado con el acuse de recibo del texto de su intervención en un encuentro de intelectuales en defensa de la Humanidad, realizado en La Paz, Bolivia, el pasado mes de julio, y es ese el texto del cual le informo me encargaré de hacer llegar a los responsables en Bolivia”. Opina Bohórquez en su carta que la “manipulación de opiniones” no le hace un gran favor a Cardenal. “Agradezco y exijo, en consecuencia, que retiren de inmediato mi nombre y supuesta opinión de ese texto de apoyo que están haciendo circular, pues no sólo no se corresponde con la verdad, sino que además ha sido groseramente manipulado para servir a una causa política que deriva de un problema que atañe estrictamente a los nicaragüenses”. El mismo jueves, Lux Marina Acosta, asistente de Cardenal desde hace casi tres décadas, publicó en El Nuevo Diario (http://www.elnuevodiario.com.ni) —donde apareció originalmente la lista de apoyos en la que se incluyó el nombre de Bohórquez— una aclaratoria al respecto en la que pide disculpas a la funcionaria venezolana por el error, que tuvo su origen en la “avalancha de mensajes” que han estado recibiendo estos días. “Quienes desde nuestra oficina trasmitían todos los mensajes que estamos teniendo de apoyo, pasaron el de usted pensando que sería uno de ellos, desconociendo que usted se refería a una cosa diferente como era el envío de un texto de Cardenal a Bolivia”, explica la asistente del poeta. “Comprendo que usted esté indignada”, finaliza Acosta su carta, “pero esto no fue intencional; simplemente un error, y de nuevo le pido disculpas. En realidad aquí no hemos manipulado la información y por esa misma razón estoy enviando esta aclaración al diario que la publicó”. Fuentes: AFP • DPA • EFE • El Nuevo Diario • La Prensa • Multinoticias Canal 4 • Prensa Latina *** Ciclo de Poesía “La Palabra Manchada” realizarán en Chile Este viernes 5 de septiembre se dará inicio en Santiago de Chile al Ciclo de Poesía “La Palabra Manchada”, evento organizado por la Editorial Cuarto Propio (http://www.cuartopropio.cl) con el apoyo del Museo Nacional Benjamín Vicuña Mackenna (http://www.dibam.cl/sdm_mbm_mackenna) y el Centro Cultural Otro Sur (http://centroculturalotrosur.blogspot.com), y que contará con la participación de Carmen Berenguer, reciente ganadora del V Premio Iberoamericano de Poesía “Pablo Neruda” (http://www.letralia.com/192/0730berenguer.htm), entre otros autores. El ciclo, que es coordinado por el poeta Antonio Silva y tiene como objetivo “volver la mirada hacia los pliegues discursivos del quehacer poético actual”, como indica la convocatoria, se llevará a cabo durante los viernes 5, 12 y 26 de septiembre, y el viernes 3 de octubre, siempre a las 7 de la noche en el Museo Nacional Benjamín Vicuña Mackenna, ubicado en Vicuña Mackenna 94, Providencia (Metro Parque Bustamante o Baquedano). La entrada a las actividades es gratuita, y al final de cada velada habrá un brindis. La primera de las cuatro jornadas poéticas será el 5 de septiembre y participarán Raúl Zurita (http://www.letralia.com/firmas/zuritaraul.htm), Mauricio Torres Paredes (http://www.letralia.com/firmas/torresparedesmauricio.htm), Rodrigo Gómez y Víctor Hugo Díaz. Se presentará también un performance de Samuel Ibarra. El 12 de septiembre le tocará el turno a Soledad Fariña, Paula Ilabaca, Alberto Moreno y Ana Montrosis (http://www.letralia.com/firmas/montrosisanadelrosario.htm). El viernes 26 la poeta Carmen Berenguer estará acompañada por Úrsula Starke, Héctor Hernández y David Bustos. La jornada final será el viernes 3 de octubre y participarán José Ángel Cuevas, Alberto Kurapel, Antonio Silva, Felipe Ruiz y Antonio Silva. Editorial Cuarto Propio, que considera “una necesidad” el encuentro de los creadores críticos de distintas generaciones, es considerada una de las editoriales pioneras en el pensamiento crítico chileno durante la dictadura, y de manifiesto apoyo a las escrituras disidentes y transgresoras ante el discurso oficial y heteronormativo. Fuente: Editorial Cuarto Propio *** Debatirán en Argentina el rol de los medios en la literatura Una nueva edición del ciclo literario “Talando Árboles”, que convoca a lectores, libreros y editores a tres jornadas de debates sobre las prácticas editoriales, los medios y la actualidad literaria, se hará los días 10 y 23 de septiembre y el 8 de octubre en La Boutique del Libro (http://www.boutiquedellibro.com.ar), una librería del barrio de Palermo (Buenos Aires) ubicada en Thames 1762. El ciclo, siempre en el horario de 7 de la noche, es auspiciado por la editorial Interzona (http://www.interzonaeditora.com) y la librería arriba mencionada. El miércoles 10 debatirán Alan Pauls, Fabián Casas y Alberto Díaz sobre “Literatura argentina: ¿somos mucho más que dos?”, jornada que se enfocará en qué autores venden y cómo se legitiman, qué dice sobre el presente la literatura argentina y qué se espera de la Feria de Francfort en 2010, donde Argentina será el país invitado. El miércoles 23 será el turno de Jorge Aulicino, Pedro Rey y Fernando Fagnani, quienes debatirán sobre “Relatos mediáticos: ¿literatura, estás ahí?”. Se hablará del impacto de los casos policiales reales en la literatura, el lugar que ocupan los suplementos culturales, el consumo de libros sobre personajes mediáticos y la competencia entre medios y literatura. El ciclo terminará el miércoles 8 de octubre con un debate sobre “Editores y libreros independientes: ¿independientes de quién?”, donde Rodolfo Fogwill, Leonora Djament y Ernesto Skidelsky hablarán sobre si ser independiente es sinónimo de buen gusto, si están de moda las librerías y editoriales que se autodenominan independientes y sobre las perspectivas a futuro de editores y libreros, su relación con otros actores del mundo editorial, el rol de la carrera universitaria de edición y la necesidad o no de una carrera similar para los libreros. Fuente: Clarín *** Escritores harán diagnóstico de la literatura en Michoacán Los escritores e investigadores literarios del estado de Michoacán (México) iniciarán el próximo 24 de septiembre, en el Centro de Convenciones de Morelia (http://www.ceconexpo.com), unas jornadas de análisis y discusión de la literatura de la región, que se extenderán hasta diciembre y estarán compuestas por seis mesas redondas. Las jornadas tienen como objetivo, entre otras cosas, “obtener un diagnóstico real de la literatura en el estado de Michoacán en esta primera década del siglo XXI, y realizar la valoración de la literatura michoacana a través de los escritores más destacados del estado”, según los planes de la Secretaría de Cultura de Michoacán (Secam, http://www.cultura.michoacan.gob.mx). Según Marco Antonio Regalado, titular del Departamento de Literatura de la Secam, la mecánica de trabajo para reunir a los escritores michoacanos consistirá en realizar dos charlas por mes hasta la primera quincena de diciembre, y “cada mesa estará integrada por un escritor con trayectoria, un joven creador y un ensayista como moderador”. Los eventos, de entrada libre, se realizarán los días miércoles a las 6 de la tarde. La primera charla, “La poesía en el siglo XIX y XX en el estado de Michoacán”, será dictada por Gaspar Aguilera Díaz, Ernesto Hernández Doblas y Raúl Eduardo González. Le sigue, el 1 de octubre, la charla “La narrativa en el siglo XIX y XX en el estado de Michoacán”, con la participación de Héctor Canales García, Édgar Omar Avilés y Héctor Ceballos Garibay. La tercera mesa de discusión, programada para el 29 de octubre, es sobre “La equidad de géneros en la literatura michoacana”, con disertaciones a cargo de Lucía Rivadeneyra, Leonarda Rivera y Silvia Mercedes Hernández Tort, mientras que la cuarta reunión se dedicará a “La violencia y el entorno como telón de fondo en la literatura michoacana”, el 12 de noviembre con Neftalí Coria, Moisés Ramírez y Francisco Javier Larios, además de una participación musical con el flautista y saxofonista Guillermo Portillo. Las dos últimas mesas de debate, programadas para el 26 de noviembre y el 10 de diciembre, respectivamente, abordarán “La tradición literaria y la de ruptura en la nueva literatura michoacana”, con José Luis Rodríguez Avalos, Alfredo Carrera López y Ramón Guzmán Ramos, para cerrar con las conclusiones y diagnóstico del encuentro a cargo de Bernardo Pérez Álvarez, Gaspar Aguilera Díaz y Marco Antonio Regalado. Fuente: La Jornada Michoacán *** Casa de Cultura de Parres llevará nombre de Benito Pérez Galdós La Casa de Cultura del municipio de Parres (Asturias, España) llevará el nombre del ilustre escritor español Benito Pérez Galdós (1843-1920), como se desprende de una propuesta aprobada en sesión plenaria celebrada a principios de agosto y que será una realidad el próximo viernes 3 de octubre, cuando descendientes del autor de Doña Perfecta se desplazarán hasta Arriondas, capital del municipio, para participar en el acto protocolario de descubrimiento de la placa. El edil Marcos Gutiérrez Escandón, concejal de Cultura de Parres, reconoció la importancia de este reconocimiento, que dejará patente la vinculación del escritor canario con el concejo por su relación con una vecina del pueblo de Bodes, Elena Cobián, con la que nunca llegó a casarse pero con la que tuvo a su única hija. El edil comentó que durante un tiempo la familia del escritor barajó incluso la idea de mudar los restos de Pérez Galdós, actualmente enterrados en el cementerio de la Almudena, en Madrid, al de Santo Tomás de Collía, donde fue enterrado su yerno. Agregó que durante muchos años varios de los descendientes de Pérez Galdós disfrutaban de sus vacaciones en el municipio. La iniciativa cuenta con el apoyo de la familia, que no sólo se ha mostrado muy receptiva con el homenaje que el próximo otoño se le hará en el concejo al novelista, sino que varios de sus biznietos han confirmado ya su presencia en el acto. El concejal de Cultura anunció la intención del Ayuntamiento de Parres de reivindicar también la figura de Elena Cobián, una mujer muy adelantada para su tiempo, que no quiso casarse con el escritor y que dejó una carta manuscrita en la que reconocía no creer en el matrimonio. La hija de ambos fue reconocida por el dramaturgo tras la muerte de su madre. Fuente: La Voz de Avilés *** Universidad Central de Colombia crea Posgrado en Creación Narrativa La primera Especialización en Creación Narrativa que existe en el sistema universitario colombiano, iniciará sesiones el próximo 7 de octubre en la Universidad Central de Colombia (http://www.ucentral.edu.co), con un programa de estudios para aquellos que quieren entrar en el mundo de la narrativa o aprender a contar mejor. El programa, que recibió la aprobación por parte del Ministerio de Educación en julio de 2008, es resultado de la experiencia de 27 años del Taller de Escritores Universidad Central (Teuc, http://www.ucentral.edu.co/humanidades/teuc.htm), y está dirigido a profesionales de todas las áreas que deseen incursionar en el mundo de la creación narrativa. La iniciativa es encauzada por el escritor y poeta Isaías Peña y su equipo del Teuc. “En Colombia estamos atrasados en la propuesta de creación literaria, nos quedamos en el canon. Con esta especialización nos centramos en reconocer, conocer y crear”, dice Peña. Entre los maestros de planta del posgrado están él, Nahum Montt, Oscar Godoy, Aleyda Gutiérrez, Joaquín Peña, Alonso Aristizábal, Manuel Hernández y otros autores que han hecho parte del Teuc. También habrá invitados, como Héctor Abad Faciolince, Roberto Burgos Cantor, Juan Diego Mejía y Jorge Franco, entre otros. Además de culminar una obra (cuento, novela corta u otra), que es el trabajo de grado, en el posgrado harán un recorrido por la literatura universal, los géneros narrativos y las técnicas de creación. Está dirigido a profesionales de cualquier área, pero que hayan tenido alguna experiencia en actividades literarias, como publicaciones de libros o de artículos en revistas y periódicos. Para ser admitido se tendrá en cuenta la calidad de un texto de ficción, una entrevista y la experiencia. El posgrado dura un año, distribuido en cuatro bimestres, con un total de 232 horas de clase presencial y 29 créditos académicos. La meta es “formar especialistas que puedan desempeñarse en los distintos campos de la actividad literaria”, por lo que esperan formar escritores, pero también correctores de estilo o docentes, cumpliendo así un rol complementario al que ya desempeña la maestría en escrituras creativas de la UC, con la diferencia de que el naciente posgrado pondrá el énfasis en la creación. Los estudiantes egresarán con el título de especialistas en creación narrativa. El semestre cuesta 2,9 millones y tendrá cursos en poéticas de la narración, lenguaje y creación y composición narrativa. Las clases serán los martes y jueves de 6 de la tarde a 9 de la noche y hay oportunidad para inscribirse hasta el 3 de octubre. Para solicitar información es preciso llamar al teléfono (1) 323 98 68, extensiones 310 y 312, o escribir a admision@ucentral.edu.co. Fuentes: El Tiempo • Teuc *** Presentarán en noviembre prototipo de la biblioteca virtual Europeana El prototipo de la Biblioteca Digital Europea, que llevará el nombre de Europeana (http://www.europeana.eu), estará en línea desde el próximo mes de noviembre, con aportes de un centenar de las grandes instituciones culturales europeas, como los museos del Louvre (http://www.louvre.fr) y del Prado (http://www.museodelprado.es), el Institut National de l’Audiovisuel (INA, http://www.ina.fr) o la Biblioteca Británica (http://www.bl.uk), entre otras. Los fondos de Europeana no se limitarán a lo bibliográfico. Además de consultar el primer libro impreso —la Biblia de Gutenberg—, el visitante podrá escuchar grabaciones de Maria Callas o Jacques Brel o apreciar obras de arte como la Mona Lisa, las Meninas o el Guernica. El proyecto se iniciará con dos millones de documentos digitales (libros, música, pinturas, fotografías, películas, mapas, manuscritos y todo tipo de publicaciones), pero sus promotores esperan mayores inversiones de los países de la Unión Europea (UE, http://europa.eu) para hacer este rico patrimonio plenamente accesible por vía digital. Se lanzará en inglés, francés y alemán, para ampliarse después a todas las lenguas de la UE. Se pretende que en dos años la base documental haya crecido hasta los seis millones de documentos digitales. Actualmente las bibliotecas europeas atesoran más de 2.500 millones de libros, pero apenas un 1% de este material está digitalizado. “La biblioteca brindará un modo rápido y fácil para que la gente acceda a los libros y al arte europeos, tanto en su país como en el extranjero. Permitirá, por ejemplo que un estudiante checo busque en la Biblioteca Británica sin tener que ir a Londres o un amante del arte irlandés pueda ver de cerca la Mona Lisa sin tener que hacer una larga cola para entrar en el Louvre”, declaró Viviane Reding, comisaria comunitaria de la Sociedad de la Información y Medios de Comunicación (http://ec.europa.eu/culture/portal/funding/infso_en.htm). “Aunque los estados miembros han registrado grandes progresos en lo que respecta a la difusión de contenidos culturales en Internet, son necesarias mayores inversiones públicas y privadas para agilizar la digitalización”, destaca Reding. Recuerda que la mayoría de los países destina ahora a la digitalización una financiación “a pequeña escala y dispersa”. Para revertir la situación, la comisión reafirmó hace poco su compromiso de ayudar a todos los países de la UE a publicar en Internet sus más valiosos contenidos culturales. La Comisión aportará unos 120 millones de euros entre 2009 y 2010 para mejorar el acceso digital al patrimonio cultural europeo. Hasta 69 millones de euros serán del programa de investigación de la UE y se destinarán a actividades de digitalización y fomento de bibliotecas digitales. En el mismo bienio, el programa de competitividad e innovación asignará más de 50 millones de euros a este objetivo. La propia Comisión estima que el coste de digitalizar cinco millones de libros de las bibliotecas europeas llegará a los 225 millones de euros, sin contar objetos de digitalización más compleja como manuscritos o pinturas. Pero hacen falta más esfuerzos, según indica la Comisión en una reciente comunicación sobre la difusión de las versiones digitales de obras conservadas en instituciones culturales de toda Europa. La Comisión admite que la mayoría de los países “todavía carece de métodos, tecnologías y experiencia” en relación con la preservación del material digital, algo que juzga “crucial” para que los contenidos sigan siendo accesibles para las generaciones futuras. Otro de los planteamientos hechos por la Comisión es la necesidad de resolver los problemas de los derechos de autor, sobre todo soluciones legales al problema de las obras huérfanas, esto es, las obras cuyos derechohabientes no se pueden encontrar a efectos de la autorización de la digitalización. El proyecto de creación de Europeana se lanzó en 2005, como parte de la iniciativa i2010 adoptada por la Comisión en junio de ese año. En agosto de 2006 la Comisión adoptó una recomendación sobre la digitalización y la conservación digital y en noviembre los ministros de todos los países reunidos en el Consejo de Cultura aceptaron avanzar en la digitalización. Un año después se creaba la Fundación European Digital Library (http://www.edlproject.eu), organismo con sede en Holanda encargado de facilitar el camino hacia esta biblioteca digital. Destaca la Comisión cómo algunos países han tomado medidas ejemplares para agilizar la digitalización de sus patrimonios culturales. Eslovenia adoptó en 2007 una ley de asociación entre el sector público y el privado que brinda nuevas oportunidades para la promoción privada de los proyectos de digitalización de las instituciones públicas. Eslovaquia ha rehabilitado un viejo complejo militar como gran instalación de digitalización con máquinas que pasan automáticamente las páginas y Finlandia, Eslovaquia y Lituania han utilizado fondos estructurales europeos para proporcionar financiación extraordinaria a la digitalización. Sin embargo la Comisión también lamenta que en muchos casos los objetos que se digitalizan no sean accesibles en línea. Cita los ejemplos de Alemania o Polonia. Mientras que sólo uno de los cuatro museos alemanes que han digitalizado material facilita su acceso digital, apenas el 1 % del material digitalizado por los archivos polacos está en línea. Fuente: Colpisa *** Realizarán en Buenos Aires el I Festival Internacional de Literatura El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba, http://www.malba.org.ar) anunció la realización del I Festival Internacional de Literatura (Filba, http://www.filba.org.ar), del 12 al 16 de noviembre, con la participación de casi medio centenar de escritores de diversas nacionalidades. Según fuentes del Malba, el festival constituirá una cita bianual dedicada a la literatura contemporánea y “buscará reunir y acercar al público local con escritores, pensadores y artistas consagrados y emergentes de diversas partes del mundo”. El evento es codirigido por María Soledad Costantini y Pablo Braun. El evento es organizado por malba.literatura, dependencia del museo que desde 2002 viene desarrollando actividades abiertas al público, destinadas a la promoción y difusión de la literatura, como presentaciones, conferencias, mesas redondas, encuentros con autores y homenajes, lecturas, performances, intervenciones teatrales y musicales, proyecciones de documentales biográficos y adaptaciones cinematográficas. Actualmente, a lo largo del año, el área ofrece un promedio de treinta cursos a cargo de consagrados escritores y académicos y cerca de cincuenta actividades abiertas al público y gratuitas. El esquema del festival “es un formato que prolifera desde hace ya varios años en distintas regiones del mundo y que busca sumar al panorama cultural de la Argentina una verdadera fiesta de la literatura”, se agregó en la convocatoria. Durante cinco días, el público tendrá la posibilidad de asistir a diversas actividades relacionadas con la literatura como conferencias, entrevistas, debates, rincones de lectura, espectáculos de narración oral, performances y proyecciones de videopoesía. Los ejes temáticos elegidos para esta primera edición son: cartografías literarias, herramientas de la ficción (escritura creativa, literatura en vivo, literatura y medios), un homenaje al chileno Roberto Bolaño y entrevistas con autores sobre el recorrido de sus obras, que serán abordadas desde distintas perspectivas por escritores e intelectuales argentinos y extranjeros. Las actividades de Filba se desarrollarán desde el 12 de noviembre, cuando se realice la inauguración a las 6 de la tarde, y habrá jornadas de 2 de la tarde a 10 de la noche entre el 13 y el 16 de noviembre. Tendrán lugar en diferentes espacios del Malba, como el auditorio principal (avenida Figueroa Alcorta 3415), con capacidad para 220 personas, el auditorio externo (carpa montada en Plaza Perú), con capacidad para 400 personas y el Rincón Poético, con capacidad para 50 personas. Las entradas para las actividades de los auditorios tendrán un precio de $12 (con descuento de 20% para jubilados y estudiantes con credencial), salvo las que se realicen en el Rincón Poético, que serán gratuitas. Se pondrán a la venta a partir del 25 de octubre en la sede del Malba todos los días, excepto los martes, de 12 del mediodía a 7 de la noche, y en la Librería Eterna Cadencia (Honduras 5582), de lunes a viernes entre 10 de la mañana y 9 de la noche y sábados, domingos y feriados entre 11:30 de la mañana y 10 de la noche. Fuentes: Ansa • Filba ||||||||||||||||||||||| LITERATURA EN INTERNET |||||||||||||||||||||| 500 ejemplares http://500ejemplares.blogspot.com Blog venezolano de reseñas de libros, con preferencia sobre los de limitado tiraje y distribución, sostenido por Carolina Lozada y Luis Moreno Villamediana. Ocasionalmente publica reseñas escritas por otros autores. Incluye enlaces a otros recursos y una interesante galería artística. La Luciérnaga http://www.la-luciernaga.com Brazo cibernético de la Peña Literaria La Luciérnaga, una organización cultural sin fines de lucro que opera en Los Ángeles, California (EUA), donde promueve la lengua de Cervantes y la cultura latina, aportando un espacio de amistad y solidaridad para latinoamericanos que residen en la región. La peña se reúne el tercer sábado de cada mes. En la página sus miembros publican cuentos, poemas, ensayos y muestras de arte pictórico, entre otros materiales. Libros Gratis http://www.librosgratis.org Blog literario que ofrece información, enlaces, reseñas y artículos sobre literatura gratuita de cualquier género (novela, poesía, cuentos, teatro, etc.). Priman los artículos sobre libros electrónicos (ebooks) cuya descarga es accesible online de forma libre y gratis. Se incluye enlaces para descargar libros digitales en todos los formatos, pero principalmente en PDF para el Acrobat Reader y en formatos propios de diferentes sistemas PDA, como Palm. Alberto Ruy-Sánchez http://www.albertoruysanchez.com Web de este escritor mexicano. Contiene una amplia antología de su obra de narrador, ensayista y poeta, así como fotografías, numerosos artículos y ensayos sobre sus libros, una breve semblanza, biografía, lista de reconocimientos, acceso a su blog y una sección especial sobre la ciudad a la vez imaginaria y real donde transcurren sus novelas: Mogador. solodelibros: la laboriosa felicidad de la lectura http://www.solodelibros.es Dos aficionados a la buena literatura, la Sra. Castro y el Sr. Molina, hacen reseñas serias y cuidadas de los libros que van leyendo. En ella se pueden encontrar novedades y clásicos, ensayo y novela. Es posibles consultar un índice de autores y títulos para encontrar fácilmente la reseña de una obra concreta. ||||||||||||||||| ESPECIAL: ADIÓS A MAHMOUD DARWISH ||||||||||||||||| === Mahmoud Darwish Harold Alvarado Tenorio ========================== Mahmoud Darwish (Al-Birwa, 1941-2008), cuyos fervientes poemas sobre el exilio de los palestinos y dolorosa condición de la vida de los humanos sobre la tierra le convirtieron en uno de los memorables escritores del siglo XX, ha muerto el sábado 9 de agosto en un hospital de Houston luego de varias complicaciones en una cirugía de corazón abierto. Tenía sólo 67 años, la mayoría de los cuales había dedicado a luchar por la liberación de su pueblo de las cadenas de la opresión israelí, participando activamente en la difusión y defensa de su cultura y literaturas, redactando la Declaración de Independencia (1988) o escribiendo algunos de los discursos del padre de la nación, Yasir Arafat, al lado de cuya tumba fue enterrado, con honores de Estado, en Ramala, la futura capital del Estado palestino. Hijo segundo de Salim Darwish, un terrateniente musulmán y Houreyyah, una analfabeta, cuyo padre enseñó a leer al poeta, nació en un pueblo de la antigua Palestina cerca a Haifa, destruido por Israel en 1948 —mientras los palestinos conmemoraban la Nabka, “el desastre”—, desde donde la familia huyó a Líbano, regresando eventualmente a sus tierras para terminar el bachillerato en Kafr Yasif, donde ingresó al Partido Comunista Israelí y publicó su primer libro de poemas Asafir Bila ajniha, cuando tenía diecinueve años. Luego de haber estudiado en la Universidad de Moscú, fue despojado de la ciudadanía israelí y al unirse a la OLP en 1973 se le prohibió el ingreso a Israel, donde sólo pudo regresar en 1995 para asistir al funeral del poeta Emile Habibi y establecerse en Ramala, donde un año después fundó, con dinero del gobierno japonés, el Centro Cultural Khalil Sakanini, que fue destruido por las tropas israelitas el 2002, durante el cerco contra el Rais, antes de su muerte. Autor de libros de poemas traducidos al español como Menos rosas, El lecho de una extraña o Memorias del olvido, director de la revista de poesía Al Karmel, con sus textos cautivó legiones de jóvenes y adultos que se interesan por el destino de su pueblo, trascendiendo localismos y hechos puntuales porque, como él mismo sostuvo, muchos de los asuntos de sus poemas como el exilio, la alienación o la melancolía ocurren también en otros confines del universo y no son de uso o exclusiva ocurrencia en pueblos pobres y oprimidos. “El exilio”, dijo, “es más que un concepto geográfico. Puedes ser un exiliado en tu patria, en tu casa, en una habitación. No es sólo una cuestión palestina”. En un siglo que ha conocido el auge de la poesía de entre guerras y su decadencia en la aldea global, demostró que la poesía conserva el poder de conmover comunidades enteras, como sucede en Palestina, una nación y un pueblo que espera hace más de medio siglo la restitución de sus territorios y derechos. Uno de sus más celebrados poemas conmueve cada vez que le recorremos: Escribe que soy árabe, y el número de mi carné es cincuenta mil; que tengo ocho hijos, y el noveno vendrá al final del verano ¿Te enfadarás por ello? Escribe que soy árabe, y con mis camaradas de infortunio trabajo en la cantera. Para mis ocho hijos arranco, de las rocas, el mendrugo de pan, el vestido y los libros. No mendigo limosnas a tu puerta, ni me rebajo ante tus escalones. ¿Te enfadarás por ello? Escribe que soy árabe. Soy nombre sin apodo. Espero, paciente, en un país en el que todo lo que hay existe airadamente. Mis raíces se hundieron antes del nacimiento de los tiempos, antes de la apertura de las eras, del ciprés y el olivo, antes de la primicia de la yerba. Mi padre... de la familia del arado, no de nobles señores. Mi abuelo era un labriego, sin títulos ni nombres. Mi casa es una choza campesina de cañas y maderos, ¿te complace?... Soy nombre sin apodo. Escribe que soy árabe, que tengo el pelo negro y los ojos castaños; que, para más detalles, me cubro la cabeza con un velo; que son mis palmas duras como la roca y pinchan al tocarlas. Y me gusta el aceite y el tomillo. Que vivo en una aldea perdida, abandonada, sin nombres en ellas calles. Y cuyos hombres todos están en las canteras o en el campo... ¿Te enfadarás por ello? Escribe que soy árabe; que robaste las viñas de mi abuelo y una tierra que araba, yo, con todos mis hijos. Que sólo nos dejaste estas rocas... ¿No va a quitármelas tu gobierno también, como se dice? Escribe, pues... Escribe en el comienzo de la primera página que no aborrezco a nadie, ni a nadie robo nada. Mas, que si tengo hambre, devoraré la carne de quien a mí me robe. ¡Cuidado, pues!... ¡Cuidado con mi hambre, y con mi ira! (“Carné de identidad”) Aun cuando la mayor parte de su obra la escribió en árabe clásico más que en el lenguaje de las calles, Darwish, que también hablaba inglés, francés y hebreo y admiraba la poesía de Abd al-Wahhab al-Bayati, Badr Shakir Al-Sayyab y Yehuda Amijai, se aleja a grandes pasos de las florituras y barroquismos de sus tradiciones poéticas, usando de un lenguaje directo y candente que muchos consideran lo más hermoso del árabe contemporáneo, sin olvidar que los asuntos políticos son determinantes en muchos de sus poemas y la historia de su vida. Sin embargo, hacía ya casi dos décadas que no escribía poemas directamente políticos y había llegado a sentirse algo incómodo con muchos de los que había escrito. “A veces me siento como si me leyesen antes de que hubiese escrito”, dijo a The New York Times en 2001. “Cuando escribí un poema acerca de mi madre, muchos palestinos pensaban que mi madre era un símbolo de Palestina, pero yo escribo como un poeta, y mi madre es mi madre, no un símbolo”. Y agregó: “Llegué a pensar que la poesía podía cambiarlo todo, que podía cambiar la historia y podía humanizarnos, y todavía creo que esa ilusión es necesaria para impulsar a los poetas para creer en el futuro de la humanidad, pero hoy sólo creo que la poesía puede cambiar la poesía”. Mahmoud Darwish recibió los premios Lotus, Lenin, Orden de las Artes y las Letras, Lannan Cultural, Príncipe Claus, Bosnio y Struga. ** Harold Alvarado Tenorio alvaradotenorio@telesat.com.co Escritor colombiano nacido en Buga (1945). Doctor en Letras de la Universidad Complutense de Madrid. Dirigió el Departamento de Español y las Latin American and Spanish Writers Series del Marymount Manhattan College (Nueva York, EUA), así como el Comité de Redacción de la revista China Hoy (Beijing, China). Es profesor titular de la Cátedra de Literaturas de América Latina y director del Departamento de Literatura de la Universidad Nacional de Colombia. Dirige actualmente la editorial y la revista de poesía Arquitrave (http://www.arquitrave.com). Ha publicado Summa del cuerpo (2002); Fragmentos y despojos (2002); Literaturas de América Latina (1995); Ensayos (1994); Poemas chinos de amor (1992); La poesía de T.S. Eliot (1988); Espejo de máscaras (1987); Una generación desencantada: los poetas colombianos de los años setentas (1985); Kavafis (1984) y Cinco poetas españoles de la Generación del Cincuenta (1980). Ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar y el Internacional de Poesía Arcipreste de Hita. Su obra ha sido publicada en inglés, francés, italiano, griego, chino, alemán y portugués. === Notas para recordar a Darwish, el poeta de la resistencia palestina === === Musa Ammar Majad ====================================================== Nota 01 Jerusalén. Mahmud Darwish, el poeta palestino más reconocido del mundo, cuya obra dio voz a los palestinos y sus experiencias en el exilio, la ocupación y la lucha, murió recientemente, tras una operación a corazón abierto, en Houston, Texas. Darwish tenía 67 años. Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas. El poeta reavivó los sueños de creación de un Estado palestino, colaboró en la redacción de la Declaración de Independencia de su pueblo y ayudó a forjar una identidad palestina. No en balde es el Poeta de la Resistencia. Fue miembro de la Organización de Liberación de Palestina (OLP). No obstante, en 1993, al igual que muchos intelectuales palestinos como Edward Said, Darwish dimitió en protesta por los acuerdos de paz que Yasser Arafat firmó con Israel (Acuerdos de Oslo), considerándolos un acto de liquidación de los derechos nacionales del pueblo palestino. Años después, estos temores se confirmaron; Darwish murió viendo a su pueblo dividido y polarizado, viendo a Palestina rodeada de muros y asentamientos ilegales, convertida en minúsculos guetos. Nota 02 Darwish se dio a conocer en los años sesenta con la publicación de su primera colección de poesía, Pájaro sin alas. Allí incluía: Escribe que soy árabe, y el número de mi carnet es el cincuenta mil; que tengo ya ocho hijos, y llegará el noveno al final del verano. ¿Te enfadarás por ello? Escribe que soy árabe, y con mis camaradas de infortunio trabajo en la cantera. Para mis ocho hijos arranco, de las rocas, el mendrugo de pan, el vestido y los libros. No mendigo limosnas a tu puerta, ni me rebajo ante tus escalones. ¿Te enfadarás por ello? Escribe que soy árabe. Soy nombre sin apodo. Espero, con paciencia, en un país en el que todo lo que hay existe airadamente. Mis raíces, se hundieron antes del nacimiento de los tiempos, antes de la apertura de las eras, del ciprés y el olivo, antes de la primicia de la hierba. Mi padre... de la familia del arado, no de nobles señores. Mi abuelo era un labriego, sin títulos ni nombres. Mi casa es una choza campesina de cañas y maderos, ¿te complace?... Soy nombre sin apodo. Escribe que soy árabe, que tengo el pelo negro y los ojos castaños; que, para más detalles, me cubro la cabeza con un velo; que son mis palmas duras como la roca y pinchan al tocarlas. Y me gusta el aceite y el tomillo. Que vivo en una aldea perdida, abandonada, sin nombres en las calles. Y cuyos hombres todos están en la cantera o en el campo... ¿Te enfadarás por ello? Escribe que soy árabe; que robaste las viñas de mi abuelo y una tierra que araba, yo, con todos mis hijos. Que sólo nos dejaste estas rocas... ¿No va a quitármelas tu gobierno también, como se dice?... Escribe, pues... Escribe en el comienzo de la primera página que no aborrezco a nadie, ni a nadie robo nada. Mas, que si tengo hambre, devoraré la carne de quien a mí me robe. ¡Cuidado, pues!... ¡Cuidado con mi hambre, y con mi ira! “Carta de identidad” es el nombre de este poema. Un poema redactado en primera persona sobre un árabe que ofrece su número de identidad (una práctica común entre palestinos que lidian con las autoridades israelíes) y con tono desafiante promete volver un día a su tierra. Nota 03 Muchos de los poemas de Darwish han sido llevados a la música, como por ejemplo “Rita”, “Pájaros de Galilea” y “Anhelo el pan de mi madre”, convirtiéndose en himnos para dos generaciones de árabes. Es así que Mahmud Darwish no sólo es uno de los más grandes poetas árabes contemporáneos sino también una leyenda viva: sus libros circulan a millares por todos los países árabes y los estadios se llenan para escuchar sus recitales poéticos. Darwish es, en pocas palabras, un símbolo de la cultura palestina. Pensemos en sus orígenes. Procedente de un ambiente campesino, sus primeros años los pasó en Birwa, una pequeña aldea de Galilea, situada a unos nueve kilómetros de Acre, donde sus padres poseían unas tierras que cultivaban para poder vivir. En 1948, tras la retirada de las tropas británicas de Palestina y la implantación del Estado de Israel, su familia, una más entre tantas otras, se vio obligada a huir de su casa para salvar la vida. Permanecieron un año en el Líbano y al regresar a Palestina se encontraron con que Birwa había sido completamente destruida por el ejército israelí. Se instalaron en Dair Al Asad. Allí estuvieron de manera clandestina, pues, durante el año que habían permanecido refugiados en El Líbano, las autoridades israelíes habían elaborado unos censos y los que no figuraban en los mismos no tenían derecho a vivir en el nuevo Estado de Israel. Clandestino en su propio país y posteriormente ciudadano de segunda categoría en un Estado que le rechaza, el adolescente Darwish realiza dos labores que condicionarán su existencia: lee y escribe. Pero no es una escritura cualquiera. Es la escritura de la identidad. La suya y la de muchos. La palestina. A los veinte años publica Pájaros sin alas, su primer poemario. A este siguen Hojas de olivo, Enamorado de Palestina (1966), Fin de la noche (1967), Los pájaros mueren en Galilea (1969), Mi amada se despierta (1970), entre otros. En Hojas de olivo aparece, muy marcado, el sufrimiento físico y psicológico de los palestinos dentro del Estado de Israel. En cambio, en su libro siguiente el estilo es más delicado, menos feroz (en el mejor sentido del término), aun cuando continúan las denuncias de las condiciones políticas y sociales en la Palestina. Ya la amargura ha dado paso al análisis. Análisis que lo llevaría a ser miembro del Comité Ejecutivo de la OLP y a ser considerado internacionalmente como el ministro de Cultura de un futuro gobierno palestino. Nota 04 Darwish fue editor jefe y fundador de la prestigiosa revista literaria Al Karmel. En 1997 la televisión francesa produjo un documental sobre él preparado por la famosa directora franco-israelí Simone Bitton. También recibió la condecoración de Caballero de la Orden Francesa de las Artes y las Letras. En el año 2001 ganó el Premio de la Fundación Lannan a la Libertad Cultural. Premio importante este último. El premio reconoce la obra de aquellas personas cuyo extraordinario y valiente trabajo afirma el derecho humano a la libertad de imaginación, información y expresión. Como define esa fundación, la libertad cultural es el derecho de los individuos y las comunidades a definir y proteger las diversas y valiosas formas de vida amenazadas actualmente por la globalización. Nota 05 Es así que Darwish es, en palabras de la poeta Naomi Shihab Nye, “el aliento esencial del pueblo palestino, el testigo elocuente del exilio y la pertenencia, el cantor de tono exquisito de imágenes que invocan, vinculan y encienden una luz brillante en el corazón del mundo, una voz completamente necesaria, inolvidable una vez descubierta”. Conozcamos, entonces, mejor a Darwish y, en consecuencia, al pueblo palestino a través de sus poemas. Nota 06 A mi madre Añoro el pan de mi madre, El café de mi madre, Las caricias de mi madre, Día a día, La infancia crece en mí Y deseo vivir porque Si muero, sentiré Vergüenza de las lágrimas de mi madre, Si algún día regreso, tórname en Adorno de tus pestañas, Cubre mis huesos con hierba Purificada con el agua bendita de tus tobillos Y átame con un mechón de tu cabello O con un hilo del borde de tu vestido... Tal vez me convierta en un dios, Sí, en un dios, Si logro tocar el fondo de tu corazón Si regreso. Tórname en Leña de tu fuego encendido O en cuerda de tender en la azotea de tu casa Porque no puedo sostenerme Sin tu oración cotidiana. He envejecido. Devuélveme las estrellas de la infancia Para que pueda emprender Con los pájaros pequeños El camino de regreso Al nido donde tú aguardas Para nuestra patria Para nuestra patria Próxima a la palabra divina, Un techo de nubes. Para nuestra patria, Lejana de las cualidades del nombre, Un mapa de ausencia. Para nuestra patria, Pequeña cual grano de sésamo, Un horizonte celeste... y un abismo oculto. Para nuestra patria, Pobre cual ala de perdiz, Libros sagrados... y una herida en la identidad. Para nuestra patria, Con colinas cercadas y desgarradas, Las emboscadas del nuevo pasado. Para nuestra patria cautiva, La libertad de morir consumida de amor. Piedra preciosa en su noche sangrienta, Nuestra patria resplandece a lo lejos E ilumina su entorno... Pero nosotros en ella Nos ahogamos sin cesar. Estado de sitio (fragmento) Aquí, en la falda de las colinas, ante el ocaso y las fauces del tiempo, junto a huertos de sombras arrancadas, hacemos lo que hacen los prisioneros, lo que hacen los desempleados: alimentamos la esperanza. Un país preparado para el alba. Nuestra obsesión por la victoria nos ha entontecido: no hay noche en nuestra noche que con la artillería refulge; el enemigo vela, el enemigo nos alumbra en el sótano oscuro. Aquí, tras los versos de Job, a nadie esperamos. Aquí no hay yo, aquí Adán recuerda su arcilla... Este sitio durará hasta que enseñemos al enemigo algún poema de la yahiliya. El cielo es gris plomizo a media mañana, anaranjado por las noches. Los corazones son neutros, como las rosas en el seto. Bajo sitio, la vida se torna tiempo: memoria del principio, olvido del final. La vida. La vida plena, la vida a medias, acoge una estrella cercana atemporal, y una nube emigrada aespacial. Y la vida aquí se pregunta: ¿Cómo resucitar a la vida? Él dice al borde de la muerte: No me queda un rincón que perder, libre soy a un palmo de mi libertad, el mañana al alcance de mi mano... Pronto, me adentraré en mi vida, naceré libre, sin padres, y tomaré por nombre letras de lapislázuli... Aquí, en los altos del humo, en la escalera de casa, no hay tiempo para el tiempo, hacemos lo que hace quien se eleva hacia Dios: olvidamos el dolor. El dolor: que la señora de la casa no tienda la colada por la mañana, que se conforme con lavar esta bandera. Nada de ecos homéricos aquí. Los mitos llaman a la puerta cuando los necesitamos. Nada de ecos homéricos... Aquí un general excava un Estado dormido bajo las ruinas de una Troya inminente. Los soldados calculan la distancia entre el ser y la nada con la mirilla del tanque. Calculamos la distancia entre el propio cuerpo y las bombas... con un sexto sentido. Vosotros, los apostados en el umbral, pasad, tomaos con nosotros un café árabe —acaso os sintáis seres humanos como nosotros. Vosotros, los apostados en el umbral de las casas, largaos de nuestras mañanas, necesitamos creernos seres humanos como vosotros. [...] ** Musa Ammar Majad musamajad@hotmail.com Investigador venezolano (Táriba, Táchira; 1977). Licenciado en letras por la Universidad de Los Andes (ULA, http://www.ula.ve). Dirige la Coordinación de Eventos Educativos del Museo de Artes Visuales y del Espacio (San Cristóbal, Táchira), donde ha llevado adelante el Centro de Investigaciones Históricas, Artísticas y Culturales y el proyecto de registro y catalogación de la colección permanente, entre otras actividades. En 2004 recibió la orden Luis María Rivas Dávila, de la ULA, por su alto desempeño académico. ||||||||||||||||||||||| ARTÍCULOS Y REPORTAJES |||||||||||||||||||||| === Ya no hay fronteras Álvaro Giménez García ======================== “Un texto (ya sea un libro, una película, o cualquier otro trabajo creativo) no es simple y pasivamente aceptado por la audiencia, sino que el lector interpreta los significados del texto basado en su bagaje cultural individual y experiencias vividas. La variación de este ‘fondo cultural’ explica por qué algunos aceptan ciertas interpretaciones de un texto mientras otros las rechazan. De esto se desprende que la intención del autor puede variar considerablemente de la interpretación que le dé el lector” (1). Esta máxima, que resume el núcleo de la teoría literaria conocida como Estética de la recepción, revolucionó, en la década de los 60, el concepto de interpretación de la obra literaria. Ésta se basaba en la producción del texto literario concebido como un producto de una sola cara, como un billete de ida que el lector compraba sin poder realizar el viaje de vuelta hasta el mundo esbozado por el autor. Sin embargo, por medio de postulados como los defendidos, entre otros por Hans Robert Jauss, Umberto Eco o Wolfang Iser, la obra literaria adquiere una nueva dimensión. Igual que Alicia en su País de las Maravillas, cruzamos el espejo de las páginas del libro y “rellenamos”, con nuestros conocimientos, los huecos que el autor ha dejado vacíos, haciendo que la obra sea nuestra, teniendo el poder de recrearla y de darle un significado que será único y distinto al ideado por el autor al esbozarla. Es en ese momento, al ser leída por los lectores, cuando la obra de arte alcanza su realización estética. Borges nos ilustra esta teoría en uno de los relatos (“Pierre Menard, autor del Quijote”) que componen esa serie de juegos compilados en Ficciones. En él, revisa la labor literaria de un escritor, Pierre Menard, que se dedica a crear un nuevo Quijote idéntico al original, pero que adquiere otra significación al escribirse en una época distinta a la del original confeccionado por Cervantes. Esta puerta abierta a los lectores para participar en la confección de la obra, tiene su punto culminante cuando el lector, no contento con la posibilidad de completar los vacíos semánticos del producto presentado por el autor, cruza la frontera entre ambos e intenta emularlo. Ocurre así en aquellos libros que desprenden tal caudal creativo que casi imponen a un lector ávido e inquieto su recreación. Ejemplo claro lo constituye la máxima obra cervantina, que, unos años después de ser publicada, tuvo una continuación inesperada con la secuela de Avellaneda. El impulso creativo del Quijote no sólo sirvió al autor del apócrifo, sino que, como si de un boomerang se tratase, el mismo Cervantes aprovechará los contenidos de esta versión para enriquecer su segunda parte. Pero, sin duda, el caso más paradigmático lo tenemos en Las mil y una noches. La legendaria colección de cuentecillos llega a la civilización europea en el siglo XVIII, de manos del arqueólogo francés Jean Antoine Galland. Su primera edición causa un impacto rotundo en nuestra civilización, que provoca el primer cruce ilegal de un lector a las tierras del autor o autores de estas historias de origen oriental. Se trata de la viuda del impresor Claude Barbin. Ésta se adentra en el mundo autoral con el afán de prolongar el éxito popular del libro, siendo el lucro su acicate para saltarse las aduanas que separan al lector del autor. Ese mismo comportamiento lo lleva a cabo el descubridor de la obra para Occidente, el citado Jean Antoine Galland, cuando, basándose en el repertorio del juglar sirio Hanna Diab, añade otras historias de indudable peso en ediciones posteriores: Aladino y Alí Babá. Galland, sin embargo, no hace el viaje hasta la dimensión del autor sin equipaje. En sus alforjas se cuelan los condicionantes morales de su época y como él mismo reconoce, no se apartó del texto árabe “más que cuando el decoro impedía seguir el original” (2). Como los traductores que vierten el Quijote del árabe al castellano, Galland no puede resistir ser autor más que traductor y deja su huella en las ediciones posteriores de Las mil y una noches, que los lectores franceses del XVIII conocen con la pulcritud marmórea que imponía la Ilustración francesa (3). Habría que esperar hasta finales del siglo XIX y principios del XX para volver a tener una nueva incursión de un lector al otro lado de la frontera autoral de Las mil y una noches. Joseph Charles Mardrus remeda parte de las omisiones decorosas llevadas a cabo por Galland y, en un intento por ser lo más fiel posible al primitivo corpus de cuentos, realiza su edición tomando como referencia las copias árabes de los siglos XVIII y XIX. Si Galland llevaba, conscientemente eso sí, equipaje en su periplo como autor fugaz, Mardrus lleva, sin percatarse de ello, gruesas maletas cargadas de clasismo e integrismo islámico impuestos por los copistas árabes (a la sazón también en su momento autores eventuales). Recientemente surge el fruto del último viaje de ida y vuelta que ha dado de sí Las mil y una noches. Es el realizado, tras una ardua labor, por René R. Khawam (4). La edición parece que definitivamente fija los contenidos del milenario libro y excluye, entre otras historias, las de Simbad o Alí Babá. Incluso nos da el nombre del posible autor, Hussein al Alma’i al Kashgari, aquél que tantas veces habría visto “profanada” su pluma por numerosos lectores que se exiliaban hasta los confines de su reino autoral. Sea esta la edición más fidedigna de Las mil y una noches o no, a los lectores nos quedan varias opciones: una es la de leer esta última y olvidarnos de cuentos tan famosos como los que Khawam excluye; otra, obviar los distintos remiendos y descosidos que se han hecho en la confección de este exótico traje de cuentecillos orientales y ceñirnos a los que más nos gusten, a aquellos que han configurado Las mil y una noches particulares de cada uno; por último, pertrecharnos de una buena pluma, beber del caudal imaginativo que la obra derrocha y cruzar la frontera que otros ya antes traspasaron, convirtiéndonos en un autor más que recrea el exótico y maravilloso mundo que libró a Sherezade de su más que segura muerte. Notas 1. Hans Robert Jauss, Experiencia estética y hermenéutica literaria, Madrid: Taurus, 1992. 2. Apud “Las mil y una noches sin Simbad ni Alí Babá”, El País, 17/11/2007. 3. Para el tema de la tergiversación en las traducciones ver “El traductor-autor”, de Luisa Pastor Martínez, en El Coloquio de los Perros (http://www.elcoloquiodelosperros.net/hortelano17.htm#luisa), número 17, verano 2007. 