~~~~~~~~~~~~~~~ Año XV Cagua, Venezuela Nº 236 ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras ~~~~~~~~~~~ http://www.letralia.com ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ 19 de julio de 2010 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras, es ~~~~~~~~~~~ la revista de los escritores ~~~~~~~~~~~ hispanoamericanos en Internet. ~~~~~~~~~~~ Usted puede enviarnos sus ~~~~~~~~~~~ comentarios, críticas o material ~~~~~~~~~~~ literario a info@letralia.com ~~~~~~~~~~~ ~ * ~~~~~~~~~~~ ~~~ JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor ~~~~~~~~~~~ ~~~~ Depósito Legal: pp199602AR26 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~ ISSN: 1856-7983 ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ === Sumario =============================================================== | Un oso argentino. / El lugar de Eva. / Sanando con la | Breves escritura. / Todos a coro. / MeridAndando. | | Falleció el escritor argentino Horacio Castillo. / | Noticias Regresa a Salamanca después de cien años una carta | inédita de Unamuno. / Fundación Telefónica y Wikipedia | firman convenio educativo. / Fallece la titiritera Sarah | Bianchi a los 88 años. / Inauguran exposición de | fotografías de Juan Rulfo en Río de Janeiro. / Premio | Municipal de Literatura de Caracas será entregado esta | semana. / Familiares solicitan anular sentencia de | muerte de Miguel Hernández. / Falleció a los 47 años el | escritor mexicano Juan Hernández Luna. / Gioconda Belli | obtiene el premio La Otra Orilla. / Crean en Colombia un | pregrado en creación literaria. / Premio Libertador al | Pensamiento Crítico recae sobre Enrique Dussel. / | Otorgan a Juan Marsé el Premio Gabarrón de las Letras. / | Publican en España correspondencia y diario de Horacio | Quiroga. / El poeta peruano Antonio Cisneros recibió el | Premio Pablo Neruda. / El libro infantil celebra su | feria en Buenos Aires. / Centro Lorca en Granada será | inaugurado este año. / Murió en Miami la bolerista | cubana Olga Guillot. / Presentan en Caracas la Colección | Arte Venezolano. / Falleció Amanda Berenguer, poeta de | la generación del 45. / Aprueban creación del Ministerio | de la Cultura del Perú. / Cuentos “de retorno a la | patria” publica Alfredo Bryce Echenique. / El Premio | Internacional de Novela Negra RBA asalta las redes | sociales. / Inauguran muestra fotográfica itinerante de | Gonzalo Torrente Ballester. / Clausura la Semana Negra | de Gijón con “rotundo éxito”. / Un foro analizará en | Marbella el universo de Mario Vargas Llosa. / Exposición | de retrato fotográfico inauguran en Caracas. / | Realizarán en Rosario un congreso sobre educación. / Un | congreso analizará en Guatemala el futuro de la lectura. | / Mundo clásico será analizado en Argentina. / | Realizarán en Venezuela un congreso sobre historia | inmediata. / Investigadores de literatura española | medieval se reunirán en Argentina. | | “La patria y el Bicentenario. ‘Mis muertos’, ‘tus | Artículos y muertos’, ‘nuestros muertos’... ¡Todos los muertos!”, | reportajes Carlos Schulmaister. / “¿Dónde vivió Manuelita Sáenz?”, | Miguel Godos Curay. / “Vivir a pulso”, Gabriel Mantilla | Chaparro. / “René Rebetez, el hijo del relojero”, Dixon | Acosta. / “El monólogo de Molly en el Ulises de James | Joyce”, María Alejandra Crespín Argañaraz. / “El arte es | el código”, Clara Mónica Barrón Cepeda. / “Dolores y | travesuras del libro”, Gustavo Páez Escobar. / | “Autorretrato con Frida”, Ana Rosa López Villegas. | | Sergio Román Armendáriz: “La poesía es una manera de | Entrevistas vivir. Y morir”, entrevista por Augusto Rodríguez. | | “Análisis de convergencias política, sexual y textual en | Sala de ensayo la denuncia de la naturaleza del poder al interior de El | beso de la mujer araña, de Manuel Puig”, Ana Verónica | Guerrero Galván. / “Presencia negra en poemas y cuentos | de Rubén Darío”, Nydia Jeffers. / “Imágenes de la Guerra | Civil española (1936-39). Metaficción, intertextualidad | e intratextualidad en Si te dicen que caí, de Juan | Marsé”, José María Pérez Sánchez. / “Nietzsche y la | palabra del camino”, Rafael Fauquié. | | Poemas de Oswaldo Gómez Toledo. / “Héroes y ladrones”, | Letras Andrea Tomé. / Poemas de Gustavo Alejandro Mussi. / “Más | allá del cielo plomizo”, Pedro Enrique Rodríguez. / | Poemas de Sabrina Domínguez. / “El tren”, Jorge Ernesto | de León Cabrera. / Poemas de Johan Adrián. / “Auto de | fe”, Silvia Italiano. / “Puertas como ríos”, Javier | Ubalde Enríquez. / “El hombre de la herramienta de | insomnio”, Berenice Betancourt. / Poemas de Jaime Gómez | Nieto. / Textos de Elena Camacho Rozas. / Tres sonetos | de Edgardo Donato Díaz. / “Último día”, Alexander Campos | Soto. / Tres poemas de Marco Antonio Domínguez. / Cuatro | relatos de Jorge Etcheverry. | | Antonio Cisneros. | Post Scriptum | =========================================================================== Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Año http://www.geocities.com/SoHo/8753 =========================================================================== Premio "La Página del Mes" de Internet de México el 3 de mayo de 1998 http://www.internet.com.mx =========================================================================== Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998 http://www.megasitio.com =========================================================================== Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999 http://www.redchilena.cl =========================================================================== Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999 http://www.fortressdesign.com =========================================================================== Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999 http://www.exodusltd.com =========================================================================== Premio Mejor Página de Poesía, de La Blinda Rosada, en julio de 1999 http://blindarosada.org.ar =========================================================================== Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Premio Nacional del Libro de Venezuela 2007, Centro Nacional del Libro http://www.cenal.gob.ve =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2008, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Para suscribirse a Letralia, envíe un mensaje vacío a: letralia-subscribe@gruposyahoo.com Para desuscribirse, envíe un mensaje vacío a: letralia-unsubscribe@gruposyahoo.com También puede formalizar su suscripción o su desuscripción en un formulario visible en nuestro sitio en el Web: http://www.letralia.com/herramientas/listas.htm Ediciones anteriores: http://www.letralia.com/tierradeletras/archivo.htm ||||||||||||||||||||||||||||||| BREVES |||||||||||||||||||||||||||||| Un oso argentino. Emilio Di Tata Roitberg es un escritor argentino que se ha dedicado al género policial. Su novela El Oso en Villa La Angostura, ambientada en la Patagonia argentina, acaba de ser publicada por la editorial y distribuidora Letras de la Patagonia, de Bariloche. La novela narra las dificultades a las que se enfrenta el Gordo Andrés, un ex presidiario que, víctima de una turbia vendetta policial que le lleva a convertirse una vez más en fugitivo, abandona su hogar y busca refugio en Villa La Angostura, un tranquilo y pintoresco pueblito de la cordillera. Pese al ambiente tranquilo al que ha ido a ocultarse, pronto volverá a meterse en problemas. Se trata de la continuación de El Oso, una novela anterior del autor, quien además ha publicado el libro de cuentos Mosquita muerta. Di Tata Roitberg nació en Buenos Aires y ha vivido en Madrid y Jerusalén. Reside en San Carlos de Bariloche desde 1986. Alternó su actividad literaria con los más diversos oficios (panadero, albañil, empleado de comercio, camionero), que más tarde sirvieron de material para sus relatos y novelas. Textos suyos han sido publicados en antologías del país y el extranjero y en los diarios Clarín (http://www.clarin.com) y La Nación (http://www.lanacion.com.ar). Fue director y cofundador de la revista literaria Castillo de Palabras (1999-2003) y del magazine cultural Tríptika. http://www.patagonia42.com.ar/osovla%27%27%20res.html El lugar de Eva. Como parte de la Colección Biblioteca Digital Siglo XXI (http://bit.ly/bgU9yz), acaba de aparecer el poemario Ese lugar, la vida, de la escritora argentina Eva Isabel Ruiz Barrios (http://www.letralia.com/firmas/ruizeva.htm). El libro está dividido en cuatro secciones. La primera, “La palabra que te moja los labios”, habla del amor, de la concepción, de la imposibilidad, en un juego de doble significación, con versos cortos. En la segunda parte, “Los puntos del énfasis”, la búsqueda lírica se encuentra con el fuego de la existencia y no están ausentes la decepción, la reflexión filosófica, el temor y la fragmentación, en poemas que, quizá, desvelen la fístula de nuestra sociedad contemporánea. En la tercera sección, “Brevedades y un continente que se fue por las ramas”, se encuentran las estocadas viscerales; no faltará el silencio para luminosidad de la palabra y la construcción desesperanzada. Por último, en “Lazos”, la poesía recorre las distintas vertientes del amor donde lo difícil es acomodar el lugar para que entre el otro y también para que salga. Nacida en Buenos Aires, Ruiz es poeta y cuentista. Textos suyos han sido publicados en diarios y revistas como Caracol Rosarino, Artes y Letras, Ronda Literaria y el diario El Cóndor, entre otros, así como en diversas antologías. Obtuvo la mención de honor en cuento de Ronda Literaria (1996-1997), el Premio Nacional de Literatura organizado por la Sociedad Argentina de Escritores (http://www.lasea.org.ar) y el Departamento de Cultura de la Municipalidad de Tres de Febrero (http://www.tresdefebrero.gov.ar; 2003, 2004 y 2006) y otras distinciones. Ha sido jurado en los Juegos Florales de Tres de Febrero y es colaboradora de la revista Las Letras. http://www.bubok.com/libros/172456/ESE-LUGAR-LA-VIDA Sanando con la escritura. El escritor venezolano Jesús Nieves Montero (http://cuestiondemetodo.blogspot.com) dictará el próximo mes el taller “Escribir para sanar”, cuyos participantes aprenderán el correcto uso de la escritura para expresar sentimientos e imágenes que ayuden a organizar y comprender el mundo interior, así como estrategias y herramientas creativas para desencadenar el poder sanador de la expresión directa, tomando como base el diario personal como terapia. Nieves Montero es autor de novelas cortas y relatos, y algunos de sus textos han sido traducidos al inglés, chino, francés y esloveno. Ha colaborado con publicaciones como Papel Literario (Caracas), Letra en la Ruta (Princeton, USA) y The Barcelona Review (http://www.barcelonareview.com; España). Fue reconocido en el Concurso de Autores Inéditos (1999, Monte Ávila Editores, http://www.monteavila.gob.ve), en el Premio Latinoamericano de Literatura Joven DuPont-M.E.E.T (2001), en el Premio Internacional de Narrativa (2002, The Cove Rincón de Miami / Pegaso Ediciones de Argentina). El taller, que tiene un costo de 450 bolívares, se desarrollará en el espacio María Teresa Castillo del Ateneo de Caracas, ubicado en la quinta La Colina, avenida La Salle, urbanización Colinas de Los Caobos (diagonal a Venevisión), en Caracas, a lo largo de tres sesiones, el lunes 9, miércoles 11 y viernes 13 de agosto de 9 de la mañana a 12 del día, totalizando nueve horas académicas. Quien esté interesado en solicitar mayor información deberá llamar al (0212) 7937015 o escribir a formacion.ateneo@gmail.com. http://bit.ly/escribirparasanar Todos a coro. El Coro Nacional de Niños del Perú (CNNP) ha abierto sus inscripciones para el Proceso de Admisión 2010-II. De esta manera, todos los niños y niñas peruanos o extranjeros residentes en el Perú, con edades comprendidas entre los 6 y 10 años, podrán participar en el proceso. El CNNP fue fundado en abril de 1995 y está conformado por un centenar de pequeños artistas, divididos en tres grupos de acuerdo a sus edades. Su dirección está a cargo de la maestra Mónica Canales Márquez y su objetivo es la promoción y difusión del canto coral infantil, mediante un repertorio de diversos estilos y épocas, así como de manifestaciones musicales peruanas y de canciones infantiles. Para inscribirse se requiere una fotocopia de la partida de nacimiento y cuatro fotografías iguales y recientes tamaño carnet. Asimismo, es indispensable la presentación del original y fotostática de la última libreta escolar, así como del formato de inscripción debidamente llenado y del recibo de pago correspondiente. Los niños inscritos asistirán a un breve taller de entrenamiento del 9 al 20 de agosto, luego de lo cual se seleccionará a quienes reúnan las condiciones para formar parte del elenco. Las inscripciones se realizarán en horario de oficina hasta el día viernes 6 de agosto en el Instituto Nacional de Cultura (INC, http://www.inc.gob.pe), ubicado en la avenida Javier Prado Este 2465, San Borja, 5º piso. Para mayor información, comuníquese con los teléfonos 4754210 y 4769933, anexo 2247. http://www.facebook.com/pages/Coro-Nacional-de-Ninos-del-Peru/277506380626 MeridAndando. Así se llama el recorrido artístico realizado el pasado 1 de mayo por el centro de la ciudad venezolana de Mérida, en el estado del mismo nombre, y que bajo la organización de la Fundación para el Desarrollo de las Artes y la Cultura (Fundearc) y la Dirección de Cultura y Extensión (Digecex) de la Universidad de los Andes (ULA, http://www.ula.ve) se reeditará el próximo 18 de septiembre. Por una noche Mérida convierte sus calles centrales en una de las mayores exposiciones de arte y gastronomía en Venezuela, ofreciendo en cada esquina música en vivo, proyecciones de cine, videoarte, teatro, danza, performances, exposiciones de fotografía y artes plásticas, cuentistas, humoristas y recitadores. En paralelo, puestos de comida, artesanía textil, bisutería, ropa, diseño gráfico e industrial y diversas creaciones originales con sello venezolano. MeridAndando reúne a artistas plásticos y conceptuales, grupos musicales profesionales y aficionados, fotógrafos, maromeros, diseñadores, artesanos, cineastas, bailarines, actores y colectivos interesados en divulgar su trabajo sobre ecología, labor social y cultural, que desde ya están invitados a plantear cómo pueden participar. Los interesados deben solicitar su inscripción antes del 20 de agosto comunicándose con la producción de MeridAndando a través del correo electrónico meridandando@gmail.com o de los teléfonos (0274) 6574547, 5111241 y 5115425. http://www.facebook.com/group.php?gid=111898175489859 ¿Quiere publicar una nota en este espacio? Envíenosla por correo electrónico a breves@letralia.com. === ¿Le interesa estar informado sobre concursos? ========================= Reciba por correo electrónico los anuncios vigentes de concursos literarios y artísticos en general suscribiéndose a nuestra lista de distribución. Todo lo que tiene que hacer es enviar un mensaje vacío a letralia-concursos-subscribe@gruposyahoo.com, o visitar nuestra cartelera de concursos en http://www.letralia.com/herramientas/concursos.htm. Si desea enviarnos las bases de un concurso, escríbanos a info@letralia.com |||||||||||||||||||||||||||||| NOTICIAS ||||||||||||||||||||||||||||| *** Falleció el escritor argentino Horacio Castillo El pasado 5 de julio murió a los 76 años de edad el reconocido escritor argentino Horacio Castillo. Crítico, ensayista, traductor, abogado y miembro de número de la Academia Argentina de Letras (AAL, http://www.aal.edu.ar) y correspondiente de la Real Academia Española (RAE, http://www.rae.es), estuvo marcado por el mundo y las letras griegas. Castillo opinaba que los occidentales han buscado el misterio en la oscuridad, mientras que los griegos lo han buscado en la luz: “Pertenezco, culturalmente, al mundo occidental de lo oscuro, y la frecuentación del mundo griego, empezando por su luminosa lengua, me ha permitido abrir una brecha y experimentar la transparencia, que hace visible lo esencial”. Comenzó a publicar sus poemas a principio de los 70. Su primer libro fue Descripción (1971), al que le siguieron Materia acre (1974), Tuerto rey (1982), Alaska (1993), Los gatos de la Acrópolis (1998), Cendra (2000), Música de la víctima y otros poemas (2003) y Mandala (2005). Éste última cierra su período lírico, que fue reunido en varios volúmenes, entre ellos La casa del ahorcado (1974-1999) y Por un poco más de luz (1974-2005). Sus obras fueron traducidas al francés, inglés, portugués e italiano. Nacido en Ensenada, provincia de Buenos Aires, y recordado por su serenidad, de rasgos marcados y palabra clara, aseguraba que la poesía es el instrumento de lo que nos excede. “La poesía es una forma de percepción de lo indecible, del misterio de la vida o, si no resulta demasiado pretencioso, de lo que se llama filosóficamente el ser”. Conoció a temprana edad a Ricardo Rojas y, en Chile, a Pablo Neruda. En España se relacionó con Vicente Aleixandre. Y mantuvo correspondencia con el poeta griego y Premio Nobel de Literatura (1979) Odysseas Elytis, de quien tradujo varios libros al castellano. Entre sus traducciones de poesía griega figuran Epigramas de Calímaco (1979), Poemas de Odysseas Elytis (1982), María la Nube, de Odysseas Elytis, en colaboración con Nina Alghelidis (1986), Romiosini y otros poemas, de Yannis Ritsos (1988), y Poesía griega moderna (1997). En 2001 fue declarado ciudadano ilustre de La Plata y su obra obtuvo diversos reconocimientos, entre ellos el Premio Konex-Diploma al Mérito (1993) y el Primer Premio Fondo Nacional de las Artes por traducción literaria (1988). Fuente: La Nación *** Regresa a Salamanca después de cien años una carta inédita de Unamuno Una carta inédita escrita por Miguel de Unamuno en 1902, cuando era rector de la institución académica salmantina, regresó a Salamanca desde Nueva Zelanda el pasado 5 de julio. La carta, con más de un siglo a sus espaldas, fue entregada por el cónsul honorario de España en Auckland, Antonio Regueiro Díaz. La misiva está fechada el 7 de diciembre e iba dirigida a un hombre llamado “Don Juan”, destacó el cónsul, sin especificar quién era el personaje en cuestión. Según Regueiro, durante el viaje a Auckland de una delegación de la Universidad de Salamanca (Usal, http://www.usal.es), el pasado febrero, se iniciaron las gestiones para que la carta pudiera regresar al mismo lugar del que salió hace más de un siglo. Ahora pasará a formar parte del amplio legado que se guarda en la Casa Museo del autor vasco, propiedad de la institución académica. El diplomático, que pronunció el discurso inaugural de los Cursos Internacionales de la Usal, señaló que se trata de un escrito “muy viajero, que ha estado en diferentes colecciones de todo el mundo, sin que se supiera muchas veces el valor que tenía”. Para Regueiro, es “una página viva de la universidad, que regresa a ella con 108 años de peregrinaje por todo el mundo”, y que pasará a ser depositada en Salamanca “como reconocimiento por la acogida dispensada”. Con el membrete impreso de “El Rector de la Universidad de Salamanca. Particular”, Unamuno intercambia con “Don Juan” opiniones sobre los gustos poéticos del escritor y desvela que sus poetas favoritos son los ingleses, a los que lee con intensidad. El regreso de esta carta se suma a la donación hecha efectiva días antes, el 1 de julio, por la familia del escritor, que ha entregado a la Usal una serie de obras de arte sobre Unamuno para que pasen a formar parte del patrimonio artístico de la institución académica, en una ceremonia realizada en el Salón Rectoral de la Casa Museo Unamuno en Salamanca, con la presencia del rector de la universidad, Daniel Hernández Ruipérez, y los biznietos de Miguel Unamuno, Enrique y Fernando Santos Unamuno. Las obras cedidas son principalmente esculturas como la “Ninfa con lira”, realizada en bronce fundido a la cera perdida, de 58 centímetros de altura, presentada con el nombre de “Hors de Concours” en la Exposición Universal de París de 1900 y con la que su autor, Mathurin Moreau, ganó la Medalla de honor del certamen. Además, el artista y profesor de la Universidad de Salamanca, Eusebio Sánchez Blanco, cedió a la institución académica un retrato de Carmen Unamuno Adarraga. Fuentes: El Correo • Europa Press *** Fundación Telefónica y Wikipedia firman convenio educativo La institución española Fundación Telefónica (http://www.fundacion.telefonica.com) y la Fundación Wikimedia (http://www.wikimedia.org), organización matriz de la enciclopedia online Wikipedia (http://es.wikipedia.org) firmaron en Madrid, el pasado lunes 5 de julio, un acuerdo para fomentar conjuntamente el intercambio y la creación de contenidos educativos en Internet escritos en español. El acuerdo, en el que la Fundación Telefónica participa a través de su servicio EducaRed (http://www.educared.net), incorpora a Wikipedia a su catálogo de herramientas educativas, con el objetivo de impulsar los contenidos didácticos de la red en español y portugués. “Queremos potenciar que profesores y alumnos usen Wikipedia como elemento de trabajo para que utilicen y generen contenidos en español”, explicó Javier Nadal, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Telefónica. “El español es una lengua cada vez más presente en Internet, pero todavía no lo está en la medida que le corresponde”, añadió Nadal. “Por eso nos parece tan importante desarrollar una actividad conjunta con Wikipedia”. La enciclopedia de acceso libre, cuyos contenidos están editados por una comunidad global de voluntarios, es la quinta página web más popular del mundo según comScore (http://www.comscore.com), con más de 370 millones de visitantes al mes, y dispone de unos 15 millones de artículos en 256 idiomas, de entre los cuales 700.000 están escritos en español. Sue Gardner, directora ejecutiva de la Fundación Wikimedia, explica que este acuerdo se fundamenta en el principal objetivo de establecer una firme infraestructura que apoye a la Wikipedia, hasta ahora asentada en pequeños servidores. “Nuestra intención es establecer una infraestructura sólida que nos permita llegar al mayor número de usuarios posible e invertir en nuestros colaboradores y, especialmente, en proyectos a nivel global, incluidos países menos desarrollados en los que aún no estamos muy presentes, como es el caso de la India, Oriente Medio y Brasil”, afirmó Gardner. Tanto Gardner como Nadal subrayaron su objetivo de mejorar la calidad de la educación mediante la aplicación de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) tanto en España como en Latinoamérica, impulsando los contenidos en español y también en portugués. Fuente: IBLNews *** Fallece la titiritera Sarah Bianchi a los 88 años La prestigiosa titiritera argentina Sarah Bianchi, reconocida impulsora de esa disciplina a escala internacional, falleció este 6 de julio en Buenos Aires a los 88 años, informó la Fundación Mane Bernardo-Sarah Bianchi, que era presidida por la artista. Los restos de Bianchi, quien además era actriz y directora, fueron velados en el Museo Argentino del Títere (http://www.museoargdeltitere.com.ar), en la capital argentina, y que fundara el 5 de noviembre de 1983 junto a Mane Bernardo, su compañera en los retablos y en la vida. Bianchi nació en Buenos Aires en 1922. Fue Profesora de Letras y, desde muy joven, ocupó distintos cargos docentes en el Teatro Nacional de Títeres del Instituto Nacional de Educación Tecnológica (Inet, http://www.inet.edu.ar). Inició su carrera artística como pintora, al exponer en salones nacionales, municipales y provinciales desde 1940, y realizar también exposiciones individuales. Tuvo bajo su responsabilidad, también, la Cátedra de Títeres en la Facultad de Psicopedagogía de la Universidad del Salvador (http://www.salvador.edu.ar); se desempeñó como profesora de teatro y mimo en el Instituto Vocacional de Arte de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires y como profesora de mimo y pantomima en la Escuela Municipal de Arte Dramático, entre otros. En 1947 fundó, junto a Mane Bernardo, su propio Teatro de Títeres, con el que cumplieron una amplia labor en temporadas teatrales, así como giras por diversos países. Paralelamente se dedicó a la actividad periodística y literaria en las revistas Sur, Lyra y Saber Vivir, y también tradujo textos de narrativa, técnicos de teatro, además de notas y comentarios. Participó en todas las emisoras de radios y canales de televisión de ámbito nacional en su país y, con sus espectáculos, realizó funciones en las principales salas de teatro de la capital y el interior, así como también en el exterior en “Puppetteres of America” (EUA) y “Opera dei Burattini” (Italia), y luego una gira por 14 países patrocinada por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. En Estados Unidos, a comienzos de los años 60, Jim Henson —el creador de Plaza Sésamo—, elogió su trabajo. Siempre buscó ir más allá de las convenciones tradicionales del arte titiritero, incluyendo además en su repertorio obras para público adulto provenientes de la dramaturgia universal. En 1997 fue declarada “Amiga Permanente de los Niños” de la Ciudad de Necochea y desde entonces se instituyó en esa ciudad el premio “Mane-Sarah” al Mejor Titiritero. En los últimos tiempos, Bianchi había recogido una gran cantidad de galardones por su trayectoria. Fue premiada en la Fiesta Nacional del Teatro en 2006. Dos años antes había recibido el premio Trinidad Guevara a la trayectoria. También obtuvo el Konex (http://www.fundacionkonex.com.ar) y la “Faja de Honor” de la Sociedad Argentina de Escritores (http://sade.org.ar). En 2007 el Instituto Nacional del Teatro publicó sus obras completas bajo el título Teatro, títeres y pantomimas. Recibió igualmente el Premio Argentores por sus 50 años de teatro, el Premio María Guerrero a la Trayectoria; fue reconocida como Ciudadana Ilustre por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires; el Premio a la Trayectoria, otorgado por el Instituto Nacional del Teatro y el Premio Pablo Podestá a la Trayectoria Honorable, otorgado por la Asociación Argentina de Actores (http://www.actores.org.ar). Fuentes: Clarín • Diario Los Andes • DPA *** Inauguran exposición de fotografías de Juan Rulfo en Río de Janeiro “México: Juan Rulfo fotógrafo”, exposición fotográfica del autor de Pedro Páramo que muestra la faceta menos conocida del escritor mexicano, fue inaugurada este 6 de julio en la nueva sede del Instituto Cervantes de Río de Janeiro (http://riodejaneiro.cervantes.es) con una conferencia de su hijo, Pablo Rulfo. La muestra, que según el hijo del escritor hace en imágenes un recorrido por su vida, está formada por 70 fotografías de las alrededor de 6.000 tomadas por Rulfo (1917-1986). Según Pablo Rulfo, su padre, ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1983), se dedicaba a la fotografía “con afán de coleccionista y para captar momentos significativos de su vida”. Destaca de la exposición una fotografía de la actriz María Félix durante el rodaje de La escondida, una película de Roberto Gavaldón. Con la fotografía, el autor de El llano en llamas “refleja su gran interés sensorial, no sólo literario, sino también visual”, continúa Rulfo. Las imágenes, todas realizadas entre 1940 y 1950, muestran un México rural y humano, así como el particular interés del escritor y amante de la fotografía por la “colonización religiosa”, como la llamaba él, a través de la arquitectura del siglo XVI. Todas las imágenes fueron tomadas por iniciativa personal de Juan Rulfo, quien aprovechó sus viajes profesionales con la compañía Goodrich-Euzkadi para captar su propia mirada, y organizó su primera exhibición en 1960, a pesar de su discreción con respecto a su faceta de fotógrafo. El director del Instituto Cervantes de Río de Janeiro, Antonio Martínez, destacó que esta es la primera exposición desde que el centro abrió su nueva sede, en el barrio de Botafogo, el pasado 19 de junio. La exposición, que ya pasó por la ciudad brasileña de Salvador (noreste), estará en Río de Janeiro hasta el próximo 7 de agosto y luego se llevará a Porto Alegre, en el sur del país. Fuente: EFE *** Premio Municipal de Literatura de Caracas será entregado esta semana El novelista Norberto José Olivar, el investigador Luis Ugueto y los poetas Eleazar León —a título póstumo— y Claudia S. Sierich son los laureados de este año. Este 22 de julio a las 9 de la mañana será entregado, en los espacios de la Casa del Artista (http://www.casadelartista.gob.ve), el Premio Municipal de Literatura de Caracas 2010, en sus categorías Narrativa (mención Novela), Investigación Histórica y Poesía. En Narrativa el premio recayó sobre Un vampiro en Maracaibo, del escritor e historiador zuliano Norberto José Olivar (http://www.letralia.com/firmas/olivarnorbertojose.htm; Maracaibo, 1964), por decisión unánime de un jurado integrado por Gisela Kozak, Carlos Sandoval y María Eugenia Martínez, quienes valoraron que la novela “logra materializar una historia divertida e interesante en una prosa eficaz y fluida que transmite al lector una visión jocosa, pero profunda, de la muerte”. La novela, que narra las peripecias de un profesor neurótico que anda tras la pista de un hombre obsesionado en beber sangre, obtuvo el galardón porque ofrece una estructura narrativa atractiva a partir de la muerte como tópico central. En septiembre de 2009, Un vampiro en Maracaibo se alzó con el Premio de la Crítica de la Novela del Año de Ficción Breve Venezolana (http://www.ficcionbreve.org), galardón que se falló por primera vez con un jurado conformado por Carlos Sandoval, Mariana Libertad y Arnaldo Valero. Olivar es licenciado en historia, egresado de la Universidad del Zulia (LUZ, http://www.luz.ve), en cuya Escuela de Educación se desempeña como profesor. Ha publicado Los guerreros (1999), El misterioso caso de Agustín Baralt (2000), El hombre de la Atlántida (2003), La ciudad y los herejes (2004), La conserva negra (2004), Morirse es una fiesta (2005), El fantasma de la Caballero (2006) y Un cuento de piratas (2007). Su relato “Monsieur Ismael” forma parte de la antología Las voces secretas, editada por Alfaguara (http://www.santillana.com.ve). Por su parte, Luis Ugueto (http://felipepirelaelboleristadeamerica.wordpress.com; La Guaira, 1979), autor de un amplio trabajo sobre la vida de Felipe Pirela, “El Bolerista de América”, se llevó el galardón gracias a su reportaje biográfico, titulado Felipe Pirela: lo que es la vida. El jurado, conformado por los historiadores Eleonora García, Róger Blanco-Fombona y Emilia Troconis de Veracoechea, decidió concederle el premio por considerar que su obra, documentada con precisión, deja un legado importante en la cultura popular venezolana. Ugueto es técnico de grabación, productor de radio e investigador musical. Estudió en las escuelas de Historia y de Artes de la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve). Ha trabajado como investigador, técnico de grabación y productor de espacios radiales especializados en el bolero y en la música tropical bailable, en las emisoras Fe y Alegría, Sintonía y Radio Nacional de Venezuela. El autor ha participado en conferencias, charlas y programas de radio y televisión relacionados con la vida y la trayectoria musical de Felipe Pirela; temas sobre los que también ha escrito artículos para publicaciones especializadas. Se ha desempeñado como asesor, compilador discográfico y escritor en diversos proyectos de la empresa disquera Velvet de Venezuela. Desde abril de este año es columnista del diario La Verdad (http://laverdad.com), del estado Zulia. Por su parte, el poemario Rubayyats (Monte Ávila Editores, http://www.monteavila.gob.ve; 2009), del escritor venezolano Eleazar León (Caracas, 1946-2009), mereció a título póstumo el Premio Municipal de Literatura de Caracas 2010, en su mención Poesía, según decisión unánime de un jurado integrado por María del Rosario Jiménez, Roberto Martínez Bachrich (http://www.letralia.com/firmas/martinezbachrichroberto.htm) y Jesús Salazar. El jurado destacó de este libro “el haber recuperado, con todo el brillo que le es propio, una forma poco explorada en nuestras letras —la rubay—, logrando así en cada texto la tensa e intensa síntesis lírica que demanda esta estrofa de origen persa con sus severas exigencias en cuanto a rima y métrica”. Asimismo, se valoró “el rescate del espíritu de nuestro idioma al llegar, retomando la tradición del endecasílabo y su esplendor, a la precisión de las imágenes y la concentración en cuatro versos de la idea, lo que significa la ‘puesta en creación’ de la poética de la rubay, condensada en el breve ‘Liminar’ con el que el autor presenta el poemario”. El jurado otorgó también una distinción honorífica al libro Imposible de lugar (2008), de Claudia S. Sierich, destacando su temática que “oscila entre lo ontológico y lo cotidiano, se expresa en juegos verbales con los cuales logra sugerentes asociaciones de sentido aligeradas por un lenguaje pleno de aciertos irónicos y humorísticos, de explícita intertextualidad y reflexión sobre el propio trabajo poético, además de la ruptura de algunos de los cánones de nuestra poesía”. León fue un poeta, ensayista y promotor cultural. Licenciado en letras por la Universidad Central de Venezuela (UCV), donde se desempeñó como profesor en los talleres de poesía y narrativa. Publicó los poemarios Estación durable (1976), Cruce de caminos (1977), Palabras del actor en el café de la noche (1982), A la orilla de los días (1982), Reverencial (1991), Cuartetas (1993), Descampado (1999) y Papeles para un adiós (2004), así como el ensayo Hechura de palabras (1992). Claudia S. Sierich (Caracas, 1963) es licenciada en idiomas por el Sprachen und Dolmetscher Institut (http://www.sdi-muenchen.de) de Múnich, Alemania. Cursó una maestría en letras latinoamericanas en la Universidad Simón Bolívar (USB, http://www.usb.ve). Es traductora e intérprete de alemán. Colaboradora del Foro Literario Austria-América Latina de Viena. Con la obra Imposible de lugar se hizo acreedora del Premio del Concurso para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores, mención Poesía, en 2008. Fuentes: Monte Ávila Editores • Venezuela Analítica *** Familiares solicitan anular sentencia de muerte de Miguel Hernández Los familiares de Miguel Hernández y la Comisión Cívica para la Recuperación de la Memoria Histórica de Alicante (http://memoriadealicante.blogspot.com) solicitaron el pasado 7 de julio al Tribunal Supremo de España (http://www.poderjudicial.es), con nuevos documentos, la revisión y anulación de la sentencia de pena de muerte dictada contra el poeta en 1940. La nuera del autor de El niño yuntero, Lucía Izquierdo, explicó en rueda de prensa que “no es suficiente” con la Declaración de Reparación y Reconocimiento Personal de Miguel Hernández que el gobierno español entregó a la familia el 26 de marzo, en el año en que se cumplen cien años de su nacimiento. Por ello, los familiares y la Comisión Cívica presentaron, al amparo de la nueva Ley de Memoria Histórica, la solicitud de anulación de la condena de muerte dictada por el Tribunal de Prensa de Madrid y contenida en el Consejo Sumarísimo 21.001 contra Hernández, conmutada después por una pena de 30 años que no llegó a cumplir, ya que murió en 1942. El Tribunal Supremo ha rechazado decenas de recursos similares, como el de la familia de Salvador Puig Antich, el penúltimo ejecutado a garrote vil del franquismo; el de los descendientes de Joaquín Delgado y Francisco Granado, condenados a muerte por dos atentados que otros dos anarquistas confesaron haber cometido, o el de José Pellicer, combatiente antifranquista. El tribunal suele argumentar que los consejos de guerra aplicaban el derecho vigente. Conscientes de esto, los descendientes del poeta han optado por una estrategia diferente. En lugar de ceñirse a que los consejos de guerra son, como asegura la Ley de Memoria, “ilegítimos” y que por tanto las sentencias que dictaron deberían anularse, han buscado nuevas pruebas con las que convencer al tribunal de que revise su caso. Según ha desvelado Enrique Cerdán, integrante de la Comisión Cívica, han encontrado hace dos meses otro Sumarísimo de Urgencia contra Miguel Hernández, éste con el número 4.487 y desconocido hasta ahora. Dicho proceso tuvo lugar cuando el poeta, tras ser excarcelado en Madrid, regresó a Orihuela (Alicante) a la espera de juicio, y una vez allí volvió a ser denunciado por caciques y oligarcas del lugar que lo entregaron a la justicia, que a su vez ordenó su ingreso en la cárcel de San Miguel. Durante la instrucción de este proceso, del que no había constancia, varias personas presentaron cartas de intercesión a favor de Miguel Hernández, entre ellas el abogado y secretario de la Jefatura Provincial de la Milicia de la Falange y las JONS Juan Bellod Salmerón, que conocía al poeta desde niño. En esa misiva, que jamás llegó a Madrid y por tanto no se tuvo en cuenta en el juicio del que resultó la condena a muerte, Bellod dice sobre Miguel Hernández: “garantizo plenamente su conducta y actuación, así como su fervor patriótico y religioso que se revela por lo demás en la lectura de su producción literaria (...). No le creo pues en lo fundamental enemigo de nuestro Glorioso Movimiento con cuyos principios (...) le considero identificado por su formación y su temperamento”, reza la carta. En ella Bellod atribuye la militancia comunista de Hernández a su “excesiva sensibilidad y temperamento poético”, que “le ha hecho actuar atendiendo más a los dictados del apasionamiento momentáneo que a una voluntad firme y serena”. Esta carta será uno de los principales argumentos que se presente ante el Supremo, que en un plazo de 6 a 9 meses decidirá si admite a trámite la solicitud, ha señalado el asesor jurídico de la Comisión Cívica, Carlos Candela. “Creo que tenemos el material que exige la Ley para que sea admitido, se nos escuche y se consiga la anulación de la sentencia”, indicó. Mientras, la nuera del autor de la “Elegía a Ramón Sijé” ha exhortado a los jueces a que “hagan justicia, sean por una vez consecuentes y dicten lo que tienen que dictar: inocente”. Fuentes: EFE • El País *** Falleció a los 47 años el escritor mexicano Juan Hernández Luna El escritor mexicano Juan Hernández Luna, autor de obras como Cadáver de ciudad, Me gustas por guarra, amor, Tijuana Dream, Naufragio, Quizás otros labios y Yodo, entre otras, y fundador del Programa Literatura Siempre Alerta, dirigido a los policías municipales de Nezahualcóyotl, falleció a los 47 años de edad el pasado jueves 8 de julio. Se conoció que el escritor llevaba algunos meses con un problema de salud. Nacido en Ciudad de México en 1962, Hernández Luna fue merecedor de diversos reconocimientos, como el Premio Nacional de Cuento (1985), el Premio Nacional de Libro de Cuento (1988), el Premio Nacional de Primera Novela (1990), el Premio Nacional de Ciencia Ficción (1995), el Premio Hammett de novela policíaca (1997 y 2007) por Tabaco para el puma y Cadáver de ciudad, y el Premio Nacional de Libro de Cuento del Instituto Politécnico Nacional por Crucigrama. Hernández Luna inició su actividad literaria en Puebla como narrador. Realizó estudios en teatro y escribió poesía, pero se concentró en narrativa policíaca. Vivió su infancia en Nezahualcóyotl, a donde regresó en 2005 para poner en marcha el Programa Literatura Siempre Alerta, reconocido en México y a nivel internacional por ser innovador en su género y estar dirigido a policías, bomberos y rescatistas de esta localidad. Por medio de este programa el cuerpo policíaco de Nezahualcóyotl se acercó a la lectura, además de que permitió dignificar el trabajo policíaco. Once fueron los libros que se editaron y más de treinta escritores participaron en el proyecto literario, entre los que destacan Felipe Garrido, Alí Chumacero, Juan Villoro, Humberto Musachio, Bernardo Fernández, Eduardo Monteverde, Paco Ignacio Taibo II y Carlos Montemayor, quienes convivieron con los policías en los cinco años que duró el programa, que fue cancelado por el gobierno actual pese a los logros alcanzados. Dentro de las acciones más destacadas de Literatura Siempre Alerta se encuentran las traducciones en clave policíaca de las obras Don Quijote de La Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra, y Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, respectivamente, así como conferencias y talleres literarios con reconocidos escritores. Además de ser un destacado escritor de novelas de corte negro, Hernández Luna realizó guiones para cine y cómic. Estudió actuación en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la Universidad Nacional Autónoma de México (http://www.cuec.unam.mx). Fuente: El Universal *** Gioconda Belli obtiene el premio La Otra Orilla La escritora nicaragüense Gioconda Belli se convirtió el pasado 9 de julio en la primera mujer galardonada con el premio La Otra Orilla por su libro Crónicas de la izquierda erótica, informó en Buenos Aires el grupo editorial Norma (http://www.librerianorma.com). Dotado con 100.000 dólares y la publicación de su novela en toda América y España, el premio fue decidido por un jurado integrado por los escritores Santiago Roncagliolo (Perú), Mario Mendoza (Colombia) y Pere Sureda (España), quienes escogieron la obra de Belli de entre 615 manuscritos, en virtud “del humorismo de su sátira política, la notable inventiva de la trama y la destreza de la autora para mantener la tensión narrativa”. “En el panorama de la novela política latinoamericana, ampliamente dominado por figuras masculinas, esta novela es una divertida e inesperada provocación”, agregaron los jueces. Belli combatió contra la dictadura de Anastasio Somoza y tuvo que exiliarse en México y Costa Rica. Tras la caída de la dictadura y el triunfo de la revolución sandinista, ocupó varios cargos partidarios e institucionales, pero terminó por abandonar su actividad política y actualmente vive entre California y Managua. Entre sus libros figuran Línea de fuego (Premio Casa de las Américas, 1978), La mujer habitada (Premio de la Fundación de Libreros, Bibliotecarios y Editores Alemanes, 1989), y El infinito en la palma de la mano (Premio Biblioteca Breve de Seix Barral 2008). La Otra Orilla fue creado en 2005 por el Grupo Editorial Norma de América Latina y la Asociación para la Promoción de las Artes con el objetivo de promover a los escritores de habla hispana y contribuir al enriquecimiento de la literatura española e hispanoamericana. En anteriores ediciones, los premiados fueron el colombiano Marco Schwartz por El salmo de Kaplan (2005), los argentinos Horacio Vázquez Rial por El camino del Norte (2006); Ariel Magnus por Un chino en bicicleta (2007) y Carlos Chernov por El amante imperfecto (2008) y el colombiano Santiago Gamboa, por Necrópolis (2009). Fuente: EFE *** Crean en Colombia un pregrado en creación literaria El programa desarrollará, en los dos primeros años, las bases específicas del español y la estética, más las materias contextuales para una preparación integral y humanística, y en los dos finales, un “ciclo de formación para la creación”, con tres vertientes: la narrativa, la poesía y el ensayo. El próximo mes de agosto iniciará actividades el primer pregrado que en creación literaria ha sido creado en Colombia, que es a su vez el tercero en Latinoamérica y será impartido en aulas de la Universidad Central de Colombia (http://www.ucentral.edu.co), como resultado de la exitosa experiencia de más de treinta años que en la formación de escritores tiene el Taller de Escritores Universidad Central (Teuc, http://www.ucentral.edu.co/humanidades/teuc.htm), según se anunció en un comunicado emitido el pasado 9 de julio. Aprobado por el Ministerio de Educación de Colombia (http://www.mineducacion.gov.co) el pasado 24 de junio, el pregrado contará, en su plantilla de profesores, con escritores de la talla de Isaías Peña Gutiérrez (http://www.isaiaspenagutierrez.com), Jairo Restrepo (http://www.letralia.com/firmas/restrepogaleanojairo.htm) y Juan Malaver, entre otros. El programa está concebido para ocho semestres, y concederá el título de profesional en creación literaria. Su objetivo es formar escritores y preparar personas que mediante el cultivo de la escritura y la lectura puedan intervenir intelectual, sensible y creativamente en el desarrollo cultural y artístico de la sociedad. El profesional en creación literaria podrá desempeñarse en ámbitos como la generación de textos literarios; la docencia en literatura, español y campos afines; la actividad editorial en medios de comunicación como periódicos, revistas y suplementos culturales; la corrección de estilo y preparación de libros y revistas; la gestión y dirección cultural en talleres, centros culturales, semilleros juveniles, casas de la cultura, librerías, entre otros. En cuatro años (ocho semestres, 139 créditos), el programa de creación literaria desarrollará dos grandes paquetes: en los dos primeros años, las bases específicas del español y la estética, más las materias contextuales para una preparación integral y humanística, y en los dos finales, un “ciclo de formación para la creación”, el cual incluye tres vertientes: la narrativa, la poesía y el ensayo. El Taller de Escritores Universidad Central (Teuc) fue fundado en 1981 por Isaías Peña Gutiérrez, y es la base sobre la cual fue creada, en 2008, la especialización en creación narrativa. Nombres como Óscar Godoy Barbosa, Gloria Inés Peláez, Jorge Franco Ramos, Manuel José Rincón, Nahum Montt, Jorge Cardona, María Carolina Cuervo, Andrés Mauricio Muñoz (http://www.letralia.com/firmas/munozandresmauricio.htm), Miguel Ángel Manrique, Juan Álvarez, Óscar Pantoja y Alejandra López, son una breve muestra de la calidad de sus egresados. Los interesados en solicitar mayor información sobre el pregrado en creación literaria deberán comunicarse con el área de Humanidades de la universidad mediante el teléfono 3423790, el PBX 3239868 (extensiones 4302 a 4304) o el correo electrónico humanidades@ucentral.edu.co. Fuente: Teuc *** Premio Libertador al Pensamiento Crítico recae sobre Enrique Dussel El escritor argentino Enrique Dussel fue galardonado el sábado 10 de julio con el Premio Libertador al Pensamiento Crítico en su quinta edición, correspondiente al año 2009, según informó el Ministerio de Cultura de Venezuela (http://www.ministeriodelacultura.gob.ve). El intelectual, residenciado en México, recibió la distinción —que entrega anualmente el gobierno venezolano— por su obra Política de la Liberación. Volumen II, Arquitectónica. “El autor (...) aporta a los lectores herramientas valiosas para pensar la política en una perspectiva de liberación y emancipación”, explicó el jurado en el veredicto, donde además se destaca que se trata de una obra de “gran madurez”. El jurado agregó que el escritor “intenta construir una crítica (...) de la filosofía política de la liberación a partir de la noción central del poder”. En la quinta edición también fueron reconocidas menciones honoríficas a las obras Sociología jurídica crítica; para un nuevo sentido común en el derecho, del escritor brasileño Boaventura de Sousa Santos, y El Imperialismo del siglo XXI: las guerras culturales, del cubano Elíades Acosta Matos. Otros trabajos con menciones fueron Desinformación; cómo los medios ocultan el mundo, del español Pascual Serrano; La agroenergía: solución para el clima o salida de la crisis para el capital, del belga François Houtart; y Venezuela: ¿hacia dónde va el modelo productivo?, de Víctor Álvarez. El ministro de Cultura, Francisco Sesto, dijo que el premio, creado en 2005, es un galardón que promueve el pensamiento “alternativo, crítico y antiimperial”. Fuente: Reuters *** Otorgan a Juan Marsé el Premio Gabarrón de las Letras Su especial acierto a la hora de resaltar la contrafigura literaria del marginal, el fracasado o el perdedor, “tan vinculados a la sensibilidad del hombre del siglo XX, con amplitud de miras y acierto literario”, han hecho al escritor español Juan Marsé (Barcelona, 1933) merecedor del Premio Internacional Fundación Cristóbal Gabarrón 2010 (http://www.premiosinternacionalesfcg.org), en la categoría Letras, según se anunció el pasado sábado 10 de julio. El jurado acordó esta decisión por unanimidad, resaltando que el autor, quien en 2008 recibió el Premio Cervantes, encarna la representación de toda una generación, “la Generación del cincuenta, sin duda una de las más relevantes y renovadoras de la literatura española de nuestro tiempo”. El jurado del premio estuvo integrado por el director del diario El Norte de Castilla (http://www.nortecastilla.es), Carlos Aganzo; la crítica literaria y escritora Mercedes Monmany; la escritora y periodista Rosa Pereda; el subdirector del diario ABC (http://www.abc.es), José Miguel Santiago, y el consejero de RTVE (http://www.rtve.es), Josep-Manuel Silva. Tras analizar las 18 candidaturas que concurrieron a la convocatoria, que según la Fundación Cristóbal Gabarrón (http://valladolid.gabarron.org) provenían de Canadá, Cuba, España, Estados Unidos, Francia, Japón y México, los miembros del jurado resolvieron reconocer al autor de El amante bilingüe “por haber sabido trazar, a lo largo de su dilatada trayectoria literaria, tan sólida como fecunda, el panorama de la vida social de la ciudad de Barcelona, con una innegable proyección internacional, elaborando un retrato preciso del ser humano con todas sus contradicciones”. José Miguel Santiago Castelo acreditó a Juan Marsé como “uno de los personajes más singulares, atractivos y polémicos, y uno de los escritores fundamentales de la literatura española de los últimos setenta años”. El subdirector de ABC situó al narrador galardonado como portavoz “de esa Barcelona tradicional, como la voz de los que hemos llegado de fuera, de los charnegos, de los desclasados, y los ha convertido en personajes vivos y calientes; es un genuino representante de una Ciudad Condal liberal y respetuosa”. Para la crítica literaria Mercedes Monmany, la obra del autor de Últimas tardes con Teresa “nos ha educado en la sensibilidad a través de toda su obra literaria, revelándose además contra estereotipos narrativos que predominaban en una determinada época entre los escritores”. La escritora Rosario Pereda destacó la solidez de su obra y el recorrido que hace por la Barcelona de los distintos tiempos. “Estos premios son un reconocimiento al progreso humano y eso Marsé lo cumple divinamente”, subrayó. El premio, una obra original de Cristóbal Gabarrón en oro de 18 quilates, se entregará el 8 de octubre en el Teatro Calderón (http://www.tcalderon.com), en una ceremonia en la que entre los nueve premiados en sus respectivas categorías estarán presentes los galardonados hasta la fecha en esta edición de 2010: Álvaro Siza, Premio de Artes Plásticas; Fernando Trueba, de Artes Escénicas; el equipo del yacimiento de Atapuerca, de Ciencia e Investigación; Alberto Contador, de Deportes; José Antolín Toledano, de Economía, y Juan Marsé, de las Letras. En próximas convocatorias se fallarán las categorías de Pensamiento y Humanidades, Restauración y Conservación y Trayectoria Humana. En sus ediciones anteriores, el premio ha sido recibido por Mario Vargas Llosa (2002), Guillermo Cabrera Infante (2003), Francisco Ayala (2004), José Manuel Caballero Bonald (2005), Josefina Aldecoa (2006), David Grosman (2007), Cees Nooteboom (2008) y Jorge Edwards (2009). Fuente: El Norte de Castilla *** Publican en España correspondencia y diario de Horacio Quiroga La editorial española Páginas de Espuma (http://www.ppespuma.com) publicó a principios de mes el libro Quiroga íntimo: correspondencia, diario de viaje a París (http://www.quirogaintimo.com), primera edición en España de las cartas del escritor uruguayo Horacio Quiroga (1878-1937) y del cuaderno que escribió durante su —frustrado— encuentro con la capital francesa. “¿Ensombrecido? Quizás sí. Quizás no tenga el puesto que merece dentro de la historia literaria”, explica Érika Martínez (http://www.erikamartinez.es), profesora en la Universidad de Granada (http://www.ugr.es), sobre quien recayó la responsabilidad de la edición y el prólogo. “Se puede decir que es el primer cuentista moderno en español. Quiroga es para nosotros lo que fue Poe para el mundo anglosajón”. Para Martínez, Quiroga “introdujo una renovación lingüística enorme. Se quitó de encima toda la prosa retórica y ridícula del Modernismo y consiguió darles a sus cuentos un estilo rotundo, denso, franco, coloquial... no había nada parecido entonces”. Y en esa transformación jugó un papel fundamental su viaje a París durante la Exposición Universal en 1900 y, sobre todo, su decepción. “Salió hacia París decidido a recorrer todos los tópicos modernistas y a crearse un personaje: es enfermizo, tiene asma, toma cocaína combinada con heroína para mejorar el asma, se enamora de muchachas lánguidas que ve en el barco, de las adolescentes morbosas...”