~~~~~~~~~~~~~~~ Año XIII Cagua, Venezuela Nº 202 ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras ~~~~~~~~~~~ http://www.letralia.com ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ 19 de enero de 2009 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras, es ~~~~~~~~~~~ la revista de los escritores ~~~~~~~~~~~ hispanoamericanos en Internet. ~~~~~~~~~~~ Usted puede enviarnos sus ~~~~~~~~~~~ comentarios, críticas o material ~~~~~~~~~~~ literario a info@letralia.com ~~~~~~~~~~~ ~ * ~~~~~~~~~~~ ~~~ JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor ~~~~~~~~~~~ ~~~~ Depósito Legal: pp199602AR26 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~ ISSN: 1856-7983 ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ === Sumario =============================================================== | Galán y los premios. / Taller literario gratuito en | Breves Internet. / Mucho terror. / Miguel Hernández en video. / | La Mancha desocupada. / Poe en espuma. / Cuéntame tu | película. / Presentaciones en Zaragoza. / La muerte de | Acuario. / A estudiar dramaturgia. / Aprendizaje teatral | para niños y jóvenes. / Dos poetas en Chacao. / Internet | grecolatina. / Una isla en la Luna. / Fuera de Borda. | | El escritor cubano Dolan Mor recibe el Premio Barcarola | Noticias 2008. / Piden repatriación a Francia de restos de la | viuda de Vallejo. / Inés Fernández-Ordóñez es la cuarta | académica española de la lengua. / Instituto de | Literatura Puertorriqueña anunció ganadores de sus | premios. / Falleció el escritor y dramaturgo Harold | Pinter, premio Nobel 2005. / Chile construirá Cantalao, | el pueblo mítico soñado por Neruda. / Santillana publica | Imperial, del peruano José Luis Mejía. / Machado y Muñoz | Rojas declarados autores del 2009 en Andalucía. / Cuba | abre acceso electrónico a documentos de Ernest | Hemingway. / Falleció el escritor panameño Mario Augusto | Rodríguez Vélez. / Crean en Paraguay la Escuela de | Escritores. / Rebautizan Biblioteca Nacional de Honduras | como Juan Ramón Molina. / Tesis doctoral permite | recuperar textos inéditos de Pedro Salinas. / Poesía de | Armando Rojas Guardia es recogida en antología. / | Anunciados los miembros del jurado del Rómulo Gallegos. | / Círculos de lectores inicia en Upel Maracay. / Siruela | recupera las obras de Carmen Martín Gaite. / Abren en | Colombia especialización universitaria en creación | narrativa. / México homenajeará este año a José Emilio | Pacheco. | | “Reflexiones sobre Gaza”, Antonio Mora Vélez. / “Feliz | Material 2008”, Jorge Majfud. / “No importará”, Margarita Muñiz. | especial: / “No más”, Lidia Corcione Crescini. / “La lección de | Gaza Israel”, Nelson González Leal. / “Réquiem por las | víctimas de una guerra: 2009”, Porfirio Mamani Macedo. / | “Shalom”, Musa Ammar Majad. | | “Trascendencia de la obra poética de Aly Pérez”, Ingrid | Artículos y Chicote. / “En tiempos de la nueva aldea global”, | reportajes Alberto Salcedo Ramos. / “J. D. Salinger, emperador del | olvido”, Rolando Gabrielli. / “Piedra de mar: cuarenta | años”, Manuel Cabesa. / “Variaciones sobre el pesimismo | (Crónica de un viaje a Washington)”, Oscar Osorio. / | “Jorge Luis Borges y Eduardo Mallea: trayectorias, | opiniones, disensos”, Fernando Sorrentino. / “El viaje | de Saramago”, Édgar Borges. / “La otra mejilla, de | Belkis Cuzá Malé”, Teresa Dovalpage. / “Estrellas”, | Martha Revuelta Morales S. | | ““Hay que desmitificarlo”. El octavo de los hermanos”, | Entrevistas entrevista a Jaime García Márquez por Juan Carlos | Guardela Vásquez. | | “Utrera, entre la senda y la rueda”, Miguel Guédez. / | Sala de ensayo “El ser peruano en la diáspora”, Jorge Yeshayahu | Gonzales-Lara. | | “Polo Sur” (extractos), María Teresa Ogliastri. / | Letras “Descenso final”, Carlos Rubio Albet. / Poemas de | Angélica Beltrán. / “Bolsa negra”, Nithia Castorena | Sáenz. / Poemas de Roberto Javier Rodríguez Santiago. / | “Después de 10 años los fantasmas dejan de ser | fantasmas”, Cristina Arenas. / Poemas de Rolando | Revagliatti. / “Brabante”, Jorge De Abreu. / “Hojarasca” | (extractos), Ulises Varsovia. / “El lobo herido”, Luis | Recuenco Bernal. / Poemas de Gloria Cepeda Vargas. / | “Caperucita Roja again”, Susana Guzner. / Poemas de | Roberto Galaviz Ávila. / “Lobo solitario”, William | Guaregua. / Poemas de Mónica López Bordón. / “La canasta | de las orejas”, Silvina Faure. | | “Pobremas demás”, Clea Rojas Freites. | El regreso | del caracol | Charles Bukowski. | Post Scriptum | =========================================================================== Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Año http://www.geocities.com/SoHo/8753 =========================================================================== Premio "La Página del Mes" de Internet de México el 3 de mayo de 1998 http://www.internet.com.mx =========================================================================== Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998 http://www.megasitio.com =========================================================================== Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999 http://www.redchilena.cl =========================================================================== Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999 http://www.fortressdesign.com =========================================================================== Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999 http://www.exodusltd.com =========================================================================== Premio Mejor Página de Poesía, de La Blinda Rosada, en julio de 1999 http://blindarosada.org.ar =========================================================================== Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2008, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Para suscribirse a Letralia, envíe un mensaje vacío a: letralia-subscribe@gruposyahoo.com Para desuscribirse, envíe un mensaje vacío a: letralia-unsubscribe@gruposyahoo.com También puede formalizar su suscripción o su desuscripción en un formulario visible en nuestro sitio en el Web: http://www.letralia.com/herramientas/listas.htm Ediciones anteriores: http://www.letralia.com/tierradeletras/archivo.htm ||||||||||||||||||||||||||||||| BREVES |||||||||||||||||||||||||||||| Galán y los premios. El escritor cubano-dominicano Bismar Galán obtuvo el 17 de diciembre de 2008 dos importantes galardones literarios. La Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode) y la Global Foundation for Democracy and Development (GFDD), en sus Premios 2008, ha otorgado el primer premio en poesía a su obra En la piel de la mirada, y el segundo premio en ensayo a su libro Sancocho dominicano; persistencia y simbolismo de un plato. A estos premios, Galán sumó, también en 2008, una mención especial en el Concurso Internacional de Cuentos Casa de Teatro por su obra El regreso del Monarca, y otra en el Concurso de Cuentos sobre Béisbol organizado por la Secretaría de Estado de Cultura de República Dominicana, por su relato “Entre la fe y el play”. Licenciado en educación, Galán es actualmente coordinador editorial del Grupo Editorial Norma en República Dominicana. Es, también, autor de los libros Luna de Plata (poesía infantil) y El Licey. Un siglo de identidad y fanatismo (ensayo). galanbismar@yahoo.es http://www.funglode.org/FunglodeApp/ArticuloDeta.aspx?ListId=1769 Taller literario gratuito en Internet. El sello Ruinas Circulares ha lanzado el taller literario virtual “Cómo construir mi carrera de escritor”, en el que se puede participar gratuitamente. Orientado a todos aquellos que deseen asesoría en su carrera profesional como escritores, el taller ofrece consultas gratuitas a partir de las cuales la editorial solicitará, a quienes califiquen, el envío de un cuento de hasta dos páginas, o de un poema de hasta sesenta versos, a fin de evaluarlos y orientar al participante. Si el trabajo reúne los méritos para ello, el participante podrá enviar otro trabajo de características similares para que la escritora Liliana Díaz Mindurry (Premio Planeta, Juan Rulfo, Fondo Nacional de las Artes, Primer Premio Municipalidad de Buenos Aires, entre otros) haga una devolución final. Estos trabajos serán incluidos posteriormente en la sección “Néos” de la web de la editorial para ser leídos por el público en general. Los mejores trabajos que lleguen a esta instancia serán integrados en una revista impresa, entregándole gratuitamente un ejemplar a cada autor. El taller es permanente, por lo que los interesados pueden inscribirse en cualquier momento, y cuenta con un módulo principal de cuatro clases y todas las consultas que el alumno desee dentro del período. http://www.ruinascirculares.com/tgr.htm Mucho terror. 250 años de terror, publicada a principios de este mes por Ediciones Irreverentes, es una antología que en 332 páginas reúne a los más prestigiosos autores del género desde finales del siglo XVIII hasta la actualidad. Potocki, von Kleist, Pushkin, Dumas, Mérimée, Gerard de Nerval, Baudelaire, Bécquer, Villiers de l’Isle Adam, Guy de Maupassant, Emilia Pardo Bazán, Anton Chejov, Horacio Quiroga, Saki y Lovecraft son algunos de los autores clásicos incluidos. Además, hay una gran muestra del mejor terror actual, con autores como Álvaro Díaz Escobedo, José Enrique Canabal, Miguel Gómez Yebra, Manuel Villa-Mabela, Francisco Legaz, Tomás Pérez, Miguel Ángel de Rus y Raúl Hernández Garrido. El lector podrá encontrar temas precursores de la literatura fantástica y del terror: vampirismo, aparecidos, fantasmas, muertos vivientes, monstruos, el pánico ante la locura, el miedo supersticioso ante ídolos paganos, pero también los modernos terrores; nazismo, canibalismo, el Estado contra el hombre, la ausencia de Dios y de algo en lo que creer, los intrincados laberintos por los que deambula el cerebro humano, aplastado por una sociedad que consume a los individuos, y miedo de los ignorantes a la ciencia y al arte, entre otros temas. http://www.edicionesirreverentes.com/narrativa/TERROR.html Miguel Hernández en video. El investigador español Ramón Fernández Palmeral (http://www.letralia.com/firmas/fernandezpalmeralramon.htm) ha presentado una serie de cuatro videos divulgativos sobre el poeta Miguel Hernández, en los que se da a conocer su vida más allá de los tópicos, sobre todo para la gente común. “El público en general”, dice Fernández Palmeral, “cree que Miguel era un simple pastor de cabras que escribía poemas de guerra, pero además de pastor de cabra, estudió con los jesuitas de Orihuela, viajó a Madrid, conoció a Pablo Neruda, a Vicente Aleixandre, a Juan Ramón Jiménez, a Federico García Lorca, a Rafael Alberti, a Pedro Salinas, a Jorge Guillén, y viajó, estuvo en París, Leningrado, Moscú, Yarkov y Kiev, en Rusia”. Los videos, realizados y narrados por Fernández Palmeral en persona, tienen carácter educativo y pueden ser apreciados o descargados libremente. El primero se enfoca en la infancia y juventud del poeta, en Orihuela, desde su nacimiento en 1910 hasta su marcha a Madrid en 1931. En el segundo se abordan los cinco decisivos viajes de Hernández a Madrid, y se habla de sus amistades en este periodo desde 1931 a 1936: Bergamín, Neruda, Aleixandre, Zambrano, Alberti y otros escritores y artistas. El tercero es sobre la participación de Hernández en la guerra civil española, desde julio de 1936 a abril de 1939, periodo en el que conocerá a Octavio Paz, Antonio Machado y otros autores, publicará Viento del pueblo y viajará a Rusia y a Francia. En el último se aborda el encarcelamiento y muerte del poeta en el Reformatorio de Adultos de Alicante, en 1942. http://abbrr.com/Znx La Mancha desocupada. La revista literaria La Mancha, que en su edición más reciente ofrece textos de la venezolana Silda Cordoliani (Ciudad Bolívar, 1953) y el colombiano Pedro Sorela (Bogotá, 1951) —quienes acaban de publicar sendos libros de cuentos en España—, ha iniciado una nueva sección, Desocupado lector, un espacio para la reflexión crítica sobre aspectos de literatura hispanoamericana. Se actualizará el 15 de cada mes con la colaboración de algún especialista, y en su primera edición participa el profesor Luis Veres, de la Universidad Cardenal Herrera-CEU, con el trabajo “Julio Ramón Ribeyro y la crónica del fracaso”. Allí, Veres dice percibir, en la obra de Ribeyro, “la idea del fracaso como componente esencial de la vida” y “como una constante que inunda sus escritos”. Con esta nueva sección, la revista abre sus páginas virtuales hacia ese fundamental territorio que es el de los investigadores, los ensayistas y los eruditos de la literatura escrita en español. http://delamanchaliteraria.blogspot.com Poe en espuma. El sello español Páginas de Espuma, uniéndose a la celebración del bicentenario de Edgar Allan Poe (1809-1849), acaba de publicar la edición definitiva, crítica y comentada de sus Cuentos completos. En traducción de Julio Cortázar, edición del escritor peruano Fernando Iwasaki y del escritor mexicano Jorge Volpi, con los prefacios del escritor mexicano Carlos Fuentes y del escritor peruano María Vargas Llosa, este libro de 964 páginas ofrece además un comentario crítico a cada uno de los cuentos, por escritores españoles o latinoamericanos vivos, nacidos en la década de los sesenta. Entre estos autores se encuentran el argentino Andrés Neuman, el peruano Santiago Roncagliolo, el cubano Ronaldo Menéndez, el español Eloy Tizón, y el venezolano Juan Carlos Méndez Guédez. El volumen forma parte de la colección Voces/Literatura y puede adquirirse por 39 euros. http://www.ppespuma.com Cuéntame tu película. Hasta el 25 de enero es posible inscribirse en el Talent Campus Guadalajara, un encuentro intensivo que bajo el lema “Cuéntame tu película: fábulas y realidades del cine” se realizará del 20 al 24 de marzo en el marco del Festival Internacional de Cine en Guadalajara. El encuentro está orientado a estudiantes avanzados y profesionales en formación del audiovisual provenientes de México, Colombia, Centro América y del Caribe. Este primer encuentro se enfocará en la narrativa cinematográfica, concebida y construida a través del trabajo y visión de todos los involucrados en la realización y producción audiovisual. Consiste en cinco días de formación y prácticas del lenguaje cinematográfico para 60 estudiantes audiovisuales y 40 profesionales de la industria cinematográfica internacional, quienes compartirán con los alumnos sus conocimientos y experiencia en las clases magistrales, mesas de discusión y citas con los expertos. http://www.talentcampusguadalajara.com.mx Presentaciones en Zaragoza. La Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Alagón y la Asociación Aragonesa de Escritores (AAE) han acordado iniciar una colaboración que se materializará en la programación de diferentes actividades culturales. La primera de ellas, que se pondrá en marcha este trimestre, consiste en un ciclo de presentaciones de libros en la Biblioteca de Alagón. Las presentaciones tendrán lugar el último miércoles de cada mes y darán la oportunidad a los lectores de conocer algunas de las mejores plumas aragonesas, aprovechando la publicación de sus últimas novedades literarias. El ciclo se iniciará el próximo 28 de enero. El escritor Rosendo Tello, premio de Aragón de las Letras y presidente de honor de la Asociación Aragonesa de Escritores, presentará a las 7 de la tarde el volumen Naturaleza y poesía; memorias. En este acto también intervendrá el presidente de la entidad, el escritor darocense José Luis Corral. El 25 de febrero, a la misma hora, será el escritor José Ángel Monteagudo quien hable de su última novela, Oruña, un relato ubicado en las cercanías de Vera de Montaña en un tiempo que el autor describe como mítico y brumoso: el de la Iberia que acabaría siendo Hispania. http://www.aaescritores.com La muerte de Acuario. Este es el título de la primera novela del escritor nicaragüense Arquímedes González, que este 30 de enero será presentada en Madrid. Publicada en su país en 2002 por el sello Distribuidora Cultural, el libro narra la llegada del investigador Sherlock Holmes y su biógrafo John Watson a la Managua de 1888, en busca de Jack el Destripador, el asesino que mató a varias mujeres en Londres, Inglaterra. Según la teoría desarrollada en la novela, el sospechoso primario de las muertes, Frances Tumblety, habría escapado de Londres con rumbo a Nueva York y de allí habría viajado a Nicaragua, donde entre enero y febrero de 1889 se reportaron asesinatos similares a los cometidos en Inglaterra. En 2005, el investigador británico Trevor Marriot, quien fue parte del escuadrón de homicidios de la policía londinense, publicó un libro llamado Jack el Destripador, la investigación del siglo XXI, en el que establece la misma hipótesis que González. La novela será presentada al público español por Andrés Peláez Paz, catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, quien escribe una antología sobre obras iberoamericanas que abordan el mito del investigador Sherlock Holmes, creado por el escritor británico Arthur Conan Doyle. La presentación tendrá lugar el próximo 30 de enero en la librería Estudio en Escarlata, llamada así en honor a uno de los principales libros de Conan Doyle, y especializada en libros de novela negra y suspenso, así como en aquellos que traten sobre los personajes creados por Conan Doyle. http://arquimedesgonzalez.blogspot.com http://www.estudioenescarlata.com A estudiar dramaturgia. Hasta el 30 de enero es posible inscribirse en el taller de dramaturgia organizado por la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), y que se iniciará el jueves 5 de febrero con la conducción de la profesora Xiomara Moreno. Los aspirantes deberán presentar un texto, de hasta diez páginas de extensión, relacionado con el género, una carta de expectativas, un resumen curricular y una fotocopia de la cédula de identidad. Para consignar estos recaudos es preciso acudir, de 9 de la mañana a 12 del día o de 2 a 4:30 de la tarde, a la Coordinación de Investigaciones del Celarg, ubicado en el piso 4 de su sede en Altamira, Caracas. http://www.celarg.gob.ve Aprendizaje teatral para niños y jóvenes. El Museo de Arte Contemporáneo del Zulia (Venezuela) ha organizado un taller de formación teatral dirigido a niños y jóvenes entre los 8 y 15 años. Las inscripciones ya están abiertas y las clases se efectuarán, a partir del próximo 2 de febrero, todos los jueves de 2 a 5 de la tarde. El taller estará dirigido por Luisa María Acosta, actriz del grupo de teatro Fusionarte y miembro activo de la Escuela Municipal de Teatro. Acosta propiciará entre los participantes un acercamiento a la técnica básica de actuación, estimulando al mismo tiempo la capacidad artístico-creadora en el hecho teatral e incentivando en los participantes el interés hacia otras manifestaciones de la cultura y el arte. Se realizarán variadas actividades en las que los participantes desarrollarán sus cualidades motoras y psicológicas, a la vez que asimilan conceptos prácticos y teóricos por medio de una metodología creativa, dinámica y participativa. Para formalizar la inscripción, los interesados deben dirigirse a la Unidad de Educación del Maczul y cancelar la inscripción, que tiene un costo de 60 bolívares. Telfs.: (0261) 7830869 / 3279620 • Fax: (0261) 7832474 maczul@maczul.com.ve http://www.maczul.com.ve Dos poetas en Chacao. La revista de poesía El Salmón desarrolla desde este 3 de febrero, en Caracas (Venezuela), un taller de lectura colectiva que, bajo el título “Cruce de aceras. Dos poetas en Chacao”, revisará la obra de Eugenio Montejo y Ludovico Silva, toda vez que ambos autores, pese a que ejercieron la poesía desde ópticas muy distintas, tuvieron lazos comunes con Chacao. Es la segunda vez que El Salmón convoca estos talleres. En esta oportunidad y a través de doce sesiones semanales, se pretende contrastar ambas poéticas, la de Montejo y la de Silva, y atender cómo, aparentemente y con la palabra de por medio, dos universos incomparables y en nombramiento se conformaron al unísono, como en un cruce de aceras. Los participantes se pasearán por los libros Tenebra (1964), In vino veritas (1977) y Cuaderno de la noche (1979), de Silva, y Élegos (1967), Terredad (1978) y Fábula del escriba (2006), entre otros textos de Montejo. También, en el transcurso del ejercicio colectivo de lectura, se revisarán las obras de otros poetas con experiencia parroquiana (Blanca Strepponi y Alberto Barrera Tyszka, entre otros) o cuyas obras hayan sido marcadas de algún modo por Chacao. La actividad se realizará los miércoles de 6 de la tarde a 8 de la noche en la Casa de la Cultura de Chacao (calle Cecilio Acosta con avenida Ávila, frente al Mercado Municipal de Chacao). http://revistadepoesiaelsalmon.blogspot.com Internet grecolatina. Entre el 3 y el 28 de febrero se realizará en el Instituto Público de Educación Secundaria Mirasierra, en Madrid (España), el II Curso “TICs y enseñanza de las lenguas clásicas”, orientado a profesores de enseñanza secundaria, específicamente de cultura clásica, latín y griego. La actividad tiene como objetivos proponer a los docentes una reflexión sobre buenas y malas prácticas en el uso de las tecnologías de información y comunicación (TICs), además de ayudarlos a familiarizarse con los equipos y enseñarles a introducir el uso de Internet en las aulas. Los participantes aprenderán a mejorar, mediante las TICs, la calidad de los documentos propios presentados a los alumnos; conocerán recursos libres disponibles en Internet relacionados con las lenguas clásicas y su aprovechamiento didáctico; aprenderán a hacer búsquedas optimizadas en la red, a preparar documentos didácticos en PowerPoint, a publicar y localizar información en blogs y a realizar material para sus clases, entre otras habilidades. El curso, que tiene una duración de 22 horas (20 presenciales y 2 no presenciales), será dictado por Carlos Cabanillas Núñez y José Francisco González Castro (coordinador del curso), catedrático de griego del IES Mirasierra y asesor técnico docente en el Centro para la Innovación y Desarrollo de la Educación a Distancia (Cidead) del Ministerio de Educación, Política Social y Deporte de España. El cupo está limitado a veinte personas y los participantes deberán disponer de un pen-drive para guardar el trabajo que se genere. La inscripción es gratuita y para formalizarla es preciso enviar los datos personales a estudiosclasicos@estudiosclasicos.org. Una isla en la Luna. Tal es el título de la novela de la escritora colombiana Consuelo Triviño Anzola, publicada en diciembre por el sello Alfaqueque, y que este jueves 5 de febrero, a las 7 de la noche, será presentada en la Casa de América, en Madrid (España). La presentación estará a cargo del escritor José María Merino y el editor Fernando Fernández Villa, además de la autora. La novela reúne a un escritor frustrado, una joven obstinada tras la búsqueda del amor, una hechicera insólita que cura y enferma a la vez, un crítico literario feroz, un antropólogo oportunista que reniega de los valores tradicionales y un espectador escindido que reseña la vida de tan lastimeras criaturas. Estos personajes, vinculados por hilos secretos, arman la historia de unos amores fatales y el testimonio de un momento clave en el que los seres humanos pensaban que era posible transformar el mundo con la voluntad. Nacida en Bogotá en 1956, Triviño Anzola es una de las voces más sugerentes en el ámbito de la narrativa hispanoamericana. Es doctora en filología románica por la Universidad Complutense y actualmente está vinculada al Instituto Cervantes, al tiempo que colabora con el suplemento cultural ABCD las Artes y las Letras, del diario ABC, en la crítica de libros. Ha publicado Siete relatos (1982), Prohibido salir a la calle (1998), novela finalista en el Concurso Nacional de Novela Eduardo Caballero Calderón del Ministerio de Cultura de Colombia, La casa imposible (2005) y La semilla de la ira (2008). Sus cuentos han sido traducidos a otras lenguas, incluidos en numerosas antologías y publicados en revistas de reconocido prestigio internacional como Puro Cuento, Caravelle, L’Ordinaire Latinoamericaine y Torre de Papel, entre muchas otras más. http://alfaquequeediciones.blogspot.com http://abbrr.com/yXt Fuera de Borda. El pasado 27 de diciembre fueron anunciados los ganadores del 5º Certamen Literario del sitio Pepe Fuera de Borda, que premia creaciones narrativas enfocadas en el tema de la navegación, los barcos, el ámbito marino o los navegantes. Con participantes de América, Europa, Oriente y Asia, el concurso arrojó como ganadores los relatos “El Caleuche”, de Maria Luisa Landman Rodríguez (Santiago de Chile); “Jamaica-Madryn-Jamaica”, de Néstor Rubén Calós (Merlo, Provincia de Buenos Aires, Argentina), y “Nacido sin nacer”, de Víctor Hugo Valledor (Posadas, Provincia de Misiones, Argentina). El jurado estuvo compuesto por los argos Corcho Daroqui, Hector M. Wrubleski, Rosana Polastri, Juan Carlos Domínguez Yela y Roberto Cimadevila, así como los españoles Íñigo Sainz de Baranda, Juan José Palacios Testillanos y Manuel F. Pérez Sola, el hawaiano Fernando López Albarellos y la puertorriqueña Yolanda Arroyo Pizarro. http://www.pfdb.com.ar ¿Quiere publicar una nota en este espacio? Envíenosla por correo electrónico a breves@letralia.com. === ¿Le interesa estar informado sobre concursos? ========================= Reciba por correo electrónico los anuncios vigentes de concursos literarios y artísticos en general suscribiéndose a nuestra lista de distribución. Todo lo que tiene que hacer es enviar un mensaje vacío a letralia-concursos-subscribe@gruposyahoo.com, o visitar nuestra cartelera de concursos en http://www.letralia.com/herramientas/concursos.htm. Si desea enviarnos las bases de un concurso, escríbanos a info@letralia.com |||||||||||||||||||||||||||||| NOTICIAS ||||||||||||||||||||||||||||| *** El escritor cubano Dolan Mor recibe el Premio Barcarola 2008 El poeta y narrador cubano Dolan Mor (http://www.letralia.com/firmas/dormolan.htm) ha sido galardonado en España con el Premio Internacional de Poesía Barcarola 2008, por su libro La novia de Wittgenstein, según se anunció el pasado 15 de diciembre. El Premio Barcarola, que publica la editorial Siruela en la colección “Libros del tiempo”, fue concedido a Mor por un jurado presidido por el poeta español Félix Grande, y del que formaron parte los también escritores Luis Alberto de Cuenca y Javier del Prado. Mor nació en Cuba en 1968 y desde 1999 reside en Aragón, España. Es autor de los libros El plagio de Bosternag (2004), Las historias de Jonathan Cover (2005), Seda para tu cuello (2006), Nabokov’s Butterflies (Premio de Poesía Delegación del Gobierno en Aragón, 2007), Los poemas clonados de Anny Bould (Premio Miguel Labordeta de Poesía, 2008) y El libro bipolar (Premio Isabel de Portugal, 2008). Su obra ha sido recogida en las antologías Los chicos están bien: Poesía última (2007), Poesía para bacterias (2008), y en la reedición de Las cuatro puntas del pañuelo: Poetas cubanos de la diáspora, galardonada con el Premio del Cuban Artists Fund, con sede en Nueva York. Ha colaborado en diferentes revistas españolas e hispanoamericanas como Quimera, Turia y Letralia. En la actualidad algunos de sus textos se traducen al francés, inglés y polaco. El Premio Barcarola ha sido otorgado anteriormente a escritores como Clara Janés, Jesús Ferrero, Lucía Echevarría o José M. Álvarez. Fuente: CubaEncuentro *** Piden repatriación a Francia de restos de la viuda de Vallejo El pintor peruano Fernando de Szyszlo y el investigador Miguel Pachas emprendieron una iniciativa para pedir a Francia que permita enterrar en el cementerio parisino de Montparnasse los restos de Georgette Philippart, la esposa del poeta peruano César Vallejo, junto a los de su marido, según se anunció el pasado 17 de diciembre. La iniciativa fue planteada por De Szyszlo y se formalizará con el envío de una carta a la Embajada de Francia en Lima (http://www.ambafrance-pe.org). Pachas, que ha publicado el libro Georgette Vallejo, al fin de la batalla, añadió que solicitarán a la legación francesa un informe sobre la posibilidad de repatriar los restos. “Es el primer paso que estamos elaborando en estos días”, explicó Pachas, que recordó que en enero de 2008 se cumplió el primer centenario del nacimiento de la esposa del autor de Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz. Vallejo, quien murió en París en 1938 y fue enterrado en el cementerio de Montrouge, fue luego trasladado a iniciativa de su viuda a Montparnasse, donde su tumba, muy cercana al cenotafio de Baudelaire, es una de las más visitadas. Por su parte, Georgette Philippart, quien murió en 1984, está enterrada en el cementerio de La Planicie de Lima, aunque sus admiradores peruanos consideran que debería descansar junto al hombre que amó desde los 17 años y cuya obra preservó y difundió a lo largo de su vida. Pachas consideró que “mientras más personas intervengan en esta petición sería mucho mejor” y que, si se logra reunir sus restos con los del poeta, “sería una forma de reivindicar” la memoria de Philippart. “El mejor reconocimiento que le podría hacer el Estado peruano a esta gran mujer sería buscar fórmulas para llevarla a Montparnasse en París”, señaló. Recordó que ella rescató los originales de las obras de su marido abandonados en la Embajada del Perú en París durante los bombardeos de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Viuda a los 30 años, Philippart llegó al Perú en 1951 para defender la integridad de la obra de su esposo con un ardor que le granjeó la enemistad de muchos estudiosos y especialistas. Fuente: EFE *** Inés Fernández-Ordóñez es la cuarta académica española de la lengua La filóloga española Inés Fernández-Ordóñez se convirtió el jueves 18 de diciembre en la cuarta mujer en integrar la Real Academia de la Lengua (RAE, http://www.rae.es), en sustitución del poeta Ángel González, quien falleció el 12 de enero de 2008. La nueva académica resultó elegida en la tercera ronda de votaciones. “Me produce una gran emoción porque es un poeta al que admiro y por el que siento predilección”, explicó Fernández-Ordóñez. “Me gusta muchísimo y en alguna ocasión he citado versos suyos en algún acto público”, añadió. Emocionada y muy contenta, Fernández-Ordóñez considera que su incorporación a la Academia “es una noticia magnífica para todas las mujeres”. “Realmente es un progreso innegable, porque lo cierto es que la Academia no está ahora mismo acorde con lo que es la sociedad”, afirmó la nueva académica, quien el día de su designación cumplía 47 años. Explicó que no esperaba, a su edad, convertirse en académica de la lengua, porque “lo habitual es que se premie toda una trayectoria vital”, y asegura que “hay muchas mujeres que merecen esa distinción”. Las demás componentes femeninas del órgano directivo son Ana María Matute (que entró en 1998), Carmen Iglesias (en 2002) y Margarita Salas Filgueras (en 2003), de un total de 44 miembros. Arturo Pérez-Reverte ha sido elegido como vocal adjunto a la Junta de Gobierno. “Es una buenísima noticia”, aseguró el secretario de la Academia, José Manuel Blecua, al dar a conocer el apoyo que había obtenido la candidatura de Fernández-Ordóñez, catedrática de Lengua de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM, http://www.uam.es), que era la única que se había presentado para cubrir el asiento “P”, vacante tras la muerte de González. Con su elección “la Academia abre una puerta hacia la modernidad, porque ella pertenece a ese grupo de filólogos que además de conocer las técnicas tradicionales del estudio del lenguaje tiene una formación vanguardista en el campo de la lingüística”, señaló José Antonio Pascual, vicedirector de la RAE, quien junto a Margarita Salas y Álvaro Pombo había apoyado también esta candidatura. “Es una buena adquisición para la Academia”, afirmó la científica Margarita Salas, y dejó claro que Fernández-Ordóñez no había sido propuesta por ser mujer, sino porque la RAE “busca la excelencia”. Destacó que se ha elegido a la nueva académica “por su sabiduría” y porque va a poder contribuir a los trabajos que desarrolla esta institución. “Aquí no venimos a divertirnos”, aseguró. En cuanto a la posible incorporación de nuevas mujeres a la Academia en un futuro, Salas vaticinó que se va “a ganar terreno” y que “de aquí a quince años la mujer ocupará el puesto que le corresponde en la sociedad y también en la Academia”. Para Pascual, la cuestión no consiste en “mirar por encima de la tapia para ver si hay alguna mujer. “Tenemos que acostumbrarnos a mirar a las mujeres, a darnos cuenta de que están ahí, en puestos de excelencia”. “Las cosas van despacio”, señaló. Discípula de Diego Catalán Menéndez Pidal, Fernández-Ordóñez ha recorrido gran parte de España para formar, “en colaboración con sucesivas generaciones de alumnos”, el Corpus Oral y Sonoro del Español Rural (Coser, http://www.uam.es/coser), desde 1990 hasta ahora. La nueva académica es especialista en la dialectología, actual e histórica, del español, y se interesa sobre todo por la variación gramatical. Fuentes: EFE • Reuters *** Instituto de Literatura Puertorriqueña anunció ganadores de sus premios El presidente del Instituto de Literatura Puertorriqueña (http://www.icp.gobierno.pr), el doctor Ramón Luis Acevedo, anunció el pasado 23 de diciembre los ganadores de los premios a los mejores libros y artículos periodísticos publicados en 2007. El Primer Premio de Periodismo Bolívar Pagán, con una dotación de $2.000, recayó sobre Edgardo Rodríguez Juliá por sus columnas en el diario El Nuevo Día (http://www.elnuevodia.com). Un segundo premio, de 1.000 dólares, fue otorgado al periodista Mario Alegre, por sus columnas sobre temas culturales e históricos publicadas en el mismo medio. El Premio de Literatura en la Categoría de Creación, por la cantidad de $2.000, le correspondió a Yolanda Arroyo Pizarro (http://www.letralia.com/firmas/arroyopizarroyolanda.htm) por su libro Ojos de luna, de la Editorial Terranova (http://www.editorialterranova.com). Se otorgaron, igualmente, menciones honoríficas a Vanessa Vilches Noray por Crímenes domésticos, y a Dinah Kortright, por La mirada insomne. En la categoría de Investigación y Crítica se otorgó un Primer Premio de $4.000 al libro Carnaval y liberación: la estética de la resistencia en Figuraciones en el mes de marzo, por Eduardo E. Parrilla Sotomayor, de la Editorial de la Universidad de Puerto Rico (http://www.laeditorialupr.com). El segundo premio de esa categoría, por la cantidad de $2.000, recayó en la edición crítica de El Gíbaro de Manuel Alonso, preparada por Eduardo Forastieri Braschi y publicada por la Academia Puertorriqueña de la Lengua (http://www.academiapr.org). Cuatro menciones honoríficas fueron otorgadas a los libros Historia de la Revista Literaria de las Antillas, de Adolfo E. Jiménez Benítez; La voz que rompió el silencio, la novelística singular de José Elías Levis, de la doctora Estelle Irizarry; La guerra fría y el sexenio de la puertorriqueñidad, de Jaime Rodríguez Cancel, y Literatura y narrativa puertorriqueña, la escritura entre siglos, de Mario Cancel. El jurado encargado de la selección estuvo integrado por representantes del Ateneo Puertorriqueño (http://www.conservatorioap.com), la Universidad de Puerto Rico (http://www.upr.edu), las academias de la Historia, de la Lengua y de Artes y Ciencias, así como de varias dependencias gubernamentales. Fuente: El Nuevo Día *** Falleció el escritor y dramaturgo Harold Pinter, premio Nobel 2005 El escritor y dramaturgo británico Harold Pinter, premio Nobel de Literatura 2005, falleció el miércoles 24 de diciembre por la noche a los 78 años, tras una larga batalla contra el cáncer de esófago que le fuera diagnosticado en 2002. “Era un gran hombre y fue un privilegio vivir con él durante más de 33 años. Se quedará para siempre en nuestra memoria”, declaró su esposa Antonia Fraser al anunciar su fallecimiento en la página web del diario The Guardian (http://www.guardian.co.uk). Este intelectual con posicionamientos políticos claros, los cuales defendía sin ambages, escribió más de treinta piezas teatrales. También era poeta, director de teatro y de cine y guionista de varias películas, algunas de ellas adaptaciones de sus obras. El presidente francés Nicolas Sarkozy le recordó como un “humanista lúcido, intranquilo e intransigente” y con un “temperamento contestatario y heterodoxo”. Indicó también que la concesión, en 2005, del Nobel, significó “una consagración tardía para su inmensa obra, pero también un homenaje al valor y al compromiso de un hombre contra todas las formas de barbarie, un hombre que renunció al confort de la notoriedad para caminar siempre ‘sobre la cuerda floja’ ”. Por su parte, el dramaturgo, disidente y presidente checo Vaclav Havel subrayó que “fue de una gran importancia la solidaridad que manifestó hacia mí y hacia mis amigos en la época de nuestra resistencia” al régimen comunista desaparecido en 1989. Hijo de un sastre judío, Pinter nació el 10 de octubre de 1930 en Hackney, un barrio popular del este de Londres. El éxito le llegó con The Caretaker (El guardián nocturno), obra que transformaría en guión cinematográfico para ser filmada en 1963. Volvió a dejarse seducir por el cine escribiendo otros guiones como el de La amante del teniente francés. Su estilo muy peculiar, que incluye largos silencios y la jerga de su barrio, causó tal impacto en su época que el prestigioso Oxford English Dictionary (http://www.oed.com) acuñó el término “pinteresco” para referirse a él. Este artista comprometido era considerado como un rebelde antiimperialista y defensor de los derechos humanos. Llegó a pedir la comparecencia ante la Corte Internacional de Justicia del ex primer ministro británico Tony Blair y del presidente estadounidense George Bush por haber desencadenado la guerra en Irak, y ya en los años 80 había sido un crítico mordaz con la política del presidente estadounidense Ronald Reagan y de Margaret Thatcher, la primera ministra británica de entonces. Más tarde Pinter descargó su ira contra la acción de la ONU en Kosovo (1999), la invasión norteamericana de Afganistán (2001) y la guerra en Irak (2003), describiendo a Tony Blair como “un idiota lleno de ilusiones” y calificando a George W.Bush de “criminal de guerra”. Pinter era un personaje en política, un polemista que libró una lucha sin cuartel contra la política exterior estadounidense y a veces contra la británica. Pero en la vida privada, era el más leal de los amigos y un hombre rebosante de generosidad. “Era tan gran hombre como gran dramaturgo”, dijo de él su amigo y biógrafo Michael Billington. Enfermo de cáncer desde 2002, Pinter se sometió a sesiones de quimioterapia que, según sus propias palabras, eran una “pesadilla personal”. Siguió trabajando a pesar de la enfermedad. Su interpretación en 2006 del monólogo de Samuel Beckett, La última cinta, en Londres, le valió los elogios de la crítica. En 2007 firmó el guión de la película La huella, interpretada por Jude Law y Michael Caine. Fuente: AFP *** Chile construirá Cantalao, el pueblo mítico soñado por Neruda Cantalao, mítico nombre de un pueblo soñado por Pablo Neruda para acoger a poetas y artistas emergentes, en las cercanías de la localidad de Isla Negra, podría ahora concretarse gracias a la donación de 200 millones de pesos (unos 317 mil dólares) del empresario minero Leonardo Farkas, según se anunció el pasado 25 de diciembre. Con los recursos aportados por el filántropo, empresario y ex candidato presidencial Leonardo Farkas, se materializará la construcción del memorial, cuyo proyecto se gestó en septiembre pasado con la exhibición a la presidenta Michelle Bachelet por parte del comité ejecutivo del concurso internacional de escultura Cantalao, que de entre los 130 proyectos recibidos dio como ganador al presentado por el escultor estadounidense Norman Lee como informamos en nuestra edición 191 (http://www.letralia.com/191/0712neruda.htm). El nombre fue tomado por Neruda del pueblo donde transcurre la trama de la única novela que escribió, El habitante y su esperanza. El proyecto, que nació y tomó forma en 1971 cuando el escritor recibió el Premio Nobel de Literatura, consiste en un pueblo con callecitas y casas destinadas a poetas y artistas con talento, pero sin recursos para concretar sus obras o para quienes necesitaran la soledad de un paisaje maravilloso para inspirarse. Neruda eligió el lugar. Un agreste paraje cercano a Isla Negra, frente al océano Pacífico, con roquedales recónditos y una cueva de piratas que responde a lo mejor de la imaginación del poeta, que creía que en ella había tesoros escondidos. Cantalao, en sus orígenes, contó con el apoyo entusiasta del gobierno de entonces, presidido por Salvador Allende, en el que numerosos artistas, incluido el propio Neruda, que fue embajador en Francia, ocupaban cargos que les permitieron poner en marcha las obras, hasta que el golpe militar de 1973 frustró la iniciativa. La muerte de Neruda, pocos días después del golpe militar, había terminado por echarla al olvido. La idea durmió hasta 1987, cuando escultores de todo el mundo participaron en un concurso que culminó con la instalación de sus obras, inspiradas en el Canto general, en los terrenos destinados a Cantalao, pero la maleza tapó las esculturas y también la memoria de quienes debían responder con recursos financieros al sueño de Neruda. La ilusión reapareció en 1991, cuando el tema central de la Bienal de Arquitectura fue precisamente Cantalao. Los ganadores, Hugo Molina y Gloria Barros, diseñaron un pueblo con bosques y una trinchera muy especial, cuyo trayecto forma la palabra “palabra”. Quienes caminaran por esta “palabra” irían encontrando en cada recoveco los poemas de Neruda escritos en los muros, y al final, el “Muelle de la espera”, un edificio que se adentra en el océano y en cuyo interior habría una sala de convenciones, un gran acuario y una impresionante vista al mar. Fuente: EFE *** Santillana publica Imperial, del peruano José Luis Mejía Acaba de aparecer en Lima la novela para jóvenes Imperial, del escritor peruano José Luis Mejía (http://www.letralia.com/firmas/mejiajoseluis.htm), publicado bajo el sello Santillana (Alfaguara) en su serie roja y con ilustraciones del artista peruano Aldo Shiroma. Relato escrito en décimas espinelas que discurren a lo largo de 101 páginas, Imperial es una historia épica que comienza con el asesinato de “la bella”, una joven