4. Las mil y una noches. René R. Khawam. Edhasa. Barcelona, 2007. ** Álvaro Giménez García pesimusa@yahoo.es Investigador español (Orihuela, 1974). Licenciado en filología hispánica por la Universidad de Murcia (http://www.um.es, España). Es docente de lengua castellana y literatura de enseñanza secundaria en el centro Gabriel Miró de Orihuela. Textos suyos han sido publicados en la revista digital El Coloquio de los Perros (http://www.elcoloquiodelosperros.net). === Visión medioambiental, desde la perspectiva ecocrítica, =============== === de la novela Única mirando al mar, de Fernando Contreras Castro ======= === Yelenny Molina Jiménez ================================================ El presente trabajo consiste en examinar cómo se ha asumido la problemática medioambiental en el ámbito literario de Latinoamérica, mediante el análisis de la novela Única mirando al mar, del escritor costarricense Fernando Contreras Castro. Dicha obra, concebida por su autor en 1994, presenta un asunto que da lugar al surgimiento de varios temas tales como la ecología, la contaminación del ambiente, la marginalidad de un grupo de costarricenses, la tercera edad, la carencia de voluntad política para resolver problemas de diversa índole. Surge, además, el tema de la idiosincrasia del costarricense y cierta violencia latente que estalla en su oportunidad. La novela de Fernando Contreras describe las relaciones humanas experimentadas por personas que han sido excluidas del modelo de vida impulsado por la dinámica de mercado. Todos los protagonistas son individuos que por una u otra razón han dejado de ser funcionales, competitivos o productivos de acuerdo con las exigencias del ordenamiento social vigente. Encontramos, por ejemplo, una maestra pensionada, que debido a una mísera retribución termina exiliada en el basurero buscando qué comer. Un bebé abandonado que un día cualquiera aparece en medio del basurero y es adoptado por la maestra. Un ex celador de una biblioteca pública de sesenta y seis años, quien fue despedido y que, al fracasar en todos sus intentos de encontrar trabajo, decide suicidarse de una manera muy especial: lanzándose a un camión de basura. Y por último, un biorreciclador que un día cualquiera encuentra en medio del “mar muerto” una sotana y una Biblia, e interpreta eso como señal de misión, ejerciendo desde entonces el acompañamiento espiritual a la comunidad de buzos. El basurero es para ellos su medio ambiente, en éste se desarrolla su cotidianidad y, en consecuencia, la reproducción de su vida. En tanto basura que convive entre la basura, los personajes hacen su vida llevadera e incluso a veces satisfactoria. Pero no está exenta de sufrimiento: la etiqueta de la exclusión desborda sus subjetividades, mientras miran al mundo del mercado como un anhelo frustrado. Para los buzos no hay otra forma de subsistir si no es a través de la ruptura con el mundo convencional, el cual es percibido ajeno e inexpugnable para los habitantes del basurero. Esta escisión total con el “mundo normal” hace exclamar a Momboñombo: “—¡Volver!... ¿y para qué diablos voy yo a volver?, como si necesitara algo de allá” (Contreras, 1994: 89). Los inquilinos del botadero han llevado a cabo una renuncia contundente a la satisfacción de las necesidades básicas, arrastrando consigo la pérdida correspondiente de la dignidad humana, pero también se han visto forzados a renunciar, simultáneamente, a la satisfacción de las necesidades creadas por la lógica de consumo. En el “país de los buzos” —que se refiere al basurero de Río Azul— surge un espacio donde el autor nos recrea un clima intolerable a través de las descripciones que nos ofrece: La escuela del pueblo colindaba también con la malla, que no la protegía del hedor fétido del botadero, el cual era la atmósfera pegajosa que respiraba el pueblo entero y que respiraría para siempre aun después de clausurado el basurero, porque la sopa de los caldos añejos de toneladas de basura venía derramándose por el subsuelo desde el día de su inauguración, igual que una marea negra desbordada entre las grietas del cuerpo ulcerado de la tierra (Contreras, 1994: 20). En la representación que nos crea Fernando Contreras del basurero es notable la fauna que incluye en su registro: son las larvas, los zopilotes, las cucarachas, las moscas, los lepidópteros; en su totalidad insectos que coexisten en la podredumbre y la descomposición de las materias. En este contexto los elementos del medio ambiente que aún no han sido contaminados se manifiestan renuentes a sucumbir: “Lo verde se alejaba cada día, como el bosque que camina, como si hasta los árboles se estuvieran yendo por sus propios pies de aquel osario de los derechos humanos” (Contreras, 1994: 48). Es como si la naturaleza adivinara los riesgos mortales que corría de permanecer en las precarias condiciones de aquel sitio. Contrario al bello panorama que resulta la historia del idilio entre Única y Momboñombo, surge ante nosotros un paisaje totalmente degradado por la acción indiscriminada e inconsciente del hombre. La temática ecológica, entonces, cobra colosal fuerza ante la actitud —para nada pasiva— del creador de esta novela. Nos encontramos en un sitio donde la atmósfera se torna irrespirable debido a la podredumbre y la fetidez que despedía la indigestión eterna de la tierra atragantada de basura (Contreras, 1994: 23). Basura que, podría atreverme a decir, ocupa un lugar protagónico en la diégesis en cuanto es principio de toda contaminación. Desde que la Revolución Industrial abrió nuevos horizontes para el progreso y el capitalismo moderno, trajo consigo la simiente de la cizaña de la basura. Sobre esto es muy clara la sentencia de Momboñombo: “Siempre ha habido basura, la basura nace con el hombre...” (Contreras, 1994: 42). Y es que la materia inorgánica existe desde el mismo surgimiento de la raza humana. Su presencia denota una interferencia en el canal de comunicación entre hombre y medio ambiente. En ocasiones, el proceso económico y el avance tecnológico en la industria acarrean serias transformaciones en nuestro entorno. A este cambio negativo a que es sometida la naturaleza se refiere el escritor cuando pone en boca de uno de sus personajes semejante denuncia: “...teníamos como más espacio y más aire puro. En las mañanas se podía levantar uno y respirar hasta reventarse [...]. Pero como te digo, la tierra se fue poniendo como arcillosa; esta tierra no era así...” (Contreras 1994: 59). A este tipo de alteración climática se expone el hombre cuando no toma en cuenta las medidas pertinentes en aras de mitigar el deterioro ambiental. En el basurero, sus habitantes presentan algunos padecimientos debido a las condiciones insanas que allí hay. Por ejemplo, El Bacán tiene constantemente una tos fuerte, debido al debilitamiento de sus pulmones; mientras que Momboñombo, desde que se mudó para el botadero, padece de los bronquios y le salen salpullidos por todas partes. Eso se debe al aire contaminado y malsano que se inhala en aquel lugar. Por otra parte, “los vecinos ya no pueden aguantar más, se les enferman los chiquitos, todo se les ensucia y se les contamina, y eso que ellos no viven aquí directamente, ahora imagínate cómo debemos andar nosotros por dentro... ¡te imaginás si nos sacaran una radiografía..!, seguro saldrían puros zopilotes todos encandilados con los rayos x” (Contreras, 1994: 129-130). Y si a todo esto le sumamos la irresponsabilidad de las acciones humanas, no habrá cómo detener una futura catástrofe. “Lo que pasa es que ahora a la gente le ha crecido la capacidad de producir desperdicios [...] no es posible que se boten las cantidades de basura que bota este país tan pobre [...] ¡ochocientas toneladas diarias!” (Contreras 1994: 42). Esta escandalosa cifra es motivo de asombro, tal como lo plantea uno de los personajes. No podemos culpar solamente a la nueva era tecnológica con sus grandes adelantos, el hombre con su actuar desmedido e inconsciente también tiene su cuota de culpabilidad. A estos hábitos negativos hace alusión en su obra Contreras Castro, donde se nos narra detalladamente el estado deplorable de sus principales redes hidrográficas, ríos y quebradas, pues “todo tipo de desechos iban a parar a ellos sin reparo alguno: llantas de autos, la mierda de todos, las mieles del café de las industrias cafetaleras que significan el sesenta por ciento de la contaminación fluvial, los desechos químicos...” (Contreras, 1994: 115). Uno de los personajes principales de la diégesis se queda asombrado de la cantidad de basura que llega diariamente al botadero y del contenido de la misma: “Yo me pongo a ver qué es lo que bota la gente. [...], todo eso que brilla como limadura de sol [...], todo eso es puro aluminio, el de las latas de cervezas nacionales y extranjeras, los paquetes de sopa, los paquetes de cigarro, todo viene en aluminio ahora, y en paquetes en inglés, y todo se bota en bolsas plásticas que no se pueden deshacer...” (Contreras, 1994: 43). Todos estos residuos son los que componen la atmósfera fétida y degradante del botadero. De ahí que ante un posible cambio de ciudad, las futuras candidatas rechacen firmemente tal proposición. Nadie quiere tener en sus periferias un espacio para la contaminación que atente contra la calidad de vida de sus ciudadanos, es por ello que muchos opinan de esta forma: “...¿A cuenta de qué tenemos los esparzanos que tragarnos la basura de San José y Cartago?, si ya tenemos suficiente con el mar, que lo tienen hecho un basurero al pobre...” (Contreras 1994: 110). El desarrollo industrial es algo inherente a la evolución humana y múltiples son las ganancias que nos ha legado este proceso. Pero al mismo tiempo se nos muestra su cara negativa. Simplemente observando en nuestro entorno podemos detectar cambios profundos en el medio que nos rodea. De igual forma acontece en la novela, debido a la actitud inconsecuente de aquellos que tenían la responsabilidad de elegir el terreno que se convertiría en el nuevo botadero. Ignoraron una serie de factores de orden ambiental y su selección fue sellada fríamente con la redacción de un informe. Cuyo informe nada decía sobre los futuros agravamientos que traería como consecuencia la negligencia de algunos: “Así como tampoco decía nada de la virtual contaminación del estero Mero y la consecuente pérdida de UN MILLÓN DE METROS CUADRADOS DE BOSQUE DE MANGLAR [...]. Ni mencionaba tampoco nada de la naturaleza permeable del suelo, ni del pequeño detalle de que cavando un metro, comenzara ya a sentirse la presencia de las aguas subterráneas, ni que el suelo mismo era agrietado, como preludiando ya la úlcera que significaría un relleno en él” (Contreras 1994: 147). Es por ello que se torna imprescindible el surgimiento de una nueva conciencia, de tipo ambiental, donde el hombre sea capaz de reconocer las nefastas consecuencias de su proceder y dirija sus acciones a fomentar el cuidado y la preservación de los elementos naturales. Ello implica conciencia, sensibilidad, responsabilidad, cambios de actitudes y políticas ciudadanas, aspectos éticos, culturales y religiosos, así como patrones de consumo y estilos de vida diferentes. Requiere, además, darle una concepción diferente al medio ambiente. Ya no se trata de una naturaleza estática, sino del entorno del hombre, donde la sociedad tiene el papel fundamental, porque el individuo debe potenciar la explotación de los recursos de manera racional, por el propio bien de la existencia humana. Este es el mensaje que nos quiere trasmitir Fernando Contreras con su obra que no es más que un llamado a la reflexión en pos de atenuar el impacto negativo sobre el medio de algunas actividades humanas. El ambiente reflejado en Única mirando al mar, del escritor costarricense Fernando Contreras Castro, responde a una realidad donde la existencia del individuo se ve amenazada por la contaminación latente en el medio en que convive. No se trata de un paisaje extraído de la imaginación de un escritor, sino de un entorno degradado por la acción desmedida del hombre; el cual, influenciado por las relaciones de producción establecidas y las condiciones infrahumanas de su hábitat, propician la marginación de un sector de la sociedad. Las características degradantes del entorno son empleadas por el autor para criticar la actuación irreflexiva del hombre para con la naturaleza, que pone en peligro su propia existencia. Tengamos siempre presente que la preservación del entorno depende de nuestras acciones colectivas y el medio ambiente de mañana de nuestras acciones de hoy. Citas bibliográficas • BAQUERO, Mariano (1963). Proceso de la novela actual. Ediciones Rialp, S.A., Madrid. • CONTRERAS CASTRO, Fernando (1994). Única mirando al mar. Ediciones Farben, San José. ** Yelenny Molina Jiménez ymolina@ismm.edu.cu Investigadora cubana (1982). Graduada en 2005, desde entonces se desempeña como profesora del Departamento de Estudios Socioculturales de la Facultad de Humanidades del Instituto Superior Minero Metalúrgico “Dr. Antonio Núñez Jiménez” (Moa, Holguín, http://www.ismm.edu.cu). Actualmente imparte las asignaturas de Literatura cubana, Apreciación literaria y Cultura latinoamericana y caribeña. Es, además, revisora de la revista Minería y Geología (http://www.ismm.edu.cu/revistamg). === EME: nota sobre un pensador Andrés Ugueruaga ===================== Pocos pensadores han logrado mantener su vigencia con los temas que han sabido tocar en su época. Uno de ellos es justamente Ezequiel Martínez Estrada, celebre escritor argentino que nació a fines del siglo XIX y murió en 1965, quien supo mediante sus libros plasmar la esencia de las cosas, por no decir la verdad, si es que realmente la verdad existe. Supo exponer las ideas que en esencia, y según él, configuraron a la misma nación argentina. Ciertamente Ezequiel Martínez Estrada, a pesar de su manifiesto pesimismo, ha comenzado a ser revalorizado no obstante, entre los intelectuales del país y del extranjero. Verazmente lo hizo al punto de que, ya bien entrados en el nuevo siglo, este escritor, poeta y pensador, sigue manteniendo su vigencia. Pero: ¿qué es lo que hace que Ezequiel Martínez Estrada siga llamando nuestra atención? A prima facie la respuesta requerida suele ser compleja, pero a modo de resumen, podemos argumentar que justamente su gran conocimiento esencial es el que hace que podamos seguir leyendo sus libros como si aún se tratara de una noticia. “Las situaciones cambiantes no alteran la estructura esencial que creo haber fijado en el diagrama, susceptible, es claro, de progresivas rectificaciones. De ese diagrama puede deducirse una función, entre máximas y mínimas, como del de una máquina su trabajo natural, tomadas en cuenta también, las perturbaciones mecánicas de un orden previsible”, confesó en alguna entrevista. A pesar de los cambios se pueden aducir basamentos para nada formales, pero que sin embargo, saben persistir ya que conforman una identidad bien marcada pero no del todo consabida. Es probablemente el día a día a lo que Martínez Estrada hace alusión al mencionar una estructura esencial, por siempre inalterable, ya que a lo que menos se suele prestar atención o al menos a percibir, es a la cotidianeidad y lo que en esencia siempre está lo que a Martínez Estrada más le interesa. Las perturbaciones mecánicas de un orden previsible, son las que emergen de modo espontáneo y por lo tanto solicitan prontas (y también espontáneas) soluciones, por lo que así podemos ver, lo esencial, lo cual queda por siempre intacto. Sus trabajos se afincan en el origen mismo de su objeto de estudio, es decir, la sociedad de un país de América del Sur. Por otra parte: sus disertaciones se realizan a partir de disociar las partes de ese objeto de estudio, por lo que su modo de comunicar es innegablemente claro y conciso (sus estudios son como disecciones de esos elementos que forman un todo que finalmente es por ejemplo la Pampa o Buenos Aires). Y finalmente: sus estudios a pesar de contar con información fehaciente, tal como suele trabajar un historiador, un investigador, nuestro escritor suele dar además gran eminencia a sus percepciones, a lo que él percibe: no estamos frente a un pensador convencional, es decir, Ezequiel Martínez Estrada no es un poeta, un escritor ni mucho menos un historiador, Martínez Estrada es un pensador con ciertos gajes de poeta gracias a sus recursos, que son reflexivos y perceptivos, los cuales tienen poco que ver con los de un típico historiador. Constantemente está describiendo un objeto que no invoca sino que lo tiene allí, enfrente suyo, su saber se cierne sobre el “aquí y ahora”, ese es básicamente su marco referencial desde luego más complejo que al modo de operar de un historiador. “Como un rostro”, declara Ezequiel Martínez Estrada, “así lo admiten Toynbee y los gestaltistas, la historia tiene una faz fotogénica, diré así, que puede fijarse en los libros documentales como lo hacen los papirólogos; pero también tiene una expresión viva, psíquica, que sólo puede interpretarse por intuición”. Pero, no obstante, en ese objeto presente y tangible el escritor desgaja los diversos estratos con que se fue formando históricamente el mismo. Sus libros a pesar de ser la respuesta a hechos puntuales de la historia de nuestro país, a pesar de que los estímulos para escribirlos sean muy bien precisados para examinar la historia nacional del país, sus intelecciones van más allá del hecho en cuestión. Radiografía de la pampa fue, sin duda, una respuesta al golpe militar de Uriburu en 1930, por mencionar algún ejemplo. Por otra parte, sus brillantes trabajos, a pesar de sus cualidades, no tienen finalidades estéticas o lo que se dice... ensalzadoras de la identidad argentina o algo por el estilo. Su propósito es bastante descarnado por cierto, y jamás esconde su pesimismo y sarcasmo tan característicos, jamás se niega a revelar los verdaderos vicios de las sociedades modernas, interesadas por el progreso y por ideas tan sofisticadas como vanas, y hasta a veces, incluso ¡irrealizables! Martínez Estrada conoce y comunica primero las pasiones humanas y después las pasiones humanas de los habitantes de un país del hemisferio sur: se trata esencialmente y literalmente de Argentina. Por este modo de proceder ha sido uno de los primeros intentos en concebir una psicología social en la Argentina (a pesar de que Gino Germani, el primer argentino en intentar una sociología argentina, haya confesado que no encontró nada rescatable en la obra de Ezequiel Martínez Estrada). Ahora bien, hay que hacer la siguiente salvedad: la posibilidad de un proyecto de sociología a partir de la obra de Ezequiel Martínez Estrada no fue bien vista. Su obra no ha tenido un basamento dialéctico hegeliano o marxista, lo cual es el modo más peculiar de su obra; además, no ha contado con las por entonces, recientes teorías de Heidegger, Husserl, Kurt Lewin, Sartre, Camus y demás. La obra del argentino habrá sido vista como demasiado inflexible como para ser desarrollada o tenida en cuenta como aporte. Nótese además que sus fundamentos sociológicos al igual que Nietzsche, Freud y Foucault, se remiten más bien a la génesis de las sociedades, no a la interacción de ésta con sus estructuras presentes, de ahí radica justamente su reconocible y característico pesimismo, y de allí su fuerte parentesco con Oswald Spengler. Pero esta manera metódicamente anacrónica y “limitada” de encarar las ciencias humanas, no obstante, es muy bien recibida a la hora de realizar una obra literaria: la belleza literaria y estética de Ezequiel Martínez Estrada reside no sólo por su alto vuelo estilístico sino también por lo inexorable que la misma exhibe. Sus principales influencias teóricas han sido Freud, Nietzsche, Oswald Spengler, Sarmiento y su Facundo. En cuanto a los tres primeramente mencionados consolidan su modo de plasmar tanto su conocimiento cotidiano como simbólico, y sus diversas desviaciones de los códigos sociales. Al igual que Spengler, piensa que la historia se marca no con las conquistas y las guerras sino que con la cultura; que los hechos históricos tienen una forma determinada pero así también, tenían un estrato más bien profundo en el que se alojaba el alma colectiva de cada pueblo, de sus etnias y costumbres. Semejante al inconsciente colectivo, concepto que corresponde a Carl Jung, Martínez Estrada suponía que los pueblos realmente tienen un reservorio potencial y oculto. O, en otras palabras, existe una manifestación concreta de los pueblos, que bien puede ser su historia militar y diplomática, pero hay también otra que escapa completamente a cualquier análisis superficial. Martínez Estrada acude al Facundo para conocer mejor las propias piedras fundacionales de la cultura Argentina (“Releía, pues, el Facundo, con asombro de lo que hallaba en él de viviente y actual”, confesó en una entrevista). Evidentemente sopesa por un lado la historia, las costumbres y la moral y la política de la sociedad de su tiempo, y por el otro va describiendo sus diversos cambios de forma, así su modo de encarar los diversos temas se trata de exponer el origen del mismo como también su devenir. Es por eso que dice que Uriburu es como Irigoyen, y que Perón “es un encantador de serpientes” y a su vez una versión de Rosas. Desde este punto de vista resulta interesante poner a estos dos presidentes, pero más que nada al “General” tal como Freud describió a Moisés en su Moisés y el monoteísmo (1938): “...La fantasía popular, al atribuir este mito... a un personaje famoso, pretende reconocerlo como héroe, proclamando que ha cumplido el esquema de una vida heroica...”. En este libro Freud argumenta que Moisés fue asesinado e inmediatamente reemplazado por otro, por lo que hubo dos Moisés, uno temperamentalmente opuesto al otro... Las nociones que se tienen de Perón, es semejante a Moisés, el patriarca omnipotente, el poseedor y dispensador de ideas omnipotentes que persisten hasta nuestros días. Ahora bien, si es que hay algo que este pensador le debe a los aportes sociales que Sigmund Freud realizó, y del cual fue imprescindible para su obra, ésta se encuentra en Tótem y tabú, es el estudio del “pensamiento mágico”, un modo de pensamiento que se encuentra en los neuróticos, los niños y los salvajes (o si se quiere las sociedades más involucionadas), pero que las sociedades modernas aún no habían renunciado del todo a esta forma de concebir el mundo que Freud ha llamado como “concepción animista del mundo”... Para Martínez Estrada podemos enumerar hipotéticamente que: 1. La visión del mundo del argentino como sociedad, debe haber sido como una totalidad... dentro de esa visión no se toleran cambios, ni mucho menos los cuestionamientos, esta visión encuentra fundamentos en ciertas figuras que hoy son historia. Ellas continúan estando vivas junto a nosotros, lo cual es lógico dentro de estos tipos de visiones: no hay lugar al cambio, esta carencia que además es una absoluta completud, naturalmente permite y hasta exige la persistencia de ciertas figuras con todos sus aliados, sus situaciones y sus enemigos. La fastidiosa y repetitiva emulación de sus sucesores se debe a que lo ideal está por encima de lo real. 2. A niveles sociales y políticos, como que el argentino confunde por error ciertas cuestiones reales con otras que son ideales: lo real siempre es en algún sentido leído como algo malo; lo único que puede salvar al argentino es lo ideal, y lo ideal es lo que nunca llega, eso a nivel de masas. 3. Las culpas (que implícitamente están expresas en el Facundo de Sarmiento) con su necesidad de ser expiadas. Esta acción, que es también cíclica, se realiza mediante enfrentamientos entre los aliados y enemigos de esa figura que en algún sentido es concebida como inmortal o, mejor dicho, como “sobreactual”. 4. La fertilidad de la tierra es vista como la salvadora, la restauradora de las perfidias causadas por los hombres, es la Trapalanda restaurada que Dios provee para subsanar la mezquindad de las figuras que sucedieron a aquel que es por así decir “inmortal”. Lo infernal desvanece y queda finalmente la promesa de recuperar el paraíso perdido. Desde luego que Martínez Estrada descreía de las masas y del modo de vida del progresista Estados Unidos, que tanto proliferaba allá en los inicios del siglo XX. Para Ezequiel Martínez Estrada no existe la idea de cambio en una sociedad a través de la historia, sino que éstas se truecan por otras iguales, básicamente cree en lo invariante de ciertos elementos que perduran en la vida de los pueblos. Estos conceptos por cierto originales en el contexto intelectual latinoamericano no son tales: son compatibles no sólo con los conceptos de Freud sino que también con las de sus precursores, Nietzsche y Schopenhauer, y que se remontan hasta el antiguo Parménides. En este sentido es que niega rotundamente toda posibilidad de cambio, como si al cambiar algo sería lo suficiente como para que tal o cual sociedad (más que nada la nuestra, la que él estudió) dejase de existir. Con ese motivo podríamos argüir que Argentina y tal vez América del Sur continúan siendo lo que alguna vez supuestamente fueron... Su modo de trabajar consistió en desmembrar tanto los elementos de la sociedad como también de abordar al individuo (a los individuos) como ente aislado, los cuales naturalmente conforman esa sociedad. Es ahí cuando salían a la luz las miserias que este individuo sufre, persiguiendo los espejismos de una sociedad que aparentemente es moderna y progresa, y que no conoce su antónimo. Nuestro pensador es un espíritu que abre los ojos ante las desigualdades, las injusticias y a los efectos deshumanizantes de la civilización tecnológica en la que está el individuo perdido en las redes simbólicas de una sociedad demasiado concreta y conocida por nosotros (los argentinos), quienes podemos dar fe de lo que él expone. Por lo que la innovación, la fantástica innovación que Martínez Estrada realiza es que, al igual que sus grandes influencias, hace posible la vigencia de los mitos y las quimeras que no han muerto aún, considerando su parecer, que Martínez Estrada menciona en Radiografía de la pampa (1930), dice: “Trapalanda. Es el país ilusorio, el imperio de Jauja, que atrajo al conquistador y al colono con su promesa de oro y especias que podría transportar a su tierra natal, sin pensar, es claro, en que los piratas le abordarán el barco. La desilusión de que en vez de Trapalanda pisaba una tierra agreste, que seria preciso labrar y sembrar, regar con sudor y sangre. El intruso decepcionado concibe una seudotrapalanda que en su frustración no le recuerde la derrota. Quiere lo que no tiene, y lo quiere como lo que quiso tener”. Se trata de un país, de una región, que jamás se separó de su pasado y, por lo tanto, la repite incansablemente. Indudablemente lo más cruel es afirmar que incluso, hasta conociendo la historia, se está condenado a repetirla, esto se puede argumentar, deduciendo desde la doctrina freudiana psicoanalítica, cuando se refiere a ciertos estados patológicos. Por otro lado, este pensador da protagonismo a los mitos que fundaron un país, con sus prístinas ambiciones, miedos, anhelos, y demás. Al familiarizarse con sus conceptos veremos que en ellos están implícitas varias disciplinas, entre las que se hallan sin dudas la Historia (con mayúsculas), la mitología, la literatura, política, estadística, filosofía, semiótica, historia del arte... por mencionar sólo algunas. Su peculiar manera de concebir la historia por momentos suele rozar hasta la misma metafísica: “El mundo que nos revela es el que habitamos pero no el que vemos —dice en su libro Apocalipsis de Kafka—. Formalmente su obra no sólo compete a la teodicea y la metafísica sino a la literatura narrativa, y posee extraordinarios méritos, dándose juntos la fantasía más libre y el realismo más minucioso. Sólo en instantes fugaces, en relámpagos que iluminan parte de un panorama enigmático, entrevemos sus perspectivas y profundidad abismal...”. No es que Kafka haya tenido que ser argentino por los temas y las situaciones que tocó, sino que lo que enfatiza en su obra es la soledad y la distancia tal como aquel escritor santafesino, Diego Oxley, la soledad de las pampas en la que las almas se alojan, invisibles por sobre esa gran planicie. Es una soledad que sin duda, otro escritor latinoamericano, como Octavio Paz, suele hablar al referirse a su Méjico. Después de todo no es tan descabellado hacerlo: se trata de un continente que volvió en algún momento a ser joven, despoblado y virgen; se trata evidentemente no de un paisaje bucólico como el que Virgilio narra en sus églogas, sino de paisajes parecidos a los de la luna, totalmente desiertos, como algo ominoso, que alguna vez fue corrompido por alguien, por algo. No es difícil reconocer que el celebre “realismo mágico” latinoamericano indica una postura parecida a la de sus libros: Pedro Páramo, de Juan Rulfo; Juntacadáveres, de Juan Carlos Onetti; El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias (aunque este último de tinte más realista) lo reflejan. Ilustran el espíritu latinoamericano: la noción de un lugar aparte, de un lugar aislado en la profunda América... En éstos está el ánimo, el ciego anhelo de una vuelta a lo anterior, más el sentimiento de haber sido expulsados de un lugar mejor; ese sentimiento que algunos sociólogos lo llaman Milenarismo: la nostalgia de lo que pasó fue mejor a lo que actualmente pasa... Se puede decir que Ezequiel Martínez Estrada mediante su obra inventó una nueva Argentina, una nueva Latinoamérica, trastocando todos los basamentos de la historia, anticipándose con su visión a los albures de un país que finalmente, y en esencia, no cambiaron. Él exploró nuevos senderos que se sitúan entre lo artístico y lo social. Y tal como varias generaciones de hebreos que compusieron su Antiguo Testamento, Martínez Estrada como argentino hijo de inmigrantes, en nombre de una futura nación, supo componer una obra basada más que nada en ensayos, en la que hay indudablemente algo de eternidad y de repetición... Más amigo de la verdad que de cualquier formula mágica, fue un convencido de que es un bien infinitamente mayor conocer esa verdad que “la más piadosa mentira”. Con el paso de las décadas la realidad sociopolítica, la hipocresía, las enemistades, las ambiciones, que las promesas de “un país nuevo”, al país de la Argentina como potencia, que ineludiblemente nos llevan a una “Argentina de antes”, la cual nunca podemos superar... todo esto parecen confirmarle a Ezequiel Martínez Estrada que él tuvo y tiene la razón. ** Andrés A. Ugueruaga andresugueruaga@hotmail.com Escritor argentino (Santa Fe, 1973). Textos suyos han aparecido en el diario El Litoral (http://www.ellitoral.com.ar), y ha colaborado con páginas como Monografias.com. La mayoría de su producción permanece inédita. === Por qué nos gusta leer Alfonso Ramírez de Arellano =============== Al disfrutar por primera vez de una obra de ficción experimentamos una nueva dimensión que nos transforma sutilmente. Su impacto sólo es comparable al residuo onírico con que algunos sueños tiñen nuestra vigilia. Después de su lectura nada es igual porque toda nuestra vida se impregna de elementos literarios. No sólo de nuevos paisajes, personajes y emociones, también de la capacidad de fabular. Con la lectura de obras de ficción mejora el discurso general de nuestra vida y hasta nuestros sueños ganan en calidad literaria. Pero eso no quiere decir que nos haga mejores personas, la literatura no está hecha para el perfeccionamiento moral, en todo caso estético. Es verdad que existen conexiones místicas entre bondad y belleza, pero todos conocemos estetas que son unos indeseables. Vale, pero ¿por qué nos gusta leer? Nos gusta leer porque somos seres narrativos. Nuestra identidad es el resultado de un relato ininterrumpido cuyos autores somos nosotros. Vamos contando nuestra vida a los demás y a nosotros mismos y la memoria colabora recordando mejor las historias que los hechos en que se basan. Nos gusta la ficción porque somos ficticios. No en el sentido de que seamos falsos, bueno, algunos más que otros, sino en el sentido de personajes de una trama que construimos con los elementos que la vida nos ofrece y nuestra capacidad de contar historias. Es difícil imaginar siquiera nuestra identidad sin ese fluir discursivo del que somos narradores. Narradores y protagonistas, aunque también víctimas, ya que casi nunca somos completamente dueños de la trama. ¡Maldita sea!, ni en nuestras propias invenciones salen las cosas tal y como queremos. Hablando de literatura hemos llegado a la vieja pregunta antropológica de ¿quién soy yo?, y a su respuesta: soy el narrador. Suena un poco contundente, pero así es. La identidad del narrador es lo único que no cambia a lo largo de la vida. Cambian el punto de vista del narrador (a veces omnisciente, a veces atrapado en un personaje), la trama, los personajes (mamá, papá, las mujeres, esa mujer en particular, dame pasta viejo, que me voy de marcha, qué se habrá creído Juan Alberto, el mamón de mi jefe, qué ricura de nieto, etc.), el estilo, el género (normalmente prosa con pinceladas épicas y líricas para el recuerdo), incluso el protagonista se nos puede ir de las manos hasta el punto de que nos cueste reconocerlo. Cuando es muy joven por imprevisible, y a partir de cierta edad, porque comienza a parecerse inquietantemente a nuestro padre o nuestra madre sin que podamos hacer nada por evitarlo. Y es que llevamos la literatura en los genes. La novela, en realidad cualquier género de ficción, nos ayuda porque es una narración muy bien construida de la que podemos tomar prestados elementos para el desarrollo de nuestra trama vital, pero sobre todo porque nos revela la materia de la que estamos hechos. No podemos evitarlo. Ni cuando nos entregamos a la vorágine de la vida social abandonamos el terreno narrativo, simplemente ingresamos en el mundo dialogado del arte dramático y el cine convirtiéndonos en actores y dramaturgos, que en el fondo es lo que somos: auténticos monos dramáticos. Pero volvamos a la idea inicial de que todo cambia después de la primera vez. Aparentemente el mundo seguirá siendo el mismo tras habernos sumergido en una trama de ficción, pero sabremos que existen otros mundos. Nosotros tampoco habremos cambiado, pero percibiremos otras vidas en nuestro interior. Otras vidas con las que vivir otros mundos. Y todo eso sin volvernos locos, sin tener que abandonar nuestra butaca favorita, ni tener que desarrollar lo que los americanos llaman, por falta de imaginación, una personalidad múltiple. Bueno, tampoco es tan fácil; leer no es consumir. Hace falta cierta disposición de ánimo para abrir las tapas de un libro de ficción sabiendo que los misterios nunca se revelan impunemente, que la aventura allí escondida puede apoderarse completamente de nosotros, y, también, cierta actitud, ya que sólo descubrimos los secretos de un buen libro a cambio de nuestra entrega incondicional al placer de su lectura. ** Alfonso Ramírez de Arellano aramirez@diphuelva.org Psicólogo español, especialista en psicología clínica y psicoterapia de familia. Ha trabajado como actor y director de teatro. Actualmente desempeña sus funciones en el ámbito de las drogodependencias, en el que ha recibido el premio Reina Sofía 1989 y Mención de Honor 2008. Además recibió el premio al mejor artículo de 1996 de la revista europea Ítaca por su trabajo “Drogodrama y dramadependencia” y fue finalista del premio periodístico Enrique Ferrán. Compagina la publicación de relatos en revistas literarias con artículos de divulgación científica en prensa diaria. Es autor de los libros Actuar localmente en (drogo)dependencias (GID), Problemas emergentes en jóvenes y adolescentes (CSZ) y Manual de supervivencia del empleado público o cómo defenderse del político de turno (Almuzara), así como de diversos capítulos y colaboraciones en libros y manuales. Colabora habitualmente con los medios del Grupo Joly (Diario de Sevilla, http://www.diariodesevilla.es). También ha publicado relatos y artículos en las revistas El Ciervo (http://www.elciervo.es), Cuadernos para el Diálogo y El Siglo que Viene. === Llamado para los entendidos en la materia de vivir ==================== === Fernando Vargas Valencia ============================================== Tierra común: Poesía de Venezuela y Colombia Varios autores La Mancha Ediciones Caracas, 2008 184 páginas “Es el entendido quien acusa recibo de su inclusión dentro de la lluvia que somos penetra libera líquidos para que quepa la memoria”. Nicanor Cifuentes. Desde la fascinación de su cuerpo, posado en el silencio victorioso del sueño, la geografía se defragmenta, se contrae y dilata, en su metamorfosis permanente es la blanca espesura peninsular, la mulata semilla del que presagia su renacimiento, el mestizaje revelador del cuerpo desnudo que es la metáfora de cierta geología en explosión. El mapa es cierto discurso que habla desde la nacionalidad de quien lo dibuja. Es por ello que los actuales textos de estudio de las escuelas primarias en Estados Unidos vienen señalando a su manera como parte de los límites geográficos de dicho país, la cuenca amazónica. Con un rotulillo contundente: los soldados estadounidenses trabajan para rescatar esa tierra de los irresponsables, incultos e ignorantes que actualmente la tienen en sus manos. Tierra común: Poesía de Venezuela y Colombia es la metáfora de un mapa que se deshace en el rigor de su ciencia. Como en el cuento de Borges, la cartografía, bajo cierta racionalidad yuxtapuesta, hace de los países, despedazadas ruinas de un mapa, habitadas por animales y por mendigos. Esta metáfora es capaz de emanciparnos de la soledad de nuestra soberanía, para compartirla en cierta ética estética que sólo una conciencia poética puede presagiar en su posibilidad infinita de ser otro en el ejercicio de sí mismo. Mientras los gobernantes se peleaban la forma cómo impedían el paso del devenir en las fronteras de sus países, dos grupos de escritores, el Colectivo La Mancha de Venezuela y el Grupo Literario Escafandra de Colombia, se unieron para producir una antología que confirmaría la paradoja de la geometría imposible y del estado fronterizo: la imagen irradiante de una tierra que fue (y será) común. Veinte poetas jóvenes venezolanos y veinte poetas jóvenes colombianos combinaron sus subjetividades, intercambiaron promesas de lo por-venir en versos que sueñan una ciudad fundada míticamente por la palabra poética y que se persigue a sí misma, en algunos casos como Bogotá, en otros como Caracas. Lo contundente de esta empresa en túnel, por cuanto significó traer consigo y ofrecer al otro “el gesto original, la palabra pura”, involucra una pretensión que sólo la amalgama de estilos, de preocupaciones, de sentimientos e imágenes aportada por cada poeta, podía confirmar y que la sinceridad del prólogo dibuja sin evasiones: “Hay que acuñar nuevas frases, hay que desmontar esa historia mal contada, esos asesinatos contados en tiempo de epopeya, esos triunfos del pueblo contados en tiempo de funeral”. La poesía, extraña y torpe forma del poder, adquiere su dignidad no sólo como testigo de su tiempo, sino como canto de una historia probable, imaginable, creíble. El poeta de nuestro tiempo, y que habita en nuestro espacio, no debe contentarse con el susurro anhelante, con la invocación extraviada. Debe también atravesar el tiempo para fundar la posibilidad. Debe hacer de sus amigos, enemigos íntimos y herirlos con la inocencia del poema. En tiempos como estos, no hace falta sólo escribir la poesía, hace falta defenderla y no desde el trono incesante, sino en colectivo, en acto, en la percepción irrevocable del hacedor borgiano: cantor de la época y gestor de su cuerpo. Nosotros no somos más que memoria. Sólo cierta poética es capaz de romper con formas de decir dominantes. Tierra común: Poesía de Venezuela y Colombia es como mínimo, una lección de vida para el poeta, para el ciudadano y para el gobernante. Nos ofrece el matiz y la urdimbre de nuestro tejido histórico, que es, dialéctica e históricamente, la emanación del mestizaje como promesa de humanidad nueva y como fuerza cultural desde este lado de la tierra, el de Nuestra América, medida desafiante, raíz pluridimensional. ¿A qué lugar de la geografía atribuir la veracidad de los versos, la fuerza contundente de cada imagen ofrecida al lector para que escoja de una buena vez, para que decida sobre sus sentimientos? Ese lugar existe en la memoria, que es espermática y que no tiene nacionalidad. En estos tiempos de terribles proyectos, de tremendas hegemonías recalcitrantes, el libro tiene dos caminos: seguir siendo mercancía de consumo o vehículo de emancipaciones. El esfuerzo de La Mancha Editores, cooperativa editorial que se encargó del diseño e impresión del libro, se nos presenta como un ejemplo del segundo camino. Su prólogo dice más de lo que podríamos inventar al respecto: “Para leer los libros que siempre hemos soñado, es necesario que los editemos nosotros mismos... es necesario que nosotros mismos en un acto de imaginación busquemos otras maneras de asociarnos, otras maneras de producir y de propagar nuestras ideas”. La literatura debe dejar de ser un referéndum. En el poema leíble está también el poema escribible, vivible, amable. La materia prima del poeta es la cotidianeidad propia y de sus contemporáneos, no es más que un artesano de los lenguajes extraviados. Los tiempos del poeta misántropo han perdido vigencia. Queda en el lector, desentrañar los significantes, juguetear con los lenguajes ofrecidos en Tierra común que van desde una premonición de cierta epistemología lírica hasta el testimonio de las luchas cotidianas, del sentir callejero. Sólo el hombre común es el entendido de estos versos y es el llamado a luchar por su identidad. Sólo él es el único capaz de debatir con su vida, con la imagen que ha trazado de sí mismo, cada una de las palabras arrojadas en una botella al mar de nuestro continente, sobre el que habrá que arar y defender, sin excusa. ** Fernando Vargas Valencia fvarva@yahoo.com Poeta colombiano (Bogotá, 1984). Abogado egresado de la Universidad Externado de Colombia (http://www.uexternado.edu.co). Auxiliar de investigación en sociología jurídica en el Instituto de Estudios Interdisciplinarios de dicha universidad (http://www.uexternado.edu.co/derecho/e-interdisciplinarios). Tiene estudios en literatura y sociología. Es tutor en programas de formación docente en el área de cultura de la palabra y creación literaria. Ganador de varios concursos. Director de la revista poética Fata Morgana. Incluido en varias antologías de nueva poesía hispanoamericana en Perú, España y Cuba. Invitado a varios encuentros nacionales e internacionales de poesía en Colombia, Brasil y México. Mantiene una bitácora personal en http://almiprieto.blogspot.com. === El lector, de Bernhard Schlink Miguel de Loyola ================== Un joven narrador en primera persona nos cuenta su vida a partir de sus 15 años, hasta bien entrada la madurez. Michael Berg es todavía un estudiante de secundaria cuando conoce a Hanna Schmitz, mujer de 35 años, quien trabaja en el tranvía y de la cual se enamora a pesar de la diferencia de edad. La relación amorosa entre ambos estará marcada por un hecho muy particular: las lecturas de obras clásicas en voz alta por parte de Michael a pedido de Hanna, quien disfruta mucho oyéndolo leer. Sin embargo, Hanna desaparece repentinamente de su vida, para luego reaparecer siete años más tarde acusada de haber sido carcelera nazi en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Por entonces Michael está por recibirse de abogado, y asiste a las audiencias de aquel proceso como parte importante para un curso de los últimos años de su carrera. Es allí donde casualmente vuelve a encontrarla. Debido a la manera contradictoria de defenderse ante el magistrado, Michael llega al convencimiento de que Hanna es analfabeta, y la vergüenza le impide confesarlo, dejando que el proceso continúe su curso hasta recibir la temible sentencia: cadena perpetua. Tampoco Michael interviene contándole al juez lo que ha descubierto, y guarda ese silencio letal que poco a poco va generando, en quien esconde una verdad, el llamado sentimiento de la culpa. Mientras Hanna padece su condena recluida en la cárcel, Michael comienza a enviarle cintas con grabaciones de lecturas hechas expresamente para ella, reviviendo así esa experiencia de los primeros años y a propósito de su analfabetismo. Pero jamás le habla en ellos algo personal. Tampoco la visitará en su reclusión. Mantiene el riguroso silencio de la cobardía inexplicable, sin poder expresar sus sentimientos frente a la mujer amada. El fracaso matrimonial de Michael con Gertrud puede entenderse tal vez como una consecuencia de su prematura relación amorosa con Hanna, a quien nunca pudo olvidar, pero tampoco tendrá el valor de asumir como su verdadero amor cuando Hanna está pronta a recuperar su libertad. La noche anterior a ello, inesperadamente Hanna se suicida. Es indudable el interés del autor por tratar aquí el problema de la culpa que arrastran las nuevas generaciones alemanas como otra de las tantas consecuencias psicológicas de la Segunda Guerra Mundial. Pero podemos entender que no sólo aquéllas, sino también las de todos los individuos llamados a resolver problemas de conciencia. La novela encarna así un sentimiento universal y puede entenderse como una invitación a preocuparse por la verdad, a atreverse a quebrar ese silencio que termina asfixiando a las almas, como ocurre no sólo con la del protagonista Michael, a quien podemos ver como un hombre emocionalmente fracasado, sino también en la de la propia Hanna, cuyo sentimiento de orgullo, le impidió durante toda su vida confesar su analfabetismo y escondiéndolo hasta último momento como un pecado inconfesable. La novela, indudablemente, aborda también otros problemas de conciencia, como el de la responsabilidad individual frente a los crímenes nazis. El autor pareciera dejar flotando la pregunta y la respuesta entre las páginas: ¿la ejecución de los judíos puede entenderse sólo como un deber para los soldados subalternos? ¿pueden quedar libres de culpa quienes fueron mandados a hacerlo? Y en el caso de Hanna, en tanto mujer analfabeta ¿tiene ella la misma responsabilidad que el resto? ¿Hasta qué punto se hace justicia cuando se castiga a quienes no han sido los verdaderos cerebros de los hechos? Llama la atención la sencillez del relato para llegar a temas tan profundos. La agilidad de la pluma para acotar en breve asuntos importantes. La maestría alemana para acotar la historia sin caer en las clásicas parrafadas farragosas de algunos autores contemporáneos. No cabe dudas de que los escritos de este juez escritor, Bernhard Schlink (1944), deben ser también irreprochables, dotados por la claridad de una mente que sabe poner sus ojos en esa verdad que hace al hombre libre. ** Miguel de Loyola deloyola@hotmail.com Escritor chileno (San Javier, región del Maule). Realizó estudios universitarios en la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde se tituló de profesor de estado con mención en castellano en 1981, y obtuvo en 1994 el grado de magister en letras con mención en literatura. En esa misma casa de estudios obtuvo sus primeros premios literarios entre 1978 y 1981. Participó en el Taller Literario de Roque Esteban Scarpa y Alfonso Calderón, y más adelante en el de José Donoso. En 1981 obtuvo un primer lugar compartido en el concurso literario de la revista La Bicicleta. Ha publicado el libro de cuentos Bienvenido sea el día (edición del autor) y la novela Despedida de soltero (Lom Ediciones). Es secretario de redacción de la revista literaria Proa y miembro del Círculo de Críticos de Arte de Chile. También es editor de Ensayo y Crítica Literaria de Letrasdechile.cl. === El discurso juvenil de los estudiantes ================================ === ¿Un atentado contra el buen uso del idioma? =========================== === Oscar Iván Londoño Zapata ============================================= “Una antisociedad es una sociedad que se establece dentro de otra como alternativa consciente a ella, es un modo de resistencia (...). Un antilenguaje no sólo es algo paralelo a una antisociedad; a decir verdad, es algo generado por ella”. M. A. K. Halliday (2001). En la escena educativa términos como: marica, chimba, parce, parcero, maquia, simón, parche, lucas, entre otros, han adquirido una significación y un uso especial y cotidiano en los discursos de l@s estudiantes, así, son cada vez más los vocablos que entran a configurar dicha naturaleza discursiva, que por ser histórica y contextual se modaliza y estructura a partir de la interacción social y la cultura. Estas manifestaciones discursivas son rechazadas y fuertemente controladas en la mayoría de las instituciones educativas, debido a que son consideradas formas de expresión vulgares que atentan contra el “buen uso del idioma”. Es por tal motivo que no es extraño encontrar en los reglamentos institucionales, especialmente en las instituciones educativas de secundaria, como los Manuales de Convivencia, algunas prohibiciones dirigidas a l@s estudiantes: “Prohibido cualquier tipo de expresión soez y despreciativa”, “Prohibida la proliferación de palabras vulgares y groseras que atentan contra los principios morales y el buen comportamiento”. Sin embargo, estas significaciones resultan problemáticas. ¿Es inmoral un(a) estudiante que emplea expresiones aparentemente vulgares?, ¿la moral se determina desde las formas discursivas?, ¿con base en qué concepciones discursivas y sociales se significan las expresiones como soeces y vulgares?, ¿tal vez desde la concepción maniquea, tradicional y moralista de lo bueno y lo malo?, ¿es acaso la lengua un sistema inmutable y estático?, ¿qué significa hoy el “buen uso del idioma”?, ¿podríamos hablar hoy de un “buen uso del idioma”? Preguntas sustanciales para esta reflexión. La lengua, un universo dinámico: entre la estructura y el uso La lengua no puede significarse como un sistema de comunicación estático e inmutable, es decir, la lengua, como construcción de la cultura, está sujeta a cambios permanentes motivados por fenómenos de orden social y cultural, por lo que no es un sistema inerte de principios invariables y abstractos, es por el contrario, una construcción lingüística y social, que si bien posee una estructura gramatical definida, no es fundamento razonable para determinar buenos y malos usos. Concepción que desde algunas perspectivas teóricas e investigativas como la sociolingüística, el análisis del discurso (AD) y el análisis crítico del discurso (ACD), toma posición y fuerza. Realizando un breve recorrido por los estudios de la lengua considero preciso especificar que durante el siglo XX se desarrolló una serie de estudios lingüísticos orientados hacia la cualificación de la lengua desde dos perspectivas: a partir de su estructura y de su uso concreto o en contexto; es por tal motivo que enfoques como el estructuralismo, el formalismo ruso, el generativismo, la textolingüística, la sociolingüística, el análisis del discurso (AD) y la lingüística crítica (LC), entre otros, se convierten en los referentes teóricos obligados en el itinerario conceptual e histórico de los estudios de la lengua. Los primeros enfoques analizaron las formas estructurales de las palabras y las oraciones así como los elementos retóricos y formales en la literatura, mientras que los estudios posteriores orientaron sus conceptualizaciones hacia la concepción del texto y el discurso como unidades comunicativas fundamentales producidas en contextos sociales y culturales específicos, que marcan la diferencia en la enunciación; por ende, no sólo se estudia la lengua desde su estructura, es decir, desde el componente gramatical: fonema, oración, sustantivo, predicado, verbo, concordancia, adjetivo, artículo, sino que se analiza a partir de su vínculo con el contexto social de producción: texto en contexto. La anterior perspectiva toma fuerza y desarrollo en el campo de la lingüística a través de los estudios sociolingüísticos, pragmáticos y discursivos, que contribuyeron de manera activa en la superación de las teorías abstractas de la lengua como las de Ferdinand de Saussure y Noam Chomsky. Y es ante esta característica dinámica de la lengua que l@s estudiantes crean nuevas palabras y enunciaciones a partir de combinaciones o innovaciones lingüísticas, y de la misma forma, re-significan expresiones ya legitimadas a nivel social por la comunidad lingüística ortodoxa y dominante, por lo que no resultan ser un “atentado” contra la estructura y el “buen uso de la lengua”, sino que son aportaciones léxicas y discursivas que buscan representar y significar la realidad de otras maneras, es decir, a través de otras variables lingüísticas. Por ende, son antilenguajes que surgen, en la mayoría de las veces, como resistencia al purismo de la gramática. Al respecto, M. A. K. Halliday (2001, pág. 214) plantea que “la forma más simple adoptada por un antilenguaje es la del cambio de palabras viejas por nuevas; es un lenguaje relexicalizado”. A manera de ejemplo Un ejemplo orientado hacia la re-significación discursiva es importante para aclarar lo anterior: una de las palabras más empleadas por l@s estudiantes en sus discursos cotidianos en la escena educativa es marica: “—Quiubo, marica, ¿hizo la tarea? —No, marica, estaba muy difícil. —Uy, marica, y hoy hay examen de eso. —Ni modo, marica, a perder”. Algunos diccionarios (Coatenas), textos legitimados para presentar las significaciones conceptuales de la lengua, definen el término marica como: “Hombre que es afeminado y homosexual”, “Hombre afeminado y de poco ánimo y esfuerzo”, es decir, un hombre que posee una identidad genérica femenina definida desde la ideología dominante patriarcal: afeminado, delicado, amanerado, posiblemente con una identidad sexual homosexual, y que en ciertas situaciones de enunciación, dependientes de la entonación y las lógicas discursivas, se significa con rasgos pragmáticos despectivos, por lo que es valorada y legitimada como expresión negativa. Sin embargo, en las muestras discursivas anteriores el término marica no se orienta hacia esa significación, es decir, el interlocutor emisor no significa a su interlocutor receptor como hombre afeminado, sino que la palabra, y por tanto, la enunciación, se significa con acepciones positivas, así, refiere: amigo, compañero. Lo anterior se especifica a través del análisis del discurso que involucra aspectos como: la entonación de las palabras, la intención del discurso, la selección léxica, la situación de comunicación, el rol de los interlocutores y su grado de cercanía o lejanía, entre otros aspectos. Es por tal motivo que las partículas y estrategias discursivas deben ser comprendidas y analizadas desde sus situaciones y contextos de producción, es decir, desde su nivel pragmático, porque no todas las enunciaciones de este orden son despectivas en los contenidos reales del discurso. No obstante, considero preciso aclarar lo siguiente: el discurso escolar es un tipo de discurso que denomino interdiscurso, es decir, es un discurso que está formado, a su vez, por varios discursos: el académico o disciplinar y el cotidiano; el primero, hace referencia al discurso estructurado por el metalenguaje propio de la disciplina y la academia, en él la argumentación crítica resulta ser la acción discursiva determinante en la construcción del conocimiento. El segundo, por su parte, hace referencia al discurso menos formal empleado en la cotidianidad, cuyo género de expresión recurrente es la conversación cotidiana. Con lo anterior, no pretendo argumentar la legitimación de la variedad discursiva cotidiana escolar en los demás discursos educativos de l@s estudiantes, es decir, en los académicos y disciplinares, por lo que considero importante que estas estructuras cotidianas no se inserten en los discursos académicos, que deben ser construidos por l@s estudiantes en su itinerario de aprendizaje, puesto que no es confiable, desde el punto de vista de la construcción del conocimiento, que un(a) escolar analice y valore a través de un ensayo o una exposición, por ejemplo, una obra literaria de la manera: “es un cuento maquia” o “esta novela es una chimba porque...”