. Pero “París frustra sus aspiraciones y él se da cuenta de que tenía que seguir por otro camino, que la renovación literaria que quiere llevar a cabo no puede ser con el lenguaje del centro decadente de Europa”. De modo que a su regreso (“con una larga barba que inquietaba”) se instala en la selva misionera y comienza una renovación temática y lingüística que marcará toda la literatura rioplatense posterior. “Pienso en toda la serie de escritores latinoamericanos que fueron en los años 20 a París, conocieron el surrealismo y las vanguardias europeas, y luego volvieron a América y escribieron libros fundacionales. Quiroga fue un pionero, él lo hizo en 1900. Se dio cuenta de que no era en París donde había que escribir, era en la selva misionera”. La investigación permitió a Martínez desmontar varios mitos que rodean al autor. El principal de ellos, asegura, es el de esa selva como una huida de la vida y de la “civilización”. “Misiones es el epítome de la frontera: frontera entre tres países y frontera entre civilización y barbarie. Quiroga no huyó de la civilización, eso es falso. Quiroga quiso llevar la civilización al centro de la barbarie, y la barbarie al centro de la civilización”. Por eso, cuenta, “cuando estaba en la selva hacía experimentos químicos, le interesaba el cultivo de la tierra, la jardinería paisajística, llevaba automóviles, le interesaban las bicicletas... Y viceversa: cuando volvía a Buenos Aires, en su casa de Vicente López, se llevaba los animales: tenía un zoológico montado en su casa”. Por las cartas del escritor desfila también la bulliciosa vida literaria e intelectual del Río de la Plata. Entre los destinatarios figuran nombres como Leopoldo Lugones, Ezequiel Martínez Estrada, Norah Lange o César Tiempo. La principal sorpresa con que se encontró la editora fue la claridad con que aparece un rasgo de la época: “Es el nacimiento de la profesionalización de la literatura”, explica. “La mitad de las cartas son a profesionales, editores, directores de revistas. Quiroga encabezó una generación en Argentina que apostó y luchó por eso, por el inicio de la literatura como oficio. Empezaron a ganarse la vida con eso. Escribir dejó de ser un privilegio de aristócratas”. El libro concluye con una serie de cartas al ensayista argentino Martínez Estrada que, según la investigadora, “son tan conmovedoras y de un alcance que hace pensar que ésa fue su obra de madurez, la que Quiroga escribió mientras decía que ya no quería escribir”. En la última de ellas, fechada el 9 de febrero de 1937, un Quiroga mermado por la enfermedad escribe: “Ando con una depresión muy fuerte, motivada por el atraso en mi precaria salud (...); deploro como un paraíso aquellos días en que podía caminar, ¡hace tan poco! Todo es relativo”. Nueve días más tarde, el médico le comunica que tiene cáncer. Quiroga visita a su hija Eglé y luego compra el cianuro con el que se suicida esa misma noche. Es la última muerte de una serie larga y traumática: su padre murió al dispararse por error con un arma. Su padrastro se suicidó. También su primera mujer. El propio Quiroga mató accidentalmente de un disparo a su íntimo amigo Federico Ferrando. Pero también en este punto Martínez se enfrentó a una paradoja: después de “convivir” con el autor durante los tres años que duró la recopilación de la obra, lo sintió tan “vivo y real” como si estuviese a su lado. “Hasta tal punto que hice un perfil suyo en Facebook (http://www.facebook.com/profile.php?id=100000465727595). Lo resucité. Literalmente. Utilizando su propio lenguaje. Lo quise poner a dialogar con el presente, quería que estuviera a mi lado todo el tiempo”. Martínez confiesa, eso sí, que el nuevo Quiroga, el Quiroga eterno, mantuvo su carácter huraño y difícil. “Tuve discusiones con él en Facebook”, asegura. “Nos peleamos varias veces mientras hacíamos la edición”. Fuente: Andina *** El poeta peruano Antonio Cisneros recibió el Premio Pablo Neruda El escritor peruano Antonio Cisneros recibió el pasado 12 de julio, en el Palacio de La Moneda, sede del gobierno chileno, el Premio Iberoamericano de Poesía “Pablo Neruda”, dotado con 30 mil dólares, en un acto encabezado por el presidente Sebastián Piñera, quien destacó que “Cisneros hoy, Neruda ayer, han creado con palabras, un mundo nuevo”. El jurado, compuesto por Ernesto Cardenal, Delia Domínguez, Adriana Valdés, Arturo Corcuera, Alfredo Fressia y el ministro de Cultura de Chile (http://www.consejodelacultura.cl), Luciano Cruz-Coke, escogió a Cisneros por ser uno de los escritores más preocupados del quehacer y generar un diálogo intercultural. “Nuestro compromiso no sólo tiene que ver con reconocer su creación, sino también con lograr que sus obras sean leídas, y ahí tenemos un gran camino por recorrer”, recalcó el mandatario. “En esto estamos trabajando con mucha fuerza, en el desarrollo de un plan de lectura que haga que todos los chilenos, los peruanos y los latinoamericanos y el mundo entero pueda disfrutar del talento, del genio, del compromiso de hombres como Pablo Neruda y Antonio Cisneros”, sostuvo. “Fue un tremendo cataclismo de belleza que se arremolinó en mi pobre almita de esos días”, dijo Cisneros al recordar cuando conoció los versos de Pablo Neruda, en su juventud. “La poesía de Neruda acabó por convertirse en parte imprescindible de mi vida”, señaló. Minutos después, despertaba risas al contar cómo siguió por las calles a un hombre que había comprado su libro en una tienda. Era su “primer lector”, y quiso saber cuáles eran sus rutinas e incluso qué comía. El autor de Canto ceremonial contra un oso hormiguero vio el acto como un reconocimiento a todos los poetas, y al recordar que hace unos años recibía también el Premio José Donoso (http://www.letralia.com/113/0817donoso.htm), dijo: “Estoy destinado a ser protegido por los dioses de Chile”. “¿Qué hace que la poesía siga existiendo?”, continuó Cisneros. “Es que cada vez que se dicen las cosas, se dicen de una manera distinta. En el fondo, la poesía es la lucha contra el lugar común. No es más que eso que dice la gente cuando lee o escucha los versos: ‘¡Ay, caramba! yo quería decir eso, pero no sabía cómo’. En el cómo está la poesía”. “He sido muchos poetas en mi vida”, confesó Cisneros al final de su discurso. “Tengo colegas que reescriben sus poemas. Yo no, hay que respetar a ese muchacho de 18 años o a ese cuarentón. Son personas distintas, cada una en su momento. Lo que sí, todas tienen esa conmovedora, y a veces chiflada, vocación por la creación y el testimonio mediante la palabra”. Además del premio, que recibieron en ediciones anteriores el mexicano José Emilio Pacheco (2004), el argentino Juan Gelman (2005), el peruano Carlos Germán Belli (2006), la cubana Fina García-Marruz (2007) y la chilena Carmen Berenger (2008), Cisneros verá editada en marzo del año próximo una antología poética, que se distribuirá en bibliotecas públicas. Fuentes: Cooperativa.cl • EFE • El Mercurio *** El libro infantil celebra su feria en Buenos Aires Desde el pasado lunes 12 de julio, y hasta el sábado 31, se celebra en Buenos Aires la 20ª Feria del Libro Infantil y Juvenil (http://www.el-libro.org.ar), evento que bajo el lema “Encantados de leer”, propone la oferta de más de cien editoriales para chicos, jóvenes y educadores, además de diversos espectáculos para grandes y chicos. Esta edición significa el regreso del evento, que el año pasado fue suspendido debido a la gripe A. “La idea es que la gente no sólo venga a comprar libros, sino también que disfrute. Se trata de una feria de fomento para generar lectores nuevos y que el chico se introduzca en la lectura de una manera agradable”, dijo Horacio García, presidente de la Fundación El Libro, que organiza el encuentro. Una de las novedades de esta edición es que la entrada es gratuita para los jóvenes de hasta 18 años. Este fin de semana se realizó la primera edición del Festival de la Historieta, con la participación de Pablo de Santis, Carlos Trillo, El Bruno, Liniers y Pablo Sapia, entre otros guionistas y dibujantes. También se presentan artistas de espectáculos para niños, como Luis Pesceti, Pipo Pescador y el grupo La Galera Encantada. Como en años anteriores, la feria incluirá su Rincón de Cuentacuentos. Recitales de música, funciones de magia y una gran variedad de talleres (ajedrez, dibujo, cuentos, pintura, magia, ciencias, ilustración, armado de libros, historietas, teatro, lectura, juegos matemáticos) son otras de las actividades que conforman el programa. El Museo del Dibujo y la Ilustración (http://www.museodeldibujo.com) expondrá tiras de historietas en la Sala de las Escobas Voladoras y la Sala de los Talismanes. También se realizará el 4º Encuentro de Profesionales del Libro Infantil y Juvenil, para libreros, personal de librerías, editores y estudiantes de carreras afines al sector editorial. Y se harán las XX Jornadas para Docentes y Mediadores de Lectura y el Foro de Promoción del Libro y la Lectura, para bibliotecarios, docentes y padres. El encuentro es en el Centro de Exposiciones de la ciudad de Buenos Aires, Figueroa Alcorta y Pueyrredón. El horario es de lunes a viernes entre 11 y 20 horas, y los sábados y domingos entre 14 y 20 horas. La entrada general es de $15 y gratuita para menores de 18 años; jubilados y pensionados que acompañen a menores de hasta 12 años; docentes, y contingentes escolares que hayan solicitado la visita anticipadamente. Fuente: La Nación *** Centro Lorca en Granada será inaugurado este año El futuro Centro Lorca de Granada mantiene su previsión de apertura para 2010 a pesar de los problemas que han surgido en su financiación, que se deberán solucionar este mes para que no supongan un retraso en la fecha de la inauguración. Así lo dijo este 12 de julio la presidenta de la Fundación Federico García Lorca (http://www.garcia-lorca.org), Laura García Lorca, quien ha indicado que se espera inaugurarlo a primeros de diciembre, aunque antes hay que solucionar “el problema de la financiación que falta”. Explicó que el “momento delicado” que se vive dificulta la financiación, pero aseguró que confía en que se resuelva a lo largo del mes, porque si no se consiguiera se podría retrasar la apertura. Agregó que “todas las instituciones están haciendo un enorme esfuerzo” y que se está trabajando con mucha ilusión, por lo que confía que “el parón” que se ha producido “se resuelva de inmediato”. Instalado en un edificio de corte vanguardista ubicado en un solar de la céntrica plaza de la Romanilla, cedido por el Ayuntamiento de Granada (http://www.granada.org), el centro tendrá un plan de actividades diseñado con la pretensión de servir de “activo cultural” para el conjunto de Andalucía y España, y albergará el legado del autor de Yerma, actualmente repartido entre instituciones como la Fundación García Lorca o la Residencia de Estudiantes (http://www.residencia.csic.es). Los fondos incluyen casi 5.000 manuscritos de García Lorca, unos 3.000 de otros autores, medio centenar de dibujos del dramaturgo granadino y otros de contemporáneos suyos como Dalí, Manuel Ángeles Ortiz o Ismael de la Serna, biblioteca y archivos fotográficos y de prensa. Fuente: EFE *** Murió en Miami la bolerista cubana Olga Guillot La llamada “reina del bolero”, la intérprete cubana Olga Guillot, falleció este lunes 12 de julio a los 87 años de edad. La artista, que residía en la ciudad de Miami Beach, fue ingresada el domingo 11 al hospital Mount Sinai (http://www.mountsinai.org) por malestar físico. El fallecimiento habría sido producto de un infarto. La familia de Guillot realizó un funeral público para que “todos sus seguidores puedan despedirse de ella”, informó Raquel Pouget, portavoz de la artista, quien además comentó que antes de morir, la diva dijo que “la única pena que llevaba en el alma era no ver a Cuba libre”. En el momento que la cantante falleció se encontraba rodeada por sus amigos y su hija. Nacida el 9 de octubre 1922 en Santiago de Cuba, su pasión por el canto y el baile consiguió llevarla a la fama desde pequeña, cuando comenzó a cantar junto con su hermana, Ana Luisa, por los rincones de La Habana. El “Dúo Hermanitas Guillot” fue descubierto recién en 1945, cuando Facundo Rivero, un hombre influyente en la industria de la música cubana de la época, escuchó cantar por primera vez a las jóvenes, y las ayudó a hacer su debut profesional como cantantes, en un famoso club nocturno de La Habana. A partir de entonces, la radio y televisión cubana adoptaron a Guillot como una diva, y rápidamente el éxito trascendió las fronteras de la isla. Con su voz y su encanto supo conquistar a una generación entera, la de los 50. En los años 60, con Fidel Castro instalado en el poder, la artista se traslada a México, donde continuó una célebre carrera a nivel internacional. Tomó protagonismo en el cine mexicano junto a reconocidos actores como Germán Valdes “Tin Tán”, Arturo de Córdova, Pedro Armendáriz y Rosita Fornés. Olga Guillot no perdía oportunidad pública para pronunciar su sentimiento contra el gobierno cubano y el deseo de libertad para su tierra natal. Sus triunfos en el exterior no dejaron que olvidara la lucha que mantiene el exilio de Cuba. “Fue una abanderada de la causa cubana. Todo lo que quería era regresar a Cuba para cantar en Tropicana”, recordó Vicky Roig, destacada bolerista amiga de Guillot desde hace 50 años. La congresista cubano-estadounidense Ileana Ros-Lehtinen lamentó que Guillot abandonara este mundo sin haber visto “que la libertad llegara a su querida Cuba”. “Nunca habrá otra Gloria Guillot. Su patriotismo, amor por su patria, su talentosa voz, y corazón humanitario serán extrañados por todos que la conocíamos. Olga era única. Descanse en paz”, agregó Ros-Lehtinen. El congresista cubanoamericano Lincoln Díaz-Balart, por su parte, lamentó el fallecimiento de Guillot en un comunicado enviado a la prensa. “Me ha entristecido mucho la noticia del fallecimiento de Olga Guillot. Ella era un genio de la música y nunca será olvidada por todos los amantes de la música cubana”, dijo el legislador. Resaltó que, “sobre todas las cosas, Olga Guillot era una patriota cubana”. Fuente: El Mundo *** Presentan en Caracas la Colección Arte Venezolano Grandes artistas plásticos como Carlos Cruz Diez, Bárbaro Rivas o Jesús Soto, son algunos de los nombres que protagonizan los 120 libros de la Colección Arte Venezolano, que fueron presentados el pasado miércoles 14 de julio por el ministro de la Cultura de Venezuela (http://www.ministeriodelacultura.gob.ve), Francisco Sesto. Los títulos incluyen una biografía cronológica y reproducciones de las obras de los artistas, que servirán como material educativo a los estudiantes y público en general, interesado en conocer a través de estos libros a los protagonistas de la acción artística del país. “Es el esfuerzo editorial democrático en el área de las artes que ha hecho el Estado venezolano en su historia, tiene una vocación justamente de convertirse en un instrumento de mucho alcance”, expresó Sesto. Se publicaron 2.000 ejemplares, de los cuales 800 se colocarán en la Red de Bibliotecas Públicas de Venezuela, y el resto estarán en las Librerías del Sur (http://www.libreriasdelsur.gob.ve), un sistema del gobierno venezolano que sostiene varias librerías en los diferentes estados del país. Asimismo, el ministro adelantó que está prevista una segunda colección con otros 120 títulos a cargo de la Fundación Museos Nacionales (http://www.fmn.gob.ve), así como la reedición de 10.000 ejemplares, todos disponibles en las Librerías del Sur. La Colección Arte Venezolano es el resultado del registro y documentación de las vidas y trabajo de los creadores nacionales, dirigido a la proyección de los valores artísticos venezolanos que buscan reforzar el acercamiento a las artes. Fuente: AVN *** Falleció Amanda Berenguer, poeta de la generación del 45 La destacada poeta uruguaya Amanda Berenguer, una de las últimas representantes de la generación del 45 que compartió con escritores como Juan Carlos Onetti o Idea Vilariño, falleció en Montevideo a los 89 años de edad el pasado miércoles 14 de julio. Berenguer, académica de honor de la Academia Nacional de Letras del Uruguay (http://www.mec.gub.uy/academiadeletras) y viuda del también escritor y miembro de la generación del 45 José Pedro Díaz, murió por complicaciones derivadas de su avanzada edad, según explicó su hijo Álvaro Díaz. La poeta era una de las últimas supervivientes de la generación del 45, a la que pertenecieron las mayores figuras de la literatura uruguaya del siglo XX y que en el último año perdió a dos de sus más importantes figuras, Mario Benedetti e Idea Vilariño. Según explicó Díaz, estas dos muertes, acaecidas en mayo de 2009, fueron un “golpe importante” para la poeta, puesto que se trataba de una generación de escritores “muy unida” que había pasado por “muchas cosas juntos”. La generación del 45 se define a un grupo de autores uruguayos que comenzaron a publicar sus obras, de diversas temáticas, entre 1945 y 1950, y continuó relacionándose entre sí en las décadas posteriores e interactuando con las realidades sociales y políticas de Uruguay en los últimos 60 años. Berenguer fue autora de más de 20 libros, entre ellos A través de los tiempos que llevan a la gran calma (1940), Elegía por la muerte de Paul Valéry (1945), Contracanto (1961), Composición de lugar (1976) y La dama de Elche (1987). La Academia Nacional de Letras la nombró Académica de Honor en 2006, mientras que la Intendencia de Montevideo acababa de otorgarle el título de ciudadana ilustre, el pasado 13 de abril. El cuerpo de la ganadora del Premio Bartolomé Hidalgo (1990) y afamada autora de Quehaceres e invenciones (1963) fue velado en la Biblioteca Nacional de Uruguay (http://www.bibna.gub.uy). Fuente: EFE *** Aprueban creación del Ministerio de la Cultura del Perú La Comisión Permanente, con la conducción del titular del Congreso de la República del Perú (http://www.congreso.gob.pe), Luis Alva Castro, confirmó este 14 de julio, tras una segunda votación, la aprobación de la iniciativa presentada por el Poder Ejecutivo de ese país para crear y determinar la organización y funciones del futuro Ministerio de Cultura. La votación fue de 24 votos a favor y cuatro abstenciones, con lo cual la propuesta quedó expedita para su promulgación. Antes, fue sometida a votación una cuestión previa planteada por los congresistas Javier Bedoya (UN) y Carlos Raffo (GPF) para que se votase el íntegro de la iniciativa tal como fue aprobada en primera votación el pasado 23 de junio. En el debate preliminar, en cumplimiento del Reglamento del Congreso, en el que participaron parlamentarios de distintas bancadas, se planteaba sugerencias para modificar algunos artículos de la iniciativa. El congresista Javier Bedoya de Vivanco (UN) advirtió que cualquier agregado o modificación significaría anular la anterior votación y votar nuevamente en primera votación. Los congresistas de la bancada aprista, César Zumaeta y Alejandro Rebaza, plantearon aprobar la propuesta y recoger aportes en posteriores leyes complementarias. Fuente: La República *** Cuentos “de retorno a la patria” publica Alfredo Bryce Echenique El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique acaba de publicar, bajo el sello Anagrama (http://www.anagrama-ed.es), La esposa del Rey de las Curvas (http://www.anagrama-ed.es/titulo/NH_474), un compendio de diez cuentos escritos en el último año una vez instalado en Lima, tras haber vivido durante años en Barcelona (España), de modo que son cuentos “de retorno a la patria”, dijo el autor en rueda de prensa el pasado jueves 15 de julio. Los cuentos, que también son “de grandes nostalgias”, están encabezados por “La funcionaria lingüista”, uno escrito “con maldad, crueldad y venganza”, ya que habla de una de sus ex esposas. “Es 10% autobiográfico y el único escrito para arreglar cuentas, con sinceridad”, reconoció el escritor, quien recordó que ella le “sacó” de Barcelona, “donde era feliz”, y le llevó a Madrid. “Hizo una cosa de dominio, o más bien, exterminio”, puntualizó. “Fue siempre el gran amor”, recordó refiriéndose a la ciudad de Barcelona. Los relatos de La esposa del Rey de las Curvas no cuentan con un hilo conductor, pero todos ellos están tamizados por la ironía, el humor y las digresiones, muy características en la obra de Bryce. “Todos empiezan como acaban. No hay tensión alguna”, apostilló. El cuento que da título al libro es la historia “absolutamente real” de Arnaldo Alvarado, un corredor de carreras automovilísticas conocido como “el Rey de las Curvas” por su pericia al cogerlas al volante. El padre de Bryce Echenique tenía el mismo coche que Alvarado, pero él “era tímido, cumplía con todos los semáforos”. Una vez en la escuela Bryce Echenique dijo que Alvarado era su padre, y cuando la madre fue a recogerle, las maestras quisieron saber si era verdad. “Si mi hijo lo dice, así es”, respondió. “Yo no engañaba, yo contaba”, dijo el escritor. En el libro hay muchas escenas de la infancia, y algunos de los cuentos están escritos “con urgencias”. Aunque ahora está felizmente casado y vive en familia, el autor reconoció que siempre ha sido “un gran solitario que ha vivido en excelente compañía”. “Cuando estoy solo es cuando más me ocurren cosas, pero hay otras soledades en las que te quedas jodido”, aseguró, rememorando su etapa en un psiquiátrico de Montpellier (Francia) en el que estuvo ingresado un tiempo a causa de insomnio severo. Tras un largo viaje en avión desde Perú, el autor de Un mundo para Julius aseguró que al cuento nunca se le puede echar agua, “sólo puede ser bueno, sin tener bajones”, al tiempo que reivindicó la figura del contador de historias, algo que él practica desde pequeño. Destacó que siempre sufre cuando se tacha a los cuentistas de mentirosos, porque eso es confundirlos con los estafadores. “El mentiroso divierte, pero no engaña, embellece la realidad. Yo desde siempre no he engañado, he contado”, agregó. Por otra parte, durante la rueda de prensa quiso resaltar los muchos años de amistad que le unen con el editor Jorge Herralde, que espera que acabe publicando toda su extensa obra, mientras que de su primer editor en España, Carlos Barral, indicó que pasó “un largo calvario” porque era “muy buen editor, pero muy mal administrador. Lo quiero con todo el amor del mundo, fue quien hizo el boom de los autores sudamericanos, pero yo llegué tarde”, sostuvo. Fuentes: EFE • Europa Press *** El Premio Internacional de Novela Negra RBA asalta las redes sociales El Premio Internacional de Novela Negra RBA (http://bit.ly/bNptJt), que convoca el grupo editorial español RBA (http://www.rba.es), ha recibido en su cuarta edición un total de 203 manuscritos, 36 más que en la anterior convocatoria. Los originales proceden de países de todo el mundo, lo que demuestra el carácter cada vez más internacional del premio, que se ha consolidado como una referencia de la novela negra tanto dentro como fuera de España. El reintegro de este galardón asciende a 125.000 euros, siendo el mejor dotado de su género. Cabe resaltar la altísima participación de escritores latinoamericanos, cuyos originales proceden de países como México, Argentina, Chile o Perú, entre otros. Esta masiva participación latinoamericana se debe, en parte, a eventos como la Semana Negra de Gijón (http://www.semananegra.org), Barcelona Negra (http://www.bcn.es/cultura/bcnegra) o Getafe Negro (http://www.getafenegro.com), encuentros que fomentan el diálogo entre los seguidores del género. También optan al premio manuscritos procedentes de Estados Unidos, Holanda, Bélgica, Reino Unido, Alemania, Francia y Dinamarca, además de los originales de España. En relación al universo criminal presente en las novelas, llama la atención una alta recurrencia a la recreación de argumentos que tratan el tema del narcotráfico y los delitos conexos: la extorsión, los secuestros y el asesinato por pago de deudas. En menor escala, está presente el fenómeno del tráfico de personas, la prostitución y la trata de blancas, temas habituales en el imaginario español de la novela negra, dada su condición de país de acogida. El jurado, formado por los escritores Soledad Puértolas y Lorenzo Silva, el periodista Antonio Lozano, el librero Paco Camarasa y la editora de RBA Anik Lapointe, dará a conocer su veredicto el próximo 9 de septiembre. Si los muertos no resucitan, del escocés Philip Kerr, fue la obra ganadora en la edición anterior y se ha convertido en todo un éxito de ventas este 2010. Sus antecesores fueron Andrea Camilleri con la novela La muerte de Amalia Sacerdote y Francisco González Ledesma, primer ganador del premio, por la obra Una novela de barrio. Con la finalidad de interactuar con los lectores de género negro en todo el mundo, el Premio Internacional de Novela Negra RBA ha puesto en marcha un perfil en Twitter (http://twitter.com/Pinn_RBA) en el que, desde el 30 de agosto hasta el 9 de septiembre, Philip Kerr desgranará una tweetnovela ambientada en la ceremonia de entrega del premio. El relato se difundirá simultáneamente en inglés y en español. El perfil de Twitter ya está activo y en él los seguidores del género irán encontrando curiosidades del premio y pistas del contenido de la tweetnovela de Kerr. Además, ha puesto en marcha en su perfil de Facebook de Serie Negra (http://www.facebook.com/serienegra) un concurso para asistir a la ceremonia de entrega del premio, el próximo 9 de septiembre a las 20 horas en el Hotel Rey Juan Carlos I de Barcelona (http://www.hrjuancarlos.com). Desde el pasado jueves 15, y hasta el próximo viernes 30 de julio, el usuario que responda al reto planteado en el muro del perfil y logre más clics “Me gusta” por parte de otros internautas, se llevará una invitación doble a la fiesta de entrega del premio. Fuente: Tinkle *** Inauguran muestra fotográfica itinerante de Gonzalo Torrente Ballester Organizada por Fnac (http://www.fnac.es), en colaboración con la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC, http://www.secc.es) y la Fundación Gonzalo Torrente Ballester (FGTB, http://www.fgtb.org), este viernes 16 fue inaugurada en Madrid la exposición “Torrente Ballester, fotógrafo”, que descubre una faceta hasta ahora desconocida del escritor español a través de una veintena de fotografías de su autoría que hasta ahora no se habían estudiado. Abierta al público en la Fnac Callao (Madrid), la muestra permanecerá allí hasta el 28 de agosto, para después visitar otros centros de la cadena francesa en A Coruña —del 3 de septiembre al 15 de octubre—, Murcia —del 15 de octubre al 30 de noviembre—, y Zaragoza —del 3 de diciembre de 2010 al 10 de enero de 2011. La investigación desarrollada por los dos comisarios de la muestra, Carmen Becerra y Miguel Fernández-Cid, demuestra que la fotografía desempeñó para el escritor diferentes funciones, dejando al margen la más común de fichero para el recuerdo. Torrente Ballester no sólo fotografiaba su mapa emocional (imágenes de la Torre Berenguela de la catedral compostelana, de los solitarios y gélidos paisajes de Albany, de la ría de Ferrol o de las calles de Pontevedra) sino que, además, utilizaba la fotografía como herramienta de trabajo, de manera que algunas de las imágenes que su cámara registraba se encuentran después en sus ficciones trasladadas a palabras, envueltas por la semántica, transformadas por la retórica y la imaginación. Recuperadas y llevadas a una escala expositiva, estas fotografías dejan ver con claridad la personalidad de una mirada que sabe recrear la vida de una calle, una plaza, o detenerse en detalles en apariencia accesorios. Un lenguaje “vulgar”, casi descuidado, que lleva, sin embargo, hacia nuevos mundos, en sintonía con la técnica empleada en su escritura. La muestra se completa con el documental GTBxGTB, producido por la SECC y la FGTB con guión y dirección de Luis Felipe Torrente Sánchez-Guisande y Daniel Suberviola Garrigosa. En la cinta, Torrente Ballester habla sobre su vida, su obra y sus preocupaciones intelectuales, sociales y políticas. Con las únicas voces del escritor y algunos de los periodistas que le entrevistaron en televisión a lo largo de los años, se recorre su infancia, la juventud y madurez en un relato biográfico trenzado con intervenciones del autor sobre sus preocupaciones como novelista, sus convicciones sobre la creación literaria, sus actitudes políticas y sus reflexiones sobre conceptos como el mito, el poder, la historia, Galicia, la mujer y la muerte. “Torrente Ballester, fotógrafo” es una versión reducida de la muestra “Los mundos de Gonzalo Torrente Ballester”, que tras su paso por Salamanca, Ferrol y Logroño, puede verse ahora en Santiago de Compostela y que continuará después en Pontevedra. Fuente: Europa Press *** Clausura la Semana Negra de Gijón con “rotundo éxito” Enrique Ferrari, Juan Miguel Aguilera, Alejandro Hernández, Gregorio Casamayor, Javier Sinay y Guillermo Orsi se llevan los premios de esta edición. La Semana Negra de Gijón (http://www.semananegra.org) fue clausurada este domingo 18 de julio, después de diez días de actividades culturales y festivas, con un saldo de 850.000 visitantes y 35.000 libros vendidos, lo que la organización ha considerado “un rotundo éxito” en plena crisis económica. El director del festival multicultural, Paco Ignacio Taibo, aseguró que “no se puede creer el éxito alcanzado” ya que con menos presupuesto que en ediciones anteriores ha “conseguido” aumentar la cantidad de actos “de cara al público”. Un clásico del verano de Gijón que se viene realizando desde hace 23 años, la clausura de la Semana Negra se celebró en un acto al que asistieron el presidente de Asturias, Vicente Álvarez Areces; el viceconsejero de Promoción Cultural y Política Lingüística, Jorge Fernández León, y el concejal de Cultura de Gijón, Justo Vilabrille. Taibo destacó la repercusión que ha tenido el certamen en medios de comunicación internacionales y ha agradecido el apoyo que le han dado al festival el Gobierno de Asturias (http://www.asturias.es) y el Ayuntamiento de Gijón (http://www.gijon.es). El presidente asturiano reivindicó su papel de “cofundador” de la Semana Negra y anunció que el año próximo volverá a “estar presente como un ‘semanero’ más”, ya que, tras haber anunciado su renuncia a la reelección, ya no será presidente regional. Durante la clausura se entregaron los premios a los ganadores de los distintos certámenes literarios, en los que resultaron ganadores los argentinos Guillermo Orsi (http://guillermoorsi.blogspot.com) —el gran ganador de este año con el Premio Hammet—, Enrique Ferrari y Javier Sinay, los españoles Juan Miguel Aguilera y Gregorio Casamayor, y el cubano Alejandro Hernández. Al Concurso Internacional de Relatos Policíacos se presentaron cerca de 150 manuscritos provenientes de todos los países de habla hispana. El ganador fue Enrique Ferrari por su relato “Ese nombre”. Quedaron finalistas la argentina Laura Masolo con “El otro camino” y los andaluces Javier Márquez Sánchez con “Charles Bronson era un cabrón” y Rafael Marín Trechera con “Nueve milímetros parbelum”. El jurado estuvo compuesto por Nacho Guirado (España), Eduardo Monteverde (México) y Sebastien Rutés (Francia). El premio Celsius a la mejor obra de ciencia ficción, fantasía o terror de 2009 escrita en español, se ha concedido a la novela La red de Indra, del español Juan Miguel Aguilera, que se impuso a La última noche de Hipatia, de Eduardo Vaquerizo (España), Alarido de Dios, de José Miguel Vilar-Bou (España), y Unicornio, de Antonio Dyaz (España). Formaron el jurado de este premio Jorge Iván Argiz (España); Ricard Ibáñez (España) y Javier Negrete (España). Juan Miguel Aguilera reconoce que le encanta la Semana Negra, así que recibir un premio en ella cumple sus ilusiones. En España la ciencia ficción está considerada un género muy menor, sin embargo, la Semana Negra la sitúa en un plano de igualdad y da valor a cada uno de los diferentes géneros. Reconoce que escribió La red de Indra como diversión y que espera que el lector tenga ese reflejo. Es una reivindicación de la literatura lírica. El premio Espartaco a la mejor novela histórica de 2009 escrita en español se ha concedido a la novela Oro ciego, del cubano Alejandro Hernández. El resto de finalistas de esta edición han sido León Arsenal (España), con La luz de Egipto, Fermín Goñi (España), con Los sueños de un libertador, y Andrés Pérez Domínguez (http://www.letralia.com/firmas/perezdominguezandres.htm; España) con El violinista de Mauthausen. El jurado estuvo compuesto por los escritores Rafael Marín (España), Alfonso Mateo-Sagasta (España) y Nerea Riesco (España). Alejandro Hernández dio las gracias y con mucho humor explicó que no cree que vuelva a escribir otra novela histórica, porque dan mucho trabajo. Agradece especialmente a su editorial y al escritor Fernando Marías que ha apoyado mucho a Oro ciego para que se publique en España. El premio Memorial Silverio Cañada a la mejor primera novela de 2009 escrita en español se ha concedido a la novela La sopa de Dios, del español Gregorio Casamayor. Se quedaron a las puertas del premio las novelas La Virgen Cabeza, de Gabriela Cabezón Cámara (Argentina), Siete maneras de matar un gato, de Matías Néspolo (Argentina), Tengo una pistola, de Enrique Rubio (España), y Tarde, mal y nunca, de Carlos Zanón (España). El jurado estuvo formado por Mercedes Castro (España), Julio Murillo (España) y José Luis Muñoz (España). Gregorio Casamayor agradeció el premio y contó que La sopa de Dios es una novela rara. Confesó que Ángel de la Calle, subdirector de la Semana Negra, le había dicho que no podía ganar, pues de las novelas que le gustaban a él, ninguna ganaba nunca. El autor reconoció que se lo había pasado muy bien en Gijón y que esperaba volver de nuevo a la Semana Negra. El premio Rodolfo Walsh a la mejor obra de no ficción sobre tema criminal de 2009 escrita en español se ha concedido a la obra Sangre joven, del argentino Javier Sinay. Los otros dos finalistas fueron Mariano Sánchez Soler (España) por Nuestra propia sangre y Javier Valdez Cárdenas (México) por Miss Narco. El jurado estuvo compuesto por Raúl Argemí (Argentina), Fernando Marías (España) y Carles Quílez (España). Javier Sinay no se cree todavía este premio, piensa que la última vez que estuvo despierto fue en el aeropuerto de Buenos Aires, antes de volar a España. Sangre joven “es un libro de algo que no tiene ningún nombre definido: crónica, género periodístico”, explicó, agregando que él quería darle un espíritu de género negro. El premio Dashiell Hammett a la mejor novela negra de 2009 escrita en español recayó sobre la novela Ciudad Santa, del argentino Guillermo Orsi. Esta novela se impuso a las de Cristina Fallarás (España), Así murió el poeta Guadalupe; Mario Mendoza (Colombia), Buda Blues; Eduardo Monteverde (México), Carroña’s Hotel; Carlos Bardem (España), Alacrán enamorado, y Carlos Salem (Argentina), Pero sigo siendo el rey. El jurado lo formaron Rodolfo Pérez Valero (Cuba), Julián Ibáñez (España) y Juan Ramón Biedma (España). Orsi recordó que es la tercera vez que está en la Semana Negra. Sus viajes se han espaciado cada tres años. “Hay muchos premios literarios en el mundo muy bien dotados económicamente y con mucha distribución, sin embargo los que se dan en la Semana Negra son los más respetados por los autores: los dan los compañeros y se hace con toda la transparencia”, indicó, agregando en tono de broma distendida que “este año los que ganaron son muy buenos, menos el mío”. Fuentes: EFE • La República Cultural *** Un foro analizará en Marbella el universo de Mario Vargas Llosa Este 20 y 21 de julio se realizará en el Centro Cultural Cortijo Miraflores, de Marbella, Málaga (España), el Foro Literario Vargas Llosa, que contará con la participación del escritor peruano y de diversos especialistas que se referirán a su legado de escritor a escritor. Bajo una original fórmula bautizada “Seis escritores con Mario”, se reunirán en el mismo marco José Manuel Caballero Bonald, Fernando Iwasaki, José Esteban, Juan José Armas Marcelo, Paula Izquierdo e Ignacio García Valiño. Tal propuesta arrancará este martes 20 con la conferencia de José Esteban titulada “Carlos Barral y la fulminante ascensión de Vargas Llosa”. A continuación, Fernando Iwasaki abordará la ponencia “Historia secreta de una orgía. Las primeras novelas de Vargas Llosa”, antes de dar paso a José Manuel Caballero Bonald, que pondrá fin a la primera jornada con la intervención “Vargas Llosa: invención y testimonio”. Un día después, la segunda de las trilogías habladas será iniciada por Armas Marcelo, bajo la premisa “La verdad de las mentiras en Vargas Llosa”, y también dará cita con la disertación “Conquistando la excelencia a Paula Izquierdo”. El broche final lo pondrá una conversación entre García Valiño y el homenajeado titulada “Vargas Llosa: el banquete perpetuo. Una entrevista lateral”. El Foro Literario Vargas Llosa surgió en 2007 como fruto de una conversación con el escritor y es el germen de una cátedra con su nombre que se desarrollará en la Universidad Juan Carlos I (http://www.urjc.es). Según avanzó el director del foro, Juan José Armas Marcelo, la intención es que Marbella se convierta en sede permanente. En esa línea, la edil de Cultura, Carmen Díaz, aseguró que “el hecho de que la ciudad albergue una cita literaria de esta magnitud supone dar un salto hacia la excelencia en la programación de la agenda cultural”. Fuente: El Mundo *** Exposición de retrato fotográfico inauguran en Caracas Tras seis meses de trabajo continuo, los alumnos de Roberto Mata Taller de Fotografía (http://www.robertomata.com) presentan la muestra “Un trato: el retrato”, resultado de un proyecto especial dirigido por el fotógrafo Ricardo Peña. La inauguración se celebrará el jueves 22 de julio a las 8 de la noche en los espacios de la escuela, ubicada en La California Sur, en Caracas. Con el nombre de “Retrato 2”, Peña dio inicio a un taller dedicado a esta temática, cuyo objetivo principal era que los participantes desarrollaran coherentemente un grupo de imágenes para ser expuestas al público. De esta manera, cada quien fue responsable de presentar una propuesta fotográfica que luego trabajaría durante los seis meses que duró el taller —el más largo que se ha dictado en la escuela. Probablemente el gran logro del proyecto “Un trato: el retrato”, que ahora se presenta como una exposición colectiva, fue la respuesta de los alumnos, quienes asumieron el reto de desarrollar una completa propuesta fotográfica. “Es su creatividad, ellos lo propusieron; yo sólo fungí como guía. La responsabilidad de hacer las fotos, no de lo que yo planteé sino de lo que ellos mismos se plantearon, sus imágenes, eso es lo más importante”, explica Peña, quien también es curador de la muestra. Silvia Castro, Jacinto González, Romina Hendlin, Claudia Leal, Rodrigo Márquez, Reinaldo Odreman, Melina Pereira, María Cristina Rodríguez, Víctor Rodríguez y Marianella Torres son los fotógrafos que participan en esta exposición, que se mantendrá abierta al público del 22 de julio hasta el 31 de agosto. El número de imágenes que la integran varía de autor a autor, así como los formatos, pues la libertad para trabajar fue total, condición que se ve reflejada en la diversidad de la muestra. Ubicado en el cruce de las avenidas Trieste y Madrid, en La California Sur, Roberto Mata Taller de Fotografía es una escuela que pretende recrear un ambiente en el cual los alumnos armonicen el reto que supone la concepción de una imagen y el apoyo mismo que implique obtenerla. Asimismo, es un espacio que se dedica a promover e intercambiar ideas sobre todo lo que se refiere al hecho fotográfico. Desde sus inicios —en agosto de 1993— ha atendido más de 2.000 alumnos, muchos de los cuales se mantienen vinculados activamente al taller y a la fotografía. Fuente: RMTF *** Realizarán en Rosario un congreso sobre educación Del 19 al 21 de agosto se realizará en la Escuela N° 6383 “Brigadier General Estanislao López” (http://www.escuelabrlopez.com.ar), de Rosario, Argentina, el Encuentro Activo de Educación “Haciendo escuela desde Rosario: voces para nutrir la educación del siglo XXI” (http://grou.ps/haciendoescuela), evento para cuya participación no es necesario pagar arancel alguno, pues sus organizadores tienen la intención de que “ninguna voz que merezca ser oída quede en silencio”, según explica su coordinadora, Rita Gardellini. Los vínculos como sostén del aprendizaje, la alfabetización en múltiples lenguajes y la educación para la ciudadanía son algunos de los ejes temáticos propuestos para quienes estén interesados en participar. El congreso, de carácter gratuito, con cupos limitados y previa inscripción, recibirá resúmenes hasta el 31 de julio, aunque dependiendo de la cantidad de participantes podría producirse el cierre de las presentaciones antes de la fecha prevista. El comité académico se encargará de evaluar y aprobar las ponencias presentadas. Se conformará por reconocidos especialistas y miembros de la comunidad educativa. Además de la escuela Brigadier General Estanislao López, el evento tendrá como sedes importantes espacios de la educación y la cultura rosarina, como el Centro Municipal de Distrito Noroeste “Olga y Leticia Cossettini”, el Museo Provincial de Ciencias Naturales “Dr. Ángel Gallardo” y el Centro Cultural Parque de España/Aecid (http://www.ccpe.org.ar). Los dos primeros días del congreso, el jueves 19 y el viernes 20 de agosto, se desarrollará el programa a través de exposiciones, conferencias y paneles temáticos a cargo de especialistas, docentes, directivos e invitados, que derivarán en salas donde se estructurarán talleres. También se estructurará una serie de comisiones que trabajarán sobre ejes temáticos. El sábado 21 estará reservado para la presentación de conferencias magistrales y para la realización del foro de conclusiones de los despachos de cada comisión. Los participantes del congreso podrán dirigirse a los talleres que escojan o a la sala de conferencias donde se presentan los panelistas con sus ponencias; ambas actividades serán simultáneas y otorgarán un desplazamiento espacial semi estructurado de los asistentes. Cada panelista tendrá 15 minutos en la sala de conferencias, y luego derivará su trabajo a talleres. En cada comisión se establecerá un relator y un moderador del debate, ambos propuestos por el comité organizador, quienes organizarán las acciones y guiarán a los participantes. Asimismo, reunirán el material en planillas a los fines de sintetizar las conclusiones para el cierre del congreso. Los participantes del congreso tendrán las instancias de trabajo en comisiones de una hora de duración a partir de las 18 horas, y en las que se debatirá sobre el tema propuesto a la comisión y se obtendrán conclusiones, despachos que luego serán expuestos en el cierre del congreso y darán lugar luego a la redacción de un documento final, síntesis del congreso. Cada participante del congreso elegirá en qué comisión (tema) querrá participar como primera prioridad, de la lista de temas de comisiones que se le ofrecerá. Y también elegirá una segunda y tercera preferencia, por si existen demasiados participantes para un eje temático y muy pocos para otros. Sobre esa base se establecerá la composición de cada comisión y se exhibirán las listas de cada comisión y su lugar de reunión. Se extenderá certificado oficial de asistencia expedido por el Ministerio de Educación de Argentina (http://www.me.gov.ar). Para la acreditación, aparte de la concurrencia al 75% del congreso, se deberá haber participado del trabajo de una comisión, donde se firmará asistencia. Los participantes que no residan en Rosario lo recibirán al finalizar el evento, mientras que los locales podrán retirarlo en la escuela organizadora o en las escuelas colaboradoras durante la semana del 30 de agosto al 3 de septiembre. Las ponencias presentadas por escrito se expondrán en la web del evento, y si existen recursos serán publicadas en CD-ROM y eventualmente en un cuadernillo. También se podrá realizar con dichas ponencias, más adelante, un encuentro virtual, a través de la Red Haciendo Escuela, para posibilitar un nuevo debate del impacto producido por el congreso. Los interesados en participar deberán escribir a ritamgardellini@yahoo.com.ar, a fin de solicitar el temario completo, la ficha de inscripción y otros detalles relacionados con el congreso. Fuente: Organizadores del evento *** Un congreso analizará en Guatemala el futuro de la lectura Del 15 al 20 de noviembre de 2010 se realizará en la Universidad de San Carlos de Guatemala (http://www.usac.edu.gt), en la capital de esa nación centroamericana, el I Congreso Internacional “Doctor Juan José Arévalo Bermejo” de Lectura, Escritura y Educación (http://congresohumanidades2010.blogspot.com), que bajo el lema “Del presente de los lectores depende el futuro de la lectura” es organizado por el Departamento de Letras y la Facultad de Humanidades de la mencionada casa de estudios. El coordinador del congreso es el profesor Daniel Alarcón Osorio (http://www.letralia.com/firmas/alarconosoriodaniel.htm), quien destacó que la actividad rinde homenaje a quien fuera presidente de Guatemala entre 1945 y 1951, período durante el cual fundó la Facultad de Humanidades. “La Facultad de Humanidades no está llamada a crear figuras políticas; pero sí a producir ese tipo de personalidades por cuya conducta y por cuya palabra, la juventud de una nación se sienta inspirada de fe, de coraje y de abnegación. No hay nada más desconsolador y nada más triste para un pueblo que mirar en sus hombres sobresalientes de ejemplares torcidos por el vicio o por la voracidad de los bienes inferiores”, dijo Arévalo Bermejo en el discurso que pronunció durante la fundación de la mencionada facultad, el 17 de septiembre de 1945. “Repensar lo que somos y hacemos requiere aprender a escuchar diferentes perspectivas de abordaje teórico-metodológico y epistemológico y sus respectivas estrategias a nivel humano, profesional y del quehacer académico institucional para construir sinergias, superando el disenso paradigmático que no permite realizar avances ni construir lazos-puentes, vía los docentes, actores principales de los sistemas educativos e instituciones académicas y del sistema educativo guatemalteco”, reza la justificación del evento. La recepción de ponencias está abierta hasta el próximo martes 31 de agosto. Los resúmenes deben tener un máximo de 750 palabras y estar relacionados con lectura, escritura y educación, así como temas sucedáneos como experiencias, proyectos. Hay 45 líneas temáticas al respecto. Para solicitar mayor información, los interesados deberán escribir al profesor Alarcón Osorio, a través del correo electrónico daoa44@yahoo.com. Fuente: Web del evento *** Mundo clásico será analizado en Argentina La Universidad de Morón (http://www.unimoron.edu.ar), en la provincia de Buenos Aires, Argentina, será la sede de las V Jornadas sobre el Mundo Clásico, evento que bajo el lema “Saber y poder: claves de la constitución de la identidad” se realizarán el 15 y 16 de octubre, organizadas por la Facultad de Filosofía, Ciencias de la Educación y Humanidades y con el auspicio de la Cátedra Abierta de Estudios de Género de la mencionada casa de estudios. Las jornadas, que con esta edición arriban a sus diez años, recibirán resúmenes hasta el 20 de septiembre. El evento tiene el objetivo de señalar una relación insoslayable en el modelo de instalación de toda cultura, así como de la construcción de su identidad. Un encuentro académico cuyos participantes analizarán temas referidos a literatura, filosofía, historia, religión, derecho, arte, antropología y tradición clásica, tanto del mundo griego como del mundo romano. Por primera vez habrá en estas jornadas participación internacional, con la presencia de invitados brasileños como modo de fortalecer los vínculos con los investigadores de ese país. Además, los participantes podrán presentar comunicaciones individuales o por equipos de investigación, así como proyectos de investigación, siempre referidos al tema central de las jornadas u otros concernientes a la cultura clásica (filosofía, literatura, historia, arte). La extensión de las ponencias será de un máximo de 8 páginas, interlineado 1,5, tamaño A4, incluidas las notas, y con tipografía Times New Roman en tamaño 12. Se presentarán dos copias impresas y una digital en CD y en formato Word, para una eventual publicación en el momento de iniciarse las jornadas. Cada expositor contará con un tiempo de exposición de veinte minutos. Los resúmenes, que se recibirán hasta el 20 de septiembre, deberán tener no más de 300 palabras. El aspirante a participar deberá enviarlo por correo electrónico o bien en papel por duplicado y en CD con los mismos requerimientos formales que las ponencias. Los aranceles de las jornadas oscilan entre los $30 y los $120. El evento se realizará en la Facultad de Filosofía, Ciencias de la Educación y Humanidades, ubicada en Cabildo 134, 7º piso. Para solicitar mayor información sobre inscripciones u otros aspectos del evento, el interesado deberá llamar al 4483 1023 Int. 245 o escribir a la profesora María Cecilia Colombani (mcolombani@unimoron.edu.ar), al profesor Raúl Lavalle (raullavalle@fibertel.com.ar) o al profesor Guido Fernández Parmo (guido@fernandezparmo.com.ar). Fuente: Universidad de Morón *** Realizarán en Venezuela un congreso sobre historia inmediata Hasta el próximo 30 de noviembre es posible postular resúmenes para el II Congreso Internacional de Historia Inmediata, evento que en homenaje al argentino Raúl Dargoltz y al venezolano Antonio Soto Ávila, historiadores recientemente fallecidos, se realizará en Maracaibo, Zulia (Venezuela), del 15 al 18 de marzo de 2011. En el congreso, que tendrá lugar en los espacios de la Facultad Experimental de Ciencias de la Universidad del Zulia (LUZ, http://www.luz.edu.ve) se reunirán investigadores de historia y ciencias sociales, docentes, estudiantes, otros profesionales universitarios y público en general, con el objetivo de debatir sobre este reciente campo de la historiografía, tanto en sus supuestos teóricos como en las diferentes investigaciones histórico-sociales específicas. La organización del congreso corre por cuenta de LUZ —a través de la Unidad Académica de Antropología de la Facultad Experimental de Ciencias, el Departamento de Sociología y Antropología y el Centro de Estudios Históricos de la Facultad de Humanidades y Educación— y del Rectorado de la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica, http://www.unica.edu.ve), con el apoyo de la Red Internacional Historia a Debate (http://www.h-debate.com), el Programa de Historia Oral de la Universidad de Buenos Aires (http://www.historiaoraluba.org) y el Grupo de Investigaciones Historiográficas de la Universidad de Santiago de Compostela (USC, http://www.usc.es). Promover y consolidar espacios académicos de discusión, permitiendo la confluencia de la diversidad de investigaciones multidisciplinarias referidas a aspectos de la historia inmediata, así como expandir y fortalecer los estudios sobre esta área, son otros de los objetivos del evento, en el que se espera que se creen redes de investigación que propicien el desarrollo de los debates e intercambios, desarrollando también otras actividades que permitan la difusión de estos debates más allá del ámbito universitario, enfatizando en la relación con movimientos sociales interesados en la discusión teórica. Entre los temas que se tratarán se encuentran la definición del área, el estudio de hitos de la historia inmediata como los procesos históricos vividos en América Latina en los últimos treinta años, la crisis del capitalismo, la aparición del socialismo del siglo XXI, los movimientos indígenas y afrolatinoamericanos recientes y los procesos identitarios en Latinoamérica en el marco de la globalización. Cada punto del temario —que puede solicitarse completo a los organizadores— se desarrollará en la correspondiente mesa de trabajo. Las ponencias deberán orientarse de acuerdo al temario propuesto. Los resúmenes deberán tener un máximo de doscientas palabras y cinco palabras clave, y deberán enviarse a la dirección electrónica cruzcarrillo2001@gmail.com antes del 30 de noviembre. Las ponencias completas, que deberán enviarse antes del 31 de diciembre a la misma dirección, tendrán un máximo de veinte cuartillas, tamaño carta, a espacio y medio, en letra 12, tipo Arial o Times New Roman. Cada ponente tendrá 10 minutos para exponer su trabajo en la respectiva mesa. Durante el congreso se realizarán conferencias especiales sobre temas específicos relacionados con el temario, y se contará con la participación de invitados venezolanos e internacionales. Además, se realizarán actividades culturales nocturnas, así como la exposición y venta de libros académicos durante todas las fechas del congreso. La inscripción tendrá un costo de 200 bolívares (equivalente a US$ 47 o € 69) para los ponentes, y de 100 bolívares (US$ 24 o € 35) para estudiantes y otros participantes sin ponencia. Fuente: Organizadores del evento *** Investigadores de literatura española medieval se reunirán en Argentina El Campus Universitario de Puerto Madero de la Pontificia Universidad Católica Argentina “Santa María de los Buenos Aires” (http://www.uca.edu.ar), en Buenos Aires, será el escenario de las X Jornadas Internacionales de Literatura Española Medieval, que se celebrarán del 24 al 26 de agosto de 2011 en homenaje al quinto centenario del Cancionero general de Hernando del Castillo (Valencia, 1511). El evento, en el que podrán participar especialistas, investigadores y docentes, es organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la mencionada casa de estudios, a través del Departamento de Letras y de la Cátedra de Literatura Española Medieval Los organizadores de estas jornadas han delineado cuatro grandes áreas: la literatura española medieval desde sus orígenes hasta el siglo XV, la poesía cancioneril en la Edad Media, el Cancionero general y las influencias posteriores de la poesía cancioneril, y la poesía cancioneril y sus relaciones con la música, en la Edad Media y en los siglos siguientes. Los resúmenes deberán enviarse antes del 31 de marzo de 2011 a la dirección electrónica medieval2005@yahoo.com.ar, y no deberán exceder las 250 palabras. En dicho resumen se incluirán, igualmente, el título del trabajo, el nombre completo del autor o los autores, lugar o lugares de trabajo, domicilio, teléfono y correo electrónico. Los aspirantes que resulten seleccionados deberán enviar sus ponencias por vía postal —o entregar personalmente en la Facultad de Filosofía y Letras, si fuera posible— antes del 30 de junio de 2011, en dos copias impresas y otra electrónica, en CD-ROM y elaboradas en Microsoft Word, en papel A4, letra Times New Roman a tamaño 12 para el cuerpo del trabajo, las citas y la bibliografía, y tamaño 10 para las notas; doble espacio para el cuerpo del trabajo y la bibliografía, simple espacio para las citas y las notas; notas al final del documento; extensión máxima de 10 páginas, excluyendo notas y bibliografía. Además, las ponencias deberán incluir en su primera página el título del trabajo, el nombre completo del autor o los autores, y su lugar o lugares de trabajo. Se recomienda encarecidamente la adopción del sistema de referencia bibliográfica autor-año-página o bien autor-título abreviado-página. Fuente: UCA ||||||||||||||||||||||| ARTÍCULOS Y REPORTAJES |||||||||||||||||||||| === La patria y el Bicentenario =========================================== === “Mis muertos”, “tus muertos”, “nuestros muertos”... =================== === ¡Todos los muertos! Carlos Schulmaister ========================== Existe acuerdo en considerar que lo social, como campo representacional, se transforma, se amplía y se complejiza a partir de la existencia del clan y de la tribu en sociedades situadas a orillas de grandes ríos en la etapa del neolítico, lo que se reflejará en un creciente dominio del lenguaje, del territorio, de la naturaleza y del cosmos. Poco después, tras la aparición del estado y de la propiedad privada, y por consiguiente de los que mandan y los que obedecen, se consolida la distinción entre nosotros y los otros, los de adentro y los de afuera de la tribu. Esa distinción y su conciencia incluye a unos y otros seres humanos, así como también a sus respectivos universos simbólicos, especialmente sus cosmogonías y sus dioses. En consecuencia, cuando dos pueblos guerreaban entre si resultaban vencedores y vencidos tanto los hombres como sus respectivos dioses y cohortes celestiales. De allí que el poder histórico implicaba un sistema de poder basado en una imaginaria asociación dios-hombre, de gran eficacia por lo demás según demuestra la historia como ciencia. Por lo tanto había jefes superiores, países superiores y dioses superiores. Y todos mandaban. El mandato superior, el grito “¡a guerra!”, provenía de los respectivos dioses, según interpretación de sus ministros en la tierra, los sacerdotes. La vigencia de los mandatos tipo “Dios lo quiere” no se interrumpió jamás pese a lo que en muchos casos pudiera parecer. Ocurre que sin perder aquel carácter divino fue transmutando en mandato patriótico, de modo de continuar ambos fundando ideas y comportamientos humanos y potenciándolas mediante su asociación o complemento con el mundo metafísico. Su fruto, la idea y el sentimiento de patria, constituye una mistificación portentosa creada por los poderes históricos para aglutinar y poner a su servicio energías colectivas con el pretexto de defender la tierra donde descansan nuestros mayores, cuando lo que realmente buscaban era defender su propiedad, la de quienes mandaban. Mistificación reproducida continuadamente a lo largo de la historia por una asociación de doctrinas religiosas, organizaciones religiosas, órdenes militares, escribas y sobre todo con ideas y sentimientos nacionalistas de diverso cuño, mucho más antiguos, por cierto, que el nacionalismo moderno. De todo lo cual resultó una ética y una estética sublime, la doctrina patriótica. Tan ingeniosa es esta mistificación que puede aparecer despojada de toda connotación metafísica, como cuando usan y abusan de ella los propios dictadores ateos revolucionarios en las guerras de liberación o defensa de las patrias populares o socialistas (o como se llamen) de las apetencias de sus contrarios. En suma, sacralización y desacralización de la patria y de los mandatos patrióticos según convenga al núcleo del poder histórico en cada caso particular. Las capas socialmente inferiores tienden a asumir las exhortaciones belicistas del gobierno y del poder como deberes patrióticos de lucha, es decir, de elevada moral social. El triunfo eventual les traerá probablemente gratificaciones materiales, espirituales y religiosas, sobre todo si se regresa con vida. En caso contrario opera un honroso consuelo consistente en el ingreso a la historia nacional con gloria y honor que abarcará sus despojos mortales, su identidad y su fama, y se transmitirá a sus deudos, a sus pares y a sus compatriotas. A partir de allí, los muertos mandarán. Ellos también, a su turno, aparecerán demandando a sus compatriotas sobrevivientes la fe y las obras correspondientes al triunfo de la causa inconclusa o del credo compartido. Esta demanda, ciertamente, no es real, igual que las demandas más arriba mencionadas, y como ellas y en ellas inspirada constituye una nueva mistificación, un relato imaginario, una poética emocional y conmovedora, bella y sublime. Este último término, sublime, refiere la esencia del llamado que no se puede desoír sin aparecer inexorablemente ante la tribu como cobarde, o calculador, o especulador, o indiferente, o egoísta, o de última, como enemigo social. Por lo tanto, los diversos y eventuales impulsores de las también diversas causas colectivas posibles en cada tiempo y lugar habrán de esgrimir como justificativos de las nuevas luchas, o de la reanudación de las viejas, no sólo razones y teorías sino también, y en gran medida y grado para muchísimas personas, las exhortaciones y apelaciones morales depositadas en aquellos entes metafísicamente relacionados con ellos, para no caer en el oprobio de recibir el sambenito de la ignominia para ellos y para toda su descendencia, es decir, la humillación y el deshonor para la posteridad. Así, a las razones justificatorias elaboradas por los vivientes se agregarán inexorablemente los muertos mismos como si fueran razones. Pero no todos los muertos sobre todos los vivientes. La demanda moral la ejercen mis muertos y tus muertos, nuestros muertos en suma, sobre mí, sobre ti, sobre nosotros, pero... cuidado, los nuestros son sólo los de nuestra tribu, no los de la otra. Nuestros muertos son únicamente los que estaban de nuestro lado —o nosotros del lado de ellos— pero nunca los otros muertos, los de ellos, los que habían sido nuestros enemigos vivientes. De modo que igual que sucede con los vivientes tenemos muertos buenos y muertos malos, o positivos y negativos. Los primeros nos pertenecen y los reconocemos como tales y legitimamos su condición conociendo, glorificando y transmitiendo sus nombres y sus comportamientos o en el peor de los casos adhiriendo a ellos naturalmente, aun sin saber por qué. Cada vez que nos toca combatir peleamos contra otros humanos vivientes, y también, contra los muertos de ellos. Cada vez que nos toca combatir —cualquiera sea la clase de lides en que nos empeñemos— lo haremos en nombre de la vida y de la muerte, consciente o inconscientemente. La vida nos demanda su afirmación de cara al futuro, y la muerte, los muertos, nos piden venganza, de cara al pasado. Ambos anhelos se canalizan mediante el triunfo. Los hombres crean razones y estéticas sublimes para fundar las más horribles blasfemias, pero por más justificaciones teológicas, filosóficas o políticas que se ensayen, el combate así entablado, esa clase de combates de supresión de los otros, de sus ideas, de sus anhelos y necesidades, representa sin lugar a dudas la suspensión de la razón ética. De dicha suspensión pueden derivar, sin embargo, gratificaciones individuales, sociales, materiales y espirituales para millones de personas que sienten que luchan junto con sus prójimos vivientes tanto como con sus propios muertos. Abstrayéndonos ahora de las lides concretas de los hombres, convengamos que cualquier idea o sistema de ideas establecido o aceptado proviene de guerras, combates o conflictos entablados anteriormente, realizados o suspendidos, originados en el núcleo del poder, y de los cuales la mayoría de las veces hemos perdido la memoria. Toda afirmación o concepción representa un cierto grado de poder directo o indirecto, incluso tratándose de cuestiones aparentemente pacíficas y simpáticas. Por ejemplo —he aquí la idea central de esta nota—, es muy triste que bajo la celebración del Bicentenario de la Revolución de Mayo se continúen expresando interpretaciones consagradas como su ideario básico y que dan cuenta —explícita o implícitamente— del rechazo a lo español como fundamento historiográfico, ideológico y político del hecho auspicioso de la independencia de estos países americanos. Lo cual me lleva a efectuar varias preguntas: ¿Por qué los antepasados de los “patriotas” de 1810 permanecen en un cono de sombras, siendo que las familias tenían en muchos casos, y como posibilidad máxima, hasta tres siglos de residencia en estos suelos? ¿Acaso los frutos (los patriotas) no tienen relación con sus raíces? ¿Por qué ocurre lo mismo respecto de quienes murieron combatiendo en el bando español o realista? ¿Acaso no merecen ambos —después de dos siglos— el recuerdo piadoso y caritativo, y por qué no también agradecido de nuestra parte, en lugar de restaurar implícitamente, naturalizadamente, tanto odio perimido, derrochando energías en el recuento nostálgico del debe y el haber de cada país americano durante el período de la Revolución (hasta 1824)? ¿Acaso los que circunstancialmente estuvieron separados pero sobrevivieron a la guerra no debieron vivir y sufrir luego juntos los nuevos sufrimientos que trajo la paz y entre todos formaron estos países actuales? ¿Por qué este continuo desgarramiento hasta el fin de los días, siendo que en ambos bandos existieron hombres honestos, idealistas, generosos y valientes que murieron por sus convicciones pese a creer en la guerra como resolución de aquel conflicto? ¿Por qué, por ejemplo, ha de aparecer Liniers, mi querido Liniers, como formando parte del proceso colonial, como si no hubiera sido un prócer a la altura de la época y de sus convicciones, igual que otros destacados contemporáneos suyos? ¡Como si nuestra libertad no debiera nada a sus sacrificios y a sus inspiraciones sino más bien lo contrario! ¡Todo así porque alguien ordenó su muerte y la de sus compañeros, sus estúpidas muertes que otros avalaron y otros ejecutaron! ¡Solamente para que les crean, traducción emblemática del más puro jacobinismo y del arte de mandar de todos los tiempos! Resulta hartante que después de tanta agua corrida bajo los puentes de la historia sigamos hablando de “mis muertos”, “tus muertos”, “nuestros muertos”, respecto de la Revolución de Mayo. Deberíamos recordar con respeto a “¡todos los muertos!”. Sobre todo cuando muchos yacen en fosas comunes que ni siquiera sabemos dónde están. Lo mismo deberíamos hacer respecto con todos los muertos por causa de nuestras disensiones políticas y sociales: reconciliarnos con ellos y dejar de transmitir nuestros odios a nuestra descendencia. Claro, para ello hace falta crecer y madurar como sociedad. Así dejaremos de utilizar a nuestros muertos (los de nuestra facción) como banderines para agitar entusiasmados cada vez que ante cada disenso actual los ponemos por delante. ¡¿Por qué mejor no nos dejamos de joder con la muerte y vivimos respetándonos y cuidándonos mutuamente?! ¿Acaso es imposible? ** Carlos Schulmaister cschulmaister@navego.com.ar Docente y escritor argentino (Saavedra, Provincia de Buenos Aires, 1950). Reside en Villa Regina, Provincia de Río Negro. Es profesor de ciencias sociales y didáctica de las ciencias sociales en institutos de formación del profesorado. Además de diversos textos en Internet, ha publicado De la patria y los actos patrios escolares; Los intelectuales. Entre el mito y el mercado y Gestión cultural municipal. De la trastienda a la vidriera. Es columnista de opinión del diario Río Negro (http://www.rionegro.com.ar), de General Roca. === ¿Dónde vivió Manuelita Sáenz? Miguel Godos Curay ================= Una menuda y calenturienta polémica, ácida como el zumo de la anana verde, se ha suscitado en Paita por la colocación de una efigie de Manuelita Sáenz en la casa del viejo barrio de La Figura. Se piensa que doña Manuela exiliada en Paita llevaba mejor vida y no fue así. La patriota quiteña vivía en la suma pobreza y a expensas de la caridad de generosas familias afincadas en el puerto. Por eso crece en acierto la hipótesis de Juan José Vega, Manuel Dammert y Otto Morales Benites que doña Manuelita disfrutara de la hospitalidad porteña en varios rincones. El poeta paiteño Teodoro Garcés habla de una casa en el tradicional barrio de La Punta, “cofre del sublime amor”. La afirmación no es inverosímil porque la casa de Alejandro Rudens, cónsul americano que alojó a Manuelita, quedaba en este sector. La casa en donde se ha colocado la efigie es la misma que fotografió en 1922 don Pedro Montero a pedido del doctor Julio Villegas, cónsul de Colombia en el Perú por encargo del plenipotenciario doctor Fabio Lozano Torrijos. En la ubicación precisa colaboró don Francisco López, un “caballero de elevada figuración social de la localidad”. “Se trata de una casa rústica de cañas y barro, con un techo pajizo... en 1922”, anota Evaristo San Cristóbal, “se encuentra bastante deteriorada y maltrecha”. La misma, en efecto, se encuentra en El Zanjón, y según el diligente doctor Villegas, quien ejerció el ministerio público por espacio de 17 años, la modesta residencia de Manuelita es propiedad de doña Tomasa Agurto de Vásquez, madre de las señoras Felixa Vásquez de Artadi, Ventura Vásquez de Pérez y Tomasa Vásquez de Rentería. En carta dirigida al general Juan José Flores el 30 de enero de 1842, Manuela escribe lo siguiente: “Estoy miserable como jamás lo creía y a veces me dan ganas de darme un balazo...”