~~~~~~~~~~~~~~~ Año XV Cagua, Venezuela Nº 246 ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras ~~~~~~~~~~~ http://www.letralia.com ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ 7 de febrero de 2011 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras, es ~~~~~~~~~~~ la revista de los escritores ~~~~~~~~~~~ hispanoamericanos en Internet. ~~~~~~~~~~~ Usted puede enviarnos sus ~~~~~~~~~~~ comentarios, críticas o material ~~~~~~~~~~~ literario a info@letralia.com ~~~~~~~~~~~ ~ * ~~~~~~~~~~~ ~~~ JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor ~~~~~~~~~~~ ~~~~ Depósito Legal: pp199602AR26 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~ ISSN: 1856-7983 ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ === Sumario =============================================================== | Sexto Continente. / El Quijote para niños. / Implicados. | Breves / Corazón de piedra. / A actuar. / Coleccionismo en | Caracas. | | Novela publicada en Internet ha sido descargada más de | Noticias 30.000 veces. / Anunciados ganadores del Premio Casa de | las Américas. / Un venezolano y un colombiano editan Río | Grande Review. / Conceden el premio T. S. Eliot al | escritor caribeño Derek Walcott. / Murió el editor | español Jaime Salinas. / Hernán Lara Zavala recibió la | medalla “Justo Sierra Méndez”. / Presentan libro póstumo | de Carlos Monsiváis sobre diversidad sexual. / Premio El | Espectáculo Teatral para Juana Escabias. / Reeditan Un | mundo para Julius, de Bryce Echenique, en sus 40 años. / | Lima habilita ruta turística en honor a Vargas Llosa. / | Francia elimina a Céline de su calendario de | conmemoraciones. / Bibliotecas universitarias | salvadoreñas se unen en consorcio. / Miguel Herráez | publica una versión revisada de su biografía de | Cortázar. / Diccionario de la cultura española es | presentado en Japón. / Reabren la casa natal de Juan | Ramón Jiménez en Moguer. / Entra con 1% el libro | electrónico en estadísticas de lectura en España. / Ya | se han vendido en España 60.000 ejemplares de la nueva | Ortografía. / El escritor cubano Leonardo Padura recibe | la nacionalidad española. / Estrenan en España | documental sobre José Saramago. / El escritor | salvadoreño Manlio Argueta es traducido en la India. / | Reconstrucción de la Biblioteca Nacional de Chile | terminará este mes. / Publican un libro sobre la | relación de García Lorca y Uruguay. / El cubano Luis | Manuel Pérez Boitel gana Juegos Florales de Tegucigalpa. | / Fondo de Cultura Económica abrirá sede en Argentina. / | Emprenden en El Salvador campaña de promoción de la | lectura. / Se inició el ciclo literario “Escritores en | su tinta”. / Mario Vargas Llosa es nombrado marqués por | el rey de España. / Exponen en la Universidad de | Salamanca dibujos de Miguel de Unamuno. / Bernard | Diederich acusa de plagio a Mario Vargas Llosa. / | Fotógrafos aragüeños exponen en Maturín. / Con libro de | Musil celebró sus cien títulos sello venezolano bid & | co. / Marco Antonio Valencia Calle presenta recopilación | de artículos. / Diplomado en crítica del arte ofrecen en | Caracas. / Recordarán a Henrique Avril, pionero de la | fotografía en Venezuela. / Michaelle Ascencio y Edda | Armas dictan talleres en la librería Kalathos. / | Jeannette Miller gana Premio Nacional de Literatura de | Dominicana. / Expertos iberoamericanos discutirán en | España sobre redes sociales. / Analizarán en Argentina | la concepción antigua de la naturaleza. / Celebrarán | encuentro de ministros de cultura en Bolivia. / Festival | de Poesía de Granada será inaugurado por Vargas Llosa. / | Curso sobre escritoras en el siglo XXI dictarán en | Toledo. | | “Borges llueve”, Hadrian Bagration. / “A lomo de arisca | Artículos y lectura”, Víctor Garay Oleas. / “El hombre que camina | reportajes lentamente (a modo de ensayo)”, Ricardo Martínez-Conde. | / “Ya no hay más Lectura”, Luis Alejandro Contreras. / | “Tíbet, esencia y existencia”, Pedro Sevylla de Juana. / | “Reflexión y anhelos a partir de Obando, Nielsen y | Borges”, Oscar Hidalgo. / “Arquitecturas de interior en | lo cercano de García Barbeito”, Efi Cubero. / “Apure en | cuerpo y alma: una ovación para mi tierra”, Alberto José | Pérez. / “La edad de oro. Doce cuentos de Johnny | Barbieri”, Leoncio Luque Ccota. | | Jorge Volpi: “La novela es una forma de poner en | Entrevistas cuestión las verdades de la vida”, entrevista por Tomás | Regalado López. | | “De Juego de damas a La virgen de los sicarios: una | Sala de ensayo historia para ser contada bajo el gran árbol de la | pena”, Jorge Mario Sánchez. / “Carlos Borges. Poemario: | cantos del alma y del cuerpo, ¡armonía del cielo y la | tierra!”, María Cristina Solaeche. / “Miguel Hidalgo y | Costilla: realidades y ficciones”, Iván Javier Mendoza | Castañeda y Luis Omar Montoya Arias. | | “Dualidad del silencio” (extractos), Elisa Dejistani. / | Letras “Bichos”, Ramiro Sanchiz. / Poemas de Yoandy Cabrera. / | “Los sueños de la eternidad en el tiempo” (extractos), | Alejandro Maciel. / Textos del poemario inédito “El | hilo”, Mar Benegas. / “El constructor de playas”, Mirco | Ferri. / Poemas de Leider Utria. / “El niño que quería | escribir un cuento”, Olivia Vicente Sánchez. / Poemas de | Susana Ríbolo. / “El barbero de Cojímar”, Jorge Luis | Llópiz. / “La casa del poeta muerto”, Rodrigo Jara | Reyes. / “Anexo 2”, Paula Winkler. / Poemas de David | Izquierdo Arispón. / “Marisa y el desequilibrio”, Nixon | Piñango. / Dos poemas de Sergio García Díaz. / “La | implacable tiranía del frío”, Begoña Roldán Juez. | | “Celebraciones”, Alberto José Pérez. / “Junkie de nada”, | El regreso Zazil Alaíde Collins. | del caracol | José Antonio Muñoz Rojas. | Post Scriptum | =========================================================================== Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Año http://www.geocities.com/SoHo/8753 =========================================================================== Premio "La Página del Mes" de Internet de México el 3 de mayo de 1998 http://www.internet.com.mx =========================================================================== Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998 http://www.megasitio.com =========================================================================== Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999 http://www.redchilena.cl =========================================================================== Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999 http://www.fortressdesign.com =========================================================================== Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999 http://www.exodusltd.com =========================================================================== Premio Mejor Página de Poesía, de La Blinda Rosada, en julio de 1999 http://blindarosada.org.ar =========================================================================== Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Premio Nacional del Libro de Venezuela 2007, Centro Nacional del Libro http://www.cenal.gob.ve =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2008, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Mención de honor en los premios Stockholm Challenge 2010, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.org =========================================================================== Para suscribirse a Letralia, envíe un mensaje vacío a: letralia-subscribe@gruposyahoo.com Para desuscribirse, envíe un mensaje vacío a: letralia-unsubscribe@gruposyahoo.com También puede formalizar su suscripción o su desuscripción en un formulario visible en nuestro sitio en el Web: http://www.letralia.com/herramientas/listas.htm Ediciones anteriores: http://www.letralia.com/tierradeletras/archivo.htm ||||||||||||||||||||||||||||||| BREVES |||||||||||||||||||||||||||||| Sexto Continente. A finales del mes pasado se hizo público el veredicto del IV Premio Sexto Continente de Relato Negro, que organizado por Ediciones Irreverentes (http://www.edicionesirreverentes.com) y el programa Sexto Continente, de Radio Exterior de España (http://www.rtve.es/radio/radio-exterior), recibió 183 relatos de autores de 28 países. El premio, dotado de la publicación de las obras ganadoras en una antología —de la cual cada autor recibirá tres ejemplares—, recayó en esta edición sobre los relatos “Nostalgia del bosque”, del escritor nicaragüense Arquímedes González Torres (http://www.letralia.com/firmas/gonzaleztorresarquimedes.htm); “Balada del asesino romántico”, del peruano Carlos Alberto Miranda; “Escrito en la piel”, del mexicano Rodrigo Pardo, y “El mejor negocio”, del hondureño Kalton Harold Bruhl. La antología, en la que además aparecerán textos de destacados autores españoles del género, será publicada en marzo. http://www.edicionesirreverentes.com/SextoContinenteNEGRO.html El Quijote para niños. La agrupación Teatro Nueva Era presenta desde el pasado sábado 29 de enero, en la Sala de Teatro 1 de la Casa de Rómulo Gallegos, en Caracas, Aventuras de un caballero andante, una adaptación de la obra maestra de Miguel de Cervantes desde la perspectiva de José A. España y bajo la dirección de Jennifer Gásperi. Esta versión infantil mezcla el teatro, la danza y el lenguaje audiovisual para presentarle al público general, y en particular a los niños, una manera distinta de conocer las hazañas de don Quijote. La versión presentada se enfoca en reforzar valores como la amistad, la bondad, la defensa de los más débiles, el respeto a las diferencias y la perseverancia al alcanzar nuestras metas; sin dejar de un lado la importancia de la imaginación y la creatividad como compañeros fieles en esta aventura. Las funciones tendrán lugar hasta el 6 de marzo, en funciones los sábados y domingos a las 3 de la tarde. Los boletos, que cuestan 50 bolívares, podrán ser adquiridos en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), ubicado en la avenida Luis Roche de Altamira. http://www.celarg.gob.ve Implicados. Implicados, una obra jocosa, llena de intrigas, con un final inesperado, escrita por Marcos Prieto, dirigida por José Tomás Angola, montada por Miguel Bandres Producciones y protagonizada por la primera actriz Aura Rivas (Premio Nacional de Teatro 2010), Nattalie Cortez y Carlos Arráiz, se presenta desde el pasado 3 de febrero hasta el próximo 13 de marzo en la Sala de Teatro 1 del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), ubicado en la avenida Luis Roche de Altamira. Implicados trata sobre las situaciones azarosas que viven tres empleados de una agencia de publicidad (“Maruja”, personificada por Rivas; “Ana”, encarnada por Cortez; y “David”, interpretado por Arráiz) que encuentran muerto a su jefe. Posiblemente hubiesen llamado de una vez a la policía, pero el odio que le tienen, sumado a su incapacidad para resolver problemas, los lleva a tomar decisiones que los implican en un enredo cargado de intrigas y de muchas situaciones jocosas. La entrada general cuesta 80 bolívares (70 para estudiantes y tercera edad y 50 los jueves). Las funciones son los jueves, viernes y sábado a las 8 de la noche, y los domingos a las 6 de la tarde. http://www.celarg.gob.ve Corazón de piedra. Este jueves 10 de febrero será presentado en la Biblioteca de Los Fundadores del Gimnasio Moderno el poemario Corazón de piedra, del escritor colombo-español Antonio María Flórez, publicado por la editorial española Littera (http://www.litteralibros.com). En el acto intervendrán, aparte del autor, los escritores Maruja Vieira, Ana Mercedes Vivas y José Luis Díaz-Granados. Publicado en la colección “Littera Poesía”, el libro consta de diecinueve poemas a lo largo de los cuales el autor entabla un diálogo entre un padre y un hijo sobre aspectos fundamentales de la existencia. Partiendo de una cita de Cormac McCarthy contenida en su libro La carretera, Flórez vuelve a incidir en la temática de la derrota y exilio que ya aparecía en obras anteriores. A su vez, el diálogo y la narración se intercalan para conseguir un libro de poemas que es también, un relato. Nacido en Don Benito (España), Flórez pasó su infancia en Colombia. Ha publicado, también, Zoo (Poemillas de amor antiecológicos) (1993); La ciudad (2001); El arte de torear (2002); Desplazados del Paraíso (2003); Dalí: el arte de escandalizar (2004), y Transmutaciones: literatura colombiana actual (2009). Ha participado de varias antologías de cuento y poesía en Colombia y España. La presentación se realizará el 10 de febrero a partir de las 18 horas. La entrada es gratuita. http://www.gimnasiomoderno.edu.co A actuar. El Grupo de Teatro Bagazos (http://clientes.folletoweb.com/bagazos) y la Fundación Celarg han organizado el Taller Básico de Actuación 2011, que será dictado en Caracas por Gerardo Blanco a partir del martes 22 de febrero. Los participantes recibirán instrucción para conocer y afinar sus herramientas de expresión, el cuerpo y la voz, a través de diversos ejercicios de improvisación. El conocimiento y manejo del espacio escénico y la relación del actor con éste; el texto, el actor y su relación con las acciones y la verdad; el actor y la comunicación no verbal, y la ética, el compromiso y la pasión por el teatro son algunos de los temas que constituyen el taller. La actividad de cierre está concebida como una clase abierta donde los participantes pueden explorar el manejo de algún texto (corto) frente a una audiencia. El taller, que tiene una duración de seis meses, se realizará los martes y jueves en sesiones de 6 de la tarde a 8 de la noche. Su costo es de 1.850 bolívares, pagaderos en dos partes iguales, una al inicio y otra a la mitad. Las inscripciones están abiertas en la caja del Celarg, ubicada en el piso 3 de la Casa de Rómulo Gallegos, en Altamira. http://www.celarg.gob.ve Coleccionismo en Caracas. Del 3 al 10 de abril se realizará en el Museo de la Estampa y el Diseño Carlos Cruz-Diez (http://www.museocruzdiez.com), ubicado en el Parque Vargas, en la avenida Bolívar entre las calles Sur 11 y calle 8, en Caracas, el Encuentro Nacional de Coleccionismo, un evento organizado por el Instituto de las Artes de la Imagen y el Espacio (Iartes, http://www.iartes.gob.ve) y la Fundación Museos Nacionales (FMN, http://www.fmn.gob.ve). Los interesados en participar con colecciones particulares poco comunes o emblemáticas, pueden escribir antes del 28 de febrero a la dirección electrónica eventocoleccionismo@gmail.com, proporcionando su nombre, cédula, dirección, teléfono y fotografías de la colección. ¿Quiere publicar una nota en este espacio? Envíenosla por correo electrónico a breves@letralia.com. === ¿Le interesa estar informado sobre concursos? ========================= Reciba por correo electrónico los anuncios vigentes de concursos literarios y artísticos en general suscribiéndose a nuestra lista de distribución. Todo lo que tiene que hacer es enviar un mensaje vacío a letralia-concursos-subscribe@gruposyahoo.com, o visitar nuestra cartelera de concursos en http://www.letralia.com/herramientas/concursos.htm. Si desea enviarnos las bases de un concurso, escríbanos a info@letralia.com |||||||||||||||||||||||||||||| NOTICIAS ||||||||||||||||||||||||||||| *** Novela publicada en Internet ha sido descargada más de 30.000 veces Ante la dificultad de publicarla con una editorial formal, el pediatra y escritor español Bruno Nievas (Almería, 1973) decidió ofrecer su novela Realidad aumentada (http://www.realidadaumentadalanovela.com) de forma gratuita en Internet, y ha alcanzado más de 30.000 descargas desde su publicación a principios de enero. Nievas afirmó estar “tan sorprendido como encantado” con que esta iniciativa haya tenido un número tan alto de descargas en la red, así como con el hecho de que casi 1.000 internautas se hayan hecho seguidores de la página de la obra en la red social Facebook (http://on.fb.me/g4QLp2). Realidad aumentada es un thriller con tintes de ciencia ficción, que ha recibido “unas cuantas críticas positivas”, otro de los aspectos que motivó al autor a subirlo a Internet. Entre ellas la del director de Negro sobre Blanco, Richard Sabogal, quien ha dicho de la obra que la “fina pluma” del autor deja “un final que rompe los paradigmas y satisface más de un paladar exigente”. Por su parte, Juan Gómez-Jurado, VII Premio de Novela Ciudad de Torrevieja con El emblema del traidor y que ha vendido más de tres millones de ejemplares de sus novelas, ha destacado que Realidad aumentada es “un viaje salvaje a los confines de la tecnología y de la mente, narrado con el pulso de un escritor que dará mucho que hablar”. La obra puede descargarse de forma gratuita, en versión PDF o EPUB, para dispositivos Iphone o Ipad, entre otros. Además, el autor está publicando uno a uno los capítulos en la página de la novela en Facebook, a medida que se van agregando usuarios. Fuente: Europa Press *** Anunciados ganadores del Premio Casa de las Américas Amparadas bajo las figuras del cóndor y el toro, en una imagen del mestizaje y representativa de la Yawar fiesta, se dieron las celebraciones del Premio Literario Casa de las Américas 2011. Las actividades académicas, la selección y la entrega de galardones, que programa anualmente la entidad con sede en La Habana, Cuba, se realizaron del 17 al 27 de enero. Además la iconografía de la Yawar fiesta respondió al homenaje que esta edición del premio realizó al escritor peruano José María Arguedas —autor de Todas las sangres, Los ríos profundos y Yawar fiesta—, de cuyo nacimiento se conmemora este año el centenario. El primer día del encuentro inauguró la cita el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, uno de los invitados especiales junto con el estudioso argentino Stefano Varese. El jueves 27, en el auditorio Che Guevara de La Habana, tras las deliberaciones correspondientes, el jurado leyó los nombres de los escritores latinoamericanos reconocidos en las diferentes categorías. Para esta edición, el premio creado en 1960 contó dentro del jurado con autores e investigadores como el colombiano Roberto Burgos Cantor, el argentino Martín Kohan, el español Eduardo Becerra, la estadounidense Margaret Randall, el peruano Carlos García Bedoya y el brasileño Marcos de Moraes, entre otros. En la ceremonia se reconoció a escritores de México, Argentina, Brasil y Cuba, quienes ganaron los premios en novela, cuento, literatura testimonial y brasileña, mientras la categoría de ensayo artístico literario se declaró desierta, pues a decir del jurado: “ninguno de ellos alcanza el nivel requerido (...). Diversos problemas de estructura, manejo de fuentes, falta de hipótesis fuertes y novedosas en los enfoques, nos llevan a esta decisión”. El de novela lo ganó el mexicano Gabriel Santander por La venganza de los chachas, una obra que a juicio del jurado es “una narración desmesurada, desbordante y gozosamente eximida de las reglas de lo correcto, la contención o proporciones”. El cubano Emerio Medina triunfó en cuento con su libro La bota sobre el toro muerto, de redacción “precisa y efectiva en un abanico temático que va desde el dramatismo contenido hasta una truculencia que nunca desborda la estética de contención y precisión”. En testimonio, el argentino Carlos Bishoff venció con Su paso, un texto profundo y fresco que aborda la represión durante las dictaduras militares de la segunda mitad del siglo XX, y en literatura brasileña, Nelson de Oliveira se alzó con Poeira: demonios e maldiciones, “una novela de eficaz estructura”. Además se otorgaron los premios honoríficos que desde el 2000 entrega la institución. El escritor uruguayo Eduardo Galeano fue distinguido con el Premio de Narrativa José María Arguedas, por Espejos, gracias a “la originalidad con la cual el autor emprende una historia personal del mundo, desde los albores de la existencia humana hasta el presente, que mezcla la erudición, la síntesis y el humor”. A su nombre se sumaron los de la ensayista Ana Pizarro y el poeta Kamau Brathwaite. El programa del Premio Casa de las Américas 2011 incluyó la presentación de las ediciones cubanas de los libros galardonados en la edición pasada. Entre ellos figura Tratado del amor clandestino, del ecuatoriano Francisco Proaño Arandi, quien en el 2010 obtuvo el Premio de Narrativa José María Arguedas. Entonces el acta del jurado señaló que “por su excelente prosa y el ingenioso modo mediante el cual recupera, a través de la memoria, una historia de amor, de locura y de muerte”, la novela del poeta, narrador y diplomático, nacido en Cuenca en 1944, se hacía acreedora al reconocimiento. La presentación del libro tuvo lugar en el auditorio Che Guevara el miércoles 26. La novela fue finalista en el premio Rómulo Gallegos en 2009, cuando lo obtuvo El país de la canela, del colombiano William Ospina. Fuente: El Comercio *** Un venezolano y un colombiano editan Río Grande Review Por primera vez la edición de la histórica publicación literaria Río Grande Review (http://www.riograndereview.com), de Texas, ha recaído sobre los hombros de dos profesionales. Se trata del venezolano Daniel Centeno y el colombiano Daniel Ríos Lopera, quienes lograron mostrar un diseño novedoso y reunir una cantidad de colaboradores, inusual en la historia de la revista, que ya está por cumplir treinta años de existencia. El kitsch y el camp afloran como corrientes estéticas en una compilación de poemas, cuentos, fragmentos de novelas, crónicas, aforismos, ilustraciones, ensayos, perfiles, traducciones, entrevistas, reseñas y otras manifestaciones compendiadas en esta edición, que aglutina a noveles y consagrados escritores de Estados Unidos, Latinoamérica y Europa. Este número de RGR, que apareció el 17 de enero y ya fue presentado en El Paso, Texas (EUA), y en la conferencia anual de la Association of Writers & Writing Programs (AWP), en Washington, presenta según sus editores “grandes diferencias con los anteriores”, en aspectos como el diseño, la compilación de autores, la distribución y las alianzas. “Sólo para este número logramos reunir firmas como Ricardo Piglia, Antonio Lobo Antunes, Jaime Manrique, Jon Lee Anderson, Agustín Fernández Mallo, Andrés Neuman, Darío Jaramillo Agudelo, Alfonso Armada y Victoria de Stéfano, quienes nos cedieron sus escritos de forma desinteresada y muy generosa, incluso cuando se trataba de inéditos”, dijo Centeno. Ríos, por su parte, destacó los avances que se hicieron con las nuevas tecnologías. La confección de la página web, el Facebook, el Twitter y hasta la transmisión en vivo de la ceremonia de lanzamiento corrieron a su cargo. Del mismo modo, recalcó el código de ética que ha regido en la edición de este equipo de RGR. “Los dos editores escribimos”, acotó Ríos. “Centeno y yo tenemos libros en nuestros países, pero decidimos no aprovechar esas páginas para publicar nuestros trabajos. Nunca verán la firma mía o de mi compañero en los dos soportes de la revista, ni favoreceremos a escritores para que salgan dos veces seguidas en la versión física. Por otro lado, conformamos un equipo lector de más de quince personas cuyos filtros son difíciles de sortear. En la medida de lo posible buscamos disminuir el margen de error, por decencia con los autores, colaboradores y relacionados con la RGR. Nuestro trabajo intenta huirle a lo amateur”. Ambos destacaron que el volumen 36 es el más amplio en la historia de la publicación, con casi 190 páginas. Ponderaron el diseño del mexicano Ángel Valenzuela, especialista en ese apartado. Lo mismo que hicieron con las ilustraciones de portada y del dossier temático, que estuvieron a cargo del español Iván Solbes. “En un principio pensamos que nos iba a costar conseguir tantas firmas, sacar a RGR de los límites de Texas, hacerla más global y presentar un producto de nivel capaz de competir con cualquier otro”, indicó Centeno. “Sin embargo, además de lograrlo, ahora recibimos ofrecimientos de editoriales, consulados, universidades de otros países, artistas y autores para formar parte del proyecto”. Esto, explica el venezolano, “hace más atractivo nuestro trabajo, porque no todos pueden contar con el apoyo de sellos como Anagrama (http://www.anagrama-ed.es), Acantilado (http://www.acantilado.es), Nórdica (http://www.nordicalibros.com) o Seix Barral (http://www.planetadelibros.com/editorial-seix-barral-9.html) o gente como Enrique Vila-Matas, Sergio Ramírez, Ednodio Quintero o Sergio Chejfec, entre otras sorpresas que podemos deslizar como abreboca, para armar el próximo número”. Sobre la edición que está por venir adelantaron que versará sobre la temática de los impostores. El doble, el otro, el doppelgänger, el intruso, el farsante y otros sucedáneos formarán parte de la próxima edición. “En esta edición tuvimos que elegir casi cuarenta trabajos de más de 2.000 que enviaron. Para la que viene el número ya se incrementó significativamente”, dijo Ríos Lopera. RGR se inició en 1981 como parte de una empresa editorial de literatura y arte para los alumnos del MFA en Escritura Creativa de la University of Texas at El Paso (http://www.utep.edu). Ríos Lopera es cortometrajista y autor del libro de cuentos Los tiburones a veces tienen pesadillas. Centeno se ha desempeñado en la edición y el periodismo cultural, y su último libro, Retratos hablados, actualmente se cuenta entre los cinco más vendidos de su país. El presente número de RGR puede leerse en su página web. Fuente: RGR *** Conceden el premio T. S. Eliot al escritor caribeño Derek Walcott El escritor Derek Walcott, ganador del Premio Nobel de Literatura 1992, obtuvo el premio de poesía que lleva el nombre de otro Nobel de lengua inglesa, T. S. Eliot. Valerie Eliot, viuda del autor de La tierra baldía, entregó al galardonado el correspondiente cheque de 15.000 libras (17.500 euros, 23.800 dólares) en una ceremonia celebrada en el Museo Wallace (http://www.wallacecollection.org), de Londres, la noche del 24 de enero. Con Walcott, nacido en 1930 en la isla caribeña de Santa Lucía, competían en esta ocasión, entre otros, el también premio Nobel irlandés Seamus Heaney, el veterano de la guerra de Irak Brian Turner y Sam Willetts, un poeta que superó una adicción de diez años a la heroína. Walcott fue premiado por su colección de poemas White Egret, profunda meditación sobre la muerte y el paso del tiempo, calificada por la presidenta del jurado, la poetisa Anne Stevenson, de “emocionante y técnicamente impecable”. “Es un libro completo desde el comienzo hasta el final, cada poema pertenece enteramente al mismo. (Walcott) es un grandísimo poeta, uno de los mejores poetas en lengua inglesa”, afirmó Stevenson. Walcott es autor de una vasta obra que incluye más de quince libros de poesía y alrededor de treinta obras de teatro. Dentro de sus textos destacan Otra vida (1973), El reino del caimito (1979), El testamento de Arkansas (1987) y, en 1990, su principal texto hasta la fecha, Omeros, un poema épico basado en la Odisea. Sueño en la montaña del mono (1970) es la más famosa de sus obras de teatro. En 2006 recibió el Premio Grinzane Cavour. Fuente: EFE *** Murió el editor español Jaime Salinas El editor Jaime Salinas, hijo del poeta Pedro Salinas (1891-1951) y figura destacada del mundo editorial español de la segunda mitad del siglo XX, falleció el pasado martes 25 de enero a los 84 años, en Islandia, donde residía. Salinas, quien fue director general del Libro, trabajó en el mundo editorial español ligado a Seix Barral (http://www.planetadelibros.com/editorial-seix-barral-9.html) y a Alianza Editorial (http://www.alianzaeditorial.es), y fue también director de Alfaguara (http://www.alfaguara.com). En 2003 obtuvo el Premio Comillas de Biografía con su libro de memorias Travesías. Memorias (1925-1955), en el que contaba sus primeros treinta años de vida y mostraba el placer que le producían los viajes en transatlánticos. Hijo menor de Pedro Salinas y de Margarita Bonmatí, Jaime Salinas nació en Maisón-Carré, Argelia, en 1925. Ese mismo año su familia se trasladó a Sevilla y, en 1927, a Madrid, ciudad en la que asistiría a la proclamación de la República y en la que se forjaría su conciencia izquierdista. La guerra civil les sorprendió en Santander, donde su padre dirigía la recién fundada Universidad Internacional de Verano. Con su hermana Soledad huyó en barco hacia el sur de Francia y en octubre de 1937 la familia se reencontró en Nueva York y se instaló en Estados Unidos, país en el que Salinas realizó sus estudios y residió tanto en la Costa Este como en California. Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en Europa como voluntario civil en el cuerpo de ambulancias del American Field Service, y al acabar la guerra, trató de encontrar su identidad en el ambiente cultural de la Norteamérica de la época. Casi veinte años después de haber dejado España, regresa a su país para pasar un verano en la finca de sus vacaciones infantiles e, inmediatamente después, se instala en París, donde comienza su relación con el mundo editorial. En 1955, uno de sus primeros trabajos le llevó a Barcelona, a Seix Barral, editorial en la que desempeñó un papel clave. Su encuentro con el editor y poeta Carlos Barral le transformó en uno de los mejores editores españoles, gracias a los idiomas y su visión literaria, aunque nunca tuvo vocación de escritor. En Barcelona entabló vínculos e impulsó a una gran cantidad de noveles autores españoles e hispanoamericanos, ejerciendo de amigo y editor de figuras como Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y gran número de los miembros del recién inaugurado “boom latinoamericano”. Al mismo tiempo, dedicó un especial esfuerzo para que se conocieran en España las novedades literarias de la Europa contemporánea. Con Barral, Salinas promovió los Premios Internacionales de Edición y el Formentor para autores noveles, de donde salieron autores como Juan Marsé. También fue cofundador de Alianza Editorial, donde reinventó el libro de bolsillo, apostando por un formato al que dio una calidad todavía no superada. Reivindicó autores, traductores e ilustradores en modernas colecciones con miles de ejemplares. En esta tarea tuvo como sus más estrechos colaboradores al editor Javier Pradera, quien se encargaba de las secciones de ciencias sociales, mientras que Daniel Gil trabajaba en el diseño las portadas legendarias de la famosa colección de libros de bolsillo que abrió una ventana cultural en una sociedad que aspiraba a la modernidad pero que aún vivía bajo los estrechos y absurdos límites de la censura de una dictadura. También transformó la editorial Alfaguara a la muerte de Franco y fue director general del Libro y Bibliotecas con el primer gobierno socialista de Felipe González, entre 1982 y 1985. Luego volvió a la labor editorial en Aguilar hasta su retiro cinco años más tarde por razones de salud. Salinas reconstruyó editoriales, promovió premios y desarrolló una carrera singular en el mundo de la edición a pesar de que no tenía una vocación definida de editor, según explicó su amigo, y también editor, Josep María Castellet. Críticos, autores y compañeros coincidieron en señalar su carácter puntilloso y erudito y su gran inteligencia a la hora de valorar libros y traducciones. Salinas era desde la década de 1960 un habitual visitante de Islandia, donde murió en un pequeño pueblo de pescadores en el que lo acompañaba su amigo, el gran escritor islandés Gudbergur Bergsson. Fuentes: EFE • El País • Hechos de Hoy *** Hernán Lara Zavala recibió la medalla “Justo Sierra Méndez” El escritor mexicano Hernán Lara Zavala fue galardonado el pasado miércoles 26 de enero con la medalla “Justo Sierra Méndez”, del estado de Campeche por “su destacada contribución a la difusión cultural, al fomento editorial y por la trascendencia de su obra literaria que asume referentes con profundo arraigo en los valores de su origen”. Al recibir el galardón que el gobierno estatal otorga a campechanos distinguidos para conmemorar el natalicio de Justo Sierra Méndez, el homenajeado exaltó la figura del “Maestro de América” y defendió la controversial figura del padre de éste, Justo Sierra O’Reilly. En su discurso de agradecimiento, expresó que este reconocimiento le honra “por el hecho de llevar el nombre de uno de los sabios, elocuentes, liberales que han contribuido a la educación y al desarrollo intelectual de nuestro país”: Justo Sierra Méndez, quien fundó la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx) unos meses antes de que estallara la Revolución Mexicana. “Un notable y asombroso educador, orador, poeta, historiador, crítico literario, cuentista, diplomático y hombre de letras de amplísimo registro intelectual, y que llegó a ser considerado Maestro de América”, agregó Lara Zavala, quien recordó cómo fue Sierra Méndez uno de los pocos políticos e intelectuales “que lograron transitar sin cortapisas del porfirismo a la Revolución, gracias a su mente liberal, a su preclaro pensamiento”. Luego de reconocer también la trayectoria del padre del “Maestro de América”, el historiador Justo Sierra O’Reilly, Lara Zavala hizo votos para que “esta ciudad de Campeche rompa de una vez los antagonismos regionales e integre a estas dos figuras, Justo Sierra, padre e hijo, en una sola para honrarla”. Para tal fin, propuso recuperar la casa en la que nació Justo Sierra Méndez, en el Centro Histórico, donde hoy opera un hotel, para convertirla en un recinto cultural “en donde se le rinda tributo a padre e hijo por igual, y en donde se expongan sus libros, papeles, diarios, recuerdos, fotografías y objetos de estas dos figuras emblemáticas del saber y conocimiento, como orgullo y memoria de la influencia que Campeche ha ejercido a favor de la vida cultural de México y de todo el continente”. A petición del homenajeado, su amigo personal, el periodista capitalino Rafael Vargas Escalante, reseñó sus logros literarios. Dijo que con estudios de ingeniería y letras inglesas, Lara Zavala cuenta con una trayectoria muy amplia en los ámbitos académico, creativo y de difusión cultural; su desempeño como maestro universitario, editor, escritor, traductor y promotor cultural se cimenta en una sólida formación y un notable reconocimiento de sus méritos académicos y literarios tanto en México como en el extranjero. Hernán Lara Zavala ha recibido el Premio Latinoamericano de Narrativa Colima, el Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares, el Premio Orden por la Cultura Nacional de la República de Cuba, el Premio Nacional Endowment for the Arts del gobierno de Estados Unidos, el Premio Latinoamericano de Novela Elena Poniatowska, el Premio Universidad Nacional en el campo de la Creación Artística y Extensión de la Cultura, y en el 2010 recibió el Premio de la Real Academia Española, además de la Medalla Yucatán y la Gran Orden de Honor Nacional al Mérito Autoral otorgado por la Secretaría de Educación Pública y el Instituto Nacional de Derecho de Autor. Ha publicado los libros de cuentos De Zitilchén, El mismo cielo, Antología personal, Flor de noche buena y otros cuentos, Después del amor y otros cuentos, Guantes negros y otros cuentos, Cuentos escogidos, Cuentos de aquí y de allá, Rumbo a la historia y Cuentos jóvenes; además, los cuentos para niños Tuch y Odilón, Jesusito y El viaje de Víctor. También las novelas Charras, El hombre equivocado y Península, península; los ensayos Las novelas en El Quijote y Contra el ángel; las antologías del cuento inglés del siglo XX y Los mejores cuentos mexicanos; las crónicas Equipaje de mano y Viaje al corazón de la Península; y como entrevista Erotismo de hilo fino. Fuente: Proceso *** Presentan libro póstumo de Carlos Monsiváis sobre diversidad sexual Que se abra esa puerta: crónicas y ensayos sobre diversidad sexual, es el título del libro póstumo de Carlos Monsiváis presentado en el Museo del Estanquillo (http://www.museodelestanquillo.com) el pasado miércoles 26 de enero. Este compendio, impulsado y presentado por personas cercanas al cronista, reúne 26 textos publicados en la revista Debate Feminista (http://www.debatefeminista.com) entre 1989 y 2009. La presentación, que se llevó a cabo en la terraza del edificio que alberga las colecciones de Monsiváis —fallecido el pasado 19 de junio, como informamos en nuestra edición 234 (http://www.letralia.com/234/0619monsivais.htm)—, corrió a cargo de Braulio Peralta, Marta Lamas, Alejandro Brito y Jenaro Villamil. En medio de decenas de personas, entre las que se encontraban amigos y familiares de “Monsi”, el editor Braulio Peralta, quien moderó el evento, recordó el “encuentro fundamental”, al que alude Monsiváis en uno de sus ensayos, que en los años 50 tuvo el cronista con la poeta y actriz Nancy Cárdenas, a quien conoció en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx). Según el editor de Paidós (http://www.paidos.com.mx), fue en esa época cuando los jóvenes escritores “conocen su despertar sexual”, que sería determinante en su labor intelectual y lucha a favor de los homosexuales. En su participación, Marta Lamas, directora de Debate Feminista, afirmó que el libro fue autorizado por Monsiváis poco antes de morir. Incluso, el autor de Amor perdido fue quien eligió el título, el cual, explicó Lamas, hace referencia al poema “Que se cierre esa puerta”, de Carlos Pellicer. Cuando la antropóloga dijo a “Monsi” que el libro sugería la apertura de la puerta del clóset, Monsiváis le respondió que más bien se trataba de abrir la puerta de la dignidad. En relación al reproche que un sector del movimiento gay ha hecho a Monsiváis debido a que nunca quiso declarar públicamente su homosexualidad, Marta Lamas comentó que el cronista consideraba ese acto como discriminatorio, pues a los escritores heterosexuales no se les pide que hablen abiertamente de su intimidad. Por su parte, Alejandro Brito, prologuista del libro, y Jenaro Villamil, con quien Monsiváis hacía la columna “Por mi madre, bohemios”, hablaron del recorrido que hace el cronista y ensayista por las distintas expresiones sociales y culturales que adoptó el movimiento homosexual en México durante el siglo XX y principios del XXI, el cual ha padecido desde el acoso policial hasta la discriminación por parte de algunos sectores de la sociedad. Así, los ponentes recordaron acontecimientos como “El baile de los 41”, sobre el cual reflexiona Monsiváis en uno de sus ensayos. En esta redada, que tuvo lugar en la capital mexicana el 18 de noviembre de 1901, y que es un referente en la historia de la lucha por la diversidad sexual en México, los participantes fueron sorprendidos por la policía y posteriormente ridiculizados por la prensa y la sociedad. Los amigos del desaparecido cronista, además, rescataron la influencia que el poeta, dramaturgo, ensayista e historiador Salvador Novo tuvo en Monsiváis, pues el también promotor cultural representa a la primera generación de intelectuales mexicanos abiertamente homosexuales que lucharon por el establecimiento de una identidad y una liberación sexual en una sociedad machista y homofóbica. Aunque Peralta adelantó que se publicará otro libro póstumo de Monsiváis, no quiso revelar el nombre de esa obra, de la cual espera ser el editor. Respecto a la adquisición de bibliotecas personales de escritores e intelectuales del siglo XX que pretende hacer el gobierno federal, Beatriz Sánchez Monsiváis, prima del famoso cronista, comentó que si bien la familia ha recibido la invitación, todavía no se han iniciado las pláticas con el gobierno para negociar el asunto. Monsiváis nació en Ciudad de México el 4 de mayo de 1938. Es autor, entre muchos otros, de los libros Amor perdido (1976), No sin nosotros: los días del terremoto, 1985-2005 (2005) y Aires de familia: cultura y sociedad en América Latina (2000). Además de ser galardonado con doctorados honoris causa por varias universidades de México y otros países, obtuvo diversos reconocimientos como el Premio Nacional de Periodismo de México (1995), la Medalla Gabriela Mistral (Chile, 2001) y la Presea Sor Juana Inés de la Cruz (2008). Fuente: El Universal *** Premio El Espectáculo Teatral para Juana Escabias El venezolano Juan Martins recibe una mención de honor del galardón por su obra Duchamps: 11,45. La dramaturga española Juana Escabias, con su obra Apología del amor, se alzó este 27 de enero con el V premio El Espectáculo Teatral, galardón que conceden la revista homónima (http://www.elespectaculoteatral.es) y Ediciones Irreverentes (http://www.edicionesirreverentes.com), en un acto celebrado en los Teatros del Canal de Madrid (http://www.teatroscanal.com) en el marco de la programación de MadFeria (http://www.madferia.com). Escabias es licenciada en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid (UCM, http://www.ucm.es). Ha ejercido su profesión en medios tan dispares como la Organización de las Naciones Unidas (ONU, http://www.un.org/es) y la revista Interviú (http://www.interviu.es). En 2008 obtuvo el Premio de Literatura Dramática Margarita Xirgu por Tierra convexa. Ha publicado, además, la novela Penúltima estación. La escritora y periodista madrileña se ha impuesto a los otros dos finalistas de esta quinta edición, el venezolano Juan Martins por Duchamps: 11,45, y Manuel Villa-Mabela por La rebelión de Carlota. Ambos autores, además de ser finalistas, han recibido una mención de honor del jurado. Martins es natural de la ciudad aragüeña de Maracay, donde nació en 1960. Es docente, dramaturgo y crítico teatral. Ha obtenido, entre otros, el Premio Bienal de Literatura Augusto Padrón (2004), género dramaturgia, por Caperucita ríe a medianoche; el Premio Mayor de las Artes (2004), mención dramaturgia, por Dollwrist, y el Premio Miguel Ramón Utrera (2008), mención dramaturgia, por Caramelo de Nueva York. Ya en 2006 fue finalista en el premio El Espectáculo Teatral con La tarde de la iguana. Ha publicado Deseos de casa (poesía, 1995), Poética para el actor (2000), Cartas del corazón para Edith Piaf y otras piezas (2002) y En tres y dos (2003, antología; coautor con Rodolfo Santana y Gustavo Ott), entre otros títulos. Es colaborador de diversas revistas culturales venezolanas e internacionales. Dirige el grupo Estival Teatro (http://estivalteatro.wordpress.com) y mantiene el blog Crítica Teatral (http://criticateatral.wordpress.com). Villa-Mabela nació en Hospitalet de Llobregat (Barcelona) y vive en Madrid. Ha sido Primer Premio del Ayuntamiento de Madrid “Teatro Expréss” 2005 con la obra Angélica no merecía acabar así, y Primer Premio en el VIII Certamen de Teatro Mínimo Rafael Guerrero de Chiclana (2006) con La urbanización del señor ministro. Juana Escabias se une así a la lista de ganadores anteriores de este premio, formada por Lourdes Ortiz, Raúl Hernández Garrido (http://www.letralia.com/firmas/hernandezgarridoraul.htm), Santiago Martín Bermúdez y Emilio Williams. Fuente: Ediciones Irreverentes *** Reeditan Un mundo para Julius, de Bryce Echenique, en sus 40 años La editorial Santillana (http://www.gruposantillana.com.pe) acaba de publicar una reedición de Un mundo para Julius, del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, publicada originalmente en 1970, con estudios críticos de Julio Ortega, César Ferreira y Jorge Eslava. Esta novela, que le dio al autor el Premio Nacional de Literatura de su país, retrata con ironía el fin del mundo aristocrático peruano, y se centra en un personaje de ficción, Julius, suerte de alter ego de su escritor Bryce Echenique, y que este 27 de enero cumpliría cuarenta años. Los estudiosos hacen un balance para ver cómo ha influenciado la literatura y el valor del retrato en la sociedad peruana y sus cambios. Buscan mostrar cuán vigente es el mundo de Julius, de su madre Susan Linda, de su padrastro Juan Lucas, el nuevo empresario, y de los trabajadores de su casa. La novela pareciera insinuar un cambio en el Perú, con el reemplazo del padrastro de Julius, un hombre de negocios práctico y liberal, en vez de su padre, un señor con modales aristocráticos. Quizá por esta visión amplia marcó varias discusiones en la década de 1970 cuando, en una lectura de clase, se reflexionaba si estaba a favor o en contra del socialismo. Se revisaban temas como la forma de retratar a las clases altas y bajas, si era parodia o si se reafirmaban valores de la aristocracia. El mismo escritor ha afirmado en varias entrevistas que sus amigos más adinerados rieron con la obra, aunque él esperaba perder su amistad. Pasados los años, también la visión de las cosas, Jorge Eslava afirma que “creía que era una crítica muy dura a la aristocracia, pero veo que la servidumbre tampoco sale muy bien librada. Es una mirada severa de nuestra composición social, una revisión bastante severa de nuestra pirámide social”. Fuente: Andina *** Lima habilita ruta turística en honor a Vargas Llosa El alcalde de Miraflores (http://www.miraflores.gob.pe), en Lima (Perú), Jorge Muñoz, anunció este 27 de enero la creación de la ruta turística que, en homenaje a Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010, recorrerá la casona sanmarquina, el Parque Universitario, el hotel Bolívar, el malecón de Miraflores y la calle Porta, entre otros lugares emblemáticos que se mencionan en la extensa obra del autor de Travesuras de la niña mala. “Ya firmamos con la viceministra de turismo (http://www.mincetur.gob.pe), María Magdalena Seminario, un convenio marco para estudiar documentos específicos, donde está la Ruta Vargas Llosa. En ella destacaremos lugares emblemáticos del distrito donde vivió o se inspiró el notable escritor”, afirmó el alcalde. El proyecto contempla un recorrido turístico alrededor de diversos lugares donde se colocarán las placas con citas de las novelas de Vargas Llosa donde se refiera a ellos. “Dentro de pocos días haremos el anuncio oficial, estamos trabajando en la elección de lugares”, dijo. Algunos sitios emblemáticos podrían ser, además de los mencionados, cafés como el Haití o la Tiendecita Blanca o el mismo Parque Kennedy. A su vez, el alcalde Jorge Muñoz remarcó que el objetivo de esta iniciativa es “incentivar el turismo, el consumo y hacer que Miraflores no se distinga sólo por ser residencial, típica, sino una ciudad ícono”. Muñoz afirmó que la Feria del Libro Ricardo Palma, que organiza la Cámara Peruana del Libro (CPL, http://www.cpl.org.pe) y que el año pasado retornó a su ubicación tradicional en el Parque Kennedy, se realizará siempre allí. “La feria ya volvió al parque. La cultura está más presente que nunca hoy en Miraflores”, concluyó el burgomaestre. Fuente: Andina *** Francia elimina a Céline de su calendario de conmemoraciones El escritor francés Louis-Ferdinand Céline (1894-1961), cuyo relato Viaje al fin de la noche lo hizo mundialmente famoso y lo convirtió en uno de los autores más leídos de su país, fue tachado del calendario de conmemoraciones nacionales de este año —en el que figuraba el 50º aniversario de su muerte, el 1 de julio— por el ministro de Cultura, Frédéric Mitterrand, debido a sus proclamas antisemitas. “No se puede colocar una corona sobre la tumba de Céline en nombre de los valores republicanos”, explicó Mitterrand el pasado 28 de enero. Según dijo, leyó con atención Bagatelles pour un massacre. En el texto, publicado en 1937, Céline expresó por primera vez su odio contra los judíos. La discusión la desató el abogado Serge Klarsfeld. En nombre de “la unión de los hijos e hijas de los judíos deportados de Francia”, pidió eliminar el nombre del escritor. Según dijo, el antisemitismo de Céline condena a éste como persona así como escritor, agregando que su talento no debía hacer olvidar a la persona que llamó a matar judíos. Uno de los que defendieron hasta el último momento al autor de Viaje al fin de la noche fue el especialista en literatura Henri Godard, quien calificó el hecho de censura: “La creatividad artística se volvió un valor que reconocemos, también en los casos en los que nuestros valores morales no se corresponden con los del artista o incluso los contradicen”. Ya en vida de Céline, su obra fue tan vehementemente defendida como odiada. En los últimos 16 años hubo, sin embargo, silencio sobre el escritor, que tras la liberación de Francia huyó hacia Dinamarca pasando por Alemania y fue condenado a muerte in absentia por colaboracionista. Murió en Francia el 1 de julio de 1961. Fuente: DPA *** Bibliotecas universitarias salvadoreñas se unen en consorcio El pasado viernes 28 de enero, autoridades académicas, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid, http://www.aecid.es) y la Secretaría de Cultura de El Salvador (http://cultura.presidencia.gob.sv) establecieron la firma constitutiva del Consorcio de Bibliotecas Universitarias de El Salvador (CBUES). “Esta es una iniciativa de las bibliotecas universitarias, con el fin de potenciar sus recursos bibliográficos, crear redes y formar bibliotecas virtuales”, dijo el secretario de Cultura, Héctor Samour, dado que la Biblioteca Nacional de El Salvador formará parte. Los otros integrantes son la Universidad Nacional de El Salvador (http://www.ues.edu.sv), la Universidad Francisco Gavidia (http://www.ufg.edu.sv), la Universidad Evangélica (http://www.uees.edu.sv), la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (http://www.uca.edu.sv), la Universidad Don Bosco (http://www.udb.edu.sv), la Universidad José Matías Delgado (http://www.ujmd.edu.sv) y la Escuela Superior de Economía y Negocios (http://www.esen.edu.sv). El objetivo del consorcio no es sólo fomentar y promover la cooperación entre las universidades, sino además permitir un mayor acceso a la información de forma eficaz y adaptada al entorno digital. Fuente: La Prensa Gráfica *** Miguel Herráez publica una versión revisada de su biografía de Cortázar El catedrático español de literatura Miguel Herráez (Valencia, 1957) ha revisado la biografía sobre Julio Cortázar que publicó en 2001 para incluir nuevos testimonios recabados en Argentina, Francia y España de personas cercanas al autor de Rayuela. Julio Cortázar, una biografía revisada (http://www.alreveseditorial.com/fitxallibre.php?i=24), analiza, a lo largo de sus 352 páginas, la vida de este escritor, considerado como uno de los precursores de la nueva literatura latinoamericana surgida en la década de los setenta del siglo XX. En este volumen, editado por la editorial Alrevés (http://www.alreveseditorial.com), Herráez, que ejerce la docencia en la Universidad Cardenal Herrera-CEU (http://www.uch.ceu.es), de Valencia, realiza un exhaustivo estudio de Julio Cortázar, desde su infancia en el suburbio bonaerense de Banfield hasta su exilio definitivo en Francia. Este análisis lo realiza a partir del estudio de cientos de cartas, notas de prensa, bibliografía dedicada a su producción y encuentros directos con conocidos del narrador argentino. Con prólogo del escritor nicaragüense Sergio Ramírez, amigo personal de Cortázar, Miguel Herráez aborda en los diferentes capítulos del libro los años de docencia en San Carlos de Bolívar, Chivilcoy y Mendoza; el período peronista, su fascinación inacabable y permanente por París, su condición de ciudadano proscrito por la dictadura de Videla, sus viajes por el mundo entero, sus escritos y su compromiso con la revolución cubana y con el Tribunal Russell. Especialista en la vida y obra de este escritor referente de la literatura hispanoamericana, Miguel Herráez ha publicado diversos libros sobre el escritor, entre ellos Dos ciudades en Julio Cortázar, que analiza los imaginarios urbanos de Buenos Aires y París proyectados en la narrativa cortazariana, y la edición crítica de Los venenos y otros cuentos. Dentro de este género es autor de ensayos como La estrategia de la postmodernidad en Eduardo Mendoza, que logró el Premio Juan Gil-Albert, o Sobre nosotros y Sobre ellos, dos atípicas reflexiones acerca de la España del tardofranquismo y la labor del intelectual contemporáneo. Es también autor de novelas, entre ellas Confía en mí, Bajo la lluvia y Detrás de los tilos. Herráez ha sido profesor investigador invitado, entre otros centros universitarios, en la École Normale Supérieure (http://www.ens.fr), de París, y en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC, http://www.unc.edu.ar), en Argentina. Es responsable también de antologías de literatura fantástica del siglo XX, Cuentos de fantasmas (2004), y del Epistolario de Vicente Blasco Ibáñez-Francisco Sempere (1999). Algunas obras suyas han sido traducidas al ruso, francés, portugués e italiano. Fuente: EFE *** Diccionario de la cultura española es presentado en Japón Con el objetivo de ir más allá de los toros y el flamenco, la editorial nipona Maruzen (http://www.maruzen.co.jp/corp/en) presentó este 28 de enero el primer diccionario en japonés dedicado a la cultura española, que busca acercar al país asiático el lado menos conocido de la España contemporánea. El Diccionario de la cultura española recorre en 900 páginas un total de 370 temas, divididos en categorías: desde moda, música y cine hasta gastronomía, deporte o identidades nacionales, explicó el profesor Shoji Bando, uno de sus autores. “A España se la conoce todavía en Japón por el flamenco, los toros, Goya, Velázquez... por eso queremos difundir algo más”, apuntó Bando, profesor en la Universidad de Lenguas Extranjeras de Kioto (http://www.kufs.ac.jp/english_site), en el centro de Japón. Explicó que en la elaboración de esta exhaustiva obra han participado cerca de 150 expertos que han recogido información sobre las principales facetas de la cultura española actual, sin descuidar los datos históricos. “Hay muchos libros sobre España y su cultura, pero siempre tratan de la parte tradicional y apenas de la parte más nueva”, indicó. Con temas como fútbol, arquitectura, viajes o patrimonio, acompañados de gráficos y fotografías, la obra busca traspasar los tópicos y facilitar una herramienta a aquellos estudiantes universitarios nipones interesados en la cultura española, agregó Bando. El proyecto nació hace dos años, cuando Maruzen, uno de los principales grupos editoriales de Japón, se puso en contacto con Bando y otros expertos para dar forma a la idea de este novedoso diccionario, que también contó con la colaboración del Instituto Cervantes de Tokio (http://tokio.cervantes.es), en cuya sede se realizó la presentación. El acto en el Instituto Cervantes contó con un centenar de ejemplares, pero para el lanzamiento del diccionario en las librerías se lanzó una tirada total de 1.500 ejemplares que se venden a un precio de 20.000 yenes (unos 175 euros). Fuente: EFE *** Reabren la casa natal de Juan Ramón Jiménez en Moguer La casa de la calle Ribera de la población de Moguer, en Huelva (España), en la que nació el escritor español Juan Ramón Jiménez el 23 de diciembre de 1881, y en la que vivió hasta los cuatro años, reabrió sus puertas el pasado viernes 28 de enero, tras la restauración y el proyecto museográfico puesto en marcha por el Ayuntamiento de Moguer (http://www.aytomoguer.es). Así, la corporación municipal ofrece su propia “atracción” juanramoniana en la localidad tras su salida a finales de 2006 de la Fundación Zenobia-Juan Ramón Jiménez (http://www.fundacion-jrj.es) —que gestiona el legado del Nobel— por la “excesiva politización” a la que en su opinión la sometían la Junta de Andalucía (http://www.juntadeandalucia.es) y la Diputación de Huelva (http://www.diphuelva.es). El nuevo museo Casa Natal de Juan Ramón Jiménez recrea el ambiente de Moguer en la época del poeta, dominado por los negocios de vinos y marineros, a los que se dedicó el padre del Nobel, Eustaquio Jiménez. La instalación se nutre también de material bibliográfico (fotografías, libros, revistas y otras publicaciones) donado por la sobrina nieta del autor del Diario de un poeta recién casado, Carmen Hernández-Pinzón, quien asistió a la apertura. Entre esas donaciones destaca la biblioteca personal del padre de Carmen Hernández-Pinzón, Francisco, sobrino y albacea del poeta, una de las personas más importantes en los últimos años de vida de Jiménez. Sus libros viajan ya a Moguer desde Malgrat de Mar, localidad natal de Zenobia Camprubí, esposa del Nobel. El nuevo museo dedica a estas dos personas, Francisco Hernández-Pinzón y Zenobia Camprubí, la planta alta de la vivienda. Del sobrino del poeta se muestra una exposición en la que se ensalza su protagonismo en la última etapa de Jiménez y el traslado de su cuerpo a Moguer tras su fallecimiento en Puerto Rico. De Zenobia se muestran varios paneles con datos y fotografías de su vida y su amplia trayectoria cultural, así como objetos personales, cartas y numerosos documentos de la que fuera colaboradora incansable de Juan Ramón. Una sala dedicada a la mujer moguereña, y otra en la que se muestran las circunstancias y los detalles de la concesión del Premio Nobel de Literatura en 1956, completan el contenido museográfico de la planta alta. La Casa Natal recupera y expone también elementos esenciales de la historia de Moguer como su relación con el río Tinto, la actividad marítima y la producción y comercialización de vinos y licores, que fueron durante siglos los principales recursos de Moguer, así como la importante presencia de la familia Jiménez en la gestión vitivinícola de la zona durante la última mitad del siglo XIX. Así, la planta baja expone maquetas del antiguo puerto sobre el Tinto, de sus astilleros y de un singular molino de marea. Este espacio se completa con paneles informativos sobre modelos de barcos, marinos famosos moguereños. La estrecha relación de Moguer con el vino a lo largo de la historia tiene también un destacado protagonismo en la planta baja del inmueble, con varias salas en las que se muestran desde las distintas variedades de vid producidas en la localidad hasta envases antiguos de caldos, paneles con etiquetas de vinos y destilerías que funcionaban en la localidad e información sobre la actividad vitivinícola, restos arqueológicos vinculados al antiguo puerto de La Ribera, y una maqueta de una antigua bodega moguereña. Completa la distribución de esta zona la recreación del que fuera despacho del padre del escritor, Eustaquio Jiménez, cuya familia tenía importantes negocios de producción, comercialización y transporte de caldos. La Casa Natal de Jiménez es un edificio del siglo XIX enclavado en la antigua calle de la Ribera, esquina a la de las Flores (hoy calle Zenobia Camprubí). La encargó el padre del Nobel a un arquitecto sevillano a mediados de siglo, y en ella nació y vivió el poeta hasta los cuatro años de edad, cuando la familia se trasladó a la casa de la calle Nueva. El Ayuntamiento adquirió la vivienda a mediados de los años 80 en pésimo estado de conservación. Una vez remodelado el edificio, albergó talleres de teatro, de música, aulas de formación y fue también sede de la fundación y de sus fondos desde 2003 a 2007, mientras se ejecutó la restauración de la casa museo de la calle Nueva, actual sede de la entidad. La vivienda venía sufriendo un creciente deterioro en los últimos años provocado por humedades, desperfectos en la techumbre y deterioro de algunos paramentos, por lo que el Ayuntamiento debió ejecutar durante más de dos años una actuación de reforma que incluyó desde la sustitución de numerosas vigas del techo original de la vivienda, que se encontraban afectadas por termitas, hasta la instalación de un nuevo sistema de electrificación en todas las salas. Además, se ha realizado el tratamiento y eliminación de humedades, reparación de desperfectos en paramentos, cubiertas y solería, y la adecuación de salas para uso museístico. Fuente: El Mundo *** Entra con 1% el libro electrónico en estadísticas de lectura en España Un estudio sobre los índices de lectura en España durante el año 2010, encomendado por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE, http://www.federacioneditores.org) a la empresa Conecta Research & Consulting (http://www.conectarc.com) y realizado a partir de una muestra de 15.000 individuos (5.000 cada cuatrimestre), indica que el libro electrónico ya ocupa un 1% de las preferencias totales de lectura en la nación ibérica, según informó el diario español El País (http://www.elpais.com) el pasado 28 de enero. Titulado Hábitos de lectura y compra de libros en España 2010 (http://issuu.com/letralia/docs/habitos_lectura_compralibros_2010), el informe indica que aproximadamente la mitad de la población española de 14 años o más afirma leer en formato digital (47,8%). Se entiende como lector en soporte digital, aquel que lee, al menos con una frecuencia trimestral, en un ordenador, un teléfono móvil, una agenda electrónica o un e-reader. La lectura de libros en este formato alcanza, no obstante, el 5,3% de la población. Los españoles siguen empleando mayoritariamente el soporte digital para la lectura de periódicos (30,7%) o para la consulta de webs, blogs, foros, etc. (37,6%). A diferencia de la lectura en el formato papel, los hombres (53,9%) superan en 12 puntos a las mujeres en el empleo del formato electrónico. Por tramos de edad, la diferencia más acusada, 71 puntos, se produce entre los jóvenes de 14 a 24 años (80,0%) y los mayores de 65 años (8,7%). El 57% de la población de España mayor de 14 años lee en su tiempo libre, mientras que el 21,5% afirma leer por motivos de trabajo o estudios. El informe destaca que el 90,5% de la población (a partir de los 14 años) lee en cualquier tipo de material, formato y soporte (impreso o digital) con una frecuencia al menos trimestral. Además, el 85,7% son lectores frecuentes. El 78,1% lee periódicos, el 60,3%, libros, el 48,9%, revistas y el 14,5%, cómics. El 57% de la población lee en su tiempo libre, mientras que el 21,5% afirma leer por motivos de trabajo o estudios. El porcentaje de lectores frecuentes en su tiempo libre se ha incrementado en dos puntos respecto a 2009 hasta situarse en el 43,7% de la población. Desde el año 2001 este porcentaje ha crecido en 7,7 puntos. El perfil del lector en España sigue siendo el de una mujer, con estudios universitarios, joven y urbana que prefiere la novela, lee en castellano y lo hace por entretenimiento. Por territorios, siete comunidades autónomas (Madrid, País Vasco, La Rioja, Cantabria, Cataluña Aragón y Navarra) superan la media nacional de lectores de libros (57,0%). Los libros más comprados durante 2010 han sido El tiempo entre costuras, de María Dueñas; La caída de los gigantes, de Ken Follett; y Dime quién soy, de Julia Navarro. Estos tres escritores también aparecen en los tres primeros puestos de los autores más comprados. En cuanto a los más leídos en cabeza está Los pilares de la tierra, de Ken Follett. La trilogía de Stieg Larsson, Los hombres que no amaban a las mujeres, La reina en el palacio de las corrientes de aire y La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, ocupan el segundo, tercer y quinto lugar del ranking respectivamente. En el cuarto lugar se sitúa La catedral del mar, de Ildefonso Falcones. Los libros de la serie de Gerónimo Stilton, Harry Potter, de J. K. Rowling y Kika Superbruja, de Knister son los libros más leídos por los niños de 10 a 13 años. Fuente: El País *** Ya se han vendido en España 60.000 ejemplares de la nueva Ortografía El lingüista y académico español Salvador Gutiérrez, coordinador de la nueva edición de la Ortografía, elaborada por las 22 academias de la lengua española, manifestó este viernes 28 de enero que esta publicación “ha sido un éxito de ventas indiscutible”, tras facturar 60.000 ejemplares sólo en España. Gutiérrez explicó en un café de redacción organizado por la agencia noticiosa Efe (http://www.efe.es) en el Parador Nacional de San Marcos, en León (norte de España), que siempre que hay un cambio hay una reacción, y más en una materia como la ortografía, de la que todo el mundo opina, pero ha insistido en que, desde el punto científico, también ha sido un éxito. Esta obra, de 800 páginas y que salió la venta el pasado 17 de diciembre, “ha sido un hito histórico” dentro de la Real Academia Española (RAE, http://www.rae.es) y ha significado una renovación dentro de la teoría ortográfica “muy importante”. El académico ha desvelado que en esta nueva publicación, aparte de las innovaciones en la ortografía de nuestro idioma, se pretendía ir más allá e introducir dos capítulos sobre “ortotipografía”, es decir, la tipografía de letra que se usa en los textos, negrita, cursiva, entre otros, aunque finalmente se decidió no incluirlos, a pesar de que “estaban prácticamente hechos”. El sometimiento al uso del lenguaje de los hablantes, clave para los académicos, puede llevar a que algunas palabras adopten un significado erróneo a causa de fenómenos como el uso de eufemismos para evitar pronunciar una palabra a la que asocia un sentido peyorativo (afroamericano o de color en lugar de negro, por ejemplo). Una palabra que está suscitando debate entre los académicos es matrimonio, en el sentido de si se deben incluir los formados por parejas de homosexuales, y en la que Gutiérrez se ha mostrado partidario de que en el Diccionario se refleje también ese tipo de unión. El académico reconoció que es un término complicado, ya que hay países hispanohablantes donde no está legalizado el matrimonio homosexual, pero en los que sí se usa el término para hablar de este tipo de parejas. Fuente: EFE *** El escritor cubano Leonardo Padura recibe la nacionalidad española El gobierno de España concedió la nacionalidad española al escritor cubano Leonardo Padura Fuentes, según acordó el viernes 28 de enero el gabinete a petición del Ministerio de Justicia (http://www.mjusticia.es). Padura Fuentes, de 55 años, recibió la ciudadanía por “carta de naturaleza’’, una figura que concede discrecionalmente el ejecutivo cuando concurren circunstancias excepcionales. En el caso del autor cubano, el ministerio destacó sus vínculos con la cultura de España, donde publica casi todas sus novelas, y colabora habitualmente con diarios y revistas. Padura Fuentes es uno de los novelistas cubanos de mayor repercusión internacional. De su extensa obra, destacan novelas como La neblina del ayer, El hombre que amaba a los perros y La novela de mi vida. La ciudadanía española no obliga al escritor a renunciar a su nacionalidad cubana. Fuente: AP *** Estrenan en España documental sobre José Saramago En sus últimos años de vida, José Saramago sabía que la muerte le acechaba y su “única meta” era “vivir todos los días”, no rendirse “nunca”, como refleja el documental José y Pilar, del realizador portugués Miguel Gonçalves, estrenado este 28 de enero en Madrid, Barcelona y otras seis ciudades españolas. Durante dos horas, el espectador verá “al hombre que piensa, que se enfrenta al día a día y que nunca se da por rendido; un hombre con capacidad para soñar, imaginar y amar”, decía Pilar del Río, viuda del gran escritor portugués y presidenta de la Fundación José Saramago (http://www.josesaramago.org), tras un pase privado de “la película”, como ella prefiere llamarla. “Es mentira que tener ochenta años signifique que una persona ya está muerta. No es cierto, y José demostró que no lo es, que podía tener ternura, alegría, ilusión, felicidad y la ira, también la ira”, comentaba esta mujer que compartió tantos años de vida y de amor con Saramago y que ahora continúa difundiendo su espíritu de lucha “desde la más extrema de las humildades y, también, desde la más extrema de las soledades”. No le ha debido de ser fácil a Gonçalves resumir en dos horas la intensa vida que llevaban “José y Pilar” y sus innumerables viajes por todo el mundo, y más cuando fue siguiendo a la pareja durante cuatro años —de 2006 a 2010—, y tenía grabadas 240 horas. “Fueron cuatro años muy complicados y bellos”, afirmó Gonçalves, quien hizo el documental para reflejar el lado más íntimo del Premio Nobel de Literatura y para romper con esa imagen que algunos tenían de él de persona “seca y arrogante”. La isla de Lanzarote, donde el escritor y su mujer vivían desde 1993 y donde el autor de La caverna murió el pasado 18 de junio, lúcido y “con ganas de trabajar hasta el final”, es uno de los escenarios españoles que salen en la película, en la que también se siguen los pasos de la pareja por Portugal, Brasil, México y Finlandia. Presentada en el Festival de Cine Internacional de Ronda (http://www.rondafilmfestival.com) a finales de noviembre, José y Pilar se estrenó en salas de Madrid, Barcelona, Valencia, Granada, Lanzarote, Málaga, Salamanca y Valladolid. “Espero morir lúcido y con los ojos abiertos”, dice Saramago en un momento del documental, que permite asistir al proceso de escritura de El viaje del elefante, esa novela que el autor se vio obligado a interrumpir por una grave neumonía y que luego pudo terminar. “A Pilar, que no dejó que yo muriera”, es la hermosa dedicatoria del libro. En los últimos años, ese “transgresor de todas las normas” que fue Saramago era consciente de que el tiempo se le iba de entre las manos y la obsesión por aprovecharlo impregna la película. “Sentir como una pérdida irreparable el acabar de cada día. Probablemente eso es la vejez”, se le oye decir. “Trabajó hasta el final”, asegura Pilar del Río, traductora de la obra del novelista portugués. “La última vez que cayó enfermo, yo sabía que ya no se iba a recuperar, pero él siguió leyendo los periódicos, asistiendo a lo que pasaba en el mundo. El 14 de junio, cuando cumplimos 24 años de convivencia, cenamos con un grupo de amigos y, cuando estábamos hablando sobre la crisis, José dijo: ‘¿Qué crisis económica? Lo que está pasando es una crisis moral y es porque los ciudadanos hemos bajado la cabeza, no hemos hecho un corte de manga a las instituciones financieras y nos hemos dejado dominar’ ”, recuerda Del Río. “Eso fue cuatro días antes de morir”. Siete meses después de la muerte del autor de Memorial del convento, Pilar del Río vive “inmersa en el mundo de Saramago”. De lo que siente por dentro no habla porque “eso es privado”, pero sí habla del “privilegio enorme” que ha sido para ella “haber compartido la vida con un ser extraordinario”, y eso la obliga “a seguir activa y a continuarlo humildemente”. Y para hacerlo, Pilar del Río, que ahora reside en Lisboa, abrirá al público el próximo 18 de marzo la casa de Lanzarote, “para que la gente la pueda compartir, vean los árboles que José plantó, oigan la música que él escuchaba y visiten la biblioteca” en la que Saramago “pasó su última noche, rodeado de sus libros, los que le formaron como hombre y los que él escribió”. Fuente: EFE *** El escritor salvadoreño Manlio Argueta es traducido en la India Una de las obras más representativas de la literatura salvadoreña, Un día en la vida, de Manlio Argueta (http://manlioargueta.com), tendrá su traducción en dos lenguas de la India: bengalí, hablado mayormente en Calcuta, Bombay y Nueva Delhi, y malabar, propio de la región de Kerala. Argueta, actual director de la Biblioteca Nacional “Francisco Gavidia” de El Salvador, viajó a la India el 30 de enero para asistir a la presentación de las obras en Nueva Delhi y, además, dictar dos conferencias: “Proceso de creación de Un día en la vida” y “Marginalidad y universalidad de la obra centroamericana”, en diversas universidades indias donde hay cátedra de español. Paralelo a su conferencia tendrá traducción al inglés y lenguas locales. La iniciativa de esta gira por la India surgió a iniciativa del embajador salvadoreño en el país, Rubén Zamora, comentó Argueta, considerada positiva por el escritor. Con esto Un día en la vida pasa a tener más de 15 traducciones en diferentes idiomas. Un día en la vida relata la situación política de El Salvador antes de 1992. La obra ha sido catalogada como una de las novelas latinoamericanas más conocidas en Estados Unidos e Inglaterra, y se constituye como una de las obras contemporáneas de procedencia hispana más estudiadas y leídas por la academia universitaria internacional. Nacido en San Miguel en 1935, Argueta perteneció a la autodenominada “Generación comprometida”, que influenciada principalmente por Jean-Paul Sartre fue un grupo literario creado por Italo López Vallecillos (1932-1986), junto con Roque Dalton (1935-1975), Álvaro Menen Desleal (1931-2000), Waldo Chávez Velasco (1932), Irma Lanzas (1933), Orlando Fresedo (1932), Mercedes Durand (1932-1998), Ricardo Bogrand (1930), Mauricio de la Selva y otros. Entre sus obras se encuentran En el costado de la luz (poesía, 1968), El Valle de las Hamacas (narrativa, 1968), Un hombre por la Patria, De aquí en adelante (1970), Caperucita en la Zona Roja, premio de novela de Casa de las Américas, Cuba (1977), Las bellas armas reales (1979), Un día en la vida (1981), La guerra florida (1982), Cuscatlán Bate, la mara del sur (1986) y Rosario de la Paz (novela, 1996). Ha dirigido la Librería Universitaria y el Departamento de Extensión Cultural en la Universidad Nacional en San Salvador (http://www.ues.edu.sv). Fuentes: La Prensa Gráfica • Secretaría de Cultura de El Salvador *** Reconstrucción de la Biblioteca Nacional de Chile terminará este mes Magdalena Krebs, directora de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos de Chile (Dibam, http://www.dibam.cl), anunció el pasado domingo 30 de enero que los trabajos de refacción de la Biblioteca Nacional, cuya sede resultó severamente afectada por el terremoto de 2010, concluirán este mes. “En febrero, antes de que se cumpla un año del terremoto, la estructura del edificio estará completamente sana”, declaró Krebs. La institución —cuya sede fue construida entre 1913 y 1925, y declarada Monumento Nacional en 1976— no ha tenido que cerrar ni dejar de atender público: los daños que ocasionó el sismo de 2010 se están reparando por partes. Ya fueron rehabilitados el Salón Bicentenario, la Galería de Cristal y la Mapoteca, y ahora le toca a la Sala América. “Estoy muy contenta de que estos trabajos estén avanzados. Antes de que pase un año desde el terremoto vamos a tener reparados los daños estructurales. Luego vendrán las licitaciones para las terminaciones, que ya son un tema estético”, anunció la funcionaria. Ahora mismo también se está trabajando intensamente en el Archivo Nacional, ubicado en el ala norte del edificio, donde ocurrieron los daños más graves, con grietas de suelo a cielo. Mientras los estudios de ingeniería —que permitieron planificar las reparaciones, y licitarlas— costaron cerca de $60 millones, el presupuesto para reparar los daños estructurales en la Biblioteca Nacional y el Archivo Nacional suman $178.800.000. “Debemos tener conciencia de la gran calidad de este edificio, que fue construido mucho antes de la norma sísmica chilena y cuando no existían junturas de dilatación, y cuyas estructuras se han comportado muy bien”, agrega la arquitecta. Fuente: El Mercurio *** Publican un libro sobre la relación de García Lorca y Uruguay Federico García Lorca contagiaba vitalidad y genio allá por donde pasaba, su magnetismo era por todos conocido, y prueba de ello fue el viaje que hizo a Buenos Aires y Montevideo en 1934, de donde volvió como una auténtica celebridad. El libro Lorca y Uruguay, paisajes, homenajes, polémicas (http://bit.ly/gXRFoW) recupera ese hito. Escrito por los profesores uruguayos Pablo Rocca y Eduardo Roland y publicado en España y próximamente en América Latina por la editorial Alcalá (http://www.alcalagrupo.es), el libro recupera este importante episodio en la vida del poeta, tanto en el ámbito personal como en el artístico y creativo por su alcance. “Marcó para siempre a sus coetáneos, y es un recuerdo que sigue vivo en la memoria de quienes le conocieron, por las resonancias específicas que tuvo su obra”, según palabras de los autores, que ponen al servicio del lector toda la investigación sobre este viaje, la presencia del poeta granadino, la repercusión de su obra, sus polémicas y la larga sombra del autor, que se prolongó hasta hoy. Todo ello narrado entre la crónica y el ensayo para contextualizar los dieciocho días que pasó Lorca en Montevideo, en 1934, después de estar en Buenos Aires. Lorca desembarcó la mañana del martes 30 de enero de 1934 en un puerto donde le esperaban ya muchos periodistas, literatos y amigos, y la última de sus charlas la dio el 14 de febrero. Dos días después se volvió a Buenos Aires, desde donde regresaría, a mediados de mayo, a España, donde le esperaba Margarita Xirgù para estrenar su obra Yerma en Barcelona. “Ignorar a Lorca en Uruguay es algo difícil para quien haya cruzado por los estudios secundarios y aun primarios. Su obra está presente siempre, desde hace décadas. Desde antes de su muerte, y aun cuando este era un prometedor joven autor de ‘libros de poemas’. Es uno de los pocos clásicos a escala contemporánea en lengua española, muy representado en el teatro uruguayo, tanto oficial como independientemente”, explica Rocca. El libro aporta una importante perspectiva, algo diferente a la de Ian Gibson y Andrew Anderson, que analizaron la significación de Montevideo para Lorca, añade Rocca, y es que él y Eduardo Roland ponen su mirada sureña para buscar, “al margen de lo anecdótico y lo erudito, qué de Lorca entendieron los uruguayos, qué importaba, en qué medida su obra y su persona significaron algo para las polémicas, las estéticas y los alineamientos internos”. Y, algo fundamental para los autores, “por qué su obra y su imagen continuaron venerándose aun tantos años después de su muerte”, añade Rocca. Días muy felices para el poeta de Granada —que por aquel entonces era para los latinoamericanos “el gran dramaturgo en lengua hispana”— que se llenaron de homenajes, mesas redondas, charlas, cenas y comidas con múltiples amigos. Días de recitales con versos de El romancero gitano, Cantares o los versos negros de su Poeta en Nueva York, aliñados con su risa y simpatía. Un Lorca que se dejó querer y que levantó disputas por su persona entre los escritores de diferentes posiciones estéticas y políticas. “Desde ‘la high society’, que llegó a invitarlo a alguna reunión en algunos de sus elegantes salones, cosa a la que accedió gustoso; pasando por los sectores populares hasta la nada antipática acogida del régimen dictatorial muy singular que entonces se había instalado en el país, la llamada dictablanda de Daniel Terra, quien asistió a una de las conferencias que el poeta dio en el Teatro 18 de Julio”. En cuanto a sus asuntos sentimentales o su condición sexual, Rocca añade que no han encontrado ninguna mención, pero sí una un tanto curiosa por “lo errática”, y es que un cronista del periódico España Republicana le tildó de “seductor de señoritas”. Fuente: EFE *** El cubano Luis Manuel Pérez Boitel gana Juegos Florales de Tegucigalpa El poeta cubano Luis Manuel Pérez Boitel obtuvo, con su obra Hay quien se despide en la arena, el Primer Premio Iberoamericano de Poesía Juegos Florales de Tegucigalpa, convocado por un comité permanente y por la Alcaldía Municipal del Distrito Central Tegucigalpa-Comayagüela (http://www.tctc.hn), según se anunció a través de un comunicado este lunes 31 de enero. El jurado, compuesto por los poetas José María Muñoz Quirós (España), Blanca Luz Pulido (México) y Rigoberto Paredes (Honduras), se reunió en Tegucigalpa la tarde del 28 de enero y falló por unanimidad a favor del poemario de Pérez Boitel, en el que advirtieron un lenguaje poético con dominio “de diversas modalidades expresivas, desde formas breves y sintéticas hasta poemas extensos, cargados de una interesante densidad connotativa”. Según los jueces, “el libro posee una estructura interna articulada en partes que se complementan en su diversidad y autonomía, formando un todo armónico” en el que los temas “revelan una visión del mundo multicultural, polifacética, a la vez anclada en la tradición y atenta a las innovaciones literarias”. El Primer Premio Iberoamericano de Poesía Juegos Florales de Tegucigalpa está dotado con una cuantía económica de 5.000 dólares, más la edición de la obra ganadora en un tiraje inicial de 3.000 ejemplares. El poeta galardonado viajará a Tegucigalpa en abril para recibir el premio y para realizar lecturas y conferencias de su obra. En esta primera edición del certamen se presentaron 628 libros de todos los países de América Latina. Desde su residencia en la ciudad cubana de Remedios, Villa Clara, Pérez Boitel afirmó sentirse “feliz”, tras toda una vida dedicada a la poesía. “La poesía va a ocupar los momentos más difíciles que atraviese el ser humano, la poesía es un árbol gigantesco donde todos podemos habitar para permanecer aferrados a la tierra, la poesía es el espíritu verdadero de los pueblos”. Nacido en 1969, Pérez Boitel es abogado y máster en derecho por la Universidad Central Marta Abreu de las Villas (http://www.uclv.edu.cu). Posee un extenso currículo literario y tiene en su haber varios premios literarios entre los que destacan el Premio Internacional Casa de las Américas por el poemario Aún nos pertenece el otoño (2002), el Premio Internacional de Poesía Nosside Caribe en Italia (2004), el Premio Internacional Desiderio Macías Silva con el poemario No llames a la noche (2005), y el Premio Internacional de Poesía Màrius Sampere en Barcelona por el poemario Las naves que la ausencia nombra (2007). Ha asistido a festivales de poesía de América Latina y Europa, y su obra ha sido traducida al inglés y al neerlandés. Fuente: Alcaldía de Tegucigalpa *** Fondo de Cultura Económica abrirá sede en Argentina A pesar de que no hay dato preciso del arranque de la construcción, está muy próxima la fecha para poner la primera piedra del Centro Cultural Arnaldo Orfila Reynal del Fondo de Cultura Económica (FCE, http://www.fondodeculturaeconomica.com) en el corazón del Palermo Viejo, en Buenos Aires (Argentina), según se anunció este martes 1 de febrero. Se trata del segundo centro cultural que el FCE tiene en América Latina, como parte de una política de expansión y de exportación del libro mexicano. El espacio, de alrededor de 810 metros cuadrados y diseñado por el arquitecto ítalo-argentino Clorindo Testa, tendrá una librería de 320 metros cuadrados para exhibir más de 50 mil volúmenes, un auditorio con 53 butacas, cafetería de 40 metros cuadrados y sala de exposiciones con una dimensión de 95 metros cuadrados. El recinto, que implica una inversión de 2,5 millones de dólares —de los cuales la Secretaría de Educación Pública (SEP, http://www.sep.gob.mx), a través del FCE, destinó 5 millones de pesos (cerca de medio millón de dólares) y el resto lo pondrá la filial en Argentina—, se edificará en un predio de 425 metros cuadrados, ubicado en el número 4568 de la calle de Costa Rica, en el barrio porteño de Palermo. Joaquín Díez-Canedo, director general de la editorial del Estado mexicano, afirma que el proyecto no se ha modificado nada respecto al que dio a conocer, a principios de 2009, Consuelo Sáizar, entonces directora del Fondo. “El proyecto que yo recibí no se ha modificado. Lo considero muy bien resuelto, además de muy bonito”, comenta el editor que dirige el Fondo de Cultura Económica desde marzo de 2009. El editor mexicano asegura que el presupuesto original incluye la compra del terreno, que fue adquirido a un precio de 250 mil dólares; así como el pago del proyecto arquitectónico solicitado a Testa. Agregó que para finalizar la obra, comprar el mobiliario, equipamiento y surtido de la librería, faltan 1,7 millones de dólares. Aunque el plan de la editorial es terminar la construcción a finales de 2011 e inaugurar el centro cultural en 2012, las acciones toman su tiempo. “Se trata de un centro cultural, sólo que de menores dimensiones al Bella Época de la Condesa o al Gabriel García Márquez (http://www.fce.com.co) de Bogotá”. Ese nuevo espacio cultural que tendrá México, y que se suma al de Bogotá, que lleva el nombre del Premio Nobel de Literatura 1982 y al Bella Época en México, representa una expansión para el Fondo y también un ingreso en recursos. “La matriz recuperará esta inversión a través del incremento del valor en libros y de las ventas de la filial, que aparecen en el balance y en el estado de resultados consolidados de la operación del Fondo”, dice el funcionario. Hace unos días, en Bogotá, al celebrar el tercer aniversario del Centro Cultural Gabriel García Márquez, Díez-Canedo presentó a Juan Camilo Sierra como el nuevo gerente de la filial de Colombia, en remplazo de César Ángel Aguilar, quien a partir de este mes será el responsable de emprender la construcción y establecimiento del centro en Buenos Aires. Díez-Canedo celebra la librería en la capital argentina porque aumenta la presencia de los autores mexicanos en la región y consolida las nueve filiales en el exterior, cuya facturación anual es de unos 10 millones de dólares. El 29 noviembre de 2008, al inaugurar la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL, http://www.fil.com.mx), Josefina Vázquez Mota, entonces titular de la SEP, habló por vez primera del Centro Cultural Arnaldo Orfila, que estaría a cargo del FCE y que tendría como propósito “continuar con el fomento de exportación del libro mexicano”, en el marco de las celebraciones por los 75 años de vida de la institución. Posteriormente, el 22 de enero de 2009, Consuelo Sáizar, entonces directora del Fondo, presentó la maqueta y comentó que con esa edificación, que comenzaría a mediados del año, la editorial del Estado mexicano “continúa su expansión por Estados Unidos de Norteamérica y Argentina”. Dos años después de ese anuncio, el FCE concretará el nuevo proyecto cultural en un predio que tuvo un costo original de 250 mil dólares y cuyo valor comercial actual se calcula en 600 mil, dada la revaloración de la zona. El terreno se encuentra frente a la Plaza Palermo de ese barrio porteño, epicentro gastronómico y cultural de ese sector de la ciudad. Según los responsables de la filial en Argentina, los trabajos de construcción arrancarán en los próximos meses y servirán para rendir homenaje a Arnaldo Orfila Reynal, argentino de nacimiento, que fundó la filial del Fondo en Buenos Aires en 1945 y que entre 1947 y 1965 fue director general de esa casa editorial. Fuente: El Universal *** Emprenden en El Salvador campaña de promoción de la lectura La Secretaría de Cultura de El Salvador (http://cultura.presidencia.gob.sv) anunció este 3 de febrero una campaña para promover la lectura al llevar los libros hasta parques, geriátricos, cárceles u orfanatos, y que también se apoyará en las bibliotecas públicas y escolares. “Este plan tiene un especial interés en niños y en adolescentes, pues como público meta son ellos especialmente quienes poseen enorme potencial de generar y replicar el conocimiento, así como también el de afirmar fundamentos que los guíen en el futuro”, dijo el secretario de Cultura, Héctor Samour, al anunciar la estrategia. Aseguró que la iniciativa, para la cual se aprovecharán los recursos de los que actualmente dispone la Secretaría, buscará llegar a los catorce departamentos del país centroamericano y no sólo en la capital. “Hoy iniciamos un cambio que va más allá de la llamada semana nacional de la lectura, más allá también de un año dedicado a un autor. Con este plan el esfuerzo y el trabajo serán más constantes”, añadió. Destacó que dedicarán un mes a un autor salvadoreño con Roberto Armijo, de primero, y le seguirán Matilde Elena López (marzo), Claribel Alegría (abril), Francisco Andrés Escobar (mayo), Melitón Barca (junio), Yolanda Martínez (julio), Oswaldo Escobar (agosto), Pedro Escalante (septiembre), Lilian Serpas (octubre), Ignacio Ellacuría (noviembre), José María Méndez (diciembre) y Álvaro Menéndez (enero de 2012). El subdirector de Bibliotecas y Plan de Lectura, Manuel Fernando Velasco, aseguró, por su parte, que no serán únicamente textos poéticos, novela, cuento, ensayos y otras formas literarias, sino que también intentarán “promocionar la lectura de otro tipo de textos filosóficos, sociológicos, históricos, geológicos y científicos”. Indicó que han previsto generar actividades para llevar los libros hasta parques o plazas públicas con carritos que prestarán libros a los presentes o lecturas colectivas de obras. El director de Publicaciones e Impresos, Carlos Serpas, aseguró que han calculado que este año se destinarán unos 50.000 libros para distribuirlos en los lugares que atraigan mayor número de lectores, los cuales se sumarán a los 180.000 producidos en 2010 y las colecciones actuales en las 14 bibliotecas públicas. Fuente: EFE *** Se inició el ciclo literario “Escritores en su tinta” Enrique Vila-Matas, Alfredo Gómez Cerdá, Eduardo Mendoza, Jerónimo Tristante, Care Santos y Jorge Bucay son los escritores que este año componen el cartel de la quinta edición del ciclo de Encuentros Literarios “Escritores en su tinta 2011”, organizado por el Ayuntamiento de Molina de Segura (http://www.molinadesegura.es), y que cuenta con la colaboración de la Consejería de Cultura y Turismo de la Región de Murcia (http://www.carm.es/ccjd) y la Caixa (http://www.lacaixa.es). El ciclo literario, que este año se celebra de febrero a mayo, fue inaugurado este jueves 3 de febrero en la Biblioteca Salvador García Aguilar, con Enrique Vila-Matas, autor de la exitosa trilogía metaliteraria compuesta por Bartleby y compañía (2001), El mal de Montano (2002) y Doctor Pasavento (2005). El miércoles 9 de febrero a las 11 horas le toca el turno a Alfredo Gómez Cerdá (Madrid, 1951), quien se presentará en el Centro Las Balsas; le sigue el jueves 10 de marzo a las 20, en la Biblioteca Salvador García Aguilar, Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943); el miércoles 6 a las 20, en la misma biblioteca, Jerónimo Tristante (Murcia, 1969); el jueves 14 a las 12 del día (en local aún por determinar), Care Santos (Barcelona, 1970), y finalmente, el miércoles 4 de mayo a las 20, en la misma biblioteca, Jorge Bucay (Buenos Aires, 1949). Según explica la concejala de Cultura, “Escritores en su Tinta” es un ciclo “que genera mucha expectación y es también un caldo de cultivo para futuros autores, y una ocasión muy especial con que cuentan los ciudadanos de la región para conocer en persona a sus escritores favoritos”. Añade que ha tenido “un gran respaldo por parte del público, con una media de asistencia de 200 personas por autor, y un total de 3.000 asistentes en los últimos años”. En las cuatro ediciones anteriores han desfilado por Molina de Segura algunos de los escritores más destacados del panorama español e internacional, algunos de ellos verdaderos clásicos, como Ana María Matute, Zoé Valdés, Alfredo Bryce Echenique, Luis Leante, Ian Gibson, Luis Rojas Marcos, Ángela Vallvey, Javier Cercas, Fernando Sánchez Dragó, Ángeles Caso o María Dueñas. El ciclo va orientado también, desde la pasada edición, a institutos de educación secundaria, de modo que varios de los escritores seleccionados son autores de literatura juvenil o expertos en materias de los correspondientes temarios. Fuente: La Verdad *** Mario Vargas Llosa es nombrado marqués por el rey de España El rey de España don Juan Carlos concedió el pasado jueves 3 de febrero el título nobiliario de marqués al escritor Mario Vargas Llosa, al seleccionador de fútbol Vicente Del Bosque, al catedrático Aurelio Menéndez y al empresario Juan Miguel Villar Mir. Los nombramientos, poco habituales y concedidos de forma muy escogida, fueron publicados el viernes 4 en el Boletín Oficial del Estado (http://www.boe.es). El último Premio Nobel de Literatura, el escritor peruano-español Mario Vargas Llosa, recibió el título de marqués de Vargas Llosa por parte de don Juan Carlos por su “extraordinaria contribución, apreciada universalmente, a la literatura y a la lengua española, por lo que queriendo demostrarle mi Real aprecio vengo a otorgarle el título para él y para sus sucesores”. “Los cholos hemos llegado a la aristocracia española”, bromeó Vargas Llosa a la prensa al enterarse de la concesión del título nobiliario. “Hay que tomarlo con humor, viviendo y siendo de un país republicano; con agradecimiento porque es un gesto muy cariñoso del rey de España, y con una sorpresa descomunal pues jamás imaginé que me harían marqués”, agregó. Asimismo, al ser preguntado por la herencia del título a su descendencia, el escritor dijo: “Me parece que Álvaro hereda el título, no sé cómo lo irá a tomar, pues él es un republicano visceral”, bromeó el autor de La casa verde. “Agradezco a España, agradezco al rey. Y al mismo tiempo digo que yo nací plebeyo y voy a morir plebeyo, a pesar del título”, comentó entre risas el escritor. Por su parte, el seleccionador de fútbol, campeón del mundo en Sudáfrica el pasado verano, recibirá el título de Marqués de Del Bosque, “por la gran dedicación al deporte español y su contribución al fomento de los valores deportivos”. Un título que también será para sus sucesores. El catedrático universitario Aurelio Menéndez Menéndez, ha sido nombrado Marqués de Ibias “por la labor fecunda en el ámbito de la docencia universitaria y las ciencias jurídicas al servicio de España y de la corona”. Mientras que Villar Mir será Marqués de Villar Mir por su “destacada y dilatada trayectoria al servicio de España”. Fuentes: El País • RPP *** Exponen en la Universidad de Salamanca dibujos de Miguel de Unamuno La Universidad de Salamanca (http://www.usal.es) rinde tributo a uno de sus más célebres rectores con la exposición “Miguel de Unamuno. Dibujos” (http://www.usal.es/webusal/node/6193), que en recuerdo de los 75 años de la muerte del filósofo se mantendrá abierta al público en su Sala de Exposiciones del Patio de Escuelas Menores hasta el próximo 10 de abril. El rector Daniel Hernández Ruipérez inauguró la muestra el pasado viernes 4, con la presencia del director de Actividades Culturales, Manuel Heras, los tres comisarios de la exposición, Miguel Ángel Jaramillo, Alberto Martín Expósito y Ana Chaguaceda, directora también de la Casa-Museo, y de los nietos del filósofo, Mercedes, Salomé y Miguel de Unamuno Adarraga. La muestra, organizada de manera conjunta por los servicios de Actividades Culturales, de Archivos y de Bibliotecas, reúne por primera vez una amplia selección de los más de 200 dibujos de Unamuno que alberga la Casa-Museo, muchos de los cuales se hallan digitalizados en el repositorio “Gredos” de la universidad, como explicó Chaguaceda. En total la exposición se compone de 160 bocetos agrupados en distintas composiciones temáticas que revelan las fijaciones e intereses del filósofo. Entre estos temas de interés para Unamuno, que van desde los recuerdos de infancia pasando por paisajes y animales hasta dibujos de simbología religiosa, de elementos arquitectónicos y bocetos de las portadas de sus libros, destacan los retratos de figuras humanas tanto de personajes ilustres como de su propia familia. Según la directora de la Casa-Museo, “Miguel de Unamuno realizó muchos retratos de su mujer y de sus hijos con gran ternura, lo que revela el lado más humano del pensador”. Las creaciones de Unamuno a menudo carecían de título y correspondían a personajes anónimos para el público, como lo destaca la responsable de la muestra, quien lamenta que, salvo raras excepciones, como los retratos familiares, lo cierto es que “apenas conocemos a sus modelos, casi siempre masculinos y posando de perfil”. Como ocurre en su creación literaria, la temática religiosa también adquiere en este conjunto un gran significado, no por la cantidad de la obras en sí, sino por la intensidad de las mismas, como las representaciones de Jesucristo crucificado. Por su parte el rector de la Universidad señaló que “aunque de Miguel de Unamuno se conoce casi todo como escritor, filósofo, pensador... hay una faceta conocida pero poco valorada, y es ésta, la de los dibujos que revelan su interés por el mundo que le rodeaba”. Estos garabatos y caricaturitas, como los denominaba el propio Unamuno, “adquieren otra dimensión, recogen aspectos de su trayectoria vital y con ello ayudan a saber lo bien o lo mal que lo estaba pasando el escritor en determinados momentos de su vida”, asegura Chaguaceda. La exposición se completa con retratos fotográficos de Unamuno, con diversos objetos y dos cuadros, y con textos del escritor en los que teoriza sobre el arte de dibujar y donde alude a las circunstancias en las que realizó sus propios bocetos. Además, y como complemento, se han producido dos videos que se pueden ver en la Sala de Exposiciones y un catálogo con el estudio del profesor Fernando Rodríguez de la Flor, del Departamento de Literatura Española e Hispanoamericana, e introducción de Miguel Ángel Jaramillo, director del Servicio de Archivos y comisario de la muestra. La muestra puede ser visitada de martes a sábado entre las 12 y las 14 horas y entre las 18 y las 21, y los domingos y días festivos entre las 10 y las 14 horas. Fuentes: ABC • El Mundo • Usal *** Bernard Diederich acusa de plagio a Mario Vargas Llosa El Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, fue acusado de plagio por el corresponsal internacional de guerra Bernard Diederich, durante un conversatorio ofrecido el pasado viernes 5 en Santo Domingo por el destacado periodista, ante un nutrido público de intelectuales dominicanos. Al hablar en la sede de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos (SDB, http://sociedaddominicanadebibliofilos.blogspot.com), Diederich denunció que el autor de La fiesta del Chivo habría plagiado su libro, publicado en 1978 y titulado They Killed the Goat (Mataron al Chivo). Ambas publicaciones tratan sobre la era del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, y luego de varios años de su presentación, Diederich califica al escritor peruano como mezquino y arrogante, y de acusar a otros colegas de “escritorzuelos”. En el conversatorio, organizado por la SDB, intervinieron, además, Mariano Mella, presidente de esa organización; Mario Bonetti, ex presidente de la Academia de Ciencias; el empresario turístico Frank Rainieri y la ex dirigente estudiantil y juvenil, Eulalia Flores. Es la primera vez que el periodista de guerra Bernard Diederich da su testimonio personal sobre los meses que estuvo en República Dominicana, cubriendo los acontecimientos tras la caída de la dictadura de Trujillo. El encuentro con el comunicador extranjero se llevó a cabo en el salón de actos de la SBD, de la calle Las Damas número 106, en la Ciudad Colonial, con las palabras de bienvenida del presidente de esa organización, Mariano Mella. Asistieron directivos y miembros de la entidad, intelectuales, políticos e invitados especiales. El señor Mella recordó que Diederich es uno de los más destacados corresponsales internacionales de guerra, y ha trabajado con las principales agencias de noticias mundiales. Expresó, además, que estos testimonios del periodista internacional fueron recopilados en el libro Navidad con libertad, editado recientemente por la SDB. Diederich ha laborado para The Associated Press (http://www.ap.org), The New York Times (http://www.nytimes.com), el Time-Life News Service, el Daily Telegraph (http://www.telegraph.co.uk) de Londres y la revista Life (http://www.life.com), y por más de treinta años fue corresponsal en el extranjero para la revista Time (http://www.time.com). Luego fue consultor para esta publicación y la cadena de televisión ABC (http://abc.go.com). Igualmente, de 1950 a 1963 fue editor de publicación del Haiti Sun (http://www.haitisun.com). Después de retirarse en 1989, además de ser orador, se dedicó a tiempo casi completo a la escritura. Navidad con libertad fue editada recientemente por la SDB. La obra contiene una colección de trescientas fotografías y textos sobre momentos memorables del acontecer dominicano en ese período histórico. Fuente: Listín Diario *** Fotógrafos aragüeños exponen en Maturín A partir de este sábado 5 de febrero se exponen en el Museo Mateo Manaure (Mumma), de la ciudad venezolana de Maturín, Monagas, fotografías de 38 artistas del estado Aragua, en una muestra colectiva titulada “Fotógrafos aragüeños recorren los llanos venezolanos”. Los fotógrafos reunidos en esta actividad forman parte del grupo Todos por el Arte y visitan por primera vez el estado Monagas, según lo indicó el presidente del Instituto de Cultura (Icum, http://www.monagas.gob.ve/icum), escritor Miguel Mendoza Barreto (http://www.letralia.com/firmas/mendozabarretomiguel.htm). Se trata de la cuarta exposición fotográfica organizada en el Mumma desde su inauguración el 19 de noviembre de 2008. Dispuesta en los espacios de la sala 2 del museo, ubicada en la planta baja, la muestra estará abierta al público hasta el viernes 4 de marzo. Coordinada por el crítico de arte Aquiles Ortiz, la muestra incluye igualmente retratos de cinco fotógrafos monaguenses —Alfredo Berroterán, Francesca Tabone, Diana Manero, José Mata y Luis Boada—, quienes en calidad de anfitriones y con sus propuestas visuales dieron la bienvenida a sus pares aragüeños. En total son 43 fotografías de tema, formato y técnica libres, una por artista. Los fotógrafos aragüeños que exponen en Monagas son Aura Banks, Beatriz Nones, Beatriz Tinedo, Carlota Delgado, Carlos Velis, Daniel Peña, Danny Guzmán, Enrique Santana, Elio Escalante, Efrén Barazarte (http://www.letralia.com/firmas/barazarteefren.htm), Francisca Asunción, Flavio Gerdel, Gregorio Solano, Jaime Hernández, José Miguel Martín, José Ramón Briceño, Kart Seraphyn, Lucía Porrovecchio, María Caforio, Miguel Ruiz, Morela Cuba, Rómulo Ollarves, Walter Boscán, Wilfredo Carrizales (http://www.letralia.com/firmas/carrizaleswilfredo.htm), Wilson Prada y Zulima da Silva. Fuente: Icum *** Con libro de Musil celebró sus cien títulos sello venezolano bid & co Este domingo 6 de febrero la editorial venezolana bid & co (http://www.bidandco.net), con el patrocinio de la Embajada de Austria en Venezuela, presentó al público su título número 100, el libro Sobre la estupidez, texto de una conferencia dictada en 1937 por el escritor austríaco Robert Musil y con epílogo de José Balza. La actividad se realizó en la librería Kalathos, de Caracas, con palabras de presentación a cargo de la poeta y ensayista venezolana Ana Nuño. Además, el ensayista Carlos Sandoval realizó un recorrido por la trayectoria de esta importante editorial venezolana. Según el editor Bernardo Infante Daboín, bid & co ha hecho énfasis desde sus inicios en publicar “autores latinoamericanos de poesía, narrativa, ensayo e historia, sin olvidar autores representativos de otros orbes, libros realizados con excelente calidad del diseño”. Infante Daboín destacó asimismo que en 2003 su línea editorial de livre d’artiste, con el título Amante, fue distinguida en Venezuela con el Premio Nacional del Libro en las categorías Premio Gerd Leufert (Imposibilia de Oro) y Premio Libro Objeto de Arte (Imposibilia de Plata). Igualmente, Elegías de Duino, de Rainer María Rilke, fue finalista en Leipzig 2006. Sobre la estupidez, de Robert Musil, es una visión particular de este importante autor austríaco sobre qué es la estupidez y de cómo la escritura ha convertido a la literatura por momentos en uno de los campos de ésta, entre algunos de los enfoques a este tema. “Si la estupidez no se pareciera tanto al progreso, al talento, a la esperanza o al mejoramiento, nadie quisiera ser estúpido”, había escrito ya Musil unos años antes de la conferencia dictada en Viena en 1937. Fuente: bid & co *** Marco Antonio Valencia Calle presenta recopilación de artículos Esta semana será presentado en el auditorio de la Cámara de Comercio del Cauca (http://www.cccauca.org.co), Colombia, el libro La noche del trapecista, del escritor Marco Antonio Valencia Calle (http://www.letralia.com/firmas/valenciacallemarcoantonio.htm), en un acto auspiciado por la corporación empresarial, el Colegio Nacional de Periodistas de Colombia, el diario El Liberal (http://www.elliberal.com.co) y la organización Popayán Positiva. En el marco del evento, que tendrá lugar a partir de las 7 de la noche el miércoles 9 de febrero —fecha nacional de los periodistas colombianos—, se realizará igualmente el conversatorio “El oficio del columnista”, con Ruth Cepeda Vargas, Gloria Cepeda Vargas (http://www.letralia.com/firmas/cepedavargasgloria.htm) y Mario Fernando Prado “Siriri”, bajo la moderación de Eduardo Gómez Cerón. La noche del trapecista recoge cien de los cuatrocientos textos publicados por el autor en el diario El Liberal en el transcurso de diez años de trabajo, y que han sido fundamentales en la estructuración de su estilo. “He recogido las columnas más llamativas, que tienen más humor, que se pueden leer en cualquier tiempo y circunstancia, una visión de la ciudad, mis preocupaciones más fundamentales”, explica Valencia Calle. “Ser columnista es como estar en un trapecio, un día hay que reconocer que hay cosas buenas en la ciudad, pero otro día hay que puntualizar en las actitudes que molestan, un día hay inspiración y otro no tanto. Y como seres humanos en el día somos unos y en la noche a la hora de escribir somos otros”, agrega el autor, quien asegura que al hacer un balance de su trabajo advirtió sus preocupaciones constantes, “en especial con los temas de salud y educación, hay muchos artículos al respecto, pero también hay textos filosóficos que me han ayudado a hilvanar cómo son los patojos, los caucanos y los colombianos”. Una de las características de La noche del trapecista es que su prólogo fue escrito por quince personas, quienes dieron su concepto sobre el trabajo del escritor. Directores de medios de comunicación, escritores y miembros del gremio periodístico de la región aportaron su opinión. “Como dice Gabriel García Márquez, uno escribe para tener amigos, y escribir en el periódico me ha permitido ganar muchos amigos, aunque también personas que no les gustan mis columnas, pero cuando manejo un tema espinoso, he logrado ver la tolerancia de los políticos y que mis inquietudes se convierten en proyectos banderas”, confiesa Valencia Calle. Fuente: El Liberal *** Diplomado en crítica del arte ofrecen en Caracas La Rana Paridora (http://ranaparidora.blogspot.com) —un colectivo de investigadores que promueve proyectos de investigación audiovisual, editorial, curatorial, escénica y musicológica—, conjuntamente con la Coordinación de Extensión de la Facultad de Humanidades y Educación y la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve), presentan un diplomado en crítica del arte (http://ranaparidora.blogspot.com/p/diplomado-en-critica-del-arte.html) cuyas preinscripciones se mantendrán abiertas del 14 al 23 de febrero. El diplomado está dirigido a personas interesadas en el ejercicio de la crítica, a trabajadores, promotores, animadores y periodistas culturales, a estudiantes de pregrado y posgrado de artes, letras, filosofía, comunicación social, historia, antropología, diseño y otras carreras afines. El cupo está abierto para un mínimo de veinte participantes y un máximo de veinticinco. Atendiendo a la multiplicidad de ámbitos desde los cuales se ejerce la crítica actualmente, el diplomado ofrece una visión interdisciplinar del estudio de la imagen y del conocimiento estético, con la intención de abrir un espacio para la construcción de formas alternativas de ejercer la crítica del arte y de la cultura. Las asignaturas se sustentan en la posibilidad de construir en conjunto las herramientas metodológicas para el estudio de las artes, y de intercambiar saberes en torno a los problemas de la creación, con el objetivo de formar lectores y enunciadores de la imagen capaces de establecer un diálogo entre la obra y el espectador; diálogo que conciba también la crítica como un ejercicio creador. A lo largo del diplomado, que tendrá una duración de 192 horas académicas —dos semestres de tres materias cada uno—, se recopilarán los textos producidos por los participantes y se publicarán en una revista de investigación sobre crítica de arte creada para tal fin. Los interesados en participar, en caso de cursar estudios superiores, deberán haber culminado al menos la mitad de los créditos de la carrera que estudia. Trabajadores culturales sin títulos de estudios superiores deberán presentar un currículo profesional. Los participantes deberán manejar las herramientas fundamentales de la investigación humanística. Para ser admitidos en el diplomado, deberán asistir a una entrevista con los coordinadores. Al final del diplomado se otorgará una credencial que, aunque no es conducente a título, será certificada por el Decano de la Facultad de Humanidades y Educación e indicará la cantidad de horas cursadas. Los participantes deberán aprobar evaluaciones teóricas y prácticas en cada una de las materias y tener un índice de asistencia superior al 75%. El costo del diplomado oscila entre los 6.200 y los 7.000 bolívares, incluirá material de estudio y se pagará en tres partes. La preinscripción se hará desde el lunes 14 de febrero hasta el miércoles 23 de febrero en la Coordinación de Extensión de la Facultad de Humanidades y Educación de la UCV, ubicada en los galpones de Farmacia, al lado de la Dirección de la Escuela de Idiomas Modernos. Las inscripciones se harán del miércoles 9 al viernes 18 de marzo, en el mismo lugar. Los interesados pueden solicitar mayor información escribiendo a la dirección electrónica ranaquepuja@gmail.com. Fuente: La Rana Paridora *** Recordarán a Henrique Avril, pionero de la fotografía en Venezuela La vida y la obra de Henrique Avril, pionero de la fotografía y el reporterismo gráfico en la Venezuela del siglo XIX, serán revisados por la investigadora Kari Luchony el martes 15 de febrero a partir de las 8 de la noche durante el encuentro “Henrique Avril, más que un caballero andante”, que se realizará con entrada libre en los espacios de Roberto Mata Taller de Fotografía (http://www.robertomata.net) y que además será transmitido vía Livestream (http://www.livestream.com) en colaboración con Tráfico Visual (http://www.traficovisual.com). Hay muchos datos imprecisos sobre la vida de Henrique Avril; sin embargo, estudios y registros apuntan a una misma realidad: fue el primer reportero gráfico de Venezuela. Luchony se ha dado a la tarea de indagar en la vida y obra de este personaje, rescatar sus aportes y darlos a conocer. Luchony ofrecerá, en su charla, un profundo estudio de las técnicas y métodos de Avril para la elaboración y composición de la imagen que, para ese momento, representaron una visión y que hoy día se mantienen vigentes en la fotografía contemporánea y vanguardista. Recorridos, géneros capturados, momentos históricos, técnicas utilizadas y su trabajo en El Cojo Ilustrado —un conocido quincenario venezolano que circuló entre 1892 y 1915— son algunos de los temas en los que se hará énfasis. Importantes hallazgos biográficos recientes también serán revisados por Luchony. Pero, más allá del interés puramente académico y fotográfico, esta actividad también se trata de “sensibilizar a la población sobre el cuidado y la valoración de los elementos que representan el patrimonio nacional en todos sus aspectos”. La escuela Roberto Mata Taller de Fotografía —que está ubicada en el cruce de las avenidas Trieste y Madrid, en La California Sur, Caracas— pretende recrear un ambiente en el cual los alumnos armonicen el reto que supone la concepción de una imagen y el apoyo mismo que implique obtenerla. Asimismo, es un espacio que se dedica a promover e intercambiar ideas sobre todo lo que se refiere al hecho fotográfico. Desde sus inicios en 1993 ha atendido a más de 2.000 alumnos, muchos de los cuales se mantienen vinculados activamente al taller y a la fotografía. Fuente: Roberto Mata Taller de Fotografía *** Michaelle Ascencio y Edda Armas dictan talleres en la librería Kalathos La librería Kalathos, ubicada en el Centro de Arte Los Galpones (http://www.centrodeartelosgalpones.com), en la Octava Transversal con Avenida Ávila (Los Chorros, Caracas), anunció la apertura de dos talleres literarios que se desarrollarán en su sede a lo largo de los meses de febrero y marzo. A partir del 15 de febrero, Michaelle Ascencio realizará, en seis sesiones de dos horas cada una, una lectura comentada de la novela El último encuentro, en la que el escritor húngaro Sándor Márai expone una perspectiva del encuentro y del desencuentro en una última cena. El taller se realizará los martes entre 10:30 de la mañana y 12:30 de la tarde, y tendrá un precio de 600 bolívares por participante. A la luz de la teoría literaria y de disciplinas como la antropología y la filología, Ascencio guiará a los cursantes del taller a través del mundo que ofrece esta fina y profunda novela, destacando aquellos aspectos que tienen que ver con nuestro tiempo como son la espera y la paciencia, gran tema de la novela; la rivalidad entre los hermanos, mito que fundamenta la historia de Márai, el dilema de lo público y lo privado y otros temas afines. Igualmente, el jueves 17 de febrero la poeta Edda Armas (http://www.letralia.com/firmas/armasedda.htm) dará inicio a “El mirar poético”, un taller dinámico e intensivo de poesía para un grupo reducido. Cada sesión ofrecerá un recorrido previamente planificado, con ejercicios que estimulen la escritura a partir de un elemento o situación motivadora, revisión de textos de los participantes y la lectura comentada de poemas especialmente seleccionados para degustar la poesía en todos sus formatos y estilos, repasando una galería de voces representativas de la poesía de Venezuela y del mundo. El taller —durante el cual se hará un acercamiento a libros fundamentales como antologías (que ofrecen panorámicas de un país, una región, o de géneros), autores del ensayo del hacer poético, y poetas imprescindibles, incluyendo contemporáneos— pretende estimular y orientar a quien ya se ha iniciado en el camino del hacer poético, así como a quien quiera ahondar en su acercamiento como lector de este arte tan esencial y milenario, afilando en ambos casos el mirar poético. Las siete sesiones del taller tendrán lugar los jueves entre 10:30 de la mañana y 12:30 de la tarde. Se ha previsto un cupo máximo de diez participantes y el precio es de 700 bolívares (incluye material). Los interesados pueden solicitar información a través del teléfono (0212) 285.2820 o de la dirección electrónica libreriakalathos@gmail.com. Fuente: Librería Kalathos *** Jeannette Miller gana Premio Nacional de Literatura de Dominicana La poeta, ensayista, educadora y crítica de arte dominicana Jeannette Miller obtuvo el Premio Nacional de Literatura que otorga la Fundación Corripio (http://fundacioncorripio.org), dotado de un millón de pesos y un pergamino. La entrega del premio se celebrará el 23 de febrero en el Teatro Nacional a las 7:30 de la noche. El anuncio fue dado a conocer por el ministro de Cultura (http://www.cultura.gob.do), José Rafael Lantigua, quien dijo que el premio fue otorgado considerando la trayectoria literaria como poeta de la generación de los años 60, su desarrollo como narradora y su importante rol como crítica. “Todos los miembros del jurado nos sentimos satisfechos de esta elección que honra por tercera vez en su historia al Premio Nacional de Literatura, que cumple este año su vigésima tercera edición, siendo la tercera mujer seleccionada para este galardón”, dijo Lantigua. El ministro agradeció a la Fundación Corripio, que administra, coordina y dirige el premio, el cual calificó con una organización extraordinaria y que permite que el galardón se conceda con libertad de acción para los jurados. De su lado, el empresario José Luis Corripio (Pepín) destacó la permanencia del premio, el cual dijo espera se siga realizando por muchos años. El jurado está integrado por las universidades Autónoma de Santo Domingo (UASD, http://uasd.edu.do), Católica de Santo Domingo (http://www.ucsd.edu.do), Católica Madre y Maestra (PUCMM, http://www.pucmm.edu.do), Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU, http://www.unphu.edu.do) y Central del Este (UCE, http://www.uce.edu.do), junto a la Fundación Corripio y el Ministerio de Cultura. Miller nació en Santo Domingo el 2 de agosto de 1944. Es hija del escritor Fredy Miller, quien fue asesinado por la dictadura de Rafael Trujillo. Entre sus obras se encuentran los poemarios El viaje (Cuadernos Hispanoamericanos, 1967), Fórmulas para combatir el miedo (Taller, 1972) y Fichas de identidad/Estadías (Taller, 1985), los ensayos Historia de la pintura dominicana (Amigo del Hogar, 1979) y Arte dominicano: 1844-2000 (dos tomos, 2001 y 2002); el libro Cuentos de mujeres (Cole, 2002) y las novelas La vida es otra cosa (Alfaguara, 2005) y A mí no me gustan los boleros (Alfaguara, 2009). Fuente: Listín Diario *** Expertos iberoamericanos discutirán en España sobre redes sociales El encuentro, que reunirá a 250 profesionales del medio, será clausurado por el escritor español Arturo Pérez-Reverte en un conversatorio sobre redes sociales junto al paleontólogo Juan Luis Arsuaga. El I Congreso Iberoamericano sobre Redes Sociales (iRedes, http://www.iredes.es) reunirá el 24 y 25 de febrero en Burgos (España), a varios expertos que debatirán sobre el fenómeno de las redes sociales para saber cuál es el papel que juegan en la sociedad y determinar cómo será su evolución y su futuro. Treinta ponentes de España y otros países aportarán su visión al fenómeno de las comunidades en línea. El escritor Arturo Pérez-Reverte y el paleontólogo y codirector de los Yacimientos de Atapuerca Juan Luis Arsuaga pondrán el broche de oro al encuentro con un “cara a cara” titulado “Las redes sociales, desde Atapuerca hasta Twitter”. Participarán otras caras conocidas, como Gumersindo Lafuente, Rosalía Lloret e Ignacio Escolar, entre otros. Previamente, habrán desfilado por el Teatro Principal de la capital burgalesa importantes rostros de las redes sociales como periodistas, “community managers”, empresarios y creadores de comunidades virtuales. Laura I. Gómez, gerente de internacionalización de Twitter (http://twitter.com), e Ícaro Moyano, director de comunicación de Tuenti (http://www.tuenti.com), dos de las redes sociales más populares en España, debatirán sobre las perspectivas de futuro de las redes. La conferencia inaugural correrá a cargo de Sebastián Muriel, director general de Red.es, que disertará sobre la administración pública en medios sociales. El presidente de los Premios iRedes y autor de eCuaderno.com, José Luis Orihuela, moderará la mesa redonda “Las perspectivas iberoamericanas sobre las redes sociales”, en la que intervendrán Raquel Recuero, de Brasil, experta en “social media”; Pablo Mancini, de Argentina, gerente de Servicios Digitales del Grupo Clarín (http://www.grupoclarin.com); Nicole Forttes, de Chile, asesora de comunicación digital y web 2.0 del gobierno chileno; y António Granado, de Portugal, periodista y autor de Pontomedia (http://ciberjornalismo.com/pontomedia). El análisis de las marcas en las redes sociales vendrá de la mano de Koro Castellano, directora para España y Portugal de Amazon (http://www.amazon.com) y de BuyVIP.com (http://buyvip.com), con la participación de Carolina Blasco, directora general de Telecomunicaciones de la Junta de Castilla y León (http://www.jcyl.es); José Antonio Gallego, presidente de la Asociación Española de Responsables de Comunidades Online (Aerco, http://www.aercomunidad.org); Alejandro Piscitelli, consultor y profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA, http://www.uba.ar), autor de Filosofitis; y Juan Andrés Muñoz, “senior interactive producer” de CNN en Español (http://www.cnn.com/espanol), en Atlanta, autor del blog Allendegui (http://gentedigital.es/comunidad/allendegui). El papel de los medios de comunicación, por su parte, se debatirá con el popular formato Café & Periodismo que, conducido por Millán Berzosa, dircom de ideas4all (http://www.ideas4all.com), y Bárbara Yuste, responsable de la sección Medios y Redes de ABC (http://www.abc.es), reunirá a Miguel Ángel Jimeno, profesor de periodismo de la Universidad de Navarra (http://www.unav.es) y autor de La buena prensa; al periodista Ignacio Escolar; a Gumersindo Lafuente, director adjunto de elpais.com; y a Rosalía Lloret, directora general de desarrollo digital de Unidad Editorial (http://www.unidadeditorial.com), para discutir la presencia e importancia de