. Por el contrario, el/la estudiante debe desarrollar la crítica literaria, en el caso específico, desde enunciaciones y posiciones argumentadas que evidencien la asimilación de las teorías, los códigos y metalenguajes propios de cada saber. Sin embargo, lo anterior no justifica que se deba controlar y sancionar para evitar tal inserción, se hace preciso entonces identificar y analizar en conjunto: docentes-estudiantes, los discursos escolares enunciados en los espacios y tiempos de academia, recreación y descanso, para determinar entre todos(as) en qué contextos se hacen válidas estas variables discursivas, y así poder cumplir políticas lingüísticas, es decir, acuerdos discursivos que fundados en visiones progresistas y sociales no atenten contra el libre desarrollo social, discursivo, crítico y autónomo de l@s estudiantes. A partir de lo anterior, se hace necesario que l@s docentes reflexionen sobre la naturaleza de los discursos de l@s estudiantes: ¿qué estructuras y estrategias discursivas emplean para significar el mundo?, ¿por qué emplean y construyen tales variables lingüísticas?, ¿son contralenguajes o antidiscursos de resistencia a las formas discursivas dominantes y moralistas de las instituciones? ¿En qué aportan sus discursos a la construcción de la identidad juvenil y escolar?; por lo que, antes de controlar, castigar y sancionar, se hace necesario analizar los contenidos reales y las nuevas formas discursivas desde visiones teóricas que superen los determinismos moralistas y puristas, porque sin duda alguna los discursos cotidianos escolares se seguirán construyendo y adaptando en las instituciones educativas. Así, aunque para algunos(as) resulte ser una contradicción, la misma naturaleza social de la lengua y el discurso hace que se modalicen y contextualicen las expresiones en todas las esferas de la escena educativa, por lo que es necesario establecer contextos y políticas discursivas para cada una de ellas. Bibliografía de referencia • CASTAÑEDA NARANJO, Luz Stella. Aproximación al análisis crítico del discurso del parcero (2005). En: RAMÍREZ PEÑA, Luis Alfonso y ACOSTA VALENCIA, Gladys Lucia (compiladores). Estudios del discurso en Colombia. Universidad de Medellín. ALED. Medellín. • Diccionario Enciclopédico Educativo Uno Coatenas. 2000. • HALLIDAY, M. A. K. (2001). El lenguaje como semiótica social. La interpretación social del lenguaje y el significado. Fondo de Cultura Económica. México. • LONDOÑO ZAPATA, Oscar Iván (2006). “Análisis crítico de los discursos evaluativos”. En: Avivavoz. Periódico estudiantil. Año 2. Nº 5. Universidad del Tolima. Ibagué. — (2006). “El análisis crítico del discurso (ACD), una actitud de resistencia”. Entrevista a Teun A. van Dijk. En: Revista Latinoamericana de Estudios del Discurso. Volumen 6, Nº 1. Venezuela (2006). Adriana Bolívar (editora). — (2007). “El análisis crítico del discurso (ACD) Una perspectiva crítica de lectura en estudiantes universitarios”. En: Letralia. Tierra de Letras (www.letralia.com). Año XII. Nº 170. Cagua, Venezuela. — (2007). “¡Atención, estudiantes! Prohibido decir...”. En: Facetas. El Nuevo Día. Ibagué. — (2007). “Los estudios del discurso en Venezuela y América Latina. Un compromiso social, político y académico”. Entrevista a la doctora Adriana Bolívar. En: Revista Discurso & Sociedad Vol. 1 (4) (www.dissoc.org). Teun A. van Dijk (editor). • VAN DIJK, Teun A. (2000). Ideología. Una aproximación multidisciplinaria. Barcelona: Gedisa. — (2000). El discurso como estructura y proceso. Estudios del discurso: Introducción multidisciplinaria I. Barcelona: Editorial Gedisa. — (2000). El discurso como interacción social. Estudios sobre el discurso II. Una introducción multidisciplinaria. Editorial Gedisa, Barcelona. — (y Antena Digital, 2001). “El análisis crítico del discurso y el pensamiento social”. Antena Digital 1. — (2003). Ideología y discurso. Barcelona: Ariel Lingüística. — (2003). “La multidisciplinariedad del análisis crítico del discurso: un alegato a favor de la diversidad”. En: WODAK, Ruth y MEYER, Michael (compiladores; 2003). Métodos de análisis crítico del discurso. Barcelona: Gedisa. • WODAK, Ruth y MEYER, Michael (compiladores; 2003). Métodos de análisis crítico del discurso. Barcelona: Gedisa. ** Oscar Iván Londoño Zapata oscarivan84@yahoo.es Estudiante de último semestre de Licenciatura en Lengua Castellana de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad del Tolima (http://www.ut.edu.co). Integrante del Grupo de Investigación en Competencias Comunicativas de la Facultad de Ciencias de la Educación. Coinvestigador del proyecto “Caracterización y evaluación del desarrollo de competencias en la comprensión y producción textual de los estudiantes de pregrado de la Universidad del Tolima”. Autor del estudio discursivo “Análisis crítico de los discursos evaluativos de los docentes de lengua castellana de los grados décimo (10º) y once (11º) de algunas instituciones educativas de Ibagué”. Colaborador en la sección “Facetas” del periódico El Nuevo Día (http://www.elnuevodia.com.co), de Ibagué. Miembro de la Asociación Latinoamericana de Estudios del Discurso (Aled). === Inefable Fanny, adiós Leopoldo de Quevedo y Monroy =============== Durante el Festival de la Palabra en Armenia el sábado en la tarde Samaria Márquez, su organizadora, a nombre de todos los amantes de las Artes que estábamos presentes en el Teatro de la Cruz Roja, rindió homenaje a la impulsora, amante en toda su acepción, del Espectáculo en las Tablas que fue Fanny Mikey. Recordó cómo desde su llegada de Argentina con Pedro I. Martínez y de adoptar a Colombia como el Escenario de su vida le entregó su roja alma, su sonrisa de mujer y actriz y su tesón, día por día, sin descanso. Fanny puede ser conocida en otros países y haber traído elencos enteros de artistas extranjeros —los mejores— a mostrar las obras de teatro que el mundo producía. Vinieron dragones de la China, compañías de Rumania, de Italia, Brasil, México, Canadá, Suiza, de Alemania, Francia, de Argentina, de Rusia. Se alió con los teatreros vernáculos e incluyó en su ghetto a cuanto grupo hay en ciudades y pueblos colombianos. No se puso a pensar si era difícil hacer Cultura en Colombia, si la mejor producción era costosa, si eran católicos o ateos o sacrílegos los libretos, si estaban vestidos sus actores o andaban desnudos y hacían gestos escabrosos. Si había verano o si el invierno permitía las funciones. Comenzó en Cali y Bogotá la robó para su fóyer y sus telones. Desde que pisó la tierra fría y cultural del altiplano, se empeñó en convertir la capital en ojo de huracán y nido de rábulas del arte de Eurípides, Esquilo, Sófocles, de Shakespeare, Brecht, Ionesco, Fo, Williams, Buenaventura. Visitó a Colombia y habló, llenó teatros, organizó funciones y construyó la sede del Teatro Nacional, símbolo de su energía. Siguió adelante y convocó cada dos años el Festival Iberoamericano de Teatro, el más grande del mundo, hasta llevarlo a su undécima edición con lujo de elencos, obras y actores y tendencias. Trajo por primera vez artistas desconocidos en el continente, deslumbró con obras raras, compañías vinieron a enseñar nuevas técnicas y mostrar con caretas, pinturas en el cuerpo, y escenarios jamás pensados que el teatro es un mundo todos los días. Exploró cómo hacer posible entender lo que piensan y quieren expresar otras lenguas y culturas. Rompió barreras, abrió puertas, innovó la manera de hacer aparecer ex machina personajes, hologramas, ángeles y dioses muertos. Al evocar su boca larga y su carcajada llena, elevamos un suspiro hondo que llegue hasta los oídos de Melpómene, de Perséfone, de Medea, de Eurídice, de Edipo y de todos los personajes, sus amigos, para que no se lleven entre el maquillaje la memoria y el legado de la Mikey. Para que su obra generosa pueda más que los deseos y los discursos. No pediremos a la Musa del teatro que nos regale a otra Fanny. Agradecemos hoy a ella el regalo de su vida, el afán incontenible con que trabajó todos los días por sacar de entre los guiones, el humo y los fosos, el parlamento, las voces y visajes, los sonidos, la burla y los quejidos que nos trajeron los buhoneros y los locos de la escena por arte de su mano. Por los momentos de suspenso, de dolor, de risa y colas en la fila que ella prohijó, brindemos una copa y sigamos comprando la boleta, para que se alcen de nuevo los telones. ** Leopoldo de Quevedo y Monroy leoquevedom@hotmail.com Escritor colombiano. Abogado egresado de la Universidad Libre (http://www.unilibre.edu.co) y magíster en Docencia Universitaria por la Universidad del Valle (http://www.univalle.edu.co). Ha publicado Confesiones de un cura casado (Corredor, 1999), El anteproyecto y el proyecto de investigación, los poemarios Versos sacros y profanos (Artes Gráficas del Valle; Cali, 2005) y Cotidianidad en Re-verso (Artes Gráficas del Valle; Cali, 2006) y diversos materiales en el diario El Tiempo (Cali) y la revista Plenilunio. Ha participado en eventos literarios como la “Hora de la Poesía” en la Feria del Libro en Bogotá (2005), el V Festival Internacional de Poesía en Cali, la XI Feria del Libro Pacífico y otros. |||||||||||||||||||||||||||| ENTREVISTAS |||||||||||||||||||||||||||| === El largo viaje de Fernando Vallejo Jaime de la Hoz Simanca ======= I. El escritor en escena El escritor Fernando Vallejo pide, por favor, que al solicitar el permiso para acercarse al púlpito y tomar las fotografías, le diga al sacerdote que él es un pintor mexicano con deseos de llevar a su país un recuerdo bajo la escultura de Rodrigo Arenas Betancourt que cuelga del techo de la Catedral Metropolitana. No quiere tener problemas, según advierte. Porque sabe que sus aguijones más violentos han sido contra los curas, a los que califica de travestis. Lo dice con el mismo rostro de yo no fui que ahora revela, mientras de su boca van saliendo adjetivos fuertes, cargados de ironía, pero matizados a veces con una sonrisa que otorga la sensación de estar fingiendo. Vallejo, este escritor irreverente y procaz, habla con una sinceridad a prueba de dudas. Es una convicción construida en medio de la soledad de toda la vida y, últimamente, con la compañía de las dos perras que viven en su casa de México. Llegó para participar en un evento cultural que convoca anualmente a escritores, poetas, cantantes, caricaturistas, periodistas y pensadores de relevancia internacional. Y vino con la aureola de escritor maldito que muchos quisieran ver en la hoguera y otros, como “Juan Carlos Borbón, alias Su Majestad don Juan Carlos I de Borbón y Borbón (con el ‘de’ y la ‘y’ que se suelen poner estos zánganos en sus nombres para significar que nacieron de la vagina de oro)” —como escribió alguna vez— desearían verlo transformado en oso o lobo para matarlo a escopetazos al pie de los Cárpatos. A golpe de vista, y de acuerdo con el estereotipo cultural de nuestros tiempos, la imagen de Vallejo no corresponde a lo que desde hace varios lustros pregona en todos los escenarios donde asiste, ni a lo que escribe en revistas especializadas del mundo iberoamericano. Todavía conserva su timidez de niño bueno y las maneras decentes de quienes han estado largos períodos en contacto con santos, hostias y biblias en sus más disímiles versiones. Su voz revela inocencia. Pese a los gruesos adjetivos que se esparcen desde sus labios, como serpientes venenosas, no hay lugar al temor, ni siquiera al respeto, sino al asombro y a la admiración. No sabe levantar el tono de sus palabras. O no quiere. Y eso lo muestra aun más como un extraño personaje al que muchos califican de loco y otros de excéntrico, al estilo de José María Vargas Vila, el iconoclasta de finales del siglo XIX y principios del XX de quien Vallejo habrá de ocuparse más adelante y con el que mantiene similitudes. *** —¿Qué defiende en su obra? —En mi obra y en mi vida defiendo la causa por los animales: los mamíferos, los que tienen un sistema nervioso complejo por el que sienten dolor, miedo, hambre, sed, tedio. —¿Ha llorado por los animales? —¡Claro! El haberme quitado la venda moral que me puso la sociedad colombiana y la religión católica fue una desgracia para mí, porque me amargó la alegría. —¿Le duelen más las muertes de los perros que la de los seres humanos? —Me duelen ambas. Y llevo la lista en una libreta. Anoto los nombres de las personas que he visto por lo menos una vez y de los que después me entero que han muerto. Voy en 573 e incluyen cuatro animales. La de mayor impacto fue la muerte de mi abuela materna, la que más quise en mi vida, Raquel Pizano. Fue demoledor, pero nunca comparable con la muerte de mi hermano Silvio que se pegó un tiro en la cabeza a los 25 años, o la de mi hermano Darío, que he contado en El desbarrancadero. —¿Cuántos muertos tiene encima a raíz de su obra literaria? ¿Conoce algunos suicidios como los que provocó Ibis, de Vargas Vila? —Yo no estoy incitando a nadie al suicido sino a que no se reproduzcan. ¿Por qué se van a suicidar por mí? Nunca he pedido a nadie que se mate. Pido que no sigan matando vacas ni cerdos y que empiecen a ver lo que no les enseñó su religión miserable. No predico el suicidio. Vivir es muy difícil y morir también. Pero aquí estamos. II. Vargas Vila y sus demonios Fernando Vallejo usa una chaqueta marrón con cuatro bolsillos grandes: dos arriba y dos abajo, repletos de quién sabe qué. En esta oportunidad lleva en su cuello un adorno de carnaval que se extiende hasta el tercer botón de su camisa a cuadros. Es alto y flaco, coronado con un peinado hacia atrás que también luciría si fuera ministro o senador de la República, como su padre, el abogado conservador Aníbal Vallejo Álvarez. Pero de su progenitor no habla, como sí lo hace de política, sólo para despotricar contra ella y, luego, relamerse los labios por el gusto de alcanzar los adjetivos necesarios que proporcionan contundencia al ataque. Pareciera no existir términos medios al escuchar su andanada de frases y, sobre todo, la alusión a personajes vivos o muertos. En todos los casos, es evidente su simpatía o su desprecio y entonces uno observa que la velocidad de sus palabras alcanza niveles de vértigo. A Vargas Vila, el escritor incendiario que lo antecedió en su odio anticlerical, lo evoca con singular fruición. “Siento una gran simpatía por él”, dice. Enseguida recuerda que su compatriota estuvo acompañado, durante gran parte de su vida, por Ramón Palacio Viso, un venezolano que permaneció con él hasta el momento de su muerte en el año 1933, en un apartamento de la calle Salmerón de Barcelona. “La imagen que se tiene de Vargas Vila es la de un hombre mujeriego porque sus novelas están llenas de lujuria por la mujer. Es muy probable que Vargas Vila hubiera sido homosexual y que Palacio Viso hubiera sido su amante. En Europa y Cuba estuvo todo el tiempo con él. Y el terror que tenía de morirse era dejarlo solo”, agrega. Lo conoce, sin duda. Tanto o más que a los poetas Porfirio Barba Jacob y José Asunción Silva, sus biografiados notables. Pero sus semejanzas con Vargas Vila tal vez lo obligan a descalificarlo en la condición de escritor, sin que deje de reconocer el apasionamiento que siente por el personaje. Sabe, incluso, que en 1924 el autor de Flor de fango visitó su tierra, lanzó dardos a diestra y siniestra y exigió el pago de los derechos de autor por la filmación de Aura o las violetas, película basada en la famosa novela que lleva el mismo nombre, puesta en escena por los hermanos Di Doménico sin previa negociación. Sabe también algo que ni los mismos biógrafos de El Divino escribieron en sus libros: Vargas Vila es el escritor de lengua española que tiene más títulos traducidos al francés. Incluso, más que el español Blasco Ibáñez. Vallejo recuerda que cuando llegó a México en 1971, la sombra de Vargas Vila aún vagaba a través de ediciones piratas, engrapadas, que circulaban de mano en mano, pero sin la estampilla roja de la primera página que exigió el escritor en la reedición de sus obras completas que hizo la editorial Sopena de Barcelona. Y señala, al final de los reconocimientos, que quien escribiera la catilinaria Ante los bárbaros fue el primer escritor hispanoamericano que vivió del oficio de escribir. “No ganaba las fortunas que él decía ni vivía en las villas en las que fechaba sus novelas, al final de ellas —como Villa Ibis, Málaga, que aparece en una de sus obras—, pero podía vivir de lo que escribía. Eso es notable”, agrega. Después, sobrevienen los aguijones: que Vargas Vila escribió veinte novelas que parecían la misma; que era un escritor menor, un prosista malo y de peor gusto; y que, contra lo que parecía, era bastante ignorante tal como se observa, según Vallejo, en los pequeños fragmentos del Diario intimo, repletos de errores de ortografía, que publicó Consuelo Triviño hace algunos años después de recuperarlos en La Habana. De Vargas Vila habla con furor y casi con desmesura, como si estuviera hablando de los perros que le matan todos los días y de los autores de esas muertes para los que también pide la muerte. Pero la distancia que guarda con el panfletario es la misma que lo acerca al momento de verlos, sólo separados por el tiempo, irse lanza en ristre contra los curas y su máximo exponente, el Papa; o mirarlos, de soslayo, profesando un amor contrariado hacia la madre y expresar un profundo afecto hacia los hermanos. *** —¿Qué puede contar de su madre? —Mi mamá fue una mujer muy loca que tuvo muchos hijos y una casa que fue un manicomio. Hay cuentas mías con ella muy complejas que a lo mejor no podría captar en un libro. De todas maneras, ella murió hace poco y ya está en la libreta de mis muertos. —¿Desprecia a García Márquez? —Siempre me preguntan por él. Él es un colega de la literatura. Pienso que es un prosista menor al lado de grandes del idioma como Azorín y Mujica Láinez. Cervantes es un gran escritor y un pésimo prosista, dos cosas distintas. Además, García Márquez es un novelista sin originalidad profunda, así Remedios la Bella se vaya al cielo con una sábana. —Hablemos de sus traumas... —Yo no tengo ningún trauma. Mi concepción de la sexualidad es muy clara: ningún acto sexual, mientras no medie la violencia ni la imposición y mientras no esté destinado a la reproducción, es inocente. La sexualidad no tiene ninguna importancia. Aunque si está destinada a la reproducción, es un crimen. —¿Qué pasará entonces con la vida sin la reproducción? —Que se acabe la vida sobre la tierra. Aquí estamos hablando, cargando con una cruz que nos impusieron. Yo no estoy proponiendo que se acabe la especie humana, sino la vida sobre la tierra, porque es un planeta desdichado, miserable. La muerte no es más que la muerte individual. El que crea que se está perpetuando a través de los hijos es un ingenuo. De los hijos no queda uno, sino la maquinaria biológica, los genes, el DNA que transmiten los padres. —Hay un rumor: que usted odia a los negros... —¡Pero, cómo, si yo me he acostado con muchos negros! III. Barba Jacob, José Asunción Silva y Fernando González El son del viento en la arcada tiene la clave de mí mismo: soy una fuerza exacerbada y soy un clamor de abismo. Fragmento de “El son del viento” (de Tragedias intencionales) Porfirio Barba Jacob México, Palacio de la Nunciatura, 1920 En el bolsillo superior de su chaqueta, Vallejo carga un gotero oftalmológico con el que controla sus problemas de visión. Dicen que está quedando ciego, pero él afirma que es parte de la leyenda que ya empieza a cubrirlo. Encima de la mesa que sirve como escenario de la entrevista está el libro Barba Jacob, el mensajero, publicado por Editorial Planeta y escrito por Vallejo después de una minuciosa investigación de diez años. La obra, en alguna medida, marca su comienzo literario, pues la primera versión apareció en México en 1984 cuando sólo había escrito y dirigido tres películas que hoy forman parte de la filmografía del olvido. Pero, mientras escribía los guiones y se movía en los espacios cinematográficos, avanzaba simultáneamente en la investigación sobre un personaje del que se había obsesionado en sus tiempos de adolescente. Porfirio Barba Jacob, en efecto, lo atrajo con una extraña fuerza no exenta de fascinación. Por eso, en el instante que decidió sumergirse en su mundo biográfico, supo que habría de recorrer los caminos que había transitado el poeta antioqueño por las distintas tierras de Centroamérica y de su propio país. Así, lo siguió de cerca en medio de una pesquisa que produjo la biografía en dos versiones, una de ellas con más de quinientas páginas. Vallejo toma el libro entre sus manos y contempla durante varios minutos el rostro de caballo del poeta que mira hacia ninguna parte. Es la versión fotográfica de la caricatura de carátula del libro de sus Obras completas, publicado con 400 páginas desconocidas por las ediciones académicas de Rafael Montoya y Montoya que sirvió de apoyo no sólo para su labor detectivesca, sino para la desmitificación y adorno —con la correspondiente dosis de morbo— del poeta atormentado. La biografía comienza así: “El doce de abril de 1927, tras un ir y venir incierto de veinte años por tierras de Centroamérica y de México y por islas del Caribe, regresó Barba Jacob a Colombia por el puerto de Buenaventura. Venía acompañado de un muchacho centroamericano, entre los diecisiete pasajeros de cubierta del barco Santa Cruz de la Grace Line...”. Después de mencionar la partida de Barba Jacob desde Barranquilla (Colombia) hacia Costa Rica, Jamaica y Cuba, dos párrafos más adelante apunta Vallejo: “Al muchacho lo había conocido dos años antes, en León, Nicaragua. Rafael Delgado era apuesto, ignorante, indolente. Dieciocho años tenía cuando se cruzó en una calle de su pueblo con un desconocido. Intrigado por su aspecto extraño volvió hacia él la mirada y el hombre se detuvo y le pidió un favor absurdo: que fuera a comprarle unas aspirinas. Para lo cual le dio un billete grande, si bien valían unos centavos, y luego no le recibió el cambio alegando que nunca lo hacía. (...) Y el muchacho, que apenas si sabía leer y escribir, que no tenía padres ni había salido nunca de su pueblo, se juega las únicas cartas que le dio la vida —su juventud y su belleza— a la estrella del desconocido”. Era el año de 1924, según relata el escritor entusiasmado por aquellos párrafos de apertura que revelan una intimidad pocas veces insinuada y a la que Vallejo se aferra de la misma manera que cuando habla de José María Vargas Vila a quien su biógrafo de cabecera, Arturo Escobar Uribe, pone a salvo de una supuesta relación homosexual con su secretario de siempre, Ramón Palacio Viso. Fernando Vallejo vuelve a mirar el libro de Barba Jacob y uno cree que está frente al espejo protagonizando los mismos escándalos, admirando su otro yo que anduvo senderos en el filo de la navaja de una vida paralela con orillas iguales y con el sello de la irreverencia y la contravía a un mundo que ambos desprecian. Pareciera que todo aquello que narra como un río en el que revela una vez más su odio visceral no es suficiente, pues dice que no le gustó ninguna de las dos versiones. “Cuando planeé el libro yo pensé que podía hacer de la biografía el gran género literario y que desplazaría a la novela, que es el gran género de la literatura desde hace 300 años. Al fin y al cabo estaba basada en la estricta verdad y no en la invención ni en la ficción. Pero me di cuenta que no: la biografía será siempre un género menor y lo ha sido siempre, desde Plutarco. Uno podrá escribir una buena biografía y a lo mejor una gran biografía, pero nunca una gran biografía será una gran obra literaria”, agrega, mientras coloca el libro sobre la mesa para olvidarse de su existencia. —¿Barba Jacob era una obsesión? —Ahora ya no —responde—. Fue una especie de obsesión porque era un personaje mítico de mi tierra, pero se convirtió en un personaje de carne y hueso a quien llegué a conocer en su más profunda intimidad. Lo que nadie sabe es que Barba Jacob es uno de los grandes poetas de Colombia, aunque no el más grande, pues nadie mejor que José Asunción Silva, o tal vez León de Greiff. Pero después de ellos está Barba Jacob. —Ella lo idolatró y Él la adoraba... —¿Se casaron al fin? —No, señor, Ella se casó con otro. —¿Y murió de sufrir? —No, señor, de un aborto. —¿Y Él, el pobre, puso a su vida fin? —No, señor, se casó seis meses antes del matrimonio de Ella, y es feliz. (“Idilio”, de José Asunción Silva). Entonces, surge el tema del otro poeta colombiano de quien Vallejo escribiera un texto biográfico de más de doscientas páginas. Lo publicó en 1995, cuatro años después de entregar la segunda versión de la biografía de Barba Jacob y un tiempo breve luego de Entre fantasmas, el quinto libro de una serie en la que realiza un furioso strip tease que lo desnuda más como un escritor autobiográfico que, anticipándose a las posibles biografías sobre sus andanzas y diatribas, decide mostrar su miseria y sus encantos bajo la pálida luz de los reflectores que lo enfocan desde diversos ángulos del gran salón. El libro sobre Silva, Chapolas negras, no está sobre la mesa, pero Vallejo lo menciona, como siempre, para hablar de sí mismo y despotricar contra otros en el momento en que el ritmo de sus frases encuentra el descampado ideal. Ya lo había hecho en la biografía del suicida a través de las páginas en las que ironiza y se burla de esa sociedad colombiana de finales del siglo XIX en la que el poeta vivió consumido por las deudas y oculto tras los libros de contabilidad, muchos de los cuales el biógrafo pudo rescatar para apuntalar sus argumentos. Pero también lo hace ahora, aprovechando el final trágico de Silva, para decir que Hemingway era un personaje despreciable, un hombre enfermo de infantilismo y un gringo elemental del que sólo permite hablarse bien por el hecho de haberse matado de mala manera. “Tratan de hacernos creer que la prosa de sus novelas es magnífica. Pienso que El viejo y el mar es un cuento insignificante y creo que Adiós a las armas y Por quién doblan las campanas no son grandes novelas. Nunca dijo nada que podamos recordar ni que nos ilumine respecto al ser humano. Era un cazador, un tipo a quien le gustaban los toros”, señala. —¿Cómo se mataría usted? —pregunto. —No tengo problemas económicos ni de fracaso personal porque he hecho lo que se me ha dado la gana —responde—. Pero si me tuviera que matar elegiría la forma en que lo hizo Silva: pegándome un tiro en el corazón. En la cabeza no, como lo hizo mi hermano Silvio, pues me daría miedo. Ah, y sin el círculo dibujado porque esa es una leyenda que ronda al doctor Evangelista Manrique, amigo del poeta. Los ojos verdes de este gatazo negro que se asolea en Vía Malta, a la vuelta de mi apartamento de Vía Doménico Fiasella, 10-2 me producen incitamiento vital. Me hacen pensar: ¡Qué bueno asimilar energía y producirla luego en formas y actos bellos! ¡Eso es posible! Lo que más me ha conmovido en Génova es este gato, por sus ojazos. (Fernando González. Los negroides. Ensayo sobre la Gran Colombia. Editorial Bedout, Medellín). El nombre del escritor Fernando González debió aparecer en uno de esos quiebres repentinos que se generan en las respuestas de Vallejo. Produce la impresión de que no le alcanzaran las respuestas, pues pretende abarcar todo y se viene siempre con múltiples alusiones que son como imágenes rápidas en blanco y negro. El filósofo de Otraparte, que escandalizara a la sociedad de su época con su pensamiento provocador e irreverente, está aquí a través del recuerdo y las evocaciones de uno de sus pupilos más distinguidos después que lo fueran los integrantes del Nadaísmo cuyo maestro supremo, Gonzalo Arango, ofició en su nombre sus actos impíos y sus liturgias paganas traducidas en textos memorables o en actos de vida que muchos vieron como la perfecta continuidad del pensador envigadeño. Vallejo dice que lo siente como parte suya y enfatiza el afecto que aún conserva por la figura de su tocayo, algunas de cuyas obras —El hermafrodita dormido, El maestro de escuela y Viaje a pie— están en los anaqueles del fondo, detrás suyo, mezcladas entre tomos de enciclopedias y libros de historia. Ahí están y, tal vez, en la biblioteca de Vallejo en México, con su carga de filosofía, su autenticidad ejemplar y su búsqueda incesante de Dios. En su niñez, dolorosa y aburrida, según sus palabras, Vallejo recuerda que casi todas las tardes pasaba por las casa de González —a la que bautizó con el nombre de Otraparte y en ocasiones con el de Puta Mierda—, ubicada a la entrada de Envigado, kilómetros antes de llegar a la finca Santa Anita, donde vivían sus abuelos. En ese entonces ya conocía gran parte de las leyendas que rondaban al Maestro y sabía que Otraparte era una especie de templo de la intelectualidad de la época y lugar de visita de jóvenes que años después habrían de figurar en el panorama de las letras latinoamericanas. El 17 de febrero de 1964, a sus 22 años, Fernando Vallejo se alistó para asistir al sepelio de su admirado tocayo, quien había muerto de infarto el día anterior. Recuerda que en el recién remodelado cementerio de Envigado se arremolinaron veintenas de personas, una decena de señoras familiares suyas, y un espontáneo que repentinamente se paró encima de la tumba para improvisar un discurso que terminó con las últimas palabras que cierran el libro El maestro de escuela: “¡Putísima es la vida!”. *** —¿No hubiera querido vivir, verdad? —Yo hubiera preferido no haber vivido, porque la vida es muy dolorosa. Y no me mato porque es muy difícil dejar el cadáver a los demás. Es que vivir y morir es difícil, repito. —Mencione cuatro personajes despreciables, según su criterio... —Juan Pablo II. Es una alimaña. Nadie como él hizo tanto para azuzar la paridera en un mundo superpoblado. En México estuvo cuatro meses predicando en contra del preservativo y del control de la población por el aborto. Un hombre que no tuvo palabras de amor por los animales, como no las ha tenido ningún Papa. Es uno de los seres más dañinos que ha tenido la humanidad. —¿Quién más? —Fidel Castro: es el ser más vil, traicionero, rastrero y cobarde que ha producido América Latina. Es una vergüenza para Cuba, para América y la humanidad. Ahí está ese tirano miserable en una cárcel de desesperanza. Y el otro es Pastrana. Eso de ir a abrazar al gran asesino de Colombia, Tirofijo, es de una bajeza y cobardía únicas. Dejó el país preparado para que nos llegara la plaga que tenemos ahora de este Uribe politiquero, igual de despreciable. —¿Cuál es la obra que más quiere? —No, ninguna. No me interesa, ya las escribí y listo. No me importan. Las recuerdo vagamente. —¿Qué opina de la felicidad? —La condición sine qua non para la felicidad es el egoísmo. Si una persona no es egoísta no podrá ser feliz. Y yo no puedo serlo si estoy viendo que están acuchillando las vacas y cerdos en los mataderos. Y que miles y miles de millones de perros están abandonados en las calles. Sé que hay gente feliz, pero son egoístas. Aunque la felicidad ajena no me ofende. —¿Le produce felicidad el atractivo estético del cuerpo masculino? —No. Es un atractivo sexual. No pasa a ser espiritual. Me gustan muchísimo los muchachos independientemente de lo demás. En Fuego secreto está claro. IV. ¿Babilonia es un pretexto? Vallejo habla con una sonrisa sardónica a flor de labios que a veces se transforma en risilla nerviosa. Su expresión sólo se altera cuando habla de los animales. Pero dice, al preguntársele, que no se imagina un mundo en el que sólo él, y nadie más que él, deambule en la tierra, al garete y sin destino, conviviendo entre vacas y perros. Y si ocurriera así, podría, al segundo día, pegarse el tiro en el corazón porque se acordaría de lo que siempre ha dicho: que esta vida no la merecemos, que nos fue impuesta, que es dolorosa, y entonces —pregunta ahora— ¿por qué tenemos que seguir la cadena? Es un andariego. Va, de ciudad en ciudad, pregonando sus causas, esas que están expresadas en sus obras y que él se encarga de expandir en todos los escenarios, desde el atril ubicado en la adusta sala de un instituto superior de educación, hasta el sillón abullonado de un estudio de televisión. En la Universidad Nacional Autónoma de México lo escucharon lanzando al viento sus adjetivos y metáforas que, poco a poco, se transformaron en acusaciones contra la iglesia de todas las religiones. Aprovechó la reciente presentación de su penúltimo libro, La puta de Babilonia, para atacar a los sacerdotes y torcerles el cuello a los distintos papas que, según él, no han hecho más que azuzar la paridera en este mundo superpoblado. En Santiago de Chile disparó el rating de audiencia televisiva de Hora 25 después de haber sido una especie de versión masculina de Claudia Schiffer paseándose entre miles de libros de la feria mientras exhalaba una extraña fragancia. Y en Colombia, su país, lo oyeron a través de una estación nacional de radio, repetir una y mil veces que conoce el monstruo desde adentro y de ahí su libro contra los tres fanatismos religiosos: el judaísmo, el cristianismo y el mahometanismo. Fue el 18 de abril de 2007, día de la aparición de La puta de Babilonia en Colombia, y 18 días antes de la renuncia a su nacionalidad a través de un documento rematado de la siguiente manera: “Así que quede claro: esa mala patria de Colombia ya no es la mía y no quiero volver a saber de ella. Lo que me reste de vida lo quiero vivir en México y aquí me pienso morir”. Hoy, cuando han transcurrido varios meses del 2008, dice que tal renuncia fue un escandalito que armaron los de una cadena radial. Y pregunta: “¿Por qué es significativo que haya por lo menos tres millones de colombianos afuera?”. Enseguida agrega: “No sé qué está pasando con el país que lo único que exporta es gente”. Lo dice con aparente tranquilidad. Pero admite que un poco antes de cada presentación ante auditorios abarrotados siente vergüenza por la timidez que siempre lo acompaña. *** —¿Qué siente cuando lee un reconocimiento elogioso de su obra? —Si está muy bien escrito, me gusta mucho. Si no lo está, lo agradezco. Pero sí prefiero que estén conmigo y no contra mí, que me entiendan y que estén de mi lado. —¿Pero es consciente de que la mayoría está contra usted? Me refiero a su obra literaria... —No, la mayoría no. Tal vez los que no me conocen porque no me han leído. —¿No le teme a la muerte? —No, para nada. —¿Qué reflexión ha hecho frente a ella? —Pues, la estoy esperando. —¿Está cerca? —Ya tiene que estar más cerca que lejos. Yo he vivido más de lo que pudiera vivir, porque biológicamente no es posible vivir más de lo que he vivido. Y no tengo ningún miedo, ninguno. Me gustaría que no fuera una muerte indigna. —¿Qué es muerte indigna? —Por ejemplo, morir en una pelea callejera, en cosas así, miserables. —¿Cómo la imagina? —No la puedo imaginar. —¿Caminando por la calle con un perro? —No, porque quedaría abandonado. No me puedo morir en la calle, no me puedo matar allí. Tengo que estar solo. Pero en realidad no me importa, aunque evidentemente no quiero que me vayan a secuestrar o me vayan a degradar. Lo que hacen las Farc, lo que han hecho con toda esta gente me parece monstruoso. Que me maten no me importa, pero que no me degraden. —¿En qué momentos se deprime? —La vida está llena de momentos de tedio, de felicidad, de tristeza... Si se muere gente querida, uno se va derrumbando. Es como una casa que está apuntalada en pilotes y se los vas quitando hasta que se cae. Entonces, a mí se me han caído muchos pilotes, me he ido quedando muy solo. Se me hace difícil vivir sin la gente que me acompañó en la vida, que quise y que ya no tengo. —¿Dónde está su vanidad? —Yo creo que esos calificativos me los tienen que poner los demás. Pero la vanidad es inocente. —Vargas Vila, de quien usted habló, escribía de pie, frente a un atril, con una caligrafía impecable. ¿Cómo escribe usted? —Antes de los computadores lo hacía en una máquina de escribir. Cuando se acabaron las máquinas, tuve que aprender a escribir en computador y así lo he hecho durante los últimos años. Pero en realidad, primero escribo los libros en la cabeza a través de unas frases claves y caminando por la calle con mi perra. Escribo dos veces una misma página: una, cuando la paso de la cabeza al papel; y la otra, en la revisión del día siguiente. —García Márquez dijo en algún momento que escribía con un overol encima, como un obrero de la literatura... —Yo no siento que la literatura sea un trabajo, nunca lo he tomado así. Yo me siento muy avergonzado porque nunca he trabajado. La literatura no ha sido un trabajo para mí, tampoco las películas que hice. Yo hubiera pagado por hacerlas porque las disfruté mucho. Escribir ha sido una forma de llenar el tiempo, un entretenimiento con el que me he divertido mucho. —¿A qué horas escribe? —En el último año no he escrito una línea. El año pasado no escribí nada y tampoco leí un solo libro. El tiempo vacío lo llené escuchando música en casa, pues desde hace muchos años no salgo a la calle, no aguanto el ruido de afuera. —¿Escribe con música? —Sí, muchas cosas las he escrito oyendo boleros porque me traen nostalgia. Los boleros de Leo Marini, por ejemplo. Me gusta José Alfredo Jiménez y pienso que Chavela Vargas es esplendorosa. La música latinoamericana de los años sesenta, antes de que la invadieran los gringos, es maravillosa. Los porros nuestros, los tangos y las milongas argentinas, los boleros de toda América y de México... V. Final Aquella filmografía del olvido que había terminado en 1984 con la película La derrota, codirigida por Vallejo en México, renació en el 2000 con el estreno de La virgen de los sicarios, una cinta polémica basada en la novela del mismo nombre, publicada dos años atrás, y cuyo guión fue escrito por el mismo Vallejo, siguiendo instrucciones del francés Barbet Schroeder, quien la dirigió. Dice que el guión lo escribió como quiso Barbet, sin que pesara mucho la imagen por la multiplicación de los muertos. De tal manera que eliminó muchos sin que la decisión resintiera el gusto que experimentó al ver el desenvolvimiento de las escenas frente a sus ojos, animada con la música de su predilección y con el escenario donde vivió su infancia. “Por razones personales, tengo un cariño muy grande por esa película y la quiero muchísimo, pero a mí el cine no me interesa y no me hago muchas ilusiones de que el cine sea un gran arte”, expresa. No ha vuelto a verla desde aquel año, de la misma manera que ha olvidado sus libros, incluido El desbarrancadero, un libro desgarrador en el que planea la sombra de su hermano Darío, quien muere de sida en medio de una agonía infame, mientras él, Fernando o su otro yo, sacude a placer la Iglesia y la familia, dos instituciones que forman parte de sus odios más enconados. —¿Qué viene ahora? —pregunto al final. —Voy a escribir un último libro que se va a llamar El don de la vida. Es un título irónico, porque la vida es una desgracia, una carga. He empezado a escribirlo varias veces, pero no he podido. Es un libro sobre la vejez, el gran tema de la literatura, porque lo abarca todo. La voz de El río del tiempo es la de un viejo, pero yo no lo estaba. Ahora lo tengo más claro. Los viejos de antes lo sabían todo, pero ahora hay que aprender a manejar todo, a toda hora. El abismo entre generaciones se ha hecho más grande. ** Jaime de la Hoz Simanca delahoz.jaime@gmail.com Periodista y catedrático colombiano. Ha sido tres veces galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Coautor del libro de crónicas y reportajes Trece claves para soñar y de los textos didácticos Crónica y Reportaje. Se desempeña como asesor y tutor de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (Unad, http://www.unad.edu.co), en La Guajira, Colombia. === Luis Ángel Casas ====================================================== === El verdadero antólogo es el tiempo Frank Otero Luque ============= Luis Ángel Casas A sus ochenta años Este renombrado y prolífico poeta, cuentista y académico es considerado, por numerosos entendidos, el poeta vivo de más trascendencia en Cuba e, inclusive, en la lengua hispana. Nació en La Habana, el 10 de julio de 1928. Fue incorporado a la Academia Cubana de la Lengua en 1965, a la Real Academia Española en 1970, a la Accademia Internazionale di Pontzen di Lettere, Scienze ed Arti (Nápoles) en 1972, a la Academia Norteamericana de la Lengua Española en 1979, a la Academia Poética de Miami en 2003 y a la Academia de la Historia de Cuba en 2007. En 1994, fue candidato —oficialmente aceptado por la Academia Sueca— al Premio Nóbel de Literatura. —¿Quién es el poeta que más admiras? —con esta trilladísima pregunta a modo de anzuelo, inicio la entrevista y observo atentamente la incrédula expresión que se dibuja en el rostro del laureado escritor. “¿En qué me habré metido?”, debe ser la traducción que él hace mentalmente. —Cualquier persona que cultiva la poesía con esmero y gusto, como arte puro, merece todo mi respeto. Seleccionar a uno o a unos cuantos implica dejar fuera una cantidad de poetas valiosos y eso no me parece correcto —responde cauto. —¿Te animarías a hacer una excepción y nombrar a algunos poetas? —insisto. —José Martí, Rubén Darío, Enrique González Martínez, José Santos Chocano son unos cuantos ejemplos de luminarias máximas. —¿A qué te refieres con “cultivar la poesía como arte puro”? —El arte puro es aquel que logra conectar directamente al receptor con el autor sin interferencias, sin necesidad de responder necesariamente a escuelas, corrientes y, mucho menos, a determinados intereses. En el campo de la poesía, ésta requiere, además, contenido, ritmo y belleza. De lo contrario, no es poesía sino un atentado al arte, un terrorismo verbal —agrega sonriente. —Al afirmar que el arte puro es ajeno a escuelas y corrientes literarias, ¿planteas implícitamente que éste debe ser sui generis? —Independientemente de escuelas y corrientes, el arte es arte o no lo es, sin necesidad de una explicación anterior ni posterior. La veracidad y la originalidad son inmanentes a la creación artística. —¿Hallas alguna correlación entre Martí y Darío, por ejemplo? —La grandeza de ambos espíritus. —¿Crees que existen vasos comunicantes en la poesía de ambos? —Las obras monumentales se parecen no porque una haya sido influida por la otra, sino porque fueron creadas al amparo de una grandeza espiritual sublime y porque sus autores tuvieron una elevación espiritual máxima similar. —¿El arte y la mano de Dios van juntas? —Dios es el artista supremo —sentencia contundentemente. —¿Es posible ser artista y ateo? —Algunos artistas que se autodenominan ateos, en realidad