. Quienes piensan que Manuelita estaba cruzada de brazos se quedarán turulatos con su agudeza para abordar temas políticos que con el seudónimo de María de los Ángeles Calderón comunicaba a don Ángel Calderón, su compadre, el general Juan José Flores. Y resulta cursi imaginar a una mujer inteligentísima. Lo eran también sus negras, como la Juana Rosa que sabía leer y escribir. Desentendida de la política. Las cartas de Manuela Sáenz a Flores que se conservan corren entre 1837 y 1846. En el expediente judicial de declaración de pobreza de fecha 29 de noviembre de 1847 y en el poder que otorga a su abogado Cayetano Freyre, documento que existe en el Archivo General de la Nación, éste declara: “Mi representada reside en Paita en el estado más miserable de pobreza, sin tener de qué vivir y habitando una desdichada buhardilla, incrustada en la miseria...”. Más adelanta detalla lo siguiente: “Si doña Manuela tuviese propiedad suya, no se encontraría hoy en Paita, viviendo en una buhardilla miserable, tirada en una hamaca sin poder moverse por tener dislocado un hueso del cuadril; no tendría necesidad de ser alimentada y vestida a expensas de la piedad de sus amigos; porque esta humillación no la soporta la persona que tiene de qué subsistir, ni menos la toleraría mi representada en su extrema delicadeza; ni tampoco habría personas que le prestasen sus auxilios en semejante caso...”. Para confirmar el estado de pobreza de Manuela Sáenz dieron su testimonio el diputado Eugenio Raygada, Manuel Mujica, el cónsul Alejandro Rudens Jun, quien daba a Manuela trabajos de traducción del inglés al español, el coronel don Cipriano Delgado, encargado de la Gobernación de Piura. Rudens declara en autos que “el declarante por más de cinco años le ha ministrado el alimento para su subsistencia. Que eso es público y notorio en aquel lugar, pues otras personas animadas también del mismo espíritu caritativo, la auxilian con otras cosas necesarias para conservar su existencia...”. En los momentos más duros Manuelita fue huésped de Rudens. Manuela Sáenz era comadre de Tadea Castillo, casada con José María Orejuela. Doña Manuel Sáenz fue madrina de Simón Francisco (1838), de Manuela de la Circuncisión (1841), de Paula (1843) y Alejandro de la Natividad (1845). Doña Tadea era conocida en Paita como “La Morito”; con el mismo sobrenombre se llamaba a su hija Paula, quien entrevistada en 1922 por Luis Alberto Sánchez indicó que la casa en la que vivió su madrina era la que ocupaba la tienda del chino Ricardo Wong. Esta información la confirmé del propio LAS. Lo cierto es que Manuelita rodó por la escalera del altillo en que vivía y no volvió a caminar. Por este motivo mudó de morada. Entonces se postró en una hamaca. Así la encontró en 1856, el año de su muerte, Ricardo Palma: “Mi cicerone se detuvo a la puerta de una casita de humilde apariencia (no habla Palma que es muy minucioso de subir escaleras). Los muebles de la sala no desdecían en pobreza. Un ancho sillón de cuero con rodaje y manizuela, y vecino a éste un escaño de roble con cojines forrados en lienzo; gran mesa cuadrada al centro; una docena de silletas de estera, de las que algunas pedían inmediato reemplazo; en un extremo, un tosco armario con platos y útiles de comedor, y en el opuesto una cómoda hamaca de Guayaquil”. Aquí murió Manuelita el 23 de noviembre de 1856. ** Miguel Godos Curay godoscuray@yahoo.es Periodista y docente peruano. Egresado de la Universidad Nacional de Piura (http://www.unp.edu.pe). Ha sido director del diario El Correo de Piura, medio en el que publica regularmente sus artículos. === Vivir a pulso Gabriel Mantilla Chaparro ========================== “Nada se ve bien sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos” Antoine de Saint-Exupéry De pequeño tuve un miedo latente, imposible deshacerme de él, era una de mis más caras posesiones, un lazo con el cual no quería y que era imposible romper. Se escondía detrás de mi alegría y la tornaba comedida, la despojaba de esa inocencia, de esa ingenuidad que signa la alegría de un niño. Yo, como un capitán, lo observaba todo, escuchaba las palabras de los mayores con delectación, y trataba de buscar múltiples respuestas a ese cúmulo de emociones y vivencias que invadían mis ojos y mis oídos, que pulsaban en mi Alma. En poesía “l’oreil parle”, dice Valéry. Era preciso cerciorarme bien de todo para poder apartar mi miedo y emocionarme a plenitud, sin pensar que en cualquier instante podría asaltarme algo dañino, sorpresivo, y que lamentablemente, quizá me fuese imposible dominar. Mis hermanos, en cambio me parecían unos niños dotados para la vida: seguros de sí mismos, alegres, capaces de introducirse en un grupo de jugadores de metras y hacerse notar por su puntería y su capacidad para negociarlas durante la contienda. Los veía felices jugando a rondas de trompo. Al ejecutar la terrible sentencia contra el perdedor abrían sus ojos, torcían su lengua bajo los dientes apretados, se concentraban y descargaban certeros y fatales golpes contra el estilizado trompo del infeliz jugador. En un momento, un bello trompo, a veces traído de otro país, moría bajo los crueles hachazos y se convertía en un montoncito de añicos de madera colorida. Mis hermanos no eran malos, tampoco los otros compañeros de juego: eran esas las reglas y se cumplían. También —lo sé bien— ellos estuvieron siempre dispuestos a perder con el mismo honor. Algunas veces, mientras el trompo moría, el jugador derrotado observaba dejando correr sus lágrimas y ese llanto le era respetado con solemnidad. Sin embargo, algún hermano mío ha perdido en un juego donde no convenía dar tregua ni oportunidad al adversario. Ese es un dolor ante el cual no se tiene defensa. Va y viene en cualquier momento, nos conmueve y nos hace pronunciar algunas palabras que sólo él escucha, es un susurro, un secreto, una comunicación sutil de la que no quedan más testigos que la nostalgia y el corazón. Ese dolor pudiera haber aumentado mi miedo inicial, sólo que ahora dispongo de más armas para enfrentarlo: tengo una profesión digna, una mujer y unos hijos alegres, inteligentes, hermosos y responsables, de mirada firme y de salud luchada teniendo de arma la fe en la medicina y a Dios por delante. Hemos ganado la paz en esta guerra, y mi miedo no se ha extinguido, pero tampoco ha seguido creciendo. Además, muchas otras personas esenciales conforman el entorno familiar; ejerzo como profesor de literatura y filosofía en una institución de naturaleza honorable, y puedo comunicarme diariamente con un público ávido e interesante, acerca de las cosas que me conmueven, me alegran o preocupan intelectual y existencialmente. A cambio, trabajo con devoción y con vehemencia. Podría mi canto ser lo real solamente. Felizmente mis hermanos han alcanzado su isla de salvación, aunque creo que requieren un poco de sosiego para sus vidas tan vividas de prisa. Poco o muy poco valor tendrían el reconocimiento, la fama y la opulencia económica si no hay formas disponibles para que nuestra alma respire. No debemos permitir que la alegría se apolille. No hay mejor sabio maestro que el corazón en calma aunque en vigilia. Pero sobre ellos mantengo alerta mi poesía, les envío señales de palabras hasta lograr que les sobrevenga la paz que yo he logrado encontrar. Quizá no sea a mi manera, cada uno hallará la suya. II Esa es la verdadera utilidad de la poesía. Gracias a ella se me puede acusar de FELIZ. Ese debe ser el verdadero oficio de la poesía y del poeta: lanzar su palabra a la mitad del día y de la noche, cuando el transeúnte, el niño solo, la mujer viuda, el mendigo, el hermano y el amigo la necesitan. Pero NO, he visto que ya no se hace poesía para la gente, que las palabras se esconden en eso que “otros” llaman también “poesía”, abusando de los inocultables logros del surrealismo. Hoy cualquiera es “poeta”, pero hacia nadie se dirige su “poesía”, palabras juntas y sin escenario, sin nada que contar, palabras incluso sordas en algunos casos. Es algo seco, como el monte que ha perecido con el inclemente verano de los días. III Volviendo a la zona sagrada de mi niñez, recuerdo que me gustaba aventurar con mis hermanos y algunos amigos por los bosques que rodeaban la aldea. Tomaba mi cantimplora, el cuchillo, la bolsa de caza y una honda para matar pájaros. Pero más parecía andar “disfrazado”, pues mi espíritu no encajaba con esas armas. Desde lo más profundo las rechazaba. Y nunca maté pájaro alguno. Una vez, instigado por mis acompañantes, estuve a punto de hacerlo, pero erré el tiro a propósito, con disimulo. En la noche me distancié del lugar donde acampábamos, me fui cerca de un arroyo, me puse a mirar la luna y el cielo estrellado y lloré silenciosamente por largo rato, de miedo al pensar en el irreparable daño que habría podido causar el haber asesinado a ese bello pájaro que confiado cantaba un ritmo hermoso sobre la rama frágil. A partir de allí corrió una FAMA —que si bien en un principio sentí que me dañaba, luego se constituyó en mi salvación—: yo era, para todos en la aldea, el peor cazador. Preferí eso a hacer cosas que no contribuían a brindarme la paz, el regocijo y la fuerza interior que como ávido minero procuraba. Sabía que había en mí una fuerza interior capaz de encontrar la llave de esa casa que ante mi llamaban “LA VIDA”. Ellos —es claro— tenían sus reglas... y las cumplían. Yo en cambio, carecía de ellas y tampoco tenía necesidad, ni obligación de obedecerlas. El poeta Andrés Eloy Blanco, en su “paráfrasis al poeta” (dirigida a su amigo Jacinto Fombona Pachano) ofrece su linterna para alumbrar el camino e impedir el extravío, y nos dice: “Sé sincero cuando veas que tienes claro el sendero / pero si vas entre sombras aprende a disimular”. He optado por el primer verso. Más me ha convenido la aventura decisiva de exponer lo que creo mi verdad a través de lo que escribo y de lo que en ocasiones publico, ya que ser “sincero” es una “rara exquisitez” en la antropofagia social. Esto, por supuesto, me atrae el enojo de quienes han decidido hacer invivible la comarca. De quienes sentencian: “antes morir que vivir aquí”. Porque se creen dueños del oxígeno que respiran los justos. Son aquellos que, como dice La Biblia, no concilian el sueño si antes, durante el día, no han dañado a alguno. Pero eso no acrecienta mi miedo, no me concierne, puesto que la verdad me genera una profunda alegría. Me siento libre espiritualmente, ningún anillo malsano me comprime la vida y la curiosidad de mis interrogaciones se halla colmada hasta donde voy andando. La sonrisa de lo maligno no me inquieta, he disciplinado mi corazón y mi cuerpo, me resisto a la complicidad y abomino lo que corrompe aquello donde debería imperar el honor: la Universidad, el Poder, la Justicia, la Medicina y la Poesía. Ha sido ardua y larga esta travesía para llegar a mí mismo, pero ha valido la pena. Ahora conozco el valor de una idea distinta a la mía y por la misma razón el valor de una idea afín. Tengo amigos de los cuales discrepo, conservo mi verdad pero no dudo que la de ellos viene sincera. Y lamento que el mundo intelectual derive cada vez más hacia un vecindario de “engañados y engañadores”. Si el destino señalado es el goce de mi libertad, entonces he hallado ese sino. En mi adolescencia estuve bastante separado de mí, fue como una convalecencia, una confusión peligrosa, una pérdida radical de lo que desde muy temprano había cultivado, ¡y de qué manera he recuperado ese tesoro! No detesto mi adolescencia pero no volvería a vivirla de esa manera si se pudiese. Al final de ella encontré esta mujer que conoce mejor que yo la ciencia del vivir. He estado a punto de perderla, pero Dios, la medicina y la poesía me la han devuelto. Sin ella sería “un punto en una raya”, como dice Andrés Eloy. Nos hemos adueñado de nosotros mismos, hemos sabido poner nuestras virtudes y nuestros defectos sobre la mesa, como una ofrenda, para jugar al amor, para jugar sin rodeos, sin turbaciones, para encontrar lo elevado de nuestros cuerpos, de nuestras almas. A nuestra casa se acerca el artista, el carpintero, el cantor, el amigo y el hermano bohemio, el poeta de siempre, el estudiante humilde, el compañero de nuestros hijos, la maestra inolvidable, el vecino, el que trae el correo, la anciana dulce, los sobrinos nos visitan, llega la prensa y el rumor de lo que ocurre afuera. La tensa gota que se aferra a la hoja temblorosa de este hermoso y lastimado país. Desde aquí auscultamos el mundo, el núcleo, la esencia, la cosa en sí, filosóficamente hablando. el viento llega por el balcón, danza un poco y se aleja luego. Tiene razón Walt Whitman, cuando se lee su obra se lee el hombre que fue. He allí la gran distancia con Borges que vivió una existencia puramente intelectual y de su infancia recordaba tan sólo un tigre de papel que una vez dibujó. IV Ser el peor cazador me acercó más a mi madre. Pasaba días enteros junto a ella. Era mi Dios, el pleamar de mis días, la persona omnicomprensiva, el ave preferida. Siempre fina, delicada y sencilla, aunque firme en su decisión y en el abatimiento. Me sentaba cerca de ella, en la cocina, y me iba dando a probar de lo que preparaba. Hablaba para mí, sin detenerse. Yo sólo la oía. Hablaba como pensando en voz alta. De repente se dirigía a mí y me pedía una opinión, un comentario. Ello ha sido fundamental para alimentar en mí esa inclinación permanente a “opinar” sobre lo que creo importante, bien a nivel literario, político o docente. Esas han sido a fin de cuentas mis tres grandes pasiones. Ninguna es superior a la otra. V Siempre que veo hacia el fondo de mi infancia recibo destellos maravillosos como paisajes lejanos pero transparentes que me llegan de ese viaje en el tiempo. Recuerdos felices, caricias oportunas, libros nuevos ansiosamente descubiertos y leídos, una maravillosa máquina de escribir llamada Remington, que escribía en alemán, francés y español, bellas y grandes cajas de colores, el viejo baúl verde que guardaba mis cosas, los actos de la escuela, el extenso poema aprendido de memoria para recitarlo ante los padres y la maestra preocupada detrás de la cortina. Claves de mi infancia. Claves buenas. Son parte de mi memoria feliz. Es difícil que algo haga sombra sobre esos luminosos destellos. Restos ilustres que me hacen hablar en favor de la deleitación de la vida. Ha sido mi “estación vital” a pesar de en aquellos días lejanos no tenía ni más mínima idea de que LA VIDA sería esto que disfruté, disfruto, que padezco y que acepto. Allí se sembró en nosotros la semilla de la equidad, de la justicia y la aversión por la negligencia, la mediocridad y la hipocresía. Para subir no hemos procurado los peldaños artificiosos, contradictorios y comprometedores de los titiriteros del PODER. En mi primer libro publicado, Hernando Track: el superior de las lámparas (ensayo) hago una reflexión sobre el poder, tal como se le concibe hoy día. Somos acicatedores de lo falso —digo—, hemos constreñido la voluntad a unos caprichos que se complacen en dañar el bien ajeno. Nuestras ideas cada vez se difuminan por no hallar territorio propicio para fecundar. En este sentido, nos ahoga la inmoralidad, dilapidamos el PODER de nuestra subjetividad al inclinar la balanza hacia lo que nos pierde, hacia lo que nos secuestra de toda posibilidad justa de trascendencia. Antes de atrevernos a enfrentar la mirada de otro ser humano nos interrogamos sobre su condición social y su origen. En verdad deberíamos acceder al reconocimiento de que todo es un accidente: que nadie escoge sus padres, ni el país en que habrá de nacer, ni a sus hermanos ni el color de su piel. Somos despóticos, y matamos por el simple orgullo de que alguien ha decidido no aceptar nuestra prepotencia, nuestra sinrazón, nuestra desvergüenza. Por orgullo e intolerancia, por no haber aprendido a dar el valor justo a las palabras, estamos en disposición de exterminar pueblos enteros, de eliminar niños puros y amantísimos como nuestros propios hijos, somos capaces de asesinar ancianos y mujeres embarazadas, millones de seres inocentes que, bien lejos de las decisiones de sus políticos, también llegaron a tener curiosidad de nosotros, soñaron alguna vez visitar nuestras naciones en paz y con alegría, y se atrevieron a querernos en silencio, pensando en la posibilidad maravillosa de ser, algún día, nuestros anfitriones... o nuestros huéspedes. Queremos cada día más poder, pero nadie está seguro de reclamar el poder de la verdad. Mucha parte de nosotros es ignominiosa y gotea inautenticidad; y no cabe duda de que el Creador tendría todas las razones posibles para habernos olvidado definitivamente. VI Lamento que muchos hombres y mujeres hayan sepultado radicalmente esos destellos infantiles, como si en esa carrera pretendiesen alcanzar los restos que quedaren de la nerviosa rapiña de los saqueadores de la armonía y del país. Se han vuelto “adultos” apresuradamente en pos de los peores intereses, como seres salidos de una caverna, que temen que de un momento a otro desaparezcan el mar azul y la tierra que avizoran. Con su oído tapiado de halagos e intrigas corren, impacientes, para obtener su sitial de poder y pasan de largo, o por encima de los honestos, de los que fraguan el escudo del mérito para presentarse limpios en el sitio y en el momento de la lid. Pero así como atropellan el derecho del otro, los corruptos habrán de extinguirse, a esa misma velocidad, y si levantan sus inmensas casas sobre la humillación de los honrados, tarde o temprano caerán, pues esos son cimientos peores que el barro que la lluvia más simple diluye. De estos engañadores he visto muchos, pasan a mi lado todos los días, se saben detectados y buscan fortalecerse hundiéndose más en el agavillamiento y la iniquidad. Gente así ha sido el flagelo que enferma a este país generoso, hospitalario y de múltiple riqueza material y humana. Es preciso otorgar dignidad al que lucha y sentenciar a los traidores en proporción a los males que causan. Ellos tienen sus reglas ominosas, y las cumplen a riesgo de plagar de hambre, impotencia y miseria a quien no tiene —como nosotros— armas suficientes para defenderse. Contra ellos enfilará la justicia de los que aman el suelo en que nacieron y ni un solo cargo les será descontado. Es hora de que la rama de la justicia venza la hiedra que enseñorea altanera a su lado. Si el corrupto jura su inocencia se deberá jurar su culpabilidad y así no habrá salida para él. Un país de leyes es un país merecedor de todo el respeto. Las leyes son parte de la grandeza de los Estados Unidos. VII A veces veo jóvenes en cuyos ojos asoma una extraña perversidad, y parecieran ansiosos de traspasar sus años infantiles. Son los que han vivido cerca de los “adultos” de que he hablado. Para ellos siempre será la niñez un período fastidioso de la vida, y se agotan pensando en lo que serán cuando sean grandes. Rainer Maria Rilke, el gran poeta checoslovaco, en sus Cartas a un joven poeta que le confiesa sus tribulaciones y su obsesión por la poesía y el temor al juicio crítico, le aconseja “ser como el árbol que no apura sus frutos”, que viva cada momento a plenitud, con intensidad, como una ofrenda que de la vida se recibe. Es esto hoy algo muy difícil de aceptar. El mundo corona lo material, lo hedónico, lo desenfrenado, lo aparente, lo superficial y lo que se alcanza con maña. Ante esa escala de “valores” he visto sucumbir a muchas personas que presumía honorables. No me atrevo a afirmar que mentían. Viendo con profundidad en la conducta de tales entes se colige, como decía Nietzsche, que lo que los padres silencian los hijos lo hablan. Nada más cierto. Di qué hijo tienes y sabrán qué padre eres. VIII Fue el asma mi mayor angustia, el instante que deseaba evitar, pues era un acto horrible que comprometía la tranquilidad del hogar, era como sumergirse en un oscuro aposento, una ambivalencia entre mi gusto por la vida y la efímera pero dolorosa aparición de algo que me dañaba intensamente, que desarticulaba mi psiquis, que desesperaba no sólo a mí sino a quienes me rodeaban. Sentía un vértigo interminable, una caída sin fin y, en esa misma medida, me faltaba el aire. Oía lejos las voces, los gritos de mis padres y hermanos. En esta forma morí muchas veces. Uno de mis primeros poemas en alguna parte decía: “Venía la muerte / tendía su negro mantel / se sentaba a la mesa / para empezar a comerse mis sueños”. Recuerdo que una tía un día me llevó a una iglesia muy bella, enclavada en un monte donde se adoraba la imagen tamaño natural de Jesucristo en una de sus últimas caídas camino al sacrificio. Tan pronto pisó el umbral sagrado, oraba y lloraba e iba desplazándose por la larga nave de rodillas hasta que llegada al altar éstas le sangraban. Lo hizo por mí, para solicitar mi curación. Tendría yo diez años. Al llegar a los catorce me curé definitivamente. Por esto y por muchas otras razones es la tía que más he amado en mi vida —y que incluyo en mi libro de poemas Último bosque. Esa historia es “la mujer del sobretodo rojo”. IX No es mi intención establecer que la escritura deba ser puramente biográfica. Estaría muerto como profesor de literatura si no estuviese en capacidad de valorar suficientemente lo que es producto de la imaginación, el fluir anímico, el universo de los sueños, y el calidoscopio estético de la creación artística. Pienso que este es un gran taller donde se trabaja, se hereda y se reinvierte lo que otros han alcanzado en lo fundamental de su obra, y se refunde en lo propio, más allá de una simple influencia, más allá de un discurso indigesto de “originalidad”. Borges y Cortázar sabían muy bien esto. Advertía también Pablo Neruda: “El poeta cuando sea realista va muerto. Pero el poeta que sea sólo realista va muerto también. El poeta que sólo sea irracional será entendido sólo por su persona y por su amada, y esto es bastante triste. El poeta que sólo sea un racionalista, será entendido hasta por los asnos, y esto es también bastante triste”. Sin comentarios. Se trata de indagar en qué podemos ser semejantes unos a otros y cuál es el sentido de nuestra diferencia. Propiciar algo útil de todo esto. Hasta dónde llega lo lícito, lo honorable, lo prudente. Cómo descubrir el poema que hay en el alma y compartir una buena lectura de él con aquellos que merezcan escucharlo. Cuál es la intención de eso que llaman “progresar” y que cada uno se esfuerza en entender a su manera. Qué vale un pensamiento en medio de una sociedad que aspira a una inconsciencia feliz. Se trata de aprender a jerarquizar los pasos que hemos dado, que damos y que debemos dar; de dificultarle las cosas a quienes hacen daño, de evitar que algo nos sorprenda, nos venza, nos disminuya sin que lo sepamos, sin haberlo presentido. Debemos aparejar el sentimiento ético y el sentimiento estético para contribuir a hacer más respetable la posteridad de la humanidad. Poner todo de nuestra parte para que así sea y esperar con fe, que el azar, el destino y aporten lo que les corresponde. Es posible que las preguntas las formule para mí solo pero quiero compartir las respuestas que he hallado. Quizá las signe lo superfluo pero son sinceras, necesarias y suficientes para mí hasta donde voy. En ese caso, no carecen de “legitimidad”, no son fruto de una vida atormentada, sino de un calmo modo de razonar, de enfrentar causas y consecuencias, de medir con el termómetro las inquietudes espirituales. X Una noche, viendo una película en casa, el personaje, una mujer casada, con dos preciosos hijos, moribunda y en lento morir, angustiada y fervorosa clamaba: “Dios mío, si la vida es como yo no soy y como nunca seré, dame al menos la fuerza para ser lo que soy”. Esa frase conmovedora nos hizo razonar la impotencia, la soledad dolorosa de la dama enferma, la desgracia de no poder disfrutar sus hijos, a los que amaba con todo su ser. Demolíamos la frase hasta que fuimos encontrando en ella una especie de mantra de fuerza, una escala para entender más la vida. La muerte, como una sombra, lo devoraba todo, consumía la alegría de aquella mujer. Le faltaba un paso para hallar la respuesta: quizá la esperaba la posibilidad del canto, una luz ascensional, un nacimiento. Quizá debía ser la anfitriona de una fiesta de vida agrandada y placentera, en la que recibiría a aquellos que amó y que la amaron. Nada es sin motivo alguno. XI No, la vida no es un error, ni “una enfermedad del espíritu”, como creía Novalis. Es, más bien, un permanente fluir de la conciencia, un “ir haciendo el hombre” a imagen y semejanza del azar, del esfuerzo, del sueño, de la imaginación; una procura de superar los atemorizantes escollos de la injusticia, la desgracia y la debilidad; una lucha permanente contra las harpías; un deseo de existir a pesar del mundo. Es cierto, la vida del hombre es una permanente guerra contra la adversidad y la tiniebla que tiende a confundirlo, a vencerlo. El hombre es el punto luminoso que otea en el afelio y el perihelio de la Creación. No especulo una visión beatífica de la existencia, sé muy bien que lo demoníaco y lo sublime son parte del enigma, y que saber moverse entre ambos extremos sin que se rompa la orla de nuestra capa de honor es la única manera de evitar la derrota y el derrumbe. Sólo así liberaremos LA IMAGEN original de la que somos su semejanza: el árbol creacional de Idumea, la respuesta a la duda hiperbólica que aparece en el comienzo de toda poesía, según Lezama Lima. XII Puede una suma de vivencias aparentemente triviales enriquecer la hacienda de la poesía, evocar tanta felicidad, y mantener entrañablemente alerta nuestro espíritu. La imagen penetra sigilosamente en las cosas grandes y pequeñas del ser, atisba el henchimiento y la mengua, y halla la interpretación metafórica del universo íntimo. Entonces, ciertas acciones del pasado lejano se conjugan y adquieren un ascendimiento, una corporeidad desconocida, y alejan al hombre de la flaqueza, lo sustraen del patíbulo. Las harpías quedan encerradas para siempre cuando la imagen es liberada. El hombre rescata aquella lozanía original y se vuelve Uno; a partir de allí le serán exquisitos los frutos de la tierra y ya no será el huésped huérfano de un universo hostil e incomprensible. No será más una especie de Harry Haller, “la bestia descarriada en un mundo que le es extraño”. Y hallará su hogar, su ambiente y su alimento. Ya no será un anacoreta en medio de un mundo de cuyos fines ninguno comparte. XIII No trato de erigirme en el hombre que escribe signos en la caverna para “conjurar la realidad” o para catalizar su porción de azar adverso. Tampoco me posesiono del ser rimbaudiano que resalta su diferencia con los demás y menos considerarlos el infierno en términos existencialistas. Busco exponer mi propio código, el camino más viable que he hallado para llegar, como dije antes, a mí mismo; manteniendo la lucidez en el territorio de la absurdidad, buscando mi doppelgänger (mi otredad), mi imagen en ese río metafísico que la vida es. Y que ese camino, por más expedito que haya sido, no se equivale a cobardía alguna. No ha sido fácil, carece de la fama, de la complicidad, del testigo meloso... está bien, despejado de gente... pero es el que me hace feliz. Mucha gente suda, nerviosa, cuando le mencionan la palabra “destino”, les suena a desgracia. A mí me traduce azar y lucha. He visto morir hombres como morían los reyes en el período Dypilon, se hunden en la línea del horizonte y el pueblo los llora y los celebra. Desaparecen al ponerse el sol, se integran al círculo cósmico... Pero también sé de hombres que sólo son simples cadáveres y sus pueblos los toman en hombros y salen huyendo al camposanto para evitar la mortecina. Son aquellos que nunca alcanzaron esa mística integración a sus semejantes y a la naturaleza; los que nunca otearon la Playa de la Poesía, por ende, jamás hallaron la Imagen, la respuesta a la duda... si es que hay una única respuesta. XIV Muchos se fatigan, se endurecen, se hostilizan y pisan el jardín porque no soportan la belleza, yendo en pos de un espejismo. Y, parafraseando a Vallejo, “mueren de tiempo y no de vida”. Persiguen el vacío, botan la fruta y digieren la cáscara, le ladran a los perros, consideran superstición a la esperanza e intuyen que la libertad es un compromiso demasiado exigente. Entonces prefieren retornar a la caverna, interiorizan su pesimismo de tal manera que si no nos alejamos de ellos a la velocidad del rayo bien pronto puede cundir una epidemia de hombres muertos antes de tiempo. Sin embargo, cabe distinguir entre los atribulados a aquellos que supieron morir gallardamente. Poetas como Arthur Rimbaud, Gerard de Nerval, Antonin Artaud, Carlos Oquendo de Amat, Ludovico Silva, por ejemplo. Esto no legitima la autodestrucción, pues aunque el mundo ensordezca cada día más el poeta debe conservar su flauta y su guitarra para deleitarse a sí mismo. La poesía en sus inicios fue salmo, liturgia, sacerdocio, comunión con la naturaleza, vocación. Y a pesar de este pasado maravilloso del poema presenciamos dramáticos esfuerzos de “poetas domésticos” en consagrarse. Tejen su red de complicidades para exprimir las ubres del poder cultural, mugen en su amargo delirio por ser la mascarada de la poesía nacional y el hacha que derriba el verdadero poema. Sin embargo, estos larvarios no podrían multiplicarse si no se arremolinan en torno a un poeta de indudable valía, cuya ancianidad o el exceso de halago no le permiten tirar el guante en otra calle, en otro lugar donde los POETAS (los que hacen real poesía) le esperan. Bueno, también hay viejos que se pierden en el camino, que se distraen viendo el barro correr. Y cuando están muriendo, o cuando mueren, y aún queda un poco de su aliento encerrado en la alcoba, saltan a los periódicos y revistas a hacer bulla con los últimos poemas que oyeron de labios del “Maestro” o con los primeros poemas que se le escriben “in memoriam”. Y publican entonces cualquier incoherencia, cualquier verso maltrecho, cerrando así el capítulo de su existencia con “algo” que si tiene un mérito es el de haber sido dicho por un muerto de cuyo oxígeno dependían cuando estaba entre ellos. Estos atletas del Mundo Literario pagan y cobran su amistad, su contacto, su intermediación, su veredicto en concursos... Indudablemente que de señores así no vive la Poesía. Y asazmente se equivocan si pretenden convertir la literatura en una máquina de fabricar cobardes, pues los verdaderos creadores sabrán estar presentes en “el tribunal del tiempo”, el juez lezamiano. Esos mercaderes son como la Medusa cuyos ojos petrificaban al mirar, lo detienen todo, lo enmudecen, asordan el canto, lo sodomizan todo. Esta es su escala de valor. Nunca serán siquiera el eco de un poeta y sus dedos jamás escribirán Poesía. Serán el pálido semblante de la ciudad y su vergüenza. Su desenfreno ofende. Limpieza y honestidad con la palabra, tanta como sea posible, es el primer mandamiento de la Poesía. Sin eso no se podrá penetrar en la Imagen, ni ascender sus peldaños o atisbar en sus subterráneos. No está Virgilio esperándonos para llevarnos asidos del brazo, sólo nuestra ansia creadora, el ensueño y la clarividencia poéticos, el encanto por el misterio y el resplandor nos darán la llave para entrar en la casa que deseamos habitar. En esta elevación o inmersión no cabe lo perverso, sino que el Ser pretende lo Supremo, o el sonido casi místico que tiene la voz de lo auténtico. No cabe, en suma, ningún estado de ignominia. El agua corre transparente, la conciencia se eleva y se capta con hondura aquello que nos conmueve, que deseamos, que recorrimos y que no queremos olvidar. No hay espacio para burdas redes, es el lugar del grito pleno o de la gracia plena. En esas playas remotas íntimas de la Poesía no hay quebranto sino delicia, abstracción, vínculo con la simiente original, aunque el tono sea de rebeldía, de queja, y nuestras raíces se hundan en la realidad. ** Gabriel Mantilla Chaparro gabrinadja@yahoo.com Escritor colombiano (Cali, 1954). Reside en Venezuela, país del que se nacionalizó. Licenciado en letras y magíster en literatura latinoamericana por la Pontificia Universidad Javeriana (http://www.javeriana.edu.co). Es profesor asociado y jefe del Departamento de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Los Andes (ULA, http://www.ula.ve), en Mérida. Dicta las cátedras de Taller de Poesía y Cuento y de Literatura Contemporánea. Es autor de los libros de ensayo Hernando Track, el superior de las lámparas (1992), Vivir a pulso (1995), Ser filosófico y ser poético en la obra de Álvaro Mutis (2001), Los hijos de Acteón (2002) y Viaje al poema (2003), y de los poemarios Último bosque (1985), Canción para Mervarid (1985), El velo de Maya (1998-2000), Una tumba en el bosque (2000) y Larga es la noche (2001). === René Rebetez, el hijo del relojero Dixon Acosta ================== (Nota del editor: René Rebetez, uno de los pioneros de la ciencia ficción en Colombia, murió en la Isla de Providencia en 1999. Recuperando para el presente la memoria de un escritor tan desconocido como trascendente, el escritor Dixon Acosta lo recuerda en este trabajo, que fuera publicado el año pasado, cuando estaba próximo el décimo aniversario de la partida del autor, en el primer número de la revista colombiana Cosmocápsula, dedicada al género). René Rebetez Cortez podría ser conocido como el hijo del relojero, así como Gabriel García Márquez es llamado el hijo del telegrafista, pero a diferencia del universal caribeño, no muchos colombianos conocen al escritor nacido en Subachoque, en inmediaciones de Bogotá en 1933 y muerto en la Isla de Providencia en el año 1999, a pocos días del inicio del nuevo milenio, del futuro que alcanzó a vislumbrar en sus relatos de ciencia ficción. A diez años de la desaparición del escritor colombiano más desconocido a pesar de su trascendencia en diversos campos, sea el momento oportuno para destacar su desarrollo vital. A pesar de algunos esfuerzos por divulgar la vida y obra de René Rebetez, la ignorancia sobre este autor no sólo es masiva sino “ilustrada”, revela la poca importancia que en el mundo de la literatura se le confiere al género de ciencia ficción, a pesar de que iniciativas como esta revista virtual, demuestra que son muchos más los lectores y escritores de ciencia ficción de lo que suele suponerse. Con motivo del próximo décimo aniversario del fallecimiento de René Rebetez, sea el pretexto para recordar nuevamente su destacada existencia. Como se menciona al comienzo, Rebetez resultó hijo de un relojero, para más señas, relojero suizo, por si deseaba tener mayor precisión. Quizás esta connotación biográfica signó al futuro escritor, para establecer una relación estrecha con la dimensión temporal. Este rasgo, he querido enfatizarlo en el modesto dibujo que aparece en la portada de la actual edición de Cosmocápsula. A la muerte temprana del padre, René Rebetez se radicó con su madre pintora en casa de su abuelo materno, el escultor Dionisio Cortez Mesa, en Bogotá, en donde sería testigo de sucesos como el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el consecuente “Bogotazo”, la violencia política y el nacimiento de los grupos subversivos. En medio de esta vorágine de sucesos, conoció a figuras claves como el sacerdote Camilo Torres Restrepo. Viajó a Suiza, en donde estudió economía, aunque disfrutó mucho más la vida bohemia en París, ciudad en la cual despertó su inquietud como escritor, contagiado por un sitio pleno de artistas y literatos, pues “escribir era parte del viaje”. Al regreso a Colombia, estuvo oscilando entre lo institucional y lo subversivo, llegó a ser gerente de las influyentes revistas Visión y Semana, relacionándose con lo más exclusivo de la élite política, social y cultural de Bogotá. Sin embargo, por influencia del padre Camilo Torres, se inclinaría por las revoluciones políticas, llegando a Cuba, en donde se vinculó de manera comprometida con la revolución castrista, conoció al Che Guevara y tuvo su primer contacto con la santería, interesándose por este tipo de prácticas cognitivas alternativas de lo científico. Para algunos críticos, la obra literaria de Rebetez en materia de ciencia ficción, lo acercaría más a fenómenos como la magia que a las ciencias exactas. Luego llegaría la experiencia mexicana, que marcó su destino. En México comenzó su labor como escritor y divulgador de la ciencia ficción, rodeándose de autores y artistas de vanguardia, como el franco-chileno Alejandro Jodorowsky, con quien editó la primera revista de ciencia ficción en América Latina, Crononauta (1965-1967), publicaría obras como Los ojos de la Clepsidra, además de su incursión en el cine, como actor en la película de corte fantástico Fando y Lis (1967), dirigida por Jodorowsky, participó en otras cintas mexicanas como Los amigos y La muerte es puntual, así como dirigió la cinta La magia (1971), un documental de corte antropológico que se filmó en varios países de América Latina, buscando las experiencias de grupos étnicos frente a la adivinación, las medicinas alternativas, la cosmogonía. Una de las anécdotas más interesantes de Rebetez en México, fue su participación en un programa de televisión dedicado a la ciencia ficción que dirigió el poeta y novelista Álvaro Mutis, en donde compartió con Theodore Sturgeon, Italo Calvino y Jack Vance; allí René Rebetez expuso su idea de que la ciencia ficción era mucho más que un género literario, textualmente manifestó que no era un género literario, pues consideraba que debía ser una posición filosófica, una praxis frente a la vida misma, un pensamiento que revelara al presente y se convirtiera en profecía del futuro. En la historia literaria colombiana, luego de algunos antecedentes esporádicos, René Rebetez aparece como el primer escritor colombiano de ciencia ficción, además de ser uno de los autores latinoamericanos de este género más reconocidos en el mundo, gracias a obras como La nueva prehistoria, Ellos lo llaman amanecer y otros relatos, Cuentos de amor, terror y otros misterios, entre otros. Los lectores más jóvenes quizás lo conozcan por ser el compilador de Contemporáneos del porvenir: primera antología colombiana de ciencia ficción, editada por Espasa-Planeta en el año 2000. En la introducción de esta obra, Rebetez consignó su personal definición del género que nos ocupa: “La ciencia ficción no es más que la búsqueda de respuesta a las preguntas perennes: ¿por qué?, ¿dónde?, ¿cómo? A pesar de su nombre, es la menos precisa de todas las literaturas. Su destino es errar de una pregunta a otra y a veces, dar con la respuesta. Para acercarse a ella se requiere la certeza de que un poema oscuro dice mucho más que un discurso claro”. Personalmente me queda una inquietud que sólo podría resolverla una ucronía o quizás Cronos, dios juguetón del tiempo. ¿Qué habría pasado si Rebetez no se hubiera inclinado por lo revolucionario, consolidándose en el “establecimiento”? ¿Habría sido escritor de ciencia ficción? Si eso hubiera pasado y, con el apoyo institucional, ¿hoy la ciencia ficción en Colombia, sería un género respetado y no estaría tratando de salir a la superficie del espacio subterráneo, en donde la han condenado? No es posible saberlo, por el momento aceptemos la historia como nos ha tocado o no los han contado. René Rebetez, el escritor colombiano de ciencia ficción más conocido en el mundo, más desconocido en su propia patria, no sólo fue el hijo del relojero, fue hijo de su tiempo, fiel exponente de una época de revoluciones y también de frustraciones. ** Dixon Acosta dixonmoya@gmail.com Diplomático colombiano aficionado a la literatura. Fue cónsul de Colombia en Ciudad Guayana (Puerto Ordaz, Venezuela) y actualmente desempeña un cargo diplomático en Nicaragua. Ha publicado artículos en revistas de su país. === El monólogo de Molly en el Ulises de James Joyce ====================== === María Alejandra Crespín Argañaraz ===================================== ¡Oh gran cosa! Si eso es todo el daño que hicimos en este valle de lágrimas Dios sabe que no es tanto no lo hace todo el mundo sólo que lo ocultan yo supongo que una mujer está aquí para eso si no Él no nos habría hecho como Él nos hizo tan atractivos para los hombres”. (Monólogo de Molly, capítulo 18). El que analizaremos es el último capítulo de la magnífica obra Ulises de James Joyce. Penélope era su advocación en contraste por su fidelidad con Molly. De dos a tres de la madrugada es el soliloquio adormilado de la señora Bloom, tras acostarse su marido son ocho larguísimas frases de la mente de Molly, nada inhibida moralmente en su obsesión erótica alternada con cuestiones domésticas de cocina y ropa. Sigue muy presente la visita del promotor Boylan, el retozo con él, en el suelo, porque las arandelas de latón de la cama tintineaban demasiado y su promesa de volver dentro de unos días. Con todo Bloom no queda mal, en comparación, y ahí pasa la mente de Molly al recuerdo de sus primeros amores en Gibraltar. En ese final el lenguaje de Molly adquiere una tensión poética que no había tenido antes, hasta concluir con lo que Joyce llama la palabra femenina “sí”. Molly es el símbolo de la Madre Tierra, es adúltera en su cuerpo, pero no en su pensamiento. En el fluir de la conciencia, pasan los personajes que hemos conocido en las calles de Dublín. Su pensamiento también entra en el terreno de las sospechas, no deja de pensar en Leopoldo ya que sus celos la intranquilizan; Molly actúa por temperamento, Bloom es irracional. En el Ulises luchaban dos personalidades: una realista y poética a la vez, otra propensa a entregarse al mero juego verbal. Esos dos joyces están unidos en el terreno de la conciencia y la aceptación del lenguaje, aquel para revivir lo vivido, propio y ajeno universalizándolo literariamente, y este para jugar con la vida propia, yendo a remolque de sus parecidos y resonancias, y usando como pretexto ocurrencias librescas. El valor del libro está en las voces en que se va expresando el mundo vulgar, pero con una voz entre ellas que domina a las demás: la palabra “interior”, la deriva de su mente en su inevitable fluencia lingüística, lo que a veces se llama en el termino de Henry James “corriente de conciencia”, pero que el propio Joyce bautizó como “palabra interior”. El personaje de Penélope pasó a ser, a través de todos los tiempos, el símbolo de la fidelidad femenina, y así mantuvo habilidosamente a los pretendientes a distancia y durante veinte años esperó a Ulises, quien al arribar a su hogar supo eliminar a sus pretendientes a distancia aposentados en su casa. Por otro lado Molly sería la figura opuesta, su vida está signada por una sucesión de amantes que en algunas ocasiones llegan a ocupar el lecho matrimonial. Es el símbolo de la Madre Tierra. El capítulo comienza y termina con el adverbio afirmativo “sí”. Es un sí que expresa toda la fuerza afirmativa de una mujer que desea y ama en una entrega sin reservas con todo su ser en plenitud. El capítulo 18 corresponde a la tercera parte y comienza con la inicial de la letra P, que con letra pequeña se completa con “preparatory to anything” —preparatorio para algo. La P es difícil que corresponda a la mujer fiel del héroe griego Ulises. Corresponde más bien al diminutivo de Leopoldo, que sería Poldy, con que Molly nombra a Bloom. De la misma manera en que Molly está en el pensamiento de Bloom, también Poldy habita en el fluir de la conciencia de Molly. Molly o Marion, como se la denomina en las distintas partes de Ulises. Es el personaje más complejo, nacida en Gibraltar, su padre es irlandés y su madre judío-española. Así reúne en su carácter ambas razas y religiones, es la imagen integradora de la realidad. Joyce la llama “madre Tierra”. Dura y tierna, amante y lejana, es la mujer que ama y quiere ser amada y por sobre todo necesita ser comprendida. La cantidad de amantes que le atribuye Bloom sólo existe en la imaginación de ambos. El único caso concreto después del matrimonio es Boylan, pero ya es en el momento en que no existe relación sexual entre los esposos. Es una mujer bella y seductora, pero a mi criterio la lista de veinticinco amantes que da Bloom es inaceptable. La comparación con Penélope puede admitirse en sus esencias en su sentido mítico, ella amó y ama solamente a Leopoldo Bloom. En este capítulo Molly no necesita presentación; ya la conocemos suficientemente desde el momento del desayuno. Molly nunca está ausente. Vive en casi todos los capítulos del libro. El ininterrumpido fluir de la conciencia, a través de la asociación de ideas aparentemente inconexas, se da en los personajes no sólo cuando están en soledad, sino que los pensamientos interrumpen en medio de la conversación, mientras escuchan y mientras hablan. El monólogo es de estilo resignado, y hay palabra interior en Molly. Lo interesante del libro es que cada parte del Ulises comprende el espíritu, el cuerpo, la aventura psicológica y los elementos de la naturaleza. En el último episodio del libro, Penélope, despertada a las tres de la mañana por el regreso de su marido, ocho frases de cinco mil palabras que se desenvuelven de un solo movimiento giratorio parecido al de la Tierra en el espacio, es una última imagen de Bloom, de su carácter, de las circunstancias de su vida. Es Bloom, joven de nuevo en el recuerdo de su mujer, es el último episodio de la historia de Ulises, el gesto con el cual la mujer recibe al hombre que se acuesta a su lado, es el retorno del hombre al seno acogedor de la tierra que gira, es la mujer con sus apetitos, su voluptuosidad, su inocencia, su fidelidad a la vida, es la fecundidad, la generación eterna, más fuertes que todas las desesperaciones, es un fin, es el planeta mismo girando con un movimiento lento, regular, infatigable, arrastrando en su giro toda la existencia en sueño: él solo, siempre reposado, no duerme. De esta manera la obra de Joyce encierra poco a poco el sentido órfico de la Tierra, no por abstracción, sino por un gran esfuerzo constructor del pensamiento y de los sentidos, por una creación detallada del universo que refunde y revela toda parcela de existencia por la instauración de una nueva realidad espiritual y sensible que alarga sus raíces hasta el fondo del luminoso secreto de los mitos. Joyce va hasta el alma y la restituye en su integridad. La gran novela del siglo XX procede de nuevo a un análisis exhaustivo de la personalidad. Disuelve el yo en sus reflejos y sus líneas de resistencia, evita buscar un elemento de síntesis en una memoria a la vez frágil e inagotable o en un lugar de equilibrio de las fuerzas sociales, o en el cuerpo que por lo menor posee una unidad aparente y una unidad provisional. Ni un segundo se rompe el equilibrio de este largo drama del Ulises que se desarrolla sin más apresuramiento, no atraso, que la marcha misma del mundo, es un perpetuo presente. Es el mundo de Heráclito que Joyce hace soñar: un mundo que es un eterno devenir y gran juego de una divinidad invisible, un mundo de error, de injusticia, de sufrimiento, un eterno y magnífico incendio regido por una justicia más rigurosa que todas las voluntades morales del hombre. Este libro es un poema en el que cada palabra es sometida a un designio que se anticipa al relato y es de hecho ya la creación simbólica de un mundo y la representación de un destino. James Joyce comenzó publicando en 1914 una colección de cuentos —Gente de Dublín— a la que le siguieron más tarde Retrato del artista adolescente, se sabe autobiográfico, y Desterrados, en 1922. El Ulises, donde en varios centenares de páginas nos presenta un día de la vida del protagonista Leopoldo Bloom, exactamente desde las ocho de la mañana hasta las tres de la madrugada. La causa de la extraordinaria extensión del libro en relación con el corto período de tiempo que sirve de base al relato, se debe al uso constante de lo que se ha llamado el “fluir de la conciencia”, mediante el cual el autor ofrece, como en una cita cinematográfica, todo cuanto desfila por la mente del personaje central, prescindiendo de la coherencia lógica de lo transcripto. Ello, unido a diversos artificios y virtuosismos formales, a la ausencia de puntuación de muchas páginas, al empleo de lo onírico y subconsciente sexual, a la audacia de ciertas escenas —la orgía en un prostíbulo, al final de la obra— y a la impresión caótica del conjunto, originó una airada protesta de tipo literario y moral a la que se opusieron los más altos elogios de la crítica. El público mayoritario apenas se ha interesado por la obra pero su influjo sobre la técnica novelística posterior ha sido considerable, debido a la originalidad de los recursos técnicos empleados, a sus aciertos psicológicos y a la sugestión poética de muchos momentos. Ulises puede ser considerada como la obra más característica e importante de la narrativa en el siglo XX, porque el lenguaje asume en él un papel de protagonista, evidenciando que el hombre es humano por ser hablante y que la vida mental sólo marcha encarnándose en palabras, con toda la modestia, incluso la comicidad, que hay en deriva de esos ruiditos asociados en buena medida por razones triviales. Pero esto no bastaría para hacer de Ulises un libro al que se vuelve con placer y emoción, no es sólo un ejercicio de verbalización, en que se intensifiquen los valores musicales del lenguaje, jugando con el ridículo de una mente destapada en sus pequeñas suciedades y mezquindades. Aquí la neutralidad del lenguaje joyceano nos permite convivir interiormente con estos seres mediocres, de un modo riguroso y benévolo al mismo tiempo, a la vez con compasión y con hastío, y aun horror en el ahogo de una vida cualquiera. No cabe juzgarlos: nos reconocemos demasiado en ellos, en ese juego lento del lenguaje, con sus bobadas y sus indecencias. Ulises escandalizó más que por las pequeñas suciedades que van saliendo sobre todo en la mente del señor Bloom, pero el lenguaje mismo, por lo que tiene de luminosidad y de musicalidad, también nos consuela más que la propia humillación de no ser más que parlantes. Así, lo que pudo quedar en nausea e irrisión permanece en nuestra memoria como música de belleza: misericordia del lenguaje, a la vez cárcel mortal y la más secreta y tenaz esperanza. La aparición de Ulises en 1922 provocó violentas controversias acerca del valor literario de la obra, y sobre todo acerca de su repercusión moral. El marco de la epopeya es un fondo irónico sobre el cual resaltan mejor las apacibles andanzas de Leopoldo Bloom. Bloom es, sin embargo, un Ulises tan humano y representativo como el del viejo poema épico. Tanto como otros consiguen expresar la riqueza y la multiplicidad de la experiencia humana. La escena clave es el recuerdo por el joven de la muerte de su madre y sus propios remordimientos por no haberse arrodillado cuando su madre se lo pidió antes de morir. De esta manera, la ruptura con el mundo católico prolonga el ámbito del Retrato del artista adolescente. La segunda parte de la obra, que indudablemente es su centro por la extensión y la importancia de sus episodios, está básicamente dedicada a Bloom. El último episodio de la segunda parte, el de Circe que relata la vida de Esteban y Bloom, al barrio de los burdeles en Dublín, es la “noche de Valpurgis” del Ulises. La última parte del libro corresponde al regreso a Ítaca; es decir, a la vuelta de Bloom a su hogar, esta vez acompañado por Esteban, de quien no se ha separado desde su encuentro en el barrio de los burdeles. Comienza esta parte con las largas conversaciones y digresiones de los dos personajes en el refugio del cochero; por fin el Ulises concluye con el largo monólogo interior de Molly Bloom que, tendida en la cama, espera a su marido. Es este el pasaje más difícil de admitir por las normas de la moral convencional y al mismo tiempo uno de los más audaces desde el punto de vista de la técnica literaria. El monólogo interior cuenta aquí con los auxilios del llamado procedimiento de la “corriente de la conciencia”, que Joyce de hecho inaugura en la narrativa contemporánea. Lo original de Joyce es su aceptación de todas las capas de la conciencia con predominio de las asociaciones referidas a la vida puramente fisiológica y a la sexualidad. La vibración de la conciencia de Molly es la palpitación de una masa de carne femenina que despierta a la evocación de un acto sexual. El repaso de los acontecimientos de la tarde, que incluyen un adulterio perpetrado en su propia casa, se mezcla con las reminiscencias sexuales también en su juventud en Gibraltar, de su historia, de su relación con Bloom y de su vida en común. El final del libro, si bien mantiene la correspondencia con el de Penélope en la epopeya homérica, no cierra un ciclo como ocurre en la Odisea, sino que representa una suerte de abertura y fluidez en el tiempo que convierte al libro en un recorte puramente especial en su vida. Sin duda una de las más célebres partes del Ulises es el extensísimo monólogo final de Molly Boom, ejemplo cumbre de la técnica de la corriente de la conciencia, en el cual, a través de un ininterrumpido flujo sin puntuación ni diferenciaciones tipográficas, afloran los pensamientos y las impresiones de una mujer acostada, en el tropel de asociaciones en que se mezclan el presente y el pasado. Bibliografía • JOYCE, James. Ulises, año 1980. Trad.: Richard Ellmanss. Edit. Penguin Modern Classics. —. Ulises, Vols. I, II. Año 1986. Trad.: José M. Valverde. Edit. Lumen. España. • PASTALOSKY, Rosa. Aproximación estructural y psicológica de Ulises. Año 1986. Edit. Plus Ultra. ** María Alejandra Crespín Argañaraz alejandracrespyn@hotmail.com Investigadora argentina. Es profesora superior, egresada en 1989, del Instituto Nacional de Enseñanza Superior Nº 2 “Mariano Acosta”, en Buenos Aires. También es licenciada en literatura clásica grecolatina. Ha participado en diversos congresos y simposios de literatura comparada en diferentes universidades argentinas. Textos suyos han sido publicados en Hispanista (http://www.hispanista.com.br) y Ariadna-RC (http://www.ariadna-rc.com). === El arte es el código Clara Mónica Barrón Cepeda ================== El ser humano tiene el impulso de comunicarse, no por la necesidad básica de la supervivencia, sino por la necesidad de sentirse acompañado en el sobrecogimiento que le causa su percepción del universo. La comunicación básica para la supervivencia la compartimos con los animales y las plantas, e incluso con los seres que no están en ninguno de estos dos reinos, como las bacterias o los hongos; si hubiéramos desarrollado el código de nuestra lengua movidos simplemente por el impulso de la supervivencia, se hubiera quedado al mismo nivel que el de los animales. Pero el ser humano necesita sentirse acompañado en la admiración que siente al darse cuenta de lo divino, de la existencia de la fuerza creadora, del amor; al darse cuenta de sí mismo. Entonces nace el arte. El arte nace del amor. Del descubrimiento del amor en el universo, de la admiración de la perfección que levanta la vida, que la soporta y que la ha creado. Los seres humanos somos capaces de darnos cuenta de la presencia, aunque también de la potencialidad que tenemos para comprender eso que está más allá de lo percibido. Percibimos, entonces, el ritmo en la naturaleza no sólo como medio utilitario para saber cuándo sembrar y cosechar, cuándo dormir y cuándo trabajar; lo comenzamos a imitar para transmitir la presencia del amor, la presencia de lo divino. El ritmo es el movimiento, el movimiento es vida, todo está en constante movimiento, aquello que no se mueve, muere. Comenzamos a desarrollar códigos más complejos para comunicar sensaciones más específicas, más detalladas. Desarrollamos el lenguaje para comunicar no sólo las cosas básicas para nuestra supervivencia; lo desarrollamos para transmitir conceptos más abstractos, conceptos que podemos percibir pero no señalar, porque son invisibles a la mirada, mas evidentes para la mente y para el espíritu. En el arte el código está implícito o, más exactamente, está siendo creado por el autor, ya que elude a los símbolos para transmitir significados, y esos significados nacen del espíritu. El código que crea el artista tiene la finalidad de transmitir y plasmar los significados que el espíritu percibe, pero los plasma a través de los sentidos, para lo que requiere utilizar símbolos. El código en el arte es un medio para transmitir los significados espirituales mediante el lenguaje de los sentidos (al mundo material o natural). El arte como objeto no es la creación del artista, la creación está en el código. Se pueden reproducir obras de arte casi exactamente iguales, pero lo que se está recreando no sólo es el objeto, sino el código que el artista creó para plasmar esa obra. Se pueden crear nuevas obras de arte utilizando los códigos creados por otros artistas, pero aún falta algo fundamental para que la obra cobre vida; el autor necesita extraer el poder de sí mismo y utilizar el conocimiento del código para darle vida a la obra, para crear una nueva y, para con ello, crear su propio código. Un artista que imita códigos sin aportar su propio poder, no crea, imita. Así, el arte se puede apreciar más por el refinamiento de los códigos del artista y por el alma que vierte en ellos, que por parámetros estéticos que van y vienen con las modas y los gustos; el arte no es cuestión de gusto, es cuestión de la fusión entre la creación de códigos (basados en el conocimiento de la técnica y en la experiencia) con el alma del autor. El artista plasma lo que el espíritu percibe, según la capacidad que como artista tiene para ello, según cuánto se permita sensibilizarse ante el universo, es su impulso para crear códigos que le permitan transmitir lo que ha percibido. El ser humano se comunica movido por el impulso de transmitir lo que percibe, lo que descubre; es el impulso que lo ha movido hacia el desarrollo del arte, hacia la creación de códigos de comunicación que, en su máximo perfeccionamiento, se vuelven códigos artísticos. El arte, entonces, es la capacidad de plasmar lo que percibimos al despertar a la conciencia del espíritu que habita en cada cosa, porque el espíritu que habita en cada cosa es amor en movimiento. El espectador se vuelve artista cuando logra comprender el código con que se desarrolló la obra; y añade su experiencia interpretativa para volverla una nueva obra de arte, descubre significados que el artista que la creó no había descubierto; inclusive, el propio artista que creó la obra, al tomar el lugar de espectador, crea una nueva obra y descubre en ello nuevos significados. La experiencia frente a la obra de arte es creación. El lector (así llamaré al espectador que se aproxima a la obra desde la experiencia interpretativa y sensitiva) es activo, el lector percibe, siente, descifra, interpreta, resignifica y, en el mejor de los casos, aprende y evoluciona. Aprender a través de la experiencia artística es un atajo a la comprensión, a la adquisición del conocimiento al nivel más profundo, no sólo al nivel racional de entender conceptos; es un atajo a la evolución espiritual. El aprendizaje a través de la experiencia artística se da a nivel espiritual, el nivel intelectual puede quedar latente o evidente, pero una vez que el aprendizaje se ha dado a nivel espiritual, no hay necesidad de explicaciones intelectuales, más que por experimentar placer intelectual. Los códigos no se crean de la nada, es la diferencia entre los seres humanos y Dios. Dios creó la materia prima para los códigos, Él es el código, los seres humanos utilizamos esa materia prima para hablar sobre la creación. Y, paradójicamente, el hombre también es el código, y es en eso en donde más nos semejamos a Dios. La materia prima para generar códigos está siendo todo el tiempo: el ritmo, el sonido, la imagen. Estos tres elementos siempre están presentes en la comunicación, incluso