~~~~~~~~~~~~~~~ Año XVII Cagua, Venezuela Nº 275 ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras ~~~~~~~~~~~ http://www.letralia.com ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ 17 de diciembre de 2012 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras, es ~~~~~~~~~~~ la revista de los escritores ~~~~~~~~~~~ hispanoamericanos en Internet. ~~~~~~~~~~~ Usted puede enviarnos sus ~~~~~~~~~~~ comentarios, críticas o material ~~~~~~~~~~~ literario a info@letralia.com ~~~~~~~~~~~ ~ * ~~~~~~~~~~~ ~~~ JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor ~~~~~~~~~~~ ~~~~ Depósito Legal: pp199602AR26 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~ ISSN: 1856-7983 ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ === Sumario =============================================================== | Narrativa y teatro en un libro de Dimeo Álvarez y | Breves González. / Ella no merece ninguna piedad, de Gustavo | Ott. / Fallo del XVI Concurso de Relato Breve “Villa de | Binéfar”. / Veredicto del certamen “Un fragmento de mi | vida” 2012. | | Pedro Enrique Rodríguez gana el Premio José Barroeta de | Noticias Poesía. / Escritor y cineasta prepara documental sobre | la violencia en Venezuela. / Reeditan El quadern gris de | Josep Pla en versión apegada al original. / Publican en | español novelas de H. G. Wells en un solo volumen. / | Entregaron en Lima el Premio Copé 2012 en cuento y | ensayo. / Jacqueline Goldberg gana con Las horas claras | el Concurso Transgenérico. / José Gregorio Maita gana el | Premio de Cuento Guillermo Meneses. / Javier Cercas | graba su voz en la Biblioteca del Congreso de EUA. / | Falleció la escritora peruana Rosa Cerna Guardia. / Mo | Yan recibe el Premio Nobel de Literatura entre críticas | y apoyos. / La escritora argentina Samanta Schweblin | gana el Juan Rulfo de Cuento. / Rafael Tovar sucede a | Consuelo Sáizar en la presidencia del Conaculta. / | Discuten en España dotar de una ley propia a la | Biblioteca Nacional. / Más de 4.000 personas conceden a | Gloria Codina el Círculo de Lectores. / Pérez-Reverte, | Cercas, Esquivel y Padura en la Feria de Buenos Aires. / | J. M. Coetzee dictará conferencia en Bogotá y leerá | material inédito. / Literatura fantástica y ciencia | ficción serán temas de coloquio en Perú. | | “Ernesto Cardenal: el poeta que halló las partículas de | Artículos y Higgs”, Oscar Hidalgo. / “Philip Roth o el retrato del | reportajes mundo tal cual”, Abraham Prudencio Sánchez. / “Camilo | José Cela y el amargo cáliz de la Guerra Civil”, Gustavo | Rubén Giorgi. / “Gustavo Adolfo Bécquer (III). Qué solos | se quedan los muertos”, Vicente Adelantado Soriano. / | “El final de Batman, la consagración de un director”, | John Harold Giraldo Herrera. / “Rufino Blanco Fombona o | la imagen de un país enfermo”, Delia Barreiro Pérez. / | “El albatros de Coleridge y otras historias de taberna”, | Pablo Cingolani. / “Bordes: fronteras”, Carlos Eduardo | Maldonado. / “Reynaldo Pérez Só”, Roberto Cabrera. / | “Ernesto Sábato o la luz en las tinieblas”, Pedro García | Cueto. / “Año Bi.Si.Esto, de Silvia Rodríguez Bravo”, | Guillermo Fernández Guajardo. | | “Kike Ferrari: un escritor próximo a la incertidumbre”, | Entrevistas Antonio Guerrero Ruiz. Edelmis Anoceto Vega: “Poesía es | igual a las mejores experiencias, en las mejores | palabras en el mejor orden”, entrevista por Ihosvany | Hernández González. | | “La casa interior de Dulce María Loynaz”, Efi Cubero. / | Sala de ensayo “La segunda vanguardia. Los ‘60 en la Argentina: las | voces diferentes”, Jorge Ariel Madrazo. / “Dos visiones | sobre la vida y la muerte: Giovanni Papini y el doctor | Jack Kevorkian”, Felipe Caro Pozo. | | “Juegos de Dios”, Eleazar Marín. / Poemas de Ricardo | Letras Martínez-Conde. / Dos textos de Deyanira Díaz. / Dos | poemas de Eduardo Fabio Asís. / “La rica del pueblo”, | Jaime Huertas Fernández. / Pequeña antología de poesía | breve de Mario Meléndez. / “Al final de cuentas”, María | Celeste Vargas Martínez. / “Alusiones”, Rocío Redondo de | la Calle. / Dos cuentos de Gonzalo Bizama. / Cinco | poemas de Pablo Medina. / “Práctica de campo”, Cristina | García Ramírez. / Cuatro poemas de Marianna Salvioli. / | “¡Conmigo no se juega!”, Antonio Mora Vélez. / Tres | poemas de Ricardo Jesús Mejías Hernández. / “El | movimiento de un labio”, Alfonso Barguñó Viana. / Tres | poemas de Jhon Rivera Stredel. | | Gustavo Faverón Patriau. | Post Scriptum | =========================================================================== Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Año http://www.geocities.com/SoHo/8753 =========================================================================== Premio "La Página del Mes" de Internet de México el 3 de mayo de 1998 http://www.internet.com.mx =========================================================================== Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998 http://www.megasitio.com =========================================================================== Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999 http://www.redchilena.cl =========================================================================== Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999 http://www.fortressdesign.com =========================================================================== Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999 http://www.exodusltd.com =========================================================================== Premio Mejor Página de Poesía, de La Blinda Rosada, en julio de 1999 http://blindarosada.org.ar =========================================================================== Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Premio Nacional del Libro de Venezuela 2007, Centro Nacional del Libro http://www.cenal.gob.ve =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2008, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Mención de honor en los premios Stockholm Challenge 2010, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.org =========================================================================== Para suscribirse a Letralia, envíe un mensaje vacío a: letralia-subscribe@gruposyahoo.com Para desuscribirse, envíe un mensaje vacío a: letralia-unsubscribe@gruposyahoo.com También puede formalizar su suscripción o su desuscripción en un formulario visible en nuestro sitio en el Web: http://www.letralia.com/herramientas/listas.htm Ediciones anteriores: http://www.letralia.com/tierradeletras/archivo.htm ||||||||||||||||||||||||||||||| BREVES |||||||||||||||||||||||||||||| *** Narrativa y teatro en un libro de Dimeo Álvarez y González Teniendo en mente la idea de “explorar los puntos de tangencia y los espacios de intersección entre el teatro y la novela”, los docentes Carlos Dimeo Álvarez (http://www.letralia.com/firmas/dimeocarlos.htm), de la Uniwersytet Marii Curie-Sklodowskiej, de Lublin (Polonia), y José Ramón González, de la Universidad de Valladolid (España), acaban de publicar el libro La narrativa en el teatro / El teatro en la narrativa (convergencias transgenéricas en la literatura hispánica actual), que aparece bajo el sello La Campana Sumergida. Dimeo y González coordinan un equipo de autores de diversas nacionalidades, cuyos trabajos estudian las relaciones entre ambos géneros desde una perspectiva abierta e inclusiva. Intratextualidad, multiperspectivismo y teatralización de la escritura son algunos de los temas abarcados en el libro, donde también se incluyen estudios sobre el tema enfocados en obras de autores de la talla de Eduardo Mendoza, Octavio Paz, Roberto Arlt, Belén Gopegui o Julio Cortázar. Los interesados en el libro pueden contactar al profesor Dimeo a través de la dirección electrónica dimeo@icloud.com. *** Ella no merece ninguna piedad, de Gustavo Ott Acaba de aparecer la novela Ella no merece ninguna piedad, del escritor venezolano Gustavo Ott, editada por la Editorial Fundación Casa Nacional de las Letras Andrés Bello. Este libro, ganador del VI Concurso Nacional de Narrativa Salvador Garmendia 2011, es la segunda novela del autor venezolano editada en dos años, luego de su debut como narrador con Yo no sé matar pero voy a aprender, publicada por Monte Ávila Editores en 2011. En esta oportunidad, Ott —director general del Teatro San Martín de Caracas— aborda temas que van desde la desadaptación social hasta las neurosis y los conflictos afectivos. “Con maestría en el uso de diversas técnicas narrativas, se expresa lúcidamente, con una prosa que se manifiesta espontanea y virtuosa. Viajes que discurren en el plano espacial, y en el psicológico, aspectos oníricos y una directa apuesta por la visión cuántica del tiempo, se conjugan para ofrecer al público un libro que merece ser leído más de una vez”, apunta Ximena Hurtado Yarza en la contraportada. http://bit.ly/XXBkEA *** Fallo del XVI Concurso de Relato Breve “Villa de Binéfar” Este 3 de diciembre fue publicado el veredicto del Concurso de Relato Breve “Villa de Binéfar”, que este año arribó a su decimosexta edición y que es convocado por el Ayuntamiento de Binéfar (España). El primer premio, dotado con 1.000 euros, recayó sobre el relato “La princesa y el pirata”, de José Ramón Alonso Peña; el segundo, de 700 euros, fue para “Manos Grandes”, de Joaquín Solano Pérez, y el tercero, de 500 euros, para “Eternos monegros”, de Ramón Ruipérez Gumiel. La participación fue de 228 escritores de España y otros países, de los que fueron seleccionados 27 finalistas para terminar otorgando los citados premios. El jurado estuvo compuesto por Concha Silván, María Ezquerra, Laura Bernal, Tatiana Puyo, Elena Vidal, María Pilar Salazar, Isabel Martínez, Pedro Torrens, José María Rodrigo, Federico Ferrer, Francisco Alastruey, Esther Isábal y Laura Baquero. La entrega de premios se realizará el sábado 2 de febrero de 2012. Los cuentos ganadores están publicados en formato PDF en la web de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Binéfar. http://bit.ly/Vi8V9V *** Veredicto del certamen “Un fragmento de mi vida” 2012 El pasado 4 de diciembre se hizo público el veredicto del concurso internacional de autobiografía “Un fragmento de mi vida”, que convoca anualmente la Asociación Mexicana de Autobiografía y Biografía y que en esta ocasión recayó sobre el trabajo “Del Viejo al Nuevo Mundo”, del escritor argentino Aldo Ciallella, de Buenos Aires. Además se concedió menciones a “Recuerdos del camino”, de Carlos Mario Leal Álvarez (Colombia); “El viejo de la ventana”, de Fernando Gonzalez Carey (Argentina); “Sentimiento de culpa”, de Germán Castro Martínez (Colombia); “Juventud, divino tesoro”, de Jorge Herrera Alarcón (Chile); “Un pedacito de cielo”, de María del Socorro Molina Rengifo (Colombia), y “De vacaciones por la Tierra”, de María Alexandra González Jiménez (Colombia). La información fue suministrada por el escritor mexicano Sergio Gelista (http://www.letralia.com/firmas/gelistasergio.htm), secretario del ente convocante. ¿Quiere publicar una nota en este espacio? Envíenosla por correo electrónico a breves@letralia.com. === ¿Le interesa estar informado sobre concursos? ========================= Reciba por correo electrónico los anuncios vigentes de concursos literarios y artísticos en general suscribiéndose a nuestra lista de distribución. Todo lo que tiene que hacer es enviar un mensaje vacío a letralia-concursos-subscribe@gruposyahoo.com, o visitar nuestra cartelera de concursos en http://www.letralia.com/herramientas/concursos.htm. Si desea enviarnos las bases de un concurso, escríbanos a info@letralia.com |||||||||||||||||||||||||||||| NOTICIAS ||||||||||||||||||||||||||||| *** Pedro Enrique Rodríguez gana el Premio José Barroeta de Poesía El escritor aragüeño Pedro Enrique Rodríguez (http://www.letralia.com/firmas/rodriguezpedroenrique.htm; Maracay, 1974) ganó con el libro La fugaz caligrafía del resplandor el Concurso de Poesía José Barroeta 2012, convocado por la IX Bienal de Literatura Mariano Picón-Salas, que se celebró en Mérida entre el 20 y el 23 de noviembre. El jurado, compuesto por el escritor colombiano Harold Alvarado Tenorio (http://www.letralia.com/firmas/alvaradotenorioharold.htm) y los venezolanos Igor Barreto y Miguel Szinetar, escogió por unanimidad el libro de Rodríguez, presentado con el título La caligrafía salvaje que imita los pastos, según el veredicto anunciado el pasado 30 de noviembre. Los jueces basaron su decisión en virtud de que en el poemario “se conjugan, mediante una firme voluntad de nominación, notables aproximaciones descriptivas a los mundos externos e internos del poeta, en diálogo con un significativo contexto literario”. Psicólogo de profesión y profesor universitario, Rodríguez tiene una destacada trayectoria en poesía, narrativa y ensayo. En 2006 fue seleccionado para la I Semana de la Nueva Narrativa Urbana y al año siguiente fue uno de los quince finalistas del Concurso de Cuentos Juan Rulfo de Radio Francia Internacional (RFI), en una edición en la que participaron más de cinco mil relatos. Además, en 2008 ganó el Concurso Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana con el libro de ensayos Oficio de lectores. Su libro El silencioso vuelo de los peces fue editado en 2009 por el sello Equinoccio, del que Letralia ha publicado los relatos “Alighieri” (http://www.letralia.com/233/letras07.htm) y “Más allá del cielo plomizo” (http://www.letralia.com/236/letras04.htm). Fuente: Bienal Picón-Salas *** Escritor y cineasta prepara documental sobre la violencia en Venezuela Juan Carlos González ha emprendido una campaña de crowdfunding para terminar el filme Apuntes para dejar de matarnos, donde retrata la grave situación de inseguridad que vive su país y presenta propuestas de diversos sectores. Sólo en el año 2010 fueron asesinadas más de 21.000 personas en Venezuela, según comenta el escritor y cineasta venezolano Juan Carlos González (Caracas, 1980), cuyo filme Apuntes para dejar de matarnos (http://apuntesparadejardematarnos.com) se encuentra en fase de posproducción. El documental contará el problema de la violencia delincuencial y criminal en Venezuela, sus causas, consecuencias y manifestaciones en la convivencia diaria de la gente, pero además mostrará los esfuerzos de construcción de paz que han sido emprendidos por una parte de la sociedad: qué han hecho las organizaciones no gubernamentales, el Estado y, sobre todo, la ciudadanía, para detener la escalada de violencia. El tema es analizado por Doris Barrientos, coordinadora del proyecto “Madres de Catuche” —que emplea el diálogo para contener la violencia en su barrio—; Héctor Torres (http://www.letralia.com/firmas/torreshector.htm), autor del libro de crónicas Caracas muerde, sobre la violencia en la capital venezolana, y Gloria Perdomo, directora de la Fundación Luz y Vida, que fomenta inclusión escolar y apoyo a jóvenes en los barrios de Petare. Enfocándose en la capital del país, Caracas, el filme presentará además opiniones, diagnósticos y propuestas de la ciudadanía a través de varias voces. “Entrevisté a un patólogo, una periodista de sucesos, un fotógrafo, un escritor, educadores, un taxista, un entrenador de artes marciales mixtas”, dice González. “Lo que más me gusta de este documental es la posibilidad de que sea diverso, lo más coral posible”. González y su equipo han iniciado una campaña de crowdfunding (http://bit.ly/VCUIVK) que concluirá el 11 de enero. Hasta ahora la campaña les ha agenciado una cuarta parte de los 5.535 euros proyectados, que les permitirá pagar el personal involucrado en labores de montaje, grafismo, posproducción de audio y marketing. Los “mecenas” que participen en el financiamiento recibirán diversas compensaciones de acuerdo a la cantidad que aporten. Un mecenas que colabore con 10 euros se asegura que su nombre aparezca en los créditos del documental, así como en la web del mismo y en sus frentes en las redes sociales. Aportando 250 o 500 euros, las cantidades más altas previstas como parte de la campaña, el mecenas podría incluso aparecer en el DVD contando sus propias experiencias contra la violencia. De lograrse la meta planteada, se dedicará los meses de enero a marzo de 2013 a la fase de posproducción. El filme en su versión definitiva sería presentado en abril a los medios y a quienes hayan colaborado. González es sociólogo egresado de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab, 2003) y tiene estudios de comunicación (2007), periodismo de paz (2008) y documental creativo (2009), todos en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), España, donde además ha sido profesor invitado. Ha desarrollado su experiencia profesional en el campo de la investigación, comunicación y video documental para diversas ONG en Venezuela, España, Filipinas y República Dominicana. Su documental Voces de Mindanao (2010) fue seleccionado para diferentes festivales y muestras en España. Como escritor ha obtenido mención de honor en el VI Premio de Cuento Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores (2012) y fue finalista del III Concurso de Cuentos “Junto al Fogaril” (Huesca, España, 2010), además de ganar el XVI Certamen de Relatos Cortos “Meliano Peraile” (Madrid, 2008). Fuente: Web del documental *** Reeditan El quadern gris de Josep Pla en versión apegada al original La primera edición de El quadern gris del escritor y periodista español Josep Pla (Palafrugell, 1897; Llufríu, 1981), en una versión “provisionalmente definitiva”, libre de erratas y que respeta la lengua del autor, fue presentada en Barcelona (España) el pasado 3 de diciembre. El filólogo Narcís Garolera ha “restaurado y limpiado” durante dos años la obra cumbre de la prosa de Pla corrigiendo errores de lectura en la transcripción o erratas tipográficas. Garolera estuvo entre 2005 y 2007 contrastando diariamente el manuscrito de este dietario, que la Fundación Pla le entregó fotocopiado, con la segunda edición del libro, que fue parcialmente corregida por el escritor ampurdanés en el año 1969, tres años después de la primera edición. Experto también en Jacint Verdaguer y Josep Maria de Sagarra, Garolera se ha adentrado ahora en el trabajo de Pla para ofrecer un texto sin los errores de lectura de la transcripción mecanográfica, sin errores tipográficos y sin las “abusivas” intervenciones lingüísticas de los correctores de los años 60. En este sentido, señaló que ha intentado “acercarse lo más posible a la lengua de Pla, respetándole los ‘ampurdanismos’ y dejando palabras que por la estricta normativa imperante en los años 60 le fueron cambiadas”. La edición contiene más de 5.000 modificaciones que hacen, en opinión de Garolera, que la obra de madurez de Pla y uno de los grandes clásicos de la literatura catalana contemporánea “sea más Pla que nunca”. Las correcciones han sido de distintos tipos: Garolera ha detectado numerosos errores en la transcripción mecanográfica del manuscrito que alteraron el sentido del original (“cínica” por “única”, “dirigides” por “digerides”, “cine trist” por “cine mut”, “sota d’un pis” por “sota d’un pi”, “gust de menta” por “gust de merda”) e intervenciones intencionadas del editor (“delirants collonades” se convirtió en “delirants explicacions”). Además, ha restituido fragmentos eliminados y añadidos respecto al manuscrito (“les seves inacabables migranyes” se quedaron en su día en “les seves migranyes”), ha retirado numerosas ultracorrecciones introducidas siguiendo los inflexibles (“y arbitrarios a veces”, añade Garolera) criterios del Institut d’Estudis Catalans en los 60 (se pasó de “rojos” a “roigs”, de “ànsia” a “angúnia”, de “fondo” a “profund”) y ha recuperado tanto los castellanismos como los ampurdanismos del original (“caldo, “caliquenyo”, “trastos”, “quartos”, “irà”, “allomats”, “amolats”), manteniéndolos en cursiva en los casos en que no han sido aceptados por el IEC. El estudioso de la obra de Pla reconoce que el proceso de revisión no ha sido fácil, especialmente porque la idea inicial de restaurar el libro es de hace siete años y firmó un primer contrato para poder llevarla adelante con el editor Joaquim Palau, entonces en Planeta. Sin embargo, con la creación del Grup 62, Destino en catalán pasó a este conglomerado y la idea sufrió un parón, que ha cogido impulso, de nuevo, en estos últimos meses, con el editor Jordi Cornudella al frente. “Como decía Pla”, apunta Garolera, “lo normal es que las cosas vayan mal y, si salen bien, propina. Al