no lo son. Considero que sólo están confundidos. —¿Cuándo descubriste que eras poeta? —Nací poeta —afirma con la naturalidad de un niño. —Recuerdas algún hecho particular en tu infancia que haya sido determinante en tu pasión por la poesía? —Ninguno específico. En general, la poesía rítmica y rimada siempre conmovió los hilos más íntimos de mi espíritu —responde poéticamente. —Tu abuelo, el maestro Luis Casas Romero, fue un gran músico. ¿Influyó él en ti y en tu arte? —Definitivamente, sí. Aparte del amor mutuo que nos profesábamos, desde muy niño he sentido gran admiración por él. Lo conocí entrañablemente porque vivimos bajo el mismo techo hasta el día de su muerte, que ocurrió cuando yo tenía veintidós años. Fue un músico extraordinario —creador de la “criolla” y de la imperecedera pieza titulada “El Mambí”, de ese género musical, así como del hermosísimo bolero “Si llego a besarte”—, un gran patriota y un exitoso empresario, pero sobre todo fue un gran hombre y mi verdadero padre espiritual. Fui testigo excepcional de su vida y obra, contada por él mismo además de lo que vieron mis propios ojos. A través de su música, descubrí los misterios de la poesía. Fue mi abuelo quien me enseñó el secreto de la música de las palabras: además de su significado, cada palabra tiene su propia belleza y musicalidad y puede combinarse con otras palabras hasta formar un tejido sonoro armónico. —¿Consideras que “El faro” es tu poema emblemático? —Es uno de ellos. Tengo otros, como “Pepe del Mar”, “El olivo”, “El castillo medieval”, “La hoja”, “La cana” y “El idioma español en Norteamérica”. Quiero mucho a “El faro”, sobre todo desde que mi esposa Noemí (Fernández Triana) tuvo la delicadeza de recordármelo. Lo tenía olvidado y a ella le debo el hecho de haberlo redescubierto. Se lo agradezco infinitamente, porque ahora comprendo muchas de las cosas que escribí en ese poema y de las cuales yo mismo no estaba consciente. —Se te atribuye la creación de la llamada “Rima potencial”. ¿Podrías explicarnos en qué consiste? —Es una rima en potencia, no asonante ni consonante. Tiene muchas variantes que he clasificado minuciosamente en un trabajo presentado por la Academia Cubana de la Lengua a la Real Academia Española. Su explicación sería demasiado larga y sólo te daré algunos ejemplos: tesoro y Teresa, labios y viola, velos y veloz, ruiseñor y sueño, etc. —¿Sientes, en ocasiones, que al escribir es alguien más quien te dicta? —Sí, es como un misterioso desdoblamiento. Sé que también le sucede a otros poetas y es vital en mi caso. —¿Por qué a los poetas nos tildan de soñadores? —Porque somos los soñadores por excelencia, en la mejor acepción y la mayor extensión de la palabra. Un palacio, por ejemplo, está primero en la imaginación del arquitecto, quien lo concibe en su mente, lo acaricia con su imaginación y, finalmente, lo plasma en una obra tangible. El poeta, por su parte, sueña con el arquitecto, que piensa en un palacio, e imagina lo que éste imagina, y edifica el palacio en un mundo paralelo... —¿Y por qué también nos califican de locos? —En su Elogio de la locura, Erasmo de Rotterdam afirma que nada grande se hace en el mundo sin un grano de locura. De los absolutamente cuerdos, no se ha escrito ni se escribirá nunca nada. Un hombre totalmente cuerdo es terriblemente aburrido. —Aparte de la literatura, ¿cultivas algún otro género artístico? —Dentro de la literatura, hago poesía, cuento y novela. Admiro grandemente la música y la pintura, pero en ellas reconozco mi torpeza. —Una cosa es escribir poesía y otra cosa es declamarla. Hay un aspecto teatral importantísimo en lo segundo. ¿Cómo y dónde aprendiste a declamar? —Haciendo un símil, no es lo mismo leer una partitura musical que ejecutarla en el piano. Las notas musicales impresas no emocionan. Igual sucede con algunos poemas, cuya musicalidad es tan expresiva que únicamente mediante la declamación pueden llegar al corazón de un auditorio. Siempre me ha gustado la interpretación y, en particular, la interpretación poética. Tuve la oportunidad de hacerlo desde muy niño en las emisoras de radio que pertenecían a mi familia. —En cierta ocasión, le solicité a Manie Rey, una muy famosa locutora peruana, que leyera uno de mis cuentos. Gentilmente, accedió. Pero, al leerlo, le daba una entonación distinta a la que yo había concebido en mi mente. Cuando se lo hice notar, me respondió que, ahora, lo que yo había escrito era independiente de mí y que cada lector le daría su propia entonación, a pesar de los puntos y comas, y signos de exclamación que me había esmerado en colocar convenientemente en la redacción. ¿Qué opinión te merece su respuesta? —No estoy de acuerdo, porque nadie mejor que el autor conoce la forma de expresar un poema o un escrito. Lo escuchó en su mente cuando estaba escribiéndolo y vuelve a hacerlo, con mente y oídos, cuando lo recita para ensalzarse a sí mismo o para deleitar a los demás. —¿Como se te ocurren las metáforas? —La vida es una metáfora y, si uno tiene el don, sabe identificar la expresión metafórica dondequiera que ella se manifieste. Es un proceso que consiste más en captar que en crear. La genialidad creativa radica en saber aplicar y dosificar las metáforas. Mi amigo José Ángel Buesa decía que los poemas cargados de metáforas deslumbrantes son como los fuegos artificiales que vemos en la noche. Llaman mucho la atención en el momento en que estallan, pero pasada la impresión momentánea y fugaz que nos producen, desaparecen. —¿Qué es lo básico para hacer poesía? —Antes que cualquier aspecto formal, primero el poeta debe conmoverse. Si no hay sentimiento, no hay elevación y, si no hay elevación, no hay emoción ni poesía. Pareciera ser un círculo vicioso. El duque de Rivas acuñó una sentencia famosa, casi axiomática en la literatura: “Pensar alto, sentir hondo y hablar claro”. Si falta uno de estos tres requisitos indispensables, el poeta y su poesía son incompletos. —El amor, el despecho, la muerte, la soledad, el olvido, el misterio, la belleza femenina y la patria son algunos de los grandes temas de la poesía. ¿Qué te conmueve? ¿Cuáles son los temas centrales de tu poesía? —Exactamente esos: la connotación de la vida, los conceptos del mundo que nos rodea, etc. Valiéndome, como pretexto, de asuntos mundanos y corrientes —la cantera es inagotable—, puedo abordar temas profundos y trascendentales. —¿Cuál es la virtud que más admiras en un ser humano? —La justicia. Más que el amor. Si no hay justicia, no puede haber amor. Cuando uno habla de amor, como la palabra misma es amorosa, a toda la gente le gusta, pero cuando se habla de justicia, la gente se pone seria. —¿Qué es lo que más admiras en Noemí? —Su sinceridad. Y, en ocasiones, escucho de sus labios verdades que no quisiera oír. —¿Cuál es el defecto que más condenas en una persona? —La envidia. —¿Consideras, como afirmaba Rousseau, que el niño nace bueno y es la sociedad la que lo corrompe? —Hay ciertos infantes terribles y eso les viene en los genes. —Si tuvieras la posibilidad de empuñar un arma y asesinar a un enemigo, ¿lo harías? —Sí. Sobre todo, si tuviera la impunidad —responde irónico. (Risas) —¿Eres capaz de perdonar? —Sí, soy capaz, pero no a quien me ha ofendido o me ha hecho daño y no me ha pedido perdón. —¿Crees en las antologías? —El verdadero antólogo es el tiempo. —¿Cómo crees que tu obra va a ser apreciada dentro de cien años? —Confío mucho en mi obra porque ha sido escrita con sinceridad y sentimiento. Creo que, transcurrido el siglo que mencionas, será apreciada como la aprecio yo mismo, en su justicia, en su pureza; en toda su plenitud. —¿A qué atribuyes el hecho de que tan poca gente joven cultive la poesía hoy en día? —A su falta de preparación y dedicación. Como no cultivan la habilidad para aplicar el ritmo, la métrica y la rima, cuando lo hacen, les queda una producción cursi y, como no desean caer en la cursilería, optan por el verso libre que, por lo general, difícilmente reúne los requisitos de belleza de un buen poema. —¿Y a qué se debe la falta de preparación y dedicación de los jóvenes? —En el mundo contemporáneo, se incentiva la velocidad y el orden práctico de las cosas. Para hacer poesía, es necesario no quedarse en lo mundano y elevarse a lo sublime. Eso que nos hace precisamente más humanos ahora no sólo no está de moda sino que, además, está desprestigiado. —A diferencia de la poesía, los jóvenes sí cultivan la música. Si bien es improbable el resurgimiento de figuras de la talla de Bach, Mozart o Beethoven entre los jóvenes actuales, el reguetón, por ejemplo, es una expresión musical propia de ellos y se torna cada vez más popular. —Eso no es música; es ruido disfrazado de música. —¿Por qué, entonces, no se cultiva el “ruido disfrazado de poesía”? —Así debería llamarse la expresión seudo poética de muchos jóvenes. —¿Cómo sabes que un poema está terminado, que está listo? —Un poema nunca está terminado. Aunque haya sido cerrado temporalmente, siempre es perfectible y, finalmente, quien acaba y redondea el poema, el que le da su forma definitiva, es el público. El poema se prolonga y cada cual lo termina dentro de sí, como coautor. —¿Alguna vez has corregido un poema que ya ha sido publicado? —No. Porque, cuando escribí el poema, era una persona y, con el paso del tiempo, me he convertido en otra. ¿Con qué fuerza moral voy a regresar a modificar ese poema que fue escrito por un ser diferente y en otras circunstancias? Me permito corregir errores ortográficos e imperfecciones formales, pero no la esencia misma del poema. Uno debe ser sincero con uno mismo. —¿Como quién te gustaría escribir? —Como Luis Ángel Casas. —Voy a hacerte la pregunta al revés: ¿con quién, o quiénes, de los grandes de la literatura te hubiese gustado compartir tu obra? —Con un personaje sin rostro llamado “público”. —¿Está tu obra dirigida a cualquier tipo de público? —Sí. En general, su opinión ha sido muy favorable hacia mí, aunque no siempre me han dejado llegar a él. Al contrario, hay quienes han hecho todo lo posible para que no sea así. Entre el público y yo se han interpuesto tendencias y organizaciones plagadas de cretinos y envidiosos. Esto mismo le ocurrió a José Ángel Buesa, el mejor poeta en su estilo neorromántico, un maestro del idioma, a quien algunos llamados críticos suelen ignorar. —¿Es el hecho de ignorar a un autor incluso peor que una mala crítica? —¡Claro que sí! Los envidiosos tratan siempre de eclipsar a la luminaria, haciendo una campana de silencio, con un ejército organizado capitaneado por los más imbéciles e ignorantes. —¿Qué opinas de Vallejo? —Me gusta mucho su poema titulado “Los heraldos negros”, que me parece de gran valor y belleza. Y, con el perdón de quienes tanto admiran a este autor, no me impresiona el resto de su obra. —¿Tienes predilección por algún poeta peruano? —Por José Santos Chocano. Es uno de los grandes poetas de América y del mundo. —En tu familia corre la vena artística. Del lado de los Casas, tienes a tu abuelo, a tu hermano Roberto y a tu sobrino Rey; los tres músicos. También a tu sobrina Giselle, productora de espectáculos de gran calidad. Y, para completar, tu esposa, Noemí, es una maravillosa poetisa. ¿Hubieses podido casarte con una mujer sin esa vasta cultura y sin ese gran talento? —Más que la cultura y el talento, lo que admiro en ella —y, en general, en las personas— es la autenticidad de sus sentimientos. De nada sirven la cultura ni el talento sin esa virtud. —En breves palabras, ¿cómo definirías la poesía de Noemí? —Su poesía refleja la delicadeza de lo femenino y la profundidad de sus sentimientos, a través de la observación de la naturaleza y de la vida, y expresa sus reflexiones con la belleza que le añade el uso de la rima y el ritmo que, en ella, es intuitivo y natural. Noemí nació siendo poetisa. —La sociedad pondera la belleza femenina y la inteligencia masculina. Ninguno de estos atributos obedece a méritos personales; sencillamente son dones, regalos de Dios. ¿Opinas que has sido consecuente con el talento que Dios te dio? ¿Consideras haber cumplido con Él? —Siento que he cumplido cabalmente con Dios, pero, aunque parezca una herejía, creo que Dios no ha cumplido siempre conmigo. —¿Por qué? —Prefiero no entrar en detalles. Pero no debe tomarse mi declaración como una blasfemia. —Siendo católico, ¿eres tolerante con las demás religiones? —No sólo con otras religiones sino también con todas las tendencias personales, menos con aquellas que atentan contra la libertad. —¿Crees en la democracia? —Es un buen sistema. Sin embargo, generalmente es practicado por gente mal preparada y malintencionada que, en ocasiones, incluso se vuelve tirana. —¿Y el socialismo y el comunismo? —Son antibiológicos; atentan contra la espontaneidad de la vida. Los cinco dedos de la mano son distintos, aunque formen una unidad, que es la mano. Un dedo no es superior a los otros, sino superior sólo con respecto a sí mismo. La belleza de la vida radica, precisamente, en esa diferencia. Si todos los músicos de una orquesta sinfónica tocaran el mismo instrumento, no habría armonía ni orquesta sinfónica. —¿Te gustaría volver a Cuba? —Nunca me fui de Cuba. Hay una Cuba intemporal, eterna e independiente que siempre estará en mí. —Además de su geografía, ¿qué hace que Cuba sea Cuba? —La historia de los grandes hombres que han coincidido en esa pequeña isla. —¿Consideras que las personas que han nacido en una isla tienen una forma particular de percibir el mundo? —Creo que sí. En uno de los artículos escritos por Noemí, ella hace alusión a una influencia insular negativa. Dice que el hecho de que mi poesía no haya sido difundida en su debido momento y extensión obedece a “atavismos insulares”. La isla aísla. —¿Cómo sería tu isla ideal? —El universo es, también, una isla dentro de lo infinito. Me gustaría que, en esa isla universal, la poesía volviera a ser la reina de las artes, en su trono magnifico sentada. ** Frank Otero Luque oteroluque_edita@infonegocio.net.pe Escritor y fotógrafo peruano (Lima, 1959). Vivió en Estados Unidos y en Venezuela. Preside la asociación sin fines de lucro Manos, dedicada a promover la cultura, el turismo y la producción artesanal. Integra el taller de escritores que dirige Cronwell Jara en la Casa Museo José Carlos Mariátegui, pertenece al movimiento "Martes Poéticos", al Consejo Internacional de las Artes (Inter Art), y a la Asociación Latinoamericana de Poetas (Asolapo). Fue alumno del fotógrafo Rómulo Luján (2002) y como tal participó en la muestra colectiva XX Exposición de Arte, en el Museo de Arte de Lima. Fue miembro del jurado calificador del I Concurso Fotográfico "Palpa Querida" (2003), organizado por Manos. Ha publicado el libro de cuentos El Señor de Palpa (Milla Batres, 2003). ||||||||||||||||||||||||||| SALA DE ENSAYO |||||||||||||||||||||||||| === Teresa de la Parra, pobre animal de tierra caliente =================== === Yurimia Boscán ======================================================== Ubicando el entresiglos: la voz detrás de una celosía (1) “El hombre, en el rudo trabajo en medio del mundo, debe hacer frente a todo peligro y a toda prueba; para él, por tanto, deben ser la falta, la ofensa y el error inevitable... Pero guarda a la mujer de todo esto, dentro de la casa... a menos que ella lo busque no necesita entrar en el peligro ni en la tentación, ni en causa alguna de error o de ofensa”. John Ruskin, en Misión de mujer (p. 18). La doble subordinación de la mujer, en cuanto a sujeto y sujeto creador, le ha impedido ser reconocida como “autor”, dado el limitado espacio social al que ha sido confinada para (d)escribir con libertad todo aquello que podía trascender lo que la escritora inglesa Virginia Woolf llamó su “cuarto propio”. El haber sido reducidas por el “todopoderoso” discurso falocéntrico de Occidente (“¡No me lo niegue, don Lisandro! Usted también, lo mismo que tía Clara y abuelita, se ha indignado cariñosísimamente al escuchar mis ideas. Tan santa indignación se desliza escondida entre los floridos meandros de su cultura griega y latina, pero yo la he descubierto”, carta de Teresa de la Parra a don Lisandro Alvarado en la voz de su personaje, María Eugenia Alonso, p. 565), al lugar de la minoría, al decir de Deleuze y Guattari, no pasó por alto a algunas damas de “entresiglos” (finales del XIX y principios del XX) que utilizaron su posición de privilegio para hacerse visibles y ejercer la palabra desde la élite de una sociedad que, para evitar ser puesta en evidencia desde la mirada de ese “otro” peligroso que encarnan estas “escritoras-con-escritura”, parafraseando a la crítica Eleonora Cróquer en su ensayo “(Pan)doras de entre siglos: Dar el lugar/ Tomar la imagen... y viceversa o la autor(a) latinoamericana en la escena de la cultura nacional” (revista Estudio Nº 20/21, p. 155), les siguió el juego y, tal como le ocurriera a aquel vanidoso rey del cuento que se atavió con un traje que sólo los tontos no podían ver, las incorporó al imaginario social que terminó engulléndolas. Dice Silda Cordoliani: “La grande, pobre Teresa de la Parra, seguramente nunca imaginó que su belleza física, exquisitos modales e, inclusive, su soltería, le darían mayor inmortalidad, “de boca en boca”, que sus dos libros publicados, que todo cuanto dejó escrito” (p. 13). Para las más inofensivas, las que no representaban ningún peligro porque se conformaban con el sitial preestablecido por la historia (con minúscula), bastaba con hacerse la vista gorda; pero para aquellas que con sus ideas, comportamientos o escritos —siempre desde la periferia— podían romper las barreras y poner en entredicho la sacrosanta verdad de una sociedad ordenada por lo masculino, estaba reservada otra suerte. Muchas, tal vez, intuyeron que, insertas como estaban en lo social, era apremiante forjarse un lugar en la Historia (con mayúscula) desde donde su voz pudiese ser aceptada por la doxa y ser parte del canon, el mismo que alude Harold Bloom. No contaron con que una vez que el “otro” deviene en icono, corre el riesgo de transformarse en una más de las numerosas figuras que integran el museo de cera que vienen a representar el ideario de lo “nacional”. Veamos lo que dice la propia Teresa de la Parra, desde la boca de María Eugenia Alonso, cuando su personaje y no ella le responde una carta (1926) a don Lisandro Alvarado: “Muy halagada me tendría el comprobar su predilección por mí sobre Teresa de la Parra si mi alma fuera de un natural inclinado al triunfo, y si el brillar me ofreciera siempre en su copa de oro la embriaguez deliciosa del éxito. Pero no es enteramente así. En eso como en todo tengo mis caprichos. Me duele apagar a una rival y siento por la pretendida autora de esa nueva Ifigenia cierta amistad sincera, donde se mezclan cordialmente la compasión, el desdén y la simpatía” (p. 566). Si se hace un rastreo, vemos cómo desde la Conquista hay registros de las hazañas de las indígenas que lucharon contra el invasor, las cuales, reconstruidas a la luz de los testimonios de los cronistas de Indias, han derivado en mitos alejados de los datos, de por sí fragmentados y contradictorios, que ofrece la Historia (escrita siempre por los hombres). Tal vez la urgencia por mostrar la necesidad de nuevas interpretaciones, animó a Teresa de la Parra a escribir La influencia de las mujeres en la formación del alma americana, esas hermosas y contundentes conferencias que dio en Colombia, donde intentó armar gracias a la investigación minuciosa hecha en crónicas, cartas y documentos de la Conquista y la Colonia, un archivo personal que le sirvió para darle textura a las biografías de algunas heroínas poco o nada (re)conocidas, de manera de recuperar momentos y experiencias que llenaran o explicaran las lagunas existentes en el proceso histórico hispanoamericano que tienen que ver con un modo de ser, de sentir, de percibir el mundo. Sin embargo, las fauces del monstruo estaban listas para tragarse —desde ese (re)conocimiento— la participación de algunas “desobedientes” que lograron capturar la imaginación de sus compatriotas. María Mercedes Jaramillo y Betty Osorio, en la introducción del libro Las desobedientes: mujeres de nuestra América (Panamericana editorial, p. XXVII), afirman que “la biografía de Manuela Sáenz ejemplifica la deformación y utilización de una experiencia vital. En este caso, su nombre, al estar ligado al de Simón Bolívar, quedó absorbido como parte de la vida amorosa del Libertador”. Siempre será menos peligroso relacionar la memoria de esta mujer con el gran héroe de la Historia y recordarla como la Libertadora del Libertador o la amable loca, cuya atracción se debe a la memoria romántica que se ha fijado sobre el más famoso de sus amores, que recordar la imagen de quien solía vestirse como un hombre y leer libros prohibidos, la mujer adúltera, arriesgada, voluptuosa y de espíritu libre. Manuela es sólo una prueba, entre muchas otras, de cómo, para poder acceder al sitial que hoy ocupa como quiteña, hubo primero que exiliar su cuerpo real con todo y su otra vida ajena a las actividades patrióticas, la cual, luego del silencio al que fue confinada, emergió con fuerza para ser recreada por novelistas, dramaturgos y ensayistas, contra todo intento por preservar su memoria para el inmaculado consumo patrio. Y Teresa lo sabe. Cito otro trozo de la carta hecha, desde la voz de María Eugenia Alonso, a don Lisandro Alvarado: “...Reconozco en Teresa de la Parra, un alma sensible y delicada. En medio de mi descontento le estoy agradecidísima. Indiscreta y piadosa, antes de lanzar mi diario a todos los juicios lo retocó con esmero. Exageró gentilmente mis defectos con una malevolencia impregnada de cariño y de bondad. Sabía que para obtener la aprobación de medio público, era de todo punto indispensable merecer la reprobación del otro medio; comprendió que algunos me llamarían deliciosa, a costa de que otros muchos me llamasen detestable; se dijo previsora, que aun aquellos que prodigan elogios, necesitan como garantía la de poder borrarlos en un momento dado, con justas y enérgicas censuras; y presintió por fin llena de interés, que para llevarme pronto por ese atajo que conduce al corazón de todos, era preciso hacerme saltar por sobre el infortunio, la imperfección y los errores, como se salta por sobre troncos y peñones para vadear un río” (p. 567). De la Parra, consciente del lugar diseñado para las escritoras-con-escritura, no es presa fácil de ese lugar reservado a la mujer y, al igual que Sor Juana Inés de la Cruz, se vale de “las tretas del débil” y reinventa la forma para decirle al mundo, que ella sabe y renuncia a ese lugar al que aluden Jaramillo y Osorio: “Las escritoras tuvieron que enfrentarse a sociedades normativas que, cuando se trataba de mujeres, veían el ejercicio de escribir como una subversión del orden moral establecido, ya que este oficio escapaba de las esferas de acción donde tradicionalmente se desarrollaba lo femenino. Si ellas escribían debían restringirse a los temas socialmente aceptables para el mundo de la mujer, que generalmente estaba limitado a lo familiar y lo religioso. Las vidas y obras de autoras como Sor Juana Inés de la Cruz, en México, y Clorinda Matto de Turner, en Perú, ilustran las luchas y sufrimientos padecidos por quienes abogaron por los derechos de la mujer y de las minorías indígenas” (p. XXVIII). Tampoco puedo dejar de citar a la escritora argentina Victoria Ocampo que, a principios del siglo XX, decía que en el hogar latinoamericano “cualquier vocación o talento artístico (de una mujer) debía quedar confinado al círculo de la familia y a los amigos, o si no, causaba escándalo” (Testimonios, p. 238). Hoy, esos prejuicios aún subsisten pese a los aparentes alegatos esgrimidos por investigadores como, por ejemplo, Lovera de Sola. Basta echar un vistazo a los adjetivos utilizados por este intelectual en su libro Lo masculino y lo femenino entrelazado (Pomaire, 1992 p. 30), al tratar de defender y cuestionar la idea que se tenía sobre lo que debían o no escribir estas damas de la palabra: “¿Existe una tradición literaria femenina? Este es otro de esos lugares comunes sobre el que siempre se habla y el cual nunca se examina. Ese tópico viene del hecho de que durante mucho tiempo se creyó que existían temas femeninos a la hora de de crear una obra literaria. Se pensó erróneamente que los asuntos relativos al hogar, la familia, la marginalidad de la mujer, el recuento de sus cuitas amorosas, debían ser los motivos a tratarse en sus libros y que fueran una constante en los libros escritos por mujeres —en la literatura venezolana, al menos desde la obra lacrimosa de Virginia Gil de Hermoso, pasando por Teresa de la Parra hasta llegar a unas narraciones, un tanto melodramáticas, de Gloria Stolk. Como consecuencia de lo advertido se creyó siempre que toda la literatura escrita por mujeres era necesariamente autobiografía y debieron pasar muchos años hasta que, por ejemplo, se investigara el punto en relación a la obra de Teresa de la Parra y se advirtiera el error”. Como muchos otros hombres de la República de las Letras, Lovera de Sola no resiste la tentación de calificar, y endilga adjetivos como “lacrimosa” y “melodramática” a algunas obras escritas por féminas. Todo lo contrario a lo que sostiene al respecto Elisa Lerner: “Hay mujeres que han escrito una literatura de queja conyugal. Una que, casi siempre, recuerda a esa otra limitadísima que, muchas veces, tenemos frente al fregadero. No creo que debamos disculparnos por esos mujeriles lamentos. Una que a particular —¿anecdótica? — si es auténtica, puede llevar una vasta crítica del mundo” (Crónicas, p. 108). El entrampamiento “Yo... María Eugenia Alonso, también conocida como Ifigenia porque una gran escritora venezolana, Teresa de la Parra, creó mi nombre, mi figura y mi vida para escribir una hermosa novela que llamó Ifigenia en reminiscencia de una heroína de la mitología griega. Ya verán por qué. Frecuentemente, los lectores nos confunden a mí, María Eugenia, a mi autora Teresa de la Parra, al título de la novela Ifigenia, y de las tres hacen una sola persona”. Adriana Bonisconte, adaptación de la novela Ifigenia de Teresa de la Parra (p. 10). Vale la pena recordar que a pesar de que Ana Teresa Parra Sanojo tuvo antecesoras en otras escritoras venezolanas como Magdalena Seijas, con Ave sin nido (1903) y Amor sin fe (1904); Rafaela Torrealba Álvarez, con Mártires de la tiranía (1909) y Mina Rodríguez Lucena con Antonio Rusinol (1916), estas damas, por nombrar sólo algunas, aun cuando empezaban a intuir la existencia de un lugar para la mujer más allá de ese altar donde ésta permanecía a manera de objeto decorativo, jamás intentaron erigirse a motu proprio en esa especie de “objeto del deseo” que contenía el ideal necesario para que el colectivo expusiera, a manera de una doble vitrina (que se exhibía a sí misma y se exponía para el mundo) sus propios valores de representación a partir de las relaciones recíprocas del sujeto y el objeto. En este contexto se mueven, sólo para dar una idea, Delmira Agustini, Alfonsina Storni, Violeta Parra, Frida Kahlo, Eva Perón, Yolanda Oreamuno, Rosario Castellanos y Teresa de la Parra; sin embargo, pese a lo premeditado que pudiese parecer su intención, habría que preguntarse cuán alto fue el precio que tuvieron que pagar por “la caída del aura” a la que alude Walter Benjamín en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (Ricardo Diviani, El debate Adorno-Benjamin: elementos para una lectura en relación a la reproducción tecnológica en el arte y la cultura. Anuario. Vol. I, Dpto. de Ciencias de la Comunicación Social, UNR, p. 134) para transformar esa voz activa que cuestiona, en mercancía, en producto de la representación: “El rasgo central que recorre el texto sobre la obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica es la caída del aura. El carácter aurático, definido como “la manifestación irrepetible de una lejanía (por cercana que pueda estar)” es el signo esencial que Benjamin le otorga a la obra tradicional burguesa. La fuerza de la originalidad de estas ideas (abocada a la búsqueda de una estética marxista), reside en que la destronación de la contemplación lejana y tecnológica ha sido producto de los mismos cambios tecnológicos que esta sociedad ha generado. Una razón básica: la reproducción tecnológica borra la huella con el original y de hecho con la tradición. Éstas han transformado la mirada ritual en un devenir que se orienta a la inmediatez con la que los hombres pretendan apoderarse de las cosas, permitiendo que ellas pasen a pertenecerles”. En el caso que nos atañe, el planteamiento de Benjamin nos sirve para desentrañar la manera cómo, al igual que en la novela Frankenstein o el moderno Prometeo (1818) de la escritora Mary Shelley, Teresa de la Parra, fiel al mito griego (2) al que apela con el nombre de Ifigenia, al darle vida e inmolar a su personaje María Eugenia Alonso, útil para interpelar su momento histórico y cuestionar a una sociedad de apariencias que reducía a las mujeres al silencio, sabe que ella también deberá inmolarse en una especie de metamorfosis, irónico destino final que nos habla de las futuras reivindicaciones que habrán de cocinarse a lo largo de la Historia, donde suelen perdurar las pequeñas o grandes tragedias, pues así como a María Eugenia la mandan sus muertos y termina por abandonar la imagen que se hacía de sí misma para ocupar un lugar en el mito y resolver sus contradicciones a través del sacrificio: “...El objeto único de mi libro ha sido demostrar lo contrario, es decir, nuestra misteriosa dualidad, los terribles conflictos que surgen ante la sorpresa de lo que creíamos ser y lo que somos y, finalmente, como consecuencia o síntesis del largo relato, suspendida en la última palabra, esta pregunta eterna y torturante sometida al lector: ¿cuál es el verdadero yo fruto de nosotros mismos, el yo que razona o el que se conduce? Mi gran trabajo, trabajo ímprobo casi, ha sido el de intervenir todo el tiempo, entre María Eugenia Alonso y el lector, dándole a entender a éste que ella no se conoce. Lo único que considero bien escrito en Ifigenia, es lo que no está escrito, lo que tracé sin palabras, para que la benevolencia del lector fuese leyendo en voz baja y la benevolencia del crítico en voz alta” (carta a Eduardo Guzmán Esponda, Bogotá, junio de 1926, p. 595). Teresa sucumbe ante su creación, la misma que fue tan elogiada en el texto Unas palabras más sobre Ifigenia, de Francis de Miomadre: “...Lo que hará que esta novela se lea cuando ya tantísimas otras más pretenciosas o de más fácil efecto se hayan marchitado en el olvido, es el hecho de haber creado ese tipo de muchacha que siendo tan moderno es al mismo tiempo uno de los más eternos que yo conozca, sencillamente porque ése es el real, el verdadero... ...La única cosa que no puede reemplazarse en arte es la verdad y ese tipo de María Eugenia Alonso es de una realidad psicológica tanto más profunda cuanto que no aspira a la profundidad. María Eugenia Alonso es. He aquí todo. Es y nada más” (p. 312). Y tanto es que, aunque suene temerario afirmarlo, si María Eugenia Alonso no hubiera existido, Teresa no ocuparía el lugar que ocupa dentro de nuestro museo de cera ¿o Panteón Nacional? Dice Liliana Porter: “Para que el objeto banal exista, muchas cosas deben haber sucedido, y la única que está rescatada es la imagen estereotipada que se transforma en un souvenir, en un adorno... El drama se encuentra en la inaprehensibilidad de la realidad, en su impenetrabilidad, en la banalidad del sentido, en el espacio vacío, en el vacío de la significación” (entrevista con Ana Tiscornia, p. 39). Hay una mutación: Teresa se transforma en María Eugenia y María Eugenia en Teresa. Se rechazan y se defienden. No son la una sin la otra, pero una y otra son el anuncio de esa otra Teresa, la Teresa enferma que habita “la ciudad de los tísicos, la ciudad del silencio”, como ella misma llama al sanatorio de Leysin; y paradójicamente, De Miomadre, en su prólogo a Ifigenia, al describir a María Eugenia, está describiendo el producto final, esa especie de María Eugenia Parra o Teresa Alonso (con todo y su incierto futuro incluido): “Es el mismo hervidero de deseos, de ensueños, de locuras, las mismas paradojas, la misma esgrima frente a los enamorados, todo ese fuego artificial de la juventud que estalla. Pero pasa de pronto el arcángel terrible, y con un solo golpe de alas abate a la orgullosa y la prosterna para siempre en la actividad sagrada del consentimiento” (pp. 312-313). Y será la propia Parra Sanojo, en la boca de María Eugenia, quien nos pruebe cómo es que esa apropiación destruye lo aurático, experimentando esa mutación de sentido, de icono a objeto de utilidad, transformado en una decoración y dispuesto indiscriminadamente junto a figuras sin referentes en lo real. Sólo le queda recuperar su máscara. De ella dice María Eugenia Alonso, en la carta a don Lisandro: “En el fondo no puedo decir que la desprecio. Cometió, es cierto, la horrible indiscreción de hacer editar en París bajo su nombre, ese diario íntimo que yo había destinado a los ojos de las polillas y a las manos amarillentas del tiempo que se sienta a leer en el fondo de las viejas gavetas. Pero juzgo que tal indiscreción ha sido expiada con creces y se la perdono; he visto sus diversos retratos publicados en todo género de revistas, diarios, periódicos y semanarios. En ellos aparece invariablemente con vestidos pasados de moda, en actitudes desairadísimas, manchado el rostro por la tinta de la imprenta, y arrugado por el furor de las máquinas de linotipo; todo ello en una forma verdaderamente lamentable y profética. Creo que esa gloria que la ha desfigurado así, lo mismo que una viruela, es indigna de envidia e incapaz de excitar mi rivalidad ni la de nadie. Se la cedo, pues, contenta y feliz de vivir aquí en la sombra, donde mi rostro, mimado siempre por lociones, cremas y polvos decaerá suavemente bajo el desgaste del tiempo, sin haber sufrido nunca las bruscas inclemencias de la publicidad...”. “...Pero aun tiene otro castigo: mi diario o relato, ha sido reconocido ya en ciertos círculos de Caracas como auténtica galería de retratos. Bajo cada esbozo se ha escrito un nombre; todo el que pasa mira primero el letrero, juzga de la obra según la fidelidad rigurosa de cada parecido, y como éstos no existen, la autora de Ifigenia, declarada inhábil de pincel y falsa de vista, rodeada injustamente por todos esos sinsabores que parecen florecer en manchas sobre los amplios sombreros de los pintores retratistas, cargará eternamente, sin las rosas, las espinas de una profesión que no es la suya” (pp. 566-567). Tal vez por ello, para Julieta Fombona en la introducción a la Obra de Teresa de la Parra editada por la Biblioteca Ayacucho (p. XVII) comenta: “Ifigenia desemboca en un aprendizaje, pero es un aprendizaje que no entraña un saber sino una pérdida. Al comienzo, María Eugenia es la encarnación de lo gratuito e indeterminado, una conciencia autónoma (el yo petulante de María Eugenia, como lo llama la propia autora) que pretende vérselas con el mundo sin ataduras, siguiendo únicamente los dictados de su razón”. Termina siempre siendo representada con el rostro de su creadora. Baste recordar cómo se labra, en la actriz que caracteriza al personaje María Eugenia en la película Ifigenia, del cineasta venezolano Iván Feo, el parecido con las fotografías de la autora. Nunca se salvan una y otra del performance. Allí se desdoblan autor(a) y personaje en busca de su propia identidad interior, que ocurre el entrampamiento al que se refiere John Shotter en su ensayo La vida social y lo imaginario (Realidades conversacionales, pp. 125-152) al introducir las nociones sobre lo imaginario y lo imaginado. Para Shotter lo imaginario está vinculado con las nociones heredadas de las prácticas sociales, mientras que lo imaginado supone un apego absoluto a las nociones aportadas por lo imaginario, cerrado a cualquier otro punto de vista, lo que ocasiona el “entrampamiento”. Cuando, a lo Shelley, Teresa de la Parra da vida a María Eugenia Alonso, que según ella misma no es sino un “misterioso huésped desconocido” y lo convierte en sujeto de la enunciación, ella desaparece tal como también lo hará el personaje ante el futuro que tiene el rostro de Leal: “El yo de Ifigenia es un ella disfrazado, transparente, porque deja ver lo que María Eugenia no ve y, además, sabe más que ella”: “He visto que en su nota crítica (¡esto me satisface mucho!) usted prescinde casi por completo de Teresa de la Parra, pretendida autora de la novela Ifigenia. Tanto su análisis como sus juicios y presagios se ciñen únicamente a mí, es decir, a mis ideas personales, muy especialmente a aquellas expresadas una mañana, ante el mutismo de abuelita, tía Clara abrazando su cesto y el inmenso y medio calado mantel de granité” (carta de Teresa de la Parra en la voz de María Eugenia Alonso a don Lisandro Alvarado, p. 565). De allí que “en ella parece cumplirse la fórmula de Lacan: no soy allí donde pienso que soy, luego soy donde no pienso” (introducción de Julieta Fombona a la Obra de Teresa de la Parra editada por la Biblioteca Ayacucho, p. XVII). La creación del signo: un problema del significante “Sin un fondo invisible no hay fondo visible. Sin la angustia de la precariedad no hay necesidad de monumento conmemorativo. Los inmortales no se hacen fotos unos a otros. Dios es luz, sólo el hombre es fotografía, pues sólo el que pasa, y lo sabe, quiere perdurar”. Regis Debray, Vida y muerte de la imagen (p. 25) Jesús María Aguirre y Marcelino Bisbal, en su libro La ideología como mensaje y masaje, hablan de cómo la ideología siente una determinada pasión por la forma y cómo ésta participa en las relaciones de producción, en la producción cultural (espiritual) propiamente dicha y en las representaciones colectivas. Estos autores que intentan explicar cómo el mismo objeto puede ser alternativamente cosa y signo, iluminan el panorama hiperconnotado y dicotómico de ese sujeto/objeto-sujeto/personaje que representan Teresa de la Parra, como autor(a), María Eugenia Alonso e Ifigenia, la heroína griega que da su nombre al texto y a la que la escritora sólo alude en el monólogo que tiene lugar al final de la novela. “El objeto como mercancía se convierte en signo, que une en sí el significante (el objeto susceptible de ser cambiado) y el significado (la satisfacción posible) ocultando una dualidad interna: actual, con otros objetos; virtual, con la totalidad... la producción cultural no escapa de esta dinámica, ya que la forma ideológica de la exaltación incondicional del consumo juega simultáneamente sobre la producción de contenidos y de las conciencias para recibirlos, instalando así una cultura de trascendencia de valores (contenidos) y de conciencias (representaciones), ocultándose en ese intercambio. Poco importa ya que se trate de contenidos materiales de producción o de contenidos inmateriales de significación, pues lo que es determinante es el código” (p. 182). Lo anterior nos habla de cómo es posible, desde la crítica cultural, diseñar un “fenómeno”, sobrecodificar el sujeto (que es lo que hace que éste aparezca como imagen) intervenido por lo afectivo, gracias a la existencia de la retórica de los objetos y de los productos culturales que utilizan todos los recursos posibles: simbolismos (no sólo es sujeto del discurso, sino encarnación de ciertas fantasías sociales); connotaciones (en el caso de Teresa de la Parra, ella es asumida como objeto de las representaciones de su época); metáforas (el problema ya no es individual, sino político en cuanto a que responde a un problema colectivo —lo menor, lo anormal para Deleuze—, lo que hace agujero en lo mayor para mostrar otra mirada), y metonimias (las resignificaciones del marco que determinan la manera de “leer” y lo legitiman) cuyos mensajes redundantes pueden repetir lo trivial de una sociedad, la caraqueña, a la par que nos dicen algo (nos informan) sobre ese objeto y las necesidades de una colectividad. Si partimos de la noción de “autor(a)”, creada por Lacan para identificar a aquellos sujetos del discurso que, encarnando una fantasía social, devienen en personajes que terminan representando un papel, podríamos decir que la “verdadera” vida de éstos está en la imagen ficticia que se puede rastrear armando los archivos personales, mas no en el cuerpo real, pues la identidad, parafraseando a García Canclini, es una construcción que se relata (“Las identidades como espectáculo multimedia”, en Consumidores y ciudadanos: conflictos multiculturales de la globalización) o como también cita Cróquer: “Dime quién quieres que sea, y te diré quién puedo llegar a ser”, pues es la ficción la que determina a “las escritoras-con-escritura de entresiglos que, indisociables e indisociablemente sexuadas se inscriben, funcionan y permanecen emblemáticas como tales no sólo en sus respectivas historias sino en la memoria patria de un continente” (p. 155). Aquí el sujeto no lucha por entrar en la historia oficial, sino por ser reconocido, por tener visibilidad en el espacio público, de manera que imagen y texto se fundan en un significante que deviene en icono y el cual alcanzará hasta los espacios institucionales que en definitiva son los más interesados en conservar el fotomontaje, para fosilizar, para fetichizar a ese otro, que puesto en vitrina, evidencia su falta. De hecho, nadie recuerda, salvo intentos recientes como el de María Fernanda Palacios, a la Teresa de la Parra de Leysin, que no sobrevivió al torbellino de María Eugenia Alonso. Ella, con su preclaro diario de muerte y cotidianidades, sus cartas y sus recomendaciones para evitar el contagio de la tuberculosis, sus reflexiones sobre la muerte y la solidaridad, su casi manifiesto sentimiento de amor hacia Lydia Cabrera, fueron relegados a la trastienda patria y encerrados en un baúl. Pero sin más preámbulos, dejémoslas hablar: “Es cierto que se pinta, que exagera el rojo de Guerlain en los labios, que se pone vestidos cortísimos, que lleva el pelo enteramente a la garqonne, todo eso está entendido, pero la pregunta que debe formularse es ésta: ¿de qué le sirven tales artificios? ¿Qué intenta hacer con ellos? No intenta nada. He aquí su superioridad... Ama la perfección...”. “...Ella camina en pos sin mirar hacia atrás. Los verdaderos elegantes no viven para la opinión. Viven para realizar el misterio de una perfección interior de la cual la exterior no era sino un misterio y un símbolo. María Eugenia Alonso sabe lo que cuesta renunciar al legítimo derecho a la felicidad. Si ha renunciado ya, es sólo porque quiere vestirse con las galas espléndidas de un ideal ético. También Ifigenia se vistió de galas antes de encaminarse al sacrificio”. Así se expresa Francis de Miomadre de María Eugenia Alonso en Unas palabras más sobre Ifigenia, Biblioteca Ayacucho (p. 313). “Yo he llegado a una edad en que el alma está más madura para el sacrificio y el misticismo. Entre otras cosas porque ya se sabe que no son tan grandes los tesoros como se creía a los veinte años. Por eso, observo, admiro y aprendo” (Teresa de la Parra. Carta escrita desde Vevey a su amigo Rafael Carías en 1932. Biblioteca Ayacucho, p. 617). “Porque no olvide mi querido crítico y prisionero don Lisandro, que si a los dieciocho años, acumulamos sobre los labios el rojo de Guerlain, los cigarrillos egipcios, y las ideas volterianas, no es por arraigada convicción, ni por el placer un tanto insulso de que nos admiren, sino por ese otro gusto mil veces más picante de que nos reprueben y critiquen... ”. “...Ahora ya sé que barridos al cabo por el tiempo, elogios y reproches son igualmente vanos... las mejores restauraciones son aquellas que presididas por la nostalgia e iluminadas por una dulce melancolía, vivirán eternamente nobles en la gracia divina del recuerdo” (María Eugenia Alonso al responder la carta a don Lisandro Alvarado, Biblioteca Ayacucho, p. 566). Las tres citas que desdibujan ese signo (significante/significado) llamado Teresa-Ifigenia-María Eugenia, cuyo significante viene a ser la imagen (las fotos de Teresa, la ventana iniciática y el espejo consumador de María Eugenia donde también se consuma el mito de Ifigenia) adquieren sentido a la luz del análisis que Régis Debray hace en su libro Vida y muerte de la imagen: “Tal vez el verdadero estadio del espejo humano: contemplarse en un doble, alter ego, y, en lo visible inmediato, ver también lo no visible. Y a la nada en sí, no verse a sí mismo como casi nada en sí ‘ese no sé qué que no tiene nombre en ninguna lengua’. Traumatismo suficientemente angustioso para reclamar al momento una contracomedida: hacer una imagen del innombrable, un doble del muerto para mantenerlo con vida y, a la vez, no ver ese no sé qué en sí, no verse a sí mismo como casi nada. Inscripción significativa, ritualización del abismo por desdoblamiento especular. ‘Al sol y a la muerte no se les puede mirar la cara’. Perseo tuvo que utilizar un espejo para cortar la cabeza de Medusa. La imagen, toda imagen, es sin duda esa gran argucia indirecta, ese espejo en el que la sombra atrapa a la presa. El trabajo del duelo pasa así por la confección de una imagen del otro que vale por un alumbramiento. Si esa génesis se confirma, la estupefacción ante los despojos mortales, descarga fundadora de humanidad, llevaría a un mismo tiempo la pulsión religiosa y la pulsión plástica. O, si se prefiere, el cuidado de la sepultura y el trabajo de la efigie. Todo viene junto y lo uno por lo otro. De la misma manera que el niño agrupa por primera vez sus miembros al mirarse en un espejo, nosotros oponemos a la descomposición de la muerte la recomposición de la imagen...”. “...La imagen sale de ultratumba amansada y estabilizada, para que el antepasado siga allí; para impedir que vuelva a molestarnos, para atrapar su alma voladora y rapaz en un objeto indubitable. Es imposible desembarazarse del doble sin materializarlo” (p. 27). Notas 1. Frase tomada de la II conferencia de Teresa de la Parra. Obras completas, Biblioteca Ayacucho (p. 490). 2. Ifigenia fue la hija de Agamenon y Clitemnestra, cuyo sacrificio exigió la diosa Artemisa (Diana) para que la flota de los griegos, detenida en Áulide, pudiese zarpar con viento favorable hacia Troya. Sin embargo, cuando iba a consumarse el sacrificio, la diosa cambió a Ifigenia por una cierva. Esta historia ha inspirado a dramaturgos como Eurípides, Racine, Rotrou y Goethe. Bibliografía • AGAMBEN, Giorgio. 1995. Estancias. La palabra y el fantasma en la cultura occidental. Pre-Textos. Valencia, España (material en fotocopia). • AGUIRRE, Jesús María, y BISBAL, Marcelino. 1990. La ideología como mensaje y masaje. Monte Ávila Editores. Caracas, Venezuela. • ÁLVAREZ DE LOVERA, María. 1994. La mujer en la Colonia, situación social y jurídica. Fondo Editorial Tropykos / Faces, UCV. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Caracas, Venezuela. • ARREDONDO, Pablo. De cómo el cine aborda la literatura (material en fotocopia). • BARTHES, Roland. Lo obvio y lo obtuso. Imágenes, gestos, voces. Editorial Paidós (material en fotocopia). —. Barthes por Barthes. 1992. Traducción de Julieta Fombona Zuloaga. Colección Memorabilia. Monte Ávila Editores Latinoamericana. Caracas, Venezuela. • BAUDELAIRE, Charles. Salones y otros escritos sobre arte. Visor (material en fotocopia). • BENJAMIN, Walter. La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (material en fotocopia). • BLOOM, Harold. Elegía al canon (material en fotocopia). • BOHÓRQUEZ, Douglas. 1995. Teresa de la Parra. Del diálogo de géneros y la melancolía. Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, Venezuela. • BOLUFER, Mónica. 1998. Mujeres e ilustración. Editado por Diputació de Valencia Institució Alfons el Magnánim (material en fotocopia). • BOSCH, Velia. Selección, 1991. “Estudio crítico y cronología”, en Teresa de la Parra, Obra, Biblioteca Ayacucho. Caracas, Venezuela. —. 1983. Lengua viva de Teresa de la Parra. Editorial Pomaire. Caracas, Venezuela. • BRAIDOTTI, Rosi. 2000. Sujetos nómadas. Corporización y diferencia sexual en la teoría feminista contemporánea. Colección Género y Cultura. Ediciones Paidós. Santiago del Estero, Argentina. • BRANDT, Blanca. 1987. “Recordando a Teresa de la Parra”. Revista Metrópoli. Año I Nº 2. Marzo-abril. Caracas, Venezuela. • CABRERA, Lydia. 1998. “Autora de cuentos negros”, en Las desobedientes. Mujeres de nuestra América. Panamericana Editorial, recopilación de ensayos de Betty Osorio y María Mercedes Jaramillo. Bogotá, Colombia. • CORDOLIANI, Silda. 1994. “Teresa, María Fernanda y las pasiones”. Folios. Revista de Monte Ávila Editores Nº 27. Enero-febrero. Caracas, Venezuela. • CRÓQUER, Eleonora. 2002-03. “(Pan)doras de entresiglos: Dar el lugar / Tomar la imagen.. y viceversa o la autor(a) latinoamericana en la escena de la cultura nacional”, en la revista Estudios Nº 20/21. Departamento de Lengua y Literatura de la Universidad Simón Bolívar. Caracas, Venezuela. —. Poner el cuerpo / Hacer semblante: Algunas consideraciones en torno a la autor(a) latinoamericana. Departamento de Lengua y Literatura de la Universidad Simón Bolívar (material en fotocopia). —. 