la “ausencia” de sonido implica sonido, en todo momento comunicativo hay una imagen, y el ritmo acompaña tanto a la imagen como al sonido, es la repetición de patrones que está presente en toda la creación, en la geometría de los espacios, de los colores, del tiempo, o más bien, de la ritualización; Octavio Paz asegura que el rito es la manera de repetir el tiempo original, de volver a él. Hay ritmo en el transcurso de los días y las noches, de las estaciones del año, en el movimiento de los astros. En el arte imitamos el ritmo para plasmar un significado partiendo de un entendimiento común. Mientras más nos permitimos experimentar el ritmo en la naturaleza, más familiarizados estamos con él y mejor podemos imitarlo. La poesía es el arte, toda obra de arte es poema. En toda obra de arte hay ritmo, sonido e imagen. Aceptando que el poema no tiene por fuerza que utilizar el código de la lengua, sino que puede utilizar códigos visuales o auditivos, códigos de movimiento o, incluso, códigos matemáticos, entonces podemos percibir el poema en toda obra de arte. La creación poética a partir del lenguaje conlleva un reto más grande que crearla a partir de cualquier otra materia, ya que además de crear, primero se debe destruir el lenguaje. El lenguaje es una materia prima que usamos para la comunicación, lo usamos de forma utilitaria, y por esa razón lo tenemos sobre entendido en la dirección del uso corriente, como lo explica la teoría de la Gestalt, nuestra mente tiende a “integrar” o “completar” las ideas inconclusas de acuerdo a experiencias o conocimientos previos que tengamos más presentes en ese momento. Crear un poema a partir del lenguaje implica destruir la dirección cotidiana de sus usos, antes de poder transformar el lenguaje en un código diferente, en un código artístico que eluda más a la intuición que a la razón. Podemos distinguir fácilmente cuando vemos una pintura que es una obra de arte porque en general no estamos habituados a utilizar la pintura como un medio de comunicación cotidiano, como lo estamos con el lenguaje hablado. No miramos en la dirección del uso sino de la belleza, casi de forma natural. Cuando leemos un poema, lo natural es intentar comprenderlo de forma racional, interpretarlo en la dirección del uso, y nos preguntamos “¿Qué quiso decir?, ¿qué significa?”, en vez de permitirnos sentir, de permitir que el ritmo del poema nos mueva y nos diga, sin necesidad de comprender ningún concepto, cuál es la imagen y la emoción que la acompaña. La música es seducción instantánea, es el arte que más fácilmente nos seduce, nos invade con el ritmo y nos permite adormecer el hemisferio derecho para dejar despiertos la intuición y el movimiento. Por eso, quizás, se recomienda leer la poesía en voz alta, para sentir la vibración de las sílabas, del ritmo, y para adormecer la direccionalidad del intelecto al uso cotidiano y funcional del lenguaje escrito. La resonancia de las palabras es magia. “Om” es la vibración del universo. Es la frecuencia que nos “afina” con el equilibrio de la vida. El ritmo en el arte es repetición de las vibraciones del universo, es intento de purificación. El arte nos purifica porque nos eleva a la vibración del amor. ** Clara Mónica Barrón Cepeda monicabarroncepeda@gmail.com Escritora y psicoterapeuta mexicana (Ciudad de México, 1976). Es correctora editorial en Magazine de Querétaro. Es docente del taller de lectura activa del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro (http://www.qro.itesm.mx). Ha publicado El bozal (Fondo Editorial de Querétaro, 2007) y Concienia (Fondo Editorial de Querétaro, 2008), entre otros. === Dolores y travesuras del libro Gustavo Páez Escobar ============== De viaje por Medellín, escuché un día ya lejano el gracioso cuento narrado por una tía de mi esposa, el cual tenía como personaje a un sapo retozón. Personaje curioso, a la par que humano y simpático. Esta narración, adaptada en mi literatura como un caso de la vida conyugal, le daría aliento al cuento que titulé “El sapo burlón”, que en 1971 recibió honores en un concurso promovido por el Magazín Dominical de El Espectador. Con dicho trabajo hice mi presentación en el mundo del cuento, vena que me fluía con sorprendente espontaneidad. Al paso de los días, surgieron otros temas de aparente simplicidad, movidos por la gracia, el humor y la sutil ironía, varios de los cuales siguieron impulsando mi nombre en las páginas del Magazín Dominical. Cuando llegué a los veinte cuentos, decidí reunirlos en el libro que bauticé con el mismo nombre de mi trabajo inaugural: El sapo burlón, publicado en 1981 dentro de la serie bibliográfica del Banco Popular. A Otto Morales Benítez, que me honró con el estupendo prólogo que escribió para esta obra (el tomo cuarto de mi producción literaria), no le sonó el extraño nombre que le había asignado. Me lo preguntó con inquietud. Y yo le respondí, sin titubeo y con orgullo, que era consciente de su preocupación, pero dentro de mi espíritu de lealtades no podía menos que rendirle tributo, con absoluta autenticidad, al personaje que me había abierto las puertas de El Espectador y de las letras. Morales Benítez quedó satisfecho con mi explicación, y así lo consigna en las palabras del prólogo, para gloria mía y por supuesto del humilde habitante de las intemperies y los pantanos. Más aun: él reproduce en su trabajo un comentario poético de Juan José Arreola en elogio del sapo, que yo había pescado en un libro de este escritor, palabras que me vinieron de perlas para hacer la defensa de mi protagonista literario, el cual aparece en la carátula vestido de frac, “muy tieso y muy majo”, al decir de Rafael Pombo. “Salta de vez en cuando”, anota Arreola, “sólo para comprobar su radical estático. El salto tiene algo de latido: viéndolo bien, el sapo es todo corazón. Prensado en un bloque de lodo frío, el sapo se sumerge en el invierno como una lamentable crisálida. Se despierta en primavera, consciente de que ninguna metamorfosis se ha operado en él. Es más sapo que nunca, en su profunda desecación. Aguarda en silencio las primeras lluvias. Y un buen día surge de la tierra blanda, pesado de humedad, henchido de savia rencorosa, como un corazón tirado al suelo. En su actitud de esfinge hay una secreta proposición de canje, y la fealdad del sapo aparece ante nosotros como una abrumadora cualidad de espejo”. En Armenia, Humberto Jaramillo Ángel me tiró las orejas por haber escogido ese nombre nada sugestivo para mi obra. Leí con atención los consejos, casi paternales, que me daba en su artículo, y nada le repuse, porque con él no era fácil entrar en controversia. Hablaba en su nota del tino que me había faltado para titular la obra “con mayor fuerza, mayor sonoridad y hasta mayor carácter literario”. Mientras tanto, yo vivía muy ufano con mi sapito entrañable, que en poco tiempo agotó la edición. Y pensaba para mis adentros (sin manera de debatirlo con mi crítico), que si no le gustaba el rótulo de mi libro, tampoco podía agradarle el de la columna que hizo famosa García Márquez en El Heraldo, de Barranquilla, en los años 50: La Jirafa. Otro que entró a leer mis cuentos con desgano —tal vez sugestionado con el título— fue Tulio Bayer, pero por fortuna llegó hasta el final. Así me escribe desde París, en carta de diciembre de 1981: “Me pasé toda la noche leyendo El sapo burlón. Es la primera vez que me trasnocha un sapo. Su canto me pareció a veces muy lúgubre, pero el incesante croar se fue volviendo una sonata y acabó por ser una sinfonía. Magia del estilo. Las historias son tristes pero no se trata en modo alguno de cuentos tristes. Por el contrario: son cuentos filosóficos”. Y pasaron los años. Hace poco, mi cuento fue publicado en la acreditada revista Letralia, de Venezuela. Tal circunstancia me permitió entrar en contacto con el escritor paraguayo David Galeano Olivera, prestigioso lingüista, antropólogo, filólogo, educador, y presidente del Ateneo de Lengua y Cultura Guaraní de la República del Paraguay, quien había publicado en la misma revista el ensayo que lleva el siguiente título: “El kururu (sapo) en la cultura guaraní y paraguaya”. Supe por dicho ensayo que el sapo es allí un ser mítico. Un animal sagrado, al que todos respetan y veneran. Nadie puede pisarlo, y menos maltratarlo. Es un ser omnipresente en la cultura popular y, como tal, se encuentra vinculado a la religiosidad, la medicina, las creencias y las costumbres de la gente. El profesor Galeano se entusiasmó con mi obra y me ofreció traducirla a la lengua guaraní, “de manera que también pueda ser leída por la mayoría de uruguayos”. Bien es sabido que los juicios en la literatura son divergentes. Unos, apasionados; otros, interesados o aduladores; aquéllos, insustanciales; éstos, reales y sinceros. Lo que a unos gusta, a otros disgusta. El escritor debe acostumbrarse a toda clase de opiniones, porque escribe para el público, que es muy diverso e insospechado. Y no dejarse marear por la censura, ni envanecerse con el elogio. Lo que es, eso es. ** Gustavo Páez Escobar gustavopaez@cable.net.co Escritor, periodista y académico colombiano. A los 17 años escribió su primera novela, Destinos cruzados, publicada dos décadas después y luego adaptada como telenovela nacional. En 1971 se hizo conocer como cuentista con “El sapo burlón”, trabajo galardonado en un concurso promovido por el diario bogotano El Espectador (http://www.elespectador.com), y que diez años después le daría título a su primera colección de cuentos. Ha incursionado en la narrativa, el ensayo, el periodismo, la biografía y la crónica de viajes. Ha escrito alrededor de 1.800 artículos de prensa y hoy lleva una columna virtual en El Espectador. Ha sido jurado de diversos concursos y ha obtenido varias condecoraciones durante sus 37 años de labor literaria. Además de los ya mencionados, ha publicado los libros Alborada en penumbra (novela, 1974), Alas de papel (prosa periodística, 1977), Caminos (ensayos, 1982), Ventisca (novela, 1989), Biografía de una angustia (biografía de Germán Pardo García, 1994), La noche de Zamira (novela, 1998), Humo (cuentos, 2000), El azar de los caminos (viajes, 2002), Laura Victoria, sensual y mística (biografía, 2003) y Ráfagas de silencio (novela, 2007). === Autorretrato con Frida Ana Rosa López Villegas =================== A Frida le dio la gana de nacer tres años después de la fecha en la que su madre la parió. No era el ánimo superfluo y banal de las mozas que le añaden destiempo a su vida y al inexorable paso de los días en su piel. A Frida le movía el vendaval revolucionario de principios del siglo XX, el halo sangriento y señero —apenas romántico— de las luchas liberadoras y de reivindicación patriótica nacionalista de 1910 en contra del “Porfiriato”, el régimen dictatorial que el general Porfirio Díaz iniciara en México en el año 1876. Hasta el último de sus días y desde el primero en el que tuvo conciencia de la Revolución Mexicana de 1910, Frida decidió que su nacimiento tuvo lugar en el año de 1910, el 6 de julio de 1910; así se hizo hija adoptiva de la recién nacida madre revolución y mamó de ella las mieles de la rebeldía y la liberación que, en su caso, la acompañaron en cada pincelada que la muerte le permitió deslizar sobre el pálido lienzo de sus dolores, de sus horrorosos sufrimientos y de sus amargos desamores. En respeto a su revolucionaria voluntad de nacimiento, este homenaje cobiográfico a los 100 años que hubiese cumplido en estos días de no haber sido por los trágicos accidentes que tanto el amor como el tráfico mexicano le obsequiaron durante su juventud. Autorretrato con Frida o la senda que Frida me permitió y todavía me permite recorrer a su lado, admirándola y descubriéndola cada vez un poco más, reencontrándola, reviviéndola, resucitándola... como amiga, como amante, como Frida, la paloma a la que los colores de su vida nunca la defraudaron para poder volar. 1997, principios de junio y de mi última vacación como estudiante universitaria, estaba a punto de partir al Chaco boliviano para llevar a cabo mi trabajo de campo para mi tesis de grado. Durante una de mis caminatas citadinas, casualmente encontré un aviso de papel pegado en alguna pared informativa y abandonada de La Paz. Se anunciaba el inicio de un taller de expresión literaria dirigido por un uruguayo, al que puedo llamar con confianza Pipo y cuyo nombre verdadero es Washington Estellano. Las inscripciones estaban abiertas y el día de inicio era, precisamente, aquél al que le quedaban unas cuantas horas para expirar. No lo pensé dos veces. Me puse en camino en busca del lugar en cuestión. Para mi suerte, el Espacio Cultural Creativo donde tendría lugar el taller se encontraba en Sopocachi —un entrañable pedazo paceño—, tierra de mis dominios durante aquellos años. Toqué el timbre y tras la reja que hacía de puerta de entrada, se extendió ante mis ojos un largo y angosto pasillo de cemento a través del cual vi salir la diligente y amable figura de Pipo. Le dije que allí estaba para hacer el taller, me invitó a pasar y así empecé mi primer y único taller de expresión literaria al que he asistido hasta la fecha. El grupo era básicamente femenino, todas mujeres, muchas bohemias, algunas un poco locas, otras medio raras, un puñado de geniales. Mi memoria me traiciona con los nombres, pero no con las caras, casi estoy segura de que, si las volviera a ver, las reconocería en seguida. El taller era mi terapia, un escape acogedor y maravilloso en el que podía hacer lo que más me gusta: escribir. En la segunda o tercera sesión, tertulia podría llamarle también, Pipo nos había hablado de la obra de Elena Poniatowska, la escritora mexicana, de nacimiento parisina y de convicción periodista. Interesada por conocer más de Elena, le pedí a Pipo que me prestara alguno de sus libros. El único disponible era una biografía de Frida Kahlo —un nombre para mí desconocido hasta ese entonces— escrita por Poniatowska. ¿Frida Kahlo? Sin tener un ápice de idea comencé a leer su biografía cuyas páginas devoré en sólo unos cuantos días, todavía me recuerdo con el libro cerrado y apretado contra mi pecho, llorando sin consuelo y con amargura, tendida sobre el cubrecama de flores que yacía silencioso y cómplice sobre mí lecho. La última página de aquella primera biografía significó el adiós a la Poniatowska y el inicio de mi segunda religión... Frida. Así te conocí, Frida, Friducha, mucho antes de la parafernalia inaudita que los medios y los hombres han hecho de tu nombre, de tu dolor y de tus sueños. Así... sigilosa y serena, pero también cual furibundo enigma que me sacudió todas las fibras. Así aprendí a reconocerte, tan hembra como criatura, la niña Frida, la furia Frida, Frida... así, tan llena de esa fortaleza sobrehumana a la que muchas veces acudo en acto de contrición por el rosario de quejas que las minucias de la vida me obligan a espetar. A partir de 1997 inicié una verdadera persecución bibliográfica de Frida, la busqué en librerías, en suplementos culturales de periódicos, en alguna que otra actividad cultural. La Internet me era, por entonces, una herramienta todavía lejana a la que no le tenía mucha confianza. Cada vez que pensaba en ella, me parecía imposible que una mujer de esas magnitudes hubiese existido de verdad. En sueños me imaginaba el timbre de su voz, la espesura de sus cejas interminables y que a ella le gustaba dibujar como una gaviota oscura y malagüera circundándole los ojos; sus coloridos trajes de tehuana, sus trenzas oscuras y recogidas en amarros que coronaban su cabeza. En sueños visitaba su Casa Azul ubicada en Coyoacán, México; todavía se me pone la carne de gallina nada más pensar en posarme de frente a uno solo de sus autorretratos. Este sueño lo es aún, pero ya me he prometido acabar con él a punta de ese viaje imprescindible que algún día será. 2001, principios del mentado siglo XXI, tuve la oportunidad de vivir en Madrid y allí volví a encontrarla. En una de las librerías más grandes de España adquirí buena parte de los libros de mi colección: biografías, tratados breves de crítica plástica sobre su obra y la relación con sus conflictos interiores, recopilación de imágenes y fotos de su vida: padres, hermanas, amigos, novios, exposiciones, viajes, hospitalizaciones, terapias, etc., y apologías femeninas que recuperan a la mujer Frida, antes que a la artista entre otros. Uno de los que más añoro es la reproducción a colores de su diario íntimo: puño y letra de Frida. En Madrid asistí dos veces a una obra de teatro sobre su vida, Frida, una puesta en escena rústica y sentida que me dejó en el mismo estado en el que concluí la lectura de la primera biografía. La volví a ver en las tablas del dramaturgo Humberto Robles en una obra bellísima titulada Frida Kahlo: viva la vida, un despliegue escénico mayor y mucho más elaborado que el primero que aprecié y sin embargo un tanto menos emotivo para la devoción de mis lacrimales. En España fui, además, desgarrado testigo de la severa y premonitoria sentencia que la dramaturga mexicana Jesusa Rodríguez expresara hace algunos años: “La globalización ha convertido a la pintora Frida Kahlo en la Barbie del Tercer Mundo, ha ‘fridatizado’ su imagen porque se vende en llaveros, postales y camisetas...”, en tazas como la que me sirve para desayunar; en agendas, como la que conservo sin usar; en réplicas de sus cuadros, como la que todavía espera un lugar de privilegio entre las cuatro paredes de mi hogar; en pendientes, como el que cuelga de mi cuello en día especial. “Fridomanía”, ¡qué tristeza!, siento además un poco de rabia, otro tanto de impotencia, celos y un pellizco de vergüenza, sobre todo porque en uno de los caudalosos desbordes de mi niñez que me resisto a embovedar, la Barbie ocupa un lugar. 2002... la herejía continuó. Salma Hayek —actriz mexicana, una de las tantas Barbies a la Hollywood— hizo de Frida en una película que desvanece sin compasión la esencia de su vida y la magnitud de su obra, un guión que en nada merece llevar el nombre de Frida, que la hace ver como a una mujer embadurnada de desesperos amorosos y lésbicos, que nada muestra de su íntima relación con la muerte, del grotesco exorcismo de sus dolores a través de sus autorretratos. Me resistí a verla —con fiereza— durante los primeros meses después del rimbombante estreno de la película en las salas de Madrid. Me negaba rotundamente a escuchar comentarios sobre el filme, hasta que las primeras aberraciones terminaron por hartarme y decidí ir a verla —sola— para destilar a mis anchas el veneno que me producía ver las insultantes curvas de la Hayek en un descolorido y fracasado intento de Frida. Todavía habitando la incansable Madrid, el cantautor español, Pedro Guerra me endulzó el mal sabor de la película con su canción “El elefante y la paloma”, he aquí las estrofas que más a ella me saben: A Frida le duelen los huesos y mirándose al espejo pinta todo su dolor A Frida le duele la vida y aprendiendo de su herida llena todo de color Frida miró al elefante y empezó a desdibujarse, pero nada le importó Diego miró a la paloma y la amó entre tantas cosas, entre el lienzo y la pasión Frida descansa en el lecho y se pinta hasta en el pecho con tal de sobrevivir Joaquín Sabina, otro cantautor español, también le añadió a mi recién recuperada dulzura otra pizca de Frida, a través de su “Bulevar de los sueños rotos”: Por el bulevar de los sueños rotos pasan de largo los terremotos y hay un tequila por cada duda. Cuando Agustín se sienta al piano Diego Rivera lápiz en mano, dibuja a Frida Kahlo desnuda. 2004, durante los primeros aprestos de la primavera europea, volví a saber de ella. Esta vez en mi segundo destino de autoexilio: Alemania. Partí de Karlsruhe en dirección a una de las ciudades más llamativas y visitadas del sur de Alemania, Heidelberg, cuya renombrada universidad auspició la exposición “Frida: mi vida”, de la pintora alemana Renate Reicherts. La exposición no me disgustó, la consideré como un acercamiento diferente a Frida, un recorrido a través de un puente, un contacto con intérprete. La obra de Reicherts plasmaba, con técnicas mixtas y en formato breve (23 x 29 cm), diferentes composiciones de un mismo cuadro: Las dos Fridas, que Frida pintó en el año 1939 y que de alguna manera recuerda a la amiga imaginaria que la escuincla Kahlo frecuentaba en su fantasía durante los primeros años de su niñez y cuando por entonces el dolor era para ella una dimensión absurda y sin sentido. Las dos Fridas son el testimonio de una de sus tantas crisis de escisión provocadas, sobre todo, por Diego Rivera, su Diego, su niño, su yo. Antes de que el 2004 se terminara de ir, la mitad de noviembre me susurró otra vez su nombre. Como ya me había ocurrido en otras ocasiones, me enteré, un día antes de que ya fuera demasiado tarde, del concierto que iba a dar Lila Downs en el Tollhaus, un centro de actividades culturales de Karlsruhe. Lo pensé dos veces, se trata de la cantante mexicano-estadounidense que interpretó —entre otras— la famosa canción “La llorona” en la película de Frida, quizás el único detalle que aprecié positivamente de aquel rodaje para olvidar. Mi instinto me advirtió que debía dejarle a la duda su lugar y no se equivocó, ¡no se equivocó! Lila Downs me trajo de nuevo a mi Frida, aquí en la fría latitud del amargado individualismo y la soledad patológica. Después de aquel concierto inolvidable, tuve la oportunidad de entrevistarme con Lila y de cobijarme con la sencillez de su cálida personalidad, no era Frida, pero sí alguien que me hacía sentirla con sólo hablar. Repetí la experiencia musical en el verano del 2008, esta vez sin entrevista, pero con el mismo embeleso y la emoción de estarle transmitiendo a mi segundo hijo —anudado todavía en mi vientre— mi pasión por Frida y, de alguna caprichosa manera, mi gusto por la música de Lila, quien se ha sumado ya a mi lista de mujeres indelebles e imprescindibles que secundan —de bien lejos— a Frida. 2006, mediados del otoño en Alemania... finales de noviembre en el calendario. Mientras disfrutaba de mis primeras lides de maternidad con mi primogénito, se apareció el azar para mandarme a un viaje inesperado. Empujando el cochecito de mi niño comencé a conocer la pequeña y remota ciudad de Pforzheim en el sur de Alemania, allí donde naciera en 1871 el padre de Frida, Wilhelm Kahlo, “aguillermado” a la mexicana, ante la dificultad que les ofrecía a los lugareños la pronunciación de su gracia. Otra vez me desplegué pensando en ella, en el origen alemán de su nombre: Frieden, que en castellano significa paz y que Guillermo Kahlo tuvo que cambiar por Frieda ante la negativa de la autoridad civil mexicana de registrar con ese nombre a una niña. Pforzheim... pienso en Frieda que terminó por ser Frida, en la disciplina heredada de su padre, en el gusto que gracias a él adquirió por la fotografía, en su apellido y en ese Pforzheim tan opaco e insignificante que súbitamente se ilumina y me ilumina, que guarda un pedacito de su semilla y de su existencia, aquí en la latitud de lo que ya se sabe. 2010, tengo casi una treintena de libros —que amenazan con multiplicarse— repartidos en dos continentes, escritos en dos idiomas y con un único sentido: Frida. La mayoría de ellos están dedicados a su singular obra pictórica y los menos a su pluma, porque Frida, la paloma, también fue —a su manera— una exquisita escritora de epístolas, de prosa y de verso. Frida escribía con palabra cariñosa y acogedora... tan como ella, sin expresión rebuscada ni frase compleja, nada comparado con la letra de su pintura... que para eso había tenido suficiente con el laberinto imposible y caprichoso de su vida, de su cuerpo atravesado, de su columna partida, de su maternidad abortada y de su rotundo amor por Diego, ese espantoso elefante. 13 de julio de 2010, 56 años han pasado desde que la Pelona te recogió de tu Casa Azul y te llevó para siempre, Frida. Y un poco más de dos sexenios desde que me convertí a tu vida. Gracias, Frieden, por los 44 años que a ti te dieron la gana de tener a la hora de tu muerte, por tu pasión por la vida, por tu valiente entrega al amor y de tus desafíos irreverentes al dolor... Donde quiera que vueles, ¡gracias! ** Ana Rosa López Villegas ana.lopez@gmx.net Escritora boliviana (Oruro, 1976). Licenciada en ciencias de la comunicación social por la Universidad Católica Boliviana (http://www.ucb.edu.bo; 1998). Desde los años 90 se dedica al periodismo y a la literatura de manera independiente. Ha vivido y estudiado en Madrid (España) y en Karlsruhe (Alemania), donde obtuvo dos títulos de maestría: en acción política y participación ciudadana, y en planificación regional. |||||||||||||||||||||||||||| ENTREVISTAS |||||||||||||||||||||||||||| === Sergio Román Armendáriz =============================================== === La poesía es una manera de vivir. Y morir Augusto Rodríguez ====== Sergio Román Armendáriz (Guayaquil, Ecuador, 1934). De 1951 a 1962 frecuentó las ciencias sociales (Universidad de Guayaquil), la política revolucionaria en el Ecuador (URJE) y la poética modernista (Club 7, con Carlos Benavides, Ileana Espinel, Gastón Hidalgo y David Ledesma). De 1975 a 1979 estudió artes escénicas y fílmicas en México, praxis que aplicó en sus cursos de producción escrita y audiovisual en la Universidad de Costa Rica. Cuaderno de canciones y Arte de amar fueron su aporte a la lírica parnasiano-simbolista (1959 y 1960). Función para butacas fue su aporte al teatro experimental (1973). El guión del largometraje ecuatoriano-mexicano Nuestro juramento, acerca de la vida y las canciones de Julio Jaramillo, fue su aporte al cine para públicos amplios (1980). Sus 67 artículos incluidos en la página 15 de La Nación de Costa Rica fueron su aporte al prosema, un periodismo encabalgado con la literatura (1985-1995). Para agencias internacionales, SR ha servido algunas consultorías de signo temporal en el área de la comunicación, faena que lo retornó otra vez a sus primeras ciencias sociales. En www.sergioroman.com está resumiendo, hoy, sus experiencias pedagógicas por medio de bitácoras. —Sergio, ¿cuándo y por qué empiezas a escribir poesía? —Al igual que en el fútbol callejero después de mis fintas de mozalbete con la pelota de trapo, pretendí empezar, en 1951, durante el curso final de mi bachillerato en el Colegio Nacional Vicente Rocafuerte, deseando resumir, en versos, las lecciones que sobre los presocráticos nos obsequió el doctor Manuel de J. Real en su cátedra de Introducción a la Filosofía, e intentándolo al amparo de las lecciones de Literatura Universal con las cuales el maestro J. J. Pino de Ycaza (miembro menor de la Generación Decapitada quien conservó su cabeza mucho tiempo), nos aproximó al simbolismo y al parnasianismo decimonónicos recitándonos en francés a los líderes de esos movimientos, sobre todo, al trío vertebral: Baudelaire, Rimbaud y Verlaine, y traduciéndolos de inmediato al español, y comentándolos. Así aprendí a oxigenarme dentro de una caldera siempre a punto de explotar. Sin embargo, la iluminación se dio a mediados de ese período cuando conocí al también estudiante David Ledesma Vázquez (ambos procedentes de 1934), en la imprenta del establecimiento, como referiré en párrafos posteriores. Pero, quizá, cultivé mi curiosidad (luego adicción y hoy, esquema del vivir-morir) desde el primer grado de primaria. Comento. A mis seis años apenas cumplidos (1940), sin ningún aderezo previo porque aún eran desconocidos los jardines de infantes, inicié mi educación en el Cristóbal Colón, colegio salesiano ubicado allá por los antiguos astilleros. Siempre las palabras impresas y sus sonidos me llamaron la atención (y el sabor agridulce de algún fruto breve) y el aroma de los libros y de los cuadernos nuevos. Iba cuantas veces podía a la prefectura en donde vendían los útiles escolares, sólo a respirar ese ambiente. Aún, hoy, además de la computadora, uso lápices más que bolígrafos, saudade de la infancia. Y me encantan las negras pizarras de madera para dejar correr allí trazos de tiza blanca. (Aún persigo grosellas lejanas, semillitas...). “Semillitas” (metáfora de su función) fue el texto de ese primer grado básico. Aún lo recuerdo. Era más ancho que alto, formato apaisado, y lucía figuras inocentes, letras, sílabas, vocablos. Su textura gruesa y áspera quiero adivinarla todavía pegada a mis dedos que de tanto recorrer sus hojas volvieron irreconocible el límite en donde ellas terminaban y comenzaba yo. Pero no sólo rememoro el libro. Recuerdo en la página 34: “Con el canto de los gallos / el labriego despertó...”, imagen que tres lustros después encontré transustanciada en el “Romance de la pena negra” de Lorca: “La piqueta de los gallos / cava buscando la aurora...”. Así empezó mi amorosa lid con y contra las voces sueltas o trenzadas en párrafos y en escenas. Sin embargo, la epifanía se produjo en la imprenta del Colegio Vicente Rocafuerte, en 1951, en medio de la fragancia de tintas de diversa especie y del ruido de los primeros linotipos y las charlas con los últimos y viejos obreros socialistas descendientes de los sucesos del 15 de noviembre de 1922 (fecha del bautizo con sangre de la clase obrera del Ecuador); allí, en ese clima premonitorio nos conocimos David Ledesma y yo, ambos provenientes de 1934 y comprometidos en ese lugar y hora con la confección de la sección literaria del periódico juvenil Nosotros y con algunas ideas parecidas a las grosellas rojas. Otra coincidencia significativa. De ese instante se precipitó una ola cotidiana poética política que todavía encrespada continúa fluyendo entre 1951 y 1962 y hoy, 2010, porque, aunque ese reloj y ese paisaje ya pertenezcan a nuestra historia criolla, frente a las imprecisiones filtradas quién sabe cómo, por Internet, la red de redes, no me queda más remedio que aventurar mi versión de testigo y coprotagonista, uno de los pocos sobrevivientes que aún navega con la pluma en su odisea mínima. En esa tarea estoy. Concluyo. Hay algo que se puede descifrar en la génesis de toda vocación creativa y crítica y, agrego, hay mucho de “duende”, indescifrable, según Lorca. Tal vez, una dosis de azar y otra de misterio. Y una severa y tenaz disciplina para domesticar el lenguaje que, por naturaleza, es indómito e inasible, agua que se escurre entre los dedos. Ira pura. —¿Qué poetas son tus referentes y cuáles son tus autores de cabecera? Prefiero hablar de “los poemas que impactaron mi ánima”, más que de poetas. Y la impactaron porque de súbito asomaron mi mortalidad, a la eternidad, fugazmente. Con esta premisa espigaré, al pairo, siete referencias: I. “Abedules” de Robert Frost, aplica la metamorfosis del espacio gracias a la transfiguración retórica de la realidad externa e íntima, pues se disfruta y se padece soñando que es un niño quien mueve los ciclópeos árboles en las crueles noches del invierno septentrional, y no las tempestades, precipitando hacia el suelo del bosque y tapizándolo con un cobertor de hielo despedazado que semeja la infinita cúpula de cristal de los cielos. II. “Ítaca” de Konstantin Kavafis, merodea por el instante fugitivo y por el sintagma prisionero dentro del tono conversacional sin la prisa de conquistar ninguna parte cantando de manera parecida a la tonada de Vicente Fernández cuando nos empinamos algunos tragos (pues aún yo me los tomo con prudencia): “Más que llegar primero, hay que saber llegar”, astucia humanísima de Ulises superior a la furia del único ojo del semidiós Polifemo. III. “La canción de la vida profunda” de Porfirio Barba-Jacob, resume la aspiración a la destreza escritural pues en seis cuartetos capta y proyecta seis estados de ánimo, cada uno coronado con una doble señal de la cruz de venablos esdrújulos que se curvan y terminan aleteando a los pies de Nuestra Señora la Muerte, motivo de la séptima y última estrofa de ese bajorrelieve lírico. IV. Vicente Huidobro exhorta, en su “Arte Poética”, al lirida, “pequeño dios” lo llama, para que en vez de exaltar la gracia efímera de la rosa, la haga florecer en cada línea mientras juega al “Ajedrez” con ese J. L. Borges matemático, el del adjetivo exacto y certero de ese inimitable binomio de sonetos suyos “con jugadores en rincones graves y con reyes postreros, torres homéricas y peones ladinos...”, para concluir extendiendo la guerra del universo al multiverso y —de él— al aleph anterior al bing-bang. De allí, la pregunta conclusiva e iniciática: “¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza de sueños y agonías..?”. V. Anónimo, aquel rito oriental que impregna, del odiar y del amar, el mismo elemento modificado apenas por el arribo de alguien a quien, aunque se extraña, ya no se espera: “Odio la lluvia porque roba las flores del jardín... pero tú llegaste, y amé la lluvia cuando te quitaste la túnica empapada”. Es la sugerencia, fuego del arte. Es el macho preparando con un cuchillo alargado una ensalada de frutas cromáticas y fragantes que llaman macedonia, mientras la hembra semivestida o mediodesnuda desde el alféizar sonriente lo contempla en la cinta 9 semanas y media, de tal modo que no se necesita babosear el coito obvio con sus jadeos y sus majaderías. La ensalada es la cópula. ¡Basta! En fin, resonancias del símbolo y del parnaso de cuyo lampo dual y único, nunca he deseado huir. —Sé que fuiste miembro-fundador del Club 7 de Poesía. ¿Cómo nació Club 7? ¿Quiénes realmente eran? ¿Qué recuerdos tienes de esa época? —Con practicismo y desenfado, cierta cifra de jóvenes en 1953 conformamos un equipo para compartir nuestro vino existencial y nuestro ego íntimo y nuestro pan social (las tres sortijas del grupo) por medio de recitales radiofónicos y suplementos periodísticos y etcéteras afines. De allí el marbete: “Club 7” (1954). Pero dos amigos, cada uno por su cuenta y en distinto momento, antes de echar a volar la antología, decidieron separarse, uno, Miguel Donoso Pareja, para priorizar su narrativa, y el otro, Carlos Abadíe Silva, para priorizar su música. Quedamos cinco adictos al simbolismo y al parnasianismo. La concordancia aritmética exigía que nos llamemos “Club 5”... pero nuestra afición a la numerología y a la metáfora en donde 2 más 2 nunca dan 4, hizo que Carlos Benavides Vega, Gastón Hidalgo Ortega, Ileana Espinel Cedeño, David Ledesma Vázquez y este servidor, Sergio Román Armendáriz, decidiésemos mantener el número cabalístico. En 1960 dimos a luz Triángulo, David, Ileana y Sergio. (Gastón se había encerrado en su bohemia y Carlos en sus investigaciones históricas.) Ahora, solitario sobreviviente, estoy afinando mis composiciones dispersas con un santo y seña que sea, a la vez, pragmático y hedónico y ético: “Uno del Club 7”. La unidad de estilo exige también un sentido de serialidad desde la clave individual al conjunto. Y viceversa. Fascina la gradación: siete, cinco, tres, uno. ¡Nada! —Sé que publicaste el libro Arte de amar, en Triángulo, en el año 1960, junto a David Ledesma Vázquez e Ileana Espinel Cedeño, ¿qué me puedes decir sobre esta publicación? —Arte de amar fue un poemario esculpido a fragmentos y en filigranas relampagueantes entre diversas cópulas con la misma pareja proletaria de entonces, ceremonial cumplido en modestos hoteles de paso y en una residencia de El Dorado capitalino y en un palomar de la porteña calle de Escobedo que alquilamos gran parte de 1959 mientras naufragábamos entre los sucesos contestatarios y sanguinarios del 2 y 3 de junio de ese año, y yo preparaba y obtenía mi licenciatura en Ciencias Sociales en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Guayaquil y, de paso, degustaba una segunda mención con mi Cuaderno de canciones en el primer Concurso Nacional del diario El Universo, cuyos tres premios epónimos, en su orden, pertenecieron a Hugo Salazar Tamariz, César Dávila Andrade y Hugo Mayo. (Fue un honor para mis 25 años de edad caer vencido por maestros que, aunque me derrotaron, a la vuelta de las generaciones y en secreto, siento que el máximo laurel también es mío. Y es del Club 7. Un par de semestres antes, David me había precedido con su “Gris”, segunda mención en el Concurso Internacional de la revista Lírica Hispana, Caracas, 1958). A igual estación pertenecen y son de parecidas circunstancias Cuaderno de canciones y Arte de amar, que ostentan idéntica factura estilístico-ideológica. En el Cuaderno..., 27 estrofas de siete versos cada una, signadas con las letras progresivas del abecedario. En Arte..., 13 estrofas, ídem, marcadas con progresivos números. En conjunto, una liturgia clásica de introducción y desarrollo y desenlace, en cada cuerpo y en los dos reunidos. El poder del amor total vence lo imposible cuando “el hijo nos sorprende como el final de un viaje”. He aquí el tema. Sólo los diferencian las 27 musas del Cuaderno... frente a la única de mi Arte de amar. Y los epígrafes de diversa estirpe. La amistad une lo que el oficio separa, facilitando así la constitución automática de ese “Triángulo” pues antes de entendernos ya nos adivinábamos y, de ese modo, casi sin preámbulos, cada uno aportó un título gemelo en calidad pero antípoda en timbre social, existencial e íntimo: Diríase que canto (Ileana), Los días sucios (David) y Arte de amar (Sergio). Yo, sin presumir de dibujante que no lo soy, pero aficionado a la geometría desde la escuela, bosquejé unos triángulos en distintas posiciones rígidas, el de la portada general y el de las tres portadillas internas. La Casa de la Cultura del Guayas difundió el libro de inmediato. Eran otros tiempos. —Has escrito teatro, cine y poesía, ¿en cuál de estos géneros te sientes más cómodo y por qué? —Repito lo que todos sabemos. Poesía no es sólo acomodar filas fraternales y columnas dispersas, con rima o sin ella, o ensayar prosemas y otras rebeldías. La poesía es una manera de vivir. Y morir. Reza Gheorghiu acerca de la seda legítima que surge del sacrificio de ese mínimo ser que la produce pero que, al hacerlo, se extingue convertido en esos hilos fuertes y luminosos. Sin embargo, sentencia: “Mañana no habrá poesía en ninguna parte porque las fábricas de plástico y los aparatos que industrializan la imaginación, la habrán eliminado y sustituido”, se lamenta el culpable de La hora 25, al clausurar su Diario de un poeta (París, 1949). ¿Exageración o verdad? Y, ¿el cine en estado puro no será el vicario de la poesía? ¿No lo es, ya? Tres ejemplos: El regreso del padre pródigo (Zvyagintsev, 2003), Todo va bien (Goddard, 1972), El séptimo sello (Bergman, 1956). De allí que no tenga que decidir entre géneros, sino entre tonos que corren de lo sublime a lo patético y de lo grotesco a lo maravilloso y de lo vecinal a lo didáctico atravesados por el eje del mal y del bien. A esta constelación de tonos aplicables a géneros en pugna, me gusta llamar “mirada intuitiva” que flota por encima del texto y del contexto. Y los matrimonia. Me siento cómodo cuando logro establecer esa mirada. En caso contrario, no. —¿Qué me puedes decir al respecto sobre tu propia poética? —Asumo la poética a la manera de un intento de imbricar estilo e ideología, buscando que ésta sea, en sí, estilo, y, éste, en sí, sea ideología, entendiendo por tal lo que el texto predica del contexto, lo cual sintetizo en el siguiente albur: ¿cómo se debe enfrentar o cortejar la vida-muerte (en lo existencial, en lo íntimo y en lo social)? ¿Y cómo no se debe hacerlo? Con esta perspectiva, la ideología corresponde a la sustancia del mensaje y a su consistencia en cuanto a la carga significativa de realidad o de contexto que deja transparentar el texto por medio de la fantasía y la arquitectura de las formas que constituyen el estilo. De este modo, la Belleza con mayúscula, valor supremo de la Estética, poco tiene que ver con lo bonito o con lo agradable. Sólo tiene que ver con la intensidad del sismo heredero del caos siempre y cuando imponga, al fin, un logos, un orden. Esto conquista, verbigracia, David Ledesma Vázquez en Los días sucios (Triángulo, Guayaquil, Casa de la Cultura, 1960). Gracias al espejo paralelo del cine, se enfatiza que la oscuridad debe iluminarse y el silencio debe provocarse en el laboratorio porque el registro fisiológico es diferente al registro fotográfico, y es diferente la captación por el magnetófono que por el oído. Si no se procede así el resultado será manchas en vez de oscuridad, y siseos en vez de silencio. Extendiendo este dato a la poética, debemos aceptar que el tratamiento de lo absurdo exige su propia lógica. Y el de la violencia, en la política, su propia serenidad. Así percibo mi canon, nunca un ser logrado, siempre un ser en trance o, mejor, un “ser” insatisfecho mutándose en un insatisfactorio “deber ser”. Siempre. —Cuéntame sobre tu vida en Costa Rica, ¿a qué te dedicas? ¿Sigues escribiendo? —Existencia discreta de profesor pensionado, familia grande a la que jugando llamo Román(tica). Acudo de repente a un grupo de aficionados al arte y atiendo consultas de gente joven por medio del correo electrónico aunque sólo sea un precarista de la tecnología. Ayudan a consumir mi escaso tiempo, inevitables cuestiones de salud relacionadas con hiperplasias prostáticas, endodoncias y acúfenos, malestares propios de la edad, nada graves pero cabrones. Sí. Escribo cada día un trío de horas persiguiendo la rima de sueños y papeles reencontrados y dispersos por viajes y lecturas. En punto, continúo intentando sobrevivir entre una mínima pero suficiente dignidad material y una —hasta donde pueda— máxima apetencia intelectual. —¿Qué opinión tienes sobre la literatura ecuatoriana? ¿Qué autores recomendarías? —Ser ecuatoriano es un orgullo pero, en la bolsa de los valores internacionales, sufrimos una injusta depreciación. Asignatura pendiente es ajustar aspectos de imagen y mercadotecnia. Incluso, yo debo ponerme al día en literatura tan variada por medio de “blogs” y fuentes virtuales (esta misma “Buseta...”) donde fluyen información directa y saludable que los manuales y tratados tardarán en incorporar. Por eso, con esta apostilla, acotaré de manera indirecta la pregunta, anotando algunos títulos (de libros y acontecimientos) que balancearon mi madurez sobre el columpio que une y separa el tramo final del bachillerato con el inicial tramo universitario, circunscritos ambos a ese Guayaquil de 1949 a 1953, en donde, medio millón de seres sesteábamos por el día entre la ría de poderosa agua dulce aún sin puentes y los esteros marineros del Barrio Garay o Puerto Liza, y titilábamos por las noches entre los cerritos de Santa Ana o la serpenteante calle colonial Numa Pompilio Llona y el Camal o la estación general de los tranvías eléctricos. Y los cito sin rango ni jerarquía conforme, en este momento, visitan mi memoria (por algo será): I. El montubio ecuatoriano, de José de la Cuadra (ensayo literario-sociológico); II. Las cruces sobre el agua, de Joaquín Gallegos Lara (novela de la vanguardia política); III. La romanza de las horas, de Ernesto Noboa y Caamaño (poemas modernistas); IV. Anhelo y pasión de la democracia ecuatoriana, del doctor Alfredo Vera y Vera (tesis jurídico-política); V. Charlas sobre materialismo histórico, del doctor Manuel Agustín Aguirre y del doctor Juan Isaac Lovato (introducción al marxismo) y Charlas sobre materialismo y psicoanálisis (Marx y Freud), del doctor Humberto Salvador (quien, además, me presentó en la antología del Club 7); VI. Dejad que muera el odio, de Tomás Pantaleón (poemas); VII. Túnel iluminado, de Pedro Jorge Vera (poemas); VIII. Cuaderno de bitácora, de Rafael Díaz Ycaza (poemas); IX. El teatro en su hogar (dirigido por Enrique Wilford del Ruiz, en Radio El Telégrafo); X. Se conocieron en Guayaquil, de Paco Villar (largometraje ficción); XI. Comentarios del Momento (revista de la populista Concentración de Fuerzas Populares, CFP, dirigida por el doctor Carlos Guevara Moreno, siendo su secretario el doctor José Hanna Musse y su principal redactor el profesor Luis Cornejo Gaete); XII. “Carnet de la emigrada”, poema que su autor, César Andrade y Cordero, leyó en un recital de 1951 en La Casona, auditorio donde en otra ocasión un tratadista uruguayo, Óscar Valdovinos, presentó “La cuestión boliviana”, charla acerca de la revolución nacionalista de 1952, y donde Juan José Arévalo, ex presidente de Guatemala, denunció en 1953 los peligros que afligían a la revolución nacionalista de 1944, y XIII. La gira de la compañía argentina de teatro “Francisco Petrone”, con La muerte de un viajante, de Arthur Miller, en el Olmedo o en el Parisiana, en 1951, lo que derivó a nuestra secta hacia el original y a su traducción y adaptación radiofónicas y hacia la atenta vigilia y descubrimiento gozoso de la versión fílmica. Sin estos ingredientes creo que hubiese sido un abogado más en los tribunales del país, profesión que no me disgusta. Denuncié un tema, para mi tesis doctoral La Revolución como fuente de Derecho, que no fue aceptado y, luego Del juicio de excepciones, que sí lo fue, pero los acontecimientos se precipitaron y ahogaron este plan. —He escuchado en numerosas ocasiones que supuestamente la poesía sólo la leen y la consumen los mismos poetas, ¿crees que es así? ¿Cómo crear mecanismos para que la poesía llegue a otros sectores de la sociedad, pero sin que pierda su parte radical o subversiva? —En lo táctico, debemos luchar por cimentar una comunidad real de aprendizaje y lectoescritura del español (en la costa) y del español-quichua (en la sierra). El bilingüismo con el inglés nos está matando. Está conduciéndonos al callejón sin salida de un bimudismo idiota y degenerado, un “spanglish” castrante. Este pobre instrumental no alcanza a veces ni para babosear la simple aritmética de un titular del diario, menos para saborear la golosina algebraica del poema. De allí que se diga en broma y en veras: “Si me lees, te leo”, o “Esta procesión es sólo para obispos”. Debemos constituir ya una “Asociación Internacional de Usuarias y Usuarios del Idioma Español” que resista los embates y las ambigüedades de la Real Academia, asunto a desenvolver en otra oportunidad pero del cual tengo colocadas algunas bitácoras en mi página web. En lo estratégico, propongo aplicar la técnica llamada “el otro lado de la luna” que hemos visto desplegada en la televisión cotidiana mostrándonos un vaso cuyo líquido cubre sólo la mitad. “¿Cómo llamarlo: vaso medio vacío o vaso medio lleno?”. Depende de la perspectiva. Depende de lo que entendamos por poesía. Si entendemos por poesía sólo un conjunto de versitos diabéticos o rabiosos con hormigas y bebedizos, el público quedará circunscrito al clan. Pero, si entendemos por poesía el rayo clásico en cuanto concentración, ritmo y sugerencia de la imagen en movimiento dentro de una extensa e intensa circulación e intercambio de medios y formatos desde los tradicionales hasta los tecnológicos, hoy, este arte disfruta de un público cada vez mayor desde el corto publicitario hasta el cine en tercera dimensión. Pero, en este caso, como tú señalas, corremos el riesgo de ganar extensión y perder radicalidad. Sin embargo, es un riesgo asumible que debe monitorearse y evaluarse constantemente. Anexo un estrambote certificando que cada vez es más palpable constatar que la poderosa mirada intuitiva del ser, del paisaje y de las cosas, está huyendo o emigrando (¿para siempre?) de los folletos de líneas rimadas o sin rima para hospedarse en espacios y en tiempos sociales, íntimos y existenciales más perturbadores y pentagrámicos. Acaso a Gheorghiu le asista en parte la razón cuando afirma que “mañana no habrá poetas ni en París ni en ninguna parte”. Pero el autor rumano falla cuando identifica la extinción del “gen-poeta físico” con la desaparición del “gen-esencia de la poesía”. Mañana no habrá ni poemas convencionales ni de vanguardia. Es cierto, acaso. Pero habrá cine en estado puro. —¿Actualmente en qué proyectos literarios estás? —Estoy pastoreando tres procesos simultáneos: Guayaquil, fuego sin tregua, paisaje político y poético y cotidiano de nuestra ciudad en el lapso 1951-1962. El otro es un trabajo sobre los escenarios josefinos, también adelantado en mi web, cuyo apellido provisional es larguísimo: Desmemorias o casi-olvidos de un ocioso espectador de teatro en Costa Rica (desde 1962). El tercero es la recopilación de mi quehacer lírico, por dicha breve que publicaré con el único grafito factible: Uno del Club 7. Dejaré sueltos en la red mis apuntes pedagógicos atinentes a teatro, literatura y cine. Cuando los concluya, calculo unos 17 meses, espero que aún tenga oxígeno para agarrar una mochila y una tarjeta Visa y darme una vuelta por todo el Ecuador embarcado en tu (o en nuestra) “Buseta de Papel”. Y de la vida. Balada para una tarjeta postal Saltan fosfóricos peces en el sueño nos unimos a veces entonces recuerdo tu cintura que aprendió la lección de las frutas y mi boca te busca aunque ya no me beses. De la puerta cerrada nadie tuvo la culpa: acaso no fue nada. O acaso fue la lucha. O el exilio. O los meses. La nube en el calabozo Amiga vamos al surco que es hora de la siembra: enterremos la raíz de la risa y olvidemos afuera la rosa de la pena. Amiga vamos al río que es hora de la pesca: enterremos la red de la alegría y olvidemos afuera el pez de la tristeza. Amiga vamos al sueño es hora de la niebla: enterremos nuestras manos unidas y la nave del llanto olvidemos afuera. Porque es hora del amor amiga mía porque es hora del pueblo y su contienda: enterremos las viejas agonías y encendamos las esperanzas nuevas. Biografía del puerto Fantasma de ojos rubios. Tu melena de muelles despeina el huracán sonámbulo. Tus callejones ebrios se tuercen en vaivenes. La lluvia te borra con sus piernas de charco. Un collar de faroles apenas te dibuja. Y con el humo azul te saludan los barcos. Naciste como el viento capitán. Y las algas. En la geometría tremenda del océano. Desde entonces derramas tus caminos salobres. Capturas los últimos luceros atrasados. Recoges la filuda bufanda de la niebla Y todas las agujas opacas del cansancio. En tu clima puntual de evasión y abandono el adiós siempre empina sus cuadernos amargos. ** Augusto Rodríguez elfrancotirador79@hotmail.com Escritor ecuatoriano (Guayaquil, 1979). Ha publicado los poemarios Ausencia (Santiago de Chile, 1999), Mientras ella mata mosquitos (2004), Animales salvajes (2005) y La bestia que me habita (2005). Sus textos aparecen en varias antologías locales y del extranjero. Ha obtenido el Premio Nacional de Poesía David Ledesma Vásquez (2005), el Premio Nacional Universitario de Poesía Efraín Jara Idrovo (2005) y Mención de Honor en el Concurso Nacional de Poesía César Dávila Andrade (2005). Es el fundador del grupo cultural guayaquileño Buseta de papel. ||||||||||||||||||||||||||| SALA DE ENSAYO |||||||||||||||||||||||||| === Análisis de convergencias política, sexual y textual ================== === en la denuncia de la naturaleza del poder ============================= === al interior de El beso de la mujer araña, de Manuel Puig ============== === Ana Verónica Guerrero Galván ========================================== A pesar de las revoluciones en el campo de la literatura, la novela sigue cumpliendo con una función consignadora de los procesos de la realidad a través de diferentes técnicas estéticas, incluso al desatarse la crisis del cuestionamiento de las estructuras de la realidad que contiene a su vez la reevaluación de los mismos mecanismos de cuestionamiento. La novela de Manuel Puig no es una excepción en este sentido y aunque los críticos no logran concertar un acuerdo sobre si la novela posterior al fenómeno literario de los años sesenta manifiesta cambios que la diferencian de forma significativa debido al cambio de temáticas y su tratamiento, la exploración estética y técnica de la escritura, lo cierto es que en El beso de la mujer araña se percibe esa problemática que pone en tela de juicio no sólo la explicabilidad de la disposición novelística, sino de la determinación de las categorías prescriptivas (verdad, moralidad, justicia, etcétera). Por tanto, la principal intención de este ensayo es demostrar que la novela de Manuel Puig, El beso de la mujer araña, está configurada por un cruce de coordenadas de diferente naturaleza que a su vez representan la pretensión trasgresora de su autor a las estructuraciones impositivas: muy evidente en la lucha política e ideológica contra el régimen totalitario argentino, totalizador e interno en el conflicto por la categorización sexual y revelador en el plano textual (primero, la extrañeza ante la incorporación del texto de estructura dramática en el género novelístico y después, en un plano más profundo, el cuestionamiento sobre la naturaleza de las relaciones tendidas entre autor y lector). Como el lector puede adivinar, la determinación de este objetivo establece la estructuración de variables a desarrollar en el trabajo. La lucha revolucionaria es una lucha por la conciencia: el cine y la crisis de la representación histórica. En la historia de Argentina, el golpe de estado de 1955 contra la dictadura peronista es sin duda un punto clave para una transformación cultural decisiva. En palabras de Roberto Ferro: Mientras el peronismo estuvo en el poder, la oposición era el lugar común a partir del cual se construía el punto de convergencia de las más diversas líneas del pensamiento intelectual; una vez derrocado surge una necesidad de relectura que si bien es, asimismo, un rasgo unánimemente compartido, muestra una marcada diversidad y moviliza los conflictos latentes, atenuados hasta entonces por la confrontación dominante (1). Para 1976 (2), año de publicación de El beso de la mujer araña, la sucesión constante de golpes de estado y autoproclamas gubernamentales de liberalización, justicia y verdad, han sin duda tomado parte en el cambio percibido no sólo en Argentina, sino a lo largo de Latinoamérica, donde el fracaso del enfrentamiento radical y el marxismo ya se adivina, más que en la lucha armada, al ser absorbidos en infraestructuras tan solidificadas e inconsecuentes como los sistemas a los que se buscaba dirimir. Por tanto, no hay duda de que, en el recrudecimiento de la dictadura, la incredulidad general ante los ideales y el desencanto se maximizan, lo cual, además de dejar en un árido paraje a la resistencia revolucionaria, incide en el caos de la diversidad de conflictos y la representación de éstos, como puede verse registrado en la novela de Puig. Los personajes de El beso..., Valentín Aguirre y Luis Alberto Molina, pueden ser fácilmente abstraídos en dos de esas alternativas diversas (y adversas) de vivir la crisis de la realidad de Argentina en 1970. El primero, un preso político a quien durante su estancia en la prisión se aplica una serie de experimentos de tortura de los que el mismo personaje sospecha, es un ser con alta conciencia política y social cuyo motor de resistencia radica en la reflexión intelectual y la integración activa en grupos de acción con fines de materialización de los idearios marxistas (3). Es este rasgo precisamente el que lo opone inicialmente a Molina, hombre homosexual juzgado por corrupción de menores con una imaginación desbordada y gusto por melodramas cinematográficos, pues para Valentín la pasión de Molina, lejos de ser ingenua, es perniciosa, primero en cuanto lo lleva a olvidar una primordial responsabilidad histórica, después, debido a la pérdida de criterio político que, frente a la fantasía del celuloide, relega al plano de lo intrascendente el cuestionamiento fundamental sobre la verdad de las cosas, clave de la autonomía para Valentín: “Todo me lo aguanto, porque hay una planificación: está lo importante, que es la revolución social, y lo secundario, que son los placeres de los sentidos” (Puig 29). Esto último explica la diferencia entre las visiones críticas que ambos presos tienen de las películas, pues para Molina, espectador directo no sólo de la historia, sino de la magia de los efectos visuales y sonoros, los filmes valen “por las historias de amor”, las heroínas femeninas bellas y elegantemente vestidas, las ambientaciones lujosas o exóticas y la música, y constituyen por tanto un placer más que estético, de un sensualismo hedonista. Valentín, en cambio, es un escucha en una celda oscura para quien la fascinación de Molina se reduce a elementos periféricos de la historia, evidencia constante del aparato ideológico que lo engendra. La discusión por la película de propaganda nazi es ilustrativa de esta tensión, pues mientras que para el primero, la manipulación del partido alemán es patente, pero secundaria ante el vestuario, los actores, la música y las locaciones (“pero si a mí me gusta porque está bien hecha, aparte de eso es una obra de arte, vos no sabés porque no la viste” [Puig 57]), para Valentín es difícil obviar, en el análisis sociológico que realiza inconscientemente a todas las cosas, la presencia de un discurso de dominación y supremacía, disimulado sí, pero por esto mismo más peligroso, pues es capaz de convertir el argumento de la dominación en algo placentero. No obstante, no es en la lucha ideológica de Valentín donde el lector de El beso de la mujer araña encuentra la denuncia máxima de la crisis del pensamiento y la necesidad de trasgresión, sino paradójicamente, en la fantasía fílmica de Molina, pues absorbida la realidad por otra mucho más vívida (la del cine) (4), los acontecimientos históricos que suceden sin que los hombres participen de ellos, aislados como están en la cápsula de la celda, pierden profundidad objetiva. Al iniciar la novela, Valentín defiende su sufrimiento como una responsabilidad cívica (evita consumir la comida preparada por Molina, escucha con escepticismo sus historias, se abstiene incluso de la imaginación del sexo), pues en la reclusión, su estoicismo es la única acción permisible para proseguir una lucha que ha progresado sin él en el exterior. Conforme la novela avanza, cabe señalar, la vulnerabilidad de ambos personajes florece y la amistad se estrecha en lo sexual y espiritual, el contagio entre ambos hombres se vuelve inevitable. El mundo exterior llega a desvanecerse, la vida se resume a las películas contadas, a los encuentros nocturnos, las necesidades más básicas. De no ser por las entrevistas entre Molina y el director de la prisión, el lector podría convencerse de la posibilidad de una serie interminable de noches para estos hombres. Lo cierto es, sin embargo, que el poder está ahí para probar su existencia (5) y ni Valentín ni Molina pueden eludir su pertenencia a la estructura opresiva que los retiene en la celda (el descubrimiento de la participación del último en una conspiración para el debilitamiento y tortura de Valentín es prueba fehaciente de ello). Es incluso copartícipe en la creación de la fantasía, pues, ¿no funciona como catalizador en la relación de esos hombres la presión de un deseo oculto y sus intermediarios? ¿De qué otros motivos si no del recrudecimiento de la represión nace la necesidad de la evasión fantástica? (6). Este poder, el menos mencionado, el anónimo, es en realidad el amo de los designios, de la libertad, de la verdad, de la vida y la muerte y la novela, al señalar su ausencia aparente, en realidad se inscribe al “examen de las encrucijadas de la modernidad y los avatares del deseo utópico de la América Latina del siglo pasado” (7). Con todo, tal vez es necesario proseguir el análisis en un segundo plano donde se pone de relieve una necesidad de trasgresión más profunda y reveladora en cuanto se relaciona a un tema de gran intimidad, como lo es el estudio de las causas de la homosexualidad y sus implicaciones en el desarrollo de los personajes y al novela. La revolución de la sexualidad: la concreción del polimorfo sexual El asumir la identidad sexual se inscribe, sin duda, dentro del campo de lo individual. No obstante, hay elecciones que pueden arrojan al individuo a un estado de marginación, pues si las categorizaciones prescriptas has permanecido hasta entonces visibles, nunca es tan patente el alcance de su poder como en el momento de la exclusión, es decir, en el momento de declarar su supremacía. Las preguntas surgen: ¿es este orden natural? ¿Es definitivo? ¿Quién lo ha impuesto como único? El análisis de una inteligencia oculta tras la determinación de las posibilidades de lo sexual fue sin duda una de las investigaciones más arduas en el campo de la psicología y la sociología en la década del setenta y es uno de los ejes de la propuesta de trasgresión más importantes planteados