muchacha que es víctima de la violencia de un desconocido homicida. El Rey, supuestamente un justo soberano, ordena a “los Cazadores”, la élite de la Guardia Imperial encabezados por el “Príncipe Cazador” —que no es otro que el heredero de la corona—, que encuentren al asesino. Pasadas las semanas y agotadas las pesquisas, el Príncipe Cazador se presenta ante el rey diciendo que la búsqueda ha sido en vano y que, dado el tiempo transcurrido, debe desistirse. Pero otro personaje, “La Bruja”, acusa al Cazador de ser el asesino, desencadenando una tragedia en la que José Miguel, novio de la muchacha y hermano del acusado, le da muerte a éste y se interna en la montaña acompañado por un puñado de hombres que se constituirán en fuerzas rebeldes y se enfrentarán, en lo sucesivo, a los Leones, la guardia del Rey. Nacido en Lima en 1969, Mejía tiene estudios de Doctorado y Maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM, http://www.unmsm.edu.pe) y de licenciatura en Educación en la Pontificia Universidad Católica del Perú (http://www.pucp.edu.pe). Ha ejercido la docencia en sus diversos niveles (secundaria, preuniversitaria y universitaria), ha dirigido obras de teatro con jóvenes y es escritor de artículos de opinión que distribuye periódicamente bajo el título genérico de Crónicas desde Lima (http://www.letralia.com/ciudad/mejia). Ha publicado Para atrapar una luciérnaga amarilla (1998), Tal vez una primavera (1998), Sólo sonetos solos (2004), La granja de don Hilario (2004), Números —para empezar a contar— (2005), Un tal Pedro (2006), Cartas a María Elena (2006), Cuídate, Claudia, cuando estés conmigo (2007), Se nos perdió el alfabeto (2007) y Don Hilario y sus mascotas (2008). Actualmente, y después de un año trabajando como profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Anáhuac, en la Ciudad de México, Mejía se desempeña como profesor de español en la Jakarta International School (JIS, http://www.jisedu.org), en la capital de Indonesia. *** Machado y Muñoz Rojas declarados autores del 2009 en Andalucía La comisión asesora del Centro Andaluz de las Letras (http://www.juntadeandalucia.es/cultura/caletras) acordó por unanimidad, el pasado 2 de enero, declarar como autores del año 2009 al Premio Nacional de Poesía, José Antonio Muñoz Rojas, con motivo del centenario de su nacimiento, y al poeta sevillano, Antonio Machado, en el 70º aniversario de su muerte. El Centro Andaluz de la Letras, dependiente de la Consejería de Cultura (http://www.juntadeandalucia.es/cultura), destaca cada año a uno o varios autores andaluces con el objetivo de mantener y acrecentar la memoria literaria de figuras tan importantes como Aleixandre, Bécquer, Cernuda, Alberti, María Zambrano, Manuel Altolaguirre (recordados en pasados años) o la del autor del pasado año 2007, Luis de Góngora. La Consejería de Cultura ha realizado un programa de actividades que se desarrollará durante todo este año y que girará en torno a los poetas Muñoz Rojas y Machado, informó la oficina del portavoz del gobierno. En primer lugar, se impartirán unas jornadas dedicadas a Muñoz Rojas, en las que los principales especialistas en el poeta analizarán su figura y su obra relacionándola con su época. El Circuito Literario Andaluz, las lecturas monográficas, la convocatoria de ayudas para la realización de actividades para mejorar los hábitos de la lectura en Andalucía serán otras actividades dedicadas a la figura de este gran poeta, en el marco de una programación que contará con la colaboración del Ayuntamiento de Antequera (http://www.antequera.es) y de la fundación que lleva el nombre de este autor magistral. Poeta amante del equilibrio y artesano del verso, Muñoz Rojas fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía (1998) por su obra Objetos perdidos y Premio Reina Sofía de Poesía en 2002 al conjunto de su obra. Además, fue nombrado Hijo Predilecto de Andalucía en el año 1992. La Consejería de Cultura y la editorial Pre-Textos (http://www.pre-textos.com) publicarán la obra completa en verso de José Antonio Muñoz Rojas para distribuirla por la red de bibliotecas públicas de Andalucía en torno al Día Internacional del Libro, el 23 de abril. El estudio y la edición del libro ha sido realizado por Clara Martínez Mesa y la obra tendrá una tirada de 1.500 ejemplares. Fuente: EFE *** Cuba abre acceso electrónico a documentos de Ernest Hemingway Cuba puso a disposición de académicos y expertos, el pasado lunes 5 de enero, el primer set de miles de documentos, fotografías y libros digitalizados que pertenecieron a Ernest Hemingway, luego de que los artículos languidecieron por décadas en el sótano de su hogar en las afueras de La Habana. La mayoría de los papeles nunca han sido publicados y proveerán más información sobre los 21 años que Hemingway pasó en Finca Vigía, en San Francisco de Paula, donde escribió algunas de sus obras más importantes, dijo Ada Rosa Alfonso Rosales, directora del Museo Ernest Hemingway. Los estudiosos “pueden consultar documentos importantes que dan luz al período cubano de Hemingway, muy importante y bastante desconocida por su biógrafos”, declaró Alfonso. El material incluye más de 2.000 documentos, que van desde manuscritos de algunos de sus trabajos, cartas y recibos de tiendas, 3.500 fotografías y 9.000 libros, de los cuales se sabe que al menos 2.000 fueron leídos por Hemingway, debido a que dejó notas en los márgenes, agregó la directora. Los documentos incluyen informes codificados de Hemingway de sus aventuras buscando submarinos alemanes en las costas de Cuba durante la Segunda Guerra Mundial y cartas sobre su amorío con la condesa italiana Adriana Ivancich, que se cree habría sido modelo para la heroína de su novela de 1950 Across the River and Into the Trees, explicó Alfonso. Hasta el momento, cerca de la mitad de los 2.000 documentos han sido preservados y digitalizados y ahora están disponibles para la lectura por parte de estudiosos que hagan una solicitud formal para verlos. Por el momento, ellos deberán ir a Finca Vigía para ver el archivo, pero posteriormente este mes los documentos también estarán disponibles en la colección Hemingway en la biblioteca presidencial John F. Kennedy (http://www.jfklibrary.org), en Boston, indicó Alfonso, quien agregó que, aunque el archivo no está disponible en Internet, posiblemente lo esté algún día. El proyecto es parte de una iniciativa conjunta del Consejo Nacional Cubano de Patrimonio Cultural (http://www.cnpc.cult.cu) y el Consejo de Investigación de Ciencias Sociales de Estados Unidos (http://www.ssrc.org), que trabajaron juntos bajo un acuerdo de 2002 para preservar los archivos que fueron guardados en el sótano de Hemingway. Décadas de humedad, insectos y calor afectaron muchos de los documentos, que los conservacionistas cubanos restauraron y luego escanearon. Hemingway, quien ganó el premio Nobel de Literatura en 1954, se mudó a Finca Vigía en 1939, un año antes de que su libro Por quién doblan las campanas fuera publicado y escribió ahí El Viejo y el mar, París era una fiesta e Islas en el golfo, sostuvo Alfonso. En julio de 1960, el escritor regresó a Estados Unidos y un año después, el 3 de julio, se suicidó en Idaho a los 61 años. Fuente: Reuters *** Falleció el escritor panameño Mario Augusto Rodríguez Vélez El sábado 10 de enero falleció en la ciudad de Panamá el escritor Mario Augusto Rodríguez Vélez. Nacido en Santiago de Veraguas en 1917, a la fecha era el autor panameño con más años escribiendo activamente. Las honras fúnebres se celebraron el miércoles 14 en la capilla del Colegio Don Bosco en Vía Israel. Era egresado de la Universidad de Panamá (http://www.up.ac.pa), donde estudió lengua y literatura castellana, y de la Universidad Central de Quito, Ecuador, donde estudió periodismo, estudios que continuó en el Instituto de Cultura Hispánica en Madrid, España. Periodista, cuentista, poeta, dramaturgo, ensayista, fue director de muchos medios de comunicación impresa, entre esos la revista Lotería. En 1969, por decisión unánime ante una postulación hecha por Rogelio Sinán, Ricardo J. Bermúdez y Catalino Arrocha Graell, fue elegido “Académico Correspondiente” de la Academia Panameña de la Lengua. Es autor de los libros de cuentos Campo adentro (1947), Luna en Veraguas (1948) y Los ultrajados (1994), la novela Negra pesadilla roja (1994), el ensayo Estudio y presentación de los cuentos de Ricardo Miró (1956), las obras para teatro Pasión campesina (1947) y El dios de la justicia (1955), y el poemario Canto de amor para la patria novia (segundo premio en el Concurso “Ricardo Miró” de 1957), además de libros de crónicas y reportajes periodísticos. Hace poco escribió dos libros de memorias: las personales y las periodísticas (2008). Y el sello El Hacedor tiene una antología de sus cuentos editada y preparada para entrar a imprenta. Tiene, además, dos libros de cuentos infantiles que permanecen inéditos. Fuente: Noticias de los escritores de Panamá *** Crean en Paraguay la Escuela de Escritores Desde el pasado 12 de enero, y hasta el 2 de febrero, es posible inscribirse en los primeros talleres que dictará la Escuela de Escritores de El Lector, en Paraguay, que bajo la dirección del escritor Francisco Pérez-Maricevich es una iniciativa del Centro Cultural El Lector, en la capital paraguaya. Pérez-Maricevich señaló que con esta iniciativa se brindará un gran aporte al Paraguay, “pues se trata de un emprendimiento inédito: será la primera Escuela de Escritores” en ese país. Manifestó que “debemos contribuir a dar alas a tantos noveles creadores que tenemos en el Paraguay, especialmente jóvenes, en los distintos géneros de las letras: narrativa, ensayo, dramaturgia, poesía”. Pero al mismo tiempo puso énfasis en que la Escuela no sólo apunta a formar escritores, sino a que personas de distintos tipos de actividades aprendan a escribir correctamente. “Esto también va dirigido a docentes, funcionarios, ejecutivos, empresarios, estudiantes, para quienes el arte de redactar bien les abre puertas y les brinda insospechadas posibilidades de mejorar sustancialmente su rendimiento”. Al interrogársele sobre la diferencia que existe entre el taller literario y la Escuela de Escritores, Pérez-Maricevich indicó que la Escuela ya es una carrera de mediano aliento, que tomará dos años durante los cuales las prácticas de redacción estarán enmarcadas por un desarrollo teórico y científico. “Un escritor o cualquier persona que quiera proyectarse en la vida debe ser indefectiblemente alguien culto, con base intelectual suficiente para hacer volar su talento de la índole que fuere, y por ello es necesario que tenga nociones de filología, de lingüística, de historia del arte, de la literatura específicamente, de géneros literarios, de estilos, de corrientes según las distintas épocas, de historia general, de filosofía, de política”, destacó Pérez-Maricevich. Algunas personalidades que oficiarán de instructores en dicha escuela son los escritores Carlos Villagra Marsal, Ramiro Domínguez, Alcibiades González Delvalle, Osvaldo González Real y Renée Ferrer. La coordinación estará a cargo de Bernardo Neri Farina. “Hace un año comenzamos a trabajar en este proyecto con Pablo León Burián, su principal inspirador, y con Farina, y este año lo estamos lanzando como un gran acontecimiento que coincide con la condición de Capital Americana de la Cultura 2009 que ostenta nuestra ciudad capital y con la conmemoración del bicentenario de la independencia nacional”, detalló el escritor. Agregó que el lanzamiento de la Escuela de Escritores de El Lector coincide también con la proyección del plan “Paraguay Lee”, que está en plena ejecución en su primera etapa de “Misiones Lee”. Los primeros talleres tendrán lugar entre el 2 de febrero y el 4 de abril del corriente año. Al inscribirse, las personas recibirán dos libros de obsequio, uno de la Biblioteca Popular de Autores Universales y otro de la Biblioteca Popular de Autores Paraguayos. Los postulantes pueden anotarse en el Centro Cultural El Lector (San Martín casi Austria) desde las 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde. Estos talleres se basarán especialmente en técnicas de lectura y de redacción, de manera que los que deseen inscribirse posteriormente para la Escuela de Escritores tengan los conocimientos suficientes y manejen los elementos esenciales para un mejor aprendizaje. Cada grupo de alumnos tendrá una clase de dos horas por semana en los días que elijan y con el instructor que elijan. Las jornadas se llevarán de lunes a viernes de 5 de la tarde a 7 de la noche y los sábados de 9 a 11 de la mañana. Fuente: ABC *** Rebautizan Biblioteca Nacional de Honduras como Juan Ramón Molina La Biblioteca Nacional de Honduras (http://www.binah.gob.hn) lleva por nombre “Juan Ramón Molina”, desde el pasado 13 de enero, en honor “al más grande poeta hondureño de todos los tiempos”, quien nació en 1875 y murió en 1908. La ceremonia de declaración del nuevo nombre de la Biblioteca Nacional se celebró en el mismo centro educativo, en el centro de Tegucigalpa, en presencia del secretario de Cultura, Artes y Deportes, Rodolfo Pastor Fasquelle; los poetas Oscar Acosta y Roberto Sosa, y representantes diplomáticos, entre otros invitados. El director de la Biblioteca Nacional, escritor Eduardo Bahr, indicó que el nombre de Juan Ramón Molina es el mejor que se ha podido escoger para el principal centro de lectura del país centroamericano. En la ceremonia, Bahr también anunció los nombres que desde ese momento llevarán las diferentes salas y la pinacoteca de la Biblioteca Nacional. Las salas de lectura hondureña, infantil, de retratos, Fondo Antiguo y la pinacoteca llevarán los nombres de los intelectuales hondureños Clementina Suárez, Antonio Ramón Vallejo, Rubén Berríos, Aníbal Cruz y Ezequiel Padilla, mientras que la Sala Extranjera y Referencial fue bautizada con el del poeta cubano José Martí. La Biblioteca Nacional de Honduras fue creada el 11 de febrero de 1880, durante el gobierno de la Reforma Liberal de Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa, para conservar y difundir el patrimonio bibliográfico de autores nacionales, el fomento, promoción y difusión de la lectura y la investigación científica. Su nuevo edificio fue inaugurado en 1906, y en 1963 fue trasladado a otro inmueble conocido como Casa Morazán, donde funcionó hasta 1998, cuando fue instalada en lo que fue la Antigua Real Casa de Rescates, que data de 1780. En ese mismo antiguo edificio también funcionó desde 1896 la Tipografía Nacional. Considerado el poeta hondureño más universal por su gran calidad literaria, Molina conoció al nicaragüense Rubén Darío —quien a la vez incidió mucho en el estilo del escritor hondureño— y estuvo en España, donde colaboró con el diario ABC de Madrid. Además, escribió para medios de países sudamericanos, lo mismo que en su natal Honduras, Guatemala y El Salvador. Fuente: EFE *** Tesis doctoral permite recuperar textos inéditos de Pedro Salinas Una tesis doctoral de la Universidad del País Vasco (http://www.ehu.es) centrada en el estudio de la obra del poeta español Pedro Salinas ha permitido recuperar textos inéditos del autor de la Generación del 27, según informa un cable este 14 de enero. El estudio, titulado La narrativa de Pedro Salinas, y realizado por la licenciada en filología hispánica y doctora en literatura española Natalia Vara Ferrero recoge todos los textos, editados e inéditos, que el autor escribió o publicó entre 1921 y 1951. Entre estos materiales, la autora ha rescatado obras como Un conocido por conocer, o textos inéditos como Los cuatro grandes mayúsculos y la Doncella Tibérica, El valor de la vida, los proyectos de cuentos y el esbozo narrativo archivado en Últimos escritos. Vara ha analizado el proceso de creación de los textos de Pedro Salinas a través de “un meticuloso trabajo de restauración” con el fin de “devolverles su forma original” omitiendo incorporaciones de posteriores ediciones. Esta investigación ha demostrado que dichos textos siguen el “tema vital” que estructura la narrativa de Salinas basado en el “afán de conocimiento de la realidad y de los hombres” y que fueron creados como “fuentes de conocimiento para el lector” ya que en ellos se pueden encontrar “valiosos principios y valores”. En su estudio, Vara ha realizado una relectura y un análisis “profundo” de todo el material “para abarcar todas las facetas del autor y valorar con rigor sus virtudes y defectos”. Para la filóloga “un rasgo esencial” que estructura tanto la obra como la vida de Pedro Salinas es “la multiplicidad” que se traduce “en la diversidad de enfoques, temas y motivos en los que se basa su extensa obra”. Aunque Salinas obtuvo un “gran reconocimiento” por su poesía, en la que destaca La voz a ti debida, también cultivó el teatro, la narrativa, el ensayo, la crítica y la historia de la literatura. Sin embargo, la autora de la tesis considera que “el gran interés despertado por la poesía ha actuado en detrimento del resto de la producción de Salinas”. “Salinas no sólo es el autor de La voz a ti debida y algunos de los poemas de amor más bellos del siglo XX”, señala la autora de la tesis, “también es un hombre plenamente integrado en su época y preocupado por el mundo. Sus primeros textos son algunos de los más interesantes del Arte Nuevo (movimiento literario que trató de renovar la narrativa en los años 20 y 30) y sus textos del exilio reflejan a un magnífico observador de la realidad que se sirve de la ironía para enfrentarse a los claroscuros del mundo que le rodeaba”. “Los textos inéditos muestran especialmente el compromiso de Salinas con el hombre”, prosigue Varas. “Están escritos en el exilio y muestran muy bien cuál era la situación de este intelectual exiliado que no podía volver a España y que presenciaba los primeros estragos de la Posmodernidad en Estados Unidos. Esos textos, a veces inacabados, otras textos que escribía y no podía publicar porque probablemente hubiese puesto en peligro su puesto de trabajo en las conservadoras universidades norteamericanas, muestran la preocupación con la que Salinas observaba la realidad. En ellos destaca especialmente el manejo de la ironía e incluso lo satírico”. Vara desestima la hipótesis de que la “narrativa saliniana” fuera una ocupación secundaria, tal y como opinan “la mayoría de los críticos” que consideran que la narrativa de Salinas “no puede ofrecer nada que no se encuentre en su poesía” y les acusa de basar su opinión “en una lectura superficial y llena de prejuicios”. “Los textos —editados e inéditos— confirman que para Pedro Salinas la narrativa fue, junto con la poesía, el teatro o la crítica, una parte más de su multiplicidad esencial”, defiende en su tesis. Sin embargo, también ha destacado que “tras años de menosprecio y olvido”, la crítica está reconsiderando la valía de Salinas como narrador, “tal y como ya ocurrió con su obra teatral”. Fuentes: El País • Vasco Press *** Poesía de Armando Rojas Guardia es recogida en antología Como una colaboración entre los sellos bid & co. editor (http://www.bidandco.vze.com) y EBUC-UCV, acaba de aparecer Fuera de tiesto, una antología poética del venezolano Armando Rojas Guardia (Caracas, 1949), con estudio introductorio de Harry Almela (http://www.letralia.com/firmas/almelaharry.htm), responsable también de la selección de poemas. El libro incluye también una entrevista a Rojas Guardia realizada por la poeta y traductora Ana María del Re, centrada en el poema “La desnudez del loco”. Cabe destacar que esta antología abarca toda la poesía de Rojas Guardia, incluyendo tanto la que ya está publicada como la que se encuentra en prensa actualmente. Sobre este libro ha dicho la destacada crítica y poeta Patricia Guzmán: “Asistimos a la renovación de votos de ardoroso amor del poeta con el Dios desnudo que le ampara, así como al apasionado diálogo con el ‘tú’ tácito y explícito que invoca nupcialmente y que ha distinguido su poética”. En el prólogo (http://laliebrelibre.com.ve/w/fuera-de-tiesto), dice Almela: “Conmovido y atravesado por el rayo de luz de las contradicciones de un postcristiano tratando de sobrevivir con dignidad en los años de finales del siglo XX y lo que va del XXI, esta poesía mira desde su atalaya particular la crisis de los metarrelatos y constituye un punto de quiebre importante en el panorama actual de la poesía escrita en nuestro continente”. Hijo del poeta caraqueño Pablo Rojas Guardia (1909-1978) y Mercedes Álvarez Gómez (1919-1973), el poeta Armando Rojas Guardia vivió durante sus primeros siete años en Praga, Haití y Nicaragua, como consecuencia de los cargos diplomáticos de su padre. Durante su juventud vivió en Bogotá, Friburgo (Suiza) y Solentiname, con Ernesto Cardenal, en Nicaragua. Posteriormente su vida ha transcurrido entre Caracas y Mérida. Su vocación como escritor se inició en su hogar y jugó un papel importante su participación en el Taller de Calicanto y Antonia; y se cimenta con su activa participación en la formación del Grupo Tráfico. Ha desempeñado una amplia labor cultural y docente vinculada a la literatura, y es una de las voces fundamentales de la poesía venezolana contemporánea, así como un destacado ensayista. Ha publicado, entre otros, los poemarios Del mismo amor ardiendo (1979), Yo supe de la vieja herida (1985), Poemas de Quebrada de la Virgen (1985), Hacia la noche viva (1989), Antología poética (1993), La nada vigilante (1994) y El esplendor y la espera (2000) Fuente: bid & co. editor *** Anunciados los miembros del jurado del Rómulo Gallegos La Fundación Celarg (http://www.celarg.org.ve) anunció este lunes 19 de enero la composición del jurado del XVI Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, en el que participarán los venezolanos Stefania Mosca y Humberto Mata, la argentina Graciela Maturo, el cubano Miguel Barnet y la mexicana Elena Poniatowska, ganadora de la edición anterior. Mosca (Caracas, 1957) ha abordado el ensayo, la crónica, el cuento y la novela. Estudió letras en la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve). Realizó trabajos de postgrado becada en la Fundación de Estudios Internacionales Ortega y Gasset (http://www.fogtoledo.com) y el Instituto de Cooperación Iberoamericana en Toledo, con Fernando Rodríguez La Fuente y Joaquín Rubio. Cursó la maestría en literatura latinoamericana de la Universidad Simón Bolívar (USB, http://www.usb.ve). Ha publicado Jorge Luis Borges: utopía y realidad (1984), La memoria y el olvido (1986), Seres cotidianos (1990), La última cena (1991), Banales (1993), Mi pequeño mundo (1996), El suplicio de los tiempos (2000, ensayo), Cuadernillo Nº 69 (2001), Maternidad (2004) y El Circo de Ferdinand (2006). Obtuvo mención publicación en el Premio Internacional de Novela Miguel Otero Silva de Editorial Planeta (1996, http://www.editorialplaneta.com.ve) y el Premio Municipal de Literatura en 1997 por Mi pequeño mundo. Narrador, ensayista, compilador y crítico de arte, Mata (Tucupita, Delta Amacuro, 1949) cursó estudios de ciencias y filosofía en la UCV. Actualmente se desempeña como presidente de la Fundación Biblioteca Ayacucho (http://www.bibliotecayacucho.gob.ve), una de las editoriales más importantes de América Latina. Ha publicado Imágenes y conductos (1970), Distracciones; antología del relato venezolano 1960-1974 (1974); Pieles de leopardo (1978), con la que obtuvo el Premio Conac de narrativa correspondiente a ese año; Luces 1978-1981 (1983), Toro-toro (1991), Pieles de leopardo (antología personal) (1992), Boquerón y otros relatos (1999), con el que obtuvo el Premio Municipal de Literatura, mención narrativa, de la Municipalidad de Caracas, y Pie de página (1999). Maturo (Santa Fe, 1928) es escritora y profesora universitaria. Ejerció las cátedras de introducción a la literatura y teoría literaria en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA, http://www.uba.ar) y ocupa actualmente la de literatura iberoamericana en la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA, http://www.uca.edu.ar). Fundó en 1970 el Centro de Estudios Latinoamericanos, de amplia trayectoria en la investigación de las letras y la cultura de América Latina. Ejerció la docencia en la Universidad Nacional de Cuyo (http://www.uncu.edu.ar), la Universidad del Salvador (http://www.salvador.edu.ar) y el Instituto Franciscano. En 1989 fundó el Centro de Estudios Iberoamericanos de la UCA y de 1990 a 1993 fue directora de la Biblioteca Nacional de Maestros (1990-1993, http://www.me.gov.ar/bnm). Ha publicado Proyecciones del surrealismo en la literatura argentina (1967), Julio Cortázar y el Hombre Nuevo (1968, 2004), Claves simbólicas de García Márquez (1972, 1977), La literatura hispanoamericana; de la Utopía al Paraíso (1989), La mirada del poeta; ensayos sobre el conocimiento y el lenguaje poético (1996), La identidad hispanoamericana; problemas y destino de una comunidad (1997), Marechal: el camino de la belleza (1999), La razón ardiente; aportes para una teoría literaria latinoamericana (2004), y los poemarios Un viento hecho de pájaros (Premio “Laurel” 1958), Canto de Eurídice (1982), Cantos de Orfeo y Eurídice (1996), Memoria del trasmundo (1995, 2001), Cantata del agua - Habita entre nosotros (2001) y Navegación de altura (2004). Uno de los escritores cubanos de mayor éxito internacional, Barnet (La Habana, 1940) obtuvo en 1994 el Premio Nacional de Literatura en su país. Su obra ha sido traducida a varios idiomas. Colaboró con Alejo Carpentier en la Imprenta Nacional de Cuba y con Nicolás Guillén en la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac, http://www.uneac.org.cu), institución de la cual es fundador y vicepresidente por elección. Ha publicado La piedra fina y el pavorreal, Isla de güijes, La sagrada familia, Orikis y otros poemas, Carta de noche, Mapa del tiempo, Viendo mi vida pasar, Con pies de gato y Actas del final (poesía); Autógrafos cubanos, La fuente viva y Cultos afrocubanos (crónica, ensayo, monografía); Akeké y la jutía (fábulas cubanas, 1978); Biografía de un cimarrón (elaborada a partir de los relatos orales de un antiguo esclavo cimarrón, Esteban Montejo), y Canción de Rachel Gallego, La vida real y Oficio de ángel (novelas–testimonio). En 2006 obtiene el Premio Juan Rulfo en la categoría cuento por su libro Fátima o el parque de la fraternidad, que relata la vida de un travesti de La Habana. Ganadora de la 15ª edición del premio con la novela El tren pasa primero, Poniatowska (París, 1933) es periodista y narradora, y ha ejercido una notable influencia entre los sectores intelectuales más prominentes de México. Recibió el doctorado honoris causa de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx) en 2001, y ha recibido distinciones equivalentes por parte de diversas universidades de México y otros países. Además, el pasado 23 de diciembre la escritora recibió el galardón Escritora Galega Universal, que concede la Asociación de Escritores en Lingua Galega (AELG, http://www.aelg.org), y que ya se había otorgado también, en ediciones anteriores, al novelista angoleño Pepetela o el poeta palestino Mahmud Darwish. Fue becaria del Centro Mexicano de Escritores de 1957 a 1958, e ingresó al Sistema Nacional de Creadores Artísticos, como creador emérito, en 1994. Entre otros títulos ha publicado las novelas Hasta no verte Jesús mío (1969), Querido Diego, te abraza Quiela (1978), La flor de Lis (1988), Tinísima (1992) y La piel del cielo (2001), además de la que le mereció el Rómulo Gallegos; los ensayos Todo empezó el domingo (1963), La noche de Tlaltelolco (1971), Gaby Brimmer (testimonio, 1979), Fuerte es el silencio (1980), El último guajolote (1982), ¡Ay vida, no me mereces!, (1985), Nada, nadie; las voces del temblor (1988) y Juchitán de las mujeres (testimonio, 1989); las colecciones de cuentos Lilus Kikus (1954), De noche vienes (1979) y Métase mi prieta entre el durmiente y el silbatazo (1982) y los libros de entrevistas Palabras cruzadas, Era, (1961), Domingo 7 (1982), Todo México (1990) y Todo México, vol. II (1994). A partir de 2007, el Gobierno de la Ciudad de México ha instaurado el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska. La recepción de obras para el Premio Rómulo Gallegos será hasta el próximo 28 de febrero, y el galardón se otorgará el 2 de agosto. Participarán novelas publicadas entre el 1 de enero de 2007 y el 31 de diciembre de 2008. El premio se concederá al autor o autora de la mejor novela postulada, escrita y publicada en idioma castellano, durante este bienio, y consistirá en medalla de oro, diploma y la cantidad de cien mil euros (€ 100.000) o su equivalente en moneda nacional. Fuente: Celarg *** Círculos de lectores inician en Upel Maracay El Centro de Investigaciones Lingüísticas y Literarias “Hugo Obregón Muñoz” (Cillhom), de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (http://www.ipmar.upel.edu.ve), en Maracay (Aragua, Venezuela), inicia este martes 20 de enero dos círculos de lectores, iniciativa que pretende, según sus organizadores, valorizar, dar permanencia y pertenencia al diálogo como herencia heraclítea y platónica. Los círculos han sido planteados con temas específicos en consonancia con contenidos epistemológicos relativos a las áreas de literatura y lingüística. Son espacios de lectura y diálogo abiertos organizados en función de talleres sobre epistemología de la lingüística y epistemología de la literatura. El círculo sobre epistemología de la lingüística se inicia este martes 20 con el taller “Confrontación del discurso naturalista y sociológico en la representación del lenguaje”, a cargo de Cristóbal Camejo, y tiene como objetivo presentar un estudio introductorio y crítico del fundamental complejo discursivo naturalista sociológico, que surge a finales del siglo XIX, en la búsqueda de la representación sistemática del lenguaje. Para ello han sido seleccionadas las teorías biologicistas del lingüista alemán Schleicher (1821-1867), contrapuestas al enfoque sociológico de los lingüistas Saussure (1857-1913) y Jespersen (1860-1943). Las sesiones serán los martes 20 y 27 de enero y 3 y 10 de febrero, entre 2 y 5 de la tarde. Se abordará lecturas como el Diccionario de filosofía de José Ferrater Mora; Teoría y realidad en Marx, Durkheim y Weber, de de Víctor Bravo, Héctor Díaz-Polanco y Marco A. Michel; El transformismo en lingüística, de Girard de Rialle; Historia de la lingüística, de Fernando Arellano; Biografía de una lengua, de Enrique Obediente, y otros. Por su parte, el círculo sobre epistemología de la literatura, a cargo de Jhoerson Yagmour (http://www.letralia.com/firmas/yagmourjhoerson.htm) se inicia este miércoles 21 de enero con un taller sobre las problemáticas contemporáneas de la hermenéutica, con el objetivo de, a partir de la noción tradicionalista de la hermenéutica aplicada a los textos bíblicos, y de la posterior sistematización por parte de Dilthey (1833-1911), apreciar cómo los estudios hermenéuticos han resurgido dentro del panorama contemporáneo, principalmente a través de la hermenéutica ontológica de Heidegger, la postura filosófica de Gadamer (1900-2002), y el enfoque fenomenológico de Ricoeur (1913-2005). Este taller se celebrará los miércoles 21 y 28 de enero, y 4 y 11 de febrero, también en horario de 2 a 5 de la tarde. Los textos escogidos son Hermenéutica; diccionario de filosofía Herder (en CD-ROM), de Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu; Hermenéutica (http://www.mercaba.org/DicPC/H/hermeneutica.htm), de Agustín Domingo Moratalla; Tradiciones hermenéuticas (http://abbrr.com/bTP), de Ambrosio Velasco Gómez; “De Gadamer a Ricoeur. ¿Se puede hablar de una concepción común de la hermenéutica?” (en: Hermenéutica, interpretaciones desde Nietzsche, Heidegger, Gadamer y Ricoeur), de Jean Grondin, el capítulo V de Ser y tiempo, de Martn Heidegger, y otros. Los talleres están abierto a estudiantes y profesores de todas las especialidades y son totalmente gratuitos. Los participantes interesados en recibir certificación pueden inscribirse formalmente en los talleres a través del Cillhom. *** Siruela recupera las obras de Carmen Martín Gaite Casi nueve años después de la muerte de Carmen Martín Gaite (Salamanca, 1925; Madrid, 2000), la editorial Siruela (http://www.siruela.com) publica, el próximo 26 de enero, los dos primeros libros de la Biblioteca Carmen Martín Gaite: Retahílas y El cuarto de atrás, dos de sus novelas más aplaudidas. Carmen Martín Gaite era una gran conversadora y una gran conocedora del oficio de escritor, como queda claro en muchos de sus libros, pero además dominaba con una soltura admirable la grandeza y diversidad del alma humana. Pocos géneros se le resistían, y hasta se atrevió a versionar a sus admirados autores clásicos, con obras como La reina de las nieves o Caperucita en Manhattan. Ganadora de prestigiosos premios como el Nadal (en 1957, con su novela Entre visillos) o el Premio Nacional de Literatura, la escritora salmantina también estudió la historia de España, y en 1970 publicó el interesante ensayo Usos amorosos del siglo XVIII en España, que también le sirvió como base para su tesis doctoral, y que se completaría con Usos amorosos de la posguerra española. Además, Martín Gaite, que durante años estuvo casada con Sánchez Ferlosio, ejerció de crítica literaria y tradujo a respetados autores como Gustave Flaubert, Charles Perrault, Virginia Woolf o Emily Brontë. Para Manuel Rivas, que prologa la primera de las obras, Carmen Martín Gaite era una “bebedora de sueños”, por eso su realismo es de “tan alta calidad”. Por su parte, el escritor Gustavo Martín Garzo opina que El cuarto de atrás es un “ensayo sobre el oficio de escribir, un libro de memorias y una novela fantástica, pero, por encima de todo ello, es una larga conversación”. En la obra, durante una noche de insomnio, la escritora recibe la visita de un desconocido interlocutor cuya identidad permanecerá oculta en todo momento. Los recuerdos de infancia y juventud en Salamanca se irán mezclando con sus reflexiones sobre los sueños, el amor, la escritura o la memoria. Respecto a Retahílas, Martín Gaite relata el viaje que realiza una anciana al pazo familiar para morir, acompañada de su nieta Eulalia. La llegada sorpresa de Germán, el sobrino de Eulalia, producirá durante esa noche un intenso diálogo entre los dos que dará lugar a seis monólogos, en los que cada uno reconstruirá y contará qué ha sido su vida hasta entonces. De la novelista, poeta, ensayista y traductora, Siruela ha publicado hasta el momento Caperucita en Manhattan (1990), Dos cuentos maravillosos (1992), Esperando el porvenir (1994), su diario Visión de Nueva York (2006) y su libro de artículos Tirando del hilo (2006). Otras obras que formarán parte de la Biblioteca Carmen Martín Gaite y que se irán publicando a lo largo de los próximos años son El cuento de nunca acabar, Ritmo lento, El balneario, Fragmentos de interior, La búsqueda de interlocutor, Todos los cuentos, Las ataduras, Macanaz y Entre visillos. Fuentes: Estrella Digital • La Opinión de Tenerife *** Abren en Colombia especialización universitaria en creación narrativa Dirigida a aspirantes a escritores que demuestren experiencia y logros en el arte literario, así como a profesionales de todas las disciplinas, la Universidad Central de Colombia (http://www.ucentral.edu.co) acaba de abrir su Especialización en Creación Narrativa, que tiene como objetivo formar especialistas en el conocimiento del oficio y del arte narrativos, para que puedan desempeñarse en los distintos campos de la actividad literaria. Aprobado por el Ministerio de Educación de Colombia (http://www.mineducacion.gov.co) en julio de 2008, el programa es el resultado de la experiencia de 27 años del Taller de Escritores Universidad Central (Teuc, http://www.ucentral.edu.co/humanidades/teuc.htm). La especialización, que se iniciará el 4 de febrero, es la primera en su tipo en el sistema universitario colombiano, y tiene una duración de un año académico, distribuido en dos semestres, con un total de 232 horas de clase presencial y 29 créditos académicos. Se desarrollará en clases de 6 de la tarde a 9 de la noche los miércoles y viernes. Los participantes realizarán un recorrido por las distintas vertientes de la literatura universal, así como de las demás manifestaciones del arte, con el objetivo de generar la experiencia de la creación narrativa. Recibirán, asimismo, herramientas para la composición de textos literarios, que incluyen el conocimiento de la lengua materna, así como las técnicas y recursos narrativos, así como criterios para el desempeño en actividades como la edición, la docencia y la gestión de proyectos literarios. La especialización estará dividida en dos fases, cada una con duración de un semestre. La fase inicial está compuesta por los módulos bimestrales “Poéticas de la narración”, “Lenguaje y creación I - II” y “Composición narrativa I”, y permitirá reconocer saberes y sensibilidades en torno a la creación narrativa, su dimensión estética y su componente básico, el lenguaje. La segunda fase, compuesta por los módulos bimestrales “Narrativas y creación I y II” y “Composición narrativa II”, desarrolla las especificidades de la creación narrativa, e interactúa con los saberes y sensibilidades potenciados en la fase inicial. Adicionalmente, el módulo “Propuesta narrativa” apoyará el desarrollo de la obra de ficción (novela corta, libro de cuentos, etc.) que permitirá a cada estudiante optar al título de especialista en creación narrativa. Los docentes que dirigirán estos cursos son Isaías Peña Gutiérrez, Oscar Godoy Barbosa, Aleyda Gutiérrez Mavesoy, Joaquín Peña Gutiérrez, Alonso Aristizábal, Nahum Montt y Manuel Hernández. Además, se ha previsto la participación, en calidad de escritores invitados, de Héctor Abad Faciolince, Roberto Burgos Cantor, Pedro Badrán, Alberto Duque López, Oscar Collazos, Mario Mendoza, Roberto Pubiano Vargas, Efraím Medina, Jorge Franco Ramos, Lina María Pérez, Jaime Echeverri (http://www.letralia.com/firmas/echeverrijaime.htm), Octavio Escobar Giraldo (http://www.letralia.com/firmas/escobargiraldooctavio.htm), Juan Diego Mejía y Juan Álvarez. Para inscribirse es preciso acudir, antes del 30 de enero, a la sede de esta casa de estudios (Carrera 5, Nº 21-38, Bogotá). Habrá un proceso de selección del que podrán ser admitidos alumnos que reúnan al menos 70 puntos tras presentar los recaudos: hoja de vida con soportes (hasta 40 puntos, divididos en 10 por estudios de pregrado, 10 por relatos publicados en libros o revistas, 10 por docencia en literatura y 10 por reconocimientos o premios literarios), un escrito de creación personal (inédito o publicado), en cualquier género narrativo, de no más de veinte páginas tamaño carta en Times New Roman a 12 puntos y a doble espacio (hasta 30 puntos), y la sustentación en entrevista del texto presentado (hasta 30 puntos). Fuente: Teuc *** México homenajeará este año a José Emilio Pacheco En reconocimiento a sus 70 años de vida y 50 de escritor, el poeta, novelista y traductor José Emilio Pacheco será objeto en junio de este año de un homenaje por parte de la Coordinación Nacional de Literatura (CNL, http://literaturainba.com) del Instituto Nacional de Bellas Artes de México (Inba, http://www.bellasartes.gob.mx). El escritor, quien ha sido galardonado con los premios nacionales de Poesía y de Periodismo Literario, así como el Xavier Villaurrutia, tiene tres proyectos editoriales: Los días que no se nombran; Todo se va, título que posiblemente cambiará, porque existe un texto similar de una joven cubana, y un volumen que recopila versiones poéticas que ha realizado a lo largo de varios años. Como parte de las celebraciones en su honor, la Secretaría de Educación Pública (SEP, http://www.sep.gob.mx) anunció que realizará una edición especial del libro Las batallas en el desierto, que será distribuida en las escuelas secundarias de México. José Emilio Pacheco nació en 1939 en Ciudad de México. Empezó a figurar en el panorama cultural desde muy joven, gracias a su dominio de las formas clásicas y modernas y al enfoque universal de su poesía. También se ha consagrado como excelente traductor y ha trabajado de director y editor de colecciones bibliográficas y diversas publicaciones y suplementos culturales. Ha sido docente universitario e investigador al servicio de entidades gubernamentales. En su narrativa describe el mundo de la niñez, la adolescencia y el apocalíptico deterioro de la ciudad de México; como muestra están sus obras El viento distante y otros relatos (1963), El principio del placer (1972) y Las batallas en el desierto (1981). En Morirás lejos (1967) revisa varios esquemas de persecución (el nazismo, la guerra romana contra los judíos) y, como rompecabezas, la novela incide sobre el cuerpo y la escritura. De igual forma, el calendario 2009 de homenajes a personajes de la literatura en vida y fallecidos, la CNL tiene programados 22 actos, cuatro más que en 2008, así como la entrega de la Medalla al Mérito a Emmanuel Carballo, en julio, en reconocimiento a su obra. Entre las personalidades del mundo de las letras a las que se rendirá tributo este año están Eduardo Lizalde, Ramón Xirau, José de la Colina, así como a los escritores, ya fallecidos, Jaime Sabines, Nelly Campobello, Rosario Castellanos, Paco Ignacio Taibo I, Juan Bosch y Malcolm Lowry. Los homenajes iniciarán este mes con el filósofo Ramón Xirau, por sus 85 años y más de 40 libros publicados. En febrero se realizará el dedicado al poeta Hugo Gutiérrez Vega, así como se llevará a cabo la mesa redonda “La literatura chicana a 50 años de la publicación de Pocho, de José Antonio Villarreal”. En marzo se tienen contemplados el tributo póstumo para el poeta chiapaneco Jaime Sabines, de cuya muerte se cumplen 10 años, al igual que un tributo a José de la Colina por sus 75 años de vida y 50 de la publicación de Ven, caballo gris. Fuentes: La Jornada • Notimex ||||||||||||||||| ESPECIAL: GAZA. NO A LA GUERRA |||||||||||||||| === Reflexiones sobre Gaza Antonio Mora Vélez ======================== Hace sesenta años la humanidad presenció horrorizada el holocausto de los judíos europeos a manos de los nazis. El célebre Juicio de Núremberg que se hizo a los jefes alemanes por tales crímenes al finalizar la Segunda Guerra Mundial, quedaría como advertencia a todos los tiranos y sátrapas del mundo, y sus principios se convertirían en jurisprudencia del derecho internacional y en fundamento de la formación de la justicia penal internacional. La humanidad pensante concluyó desde entonces que ni los nazis