las redes sociales en los medios de comunicación del siglo XXI. El apartado “Proyectos enredados”, presentados por Javier Martín, fundador de Loogic (http://www.loogic.com), Inventainternet (http://inventainternet.com) e Iniciador (http://www.iniciador.com), contará con interesantes y dinámicas intervenciones para conocer: Cognolab (http://www.cognolab.com), por Millán Berzosa; “¿Qué es el Networking y qué es Networking Activo?”, por Emilio Márquez, y la presentación del Mapa iRedes por Chiqui Esteban o el Manual de estilo del español para Internet y las redes sociales, por Mario Tascón, periodista y consultor. Los asistentes a iRedes conocerán también la experiencia en redes sociales de Burgos 2016 (http://www.burgos2016.es), una R-evolución cultural o la pujante red social Gnoss (http://www.gnoss.com), presentada por su creador, Ricardo Alonso Maturana. El Primer Congreso Iberoamericano sobre Redes Sociales recibirá a más de 250 profesionales involucrados con las redes sociales y dinamizadores de las principales de España y América Latina, “community managers” y emprendedores digitales, profesionales interesados del sector de la publicidad y la comunicación, y personas encargadas de construir, hacer crecer y gestionar comunidades alrededor de una marca o causa. El programa incluye también una visita didáctica al Museo de la Evolución Humana (http://www.museoevolucionhumana.com) y la entrega de los Premios iRedes en sus tres categorías: Individual, Institucional y Letras Enredadas, a la periodista y bloguera cubana Yoani Sánchez, residente en La Habana y autora del blog Generación Y (http://www.desdecuba.com/generaciony); el escritor, periodista y autor de la revista Orsai (http://orsai.es), Hernán Casciari, y el centro social y cultural madrileño La Casa Encendida (http://www.lacasaencendida.es), respectivamente, como informamos en nuestra edición 245 (http://www.letralia.com/245/0124iredes.htm). Fuente: El Norte de Castilla *** Analizarán en Argentina la concepción antigua de la naturaleza El 6 y 7 de mayo se celebrarán en las instalaciones del Campus Miguelete de la Universidad Nacional de San Martín (http://www.unsam.edu.ar), en Argentina, las Segundas Jornadas de Pensamiento Antiguo “Expresar la phýsis: conceptualizaciones antiguas sobre la naturaleza”, cuyas inscripciones cierran el próximo 30 de marzo. “Tanto los sistemas explicativos narrativos que apelaban al mito como los sistemas explicativos argumentativos que abrieron la reflexión presocrática prestaron especial atención a la phýsis como desafío hermenéutico”, explican los organizadores en un comunicado. “En su entramado de variedad, regularidad y omnipresencia continente de la vida humana, la naturaleza constituyó un elemento complejo que la tradición griega plasmó de múltiples maneras. La vigencia de la filosofía de la naturaleza en la filosofía contemporánea, de manera independiente y alternativa de las visiones cientificistas, enfatiza la relevancia de este plano y confiere a las reflexiones antiguas sobre la phýsis una importancia que aúna el valor intrínseco con la necesidad historiográfica de construir modelos menos distorsivos que nos muestren cómo se expresó la phýsis en los orígenes de la tradición”, continúan los organizadores. La participación en las jornadas puede concretarse a través de la presentación de ponencias individuales o de propuesta de trabajos colectivos con el propósito de ofrecer resultados del trabajo de grupos de investigación. Las fichas de inscripción deben ser enviadas a segundasjornadas@filosofiaantigua.com.ar, consignando el nombre completo del ponente o ponentes, tipo y número de documento de identidad, filiación institucional, correo electrónico y dirección postal. Se puede participar en tres categorías: expositor docente/investigador, expositor alumno (en este caso se debe adjuntar el aval de un docente investigador formado) o asistente. En la ficha de inscripción debe aclararse en cuál de estas categorías se participará. También debe incluirse el título del trabajo y un resumen de no más de trescientas palabras. Las ponencias deben tener un máximo de 2.000 palabras y estar presentadas en tamaño A4; márgenes de 2,5 cm; interlineado 1,5; fuente latina Times New Roman en 12 puntos; fuente griega Sgreek o compatible con Unicode. Se requerirá el texto completo de los trabajos hasta el 10 de abril, a los efectos de realizar una selección en vista de la edición de las actas de las jornadas. Los aranceles de participación son de $80 para estudiantes expositores; $60 para docentes y graduados asistentes, y $120 para docentes y graduados expositores. Los estudiantes asistentes no pagarán arancel. Fuente: Organizadores del evento *** Celebrarán encuentro de ministros de cultura en Bolivia Del 26 al 29 de abril, ministros de cultura de 33 estados de América Latina y el Caribe se reunirán en Sucre (Bolivia) para impulsar políticas en el marco de los procesos de cambio que se viven en los países de la región. Así lo informó el pasado jueves 3 la ministra de Culturas de Bolivia (http://www.minculturas.gob.bo), Zulma Yugar, durante el acto de entrega de la ley de expropiación de un inmueble contiguo a la Casa de la Libertad (http://www.casadelalibertad.org.bo), en Sucre, donde funcionará el primer Museo Nacional de Historia de Bolivia. La autoridad anunció además que el 27 de abril, en La Paz, se realizará el Festival Latinoamericano y Caribeño de Danza y Música Indígena Originarias, Afro y Tradicionales. El evento, dijo, busca rescatar las costumbres y tradiciones del continente. Yugar añadió que del encuentro de ministros participarán también representantes del ALBA-Cultural (http://www.albacultural.org), la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi, http://www.aladi.org), el Mercosur (http://www.mercosur.org.uy), Unasur (http://www.comunidadandina.org/sudamerica.htm) y otros bloques de integración. Fuente: La Razón *** Festival de Poesía de Granada será inaugurado por Vargas Llosa El Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, acudirá el próximo 9 de mayo a la ciudad española de Granada para inaugurar el VIII Festival Internacional de Poesía (FIP, http://www.festivaldepoesiadegranada.com) de dicha ciudad española. En esa ocasión, el novelista peruano disertará sobre la relación de su obra con la poesía. El 10 de mayo, además, el autor de El sueño del celta dictará una conferencia en el Auditorio Manuel de Falla (http://www.manueldefalla.org), de la capital granadina, después del cual la pianista Rosa Torres Pardo y el poeta Luis García Montero ofrecerán un recital de homenaje a Isaac Albéniz, estrenado recientemente en el Teatro Español de Madrid (http://www.esmadrid.com/teatroespanol). Los organizadores del FIP, Fernando Valverde y Daniel Rodríguez Moya, presentaron la semana pasada un avance de la programación. El novelista peruano se unirá a la lista de premios Nobel que han pasado por el festival, a la que ya se incorporaron el año pasado los poetas Herta Müller y Derek Walcott. El concierto de Pereza y Prado se celebrará el 13 de mayo, como clausura del certamen, en el parque Federico García Lorca, donde, según explicaron los organizadores en la presentación, “músicos y poeta intercambiarán los papeles”. Para este evento, titulado “Poesía y rock: Benjamín Prado y Pereza”, ya están a la venta las entradas en el Teatro Isabel la Católica. Además, el 12 de octubre se concederá el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca, que el alcalde de la capital, José Torres Hurtado, entregará a la poetisa malagueña María Victoria Atencia, en el centro cultural Manuel de Falla. Valverde y Rodríguez Moya, por su parte, recibirán el Premio de Patrocinio y Mecenazgo a la difusión cultural, que concede la Consejería de Cultura (http://www.juntadeandalucia.es/cultura), el 14 de febrero en Sevilla, en reconocimiento a los ocho años de vida del festival y su contribución a la difusión de la cultura literaria en general y la poética en particular. Fuente: Andina *** Curso sobre escritoras en el siglo XXI dictarán en Toledo Con la participación de destacadas docentes, la Universidad de Castilla-La Mancha (http://www.uclm.es), en Toledo (España) celebrará del 5 al 7 del próximo mes de julio su curso anual de verano sobre literatura actual, que en esta ocasión lleva como título “Escritoras en el siglo XXI” (http://bit.ly/eEWMFU). La actividad se iniciará el martes 5 de julio a las 9 horas con la entrega de documentación, tras la cual, a las 10, se celebrará la presentación. A las 10:30, Lourdes Ortiz dictará su conferencia “30 años después”, siendo seguida a las 12:30 por “En busca de la inspiración”, a cargo de Clara Sánchez. A las 16:30, Marina Villalba Álvarez fungirá de moderadora de la mesa redonda “Escritura femenina: narrativa”, en la que participarán Lourdes Ortiz, Clara Sánchez y Marina Mayoral, quien a su vez ofrecerá a las 18:30 su charla “El lugar de la acción. Importancia en el proceso de la creación novelesca”. El miércoles 6 a las 10:30, Blanca Andreu pronunciará su charla “La poesía: género epiceno”, siendo seguida a las 12:30 por Paloma Pedrero con “Palabras de mujer en los escenarios”. A las 16:30, Maite Sánchez-Brunete moderará la mesa redonda “Escritura femenina: poesía y teatro”, en la que participarán Blanca Andreu, Paloma Pedrero y Silvia Ugidos. A las 18:30, Ugidos dictará una conferencia sobre el tema. Finalmente, el jueves 7 a las 10:30 Laura Freixas presentará su disertación “Vocación y androginia”, siendo seguida a las 12:30 por “Los sueños y la memoria en la creación poética”, a cargo de Julia Barella. El curso, que tendrá lugar, como en años anteriores, en el Aula Magna, ubicada en el Edificio San Pedro Mártir, será clausurado a las 14 horas. Fuente: Organizadores del curso ||||||||||||||||||||||| ARTÍCULOS Y REPORTAJES |||||||||||||||||||||| === Borges llueve Hadrian Bagration ================================== Borges fue, como el francés, regalo de mi madre. Mi descubrimiento de su obra aconteció en la dilatada biblioteca familiar, que contenía sus originales y las versiones en lengua inglesa en las que el mismo escritor se afanara junto a su amigo y traductor Norman Thomas di Giovanni (las que ya casi no existen, y bien pueden considerarse como trabajos de amor perdidos de Borges). Había sucedido mi despertar al sexo mas no su consumación; el lector deducirá que hablo de tiempos harto pretéritos. El azar quiso que el primer poema que se reveló a mis ojos fuera aquél acerca del bárbaro (este término pasa hoy por un elogio en los diccionarios de la posmodernidad) Timur-i Lang, al que la tradición latina llama Tamerlán. El terror que causa su hábito de la destrucción no es capaz de sustraerlo al temor que le produce la intuición de la proximidad de su muerte. Es la desesperación la que lo empuja a ordenar a sus ejércitos que apunten sus arcos hacia la bóveda del mundo para asesinar a las avaras divinidades que le niegan la eternidad: “Ordenaré que mis arqueros lancen Flechas de hierro contra el cielo adverso Y embanderen de negro el firmamento Para que no haya un hombre que no sepa Que los dioses han muerto”. No me abandonó esa imagen inmensa de millones de dardos arrojados hacia el norte de la frágil silueta de la humanidad como una lacrimosa lluvia inversa que llora su mortal impotencia. El 14 de junio de 1986 Borges murió en Ginebra; es posible que las circunstancias, lúcidas o tormentosas, de sus últimos días no sean sabidas nunca. Aunque se jactaba de su anglofilia, no dejaba escapar ocasión de reprochar a los británicos el haber inundado los continentes con deportes estúpidos; la casualidad, no sin ironía, hizo fallecer a Borges en medio de un campeonato mundial de fútbol. Un 14 de junio, pero de 1982, las ateridas tropas argentinas se rendían en el Atlántico Sur; lejos de constituir una humillación, esa derrota fue el triste sacrificio necesario para que acaeciera el principio de la descomposición de la casta militar que había perpetrado, entre otros laudables actos de valentía, el estoico arte de la paciencia para con los períodos de gestación de mujeres embarazadas en cautiverio medieval, a las que se asesinaba luego del alumbramiento y del robo de los recién nacidos, como se procede con los animales engordados para la gula de los banquetes. Las relaciones de Borges con el más reciente régimen militar argentino se resumen con imparcialidad en un texto de Juan Gelman, Borges o el valor, en el que el autor reconoce que la actitud de Borges para con las juntas fue de enfrentamiento directo. Sus detractores suelen insistir en la leyenda de su complicidad con la niebla de los generales, y recalcan para ganar ese objetivo falaz una anécdota que es ya parte de la memoria popular y al mismo tiempo un complejo acto de desinformación, sobre la cual convendrá descorrer el impiadoso manto de silencio: el 19 de mayo de 1976 Borges concurrió a la Casa Rosada, deshonrada en ese entonces por el usurpador Videla, para asistir a un almuerzo; habían sido invitados también Ernesto Sábato, Horacio Ratti, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores y el sacerdote Leonardo Castellani. El mito, reproducido hasta la náusea según la versión canónica que ofreciera Castellani, sostiene que Borges halagó profusamente a Videla y solicitó para el país una guerra de purificación; iguales sandeces habría proferido Sábato, en tanto Ratti deslizaba en manos de Videla una lista de escritores desaparecidos en la que figuraban Roberto Santoro y Antonio Di Benedetto, y Castellani hacía igual cosa con un pedazo de papel en el que se había escrito el nombre de Haroldo Conti. Esas audacias son sólo atestiguadas por los módicos héroes que las protagonizaron: Ratti era un burócrata genuflexo al que la comisión directiva de la Sade había encargado una misión cuyo cumplimiento era de constatación imposible. Castellani relató haber recibido en su domicilio días antes del ágape a una persona que pidió por la vida de Conti; solícito (si hemos de creerle), transmitió el ruego a Videla. Estos testimonios se volcaron en una publicación brancaleónica, la revista Crisis, la que reunía en su redacción a los coqueteos mutuos del nacionalismo católico (al que adscribía Castellani), el Partido Comunista, que había presionado para crear a su imagen a la comisión directiva de la Sade (y en razón de ello Ratti fue cargado con la incomodidad de importunar a la suma del poder con sus súplicas), un oxímoron (una de las figuras retóricas arrastradas hasta los extremos de la maestría por Borges) denominado peronismo de izquierda y toda la exótica fauna que componía en esos años al socialismo nacional, ingenuo creyente en las limitaciones que se impondría a sí mismo el totalizador exterminio del régimen militar. Sábato había publicado vastamente en Crisis antes de distanciarse de sus directivos, entre los cuales se contaba la áurea mediocridad de Eduardo Galeano; ese conflicto tras los telones ofició para que se lo desacreditara junto con Borges en favor de las arriesgadas gestiones de Ratti y Castellani. La revista Crisis, por supuesto alérgica a Borges y enemistada con Sábato, reservó para ellos el papel del sicofante. Semanas después era clausurada por el gobierno, quien pagaba de ese modo el salario del apoyo crítico, predicado por el Partido Comunista, a la sinuosa figura de Videla. En 1980, uno de los años plomizos de la dictadura, Castellani fue entrevistado por el comentarista deportivo, presunto escritor (esta boutade es una paráfrasis de Gelman), Rodolfo Braceli, por entonces al servicio del servil semanario Siete Días. Nada quedaba de la temeridad que el religioso había sabido esgrimir (siempre según su propia deposición) en aquella oportunidad gastronómica. Castellani, además de las reiteradas blasfemias en contra de la modernidad y la relajación de costumbres nada sorprendentes en quienes ejercen su escasamente prestigiosa profesión, se permitió proferir declaraciones nada dudosas en lo que respecta a su pensamiento político, más cercano a la antigua línea editorial de Crisis que, quizás, lo que el iluminado staff de la revista hubiera sospechado: “Bien mirada, la pena de muerte es más cristiana que la prisión perpetua, que no hace sino pudrir al criminal y no lo convierte ni mejora. Jesucristo no reprobó la pena de muerte. Al fin y al cabo para un cristiano es preferible la salvación del alma del injusto que la conservación de su vida para que la pierda”. En la impávida opinión de Castellani, es acción amantísima dar muerte al infiel, para de ese modo impedirle el riesgo de la condenación. Podía sentirse muy a gusto el padre Castellani en la fecha de su sentencia: en la Argentina sucedía, en toda ocasión, su designio. ¿Cómo llevar a cabo la roja pero sagrada hechicería que mezcla dos ingredientes tan disímiles como el asesinato y el amor? La palabra que da respuesta al enigma es órgano sustancial del pensamiento preconciliar de Castellani: la cruzada. Amplia y profunda era la que estaba en continuo proceso de realización y de renovación en este país en los momentos en que Castellani emitía su consabida ortodoxia. El sacerdote no menciona en una sola línea de esa extensa y autovenerable entrevista su preocupación por la suerte de los desaparecidos, en 1980 mucho más numerosos que aquéllos que integraban la nómina de Ratti o la solitaria presencia en un trozo de papel de Haroldo Conti. Tal vez se hubiera marchitado, en razón de su avanzada edad, algo de su valor, mas no así el fulgor de su lucidez cívica: “Los nacionalistas y los no nacionalistas muchas veces han querido imponer dictatorialmente la moral a toda esta nación, pero han fracasado. Porque no eran dictadores de verdad”. Braceli pregunta luego por las características deseables en un hombre fuerte. Castellani contesta: “Es necesario que sea un santo. Porque el grado de violencia que un hombre tiene derecho de infligir a otros hombres corresponde, por lo menos, al grado de amor que les tiene”. Resulta fácil imaginar a Castellani decretar la absolución de un uxoricida a causa del hondo sentimiento que lo indujo a matar a la mujer con la que compartía el lecho. ¿No habían sido acaso el amor al pecador y a su destino de ultratumba los combustibles que encendieran las hogueras de la Inquisición? El entrevistador inquiere acerca de su concepto del periodismo: “Yo creo, como Kirkegord (sic), que el periodismo de hoy es una gran porquería, pero una porquería necesaria, buena”. Nos es dado sospechar que Castellani adeudaba de su paso por el seminario sacerdotal algunas asignaturas relacionadas con la ciencia de la lógica. Braceli compara a Castellani, precisa e inexplicablemente, con Borges, y destaca su animadversión por Sartre, quien muriera el mismo año en el que Borges firmara la solicitada de las Madres de Plaza de Mayo hecha pública por el diario Clarín el 12 de agosto de 1980, la cual exigía del régimen la explicación del destino de los desaparecidos. Es justo aclarar que el documento fue también suscrito por Sábato. El 16 de septiembre que siguió a esa demanda, Borges reflexiona en un reportaje concedido al periódico italiano Panorama y reproducido por Clarín, anticipándose a quienes cuestionarían la supuesta hinchazón de las cifras de quienes fueron aniquilados en medio del tormento: “Se dice que el número de víctimas ha sido exagerado, pero bastaría un solo caso, Caín mató a Abel una sola vez, Cristo fue crucificado una sola vez”. La piedad de Borges, un confeso agnóstico, resulta muy superior a la del confesional Castellani. En octubre, agrega: “Las declaraciones oficiales dicen que sólo hay ochocientos dos presos políticos. Bueno, ochocientos dos presos políticos sin defensores, y el hecho de que estén detenidos clandestinamente, es algo que yo no acepto”. El 10 de abril de 1981, Borges afirma en una entrevista de Roberto Alifano para el mismo diario que las autoridades de la dictadura deben publicar los nombres de las personas desaparecidas, pero que “eso no va a suceder. Hacer eso es declararse culpable”. Es oportuno recordar que el mecanismo productor de secuestros, torturas y ejecuciones funcionaba sin descanso todavía en esas fechas, y que el proceso militar no se tambaleó sino hasta después de la debacle bélica, instante luego del cual más de un antiguo apologista se reencontró con su fervor democrático. Un testimonio oral subraya de Borges una hidalguía que pocos están dispuestos a reconocer: el día de la aparición de la solicitada en Clarín, Borges fue consultado radiofónicamente acerca de si su apoyo a esos párrafos era real; en otras palabras, desde las alturas del poder se le otorgaba la posibilidad de la retractación. Ante el estupor de los desde hacía largo tiempo prosternados conductores del programa, Borges, contumazmente, respondió que sí. De inmediato la transmisión se cortó. Juan Gelman, con cuyo pensamiento Borges no concordaba, es quien rescata el coraje de un hombre anciano y ciego en una tierra sin leyes. Una desprolija superstición hace de Borges un escritor gélido, más apto para el comentario de las heladas sagas de Escandinavia que para la celebración del costado carnal de las pasiones. Basta vagar por entre sus páginas guiados por la luz de un errabundo azar para desmentir ese error. Borges es el autor de un poema de amor que no tiene parangón en la historia de la literatura. Nadie ignora que es fatalmente sencillo componer versos apurado por la euforia de la conquista o la melancólica furia de la desazón; también son aliados de las musas el rencor o el desprecio, o la pérdida. Hablar de amor cuando éste ya ha cesado, pero hacerlo con la serena compostura de quien admite que por instantes efímeros vuelve a enamorarse de los restos de la majestad de quien ejerciera sobre él el poder del abrazo es sólo generosa capacidad de Borges. Cuando Ronsard advierte a Helena que lo extrañará en una vejez que la privará de su atractivo, los versos son a un tiempo un reproche y una maliciosa predicción (Quand vous serez bien vieille, au soir, à la chandelle, / Assise auprès du feu, devidant et filant, / Direz, chantant mes vers, et vous esmerveillant: / Ronsard me celebroit du temps que j’estois belle). De Elvira de Alvear se recuerda con hilaridad un descuido no exento de cierta justicia literaria: había prometido al ávido Neftalí Ricardo Reyes (cuyo nom de plume fue Pablo Neruda), un ya algo olvidado y aceptable escritor, la publicación de Residencia en la Tierra, desde la fortuna que el linaje del que descendía Elvira le permitía. Reyes (o Neruda) envió presuroso el manuscrito a París, por el que se le abonaría una suma cuantiosa. Elvira lo extravió; el despojado poeta la asedió con misivas en las que la tildaba de irresponsable, de loca y de gusano. Seguramente olvidaron quienes habían tenido a su cargo la educación de Neruda impartir la lección que establece que los caballeros no tienen memoria. Borges había cortejado con seriedad pero sin éxito a Elvira de Alvear; hay exégetas que la identifican con la Beatriz Viterbo de El Aleph, la Teodelina Villar de El Zahir y la Beatriz Frost de El Congreso (término que simboliza, en una acepción perdida accesible sólo a la inteligencia de Borges, la cópula). La declinación económica del módico patriciado argentino y la del país en general esfumaron los tesoros de la familia Alvear. De su casona en París, Elvira se rebajó a existir en un departamento ínfimo del barrio de San Telmo. La lenta hiedra de la locura la cubrió, como una clámide brumosa. Hasta su muerte, Borges, ya amainada la época más punzante de su afecto, la visitó en ese refugio indigno. Elvira ya no era hermosa ni rica; agitaba una campanilla y se quejaba de la holgazana tardanza de una servidumbre fantasmal. Borges le obsequiaba el más tierno de los regalos que puede prodigar un hombre a la mujer que ha construido por años el sinsabor del rechazo: para él, Elvira era, todavía y siempre, y así se lo insinuaba con compasivo y hábil pudor, bella y afortunada, para que esos días indecorosos lejos de la brillante Europa transcurrieran en el candor de aquella otrora amada mujer y en la felicidad de ignorar el saberse sumida en la caída de la pobreza y la fealdad. Quien recorra los versos que describen la extensión de la relación de Borges con Elvira de Alvear hallará de ella sólo la imagen del encanto: “Todas las cosas tuvo y lentamente todas la abandonaron. La hemos visto armada de belleza. La mañana y el arduo mediodía le mostraron, desde su cumbre, los hermosos reinos de la tierra. La tarde fue borrándolos... De Elvira lo primero que vi, hace tantos años, fue la sonrisa, y es también lo último”. 1944 es el año de Normandía en el oeste y de la ofensiva Bagration del Ejército Rojo en el oriente; ésta arrasará más hombres y armas de la Wehrmacht que Stalingrado y llevará a los rusos hasta el Vístula y los arrabales de Varsovia. En 1944 la literatura escrita en lengua española es modificada para el asombro de varios de los siglos por venir. “Artificios” es universalmente catalogada como la segunda de las partes que componen Ficciones, volumen de Borges que data de 1941. Cada uno de los cuentos (género hoy moribundo en razón del imbécil dictamen de la industria editorial) que constituyen ambos ciclos es una obra maestra. No es sin embargo hasta 1956 que Ficciones encuentra su forma definitiva en edición de Emecé. Borges advierte en el prólogo con añeja indiferencia por su fama que “El fin”, tal vez la pieza corta mejor lograda jamás escrita, casi no le pertenece: fuera de algún personaje menor, todo es una invención de Hernández que él ha querido reescribir sin mayor pretensión. Un hombre espera a otro en la rústica soledad de una pulpería para vengar una muerte. El hecho es observado desde la inmovilidad de un camastro por el patrón, cuya vista es testigo del estallido del genio de Borges: antes de revelar el desenlace, que nadie barrunta, el combate se interrumpe y la voz de un escritor por entonces casi ignoto se inmiscuye entre los aceros y dice: “Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo: nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos y es intraducible como una música. Desde su catre, Recabarren vio el fin”. No ha de existir escritor en cualquier lengua que no desee ser el agradecido autor de esas líneas. Más de una vez Borges manifestó un capricho gentil: morir en el mismo hotel de la Rue de Beaux-Arts en el cual se apagara Oscar Wilde en Saint-Germain-des-Prés. Narran las biografías que el 30 de noviembre de 1900, Borges contando ya con algo más de un año, Wilde moría en la habitación número dieciséis del Hôtel d’Alsace a las dos de una tarde lluviosa. Seis décadas después, Borges, incorregible defensor de Wilde, escribía para homenaje de su padre acerca del esplendor de la pesadumbre que invade las memorias cuando, como comprobara la rudeza de Tamerlán al devorar los suelos implacables su intento de herir con sus flechas a los cielos, desciende el renovado prodigio de las aguas: “Bruscamente la tarde se ha aclarado Porque ya cae la lluvia minuciosa. Cae o cayó. La lluvia es una cosa Que sin duda sucede en el pasado”. Borges combinó dos aspectos de la perfección que fueron hasta él antitéticos: la absoluta erudición y la absoluta belleza. Su modestia lo llevó a que hasta su partida se empeñara en negarlo. Nosotros, que sabemos de la ineficacia de esa tímida intentona de engaño, recibimos sedientos la lluvia que se derrama desde las páginas de un alguien que sabía ver mucho más allá de su ceguera. ** Hadrian Bagration hadrian-bagration@purple-agonist.com Escritor inglés (Londres, 1969). Estudió en el Trinity College de Cambridge (http://www.trin.cam.ac.uk). Mantiene una bitácora literaria en http://hadrianhispania.wordpress.com. === A lomo de arisca lectura Víctor Garay Oleas ====================== Nunca deben leerse libros que extravíen el entendimiento o corrompan el corazón. (Jaime Balmes, filósofo español). Los libros han ganado más batallas que las armas. (Lupersio Leonardo Argensola, poeta español). De la misma manera en que no estaremos de cuerpo presente ante la defunción del clavel de la utopía, ni velaremos plañideros el fukuyamático fin de la historia, tampoco nos daremos el luctuoso lujo de ofrendarle un ramillete póstumo de primorosos nomeolvides perfumados, al vituperable vaticinio que polémicamente profetizara la desconsoladora desaparición letal de la liberadora lectura. Precisamente, no acogiéndonos a este cantarino eco del veleidoso cisne de engañoso plumaje, nos corresponde sustancialmente seguir cabalgando a lomo de chúcara lectura, al proseguir saciando nuestra sensibilizada sed de sapiencia, y continuar zambulléndonos en el catarático hontanar nutricio, con el emancipador ejercicio de leer, decididamente desechando de nuestras contaminadas conciencias todo vicioso vestigio de infame infundio que se confabule a cercenar el cordón umbilical que nos insufla inspiracional incentivo, para empecinarnos en nuestra consuetudinaria cruzada conversacional con los prolíficos propulsores de aleccionadora aptitud hacia la lectura, en el prosístico o poético hábitat culturalmente universal. Candoroso manual para un enfant desalmado El otoñal patriarca caribeño del realismo mágico de las letras latinoamericanas y octogenario nobel literario del 82, el colombomacondiano Gabriel “Gabo” García Márquez, en el epilogal acápite de su maravilloso Manual para ser niño, al describir sobre los indispensables ingredientes requeridos respecto de ¿Con qué se comen las letras?, puntualiza que el tiránico recurso del método de enseñanza aplicado en determinados establecimientos educacionales —y no digamos culpabilizando tanto a la TV, el embrujamiento satelital o los malos libros—, impositivamente contribuye a aguillotinar el habitual hechizo de luna de la lectura. Estima el longevo literato que lo ideal sería que a un hiperquinético chiquillo se lo convidara a dedicar buena parte de su fin de semana a disfrutar leyendo un libro, hasta donde pueda y le guste —como específica condición sine qua non, a fin de que se cristalice este propósito—, pero constituiría criminalmente contraproducente condena, para el infante y el propio libro, que se le obligue omnímodamente a los dictámenes de una aterrorizante lectura, mientras se dedica a disiparse del tedioso aburrimiento de sus horas muertas, dando rienda suelta a placenteras jornadas de juego, o en su defecto si acaso se ve forzosamente agobiado por la inminente realización de otras tareas. En tal laberíntico rompecabezas, se pronuncia por la salomónica solución de establecer una franqueadora franja de gaza especial, bordeando el bachillerato, con orientadoras clases de literatura, que únicamente sirvan de inteligentes guías de lectura o reflexión, para formar buenos lectores, no así esmerados escritores que eso ya es harina para otro pan, justamente ya que nadie enseña a escribir, excepto los magníficos libros cuando son leídos con aptitud y vocación alertas, enfatizó el numinoso novelista. Apocalípticos cibernautas confabulados El fabuloso escribidor del epopéyico boom letrillero latinoamericano y flamante Nobel literario 2010, Mario Vargas Llosa, se pronuncia contra la insensata idea que cataloga a la literatura como un pasatiempo de lujo y, contra viento y marea, reivindica la recomendación favorable de considerarla, además de uno de los enriquecedores quehaceres del espíritu, una actividad irreemplazable para la formación de ciudadanos libres, en una sociedad moderna esencialmente democrática y que, consecuentemente, debería inculcarse en el ámbito hogareño, desde la infancia y familiarmente formar parte de todos los programas de educación, como fundamental disciplina básica. Con sarcástica sutileza que lo caracteriza, como insigne intelectual de inconformismo irredento, estima que la suerte de la literatura está inexpugnablemente interconectada en matrimonio indisoluble con el azaroso destino del libro, ese atesorado producto industrial al que muchos malconsideran obsoleto objeto del deseo, y para quienes presuntamente pasará a engrosar los apolillados anales de añoranza pleistocénica, entre ellos el apocalíptico cibernauta hacedor de Microsoft, quien confabulatoriamente pretende propagar el tecnocretinizado criterio de que la virtual pantalla pretenda reemplazar a determinado mamotreto bibliográfico de tomo y lomo, o suplir al paleontológico papel en las paradigmáticas publicaciones literarias. El afamado autor de perpetua orgía novelística, periodística o dramatúrgica, con reivindicativa rotundidad en su exultante elogio de la lectura y la ficción, exterioriza sus categóricas dudas cartesianas sobre la defunción de proverbiales páginas espumeantemente impresas, aunque admite reconocer la gigantesca evolución que en el campo de las comunicaciones y la información satelital, ha significado asistir al deslumbrante desarrollo trascendentalmente tecnológico, como se evidencia con el multitudinario uso de las redes sociales computarizadas. Asimismo, analíticamente advierte que toda buena literatura es un cuestionamiento radical del entorno circunstancial que nos circunda. Enfatiza que en toda magnífica creación literaria —sin habérselo propuesto los escritores—, se refleja una predisposición sediciosa, iconoclasta o insurrecta, un disconforme desafío contra lo estultamente establecido. Semiótica sapiencia del ludópata lector El semiótico sabio italiano Umberto Eco, con las puertas abiertas de par en par, en su opera magna, inculcaba a su multitudinaria audiencia una novedosa exploración de la lectura, como una clásica modalidad semióticamente sustentada en sus volúmenes de Lector in fabula y Los límites de la interpretación. Este consumado bibliómano sostiene que los escritores no son más que empedernidos lectores, asimismo piensa que no avizora un apocalíptico futuro para el libro, y que la relación que se establece con este último es adúlteramente polígama, puesto que ningún mortal se va a la cama con un ordenador, sino con un deleitoso libro. Concatenado con este punto de vista, considera que leer la Divina comedia en una computarizada pantalla, dejaría al usuario exhaustamente cansado y si intentase imprimirla, esta dantesca hazaña haría morir a cualquiera. Asevera que aunque reconozcamos los apologéticos avances tecnológicos, el libro jamás habrá de verse destronado por esta cibernética circunstancia que asfixiante y acosadoramente lo acecha. Esperpéntico encanto del espectáculo El lusitano lírico y nobelizado novelista del 96, José Saramago (1918-2010), con su inquisidora e ingeniosa hidalguía inquiere que una solapada signología globalizante del sentido cultural de estas últimas décadas perdidas, cruzando el umbral de esta nuclearizada centuria, de beligerante barbarie, lo que mayormente muestra es un esperpéntico encanto del espectáculo, antes que exponer el genuino rostro de la cultura que reflexivamente incita a pensar. El eminente ensayista de Los cuadernos de Lanzarote confiesa que todo se circunscribe a la escatología escandalosa y superflua de lo espectacular, que ha devenido en pandémico fenómeno mundial. Especifica estar imbuido por la catastrófica convicción de que la literatura, la palabra escrita que se confronta y consigna en el libro, es la única que inexorablemente nos impele a engendrar ideas, pero lastimosamente ocupa el último andarivel en el escalafón de los valores esenciales de la especie, y no se vislumbra en el horizonte ancho y ameno de la cultura, ningún tipo de esfuerzo intelectual. Airadamente apostilló que en el espantoso espejo de la estupidez humana, aunado con el atroz avance tecnocretínico, su palurdo prisma sólo nos revierte reflejante un trágicamente plagado planeta de horrores, y desde su pesimista perspectiva, a duras penas alberga la esquiva esperanza de que haya alguna significativa señal de advertencia, que implique modificar o mejorar nuestro menospreciado mundo de estética envergadura. Oceánica odisea novelística Estableciendo un somero recorrido lecturístico, con el espectacular periplo trazado por la oceánica odisea geográfica de la novela hispanoamericana, del colosal naviero narrativo Carlos Fuentes, en su bitácora de cabotaje nos exhorta que novelar es defender a los hombres y, concordantemente, expresarlos mediante los arterioscleróticos artilugios de la memoria. Con el exclusivo don de hablar —nos recuerda el galardonado autor azteca—, los seres humanos rompen amarras y se aplacan tempestades que repercuten en uno o muchos saberes. Para este insigne intelectual las ideas son pasiones plasmadas por experiencias vitales. De lo cual colige que el lenguaje se transmuta en voluptuoso volcán en erupción, y su cotidiano ejercicio ejemplar moldea y transforma el comportamiento ciudadano. Este virtuoso visionario mexicano está convencido de que la palabra es el río por el que brota a borbotones nuestra sangre. Todo ello posibilita que supervivan los seres que hablen o escriban el nombre de lo que piensan y sienten, a fin de que otros, similarmente sensibilizados, logren acceder a su lectura con enfática esperanza, y el momento en que la perdurabilidad de la palabra se haya convertido en metáfora y confluencia, y en espacio esencialmente vivencial, entonces los elocuentes mortales se mirarán fija y fraternalmente a los ojos, e inventarán la utopía —tan anheladamente posible— de que los libros preservarán su venerable vigencia, porque serán ávida y laudatoriamente leídos. Tórrida pasión de leer Para la magistral y magisteril poeta chilena y también egregia Nobel de Literatura en 1945, Lucila Godoy Alcayaga, mundialmente consagrada como Gabriela Mistral (1889-1957), la entrañable entrega a compartir las providenciales páginas de un libro, se metaforiza en tórrida pasión por leer, cuya confortable calentura semeja, en sentimental desmesura, a la dimensión deparada por el amor y la amistad. La laureada lirida apostillaba que el acto de leer debe manifestarse con ímpetu casi carnal, que el escritor se convierta en criatura presente en la vida de todos, tanto como suelen aparecérsenos hasta en la sopa, el inveterado político o el inaudito industrial. Estaba convencida de que si la lectura sirviese solamente para calmar la vacuidad del amodorrante aburrimiento, con ello ya habrá cumplido su encomiable encargo. Subrayaba que este apasionado vicio visionario, constituye un idiomático logro virtuoso de la condición humana, que nos transmite placer corporal, a fuerza de conservarnos cultural y cognoscitivamente vivos. Variadas voces y otros ámbitos lectores Con su familiarmente fecunda sardónica sentenciosidad, el ingenioso invidente y fervoroso bonaerense Jorge Luis Borges, con jacarandoso jolgorio espetaba: que jactanciosamente otros se complazcan con las páginas que han escrito; a su magnánima modestia enormemente le enorgullecieron aquellos apolillados apuntes que devocionariamente hubo leído. Y en contubernial complacencia con su admirablemente ponderado Carlyle, con socarrona seguridad habrá coincidido en pensar que un buen libro es la esencia más pura del alma humana. Volteando la página de conspicuas confidencialidades, nos topamos con el brillante narrador británico William Somerset Maugham, quien admirablemente aconseja que adquirir el hábito de la lectura equivale a construirse un reconfortante refugio, a buen recaudo, para protegerse contra casi todas las miserias de la vida. Y de este relicario reflexivo de refúlgidas perlas cultivadas, no podemos pasar desapercibido un providencial proverbio hindú que nos revela su reivindicativo mensaje magistral: un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora... Desde su trinchera literaria, la prolífica prosificadora española Rosa Montero asume su abnegado oficio de escribir para combatir al devastador dragón del dolor, y en virtud de su reivindicadora reafirmación de la vida contra el horror, con el plausible propósito de que las cosas memorables no se desvanezcan en el recuerdo de las generaciones que continuarán la contienda detrás de nosotros. Asimismo asevera que cuando los escritores se quedan sin lectores, se vuelven locos, y se sienten caminando entre las sombras, como perro deambulando por la bruma, lastimeramente precisando de caricias, fatídicamente frágil. Enfáticamente expresa que cuando todo nos parezca horrorosa o dolorosamente insoportable, siempre quedará la escritura. Otro egregio engullidor de los capitales capítulos que pudieron habérsele olvidado a la manchega mentalidad de Cervantes, es el espíritu excepcionalmente ensayístico de Gabriel Zaid, quien en su luminiscente legado lírico sobre ¿Cómo leer poesía?, atinadamente recomienda que no existe receta posible para ello, puesto que cada lector constituye un mundo y cada lectura asume un cariz diferente. Precisa que un poema se deja leer de muchos modos, y éstos a su vez posibilitan vislumbrar aquello que se enuncia de relieve. Acota que una vez que la metodología se trastoca en recetario (estadístico, sociológico, sicoanalítico, semiótico, etc.), desafortunadamente se restringe la lectura. Opina que si alguien se propone leer poesía, es imprescindible que se embarque en este entusiasmado empeño; y lo que unos y otros lectores logremos compartir entre sí, resultará beneficioso e incluso determinante; y un aspecto fundamental de esta complementaria experiencia radica —según recalca Zaid— en compartir la animación por tan venturoso viaje. A su vez, el afamado fantástico fabulador argentino Rodrigo Fresán, al referirse a las venturas o vicisitudes circunscritas en torno del tenazmente debatido tema sobre el farragoso futuro del libro, exterioriza su entusiasmado optimismo sobre la sobreviviente salud de su inalterada vigencia y fabuloso funcionamiento, arguyendo que el libro, como la rueda y otros determinados artefactos, tuvieron la fulgurante fortuna de nacer inmortales, desde sus iniciales instancias, y de haber logrado un meritorio máximo grado de rendir fecundos frutos y ser objeto de permanente perfeccionamiento. Por lo que, partiendo de esta premisa, afirmó que tanto el libro, la cuchara o el tenedor, no tienen por qué transformarse en otra cosa. En similar sentido señaló que igual como continuaremos haciendo el amor, el libro proseguirá funcionando de la misma manera según la cual se llegó a concebirlo. Equiparó al libro semejante a una puerta, y a las pantallas digitales, simbolizando ventanas limitadas por el entorno de su respectiva enmarcación. Concluyentemente, coligió que mientras en el libro entramos a un asombroso espectro de conocimientos, la ventana sólo deja la única alternativa de mirar. Un consagrado compatriota del mirífico mago de Macondo, el novelista bogotano Juan Gabriel Vásquez, en su aleccionador y atrevido arte de la distorsión, estima que el lector de ficciones es un impenitente inconforme con reverencial rebeldía, ante la insoportable fatuidad de la monotonía y las prosaicas trivialidades de la vida humana y su fatídico desenlace hacia la inefable incertidumbre del más allá. Este eminente escritor enfatiza que, ante nuestra insaciable curiosidad deslumbrante por lo desconocido o distinto, leemos para ser poseídos por una particular manera de conocer el mundo, a la ubérrima usanza como nos la ofrece una ficción literaria. Como epilogal epígrafe de este sucinto relato sobre la encomiable experiencia de entregarnos entusiasmados en cuerpo y alma a la insepulta lectura, el numinoso novelista ruso Vladimir Nabokov precisa que no es verdad que leamos con el cerebro o corazón, sino que un conspirativo cosquilleo recorre nuestra columna vertebral, lo cual fehacientemente delata la prolífica presencia de la grandilocuente y genuina literatura. ** Víctor Garay Oleas vgarayoleas@yahoo.es Escritor ecuatoriano (Guayaquil, 1955). Estudió en las facultades de filosofía y letras, y de periodismo, de la Universidad de Guayaquil (http://www.ug.edu.ec). Ha colaborado en diversos medios de comunicación como las revistas Vistazo (http://www.vistazo.com) y Cuadernos del Guayas, y los diarios Expreso (http://www.diario-expreso.com), El Telégrafo (http://www.telegrafo.com.ec), Meridiano Cultural y Tiempos del Mundo (http://www.tdm.com; Miami), además de algunos medios digitales. Ha publicado el poemario De la copulación del verbo y otros orgasmos (pornogramas). Textos suyos fueron incluidos en la antología Ars Erotica: el erotismo en las artes y la literatura ecuatorianas, de Omar Ospina (Dinediciones, http://www.portal.dinediciones.com, Quito, 1997). === El hombre que camina lentamente ======================================= === (A modo de ensayo) Ricardo Martínez-Conde ======================== La distancia que observa y, sobre todo, piensa el caminante, nunca posee las dimensiones de la realidad, sino más bien las de la voluntad o las del sueño. La distancia material apenas existe como realidad, pues el caminante todo lo piensa, y más que medir calcula en razón de innumerables considerandos: su cansancio, su ilusión; la oportunidad, la necesidad del sacrificio; la amistad que aguarda, la prudencia de llegar a una hora que no altere a quien guarda su casa; la prolongación, un poco más, en las sugerencias del camino; el hambre y el frío que acosen nuestros pasos o la noche, desnuda, que retenga nuestra atención para escuchar... La distancia no suele estar en las manos ni en los pies: reside en los ojos, en el corazón, allí donde hay silencio y sólo se decide luego de meditar. * * * El jarrón aguarda también el paso de la lluvia. Hoy apenas ha habido luz en el cielo de tanto como han estado vivas las nubes allá arriba, con su mensaje obstinado, estricto y sincero para lo que el corazón desea ver y escuchar. Pero así es la Naturaleza para quien espera, siempre confiando en poder percibir el efecto renovador de un sentimiento. Ahora llueve y casi se ha venido ya la noche, así que, resguardados tras el cristal (cada uno ocupando su lugar) habremos de esperar. El caminante y el jarrón dejan pasar el tiempo a su lado sin lamento alguno, con la integridad que le es atribuible al solitario. Y cuando escampe, tal vez venida ya del todo la noche, el caminante sonreirá despertándose de su leve ensueño y pensará para sí que, hoy por hoy, ya está bien de viaje, de camino realizado. Y el jarrón será dócilmente comprensivo en su silencio. * * * El árbol del camino pronto se constituye en personaje. De hecho lo tiene todo: presencia, expresividad, autonomía, sinceridad; incluso el grave atuendo que suele asistir a la aristocracia del alma. Por eso no es raro que el caminante (con un punto de envidia, pues ha aceptado su autoridad en cuanto ha visto su figura) le interpele; o, cuando menos, le conceda algunos atributos que para él son intrínsecos al hombre: la lealtad, la discreción, la valentía... Y cuando haya reemprendido su camino dejando atrás la esbelta figura que la Naturaleza ha puesto allí como interlocutor, el caminante habrá saciado una parte de sus pretensiones, aligerando con ello su deuda con el tiempo. * * * El barco enseguida ha asociado su runruneo al ritmo del corazón; ¿o al revés? No a su paso, que es menos universal y arrítmico el andar del caminante, pero sí, a esa voluntad oculta que pronto, quien sale al camino, trata de acordar inconscientemente al ritmo vital de su paisaje. Y acaso se valga de una condición añadida el barco: el que a su lento quehacer se haya asociado la consecución del horizonte, algo que al caminante sólo le es dado observar como límite; y por su asociación al mar. Esa ilusión llamada mar cuyos límites jamás serán establecidos en las emociones del hombre. He ahí la alta seducción, la afinidad. * * * Lo que se escucha está algo más allá del sonido, más allá del efecto físico que les origina. Al escuchar se oye el sonido aparentemente desacorde, más complementario y armónico, que es el sonido del mundo. Escucha para sí, dentro de sí, el sonido de la Naturaleza que se transforma en realidad religiosa y que alimenta las imágenes lejos del espacio en que se halla. De ahí que el verdadero caminante piense el camino como una forma de certeza. * * * Salir al camino desnudo, a salvo de la convicción. La actitud de escuchar; cada momento en que el cielo va transformando su silueta; la importancia relativa de ser un hombre a solas... Toda la armonía que pueda guardar la reflexión, aristocráticamente orgullosa de su origen, que vuelve bajo el amparo de la dignidad que otorga la alta libertad. * * * Para el que ama, el camino recorrido es sólo una parte del camino ilusorio en que se vive. Y es que el camino siempre aporta algún fruto al sentimiento del amor: le critica, le ratifica, le rinde homenaje, le valora... No se halla en el camino el amor; sin embargo no hay paso que no esté revestido de él, ni cosa, próxima o lejana, que no corra el riesgo de ser portadora simbólica de su existencia. El amor, la compañía irrenunciable, exige su existencia en cada acto, en cada gesto, en cada lance de la imaginación. A sabiendas de que si se ama hemos renunciado a una parte propia para ser-estar en otro, ¿camino y amor no han de ser parte indisolubles mientras, vagamente, caminamos? ** Ricardo Martínez-Conde csbgfrf@cesga.es Escritor español (Sanxenxo, 1949). Cursó los estudios de filosofía y letras y el doctorado en la Universidad Complutense de Madrid (http://www.ucm.es). Textos suyos han aparecido en la Revista de Occidente, el Boletín Galego de Literatura y las revistas Clarín, Claves y Extramundi. Además ha sido colaborador en diversos periódicos. Ha publicado los poemarios en gallego Lento esvaece o tempo (Milladoiro, 1990), Orballo nas camelias (Sotelo Blanco, 1993), O silencio das árbores (Espiral Maior, 1995), A núa lentitude (Follas Novas, 2001) y Compostela, vella memoria (3C3, 2003); y, en castellano, Los argumentos de la tarde (A.G., 1991), Sombras del agua (Endymión, 1993), Evoë (Calambur, 1997) y Los días sin nombre (Calima, 2000, premio Benasque de Poesía). En prosa ha publicado, en gallego, Os simbolos de Galicia (Cª Cultura, 1993) y Debullar (Galaxia, 1998) y, en castellano, Cuentas del tiempo (Pre-textos, 1994), La figura del Rey según Quevedo (Una lectura de la "Política de Dios") Ed. Endymión-Mº Cultura, Madrid, 1996, Alusión al paisaje (Calima, 2002). Ha recibido diploma de honor en el Concurso Internacional de Relatos Breves "Jorge Luis Borges" (California, 1992) y el premio Reimóndez Portela de Xornalismo (A Estrada, 1997). === Ya no hay más Lectura Luis Alejandro Contreras =================== Siempre resulta una mala nueva el que una librería a lo tradicional (esto es, una dedicada al saber, la cultura, las artes, las ciencias y el humanismo; no ese nuevo concepto de espacio donde lo que se ofrece es quincallería de ocasión, un poco más allá de los libros de autoayuda y de “filosofía” encapsulada) se vea forzada a cerrar sus puertas, pero cuando le toca a una de las decanas, es como para entristecerse. Ya no hay más Lectura, se acabó, c’est fini, no dio para más... Luego de casi seis décadas de librera labor, se mudó al sótano de los recuerdos, mientras que esa bóveda subterránea en la que se mercadeaba el saber se ha convertido en otra plaza despoblada, otra comarca erosionada en este fingimiento de país del que somos arte y parte... Y me atrevo a hincarme en una palabra que hoy —de manera maniquea, sensiblera y maquillada de moralina— es denostada, mal vista y ultrajada, para hacer alusión a un culto que en Lectura, como en otras ancestrales librerías de Caracas se cumplía: el del mercado del espíritu... ¡Y nadie debería taparse la nariz por haber juntado yo mercado con espíritu en una misma frase! Sólo los militantes de la inopia o de enceguecidos credos, amén de algunos pícaros y oportunistas, habrán de darse por ofendidos, el tipo de gentes a quienes les encanta ejercer la autoridad o padecerla con gozo masoquista. Porque mercado y librería no significan “todo” lo que solían significar antaño es que estamos como estamos, sobrellevando un colectivo empobrecimiento de lengua y espíritu que, como peste, cabalga a paso de vencedores. Cuando Pound le propone a Whitman, en su poema Pacto, “que haya comercio entre nosotros”, no me parece que se estuviera refiriendo a derechos de autor o majaderías por el estilo. ¿Qué fueron los mercados, si no plaza de encuentro para los ciudadanos de toda urbe? ¿Acaso no lo siguen siendo hoy? ¿Por qué habría de ser más importante para el común mortal, el mercado petrolero o el de Wall Street que el añejo mercado de hortalizas o la vieja librería de la esquina? A mi parecer, quienes bruñen la autoridad como un reverenciado talismán, mientras se apropian de su ejercicio, son mucho más responsables del empobrecimiento de la lengua y del espíritu que el distraído hombre de a pie. En fin. Algunos lustros atrás, me paseaba yo por las estanterías de Lectura y debo confesar que se me hacía agua la boca, al tanto que se me arrugaba el corazón, por no poder adquirir la ingente y variada cantidad de buenos títulos que allí concurrieron a exponer sus atavíos ante los comensales de las cifras... ¿Cuántas veces no oculté yo en algún recoveco de sus estanterías un título de precio inalcanzable, en la esperanza de poder llevármelo en una próxima visita? ¿Cuántas veces no pillé a algún otro amante de los libros concibiendo y perpetrando disimuladamente la misma treta? Quién habrá de recordarlo, no lo sé, pues a Lectura poco iban ya quienes antaño fueran sus habituales visitantes. Walter Rodríguez, librero insignia en este sainete de país que más parece un disoluto principado, estuvo tratando de evitar el cierre que hoy se ha consumado. Pues si al principado le resulta un caso de lesa humanidad el que usted trate de mantener bien surtida su vitrina, sea de verduras, libros o enseres, ¿qué caso tiene? La ciudad se mueve, los hábitos cambian, en tanto que encarnamos una nación de desmemoria en la que se abusa de consignas de hojalata ante las que, sin embargo, buena parte del vulgo exhibe cada vez menos conformismo. ** Luis Alejandro Contreras luis.contreras.loynaz@gmail.com Escritor venezolano (Caracas, 1955). La mayor parte de su obra permanece inédita. Formó parte del taller de poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg, http://www.celarg.org.ve, 1998-99). Textos suyos han sido publicados en las revistas digitales El Meollo (http://www.elmeollo.net), Con-fabulación (http://con-fabulacion.blogspot.com), Cañasanta (http://www.canasanta.com), Remolinos (http://revistaremolinos.blogspot.com) e Isla Negra (http://isla_negra.zoomblog.com), entre otras. Tuvo a su cargo una sección literaria: “Letras contra Letras” en el quincenario Letras. Ha publicado la recopilación de meditaciones, aforismos, ensueños y vigilias Contracorrientes (sentencias en incertidumbre) (Bid&Co editor, Caracas, 2006) y el poemario Cuadernario (Colección Los Conjurados, Común Presencia Editores, Bogotá, 2007). Además, poemas suyos fueron incluidos en la antología Voces nuevas del Celarg (Caracas, 1999). Mantiene una bitácora literaria en http://letrascontraletras.blogspot.com. === Tíbet, esencia y existencia Pedro Sevylla de Juana =============== La tradición, alforjas repletas de objetos variopintos, de ideas, de hallazgos, de espejismos y supersticiones; baúl escondido en el desván, heredado de los ancestros por sus vástagos, gentes sencillas, dadas más a creer que a pensar; la fábula colectiva, granero del que toman las gentes lo necesario para extender su vida mísera; la leyenda asumida como verdad hecha y derecha, tan cargada de mérito que obtiene de los creyentes el regalo de aunar potencia, esencia y existencia; la epopeya popular, en definitiva, dice que Buda nació de su madre sin el concurso de varón. Un elefante blanco penetró en el seno femenino durante el sueño nocturno, y surgió de las entrañas convertido en infante. Un niño que vino a modificar las costumbres, a sustituir unas verdades viejas por otras nuevas. En adelante: ni Dios, ni jerarquía sacerdotal, ni castas. Todo en esta vida es contrariedad causada por el apego a los bienes terrenos. El Nirvana, estado último de iluminación, acaba con la angustia; y al Nirvana se llega siguiendo el Noble Sendero Óctuple, camino que exige, además de la práctica de la virtud: palabra, acción y sustento; la concentración mental: esfuerzo, abstracción y vigilancia; y la sabiduría: mirada y entendimiento. Hoy se venera la huella dejada en una roca por Sanga Dorge, predicador del budismo a los serpas de Shar, instante preciso en que tocó tierra al finalizar su viaje por los aires desde Rong-phu. Apenas hace cien años se erigió un santuario a la permanente marca que el paso del tiempo desvanece y los sacerdotes perfilan. La tradición es un tesoro entregado por los abuelos a los nietos con el mandato de preservarlo, enriquecerlo y ponerlo, formulando idéntico encargo, en manos de los descendientes. El artista nómada se desplaza en Tíbet de unos templos a otros, embelleciendo a todos por igual. En su intención está la paridad pero también la mejora; de hecho, luchan en su alma sensible los dos objetivos contrapuestos. Termina por recorrerlos una y otra vez, en rueda, con el ánimo de igualarlos mejorando. ¿Cómo diferenciar estilos, épocas, influjos, dado este orden de cosas? Los tanka se firman, cierto; pero con frecuencia se superponen las telas cosidas que los forman o se pinta sin rodeos sobre la urdimbre y la trama. En tejidos de lino o de algodón bien tensos, se extiende de manera uniforme una mezcla formada por siete partes de yeso y una de cola. La masa establece íntima unidad con el lienzo y el aire del ambiente orea el conjunto en el bastidor. Dibujos hilvanados con carboncillo, el pintor errante libera allí la memoria de su arte milenario; primero el centro protagonista, el resto más tarde, encargándose los pinceles de distribuir los colores definitivos. El amarillo no es sino arsénico engrandecido por su primoroso acomodo; proviene el azul, del índigo; de la cochinilla, el rojo. La sabia y rica naturaleza provee al espíritu industrioso de los elementos precisos para su avance. Los monjes llegan denotando una parsimonia que no es tal; van uno tras otro, flemáticos, desarraigados del entorno y del fluir cotidiano, hasta de la propia vivienda. Gotas de agua aisladas marcan el inicio del chubasco; son copos fundidos, predecesores de un invierno por fuerza níveo, helado e inactivo. Han sido invitados los cenobitas por una de tantas familias, nada especial la señala. Durante varios días recitarán los textos sagrados: su voz, monótona e incansable, dirigirá la cantinela sin fin como un río adulto que desciende manso a través de valles cada vez más profundos; y elevará una insignificancia el tono en imposible vuelta atrás, pero al fin la salmodia se disolverá en un mar sonoro, tranquilo y abundante. Los vecinos se suman a la ceremonia, estamos en un pueblo alto del Himalaya difícil, próximo al cielo infinito; si la noche es clara, tocaremos las estrellas con la punta de los dedos y nuestro corazón alcanzará la felicidad. Las mujeres, esponjas que absorben con interés las enseñanzas, traen el té y el chang a intervalos irregulares en su deseo de no perder detalle. El ambiente es de recogimiento mental y de corporal reposo. Los niños se inician en el camino de la perfección, los mayores progresan en su instrucción religiosa. Son alargadas las páginas de los libros, ancho el lugar que ocupan sus renglones; han sido impresas con planchas de madera, y para grabar una tablilla dos personas meticulosas emplean cuatro jornadas completas. Es verdad, por añadidura, que dedican al cuidadoso esfuerzo todo el tiempo disponible: el que va desde el temprano inicio del día, hasta bien avanzadas las horas nocturnas; iluminándose con el medido resplandor de las lamparillas de aceite. Penetro en Sum-tsek, templo de tres pisos de Alchi. Me atrae una pintura mural que descubrí al terminar el estudio de una mínima porción de techo y retirar de ella mi atención. Representa en forma geométrica, apoyándose en una simetría engañosa, el Universo íntegro o una parte que contiene el todo, pues en ella están las fuerzas impulsoras. Observo complacido el mandala Vajra-Dhatu, deteniendo el tiempo en mis pupilas. Primero una mirada de conjunto que se pierde en los mil detalles. Es preciso apartarla de los intereses particulares para que disfrute los beneficios del todo. Cuadrado que abraza un círculo, protector éste, dentro de su aro inflexible, de un cuadrado más pequeño dueño de otro círculo interior. Vairocana, el buda resplandeciente, sedente en su trono, es el centro de todos los círculos, el centro de todos los cuadrados. Otros cuatro budas, correspondientes a los cuatro puntos cardinales, ocupan su estratégico espacio, gobernando el arriba y el abajo, la izquierda y la derecha. Vértices y puntos intermedios sirven de asiento a divinidades femeninas. Los dieciséis bodhisattvas, protectores de la fe, símbolos de la acción beneficiosa, llenan uno de los círculos. Samanta-Bhadra y Vajrapani, están representados en la parte inferior. A la izquierda aparece una divinidad protectora. El argumento descrito se ve superado con creces por el insinuado; las figuras, numerosísimas, repetidas sólo en apariencia, son todas distintas y están dibujadas siguiendo las enseñanzas de los textos sagrados, donde el simbolismo adquiere una rígida jerarquía. El artista se considera afortunado, pues posee un pequeño espacio de libertad, un reducido plano de independencia, suficiente para dejar su impronta efectuando imperceptibles cambios sobre lo establecido. La inquietud, el desasosiego y los variados puntos de vista llevan a visiones peculiares de la realidad; haciendo de ella otra muy diferente, postura inicial y consecuencias. Ya tenemos el punto de partida de un nuevo intento, que desemboca durante el postrer instante en una situación extrema, irreconciliable con la vivida hasta entonces. Partículas volátiles se disgregan de las convicciones arraigadas, abriéndose en catarsis profunda que cuestiona los principios de la globalidad existencial. De ello surge una limpieza de prejuicios que coloca al espíritu en completa inocencia frente al porvenir, página en blanco que desea ser escrita. El hombre es barro endurecido al sol y, frente al universo enorme, un minúsculo germen de grandeza: arrastrada larva, crisálida enclaustra y florida mariposa. La ida y la vuelta, la noche y el día, la acción y la espera, la continuidad y el cambio: los eternos principios contrapuestos están aquí presentes como opción, y conviene tomar partido. Antigüedad y renovación luchan en Oriente; y una tercera vía de síntesis puede no ser el tercero en discordia sino la ruptura del dilema. Occidente quiere un Oriente próximo a sus gustos, a sus necesidades; y Oriente ha de romper su inercia y mudar el paso porque Occidente empuja con la fuerza arrolladora de las imprecisas leyes del comercio. Aparece el Tíbet cercado por países que flotan en el mar de la modernidad como gigantescos bloques de hielo; a la deriva si creemos la impresión recibida de los sentidos, pero con un rumbo previsto por la llamada Economía de Mercado, que hace gala en este caso de una paciencia oriental. Es posible preservar a el Tíbet de todo influjo materialista. La transformación del entorno, el inminente cambio de sistema económico en Asia, reclama un Tíbet libre de contaminación, puro; reserva, referencia, mojón, contraste y faro encendido. Lo que deba hacerse al respecto ha de hacerse ahora, o no se hará nunca. ** Pedro Sevylla de Juana valdepero@hotmail.com Escritor español (Valdepero, Palencia; 1946). Se hizo publicitario en la Escuela Oficial de Publicidad de Madrid, diplomándose en marketing, psicología, fotografía y diseño gráfico. Ha vivido en Palencia, Valladolid, Barcelona y Madrid; pasando temporadas en Ginebra, Estoril, Tánger, París y Ámsterdam. Publicitario, conferenciante, traductor, articulista, poeta, ensayista y narrador; ha publicado dieciocho libros y colabora con diversas revistas de Europa y América, tanto en lengua española como portuguesa. Reside en El Escorial (Madrid). Mantiene una página personal en http://www.sevylla.com. === Reflexión y anhelos a partir de Obando, Nielsen y Borges ============== === Oscar Hidalgo ========================================================= La exploración del sentido de las cosas y de los acontecimientos ha llevado a los seres humanos a las más sorprendentes afirmaciones. Cuando las cosas no salen ni regular, hay quien siente que vive un laberinto. De ahí se extendió el sentido de esta palabra de noble estirpe, originada en Creta antes del florecimiento de los griegos, hace tres o cuatro milenios. Así, por ejemplo, en la novela El más violento paraíso, del costarricense Antonio Obando, leemos: “Noche a noche lo buscan por todos los laberintos de zinc que hay en el mundo”. Lo traemos a colación porque quisiéramos, obviamente, encontrarnos con menos laberintos en el Año Nuevo. O salir de ellos o resolverlos o derribarlos. Y nuestro contemporáneo, Obando, hizo este curioso aporte en el que el laberinto del minotauro de la leyenda se ha venido a transformar en los laberintos de zinc que hay en el mundo. La literatura ha servido muchas veces como testimonio documental, en esto de laberintos. Veamos cómo escribe de la responsabilidad ética otro autor. En la extensa e impresionante novela El amor enfermo, el argentino Gustavo Nielsen relata de manera marginal la historia de una violación sexual. El fragmento de este abuso a una muchacha es casi un apartado, al estilo de los mejores novelistas que se van a un recodo para narrar un paralelo a la historia central, pero ésta de Nielsen se enmarca en el conjunto del contenido de la obra, que por ahora no vamos a comentar. La importancia de los párrafos de este segmento que nos llama la atención del capítulo 14, radica en que propone observar la responsabilidad ética del testigo. Este tipo deja transcurrir el acontecimiento brutal y... ¡no hace nada! Leemos en El amor enfermo: “Fue hasta la ventana. Abrió la hoja, asomó la cabeza. Abajo, el señor mayor, pelado, arrinconaba a una mujer contra la pared. Ella tenía el pelo largo y anteojos. Estaba vestida con ropa de colegio”. En efecto, se trataba de una estudiante: “Era la hija de la psicóloga. Aquella niña arisca. Los libros de la escuela estaban atados en un paquete sobre la otra silla”. Pues bien, viene el llamado de atención de Nielsen. Describe la pasividad del protagonista: “Saravia dio un paso atrás. ¿Cómo podía dejar que eso pasara, una violación ahí, en el patio? ¿No iba a hacer nada?”