final, tenemos un libro que es una realidad, muy bien impreso, sin errores y que será el canónico”. El mismo Garolera ha revisado a partir del nuevo texto en catalán la traducción castellana que Dionisio Ridruejo realizó de El quadern gris y que llegará a las librerías, de la mano de Destino, el próximo 15 de enero. Fuentes: EFE • El Periódico *** Publican en español novelas de H. G. Wells en un solo volumen Las grandes novelas fantásticas del escritor británico Herbert George Wells (Bromley, 1866; Londres, 1946) se reúnen en un volumen de 592 páginas que acaba de publicar la editorial española RBA, según se anunció este 3 de diciembre. Grandes novelas: H. G. Wells (http://bit.ly/SZswNY) contiene La máquina del tiempo (1895), La isla del doctor Moreau (1896), El hombre invisible (1897) y La guerra de los mundos (1898), con las que el autor prefiguró gran parte de la cultura popular del siglo XX y los temores contemporáneos. Esa influencia ha llegado hasta nuestros días con el efecto multiplicador de adaptaciones cinematográficas recientes como La guerra de los mundos (2005), de Steven Spielberg, con Tom Cruise; La isla del doctor Moreau (1996), de John Frankenheimer, con Marlon Brando; o El tiempo en sus manos (The Time Machine, 1960), de George Pal. En este volumen, RBA presenta las cuatro novelas fundamentales de Wells centradas en temas que siguen preocupando en la actualidad y continúan marcando el camino de la investigación científica: el viaje en el tiempo, la invasión extraterrestre, la enajenación mental que puede provocar la ciencia y la manipulación genética. Fuente: EFE *** Entregaron en Lima el Premio Copé 2012 en cuento y ensayo La empresa Petróleos del Perú, Petroperú, entregó la noche del martes 4 de diciembre las distinciones correspondientes a los ganadores y finalistas de la XVIII Bienal de Cuento y la III Bienal de Ensayo del Premio Copé 2012. El evento fue presidido por el gerente general de la petrolera, Pedro Méndez, y contó con la participación del escritor Diego Trelles y la antropóloga María Eugenia Ulfe, en representación de los jurados, además de los galardonados de ambas categorías. Durante su intervención, Méndez felicitó a los ganadores y recordó que el Premio Copé fue una de las primeras iniciativas de la empresa por abordar un campo de gestión que excede propiamente a su labor específica, la industria de hidrocarburos. “Sin embargo sabemos que es de vital importancia, ya que la cultura determina en muchos sentidos la vida de los hombres”, sostuvo. Por su parte, Trelles resaltó la labor de Petroperú en la convocatoria y promoción de este importante galardón. “Es bueno que Petroperú crea y confíe en la literatura como una expresión artística a destacar”, manifestó en su discurso el escritor, quien además se mostró emocionado por ser el jurado más joven en esta edición. “Aprovecho la ocasión para destacar las virtudes de los trabajos ganadores, y saludo la gran acogida a esta Bienal de Cuento, que superó los 1.400 trabajos”, indicó. El cuento “Los caminantes de Sonora” de Christ Gutiérrez-Rodríguez, fue el ganador de la XVIII Bienal de Cuento, dotado con 30 mil nuevos soles, mientras los relatos “El libro de la sabiduría” y “El río”, de Alejandro Neyra y Pierre Castro, respectivamente, se hicieron acreedores del Premio Copé de Plata en forma compartida, dotado con 20.000 soles. Durante su discurso, Gutiérrez-Rodríguez agradeció a Petroperú por el galardón y se definió como un escritor comprometido. “En el caso particular de este relato, busco hacer reflexionar a los posibles migrantes sobre los riesgos de cruzar ilegalmente las fronteras, y que desistan de este intento”, manifestó. El ensayo “El wakcha en el relato andino de tradición oral”, de John Harvey Valle Araujo, resultó ganador del Premio Copé de la III Bienal de Ensayo, dotado con 45.000 nuevos soles. Además, los trabajos “El neoperuano: excavar la nación en la metrópoli”, de Gabriel Ramón Joffré; “Las figuras del cazador: símbolos, alegorías y metáforas en el poemario Simbólicas, de José María Eguren”, de Jim Alexander Anchante Arias, y “La multitud de la política: modernidad y relaciones sociedad-política en el Perú actual”, de Carlos Meléndez Guerrero, recibieron mención honrosa en el mismo. Fuente: La República *** Jacqueline Goldberg gana con Las horas claras el Concurso Transgenérico La escritora venezolana Jacqueline Goldberg (Maracaibo, 1966) ganó este martes 4 de diciembre, con su obra Las horas claras, el XII Concurso Transgenérico que organiza en Venezuela la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana (http://on.fb.me/XCgUFD), según anunció el jurado compuesto por Gina Saraceni, Héctor Torres (http://www.letralia.com/firmas/torreshector.htm) y Joaquín Marta Sosa. Las horas claras es, según los jueces, un “hermoso e inclasificable híbrido que une poesía, historia y novela”. Se trata de un texto que, traduciendo a la perfección el espíritu del concurso, se debate en un cruce de géneros que media entre la novela y la poesía. El jurado señaló que la obra es “contundente tanto por el modo como aborda el tema del habitar, irrecuperable, de la pérdida a través de referencias a la arquitectura y la historia, como por su apuesta formal que se arriesga a cruzar géneros diversos con un estilo y lenguaje de una alta calidad literaria”. Goldberg tiene una reconocida trayectoria en la poesía, con más de una decena de títulos. Buena parte de ella ha sido recogida en Verbos predadores (Editorial Equinoccio, 2007). Ha recibido, entre otras distinciones, el Premio Nacional de Literatura Infantil Miguel Vicente Pata Caliente (1993) y la Bienal de Poesía Mariano Picón Salas (2001). A esta edición del certamen se presentaron casi 50 obras. El jurado recomendó la publicación de las obras finalistas Con trazos de seda, de Cecilia Rodríguez; Alambrada, de Patricia Valdivia, y Santa Ángela del Cerro, de Eloi Yagüe Jarque. El Premio Transgenérico, instaurado en 2001 por la Fundación para la Cultura Urbana, ha tenido entre sus ganadores a Gina Saraceni, Roberto Martínez Bachrich (http://www.letralia.com/firmas/martinezbachrichroberto.htm), Arturo Gutiérrez Plaza (http://www.letralia.com/firmas/gutierrezplazaarturo.htm), Diego Bautista Urbaneja y Andrés Stambouli. Fuente: Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana *** José Gregorio Maita gana el Premio de Cuento Guillermo Meneses “Dónde estabas el día en que cayó la ceniza” fue el cuento escogido por decisión unánime por los jueces Patricia Káiser, Eloi Yagüe y Luis Britto García. El autor ha publicado en Letralia los relatos “El saco” (http://www.letralia.com/114/letras06.htm) y “Fue por la noche” (http://www.letralia.com/140/letras11.htm). Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia, obtuvo una de las menciones de honor con el cuento “Juez en el invierno”. El jurado de la segunda edición del Premio Nacional de Cuento Guillermo Meneses, conformado por los escritores Patricia Káiser, Eloi Yagüe y Luis Britto García, anunció este miércoles 5 de diciembre, en el Museo Rómulo Gallegos de la Fundación Celarg, el veredicto del certamen, que tuvo como ganador el relato “Dónde estabas el día en que cayó la ceniza”, del escritor venezolano José Gregorio Maita (http://www.letralia.com/firmas/maitajosegregorio.htm; Caracas, 1980). Ganador por decisión unánime, Maita participó con el seudónimo “Grano Urbano”, imponiéndose sobre otros 157 autores. Los jueces destacaron del relato “su audaz experimentalidad y su carácter polifónico, en la línea innovadora del maestro Guillermo Meneses”. Residente en Ciudad Guayana, Maita es comunicador social egresado de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab), extensión Guayana. Ha sido director y escritor del cortometraje “El saco”, basado en su cuento homónimo. Con el cuento “Efecto de letargo” ganó en 2005 el Concurso Nacional de Literatura “La Abeja Obrera”, y con el libro de cuentos Remansos obtuvo mención honorífica en La Explosión Cultural Bicentenaria 2011 del Municipio Caroní. Es productor y moderador del programa radial Sin perder el tiempo, que se transmite por La Voz de Guayana, 89.7 FM. Actualmente se desempeña como analista de la Oficina Regional de Información (OIR-Guayana) del Ministerio de Comunicación e Información. Ha publicado El momento y la llovizna, editado por la Fundación Editorial El Perro y la Rana. El jurado decidió conceder menciones honoríficas a los relatos “Desmembramiento de un ángel”, de Cruz Arnaldo Jiménez Riera; “Juez en el invierno”, de Jorge Gómez Jiménez (http://www.letralia.com/firmas/gomezjimenezjorge.htm); “Tan sagaz como Jackie”, de Radamés Laerte Giménez; “Flores en la madrugada”, de Aquiles Gabriel Zambrano Rodríguez, y “Cuentos muy cortos que cuentan historias”, de Carlos Rojas. El acto de premiación se realizó el viernes 14 de diciembre como antesala a la conmemoración del 101r aniversario del natalicio de Guillermo Meneses, en la Sala de Teatro 2 de la Fundación Celarg. La obra ganadora estará disponible próximamente en la web del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg, http://www.celarg.gob.ve). Convocado por el Celarg, el Premio Nacional de Cuento Guillermo Meneses honra la memoria de uno de los más connotados renovadores de la narrativa venezolana y está dotado con 8.000 bolívares y un diploma de reconocimiento. Se realiza anualmente desde 2011, año del centenario del escritor, y está abierto a la participación de escritores venezolanos o extranjeros residenciados en Venezuela. Participan en el Premio Nacional de Cuento Guillermo Meneses escritores venezolanos o extranjeros residenciados en el país, mayores de edad con textos inéditos. Fuente: Celarg *** Javier Cercas graba su voz en la Biblioteca del Congreso de EUA El escritor español Javier Cercas grabó en español, el pasado 6 de diciembre, un registro de pasajes de sus libros Soldados de Salamina y Anatomía de un instante para el Archive of Hispanic Literature on Tape (Ahlot) de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, uno de los más importantes catálogos del mundo en su tipo, que desde el año 1942 ha recogido las voces de más de 650 autores. Entre los españoles ilustres que han aportado su voz al Archivo de la Palabra están los ganadores del Premio Nobel de Literatura, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre y Camilo José Cela. Del ámbito hispanoamericano, el archivo contiene las voces de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Jorge Luis Borges. La audioteca tiene grabaciones de escritores de Iberoamérica, el Caribe y España. Acompañado de su traductora al inglés, Anne McLean, Cercas leyó varios fragmentos de sus dos libros más aclamados y conversó con el público asistente sobre héroes y villanos. “La primera vez que enseñé el libro a mi mujer ésta me reprochó horrorizada que había escrito un libro fascista”, compartió Cercas. “Pero yo lo que quería hacer era un libro que hablara de Rafael Sánchez Mazas [líder de la Falange], de las personas, revisar el concepto del héroe”. El autor extremeño —nacido en 1962 en Ibahernando (Cáceres)— puntualizó que en la guerra civil española hubo “claramente un bando de buenos y otro de malos” pero que “héroes los hubo en los dos lados”. El escritor puso de ejemplo a un “héroe familiar”, un tío suyo de 17 años, “un tipo culto que luchó en el bando fascista por unos ideales que para él eran buenos: la familia, la religión, la patria”. Cercas concluyó la conversación sobre Soldados de Salamina declarando que no es un libro fascista —piense lo que piense su mujer. “Es un libro sobre la gente”. La primera obra de Javier Cercas fue un libro de cuentos, El móvil (1987), seguido de la novela Gonzalo Suárez (1994), sobre el famoso cineasta y novelista, y las novelas El inquilino (1989), El vientre de la ballena (1997) y Soldados de Salamina (2001), su obra más popular. Sus dos novelas más recientes son Anatomía de un instante (2009) y la recién publicada Las leyes de la Frontera (2012). Fuente: El País *** Falleció la escritora peruana Rosa Cerna Guardia La escritora y docente Rosa Cerna Guardia falleció el lunes 10 de diciembre, según informó la Casa de la Literatura Peruana. Sus restos mortales fueron velados en su domicilio en el distrito limeño de Barranco, donde residía desde 1953. Representativa poeta de la Generación del 50 y nacida en Ancash en 1926, Cerna Guardia fue, con Cota Carvallo de Núñez, una pionera en la narración literaria destinada al público infantil, publicando numerosos cuentos breves. También se recuerda su labor docente en el profesorado, por la cual se hizo acreedora a las Palmas Magisteriales en el grado de Educador (1993) y de Maestro (1999). Por su producción lírica obtuvo además el Premio Internacional de Prosa Poética sobre la Encíclica de Pío XII (1955), así como al Premio de Poesía Nisei del Perú por su poemario Mis palabras al viento (1968). En su palmarés en literatura infantil se cuenta la mención honrosa de Teatro Escolar por su obra El niño de los ojos azules (1963) y el Primer Premio en el Concurso Internacional de Literatura Infantil de Chile. También se hizo merecedora del Premio Nacional de Literatura Infantil “Juan Volatín”, otorgado por la Municipalidad de San Isidro, y del primer lugar en el Concurso Internacional de Literatura Infantil “Grav”, de Chile. En 1972 su obra fue seleccionada en España para una antología de la literatura infantil hispanoamericana. En noviembre pasado se le rindió homenaje en el marco del Festival del Libro Infantil Juvenil San Luis, según comenta uno de los organizadores de la actividad, el escritor peruano Leoncio Luque Ccota (http://www.letralia.com/firmas/luqueccotaleoncio.htm). “Quise nuevamente tenerla para un homenaje, pero lamentablemente no se dio”, escribió Luque Ccota. “Es por eso la doble aflicción para mi corazón, su partida. Y por eso escribo esta pequeña nota. Porque sé que ella con ese corazón de madre, quiso a la vida y los niños. Nos deja un legado: sus obras literarias de mundo infantil”. Fuente: La República *** Mo Yan recibe el Premio Nobel de Literatura entre críticas y apoyos Mientras el escritor chino pronunciaba el discurso de aceptación, el viernes 7, en la Academia Sueca, artistas de su país lo llamaban “prostituta” y “traidor”, por su postura política. El chino Mo Yan, que recibió el pasado lunes 10 de diciembre en Estocolmo, Suecia, el Premio Nobel de Literatura, describe en su obra un pasado de China que “es una revisión convincente y mordaz de cincuenta años de propaganda”. Así se refirió a Mo Yan el presidente del Comité Nobel de Literatura, Per Wästberg, durante la alocución con la que le presentó antes de que recogiera de manos del rey Carlos XVI Gustavo de Suecia la medalla y el diploma que acreditan el premio. El Konserthuset (Sala de Conciertos) de Estocolmo acogió un año más la entrega de los Premios Nobel, en una ceremonia presidida por los reyes Carlos XVI Gustavo y Silvia de Suecia, y a la que asistieron la princesa heredera Victoria, su marido el príncipe Daniel y los príncipes Carlos Felipe y Madeleine. De todos los Nobel entregados el lunes, el que más expectación había suscitado fue el de Mo Yan —seudónimo que significa “no hables”—, cuyo nombre auténtico es Guan Moye, quien tiene 57 años y desde que se le concedió el premio ha recibido críticas, entre otros, de disidentes chinos, por considerarle un intelectual del régimen. En su presentación, Wästberg no ahorró elogios a la obra de Mo Yan y su retrato de la sociedad china, del que dijo que “describe un pasado que, con sus exageraciones, parodias y derivaciones de mitos y cuentos populares, es una revisión convincente y mordaz de cincuenta años de propaganda”. Mo Yan conoce “prácticamente todo lo que hay que conocer sobre el hambre y, probablemente, la brutalidad del siglo XX en China nunca ha sido descrita de una manera tan desnuda”, aseguró. En su literatura, el autor chino “ataca la historia y sus falsificaciones, así como las penurias y la hipocresía política”, dijo Wästberg, quien citó algunas de sus obras, en las que se “mofa” de la “pseudociencia revolucionaria” o dirige su “ironía a la política familiar china” del hijo único. En las historias de Mo Yan “nunca encontramos el ciudadano ideal que fue una característica estándar en la China de Mao” sino que son capaces de adoptar “los pasos y medidas más amorales para satisfacer sus vidas y reventar las jaulas en las que han sido confinados por el destino y la política”. “En la obra de Mo Yan, la literatura mundial habla con una voz que ahoga a la mayoría de los contemporáneos”, concluyó el académico. En una ceremonia a la que asistieron 1.570 invitados y que siempre está marcada por un riguroso protocolo, el primero en tomar la palabra fue el presidente del comité de la Fundación Nobel, Marcus Storch, quien recordó que horas antes en Oslo la Unión Europea había recibido el Premio Nobel de la Paz. Storch recorrió en su discurso la historia de los Premios Nobel, que se entregan el 10 de diciembre al ser ésta la fecha del fallecimiento de su creador Alfred Nobel (1833-1896), así como la historia de su fundación y los retos de futuro. Los laureados, todos hombres, recogieron su medalla y diploma de manos del rey e hicieron una reverencia al monarca, otra a los miembros de la Academia y la tercera al público, pues el protocolo no establece que puedan hacer discursos. Los premios fueron entregados con el orden habitual, con lo que los primeros en acercarse al centro del escenario fueron los laureados en física, David J. Wineland y Serge Haroche, elegidos por haber abierto una “nueva era” en la física cuántica. En química se reconocieron los estudios de Robert J. Lefwokitz y Brian K. Kobilka sobre receptores celulares, a través de los que logran sus efectos casi la mitad de los medicamentos. El británico John B. Gordon y el japonés Shinya Yamanaka merecieron la distinción en medicina por demostrar que las células adultas pueden ser reprogramadas para desarrollar cualquier tipo de tejido. Los últimos en recoger sus medallas de manos del rey fueron los estadounidense Alvin E. Roth y Lloyd S. Shapley, por sus trabajos sobre el diseño de los mercados y su teoría de las asignaciones estables, que les valieron el premio de economía, creado en 1969 por el Banco de Suecia en memoria de Alfred Nobel. El acto contó con diversos interludios musicales a cargo de la Real Orquesta Filarmónica de Estocolmo bajo la batuta de Daniel Blendulf, y contó con la actuación como solista del clarinetista Emil Jonason, con obras de, entre otros, Pyotr Tchaikovsky, Gioacchino Rossini y George Gershwin. Los Premios Nobel han visto reducida este año su dotación económica en un veinte por ciento, hasta 8 millones de coronas suecas (unos 930.000 euros o 1,5 millones de dólares) por categoría, para lograr un rendimiento del capital ajustado a la inflación. Como cada año, la Sala de Conciertos estuvo decorada por unas 17.000 flores y hojas enviadas desde Sanremo (Italia), localidad donde falleció Alfred Nobel, y en esta ocasión predominaron los tonos cálidos y llenos de matices, desde el cereza al naranja en varias versiones incluidos los tonos pastel. La solemne ceremonia se cerró con el himno nacional sueco “Du gamla, Du fria” (Vieja y libre tierra). Críticas Las voces chinas de la oposición, que no han dejado de denunciar la excesiva obediencia de Mo Yan al régimen de la nación oriental, parecieron más calmadas el día de la entrega que durante el fin de semana precedente, cuando el poeta Ye Du le había comparado con “una prostituta”, mientras el artista Ai Weiwei le acusaba de “traición y capitulación”. Sólo el escritor disidente Liao Yiwu, exiliado en Alemania tras escapar del territorio chino en 2011, escapó a la regla firmando una virulenta tribuna en Le Monde. “Para ser justo, hay que reconocer que sus escritos denuncian los males del régimen. Mo Yan ha desvelado algunas sombras del periodo maoísta, en los límites autorizados, pero evitando evocar las que han sido cometidas durante la regencia de los actuales dirigentes”, escribió. “Adorno dijo que escribir poesía después de Auschwitz era un acto de barbarie. En China, el equivalente es este: escribir sin dejar testimonio es vergonzoso”. Según Liao Yiwu, Mo Yan formó parte del movimiento de la plaza Tiananmen, antes de adherirse a las políticas del pragmático Deng Xiaoping, que impulsó la propiedad privada y la iniciativa individual. Desde entonces, sus declaraciones en público