por la novela de Puig. William Foster, en Sexual Textualities: Essays on Queer/ing Latin American Writing, hace notar que en Latinoamérica, de una forma muy particular, la identidad sexual se ha visto transformada en una de las muchas dimensiones de la identidad política del individuo (8); es en realidad una observación que puede ayudar en el análisis de un personaje como Molina en quien se intensifica el análisis de los esquemas de dominación sexual preponderantes (de organización binaria), para el cual el homosexual representa una subversión radical, pues su sola existencia es un desafío a la predeterminación de las posibilidades de identidad sexual. En El beso... se observa que el estado jurídico no ha enjuiciado a Molina por ser homosexual, sino por la inconsecuencia de su deseo. Esto, además de indicar que el castigo recae en la satisfacción del deseo, ya es indicio del estigma social que extiende la aberración del individuo homosexual de lo legal a lo moral, con lo cual la concreción de la identidad sexual de Molina, más que ser un delito, es materia de pecado. Lo extraño entonces es que Molina sea el más fuerte defensor de una organización que lo repele. Por el contrario, ante la imposibilidad de encajar “naturalmente” en uno de los dos roles impuestos, se decanta por el femenino y explica: “Pero si un hombre es mi marido, él tiene que mandar, para que se sienta bien. Eso es lo natural” (Puig 233). El lector, auxiliado con las notas científicas al respecto, descubre que en realidad Molina, tal vez en la infancia se ha descubierto incapaz de sentirse satisfecho con el rol del progenitor de su mismo sexo, el padre (tal vez ausente, tal vez represivo), con lo cual desvía su atención hacia el modelo opuesto, la madre. Esta figura materna de la novela sin duda corresponde con el estereotipo de la figura femenina en Latinoamérica, de la cual Molina ha aprendido a través de un lento proceso de observación e imitación, la actitud pasiva de la sumisión. Es un proceso completado con la emulación de clichés de heroínas femeninas de la pantalla (sensibilidad extrema, llanto continuo, martirización, ademanes delicados, gusto por el vestido) y otros aprendidos durante la crisis de la indefinición sexual (“espíritu sumiso, conservador, amante a todo coste de la paz... perpetuación de la propia marginación”) (9), que constituyen al hombre afeminado y sensualista de la novela (10). Pero Valentín, de quien se ha demostrado un compromiso analítico de las estructuras de la realidad y el orden, una vez superados los escollos de la incompatibilidad de pensamiento político y ante la incapacidad de proseguir activamente con la revolución social, encuentra en su relación con Molina el problema de la categorización sexual tanto o más político. Es un hombre de ideales, que aunque manifiesta un disgusto inicial casi machista ante el afeminamiento de Molina, poco a poco descubre la faceta de sí que ha estado en contacto con modelos femeninos fuertes (Martha, la chica revolucionaria) en el nivel intelectual, afectivo y social, en relaciones que desprecian directamente la vinculación hombre-mujer por medio del matrimonio, el mecanismo ordenador de la sexualidad por excelencia (11), y que a su vez permiten a Valentín comprender la alienación sexual de Molina. Por supuesto, esto no se da de manera inmediata o deliberada, sino dentro del espacio limitado y propiciador de convivencia que es la prisión. Es notable, por ejemplo, que conforme la tortura de Valentín se intensifica, lo hace también la imitación femenina maternal de Molina (lo alimenta, lo limpia, lo arrulla con historias) y al revelarse su participación en la tortura, pareciera incluso que su móvil fuera conducir a su compañero a un paraje de vulnerabilidad “más femenina” de modo que, como él, se permita sucumbir a la magia del cine y otros placeres. Si la seducción de Molina es efectiva o no, lo cierto es que en su desarrollo progresivo se gesta una serie de transformaciones en su compañero: la reticencia inicial a ser atendido con comodidades desaparece casi al mismo tiempo en que comienza el relato suprimido sobre sus relaciones sentimentales y deja de lado el hábito del estudio por el “vicio” de las películas, a las que critica cada vez menos. Todo converge en la noche en que, tras el anuncio de la liberación de Molina, los presos se entregan a una primera relación sexual, descrita por Valentín (para Molina y sí mismo) como una expresión de gratitud más que una entrega de pleno convencimiento. No obstante, los encuentros sexuales se repiten y el cambio iniciado en Valentín, ya inminente, lo devuelve a la reflexión crítica. Enfoca su preocupación, como se puede imaginar, en el rol de lo espurio femenino asumido por Molina y la insistencia por la perpetuación de un esquema organizativo que lo define como anómalo. Valentín, quien percibe la profundidad de esta problemática, presiona a Molina en diversas ocasiones para llevarlo a la reflexión: —Bueno, esto es muy íntimo, pero ya que querés saber... la gracia está en que cuando un hombre te abraza, le tengas un poco de miedo. —No, eso está muy mal. Quién te habrá puesto esa idea en la cabeza, está muy mal eso. —Pero yo lo siento así. —Vos no lo sentís así, te hicieron el cuento del tío los que te llenaron la cabeza con esas macanas. Para ser mujer no hay que ser... qué sé yo... mártir. Mirá... si no fuera porque debe doler mucho te pediría que me lo hicieras vos a mí, para demostrarte que eso, ser macho, no da derecho a nada (Puig 234). El lector atento encuentra en seguida una explicación al disgusto de Valentín: su lucha, la de la denuncia de las estructuras opresoras invisibles, se encarniza en el terreno de lo sexual, en donde el modelo dictatorial parece haberse transubstanciado, pues la figura masculina (sin duda la semilla del dictador) sólo satisface a su contraparte y al sistema mismo si exhibe su cualidad de violencia y dominación, en tanto la femenina es estereotípicamente sometida o, como dice Valentín, “martirizada”. No obstante, mayor motivo de frustración es descubrir a Molina (12) tan inconsciente (voluntariamente, además) en el terreno de la dominación sexual, como lo ha sido antes frente a la película de propaganda antisemita. Es la evidencia viva del procedimiento del poder, que trabaja por implantar en la entidad sometida la idea de la naturalidad de la dominación y la segregación, pero el grado más terrible y más efectivo de este acoplamiento es cuando logra, más allá de la aceptación pasiva, un deseo, una necesidad de imposición. ¿Qué información al respecto aportan las explicaciones científicas anexas a la narración? Aunque a lo largo de la novela se ha mantenido el debate respecto a las causas de la homosexualidad y sus respectivas refutaciones, es hasta la narración de El regreso de la mujer zombi, cuando el maternalismo de Molina provoca la ira de Valentín, que aparece mencionado por primera vez el concepto de la “perversidad polimorfa” del niño o el “polimorfo sexual” que Freud define como una etapa primaria de sexualidad indefinida o bisexualidad en el desarrollo del ser humano que debe suprimirse con el crecimiento del niño y la definición heterosexual. El hecho de que esta definición señala a la homosexualidad como un estado de subdesarrollo y conduzca a la reafirmación del esquema imperativo heterosexual de “lo normal”, lleva posteriormente a teóricos como Marcuse o Theodore Roszak a abogar por una posibilidad radical: la verdadera revolución de la sexualidad es sólo posible con la derogación del binomio sexual, que no es sino otra de las adecuaciones que el sistema de dominación impone. Esto no sólo implica la desaparición del macho prototípico y del elemento femenino inferior, sino el regreso al ser bisexual primordial, es decir, el individuo antes de ser condicionado a elegir una de las dos categorizaciones posibles. En las palabras precisas de Elías Miguel Muñoz: Es Valentín, el revolucionario, el de la postura ideológica maniqueísta, quien como resultado de su relación con Molina sufre una transformaci6n que permite liberar la “mujer” que lleva adentro. Si para Molina “hombre” y “mujer” son categorías inviolables, Valentín sugiere la posibilidad de un ser a la vez masculino y femenino. Es Valentín, el “macho revolucionario”, el que subvierte el discurso patriarcal judeocristiano y se convierte en el portavoz de la utopía —representada por la isla paradisíaca sofiada del último capítulo— de la resurrecci6n del impulso original de disfrutar del cuerpo en su totalidad y de concebir el goce sexual como un fin en sí mismo (13). ¿No es desde esta perspectiva la entrega de Valentín a Molina una nueva y definitiva clase de sacrificio? El hombre que ha soportado la tortura encuentra en el placer homosexual la posibilidad de transformación que ha fracasado con la lucha revolucionaria y que justifica el ofrecimiento de su cuerpo. Pero el cambio es tal que, al derogar las barreras de la sexualidad, ha desaparecido el motivo de horror y sufrimiento y la puerta al goce sexual pleno ha quedado libre. Para determinar si es o no exitoso, es necesario considerar, pues hasta ahora se ha obviado, que la transmutación planteada arriba, en la ilusión de la ficción novelística, sucede frente a dos únicos testigos, de los cuales, sólo en el individuo en el cual se gesta el cambio hay un asomo de consciencia. Con esto, la acción liberadora de Valentín está predestinada al fracaso, sobre todo tras la muerte de Molina y lo que parece ser la suya propia. La realidad, sin embargo, es que la intimidad de los personajes ha sido violentada y la lucha liberadora pretende su trasgresión máxima fuera de los límites de lo textual, en el individuo solitario que asiste con igual arrobamiento a las narraciones de Molina, que descifra silencios y sintetiza o incluso verbaliza las transformaciones mudas de Valentín, cuando cree que nadie lo mira. A decir verdad, es posible que no pueda comprender que le ha sido impuesta una tarea, que su participación activa en el experimento literario ha comenzado con su intromisión y que ha sido requerido a formar parte de la última trasgresión de la novela. Novela dialógica abierta y aditamentos teóricos: la denuncia de la autoridad textual en los experimentos novelísticos de Manuel Puig La división de géneros literarios tradicional se remonta a la antigüedad clásica con el modelo aristotélico que, entre otras cosas, establece a éstos como entidades definidas e intransigibles, una percepción sin duda reforzada por los avances del estructuralismo a inicios del siglo XX (14). No obstante los experimentos más osados de la vanguardia literaria, en esa misma época comienzan a desarrollar propuestas cuyo objetivo es precisamente la perversión de las estructuras y, en suma, la revitalización del los instrumentos literarios. La intención de la novela de Manuel Puig al respecto es evidente, pero el alcance de sus logros puede ser insospechado. El primer motivo de extrañamiento es tal vez el más fácil de señalar porque ha representado un problema a la crítica literaria desde hace tiempo. El desafío al género novelístico en la obra de Puig se afinca en dos factores: la composición preponderadamente dialogada y el juego metatextual de las notas al pie. Son problemáticas en el sentido de la novela tradicional pues ninguno de estos instrumentos incluye dentro de sí a la voz narrativa, si consideramos que el narrador está principalmente diferenciado de la voz de los personajes y las aclaraciones teóricas incluidas por el autor/editor del texto son producciones discursivas ajenas y previas a esta misma voz. Esto no puede sino suscitar preguntas al investigador. ¿Es posible hablar de la desaparición de la voz narrativa en la novela de Puig? De ser cierto, ¿qué significa esto para la comprensión global de la novela? ¿Representa a su vez la inclusión de anexos teóricos una reafirmación de la problematización de la novela? El beso de la mujer araña abre con la conversación entre Molina y Valentín sobre la película de la mujer pantera y, como Mario Goloboff (15) bien nota, este inicio marca una pauta continuada hasta la separación de los personajes: el lector se familiariza con el modo diferenciado de “habla” entre uno y otro preso, de manera que guías como las etiquetas del guión teatral se hacen innecesarias en la lectura. Esta es una primera pista de gran utilidad, pues si bien el texto dramático se ve complementado en la representación, la lectura de una novela de estructura dialogada “[permite] que el lector conozca a los personajes sin mediación o interposición alguna, directamente, a través de lo que piensan (reflejado en lo que dicen)” (16) y le imponen, además de la actividad lectura, la caracterización de los personajes por estos mismos medios. Éste es sólo el inicio de las nuevas obligaciones del lector de la novela (más allá de la obra de Puig, en su denominación genérica). De acuerdo al propio autor: “Whenever I write, I’m always thinking of the reader. I write for somebody who has my own limitations. My reader has a certain difficulty with concentrating, which in my case comes from being a film viewer” (17). Puig, por tanto exige de cualquiera que se acerque a su obra más que una capacidad de decodificación, una correspondencia en habilidades (y cualidades como acervo cultural y cinematográfico, una comprensión de la técnica literaria y el uso de herramientas estéticas), para la asignación de significado a la obra. De manera paradójica, esa exigencia se maximiza para la comprensión de las supresiones de lo escrito: —Valentín... si querés, podés hacerle lo que quieras, porque yo sí quiero. —... —Si no te doy asco. —No digas esas cosas. Callado es mejor. —Me corro un poco contra la pared. —... —No se ve nada, nada en esta oscuridad. —... —Despacio. —... —No, así me duele mucho. —... —Despacito, por favor, Valentín (Puig 210). El lector, que ha proseguido el juego propuesto desde la introducción de la novela, en este momento se enfrenta por primera vez al reto de una resolución tan inverosímil que tal vez sin percibirlo pone ante el texto todos los elementos con los que cuenta para la interpretación: experiencia personal, conocimiento del lenguaje y los artificios literarios, imaginación. Y, al hacerlo, ¿no entra en posibilidades de equiparación a ese autor descrito por Foucault, más que el creador original del siglo XIX, un mero conducto de la función discursiva y producto ideológico? Después de todo, Puig no sólo niega la guía de la interpretación narrativa y propicia el silencio en el diálogo, sino que establece el final abierto como nuevo desafío: “Sí, y yo le pregunto por qué es que llora y en un primer plano que ocupa toda la pantalla al final de la película ella me contesta que es eso lo que no se sabe, porque es un final enigmático, y yo le contesto que está bien así, que es lo mejor de la película porque significa que... y ahí ella no me dejó seguir, me dijo que yo quería encontrarle explicación a todo” (Puig 268). El experimento de Puig con la novela no es sino una de las dimensiones a explorar de la problematización de los modelos autoritarios y la búsqueda de la revitalización sintagmática en la trasgresión perpetua del orden mismo. Después de todo, al considerar la observación de Paul Dixon sobre la no incidentalidad de la cercanía entre autor (author) y autor-idad (author-ity) (18) y recordar el auge de los estudios del discurso del poder en la década del setenta, el investigador puede advertir sin extrañeza la convergencia por similaridad entre el objetivo de la denuncia en el plano textual con el del discurso social y político y el de lo sexual al interior del texto. Pero el éxito total de la acción nulificadora del control del texto es, por desgracia, imposible. Como se ha mencionado antes, la inclusión de información teórica como notas al pie de la novela, en disposición no arbitraria, ya induce al lector a sospechar una senda invisible, donde la comprensión de los hechos de lo ocurrido es incompleta sin la explicación científica. Y aunque el comentario esté ausente, la organización de la información y su vinculación a partes específicas del texto (como ya se ha mencionado, el lector está informado sobre el concepto del “polimorfo sexual” mucho antes del primer encuentro carnal entre Molina y Valentín) es tan poco azarosa como la relación entre las películas narradas y las fantasías de los personajes: “In the repudiation of the controlling voice, which paradoxically cannot cease to claim for itself... Puig becomes identified as the originator of the words of others, as the proprietor of authorless styles, which nonetheless seem to find their perfect author in his writing” (19). Este es sin duda el intento de ruptura más violento que se demuestra en la novela de Puig: el autor, en su lucha contra la tiranía, descubre que la abolición total del poder reclama el abandono de la autoridad que la tradición misma le ha impuesto como creador de discursos, de ficciones. Entonces calla, anuncia su desaparición, pretende ceder la supremacía a quien ha permanecido largo tiempo subestimado y pasivo, el lector. Pero la producción textual persiste para ser interpretada y por tanto persiste la falsedad del artificio, donde ni al silencio se le reconoce como el mutismo absoluto (20). Al análisis no hace falta sino agregar algunas consideraciones integradoras finales. En primer lugar, es necesario recordar las palabras de Puig cuando habla de una novela escrita para ser comprendida, al momento de interpretar los temas y las intenciones de El beso de la mujer araña, como algo más que un testimonio documental de los cambios en la conciencia de la realidad, de la cual el intelectual latinoamericano es intérprete y traductor en la ficción de la novela. No obstante, y como se ha observado en la primera parte del ensayo, en el procedimiento de consignación de Puig se evidencia una transformación cuya explicación esencial se encuentra en la pertenencia a una época diferente, tal vez identificada con la postmodernidad, y a los sucesos de la historia social, cultural y política de Argentina durante ese periodo. En lugar de la descripción de los horrores de la dictadura, el autor ofrece, como en una ensoñación, la conversación de dos hombres antitéticos, pero unidos por la prisión, la tortura política y personal y sobre todo, la fantasía del cine, con lo cual demuestra que más difícil que interpretar el discurso de lo visible, es detectar la verdad en lo invisible, en lo inefable. Esto no es sino el planteamiento de la serie de incitaciones propuestas por Puig. El estudio de la relación entre el régimen controlador y la determinación de lo sexual, concretamente en la analogía del núcleo falocéntrico entre el totalitarismo militar y el machismo en Latinoamérica, devuelve al investigador a una lucha por la identificación de los mecanismos disimuladores del poder, contra la implementación del discurso anónimo que se hace pasar por natural en los individuos a los que oprime. Sin embargo, de las revoluciones propuestas en el desarrollo de los acontecimientos de la novela, sólo la trasgresión del modelo autor-lector tiene un potencial transformador significativo. A diferencia de Valentín, cuerpo por el que cruzan todos los martirios, las ideas, los descubrimientos y la consciencia, el lector es libre no sólo de la prisión, sino del espacio de lo ficticio, está inserto en una realidad funcional. Aunque, para ser más preciso, al permitir sobre sí la impregnación de los resultados del experimento literario, entra a formar parte de otro sistema represivo. Es cierto que Puig ha luchado, con su silencio, contra la propia autoridad, y ha fracasado de tal forma que, por el contrario, ha visto reafirmada la imposición de su retórica, de sus elecciones, en los espacios de interpretación que concede al lector, consignado desde el inicio de la lectura con la responsabilidad de la “correcta” decodificación de los signos en medio de la desperdigación textual. Pero también ofrece una promesa: de completar la tarea de lectura, de comprender el esfuerzo, más que de liberación, de concientización, Puig abre la posibilidad de una contemplación del lector sobre sí mismo como miembro de una cultura, entidad política y social e individuo sexuado, para que así cuente con la capacidad de asumir la empresa de la demolición de categorizaciones que lo restringen y, sobre todo, para que se integre activamente al cuestionamiento de la realidad en la que vive. En este sentido, la propuesta de Puig en El beso de la mujer araña va más allá de la utopía de la sexualidad, como indicaba Elías Miguel Muñoz: es una utopía total, de lo social, de lo cultural, de lo político y, en última instancia, la utopía del texto. Fuentes consultadas • PUIG, Manuel. El beso de la mujer araña. Biblioteca Contemporánea. México: Editorial Debolsillo, 2005. • BAQUERO GOYANES, Mariano. Estructuras de la novela actual. Barcelona: Editorial Planeta, 1970. • BLOCK DE BEHAR, Lisa. Una retórica del silencio. Barcelona: Siglo XXI Editores, 1994. • CALVEIRO, Pilar. Poder y desaparición. Los campos de concentración en Argentina. Buenos Aires: Colihue, 2001. • DIXON, Paul B. “Decentering, a discipline: Recent Trends in Latin American Literary Studies”. Latin American Research Review. Vol. 31, Nº 3 (1996). The Latin American Studies Association. Consultado el 15/11/2008 en JSTOR Database: http://www.jstor.org/stable/2503890. • DUNCAN J., Ann. “Review on The Necessary Dream: A Study of Manuel Puig by Pamela Baricasse”. The Modern Language Review. Vol. 85, Nº 4 (Oct. 1990). Modern Humanities Research Association. Consultado el 15/11/2008 en JSTOR Database: http://www.jstor.org/stable/3732755. • ECO, Umberto. Obra abierta. Traducción de Roser Berdagué. Tercera edición. Barcelona: Editorial Ariel S.A. 1990. —. Seis paseos por los bosques narrativos: Harvard University, Norton Lectures 1992-1993. Trad. Helena Lozano Mireles. Barcelona: Editorial Lumen, 1996. • FERRO, Roberto. “La literatura en el banquillo. Walsh y la fuerza del testimonio”. Historia crítica de la literatura argentina: La irrupción de la crítica. Dirigida por Noé Jitrik, volumen dirigido por Susana Cella. Buenos Aires, Argentina: Emecé Editores, 1999. • FOSTER, David William. Sexual Textualities: Essays on Queer/ing Latin-American Writing. Austin: University of Texas Press, 1990. • FOUCAULT, Michel. Historia de la sexualidad: la voluntad de saber. Primer tomo. México: Siglo XXI Editores, S.A. de C.V. 2007. • GOLOBOFF, Mario. “Puig, el camino de la oralidad”. Elogio de la mentira: diez ensayos sobre escritores argentinos. Buenos Aires: Ediciones Simurg, 2001. • REBOUL, Olivier. Lenguaje e ideología. México: Fondo de Cultura Económica, 1986. • SHAW L., Donald. “La fábrica de la memoria. La crisis de representación en la novela histórica latinoamericana by Peter Elmore”. Hispanic Review, Vol. 66, Nº 4 (Autumn 1998). 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Buenos Aires, Argentina: Emecé Editores, 1999. p. 125. 2. Es necesario anotar el vínculo existente entre la publicación de una novela crítica de la represión militar argentina y el golpe de estado del mismo año que lleva al poder a Jorge Rafael Videla que sumergiría al país en un estado de terror ante la censura violenta, la ola de desapariciones y otra serie de crímenes contra los derechos humanos hasta 1981, año de su deposición a cargo de la Cámara Federal. CALVEIRO, Pilar. Poder y desaparición. Los campos de concentración en Argentina. Buenos Aires: Colihue, 2001. 3. “Mis ideales... el marxismo... y ese placer lo puedo sentir en cualquier parte, acá mismo en esta celda, y hasta en la tortura. Y esa es mi fuerza”. PUIG, Manuel. El beso de la mujer araña. Biblioteca Contemporánea. México: Editorial Debolsillo, 2005. p. 30. Esto no es poco si se considera en grado de represión a intelectuales que llegó a existir durante el régimen, como las largas listas de censura a obras literarias (de Neruda y García Márquez, Saint-Exupéry entre otros), la publicación de los manuales Cómo reconocer la infiltración marxista en las escuelas y Conozcamos a nuestros enemigos, además de la censura del Diccionario Salvat y la Enciclopedia del Saber, por considerarse que ambas obras “cumplen la función expresa de ofrecer al estudiante (... ) un léxico definitivamente marxista, mediante la utilización de palabras y acepciones que, lejos de corresponder fielmente a los significados propios de la lengua, tienden a sustituir estos por otros que responden y son típicos de esa ideología”. CALVEIRO, Pilar. Poder y desaparición. Los campos de concentración en Argentina. p. 125. 4. “Movies have a powerful effect on us because the photographic reproduction of the material world is put at the service of wishes and fantasies. The impression of reality is much greater in film than in novels, plays, or figurative painting because we are plunged directly into the imaginary [... ]. By relying on our memories of film, a text might almost make us forget that we are reading instead of seeing”. WYERS, Frances. “Manuel Puig at the Movies”. Hispanic Review. Vol. 49, Nº 2 (Spring 1981). University of Pennsylvania Press. p. 163. Consultado el 15/11/2008 en JSTOR Database: http://www.jstor.org/stable/472810. 5. La ideología difusa, explica Olivier Reboul, es precisamente aquella que justifica al poder en vigencia, es inconsciente y no se expresa más que cuando se ve cuestionada, lo cual no es sino resultado de un esfuerzo previo por transformar “la posesión en propiedad, la dominación de hecho en autoridad de derecho, la que asegura la obediencia sin recurrir a la coerción física. Es pues, anónima, dado que traduce o pretende traducir el consentimiento de todos. Y es normal que sea polémica, puesto que todo poder se ejerce contra uno u otros poderes (de resistencia) que lo amenazan o cuestionan”. REBOUL, Olivier. Lenguaje e ideología. México: Fondo de Cultura Económica, 1986. pp. 23-24. 6. Ferro agrega en su ensayo: “Esa variedad conflictiva y polémica que manifiestan los diferentes modos de interpretación [... ] tiene un trazo trasversal que articula los distintos dispositivos puestos en juego para la reflexión, por estar fundados, casi sin excepción, en la extrapolación de marcos de pensamiento que en su continuidad y exacerbación son antes una afirmación de las convicciones e imaginarios en torno de los cuales constituyen sus respectivas identidades, que una elaboración intelectual de la nueva situación planteada”. FERRO, Roberto. “La literatura en el banquillo. Walsh y la fuerza del testimonio”. p. 125. Esto sin duda es determinante en la crisis de la representación de la que habla Elmore, en cuanto al cuestionamiento de si, en la reflexión de la novela del Postmodernismo o PostBoom, existe la posibilidad de expresar una verdad histórica. SHAW L., Donald. “La fábrica de la memoria. La crisis de representación en la novela histórica latinoamericana by Peter Elmore”. Hispanic Review, Vol. 66, Nº 4 (Autumn 1998). University of Pennsylvania Press. p. 15. Consultado el 12/11/2008 en JSTOR Database: http://www.jstor.org/stable/474875. 7. SHAW L., Donald. “La fábrica de la memoria. La crisis de representación en la novela histórica latinoamericana by Peter Elmore”. Hispanic Review, Vol. 66, Nº 4 (Autumn 1998). University of Pennsylvania Press. p. 15. Consultado el 12/11/2008 en JSTOR Database: http://www.jstor.org/stable/474875. 8. En una sociedad donde el esquema de dominación desde tiempos precoloniales ha sido esencialmente patriarcal: “literary descriptions of alternative sexuality in the Latin American context are predominantly political in nature, reflecting the resistance of the individual to patriarcal constructs such as dictatorship”. A esto sería conveniente sumar la observación de Foster acerca de la crisis de la masculinidad en la ficción argentina gestada en los años del Peronismo (1940-1960), cuyo modelo dictatorial lleva a una “heterosexualidad compulsiva”. FOSTER, David William. Sexual Textualities: Essays on Queer/ing Latin-American Writing. Austin: University of Texas Press, 1990. p. 120. 9. Anneli Taube, citada por Puig en El beso de la mujer araña. Biblioteca Contemporánea. México: Editorial Debolsillo, 2005. p. 202. 10. Como Michel Foucault señala, desde el siglo XIX, el homosexual ha llegado a ser un personaje: “Un pasado, una historia y una infancia, un carácter, una forma de vida; asimismo una morfología, con una anatomía indiscreta y quizás misteriosa fisiología. Nada de lo que él es in toto escapa a su sexualidad”. FOUCAULT, Michel. Historia de la sexualidad: la voluntad de saber. Primer tomo. México: Siglo XXI Editores, S.A. de C.V. 2007. p. 56. 11. Producto del control de la burguesía victoriana, la familia conyugal es el aparato de control de la sexualidad, “la absorbe por entero en la seriedad de la función reproductora... dicta la ley la pareja legítima y procreadora. Se impone como modelo, hace valer la norma, retiene el derecho de hablar”. FOUCAULT, Michel. Historia de la sexualidad: la voluntad de saber. Martha, la amante de Valentín en su juventud, retrata perfectamente la tensión debido la represión del sexo en la familia burguesa (“A Jane Randolph la criaron para ser señora de su casa”), que finalmente la lleva a la repulsión del modelo que se le ha impuesto con tanta firmeza: “Vio claro que si tenía un hijo ella misma no iba a poder madurar, no iba a poder seguir una evolución. Su libertad iba a quedar limitada”. PUIG, Manuel. El beso de la mujer araña. p. 45. 12. A la correspondencia del personaje de Molina con el estereotipo del homosexual descrito por la doctora Taube, debería añadirse la existente entre éste y el término de “Human underdevelopment” que Pamela Bacarisse toma en préstamo a Alfred J. MacAdam, para la descripción de personajes recurrentes en el nuevo contexto de la novela argentina y, específicamente, en las novelas de Puig, carentes de criterio, sofisticación y caracterizados “for their readiness to accept role models, particularly those which seem to offer an easy escape from harsh reality (which is in fact inescapable) into the world of dreams”. Se trata de una condición más permanente y psicológica que su contraparte, el “economic underdevelopment”, aunque ambos florecen en sociedades “where poverty, lack of education and social and political oppression are rampant”. DUNCAN J., Ann. “Review on The Necessary Dream: A Study of Manuel Puig by Pamela Baricasse”. The Modern Language Review. Vol. 85, Nº 4 (Oct. 1990) Modern Humanities Research Association. Consultado el 15/11/2008 en JSTOR Database: http://www.jstor.org/stable/3732755. 13. TORRES CABALLERO, Benjamín. “Review on Discurso utópico de la sexualidad by Elías Miguel Muñoz”. Hispanic Review, Vol 57, Nº 3 (Summer, 1989). University of Pennsylvania Press. Consultado el 15/11/2008 en JSTOR Database: http://www.jstor.org/stable/473620. 14. Tan sólo basta leer los comentarios teóricos de Welleck y Warren sobre la novela (clasificación del narrador, elementos estructurales de las formas épicas, unidades de tiempo, espacio y persona) a la que llaman “narración del mundo privado en tono privado” (p. 481), o los principios estructurales de diferenciación entre nouvelle y novela de Victor Sklovsky (p. 127) para darse cuenta de que la supervivencia del término depende de la capacidad de una obra de reunir un número de cualidades que la inscriban al género, y que al mismo tiempo dejan fuera muchas de las posibilidades de renovación más revolucionarias del siglo XX. Teoría de la literatura de los formalistas rusos. Antología preparada por Tzvetan Todorov. Décima edición. México: Siglo XXI Editores, 2002. 15. GOLOBOFF, Mario. “Puig, el camino de la oralidad”. Elogio de la mentira: diez ensayos sobre escritores argentinos. Buenos Aires: Ediciones Simurg, 2001. p. 130. 16. BAQUERO GOYANES, Mariano. Estructuras de la novela actual. Barcelona: Editorial Planeta, 1970. p. 47. 17. CORBATTA, Jorgelina. “Brief Encounter: An Interview with Manuel Puig”. Translated and adapted by Ilan Stevens. The Review of Contemporary Fiction. Fall, 1991, Volume 11. p. 1. Es sano además recordar que en su propuesta Obra abierta, Umberto Eco ya había advertido la necesidad de cautela para el manejo del término en cuanto a las condiciones para el límite de la interpretación: “En el fondo, la forma es estéticamente válida en la medida en que puede ser vista y comprendida según múltiples perspectivas, manifestando una riqueza de aspectos y de resonancias sin dejar nunca de ser ella misma... Todo goce es así una interpretación y una ejecución, puesto que en todo goce la obra revive en una perspectiva”. ECO, Umberto. Obra abierta. Traducción de Roser Berdagué. Tercera edición. Barcelona: Editorial Ariel S.A. 1990. p. 34. Por otra parte, en Seis paseos por los bosques narrativos, enfatiza la importancia de mantener presente el concepto de lector implícito, ligeramente separado del lector modelo, que es “un conjunto de instrucciones texturales, que se manifiestan en la superficie del texto, precisamente en forma de afirmaciones u otras señales”, y lo pone frente a la explicación de Wolfang Iser en The Act of Reading: “El concepto de lector implícito es, por tanto, una estructura textual que anticipa la presencia del receptor... Sin necesariamente definirlo”. ECO, Umberto. Seis paseos por los bosques narrativos: Harvard University, Norton Lectures 1992-1993. Trad. Helena Lozano Mireles. Barcelona: Editorial Lumen, 1996. pp. 23-24. 18. DIXON, Paul B. “Decentering, a discipline: Recent Trends in Latin American Literary Studies”. Latin American Research Review. Vol. 31, Nº 3 (1996). The Latin American Studies Association. p. 211. Consultado el 15/11/2008 en JSTOR Database: http://www.jstor.org/stable/2503890. 19. DIXON, Paul B. “Decentering, a discipline: Recent Trends in Latin American Literary Studies”... p. 212. 20. “Como variación de esa misma aversión hacia los estereotipos y la insuperable impotencia para eludirlos se observa también la desconfianza hacia todo tipo de pronunciamiento, una desconfianza a la inflación natural del discurso, una actitud de rebelión contra el abuso o la ingenuidad de creer que la verdad está en las palabras [... ] el recelo es doble y se justifica: recelo hacia la inutilidad del decir, pero un igual recelo hacia su contrapartida semejante, hacia los riesgos que corre quien renuncia a hablar” (p. 17). BLOCK DE BEHAR, Lisa. Una retórica del silencio. Barcelona: Siglo XXI Editores, 1994. Frente a la falacia del escritor “comprometido” por creer que la palabra es acción, surge un nuevo engaño: el del autor que cree que el silencio lo es, pero más que suya, del lector. En realidad, desde la lectura de Eco hemos comenzado a sospechar que la construcción del silencio en el texto sorprende al autor en su pretendida retirada sólo para descubrir que ni aun deseándolo puede abandonar su papel impositivo. ** Ana Verónica Guerrero Galván av.guerrero1788@gmail.com Ensayista mexicana (Veracruz, 1988). Estudiante de la licenciatura en letras españolas en el Tecnológico de Monterrey (http://www.itesm.mx). === Presencia negra en poemas y cuentos de Rubén Darío ==================== === Nydia Jeffers ========================================================= La denuncia de la historia injusta sufrida por la raza negra se aplica a la de la raza hispana con la influencia colonialista de Estados Unidos en sus poemas más políticos, pero hay otros poemas eróticos que contienen una ideología a favor del negro. Richard Jackson afirma que “Darío ha observado al negro desde el punto de vista estético y etnográfico” (413), pero más allá de ser preciosista y torremarfilista, la poesía rubendariana incluye poemas exóticos y étnicos que demuestran su afán por saber y difundir el origen cultural diverso de los hispanos. Aquí se propone que Rubén Darío (1867-1916) trata la raza afrohispana en poemas de tres tipos después de aunar y comparar veinte de sus poemas. El poeta se consagra a elevar la dignidad humana de la raza negra explotada por el blanco en las tres series de poemas que analizamos aquí: los poemas eróticos, igualitarios y metapoéticos. Manuel Antonio Arango afirma la existencia de lo hispánico, a pesar de su situación adversa, postrada ante la fuerza material anglosajona (12) en Cantos de vida y esperanza (1905). La glorificación divina del hispano se contrapone a la prosperidad económica de los Estados Unidos, por lo que la raza hispana es defendida por sus condiciones económicas infrahumanas. El motivo del reconocimiento del hispano radica en otros de sus poemas que se han seleccionado por ser exotistas y étnicos, en contraste con los que retratan la vida cortesana y puritana de las princesas blancas. De hecho, Rubén Darío trae el centro de mira sobre etnias diversas: negros, indios, gitanos, y en este trabajo se ha elegido la obra negra por representar el mundo más pobre y marginado y, por lo tanto, infrarrepresentado en la historia y en la literatura. Diametralmente opuesta a la opulencia del blanco anglosajón se encuentra la pobreza del negro africano, cuya dignidad humana Darío reconoce, como hace la autora reformista de Gertrudis Gómez Avellaneda (1814-1873) en su novela Sab (1841) por el mulato. Los poemas eróticos, igualitarios y metapoéticos reconocen el componente negro de la raza hispana. Los poemas de su juventud escritos antes de los 23 años expresan el erotismo de los atributos negros para la inspiración poética de Prosas profanas (1892): “Alaba los ojos negros de Julia”, “La negra Dominga”, “Copla esparça”, “Sonatina”, “Los rizos de mi morena”, que “sedosos, crespos y obscuros, inspiran mi cantilena...” (190). Estos poemas eróticos califican la relación interracial como pasional y la unión carnal es además espiritual. Mediante la unión con otra raza, el poeta logra salvarse y esto ocurre con todos los personajes negros, sean los poemas eróticos, igualitarios o metapoéticos. La fusión del poeta con Puck, las mujeres de color y los reyes negros, incluido el rey mago, permite que la obra del poeta lo salve figuradamente. Por ello, tiene sentido que los personajes negros tengan asignados valores divinos (“el gran Dios desconocido” en el Canto a Argentina, 1914) y regios (Baltasar y Salomón, así como reinas orientales) por cuanto representan la función profética del poeta. La conciencia del poeta por la raza hispana, que incluye la negra, se nota en la presencia negra de su poesía y en su visión del negro como raza explotada, lo que se ilustra en el poema sobre la prostitución de “La negra Dominga”. El motivo degradante de la prostitución se dignifica en cuanto que el personaje negro se presenta como procreadora de la raza hispana ofreciendo el beso español. Su poder erótico se asocia al poder divino y expresa una búsqueda de fuerza erótica, a la vez que espiritual e intelectual. Dominga vende su cuerpo por necesidad, su belleza es natural (no artificial o artística) y el poeta la convierte en inspiración literaria. No es que la Dominga tenga un sueño, sino que ella representa el sueño, la fantasía o la inspiración poética. Dominga ofrece el beso español, mientras que Puck liba las flores para regalar néctar al poeta. Si Salomón presenta cantares, el rey Baltasar, da oro. Estos regalos son llamados “delicias divinas” (20) en “Palomas blancas y garzas morenas” (Azul, 1888) y son “ambrosía y néctar” (21) de los poetas en el Olimpo en “Lo que son los poetas”. No es extraño que a Darío le atraiga saber de otras culturas porque el poeta también busca el conocimiento universal y en esta pesquisa no excluye la pesquisa de la raza negra. La blanca (Eva, Venus, Titania) no excluye a la negra y así son objeto de poesías diferentes, la reina Saba, la negra Dominga, la cubana, la colombiana, la bailarina de pies desnudos y metonímicamente, los ojos negros de Julia y los rizos negros de mi morena. Esta identificación del conocimiento con la luz se observa en “Todo lo sé por el lucero puro / que brilla en la diadema de la Muerte” (11-2) en “Los tres Reyes Magos” (Cantos de vida y esperanza). La serie de poemas igualitarios inspiran poesía y dignifican al negro: “Versos negros”, “Lo que son los poetas”, “Del campo” (Del chorro de la fuente, 1892); “Raza”, “Poema del otoño”, “Canción otoñal” (Poema del otoño y otros poemas, 1910); “Epístola” (Canto errante, 1907); “Cabecita rubia”, “Balada de la niña de Brasil” (Canto a la Argentina, 1914) y “Los cisnes” y “Los tres Reyes Magos” (Cantos de vida y esperanza, 1910). La relación interracial es preferible como “delicia divina” en “Palomas blancas y garzas morenas” (1888). Rubén Darío invierte los valores asociados con el personaje negro. El poema de “Sonatina” vincula los “cien negros” que custodian el palacio soberbio con la noción del orden, pues mientras la princesa no salga del palacio no desarrollará su sexualidad. Dominga “tiende al blanco su abrazo febril” (15), es decir, su locura, su ansia y su ilusión, sentimientos que en la Sonatina adoptan forma de libélulas cuando “La princesa persigue por el cielo de Oriente / la libélula vaga de una vaga ilusión” (11-2). Junto al orden connotado con el personaje negro, se sitúa la armonía de la poesía traída por la “tinta” como metonimia del trabajo del poeta en “Epístola”: “No conozco el valor del oro [...] ¿Saben esos / que tal dicen lo amargo del jugo de mis sesos, / del sudor de mi alma, de mi sangre y mi tinta [...]?” (93-5). En “Los cisnes” la voz negra profetiza la venida de la luz y de la esperanza: “un Cisne negro dijo: / ‘La noche anuncia el día’ ” (40-1). En la misma línea, el personaje de Puck, teñido de negro en el cuento de “El linchamiento de Puck”, rige una cuadriga de libélulas, que son ilusiones en la “Sonatina” y que hacen del travieso Puck una esperanza o un sueño. En los poemas metapoéticos se revelan como la definición de la poesía, pues la poesía además salva al poeta de la desesperación modernista. Los poemas metapoéticos dan nombre de mágica ilusión a la poesía. El oro de Baltasar es la poesía en forma de “diadema de la Muerte / corona de la Vida”. En “Canción otoñal” cuando “Vuela la mágica ilusión / en un ocaso de pasión / y la acompaña una canción / del corazón (Coro)”. En los “Versos negros”, “La danza macabra / la vemos en pos / del alma y del sueño / como una visión” (17-20), el ritual de la muerte persigue la muerte, que es Dios y el oro en “Los tres Reyes Magos”. La idea del encuentro entre las razas se da en forma de cita para una vivaracha muchachita en “¿Dónde estás?”. Por tanto, estos personajes negros con cuerpo negro tienen alma blanca y valores de orden, luz, armonía y esperanza. La alegría, lo regio y lo divino o semidivino son una constante en los poemas donde aparece la luz negra. El poema “Alaba los ojos negros de Julia” exalta los ojos negros de las “reinas fabulosas [que] daban los amores y las muertes [y] la luz” (3-8), por lo que la luz es descrita de negra. La asociación regia del color negro se continúa en el “Poema del otoño” con “aquel Cantar de los Cantares de Salomón” (88) y con “El alma [que] ahíta cruel inmola lo que alegra, como Zingua, reina de Angola, lúbrica negra” (13-6). El poema “Versos negros” eleva la presencia negra a la condición semidivina de la luz lunar “bastarda de Dios” (4) y divina con la localización del “gran Dios desconocido” (1) “en la negra carne del mundo” (5). Por tanto, los valores carnales son divinos porque el personaje negro es el “gran Dios desconocido” que trae luz y alegría. Visto que los esfuerzos modernistas son simultáneamente estéticos, filosóficos y políticos (Jrade 15), el poeta desea modernizar la poesía americana para emular el intelectualismo francés de Verlaine, al que admira. La originalidad de Darío consiste en aplicar la estética europea para tratar temas hispanos, como el racismo y la insensibilidad, una actitud burguesa y cortesana que utiliza a personas como objetos y esclavos. Esto significa que la belleza negra de los poemas que se analizan en este trabajo no es meramente sensual, erótica, o esteticista. La visión del negro no sólo pertenece al mundo del esclavo y la prostituta, sino que cubre personajes regios y divinos en contacto físico y espiritual con el poeta. Más allá de las alusiones y comparaciones de la historia negra como generadora de la opulencia del blanco, Dominga, Puck, el rey mago, el rey Salomón y las reinas orientales se aproximan a personajes humildes y divinos, al mismo tiempo. En “El rey Salomón”, por ejemplo, el personaje negro admira a Jesús. La lógica dariana naturaliza las fuerzas sobrenaturales y en lugar de perpetuar la deificación de la belleza blanca para separar las razas aun más, Darío reconoce la dignidad humana de las razas no blancas, ignorando el poder del blanco, como poeta acrástico atraído por la humanidad del negro erotizado. Esto lo consigue dando a conocer a la raza negra como sujeto filosófico y político y objetivizando a la raza blanca, no ya como objeto estético sino como sujeto individual. El arte de Darío iguala la belleza física de ambas razas acusando el vacío moral y cultural de la oligarquía blanca racista. En el siglo XX se dan otros poetas que luchan por el protagonismo de la raza negra y la esperanza de que accedan libremente al poder sobre sus vidas. El poema de Jorge Guillén, “Sensemayá” (1914), trata la libertad religiosa del cubano. “La balada de los dos abuelos” del mismo poeta muestra la transculturación y el mestizaje del cubano de Luis Palés de Matos (1898-1959) tratan amor interracial. La poesía negra de Rubén Darío representa al negro no solamente como un ser humano, sino como un personaje entre mítico e histórico, es decir, un personaje legendario digno de ser honorado. Por ejemplo, el rey Salomón es revelado profética y poéticamente en contacto con la divinidad. El origen ancestral y eterno de los personajes negros eleva la condición del esclavo a humano y dentro de la categoría del humano, a la clase privilegiada y de la élite cultural, cuando Salomón es identificado con Friedrich Nietzsche. El rey Salomé supera el origen del esclavo de Puck, cuyo linchamiento es comparable a sus poemas. Gabriela Mora explica que el cuento “El linchamiento de Puck” critica el racismo de la raza blanca contra la negra “y su posición es clara al salvar a Puck de la horca, por medio de un hada caritativa” (66). El prejuicio contra un ser humano por el color de su piel es tan arbitrario como el hecho de que Puck sea negro por haberse caído en el tintero de un escritor. Mora añade que el tono de este cuento es ligero porque una mariposa blanca pide socorro para salvar a Puck y así, por intervención divina, o si se quiere, del lado oscuro, se explica el misterio o la fantasía de su salvación. La realidad es que el esclavo no esquiva el abuso y Puck se salva de milagro en este cuento fantástico a sabiendas de que la realidad social demuestra lo contrario. Mediante la ironía, el cuento alude al problema racial de manera tan sutil como eficaz, sin necesidad de usar el formato realista. De hecho, el cuento se clasifica de “maravilloso” dentro de los cuentos fantásticos de Tzvetan Todorov (1). Además, la falta de razón y de justicia con la amenaza del linchamiento es criticada literalmente cuando Puck es objeto metonímico de una denuncia literaria colectivamente concienciada con la diversidad racial. Analizando el personaje de Puck, la dualidad del cuerpo y alma permite la inversión de cualidades entre el esclavo Puck y los emperadores Titania y Oberón. Si el cuerpo es fuente de pecado y el cuidado del alma es vía de salvación de acuerdo con la tradición católica, en el cuento fantástico de “El linchamiento de Puck” (1893) el color negro de la tinta no es una consecuencia moral, sino una circunstancia superficial que no define al ser humano en su esencia. Por tanto, la mancha de Puck no es de pecado porque la caída en el tintero del escritor no es voluntaria, sino accidental. La irrelevancia del color para definir a una persona y menos para determinar la categoría de esclavo se vuelve a reflejar en la identidad de Puck como espíritu del aire, es decir, sin forma física, porque los atributos físicos son irrelevantes para determinar la dignidad humana. El cuerpo y el color de la piel no define a una persona, ya que Puck prescinde de él: es un espíritu del aire. No sólo tiene vida porque es aire con las resonancias bíblicas que esto implica, sino que Puck suministra el aire dando la vida, de igual manera que hubo esclavos que dieron la vida o fueron ejecutados sirviendo al blanco. Segundo, su condición de esclavo se nota en que es servidor de Titania y Oberón, lo cual es otro ejemplo de inversión. Los dioses que poseen sirvientes tienen un alma negra y un cuerpo blanco, mientras que los esclavos tienen un alma blanca y un cuerpo negro. La travesura del personaje y el tono humorístico del cuento sirven para reforzar la inversión de papeles, pues los blancos no toman seriamente la dignidad del ser humano. La reina Mab es un hada en la tragedia de Romeo y Julieta (1597) de William Shakespeare (1564-1616), es decir, un personaje oscuro, que actúa de noche y tiene un cuerpo diminuto, pero que al mismo tiempo, tiene alma blanca, por salvar a Puck del linchamiento y hacer broma a los verdugos, burlando su control. Mab aparece en el poema “El velo de la reina Mab” con el mismo sentido. Tercero, el origen fantástico de Puck como duende, demonio o elemental es producto de la inversión de valores para los dioses de Titania y Oberón. El origen de Puck como duende es un producto de la civilización europea, no africana, y con esto se intenta recuperar la identidad originaria del esclavo que artificial o artísticamente adopta una representación ficticia. Sin embargo, su esencia natural es la de un espíritu del aire, más en consonancia con las creencias espirituales africanas. Los poemas metapoéticos sirven para definir la poesía y la ontología de la inspiración en los poemas titulados “Los regalos de Puck”, “¿Dónde estás?”, “Canción otoñal”, “A Margarita Debayle”. Si en la “Sonatina” la libélula es una ilusión, es decir un animal que liba y besa las flores, en “Los regalos de Puck”, Puck se compara a una libélula, pues “se lanza a la pradera / cual si fuese una ligera libélula” (2-4). Puck, nombre similar a “pluck”, realiza la máxima latina del “carpe diem” y el verso dariano de “coger la flor del instante”. Los besos o regalos de Puck equivalen a los besos de la voz poética que quiere “con luz de la luna [...] / besar [...]” (31, 4). Los besos proceden de una “fantasía —indiana o moruna” para una “cabecita rubia” en el poema del mismo nombre, por lo que se fomenta la relación interracial. En “Versos negros”, “bendita la bruja” es comparable con la “joya querida” de la “Balada de la bella niña del Brasil” porque un ser fantástico como la bruja es un bien como lo es la princesa en dicha balada, “hecho de oro, rosa y marfil” (32). Los valores regios y preciados de la mujer de color se comparan a la bendición espiritual. Las piedras preciosas, el oro y la poesía son un objeto o artificio de belleza artística o artesanal y al mismo tiempo, la belleza de la raza de color consiste en ser producto de la carne y del esfuerzo intelectual o poético. En el Canto a la Argentina, “Los regalos de Puck” (1914) mantienen la configuración irónica del personaje Puck y su salvadora la reina Mab, como alma blanca con cuerpo negro, con su antagonista de personaje divino con alma negra y cuerpo blanco. En este poema, el duende Puck entre “amapolas sangrientas”, salta, liba y vuela con pasión. Y cual rey mago, convierte lo natural en artificial y las flores en objeto de arte: las joyas, poemas o regalos de Puck. En el mismo poema, Puck se compara a una libélula, o un caballito del diablo, lo que implica que el diablillo es la pareja de Titania y Oberón. En Prosas profanas, el poema “Del campo” (1893), los emperadores Titania y Oberón son servidos por el “travieso Puck” en la comedia de William Shakespeare Sueño de una noche de verano (1595). La originalidad de Rubén Darío consiste en adoptar la forma clásica y mítica de los personajes y conferirles un fondo serio y filosófico. Por tanto, la travesura clásica de Puck se tiñe en el tintero de un escritor, como cita el cuento, y deja de ser cómico. El poder imperial de los Estados Unidos, o de Gran Bretaña en este caso, se critica claramente en la selección modernizada e invertida de la caracterización de los personajes de Puck, Titania y Oberón. Rigiendo su cuadriga de mágicas libélulas, de sueños millonarios, pasa el travieso Puck; y, espléndida sportwoman, en su celeste carro, la emperatriz Titania seguida de Oberón (20-4) El mismo crítico explica en los mismos términos maravillosos la defensa divina del protagonista en el cuento “El Salomón negro” (1938). Este cuento también invierte el rol del negro porque selecciona como personificación del poder, la sabiduría y la riqueza, atributos que histórica y literariamente han sido atributos blancos. Asimismo, el cuento desplaza el foco de atención desde Europa y América hasta Medio Oriente, ya que Salomón tiene la referencia de la biblia hebrea. Sin embargo, junto a estas connotaciones positivas del “Sabio” y de “maravilloso Salomón negro” (91), se combina la alusión de Salomón como origen del mal por dos motivos: por causar la división y la guerra entre las dos partes resultantes (Israel y Judea) y por decidir la matanza de un niño en dos para conseguir la partición para dos madres que lo reclaman simultáneamente. Además de estas referencias externas y tradicionales para el nombre de Salomón, existe un lado que se refiere a sí mismo y se subdivide en el cuento. Salomón se contempla a sí mismo en sueños apareciendo “una figura extraordinaria, genio o príncipe de la sombra”. La cualidad singular o excepcional de su belleza es comparada a “un inaudito azabache” (91). De nuevo, aplica la diferenciación de Todorov entre lo extraño y lo fantástico. La visión negra que surge como desdoblamiento del propio Salomón es una copia figurada del acto de división que ejecuta Salomón para la tierra y para el niño, anteriormente mencionado. La diferencia reside en que la tierra pasa de local a universal y el rey asiático se refleja en el africano. El dualismo se consigue por medio de opuestos y por tanto, el personaje negro se define por oposición al rey hebreo. Como resultado, el Salomón negro representa valores angelicales y visibles: la verdad, la belleza y la luz. La inversión de roles (cuerpo negro y alma blanca) vuelve a producirse en este cuento porque el Salomón hebreo es el personaje antagónico con atributos opuestos como la mentira, la fealdad monstruosa y el ocultamiento (cuerpo más blanco y alma más negra). Más importante aun, el personaje negro no es satánico ni origen del mal. Su voz es clara a favor de la alabanza del Señor sobre las idolatrías falsas del otro Salomón. Por tanto, el personaje negro no es el Otro salvaje y bárbaro, como en la literatura eurocentrista. Rubén Darío marca la distancia de la literatura latinoamericana con respecto a la europea a través de la caracterización invertida del negro, que además no es esclavo, sino rey. En la parte segunda del cuento, Salomón nombra a los animales como figura divina bíblica y pasa revista por su creación. El Salomón negro se erige en señor de los animales enumerados porque les da nombre y función. Con cada animal presentado, Salomón predica una virtud cristiana. El fin de esta función didáctica es convertir al otro Salomón definido por el paganismo. La inversión de objeto a sujeto para el personaje negro surge de nuevo, porque en lugar de ser convertido al cristianismo, el Salomón negro invoca la conversión del paganismo a la religión de Dios. Salomón es el intermediario entre la condición animal y la condición divina y, en este sentido, el Salomón negro sirve de nexo de unión o de pasaje entre lo ínfimo y lo supremo. Por tanto, el personaje negro no está situado en el margen, sino que adopta una posición central de viraje para la conversión entre opuestos. El Salomón negro continúa esta función de aproximación a Dios en las partes tercera y cuarta. La parte tercera del cuento continúa la predicación sobre la mentira de los animales. La parte cuarta de “El Salomón negro” prepara la unión eterna con Dios, después de reconocer el ateísmo de Federico Nietzsche, el nombre del “lado opuesto” al Salomón negro. La mentira, la fealdad y el ocultamiento definen a la filosofía pagana. La religión se erige en consecuencia como camino hacia Dios y el Salomón negro logra al final tal dirección y reunificación del origen y el destino verdaderos. Los poemas “La rosa niña” y “La canción de los osos”, de Canto a la Argentina y otros poemas (1914), describen a los esclavos negros como osos de “prácticas extrañas” (7) que convierten la catedral en selva por no seguir el logocentrismo. Junto a esta referencia pagana y salvaje de la religión africana no cristiana, se presenta a Baltasar, africano que “medita, mirando la estrella / que guía en la altura” (5-6) para adorar al Niño Jesús. La apertura y diversidad religiosa del negro es reconocida por Rubén Darío como muestra de la libertad de conciencia. En su prólogo a El canto errante asevera: “Aplaudamos siempre lo sincero, lo consciente y lo apasionado, sobre todo” (274). Y esto incluye no olvidar el fervor religioso de otras personas no cristianas, “en nombre de la amplitud de la cultura y de la libertad” (277). El poeta tiene una visión superior “más allá de las leyes generales del conocimiento” (280). Estas dos referencias ancestrales parten del presente del poeta, el cual en su prólogo a Prosas profanas desea saber sobre su origen, tanto lejano como legendario: “¿Hay en mi sangre alguna gota de sangre de África, o de indio chorotega o nagrandano?” (270). En el prólogo a Cantos de vida y esperanza aparta la individualidad y tiende a lo eterno y ancestral diciendo que “si en estos cantos hay política, es porque aparece universal” (273) pues él rechaza el puritanismo y el “aplastador imperialismo que aniquila las energías [en otro lado, instintivas y creadoras] de una raza”. “El verdadero artista comprende todas las maneras y halla la belleza bajo todas las formas. Toda la gloria y toda la eternidad están en nuestra conciencia” (282). En el cuento “El linchamiento de Puck” presenta a Puck como producto del tintero de un poeta “negro como un legítimo africano” (137). El personaje de Puck aparece de color negro por una casualidad, que algunos críticos consideran lúdica. En cualquier caso, la decisión estética del poeta de pintar a Puck de negro es aleatoria y superficial, como lo es nacer de un color de piel determinado. Es la manera que tiene Darío de expresar que el color de piel no es motivo para la discriminación. Por eso, el destino de Puck será igualmente creación del poeta, que lo salvará del linchamiento, decisión aparentemente juguetona pero de claras implicaciones sociales. En otras palabras, el arte parece un objeto decorativo, como el color de piel, pero en realidad, es un modo de difusión del pensamiento del autor. No es la primera vez que Puck es mencionado en su obra. Puck tiene referencias poéticas como figura mitológica shakesperiana, especie de hado o genio alado que no pertenece a la especie humana. En el poema “Los regalos de Puck”, Puck es concretamente una libélula libre que sale al campo. Aquí, sigue teniendo “alas de libélula” (136). La diferencia entre el poema y el cuento consiste en que Puck es perseguido por una mariposa blanca. La alusión a la historia del sur de los Estados Unidos se confirma cuando el cuento pinta a Puck de negro, pero inocente, y a la mariposa blanca, pero culpable hasta el punto de provocar el grito de auxilio en Puck con sólo verla. La estrategia de la inversión de roles es clara. Puck, cuerpo negro, alma blanca, figura en contraposición a la mariposa, de cuerpo blanco y alma negra. El cuento redobla la persecución cuando otras aves aparentemente inocentes como las “palomas pudibundas y amorosas” son cómplices y claman “¡a ése!” (137). La persecución se extiende a otros animales y espíritus del bosque, indicando de nuevo el paralelo de que en el mundo real se incluyen como racistas las personas conocidas por sus valores espirituales. Hay un ataque al clero y a los feligreses cuando Puck está “perseguido aun por emisarios de sus amigos los hados” (137). El tono lúdico con que se inició el cuento continúa siendo irónico cuando la persecución se debe a que Puck cayó en un tintero. Puck no es negro por naturaleza, y así, no sólo es ridículo perseguir por el color de piel, sino que es doblemente irrisorio hacerlo cuando Puck ni siquiera lo es. Todos están equivocados y engañados por “su obscuro disfraz de tinta, y por lo veloz de su paso” (138). De nuevo, Darío expresa lo ridículo de perseguir a una persona por el color de la piel. A continuación, Puck grita que es amigo pero los persecutores no reconocen su verdadera identidad humana. Así, se critica que en el mundo moderno “yankee” (137), la forma física es más relevante que el contenido espiritual de la persona. En un mundo de apariencias, Puck es ridículamente perseguido para un castigo literalmente inhumano, a pesar de su rostro de niño y sus alas de libélula. En otras palabras, la inocencia y la libertad que representan sus valores esenciales son invisibles ante la máscara del color de la piel, único principio yankee para clasificar a las personas y discriminarlas en consecuencia. El furor popular de los antagonistas de Puck pertenece al mundo animal. En la analogía, las personas blancas que quieren ahorcar al negro fugitivo actúan irracional y, por tanto, indebidamente. Al mundo animal se une el mundo vegetal, reforzando con ello la constante de la inversión del cuerpo y alma, en esta ocasión, a través de un colectivo de personajes contra el individuo negro. La oposición de cuerpo y alma es equivalente a la de naturaleza y espíritu y por tanto, las aves, hadas y flores que persiguen a Puck son elementos naturales desprovistos de la razón y del espíritu que contiene Puck. La tensión persecutoria se resuelve con el atrapamiento y horca temporal de Puck. Si en los poemas Puck suena a “pluck the flowers” en el sentido de disfrutar del placer de la vida, aquí el sentido del “carpe diem” se continúa puesto que literalmente se atrapa la vida de Puck, identificada con el placer. La victimización del personaje negro se produce de manera aparentemente tenue y delicada, por medio de un cabello cano, con lo que se continúa el motivo del blanco como verdugo. Sin embargo, la descripción de la muerte con dos alusiones a poetas muertos revela también la identificación de Puck con el poeta y con Rubén Darío, especialmente cuando Puck se denomina “cantador de canciones y recitador de versos” (138). La dimensión social del cuento se aprecia en que el poeta no se siente reconocido en su misión, viéndose menospreciado como torremarfilista y aislado de los problemas sociales. El cuento confirma su compromiso. Es interesante mencionar el carácter viejo de la práctica del linchamiento junto con Puck, llamado “infame viejo” y con el lugar de la muerte, “un laurel seco” (138). El poeta expresa con esta descripción que el linchamiento debe cesar y que ha tenido lugar por mucho tiempo. En términos biográficos, el poeta se describe como Puck, como “infame viejo” con “rostro de niño” (136) porque la ilusión de crear lo mantiene vivo, aunque ya es un poeta maduro. En términos sociales, el cuento en sí mismo cancela esta práctica anunciando que Puck sigue vivo, incluso después del linchamiento. La razón se explica al final cuando un hada caritativa cortó la cuerda de Puck. El mundo dual se refuerza una vez más. El hada caritativa se opone al hada cruel, igual que Puck se opone a todos los persecutores. Esta vez el instrumento de salvación son las tijeras “con que cortó los vestidos de Cenicienta” (139), lo que imprime un tono de esperanza y de cambio, pues las tijeras que destruyen, salvan la vida. Por tanto, los actos definen a las personas más que su pertenencia a una familia, una raza, un origen o una clase, cualquiera que sea ésta, hada, animal, ave o humano. Un hada cruel lo ahorca y un hada caritativa lo salva. La responsabilidad moral de los humanos es igual a todos y, a través del cuento, Rubén Darío enseña su compromiso con la poesía, una clase de trabajo tan marginada como la esclavista del negro. Dada esta dicotomía, en este cuento se observa la evolución más compleja del poeta desde la generalización de las hadas como pertenecientes a un mundo de ensueño. En resumen, el personaje negro no es un ser castigado, sino salvado por la poesía. No tiene como destino la muerte injusta, sino que es fuente de vida y de regalos. No es un ser aprisionado sino que aprisiona al blanco custodiando la magia que éste desea. Como en “Lo que son los poetas”, que afirma que “lo formidable y pequeño admiran”, Dominga, Puck, Baltasar, Salomón o Saba adoptan cualidades amorosas y divinas. En conclusión, la clasificación de los poemas eróticos, igualitarios y metapoéticos confluye en la identidad del poeta y su sentido de la vida a través de su obra. 