. Sin ser el eje de la novela, la pregunta cobra la mayor trascendencia porque el protagonista no hizo nada. ¿Cómo es posible que historias como ésta las leamos todos los días en los periódicos, en la radio y la TV, sin que los testigos digan y mucho menos hagan nada? Y eso cuando por lo menos tenemos una noticia de esta clase de abusos, porque a veces ni eso. Es que en muchos casos se impone el silencio, que también es cómplice. El registro en el capítulo 14 de la novela de Nielsen nos queda como expresión cultural de esta época latinoamericana, de la que Costa Rica forma parte, pero a nosotros nos llama a que, ante estos crímenes, hagamos algo. Y así nos deja ante un dilema ético. Impunidad es la otra cara de este tipo de acontecimiento. Pero ahora vemos que, a diario, el crimen sin castigo queda consolidado, como tantos crímenes, en el más completo silencio. Un caso literario que llama y mantiene la atención de los lectores es el que relata, en el cuento “La intrusa”, Jorge Luis Borges. La involucrada es Juliana Burgos, de la que poco sabemos. Lo que genera una tragedia es que ella activa un odio cainita entre los hermanos Eduardo y Cristián Nelson. Todo empieza cuando uno de los hermanos se lleva como concubina a Juliana Burgos a la finca familiar y, en determinado momento, Cristián le dijo a Eduardo: “Yo me voy a una farra en lo de Farías. Ahí la tenés a la Juliana; si la querés, úsala”. Machismo, brutalidad, prostitución, semiesclavitud y muchos otros delitos de la zona rural argentina a finales del siglo XIX, pero a los que no son ajenos los transgresores de las leyes de nuestra época y nuestra realidad costarricense. Relata Borges: “La mujer atendía a los dos con sumisión bestial”. La tensión que se genera entre ambos hermanos por estar compartiendo a Juliana la intrusa lleva a la solución: el crimen, pero no fratricida. Quien cae sacrificada es Juliana Burgos y así no hay solución cainita entre ellos, sino que el conflicto se resuelve en la impunidad compartida por los dos partícipes en el concubinato y en la solución del drama pasional. El desenlace, magistral como corresponde a Borges, resalta el regreso de la cotidianeidad y con ella, el olvido, o sea la impunidad. —A trabajar, hermano. Después nos ayudarán los caranchos. Hoy la maté. Que se quede aquí con sus pilchas, ya no habrá más perjuicios. Se abrazaron, casi llorando. Ahora los ataba otro vínculo: la mujer tristemente sacrificada y la obligación de olvidarla. Con el olvido otra impunidad ha surgido en el horizonte. Volvamos al laberinto. ¿Podemos encontrar un sentido en los acontecimientos? El laberinto y el delito impune nos reavivan a diario el sueño y los anhelos de legalidad, si es que hubiera leyes vigentes y si las instituciones humanas pudieran aplicarlas. Queremos y a veces buscamos realizar el afán de un ordenamiento planetario y la posibilidad de que la vida tenga un sentido. Pero para ello, cuando la insuficiencia y las limitaciones de la humanidad se nos hacen patentes, entonces recurrimos a lo trascendente, lo divino. En otro de sus cuentos, tal vez el más aclamado, Borges nos alerta sobre el alcance de esta legalidad teológica: “...de acuerdo a leyes divinas —traduzco: a leyes inhumanas—”, escribe. En su texto la frase es desquiciante porque es inútil responder que la realidad está ordenada. A lo sumo admite: “Quizá lo esté, pero de acuerdo a leyes divinas...”. Ley humana, ley natural o ley divina —traduzco como Borges, inhumana—, si al menos existiera una ley vigente el mundo iría mejor en este 2011. Esperemos que así sea. Y no estaremos encerrados en el laberinto, sea cretense o de zinc. Sin embargo, en la peor opción que esbozara el ciego profeta el universo ni siquiera es un laberinto, sino “simplemente un caos”. Entonces, concluía Borges, sí estamos perdidos. El dilema ético empieza por convencernos de hacer algo. Una tarea para ya. ** Oscar Hidalgo ohr52@hotmail.com Periodista costarricense. Ha impartido lecciones en tres universidades de su país. Cursó la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación Colectiva en la Universidad de Costa Rica (UCR, http://www.ucr.ac.cr), así como también Relaciones Internacionales en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso, http://www.flacso.org). Es miembro del Colegio de Periodistas de Costa Rica (http://www.colper.or.cr). === Arquitecturas de interior en lo cercano de García Barbeito ============ === Efi Cubero ============================================================ Lejos ya, afortunadamente, del negro Apocalipsis en que los vertidos malditos de la balsa de Aznalcóllar transformaran un día aquel paisaje idílico en algo parecido a una representación del mismo infierno (García Barbeito lo describe magistralmente en un artículo: “Hace diez años”, pp 103-104, De lo cercano) el río Guadiamar, al que los romanos llamaron Maenoba, aparece constantemente en los textos de Antonio García Barbeito como metáfora del tiempo, el tiempo fugitivo enlazado al sentido heraclitiano que fluye así, regenerado y libre, mansamente pacífico, cortejado por las tierras ricas en sustratos, mantillos y humus del Aljarafe sevillano, junto a los poblados humedales donde las distintas especies vuelven y viven en libertad girando sobre el legado de historias y leyendas tartésicas de profundidades infinitas que las diversas capas han reescrito como en un palimpsesto en los pliegos de barro de los sueños de distintas culturas. Si atendemos a los innumerables vestigios que el pasado devuelve desenterrando claves, todo ser humano parece que haya dejado allí gran parte de su vida y su memoria. La versátil fortuna de las rugosas manos que han forjado las claves de los asentamientos en distintas etapas, sigue narrando en fragmentos dispersos que mediante el esfuerzo, sudor y sacrificio de los pueblos que desde antiguo pisaron estos suelos, prevalece con fuerza una herencia y esencia civilizadora en la impecable organización de sus cultivos, en la forma de ser del paisanaje, o en las insomnes hileras del olivar cuajado en cuyo ritual de tantos siglos el tiempo se derrama transmutándose sobre la pujanza líquida de su oro inmutable. Pero ahora hablamos de la obra reciente de un escritor ligada a estos parajes. De un libro, De lo cercano que se halla, como las distintas capas de estas tierras, aparentemente formado de fragmentos, aunque al adentrarse paso a paso en sus páginas el lector avezado saque la conclusión de que, como en este mismo paisaje, se conforma un todo sólido para nada disperso ceñido a la realidad mediante una mirada que ahonda bastante más allá de lo observado. Pese a lo agitado de su trabajo, a lo dinámico y vivo de su existencia en varios frentes: prensa diaria como columnista, un par de intervenciones cada día en uno de los programas de radio de mayor audiencia, televisión y conferencias, pregones (entre ellos el pronunciado en la Semana Santa de Sevilla, 2010). Y libros. Un buen puñado de libros publicados con éxito. Y premios. Y numerosos compromisos, literarios y solidarios, que le restan tiempo; y seguidores, muchos, a los que despierta su voz, tan personal y única en cada amanecer, con mucho que decir de la actualidad más candente, y varias cosas más, parece que este escritor, poeta y ensayista llamado Antonio García Barbeito, siempre hubiese estado ahí, de cara al silencio del olivar, enraizado, reflexivo y sereno, con la mirada atenta a lo cercano y a lo de más allá de lo cercano, milenariamente acodado en una personal metafísica sobre el pretil del tiempo, en la atalaya íntima de su personal territorio, desde la esencia misma de su origen en su lugar amado de Aznalcázar, sobremirando las fértiles vegas del Guadiamar de su cauce caudaloso de experiencias, rastro medio borrado al que arroja recuerdos poniendo en movimiento las ondas expansivas que marcaron la infancia. Escondidas entre sus verdes márgenes se hallan multitud de alusiones biográficas. Río también atemporal y metafórico, muy cercano a sus íntimos espacios puesto que él prefiere “aguas que le quepan en un golpe de mirada”, aguas que nacen limpias, mediante esa visión que las proyecta sobre el tiempo incurvado, cercanamente eternas, con las que dialoga como si le prestaran un discurrir seguro sobre un reloj sin tiempo. A veces: “El río pasa como un minutero de agua delgada y marca la hora del cielo de la tarde en su espejo tranquilo”. Junto al verde-gris, a un tiempo sagrado y proletario, de los firmes olivos que tanto y tan bien conoce y a los que mira: como quien leyera versos. Mirar un olivar es ojear un poemario. No olivares, tendrían que llamarse oliversos. No es una plantación, es una métrica. Hay fincas de arte mayor y fincas de arte menor. Y si los olivares plantados en alejandrinos embeben, asombran, se nos plantan majestuosos, los octosílabos (perdón, los octolivos), los de arte menor nos acercan, nos abrazan al paisaje como un romance plativerde. García Barbeito dialoga, así, con todo; con lo humano y también con lo sublime, puesto que en ese todo se enlaza el hecho cierto de existir. A veces es tan sólo un soliloquio contemporáneamente expresado a través de esa savia poética de lo eterno del Sur, buscándose en el paisaje y en sus gentes desde el trasfondo del presente efímero, mirando hacia el futuro sin descuidar pasados, y, sobre todo, haciéndonos ver algo que avanza más allá del fondo de sí mismo o de los moldes, o de las formas, de los ecos o de las voces. Un algo imperceptible que concentra emociones, o acaso un vaciamiento bastante más lejano de cada superficie o de cada apariencia, aquello numinoso que para el presocrático Anaximandro, como todas las cosas, retornaba al origen de donde había surgido, completando ese círculo o ese cósmico ciclo, del que formamos parte como seres pensantes. Desde la incertidumbre, desde la misma duda existencial que perturba el camino transitado, a veces sólo amago y no realización, y por encima de todo de ese fondo esencial, desde ese afán de conocimiento, frente a su mundo circundante, existe un hiato que jamás llega a ser colmado. La inabarcable presencia del paisaje, junto al amor y el tiempo, cifra a mi parecer lo más trascendente y valioso en la obra del escritor andaluz. Este libro, en paralelo a Al tiempo de la luz y, sobre todo, a Palabras de diario, lo confirma y de paso revela poderosamente el espíritu de quien crea, extrayendo de paso desde esa forma de observar el mundo, una lección objetiva y clarificadora que terminará imponiéndose a todo aquel que transite los caminos de estas páginas, asimilando lo que los ojos o el interior del poeta perciben. Personalmente pienso que se necesitan ciertas elevadas dosis de heroísmo para enfrentarse al folio de la urgencia varias veces al día. De heroísmo y también de erotismo puesto que a las palabras, sin dudarlo, se ama. Este creador las ama con apasionamiento y sin ambigüedades, vertiginosamente. Su inteligencia e intuición establecen relaciones de amante con ellas y, atrapando su condición huidiza, se funde a través del lenguaje, entregado a lo cercano tras esa inocencia sabia que ontológicamente la realidad posee y que, a través de esas mismas palabras, palpita y se revela de forma deslumbrante y esencial. La fascinación que me produce el leer buena parte de esta forma de ver la realidad de sus entornos que García Barbeito posee, sobre todo en lo que se refiere al paisaje y al paisanaje, escapa a veces, al menos por mi parte, a toda reflexión. Por alguna razón extraña hay pasajes escritos que te devuelven con una rara intensidad a los espacios míticos que se conocen por haberlos hondamente transitado. Te devuelven esa explosión de luz imprevisible, el olor casi táctil de los campos, ese dolor del tiempo que hiere y acaricia a partes iguales; el sur que amo frente a la naturaleza en libertad, el viento, la lluvia, los aromas de tierra, de árboles, de plantas, el sol, el río... Una atmósfera, unos sabores, una gente, y más allá de eso algo que te conduce, mediante esta palabra, al corazón mismo de todo lo vivido e incluso lo soñado, con la misma pulsión apasionada que cada vez que piso las tierras de mi origen me envuelve y emociona. El campo habitado, el campo sonoro, el campo vivo. Nunca un camino solo, nunca una finca desierta, nunca una viña, un olivar, un calmo de raspa sin nadie. Por el medio cuerpo del aire volaba la paja aventada, y el grano caía, amontonándose, como un bando de diminutos pájaros que perdieran las alas al volar y cayeran desplumados. Escribían los bielgos en el aire la canción de las eras. Descansaban las bestias en el manchón, después de un duro día de trilla. A la orilla de la era, un balaguero, y un montón de granos, y las cribas dispuestas para ahechar, y las palas y las cuartillas y el medio almud. Olor a manchón, a cercanía del río. Poleo, mastranzo, el echado aroma de las vegas. Y en la umbría donde las zarzas trenzan el verde, cerca de donde las adelfas afeminan el campo, en la sombra que cuidan los altos álamos, el agua, serena, aguarda cuerpos sudorosos, cuando polluelas y galápagos huyan a las veras del fango. Sombrajo, cubierto por poniente, abierto al naciente y al sur y al norte. La autoridad de este lenguaje, como todo lo hondo y verdadero, radica en el sentido de la imparcialidad que sin perder la agudeza subjetiva, es a la vez causa y efecto, cercana familiaridad de lo contemporáneo y, de forma sustantiva, dominador de la memoria desde el presente mismo a la vez que vincula ampliamente su corazón y su mirada con el abierto mundo. Y es que entre el continuo vértigo de opiniones diversas y encadenados ecos, de presuntos esquemas, hechos consumados o por confirmar, un sentimiento surge dándoles contenido, una voz se destaca clarificándolos, porque: “los hechos”, como asevera en El pozo un personaje de Onetti, “son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los llena”. “Busco mi luz por esas luces idas”, dice García Barbeito. Y todo de repente en esa búsqueda se ha inundado de luz en la ecuación perfecta, inmaterial y táctil. Porque la luz, como cualquier concepto luminoso que atraviesa su obra, también puede palparse y sentirse y mirarse y ceñirse y soñarse. Una luz jubilosa que todo lo renueva cristalina y prístina. Luz eterna que impregna los sonidos de la lluvia o ese puro azahar, en la magia de la nieve de los sueños infantiles y adultos, a la que recibe asombrado y donde apariencia y realidad se cruzan e intercambian; centro gravitatorio del amor; del amor y la pérdida... La caricia del viento y los silencios. Los árboles y el río. Las tierras. Los hombres y mujeres, que remarcan su huella a través de la continuada historia, prestándole sus ojos para mirarse en ellos. Una tranquilidad relativa será siempre la que guíe el tenso pulso de los desasosiegos. Hay turbulencias en este discurrir que a veces nos revela un punto de nostalgia de otra mitad perdida: la que alguna vez pudiera completar ese todo. Una musculatura del lenguaje —también del pensamiento— se entrena así, a diario, desde las emociones que el interior le dicta. Un caminar activo que jamás se detiene. Pasiones trascendentes que logran germinar en la memoria y encontrar simetrías, correspondencias, verdad moral, y ese temperamento artístico que se halla en los estratos íntimos de una naturaleza en libertad. Antonio identifica las sendas de la sangre sobre el palpitar puro de la tierra, pasiones que desaguan fogosas en palabras ardientes como en un mal de amor, abrazando el silencio de un deseo. Palabra de oro líquido como ese mismo aceite que él adora. Olivo él mismo, metáfora en sí mismo a veces imperfecto también como la propia vida, alegoría fundida en ramas y raíces de ese: “Árbol gregario, suelto, sin vallas ni tapiales. A campo abierto como siempre fue”. Junto al que contemplamos “...la luz echada sobre la vega, y el verdor natural de la yerba, del trigo, cómo se dora sin dejar de ser verde”. Nada libra a este autor de ese destino de vértigo y vorágine: exégesis perpetua donde labra la esencia de lo fundamental de un territorio propio. Tierra a la que mira y busca, y le habla y la escucha y con ella se funde, con el ardor y la sensualidad de un amante de cortado respirar, cavándola y sintiéndola, con el amor viril del campesino, desde esa “presteza en el esconderse y mostrarse” sanjuanista, y, también, con la delicada ternura del hijo que se refugia en ella como en un líquido amniótico cálido y envolvente, plácido y ensoñado. Campo que se le ofrece como anclaje seguro, paraíso libertario sin límites y al que le hiere tanto que se abandone o que le pongan puertas. Y, a veces, ¡cómo suenan esas notas elegíacas!, el profundo dolor existencial que arrebata a la niebla de los días sus más íntimas notas de pérdidas y adioses. Nos duele especialmente el hombre entonces, su carga de humanismo, la travesía callada del enigma del ser, del estar en la tierra y que tan sólo quede en su escritura esa imagen fijada sobre el tiempo. La fuerza de la génesis, del mito de la tribu en lo cercano, por donde diariamente renace o se rehace en renuevo constante de presente y memoria, le proporciona un friso inagotable de personajes vivos, de personajes idos, de personajes que entre la realidad y la irrealidad, le acompañan también en su andadura. Tan acostumbrado y amante de la claridad que hasta las sombras cuando las proyecta en su escritura se convierten en sombras luminosas, Antonio García Barbeito se confiesa y desnuda bajo la misma luz que envuelve su paisaje. La fuerza de sus metáforas cobra ese mismo sentido del Libro de la naturaleza, arquitectura eterna y cambiante que para Galileo se hallaba escrito en lenguaje matemático y sin cuyos caracteres: círculos, triángulos y demás figuras geométricas, sería inútil entender una palabra puesto que sin ellos deambularíamos por un oscuro laberinto. Ese lenguaje vivo continúa para gozo y alimento del ser y del espíritu proyectado y erguido a través de un idioma poderoso que cada día gozosamente se renueva como intangible herencia, acaso algo más prolongada y perdurable que los propios entornos que modifican frente al tiempo su fluctuante fisonomía. Desde ese fundamento se unifica este libro. Bajo el escueto y sintetizado epígrafe De lo cercano, se agrupa una serie de artículos (algunos de ellos en posesión de premios de cierta relevancia) donde los géneros se mezclan en armónico y contemporáneo mestizaje. Toda literatura que aspire a traspasar el tiempo de los tiempos ha de participar de alguna forma de un cierto sincretismo. Una buscada y contaminadora mezcolanza respira en estos textos donde los géneros, independientes entre sí, se engarzan y hasta se compaginan perfectamente ensamblados formando un todo que todo lo contiene, como esa libertad, “...promesa de felicidad quebrada”, que sobre la idea del arte sintió Adorno. Ensayo, relato, apunte diarístico, crónica, poema según la luz que el diafragma de la mirada de su autor le otorgue a cada frase o a cada perspectiva, a cada metáfora, desde ese ritmo interno ágil y apasionado que envuelve cada pieza con perfecto engranaje, sin eludir la colectiva complejidad que su visión abarcadora y lúcida, transparente y poética, proyecta, y siempre bajo la pulsión del campo abierto, trasunto de libertad donde el poeta, frente a la indagación profunda, crece allí y se define. “Un guión de pasiones” destilado desde su propio centro que sus lectores ávidos degustan, palabra tras palabra, imagen tras imagen, idea tras idea. Espacios imperecederos a los que él vuelve siempre sobre el claro fulgor de las amanecidas, de los atardeceres con cosechas de lluvia rebotando sobre el cristal interno de la pasión y de la fuerza, de la luz proyectada desde un entorno vasto y privilegiado o desde el íntimo desasosiego donde el autor describe y redescubre matices diferentes a través de sus vivencias personales entre las que se filtra y transparenta un secreto temblor apasionado y lúcido, abrazado al amor y a la melancolía. Pero es también, y sobre todo, el Tiempo. El Tiempo bajo diversas formas y conceptos, el que atraviesa y late sobre toda su obra. Bajo la sinfonía vegetal que coloniza el muro, la cal medita sobre la memoria. Un sencillo soporte sostiene la claridad del vidrio, la conceptual perfección de una humilde botella, “que está llena de luz” como él aclara con precisión y belleza poética que apunta a lo esencial de ese trago de luz sobre el vacío. La fuerza de un olivo poderoso, plantado en la firmeza de la tierra entregada que ramas y raíces amparan y fecundan, se yergue sobre el tiempo sostenido por una acompañada soledad. En la portada de De lo cercano la luz pende del hilo de la trama de unas gotas traslúcidas. La frescura de lluvia o de rocío, con el azul de fondo, el color preferido de García Barbeito, sobre la transparencia —tan real— de una urdimbre de sueños que una tela de araña, sin araña ni presa, prende sobre el silencio. Estas precisas imágenes también le pertenecen; captadas bajo el soporte de su cámara fotográfica dos espacios mentales y a la vez sensoriales convergen al unísono, o acaso una visión bajo dos proyecciones desde esas cercanías esenciales donde pensamiento y emoción se complementan y completan: la magia del instante y una cierta pureza en lo observado de una vibrante vida, acompañado del sutil trasfondo de lo que sabe que es perecedero, captado y atrapado por la palabra y por el objetivo, por la sabia mirada que sabe prolongarlo a través de los tiempos... De su Tiempo. Porque este autor sabe perfectamente situarse en el centro mismo de su presente arrancando a lo efímero una misteriosa y perdurable lectura dotada al mismo tiempo de una sobria conciencia y de una perfilada y exigente nitidez. Atendiendo a Maderuelo, AGB no ignora que “la Naturaleza bien puede ser una construcción cultural determinada por los códigos estéticos y conceptuales del mundo contemporáneo: el paisaje entendido como algo ambivalente que pasa a ser algo que se cuestiona desde un punto de vista donde se entrecruzan las asumibles nociones que pueden avanzar, desde lo natural, hasta el más puro y duro de los artificios”. Pero no obstante, él sabe bien cómo situarse abiertamente, sin enciclopédicos juegos de impostura, frente a las coordenadas de un paisaje real, tan claro, tan profundo y misterioso como su propia esencia en la escritura, sirviéndose tan sólo de su propia mirada, que es decir la creación, y también de su entorno como energético combustible del espíritu y como necesaria rebeldía que establece las lindes del propio territorio, abierto siempre solidariamente a todo el que se acerque en libertad para sentir sus claves. Ya sabemos que —como diría JRJ—, “no hay éxtasis permanente” y que por supuesto un escritor no siempre anda inspirado aunque sus textos tengan calidad y altura, pero cuando éste cuaja esa faena del alma frente al enigma de lo que lo rodea, su don poético logra que todo resplandezca bajo una luz especial e inabarcable arrancando a la materia de la vida la hondura de un aliento insospechado; palabra viva perfilando un sueño, devolviendo el misterio de las cosas cercanas que pervive en la esencialidad de lo creado. ...El mediodía amenazaba lluvias. Y llovió. Así y todo, echamos la barca al agua en el sitio de los Paredones, cerca de los restos del puente romano, y fuimos río abajo, ya con el sol mojado tras la lluvia. Cuando llegamos frente a Las Moreras, el espectáculo del río era asombroso: un silencio de otro tiempo meneado por el aleteo de un pato real a ras del agua, ligeramente alhajado del canto tímido de algunos pájaros, escasamente sonoro en la zambullida de un galápago que estaba tomando el sol en una rama semihundida... No movíamos los remos, atónitos, incrédulos, como si estuviésemos navegando un río que no conociéramos. Nos dejábamos ir, despacio, con la escasa corriente, y mirábamos la espesa selva de las orillas donde por los altos álamos blancos trepan como sierpes vestidas las vides de uva riparia y la yedra. Del apretado nacimiento del cañaveral, allí donde crecen hermanadas cañas y zarzas, mimbreras, tarajes y aun el espino marjoleto cuyas hojas usamos como las del tilo, salían polluelas huidizas, y en el manso cauce, allí donde no tocaba fondo un bichero de seis metros, asomaba de tarde en tarde la puntada sin hilo del salto de un barbo. Desde allí hasta el Molino de Roca, como si fuera un río africano... Esta mirada no aspira ni se prende de la instantánea seducción, ni tampoco se acomoda a lo fácil por más que este creador se encuentre a gusto en sus feraces vegas, muy cerca de su río, después de dar un giro copernicano al conocer y vivir intensamente tierras ajenas, para volver de nuevo —después de residir en diferentes sitios y entre distintos ámbitos— a su lugar de origen, instalado en su particular Ítaca para siempre sujeto, coherentemente, conscientemente, a ese amado y compartido espacio anteriormente mencionado, del Aljarafe sevillano. Erguido sobre su paisaje, frente a la perspectiva del verdor ondulado de esa tierra que se extiende ante él y se desnuda posando ante su vista; sin tiempo ni destino, ofreciéndole cuerpo, nunca límites, y que García Barbeito asume como la particular iconografía de un especial territorio a veces roturado, a menudo extrañado, que él retiene a través de la cámara vívida de su palabra o de la conjunción del movimiento que atrapa la angular geometría de un instante. Y a veces, mediante las imágenes que su palabra nos revela, intensificando fundamentalmente la cualidad espacial de esos encuadres fragmentados que el paisaje nos hurta. Fragmentos que a veces nos remiten a elementos objetuales, otras veces a los agrestes espacios de una salvaje libertad y también a ese locus amoenus, huerto y jardín, cultivados por sus propias manos o al tren que pasa bajo su atalaya y que jamás se cansa de contemplar como un motivo repetido de la fugacidad de la existencia. El misterio del silencio de Dios —o su escritura— en la naturaleza, frente al interrogante de los seres humanos que la habitan. Aquí, frente a este testimonio del hombre a campo abierto, hombre vivo y real de cuerpo y alma entero, diríamos con Georges Braque que “El arte es una herida que se convierte en luz”. En algún párrafo anterior mencionábamos también el heroísmo. Hablábamos de esas batallas que en la columna de avance periodístico se han de librar día a día y sin descanso puesto que mientras sueña el reposo del guerrero, el escritor ha de cuidar las armas y alimentar la hoguera, afinar la mirada y mirar lejos, proteger con coraza lo más frágil, o lo más vulnerable, lo que palpita dentro, lo que nunca, por nada ni por nadie, ha de ser derrotado. Y además, captar esa instantánea de la luz y la sombra cuerpo a cuerpo, fijando la secuencia irrepetible de su propio combate sobre el aire del tiempo que se esfuma inexorablemente. García Barbeito atrapa vivencias pasadas y cercanas formando una textura más que un texto, un fresco que él perfila rescatando esas huellas del olvido, arrebatando al tiempo las secuencias, los planos de un espacio que fija esas figuras perpetuándolas mediante el lenguaje, pues el escritor sabe, como todos sabemos, que sin literatura todo se perdería puesto que nada entonces podría ser nombrado. Las palabras que este libro contiene parecen estar escritas sobre la propia naturaleza y más allá de ella, sobre una metafísica que no sólo te absorbe el interior y los sentidos, en las tonalidades, en un juego de ritmos incesantes, en las imágenes, de una expresiva y sugerente fuerza... Palabras que activan el verdor de la inmortalidad sonando tras los pasos, como la misma vida que siempre se renueva, como una música que arrancara desde el fondo y desde dentro, el ímpetu; el impulso del deseo, como el amor que será en esta escritura el que finalmente lo colonice todo. Es el amor quien habla en soliloquios del agua, en la memoria y el paisaje sobre la luz y la ciudad, que a menudo, lo mismo que la tierra, también encarna un cuerpo de mujer deseada... ** Efi Cubero Escritora española (Granja de Torrehermosa, Badajoz, 1949). Estudió historia del arte, lengua y literatura en Barcelona, donde reside. Ha publicado los poemarios Fragmentos de exilio (1992), Altano (1995), Borrando márgenes (2004) y La mirada en el limo (2005). Poemas y relatos suyos han formado parte de las antologías Kylix (1992), Estrechando círculos. Antología de escritores extremeños y colombianos (1999), La narración corta en Extremadura. Siglos XIX y XX, T. III (2000), Ficciones ERE (2001), Antología de poetas extremeñas (Mérida, 2002), Compilación de relatos y Cuentos ilustrados (2004), entre otras. Es corresponsal de la revista Frontera en Barcelona y colaboradora habitual de Revistart (Revista de las Artes) y Ventana Abierta, entre otras publicaciones. Ha publicado también numerosos artículos, prólogos y extensas entrevistas (Javier Cercas, J. A. Goytisolo, Joan Brossa, Arnau Puig, José María Valverde, Rafael Moneo, Rufino Mesa y otros). Parte de su obra ha sido traducida al francés —Peut ce vent, por Alain R. Vadillo—, al braille y al inglés —sobre la obra de Doménech, Chiaroscuro y Meditations, editado por Washington Green Fine Art Publishers (Birmingham; http://www.washingtongreen.co.uk). También ha participado en varias exposiciones de arte contemporáneo con la revista objeto Lalata, con poemas visuales: Efigrafías, Strangers in the night, Pinzamientos, Ónfalos, presentes en Estampa, Arco, Euskal Erico Poesía Esperimentalaren i. Jardunaldiak, Sin.Con.Texto (Espacio Contemporáneo Arte Toledo), o ArtistaAlbacete en el Palazzo Magnani (Reggio Emilia, Italia), en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid (UCM, http://www.ucm.es), entre otras. === Apure en cuerpo y alma: una ovación para mi tierra ==================== === Alberto José Pérez ==================================================== La magnífica poeta apureña Lucía Salerno escribió un breve poema que un día del mundo yo descubrí, como la gran historia de mi Apure: “Duérmete vida / para que tan sólo sea válido / el paisaje y la herradura del caballo”; en esas palabras están grabados los latidos del corazón de la tierra nativa, su vida, su epopeya histórica. Entonces, vayamos por parte, Apure es como un país distinto al que lo acoge en su mapa, así lo distingo, en la emoción siempre creciente, de tener la fortuna de haber nacido en él; ha sobrevivido, mi tierra, a todo tipo de tormentas, ha sobrevivido a inviernos y veranos feroces, como lo canto en uno de mis poemas, ha sobrevivido a la indolencia de aquellos que, en plaza pública, juran cualquier vana promesa para ganarse la generosidad del pueblo manifestada en el voto. En los últimos años he visto cambios notables en vías de comunicación terrestres, en la masificación de los cultivos piscícolas, el aprovechamiento de los productos pecuarios y tentativas plausibles de ampliar el cultivo de rubros como el maíz, el sorgo, el frijol y el arroz; la animación sociocultural llegaría más lejos si quienes la promueven se manejaran con más pasión en cuanto a la identificación de los modos y usos que nos identifican como región, y se hicieran con regularidad fechas de encuentros para la valorización y difusión de la obra de nuestros artistas, artesanos y contadores de historias; nos asiste un derecho histórico, que ninguna instancia del Estado venezolano puede soslayar; para tener atención privilegiada en la vida nacional hay que hacer, constantemente, los reclamos pertinentes al respecto. Gracias a la gentileza de mi distinguido paisano, el escritor Argenis Méndez Echenique, tengo en mi poder Apure en cuerpo y alma, libro de alta factura estética, donde queda manifiesto el genio creativo de su diseñador, Felipe Saldivia; la formidable muestra fotográfica de Manuel Abrizo, que también es autor de las crónicas que hacen el cuerpo del libro, además de la crónica histórica de Méndez Echenique; la coordinación corresponde a Elisenda Vila y Lisandro Solórzano, con una presentación sobria del señor gobernador del estado Apure, capitán Aguilarte Gámez, quien señala, acertadamente: “Es necesario apuntar que este libro no agota el caudal apureño...”. Apure en cuerpo y alma es un inventario relacional del Apure contemporáneo, personajes, ciudades, pueblos y aldeas, ahí comentados, retratados, son una muestra de la vida de una tierra, de un pueblo, donde cada una de sus palabras nace con su música; hubiese sido una faena completa, inobjetable, si una fotografía y una pequeñísima reseña (ligera, en todo caso) de La Victoria, El Amparo, Puerto Páez, Apurito, Banco Largo y El Samán, estuvieran haciendo vida en Apure en cuerpo y alma, lástima que así no fue; la ovación rindiera la gloria de la admiración completa del deber cumplido; aunque me han dado una explicación de que este libro se complementa con otro, con todo respeto no le doy validez, pues se resaltan en Apure en cuerpo y alma lugares menos importantes, en todo, que los antes nombrados, pero que, indudablemente, les asiste el derecho a ser tomados en cuenta cuando se trata de un trabajo de las características de Apure en cuerpo y alma; pero va mi aplauso por tan loable esfuerzo, el héroe es Apure, renco pero héroe; ojalá que este olvido, tan lamentable, obligue a una edición ampliada y corregida pues José Vicente Abreu no es José Antonio Abreu y Cazorla no es cazarlo. ** Alberto José Pérez albertoperez802@hotmail.com Poeta, editor y comentarista literario venezolano (El Samán, Apure, 1951). Ha obtenido reconocimientos por su obra poética entre los cuales vale mencionar el Premio Único de Poesía de la Bienal de Literatura de la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve) por su libro Homenajes (1991), y el Premio de Poesía de la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Ezequiel Zamora (Unellez, http://www.unellez.edu.ve), por el poemario El espejo y la memoria (1987). También ha publicado los poemarios Los gestos tardíos (1975), El libro de Barinía (1985), Marca (1984), Olor de amor (1995), Como si valiera un siglo (1996), Retrato de memoria del corazón de una mujer (1997), Un poeta como yo (2006) y la antología poética El poeta de quien les hablo (1999). === La edad de oro ======================================================== === Doce cuentos de Johnny Barbieri Leoncio Luque Ccota ============== Oír cuentos es lo primero que recuerdo de mi niñez, y fue maravilloso de verdad cuando aprendí a leer. Pero escuchar es el primer acto de recreación que nos viene desde de los orígenes de la civilización. Y luego, aparece la imagen auditiva hecha mundo, experiencia, dolor, alegría, amor; palabras que enlazan la existencia humana y nos desatan a mundos ficcionales realmente sorprendentes. Esta es la sensación que sentí cuando terminé de leer La edad de oro, de Johnny Barbieri, conjunto de cuentos sensible, elaborados, tal vez, a partir de su experiencia personal como profesor de literatura en diversas instituciones educativas de Lima norte. Su lenguaje es depurado y limpio, interioriza y atrapa al lector con personajes que parecen sacados de la vida real y circulan en un tiempo actual de la manera más intensa. Allí están los personajes de estos doce cuentos escritos para devolvernos a una época en que éramos rebeldes, románticos, marginales, bohemios o suicidas. Johnny Barbieri no es un iniciado en el arte del cuento, fue tercer finalista de la XIV Bienal de Cuentos “Premios Copé 2006” y ganador del 2º Premio “Horacio” de cuentos 2010. Pero es con este libro de cuentos con que se abre paso en la narrativa peruana, acercándonos a un mundo mágico e inolvidable que es el mundo de la adolescencia, el mundo que representa para todos nosotros —de alguna u otra forma— nuestra edad de oro. ** Leoncio Luque Ccota leoncioluque@hotmail.com Escritor peruano (Puno, Huancané, 1964). Siguió estudios de economía en la Universidad Nacional del Callao (http://www.unac.edu.pe, 1985), la misma que abandonó un año después, para seguir estudios de educación en la especialidad de lengua y literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal (http://www.unfv.edu.pe). Publicó los poemarios Por la identidad de las imágenes (1996), En las grietas de tu espalda (2001) y Crónicas de Narciso (2005). Actualmente estudia la maestría en la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle (http://www.une.edu.pe, La Cantuta). Mantiene los blogs http://noblekaterba.blogspot.com y http://cronicaskaterbianas.blogspot.com. |||||||||||||||||||||||||||| ENTREVISTAS |||||||||||||||||||||||||||| === Jorge Volpi =========================================================== === La novela es una forma ================================================ === de poner en cuestión las verdades de la vida ========================== === Tomás Regalado López ================================================== Jorge Volpi (México, 1968) ocupa un espacio central en las letras mexicanas contemporáneas, modelo del escritor universal que comprende la literatura como espacio autónomo para conocer el mundo, cuestionar dogmas absolutos y debatir incógnitas sobre el destino metafísico del hombre, los olvidos de la Historia y la naturaleza del proceso creativo. En el 2010 Volpi es autor de once novelas que van desde la primera, A pesar del oscuro silencio (1992) —un atrevido acercamiento al poeta de Contemporáneos Jorge Cuesta—, hasta la reciente nouvelle de tono lírico Oscuro bosque oscuro (2009), pasando por acercamientos al thriller político (La paz de los sepulcros, 1995), una recreación del erotismo batailleano (Días de ira, 1994), perspectivas personales en torno a la melancolía (El temperamento melancólico, 1996), novelitas en clave irónica (Sanar tu piel amarga, 1997; El juego del Apocalipsis. Un viaje a Patmos; 2000), una reseña epigramática sobre la guerra de Irak (El jardín devastado, 2008) y, sobre todo, la visión universalista que representó la “Trilogía del siglo XX”, conformada por las ambiciosas En busca de Klingsor (1999), El fin de la locura (2003) y No será la Tierra (2006), novelas que ayudaron a situar al escritor en el mapa literario internacional. Doctor en filología por la Universidad de Salamanca, antiguo agregado cultural de la Embajada de México en Francia y hoy director del Canal 22 del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Jorge Volpi se ha significado, además, como un valioso ensayista; así lo demuestran La imaginación y el poder: una historia oficial de 1968 (1998) y La guerra y las palabras: una historia intelectual de 1994 (2004) —dos análisis foucaultianos de la dialéctica entre poder e intelectualidad en México—, el imprescindible Mentiras contagiosas (2008) —agudo reflejo del pensamiento literario de su autor— y el reciente El insomnio de Bolívar (2009), reflexión ensayístico-ficticia sobre la identidad latinoamericana en los albores del siglo XXI. En su educación libresca ha tenido especial valor su pertenencia al Crack, el grupo de siete escritores mexicanos nacidos entre 1961 y 1968, dueños de una amistad literaria que data de mediados de los ochenta y autores en 1996 del “Manifiesto Crack”, texto clave para comprender la nueva narrativa hispanoamericana. El domingo veintinueve de noviembre del 2009, con motivo de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, tuve la oportunidad de entrevistar a Jorge Volpi, quien acababa de presentar junto a Jordi Soler la novela El museo de la inocencia del premio Nobel turco Orhan Pamuk; sus ideas sobre el género novelístico, la evolución general de su obra, el estado de la narrativa hispanoamericana contemporánea y el presente, pasado y futuro del Crack como amistad literaria fueron algunos de los temas sobre los que versó la conversación, grabada en una pequeña RCA VR5220 y reproducida aquí en su totalidad para los lectores de Letralia. —Tomás Regalado: Jorge, afirmas en tu ensayo “De parásitos, mutaciones y plagas”, incluido en Mentiras contagiosas, que la novela es “un instrumento que nos permite reflexionar sobre nosotros mismos y sobre el universo” y que “por más que esté construida como una mentira intencional, no busca perseverar en el engaño, sino construir verdades distintas, autónomas y coherentes con sus propias reglas”: ¿es una forma de definir, para ti, el género novelístico? —Jorge Volpi: Justamente es una forma de conocimiento, de conocimiento de nosotros mismos, de nuestras facciones o ficciones, manías, deseos como seres humanos, las relaciones que establecemos entre nosotros y de la manera como imaginamos e intentamos comprender el mundo. TR: —Dice Gustav Links, el narrador de En busca de Klingsor, que “a diferencia de otras épocas, la nuestra ha sido decidida con mayor fuerza que nunca por estos guiños, por estas muestras del ingobernable reino del caos”: ¿es la literatura una forma de gobernar, racionalizar o inventar ese caos universal? JV: —Yo creo que es una manera de imitarlo, y al mismo tiempo de volverlo todavía más extremo, este mismo caos. Y lo limitamos justamente a tratar de ordenar de cierta manera las historias que nos ocurren; pero al mismo tiempo estas mismas historias siempre terminan por escapársenos de las manos y revelan su propio componente caótico. TR: —Háblame, entonces, de la idea de la literatura como forma de cuestionamiento, la crisis crítica de la que hablaba Jorge Cuesta, como forma de cuestionar el mundo más que representarlo... JV: —Efectivamente: la novela es una forma de poner en cuestión las verdades de la vida, y de ponerlas en cuestión a través de la mirada de personajes concretos. Es lo que distingue realmente a la novela. Aunque pueda uno fantasear, como se ha hecho, de novelas sin personajes, en el fondo es el personaje, es la visión de esos otros construidos a nuestra semejanza, de cómo podemos poner en crítica su mundo. Esos egos experimentales, como dice Kundera, que nos permiten imaginar no solamente lo que nosotros creemos, sino lo que podría ser creído por otros y lo que podría ser deseado y amado y odiado por otros, y esta función crítica resulta fundamental para la propia especie humana. TR: —Has publicado once novelas de distinta factura, aunque predomina un cierto tipo de texto cercano al ensayo como El temperamento melancólico, En busca de Klingsor y El fin de la locura; afirmas en Mentiras contagiosas que “la unión de la ficción con el ensayo acaso represente el mejor camino que le queda por explorar a la novela en nuestros días”, una idea que comentas también de forma casi explícita en el prólogo a La guerra y las palabras: ¿cuáles son tus modelos en esta construcción de la novela-ensayo? ¿Piensas continuar por esta línea en tus novelas futuras? JV: —Para mí siempre ha sido una obsesión imitar esta división genérica, romper las fronteras de lo que nosotros consideramos géneros. Es nuestra obligación como escritores, y en general como seres humanos, como ciudadanos, disfrutar de la mayor libertad posible. En este caso a mí me interesan, sobre todo, estos dos géneros, pero me interesa romper sus barreras. A las novelas les he intentado incorporar elementos ensayísticos, la acción con la reflexión histórica, científica, política o literaria; y a la vez en los ensayos introducir también elementos de ficción que permitan poner al ensayo en un nivel distinto, no solamente de reflexión sino también de acción. Este juego tiene mucho de borgeano, pues Borges es uno de los autores que más admiro en esos géneros híbridos. Y luego resulta fundamental, y lo he dicho muchas veces, la novela alemana de fines del siglo XIX y principios del XX: El hombre sin atributos de Musil, Doktor Faustus de Mann o Herman Broch y su Trilogía, ellos son muy claros a la hora de mezclar así ensayo con novela. Y luego, por supuesto, en el ensayo de formación fue muy importante Kundera, que también lo ha hecho en numerosas ocasiones. TR: —Hablando ya del Crack, Jorge: ¿cómo recuerdas la escritura junto a Eloy Urroz, Ignacio Padilla y Alejandro Estivill de Variaciones sobre un tema de Faulkner, el primer proyecto conjunto del grupo, hacia finales de los ochenta? JV: —Fue muy divertido. Estábamos, primero, en el taller de José María Lugo y luego decidimos reunirnos con Alejandro Estivill en un Vips, que era una condición extraña porque siempre nos reuníamos en Sanborns: la idea era que cada quien llevara sus cuentos y ver si podíamos hacer algo juntos. Empezamos a repasar los cuentos —esto se explica un poco en el prólogo a Crack. Instrucciones de uso—, nos dimos cuenta de que muchos de los cuentos eran rurales, cuando ninguno de nosotros tenía nada que ver ni con Rulfo ni con el primer Fuentes. Entonces ahí se nos ocurrió hacer una novela paródica del mundo rural, que sería una especie de primer manifiesto de lo que más tarde significaría el “Crack”. Decidimos que convertiríamos esos cuentos en una novela hilada; se decidió que las partes de juntura las iba a escribir yo y que los demás estarían escribiendo ya los cuentos de manera más explícita. Ahora, al releerlo, no sabemos muy bien quién había escrito cada cuento. TR: —Tu vocación literaria se intensifica a mediados de los ochenta gracias a tu amistad con Eloy Urroz y, un poco más tarde, con Ignacio Padilla en el Centro Universitario México, en la Colonia del Valle: ¿qué lecturas compartidas recuerdas de aquella época, mientras escribían conjuntamente Variaciones sobre un tema de Faulkner? JV: —Las que recuerdo son incluso anteriores; por ejemplo, haber leído con Eloy Terra nostra de Fuentes, que nos marcó profundamente; luego haber leído a Saramago junto a Nacho Padilla, el Saramago de La muerte de Ricardo Reis; haber leído juntos a Kundera, haber leído juntos a Vargas Llosa. Pero es más en ese periodo de fines de la Preparatoria, inicios de la Universidad. Y luego coincidimos juntos en el taller de lectura de José María Lugo, Eloy Urroz, Nacho Padilla, Alejandro Estivill y yo, y ahí leímos una gran cantidad de textos conjuntamente, que iban desde el Primero sueño de sor Juana, hasta obras de teatro de Ionesco, el Cementerio marino de Valéry, hasta Aura de Fuentes... TR: —En estos años escribes A pesar del oscuro silencio: ¿qué influencia han tenido en ti Jorge Cuesta y Contemporáneos en tu formación intelectual? JV: —En realidad en la Facultad de Derecho yo estaba fascinado con el Ateneo de la Juventud, e incluso formé un grupo en la Facultad de Derecho que se llamaba Alfonso Reyes; fue allí donde sucedió la anécdota que abre A pesar del oscuro silencio, es una anécdota cierta: un amigo me contó la historia de la muerte de Cuesta y a partir de ahí comencé a rastrear su vida. Primero leí todos los libros y toda la bibliografía que existía, luego ya pasé a entrar en los demás miembros de Contemporáneos; me pareció una generación fascinante, que obviamente compartí con Eloy y con Nacho, donde también se encuentre quizá el origen probable del “Crack”. Nos gustaban todos estos grupos, yo me acuerdo de que en esa época yo leía con igual entusiasmo el libro sobre Contemporáneos de Guillermo Sheridan, que el libro de Rosenbaum sobre el grupo de Bloomsbury. Nos encantaba en esas épocas pensar que había grupos literarios. Yo hablaba de Bloomsbury y de Contemporáneos, y Eloy hablaba de la Generación del 27, había esta intención de buscar lo grupal. TR: —Siempre me ha llamado la atención el trabajo de depuración de A pesar del oscuro silencio, que se redujo desde las iniciales 250 páginas hasta menos de la mitad: ¿obedece a una síntesis poética o de homenaje a Cuesta? JV: —Obedece a algo relacionado con la búsqueda poética, porque era una novela mucho más larga, que al final se convierte en una novela corta; en un trabajo sobre el lenguaje que me pareció esencial, porque se trataba de una novela sobre un poeta; entonces tenía que llegar a ese extremo de depuración, que luego está presente de manera aun más extrema en “Días de ira” y que se retoma, muchos años después, en Oscuro bosque oscuro y El jardín devastado. TR: —A pesar del oscuro silencio se vio ya envuelta en una controversia enorme, comenzando por la fotografía de la contraportada, donde emulabas una pose anterior de Cuesta. Una controversia quizá exagerada tratándose de la primera novela de un autor joven... JV: —A mí me sorprendió muchísimo. Es una novela sobre la que salieron una enorme cantidad de reseñas, en esa época había también más medios; la mitad era muy negativa y la otra mitad era muy positiva. Muchas hacían referencia a la fotografía, otras se escandalizaban o se enfadaban porque un recién llegado hablara de Jorge Cuesta, que estaba sólo para un cierto sector que lo seguía venerando. Sobre todo ése era el sentido que yo recuerdo de la recepción de A pesar del oscuro silencio. TR: —Y, pocos años después, ¿cómo fue la escritura conjunta de Tres bosquejos del mal junto a Eloy Urroz e Ignacio Padilla? JV: —Tres bosquejos del mal vino después por una idea de Eloy, como casi siempre. Yo había escrito una primera novela, que se llamaba El largo y silencioso poder del olvido, una novela sobre Zapata. Se la mandé a varias editoriales, pero sobre todo a Joaquín Mortiz, que era donde yo quería publicar originalmente; en esa época el director era Joaquín Díaz Canedo y la rechazó muy amablemente. Esa novela se quedó allí, y me puse a escribir otra, A pesar del oscuro silencio; cuando la terminé se la mandé simultáneamente a Joaquín Díaz Canedo y a Jaime Lasbastida en Siglo XXI; unas semanas después recibí respuestas positivas de los dos, lo cual era muy sorprendente; A pesar del oscuro silencio terminó publicándose en Joaquín Mortiz. Eloy estaba escribiendo un relato que sería un fragmento de su novela Las rémoras y yo estaba escribiendo por gusto, casi para experimentar todas las técnicas narrativas posibles para mí, “Días de ira”; Eloy sugirió que le pidiéramos otro relato a Nacho para completar un tríptico. Se lo propusimos a Jaime Labastida y dijo que estaba de acuerdo; ahí mismo, en la oficina, le platicamos que eran relatos que tenían que ver con el mal, y fue el propio Jaime Labastida, el editor, a quien se le ocurrió que se llamara Tres bosquejos del mal. TR: —”Días de ira”, el texto incluido en Tres bosquejos del mal, constituye desde su epígrafe un homenaje a Farabeuf... ¿Existe un homenaje deliberado a la novela de Elizondo? JV: —”Días de ira” es una novelita que a mí me sigue gustando mucho. Sigo pensando que es de lo mejor que he escrito, sobre todo de narrativa breve. Creo que es una novela entera, aunque tenga cincuenta páginas, en donde el lector puede completarla con otras cien si quisiera para tratar de armar la historia completa. Trató de ser también una especie de experimento de todas las técnicas narrativas que yo conocía en ese momento; está muy vinculado con mi pasión por la música, tiene una estructura musical, ya desde ese momento, pues siempre lo he seguido haciendo. TR: —La paz de los sepulcros, tu tercera novela, es una novela aun más pesimista, con una crítica implícita a la política mexicana de los años veinte, Tlatelolco y la crisis sociopolítica de 1994. Escribes ahí que “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe siempre”: ¿realmente mantienes esta visión tan negativa sobre la política mexicana? JV: —Todavía se me pregunta por qué todos mis libros son tan pesimistas, por qué no dejan un espacio para la esperanza. La paz de los sepulcros fue una novela absolutamente pesimista, pero también escrita en un momento clave en la historia de México, y personalmente vivido desde muy cerca. Yo trabajaba en la Procuraduría cuando el estallido de la rebelión zapatista, cuando el asesinato de Colosio, era como estar dentro, sentirme atrapado en este poder que podía corromperme a mí también en cualquier momento. Lo viví después de pasar por la Facultad de Derecho, de ver a mis amigos peleándose por las denuncias de la política, por observar esta violencia política incluso en las decisiones más absurdas —como las elecciones para la representación de alumnos en la Facultad de Derecho— y al mismo tiempo observar la descomposición general del país. El poder siempre ha sido uno de los grandes temas de buena parte de mis libros, y de una manera u otra el poder político, que siempre tiene esta naturaleza corruptora, que al mismo tiempo fascina, y en esa fascinación está la posibilidad de ser vencido por él. TR: —A pesar del oscuro silencio, “Días de ira” y La paz de los sepulcros, tus tres primeras novelas, se engarzan casi explícitamente en momentos fundacionales de la tradición mexicana: Cuesta y Contemporáneos, Guzmán y el Ateneo, Elizondo y la Generación de Medio Siglo: ¿es algo premeditado? JV: —Pues es algo que nunca había pensado, pero tienes toda la razón: Contemporáneos, el Ateneo y la Generación de Medio Siglo... TR: —Tu carrera como escritor alcanza un clímax con El temperamento melancólico de 1996, en mi opinión una de las grandes novelas del fin de siglo mexicano. Es tu única novela narrada por una mujer, el personaje Renata Guillén: ¿cómo fue la escritura de una novela con un narrador femenino, un hito en tu novelística? JV: —Yo tenía muchas ganas de tener una narradora-mujer, intentar encontrar la voz de una mujer; era un momento en el que autobiográficamente comienzo a convivir mucho más con las mujeres; yo antes estaba centrado en la escuela, en la familia, en el trabajo, y de repente hay una cierta apertura hacia el universo femenino y quería retratarla en un libro. La protagonista le debe mucho a dos mujeres que conocí en esa época —una de ellas sigue siendo una gran amiga mía—, que me marcaron muy profundamente y que terminan siendo la inspiración de la voz, quería yo que fuera lo más verosímil posible. Nunca he sabido si lo he conseguido o no. TR: —Inexplicablemente El temperamento melancólico