alemanes ni ningún otro partido o gobierno del mundo pueden exterminar una raza, un partido o un pueblo por razones ideológicas o políticas. Tal actuación es considerada delito de lesa humanidad. Lamentablemente la fuerza tiene el poder de destruir la bondad de los principios. Y no habían terminado los vencedores de esa guerra de enjuiciar a los jefes vencidos por sus crímenes de lesa humanidad cuando uno de los países vencedores, Estados Unidos, destruyó innecesariamente dos ciudades japonesas con sendas bombas atómicas. Después vendría la entrega del territorio de Israel al capitalismo judío por parte de Inglaterra y la posterior lucha de los árabes por desalojarlos de allí en sucesivas guerras que terminaron fortaleciendo, gracias al apoyo de USA, al Estado de Israel. Si los árabes descienden de Ismael, hijo de Abraham igual que Isaac, del cual descienden los judíos, mal puede hablarse de derechos excluyentes de un pueblo respecto del otro. Por el origen histórico ambos tienen derecho a ocupar esa tierra que fue de sus ancestros bíblicos. Y los judíos tuvieron que escribir una página heroica en Egipto con Moisés y Aarón para retornar a ella. De modo que no nos digamos mentiras. Si bien hay que condenar a Israel por el ataque desproporcionado a Gaza no se puede soslayar el permanente ataque de las guerrillas fundamentalistas árabes al territorio judío ni la consigna de sacarlos de allí y arrojarlos al mar. La situación es bien compleja y no da para posiciones románticas. El Islam le ha declarado la guerra a la cultura occidental —la llamada causa palestina es un medio o pretexto— y el capitalismo de occidente ha convertido a Israel en una punta de lanza en contra del mundo árabe para arrebatarle el petróleo. Es posible que el futuro del mundo dependa del desenlace de esta confrontación. Que el Armagedón de que habla la Biblia y que predice Nostradamus sea la guerra entre estos dos mundos diferentes pero iguales de ricos, prepotentes, dogmáticos y excluyentes. Toca a los pueblos del mundo evitar esa guerra suicida pero no apoyando a unos en contra de los otros sino combatiéndolos a ambos. Censurando la invasión de Israel a Gaza pero censurando también los misiles de Hamás y las penas de muerte que los fanáticos musulmanes decretan en contra de los escritores de occidente, lo mismo que los terrorismos de Al Qaeda y del Pentágono. En síntesis, construyendo un nuevo orden mundial en el que el petróleo árabe y el dinero de Wall Street no sea de unos cuantos petroleros árabes o de unos cuantos financistas judíos, sino que esté al servicio de todos los pueblos del mundo. Es la única manera de evitar que ambos —iguales de fanáticos, de terroristas y de capitalistas usureros— se conviertan en sepultureros de la humanidad. Montería, enero de 2009. ** Antonio Mora Vélez antonio_moravelez@yahoo.com.ar Abogado y escritor colombiano (Barranquilla, 1942), reside en Sincelejo desde 1993. Es escritor de ciencia ficción, poeta, ensayista y catedrático. Es el vicerrector de Bienestar Universitario, director de la revista institucional y miembro de la junta directiva de la Corporación Universitaria del Caribe (Cecar), de la cual es miembro fundador. Ha publicado los libros de cuentos Glitza (Ediciones Alcaraván, Bogotá, 1979), El juicio de los dioses (Casa de la Cultura, Montería, 1982), Lorna es una mujer (Centro Colombo Americano, Bogotá, 1986), Lorna is a woman (Colombian Cultural Center, New Delhi, 1990) y La duda de un ángel (Ediciones E-Books de Cecar, 2000), el primer libro electrónico editado en Colombia. Ha publicado también el libro de ensayos Ciencia ficción: el humanismo de hoy (Cecar, Sincelejo, 1996) y los poemarios Los caminantes del cielo (Cecar, Sincelejo, 1999) y El fuego de los dioses (Cecar, Sincelejo, 2001). Aparece en las antologías Joyas de la ciencia ficción (La Habana, 1989) y Contemporáneos del porvenir: primera antología de la ciencia ficción colombiana (Bogotá, 2000). Ha ganado varios premios de literatura y su nombre figura en The encyclopedia of science fiction de John Clute y Peter Nicholls (New York, 1995, página 696). === Feliz 2008 Jorge Majfud ========================================== He leído en los diarios que en alguna parte del mundo han asesinado más de cien niños y han despedazado muchos más en apenas una semana de bombardeos. No lo he leído con palabras tan duras. La prensa siempre cuida de no herir la sensibilidad de las personas civilizadas como nosotros. Pero igual me pregunto, mientras tomo apaciblemente mi café de la mañana, ¿qué clase de bestia humana pudo haber perpetrado esta obra? No quiero pensar que ha sido sólo un error, otro efecto colateral, como dicen siempre. No voy a pensar que es obra de las bombas inteligentes, porque nuestro mundo civilizado no comete barbaries como en otras partes del mundo y en otros tiempos, como en alguno de esos reinos bárbaros donde las mujeres visten de más como en Asia o visten de menos como en África. ¿Sobre qué derechos se podría perpetuar semejantes crímenes? ¿Qué dios podría justificar tanto dolor y tanta injusticia? Porque, ¿no es una injusticia cien niños aplastados y despedazados por la Libertad, la Civilización, la Ley, el Derecho y las mejores Razones? ¿Bajo qué nobles argumentos se podría perpetrar semejante bestialidad animal para convertirla en pura bestialidad humana? ** Jorge Majfud jmajfud@hotmail.com Escritor uruguayo (Tacuarembó, 1969). Arquitecto graduado en la Universidad de la República del Uruguay (1996). Ha sido profesor en la Universidad Hispanoamericana de Costa Rica y en la Escuela Técnica del Uruguay, donde ha enseñado artes y matemáticas. Enseña literatura latinoamericana en la Universidad de Georgia, Estados Unidos. Ha publicado las novelas Hacia qué patrias del silencio (memorias de un desaparecido) (Graffiti, Montevideo, Uruguay, 1996; Baile del Sol, Tenerife, España, 2001) y La reina de América (Baile del Sol, 2001), el libro de crónicas 9 viajes (Trilce, Montevideo, 2002) y los libros de ensayo Crítica de la pasión pura (Graffiti, 1998; HCR, Virginia, EUA, 1999; Argenta, Buenos Aires, Argentina, 2000) y El tiempo que me tocó vivir (2004). También textos suyos aparecen en Entre siglos-Entre séculos: autores latinoamericanos a fin de siglo (Pilar Ediçoes, Brasilia, Brasil; Bianchi Editores, Montevideo, 1999). Cuentos y artículos suyos han sido publicados en diarios, revistas y selecciones, como La República, El País, La Vanguardia, Rebelión, Resource Center of The Americas, Revista Iberoamericana, Eco Latino, Jornada, Centre des Médias Alternatifs du Québec y otros. Es miembro del Comité Científico de la revista Araucaria de España. Ha colaborado en la redacción de Enciclopedia de Pensamiento Alternativo (Buenos Aires). Sus ensayos y artículos han sido traducidos al inglés, francés, portugués y alemán. En 2001 recibió mención del Premio Casa de las Américas, Cuba, por La reina de América. Obtuvo el Premio Excellence in Research Award in Humanities & Letters, UGA (Estados Unidos, 2006). === No importará Margarita Muñiz ===================================== No importará el crepúsculo menos aun los amaneceres no importará si es mujer menos aun si es niña no importará si es un hombre erguido ante su puerta con las manos vacías menos aun si es un niño arrojando piedras delante de los tanques A mí me importa No importará la lluvia cayendo sobre los campos menos aun importará la sangre entrando en el polvo del polvo bajo el cielo adulterado por el fuego incesante indolente impensable no importará mañana porque mañana no habrá el tiempo estará detenido en el vano de los ojos aterrados secos inmóviles la vida habrá fugado a ninguna parte la sangre seguirá corriendo entrando hundiéndose en el polvo del polvo sin importar. A mí me importa hasta el desgarro de las entrañas Me importa hasta pedirte Hermano hasta pedirte que amanezcas intranquilo que abandones tu cama que detengas tu almuerzo que saborees tu agua que acaricies tus paredes que se pierdan tus ojos siguiendo el vuelo de los pájaros mirando el juego de tus hijos y te estremezcas hasta el llanto y la furia y pienses hasta sentir el frío de la muerte y entiendas Compañero que si por una vez fuera importante el crepúsculo los amaneceres si es mujer mucho más aun si es niña si es un hombre erguido ante su puerta con las manos repletas de pan y de alegría mucho más aun si es un niño arrojando piedras como sueños a los tanques polvorientos que si por una vez fuera importante la lluvia mansa cayendo limpiamente sobre los campos mucho más aun la sangre cantándole a la vida carne de la carne bajo el cielo infinito surcado por planetas todavía sin nombre Si por una vez y para siempre fuera importante Compañeros podríamos cantar juntos un himno nuevo tal vez un nuevo ruego mañana existirá desde hoy habrá hoy habrá mañana habrá después el tiempo hará su interminable juego de moebius en el vano de los ojos esperanzados húmedos inquietos la Vida habrá vuelto a colocarse por encima de todos los absurdos de todas las fronteras de todos los credos no irá a ninguna parte la Vida se quedará en Paz haciendo de la guerra un terrible recuerdo cada tanto visitado en el juego de los niños sobre el polvo que mece la brisa de la tarde. ** Margarita Muñiz margaeme@gmail.com Docente, psicóloga e investigadora uruguaya (Montevideo, 1963). Es profesora de literatura, especialista en literatura infantil, licenciada en psicología y psicoterapeuta. Ha publicado Caracoleo (1990), El animal en la literatura infantil. Aproximación crítica a “El paso del Yabebirí” de Horacio Quiroga (1994), Análisis psicocrítico del cuento “Uña y carne” de Ricardo Alcántara (1995), Entre una abuela sin memoria y un abuelo soñador: diálogo entre generaciones a través de dos cuentos (2006), “Los zancos de la abuela”, mención Ministerio de Educación y Cultura (2006), Aproximación a “La taberna del loro en el hombro” de Mario Delgado Aparaín: ficción y autobiografía (2007), Por los tiempos de Johnny Sosa... Los trazos de la dictadura en Mosquitos (2007), Apostillas a El perfume de P. Süskind (2007), Necesito que me cuentes (2008) y Los puentes invisibles (2008). === No más Lidia Corcione Crescini =================================== Con estas manos, privilegio que Dios me ha otorgado, con las cuales acaricio a mis seres queridos, extiendo para donar, cocino, arreglo, desbarato, remiendo, aplaudo, saludo, despido, elaboro y escribo, quiero asesinar a la guerra, estrangular su cínica sonrisa cuyo eco me perturba y retumba en mi alma compungida, hacer picadillo su voz improductiva e infértil, sacar de su cuenca sus ojos felinos de mirada victoriosa y arrojarla al vacío para que se pudra en la nada. Guerra inútil que diariamente prepara su jornada, se arregla con sus poderosas prendas (fusiles, granadas, morteros, bombas), se viste con su túnica color púrpura (sangre, destrucción, estupor, asco, dolor, repugnancia, desolación) y se eclipsa bajo el ardiente fuego de las llamas infernales (detonaciones), que ensombrecen (silencio), con su barbarie los días y las noches que caminan sin libertad, ocultándose sigilosamente para poder subsistir. Guerra de crímenes pasionales sin ton ni son, guerra por el poder de conquistas: tierras, guerra por ideales: religión, guerra porque me miraste mal, hablaste a destiempo, no engulliste entero, guerra del centavo, guerra del porque sí y porque no. Guerra que encarcela el alma, tras las rejas invisibles de la locura que se anida en las mentes escabrosas y se abren soltando bandadas de pájaros metálicos, para alcanzar sus fines mortales y acabar con todo: naturaleza, seres vivos y humanos, edificaciones. Sí, quiero asesinar a la guerra, para que ese pequeño niño con ilusiones de infante, que quería ser bombero, piloto, policía o doctor, pueda jugar y sonreír y disfrute de sus ideales, aunque cuando adulto, termine siendo un arqueólogo, arquitecto, abogado, cantante, pintor o escritor. Sí, quiero estrangular la garganta de la guerra, para que le permita a esa madre y a ese padre, seguir diciéndole a su hijo cuánto lo necesita, lo ama y lo orgullosos que están de él. Sí, quiero sacarle los ojos a la guerra, para que permita a los seres humanos seguir disfrutando de la belleza, de la alegría y de ese banquete que es la vida. Sí, quiero darle muerte a la guerra, aunque por eso me tachen de asesina, me señalen, persigan y encarcelen. Quiero, a través de mis palabras, seguir luchando para que todas las personas, pese a sus dificultades, a sus desdenes cotidianos, tengan la oportunidad de seguir con vida a pesar de las vicisitudes, del hambre, de la pobreza, de la escasez, de la injusticia social. En el camino, por muy arduo que éste sea, se compensan las cargas. “La vida es la vida, y sobre ella no manda sino Dios, y no los hombres”. ¿Qué es vivir? La rutina es huésped de todos los días, te levantas te lavas los dientes te bañas desayunas, caminas, ríes, lloras, gritas, padeces de insomnio: huésped de la noche. La belleza de cada día es el vuelo de una palabra, la complicidad de un guiño, la música de una mirada, el sabor de un libro, la melodía de un verso, la algarabía de las horas en su chasquido de castañuelas. Sólo basta un poco de buen gusto, mirar graciosamente las cosas, recibir de ellas su hermosura o vestirlas de manera caprichosa. El día no tiene memoria, la noche sonámbula anda despistada y el reloj reclutado en la pared declina los segundos y ¡anuncia la próxima travesía! Esto se lo digo a usted, de pensamiento light, de palabras light, de oídos light, de diálogos light. A usted que se deja devorar por la tecnología, el celular, la Internet, las frases vacías. ¡No a la guerra! ** Lidia Corcione Crescini licorcione@gmail.com Narradora y poeta colombiana (Cartagena). Abogada egresada de la Universidad de Cartagena (http://www.unicartagena.edu.co). Columnista del periódico El Universal (http://www.eluniversal.com.co), de su ciudad. Textos suyos han sido publicados en las revistas Unicarta de la Universidad de Cartagena; Oxigen (http://www.revistaoxigen.com), de Madrid; Revista Literaria Remolinos (http://es.geocities.com/revista_remolinos) y Aula Caribe. === La lección de Israel Nelson González Leal ======================== Israel le está dando una lección al mundo. El Estado israelita brinda una aula magistral de soberbia, de omnipotencia, de barbarie, de insensibilidad, de desfachatez absoluta. Ante un mundo acobardado por el poderío militar y económico del sionismo y sus asociados, se planta el monstruo de la sinrazón. Y se planta sin dificultad, abiertamente, como un pistolero del viejo oeste que luce un par del Colts 45 e insulta a gritos a todo el pueblo, mientras el Sheriff tiembla de miedo en el bar de la esquina. Israel es hoy el guapo del barrio, el capo del narcotráfico que domina el territorio y al que nadie le discute, so pena de terminar con la boca llena de moscas y completamente desnudo sobre un montón de basura. El resto del mundo es el barrio temeroso, lleno de miedos distintos, de conjugaciones con la envidia, la indolencia, el avarismo, la falta de humanidad, y el siempre perverso cuidado de los intereses particulares. Bajo la máscara de la prudencia, del análisis político cuidadoso, de la negociación diplomática, el resto del mundo permite que Israel extermine al pueblo palestino, comenzando por las escuelas, los hospitales, los centros de acopio de alimentos, los refugios, los niños, las mujeres, los ancianos, los civiles, la cruz roja, la ONU y hasta la prensa internacional que intenta registrar la lección de Israel para mostrarla al mundo. Y es que Israel no necesita de la prensa internacional, porque el pueblo elegido es autosuficiente. Ellos son la prensa, así como son el sistema financiero y los dueños de la ONU. Por eso se dan el lujo de bombardear las instalaciones de las Naciones Unidas en Gaza; al fin y al cabo saben que se están pagando y dando el vuelto. Israel es el Estado más global del mundo, el más violento y el menos diplomático. ¿Cómo se puede mantener relaciones diplomáticas con alguien que no reconoce la diplomacia, que la irrespeta? ¿Cómo intentar negociar con alguien que desconoce términos, convenios, dictámenes, leyes, acuerdos y resoluciones? Israel no negocia. Ningún animal que olfatea el miedo se detiene ante sus víctimas. Y es que la víctima de Israel no es sólo el pueblo palestino, no es Hamas. La víctima de Israel en este conflicto es el mundo civilizado, es el orden político internacional, es el sistema mundial de concertaciones y diálogos. Israel acaba de demostrar la inoperancia de la ONU, la absoluta irrelevancia de su consejo de seguridad. Israel acaba de establecer la verdad: la ONU le sabe a mierda, porque es excrecencia producida por los señores de la guerra, y nadie mejor preparado para hacer y deshacer la guerra que la tribu de Judea. Es triste que hasta ahora sólo dos países suramericanos hayan tenido el suficiente nivel moral, la suficiente calidad humana y la necesaria valentía para romper relaciones diplomáticas con Israel, para no continuar convalidando, bajo la pobre excusa de la prudencia política y la vil razón del resguardo de los intereses de Estado, el asesinato en masa, la masacre de inocentes, la hedionda razón judía. Este episodio entre Israel y Palestina revela la caducidad del sistema político que hoy gobierna el mundo, la flaqueza de su diplomacia, la enorme mentira que significan sus instituciones internacionales. Sucede hoy con la ONU, así como sucedió con la OEA durante el conflicto separatista en Bolivia. No habrá oración que salve al pueblo palestino del insano odio israelita, como no habrá historiador que salve al mundo de su dolor moral cuando todo esto termine. ** Nelson González Leal negole@hotmail.com Escritor y periodista venezolano. Ha publicado Entre grillos y soledades (poesía, Edit. Petroleum, Maracaibo, Zulia, Venezuela, 1986), Una pista sutil (relatos, Edic. SCEZ, Maracaibo, Zulia, Venezuela, 1988), y Esa pequeña porción del paraíso (novela, Edit. Comala, Caracas, Venezuela), y participó en la antología Un paseo por la narrativa venezolana. Ocho relatos cortos (Edit. Resma, Santa Cruz de Tenerife, España, 1988). También ha publicado textos en diarios y revistas locales e internacionales, impresos y en Internet. === Réquiem por las víctimas de una guerra: 2009 ========================== === Porfirio Mamani Macedo ================================================ Todo es efímero: el sol, las estrellas y la luna. ¿Qué son esos ruidos? Una piedra que sobre la piedra cae. Todo pasa, todo cuenta: El camino, la soledad, el olvido. ¿Qué es eso lo que veo? Un fuego amargo que de las nubes desciende. Todo es silencio: tu voz, la mía, la nuestra. ¿Qué son esos gritos? Niños buscando a sus madres muertas. Madres buscando a sus niños muertos. Todo es efímero: el dolor, la vida, la sed. ¿Quiénes son esos los que van por ahí? Almas buscando su cadáver quemado por el fuego y la ceniza. Todo me ausenta, todo me fenece: el grito, la madre, el niño. ¿Y aquello que no veo? Casas, polvo, sangre, y niños despedazados por el miedo. Todo pasa, todo queda: el amor, el odio, la indiferencia, no el olvido. ¿Y esa voz de dónde viene? De la tierra, de la muerte, de la herida, que paseándose va entre nubes de polvo y miseria. Todo es efímero: el sueño, la mirada, y tu sonrisa. ¿Qué fue aquello que cayó de la nada? Una mano, la mano de la muerte andando, de noche a noche, buscándose de un lado a otro. Todo es nada: la paz, la guerra, la ceniza. ¿Qué es eso que oigo con una sola oreja? El fuego devorando al fuego, el odio consumiéndose en el odio. No hay paz, para ti, caminante del desierto. Todo es cal, todo calmo: mi palabra, la tuya, la nuestra. ¿Y aquello tan oscuro, qué es? Rostros peregrinos de la muerte. Mensajeros, ángeles de la muerte, derramando su savia en los caminos y las casas. Aquí está la paz, aquí la guerra, van, cada una con su bandera, a encontrarse en el fango del corazón del hombre. Y así, queriendo gritar, no gritamos. Sólo miramos, sólo miramos, que hombres despedazan a los hombres, que hombres despedazan a los niños, que hombres despedazan a las madres. Y no hay ni lágrima, ni agua, ni llanto para decir lo que sentimos. Y así, queriendo gritar: ¡gritamos!, entre luces y noches que se incendian. París, 16/1/2009 ** Porfirio Mamani Macedo pmamanimacedo@yahoo.fr Abogado y escritor peruano (Arequipa, 1963). Abogado egresado de la Universidad Católica de Santa María, ha hecho además estudios de literatura en la Universidad de San Agustín (Arequipa) y también en la Sorbona (Francia). Ha publicado poemas y cuentos en varias revistas en Europa, Estados Unidos, Canadá y Latinoamérica. Ha publicado entre otros libros Ecos de la memoria (poesía, Editions Haravi, Lima, Perú, 1988), Les vigies (cuentos, Editions L'Harmattan, París, 1997), Voz a orillas de un río / Voix sur les rives d'un fleuve (poesía, Editiones Editinter, 2002), Le jardin el l'oubli (novela, Ediciones L'Harmattan, 2002), Más allá del día / Au-delà du jour (poemas en prosa, Editiones Editinter, 2000) y Flora Tristan: La paria et la femme étrangère dans son oeuvre (ensayo, Ed. L'Harmattan, 2003). Actualmente reside en París, donde prepara un doctorado en letras en la Universidad de la Sorbonne Nouvelle, y enseña en la Universidad de París VIII. === Shalom Musa Ammar Majad ========================================== La Franja de Gaza mide unos cuarenta kilómetros de largo y diez de ancho. Se extiende por la costa mediterránea entre Israel y Egipto. Durante el mandato británico (1917-1948) era una provincia de lo que se conocía como Palestina. Después de la guerra árabe-israelí de 1948, la Franja estuvo bajo la administración militar de Egipto. En 1967 fue ocupada por Israel y así permaneció hasta 1994, cuando se firmaron los Acuerdos de Oslo. Como parte del tratado, la Autoridad Nacional Palestina recibió el 80% del territorio. Desde el inicio de la intifada o levantamiento palestino en el 2000, el ejército israelí realizó numerosas incursiones en la Franja, instaló puestos de control y restringió los desplazamientos de los palestinos. En la zona se construyeron veintiún asentamientos judíos, en los que, hasta 2005, vivían más de 8.000 personas. La Franja de Gaza es una de las regiones más densamente pobladas del planeta: con una superficie de 360 kilómetros cuadrados es hogar para más de 1,3 millones de palestinos. Ante semejante situación cómo no recordar el plan de partición de la ONU, al que Israel debe su existencia, y que nunca fue respetado por ese Estado. A partir de 1948 el gobierno de Israel se apropió de, sin indemnización alguna, las casas, las tierras y los medios de subsistencia de los refugiados palestinos. Como hoy ante la masacre de Gaza, hubo algunas voces judías que protestaron. El rabino R. Benjamín escribió: “No tenemos el derecho de crear un hogar nacional con los bienes de otros. Consentir en tal acto es un robo”. William Zukermann fue aun más lapidario: “Un pueblo que durante siglos llevó una vida de refugiados y que comió el amargo pan del exilio, ¿cómo puede comenzar su renacimiento político cometiendo un acto de injusticia contra otros refugiados?”. Tales afirmaciones e interrogantes no pierden, por la conducta amoral del gobierno israelí, vigencia; al contrario, se acentúan con la introducción de nuevos vocablos para describir el drama palestino: campo de concentración, holocausto, apartheid, limpieza étnica. Aquí no entra la exageración: la posición oficial israelí para con los palestinos sigue siendo la misma de cuando Albert Einstein le preguntó a Weizmann: “¿Qué será de los árabes si Palestina es entregada a los judíos?” y éste respondió: “¿Qué árabes? Son tan insignificantes”. Hoy día, acciones como las de Estados Unidos a nivel mundial o la de los israelíes para con los palestinos, se revelan ante nuestros ojos como una constante propia de las civilizaciones antiguas y de literaturas primarias como, por ejemplo, el Antiguo Testamento, sagrada escritura para los judíos. Civilizaciones y culturas todas que confundían el Orden Universal con el orden interno del clan, del estado, del grupo étnico. Es lo que se observa en Gaza. Israel actúa como una nueva Mesopotamia, como un nuevo Egipto, como una nueva Sumeria. El Orden del Mundo es su propio orden. De nada valen ya las resoluciones de la ONU, aun cuando fueron éstas las que le dieron posibilidad y piso a su existencia como Estado. Bajo esta óptica, Israel muy bien puede hablar de paz, pero es la paz de su propio orden universal. La paz de Israel implica, así, el sometimiento de los otros, la “pacificación” de los demás pueblos, la eliminación de los “enemigos”. La paz de Israel presupone también ir en contra de su propio Dios, que es el Dios de Jesús y la Iglesia, que es el Dios que protesta contra esa idea de paz, con muros que dividen y matan etnias. Creo que el término que mejor describe esta conducta es uno, por antonomasia, judío: shalom. Friedlli lo describe como paz, alegría, libertad, integridad, reconciliación, comunicación, armonía, justicia, verdad. Polisémico sin duda. Pero no es una polisemia con Dios. Shalom es concepto salvífico global, es “salvación”, pero, siempre según Friedlli, no del alma sino del mundo: un mundo material puesto a salvo, a buen resguardo. El Shalom se realiza en el mundo sólo cuando las relaciones humanas están en orden, y éstas, para los israelíes, son las suyas propias. Las demás no importan. Quizá la prueba más aterradora de esta convicción israelí, son las fotografías en las que niños israelíes escriben con marcadores mensajes en las bombas que serán arrojadas sobre los palestinos. Recuerdo un simpático mensaje de texto (SMS), con aire de maldición para quien osara lastimarme, que recibí para fines de año 2008 y principios del 2009: “Que las pulgas de 1.500 camellos egipcios se alojen en el trasero de quién intente joderte la vida y que tenga los brazos tan cortos que no pueda rascarse”. Lo traigo a colación por la lectura de la nota escrita por Omar Barghoutti, hace ya algunos días, donde señala: “Un amigo me ha enviado la más original felicitación de año nuevo: ‘Deseo un horrible año 2009 para todos los criminales de guerra y sus cómplices’. No pude menos que pensar si no se podrían contar entre estos ‘cómplices’ algunos de los altos cargos de Naciones Unidas”. Sí: lo decía por el silencio ante el genocidio en Gaza. Y es que parece que ya sólo queda lugar para la maldición, para la súplica a un Dios inmutable en su silencio, para la plegaria al cielo. Veo las noticias. Una mujer palestina, con ropas negras que son trasunto del alma enlutada de su gente y del alma negra de sus asesinos, ante la barbarie del bloqueo, de las patrullas aéreas, marítimas y terrestres, de las cárceles y las torturas, del uranio empobrecido, del fósforo blanco, de los racimos que son bombas, del fuego y la ceniza, de los cuerpos y la sangre, de los niños y el llanto, de los gritos y el terror, del Guernica diario. Una mujer palestina de aliento invalidado ante el futuro menos promisorio. Una mujer palestina que declara ante las cámaras sin verlas. Una mujer palestina que suplica a Dios, no vida, no paz, no un cese al fuego, sino venganza. Es lo que hace tanto horror. Es el furor de que Dios haga pagar al asesino, al criminal, al malvado, lo que los hombres, imposibilitados, no pueden y, triste destino, al parecer no podrán. Es la esperanza del desamparado. Del otro lado del muro, un israelí le dice a otro: Shalom. ** Musa Ammar Majad musamajad@hotmail.com Investigador venezolano (Táriba, Táchira; 1977). Licenciado en letras por la Universidad de Los Andes (ULA, http://www.ula.ve). Dirige la Coordinación de Eventos Educativos del Museo de Artes Visuales y del Espacio (San Cristóbal, Táchira), donde ha llevado adelante el Centro de Investigaciones Históricas, Artísticas y Culturales y el proyecto de registro y catalogación de la colección permanente, entre otras actividades. En 2004 recibió la orden Luis María Rivas Dávila, de la ULA, por su alto desempeño académico. ||||||||||||||||||||||| ARTÍCULOS Y REPORTAJES |||||||||||||||||||||| === Trascendencia de la obra poética de Aly Pérez Ingrid Chicote ===== (Nota del editor: el 30 de enero de 2005 murió en Cagua el poeta y artista plástico venezolano Aly Pérez, quien dejó marcas indelebles en las letras venezolanas y en muchos de sus oficiosos. Colega y amiga del poeta, la autora de este trabajo analiza algunas de las claves de su obra). La obra poética de Aly Pérez tiene una trascendencia que va mas allá de las relaciones personales que tuvo en vida, puesto que su poética tiene esa voz particular que lo identifica dentro del complejo mundo de la palabra. Llena de sentido literario, su obra goza de personalidad y tono. A decir de Gustavo Pereira, la voz puede ser imitada, pero el tono poético es personalísimo y no es posible que dos poetas tengan el mismo tono. Y es que Aly Pérez tenía su propio tono creador en toda su expresión artística. Por otra parte, la poesía también es una forma de filosofar la vida. Y allí, en ella, es donde se encuentra un contenido de pasiones por la cotidianidad y sus vinculaciones con la realidad y con las circunstancias personales y sociales donde se encontraba inmerso el escritor. De allí que su poética tenga el sentido de la belleza, y así nos hacemos eco de las palabras de León Felipe cuando expresa que: “El genio poético prometeico es aquella fuerza humana y esencial que, en los momentos fervorosos de la historia, puede levantar al hombre rápidamente de lo doméstico a lo épico, / de lo contingente a lo esencial, / de lo euclidiano a lo místico, / de lo sórdido a lo limpiamente ético”. Expresa Gadamer: “¿Qué significa el surgir de la palabra en la poesía? Igual que los colores salen a la luz en la obra pictórica, igual que la piedra es sustentadora en la obra arquitectónica, así es en la obra poética la palabra más diciente que en cualquier otro caso”. Y es que la palabra en la obra de Aly de Pérez tiene aroma a café por la mañana, a té por la tarde, tiene los colores del día, el transcurso de los meses, el lugar de los almendrones y la diferencia entre la luz de enero y marzo o julio o septiembre. Flores que guindan en las platabandas. Y en esa obra poética, la palabra más diciente es la palabra resucitada. Es un ir y venir entre el pueblo natal del poeta y el mundo. De allí que el nombre de su taller de literatura “La Cigarra del Trópico” fuera un barco donde la continuidad de los viajes era permanente entre épocas, autores, utopías que siempre terminaban en los espacios de la cotidianidad. Es este sentido, esa cotidianidad que Aly Pérez expresaba desde la casa, se convierte en un modo estético de mirar la realidad y de interpretarla de forma hermenéutica. Expresa el poeta: ¿Dónde comienza y termina la casa? ¿En los muebles de madera, en la mesa con crisantemos gavetas y ceniceros? ¿O tal vez en el patio donde las malangas trepan hacia los muros? ¿O en la sala donde somos viento que pasa por las puertas y ventanas y caemos como hojas de otra tarde o de otro bosque en la piel desnuda? Así es que el poeta se pregunta y le pregunta al lector y allí surge un encuentro interpretativo, que, como expresa Jorge Díaz: “Ese encuentro dialectiza al individuo consigo mismo a través de la interpretación que le da a la obra de arte. La persona sale modificada y también la obra interpretada, se modifica tanto el gusto estético como el leguaje mismo que la comprende”. Dentro de la poética de Aly Pérez encontramos una cotidianidad llena de objetos, afectos, nombres y hasta fechas: “En la Villa de San Luis Rey de Cura, un día antes de la celebración de de San Francisco, 2003”. Su obra recoge la singularidad de la construcción del espacio a partir de las palabras y, más allá de ellas, de una forma de geografía en la que el lugar tiene vital importancia mas allá de la verdad lógica del mismo, como si el lugar fuera un centro de antagonismos. Por un lado la casa es la idea, la relación entre el sí mismo y las circunstancias que le rodean y el sí mismo relacionado con otros presentes y no presentes. Una relación del sí mismo en un viaje de alucinaciones en el que el paisaje del mundo puede verse desde una ventana o desde las líneas de cualquier libro. La intersubjetividad en los trabajos de Aly Pérez es una constante en la búsqueda de la particularidad de las palabras suyas y de otros. La casa puede ser un centro donde, a decir del poeta Lao Tse, “sin salir de ella se puede conocer el mundo”, y el poeta lo expresa de múltiples maneras: Pasa por mi corazón la vieja casa materna cubierta de malangas y matices vino tinto de sus desaparecidos almendrones. Esa “Canción lejana” nos expresa la nostalgia, el cambio de las épocas, el transcurrir del tiempo y la distancia entre las palabras: Pequeño hogar que ahora pasas por mi corazón silbando trinos lejanos sólo mi perro blanco lo entiende. Madre recorro la casa pero no la veo de día un humo gris tuerce las calles de noche nubes negras cubren la luna al amanecer ya no está el cerro de la cruz todo el piedemonte es una horrible cortina de latón y aluminio derritiendo el verde quemado que las clama en la distancia. La casa y las casas se comen el paisaje. En sus poemas podemos ver un centenar de conexiones intertextuales e intersubjetivas: Virginia Woolf, Keneth White, John Keats, quien escribió que “La belleza es verdad y la verdad belleza, no hace falta saber más que esto en la tierra”. Pero la casa siempre dentro del poema, como este que escribió luego de leer “Este pan que yo parto fue alguna vez avena”, de Dylan Thomas: En este lugar abierto al absoluto Sigues siendo un verso solitario Árbol de lecturas Cantado de rama en rama Adentrándose en este valle Haciéndome beber frescos abecedarios En la entreabierta carpintería de las palabras. (“Bajo el árbol de Dylan Thomas”, Aly Pérez) Desde su interpretación intertextual expresaba y reescribía los poemas que le sorprendían en la mañana, bien fueran de Thomas o de Keats. Asiduo lector de Gustavo Pereira, no dejaba de sorprenderse con sus Somaris al igual que con Tristia de Alejandro Oliveros, y luego escribía cartas-poemas desde su casa imaginaria en cualquier viaje. Poeta Oliveros Este país o provincia torva Al cual Tristia desnuda A lo largo y ancho de su palabra No fue hecho con muros de biblioteca Ni con una historia de páginas memorables Lo hemos consumido Como un trago de aguardiente, Amargo, Que no dice nada Ni en el cristal de sus botellas. (“Después de una lectura de Tristia”, Aly Pérez) Era un asiduo investigador de la cetrería desde los textos de Antonio Trujillo y así las palabras, a veces, se le atropellaban en la página en blanco. A veces recorría las playas donde, desde la casa de Carlos Ochoa, contemplaba el mar. Entonces dejaba que el mar o la mar (siempre recordaba la mar de Serrat y de Alberti y discutía sobre el género de la palabra mar) inundaran su piso y se expandiera en el color de sus cuadros cuando le faltaban las palabras, cuando con todas las expresiones de Hurakane y Boca de Aroa fluían de su biblioteca e iban hacia el Mediterráneo o a cualquiera de los océanos. A veces, desde una canción, encontraba la rosa de Gertrude Stein, y esa rosa iba desfigurándose en los ángeles de Rilke o en las arañas de Rimbaud o en las manzanas de Rosana Hernández o en la casa donde duermen las vacas hallada en un poema de Tibisay Rojas o en la tierra de San Francisco de Asís, donde su amigo José Sánchez Arévalo estaba investigando sobre los caminos de la toponimia en donde siempre hallaba su casa en los mapas imaginarios. Si “...la experiencia estética como experiencia histórica fundadora, al asimilarla a la acción modeladora de generaciones que induce el encuentro con las obras artísticas clásicas, es decir, a la mediación que opera la obra de arte entre pasado y presente, entre el mundo que originó la obra y el mundo de quien la interpreta en su actualidad” (Díaz, J., 2006), la poética de Aly Pérez debe ser estudiada en todos sus aspectos porque no sólo el poder de las palabras entrelazadas entre sí en la búsqueda del sentido estético se convierten en poemas sino que, además, su influencia desde su Taller de Poesía impregnó de preguntas y respuestas a sus lectores, reconstruyendo la realidad en sí mismo y en otros. En lo personal, a mi juicio, nunca diferenció al poeta del hombre. Nunca se cuidó del hombre porque su mirada poética estaba por sobre todas las miserias. Admiraba, leía y releía a Gustavo Pereira, a Reinaldo Pérez So, a Igor Barreto, a Manuel Cabesa, a Luis Alberto Crespo, a Antonio Trujillo, a Alberto Hernández, y además leía con ellos y con muchos otros que buscaban en él, muchas veces, aliento en su ánimo inquebrantable y fiebre constante de creatividad. Una palabra al azar era el inicio de una investigación intertextual, que generalmente terminaba en un largo poema o en el inicio de una apasionante reflexión que terminaba en ensayo, pero siempre desde su casa y sus objetos. A veces sus poemas eran colores y un texto de Carlos Drummond de Andrade se convertía en cuadro de miles de tonos verdes y texturas o viceversa cuando leía en él. Casas entre plátanos Mujeres entre naranjos Pomar amor cantar Un hombre va sin prisa Un perro va sin prisa Un burro va sin prisa Sin prisa... los ojos contemplan Esta vida estúpida, Dios mío Y entonces lo sobresaltaba otro verso. “Las conversaciones amanecen en las aceras”, escribía, para darse un golpe de razón. La casa y el barrio dejaron de amarse En ellos el ritual de la vida no fluye Ambos crearon distancia Hablan lenguas extrañas Ante cuadras de pesadumbre Donde cantan pájaros barnizados de negro Frente a la chatarra y hedor De talleres mecánicos (“De Colorados Blues”, Aly Pérez) En la poesía de Aly Pérez casa, barrio, cotidianidad, las palabras se convierten en piedras fundadoras, en pintura, cuadros, música y todo forma un conjunto de belleza y referencias entre brisa, luz, color, óleos, desparpajo, tiempo y constancia. Poeta es aquel que sobrevive a la muerte y la verdadera muerte es el olvido. En vida somos escribientes. La trascendencia nos la da la historia que no tiene que ver con posiciones de poder, sino con la justicia. La obra de Aly Pérez debe tener un devenir, debe tener esperanza porque sobrevive a la muerte, como expresa el poeta Ledo Ivo: “El rocío, que es eterno, se evapora Llegada su hora y nuestros sueños Nos guardan fielmente en sus sepulcros” Bibliografía • PÉREZ, Aly. Pasión según la casa (http://www.letralia.com/119/letras08.htm). En: Letralia, Tierra de Letras, Año IX, Nº 119, 2005. • CHICOTE, Ingrid. Apuntes del Taller de Letras “La Cigarra del Trópico”, 1999-2003. • El hondo país de los ausentes. Colección “La otra claridad”. Imprenta Regional del Estado Aragua. • DÍAZ PIÑA, Jorge. Hermenéutica y educación. Centro de Investigaciones Contemporáneas. Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Maracay, 2006. ** Ingrid Chicote ingridchicote123@gmail.com Escritora venezolana (Caracas, 1965). Terapeuta en medicina tradicional china egresada de la Escuela Nei-Jing (http://www.nei-jing.com) y de la Universidad de Carabobo (UC, http://www.uc.edu.ve). Actualmente cursa estudios de pregrado en la carrera de Educación Integral en la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR, http://www.unesr.edu.ve). Ha dictado talleres y cursos de literatura, filosofía y desarrollo de la creatividad en instituciones públicas y escolares, y ha sido ponente en diversos eventos culturales y educativos. Ha recibido diversos reconocimientos por sus aportes en la cultura, la educación, la literatura y el quehacer comunitario. Se ha desempeñado como redactora y jefa de Redacción del Diario La Antena (http://www.diariolaantena.com.ve). Textos suyos han sido publicados en El Periodiquito (http://www.elperiodiquito.com), El Clarín (http://www.elclarin.net.ve), El Siglo (http://www.elsiglo.com.ve), el periódico Universidad Concejista, de la UNESR, y otros medios. Ha publicado el poemario Piedras concentradas (Fondo Editorial Senderos Literarios, 1997). Actualmente se desempeña como docente de teatro en la Unidad Educativa Bella Vista en la parroquia del mismo nombre, en Cagua, Aragua. === En tiempos de la nueva aldea global Alberto Salcedo Ramos ======== Hace unos años, el poeta brasileño José Paulo Paes escribió el siguiente poema satírico sobre la televisión. Tu boletín meteorológico Me informa aquí y ahora Si llueve o hace sol ¿para qué voy a salir? La comida suculenta que sirves frente a mí con los ojos la devoro. Por eso decidí jubilar los dientes. En las telenovelas Hay tanto poder de vida Que ya no me esfuerzo Por vivir Guerra, sexo, deportes Todo, todo me lo das. Condenaré la puerta: Ya no preciso del mundo. Quien decida encerrarse en su casa en estos tiempos, tendría nuevas opciones para prescindir del mundo exterior. Internet, tótem moderno, nos comunica con mucha gente a lo largo y ancho del planeta, pero, paradójicamente, nos aísla. Hoy contemplamos el mundo a través de múltiples ventanas virtuales por las cuales nosotros también podemos ser mirados. Sin embargo, la avalancha de información que recibimos no implica que comprendamos más. El mouse de la computadora, hermano del control del televisor, nos permite pasear atropelladamente por un universo fragmentado en el que, a menudo, nos extraviamos. Lo que para José Paulo Paes era tan sólo una ironía literaria, para muchos internautas es ya una realidad: en el ciberespacio consiguen amores, canciones, películas, timbres para el teléfono celular, libros completos. Pablo Fuentes, un ejecutivo español de Telefónica Movistar, contaba en Bogotá los pormenores de un brindis virtual que hicieron los gerentes de quince sucursales de la empresa en distintos países —enlazados por Internet—, para celebrar un buen negocio. ¿Acaso es necesario ir a los almacenes a ver ropa, si en Google hay montones de vestidos para todos los gustos? ¿Para qué moverse de la silla a visitar al amigo, si ahora es posible chatear con él? En la pantalla de la computadora podemos encontrar, además, consejos médicos e imágenes en tiempo real de la calle donde vive ese primo hermano con el que no volvimos a hablar desde la adolescencia. De modo que atrancar la puerta de la casa, como proponía Paes, ha dejado de ser una hipérbole. Hace poco, por cierto, llegó a mi correo electrónico uno de esos típicos mensajes colectivos que circulan por la red diariamente. El anónimo corresponsal entregaba un inventario de los dislates que, según él, se han producido durante los últimos años gracias al furor tecnológico. Algunos de esos absurdos, expuestos con sorna, son los siguientes: • Accidentalmente tecleamos el password de nuestra cuenta de correo en el horno microondas. • Ya no jugamos solitario con cartas verdaderas. • Cargamos una lista de quince números telefónicos para ubicar a una familia de sólo tres miembros. • A veces nos incomunicamos con el hermano que duerme en nuestra misma casa, en la habitación del segundo piso, sólo porque se dañó la conexión a Internet y, por tanto, no podemos enviarle un correo electrónico. • Cada comercial de Internet tiene escrita su página web en la parte de abajo de la pantalla. • Cuando por descuido salimos de la casa sin teléfono celular —ese aparato sin el cual pudimos sobrevivir durante nuestros primeros veinte o treinta años— entramos en pánico y nos devolvemos a buscarlo. • Al levantarnos por la mañana, nos parece más urgente conectarnos a la pantalla que poner a hervir el café. • Ya no contamos los chistes en las reuniones sociales, como se hacía antes, sino que les damos forward en el correo electrónico. El travieso corresponsal, convencido de que a esas alturas tenía a los receptores a su merced, agregaba otras dos perlas que, más que chistosas, me resultaban inquietantes. Decían así: • Admítelo: en este momento estás mirando para todos los lados como un idiota, porque temes que alguien te vea riendo estúpidamente frente a la pantalla de la computadora. • Peor que eso: ya estás haciendo mentalmente la lista de las personas a quienes le vas a enviar este correo, pedazo de pendejo. La situación enfocada tanto en el viejo poema de José Paulo Paes como en el reciente mensaje del internauta burlón, no es ajena, en absoluto, a quienes contamos historias de no ficción en televisión. Les estamos hablando a personas que, cómodamente sentadas frente a una computadora, con la puerta ya condenada, pueden ver múltiples versiones de esa misma realidad que nosotros exploramos durante el trabajo de campo. No sólo pueden recibir y enviar montones de datos, sino que además tienen luz verde para internarse a placer, a través del PC o del televisor, en las emociones del prójimo. Por cuenta de esta revolución, los televidentes latinoamericanos ya no buscan el drama en las telenovelas sino en la vida misma. Para atender a tal circunstancia, los formatos se renuevan, se espectacularizan, andan a caballo entre el video clip de fácil digestión y el melodrama. Para los medios masivos, como bien decía el maestro Ryszard Kapuscinski, la verdad se convirtió en un valor subordinado a lo interesante o lo que se puede vender. La muerte del Papa, que en el pasado era una noticia, ahora es un reality, como pudimos comprobarlo recientemente. Para un adolescente que ha visto por Internet el video de la ejecución de Saddam Hussein y que ha interactuado con una madame que ofrece sus gracias en línea, el tema de la capa de ozono es tan fascinante como una hernia. En esa montaña rusa, ninguna información es relevante si excluye el vértigo. No exagera el semiólogo Jesús Martín Barbero cuando advierte que los reality shows significan el fracaso del confesionario y del sicoanálisis. Hoy la gente necesita contar sus intimidades en público. Y así, se apela cada vez más a lo truculento para generar un efecto mayor en la audiencia. Omar Rincón, crítico colombiano de medios, afirma que “tanto la cultura como la televisión, para hacerse masivas, habitan la lógica del espectáculo”. El resultado, según él, es una televisión cultural que ha cambiado el peso del argumento por la levedad de la emoción. La televisión cultural debe ir más allá de ese concepto elitista de quienes la reducen a las artes. Debe fortalecer la identidad y la memoria y procurar miradas plurales sobre la realidad. Aunque suene rimbombante, debe ayudar a construir nación, como bien lo señala el ya mencionado Omar Rincón. Martín Barbero estima que, pese a la amenaza que significa Internet, la televisión sigue siendo el medio con mayor capacidad de globalizar los imaginarios colectivos. “Lo que pasa”, agrega, “es que la tienen secuestrada por intereses ajenos a la mayoría”. ¿Los reality se multiplican para complacer los gustos del público o el público ha aprendido a consumirlos como consecuencia del bombardeo que ha recibido en la televisión? Barbero califica como “un engaño social” los estudios de audiencia, “porque tener el televisor encendido no es lo mismo que prestarle atención a lo que se ve”. Además, planear la cultura con base en los deseos de las masas puede conducirnos a exabruptos como, por ejemplo, enseñar la novena sinfonía en ritmo de reggaeton, porque la de Beethoven es menos popular. La televisión —nos recuerda el periodista Javier Darío Restrepo— no puede ser solamente un negocio: tiene que asumir también el compromiso de poner a dialogar al país sobre sus problemas fundamentales, servirle a los ciudadanos como un espejo en el cual se reconozcan con sus costumbres, sus maneras de entender la vida, sus sistemas de producción, sus sueños, su folclor. La televisión cultural es inversión social. *** En los últimos años, espoleados por el desbordamiento de la tecnología y de la vida interactiva, y a ratos por el afán de parecerse a los canales comerciales, los productores de televisión cultural han modernizado sus formatos, los han tornado más ligeros, con una gramática visual más ágil y espontánea. Pero en esta renovación, llena de guiños al video clip y al cine, la forma y el fondo no han ido de la mano. Por embellecer el cómo para atraer a una mayor cantidad de televidentes, se ha descuidado un poco el qué. A ratos se piensa muchísimo más en el tratamiento estético que en el conocimiento eficaz de la realidad que se transmite. La televisión cultural tiene el compromiso de propiciar una valoración distinta de la vida, que vaya mucho más allá de lo efímero y superficial que nos muestran los informativos. Su verismo excesivo, fustigado por varios intelectuales, puede ser también una ventaja a la hora de contar historias. “Los muertos”, dijo una vez Robert Capa, ese gran fotógrafo de guerra, “serían en vano si la gente se negara a verlos”. Ruud Lubbers, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, lo expresó de otro modo: “Sin imágenes no hay compasión y mucho menos reacción política urgente”. El periodista cultural de televisión debe ampliar su agenda, ir más allá de la información escueta del día a día, ser capaz de entender que la cultura es noticia, patrimonio, calidad de vida. Debe darle voz a aquella gente que ha sido excluida por no tener poder o por no ser víctima de las tragedias. El escritor George Faludy decía que hoy en día “casi todos los noticieros reproducen, en una sola noche, todo el horror que un romano habría visto en el coliseo, durante el reinado completo de Nerón”. La tecnología, a mi modo de ver, no es el problema: el hombre, finalmente, echa mano de lo que tiene al alcance. Un día escribió sobre la arena y otro, sobre la piedra. ¿Cuántos años duró la humanidad con la pluma de ganso? Lo de hoy es el Internet y hay que aceptarlo. El año pasado, una amiga reportera a quien admiro mucho, me contó que había abandonado la versión impresa de su medio y se había trasladado para la virtual, en busca de mayor espacio para publicar sus crónicas, quién lo creyera. En la web disponía, además, de la posibilidad de complementar sus palabras con videos. Sus relatos siguen siendo excelentes, aunque ahora se difundan a través de la pantalla de una computadora. La escritora Katherine Ann Porter ha dicho que el fenómeno de la televisión demuestra que la gente está dispuesta a ver cualquier cosa, con tal de no verse a sí misma. El reto de la televisión cultural de hoy, a fin de cuentas, es contribuir a que nos veamos nosotros mismos, a que reconozcamos el espacio al cual pertenecemos, a que mantengamos vivo el diálogo con el mundo, a generar posibilidades de transformación del entorno. Esto equivale a mantener abiertas las ventanas para que entren el aire y la luz, ahora que hay tantas puertas clausuradas. ** Alberto Salcedo Ramos albertosalcedo@cable.net.co Periodista colombiano (Barranquilla, 1963). Graduado en la Universidad Autónoma del Caribe. Ha trabajado en varios periódicos y revistas, como El Universal, El Espectador y Cromos. Durante los últimos años se ha dedicado en gran medida a trabajar el periodismo narrativo. En la actualidad es cronista de las revistas SoHo (http://www.soho.com.co) y El Malpensante (http://www.elmalpensante.com) y corresponsal de la revista Ecos de España. También dirige, en Señal Colombia, el programa de televisión Experiencias significativas. Ha publicado los libros De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho y otras crónicas, Los golpes de la esperanza y Diez juglares en su patio, este último en calidad de coautor. Su texto "Por favor, ni siquiera orquídeas" figura en la Antología de grandes reportajes colombianos, de Daniel Samper Pizano, y en la antología Años de fuego. Grandes reportajes de la última década, de Editorial Planeta. Su crónica "La víctima del paseo" figura en el libro Ciudadanías del miedo, publicado en español por la Editorial Nueva Sociedad y en inglés por la Universidad de Rütgers. Es coautor del libro Manual de géneros periodísticos (Ecoe Ediciones, 2005). Ha ganado, entre otras distinciones, el Premio Internacional de Periodismo Rey de España, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar (tres veces), el Premio al Mejor Libro de Periodismo del Año (otorgado por la Cámara Colombiana del Libro) y el Premio al Mejor Documental en la II Jornada Iberoamericana de Televisión, celebrada en Cuba. Este año, gracias a su perfil "El testamento del viejo Mile", publicado en El Malpensante, fue uno de los cinco finalistas del Premio Nuevo Periodismo FNPI-Cemex, entre 470 concursantes de 21 países. La distinción le fue entregada en Monterrey, México. === J. D. Salinger, emperador del olvido Rolando Gabrielli =========== “Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan en él. En cuanto empiezan a correr sin mirar a donde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura”. J. D. Salinger, El guardián entre el centeno. J. D. Salinger está vivo, acaba de cumplir 90 años y desde hace 45 no edita un solo libro, porque le gusta escribir por placer para sí mismo, y su vida ha llegado a ser tan misteriosa y privada que lo más probable es que él también la desconozca. Un hombre que no le ha hecho concesiones ni a las portadas de sus libros. No quieren que lleven ilustraciones ni fotografías suyas, menos se ha rendido a la fama desde que es autor de culto con su obra El guardián entre el centeno. Mucho se ha comentado sobre ese libro, la libertad con que está escrito, frescura, todos los clichés habidos y por haber, ese encanto que te lleva a abrazar al protagonista y al autor, diría. Un viaje iniciático de un adolescente norteamericano, Holden Caulfield, por un mundo material, hipócrita y con el glamour de la desesperanza. ¿Qué podría pensar hoy J. D. Salinger de lo que está afuera, un mundo como si fuera un dinosaurio despachándose un Big Mac en alguna escalinata de Manhattan sin asco? J. D. Salinger prefirió sus iniciales que Jerome David Salinger. Su padre, rico judío polaco vendedor de quesos, se llamaba Sol Salinger, y es probable que haya huido de la SS. Su primera mujer fue una doctora francesa, se llamaba Sylvia. Después volvió a casarse y vivió al parecer una vida algo alejada del sexo, entre vegetariano, el zen y su trabajo diario. Se enfundaba en un overol azul y escribía durante el día y en la noche guardaba con llaves sus escritos. Un personaje difícil de descifrar, su hija dice que era tradicional que se bebiera sus orines. ¿Las personas o la literatura tienen sus misterios o ambas? Pienso que la guerra hizo efectos en su espíritu, cambió su percepción de la vida, las gentes en el entorno social, y se atrincheró. Un soldado desconocido de su propia palabra. fueron años difíciles cuando escribió El guardián o El cazador, época del macartismo, del intento de suicidio de Sylvia Plath y del propio Allen Ginsberg. Por primera vez entré en contacto con J. D. en la universidad, en 1966, cuando Antonio Skármeta nos leyó “El día perfecto para el pez banana”, cuyo personaje central, Seymour Glass, termina suicidándose. Entrevistarle, llegar a su casa, respirar un poco de su aire, saber qué ha hecho durante estas últimas décadas, es una tarea para arqueólogos, investigadores que no necesitan tratar con la cosa viva. Es un faraón que ya vive en su pirámide de silencio. Combatió en Normandía, tiene una portada en el Time, está prohibido El cazador oculto o El guardián entre el centeno, y en muchas escuelas se lee al mismo tiempo con veneración de monje medieval. J. D. no fue al entierro de su padre. No soportó la gira polaca para que conociera el negocio de los quesos y él se transformara en un fabricante. Su queso era la literatura y una serie de manías de las cuales habla con lujo de detalles su hija. Lo que no sabe J. D. es que un escritor verdadero se transforma en más público que un semáforo y puede llegar a competir con una catedral sin fieles o con infieles llenos de felicidad. Se venden 250 mil ejemplares anuales de su best-seller. J. D. se internó en un boque de Cornish, New Hampshire, en el límite con Canadá, no quiere saber del mundo, “sólo puedo soportar la sociedad allí afuera mientras tengo puestos mis guantes de goma”. Habla como un cirujano sobre el quirófano mientras le da respiración boca a boca a su propia sombra. Un aviso muy claro evita cualquier confusión al intruso visitante: PROHIBIDO EL PASO. Su casa queda detrás de sí mismo, es un lugar inalcanzable, sólo se divisa vagamente cuando caen las hojas en otoño y el viejo, díscolo, inefable soldado de infantería se desplaza bajo la responsabilidad de su propio enigma entre esas inexpugnables paredes de ausencia. El enemigo pareciera estar por todas partes. El arte del camuflaje es indispensable para eludir todo contacto. Pero un día traspasó esa fortificación Joyce Maymar, una despierta y audaz jovencita de 19 años que se transformaría en su amante por unos meses y después confrontaría disputas por una biografía que Salinger abominó. Ella escribía y veía en él un maestro. Ella después se haría una famosa escritora y tendría un último diálogo con J. D., sin sentido, aunque ella buscaba el hilo de por qué él le había escrito al inicio y traído a su casa. No lo comprendió hasta el final. El viejo Salinger no concedía ni una gota de oxígeno a sus oponentes y éstos eran todos los que estaban frente a él. Un dato que pareciera que nunca logró quitarle el sueño es que el asesino de John Lennon, Mark David Chapman, llevaba entre sus pertenencias, el día que le disparó al beatle, un ejemplar de El Guardián entre el centeno (The catcher in the rye). ¿Éste era un hijo de Salinger? ¿Un muchacho difícil como su personaje..? ¿Qué buscaba en realidad con la muerte de su ídolo? La vida tiene caminos más extraños que la propia literatura. ** Rolando Gabrielli panglobal@hotmail.com Periodista y escritor chileno residenciado en Panamá. Poeta, narrador y ensayista. Ha obtenido diversos premios y menciones literarias en Chile, México y Panamá. Ex funcionario internacional, corresponsal extranjero en Colombia y Panamá. Ha dirigido y editado diversas publicaciones y artículos suyos han sido publicados en América Latina y Europa. Es el autor de la avenida "Fechado en Panamá", en nuestra Ciudad Letralia (http://www.letralia.com/ciudad/gabrielli). === Piedra de mar: cuarenta años Manuel Cabesa ======================= Como si fueran seres reales, personas de carne y hueso con las que podemos tropezar cualquier día en una esquina, el pasado 23 de noviembre de 2008, Corcho y sus amigos, todos personajes de la imprescindible novela de Francisco Massiani, Piedra de mar, acaban de cumplir cuarenta años, y a pesar del tiempo transcurrido mantienen la misma vitalidad y frescura de cuando aparecieron por primera vez en la escena literaria en 1968. “Espontánea, fresca, natural, es esta novela de Francisco Massiani, uno de los narradores más jóvenes con que cuenta la narrativa venezolana actual”, de esta manera entusiasta presenta el crítico Armando Navarro la aparición a finales de la década de los sesenta de Piedra de mar. Hasta ese momento la narrativa venezolana había desembocado hacia dos vertientes bastante definidas. En primer término, y a raíz de la creciente violencia política desarrollada durante esos años, existe una fase testimonial que intenta dar fe de las experiencias vividas por la juventud de la época en las diferentes acciones de orden subversivo, y cómo esa misma lucha por cambiar el orden establecido fue degenerando hasta llegar al fracaso que sumió a esa misma juventud en un mar de frustraciones. La otra opción narrativa es la de la introspección psíquica evidenciada por una experimentación del lenguaje, muchas veces hueca y banal. En medio de estas dos aguas surge la novela de Massiani. Orlando Araujo, en su libro Narrativa venezolana contemporánea, incluye a Piedra de mar dentro del grupo de novelas que el crítico denomina “de confesión y crónicas del hastío”, términos que sirven muy bien para comenzar a definir el contenido de la obra: Corcho, aprendiz de escritor, nos va contando las peripecias por las que tiene que pasar en el lapso de unas horas durante un periodo de vacaciones estudiantiles. La narración comienza en la playa donde Corcho consigue una pequeña piedra que será el motivo e hilo conductor de la trama. Araujo la define de la siguiente manera: “La piedra, guardada en un bolsillo, es la esperanza frustrada, el amor sin respuesta, el dolor de ser joven, la vida sin sentido, la inocencia, la búsqueda y el llanto”. Pero la piedra es también el móvil que permite a Corcho seguir adelante y enfrentar el vacío del mundo que lo rodea y, lo que es mejor, hacernos una descripción de él. Al escribir su novela, que es casualmente la que estamos leyendo, Corcho nos confiesa su hastío ante una situación de vacío existencial que se le impone sin él desearlo; Corcho es víctima de las circunstancias que lo rodean, pero a diferencia de sus amigos está consciente de esa abulia, lo que lo coloca en la posición de ser testigo del malestar que lo absorbe y, por supuesto, su fiel relator. Para llevar a cabo este relato Corcho pone en uso dos poderosas armas: su capacidad de observación y una gran sinceridad a la hora de narrar los acontecimientos que suceden. A medida que describe algún episodio nuestro personaje va imponiendo su particular punto de vista, no puede en ningún momento dejar de involucrarse en lo narrado. Oswaldo Larrazábal ve este asunto de la siguiente forma: “Quizás una de las consecuencias más importantes de esta obra esté en el hecho de que la prosa quiere acompañar el ritmo mental del autor. Como van sucediendo las cosas, así son narradas. Con la misma profundidad que van adquiriendo, así se desarrollan en la expresión escrita”. Debe ser por eso que nos parece que cualquier cambio en la actitud del narrador influye en el tono de la narración; por ejemplo al hablar de Jania hay un alto despliegue de ternura: “Jania está unida a mí por las primeras noticias de la piel. Por placeres que antes soñaba solamente. En todo caso por un montón de días felices por los que siento una profunda gratitud”. Muy contrario es el caso al referirse a Marcos, su principal antagonista, donde el tono es irónico y un poco cruel: “Es realmente un tipo mezquino. Y está convencido que si deja de ser el mezquinito que es, perderá dos o más centímetros de estatura. No sé si dije que Marcos es un enano. O casi un enano. Y los enanos se sienten más chiquitos cuando hacen un favor”. De esta manera nos presenta a sus amigos, distinguiendo en cada uno los rasgos que sólo él puede detectar. Otro aspecto que resalta en el relato del que Corcho nos hace partícipes es el de la autoconmiseración por la situación en que se vive: la vida, como dijimos, es para Corcho y el resto de sus compinches banal. “Nosotros no somos personajes extraordinarios”, dice en una oportunidad, y es por eso que prefiere evadirse dentro de sus propias fantasías: “Por cierto, a propósito de la librería, siempre que entro, confieso, José, que me veo retratado en millones de periódicos y las muchachas alocadas por las calles con mi novela, mi monstruosa novela de mil páginas bajo el brazo”. Una línea que asciende por entre el relato de Piedra de mar es el momento en que Corcho, el escritor, se mira escribir y reflexiona sobre los alcances de la escritura y sus dificultades: “A propósito de escribir, debe ser dificilísimo para esos pobres infelices hacer una novela. Ahora me doy cuenta. Lo digo a propósito de lo que debe contarse y lo que debe olvidar un escritor”. Detrás de las aseveraciones de Corcho subyace toda una teorización del relato. Existe la necesidad de que lo narrado tenga vida, es decir, que soporte su materialización en palabras sin que por ello pierda su verdadera esencia: “Yo creo que se debe a que tú quieres meterte dentro de la palabra. O sea que necesitas recordar el árbol tan bien, que pueda imprimirse el sabor del árbol, y para lograrlo debes meterte a ti dentro de la palabra”. Para Corcho la escritura debería ser ante todo transparente y comprensible. Una manera de volver al sentido primario del narrador, que es el de contar una historia para que ésta llegue al mayor número de personas posible, sin caer en los malabarismos estructurales que terminan por confundir evitando así que el vínculo comunicacional que debe existir entre el autor y el lector se realice. Finalmente hay que señalar que Piedra de mar es también el espejo de la ciudad, sobre todo del este de Caracas, periplo por donde hacen su recorrido los personajes: “Siempre que llego a Sabana Grande camino como un desgraciado desde Chacaíto hasta el cine Radio City”. En ese espacio físico-sentimental aparecen referencias a muchos lugares que fueron tragados por la vorágine de una ciudad siempre cambiante: el Castellino, el Piccollo Café, la Cervecería Alemana, el cine Las Palmas, el bar Páprika, la antigua calle Lincoln, hoy convertida en boulevard, aparecen en estas páginas con el esplendor de los tiempos idos. ** Manuel Cabesa manuelcabesa@gmail.com Narrador, poeta y ensayista venezolano (Caracas, 1960). Perteneció al Taller de Poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg, http://www.celarg.org.ve) y ha colaborado con las principales páginas literarias de la región y del país. Ha publicado el poemario Vida en común (1985), la antología El acto y el lugar de la poesía. Una antología de arte poética venezolana (Maracay, 2002) y el libro de cuentos Falsificciones (Villa de Cura, 2004). Reside en Maracay, Aragua. === Variaciones sobre el pesimismo ======================================== === (Crónica de un viaje a Washington) Oscar Osorio ================== El otoño había secado las últimas hojas de los árboles y postreras bandadas de pájaros cruzaban hacia el sur. En el apartamento que he rentado desde hace algunos meses en New Jersey, leía las noticias de mi país, ejercicio diario y doloroso, que repito con desesperación y desconsuelo. El último informe hablaba sobre la monstruosa estafa de las llamadas pirámides, esa nueva vergüenza nacional. Estaba irritado por el cinismo del gobierno, por la bellaquería de los abogados, por la maldad de los timadores, por la estupidez de la gente, por la actitud de los periodistas. Desde hace años en Colombia, una noticia peor tapa la anterior, sin que ninguna logre ser plenamente procesada. El tsunami informativo impide cualquier comprensión cierta de los hechos y nos condena a la repetición autista de nuestras tragedias. Miré, a través del doble vidrio de la ventana de mi estudio, los árboles desnudos, las hojas muertas sobre el césped y el cielo plúmbeo que anunciaba los duros meses del invierno. A escasos cinco metros, una ardilla atesoraba la última semilla con la promesa feliz de la primavera. Entonces, me amenazó de nuevo la sensación amarga de que Colombia es un largo invierno sin promesas. En esas estaba cuando me llamó mi primo José y me preguntó si estaba interesado en asistir a un encuentro de escritores y críticos que iban a hablar sobre la obra de Roberto Bolaño. Me dijo que el evento se iba a realizar en Washington y que, si yo quería ir, él cubriría todos los gastos. Por supuesto, acepté. Escuchar algunas valoraciones sobre el trabajo literario de este autor podría resultar sugestivo. Además, no pude dejar de advertir la extraña coincidencia que me destinaba a escuchar las conferencias sobre la obra de un escritor del cual se ha señalado su profundo pesimismo y su desesperanza por Chile, justo cuando las ingratas noticias ratificaban el pesimismo de muchos por el destino de mi país. Pensé en los juegos del azar, que tanto apasionan a Auster, y tuve la vaga intuición que algo más que regodeos académicos me deparaba este viaje. Mi primo me explicó el itinerario: partiríamos a las once y cincuenta de la noche y llegaríamos a las cuatro y treinta de la madrugada, dormiríamos un rato y saldríamos para la Universidad de Georgetown a las nueve de la mañana. El bus estaría estacionado en la calle, al lado de Penn Station, y nos dejaría en alguna calle de Washington, donde el amigo Román nos recogería. No pagar terminales es una de las razones por las cuales este servicio sólo cuesta veinte dólares. Hice cuentas: con cuarenta dólares se paga el pasaje de ida y vuelta (diez horas por carreteras seguras y en excelente estado). Si una persona trabaja ocho horas limpiando una casa, se gana ciento veinte dólares. Este dinero le alcanza para pagarse el viaje de ella y sus dos hijos a la imponente capital, donde, además, casi todas las entradas a los sitios turísticos y culturales son gratis. En Colombia, la señora se gana veinticinco mil pesos por el mismo trabajo. Ese dinero le alcanza para ir, ella sola, de Cali a Buenaventura (cinco horas, ida y vuelta, por pésimas carreteras y con innumerables riesgos), mientras sus hijos la esperan, encerrados bajo llave, en alguna humilde covacha. Esa es, pensé, otra de las innumerables razones del pesimismo sobre el futuro de nuestro país y de las incesantes migraciones de los colombianos hacia cualquier lugar. Al día siguiente salí de mi clase de latín, en Hunter College, tomé el tren E, me bajé en la 74 con Roosevelt y llegué a casa de mi primo, en Jackson Heights. Comimos, conversamos un rato y nos fuimos para Manhattan, pasadas las diez de la noche. No hubo ningún inconveniente durante esas 230 millas que recorrimos de New York hacia el sur. Lamentablemente, la oscuridad no me permitió ver mucho: avisos y señales de tránsito que se iluminaban y oscurecían al paso del bus, árboles y prados, autos y camiones, desvíos y salidas, luces de fábricas y ciudades, un parqueadero en Baltimore (donde nos detuvimos por diez minutos) y, por fin, las amplias avenidas de Washington. Llamamos a Román y nos apeamos del bus. En la calle hacía un frío de los mil demonios y no había dónde guarecerse, así que no tuvimos más remedio que resignarnos a sentir, en silencio, el paso lento de cada uno de los segundos de esos quince minutos que se demoró en llegar nuestro anfitrión. A las ocho de la mañana estábamos en pie. Desayunamos unos ricos huevos a la mexicana, con cosas adentro que no pude identificar, pan, jugo y café. Llegamos al campus de Georgetown y caminamos alrededor de los más de cincuenta edificios que constituyen la universidad católica más antigua del país. Cuando entramos al salón, ya había comenzado el primer orador. En total eran ocho, entre profesores, escritores, críticos, la traductora de 2666 al inglés y la editora de la obra de Bolaño en USA. Después de las primeras cuatro intervenciones, hubo la acostumbrada discusión y salimos a almorzar. Hasta ahora, nada extraordinario, como casi siempre ocurre en estos eventos, que parecen más una puesta en escena que una verdadera reflexión académica. Entramos a la cafetería de la universidad, dos pisos con diversos bufés de los cuales uno podía disponer a su antojo. La mesa que ocupamos Román, José y yo, se llenó con más de una docena de platos. Un calzón relleno de queso y espinaca, carne de pavo molida, carne de res con picante, arroz con verduras, crema de tomate y gaseosa con una rodaja de limón constituyeron mi opíparo menú. Luego, una torta de queso, helado y café. Hora y media de comer, conversar y descansar. A nuestro alrededor, los estudiantes almorzaban animadamente. Me dijo Román que Georgetown tenía un costo anual por estudiante de alrededor de cuarenta mil dólares. Es decir, calculé, lo que una persona se gana, con el salario mínimo colombiano, en quince años de duro trabajo. Esa constatación me produjo una mezcla de sentimientos de rabia, tristeza y desesperanza. El pesimismo amenazaba de nuevo. Mientras terminaba mi café, un muchacho limpiaba la mesa de enfrente. Su gesto triste me hizo acordar de un mesero, en un restaurante de comida pesada en Manhattan, al cual le solicité que me recomendara algo rico y quien me contestó, casi avergonzado, que a ellos no los dejaban comer ahí. Eran latinoamericanos, el muchacho de New York y este de Washington, y las personas que servían la comida, que limpiaban las mesas, que acarreaban los trastos, que aseaban la cafetería de Georgetown University. Es bien sabido que la mayoría de los inmigrantes realizan el sueño americano detrás de las cocinas, en los baños, en las bodegas, en los oficios miserables. Las potencias se construyen también sobre los hombros del mundo en desarrollo y sobre los millones de seres humanos que dejan todo para tratar de inventarse un destino mejor en tierras extrañas. Y ahí estaba yo, en la capital del imperio, en la cafetería de una de sus prestigiosas universidades, comiendo las viandas que preparaban estos trabajadores esforzados y que servían con una amabilidad sin rencores. Regresamos al auditorio, donde proyectaron una amplia entrevista con Bolaño, en Chile. Ahí pude ver mejor al escritor, su naturaleza, inteligencia y erudición, la claridad sobre su propia poética, la sencillez sin adornos de su discurso; lo que uno advierte en la lectura de sus textos. Quedó clara, en aquella conversación, su percepción de la novela, su afecto por escritores como Cortázar, su disgusto frente a los epígonos del Boom (con mención directa a Laura Restrepo) y su aprecio por escritores como Villoro y Villa-Matas. Tomamos un breve descanso, antes de continuar con la segunda ronda de intervenciones. De regreso, cuatro conferencias. De todo lo escuchado, dos participantes se destacaron. El uno, por su inteligencia; el otro, por su estulticia. El primero, un juicioso crítico español con una sugestiva tesis, según la cual Bolaño había concebido, generado, administrado y promovido un proyecto de creación de un nuevo canon, cuyas características lo ponían a él en el centro del mismo y, por ello, había resultado tan prontamente un autor canónico y una de las voces señeras de la nueva literatura latinoamericana. El segundo, un escritor chileno que se dedicó a mostrar unas fotos de él con Bolaño y a decir cómo lo quería el escritor, qué amigos fueron y otros comentarios de farándula. El culmen fue su anotación a una foto en la que aparecían él y su hijo al lado de Bolaño: “Mi hijo está aquí, en este auditorio, con nosotros”, dijo, ahogado en su risa, mientras señalaba a un orgulloso adolescente. Con él acabó el evento. Mejor, él casi acabó con el evento. Ahora sí, el vino y los tentempiés usuales: fresas, uvas, variedad de quesos, galletas, carnes frías. Conversación con el uno y el otro. En breve, cada cual por su lado y nosotros a hacer un poco de turismo, unas vueltas por la parte central de la ciudad. Desde el auto, contemplamos el edificio circular del Capitolio, que es la sede del poder legislativo; el monumento a Washington, un obelisco de 185 metros de altura; el monumento a Lincoln, una imponente construcción en mármol; el Pentágono, los museos, las sedes gubernamentales y centenares de edificios, la mayoría con diseños clásicos, muchos de ellos en mármol o en granito blancos. Todo limpio, suntuoso e imponente. Esta es una ciudad impresionante, hermosa, con amplias avenidas, fuentes, parques, diseños arquitectónicos deslumbrantes. No podía ser de otra manera, fue concebida en 1790 para convertirse en la nueva capital de los Estados Unidos, es decir, el corazón político del imperio, y fue llamada Washington en honor de su primer presidente. El mismo Washington contrató al arquitecto Pierre L’Enfant para que la diseñara similar a París. Es, pues, pilar del orgullo americano, centro del poder mundial, atracción turística y destino de inmigrantes. Esa es la ciudad que, por gracia de Bolaño, yo estaba visitando por segunda vez en mi vida. El vino y el agua que había tomado me urgieron a buscar un baño. Aguanté, por un buen rato, dada la belleza que me estaba siendo ofrecida. Sin embargo, la necesidad se impuso. Mis amigos me dejaron al frente de un restaurante. Ellos iban a dar la vuelta y me recogerían de nuevo. El establecimiento estaba cerrado y el carro se había ido. Avancé una cuadra buscando otro sitio, pero no encontré. No conocía los alrededores y no hallaba nada abierto. Parecía que la vejiga llegaba a su límite. Al final de la cuadra, un edificio de columnas altas parecía un buen lugar para hacer una trastada. No me atreví. Siempre he censurado ese comportamiento vulgar, tan propio de taxistas y borrachos en Colombia. No hay nadie por aquí... y si mis amigos se demoran... No, pero tanto que yo he criticado... El dolor aumentaba. Afortunadamente, el carro llegó y nos fuimos a buscar un sitio adecuado. “Casi me hago en ese edificio”, les dije a mis compañeros. Soltaron la carcajada. No me pareció tan gracioso, hasta que me dijeron que ese era el edificio del FBI. “No sabés que esta es la ciudad más vigilada del mundo, que tienen cámaras y satélites monitoreándolo todo. Te habrían caído cincuenta agentes”, señaló Román. “Casi te orinás en el FBI”, se carcajeó mi primo. Dada la larga historia de abusos y vejaciones que hemos padecido en nuestra compleja relación con el imperio, pensé que no hubiese sido tan mala esa descarga simbólica, aunque no me gusta promover el desquite. El último lugar que vimos fue la Casa Blanca, sede del gobierno. La observamos desde lejos y sólo pudimos acercarnos a la parte posterior. Me sobrecogí ante los muros blancos y recordé que la bellísima edificación había sido levantada sobre la ignominia de la esclavitud. La mayoría de los 600 trabajadores que participaron en su construcción fueron esclavos. Negros humillados, vejados, despojados de su dignidad, habían puesto su esfuerzo o su vida al servicio de la soberbia del imperio y la desmesurada ambición del emblemático presidente Washington, que la había concebido cinco veces más grande, según los planos que se conservan. Eso había ocurrido sólo dos siglos atrás. Ahora, en un proceso en el que uno advierte la grandeza de este país, un hombre negro, Barack Obama, se había ganado el derecho de llegar, en calidad de presidente, a la sede de gobierno. Con él vendrán su esposa, Michelle, y sus hijas, Malia y Sasha, que son descendientes de esclavos. Los hijos de los esclavos, de aquellos hombres que construyeron la Casa Blanca bajo el yugo de la más indigna de las condiciones humanas, serán sus ilustres moradores. La emoción que me embargó es inefable. Lo que ocurría en el corazón del imperio, que tanto daño le ha hecho al mundo y a mi país, llenaba mi corazón de esperanza y optimismo. Esa, ahora lo entiendo, fue la verdadera razón de mi viaje a Washington. Sentí la fuerza de la historia y supe que, independiente de lo que ocurra con la administración Obama, el pesimismo y la desesperanza no son los únicos caminos para la humanidad. En ese momento y en ese lugar emblemático, pensé de nuevo en Bolaño y en mi atolondrado país, y tuve la nítida certeza de que, aun para Colombia, la espléndida primavera es una promesa inviolable. ** Oscar Osorio oscoso@hotmail.com Escritor colombiano (La Tulia, Bolívar, Valle, 1965). Es profesor de la Universidad del Valle (http://www.univalle.edu.co) y actualmente cursa el programa doctoral en Hispanic and Luso-Brazilian Literatures, del Graduate Center (CUNY, http://www.gc.cuny.edu), en New York (EUA). Ha publicado los libros La balada del sicario y otros infaustos (2002), Historia de una pájara sin alas (2003), La mirada de los condenados (2003), Poliafonía (2004), Violencia y marginalidad en la literatura hispanoamericana (2005), Hechicerías (2008) y El cronista y el espejo (2008), ganadora en España del XXXII Premio Cáceres de Novela Corta 2007. Hace parte de la antología Encuentro: 10 poetas latinoamericanos en USA (2003), es coautor de los libros Nueva novela colombiana (2004) y Yo hablo, tú escuchas, ella lee, nosotros escribimos, una pedagogía compartida (2007). También ha publicado ensayos, crónicas y poemas en revistas como Poligramas (http://poligramas.univalle.edu.co), de la Universidad del Valle; Hybrido (http://www.hybridomagazine.net), de New York; Con-textos, de la Universidad de Medellín (http://www.udem.edu.co); Ciberayllu (http://www.ciberayllu.org), adscrita a la Universidad de Missouri (http://www.missouri.edu, EUA); Letras Hispanas (http://letrashispanas.unlv.edu), adscrita a la Universidad de Las Vegas (http://www.unlv.edu, Nevada, EUA), y Semana (http://www.semana.com). Es miembro fundador del Taller Literario Botella y Luna. === Jorge Luis Borges y Eduardo Mallea: =================================== === trayectorias, opiniones, disensos Fernando Sorrentino ============ Borges y Mallea: ubicación tempoespacial Jorge Luis Borges y Eduardo Mallea tienen algunos puntos de contacto. Pertenecen a la misma generación y vivieron en común un extenso tramo del siglo XX: Borges nació el 24 de agosto de 1899, y Mallea, el 14 de agosto de 1903; Borges falleció el 14 de junio de 1986, y Mallea el 12 de noviembre de 1982. Además, se movieron siempre dentro de los círculos políticos y culturales que podríamos denominar “tradicionales” o “conservadores”: los diarios La Prensa y La Nación, la revista Sur (de cuyo Comité de Colaboradores ambos formaron parte). Es posible que, hacia 1935/1940, los dos hayan alcanzado, en el mundillo literario argentino, una magnitud externa más o menos similar. El correr de los años fue reduciendo la luz de Mallea y aumentando la de Borges hasta tal punto, que la distancia que media ahora entre ellos es descomunal. Un lector ante Mallea Yo soy un lector a quien le agrada que le cuenten historias interesantes. En el estricto sentido del término: es decir, historias que me interesen, historias que, con sus incesantes estímulos, me impulsen a continuar la lectura para seguir recibiendo sensaciones placenteras. Y, dentro de estas sensaciones placenteras, se halla también la de satisfacer la —si se quiere— infantil curiosidad que conlleva la pregunta: “¿Qué pasará ahora?”. Así, “frívolo”, soy yo desde hace unos cuantos años. Pero, cuando era adolescente o apenas joven, yo era un lector más “serio”, y entonces, por sentido del deber, leía respetuosamente hasta el final todo libro empezado. Allá por 1963 leí La bahía de silencio (1), novela de Eduardo Mallea, y la leí con el mesurado juicio que me confería mi cuasiinocencia literaria de entonces. Claro que yo tenía apenas veintiún años, y, según parece, fui de maduración lenta. Cuando, muchos años más tarde, la releí, yo era otra persona, con una percepción infinitamente mayor de los problemas, de los artificios, de los recursos, de las trampas, de las soluciones que se presentan, o que se esconden, en la construcción de un relato. Entonces, La bahía de silencio me pareció la obra de una persona de criterio narrativo, ¿cómo diré?, de criterio narrativo insensato. Una novela donde era imposible encontrar un atisbo —al menos— de verosimilitud y por la cual se precipitaban raudales de defectos de toda índole. En busca de otro punto de referencia, compré los Cuentos para una inglesa desesperada (2), abrumado por el prejuicio de que iban a resultarme desagradables. Admito que me equivoqué: no me resultaron ni siquiera desagradables: me resultaron casi incomprensibles. Con la añadidura de estar contaminados de afectación y de insoportable vanidad. Quise también tener una idea aproximada sobre cómo veía el autor el oficio de narrar, y compré las Notas de un novelista (3). No encontré allí la menor incoherencia: la novela, los cuentos y los ensayos respondían a una única, férrea y desatinada concepción de la narrativa. Borges opina sobre Mallea Muchos años antes de que yo hubiera llegado a esta desoladora conclusión sobre Eduardo Mallea, pasé por la experiencia inolvidable de interrogar a Jorge Luis Borges. Y, en algún pasaje del libro en que constan tales conversaciones (4), se produjo el siguiente diálogo: F.S.: ¿A usted le gustan las novelas de Mallea? J.L.B.: Sí. Sobre todo una novela breve que se titula Chaves, que creo que es lo mejor que ha escrito él. Y luego un cuento, cuyo título no recuerdo (5), sobre un hombre que siente celos anticipados de un desconocido, y luego llega más o menos a provocar el adulterio de su mujer: algo así como una versión más compleja de “El curioso impertinente” de Cervantes. Ahora, Mallea, como yo, es un hombre tímido, de modo que hemos llegado a la amistad, pero no a la intimidad. Es decir: yo lo aprecio, sé que él me aprecia, pero no nos vemos con mucha frecuencia. E, inmediatamente, Borges deriva el diálogo hacia casos parecidos de amistades que no necesitan de la frecuentación, etcétera, actitud que me condujo a imaginar que, en realidad, no le interesaba hablar de Mallea. Pero lo cierto es que contestó que sí, que le gustaban las novelas de Mallea. Lo cual, naturalmente, es mentira. Gracias borgeanas Tiempo más tarde se conocieron circunstancias graciosas. Por ejemplo, a la novela de Mallea titulada Todo verdor perecerá, Borges la llamaba, previendo el tedio que suscitaría su lectura, Todo lector perecerá. El libro Borges (6), de Adolfo Bioy Casares, registra esta maravilla del ingenio borgeano, pronunciada ante el anuncio de una nueva novela de Mallea: ¿La penúltima puerta? Qué buen título. Mallea tiene una notable capacidad para elegir buenos títulos. Es una lástima que se obstine en añadirles libros (28/12/1969). Mallea sobre Borges Ahora bien, las ya citadas Notas de un novelista incluyen un “Diario de Los enemigos del alma”, novela que se publicaría en 1950. En la entrada correspondiente al 18 de febrero de 1949, Mallea escribe: La lucha más pertinaz de un escritor debe encarnizarse contra el crecimiento vicioso de su propio estilo. Si se le deja crecer acabará por tragarse a quien lo ejerce como el parásito al higuerón. El estilo es un animal doméstico o de guardia que debe dormir siempre a los pies de la cama. Pugnazmente tenderá —y con más fuerza cuanto más fuerte sea su condición— a echarse a yacer en la cama de su dueño, arrojándolo de ella; en todo esto pienso y se lo digo a Gannon comentando el cuento publicado por un excelente estilista que de tanto serlo ya no queda del cuento nada. Toda la historia —magnífica por lo demás cuando se la reduce a su esencia— que se propuso contar, palidece y se debilita, vacila y se desvanece bajo el peso insostenible del amaneramiento [...]