han sido “extremadamente prudentes”. El discurso El viernes 7, Mo Yan pronunció en la Academia Sueca el discurso de aceptación del premio, en el que reivindicó una clara separación entre el compromiso político y el genio literario. “Un novelista forma parte de la sociedad, por lo que es natural que tenga sus propias opiniones e ideas. Sin embargo, cuando está escribiendo debe ser justo”, sostuvo. “La literatura puede preocuparse por la política, pero situándose por encima de ella”. El escritor prefirió formular un discurso emotivo y sensorial, tal como su propia literatura, en el que reivindicó lo vivido como principal motor creativo. “Las experiencias personales dotan la obra de su singularidad literaria”, dijo. Se describió como un niño “solo y desdichado”, criado por una familia inmersa en el “abismo oscuro de la desesperación”, que comía cortezas y carbón mientras forzaba la comunicación con seres que no podían corresponderle. “A veces le confiaba los secretos de mi corazón a un árbol”, reveló, al tiempo que sostuvo que sin una infancia difícil “no se puede ser un gran escritor”. Por si lo anterior fuera poco, también se definió como poco agraciado físicamente. “Soy genéticamente feo desde que nací. Muchas personas de mi pueblo me gastaban bromas en mi cara”, aseguró, en un giro sorprendente. Ante ese entorno sórdido y mezquino, marcado por la hambruna generalizada de los días de la Revolución Cultural, el autor rindió homenaje a una madre analfabeta de buen corazón, fallecida en 1994, que le enseñó los valores que realmente sirven en la vida. Y también al cuentacuentos que de vez en cuando pasaba por el pueblo. El adolescente Mo Yan no tardaría en imitarle, repitiendo sus historias —y añadiéndoles pasajes de cosecha propia— ante un público formado por las mujeres de su familia. Su obra literaria, según precisó, le debe tanto Gabriel García Márquez y William Faulkner como a ese cuentacuentos a quien su madre trataba de “charlatán y farsante”, antes de empezar a apreciar sus historias. “Soy un cuentacuentos. Me han dado el Premio Nobel por mis cuentos. En el futuro seguiré contando cuentos”, concluyó. Pese a esta filiación con la tradición popular, en su bibliografía, digna del más esforzado estajanovista —80 volúmenes publicados en China en sólo tres décadas—, también figuran frescos históricos como La dura ley del karma, en la que recorre la historia de su país desde 1949, fecha de la toma de poder de Mao, sin eludir los capítulos más oscuros. En su narrativa breve también abundan los parias de los tiempos del Gran Salto Adelante, los descastados del mundo rural y los funcionarios corruptos, en una panorámica obnubilada por lo fantástico, lo alegórico y lo grotesco. “El mayor problema no era que tuviera miedo de enfrentarme a las oscuridades sociales y criticarlas, sino cómo controlar la pasión ardiente y la furia para no desviarme hacia la política ni alejarme de la literatura”, prefirió matizar en su discurso del viernes. “Si no hubiera sido por los grandes progresos y el desarrollo de la sociedad china durante estos 30 años, por la apertura y la reforma, no existiría un escritor como yo”. Usted puede descargar el discurso íntegro del ganador del Premio Nobel en esta dirección: http://bit.ly/UXEXKs. Fuentes: EFE • El Meridiano de Córdoba • El País *** La escritora argentina Samanta Schweblin gana el Juan Rulfo de Cuento El premio que otorgan la RFI, el Instituto de México en París y La Maison de l’Amerique Latine de París cambiará su nombre, a pedido de la familia del autor de Pedro Páramo. La argentina Samanta Schweblin ganó el Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo 2012 por su relato “Un hombre sin suerte”, uno de los 2.200 que aspiraban al galardón que se entrega cada diciembre en París desde hace 30 años. Esta es la última vez que Radio Francia Internacional, el Instituto de México en París y La Maison de l’Amerique Latine de París entregan el Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo, que seguirá bajo un nuevo nombre. “A pedido de la familia de Juan Rulfo hemos decidido buscar un nuevo nombre para el premio”, indicó Alexandra Pineda, que dirige el servicio en español de RFI, señalando que ello se debe a un pedido de la familia del escritor mexicano, quien entregó el premio en la primera edición, en 1982. Schweblin, que nació en 1978 en Buenos Aires, donde estudió cine y televisión, recibió el premio la noche del lunes 10 de diciembre en una ceremonia en la Casa de América Latina de París. El cuento ganador, enviado con el seudónimo “Ansia Lenz”, fue escogido entre las 33 obras finalistas de esta edición, en la que participaron 2.200 obras de diferentes países, principalmente de México (606), Argentina (374), Colombia (272), España (191) y Venezuela (103), precisó Radio Francia International. El jurado estuvo compuesto por Alan Pauls, Grecia Càceres, Julio Villanueva Chang, Eduardo Ramos Izquierdo, Aline Schulman y Elmer Mendoza. El primer libro de Schweblin, El núcleo del disturbio (2001), obtuvo los premios del Fondo Nacional de las Artes y el Haroldo Conti. Su segundo libro, Pájaros en la boca (2009), obtuvo el premio Casa de las Américas, se tradujo a once lenguas y fue publicado en veintidós países, precisó el comunicado. La escritora porteña vive actualmente en Berlín, donde termina su tercer libro. Fuente: AFP *** Rafael Tovar sucede a Consuelo Sáizar en la presidencia del Conaculta Dijo que procurará conocer a fondo el trabajo de su predecesora, a fin de “integrarlo a la riqueza que tiene México”. Es la primera persona que ocupa el cargo en dos siglos distintos. El escritor, abogado, historiador, diplomático y gestor cultural mexicano Rafael Tovar y de Teresa asumió el pasado lunes 10 de diciembre la presidencia del Consejo Nacional de Cultura y Artes de México, cargo en el que sucede a Consuelo Sáizar, y que ya había ocupado entre 1992 y 2000, por lo que es la primera persona en dirigir el ente en dos siglos distintos. Sáizar saludó la designación como su sucesor de quien fuera embajador de México en Italia, y felicitó por ello al presidente de México, Enrique Peña Nieto, en una ceremonia en la que estuvieron como invitadas especiales, además de la esposa del funcionario, Sari Bermúdez, ex presidenta del Conaculta, y María Teresa Uriarte, directora de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), a quien Tovar ofreció su mejor voluntad para trabajar en colaboración con la máxima casa de estudios. El nuevo presidente del consejo no quiso dar a conocer a los funcionarios con los que trabajará este sexenio: “Vamos a adecuar los perfiles de los responsables al programa, no al revés. No se trata de tener primero a las personas, porque eso significaría que no hay una idea definida ni prioridades ni un concepto de política cultural que encuadre dentro de los principios generales del presidente Peña Nieto”. En el salón donde se realizó el encuentro con la prensa se colocaron, además de la bandera de México, las fotografías de los cinco funcionarios que han estado al frente del Conaculta en los últimos 24 años: Víctor Flores Olea, Rafael Tovar, Sari Bermúdez, Sergio Vela y Consuelo Sáizar. Los lineamientos a los que se refirió Tovar tienen que ver con “la creación de un programa de prevención del delito. No hay un tema más noble y más adecuado para que sea parte de los contenidos fundamentales, que la cultura”. “En segundo lugar, cuando el presidente habla de la creación y desarrollo de las bandas anchas en materia de telecomunicaciones, es exactamente lo que nosotros necesitamos para poder multiplicar el trabajo cultural a través del aprovechamiento de las nuevas tecnologías. Entonces, primero quiero tener muy claro lo que vamos a trabajar y a partir de ahí definir cuáles son los perfiles y hacer los nombramientos”. Tovar afirmó que será respetuoso del trabajo que realizó Sáizar y procurará conocerlo a fondo “para integrarlo a la riqueza que tiene México. Tanto la Biblioteca Vasconcelos que se construyó durante la administración de Sari, como la de ahora, se suman a enriquecer la infraestructura del país”. El presidente del Conaculta resaltó la importancia de reconocer las nuevas voces, escucharlas y estar pendientes de las nuevas necesidades sociales que hay que resolver. Aseguró que desde su primera gestión al frente del consejo “tan ha habido política de Estado” en materia cultural, “que muchas acciones están vivas”. Insistió en que es necesario restituir el resquebrajado tejido social, sobre todo, “colaborar en mejorar la imagen de México en el exterior”. Se comprometió a atender no sólo a los creadores y artistas, sino también a los productores de bienes culturales. Tovar dijo que en los años recientes le tocó “vivir y ver, desde fuera, no sólo la libertad, sino los obstáculos que pasan algunas personas para producir y difundir sus obras”, en referencia a las dos novelas que publicó, Paraíso es tu memoria (Alfaguara, 2009) y El último brindis de don Porfirio (Taurus, 2010). Señaló que estar al frente del Conaculta es “volver a vivir. Nunca he dejado los libros, la música, el teatro, las exposiciones, la cultura, es mi vida, nada de ello me es ajeno. En este sentido, el trabajo cultural tiene su plenitud cuando llega a millones de mexicanos, cuando hay consumo de esos servicios culturales que ofrecen las instituciones”. Licenciado en derecho por la Unam, Tovar y de Teresa ocupó diversos cargos en los años 70 —entre ellos el de asesor del director general del Instituto Nacional de Bellas Artes—, hasta que en 1979 ingresó al Servicio Exterior Mexicano como director general de Asuntos Culturales de la Secretaría de Relaciones Exteriores, cargo que desempeñó hasta 1982. Entre 1983 y 1987 fue ministro en la Embajada de México en Francia, entre 1991 y 1992 dirigió el Instituto Nacional de Bellas Artes y luego ocupó la presidencia del Conaculta hasta 2000, para convertirse en embajador de su país en Italia a partir del año siguiente y hasta 2007. Ese año, y por espacio de once meses, dirigió la Comisión del Bicentenario del Inicio del Movimiento de Independencia Nacional y del Centenario del Inicio de la Revolución Mexicana y del Interinato de Sergio Vela, cargo al que renunció sin explicar las razones. Entre los reconocimientos que ha recibido destacan condecoraciones otorgadas por los gobiernos de Alemania, Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, España, Francia, Guatemala, Italia, Polonia, Suecia, Ucrania y Venezuela. Fuente: La Jornada *** Discuten en España dotar de una ley propia a la Biblioteca Nacional El Congreso de los Diputados de España aprobó el pasado 11 de diciembre una proposición no de ley, elaborada por el grupo del Partido Popular, en la que insta al gobierno a redactar un proyecto de ley para regular la Biblioteca Nacional (BNE), dotándola de una normativa propia para que actúe con mayor autonomía y eficacia. Durante el debate de esta iniciativa, el portavoz de Cultura del Grupo Parlamentario Popular, Juan de Dios Ruano, subrayó que el texto legislativo respeta los valores característicos de la BNE, como son “la calidad, la austeridad, la coherencia y la vocación de permanencia”. El texto legal propuesto sería semejante a otros aprobados en el pasado para instituciones culturales como el Museo del Prado o el Museo Centro de Arte Reina Sofía. En opinión de Ruano, “la necesidad de esta reforma se debe a que la BNE ha incrementado, en los últimos años, los servicios que presta, el número de visitantes, sus colecciones, dándoles un tratamiento exclusivo y de calidad; ha ofrecido el patrimonio digital y ha elaborado procedimientos acordes con el panorama internacional”. El objetivo de esta reforma, precisó el portavoz popular, es que la BNE camine hacia un “modelo de excelencia, liderazgo y calidad”, y siga cumpliendo sus fines de “recopilación, organización, custodia y difusión del patrimonio bibliográfico español, consolidando su dimensión social”. Finalmente, concluyó Ruano, esta iniciativa se enmarca dentro del 300º aniversario de la BNE, que fuera creada en marzo de 1712 por el rey Felipe V como Real Biblioteca Pública. La BNE se encuentra actualmente entre las cinco más importantes del mundo y es la institución máxima en la conservación, gestión y difusión del patrimonio bibliográfico español en cualquier soporte. Fuente: Europa Press *** Más de 4.000 personas conceden a Gloria Codina el Círculo de Lectores La escritora española Gloria Codina obtuvo el pasado martes 11 de diciembre, con La máscara de la virtud, el Premio Círculo de Lectores de Novela, dotado con 20.000 euros, tras la votación de más de 4.000 personas que actuaron como jueces de esta edición. Aparte de su multitudinario jurado, el concurso cuenta con tres asesoras (esta vez, las autoras Carmen Posadas y Carla Montero y la editora Lydia Díaz), que eligieron tres manuscritos —de entre los 420 presentados a concurso— para que los lectores (socios del Círculo y, desde este año, lectores en general) escogieran su favorito. Según el comunicado emitido por la editorial asentada en Madrid, la novela de Codina está ambientada en la Italia del siglo XV y protagonizada por Costanza Contanti, una mujer valiente que se enfrentó a la sociedad de su época por un mundo más justo. La autora es una gran amante de la literatura que adora viajar y conocer otras culturas. Se define como una autodidacta que intenta contar al mundo historias apasionantes a los que deseen leerlas. Con motivo del 50º aniversario de Círculo de Lectores, la novela ganadora será publicada en mayo de 2013 en forma simultánea para los socios del club y las librerías, con el sello Plaza & Janés. Fuentes: El Mundo • Europa Press *** Pérez-Reverte, Cercas, Esquivel y Padura en la Feria de Buenos Aires Los escritores españoles Arturo Pérez-Reverte y Javier Cercas, la mexicana Laura Esquivel y el cubano Leonardo Padura son algunos de los invitados a la Feria del Libro 2013 de Buenos Aires, según se informó el pasado miércoles 12 de diciembre. La 39ª edición de la feria porteña se celebrará del 25 de abril al 13 de mayo de 2013 con Ámsterdam como ciudad invitada. Cees Nooteboom y otros escritores holandeses se presentarán en un espacio denominado “Café Ámsterdam”. La cita literaria albergará también la octava edición del Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires, al que asistirán invitados como el español Juan Carlos Mestre, la japonesa Masayo Koike o el palestino Zakaria Mohammed. La Feria del Libro de Buenos Aires es la más importante de Latinoamérica tras la de Guadalajara (México) y recibe cada edición más de un millón de visitantes durante las tres semanas en las que se realiza. Fuente: EFE *** J. M. Coetzee dictará conferencia en Bogotá y leerá material inédito Un seminario internacional organizado por la Universidad Central revisará en abril de 2013 la obra del Premio Nobel de Literatura 2003. Hasta el 15 de enero es posible enviar resúmenes de ponencias para aspirar a participar. El escritor surafricano John Maxwell Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940) visitará Bogotá para dictar una conferencia sobre el tema de la censura y leer un texto literario inédito, en el marco del Seminario Internacional de Autor “Tres días con J. M. Coetzee” que organiza la Universidad Central y que se celebrará del 8 al 10 de abril de 2013. El ganador del Premio Nobel de Literatura 2003 será así el centro de esta actividad, que está dirigida a escritores, artistas, historiadores, investigadores, profesores, estudiantes y público en general y en cuyas sesiones se presentará además un libro con las ponencias admitidas por el comité organizador. Los interesados en participar deberán enviar a la dirección electrónica mbaqueror@ucentral.edu.co un resumen de sus propuestas de ponencias antes del 15 de enero de 2013. Estos resúmenes tendrán una extensión máxima de quinientas palabras y deberán acompañarse de un resumen biográfico y profesional del autor. Los ejes temáticos del seminario están enfocados en tres etapas que demarcan la trayectoria del autor de Diario de un mal año: hasta el fin del apartheid (1974-1994); entre el fin del apartheid y el otorgamiento del Premio Nobel (1994-2003), y obras posteriores al otorgamiento del Nobel (2003-2013). El viernes 22 de enero, los organizadores darán a conocer las ponencias aceptadas, que tendrán una extensión de diez a quince páginas y deberán ser enviadas antes del 22 de febrero en archivo digital, formato Word 2007, fuente Times New Roman, 12 puntos, a doble espacio, justificado, tamaño carta, márgenes de 3 cm arriba y abajo y 2,5 cm a derecha e izquierda. Las citas y referencias bibliográficas deberán presentarse en forma completa de acuerdo al formato MLA. Las inscripciones costarán 100.000 pesos para profesores y estudiantes y 200.000 para el público en general. Miembros de la comunidad de la Universidad Central podrán asistir gratuitamente con la presentación del carnet. La actividad es organizada por la Especialización en Creación Narrativa, el Pregrado de Creación Literaria y la Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Arte de esta casa de estudios. Para solicitar mayor información, los interesados pueden telefonear al 3423790 o al 3239868 (extensión 4302), o bien escribir a la dirección electrónica mbaqueror@ucentral.edu.co. Fuente: Universidad Central *** Literatura fantástica y ciencia ficción serán temas de coloquio en Perú Hasta el 7 de julio de 2013 es posible enviar resúmenes de ponencias para aspirar a participar en el Coloquio Internacional “Escrituras del nuevo mundo: lo fantástico y las narrativas del futuro”, Coloquiofanperú 2013 (http://coloquiofanper.blogspot.com), que se celebrará en Lima, Perú, del 24 al 26 de octubre de 2013. Organizado por el Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar y con el auspicio del Instituto de Investigaciones Humanísticas de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), el evento rendirá homenaje en esta ocasión a Ricardo Palma a los 180 años de su nacimiento; a Lima, de aquí a cien años, de Julián M. del Portillo, a los 170 años de su publicación, y a los 80 del nacimiento de José B. Adolph. Además, el motivo central del coloquio —que se celebra anualmente desde 2009— será el estudio de la ciencia ficción en Latinoamérica, sus orígenes y desarrollo del género, el rescate de sus principales figuras y el estudio del panorama actual. Quienes aspiren a participar podrán escoger uno de entre siete ejes temáticos propuestos: las teorías de lo fantástico y la ciencia ficción; la literatura fantástica y la ciencia ficción en Latinoamérica y Europa; la ciencia ficción en Latinoamérica; utopías y distopías en la literatura hispanoamericana; la obra completa de José B. Adolph; el arte fantástico latinoamericano y universal (cine, artes plásticas e historieta, entre otros), y las diversas manifestaciones de lo fantástico peruano. Para participar es preciso enviar antes del 7 de julio de 2013 un resumen de la ponencia propuesta. Ese resumen deberá tener una extensión de hasta 250 palabras y deberá contener el título de la ponencia, un resumen descriptivo y los datos del autor o autores (nombres completos, teléfonos y filiación institucional). El comité organizador acusará recibo de las propuestas y notificará la aceptación de las sumillas antes del 21 de julio. Las ponencias que sean aceptadas por los organizadores deberán enviarse antes del 31 de agosto de 2013 a la dirección electrónica coloquiofanperu@gmail.com, y no podrán exceder las 10 cuartillas (excluida la bibliografía), en formato A4, Arial 12, a doble espacio —para un tiempo máximo de lectura de veinte minutos— y con el citado de fuentes según el sistema internacional del MLA. Para garantizar que el nombre del ponente y su trabajo aparezcan en el programa, una confirmación deberá formalizarse a más tardar el 1 de septiembre. Las lenguas del Coloquiofanperú son el español y el portugués. La cuota de inscripción es de US$ 60 para ponentes de entidades europeas y norteamericanas; US$ 40 para ponentes de entidades latinoamericanas, africanas o asiáticas, y 60 nuevos soles para ponentes de entidades peruanas. Los interesados en asistir al coloquio (sin presentación de ponencia) deberán pagar 30 nuevos soles. Estos aranceles deberán ser cubiertos en la sede del evento antes de su sesión inaugural. Fuente: Coloquiofanperú ||||||||||||||||||||||| ARTÍCULOS Y REPORTAJES |||||||||||||||||||||| === Ernesto Cardenal: el