ha tenido una escasa repercusión crítica desde su publicación; novelas como La paz de los sepulcros o El juego del Apocalipsis han tenido una superior recepción si las comparamos con El temperamento melancólico... JV: —Es una novela que se tradujo al alemán nada más, de la que, por cierto, iban a hacer película este año: al final se cayó el proyecto. Por el lado alemán tuvo más repercusión que por el lado español; es una novela que no se ha publicado fuera de México, no hay edición española. TR: —De hecho, siempre he creído que El juego del Apocalipsis, tu novela del año 2000, es parte del mismo proyecto que El temperamento melancólico: son dos novelas gemelas, casi idénticas... JV: —Puede ser, y yo no me he dado cuenta. Pero sí: tienen un paralelismo que tú me haces más evidente, puede ser que sí... TR: —El temperamento melancólico fue presentada en 1996 junto al “Manifiesto Crack”: ¿de dónde procede la idea original de escribir un manifiesto literario a finales del siglo XX? JV: —La idea del Crack surge en diciembre de 1994, saliendo del cóctel de Navidad de la editorial Planeta; estábamos reunidos los cinco miembros fundadores del Crack, Ricardo Chávez Castañeda, Ignacio Padilla, Pedro Ángel Palou, Eloy Urroz y yo, y fuimos a casa de Eloy a seguir platicando; todos estábamos escribiendo la que, creíamos, era nuestra novela importante en ese momento y no encontrábamos editores, renegamos de los editores varias horas y Eloy propuso que le pusiéramos un nombre al grupo. Como Fuentes estaba en esa época utilizando la palabra “Boomerang”, nos propusimos intentar encontrar otra expresión; en el calor del brindis, encontramos el nombre Crack, le hemos sacado todos la responsabilidad de encontrar el nombre Crack a Pedro Ángel Palou. Decidimos que lo que íbamos a hacer era publicar libros que se llamaran “novelas del Crack”, eso fue lo primero que se nos ocurrió; de hecho aparecieron primero dos novelas que simplemente decían en la contratapa “novelas del Crack”: eran Memoria de los días de Pedro y La paz de los sepulcros, y se publicaron en 1995. Sandro Cohen, el editor que publicó Memoria de los días, había dejado Planeta y en 1996 aparecen en Nueva Imagen El temperamento melancólico, Si volviesen sus majestades y Las Rémoras, y otra vez nos planteamos cómo presentarlas. Y ahí no recuerdo a quién se le ocurre la idea de seguir jugando con esto de los manifiestos, supongo que fue el mismo Eloy pero no estoy seguro. La idea de hacer esta especie de provocación: para nosotros era una broma en serio, obviamente no pensábamos en la seriedad de un manifiesto como los surrealistas, sino que en esa época era muy raro hacer un manifiesto. Era la idea de que cada uno iba a redactar una parte, nos las dividimos, y decidimos que las leeríamos en la presentación de todos los libros del Crack que se hubieran publicado hasta este momento. Fue un evento que se hizo en el Centro Cultural San Ángel, en agosto de 1996. TR: —Pero la escritura, ¿es un trabajo solitario o una experiencia compartida como la ha entendido el Crack? JV: —Puede ser las dos cosas. Ahora se ha vuelto más difícil seguir teniendo proyectos colectivos, las vidas de cada uno van tomando giros distintos, ahora cuesta cada vez más trabajo incluso vernos: ahora me encontré aquí en la Feria a Pedro Ángel, a quien no veía desde que cenamos juntos Pedro, Eloy y yo en el verano; ahora se va volviendo una experiencia más compleja. Aun así yo espero que en el futuro podamos volver a articular otro proyecto colectivo que, me parece, sigue siendo igualmente necesario, sobre todo ahora quizá más cuando nuestros caminos, no solamente vitales sino también poéticos, se han ido separando. Tú lo verás mucho más claramente: la poética de cada quien se va haciendo más extrema, se va haciendo más distante, por más que quede siempre un trazo de comunidad. TR: —En el 2004 escribirás que “como cualquier novela, en realidad el Crack sólo existe en la mente de sus lectores”: ¿no es el Crack una ficción que, como toda ficción, depende de la credulidad del lector, del pacto tácito establecido en toda narración entre autor y lector? JV: —Creo que sí. TR: —¿Es el “Crack” un grupo dentro de una generación? JV: —Sí, es un grupo más dentro de los escritores nacidos en los sesenta, principios de los setenta, que formarían académicamente, más o menos, una generación. TR: —¿Y a qué otros escritores de esta generación destacarías, en México e Hispanoamérica? JV: —Todos los que he citado en El insomnio de Bolívar; no están los más jóvenes, no los nacidos en mitad de los setenta y los ochenta, pero sí los que han nacido en este otro periodo, llámense Mario Bellatin, Rivera Garza, Fresán, Jordi Soler, Santiago Gamboa, Edmundo Paz Soldán, Fernando Iwasaki... TR: —Durante los siguientes años estudias tu doctorado en la Universidad de Salamanca y escribes En busca de Klingsor, una novela que cambiaría tu carrera literaria y tu vida. Creo que la definición de Cabrera Infante es una arma de doble filo (“una novela alemana escrita en español”), porque da inicio a un debate entre localismo y cosmopolitismo que reedita antiguas discusiones decimonónicas, que vienen desde la Independencia y han tenido episodios claves en Hispanoamérica con el Modernismo, Contemporáneos, la Vanguardia, Borges, la Generación de Medio Siglo, incluso el Boom... ¿Cuál es tu opinión al respecto? JV: —A mí me sorprendió mucho: cuando escribía En busca de Klingsor no me importaba en absoluto ningún debate entre lo nacional y lo cosmopolita, yo solamente quería escribir sobre ciencia. Al principio pensé que era una novela que iba a escribir en el presente, incluso en el futuro; por casualidad llegué a Werner Heisenberg, me pareció fascinante su figura, y entonces decidí que se convirtiera también en una novela histórica de tema alemán; pero no había ninguna intención de excluir a México, de no parecer mexicano, en absoluto. Cuando la crítica que comienza a aparecer inmediatamente después de En busca de Klingsor habla sobre esto como el rasgo distintivo de la novela, para bien o para mal, entonces yo empiezo a tomar posición en mis declaraciones; luego vienen las de Nacho, aun más extremas. Finalmente, en El insomnio de Bolívar yo quiero dejar zanjado el asunto de manera permanente, por lo menos en lo que a mí respecta. TR: —Háblame de la presencia de Borges en En busca de Klingsor... JV: —Borges es mi escritor latinoamericano favorito, sin duda alguna, y lo leí profundamente en mi periodo de mayor formación. Creo que está muy presente en algunas de las cosas que he hecho: en En busca de Klingsor por supuesto, y luego reaparece de otras maneras en muchos textos de ficción posteriores, y también en los ensayos. TR: —A propósito de En busca de Klingsor, Carlos Fuentes escribió: “A mis setenta años, y con una larga carrera literaria detrás de mí, siento especial orgullo y satisfacción en celebrar la llegada de Jorge Volpi al escenario de la literatura en castellano. La muerte es inevitable, pero la continuidad de la vida también”: ¿qué relación existe entre Carlos Fuentes y Jorge Volpi? JV: —Es una relación ya, desde ese momento, intensa. Una relación que empieza siendo de admiración: de haber leído en la Preparatoria Terra nostra a los diecisiete años junto con Eloy, de haber estudiado con Eloy y con Nacho Aura, y luego de haber leído muchos de sus libros, a tener una relación de cercanía, una relación pues que evidentemente se estrechó muchísimo cuando Carlos me pidió que organizara los festejos de sus ochenta años, y que se sigue prolongando hasta el día de hoy. Mañana, de hecho, Carlos Fuentes presenta aquí El insomnio de Bolívar. TR: —¿Y existió una relación intelectual ambigua entre Octavio Paz y Jorge Volpi, como se ha intuido desde el exterior? JV: —Es que es una figura ambigua, yo creo que es uno de los más grandes escritores que ha tenido México; lo admiro profundamente pero al mismo tiempo tenía una personalidad muy compleja, llena de aristas, y eso a mí me parece fascinante en Paz: hace que no necesariamente esté de acuerdo o me guste todo lo que escribió como ensayista. Pero le tengo una profunda admiración, yo lo conocí una sola vez, él me invitó una vez a su casa cuando yo era bastante joven, antes de irme a Salamanca. Fue una enorme generosidad estar conmigo a solas durante dos horas, conversando; tengo un recuerdo personal muy grato de Paz, más allá de que tenga diferencias con algunas de sus ideas. TR: —Volviendo a tu obra el retrato latinoamericano de París en El fin de la locura, la siguiente novela de la “Trilogía del Siglo XX”, desmitifica el París pre-revolucionario de Rayuela, reemplazado por una visión paródica de la capital francesa más afín a La vida exagerada de Martín Romaña, citada en la bibliografía final: ¿qué lectura tienes de la novela de Bryce Echenique? JV: —Exactamente. Incluso aparece Martín Romaña en el libro haciendo un cameo... TR: —Y aparece Arturo Belano, el personaje de Bolaño también, ¿verdad? JV: —Sí, claro. TR: —Después de concluir que “unir poder y saber resulta una tarea muy azarosa”, Aníbal Quevedo afirma en un fragmento de la novela: “¿es posible ser un intelectual comprometido en México? Esta cuestión me atormenta desde mi regreso. ¿Cómo perseguir la autonomía en un país gobernado por el mismo partido desde hace casi sesenta años? [...]. Hasta los pensadores más críticos necesitan del poder para subsistir”: ¿qué hay de Aníbal Quevedo en el Jorge Volpi escritor mexicano e intelectual público? ¿Compartes el desengaño de Quevedo con la situación del intelectual en Latinoamérica a finales del siglo XX? JV: —Para mí Aníbal Quevedo es aquello en lo que yo no quisiera convertirme, y así lo pensaba cuando lo escribía. Por eso es un personaje que no es particularmente simpático, es un personaje que refleja las tentaciones que muchas veces yo he tenido, y la manera de sucumbir a ellas en el fondo. Es un alter ego en negativo, como lo vuelve a ser el protagonista de El jardín devastado. Parten los dos personajes de una misma condición: la intención inicial es escribirme a mí mismo como yo no quisiera ser o en el extremo más negativo. TR: —Y en el 2006 se publica No será la Tierra, cuya propuesta general es un homenaje a grandes novelas de la tradición rusa como Guerra y paz de Tolstoi, reflejo totalizante de una transformación histórica en la patria del escritor como en el Doctor Zhivago de Pasternak... JV: —Sobre todo con Guerra y paz, novela para mí fundamental cuando decidí escribir esta narración sobre el fin de la Unión Soviética. Para mí era un modelo doble: con Guerra y paz todos los lectores, sobre todo los críticos, dijeron que era una novela maravillosa de la que hay que saltarse todas las divagaciones históricas de Tolstoi; al contrario, para mí estas divagaciones son tan importantes en la novela como lo que pasa con Natasha o con cualquiera de los personajes. Con No será la Tierra intenté hacer precisamente eso: encontrar una manera de hablar de los personajes y al mismo tiempo tener una reflexión sobre muchos de los temas del siglo XX que tuvieran el mismo peso. Es algo que a muchos lectores les incomoda, pero era así la construcción novelística desde el principio. TR: —Me llama la atención el tono neutro y computerizado, con abundancia de sucesiones numéricas y un suministro de información esquemáticamente uniforme: ¿qué voluntad se esconde detrás de este estilo? JV: —En el fondo no sólo el tono computerizado, sino también esta visión absolutamente biologista de los seres humanos, que está en el personaje de Eva pero también en el narrador. La visión de los seres humanos como criaturas biológicas, nada más, y que tiene que ver con la otra comparación que tiene No será la Tierra: construirla como una especie de Ilíada contemporánea, en la cual los personajes están igualmente sometidos a sus genes, a sus pasiones, a sus proclividades irracionales; por lo tanto esta distancia fría que me refieres. TR: —Hablando de El jardín devastado, tu novela del 2008, hay un desengaño concentrado en la situación política internacional (principalmente la guerra de Irak), pero sobre todo México, país al que acababas de retornar después de una ausencia de una década: ¿es el México que ve el narrador el mismo México que ves ahora: pobre materialmente, pero sobre todo pobre espiritualmente? JV: —Siempre ha estado latente ese desengaño, desde la escritura de La paz de los sepulcros... TR: —Y en un análisis narratológico tus novelas, sin excepción, tienen una voz autodiegética que ofrece una versión subjetiva, parcial y distorsionada de los hechos narrados, obligando a la participación activa, la interacción de significados y el juicio constante del lector; ¿por qué? ¿Recurrirás en el futuro a una voz omnisciente, en tercera persona? JV: —Oscuro bosque oscuro es el primer caso donde no hay un narrador autodiegético; yo siempre, desde que empecé a escribir, rechacé las narraciones en tercera persona; siempre me parecía que a pesar de todos los matices del punto de vista, presentaban en el fondo una verdad única frente a la que yo me he querido rebelar. Siempre he preferido los textos narrados en primera persona, o en los que hay narración en primera persona con otras voces que vienen de otros narradores, otros textos, otros documentos, pero siempre con esa verdad parcial, que me parece importante. Sin embargo, a la hora de escribir ahora Oscuro bosque oscuro me pareció que era, como parte de esa búsqueda, el momento de romper el límite entre poesía y narración; que no se justificaba un solo narrador, sino más bien esa pluralidad constante de voces, e incluso una narración en tercera persona. TR: —Creo que la estructura de Oscuro bosque oscuro es muy similar a la de “Días de ira”, publicada quince años antes: dos narradores en primera persona que, en realidad, son uno mismo... JV: —Sí, también creo que hay una continuidad de mis novelas breves, desde “Días de ira” hasta Oscuro bosque oscuro y El jardín devastado... TR: —Y recientemente te has incursionado en el ensayo crítico, como demuestran Mentiras contagiosas o El insomnio de Bolívar... ¿qué valor otorgas al ejercicio de la crítica, sobre todo de la crítica literaria? JV: —Trato de combinarlos, trato de estar normalmente pasando de ensayo a novela, hasta donde me es posible. Justo después de El fin de la locura escribí La guerra y las palabras; luego vino No será la Tierra, que ocupó un espacio de tiempo muy largo para mí; a continuación el siguiente libro fue Mentiras contagiosas; luego vino El jardín devastado y luego, simultáneamente, que es la primera vez que me ocurre, escribí de forma paralela El insomnio de Bolívar y Oscuro bosque oscuro; unas semanas escribía uno, y otras semanas pasaba a escribir el otro. El libro de narrativa que menos ensayo tiene, porque justo ahí el límite que trato de romper es con la poesía, es Oscuro bosque oscuro; y también un libro que es básicamente ensayístico como El insomnio de Bolívar, aunque contenga unos cuantos instrumentos de la narrativa, pero que básicamente es un ensayo. TR: —Volviendo al Crack: en el 2004 el contexto editorial y literario ha cambiado, y se publicó Crack: instrucciones de uso. Tanto en tus textos como en los de tus compañeros hay una mayor voluntad de distanciamiento irónico... JV: —Yo creo que siempre hubo esa parte irónica. Después del manifiesto original, cuando viene todo el alud de críticas y vituperios en contra de cada uno de nosotros —y de todos en conjunto— hubo una parte de retracción, hubo un momento bastante desagradable, que todos lo recordamos, a fines de 1996 y sobre todo 1997, donde realmente era tal la violencia de muchas de las críticas, sobre todo las de Sergio González Rodríguez o las de Christopher Domínguez Michael. En general hubo esa retracción. Ciertamente, ya para el 2004, después de lo que empezó a ocurrir con En busca de Klingsor y con Amphitryon, toda esta recuperación posterior vuelve mayor esta distancia irónica. TR: —¿Pero existiría el Crack sin la dialéctica ante la crítica, sin el continuo debate, el diálogo a favor o en contra? JV: —No, supongo que no: desde el principio el Crack despertó tanta cantidad de crítica adversa que la reacción a favor o en contra del Crack también estuvo en buena medida determinada por esa relación con la crítica. TR: —En un artículo sobre La materia del deseo, la novela de Edmundo Paz Soldán, dice el crítico español Eduardo Becerra que de tanto mirar hacia atrás, hacia Borges, hacia los sesenta, hacia el Boom, hacia Vargas Llosa —incluso como motivos temáticos— la novela latinoamericana contemporánea se halla lastrada, siempre pendiente del homenaje, de la parodia, pero siempre mirando hacia atrás; ello ha impedido, en conclusión, una renovación total a nivel estético. En cierta manera yo coincido con la opinión de Becerra: ¿qué opinión te merece esta perspectiva crítica? JV: —No coincido en absoluto: yo creo que ese diagnóstico es correcto para la generación anterior a la nuestra, creo es exactamente lo que pasó con la generación inmediatamente anterior, la generación entre el Boom y los nacidos en los sesenta. Es tanto el peso del pasado que necesariamente se tienen que revolver frente en esa distancia o no frente el Boom. Creo que no sucede en la generación de los sesenta, a lo mejor sucedió al principio, pudo haber habido algo. Pero si se revisan los textos de la mayoría —no probablemente los textos de Fuguet, quizá no algunos de los primeros del Crack, pero sí todos los que siguen— creo que ya no intentan establecer ninguna distancia frente al pasado, creo que es una literatura que ni siquiera mira al futuro: está viviendo un presente desprovisto de esa condición de ser epígonos de algo. TR: —Un sector de la crítica ha vaticinado que la gran diversidad estética en el Crack —sus siete autores han publicado ya más de sesenta novelas— quizá sea el principio de su disolución... JV: —Ni siquiera creo que importe disolver al Crack. El Crack siempre fue un grupo con límites amistosos, dictado por la amistad, por la complicidad de ciertos momentos, entonces no creo que se vaya a disolver en ese sentido. Al menos el núcleo central, nos seguimos viendo, ahora nos vemos aquí en la Feria y nos seguimos presentando unos los libros de otros, seguimos intercambiando experiencias. Ni siquiera creo que sea necesario disolverlo, no tendría ningún sentido, a menos que fuera otra provocación; en algún momento lo hemos pensado, que decidiéramos todos volver a ponernos de acuerdo para llevar a cabo la solemne disolución del Crack. Si no es así, para nosotros no tiene mucho sentido hablar del fin del Crack, sobre si el Crack existe: existe mucho más en la medida externa a nosotros, en la enorme cantidad de textos, estudios, tesis, que han ido apareciendo en los últimos años sobre el Crack y sobre cada uno de nosotros. TR: —Pero se ha llegado a un punto donde el Crack no pertenece a sus autores: es un Crack de la academia, de la prensa, de los lectores... JV: —Quizá nunca perteneció, o perteneció sólo en ese momento secreto entre 1994 y el 1996 cuando lo hicimos público; porque en 1996, cuando lo hicimos público y apareció el “Manifiesto Crack”, inmediatamente dejó de pertenecernos. Toda la discusión tuvo muchos malentendidos provocados por la prensa. A fin de cuentas son maneras en las que el Crack deja de ser una propiedad nuestra, y se convierte en una especie de etiqueta para una enorme cantidad de contenidos posibles. Por ejemplo, se sigue hablando de la “generación del Crack”, cuando nosotros nunca utilizamos directamente esta expresión: para nosotros siempre fue “grupo del Crack” o, en todo caso, “novelas del Crack”. TR: —Y a propósito de ello: ¿cómo es el futuro del Crack? ¿Cómo crees que será visto en el contexto de la narrativa hispanoamericana del siglo XXI? JV: —No tengo la menor idea. En un sentido puede ser que se vea como un episodio menor; en otro como un grupo que, al lado del trabajo silencioso de unos y del trabajo más escandaloso de otros, sí provoca, en compañía de McOndo, esa transformación del paradigma de lo que es un escritor latinoamericano en los últimos años del siglo XX. TR: —¿Y qué futuro espera al Jorge Volpi escritor, intelectual y figura pública de las letras mexicanas? JV: —No tengo ni idea, esa sí que no la puedo responder. Muchas gracias, Jorge, por este instructivo momento de conversación literaria. ** Tomás Regalado López regalatx@jmu.edu Investigador español (Salamanca). Se doctoró en 2009 por la Universidad de Salamanca (http://www.usal.es) con su tesis La novedad de lo antiguo: la novela de Jorge Volpi (1992-1999) y la tradición de la ruptura. Es coautor del volumen Crack: instrucciones de uso (Mondadori, http://www.randomhousemondadori.es; 2004), junto a los siete escritores del Crack, habiendo publicado además, en revistas y libros de España, Francia, Alemania, Latinoamérica y Estados Unidos, ensayos sobre escritores mexicanos como Jorge Cuesta, Martín Luis Guzmán, Salvador Elizondo, Sergio Pitol o Ignacio Padilla. Desde 2000 ejerce la docencia en la James Madison University (http://www.jmu.edu) de Virginia, Estados Unidos. ||||||||||||||||||||||||||| SALA DE ENSAYO |||||||||||||||||||||||||| === De Juego de damas a La virgen de los sicarios: ======================== === una historia para ser contada bajo el gran árbol de la pena =========== === Jorge Mario Sánchez =================================================== La historia reciente de Colombia es una historia de violencia. La pobreza, el narcotráfico y la guerra civil siguen vigentes con el paso de los años, y hoy, iniciando el siglo XXI, nos encontramos todavía sumergidos en ese círculo vicioso sin que se vislumbre una salida posible. Este estado de cosas ha generado en muchos colombianos un sentimiento trágico, una sensación de desesperanza y futilidad, de incredulidad y vacío. Los artistas e intelectuales de Colombia no son ajenos a estos sentimientos, y algunos de ellos han decidido afrontar, mediante sus obras, la realidad de vivir en un país como el nuestro. En el presente ensayo trataré de vislumbrar algunos aspectos de la historia reciente del país a partir de la forma en que ésta es vista y plasmada por dos escritores contemporáneos entre sí, y cuyo carácter contestatario, ajeno a las esferas de poder, es plenamente reconocido: R. H. Moreno-Durán y Fernando Vallejo. En sus obras, y especialmente en las novelas Juego de damas y La virgen de los sicarios, estos autores han recurrido a elementos propios de la novela contemporánea, como son la parodia, la fragmentación, la desentronización de ídolos religiosos y culturales y de figuras públicas (especialmente aquellas que ostentan el poder), y, sobre todo, han hecho uso de narradores que evitan las formas tradicionales de novelar por saberlas insuficientes para plasmar la realidad caótica en la que están envueltos, para lograr una escritura que refleje y a la vez critique esta realidad. De esta manera, pasaremos del fracaso de la revolución izquierdista en Colombia y la consecuente pérdida de las esperanzas en un país mejor, tal como se relata en Juego de damas de Moreno-Durán, al nihilismo total de La virgen de los sicarios de Vallejo, donde la violencia, el consumismo, la intolerancia y la desazón se han tomado por completo las calles de Medellín, y donde, muerto incluso el amor, la única salida posible es la muerte. 1. La historia de un fracaso El capítulo inicial de Juego de damas, “Primero Meninas”, divide la voz narrativa en tres columnas en las que se relatan, simultáneamente, los años de infancia y formación de la protagonista del relato, Constanza Gallegos, apodada “la hegeliana”; los pormenores de una clase de filosofía en la Universidad Nacional de Bogotá, en la que una de las alumnas propone a sus compañeros un juego erótico para soportar el tedio producido por el discurso del profesor; y el desarrollo de una marcha de protesta que comienza en 1948, año del asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán, y que dura veintitrés años durante los cuales se recorren las principales calles de Bogotá, desde la Universidad Nacional hasta la Plaza de Bolívar. En esta columna, titulada “Y un mundo”, se hace un recuento paródico de la historia reciente de Colombia, desde el “Bogotazo” hasta 1971, año en que la marcha, completamente diezmada, llega a su destino, y en el que se puede leer por fin la pancarta del manifestante de la izquierda: “Una historia para ser contada bajo el gran árbol de la pena”. Una historia —la de Colombia— marcada por la violencia, las revoluciones infructuosas y el abuso del poder: después del asesinato de Gaitán el país entra en la época conocida como “La Violencia”, en la que los campesinos, azuzados por el gobierno conservador y por la oposición liberal, se matan entre sí durante años animados por sus aparentes diferencias políticas. “¡Masacres las de ahora tiempos! Cuando los conservadores decapitaban de una a cien liberales y viceversa. Cien cadáveres sin cabeza y descalzos porque el campesino de entonces no usaba zapatos” (1), escribe Fernando Vallejo en La virgen de los sicarios, refiriéndose a estos años. Posteriormente, tras haber sido depuesto el dictador Rojas Pinilla, y con la firma del pacto de Sitges y Benidorm en 1957 y la creación del Frente Nacional, liberales y conservadores proponen aplacar la violencia bipartidista —iniciada por ellos mismos— mediante la alternancia de los dos partidos en la presidencia de la República, excluyendo de esta forma cualquier otro movimiento político y cualquier forma de oposición legal al gobierno, y provocando que la única resistencia posible en el país contra el abuso del poder —una constante desde los tiempos de la Conquista— provenga de grupos armados al margen de la ley. En consecuencia, los grupos insurgentes de la época de “La Violencia” dan paso a las guerrillas comunistas (ELN, FARC, M19, entre otras), al tiempo que las ideas de izquierda penetran con relativa fuerza en los movimientos estudiantiles universitarios, sobre todo en la Universidad Nacional de Bogotá. Esto logra que amplios sectores de la población —especialmente los intelectuales— se identifiquen con las ideas revolucionarias y busquen hacer contrapeso al poder bipartidista, al cual culpan —y con razón— de preservar un modelo económico excluyente que ha provocado que las clases bajas (más del 50% de la población) conserven altísimos niveles de pobreza y abandono. Sin embargo, abrumada por la diversidad de fuentes (principalmente la Unión Soviética, la China de Mao y la Cuba de Castro) de las cuales recoge sus ideas políticas, la izquierda de Colombia de aquellos años es incapaz de encontrar puntos en común y se divide en decenas de grupos y subgrupos enfrentados entre sí, de tal forma que en los últimos años de la década del 60 y principios del 70 el país es testigo de la proliferación de movimientos tan diversos como el Partido Comunista, el MOIR, la JUCO, el Partido Comunista de Colombia Marxista Leninista Maoísta, y, en general, “troskistas, comunistas, ortodoxos, línea Moscú, línea Pekín, cubanos, en fin” (2). Es a partir de esta caótica realidad que Moreno-Durán, estudiante de derecho y ciencias políticas en la Universidad Nacional de Bogotá durante la década del 60, plantea su visión pesimista de las luchas revolucionarias en Colombia. Esta realidad es parodiada en Juego de damas, novela en la que un grupo de ex alumnos de la Universidad Nacional de la época en mención se reencuentran en una fiesta organizada por Constanza Gallegos. Allí rememoran sus años de militancia al tiempo que intentan develar, en medio de los chismes y los murmullos a los que se reducen sus voces, lo ocurrido con Alejandro Sotelo y Sergio Castrillón, antiguos compañeros de lucha en quienes ellos cifraban las esperanzas de la revolución en Colombia, y que mueren en extrañas circunstancias. En la novela se entrecruza la divagación sobre el pasado común e individual de los amigos de Constanza Gallegos con la comprobación de la teoría de Rodolfo Monsalve, uno de los personajes del relato, la cual gira alrededor del concepto de “coñocracia”, que para Monsalve se refiere a la manera en que las intelectuales de izquierda del país van ascendiendo paulatinamente en las esferas del poder político, manipulando, por medio de su sexualidad, a los hombres. Dentro de la novela las protagonistas femeninas, y especialmente las Tres Caras Bellas: La Pinta (Stella Valdivieso), La Niña (Constanza Gallegos) y la Loca María (María Leticia Velasco), serían la encarnación de dicha teoría. Pero es Constanza quien termina cuestionando su supuesto destino de “mujer pública” al descubrir, hacia el final del relato, que fue ella la causante indirecta de las muertes de Castrillón y Sotelo. En la conversación que sostiene con su amiga Alcira Olarte, luego de terminada la fiesta, Constanza rememora la ocasión en que Alejandro Sotelo y ella hacían el amor en el apartamento de Sergio Castrillón, lugar que había sido convertido en un verdadero depósito de armas, municiones y explosivos de todo tipo. Llevados por la lujuria, los dos amantes olvidan por completo un pollo que han dejado calentando en el horno y que, intempestivamente, explota, creando un estruendo que atrae a los vecinos y a la policía. Los dos revolucionarios son arrestados, Sergio Castrillón es asesinado a la salida de un juzgado y Alejandro Sotelo, convertido en guerrillero y abrumado por el remordimiento, se hace matar por el ejército. Al saber la verdad la culpa embarga a Constanza, el desconsuelo de saber que fue ella la causante de la muerte de los dos militantes y, por lo tanto, del fracaso de la revolución en Colombia. “Un pollo. ¿Acaso puede concebirse algo más vulgar?” (3), se pregunta entonces la protagonista. Y es, justamente, esta vulgaridad, el hecho de que sea la explosión de un pollo causada por las urgencias sexuales de Constanza lo que haya echado al traste la única posibilidad que tenía Colombia para salir de su historia de violencia y desigualdad, de corrupción política y de supremacía de los intereses de las clases acomodadas sobre los del resto de la población, lo que le da todo el carácter paródico, escéptico y desesperanzado a la novela de Moreno-Durán, lo que convierte a Juego de damas en un reflejo del sinsentido y del absurdo de todo esfuerzo por lograr un país mejor. Como lo sentencia Alcira, la tragedia de Colombia está marcada por los “imponderables históricos”, por esos “elementos extraños” que son capaces “de cambiar el curso mismo de la historia” (4), como lo serían, en la realidad, el caballo de Córdoba que tropieza con una piedra y precipita el asesinato del prócer, o la muerte de Gaitán a manos de un fanático; y en la ficción, el pollo que explota en el horno. 2. El callejón sin salida Reconocido este fracaso, en la Colombia de Fernando Vallejo ya no hay lugar para utopías. Hemos dado el salto al abismo, las esperanzas han muerto una por una, y sólo queda espacio para la nostalgia. La virgen de los sicarios transcurre en una Medellín marcada por la muerte reciente de Pablo Escobar, el máximo representante de una sociedad que, agobiada por las desigualdades económicas, por la falta de oportunidades, por la pobreza ineludible, y signada por las luchas internas sin resolver, decide cifrar sus esperanzas en el espejismo del dinero fácil, en el paraíso de plástico del narcotráfico. Esta es una Colombia donde incluso las guerrillas de izquierda han perdido ya sus propósitos “altruistas” y se han embarcado en el negocio de la droga hasta el punto de hacerlo el centro de todas sus operaciones; donde los grupos de autodefensa, creados en un principio por los mismos capos del narcotráfico, agudizan la crueldad de sus métodos; y donde los jóvenes y niños pobres de los barrios marginales de las grandes ciudades se asesinan entre ellos por un par de zapatos de marca. En la Medellín de Vallejo, así como en la Medellín real y en otras ciudades del país, estos barrios marginales, las comunas, han surgido a partir de los desplazamientos forzados de los campesinos desde la época de “La Violencia”: “Los fundadores, ya se sabe, eran campesinos: gentecita humilde que traía del campo sus costumbres, como rezar el rosario, beber aguardiente, robarle al vecino y matarse por chichiguas con el prójimo en peleas de machete” (5). Vallejo, crítico mordaz de la sociedad colombiana tanto en sus novelas como en sus apariciones en público, recrea en su Virgen... una ciudad de habitantes bárbaros, irresponsables y morbosos, embriagados por la sangre que ven a diario en las calles y por la avidez del dinero fácil. El narrador homodiegético de la novela, que se llama igualmente Fernando, da cuenta de su regreso a Medellín después de muchos años, de la ciudad completamente transformada que encuentra y que tiene muy poco que ver con el paraíso de su infancia, y de sus relaciones amorosas con dos sicarios de las comunas. A pesar de la barbarie que lo rodea, este amor se convierte para Fernando en la única posibilidad de redención. Sin embargo, Alexis y Wílmar, sus dos jóvenes amantes, son incapaces de escapar de ese círculo vicioso que hace que Wílmar asesine a Alexis y que aquél termine a su vez muerto por manos desconocidas. ¿Qué queda entonces en una ciudad y un país donde ni siquiera el amor es posible? El caos y la nada, un divagar sin rumbo fijo, el no-futuro: Bajé el puente y entré a un galpón inmenso que no conocía. Era la famosa terminal de buses intermunicipales atestada por los muertos vivos, mis paisanos, yendo y viniendo apurados, atareados, preocupados, como si tuvieran junta pendiente con el presidente o el ministro y tanto qué hacer. Subían a los buses, bajaban de los buses convencidos de que sabían adónde iban o de dónde venían, cargados de niños y paquetes. Yo no, no sé, nunca he sabido ni cargo nada. Pobres seres inocentes, sacados sin motivo de la nada y lanzados en el vértigo del tiempo. Por unos necios, enloquecidos instantes nada más... Bueno parcero, aquí nos separamos, hasta aquí me acompaña usted. Muchas gracias por su compañía y tome usted, por su lado, su camino que yo me sigo en cualquiera de estos buses para donde vaya, para donde sea (6). Con una historia de sangre derramada, de ilusiones rotas y oportunidades perdidas, se vislumbra la ausencia de futuro de una Colombia que ha sido incapaz de exorcizar sus demonios y que, debido igualmente a la pasividad de sus habitantes, los “muertos vivos”, y a su incapacidad para mejorar su entorno, es arrastrada por el río del tiempo, empujada por el azar y por los “imponderables históricos” hacia orillas inciertas. Para Vallejo no hay punto medio, y tanto los poderosos como los pobres y desvalidos son responsables de la hecatombe: “La ley de Colombia es la impunidad y nuestro primer delincuente impune es el presidente, que a estas horas debe de andar parrandeándose el país y el puesto” (7). Y más adelante: “Mis conciudadanos padecen de una vileza congénita, crónica. Ésta es una raza ventajosa, envidiosa, rencorosa, embustera, traicionera, ladrona: la peste humana en su más extrema ruindad” (8). Como lo anticipa su mismo título, en La virgen de los sicarios también está presente el fervor religioso, la idolatría católica de los habitantes de Medellín, incluso de los sicarios (9). Así, en la novela se nos presenta un país que, como la Colombia real, se debate entre las viejas creencias religiosas importadas de España desde la Conquista y el frenetismo de las grandes urbes de finales del siglo XX, el consumismo desaforado, el vacío al interior del hombre contemporáneo (10). Es esta, por lo tanto, una Colombia carente de identidad, fragmentada, una amalgama de religiones e ideologías prestadas, de sueños inconclusos. Cabría entonces preguntar: ¿es posible utilizar las formas tradicionales de narrar para registrar una historia tan descabellada e inconexa como la de nuestro país? 3. El quiebre con las formas tradicionales Teóricos como Lukács, Bajtín y Adorno han coincidido en definir a la novela como el género que, por excelencia, refleja el carácter inacabado del mundo, el devenir, la historia en su mismo proceso de construcción. Bajtín ha dado cuenta de las enormes diferencias entre los géneros literarios acabados —como la epopeya y la tragedia— con la novela, la cual aparecería como “el único género en vías de constitución”, y por lo tanto reflejaría “en la forma más esencial, con una profundidad, una finura y una rapidez particulares, la evolución de la realidad misma” (11). A partir de la llamada “crisis de la modernidad” de la primera mitad del siglo XX, en la que tanto la sociedad como los individuos empiezan a percibirse a sí mismos como fragmentados y carentes de centro, en donde los grandes relatos van desapareciendo uno tras otro y dan lugar a infinidad de fragmentos sin orden aparente, la novela operaría el quiebre con las formas tradicionales de narrar, “preflaubertianas”, y esto se haría evidente en obras como El hombre sin atributos de Robert Musil, el Ulises de Joyce o En busca del tiempo perdido de Proust. Colombia no resulta ajena a esta crisis, en principio europea. Su historia caótica, las luchas internas, las ideologías importadas e incluso la desigual geografía han acentuado la desintegración de la sociedad colombiana, el regionalismo, el sectarismo y el aislamiento de algunos grupos humanos, creando una colcha de retazos que ha impedido la formación de una “identidad nacional”, y que se intensifica, ante todo, en grandes ciudades como Bogotá y Medellín, destinos obligados de desplazados e inmigrantes de otras regiones. Como se ha dicho en repetidas ocasiones, y como se ve reflejado en La virgen de los sicarios, en Colombia conviven la premodernidad, la modernidad y la posmodernidad, y de ahí que la novela que se ha escrito en el país desde mediados del siglo XX haya tenido un carácter tan diverso, y que autores como R. H. Moreno-Durán y Fernando Vallejo hayan decidido de manera consciente distanciarse de la novela tradicional y explorar nuevas formas de narrar. En las obras de estos dos escritores no encontramos intento alguno por ser fieles a una “realidad objetiva”, ya que, según Adorno, los escritores contemporáneos que buscaran este realismo estarían adoptando “el gesto de la imitación artesana”, lo cual no es posible ya en un mundo carente de sentido (12). Antes bien, en nuestra época actual la novela está condicionada a romper con el viejo concepto de la representación de la realidad aprehensible y sumirse en la búsqueda “de la esencia y de la supraesencia” (13). Así, es característico el hecho de que tanto en Juego de damas como en La virgen de los sicarios los personajes aparezcan fuertemente distanciados los unos de los otros. En la novela de Moreno-Durán vemos, por ejemplo, a viejos amigos universitarios incapaces de una verdadera comunicación entre ellos y que por lo tanto recurren únicamente al chisme, a la falsa erudición y a la pedantería, a la burla, a la crítica soterrada y a las mutuas recriminaciones. En La virgen de los sicarios, mucho más extrema en la representación de esta alienación, advertimos una sociedad sumergida en la intolerancia y que prefiere el lenguaje de las armas al de las palabras para resolver los conflictos, una sociedad en la que se intensifica el egoísmo y la ley del “sálvese quien pueda”. En ambas novelas se cumpliría el diagnóstico de Adorno cuando escribe que “el momento antirrealista de la nueva novela, su dimensión metafísica, es en sí misma fruto de su objeto real, una sociedad en la que los hombres están desgarrados los unos de los otros y cada cual de sí mismo” (14). Por esta misma razón, en ninguna de estas dos obras está presente ya el narrador tradicional, omnisciente y en tercera persona, propio de las novelas publicadas antes del siglo XX. Antes bien, en el caso de La virgen de los sicarios la voz narrativa, rabiosamente subjetiva, deslenguada, intransigente, llega al punto de rechazar a ese narrador decimonónico por considerarlo poco creíble. En esta novela encontramos un narrador que funda, en palabras de Adorno, “un espacio interior que le ahorre la salida en falso al mundo ajeno, la salida en falso que se manifiesta en la falsedad del tono que se finge familiar con ese mundo externo. Imperceptiblemente (...) el mundo va siendo arrastrado a ese espacio interior” (15). En Juego de damas, por el contrario, múltiples voces narrativas van dando forma al relato, entre las que contamos a los mismos asistentes a la fiesta, al autor-narrador ausente que es también uno de los personajes de la novela (Rodolfo Monsalve), y al propio Moreno-Durán. Esta multiplicidad lograría incluso el efecto de disolver al narrador, y quebraría, mucho más radicalmente que en La virgen de los sicarios, la forma del relato tradicional, llegando en algunos casos a dividir el espacio de la página en columnas paralelas de lectura simultánea (como en el capítulo titulado “Primero Meninas”), y, en general, fragmentando hasta el límite la voz narrativa y la descripción de las situaciones, tal como se puede apreciar a partir del segundo capítulo, “Después Mandarinas”: En aquel tiempo ya le decían la Ninfa Eco —Ninfa por lo ninfómana y puta, y Eco por lo chismosa. Qué gentecita tan tremenda, ¿verdad? Y fíjate cómo ahora mismo, en plena lucha a muerte de una contra todas por la conquista de nuestro Gran Simpático, Paulette lleva la confusión y el bochorno a ese grupo de señoras que, a su izquierda, y como un conjunto de puños apretados, truenan de rabia y pura envidia, enana. Media hora de arrumacos y provocaciones, de insinuaciones y amacices: debería darle vergüenza pero, como puedes ver, con el descaro que se gasta sería capaz de continuar así toda la noche. ¿Y David? Pobre hombre, ahí sentado a la sombra de Leonor de Aquitania y Jorge Arango, medio compungido y vigilante, parece contemplar su perra suerte con el rabillo del ojo. No —Constancita hace así con la mano, condolida y austera—, no hay derecho (16). Como hemos podido observar, tanto en la novela de Moreno-Durán como en La virgen de los sicarios la reflexión por parte de los respectivos narradores es casi una constante. Dicha reflexión era considerada tabú en la novela “preflaubertiana” por considerársele contraria a la pureza objetiva, o, si existía, era ante todo moral, “toma de partido por o contra figuras de la novela”. Pero en las novelas de Vallejo y Moreno-Durán, y en general en la novela contemporánea, se convierte en “toma de partido contra la mentira de la representación”. Este entrecruzamiento continuo del comentario con la acción narrada diluye la “distancia estética” entre el lector y la obra, creando la sensación de que aquél se encuentra en medio del relato (17). Así, mientras en La virgen de los sicarios el narrador expresa continuamente su punto de vista implacable sobre todo lo que le rodea, en Juego de damas cada una de los narradores aprovecha la mínima distracción para añadir, en mitad de la acción, alguna observación, generalmente despectiva o burlona, sobre sus compañeros, sobre el arte y sobre la realidad nacional. En ambos casos estos comentarios pueden generar reacciones por parte del lector, ya sean positivas o negativas, de rechazo o de aprobación, involucrándolo fuertemente en la obra. Para finalizar, es notoria la manera en que ambas novelas recurren a la risa, al desparpajo y, sobre todo, a la parodia y la carnavalización para contar una historia tan trágica y violenta como la de Colombia. Así, siguiendo a Bajtín y su ensayo “Carnaval y literatura” (18), podemos ver tanto en Juego de damas como en La virgen de los sicarios fuertes similitudes con el festejo carnavalesco: hay en estas obras una suspensión de “las leyes, las prohibiciones, las restricciones que determinan la estructura, el buen desarrollo de la vida normal (no carnavalesca)”; los personajes resultan “desplazados desde el punto de vista de la lógica de la vida habitual”, como en el caso del narrador y los dos sicarios de la Medellín hiperrealista de Vallejo, aislados en su propia realidad, o el de los antiguos compañeros universitarios que se refugian en el “salón” de Constanza Gallegos y que, amparados por el licor y la música, se olvidan por un rato de sus roles sociales. Y encontraríamos, sobre todo, que en ambas novelas se “aproxima, reúne, casa, amalgama lo sagrado y lo profano, lo alto y lo bajo, lo sublime y lo insignificante, la sabiduría y la tontería, etc.”; esto es, están presentes la profanación, la “desentronización” de todo tipo de ídolos y símbolos religiosos o políticos (La virgen de los sicarios) (19) y culturales (Juego de damas) (20), y “las parodias de los textos y de las palabras sagradas”, logrando de esta forma “la relatividad feliz de toda estructura social, de todo orden, de todo poder y de toda situación (jerárquica)” (21). El poder reinante en Colombia, ya sea religioso o político, es rebajado y ridiculizado en estas novelas por medio de la risa, es relativizado, y así las obras de estos dos autores logran convertirse, al mismo tiempo, en reflejo y crítica de nuestra realidad, logran contar las verdades que la historia oficial no quiere contar. Las voces contestatarias de Moreno-Durán y Vallejo se abren paso en medio de la apatía general en la que nos hemos sumido, e iluminan todo aquello que queremos negar y esconder para poder autoproclamarnos como uno de los países más felices de la Tierra. Notas 1. Vallejo, Fernando. La virgen de los sicarios. Editorial Alfaguara, Bogotá, Colombia. 1998. P. 51. 2. Luz Mary Giraldo y Juan Gabriel Vásquez, entrevista con R. H. Moreno-Durán. En UN Periódico, Nº 84, noviembre 27 de 2005. Tomado de http://unperiodico.unal.edu.co/ediciones/84/10.htm, el día 18 de noviembre de 2007. 3. Moreno-Durán, R. H. Juego de damas. En Femina Suite. Editorial Alfaguara. Bogotá, Colombia, 2002. P. 309. 4. Íbid. P. 317. 5. Vallejo, Fernando. Op. cit. P. 29. 6. Íbid. Pp. 120-121. 7. Íbid. P. 20. 8. Íbid. Pp. 27-28. 9. “Un tropel entre un carrerío llenaba el pueblo. Era la peregrinación de los martes, devota, insulsa, mentirosa. Venían a pedir favores. ¿Por qué esta manía de pedir y pedir? Yo no soy de aquí. Me avergüenzo de esta raza limosnera. En el oleaje de la multitud, entre un chisporroteo de veladoras y rezos en susurros entramos al templo. El murmullo de las oraciones subía al cielo como un zumbar de colmena. La luz de afuera se filtraba por los vitrales para ofrecernos, en imágenes multicolores, el espectáculo perverso de la pasión: Cristo azotado, Cristo caído, Cristo crucificado. Entre la multitud anodina de viejos y viejas busqué a los muchachos, los sicarios, y en efecto, pululaban. Esta devoción repentina de la juventud me causaba asombro. Y yo pensando que la Iglesia andaba en más bancarrota que el comunismo... Qué va, está viva, respira. La humanidad necesita para vivir mitos y mentiras. Si uno ve la verdad escueta se pega un tiro” (Vallejo, Fernando. Op. cit. P. 15). 10. “El vacío de la vida de Alexis, más incolmable que el mío, no lo llena un recolector de basura. Por no dejar y hacer algo, tras la casetera le compré un televisor con antena parabólica que agarra todas las estaciones de esta tierra y las galaxias. Se pasa ahora el día entero mi muchachito ante el televisor cambiando de canal cada minuto” (Vallejo, Fernando. Op. cit. P. 23). 11. Bachtine, Michael. “Epopeya y Novela I”. En Eco. Revista de la Cultura de Occidente (Bogotá). Vol. 32, Nº 193 (Nov. 1977). P. 41. 12. Adorno, Theodor W. “La posición del narrador en la novela contemporánea”, en Notas de literatura. Traducción de Manuel Sacristán. Ediciones Ariel, S.A., Barcelona, 1962. P. 45. 13. Íbid. P. 47. 14. Íbid. 15. Íbid. P. 48. 16. Moreno-Durán, R. H. Op. Cit. P. 61. 17. Adorno, Theodor W. Op. Cit. Pp. 49-50. 18. Bachtin, Michail, “Carnaval y literatura”. En Eco. Revista de la Cultura de Occidente (Bogotá). Vol. 22 (enero 1971). Pp. 312-315. 19. “Un cardenal afeminado no es un príncipe de la Iglesia, es un travesti, y su sotana una bata: así la siente” (Vallejo, Fernando. Op. cit. P. 69). 20. “Diógenes y Crates, qué parejita de crápulas más grande, sobre todo el último que, según decía la gente, vivía tendido tranquilamente entre la mierda” (Moreno-Durán, R. H. Op. cit. P. 145). 21. Bachtin, Michail, Op. cit. ** Jorge Mario Sánchez jeinzu2003@yahoo.com Escritor colombiano (Bucaramanga, 1979). Es ingeniero electrónico de profesión. Estudia la maestría en literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá (http://www.javeriana.edu.co). Ha publicado cuentos y ensayos en el suplemento cultural del periódico Vanguardia Liberal (http://www.vanguardia.com) de Bucaramanga y escribe reseñas de cine para la revista virtual ochoymedio.info (http://www.ochoymedio.info). También ha publicado ensayos y otros textos en varios medios electrónicos. Mantiene los blogs literarios El Persa (http://elpersa.blogspot.com) y Espacios Vacíos (http://jeinzu.blogspot.com). === Carlos Borges ========================================================= === Poemario: cantos del alma y del cuerpo, =============================== === ¡armonía del cielo y la tierra! María Cristina Solaeche ========== Debe haber algún lugar en nosotros mismos donde cesa el combate de los contrarios y no se juega más a cara o cruz donde las cosas brillan con su propia lumbre donde la mirada resplandece en el silencio dominios del blanco donde se unen el agua y el fuego sin violencia Juan Liscano Carlos Borges Requena, poeta, orador y ensayista, nace el 25 de noviembre de 1867 en Caracas, capital de Venezuela. Los estudios de primaria los realiza en su ciudad natal, en el Colegio Santa María. Después de estudiar en la Facultad de Derecho, ingresa a los veintitrés años al Seminario Jesuita de Caracas, y el 10 de marzo de 1894 se ordena como sacerdote. Seis años después, en 1900, se gradúa de doctor en teología en la Universidad Central de Venezuela. Al poco tiempo de graduarse, su inquieto y apasionado espíritu le hace irse de Venezuela buscando calma para sus humanos ardores. Regresa al país a principios del siglo XX, se entrega de lleno a la escritura y se rinde ante el poder político dictatorial de Cipriano Castro, desempeñándose como su secretario privado; Castro ejercía ya la Presidencia de la República desde 1899; para esos momentos, ya es conocida la disipada vida de Borges, que lo conduce a la suspensión sacerdotal. Se enamora apasionadamente de una mujer de la que apenas se recuerda el sobrenombre de Lola, y la que será la protagonista de la mayoría de sus temas de encendido apasionamiento. Tus caderas de ánfora, redil de mis pecados (1). A partir de 1902 es colaborador de la revista El Cojo Ilustrado, quedando gran parte de su producción intelectual dispersa en revistas y periódicos de la época, donde publicaría sus mejores poemas y ensayos. Con la llegada de Juan Vicente Gómez, apodado “El Bagre” o “El Benemérito”, al poder en 1908, su nuevo destino es la cárcel por gritar “vivas” a Castro, justamente el mismo día en que Gómez lo depone, mediante un sui géneris golpe de Estado. Del presidio sale cargado de nefastas vivencias cuatro años después, en 1912, decidido a buscar y reencontrarse con su amor Lola. Pero ella fallece, y Carlos Borges se dedica esta vez desesperadamente al alcohol. Otra vez su faceta mística sale en su rescate y vuelve cual mansa oveja al redil eclesiástico, abjurando públicamente de su pasada vida “libertina” desde el púlpito en la ciudad de Barquisimeto, ciudad donde ejercerá de profesor en el Seminario desde 1915 a 1919. De nuevo se enamora, y al mismo tiempo que lanza ardorosos sermones desde el estrado de su iglesia en Barquisimeto, sus poemas se vuelven cada vez más sensuales. Viaja nuevamente, y se cree que esta vez lo hace con su enamorada, una actriz de teatro. Luego, de nuevo, por razones desconocidas, regresa al refugio de la Iglesia, esta vez para dedicarse al cuidado abnegado y con esmero de un asilo católico de enfermos mentales. En 1915, un grupo de músicos decide darle una serenata al presbítero Carlos Borges; entonan un vals venezolano inédito aún para esos años, compuesto para bandolín por el músico larense Antonio Carrillo, y cuentan las crónicas que es el mismo Borges quien le da el nombre al que será conocido como una pieza selecta del repertorio musical venezolano: “Como llora una estrella”. La última etapa de su vida, reconciliado con el tirano Gómez, se convierte en el capellán de su Ejército desde 1919 hasta su muerte. Con su existencia a ratos licenciosa a ratos santificante, además de pertenecer al grupo de íntimos amigos del dictador; escribe loas de magnanimidad como expresión de gratitud al “Benemérito” y a la Iglesia Católica que lo recibe nuevamente en su seno. El sátrapa lo escoge para varios discursos por su brillante oratoria, entre ellos se recuerda el notable pronunciado en la inauguración de la Casa Natal del Libertador; sin embargo, cuando el Perú solicita a Venezuela que envíen a Borges para el discurso de la Batalla de Ayacucho, “el Bagre” se niega, frustrando al orador Borges. No intentemos deshacer el apretado nudaje que es la trama de la amalgama de su vida, a través de la Iglesia, del servicio eclesiástico, del rendimiento a un tirano y de la literatura que lo sustenta, porque seguramente nos conduciría a un callejón sin salida. Murió el 21 de octubre de 1932 en la ciudad de Maracay. El 2 de marzo de 1953 son exhumados sus restos mortales en la Zona Vieja, Cuartel A, del cementerio de la ciudad de Maracay, en el estado Aragua. Cada violento cambio en su vida es acompañado, a su vez, de un violento cambio en sus escritos, del fervor religioso salta a la pasión erótica y de ésta de nuevo a aquél. Así, los poemas de sus circunstancias espirituales son hermosas jaculatorias y los amorosos el preludio del erotismo en la lírica venezolana. Conoce la expulsión de la Iglesia, dada su pasión afectiva, también la dobleguez del arrepentimiento y el regreso de nuevo al seminario, una y otra vez. Sin embargo, es más conocido por su oratoria, se reconocen sus cualidades de gran orador en el púlpito y fuera de él en actos religiosos, civiles y militares de la Patria, y su elocuencia tribunicia es notoria. Es autor de uno de los poemas conocidos como “Macabros”, cuya musicalización se atribuye posteriormente al cubano Alberto Villalón. Se cree lo escribió en los depresivos años cerca de 1855, y es conocido con el nombre de Boda negra, pero originalmente se titulaba Boda macabra, que empezó a circular a partir de 1893, y sobre el que el mismo poeta escribe: Esa lúgubre fantasía de mis dieciocho años era un presentimiento. ¡Pobres versos! La Musa, vidente, al inspirármelos, me anunciaba el dolor más intenso de mi vida. Yo vi la urna blanca de mi dulce novia bajar al fondo del sepulcro. Yo vi a la tierra tragarse aquella flor de gracia y belleza. En la amargura de mi duelo puedo exclamar como Jacob: murió Raquel en el camino... y era el tiempo de la primavera. Mi alma tiene tedio de la vida. Como el amante de la antigua canción quisiera dormirme para siempre ¡oh, eterno Amor mío! Abrazado a tus huesos. Sin embargo, transcribimos aquí algunos extractos de lo que apenas salido de la adolescencia ya escribía. Cuentan que lo escribe basándose en unos comentarios que oye en esos años mozos, narrados por el enterrador de la región, y su ferviente imaginación la traslada con su lírica al papel, en versos como estos: Oye la historia que contóme un día El viejo enterrador de la comarca: —Era un amante a quien por suerte impía Su dulce bien arrebató la Parca. Todas las noches iba al cementerio a visitar la tumba de su hermosa; la gente murmuraba con misterio: “Es un muerto escapado de la fosa”. En una noche horrenda hizo pedazos el mármol de la tumba abandonada, cavó la tierra y se llevó en sus brazos el rígido esqueleto de su amada (2). (...) Un único poemario publica en su vida, titulado sencillamente Poemario, de apenas 64 páginas, siempre en un continuo vaivén entre el amor divino y el amor carnal, entre el altar y el lecho. Un ser humano paradójico y extravagante. La crítica literaria ha destacado su oratoria, pero en desmedro, han abandonando la mayoría de las veces al poeta. Poesía enmarcada en el Modernismo venezolano con uno de sus mejores representantes, el poeta Carlos Borges, con su paisaje interior que trasciende el adusto moralismo, en un trasiego hacia una “elocuencia poética” que ensancha su poder insinuante, la belleza sensorial donde puede refugiarse, él, quien describe sentimientos muy personales reflejos del estado del ánimo. Escoge cuidadosamente sus palabras produciendo hermosos efectos de musicalidad. Recupera versos del arte mayor escasamente utilizados, endecasílabos y alejandrinos, en versificación regular o en versos sueltos o blancos que se ajustan a la métrica pero no tienen rima, estableciéndose ésta apenas entre el verso final de la estrofa y la rima interna, con el uso abundante de recursos expresivos, figuras literarias, adjetivación ornamental y palabras cultas y sugerentes. Una poesía que, a decir de Salvador Garmendia, nos abre la puerta del erotismo en la poesía venezolana, un erotismo ineluctable en todos sus poemas amatorios. Y los que oían o leían sus poemas sentíanse estremecidos por una inexperimentada fruición, semejante a la que produce la mezcla de lo dulce y de lo ácido en un fruta tropical, por aquella mezcla de pecado y de piedad, de sensual delectación y de ardiente misticismo, que revelaba en su autor la dualidad del poeta pagano, enamorado de la vida, y del poeta cristiano, con las miradas fijas en el más allá. Antonio Arráiz. En el templo majestuoso, claro, inmenso en el espacio la radiante noche teje su guirnalda de áureas flores que el altar del firmamento inefable aroma dan: y se entreabren dulcemente con suavísimos fulgores los luceros tembladores, y es un lirio blanco Sirio, una rosa Aldebarán (...) ¿O las místicas antorchas del banquete celestial? ¿Son las luces de la Patria suspirada? ¿Las ya idas esperanzas tan queridas que murieron en las cruces donde esplende el ideal? ¡Oh Jesús enamorado, tierno esposo de mi alma, no me basta ser el cirio que en las horas de alegría, se consume en tus altares en ardiente adoración: en tus horas de abandono quiero hacerte compañía, haz que tenga noche y día como lámpara eucarística encendido el corazón (...) ¡Tú me bastas, Amor mío, en el cielo del Altar! (3). Ese contraste seductor entre el espíritu místico, y el profundo amor a la mujer y la encantadoramente desenfrenada pasión, con que nos dice: Besa los senos de la mar dormida el sol enamorado, como un rey que sus oros y púrpuras olvida a los pies de la hermosa Loreley. (...) Apoyado en el áncora tu bello brazo desnudo al marinero incita; la cruz que pende de tu níveo cuello sobre tu ardiente corazón palpita (...) Y el corazón, la entraña adolorida en el dorado anzuelo del Amor, para la cruel sirena de la vida es a un tiempo carnada y pescador (4). Sus votos sacerdotales nunca le impidieron vivir en sus momentos la bohemia de la época, revelándolo en sus poemas de hombre y poeta sensual y atormentado, donde los versos afloran con transparencia su drama interno, sin falsedad alguna, a ratos espiritual, ascético adorador y arrepentido, en otros disfrutando el gozo del amor y la sensualidad del cuerpo de la mujer amada y común en todos, esa su nostalgia: Puesto el oído al eco de la noche, a la voz de las ondas y los vientos, viajera el alma en el país brumoso de lejanos, tristísimos recuerdos, el grande artista sueña... ya lo invade la inspiración del genio, la encarnación del arte ya informa el ideal en su cerebro... Después... febril, apasionado, loco, luz en los ojos y en la frente fuego intérnase en la sombra del gran salón desierto... y acariciando el piano adormecido le cuenta sus ensueños... ¡Escuchad!... ¡Es el canto de los astros, la armonía del alma y de los cielos! (5). Con esa tonalidad, sus poemas zigzaguean entre el apasionado erotismo y el paradisíaco acento místico, se le vincula al movimiento modernista, sin embargo, su lenguaje aún está imbuido del romanticismo, y ramalazos neoclásicos a los que lo inclinan su formación religiosa y sus estudios eclesiásticos: Ante la imagen de Jesús rezaba con místico fervor mi devoción, cuando cerca de mí pasó una hermana, casi rozando con mi corazón. El demonio bíblico y maldito me hizo, ¡Dios mío!, profanar mi rezo, corrí tras ella, la alcancé, y la vida, la vida toda se la di en un beso. Cuando a mi puesto volví cual Judas, con la cabeza baja avergonzado, el buen Jesús me dijo con ternura: “Dale otro beso..., que eso no es pecado”. Obedeciendo a Jesús prolijo corrí tras ella, la volví a alcanzar, y al agarrarla me gritó: “¡Bandido!” Pero más dulce la volví a besar (6). El sacerdote y el poeta Carlos Borges viven paralelamente en su vida la acción del católico militante y el éxtasis que produce el amor. La curiosa mezcla de minucioso realismo y de inspiración o intuición desenfrenadas, las expresa con una meridiana claridad profundamente significativa. Para él, el alma es un poderoso guerrero espiritual cuando este espíritu encuentra satisfacción y con ella escribe sus espirituales poemas, pero, ¡qué embriaguez de atracción voluptuosa, qué fiesta de los sentidos, qué júbilo del arrebato del amor lúbrico que lo transfigura al igual que lo hizo su amor a lo divino! ¡Qué vuelo tan audaz, qué dulce extravío! En el caso de Carlos Borges, el poeta deseoso de comprometerse entre la palabra y la vida, la vida y la palabra, rebelde y con álgidas tensiones, sólo nos queda recapacitar el abandono en que lo sumimos y asomar valientemente el valor que su poesía encierra aún, a pesar de las sombras a que la hemos sometido; quizás a la “Patria Literaria” y a cada uno de nosotros lectores, nos propongamos dar por justo que su hermosa poesía haga la contrapartida a la desidia, en las lecturas que de sus poemas hagamos, y en el nuevo y digno lugar en que a su obra poética coloquemos. En la calma silenciosa de las noches estrelladas la eternal magnificencia a la mente maravilla al espíritu amedrenta con tremenda majestad (...) ¡Oh las pálidas estrellas! ¿Son las perlas de los mares infinitos? (3). Como nota de luz en el pentagrama Inmenso de los cielos, Se miran las estrellas esparcidas, Por el Eterno Artista... Los abetos, Los pinos melancólicos, los sauces, Como a gigantes liras hiere el viento; ¡Extraña sinfonía de los bosques Acompañando el himno de los cielos! (5). Referencias bibliográficas Extractos de poemas de Poemario, Caracas, Venezuela. 