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Ha presentado ponencias becadas sobre la opresión de género y raza en la literatura hispana en los estados estadounidenses de Nebraska, Oregon, Pennsylvania y Kansas. Ha obtenido reconocimiento estatal por su labor docente dirigiendo con subvención regional un proyecto de servicio a la comunidad hispana. Actualmente estudia su segundo semestre en el doctorado de literatura latinoamericana en la Universidad de Nebraska-Lincoln (http://www.unl.edu), donde coordina los cursos de verano y aprende francés. === Imágenes de la Guerra Civil española (1936-39) ======================== === Metaficción, intertextualidad e intratextualidad ====================== === en Si te dicen que caí, de Juan Marsé José María Pérez Sánchez === El novelista Juan Marsé, nacido en Barcelona en 1933 y ganador de varios premios internacionales, es autor muy leído no solamente en España sino también en otros países del mundo a través de traducciones, y su obra se aprecia especialmente por sus descripciones provocativas de la vida cotidiana en la Barcelona de posguerra. Si te dicen que caí es la novela de madurez de Juan Marsé sin romper con la trayectoria temática y formal que inició con su alucinante Encerrados con un solo juguete y que pareció culminar en Últimas tardes con Teresa y La oscura historia de la prima Montse. La capacidad de evocación, la fuerza de las imágenes, la riqueza de las sensaciones, la violencia sexual, la sátira, la fantasía transformadora de la realidad, el mito y la desmitificación, construyen el tejido con el que el autor nos presenta la época de posguerra desde varias voces y diferentes perspectivas temporales. Las aventis, historias de evasión de la realidad de la miseria que construye un realismo mágico, son el hallazgo genial, por el cual Juan Marsé interpreta aquel mundo de degradación que conoció en su infancia, y que utiliza como primer ensayo creador de la aventi, totalizadora en Si te dicen que caí. Como el mismo Marsé dijo: “Esta novela no pretende ser una revancha personal contra el franquismo, como una secreta y nostálgica despedida de la infancia” (1). Este realismo mágico creado y expresado a través de las aventis, es una combinación de lo real y lo fantasioso. La novela muestra un balance con elementos realistas de la vida cotidiana como lo son la pobreza y la miseria, al mismo tiempo caracterizado como tema principal y personaje metafórico representado por la ciudad de Barcelona como imagen de una época. Otra razón para la utilización de este realismo mágico es provocar al lector para que se pregunte hasta qué punto las narraciones pertenecen a la realidad o a la ficción (2). Marsé sentía un profundo interés por la cultura popular católica y el nacionalcatolicismo, tanto en su forma española como en su forma catalana. Demuestra que la manera en que Marsé utiliza los iconos y las proyecciones visuales del catolicismo construye un comentario irónico y sutil sobre la ideología política de la época franquista. A través de la religión y de elementos del nacionalcatolicismo, de los cuales se desprenden los mitos y construcciones elaboradas por el franquismo. La religión es tratada por momentos de manera satírica y en otros lapsos de manera cruda, así se consigue un efecto de escepticismo en el lector. Simbólicamente se puede decir que al satirizar sobre la religión en una España de nacionalcatolicismo lo que se está haciendo es poner en entredicho una de las bases del régimen, que se autodenominaba por boca de Franco como la reserva espiritual de Occidente. Así pues, se toma una posición crítica, formando al lector para que sea escéptico ante toda una maquinaria ideológica fascistizada. Existe pues una ironía total de la obra, en Si te dicen que caí se da una ironía causada por el hecho de que nada es nunca lo que creemos. Explora los límites entre la realidad objetiva y la reconstrucción subjetiva de aquella realidad en el mundo de la ficción. En dicha novela, Marsé demuestra una admirable habilidad y capacidad para plasmar la Barcelona de la época y sus habitantes sin ser extremadamente melodramático en su exposición a través de sus multifacéticos personajes. A todos les afecta la guerra, y el personaje principal es en realidad un tema, la miseria. Si te dicen que caí ofrece una digna, honrosa y sensible descripción de los personajes creados por una pluma nostálgica oprimida bajo el régimen franquista. El paisaje urbano es representado como un espacio al que se pertenece y, al mismo tiempo, alienante, un espacio de intimidad y violencia, deseo y miedo, Marsé transfiere múltiples significados a la ciudad de Barcelona. Y esta ciudad, junto a los valores anteriormente asignados, se convierte en fiel reflejo del mundo interior de los personajes, así el “Landscape becomes Soulscape”. Para los personajes de la novela el tiempo se transforma tomando como medición el tiempo psicológico o interior, en general los niños crecen muy rápidamente, al menos emocionalmente, cuyas experiencias, elocuciones y evoluciones son totalmente pertenecientes al estado adulto o de madurez. Esto provoca hoy día un sentimiento de nostalgia en los lectores de que vivieron en aquel contexto al sentirse identificados con la narración. En aquellos tiempos, en una España ultra conservadora, parecía que el tiempo no avanzaba en ningún aspecto de la vida cotidiana. En gran medida debido al intervencionismo del régimen franquista, y en buena parte a los intentos aislacionistas y censuradores que posicionaban a España fuera del tiempo contextual e ideológico de Europa durante casi cuarenta años. Unos intentos como el de la autarquía española que se ha venido demostrando como el resultado de una red de intereses socio-político-económicos. La novela de posguerra adquiere un significado de absoluta creación, después de la devastación del país durante la Guerra Civil, también en términos literarios. Así pues, esta novela de posguerra forma parte del Génesis en el que de la nada se pretende reconstruir España. Haciendo analogía con el Génesis, Marsé nos alerta de su intención e intento de reescribir la historia de España y de reconstruir el mito nacional existente reemplazándolo por otro. El mito y su nueva máscara. Ahora, la Guerra Civil ya no está utilizada en función de justificar una ideología sino para presentar la condición humana, degradada si se quiere, pero eterna. Con todo esto, Marsé interpreta la guerra no sólo como un hecho político, histórico y social sino también como un mito, y lo desideologiza. El mito es un universo cerrado relacionado con lo real, y eso pretende Marsé a través de Si te dicen que caí, con hechos altamente significativos que sirven como ejemplo y, al mismo tiempo, con la capacidad infinita para ser constructivo en la comunicación del mismo. Si te dicen que caí no va conformando un mito sino que, en lugar de crear, trata de deconstruir otro, y por tanto el mito surge de la deconstrucción y no de una creación. Esto es importante pues se construye el nuevo mito a imagen y semejanza de su valor, esto es siendo análogo a la guerra, cuyo valor principal es la destrucción y no la creación. Más aun, no puede renacer algo que nunca ha muerto. Así pues, la muerte de los seres humanos durante la guerra también adquiere un significado dando vida a un nuevo mito con el fin de la guerra. En consecuencia, sus muertes son redimidas simbólicamente devolviéndolos a la vida. La metaficción es la relación que se da entre la literatura y la vida, y sus múltiples verdades. Si te dicen que caí presenta un entramado de metaficción muy elaborada consciente o inconscientemente. Los niños con el cine y los comics. Éstos representan su entendimiento del mundo y es para ellos su horizonte de expectativas a través del cual interpretan la vida cotidiana, de ahí que, por ejemplo, en su aplicación los niños imaginan que la gente son espías, héroes de guerra, etc. Aquí vemos constantes referencias a lo largo de la narrativa, ejemplos de ello son las películas mencionadas que actúan como puntos de referencia. Pero el parche negro qué bien le queda, parece usted el almirante Nelson en Lady Hamilton, ¿no la ha visto?, pues no se la pierda aunque sea inglesa (3). Otras películas del momento son mencionadas como Las aventuras de Marco Polo (4) y Los tambores de Fu Manchu (5); además de referencias a actores populares de la década como Tyrone Power (6) y Margarita Carvajal y Laura Pinillos (7). También son mencionados comics y revistas como Doc Savage Stories (8) y La Sombra (9). En la novela ellos venden comics hasta que Justiniano, “el tuerto”, se los retira por su contenido pornográfico. La función de estas menciones junto con la de los comics y magazines le dan una increíble sensación de época que queda tremendamente bien reflejada. Hay que decir que ello se debe a que en los comics y revistas de la época se vertían los valores de la ideología nacionalista como medio para aleccionar a los niños en la ideología franquista de una España grande y libre, y reserva espiritual de Occidente, basada en un ultra conservadurismo caótico. Por ejemplo las publicaciones oficiales de Flechas y Pelayos. El mito del héroe es un tema central en los comics del periodo franquista. Inicialmente una versión cruzada de la teoría del superhombre de Nietzsche con estilo americanizado. El comic también les aportaba el concepto divisorio entre buenos y malos. Las aventis son estimulados en parte por los comics y las películas, como ya dije antes componentes básicos de su horizonte de expectativas a partir del cual interpretan la realidad. Y éste lucha contigo y os caéis al suelo, entonces pierdes el casco y se te sueltan los cabellos largos de chica, así, mira, como en La Corona de Hierro, ¿la has visto? (10). Ellos imitan lo que ven en las películas, su violencia y sus frases. Las escenas de tortura se basan en el cine, como Marked Woman, The Prisoner of Zenda (11), Suez (12), The Drums of Fu Manchu (13), Guadalcanal Diary (14), La corona di fierro (15) y modelan sus aventis conscientemente en función de las películas. Así pues, las aventis son tan apasionantes e intrigantes como las películas que ven: “Qué bien inventadas, mariconazo, es igual que una peli” (16). Con ello se podría inferir que los niños están atrapados en las imágenes del celuloide de sus películas y que no pueden actuar sin independencia del papel que el cine les transfiere. Por lo tanto bajo una sensación de ser prisionero de unos espejos que se reflejan entre ellos a la vez creando, fragmentando y manifestando la realidad. La fantasía de sus aventis es la herramienta evasiva que necesitan para no aceptar la realidad tan sórdida que les rodea, y afirman que mientras es imposible encontrar la verdad en el mundo empírico, esto se hace posible a través de la fantasía: Hay pelis que son verdad (17). Otro punto de partida aquí para la metaficción es el género detectivesco y del espionaje en el que nunca se llega a descubrir la verdad, lo que nos sugiere que nos tenemos que cuestionar la versión oficial, y en última instancia el régimen franquista. La inclusión de este género se debe a las ansias de querer conocer la verdad y obtener justicia. Para la historia Java representa el líder de la banda, y pone a su tropa a interrogar a las chicas, son “polis”, pero el motivo es que él recibe dinero de la señora Galán en lugar de seguir intereses amorosos, menos cuando se suponía debía “camelarse a la gallega” (18). Irónicamente, por medio del juego Java y su pandilla acaban por recrear el crimen violando a Fueguina como hicieran los moros (19). Tradicionalmente el género detectivesco y de espionaje establece una formula en la que se comete un crimen, alguien lo investiga y reconstruye la versión de los hechos. Esta estructura proporciona suspense para que el lector se intrigue y forme parte involucrándose en la trama para resolver el misterio, antes de que la verdad sea desvelada. La voz de Sarnita nos proporciona una versión actual porque nos ofrece sus propios recuerdos: Hermana, es una broma. Lo inventé todo, todo es mentira... (20). Las otras voces son referencias interiores que nos cuentan las aventis, creando subterfugios y también reconstruyendo muchas. Toda la novela se basa en estas reconstrucciones. Buscando a una meuca y cobrando sus buenos duros por denunciarla, y que ya sabe dónde está pero no lo dice para seguir cobrando (21). El crimen no es nunca revelado, y se duda incluso de si se da el caso. ¿...tanta importancia tiene esta furcia que todo el mundo anda tras ella? Le diré, todo esto parece un complot remoto e incomprensible, señor, una venganza bajísima cuyos motivos todos los complotados ya olvidaron (22). Al final no se revela el secreto, y la verdad queda, pues, sin contar. Se da también un conocimiento elusivo donde queda reflejado la verdad del bando nacional, con versiones oficiales que no se sostienen, configurando así un mundo de incertidumbre. A continuación presentaré unas citas que ejemplificaran este mundo conceptual de contradicciones. Se ayuda de tres objetos que crean confusión: el brazalete de escorpión; zapatos verdes de tacón alto; la cruz de rubí con perlas incrustadas. En esta primera cita se sugiere que Ramona y Aurora son la misma persona. Él tenía que conocerla porque casualmente alguien les había visto juntos en la calle Mallorca una tarde que hubo una concentración falangista y todos cantaban el himno saludando brazo en alto (23). ¿Qué cuento es ese de la otra directora? ¿Qué buscas, Java, qué investigas en realidad? (24). Ahora dicen que hace la vida mala, igual que la menchu (25). Sólo me acuerdo de su cara tan guapa y sus zapatos altos de tacón alto (26). Y todo ello se hace a través de un formato de story-teller en el que la ficción reemplaza a la vida real. Las metáforas utilizadas evocan la falta de claridad, y la primera palabra, “cuenta”, nos anuncia que el autor ha cedido la palabra desde el principio, y que el lector tendrá que depender de algo cantado por boca de otra persona. La connotación de esta palabra “cuenta” es su relación potencial con lo no real, con la ficción. Es la introducción a la aventi, una aventura narrada e inventada a medias, que será la base de gran parte de la novela. Y estas aventis sucesivas atraviesan una gama que va desde lo muy posible pasando por lo probable, lo improbable y al fin lo imposible. Ejemplo de ello es el tratamiento de Aurora y Menchu, dos prostitutas, oriundas del barrio pobre en que tiene lugar gran parte de la novela, y personajes centrales de las aventis narradas por y para los chicos de aquel barrio. Están obsesionados con Aurora, porque Java ha sido investido con la misión de descubrir su paradero. El lector también se obsesiona con esta mujer, por su relación con los varios niveles espaciales y temporales de la narración. Es antigua directora de la Casa de Las Ánimas, criada de don Conrado Galán, sobrina de Artemi Nin, cómplice en la muerte del padre de Conrado, partícipe con Java en los actos sexuales para el otra vez voyeur Conrado, antigua amante de Marcos Javaloyes y todavía amante casual del mismo. Pero lo muy curioso es que casi todas las aventis están basadas en la vida y la actividad de Menchu, y no de Aurora. La verdad, nunca la dijo. Ni el mismo Java la sabía. La verdad era todavía, lo mismo que en sus aventis, aquella turbia materia que no conseguía elevarse, desprenderse del fondo [...]. Así que vida de mantenida y por todo lo alto, por ejemplo: de fulana en el Ritz con perritos y salto de cama transparente, con chofer y joyas, luego pasando de los brazos de un estraperlista a otro y por ejemplo: un pisito en el Paseo de San Juan con cortinas de cretona, bidet y, mueble-bar... (27). En la obra de Marsé hay ciertos elementos —temas, situaciones, giros, nombres, etc.— que por su repetición e interrelación forman, dentro del campo lingüístico mayor, una combinación de código semiótico y campo semántico que construye la especial productividad de estas novelas, en el caso de Marsé se produce un texto más cerrado. Marsé nos ofrece una obra, en su totalidad, que es un ejemplo perfecto de la intertextualidad y la intratextualidad. Y por eso es por lo que necesariamente tenemos que aplicar tales criterios a su obra, no porque la intertextualidad sea un concepto universal que siempre se puede y se debe aplicar, sino porque este autor específico utiliza estos conceptos, consciente o inconscientemente, y pide que para una clara interpretación del tema, y apreciación del estilo, recurramos a las mismas teorías que ha usado él en la creación literaria. Si te dicen que caí se trata de un texto autorreflexivo, por la tensión creada, por llevar deliberadamente al lector hacia un intento de hacer sentido de la narrativa y negarle entonces la estructura cerrada que le daría la satisfacción de saber lo que pasó, por lo que el texto se hace autorreflexivo. La relación de las obras de Marsé con el contorno histórico y sus propios textos anteriores es también, desde luego, una relación intertextual, pero la intertextualidad que existe entre las varias novelas también se puede considerar una intratextualidad, si se quiere considerar a las seis novelas como una obra continua. Casi siempre se puede establecer una estructura básica en sus novelas, un héroe tiene que salvar a una heroína de un malvado y al final consumar el amor. Esta sería la función básica en cinco de sus novelas, incluyendo Si te dicen que caí, donde se puede encajar a Java y Aurora dentro de esta estructura. En un nivel de mayor importancia se puede hablar de temas sociales y de la génesis y evolución de un estilo. Marsé pretendía situarse dentro de esa larga serie de novelas que comentan ciertas realidades sociopolíticas españolas. La intertextualidad es cosa viva de la cual nos habla Henry James y ha sido esencial de la novelística de Marsé desde su primera novela. En conclusión, Marsé no se entiende sin razonar el proceso creador y la fuente de sus narraciones. La novela se cimenta haciendo alusión desde el mismo título de su obra al himno del bando nacional (28), con ello marca la pauta que va a seguir para desmontar su mito. “Caer” implica un sacrificio heroico en la canción pero para la novela significa caer en la corrupción. De esta forma, se da la vuelta al significado, reemplazándolo y degradándolo. Para luego construir otro con la inestimable ayuda de su realismo mágico y las aventis en las que combina lo real con lo fantasioso. Bibliografía consultada • FLITTER, Dereck. Images of the Civil War course Handouts: Asignatura Images of the Civil War. The University of Birmingham, 2005-06. • GUNDÍN VÁZQUEZ, José Luis. “La configuración de un universo narrativo a través de la intertextualidad: el caso de Juan Marsé”. I.E.S. Agra de Leborís (A Coruña), http://webs.ono.com/garoza/G3gundin.htm. • KIRSCH, Jeffrey Allen. Técnica novelística en la obra de Juan Marsé. Tesis doctoral de la Universidad de Wisconsin (EUA). UMI Dissertation Services, Michigan, Ann Arbor; 1980. • MARSÉ, Juan. Si te dicen que caí. Novaro, México, 1973; Seix Barral, 1976. • Página oficial de Juan Marsé. Bibliografía. Si te dicen que caí. http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/marse/dicen1.htm. • SHERZER, William M.; Juan Marsé. Entre la ironía y la dialéctica. Madrid; Fundamentos, 1982. Notas 1. Página oficial de Juan Marsé. Bibliografía. Si te dicen que caí. http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/marse/dicen1.htm. 2. En torno a esta idea de realismo mágico y provocación al lector será desarrollado posteriormente una parte de mi estudio de meta ficción que será elaborado en el apartado configurando un mundo de incertidumbre. 3. MARSÉ, Juan. Si te dicen que caí. Novaro, México, 1973; Seix Barral, 1976 P. 265. 4. Ibíd. P. 243. 5. Ibíd. P. 267. 6. Ibíd. P. 238. 7. Ibíd. P. 271. 8. Ibíd. P. 59. 9. Ibíd. P. 177. 10. Ibid.P. 237. 11. Ibíd. P. 181. 12. Ibíd. P. 237. 13. Ibíd. P. 267. 14. Ibíd. P. 290. 15. Ibíd. P. 237. 16. Ibíd. P. 137. 17. Ibíd. P. 107. 18. Ibíd. P. 253. 19. Ibíd. P. 188. 20. Ibíd. P. 262. 21. Ibíd. P. 203. 22. Ibíd. P. 210. 23. Ibíd. Pp. 64-65. 24. Ibíd. Pp. 38-39. 25. Ibíd. P. 40. 26. Ibíd. Pp. 110-111. 27. Ibíd. P. 167. 28. Cara al sol con la camisa nueva que tú bordaste en rojo ayer, me hallará la muerte si me lleva y no te vuelvo a ver. Formaré junto a mis compañeros que hacen guardia sobre los luceros, impasible el ademán, y están presentes en nuestro afán. Si te dicen que caí, me fui al puesto que tengo allí. Volverán banderas victoriosas al paso alegre de la paz y traerán prendidas cinco rosas: las flechas de mi haz. Volverá a reír la primavera, que por cielo, tierra y mar se espera. Arriba escuadras a vencer que en España empieza a amanecer. España una España grande España libre Arriba España. ** José María Pérez Sánchez jose.perezsa@uca.es Investigador y escritor español (Cádiz, 1979). Es licenciado en filologías inglesa e hispánica por la Universidad de Cádiz (UCA, http://www.uca.es). Comenzó su doctorado en el bienio 2004-2006, en el que registró y entregó un trabajo de investigación en el Departamento de Historia de América, previo a la tesis, bajo el nombre de La creación del latino en la sociedad norteamericana a través del cine: sus estereotipos y memoria colectiva, en 2006. Publicó su primera novela bajo el nombre El espejo (http://stores.lulu.com/elespejojps) en 2006. Publicó en 2007 su primer poemario, Antesala de olvido / Prelude to Oblivion, donde en edición bilingüe recoge una selección de poemas escritos durante su estancia en Birmingham, Reino Unido, mientras cursaba estudios en la http://www.bham.ac.uk University of Birmingham como estudiante de intercambio, año académico 2005-2006. El mismo año publicó su segundo poemario Poesía del agua, demos voz al agua. Ha publicado en las revistas Trocadero (http://biblioteca.uca.es/ucadoc/revuca.asp?rev=02144212) y Remolinos (http://revistaremolinos.blogspot.com). Recientemente fue profesor EFL en Cavendish School of English (http://www.cavendishschool.com; Bournemouth, UK) y actualmente es director fundador del Grupo Literario Palabras Indiscretas (http://palabras.indiscretas.tripod.com) y responsable de la sección de Estudios Hispánicos en la revista Sarasuati (http://www.humanidades.comze.com). Muestras de su trabajo y datos biográficos del autor pueden verse en su página, http://jmpersanch.webs.com. === Nietzsche y la palabra del camino Rafael Fauquié ================= “Yo soy de hoy y de ayer —dijo Zaratustra—; pero en mí hay algo de mañana, de pasado mañana y de lo por venir”. Así habló Zaratustra. “Es muy difícil vivir entre los hombres, porque es muy difícil callarse”. Así habló Zaratustra. “Lo que yo encuentro, lo que yo busco / ¿se halló alguna vez en libro alguno?”. Humano, demasiado humano. Escritura del camino: signo de lo abierto, de lo interminablemente continuo. Escritura identificada con la voz del caminante que se detiene a recuperar fuerzas y a reponerse del cansancio de los días transcurridos. Muy variadas expresiones podrían relacionarse con la palabra del camino: pensamientos, reflexiones, memorias, aforismos, testimonios, autobiografías... En todas, generalmente, la comprensión pareciera unirse al deslumbramiento; la búsqueda, coincidir con los hallazgos. Y es que la palabra del camino entremezcla revelaciones y desentrañamientos; dibuja imágenes que surgen tanto de la fantasía como de la lucidez, de la maravilla como de la curiosidad. Es, por sobre todo, la interminable argumentación de una conciencia que nunca calla. La palabra del camino nos orienta por entre la confusión y la provisionalidad. Nos permite conjurar el tiempo del que estamos hechos. Ella discurre por sobre todos los temas posibles, sombra y soliloquio de pasos, rúbrica de conjeturas. Desde la amplitud de su superficie, la palabra del camino convierte en argumento todas las intuiciones, todos los descubrimientos, todos los desconciertos. La palabra del camino sigue un ritmo que le es propio. Quizá el ritmo de la vida donde las cosas manan sin cesar, capaces de desbordar cualquier cauce; fluctuando, moviéndose, llenando espacios; girando por sobre todas las superficies; tanteando, explorando. La levedad y la armonía son aspiraciones fundamentales de la palabra del camino; aspiraciones relacionadas, por cierto, al ideal de todo caminante: liberarse del exceso de peso, aligerar la carga que pueda verse forzado a llevar. La palabra del camino aspira a ser fiel a sí misma; por eso, se escribe y desescribe, se rompe y rehace, se fragmenta y retuerce hasta llegar a armonizar con las variadísimas circunstancias que la envuelven. La palabra del camino convierte en arte la reflexión o la perplejidad frente al instante. Ahonda en la vida, ilustrándola en algunas de sus casi infinitas facetas. A través de la palabra del camino, los autores apuestan a la firmeza de sus pasos, esforzándose en rechazar cuanto los debilite o desdibuje. La palabra del camino revela un inocultable horror ante la intemperie, ante los espacios demasiado vastos o demasiado impredecibles. Pero la intemperie es infinita; no existe palabra alguna capaz de cubrirla. Escribir podría convertirse, así, para algunos escritores, en un esfuerzo por resguardarse del inmenso silencio circundante. La palabra del camino se emparenta a una convicción: la de que, en la confusa suma de infinitas combinaciones que es la historia del mundo, acaso sólo las alusiones biográficas resulten genuinas identificaciones de lo humano. La palabra del camino dibuja una forma de diferenciación. Somos en nuestra escritura. Somos esas imágenes que nuestra escritura postula. Nuestro individualismo se convierte en el punto de partida de una voluntad de nombrarnos. La palabra del camino muestra la metamorfosis de nosotros mismos al interior de nuestros recorridos. Nos dibuja en una imagen que asumimos nuestra. Verbalizando nuestros ahoras conjuramos la pesadilla de la no significación del tiempo, el horror al vacío. La palabra del camino posee un fuerte contenido ético. Ética de la opción individualista de quien precisa apartarse de la confusión exterior para refugiarse en un signo que lo encarne. Frente a la complejidad, confusión y contradicciones de lo que llamamos “experiencia de vida”, se yergue la palabra que escribe a partir de esa experiencia. Rótulos, clisés, lugares comunes, frases hechas son formas del todo insuficientes para nombrar el camino o la experiencia del camino, siempre inundada de perplejidades, contradicciones y emparentada muy de cerca al impredecible azar. La palabra del camino señala un ir; pero, ¿hacia dónde? Ella contrasta la interminable oposición entre el albur y la persistencia. Por eso, fluctúa entre lo aleatorio y lo definitivo. El camino es, a la vez, permanencia y cambio; movilidad y fijación. A la fijeza se opone la continuidad. Lo definitivo se enfrenta a lo que, incesantemente, se metamorfiza. La palabra del camino es fijación de lo transeúnte. Transcurre y, en ese transcurrir, fija lo momentáneo; convierte en definitivo lo que es circunstancial. La palabra del camino es testimonio de nuestra voz expresando la vida que hemos recorrido. Es hallazgo que nos señala, eco o sombra de nuestros pasos. La palabra del camino sugiere la posibilidad de decir lo que sólo la experiencia y la memoria, juntas, podrían evocar. Es experiencia volcada en palabra. Es memoria que recuerda los días cumplidos. La palabra del camino convierte el hecho de vivir en fragmento discernible. Libertad, autonomía, independencia, autenticidad: términos necesarios para expresar lo que la palabra del camino es. Ella está cargada con un fuerte contenido ético. Eticidad de la opción del escritor que precisa apartarse de la confusión exterior para refugiarse en sí mismo y nombrarse desde esa palabra que lo encarna. La palabra del camino, lo he dicho alguna vez, debe poseer como uno de sus esenciales objetivos, conducir al escritor hacia su asilo, recuperar para él un espacio en el que poder reconocerse. La palabra del camino es naturalmente egoísta: señala a un yo empeñado en mostrarse y en proclamar que ha vivido. La necesidad de saber que no desapareceremos con nosotros mismos, que existe la posibilidad de perdurar en palabras que nos nombren e identifiquen más allá de nuestra presencia, explica muchos de los sentidos de la palabra del camino. La palabra del camino juega constantemente con diversos órdenes. Las verdades descubiertas por el caminante pueden ser, también, verdades de muchos o de todos. El mundo se refleja en el caminante y éste se refleja en el mundo. Al hablar del mundo, la palabra del camino lo hace siempre a partir de un yo contemplador del mundo. El mundo visto a través de los ojos de ese yo. En ese punto, vida e historia comienzan a acercarse extraordinariamente: la vida del testigo dentro de la historia, la historia nombrada desde la vida de quien la testimonia; vida e historia conviviendo en una palabra afín que las asemeja e identifica. En general, la palabra del camino suele saberse expresión incapaz de disipar del todo las tinieblas del desconcierto o la confusión. Una de sus desvirtuaciones sería la de ambicionar convertirse en documento de su tiempo, algo que significaría que su voz, necesariamente mesurada y necesariamente íntima, se transformase en prédica y profecía, convencida de los privilegios de su funcionalidad y su destino. Impregnada de vida, la palabra del camino puede llegar a insertarse en la historia, alcanzando así, como sucedió en el caso de Nietzsche, a dibujar certeras intuiciones del porvenir de la humanidad. Alguna vez escribió Nietzsche: “No quiero leer a ningún autor de quien se note que quería hacer un libro, sino sólo a aquéllos cuyos pensamientos llegaron a formar un libro sin que ellos se dieran cuenta”. Era su propio reconocimiento a la singular expresividad de la palabra de los caminantes, la que surge de la vida misma y que va sumando páginas que pueden conformar un libro; no el libro como propósito primero, sino el escribir la vida. Nietzsche ejerció, de una manera extraordinaria, una palabra compañera de curiosidades y testimonios; palabra que supo nombrar, por igual, las voces de su época y “la voz ligera de las diversas situaciones de la vida”. Por eso su escritura, hablando desde sí mismo, habló, también, de todos los hombres; verbalizando su propio mundo, alegorizó el mundo; ir y venir interminable entre lo individual y lo colectivo, una muestra de que los argumentos de la vida y los de la historia son formas análogas de la experiencia humana. Tal vez por eso Nietzsche alcanzó a percibir, en su presente, lo que sería esta realidad que hoy nos rodea, terminado ya nuestro siglo XX. Su palabra ilustró el carácter de ciertos recorridos por los que la humanidad estaba destinada a transitar. Y emblemas y valores de nuestros días se reconocen y reflejan en aquellas verdades del caminante que fue Nietzsche, en sus interrogantes y respuestas de lúcido pensador y visionario poeta. A pesar de la deuda que su palabra tiene con la poesía, en varias ocasiones Nietzsche se expresó muy despectivamente de los poetas, a quienes acusó de estar siempre dispuestos a pavonearse ante cualquier público que quisiera admirarlos. Los tildó, también, de superficiales: “No me parecen muy limpios que digamos; enturbian las aguas para que parezcan profundas”. En otra oportunidad los llamó también mentirosos: “El poeta considera al mentiroso como su hermano de leche”. Nietzsche no despreciaba a la poesía —que, de hecho, le perteneció siempre— sino a los poetas. Igual que le sucedía, por cierto, con los filósofos, a quienes llamaba “tejedores de telarañas”. La palabra del camino en Nietzsche iba haciéndose, amplia, suelta, fragmentaria, de una suma de reflexiones y aforismos que entremezclaban tanto imágenes como itinerarios. En ella no es posible distinguir “métodos” ni “sistemas”. Es una escritura que asume como suya la regla esencial del camino: el recorrido lo es todo. Por eso ella parecía avanzar moviéndose siempre según la marcha de un ritmo originalísimo; evocando incesantemente el propósito de verbalizar el mundo desde la lucidez y la pasión; tratando de enfrentarse a todos los temas, todas las controversias, todos los dogmas, todas las paradojas, todas las verdades... En La gaya ciencia, Nietzsche hace esta confidencia: “Escribo para deshacerme de mis pensamientos”. Deshacernos de nuestros pensamientos: librarnos de los fardos acumulados, aligerar nuestros pasos. Es necesaria la ligereza para continuar el recorrido. En algún momento, Nietzsche habla de un arte “travieso, ligero, bailarín, burlón, infantil y alegre para no perder esa libertad por encima de las cosas que nos exige nuestro ideal”. Arte ligero: ¿arte que acompaña los aprendizajes del vivir?, ¿arte de la transformación?, ¿arte del recorrido por entre el barullo y la confusión? Al arte ligero debía corresponder un espíritu ligero, algo que no significa, en lo absoluto, superficialidad de espíritu. Ligereza implica saber andar libremente por el camino: sorteando en él sus asperezas y sus frecuentemente indescifrables desenlaces. Ligereza para escribir y seguir avanzando sin cesar nunca de aprender de las propias sorpresas. Si pensamos, dice Nietzsche en algún otro momento, “no hay reposo”. El pensamiento busca respuestas que son descubrimientos; verdades propias: particulares y personales, también comunicables. Una verdad no puede guardarse, dice Nietzsche: tiene que salir fuera de quien la posee para conocer la luz y el contacto con los otros. “Todas las verdades que se callan se hacen venenosas”, dice. Verdades y no convicciones: las convicciones, comenta, son “más poderosas que las mentiras”. Y, en otro lugar: “De las pasiones nacen las opiniones: la pereza de espíritu las hace cristalizar en convicciones”. La individualidad humana va dibujándose en medio de la búsqueda de verdades. La vida posee verdades que debemos descubrir: verdades para nosotros, verdades nuestras. Y el entorno bien podría ser modificado por la fe que depositemos en ellas. Toda verdad, en el fondo, no deja de ser una ficción, una interpretación. Cada quien lleva sus verdades en sí mismo. “Por muy ávido que sea mi conocimiento”, dice Nietzsche en La gaya ciencia, “no puedo extraer de las cosas sino lo que ya me pertenece”. Esto es: me reconozco dentro del mundo y reconozco el mundo dentro de mí. A lo largo del camino, todo es transformación. Nuestras verdades cambian porque nosotros cambiamos. La sabiduría va llegando lentamente a través de interminables aprendizajes que nos arrastran hacia nuevas verdades. En La gaya ciencia, Nietzsche comenta: “Ahora te parece un error lo que en un tiempo amaste como verdad o probabilidad: lo rechazas, y crees que se trata de un triunfo de tu razón. Sin embargo, tal vez ese error fuera para ti en ese entonces, en que aún fuiste otro —siempre eres otro— tan necesario como todas tus ‘verdades’ de ahora”. Nietzsche expresa un saber que suponemos muy semejante al origen del filosofar en el mundo griego: un esfuerzo con que guiarnos dentro del camino: para crecer y llegar a ser felices, o, al menos, para sobrevivir dentro de él. Nietzsche se refiere, en algún momento, al estoicismo y al epicureísmo como saberes fundamentales de la supervivencia. Epicúreo es quien aprovecha las circunstancias que le ofrece la vida para disfrutarlas en toda su plenitud. Estoico es quien sabe resignarse ante lo que no podría ser cambiado. El epicúreo selecciona, escoge. El estoico acepta lo inevitable. Nietzsche comenta en sus palabras: “El epicúreo selecciona la situación, las personas y aun los eventos que corresponden con su extrema irritabilidad intelectual y renuncia a lo demás porque sería indigno para él una comida demasiado fuerte e indigesta. En cambio el estoico se ejercita en la ingestión, sin asco, de piedras y gusanos, vidrio picado y escorpiones; su estómago tendrá que terminar siendo indiferente a todo lo que vuelque en él el azar de la existencia”. Nietzsche enfatiza en la importancia de lo irracional dentro de la vida del hombre. Sentimientos y pasiones caracterizan nuestras actitudes tanto como las ideas y los argumentos. La vida no es sólo lógica. Es, también y quizá sobre todo, pasión, duda, deseo. La historia anecdótica de los grandes sucesos humanos, dirá en algún momento, no es tan expresiva como podría serlo la historia de los sentimientos; una historia que evocaría la memoria de los sufrimientos y devociones de los pueblos, sus desprecios tanto como sus admiraciones, sus mitos y sus aceptadas mentiras. Nietzsche opone la sabiduría del contemplador a la del hombre de acción. El primero, logra dibujar “el mundo que le importa al hombre”. El mundo que nos rodea, que conocemos, que nos identifica e identificamos, es el mundo creado por la palabra y la imaginación de los contempladores. Ellos son los verdaderos autores del universo humanizado. Ellos, en su imaginación, en su verbalización, son creadores del espacio que nos envuelve y habitamos. “¡Nosotros”, dice Nietzsche, “hemos creado el mundo que le importa al hombre! Sin embargo, precisamente esto no lo sabemos, y cuando por un instante, captamos ese saber, lo olvidamos al momento: los contemplativos desconocemos nuestra mejor fuerza y nos valoramos en un grado demasiado bajo —no somos ni tan orgullosos ni tan felices como podríamos serlo”. Nietzsche habla de la locuacidad de los escritores: la de la ira, por ejemplo, que le imputa a Schopenhauer; o la de la conceptualización, que le achaca a Kant; o la del deleite de buscar palabras nuevas para decir las mismas viejas cosas que le adjudica a Montaigne... Nietzsche poseyó como locuacidad totalmente personal la de una individualidad lúcida y apasionada, inquisitivamente colocada frente a un mundo que, por sobre todo, era preciso comprender. No puedo dejar de recordar las Memorias del subsuelo de Dostoievski, novela donde su protagonista, el hombre del subsuelo, comunica a sus lectores todo cuanto percibe desde el espacio de su conciencia; un espacio que, a la vez que lo aísla, le permite vislumbrar mejor, entender mejor. Nietzsche, con su palabra, se muestra, también, como un ser subterráneo; un contemplador que, desde el escondrijo de su conciencia, divisa —y cuestiona— una vastedad infinita colocada ante él. Por cierto, el propio Nietzsche, en El crepúsculo de los ídolos, hace un abierto reconocimiento a la importancia de Dostoievski en su obra. “Dostoievski”, dice, “el único psicólogo, dicho sea de paso, del que yo he tenido que aprender algo: él es uno de los más bellos golpes de suerte de mi vida...”. Para Nietzsche la vida es intemperie y es azar. Terrible e inexplicable, ella es riesgo interminable. El ser humano se esfuerza constantemente en conjurar ese riesgo. Un antídoto contra él será la voluntad; otro, la escritura, el arte. El arte es coherencia, sentido expresivo, unidad orientadora. “El arte”, explica, “es una forma de proporcionar un alivio a la conciencia sobrecargada de sensaciones... Del arte se puede pasar más fácilmente a una ciencia filosófica verdaderamente liberadora”. Y, en otro momento: “Crear: éste es el gran alivio al dolor y lo que hace fácil la vida”. El arte condensa y expresa. Toca lo elusivo, alcanza a definir lo indefinible. El arte nunca podría ser falso. No puede engañar. Él se asocia a lo más genuino y veraz del tiempo humano. La palabra de Nietzsche se propuso ahondar en el desenmascaramiento constante de numerosísimas paradojas humanas. Verbigracia la de que principios errados puedan generar gestos y comportamientos legítimos. O la de que la esperanza sería el peor de los males al prolongar torturadamente las ilusiones de los hombres. O la de que las malas acciones de éstos podrían, acaso, ser motivadas por un instinto de conservación, en cuyo caso dejarían de ser “malas” para convertirse en “necesarias”. O la de que el hombre piensa que lo bueno se impone por sí mismo y lo malo no; cuando bien podría suceder lo contrario: que las cosas buenas no se aceptasen, en tanto que los errores sí. Tales paradojas, dice Nietzsche, no son sino una directa consecuencia de algo: los hombres nos rodeamos de ficciones para entender, para identificar, para actuar; espejismos para guiarnos; ideas para poder continuar en el camino. A fines del siglo XIX, una idea —un espejismo—, el progreso, pareció deslumbrar a casi todas las mentes. Nietzsche desconfió de ella. La consideró culpable de deformar visiones y creencias. Frente al progreso, ante la idealización del futuro, Nietzsche erigió su propia idea: la de la necesaria afirmación del ser humano en el aquí y el ahora, la de una interminable apuesta del individuo hacia todos sus momentos vividos. La apuesta por el ahora significa afirmarse ante la vida diciéndole “sí”. Vivacidad de la vida y vivacidad de todos los instantes que la componen. La existencia —postula Nietzsche— bien pudiera ser para el ser humano un premio o una pesadilla. Una pesadilla para todo aquél que no sepa vivirla, disfrutarla o entenderla; un premio para aquellos seres capaces de afirmarse en la interminable aserción de su voluntad y de rechazar el escapismo fácil de las promesas religiosas (para Nietzsche un ser de espíritu religioso que niegue esta vida en beneficio de la vida ultraterrena es, ante todo, un desperdiciador). Como dije antes, la palabra del camino se desvirtúa al aspirar a convertirse en comunicación de la prédica o de la profecía. En ambas incurrió Nietzsche en diversos momentos de su obra, pero, muy especialmente en Así habló Zaratustra, libro donde se abandona la necesaria mesura de la palabra del caminante en beneficio de la premonición de nuevos signos históricos. Así habló Zaratustra es un símbolo de edades nuevas protagonizadas por hombres nuevos. “Con una voz fuerte”, dice Nietzsche, “se es casi incapaz de pensar cosas sutiles”. Es la mejor prueba de algo totalmente perceptible: nada en Así habló Zaratustra podría merecer el calificativo de “sutil”. La parábola que es Así habló..., escrita a finales del siglo XIX, se comunica muy estrechamente con cierto sentido ético de nuestro siglo XX, una época que ha impuesto a los hombres la moral necesaria de los supervivientes. Hoy, más de un siglo después, desvanecido definitivamente el espejismo del progreso, lo que perciben los hombres a su alrededor no es la decadencia que presintió Nietzsche sino otra cosa: el apocalipsis. La noción del riesgo apocalíptico evoca un porvenir que peligra en cualquier posible error humano. La visión apocalíptica dice que el futuro depende de este presente que estamos construyendo ahora. Como alguna vez he comentado,* el sentimiento de habitar un mundo al borde del apocalipsis arrastra a los seres humanos hacia dos actitudes opuestas; de un lado, la autodestrucción; del otro, un esfuerzo de supervivencia. “Lo imprevisible genera imágenes de opciones contrapuestas: vivir o morir, crecer o decaer, debilitarnos o fortalecernos, perdurar o desaparecer... El tiempo del apocalipsis es el del presente sin mañana, el de la desesperación circular. El tiempo de la supervivencia es el del equilibrio en medio de lo siempre precario, el de la previsión ante lo inesperado, el tiempo donde no existen ni débiles ni fuertes, porque todos, eventualmente, somos débiles; porque todos, definitivamente, somos vulnerables”. Autodestrucción es pulsión de muerte, hedonismo fácil, consumismo, vacuidad, fragilidad de referencias y relaciones, evanescencia de significados y valores. Frente a esto, la supervivencia podría concebirse como la iniciativa creadora dentro de los espacios clausurados, una fuerza vitalizadora dentro de lo devastado y lo precario. La supervivencia para Nietzsche consistía en decir “sí” a la vida, a la pasión del vivir. Si “Dios ha muerto”, entonces la absoluta soledad del hombre podría —debería— conducirlo, más que hacia la desesperación y la desmesura del “todo está permitido”, hacia la plena entrega a la vida. Voluntad de sobrevivir expresada en pasión por la vida, intensidad de vida. Del “silencio eterno de los espacios infinitos que ignoro y que me ignoran” de Pascal a la “muerte de Dios”, de Nietzsche: el paso de la historia humana fue apuntando hacia la necesaria autosuficiencia del hombre, a su independencia y su soledad. Una soledad que proclama que el destino de los hombres pertenece únicamente a sus obras, que son éstas su propio cielo o su propio infierno. Cielo o infierno, felicidad o infelicidad, plenitud o vacío: posibilidades opuestas que reposan en las manos de seres humanos capaces de crecer o desmoronarse, de sobrevivir o desaparecer. Nietzsche fue uno de los primeros en intuir que los seres humanos habíamos entrado “en una época en que la civilización está en peligro de sucumbir a causa de los medios de la civilización”. Las respuestas de Nietzsche aludieron una y otra vez a la visión de un ser que lograría sobrevivir y crecer dentro de un tiempo sin dioses y sin ideales de futuro sólo si se afirmaba en él mismo y en la validez de sus obras y respuestas; un nuevo individuo diferente a quien todo podría permitírsele, todo salvo la incapacidad para sobrevivir. Dice Nietzsche en La gaya ciencia: “¿Qué es originalidad? Ver algo que aún no tiene nombre, que aún no puede ser nombrado aunque esté a la vista de todo el mundo... Los hombres originales han sido, en general, también los ponedores de nombres”. Nietzsche, desde su propia peripecia de lúcido e inquisitivo caminante, desde su voz, desde su palabra del camino, colocó nombres, muchos de los cuales hoy todos repetimos. Nombres que identifican gran parte de los signos éticos de nuestro tiempo al describir, de tantas y tan certeras maneras, la pluralidad y la incertidumbre. Nietzsche fue original en su tiempo y sigue siéndolo aún en el nuestro porque su voz individual supo vislumbrar por entre la voz de la historia. De allí que haya podido nombrar tan acertadamente el porvenir y sus premoniciones resultar tan proféticamente exactas. * Ver Arrogante último esplendor, Caracas, Ed. Equinoccio, 1998. ** Rafael Fauquié rafabes@cantv.net Ensayista y poeta venezolano (Caracas, 1954). Licenciado en letras por la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab, http://www.ucab.edu.ve; 1977), postgrado en sociología de la literatura en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (1979) y doctor en ciencias sociales por la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve; 1984). Entre 1979 y 1985 dirigió los seminarios de literatura venezolana en la Universidad Católica Andrés Bello. Desde 1980 es profesor del Departamento de Lengua y Literatura de la Universidad Simón Bolívar (USB, http://www.usb.ve), institución de la que es profesor titular y en donde ejerció entre 1989 y 1993 el cargo de director de Extensión Universitaria. Ha publicado Espacio disperso (Caracas, Academia Nacional de la Historia, col. El Libro Menor, 1983), Rómulo Gallegos: la realidad, la ficción, el símbolo (Caracas, Academia Nacional de la Historia, col. Estudios, Monografías, Ensayos, 1985), De la sombra el verso (poesía, Caracas, Epsilon Libros, 1985), El silencio, el ruido, la memoria (Caracas, Alfadil, col. Trópicos, 1991; Premio Conac de Ensayo “Mariano Picón Salas”, 1992), La voz en el espejo (Caracas, Alfadil, col. Trópicos, 1993), La mirada, la palabra (Caracas, Academia Nacional de la Historia, col. El Libro Menor, 1994), Espiral de tiempo (Caracas, Fundarte-Equinoccio, 1996), Arrogante último esplendor (Caracas, Equinoccio, 1998), Puentes y voces (Caracas, Sentido, 1999), El azar de las lecturas (Caracas, Galac, 2001) y Testimonios, espejismos y desconciertos http://www.comala.com (Caracas, Comala, 2007). ||||||||||||||||||||||||||||||| LETRAS |||||||||||||||||||||||||||||| *** Poemas Oswaldo Gómez Toledo *** Héroes y ladrones Andrea Tomé *** Poemas Gustavo Alejandro Mussi *** Más allá del cielo plomizo Pedro Enrique Rodríguez *** Poemas Sabrina Domínguez *** El tren Jorge Ernesto de León Cabrera *** Poemas Johan Adrián *** Auto de fe Silvia Italiano *** Puertas como ríos Javier Ubalde Enríquez *** El hombre de la herramienta de insomnio Berenice Betancourt *** Poemas Jaime Gómez Nieto *** Textos Elena Camacho Rozas *** Tres sonetos Edgardo Donato Díaz *** Último día Alexander Campos Soto *** Tres poemas Marco Antonio Domínguez *** Cuatro relatos Jorge Etcheverry === Poemas Oswaldo Gómez Toledo ====================================== *** Mi pregón A las Viudas, a las Madres y a los Huérfanos de esta guerra estúpida. Y ella dijo, como desde muy lejos: olvídame y volveré a ti. Lumbre nocturnal Luminaria de rostros demacrados de agotamiento y desesperanza No siegues las migas que amamantan labios inertes Búscame entre los surcos, entre las lágrimas En la sangre derramada Y en las manos impávidas del campesino sin tierra Escúchame en el llanto de los huérfanos En el lecho frío de las mujeres Que no volvieron a besar a su compañero Búscame en el pecho vacío de las madres Que más nunca volvieron abrazar a sus hijos Destello incierto de víctimas que no sucumben Ni se olvidan con el tiempo Ven a borrar este odio que flama por dentro Y se fue diciendo: olvídame y volveré a ti. *** En la alborada de mi pueblo “En el pueblo en este preciso instante, todo es tiempo espeso, espeso [existir. ...Creía que las personas eran árboles”. José Luis Garcés González Entre oscuro y claro cuando levanto mis ojos, el espejo aún duerme La Sierra Nevada de Santa Marta con sus bostezos de nubes Empuja el rocío hasta el valle para mitigar su sed El río Guatapurí con sus aguas frías acaricia las piedras Que albean por el sol que ya levanta A la distancia y como dándole la bienvenida al forastero La chimenea de Cicoläc, ya falta poco para pisar el asfalto Y sentir el olor del café con jengibre sobre el fogón Imagino a mi madre descansando en la cama Con su almohada de plumas abrazando los sueños Y sus manos bajo el edredón como dos flamencos En el crepúsculo matutino escucho al voceador de prensa El gárrulo del vendedor de pescado Los grillos en las bisagras de los portones Y el jolgorio de los niños camino a la escuela Ya en el ambiente se siente el sabor a dulce de maduro y a chiricana A lo lejos el repicar de campanas me acosa hasta el aposento ¡Por fin las seis de la mañana! Entonces enciendo la radio y abro las ventanas Para que entre la brisa dócil de la mañana Ya escucho a mi madre en el patio retozando con el perro Y el trinar de los canarios que gorjean sobre sus cabellos En la alborada de mi pueblo hay días muy frescos y felices Algunos se pasean por el patio sobre las ramas de los árboles De pronto en el espejo me veo y me reconozco Soy el mismo de hace años completamente feliz Me guiño el ojo y sonrío como un manso orate de atar. *** Anónimo Le he robado al viento un puñado de pensamientos rebeldes Cargados de esperanzas para regalárselos a mi pueblo Que... ondea la bandera de la indiferencia Que... dilapidó la memoria en una guerra de acuerdos Que... perdió su identidad cultural a la rúbrica de un tratado Que... perdió su soberanía al permitir bases militares yanquis en su [territorio Le he robado al viento La fuerza de su aliento estacionario, repleto de sentimiento dócil Para amarrar los diablos de la oligarquía Con la misma fuerza con que ligo palabras rotas Y a veces lloro sin saber que todos los muertos son cercanos Amortizados por una aciaga ley de perdón y olvido Que le cerró las puertas a la verdad y a la justicia Quiero algún día verme consumado en el sueño del Libertador Y que al levantar los ojos no ver país extraño y distantes De hombres honestos con la misma hermandad enlazada Sin fascistas o tiranos opositores a la autonomía de América Latina Para caminar en el desfile multicolor de ideas Y derrocar el precepto del dictador de mente perversa. *** Mi madre Luisa Esther Madre, he esperado tanto tiempo para hablarte desde mi poema Que se ha perdido en el silencio, en un silencio estoico Se marchitaron mis palabras con la salubridad de mis penas Y con todos esos recuerdos que me queman en casi medio siglo Que cualquiera pensaría que he sido un hijo demasiado frívolo Sólo hay neviscas en mis recuerdos cuando pienso en ti madre Porque desde que te fuiste el estío se quedó a vivir en los copos de los [árboles Intento tocarte con mis versos escribiéndote estas retóricas palabras Pero sólo he conseguido un charco de lágrimas inconsolables Levito con tus sueños inalcanzables y añoro la familia que querías La casa, la otra casa que tanto querías, la amarré a mis cometas ¡Qué vergüenza contigo, mamá! No pude cumplir con tus sueños, te fallé Siento mi espíritu fecundado desde tus raíces, divagando en tribulaciones Eso es poco para ti, comparado con el desconsuelo que te circuía en vida Alguien puede decir todo lo malo que he sido Y lo que he sido solo tú lo sabes, porque no se lo he dicho a nadie ¡Qué pena contigo, mamá! Recorto algunas evocaciones de mi infancia de aquel álbum familiar Y comienzo a tocar tus recuerdos en lo más recóndito de mi memoria Escucho tu voz aromada y ahí estas con tus pies descalzos sobre el suelo [triste Te ves tan linda como impasible, siempre con esa expresión en las manos Madre, aún noto tu presencia en la brisa que se pasea alegre por el patio Que desordenan mis cabellos y acarician mis mejillas ligeramente. *** Mi primo Raúl Gómez Solano (Primo ñao) Menos mal que la melancolía y otros sentimientos del alma no son detectables por la aduana. Amado del Pino Cuando las noches inquietas lo desvelaban Y no encontraba sosiego en el alma ni en los sueños Buscaba siempre refugio en las fragosidades lenitivas Y así encontraba el equilibrio a sus pensamientos desleídos En la soledad escuchaba al viento hablar con las ramas secas El rumor de las aguas revoltosas del río le calmaba sus arrebatos Era incontenible, llevó una vida ansiosa y con afanes Desde muchacho llevaba una pasión errabunda en sus pasos Pernotó y cruzó la frontera íngrimo y sin pasaporte Viajó por las trochas de la Guajira hasta llegar a Venezuela Nunca llegaron recados ni cartas desde su destierro Había salido del pueblo en la época de la bonanza marimbera Cuando regresó traía otro aire en su aureola ya reposada Hoy su vida pasa tranquila sin afujías y sin desvelos Ahora trabaja la tierra, siembra y recoge del arroz sus espigas Los rumores del Ranchería son los ritmos de sus noches tranquilas Las voces de los árboles ahora son melodías que le trae el viento Ya no es cazador noctámbulo ni despierta de su insomnio alebrestado Encontró la brújula de sus pasos en una mujer que ancló sus miedos Ahora despierta en cualquier lugar del tiempo sin ansiedades Ya cerró el portillo del potrero y amarró la bestia salvaje que lo rondaba Queda en el aire su risa desgranada y la fragancia del ganado en los [corrales La Frescoleta con sus mangos florecidos aroman la tarde que ya termina. *** Mi hermano Brian José Lo recuerdo instaurando el tiempo en los lienzos de su pubescencia Escucho su voz como el crujido de una rama seca en el silencio de la noche El chiflido de una canción siempre en sus labios pregonando su alegría Lo veo cargando torcazas en su alforja y con su honda atisbando el monte Jamás olvidaré ese gesto de alegría brillando en su risa protuberante. Lo que hemos sido en la adolescencia es lo que cuenta en la vida Como esos días de cacería, las fiestas, los juegos y los días inconstantes Esos recuerdos son las albricias que merodean por nuestras memorias Y navegan por nuestro mar interior como el pedigrí de nuestra mascota Derby O el día que estacionamos el carro de papá en un arrozal camino a Fonseca. Todo eso lo recuerdo y se me pone el corazón más alegre que fiesta de [pueblo Sé que puedo contar con él porque nos queremos, más él a mí que yo a él Lo vi crecer cual crisálida en un cardonal en las tardes que nos vieron [juntos Esos sucesos tan pequeños germinan en nuestras memorias gravitando Como la noche aquella que lloramos a un hermano muerto inesperadamente. Entre Hipócrates y Galeno forjó su gran sueño laureándose como médico Y ahí está mi hermano de siempre abriéndose caminos imprevisibles Sólo ha crecido en su pragmatismo, sigue como el río en su cauce sempiterno Es él quien no me olvida, es un sentimiento esparcido en el tapiz de las [tardes. Aun así, nos queda el tránsito de la adolescencia que plasmó el tiempo Hasta el día que fenezcan nuestros sueños y dure su instante Entonces dejaré este poema en la bitácora de los argonautas Que nos guiará con su destello cuando naufraguemos en ultramar. Las recordaciones nos marcan con tinta indeleble como el tatuaje del indio Porque la memoria es algo vivo y todo lo que se rememora se liga y persiste Lo nuevo, lo viejo, el pasado y el presente, en los vivos y en los muertos. *** Sin retorno Me convertí en un dócil tatuaje sobre tu piel indolente Para no renunciar a ti, si intentan separarnos Porque contra el amor del bueno no hay quien pueda Pero hoy me he sentido dolido, extraño y ausente Tal vez nunca supe el tamaño de tus penas Como tampoco, los quejidos que desgarraron tu vientre Mientras parías mil versos de olvido Tal vez nunca te importó oír mi nombre Pero bebiste agua fresca de mi río Y aquella sed te hizo llenar de deseos Para luego sentir que fuimos sólo instante Y no tuvimos más remedio que amarnos Ahora andas como yo Sedienta, sin refugio y repleta de soledad No queda nada. La copa está vacía, te embriagaste con el vino de mi fuente. ** Oswaldo Gómez Toledo osgoto@hotmail.com Escritor colombiano (Distracción, La Guajira, 1952). Reside en Bogotá desde los años 70. Estudió en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas (http://www.udistrital.edu.co) y en la Fundación Universitaria del Área Andina (http://www.areandina.edu.co; Bogotá), donde se tituló como administrador de obras civiles. Es, además, intérprete de música vallenata. === Héroes y ladrones Andrea Tomé ==================================== Nunca había creído que podría morir, él era sin duda una de esas personas que crees que siempre estarán a tu lado y que jamás te dejarán. Y ahora ves sus ojos azules cerrados, su largo cabello rubio cayendo tristemente sobre sus hombros y ya no sabes qué pensar. Estaba realmente guapo, siempre lo había sido, con su traje nuevo, con aquella camisa tan cara que en vida siempre había rehusado a ponerse, con la corbata que solía llevar en los conciertos... pese a tener ya cuarenta años, asemejaba unos diez menos. Siempre había sido un niño, no le había dado tiempo a crecer. Un chico pelinegro con un flequillo rubio tapándole uno de sus ojos, que Kristen reconoció como el bajista del grupo, se acercó al ataúd abierto y se santiguó. Su madre lloraba, o hacía que lloraba, pues la adolescente estaba casi segura de que no lo amaba, de que no lo había hecho nunca, de que se había casado con él simplemente por el dinero o la fama, o porque una pequeña Kristen se desarrollaba en su útero. El segundo guitarra se acercó a ella lo más disimuladamente que pudo. —Tu madre está realmente conmocionada, me alegro de que tú estés más entera —se fijó en los ojos de la chica, eran una réplica exacta a los del fallecido Blake, mas la mirada era diferente, cada vez que sus ojos se cruzaban veía los de la muchacha como dos témpanos de hielo, demasiado fríos y maduros a sus dieciséis años—. Veo que tu hermana no está aquí, menos mal, habría sido demasiado para ella. Yo mismo no consigo creérmelo, todavía lo veo con esos jerseys holgados que siempre se ponía en casa, escribiendo canciones y haciendo garabatos sobre lo que podría ser una carátula de un CD o un videoclip... —al no encontrar respuesta alguna en la joven se limitó a decir:— Lo echaré mucho de menos. Ella tenía sus ojos clavados en la nada, estaba recordando, pensando, dejando su cabeza hecha un lío... ya no sabía qué era verdad o mentira, si había sido ella la fallecida por una sobredosis o su padre... lo único de lo que estaba realmente segura era de que no podía estar segura de nada... en absoluto. Avanzaba lentamente por el blanco pasillo, odiaba aquello y de nada servía ocultarlo. Odiaba la manera en que todas esas caras ojerosas escudriñaban su rostro, odiaba el modo con que se excusaban, odiaba como trataban de ocultar sus brazos al resto de la gente... lo odiaba todo. Y lo peor es que no era la primera vez que estaba allí. —Supongo que sabrás qué clase de lugar es este —dijo de mal talante a su hermana pequeña. —¡Claro que sí! —se defendió la niña cruzando los brazos a la altura del pecho—. Papá me lo explicó por teléfono, es un hospital especial para gente famosa. —Om —replicó Kristen pulsando el botón del ascensor tan fuerte que se quedó atascado y no tuvo más remedio que volver a infringir fuerza sobre el mismo—. ¿Y te explicó por qué está aquí? La pequeña puso los ojos en blanco entrando en el elevador. —De verdad, Kristen, cada día estoy más convencida de que tienes un retraso mental o simplemente algo no va bien en tu cabecita, ¡la gente normal no va a los hospitales a tomarse unas vacaciones! —después, satisfecha de lo que había dicho, pues estaba absolutamente segura de que era así, añadió:— Pero tú no eres normal. Las grandes puertas metálicas se abrieron al sonido de un “clac”, caminaron por el pasillo sin decir ni una palabra, nada que rompiera el incómodo silencio. —Habitación 782, ¡hemos llegado! —exclamó la pequeña Vanessa con una sonrisa en sus labios, iguales a los de su progenitor. Al no encontrar respuesta alguna en su hermana procedió a abrir la puerta. —¿Papá? —preguntó observando minuciosamente a aquel hombre cuyos ojos se mostraban perdidos, pálido y con una expresión como la de alguien que lleva varias semanas sin dormir. La niña se percató de que estaba algo más delgado, pero lo alegó a la falta de comida rica en un hospital. —¡Hola, Vane! —saludó reincorporándose con la mayor de sus sonrisas—. ¡Hola Kristen! ¿Qué tal? ¿Ha sido dura la vuelta al colegio? —¡Pero si no empieza hasta dentro de dos semanas! —se rió Vanessa, quien creía que se trataba de una de las bromas de su padre. —Pero... hoy es... lunes, martes, miércoles... —se confundió Blake contando los días en el calendario. —Sábado —aclaró una cortante Kristen—, dos de septiembre. Su padre se limitó a fruncir el ceño como si alguien le estuviese gastando una broma pesada. La pequeña había estado a punto de verificarlo cuando se dio cuenta de algo que no podía dejar escapar. —¿Y esas marcas de tu brazo? ¿Es que te han puesto inyecciones? El hombre observó la parte delantera de su codo y tras unos segundos sentenció: —Sí, me han puesto un montón de vacunas. Ya sabes, el riñón, es muy moles... —¡Oh, ya está bien! —chilló la mayor totalmente alterada—. Pensaba preguntarte qué había sido esta vez, pero por lo visto está demasiado claro, ¿así que heroína? No te mentiré si te digo que me lo esperaba. Aunque había creído que lo de ahora había sido uno de esos cócteles de pastillas y cocaína, pero ya veo que sin duda me equivocaba de medio a medio. —¡Eh! —gritó Vanessa enfadada—. ¡Papá no es ningún drogadicto! ¡Todo el mundo sabe que drogarse es malo y papá no es tan estúpido como para hacerlo! —Al menos no ha sido como aquella vez, ¿recuerdas? —prosiguió su hija como si no hubiese escuchado a la pequeña—. Un coma etílico, y a los dos meses volviste a las andadas, hasta ahora. —¡Estuvo en coma porque se cayó por las escaleras del estudio! —chilló al borde de las lágrimas la niña. El hombre suspiró y miró a la pequeña a los ojos. —Tengo un problema, Vane, estoy muy enfermo, hay veces que el riñón me duele tanto que creo que podría curarme y... me inyecto una especie de vacuna espantosa que parece que te alivia el dolor, pero en realidad te enferma aun más, y cuanto más enfermo te pones más veces deseas ponerte esa especie de vacuna espantosa, ¿lo entiendes? Es parecido a comer chocolate, sabes que después tendrás dolor de barriga y granos por toda tu cara, pero una vez que empiezas ya no puedes parar. ¿Puedes verlo? —¡Pero eso es drogarse! ¡Y está mal! ¡Nos lo enseñaron en el colegio! Kristen suspiró con evidente enfado. —Nos vamos, lo siento pero nos esperan, ya llamarán luego con la excusa que te hayas inventado. —¿Qué? ¡No! ¿Adónde? —preguntó Blake todo nervioso, tanto que apenas se le entendían las palabras de la rapidez con que las pronunciaba. —A casa de la abuela —respondió la menor ante el silencio de la otra. —¡P-pero si está en la otra punta del país! —Vámonos, Vane —fue todo cuanto dijo la muchacha jalando de su hermana para salir de la habitación. —¡Esperad! —exclamó cuando ya casi estaban pasando por el umbral de la puerta—. Ante todo, jamás, jamás vayáis al parque. Por favor. Al parque Miguel Servet —añadió al ver las caras de incomprensión de sus dos hijas, y tras un incómodo silencio Kristen se despidió fríamente, obligando con la mirada a su hermana para seguirla. Blake tragó saliva reincorporándose, de todos modos ya lo sabía, había sido todo un detalle no habérselo recordado. Una casa color salmón se imponía ante las dos niñas, era una morada de dos pisos, con grandes ventanales blancos y una puerta de madera que daba la sensación de que chirriaría nada más entrar, pero jamás lo hacía, en la parte trasera se aparecía un gran terreno asfaltado con unas canchas de baloncesto y un balancín oxidado, de esos que te ponen los pelos de punta con tan sólo fijar la mirada sobre ellos. No hacía tanto frío como se habrían esperado, a decir verdad, de hecho hacía algo de calor, lo único a recalcar era una niebla poco espesa que otorgaba al ambiente un aspecto algo más siniestro. —¡Hola, abuela! —saludó la mayor abrazándola, no recordaba demasiado acerca de Huesca, a excepción de las últimas Navidades que había pasado allí, cuando tenía diez años y su padre le había enseñado a esquiar, dándolo como una causa perdida después de los veinte primeros intentos de mantener el equilibrio. Y allí estaba otra vez, estaba segura, era el motorista de todos los días, llevaba algo así como tres o cuatro persiguiéndola y nunca había tenido ocasión de verle el rostro. Las primeras jornadas la había llegado a asustar, ahora simplemente la intrigaba, aminoró el paso. Escuchaba el ruido proveniente de las ruedas del vehículo avanzando entre el alquitrán, miró al suelo, la “persecución” nunca había durado tanto, de un modo u otro le daba la sensación de que el motorista la llevaba a ella, como quien pasea a un perro manso, o tal vez fuese su subconsciente, amante de lo prohibido, pero el caso es que siempre acababa a las puertas del Miguel Servet, a pesar de no entrar, el motorista apagó el motor, la chica sintió cómo un sudor frío avanzaba por su espalda, unos pasos tras de ella: pam, pam, pam..., la gente andaba más despacio, sin fijarse en su persona, permanecía inmóvil mientras los pasos se acercaban más: pam, pam, pam... cada vez más tenues y ella más feble, nunca había pasado eso, del juego había acabado a la pesadilla: pam, pam, pam... finalmente entró, corriendo podría decirse: pampam, pampam, pampam... no era la única que lo hacía: pampam, pampam, pampam... a paso ligero se adentraba dejando atrás las pajaritas hasta el punto de casi chocarse con las mismas: pampam, pampam, pampam... a medida que aumentaba su paso, el chico lo hacía también. Al poco tiempo se paró en seco, casi llorando y roja de la rabia, segundos después ya no había más pasos. Por primera vez se dio la vuelta. —¡Ya está bien! ¿Qué quieres? —chilló con el miedo como único dueño de sus jóvenes entrañas. —Blake... —musitó el chico, de cabellos casi blancos y ojos azul hielo—. Está claro que eres su hija, no sólo es que te parezcas a él, es algo... en tu olor, ¿sabes? En tu manera de huir de mí... —V-voy a llamar a la policía —sentenció ella tratando de sonar serena y calmada. —Oh, vuestra policía no puede hacer nada —Kristen se alejó unos pasos hacia atrás, arrimándose a la casa de Blancanieves—. Nada. ¿Sabes, pequeña? Tengo una deuda pendiente con tu padre, llevo tantos años esperando este momento... él pensó que con alejarse del parque estaría, estaríais a salvo de nosotros, pero no es así. Estando vosotras aquí tenemos total y plena libertad para vagar por toda la ciudad. Puedes darle las gracias, preciosa. —¿Qué eres? —quiso saber ella, todavía temblando y fuertemente agarrada a la amarilla pared de la casita. —Tal vez sea más atinado que pienses qué eres tú —fue toda respuesta del rubio, quien levemente la empujó al arbusto frente a la casa. Una leve sacudida atacó el cuerpo de la muchacha, un halo de luz la cegó por momentos, un mareo esporádico la invadió... y abriendo los ojos se percató de que todo estaba exactamente igual. —¿Qué artimaña se supone que has hecho? —quiso saber, mas el miedo la anonadaba de forma pasmosa. —¿Qué crees que he hecho? —respondió el chico con su voz aterciopelada. —Nada —respondió ella agarrándose tan fuertemente al seto que sus nudillos se tornaron de un amarillo enfermizo. —¿Nada? —cuestionó a su vez él abriendo los ojos enseñándole el parque; un “déjame irme” por parte de la chica, que más que petición había sonado como un murmullo quejumbroso, lo alarmó—. ¿Y si te dijese que no hay caminos? Verás, querida, déjame mostrarte la Huesca dentro de la propia Huesca. Una lechuza increíblemente blanca sobrevoló sobre ellos a velocidad pasmosa. —Esto es imposible —murmuró Kristen segundos antes de que el animal se convirtiera en una joven de vestimentas blancas, largos rizos negros y ojos grises de matiz violáceo. —¿Serías tan amable, Lyween? —quiso saber el rubio alzando sus finas y luengas cejas. La mujer agarró a Kristen por el codo y posando sus marmóreas manos sobre la puertecilla de la casa la hizo abrirse ante los pasmosos ojos de la adolescente, a quien invitó a entrar. —Esto no es normal —sentenció al ver que la estancia era enorme en su interior, las paredes caían como de un cristal transparente de luces plateadas, entre tanta amplitud tan sólo yacía en el centro una pequeña mesa de vidrio con una pequeña botella del mismo material rellena de lo que parecía ser plata líquida. —Si tienes alguna pregunta, formúlala ahora, luego será tarde —dijo dulcemente Lyween sentándose en el suelo, la muchacha la imitó sintiéndose de lo más pequeña. —Bien, ¿qué fue de la gente? Cuando cerré los ojos estábamos rodeados de personas por doquier y al abrirlos ya no había nadie. —¿Por qué habría de haber gente de vuestra Huesca en la nuestra? —Es que no lo entiendo. —La gente puede verte y pensar muchas cosas de ti —le explicó el chico caminando hacia ellas—, tú haces lo propio y te comportas como crees que eres, pero en tu interior, en lo más profundo de tus pensamientos eres otra, eres la Kristen dentro de Kristen. Como la Huesca dentro de Huesca. Y ahora dila. La pregunta más obvia. Ella tembló e instintivamente se acunó hacia atrás mordiéndose el labio inferior. —¿Por qué? —con rota voz salió de sus labios al fin. —Tu padre fue el primer de fuera en entrar en mucho tiempo —comenzó la fémina—, debía de tener más o menos tu edad, quizá algo más joven. Nos hizo una promesa, una promesa caía que pronto llegaría a desmoronarse. Nos traicionó con la más afilada arma de doble filo. Arrancó la primordial página de nuestro libro y marchó con la llave de nuestra Huesca cerrando el puente entre las dos, de modo que sólo estando su sangre cerca pudiese abrirse. Y aquí estáis tú y tu hermana: sangre de su sangre. —Como te dije —terminó por ella el muchacho—, él creía que si simplemente os manteníais alejadas del parque todo iría bien, pero como puedes ver se equivocó de cabo a rabo. Kristen pestañeó contrariada, repentinamente se sentía mareada y febril, ¿estaban hablando de su padre? ¿El mismo heroinómano con quien había discutido apenas unos días antes? ¿El mismo depresivo y solitario artista? ¿El mismo a quien atormentaban los hirientes ataques por parte de su madre? Parecía ser así. —La página... —comenzó notando la lengua como papel de lija. —Era la única capaz de hacer que nuestro poder se extendiese más allá de las fronteras. La que podía hacer que dentro fuese fuera como arriba podría ser abajo —explicaron al unísono los otros dos. Y en un instante, Lyween se convirtió en la lechuza blanca, mostrándole los más bellos parajes de modo que Kristen veía como ella sobrevolando húmedos bosques y cristalinos ríos al ras del suelo. —Es hermoso... —suspiró dejando caer sus párpados con suavidad. —Es horrible —afirmó Blake a kilómetros de distancia, la llave que colgaba sobre su pecho le quemaba tanto como podría quemarle una plancha enchufada, con rabia se la quitó y la dejó caer al suelo—. No puede ser... no puede ser... —repetía dando vueltas y moviendo las manos maniáticamente, buscó con nerviosismo la llave por el suelo y cogiéndola cerró los ojos. Luego, un fuerte golpe que alertó a las enfermeras. —¿Blake? —preguntó una de ellas entrando para asimilar que no había nadie, ni tan siquiera polvo rezumando a los alrededores. La niña se encontraba mirando a la sucia ventana con la vista clavada en la nada, no había cosa en esa casa que pudiera interesarle ni un ápice, podría salir afuera, estaba segura de que había un montón de actividades que hacer, pero el caso es que para ella era uno de esos días en que hagas lo que hagas lo verás todo gris y nada, prácticamente nada te llenará en absoluto. —¡Aaaah! —chilló dando un salto en la silla de modo que a punto estuvo de caerse hacia atrás. “Debo estar volviéndome loca”, pensó escudriñando el rostro de aquel rubio de ojos intensos que relacionó como su padre. Pero lógicamente no era posible que estuviese allí, no, está claro, había perdido la razón por completo, ¿desde cuándo la gente se aparece de la nada así porque así? De modo que optó por colocarse bien en la silla y organizar sus ideas. —Vanessa, ¿dónde está tu hermana? En ese momento fue cuando la niña pensó que si ahora sus alucinaciones le hablaban tal vez sería sensato el plantearse si realmente eran tan ficticias como pensaba. —No está... creo. Me parece que fue a dar un paseo... o algo así. Pero volverá pronto, al menos eso dijo... Luego murmuró algo así como “la muy idiota... ”, pero su padre prefirió pasarlo por alto como si no lo hubiese escuchado. —Da igual, no hay tiempo. Quiero que me escuches muy atentamente a lo que te voy a decir... —¿Cómo llegaste hasta aquí? —interrumpió la niña clavándole su mirada inocente deliberadamente a la par que se plegaba la falda al saltar de forma brusca de la silla. —Muy atentamente —prosiguió él haciendo caso omiso a su pregunta—. Es muy importante que abras bien los oídos y guardes las preguntitas para luego, ¿okay? La pequeña asintió con la cabeza absolutamente convencida de que era otro de sus juegos, aunque aún no había pensado la manera en que podía haber llegado hasta allí en tan poco tiempo. —Escucha —prosiguió él—, estoy casi seguro de saber el paradero de Kristen, esto es serio y bastante importante según mi desequilibrada noción del tiempo estima. ¿Ves esta llave? —Vanessa asintió levemente como en un sueño, sólo que estaba despierta, más que nunca—. Pues... abre una puerta a una especie de... ciudad dentro de la nuestra, ¿me sigues? —Eso creo —alegó la hija sin sonar demasiado convincente. —La cuestión es que a los habitantes de esa ciudad no es que... les caigamos especialmente bien, y sus expectativas de futuro para nosotros no son lo que se tiene por buenas. Pero para conseguirlo tenían... tienen algo parecido a un libro de instrucciones y, ¿ qué pasa si le arrancas una página a un libro de instrucciones? —preguntó dando vueltas por la habitación y justo cuando Vanessa abrió la boca para hablar prosiguió—. Exacto, no puedes hacer lo que pretendías hacer siguiendo las instrucciones a no ser que supieras hacer lo que se supone que quieres hacer, cosa que no es el caso. Ella parpadeó varias y repetidas veces, por su cerebro se unían en una misma frase las palabras “loco” y “papá”, muy a su pesar. —¿Y tenemos que arrancar esa página de ese libro? —preguntó tras pensárselo largo y tendido. —Mmm... ¡No! —suspiró el hombre—. Tenemos que recuperar esa página. —¡Creía que querías que los “habitantes” no cumpliesen sus expectativas no demasiado buenas! —Sí, pero... si recuperamos la página escondida y la destruimos jamás podrán tener acceso a ella. Dicho eso la niña se calló y no volvió a pronunciar palabra, siguió a su padre quien le señalaba el camino hacia la calle y le pedía con un gesto que se mantuviese así de silenciosa. Ya abajo la condujo hasta la parada de autobús más cercana y trató de calmarse, con resultados prácticamente nulos a decir verdad. —¿Por qué cogemos el bus? —preguntó la inocente niña frunciendo el ceño mientras se subía al vehículo. —No hay que levantar sospechas —susurró él cogiendo sitio en la parte trasera. La pequeña comenzó a aburrirse en el momento en que vio que no dejaban de pasar y pasar y pasar sin detenerse, al fin llegó la penúltima parada y fue cuando su progenitor tiró de ella para salir. Caminaban por calles de piedra, en el cielo las golondrinas volaban alejándose como en el poema de Bécquer, el blanco bus giró en una rotonda y desapareció ante sus ojos. —¿A dónde vamos? —preguntó agarrando a su padre de la mano, él llevaba una gorra tapando su característico pelo y unas enormes gafas de sol de modo que sólo un fanático extremo pudiese reconocerlo. —Lo sabrás cuando lleguemos —contestó él con la voz queda. Continuaron marchando hasta que el hombre se paró enfrente de otra parada de autocares, la niña dejó caer un suspiro que empañó la cristalera de la marquesina. Cuando el ómnibus aminoró la marcha subieron. —¿No decías que no teníamos tiempo? ¿No sería más fácil pedirle a la abuela las llaves del coche? —Espero que no te hayas olvidado que se supone que estoy en una clínica de rehabilitación en la capital. Un silencio penetrante se interpuso entre ambos, Vanessa dirigió sus ojos verdosos al cristal y apoyó su mano izquierda sobre su mejilla. —Entonces así se llaman —dijo sin separar la vista del vidrio— los hospitales de famosos. —En efecto —fue todo cuanto pudo decirle Blake agarrándose para no caerse debido a la fricción de una frenada. —¿Por qué lo haces? —preguntó mirándolo durante un efímero momento—. Drogarte. —Ya te lo... he explicado. Es una adicción. Si lo dejase ahora enfermaría y si sigo también. Es como... una calle sin salida o una dirección prohibida. Puedes empezar pero sabes que no podrás acabar. —Pero ya lo hiciste otras veces —insistió su hija sin comprender—, como aquella vez que estuviste tan enfermo y dejaste de fumar. Mamá siempre nos recuerda que te costó mucho. Pero lo hiciste, ¿no es lo mismo? —Hemos llegado —indicó él bajando las escaleras. Pero pisando la planta la chiquilla lo seguía escudriñando con la mirada, llegando a levantar las cejas pidiendo una respuesta cuando sus ojos se encontraron. —Sí, supongo que será... parecido. Es como un examen, los hay más fáciles y más difíciles, pues bien, este es sin duda el más complicado de todos. —Y tú siempre me dices que debo pasar todos mis exámenes. Nada más. Ni una sola palabra perdida, tal vez no las necesitaran en absoluto, hay veces que el silencio más abrupto es la respuesta más clara a todas las preguntas que no te atreves a formular. —Aquí es —dijo el varón señalando un pequeño puente de piedra marrón—. La hoja escondida en el puente de San Miguel sobre el río Isuela. Corrieron hasta el viaducto y esperaron hasta que nadie pudiese verlos, justo en el medio se colocó el rubio y posó la llave sobre la tercera piedra contando desde arriba diciendo unas palabras en un idioma desconocido a los inocentes oídos de la pequeña. Un fuerte viento irrumpió estremecedor, ni pestañear les habría dado tiempo a hacer hasta que un pequeño papiro se apareció ante ellos. —Era aragonés —aclaró cogiéndolo, de súbito se le escapó un grito sordo agarrando fuertemente la llave. —¿Qué pasa? —Ahora sí que no tenemos tiempo. Lo siguiente que recordó Vanessa fue una sacudida; abrió los ojos y pudo ver los árboles de un parque, tardó unos segundos en comprender qué estaba pasando. —¿No nos habías dicho que no viniésemos nunca aquí? —Esto es una ocasión especial. Es una excepción. Y cogió la hoja con sus manos, estaba dispuesto a hacerla añicos pero no lo hizo, a ella le habría gustado preguntarle a qué esperaba pero justo cuando iba a hacerlo hizo un ademán de dejarlo destrozado. Otra sacudida más, otra vez esa sensación de vacía, arriba y abajo. —No se te ocurriría hacerlo, ¿verdad, Blake? —inquirió el hombre rubio. —¡Papá! —exclamó Kristen, Vanessa seguía fuertemente agarrada a los vaqueros de su progenitor—. ¿Por qué? ¿Te has detenido a pensar en lo que piden? Es fastuoso. —No lo es, es una dictadura, no querrás ser dirigida por gente como ellos. Lyween se apartó la melena de la cara en un rápido gesto y observó a Blake amenazadoramente. —Supongo que no hará falta que te diga que si lo haces no nos quedará más remedio que matarla —dijo cogiendo a Vanessa de la camisa. —¡Soltadla! —gritaron al unísono él y Kristen, la adolescente tenía los ojos vidriosos como si no estuviese demasiado segura de qué estaba haciendo o dejando de hacer, como si no supiese nada. —Entrégame ese papel —Blake dudó ante la pregunta del varón y se metió una mano en el bolsillo de la chaqueta doblando los labios—. ¡Entrégamelo! —¡Oh, vamos, dáselo! —imploró la mayor con los labios sangrando de tanto mordérselos, Lyween colocó una afilada navaja sobre el blanco cuello de la niña, por lo que Blake tendió la hoja al rubio sin pensárselo dos veces, pero al coger el papel rehusó soltarlo, por lo que la mujer apretó con más fuerza sobre la pequeña provocando que lo dejase sobre las manos del otro. —Vaya, nunca creí que llegases a hacerlo, Blake, aunque supongo que ahora habrá que hacer buen uso de este pequeño regalo que nos has entregado. Y comenzó a leer en aragonés antiguo mientras él acercaba a sí a sus hijas; de repente se escuchó un sonido, al principio Kristen creyó que era de parte de Lyween o su acompañante pero un olor a quemado provenía de su padre, pudo comprobar que en sus manos se iba quemando un papel lentamente. —¡NO! —gritó Lyween uniéndose a su compañero a leer más rápido la hoja. —No insistáis —dijo Blake mientras los “extranjeros” iban desapareciendo—, con una copia falsa es efímero hacerlo. Sólo cuando los dos hubieran ido del todo Kristen se atrevió a preguntar qué había sido de ellos. —Ellos están en algo así como un limbo —le contestó—, ni aquí ni allá, ahora debéis iros a casa de vuestra abuela. —¿No vienes con nosotros? —preguntó Vanessa temerosa. —No —respondió él—, creo que mi lugar es el de las almas de dentro de Huesca ahora que los que querían salir de allí han caído, tal vez mi cuerpo continúe aquí pero me parece que lo que en él habita no. —¿Volveremos a verte, no? —dijo Kristen antes de que se desvaneciese. —Claro, si calculo bien el tiempo, dentro es un poco diferente a fuera. Horas después del funeral la chica entró en casa, escuchó un murmullo proveniente de una de las habitaciones principales; “Vanessa”, pensó alicaída, mas cuál fue su sorpresa al encontrar a su madre hecha un paño de lágrimas; no había nadie alrededor, nadie podía verla o escucharla, puede que todo fuese real. —Realmente lo querías —susurró de un modo tan desagradable que pronto comenzó a auto odiarse. La mujer afirmó con la cabeza acurrucándose sobre la gran cama de matrimonio. —Supongo que jamás podrás ver lo que tienes hasta que ya no está, ¿eh? —le dijo forzando una sonrisa nerviosa que se asemejaba más a la mueca de un payaso. —Creo que volverás a verlo pronto —perjuró la muchacha—, estoy segura. En esos momentos se preguntó cómo sería, cómo sería la vida de dentro ahora que ya no estaban oprimidos, al principio odió a su padre por abandonarlas, luego comprendió que ella también lo necesitaba, que no había lugar al que ir y lo más importante, que si no lo hubiese hecho ya nada sería lo mismo. Y en el cielo, golondrinas marchando exactamente igual que en cierto poema de cierto poeta olvidado. ** Andrea Tomé nynfe_th@hotmail.com Escritora española (Ferrol, A Coruña, 1994). Estudia secundaria. === Poemas Gustavo Alejandro Mussi =================================== *** Eres límpido concierto (versos alejandrinos) No quiero las migajas de lluvias del desierto, ni quiero las miserias de fiestas profanadas, el ego nos soborna con noches estrelladas y duerme sin saber que siempre está despierto. Prefiero esa mirada sencilla de tus flores aromas de verano besando mis inviernos, blasfemias silenciadas, caricias sin gobiernos, tus labios en mi boca, perfectos trovadores. Los versos alquilados disfrazan la mentira prejuzgan el fracaso cual éxito comprado, maquillan la victoria que nadie les ha dado y el alma de los sueños apenas les respira. Yo quiero tus palabras de límpido concierto el roce de tu llanto sereno y verdadero, tu risa contagiosa sabor a pan casero y el mar que tu presencia derrama en el desierto. *** El obsceno dulzor del desconsuelo Qué será de este otoño desparejo que me arropa desde tu rauda partida de las manchas del olvido en el espejo del paisaje derretido en tus banquinas de tu nombre asfixiado entre mis dedos. Qué será del oleaje en mis latidos hoy tan lejos del destino de tus playas entregado a impúdicos consuelos rebotando en otros mares sin orillas engañando las paredes de tu templo. Qué será de este cretino silencio que te nombra y no me trae tu cuerpo de los huesos corrompidos por el tiempo del futuro desplomado en aguacero de la risa despojada de argumento. Qué será del cemento en la memoria con que enfrento tu recuerdo cada noche de la música que te hace una parodia del dolor cediendo al vodka los derroches de la vida sin gobierno ni custodia. Qué será de tu foto repetida por el cielo de los jirones de tu carta enamorada de tu ausencia hecha tinta en los cuadernos de mi llanto solitario con la almohada del delirio embelleciendo mi desvelo. Qué será entonces del obsceno dulzor de este desconsuelo ahora que tú has vuelto. *** Sexo sin latidos En la sucia vereda de mi aliento tu corazón mendiga una mirada, tanto gastar la lluvia en la almohada sembramos las semillas en cemento. Dejamos el sentir muerto y sediento sobre una partitura empapada, la zamba del amor muy mal bailada y un bostezo del alma bajo el viento. ¿Y crees que el calor nunca envejece? El sexo sin amor fue placentero mas no supo admirar lunas del monte, no pudimos oír cuando anochece los latidos que buscan un te quiero, las estrellas quebrando el horizonte. *** Moscas en nuestra cama Creí que se me iría la vida en la ventana que el sur empezaría con éxodo de besos, partiste afirmando que tosca fue mi espalda pues no se derretía con trazos de tus dedos. Dormí con tantas muertes roncando en nuestra almohada futuros en trinchera sin pájaros ni guerras, el aire atravesando mi lúgubre garganta y un sueño despertando tres metros bajo tierra. Mas pude destaparme las manos sin tu miedo borré tu indiferencia del mapa de mi carne, busqué la luz del alba con niños y hasta un ciego hallé otro sendero sin quejas de tu parte. ¿Y ahora tú pretendes conmigo estar mañana? ¿Después de abandonar mi sol desfalleciendo? Ahora tengo llena de moscas nuestra cama, el tiempo fue pudriendo tu farsa y tu recuerdo. *** Conciencia dormida El pueblo amanece con tu cachetada le barres su sueño de otoño molesto y el diario nos muestra la flor disfrazada con pétalos grises, semillas de incesto. Cien calles repletas de pasos inciertos la carta del justo por siempre marcada, no ves a tu plebe que incluso en conciertos vomita esperanza gritando en la grada. Navegas la patria por mar sin orilla le alquilas futuro comprando su miedo docentes y niños son una cuadrilla que pisan las uvas de tu gris viñedo. Motores de aviones, guitarras de cobre tu tonta conciencia recoge esos ruidos pues no debe oírse si muere aquel pobre, tu obscena distancia, tus sucios ronquidos. *** Ha nacido el espanto Ya quisiera yo servirle al diablo su última cena prestarle un fósforo no para las velas para que incendie sus palabras y al menos se haga justicia con la maldad de los vivos cuando lloramos nuestros muertos mientras nos sangra el olvido Ha nacido el espanto y tiene piernas y tiene pelo largo desparrama tumbas en la tierra y se limpia las manos se barre la conciencia con vientos que niegan su alma hipotecada su liviana apariencia en esas noches oscuras roba la luna sin permiso y vomita las estrellas antes que cualquier niño las termine de contar Ya quisiera yo decirle tu nombre para que se asuste y te entregue el tridente el gobierno de los fuegos no cuenta votos en el mar ya no trataré de escapar porque el legado del mal reconoce a su hijo Ha nacido el espanto y tiene rostro tiene oídos descalzos es un poco callado me espía en el espejo cuando me lavo las manos. *** Así te espero Así te espero, como una moneda caída hace tiempo, detrás del armario, solitario violín desafinado ajeno a los conciertos, como un insomnio que ya no reconoce su propia madrugada. Así te espero, como un saco añejo olvidado en algún ropero, con la piel de zanja que va cubriendo la maleza, perro callejero sin sentencia ni redención, como un pueblo condenado a tres casitas, y un almacén polvoriento. Así te espero, con la mirada ciega de tanto soñarte despierto, y la misma lágrima me marca un surco en el mismo desvelo, como una casona de otro siglo, que la humedad va corrompiendo. Así te espero, como el cementerio espera la inevitable huella, del auto negro y su cortejo, con el deseo roto por tu efímero ayer, y llagas en los pies de esas distancias, que nunca te caminé. Así te espero, como un peluche incierto en el basural de mi pueblo, baldosa ajada en un zaguán abandonado, como vagabundo tapado con diarios del aguacero, así te espero, con media alma en el cajón, y la otra mitad ya casi durmiendo. Así te espero, cada año, en el lúgubre silencio de un anciano jilguero... te espero mientras muero, y finjo no saberlo. ** Gustavo Alejandro Mussi tavomussi@hotmail.com Escritor argentino (1977). === Más allá del cielo plomizo Pedro Enrique Rodríguez =============== “Oh Dolores, that juke-box-hurts!”. Nabokov Eran las tres de la madrugada en Londres cuando Z. despertó desasosegado por un sueño en el que nadaba bajo el agua. Cuando abrió los ojos encontró junto a la cama, apenas iluminado por la tenue luz de la calle, el breve cuerpecito de Pavel, el hijo de su amante Vera, abrazado a un oso azul. Sus ojos retuvieron la imagen sin sentido de Pavel con un pesado batir de párpados, hasta que sintió a su lado el movimiento de Vera y constató que su cuerpo retornaba del todo del lado de la vigilia. La miró: un extremo de la mullida colcha dejaba al descubierto su dormilona rosa, un recorte de piel blanca, el universo ahogado de su belleza. Ella emergía del sueño con los ojos entornados, con las delicias de la indefensión y la fatiga en la punta de los labios: ¿Qué pasa, Pavel?, preguntó Vera, en búlgaro, en un tono de voz muy quedo, adormecido. El niño no se movió. Vera dio un bostezo desganado. Esto no puede continuar, Pavel. Tienes tu cama. Debes dormir en ella. Pavel hundió su cabeza en la blandura del oso azul. ¿Qué le pasa?, preguntó Z. Sabía lo que pasaba. Era la misma rutina de las últimas noches, el inicio de un ceremonial que conservaba algo del horror, la sensación de indefensión de su propia infancia. Pavel entraba a la habitación en algún momento de la madrugada, susurraba algo incomprensible, un terror confuso, un latido de animal o de bestia (un lobo que sugería su sombra en un ángulo de la habitación, el miedo atávico de una comarca medieval entre el sordo, el indiferente asecho de la nieve, un grito, un celaje entre la hierba). Era, después de todo, el regreso de un continente oculto entre las sombras de los árboles del bosque, un temor atávico. El retorno de los fantasmas que se esconden tras el grito desesperado de los grillos. Ya incorporada sobre la cama (los hombros de Vera insinuados sobre la línea de la bata de dormir, un espacio de piel, pecas, la carne ardorosa, el placer sin tiempo contenido en sus curvas), preguntó: ¿Tuviste una pesadilla? El niño levantó la cabeza y asintió. Voy a subirlo a la cama, susurró Vera al oído de Z, en inglés. Él apenas si hizo un movimiento afirmativo, con los ojos cerrados. Ven bebé, aquí. Ven con mamá, dijo Vera. Pavel trepó sobre el cuerpo de Z., hundió una de sus anguladas rodillas en un costado y se introdujo entre las sábanas. Z. sintió por un instante el olor difuso de los niños, una mezcla dulce y amarga que se diluía en el intento por buscar calor junto al cuerpo de su madre, el mismo cuerpo y a la vez un cuerpo distinto al que tantas otras noches él acarició, besó, penetró bajo el ímpetu desesperado de esa máquina a vapor llamada deseo. El mismo cuerpo que ahora se recogía entre lentos, perturbadores movimientos elásticos para abrazar a un niño. Un objeto marino que ya comenzaba a hacerse inaccesible, pues ahora Vera se perdía, se cerraba en torno a la presencia de esa presencia indefensa que era su hijo. Era algo sutil, pero todo se convertía en una escena en la que el ardor que sentía por aquella mujer de formas intrépidas quedaba suspendido en el absurdo de un cuarto cerrado en el que las imágenes desteñidas de las serigrafías colgadas de la pared lo convertían todo en un paraje destemplado y aséptico. El retorno de las deidades griegas. Una concha de ostra que se aleja, rumbo a otras latitudes, a otros cielos. Sintió sed. Abatido, Z. se levantó de la cama y caminó por el diminuto y estrecho pasillo hasta el baño. Era un apartamento de dos ambientes, repleto de bibliotecas improvisadas que almacenaban las correrías de Vera como estudiante internacional. Esta vez era Londres, un año atrás, Lovaina. Una larga y quizá insípida carrera de estudios doctorales en la cual el único resultado tangible era el oscuro nacimiento de Pavel, durante su estancia en París. Una historia en la que Vera parecía confabular pistas falsas que variaban con su estado de ánimo o el efecto de ciertas bebidas. Nombres confusos. Historias en las que aparecían habitaciones de hospitales que, en algunas versiones, dejaban ver un olmo centenario y, en otras, apenas el frío impersonal de un edificio marchito de ladrillos rojos. Z. tomó un vaso del lavamanos, junto a los cepillos dentales y un diminuto estuche de rímel, y lo llenó hasta el tope. Bebió con la sed abrasadora de la resaca. Apenas unas horas atrás estuvo junto a Vera en un club nocturno, en las barriadas árabes de la ciudad. Una sucesión de imágenes en estampida estallaron ante sus ojos. Tuvo ante sí las luces de neón del club, la barra, repleta de vasos de cerveza a medio terminar, el olor a incienso y hashish, la cadencia de un solo de guitarra derretido en un extremo del local, bajo el movimiento de luces estroboscópicas. La imagen del cuerpo generoso de Vera apareciendo y perdiéndose alternativamente bajo las luces: un instante y su cabello cubría su rostro en una sacudida. Otro instante: sus piernas inclinadas. Otro: sus brazos abiertos. Ahora, recordó el volumen de sus senos, el recorrido sinuoso de sus caderas, los largos, redondos contornos de sus piernas y entonces sintió, llameante en el recuerdo, el mismo deseo abrasador de la primera vez que la tuvo ante sí, idéntico a la llama que ardía en el bar, al impulso animal que un rato atrás le hizo acercarse a ella, junto a la barra, y morder con maldad el lóbulo de su oreja al tiempo que le susurraba delicias carnales, al tiempo que se perdía en esa otra forma de ficción que esconde la palabra pasión. Entonces Vera pensó en Pavel, en que ya era tarde, que no terminaba de confiar en la niñera; al final, tuvieron que regresar, sintiendo que la noche quedaba suspendida en un trance, sintiendo que la intensidad de los sentidos bajo las luces del club eran el espectro robado de las preocupaciones cotidianas y que el placer quedaba colgado de las baldosas resplandecientes de una pared del metro bajo la que dormía un mendigo. Solo, de pie ante el lavamanos, aterido de frío, Z. comprendía lo lejos que podían quedar todos los rastros del deseo, la distancia que en Vera imprimían los súbitos estallidos de maternidad. El mundo era inmenso, pero él sólo contaba con una cadena de acontecimientos que lo alejaban de su amante y apenas si debía conformarse con ver el reflejo del cuerpo de una mujer ajena, dormida en una habitación contigua, abrazada a un niño que a su vez abrazaba a un oso azul. Comprendió, además, que no podría dormir, así que salió del baño, e intentando hacer el menor ruido, encendió la luz de la salita (la luz de la lámpara pareció demorarse en barrer los tonos opacos del mueble-cama de Pavel, revuelto entre las sábanas y los peluches de los teletubbies), tomó un libro de Jacques Attali que recién fichaba en esos días, y se dispuso a leer hasta conciliar el sueño. A un lado del mueble-cama, la ventana dejaba ver la desnudez de los árboles de Starlet Road cubiertos por una tenue capa de nieve, al tiempo que los blandos copos se dejaban caer en cámara lenta sobre la calle. Al poco de leer, reflexionó que no era sólo Vera quien a esa hora estaba muy lejos de él. También lo estaba su casa de la infancia, más allá del Atlántico, dormida en la ciénaga del recuerdo, en algún remoto lugar del Caribe. Pensó en Caracas, en sus autopistas de cemento y polvo, desiertas en las noches templadas, pensó en los amores perdidos de la adolescencia, en los familiares arruinados, en la ancianidad de sus padres, en el destello de El Ávila inmovilizado por siempre en un cuadro de Cabré, en el grito desesperado de los grillos. Pensó en el desvalimiento de Pavel, culpable de ser hijo de una madre voluptuosa, condenado a dormir en un mueble-cama, en una ciudad inhóspita, en las madrugadas hostiles, pintadas por la fría persistencia de la nieve. Despertó con el sonido del aceite haciendo saltar las tocinetas del desayuno. En la cocina, Vera colocaba a tostar pan. Pavel permanecía sentado en un cojincito de peluche, junto al mueble, con el televisor en mute (los espacios pequeños exigen recursos inusitados de cortesía, incluso para un niño). Dio una mirada por la ventana: apenas si podría distinguirse una débil mancha de luz entre el cielo plomizo de Londres, un destello matutino que iluminaba los árboles con un dejo fantasmal. La larga noche continuaba. La noche prometía no acabar jamás en medio de la impenitencia cruda del invierno. Vera salió de la cocina y apareció entera, vestida apenas con una bata que transparentaba el delicioso encanto de sus curvas, el dulce precipicio de su misterio. Vio cómo le entregaba un plato de porcelana a Pavel (tocineta, pan tostado, un poco de mermelada), vio que después, sin notar que él acababa de despertar, salía de la sala rumbo al baño. La deseó. Con frío, con hambre, con urgencia, la deseó. Se levantó y vio a Pavel con un trozo de pan en la mano, con la vista fija en él. Revolvió su cabello con un gesto que era, también, parte de la rutina superflua de su vida en común, de sus impostados gestos de falsa paternidad, y fue hasta el baño. Encontró a Vera inclinada ante el espejo, concentrada en aplicar algo de rimel a sus increíbles pestañas gitanas. Sin decir palabra la sujetó con fuerza por las nalgas; después, cubrió con sus manos el encanto de sus senos y besó su cuello con un ímpetu desesperado. Ella volteó, correspondiéndole con un apretón a su sexo erecto, llevando una mano hasta su espalda, intentando deshacerse de su franela. Todo ocurría con la fuerza de un arrebato. Sus pezones, sensibilizados por el frío, eran ciruelas apetitosas. Z. llevó su mano hasta el sexo húmedo de Vera, descorrió su bata y la penetró con fuerza, de pie, con el cuerpo de ella apoyado sobre el frío borde del lavamanos. Allí residía el secreto, ésa era la prueba de todo. El mundo entero se sometía a la dulce dictadura de un sexo palpitante, la vida estaba justificada por el ardor, por la luna menguante de un poco de carne trémula. Exhaustos, laxos, ambos permanecieron abrazados. Z. creía sentir entre sus brazos el principio y el fin de todas las cosas. De pronto, escucharon ascender el sonido del televisor desde la sala. Todavía aferrado al cuerpo de Vera, entre el efluvio denso y delicuescente de sus olores, Z. distinguió la música monótona de un programa infantil, los gritos destemplados de los personajes de alguna tira cómica. Notó que el televisor tenía cada vez más volumen. Supo que todos esos ruidos estridentes eran la corroboración desesperada del mundo. Afuera, estaba Pavel, el olor a tocineta, las urgencias, el invierno. La vida era un lugar extraño. La rutina, las obligaciones, todo correspondía a un arreglo impostergable. El día comenzaba, en algún momento sería preciso regresar a él. Z. comprendía que sólo podía fijar su mirada sobre el cuerpo desnudo de Vera después de la pasión. Todo tenía sentido, Pavel necesitaba de cuidados, la ciudad necesitaba del invierno para cumplir su ciclo, a él sólo le importaba el cuerpo de Vera, su abrazo, su disposición a ser amada. El mundo era sabio y absurdo. Él ahora miraba sus pezones, la coloratura sonrosada de sus aureolas. El cuento “Más allá del cielo plomizo” forma parte del libro El silencioso vuelo de los peces (Equinoccio, 2009). ** Pedro Enrique Rodríguez perr_email@yahoo.com Escritor venezolano (Maracay, 1974). Psicólogo clínico. Profesor de las cátedras de psicología de la personalidad, psicopatología y asesoramiento psicológico de la Escuela de Psicología (http://www.ucab.edu.ve/escuela-de-psicologa.html) de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab, http://www.ucab.edu.ve), Caracas. Participó en el Taller de Narrativa del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg, http://www.celarg.gob.ve) del año 2000-2001, a cargo de Ángel Gustavo Infante, del cual fue coautor del libro Voces nuevas 2000-2001. También formó parte de la I Semana de la Nueva Narrativa Urbana, de la cual es coautor del libro De la urbe para el orbe (Alfadil, http://www.editorial-alfa.com; 2006). Recibió mención honorífica en la Bienal de Literatura “Augusto Padrón” (Maracay, 2003). En 2007 fue uno de los 15 finalistas (entre más de 5.000 cuentos) del concurso de cuentos de Radio France Internacional (RFI, http://www.rfi.fr). Fue ganador de la edición 2008 del Concurso Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana (FCU, http://www.fundacionculturaurbana.org) con su libro Oficio de lectores (FCU, 2008). Su libro El silencioso vuelo de los peces fue editado en 2009 por la editorial Equinoccio (http://www.equinoccio.cultura.usb.ve). === Poemas Sabrina Domínguez ========================================= *** Verano Siempre vuelve el deseo de fotografiar a los viejitos que descansan en las puertas de las casas cuando el sol baja y las veredas humean Siempre nos dejamos envolver por esa nostalgia estival de los barrios a la hora de la siesta Siempre vamos a voltear la cabeza al pasar por esa esquina donde hubo sitio para todo Siempre el mate, los viejos banquitos, los hombres en camiseta Siempre el asado los domingos, la tristeza, la noche desconcertada de cigarras Me gusta que no sople viento en el patio de la casa de mis viejos Me gusta como suenan las radios en AM Me gustan los bichitos que viven en los libros amarillos del tiempo Me gusta Pensar que es posible hacer un pic nic donde termina el arco iris Enojarme con los conejos y al fin Fotografiar a los viejitos que descansan en las puertas de las casas cuando el sol baja y las veredas humean y la nostalgia pasa por la esquina y la tristeza de los patios resuena en las radios amarillas del tiempo más allá del arco iris y la bronca. *** Still in doubt si me dijeras que te taloneo los pisos te ventaneo las espías te orejeo las mordiscas te careo en las caricias te trabajo en los molestos te timbreo los tocos o te silencio las investigaciones consentiría que no presenciaras mis soportes personificaras mi ignorancia contactases los evitas no amorases tus ocultos evidenciaras las fueras amurases los escribas o me indiferenciaras con mis matas en fin que corazonaras mis rotos llorases mis hechos no historiases mis preguntas pero yo ni siquiera vivo en tus presiones y apenas te almeo los tanteos y además vos todavía corporizás el fuego y silenciás tus llantos cada vez que me acogotás los abrazos no comprendo qué pico te bichó no comprendo por qué estás maleando conmigo *** Posibilidades a veces quise una casa a la orilla de un tren y un jardincito con banquitos de plaza y un solcito decía entonces: ¡buenos días, torcacitas! ¡buenos días, don Luis! y el amanecer venía con olor a pan y vi también, en esas horas querendonas e irrepetibles: chicos con la boca sucia de helado enfrutillando el barrio, faltándole el respeto a la siesta y señoras llenas de plumas contándome día a día, una a una, las canas de mis años otras veces quise un corazón de barco, un temporal de arena en un reloj un calendario dócil como un retoño sentía, en esos momentos de mar, la sal de todas las cosas y el horizonte, tan abrazable como los amigos un día soñé también con otra ciudad saturada de adoquines y de músicos y me encontré pintando lienzos con colores de aldea o de trigo pero no tengo una casa a la orilla de un tren mi corazón nunca se vino barco y mi ciudad es ésta, sin adoquines ni músicos no digo: buen día todos mis relojes están sulfatados nunca aprendí a pintar ni conocí los trigales quise escribir versos y me nacieron gárgolas ** Sabrina Domínguez cuandoaprietaelfrio@hotmail.com Escritora argentina (Buenos Aires, 1982). Su trabajo permanece mayoritariamente inédito. === El tren Jorge Ernesto de León Cabrera ============================ Aunque la primera vez la escuché lejana, la sirena del tren se oía siempre cerca. A ciertas horas la estación estaba desierta y silenciosa, pero siempre, cuando uno se sentaba a esperar, podía escuchar el sonido de la sirena y el traqueteo de las máquinas. Para quienes aguardaban en la estación, resultaban verdaderos tanto el realismo como el idealismo: el tren existía fuera de su mente cuando lo veían acercarse con su mole de serpiente monstruosa, y sólo dentro de ella cuando, sentados en los bancos, bostezaban, o leían, o miraban el lejano horizonte, o bien se paseaban impacientes frente al edificio, mientras llegaba para arrastrarlos por los mismos rieles y por los mismos paisajes. A mí me parecía que acababa de bajar de él y ya tenía que abordarlo otra vez. Pero quizá sucediera más bien que vivíamos en él, y los ratos que pasábamos fuera fuesen pequeños agujeros por los que uno se escapaba para ir a casa. Aunque tal vez “ir a casa” no sea una comparación exacta, porque el tren era nuestra casa. Eso era lo que nosotros habíamos hecho de él. Y como sucede a todo el mundo, muchas veces queríamos estar fuera, salir de paseo, y entonces nos apeábamos por dos días, dos días durante los cuales el tren permanecía dormido en nuestras mentes, ululando de vez en cuando para recordarnos que habíamos de volver. Durante estos paseos las imágenes de lo que había de suceder se nos adelantaban con frecuencia, y nos veíamos a nosotros mismos sentados en los bancos de la estación, con la vista puesta en la lejanía por donde aparecía el tren, con las caras aburridas, tristes, preocupadas o todo eso junto. Pero la espera empezaba con toda claridad el último día del paseo. Entonces comenzábamos a pensar como si realmente aquél ya hubiera llegado a su término y estuviéramos sentados en la estación, entre la niebla de la mañana. Por eso, el paseo se reducía realmente a un día, durante el cual la sirena y el traqueteo de las maquinas sólo aparecían en nuestra mente de forma intermitente. Ahora me veo a mí mismo sentado en uno de los desteñidos bancos de la estación. Bostezo y miro hacia el lado por donde el tren aparece. Hay más personas aguardando, pero nadie habla. Tal vez sea el frío, tal vez la espera. Sólo veo niebla y bostezos. De pronto, por encima de las últimas casas que alcanza la mirada, aparece una pequeña columna de humo blanquecino. Es el tren. Aunque sabemos que todavía pasarán unos minutos antes de que llegue hasta nosotros, todos nos ponemos de pie y levantamos las maletas. La sirena se oye a lo lejos. Al fin la serpiente llega arrastrándose y rugiendo hasta nuestros pies. Yo subo el último. Es mi primera vez. Creyendo que es como todos los trenes, busco en el primer vagón un lugar para sentarme, pero, aunque los asientos están vacíos, alguien me lo impide y entonces aparece un empleado de la compañía que me toma suavemente del brazo y susurra “venga conmigo”. Comenzamos a movernos en aquel vagón entre la gente que, extrañamente para mí, no toma asiento sino que va de un lado a otro, o se pierde detrás de las puertas que, atrás y adelante del vagón, se abren y se cierran constantemente. Por una de ellas pasamos a otro vagón, donde unos hombres, frente a unos bancos de carpintería, sin tener nada en las manos ni tabla alguna sobre el banco, mueven los brazos y las manos, todo su cuerpo, como si realmente estuvieran trabajando, mientras otro hombre, que parecía ser el jefe del taller, se paseaba con las manos agarradas por detrás, vigilando aquel extraño trabajo. El siguiente vagón también era un taller, en el cual, igualmente, hombres con las manos vacías se afanaban por hacer un trabajo que al parecer sólo ellos podían ver. Así pasamos varios vagones más, hasta llegar al que me correspondía. El empleado entró conmigo y me hizo seña de que me sentare en uno de los bancos de atrás. El vagón estaba lleno de bancos escolares, ocupados por los que habían de ser mis alumnos. Eran éstos hombres jóvenes con lápices en las manos y cuadernos sobre los pupitres, pero, aunque aparentemente estaban escribiendo, al observar con atención podía uno advertir que solamente movían los lápices arriba del papel, sin escribir nada. Frente a ellos estaba el maestro: un hombre viejo, canoso, que movía también la mano sobre el pizarrón, pero, aunque tenía una tiza en ella, tampoco escribía nada y de vez en cuando se volvía de cara a los estudiantes y movía la boca como si estuviera hablando, aunque nada les decía. Yo estaba asombrado de todo aquello, pero cada vez que quería preguntar algo, el empleado que me acompañaba me hacía seña de que me callara. Hubo un momento en que creí que me había quedado sordo y la vista me fallaba. Al fin, el maestro se retiró del pizarrón, se acercó al escritorio, recogió sus cosas y se retiró. Entonces el empleado me hizo seña de que era mi turno y se fue. Yo me puse de pie y, acercándome al pizarrón, saqué el libro que me iba a servir de texto y lo puse sobre el escritorio. Saludé y comencé a hablar como acostumbraba a hacerlo al iniciar un ciclo con alumnos nuevos, pero éstos me miraron con cara de asombro y comenzaron a mirarse unos a otros como preguntándose qué pasaba conmigo. Como no parecían entenderme, creí que les faltaba el oído y escribí algunas cosas en el pizarrón. Sin embargo, su asombro parecía ir en aumento. Entonces entró un empleado haciéndome seña de no hablar, borró lo que yo había escrito y me llevó a un cuarto trasero. Allí, en voz baja, me explicó que por mi culpa se había detenido el tren y que hiciera el favor de ponerme a trabajar como debía ser o me haría bajar y perdería el trabajo. Aunque fue una alegría para mí ver que aquel hombre hablaba y yo no había perdido el oído, demandé una explicación, protestando que yo no acostumbraba trabajar así y que aquello era ridículo. El hombre me hizo seña de que callara y me repitió que perdería el empleo. Luego me empujó suavemente hacia el aula, haciéndome entrar en ella. Yo, haciendo un esfuerzo, comencé a hablar solo consigo mismo, pero moviendo la boca y haciendo ademanes como si hablara con los alumnos. El tren reanudó entonces su marcha. Así empezó mi vida en el tren. No lo hice detener otra vez sólo porque no me hicieran bajar a medio camino. Pero me prometí a mí mismo no abordarlo el siguiente día. Y, en efecto, al otro día me levanté a primera hora, pensando en hacer averiguaciones para encontrar una explicación a todo lo que había visto. Lo primero que busqué fue un lugar donde desayunar. Hambriento y temblando de frío entré al primer comedor que se me puso enfrente. Las mesas estaban vacías y no había nadie que atendiera. Pensé que era muy temprano y esperé. Pero, al parecer, nadie más que yo tenía hambre en aquel pueblo. Después de largo rato, salí de ahí y entré a otro comedor, donde ocurrió lo mismo. Entré a una cantina, pero también estaba desierta. Entonces advertí que tampoco en la calle había persona alguna. El pueblo estaba desierto. Fui a la estación, pero también estaba desierta, pues el tren acababa de partir. Lo que al principio fue asombro comenzó a ser confusión y angustia en mi interior. Temblando de frío y con las manos entre los bolsillos, recorrí algunas calles con la esperanza de encontrar a alguien, esperanza que perdí pronto, pues comprendí que toda aquella gente había subido al tren, que el tren era su vida, y tendría que ser la mía si no quería perecer de hambre y frío. Fuera del tren estaba desamparado. Sumido en estos pensamientos, llegué hasta un edificio con un gran rótulo en la fachada en el que se leía BIBLIOTECA, y en unos afiches que estaban pegados a los vidrios CONOZCA SU HISTORIA, LA HISTORIA DEL TREN. Movido por la curiosidad y no teniendo otra cosa que hacer, entré. Y ya no me sorprendí cuando vi que en los estantes repletos de aquella biblioteca había un solo libro, multiplicado en millares de ejemplares. En uno de sus capítulos pude leer la historia que ahora estoy narrando, referida a cada uno de los miles de hombres que como yo, llegaban un día por primera vez. El tren era un fantasma del que un día se había descarrilado y quedado totalmente destruido, y toda la gente que yo había visto estaba muerta, lo cual significaba que yo también estaba muerto, desde el momento en que me senté a esperar en la estación. ** Jorge Ernesto de León Cabrera edicomp@intelnet.net.gt Escritor guatemalteco (Santa Cruz del Quiché, 1953). Es maestro jubilado. Trabajó durante 31 años en educación primaria y media. La mayor parte de su obra permanece inédita. Obtuvo un primer lugar en cuento en los juegos florales de su ciudad natal. === Poemas Johan Adrián ============================================== *** Sombras de sal en la vidriera I Tengo hambre de pasado Risas de oro ancladas en el mar del llanto Esperanzas rotas debajo de la cama Esperando Dibujando mis risas con el filo de tus labios inundo de claveles rotos tu adiós helado Tras tu risa a medias me escudo entre sombras. Amo al recuerdo y también a la persona Huelo tu olor a restos de amor amargo Y entre la peste citadina no me encuentro. Vuelo entre acordes, sólo para perderme en la agonía del olvido al que me lanzas sin clemencia y aun así te persigo. La duda se come a tu confianza Amarrando sentimientos cual espigas sin viento Oigo mis voces que mataron sentimientos Y sin lágrimas lloro pensando cambiar por fuego este hielo. II Aquí están a mi lado las sombras sangrientas de amores heridos que corren, golpeando con odio las crestas vencidas. Y sólo lleno de sal los recuerdos Galopo a través del campo de sueños hoy abatidos Para ver tu reflejo en la luna triste y llena de tu mirada. Tus ojos no me miran sin buscarlos Ahora nos perdemos entre brumas tan vacías Cada órbita buscando su antiguo curso cada sonrisa, duerme. Me acompañan como una nube gris cargada de agonía y los restos de los besos que yacen en el fondo de tu amor dormido esperando el alba para despertar Un fantasma con tu cuerpo, tu olor y sonidos confusos de muerte o vida nueva que se mezclan en un intento sin sentido, sin final exacto, carente del suplicio que te endulza el alma a fuerza de amar con devoción transformando, con tus besos, las horas en segundos III ¿De qué me sirve tu belleza? si está aislada de mí como en una vidriera Cual caro deseo soñado, que en sueños se quedará con un lindo letrerito de ver pero no tocar. Tengo tu suave aspereza, no más que suaviza mi vida entera lijándome el alma, envenenándome más. ¿Por qué están hechos tus labios de dulcísima fragancia que invita a besarlos? Mientras me esquivas, me hieres porque sólo al rozarlos un poco caes en inocentes diatribas de orgullo y voy imaginando lo que quieres, tanteando tu alma y el amor que en tu seno duerme Entreabres