poeta que halló las partículas de Higgs ========== === Oscar Hidalgo ========================================================= “Cuando los monjes cantan en coro están cantando en nombre de la creación entera, porque también todo en la naturaleza, desde el electrón hasta el hombre, es un solo salmo. Y nosotros no podemos descansar hasta hallar a Dios. Sólo entonces se aquietará en nuestro corazón la gran angustia cósmica, se aquietará este inmenso amor que oprime el pequeño corazón del hombre con toda la fuerza de la gravitación universal: hasta que nosotros encontremos este Tú al que tienden todas las criaturas”. Estas palabras, entresacadas del volumen Vida en el amor, resumen la obra literaria de su autor, Ernesto Cardenal Martínez, sobre todo porque él mismo ha sido uno de esos monjes que cantaban en coro y en realidad él no ha dejado de serlo desde que hizo juramento de dedicación a Dios, de por vida. Esta “creación entera” de la que escribe debe ser entendida dentro de la tradición cristiana, que es a lo que se refiere el poeta como el objeto del cántico del coro monástico. Y por ser este cosmos una obra divina, tiene dos componentes que son indispensables y complementarios, los indígenas de las culturas mesoamericanas y el medio ambiente. A ambos los vamos a encontrar una y otra vez en el conjunto de la obra de Cardenal. Por un lado, los indios de las culturas precolombinas que han podido sobrevivir a duras penas al trasplante civilizatorio de varios siglos. De ello dos títulos nos dan idea acerca del alcance de este compromiso del sacerdote poeta, Homenaje a los indios americanos (1969) y Quetzalcóatl (1985). Pero también alude el padre Cardenal de un modo muy destacado a la naturaleza, como el segundo componente de su obra, entendida dentro del conjunto de la creación, a partir de las espirales de las galaxias y llegando hasta las semillas y el polen, las anémonas marinas, el copeópado y la diatomea. Para ello estableció una cosmología que abarca lo más contemporáneo de la astrofísica cosmogónica (“...al asomarnos al macrocosmos en el telescopio contemplamos una imagen de la infinita grandeza de Dios”), la expansión del universo (“Hacia Él se mueven todos los astros y la expansión del universo es hacia Él, hacia Él de donde han salido todos los astros y de donde salió el primer gas original, y sólo en Él descansará el universo”) y la multiplicidad de universos (“...tal vez hay civilizaciones / transmitiendo mensajes / a nuestras antenas de radio”). Luego se ha dirigido a lo mínimo pero esplendoroso, y entonces le basta el ambiente selvático que rodea a las orillas y las islas del lago donde se radicó, desde mediados de los sesenta. Su mirada va “desde el electrón hasta el hombre”, aunque con su intuición se ha adelantado a los científicos del Cern de Ginebra: “...también puede decirse que Dios es más pequeño que un electrón”. A este sacerdote que se ha dedicado a la vida contemplativa en el archipiélago de Solentiname, en el lago Cocibolca de Nicaragua, este año se le ha extendido el Premio de Poesía Reina Sofía de España. Esa primera cita que pusimos arriba es asimismo el compendio de una manera panteísta de entender el mundo, una forma mística de manifestarse con admiración ante el cosmos y es, también, la palpable exteriorización de una sensibilidad religiosa. Es lo mismo que se trasluce en el Salmo 18 cuando este autor exclama: Las galaxias cantan la gloria de Dios y Arturo 20 veces mayor que el sol y Antares 487 veces más brillante que el sol Sigma de la Dorada con el brillo de 300.000 soles y Alfa de Orión que equivale a 27.000.000 de soles Aldebarán con su diámetro de 50.000.000 de km Alfa de la Lira a 300.000 años luz y la nebulosa del Boyero a 200.000.000 millones de años luz anuncian la obra de sus manos. Paralelamente a la real premiación de su poesía, la Universidad de Huelva le ha otorgado en este 2012 un doctorado honoris causa. Su obra en prosa a partir de Vida en el amor (1970) es tan rica en múltiples dimensiones de pensamiento cristiano, teoría política y registro periodístico que completa, con creces, la originalísima expresión poética que emprendiera Cardenal, enmarcada en la Vanguardia literaria y dentro de los procesos históricos de Nicaragua. Por su sobria personalidad y austera trayectoria, los premios no son precisamente algo que jamás haya desvelado al Padre Cardenal —aunque los acumula desde todos los confines del mundo. Tampoco los títulos académicos, y eso que ha realizado estudios universitarios en Nicaragua, México, Estados Unidos y Colombia. Él hizo una profesión de fe y a esa creencia le ha dedicado su vida. Tal y como le había escrito a Dios: Te cantaré en mis poemas toda mi vida. Y lo ha cumplido. En realidad su vida quedó marcada por la llamada religiosa y la decisión subsiguiente de ingresar al monasterio de Gethsemani, en Estados Unidos. Desde entonces, y hasta ahora, ha vivido siempre y por sobre todas las cosas en el amor a Dios y con la expresión por medio de la palabra bellamente escrita o vigorosamente dicha. Tuvo la suerte de ingresar en la religión bajo la enseñanza de Thomas Merton, quien fue su conductor en la vida monástica que había escogido el entonces joven centroamericano. Escribió Merton de aquellos lejanos tiempos de los sesenta: “Durante los diez años en que fui maestro de novicios en Gethsemani, Kentucky, nunca traté de averiguar lo que los novicios escribían en las libretas que guardaban en sus escritorios. Si deseaban hablar de ello, podían hacerlo. Ernesto Cardenal fue novicio en Gethsemani por dos años y yo sabía de sus apuntes y sus poemas. Me hablaba de sus ideas y sus meditaciones. También supe de su sencillez, su fidelidad a su vocación, su fidelidad al amor”. En este párrafo de Merton ha quedado retratado lo que el padre Cardenal hizo en su vida. Para hacer valer la opción religiosa del retiro y la vida mística, una vez que fuera ordenado sacerdote en la Catedral de Managua, en 1965, el monje trapense fundó una comunidad contemplativa en las islas de Solentiname, en medio del lago Cocibolca. Ha sido indispensable el atisbo que dejara registrado José Coronel Urtecho. Corría el 13 de enero de 1966 cuando desde Las Brisas, en la Zona del Río San Juan, el maestro testimonió: “En una de esas islas Ernesto Cardenal va a establecer dentro de poco una comunidad contemplativa. Dudo que haya en el mundo lugar más apropiado para ese objeto, ni islas que más recuerden las ínsulas extrañas de San Juan de la Cruz por ‘lo muy apartadas y ajenas de la comunicación de los hombres’. El progreso las ha dejado completamente incontaminadas y fuera de sus rutas”. Pero aquello era en 1966. Desde entonces el padre Cardenal le imprimió novedosos rumbos a la escritura hasta acumular hoy, a sus 87 años, una amplia y sostenida labor que ha realizado con la lengua castellana, en la que ha escrito desde juveniles, livianos y agudísimos epigramas hasta las más densas páginas de teología mística. Continuador de la escuela literaria que había sido iniciada en los años veinte del siglo XX y que sus fundadores (José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra y Joaquín Pasos, entre otros) denominaron la Vanguardia, Ernesto Cardenal ha definido a su propia obra como poesía exteriorista. Explicaba Coronel Urtecho: “...la poesía de Ernesto Cardenal es voluntariamente refractaria a todo tipo de simbolismo, austeramente fiel a la realidad inmediata y exterior, o como él mismo suele decir, una poesía exteriorista”. Aunque también tiene un poemario religioso titulado Salmos (1969), Cardenal ha abordado un infaltable recuento histórico en verso que llamara El estrecho dudoso, al que en su edición de 1971 (Educa, San José) se le agregó un prólogo fundamental de José Coronel Urtecho. Ambos textos, el introductorio y los poemas con tono de epopeya, hacen un tomito que resulta indispensable para entender los centenarios y hasta milenarios antecedentes de las utopías, las rivalidades y las disputas internacionales en torno al río San Juan. En el cuarto viaje, Colón buscaba un paso que llevara a Catay y Cipango, Pero el Estrecho era de tierra, No era de agua. Comenta Coronel Urtecho de la fórmula que resumen esas dos líneas de Cardenal: “La verdad es que el río San Juan era y no era el Estrecho dudoso. Éste sólo existía como una posibilidad, es decir, como un sueño, en la imaginación de los navegantes, geógrafos, consejeros reales y primeros conquistadores españoles de Centroamérica”. Y desde ahí hasta nuestros días el San Juan persiste en las utopías canaleras. Igual que otros intelectuales de Nicaragua, Cardenal participó intensamente en los acontecimientos políticos del siglo XX, a los que les ha dedicado cuatro tomos con sus memorias y en cuyas páginas también se muestra el mismo manejo certero y acertado de la lengua castellana que alcanza hoy el reconocimiento. ** Oscar Hidalgo http://www.letralia.com/firmas/hidalgooscar.htm Periodista costarricense. Ha impartido lecciones en tres universidades de su país. Cursó la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación Colectiva en la Universidad de Costa Rica (UCR, http://www.ucr.ac.cr), así como también Relaciones Internacionales en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso, http://www.flacso.org). Es miembro del Colegio de Periodistas de Costa Rica (http://www.colper.or.cr). === Philip Roth o el retrato del mundo tal cual =========================== === Abraham Prudencio Sánchez ============================================= Escapar de la pobreza es como escapar de la maldición; sin embargo, Herman Roth creía que todo en este mundo era posible, y por eso no dudó en proponerle a su joven esposa dejar Galitzia, Ucrania, y recorrer el mundo entero con tal de dejar atrás todo lo vivido. Beth, al verlo tan seguro, no tuvo más remedio que empacar sus maletas; mientras caminaba, de cuando en cuando volvía la mirada triste como quien sabe que nunca más volverá tras sus pasos. Después de un largo peregrinaje los jóvenes esposos se establecen en Nueva Jersey, Estados Unidos. Herman, sin embargo, no estaba del todo contento. Esas áridas tierras necesitaban de sangre nueva; por esa razón, uno de los días más felices de su vida fue aquella tarde del 19 de marzo de 1933: ese día vino al mundo su segundo hijo, y ante la pregunta de cómo iban a llamar a ese niño, que entre gritos y manotazos se posesionaba del mundo, Herman, mirando el horizonte, dijo sin pensar. —Philip Roth. II Sabiéndose descendiente de abuelos emigrantes de Europa Oriental y de padres viajeros, a Philip Roth no le quedó más remedio que continuar el camino. Nueva Jersey había sido el lugar de desembarque, ahora le tocaba a él recorrer otros mundos. Para vivir y conocer otros universos se inscribió en el ejército, pero poco tiempo después le dieron de baja: una lesión a la columna lo tornaba inservible para esas artes. Para no perder el tiempo, y creyendo que lo suyo era la academia, se inscribió en un doctorado en filosofía, pero al poco tiempo se percató de que eso no era lo suyo y simplemente lo abandonó. Pero de lo que nunca lo expulsarían ni él mismo dejaría voluntariamente fue el misterioso y apasionante mundo de la literatura. Ya desde entonces supo que sólo tenía un deber en este mundo: escribir la vida tal cual. III Es así como en 1959 aparece Goodbye, Columbus, conjunto de cinco cuentos y una novela breve que inmediatamente ganó dos cosas: el National Book Award y la condena de los rabinos por ser un judío que se autoodiaba; y, como si fuera poco, diez años después, en 1969, aparece otro libro que ocasionaría más polémica: El lamento de Portnoy, y los ataques de un sector de la población judía no se hicieron esperar. Lo que molestaba a este grupo era tener dentro de ellos a un judío liberado de las ataduras de la religión que contaba en sus libros sucesos “impresentables” de algunos hombres “descarriados” de la moral y las buenas costumbres. Sin embargo Roth continuó impasible. Llevado por su fervor literario se avoca a la redacción de su Trilogía americana, compuesta por Pastoral americana, Me casé con una comunista y La mancha humana. El autor en esta ocasión ahonda en los problemas de integración de los judíos en la sociedad contemporánea. A lo largo de toda su obra actualiza temas como la asimilación e identidad de los judíos en Estados Unidos, explora la naturaleza del deseo sexual, en su malditismo crea personajes y situaciones embarazosas para esa sociedad en decadencia y falta de autoestima. Cuando decimos que ha creado personajes desaforados no exageramos un ápice. Se dice que su alter ego más próximo es un tal Nathan Zuckerman, personaje que ha impuesto su presencia en numerosos libros con historias sorprendentes y paralizantes, y que explora los aspectos tragicómicos de la asimilación judía. Es fuerte, recio y con buena memoria para las traiciones. Con este personaje, Philip Roth ha querido contar cómo siente y qué piensa un escritor norteamericano. Otro de sus personajes es David Kepesh, profesor al que le ocurren cosas “descabelladas”. Para este personaje no hay más verdad que el orgasmo; su vida gira entre los celos y la desconfianza, defectos que apaleará con el sexo. Sus deseos eróticos lo llevan a explorar mundos sublimes y pecaminosos. IV Dentro de su producción literaria encontramos personajes y temas tales como el intelectual septuagenario que cae rendido bajo el hechizo sin par de una muchacha cubana cuarenta años menor (El animal moribundo). En otro de los casos nos muestra la vida sexual de Alexander Portnoy, su obsesión por el sexo, y una larga lista de frustraciones y complejos (El lamento de Portnoy). En Sale el espectro Roth se despide de Nathan Zuckerman; mediante este personaje, nos relata su decadencia física y la muerte. En La conjura contra América nos dice qué hubiera pasado si un antisemita como Charles Lindbergh hubiera llegado a la Presidencia de los Estados Unidos. Es en esas circunstancias cuando la población judía empieza a ser víctima de la discriminación. No debemos olvidar que Roth también ha publicado dos libros autobiográficos: Los hechos. Autobiografía de un novelista (1988) y Patrimonio. Una historia verdadera (1991), y su larga producción continúa tanto así que sus 28 obras han pasado a integrar la colección de la Library of América, que sólo unos cuantos autores en vida han tenido el privilegio de integrar. V A estas alturas de su existencia Philip Roth se ha convertido en el autor más apreciado y premiado de su generación. Pero no hay mejor recompensa que saber que su obra forma parte de la gran novelística estadounidense y, a pesar de haber sido acusado en numerosas ocasiones, a Philip Roth no le han faltado motivos ni razón para criticar la falsa moralidad de la sociedad. Advierte la pérdida de valores en ese Estados Unidos donde el antisemitismo estaba institucionalizado; denuncia cualquier forma de manipulación del poder allí cuando la indignación se torna un grito incesante y eterno en cada una de sus obras. VI Sus lectores más fieles saben que Roth hace una separación entre el arte y la vida, tanto así que no escribe en el lugar donde duerme y, a pesar de que dice que “escribir es casi sufrir”, es un escritor dedicado en cuerpo y alma a la escritura. A pesar de su gesto de severidad y fama de eremita se dice también que es un hombre amable y de fino humor, tanto así que en sus ratos libres dice que se metería al sacerdocio sólo por escuchar las confesiones de los pobres hermanos pecadores. Y a pesar de ser considerado un clásico contemporáneo de la talla de Saul Bellow, Bernard Malamud, Norman Mailer, Thomas Pynchon o Don DeLillo, y de ser considerado uno de los pilares de la novela americana en el siglo XX junto a William Faulkner, Philip Roth sigue trabajando con el mismo entusiasmo de sus años mozos. Encerrado en su espaciosa granja de Connecticut que ha convertido en su pequeña fábrica de escritura, cada mañana se sienta frente a su ventana a seguir inventando el mundo en que todos nosotros vivimos. ** Abraham Prudencio Sánchez http://www.letralia.com/firmas/sanchezabrahamprudencio.htm Escritor peruano (Ancash, 1979). Es licenciado en literatura peruana y latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM, http://www.unmsm.edu.pe) y magíster en literatura general y comparada por la Universidad de La Sorbona (http://www.sorbonne.fr), en París (Francia). Ha publicado el libro de relatos La vida no vale nada (2005), la novela El día de mi suerte (2006) y la nouvelle Hojas de otoño (2009). Ha traducido y prologado a Maurice Blanchot, Julien Gracq y Marguerite Duras. Ha sido conferencista sobre literatura peruana en las universidades Paul Valéry-Montpellier 3 (http://www.univ-montp3.fr), Complutense de Madrid (http://www.ucm.es) y en la Escuela Normal Superior de París (http://www.ens.fr/?lang=en). Asimismo colabora en diversos medios literarios. Actualmente sigue estudios de doctorado. Ha sido finalista del Premio Internacional Juan Rulfo 2008. === Camilo José Cela y el amargo cáliz de la Guerra Civil ================= === Gustavo Rubén Giorgi ================================================== Mateo, 26,36-46; Marcos, 14,32-36; Lucas, 22,39-46 A las cinco y cuarto de la mañana del 18 de julio de 1936, desde Las Palmas de Gran Canaria, el general Francisco Franco hizo público el manifiesto que señalaría el inicio del alzamiento militar en la península contra la II República Española (1). Ese día la Iglesia Católica Romana celebra a San Camilo. Como la “fiesta brava” de los toros, esta “fiesta” estaba llamada a ser tan profundamente española y sangrienta, como abrumadora por su saña, encono y brutalidad. Si es cierto que todos tenemos signado un destino, el de Camilo José Cela fue indudablemente el de consustanciarse con la Guerra Civil Española de un modo tal que desplazó de su vida cualquier otra vivencia personal, artística o política; y si es cierto —como recuerda Borges— que el nombre es arquetipo de la cosa, esta dolorosa hipóstasis debió comenzar cuando con el crisma y las aguas bautismales recibió, entre otros siete y como primero, el nombre del santo patrono de los enfermos y los enfermeros. Aunque la obra literaria de Cela es amplia, rica y variada, parece posible considerar la trilogía de novelas compuesta por su primer libro, La familia de Pascual Duarte (1942), La colmena (1951) y Vísperas, festividad y octava de San Camilo del año 1936 en Madrid (1969), como un ciclo orgánico y testimonial de supremos valores estéticos. Previsiblemente, el tratamiento de un tema tan arduo y controvertido no podía transcurrir con placidez, sobre todo si tenemos en cuenta el estilo del escritor y su talante descomedido y provocador. La familia de Pascual Duarte sorprende por su madurez (inesperada en un joven de 25 años) y por la convicción con la que aborda un drama rural describiéndolo sin concesiones ni eufemismos. Resulta sencillo encontrarle linaje a esta primera novela excepcional en otros ámbitos del arte español: allí está Federico García Lorca, cifrando en dramaturgia la premonición de la lucha fratricida (2), como lo hacen los versos de Antonio Machado (3) o la pintura surrealista de Salvador Dalí (4). Igual de fácil es dar por cierto que la recién llegada es una prosa castiza, lujosa, plena de reminiscencias del Siglo de Oro, cuya riqueza en vocablos e irreprochable sintaxis la hace particularmente apropiada para modular las ideas y los dictados del corazón. La colmena se publicó por primera vez en Buenos Aires porque —dicen— la censura halló inaceptables las referencias a la sexualidad que Cela, paradójicamente censor él mismo entre 1943 y 1944, entendió pertinentes. Es posible que haya sido así, pero no deja uno de pensar que la causa del veto fue su crudo relato de la miseria, la abyección y el hambre que señorearon la posguerra española. Para 1963, cuando le levantaron la prohibición, España había superado la penuria económica y el libro perdió, digamos, alguna cotidianeidad. La colmena, como toda obra de arte mayor, da la engañosa sensación de ser un libro de escritura sencilla y, como en La familia de Pascual Duarte, la elección del estilo no es uno de sus méritos menores: los personajes pululan penosamente en una Madrid agostada por las privaciones y la chatura de la vida en un estado policial, haciendo lo que de ellos se espera. Como entre las abejas, hay organización y reina, trabajadores y zánganos, miserables, especuladores y vigilantes de un orden que