1995. “Ficciones del contacto. Fisuras de la representación: Los márgenes de una escritura del margen”, en la revista Estudios Nº 6. Departamento de Lengua y Literatura de la Universidad Simón Bolívar. Caracas, Venezuela. • DAVIANI, Ricardo. El debate Adorno-Benjamin. Elementos para una lectura en relación a la reproducción tecnológica del arte (material en fotocopia). • DE LA PARRA, Teresa. 1997. Ifigenia. Tomos I y II. Monte Ávila Editores Latinoamericana, CA. Caracas, Venezuela. —. 1991. Influencia de las mujeres en la formación del alma americana. Fundarte. Colección Delta. Caracas, Venezuela. —. 1999. Memorias de Mamá Blanca. Eduven, CA. Colección La Palma Viajera. Caracas, Venezuela. —. 1951. Cartas. Ediciones Cruz del Sur. Caracas, Venezuela. —. 1992. Obra escogida de Teresa de la Parra (París, 1889-Madrid, 1936). Monte Ávila Latinoamericana CA - Fondo de Cultura Económica. Caracas, Venezuela. —. 1991. Obra (narrativa, ensayos, cartas). Biblioteca Ayacucho. Segunda Edición. Caracas, Venezuela. • DEBRAY, Régis. 1994. Vida y muerte de la imagen. Historia de la mirada en Occidente. Ediciones Paidós. Buenos Aires, Argentina. • DELEUZE, Guilles, y GUATTARI, Félix. 1978. Kafka, por una literatura menor. Ediciones Era. México. • DERRIDÁ, Jaques. 1997. Mal de archivo. Una impresión freudiana. Editorial Trotta. Madrid, España (material en fotocopia). • DE SOLA, Irma, y BARCELÓ, Lyll. 1976. La mujer en las letras venezolanas. Catálogo hemerobibliográfico en homenaje a Teresa de la Parra. Imprenta del Congreso de la República. Caracas, Venezuela. • DE SOLA, Irma. 1982. Teresa de la Parra, semblanza de una escritora. Editorial Arte. Caracas, Venezuela. • DIMO, Edith, e HIDALGO, Amarilis. 1995. Escritura y desafío. Narradoras venezolanas del siglo XX. Monte Ávila Editores Latinoamericana, CA. Caracas, Venezuela. • FERRÁN, Ofelia. 1998. “ ‘Pero quisiste más’. Yolanda Oreamuno o la sexualidad desobediente”. En Las desobedientes. Mujeres de nuestra América. Panamericana Editorial, recopilación de ensayos de Betty Osorio y María Mercedes Jaramillo. Bogotá, Colombia. • FOMBONA, Julieta. 1991. “Teresa de la Parra: las voces de la palabra”, en Teresa de la Parra, Obra, Biblioteca Ayacucho. Caracas, Venezuela. • FOUCAULT, Michel. 1999. Entre filosofía y literatura. ¿Qué es un autor? Paidós. Buenos Aires, Argentina. • GARCÍA CANCLINI, Néstor. “Las identidades como espectáculo multimedia”, en Consumidores y ciudadanos: Conflictos multiculturales de la globalización (material en fotocopia). • GARRELS, Elizabeth. 1985. Las grietas de la ternura. Nueva lectura de Teresa de la Parra. Monte Avila Editores. Caracas, Venezuela. • KRIS, Ernest, y KURZ, Otto. 1991. La leyenda del artista. Ediciones Cátedra. Madrid, España (material en fotocopia). • LOTMAN, Jurij. 1979. Semiótica de la cultura. Ediciones Cátedra. Madrd. España. • LOVERA DE SOLA, RJ. 1992. Lo masculino y lo femenino entrelazado. Pomaire / Fuentes. Caracas, Venezuela. • MÉNDEZ, María Gabriela. “Para que la señorita no se fastidie”. Artículo aparecido en la revista dominical Feriado. • NEUMANN, Eckhard. Mitos de artista. Tecnos (material en fotocopia). • OROZCO VERA, María Jesús. Imagen y realidad de la mujer venezolana en las novelas de Teresa de la Parra y Antonia Palacios (material en fotocopia). • ORTIZ, Lucía. 1998. “Genio, figura y ocaso de Manuela Sáenz”, en Las desobedientes. Mujeres de nuestra América. Panamericana Editorial, recopilación de ensayos de Betty Osorio y María Mercedes Jaramillo. Bogotá, Colombia. • PACHECO, Betina. “El discurso literario en Venezuela”. Revista Asedios y Convergencias. Universidad de los Andes. Instituto de de Investigaciones literarias Gonzalo Picón Febres. Mérida, Venezuela. • PALACIOS, María Fernanda. 1994. “Teresa de la Parra: la serena brevedad”. Folios. Revista de Monte Ávila Editores Nº 27. Enero-febrero. Caracas, Venezuela. • PANTIN, Yolanda, y TORRES, Ana Teresa. 2003. El hilo de la voz. Antología crítica de escritoras venezolanas. Fundación Polar, Angria Ediciones. Caracas, Venezuela. • PORTER, Liliana. 1995. “A vague chance or precise laws”. Entrevista con Ana Tiscornia. Atlantica 13 (material en fotocopia). • RENAUD, Maryse. 2001. “Del abanico al museo o el palimpsesto de amor”, en La mujer en la República de las Letras. Université de Poitiers. Francia. • REY ROMERO, Patricia. 1995. “Sexualidad femenina: medio y fin”. Revista Texto y Contexto Nº 26. Enero-abril. Bogotá, Colombia. • RIVAS, Luz Marina. 2004. La novela intrahistórica. Tres miradas femeninas de la historia venezolana. Ediciones El Otro El Mismo. Mérida, Venezuela. • RODRÍGUEZ, Alberto. 2004. “La Colonia en la escritura de Teresa de la Parra”. Revista En el Bosque de la Cultura, III Encuentro de Investigadores de Literatura Venezolana y Latinoamericana. Universidad de Los Andes. Mérida, Venezuela. • ROJAS DE STELLA, Matilde. 1990. “Sumisión y alienación en Ifigenia, de Teresa de la Parra”. Suplemento Cultural de Últimas Noticias. pp. 12-13. Mayo. Caracas, Venezuela. • SARLO, Beatriz. La máquina cultural (material en fotocopia). • SHOTTER, John. “La vida social y lo imaginario”, en Realidades conversacionales (material en fotocopia). • VANNINI, Marisa. Adaptación de Ifigenia, de Teresa de la Parra. Ediciones Mario González, CA. Barcelona, España. • VIRILIO, Paul. 1998. La máquina de la visión. Ediciones Cátedra. Madrid, España (material en fotocopia). • WILLIAMS, Tamara. 1998. “Yo no tengo dónde estar. Resistencia y marginalización en la vida de Violeta Parra”. En Las desobedientes. Mujeres de nuestra América. Panamericana Editorial, recopilación de ensayos de Betty Osorio y María Mercedes Jaramillo. Bogotá, Colombia. ** Yurimia Boscán igaryurimiaboscan@yahoo.es Investigadora venezolana (1963). Licenciada en letras. Es profesora universitaria en el Colegio Universitario de Los Teques Cecilio Acosta (http://www.geocities.com/CollegePark/4259) y coordinadora de Formación Docente de la Zona Educativa del Estado Bolivariano de Miranda (http://miranda.me.gob.ve). === Los hijos de Acteón Gabriel Mantilla Chaparro ==================== “Todas las noches, todas las mañanas alguien nace rumbo a la miseria. Todas las noches, todas las mañanas alguien nace para el gozo. Mientras otros se hunden en la noche eterna. William Blake, Auguries of innocense. “Un pobrecito se pierde en un crepúsculo”. Vincent van Gogh. Hablamos del Artista y estamos hablando del Hombre, de sus miedos, de sus obsesiones, de sus vetas creadoras, de su confusión, de su miseria moral, de su derecho a morirse cuando ya el mundo le resulta un hogar hostil. Profundizamos en su comportamiento, en el cómplice existir de un alter ego que como una metáfora justifique la existencia a través de la existencia del otro (doppelgänger). Somos testigos de su lucha interior, los retos y expectativas a las que somete su voluntad creadora existencial. En hombres como Baudelaire, Rimbaud, Paul Cézanne, Paul Gauguin, Vincent van Gogh, Franz Kafka o Herman Hesse, aparece algo novedoso, que se afirma como otra posibilidad, otra visión, otra imagen, la otra cara de la medalla. Suprimir, modificar o diferir la realidad en aras de atrapar ese instante luminoso donde nace la obra que habrá de perdurar en el tiempo y de ser calificada “pionera” de otro modo de hacer las cosas en este río de arte. Son hombres adelantados a su época, brillaron a través de sus pasiones, de sus miedos, de sus desgarros y derrotas, buscaron con afán lo que su espíritu les pedía. En la vida y la obra de estos creadores impera lo que podríamos llamar megatemas: el problema del Génesis, el amor, la soledad, el miedo, la eternidad, el tiempo, la errancia, la otredad y la muerte. Estrecha y naturalmente vinculados artistas y poetas han construido una senda que exige que la obra sea vista desde múltiples ángulos: la filosofía, la religión, el misticismo, lo simbólico, lo mitológico, el psicoanálisis, hermenéuticamente; para captar la hermandad estética, la tensión, la profundidad, la elevación, el cordón umbilical, el hilo ariádnico que los funde, los ata y los trasciende. Simultaneidad, fragmentación, disolvencia, nihilismo, Dios, el problema del destino, son experiencias del Ser que son sello de nuestro tiempo, marcado por la angustia, la incertidumbre, el azar, la posibilidad siempre insospechada. El artista vive en una disolvencia crítica y una disolvencia humana. Allí se debate su fuerza creadora, alcanzando las fronteras de las “situaciones limites” (Jaspers). Hallamos pintores que son escritores como Cézanne, Gauguin, Vincent van Gogh, Blake, Baudelaire (1). Vidas desoladas, que pugnan con su época, que la rechazan: rechazan su hipocresía, su tecnicismo, su afán de lucro, su impiedad, su desdén por la naturaleza, su ignorancia y su intensa vileza. En estos hombres hay todo un sin fin de luchas interiores para alcanzar el arte e interponerse a una época que no tiene el poder de interpretarlos. Artistas que andaban juntos, bebían, fumaban, pintaban, que se entregaban a pintar duro para presentarse al próximo salón; conscientes de que había mucho por descubrir en el duelo ante la tela, que no sabían desfallecer de la obsesión que los devoraba y socavaban la mina de su alma hasta el mismo sufrimiento. Eran hombres angustiados, arrollados por el anillo de lo simultáneo, que les hacía sabedores de su misma fragmentación. Va muriendo el siglo XIX. La insurgencia de Cézanne (1839-1906), de Baudelaire (quien ya para 1867 había muerto), de Blake (1757-1827), Arthur Rimbaud (1854-1891), de Vincent van Gogh (1853-1890), y otros no menos importantes artistas como Camile Pisarro, Sisley, Seurat (2), Gauguin, Monet, Degas, Renoir, Daubigny. Todo un imaginario poético y un imaginario pictórico contemporáneos. No sólo son la puerta del arte y de la poesía modernos, sino los sólidos cimientos con los cuales, años más tarde, los grupos vanguardistas y postvanguardistas van a desenmascarar a una generación hipócrita que les llevó a la desolación, a la diáspora, a la fuga permanente, a separarse de la mujer, de los padres, de los amigos, a irse de la tierra donde se nació o que se soñaba refugio cierto para el regreso de viajes inaplazables. Seres que presenciaron, sintieron las múltiples facetas del mal (3) en su lucha contra el bien (4). Como vemos en Baudelaire cuando dice, en 1845, al intentar suicidarse: “Me mato porque soy inútil para los demás y peligroso para mí mismo”. Consume hashish; anda de amores con la prostituta Sara, “La locuchette”, que le contagió la sífilis. Ya en 1850 hablaba de un libro que llamaba Les Limbes y que aparecería publicado en 1857 como Las flores del mal, dos meses después de la muerte de su padrastro el comandante Jacques Aupick. El satanismo es moda y Baudelaire lo asume como tal: suscitación de poderes ocultos y malignos. Baudelaire es el introductor del mal, de la ciudad y de la muerte como temas nervales de toda poesía que a partir de él, llamamos “moderna”. Pecado, horror, idiotez, la presunción de que la generación que se vive y se avecina serán desilusionadas, que el progreso y el proyecto de la modernidad, confiado y sustentado sólo en lo tecnológico y en lo político, no podrá sobrevivir. Y es allí cuando la poesía aspira a su propio espacio. Artistas y escritores se echan a la calle, a la noche, a otros lugares para crear algo que pueda diferir la realidad o abrirle una rendija luminosa que permita no sólo aceptarla sino hallarla original, recreada, más digna y menos onerosa. Baudelaire se reconoce como poeta y se cree con la misión de “proferir la bajeza y los sueños del ideal”. Para Baudelaire, Vincent y Cézanne, existió el ideal, el sueño, la aspiración intima (e inalcanzable). Si Stefan Zweig considera a Goethe el hombre más feliz del siglo XIX (4), tendríamos que decir de Baudelaire que fue el más pesimista. Tan pesimista que se atreve a ver dos crepúsculos: el de la noche, el de la mañana. Para él no hay aurora ni alba... nada parecido que él pueda elogiar en su poesía. Detesta la naturaleza, le aburre, se niega a escribir un texto solicitado sobre el paisaje de Fontainebleau, se burla de los pintores de aldeanos. Noctámbulos, borrachos, drogados, solitarios, huérfanos, todos, viajeros de la noche, amantes consumidos en su misma sensualidad. Pedro es justificado por negar a Cristo. Clama a Caín para que asalte el cielo y arroje a Dios sobre la tierra. Aspira, sin embargo, a otra gracia de ese mismo Señor al que niega: “Ah, Señor / concédeme el valor y la fuerza / de contemplar mi alma y mi cuerpo sin asco” (“Dios”, en Las flores del mal). Cada uno de estos seres mete la mano en el bolsillo para buscar la llave que abra la tela o el poema, que engendren el intersticio esperado, el rasgo nuevo, lo distinto, algo que hechice, que sea trascendental. Ese detalle que señala Wallace Steven, esa observación aplicadas a la pintura y aplicables a la poesía, esa convivencia plena entre ambas manifestaciones y cultores, que puede llevar a un mejor estado de gracia: “Podría estudiar poesía estudiando la pintura o que uno podría convertirse en un pintor después de haberse convertido en poeta” (5). Castigo, metamorfosis, culpa, errancia, ansiedad, y búsqueda que signan a los hijos de Acteón. Esquizofrenia, intolerancia de la realidad, lucha interior, instinto mortal, extravío, todos los puentes que conducen a ninguna parte. Perros ciegos y sin olfato que constantemente se aparecen para devorar al artista, al poeta. En medio de esa lucha interna, el artista va captando los fragmentos de esa “realidad otra” (cortaziana). “La Maison du Monsieur Gachet”, los “Bodegones” y las “naturalezas muertas” de Cézanne; “Le moulin de la Galette”, “Las visiones de París desde Montmartre”, “Los comedores de patatas”, “El sembrador”, “Los girasoles”, “Los cipreses”, el “Café nocturno de Arles” de Vincent van Gogh (y sus autorretratos)... Son imágenes que se instalan en otro estado de la realidad, que la socavan, la trascienden y que engendran esa rendija de donde sale ese haz de inmortalidad. Son obras que se instalan y se quedan en nuestra mente como con cierto “aire de familia”. Obras que nos producen placer y las amamos como propias. Iluminado por sus pintores el poeta parte a remotas regiones, a espacios oportunos para la poesía. Así, el pintor iluminado por sus lecturas, por sus reflexiones, vincula su imaginario plástico al imaginario poético y en ese mismo instante asciende una nueva sensación y una nueva forma de ver el mundo, aparece una expresión única, irrepetible: la obra. Así son los caminos del arte, duros, abruptos pero muy aleccionadores. Nada en el vivir es fácil. Artistas y poetas que aman la música, a Mozart, a Häendel, a Schubert, a Beethoven. El poeta se da a sí mismo la posibilidad del ideal: “Debería estar en un lugar en el que coincidieran muchos hombres, de distintas regiones, de todas las clases, de todas las profesiones, de distintas edades; debería tener la posibilidad de escoger de entre toda la muchedumbre, los buenos, los amistosos, aquellos que tienen una mirada para sí” (6). El mismo sueño de Imagine en John Lennon. Éstos no son como Ulises, no se amarraron a los mástiles para eludir el llamado de las sirenas. Se dejan arrastrar hacia los peñascos y son devorados sin remedio. Atropellados por sus pasiones y sus visiones, lo dan todo por el amor al arte. Se desangran de angustia para acceder al arte, para aprender a dibujar, a pintar, a hallar los motivos, el instante luminoso que habrá de brillar: La obra, como la punta de un iceberg en la lejanía blanca de la tela o de la página. Y esos hallazgos, a la larga inmortales dentro del arte, son tan conmovedores, la mayor parte, que los pintores y los poetas creen necesario comentarlos con sus iguales, con un pariente que se muestra interesado en sus elucubraciones y sus búsquedas. Tal sucede con Vincent van Gogh y sus anotaciones y correspondencias con Theo, su hermano menor, de quien depende en gran medida (7). La vida, como una jaula que sale a buscar su pájaro, como un signo molesto de la realidad, una meta pero ningún camino, la causa de la tristeza, el motivo de la devoción al mal: “Como un camino de otoño: apenas ha sido barrido, vuelve a cubrirse de hojas secas” (8), confiesa Franz Kafka. Algunas veces asalta el regocijo, algún destello de fantasía. El hombre cree poder sosegarse, comprenderlo todo y hasta parece alejarse de la temida muerte, cree que se puede dosificar el destino. O cree que puede contraer matrimonio y ser responsable y tener hijos y sustentar a una familia y ser artista a la vez; fijarse en un solo lugar, descubrir su obra en ese territorio finito que establece, detener la fuga, los viajes, pero termina fundido en las carnes de la noche, del suburbio, de lo prohibido, del riesgo, del azar... y de la muerte, que está siempre ahí: “La muerte está delante de nosotros, como en el aula del colegio, en un cuadro de la batalla de Alejandro” (9). Para Baudelaire, el cielo es como una pesada losa que nos asoma al abismo, para mostrarnos el vértigo y convencernos de la imposibilidad de escapar de la condición humana. La modernidad es polémica, cambiante, contradictoria, heterogénea, plural y así tienen que ser las obras literarias o pictóricas (o de otra expresión del arte), de allí irrumpen los signos de inmortalidad de un hecho creador, logrado después de mucho empeño, derrotas, dudas y luchas consigo mismo. Desde Baudelaire hasta hoy hemos sido testigos de esa lucha, de esa “tradición de la ruptura” (Octavio Paz), ese escenario espacio-temporal que es el devenir del arte. “Pasión crítica” y “autodestrucción creadora” son, al escritor mexicano, rasgos característicos de la modernidad (10). Pasión crítica de Baudelaire, de Rimbaud, de Van Gogh, de Blake, en sus escritos y una permanente inconformidad con lo logrado. Nos parece hermoso ver a Vincent con una tela al hombro (11) levantado desde muy temprano, yéndose al campo, para volver al final de la tarde —como un pescador— con una tela compuesta de varios temas, paisajes y escenas. Como un “museo ambulante”. Feliz con su pesca. Allí trae, como un viajero en sus alforjas, los vinos, las espátulas, los pinceles, el agua escasa y los documentos de identidad, su enjambre de visiones del día. Busca la naturaleza, pero quiere asirla o percibirla de un modo distinto: embarcaciones, vistas del Sena, restaurantes vistosos de toldos multicolores, parques abandonados, etc. Pudiera hacernos reír, creer que está loco de remate, que es ridículo, que es un bicho raro y en ocasiones sospechoso. Pero no, ese hombre de la tela al hombro es inmensamente poderoso... y rico, allanó lo insólito, lo múltiple, lo simultáneo, se supo posar en ese instante en que la realidad se hace hermosa... y hasta llevadera. Ahí, en esa inmensa tela venían los apuntes, los “estudios”, como él los llamaba de los cuadros que hoy trastornan de orgullo y delectación a los amantes del arte, a los coleccionistas. Obras que ya prácticamente no se marchantean y que pertenecen a museos, a naciones. Vincent van Gogh, en medio de su arrolladora personalidad, de carácter huraño, fue un hombre dado al prójimo, imbuido de lo religioso al punto que llegó a ser misionero en lugares de olvido y miseria, como Borinage y Wasmes. Y esa devoción frustrada la va a volcar en el arte, en su consagración al deseo de ser artista, de aprender a dibujar. Devoción que va a volcarse en esas magníficas cartas a su hermano Theo y a sus amigos y compañeros de ruta (12). Fue Theo quien le recomendó dedicarse de lleno a la pintura. “Cuando no se tiene un caballo uno mismo es el caballo” (13). Carta a Theo. Drenthe, 1893. En lo existencial tiene un lastre, una sombra, algo que lo consterna: su hermano Vincent, nacido y fallecido un año antes que él. Iba al cementerio a visitar su tumba, a ver su nombre en la placa, a imaginar historias del hermano desaparecido y concluye que él, el sobreviviente, ocupa a lo mejor un espacio ajeno y tiene una misión. Y se inmortalizó como un artista: sus girasoles, sus campos, sus cipreses, sus autorretratos, sus noches de café en Arles, sus nocturnos, entre centenares de sus obras, lo han liberado de un destino prometeico (14). Ya en 1883, siendo pintor maduro, invita a ese gran hermano: “Viejo, ven conmigo a pintar en el bosque y los campos. Galopa conmigo detrás de la carreta y del pastor, vamos a ver los fuegos y a tomar del baño de aire... Ven a meterte en el verde”. Carta a Theo. Drenthe, 1883. No pudo lograr en vida el éxito que hoy le consagra la nueva generación de creadores, críticos, espectadores. Su obra se estudia como tema programático en colegios y universidades y ejerce en la juventud una fuerte atracción. Pero él siempre estuvo consciente de que tarde o temprano triunfaría: “En cualquier caso, andamos por buen camino, tanto si me quedo por algún tiempo, como si me voy a tu casa (creo estar en la ruta correcta para poder encontrar lo que busco...” (15). Ídem, p. 78. Aunque un día, consciente de que la vida estaba cansada de que él la existiera, disparó a su corazón en un campo de trigo, un 27 de julio, día domingo de 1890 (±). El día 29. “Quisiera irme”, confesó. Y murió a la una y media de la mañana de ese día. Ya no más Vincent, el hombre. Nos quedaba Vincent van Gogh: el artista y su obra. Seis meses después muere Theo, quien sería enterrado en el mismo lugar de Vincent. Esas cartas a Theo, hermosamente verdaderas y afectuosas, contacto vivo y vibrante de dos hermanos que nunca cesaron de conversar por escrito ni perdieron oportunidad de volverse a ver. Son una muestra clara entre el escritor y el artista, de una simbiosis apodíctica. Se encontraron seis meses después, que nada significan al lado del vasto océano de eternidad que hoy comparten (16). Toda obra de arte es siempre transgresora de leyes, de maneras de pensar y ante todo, transgrede su época, su tiempo. Nada es impune al arte, aunque en ese momento ni el artista, ni los críticos, ni la sociedad (menos aun) logren captar lo que está sucediendo o va a suceder. Ese parto del que hablaba Rilke, esa obra que ha sido “creada, necesariamente”. Transgresión que es reto, juego (homo ludens), ruptura, donde se asume una cierta dosis de riesgo: un correr a oscuras tras una liebre o como “Aquiles y la tortuga”, siempre en aporía. Hay una voluntad de ruptura permanente en cada creador. Cézanne, al decir de Pablo Picasso, “es el padre de todos nosotros”. El Cézanne de buena familia, el hijo del banquero multimillonario Theodore Cézanne y de una madre inclinada al arte, a la música, a la poesía, y que respaldaba la inclinación artística de su hijo contra la oposición, en principio del rico hombre de negocios, quien al reconocer que su primogénito ya no seguiría sus pasos, un día se apareció en París con su hijo Paul y su hija Marie y le inscribió en la mejor academia de arte de la capital, la “Académie Suisse”. El Cézanne huraño, el solitario, el copista, el despreciado por el público, el rechazado en el salón... El maestro de las “naturalezas muertas”, elogiadas por el gran Manet en París. En tiempos de la guerra se esconde en L’Estaque con su esposa Hortensie y su hijo. Cézanne pinta al doctor Gachet, al mismo médico amigo y protector de Vincent van Gogh, en sus días de Saint Rémy quien también sería pintado por el arlesiano. Maestro de “bodegones”, escritor de versos, conocedor de latín y griego, amigo íntimo y de casi toda la vida de Émile Zola. Sostuvo una gran amistad con Camile Pisarro, quien le da lecciones de pintura impresionista. Comienza en sus primeras épocas con el uso de tonalidades obscuras, y en sus épocas finales, sus “bodegones”, sus “paisajes”, sus espátulas, sus acuarelas acusan una luminosidad que ya nada tiene que ver con el impresionismo. Ahora acusaba cierta geometría, a la vez que mantenía un importante vínculo con aquél. La naturaleza fue, desde un principio, un objeto raizal de su pintura. Su mejor amigo era el naturista Émile Zola. “La Maison du Pendu”, “El gran pino”, “Le compotier” (17), “La maison du Dr. Gachet”, junto a los ya nombrados, son magistrales muestras de la transgresión y la voluntad de outsider de Paul Cézanne. Agreguemos la gran suerte de la invención de la fotografía. Los pintores sabían muy bien el material que tenían en su poder... Y Cézanne y Vincent van Gogh sabían muy bien lo que estaban haciendo para enriquecer el tesoro de su siglo, que ya estaba cercano a despedirse (como deben estar sucediendo hoy muchas cosas felices para el arte y la poesía, que quizá no imaginamos, no sólo para despedir el siglo sino para transgredirlo). Estamos en los tiempos de Thriller, de Pink Floyd, de realidad virtual, del Internet, el cine en tercera dimensión, podemos realizar viajes rápidos a cualquier país del mundo, llamamos por teléfono o recibimos mensajes en la entraña de la selva, escribimos con nuestras computadoras en los aviones; vamos a los museos del mundo a conocer y a aprender arte o traemos el museo a nuestra casa. Gracias, Mr. Gates. Ellos tenían el arte, la literatura, la música y la fotografía. No lo dudamos, deben estar ocurriendo milagros. Los hijos de Acteón están mejor dotados, hoy, para mantener a los perros a prudente distancia o lograr que les reconozcan antes de intentar devorarlos. Sólo falta desarrollar más amor por la naturaleza, como lo hicieron Millet, Constable, Van Gogh, Seurat, Signac, Cézanne. Pobre de Baudelaire que no la quiso y sucumbió en un estado de pobreza ontológica. Notas 1. En calidad de criterio de arte, Baudelaire reclamaba a Constable que Millet “hace alarde de un sombrío y pesimista embruteciendo en sus campesinos que excita nuestro furor”. Millet pensaba otra cosa. Vincent van Gogh le reconocería como maestro, al lado de Rubens y Delacroix. 2. Gauguin envía lienzos de Seurat al salón impresionista. Monet, Renoir y Sisley se molestan y como protesta no quisieron tomar parte de la exposición. Degas prohibió escribir la palabra impresionismo en los catálogos y anuncios del salón... Más tarde Seurat sería el líder del gremio, el político, el que lucha y organiza por el artista... Vincent también llegó a plantearle a Theo la creación de una asociación de artistas y escritores, que se inauguraría en homenaje a Paul Gauguin. 3. Cf. Georges Bataille. La literatura y el mal. Madrid, Taurus Ediciones, 1959. 4. Stefan Zweig. La lucha contra el demonio (Hölderlin, Kleist, Niezstche, Goethe). Barcelona, Editorial Apolo, 1934. 5. Wallace Steven. “Las relaciones entre poesía y pintura”. Revista ECO, tomo XXVIII / 4 de agosto de 1974. Nº 160. 6. Franz Kafka. Meditaciones. “Intercesor”. M. E. Editores, Madrid, 1995. p. 16. 7. “Ah, querido hermano, a veces sé muy bien lo que quiero... En un cuadro yo quisiera decir algo consolador como la música... Pintar hombres o mujeres con algo de eterno, de lo que en un tiempo era símbolo: el nimbo, y que nosotros buscamos mediante la irradiación de nosotros mismos, mediante la vibración de los colores”. Vincent van Gogh. Cartas a Theo. Caracas, Alfadil. 1995. 8. Franz Kafka. Ob. cit. p. 85. 9. Ídem. p. 94. 10. Cf. Octavio Paz. Los hijos del limo. Bogotá, La Oveja Negra, 1985. 11. “El animal, una cuerda sobre un abismo” (Hesse). 12. “A veces siento rencor hacia esta maldita pintura. Fue Richepin quien dijo alguna vez: ‘El amor al arte hace perder el amor verdadero (...) pero el amor verdadero hace perder el amor al arte’ ”. Vincent van Gogh. Ob. cit. p. 79. 13. Cuando recoge a Sien, la pobre prostituta con una hija y en estado de fecundación, no lo hace por razones de sexo, aunque sí quizá de compañía humana. Lo hace por su amor al prójimo y le ofrece compartir lo que tiene y de lo que carece con ella. La inmortaliza en “Sorrow”. 14. Franz Kafka. “Prometeo” En: Ob. cit. p. 9. Pierre Grimal. Mitología griega y romana. Paidós, Barcelona, 1991. 15. Ídem. p. 78. 16. Cinco años después el poeta colombiano José Asunción Silva se quita la vida de idéntica manera y con un disparo certero, no como Vincent que tuvo agonía. 17. Cuadro propiedad de Paul Gauguin. ** Gabriel Mantilla Chaparro gabrinadja@yahoo.com Escritor colombiano (Cali, 1954). Reside en Venezuela, país del que se nacionalizó. Licenciado en letras y magíster en literatura latinoamericana por la Pontificia Universidad Javeriana (http://www.javeriana.edu.co). Es profesor asociado y jefe del Departamento de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Los Andes (ULA, http://www.ula.ve), en Mérida. Dicta las cátedras de Taller de Poesía y Cuento y de Literatura Contemporánea. Es autor de los libros de ensayo Hernando Track, el superior de las lámparas (1992), Vivir a pulso (1995), Ser filosófico y ser poético en la obra de Álvaro Mutis (2001), Los hijos de Acteón (2002) y Viaje al poema (2003), y de los poemarios Último bosque (1985), Canción para Mervarid (1985), El velo de Maya (1998-2000), Una tumba en el bosque (2000) y Larga es la noche (2001). === La cultura bajo asedio Luis Alejandro Contreras ================== Todos nos confiamos en nuestro miedo, nuestra torre de marfil. E. M. Cioran. No me pidan más mi programa, ¿no es uno respirar? E. M. Cioran (1). La estupefacción puede ser un buen acicate a la hora de escribir o manifestar una opinión en torno a un tema sobre el que uno no desearía tener que entrar en liza. Tal es el caso presente. Tenía yo en mente, desde hace varios meses, el meterme en camisa de once varas y expresar ciertas consideraciones sobre el asedio que el hombre y sus fatuos patrones de vida imponen en desmedro de ese bien intangible que hemos nominado desde antaño con la palabra cultura. A ello me vienen impulsando, obviamente, las insistentes y opresivas brisas del “afuera”, unos sofocados vientos cuya densidad y polución amenazan con asfixiar cualquier respiradero de la polis. Es esta pesadez prevaleciente en la atmósfera de lo colectivo, la consecuencia de una voluntad de poder que no quiere dar cuartel al milagro que hace carne en el indiviso ser humano, empeñándose en señorear sobre las conciencias de quienes llanamente se contentarían con que se les dejase vivir en la paz de sus silentes monólogos o (¿por qué no?) de sus más íntimos coloquios. ¿Cuál es el ser humano que no aspirará, primeramente, a la más diáfana de las libertades, como lo es su derecho al estar solo y/o a gozar de su intimidad y de los requiebros de su imaginación? Pero el statu quo que personifica, aquí o allá, el Estado moderno, no puede darse el lujo de permitir libertades de conciencia. Y es por ello que, vistan los colores que vistan, los voceros estatales, esto es, los funcionarios, estarán siempre alertas e, incansablemente, cacarearán sus discursos diseñados para abolir en el ciudadano todo intento por bajarse de una nave de los locos en la que ellos, látigos bajo la toga, esconden su papel de solapados flageladores. Ya a finales del año pasado deshojaba yo la margarita de escribir esa glosa en torno al tema de la cultura y el cerco que le tienden las más distintas representaciones del poder político —en el fondo, meras plutocracias barnizadas de tal o cual ideología—, cuando volvió a caer en mis manos, por gracia de la revisión de mis vetustos papeles, una nota magistral del querido Jorge Luis Borges. Se trata de una escueta nota que publicara el Papel Literario del diario El Nacional el 23 de febrero de 1986. El artículo llevaba por título “La cultura en peligro” y sencillamente ponía al desnudo el cariz barbárico reinante en la modernidad, al denunciar la pretensión (por parte de vaya usted a saber cuál clan o cofradía) de imponer en la Facultad de Letras de la Universidad de Buenos Aires un plan de estudios de absolutistas metas, el cual asomaba, incluso, algunos rasgos de xenofobia cultural. Proponía, el referido proyecto de reforma académica, el estudio de unas “nuevas” ciencias humanísticas y, paradójicamente, propugnaba un cerco al hecho cultural y a los estudios humanísticos (2). Borges, con su punzante buen humor, comienza diciendo que a él le agradaría pensar que ha sido objeto de una broma y luego pasa a desvestir el plan de estudios. Pero, al cierre de su breve artículo, deja abierta la invitación para que alguien, un funcionario o quien sea, le aclare que realmente todo era una broma. Al parecer, no lo fue. Yo guardé todos estos años esa magistral nota periodística, conmovido por el hecho de haber tenido que padecer semejantes intentos de presión y “sitio” a la cultura, al intentarse una reforma un tanto similar al plan de estudios de la querida Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, a fines de los 70 y comienzos de los 80 (3). Por aquellos años fueron no pocos los intentos de tecnificar y especializar los estudios de esta escuela. El estructuralismo estaba en boga (con toda una corte de huraños y censuradores críticos) y sus argumentos, más allegados a pesados “bulldozers”, no dejaban obra literaria en pie. Se montó una campaña en contra del mero gusto. Una de las tesis esgrimidas era la de una supuesta necesidad de acercar los estudios de letras, en la mayor medida posible, a las ciencias exactas. El movimiento que propugnaba tal reforma ponía, además, en tela de juicio el que un estudiante se atreviera a postular un trabajo de creación como proyecto de tesis. En una escuela de letras no se debería escribir. ¡Vaya paradoja! Lo que sí les pareció supremamente importante fue el agregar un componente docente al plan de estudios de la escuela, a objeto de poder calificar como profesores o maestros en el mercado de trabajo, al recibir la licenciatura de la escuela. Estaban, al parecer, más interesados en asegurarse un modus vivendi a futuro (4). Ya no importa saber quiénes fueron los profesores y alumnos responsables de tal asedio, eso es lo de menos. Lo que habría que resaltar es por qué en el mundo moderno se repiten tantas manifestaciones de totalitarios o absolutistas fines con un bien del ser humano, como lo es precisamente, la cultura (y sus diversas manifestaciones en la literatura y las artes) y que, como bien lo señalara Borges, es un patrimonio de la humanidad, independientemente del lugar de gestación o creación de su legado a la misma. Nunca podré saber, a ciencia cierta, qué es lo que mueve la apetencia de ciertas personas por inocular a otros su veneno. Acaso, como en el caso del escorpión y la rana de la fábula de Esopo, todo sea una cuestión de naturaleza. Mas no por ello dejaremos de aspirar a una más benéfica expresión del espíritu de la naturaleza en el ser humano. Tendemos a dejar a un lado la naturaleza de la rana al reseñar la del escorpión. También guardé la referida nota como un gesto de respeto al humanismo. Pero además lo hice pensando en que llegaría el día en que tendría que referirme a tales hechos. He llevado por unos ocho meses una copia de esa nota en mi maletín. Ha fungido de ángel de la guarda para este servidor. Y, sin embargo, no ha sido sino ahora, 5 de julio de 2008 (¿qué es lo que me lleva a escribir en fechas patrias o en las que rimbombantemente se conmemora algún hecho de nuestro pasado? No lo sé, pero siempre me percato de ello luego de estar embarcado en mi tema), es ahora, repito, cuando me veo impelido a deshilvanar las líneas que siguen, movido, como dije por la estupefacción que me han causado algunos hechos. Uno —si se quiere— de corte personal, puesto que en él se ha visto envuelto mi hijo, pero acotando los ribetes funestamente públicos que adquiere si hacemos abstracción del parentesco. Y otros de carácter público, cuyas negativas consecuencias en el orden de lo íntimo no nos atrevemos a augurar, si llegaran finalmente a consumarse. Me referiré a tales hechos en su debido momento. Por ahora quisiera adentrarme un poco más en aquello que esbozaba al principio de este ya largo párrafo: la nociva influencia que despliega el poder político sobre los valores de una desprotegida cultura, entendiendo como poder político aquel que padecemos en la praxis y no el que analizamos en sesudas teorías. Me propongo evidenciar las nefastas secuelas que nos lega por vía de su inveterada e interventora ingerencia en la vida ciudadana. Sostengo lo antedicho: que, en una abrumadora mayoría, las manifestaciones de poder político no pasan de ser meras plutocracias barnizadas de las más distintas disciplinas ideológicas. El poder político es, sobre todo en la modernidad, una máscara de mil rostros que simboliza algo que no es. Lo elusivo es su materia. Las distintas versiones de poder político que podemos ver a lo largo y ancho del planeta, pregonan un bien que, de manera infalible, siempre se disipa o difumina en el camino que va de los discursos a la praxis. Un sistema político imperante, esto es, aquel poder que se ejerce en forma real sobre la masa, propondrá una doctrina A, otro propondrá una doctrina B, otro una C, otro una D y así sucesivamente. Obviamente, habrá algunas equivalencias entre algunos sistemas, y sus simetrías les servirán para que se apuntalen unos a otros. Pero obviamente, habrá una gran diversidad de matices entre ellos. Lo paradójico es que el aderezo substancial de sus platillos demagógicos haya de ser, invariablemente, una escarnecida noción de democracia. A los ojos del sencillo ciudadano, el poder es hoy representado por una noción del “Estado” que resulta ser maleable sólo en apariencia; esa noción se sustenta en un único atributo como esencia: el de conferir preponderancia a los privilegios que le caracterizan como un “sistema”, por encima de cualquier otra consideración que busque enaltecer la condición humana. El Estado resultará ser, así, la encarnación de una organización plagada de normativas, entre las que se establece que su estructura es una entidad ulterior al libre albedrío de todo ser humano. El Estado es, sencillamente, un suprasistema que impone la sumisión de parte de todo individuo hacia sus reglas. Es, también, una aceitada maquinaria cuya jerarquía no debe ser puesta en duda por la desnuda vida humana, a juicio de sus patrocinadores. Es por ello que se asesina, se ajusticia sumariamente, se tortura en nombre del “Estado” y sus valores intrínsecos. Y es por ello que se emplean métodos un tanto más disimulados de coerción y disuasión de la ciudadanía, desde lo más alto de la cúpula del poder hasta la más rastrera tipología de lisonjeros, cuyo leit motiv de vida no es otro que el acomodarse a los caprichos de la cúpula para, en contraprestación, agenciarse sus favores y prebendas. Y se perpetran tales desmanes en medio de las más inverosímiles concelebraciones. El poder así enquistado, a trastiendas de la noción del Estado, dará siempre la impresión de venir del más allá. Ha de ser ciego y omnipotente y, cual inasible deidad superior, se nos mostrará entonces como un sempiterno represor de la desamparada individualidad humana. Y, como he dicho, en ello no incidirán para nada las diferencias de matiz que prevalecen, únicamente en apariencia, entre las más disímiles corrientes políticas y de opinión de quienes ejercen el poder, vengan de diestras o de siniestras. El poder ha representado secularmente los intereses de una minoría (incluso cuando éstas han sido llevadas al poder por una mayoría relativa) y ejerce la coerción de los derechos más fundamentales del hombre, en toda latitud y con los más diversos y enérgicos métodos de presión. Lo que hace incomprensible el que tantos seres humanos prefieran esclavizarse ante el poder, en lugar de disponerse a defender su parcela de individualidad. Prefieren comerse su vergüenza y defender lo indefendible antes que enrostrar las falencias de su propia humanidad ante el espejo personal. Muchos son los que toman el papel del policía, del polizonte o del vigía para defender un statu quo que les mantiene aherrojados a la humillación. Y cuando se produce la caída del sistema que les oprimía, salen a la calle exaltados a celebrar la liberación, deseosos de entregarse a un nuevo orden que dictamine lo que se ha de hacer y lo que se ha de evitar. Acaso sea el pánico lo que les mueve. Pánico de lo que la brutalidad encarnada en la sombría bestia del Estado puede acometer sobre sus humanidades o las de los suyos. Hace muchos años que mis ojos no han vuelto a pasearse sobre las páginas de El miedo a la libertad, de Erich Fromm (5), pero a pesar de la distancia, me parece evidente que mucho de lo allí dicho sobre el ser humano se mantiene imperturbable. Son incontables los casos en que el individuo opta por seguir la prédica de Sancho Panza: Allá donde fuereis, haced lo que viereis. Si nos sustraemos por un momento de la ingeniosa picardía de Sancho, habremos de ver no sólo la aspereza que envuelve su sentencia, sino su vigencia en la humana costumbre. El miedo vendría a ser el catalizador de muchas naturalezas y conductas despóticas, no únicamente de las sumisas. Y bien sea en la esfera de lo público o en la esfera de lo privado, la presión alienante del poder opera, entonces, no solamente desde afuera hacia adentro sino, también, desde adentro hacia afuera del individuo que es objeto de la coacción. El miedo a opinar, a pensar libremente, de cara al poder instituido y —de mil y una formas— censurador, aquel que los anglosajones dieron en denominar con la palabra “establishment”, toma cuerpo en el alma y la conciencia de quien es objeto de lo represivo. Y ese miedo que se suscita, a modo de réplica, de adentro hacia afuera, sale vestido de mezquindad, altanería y cegados golpes de pecho. Y para hacer breve recuento de los casos en que mi estupefacción se dispara y me veo impelido a manifestar mi opinión, diré que, en el caso de Venezuela, podremos atestiguar lo antedicho en la caterva de “nuevos” funcionarios del entorno cultural oficialista, quienes lucen tan de buen ánimo para canturrear las consignas del autócrata de turno y tan solícitos para aplicar los cepos y alicates de la censura y el vilipendio contra quienes se aventuren a vislumbrar una opinión divergente. Que un narrador prestado a la burocracia afirme que “si el gobierno quiere que la editorial estatal sea socialista, entonces, será socialista” o que, inconcebiblemente, un poeta deslice la prédica de que el “Estado” (léase gobierno de turno del que el referido poeta ha pasado a ser obediente funcionario) debe reservarse la potestad de determinar qué es lo bueno o lo malo en literatura y, en consecuencia, lo que el ciudadano puede leer, se me hacen evidentes manifestaciones de bajeza espiritual, cuando no grotescas afrentas al sentido común. Un poeta no debería pisar jamás las conchas de mango que el poder deja casi al descuido en la entrada de su casa. Y menos aun prestarse para la comisión de la censura que viene amañada en disposiciones administrativas. Tales manifestaciones de degradación y ultraje a la ética han sucedido en Venezuela en tiempo recientísimo y de manera campante, en entrevistas conferidas a los diarios El Universal y El Nacional. Y conste que en esta ya extensa glosa no entraré a dar detalles sobre el atropello que ha pretendido —y, en cierta medida, logrado— perpetrar una clase gobernante sobre el diseño curricular de nuestra educación, en todos sus estratos. La historia oficial se escribe con las plumas de ganso que se cobijan bajo la tutela del poder. Acaso pueda ser el miedo al libre albedrío uno de los responsables de las extraordinarias coincidencias que solemos percibir entre quienes epidérmicamente postulan discursos antagónicos. Verbigracia, un gobernante de naturaleza autocrática versus un opositor que adolece de pasión autoritaria. Pero si al miedo a la libertad individual, en su sentido más llano, sumamos la maníaca persecución de una pretendida exactitud científica en zonas donde las ciencias exactas tienen poco o nada que decir, esto es, en tierras de la poesía y las artes, bastiones fundamentales de la cultura y el humanismo, nos percataremos de la indefensión a que se ven expuestos los jóvenes que han de pasar millares de horas encadenados al yugo de una educación que atenta, precisamente, contra la libertad de opinión e, incluso, contra el innato impulso creativo que yace en el seno del alma humana. Expondré ahora, lo más sucintamente posible, otro caso de estupefacción. Yo pasé por la escuela pública y por la privada, ésta última en dos modalidades: la eclesiástica y la laica. Para no extenderme en demasía, evitaré entrar en inmoderados detalles. Me limitaré a decir que mi experiencia me llevó a pensar que, de todos los males, uno debe optar siempre por el menor; así que, en acuerdo familiar, decidimos que nuestro hijo estudiaría en una escuela privada en la que se impartiera una educación laica, mixta, en la que no se predicara ningún tipo de intolerancia y con algunos requisitos sensatos en lo que respecta a formación, estas dos últimas condiciones, las más trabajosas de conseguir en el mercado educativo. Fueron no pocos los años que mi hijo pasó en una misma institución. Después de las dubitaciones propias de quien no se siente conforme con el mundo en que vive, él decidió que sólo podría estudiar humanidades. Para su tesis se propuso, hace dos años, una tarea riesgosa. Propuso el tema del ocio como fuente de la cultura, las artes y, solapadamente, la educación. Le advertimos que podría resultar un tema un tanto espinoso para una escuela tradicional, en la que esfuerzo y dedicación se premian independientemente del valor inmanente que tenga, al final, la labor realizada por y para el estudiante. Insistió en el tema, dado que él, hay que confesarlo, se sintió durante muy buena parte de su existencia como un ser avasallado por el régimen escolar. En ello llevamos coincidencias. Él es, además, un ser ganado a las artes. Es músico y tiene un extraordinario sentido para la poesía, el dibujo y la contemplación. Para colmo, los libros que se amanceban en mi biblioteca son aquellos que abordan, de alguna u otra manera, los márgenes de lo que pudiéramos denominar, una vez más, como el statu quo de los regímenes sociopolíticos, los patrones de conducta establecidos de manera piramidal y de arriba hacia abajo y las líneas de mando jerárquicas y carentes de autocrítica. Mencionaré algunos: El ocio y la vida intelectual, de Josef Pieper, El derecho a la pereza, de Paul Lafargue —el yerno de Karl Marx—, el Elogio de la ociosidad y otros ensayos, de Bertrand Russell, Virginibus Puerisque (donde figura un cáustico y delicioso ensayo intitulado Apología de los ociosos), de R. L. Stevenson, Homo Ludens, de Johan Huizinga, el extraordinario recuento de utopía que hace Alfonso Reyes en Y no hay tal lugar, los ensayos de Weber y Troelsch sobre la ética protestante y el “espíritu” del capitalismo o el de Jacques Le Goff sobre tiempo, trabajo y cultura en la época medieval, los ensayos de D. H. Lawrence, los libros de F. Nietzsche, Alan Watts y Gurdjieff. El delicioso libro La conquista de la felicidad, de Bertrand Russell, los coloquios o diálogos de Platón, Séneca, Epicuro. Los libros Anotaciones y En torno al lenguaje, de Rafael Cadenas, los ensayos de García Bacca y la obra de muchos poetas, verdaderos maestros del ocio, desde Rumi a Yeats, de Whitman a Lao Tse, de Rilke a Borges o de Ekelöf a Pessoa (6). Esos y otros libros que mi hijo se agenció de motu proprio (gesto que le saludo), le sirvieron de apoyo en la elaboración de su tesis. Al finalizar su penúltimo año de bachillerato y el primero de dos años de trabajo y múltiples lecturas para las que se requieren cierto adiestramiento y una buena disposición, su propuesta de tesis fue saludada por la profesora que lideraba la terna de jueces encargada de evaluar a los jóvenes, como un planteamiento valeroso y sorprendente, que invitaba tanto a alumnos como profesores a repensar y/o reconsiderar el hecho educativo. Ella misma afirmó que era alentador el que un muchacho viniera con tales planteamientos a la escuela pues, en ocasiones, la prisa no permite a quienes tienen la responsabilidad de impartir educación, los momentos de pausa para la necesaria reflexión y para la evaluación propia de sus actividades pedagógicas. Lo recuerdo bien, puesto que fui testigo de tal defensa de tesis. Pero otro fue el cantar durante el último año de vida escolar de mi hijo. Acaso su natural culto al ocio no le haya ayudado mucho a granjearse una mirada más obsequiosa, de parte del plantel de profesores; pero les aseguro que el ocio que cultiva mi hijo, tal como lo avizoraron autores como Pieper, Russell, Lafargue o Stevenson, en nada se parangona con el despropósito de vida que peyorativamente endilgara un pretencioso Benjamín Franklin a quienes no están dispuestos a bajar su cerviz ante el poder establecido y, menos aun, ante enfermizos patrones de conducta que tasan todo a la luz de lo pecuniario. Acaso prevenido de una situación un tanto incómoda que comenzó a experimentar con la cuarteta de profesores que fungían de tutores (un verdadero contrasentido, ¿cómo puede tener un joven bachiller cuatro tutores, asesores o guías? Por más que traten de ponerse de acuerdo, siempre habrá innumerables de diferencias de opinión entre los integrantes de la asesoría, quienes —además— hacen las veces de jurado), mi hijo me pidió que le acompañara a una de las reuniones con dos de los integrantes de tal cuarteta. Al principio pensé que se trataba de, simplemente, organizar su trabajo, lo leído, la metodología, etcétera. Pero no pasaron muchos minutos de iniciada la reunión cuando me percaté de que lo que se le objetaba a mi hijo era la defensa de una idea nacida en el seno de su libre albedrío. Esto es, se le conminaba a desdecir su propuesta, basada primordialmente en lo que planteara Pieper en El ocio y la vida intelectual, para que le diera un espacio a lo que Kant tendría que decir respecto al tema (?!). Tuve que pedir la palabra para argumentar que el marco teórico de mi hijo era precisamente la propuesta de Pieper, quien en ese maravilloso libro desnuda el culto al mundo totalitario del trabajo, el culto al esfuerzo e, incluso, el culto al filosofar como un trabajo que sólo puede ser producto del esfuerzo intelectual, tesis que precisamente Kant defiende. Nos revela Pieper en ese texto que ocio significa escuela en griego antiguo —al igual que en latín— y que está estrechamente relacionado con la vida contemplativa que postuló Santo Tomas. Quien cultiva el ocio desde ese punto de mira del espíritu se halla bastante prevenido ante la teoría del esfuerzo que el viejo Franklin quisiera que todo hombre cultivara. En mi propia cara, una de las profesoras catalogó la propuesta de mi hijo como plagada de un censurable platonismo, precisamente la misma profesora que el año anterior hubiera saludado con tanto beneplácito su propuesta del ocio como madre de la cultura. De seguidas, la otra profesora lanzó a la mesa la palabra anarquista para endilgársela a mi hijo y hacer su contribución benéfica al tema. Me mantuve impertérrito, conteniendo mis ganas de lanzarme al suelo para abandonarme a la risa involuntaria. Pensé, además, cuán abonado está el humus del espíritu humano para, tan receptiva y complacientemente, acoger la función del represor, del inquisidor o del censurador. Al salir de la reunión ya sabía yo que la cosa no iba por buen camino y previne una vez más a mi hijo sobre lo espinoso de su tema y que tendría que hilar muy fino para hacer llegar su mensaje a la audiencia y hacer valer su derecho a decir lo que piensa. Tan sólo debo acotar que él, con todas sus deficiencias, hizo su trabajo de la forma más honesta (y valiente) que puede hacerlo un colegial de 16 o 17 años. A la hora de hacer la defensa definitiva, hizo una presentación mucho más sucinta que la del año anterior y mejor sustentada desde un punto de vista teórico, a la que agregó, a modo de obertura, una lúdica charla de Alan Watts, filmada en video, titulada Work as play (El trabajo como juego) y para lo que se tomó el trabajo de traducirla y agregar los subtítulos y, como colofón, lo que él llamó “un regalo”, una presentación en homenaje a Van Gogh que mostraba parte de su obra pictórica, mientras se dejaban escuchar las hermosas notas musicales y la conmovedora lírica de la canción Vincent, de Don McLean, igualmente traducida y subtitulada por mi hijo. No pocos terminamos con los ojos invadidos por las lágrimas, incluidos algunos de los jueces-tutores. Pero al final, durante la ronda de preguntas, volvió nuevamente a la carga el fantasma del inquisidor, para hacer de las suyas con el libre albedrío. Algunas de las preguntas o comentarios de los profesores envolvían, claramente, una visión prejuiciosa en torno al tema propuesto, tal como lo planteaba, no sólo el hijo mío, sino toda la serie de autores en que se basó para llevar adelante su trabajo de tesis. Él hizo, además, mención de las críticas de Nietzsche en El porvenir de las escuelas. La profesora que el año anterior saludara entusiastamente la propuesta del tema, al final, le preguntó en tono un tanto recriminatorio: ¿qué propones?, ¿a dónde quieres ir con el tema? Ya había recuperado la compostura y arrinconado la conmoción emocional de minutos antes, causada obviamente por el “regalo” de Van Gogh y la extraordinaria canción de McLean. Además, pasaba de soslayo que Sebastián, que así se llama mi hijo, no se proponía nada, que nunca fue su intención presentarles un programa taxativo del ocio. Ello hubiera sido todo un contrasentido. ¿Cómo proponer una línea programática de algo que sólo puede ser vivenciado en la contemplación? Otro de los profesores hizo una larga exposición de motivos en pro de la laboriosidad y el trabajo, cuando Sebastián no estaba descalificando labor o trabajo, tan sólo hacía una invitación a recuperar algo perdido en el seno de nuestras atribuladas almas de ciudadanos sin tiempo para el amor, la poesía o el ver. Al final de su exposición hizo el referido profesor una pregunta, aun cuando al inicio de su intervención había advertido que no iría a formular pregunta alguna, sino las reseñadas consideraciones, a ver qué tenía que alegar mi hijo por su parte. La pregunta le conminaba a dar luces sobre cómo podríamos programar o planificar el ocio. Tuvo que reírse con franqueza, ante la cándida respuesta de Sebastián: No veo cómo podríamos programar o planificar el ocio. Me resulta absurdo decirle a alguien: tengo que irme pues a las 4:00 tengo una sesión de ocio. En suma, no quiero extenderme mucho más con este relato. Tan sólo quiero señalar los peligros que atentan contra el humanismo y la cultura en los abusos de poder, en los métodos pseudocientificistas diseñados para consolidar cuotas de poder, en la desmedida importancia que hoy se confiere a la “especialización” o la soberana preponderancia que se confiere a una metodología que se entiende como corpus formal, pero que desatiende el contenido o, peor aun, segrega o discrimina propuestas incómodas para con aquello que Rafael Cadenas denominara la “barbarie civilizada”. Por cierto, resulta curioso que una profesora que ya no es parte del plantel donde estudió mi hijo, hiciera tanto hincapié en la importancia de la metodología formal y el apego al buen uso de las referencias bibliográficas, cuando le entregó a mi muchacho un nefasto ejemplo de bibliografía. Ella reclamaba (y restaba puntos) a los alumnos que no colocaban, en estricto orden, el material citado y, al mismo tiempo, contravenía de la manera más campante la regla. ¿No es esa una muestra de desprecio o despotismo ante unos desamparados subordinados? Acostumbraba, además, a suministrar material bibliográfico a los alumnos sin anotarles el nombre del autor y los datos de la editorial responsable. Y es en actitudes y conductas como las referidas donde vemos cómo nuevamente el miedo a la libertad individual que se suscita desde adentro hacia afuera y a manera de réplica a un poder opresivo, sale vestido con las mismas telas de mezquindad, altanería y cegados golpes de pecho que engalanan al poder. Como dijera Albert Einstein: La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un sirviente fiel. Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y ha olvidado el regalo. La frase le gustó tanto a Sebastián, que invitó a que se reflexionara sobre ella al final de su defensa definitiva. Para cerrar esta glosa, me contentaré con recordar un episodio del que fue testigo un amigo mío en una universidad colombiana. Un distinguido académico recibió el primer día a los nuevos estudiantes con la siguiente pregunta: Muchachos, ¿cuántos de ustedes pasaron por la educación primaria y secundaria para llegar a esta cátedra? A ver, levanten la mano. Entre el cruce de miradas asombradas, todos levantaron la mano. A lo que el profesor les espetó: Lo siento mucho, olvídenlo. Una salida tan ingeniosa y sutil refleja, a mi parecer, una toma de posición que no pocos compartimos con el referido catedrático, ante el asedio a que se ve sometida la cultura, desde tantas y tan formidables torres de sitio erigidas por sus enemigos y, muy lamentable es decirlo, desde el seno de organismos que precisamente deberían cumplir el papel de ser sus custodios, como lo son las instituciones educativas. Mas, al parecer, y haciéndonos eco del esperanzador mensaje que Edward W. Said nos cede en el extraordinario libro Humanismo y crítica democrática (7), la cultura goza, también, de un formidable e intangible arsenal de herramientas con qué afrontar el asedio y que los humanistas e intelectuales están en la obligación de custodiar. Notas 1. Cioran, E. M. Silogismos de la amargura. Monte Ávila Editores. Caracas. 1980. 2. Borges transcribe parte del proyecto de estudios: “Todas las literaturas extranjeras podrán ser optativas y pueden sustituirse, por ejemplo: por Literatura media y popular, Medios de comunicación, Folklore literario, Sociología de la literatura, Sociolingüística, Sicolingüística”. Para leer la nota completa de Borges, haga click sobre la versión que reproducimos en scanner en el blog: http://abbrr.com/AX0. 3. Propios y extraños acostumbraban denominar al plan de estudios con una palabra del latín: “pensum”, término no del todo apropiado, si nos acogemos a las consideraciones que nos legara el filólogo Ángel Rosenblat, en el capítulo VI, “Buenas y malas palabras de la Pedagogía”, del libro La educación en Venezuela, Monte Ávila Editores, Caracas, 1975. 4. Nota al margen: yo no fui a la Escuela de Letras para eso. De hecho, no fui siquiera con la intención de “graduarme”, fui por vocación y con una romántica sed de formación, a despecho de mis padres. A muchos, alumnos y profesores les parecí seguramente un caso inverosímil, pues para nada me interesaba el aparato burocrático de lo académico, el performance, las notas sobresalientes o las deficientes, pues cuando un curso era mediocre, simplemente dejaba de asistir, sin retirar administrativamente los créditos de la materia, lo que se traducía en un 01 al final del semestre y, ostensiblemente, la ojeriza del profesor titular del curso. Me fue imposible cursar ciertas materias, no sólo porque un profesor resultase mediocre, que hubo unos cuantos en la escuela, sino porque no iba yo a doblegarme y a pasar todo un semestre calentando un pupitre para oír y leer sandeces. A nadie le aconsejo hacer como yo. Soy un caso que se sale un tanto de lo normal y no será ahora cuando pretenda corregir mi fuero interior, aunque a otros les seduzca, más bien, catalogarme como una conducta plagada de vicios. Eso sí, jamás he hecho uso indebido de la tinta para ganarme el sustento. Diré simplemente que casi todos mis libros de teoría literaria estructuralista fueron a parar en otras bibliotecas, a pesar de la desinformación espiritual e intelectual que pudieran acarrear a un lector desprevenido, pues me niego a la censura, bajo cualquiera de sus formas. En cambio, acrecenté la adquisición y, en algo, la lectura de las obras completas de Alfonso Reyes, de quien la fortuna me legara un par de ejemplares firmados por su mano, cuando era apenas un imberbe. 5. Fromm, Erich. El miedo a la libertad. Paidós. No tengo la fecha de publicación, dado que no consigo en mi biblioteca el libro que compré entre fines de los 70 y principios de los 80. 6. Muchos de los libros que tratan el tema del ocio se los debemos agradecer al poeta y profesor (siempre le diré profesor) Rafael Cadenas, durante nuestro paso por la Escuela de Letras de la UCV. Cadenas ha sido en Venezuela uno de los reveladores del humano prejuicio en torno a un tema tan vapuleado y tergiversado como el ocio. A pesar del asedio a la cultura, Cadenas pudo dictar un taller de lecturas en torno a este tema (qué estupendo sería que en todas las escuelas de letras del mundo pudieran dictarse talleres sobre el ocio o, mejor, de ocio). Algunas de sus consideraciones sobre el tema fueron recogidas en el libro En torno al lenguaje. Ha sido editado muchas veces en Venezuela, primeramente por las prensas universitarias de la UCV y es, acaso, uno de sus libros más conocidos, esperemos que igualmente leídos. Anotaciones, libro de aforismos y reflexiones, es otro aporte suyo que consideramos fundamental en torno al tema de la cultura. Para el lector curioso, ambos trabajos se incluyen en la obra entera de Rafael Cadenas que Pre-Textos publicara recientemente. 7. Said, Edward W. Humanismo y crítica democrática, La responsabilidad pública de escritores e intelectuales. Random House Mondadori, Caracas, 2006. ** Luis Alejandro Contreras luis.contreras@verizonbusiness.com Escritor venezolano (Caracas, 1955). La mayor parte de su obra, una decena de libros, permanece inédita. Fue asistente de la Dirección de Literatura del Consejo Nacional de la Cultura (Conac, 1990, http://www.conac.gov.ve). Textos suyos han sido publicados en la revista Papel Abierto, editada en Barquisimeto (Lara) por el escritor Freddy Castillo y en la antología del taller de poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg, 2000, http://www.celarg.org.ve), así como en la revista digital El Meollo (http://www.elmeollo.net). Igualmente, publicó la sección "Letras contra Letras" en el quincenario Letras. Ha participado en recitales poéticos en Bogotá y Caracas. ||||||||||||||||||||||||||||||| LETRAS |||||||||||||||||||||||||||||| *** Naturalezas muertas Marcela Aguilar Morales *** El guardián del faro Yvette Schryer *** Los lugares comunes (extractos) Beatriz Vanegas Athías *** Palabras regadas por el piso Luis Alejandro Ordóñez *** Poemas Simón Zavala Guzmán *** En aquel entonces Moisés Sandoval Calderón *** Poemas Rafaela Pinto *** La explanada Sergio Borao Llop *** Poemas Stephanie Carolina Amaro Vans *** Don Goyo Susana Arroyo Furphy *** Poemas Oscar Portela *** La entrevista Antonio Mora Vélez *** Poemas Sergio Ortiz *** Las leonas Gilda Manso *** Poemas Juan José Cantón y Cantón *** Carta de desamor Ligia Minaya === Naturalezas muertas Marcela Aguilar Morales ====================== *** La hoja La hoja, tremolante y veleidosa, se viste con colores de otoño. Es el tiempo, que todo lo cambia, quien le dice: —Acuérdate de que yo existo. La hoja seca, curiosa como todas, se libera de la rama. Es la rama la que expulsa ese cuerpo inútil. Se desliza por el aire enamorada de la brisa. Es un aire violento que la arrastra contra su inútil resistencia. La hoja cae lentamente para posarse serena en la tierra. Es la tierra furiosa que con gravedad la aprisiona. Se amodorra entre la hierba, para contemplar a sus hermanas, las hojas verdes. Es la tierra hambrienta que le va abriendo un espacio, en el panteón de sus entrañas. *** La piedra Aquel que se sintió libre de pecado, arrojó con odio la primera piedra, que pasó de esas furibundas y acusadoras manos a girar por el aire, buscando la cara del pecador. Pero en su recorrido de lance certero rememoró la piedra sus inmemoriales culpas. Recordó que en el camino de una vida fue ella la perenne piedra de tropiezo, y siempre tuvo el anhelo recóndito de ocupar en el hombre su trono vital. Recordó ser la delatora bulliciosa del río y el arma suicida en las manos de un niño. Al rememorar todo esto, la piedra se sintió pecadora y desvió su camino en el momento preciso para pasarse de largo por aquella cara espantada. *** Sentimientos interiores I En la garganta tengo pena que no madura lamento. En los ojos tengo lluvia que no quiere lucimiento. II Me tocó la vida con las manos vacías de amor. Me tocó esta vida que en vano silencio vivo. III Mi furia se hace viento, y como viento se disipa. Mi arrebato se hace polvo, y como polvo se alisa. *** Vida Vida que no detendrás tus bríos para llorar mi ausencia. Aminora tu prisa cuando lleguemos a la sima que ya avizoro. Apresuradamente y sin perturbarte, daré un salto ligero para dejarte. No aspiro solemnidades ante mi ausencia, pero bienquisto será el dolor que me celebre ...y me cante (maestro Whitman), porque orgullosa ostento el desierto de mis pesares. *** El adiós Si la vida se acaba ...diré gracias. Si la vida al fin se acaba ...diré adiós. *** Acaricio los dulces recuerdos Acaricio los dulces recuerdos, mientras escucho el lamento del viento que golpea impetuoso las hojas del tiempo. *** Desde mi rincón de tinieblas Desde mi rincón de tinieblas he contemplado tu caída. He visto derrumbarse como arena el ego que te edifica y diluirse con tu llanto el néctar almibarado de tu existencia. Desde mi rincón de tinieblas ha reposado mi alma en la modorra maligna de mi existencia, y he reído con tu llanto y he gozado con tu angustia. Desde mi rincón de tinieblas he visto que te has levantado. Has sacudido tu noche y te has erguido con el Sol, mientras que yo he seguido viviendo, en mi rincón de tinieblas. *** Inmortalidad Ha empezado a contraerse mi inmortalidad. Y me deja al pendiente, del que va y del que viene, ...del tiempo que antes me ignoraba. Ha empezado a quebrarse mi eternidad. *** Duda Quiero las palabras llanas y los ritmos como montañas. Quiero la luna centelleante y el Sol mortecino y vacilante. Hace cuatro versos que espero la alborada. Que la claridad remoce esta musa nocherniega de erráticas palabras que desafían la cadencia. Una palabra cae en mi vacío y por un instante agita mi sopor sombrío. Pero pronto se descubre vana y desolada, se abandona a mi abismo y se extravía derrotada. Hojas marchitas de tinta me pueblan cortadas en el vuelo fugaz de la musa. Hojas infamadas por una polución precoz. Duda, pájaro insomne que aleteas sobre mi lecho. Es la voz del vate un eco palpitante, ¿tendrá ese eco mi voz? ** Marcela Aguilar Morales sinperdon73@hotmail.com Escritora y periodista boliviana (Santa Cruz de la Sierra, Potosí). Actualmente reside en la parte oriental de su país, donde se estableció a principios de los 90. Egresó de las carreras de comunicación social y filología hispánica. Ocasionalmente escribe artículos periodísticos, pero su trabajo está abocado a la enseñanza universitaria y al trabajo de corrección de textos. === El guardián del faro Yvette Schryer ============================== Cuando acepté el trabajo en el faro de Punta Sirenas pensé que era la ocasión ideal para preparar mis últimos exámenes porque la llegada de mi hermana, con sus tres adorables vikingos, me impedía toda concentración. Tuve que resignarme a estudiar en la biblioteca de la universidad, donde encontré a Alfredo a quien no había visto desde el liceo. Fuimos a tomar un café. Él estaba preocupado, se acababa de comprometer y no quería estar alejado de su pareja durante el verano. —¿Qué te lo impide? —Un trabajo que tomo todas las vacaciones. —¿De qué se trata? —¿De qué se trata, qué? —El trabajo... —Reemplazo al guardián del faro de Punta Sirenas durante dos meses. —¿Y..? —Y esta vez no puedo dejar sola a Rita. —¿Celoso? —No, responsable. Está embarazada, lo supe hace poco. Tengo que encontrar a alguien que me reemplace. 2 Llegué al faro y el prefecto marítimo me dio las instrucciones. Dijo que el guardián estaba enfermo y que durante mi permanencia buscarían a otra persona para el cargo. Alfredo, que estudiaba psicología, me había comentado que el hombre presentaba los síntomas de una alienación llamada “síndrome del faro”. El encuentro con Alfredo parecía haber sido programado para que yo solucionara mi problema y él el suyo. No sólo encontraría el tiempo para estudiar y escuchar música, sino que podría terminar de escribir mi novela. Pagaban bien, si se tomaba en cuenta que me ofrecían alojamiento y comida gratis. 3 Después de los primeros días en los tuve que acostumbrarme a un nuevo ritmo biológico (dormir de día y trabajar de noche) me ambienté sin problemas. El trabajo era mínimo. Las comunicaciones con los barcos son casi inexistentes. Hoy todos poseen equipos que les permiten orientarse y acercarse a la costa sin las referencias del faro. Las embarcaciones pequeñas y las barcas de pescadores son las que se guían por las luces. Mi trabajo era estar atento a esas pequeñas embarcaciones y mantenerme en contacto con la gendarmería marítima para comunicar el movimiento o pedir auxilio en caso de necesidad. Ninguno de esos casos se presentó en los dos primeros meses. Se acercaba el momento de volver a casa y me di cuenta de haber desaprovechado el tiempo. Había estudiaba poco y sin ganas, mantenía innumerables contactos por Internet, jugaba al ajedrez y sobre todo escribía mi novela con pasión. Antes, en la ciudad la prioridad iba al estudio. Hice examen de conciencia y comprendí que la carrera que había elegido no me gustaba. Estaba en plena crisis cuando me llamaron de la capitanería del puerto para ofrecerme el trabajo en forma estable. Sentí que una vez más el destino decidía por mí y acepté sin reflexionar. Los sábados por la noche los tenía libres y trabé algunas amistades en el pueblo. En mi noche libre se ocupaba del faro un muchacho de mi edad que creo que lo que más le atraía del trabajo era la posibilidad de pasar la noche con su chica. Los reemplazantes que le sucedieron, hacían casi todos lo mismo. Muchas veces encontré huellas de mujer. Señales de rouge en los vasos, hebillas para el cabello en el diván... un perfume que flotaba en el ambiente... Yo recobré la serenidad; no me sentía culpable por haber interrumpido mi carrera, al contrario; me deleitaba con el rumor del ulular del viento y el choque de las olas contra los acantilados. Cuando el mar estaba en calma el silencio era absoluto. Escuchaba música, escribía frenéticamente y sentía aumentar mi creatividad. Pasaron los años. Terminé mi novela y ya empezaba a esbozar la trama de otra. Mandé mi escrito a una editorial y después de un tiempo dejé de esperar la respuesta. 4 Hace ya más de veinte años que trabajo en el faro. Me hace reír esa palabra, me pagan para disfrutar de una vida que nunca imaginé que podría permitirme. Vivo como un anacoreta, medito mucho, hasta creo que pienso menos. Estoy cada día más cerca del Nirvana; el vacío de la mente. Me nutro de música, de lecturas, de silencio y del mar, que es el marco de mi vida. Soy feliz, no necesito emborracharme para sentir un continuo y creciente estado de embriaguez. Cada noche es una nueva aventura para mí. Ayer estaba escribiendo cuando escuché rumor de pasos. ¿Sería la sirena? Parecía que quien subía tomaba largas pausas entre escalón y escalón. Luego vi aparecer a una desconocida en el pequeño vano de la entrada. A veces recibía alguna visita del pueblo, pero a esta mujer nunca la había visto. Su respiración era agitada. Lo primero que hizo fue pedirme agua. Se la di de inmediato. Sentada en el sofá bebió con avidez. Se recostó sin decir palabra. Parecía exhausta, sus ropas de extraños colores estaban laceradas y sucias de barro, los cabellos eran un alboroto rojizo en el que asomaban cintas y peinetas. Viendo los pendientes rojos que colgaban de sus lóbulos, pensé que debía ser una gitana de la caravana que había acampado cerca del pueblo. Cuando la primera impresión se debilitó, comencé a sospechar que la había visto en otra oportunidad, pero no recordaba cuándo. La dejé descansar, pero al rato empezó a agitarse nuevamente y de pronto, vomitó un líquido verde. Asustado llamé a la prefectura marítima. La mujer parecía estar poseída de una fuerza renovada, se levantó, me tomó con firmeza de los brazos y caímos juntos en el sofá. Las náuseas del olor que despedía me hicieron vomitar también a mí. La vinieron a buscar y me obligaron a acompañarla al hospital. 5 Aquí, en el hospital, me repiten que no había ninguna mujer en la ambulancia y que yo debo permanecer en observación porque ya tuve otra vez una alucinación. ¿Alucinación? Pero si tengo uno de sus aros en mi mano... protestaba. Dijeron que no es la primera vez que llego al hospital en gran estado de agitación, que hablo de sirenas y gitanas inexistentes. Vendrá a visitarme un psicólogo. Me dieron calmantes y por un momento surgió claro el recuerdo de esa conversación sostenida con Alfredo, hace más de veinte años, cuando aludió al “síndrome del faro”, causado por el silencio y la prolongada soledad. ** Yvette Schryer ivets@netvision.net.il Escritora argentina (1932). Reside en Israel desde 1970. Estudió filosofía y letras en Buenos Aires. Publicó en 2003 el libro de cuentos Un ramo de prosas en la editorial Índigo, de París. Madre de 2 y abuela de 6. Habla italiano, francés y hebreo. Imparte en Israel lecciones de castellano y dirige un taller de escritura creativa en castellano. === Los lugares comunes (extractos) Beatriz Vanegas Athías =========== *** En la puerta Cuando abres la puerta de tu casa, Es posible que halles la síntesis de tu vida. Es todo un evento desplegar la puerta. Aunque pasen los años y el hastío apolille Tus sueños de aventura, allí, en la puerta, Encontrarás las piezas Para completar el rompecabezas de tu ser. Hallarás la alegría en la carta Que te anuncia el fin de la ausencia. La desazón y las sin salidas En los recibos incalculables. El aburrimiento en la visita indeseada. La ilusión en la invitación anhelada. La zozobra en los golpes a la medianoche. Abres la puerta para salir de la jaula. Cierras la puerta para proteger el amor Y desbordar la ternura. Al pie de la puerta añoras a quien se fue. Al pie de la puerta ocurre el regreso. La tarde entra por ella Y el alba y su soledad también. Es todo un evento desplegar la puerta, Aunque pasen los años y el hastío apolille Tus sueños de aventura, allí, en la puerta, Encontrarás las piezas Para completar el rompecabezas de tu ser. *** Todo lo que quiero es un balcón propio Un balcón propio Con persianas de madera Y cortinas fragantes Para ver a las mujeres lindas Pasear su tristeza maquillada Y a las mujeres feas Conformes con su andar Y amargadas con su sal. Un balcón con persianas de madera Para ver a los hombres cansados Con el peso del amor inexpresado. Un balcón propio Para ver la mecedora balancearse en la luna Y las redes aferrarse al azulejo Y al asesino pasear con los bolsillos Plenos de dinero adolorido. Todo lo que quiero es un balcón propio Para descorrer la lluvia Y encarcelar al aire Y acariciar la gota que se amañó En la hoja del almendro Y soportar a distancia La lucha del hombre con el ancla; Y sonreír con la dejadez Del que sólo espera la noche y el bocado. Y una tarde sin premura Tomar tu dulce mano pequeña Tocar como ciega tus ojos punzantes Saborear tu sonrisa confiable Y dibujarle a la noche Los colores del escándalo. *** Rastro del horror 4 Aquí estuvieron dos meses, Con ellos compartieron Desde el tinto aliviador Hasta los hijos luminosos. Desde la noche culebrera Hasta el amanecer sin sol Y también la hamaca bondadosa. Un día se fueron. Una madrugada regresaron Porque suponían que esa generosidad No era exclusiva para ellos. La tarde del día que volvieron Fue una tarde arrogante Y el crepúsculo conejero Ayudó a un mayor desamparo Regando su esplendor púrpura Sobre los matorrales. Y no fue con bala. No lo merecían: La mano que un día quebró cimientos Y edificó hogares fue la encargada. Entonces pasaron adelante Acomodaron el rostro sobre la piedra: Una mano sostenía, otra asestaba. Luego fueron los golpes secos de la mona: Veintisiete exactos golpes Sobre la piedra que mató a Chengue. ** Beatriz Vanegas Athías beatri12@yahoo.es Escritora colombiana (Majagual, Sucre, 1970). Premio Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia (1993) con el libro Abriendo las piernas a la carne, publicado por Editorial Lealon, de Medellín (1994). Premio Departamental de Poesía, Fondo Mixto de Sucre, con el libro Galería de perdedores, publicado por la misma editorial (2000). Finalista en el Tercer Concurso de Poesía Amorosa en Palma de Mallorca (2006). Cronista y reportera de los suplementos culturales de los diarios Vanguardia Liberal (http://www.vanguardia.com), El Meridiano de Sucre (http://www.elmeridianodesucre.com.co) y El Meridiano de Córdoba (http://www.elmeridianodecordoba.com.co). Trabajos poéticos suyos han sido publicados en antologías de poesía departamental y nacional y en las revistas El Túnel, de Montería, y Puesto de Combate (http://www.puestodecombate.com) de Bogotá. En 2006 publicó Los lugares comunes (poemas), con la Editorial Sic (http://www.siceditorial.com) de Bucaramanga. Coordina el Taller de Lectoescritura “Sara Malacara”, donde promociona la literatura infantil y juvenil, y es candidata a magíster en semiótica de la Universidad Industrial de Santander (http://www.uis.edu.co). Mantiene una bitácora personal en http://lasnochesdesaramalacara.blogspot.com. === Palabras regadas por el piso Luis Alejandro Ordóñez ============== Ella preferiría que el sobre desapareciera bajo el polvo o que una ráfaga de viento lo arrastre a un rincón donde lo aguarde el olvido, que pase algo para que ella pueda olvidarlo para siempre, un siempre que no duraría mucho pues ella quiere olvidar no ese sobre en particular sino todos los sobres, y sabe muy bien que pronto llegará el siguiente, y después el otro, y así hasta quién sabe cuándo, hasta que el apartamento se llene de sobres por olvidar, de sobres ignorados pero al acecho, dispuestos a saltar sobre su memoria y sobre su curiosidad al paso de una inocente escoba o tras el torbellino producto de hacer o deshacer la cama. Por eso, se decide. Apenas a unos treinta centímetros de la puerta está el sobre esperándola. Lo mira temerosa, y de pronto, llena de una desesperación que solemos confundir con la valentía, corre hacia el sobre, sus pies se deslizan antes de detenerse, casi cae, pero no intenta recobrar el equilibrio, utiliza las fuerzas que la arrastran hacia abajo para con el mismo impulso tomar el sobre e hincarse de rodillas en el piso. Apenas un instante, una mirada casi furtiva, le basta para saber que es uno de los sobres a los que tanto teme, se llena de rabia, de furia y lo rasga con fuerza, con tanta fuerza que rasga también el contenido, lo rompe en pedazos y riega los pedazos por el piso, caminando de rodillas como quien paga una penitencia. Arrepentida, busca cinta adhesiva y recoge uno a uno los trozos de papel. Pudo más la curiosidad, aunque ya conoce el contenido. Las cartas en blanco, si el que estén en blanco permite seguirlas llamando cartas, se suceden una a una, sin explicación, sin justificación, sin clave para descifrarlas. Por eso la rabia, rabia que aumenta con cada nueva carta, ella odia esas hojas en blanco; también, la intrigan. Quiere saber lo que dicen, lo que sienten, por eso no soportó la imagen de los trozos regados por el piso, condenando al perpetuo silencio el mensaje que traían cuando eran carta, mensaje hecho de silencio pero no mudo. Reconstruye las hojas con precisión de cirujano, como si poniendo un pedazo en lugar de otro alterara para siempre el mensaje, convirtiendo el silencio de esas hojas en un silencio diferente al que llevan escrito. Este silencio es único, ella lo sabe. Terminado el remiendo, se levanta con tres hojas en la mano y va a guardarlas junto al resto. El pequeño montón formado por las hojas casi idénticas, diferenciadas apenas por el número y posición de las tiras de cinta adhesiva, o por la ausencia de las mismas, se le muestra como un acertijo indescifrable. Revisa las hojas una por una como si fuera una celosa coleccionista juzgando el valor de las piezas y determinando la suma que piensa invertir en ellas. La cabeza se le llena de preguntas sin respuestas, o con la misma, única e invariable: el silencio. Pasan unos largos minutos y no se mueve, no pestañea, casi no respira, simplemente está ahí, quieta, sin tener nada que hacer salvo esperar por la nueva carta, por las hojas en blanco, por la perpetuación del silencio. Sin mostrar algún cambio de ánimo devuelve a su lugar el montón de hojas, justo al lado de otro montón, el de sobres. De inmediato se da cuenta de que no puede dejar el sobre como está. Toma de nuevo la cinta adhesiva, y con la misma precisión y paciencia de la que antes fuimos testigos, va haciendo de los trozos un sobre de nuevo o un nuevo sobre, que no podemos descartar que haya sido la segunda cosa lo que pasó. Pero este sobre era distinto a los otros, ella lo sintió apenas el sobre volvió a tener forma en sus manos. No eran los remiendos, experta como era había quedado muy bien a pesar de que la solapa, producto de la cinta adhesiva, se torcía como si una ola de papel hubiera sido petrificada justo antes de romper. Era el remitente, había algo distinto en él, y no se trataba de la grieta que lo partía en dos y que un pedazo de cinta adhesiva unía, no, no podía descifrar qué era, tal vez algún cambio en la dirección, no lo sabía, no reparaba mucho en el remitente, nunca reparó en el remitente, para ella se había convertido en un dibujo, en un adorno, el remitente se le volvió inútil desde el mismo momento en que pensó exigir explicaciones, responsabilidades, palabras y sonidos y no se atrevió, convencida de que el silencio de los mensajes era un código, enviar una carta de vuelta o presentarse en la dirección del remitente podía resultar una violación de ese código, perdiendo toda posibilidad de comprenderlo, de descifrarlo. Ahora, con todos los sobres en la mano, se concentra en ese pequeño conjunto de letras agrupadas en palabras, en ese corto párrafo que le permitiría hacer de vuelta el recorrido que hicieron las cartas, compara uno a uno los trazos, corroborando que cada letra coincide de un sobre a otro, uno a uno va comparando todos los sobres, el último con el recién llegado, el anterior al último con el último, hasta llegar al primero, a la primera carta, la carta que pudo haber atribuido a un error de esos que suceden en las comedias: cambiar el contenido de un sobre por el de otro, o, como habría sido en este caso, cambiar la carta escrita por los papeles sin escribir. El remitente siempre ha sido el mismo, pero el desasosiego persiste. Pasa horas frente al montón pensando en esas letras, y cuando trata de olvidarse de él haciendo alguna cosa, a cada instante su pensamiento vuelve a los sobres apilados y sus piernas la ponen de nuevo frente a ellos. Cuando volvió a tomar la pila de sobres, sucedió. Al pasar los sobres de una mano a otra pudo ver que sí existían diferencias en los remitentes, había algo que cambiaba con el paso de los sobres y no simplemente la distribución de los mismos. Tomó los sobres con una mano, aprisionándolos por el centro, con la otra mano dobló hacia atrás el extremo del remitente, y con un imperceptible movimiento del dedo gordo uno a uno los sobres recuperaban su posición inicial perdiendo su secreto. Porque el movimiento de los sobres trajo consigo otro movimiento, la extraña danza de las letras escritas en el remitente, levantándose y acostándose en una rueda ritual clamando por algún don negado por la divinidad. Tal vez clamando por palabras. Decidió ordenar la coreografía con la fecha del matasellos del correo, como si eso bastara para entender el significado de la danza. Pero nadie ha visto a las letras bailar como para saber cuán sencillo o no es saber lo que dicen en el baile, y si lo llegara a saber, después tendría que hacerse la pregunta más difícil: por qué danzan para ella. Pero ya habría tiempo para saber por qué bailaban para ella, primero había que entender el baile. Pronto se convence de que el remitente no baila solo. Repite el movimiento de su dedo, esta vez con el abanico mucho más amplio, dejando que las letras en el centro de cada sobre se sumen al movimiento, confirmando que ellas son parte del baile aunque no al mismo ritmo que las del remitente. Danza en dos tiempos, remitente y destinatario, dos sujetos, o sujeto y predicado, la música que mueve a esos cuerpos es sin duda el lenguaje intuido, esperado. Intrigada y esperanzada, ordena los sobres buscando similitudes en la inclinación de la letra, encontrando diferencias en los trazos y aventurando explicaciones. Los sobres fueron agrupados de acuerdo a las características de la letra, al principio se conformó con dos grupos: remitente caído destinatario erguido y remitente erguido destinatario erguido, que destinatario caído no había ninguno. Luego, fue más meticulosa y subdividió los montones, diferenciando la más mínima inclinación de la letra, clasificación que no intentamos explicar ni reproducir aquí porque remitente medianamente caído destinatario notoriamente erguido es una categoría fácilmente confundible con remitente ostensiblemente caído destinatario erguido a secas. Pronto tuvo tantos montones de sobres que se vio obligada a esparcirlos por el piso, sentada frente a un altar de papel y letras lanzando los caracoles para leer el destino. Las categorías de tan meticulosas que se volvieron no permitieron la coincidencia de ningún individuo. El suelo se volvió más y más pequeño, apenas con el espacio necesario para que ella se movilizara en el desorden de sobres regados. Pero no había tal desorden, jamás ni nunca un remitente prepotentemente erguido destinatario apenas erguido podía estar al lado de un remitente esperanzadamente erguido destinatario hermosamente alto, ni soñar con que lindara con un remitente miserablemente caído destinatario inalcanzablemente erguido. A su tarea apenas le hacía falta un poco de reflexión, pensar en las categorías sin el enceguecedor afán de ubicar un sobre, para darse cuenta de que estaba a punto de descifrar los mensajes que las cartas traían disfrazados de silencio. Apenas se detuvo para escuchar el ahora ruidoso lenguaje, la preocupación llenó su cuerpo. Necesitaba el último sobre, el recién llegado; lo vio de inmediato, no por las tiras de cinta adhesiva sino porque ya ningún sobre era igual a sus ojos. Tomó el sobre y lo leyó como si apenas hubiera traspasado el umbral, y aunque intentó darle un distinto significado, tuvo que rendirse a las evidencias, tenía entre sus manos el remitente humilladamente caído destinatario indiferentemente erguido. Un temor insospechado la invadió. Como nunca antes lo había sentido, el miedo a la soledad se apoderó de cada uno de los nervios de su cuerpo, la necesidad de tener esas cartas en blanco siempre junto a ella y de estar a la espera de la nueva carta de pronto se reveló como el significado de la vida, y la posibilidad de que la nueva carta bien pudiera no llegar hizo de ella el más miserable de los seres. Sin embargo, había una esperanza, se vistió rápidamente y salió. Volvió una media hora después bolsa en mano. De la bolsa sacó un paquete de hojas, lo abrió, tomó entre cinco y seis, las mira escrutándolas, aprobándolas, no cualquier hoja serviría para sus propósitos, pasó sus manos por ellas, sintiendo la textura, incluso disfrutando el roce. Volvió a la bolsa y de ella sacó un sobre, dobló las hojas tres veces hasta que cupieron dentro del mismo y lo cerró. Tomó un bolígrafo. Con cuidado, con esfuerzo, dibujó el remitente y el destinatario, cambiados acertadamente de lugar según el modelo: los sobres enviados a ella. Pero el resultado no la dejó del todo conforme, la letra se entendía, llegaría a su destino, no hay duda, de lo que no estaba segura es de haber dicho lo que quería decir, por más que conoce sus intenciones, por más que intenta encontrarlas expresadas, le cuesta ver un remitente implorantemente caído destinatario añoradamente erguido. A pesar de sus dudas y segura de no tener mucho tiempo, volvió a salir, carta en mano, quién sabe qué obtendrá de semejante intercambio. Pronto, obtuvo la respuesta. El remitente feliz destinatario anhelado ocupó su lugar en el piso del apartamento y de inmediato ella fue a no escribir su respuesta. Comenzó así el profuso intercambio de páginas en blanco escritas con desespero, con avidez, con deseo. El piso del apartamento de ella fue tomado más y más por el mapa de emociones que estaba construyendo, de la sala a la cocina, de la cocina a la habitación, donde cada nuevo sobre se ubicaba en el sitio preciso, en el lugar donde sólo era necesaria una simple mirada para que todo lo que la carta quería decir fuera dicho sin necesidad de palabras. En un par de vueltas de correo, las cartas comenzaron a tratar un único tema: remitente ansiosamente erguido destinatario cercanamente erguido, la posibilidad, la necesidad del encuentro, el cómo sería, cómo debía ser, el cuándo. Tras un par de días de indirectas y tanteos recibió la carta, no necesitó más de dos pasos para llegar al punto exacto en el mapa de emociones: junto a la puerta de la calle. Dejó la carta en el suelo, abrió la puerta y salió, envío expreso, certificado, de alta prioridad. Cuando abrí no hubo saludos ni presentaciones, nos conocíamos lo necesario, sabíamos qué hacer, los dedos recorrieron caminos nunca visitados pero no extraños. Como si las cartas hubieran estado llenas de instrucciones no hubo espacio para la torpeza del primer encuentro, todo movimiento, todo roce, toda caricia era correspondida al máximo, el placer más intenso se hizo presente desde el principio, ahí, en el umbral, nos amamos, y amándonos llegamos hasta la habitación, acomodándonos en la cama donde continuamos amándonos y donde podríamos descansar si alguna vez terminábamos de amarnos. Ella despertó invadida por el sobresalto de no reconocer el sitio donde dormía, como si hubiera sido trasladada hasta ahí durante el sueño. Tardó un par de segundos en poner las cosas en orden, entonces pudo verme dormir a su lado, por primera vez me miró con detenimiento, se entretuvo con mi cuerpo, posando la mirada en cada centímetro, en cada lugar donde habían estado sus manos, sus labios y su lengua. Quiso volverme a tocar pero no se atrevió. Sintió algo de miedo frente a ese invasor que yacía junto a ella, un cuerpo extraño, una forma precisa, la evidencia de que el silencio de nuestra relación no había sido sino otra forma de lenguaje, simplemente una manera de traducir emociones, y como toda traducción, nuestro silencio era imperfecto, incompleto, presentaba vacíos que no podíamos llenar porque estaban hechos de otro tipo de silencio, uno absoluto, uno incomprensible. Para no seguir pensando en ello decidió recorrer el apartamento. En la cocina se sirvió un vaso de agua y caminó por el salón. Luego, entró en un cuarto y vio el escritorio. Sobre él, estaba la columna de papeles en forma de L que no eran otra cosa que cartas metidas perpendicularmente en sus sobres apiladas unas sobre otras. Al acercarse pudo reconocer sus propios sobres. Tomó el de más arriba, el último que escribió, y de inmediato vio las hojas llenas de palabras, la carta que ella había escrito a través de otro, el mismo que continúa durmiendo en la habitación de al lado. Una palidez mortuoria invadió su cuerpo, no es fácil encontrarse con espejos de tus propias emociones, de tus pensamientos, y ella se reconocía en cada frase, en cada oración, en cada párrafo, una coincidencia que la aterraba y la fascinaba. Leyó todas y cada una de las cartas, pasó casi dos horas leyendo mientras yo le obsequiaba un sueño tan largo y profundo que comenzaba a hacérsele sospechoso. Sin embargo, no se levantó hasta terminar de leer el último dictado, porque eso eran, dictados que no necesitaron su presencia para ser tomados a la perfección. ¿Cómo lo logró? ¿Cómo lo logré? No sé, quizás sea un don, quizás sea que nos hemos vuelto muy predecibles, pero me basta una letra, una palabra escrita del propio puño para leer no lo que está escrito sino los sentimientos y pensamientos con que se escribió y que no fueron trasladados al papel. Es una habilidad moribunda, ya son pocos los que escriben a mano, por eso trato de forzar los acontecimientos en búsqueda de reacciones y respuestas como las de ella. Antes de enviarle mi primera carta la había conocido bastante bien, observándola, escuchándola y leyéndola desde su red de amigos y simplemente quise relacionarme con ella de una manera que nunca había intentado. Terminó de leer la última carta, la primera que había enviado, puso el conjunto tal cual lo encontró y volvió al cuarto donde yo me hacía el dormido. Me miró y sintió celos, creía saber todo sobre mí, pero una escueta clasificación le había bastado. Demasiadas cosas pueden caber dentro de un remitente humilladamente caído destinatario altivamente erguido y ella no se había dado cuenta, se había conformado en su imposibilidad de ir más allá, de trascender ese código para convertirlo en un idioma capaz de expresar las emociones más complejas, los pensamientos más profundos, de revelar las contradicciones de quienes lo utilizan. Me miró hasta que tuve que abrir los ojos, le sonreí, la atraje hacia mí y volví a amarla. Pero ya algo estaba roto y no iba a poder recomponerlo. Me paré y fui al baño, dándole la oportunidad de que decidiera qué hacer. Sé que está vistiéndose, sé que está marchándose, escucho la puerta del apartamento, salgo del baño y no quedan rastros de ella. También se llevó las cartas. Estoy a la espera. No puedo enviar otra carta hasta que ella dé algún paso. Supongo que está buscando explicaciones, tratando de encontrarlas en el mapa de emociones. Puedo verla caminar por su apartamento de un lugar a otro, intentando agregarle informaciones y emociones a su ahora insulso código. Si logra sobreponerse a la terrible sensación de sentirse leída sin haber escrito, de sentir que todo lo que podía decir ya había sido dicho antes, tratará de comunicarse conmigo y entonces nos jugaremos la posibilidad de construir algo más que este lenguaje de sobre y malos entendidos. Pero si no puede manejarlo, si no puede asimilarlo, soportarlo, entonces destruirá el mapa de emociones, tirará los sobres a la basura e intentará borrar cualquier rastro de mi presencia en su vida. Contra eso no puedo hacer nada salvo recordar la noche juntos y algunos pasajes de las cartas recibidas, mientras intento comunicarme con alguien más de una manera profunda y significativa en medio del estruendo y bullicio en que vivimos. ** Luis Alejandro Ordóñez laordonezs@yahoo.es Escritor venezolano (Boston, EUA, 1973). Es politólogo, funcionario público y profesor universitario. Cuentos y artículos de su autoría han sido publicados en diferentes revistas, semanarios y páginas web. Mantiene la bitácora Pulga de Libertad (http://pulgadelibertad.blogspot.com). === Poemas Simón Zavala Guzmán ======================================= *** El espejo Sé que nunca he estado aquí ni que nunca he llegado el rostro de este muelle ha mirado mi vida con compasión detrás de esta marea hay reposadas playas donde anclar navío tras navío he crecido entre puertos sintiendo las ausencias náufrago empecinado de tantas travesías he vuelto a revivir he vuelto a ser silueta sombra sangre y epidermis. Bebo una cerveza frente al muelle bebo otras me caen las nostalgias de una mujer durmiéndose en mi pecho de qué color es su piel dice mi insomnio dónde está su pequeño volcán para hundirle mi fuego las vidas que atravesé saltan cruzando el tiempo otra memoria nace entre las arrugas de la vida la ciudad comienza a despertarse de su sopor de madrugada la calle es una larguísima cadena de recuerdos e ideas trastabillan mis huesos miro a la muerte en medio de la niebla y siento que en mí se rebelan todos mis cadáveres que están todavía con su sangre tibia. Me levanto de esta nueva caída y veo que nadie habita esta desconsolada vía que no existe este puerto ni este muelle y que yo aún agonizo en otro tiempo. *** Daguerrotipo El pensamiento es una obstinada brújula que empuja hacia la eternidad. Duele la voz por el júbilo de darle olor a la palabra pasa el hombre irreverente con su verbo por los tiempos de los tiempos transpira su ansiedad en los misterios que su imaginación le insufla vuelve sobre sus húmedos vestigios sobre la sangre que todavía late entre sus huesos dolorosos levanta su garganta ebria de furias y desgarramientos se encabritan todos sus sentidos una vieja sílaba se convulsiona como un pez sobre la cresta de una ola de obsidiana el viaje inevitable transita por la cosmogonía con hambre de saber se devora el tono pensativo del creador agoniza la frase y brota otra y otra. Un viejo jazz despierta entre las hojas de un libro el recuerdo espera tranquilo su tributo de muerte entre ayes metálicos los ojos exiliados hurgan en el maldito discurrir semántico. Dónde está la iluminación de la palabra dónde está la revolución de esta edad que no puede aceptar pasivamente las cosas dónde está el cataclismo de la memoria que debe conmovernos. La palabra se eleva saca sus dientes con ira se subleva y brota la poesía con sus ángeles y demonios a cuestas. *** Ángelus Lo contemplé pensando que debía mirarlo con otros ojos que era necesario volcar todo mi lenguaje hacia sus alas detenidas abruptamente en el tiempo que había que darle imaginación con toda la fuerza de mi mente porque su vuelo era mi ser viajando más allá de los anónimos profesores de la poesía lo contemplé con miedo sintiéndome convicto de sus significados escuché embriagado de paz los sones innumerables de su canto interior Vi el esqueleto de su ser lleno de profecías. Qué sitio dije hay para que pueda caber aun con el llanto de sus detractores. Dónde estará libre del asedio de esos críticos sin poesía en el alma de esos demonios de la palabra. Lo observé con ternura sobre el papel me conmoví frente a su inminente palpitar sentí su luminoso alimento le di el soplo vital y el poema desnudo se abrió en el paraíso del idioma y voló sin miedo acariciando la voz de aquellos que sin vacilación quisieron leerlo también con otros ojos. *** La palabra Quede el sonido allí que sólo baje por la oscilante simetría del eco que resbale por su propia ansiedad por su delirio de ser voz que mida la distancia entre la sílaba y la miel del verbo que viaje por las sinuosidades de su aliento interior. Sólo así podrá ser. Y cuando quiera estar en la pregunta en el indescifrable cosmos del acento que pase a ser cadencia ritmo en la ascendente escala rito en la musicalidad y plenamente brote a la luz como un susurro líquido en la secuencia de las sensaciones. *** La odisea Busca la longitud del firmamento la imagen del espejo abre la noche con tu barco a velas lanza tu catalejo a perseguir planetas si una estrella te guía muérdole los pezones y seca siempre la red para mañana. Encontrarás la llave. Esa costa