. Gannon es Patricio Gannon, escritor y traductor cuya firma aparecía con frecuencia en Sur, la revista dirigida por Victoria Ocampo, de cuyo Comité de Colaboración era, como ya dije, miembro permanente Eduardo Mallea. No es raro, entonces, que ambos amigos comenten los textos aparecidos en el reciente número de Sur, que no es otro que el que corresponde al año 17, número 172, febrero de 1949. El “cuento publicado por un excelente estilista que de tanto serlo ya no queda del cuento nada”, discurre entre las páginas 7 y 12. Su título es “La escritura del Dios”, y su autor, Jorge Luis Borges. Tal vez por ser un enamorado de la obra de Borges, debo confesar que en dicho cuento no he encontrado amaneramiento alguno y también que creo que su autor es bastante más que un “excelente estilista”. Notas de pie de página 1. La bahía de silencio se publicó por primera vez en 1940. Yo la leí en la edición de la Colección Piragua: Buenos Aires, Sudamericana, 1960, 454 págs. 2. Los Cuentos para una inglesa desesperada son de 1926. La edición a la que tuve acceso pertenece a la colección Austral: Madrid, Espasa-Calpe, 4ª ed., 1969, 148 págs. 3. Notas de un novelista, Buenos Aires, Emecé, 1954, 142 págs. 4. Siete conversaciones con Jorge Luis Borges (1974). Varias ediciones; la más reciente: Buenos Aires, Losada, 2007, 270 págs. 5. Posiblemente se trate de “Sonata de soledad”, el tercer trabajo de Cuentos para una inglesa desesperada. 6. Adolfo Bioy Casares, Borges, Buenos Aires, Destino, 2006, 1.664 págs. ** Fernando Sorrentino fs_literatura@yahoo.com.ar Escritor argentino (Buenos Aires, 1942). Es profesor de lengua y literatura. En 1993 dictó una serie de conferencias sobre aspectos de la literatura argentina en once universidades de los Estados Unidos. Aunque es autor de una extensa obra ensayística, publicada en diversos periódicos y revistas, su género preferido es la narrativa y, dentro de ésta, especialmente el relato breve. Ha publicado, entre otros, los libros de cuentos Imperios y servidumbres (Seix Barral, 1972; reedición, Torres Agüero Editor, 1992), El mejor de los mundos posibles (Plus Ultra, 1976; 2º Premio Municipal de Literatura), El rigor de las desdichas (Ediciones del Dock, 1994; 2º Premio Municipal de Literatura), La corrección de los corderos, y otros cuentos improbables (Editorial Abismo, Buenos Aires, 2002), Existe un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza (Ediciones Carena, Barcelona, España, 2005), El regreso. Y otros cuentos inquietantes (Editorial Estrada, Buenos Aires, 2005), En defensa propia / El rigor de las desdichas (Editorial Los Cuadernos de Odiseo, Buenos Aires, 2005), Costumbres del alcaucil (Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2008), El crimen de san Alberto (Editorial Losada, Buenos Aires, 2008) y El centro de la telaraña, y otros cuentos de crimen y misterio (Editorial Longseller, Buenos Aires, 2008); la novela Sanitarios centenarios (Plus Ultra, 1979; reedición, Editorial Sudamericana, 2000); la nouvelle Crónica costumbrista (Pluma Alta, 1992; reeditada como Costumbres de los muertos, Colihue, 1996); los libros de relatos para niños o adolescentes Cuentos del Mentiroso (Plus Ultra, 1978; Faja de Honor de la Sade; reedición, Norma, 2002), Historias de María Sapa y Fortunato (Sudamericana, 1995; Premio Fantasía Infantil 1996; reedición, Santillana, 2001), El que se enoja, pierde (El Ateneo, 1999), El Viejo que Todo lo Sabe (Santillana, 2001) y Burladores burlados (Editorial Crecer Creando, Buenos Aires, 2006); los libros de entrevistas Siete conversaciones con Jorge Luis Borges (Casa Pardo, 1974; reediciones, El Ateneo, 1996, 2001, y Losada, 2007) y Siete conversaciones con Adolfo Bioy Casares (Sudamericana, 1992; reedición, El Ateneo, 2001, y Losada, 2007). Libros suyos han sido traducidos al inglés, al portugués, al italiano, al alemán, al polaco, al chino, al vietnamita y al tamil. === El viaje de Saramago Édgar Borges ================================ A propósito del nuevo libro de José Saramago, El viaje del elefante, y convencido de que la vida es un viaje, se me ocurre pensar que el del escritor portugués ha sido un viaje cargado de pistas que bien vale la pena descifrar (o vivir en ese intento). En cada novela de Saramago, dentro de su poderosa fábula, hay uno o muchos espejos que nos muestran una realidad simultánea a la ficción. El evangelio según Jesucristo (1992) le valió, además del Nobel de Literatura, la admiración de muchos lectores que vimos en uno de los espejos de esa obra el valor de la trascendencia espiritual más allá de cualquier dogma religioso. Otras claves, siempre humanas, siempre existenciales, habitan en novelas como Ensayo sobre la ceguera (1995); Todos los nombres (1997); La caverna (1997); El hombre duplicado (2003) o Las intermitencias de la muerte (2005). José Saramago es uno de los más grandes fabuladores de la literatura mundial; el crítico Harold Bloom asegura que es “el novelista vivo más talentoso del planeta”. La obra de Saramago se ha ganado un espacio único en las letras; pocos como él pueden crear una novela poderosa tanto en la ficción como en la filosofía. En sus novelas el narrador cuenta y reflexiona sin perder el hilo (con su tono y su ritmo) de la historia. Pero en este tránsito Saramago también nos invita a pensar sus opiniones; y nos dice (y pensamos) que “cuando se ridiculiza la bondad la única conclusión es que se justifica la delincuencia”. Y con esa bondad aguda (y sonrisa observadora, triste) asegura que “vivimos tiempos que se caracterizan por la irracionalidad de comportamientos generales, y poner un poco de sentido común, decir que hay que proteger la vida, que la prioridad absoluta es el ser humano, esté donde esté, es casi una aberración... Y no se observan cambios, esto no es una tendencia, es una brutal realidad: la intolerancia ha ganado, no soportamos al otro”. En su recorrido, el escritor superó la enfermedad con la ilusión de un niño. Antes de la hospitalización escribió cuarenta páginas de su nueva novela; luego, al salir, construyó el resto de la experiencia en clave de fábula. El viaje del elefante trata del particular tránsito de un paquidermo que la Corte lusa le envía de obsequio a su homóloga austríaca. Pero habrá que buscar entre sus líneas (o dentro de sus espejos) la mirada de un hombre que vio la muerte de cerca. Y no le tuvo miedo. Vamos andando (intentando ver lo que no ven nuestros ojos) y atendiendo las pistas que nos dejan otros en el camino. En algún momento de su viaje (que también es un poco el nuestro) José Saramago (el crítico, el que se declara cada vez más rebelde) sostiene que “la sociedad actual necesita filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión. Nos falta pensar, ideas, y sin ideas no vamos a ningún sitio”. Qué importante es, como Saramago, asumir los años (y el viaje) con la rebeldía de un joven inconforme. ** Édgar Borges edgarborges1407@yahoo.es Escritor y periodista venezolano (Caracas, 1966). Autor de la radioserie La fuga de don Quijote, transmitida por Radio Exterior de España (http://www.rtve.es/programas/radioexterior) en el marco del IV Centenario de Don Quijote de La Mancha (2005). Ha publicado los libros de relatos Sueños desencantados, Mis días debajo de tu falda y El vuelo de Caín y otros relatos, las novelas La monstrua, la mujer que jamás invitaron a bailar y ¿Quién mató a mi madre? (finalista del III Premio Nacional de Novela Ciudad Ducal de Loeches, 2008) y el monólogo Lavoe contra Lavoe, la tragedia del cantante. Sus relatos han sido publicados en diversas antologías. === La otra mejilla, de Belkis Cuzá Malé Teresa Dovalpage ============ La otra mejilla (ZV Lunáticas, 2008) cayó en mis manos por una feliz casualidad. Fue un milagro de la cibernética —un mensaje de Belkis Cuza Malé anunciando el lanzamiento de su libro para el 10 de noviembre pasado, que me llegó justo una semana antes de la citada fecha— y de, ¿cómo negarlo?, el influjo que sobre mí ejerce Miami con sus flanes cubanos y pastelitos de guayaba. Lo primero que me llamó la atención fue el dibujo de la cubierta, un esbozo de palma con las hojas azules. Luego supe que era también de Belkis, poetisa-novelista-periodista y además dibujante. Multitalentosa, en una palabra. Después de su foto, con mirada de pitonisa que interroga a la vida junto a una taza de café, viene un prólogo de Grace Giselle Piney Roche que describe los versos de la autora como “libres y ligeros”. A mí, que entiendo poco de poesía, aquello me gustó. Me asustaría de haber leído “encadenados e insondables” o algo por el estilo. Así que me adentré, ya con confianza, en el poemario, después de pasar junto a un Platero-caracol que se atraca de flores en un prado. La otra mejilla es un libro íntimo, pero no cerrado, en que la voz poética fluye en un estilo casi confesional: “Dime, por Dios, qué hago yo aquí tan pequeñita” Interroga en un “Credo” que, como señala la prologuista, está “poco convencido de la divinidad”. Belkis se pinta sola en sus palabras. Dulce y sencilla pero también, si viene al caso, subversiva. Como hace falta ser. En sus versos vive una búsqueda de la esencia que desdeña lo aparente, lo supuestamente real, para buscar el tronco de la vida. La poesía es cubana (“Jagüey Grande”) pero también universal. Usted puede no haber estado nunca en Jagüey Grande, no conocerlo ni de oídas, pero igual sentir un temblorcillo de reconocimiento ante “el paisaje de grandes tazas de café y un potrero por medio”. No aparece, por suerte, nada del hiper patriotismo que está hace tiempo mandado a recoger: “Mi madre decía siempre que la patria era cualquier sitio, preferiblemente el sitio de la muerte”. El poema final, “Modelo para una encuesta” es sin duda más apropiado para cerrar el libro. “La única encuesta posible ha dejado de interesarme, ya lo sé” admite la poetisa. Y el poemario se cierra dejando al lector con todas las preguntas, posibles e imposibles, que a cada uno le toca responder. ** Teresa Dovalpage dovalpage@aol.com Novelista e investigadora cubana (La Habana, 1966). Terminó una licenciatura en lengua y literatura inglesas y una maestría en literatura española en la Universidad de La Habana (http://www.uh.cu). Desde 1996 reside en Estados Unidos. Actualmente vive en Albuquerque y estudia el doctorado en literatura latinoamericana en la Universidad de Nuevo México (http://www.unm.edu). Ha publicado las novelas A Girl like Che Guevara (en inglés, Soho Press, http://www.sohopress.com; 2004), Posesas de La Habana (en español, PurePlay Press, http://www.pureplaypress.com; 2004) y Muerte de un murciano en La Habana (Anagrama, http://www.anagrama-ed.es; 2006; finalista del Premio Herralde 2006), así como artículos en El Nuevo Herald (http://www.elnuevoherald.com), Hispanic Magazine (http://www.hispanicmagazine.com), Latina Style (http://www.latinastyle.com), Hispanic Culture Review (http://www.gmu.edu/org/hcr), Rosebud Magazine (http://www.rsbd.net), Latino Today (http://latinotoday.net), Encuentro (http://www.cubaencuentro.com), Revista Baquiana (http://www.baquiana.com) y La Peregrina Magazine (http://www.laperegrinamagazine.com). Mantiene una página personal en http://www.dovalpage.com. === Estrellas Martha Revuelta Morales S. ============================= Quién puede resistirse a la promesa de que le bajarán las estrellas. Este ofrecimiento nos lo hacen el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Embajada de Francia en México, la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Politécnico Nacional, entre otras instituciones y asociaciones. Se trata de “La Noche de las Estrellas 2009. El Cielo de Nuestros Antepasados”, un evento científico y cultural, para todo el público, programado para el próximo treinta y uno de enero (sábado), en antiguos centros prehispánicos, para observar el cielo a simple vista y, a través de telescopios, asesorados por cientos de astrónomos aficionados y profesionales. Se escucharán conferencias, leyendas y mitos sobre la astronomía. El centro prehispánico elegido, de Michoacán, es Tzintzuntzan. 2009 ha sido declarado, por la ONU, el Año Internacional de la Astronomía; también del Gorila. Así como 2008 fue el de los Idiomas; y el 2003, del Agua Dulce. Sus razones, básicamente porque se busca estimular el interés general sobre la disciplina de la astronomía y de la ciencia en general; ponderando el trabajo de la familia internacional de astrónomos, que trabajan por encontrar respuestas a preguntas fundamentales de la humanidad. Se intenta trasmitir, también, la emoción del descubrimiento personal en el universo, así como de nuestro lugar en él. El IYA2009 celebra, igualmente, los avances fundamentales de Galileo, hace 400 años, al usar en 1609 el telescopio, por primera vez, para observaciones astronómicas. Galileo Galilei, de quien nuevas investigaciones refieren que no pronunció aquella frase que se le atribuye (Eppur si muove, “y sin embargo se mueve”), cuando fue convocado por el Santo Oficio en 1633, obligado a abjurar su teoría del movimiento de la Tierra, construyó en 1609 su primer telescopio, que aumentaba los objetos seis veces sin deformarlos. Más tarde desarrolla otros instrumentos que amplían la posibilidad de la imagen, descubriendo la naturaleza de la Vía Láctea, los anillos de Saturno y los satélites de Júpiter. Con la cabeza llena de estrellas, Galileo, en honor de Cosme II de Médicis, su antiguo alumno y mecenas, gran duque de Toscana, no duda en hacer el juego de palabras “cósmica”, para denominar parte de sus descubrimientos. Una vez que “el padre de la astronomía moderna”, sentó las bases para el descubrimiento del universo, científicos de todo el mundo han continuado develando sus misterios. Hace unos días, por ejemplo, revelan que la Vía Láctea es 15 por ciento más grande y 50 por ciento más densa que Andrómeda. Ello representa que la Vía Láctea deje de ser considerada hermana menor de Andrómeda, sino casi su gemela. Los cuerpos celestes revelados en el cielo han servido también como negocio. Una empresa que se anuncia como Registro Internacional de Estrellas, supuestamente vende estos cuerpos luminosos. El kit —básico—, que contiene un mapa con los datos de la estrella, determinándose la constelación a la que pertenece, sus coordenadas, magnitud y número científico, una carta de felicitación a la persona homenajeada y un libro referido a cómo reconocer las estrellas, tiene un costo de mil doscientos setenta y cinco pesos mexicanos. Esta fundación, que dice no tener fines de lucro, y no manejar perpetuidad, reconoce que no es legal comprar o vender estrellas, por lo que se manejan en los límites protocolares de la Unión Astronómica Internacional. Puede ser romántica esta idea, como fraudulenta, porque el cielo es nuestro; es decir, de la humanidad, de ahí que no deba pagarse ningún precio por sentir una estrella propia. Además, la UAI es la única organización facultada para poner nombres a los cuerpos celestes, con criterios científicos internacionales, no comerciales. Ver estrellas, pensar en estrellas, soñar con estrellas, en este año, dedicado a la ciencia que las nombra, las ubica y las comparte, hará que el tiempo difícil sea más llevadero. Si miramos siempre en horizonte, veremos, tristemente, las zaheridas calles de Gaza, a Ucrania sin gas, a los ejecutados de México, la pérdida de empleos en el planeta entero; si miramos hacia el cielo, y en una estrella, que no lleve nuestro nombre en un falso bautismo, encontramos un titileo, sabremos que seguimos vivos para hacer algo. ** Martha Revuelta Morales S. marems@yahoo.com Abogada y escritora mexicana. Reside en Morelia, Michoacán. Escribe semanalmente en el periódico La Voz de Michoacán. |||||||||||||||||||||||||||| ENTREVISTAS |||||||||||||||||||||||||||| === “Hay que desmitificarlo” ============================================== === El octavo de los hermanos Juan Carlos Guardela Vásquez =========== El último viernes de julio de 2004 en el hotel Las Américas de Cartagena García Márquez cerró un encuentro de cincuenta periodistas de lejanas provincias de Colombia que luchan por la libertad de prensa. Luego de un largo aplauso se acomodó en su silla, cuadró sus gafas, arregló con timidez unas cuartillas, y con los ojos cerrados (casi empuñados), se acercó al micrófono. Su voz tenía los rasgos del Caribe pero sin dejos pedestres y sin golpear palabras. Era la misma voz del discurso en el Premio Nobel; una voz cercana, familiar, que metió a todos en el hechizo, porque —no había duda— se encontraban frente a García Márquez. Los asistentes se quedaron pegados a los atractivos de ese fraseo como buscando en García Márquez al mismo Gabo. Un fraseo en el que uno puede encontrar el cruce de mitos, sugerencias e ironías con la insólita eficacia del idioma. García Márquez cerró su corta intervención con la frase que su madre Luisa Santiaga Márquez decía cada vez que se refería a los que ejercen el oficio más bello y peligroso del mundo: “Pobres muchachos, tienen alma de toreros pero a diferencia de éstos no solamente les pagan salarios de hambre sino que los matan por sapos”. Enseguida se desató un aplauso. Un grupo se le acercó a estrechar su mano, a felicitarlo, a tocarlo, pero sobre todo a oírle. Quien hablaba era Jaime García Márquez, el octavo de los hijos del telegrafista de Aracataca, un hombre que durante toda su vida ha sido ingeniero contratista y hoy es el más cercano hermano del Nobel colombiano. En este hombre, por azar genético, todos escuchan la voz de Gabo, y de paso ven su encarnación. Su cabello plateado, su estatura, el movimiento de sus ojos cuando busca una palabra, su sonrisa, pero más que nada su voz, tienen un inquietante parecido con los del célebre escritor a pesar de la diferencia de edad. Esa igualdad fisonómica está en ese grupo de gestos con el que Jaime arquea sus cejas y aprieta las arruguitas de los ojos, como lo hace Gabo en muchas de las fotografías publicadas en el mundo. Jaime tiene una recia constitución y mide más de 1,68, una sonrisa constante que da la impresión de que lo hubieras conocido hace mucho. Hay en él la vieja veta de la mirada trágica y festiva al tiempo que tienen los hombres del Caribe, y todas sus gesticulaciones están diciéndote que “no sabes de lo que te pierdes si no hablas conmigo”. Y en verdad de lo que uno se pierde si no habla con él. Algunos de los que lo rodean lo defienden aduciendo que no tiene la más mínima culpa porque no se trata de algo deliberado ni de arrogancia, parapetos que nunca ha tenido este García Márquez. “Lo que pasa”, dice, “es que siempre que alguien me conoce el tema a tratar será Gabito, y lo verá en mí. Al principio me dio algún trabajo pero ya me acostumbré y lo entiendo. Creo que lo más interesante es que la gente me da el amor que no puede darle a él”. *** Jaime García Márquez hoy es el subdirector de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por su hermano Gabo a mediados de los noventa y que dirige el abogado y periodista Jaime Abello Banfi. En esta empresa Jaime García Márquez ha añadido todo el amor que le tiene a sus motoniveladoras y buldózeres. En su diminuta oficina, enclavada en el centro amurallado de Cartagena —a pocos metros de donde operó durante décadas El Universal, diario en que el escritor hizo sus primeras notas— Jaime habla haciendo grandes círculos con las manos y trazando en una libreta mapas mentales, dibujos intrincados, mapas arduos y mandalas. Mientras lo hace cierra de nuevo los ojos, casi empuñándolos. A diferencia de muchos ejecutivos sabe decir con exactitud lo que le pasa por la cabeza en su momento. Confiesa que le aterran las entrevistas. Considera —como su hermano— que hablar con un periodista es la cosa más peligrosa del mundo. Pero cuando suelta esta admonición se siente también algo de elogio. De las mil y una maneras insistió en que no se usara grabadora porque a él le interesaba más el diálogo. “Hablo más que Gabito y de manera atropellada”, dijo mientras imprimía algo de ternura al diminutivo y al tiempo escribía en su libreta mirando una y otra vez un grueso reloj azul de plástico con letras gigantes. Aparte del terror a los aviones (innato a todos los García Márquez y ya distintivo en el Premio Nobel) Jaime tiene un miedo visceral a hablar en público. “Siempre que hablo en público lo hago queriendo salir del embrollo, con los ojos apretados y a la de Dios”. A pesar de que es un formidable conversador teme ser fuente formal de declaraciones y más cuando casi todo el mundo ve en él a Gabo. En una de las paredes de la oficina hay un grupo pequeño de fotografías. En una de ellas está Jaime, su esposa Margarita y Gabo; allí parece que quien hablara fuera el escritor. En otra en cambio está Jaime, Gabriel García Márquez y Eligio, el menor de todos, este último periodista y escritor fallecido en el 2001; en esta fotografía en cambio Gabo está en silencio mientras que a los otros se les ve que hablan hasta por los codos. Lo que ocurre es que para Jaime hablar es uno de los modos del ser y es una de las mayores herencias de la familia. Eso se palpa cuando en situaciones específicas los García Márquez sueltan lapidarias frases que quedan inscritas en la memoria de muchos. Un ejemplo de ello son las frases de los padres cuando Gabriel García Márquez recibió el Nobel. El periodista Juan Gossaín entrevistó a su madre por radio y ella respondió: “Bueno, entonces que me arreglen el teléfono que ya lleva 3 meses descompuesto”. Por su parte el padre contestó: “Siento lo que siente un niño cuando le dan un confite”. Jaime en cambio, tratando de continuar con la usanza de este tipo de respuestas, le dijo años más tarde a la periodista Silvia Galvis: “Más que un hermano Nobel me hubiera gustado que fuera banquero”. Lo hizo para referirse a las necesidades por las que pasa un ingeniero civil con la financiación de sus obras. Eso le costó a Jaime. Un día estuvo junto con Gabo de visita en La Habana. Fidel Castro se enteró, así que los visitó y, en el momento de la presentación, el Comandante le imprecó a Jaime: “¿Tú eres Jaime? ¡Oye, a ningún hermano se le hace eso! ¡Cómo es que prefieres que hubiera sido banquero antes que ganarse el premio Nobel! ¡Tú estás en nada!”. Tratando de arreglar las cosas Jaime no encontró argumento para explicarle a Fidel Castro. Gabo entonces le dijo que no perdiera el tiempo ya que él mismo había intentado mil y una maneras para explicarle a Fidel el contexto y sobre todo el porqué de la expresión. “Pero no lo entenderá, el Comandante no lo entenderá, Jaime”. —Creo —dijo Jaime— que fue un reproche amoroso pero a este hombre, que tiene la cabeza ocupada en cosas tan importantes, se le pudo ver que estaba a la caza del momento para reclamarme. En la libreta Jaime ahora traza un mapa que intenta ser un árbol genealógico tan sinuoso como el de los Buendía. Dice que todos los García Márquez tienen una fuerte herencia verbal que en Gabo alcanza su cúspide. “Creo que el carácter de Gabito y de todos los hermanos está cimentado en la fuerza monolítica y la cultura ancestral de mi madre, una mujer de La Guajira; y en la fuerza de la digresión de mi padre, quien era un conversador delicioso y daba mucha vuelta. Algunas frases que están en toda su obra vienen de la herencia de mi mamá. Por eso muchas veces, cuando hablamos, la gente cree que estamos parafraseando a Gabito, pero se trata de la fuerza de la sangre”. Por estos motivos nunca se cansa de advertir que cuando él habla lo que formula es su opinión y no la de Gabo, porque la gente tiende a creer que está hablando con el escritor, lo que confirma una de las máximas de Augusto Monterroso: sólo el renombre de quien lo emite hace que ciertas ideas valgan algo. Para la escritura de Vivir para contarla, Gabriel García Márquez entrevistó a varios amigos poetas y escritores y de paso entrevistó a Jaime y a otros integrantes de la familia. Usó una grabadora y al escuchar la voz de su hermano quedó impresionado por el extremo parecido de la voz de Jaime con la de él. “Esto corrobora mi tesis sobre la mitificación. La gente se agarra de algunas tonalidades y escuchan la voz de Gabo en la mía. Siento que es un hallazgo forzado, sin embargo, a mí esa despersonalización no me hace ningún daño porque, como dije, me entregan ese amor que está de alguna manera destinado a mi hermano, el famoso”. *** Este hombre carraspea, se menea, aprieta los ojos, mueve demasiado las manos, sólo para insistir: “A mi hermano Gabito hay que desmitificarlo y sin duda hay que mitificar a Margot”. Hay algo de ardor en sus ojos porque Margot, la primera de las hermanas, es quien se echó la casa encima en muchos momentos cruciales. “Creo que la gente no lo conoce bien, conocen su obra, pero lo han mitificado, eso es natural. Es un hombre que convierte un tema elevado o escabroso en un tema a la altura de la vida. No deja que a nadie se le suban los humos a la cabeza y tiene una ternura portentosa. Es un hombre valioso. Es un hombre que conoce profundamente el alma humana, sobre todo a las mujeres. El Gabo que yo conozco es de carne y hueso, pero eso no lo van a creer muchos. Es un hombre de inmensa generosidad, su genio está en el trabajo porfiado y disciplinado. Demora más chequeando los datos que escribiendo. En una conversación Gabo es muy plano y callado. Por eso repite que no es un intelectual sino un escritor. Contrasta con los demás hermanos porque somos una familia en la que nos peleamos por la palabra”. No obstante, Jaime ha agregado más mito al mito. Uno de esos casos le ocurrió a él mismo y lo citan varios de sus biógrafos. Tiempo después de la publicación de El otoño del patriarca, un día cualquiera iba por una calle de Barranquilla en su pequeño campero, cuando de pronto emergió de una esquina, envuelto en una aureola mágica, Gabriel García Márquez. Nadie se imaginaba que estuviera en esa ciudad, por eso la sorpresa fue grande, pues no tenía ni idea de que iba a suceder ese encuentro. Jaime no ocultó su alegría y Gabo se subió al campero con una tranquilidad pasmosa diciéndole: “Yo sabía que justo en esta esquina iba a encontrarme contigo, de eso no tenía la menor duda, no sé por qué medios pero yo ya lo sabía”. Muchas anécdotas se agregan a esta al extremo de endilgarle la fama de agorero. “Lo que pronostica Gabo se cumple, tiene boca de santo”. Y agrega que le creyó cuando dijo hace muchos años que algún día iba a escribir un libro que se vendería más que El Quijote. Pero la mayoría de las veces “predice” cosas negativas y por ello los hermanos le temen cuando abre la boca. Desde la fotografía, Eligio lo mira mientras Jaime relata otro suceso. Eligio y Gabo van en carro por una de las calles de Bogotá. Éste se detiene en un semáforo. Eligio bajó los vidrios, y enseguida desde la calle una mujer se percató de que el Nobel iba allí y gritó: “¡Gabo, tú no existes!”. *** Ahora lo interrumpió una llamada. Habló por teléfono sobre el Alzheimer y sin ninguna complicación explicó las condiciones genéticas del intrincado azar que hace que aparezca este mal progresivo en el cerebro: “Prefiero que me dé a los 85 y no ahora”. Enseguida se entiende que todos digan que cuando habla parece un científico. Uno de sus autores de cabecera es el colombiano Rodolfo Yinás. Jaime, aunque no tiene una formación racional, ama las matemáticas. Por eso es que Gabo le dice que es el racionalista de la familia. Un día Jaime le ripostó: “¡Óyeme, que racionalidad ni qué carajo!, en el fondo todo es producto de esa cultura caribe que es pura emoción, lo único que vale la pena en el hombre es eso: la emoción”. *** Son proverbiales las reuniones que hace la familia. Una costumbre que tienen los hermanos García Márquez —hasta el presente— es reunirse a conversar atando los recuerdos de la familia hasta el amanecer. A este juego del recuerdo lo llaman “el rincón guapo”. Numerosas son las claves de la obra de Gabriel García Márquez pero una de las de mayor peso es el poder sugerente de la recordación. De esta confección participan Jaime y todos sus hermanos vivos. Por eso se entiende que el epígrafe de Vivir para contarla esté tan lleno de sugerencias: “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”. Gabo le ha dado a su hermano Jaime más de un tatequieto. En uno de esos rincones guapos Jaime hablaba mucho de la pobreza de la familia en el pasado hasta que su hermano, el famoso, le dijo que no era que hubieran sido pobres sino que eran muchos. Que pobreza es cuando no hay cosas, pero que cuando son muchos las cosas no alcanzan. Contrario a lo que se piensa eso demuestra el carácter práctico del Nobel. “Este hombre es capaz de hallar diferencias muy sutiles en el nivel del lenguaje que muchos otros no encuentran. Mi mentalidad es demasiado lógica, la de Gabo es intuitiva y de enfoques insólitos”. Jaime recuerda que cuando tenía 7 años ya Gabo salía en los periódicos. En aquel tiempo eso sólo lo hacían las personas importantes. Así que siempre tuvo la sombra de su hermano y la de su apellido. Cualquiera estaría vigilante de sus actitudes. En eso consiste el peso de uno de los apellidos más prestantes de Colombia y del mundo. Por ello cuando Jaime estuvo de alguna manera muy cerca del uso del erario público siempre tuvo encima la constante de no bajarle un centímetro a la honorabilidad de esta familia. *** Jaime recuerda tantos pasajes de ese laberinto de la obra de García Márquez y ha sentido que de una u otra manera están relacionados con experiencias suyas y de su familia. Eligio, que murió en el 2001 de un tumor cerebral, escribió una extensa investigación sobre los orígenes de Cien años de soledad, que se tituló Las claves de Melquíades. Muchos de esos orígenes fueron momentos telúricos de la familia. Jaime, por ejemplo, recuerda que a los 10 años vio muerto a Cayetano Gentile, el personaje de Crónica de una muerte anunciada. Lo ve aún con la camisa llena de sangre y barro y se acuerda claramente que el día estaba lluvioso. Por su parte, Eligio, considerado uno de los mejores escritores de su generación, encontró la solución al problema de la sombra que monopoliza el apellido. En una entrevista sobre su novela dijo: “Cuando García Márquez ha tomado a Cartagena como de él, escribir es mucho más complicado. Pero mi Cartagena es totalmente distinta a la de García Márquez. En mi novela estoy yo”. Jaime tiene 10 hijos, siete suyos y tres que ha ayudado a criar a uno de los hermanos. Por eso empieza a compararse con el coronel Aureliano Buendía, que le llamó a eso “la cruz de ceniza”, o sea tener hijos con distintas mujeres. Podría pensarse que esta familia es un gran sistema planetario unido a un sol llamado Gabriel García Márquez en la mitad. Pero Jaime asegura que el verdadero centro de ese sistema es el espíritu de la madre Luisa Santiaga y su extensa herencia. La familia dice que Jaime es un despilfarrador, pero esto lo niega diciendo que la mejor inversión es la educación. Con todo, sus secretarias en la Fundación Nuevo Periodismo, Anyelina y Everly, aseguran que es un hombre dadivoso, que dos veces por semana compra El Baloto, una lotería en Colombia por acumulados que supera los 30 mil millones de pesos y que en una lista tiene a todos los trabajadores de la Fundación. *** “Gabo cuando discute conmigo lo hace como el mejor de los amigos. Se distingue por las dos o tres frases que desarman al que sea, en cualquier discusión nos derrota con gran facilidad”. En 1966 Gabo le pidió desde México que hiciera una investigación para Cien años de soledad sobre la escena de la matanza de los bananeros en la plaza. Cuando Jaime averiguó se sintió orgulloso y le mandó la frase que repitieron los obreros cuando el militar les ordenó que salieran de la plaza: “Le regalamos el minuto”, Gabo respondió tiempo después diciendo no se sintiera mal pero que no había descubierto nada del otro mundo y que esa era la frase más conocida de Latinoamérica. Ese es el tipo de sana emulación que ha caracterizado a esta hermandad por décadas y que ahora madura cada día. Pero Jaime dice con gozo que es un contradictor del Nobel, en un nivel menor, uno más cercano y familiar, que es acaso en donde se dan los dominios más importantes de la vida. “Le contradigo y eso le gusta, lo sé por su manera de mirarme cuando lo hago. Será porque todos le adulan, debe ser aburridísimo para él tener siempre la razón. Pero como hermano no tengo duda que produce una indescriptible seguridad cuando está cerca”. *** Fue a finales de octubre de 2004, en Cartagena, durante una reunión de aportantes del plan Colombia y de más de cien ricos de toda América Latina. Vestido de blanco García Márquez camina del lobby hacia la puerta de vidrio del hotel Santa Teresa. A pocos metros hay un grupo de asistentes al encuentro de ricos, junto a ellos un grupo de botones curiosos. De repente, una gran Van blanca blindada se detiene en la entrada seguida de dos automóviles. Todos se quedan expectantes. De los autos bajan varios guardaespaldas. Un silencio precedió al ruido de la puerta corrediza de la Van. Luego emergió de ella, vestido de blanco y con sus cabellos canosos movidos por la brisa de octubre, García Márquez, el famoso. Ahora están frente a frente y, ambos, vestidos de blanco. —Oye, tú me vas a matar de un infarto. ¿Cómo no avisas que vas a venir a Colombia? —dice pasmado Jaime. —Qué te vas a morir tú, con todas las barbaridades que has hecho en tu vida —contestó el Nobel. Ambos siguieron caminando con pasos cortos y con la premura que los caracteriza hacia el interior del hotel y en medio de la efusiva discusión que han mantenido a lo largo de la vida, acaso hablando de los nombres habidos y por haber de todos los pájaros sin nombres, o de muertos inmemoriales que salen con tapones en el cuello, o de los espíritu en pena de los Buendía, o de remotos primos y tíos irremisiblemente olvidados en la historia de la familia. Los testigos, a lado y lado, asombrados y con los ojos redondos, empezaron a comentar sobre los dos personajes y sobre la casualidad de que estuvieran vestidos de blanco y sobre ese aire indefinible que impone la celebridad a quienes toca. Justo en ese momento, ambos García Márquez resolvieron, de una vez por todas y para siempre, el enigma más grande de la vida de García Márquez: el del don de la ubicuidad. ** Juan Carlos Guardela Vásquez jcguardela@hotmail.com Periodista colombiano (San Juan Nepomuceno, Bolívar; 1964). Ha hecho radio, prensa y televisión. Colaborador de las revistas Semana (http://www.semana.com) y El Malpensante (http://www.elmalpensante.com). Ha dirigido varios documentales transmitidos por el canal regional TeleCaribe. Ha sido periodista para los diarios El Universal (http://www.eluniversal.com.co) y El Periódico, de Cartagena, jefe de prensa del Observatorio del Caribe Colombiano (http://www.ocaribe.org), coordinador de la revista Aguaita, asistente de la oficina de Prensa del Festival Internacional de Cine de Cartagena (http://www.festicinecartagena.org), jefe de prensa del Instituto Distrital de Cultura de Cartagena y coordinador del programa de TV Magazín cultural, de Telecaribe. Ha recibido la beca de creación del Ministerio de Cultura de Colombia (http://www.mincultura.gov.co) para escribir la novela Acabose (2007); la beca de periodismo investigativo del Proyecto Antonio Nariño (http://www.fnpi.org/pan/becas.asp) con el reportaje El edén vencido, éxodo, minería y conflicto armado en el sur de Bolívar, publicado en Semana; el Premio Regional de Crónica y Reportaje Álvaro Cepeda Samudio, el premio de periodismo Pegaso de Oro en Televisión con la serie Champeta, bacile y muerte, transmitido por TeleCaribe (1997), y la Beca Nacional del Instituto Nacional de Cultura con el poemario Las tres heridas (1993), entre otros reconocimientos. Ha asistido a talleres y seminarios de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI, http://www.fnpi.org) con los maestros Jon Lee Anderson, “Paco” Goldman, Javier Darío Restrepo y Alma Guillermoprieto. ||||||||||||||||||||||||||| SALA DE ENSAYO |||||||||||||||||||||||||| === Utrera, entre la senda y la rueda Miguel Guédez ================== “Es hora al fin, de referir este hecho. / Decir lo que hemos visto / a la vera del bosque, en la mañana”, así Miguel Ramón Utrera abre sus puertas de noble madera poética, y nos convida a situarnos en “los caminos de la sierra” al sur del estado Aragua, en el vivo diálogo de la naturaleza que atraviesa el alma del poeta y ahí anida. ¿Por dónde vas Utrera, por qué senda te has perdido? “Ya tiene el día sin surcos / una blanca sementera”; “Juncos de cristal”; “espigó el silencio”. Situados donde estamos, bajo nuestra condición de hombre subordinado a la tecnología, en el umbral del siglo XXI, ¿cómo sentir las evocaciones de un mundo poético con plena vitalidad, con qué memoria olorosa y táctil? Si ahora mismo pudiéramos estar leyendo estas líneas mientras un saxo trepa por paredes que se multiplican, y estrepitosamente vibra junto a otros ecos de pronta distancia. Si la cacofonía de la nada nos confunde y la saturación de los sentidos es aun aturdida con ráfagas de puños imperceptibles, ¿indiferencia? Si la tecnología nos absorbió y respiramos y tocamos y vivimos y morimos en ella. “En las ciudades populosas, con ese movimiento de gente y luces artificiales por todas partes, no se nota la noche”. ¿Por dónde vas, Utrera, por qué senda te has metido? Nacido en 1908 en San Sebastián de los Reyes, Utrera dedicó su virtud poética a enaltecer el paisaje de su pueblo natal y de sus cercanías. Nombró el mundo que lo rodeó con el mismo vocabulario de sus pobladores, se hizo inteligible para ellos: “el norte viene, llorando / ternuras por los caminos”. Además de humanizar la naturaleza “para darle significación”, entendió, gracias a su férrea vocación de educador, que esos motivos poéticos servían para ilustrar: “El norte es una lloviznita menuda de la sierra que no se siente venir y que cae todas las mañanas cuando se acaba el invierno”, explicó el poeta en una ocasión. ¿Por dónde vas, Utrera, por qué senda de este siglo? Henry Miller cree que “el poeta moderno parece darle la espalda a su público, como si lo despreciara... Justifican su importancia haciéndose deliberadamente ininteligibles”. Yo me pregunto, ¿no es acaso esa resistencia por mantener los vínculos con la naturaleza, por realzar el paisaje ante el cual se abrieron sus ojos, un verdadero reto para un hombre nacido en el siglo XX? Utrera tomó la decisión de escribir sobre estos temas nativos, consciente de la vida en las ciudades, es decir, que no por ingenuidad de los avances tecnológicos y sus ruidos, ofrendó su espíritu al campo. César Vallejo advirtió en uno de sus lúcidos ensayos: “La poesía nueva a base de palabras o de metáforas nuevas, se distingue por su pedantería de novedad y, en consecuencia, por ser compilación y barroquismo. La poesía nueva a base de sensibilidad nueva es, al contrario, simple y humana y a primera vista se la tomaría por antigua o no atrae la atención sobre si es o no moderna”. Esta sensibilidad “simple y humana” es la que el poeta Utrera nos demuestra en toda su poesía, y que este fragmento de Estos pasos de ahora nos sirva de ejemplo: Para pulsar el corazón del campo debemos conocer todas las sendas: la de sombra fugaz, agria y desnuda, y la que purifica torvas huellas; la que torna al silencio de los días con las palabras buenas. Preparemos los pasos. Nuevos pasos para un camino impar, sin asperezas; para un surco de sueños donde ahora se colmará de luz la nueva siembra. ¿Por dónde vas Utrera, por qué senda del olvido? Sobre la poesía de Utrera existe un manto de silencio en el país, a pesar de haber sido merecedor del Premio Nacional de Literatura en 1982, distinción de la cual, en un acto de dignidad poética, aceptó sólo el reconocimiento, pero rechazó el dinero. Este gesto demuestra su convicción de que no se escribe para concursar, por prestigio, ni por ninguna de esas fatuidades institucionales. Sin embargo, entre sombras, Utrera poseía una clara visión de lo que era Venezuela. En su poema La sombra temeraria retrata la angustiosa situación que se vivía en el país durante la dictadura gomecista. “Desde muy niño escuché decir en la casa que teníamos una sombra encima”. Más tarde, pasada la adolescencia, viajó a Caracas a estudiar y se instaló cerca de la Federación de Estudiantes; pese a esto, no se involucró en la política. Durante esos años difíciles el poeta comenzó a padecer esa sombra que tanto escuchó mencionar de niño: “No hay vocación completa. No hay negocio completo. No hay nada que se pueda dar en el país en pro de un beneficio común que no sea interferido por esa sombra que por todas partes aparece”. Esta sombra nos sigue, de puntillas; se oculta en todas nuestras horas claras; y así mismo se infiltra en nuestras voces con leves ademanes de fantasmas. La entrevemos, siguiendo nuestros pasos, y trepando por todas las palabras; inasible, fugaz, sin rumbo fijo, pero presente siempre y siempre extraña. Guardemos ya nuestras mejores voces. Deshilando las hebras de este sueño, esperemos la luz de la mañana. Cuando el día retorne con sus sones, en el diálogo puro —hombre y sueño— se rasgará la sombra temeraria. Para desgracia nuestra, los que creyeron que con la caída de Gómez la sombra se disiparía, tal vez no advirtieron lo que en esa época se estaba gestando: “Se fue el dictador, pero nos cayó encima el petróleo (la peor de todas las sombras) y los malos gobiernos”. Me resulta imposible no acotar lo que dijera Hölderlin: “el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando piensa”, a propósito del “hombre y sueño” expresado por Utrera, cuyo “diálogo puro”, si bien no acabará totalmente con la sombra, porque sombras temerarias siempre habrá, sí es capaz de enfrentarla, y herirla. ¿Qué nos quiere comunicar Miguel Ramón Utrera? ¿Por qué el campo, los pájaros, los niños, por qué esa sombra en medio del amor? Nosotros, ahora, ¿seremos capaces de sentir realmente esa humanidad que él nos ofrendó en letras? Pareciera que cada vez nos alejáramos un poco más de ese mundo sencillo y encantado. “Dime de alguien que hoy día viva su vida. Dependen siempre de lo artificial que le rodea, todo desagradable”. Miguel Ramón Utrera. Ya podrás ver, Utrera, ¡en qué rueda andamos metidos, y sigue girando! Todo lo escrito en cursiva en este ensayo pertenece a Miguel Ramón Utrera. Bibliografía • UTRERA, Miguel Ramón. La otra claridad. Prefacio y selección: Harry Almela. Editorial La Liebre Libre. 