tus puertas, creas mi tragedia. ¿De qué me sirve la vida si tienes otra vida que no puede ser mía? Y me robas más alma con cada sonrisa E imagino de prisa que pronto serás mía. Eres mi dulce tragedia Infectas mi alma, invades mi mente Tratar de no mirarte sería inclemente Pero al ver tu rostro me vuelvo demente Y beso el olor de tu piel en el aire Para que no te des cuenta de que quiero besarte. Date cuenta de que existes, de que respiras y sólo por eso y más nada te amo Date cuenta de que yo existo sólo al tocarte las manos. Mira mis ojos y dime temblando ¡que no lucho nunca en vano! No me sirve escucharte, no quiero queriéndome como amigo Si ese fantasma que jamás crearás ¡es mi peor enemigo! Dame tu rostro en mis sueños, tus labios Dime que uno de estos días También estaré en tus sueños, en tus labios Y esperaré con ansias el día. O no digas nada, sólo dame tu dulce sonrisa Quiero escuchar el sabor de tu silencio absorto Quiero ver el alma de tus ojos enamorados Cambiar por aquel amor tu enojo Y alimentarme de tus labios sedientos. Dime, demonios; ¡dime de qué me sirve! La vida sin tu risa, sin tus besos, sin ti Dame al menos esos trozos de esperanza Que tan bien sabes construir Dame un trozo de ti y guarda para mí Un beso bajo tu almohada Y en ese instante seré menos infeliz. *** Contradicción El árbol del dolor está seco. Muertas sus ramas, sin frutas. Asesina del dolor. Tu sonrisa amplia, tu locura un pesticida que consume hasta el vacío infectas todo con tu viciosa alegría matando mi oscuridad. Ahora el campo se llena de tu canela, esa que sale de tu piel al balancearte y siembras júbilo sin darte cuenta sin medir el alcance de tu peste gloriosa creas un motivo (hoy) borras la inspiración. Tengo tantos versos en las yemas de mis dedos dormidos por culpa tuya. Estabilidad que me roba mi tristeza, besos que me sedan, caricias que... No sé. *** El cuervo ¿Es la oscuridad con sus fauces de acero ese lugar frío y funesto que describen o es más bien la vía de escape certero a la simpleza inerte a la que la luz proscribe? ¿Y eres tú, risa del otro lado del espejo una simple proyección hecha de arena o mucho más que un simple reflejo? ¡Un cuervo encerrado en su condena! Dándole grises matices satíricos a mi ser. Creando oprobios para los rostros sonrientes. Y por la fuerza obligándome a reconocer Que a pesar de ser abstracto también sientes. Y te regocijas en confundirte con mis venas, jugar a que eres yo y gritarme que soy tú, creando unas veces alegrías y otras penas. Pintando mis días negros con tu risa azul. Eres peligroso entonces, tomas decisiones que advierto cuando ya es difícil detenerte. Soberbio y altanero, no escuchas mis razones y fijas tus ojos en zonas donde peligra mi mente. Tu corazón indómito vuela hacia horizontes donde ambos nos fundimos y la razón se esconde. *** Masivo Todo alrededor, esférico, cilíndrico aberrantes formas con tendencia a asemejarse a las esferas y circunferencias. Todo incompatible con este mundo lleno de líneas rectas e infinitas. Paralelogramos de placer, trapecios de belleza. Todo viscoso, informe y pesado como la miel, el asfalto o el tiempo indiferente y con ojos que no miran. Todo lo inverso a esta gente graciosa y fluida, que vive tras cristales incólumes estos payasos del circo universal, que con sólo sonreír o unir cuatro palabras obtienen miradas cómplices y besos furtivos Y yo, antítesis de los cánones orgiásticos esperando entrar a los reinos geométricos donde sé que yacen las riquezas ansiadas. No metálicas, no pétreas, simplemente táctiles; riquezas infinitas vedadas a aquellos, que, como yo, estamos después de las líneas. Aquellos a los que la tierra atrae con fuerza inclemente y maldita. ** Johan Adrián godless_numb@yahoo.com Escritor venezolano (Caracas, 1986). Estudia la licenciatura en computación en la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve). Su trabajo permanece inédito. === Auto de fe Silvia Italiano ======================================= Igual, yo ya me estaba volviendo loca. Había pruebas concretas de que fuerzas incontrolables —y traicioneras— de mi inconsciente me estaban jugando sucio, que llevaba adentro a mi peor enemigo, y no hace falta mucha ciencia para darse cuenta de que si uno se bate a duelo consigo mismo, saldrá siempre perdedor. Los sueños me atormentaban. Mi vida onírica me estaba quitando las fuerzas con un ensañamiento de vampiro. Tal llegó a ser mi estado de agotamiento e indefensión que revisé la almohada para cerciorarme de que estaba hecha de material sintético, porque recordé un cuento de Quiroga en el cual una joven mujer se muere de a poco, vaciada por un monstruo chupa sangre escondido en su almohadón de plumas. Nos habíamos separado hacía ya más de tres años. La ruptura fue decisión mía y traumática: yo no quise romper porque se me hubiera acabado ese amor o hubiera encontrado uno nuevo, sino porque no se puede renunciar a uno mismo a favor de otro, porque es un calvario hacer la vida con un ser inventado por el propio deseo, porque no aguantaba más, en pocas palabras. Él no estaba por la separación, dijo, pero si nos separábamos, no vendría a buscarme ni a implorarme. Me pareció fair play. El duelo sería largo, obvio, olvidar una pasión es difícil, un gran amor, más todavía, y él había sido las dos cosas, pero llegó por fin el momento en que pude decir, lo pasado, pisado, y quedé libre del lastre de culpas y rencores. Me sentí ligera, feliz, o lo más próxima a ese estado a lo que es lógico aspirar: los pulmones se me llenaban de aire sin esfuerzo y el alma siempre estaba ahí, acompañando al cuerpo, y no dándose de bruces en alguna otra región del cosmos, incomprensible y peligrosa. Pero a los pocos meses empezaron los sueños. Todas las noches soñaba con él. De día, sin embargo, nunca lo evocaba. Creí al principio que era bueno eso de tener dos vidas paralelas. Durante las primeras semanas, los sueños parecían inofensivos, casi infantiles, hacíamos juntos una vida de pareja armoniosa como la que yo hubiera querido, era como si en las profundidades de la noche se me cumpliera el deseo aquel, pero luego empezaron a volverse tormentosos, laberínticos, complicados, angustiosos. Ocurrían cosas terribles que no alcanzaba a descifrar. Me despertaba extenuada y con la sensación de haber pasado por el purgatorio. Tomar somníferos no me ayudaba, al contrario, dormía más y eso significaba prolongar el sufrimiento. Al final, opté por lo contrario, me atiborraba de café, té y estimulantes para mantenerme despierta el mayor tiempo posible. Casi no dormía, las anfetaminas me quitaban el apetito, me estaba quedando piel y huesos, y mi mente, sin descanso ni alimento, se volvió lerda y producía pensamientos escasos y confusos. En esas condiciones tenía dificultades para llevar adelante mi vida social y profesional. Lo peor fue cuando empezaron las apariciones durante el día, o tal vez debiera decir, cuando empecé a soñar despierta: lo veía en todas partes, y no es que le atribuyera a un desconocido una semejanza con él y luego de una mirada más inquisitiva me diera cuenta de que me había equivocado, no. Era él, estaba allí, sentado junto a mí en el cine o en el subte o caminando por la vereda de enfrente, y cuando me frotaba los ojos incrédula y volvía a mirar, había desaparecido. ¿Por qué me atormentaba mi espíritu con esta producción infernal? ¿Qué sentido tenía todo aquello? Supe en esos días que el asesino en serie Kenneth Bianchi había abordado una vez a la hija de Peter Lorre con la intención de secuestrarla, violarla y asesinarla, y cuando supo quién era el padre, le perdonó la vida. Peter Lorre representaba siempre papeles de asesino y, por lo visto, eso lo transformaba en un viejo compinche. Un monstruo que tortura y mata a una decena de jovencitas inocentes, se “humaniza” ante un asesino de ficción, aunque hace rato que Peter Lorre ha muerto y, por lo tanto, la muerte de su hija no puede causarle ya ningún pesar. ¿Qué relación había entre esa historia y lo que me estaba ocurriendo? Ninguna. ¿De qué manera podía ayudarme a entender por qué yo insistía en hacer presente en mi vida a un hombre que había abandonado y del que ansiaba liberarme para siempre? Lo ignoro. Puedo, sin embargo, aventurar una hipótesis: el hecho me puso ante la evidencia de la complejidad de un ser simbólico, de la fuerza ambigua del irracional, de nuestra duplicidad. En todo caso, fue esa noticia lo que presentó a mi espíritu, en forma tan clara y distinta que era imposible ponerla en duda, la única solución a mi alcance: debía matarlo. En sentido figurado, por supuesto. Se trataba de una muerte ritual. Nunca me gustaron los ritos, desconfío de altares y sacrificios, y fuera del ámbito de la religión, asocio ritos con personalidad obsesiva, es decir, con una condición patológica. Sin embargo, a juicio de los entendidos, los ritos son necesarios y no hay comienzo ni fin verdaderos si no están marcados por algún gesto propiciatorio de bienvenida o despedida. Acogerse a la opinión de “los entendidos” puede tacharse de cobarde, lo sé. Había conservado de él un smoking, comprado de segunda mano para el casamiento de una sobrina y unas viejas pantuflas. Ambas cosas combinadas constituían una imagen perfecta de su ser contradictorio y en ocasiones surrealista. Cartas no tenía, vivimos en la época del correo electrónico y ya había borrado todos sus mensajes de la computadora. Eso sí, tenía muchas fotos y unos cuantos regalos. Algunos de buena calidad, entre ellos un chal de cachemir Loro Piana, que me destrozaba el corazón ver partir, y un collar con pulsera haciendo juego que no me gustaban demasiado y a los que daría la oportunidad de demostrar si eran de un metal noble o de una aleación de mala calidad. Con toda esa parafernalia armé en el patio de casa una composición mortuoria a imagen y semejanza de la tumba del Señor de Sipán, que habíamos visitado juntos en un viaje al Perú. Rocié todo con un buen litro de aguarrás y le prendí fuego. Sería un holocausto. La víctima debía consumirse íntegra. No podía quedar nada, sólo cenizas que se llevaría el viento, o el basurero. Se encendió la hoguera. Y era él, sí, ardiendo como Giordano Bruno, Juana de Arco, Miguel Serveto, Jacques de Molay, el resto de los templarios y todas las brujas condenadas. Él, sí, el Gran Hereje. No soy más favorable a los dogmas que a los ritos, la verdad, pero yo había sufrido en mi persona el daño de su herejía, había sido la víctima de su versión despiadada y poco ortodoxa de la pareja. El reo estaba por fin recibiendo su merecido tormento. Las llamas me hipnotizaron. No podía quitarles los ojos de encima. Salí del trance cuando los bomberos rompieron la puerta con el hacha. ¿Qué pasó? ¿Fue el tronco seco del ficus que dejé en la maceta por pura pereza? ¿Una lengua de fuego que tomó posesión de la cortina? ¿Una chispa transportada por el viento? Los accidentes son siempre complejos: seguramente intervinieron varias de esas causas. Y los efectos fueron devastadores: se incendiaron la cocina y el living, lo cual incluye el sofá de cuero italiano, la alfombra Missoni, la mesa y las sillas de Saarinen y el pequeño Cabanel heredado de mi abuelo. Dije que estaba durmiendo cuando se produjo el hecho, que había comprado aguarrás para limpiar unas prendas en seco, que los vecinos de los pisos superiores siempre arrojan fósforos o colillas de cigarrillo encendidas, que el calor era tan intenso... Ahora no sueño más con él, por suerte, pero empiezan a atormentarme pesadillas con el perito del seguro. ** Silvia Italiano ssiro21@yahoo.com Escritora argentina (Buenos Aires, 1951). Es licenciada en filosofía. Estudió arte dramático en el Lee Strasberg Theatre & Film Institute de Nueva York (EUA, http://www.strasberg.com) y literatura francesa y filosofía en la Universidad de Ginebra (http://www.unige.ch; Suiza). Enseñó español en Nueva York y es traductora para la Organización de las Naciones Unidas (ONU, http://www.un.org). Ha publicado la novela Un aire de familia (Seix-Barral, http://www.seix-barral.es, Barcelona, 1995, y Ediciones delDragón, http://www.deldragonediciones.com.ar, Buenos Aires, Argentina, 2010). Actualmente reside entre Nueva York y Buenos Aires. === Puertas como ríos Javier Ubalde Enríquez ========================= *** Impertérrito Te dejaron tus estrellas más humanas, te hincaron los ojos los perversos horarios y sus monedas, las delgadas navajas de las palabras hirieron tus sienes y aun así, te envolviste con tu plumaje y echaste a tu alma para que vuele con la [brisa. Las espaldas de los santos de azufre, las miradas que todo lo quiebran como [cristales, no tuvieron compasión de tus dedos insinuados sobre la alegría, no perdonaron a tu simiente ni a su resplandor anaranjado sobre la faz de [las luces amadas por el cemento. Tomaste enormes escaleras, sangraste sobre las escarpadas razones del hombre y su hambre, no pudiste huir de tu exacta salida hacia las nubes, no pudiste imaginar los guijarros sobre tu frente, no te importaron los besos de las almas ni sus muertos con ojos iguales a [los tuyos. Tu enorme brazo se quedó colgado de los clamores. Tus labios sacaron las lagartijas muertas de los bolsillos de los vivos, ya no te importó su sangre elevándose como moscas sobre tus palabras [divinas; aprendiste el idioma de las piedras que se agitan sobre el [odio, que resplandecen en la soledad. Dejaste tanto diamante podrirse sobre las veredas, dejaste que los cabellos largos se enredaran con la espera hasta quebrarse, nadie entendió tu alma tatuada, nadie supo esperar la infinita luz que se [te había pegado en los talones; tu camino era de sombra y nadie quiso ser luz viva en tu costado, tus soles, tu lluvia, tu desierto hecho de piel humana en tu cama, todo retiró su alma cuando decidiste que la niebla sería tu alimento, cuando dejaste que el polvo hilvanara tus sesos como una filigrana de [precioso dolor. *** Ilapso Pero cómo podrías haber dejado el polvo de astros que rozaba tu cara por [las noches; cómo podrías haber olvidado las islas que extendían sus brazos hacia los [sueños; cómo pisar el alma que nació para tu boca de pobre. No podías ignorar las rosas de piernas larguísimas incrustándose en tu [pecho, ni los interminables temblores de tu silencio negro entre los callejones [del espíritu. El mundo fue una mesa para tus manos sedientas. Las palabras irguieron siempre sus ojos más profundos cuando las llamaste. Ahora miras el recorrido que hiciste dormido con los dedos abiertos, ahora te quedas inmóvil ante la desnudez del sonido, ante los labios [abiertos de un cielo de armonías y cantos. Aprendiste a hablar y tus frases te sacudieron las entrañas del cerebro, te fatigaron hasta caer de golpe la noche, ya no pudiste soñar con otro sexo que no fuera el de las letras [acariciándote el estómago hacia el hambre. Si un ave pasó, si una enorme montaña se derrumbó ante tus cabellos [agitados, nada importó para la impaciencia de tus uñas, para el naufragio de tu calma. Las penínsulas que te recibieron, tus ganas de lanzarte al mar del olvido, [todo se lo llevó el aire más hirviente, nada se salvó ante tu mirada [fija que diluía universos. Ahora estás parado sobre tu boca, ahora inclinas tu estrella hasta las [frases, la gastas a tu antojo, la abres, la fecundas, la cierras, la volteas, la [quiebras y son sus pedazos toda tu alegría, tu silencio, tus ganas de contraer las [flores sobre un lienzo, de patear el sol y la luna como guijarros; ya no te estrellas contra los muros de piel, ya no comes en la mesas de los [unicornios delgados, tu gigantesca cabeza se ha hecho el mundo, tus [infinitos dedos lo llenan todo, tu alma tan esperada llegó y ya todo [es canción sobre tu frente desnuda y salpicada de labios [silenciosos. *** Estaminal Estiro mi larga entraña para adherirme al cielo, cuelgo mis manos, entreabro mis ojos sólo para tener la certeza de que [estoy amando; soy igual que un árbol deseante. Luego de las tumbas y sus muertos geométricos, más allá de la acéfala [tentación de escribir la sangre de los vivos, está mi deseo extraviado, delirante, de no poder extinguir mis llamas de [carne y mi aliento de rubí frenético. Los bosques bajo la luz de la alegría, sobre las manos del éxtasis, tienen [no sé qué olor a pureza de vientre, tienen no sé qué alas de colores [que hablan con voz delicada, jadeantes. El verde y sus luceros de vidrio vivo, las flores y sus remolinos de [estambres y pistilos, todo en este valle adquiere un lagar precioso [de sinfonías arbóreas. Y yo, con mi gigantesca humanidad congelada en un solo miembro, corro entre [la niebla persiguiendo a las musas sin cobre, sin aliño, alargadas, [estiradas sobre la tierra perfumada. Cada uno de mis pasos son gritos, cada uno de mis dedos fugitivos corren en [busca de una superficie que los pierda. Es el sueño estaminal de los oráculos, la tremenda provocación que en los [sueños se derrama como agua, que salpica como charcos de vino. A la distancia, entre los ecos, teñido de alegría, un cuerpo corre y [estrella su sudor contra el viento. *** Grial Tu cuerpo extendido y seccionado sobre las espaldas de la noche es ahora un [recipiente intranquilo. Sabes que las madrugadas tienen perversas miradas para los que extrañan los [colores de la ausencia extenuada. Cuando alcanzaste las colinas de las horas y sus altísimos horizontes de [madera en cualquier establo, cuando supiste que en tus sueños eras un lejano utensilio para las bocas de [algún dios, tuviste miedo, sacaste tus espaldas, quebraste tu talón [en la huida y partiste, alzaste un vuelo que sólo conoció el fango, pero jamás volviste; te llamaron los ecos de los años y sus alhajas, te hipnotizaron las esferas con tu nombre, sus brillos henchidos de amor, pero no volviste, tu cerebro se escabulló entre las lomas, la arena se encargó de las lágrimas en tu cuello. Alguien te dijo que eras un vaso y entonces te recordaste bañado de alegría [con tus mejillas satinadas por el olvido. Alguien te regaló sus esperas, te lavó los pies con sus memorias, te [bendijo con su larga miseria; pero no volviste, tus pies se alejaron entre los bosques de tu alma. Las preciosas páginas que te alzaron, las palabras que resonaron entre tu [pecho como buques, las estelas que ibas dejando sobre la sangre de [tus padres y una flor inocente que ya no pudo recordar tu nombre, todo te fue dado y lo perdiste como quien cambia sus huesos por un puñado [denso y profundo de nada. *** Entreclaro Luego del bosque y sus sauces hechos de humo y fatiga, la cama del espanto [es una rosa que no descansa. Yo arrastro mis manos amarillas por encima de la luz y dejo ver mis cayados [llenos de furia celeste. No tengo otra esquina del cielo para mis recónditos aullidos en la sombra. Mi espejo lleno de lágrimas es sólo un abalorio inútil sobre la mesa de [cada día. En ocasiones la luz llega de lejos con el rostro de mis padres, en otras, son las lejanas crepitaciones de los cuerpos consumidos los que marcan la hora de la sombra en todos mis relojes. La oscuridad desova en los pantanos de mi olvido, las rocas pulidas de tanto golpe son mi almohada en las noches de cieno y [alcohol metafísico. Si las arañas lógicas que penden de mis versos y los asquerosos infiernos [de mis llagas amadas fueran sólo un pestañeo de amor sobre mis vellos, yo partiría hacia cualquier instante hoy mismo sin mirar las luciérnagas [que elevan mis rezos a la nada. Si hallara una migaja del pan que la luz me niega, yo quebraría las bocas de los astros que se devoran mis locuras; gastaría las perlas de cada frente que amo, escaparía con toda mi música adonde sólo me griten en el rostro las [estrellas. *** Esponsales Si tuerzo el lazo extendido que alarga la vida y busco un motivo para que [los océanos oculten las llagas de sus olas inertes. Si me recojo a mí mismo, si lloro, si alargo los días del viento bajo mis [sueños, podré entonces llevarme los soles de óleo y el cuerpo refrescante de la [noche. Delgado como un susurro, el sufrimiento de las cosas que han muerto se [estrella contra la madrugada hecha de espuma en los ojos. La gente sabe sólo de las cosas que hieren a los perros del aire y a los [dioses del mercado. Nosotros en cambio, de blanco por dentro, elevados, con gigantescas marañas [de risas entre las sienes y un solo verso gigantesco en los labios, creemos en las promesas que rebotan en las paredes de lo eterno, conocemos [una sola estera que se pega a los sueños en los tornados del alma. No queremos la legaña de los otros, queremos nuestros cuerpos albos entre [el sonido de las palomas y los cielos más absurdos. Cuando el viento contiene el material de los sueños hechos de una gramínea [invaluable, la vida se asienta como una semilla tranquila sobre los [años. La espera es el tráfico de las avenidas en donde nos besamos bajo las luces [que nos recuerdan el cauce de todos esos ríos que se desbordan, nos [arrastran, se retuercen y van a perderse para siempre en nuestras [frentes. *** Efebo La más cruel escafandra sobre los lirios de tu cuerpo es ahora una estrella [moribunda sobre tus muslos; las mesas de tu cuerpo exhalan canciones que las aves lunares te usurpan. Debajo de las costillas de tu alma, en un rincón de tus sesos azules todo llenos de una miasma preciosa, habita el legendario toro que ama hozar las rosas hechas de pubis, las lejanas extensiones de los cuerpos, sus intersticios, la llamada [salpicada de semen. Por más que las penínsulas lunares de tus manos que la tierra codicia diluyan las espaldas de los endriagos, nada puede la piel blanquecina de tu deseo contra la más extraña geometría [de los días. Más allá, en un lugar que las lechuzas esconden con sus largos falos [azules, tu vientre llega a ser margarita entre el veneno; tus prolongaciones demoniacas alzan con rabia las torres de los cuerpos que [te aman. *** Efugio Caverna delgada que todo lo consumes con tus labios de grana informe, tú has dejado que la niebla entre y se coma mis ojos, tú has abandonado sobre las gramíneas de los campos toda el alma que fui [recolectando con los años. En estos días en que todo es cieno, en estos metros que ando cuesta abajo, cabeza arriba, alma encima, tengo todos los niños de mi silencio corriendo sobre los tejados de las [caídas infinitas. Tú, caverna de luces altísimas; tú, lejana aparición acuchillada por la [estepa sin brillo, no sabes que mis pasos son el gateo de tus manos [milenarias, has olvidado que lo que yo mastico sin utilizar los dientes que me dio el [polvo, es también el alimento que te existe. Si yo no tuviera estos pétalos, si mi alma coronara con asco una oscura [piedra extinguida en los océanos, yo no saldría de mi ropa para encontrarme con los sueños, no te buscaría siempre como un viento todo lleno de astillas para morderte [la sombra. Ya no puedo escribir tus luces, no quiero sacudir tus regiones ocultas, me declaro para siempre dueño de mis altas pisadas, verdugo de mis más desgranadas pasiones; hoy sólo quiero escribir lo que las letras con sus gestos deformes me [obliguen a gritar bajo mi piel. *** Endriago Garras de la suelta espuma de la sangre, exaltadas mutaciones de los órganos enristrados, sólo las gorgonas de tus sueños elevan sus piernas para devolverte un poco [de tu alma. Las más gruesas pasiones te carcomen entre las sienes, tus vestigios humanos escapan al pensamiento de los hombres, has sido creado en un árbol rojizo que miraba hacia el odio, tus extremidades se han disuelto sobre el mármol indiferente de muchos [rostros. Tus delicadas plumas, las uñas hirsutas, sus escaras, la voz que se aleja y [pesa sobre los mundos aterrados, todo te ha dejado innumerables [altares para el futuro, te ha echado migajas de fuego, tus manos han salido de algún pecho salvaje [y han regresado todas llenas de nieve. Cuando las cercas altísimas de la mañana te escondan y la ciudad sea sólo [una delicada dama avergonzada ante tu miembro con alas, todas las flores de tu lecho aprenderán a castigarse ellas mismas ante tu [peso, todas las luces de la calle te arrojarán sus brazos rendidos, tu cuerpo florecerá bajo los faros que han de iluminar tus calles llenas de [tiempo. *** Engruño Mi cuerpo es una mano. Todos mis dedos son sólo los recuerdos que azotan la piel de los otros. Mis calles están escondidas siempre bajo las escamas infinitas que recorren [mis olvidos. Cuando tengo que soñar elevo mis manos y las lejanas palpitaciones se hacen mis amigas y esconden como niñas el [día de mi muerte y el sentido de mis pies sobre la tierra [indiferente. A veces son las legiones del odio las que me dictan sus héroes de espuma, a [veces las espadas de mis ninfas juegan a huir y aparecer en mis [entrañas. La locura de golpear mi cabeza contra los sueños es la razón por la que el [polvo me ama y enloquece bajo mis pies por los caminos. Cada beso del viento esconde un secreto bajo sus alas insomnes, cada delgado color de las olas que me torturan sabe reírse de mis ojos [ciegos y salpicados de ventanas y puertas. Las más anchas extremidades de los sueños me son escondidas por las [hogueras que cantan sus verdades sin musas; la vida me cierra el puño y lo abre cuando mi cabeza descansa bajo la [tierra que la gente pisa una mañana blanquecina. *** Esperpento La cama es de cuernos y estomas salvajes a la 1 de la madrugada. Los pájaros han callado todo en un silencio doloroso. Después de las extrañas apariciones, luego de las monstruosas sensaciones [de estar encerrado con la bestia, una rosa hecha de carne ha estirado sus piernas locas y se ha deslizado [hasta el miedo. Sólo las estatuas blancas de la luz bajo la almohada han dicho con susurros [que la vida es una extensa prolongación de sentidos, una quimera de [infinitos colores y dolores. Yo abro las cajas delgadas de las estaciones de cada año, busco las razones [de la piel, los musgos frescos, me araño los brazos hasta cosechar [algo de belleza condensada; pero las lejanías excretadas me duelen demasiado, su silencio es en [realidad un aullido tan elevado que se lleva los oídos del mundo. ¿Cómo pueden exigir las carreteras de los sueños los puñados de luz que [necesitan? ¿Cómo es posible que las horas enemigas de las manos frenéticas dancen sólo [para los fémures del viento? La belleza es un líquido corrosivo a la una de la madrugada. *** ¡Evohé! Las piedras que rebotan en mi cabeza tienen lágrimas; las insondables escafandras con las que lucho se deshacen al simple [contacto de una flor. Pero la vida se marchita sin tu simiente, ¡oh dios de los deliciosos [nombres!, ¡oh dios de las refrescantes cabelleras azules y los [sueños rotos como frascos de perfume sobre mis pasos! Te he esperado cada estancia de mi vida desde que el sol se hizo firmamento [sobre mi cráneo. Te he invocado como las lágrimas invocan a los sueños, he levantado cada uno de tus trozos de alma que me regaste como migas [celestes, te he dado mis hombros extasiados, ya no tengo otra cosa que tu nombre clavado en un costado de mis actos. De las profundidades soliste llegar como un náufrago, te arrodillaste sobre mi arena blanca y la maldijiste, te bebiste mis últimos frutos de amor, secaste las fragancias absolutas y [me pagaste con puñados de tierra mágica. Después de tantos consuelos pesados que acribillaron mis ojos, sobre las piernas de todas mis esperas han quedado sólo las guadañas y una [flor de carne doliente. Las extrañas cosas que te lancé, todo mi oro bajo tus pies de seda, todo, [salvó de morir gracias a tu despiadada mano. Cada pétalo de mis días se exprimió para tu copa y aun así te invoco desde [mis pulmones y desde mi tiempo a sorbos. Aun así las cortinas que ocultan lo que me deparas, no se duelen de tanto [pie pesado sobre mi garganta, sobre mis lineales deseos que en tu [espalda saben cómo mezclar los mares que descubro bajo cada piedra de tu nombre. *** Estuario El vértigo de estar metiéndome en el mar es un canto negro sobre la faz de [los ojos. Las espuelas de la corriente, las manos plomizas del río y sus músculos [cansados, ahora se meten de cabeza al olvido. La extensa armonía de los azules y su gloria salina, el fin de las [corrientes, los kilómetros de amor y una caricia de la vida que resuena entre la arena, todo se pierde a la hora en que la sal se traga el azúcar de las orillas, la muerte y sus colores que siempre hablan de lo mismo, la llegada que cabalga sobre las horas, los discípulos del viento detrás de [la lágrima, la despedida deforme de sus ojos y labios, toda la fuerza que al golpear la [vida se desvanece y golpea la sal de los cuerpos que se ahondan en [un fango que sólo nos dice la verdad de la arena húmeda, que sólo sabe de memorias empolvadas y de cuentos amarillos en los cajones [del alma La extrema miseria de los brazos que alguna vez quisieron enredar el cielo [con sus sueños, los pechos abiertos y con pájaros débiles en lugar [de corazones, todo espera el día de la llegada, el día en que las aguas han de entregar sus formas. La vida y sus alientos de cristal, la vida y todo lo que nos devolvió el polvo, es ahora un encuentro por demás imaginado, por demás odiado, por demás [amado entre la soledad de estas cuatro paredes del mundo. *** Futurición Un puente colgante hacia los sueños, las veredas hechas de luz que me miran [y respiran sobre mi espalda en los cielos, todas las alondras y las lunas cubiertas de polvo argentado; ya no soy el mismo animal que volaba sobre los tiestos del mundo. Las salvajes postrimerías, la tumba erguida, palpitante, su aroma a pino, las calaveras que salen a reunirse por las noches y se beben la vida hasta [embriagarse, todo eso ya no me aleja de mis ojos. Los caminos que no esperan tienen cierto perfume de mujer en celo, cabellos [largos como alabanzas del viento. Yo escribo en las paredes de cada extinta sensación de estar vivo y me [retuerzo como envenenado de alegría. Abajo, en el delicioso entramado de polvo y canciones subterráneas, una ojera habló de cosas que retumban en los oídos como insultos, es el [silencio diluvio, es la tierra con brazos y estómago famélico que [espera a sus hijos. A pesar de las interminables torres que duplican la sangre del tiempo y sus [maniquíes, a pesar de las lisiadas constelaciones bajo mi cuello, yo sigo escribiendo mis dedos, sigo quemando mis manzanas más abominables [para no fundirme con los sueños, para ser algo más que el silencio [luego de la hecatombe. No quiero las hortalizas de la amargura, no quiero el instante último en [que me deslizaré sobre la nada que crié entre mis huesos. El piso tiene un color que sabe a piedra viva, una extraña voz que recorre [las ínsulas que añoro, pero todas las almas que habitan los espacios [que resuenan me llaman, es un canto de estertores, es una plaga de amor sobre mis cabellos; sólo tengo las ganas de advertir a las praderas de mi tiempo el larguísimo olvido que se avecina sobre la danza diaria de sus ojos. *** Gama Cada vez que arrojo las entrañas de los vientos que me enredan las piernas, cada vez que me alejo de mi camino para acercarme a los océanos verticales [que me abrazan, soy un poco más de carne y sueño, tengo algo más de los ojos que me miran [como montañas. A veces escribo sobre las piedras de la madrugada, a veces deseo las alas [que me esquivan cada alarido del tiempo, soy entonces una canción a la orilla del mundo, soy un poco más hijo del [tiempo y sus noches de neones rabiosos que brillan como lunas sin [nombre. Las cascadas de amor, los desiertos de espanto, las migajas del enojo hacia [los astros, sus miradas rotundas entre mis dedos, todo sube y baja de nota o color, todo lo que se posa sobre mis pies [desesperados sabe que es sólo la hilera de una infinita esquela de [humores. Yo tengo la alegría en un frasco que abro cada mil estrellas, una esponja con el nombre de alguien, mis resquicios en cajas sin llaves, cada color y nota animal están sumergidas en la avenida de mis ojos calmos. Los días traen sus faenas de centauro, sus quejas de águila sobre las ubres de una estrella, los sabores y sus [escalas, las bocas de un cuerpo, los gritos hermosísimos sobre los [acantilados, cada cosa que hiede o canta sobre las piedras es el regalo de los dioses [que habito cada día con mis brazos repletos de mundo. ** Javier Ubalde Enríquez javierubalde@hotmail.com Poeta y pintor peruano (Puno, 1982). Es licenciado en lengua y literatura. Trabaja como profesor para las academias preuniversitarias Aduni y César Vallejo en Lima. Obtuvo el primer premio en poesía en los Juegos Florales Interuniversitarios organizados por la Universidad Norbert Wiener (http://www.uwiener.edu.pe; 2005), y ha publicado numerosos poemas en revistas especializadas. Desde hace varios años participa en recitales poéticos y alterna su quehacer literario con la pintura. === El hombre de la herramienta de insomnio Berenice Betancourt ====== Me lo ha dicho. Se ha abierto. Soy parte de su interior. O quizá su interior es parte de mí. Sus palabras han volado hasta mi monitor y en tal forma me sorprendió. Ya no fueron frases en diálogos, fueron enunciados en mar. Estallaron momentos tristes en mi rostro. La nostalgia intentó abolirme. Caí de rodillas y las lágrimas saltaban hacia el suelo en plan mortuorio. Por más pretensión de querer ser la estatua del centro de mis avenidas siempre habrá placas tectónicas preparadas para sacudir los cimientos. Pero él tendió la mano al aire. Él preparó espacios para tratar en mi mejora, en ese entonces de primeriza indisponibilidad. Él separó momentos para cocinar una sonrisa en un horno que nadie vio precalentar. Él se lanzó al ruedo de leones romanos, acompañado con un casco y una armadura que, aunque invisibles, irrompibles. Pero no estaba loco. No deliraba a causa de alguna enfermedad. Sabía muy bien sus posibilidades. Sabía bien el poder de su herramienta. Conocía que el trabajo proveía habilidades y así comenzó a hacer uso de ellas. No bastó que las palabras de aliento no acostumbraran servir mucho en mí y me brindó un apoyo con razones. Me mostró que continuaba estando a mi lado, que en los días mis palabras lo acompañaban al platicar y que por las noches prolongaba mi estancia en su cerebro. Profusas preguntas se hizo de mí. Acerca de mi persona no podía tener más cuestiones. Le provocaba insomnio y mil revolturas hacía de mi ser. Creo, yo saltaba de idea en idea, de suspiro en suspiro. En la oscuridad de su recámara rondaba y en su techo acompañada de sombras oblicuas apenas nacientes me encontraba. ¿Y los pensamientos? No, no eran amorfos, estaban colmados de representaciones tan llenas de sentido que yo trataba de compartirle desde el lugar donde estuviera, y él me escuchaba. Cosas que intuyo sólo nosotros podemos entender. Con esto me demostró que no eran comunes palabras de aliento de un humano como tantos. Que no cualquiera tenía derecho a querer hacerme sentir mejor. Que el trabajo de su insomnio lo hacía merecedor a nuestras ligaduras. Que laboró con piedra la factibilidad de tornarme a confiar, el hecho de llamarlo amigo. Él no durmió cuando mi alma se retorcía pensando en él y sus ideas. Accedí entonces a sonreírle. Él tenía una herramienta. Aunque quizá no lo sabía. ** Berenice Betancourt berenice.betancourt@gmail.com Escritora mexicana (1989). Es estudiante de mercadotecnia, corresponsal de Queo (http://queo.com.mx) y practicante en AXA Seguros (http://www.axa.com.mx). Ha publicado diversos textos periodísticos. Mantiene una bitácora en http://berenicebetancourt.blogspot.com. === Poemas Jaime Gómez Nieto ========================================= *** Recuerdo Mi recuerdo, el recuerdo que llevo cada instante en el aparato respiratorio: por las calles originales se encuentra la lascivia de los perros El recuerdo es gris, y la mano resbala sobre sus piernas sin prejuicios; como si el recuerdo fuera ella y se dejara acariciar y sus ojos se movieren inquietos El recuerdo del deseo camina devorando esquinas, cuando la imagino desnuda entre el sueño de Individual, 1994 *** Juego de palabras Inescrupulosa métrica y deliberada palabra en un baile de sombras, juego artificioso y violencia en la olla Número caído en el escalafón de la noche, síndrome en tierra despavorida como un niño aplastado en el disfraz de la aurora: y en el recóndito escarabajo sonado de canción, el trovador desea dulces sueños de la hora de Poemas a mi manera, 1997 *** Macedonio Fernández Incluido en el abrigo de la noche, el ensueño deja cita a la vida en una esquina de Buenos Aires: luz postrera de la esencia, repatría el hecho de observar por debajo de la puerta, silbido, melodía del amor, a un amor a libros de poemas, tierra en forma de corazón, paso de camino, la muerte sin palabras en la memoria es... del libro inédito El camino no termina ** Jaime Gómez Nieto jimmygoz142@hotmail.com Escritor colombiano (Bogotá, 1958). Ha publicado los libros Treinta poemas (1989, 1990), Individual (1994), Poemas a mi manera (1997), En busca del lenguaje (2000) y El vacío llega como inoportuno visitante (2008). Colaborador de revistas y periódicos en Colombia y a nivel internacional. Sus poemas han sido divulgados en diferentes antologías. En 2004 participó en el evento “Alzados en almas”, organizado por la Casa de Poesía Silva (http://www.casadepoesiasilva.com). En 1997 quedó finalista en el Sexto Concurso Internacional de Poesía de la revista La Porte des Poetes (http://www.laportedespoetes.com), en París. Es licenciado en español y literatura de la Universidad El Bosque (http://www.uelbosque.edu.co) de Bogotá. === Textos Elena Camacho Rozas ======================================= *** Código secreto ¿En tu gadget o en mi Skiff Reader? ¿Con tu e-book o con mi iPad? ¿LCD (¡menos mal que el LSD está caduco!) o tinta clásica? Y yo que me quedé en el pleistoceno anterior al “¿Estudias o trabajas?”, escribo un SMS con casi all las letras xq soy muuuuuuuuu antigua, y cancelo la cita, bye, anq le nvío bbss x si pica y, byebye (pienso: “¡ojalá que hasta pronto!”), espero una carta traducida de su puño y letra mientras leo un diccionario bilingüe de informática aplicada al ciberdiarioytecnológico vivir. *** Tertulia onírica Ana María piensa en Max Brod pensando en un Kafka bailarín y susurrante para salvaguardar el sueño del padre de su amigo. Ciego y todo, Borges habría descrito los pasos sigilosos con maestría propia de un coreógrafo de la pluma, piensa Shua. Y tanto piensa que sueña que está despierta pensando... que llega a creérselo, mientras se aflige porque no llega nadie a su encuentro, y la tertulia acabará languideciendo como si se tratase de los efectos del vapor etílico en medio de un mal sueño. *** Exceso de limpieza Giraba y giraba el mundo sin parar. Me estallaba la cabeza. Sentía un peso de toneladas sobre mis sienes y percibía cómo la asfixia penetraba en mis pulmones con un vertiginoso ritmo giratorio. Cuando cerré los ojos por última vez, recordé haber puesto el programa corto y suave de la lana. Nunca creí que la puerta fuera hermética. Ni que al echar la ropa me caería en el tambor y éste me engulliría como un pozo sin fondo. *** Puerta con puerta Cierro los ojos. Aguzo el oído. Suena el ascensor. Se acerca el vecino. Suenan unas llaves. La cerradura se deja vencer. Intuyo unos pasos por el pasillo de al lado. El carraspeo se me antoja familiar. Las pisadas semejan el tic de un cerrajero. Tuerce hacia la alcoba. “Hola, mi amor”. Yo callo. “¿Qué tal te ha ido el día?”. “Tirando”, miento, y me odio por no ser capaz de decirle la verdad. ¿Él no se dará cuenta de que una vez más se ha equivocado de puerta? *** Muerte por accidente (literario) Escribía a 100 palabras por minuto, pero su mente pensaba a 200 por segundo. Se desbocó su corazón: se desnucaron sus ideas y se partió la columna vertebral del texto en el que trabajaba. Dirán unas palabritas en su honor en la tertulia de esta tarde. *** El viaje “Tal vez sea mejor que se quede en casa”, reflexionó en alto la abuela, mientras nos preguntaba adónde íbamos. El abuelo —con la seguridad que dan los años de convivencia— se aferró a la pregunta de su esposa para insistir en que lo mejor sería permanecer entre las cuatro paredes archiconocidas tras años de hipoteca y sudores. La hija acarició su calva y apretó el manillar de su silla de ruedas para no volverse atrás. La decisión estaba tomada. El equipaje hecho. El pañal puesto. Las despedidas latentes. Su mujer sospechaba de mí, que nunca fui su yerno favorito. El geriátrico estaba a pocos kilómetros y la plaza apalabrada. ** Elena Camacho Rozas camachoe@gmail.com Escritora española (Santander, 1964). Es doctora en filología hispánica y trabaja como profesora de lengua y literatura en un instituto de su región. Ha quedado finalista en los premios José Hierro y Alegría, entre otros. Ha publicado los poemarios Versatilidad de la emoción y Ars adivinatoria / Trizas y trazos, así como el pliego de poesía La escala de Jacob, número 10 en la colección “Son de Sirena”. Textos suyos han sido recogidos en varias antologías poéticas de Cantabria. === Tres sonetos Edgardo Donato Díaz ================================= *** Soneto X Como una tibia luz, tus claros ojos, en la púber porfía del ensueño, alentaron las ansias con empeño y esa entrega febril a los antojos. Inocente, pueril, puse cerrojos y me bebí de golpe todo el sueño. Intrépido y voraz, supe ser dueño que atesoraba el cielo de esos ojos. Después, la sinrazón y los despojos. Verdugos, asesinos, con su empeño, troncharon ese amor y todo el sueño que alentaba la vida y los antojos. Sólo una ausencia gris quedó en mi sueño y el tabique brutal sobre tus ojos. *** Soneto XX Sigues allí, eterna residente de aquella espuma blanda, sin premura. Fundida a aquella roca, que perdura junto a ese inmenso mar efervescente. Y siempre estás. Tu imagen recurrente regresa a mí con toda esa ternura que renueva en el Cabo la frescura de nuestro tierno amor adolescente. Y vuelvo a recorrerte. Mansamente, va mi mano extasiada en tu cintura como si hubieras vuelto de repente. Luego el regusto agraz y la mixtura de la tarde y la noche en su premura, regresando tu ausencia. Nuevamente... *** Soneto XXX Recurrente, regreso año tras año a nuestro Cabo, buscando aquella piedra donde las ansias fueron como hiedra que fue cubriendo todo su tamaño. Un fantasma silente, parco, huraño custodia la tibieza de esa piedra donde las ansias siguen siendo hiedra; Refugiando a este amor, como ermitaño. Fundidos nuestros cuerpos, como estaño candentes nuestras ansias, en la piedra, dieron vida al fantasma y a la hiedra que alientan mi regreso cada año. Siempre escribo el soneto en nuestra piedra y hace treinta sonetos que te extraño. ** Edgardo Donato Díaz e.donato.diaz@gmail.com Escritor argentino (La Plata, Provincia de Buenos Aires, 1951). Está en retiro voluntario. Textos suyos pueden leerse en sus blogs, http://edgardo-donato-diaz.blogspot.com y http://mariposas-azules.blogspot.com. === Último día Alexander Campos Soto ================================= Deja vencer su cuerpo sobre la cama, hunde la cabeza en la almohada e intenta dormir. No lo consigue. Un edredón azul cubre, a medias, su enjuta humanidad. Escucha el ruido monótono que proviene de la calle. Ya nada le llama la atención. Ahora todo le apesta. Desea sumergirse en el sueño, un vago aire llega a acariciarle las mejillas. La tristeza lo invade y de sus ojos se desprenden unas cuantas lágrimas. Y, por fin, se queda dormido. Luego de unas cuantas horas, despierta. Mira la hora en el reloj que está sobre el velador. Son las tres de la tarde. “¡Cómo pasa el tiempo!”, se dice a sí mismo. Va deprisa hacia el baño, ve su semblante en el espejo, quiere creer que se trata de un rostro bello y lozano. Mentira: ahora lo divisa pálido, sin vida, como una hoja seca arrastrada por el viento. Mira los anaqueles de la pequeña vitrina, tantas cajitas de antidepresivos y somníferos. Intenta tomar un puñado de cápsulas, un cóctel suicida... Una imagen perversa pasa por su mente y, luego de un repentino ataque de pánico, tira las pastillas por la ventana con una rabia que no cabe en su cuerpo. Se dirige hacia el viejo ropero y desempaca el traje azul marino que le regaló su padre. Y piensa: “Si tengo que morir, lo haré sin miramientos, pero también con elegancia”. Se siente soberanamente ridículo, un pobre diablo infinito. Sale a la calle, apesadumbrado, vacilante, camina algunas cuadras. Alza la mirada hacia el cielo y distingue un avión fulgurando en medio de las nubes. Él debería estar en ese avión, porque siempre deseó visitar Francia, esa tierra tan hermosa y esquiva: un país que sólo conocía por fotos, películas y por las grandes novelas que había leído. Desde niño se obsesionó con París: conocer el amor, la mujer de su vida, pasearse con ella bajo la sombra de la torre Eiffel... visitar librerías, la tumba de Vallejo, sentarse en algún banco a contemplar la tarde... Recuerda las palabras de aliento que le decía un familiar que vivía al otro lado del mundo: “En cuanto termines el colegio, yo te ayudaré a realizar tu sueño”. Sólo se burló de él, lo pisoteó, lo humilló y, claro está, la promesa nunca se cumplió. Jamás se sintió capaz de imaginar su último día de vida. No podía ser de esa manera: solo y sin un porvenir, caminando por algunas calles que de tan conocidas le resultaban hostiles. Se dispone a tomar una taxi e irse al mar (a Ancón o La Herradura... a donde lo lleve el infortunio). Recuerda las playas de su infancia mientras los estudiantes universitarios deambulan por su costado, pensar que él pudo ser uno de ellos. Tal vez si hubiera ingresado a la Católica, todo sería distinto, ¿o no? Se va en un taxi rumbo al mar y trata de creer —soñar absurdamente— que ese viejo chofer que serpentea curvas es más infeliz que él. Al llegar observa a unas mujeres muy bellas tomando sol en la orilla, pueden ser que sean norteamericanas, o tal vez francesas. Sí, unas preciosas hembras parisinas le resultan caídas del cielo. Las mira por un momento y se siente odiosamente frívolo. Acaso si hubiese aprendido el francés ahora podría abordarlas sin miedos ni rubros. Si hubiera estado con una de ellas —cualquiera de las tres, sabe que a estas alturas ya no está para escoger—, su vida sería más auspiciosa. Llega al fondo del muelle, las turistas quedaron atrás y seguramente ni se percataron de su presencia. Escucha el ruido de las olas, mira por última vez lo que ocurre a su alrededor. Y se despide del mundo con un grito que a nadie le llama la atención. “Todo acabó”, se dice a sí mismo y, antes de enfrentar al océano, piensa que quizá es un buen día para aprender a nadar. Al sumergirse en el agua, creyó con inusitada emoción que alguien lo emulaba, pasaba entonces a convertirse en el pionero de los ensueños más descabellados, su corazón le decía algo indescifrable, ridículo: al otro lado del mundo, París seguía aguardando. ** Alexander Campos Soto alexcampossoto@gmail.com Escritor peruano (Santa Cruz, Cajamarca, 1990). Estudia derecho en la Universidad San Martín de Porres (http://www.usmp.edu.pe), en Lima. === Tres poemas Marco Antonio Domínguez ============================== *** Esta noche no duermo Esta noche no duermo. Pronto será medianoche. Y yo, atrapado por estas cuatro paredes tendré que dormitar entre ecos de sirenas, luces rojas intermitentes y helicópteros en pleno vuelo. Esta noche no duermo. El abrir y cerrar de puertas me asfixia. Víctima de un ambiente distorsionado me acuesto en ciudades imperiosas sin reconciliar el sueño Esta noche no duermo. No pudiendo luchar más contra mi estrella muerto de amargura me abrazo a una almohada corroída por el tiempo; me cubro el rostro y me tapo los ojos para no ver y... me aprieto las sienes para no pensar. Esta noche no duermo. Como títere me dejo manipular por las cuerdas de un titiritero anónimo, que esta noche como todas mis noches anteriores, me ha robado el sueño. Esta noche no duermo. *** Abandono y espera Una mañana de invierno Vislumbrada toda por el alba Inesperadamente te fuiste tras el nuevo amanecer Con la certeza de que algún día volverías Angustiado me quedé En el mismo sitio en espera de tu regreso Mas quiso el destino cruel Que no volvieses nunca Y que yo me quedase atrás Al filo de una soledad tenebrosa Habitada por aquellos que lo pierden todo Por los que se desviven En las tinieblas del desamor. *** Soy como aquél... Soy como aquél que desarmó su automóvil y se llevó las partes por el mundo mostrándolas y exhibiéndolas por doquier para que todos se dieran cuenta de su estilo, marca y año. ** Marco Antonio Domínguez atonatiuhmarco@hotmail.com Escritor y docente mexicano (Cerro Agudo, Sinaloa, 1946). Maestro jubilado de lengua española. Reside actualmente en Lubbock, Texas (EUA). Emigró a los 16 años a Estados Unidos, donde obtuvo un título en artes liberales, una licenciatura y una maestría en el idioma español y un doctorado honoris causa en filosofía y letras con énfasis en educación. Catedrático por 32 años; a nivel de colegio universitario ha sido director de un Departamento de Idiomas Extranjeros, director de Actividades Estudiantiles y asesor del Club de Español y del gobierno estudiantil; miembro, vicepresidente y presidente de una Junta Escolar de Educación. Actualmente imparte parcialmente clases de español en la Universidad de Texas Tech (http://www.ttu.edu), en Lubbock. Textos suyos han sido publicados en una antología de poesía chicana (1974) y en el espacio “La voz de los poetas” de la revista Palabras Diversas (http://www.palabrasdiversas.com, 2010). Además ha publicado el manual Aprender a leer (2004), para el aprendizaje del idioma español y la antología personal de poesía Sol-edades (Xlibris Publishers, http://www.xlibris.com, 2010), y es coautor de Foro abierto / Open Court in Spanish (McGraw Hill, http://www.mhhe.com, 2002, reeditado en 2008 bajo el título ¡Imagínalo!), un programa comprehensivo en lengua española para ser usado en el estado de California, basado en las guías de enseñanza desde kínder hasta sexto grado. Es miembro de la Red Mundial de Escritores en Español (Remes, http://www.redescritoresespa.com). === Cuatro relatos Jorge Etcheverry ================================== *** Malos vientos Jorge, hombre, mira, soplan malos vientos. Te lo digo, te lo decimos —no pretendo hablar sólo por mí mismo—, para que te cuides, para que andes siempre con la sombra pegada a los talones. Ya no eres joven, ya no puedes y a lo mejor no quieres dejarte llevar por las brisas y ventoleras que soplan desde el Norte, el Sur, el Este y el Oeste, como voces cristalinas de pájaros, o mejor de mujeres jóvenes que te solicitan. Tu silueta ya no se yergue en el ápice mismo del techo del tiempo, señalando con tu pluma, tus gestos, tu mismo perfil obediente la dirección de donde provienen las corrientes eólicas, incluso las menos perceptibles, girando entonces, mostrando con tu perfil la orientación, el destino de esas corrientes, instalado como pareciera, como parecía, ya que estamos hablándote de días ya idos, en la cúspide misma de la construcción más alta de esa ciudad antañona, puede que haya sido una iglesia, que a su vez se empinaba en alguna elevación del terreno, ¿cómo si no podías desde ese sitial abarcar toda la extensión de tejados que se perdía hasta difuminarse? —en el nacimiento de las faldas cordilleranas, vagamente disimulados por una neblina perpetua, o hacia el otro lado, hacia el cual la perspectiva se hace plana y de donde las brisas que te llegan y te orientan brindan un vago tinte de sal, de podredumbre de algas casi imperceptible. Como un gallo de metal, por otra parte tu símbolo en el calendario chino, te erguías ofreciendo tu perfil a los vientos de la historia, sobre esa ciudad que era el país mismo (la mitad de su población se aglomera en ese radio urbano). Pero tu inextinguible y ciego orgullo juvenil no te dejaba advertir dos cosas. Uno, en ese inclinarse y seguir los vientos e incluso ventarrones de la historia no hacías nada más que obedecer, quizás tu aleación era más liviana, el empotramiento de tu vara en esa torre, por otro lado ni la más alta ni la única, permitió giros más rápidos. Dos, que fuiste una entre la miríada de veletas que decoraban los innúmeros tejados de esos tiempos, ese país, cada una ensimismada en su propia escucha del viento, tratando de obedecer con su inclinación un rumbo que quizás llevara a una historia más digna, incluso utópica. Pero ese individualismo casi catatónico que nos marca y separa de otras naciones de nuestra misma región nos mantenía separados en nuestros respectivos ápices, obedientes al viento pero en forma individual, sin contacto con esa otra leve silueta en el tope de ese otro tejado, quizás vecino nuestro. Y así fue que esa tempestad de sangre te arrebató, nos tumbó desde nuestros sitiales. Soplan malos vientos, ahora, o a lo mejor siguen soplando. Evita los tejados más altos y mantente por el contrario pegado al suelo. Mira hacia lo alto de esos edificios modernos. En uno de ellos hay otra veleta, de una aleación que le permite doblarse casi hasta partirse en dos si el golpe de viento es muy súbito y la pilla de costado, antes de recuperarse y orientarse dócilmente hacia la dirección indicada. *** Tango por radio Los orientales piden cancha desde su país diminuto. El sobrado bailarín del país vecino tan grande como la India dice “con una baldosa basta y sobra”. “Aquí en los zaguanes brumosos el salitre nos asola los huesos y el sinsentido del absurdo nos hace cultivar el cliché en los jardines mentales”, diría otro sorbiendo su caña si tuviera para hablar las mismas palabras de su enrevesado apologista ciego. “Yo también vengo de afuera y en el dos mil también por unas monedas yo doy” dice ella la Rubia Linda Como Un Sol desde su profesión antigua como el rencor, como el mar que se ama más que una mujer, con un acento foráneo perdido en esa miríada de cortes que entrelazan la lengua, los pies y el alma —mientras nosotros también pegados a la radio, no tanos pero en el mismo barrio aquí en el Norte echamos a volar codornices hacia el Sur para que nos traigan de vuelta algo además de esa nostalgia. *** Marmoraleja Cuánta agua bajo los puentes, de madera no, que se los lleva, de piedra sí, de concreto o hierro, a veces festoneados al comienzo y al final por estatuas, a veces marmóreas, esa piedra que da fe por una tradición que no estamos en condiciones ni tenemos los medios o la fuerza para alterar y menos destruir —de la magnificencia histórica o cultural, de la calidad de próceres o semidioses, si se trata de humanos y no de las divinidades mismas lo que los ignotos artistas han querido representar— alzándose por unos instantes sobre la mera condición humana, ya que si bien los mármoles antiguos o calizas —que necesitan ser pulidas— han adquirido una bella pátina, producto de su exposición a los elementos, sus productores ya se han convertido en polvo, enamorado o del otro. Aunque no nos es desconocido el hecho de que en climas secos, en recintos antiguos en que no penetran aves de rapiña, ni hormigas que todo lo devoran, ni otros animales o insectos carroñeros, no se destacan tan sólo los huesos, especialmente los largos fémures, cúbitos y radios, que junto a las calotas son los que más llaman la atención —en medio de la penumbra o semipenumbra— sino también esos cuerpos humanos momificados en que la piel ha asumido caracteres casi metálicos, casi pétreos, así compitiendo con el mármol de carrara a veces, de peldaños o balaustradas, arbotantes, arcos, portales o columnas. Marmoraliña, que el filósofo, el poeta, no se deje arrebatar por la fácil conclusión de la fugacidad de todo, sociedades, rostros y voces de niñas, en el viento, jerarquías y honores, eso ya se ha dicho demasiado. *** El verdadero Macondo El Gabo se asomó al infierno del pueblo chico, la vida en el campo, el llano y la selva, en el seno de LA NATURALEZA que desgrana o urde su tejido implacable y ciego y dicta los plazos —siempre breves— de las vidas, la presencia inmutable y generalizada de la muerte y arrastra a seres pequeños y grandes, de sangre roja y caliente o fría, de ojos calculadores o de salto y cogida frenética que desgarra la presa en pleno aire, o que acecha por horas y estira seudópodos o tentáculo. Entre el reino vegetal y el animal, entre el molusco, el batracio, el insecto alado, a medias sumida en el cielo primigenio, a medias secándose al sol, al aire seco que habrá en definitiva de moldear sus formas y llevarlas a un equilibrio de los elementos secos y húmedos, viscosos y suaves al tacto, o que se extienden en una gama tan delimitada como abstracta. Así es como desde mi imaginación citadina veo que ella surge desde los albañales de mi inconsciente que es el mismo que los protozoos del barro, los sapos de la laguna, la araña de dedos gordos que como un lento guante peludo se desplaza por senderillos apenas iluminados que su propio paso ha excavado en el curso de milenios. Entonces es que me he paseado con mi mochila de estudiante que recorre los parajes para él exóticos del campo, la provincia —ya que vengo de la ciudad, de los pasajes y casas bajas a lo más de dos pisos de mi extenso barrio de CLASE MEDIA, cuya vida circula protegida y regimentada por ciclos de funcionamiento de fábricas y oficinas, de locomoción y programación radial y televisiva, de horarios de almacenes, supermercados y trenes, de recolección de basura y reparto de leche, cartas y encomiendas—, cubierto todo por la sombra más psicológica que material o física que proyectan los EDIFICIOS DEL CENTRO —cubierto todo lo anterior por una RED ELECTRÓNICA que como una tupida red de araña o una crisálida o capullo se extiende sobre todo el conjunto de todas las ciudades y que salva océanos, cordilleras, pantanos y las selvas que nosotros —no yo, la especie, los hombres, estamos hablando en general— estamos tratando de dominar, incluso de eliminar desde nuestra misma incepción en un impulso casi ciego que es casi suicida pero que nos dice que la única alternativa para construir a un ser humano humano pasa por la superación, destrucción casi de lo que se llama LA NATURALEZA y que se personifica y opera como esa mujer arriba descrita, que es una empresa que se deja desarrollar en forma ciega ya que a la vez acarrea nuestra propia disolución, desaparecimiento. Ella es la que surge, bañada en sangre, con la cabellera envuelta en un fuego luminoso, ya formada y de alguna manera anciana con toda la ancianidad —llenado de pavor mi conciencia finita y vestigial que se acurruca en un rincón de este laberinto de cristal y de concreto, quizás tan imperecedero como ella —a la poste, a la postre— que no es la mía, porque aunque estiro los segundos y los años y me asomo a veces a los abismos vacíos del ABURRIMIENTO, la razón compara, saca sus cuentas y me dice que sólo soy un latido de ese verde corazón, un abrir y cerrar de ojos de sus pestañas, una contracción de su vulva que tiembla frenética en los ardores pulsantes del autoerotismo. ** Jorge Etcheverry jorgee@magma.ca Escritor chileno (Santiago de Chile). Doctor en literatura y traductor. Ex miembro del Grupo América y la Escuela de Santiago, agrupaciones poéticas de los sesenta. En Canadá desde 1975, ha publicado The Escape Artist / El evacionista (Canadá, 1981), La calle (Santiago, 1986), Tánger (Santiago 1990; versión inglesa, Canadá, 1997), A vuelo de pájaro (Canadá, 1998) y Vitral con pájaros (Ottawa, 2002), además de la novela De chácharas y largavistas (Canadá, 1993) y Northern Cronopios, antología de narradores chilenos en Canadá (Canadá, 1993). Ha publicado prosa, poesía y crítica en Chile, Estados Unidos, Canadá, México, Cuba y España. En 2000 ganó el concurso de nouvelles de Escritores.cl con "El diario de Pancracio Fernández". ||||||||||||||||||||||||||| POST SCRIPTUM ||||||||||||||||||||||||||| “La poesía desde hace unos dos mil o tres mil años da vueltas en torno a seis o siete temas: vida, muerte, amor, desamor, soledad, sedentaridad y algo más por ahí (...). Entonces, qué es lo que hace que siga existiendo: que cada vez se hace una forma distinta. En el fondo, la poesía es la lucha contra el lugar común”. Antonio Cisneros, en el Palacio de La Moneda, al recibir el Premio Iberoamericano de Poesía “Pablo Neruda” (12 de julio de 2010). === Cómo publicar en Letralia, Tierra de Letras =========================== Antes de enviarnos algún texto para publicar en Letralia, le agradecemos leer nuestras condiciones de publicación. Usted puede verlas en el Web en http://www.letralia.com/tierradeletras/publicar.htm. 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