1943. 1. Dístico. 2. Bodas negras. 3. Lámpara eucarística. 4. A bordo. 5. Nocturno. 6. Pero más dulce. ** María Cristina Solaeche gsmldcm@yahoo.es Docente venezolana (Maracaibo, Zulia, 1948). Licenciada en educación mención Matemática, Magíster en Educación y Magíster en Matemática Pura, en la Universidad del Zulia (LUZ, http://www.luz.edu.ve), donde es profesora titular. Fundadora y miembro de la Biblioteca “Teresa de la Parra” en la extensión Cabimas de LUZ. Miembro de la Sociedad Venezolana de Matemáticas, la Asociación de Escritores del Estado Zulia, la Casa de la Poesía y la Peña Literaria César David Rincón y otras organizaciones. Textos suyos han aparecido en diversas publicaciones científicas y literarias, además de webs literarias como Légamos, PoeSite (http://www.arrakis.es/~joldan/poesite.htm) y Texto Sentido (http://www.textosentido.org). Ha recibido, entre otros reconocimientos, el premio “Vicente López y Planes” (Buenos Aires, 2004). === Miguel Hidalgo y Costilla: realidades y ficciones ===================== === Iván Javier Mendoza Castañeda y Luis Omar Montoya Arias =============== I. Miguel Hidalgo en Irapuato Irapuato, referente estratégico e histórico de la red de caminos de la Nueva España. Durante el siglo XIX se erigió como punto de referencia en el cual confluyeron haciendas, minerales, congregaciones, villas y ciudades. En los inicios del siglo XIX Irapuato fue una congregación que vio la llegada y presencia del movimiento insurgente, así como la estancia de militares, ya fueran conservadores o liberales. En Irapuato se estableció el Cuartel General Español del Bajío. Fue también sede de los comandantes militares Liñán e Iturbide. Documentos de archivo respaldan la presencia que tuvo Miguel Hidalgo en Irapuato, sobre todo con motivo del subsidio de gavillas. II. Los Arias de Irapuato descienden del Padre de la Patria Los Arias de Pénjamo, Guanajuato, son una de las varias familias que guardan lazos consanguíneos con los Hidalgo y Costilla. A tales aseveraciones hemos llegado con base en la existencia de un árbol genealógico, el cual fue hecho bajo las órdenes del entonces presidente de México, don Porfirio Díaz, quien además tenía un profundo amor por Guanajuato y una cercanía marcada con personajes destacados de la sociedad guanajuatense como Juventino Rosas, quien compuso el vals Carmen a la esposa del referido gobernante oaxaqueño. Las ramas de árbol muestran la genealogía de la siguiente manera. Los padres de Miguel Hidalgo fueron Cristóbal Hidalgo y Ana María Gallaga Mandarte. Mariano Hidalgo y Costilla, hermano de Miguel, tuvo por hijo a José María Hidalgo y Costilla, quien se casó con Sebastiana Villaseñor. Esta pareja procreó a Josefa Hidalgo y Villaseñor, quien a su vez, contrajo nupcias con Ignacio Gil. De esta unión tuvo vida Soledad Gil Hidalgo y Costilla. Antes de cumplir los 20 años de edad, Soledad se matrimonió con Rafael Arias. De esta unión bendita nació Miguel Arias Gil Hidalgo y Costilla, quien unió su existencia a Encarnación Bribiesca. De este último contrato social nacieron Marcelina, Paulino, Modesta, Gabriel, Prisciliana, Pedro y José Arias Bribiesca. José Arias y Bribiesca (hijo de Miguel Arias Gil y Encarnación Bribiesca) se casó con Concepción Cano, quienes tuvieron por hijos a Roberto Mateo, Guadalupe, Alicia, Benjamín, Carlos, Lucha, Enrique, María y Pascuala Arias Cano. III. Los pasos de López El Padre de la Patria, Héroe de la Patria, Generalísimo de las Américas, son sólo algunos nombramientos que se le han otorgado al célebre cura de Dolores, cuya acción marcó huella indeleble en la historia de nuestro país. La imagen de este ilustre personaje ha sido objeto de innumerables estudios de índole histórico con un tono serio y solemne, como lo requiere una figura de importancia trascendental; lo propio ha ocurrido con personajes históricos de la misma relevancia. En el terreno de la literatura, con la novela histórica, no se alejaba mucho del tono del discurso histórico. Sin embargo, fue en la década de los setenta que apareció lo que los críticos llaman la Nueva Novela Histórica (1). Es capital, antes de continuar, introducir la diferencia hecha por Aristóteles entre la tarea del poeta y la del historiador; la tarea del escritor (poeta para Aristóteles) y la del historiador; es obligatorio recurrir a lo dicho por Aristóteles en su Poética: “No es oficio del poeta contar cómo sucedieron sino cual desearíamos hubieran sucedido y tratar lo posible según su verosimilitud...” (Aristóteles, 1996: 143-144). La verdadera diferencia, dice Aristóteles, entre uno y otro, no radica en la métrica con la que escriba el poeta, sino en que el historiador dice las cosas tal y como pasaron, en cambio el escritor dice las cosas como hubieran pasado. Además “la poesía trata sobre todo de lo universal, y la historia, por el contrario, de lo singular”. Al hablar de lo universal, Aristóteles se refiere a lo que es verosímil de manera que el poeta podrá imponer nombres a personas, al contrario de lo singular del historiador que dirá lo que le pasó a una persona en particular. El realismo de la literatura descansa en el concepto de verosimilitud, que no es otra cosa que el carácter que poseen los textos narrativos pertenecientes a la ficción del arte literario, los cuales deben ser considerados como creíbles desde una verdad poética y no histórica. Así, un texto de ficción no tiene que ser verificable, bastará que sea verosímil para creer en él, y sin tener que comprobarse. Retomando el tema, la novela histórica es un género que, a grandes rasgos, se caracteriza por la incorporación de la historia en un mundo ficticio, la cual se ve influenciada en conformidad con los cambios y procesos sociohistóricos. Entre algunos de los personajes históricos que han sido protagonistas de nuevas novelas históricas figuran Cortés, Colón, Bolívar y Santa Anna, entre muchos otros. Esta clase de novela se vale de personajes históricos significativos, aunque cabe mencionar que no necesariamente tienen que haber sido próceres. La novela del escritor guanajuatense Jorge Ibargüengoitia, Los pasos de López (1982), se inscribe dentro de este género al relatar los hechos de la gesta independentista desde una visión desmitificada y paródica. Dicha obra forma parte de las llamadas novelas del Plan de abajo, formadas también por Maten al león (1969), Estas ruinas que ves (1975), Las muertas (1977) y Dos crímenes (1979). Estas novelas, entre otras cosas, comparten la constante de los lugares ficticios Plan de Abajo, Ajetreo, Cañada, Cuévano, etc. En la novela de marras, el autor cede la voz al personaje Matías Chandón, artillero que servía en un regimiento de dragones cuyas aspiraciones, al comienzo del relato, eran ocupar una plaza en el batallón de Cañada. Es este personaje el narrador principal y quien lleva el hilo conductor del relato: Me llamo Matías Chandon, soy artillero, pero servía entonces en un regimiento de dragones. Teníamos dos años acantonados en Perote. Hacía unas semanas que había sabido que en Cañada estaba formándose un batallón provincial... (Ibargüengoitia, 2002: 11). En Los pasos de López presenciamos al personaje histórico Miguel Hidalgo y Costilla ficcionalizado en Domingo Periñón, desmitificado, es decir, no se nos presenta al personaje legendario que nos manejan los libros de la historia oficial, al contrario, se nos muestra un lado humano, pero a la vez privado (2): No llevaba sombrero y tenía la calva requemada por el sol, se sabía que era padre por el alzacuello, pero en vez de sotana llevaba pantalones y botas con espuelas. Cabalgaba dejando colgar el brazo izquierdo en cuya mano llevaba siempre la vara que usaba para espantar perros (Ibargüengoitia, 8). Asimismo asistimos al relato de un personaje, que la historia oficial maneja como épico, a un ser en la intimidad, alejado del discurso apologético y pomposo que se maneja en las biografías oficiales: Nos sentamos a platicar. Ellos se trataban con mucha familiaridad: “Pepe” era Aldaco, “Luis” era Ontananza, Periñón era “Domingo” y el presbítero Concha, “Juanito”. La corregidora era para todos “Carmelita”. Me enteré de que... Periñón tenía cultivo de gusanos de seda y que los que le habían mandado de Manila habían llegado muertos... (Ibargüengoitia, 24). La trama del relato es aquella que narra los pormenores de la gesta heroica por parte de los caudillos insurgentes y el descubrimiento de la misma, así como la proverbial desigualdad entre criollos y españoles. Aunado a ello advertimos el estilo propio del autor, maestro como pocos, para imprimir en sus novelas el humor negro, irónico e irreverente. En el marco de la ficción, el contexto desempeña un papel muy importante, pues además tiene la función de seleccionar, actualizar y es susceptible de aplicar, según Hamon, “de ampliar esta noción de contexto a todo texto histórico y cultural” (Hamon, 1996: 131). De manera que el empleo de un personaje histórico quedará supeditado “por una Historia previa ya escrita y fijada” (Hamon, 1996: 132). Entonces, atendiendo a esta teoría, significa que al empleo del nombre de Periñón (que de antemano sabemos es la ficcionalización de Miguel Hidalgo y Costilla) queda su accionar en cierta medida comprometido desde el momento mismo de su mención, por llamarlo de alguna manera, es decir, que dentro de la novela está ya predestinado el levantarse en armas y ser actor principal de la Independencia de México. Quedará fija la funcionalidad narrativa de un personaje cuyo nombre tiene referencia en la historia y cuyo papel ya ha sido fijado por ésta. Estamos ante personajes que reflejan un mosaico de características humanas: pasión, ingenuidad, participación, sensualidad, sagacidad, convicción y traición. Quedan al margen los hechos sangrientos y la guerra encarnizada que localizamos en los libros de historia oficial. La relación que hace el lector sobre los personajes y la geografía y los acontecimientos de Los pasos de López con los del movimiento independentista resulta inevitable en virtud de lo consabido del tema. IV. Guanajuato en la historia Miguel Hidalgo y Costilla es pues un personaje icono de la historia oficial mexicana. No es casual si consideramos la importancia que en el Bajío mexicano, y en particular Guanajuato, ha tenido —históricamente— la Iglesia Católica en el quehacer cotidiano de sus pobladores. Miguel Hidalgo era religioso, es decir, tenía un peso sumamente importante al interior de la estructura social. No fue casual el hecho de que se erigiera como líder espiritual y luego social. Como tampoco es casual que haya sido en Guanajuato el levantamiento. Si nos detenemos y analizamos la historia de México, nos vamos a percatar de que muchos de los grandes cambios sociales se han gestado en la cuna de la independencia de México, hasta el último acaecido en el año 2000 con el ingreso del PAN y el ascenso al poder del leonés Vicente Fox Quezada. El Bajío es una región histórica, es un semillero inagotable de talentos y grandes próceres. No por nada Guanajuato es considerado como el lugar donde nace la historia de México. Los hechos no mienten. La historia es la maestra de la vida. Bibliografía • GARCÍA BACCA, Juan David. La poética, 1996. • HAMON, Philippe. “La construcción del personaje” en Teoría de la novela. Antología de textos del siglo XX, Enric Sullá (Ed.), Barcelona, Grijalbo-Mondadori, 1996. • IBARGÜENGOITÍA, Jorge. Los pasos de López, Joaquín Mortiz, 2002. • MENTON, Seymour. La nueva novela histórica de la América Latina, 1979-1992, México, Fondo de Cultura Económica, 1993. • PONS, Mª Cristina. Memorias del olvido. La novela histórica de fines del siglo XX. México: Siglo XXI, 1996. • ROSAS, Alejandro. Mitos de la historia mexicana, de Hidalgo a Cedillo, Planeta, México, 2006. • SEYDEL, Ute. “Ficción histórica en la segunda mitad del siglo XX: conceptos y ficciones”, en Escritos, UAP, 2003. Notas 1. Particularmente, la novela histórica tradicional en Hispanoamérica se ha gestado bajo la luz de diferentes corrientes literarias hasta dar paso finalmente a la Nueva Novela Histórica, misma que ve la luz en los años 70 caracterizándose por la multiplicidad de perspectivas, anacronías históricas, el uso de la ironía, la parodia y lo burlesco, desmitificación de los personajes o hechos históricos, etc. 2. Ute Seydel señala que gracias a la desmitificación de la historia se permite incorporar lo fantástico, lo apócrifo, lo surrealista, lo onírico y los mitos a la ficción histórica. ** Iván Javier Mendoza Castañeda ivansititito@yahoo.com.mx Investigador mexicano (Irapuato, Guanajuato, 1982). Licenciado en letras españolas egresado de la Universidad de Guanajuato (http://www.ugto.mx). De febrero de 2009 a marzo de 2010 se desempeñó como jefe de la Librería Educal Irapuato. Actualmente cursa el segundo semestre de la Maestría en Artes por la Universidad de Guanajuato. ** Luis Omar Montoya Arias puropadelante01@yahoo.com.mx Investigador mexicano (Irapuato, Guanajuato, 1982). Es licenciado en historia por la Universidad de Guanajuato (http://www.ugto.mx). Investiga todo lo referente a la historia de la música latinoamericana. Actualmente cursa una maestría en historia en la Universidad Autónoma de Sinaloa (http://www.uasnet.mx). ||||||||||||||||||||||||||||||| LETRAS |||||||||||||||||||||||||||||| *** Dualidad del silencio (extractos) Elisa Dejistani *** Bichos Ramiro Sanchiz *** Poemas Yoandy Cabrera *** Los sueños de la eternidad en el tiempo (extractos) Alejandro Maciel *** Textos del poemario inédito El hilo Mar Benegas *** El constructor de playas Mirco Ferri *** Poemas Leider Utria *** El niño que quería escribir un cuento Olivia Vicente Sánchez *** Poemas Susana Ríbolo *** El barbero de Cojímar Jorge Luis Llópiz *** La casa del poeta muerto Rodrigo Jara Reyes *** Anexo 2 Paula Winkler *** Poemas David Izquierdo Arispón *** Marisa y el desequilibrio Nixon Piñango *** Dos poemas Sergio García Díaz *** La implacable tiranía del frío Begoña Roldán Juez === Dualidad del silencio (extractos) Elisa Dejistani ================ Dualidad del silencio Elisa Dejistani Poesía Ediciones Botella al Mar 2009 *** La palabra Palabra escrita en la arena de los mitos canto aciago de las sirenas Con manos de orfebre tejedora de intriga con perfil ambiguo dimensión de ausencia Palabra con soles colgados en la voz arrancada del fuego Palabra que muerde entrelíneas señales de humo *** Espectros Quién insiste en rebelarse Para quién soplan las bocas liberan el sonido Quién acude entre renglones conjuga tiempos derrama el oro del insomnio escarba en la prosodia un grito sofocado: La escritura del cuerpo su condena Quién golpea desde una letra oscura *** Legado Tengo aquí el peso arrugado de la historia: Esa infamia latente inmolación en los campos complicidad del silencio Tengo aquí una sucesión de espanto siempre joven el gobierno inhábil de mi cuerpo y el olor del cinismo mezclado a la ternura Qué más puedo pedir *** Hamacarse en Granada A Federico García Lorca Hamacarse hamacarse en las lunas de la casa en la casa de la luna En la piedra de los libros en la cueva de los ritos Hamacarse es la consigna musicar el lamento en el fuego del cante Hamacarse es la contracara la llave maestra Hamacarse desde Uruk hasta Granada Hamacarse en la púrpura del acorde en que Federico se encuentra o vuelve Pero hamacarse en sol mayor en el mi sostenido de los campanarios Hamacarse en lo alto de las grullas en los juegos que improvisa la luz Hamacarse enamorado a todo volumen hamacarse a solas hamacarse en Granada *** Horacio In Memoriam Sé que en el fondo de los portales Principia el canto DE UN TIEMPO DESCONOCIDO y me pregunto dónde quedó el acento de las profecías dónde se abre la señal en que huye tu boca qué fue del pétalo entumecido en tu piel Vacías las palabras desencadenan el hastío *** La cita es el poema Hay una reja escondida en cada letra la espina afilada del silencio Esperma sangrante entre vaivenes y bramidos Tinta del hijo naciente cintura del aire en que los relojes titubean Hay una reja crispada en la ronda de los magos y un brote de abandono mordiendo la entrepierna Todo por un choque furtivo o tal vez por una caricia en la cita del poema *** Vibraciones Crecí en una clave infierno o paraíso encerrado en la piel Crecí extranjera por mucho tiempo suspendida en la alta marea gemela del mar y de la nube: apología de azucenas Reencarno en la música del tacto en el ritmo del deseo en la abstinencia del sol *** Sin título I Todo lo que queda es desamparo conjetura sin ambages esta casa que me contiene y al mismo tiempo me expulsa Todo lo que queda es un tatuaje sobre la escarcha abecedario del cuerpo en letras clandestinas corredores donde se reunían los amantes o quizá aquel beso fusilado en el exilio === En la fragilidad de la palabra me resguardo de mí misma: sicario con el que deletreo mi costado izquierdo mientras el derecho se llena de manchas y arrugas y puntos suspensivos Por eso la bestia que me habita ataca a mi sombra la retuerce mastica el alto rugido de la sangre y por fin se entrega ** Elisa Dejistani bettinaromana@yahoo.it Escritora, artista y traductora argentina (Buenos Aires, 1950). Es licenciada en bellas artes. Ex miembro del Consejo Directivo de la Asociación Argentina de Artistas Escultores, colaboró en diversos periódicos y revistas de su país y del extranjero, siendo corresponsal y traductora de dos periódicos latinoamericanos de Roma, Italia. Desde 1996 vive, trabaja y expone en Italia. Ha publicado los poemarios Misteriosa magia (1977), Exilio para no morir (1986), Disonancia del bronce en Makhac-kala (1990) y Dualidad del silencio (2009; bilingüe, español e italiano), la obra de teatro Jeroglífico (1991), y el ensayo Una estética del silencio (1992) y la antología de poemas, aforismos y grabados Con el sol en las manos (1994). Mantiene una bitácora personal en http://dejistanielisa.blogspot.com. === Bichos Ramiro Sanchiz ============================================ —Son las últimas pastillas —dijo Rex tendiendo sus manos como Morpheus—, una para mí, otra para uno de ustedes. Que ya no haya más drogas y que las últimas no alcancen para todos nos viene a demostrar lo bajo que hemos caído. O sea: cruzamos la línea: donde no hay drogas no hay civilización. Sólo barbarie. —Paso —dije—, que se la quede Jon. Me acomodé en la silla de playa y miré hacia la calle, hacia la costanera y hacia el mar. Estábamos solos en la casa de Claudia; Punta de Piedra demoraba su retorno de la playa y entre las calles y en los porches las cosas se disolvían en el calor de la peor noche de enero. —¿Qué efecto tienen estas? Me suena a que si son las últimas son la resaca, te conozco bien, hijo de puta. Rex se hizo el ofendido y empezó a explicarle a Jon que las había guardado para el final porque su efecto requería paz y tranquilidad. Un momento de introspección, dijo. Jon se encogió de hombros y tragó la suya. Le pasé la cerveza. —Pero igual contá qué efecto tienen —le pedí. Alrededor de la luz del porche orbitaban cuatro o cinco bichos. —Me dijo mi designer que todavía están en un estado experimental, pero que te afectan la memoria. En el mejor de los casos producirían la instalación plena en la conciencia de un recuerdo; es decir, revivís horas enteras de algo que recuerdes. No es selectivo, claro, y lo interesante es que el tiempo que te lleva rememorar ese momento pasado no concuerda con su duración... a ver, no sé si me explico. Recordás media hora de un día del 2005, ponele, pero el viaje no equivale a media hora en el tiempo intersubjetivo; o sea, aunque para vos sea exactamente media hora, para los que están contigo, para el tiempo reloj, serán cinco minutos, dos minutos, un minuto. —¿Y qué tipo de control tenés? —preguntó Jon. Por la calle pasó una pareja con dos hijos pequeños, esterillas, heladerita, baldes y palitas. No tenía ni reloj ni celular a mano pero serían las diez, supuse. Miré la luz del porche: se habían sumado tres bichos de esos más grandes y duros, como escarabajos resecos, también atraídos por la luz. —Ninguno... y todo. Es decir, no elegís el momento, pero una vez transportado allí tenés la ilusión de libre albedrío, de que vos elegís hacer lo que estás haciendo. Sin embargo, por supuesto, lo que hacés concuerda exactamente con lo que hiciste. Es como un viaje en el tiempo paradox-free. —Ah, estaría bueno poder cambiar cosas —dijo Jon, y pensé que era el primer ataque de la noche. —Bichos de mierda —dijo Rex, agitando las manos—; odio los bichos que se pegan a la luz —y señaló la pared que teníamos a nuestras espaldas—, miren todos los bichos hijos de puta que hay. Miré. Tenía razón. Mi perspectiva desde la silla sólo permitía detectar a los que daban el salto desde la pared hasta la órbita de la lamparita; sin embargo, pegados a la pared había muchos más insectos. Era una sensación desagradable, como las uñas en el pizarrón, un pensamiento incómodo y recurrente instalado en el mundo exterior bajo la forma de bichos, y entendí que pensar en el origen del ruido de los grillos o en el polvillo de las alas de las polillas era una forma fácil de erizarse de memoria. Pero el primer ataque literal lo lanzó Jon. —Bueno, Rex, habrá que decidir qué hacer ahora, ¿no? Fijate que nos quedamos sin banda. Suspiré. —Y sí, Joncito, una vez más somos vos y yo, nomás. Jon me miró. —¿No tenés nada para decir? Negué con la cabeza. —No estoy dejando la banda, Jon, estoy dejando la gira. Necesito un tiempo para mí, nada más. Acá, en Punta de Piedra. —¿Te quedás con la petisita culona de la librería, no? Rex se levantó y entró a la casa. Jon me miró esperando la respuesta. —Voy a alquilar una casa. Quiero pasar el verano acá, quiero escribir. ¿Vos entendés que yo me metí en la música, en Santuario primero y luego con ustedes, ante todo porque no podía escribir? Bueno, ahora puedo. Y necesito tiempo para mí. Toda la banda, estuve a punto de decirle, toda la música, los toques, la gente, todo aquel tiempo entre el 2002 y el presente fue apenas un mal sueño, una pesadilla de mi imposibilidad de escribir. Entonces ahora, entre los bichos, estaba empezando a despertar. —Claro, y nosotros nos jodemos, ¿no? Jon se cruzó de brazos. Tomé un trago de cerveza y se la pasé. —No te pongas así. Dame unos meses, dame un mes y medio; después tocamos. En Montevideo, qué se yo... vemos. Rex regresó con una lata de insecticida. Apuntó hacia la pared y pulverizó una buena dosis del líquido. Tosí. —Rex, la puta que te parió, ¿me querés envenenar? —le grité, riéndome. —Jodete por insecto, Gregorio Samsa... yo soy el exterminador. El olor del veneno era insoportable pero empezó a disiparse de inmediato. Ninguno de los bichos pareció verse afectado. —Hay que traer otra chela —dije. Jon, quizá un poco arrepentido de haber esbozado la discusión, se levantó de un salto y entró a la casa. —De chico me acuerdo que era sonámbulo, hasta los once o doce años —comencé—. Un día me despertó el ruido de unas hormigas voladoras, o casi me despertó, porque seguramente todo lo que pasó fue en un estado sonámbulo de semiconciencia. Eran hormigas voladoras pegándose contra un placard que tenía en la casa de mis abuelos acá mismo, en Punta de Piedra. O sea cientos de hormigas, bueno, menos a lo mejor pero, en mi sonambulismo o sonambulez me sentí rodeado, rodeado por cientos, miles de hormigas voladoras. Entonces agarré uno de esos viejos insecticidas a flit, ¿te acordás?, que tenían un émbolo y había que hacer ese movimiento de garche como si te cogieras a los insectos —Jon apareció con una cerveza destapada; mirá que sos un asco, vos, dijo, te querés coger a los bichos de mierda—, y así les pulverizabas el liquido que tenías en un depósito. Esa noche, entredormido, debo haber vaciado la maquinita de flit. El aire se volvió irrespirable pero yo no me daba cuenta. Mis abuelos, imaginate el olor que habría por toda la casa, terminaron por despertarse y empezar a toser; cuando se dieron cuenta de que era yo dale que te dale flitando a las hormigas me sacaron afuera, a que tomara aire, a ver si me despertaba o qué. Hubo que ventilar todo, y lo curioso es que no recuerdo haberme ido a dormir después, ni tampoco haberme despertado. No sé. Es una bobada pero todavía lo siento como un recuerdo de esos un poco irresolubles... —Pará, ¿te estaré transmitiendo el efecto de la pastilla telepáticamente? —Rex lo decía en serio—, ha pasado antes, una vez Jon viajó todo el viaje que estaba viviendo yo, sin haber probado nada... —Bueno, pero no te olvides que Jon es especialista en vivir los viajes de los demás... Esa fue mi pequeña venganza. Tomé un buen trago de cerveza y la volví a dejar en el piso. —Lo que yo no puedo creer —dijo el aludido, facilitada su reentrada al juego— es que justo hayas resuelto dejar la banda... la gira, el mismo día en que a la flaca de mierda esa, a la flaca del orto esa también se le da por volver a Montevideo. Y que, para colmo, hayamos tenido un batero tan cagón que cuando se queda sin cantante y sin primera guitarra lo primero que piensa es ¡yo también me voy! El zumbido de los bichos empezó a hacerse demasiado notorio. Ahora había una buena cantidad girando alrededor de la lamparita; no quise mirar hacia la pared. —No es tan así, Jon —comencé, pero no supe cómo seguir— no es tan así. —¿Ah, no, Fede?, ¿y entonces cómo es? —preguntó Rex, tomando un trago de cerveza. No respondí de inmediato. Ante el silencio repentino, el zumbido y crepitar de los bichos pareció acercársenos como cargado por una ola o como si fuese en sí mismo una ola de ruido blanco; el mar se retiraba para dar paso al tsunami. Desde la costanera subía la gente atontada o asustada por la playa y la noche. —Para empezar, Guillermo se fue de la banda porque no se bancó más los problemas que siempre tuvo contigo, Rex. Y todos sabemos que nunca ejerció un compromiso real con la banda, que era un pibe común y corriente que en algún momento pensó que sería divertido tocar con frikis como nosotros. Por otro lado, lo que él siempre hubiese preferido hacer es, no sé, tocar covers de los Red Hot Chili Peppers en boliches chetos. Pero, claro, si no tenía problemas con nadie en la banda, si no tenía que bancarse nada que le rompiera las bolas, entonces seguía tocando; es un batero, ¿qué más querés? Son tipos que en general, no te digo siempre pero sí en general, no participan de los conceptos o de las estéticas o de lo que puta queramos giles pretenciosos como nosotros en la música, ¿entendés?; lo que él siempre quiso fue tocar y pasarla bien, y sin cantante y todavía bancándose a vos, y para colmo con una guitarra menos, habrá pensado yo de acá me borro, yo esto no lo saco adelante... —Exacto, lo que yo digo —levantó la voz Jon—, que es un cagón, que se fue a la mierda justo cuando más se lo precisaba. O sea... con una guitarra sola hemos tocado; con Rex cantando también hemos tocado. Pero sin batero no podemos tocar, no vamos a sacar las acústicas y tocar un combo con temas del unplugged de Nirvana, ¿no? —Para nada, Joncito, le estás errando como de acá a Montevideo. Tranquilizate. Que se vaya la flaca de mierda de Perséfone me chupa un huevo; al contrario, me alegro. Nunca sirvió para nada. No canta bien. Es un palo vestido de negro paralizado ante el micrófono y para colmo haciéndose la cantante lírica. Que le den por el orto con un dildo gigante en una convención de lesbianas anabólicas. No me importa. Y Guillermo es un pelotudo, como bien dijo Federico acá, un tipo al que veo dentro de diez años con panza y en shorts lavando con la manguera el autito que pudo comprarse, los hijos correteando por ahí tirándose barro y los suegros sentados en reposeras mientras se hace el asadito. Nosotros no somos así, Joncito, no tenemos que quemarnos la cabeza por esa gente, ¿OK? A mí me quema cortar con la gira, porque venía bien; a mí me quema que Fede deje la banda, o no saber si en verdad la está dejando o si solo es una pausa o qué. Eso me quema. Cantar, canto yo. Al que le guste, bien, y al que no, que se vaya a sacar fotos en la convención de lesbianas o a encerarle el Fiat Uno a Guillermo. Vos te preocupás por la batería; tenés razón, obviamente no podemos seguir la gira, pero en Montevideo hago cuatro llamadas y al día siguiente estamos ensayando con un batero más demente que John Bonham y Keith Moon juntos. Todo eso es prescindible, reemplazable. Pero Fede acá, y la puta que lo parió por esto, no lo es. Tampoco supe qué decir. Tomé la cerveza y bebí un buen trago. —O sea —continuó Rex—, no es prescindible ahora; danos un mes y todo vuelve a la normalidad —rió—, pero igual queda la pregunta, ¿qué hacemos ahora con la banda? También preferí reírme. —Che, esto de los bichos es una mierda —dije—, me tienen podrido... no quiero ni mirar a la pared. Estábamos los tres enfrentando la calle y ninguno quería mirar hacia atrás. Entendí, como pasando las páginas de una edición ilustrada del Infierno, que pronto habría una capa compacta de insectos vibrando sobre la pared. Rex tomó una guitarra y empezó a tocar “Rooster”, de Alice in Chains, y no fue que sintiera un déjà vu, pero sí entendí que aquella proliferación de bichos ya había sucedido en mi vida, demasiados años atrás. —Me parece que esas pastillas venían falladas —dije—, ¿o han sentido algo? —Yo ya viajé tres veces en el tiempo —dijo Rex—, pero los viajes para ustedes deben haber durado segundos, menos que segundos. Es impresionante. Jon puso cara de no entender. —Yo todavía no sentí nada, ¿habré hecho algo mal? —Diferencias metabólicas —sentenció Rex—, ya te hará efecto. Sentí una picazón en la nuca y acerqué la mano para rascarme. Eran los bichos. —¡La puta que los parió, bichos de mierda! —dije, levantándome de un salto y sacudiéndome el pelo y los hombros. Miré la pared: polillas, mariposas nocturnas, escarabajos, langostas, capas y capas, insectos sobre insectos. Jon también giró para mirar aquel caos crepitante digno de un Lovecraft más amargo. —Esto no puede ser normal —dijo—, se está llenando de bichos de una manera como jamás vi en mi vida... ¿de dónde puta vienen? —No sé —dije, adelantando la silla, lejos de la pared—, pero en cualquier momento me voy para adentro y cierro todo. Menos mal que no dejamos ninguna luz prendida. —Con este calor adentro va a estar insoportable —dijo Rex—, la tormenta del otro día hizo todo lo contrario a lo que se espera en estos casos. Está agobiante, y me parece que es por eso que vienen esos bichos. Estoy seguro de que es por eso —y entrecerró los ojos, sin dejar de rasgar la guitarra. ¿Estará viajando?, pensé. —Yeeah —cantó—, they come to snuff the rooster.... Yeeah... here comes the rooster... he ain’t gonna die... you know he ain’t gonna die... —A lo mejor hay un bicho rey —dijo Jon—, y todos estos bichitos minion están preparando las cosas para su llegada. —Si es así —dije—, no quiero estar afuera cuando aparezca, bicho de mierda. —Es un mar de bichos —dijo Rex, dejando la canción y pasándome la guitarra. Empecé a tocar “Jeremy”, de Pearl Jam. No podía apartar de mi mente la imagen de un mar de insectos. —¿Ustedes se acuerdan —comencé— de aquella vez hace dos años, cuando fuimos a lo de mi amigo Miguel, en Santa Lucía del Este? —¿Aquella vez que nos agarró la tormenta, qué digo tormenta, el huracán en la playa? —Exacto. Me acordé ahora que dijiste mar de bichos... y ahora que lo pienso todos fuimos unos cagones esa noche, todos, yo el más cagón. Vos, Jon, llegaste a gritar bajo la lluvia ¡bueeenoooo peeeeroooo si meee mueeeroooo iguaaaaal grabeeee un diiiiiscooooooo!, y Rex, vos estabas desesperado buscando cualquier posible refugio para meterte, corrías de aquí para allá sin saber qué mierda hacer. —Me acuerdo —rió—, pero, en mi defensa y en la de Jon, tenés que convenir que esa noche se venía el mundo abajo. Lo peor es que lo sabíamos antes de tomarnos el ómnibus, sabíamos perfectamente que se venía la tormenta. Y si vos no te hubieses perdido habríamos llegado a tiempo a lo de tu amigo, no se hubiese ido a no sé dónde es que se fue y al menos podíamos quedarnos en su casa... —Lo peor fue lo mío —dije—, porque en aquel momento estaba leyendo mucho esoterismo, ¿te acordás? Magia ritual y todo el asunto, o sea, llegué a pensar en serio que podía practicar la magia ritual, y la mejor iniciación posible, se supone, es meterse al mar en una de esas tormentas, en plan hago lo que sea. Se supone que eso lleva a tu voluntad a un nivel especial, que es el de la magia. Menos mal que ya no creo en nada de eso, ¿no? Pero aquella vez pasé días enteros muerto de vergüenza por lo cagón que había sido. Era el momento perfecto, mar, tormenta, todo... Rex se encogió de hombros, supongo que entendiendo el mensaje. —No preciso la magia —dijo—, tengo drogas. —Tenías. Acaban de tomarse las dos últimas pastillas. Que, por otra parte, no les han hecho efecto alguno. —Yo viajé cuatro veces ya, pero ustedes no tienen cómo darse cuenta. —No me jodas, Rex. Se cruzó de brazos y alargó una mano como pidiéndome la guitarra. No se la di. Empecé a tocar “Coma White”. Los bichos caminaban por mi espalda y mis brazos, pero estaba claro que refugiarme en la casa era el equivalente de perder ante Jon y Rex. Era, de hecho, regalarles la partida. Debía resistir. —Estoy seguro que en cualquier momento va a venir el bicho más grande de todos —dijo Rex, apartándose una polilla del pelo. Los insectos volaban por todas partes; un huracán de insectos, un tornado de insectos, la entropía encarnada por insectos y llevándose el mundo a la mierda—, esto que estamos viviendo es un rito, los bichos lo hacen todos los años, es parte de sus vidas. Forman una nube como esta, que seguramente adquiere conciencia, como una mente-colmena o como un universo entendido como una criatura individual hecha de miles de células-insecto. Quizá está buscando comunicarse. —Nada busca comunicarse, Rex —dije, pasando a las estrofas de “Mr. Crowley”. —Esto es un embole —dijo Jon—, me parece que me voy para adentro. —Yo también me voy, no me banco más a los bichos. Se levantaron los dos y quedaron un instante de pie, mirando la pared cubierta por la frazada artrópoda. —¿Y adentro que hacemos, Joncito? ¿Tiramos una moneda para ver quién le da a quién? —Bueno, somos tres en realidad. —Yo no voy a entrar —dije. —¿Te vas a quedar acá con los bichos? —Si somos tres habrá que usar otro sistema. Jon entró. Saludos al rey de los bichos, dijo. Rex se demoró un momento. —Ahí tenés un mar de bichos y una tormenta de bichos... ¿no querés meterte? A lo mejor el rey de los bichos del que habla Jon también está esperando que lo rescates. —What if I give you the finger and you give me my phone call? —Up yours. Me voy para adentro. Me quedé pensando en cuánto más combustible de orgullo tenía para atravesar el huracán de bichos. Muy poco. Tomé la guitarra y me levanté. La gente que pasaba por la calle caminaba despacio y espantando los insectos con lo que tuviera a mano. Entonces recordé, de repente, que todos los años había noches así, de las más calurosas del año, cercanas a alguna tormenta especialmente intensa y llenas de bichos, noches en que los bichos llegaban a Punta de Piedra y cubrían con sus caparazones todas las lámparas del balneario. Al otro día la arena y el césped aparecían cubiertos de élitros, alas y patas minúsculas; no había —o nunca llegué a verlo— ningún Rey de los Insectos, sólo noches en que tenía que quedarme adentro, refugiado tras ventanas que jamás cerraban del todo, y mis abuelos echaban flit y contaban la historia de aquella vez en que me levanté sonámbulo en la mitad de la noche y casi nos intoxico a todos. Estaba abriendo la puerta cuando escuché que Jon gritaba ¡lo logré! ¡viajé! ¡viajé al pasado!, y Rex se ponía a gritar ¡yo también! ¡yo también! Demasiado. Toda mi vida, entendí, me había quedado adentro en la noche de los bichos. ¿Y si salía a caminar por las callecitas de Punta de Piedra? Quizá sí había un Rey de los Bichos, que anidaba en la plaza central o en la iglesia o en la mansión solitaria y pasaba su última noche de vida desintegrándose, como un alien varado en la playa contagiando de extrañeza a toda la ciudad que lo rodea. Todo era posible, como en el fondo más profundo del océano, como las historias grabadas en la piel rugosa de los calamares gigantes. Dejé la guitarra sobre la silla que había ocupado Rex y caminé, despierto, hacia la calle. ** Ramiro Sanchiz rasanchiz@hotmail.com Narrador y poeta uruguayo (Montevideo, 1978). En el presente a punto de terminar la licenciatura en letras, con intención de especializarse en narrativa inglesa del siglo XX, particularmente la obra de James Joyce. === Poemas Yoandy Cabrera ============================================ *** Adán en el estanque Génesis 3: 22 Como una fruta que la luz muerde el cuerpo del hombre costilla de agua en el Éufrates descubre su desnudez se bendice Su dedo es dios modelando el agua busca en lo frugal y vacuo aliento perenne aura perdurable en la transparencia Pasa la mano húmeda por los labios la agita modela su perfil en el aire rompe el pacto del viento y la soledad extirpa con su diestra lo invisible lo amargo Funde su reflejo en el trasluz rostro réplica que le ayude a construir lo que pudo ser *** Amanecer Esta mañana las palomas son barcos de nieve sólidos navíos que se precipitan en el duro piélago mentira de mar sobre el asfalto ávido de olas Las palomas no sonríen apenas pasan tácitas sin mover la cabeza no hacen ruido con las patas Sus picos de arcilla Dios barre el corredor las empuja por cordeles en sus pechos Las palomas están muertas de mentira blanca epidemia de alba en sus plumas el pecho es gris cuando resbalan en el polvo *** Lúthien Supe que poseer la inmortalidad no libra del sobresalto y el dolor que mi mano atravesada por la luz ardería irremediablemente hacia el silencio Y mi canto surgió del pulso y el deseo y mi vuelo fue opresión y libertad Grises mis ojos doblados como alces que el atardecer trenza amaron lo bello que se descompone y mi amor como el polvo se perdió en la cima de los vientos y en los puertos que la tarde abandona Un dios debe alejarse del trato humano su amor exige un habitáculo eterno y el hombre como la flor se abre a la terrible luz del alba sin medir el hilo escaso de sus días He adelgazado mi cintura y mi existencia ya de esbelta voy empequeñeciéndome pálida y mi pasión serpenteante y oceánica blanca y fría como la nieve en la mañana se amolda al cuerpo mortal de un hombre alabastro que un día se quebrará El amor como la leche tibia que se derrama irá a parar a las raíces más profundas bajo la tierra oscura de mi canto *** Presagio Alguien destruye los anchos muros de la noche verticales de arcilla invisible ásperos muros en que tendimos la tela y nuestros cuerpos Vuelan altos los ojos ciegos búhos del deseo espigas de savia oscura que ascienden a la constelación oculta para caer por la murada y áspera silueta del torreón se posan semillas indefensas ya junto al suspiro de las hojas que se pudren hojarasca que llora bajo nuestros pies Tu cuerpo contra el muro esta otra cara del amor que lo cercena epifanía triste Vamos a hacer una enramada donde pueda recostar mi huella en tu mano mi mano en el núcleo de la noche en el centro de tu rostro cicatriz sangrante Vamos a hacer de saliva ánforas transparentes en que acune palabras en que muera el verbo anudado que el viento ha de romper El amor no existe digo y mis ojos se hunden en la vigilia el amor es un vacío profundo que el deseo rompe una voz quebrada como ánfora al aire su descenso en que las figuras se cortan con toda la simetría de lo terrible y desconocido *** En los altos trirremes ...y que finalmente los medos pasarán... Kavafis. “Termópilas” I El canto de la espuma lo revela la soledad razona sonríe imagina el regreso de las naves La soledad soñó a Atenas no fueron los persas quienes anclaron en el Falero fue el pasto férreo del silencio el aire hiriente que hoy golpea el cristal Podría permanecer la tarde ungiéndome con aceite en la soledad del cuarto o peinándome como un joven griego antes del combate He de rozar la transparencia la batalla buscar mi cadáver en los transeúntes La soledad ancló en aquellas ruinas hoy lo hace en mi pecho ermitaño no fueron los persas frívolas criaturas amantes como nosotros de poder y culto Mis labios enhiestos esperan el ancla no al mortal moribundo que finge existir ni los carros extranjeros que me obligaron a escapar con los míos en los altos trirremes. II Nada puede hacer ya el hombre en mi contra solo lo incorpóreo ni el mármol ni los rostros efímeros sí la belleza eso que en el éter se deshace y eternamente vuelve *** Muerte en Venecia No en la sombra Tadzio ni en el confuso reflejo de esta agua enferma sino en el disco terrible de tus ojos en el argénteo aleteo del mar en ese árbol de incendios infinitos No tu cara en el fango del gozo en el lodo inocente que tu perfil transfigura sino el polvo de Ilión en tu cuerpo y yo envejecido atravesado por la daga irresistible de la belleza por silencios que como nudos de hielo afilado me traspasan Quise con el último gesto detener el disco que tus ojos lanzaron y ha vuelto como un espejo cruel el maquillaje corrido artificial me ha dejado sobre la silla como un bufón orgulloso y amargo Esta es la última visión tu cuerpo como un ánfora que la sombra alarga tus manos como una barca que el sol de la tarde ennegrece fruta negra en las aguas que pude alcanzar esta es mi visión y mi castigo yo que no me llamo Gustav que no conozco Venecia *** IX Todo habrá de perdonársenos la torpeza de escribir en la penumbra el chocar con las palabras monstruos invisibles el milagro de palpar la tiniebla como si fuéramos una familia egipcia Israel tenía luz en sus habitaciones Moisés extendió su mano hizo de la noche un denso muro donde inclinarse al prójimo era hundirse en él asomarse al silencio Moisés apagó el rostro de Faraón y quedó su seno llama negra alumbrando en el abismo *** X El primogénito de la mujer que vive tras el molino ha visto a la familia hebrea matar un cordero perfecto mojar un hisopo en la sangre poner una señal sobre el dintel de la puerta El hijo de la molinera no ha comprendido el ritual pero hubiese ofrecido un animal a Jehová si las plagas sucesivas no hubieran destruido todo el ganado de su familia Deseaba pintar su puerta con sangre anunciar también aunque fuese egipcio la dádiva lejana y oscura que lo hacía estremecer A media noche su cuerpo tembló como un cordero blanco ante el ángel de la muerte *** Varadero night Palpitante el agua impulsa la entrepierna borboteo ritmo universal golpe de la ola endurecida blanca como asta de cristal que desafía a la noche cuerpo enhiesto que a la noche asalta Bocabajo veo las luces el torso contra la arena Toronto Portugal se juega a las nacionalidades y es menos doloroso mientras el límite de tierra y agua me parte en dos Varadero night un muro donde el mundo converge donde el músculo del deseo es una pantalla atroz como toda estrella fría sin lugar ni juramento posible solo tráfico y sexo Varadero night donde el tormento es menor mientras el agua corrompe la tela y los músculos El amor distante en el olvido en el alcohol como un cuerpo lejano y dormido que el salitre y la arena tornan inconsistente ** Yoandy Cabrera yoandyc@gmail.com Escritor cubano (Pinar del Río, 1982). Licenciado en letras con perfil en letras clásicas por la Universidad de La Habana (UH, http://www.uh.cu; 2006). Máster en filología hispánica por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC, http://www.csic.es) y la Universidad Nacional de Educación a Distancia (Uned, http://www.uned.es), en Madrid, España, en 2010. Ha publicado ensayo, crítica y poesía en revistas como La Gaceta de Cuba, La Siempreviva, La Letra del Escriba, Dédalo y Cauce. Miembro fundador del consejo de redacción de la revista Upsalón, de la Facultad de Artes y Letras de la UH. Obtuvo el Premio Dador de Investigación del Instituto Cubano del Libro en 2009 y el premio de poesía de la Asociación Hermanos Saíz (http://www.ahs.cu) de Pinar del Río en el mismo año. Ha publicado el poemario Otoño me ha besado (Ediciones Loynaz, 2003). Ha sido profesor de lenguas y literaturas clásicas en la UH y en el Colegio de San Gerónimo (http://www.ohch.cu/san%20geronimo). Investiga la pervivencia de los motivos grecolatinos en la poesía y el teatro. Actualmente realiza estudios de doctorado en filología griega en España. === Los sueños de la eternidad en el tiempo (extractos) =================== === Alejandro Maciel ====================================================== *** Las apariencias de la verdad Sabemos que el Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”; los docetistas empezaron dudando de tantas afirmaciones y terminaron negando la realidad del garante. El nombre les viene de la palabra griega dókesis que significa apariencia. Cuando empezaron a debatir si Jesús era menor, igual o mayor que el Padre los docetistas dieron con una solución ingeniosa. Si uno afirma que Cristo y el Padre son la misma cosa, se interpone la existencia material de Cristo que evidentemente Jahveh no tiene: no bajó a la tierra en un pesebre, no vivió en Judea, no pescó en Galilea ni murió en la cruz del Gólgota. Este simple argumento material bastaba para impugnar la igualdad de ambas Personas. Para los docetistas la existencia física del Cristo fue una simple apariencia, un espectro proyectado por Dios para hacernos creer que habíamos hospedado a su Hijo. Razonaban de este modo: Cristo vino a salvar el alma, no la carne que es irredenta por naturaleza. El alma que vivió entre nosotros fue real pero el cuerpo del Salvador fue aparente, en María nada encarnó ya que nunca hubo carne alguna. Sus heresiarcas (de variada estirpe pero en su mayoría procedentes del paganismo) repudiaban la idea del sufrimiento, la mancilla y la deshonra de un Dios rebajado a escarnio de la plebe judía. Al paso le salieron dos contendientes: Tertuliano de Cartago quien leyó una sarta de citas (1 Cor, 1: 23-24, 1 Juan 1: 13-14, 1 Juan 4: 2-3) que contradecían el dogma docetista y San Ireneo de Lyon que reputó de indigna a la doctrina y ésta lentamente se extinguió en el siglo III. Pido detenernos un instante. ¿Qué decían los docetistas? Que Dios no podía ser material y mantenerse perfecto porque por naturaleza lo material es efímero, defectuoso, fugaz y perecedero. Algo del catecismo de Platón y sus dos mundos heredaron los docetistas y agregaron el repudio gnóstico hacia las inmundicias naturales del cuerpo humano que necesita evacuar continuamente materias indignas como orines, heces, sudores y caspa. Nada de esto convenía a la Segunda Persona que, de haber vivido fisiológicamente en el mundo, no hubiese podido liberarse de tal yugo excrementicio. Siguiendo con el razonamiento inmaterial, concluyeron que la encarnación había sido fraudulenta, un montaje cinematográfico dirigido por Yahveh para hacernos partícipes de su misterio sin arriesgar su divinidad. Sin carne expuesta al tiempo la Segunda Persona podía mantener su integridad y el pesebre, la fuga a Egipto, la oración en el huerto y el Gólgota se reducían a escenografías del drama divino que nunca salió del cielo. Para los docetistas nunca existió conflicto entre la eternidad de Dios aislada en la pesadumbre de su confinamiento y el tiempo humano que las Parcas hilan sabiendo que más tarde o más temprano será cortado por las tijeras aviesas. El docetismo se fue extinguiendo lentamente o sus secuaces se inscribieron en el Gnosticismo que cultivaban en los desiertos de Tebas austeros señores ermitaños. *** La eternidad en los demás Una queridísima amiga española acaba de enviarme un correo electrónico (todo se ha electrocutado en nuestros tiempos, Deo gratiae) en el cual adjunta un gran abrazo para un amigo común que falleció hace dos años. Este amigo era tan conocido que su muerte apareció en los periódicos de España y otros sitios; pero, curiosamente, esta amiga dio la triste noticia a colegas del instituto donde trabaja. Eso me llevó a preguntarme: ¿cuánto sobrevive nuestra eternidad en los demás? Sé que suena presuntuoso pensar que seremos recordados eternamente. Cambio la pregunta por una más modesta: ¿cómo pervive nuestro recuerdo en los demás? Creo que casi todos sospechamos que el arte sobrevive al artista aunque la publicidad editorial nos haga pensar que cuanto más venda un autor, más cerca estará de la inmortalidad. Esta fullería comercial no conseguirá disuadirnos; todos moriremos lo necesario, ni más ni menos, aunque algunas obras vayan ganando salud con el tiempo en tanto sus autores/as se llenan de arrugas, calvicie, artritis y olvido. Las grandes obras de la Literatura son monumentos de tiempo que han vencido a los siglos y su insaciable vocación de amnesia. ¿Se olvidarán alguna vez La Odisea, La Divina Comedia, Las Lusíadas, Hamlet, Fausto, La Orestíada? ¿No sería un pecado mortal para la humanidad? Para esta querida y joven española nuestro amigo no murió aún; o dejó de morir un instante en el que ella lo pensó recibiendo el abrazo que le había destinado a través de mí olvidando también que mi cerebro, lisiado por el tumor, tal vez no consiga recordar la encomienda. Esta querida amiga suspendió la contundencia de la muerte durante un breve tiempo en mi memoria también, contagiándola de dudas propias de un deudo. Al recordar a los demás le devolvemos una vida satélite, vicariante pero como el finado obispo Berkeley aseguraba que la mente sólo conoce lo que produce la mente, ¿no sería atinado pensar que si por un instante creemos de buena fe que alguien ya fallecido continúa viviendo, de algún modo sutil lo llevamos a la eternidad, es decir a un sitio sin referencias cardinales ni relojes que malgasten horas? El obispo Berkeley nos autoriza. No es poco. ** Alejandro Maciel alebovino@fibertel.com.ar Escritor argentino (Corrientes). Ha publicado diez libros, el más reciente de los cuales es la Culpa de los muertos (Ínsula Libros, Barcelona, España, 2008) Dirige la revista-libro semestral Palabras Escritas (Editorial Servilibro). Mantiene una bitácora personal en http://alebovino.blogspot.com. === Textos del poemario inédito El hilo Mar Benegas ================== *** del silencio entrar al silencio despojados de vértices. Hallar un templo donde apaciguar al lenguaje, grito sin tregua despoblando el aire. En las manos mansas plegarias se sostienen, un inguinal camino y el torso encendido. Entrar al silencio, y desde él, vaciarse del lenguaje, arrancar de los párpados la angustiosa necesidad de nombrar la hierba. Entrar y domarlo: ser silencio para el silencio. *** de la palabra Hay palabras bicéfalas: No se puede nombrar el poder sin que llore el hambre. Afilo mis dedos y lo intento, pero nunca es suficiente. *** de la muerte ¿Tememos los gusanos, rosados como el vino, o al sonido hueco que dejan sus túneles? Horadando la carne con bocas imperturbables, y el acantilado del nicho festejando el encuentro. ¿Qué otro universo cifrado de mandíbulas y mármol adecenta la podredumbre dejándola inmaculada? ¿Cabrá tanto, nuestro miedo y la caja? La muerte es una jaula: se ha de existir en el temor como se existe en un espejo. === ¿No ves el tiempo huir, con la luz entre las manos? ¿No encierra el latido un mundo de alambradas? ¿No saltas, acaso, sobre escombros? ¡Cuán perdido andas, cachorro sin dientes! ¿Buscas acaso dónde esconderte de tu sombra? Mientras los tiovivos escupen sus colores, tú acurrucas nieve en tu pecho y le hablas de signos helados en un alfabeto que no entiende, ¿parirá tu espalda alguna vez? o ¿te dejarás morir sin haberte conocido? ** Mar Benegas tunomemandas@hotmail.com Escritora española (Ribarroja, Valencia, 1975). Poeta, grafóloga y perito caligráfico, estudiante de ciencias laborales. Ha publicado Niña pluma niña nadie (Ediciones Amargord, http://www.edicionesamargord.com; 2010). Fue incluida en los pliegos Manual de instrucciones para abrir una caja fuerte, de la Fundación Inquietudes y Caudal (poetas de El Dorado, primavera de 2010). Textos suyos han sido publicados en revistas de poesía y en una obra de teatro contra la violencia de género. Realizó el proyecto de videopoesía Con-fusión (Ojos de Sal), junto al artista visual Jmi Silvestre. Es miembro de la Asociación Poética Caudal (http://caudaldepoeticas.blogspot.com). === El constructor de playas Mirco Ferri ============================= —¿Qué va a hacer hoy, compadre? —Fui temprano al mercado de pescado, y compré unos calamares que se ven más buenos que el carajo; creo que los voy a preparar en su tinta. Si se trae la bebida lo invito a comer. —¿Lo de siempre? —No, güevón, después de viejo voy a cambiar. Claro que lo de siempre... —Bueno, no se arreche. ¿A golpe de una? —Tá bien, lo espero entonces. Natalio Andrade colgó el teléfono, y pensó: “Este Juan Andrés sí es buena vaina. Qué suerte es tener amigos así”. Ellos se conocían desde siempre, y a lo largo de muchos años habían consolidado una excelente amistad, de esas que no son circunstanciales sino sólidas. Su vida tuvo cierto paralelismo: se casaron con pocos meses de diferencia, tuvieron dos hijos cada uno, y finalmente habían enviudado casi al mismo tiempo, cuando ya eran sesentones: ni tan viejos para aislarse del mundo, ni tan jóvenes como para dedicarse al parrandeo continuo. La mujer de Natalio había caído enferma un par de años antes de morir, por lo que éste tuvo que ocuparse desde ese momento de las labores domésticas; con el tiempo le agarró el gusto a los fogones y se convirtió en un muy buen cocinero. Tomaron la costumbre de reunirse los sábados: mientras Natalio cocinaba, Juan Andrés se convertía en barman, y en musicalizador. Así paliaban la soledad, conversando hasta altas horas de la noche, después de comer alguna de las especialidades de Natalio. De vez en cuando los acompañaban los hijos de ambos con sus respectivas familias, y entonces el pequeño lugar se llenaba de bulla y risas, y del sonido de las piedras de dominó. A la hora indicada se apareció Juan Andrés en el apartamento al cual se había mudado Natalio al enviudar, uno “tipo estudio” en el litoral: pequeño pero con todas las comodidades, como dicen los folletos publicitarios. Tenía un agradable balconcito que daba hacia el mar, el cual había transformado en bar, con un buen mesón de madera al estilo de las tascas españolas; allí se instalaba Juan Andrés a preparar el trago que acostumbraban: se habían aficionado al mojito cubano, en un viaje que hicieran ambas parejas a La Habana unos años antes de enviudar, y el improvisado barman se había vuelto experto en su preparación. Compartían otra afición, el jazz. Ambos eran unos entusiastas melómanos: Natalio se decantaba por la vertiente latina, mientras que Juan Andrés prefería el Standard. Eso era a menudo motivo de acaloradas discusiones, generalmente en son de chanza, aunque alguna vez la pugna sobre las calidades musicales de Charlie Parker y Paquito D’Rivera llegaba a ponerse intensa. Natalio estaba en la cocina, en plena faena: la limpieza de los calamares es una labor minuciosa, y más aun cuando se van a preparar en su tinta, ya que se deben preservar las bolsitas en donde reposa el negro líquido que le otorga el nombre y el sabor característico a la preparación. Es menester remover la membrana que recubre el cuerpo del calamar, y vaciarlo por completo, para que quede únicamente el blanco cono que es el molusco. A las cabezas también hay que darles un tratamiento especial: se les debe extraer el pequeño pico que viene siendo la boca, y cortar el extremo superior en donde reposan los ojos; de ese modo, quedan únicamente los tentáculos unidos por una pequeña circunferencia de carne, y parecen unos minúsculos pulpos; ahora bien, también se pueden aprovechar los ojos como fuente de color para el plato, ya que generalmente contienen algo de tinta. Los calamares estaban casi limpios cuando Natalio fue a abrirle la puerta a Juan Andrés: —¡Épale, compadre! Usted puntual como siempre, parece suizo, no joda... —Si quiere me vengo más tarde, para que no le moleste la “zuicés”... —No, no me molesta. Pasa, pues, no te quedes allí... Ese diálogo era parte del protocolo que habían establecido en los últimos tiempos; por lo general estaban de buen humor y disfrutaban molestándose mutuamente. —Compadre, además de la caña te traje un CD que te va a dar dentera: Money Jungle, con nada menos que Max Roach, Charlie Mingus y el señor Duke Ellington, para que te lo cepilles... —Ya me vas a venir a joder con esa gringada... dale nomás, que después te voy a sacudir con Charlie Palmieri para que regreses a tus raíces africanas... —Bueno, ponte de acuerdo: ¿soy suizo o africano? —Vamos a dejarlo en africano mojoneado. —¿Y ya me cocinaste? —Ah vaina, ¿tú eres marisco? Si quieres te monto en la olla... —Tá bien, me volviste a joder. —Estoy apenas terminado de limpiar los calamares, ¿quieres una cervecita fría mientras tanto? —No sería ni malo, ¡este piazo de apartamento es más caluroso que el cará! —Si quieres te vas al restaurant del frente, que tiene aire acondisoplado... —No, allí no me fían, y aquí la comida es mejor. Natalio sacó del freezer dos cervezas, las destapó y le alcanzó una de ellas a Juan Andrés. —Mira, ¡de liquiliqui y todo! Efectivamente la botella estaba totalmente escarchada, señal de que su contenido se acercaba al punto de congelación, y de que había gran humedad en el ambiente. Juan Andrés tomó un largo sorbo, y exclamó: —Ah, qué vaina tan buena... está como me la mandó el doctor. —¿Cuál doctor, el médico asesino? —contestó Natalio antes de repetir la misma acción de su amigo—. La verdad es que está como debe ser —dijo al beber su respectivo trago. —¿Puedo entrar a la