1993. —. Obra poética. Publicaciones de la Alcaldía del Municipio San Sebastián de los Reyes. 2008. • GUÉDEZ, Jesús Enrique. Miguel Ramón Utrera. Documental. Ediciones Letra-Imagen. 1991. ** Miguel Guédez migueleguedez@gmail.com Poeta y cineasta venezolano (Caracas, 1983). Actualmente estudia Comunicación Social en la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve). Ha cursado talleres de poesía y narrativa en la casa editorial Monte Ávila (http://www.monteavila.gob.ve). Poemas suyos han sido publicados en Plátano Verde (http://www.platanoverde.com), Inmedia Res, Jaula Abierta y en el periódico Ñángara. Igualmente, tiene un ensayo publicado en la revista El Salmón (http://revistadepoesiaelsalmon.blogspot.com). Ha dirigido ocho documentales, entre ellos Ensayo sobre poesía, Eleazar León y Privados de libertad, no de capacidad. Asimismo, ha colaborado en la realización de otras obras audiovisuales. === El ser peruano en la diáspora Jorge Yeshayahu Gonzales-Lara ====== La identidad peruana tiene que ver con nuestra historia individual y la historia colectiva, con nuestro pasado ancestral y las tradiciones culturales que son partes inseparables de la peruanidad. El ser peruano en la diáspora adquiere dimensiones simbólicas en un proceso de transculturación. La diáspora peruana redefine el concepto de peruanidad e identidad y reincorporan la tradición cultural con un elemento de nostalgia de identidad colectiva, incorporando lo andino, lo afro-peruano, las tradiciones religiosas de la colonia, la gastronomía peruana como símbolo de la peruanidad colectiva, la tradición africana, la tradición china-cantonesa, como la tradición española y occidental. La revalorización de las tradiciones culturales retroalimenta la construcción de peruanidad como identidad de la diáspora. Esto se visualiza claramente en los estereotipos: ser “indio”, ser “cholo”, ser “blanco, ser “negro”, ser “mestizo”, son estereotipos propios de la sociedad peruana que se diluyen; y lo mestizo se convierte en realmente en una etiqueta cultural. La peruanidad como identidad colectiva se revaloriza y se convierte en nosotros: lo peruano. La identidad es una necesidad básica de todo individuo. La peruanidad tiene que ver con nuestra historia de vida y es influida por el concepto de mundo que manejamos y por el concepto de mundo que predomina en la época y lugar en que vivimos. La identidad peruana está vinculada a la tradición del indígena del antiguo mundo andino, de las comunidades amazónicas, la tradición africana, la tradición china-cantonesa, como la tradición española y occidental son partes inseparables de la peruanidad. El asunto de la identidad y la peruanidad ha sido sumamente conflictivo en la historia social del Perú. Ciertamente desde la “independencia” del Perú una de las características constantes del pensamiento y de los proyectos políticos peruanos fue la negación del pasado y de las tradiciones de Perú como una nación multiétnica en vistas a instaurar nuevos modelos de sociedad. Sostener que el incario resume la historia del antiguo Perú es reducir siglos de ricas culturas y sociedades pre incas (cimientos básicos de nuestra identidad nacional) a su último período, es una idealización arbitraria, deforma la propia valía del incario como gran sociedad avanzada y es asimismo desconocer que hay otros pueblos, como las comunidades amazónicas, que no se reconocen como sus herederos y que tienen otra génesis, es pensar con mente imperial o tratar de entubar la historia, a la doctrina. Ahora bien, en el contexto de las migraciones y la globalización, estas identificaciones regionales, razas, etnias e identidad constituyen espacios simbólicos susceptibles de ser modelados en sus dimensiones y fronteras. La tradición del indígena del antiguo mundo andino como la tradición española y occidental son partes inseparables de la peruanidad. En este contexto se ponen en juego expectativas que tiene el emigrante peruano sobre la sociedad de acogida, los Estados Unidos, moviéndose las personas de un sentido al nuevo contexto social. En la reconstrucción del concepto “peruanidad” e “identidad nacional” en la diáspora se presenta como una red de identidades posibles y “virtuales”. La “identidad peruana” pierde su centralidad y se des-localiza. Entonces encontramos que las categorías de identidad étnica nacionales relacionadas con componentes “afro-peruano”, “indio”, “andino”, “amazónico”, “mestizo” y la raza “cobriza”, se diluyen. Tanto el componente “andino” como el componente “afro-peruano” trascienden los límites nacionales peruanos, extendiéndose simbólicamente a un proceso de transculturación y el concepto peruanidad se redefine. La peruanidad en la diáspora revaloriza la tradicional “andina” “afro-peruana” con la tradición española y occidental como parte indispensable de la identidad peruana y de la peruanidad. A su vez, los diversos géneros de música producen múltiples efectos y retroalimentan las construcciones de identidad de la diáspora peruana. Estas expresiones se reflejan en la diversidad de las asociaciones étnico-culturales, organizaciones deportivas, organizaciones culturales, grupos de folclor, música afro-peruana, organizaciones religiosas, asociaciones departamentales-regionales, asociaciones de solidaridad y asistenciales que crean identidades fluidas y múltiples, profundamente apoyadas tanto en la sociedad de origen como en la de destino. Los flujos migratorios de la comunidad peruana se caracterizan por la configuración de redes sociales, así como actividades y patrones que vinculan la sociedad de origen con la receptora. El transnacionalismo es uno de estos marcos, herederos de la globalización, que nos permite explicar las características de la redefinición del concepto peruanidad en el entorno de la globalización de la cultura: el ser peruano en la diáspora, que no es lo mismo que ser peruano en el Perú. El espíritu del hombre peruano, modelado por el arte y la religiosidad, ha dado lugar a una gran creatividad que se manifiesta en infinidad de formas, ritmos y rituales. Más de 3.000 fiestas populares, 1.500 géneros musicales e infinidad de oficios artesanales confirman al Perú como uno de los países con más variado folclor en el mundo. Con estas expresiones, los peruanos se nutren de profundas raíces para proyectar una alianza inmemorial con la naturaleza y expandir a través de ritmos y colores su compromiso con la vida. Hoy, en ellas se mezclan los sonidos de instrumentos de viento y percusión que provienen de tiempos pre-incas con otros de más reciente creación, y las danzas más tradicionales, como la marinera y el huayno, con ritmos más modernos, como el vals criollo y últimamente la chicha. Esta capacidad para la fusión musical es la constatación más contundente de una cultura que no admite purismos excluyentes, que va forjando una identidad colectiva a partir de una multiculturalidad plena de diferencias de la diáspora peruana. La diáspora peruana redefine los conceptos de peruanidad e identidad y reincorpora la tradición cultural en la diáspora con un elemento de nostalgia de identidad colectiva, incorporando lo andino, lo afro-peruano, las tradiciones religiosas de la colonia, la gastronomía peruana como símbolo de la peruanidad colectiva. Lo “mestizo” se ha convertido realmente en una etiqueta cultural. En la comida peruana se encuentran al menos 5.000 años de historia pre-inca, inca, colonial y republicana. Y se consideran casi tres siglos de aporte culinario español, influenciado inicialmente por 762 años de presencia musulmana en la Península Ibérica, las costumbres gastronómicas traídas por los esclavos de la costa atlántica africana y la fuerte influencia de los usos y costumbres culinarios de los chefs franceses. Igualmente transcendental es la influencia de los chinos-cantoneses, japoneses, italianos desde el siglo XIX y otros europeos. El resultado es una excepcional diversidad marcada por la confrontación y el encuentro de múltiples tradiciones culturales. Por lo tanto, hay en este concepto de peruanidad un cruce individuo-grupo-sociedad, por un lado, y de la historia personal con la historia social, por otro. Los individuos, los grupos y las culturas tienen conflictos de identidad. Hay una identidad personal y varias identidades colectivas. No hay un solo “nosotros”, sino varios, no excluyentes, sino superpuestos en la unicidad de la persona. La identidad distingue nuestro colectivo de otros, así como la identidad individual distingue a nuestra individualidad de hoy de los peruanos en la diáspora. La identidad colectiva es a la vez común y diferente según el contexto. En la diáspora es “nosotros los peruanos”, y actúa como un móvil contextual de solidaridad y son muchas las identidades colectivas y algunas incluyen otras, pero hablamos de nosotros los peruanos. El sentimiento de peruanidad en la diáspora es producto de la reconstrucción imaginaria con hondo contenido emocional, juegan un rol preponderante las determinaciones estructurales, la percepción que se tiene de las mismas y la atribución de nuestra identidad como individuos por parte de los demás. La representación de lo peruano se articula a las contradicciones entre el país de entrada con el país de origen. Esto se visualiza claramente en los estereotipos: ser “indio”, ser “cholo”, ser “blanco, ser “negro”, ser “mestizo”, son estereotipos propios de la sociedad peruana que se diluyen; y lo mestizo se convierte realmente en una etiqueta cultural. La peruanidad es la identidad imaginaria, simbólica, y se presenta como una red de identidades posibles y virtuales, trasciende los límites nacionales extendiéndose simbólicamente a un proceso de transculturación, la peruanidad redefine su dinámica social y está marcada por la historia colectiva y sujeta a un cambio permanente. Bibliografía • STEFONI, Carolina. Reflexiones sobre el transnacionalismo a la luz de la experiencia migratoria peruana en Chile. Santiago de Chile, Chile. • GODENZZI, Juan. La multiculturalidad: multiculturalidad, identidad y globalización. Programa de Actualización. Titulación 2006. Facultad de Ciencias. Lima, Perú. • SIFUENTES DE LA CRUZ, Luis. Multiculturalidad, identidad y globalización. Programa de Actualización. 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Realizó su internado profesional en Central American Refugee Center (Carecen, http://www.carecen-la.org), organización legal que ofrece servicios de inmigración a los refugiados y comunidad centroamericana. Publicó el “master for exhibit” A Decade of Violence in Peru (1996, con la colaboración de Patrick Young, abogado y director legal de Carecen; publicado por el Centro de Documentación del Servicio de Inmigración y Naturalización, INS). Ha colaborado con los semanarios Hispanoamérica y Nueva América, en Long Island, e Impacto, en Nueva York. En 1997 trabajó para Safe Horizon (http://www.safehorizon.org), una organización sin fines de lucro, como consejero de inmigración. Fue admitido por el Comité de Apelaciones de Nueva York como representante legal (BIA Accredited). En junio de 2001 ingresó a Inmigration Academy, Glenco, Georgia, de la que egresó como oficial de inmigración, ejerciendo después para el Departamento de Inmigración y Naturalización (http://www.uscis.gov) y para el Departamento de Seguridad Interior (DHS, http://www.dhs.gov). ||||||||||||||||||||||||||||||| LETRAS |||||||||||||||||||||||||||||| *** Polo Sur (extractos) María Teresa Ogliastri *** Descenso final Carlos Rubio Albet *** Poemas Angélica Beltrán *** Bolsa negra Nithia Castorena Sáenz *** Poemas Roberto Javier Rodríguez Santiago *** Después de 10 años los fantasmas dejan de ser fantasmas Cristina Arenas *** Poemas Rolando Revagliatti *** Brabante Jorge De Abreu *** Hojarasca (extractos) Ulises Varsovia *** El lobo herido Luis Recuenco Bernal *** Poemas Gloria Cepeda Vargas *** Caperucita Roja again Susana Guzner *** Poemas Roberto Galaviz Ávila *** Lobo solitario William Guaregua *** Poemas Mónica López Bordón *** La canasta de las orejas Silvina Faure === Polo Sur (extractos) María Teresa Ogliastri ====================== (Nota del editor: publicado por Ediciones Clio & Afrodita, en diciembre pasado fue presentado el poemario Polo Sur, de la poeta venezolana María Teresa Ogliastri, en una velada realizada el martes 9 en la Librería El Buscón, en Las Mercedes, Caracas. “Polo Sur es un viaje verbal a la geografía habitada por los perdonados y por quienes perdonan”, dice Alexis Romero en el prólogo. Hoy traemos a nuestros lectores cinco textos de este libro). *** Gemas mayores Trabajé en las minas en los socavones picaba la tierra y buscaba la piedra verde por instinto extraía las gemas mayores para merecerme una recompensa la bendición del alimento aprisionadas en la calcita las gemas en colmena extiendo la mano y me quedo con dos gotas de aceite para alumbrar noches de río en una bolsa irán conmigo al Polo Sur cuando halle a Ausencia las habré tallado serán sus ojos mi lumbre *** Cartas náuticas A Eugenio Montejo Trabajé con mi abuelo el caucho y fabriqué luciérnagas de cera para iluminarme si hablaban las hojas cuando pensaba en mi viaje al frío heredé su errancia su habilidad para dibujar cartas náuticas fabricar instrumentos de árbol que me servirían en mi viaje al perdón *** Alambique A veces pienso que debo llevar este rencor al frío exorcizarlo en el hielo y después pasarlo por el alambique descomponerlo gota a gota diluirlo recoger la esencia un extracto el perfume del perdón *** La flecha A Rafael Cadenas El poema es la flecha que tamiza el miedo represado en el falso pudor del espejo el poema perfecto nace en el aire de ser posible debajo de un nido circula en la sangre con la fuerza de un tsunami la mano se extiende y tensa el arco la cuerda guarda la distancia coloca la flecha con la frialdad de un arquero entrenado para morir la palabra penetra la corteza la delgada filigrana del vuelo la mano recoge el poema lo coloca sobre una mesa de frutas disecándolo como si fuese un animal extinto el poema es la flecha que tamiza el miedo *** Lecciones del lobo Sé que debo quedarme quieto y no chocar contra el iceberg mi doble surge del alba viene tras las hojas la enfermedad siempre estuvo ahí en la memoria los lirios causaron el desequilibrio sobre esta roca granítica ya nada puede restaurar el orden fallas en el oxígeno traen el eclipse pero la niña no puede verlo cuando alguien nos ama no podemos irnos imposibilitado como estoy aprendo del lobo que se entierra en la nieve y espera el día ** María Teresa Ogliastri mtogliastri@hotmail.com Escritora venezolana (Los Teques, Miranda, 1952). Licenciada en filosofía por la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve). Ha publicado los poemarios Cola de plata y Nosotros los inmortales. === Descenso final Carlos Rubio Albet ================================ (Nota del editor: el sello dominicano Ediciones Sociedarte acaba de publicar la novela breve Hubris y el libro Xinef, el eterno, y otros cuentos, ambos del escritor cubano Carlos Rubio Albet. Ya en nuestra edición 177 habíamos publicado el relato que da nombre a este último; hoy ponemos ante los ojos de la Tierra de Letras otro de los textos que lo componen). Mañana se celebran las exequias de Belisario Fleitas. Sobre mí ha recaído la ineludible responsabilidad de pronunciar unas palabras sobrias, delineando la trayectoria ejemplar de su vida, antes de que el féretro sea depositado en la fosa y lo cubran de tierra. Con una voz grave y el semblante pesaroso pronunciaré palabras de encomio, todas apócrifas, ensalzando la vida del difunto desde sus más tempranos días hasta su trágico final. ¿Qué más se podría decir de un hombre a quien todos consideran un héroe? De nada valdría desenmascarar a ese impostor después de su muerte; muchos, estoy seguro, me acusarían de estar motivado por la envidia. Es preferible dejarlo todo como está, permitir que crean que un héroe vivió y murió entre ellos. Todos los pueblos, pero especialmente los pueblos pequeños como Costa Blanca, tienen necesidad de sus mártires, aunque éstos sean falsos, para así proyectar patrones y pautas de conducta destinadas a las nuevas generaciones. Esta noche la única funeraria del pueblo estará atestada. Aunque el féretro permanecerá cerrado —sería no solamente inhumano sino también de muy mal gusto exhibir un cadáver irreconocible— los moradores de Costa Blanca asistirán a esa cita con los restos mortales de Belisario en su última noche sobre la tierra. Primero llegarán a la antesala, donde se encuentra el registro, y allí dejarán constancia de su presencia con sus firmas ilegibles, ansiosos de pasar al salón principal, ofrecer un pésame apresurado a los familiares y entonces detenerse unos momentos cargados de silencio junto al ataúd. Aspirarán las fragancias de las flores que exudan las esquelas funerarias; examinarán con detenimiento la foto de Belisario —tomada en sus mejores tiempos— que sin duda se encontrará presente. En un salón contiguo de tonos leves se servirá café negro y se conversará en voz baja, hasta que llegue la hora de regresar a casa. Sin duda vendrán Julián Martínez y su hermana Eulalia, dueños del hotel; el relojero Montero con su hija Nara; el español Ferro dueño de La Salerosa, el almacén general. Y no dudo que hasta Filomena, una prostituta de La Odisea y con quien tanto se codeó Belisario, también acuda a esa cita final. Por supuesto, el padre Damián Molina también estará presente. Sí, todos acudirán y todos lo recordarán como en la foto, joven y apuesto. Todos menos yo, que presencié los últimos momentos de su miserable vida, que lo conocí mejor que nadie en este pueblo y que fui testigo, aunque mucho se esforzara él por ocultarla, de la misteriosa metamorfosis que sufrió. Nunca he sido un hombre supersticioso. Todo lo contrario; he regido mi vida según los preceptos dictados por la lógica. (Esta actitud, dicho sea de paso, con frecuencia ha engendrado acaloradas discusiones filosóficas con el padre Damián.) Si tuviera que escoger un instante, un evento cuando noté ese primer cambio imperceptible en la personalidad de Belisario, sin vacilar tendría que recordar aquella noche en que asistimos a una feria de gitanos. Iban de pueblo en pueblo, armando y desarmando las raídas carpas y presentando espectáculos insólitos que ofrecían a la muchedumbre por el precio de dos reales. Belisario y yo éramos adolescentes aún. Como tales, buscábamos incesantemente cualquier forma de diversión o motivo de risa despreocupada. Esa noche exploramos la feria en una requisa alucinada, asimilando todo lo nuevo e increíble que rebasaba fácilmente la capacidad de nuestros sentidos. Bajo una arboleda y apartada de todas las otras, una tienda captó nuestra atención. No estaba, como el resto de la feria, burdamente iluminada; ausentes se encontraban los buhoneros que constantemente exhortaban a los potenciales clientes a que pasaran y presenciaran lo inaudito. Desde su interior, sin embargo, se escapaban unos destellos intermitentes y un rumor ahogado, como si ocultara una fragua secreta que un inmenso fuelle alentara rítmicamente, o las profundas exhalaciones de un ser lejano y subterráneo. A medida que nos acercamos, también captamos un olor acre. Antes de que pudiéramos entrar, un hombre de barba puntiaguda y ojos penetrantes surgió por entre la cascada de abalorios que ocluía la entrada. Sin decir nada, le hizo una señal a Belisario para que entrara en la carpa; cuando yo intenté seguirlo, el hombre me lo impidió con el brazo extendido. ¿Reconoció en Belisario algo de lo cual yo carecía? ¿Era ya esperado, acaso desde antes de su nacimiento? Él me miró, se encogió de hombros y desapareció en el interior. No recuerdo cuánto tiempo permanecí esperándolo; sí recuerdo que aquel olor tan peculiar se hizo más intenso, como si su origen se hubiera aproximado. El rumor lejano e intermitente que habíamos percibido al llegar también se hizo más inmediato y agudo, como la manifestación de una entidad extraña en busca de una vía expresiva. Ya he dicho que no soy un hombre supersticioso, pero casi podría jurar que cuando Belisario salió de la carpa no era él, sino otro. Aunque su apariencia física no había sido alterada, la expresión de su rostro era ajena a la del que había entrado. Noté también que la manera en que su cuerpo se desplazaba en el espacio era diferente, como si cada ademán estuviera destinado a alcanzar un propósito único y muy bien definido. Colgando del cuello traía lo que identifiqué como un medallón o amuleto de entrelazados símbolos que en la penumbra no logré precisar con claridad. Nunca más se separaría de ese misterioso talismán. Pero lo que más me sobresaltó fue el fulgor nuevo que residía en sus ojos; eran destellos inmemoriales que se remontaban a una época en que los hombres todavía no eran dueños del fuego. Alarmado, le pregunté si se encontraba bien; su súbita carcajada me hizo estremecer. Cuando inquirí sobre lo que había visto en la carpa, sonrió misteriosamente —dándome a entender que yo jamás podría comprenderlo— y la luz en sus ojos pareció intensificarse. Desde aquella noche en adelante, ahora me doy cuenta, nos convertimos en extraños; el sendero de nuestras vidas, antes paralelas, se había bifurcado. La primera prueba concreta de aquel cambio se manifestó al día siguiente en un grito de dolor procedente de la cocina. Allí encontramos a la sirvienta, con los dedos profundamente marcados por quemaduras recientes. Alguien, explicó entre sollozos, había colocado los rescoldos del fogón de carbón dentro de su guante protector. Al calzarlo, los dedos indefensos habían hecho contacto con el fuego oculto. Aunque nunca se supo con certeza quién había perpetrado tal maldad, el regocijo reflejado en los ojos de Belisario no me dejó la menor duda. Su conducta en días subsiguientes corroboró mis sospechas. Se aficionó a provocar, con ayuda de una potente lupa y la luz solar, incendios miniaturizados de cualquier material combustible que se encontrara a su alcance, aunque esta etapa en su metamorfosis fue relativamente breve. Aburrido de incendiar hojarascas y periódicos atrasados, se dio a la tarea de construir una detallada maqueta de un pueblo ficticio, completa con su escuela, hospital, ayuntamiento y otros edificios claves. Unas noches después, salió furtivamente con su creación. Yo lo seguí en la oscuridad, hasta que alcanzamos un terreno vacío y distante, tal vez el mismo donde los gitanos establecieran su feria. Sobre unos pedruscos acomodó con cuidado el proyecto que tantas semanas le había tomado construir, hasta lograr un nivel aceptable. Guarecido tras el tronco de un árbol, vi cómo Belisario sacaba un frasco pequeño del bolsillo trasero del pantalón, lo descorchaba rápidamente y entonces rociaba la maqueta con su contenido. En ese momento parecía ser un acólito profano llevando a cabo una oscura y maligna ceremonia. Cuando concluyó aquella danza macabra alrededor del pueblo miniaturizado, extrajo una caja de fósforos del bolsillo de la camisa, puso uno en marcha sobre el esmeril y lo lanzó decididamente en la plaza del pueblo. La ínfima llama, propulsada por el líquido combustible, se extendió prontamente de edificio en edificio. Iluminada por el fuego, la figura de Belisario danzaba alrededor del pueblo ardiente entre las pavesas que se elevaban en el aire nocturno. También creí detectar, aunque esto no puedo asegurarlo, el sordo rumor lejano y el olor acre que tanto me había impresionado durante la feria de los gitanos. El completo regocijo y abandono total de Belisario ante el fuego me hicieron comprender de inmediato que aquella noche no era sino un simulacro para lo que pronto sobrevendría. La proximidad a las llamas engendradas por él mismo le permitía descender momentáneamente a aquella región secreta que ahora consumía su voluntad pero que al mismo tiempo le comunicaba una energía interior que se manifestaba en su creciente cambio de personalidad. Desde aquella noche, me hice el propósito de vigilar a Belisario; presentía que tarde o temprano un suceso mayor tendría lugar. No tuve que esperar mucho tiempo para presenciar su próximo paso en aquella dudosa senda que él había emprendido. Cerca del pueblo concluían las labores de la zafra azucarera. Trasladada la caña de azúcar a los insaciables ingenios, se preparaban los obreros a dar comienzo a la limpieza de los campos. ¿La forma más rápida y eficiente? El fuego. Era una quema controlada, que vorazmente consumía los tallos y hojas secas y simultáneamente ahuyentaba a los pequeños roedores que se ocultaban en la tierra y se nutrían de las raíces tiernas de las nuevas cosechas. Aunque los obreros a esa hora tomaban café, en la distancia una columna de humo denso se elevó hacia el cielo azul de la mañana. El chisporroteo inconfundible de las llamas al consumir la vegetación seca los alertó. Alarmados, los hombres corrieron hacia el cañaveral ardiente. Saltando entre las llamas y lanzando carcajadas de regocijo —parecía ejecutar una danza macabra— encontraron a Belisario. Pensé que el grupo de trabajadores le daría, para empezar, una buena paliza antes de llevarlo a empellones a la oficina del capataz. Cuál no sería mi sorpresa al ver que los obreros expresaron tanto regocijo como él; le estrecharon la mano y le dieron palmadas en la espalda. Belisario les había ahorrado el trabajo de rociar el perímetro del campo con gasolina y poner en marcha el fuego. Pasaron el resto de la mañana alentando las llamas que no habían consumido parte del cañaveral, hasta completar la quema. Ese día lo invitaron a almorzar, y si mal no recuerdo hasta celebraron con una botella de aguardiente y unos habanos acabados de llegar de una tabaquería local. El vínculo de Belisario con Filomena, a quien conoció en el prostíbulo local, aunque mucho menos público, sospecho que fue tal vez el más íntimo de su vida. La llegada de mujeres a La Odisea era siempre motivo para que los asiduos retornaran a aquel recinto profano para rendir culto a la carne nueva; todos querían comprobar los atributos y habilidades de las recién llegadas. Aunque desconozco las circunstancias que trajeron a Filomena a La Odisea, no me atrevo a sugerir que aquel primer encuentro fuera premeditado y no simplemente causado por la mano del azar (ya he dicho que no soy un hombre supersticioso.) Lo que sí es un hecho innegable es que Belisario fue su primer cliente. Ella acababa de salir de la adolescencia; tenía una figura esbelta y ojos pardos muy grandes, con una inquietud que acentuaba el temor del encuentro con aquel primer hombre desconocido. Los destellos malignos en los ojos de Belisario se intensificaron al verla. Tal vez reconoció de inmediato una inocencia que él lograría corromper impunemente y a sus anchas. En cuestión de minutos, como una fiera que se adueña rauda de una presa indefensa, cerró el trato. Nadie sabe a ciencia cierta lo que ocurrió en la privacidad de la habitación. Al principio se oyeron unos gemidos leves que aumentaron en intensidad y frecuencia. Después, un grito de intenso dolor seguido por un profundo silencio. Cuando surgieron del dormitorio, ella venía abrazada a él y sus ojos estaban abrumados de lágrimas. Belisario la apartó casi bruscamente y salió del lupanar. Más tarde, hacia el final de la noche, sus compañeras de trabajo notaron la profunda quemadura que coronaba su brazo izquierdo. Nítidos y entrelazados, como la marca ígnea y reciente de un novillo, se encontraban los extraños símbolos del medallón de Belisario. Desde aquella noche Filomena dejó de ser dueña de sí misma para pertenecerle a él. Aunque todas las noches entregaba su cuerpo al desfile de clientes anónimos y con frecuencia tortuosos en sus más aberradas exigencias tarifadas de antemano, sólo le interesaba la errática presencia de Belisario. Sus grandes ojos, como aquella primera noche, se iluminaban cuando él aparecía. Aunque su trato era mayormente perverso —con frecuencia la ignoraba por completo y pasaba el tiempo con otras mujeres— paradójicamente esto hacía que Filomena se rindiera aún más a él y posiblemente lo llorara más que nadie después de su muerte. Fue por aquella época que comenzaron los incendios. Primero fue una casucha abandonada que se encontraba en las afueras. Nadie (excepto yo) sospechó nada. Un mes después un taller de ebanistería amaneció convertido en cenizas humeantes. Las autoridades concluyeron que un corto circuito eléctrico había sido el responsable por el siniestro. Con cada suceso, los ojos de Belisario se encendían de regocijo. A pesar de mi inhabilidad de comprender tan radical cambio, comprendí que pronto él no estaría satisfecho con incinerar cañaverales o edificios desocupados. Corrían los tiempos de ciclones; todos los habitantes de Costa Blanca se preparaban para unos días inciertos y difíciles. Almacenaban comidas enlatadas y agua potable, linternas por si fallaba la electricidad y radios de pila para mantenerse informados de los últimos pronósticos meteorológicos del observatorio nacional. Hacia la medianoche empezaron a aullar los vientos; las personas sensatas ya estaban refugiadas detrás de puertas aseguradas por recias trancas. En la oscuridad unánime lo vi salir, como convocado por una fuerza maligna e irresistible. Debatiéndome contra el viento lo seguí en dirección al mar —sólo se distinguía su silueta sacudida por el ciclón— hasta llegar a un antiguo astillero. Deslizándose sobre una de las paredes de madera, desapareció por una puerta lateral. Yo lo seguí sin titubear, ajeno al ciclón que arreciaba. Cuando cerré la puerta detrás de mí, me pareció percibir un murmullo leve, como de voces distantes. El sonido provenía de una cámara contigua, donde varias familias se habían guarecido del huracán y se agrupaban alrededor de una vela de luz mortecina. Sé que no esperaban a más nadie, pues se sobresaltaron cuando irrumpí en el círculo de luz, a gritos exhortándolos a que abandonaran el edificio, ya que estaban en peligro de muerte. Tal vez fue la expresión casi demente de mi rostro, tal vez la convicción inquebrantable de mi voz lo que los convenció a descorrer los cerrojos y aventurarse en la tormenta. Cuando aseguré la puerta de nuevo, ya se divisaba la danza macabra de las llamas al otro extremo del astillero; sobre el estallido de la madera ardiente se imponían las carcajadas de Belisario. Corrí entonces hacia la puerta lateral por donde había entrado y salí al viento; ya las llamas surgían por la parte más baja del techo. Sin pensarlo dos veces, aseguré la puerta desde afuera con una barra de hierro. El incendio, provocado por la gasolina, ya consumía el edificio. Sentí los golpes desesperados de Belisario tratando abrir la puerta y escapar antes de que lo alcanzaran las llamas; cerré los ojos y oí sus gritos desesperados cuando el fuego comenzó a devorar su cuerpo, hasta que el calor del incendio me forzó a alejarme. Flotando en el viento, identifiqué el mismo olor acre que había sentido por primera vez en la feria de los gitanos. Ésta es la verdad sobre la vida de Belisario. Por supuesto, nadie la sabrá jamás; para todos él es un héroe que murió para salvar a otras personas. Yo no diré lo contrario. Después de todo, él era mi hermano gemelo. ** Carlos Rubio Albet dbtcarlos@yahoo.com Escritor cubano (Pinar del Río). En 1961 emigró a Estados Unidos, donde concluyó sus estudios de bachillerato en Wilmington, Delaware. Autor bilingüe con obras en inglés y en español, textos suyos han sido publicados en antologías como 20 cuentistas cubanos, Cuban American Writers, Distinct Voices, Narrativa y Libertad y Motu Proprio. En 1989 su novela Quadrivium obtuvo el Premio Internacional de Novela Nuevo León. Además ha obtenido el segundo lugar en la mención de cuento del concurso literario Sigma Delta Pi (1974) con “Xinef, el eterno”, incluido en su libro Caleidoscopio; ha sido dos veces finalista en el premio de novela Letras de Oro (1993 y 1994), así como en el Pirate’s Alley Faulkner (1995), el Independent Publisher Book Award for Multicultural Fiction (2004) y el premio al Libro del Año de Foreword Magazine por Recuerdos secretos (2005). Muestras de su obra pueden ser apreciadas en su página personal, http://www.carlosrubioalbet.com. === Poemas Angélica Beltrán ========================================== *** La frustración de un complejo Soy el complejo de Electra ella ignora mis frustraciones. Soy un deseo incestuoso Al que ella acude cuando está sola. Luego de años viviendo a tu sombra me pregunto: ¿Cuál será el refugio de mis frustraciones Electra cuando el deseo de poseerte quede grabado en mi inconsciente? *** Variaciones en torno a una puerta Rememora los placeres del viento, va y viene para sincronizar con los corazones de los árboles del no-olvido. La puerta lucha para no olvidar sus raíces, sus pies de fango a veces delira con muñones y bastones de palo. en los días de invierno estalla contra los marcos para sacudirse la nostalgia cuando ya no puede con tanto hastío se desquita contra los dedos de algún niñito distraído *** A vuelo de pájaro Te miro con ojos de pájaro sobre la ciudad planeo tu instinto desnudo de ríos, de tiempo, de amargura en vano descifro el trópico de tus venas. tus curvas de bahareque, me son precisas para desearte (no imagino un amor sin nostalgia) El abecedario de tus dedos lee mis intenciones —ya no tan secretas— Pero insistes en huir de la jaula de mi tacto. Tu sexo volcán, el desmayo de tus planicies, estaciones en tropel. ¿Cómo abarcar la compleja orografía de tu piel? *** Saudade Mi melancolía es un animal antediluviano que boga a veces rápido, otras tantas lento en el hueco de mi pecho. Lo he sentido crecer desde mi infancia; una tortuga con coraza de musgo. Por las lágrimas vertidas en su lomo, sé que ostenta una cabeza arrugada, pálida y blandengue. La he visto en el espejo es tan fea como mi alma. Imagino sus paticas de hueso, marfil o de madera a veces trepa y lastima mi garganta. Conozco con certeza sus instintos carnívoros, con frecuencia lame mi corazón desvencijado. Sé, además, que la vida la abate: Ella se contrae en el hielo de mi pecho, Yo con mimos y desvelos me apresuro a resguardarla bajo mi saco de lana. *** Los sonidos de las cosas Me son gratos los sonidos de las cosas. La puntilla desentrañada de la madera, júbilo inmortal al ritmo de rajaleña. El intento de vuelo de los libros al caer, —los recién leídos tardan en dominar el arte— la tocata en las puertas, los chillidos aerofónicos de las ventanas, el ronroneo de mi gato perdido hace años en los tejados. En imitación, mi idiófono cuerpo, percutido y sacudido, salta al tempo de mi reloj musical descompuesto. las paredes me arrojan cuerpo a cuerpo como si tocándonos descubriésemos, que somos rodajas del mismo pan añejo entre salto y salto lo confirmo: todo en mi vida se resiste al cambio. *** La edad de la razón Te entrego mis recuerdos. Acéptalos, los condenaré al olvido. confórmate con los de la infancia, —los otros tardarán— deben pasar por la horca de mis lazos familiares. te entrego un inventario: Un par de juguetes amputados sin pies, sin manos... sin cariño. Siete días contados en los dedos, dos relojes pintados en cada mano, las cuentas rojas y amarillas en el pequeño ábaco. —cuida de dejar las rojas a la izquierda, pueden afectar la lateralidad de la memoria— Te ofrendo mis recuerdos. Cuídalos. la Edad de la razón viene a instalarse en mi memoria. ** Angélica Beltrán purpuratum@hotmail.com Escritora colombiana (1983). Es estudiante de bibliotecología. Mantiene la bitácora Flores Literarias (http://floresliterarias.blogspot.com). === Bolsa negra Nithia Castorena Sáenz =============================== Él la mira instalado en la orilla de la cama. La embriaguez del ambiente aumenta con el bochorno pegado en la piel pero él no se inmuta y permanece inmóvil, en calzones, con sus calcetines cafés aún puestos. Sus ojos desorbitados por el exceso de tragos saltan de su cara queriendo alcanzar por sí solos el cuerpo que se presenta frente a ellos. Ella nota su impaciencia y en atención a ese sentimiento desacelera, concienzudamente, su proceso de desnudez. Camina lento de un lado a otro de la habitación. El contoneo de sus caderas ayuda a vislumbrar en cada paso el encaje blanco de su ropa interior. Provocadora, tomando el control del tiempo entre sus manos, juguetea desabrochando y abrochando los botones de su blusa. Muestra y esconde su ombligo como toda una experta. Él cierra los puños, apretándolos desesperado. Da tragos acelerados a su vaso. Se muerde la lengua como un tic nervioso; parece que jadea, su boca balbucea palabras incomprensibles, su propio sudor le torna brillante la piel. Ella por fin cede y se encamina hacia él mostrando su cuerpo joven y firmemente torneado; no se acerca demasiado, sólo se muestra de frente. Él permanece sentado en la orilla de esa cama gris de hotel. Su uniforme militar permanece, como mudo espectador, en una silla, junto a ella se encuentra una pequeña mesa con el teléfono del cuarto y una hoja con la lista de números de servicio. Sin ningún orden sobre la mesa se encuentran un montón de llaves agarradas por la misma horquilla y una bolsa negra de mujer con una pequeña placa plateada anunciando la marca. Sus figuras muestran un largo puente de más de veinte años de diferencia entre sus edades, pero “eso no importa cuando el calor del ambiente invita al sexo”, piensa él maliciosamente, mientras en atención a su perfil militar empieza a tramar singulares estrategias de ataque a su joven víctima. La piel de ella se ve fresca, como si acabara de salir de la regadera; pareciera que se ha preparado para la ocasión, como si conociera previamente la ventaja de que su piel luciera tersa y joven. El vientre firme y el ombligo bien ubicado desorbitan aun más los ojos del hombre que permanece sentado balbuceando. Ella suelta su cabello, es negro y abundante, largo, roza coquetamente su media espalda. Él carga la tarjeta de presentación de su edad con las prominentes entradas desde sus sienes hasta el punto más alto de la cabeza. Una hilera de pequeñas arrugas sobre su frente baja por los costados hasta formar, notoriamente, cúmulos de arrugas en el marco de sus ojos. Aun sin verle la cara, las ramificaciones de venitas alrededor de sus tobillos, lo abultado y flácido de su vientre o las pecas en las manos muestran indiscutiblemente lo avanzado de su camino por la vida. Muchos son sus años por sobre los años de la mujer que frente a él permanece. Ella continúa de pie frente a él, callada; aguarda tranquila, con los hombros erguidos como si estuviera en posición de firmes, cooperando con su figura al ambiente militar y bochornoso. El uniforme verde olivo sigue ahí, atestiguando el encuentro de generaciones. Las luces de la noche: autos transitando, anuncios luminosos, faroles de la calle, trasminan hasta el interior del cuarto a través de pequeños huecos entre las pesadas cortinas de color marrón colgadas en la ventana del cuarto. Ella llega hasta la orilla de la cama. Él se soba las manos, en el preludio del placer y el entumecimiento artrítico. Ella permanece inmóvil, esperando. Él le besa húmedamente el vientre. Ella no voltea a verlo y siente cómo se aferran, desesperados, los dedos de él a sus nalgas, pellizcándolas, como tratando de arrancarlas. Él pasea su lengua, como una grosería, por las piernas de ella, perdido en las mieles de la autosatisfacción sin notar siquiera que ella sigue sin voltearlo a ver. Ella sigue de pie frente a ese desesperado que no se mueve de su lugar, voltea su mirada hacia el uniforme que parece haberle susurrado algo. Él siente de repente un mareo, como un soplo de aire en el pecho, “será la emoción”, piensa, “será el calor”, se consuela. Se incorpora nuevamente, lame lentamente los dedos de ella, las manos, las piernas, las caderas. La mueve a su antojo para no levantarse de la cama, ella cede sin oponer ninguna resistencia, espera. Él vuelve a sentir el mareo, ahora más fuerte, lo obliga a soltar lentamente las nalgas firmes que antes quería arrancar. Se recuesta en la cama, se apoya en un brazo pero éste no logra sostener el peso y el cuerpo entero se tiende sobre la cama. “Me siento mal”, dice él. Ella no responde. “Tráeme un vaso de agua”, ordena. Ella sigue sin responder y se dirige hacia la bolsa negra que permanece en la mesita de servicio. Saca una foto, la mira tranquilamente y en su cara se esboza una sonrisa de satisfacción, luego se dirige lentamente al sillón en el que dejó su ropa. Él la observa sin alcanzar a comprender lo que ella hace, pero sin fuerza para ordenar nuevamente su vaso de agua. La vista se le nubla, todos sus miembros permanecen sin fuerza colgándole del cuerpo, no entiende lo que le pasa. Ella, con la calma de una mañana de domingo, se mete al baño. Se escucha el agua correr y se escucha también su voz tarareando una canción. A él le empieza a arder el cuerpo y conforme pasa el tiempo el ardor es cada vez más fuerte pero no tiene voz para quejarse. Ella sale del baño, vestida con jeans y camiseta sin mangas, ropa que no traía al momento de que él la subió en su coche gris de vidrios polarizados, en plena avenida. No. No es el vestido negro con tacones altos que combinaban a la perfección con la bolsa negra. Él no entiende nada, el dolor le ocupa toda la conciencia. Ella, con el cabello húmedo aún y con un olor a jabón y crema, que nada tiene que ver con el penetrante perfume que portaba antes, se asoma a la cama para ver la cara de él. Él trata de decir algo, tal vez quiere pedir ayuda, abre la boca sin emitir ningún sonido. Ella mira su cara como reconociéndola a cada centímetro. Ella recuerda: tenía siete años cuando entraron a su casa para llevarse a golpes y empujones a su mamá. Su papá no estaba, hacía mucho que no estaba. Su mamá lo buscaba desde la primera noche que no llegó, hablaba en el radio, escribía en el periódico, preguntaba en la calle, averiguaba en oficinas y lugares sin lograr encontrarlo. Un día llegaron a su casa y su madre también dejó de estar. Fueron muchos