imposible que alimenta tu viaje ese Ulises que te metiste adentro cuando inventaste el muelle. Aguarda no te vacíes sobre la liquidez del mar sigue el itinerario de los peces el paso de los sueños el trigo de tu pan. Descubrirás la ciudad que deshiciste en tu imaginación la que ha tendido el límite a tu brújula. Cuando regreses junto a la chimenea ella estará tejiendo la esperanza. *** Recordatorio Fue en sus senos pequeños y delicados que mis palabras aprendieron a cavilar sobre brasas cuando era tierna todavía y tímida y no amada y yo era un sexo ávido transitándola hasta enloquecerla y un impúdico beso esculpiéndola y un obsceno deseo derramándome en sus cabellos en sus axilas recién perfumadas en sus muslos de albaricoque que se elevaban sin comprender que estaban poseídos por pájaros incansables en la bóveda de su sexo frágil que en mi lengua se iluminaba como un astro. Distantes están las manos que supieron tantas veces de las formas visibles de su cuerpo de sus íntimos estertores que eran siempre un batir de alas queriendo partir. Distantes están porque esas manos ya han sido de otros úteros y no existen. Sólo queda el ojo tras el pestillo descubriendo los vuelos indescriptibles que brotaban de sus senos libres y desafiantes de su carne besada como una flor de mis sílabas calcinadas por sus pezones tibios y enlechados. En sus senos púberes mi voz aprendió a ser deseo y semilla vino y poesía. *** Rogatorio de la cópula Tú que sabes de tu carne convirtiéndose en fuego bajo el calor de mi mirada mientras te voy desnudando. Tú que sabes del velero de mi sexo haciéndose odre oboe uva en la comisura de tus labios mientras te sigo desnudando. Tú que recoges el grito de mi cuerpo delirando entre tus muslos abiertos que quieren atraparme con el rubor de tu deseo mientras te sigo desnudando. Tú que sientes febril mis dientes en tus pezones alucinados ojos de la vida hurgando en mi pecho cuando ya estás casi desnuda. Tú que sientes más allá de la cotidianidad oscura e intrascendente enmielarse el cráter rojo de tu sexo con mi lengua encendida cuando estás totalmente desnuda. Tú que con tu lengua manantial bebes el tiempo de mis entrañas para que tu maternidad se nutra con mi germen tú hembra de luminosidad violada en la insensatez de divinizarte multiplícate y regocíjate en mi falo bandera de libertad y haz el amor eternamente para que todos seamos bienaventurados en la cópula. ** Simón Zavala Guzmán simonzaval@easynet.net.ec Escritor ecuatoriano (Guayaquil). Es licenciado en ciencias públicas y sociales, doctor en jurisprudencia y abogado. Ha realizado estudios en cooperación cultural, entre otras áreas. Ha sido profesor universitario y ha colaborado con los principales diarios de Quito y Guayaquil, así como con diarios y revistas nacionales y extranjeras. Entre las funciones que ha desempeñado están las de secretario general del Consejo de Cultura de Ecuador (http://www.cncultura.gov.ec), presidente de la Sociedad Ecuatoriana de Escritores (Sede), magistrado del Tribunal Constitucional del Ecuador (http://www.tribunalconstitucional.gov.ec), magistrado alterno de la Corte Superior de Quito y asesor ministerial del Ministerio de Cultura (http://www.ministeriodecultura.gov.ec). Ha obtenido premios nacionales e internacionales como el Premio Latinoamericano de Poesía de la Fundación Givré (Argentina, 1982) y el Premio Latinoamericano Abrace a la mejor obra literaria publicada por este sello editorial entre 2006 y 2007 (Montevideo, Uruguay, 2007). Ha publicado el libro jurídico Derecho de alimentos (1976), y, como coautor, el libro Índice de la Narrativa Ecuatoriana (1992). Además, los poemarios Dimensión de un transeúnte (1973), Anatomía de un grito (1974), Biografía circular (1976), Canto a la esperanza (1979), Cantos de fuego (1983, 1987), Manifiesto del hombre (1984), Lascivos (1991), Reconstrucción de la verdad (1992), Fisonomías (1993, 1998), Memorial (1995), Poetas del siglo XX (con los poetas ecuatorianos Euler Granda, Hugo Jaramillo, Humberto N. Varela y Alfonso Murriagui, 2002), Antología poética (2003), Las formas diluidas (poemas de adolescencia) (2003), En las líneas de la mano (con el poeta uruguayo Roberto Bianchi y la poeta brasileña Nina Reis, 2004), Ópera salvaje del amor y el eros (Lima, Perú, 2004), Huellas/Marcas (español-portugués, con el poeta uruguayo Roberto Bianchi y la poeta brasileña Nina Reis; traducción al portugués por Nina Reis; 2006); Grafías (español-inglés; traducción al inglés por el escritor y traductor Peter Thomas; Montevideo, Uruguay, 2007), Posiblemente somos memoria de la piel (con la poeta argentina Anamaría Mayol, 2007), Poetry Selection (traducción al inglés por el poeta y traductor Ted Maier y la escritora y traductora ecuatoriana Alicia Caviedes; Córdova, Argentina, 2007). Consta en importantes antologías poéticas ecuatorianas e internacionales, así como en diversas publicaciones impresas y digitales. Algunos de sus poemas han sido musicalizados por artistas de diversos países. Textos suyos han sido traducidos al alemán, francés y portugués. Es embajador de la Asociación de Poetas del Mundo en Ecuador, representante de Abrace en Quito y miembro del Parlamento Latinoamericano de Escritores. === En aquel entonces Moisés Sandoval Calderón ======================= Cuando me dijeron que la tía Gertrudis había muerto sucedió algo curioso. Pensé en unos ojos cerrados, en la verdadera belleza, una rosa roja marchitada lentamente. La pobre tía Gertrudis. La oscura edad. Irse sin dejar un hijo, un valiente. ¿Y dónde quedaría su mirada secreta? Un olor a naftalina penetró en mi mente; el sonido de un leve crujir de telas. Y evoqué la imagen de una larga falda almidonada junto a un montón de libros de páginas amarillentas. Evoqué el roce tenue de unos dedos manchados de añil, el olor a cuero de un enorme sillón y un piano de señorita. Y en ese atardecer neblinoso suspendido en una pertinaz llovizna de enero, desde el fondo de mi alma, como polvo efervescente brotaron una serie de recuerdos que creía olvidados. Entonces sentí unas manos suaves olorosas a jabón, agradablemente secas: sentí a la tía Gertrudis. ¿Era bella? Imaginé ese rostro cuya piel se tendía rojiza, interrumpido por una nariz respingada y pecosa; en la plenitud de su madurez bien que era hermoso. El pelo largo y rojo. Belleza pelirroja. Existía además en su mirada algo que sugería ser la causa de su absurda soledad: una especie de desamparo y orgullo. Tratando de definir esa mirada, diría algo así como: vanidoso sacrificio. Si es que existiera físicamente y se pudiera describir con palabras. Cuando me dijeron que la tía Gertrudis había muerto pasé una noche tormentosa. Tuve un sueño en donde volvieron escenas oscuras que me abrumaron en mi adolescencia: visitaba el pueblo de mi infancia. Por alguna causa tenía que ir a mi casa. Llegué, entré. Y de repente me invadió un olor a flores putrefactas y a cera quemada. Tuve la certeza de que ahí se velaba a un muerto. Ideas de cirios y ataúdes. —Su tía lo está esperando —me dijo alguien. La tía yacía completamente desnuda sobre la mesa de la sala. De algún modo, un ojo cómplice me invitó a que me acercara a la mesa. —Le ruego que no intente excitarla, aunque no podría por más que quisiera. Está muerta —y el ojo se cerró en un guiño en señal de complicidad. Desperté invadido por un miedo cerval. Cuando me dijeron que la tía Gertrudis había muerto, al otro día me dirigí al pueblo, quería llegar a tiempo al sepelio. En la carretera, los cálidos reflejos del sol flotaban con las sombras vegetales en los cristales del vehículo. Una nube empezó a cubrir el sol lentamente. En aquellos tiempos yo era un muchachón fornido acabado de salir de la secundaria. La tía Gertrudis vivía con un canario en un ala del viejo caserón donde habitábamos toda la familia. Yo la sabía mancillada por un antiguo amor que huyó al enterarse de lo disminuida que había quedado la herencia. Y desde mi corta edad la veía lejana, débil y consumida por un sufrimiento silencioso que adivinaba en su mirada. Por las tardes me dedicaba a observarla desde mi ventana, veía su sombra cruzando los amplios ventanales. Ella, ella, sombra suave, ojos suaves. ¿Qué es ella? Robada. Dejada. Yo tan solo aquí. Una pared de por medio. Blancos senos de rojizos pezones. ¡Oh! Acaríciame y unamos nuestras soledades. Yo triste también. Estoy quieto, agitado, mirando cómo se mueve esa sombra y se despoja de su enorme falda. El sol se liberó abruptamente. Una sucesión de granjas se desliza a mis costados anunciándome la inminente llegada al caserío. ¡Ay! Aquellos tiempos. Ese día bien que lo recuerdo. Eran como las tres de la tarde. Yo acababa de comer y me disponía a salir a vagar por las calles aprovechando la hora en que toda la familia se retiraba a sus habitaciones a dormir la siesta. La vi aparecer de repente envuelta en un halo, iluminada por el tragaluz de la sala. Parecía como si flotara en una delgada capa de luz. Y desde ahí me miró sin sobresalto, como si ya supiera que iba a encontrarme. —Buenas tardes, Gabrielito. ¿Ya te vas? ¿Cuándo vas a ayudarme a acomodar los libros en los estantes? —Ahora mismo si usted. —Puedes tutearme. Ya eres todo un hombre. Y acompañó sus palabras con una sonrisa. Caminamos por un largo pasillo hasta llegar a su alcoba. Una vez ahí me condujo a la habitación contigua, que hacía las veces de biblioteca. Me sentó ante una pila de libros empolvados. —Quiero que los ordenes y los acomodes por temas. Y le des una sacudida a los estantes —me dijo antes de retirarse a su recámara. Apenas estuve solo, escurrí mi mirada por la habitación que tanto tiempo estuvo vedada a mis visitas. Un enorme sillón de cuero esperaba junto un silencioso piano de señorita. Mejor terminar de una vez. Me puse manos a la obra. Al rato ella regresó con una jarra y me sirvió una limonada. Luego que me vio beber, se recostó cuan larga en el sillón. Se arremangó un poco la falda. Susurrante agua, crujir de telas. Los dos reunidos, ella ahí sin finalidad alguna. Me dispuse a terminar la faena, apresurado, bajo el influjo de un temor desconocido. Coloqué el resto de los libros según fueron embonando. De repente, fluye un murmullo. ¿Tan rápido estaba dormida? Una mirada de reojo. ¿Si me quedara súbitamente desnudo aquí mismo? Más confiado me dediqué a observarla. Muslos lascivos bajo el telar. Una mujer duerme. En sus sueños, ella marcharía agobiada hacia la llama de la delectación morosa, hacia tierras crepusculares. No está desnuda. ¡Y sin embargo!... Bajo esas enaguas se esconde un tesoro de endemoniada blancura, secreto, cálido, la riqueza del mundo, carne trémula, perfume de liviandad. Oí un murmullo: —¡Amor! Bésame, mi muchacho. El aire de la habitación vibró. Su pollerita arremangada. Con el corazón excitado traté de salir. ¿Oí bien? La puerta estaba cerrada. De nuevo me acerqué a ella y vi cómo desnudó ligeramente su pecho. Acerqué los dedos sobre sus labios. Aliento agitado. A través de su cabello rojizo podía ver las orejas, el lóbulo delgado. Lo aparté suavemente. El cuello y el hombro mostraban la plenitud de una mujer madura. Una media sonrisa. Olor de mujer. Frente amplia, mejillas sonrojadas. Tomé sus manos, olí sus dedos, estaban manchados de añil y olían a jabón fino. Deslicé mi mano hasta su pecho. Haciendo suavemente a un lado la blusa, palpé, aparté. Tenía los senos pequeños pero redondos y altos. Había que hacer la prueba. Toqué los rojizos pezones erectos. No, no eran pezones que hubieran amamantado. La vida es un sueño y lo que hacemos ahora mañana será olvidado. Bajo la enorme falda, poco a poco fui bajando las enaguas. Espera. Piénsalo. Pasé mi mano despacio sobre el rojizo bello púbico. ¿Qué sueño puede tener para jadear como lo hace ahora? Al otro día pasé por el frente de su cuarto, y me demoraba intencionalmente con la esperanza de encontrarme con sus ojos secretos. Por fin la encontré. —¡Ah! Eres tú. Pérdida de tiempo. No mencionó nada. Qué extraño. Tendría que haber sido un hombre mayor para pedirle explicaciones. La tomaría en mis brazos protectores, la consolaría con un beso largo, y mientras ella dormía la siesta, haríamos el amor en el enorme sillón de la biblioteca. Pero ese rostro despierto era un espejo ciego, o yo era demasiado joven para comprenderlo. Cuando se despidió de mí, volvió por un segundo el brillo de su mirada secreta. Su alma estuvo en sus ojos. Su corazón de mujer vino hacia mí porque había heridas que debían ser curadas. Si ella había sido mala, si había pecado, ahí estaba yo como un hombre de verdad para perdonarla y curarla. Pero sólo fue un instante. Luego recobró su mirada orgullosa. De eso hará ya cosa de treinta años. Cuando me dijeron que la tía Gertrudis había muerto hice viaje al pueblo. Traspasé el enorme portal de la casa. En la habitación que ahora me perecía excesivamente reducida, seguía el enorme y ahora desvencijado sillón de cuero, lo habían echado a un lado para acomodar el féretro que se mantenía con la tapa abierta, y en los estantes asomaban los lomos de los libros, únicos testigos de un secreto remoto. Un grupo de viejos velaba los restos de una anciana. Cuatro cirios ardían lánguidos. No, no estaba el piano de señorita. Había ahí decrepitud, decadencia, rostros desconocidos. Nada que ver con mi bella pelirroja. Decepcionado, decidí retirarme. Pero al pasar por la sala, el reflejo del tragaluz me detuvo por un instante. Y la vi aparecer envuelta en un halo, iluminada, eternamente bella. Desde las delgadas capas de luz me miró sin sobresalto, como si ya supiera que iba a encontrarme. Ella, ella, luz suave, ojos vítreos mirando desde la muerte, la rosa roja, la verdadera belleza. —Buenas tardes, Gabrielito. ¿Ya te vas? ¿Cuándo vas a ayudarme a acomodar los libros en los estantes? Fue sólo un instante. Luego una nube cubrió el sol lentamente. ** Moisés Sandoval Calderón sandovalsoto@prodigy.net.mx Escritor mexicano (San Ignacio, Sinaloa, 1965). Reside en Culiacán (Sinaloa). Es servidor público y cursa la carrera de derecho en la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS, http://www.uasnet.mx). === Poemas Rafaela Pinto ============================================= *** Historia Un trino, eso me queda, la fragancia de un vuelo seminal sobre mis huesos, un túmulo de sangre, algunos besos desde el hangar sinuoso de la infancia. La migración del goce en esa instancia puntual de la verdad, cuando confesos de amor nos suspendíamos en esos cadáveres de luz y exuberancia. Eso me queda, es poco y demasiado de ti, censor del íntimo alarido perdido en los caireles del pasado. En las pestañas llevo tu memoria y sé que en tu curriculum vestido de vanidad mi nombre te da gloria. Ya fue. Todo pasó. Todo es historia. *** Diluvio El atlas de la furia lleva dagas que marcan tus islotes, las corrientes que alivian el rencor, omnipresentes en el predio quemante de mis llagas. ¿Con qué frutos de acero te empalagas doblado en tu egoísmo, qué afluentes clausuras porque sequen las vertientes que riegan el instinto? ¿Cómo enjuagas la escoria de tus tantas soledades, si cada noche cierras a la lluvia las puertas de tu pecho? En dos mitades se ha dividido el todo que fue nuestro. Yo tengo el atlas, tú tienes el estro que asume sequedad. En mí diluvia. *** Intangible Te atrapa lo intangible y en lo intangible trazas las formas del deseo, rapsoda estrafalario pariendo tu erotismo con un vocabulario de curvas nocturnales. Le quitas las mordazas al replegado instinto, que como un monje ciego ha dormitado al fondo de tus indecisiones y grita ahora —ronco y oscuro— sus pregones de versos saturnales. En lo intangible fuego. Giras sobre ti mismo, te sientes liberado pero no libre, preso de untuosas fantasías en que desatas todo aquello que has atado. Tus letras —claraboyas del yo— le dan respiro al otro, al navegante de tu galimatías. Tú atracas en la rada de un pálido suspiro. *** Noche Noche de ánimas, tan fiera que hasta la muerte no quiere salir de su madriguera. Cómo morir de pie y en esta noche de algodonosas brasas, si no hay sepultureros que caven en el mar ni juegan a los dados con tus dientes de rosas, las palabras. Cómo morir en paz si en pie de guerra están todas las voces que corren por las calles secretas de tu vientre, si medran los relámpagos que en tus papeles quiebran agonías. Llevas la vida atada a tus corceles, deshecha por los versos que pares, oloroso de oscuras inflexiones mordidas por la muerte que te persigue pero no te alcanza. Te vas muriendo sin morir y vives prendido de un poema alucinado. *** Plomo para el plomo Lleva tu boca un río de silencios en esta hora helada, un intervalo para el rearme fiero de tus voces que han de escandir los ayes de la infamia. Cargan tus venas todas las miserias por las que purgas vida y agonía y hasta la muerte ruda ensancha al viento para escapar después de tus umbrales. Nada traspasa el cuero de las furias con que te vistes. Plomo para el plomo, eres escudo y bala, arena y fuego, juez de tu inmensidad, preso infinito. ¿Quién segará los brazos del tribuno que ha sostenido el sol con su cabeza? ** Rafaela Pinto rafaelatrm@hotmail.com Escritora y abogada argentina (Buenos Aires, 1950). Ha publicado poemas de su autoría en Liturgia Cotidiana, mensuario que la Editorial San Pablo (http://www.san-pablo.com.ar) edita y distribuye en toda Argentina y en Montevideo, Uruguay. Finalista del IV Concurso Nacional de Poesía “Macedonio Fernández” 2007 con el poemario Feroz eucaristía. Su obra ha sido difundida en Internet principalmente a través de UltraVersal (http://www.ultraversal.com), foro del que fue coadministradora durante algo más de dos años, y en la actualidad tiene a su cargo Biofragua (http://biofragua.foroactivo.com). === La explanada Sergio Borao Llop =================================== Por la tarde, mientras nuestros padres iban perdiendo la vida en el barullo de los destajos y de las horas extras, mientras nuestras madres fatigaban sus espaldas haciendo cualquier clase de faenas en casas ajenas o remendaban con fervor los ya remendados harapos que nos servían de vestimenta, nosotros, sus amados hijos, nacidos por quién sabe qué incomprensible razón, deambulábamos aburridos por las calles, hastiados del tedio familiar, de la repetición constante de gestos, conversaciones, reconvenciones y silencios que formaban una interminable serie de secuencias idénticas. Recorríamos sin mayor convicción las angostas callejas del Barrio o las anchas y relucientes avenidas de la zona residencial cercana, repletas de deslumbrantes rótulos de neón y de gigantescos escaparates llenos de aquellos juguetes tan lindos y tan caros que, por inalcanzables, nos hundían aun más en nuestra indeseada condición de niños pobres, de escoria social largamente marginada. Nuestro Barrio era el más humilde de toda la ciudad. Vivíamos en casas de cuatro o cinco pisos, mal iluminadas, contaminadas por un extraño olor cuya procedencia nadie conocía y que nunca terminaba de desaparecer. Algunas de ellas presentaban tales signos de deterioro que a nadie hubiese sorprendido su repentino desmoronamiento. Pero nosotros, niños, en nuestra alevosa inocencia, no nos percatábamos de lo penoso de nuestra situación. Teníamos un techo, comida y cariño. Eso nos bastaba. Era casi el paraíso para nosotros que todos los días presenciábamos, al caer la tarde, a todas esas gentes que se hacinaban en chabolas hechas de cartón, hojalata y barro, o en el mejor de los casos, con maderas procedentes de muebles viejos, a menudo podridas, arrebatadas al camión de la basura. También estaban los otros: seres solitarios, aun más pobres, que habitaban en cajas de cartón que, amparados en la caída de las sombras nocturnas, situaban ante las entradas de las lujosas tiendas atiborradas de electrodomésticos o en los zaguanes carentes de luz. A veces, la policía los desalojaba, no siempre sin violencia, y podíamos verlos caminando sin rumbo hasta que daban con un lugar más resguardado en que poder instalar por esa noche su mísera morada. Por eso teníamos la convicción de ser, en cierto modo, afortunados. Pero esa era una convicción falsa y lo sabíamos. Lo sabíamos con esa certeza de niños que no necesita de razones ni estadísticas. Lo adivinábamos en los rostros tristes y ojerosos de las madres, siempre atareadas; en la impotente fatiga de los padres; en el gusto amargo del café que alguna vez bebíamos tras la exigua comida; en el hondo silencio que solía acompañar las llamadas del timbre a primeros de mes, cuando el hombre vestido de negro venía a cobrar el alquiler; en las miradas furtivas y carentes de esperanza que intercambiaban nuestros progenitores cada vez que uno de nosotros realizaba una pregunta que ninguno de ellos podía contestar. Que nadie podía, en realidad. Mas nosotros no entendíamos de alquileres ni de salarios bajos ni de explotación. Era la nuestra esa edad que reclama juegos y diversiones, la edad que no comprende una respuesta negativa, que no tolera la rutina quieta de las tardes sin término. Por eso, a pesar de la penuria entrevista en los hogares, de la escasez económica, sentida en la propia hambre nunca saciada, no éramos del todo infelices. No poseíamos otros juguetes que la calle y la imaginación. Aun siendo escaso, este material solía bastarnos. Porque además nosotros teníamos algo que nadie más podía tener: la explanada. Nuestra desbocada sed de aventuras no necesitaba más. La explanada era un solar de unos tres o cuatro millares de metros cuadrados, situado en el extremo occidental del barrio de los ricos. A un lado, estaban los modernos edificios que albergaban a aquellas familias que solían mirarnos con arrogante desdén y que jamás osaban profanar las estrechas calles de nuestro pestilente barrio. Eran impecables en el vestir y refinados en el hablar, hasta tal punto que, cuando nosotros oíamos de pasada una conversación entre aquellos pazguatos bien educados, rara vez éramos capaces de comprender algo de lo que allí se decía. Al otro lado del solar se desplegaba una amplia avenida por la que podían verse desfilar, durante todo el día, automóviles, furgones y camionetas. Más allá, una interminable hilera de casas, todas idénticas, como ventanas alineadas frente al cansancio de todos los que a diario atravesaban aquel monótono camino de vuelta a sus hogares, al final de la dura jornada. Esas casuchas habían sido construidas, años atrás, por los propietarios de la vieja fábrica de autos, para dar cobijo en ellas a los afortunados obreros de la cadena de montaje, venidos, en ocasiones, desde el otro extremo del país. Así, la empresa, generosamente, les proporcionaba un hogar sin cobrarles alquiler alguno. Al otro lado de esas viviendas, que estaban pegadas a la fábrica y que nosotros solíamos denominar “nichos”, se amontonaban otras muchas factorías, con las fachadas grises y ennegrecidas por el humo de las chimeneas. Allí era donde trabajaban nuestros padres, diez o doce horas al día, en penosas condiciones, dejándose la vista, la salud y hasta las ganas de conversar cuando, al término de la jornada laboral, nos reuníamos en torno a la pobre mesa y devorábamos todo cuanto cayera en los platos sin preguntar su origen, sin pararnos a pensar en ese gustillo amargo que a veces se nos quedaba pegado en el paladar. Pero al fin y al cabo, nosotros teníamos nuestra explanada, y aunque estuviera en el barrio de los ricos, era nuestra porque nadie más la utilizaba ni nosotros lo hubiéramos consentido. Era nuestra porque allí nos íbamos formando, sin saberlo íbamos creciendo entre los cascotes y restos que otros arrojaban allí y las enormes ratas que pululaban de continuo por entre las basuras, sin importarles en absoluto la presencia de seres humanos. Mas no toda la explanada se encontraba llena de deshechos. Sólo la parte más lejana, la que limitaba con la carretera, como nosotros llamábamos entonces a la avenida, se veía invadida por juguetes rotos, baldosas trizadas y cachivaches de diversa índole. Cada cierto tiempo, los funcionarios de la limpieza pública, impecablemente uniformados, recogían toda aquella basura y la iban echando a un camión, que partía después con rumbo desconocido. Cada uno de aquellos inevitables saqueos nos golpeaba en el alma, era como si se hubiesen llevado una pequeña parte de nosotros mismos, de nuestros juegos y nuestras imaginadas praderas inabarcables. Desde la zona en que vivíamos no había mucha distancia hasta el extremo de la explanada. Tomábamos dos calles a la izquierda, luego una a la derecha y ya estábamos en el barrio de los ricos. Dos manzanas más allá, era cuestión de girar a la derecha una vez más y desde allí ya se veían los primeros montones de tierra recubiertos de hierba y trastos abandonados. Acaso lo mejor de todo fuera esa extraña sensación de libertad y de poder que nos invadía en cuanto nos hallábamos dentro de los límites de nuestro territorio. Allí nadie nos daba órdenes. No había que lavarse las manos, ni recoger del suelo cosas que nosotros no habíamos tirado. No estaban los ojos tristes de las madres ni el cansancio paterno. Allí no nos podían afrentar los niños ricos con sus altivas miradas de supuesta superioridad, ni venían los hombres elegantes a mirarnos por encima del hombro con ese gesto tan clásico de evidente desaprobación ante nuestra extrema desfachatez y nuestro mísero aspecto. Allí éramos los únicos amos. Una piedra podía ser un tesoro; un orinal oxidado, el yelmo de un caballero andante; un trozo de madera era una espada y una zapatilla vieja la llave de los cielos. Allí éramos piratas, aventureros, pistoleros famosos y hábiles detectives, como aquellos de las radionovelas que, al atardecer, escuchaban nuestras calladas y atareadas madres buscando acaso evadirse ellas también de aquella triste existencia. Después, antes de anochecer, antes de que nuestros padres regresaran, malhumorados y esquivos, de las ya silentes fábricas, llegaba la hora del retorno. Era la hora de pasar con el rostro pleno de orgullo, rebosantes de esa pequeña felicidad que más tarde sabríamos que era la única, bajo las iluminadas ventanas de los lujosos edificios. Sabíamos que tras los cristales estaban los niños ricos, jugando acaso con sus juguetes caros y de vivos colores; que habrían merendado suculentos pasteles o apetitosos bollos rellenos y ahora estarían viendo el televisor o descansando en sus confortables habitaciones, empapeladas en tonos suaves, y provistas, según los rumores, de calefacción. Sabíamos que a veces nos miraban regresar de nuestros juegos, medio escondidos tras las floreadas cortinas. Intuíamos las burlas, las conversaciones al calor de sus cómodas alfombras, las inevitables comparaciones y la soberbia que sin duda les invadía al saberse protegidos y seguros en ése, su inmerecido castillo de vanaglorias y falsedades. Era cuando el instinto nos empujaba más fuerte a refugiarnos en lo poco que creíamos poseer. Teníamos nuestro pequeño trocito de cielo, nuestra grandiosa explanada, en la que nadie más podía entrar sin nuestro consentimiento. Era nuestro mundo fuera del mundo de los otros, fuera del ajetreo cotidiano de las calles repletas de luz y del ruido insoportable de las fábricas y del inexpugnable silencio familiar. Allí, en el centro mismo de la perversa ciudad que nos cerraba sus puertas, nosotros dictábamos las leyes, organizábamos en secreto otro modelo de sociedad menos irresponsable, nos estábamos educando sin saberlo en aquel pedazo de tierra yerma, en aquellos nuestros tres o cuatro mil metros cuadrados de fantasía impermeable. Allí, nosotros teníamos nuestra explanada y en ella desaparecía la envidia que sentíamos por aquellos niños pálidos y enclenques a quienes nada faltaba; desaparecía el odio, y también el indigno sentimiento de inferioridad. Con ellos se iba el recuerdo de tantas supuestas diversiones, de tantos juguetes caros y tanta televisión, sucedáneos insulsos de aquella, nuestra absoluta libertad; de las múltiples aventuras que la tierra, las piedras y los rincones sombríos entre tantas paredes a medio derribar nos guardaban exclusivamente a nosotros. Pero (cómo saberlo entonces, sólo éramos niños) toda felicidad es efímera, engañosa. Un día ocurrió algo que escapaba al orden que habíamos establecido en nuestra pequeña islita de paz, algo que se clavó en nosotros y que probablemente condujo a la inevitable sucesión posterior de los hechos. Fue una tarde en la que las fábricas estuvieron inusualmente atareadas (una urgencia con rumbo a algún país extranjero, se rumoreó). Mi padre y otros hubieron de quedarse trabajando hasta pasada la medianoche. En compañía de unos pocos amigos, contando con la silenciosa complicidad o la mera indiferencia de las madres, salimos después de cenar y nos fuimos a dar un paseo por las calles. El espectáculo de la noche extendiéndose sobre la ciudad siempre nos había atraído con fuerza, quizá porque entonces aún nos estaba vedado. Sin habérnoslo propuesto, como nos sucedía tantas veces, nos encontramos frente al último escaparate de la avenida, justo al lado de nuestra querida explanada. Ninguno de nosotros dijo nada, pero todos sabíamos lo que en verdad deseábamos hacer. Nunca habíamos estado allí de noche, y se nos antojaba una aventura mayor que todas las que habíamos podido vivir a la luz del día. Fue así como llegamos ante los primeros montículos recubiertos de aquella hierba débil y enfermiza que algunos achacaban al humo nocivo que salía por las altísimas chimeneas, a los vertidos de las fábricas. Atravesamos con sigilo las trincheras, los parapetos, los postes en los que habitualmente quemábamos a los magos malditos y arrancábamos las cabelleras de los rostros pálidos. Fue así, en medio del silencio total, impresionados por la intensa oscuridad apenas rota por el insuficiente reflejo de una luna a medio formar, como llegamos al lugar que constituía el centro de poder: a nuestro cuartel general. Allí guardábamos algunos cigarrillos conseguidos con habilidad esa misma tarde y unas cuantas cerillas sin usar, recogidas con suma paciencia en las aceras del Barrio. (En el otro, en el de los ricos, todos usan encendedor). Al oír las palabras, fue como si un rayo hubiese caído sobre nosotros, carbonizándonos. ¡Alguien había tenido la osadía de penetrar en el recinto sagrado! Fuera quien fuese, estaba hablando en voz queda, como susurrando. Tenía todo el aspecto de un ataque por sorpresa. Pues si estaban pensando en arrebatarnos nuestro cubil, o peor, en invadir la explanada, iban a tener que pelear duro. Con cautela, sin un ruido, fuimos rodeando el lugar, apenas dos paredes formando un ángulo recto y una tercera, casi destruida por completo, cerrando lo que hubiera podido ser un triángulo irregular. Pudimos contemplar, a través de los muchos agujeros existentes en los muros, a aquellos que habían penetrado en nuestros dominios, aquellos dos adolescentes sentados contra el rincón, abrazados y besándose mientras se decían breves e incomprensibles palabras cuyo eco llegaba amortiguado a nuestros oídos. No supimos interpretar entonces que acaso fuera ése el único lugar donde podían ser felices. Durante algunos momentos no fuimos capaces de reaccionar. Nos quedamos inmóviles, viéndoles entusiasmarse en cada beso, mirándoles y tal vez deseando ser aquel niñato, estar en el lugar del chico bien vestido que besaba y abrazaba a la dulce muchacha de trenzas amarillas. Fuera el hecho en sí o la envidia posiblemente provocada, lo cierto es que nos pareció intolerable. Ya los susurros iban descendiendo en intensidad, ya la mano de él se perdía entre los pliegues de la falda, cuando alguien (no sé muy bien si fui yo u otro cualquiera) lanzó un agudo grito de guerra y salimos de nuestros escondites, arrojándonos por sorpresa sobre el aterrorizado muchacho, que ni siquiera tuvo la presencia de ánimo suficiente para repeler el ataque. Arrodillado sobre el barro seco, lloraba y pedía clemencia, apelando a nuestra buena voluntad. He de reconocer que fuimos duros, quizá en exceso, con aquel petimetre plañidero. Algo nos empujaba a seguir golpeando, algo que nos venía de muy adentro, que no admitía razonamientos, algo misterioso e indescifrable que nos convirtió en bestias sedientas de venganza. La muchacha, acurrucada en el rincón, con las manos sobre el rostro, gimoteando histéricamente, ni siquiera sabía lo que estaba pasando. Sólo cuando el chico estuvo inconsciente y alguien murmuró: “Lo hemos matado” dejamos de aporrearle. Aun hubo quien tuvo la suficiente serenidad para apoyar la mano en el pecho del vencido para comprobar que no había muerto, que sólo estaba inconsciente o desmayado de terror. A ella ni siquiera la miramos. La dejamos allí, en su rincón, decepcionada y asustada. Nos fuimos a nuestras casas con el corazón latiendo aceleradamente y estuvimos un par de días sin aparecer por la explanada. Después, cuando de nuevo empezamos a frecuentar el viejo solar abandonado, el lugar de nuestras aventuras y nuestras inolvidables hazañas, pensamos que nada había cambiado (pero ya estaba en nosotros, ya sabíamos) y seguimos dedicando horas y horas a nuestros juegos sin acordarnos más del incidente (pero el amargo incidente no se borraba de nuestras mentes ni un solo momento, se había quedado allí anclado, como un inesperado e indeseable huésped cuya presencia nos incomoda pero al que no sabemos cómo evitar) o al menos sin mencionarlo en nuestras cada vez más cortas conversaciones. Volvimos a nuestras pequeñas guerras, a nuestras conquistas del lejano Oeste, a los saqueos marítimos, a los ataques sobre las ciudades costeras de nuestra imaginación, a las disputadas competiciones de fuerza o habilidad y a nuestras interminables pesquisas en busca de los presuntos criminales que nuestras mentes infantiles habían diseñado en el pasado. (Pero en cada barco saqueado había una muchacha que lloraba y tenía barro en las rodillas. En cada batalla nos rodeaban soldados con el rostro silencioso, atónito y suplicante del muchacho apaleado). Poco a poco, sin que pudiéramos darnos cuenta, se fue formando un muro de silencio entre nosotros. La explanada ya no era la explanada. Ahora no era más que un solar igual a cualquier otro, lleno de los mismos desperdicios y cascotes, pero sobre todo, lleno de aquella presencia que ya no podíamos borrar y que se nos había apoderado lo que siempre había sido nuestro sin que pudiésemos mover un dedo para evitarlo. Nuestros juegos en aquel lugar fueron perdiendo, de forma imperceptible, ese excitante sabor a cosa desconocida, a selva virgen. Inútilmente tratamos de cambiar el escenario de nuestros encuentros, pero el desencanto no estaba en la explanada sino en nosotros mismos. Las calles que llevaban allí, las casas adyacentes, los escaparates, hasta los niños ricos que desde sus confortables escondites nos vigilaban con disimulo, eran los mismos. Lo que se había perdido para siempre era nuestro interés. Después, nos dijeron que el gobierno había construido una escuela para niños pobres y que allí nos iban a enseñar a leer, a escribir y a hacer cuentas. Nos distribuyeron en diferentes clases y comenzamos a no vernos más que a la hora del recreo y en las cortas caminatas desde el colegio hasta los insoportables hogares, cada vez más tristes, cada vez más asfixiantes. Muy pronto nos fuimos alejando aun más, hicimos nuevos amigos, descubrimos nuevos juegos y nuevos lugares. Con el paso del tiempo, puede que incluso nos olvidásemos los unos de los otros. En la explanada hicieron un parque. Un hermoso parque con bonitas fuentes rodeadas de macizos de flores y setos inviolables, con frondosos árboles traídos en enormes camiones desde quién sabe dónde y bellos bancos de piedra que invitaban al reposo. Un bonito parque, sí. Construido sobre las cenizas de nuestros sueños infantiles. Un parque que sin duda comenzó a existir mucho antes, acaso aquella noche de media luna en la que hubimos de golpear a aquel muchacho, aquella noche en que sentimos por vez primera (ahora ya es posible admitirlo) que algo muy profundo nos estaba siendo arrebatado, que una espesa capa de olvido estaba a punto de caer sobre nuestra corta pausa de felicidad, ensuciada acaso por los juegos menos inocentes de los enamorados. Hoy pasé por la entrada, vi la fuente del hermoso parque que por las noches se llena de parejas y de trinos y en el que ninguno de nosotros, estoy seguro de ello, ha podido ni podrá entrar jamás. ** Sergio Borao Llop sbllop@aragonesasi.com Encuadernador, periodista y escritor español nacido en Mallén (Zaragoza, 1960). Ha publicado cuentos y poemas en diversas publicaciones electrónicas. Además, textos suyos aparecen en las antologías Relatos Zaragoza y Poemas Zaragoza (ambas de 1990), en las antologías Callejón de palabras y Poemas quietos, del grupo Mizar, y en diversas ediciones de la revista Nitecuento. Pueden apreciarse varios de sus trabajos en su página, http://www.aragonesasi.com/sergio/index.htm. === Poemas Stephanie Carolina Amaro Vans ============================= *** Abstinencia Unos palillos viejos sostienen la ropa soportan la humedad cansada los trapos que estiran sus pieles al sol. Sujetan el color el suavizante sostienen la envidia de rozar ciertas pieles amigarse con geografías humanas ajenas. Apenas abren sus bocas gimen en el rulo oxidado su abstinencia los años de cargar la piel sintética que te anula. *** Lluvia Cuatro llueven dos martillan tres gotas un poco de viento. Está sentado el viento quieto un poco retomando el aliento. No sé por qué pero me suben por los oídos las gotas cuatro dos tres martillan. El algodón de los germinadores me llueve el hambre que se pega en las costillas me llueve el sueño cansado me llueve el día —todo el día— de gris poblado y me llueve el anonimato me llueve esta biografía con horrores gramaticales me llueve la grandilocuencia del mapa que me enseña tu piel. Tu piel me llueve me empuja hasta las cornisas más cornisas hasta las frases cursis donde sabe que muero de lluvia. *** Huesos Cuando se dice calar hasta el hueso no se dice el hueso como cosa cierta se dice nada más ese preámbulo de nada de profundidad hundida de cadáver latente que el dolor apremia. Cuando el esqueleto siente ya no hay vuelta atrás no hay un remedio ni siquiera palabras que son cosas que no existen tienden a anestesiarnos ni las moscas que se aprovechan del residuo ni las lápidas que imitan un lecho confortable nada puede revertirse. Nada que acumula el polvo de los días y de tu engendro sabio paciente iluso comprador de antigüedades de flores sin sabor a plástico sin uñas. Por eso digo que el espectáculo de ese dolor que trasciende la carne ilumina desde el primer acto se lleva en las venas del otoño prendido como el ángel de las cavilaciones como la sequía crónica de algunas gargantas y se deja se deja mimar cual perrito faldero o nos hace creer que es tiempo de tomar las valijas e irse pero no o tal vez quién sabe tal vez la cuerda resista porque algo queda de esa naftalina para el invierno y los males de siempre que anule una condena y el esternón aguante una caída más o infinitas y los huesos húmeros decía el poeta. *** Exilio Trajo un cielo envenenado trajo veinte minutos en el bolsillo y dos / para gastar pidiendo auxilio. Compró el itinerario de otra vida y acostumbró a los muebles a seguirle la corriente. Se conformó con un gato un sombrero una ventana apoyada como al descuido sobre una mesa una guitarra sin cuerdas una o dos historias que reza cada noche. *** Paisaje urbano Un jirón de sombra me despluma me tiembla la piel gastada, las soledades los momentos, los excesos la tumba y las privaciones, los olvidos. Un mármol en la vía pública, el desconocido que te mira, te sopesa, te clava los ojos mientras se divierte, se palpa con una mano inexistente sus intestinos imaginarios, hace arcadas sin que te des cuenta, te mira desde sus ojos de piedra. Una raíz que se tropieza con tu esqueleto, con el mío, con nosotros dos que no nos conocemos pero en la noche nos ponemos cerca para cuidarnos mutuamente los pasos. Está bravo. En la noche la raíz te mira desde el ojo de la baldosa, te interpela, nada más se asusta un poco de tu susto y sigue, marchitándose en lo oscuro, levantando la sombra inservible de la vereda. *** Perro Cada cansancio te deja cansado de ser miserable y tenés nomás en la vida ciertas reglas cabalísticas verdades que te sirven no el desayuno en la cama cosa que no estaría mal sino esa suerte de ironía suicida ese vértigo en blanco y negro de la seguridad. Pero estás cansado con ese cansancio de perro doméstico que duerme todo el día. Sos un poco perro. La vida es ser un poco perro comer dormir morder los mismos huesos oler la muerte ladrar algo a la mañana a la tarde y a la noche cada tanto aullar o despertar al barrio entero. Y descubrís que ser un perro no está tan mal salvo porque no te aleja del cansancio ni de ser miserable. Entonces mostrás los dientes al tomaconsumo y terminan atándote en el fondo. *** Tobillos no podrían no enamorarse de mis tobillos del travesaño elegante mis dos huesitos la piel un poco áspera pero blanca los cordones azules que riegan la soledad del cilindro. la minuciosa gracia la impávida ola las espumas las pulseras las puntas del pasto los bichos que detesto la piel sin perfume siempre desnuda sincera sucumbe hunde cunde. apenas el perímetro de cualquier mano basta para arropar sin pretensiones mis tobillos. aguerridos y frágiles y etéreos y cómplices y finísimos tubitos preámbulos. ** Stephanie Carolina Amaro Vans streclipse@gmail.com Escritora uruguaya (Montevideo, 1988). En 1999 gana, con el cuento “La luna de los ratones”, un concurso organizado por el grupo “Fábulas”. También gana en noviembre de 2006 el segundo premio de poesía Rubén Lena, organizado por una ONG uruguaya. Actualmente cursa la Licenciatura en Diseño Gráfico y paralelamente su segundo año en la Escuela Nacional de Bellas Artes (http://www.enba.edu.uy). Mantiene el blog personal Connotaciones, en http://connoteclipse.blogspot.com. === Don Goyo Susana Arroyo Furphy ==================================== El borde de la escalera rozaba levemente la cornisa de la ventana de la habitación de Clara. Oiga, Dongoyo, hágase un poquito más a la derecha, si no descarapela la pintura y la siñora se va a reteenojar. Ay, qué caray, Blandina, por qué no me lo dijites antes, con el trabajo que cuesta poner esto en un firme. A ver, ¿le ayudo? No, m’hija, yo todavía puedo. Los enormes ventanales de la casa de los Iglesias debían estar relucientes por lo que cada mes don Goyo era el encargado de limpiarlos y hacerlos brillar. Pues no he visto a la Kikis, ¿y tú?, a mí se me hace que se volvió a ir a Las Vegas sin decir siquiera adiós. ¿Ya viste las ofertas de Gucci? Están buenísimas. Sí, chula, yo no me las pierdo. A ver Blandina, permíteme un momentito Loli, a ver Blandi, estira bien la cortina, no debe tener ni un pliegue. Ya, disculpa, es que ya sabes, tienes que estar vigilando todo. Ay, las 12 querida, me tengo que ir, tengo cita con Subby. No, no me voy a cambiar el tono del pelo. No, ¿cómo crees?, igualito, solamente las luces más refinadas al frente para que caigan como cascada. Blandina no entendía de lo que hablaba su patrona, su lengua materna era el mazahua y había tenido que aprender español para poder trabajar en la Ciudad de México. Siñora Mónica ¿quiere que blanquié las orillas de las carpetas otra vez? No, déjalas como están. ¿Y los destos potes de atrás? Mira, no te entiendo, Blandina, además, ¿no ves que tengo prisa?, me pones nerviosa, ¿has de preguntarme todo eso en este momento?, y no se dice “destos”. Ya me voy. Ten, esto es para la dry clean que va a llegar. ¿La qué, siñora? La tintorería, ay, es tardísimo. Nos vemos, bye. El flamante auto era conducido con poca cautela aunque con gran pericia. Mónica tenía talento para eso. Cómo se tardan estos polis para levantar la pluma, no puedo creerlo; y vienen a cerciorarse de que sea yo, acaso no reconocen el coche. Sí, buenos días, dígame, ay, seño Mónica, es usted, discúlpeme, lo siento. Sí, sí, no hay problema pero tengo prisa, ábrame rápido. Don Goyo bajaba los escalones con dificultad mientras Blandina estiraba y estiraba las cortinas. Ay, Dongoyo, tengo que ir al mercado y esta siñora me pide que espere la draiclin, me dijo que era la tintorería pero no voy a tener la comida a tiempo... ¿usté me podría recibir la ropa? Ay, m’hija, no entiendo desas cosas. Mijor espérate tantito, alamejor llegan pronto. Es que la siñora se reteenoja cuando no tengo la comida lista. ¿Y qué, pues? ¿Acaso no hay otras criadas que lo puedan hacer? No, Dongoyo, si usté viera, yo soy la que más entiende... ¿se imagina? las otras pobres están pior... Pos m’hija, ái deja el dinero y si veo que train ropa pos la recibo y les pago. Muchas gracias Dongoyo, usté sí que es retebueno, en cambio el otro limpiavidrios, aquél, el Raymundo, nomás se me quedaba viendo y entrecerraba los ojos y no decía nada. Yo nunca sabía si me entendía o si hacía el bruto. Pos es que no es fácil m’hija. No se les entiende a estos siñores. Son retecomplicados, dicen unas cosas retiharto difíciles. Me voy p’al mercado, Dongoyo, usté estése aquí, sí? Sí, m’hija, tú vete. Don Goyo era un hombre de 70 años. Había crecido en el campo, en Amecameca, muy cerca de los volcanes. Al volcán Popocatépetl le han llamado “Don Goyo” y eso le daba a cualquier hombre nombrado Gregorio y llamado de manera cariñosa: “Goyo”, una singular característica de superioridad, cierta envergadura, como si hubiese sido elegido por los dioses. Oiga, y usté por qué se llama Dongoyo. No, m’hija, yo no me llamo Dongoyo, me llamo Gregorio pero mi dicen Goyo. Y ‘ora que pa’ no hacerlo tan largo, pos me dicen Goyo, como de cariño. Y “don”, pos yo crioque como ya estoy viejo... ...Y fuerte, ¿verdá Dongoyo? ¿Cómo li’hace pa’ subirse por esas escaleras tan altas? A mí me da retiharto miedo. Yo siempre he subido las escaleras. A mí no me dan miedo las alturas. Cuando voy al tocayo, el Goyo diadeveras, el verdadero, el volcán, me subo y me subo y no me da miedo, si hasta veo a todos pequeñitos, pequeñitos allá abajo. Pero aquí no es cuestión de ver a los demás sino de cuidarse el pellejo y no caerse, no sia la demalas y me caiga y entonces sí, de qué voy a trabajar. No sé hacer nada, nomás limpiar vidrios, pero eso sí que queden bien claritos hasta que pueda ver mi mano igualita del otro lado. Ay, Dongoyo, usté dice cosas que no le entiendo pero pos limpie los vidrios, no sia que la siñora Mónica llegue y nos vea hablando, es reteenojona. Sí, m’hija, pero es bien bonita, ¿verdá? Es bien güerita, bien rubiecita. Mónica estaba en la peluquería, en la de mayor prestigio de la ciudad, al menos de esa zona. Mira, mi amor, me gusta tal y como me dejaste la vez pasada. Pero quiero más rubio todavía. ¿Más?, será blanco, mi vida. No importa, mi cielo, que sea como sea pero que quede bien rubio, ah, y cuídamelo mucho, ¿eh?, que no se me vaya a maltratar. ¿Y qué tal te quedó el pubis?, es tan clarito que tu marido se volvió loco, ¿no? Sí, para qué te cuento. Mejor no entremos en esos detalles porque me mojo toda. ¡Ay, nena!, no te detengas, ya sabes que esto queda entre nosotros. Sí, cómo no, tú ni hablas bien español pero bien que les cuentas a todas tus clientas. ¿Yo? No, cómo crees. Cuéntame. Pero si te cuento no me llevarás al cuarto de atrás, ¿verdad? Ah... eso es lo que quieres... do you wanna me to fuck you... No, no, para nada, nada más para contártelo. Ok, ok, you wanna tell me and I’m gonna make you feel so good... No, Subby, cómo crees, pero si quieres, invítame un ron con coca-cola y entonces veremos pues estoy tensa. A ver, a ver... ¡Gloriaaaa!, ¡Gloriaaaa! ¿Sí, Subby? Trae un vaso con coca-cola, ya sabes, como los que me preparas a mí. Ay, Subby, Subby, ya vas a empezar a hacerlo con las clientas, es retetemprano. Tú cállate, or if you wanna me to start being mad fucking shit... No, Subby, no te enojes y no me hables en inglés porque ya sabes que yo no te entiendo ni máiz palomas. ¿Qué dijiste, cabrona? No dije nada, Subby, solamente que no te entiendo cuando hablas inglés. Tráeme el refresco y déjate de pendejadas. Mmm... Subby, si mi marido supiera... él te cree gay. ¿Gay? Fucking shit, gay lo será él. A mí se me hace que su secretaria le ha de fellate... No, Subby, no digas nada de mi marido, que para eso te pago muy bien, mejor síguele, así, suavecito. Ay, Dongoyo, usté sí que es buena gente. ¿Quiere una tostada de pollo? No, m’hija, gracias, no puedo comer tostadas, no tengo dientes, mejor una quesadillita suavecita, ¿sí? ¿No sabes a quihora va a llegar la patrona? Me tiene que pagar todo el mes. Pos no sé Dongoyo, siempre que va con el Subby se tarda un montón de rato, hasta se mihace que algo más ha di’hacerle pos llega retecansada. Ay, Blandina, no sias malpensada, la siñora es la siñora, nosotros nomás debemos respetar a nuestros patrones. No, si yo nomás digo. ¿Pero por qué eres malintencionada? ¿Qué te ha hecho la pobrecita patrona? ¿No ves que tiene que estar bonita pa’ su marido? Es que ese Subby es un gringo, yo lo he visto con estos ojos que si’an de comer los gusanos y ve retefeo a la siñora Mónica. Ah, ¿sí? Pos no digas nada m’hija, no sea la de malas y hasta te vayan a correr, si vieras lo que yo he visto. Mejor quédate callada la boca y sírvele bien. Sí, Dongoyo, usté es retesabio. Blandinaaa, ya