parece destinado a no cambiar jamás. Siempre hemos creído que la poesía y el cuento, por su naturaleza ontológica, reflejan momentos señalados de la vida, espasmódicamente; en cambio la novela requiere como condición de eficacia la creación de psicologías, lo que no es sencillo. ¿Cómo encomiar entonces, suficientemente, a un libro que en 300 páginas hace inolvidables a 296 personajes imaginarios y 50 reales, 346 en total? (5). Habiendo retratado el primer franquismo y asomándose a los prolegómenos de la guerra, Cela se sabía sin embargo en deuda, así que apuró el cáliz de su tema hasta las heces. El resultado fue Víspera, festividad y octava de San Camilo del año 1936 en Madrid, un trabajo de aparente búsqueda experimental, pero que una vez leído deja lugar a la seguridad de que difícilmente podría escribirse de otra manera que como un monólogo desarticulado, omnisciente, abigarrado e inconexo como las peores pesadillas. Se trata de un libro autobiográfico, si por tal cosa entendemos lo que debió sentir entonces Cela, mozo de 20 años, ante el espanto seguro de la contienda y la perspectiva terrible de perder la vida en la flor de la edad. Su prólogo nos habla menos del escritor que del hombre: A los mozos del reemplazo del 37, todos perdedores de algo: de la vida, de la libertad, de la ilusión, de la esperanza, de la decencia. Y no a los aventureros foráneos, fascistas y marxistas, que se hartaron de matar españoles como conejos y a quienes nadie había dado vela en nuestro propio entierro. Ofende al buen sentido una simplificación tamaña, como la de poner en pie de igualdad el ataque a un gobierno legítimo por el militarismo, la plutocracia y el fascismo con la heroica ofrenda de la vida por la libertad que hicieron los integrantes de las Brigadas Internacionales, muchísimos de los cuales ni siquiera eran comunistas. Y esto no significa desconocer que entre los valedores de la República hubo carniceros como Andre Marty o que en el seno de aquélla se dirimieron crueles conflictos entre estalinistas y trotskistas. Cela volvió sobre el tema una década después: La dedicatoria de mi novela no gustó a casi nadie, pero la mantengo, porque tampoco la puse para que gustase a nadie, sino para que a alguien, a lo mejor, le remordiera un punto la conciencia. No me hago excesivas vanas ilusiones. De las guerras suelen escribir los turbios oficinistas de la retaguardia, esos azuzadores de los más ruines y venenosamente domésticos instintos, y no los claros soldados que, salvo casualidad milagrosa, van para muertos (6). Cuesta no ver en estas palabras una defensa de lo que en la Argentina llamamos la “teoría de los dos demonios”; duele comprobar que el genial escritor, llevado de sus convicciones conservadoras, pone la culpa del baño de sangre por igual en los que se aliaron a Hitler y Mussolini, sometieron por el terror a la población civil y bombardearon Guernica, y en los que quisieron cambiar para mejor a una sociedad en algunos casos semifeudal. Tal vez pareceres como el suyo fueron los que allanaron el camino de la llamada “Transición”, en las que vaya a saberse si España, o su clase política o parte de su pueblo, canjearon democracia política y bienestar por impunidad para unos crímenes que agravian la conciencia de la humanidad. Camilo José Cela describió como nadie el drama de 1936-1939 y sus consecuencias hasta la desaparición física de Franco. Lo hizo a su manera, escribiendo la mejor prosa posible y sin ahorrar provocaciones y polémicas, tal vez para no hacerse cargo de algunos episodios lamentables de su pasado. En su descargo, vaya este párrafo que lo muestra en toda su magnífica dimensión de artista y de ser humano signado por la mayor de las tragedias de la historia milenaria de su patria: (...) a Buda y a San Francisco para perfeccionarse sólo les faltó ser cachondos, si algún día el hombre sigue las huellas de Buda y de San Francisco y renuncia a la falsa riqueza de los bienes materiales y fortalece su espíritu en la humildad sin menosprecio del sexo, ese día la humanidad estará salvada y se reirá de las guerras y de las revoluciones, de las policías y las leyes, de los funcionarios, los reglamentos y los mecenas, lo que ignoro es si llegará alguna vez ese día bienaventurado, debemos mirar el porvenir con los ojos de la esperanza, nadie puede quitarnos la esperanza, no quiere decirse pero la esperanza es como un cascabel que espanta a la muerte, como una flauta mágica que ahuyenta a la muerte, luchemos cipote en ristre contra los mitos que atenazan al hombre, las banderas los himnos las condecoraciones los números las insignias el matrimonio los platos regionales el registro civil, tú y yo tenemos el deber de luchar contra los artificios que adulteran al hombre, que dan color de muerte a su existencia y sequedad de esparto a su conciencia (...) (7). Camilo José Cela, como tantos, tenía veinte años cuando lo mandaron al matadero. Pero, como a Unamuno, le dolía España, y no trepidó en empinar su cáliz las veces como fuera necesario. Escribió —envenenándose— la fiesta propiamente dicha y aun sus vísperas y más aun la octava, para que nadie dudara de su compromiso. Allí residen su pasión y su grandeza. Referencias 1. Conf. Hugo THOMAS, La Guerra Civil Española, Hyspamérica, Madrid, 1980, Tomo 2, págs. 29/31. 2. Bodas de sangre (1931). 3. Antonio MACHADO, Proverbios y cantares, LIII. 4. Construcción blanda con judías cocidas (Premonición de la Guerra Civil Española), 1936. 5. Conf. José Manuel CABALLERO BONALD, cita al prólogo de La colmena, Hyspamérica, Ed. Orbis, S.A., Buenos Aires, 1983. 6. Camino para la paz. Los historiadores y la Guerra Civil, Hyspamérica, La guerra civil española, tomo 6, pág. 378, Discurso de la quiebra. 7. Vísperas, festividad y octava de San Camilo en Madrid 1936, Epílogo. ** Gustavo Rubén Giorgi http://www.letralia.com/firmas/giorgigustavoruben.htm Abogado y escritor argentino (Zárate, Provincia de Buenos Aires, 1955). Trabaja como funcionario público en el cargo de jefe del Registro Civil de Zárate. Ha publicado Cuentos de la resignación (Editorial Dunken, http://www.dunken.com.ar; Buenos Aires, 1997), el libro de relatos históricos El profeta y el traidor (Ediciones Proa, Buenos Aires, 2000), los poemarios El último bien (Proa, 2001), El retorno de Hipsipila (Alloni-Proa, Buenos Aires, 2005) y Acechanza de reflejos (Proa, 2009), la colección de ensayos Aunque sean los papeles rotos de las calles (Alloni-Proa, 2005) y un volumen con el relato “El emisoriario” y el soneto “Elección” (colección “Biblioteca Mínima” del diario Opinión; Cochabamba, Bolivia, 2007). Además, textos suyos aparecen, traducidos al italiano, en la Antologia della Poesia Argentina Contemporanea (Edizioni Sentieri Meridiani, http://www.sentierimeridiani.it; traducción de Emilio Coco; Foggia, Italia, 2007). Ha dado conferencias sobre cine, historia y literatura en Buenos Aires, y en el interior y exterior de Argentina. Integra el plantel de colaboradores permanentes de la revista Proa, fundada en 1922 por Jorge Luis Borges y en la que ha publicado cuentos, poemas y ensayos desde 1998. En 2009 fue jurado, en el género Novela, para la Faja de Honor 2009 de la Sociedad Argentina de Escritores (Sade, http://sade.org.ar). === Gustavo Adolfo Bécquer (III) ========================================== === Qué solos se quedan los muertos Vicente Adelantado Soriano ======= Estaba haciendo lo que llevaba bastante tiempo deseando hacer: ir caminando, bajo un cielo plomizo, desde el pueblecito donde me alojaba hasta el monasterio de Veruela. Visitar dicho monasterio, fui el único visitante, e irme luego por aquellos caminos, un día a Trasmoz, otro al parque natural y otro a Añón. En total fueron tres o cuatro días de caminatas, reflexiones y diálogos conmigo mismo y con mis fantasmas. Quizás como también hiciera Gustavo Adolfo Bécquer en su momento. Iba por los mismos sitios por los que, sin duda, caminó él, solo o en compañía de su hermano Valeriano. Yo iba solo. Hacía frío pese a no estar ya en invierno. —Me resulta difícil decirle si fui por aquí o por allá. Esto está tan cambiado. —Añada a eso que la descripción que hace usted de la entrada al cenobio no es del todo correcta. Venir aquí con su libro, Desde mi celda, es para volverse loco. —Hombre, tampoco exagere. —No. Era una pequeña broma. En nombre de los poetas y de los artistas, en nombre de los que sueñan y de los que estudian, se prohíbe a la civilización que toque a uno solo de estos ladrillos con su mano demoledora y prosaica (1). —Eso lo dije yo en algún lugar. Y por lo que veo no me han hecho mucho caso. Era de esperar, por supuesto. —Todo se transforma y cambia. Todo. ¿Sabe? A veces a mí también me da rabia tanto cambio y tanta mudanza. Quiero decir que me hubiera encantado venir aquí, como hizo usted, y quedarme a pasar una temporada. Pero ya no están las celdas, ni hay casi nada. —Sin embargo, veo construcciones nuevas. —Sí. Un parador nacional, es decir, un hotel de lujo. —Si se lo puede permitir. —No, no puedo; pero tampoco se trata de eso, sino de la pérdida del encanto... —En mi época todo esto estaba en ruinas. Y, bueno, nos queda la cruz negra, está el Moncayo, y están las magníficas puestas de sol, más la iglesia y los torreones defensivos. —Sí. Y el parador nacional. Un buen amigo mío dice que hemos convertido al país en un parque temático. Y gracias a ello se mantienen en pie muchas cosas que de otra forma serían historia por no decir ruinas o piedras de otros edificios. —Y eso que somos un país tradicionalista y algo conservador. —¡Ah! Pero el dinero es el dinero y acaba con todas las diferencias ideológicas. Y con los conventos y los castillos. —En eso tiene usted razón. No obstante, querido amigo, siempre nos quedará el dolorido sentir. —Sí, desde luego. Y esa cosa vaga y etérea que queda flotando en el aire, que se nos mete en el cuerpo y estalla cuando uno menos lo espera. —Misterio indefinible. Que, a veces, nos aproxima más a las realidades, etéreas o incorpóreas, que la filosofía o la más sesuda de las reflexiones. El gran poder del arte, de la palabra, y de la sugestión; sí, eso parece que sigue a pesar de todo. —Y a ese misterio cabe añadir otro más: cómo a diversas personas la misma cosa las afecta de formas diferentes; y cómo con los años se van transformando esas visiones. Ante tanta transformación, no puede uno por menos de preguntarse en cuál de ellas reside la verdad. —No lo sé. Si no se explica mejor... Tampoco sé si es lícita esa pregunta. Tal vez en todas, y tal vez en ninguna. Y seguramente sin unas no se pueda llegar a las otras, ¿no cree? —Yo tampoco lo sé. Lo único que creo tener un poco claro es lo que he experimentado en cada una de mis épocas, sin demasiadas sutilezas, por supuesto. —Cambiamos a lo largo del tiempo, querido amigo; y vemos desaparecer cosas y personas sin llegar a comprender prácticamente nada. —Creo que fue esa rima de usted la que me hizo, por primera vez en mi vida, elogiar la ignorancia... —¿He dicho yo eso en algún poema? No recuerdo... —No, no lo ha dicho. Yo lo malinterpreté: si para que haya poesía se requiere del misterio, la ignorancia, pensé, es buena. —Pero, hombre, por Dios, donde hay ignorancia no hay misterio: no hay nada. El misterio surge con la pregunta, con la inquietud. ¿Qué misterio quiere usted que haya en la ignorancia? —El miedo. —¿Cómo? —Es muy sencillo. Y sin dármelas yo ahora de sabio, le puedo decir que, de joven, cuando leí algunas de sus leyendas, más de una vez se me pusieron los pelos de punta. No sé, sin ánimo de ser exhaustivo, le puedo nombrar Maese Pérez el organista, El monte de las ánimas... —Son pequeñas bromas. Aunque he de confesarle que también a mí se me erizaron los cabellos al imaginarlas. Pero no es un miedo paralizador... —Pues no me parece usted un hombre especialmente miedoso. O lo disimula muy bien. —¿Por qué dice eso? —Por la facilidad con la que usted se movía por entre las tumbas de este monasterio, por su abandonado claustro, o por los inexistentes caminos de aquellos años. —Quizás no tuviera miedo porque iba buscando lo que sólo hallaba mediante ensoñaciones o a través de la escritura. —Yo también he experimentado una cosa parecida, aunque en mi caso ha sido debido a la edad. He vivido mucho más tiempo que usted, aunque, tal vez, no tan intensamente. —Eso último suena a disculpa. Y no tiene por qué disculparse por haber vivido más que yo. Yo, entre otras cosas, era un fumador empedernido. Y por lo que veo usted no lo gasta. —No. —¡Vaya por Dios! ¿Y qué sucedió para que las Leyendas le pusieran los pelos de punta? Si no es indiscreción preguntarlo. —No, no lo es. Recuerdo que siendo joven me fui de viaje con un amigo. Íbamos con un destartalado coche; llevábamos sacos de dormir, y dormíamos donde nos cogía la noche, sin gastar nada en pensiones ni hoteles. —Ahorrarían ustedes mucho dinero. —Tales economías nos permitieron recorrer casi todo el país, catando el vino de cada sitio, claro. Yo trazaba las rutas. Y un día se me ocurrió pensar que deberíamos acercarnos a un convento cisterciense, pues siempre me ha gustado mucho el canto gregoriano. Y en aquel coche no teníamos ni radio, ni música. Pensado y hecho. —Ve, eso es lo que yo eché de menos cuando estuve aquí con mi familia. Me hubiera encantado oír a maese Pérez, o a los monjes. —Yo tuve suerte: llegamos al convento un día por la tarde. Entramos en la iglesia, y los frailes estaban cantando. Caí en éxtasis. —Es bello el canto gregoriano. —Sí, mucho. Al menos a mí me lo parece. Pero el amigo que iba conmigo sintió una especie de repulsa... Para él aquellos cánticos le sonaban a muerte, a ultratumba, a cementerios feos y con flores artificiales. —Bueno, hay que reconocer que algunos de ellos pueden ser interpretados de esa forma un tanto burda. Pero no todos, no todos. —La cuestión es que por la noche, tiempos aquellos, nos quedamos a dormir en un campo no muy lejano del convento. Y no sé por qué me acordé yo de su leyenda “El beso”. —Ya me imagino el resto: se la contó usted estando los dos en medio del campo. Y su amigo, impresionado sin duda por la música gregoriana, se asustó. —Sí. Y fíjese, ahora me río; pero en aquel momento me asusté: es verdad que yo cargué la mano en la historia del soldado enamorado de una estatua fúnebre... pero jamás imaginé que mi amigo saliera del saco como flecha disparada por el arco, y se negara a quedarse allí, en mitad del campo. Le entró tal pánico que nos tuvimos que ir. Fue la única noche que dormimos en una pensión. Y por supuesto los dos en la misma habitación. —Tampoco es para tanto la leyenda, ¿no le parece? —Es preciosa, como todas sus leyendas, pero... —De todas formas hay personas a las que el mundo de ultratumba les causa verdadero espanto. He observado que conforme el hombre se hace más refinado, más y más terror le produce la muerte y su desaparición física. Quizás estamos olvidando las cosas fundamentales de la vida. —Quizás. De todas formas yo también creo que es un poco cuestión de edad. Verá, yo de pequeño también era muy miedoso: todo me daba pánico, y más que nada tener que ir a visitar a algún fallecido. —Como usted sabe yo tuve contacto con la muerte desde fecha muy temprana. —Sí. Qué solos se quedan los muertos. Y los vivos. —Los vivos se pueden mover y buscar a otros tan vivos como ellos. —Sí. Noté que ante la muerte, me surgían ganas de vivir, y de hacer algo que me demostrara que estaba vivo... Pero a partir de una determinada época, me entraron unos enormes deseos de hacer lo que nunca antes había hecho: visitar el cementerio de mi pueblo. Ya no me inquietaba ver a los muertos ni hablar con ellos. —Es algo que se debería hacer con cierta frecuencia. No debería haber esa separación tan tajante entre la vida y la muerte. —También los cementerios deberían cambiar, y ofrecer otra visión de la muerte. —En eso tiene razón: los cementerios cristianos son un tanto lúgubres. O mejor, son feos. Rematadamente feos. Desde muy niño concebí, y todavía conservo, una instintiva aversión a los camposantos de las grandes poblaciones: aquellas tapias encaladas y llenas de huecos, como la estantería de una tienda de géneros ultramarinos; aquellas calles de árboles raquíticos, simétricas y enarenadas, como las avenidas de un parque inglés; aquella triste parodia de jardín con flores sin perfume y verdura sin alegría, me oprimen el corazón y me crispan los nervios. El afán de embellecer grotesca y artificialmente la muerte me trae a la memoria esos niños de los barrios bajos a quienes después de expirar embadurnan la cara con arrebol, y entre el cerco violado de los ojos, la intensa palidez de las sienes y el rabioso carmín de las mejillas, resulta una mueca horrible (2). —No se puede decir mejor, ni con menos palabras. Yo también siento atracción por los cementerios de aldea. Y un poeta andaluz, gran admirador suyo, sintió un especial cariño por los cementerios norteamericanos, sin vallas, con las tumbas casi al lado de las casas, y sin edificios tétricos y lúgubres. Allí parece que los muertos están tomando el sol en un jardín... Hay una imagen bellísima de ese poeta: habla de un pajarillo que va de la lápida de una tumba al alféizar de una vecina ventana... (3). —Y los niños pasean por entre las tumbas... A nosotros nos va lo solemne. El problema está en cuando lo solemne no es bello. Yo también escogí un lugar donde quise ser enterrado. Pero esto de que te metan en panteones y demás... ¿Qué quiere que le diga? ¿No puede el hombre mostrar su agradecimiento de otra forma? ¡Yo quería estar al aire libre! Y al lado del río (4). —Le pasó a usted lo mismo que a la pobre doña Leandra Quijada, señora que fue de Bruno Carrasco. —¿Quién es esa señora? —Una heroína de don Benito. Aparece en el episodio titulado Bodas reales. La pobre mujer, nacida en La Mancha, y trasladada a Madrid, suspira por volver a su pueblo, o, por lo menos, por ser enterrada en tierra y sin que ningún árbol le haga sombra. Y meten su cadáver en un nicho. —¡Vaya con don Benito! ¿Y qué tal es doña Leandra? —Una excelente persona. Sin duda la madre que no nos merecemos nadie. —¿Tan malos somos? —No, no creo que sea un problema de maldad. Más bien de ignorancia. De no comprender que todo es un rayo de luna. Y cuando lo comprendemos ya es demasiado tarde. —Es entonces cuando surgen las ansias por visitar a los muertos, por hablar con ellos y por decirles todo aquello que no se les dijo en vida, ¿es así? —Al menos en mi caso, sí. —Y entonces es cuando le gustaría que ellos se levantaran, y se fueran a pasear con usted en tanto mantenían largas y fluidas conversaciones. —Efectivamente. —¿Sabe? En esta vida casi todo se alcanza. Y eso que usted busca, llegará. Ahora, debe estar preparado, pues como dijo aquella joven princesa tebana, Antígona, son pocos los años que vamos a estar con los vivos; con los muertos, por el contrario, estaremos toda la eternidad. —Quizás por eso sus leyendas son ya una aproximación a esa bella intemporalidad. —Me halaga usted; pero, sí, tal vez tenga razón. Ahora bien, nunca me hubiera imaginado que mis narraciones provocaran reacciones como la de su amigo. —Sí, es interesante comprobar cómo perduran en nosotros cosas tan atávicas. El miedo, sin duda, lo es. Por eso me parece que los muertos no están tan solos. —¿Usted cree? No sé. Tal vez tenga razón. ¿Y los vivos? Bueno, éstos dependen del grado de imaginación que tengan. A los muertos, pobres, no les queda ninguna. Y, sin embargo, forman parte de nosotros, y en nosotros siguen viviendo. —Efectivamente. Notas 1. Gustavo Adolfo BÉCQUER, Tres fechas, I. 2. Gustavo Adolfo BÉCQUER, Desde mi celda. Carta III. 3. Juan Ramón JIMÉNEZ, Diario de un poeta recién casado. Son varios los poemas de Juan Ramón dedicados a los cementerios norteamericanos. Aquí, evidentemente, el personaje se refiere al que aparece en el poema en prosa CXL, fechado el 19 de mayo y titulado “Cementerios”. 