los que se la llevaron, pero fue sólo uno el que le gritó cosas, el que la jaloneó, el que la golpeó; él se mordía constantemente la lengua, como un tic nervioso. Ella tenía siete años pero siempre lo recuerda, siempre lo vuelve a ver, en uno y otro uniforme militar se aparece como un fantasma, como un cuerpo necio que se niega a desaparecer del mundo para siempre. Ahora este hombre y su pasado permanecen frente a ella, agonizando. Él mira la foto que ella pone frente a sus ojos, es una familia pero él no reconoce a nadie y los ojos le brincan aun más, ya sea por dolor, ya sea por impotencia. ¿Cómo explicar que él no entiende nada de esto? “Ya no te podrás morder la lengua mientras mueres”, le dice ella acercando su nariz afilada con la nariz sudorosa de él. Ella se incorpora y le da la espalda, con una mano guarda la foto en su bolsa negra y con la otra abre la puerta para salir del cuarto. A los siete años no se graba claramente una cara, pero un uniforme verde olivo es siempre el mismo, un tic en la lengua es siempre el mismo; una y otra vez, en uno y otro cuerpo, vuelven a ser los mismos. ** Nithia Castorena Sáenz mecanica49@hotmail.com Escritora mexicana (Chihuahua, 1981). Cuentos suyos han sido publicados en las revistas locales Synthesis y Aserto, y en el periódico El Universitario. Ha obtenido menciones honoríficas en el Concurso Nacional de Cuentos Carmen Báez (2005) y en el Concurso Nacional de Cuento Marte R. Gómez (2008). === Poemas Roberto Javier Rodríguez Santiago ========================= *** Inconsciente Duerme, niña, duerme. En tus sueños mi pesadilla también duerme. *** Incertidumbres La tarde recorre por mi silencio su último cielo. Poco a poco recojo las nubes en mi pecho. *** Precaución Ten cuidado que uno de tus ojos no sea un espía bien acostumbrado a tu rostro esperando clavarte el puñal ardiente detrás de tu grito con tu cabeza abajo y tu otro ojo en el exilio. *** Otoño Un buen silencio, silencio que en cenizas y polvo enterraría todo grito, el cielo, de mis sueños, dispersa. Caen, caen al fondo de la piedra los días vencidos, los meses perdidos, los años sufridos, los siglos perseguidos, y toda la carne carcomida por los huesos, y todos los huesos carcomidos una tarde, y la vida cogida por los tiempos. *** En el principio En el principio, yo era un destello de agua parpadeando en el pétalo, cuyas alas dulcemente se mecían en el aire. Efímero como todos los destinos acribillados despiadadamente por los vientos, me declaré ojo en la punta de la piedra guardando para mí el virgen dolor con voz muerta. Así, aún lazarillo, me martirizó el yugo antropófago del sol en vuelo. *** El credo del bebedor social (9 de dic. de 2005) Somos muchos en la taberna bebiendo el alcohol que de día en sudor perdimos. Nos sentimos tristes... Aún no sentimos el viernes que el alcohol nos promete. Pero nosotros somos fieles. ¡Y el alcohol nunca nos traiciona! Es leal a nuestra billetera. ¡Siempre y cuando esté llena! Es leal a nuestra tristeza. ¡Aunque el rostro se nos haga trizas! Es leal al silencio... Nosotros no hablamos: ¡que lo hagan los locos por nosotros! ¡que Hollywood los loros ponga a hablar por nosotros!, porque no somos capaces ni hasta de balbucear libremente sin que una gota de alcohol nos haga palpar que existimos a veces... ...y que creemos más veces en el alcohol que bebemos que en la vida que vivimos. *** Humareda (Dic. 2005) Humareda hendiendo la noche en dos tiempos: el tiempo de inquietos y curiosos, corriendo en la noche la lava que del silencio apretado de la puberencia se exalta en la pezonada: la noche germinada de la tierra labrada; el tiempo otro, el tiempo de ahuyentados y espantados, corriendo en la noche como cenizas al vacío airado ni arenas ni polvo sólo fosilizado el verdor en muchas partículas en ellas la nada más oscura que una agujerada cósmica... ¡Y cómica la ingenua mirada de inquietos y curiosos: de fiesta la mirada y la nada otra alborada para ellos..! ** Roberto Javier Rodríguez Santiago giovaniccio@yahoo.com Escritor puertorriqueño (Ponce, 1981). Graduado de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico (PUCPR, http://www.pucpr.edu), Recinto de Ponce, con un bachillerato en artes y humanidades, mención honorífica cum laude. Ha publicado los poemarios De piedra en adelante (2003), Poemas terrenos (2005) y Poemario Sa(n)gra(n)do (2006). === Después de 10 años los fantasmas dejan de ser fantasmas =============== === Cristina Arenas ======================================================= -d: ¿Me acompañas? Hoy es sábado. En esta ciudad hay tres cementerios, hoy vamos al de la 45 con 9, el de los perros como le decía mi abuelo y como leí un día en Vanguardia. Pero se llama “Cementerio Universal de Bucaramanga” como dice el letrero oficial. -D: Mi abuelo también decía que el que no era católico y aparte de eso era liberal allá iba a terminar. -d: Se suponía que estaba cerrado desde el 98, pero Alfredo Cifuentes le abre a los que ve con cara de buena gente o de periodistas. -D: Ya ves, no nos conviene, no importa. No era el día de visitar suicidas, artistas, toreros o algún masón que creyera que todavía tenía acciones en el mundo. Además me dijeron que el pasto está muy alto y hay que tirarse al piso para saber de quién es la tumba. Muchas están quebradas, otras saqueadas. Venimos otro día. -d: Sí, aquí hasta el que cuida tiene cara de malo. Leí que cerró porque algunos vivos decidieron usar los huesos de algún poeta maldito. Además, el gobierno está ampliando una calle desde hace 4 años y pasará por la mitad del cementerio. Mejor nos devolvemos al Central. Allá sí está abierto todos los días y hay muchos vivos de visita, por si tienes miedo. -D: Yo nunca fui a un concierto en el Daniel Peralta, pero sí fui a su Clínica. Otro día venimos, quiero conocer su tumba. -D: La gente le trae cosas a sus muertos y los hacen venir hasta sus propias tumbas para saber que se acuerdan de ellos... es impresionante la cantidad de gente que viene. -d: Sí, pero pocos a pasear como nosotros. -d: Una foto, seguro que don Miguel Caicedo no se acuerda de él mismo, entonces viene y se mira. Aquí está Bethsa y sus hermanas, que ya no se encuentran entre ellas porque ha pasado mucho tiempo y no se reconocen. Un niño, con la foto de su primera comunión, seguro que no se murió ese día, pero su mamá cree que se convirtió en un ángel y entonces, él viene a visitarse y se confunde porque ya tiene su especialidad de muerto sin ser precisamente un ángel. Las personas generalmente vienen los domingos o los lunes y se pelean decentemente por la escalera, recorren verticalmente a los mismos nombres de siempre y cuando llegan le tocan al suyo dos o tres veces. Como para que se despierte. -D: A ese loco le contestaron. -d: Los cementerios tienen dos partes y una depende de la clase de persona que seas, si vienes a visitar a alguien entras, te haces la bendición, buscas el bloque del pabellón San Judas Tadeo, y sólo vas a ese lugar. Como la mayoría de la gente que ves. -d: Y como tú eres como yo, o mejor, haces lo mismo, sabes de la división especial y sólo la sientes en el ambiente. A la derecha están a los que la familia o los amigos les compraron un lugar después de ahorrar durante los seis años de plazo que tenían mientras los sacaban de las tumbas de alquiler, son casi cinco pabellones de huesos con casa propia, a estos ya casi nadie los visita, se murieron hace tiempo y la familia los ha dejado libres por fin de todo ese ritual de obsequios, ya descansan en paz. -D: Aquí no se siente nada, es como una calle normal donde cada casa tiene su propio nombre, no hace frío ni calor, no huele a muerto. -d: En la mitad, están los que asustan, los que no tienen especialidad, los que tienen un año de retiro para decidir qué van a hacer en los próximos nueve que les quedan. -D: Mira esta lápida de vidrio, tal vez la familia quiere comprobar paso a paso la frase profética que les dice el cura católico cada año cuando les pone una cruz de ceniza. -d: A este señor le dejaron una toalla quién sabe para qué, a otros como a los policías les dedican una carta que parece un libro donde se convencen que morir por la patria es el camino más corto al cielo, esto también confunde, así como el niño “ángel” de la primera comunión... Ningún muerto se acuerda de lo que era, aunque muchos de ellos nieguen su condición. -d: Doña Rosa Prada, esposa del señor que está al lado, tiene una lápida violeta con el rostro de Jesús en relieve. Los dos deben estar por ahí y tampoco se reconocen. Y, finalmente, la más triste y la más envidiada, está hecha barro con brochazos cemento gris y tiene escrito con un palito: “CHAO ABUELO SAÚL”; ahora es un fantasma libre de los que no están atados a este lugar a las flores malolientes y marchitas, a los objetos inútiles. -d: Llegamos a mi parte favorita, los muertos viejos. Antiguamente lo más importante de la vida era saber dónde estarías después de muerto, así que si tenías mucho dinero comprabas un lote familiar donde se encontrarían todos. Si no tenías lo suficiente pero conservabas tu posición, desde que la familia empezaba a crecer abrías tu cuenta en la Caja Agraria con el pretexto de reformar tu casa pero que en realidad destinarías para la compra del lote mortuorio, y así a final de tus días poder encontrarte con lo más selecto de la ciudad, claro, en esa época no existía el Cementerio de las Colinas, en donde hoy compras tu seguro de muerte desde los 18 años y te dan una tarjeta que lo certifica. Aquí por ejemplo, Familia Covelli, cada vez que se moría alguno el muerto de turno que todavía estaba vivo venía y le escribía algo en la lápida, “nos vemos en el cielo”, “no morirás para mí”, epitafios así, hasta el final. -D: Mercedes Covelli, …no tiene nada escrito. -d: Llegamos a donde las hermanas Bethsa “algo”, estas tenían mucha plata y sus padres sin imaginación construyeron casi un edificio en mármol gris para todos, pero como sus hijas murieron primero que ellos les dejaron el “edificio” y ellos posaron durante largo rato para que quedaran exactos los bustos más ostentosos del todo el cementerio. -d: He venido aquí muchas veces a copiarme de los nombres que no se me ocurren en las historias. Ya casi me aprendo el orden, sigue Familia Sepúlveda. -D: Esa tumba es la única que no me gusta, aquí vine hace diez años... ¿Te acuerdas? ** Cristina Arenas cristina80as@yahoo.fr Escritora colombiana (Bucaramanga, 1980). Es ingeniera industrial. Reside en Bogotá. Actualmente cursa una especialización en periodismo en la Universidad de los Andes (http://www.uniandes.edu.co). Fue finalista del concurso de cuento corto Álvaro Cepeda Samudio de SIC Editorial (http://www.siceditorial.com, 2006). === Poemas Rolando Revagliatti ======================================= *** El deceso El deceso de Augusto enluta al Banco Riggs de Washington El deceso de Augusto José enluta a la Agencia Central de Inteligencia en Chile El deceso de Augusto José Ramón enluta a Margaret Thatcher y a la institución liderada por Juan Pablo segundo El deceso del General Augusto José Ramón enluta a su consejo militar de 1973 El deceso del General Augusto José Ramón Pinochet Ugarte enluta el 10 de diciembre de 2006 Día Universal de los Derechos Humanos a los Chicago Boys y al caballo sin jinete escoltando al féretro. *** Soy creyente a E. M. Cioran Soy creyente: el Chapucero existe ¡Alabémoslo por ello! Pero, resignémonos: no sólo a perpetuidad lo protegen sus fueros: es, además inimputable. *** Los indios estaban Hasta 1491 nos las rebuscábamos lo más bien sin que nos descubrieran Fue de mal en peor desde el año siguiente Estamos donde estamos —ya en 2008— y por como estamos seguimos cabreros No tenemos esperanzas —desde semejante descubrimiento— de que se detenga nuestra extinción Tampoco se detendrá (a ojos vista) la propia voraz extinción de nuestros obtusos descubridores. *** Especular Nuestro Planeta Tierra en proceso de extenuación y en espejo nuestro proceso de extenuación en el Planeta Tierra. *** A la Matemurga por “La Caravana” el 4.12.2004 Lo que mata es la humedad y el imperialismo aunque sin embargo y por otro lado la humedad es como el pueblo el hambre y el espíritu revolucionario. *** Pregunta(s) ¿Qué percibiría en usted misma por 24 horas si fuera la hermana de Jorge Rafael Videla? ¿Qué le pasaría cuando durante una semana cada día confirmara que usted y no otro es el padre de Carlos Saúl Menem? ¿Qué experimentaría en su fuero íntimo usted, a lo largo de un mes, siendo la única madre del Almirante Massera? Aunque más no fuera por un lapso de 15 minutos como hijo primogénito del General Camps usted, ¿qué sentiría? ** Rolando Revagliatti revadans@yahoo.com.ar Docente y escritor argentino (Buenos Aires, 1945). Ha hecho estudios de realización cinematográfica, formación actoral, psicodrama psicoanalítico y psicoanálisis, entre otros. Entre 1988 y 2004 ha publicado los poemarios Obras completas en verso hasta acá, De mi mayor estigma (si mal no me equivoco), Trompifai, Fundido encadenado, Tomavistas, Picado contrapicado, Leo y escribo, Ripio, Desecho e izquierdo, Propaga, Ardua, Pictórica, Sopita y Corona de calor; los libros de cuentos Historietas del amor y Muestra en prosa, y la obra de teatro Las piezas de un teatro. Doce de estos libros se encuentran en distintas bibliotecas virtuales de varios países. Ha sido traducido y difundido a diez idiomas en medios gráficos y electrónicos. Ha coordinado cafés literarios y ha dirigido espectáculos teatrales. Textos suyos pueden leerse en diversos medios latinoamericanos y en su página, http://www.revagliatti.com.ar. === Brabante Jorge De Abreu ========================================== Era una noche fría y oscura, recordó Richard Brabante; una noche de murciélagos aterciopelados, de negro manto pegajoso que se adhería a las ondulantes colinas, a los árboles sacros de ramas retorcidas y añosas. Descansaba en medio de un pozo negro sin tiempo, ensoñado en la música de los grillos verde oliva, destrozando hierbajos con sus dedos. Su nombre real era Leonardo, su nombre ficticio, Richard Brabante; su realidad era una mariposa de fieltro negro adosada al papel tapiz de un cuarto de enfermo. Si Leonardo levantara su cabeza siquiera un poco, por encima del nivel de la horizontalidad observaría en toda su extensión su mundo de doce metros cuadrados. Una mano poderosa aferró la empuñadura, la cruel estatura de Richard Brabante sonrió salvajemente y desenvainó su espada, en la colina cuatro jinetes aguardaban con paciencia. Mamá había querido un ingeniero, un doctor, un... no eso que dormía en el cuarto de arriba como una cucaracha patas arriba, intoxicada por insecticida. Leonardo se aferraba a las sábanas mientras soñaba con un universo de murciélagos amarillos y ratas de albañal, donde la música de Richard Brabante era un cielo lleno de agujeritos. La gotera descargaba gotas de sangre que sonaban a sinfonía quinta monoaural de Brabante. Un grito nocturno asaetea a los búhos antiguos, vejestorios, que pernoctaban entre el ramaje con un ojo brillante, alumbrando los rostros crispados de los perdidos, y el otro ojo cerrado como un pirata en un mar de magma ardiente. Richard Brabante lanzó su fiero grito con voz de orquesta heroica, que interpreta la pieza aunque el mundo se esté derrumbando bajo un concierto de bombas atómicas. Un jinete responde a aquel grito primigenio, primitivo, que sonaba a frustración, frustración de un Leonardo no Brabante, de un Richard no compositor como aquél de un millón de discos con su genio incrustado en los surcos negros de un plástico negro. La redundancia toma la fuerza de espada contra espada, de esquive y golpe, de herida en un costado y un caballo solitario al galope en el horizonte. Leonardo escupe sangre, más que escupirla la arroja burbujeante hacia un costado, la sangre maldita se desliza por las comisuras de sus labios y traza meandros en su rostro; un agudo dolor en el pecho lo pone rígido, con los ojos fijos en el techo, la oscuridad juguetea con su visión, oscilando deliciosamente dentro de su mente desfallecida. Tres años habían pasado desde que su madre comenzó a verlo raro, a tratarlo como a un anormal. El médico tenía la culpa, si él o Richard Brabante pudieran ir hasta allí, hasta la mole de concreto con un millón de ojos de cristal donde la gente se moría en medio de tubos de plástico y juramentos de Hipócrates; si pudieran llegar hasta donde estaba el doctor y con una inyectadora ponerlo malo como estaba Leonardo. Si Richard Brabante con su espada y con sus discos lograra morderle la sangre y acabar con sus sufrimientos... Pero no, la punzada en el pecho le tenía los ojos vidriosos, frágiles. Richard Brabante escupió fuego sobre el cadáver, entre él y el último jinete reposaban tres cuerpos mutilados; el último jinete, oscuro en la lejanía, agita su arma curva, la hoja de acero destella visiones de guerra. El galope es violento, el arma es apenas un reflejo y Richard Brabante en un instante olvida su origen, su infancia y su música, olvida su segunda realidad, la de su espada y aquel mundo donde su música era el susurro del viento. Un cuerpo sin cabeza suelta su espada, cae de rodillas y en un momento, infinitamente repetido por la mente febril de Leonardo, el cuerpo de Richard Brabante se sostiene oscilante para luego caer pesadamente sobre la hierba húmeda y cargada de melodías del siglo XVIII. Los ojos de Leonardo, fríos como el cristal, observan las elipses, las parábolas, las ondas y sinusoides que adopta aquel techo de doce metros cuadrados mientras él se hunde en las profundidades de su cama y su mente se adentra en la oscuridad aromática de la noche. A lo lejos, traído por las garzas blancas, se oye un vals ácido de Richard Brabante. ** Jorge De Abreu jdeabreu_cania@cantv.net Escritor venezolano (Caracas, 1963). Biólogo graduado en la Universidad Simón Bolívar (USB, http://www.usb.ve) y con maestría en la misma casa de estudios, especializado en el área de bioquímica nutricional. En 1984 participa con un grupo de estudiantes universitarios en la fundación de UBIK, el club de ciencia ficción de la USB. Desde esa época comienza su actividad literaria en la difusión del género. Colabora en la edición de las publicaciones de UBIK: Cygnus, la Revista de Ciencia Ficción (1985), La Gaceta de UBIK (1988) y Necronomicón (1992), escribiendo algunos relatos y artículos para dichas publicaciones. En 1984 obtiene el segundo lugar en el Segundo Concurso Literario de Ciencia Ficción con su relato “Como una Rata” y en 1988 el primer lugar en el Primer Concurso del Cuento Universitario (organizado por el Decanato de Estudios Generales de la USB) con su relato “Brabante”. En UBIK participó en la organización y ejecución de talleres literarios, foros de cine, exposiciones, producciones de video y súper 8. Entre 1985 y 1997 participó como jurado en 12 de los concursos literarios que organizó UBIK (III a XIV). En 1997 inaugura el portal de UBIK, Asociación Venezolana de Ciencia Ficción y Fantasía (http://www.avcff.org), y desde esa fecha cumple allí funciones de webmaster. Actualmente desempeña labores editoriales con Ubikverso (http://ubikverso.avcff.org), revista digital de ciencia ficción y fantasía, y Necronomicón (http://necronomicon.avcff.org), revista digital dedicada al terror. Ha publicado relatos en el Periódico Universitario de la USB, Koinos, Axxón (http://www.axxon.com.ar), Alfa Eridiani (http://www.alfaeridiani.com), Efímero (http://www.edicionesefimeras.com/efimeros.html) y Vórtice en Línea (http://vortice.elparnaso.com). Sus relatos han aparecido en las antologías argentinas Anuario Axxón y Los Universos Vislumbrados 2. Ha sido traducido al inglés, portugués e italiano. En 2008 fue seleccionado para participar en la III Semana de la Narrativa Urbana de Caracas. Mantiene el blog Yo, Jorge, en http://onilegroj.blogspot.com. === Hojarasca (extractos) Ulises Varsovia ============================ *** Flor del sueño Hacia donde se vaya mi interior, hacia donde mi espíritu vuele, y vuele, y vuele, y vuele, huyendo del ayer, del agua, de nunca jamás, de hojas secas que me persiguen y vuelcan en el sueño su substancia. Tú también la flor del sueño, esposa, tú también mi guarida en llamas donde un tenue zumbido de abejas, y el llamado de débiles voces que me reconocen en el tumulto de los viejos años revoloteantes. Hacia allá con mi ser incorpóreo, hacia allá con mis pobres criaturas de niebla, humo, cansancio y vapor, haciendo señales ininteligibles desde el más allá de los idiomas. Árbol en llamas en la otra orilla, árbol de otoño de color incendio con tus hojas secas chisporroteando, contigo en la ebriedad penetro, y tu substancia yerta conmueve mi interior en fuga por el tiempo. Dejadme, mortales, aullar de olvido, dejadme aullar de calendarios, dejadme aullar de láminas muertas, de frío, orfandad y castañas en un país perdido en el tiempo, perdido en la espesura de la niebla. *** Secreta añoranza Del mismo color mi añoranza que las hojas inmolándose en la pirotecnia del otoño. Ellas rubor de tez mineral, ellas opaco carmín irradiando su mortuoria palidez sanguínea hacia la ceniza del atardecer. Secreta añoranza, enclavada en lo húmedo del corazón: del mismo color que las hojas, de su misma atmósfera letal. Y mientras caigan desde el otoño, mientras se desprendan de su matriz: amo las hojas de color mortuorio, amo la herida supurando en mí. *** Otoño de ceniza En aquel otoño de ceniza, mis grises habitantes asomados al panorama de la orfandad en el desamparo de las hojas. Era en un país diseminado entre el ruido de la lluvia triste golpeando contra la hojalata, y las embarcaciones zarpando en mi memoria obnubilada. Por el sendero de los descalzos, entre las hebras de la neblina, las figuras fantasmagóricas de quienes alguna vez allí, en la soledad de los castaños. Hoy de regreso la ensoñación, hoy, cuando otra vez las mismas hojas, y otra vez la misma neblina, y mis pasos perdiéndose en ella. Era en un país a la deriva entre el viento por los intersticios, la escuela primaria quejumbrosa, la capilla con Cristo sangrante, y las embarcaciones zarpando hacia nunca volver, hacia el olvido. *** Hojas secas Hojas secas revoloteando en el viento juguetón de octubre, aves de luto graznando, —los espíritus en muchedumbre. Nadie en el húmedo escenario donde mis pasos vagando al azar de las hojas revoloteando. Nadie, ni yo mismo, mi otredad. Tal vez mi interior desdoblado en aquél que trémulo, durmiendo, y el que por los grises campos mientras las hojas en el viento. U otro que yo el que deambulando, otro que mi misma mismidad extraviada en los calendarios, cuando otras hojas secas al azar. *** Brebaje Turbio brebaje de amargas hierbas, poción de substancias del olvido. Afuera el otoño a campo traviesa. En mi corazón un pájaro herido. Morir de no volver a verla, morir de no regresar jamás. Madre, tus ríos llenos de estrellas, tu atronadero en la orilla locuaz. Quién el que leche de tus ubres frescas, quién el que peces de tu mar feraz, cuando a mi alrededor las hojas secas, y frías mis manos de desheredad. Un brebaje de amargas hierbas, un trago de pócima otoñal, de pura asfixia, de puro no verla, de hojas secas y mi perdido hogar. *** Postrimerías de octubre En las postrimerías de octubre con mi séquito de fantasmas, rememorando una difusa edad en la hecatombe de las castañas, mientras las hojas revoloteando. Siempre regresarás a mayo cuando septiembre por la pendiente, e intensifique el frío sus púas, y arrebate el viento el botín de los árboles tributarios. También entonces la humedad pegada a las láminas resplandecientes, y en el velo gris de la niebla un hombre cruzando las horas con su corazón sangrando. ¿Quién eras cuando nadie junto a ti, cuando solo en el escenario de tu octubre en el frío mayo, y las hojas transmigrando a ti, a tu séquito de fantasmas? Siempre regresarás a morir cuando las hojas en la humedad de la niebla nublando tus ojos, en otro lugar de una turbia edad, en las postrimerías de octubre. *** Aves obscuras Aves obscuras graznando en la dispersión de las hojas, cuando el viento gris del otoño su aliento por entre las ramas, por las láminas de la hojarasca, aves que de remotos sueños en oleadas migratorias, de regreso a mi existencia atrapada en las coordenadas de niebla, humedad y hojas secas. Ahora graznad otra vez, ahora rodead mi existencia nuevamente de broncos fonemas, y abrid de repente el vuelo hacia inalcanzables estrellas. Y desde allí graznad y graznad, desde allí acribillad mi vida de roncas sílabas otoñales, y precipitad mi corazón en el clima de las hojas secas. *** En la vejez de las hojas No bien migren las hojas del ocre al rojo exhausto de media tarde, y crispen su materia exangüe hasta caer a la desheredad de pobres láminas resecas aferradas a su pecíolo... No bien, pues, experimenten la ruptura de la clorofila, y queden allí, petrificadas, esperando en el aire suicida las dentelladas de los cuchillos... Claire, no salgas de casa ahora, no pases por el sendero, no te desnudes de júbilo bajo la lluvia de vestes vegetales cayendo a tierra, no pises su color marchito. Porque no bien palidezcan, y cumplan el tránsito ritual mudando de enfermos pigmentos hasta la hoguera de la tarde... No cruces por la arboleda, no desnudes tu cuerpo lácteo bajo la lluvia de la muerte en la vejez de las hojas. ** Ulises Varsovia rommel.krieger@unisg.ch Escritor chileno (Valparaíso, 1949). Es docente de español en la Universidad de St. Gallen (Suiza). Ha publicado más de veinte títulos de poesía desde 1974, en forma artesanal, y sus poemas han aparecido en más de sesenta revistas literarias de Latinoamérica y Europa, en español y en otros idiomas. Textos suyos pueden leerse en su página personal, http://varsovia.tripod.cl. === El lobo herido Luis Recuenco Bernal ============================== Desperté con frío, a pesar de que en la chimenea el fuego ardía bien, me acomodé en el sillón y traté de taparme mejor con la manta que me cubría, para entrar en calor. Entonces lo vi, y advertí que la puerta accesoria de la habitación, la que daba a la calle, estaba abierta, y un viento helado entraba por ella, acompañado por algunos copos de nieve y por la tenue luz del alba, que despuntaba con incipiente tibieza. Traté de despejar la niebla del sueño, que todavía espesaba mi mente y mi vista y conseguí, poco a poco, recordar. Era sábado por la mañana, estaba en la cabaña del amigo de Kent y habíamos ido a cazar; Kent, otros dos compañeros de la oficina y yo. Los otros dos eran Andrew y..., vaya, no recordaba el nombre, todavía estaba algo dormido, o tal vez dormido del todo y soñaba, sí, eso debía ser, que estaba soñando. Kent había propuesto el jueves pasado un largo fin de semana de caza en el rancho que un amigo suyo tenía en Montana. Ese amigo estaba de viaje y sabía lo que a Kent le gustaba la caza, así que le ofreció el rancho, y Kent nos invitó a los demás. Los otros dos aceptaron encantados; eran, como Kent, entusiastas de la caza. Yo acepté sólo porque no quería pasar a solas otro fin de semana, en mi deprimente nuevo apartamento, con las cajas de la mudanza todavía por deshacer en su mayor parte y lo poco deshecho aún mal ordenado, desde hacía tres meses, que es cuando dejé a Mary, o Mary me dejó a mí —pero me fui yo de casa, no ella. Así que nos pusimos en camino y en tres horas estábamos en el rancho. El último tramo, la subida de cinco millas desde el pueblo hasta la cabaña, en la misma falda de la escarpada cordillera, lo tuvimos que hacer con cadenas en las ruedas del todo terreno, a causa de la nieve. Pero llegamos sin problemas y nos instalamos. Eso fue el jueves por la tarde. Lo primero que hicimos fue echar a suertes las habitaciones y a mí me tocó aquella especie de buhardilla a la que se podía acceder desde la casa y también por una escalera externa, así que tenía dos puertas, una que daba al pasillo interior y la comunicaba con el resto de la casa, y otra que daba al exterior. Y ésta última es la que estaba abierta. Por esa puerta debió de entrar, si después de todo no se trataba de un sueño. Kent me había advertido que si la abría diese un portazo para asegurar que cerrase bien porque la cerradura era vieja y estaba algo oxidada. Yo lo primero que hice después de instalarme en la habitación fue abrir esa puerta exterior para respirar el aire puro de la montaña y admirar el hermoso atardecer, la nieve con tonos rosados, reflejando el color de las nubes del crepúsculo. Pero luego, al cerrarla, se ve que no di un portazo lo bastante fuerte y el viento la debió de abrir durante la noche. Lo más probable es que, al encontrarla entornada, dando un simple empujón, tal vez con el hocico, la hubiera abierto del todo. Si, así debió de ocurrir. Siempre he pensado, al recordar aquella noche, que si en vez de quedarme dormido en el sillón que había junto a la chimenea encendida, me hubiera acostado en la cama nada más llegar a la habitación, tal vez el viento helado que se filtraba por la rendija de la puerta mal cerrada me hubiese despertado en algún momento de la noche y habría ido a cerrarla, esa segunda vez dando un buen portazo para asegurarme, y habría despertado ya entrada la mañana, de buen ánimo, y al abrigo de un cálido edredón, en lugar de muerto de frío, con el cuerpo dolorido por la incómoda postura que había mantenido e hipnotizado por los destellos escalofriantes que la lumbre de la chimenea les arrancaba a los ojos y a los colmillos de aquel lobo que estaba frente a mí, observándome con fiereza, desde Dios sabía cuándo. La noche anterior les había dicho a mis compañeros de expedición que no me apetecía pegarme un madrugón el primer día, que prefería descansar y recuperar fuerzas para la jornada del sábado, así que subí a la habitación a encender la chimenea, y después de cenar me senté en el sillón, tapado por una manta y con un libro en la mano, y al abrigo del calor me había debido de quedar dormido. Ellos habrían salido esa madrugada con sus escopetas y sus cananas y el resto de los cachivaches que hay que llevar cuando se va de caza. Yo no había llevado nada, porque nunca había cazado, nunca me ha gustado la caza, pero Kent me dijo que no me preocupase, que él tenía de todo para los dos, lo único que me comprara una pelliza y unos guantes, y un gorro con orejeras. Así que el jueves por la tarde, después de salir de la oficina, fui hasta Bloomingdale’s a comprarlos. Y me vino bien esa distracción porque así no me puse a merodear por el que había sido mi barrio, como hacía casi todas las tardes después del trabajo desde hacía algunas semanas, a espiar con disimulo mi casa, bueno, en realidad la casa de Mary, al menos de momento —hasta que hubiese un acuerdo entre nuestros abogados—, por si veía al tipo ese con el que estaba, ese con el que compartía Mary su vida y mi casa —mejor dicho, nuestra casa todavía. Seguía sin poder moverme, los ojos llameantes —las llamas de la chimenea reflejadas en ellos— de aquel animal tenían un poder hipnótico que paralizaba todos mis músculos. Pero ahora estaba seguro de que no era un sueño. Sólo se me ocurrió una cosa: poner mi cabeza a trabajar en otra cosa, pensar frenéticamente, no dejar quieta mi mente ni un segundo, para evitar que la dominara el pánico; para tratar de conservar el control de mi cerebro, y un poco de sangre fría: los iba a necesitar cuando mi cuerpo reaccionase y el miedo se apoderase de él. Debía evitar a toda costa cualquier aspaviento o ruido o movimiento brusco. Porque desde que abrí los ojos somnolientos y lo vi frente a mí, quieto como una estatua, y sin quitarme de encima aquella mirada lobuna y amenazadora, enseñando sus dientes blancos como la nieve cada vez que yo parpadeaba o trataba en vano de amagarme bajo la manta, comprendí que sólo la inmovilidad absoluta me otorgaría una remota posibilidad de salvarme. Recuerdo que de chico solía esconder la cabeza bajo las sábanas cuando, después de contarme un cuento y responder a unas cuantas preguntas idiotas que yo le hacía sólo para retenerla un rato más en mi dormitorio, mi madre salía y apagaba la luz de la habitación y yo me quedaba a oscuras, y el miedo venía a buscarme. Era un miedo muy parecido al que estaba sintiendo en aquella cabaña, pero de menor intensidad. Entonces me escondía bajo las sábanas y mantas y contaba muy rápido, del uno al cien, al quinientos, al mil, hasta que finalmente el cansancio me vencía y me quedaba dormido. Había noches que pasaba del mil, pero entonces empezaba de nuevo por el uno porque con las cifras elevadas me trabucaba y me ponía nervioso, y eso era peor, porque entonces sentía más miedo. Trataba de mirarlo con disimulo, como de reojo, procurando que no sintiese que lo miraba a él, o no sólo a él, porque recordaba haber leído que el lobo —y otros animales salvajes— considera una provocación que se le mire con fijeza a los ojos, no permiten que se les aguante la mirada. Así que mantenía mis ojos fijos en algún punto indefinido del fondo de la habitación, de modo que su figura cayese dentro de mi campo de visión, para mantenerlo vigilado, pero procurando que no fuese el centro de la mirada, y sobre todo que mis pupilas no se encontrasen con las suyas. Así, con la mirada inmóvil, me resultaba difícil distinguir los detalles que necesitaba para calcular mis posibilidades de salir airoso de aquella situación. Pero la luz del alba, ya más intensa, y mi ubicación esquinada —que me daba una buena perspectiva de la habitación— me ayudaron a hacer un esquema de la situación y a calcular mis posibilidades. El sillón en el que me encontraba estaba situado junto a la chimenea, en la pared interior de la habitación. Al otro lado de la cama estaba la puerta exterior, la que estaba abierta y por la que habría entrado el lobo y ahora se introducía un frío glacial que mis sentidos reconocían a duras penas, ocupados en la amenaza mayor y más inmediata que el lobo suponía. Para llegar a esa puerta, situada en la pared opuesta a la de la chimenea, junto a la que yo me encontraba, me veía obligado a saltar por encima de la cama, y debía hacerlo con mucha rapidez, porque el lobo estaba a los pies de la cama, por el lado de la chimenea, casi en la esquina que formaban los pies y el lateral de la cama, y la distancia desde su posición hasta esa puerta era por tanto menor que la que yo debía recorrer. La mayor rapidez del animal, junto a la menor distancia que el lobo debía recorrer, junto al entumecimiento que notaba en mis piernas, a causa de las horas que habían pasado en aquella incómoda postura, descartaban por completo aquella opción. La otra puerta, la que daba al interior de la casa, se encontraba a unos dos metros de los pies de la cama, y el lobo estaba justo entre esa puerta y yo, así que tampoco era una alternativa válida para la huida. En ese momento la chimenea crepitó ruidosamente y el lobo se sobresaltó, hizo un amago de ataque y avanzó un paso, pero se detuvo y se limitó a gruñir sordamente, mostrándome los dientes y clavando en mí más profundamente sus ojos de fuego. Era en verdad terrorífico. Quise esconder la cabeza entre las mantas y llorar, pero pude controlarme con un supremo esfuerzo de voluntad. Comencé a sudar y sentía la humedad pegajosa de mi ropa interior. El corazón golpeaba con saña mis costillas. Esperaba que el animal no oliese mi adrenalina, que estimularía su instinto de cazador. Parecía que optaba por abandonar su repentina actitud de ataque, provocada por el ruido inesperado de la chimenea y se mantenía expectante, como había hecho hasta entonces, inmóvil y sin apartar sus ojos de mí, con una pose más bien de guarda, como defendiendo su territorio y advirtiéndome con aquella inequívoca mirada que no permitiría mi entrada en él. Para mi desgracia, yo desconocía los límites de ese supuesto territorio y también si era posible abandonar aquella habitación rodeándolo, sin invadirlo. En realidad, me daba cuenta de que no sabía absolutamente nada, excepto que estaba a su merced. Y que con el amago de ataque se me había acercado, ahora estaba a poco más de un metro de mí. Seguía sin querer mirarlo a la cara, pero ahora podía olerlo. Olía a sangre seca. Es curioso el funcionamiento de la mente. Dicen que cuando estás a punto de morir ves pasar toda tu vida ante tus ojos, como en una película, a una velocidad vertiginosa. Yo vi en aquella habitación, frente a aquella criatura que —para qué engañarme— iba a terminar con mi vida, algunos momentos importantes de ésta, pero curiosamente ninguno era agradable o feliz; por el contrario, todos tenían en común haber sido situaciones en las que el terror me había dominado. Como aquel día de hacía tantos años en que volvía a casa tras pasar el día pescando truchas en el río que había a unos cinco kilómetros de casa. Calculé mal el tiempo y se me hizo de noche por el camino. La luna proyectaba sobre el sendero la sombra de los árboles y yo empecé a imaginar que se trataba de fantasmas que venían a por mí. Solté la caña y el cubo con las truchas y corrí como un poseso. Al llegar a casa mis padres se asustaron tanto al ver mi cara desencajada que llamaron al doctor. Tuve que mentir improvisando y mencioné sin dar detalles a unos desconocidos que me habían asaltado e intentado robar. La desmesura del episodio inventado justificó ante el médico y mis padres mi taquicardia y mi palidez, pero yo por dentro me moría de vergüenza porque sabía que el miedo me había obligado a mentir. Hubo otros muchos episodios vergonzosos a lo largo de mi vida, en los que mi terror irracional y desproporcionado de cobarde sin remisión me mostró la huida como la salida más cómoda, más inmediata y menos dolorosa. Al menos a corto plazo, porque con el tiempo me fui dando cuenta de que todos los fantasmas que iba esquivando, volvían una y otra vez en mi busca. Y eran ya un ejército. El lobo seguía mirándome con fijeza pero ya con la mirada menos intensa, más relajada, casi somnolienta. En la chimenea sólo quedaban rescoldos pero la luz mañanera clareaba y daba nitidez a las cosas. Podía ver de soslayo su oscuro y sucio pelaje, con hojas y restos de matojos adheridos. Tenía la pata derecha cubierta de sangre, en parte seca, que fluía por una herida, de cepo o de disparo, no pude apreciarlo, y tal vez entró a mi habitación buscando refugio, a la desesperada —sabía bien que los animales salvajes evitan al hombre siempre que pueden, no lo buscan por voluntad propia salvo en situaciones extremas. Me di cuenta entonces de que lo estaba mirando a los ojos, inadvertidamente, mi mirada perdida en mis reflexiones y recuerdos pero fija en sus ojos, menos fieros y más inquisitivos, como tratando de comprender lo que yo pensaba, intrigado tal vez por mi extraña serenidad, de la que yo mismo sólo entonces fui consciente. Nos mirábamos sin hostilidad, de eso me estaba dando cuenta, y también de que mi temor se había diluido por los vericuetos de mis recuerdos, y ahora ya no estaba. Había desaparecido. La última imagen de mi vida pasada que me vino a la memoria fue la de la tarde que abandoné a Mary. Hacía meses que casi ni hablábamos, excepto para saludarnos y algún qué-tal-en-el-trabajo de rutina. Hacía meses también que yo sabía lo suyo con un tal Albert, un compañero de trabajo, pero no me había atrevido a sacar el tema, aunque me estaba destrozando por dentro. Cuando, finalmente, hice la maleta aquella tarde y le dije que me iba, lo que más me dolió fue saber que ella sabía que me marchaba sin luchar por nuestro amor, que huía, por temor ¿a qué?, ¿a perderla?, con aquella actitud también la perdería, pero sin la gloria de haberla defendido, de haber peleado por ella; ese era mi estilo y a eso le estaba diciendo Mary que no: a la rendición anticipada, al miedo a la lucha..., al miedo a la vida. Mary me dejó —aunque fui yo quien se marchó— porque le era imposible seguir amando a un cadáver, a un muerto en vida. Eso me lo dijo con su última mirada, en la que fue nuestra conversación más larga y más sincera desde que nos casamos. Y no hicieron falta palabras. Mi mirada se hizo más honda, más fija, más segura. Me negué a seguir recordando, y me concentré por completo en el lobo. Sabía que no podía escapar a mi miedo, pero hasta aquel preciso momento no me había dado cuenta de que no quería escapar, de que deseaba con toda mi voluntad aguantar aquella situación hasta el final, fuese cual fuese, de que en aquella ocasión no iba a huir, como era mi costumbre. Sin haberme dado cuenta ni haberlo pretendido, el censo vertiginoso de todos mis temores los había evaporado, ahora sólo eran humo en mi memoria, meros recuerdos sin carga emocional; y todo mi ser se concentró en el último de ellos —pensaba en pasado, dando por supuesta mi muerte— en el único que ya quedaba, aquel que con probabilidad acabaría con mi vida: aquel lobo herido que estaba a un paso de mí y que, por Dios sabe qué motivo, llevaba toda la noche poniéndome a prueba. Esa idea me hizo sonreír, pero mi sonrisa ya no era patética, sino feroz y desafiante: la sonrisa de un jefe indio, de los que habitaron décadas atrás aquellos parajes, que sabe que morirá con orgullo y valor, que morirá matando por su vida. Y ese último miedo también desapareció. Mientras acercaba lentamente mi mano hacia el atizador de la chimenea, pude ver, reflejada en la córnea del ojo de aquel lobo ahora confuso y tal vez atemorizado, el rostro sereno y decidido de un hombre que había tomado una decisión irrevocable. Y estaba dispuesto a luchar por su vida. Oí el claxon del coche y los gritos de alegría de mis amigos. Me asomé a la puerta exterior de mi habitación, abierta de par en par, y les saludé con la mano. Había un ciervo muerto atado al techo del todo terreno. —¡Hola, Bob!, dijo Alex —ese era el nombre que no conseguía recordar—, ¡menuda caza te has perdido! ¡ha sido increíble! —Bueno —contesté—, a mí tampoco me ha ido mal —dije, mientras con la mirada seguía un sendero de puntitos rojos sobre la nieve que se alejaba hasta perderse en el horizonte. ** Luis Recuenco Bernal luis@recuenco.es Escritor español (Alora, Málaga, 1962). Reside en Rincón de la Victoria. Estudió ingeniería de telecomunicaciones y ciencias empresariales. === Poemas Gloria Cepeda Vargas ====================================== *** Melancolía Esta melancolía que gotea en el viento apacible de un noviembre desteñido en el alma de las cosas perdidas... Este organillo de los abandonados balcones de la tarde... gallos de la lejana madrugada, barcos anochecidos en el mar... Esta melancolía de la frente y el sueño que me vierte en azul y me desgaja como un árbol al viento esta luz de violeta que no acierto