llegué. Sí, siñora. Ay, Dongoyo, mejor sálgase de la cocina. ¿Qué dijiste?, no te escuché. Espérame. ¿Sí? Sí, mi amor, ¿hoy a las 9? Pero no tengo nada listo. ¿El director de recursos humanos y su esposa? Ay, cariño, es que tengo un dolor de cabeza... Sí, mejor salimos, vamos al Mediterranée, ¿quieres que reserve para cuatro? Ah, ¿también los Salinas? No, no tengo inconveniente, reservaré para seis. Ya ves Blandina, la seño Mónica es retebuena esposa, ¿cómo puedes imaginarte cosas? Ay, india patarrajada, eres una sinvergüenza, debería darte pena. Dígame Goyo, ¿cuánto se le debe? Pos nomás el mes mi patrona, pero no se priocupe, si no tiene cambio, ‘ai luego. No, Goyo, de una vez. *** ¿Y Goyo, Blandina? No sé, siñora. ¿No tiene teléfono? No, siñora, ¿cómo cree? ¿Entonces a dónde le llamamos? Mira, los vidrios están opacos. Ay, siñora, pos no sé, pero mi primo Gumersindo sabe limpiar vidrios también. Ah, ¿sí?, ya, Blandina. Si no sabemos de Goyo para el sábado, llama a tu primo. ¿Y sí sabe limpiar vidrios? Sí, doña Mónica, los deja retebonitos. ¿Has sabido algo de Goyo, Blandina? No, siñora, ah, sí, ayer habló Dionisia, su esposa, y dijo que Dongoyo se había accidentado y que lo llevaron a la Cruz Roja y que le cortaron una pierna, pos crio que se le engangrenó. ¿Se le gangrenó, Blandina? Por eso, siñora, se le engangrenó y se la tuvieron que cortar, pero que ya está un poco mejor. Dice su mujer que si usté quiere, mientras, le puede ayudar Cristino, su hijo, que ella va a llamar luego porque estaba en una caseta de teléfono y ya no tenía dinero. Que en unos dos o tres meses Dongoyo va a poder caminar con unas muletas y que viene a limpiar los vidrios. ¿Cómo va a subirse a la escalera, Blandina? Pos no sé siñora. ¿Cómo que no sabes? A ver, hija, piensa. Ese pobre hombre ya no va a poder subirse a la escalera a limpiar los vidrios de la habitación de Clarita, ¿verdad? ¿Sí entiendes eso? Sí, siñora. Ah, bueno, entonces, cuando llame Dionisia, la esposa de Goyo, dile que ya no necesitamos que nos ayude, que ahora limpia los vidrios Gumersindo, tu primo. ¿Me entiendes, Blandina? Sí, siñora. Ya me voy, tengo que ir con Subby para que me arregle el pelo. ** Susana Arroyo Furphy ana@radtronics.com.au Escritora mexicana. Reside en Australia. Es doctora en letras hispánicas por la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx). Fue catedrática durante 15 años del Tecnológico de Monterrey-CEM (http://www.itesm.mx), en México; catedrática en la Facultad de Filosofía y Letras de la Unam por 13 años y profesora de cursos y seminarios de corrección de estilo en la Casa Universitaria del Libro (http://www.humanidades.unam.mx/casul), de la Unam, durante 10 años. Ha sido ponente en más de treinta congresos internacionales. Ha publicado Que nadie sepa mi sufrir. Este (no) es un libro de Semiótica (México, Porrúa, 2004), De lo que está hecha la memoria (México, Porrúa, 2001) y El Primero sueño de Sor Juana: estudio semántico y retórico (México, Unam, 1993), entre otras publicaciones. Textos suyos aparecen en las antologías La magia en tus palabras (Ediciones Andrónico, Buenos Aires, Argentina, 2007) y Escritura sin frontera (Ediciones Raíz Alternativa, Buenos Aires, Argentina, 2007), entre otras. Coordina el Proyecto Apuc (Análisis Panhispánico de los Usos de Cortesía en algunas ciudades, http://apuc-miembros.blogspot.com) con un equipo de 41 investigadores hablantes nativos de español y uno bilingüe, hablante de náhuatl, que viven en 8 países: Argentina, Australia, Bélgica, España, Estados Unidos, Suecia, Holanda y México. Es investigadora en la Universidad de Queensland (Australia). Escribe sobre cine y libros en la revista electrónica Razón y Palabra (http://www.razonypalabra.com.mx), y forma parte del comité editorial de la revista australiana Hontanar (http://www.cervantespublishing.com/hontanar.html). Escribe cuento, novela y poesía. === Poemas Oscar Portela ============================================= *** Los ojos a Carlos Vitale Me miras. Y desde ti me veo. Soy yo otra vez. En el azul profundo de mar de tu mirada caben todos los cielos. Me miras. Estoy aquí. Soy un viento. Soy índigo. Sólo para mí mismo está fluyendo mi vida como un río mirado y visto. Soy esta apuesta. Y te contemplo. ¿De lo contrario cómo me miraría yo en tus ojos? ¡Helas! No tienes tiempos. Y tiene el tiempo alas. El orden es. Y responsable soy de ese llamado al que contesto sin misterio ninguno. Vuelvo a ser yo y espero. Somos hijos de Adán. Somos su sombra y su retorno todo. ¿Qué me lleva hacia ti sino el deseo? Sube desde tu boca astral un tiempo que se abre como dulce durazno y sangra mi alma en tu nostalgia pura de otra patria lejana. ¿Qué me dicen tus ojos, tu mirada? ¿De qué secretos sellos demoníacos preservados por las semillas de otras tierras me dictan estos arrobos y estas danzas? Tú frente el mar, el mar sobre esos ojos sin olas y sereno. Y en cuadratura exacta la barbilla de lo que fuera fauno y es mortal ahora. Hijo de un ángel desamparado y triste. Agrio sabor de un silbo vulnerado por la envidia de Apolo ya vencido por Marcias. Hay fuegos y lamentos en tus ojos. El secreto sellado en una urna egea clama por ser colmado. Y el eco de tu llamado vibra sobre tus puros pómulos. Oratorio donde se deposita un beso. Todo tu rostro es un llamado en sombras. Y yo respondo con cánticos profanos. Sólo tendrías que adelantar la mano y el viento de ser en abundancia derramaría todo. Me miras y devuelves a mí constantemente. A lo que fui. Y a lo que soy de nuevo. Un mensajero solo. El servidor de un Dios ya desterrado que espera del mortal su guarida segura. Su aposento y su cuna. El reposo final en esta tierra. *** Los adamitas A Luisa Mercedes Levinson, María del Carmen Suárez y Leonor Calvera Adán desnudo. Desnudo el Mar retrocedido ante tanta hermosura. Medida es la belleza mas tu hermosura es impiedad y es todo. Los ojos del venado te contemplan azorados. Tan pura es la visión que el animal y el ave, las aguas y los vientos, el cielo donde reinas se demoran contigo. Tan pura es la virginidad del cuerpo que rompes tú la aurora cuando aquélla despierta. Abre tus verdes ojos como algas y mueve tus ligeras pestañas arqueadas como plumas giradas hacia el cielo o entórnalas si quieres. Donde tu frente es amplia como verde pradera. Luce la otra estrella. Tiemblan las fosas de tu nariz de ave levemente aquilina. Y la declinación de pómulos hacia entreabiertos labios donde el mundo y su gloria deponen su osadía. La tarde avanza lenta hacia extrema barbilla. Y en la punta del iceberg encuentra un solo artista la perfección eterna. La visión enloquece. Cuello de aéreo cisne que baja hasta los hombros como los férreos arcos que sostienen la tierra. La áurea espalda baja hasta cintura-junco donde concentra el todo su alimento terrestre. Y el monte el monte el monte de tus dos nalgas prietas como estremecimientos de Islas del Egeo. Muslos que los delfines y orfebres encontrarán quiso emular el héroe. Y tu tórax de acero que define tu vientre de caderas que juegan las fugas de un concierto. ¡Adán, Adán desnudo en un día primero! Ninguna desnudez tan desnuda como esta. Tu sexo de paloma erguido entre las piernas. Y tu reinado aquí en este mundo nuestro. Este es el paraíso y esta tu luz austera. Oh palmera a la vera de una mar suntuosa. Este es el paraíso. Y tu mano contiene los frutos que aquel día tú comiste sin vernos. Nosotros somos frutos. Tu sed y tu hambre todo. Nosotros poseídos de tu rayo celeste. Nosotros adamitas siempre te fuimos fieles. Estás tú, rey de un orden de amores. Y nosotros tus siervos. Sólo tu desnudez vela la gracia eterna. Danos tu cuerpo entonces. Poséenos postreros que el grito de un amante es un hijo perfecto. ** Oscar Portela portelao@hotmail.com Escritor argentino. Ha publicado los poemarios Senderos en el bosque (Torres Agüero Editor), Los nuevos asilos (Botella al Mar, Buenos Aires), Recepciones diurnas, celebraciones nocturnas (Editorial Crisol, Corrientes), Auto de fe (Municipalidad de Corrientes), Había una vez (Botella Al Mar), Memorial de Corrientes (Editorial Tiempo, Corrientes), Golpe de gracia (Editorial Marymar, Buenos Aires), Selección poética (edición bilingüe, Ediciones del Correo Latino, Buenos Aires), La memoria de Láquesis y Fresas salvajes (1ª ed., Ediciones de la Universidad Nacional del Nordeste, UNNE; 2ª ed., Dunken, Buenos Aires) y El maldito asombroso (Editorial Tiempo), así como el ensayo Nietzsche, sonámbulo del día (Editorial Tiempo). Obtuvo el Primer Premio Nacional Carlos Gordiolla Niella con su poemario Estuario, publicado por la Comisión del Cuarto Centenario de Corrientes. === La entrevista Antonio Mora Vélez ================================= A Germán Espinosa y Orlando Mejía Rivera, con mi admiración y aprecio. El caballo atravesaba una pradera y sus extremidades de fuego parecían como si volaran. El jinete que lo conducía iba hacia el llamado Castillo, que quedaba en la cima de una colina de poca altura en la que remataba una pendiente sembrada de pastos que servía de alimento a las cabras de su misterioso habitante. De él se decía que parecía un ser de otro mundo y que tenía el aliento de un dragón, que no hablaba con nadie y que sólo salía en las horas de la noche, sobre todo en las de luna nueva, para platicar con la brisa y cogerle el pulso a la oscuridad. El jinete había estado unos minutos antes en el llamado museo de los recuerdos y en él había visto una nevera en la que se conservaba el hielo de los años históricos y algunas de las bebidas que se consumían por esos tiempos. Había conversado con el actor que la atendía y éste le había dicho que tenía varios días que no veía al enigmático dueño de la vieja casona de la colina. —¿Habrá muerto? —le preguntó. —No, no lo creo —le respondió el actor del museo, al tiempo que lo invitaba a tomarse una soda con sabor y un pan de sal que todavía le quedaban del anterior suministro de alimentos del pasado. El jinete saboreó el helado y burbujeante líquido de color ámbar, hizo un gesto de complacencia con su boca como si catara un trago de vino de bodega y enseguida empezó a comer el pan, que no era sino pan francés pero duro y harinoso. A la entrada del Castillo, el jinete notó la presencia de varios niños de la escuela de formación para la vida que habían ido a pasear por los alrededores en busca de aventuras y que se encontraban a pocos pasos de la puerta de hierro del jardín de la misteriosa mansión. Al notar la presencia del jinete uno de ellos le preguntó: —¿Qué se le ofrece, señor? —He venido a hablar con el dueño, debo hacerlo —le contestó. El jinete siguió de largo y se dispuso a tocar la cancela de hierro pero encontró que estaba abierta, entró al jardín y tomó el sendero con rumbo a la entrada de la casa. Miró la fachada de cerca y pudo constatar que toda ella parecía una imagen congelada del pasado porque los barrotes de las ventanas estaban oxidados, las paredes descascaradas y sin pintura, las puertas carcomidas, muchas de las baldosas levantadas y partidas, y algunas estructuras abiertas que dejaban ver las varillas también oxidadas, y porque toda ella estaba cubierta de mugre y polvo acumulados durante años. Caminando con la vista al suelo para evitar pisar la basura, llegó a una alcoba que parecía la principal y que, a diferencia de las demás, tenia la imagen de las cosas revestidas de actualidad. Estaba limpia, al menos. Y daba la impresión de que habitada, aunque no se escuchaba nada que delatara la presencia de un inquilino, ni siquiera el zumbido de las moscas que le había acompañado durante el recorrido inicial. “Creo que lo mejor es tocar”, pensó e intentó hacerlo pero la puerta se abrió misteriosamente antes de que sus nudillos la golpearan y todavía es la hora que no sabe si por la acción del viento o por algún mecanismo termomecánico o por obra y gracia del deseo de su residente que, supuso entonces, vigilaba sus pasos desde algún mirador escondido. El jinete entró y regó la vista por todo el cuarto y pudo contemplar lo que parecía ser la apoteosis del desorden pero sin mugre ni desechos, aunque con un poco de polvo de varios días. Dirigió su atención sobre las muchas revistas y periódicos anacrónicos acumulados sobre una mesa sin mantel. Observó los demás muebles: un diván deteriorado, dos taburetes viejos de cuero y una mecedora de mimbre con muchos descosidos, un samovar, un aguamanil y una tinaja. Y miró también los libros arrumados en el escritorio, uno de ellos abierto y separado con un puñal de plástico. Miró la portada y leyó el título: El planeta de los simios. Al lado de él, cerrado, estaba otro libro de menor grosor y pasta más sencilla titulado La noche de la Trapa, del escritor Germán Espinosa. Luego de esa visión inicial el jinete decidió buscar al inquilino en el patinejo y se asomó inicialmente por una ventana con hojas de madera que estaba semiabierta y por la que se filtraba un olor a flores y a hierba fresca. El jinete observó todos y cada uno de los lugares del pequeño descansadero del castillo, desde las reatas sembradas de begonias y magnolias del fondo, pasando por la fuente central con sus bancas y sus pequeñas esculturas de ninfas y auras y el surtidor con forma de ánfora pero sin agua. Al otro lado de la tapia unos niños recogían frutillas. Los demás se ocupaban en otros menesteres. Unos cazaban mariposas amarillas, otros jugaban a la pelota como se dice que jugaban los indios mayas antes de la misteriosa diáspora y los demás corrían por el desfiladero tras imaginarios bridontes, montados en sendos caballos de vapor y blandiendo espadas de luz, con las que hacían explotar como pompas de jabón las imágenes de los animales fantásticos que descubrieron en uno de los cuentos de las clases de realismo que tomaban para saber cómo eran los dioses que amaban y sufrían más allá del mundo de las páginas y las letras. Al percatarse de que el extraño personaje del castillo no se encontraba en la parte habitable del mismo, y ver que los niños jugaban en los alrededores como si nada, decidió ir hacia ellos para preguntarles por él, porque supuso que lo conocían y podían decirle en dónde se encontraba en ese momento. Los encontró jugando a la identidad de las cosas y uno de ellos tenía entre sus dedos un ramito de hojas verdes y preguntaba a los demás de qué planta eran. —¿Sabes tú acaso dónde está? —le preguntó a ese que parecía lideraba la sesión, al tiempo que le señalaba la pared exterior del patinejo. —¿Soy yo acaso el guardia de mi hermano? —le contestó riendo. —¿Y para qué lo necesita? —le interrogó otro, con arrogancia, mientras hundía en la tierra una pala que usaba para recoger basuras. El jinete se desconcertó un instante por la actitud de los niños, burlesca la del primero y casi desafiante la del segundo. Y no pudo evitar una ligera mueca de desaprobación que a los niños les pareció graciosa. —Es un trabajo de investigación que adelanto por razones de patria —le respondió el jinete pocos segundos de meditación después. —¿Razones de patria? —exclamaron todos en coro. —¿Y no nos dijeron en clase de ética que la patria había desaparecido por culpa de la soberbia y el egoísmo de los hombres? —dijo otro de los chicos. El jinete se sintió en otro lugar de la historia, como si hubiera olvidado poner el temporizador antes de salir del cilindro transportador de la nave Enterprise del capitán Kirk. Luego prosiguió su charla al notar que los niños seguían expectantes. —Todo empezó en un cuento titulado El asunto García. En él, el personaje, un estudiante costeño de apellido García, se siente asediado por un fauno burlón vestido de levita negra y sombrero de copa pero al cual se le veían los cascos y los cachos que lo identificaban plenamente como fauno. Y al parecer, por culpa de esa fauno obsesivo, el personaje del cuento estuvo en el lugar equivocado y lo mataron en lugar de a Jorge Eliécer Gaitán y eso le cambió el rumbo a la historia de Colombia en esta dimensión de ustedes. —¿Y al fauno qué le pasó? —dijo el muchacho de más edad. —Eso trato de averiguar aunque en el cuento el fauno es un símbolo para significar esa fuerza misteriosa que algunos llaman azar y que hace que las cosas ocurran de una u otra manera —le contestó el jinete. A esta altura del diálogo ni el jinete ni los niños se habían percatado del acercamiento del extraño residente del castillo que venía subiendo a pie la ladera. El primero continuó su relato del cuento y le comentó a los niños que El asunto García había sido uno de los tres finalistas de un concurso nacional de cuentos de ciencia-ficción y que si no ganó fue porque a los jurados se les escapó el detalle del fauno y no cayeron en cuenta que ese era el verdadero acierto del texto, al menos desde el punto de vista filosófico. El niño mayor iba a preguntar qué era eso de filosófico pero los demás vieron que el habitante del castillo estaba a pocos metros y emprendieron veloz carrera. —¿Por qué huyen? —alcanzó a decir el jinete. Los niños le señalaron hacia abajo y el jinete vio al extraño personaje vestido con una sotana negra, botas también negras y guantes y capucha del mismo color. Trató de mirarle el rostro pero un antifaz y una cinta de tela se lo ocultaban casi plenamente. —¡Huyen de mí! —le dijo el encapuchado con una voz impostada que parecía salir de un altoparlante—. Pero no tema, no soy peligroso para ellos ni para usted. Huyen de mí porque me han hecho algunas travesuras y les prometí un castigo por ello. Al escuchar esto el jinete se tranquilizó y no dudó en decirle cuál era el objetivo de su visita. —Vengo a hacerle una entrevista, bueno, si usted no pone reparo alguno —le dijo. El hombre de negro lo miró con algo de resignación, como diciendo: ¿otro? Y lo invitó a que subiera hasta su alcoba. Unos minutos después estaban el jinete y el llamado hombre del castillo sentados en sendos taburetes de cuero, contemplando el paisaje del jardín, la fuente seca con sus estatuas y disfrutando de un par de cigarros que al enmascarado le suministraban los filibusteros que vendían artículos de las islas casi desérticas y despobladas del Caribe. —¿Entonces usted cree que el fauno del cuento vive en esta dimensión? —le preguntó el anfitrión al jinete, luego de las explicaciones iniciales acerca del motivo de la visita. Antes le había preparado al visitante un extraño pero delicioso jugo de frutillas del monte que éste degustó complacido. —Sí —le respondió el jinete—. Y la razón me la da Phil K. Dick. Como usted seguramente recuerda, la novela El hombre del Castillo de Dick cuenta la historia después de la segunda guerra mundial tal como él la pensó si en lugar de haber ganado los aliados hubiera sido el fascismo el triunfador. Los japoneses —como se cuenta en la obra— hubieran dominado gran parte de los Estados Unidos y hubieran anticipado en muchos años su extinción como potencia. El hombre de negro —que seguía sin descubrir su rostro aunque se había despojado de la sotana, de los guantes y de las botas— le dijo entonces que no entendía la relación entre el fauno del cuento y el ejemplo de la segunda guerra. Aprovechó para caminar unos pasos y señalarle —tocándola— la fuente seca. “Desde que desapareció el Estado no hay agua en las cañerías”, dijo con algo de pesadumbre. “Pero hay allí una relación de causalidad que no veo en su ejemplo”, concluyó. El jinete pensó en ese instante explicarle la discusión ya superada entre el determinismo y la incertidumbre y explicarle que las nuevas técnicas de la cibernética hacían posible la recuperación del pasado. Pero prefirió volver al mundo de esa dimensión que visitaba con frecuencia para investigar eso que él llamaba los ripios de la historia. —En esta dimensión las cosas no ocurren como en la otra de donde vengo, fruto de un cruce de hechos y circunstancias —dijo—. Acá hay un evidente demiurgo que las programa, alguien que ejerce su dictadura mental sobre los hombres y no les deja otra alternativa diferente a ser lo que él quiere que sean. —¿Y? —dijo el anfitrión con evidente interés. El jinete lo miró fijamente, pensando cada una de las palabras que le iría a decir enseguida. —Yo creo que el Jorge Eliécer Gaitán de mi cuento vive en este mundo, en esta dimensión escondida de la memoria, y creo que puedo recrearlo para indicarle a mi pueblo lo que perdió por culpa del fanatismo. Dicho esto bajó la cabeza como escarbando en el recuerdo y le soltó esta pregunta inesperada al enmascarado: “¿Es usted, acaso, el personaje de un cuento de ciencia ficción?”. El hombre cambió de semblante, frunció el ceño y los labios, cambios que el jinete no alcanzó a ver por el cubrimiento del rostro. —¡Sí! —contestó secamente—. Pero no el que usted se imagina y es usted el quinto en venir a hacerme perder el tiempo con sus preguntas. El jinete se quedó mudo con la respuesta y trató de levantarse con la intención de despedirse y ponerle punto final a la entrevista, pero el misterioso entrevistado lo detuvo. —Perdóneme pero no ha sido mi intención rechazarlo —le dijo—. Lo que pasa es que usted no conoce el drama de mi vida en esta dimensión —agregó. La noche empezaba a llenar de oscuridad el castillo y los alrededores. El hombre enmascarado encendió un par de velas para disiparle el temor al jinete. Los niños ya estaban bien lejos del castillo, durmiendo en ese otro lugar que los dioses diseñaron para que los niños fueran felices y contagiaran de felicidad a todos los demás niños del mundo. —Le voy a contar ahora mi historia —le dijo al visitante, mientras se acomodaba en el diván—. En ella también tiene que ver un cuento, como en su caso. ¿Recuerda usted La noche de la Trapa de Germán Espinosa? —le preguntó. —Sí, lo leí hace muchos años y lo estoy viendo en la mesita de esta alcoba con las mismas letras rojas y el fondo negro de la edición de 1965. —Pues bien, si recuerda el cuento sabrá que un científico de nombre Melchor de Arcos había convertido a dos chimpancés en hombres y que uno de ellos llamado Chip huyó y que al otro lo asesinó De Arcos en el instante en que lo encontró disfrutando del sexo con su esposa y en su propia cama. —Así es —respondió el jinete—. Y recuerdo el final del cuento, cuando Melchor de Arcos llega al Monasterio Trapense para purgar con el enclaustramiento su crimen y constata que el monje que lo recibe, Fray Roberto de Clarabal, es el mismo simio Chip a quien él había convertido en hombre y que se había fugado de su laboratorio. El jinete hizo una pausa y reparó en el libro que estaba sobre la mesa de centro. Luego prosiguió. —Lo que no entiendo es ¿qué tiene que ver el cuento con usted? —Mucho —le dijo el enmascarado—. El cuento terminó donde usted dice pero la historia no. Después ocurrió que Melchor de Arcos, aún dolido por su fracaso, intentó matar a Fray Roberto de Clarabal, a Chip, sin permiso de Espinosa y que éste, para evitar la truculencia y dejar que el cuento terminara en el momento preciso, decidió borrar esas escenas de la historia publicada y los condenó a vivir, a Arcos y a Chip, en este limbo que forman los borradores archivados de los escritores. El jinete aspiró una bocanada del cigarro que le había obsequiado minutos antes el anfitrión y se quedó un rato pensando hacia adentro, como buscando la mejor explicación de lo que diría después. La noche era acompañada por un viento frío que silbaba como en las viejas películas de ultratumba y que se metía por las rendijas de ventanas y puertas del castillo y cerraba las que estuvieran abiertas. —En el cuento de Germán Espinosa —dijo el jinete— el escritor se realiza con el progreso intelectual de uno de sus personajes, el tal Roberto de Clarabal; pero en el citado por mí, en El asunto García, el escritor quedó inmerso en una duda que lo atormenta porque no sabe qué desear más, si la muerte de Gabriel García, el escritor costeño que estaba en el lugar equivocado o la del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán. ¿Se imagina usted lo que hubiera sido de Colombia con Gaitán de presidente? —Algo he oído de eso —dijo el hombre del castillo—. Sé de una región de esta dimensión en la que vive un abogado penalista de apellido Gaitán que se salvó en un cuento de un escritor Mejía. —Me gustaría conocerlo... —No se lo recomiendo. Me han dicho que él, agobiado por la soledad de estas páginas y al saber que para que él viviera tuvo que morir un escritor que hubiera ganado el Nóbel, se ha dedicado a la bebida. —Y bien que lo sé —respondió el jinete—. Como que he sido yo quien le salvó la vida para que entonces viviera en esta dimensión. —¿Ha sido usted quien lo ha mandado a la papelera de reciclaje? —preguntó el entrevistado—. ¿Y a propósito, quién es usted? —insistió con firmeza y evidente curiosidad. El jinete dudó unos segundos antes de responder. Pensó en toda la historia del cuento, la utilizada y la desechada. En lo triste para la literatura si el costeño estudiante de Derecho hubiera muerto como lo conjeturaba El asunto García y de él se supiera apenas por el informe de policía que daba cuenta de su muerte y que relacionaba el párrafo inicial de La casa, la que sería su gran novela. Y le respondió al ermitaño de negro con la seguridad aprendida en las muchas lecturas que tuvo que hacer antes de decidirse a escribir su primer texto. —Digamos que soy un poco ese Gabriel García que murió asesinado en mi cuento o uno de los muchos autores que andan en busca de personajes, pero la verdad, soy el escritor Orlando Mejía, autor del cuento El asunto García, y estoy investigando en esta dimensión para escribir el cuento de Gaitán vivo en un país que evitó la tragedia del 9 de abril y los gobiernos conservadores, liberales y uribistas que le siguieron... El hombre del castillo dejó escuchar una breve risa que parecía fingida, una especie de “Ja Ja Ja” actoral que minimizaba la importancia de la anterior versión. —¿Y eso es todo? ¡Lo mío sí que es importante! —expresó. El jinete miró al enmascarado un instante, con enfado por su pedantería, y al caer en cuenta que tampoco sabía de quién se trataba, le preguntó: —¿Y usted quién es?... Porque yo tampoco sé quién es usted. El enmascarado sonrió, viró su cuerpo a un lado y se llevó las manos a la cabeza. —¿Por qué cree usted que ando con la cara cubierta? —le contestó y empezó a quitarse el antifaz y la cinta de terciopelo que le cubría la boca y el mentón—. Yo soy Fray Roberto de Clarabal y tuve que escapar del monasterio trapense para evitar que el científico De Arcos me mutara nuevamente en simio, lo que logró parcialmente. Al tener la cara descubierta levantó la cabeza y dijo con la voz quebrada. —¡Mire mi rostro mezcla de humano y de primate! —¡Ah bestia! —exclamó en voz baja y con desilusión, el escritor Mejía Rivera. ** Antonio Mora Vélez amoravelez@yahoo.com Abogado y escritor colombiano (Barranquilla, 1942), reside en Sincelejo desde 1993. Es escritor de ciencia ficción, poeta, ensayista y catedrático. Es el vicerrector de Bienestar Universitario, director de la revista institucional y miembro de la junta directiva de la Corporación Universitaria del Caribe (Cecar), de la cual es miembro fundador. Ha publicado los libros de cuentos Glitza (Ediciones Alcaraván, Bogotá, 1979), El juicio de los dioses (Casa de la Cultura, Montería, 1982), Lorna es una mujer (Centro Colombo Americano, Bogotá, 1986), Lorna is a woman (Colombian Cultural Center, New Delhi, 1990) y La duda de un ángel (Ediciones E-Books de Cecar, 2000), el primer libro electrónico que editado en Colombia. Ha publicado también el libro de ensayos Ciencia ficción: el humanismo de hoy (Cecar, Sincelejo, 1996) y los poemarios Los caminantes del cielo (Cecar, Sincelejo, 1999) y El fuego de los dioses (Cecar, Sincelejo, 2001). Aparece en las antologías Joyas de la ciencia ficción (La Habana, 1989) y Contemporáneos del porvenir: primera antología de la ciencia ficción colombiana (Bogotá, 2000). Ha ganado varios premios de literatura y su nombre figura en The encyclopedia of science fiction de John Clute y Peter Nicholls (New York, 1995, página 696). === Poemas Sergio Ortiz ============================================== *** Al aire libre El manjar de tu reclamo corrió sobre mi río hasta llegar a la arena fértil de la sabana donde se deslizó sobre troncos, piedras y alguna que otra hoja caída. El gemido matinal, la respiración de nuestros cuerpos, despertó la música de tu locura. Regresé a tus brazos inquietos acariciando las corrientes translúcidas de tu aroma, manchado por la fuerza torrencial de tu lujuria, en el sedimento de mi piel oscura. *** Agua y sed Fue un sueño sobre la sed y el agua, donde los números contaban y las conversaciones fueron guardadas en privado. Fue un sueño sobre el agua y la sed donde el perdón fue la causa y aceptación el efecto. Fue un sueño sobre la sed y el agua donde todos sabían el significado del agua pero nadie entendía el significado de la sed. *** Ingratitud Soy una perra, a mí nadie me humilla. “Tía, ven, que estás cansada”. No estoy cansada. Sólo que nadie me deja sangrando. “Parece que la política te ha acalorado”. Qué política ni ocho cuartos, lo que pasa es que últimamente esos malditos perros se pasan contemplando a las ratas mientras juegan con sus rabos, y me han puesto a mí a cazar. Eso sí, a la hora de comer enseguida quieren que yo se lo dé todo masticado. No puede ser, perra. Hoy alzo bandera, porque yo soy una dama. A mí nadie me humilla. Si quieren algo de comer que se eduquen. “Tía y dale con lo de los cerditos”. Si quieren la planchada y almidonada, que miren a ver con quién. Busquen a Pancha. A ver cómo les va con esa perra del demonio. Esa hembra sí que no come ratas, ni desperdicia ratos. “Tía, los perros no usan ropa”. ¿Ropa? Anda pues, llámalo como te dé la gana, perra ingratitud, total es la misma cosa. *** Algo más que el orgullo Tanta vulgaridad perseguida tantos tablados descoloridos vulgaridad caminando obstinada en el lodo de una noche estrellada en la melodía de una viola vulgaridad arrodillada que se encona ven y sin más preocupación olvida la vulgaridad de mis ojos nadando en el abrazo de tu silla *** alma perdida tanto odio entre mangos escondidos casi maduros yo los como muy picantes y echo el corazón al olvido la vida es así entre los bosques y ríos irremediable locura que me llena de hastío allegada a los mares batiendo el cuerpo contra corales muertos fétido herido ** Sergio Ortiz sergiortiz@prtc.net Escritor puertorriqueño (San Juan). Estudia literatura inglesa en la Universidad Interamericana de Puerto Rico (http://www.inter.edu) y filosofía en la Universidad Mundial (http://www.unimundo.edu.mx). Fue profesor de inglés durante casi toda su vida. Actualmente está retirado y se dedica a escribir. Poemas suyos han sido publicados en revistas literarias como Origami Condom (http://www.origamicondom.org), Poets Ink Review (http://poetsink.com/poetsinkreview/poetsinkreview.htm), Poui, the Cave Hill Literary Annual (http://www.cavehill.uwi.edu/fhe/hum/publications/JournalsPoui.htm), Flutter, Silenced Press (http://silencedpress.com), Cause & Effect (http://www.cemagazine.net), The Cherry Blossom Review (http://www.geocities.com/thecherryblossomreview), The Linnet's Wing Ink Sweat & Tears, Ascent Aspirations Magazine (http://www.ascentaspirations.ca) y The Battered Suitcase (http://www.vagabondagepress.com). === Las leonas Gilda Manso =========================================== Dos ranuras amarillas se encendieron en la noche negra. —Tranquilo, Ares. Soy yo. El león cerró los ojos entreabiertos y siguió durmiendo. La oscuridad volvió a ser lisa. Sólo ella podía entrar en la jaula leonina sin correr el riesgo de ser atacada por sus habitantes. No le gustaba que el resto del circo la llamara La domadora. Bruna consideraba que hablar de doma era profanar la majestuosidad de las fieras. Los leones, en su nobleza, no eran insensibles al respeto que recibían de esa humana que los acompañó desde cachorros. Como respuesta, ellos hacían todo lo que ella les pedía. ¿Qué tenía de malo saltar dentro de un aro prendido fuego, si la higiene de su jaula era perfecta, la comida deliciosa y nunca jamás habían sufrido el látigo? Gracias a Bruna vivían mejor que el elefante, los monos y el malabarista. El Circo Lunar era propiedad de Madame Rojo, una mujerona bohemia y maciza que podría haber sido hermosa si no fuera por su extrema fealdad. Un día de hacía veinte años, Madame Rojo hizo detener la travesía de su circo nómade; los retorcijones en su estómago le indicaban que no podría aguantar más. Se internó selva adentro para hacer sus necesidades y entonces lo oyó: un llanto infantil cortaba el silencio. La mujer siguió caminando, ahora guiada por el sonido de aquel torrente de lágrimas. La escena que descubrió la dejó inmóvil: una leona rodeada de sus cachorros lamía el cuerpecito desnudo de un bebé humano recién nacido que lloraba con gritos enronquecidos que menguaban por efecto de las lamidas. Cuando el bebé dejó de llorar, la leona lo acercó a sus mamas y la criatura comenzó a chupar con avidez. Madame Rojo, que tenía más calle que cualquiera, sabía reconocer un milagro cuando lo veía. Fue tal vez por eso que con el mayor de los silencios llevó a la mitad de su troupe hacia allí, les mostró la escena increíble y pese a que nunca quiso querer a nadie para que nadie pudiera destruirla, les dijo: —Atrapen a la madre y a los cachorros. Entre esa leona y yo vamos a criar a ese bebé. Veinte años después, Bruna podía jactarse de poseer la dignidad felina de su madre de leche y el espíritu de vagabunda salvaje de su madre de crianza. Tenía, también, cierta tendencia a actuar según sus propias intuiciones, desoyendo las voces populares si no se amoldaban a su parecer; esta característica la inquietaba: no sabía de quién la había heredado. Madame Rojo se paró frente a la jaula de los leones y contempló a su hija que dormía acurrucada junto a las tres fieras. —Bruna, ahí hay un hombre que quiere verte. Tiene un uniforme de militar y te trajo flores. El General Aquiles Fidedigno parecía nervioso. Según explicó más tarde, se enamoró de Bruna apenas la vio en la primera función que el Circo Lunar brindó en ese pueblo. En una semana de actuaciones, el General había asistido todos los días sólo para verla. El General quería saber si Bruna le permitía visitarla para hacerle la corte. Antes de darle tiempo a contestar, los leones, que dormitaban a sus pies como si fueran perros de la guarda, se pararon lentos, se acercaron al General, lo olfatearon, y finalmente miraron a Bruna. El General no se había movido. La chica supo que esa actitud del hombre que la pretendía no era ni de miedo ni de valor sino de deferencia hacia las fieras. Es decir, hacia ella. Se casaron por iglesia y por civil un mes más tarde. El entorno de Aquiles Fidedigno no vio con buenos ojos ese enlace. ¿Qué dirían los poderosos enemigos del General cuando se enteraran de que se había casado con una mujer circense que llevó consigo, como toda mudanza, dos vestidos y tres leones? Pero al General no le preocupaba lo que decían sus enemigos sino lo que hacían: torturas, secuestros, robos de bebés, violaciones y demás desastres no naturales. Fue en esa época que Bruna parió una niña y la leona parió dos cachorros. Fue en esa época que un contacto del General le avisó que los malos tomarían por asalto su casa, que estaban cerca y que la huida ya no era una posibilidad. Siguiendo su propia intuición, desoyendo las voces de todos, llorando de dolor y de resignación, Bruna amarró a su hija al pecho de la leona, le abrió la puerta y le suplicó a la fiera: —Corré, no vuelvas, cuidá a mi cachorra como si fuera una de los tuyos. La leona obedeció con dignidad felina. Bruna las vio perderse allá a lo lejos, doliendo pero confiando en el vínculo natural entre el hombre y el animal, mientras la puerta trasera de la casa era derribada por las bestias. ** Gilda Manso arcangelmiron@gmail.com Periodista y escritora argentina (Buenos Aires, 1983). Se desempeñó como redactora y cronista en diversos medios gráficos. Su cuento “Sombras chinescas” integra la antología Ronda de cuentos, de Editorial Dunken (http://www.dunken.com.ar). Mantiene una bitácora literaria en http://elarcangelmiron.blogspot.com. === Poemas Juan José Cantón y Cantón ================================= *** De carne y hueso “Dos sombras me acompañan: Una es mala, otra es buena; Una es negra, otra es blanca”. José Bergamín. La claridad desierta. Deben de creerse que soy de acero, hecho al golpe y al enfrentamiento sin miedo, diciendo siempre qué siento, qué me lleva, qué vivo, qué no quiero. Deben de creerse que nunca muero, que no sé del vacío, que no miento nunca a mis sueños, al pensamiento del hombre que en mí habita sincero. Que sepan que soy de carne y hueso, que también encierro luz y sombra y que no de todo salí ileso. Que sepan que mi voz no siempre nombra el dolor que en mi corazón sopeso, que a veces enmudece lo que asombra. *** Todo mi patrimonio es ahora “¡Y de pronto la tarde acordó de sí misma me quitó su amparo!”. Pedro Salinas. Largo lamento. Todo mi patrimonio es ahora esta tarde de voces y de ecos entre el piar loco de los gorriones, mientras el sol salta por los tejados y mis perros somnolientos me miran. Todo mi patrimonio es ahora, en esta lenta tarde que transcurre y en la que nada puedo hacer, prisionero del dolor de mi cuerpo, doméstico de mi convalecencia. Todo mi patrimonio es ahora esta tarde en que la luz se va. Todo mi patrimonio es ahora, en esta tarde que se obscurece. *** Para ti, escribo El agua corre libre; la vida, mientras vibre. Los sueños siempre fluyen y las palabras huyen. Mi voluntad alcanza la luz o su semblanza. Ponga punto la muerte, si se quiebra mi suerte. A borbotones, vivo y, para ti, escribo. ** Juan José Cantón y Cantón juanjcanton@auna.com Poeta español (1960). Licenciado en filología francesa por la Universidad Complutense de Madrid (UCM, http://www.ucm.es), ciudad donde reside. Ha publicado los poemarios Delirio del desarraigo (Madrid, 1990), Tromba (Madrid, 1990), Psicalgia (Madrid, 1994, edición bilingüe español/francés), Poemas a Cózar (Málaga, 1998), Caos (Madrid, 1998), y Flashes (Madrid, 2004, edición bilingüe español/francés). Además es coautor de Caminantes de esquinas (Madrid, 1982). === Carta de desamor Ligia Minaya ==================================== Querido Víctor: Recién salgo de hacerme una cirugía en la que me han rebanado las caderas, aumentado el busto, alzado los párpados y rellenado mis labios de silicona, sin contar los pinchazos de botox que me han dado en toda la cara, y me encuentro que andas con otra. Poco ha faltado para que, mientras permanecía vendada, como una momia, la llevaras a los pies de mi cama a presentármela. Y yo, que todo lo hice por ti, para que no dejaras los ojos tras las respingadas nalgas de la hija del vecino, ni se te cayera la baba ante la esbelta figura de la secretaria de tu hermano, veo que mi sacrificio ha sido en vano. Ya ni te digo que el médico me recetó unas medicinas fortísimas para la caída del pelo, esa melena que tanto acariciabas a la hora de dormir y que ahora tengo que confesarte: eran extensiones. Pero nada, dentro de un par de meses estaré como nueva, más joven y más atractiva, y sobre todo libre. Sí, libre de la esclavitud que me imponía el querer aparentar veinte años cuando en realidad tengo cuarenta. Ahora, tan pronto me reponga de las heridas de la cirugía y de las morales que tu veleidad me ha infligido, me dedicaré en cuerpo (por supuesto, mejor que el que conociste) y en alma a buscar un compañero. Y cuando hablo de compañero, me refiero a un hombre que vea más allá de lo que ven tus ojos con gafas para la miopía y el astigmatismo. A uno que busque una mujer para amar, para entregarle sus mejores años, para salir a caminar y ver caer el sol, hablar de sentimientos, y no como tú a quien sólo le importan los acontecimientos. Un hombre entero, al que sólo le interese yo como mujer, a la que en breve, puedes apostar, las heridas serán cosas del pasado. Nunca más pasaré por un quirófano a menos que sea para algo tan fuerte que amerite cirugía, pero a ti te recomiendo que busques quien te rebane la barriga y sobre todo quien te ponga en firme eso que te cuelga. No pienses que no voy a llorar. Lo haré. Pero sólo por un tiempo. El necesario. El que se guarda por un duelo, dedicado a ti, que ya para mí, estás muerto. Adiós, y que te vaya bonito. Amelia ** Ligia Minaya ligiaminaya@aol.com Escritora dominicana. Reside en Denver, Colorado (EUA). Ha publicado en su país el libro de ensayos Palabras de mujer, el libro de cuentos eróticos El Callejón de las Flores y las novelas Cuando me asalta el recuerdo de ti y Mi corazón tiembla en la sombra. ||||||||||||||||||||||| EL REGRESO DEL CARACOL |||||||||||||||||||||| === El pozo de la historia Mario Amengual ============================ Novela Bid & Co. Editor Caracas, 2007 ISBN: 980-6741-50-8 156 páginas Rafael Hernández está perdido. Con sus dos socios del “Trío Pampero” —bautizado así por la reconocida marca de ron— se las arregla para terminar ebrio todos los días, bien sea en las calles o en las guaridas “de sexo triste y caña violenta” de la Maracay de principios de los 70. Su vida parece hundirse definitivamente hasta que una borrachera con ribetes escatológicos, un desengaño amoroso y un fugaz encuentro con un misterioso mendigo lo hacen aceptar las gestiones familiares que le aseguran una habitación en un suburbio de Caracas y un empleo en el Archivo Histórico de la Nación. Así empieza El pozo de la historia, una novela iniciática de Mario Amengual (Maracay, 1958) cuyo protagonista tendrá la oportunidad de evolucionar a través de un intrincado camino. Hernández sostendrá su afición por la bebida, pero su alma sensible abrirá las puertas a nuevos intereses, de la mano de una galería de personajes y episodios tan pintorescos como humanos: el brujo charlatán y homosexual, el casino improvisado en las grises oficinas del Archivo Histórico, la prostituta colombiana que le dará amor y despecho, los estudiantes de letras con sus análisis —y sus vidas— de artificio, los no menos artificiales historiadores “que viven de los muertos”. Narrada en tercera persona, la novela está sin embargo impregnada de cierto tono autobiográfico que se hace evidente en la perspectiva asombrada y personal que Amengual imprime al relato, permitiéndose incluso deslizar algunos juicios sobre sus personajes y sobre los episodios que éstos protagonizan. Estos elementos se hacen muy evidentes en las afectadas discusiones de los estudiantes de letras, repletas de frases vacías en las que Amengual se solaza: —También —siguió Noris— se puede leer entre líneas la presencia de la otredad, tal vez en una realidad textual menos articulada desde el punto de vista estructural, pero evidente en las connotaciones sugeridas de la realidad del poeta... —Sobre todo —contrapunteó Gabriela— en referencias tan directas como la propia vida de cada uno de ellos en sus instancias más inmediatas. —Es cierto —dijo Noris—. ¿No crees tú, Rafael Hernández? —Sí, por supuesto —respondió, aunque desde el comienzo de aquel “análisis” igual le daba que le hablaran en esloveno. Esa visión crítica, que evolucionará con el protagonista a lo largo —y a pesar— de su constante estado de ensimismamiento etílico, laboral y pasional, alcanzará su culmen hacia el final de la novela, cuando se sienta asqueado por la afectación de los historiadores durante la fiesta navideña del Archivo Histórico. “Éste es un país de ‘vivos’ que viven de los muertos”, estalla Hernández ante el director del Archivo. “Unos de Bello, otros de Bolívar, otros de Sucre, otros de Reverón, otros de Gallegos, y de otros más, y se pasan la vida apoltronados en embajadas, ministerios, institutos, fundaciones y pare usted de contar, dándole la vuelta a lo mismo con la misma palabrería por años, mientras el país se va por un despeñadero, pero aquí ha resultado mejor vender el alma, callar oportunamente, que decir verdades”. Hernández termina abandonando el Archivo Histórico, “un barco viejo, al garete, que no terminaba de naufragar (...) en el inmenso mar del pozo de la historia”, una escena que marca el final de la novela pero, a la vez, el verdadero principio del camino para el personaje. Así, El pozo de la historia se revela ante el lector no sólo como el retrato de las tempranas motivaciones que asaltan a todo hombre crítico en su juventud, sino además como un mapa franco de la visión del mundo que su autor ya ha delineado de forma consistente en su obra poética y ensayística. Publicada originalmente en 2001 en un volumen que también incluía el poema Los extranjeros, la novela aparece ahora bajo el sello Bid & Co, en una cuidada edición y como parte de la colección “País Portátil”. Su autor es licenciado en letras y tiene muchos años ayudando a los jóvenes en el aprendizaje del oficio literario, como profesor del taller de literatura del núcleo Maracay de la Universidad Central de Venezuela. Además de artículos de opinión, cuentos, poemas y ensayos que han aparecido en diversos medios impresos y digitales, ha publicado los poemarios La arboleda deslumbrante (1991) y El tiempo de las apariencias (2000). === Antología del poemario perdido en la geografía venezolana ============= === Isaías Medina López =================================================== Poesía Fondo Editorial Teatro de Venezuela (fertecoj@cantv.net) San Carlos, Cojedes, 2007 ISBN: 980-6911-05-9 86 páginas Cada año, y desde hace quince, los escritores que viven en la frontera entre Venezuela y Colombia realizan una serie de encuentros que, a fuerza de persistencia y hospitalidad, se han convertido en fuente de amistades y proyectos. Uno de los más recientes es esta antología, una idea que el escritor cojedeño Isaías Medina López maduraba desde hace algunos años y que se ha hecho realidad como un homenaje a los impulsores de estas citas periódicas: Ciro Pérez, Luis José Oropeza, Homero Vivas y Carlos Rodolfo Carrillo. La Antología del poemario perdido en la geografía venezolana reúne poemas de 41 autores asiduos a estos encuentros que, iniciándose en la ciudad venezolana de San Cristóbal y la colombiana de Cúcuta, se han extendido a sitios como Pamplona, La Villa del Rosario, La Grita, Colón, Los Patios, San Carlos de Cojedes, Barinas y Pedraza. De cada autor se ofrece dos poemas cortos o uno solo de mediana extensión, alternando a los autores de ambas nacionalidades “en una crineja que desde hace siglos tejen, pese a los prejuicios, colombianos y venezolanos y muchos escritores y lectores desde el inicio mismo de la literatura”, como explica Medina López en el prólogo. Los colombianos Germán Suescún y José Tolosa, y el venezolano Benigno Ontiveros, son los poetas fallecidos que encabezan como patronos una selección en la que poder leerse material de autores tan variopintos como William Ospina, Rodolfo Ramírez Soto, Arnulfo Quintero, Alberto José Pérez, Manuel Iván Urbina Santafé o José Daniel Suárez Hermoso, entre otros, además de los autores homenajeados. “Este es un compendio de la unidad”, continúa el compilador; “de la varianza, de la unión de extremos y sus puntos intermedios, que invitamos a leer sin moldes preconcebidos, pues aquí encontrará cantos y desencantos de amor, el apego filial, la bohemia, la fuerza telúrica, la fatalidad, planteados desde el más refinado humor hasta la desesperanza visceral y otras sorpresas que preferimos no adelantar”. Nacido en San Carlos de Cojedes en 1958, Isaías Medina López es profesor de la Universidad Nacional Exprimental de los Llanos Ezequiel Zamora (Unellez), donde dirige la revista Memoralia, de humanidades y educación, y ha publicado Trampa doble (1984), Vínculo perenne (1987), Oratorio de José (1992) y De bares y mujeres con intención precisa (1994), entre otros. Su labor como antólogo es vasta, con alrededor de una docena de trabajos, incluyendo este que hoy llega a nuestras manos. ||||||||||||||||||||||||||| POST SCRIPTUM ||||||||||||||||||||||||||| “La página que ya no se escribe subraya el vacío, el residuo de una letra prometida, la vida que se borra inexplicable, la gota de agua que raya el ojo y asume la ilusión de la mirada. La página que ya no se escribe es la profunda quimera que traza en el laberinto o en el filo, el derrame, la caída y el grito”. Simón Darío Ramírez, “Quimera”. En: Carta de baraja (1984). === Cómo publicar en Letralia, Tierra de Letras =========================== Antes de enviarnos algún texto para publicar en Letralia, le agradecemos leer nuestras condiciones de publicación. Usted puede verlas en el Web en http://www.letralia.com/tierradeletras/publicar.htm. Si lo prefiere, puede recibirlas por correo electrónico escribiendo un mensaje a info@letralia.com, con la palabra "Condiciones" en el subject, o simplemente dando un doble click de ratón en el enlace siguiente: mailto:info@letralia.com?subject=Condiciones. ########################################################################### El alojamiento de nuestra página web en http://www.letralia.com es cortesía de Abracaadabra Network (http://www.abracaadabra.net) Letralia, Tierra de Letras, es una producción de JGJ Binaria (http://www.letralia.com/binaria) y circula para el mundo de habla hispana desde Cagua, Venezuela ########################################################################### Atentos: nuestra próxima edición circula el lunes 15 de septiembre de 2008