4. Véase Desde mi celda. Carta III. ** Vicente Adelantado Soriano http://www.letralia.com/firmas/adelantadosorianovicente.htm Investigador y docente español. Doctor en filología española. Es profesor de secundaria en Valencia. Textos suyos han sido publicados en Liceus (http://www.liceus.com), Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (http://www.cervantesvirtual.com) y Long Island al Día (http://www.lialdia.com). También tengo novelas y cuentos, inéditos, salvo aquellos que han sido premiados en algunos concursos. Intervino en la redacción del libro Història de la literatura de Valencia, escrito por el doctor Josep Lluís Sirera. Participó en el Simposium de Teatro Medieval de Elche (2004). === El final de Batman, la consagración de un director ==================== === John Harold Giraldo Herrera =========================================== De vez en cuando uno se sorprende. Y de vez en cuando uno queda satisfecho con una película. La culminación de una trilogía que puso al héroe más humano, a los malos con mayor elocuencia y al espectador con más entretenimiento pero al mismo tiempo ofreciéndole una historia para su deleite y fascinación, ha llegado a su fin. El héroe ascendió, el director se ha consagrado, los espectadores nos hemos apoderado de una historia cuyos elementos nos pusieron de nuevo a soñar, a ser ingenuos, a vivir los quebrantos de un individuo enmascarado que trabaja por la justicia. Pocos directores en la tradición del cine han contado historias tan aplaudidas por el público y tan elogiadas por la prensa. Christopher Nolan sabe combinar el llegar a los espectadores, vender una historia, con una forma creativa, más bien haciendo que la historia nos sorprenda, cause expectación, que los personajes estén construidos de forma que no los olvidemos, contándonos no sólo lo vivido por un héroe, sino de una ciudad, de nuestro mundo y de la época en la que vivimos. Y fuera de eso nos divierte. En la historia han quedado el Guasón o el Joker como inolvidables, pero también el Bane y Fox, Alfred, Gatúbela, Robin, el Comisario, y varios; además, han quedado para la posteridad esas escenas en las que se protagonizaron diálogos entre Batman y el Guasón, o Batman y Bane, y cómo no citar la caballerosidad de Alfred, el desapego y la traición de Gatúbela, el desgano por el mundo del Guasón, la forma como el más cercano puede ser el que pueda asombrarnos y aspectos tan sutiles pero decorosos como esconder al villano hasta lo último. Es cierto que la versión de El Caballero de la Noche asciende no supera el poder y la fuerza de El Caballero de la Noche (la versión dos de la trilogía), pero tampoco deja de impactar y maravillar. Muchos de los seguidores de superhéroes coinciden en que la virtud de Batman es que no tiene fuerzas sobrenaturales como un Superman o un Hombre Araña, lo de Batman es contar con una capacidad técnica y una voluntad firme, adicional con un jugoso capital para poder desarrollar el arsenal con el que se protege y combate a los villanos. Pasando a la última versión, Wayne, la figura detrás de Batman, se halla derrotado, dejó que la imagen del justiciero asumiera el castigo del desprecio por crímenes no cometidos como el de Harvey Dent, el fiscal de Ciudad Gótica. Entonces no sólo se va a ver la necesidad de que ese caballero ascienda, sino que el caos se apoderará de la ciudad. Otro atractivo de la película es como la ciudad es recreada no sólo por ese aspecto en el que el inframundo tiene un poderío casi invencible, y en el mundo soterrado la maldad crece, pero Nolan no es un director a secas, entonces Gótica vive el decaimiento de la bolsa de valores; el propio Bane, cuando desea apoderarse del dinero que allí se genera, afirma, cuando uno de los agentes le dice: “—Es la bolsa de valores, no hay nada que robar. —¿No?”, acota Bane, y remata: “Entonces, ¿qué hacen aquí?”, al tiempo que los adelantos tecnológicos implican crear nuevas alternativas de energía sostenibles. Bane, el hombre cuyo plan es maquiavélico y destructor, hará sentir el pánico al espectador como a los habitantes de Gótica, luego de tomarse un avión con el doctor que ha creado una especie de bomba, dice una frase: “No importa quién somos, sino nuestro plan”. De ahí en adelante, los espectadores descuidamos los detalles del plan de Nolan y nos adentramos a ver sus consecuencias. De modo que la historia tiene un plan con nosotros: hacernos vivir la tensión y el caos en el que entrará la ciudad, las incertidumbres del héroe, la desconfianza en el símbolo de la justicia, pero hará que nos sintamos deleitados al descubrir que fuimos engañados y sorprendidos. Una bomba de pronto estallará; sin embargo, la bomba ya ha efectuado una explosión al interior de nosotros, hemos caído en la trama y nos tiene hechos añicos. Una historia contada con un atractivo de sorpresa y otros más de engaños, hace que nos asombremos, pero el director de esta trilogía ya hecho lo suyo en películas tan magistrales como Memento (2000), tan arriesgadas pero bien libradas como El ilusionista (2007), tan completas como Inception (2010); pero no es sólo el director, es la pluma de su hermano el guionista Jonathan Nolan. Cada película hecha ha dejado seguir viviendo la película en la mente de los espectadores, para armarla, comprenderla, no sin robarles en el transcurso de la película el elemento de la diversión, como ocurre en Batman. El cierre de Batman nos deja contentos, la asfixia repentina que sentimos por el decaimiento de Ciudad Gótica ha pasado, el héroe no es esa mirada reducida de un todopoderoso que nos salvará, es tan sólo el eslabón de un hombre que suma sus fuerzas cuando otros poderes han puesto las suyas en contra de las mayorías. Quienes quieran sorprenderse tendrán que verla, quienes deseen saber el desenlace de algunos personajes que quedaron expuestos desde la primera versión deberán observar con detalle para no pasarlos por alto; casi que podríamos decir en palabras de Alfred que Nolan “recuperó su gusto por la destrucción fortuita”, al cerrarnos de cierto modo a Batman, han quedado abiertos otros personajes como el de Robin o Fox. Nos toca, como dice la heroína y millonaria Miranda Tate: “Bruce, si quieres salvar al mundo tienes primero que confiar en él”. Se ha confiado en Nolan, el director consagrado con esta trilogía, su gusto por hacer un cine de talla mayor es gratificante. Con el cierre de Batman se ha hecho justicia, el Caballero de la Noche ascendió. Gótica vive en una tensa calma, mientras nosotros satisfechos y sorprendidos hemos quedado. Ficha técnica • Año, país y duración: 2012, Estados Unidos, 164 minutos. • Dirección y guión: Christopher Nolan, Jonathan Nolan (historia: Christopher Nolan, David S. Goyer; personajes: Bob Kane). • Música: Hans Zimmer. • Fotografía: Wally Pfister. • Reparto: Christian Bale, Tom Hardy, Anne Hathaway, Michael Caine, Gary Oldman, Joseph Gordon-Levitt, Marion Cotillard, Morgan Freeman, Matthew Modine, Ben Mendelsohn, Josh Stewart, Juno Temple, Josh Pence, Nestor Carbonell, Brett Cullen, Tom Conti, Alon Aboutboul, Daniel Sunjata, Aidan Gillen, Cillian Murphy, Liam Neeson. • Productora: Coproducción USA-Reino Unido; DC Entertainment / Legendary Pictures / Warner Bros. Pictures. • Género: Thriller; acción; drama; superhéroes; cómic; secuela. DC Comics. • Página web: http://wwws.warnerbros.es/batman3 ** John Harold Giraldo Herrera http://www.letralia.com/firmas/giraldoherrerajohnharold.htm Docente universitario y periodista cultural colombiano (Colombia- Pereira, 1979). Magister en Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP, http://www.utp.edu.co), donde es docente auxiliar y, además, cursa estudios de posgrado. Ha escrito diversos artículos y ensayos para la revista Semana (http://www.semana.com), y los diarios El Tiempo (http://www.eltiempo.com), La Tarde (http://www.latarde.com) y El Diario del Otún (http://www.eldiario.com.co), entre otros, así como para revistas literarias. Cinéfilo, participa en la película Los asombrosos días de Guillermino, próxima a estrenarse. En la actualidad dirige el grupo de investigación en periodismo investigativo Enfokados. === Rufino Blanco Fombona o la imagen de un país enfermo ================== === Delia Barreiro Pérez ================================================== “No debemos erigir murallas de China contra nada ni nadie. Las ideas vuelan por encima de las murallas”. Camino de imperfección. A Rufino Blanco Fombona (1874-1944), todos aquellos que lo conocieron o juzgaron lo califican como un ser polifacético, de avasallante personalidad, atrevido, un hombre que, en la vida y en la literatura, respondía a un carácter fuerte, atrabiliario, obcecado, tenaz, apasionado por la divulgación de nuestra literatura en el mundo de habla hispana. Hizo movilizar crueldades, pero fue en defensa de su ideal o de su obra, ya que fue permanente en su alma el entusiasmo y la pasión; de ahí que busque el combate, la admiración o el odio irrestricto, imponiéndose sobre la calumnia, la injusticia y la persecución. Son muchos también los que coinciden en señalar su obra como la de un hombre que acomete con criterio crítico, rigorista y apasionado, el enjuiciamiento de un momento crucial de nuestras letras, o bien, que su obra está saturada de pasión política e intención satírica, viniendo a ser en conjunto una visión apasionada, pero a ratos objetiva de las luchas ideológicas en la Venezuela de fin y principio de siglo. Su producción literaria destaca por su extensión y variedad: libros de crítica histórica, poesías, novelas, cuentos, ensayos, artículos periodísticos, etc., y aunque en su país, Venezuela, fuese prácticamente un desconocido, era considerado el hispanoamericano más leído y conocido en Europa en las primeras décadas del siglo XX. La afirmación anterior se confirma cuando, en 1927, la Real Academia Española de la Lengua y el Ateneo de Madrid postulan a Blanco Fombona para el Premio Nobel de Literatura, siendo apoyada tal postulación por algunos países latinoamericanos; pero... hasta Estocolmo llegan las presiones del gobierno venezolano y por supuesto del general Gómez para impedir tal designación, y aunque no haya obtenido el premio, la sola inclusión de su nombre y la calidad de los proponentes constituyen, sin duda, un aval para su obra. La vida y las letras de Blanco Fombona tienen su base en la reacción antibárbara de las postrimerías del siglo XIX comienzos del XX; es la versión existencial y estética de la inconformidad individualista que preconiza la soledad, del odio a las formas dictatoriales, de la defensa del continente iberoamericano ante el creciente avance de las técnicas político-económicas del imperialismo europeo, pero fundamentalmente del yanqui, que comenzaba ya a vislumbrarse en toda su rapacidad. Una vez sentada esa línea política antimperialista, nunca se apartará de ella, defendiendo la nacionalidad contra cualquier potencia extranjera. Con respecto a lo anterior, es impresionante lo que señala Blanco Fombona sobre un artículo publicado por el periodista inglés Stead en un diario francés, referente a la supuesta deuda de Venezuela con algunos países europeos. En su diario Camino de imperfección, el 20 de septiembre de 1906, el autor presenta un cuadro donde se comprueba que Venezuela, a quien se tachó de mala pagadora, lo único que hizo fue defenderse y no dejarse robar. Véase lo que fueron a reclamar a cañonazos, en 1902, Alemania, Inglaterra e Italia; y lo que los árbitros europeos reconocieron, a pesar de su largueza, como debido en justicia. Suma total de reclamaciones Suma reconocida Bs. Bs. Alemania 7.376.685 2.091.908 Inglaterra 14.743.572 9.401.267 Italia 39.844.256 2.975.906 Estados Unidos 81.410.952 2.182.253 Holanda 5.242.519 44.301 España 5.307.626 1.974.718 Suecia y Noruega 1.017.701 174.359 ——————— —————— 147.573.311 19.344.712 Esto sucedió hace más de cien años, y no es sino hasta hace poco más de diez que sentimos y atendemos a la defensa de nuestra soberanía y derechos, porque por muchos años nuestros dirigentes nos mantuvieron ante un neocolonialismo abusivo y grosero. Siguiendo con Blanco Fombona, acotaremos que este escritor pagó con veintiséis años de exilio fuera de Venezuela, y la total extinción de su nombre dentro de la patria, el hecho de defender la nacionalidad y los valores éticos. Perseguido continuamente por los agentes del dictador Juan Vicente Gómez, no se detuvo en su escritura contra un hombre al que despectivamente llamó “Gomecillo de Pasamonte”, “Juan Visonte Gómez”, “el gobernador de Gomezuela”, etc., y contra un régimen que satíricamente definió como “barbarocracia”, extrajo sus fuerzas del sentimiento del que encarna lo mejor de la nacionalidad, mientras los demás intelectuales (por lo menos muchos de ellos), comían apaciblemente de la mano del dictador. La Venezuela de su tormentoso tiempo se agita, se desgreña y padece. El escritor, mezclándose a la angustia común, ha recogido el patetismo, el rencor, y la desesperanza de los peores días de la Patria. Y digo los peores porque aún están por escribirse los que vivimos en este comienzo del siglo XXI. ** Delia Barreiro Pérez http://www.letralia.com/firmas/barreiroperezdelia.htm Docente venezolana (San Felipe, Yaracuy). Actualmente jubilada. Licenciada en educación egresada de la Universidad de Carabobo (UC, http://www.uc.edu.ve). Tiene posgrados en docencia en educación superior por la Universidad Simón Rodríguez (UNESR, http://www.unesr.edu.ve) y en literatura latinoamericana por la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (Upel, http://www.upel.edu.ve). Es candidata a doctora en educación por la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Centrales Rómulo Gallegos (Unerg, http://www.unerg.edu.ve) y profesora agregada a dedicación exclusiva de la UNESR. === El albatros de Coleridge y otras historias de taberna ================= === Pablo Cingolani ======================================================= Habas y sensibilidades heridas se cuecen y se cruzan en todas partes. “¿Recuerdan ustedes el albatros, del cual provienen esas nubes de espiritual asombro y pálido terror en las cuales ese blanco fantasma vuela en todas las imaginaciones?”, nos interroga Herman Melville en uno de los capítulos más inquietantes (titulado “La blancura de la ballena”) de Moby Dick, su colosal novela, para luego despacharse con cerbatanas y dagas y arpones y afirmar: “No fue Coleridge el primero en revelar este hechizo: fue la grande e insobornable laureada de Dios, la Naturaleza”. ¡Qué cabrón! ¡Hace reír este celo entre titanes! A Melville parece resultarle insoportable la fama que echó a rodar tras de sí y tras de la mayor de todas las aves del mar, ese poema de 625 versos que algunos conocen como La canción del viejo marinero y otros, simplemente, como El viejo marino, y que data de 1798, más de cincuenta años antes que Melville escribiera su texto capital, “un libro perverso” como él mismo lo definió en una carta a Nathaniel Hawthorne, a quien dedicó la saga de Ajab. Como dice el dicho popular, el que explica, se complica. Melville, en una extensísima nota al pie de página (ocupa algo más de un folio), cuenta del primer albatros que vio en su vida. “En una prolongada tempestad, en las aguas remotas de los mares antárticos”, circunstancias y escenario donde se suceden parte de los hechos que va narrando el poema de Coleridge. ¡Cuentos de taberna! ¡Es para empinar una cerveza y mojar la risa y seguir deleitándose con el entuerto! Melville sigue narrando todo el arrebato existencial que le provoca la criatura, tan blanca y tan inmensa... que él desconocía, y luego afirma que, tras recobrarse del impacto y el éxtasis, preguntó a un marinero qué clase de ave era esa. El marino le responde que esa era un “goney”, un albatros. “De manera que de ningún modo podía la mágica Balada de Coleridge haber tenido alguna relación con las místicas impresiones que tuve, al ver ese pájaro en cubierta..., etc.”. Digan si no nos merecemos otra pinta para celebrar que Melville no quiere reconocer que el padre de todos los albatros literarios del mundo nació de la pluma de Coleridge y su terrible poema. El final del encuentro de Melville con el albatros es sencillamente genial. En plan confidencia, el norteamericano escribe: “Pero, ¿cómo había sido capturado este místico ser? No lo difundan y lo contaré: con un traidor anzuelo y una línea, mientras el ave flotaba en el mar”. ¡Venga más cerveza! ¡Al pobre albatros lo habían pescado! Luego, nos restituye a la armonía universal (incluyendo en ella a los querubines, amigos del plumífero), aclarando que el capitán de la nave liberó al albatros, no sin antes colocarle al cuello un anillo de cuero donde anotó un mensaje al resto de la humanidad, señalando fecha y posición en el océano. Digan si no es divertido el episodio. Otra nave —que no era el Pequod— vagaba por los Mares del Sur, el Sur Negro como lo llama Chatwin, por las cercanías del cabo de Hornos, enfrentando las hostilidades de pesadilla de esa región del mundo. Era 1719. La soledad era total. Anotó en su bitácora el capitán del navío que “uno podría pensar que es imposible para cualquier ser vivo subsistir en un clima tan riguroso”, esto incluía, desde ya, a su tripulación, de la cual, página atrás, confesaba que se estaba muriendo literalmente de hambre y que algunos, en su desesperación, se arrojaban a las heladas aguas. “Ciertamente, desde que cruzamos hacia el sur el estrecho Le Maire [ndelr: el estrecho que separa la Isla de los Estados de la isla de Tierra del Fuego] no vimos un solo pez ni ave marina alguna...”, indicó para agregar más patetismo y drama a la escena, para luego precisar: “con la desconsolada excepción de un albatros negro que nos acompañó durante varios días, revoloteando a nuestro alrededor como si estuviera perdido”. Son extractos de las memorias del capitán George Shelvocke quien, a bordo del Speedwell, completó una vuelta al mundo. El libro se publicó en 1726 y desde el vamos, estuvo rodeado de controversia, ya que Shelvocke acusó a sus hombres de ser unos bribones, unos patanes y unos sediciosos incurables, cuando sus biógrafos lo acusan al propio capitán de ser de la misma madera. El hecho perdurable, y de aquí su evocación, es que la lectura de este libro décadas después de haber sido impreso, por parte de William Wordsworth, amigo, colega y confidente de Coleridge, es la fuente donde abrevó la composición de la trágica balada del marino y el albatros —que no puede digerir Melville, que ni siquiera nombra esta fuente que es muy probable que hubiera conocido. Habría que agregar: las memorias de Shelvocke y el opio, al cual Coleridge era adicto, a su pesar dicen, son las vertientes que dieron vida al poema, uno de los fundadores del romanticismo literario inglés. La historia que cuenta el “maldito capitán” Shelvocke (como en varios pasajes de su obra, el mismo refiere era llamado por sus subordinados) es obviamente la materia prima del poema: el primer oficial del Speedwell, un tal Hatley, era un melancólico. Dígame usted qué carajo hacía un hombre depresivo metido en los mares más despiadados del planeta. Dígame usted cómo inevitablemente podía seguir el asunto. Es obvio: de tanto ver rondar al ave, concluyó que les traería desgracia. Más desgracias, en verdad. Según el “bueno” de Shelvocke, el pájaro, y el hecho de que por días tuvieran viento en contra, lo hizo caer en supersticiones. Entonces, el oficial melancólico dio inicio a la cacería. Tras varios intentos, y varios días de acecho, finalmente, le acertó un tiro y el albatros cayó fulminado en las aguas tempestuosas. Fin de la historia. Shelvocke reflexiona sobre el hecho y aclara que en ese viaje, con semejantes circunstancias, todas azarosas, todas temibles, todos estaban un poco melancólicos. ¡Otra copa más, tabernero! El viejo marino recoge la larga tradición náutica de los vagabundos del mar, que es la versión líquida de la odisea de los vagabundos malditos. El judío errante que por los océanos insondables muta al holandés errante, que por los mares patagónicos, del lado chileno, en la tradición mapuche y chilote, se transforma en el Caleuche, la nave de los locos, la nave de los poetas, y todo lo que la siga revistiendo de ecos utópicos, de legendarios barnices que desmientan el paso del tiempo y la ausencia de prodigios. El albatros es un ave cuya existencia está amenazada y algunas especies se encuentran en serio peligro de extinción. Hay toda una discusión sobre cuál es el ave más grande de todas: si el albatros o el cóndor. Para no ahondar en el absurdo espíritu competitivo de la época, diremos como ya dijimos que el albatros es el ave más inmensa de todas las que pueblan los mares y sus islas remotas; los cóndores son las aves más gigantescas de las montañas. Son dos tremendas aves, dos poderosas y tremendas aves —a las cuales ya casi nadie les canta. Un dato a ser anotado es que la palabra portuguesa que define albatros es alcatraz, que a su vez viene del árabe, su verdadero origen. Albatros