cocina, a ver con qué me vas a envenenar? —Quería que fuera una sorpresa, pero pasa... Juan Andrés entró a la cocina, y al ver los calamares dispuestos en la gran fuente, exclamó: —¡Coño, compadre! ¡Parecen unos fantasmas de comiquita durmiendo la siesta! Efectivamente esa era la impresión que daban: semejaban 15 pequeños espectros acostados, tal vez las almas de unos infantes esperando por su entrada al limbo. —Verga, sí. Gasparín y sus amigos. Tú sí tienes vainas, Juan. Voy a seguir aquí, porque si no vamos a comer a las mil quinientas. Ya sabes que esta no es tu casa, así que no abuses... Mientras Juan Andrés se disponía a colocar el CD en el equipo de sonido, y a preparar de paso los tragos, Natalio sacó de la nevera el resto de los ingredientes: tres tomates perita, sumamente maduros, dos cebollas blancas y un pimentón grande, rojo. Dispuso los vegetales sobre la gran tabla de picar y procedió a trocearlos, obteniendo pedazos no muy pequeños. Al compás del ritmo sincopado del jazz, los colocó en una cacerola de cobre, a la que previamente había bañado de manera generosa con aceite de oliva extra virgen. En ese momento apareció Juan Andrés: —La primera dosis de mojito, compadre. Para que disfrutes mejor la musiquita que te coloqué. —Sí, vale, llama música a esa vaina. A ver a que saben estos mojitos, la última vez te quedaron bien malosos —hizo una pausa para probar la bebida—. ¡Qué raro, no sabe ni tan terrible! —¿Y cómo van los calamares? —Ellos no van a ir a ninguna parte, sino a esta perola de cobre. Ya lo que queda es trocearlos, colocarlos junto con los demás ingredientes, y darle candela. —Que bueno, ya me está dando hambre. —Por allí tengo un poco de jamón serrano, y un frasco de aceitunas. Si quieres busca eso en la nevera y te picas unas rebanadas del pan campesino que está allá encima de la mesa, para amortiguar mientras tanto. Por cierto, bien buena la musiquita. —¡Por fin pego una contigo, compadre! Vamos a entrarle a los pasapalos entonces. Natalio prosiguió con la preparación del plato: agregó los calamares troceados a la olla, puso en un mortero una porción de sal, unos cuantos granos de pimienta negra y 3 clavos de olor; trabajó un rato esa mezcla, y cuando estuvo bien molida e integrada la vertió sobre el resto de los ingredientes. En ese momento encendió la hornilla, y se dirigió al bar-concito, como lo habían bautizado tiempo atrás. Juan Andrés estaba recostado de la baranda, viendo hacia el mar, y comentó: —Cómo ha cambiado el paisaje desde el deslave, ¿verdad? Natalio tomó una rebanada de jamón, la masticó cuidadosamente, y replicó: —Que jode; la cantidad de rocas que bajó de la montaña, y el material de relleno, alejaron la costa en algunos puntos hasta 30 metros. Fíjate por ejemplo ese malecón: lo construyeron utilizando precisamente lo que vomitó la montaña. Efectivamente, un gran espigón de rocas penetraba como una daga en el mar; medía unos 50 metros de largo, a ojo de buen cubero. Era utilizado por los paseantes vespertinos, quienes acudían a contemplar los hermosos atardeceres, característicos de esa zona de la costa, durante los cuales el sol se hundía solemnemente en el mar, impregnando el cielo de tonos anaranjados, rosados y violetas que contrastaban con el azul verdoso de las aguas marinas. Durante la mañana, en cambio, abundaban los pescadores, de caña y de carrete, que cobraban frecuentemente catalanas, algún róbalo o simplemente sardinas. —Por cierto, compadre, ¿nunca te conté la historia del tipo que quiso construir una playa? Tiene que ver precisamente con el malecón. —Jamás, y eso que hablas hasta por los codos. —Sírveme otro trago mientras reviso los calamares, y después te echo el cuento. Pero prométeme que no vas a llorar como una carajita. Natalio se dirigió a la cocina, y destapó la cacerola: los calamares habían largado una gran cantidad de líquido. Ese era el momento propicio para que la preparación alcanzara su verdadera esencia. El cocinero colocó en un colador los saquitos de tinta que había preservado anteriormente, y con la ayuda del pistón del mortero los machacó sobre la olla. Empezó a fluir tímidamente un chorrito de tinta, que poco a poco ennegrecía los calamares. Con un cucharón tomó algo del líquido que habían expulsado los moluscos, y lo vertió sobre el colador, para ayudar a la bajada de la tinta. Repitió el proceso varias veces, hasta que el líquido dejó de colorearse de negro. Entonces tomó una cuchara de palo y revolvió los calamares, probó el sabor, constató que le faltaba un poco de sal y le añadió una pizca. Ya lo que se tenía que hacer estaba hecho, solamente quedaba esperar que el calor se encargara del resto. —Ajá, ahora monto el arroz blanco para acompañar a los fantasmitas, eso es un momentico. Puso una ollita con agua, un chorro de aceite y unos trozos de pimentón y cebolla al fuego, esperando que rompiera a hervir para agregar el arroz y el correspondiente punto de sal. Mientras esperaba eso, regresó al bar, en donde Juan se encontraba cambiando el CD por uno más del gusto de Natalio. Escogió “On fire”, de Michel Camilo, un excelente pianista dominicano. —Te cambié la música para que tengas un fondo más acorde al solemne cuento que me debes; espero que no sea una novelita de ñoña. —Tú juzgarás cuando lo escuches. Tomó un trago de mojito, comió un par de aceitunas, y comenzó el relato: —Estaba recién mudado a este apartamento, y siguiendo las recomendaciones del médico había tomado la costumbre de caminar todas las mañanas por la carretera que bordea el mar. Generalmente uno de los puntos que visitaba era el malecón. Al principio era imposible bajar hasta el mar por las piedras, ya que esa vaina era un despeñadero, pero poco a poco la fuerza de las aguas fue como despejando una esquinita. Eventualmente eso fue ensanchándose, y llegó un momento en el que ciertos carajos se atrevían a meterse a nadar, y de vez en cuando algunas personas bajaban con toallas a tomar el sol y a mojarse con la salpicadura de las olas. Un día noté un cambio en el lugar: alguien había colocado los soportes típicos para guindar toldos de playa, tú sabes, esos que ponen en los balnearios: enterraron unos cuñetes de pintura, los rellenaron de arena, y dentro de ellos levantaron las bases para los toldos. La cosa me intrigó, ya que a pesar de pasar por allí todos los días no había visto a nadie trabajando. Hizo una pausa, la cual aprovechó Juan Andrés para comentar: —¿Y tú eras de los que nadaban allí? —¿Yo? Ni de vaina, compadre. No tengo madera de suicida, zape. —Me lo supuse, tan cagón como siempre... pero sigue, que quiero saber lo que pasó. —Pasó que un día lo vi: era un hombre solo con una carretilla y una pala; estaba acarreando piedras, dejando poco a poco al descubierto la capa de arena que se encontraba debajo del manto rocoso. Era un trabajo sobrehumano, ponte a pensar cuántas piedras pueden caber en un área de unos 100 metros cuadrados, que era más o menos la superficie que pensaba liberar de las rocas. Su rutina era agotadora: con la pala cargaba todas las piedras que cabían en la carretilla, calculo que cada vez montaría unas 20 o 30 piedras grandes; posteriormente subía la carretilla por una rampa improvisada con unas tablas y echaba la carga al otro lado del malecón, y en eso andaba todo el día. Ese movimiento duró varios meses: al principio trabajaba de lunes a lunes, sin descanso; cuando la cosa empezó a agarrar forma, ya laboraba en la obra solamente de lunes a viernes, y el fin de semana se instalaba a regentar la improvisada playa que estaba construyendo; alquilaba los 5 toldos que había instalado, con sus respectivas sillas de lona; generalmente los bañistas eran todos de una misma familia, dado lo pequeño de la playa, y gozaban de la sensación de estar en un sitio exclusivo, sin aglomeración de gente que los molestara. El hombre tenía instinto comercial: inclusive montó una taguarita debajo de un techo de palma que construyó él mismo, en donde vendía cervezas y maltas. —Coño, qué loco... ¿Y nunca hablaste con él? —Casualmente sí. Como comprenderás, eso de construir una playa un tipo solo, con la ayuda de una pala y una carretilla únicamente, no es cosa de todos los días, y me picó la curiosidad. Así que un sábado me instalé en el balcón a pillar el momento en que el carajo acudiera a abrir operaciones. En lo que lo vi llegar bajé al malecón, y me le acerqué con la excusa de comprarle una friíta. Antes de que me digas nada, sí, soy un borracho sin compón. El asunto es que me instalé a tomar la cerveza, y a tratar de sacarle conversación, pero el tipo era de pocas palabras, casi un huraño. Empecé a preguntarle pendejaítas, tu sabes, que si la resaca que si la brisa que si las olas, esas vainas de gente de la costa, pero el tipo apenas me respondía con monosílabos. Me di cuenta de que ya se estaba empezando a fastidiar con la preguntadera, así que lo dejé hasta allí, ese día. Poco a poco el sitio empezó a hacerse popular: el hombre lograba ocupación total durante el fin de semana, y el negocio de la venta de bebidas también le estaba funcionando bien, gracias a la cantidad de visitantes que atraía el malecón. Tanto así que a veces tenía algunos ayudantes: un par de viejitos, seguramente jubilados, que atendían la venta de espumosas. —¿Y tú no metiste tu currículo? Creo que coincidías con la descripción del cargo. —Sigue mamando gallo, compadre, y cuando se te acabe me avisas. No concursé por el puesto, pero conocí a los personajes, y entre cerveza y cerveza me fui enterando de la historia de Alexis, que es como se llamaba el tercio de la playa. Epa, ya está oliendo sabroso... voy a la cocina un momento, aprovecha y me repones el trago, que se me evaporó... Un delicioso aroma a especias y a frutos del mar invadía el ambiente. Una vez en la cocina, Natalio agregó el arroz y la sal a la ollita en donde hervía el agua, le bajó el fuego y la dejó semitapada, y volvió a probar los calamares: ya estaban bien de sabor, pero todavía tenían mucho líquido; los dejó destapados a fuego muy bajo, para que terminara de espesarse la salsa. Puso 20 minutos en la alarma del reloj de cocina (el tiempo necesario para la cocción del arroz) como recordatorio, y regresó al balcón con intenciones de culminar su relato. —Coño, no me dejaste ni un piche pedazo de jamón, compadre... —Para la próxima compra más, deja la pichirrez. —Para la próxima voy a comprar mortadela. ¿En donde había quedado? —En tus panas los jubilados. —Ah, sí, los viejitos. De tanto ir al malecón me hice amigo de ellos, y me contaron la historia de Alexis. Es una historia muy común en estos lados, desgraciadamente. Él no era de por aquí, había nacido en el llano, en Apure específicamente. Sin embargo desde pequeño se le metió en la cabeza que quería vivir en la costa: cuando cumplió la mayoría de edad se vino para acá, y consiguió trabajo de estibador en el puerto. Al principio vivió arrimado en casa de uno de los viejos, que resultó ser su tío. Poco a poco fue progresando en el trabajo, ya que su vida anterior de veguero le había proporcionado una musculatura fuerte, apta para el trabajo físico. Tuvo varios amoríos, nada importante, muchachas que se ganaban la vida en el puerto mayormente; pero un día conoció a la que iba a ser su mujer; se enseriaron, y en unos cuantos meses ésta quedó preñada. —Como que Alexis no perdía el tiempo, ¿verdad? —Sí, no se andaba con pendejadas. La muchacha tenía un terrenito a orillas de una quebrada, y en él Alexis construyó un ranchito, en los pocos tiempos libres que le dejaba el trabajo; nació la niña, compraron algunos enseres, algo de línea blanca, uno que otro mueble; tú sabes, como dicen en las novelitas por entregas, formaron un digno hogar. Las cosas le estaban marchando con normalidad: el trabajo de lunes a sábado, las cervecitas el viernes por la noche, los paseos por la playa con su familia los domingos. Hasta que llegó el deslave del 99, en donde lo perdió todo, y cuando te digo todo es así: mujer e hija incluidas. La fuerza del agua arrasó con la vivienda, de una manera tan repentina que no les dio tiempo de huir: la mujer agarró a la niña y trató de asirse de una mata, pero no aguantó mucho. Alexis se encontraba en el techo de la casa en ese momento, tratando de entender qué era lo que estaba pasando, y vio cuando la crecida se llevó a su familia. Se lanzó al agua para tratar de alcanzarlas, pero todo fue inútil: por poco se ahoga en el intento. De hecho pegó la cabeza de una piedra y quedó inconsciente, pero tuvo la fortuna de que la corriente lo arrastrara hasta un terraplén antes de llegar al mar. Lo rescataron al día siguiente unos vecinos que corrieron con mejor suerte. —¿Y las mujeres no aparecieron nunca? —preguntó Juan Andrés, a quien la historia lo había intrigado. —De ellas no se supo más nada: son dos de las miles de víctimas de esa tragedia que desaparecieron sin dejar rastro. Cuando la situación en la región empezó a regresar a una especie de normalidad, los vecinos notaron la ausencia de Alexis, y por largo tiempo no tuvieron noticias de él. Un par de años después supieron que estaba internado en el manicomio de Anare: parece que como consecuencia de lo que le pasó sufrió un trauma severo, y andaba vagando por la costa, enloquecido por el dolor; una organización humanitaria lo recogió de la calle y, después de efectuarle una evaluación psiquiátrica, se decidió que le convenía una temporada en la casa de descanso. Estuvo en ese lugar unos cinco años, hasta que le dieron de alta; en ese momento regresó a donde tenía su terreno, a levantar otra vez una vivienda. —Qué raro, yo me hubiera devuelto a Apure. —Pues él no, algo lo amarraba al lugar. Fue entonces cuando empezó con lo de la playa: algunos dicen que su intención original no era construirla, sino tratar de recuperar los cadáveres de su esposa e hija para poder enterrarlos cristianamente, ya que la quebrada desemboca por esos lados, pero esas son sólo especulaciones, porque él no volvió a hablar de ellas con nadie, que se sepa. —¡Qué trágica la vida de Alexis! ¿En qué paró? —Bastante mal: cuando parecía que las cosas se volvían a encaminar, cuando tenía una actividad que empezaba a ser reconocida y Alexis ya era una pequeña celebridad en la comunidad, tanto así que los periodistas de un medio local le hicieron un reportaje, con fotos y toda vaina, y había rumores de que el gobernador del estado se iba a acercar a conocerlo y ver su obra, sucedió otro evento natural que terminó de joderle la vida. Natalio hizo una pausa efectista, para darle énfasis al relato y de paso tomarse un trago. Juan Andrés lo instó a continuar con una mirada de impaciencia. —Un huracán que se desplazaba por el Caribe soltó un coletazo hacia nuestras costas, lo que provocó una tormenta espantosa, con un mar de leva que produjo olas de 5 metros de alto. Recuerdo que ésa fue una noche terrible: cayó una lluvia sumamente violenta que duró varias horas; a cada rato el fogonazo de un relámpago alumbraba el cielo, y en ese breve instante uno podía ver cómo las palmeras se doblaban por la fuerza del viento hasta casi tocar el piso, y a los pocos segundos retumbaba el trueno, tan fuerte como un disparo de mortero; creerás que es una exageración, pero el oleaje llegó hasta la carretera, inundándola. Al día siguiente, ya no existía la playa: toda el área se había vuelto a llenar de piedras, y las bases de los toldos ya no estaban. El trabajo de muchos meses se destruyó en unas pocas horas. —Tremendo golpe debe haberse llevado el pobre hombre... —No te imaginas cuánto: lo que ocurrió fue demasiado fuerte para él. La mañana siguiente a la tormenta lo vieron arrodillado en lo que quedó de su playa, llorando desconsoladamente. Por el estado en que se encontraba supusieron que había pasado la noche en el sitio, ya que presentaba varias cortadas y hematomas, y tenía la ropa hecha jirones. Trataron de hablar con él, pero fue inútil: nadie volvió a escucharlo pronunciar una palabra. Ni siquiera permitió que lo llevaran a una medicatura para curarle las heridas. Desapareció otra vez; nadie sabía su paradero. Dicen que sus nervios volvieron a colapsar, por mi parte opino que simplemente se le acabaron las ganas de vivir. Lo cierto es que un día lo consiguieron ahorcado de un poste de luz, justo al lado de su playa destruida. Cerca del poste encontraron los restos de una fogata y unas figuras elaboradas con piedras: cuentan los que las vieron que tenían una vaga semejanza con una mujer y una niña. —Coño, qué historia, Natalio... En ese momento sonó la alarma del reloj en la cocina. —Así es. ¿Bueno, que tal si comemos? Ya la comida debe estar lista. —Por mí no hay problema, ¿nos instalamos aquí, en el bar? —Buena idea, así tenemos vista al mar y te distraes de lo mal que vas a comer. Improvisaron un espacio para comer sobre el mesón, y pusieron dos mantelitos individuales, sobre los cuales colocaron la vajilla y los cubiertos. Natalio llevó las ollas hasta allí y sirvió los platos, mientras Juan Andrés preparaba dos tragos más. —Creo que debemos hacer un brindis por el eterno descanso de Alexis. —Yo también. Ambos levantaron sus vasos. —Al constructor de playas, esté donde esté. —Amén. ** Mirco Ferri mferris@cantv.net Escritor venezolano de ascendencia italiana, reside en Caracas y es consultor en informática. Ha publicado el libro de cuentos "Crónicas de la ciudad" en la Editorial Letralia, en mayo de 1997. http://www.letralia.com/ed_let/cronicas. === Poemas Leider Utria ============================================== *** Bicicleta soy el de las gafitas que de niño dio brincos como loco sobre el colchón de la cama paterna el arrabal desjuiciado que siempre madruga y se acuesta cuando canta el gallo el domador de las aguas mansas y los ríos contaminados el sinsonte con problemas vocales que afina en tonos confundidos ay amor soy el que se esconde tras tus faldas y empuja tus ruedas tu bicicleta por muy rápido que avance no puede con el poder de mis chavos desgastados y mis pies sin medias soy el del pelito que se mueve incluso cuando no sopla brisa de nariz chata y cuerpo en presencia que siempre viste de jeans y camisas de a botones quien no se emborracha y ama los circos que mata animales sólo para comer y no por diversión y toma agua dos veces al día ay amor soy quien te lleva la comida a la mesa y te recita cuentos que inventa en la medida que te subes la falda ay amor soy quien toma tu casa entrada la mañana sólo por diversión y se divierte con tu cabello trenzado y tus dientes rectos ay amor yo soy quien tú conoces *** Déjame que yo te canto de noche en fin que resulta que lo simple lo lleno de miles de teorías que destruyen los optimistas pensamientos de quienes ya renunciaron a lo único sencillo que tiene el ser humano lo que llaman algunos amantes del internet espacio y lo que llaman los amantes del licor libertad en fin que pasa lo que no ha pasado y lo que escribí alguna vez en una libreta vieja en fin que todo ocurre y ni cuenta me doy de ello en fin que descansaré sólo cuando necesite descanso junto a tulipanes y sábanas vacías en fin que te quiero y espero me arropes y si es posible llenes el vacío de la cama en fin que grito y nadie me oye sólo me escuchan los imperceptibles sentimientos de las derrotas en fin que soy un hombre sencillo un lado oscuro de lo que ponen las madres en las vitrinas para mostrar en fin que caigo y me levanto lleno de encanto como sólo el canto del que canta ofrece cuando canto y siento que al cantar te canto y créeme que te cantaré en fin que el final es sólo otro inicio otro caminito triste y sombrío y claro por supuesto que las ambigüedades están arrastradas entre la basura de la playa y tus pies helados sucios de esa arena cristalina con escarchas que brillan sobre tu cintura y yo yo te tomo la foto *** Las esquinas son santuarios y estás feliz me dices te creo nomás porque se nota tu sinceridad no mueves los labios como cuando me mientes al darme la hora y no espabilas como cuando te niego los besos estás feliz me dices y aunque tú no te lo creas yo sí me toca es una orden impuesta que me gobierna la conciencia si no te creo quien se volverá miserable seré yo e imposible que notes mi miseria sólo yo logro deducirte sé que cuando estás contenta tu cuello se estira que cuando estás en tus días te sonrojas y engordas un poco más cuando estás triste sólo escuchas salsa y rara vez desayunas con frutas sé también que de vez en cuando te das tus escapadas al centro y compras hierbas mágicas para tu tratamiento de belleza vaya que te conozco si sé que de día cuando amanece cuando sabes que despertaste te da miedo abrir los ojos no te atreves a decir buenos días y demoras dos horas en lavarte la boca nomás pensando si vale la pena levantarte así que vuelves a la cama y despiertas cuando suena la alarma por supuesto que sé cuál es el timbre de la alarma yo mismo la programé y como te conozco coloqué tu canción favorita no vale la pena decir cuál es pero para que veas que no miento es la que empieza con la guitarra acústica y al final entra el solo de piano y en el medio el cantante dice nuestra frase favorita las esquinas son santuarios ** Leider Utria leideru@gmail.com Escritor colombiano (Barranquilla, 1988). Tiene estudios en psicología y música. Edita la revista artística Bacanal (http://elbacablog.blogspot.com), que se distribuye física y virtualmente. Publicó en 2010 el libro de poemas El mundo en tres partes (MediaIsla, http://www.mediaisla.net). Mantiene una bitácora literaria en http://elareteperdido.blogspot.com. === El niño que quería escribir un cuento Olivia Vicente Sánchez ===== Claudio aprendió tempranamente a escribir. Con tan sólo seis años se acostumbró a pasar las tardes copiando las letras que conformaban los diversos textos de un libro de relatos que adoraba su abuela. Algunos de ellos contenían palabras cuyo significado desconocía, pero que, a sus oídos, resultaban de una sonoridad cautivadora: vejación, crisálida, primigenio, embelesar... Precisamente, en esos casos, subrayaba los términos con su color favorito, el verde, y los observaba con detenimiento, como si de esa forma aprehendiera su significado. Un día la maestra llevó al colegio el mismo libro de cuentos que releía a menudo la abuela y les divirtió con uno elegido al azar. Durante la lectura, mientras las palabras llegaban en un susurro a sus oídos, el niño se imaginaba a sí mismo en casa, con su lápiz verde y su cuaderno, recorriendo con dulzura los trazos correspondientes de cada expresión. Ya en casa, Claudio, al contar lo sucedido, mostró un entusiasmo inusitado ante su madre. Ella intentó calmarle con una merienda de chocolate y leche azucarada; pero el chiquillo se levantó de la mesa sin tocarla y salió corriendo en busca de su cuaderno: había tomado una decisión. Con el cuaderno en una mano y el lápiz verde en la otra se encerró en “el cuartito para ordenar la cabeza”, que utilizaba su padre. Claudio se sentó en la butaca, de la que le colgaban los pies; abrió despacio la tapa superior de la libreta; pasó las hojas hasta encontrar una en blanco; y, finalmente, se colocó el lápiz entre los dedos y apoyó suavemente la punta sobre el papel. Transcurrieron unos minutos: por fin Claudio había tenido una idea. Repentinamente las palabras brotaron del lapicero en un manantial esmeralda de modo que inundaron las cuadrículas hasta completar varias páginas. El niño sonrió. Estaba satisfecho: había logrado escribir un cuento. Ahora deseaba que lo leyera su abuela, así que llamó a la puerta de su habitación. “Abuela, he escrito un relato para ti. ¿Lo leemos?”. La anciana aceptó la invitación y pronunció cada palabra con un rumor que iba encantando la imaginación de su nieto, como aquellos cuentos que solía leer en la alcoba. Cada vocablo le condujo a cada una de las historias que le había escuchado en otras ocasiones. Eran en sí mismos una narración, un universo libre e independiente que, simultáneamente, daba vida a un relato superior, cuyos engranajes se articulaban con armonía hasta el desenlace. Sumido en la magia, apareció en el salón con el cuaderno. “Mamá, he escrito un relato para la abuela. ¿Lo leemos?”. Su madre inició la lectura con curiosidad, mas el niño la interrumpió al poco de empezar. “Ese no es, mamá. Estás leyendo mis copias del libro de la yaya”. Claudio miró lo que había leído su madre. Pasó las páginas; retrocedió otras. No encontraba su cuento, esa historia caleidoscópica que instantes antes había fluido de los labios de la abuela. Despojó a su madre del cuaderno y se presentó ante la señora. “Abuela, ¿lo leemos otra vez?”. De nuevo las palabras de la narración se deslizaron de su boca en un murmullo que inventó ecos de otras posibles historias. ** Olivia Vicente Sánchez ladulcemelibea@hotmail.com Escritora española (Zamora, 1979). Estudió filología hispánica en la Universidad de Salamanca (http://www.usal.es), donde también realizó los cursos de doctorado y presentó su tesina. Actualmente imparte clases en un instituto. Textos suyos han aparecido en revistas como Pan de Trigo, Destiempos (http://www.destiempos.com) y Narrativas (http://www.revistanarrativas.com), y en blogs como Químicamente impuro (http://quimicamenteimpuro.blogspot.com), Cuentos y cuentos (http://100cuentos.blogspot.com) e ImaginARTE por un momento (http://imaginarteporunmomento.blogspot.com). === Poemas Susana Ríbolo ============================================= *** Algo Yo soy algo. Algo en el universo que no alcanza a definirse. Algo como todo y como todos. Ni más ni menos que todo. *** Descubrir No descubras, que puede no haber nada. Y nada no se vuelve a cubrir. Antonio Porchia Intento descubrir, aun a riesgo de que no haya nada. Si nada encuentro injerto brotes para que los que vienen descubran y no encuentren nada. *** Tristeza Con motivo de la relectura de Tristeza de Alfonsina Storni Tristeza, en qué negro útero se gestan tus brazos para envolver así tan densamente. De qué huevo rasgan la cáscara tus punzantes alaridos del adentro. Que te gestas al calor de la cegante luz del triunfo que confunde y ahoga ilusiones nuevas, diría Alfonsina. ¡No! Sé que allí no naces. Ni de la naturaleza que muere ni del dolor naces. Ni de los que creer o amar no pueden. No naces, no, en la inconsciencia del ser ni brotas de los tonos que pintan los sentidos. Apuesto a que naces, tristeza, en el corazón del corazón cual madreselva insana de malditas flores negras. Sólo naces aliada del tiempo. Naces matas. *** Grito No he querido cerrar las ventanas y la primavera se filtra a pesar de la seca de los sesenta. Esta mañana me ha despertado la luz desde afuera y he visto luego, los pájaros con todos los sentidos avisados. En verdes impúdicos y lozanos visos se hace grito el viento. Qué podré hacer yo con mi piel muriendo. *** Parir Que cambia la luna, que son las cuarenta semanas. Que viene tormenta, que se ha bajado la panza. Que eso no importa, que el fruto caerá cuando madure. Comentarios de mujeres que contagia a los varones. En medio y fuera de esas voces a la madre de la madre le parece que la catapultan al aire. Aunque ya no sirvan sus ovarios en el parto de la hija de nuevo siente que pare. La alegría del nieto no alcanza para escapar al miedo que alcanza. Esa madre es la sangre de su sangre. La llevó en la panza, esperó las nueve lunas aquellas y estas y con todas las tormentas. De eso, de eso, ni siquiera sabe el padre. *** Infancia No la esperaba para nada pero hoy, ha venido a visitarme la infancia. No pude comprenderla demasiado, tampoco quise, era mi infancia vestida con algo así... ¡entre colores lavados! Su cartera abultaba de recuerdos. Me regaló voces, olores y algunos videos donde pude ver mis silencios mis ojos grandes y una muñeca de trapo. *** ¡Eh, Má! —Aunque se ensucie tu jean tiro de él y sacudo tu brazo— ¡eh!... escuchá ¡de tantas formas te hablo! Hasta cuando no hablo te hablo. No importa que no sea justo que grite hacia ti. Que la madre es la madre dicen por ahí. ¡Eh, má! prestá atención: mirá lo que miro y mirá mis ojos. Algunas veces... ¡velá mis sueños! Observá un poco a qué juego, no te desentiendas si salgo y si tienes que dejarme, mirá hacia atrás cuando partas. Prestá atención a mis llantos sin conformarte si callo. Debes buscar aun más hondo. No importa que no sea justo que grite hacia ti. Que la madre es la madre dicen por ahí. Má, por favor, prestá atención y buscá ayuda si estás sola. Algo pasa en este mi mundo y me está afectando a mí. ** Susana Ríbolo susanaribolo@arnet.com.ar Escritora argentina (Hersilia, Santa Fe). Reside en Ceres. Trabajó como docente por más de cuarenta años. === El barbero de Cojímar Jorge Luis Llópiz ========================== (Nota del editor: recientemente fue publicado el libro de cuentos Los papeles de Ventura, del escritor cubano Jorge Luis Llópiz, un filólogo egresado de la Universidad de La Habana, nacido en la capital cubana en 1960 y residente en Estados Unidos desde 1995. “El barbero de Cojímar” es el cuento que encabeza el libro, que puede adquirirse en Amazon, http://amzn.to/h3cwqO). Cuando el corsario francés Jacques de Sores desembarcó en Cojímar, el lugar era sólo un manojo de bohíos. Hasta ese momento había sido el pedazo de costa más tranquilo que el jovenzuelo Primitivo Ventura había encontrado. Después de descender de la nave “La Pinta”, el pichón de barbero besó el suelo mientras escuchaba en boca de Cristóbal Colón: “Es la tierra más hermosa que jamás haya existido”. Tras las palabras del almirante decenas de cotorras asustadas remontaron vuelo luciendo un plumaje brillante y colorido. Las aves sobrevolaron árboles frondosos de un follaje verdísimo tras cuyos anchos troncos se escondían indias de piel cobriza y de senos redondos y jugosos. Colón alucinó, inmediatamente, ante la virginidad del paisaje y olvidó la promesa de entregarle al fígaro un virreinato. Luego de varios días, el muchacho, viendo la actitud desmemoriada de su jefe, decidió bordear la costa hasta encontrar el paraje de sus sueños. Llegó a una playa de arrecife y arena, rodeada de cocoteros, palmas y uvas caletas. ¡Era, sin dudas, el paraíso! No muy lejos, en la desembocadura del río, había un puñado de chozas con indios merodeando casi desnudos. Los más cordiales le ofrecieron al forastero agua de coco y las más atrevidas comenzaron a tocar las barbas del recién llegado. Primitivo quedó encantado con el lugar. Las moradas de los indígenas estaban construidas con ramas y pencas de guano, bajo la sombra de hermosos flamboyanes cubiertos de flores. Fue amor a primera vista. A pesar de que las casuchas estaban cundidas de hormigas, cucarachas y alacranes, el conquistador decidió fundar su propio virreinato y nombró, a ese cacho de litoral, Villa de Cojímar. Los indios sin entender la palabrería del turista festejaron con danzas y canciones la presencia del extraño; y el fundador en medio de la algarabía no podía imaginar —años después—, a su tierra encantada incendiada a manos del temible corsario francés Jacques de Sores. Fue un ataque por sorpresa. Todos dormían a medianoche cuando el guano de los techos comenzó a arder. Los habitantes soñolientos salieron corriendo despavoridos mientras eran cazados a plomo limpio. Si los mosquetes no dejaban inerte a la víctima, una espada, salida de la oscuridad, la decapitaba sin miramientos. Primitivo pudo escaparse, deslizándose entre los matorrales, rumbo al pantano. Desde las profundidades de las tembladeras, fue testigo de cómo se consumía su amada villa sin poder hacer nada. El inaudito suceso quedó pegado en la mente de Ventura, quien contaba, una y otra vez, las atrocidades de los bandidos. La narración llegó a los oídos de su hijo Juan, a la edad de cuatro años; y la siguió escuchando hasta la juventud, sin variación alguna, de cómo aquel diablo francés había destruido el edén de Cojímar. Durante todos esos años, el vástago había acompañado a su padre en la tragedia de las cabañas calcinadas y en el canto de ángeles que escuchó el sobreviviente al mirar los cuerpos mutilados. Una leve sonrisa se asomó, otra vez, en el rostro de su progenitor, al recordar los besos de despedida de su mujer la tarde anterior al inesperado saqueo. Ella y Juancito habían ido rumbo a casa de una amiga en Guanabacoa, un pueblo que lindaba al sur a pocos kilómetros de Cojímar. De regreso a la vecindad, la esposa se horrorizó al tropezar con tantas cabezas regadas por los arrecifes. Se abrazó fuertemente a Primitivo y le pidió regresar a España. El marido parecía no escuchar, sólo acariciaba los cabellos de su pequeño Juan, enmudecido por tanto desmadre. La mujer deseaba alejar a su hijo de tal salvajismo. Verlo crecer en un lugar seguro al resguardo de piratas inescrupulosos. El esposo negó con la cabeza sin decir palabras. No estaba dispuesto a regresar al viejo continente con las manos vacías. Había venido a las indias con el afán de tener un virreinato. Ahora lo tenía, y no iba a abandonarlo. Mientras la esposa le reclamaba que toda la villa había quedado desolada, él colectaba pencas de guano y ramas para reparar las moradas. No había pasado mucho tiempo cuando indios, cubiertos de lodo, comenzaron a salir del pantano. ¡No estaban solos! Las figuras de barro ataron las ramas con bejucos, entretejieron las pencas de guano y las pusieron sobre las ramas en forma de triángulo. Los aparecidos ayudaron al virrey a reconstruir la villa de Cojímar, incluida la barbería, la cual se erigió a pocos metros de la orilla de la playa, utilizando troncos de árboles de cedro, atados con fuertes bejucos. Desde el sillón del barbero podía verse el inmenso mar. La vista era impresionante y las olas arrullaban a los pueblerinos a la hora de cortarse el pelo. Juancito advirtió, desde la falda de su madre, un pueblo naciendo de las cenizas y una intranquilidad viscosa latiendo en el corazón de su padre. Primitivo ya no podría jamás abandonar la idea de ser sorprendido a medianoche. Por esa razón, hizo mucho hincapié en hacer empalizadas, refugios y un torreón de madera, a modo de atalaya, para que nunca más sanguinarios piratas se salieran con la suya. Deseaba, también, conservar las hazañas del pueblo de Cojímar y le narró a su hijo cientos de veces cómo era la aldea antes y después de la hecatombe, y cómo los indígenas le habían ayudado a construir la primera barbería con vista al mar. El fígaro, ante la recién terminada barbería, recordó el primer día de trabajo. Abrió la puerta del recinto e invitó a los indios a cortarse el cabello. Ellos se negaron a entrar. Estaban acostumbrados a recortar sus hebras y bigotes debajo de los flamboyanes. Sólo al presenciar la habilidad de las tijeras del anfitrión, se convencieron de lo anticuado e incómodo de seguir usando cuchillos de piedra. Accedieron a sentarse en el sillón improvisado con trozos de madera, seguros de librarse de los jalones de pelo a mano de pedruscos afilados. Mientras los indios seguían con sus ojos las olas suaves de la playa, el barbero los libraba de varias libras de pelo. Después de la reconstrucción de la villa, las visitas a la peluquería se hicieron más frecuentes; sobre todo cuando Primitivo comenzó a compartir todas las habilidades propias de un barbero. Pelaba, ponía cataplasmas contra el resfriado y preparaba infusiones de hierbas selectas para aliviar los empachos. Si estaba ocupado, sacándole la muela a un indio y llegaba una emergencia, como la de un chico con la cabeza rota, abandonaba su labor de estomatólogo para atender al herido. Suturaba con maestría la partidura de cráneo y regresaba con premura al paciente que seguía con la boca abierta. Los clientes, sentados sobre la arena, esperaban su turno con peces, animales y frutas. El peluquero les llamaba uno a uno, y ellos entregaban los obsequios a cambio de sus servicios. Juan escuchaba de boca de su padre cómo aquel trajín de la barbería lo remontaba a su tiempo de marino en la embarcación del falso de Colón. Las tres carabelas habían salido de Cádiz hacía varias semanas y los marineros ya comenzaban a inquietarse. Colón le dijo al muchacho Primitivo que, si le ayudaba a controlar el nerviosismo de la tripulación, le regalaría un virreinato no más pisasen las costas de las Indias. El pichón de barbero, ilusionado, comenzó a hacer pelados novedosos, deslumbrando a los malhumorados marinos; incluso, su estilo elegante mejoró la gaguera incurable del cartógrafo Juan de la Cosa, con quien había establecido una estrecha amistad entre cortes y afeitadas. El adolescente apaciguó por unos días a los insubordinados hasta una tarde sofocante del mes de agosto. Dos hombres, fuera de control, se fueron a las manos. En la riña, la cuchillada de uno de ellos separó de cuajo el dedo pulgar de su contrincante. El jovenzuelo hizo milagros para pegarle el dedo. La sutura fue todo un éxito y los rivales agradecidos depusieron la cólera. Toda la tripulación reverenció la sabiduría del lozano peluquero. Estas historias las contaba Primitivo a su hijo, tantas veces, que Juan percibió los demonios de su padre. Él se había enfrentado a los diablos de otros hombres sobre todo cuando se embarcó con Colón y escuchó de boca de los tripulantes los innumerables monstruos marinos a la espera de barcos en altamar. La cantidad de naves destrozadas entre los tentáculos de pulpos gigantes y de embarcaciones caídas en el abismo después de topar con la línea del horizonte no atemorizaron al novato. Sin embargo, los demonios de ahora eran diferentes, lo consumían, lo vapuleaban como una hoja marchita. Juan había observado la misma fragilidad, en más de una ocasión, en los ancianos. Repetían la misma historia, una y otra vez, como si lucharan para no olvidarla. ¡Cosa rara!, pues su padre apenas rebasaba los sesenta años. ¿Qué le estaba pasando? Esa desmedida insistencia en memorizar la historia de Cojímar perturbaba al jovenzuelo; incluso le pareció ver en el rostro de su progenitor la mueca de la angustia de no ser recordado. Sería —ya se lo había dicho su padre—, como si jamás hubiera existido; y eso le parecía una infamia contra su tierra prometida. Por eso cuando Juan concibió la idea de producir tablillas de madera de la corteza de los almendros, y escribir en ellas las aventuras de su padre, las ocurridas antes y después de la piratería del francés, Primitivo pudo descansar en paz. -0- El día en que las termitas devoraron las tablillas de madera, Francisco Ventura creyó ver a su abuelo retorciéndose en la tumba. Los anales de Cojímar hubiesen terminado en la panza de los insectos, si no fuera por la paciencia de su padre Juan de escuchar, miles y miles de veces, las hazañas de Primitivo. Él era la constancia de un pasado viviente. Podía narrar los hechos como si hubiera sido el fundador de la villa; y mientras los dictaba a su hijo Francisco, éste reparó una ausencia importante: las aventuras de Juan no estaban incluidas. Las de su padre deberían ser parte, también, de las crónicas de Cojímar. Muerto Primitivo, Juan sintió que el pueblo ya no sería el mismo. Nadie como su padre dominaba a la perfección el arte de la barbería. Fue, como él, un reconocido estilista; pero nunca pudo estar a la altura de su progenitor. Cada vez que traían a un chico con la testa rota, se desmayaba. La sangre le daba flojera. Las cabezas de los vecinos regadas por los arrecifes no habían abandonado sus sueños. Las veía peregrinar, todavía, alrededor de la falda de su madre. Esta condición le hacía sentirse inferior al no poder llevar a cabo la labor de curandero, vanagloria de los barberos desde la antigüedad. Francisco incluyó en sus narraciones las vicisitudes de su padre Juan; pero no las escribió en las tablillas de madera. No quiso correr el riesgo de ver las glorias de su familia trituradas en las fauces de los comejenes. Por eso, fue hacia la ribera del río, colectó diferentes juncos y los molió hasta conseguir una pulpa consistente en forma de papiro. Allí escribió los trajines de su abuelo para fundar la villa y las vicisitudes de su padre por mantener el recuerdo de Primitivo vivo. Desde entonces, la genealogía de Cojímar iba enrollada de un lugar a otro, lejos del apetito incansable de las termitas. El papiro había sido un hallazgo importante en la conservación de las efemérides del pueblo, pero tenía una dificultad muy molesta para Francisco. En el momento de aludir a un evento histórico, había que desenrollar el papiro completo e ir leyendo, línea por línea, hasta encontrar el suceso en cuestión. Una vez, mientras trataba de contarle a su hijo Fortunato cómo su abuelo Juan había sido realmente una persona valiente, el pequeño se quedó dormido antes de escuchar la trifulca entre su abuelo y un ladino mayoral. Una tarde pegajosa, de esas que ablandan al espíritu más rebelde, se apareció en el pueblo el mayoral de Campo Florido donde se había construido el primer ingenio azucarero del este de Cojímar. Venía a llevarse a indios para trabajar como esclavos en las plantaciones de cañas. Juan estaba seguro de que su padre Primitivo no hubiera dejado al intruso tocar el cabello de uno de sus clientes. Por su parte, él no haría menos; y sin prestar atención al arsenal del mayoral, blindado hasta los dientes y acompañado de una jauría de perros salvajes, le dijo que ningún indio se movería de la villa. Ellos eran, realmente, pescadores; no cortadores de caña; y para llevarse a alguno de ellos, primero, tenían que cortarle la cabeza. Al decir aquellas palabras, vio una testa rodar por los arrecifes muy parecida a la suya, pero no le importó. Tal vez se había acostumbrado a presenciar en sus sueños tantos acéfalos cabeceando sobre los rompientes de la playa. El mayoral, presenciando tal resolución en el rostro del peluquero, dotado, sólo, de un par de tijeras, dio media vuelta y se fue. Desde ese día, los indios aclamaron a su defensor como digno descendiente de Ventura. Ellos admiraban a Primitivo como el fundador de la villa; y a Juan, como el padre de Cojímar. -0- Fortunato imaginaba cómo su abuelo se enfrentaba al mayoral, pero de las historias leídas por su padre la que más le gustaba era la de su bisabuelo Primitivo inventando cortes de cabellos graciosos para divertir a la tripulación en la carabela en la Santa María. Para él, el barbero más célebre era quien pudiera arreglar la cabeza más disparatada del mundo. No obstante, prestaba oídos a las vicisitudes de su padre Francisco en los tiempos del cólera, en los tiempos en que él salía a la luz. Por la fecha, varios brotes de peste habían matado a miles de personas no sólo en Cojímar sino también en Guanabacoa, en Campo Florido y en toda la costa del este de La Habana. Por eso, Francisco decidió, en la época de embarazo de la esposa, montarse en un barco con ella y quedarse navegando por el litoral hasta la hora del parto. Luego, zarparía en la bahía de La Habana y la llevaría a la mejor partera de la ciudad. Fue difícil mantenerse alejado completamente de la costa. Los víveres y alimentos escaseaban en el barco; y, de vez en vez, debía mandar a dos de sus hombres en bote para conseguir comida. ¡Cuántas veces sus propios marinos, al ir a tierra por comestibles, no podían regresar, fulminados por la peste! Muchos años después, cuando Francisco le contaba a su hijo los sinsabores de su nacimiento, ya Fortunato escribía las tribulaciones de los Ventura en un pergamino. El papiro no había podido conservar la epopeya del pueblo. El salitre había acabado con él. Lo había enmohecido, lastimeramente, y las letras apenas se podían leer. Fortunato sabía de las escrituras de los griegos. Eran excelentes marineros y habían utilizado la piel de los animales para anotar los inventarios de los productos traslados de un país a otro. En los parajes de los alrededores de Cojímar, abundaban los jíbaros y los cabras salvajes. Era cosa de montar dos cacerías por semana y asegurarse de la piel que perpetuaría las aventuras y desventuras de su ascendencia. Una vez más las memorias de los Venturas fueron narradas desde la fundación de la villa a manos del bisabuelo Primitivo hasta la acusación del mayoral de Campo Florido de que Francisco era un abolicionista. El mayoral no consiguió meter en la cárcel al renegado Juan, pero logró resarcir el insulto acusando a un miembro de su familia. Estuvo décadas denunciando, al gobernador de la isla, la actitud abolicionista de Juan. El acusado pudo defenderse muy bien. Los pescadores de Cojímar eran los suministradores del pescado en los banquetes de la realeza de La Habana; y de convertirlos en cortadores de caña, arruinaría sensiblemente el paladar de la alta sociedad. Fueron razones suficientes para que el gobernador de la isla desatendiera las acusaciones del mayoral. No obstante, el acusador estuvo muchos años a la caza de una oportunidad para cobrarle a Juan su rebeldía. Cuando el renegado se fue al otro mundo, el mayoral no desistió de su venganza e incriminó al hijo del finado. Él debía pagar la deuda de su padre. Fortunato copió, desde el ilegible papiro, que Francisco se había alejado de las costas de Cojímar con el ánimo de cuidar a su esposa hasta la hora de dar a luz. Durante los meses de gestación y de estar bojeando el litoral de La Habana, un grupo de negros jamaiquinos se habían instalado en el pueblo. Le dijeron a la gente que deseaban ser pescadores, pero realmente estaban preparando una sublevación para liberar a los esclavos de los ingenios de Campo Florido. El mayoral aprovechó la nueva circunstancia y desempolvó la querella con su antiguo enemigo, acusando a su hijo de organizar desde el mar a unos revoltosos, ansiosos de adueñarse de los centrales de azúcar. Aunque Francisco renegó de la denuncia y juró su inocencia bajo la palabra de Dios, fue encarcelado; y no le dieron la pena de muerte porque Fortunato presentó ante el gobernador la prueba de la coartada de su padre. El joven trajo el pergamino de las escrituras de Cojímar cocido con hilos de junco. Podía leerse con facilidad las crónicas con tan sólo voltear los pliegos de cuero. ¡Qué hubiera sido de Francisco si la prueba de su inocencia estuviera guardada en el extenso papiro! El acusado se vio aquella tarde tratando de contarle a su hijo cómo su abuelo Juan se había desembarazado de su temor a la sangre mientras el pequeño se quedaba dormido. -0- A pesar del esfuerzo, Fortunato no pudo liberar a su progenitor y dentro de su pecho creció un rencor incurable. Su ira aumentó con los años y estalló el día de Nochebuena cuando le trajeron la triste noticia de la muerte de su padre. Ya había escuchado los rumores de la presencia de los mambises liberando esclavos por los cañaverales de la isla. Los españoles los correteaban por los cerros y maniguas con la esperanza de detenerlos, pero eran los insurrectos una especie de güijes malandrines que aparecían y desparecían ante los ojos de sus perseguidores. A él le importaba un carajo la contienda entre ambos bandos; lo suyo era los trajines de la barbería; pero ante la injusticia cometida con el viejo, estaba dispuesto a irse con los revoltosos a incendiar cuanto ingenio se le apareciera en el camino. Mucho antes de irse a la manigua, Fortunato había recorrido varios países de Europa. Su inclinación por los cortes de pelo a la última moda lo llevó a las costas de Roma. Conoció los peinados más modernos de la escuela italiana, aprendió a diseñar exuberantes pelucas en la escuela francesa; y adquirió los trucos de la escuela española para transfigurar a un pícaro en un hidalgo. A su regreso, convirtió la barbería en un salón de belleza. Trajo consigo las mejores pelucas de París para adornar la vitrina del recinto. Los pescadores, dispuestos al rasurado de sus barbas, se quedaban petrificados al percatarse de los modales finos de Fortunato. Con una habilidad asombrosa, amoldaba los rizos de las mujeres y afeitaba las piernas de las presumidas. La gente de mar no veía con buenos ojos los aires del modisto. Si su padre Francisco presenciara la nueva fachada de la barbería, no estaría de acuerdo en salir de la mazmorra. Por eso, cuando Fortunato metió las tijeras y las pelucas en una maleta; y dijo que se iba al monte a quemar ingenios, todos en el pueblo se quedaron boquiabiertos. La manigua no era precisamente un lugar para montar una barbería. Era un paraje inhóspito, repleto de bejucos, mosquitos y pulgas. El calor era insoportable. En nada recordaba a la brisa cálida de la playa despeinando el cabello del estilista. No obstante, pese a las dificultades, el barbero nunca abandonó su estilo. Se preocupó por la buena apariencia de los insurrectos, a quienes rasuraba y peinaba antes de salir a arriesgar sus vidas en el campo de batalla. Por muchos meses, el lugarteniente del regimiento le prohibió al peluquero marchar con ellos a matar españoles. No querían perder al único hombre que sabía arreglar cabezas en medio de la manigua. La negativa del jefe fue desatendida el día de la quema de los ingenios de Campo Florido. Ese era un lugar fatídico para su familia y no podía perderse la oportunidad de hacerle algún rasguño. Fortunato salió sin ser visto del campamento y se escondió con su caballo cerca de una plantación de caña. Se quitó la ropa, se puso una peluca en la cabeza y, con una tea empapada en querosene, esperó a que los esclavos salieran con sus machetes de la plantación de caña. ¡Cuál fue la sorpresa de los insurgentes al divisar al modisto montado en un caballo dándole candela al cañaveral a diestra y a siniestra! Parecía un demonio encuero, de pelo largo, decido a acabar con cuanta caña estuviera en pie. Desde ese día, nadie dudó que el hombre de ademanes finos e índice levantado, pudiera, también, con el filo del machete, despeinar al más pinto de la paloma. La guerra duró poco tiempo y Fortunato regresó a su antigua barbería. Lo primero que hizo fue abrir la puerta del recinto. Desalojó a los cangrejos, dormidos por doquier, y sacudió a las algas marchitas incrustadas en los espejos. Luego fue al gabinete y desempolvó el pergamino, guardado antes de marcharse. Debía, ahora, narrar su propia historia, pero se dio cuenta de algo inquietante. No tenía descendencia y temió que la estirpe de los barberos muriese consigo. Hasta ahora, ninguna doncella le había despertado alguna ilusión. ¿Dónde encontrar una? Le echó mano a una mulata, recién liberada del ingenio del fallecido mayoral, y como si se vengara de los atropellos del amo contra su padre, le dio tanto cuero a la desencadenada que ésta quedó embarazada esa misma noche; por suerte para Fortunato, pues, en honor a la verdad, las mujeres no contaban entre sus preferencias. Mientras la barriga de la bella liberta crecía, Fortunato estaba preocupado por los animales sacrificados para poder escribir las memorias de los Venturas. Al principio degollar a un cerdo o a un carnero no era un problema. Se podía corretear a las bestias por los cerros de los alrededores, pero con tanta tea incendiaría por parte de los mambises los animales salvajes se habían refugiado monte adentro y era muy riesgoso darles caza en lugares tan intrincados en la maleza. Fortunato se vio obligado a viajar a España y comprar rollos extensos de papel y barriles de tinta para reescribir los anales del pueblo. No había aún atracado el barco en el muelle cuando la mulata desde el atracadero le mostró al grumete el fruto de una noche pasional. Fortunato, sin importarle la mirada de los tripulantes, saltó de alegría en la punta de los pies a la manera de una bailarina francesa. Fue tanta la euforia que, después de nombrar al bebé Joaquín Ventura, se entregó de lleno a copiar del pergamino al papel las hazañas de sus antepasados. Estaba convencido de que cuando Joaquincito pudiera leer, ya el libro estaría terminado y podría darle a conocer a las futuras generaciones la verdadera historia de los Venturas. -0- Una noche de agosto, mientras Joaquín Ventura dormía sobre el sillón de su barbería, las ventanas y las puertas comenzaron a sacudirse. Desde sus sueños, el ruido era casi arrullador; pero, poco a poco, se fue convirtiendo en algo inquietante que obligó al durmiente a abrir los ojos. ¡Qué extraño! El salón de la barbería era un pozo de agua donde flotaban las sillas. Entre soñoliento y asustado, fue hasta la puerta con el agua por la cintura. Abrió la portezuela con mucho trabajo; y la negrura de la noche entró, de golpe, en el recinto. Apenas se podía divisar la estatura de las olas, sólo se percibía un rugido ensordecedor proveniente del mar. Entonces, el hombre salió de la casa; y, a brazadas limpias, fue flotando un buen tramo de la playa hasta tocar tierra firme. Corrió, sin mirar atrás, escuchando el berrinche de las aguas enfurecidas. Cuando llegó a la cima de una colina y miró sobre sus pasos, las olas golpeaban con odio cuanta cosa encontraban a su paso, desflecando a las palmas, arrastrando a las personas, arremolinado a los animales de corral, desmoronando paredes y aplastando los techos de la vecindad. No era la primera vez que el pueblo desaparecía a los ojos de los Venturas, pero Joaquín jamás había palpado la húmeda arenosa de la nada. Sí, él había escuchado muchas veces el relato sobre su antepasado Primitivo sufriendo la devastación de la aldea a manos de un demonio francés; pero, una cosa eran las narraciones acerca de los predecesores en boca de su padre Fortunato; y otra, verse absolutamente solo en medio de tanta destrucción. A la mañana siguiente las olas se habían retirado y el sol alumbraba a cientos de peces y aves muertas en la arena. No quedó nada en pie; sólo la marca de los cimientos de las casas y el olor a mariscos nauseabundos y a tripas de animales descompuestas vapuleando los alrededores. Cuando el sobreviviente se percató de que su barbería descansaba en el fondo del océano, dio un grito aterrador. ¡Los manuscritos! De pronto, voces de lamento cayeron desde un tiempo muy lejano. Sus ancestros le golpearon los hombros acusándolo de dejar morir la historia de Cojímar. ** Jorge Luis Llópiz mrllopiz@yahoo.com Escritor cubano (La Habana, 1960). Se gradúa en filología en la Universidad de La Habana (UH, http://www.uh.cu) en 1985. Participa en el concurso de La Gaceta de Cuba en 1993 con el cuento “Del diario de Judas”, que aparece publicado en la antología Dorado mundo y otros cuentos en 1994. Ese mismo año, la Editorial Abril (http://www.editoraabril.cu) publica su libro de ensayo La región olvidada de José Lezama Lima. Varias revistas electrónicas como La Habana Elegante (http://www.habanaelegante.com), El Ateje (http://www.elateje.com), Argos (http://argos.cucsh.udg.mx) y Encuentro de la Cultura Cubana (http://www.cubaencuentro.com) han publicado cuentos de su autoría, más tarde recogidos en el libro Juegos de intenciones (2000). Su cuento “La gloria eres tú” aparece en la antología Isla tan dulce y otras historias (2002). Ha publicado también el libro de cuentos Los papeles de Ventura (http://amzn.to/h3cwqO; 2010). Desde 1995 vive en Estados Unidos. Es profesor de español en una escuela preparatoria de Texas. === La casa del poeta muerto Rodrigo Jara Reyes ====================== 1 La casa del poeta ruge se derrumba Por los tejados tiembla la luna inerte La helada abrocha su manto sobre gatos que llaman a los hombres con voz ahíta de astucia En el jardín secreto del vate duermen los árboles que cubren de sombra la sombra del poeta muerto 2 En hondas noches de invierno el vate o su fantasma persigue muchachas vírgenes las corretea por patios interminables por pasillos que suenan a laberintos y en habitaciones anchas como plazas prueba a reinventar el mundo 3 La casa se derrite sobre sí misma derrama al asfalto sus adobes formando figuras como sueños que sólo los niños pueden descifrar. A veces los borrachos de oficio ven al poeta bailar desnudo encanecido y transparente Prostitutas o fantasmas de prostitutas lo abrazan lo miman curan los dolores de la muerte las heridas del fuego redentor 4 Las beatas sempiternas del barrio arrojan flores en la puerta como quien tira un anónimo o una carta de cobranza Encienden cirios y piden por el alma desquiciada del poeta por su imaginación sucia delirante por su cuerpo flagelado en la lujuria Piden por sí mismas por la escupidera de sus corazones por la decepción de no haberlo conocido ni haberse dejado conocer 5 La casa del poeta sin nombre luce muros carcomidos muros que dejan ver la historia sucia de la cuadra pequeños crímenes de barrio perdidos en la desmemoria del mundo el niño de ésta con el marido de aquélla el robo de gallinas por hambre y venganza la vecina muerta en la desidia de dos hijos paridos como a lobos Y en la última choza del callejón el velatorio al asaltante de caminos apuñalado por la mano larga y filosa de la traición Los muros cedieron a las grietas caladas por el tiempo inmisericorde allí se pierden los cuentos transparentes del vino el amor dulce de dos homosexuales que se reconocen en terreno baldío y se aman como flores abiertas al sol Dos amigos que compartieron casa mujer trago y la muerte que los sorprendió una noche /de allanamientos La hermosa locura de don Pepe anarquista recibió su herencia y la repartió como granos al buche de sus amigos Dicen que murió solo que de su tumba se desprenden voces como gritos o alas hacia los campos de Andalucía 6 En los muros de cal esculpió los árboles sin gracia del barrio las veredas con sus asientos y sus vecinos a la espera del milagro multiplicador de los panes dibujó borrachos que adivinan esquinas borrosas soplones que apagaron las velas del régimen y ladrones pobres que roban a los pobres En patios más antiguos que la ciudad misma pintó mujeres que tienden las banderas de sus ropas después de conocer la derrota en el amor o luego de un desastre de la naturaleza Más allá de la hilera de álamos veloces la tribu de niños amenazados por el tiempo patea la pelota de la infancia justo a la hora del calor a la hora en que las casas los habitantes de las casas los quiltros las moscas y hasta los árboles duermen la siesta (del libro Barrio Hondo). ** Rodrigo Jara Reyes thtjara@hotmail.com Escritor chileno (Talca, 1966). Hizo estudios superiores en la Universidad de Talca (http://www.utalca.cl), donde obtuvo el título de profesor de estado. Ha publicado los poemarios En los caudales de la memoria (1997), De la memoria al fénix (2000) y Dos sur y otros poemas (2003), así como el libro de cuentos El extravío y otros relatos (2006). Textos suyos aparecen en las antologías Travesía por el río de las nieblas (2000), Faluchos, treinta poetas maulinos (2003) y El lugar de la memoria (2007). Publica artículos, ensayos y cuentos en diarios y revistas de Chile y otros países. === Anexo 2 Paula Winkler ============================================ El anexo 2 de la Resolución GBPCH (ganado bovino para el consumo humano) - 0054446-6-XIC-2011, emitida por un organismo encargado de la sanidad vacuna, que suele identificar sus decisiones con siglas, desconociendo —como casi toda autoridad gubernamental— los prodigios del lenguaje, se ocupa de categorizar, con la minuciosidad de un relojero, el riesgo geográfico de la encefalopatía y otras desgracias bovinas. En efecto, clasifican estas enfermedades los funcionarios porque si se trata de carne para el consumo, es mejor establecer con toda claridad las distintas series de riesgos posibles y vincularlas a políticas y programas públicos que hagan conscientes a veterinarios, ganaderos, transportistas, matarifes y carniceros de los cuidados a practicar, pues las personas no merecemos sufrir la calamidad de comer un bicho enfermo. En la sede de ese organismo de la sanidad vacuna, el Subjefe de la División Coordinadora del Departamento Gerencial del Área Técnica para el Contralor de... —cuyos demás nombres continúan en mayúsculas y se omiten para tranquilidad visual del lector—, escribe este funcionario un artículo sobre el que, obviamente, ha de ofrecer unas conferencias después. Este texto trata de la vigilancia sanitaria clase “B”, que nuestro país no comparte con el primer mundo, el cual ejercita, para su certeza imprescindible, el de clase “A”. No hay mejor cosa que el comparativismo jurídico. Véase, si no, que de la A hasta