a prender en la solapa. *** Soledad Clarea sobre el monte una luz de tomillo es polvo y algodón la piel sedienta. Porque bajo el silencio mi soledad vigila ya soltó sus amarras gira en círculos de seda es la mía la terrible y sonora la mía mi soledad de largos corredores y frente de ceniza. *** Llueve La tarde se deshace en hilos dulces nacen tambores como cocos de agua y mueren convertidos en una flor de humo. Llueve gris como en ciernes llueve como en un tango machacado en los alambres llenos de pájaros antiguos en los vociferantes muñecos de la infancia. Son árboles sin sombra en el oído como si fueran viejos amigos encantados que vuelven del destino. *** Asunto de ojos bajos La cosa es asunto de ojos bajos borrón y cuenta nueva aunque todos sepamos dónde molesta el hueso. Es cuestión de memoria ¿pero entonces por qué la letra a media tinta? Mujeres machacadas entre piernas convulsas ¡Silencio! Niños de tripas flacas y de flacos calzones despojados del suelo de la madre de la camisa del cenit ¡Silencio! siempre los maitines de azufre la orquesta aderezada para el baile. Como una boca llena de palabras no dichas o un pozo que no altera ni siquiera este discurso a medias ¡Silencio! ** Gloria Cepeda Vargas gloriacepe@hotmail.com Escritora y periodista colombiana (Cali). Residió en Caracas (Venezuela) durante muchos años. Ha publicado los poemarios Bajo la estrella (1954), Poemas de los hijos (1960), Cantos de agua y viento (1996, ganador del Premio de Poesía Jorge Isaacs 1995, otorgado por la Gobernación del Valle del Cauca), Carta a Manuel (1996), Poemas del exilio (1999) y En Colombia y ahora (2003). Pertenece al Círculo de Escritores de Venezuela. La Cámara de Comercio de Popayán le concedió en 2006 el título de Personaje Cultural del Año. === Caperucita Roja again Susana Guzner ============================== (Nota del editor: en junio del año pasado apareció Dos orillas, una recopilación de Minerva Salado con relatos de veinte autoras, quienes abordan desde sus letras las distintas aristas del universo lésbico. Sonia Rivero Valdés, Hellen Dixon, Odette Alonso, María Concepción Regueiro, Patricia Toledo y Susana Guzner —cuyo relato publicamos hoy en la Tierra de Letras— son algunas de las firmas incluidas en el volumen, cuyos beneficios serán destinados a paliar en algo la desdichada situación de colectivos de lesbianas que, como las palestinas y ruandesas, se encuentran en una situación desesperada). Dos orillas: voces en la narrativa lésbica (Editorial Egales, España, 2008) ISBN: 978-84-88052-66-7 Era de madrugada cuando salió furtivamente de su casa. Una fina llovizna bañaba la ciudad y el frío era intenso. ¡Ah!: también se cernía sobre la niña una densa niebla. No obstante, la carita tensa por la determinación delataba que el mal tiempo no la detendría. Ella no le tenía miedo a nada. Con ropa apropiada y su mochila bien sujeta a la espalda caminó por las desiertas calles hasta llegar a la terminal y subió al último autobús que partía hacia las afueras. Era la única pasajera. Tras casi una hora de recorrido descendió en medio de la nada. Aún no había suficiente luz, y ayudándose de una linterna se internó campo a través, caminó, caminó, caminó. Tan sólo hizo un alto cuando aparecieron los primeros riscos, para reponer fuerzas masticando juiciosamente un trozo de su bocadillo de mortadela acompañado por breves traguitos de bebida isotónica. “Debo dosificar los alimentos”, se dijo, “no sé cuánto puede durar esto”. Se irguió cuan larga era, es decir, un metro y treinta y dos centímetros, y continuó su marcha hasta arribar a un inmenso lago de aguas negras. Como el carbón. O como el petróleo. O como cualquier objeto o elemento negro. Casualmente había una canoa amarrada a la orilla, y sin dudarlo montó en ella y comenzó a remar vigorosamente. Era una excelente remadora, claro está, las protagonistas poco dotadas carecen de interés. Su travesía duró un tiempo indefinido hasta que el lago desembocó en unos rápidos embravecidos. Le costaba controlar la embarcación. Altos acantilados se erguían amenazantes a sus flancos, y, como era de prever, la llovizna pertinaz se convirtió en una furiosa tormenta. Rayos y truenos ensordecían el espacio, la bruma era un puré gris que dificultaba en extremo la visión, en suma, el típico escenario de un susto de muerte, pero ella, cada vez más decidida, no cejaba en su empeño. Es más, se crecía. Finalmente logró acercarse a la orilla, amarró cuidadosamente la barca aprestada para el regreso y comenzó a escalar como una ardilla la vertiginosa ladera —por supuesto plagada de peñascos afilados y amenazantes y matojos igualmente dañinos— dispuesta a llegar hasta la cima. Cima donde vivía, según sus exhaustivas búsquedas en Internet, el omnisapiente Cuentón. ¿Leyenda? ¿Realidad? ¡Ya veríamos! Porque precisamente era esa la misión que había planeado cuidadosamente durante meses, más exactamente desde el día en que había releído Caperucita Roja por enésima vez. Trepó y trepó aferrándose con sus manitas protegidas por manoplas de minero y ayudándose con los pies enfundados en unas Nike Sport DK4 que había adquirido para la ocasión gastándose todos sus ahorros. Por fin llegó a lo más alto, una suerte de meseta donde el viento —huracanado, claro está, aquí no ha lugar aquello de “una brisa suave y acariciante”— arqueaba los pocos árboles del horrendo paraje como si fueran de plastilina. Pronto divisó una cueva mayor que las otras, y tras beber otro par de tragos para darse ánimos juntó aire y exclamó con todas sus fuerzas. —¡¡¡Cuentón!!! Como era previsible también el eco intervino, repartiendo por los aires. —¡Ón, ón, ónn, ónnnnn! Silencio. Sepulcral, obviamente. De paralizar el corazón a cualquiera pero no a nuestra pequeña, siete añitos de pura fibra valiente. Tornó a gritar repetidas veces pero nada sucedía. ¿Leyenda? ¿Realidad? ¡Ya veríamos! Porque en el preciso momento en que el desánimo comenzaba a despuntar en su almita el tremendo esfuerzo obtuvo su premio. Un ser atemporal de vaga forma humana por debajo de los cientos de pliegues de una piel que hacía eones había sido lozana asomó su rostro somnoliento desde una cueva semioculta por ralas matas de un verde pútrido. —¿Quién osa, pardiez, dar esas voces? Preguntó el ente con un hilo de voz mientras emergía de su antro y se dejaba ver al completo. Cualquier otra cría habría salido huyendo por patas, pero no nuestra heroína, faltaría más. Feo es poco: era horrendo. Ni un diente en su boca arrugada como higo seco, cabellera y barbas blancas y mugrientas hasta los tobillos, encorvado al punto de chocar su mentón con las rodillas y su esquelético cuerpo mal cubierto por andrajos. La niña dio un paso atrás al verlo, pero retomó su compostura al instante y preguntó con desparpajo. —¿Eres el Cuentón? —¿Quién lo pregunta? —articuló la voz cavernosa. Evidentemente, cavernosa, inútil pretender la primorosa tesitura de Luciano Pavarotti... —Yo. El Cuentón enfocó su escasa vista en dirección a la vocecita. —¿Y quién es yo? ¿Quién eres, gusarapa, que te atreves a arrancarme de mi eterno letargo sin antes anunciarte por un mensajero? Te voy a matar. ¿Lo sabías? La niña respondió con cortante cortesía. —Yo soy yo. Creía que no existías pero ya ves, te he encontrado. Una risa interrumpida por toses y escupitajos se dejó oír por encima del viento tempestuoso, que, por supuesto, no cesaba de soplar haciendo que la lluvia arreciara. —¡Vaya, larva de mujer, cara dura no te falta! Acércate, no tengas miedo. —No tengo miedo, Cuentón. —Y encima chula, no te jode. La cría se aproximó a la entrada de la gruta y se enfrentó al sujeto, que de cerca apestaba como una cabra podrida. Puaj. Fue al grano, debía estar de regreso en casa antes de que sus padres la echaran en falta. —¿Tú te sabes todos los cuentos infantiles, verdad? Más risas sepulcrales, más viento, más lluvia, relámpagos, un buitre sobrevolando esperanzado en un buen desayuno. —Toma, claro —replicó la reliquia asfixiada por el esfuerzo—, como que he sido su creador. Bueno, los del último siglo no, estoy retirado. —¿Y el de Caperucita Roja? —Porsu. La niña sonrió de oreja a oreja, feliz. Por fin sus dudas sobre el relato de marras serían disipadas, así que sin el menor empacho se sentó frente al Cuentón y se lanzó de inmediato. —Verás, hay un montón de detalles que no me cuadran y tampoco me gustan un pelo. Tomado por sorpresa el Cuentón mostró cierto interés. —¿Ah, sí? ¿Y se puede saber qué no te cuadra? —Para empezar, la ropa. ¿Por qué una caperuza? Están fuera de moda, si acaso, un anorak con capucha, pero una caperuza... ¿Y roja? Ya puesta, su mamá podría haberle confeccionado varias en distintos colores, pero no, la pobrecilla siempre con lo mismo. Muy poco glamour. ¿No crees? El Cuentón se frunció todo y con enorme esfuerzo se rascó la coronilla. —¿Y has venido hasta el trasero del mundo para decirme esta imbecilidad? La mocosa ni se inmutó. Sacudiéndose como un cachorro para desembarazarse del agua que la empapaba sacó de su mochila una libreta y la consultó. —Tengo muchas más preguntas. Por ejemplo... ¿Por qué viven solas? Caperucita tendrá un padre, supongo, pues que se nos explique si están divorciados, supón que era un pirata que nunca estaba en casa, o la señora lo echó a puntapiés por maltratador, tal vez había muerto de alguna peste de aquellas épocas, algo, pero esas cosas hay que detallarlas. —Digamos que porque me salió de las narices, niñata insolente. No tengo por qué dar explicaciones. —Continúo. La madre envía a Caperucita a visitar a la abuelita enferma y me pregunto —prosiguió la pequeña inmune a la grosería del monstruoso viejo— por qué la anciana vive sola y no con ellas como está mandado, o si me apuras, por qué no está bien cuidada en una residencia donde las sacan de excursión a bailar y a conocer a otras viejecitas. Aunque puede que la señora sea muy independiente y prefiera vivir sola, es una variable que se me acaba de ocurrir... En cualquier caso, este es otro aspecto confuso, a ver si aprendemos a especificar para ser creíbles. ¿Eh? La sorpresa del Cuentón iba en aumento, como su ira. ¡Mocosa desvergonzada, cuestionarle nada menos que a él un argumento de su creación y además darle lecciones de literatura! La mataría en unos segundos, estaba decidido. Nuestra niña proseguía con sus cuestionamientos. —Pongamos que no tienen dinero para residencias, te lo doy por bueno, pero hay más... ¿Por qué la madre es tan irresponsable que manda a su hija a cruzar el bosque, sola, con el susto que da y los peligros que le esperan? —Porque... No pudo continuar, su visitante estaba embalada y hablaba deprisa. —Además a una señora mayor no le convienen los panes de mantequilla. ¿No conoces el colesterol y los triglicéridos? ¿Te parece una comida sana para la tercera edad? —Te advierto que me estás tocando los... —Camina por el bosque, tralalí, ¡ay, qué bonita esta florcita azul, uy, y esta otra amarilla!, tralalá, cuando se le aparece un lobo —espetó la criatura, impertérrita—. Poco original, si bien te lo voy a pasar por alto. Y me pregunto: ¿a Caperucita no le han enseñado que nunca se debe hablar con desconocidxs? ¡Pero si hasta le cuenta quién es y adónde va! Mira, Cuentón, las niñas somos niñas pero no idiotas. Yo nunca le habría informado de mis idas y venidas a un animalazo de esa calaña. La cólera del carcamal era de tal envergadura que decidió acabar con la impertinente cuanto antes mejor. Es más, lo estaba deseando. ¡Cuestionarle a él, el gran creador de cuentos infantiles, que si patatín o si patatán, no le había sucedido en siglos! La pequeñaja bebió otro sorbito de su bebida y continuó. —Pero lo más absurdo es la escena donde Caperucita llega a la casa de su abuela cuando el lobo ya se la había zampado... ¡Y la muy tontorrona no se da cuenta que esa cosa peluda y espantosa no es su abuelita! Venga, hombre, no te lo crees ni tú. ¡Anda ya! —O te callas o... —amenazó el viejazo tartajeando furioso. —Al Sastrecillo Valiente bien que lo creaste listo y capaz de liquidar siete moscas de un solo golpe, por no mentar tu interminable colección de príncipes perfectos y triunfales, pero necesitabas una nena para que hiciera las famosas preguntas, aquello de las orejas grandes, la nariz afilada, que si los dientes, bueno, ya te lo conoces. La chiquilla no parecía tener conciencia de que su vida estaba a punto de acabar. El Cuentón se le había aproximado lentamente —normal, apenas podía mover la oxidada osamenta— y ella erre que erre. —Total, que el lobo también se la embucha, y si no fuera por un leñador que casualmente pasaba por ahí ambas habrían muerto. ¿Por qué eres tan malo? ¿No sabes la cantidad de niñas que por tu culpa tienen pesadillas desde que escribiste esta mamarrachada? —Te lo advierto, voy a... —Además, leñador tenía que ser el héroe, la cantinela de siempre. Podrías haber puesto a una estupenda leñadora, con lo que a mí me gustan las leñadoras de coloridas camisas a cuadros a juego con los Levy’s, o si me apuras, a un comando especial de amazonas, con lo que a mí me gustan las amazonas, ainsss... —¡Este cuento se acabó, prepárate a..! El vejestorio no podía terminar una frase como es debido porque la chicuela era una metralleta de palabras. —Pero no, el señor Cuentón es un machista de tomo y lomo, Caperucita es estúpida, su madre infla a colesterol a su abuela, un simple lobo se traga a una mujer y media como si nada, mira, mira, no tienes derecho a espantarnos de esa manera, somos criaturas hipersensibles, eres cruel, Cuentón, muuuy cruel, y te exijo que cambies el final ahora mismo. Aquí tienes mis propuestas, te las dejo y las estudias, pero nada de engullimientos, el lobo no se come a nadie porque teme la venganza de las bellas guardabosques o amazonas, tú verás, pero se van a un McDonald’s y no se hable más. El Matusalén no daba crédito a cuanto oía. Una pizca de persona le estaba pidiendo, es más, exigiendo que cambiara el final de una de sus obras más famosas. ¡Increíble, intolerable! Otro trueno retumbó como el bramido de un toro bravo, los buitres ya eran legión y una fuerte racha de viento casi tumbó a la niña que se mantuvo firme en sus piernas y en sus exigencias. —Vas a cambiar ese final, Cuentón. Nos aterroriza, dormimos sobresaltadas, tememos a la oscuridad, se nos cae el pelo, nos dan tembleques, nos llevan a la psicóloga y quedamos traumatizadas para toda la vida, de modo que te pones a trabajar de inmediato. Te lo digo por las buenas. Fuera de sí el monstruo dio unos pasos hacia ella, abrió su boca marchita y emitió un sonido a animal herido que retumbó por entre los acantilados. Pero nuestra heroica niña no se movió un ápice. Es más, volvió a repetir. —No me asustas, que lo sepas. Hala, aquí tienes mis ideas. Te lo pido en son de paz, no me obligues a... El Cuentón, fuera de sí, se abalanzó sobre la niña aullando. —¿Pero quién te crees que eres para amenazarme, caquita humana? ¡Ahora verás lo que es bueno! Y dando un salto portentoso —lo cual es una metáfora, huelga decirlo, para portentos estaba la reliquia...—, la boca abierta hasta el paroxismo, se abalanzó sobre ella dispuesto a engullirla. Fue entonces cuando sucedió. Vertiginosamente, de sopetón, como en los buenos cuentos. Una pasmosa transformación hizo presa de la niña, su cuerpo se revistió de una frondosa pelambrera, y a la par que su tamaño aumentaba prodigiosamente las orejas se le agrandaban al igual que su nariz y su boca y las manitas ya eran zarpas cuando en un visto y no visto se convirtió en una colosal loba babeante que, sin casi moverse, abrió su bocaza justamente cuando el viejo —que ahora era del tamaño de una nuez— saltaba para atacarla. Lo tragó de un bocado sin el menor inconveniente y el eco reprodujo el colosal eructo. —¡AGGGRAAARRRRRRRGGGG! Segundos más tarde la titánica bestia fue tornando a su forma inicial y hete aquí a nuestra niña, recomponiendo su rubio cabello con un pequeño peine de plástico y alisando sus ropas desmañadas mientras escupía educadamente diminutos trocitos de hueso. Recogió su libreta con parsimonia, colgó la mochila a sus espaldas y sin volver la cabeza retomó el camino de vuelta a casa. Tan sólo pronunció una frase. Siete únicas palabras. Pero ya han hecho historia entre las niñas del mundo entero y la difunden con un “Pásalo” por telefonillos y chats. Porque lo que dijo nuestra heroína fue: —Quien a lobo mata, a loba muere. Y COLORÍN COLORADO... ** Susana Guzner susanaguzner@yahoo.es Escritora y militante feminista y lésbica argentina (La Plata, 1944). Exiliada en 1976, residió durante veinte años en Madrid y fijó su residencia en Las Palmas de Gran Canaria, que alterna con su país natal. Ha sido psicóloga de publicidad y comunicación para diversas empresas públicas y privadas. Ha publicado artículos de opinión y crítica en medios como Ozono, Mujeres, Revista Internacional de Arte Lápiz, Época, El Faro de Vigo, Medios de Comunicación Social, Amigos del Teatro Juan Bravo de Segovia y otros. Ha sido guionista de Televisión Española (http://www.rtve.es) y de canales autonómicos españoles. Actualmente colabora para diferentes medios y portales culturales, literarios, feministas y lésbicos de Internet. Su novela La insensata geometría del amor ha sido traducida a varios idiomas, y una encuesta realizada en 2005 la califica como la mejor novela contemporánea de temática lésbica en lengua castellana. Ha publicado, además, el libro de relatos Punto y aparte, la pieza teatral cómica Detectives B.A.M., el libro pedagógico 72 juegos para jugar con el espacio y el tiempo y la novela de suspense humorístico Aquí pasa algo raro. Es coautora de Mein Lesbisches Auge 5, Que suenen las olas, No sólo duelen los golpes (en colaboración con Ángeles Caso, Rosa Montero, Rosa Regás, Cristina Peri Rossi, Espido Freire, Soledad Puértolas, Isabel Coixet y otras) y Dos orillas (cuyos beneficios de venta son destinados a proyectos de cooperación con la población lésbica internacional más desfavorecida), entre otros libros colectivos. === Poemas Roberto Galaviz Ávila ===================================== *** No te confundas, no se trata de amor Mejor léase mientras se escucha: Bonita / Tin-Tan No te confundas, no se trata de amor (al menos, no de amor eterno) no me interesan en absoluto tus últimos años tampoco estoy seguro de estar dispuesto al ruido de tus últimos días; /al musical dolor de tu agonía/ , no quiero asistir. prefiero hacer de tu imagen un estruendo., un soplo de coincidencias.,, que me aterren.,,, que me desvíen de lo inconvenientemente necesario de lo aparente y lo terrible me interesa de ti sin embargo, el momento justo de tu partida; tengo tantas ganas de decirte adiós., que precipita mi deseo de arruinarme en estas líneas (no me arrepiento que lo sepas) me encanta imaginar que te alejas y observarte, como quien se obstina en dedicarle epígrafes a la absoluta nada. *** Poema a una mujer que corre sobre la lluvia Léase mientras se escucha: Vaquero galáctico / Porter Te descubrí cuando llovía (nadie más pudo darse cuenta), te involucrabas en un axioma de poesía adulterada, y la lenta caída de las gotas sobre tus manos anulaba cualquier posibilidad de encuentro, no había cosa más evidente en galaxias a la redonda, yo lo vi. nadie más pudo darse cuenta / Imagino que esas gotas desde siempre fueron parte tuya, tal vez en una de tus muchas infancias, de algún improbable otoño trazaste esta lluvia, sin saber que a la distancia era yo quien inventaba las palabras que olvidé cuando te vi / Te sonrojaba absurdamente el recuerdo de ti misma devolviéndote al centro del caos sí, eso que tú llamas despedida y yo me obstino en nombrar encuentro, pero no discuto, no difiero de ningún orden no mientras tú lo insinúes, con tus pasos, entre las pequeñas olas que sofocan cualquier entropía que nos busque / A los ojos de las inevitables nubes pareces lenta, yo creo que debiera interrumpirte con un pretexto simple, la advertencia de un amor imposible , las consecuencias de existir y darme cuenta que el destino te ha elegido antes que nadie , el destino acarició tus bordes cuando eran sólo una idea, un boceto de alguna playa desorbitada e inédita / Quién sabe hasta dónde me lleguen tus pasos mañana , mañana que todo esto no sea más que el filamento de un recuerdo, empañado por el vapor de los puertos / Una mujer corre sobre la lluvia me apresuro a callar: detente. *** Pretextos para soñar en rojo Mejor leerse mientras se escucha: While my guitar gently weeps / The Beatles Mientras caminas y te observo pienso en la música que Bach nunca escribió /La desgracia de tu cuerpo huyendo/ tal vez Pienso en la tumba frágil que me aguarda los domingos en la alegoría de tu pelo y el infierno en la sequedad de los mares que me inundan En la marcha común de tus pasos un fragmento de tu ser se me descubre derrelictos en una playa apagada la sorpresa del silencio teñido en rojo Entonces te detienes (como si en verdad supieras cómo hacerlo) Improvisas una fábula en la mitad de tu sonrisa y somos lo mismo que una estrella que no entiende una gota de astronomía y guarda silencio ** Roberto Galaviz Ávila rockstar_mex@hotmail.com Escritor mexicano (Zacatecas, 1986). Textos suyos han sido publicados en El Pregonero, La Soldadera (http://soldadera.blogspot.com), Cataficcia (http://www.cataficcia.tk), Alforja (http://www.alforjapoesia.com), Cut and Paste, Soule Nite y otras revistas culturales de México. Es director editorial del suplemento cultural Piedra de Sol, del diario El Sol de Zacatecas (http://www.oem.com.mx/elsoldezacatecas), y se desempeña como jefe de Cultura del mismo periódico. === Lobo solitario William Guaregua ================================== Como a todo pretendiente de poeta me hubiese gustado andar por las orillas del Sena viendo los Batton Mouches navegar aguas arriba y abajo, donde los destellos de la luz de la torre reflejan brillantes constelaciones de estrellas que danzan con música de acordeón parisino. Caminar al lado de los viejos edificios hasta llegar a los Campos Elíseos y sentir en el rostro la brisa que fluye como otro río por la anchura de la avenida. Pero me ha tocado bordear en mis paseos nocturnos al Guaire, transpirar el aroma de sus aguas oscuras donde lo único que flota es la mierda que aún no se ha diluido y cada vez con más frecuencia cadáveres humanos enteros o descuartizados que se confunden con el de los perros callejeros, abombados y a punto de estallar. Esta noche hay una luna llena inmensa que emergió rojiza y de rostro manchado por el lado este de la ciudad y su luz viene corriendo, a contra corriente, como una mancha de sangre por las aguas, como una fuente incesante que hace agonizar al día y lo deja con un pulso lento, en estado de coma. Miro su perfecta redondez elevarse poco a poco hacia la cima del cielo y a su paso borra la luz de las estrellas circundantes. Su pálido reflejo ilumina mi rostro y en los dos puntos de luz de mis ojos una fuerza hipnótica y gravitatoria me invita a diluir el espacio y a la tierra, a elevarme por encima del mundo en un movimiento de atracción física pura, de momentum cuántico, donde yo, ínfima partícula, inevitablemente colapsa y se diluye en la masa del enorme y magnético cuerpo. Pero soy inevitablemente terrenal y la imposibilidad de realizar el vuelo directo me llena de ira y desata unas fuerzas que transforman el espiral cromosómico de mis células y como reacción en cadena todos los órganos de mi cuerpo mutan su humana forma para hacerse más primitivos. Emerge entonces una espesa pelambre sobre la piel, se agudizan las puntas de las orejas y los colmillos crecen hasta salirse de los bordes de los ennegrecidos labios de donde mana una baba viscosa y cristalina. Un dolor infinito invade los nervios y los músculos hasta que no puedo contenerlo y al querer lanzar un grito de auxilio sólo se escucha un aullido que retumba por las avenidas, hace volar las aves nocturnas, las bestias se esconden en sus cuevas y se cierran las ventanas de las casas y apartamentos. Llevando a cuestas mi nueva condición cruzo el puente sobre la autopista. Al verme desde cierta distancia los transeúntes cambian de acera para no toparse conmigo frente a frente. Pudo sentir sus miradas detrás de mi espalda y escucho claramente el rumor de sus voces que hablan de mi aspecto amenazante. Continúo mi marcha de manera indiferente por las aceras llenas de basura y mendigos que temen mi presencia, mientras la luna me sigue en lo alto como vigilando cada uno de mis actos. Llego hasta el boulevard donde la gente camina de un lado a otro, solitarios como yo, en parejas que se toman de la mano o van uno al lado del otro sin hablarse o grupos que se divierten con la más mínima tontería. Me sumerjo en el anonimato, en la marejada incesante de los cuerpos. Me siento en una de las terrazas de los bares. Abro el libro de Isidore Ducasse e intento una de esas falsas lecturas en la que tengo que volver y volver nuevamente a la primera línea de cada párrafo. Se acerca el mesonero y mira de arriba abajo. Le pido una cerveza y me pide el pago por adelantado con una mirada de absoluta desconfianza. Saco del bolsillo uno de los pocos billetes que me quedan para esa semana y se lo entrego. Vuelve a los pocos minutos con el vaso de cerveza de sifón rebosante de espuma de la cual tomo un primer trago tan largo como la sed que atormentaba mi garganta. No había terminado de sorberlo cuando pude percatarme del olor. Aún lo percibía lejano, pero la brisa y la intensidad me decían que se venía aproximando. Aroma inconfundible. La primera vez que lo sentí no sabía exactamente lo que era, por mi falta de experiencia, pero un estremecimiento del cuerpo, un deseo incontrolable de acercarme, un cosquilleo en la piel y sobre todo en el sexo me empujaron directamente hacia donde la naturaleza llama. Sí, era nuevamente el olor de hembra en celo. Imperceptible para el ser humano quien perdió esa capacidad entre perfumes y aromas que disfrazan su esencia pura. La vi pasar a algunos metros, ataviada de negras vestimentas sobre su piel morena. Sorbí rápidamente el último trago de la cerveza, tomé el libro y la seguí. No pasaron muchos metros de distancia para que sus instintos la hicieran voltear el rostro. Me miró directamente a los ojos, dibujó una sonrisa aun menos ligera que la de la Mona Lisa y continuó con un paso más lento. Cuando sintió mi presencia ya bien cerca de su espalda se detuvo en seco, dio media vuelta y preguntó: “¿Qué me miras?”. Le respondí con el mismo gesto de sonrisa indiferente: “Ese hermoso e inmenso trasero que tienes”. La respuesta no le hizo ninguna gracia y más bien respondió con una frialdad total: “La verdad es que no me gustan los patanes como tú, de dónde saliste, nunca te había visto en este territorio”. Su respuesta delató que acostumbraba iniciar su ceremonia de apareamiento por aquel boulevard. “Pero me gusta tu sinceridad”. Estas últimas palabras abrieron la puerta para continuar el juego. Caminamos conversando hasta el parque donde las luces de la ciudad se diluían en las sombras y sólo el reflejo de la luna volvía a ser el tinte de nuestros rostros. Allí sus ojos brillaban con la incandescencia del deseo. Nos mirábamos y girábamos uno frente a otro para dar inicio a la ceremonia como dibujando en el suelo los símbolos del Ying y el Yang con nuestras huellas. No habíamos realizado el primer acercamiento cuando pude sentir en la oscuridad la presencia de otro macho rondando tras los árboles. Ella parecía conocerlo y creo haberla escuchado reír. El otro fue asomando poco a poco su cara. Luego la dentadura abierta, la baba corriendo por las encías y los colmillos, las garras extendidas y los gruñidos para la amenaza. Y sobrevino lo inevitable, ir el uno contra el otro, las mordidas y rasguños que desgarraban la piel, separarse, dar vueltas frente a frente y volver con la misma fuerza, sentir el dolor propio y el del otro en los aullidos. Pescar el descuido hasta morderle el cuello y aferrarse con fuerzas hasta que la mandíbula duela pero jamás ceder y continuar para escuchar cómo la respiración del otro baja lentamente desde un reflujo fuerte de rabia hasta un silbido corto y apenas perceptible que llama a la muerte. Lo suelto antes de llegar su final y lo escucho jadear y recuperar fuerzas suficientes para levantarse, mirarme y perderse nuevamente entre las sombras. Ella se acerca y me dice al oído: “Has cometido un error. Hoy le ganaste, pero te buscará. Como todo malandro cobarde te esperará, sólo o en pandilla, a que te descuides, y luego el puñal o la bala por la espalda”. “Aún no he matado a nadie”, le dije. “Pero tendrás que hacerlo, digo, si quieres seguir vivo por mucho tiempo. Es tu naturaleza. Aun así hoy me ganaste y no sé si volveré a verte”, y apretó contra mí su cuerpo cálido y fuerte. Manchó su rostro con la sangre de mis heridas y ofreció frente a mí su sexo desnudo y sediento, una humedad que buscaba la profundidad en movimientos sucesivos y lubricados, una caricia extrema y posesiva que navegaba entre el dolor y el placer. Un estremecimiento compulsivo de los cuerpos, un estallido de fluidos que buscan avanzar en la oscuridad palpitante para que la vida continúe su incesante ciclo. El aullido infinito de los dos antes del amanecer apuntando hacia una luna que ya descendía detrás de los edificios y luego otros aullidos se dejaron escuchar en varios puntos de la ciudad expandiéndose desde nuestro centro, como una telaraña sonora, hasta los barrios más lejanos. Nunca pensé que fuésemos tantos en esta ciudad, cada vez más inhóspita y salvaje. ** William Guaregua waguaregua@cantv.net Poeta y narrador venezolano (Barcelona, Anzoátegui, 1962). Ingeniero egresado de la Universidad de Oriente (UDO, http://www.udo.edu.ve), donde fundó el suplemento literario estudiantil El Mástil Roto (1986-1988). Dirigió por dos años (1997-1999) el suplemento cultural Fragua, del diario El Oriental (http://www.elorientalonline.com), de Maturín (Monagas). Ha publicado los libros de poesía Sólo piel intensa (1990, Editorial La Espada Rota), Cotidianas (1992, Departamento de Tecnología Educativa UDO-Anzoátegui), De tanto andar en solitario (1999, Fumcultura) y Pentagrama (2003, Litolila). Ha colaborado con diversas publicaciones periódicas, incluyendo la Revista Nacional de Cultura y ha escrito para diversas exposiciones de artistas plásticos de Venezuela. === Poemas Mónica López Bordón ======================================= *** Alma de príncipe A todas las madres del mundo. Es justo que no me reconozcas en este camino adusto, mil veces intransitable, de tu sonrisa herida de viento. Nos hemos convertido en dos personajes de novela con trama de suspense por definir. Escribimos cuando los dioses no nos vigilan y cuando lo hacen, también. Desde el kilómetro cero de la Tierra soñamos con pisar estelas en el universo, ser atómicos, hasta en la muerte. No queremos sobrevivir a nuestros propios cuerpos pero a veces, sin darnos cuenta, nos sentimos tan inmortales como el alma, tan extranjeros como el sol del mediodía partido en trozos de nada, aniquilado en fragmentos de homenajes tardíos. Dibujamos un territorio viviente sin coronas, cada célula es una vocal, un comienzo humano. *** El próximo día, ¿nos vemos? A Carilda Oliver Labra Me tocaste el corazón con la ternura de tus labios envuelta en el lirio puro del llanto. Aquella tarde las nubes giraban en vertiginosos heliotropos, sueños sin astros remando a la orilla de un equilibrio inexistente en la rueda del encuentro. Dimos un salto en las sílabas, los encuentros, los fragmentos, la esperanza, el tiempo... Preguntaste por el vuelo desordenado de la fortuna y sin darme cuenta, te hablé de la memoria, de la nieve, del sol, de la estación de tren, del verano, de las tardes en la casa leyendo a Carilda y a Lorca, de las citas que olvidamos, del árbol secreto, de nuestras cartas, de los próximos versos, ciegos y lúcidos que quedarán escritos en la garganta blanca de la Tierra. *** Nace un paisaje Hoy tengo el galope de un animal herido aullando la esquirla del dolor humano. Tiembla la implacable muerte, el viento retrocede la mirada, la ciudad espera sigilosa, el cadáver no agoniza y desaparece fulminado por un rayo. El odio y el amor se quedan solos, cara a cara, y ahogan sus lágrimas en piel de alas. Nómada en todos los puntos del eco dejo lo muerto, transformo en pájaro mi risa, arco de violín en la noche. Me balanceo en el silencio, incendio la luna y acaricio lo atómico de las magnolias como bestia loca, abatida, despedazada. Nace un paisaje en tierra de nadie. *** Sueño tu presencia No quiero morir antes de mi muerte ni malgastar el tiempo Vicente Huidobro Una línea divide mi cuerpo en dos, mi alma en siete y atraviesa la carne. Del cuello al estómago es una cuerda que cae hasta los pies. La cabeza inclinada a la derecha y las manos cruzadas, acarician el vientre, madre, el vientre vacío. Da vueltas la boca muerta por el tiempo, muerta de dolor. Me pide que la bese desesperadamente y corro por el horizonte, por el mar, desencadenada. ¡No quiero morir, no quiero morir antes de mi muerte! Sueño tu presencia y la escribo para espiar el dolor de morir en tus brazos. *** Viento feroz, incalculable Hay otro horizonte, un horizonte huido de toda promesa donde existe el vuelo aterciopelado de verso dulce, alas de papel pintadas con la pureza del azul combatiendo sin ira en la cima blanca de la montaña sintiendo el palpitar del labio, la mano en la caricia, el beso en el carmín, el pie en la huella, la huella en la arena, la arena en la orilla, la orilla en la otra orilla y el viento feroz, incalculable de nuestros cuerpos, huidos de toda promesa. ** Mónica López Bordón monica@monicalopezbordon.com Poeta y periodista española (Las Palmas de Gran Canaria, 1976). Es licenciada en ciencias de la información (periodismo) por la Universidad Complutense de Madrid (UCM, http://www.ucm.es, 1999), donde también ha hecho un máster en televisión (2000) y la licenciatura en teoría de la literatura y literaturas comparadas (2005). Ha sido jurado de concursos literarios y ha participado en diversos recitales poéticos. Ganadora del Premio Nacional de Poesía Hernán Esquío (2006). Ha publicado el poemario Árbol de sol (Grupo Cero, http://www.editorialgrupocero.com, 2007) y es coautora de Mitos azules (2004). Textos suyos han sido publicados en Luces y Sombras, Constantes Vitales, Poesía Galicia, Las 2001 Noches (http://www.las2001noches.com), Paralelo 30 (http://br.geocities.com/paralelo_30) y La Urraka (http://revistalaurraka.blogspot.com), entre otras revistas. Desde 2003 publica la columna semanal “Vivir para contarla” en el periódico Puerta de Madrid. Ha trabajado para medios como la Agencia EFE (http://www.efe.com), Telemadrid (http://www.telemadrid.com), Televisión Española (http://www.rtve.es) y Radio Nacional de España (http://www.rne.es), entre otros. Actualmente es directora de Comunicación de Grupo Cero y coordinadora de prensa, comunicación e imagen de la Asociación Comarcal de Empresas de Daganzo, Ajalvir y Paracuellos de Jarama (Acedap, http://www.acedap.com). Tiene una página personal en http://www.monicalopezbordon.com. === La canasta de las orejas Silvina Faure =========================== Todas las noches, antes de ir a acostarse, el matrimonio Álvarez Prieto depositaba amorosamente sus orejas en una canasta destinada a tal efecto. El señor Álvarez Prieto era extremadamente sordo. Tan sordo era, que para hablarle había que vociferar hasta quedar congestionado por el esfuerzo. Como contrapartida, su esposa, la señora Álvarez Prieto, gozaba de un oído extraordinario. Podía escuchar hasta el aleteo de una mosca en el departamento del vecino. Quizás haya sido la feliz combinación de los infelices genes de ambos, pero lo cierto es que engendraron un hijo perfectamente normal. La pequeña dificultad del señor Álvarez Prieto hizo que, con el tiempo, se volviese un hombre ensimismado y reflexivo. Era extremadamente analítico y se comunicaba poco con quienes lo rodeaban. La señora Álvarez Prieto admiraba el aire taciturno de su marido, y se sentía enamorada de su fértil mundo interior. Por su parte, el señor Álvarez Prieto estaba prendado de la locuacidad de su esposa, a quien veía conversar con su hijo, sus vecinas y con todo aquel que necesitase una palabra. Creía firmemente que ella tenía del don de saber llegar a la gente. Un día el hijo, quizá por aburrimiento, decidió cambiarles las orejas. Fue así que al día siguiente comenzaron los malentendidos, se quejaba el marido: —¿Por qué me gritas de ese modo? Ya sé que estoy algo sordo, pero si continúas gritándome así me dejarás sordo por completo. —¿Qué dices? Estás ahí moviendo la boca y no articulas palabra. Sé que tengo un oído privilegiado pero aún no aprendo a leer los labios. —¡Que te dejes de gritar, mujer! Me lastimas los oídos. —Ahora entiendo, quieres hacerme sentir lo que tú sientes cada vez que te hablo normalmente. ¿Es eso, no? Al cabo de discutir un rato sin lograr entenderse, se dieron cuenta del truco del pequeño. En realidad ellos no sabían que podían intercambiarse las orejas, por lo que pronto lograron sacar provecho de esta circunstancia: —¿Ya te vas a dormir, querida? ¿Podrías prestarme tus orejas así puedo escuchar el televisor bajito sin molestar a nadie? —¡Cómo no, cariño! O bien: —Amor, el tráfico de hoy ha sido impresionante y tantas frenadas y bocinazos, sin contar con la vecina que le ha dado a la ópera todo el día, han hecho que se me parta la cabeza. ¿Podrías prestarme tus orejas unas horas hasta que se me pase la jaqueca? —Está bien, mi cielo. Descansa. Un buen día optaron por lo que consideraron la solución más lógica: en adelante intercalarían los pares, por lo que cada uno escucharía bien de un oído y estaría sordo del otro. Así podrían mantener largas e intensas conversaciones —algo que siempre habían soñado y nunca habían podido hacer. Pero ocurrió que el señor Álvarez Prieto descubrió que su esposa hablaba demasiado. Su cháchara constante lo mareaba, para colmo de males, no hacía más que hablar tonterías sin importancia. La encontró superficial y bastante frívola. Por su parte, la señora Álvarez Prieto se encontró con que su marido era, al mejor estilo Oscar Wilde, una Esfinge sin secreto. Detrás de su halo de misterio se escondía un señor aburguesado y aburrido, cuyo mundo interior no era ni remotamente tan rico como ella había conjeturado. Al poco tiempo se separaron, y el hijo aprendió dos importantes lecciones: 1. Las cosas torcidas no caen por torcidas, muchas veces lo hacen cuando se quiere enderezarlas. 2. El jugar con las orejas de los padres destruye hogares. ** Silvina Faure si_re_fa@scdplanet.com.ar Docente y escritora argentina (Buenos Aires, 1967). Es profesora de lengua inglesa y ha cursado la licenciatura en inglés con orientación a la lingüística en la Universidad Nacional del Litoral (UNL, http://www.unl.edu.ar). Actualmente enseña literatura inglesa en un colegio bilingüe de la zona del Gran Buenos Aires. Ha escrito numerosos cuentos cortos, ensayos y poemas (estos últimos en inglés), algunos de los cuales han sido publicados en sitios como Almiar Margen Cero (http://www.margencero.com) y Herederos del Caos (http://herederosdelcaos.blogspot.com). ||||||||||||||||||||||| EL REGRESO DEL CARACOL |||||||||||||||||||||| === Pobremas demás ======================================================== === Clea Rojas Freites (http://www.letralia.com/firmas/rojasclea.htm) ===== Poesía Instituto de Cultura del Estado Monagas Maturín, Monagas (Venezuela), 2006 Depósito legal: lf0912006800501 ISBN: 980-6710-05-3 42 páginas Dotados de una feminidad casi desafiante, los poemas que conforman Pobremas demás, de la venezolana Clea Rojas Freites (Cumana, Sucre, 1972), se valen de la expresión desenfadada, las metáforas construidas desde la proximidad del habla común y, no en pocas ocasiones, de un cierto tono epistolar, para delinear claramente una identidad estilística. Usando estas herramientas, Rojas elabora, en menos de treinta poemas, un autorretrato irregular y caótico, pero igualmente cautivador en cuanto que procura mostrar tantas facetas como le es posible. Así, la voz poética puede ser la expresión del desencanto, como en “Mientras Penélope”: Cansada de tejer y de negarme pero también de esperar voy a tener que dormir con tooodos mis pretendientes por si acaso mi esposo no regresa de Troya quedarme con aquél que más se le parezca in memoriam. O puede irse al extremo opuesto y plasmar alguna arista de la nostalgia, como en “Poetriza”: Por ti me he vuelto esta melaza de poemas clavicordes y suplicantes Yo que escribía con furia hieles que por lo menos se ganaban tu asombro y tu sonrisa. Ahora ya no te doy ni sed. Brillo especial tienen los textos en los que se esgrime con orgullo primario la invaluable sabiduría que da la experiencia, en los que la mujer en medio de sus treinta diagnostica, con un lenguaje que tiene al mismo tiempo elementos humorísticos y amargos, la realidad que la circunda, como en “Rescue”: No rescato a más nadie. Quien quiera, que me siga o mejor, que me acompañe, pero que no me haga estarme parando en los bordes de sus precipicios, a ver si entonces nos caemos los dos y quedo yo peor que cuando a solas y a salvo lo soñaba. O, también, en “Del pirata”: Todos los hombres cojean de una pata y advierta usted que son cuadrúpedos (tienen para escoger de cuál pata carecen). Añádase a esto las mujeres con complejo de prótesis, entre las cuales me incluyo: nos encanta que se afinquen en nosotras (...) Después nos quejamos porque nosotras salimos partidas y encharcadas y ellos ilesos. Rojas ganó con este libro, en 2005, el III Concurso de Literatura “Alarico Gómez”, tras la decisión unánime de un jurado compuesto por los poetas Francisco Arévalo, Fidel Flores y Eleonora Requena. El certamen es auspiciado por el Instituto de Cultura del Estado Monagas. Licenciada en letras por la Universidad de los Andes (http://www.ula.ve), casa de estudios donde se desempeña como profesora de latín y literatura latina, Rojas ha publicado antes Pobremas de prostíbulo (Mérida, 1999). Textos suyos han aparecido, además, en la Revista Nacional de Cultura y en la revista digital Kalathos. ||||||||||||||||||||||||||| POST SCRIPTUM ||||||||||||||||||||||||||| “La diferencia entre la vida y el arte es que el arte es más soportable”. Charles Bukowski. === Cómo publicar en Letralia, Tierra de Letras =========================== Antes de enviarnos algún texto para publicar en Letralia, le agradecemos leer nuestras condiciones de publicación. 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