es la traducción inglesa de alcatraz. Sin embargo, nosotros decimos albatros, vaya a saberse por qué. Alcatraz es un lugar donde han encerrado a muchos vagabundos, de la tierra y del mar. Hay un grabado de Gustav Doré que muestra a los hombres y al viejo marino subyugados y aterrorizados por el rey de los océanos. Hay varias versiones del poema de Coleridge disponibles en Google, en inglés y también traducido al español. Los eruditos del Viejo Mundo han querido demostrar que La canción... está inspirada en narraciones de viaje por Groenlandia, la búsqueda del paso del Noroeste y los mares nórdicos de los polos árticos. Chatwin en sus afanes patagónicos y los editores argentinos de Shelvocke defienden la tesis del origen austral del poema. La distribución geográfica del súper pájaro avala esta segunda versión. Como sea, Coleridge nos ha legado un poema esencial, que habla del desgarro sensible en medio de la soledad infinita del mundo. El albatros, compañero de rutas, es el alter ego del Viejo Marino. Coleridge, con tanto opio en las venas, también era de esos, un hombre que vagaba de noche, otro viejo marino, un paria, uno de los nuestros. Nota: Las citas corresponden a Herman Melville: Moby Dick o La ballena blanca, traducción de Enrique Pezzoni, Colección Obras Maestras del Fondo Nacional de las Artes; Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1970; y a George Shelvocke: Un viaje alrededor del mundo por la ruta del Gran Mar del Sur, Colección Reservada del Museo del Fin del Mundo; Eudeba, Buenos Aires, 2003. ** Pablo Cingolani http://www.letralia.com/firmas/cingolanipablo.htm Historiador, periodista y explorador argentino (Buenos Aires, 1963). Reside en La Paz, Bolivia, desde 1987. Como historiador, realizó estudios sobre los derechos argentinos sobre las islas Malvinas y los problemas de tierras en la puna de Jujuy, la explotación cauchera en la Amazonía y la historia minera de Los Lípez potosinos. Trabajó como redactor y colaborador en una docena de medios gráficos de La Paz y sus artículos también se publican en medios de Argentina, Chile, Ecuador y España. En video dirigió, con Gastón Ugalde, Imagina Bolivia y la primera serie de documentales sobre áreas protegidas. Encabezó expediciones ecohistóricas desde 1980, explorando, entre otras, la región de Iruya-Baritú, Cumbres Calchaquíes y la puna jujeña en Argentina, el desierto de Atacama en Chile y casi todos los parques nacionales de Bolivia, en especial en Lípez, Chaco y Amazonía. Es el creador y director de la Expedición Madidi, que ha explorado distintos sectores del parque boliviano del mismo nombre, y ha sido declarada "de interés nacional" por el Congreso boliviano. === Bordes: fronteras Carlos Eduardo Maldonado ======================= La humanidad occidental ha sido particularmente aficionada, desde sus orígenes, a una de las acepciones de la noción de borde, la de frontera. Ya en sus orígenes, hace 2.500 años: frontera entre países, arquitectura al borde del mar o en lo alto de las colinas para dominar el espacio y controlar al desconocido o al enemigo, límite de espacios formalizado en la geometría de Euclides, en fin, jerarquización de saberes y conocimientos, en el Liceo y en la Academia. Perímetro, área, volumen. Cuerpos finitos, pensamiento de la finitud y vivencia de la finitud en la Grecia antigua. Y después, temor ante la finitud y el vacío, y el descubrimiento o el postulado del infinito. Borde: finitud, universo discreto. El borde que se define desde algún centro, o el que se establece por contraste en la frontera misma con relación a otra figura, o al espacio sin más. El mar, en un planeta que se concebía plano, terminaba abruptamente al final de la mirada y los barcos caían a la nada, donde eran devorados por monstruos impensables e inefables. Circunvolución de los continentes y del planeta siempre con proximidad a las costas: los fenicios, los griegos. Ante un espacio finito queda sólo una esperanza: la felicidad. Es lo que abierta o tácitamente sostiene Aristóteles. Ser felices con lo que se tiene, ser felices en donde se está. Una cierta noción de abandono y de ascetismo, felicidad acompañada de sabiduría. En contraste, cuando se descubre o se postula el infinito, el ideal de la felicidad se desplaza en función de otro principio aun más radical: la libertad. Libertad a pesar de las fronteras y los límites, libertad en contra de las constricciones, los poderes y las normas. Acaso la felicidad quedará como un ideal para los individuos, y la libertad para los pueblos y naciones. Pero existen también individuos y sociedades que se rebelan contra la noción de borde y limitación. Conciencia de la finitud para superarla, facticidad de los hechos y el cuerpo que nos ancla al aquí y al ahora, mientras el espíritu, la mente o la voluntad nos lanza, en ocasiones, a pesar de nosotros mismos, más allá de nosotros mismos. Los bordes existen para ser superados: es lo que la arquitectura señala y lo que la música canta sin parar. Sísifo jamás ha muerto ni morirá y Prometeo se hará inmortal, contra los designios de los dioses. Ciertamente que si el dios de la antigüedad occidental es justiciero, el cristianismo inventará un dios amoroso. Pero sólo los orientales conciben dioses que ríen y se afligen con las acciones mismas de los hombres. La risa es un acto libertario o un acto de resistencia, para los humanos. Racionalización o sublimación lo llamarán acaso algunos a partir del psicoanálisis. La belleza griega funda las formas —las sensibles o las inteligibles, a partir de las cuales el mundo y la existencia se hacen mejores. Y sin embargo, después de Roma, y con Roma la historia, como señala Nietzsche, es la de “verdad” que mata a “belleza”. Sin embargo, el ideal de belleza, el número áureo, la razón dorada o la divina proporción es irracional: 1,68033 y la serie jamás terminará. Es ? —tau, en griego—, que es hermana, por así decirlo, de ? —pi. ¡Maravillosa paradoja! * * * La ciencia contemporánea —con sus expresiones académicas— se define a sí misma con un ideal excelso, marca de calidad indiscutible: correr las fronteras —del conocimiento. Superar los bordes, infringir las series y órdenes normales. Pero cuando ello sucede acaecen las revoluciones —académicas, científicas, digamos. El precio es el más alto para el mayor de los desafíos. En ello nos puede ir la vida. Unos arriesgan y apuestan, otros son embargados por la hybris, pero los más prefieren conceder y aceptar los límites, las fronteras y los bordes. En rigor, el límite no existe: lo heredamos. Y se trasmite, atávicamente, por la fuerza de las cosas, de las instituciones, como se dice ahora. El borde existe para quien sólo mira, pero no para quien sueña e imagina. La realidad está constituida de bordes y fronteras, límites y formas, restricciones, constricciones y normas: principium realitatis. En contraste, el sueño, la imaginación y la fantasía no saben de realidad: la inventan, la transforman, la superan: abren nuevas dimensiones que ante los realistas producen vértigo, por decir lo menos. Los bordes jamás producirán vértigo; en el mejor de los casos, ansiedad o desasosiego; en fin, aceptación y pasividad. Si creemos a los matemáticos que hablan de Dios, los bordes fueron producidos por Dios, lo demás por los hombres: en realidad el dictum sostiene lo siguiente: los números reales —1, 2, 3...— fueron inventados por Dios —pues son perfectos—, los demás números, por los hombres. Es decir, por ejemplo, los números irreales, los trascendentales, los imaginarios, y otros más. El borde en óptica es monocromo. Pero más allá del borde descubrimos umbrales, policromía. Los degradés no saben de bordes, pues allí no existen. Quizás por ello alguien fabuló que en el nacimiento o en el final del arcoíris existe una guaca, o algo semejante. Bordear las regiones y los países: existen policías de los bordes y de las fronteras. Y normas en y para los mismos. Guardianes de la finitud y la oquedad. No imagino policías de la policromía: no sabrían qué hacer allí o con ella —que es siempre plural. Los sistemas verticales no tienen dificultad alguna con la felicidad, pero sí con la libertad. Excepto, claro cuando la felicidad es suprema, como en el amor verdadero, que es una experiencia esencialmente psicótica. Los enamorados son psicóticos: no saben de principium realitatis. Por ello el sentido común sólo atina a decir: “Sí, pero el amor sólo dura poco —hay que disfrutarlo mientras dura, pero al cabo se acaba”. Bordear geografías y territorios, circunscribirse a lo circunscrito. Por ello existen las lenguas, a las que quizás se castigó con la Torre de Babel, que es en verdad borde sin frontera, límite abierto. Es esto lo que señaló Chomsky con su gramática generativa universal: los niños no saben de fronteras. Ser joven significa soñar posibilidades; la vejez nos llega cuando renunciamos a ellas. El borde nos enseña a claudicar, a reconocer los límites y las fronteras, la finitud o la realidad. Cuando claudicamos la vida ya no nos pertenece: se la han apropiado quienes gerencian los bordes y vigilan las fronteras. Conservar las orillas y mantenerse en ellas: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”, claudicación y vencimiento. * * * Los bordes generalmente son agudos, filosos, cortantes. Quizás sea la advertencia para reconocerlos. Difícilmente cabe pensar en bordes romos o imprecisos. Contrasentido. El corte en el borde es el grito de la cosa cuando ha sido delimitada a sí misma, el dolor de la finitud. Hay un mensaje, parece, en el borde que siempre es cortante. Algo así como la invitación a no aceptar los dolores que son los bordes agudos y filosos. Algo así como un llamado a aprender que las cosas pueden ser de otro modo que como borde. Hay palabras que son precisas, una semántica claramente agregativa. Es lo que pide la buena moral. Y sin embargo, la vida se hace constantemente con ambigüedades y ambivalencias, dobles sentidos y sobreentendidos. El chiste es un acto de irreverencia, ya ha sido dicho hace tiempo. La moral de la pesadez, como sostenía Nietzsche, empata por el otro lado con el desasosiego de la existencia contra el que se revela Pessoa. El borde quiere un tipo de pensamiento: el estrictamente analítico. Significados claros y precisos. Son necesarios, claro. Proposiciones atómicas y moleculares. Sujeto, cópula, predicado, complementos: de objeto directo, de objeto indirecto, circunstancial, de modo o de tiempo, etc. Lenguaje agregativo, mundo construido aritméticamente. En contraste, la literatura y la música, la arquitectura y la poesía. Al fin y al cabo, la sabiduría siempre se ha expresado en su forma más acabada como poema. Símil, hipérbole, sinécdoque, metáfora, humanización —en fin, tropología. En lógica, contra la extrema laxitud o la extrema rigidez de la lógica formal clásica nacen otras lógicas: pluralismo lógico: depasamiento de la analítica, superación del borde preciso, ampliación de grados de libertad de pensamiento y de vida. Pero, claro, esto es nuevo para la mayoría. Contra el borde: la superación de las fronteras. Construir espacios de luz —esencialmente abiertos e indeterminados. La esperanza no sabe de límites, y la esperanza es uno de los nombres de una vida optimista. ** Carlos Eduardo Maldonado http://www.letralia.com/firmas/maldonadocarloseduardo.htm Docente colombiano. Tiene un doctorado en filosofía en la Katholieke Universiteit Leuven (http://www.kuleuven.be; Bélgica). Postdoctorados como “Visiting Scholar” en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Pittsburgh (http://www.pitt.edu; EUA); como “Visiting Research Professor” en The Catholic University of America (http://www.cua.edu; Washington, DC, EUA), y como “Visiting Scholar” en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Cambridge (http://www.cam.ac.uk; Inglaterra). Profesor titular de la Universidad del Rosario (http://www.urosario.edu.co; Bogotá, Colombia). Ha publicado numerosos libros, artículos y capítulos de libros que pueden consultarse en su web (http://www.carlosmaldonado.org). Trabaja activamente en el diálogo entre ciencias y saberes, interdisciplinariedad, filosofía y ciencia, filosofía y arte y temas afines. === Reynaldo Pérez Só Roberto Cabrera ================================ El poeta venezolano Reynaldo Pérez Só ha mantenido un vínculo especial con Canarias. Primero que nada por ser oriundo de esta tierra, ya que sus padres son nativos de Tenagua. Puntallana. La Palma. En los años 70 mantuvo una interesante relación epistolar con la poeta Dulce Díaz Marrero, dando a conocer en su país la obra del escritor tinerfeño Félix Francisco Casanova y asimismo la de otros escritores insulares. A partir de entonces visitó las islas regularmente, invitado por el Ateneo de La Laguna; terminando por asentarse durante buena parte de los años 90 en Tenerife, donde también residieron su madre, su compañera y su hijo Tanausú. Durante todos esos años, tanto con Roberto Cabrera como con Olga Luis, tuvo la especial delicadeza de publicar en la revista Poesía, de Valencia, Venezuela, varios trabajos relativos a la lírica que en Canarias se desarrollaba. No podemos por menos que saludar este homenaje que se le brinda actualmente en Venezuela como un acto de justicia literaria y sumarnos así a quien ha sido un baluarte de la poética isleña en el continente americano y en todo el mundo, habida cuenta de que la revista Poesía ha sido uno de los referentes más importantes de este género y también de teoría poética en toda la geografía global. La poesía venezolana (1909-1990) hacia el paisaje interiorizado El cómo y cuándo se puede hablar de poesía venezolana específica, incluso de modernidad, parecen ser cuestiones de muy espinosa concreción. Es lo que relata Reynaldo Pérez Só cuando comienza su charla en el salón del Ateneo de La Laguna. Fue Andrés Bello, en sus poemas Silva a la agricultura de la zona tórrida y Alocución a la poesía, el que explícitamente recomendaba, para una nueva expresión poética, la recreación de la flora y la fauna venezolanas, olvidando desafortunadamente otros rasgos sumamente importantes y hasta vitales. Las dos vías que a partir de aquí persiguen el alejamiento de los modelos españoles, fueron: de un lado, una tendencia romántica, surrealista, y otra que apuesta por lo telúrico, lo folklórico y el criollismo como elementos esenciales. La primera ruptura importante, aunque con prevalencia del mimetismo apuntado, ocurre sobre 1909 de la mano de Salustio González, y ya en 1918 irrumpen otros poetas entre los que destaca Ramos Sucre, seguido de Andrés Eloy Blanco o Paz Castillo, tocado este último por una poesía de corte metafísico. Caso aparte lo constituye Enriqueta Arvelo Larriva, quien inaugura con tal acierto la decisiva participación de la mujer en la poesía venezolana. Alrededor de 1920, con Antonio y la influencia de Ramos Sucre, vuelven a manifestarse aquellas alternancias entre una poesía que se quiere específica y otra cuya modernidad la encuentra siguiendo en numerosas ocasiones las pautas del afrancesamiento surgido como reacción a España. Entre 1935 y 1940 aparece en escena el grupo de poetas que trabaja en torno a la revista Viernes: Otto D’Sola, Pablo Rojas Guardia, entre otros, quienes abrirán nuevas vías de reflexión y cuyos nombres se suman a los de Juan Liscano, Ana Enriqueta Terán y a la novedosa figura de María Calcaño, autora de dos o tres libros, pero que con unos versos de fuertes tintes eróticos rompe con otras propuestas y prepara el terreno a una poética que se reconoce netamente en el paisaje interiorizado, en el modo de ser y los rasgos psicológicos del venezolano. Juan Sánchez Peláez, Silva Estrada, J. R. Muñoz, Juan Calzadilla, pero sobre todo Ramón Palomares, a partir de 1950 expresan a las claras, con elementos rítmicos y de la oralidad, un escribir como se habla, una necesaria naturalidad que continúa siendo punto de referencia para las poéticas contemporáneas de Venezuela. En los 60 se desandan los senderos del surrealismo y la violencia. El poeta se compromete con lo social decididamente y aparece una poesía en muchos casos fundida al desgarramiento revolucionario y a la mítica guerrilla venezolana. El Chino Valera Mora, Teófilo Tortolero, José Banseta, Ludovico Silva, eran la larga epístola de la que apenas quedan unos nombres... Con el final de la década se alumbrará una nueva ruptura: 1970. La búsqueda de un lenguaje propio y un cierto recogimiento interior son características señalables, junto a la confirmación de la intervención conclusiva de la mujer en la reencontrada tradición, y que los poetas más interesantes provengan del interior del país. La irrupción de ellos coincidirá con la aparición de la revista Poesía, y son: Laura Graceo, Mariana Fernández Palacios, Alejandro Oliveros, Russoto y Reynaldo Pérez Só, quienes reúnen lo que la geografía encontró disperso. En los 80, aunque la búsqueda de ese lenguaje continúe, hay más un seguimiento del patrón de la poesía cubana, aunque sin el compromiso político. Hay primero un planteamiento teórico que antepone el cómo debe hacerse al hecho poético. En Caracas surgirán los grupos Guaire y Tráfico, con Rafael o Rojas Guardia (hijos) a la cabeza. Mientras que en el interior prospera el grupo Valencia: Pedro Velásquez, Cintya Desantis, Carlos Ochoa, Adhely Rivero, etcétera. Por tanto, se puede considerar como grupo de resistencia (opuesto a ese surrealismo de importación, brotes de huero neorromanticismo, criollismo y oficialidad) al que arranca en Palomares, Calcaño, Terán o Arvelo Larriva, y quienes, a veces con el silencio como vía y otras con la búsqueda consciente de la poesía venezolana, americana, consiguen que la discusión continúe con la especificidad y contemporaneidad en una línea de continuidad aislada, y el neorromanticismo y los epígonos de la copia de modelos por la otra. Los aplausos llenan la sala, sin embargo creo que pasaron los años y nunca se publicó el grueso de aquella conferencia de la que al parecer sólo yo pude rescatar estas líneas y homenajear así la impagable labor de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo, en la república venezolana. Sobre la gente amada Vamos dando unas vueltas por la ciudad. En unos segundos empatamos la conversación que quedó hibernada algo más de una década. A veces nos sentamos en los mismos lugares, sin que ello sea un pretexto para la nostalgia. Él nos pregunta por eventos y nombres pretéritos. Bermejo, nuestra pasión fetasiana de hace diez años... Van transcurriendo los inolvidables días. Las noches se alargan. Los poetas que uno conoce van saliendo de sus escondrijos. Ya se habla en un tono más alto y confiado. Se emburuja la madrugada con la hoja de periódico y el sueño, el papel de estraza y la poesía con recuerdos que se disparan a un porvenir ingenuo en la rueda de los frutos de sartén. Entran en liza nombres como Héctor Gil, Luis Briceño, ex guerrilleros presos en la Cárcel Nacional de Maracaibo. El apellido Santos, derivación del hebraico Sem Tob. La bella contractura de la palabra Venezuela. Nuestra espalda e interesado olvido ante la incierta situación de aquel país. De su primer libro de poemas, Para morirnos de otro sueño, editado en la ciudad de Caracas por Monte Ávila Editores, son estos versos: “Los que soñamos / sentimos el sueño más hermoso / nos morimos temprano / porque no somos sueños / ni pájaros / y el aire nos pesa / sin embargo con todo / volvemos cada noche / para morirnos de otro sueño / no debemos miramos / si nos sentimos abajo / en el fondo / allá hundidos donde los caballos / son de yeso / las viejas casas derrumbadas / la muerte no debe / ser ese caballo blanco / que nos sigue”. Audaz, penetrante y terrible la brevedad de estos textos. De ellos —reza en la cubierta— se desprende el conocimiento interior que anonada. “Broto sobre la tierra y / temo / el viento y la lluvia / pasa / no perdura / mi alma / ella vuela como un perfume / ligero”. Reynaldo saca sus libros, sus revistas, sus separatas, sus armas secretas. Nosotros hacemos las guardadas preguntas. ¿La novela venezolana? Es necesaria la prosa contenida que evita discursos. Se ha dicho en ocasiones de la novela venezolana: verborrea y gracias. Creo que hay algunas normas que valen igual para poesía, poética, prosa. Una de ellas es no derramarse. Texto-cascarón, poesía-concha, respiración de adjetivos, lenguaje florido: las trampas cazabobos de la poesía (...). Nada de hueso, pero sí tanto de plastilina: los epígonos del Siglo de Oro, nuestros románticos, los tardíos modernistas, los cultores del surrealismo latinoamericano, etc., de los buscadores del mármol de Carrara en las esculturas centroeuropeas. Pérez Só contestaba a Pedro Téllez en la revista La Tuna de Oro: “Este libro, Ars poética. Fragmentos de un Taller, pienso que responde a un camino entre poesía y prosa. Los aforismos son de tradición muy judía. Encontré aquí la agudeza y concentración de la poesía y la libertad de la prosa. Me llamaron la atención las explicaciones que de los poemas hacen san Juan de la Cruz, fray Luis de León; una gran cantidad de aforismos de Gracián e incluso Leopardi o los sutras budistas en diferentes tradiciones. Tras el poema hay silencio o vacío: terra incógnita. El ruido es el alimento de la prosa. Es la diferencia del poema y el no poema”. La poesía universal carece de sitio, tiempo por lo tanto no tiene sustancia, lengua. Está escrita por un poeta sin sitio, ni tiempo, ni cultura, ni sustancia, ni lengua. Universal a priori. Pasa el tiempo y sorprende ese afán que se continúa en el empleo del verso corto. El texto corto, el poema corto, existían en una serie de tradiciones: kabilias, bereberes, africanas, precolombinas. Hay tradición castellana y en Portugal cuartetas en poemas de cuatro versos y siete sílabas. Así que el verso corto no es producto exclusivo de la modernidad, aunque en el siglo XX el lector reclame lo esencial frente a lo meramente anecdótico. Quizá tenga que ver esa eliminación de adjetivos que reclama la contemporaneidad. Ni en Japón, ni en África, ni en la poesía indígena existía ese gusto rococó, más bien pienso en una poesía del sustantivo. El adjetivo aleja la experiencia, tiende a lo abstracto y al adorno. La obra narrativa de Reynaldo Pérez Só, poeta venezolano de padres canarios, palmeros de Tenagua (Benahoare), permanece inédita. En Venezuela se le reconoce como el introductor de la poesía brasilera en parte de Latinoamérica. El 23 de agosto de 1986 se terminó de imprimir el que hasta la próxima salida de “Benamú” “son poemas del recogimiento sensual y la exaltación amorosa, pero esa es mi apreciación personal...”