la Z se ocupa una asociación mundial de la sanidad de todo esto y que debe evitarse la in-mundicia orgánica, tanto más cuando hablamos del ganado bovino para consumo. Se detiene nuestro héroe, al correr de la computadora, en el más nimio detalle de su escrito. Describe artículos y normas con la precisión del que goza como ninguno de su trabajo. Es que el tipo de control “A” al que aspira nuestro país (siempre es mejor estar cerca de patrias ganadoras que andarse como hormigas laboriosas sin pena ni gloria), esa clase de contraloría se encuentra reglada en el artículo vigésimo cuarto bis del tratado internacional correspondiente, refrendado por la ley local del rito. El control “A” (también el “B”) fue diseñado dentro del marco de las adendas 5, 6 y 9 del aura para el laberinto social que consiguió estatuir el planeta. Pero no hay que detenerse en resquicios normativos ni en temáticas inútiles referidas a las personas. Las leyes valen de por sí —piensa el funcionario— y los que piensan distinto que se embarullen solos en abstracciones perniciosas, verbigracia toda esa parafernalia de la sociedad como si ésta existiera de por sí, cuando nuestro héroe está convencido de que el vecindaje no es más que la sumatoria de cada uno de nosotros, en fin. Digamos al paciente lector que quien a partir de ahora (por economía lingüística) será llamado “el subjefe” o “nuestro héroe” relaciona el conocimiento de cuanto reglamento debe aplicarse en la emergencia. Para eso lo consideran un funcionario, y por ello ascendió rápidamente. Cosa que sus compañeros de oficina agradecen, ya que dale que va con los escritos sobre adendas y resoluciones, la vida de estas entidades se perdería en los pasillos de la ignorancia si no fuera por la merecida lubricación del subjefe. Nuestro héroe, habida cuenta de su fabuloso saber y de que ve el mundo con el flaco angular de su esprit de bagatelle, tiene convicciones, y como éstas versan sobre el consumo de la carne bovina, de sus benditos reglamentos y de todo lo que articule con proteger “al hombre”, cree él que contribuye así, con la mayor eficacia, a que el planeta sobreviva. Porque si las cosas no cambian ha de ser por los demás, nunca por el subjefe, atencioso como se encuentra a diario en aplicar y hacer nuevos diseños y más doctrina. (Sepa el lector que a estos agentes de la transportación del exceso no les aqueja demasiada preocupación mientras sus emolumentos hayan sido imputados y se ejecuten puntualmente para su digna conveniencia.) En definitiva, ora et labora. Se trata de eso para el subjefe, de eso se trata convivir en el planeta para él. Si hablamos de la sanidad bovina para el consumo humano habría que recordar que en algunos desiertos abandonados de África ese consumo (humano) no es de carne animal sino humana (con perdón de la aliteración ligera), pero eso ya es cosa de los antropólogos, cada uno a lo suyo. También, que otros humanos allí terminan consumidos por los buitres. Pero el subjefe pensará: si el África es caníbal, en su más cabal sentido, allá el África, nosotros nacimos en un país civilizado, próximo al primer mundo. Es decir, el subjefe, para ascender al escaño de jefe, y tal vez al de director general, trabaja sus horas, hace y analiza reglamentos, los cumpla o no, y se esfuerza de vez en cuando en algunos ensayitos, que algunos colegas aplaudirán en sus obligadas conferencias u otros más corajudos copiarán izando la paciencia del más santo leguleyo. Quién te ha visto y quién te ve, así despliegan los subjefes como éste su saber burocrático. Y aunque los habitantes del planeta nos encontremos sumidos en los tormentos más grandes, el subjefe estará siempre orgulloso de su labor objetiva. Porque si él hace (legal y objetivamente) lo suyo y cada uno sigue estas huestes laborales, el planeta va a sobrevivir, de eso no le quepa la duda a nadie. Peculiar manera de amar al prójimo, en fin. El texto acerca del anexo 2 de la mentada Resolución 0054446-6-XIC-2011 no es fácil. Tiene doscientos cuarenta y tres artículos que se contradicen entre sí, con más sus referencias. Y luego hay que leer los otros anexos, las adendas y las notas complementarias de los artículos, modificados a su vez por cada referencia, que deberá ser vinculada a los tratados. Podríamos preguntarnos a qué vaca le interesa esta resolución, cuántas vidas se salvarán en cuáles restaurantes o con la ayuda de qué heladeras; por último, si no sería más conveniente dejar de consumir carne bovina recordando a Echeverría y distribuirse millones de ejemplares de El matadero por las calles, parques, escuelas, universidades, colectivos, taxis y ascensores. Claro que la faena de hoy no es la misma, pero cuando de la propaganda se trata, cualquier intención es válida. ¿Cuánto puede costar la distribución de esta obra universal si se compara el gasto que insume el estrago de sostener una pirámide entera para cuidar de las vacas y, por consiguiente, de los humanos que no optaron por comidas más frugales? Pero nuestro héroe continúa empecinado en el ensayo, no vaya a ser él quien cambie la cultura. Después de todo, ésta siempre se ha ido haciendo a costa de los malestares ajenos. Y a quién le importa hoy lo ajeno (seamos francos). Lentamente elabora entonces el subjefe su doctrina. Ora et labora. Busca antecedentes en su archivo y, a medida que avanza, lo desconcentra la voz en alharaca del jefe, que se le aparece en toda su contundencia de súbito, como siempre. El tipo quiere que le encuaderne unos proyectos, que envíe las constancias de recepción de algunos expedientes por el sistema administrativo unificado de códigos internos de seguridad (SAUCIDES). Cumple nuestro héroe a regañadientes el cometido y vuelve a sus archivos. Copia y reescribe como Bártolo de Saxoferrato. Rinde pleitesía a Gutenberg. Para desgracia de nuestro héroe, regresa su jefe: una presencia se agranda en la mediocridad del habitáculo transformado en despacho. Aprieta sus dientes el subjefe y afirma su afilada mandíbula para no trompearlo. El jefe proclama su deseo y, como la pirámide de las jerarquías funciona, el subjefe irá a cumplir el deseo de su jefe. El subjefe odia tener que ejecutar mandatos que lo sustraigan de su tarea. El odio se acrecienta en su estómago, alcanza a orbitar en sí mismo como una esfera loca, lista para salir saltando a empellones. Los dedos del subjefe tamborilean sobre el viejo escritorio, adquieren una existencia independiente mientras éste oye como en ecos el empecinamiento de su jefe. Parece que las muñecas tensaran sus manos y éstas expulsaran, por insoportables, a cada dedo. El subjefe intenta calmar, con su razón, la flama de sus ojos y la tensión de la musculatura de sus brazos (menuda tarea). La boca se le llena ahora de una saliva áspera: está listo para insultar y morder a su jefe (si fuere necesario). Pero mutis por foro, el jefe da media vuelta y se retira restando importancia a sus recientes encargos. Continúa entonces el subjefe su encendida escritura sobre el anexo dos. El teclado de la computadora bailotea y gira, se van uniendo grafos, los grafos hacen palabras, las palabras se unen para inventar sintagmas con cada semema, que no pueden casi leerse merced a la rapidez con que va esbozándose el texto, que fluye. El subjefe sonríe francamente porque pese a los inconvenientes propios de la jornada, logrará un nuevo texto, que otros harán circular para seguridad de los consumidores de carne bovina. Cuántos asados y chuletas se comerán, los consumidores indemnes. Feliz tarea. Suena el teléfono, el subjefe atiende de inmediato. (Maldita sea.) Le avisan que va a producirse un paro de subterráneos, mejor dejar salir antes de hora al personal. “El personal”, para el subjefe, constituye un abstracto. El personal apoya la actividad con tareas menores, materiales. Él debe de poder continuar las obligaciones para las cuales fue convocado. Así que sus dedos tocan las teclas una a una, se suman los acápites, miles de fundamentos copiados de este reglamento y aquella doctrina. A la hora, se produce el efecto. Por fin, con el título: “Anexo 2 de la Resolución GBPCH - 0054446-6-XIC-2011”, se completó el artículo, el cual totaliza ochenta y nueve páginas en Arial 10, a espacio y medio. El subjefe, satisfecho, lleva hacia atrás su cabeza. Mece su cuerpo regordete en el sillón, y susurra sin poder ocultar su goce: “Lo logré, otro texto más”. Sin embargo, en los pasillos, es imposible evitar el eco de una multitud con voces de enojo, que pronto deja de ser eco para transformarse en una sordina insoportable. Los ruidos de la gente recalan en el despacho del subjefe, quien ya no puede permanecer impasible. Es que los empleados, en pleno y lamentable alboroto, se agolpan y marchan por donde se los permite la arquitectura de la entidad: quieren irse enseguida debido a los problemas del transporte. (Vaya.) Pero el jefe y el director ceden ante el reclamo ya que podrían provocarse aun más daños, verbigracia en los bienes dominiales de la entidad. (¿Un incendio?) Así, queda sola la cúpula para pensar (y hacerse cargo de los otros menesteres materiales). Fuera de toda perspectiva real y despreocupado merced al permiso que hizo cesar el escándalo, nuestro héroe, el subjefe, vira su cabeza nuevamente en dirección al monitor y se felicita: al fin hubo de completar el artículo acerca del anexo 2 de la Resolución 0054446-6-XIC-2011. La sanidad animal y el consumo humano, salvados. ** Paula Winkler Escritora argentina (Buenos Aires). Doctora en derecho y ciencias sociales y magíster en ciencias de la comunicación. Ensayista y cuentista, ha publicado el libro de cuentos Los muros, la nouvelle Cartas escritas en silencio para el viento y el libro-objeto Cuentos perversos y Poemas desesperados, además del ensayo El discurso argentino de la mentira, del cual es coautora. Ha recibido el premio Jorge Luis Borges de la Fundación Givré (1989), el premio publicación categoría cuento de Ediciones Nuevo Espacio (2003), y el mismo premio en la categoría cuento breve (2005). Textos suyos han aparecido en revistas como Híbrido Literario, El Escribidor, Letras (Buenos Aires), Everba (Universidad de Berkeley), Turia (Aragón, España), Hontanar-Cervantes, (Meulbourne, Australia), Brújula Compass (Instituto de Escritores Latinoamericanos de Nueva York), y en la revista del Lake Forest College, (Departamento de Literatura y Lenguas Extranjeras de Chicago). Su cuento "Esperando instrucciones" ha sido traducido al alemán por la escritora y traductora Lilith Tetzner. === Poemas David Izquierdo Arispón =================================== *** Más que Amor... Más que Amor. Amaba. Amaba las sombras. Los flecos vestían de palomas rabiosas los atardeceres de azafrán y agua. Las marchas dialogaban en pentagramas de eucalipto y colibríes. Reventaban de miel las colmenas de mis versos, huracanes y tempestades fueron cegados al vuelo. Más que Amor. Amén. Amén de tus labios y los míos, que se fundían en una sola oración perpetua. En la Ermita de mis complejos, madrigueras de un solo beso. De mi silencio sólo una voz ronca dijo te quiero. Desperdigaban las colinas de viento y marea, teatrillo de tus pasiones veraniegas. Más que Amar al desamor, amé por encima de todo los desagravios que la vida me impuso; jugué al ajedrez con mi propio Ego, y aposté en el juego todo menos dinero. Los recuerdos de mi infancia, los malos y los buenos. Perdí la partida pero amé por la lucha y la vida. Mil auroras resplandecían en los mares de mis pupilas. *** Murmullo, pulso y silencio Impoluto manantial de recuerdos, al río de un desaliñado lecho; balancea la torpe boca el beso, campanean los relojes viejos. Murmullo, pulso y silencio. Y en el murmullo el pulso. Y en el pulso el silencio. Y en el silencio. El parto de algo nuevo. El suave delirio del viento, zarandea la madrugada inquieta, las estrellas se mantienen mustias, y vuelcan su naturaleza. Murmullo, pulso y silencio. Y en el murmullo la fragua. Y en el pulso el pacto. Y en el silencio. El ruido del pensamiento. *** Soñemos... Enhebras. Enredas. Miradas y Misterios. El dedo en el labio dictando silencio. Cuidado, hablemos bajito, es sólo un recuerdo que prende dormido. A ver, comencemos. Si pinto en el bosque un destello con gotas de lluvias que rocen tu pelo, y empuño palabras que abracen las costuras de tu cuerpo. ¿Qué ocurre? No entiendo. Que frio el encuentro, el hielo... A ver, comencemos de nuevo. Si exclamo en la noche tu nombre y no escucho el eco. ¿Será porque estás enfadada o encierras un mal pensamiento? La tarde dorada desprende su aliento. Te llamo y tan sólo un jilguero se exhibe pintando figuras lejanas en mis sueños. A ver, insistamos. ¿Comenzamos de nuevo? El dedo en el labio dictando silencio. Soñemos... ** David Izquierdo Arispón serendipia2@hotmail.com Escritor y diseñador español (Sevilla, 1981). Comenzó a los 16 años escribiendo cuñas, jingles y caretas en una emisora de radio local. Más tarde escribió canciones y letras para montarlas e intentar moverlas en editoriales musicales. === Marisa y el desequilibrio Nixon Piñango ========================== A Jean Nicole Zabaleta, de cuya antagonista (o de una de sus muchas antagonistas) me he basado para componer parte de este cuento. Mudo, trémulo, en la sombra por mirar haciendo empeños, quedé allí, cual antes nadie los soñó, forjando sueños; más profundo era el silencio, y la calma no acusaba ruido alguno... Resonar sólo un nombre se escuchaba que en voz baja a aquella hora yo me puse a murmurar, y que el eco repetía como un soplo: ¡Leonora...! esto apenas, ¡nada más! Edgar Allan Poe, fragmento de “El cuervo”. 3:05, marca el reloj en la cumbre de la pared de la estación El Silencio. Marisa se azora al recordar que ha olvidado comprar algo importante. Por suerte, el lugar en donde lo debe comprar está a dos cuadras de la estación, a menos de un kilómetro (por lo tanto, relativamente cerca), así que se va rápido para no llegar tan tarde a casa. A diez kilómetros por hora —aproximadamente— se le hace difícil detallar el destello de lo que tiene alrededor, y, mientras más rápido, los momentos para pensar se reducen a microsegundos. Al momento de cruzar la calle, un carro veloz, cuyo conductor está más concentrado en el celular que en la vía, la atropella como la bola al pino. El cuerpo vuela dos metros desde el punto exacto del impacto y cae en el pavimento, sin vida. Una mujer grita con fuerza, luego, una especie de orquestador etéreo les da la entrada a otras voces femeninas y demás tiples, que gritan y gritan, hasta que parecen cornetazos vehiculares multiplicados por el infinito. El conductor, al instante, se entera de que es un asesino. Sólo su ojo derecho observa la sangre en el parabrisas, su otro ojo se desnutre en el cuerpo ensangrentado que se encuentra acostado y se ciega, hasta que arropa al otro ojo. Se oscurece el espacio desde su perspectiva. Shock. El rostro del cadáver yace con los ojos abiertos, en dirección al letrero que dice: “De turno”. En la mano derecha carga un papel en el cual están escritas unas indicaciones con una letra espantosa y en la mano izquierda carga un billete. *** Marisa abre los ojos repentinamente. Está friolenta, envuelta por un espacio oscuro, delimitado por una franja central por la que parece colarse un poco de luz blanca. Escucha unos sonidos, sonidos de humanos, una especie de chasqueo bucal muy exagerado, un traqueteo de metal contra plástico y sobrellevadas respiraciones. Los sonidos se transforman en habla. Aquel timbre masculino no es reconocido, es demasiado grave como para ser de un chico, y no tan astringente como para ser el de un anciano. Siente que su cuerpo es más ligero de lo que antes era, siente que está acostada sobre el aire. Decide levantarse para poder ver en cuál lugar se encuentra. Al hacerlo, la oscuridad se transforma en un espacio inmenso, enmarcado por una atmósfera de baldosas blancas, cuyo techo está delineado por bombillos larguiruchos de luz fluorescente. El sitio parece ser un archivo repleto de estantes grises que circundan el área, aunque aquello que rapta bruscamente la vista es un grupo de camillas que sostienen envoltorios negros y alargados. Ella observa que en el fondo hay dos hombres vestidos con trajes azules. Ellos comen tranquilamente; no se percatan de su obvia presencia. —¡Oigan! —grita en vano. Los hombres le son indiferentes. —¡Oigan! —repite, igualmente sin éxito. En ese instante, decide levantarse y caminar. Sus piernas están inactivas, pero desde arriba observa su acompasado movimiento; ese suelo es como aire comprimido que la sostiene, pero no da equilibrio. Se tambalea hacia el lugar en el que los hombres están comiendo y les dice—: Oigan, por qué no me atienden. ¡Hey! —hace un gesto con la mano y da unos brinquitos. Allí se harta e impulsa la misma mano con velocidad hacia el rostro del que está más cerca. La mano, cual si fuese una matriz de gas compactada, atraviesa el rostro sin causar el mínimo daño. Se consterna y retrocede tambaleante, detalla su palma, parece normal, como siempre hubo sido. No duda en internalizarse en aquel miedo que proviene de la curiosidad. Exalta los ojos. —La curiosidad mató al gato —susurra para sí. Al darse vuelta, nota que en ese empaque negro de piel sintética existe un contenido familiar. Grita. *** Clemente está acalorado; mira el techo del ascensor como buscando algo de suma importancia. Verdaderamente, es la luz la que le absorbe el atisbo y lo controla, o esa posición es como una manera de ventilarse el cuello sudado y es por ello que la mantiene hasta que se abren las puertas en el piso nueve. Se comienza a desligar de su corbata mientras se saca las llaves del bolsillo derecho del flux. —¡Marisa! —dice al momento de ingresar al apartamento—. ¡Mi amor! Marisa nunca suele llegar tarde. Trabaja hasta las cuatro y sólo consume una hora y media de viaje en la vuelta a casa. Por lo tanto, para Clemente, es muy extraño revisar hasta el closet y encontrarse con oxígeno podrido por los ácaros, pero no con algún mínimo rastro de su esposa. —Qué raro —dice para sí—. ¿Dónde estará a esta hora? En ese momento, se dirige a la cocina para ver si existe allí algún indicio de que su mujer estuvo en el apartamento. Esperaba encontrar una especie de envase plástico o refractario sobre el que hubiese una notita pegada que dijera: “Estoy en casa de una amiga, voy a llegar un poco tarde, cómete esto mientras llego”, o algo por el estilo. Pero sólo se encuentra con aquel caldero que ella había utilizado en la mañana para freír empanadas y que no había lavado por falta de tiempo. Más rarezas. Con esa imagen exhausta, se dirige hacia el apartamento de al lado y presiona el timbre. Dos minutos de espera y nada. Debe ser que no hay nadie. Entonces, se dirige a la otra puerta y presiona el timbre; esta vez sí hay contestación. —Hola, Betty —dice Clemente. —Hola, mi amor —responde ella con picardía—. ¿Cómo estás? Betty es una ilusa. Se desvive y siempre se ha desvivido por su vecino rubio, Clemente, pero era una hipócrita a la hora de verse con su amiga Marisa, ya que siempre le andaba advirtiendo de lo guapo que es su marido y que seguro éste lanza canas al aire siempre que puede. Marisa sabía que a Betty le gusta Clemente, pero no le importaba; siempre estuvo segura de que él nunca le fue infiel. Clemente no soporta a Betty; le dan asco las gordas. Él es narcisista y se cree mucho para algo como eso. Ya por la actitud de ella, deduce que su mujer no está metida en ese lugar, pero de igual manera quiere corroborarlo. —Bien —responde con poca gana y luego pregunta—: ¿por casualidad no has visto a Marisa? —¿Qué pasó, se te perdió tu esposita? Doña casquillo, ése es el epíteto con el cual Clemente suele referirse a ella en conversaciones privadas. El apodo se debe a que Betty constantemente le cotillea cosas no muy gratas acerca de Marisa, pero él no le hace caso, sabe que son los celos. —No... Bueno... —tartamudeó y ella se comenzó a burlar con una risilla—. Sólo dime, ¿la has visto? —No —respondió al fin, como recordando aquel bien con el que él había respondido a su saludo, desganado. —Muy bien. Gracias, Betty. —De nada, mi amor. Vuelve al apartamento y decide que va a llamar a la madre de Marisa para saber si tiene alguna noticia acerca de ella. Marca el teléfono y logra contactarla casi al instante. —¿Aló? —responde una voz agriada. —¿Señora Iris? —pregunta él. —Sí... ¿Clemente? —Sí. —Hola, mijo. ¿Cómo estás? —Bien, gracias. Pero usted no se escucha muy bien que digamos. ¿Está enferma? —Ay sí, mijo, es que he estado con un catarro insoportable desde anteayer. —Qué vaina. Bueno, la estoy llamando para saber si Marisa está con usted. —No, no está conmigo. —Ah... Lo que pasa es que no ha llegado a la casa. —Ay, bueno, tranquilo, ésa seguro está con unas amigas. —Okey, gracias. Qué se mejore. —Chao, hijo. Gracias. Cuando cuelga el teléfono, la extrañeza llega a un límite en el que comienza a transformarse en preocupación. Recurre incontables veces al teléfono, hasta que esa simple preocupación se vuelve una angustia incontenible. *** Hora: 1:41 am, según el reloj de la sala, instante en el que resuena el teléfono. Es una voz pusilánime pero poco malograda, sin muletillas: —¿Es usted familiar de Marisa Morón? —cuestiona con cierto sopor. El estómago se impulsa y se vuelve decrépito, quiere expulsar lo poco que carga. —¡Sí! —responde Clemente, exaltado—. ¡Soy su esposo! ¿Quién es? —Pues, primero le diré que a su esposa la atropelló un carro esta tarde en la avenida Baralt. Desafortunadamente, murió... *** Av. Los Jabillos, La Florida, lugar de constantes climas lúgubres. Aquella casa suele pasar desapercibida por su antigüedad, una casa poco atractiva, o como cualquier otra que se haya construido en los años mozos del siglo XX. En su interior existe un complejo fondo que se nutre de emociones, desde el odio hasta la más ridícula demostración de amor verdadero, desde la vergüenza hasta la deshonra. Es allí el lugar de una reunión de personas, o de seres que claman el negro y, en general, la oscuridad. Está una mujer mayor con el pelo teñido de rojo que llora retraída del mundo, sosteniendo un pañuelo que borda su boca por la parte superior. Está un hombre rubio de ojos claros, al parecer, un extranjero de lenguaje criollo o un hijo de extranjero; su nombre es Clemente; él está tranquilo, con el pie pegado a la pared y con una taza de café en su mano; ésta está a punto de quedar vacía. Coexisten unas personas de mediana edad, surtidas en sexos, que suman un total de cinco, aunque sin contar a aquel que se ha retirado un instante para ir al baño o para buscar una taza de chocolate caliente. Y aquél, el más importante, el que se encuentra en el centro del salón: un cadáver femenino, dentro de una urna de madera y vidrio, cuya imagen parece pasar por vistas sorprendidas, que destacan una belleza particular, un rostro puro, falto de imperfecciones, una vida que repentinamente se ha esfumado pero que en lo inmaterial es espía. Marisa está allí. Siente que llora, que está triste, pero a la vez no parece percibirlo de una forma clara. Está en el marco de la puerta, sintiendo el desequilibrio del piso y esa súbita sensación de soledad. Pronto, todo el mundo parte, cada quien busca un lugar de absorción para descansar del ritual. Ella sigue a un grupo de personas, de quienes recuerda el potencial que tuvieron en algún momento para fomentar la diversión entre ellos mismos. Aunque le cuesta apostar por un reconocimiento inmediato, se dice a sí misma: “son mis primos”. Johnny, el mayor y quien alguna vez fue el más tremendo. Jaime, el hermano de Johnny, cuando niño fue tímido y tranquilo —en general—, pero a veces tira la piedra y esconde la mano. Joanna, la menor de los primos hermanos, es una chica superficial y quien solía ser el objeto de las fechorías de los más grandes. Fidias, el gordo (de adulto, no gordo, aunque su apodo se mantiene), él solía salir con los chismes cuando algo fuera de lo común sucedía. Pamela, ella es una especie de nerd traviesa, sus gafas sufrieron y sufren más que ella. Y Carlos, el inventor, el que de niño proponía juegos suicidas pero divertidos. Ese grupo se aísla en una zona recóndita de la casa funeraria. Joanna no contiene el llanto y sus lamentos comienzan a molestar a Marisa, la espectadora. —Ella era tan buena... Fidias le da un abrazo y él tampoco contiene el llanto. Los otros comienzan a hablar, a confesar crímenes e instigaciones cuya culpa en algún momento recayó sobre Marisa. —¿Recuerdan aquella vez —habla Johnny—, cuándo mi mamá cumplió años y mi papá le compró una torta grandísima? Todos asienten casi al unísono, como tontos. —Pues, yo fui el que me comí ese pedazote el día antes de la fiesta, no Marisa. Y la culpé para que mi mamá no me castigara. —¡Eres un desgraciado! —dice Pamela—. Fue por eso que en esas vacaciones no la dejaron ir para Maracaibo. Nosotros la pasamos en grande y ella se lo perdió por tu culpa. ¡Eres una rata, Johnny! —Pero es que... yo tenía que protegerme y ella era la única a la que podía culpar. Marisa se consterna al escuchar a su primo confesar algo que le hubo dolido en el alma, algo que Fidias sí hubiese hecho, pero no él, el que más la protegía, en quien ella más confiaba. —No eres el único —agrega Jaime al estilo lamentado del momento—. Yo también la culpé de algo: ¿recuerdan esas vacaciones en Maracaibo cuando fuimos a la casa del tío Humberto, la que tenía la piscina grandotota? Bueno, yo fui el que rompió la ventana del porche, con la pelota de beisbol que me regaló tu papá, Fidias. —¿Ah? —espira Pamela—. Pero qué rata eres. El papá de Marisa tuvo que pagar ese vidrio. Le costó un realero, y estaba pelando; me consta. —Sí, ya lo sé y me siento muy mal por haberla culpado. Marisa se acerca al rostro de su primo y se decepciona. Jaime era el más tranquilo del grupo de niños, pero en aquel momento de confesión existe una auto-difamación grave que genera cuestiones robustas y venenosas. Ella se molesta, porque recuerda que ese vidrio roto la dejó sin mesada por dos meses, dos meses de hambre al momento de salir al recreo. —¿Pero qué hablas tú, Pamela? —replica Joanna, quien se encuentra un poco más tranquila—. Yo me acuerdo de que tú y yo nos aliamos para culpar a Marisa de los muñequitos de cristal rotos de mi tía Ingrid que destruimos cuando nos estábamos peleando por la Barbie, ¿acaso no te acuerdas? —Pues, sí, pero... —¡Pero nada!, tú también eres una desgraciada, al igual que yo, al igual que todos. Marisa aplaude el intento de Joanna de desenmascarar la pedantería de Pamela, pero no le perdona que haya usado su nombre en un crimen que le costó un mes de estadía en casa sin televisión. Esa confesión es la gota que colma el vaso, y ella decide moverse por el pasillo desequilibrado. *** La reja encarcela el rostro del chico. Parece sosegado, aunque en su paso tambaleante hacia la pared hoyada con gracia, Marisa nota que hay mucho más que un simple desasosiego malinterpretado. Ya no está adentro, sino en frente del chico que comienza una charla por celular. Sus cejas parecen pesadas, arrugan su frente. Marisa está conmovida; con su mano de gas intenta palpar las mejillas de su hermano, pero le es imposible. Arturo, sin embargo, es víctima de un escalofrío, una reacción que le hace girar hacia la ventana. Parece no hacerle mucho caso y vuelve a su celular. —Hola —dice. Sonríe, pero al tiempo parece que las lágrimas se le van a salir. No contiene la emoción y la gota se le escapa como la partícula que emerge del corazón de la flor después de la noche. Para Marisa la conmoción está en un límite inimaginable. Siente que llora. —Mi hermana murió —dice él. El sollozo no da crédito a la vista. —Me siento mal. Te tengo sólo a ti, mi amor. Más conmovida queda. Que su hermano se apoye en un sentimiento por otra persona es satisfactorio. No contiene la sonrisa. “Mi hermanito”, piensa. No hay límite para los suspiros, de parte y parte. Él, por un lado, siente que el muro lo sostiene y que ni la tristeza más hercúlea puede empujarle y tumbarle. Ella, por otro lado, sintiendo cosas distantes, ama más a ese joven de aspecto relajado, que carga ese peculiar arete en su oreja izquierda y ese cabello tipo cresta que su madre suele criticar, pero que ella, personalmente, apoyó. “Te vez guapo, hermanito”, le dijo aquella vez que llegó con el corte a su casa, buscando estadía nocturna, pues su madre lo había echado, acusándolo de rebelde. “Mi mamá no entiende”, le dijo ese día, “ella no comprende que los jóvenes de ahora se hacen estos cortes, ésa es la moda. Mi mamá fue una hippie, ella no tiene moral para criticarme”. El joven prende un cigarrillo. Escucha con atención lo que le dicen. —¿Cómo señal? —cuestiona, como hablando a escondidas con el aire, susurrando. Marisa está atenta—. ¿Crees que porque mi hermana murió yo le voy a confesar lo nuestro a todo el mundo? ¿No piensas? Mis padres me matarían. Ella está extrañada. Confesar el amor no debería ser una de sus exhaustivas preocupaciones. Sabe que su madre lo consiente mucho, y en cierta medida, lo sobreprotege más de lo humanamente debido, pero el chico quiere la libertad, ya tiene veinte años. —No veo el día en que ya me pueda ir de la casa. Ese día nos vamos a un lugar lejano, a Europa, no sé. A un lugar en donde podamos disfrutar plenamente de nuestra relación. Qué más da, le diré a mi mamá que voy a estudiar o no sé. Pero yo no quiero estudiar. Sólo quiero... vivir a solas, contigo. Sus palabras comienzan a consternar a Marisa, quien observa detenidamente cómo las lágrimas se escapan de los ojos de Arturo, como si éstos fuesen prendas que se escurren poco a poco después del aguacero. ¿Dónde quedaron los valores?, se pregunta, ¿a dónde quiere llegar, por qué piensa de esa forma? —¡Cómo crees que le voy a contar a mi familia sobre lo nuestro! ¡Me van a matar! —¡Qué sucede! —grita Marisa inútilmente—. ¿Por qué estás tan triste e iracundo, hermano mío? A él se le escapa la última lágrima de la conversación. —De acuerdo. Lo pensaré... —concluye el chico—. Te amo, Gabriel. *** No recuerda nada. Al parecer aquel joven que está allí le sirvió de consuelo en algunos momentos de angustia, momentos que ahora se tornan borrosos. Él está solo, bajo un árbol, junto al bote de basura; toma un refresco, fuma un cigarrillo, llora. Parece que su nombre está en la punta de la lengua, pero es, aún, muy escurridizo. —Dios mío —logra leer en sus labios húmedos—. Qué tristeza. No existe suficiente cercanía para percatarse de las lágrimas, pero sabe que allí están. Alrededor hay gente que luce tranquila, algunos hasta están alegres. Nota su tristeza evanescente, envenenando cada expresión que le nace, cada mirada hacia los que se atreven a llamarse amigos, casi danzantes, casi fiesteros. Ahora ella recuerda, con cierta vaguedad, pero poco a poco se va aclarando ese semblante un tanto fracturado por los vellos, esa nariz delgada y los ojos naturalmente adormecidos. Marcel. —¿Qué te sucede, Marcel? —dice, en vano. —Estoy triste —habla él, sin ánimos de respuesta. Sólo lo dice como un discurso desmotivado. —¿Por qué? —Te has ido. Qué horrible. El sentimiento es profundo, desgarrador. Los diez minutos se van con el humo del cigarrillo. Luego, otro cigarrillo, y así por una hora. Al minuto sesenta y uno, llega una mujer. Su cara es familiar, pero es como si el recuerdo se hubiese quedado en el rostro de Marcel. La mujer lo ve con cierta preocupación y no duda en plantear su cuestión: —¿Qué te pasa, Marcel? —Nada, Helena. “Helena”, un nombre que cabe en la memoria, pero que no es uniforme. Helena da un parpadeo y Marisa reconoce su timbre de voz. “Mi mejor amiga”, piensa. —Vamos. Algo te pasa, Marcel, si no, no estuvieras fumando como un desquiciado. No lo sueles hacer mucho. —Es que estoy... triste, sólo eso. —Lo sé. Yo también lo estoy. Todos lo estamos. Pero tú... tú estás especialmente triste. ¿Por qué? El hombre suspira, descarga un potente peso y se siente en la necesidad de desahogarse. Suspirar no le es suficiente. —Te voy a contar un secreto, pero ni se te ocurra decírselo a otra persona, porque puede llegar a los oídos de Clemente y eso sería... grave. Júrame que vas a guardar este secreto, por favor. —Sí, sí. Lo juro. Soy una tumba. —Okey... La razón por la que estoy tan triste —su voz es un susurro— es porque me gustaba Marisa. Marisa observa con detenimiento, pero se le hace complejo entender el parlamento. Sólo entiende que el corazón de Marcel está tan arrugado como una uva pasa y que seguirá así por mucho tiempo. —Siempre estuve enamorado de Marisa —continúa él—, pero a ella le gustaba Clemente. —¿Y por qué nunca se lo dijiste? —pregunta Helena. —Se lo dije, una vez se lo confesé. No estaba ebrio ni nada por el estilo; estaba perfectamente consciente de lo que hacía. Pero ella creyó que estaba bromeando y me dejó con la palabra en la boca. Luego, le volví a decir y me dijo que me alejara, que no siguiera esperanzado, que ella no iba a dejar a Clemente. “Un sollozo”, piensa Marisa, quien yace en la incomprensión. Se mueve y casi queda dentro del cuerpo de él. Quiere escuchar. —Qué horrible —vuelve Helena—. Debes sentirte muy mal. —No te imaginas lo mal que me siento. Las lágrimas vuelven a hacer acto de presencia luego de una hora de haber sido egoístas con la tristeza y la impotencia; solas éstas tuvieron que luchar contra el agobio de las risas. “Helena”, piensa Marcel, “eres una hipócrita desgraciada. Te odio”. *** Helena camina en círculos. No es discreta, por lo tanto, Marisa duda de su bienestar. “Mi mejor amiga”, se dice a sí misma. Da una vuelta por la casa, al parecer, evaluando locaciones. Marisa la persigue por los pasillos. Ya el tambaleo del suelo y del contexto no existe, más bien, existe una costumbre de movimientos que no se toman en cuenta, pero que son determinantes al momento de andar. El baño está ocupado, el cuarto de conserjería está a la vista de muchos... Sólo está esa pequeña alcoba, quizás poco notada por muchos; en el momento justo es utilizable para un encuentro secreto. Helena va a la sala en la que la urna reposa y hace una seña que, desde su perspectiva, apunta hacia ese hombre que está sentado en una silla cómoda. Lo incita a que la siga. Necesita comunicarle algo serio. El hombre, con impresionante discreción, se levanta de su asiento. A Marisa le es familiar, parece que lo conoce pero no se siente segura de si es alguien cercano o, si bien, es sólo un conocido. Pero se siente atraída por él, no aguanta, lo sigue, anda por pasillos lúgubres, sube una escalera y llega a una alcoba en la que los seres se aseguran al trancar la puerta. Helena se acerca al aparente desconocido y lo abraza, le da un beso en la boca, en el cuello. Él se harta y la toma por los brazos. —Espera un momento —es una voz angustiosa, sobre todo, muy familiar, seductora. —¿Por qué, mi amor? —dice Helena. —Porque estamos en el velorio de mi esposa. Le debemos respeto. *** Iris está tan desconsolada que no quiere dirigirle la palabra a nadie. Sólo habla con su hijo Arturo, le da abrazos continuamente, y él los responde con igualitaria ternura. Están los dos solos frente al ataúd. En tanto, llega Berta, madrina de Marisa y sus dos hermanos: Gonzalo, el mayor, y Arturo, el menor. Berta es una señora mayor, aparentemente de la misma edad que Iris, pero más resistente al momento de enfrentarse con la tristeza. —Por qué no nos dejas un momento a solas, Arturo —dice Berta. —Está bien, madrina —responde él y se va del cuarto. Ambas se quedan allí. El rostro de Berta es de profunda intriga. —No se lo dijiste, ¿verdad? —continúa, ahora en susurros. —No —responde Iris. Marisa siente que está entre dos pilares de arcilla que se van desmoronando. Esa señora parece, como ella, un espíritu que erra pero sin tambalearse, que siente los pies y las manos y que sabe cuándo llora. Ella le da un abrazo a Iris y le comunica: —Sé que era difícil, pero tenías que decírselo. Te arriesgabas a que creciera traumada, y más si lo llegaba a descubrir por su cuenta. Recuerda lo que te dijo el psicólogo, era por su bien. —Lo sé, amiga. Pero es que no podía, pensaba que le iba a romper el corazón, que diciéndole la verdad sí le iba a causar un trauma de por vida. —No, no, cómo crees. Más bien, tienes suerte de que ella fuese una muchacha normal. Pero ése no es el punto. Ella merecía saber la verdad. Eso también la iba unir más a ti y a Raúl. —¿Cómo lo sabes? —Sus verdaderos padres la abandonaron, Iris, y tú y Raúl le dieron un amor incondicional, el amor que esa niña inocente merecía. —Lo sé. Pero yo no tenía corazón para decírselo. Marisa siente que llora, siente que se tambalea. No recuerda nada, no relaciona ningún rostro. Capta el sentimiento con el cual la mujer se expresa y no duda en ver hacia ese ataúd, al que no había atisbado por recelo. Cuando reconoce su cuerpo, retrocede y consagra cada verdad. Ese retroceso y el desequilibrio, en consenso, hacen que caiga. ** Nixon Piñango nixon_moreno5141149@hotmail.com Escritor venezolano (Caracas, 1991). Es estudiante de comunicación social en la Universidad Católica Santa Rosa (http://www.ucsar.edu.ve) y estudiante de música en la Escuela Superior de Música “José Ángel Lamas”, de Caracas. Fue finalista en el II Concurso de Cartas de Amor en honor al poeta sucrense Hisdis Rafael Caraballo, convocado por la editorial venezolana El Perro y la Rana (http://www.elperroylarana.gob.ve, 2009); en el II Certamen de Relatos del Webcindario “El Arte de Escribir” (http://elartedeescribir.webcindario.com; España, 2009), y en el I Certamen de Microrrelatos Erótico-Románticos de ArtGerust (http://www.artgerust.com; España, 2010). Textos suyos han sido publicados en las antologías Más que palabras (El Arte de Escribir, 2009) y I Certamen de Microrrelatos Erótico-Románticos (Artgerust, 2010). === Dos poemas Sergio García Díaz ==================================== *** Hotel Entrar a un hotel es una epifanía un milagro que viene con el ciclo del cosmos con la caída de las hojas en invierno con la llegada de los aromas de la noche. Entrar a un hotel con una mujer esbelta es una cuestión divina mojarse en la tina de baño, enjabonarse en los jardines de Pravia en los jardines de los aromas del amor en los efluvios de los deseantes cuerpos que salen de las pompas de la felicidad. Entrar a un hotel es una hierofanta que aumenta la luz de la piel de la mujer que nos acompaña luz que guía el rumbo de los Reyes Magos hacía el pesebre del amor luz que aumenta el vino, la sal y el pan de los menesterosos del deseo fugaz que se eterniza en la memoria de los amorosos de siempre. Entrar a un hotel es un bautizo sagrado que se manifiesta en las manos de los amantes del fuego en los objetos sagrados que adornan a la fémina y al tigre que muerde la intimidad que anida en la oscuridad del recinto sagrado donde los amantes se aman desnudando el pecado abandonándose al sacrosanto deseo del cáliz. Entrar al hotel es besar el cáliz de los labios ir al celestial momento de los sabores de la fruta ir en la fila para recibir el cuerpo y la sangre de los amorosos noctámbulos que nictálopes se miran en lo más oscuro de la luz que irradian sus ojos de semidioses en aquel momento en que culmina el éxtasis de los cuerpos que se sacralizan como objetos sagrados. Entrar al hotel es un instante que se repite con el ocaso cuando el sol ilumina de rojo marrón las nubes cuando los cerros se visten de lila cuando las calles de las ciudades se ventilan cuando las manos amorosas se estiran se aprietan, se sofocan y se sueltan al encanto de Morfeo cuando los cuerpos yacentes parecen dos peces en reposo al canto de los gallos el ladrido de los perros y la campana del carro de la basura cuando las señoras fodongas limpian sus banquetas limpian las jaulas de las aves y salen a pasear a sus mascotas. Salir de un hotel acompañado por una mujer nos hace más puros más humanos más carne más humo más hombres del alba más mujeres del alba más comunes de nuestros iguales aquellos que van corriendo al trabajo aquellos que van por el mandado al mercado aquellos que envidiosos nos miran cómo enlazamos nuestras manos cómo olemos a amor limpio cómo nuestros ojos miran la ciudad y pedimos en el puesto de mariscos un vuelve a la vida. *** Mulata La tuve un momento entre mis brazos era una mulata de Acapulco era una mujer de dientes nevados por la molienda era una mujer felina de cara luminosamente oscura que sonreía como madona amamantando. Nos fuimos a un privado me puso un condón con su carnosa boca de almendra tostada le agarré sus dos pechos que olían a trasiego de mar y sabían a dulcísima guayaba rosa me gustó su cuerpo entero. Quedé yacente entre sus brazos como bestia amorosa herido de recuerdo de noches vividas en el paraíso acapulqueño junto a aquella mulata de sonrisa iluminada. Quedé yacente como hombre al alba en el reino de aquella mañana en Acapulco. ** Sergio García Díaz checoo_@hotmail.com Escritor mexicano (México, D.F., 1962). Reside en Nezahualcóyotl. Ha colaborado en revistas y periódicos. Parte de su obra literaria comenzó a ser publicada en antologías de cuento y poesía (La semilla del árbol, Tú vivirás para siempre, Amar el mar). Su obra individual está conformada por Border Lane (Mixcoat, 2002), La pasión por las moscas (cuento, Fontamara, 2006), Dos entradas por un boleto (Jano, 2003), Sueños de un chamán (Coyoacán, 2003), Pétalos de mar (Praxis, 2003), Animales impuros (Fontamara, 2006), Alicia en mi espejo (poesía, Praxis, 2006) y Bajos fondos (Praxis, 2009). === La implacable tiranía del frío Begoña Roldán Juez ================ Los silencios siempre le habían incomodado, pues le parecían una antesala de la muerte. Sus labios se sellarían un buen día, cuando el buen Dios, el azar o lo que quiera que hubiese —si es que había algo— quisiera. Y lo harían eternamente. Se imaginaba allí, convertido en una sucia calavera y pensaba en por qué no se habría puesto jamás una ortodoncia. Si Hamlet lo hubiese tenido que sostener a él en vez de al desdichado Yorik, bufón de la corte, se hubiera echado a temblar contemplando aquellos colmillos malformados y agudos, mitad lobunos, mitad paupérrimos. En todo caso feos y largos como los domingos de enero. Antiestéticos en esa calavera de cuidadas proporciones leonardinas. Cogió un lapicero y empezó a golpear el filo de la mesa con él. Al principio, lo hizo sin maldad, como si se tratase de un estúpido juego infantil en el que se imaginase a sí mismo tocando la batería. —Si me gustase Mayumaná iría a verlos al teatro —Él no tenía muy claro a qué se refería Ella con ese comentario, pero como el tono que usó le gustaba aun menos que los silencios, optó por coger otro lapicero y tocar la batería imaginaria con todas las de la ley. Ella lo hubiera asesinado en ese instante y Él podía ver el crimen en sus ojos, antaño verdes y edulcorados por el engaño del amor, ahora enrojecidos por la ira y envilecidos por el desprecio. Siguió ganándose un pasaje al infinito media hora más. Pero de pronto, como si de un fotograma diabólico se tratase, la imagen de su calavera con un lápiz clavado en el cráneo se presentó ante él y ya no pudo hacer otra cosa que guardar los lapiceros en ese bote de Cola-Cao que llevaba allí desde el principio de los tiempos. A veces le resultaba extraño pensar en la miseria que rodea siempre al ser humano. Ella jamás había sido pobre ni renunciaba a un solo capricho. Su armario hubiera vestido a todo el pueblo saharaui y con sus cosméticos se hubiera podido pintar la Capilla Sixtina. Y, sin embargo, ahí estaba el viejo bote de Cola-Cao de los años 80. Mil veces se lo quiso tirar a la basura, dos veces lo hizo. Mil veces ella, por un extraño motivo que nadie alcanzaría a comprender, se negó a que su improvisado plumier pasase a mejor vida en una bolsa gris, dos veces lo rescató de entre raspas de pescado y cenizas mojadas. A él le repugnó este gesto y la odió, si cabe, un poco más. Pensó en cómo sería la calavera de ella. Sin duda, sus dientes quedarían mejor que los suyos. Eran almidonadamente blancos y asquerosamente sanos. A veces, cuando estaban en la cama y ella respiraba con la boca abierta, él podría haber jurado que relucían en la oscuridad como los fuegos fatuos. Tuvo envidia de aquel cráneo perfecto y digno de una clase de anatomía al pensar que el propio sólo podría hallarse en el Museo Arqueológico entre los desdentados Neandertales y entonces comprendió que nunca la asesinaría, pues sería darle el beneficio de seguir creyéndose perfecta. La imaginaba allí, sentada en una lápida con pose de actriz de los años 40 y diciéndole: —Deberías haberte arreglado los dientes, Mariano —después un brillo malévolo de luna enferma se reflejaría en los simétricos dientes de su amada. —Pues tú, calva, tampoco ganas mucho —pero entonces ella se pondría a llorar desde sus cuencas vacías y él se sentiría muy culpable porque comprendería que las mujeres tienen una sensibilidad especial cuando alguien les dice algo negativo de su físico. Además en los cementerios no venden pelucas. La imaginó de pronto con un postizo a base de crisantemos y dalias y una risa histérica hizo que todo su cuerpo sufriese una suerte de espasmo que hizo bailar el sofá con una puntuación de 6,7 en la escala Richter. Ella lo miraba desde la lejanía y ya no tenía cuevas, sino ojos. Se sintió enfermo y desquiciado, perturbado por concebir esos macabros pensamientos. Comprendió lo lejos que se hallaba de Él. Sus universos se juntaron una vez hacía siglos y después de ese día nunca más habían vuelto a coincidir. Él no sabía qué narices hacía allí. Ella, probablemente, tampoco. —Hasta que la muerte los separe... —y entonces la Muerte venía a por Él y lo liberaba de aquel embrujo de permanencia que nadie comprendía. Ella se pondría muy celosa y no le dejaría quedar con la Pálida Dama. —¿Que te vas a llevar a mi marido? Antes te mato, Zorra. —Pero si es la Muerte, cari, no puedes matarla. —Pues te mato a ti si me dejas por Ésta. La Muerte entonces, pasando de malos rollos, se volvería a colgar la guadaña al hombro y se iría con la música a otra parte. Ya volvería otro día a blandir el eficaz instrumento sobre el guapo muchacho cuando aquella bruja no estuviera. Se imaginó entonces las idas y venidas de la Muerte, un día sí y otro también. Al final, como sucede con los Testigos de Jehová después de cerrarles la puerta en las narices cientos de veces, no volvería. De este modo quedaría condenado a una vida eterna con ella luciendo su despampanante melena roja. —¿Se puede saber en qué coño piensas, Mariano? —En lo dulce que eres, Amor Mío. Lo malo del cinismo es que es como una garrapata. Una vez que se agarra a la pareja con sus afiladas patas no hace más que henchirse y, cuanto más ingiere, más crece y más anhela. Hacía al menos dos años que no se decían nada fuera de este código. Incluso en aquellas ocasiones en las que un buen sexo consigue reavivar algunas palabras de amor cuando ya no hay amor, eran desagradables el uno con el otro: —Pues que te quiero, joder. —Y yo, si no, ¿de qué te iba a aguantar? Y se reían, como si estuvieran contándose chistes que les hiciesen gracia. La mala sangre circulaba por dentro, la garrapata pedía alimento y después de algunos instantes de fingidas escenas de vodevil, cada cual regresaba a su yo más profundo. Ése que, con rabia, pensaba que el otro le había robado algo importante. En realidad Él nunca le había exigido nada y Ella estaba ahí por voluntad propia. Quizá el sentirse responsable de sus actos era lo que le hacía sentirse mal. Ella tan perfecta, tan analítica, tan salomónica, aguantaba a aquel idiota que aporreaba la mesa con los lápices de modo mecánico y frenético porque quería fastidiarla. Ahí estaba la puerta. Más allá estaba la calle. Después la libertad. Quizá ese Amor esperado y añorado que aún no había conocido. Al principio pensó que podría ser Él, pero ahora sabía que estaba en lo erróneo. Que el Destino tenía un maravilloso plan para Ella porque era, sencillamente, como un ángel caído del Cielo encarnado en mujer. Digna de un príncipe. Pensó en cuál sería el modo más fácil de abandonarla. Sabía que si abordaba el tema desde la conversación aquello no acabaría nunca. Se iría de noche, cuando Ella durmiese. Sin explicaciones, sin necesidad de hacer ruido. Tal y como un buen día entró en su vida, saldría de ella. Miraba los astros mientras Él se fumaba un cigarrillo más en la ventana. Tenía frío, pues la corriente le golpeaba las piernas, pero ya desistía de persuadirle para que se fuese a fumar al salón. A Él le gustaba asomarse a la ventana y fumar acompañado por la luna y la sombra de los edificios. Ella se limitaba a mirar su silueta enjuta y casi simiesca. Él casi nunca se daba la vuelta para mirarla y podría fingirse dormida si esto llegase a suceder. En el fondo, quizá tuviese ganas de que eso ocurriera, de que Él se girase y le dijese un “Qué coño miras”. Pero sus ojos habían dejado de ejercer su poder magnético sobre los de Él hacía una eternidad. Lo mismo le importaba ser observado por la alfombra o por la patética lámpara de mesa que les había regalado su mamaíta querida, que por ella misma. Cuándo empezó a ser parte del mobiliario, no lo sabía. Tampoco importaba. Miraba las estrellas desde la cama y a veces lloraba porque no comprendía el porqué de aquel invierno interminable. Le era cada vez más difícil deleitarse en recuerdos de estío. Estaba olvidándose del calor que una vez hubo entre ellos, acaso también de las primaveras suaves y tranquilas, de los otoños hogareños y llenos de abrazos. El invierno llegó con su bata de cola y se aposentó en su casa sin pagar alquiler y sin intención de marcharse. Al principio intentaron echar al molesto inquilino varias veces, pero el miedo al fracaso sólo engendra más miedo y el miedo, a su vez, sólo genera destrucción. Alimentándose de los frutos que había dado su reinado de terror, la gélida estación se quedó para siempre y Ella, mientras miraba el cielo y pensaba en el esplendor y la grandeza del espacio, no podía recordar aquellos tiempos en que fueron felices. Después, ya no podía llorar por haberlos perdido. Cuando se girase, Ella estaría, como siempre, haciéndose la dormida. Venía haciendo eso desde hacía meses. Quizá la necia esperase que Él le diese un beso en los labios. Era una jodida cursi y por nada del mundo la complacería. Haría como que no se daba cuenta de que estaba despierta y se acostaría en el otro extremo de la cama, intentando no rozarle una sola parcela de piel. Quería demostrarle su indiferencia. Deseaba que Ella se diese cuenta del mal que le había hecho aniquilando el amor que una vez sintió. Primero le quitó el presente, después no se contentó y se adueñó de su pasado. Más tarde, se hizo también ama y señora de su futuro encerrándolo en aquella prisión. Le había quitado lo que más le gustaba de sí mismo, y se sentía desenamorado de su propio Narciso. Y a alguien que deja de amarse sólo le quedan dos opciones: mendigar compasión o la Muerte. Era por eso que los pensamientos macabros ocupaban el 80/100 del espacio de su disco duro. El 20/100 restante lo ocupaban sus necesidades primarias y sus planes de huida. Caminó por las calles bajo la lluvia y, entonces, tuvo miedo. Una vez fue Él, después eran los dos y ahora no era nadie. Tan sólo un candidato más al jardín de las osamentas risueñas. Se sentía vacío por dentro, como si todos aquellos pensamientos que rondaban su mente se hubiesen extinguido con el agua que caía a raudales. No podía recuperarse a sí mismo y tampoco sabía si lo deseaba. Se sentó en un bordillo esperando a que el aguacero lo arrastrase, quizá, hacia un camino propicio para andar. La imaginó entonces dormida, enseñando los perfectísimos dientes que una vez le habían deslumbrado y sintió mucho frío. Pensó en lo bien que estaría rozando su piel contra su calor bajo las mantas, pero era porque estaba helado, sólo por eso. Por lo visto, el invierno le perseguía fuese a donde fuese. Quizá fuese ésa la causa de todos los males y no Ella, tan tierna, haciendo como que dormía. Joder, sólo quería un poco de atención... Seis horas bastaron para que él, con la misma quietud, con el mismo sigilo con el que marchó, volviese a girar la llave en la cerradura de su casa. Fue hacia el dormitorio y se recostó a su lado. Contempló el blanquísimo rostro. Tenía la boca cerrada, por lo que intuyó que estaba despierta. Vio que en su mejilla izquierda brillaba el surco dejado por una lágrima. Quizá Ella se había dado cuenta de todo y estaba enfadada. A lo mejor lo dejaba en cuanto despuntase el sol. Las palabras se atropellaron en su boca pugnando por salir antes de que aquel invierno vil la sacase por siempre de su vida: —Yo te quiero, joder. —Y yo a ti, dijo Ella entre sollozos. Un viento helado rompió los cristales de la habitación y cubrió la estancia con un fino manto de nieve. Aquella lágrima que se había quedado adosada a su tez parecía ahora un diamante tallado. Se miraron y comprendieron todo. El sol no iba a salir más. Sólo había una forma de salir de aquel iglú del alma. Con los huesos atenazados por el rocío escarchado que los cubría hicieron el amor. Pese a que llevaban siglos sin amarse, aquella noche lo consiguieron. Después, Ella, risueña como en las antiguas primaveras –ahora sí que podía recordarlas— le permitió fumarse aquel cigarrillo sobre la cama porque sabía que ya no importaba lo perjudicial que pudiera ser el humo para su salud. Caían estrellas fugaces el verano que se conocieron y ambos pedían deseos que tenían que ver el uno con el otro. —Mira, cariño, imagina que es una de aquellas estrellas fugaces, pide un deseo —dijo él dejando caer el cigarrillo sobre las sábanas. Ella sonrió porque en la total oscuridad del cuarto ciertamente parecía una estrella de las de entonces. Ambos pidieron sus deseos y os diré que tenían que ver con sus aspiraciones hacia el otro. Se convirtieron en cenizas y, al final, no hubo cráneos dispares. Se mezclaron siendo polvo, convirtiéndose en polvo. El sol entró por la ventana y llegó el verano. Lástima que no estuvieran allí para verlo. ** Begoña Roldán Juez briseida1978@hotmail.com Escritora española (Madrid, 1978). Licenciada en filología hispánica, trabaja actualmente como profesora de lengua castellana y literatura en un instituto de enseñanza secundaria. Ha ganado, entre otros, el premio de la Asociación de Rol “El Huerto del Cura”, de Fuenlabrada. Pertenece al foro poético del café Libertad 8 y publica en él con asiduidad. ||||||||||||||||||||||| EL REGRESO DEL CARACOL |||||||||||||||||||||| === Celebraciones Alberto José Pérez ================================= Poesía Imprenta Regional de Apure (Fundación Editorial El Perro y la Rana, http://www.elperroylarana.gob.ve) Colección de Ensayo “J. M. Briceño Guerrero” San Fernando de Apure, 2008 ISBN: 978-980-14-0109-4 68 páginas Además de ostentar un lugar destacado en la poesía venezolana contemporánea, el escritor venezolano Alberto José Pérez (http://www.letralia.com/firmas/perezalbertojose.htm) es un cronista cabal y prolífico. Celebraciones reúne una veintena de sus crónicas en las que, como se intuye en el título, despliega el aplauso contagioso en favor de sus no pocos afectos literarios. Nelly Fernández, Gonzalo Fragui, Ernesto Román Orozco, Yildret Rodríguez Ávila, Caupolicán Ovalles, Fidel Flores, Jesús Enrique Guédez y muchos otros autores venezolanos aparecen en las páginas de Celebraciones como protagonistas de breves textos en los que se congrega la certera reseña literaria y la sabrosa anécdota. “Soy dueño de la inmensa fortuna de tener buenos amigos, cuyas obras son imposibles de obviar a la hora de escribir, discernir, sobre el cine y la literatura nacionales: gente de honor y trascendencia, a toda prueba, que han dado ‘frutas del sol a todos los oscuros’ ”, dice Pérez en una de las crónicas incluidas en el libro. Nacido en la población apureña de El Samán en 1951, Pérez es director-fundador de la revista literaria Icam y del sello editorial del mismo nombre. Ha obtenido, entre otros reconocimientos, el Premio de Poesía de la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Ezequiel Zamora (Unellez, 1987) y el Premio Único de Poesía de la Bienal de Literatura de la Universidad Central de Venezuela (UCV, 1991). Entre sus poemarios se encuentran Los gestos tardíos (1975), El libro de Barinía (1985), Marca (1984), Olor de amor (1995), Como si valiera un siglo (1996), Retrato de memoria del corazón de una mujer (1997), Un poeta como yo (2006) y la antología poética El poeta de quien les hablo (1999). === Junkie de nada Zazil Alaíde Collins ============================== Poesía Editorial Lenguaraz (http://www.lenguaraz.com) México, DF, 2009 ISBN: 978-607-7725-02-2 120 páginas El primer poemario de la escritora mexicana Zazil Alaíde Collins (http://www.letralia.com/firmas/collinszazilalaide.htm) está construido según las cartas de El Fandanguito, la lotería tradicional de sones jarochos compuesta por grabados de Alec Dempster y versos del sonero Zenén Zeferino Huervo, y de la cual se puede ver una muestra en http://unambihuo.info/?page_id=1503. Explica una nota al principio del libro: “En la lotería, uno de los jugadores funge como gritón o cantor, quien improvisa versos relacionados con las barajas del juego —numeradas del 1 al 60—, mientras el resto de los jugadores marca con semillas los cuadros del cartón que escogió”. Valiéndose de este juego (y ya es un juego proponer al lector que considere como pistas de lectura los vaivenes del azar), Collins extiende una poesía que, aun mostrándose pletórica de imágenes, conserva una notable economía en el lenguaje: Es fácil distinguir a un poeta en la multitud: busca emociones en el sexo, pero es superado por la evocación a los actos (...). “Poética posmoderna”, p. 27. Elementos tipográficos recalcan, en algunas de sus páginas, significados específicos; la autora importa igualmente diversos recursos —del cine, del teatro, de la música; incluso, en algún caso, de otros idiomas— para integrarlos a su lenguaje franco y desprovisto de excesos retóricos: El mundo cambia, you must learn how to entertain yourself. Insatisfacción. No necesito químicos para despojarme. Hacer catarsis. Junkie de nada. Rara, everything’s change. Junkie insatisfecha. “Trainspotting”, pp. 52-53. En el epílogo del libro, la escritora Mariana Bernárdez se pregunta si será Ionesco y no Freud la lectura más apropiada para comprender el alba del siglo XXI. “Dime, dinos, cántanos, Zazil, versifica sobre el ‘anatema moral’ del ‘hombre ideal’ o sólo cómo ‘bebes té mientras la vida te aburre’ para finalmente citar a Trasímaco y escuchar a Brenda Lee cuando deletreas ‘la media aritmética de tu perdición’ (...). Zazil escribe en el espejismo, inscribe el destierro donde la dislocación de la in/cordura revela el movimiento pendular entre el infierno y el cielo”. Zazil Alaíde Collins nació en Ciudad de México en 1984. Estudió lengua y literaturas hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam). Tiene experiencia profesional en certámenes de ensayo político (CIDE), encuentros de poesía (Mujeres Poetas en el País de las Nubes) y de Jóvenes Creadores en México (Unam). Poemas suyos han aparecido en la sección “Literarias” de la revista Opción (Itam) y en Poesía de raíces mágicas, anuario de Mujeres Poetas en el País de las Nubes (Centro de Estudios de la Cultura Mixteca, Colección Vidzu, México, 2004). ||||||||||||||||||||||||||| POST SCRIPTUM ||||||||||||||||||||||||||| “Tu oficio, poeta, es contemplar, / que todo se te escriba dentro; luego, / quizá leer allí mismo, quizá decir a los otros / lo que allí mismo, escrito, tú lees”. José Antonio Muñoz Rojas, “Tu oficio... poeta”, en: Oscuridad adentro (1950-1980) (1989). === Cómo publicar en Letralia, Tierra de Letras =========================== Antes de enviarnos algún texto para publicar en Letralia, le agradecemos leer nuestras condiciones de publicación. Usted puede verlas en el Web en http://www.letralia.com/tierradeletras/publicar.htm. 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