. Matadero será uno de sus últimos libros de poemas. Los días, las horas, se han esfumado. Quedamos expectantes, con las revistas, los libros, los momentos vividos. El dolor, ladrón del tiempo, da el pistoletazo de salida y el poeta surca los aires del Atlántico de vuelta. Dos poemas de Reynaldo Pérez Só hay acantilados encima donde las retamas florecen y el mar que rompe murmura y grita junto a las pardelas en tanto el sol se eleva y apenas la luz de amanecer y el viento se anudan abajo están las piedras los malpaíses la espuma de las olas tenemos un tiempo suave cuando se siente el perfume de las calas azahares y no vengan a decir que el día no es nuevo que hasta el halcón se para en la altura bien quieto sin mover las alas azul de cielo y montaña obscura casi al gris y están los susurros de golpe disminuyendo llegando de las lomas del barranco silbidos de fantasmas en las hendiduras de los morros euforbias tras los grajos aquí entre los dos tú y yo abuelo de un lado al otro arriba del mar donde los hombres nacen y mueren en pleno centro en que el padre se queda mirando la tierra que ahora los dos lejanamente venimos haciendo Del poemario Solonbra (1998). Este libro presenta dos versiones de cada poema, una en castellano estándar y la otra en castellano también actual pero que remite al siglo XV; el autor, en una nota a la primera edición, entre otras cosas dice: “Ambas variantes podrían hacer posible una tercera lectura para quien se aproximara a ellas, ya que musicalmente o a nivel de imágenes en algunos textos se tocan zonas imposibles de alcanzar en los otros...”. eres una hoja y te pongo hoja te subes al risco cabra mi amiga no te pongo hoja balido en soledad de pura tierra te pongo helecho humedad de caballo no eres empalizada no tienes caminar de oruga que eres polvo y viento la mar (del libro Reclamo, 1992). ** Roberto Cabrera http://www.letralia.com/firmas/cabreraroberto.htm Escritor y músico español (Santa Cruz de Tenerife, 1954). Licenciado en filosofía y ciencias de la educación por la Universidad de La Laguna (ULL, http://www.ull.es). Textos suyos han aparecido en la Revista Semanal de las Artes del vespertino tinerfeño La Tarde; y en las publicaciones Nuevos Caminos, Poesía, Liminar, Lúnula, Nexo, El Taller, Fetasa y Cuadernos del Ateneo, entre otras. Ha fundado las revistas literarias Menstrua Alba, Teresa en el Balneario, El Buey de las Estrellas, El Viejo Noray y El Vigía. Actualmente dirige la revista Acorde y la editora El Vigía. Figura en varias antologías insulares e internacionales en poesía y narrativa. Ha participado en destacados eventos como músico de jazz y compositor (más de 100 conciertos y 12 ediciones fonográficas: Gato Gótico, jazz & world music; La Comercial, blues, o, como cantautor, Puñetazo al silencio, blues & rumba), o como ensayista (Algunos casos de brujería isleña en Cuba y Puerto Rico; I Encuentro de Escritores Canarios; Batea policromada de México, en Mapa Poético de México 2011; La poesía canaria ante el fin de siglo, Valencia, Venezuela; “Argot y graffittis en Santa Cruz de Tenerife”, en El habla del escritor marginal, El Vigía Editora). Ha publicado las novelas Ídolos de bruma (1979), La nube especular (1989), La yerba negra (1995) y Los lunares del césped (1999/2010); los libros de relatos Suicidio en Desolación Road (1980), Amor Mora Roma (1986), Viaje a Hero (1988) y XXV Relatos (2007); los poemarios Desangre libelular (1981) y Pie de rumbas (2006); y los ensayos Reflejos (2008) y Drumbass canario: ritmos canarios de música contemporánea (El Vigía, 2011). === Ernesto Sábato o la luz en las tinieblas Pedro García Cueto ====== La figura y la obra de Ernesto Sábato fue la de un hombre cuya hondura no tiene parangón, porque su lucidez nos devuelve a la realidad sin fisuras, a la forma de entender el mundo como un jeroglífico donde se posan siempre las borrosas sombras del vacío. Ahora, su reciente muerte nos hace sentir la ausencia de un hombre de su integridad y de su valía intelectual. Si no fue un autor muy prolífico es porque su obra se cimentó en la búsqueda de la verdad, como si ésta se escondiese entre las sombras poderosas que nos inundan. Un breve recorrido de su vida nos habla de un hombre nacido el 24 de junio de 1911 en Rojas, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Hijo de Francisco Sábato y de Juana María Ferrari, fue el décimo hijo de once que tuvo el matrimonio. El nombre de Ernesto hace referencia a un hermano que murió poco antes de nacer él, el que hacía el número nueve de la larga lista de hijos de la pareja. Por ello, por la muerte prematura de este hermano, sus padres decidieron ponerle el mismo nombre al futuro escritor. Hizo los estudios secundarios en La Plata, en el Colegio Nacional del mismo nombre donde tuvo como profesor al famoso investigador Pedro Henríquez Ureña. Fue en 1929 cuando comenzó su carrera en la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad Nacional de La Plata. Activo militante del movimiento de Reforma Universitaria, de tendencia comunista, se afilió al partido y en el año 1933 fue elegido secretario general de la Fundación Juvenil Comunista. Las dudas sobre su ideología vinieron poco después y el partido le mandó dos años a las Escuelas Leninistas de Moscú. Antes de ese viaje a Moscú (que no realizó por temor a su futuro), estuvo en Bruselas como delegado del Partido Comunista de la Argentina al Congreso contra el Fascismo y la Guerra. Sabiendo que el viaje a Moscú entrañaba el riesgo de quedarse allí, sin que pudiese elegir su destino, decidió ir a París, donde escribió su primera novela, La fuente muda. Tras ese período volvió a Buenos Aires, donde se casó con Matilde Kusminsky Ritcher, mujer que conoció en un curso sobre marxismo en su período comunista. Acabó el doctorado en física en la Universidad de La Plata. Luego le fue concedida una beca en París para realizar trabajos de investigación sobre radiaciones atómicas en el Laboratorio Curie. Fue en París donde entró en contacto con los surrealistas (Benjamin Péret, Óscar Domínguez, etc.), lo que le llevaría a plantearse la literatura como un medio para analizar sus obsesiones y poner en solfa el mundo que lo rodeaba. Esta decisión fue trascendental porque nos dio la oportunidad de conocer el pensamiento de un hombre de gran talla intelectual. Empezó a escribir más asiduamente en 1941 cuando publicó un artículo sobre La invención de Morel, de Bioy Casares, en la revista Teseo de La Plata. Publicó artículos en la revista Sur llevando las reseñas de libros y también en el diario La Nación de Buenos Aires. Su famosa novela El túnel fue rechazada en muchas editoriales, hasta que fue publicada en la revista Sur, donde colaboraba, en 1948; la novela adquirió muy pronto gran interés para la crítica, en especial para el gran novelista francés Albert Camus, quien la hizo traducir para la famosa editorial Gallimard. Otra novela fundamental de la que voy a hablar a continuación por su hondo interés para entender el mundo del escritor argentino fue Sobre héroes y tumbas, publicada en 1961. Pero mi interés en este pequeño estudio radica en conocer la forma de entender el mundo de Sábato, la profundidad que late en sus libros, macerados como si tejiese un telar donde nunca se acaba de hilar; para el escritor argentino, el libro es siempre un espacio lleno de preguntas, sin que la prisa haya mermado la calidad de su escasa obra novelística. El compromiso de Sábato con los derechos humanos quedó muy claro en su indudable apoyo a la política de Raúl Alfonsín en Argentina para destapar el caso de los desaparecidos por la dictadura de Videla. Sábato entiende la literatura también como una sofisticada trama para denunciar el abuso del poder, que, amparado en la violencia, mermó la vida de los argentinos. Sobre héroes y tumbas es un libro fundamental, un documento imprescindible para entender las obsesiones de Sábato sobre el mundo. Sobre héroes y tumbas; Martín, espejo del escritor Me interesa en este breve repaso por Sobre héroes y tumbas la figura de Martín, cómo contempla el escritor a ese personaje alter-ego, donde da forma a sus mejores reflexiones sobre su país y sobre la vida en general. Martín va llevando a cabo su periplo existencial sobre una Argentina que tiembla entre los cimientos, un país que duele por dentro, como se irá viendo en la novela. El escritor argentino va poniendo en su boca todo lo que siente por el mundo que le rodea, sin que el protagonista pronuncie un largo discurso en toda la novela, Sábato le regala, a través de su rica prosa, todo lo que vive por dentro el joven Martín: Martín se sentía aislado mágicamente de la dura realidad externa, como sucede en el teatro (pensaba años más tarde) mientras estamos viendo el mundo del escenario, mientras fuera esperan las dolorosas aristas del universo diario, las cosas que inevitablemente golpearán apenas se apaguen las candilejas y quede abolido el hechizo (p. 126). También el mundo de los sueños está presente, porque el protagonista ve la descomposición de un mundo aristocrático, pervertido ya por el avance imparable de una Argentina que acabará en manos de los militares años después, un país en ascenso hacia la dictadura, porque se halla sin gobierno posible, sin la eficacia que le salve de los buitres que poco a poco implantarán el terror en el país. Sábato es ya un visionario, alguien que anticipa el mundo que poco después será portada en los periódicos: Aquella noche Martín tuvo el siguiente sueño: en medio de una multitud se acercaba un mendigo cuyo rostro le era imposible ver, descargaba su hatillo, lo ponía en el suelo, desataba los nudos y, abriéndolo, exponía su contenido ante los ojos de Martín. Entonces levantaba su mirada y murmuraba palabras que resultaban ininteligibles (p. 143). El narrador dice después que en el sueño no existía metáfora alguna, sino evidencias, un mendigo que se le acercaba, pero nosotros sabemos que el mendigo esconde el avance imparable de una sociedad que ya no respeta a nadie, una sociedad quemada y consumida por el dinero, que establece cada vez, como en el gran imperio americano, más diferencias entre ricos y pobres. Bruno o Alejandra son otros personajes importantes, seres que dicen lo que no expresa Martín, siempre espejo del narrador, siempre oyente de lo que otros manifiestan, siempre en el subconsciente de Sábato. Hay muchas digresiones en el libro, porque no se trata de una novela, sino de un tratado sobre el ser humano, un ensayo sobre la condición humana, una visión filosófica de nuestro paseo por la vida. La crítica de Sábato hacia una ciudad que se desgaja, que va señalando en el horizonte la deshumanización de la sociedad moderna, donde los pobres son más pobres y los ricos acumulan sus bienes, mientras otros se mueren de hambre: ¡Abominables cloacas de Buenos Aires! ¡Mundo inferior y horrendo, patria de la inmundicia! Imaginaba arriba, en salones brillantes, a mujeres hermosas y delicadísimas, a gerentes de banco correctos y ponderados, a maestros de escuela diciendo que no se deben escribir malas palabras en las paredes... (p. 424). Pero ese mundo de lo adecuado, donde triunfa lo racional, lo elegante, se contrapone al que aparece en el subsuelo, en las cloacas de la ciudad, donde se va gestando el mal que lo vertebra todo, la enfermedad que asola, en lo hondo, a la ciudad, mezquina por el peso de unos sobre otros: Mientras por ahí abajo, en obsceno y pestilente tumulto, corrían mezclados las menstruaciones de aquellas amadas románticas, los excrementos de las vaporosas jóvenes vestidas de gasa, los preservativos usados por correctos gerentes, los destrozados fetos de miles de abortos, los restos de comidas de millones de casas y restaurantes, la inmensa, la innumerable basura de Buenos Aires (pp. 424-425). Todo aquel mundo de lujo va a parar a las cloacas, donde se puede ver la miseria humana, el cuerpo elegante que nos impresiona por su bello cutis en su exacta condición de ser carnal, con la alusión a los excrementos que todos, en nuestra corporalidad, vamos dejando en los estercoleros de la ciudad. La condición de Sábato de hombre de ciencia, que no niega su deseo de embellecer la vida, se une a una prosa desgarrada. También el pesimismo del escritor, huérfano de Dios, conocedor de nuestro vacío existencial, de nuestro caminar con la muerte hacia la nada. La referencia a Dios, en la honda metafísica que alumbra en el escritor, se puede ver con detalle en unas líneas del libro: Además, si Dios aparecía, ¿cómo lo haría? ¿Y qué sería? ¿Una presencia infinita y aterradora, una figura, un gran silencio, una voz, una especie de suave y tranquilizadora caricia? ¿Y si se aparecía y él era incapaz de advertirlo? Entonces se mataría inútil y equivocadamente (p. 538). El suicidio de Dios es de la humanidad entera, porque Sábato no niega el halo de pesimismo que late en su recorrido por la vida, tras vadear muchos caminos, tras presenciar muchos asesinatos, mucha injusticia, todo ello, condición esencial de un ser humano que es, sin duda alguna, un lobo para el hombre. El despedazamiento del hombre por el mismo es la solución al enigma de Dios, silencio y vacío total. La novela transcurre por un hilo muy fino, que hace mención de la azarosa historia de Argentina, como nos demuestra Alejandra y que, en sus múltiples digresiones, constituye un caleidoscopio de la humanidad entera. Sábato como escritor. Conclusión final El escritor argentino escribió varios libros de ensayo; uno de los más interesantes es El escritor y sus fantasmas (1963), donde va ofreciendo su visión de la novela, del creador, de sus escritores favoritos. Termino este breve estudio con unas palabras de este esclarecedor ensayo donde compara su visión de la novela con la de la vida, ambas miradas encuentran en el escritor un nexo común, ya que la novela es espejo de la incertidumbre de la vida: A la novela le es aplicable exactamente lo que Jaspers dice de la existencia: La existencia es una conquista. Su modo de ser esencial es “estar en impulso”. Su ritmo propio es la crisis. Es un perpetuo movimiento de flujo y reflujo, de fracaso y victoria. Sólo puede irse al reposo por la angustia, al abandono por el desafío, a la existencia por el escándalo. La vida espiritual es una continua tempestad de antinomias, cuyos términos tan pronto se estrellan entre sí como se separan hasta la ruptura. El existente tiene que mantener los contrarios unidos en un esfuerzo de dolorosa tensión, nunca resuelta (p. 142). Las palabras de Jaspers que utiliza Sábato ejemplifican muy bien lo que une a la novela con la vida, un juego donde nunca hay victoria, sí esfuerzo, un proceso donde siempre, hasta en la plenitud del instante, anida la sombra de la derrota, un espacio donde nuestra presencia vital se contrapone a la que nos hace efímeros y perecederos, como si al respirar el oxígeno estuviésemos condenándonos a perder un día el privilegio de respirar. Sábato, ahora que, por poco tiempo no ha podido cumplir cien años (ha muerto a finales de abril con los noventa y nueve a cuestas), nos ofrece siempre la mirada única de un hombre que ve el reverso del mundo, que ha escrito muy pocas novelas, pero que sí ha dejado en ellas y en otros libros o artículos (ensayos, críticas) su mirada hacia el universo, escéptica y descorazonadora, lo que no le ha llevado a renunciar a la vida, sino a verla con ironía, la verdadera luz de la inteligencia. ** Pedro García Cueto http://www.letralia.com/firmas/garciacuetopedro.htm Ensayista español. Es doctor en filología. Trabaja como docente en Madrid y es crítico de cine y literario. === Año Bi.Si.Esto, de Silvia Rodríguez Bravo ============================= === Guillermo Fernández Guajardo ========================================== Año Bi.Si.Esto Silvia Rodríguez Bravo Mosquito Editores, 2012 ¿Quién puede decir de qué trata un libro de poesía? Pregunta que nos pone en alerta y nos obliga a intentar una estrategia para enfrentar un mundo de palabras, otra opción es bajar los brazos y dejar que ellas hagan su cometido: nos acaricien como pétalos o hundan su estocada de un abismo que llama al abismo, abissus invocat abissum, en el eros y thánatos, en lo sexual y la muerte, caras de una misma moneda; es decir que nos hieran con y sin salida de bala nuestro cuerpo. Todas estas cosas nos pueden suceder con este libro de Silvia Rodríguez Bravo, pero esto no es nuevo, pues ha dejado antecedentes en libros anteriores como en Profeta de bares, publicado en el 2002, también editado por Mosquito. Ahí Silvia Rodríguez Bravo nos advierte, o más bien se nos presenta: La profeta es un pequeño demonio. Es una más de este mundo, no es dueña de la verdad pero la busca constantemente dentro de sí misma. El destino a veces duele pero sonríe, mantiene esperanzas y divulga a diario el sueño que la alimenta. Camina buscando castillos donde vivir la eternidad de un día o la eternidad que le queda. Camina escribiendo bajo el humo de sus cigarros el mundo que imagina, en el que vive y en el que espera morir después de un punto aparte. Esta presentación que realiza la poeta de sí misma y del oficio que abraza, es como lanzar una botella al mar. Ese acto me recuerda un poema de Jorge Teillier, que justamente se llama “Botella al mar”: Y tú quieres oír, tú quieres entender. Y yo te digo: olvida lo que oyes, lees o escribes. Lo que escribo no es para ti, ni para mí, ni para los iniciados. Es para la niña que nadie saca a bailar, es para los hermanos que afrontan la borrachera y a quienes desdeñan los que se creen santos, profetas o poderosos. Que los textos llamen a otros textos es una función del lenguaje que extiende puentes entre las experiencias y nos revela una comunidad poética que traspasa el tiempo y une los lugares. Recordemos que la provincia es el lugar de escenificación en la poesía de Teillier y también lo es en la poesía de Año Bi.Si.Esto de Silvia Rodríguez Bravo. Un año en la provincia, pero no cualquier año sino un año Bi.Si.Esto, un año que se nos presenta cada cuatro años o tal vez sea un año detenido en cuatro años, pero esto nos lleva a una interrogante cuya respuesta el lector tendrá que descifrar, pues a pesar de ser una poesía directa y sin reservas, posee también el mensaje cifrado de los profetas que se resguarda en la metáfora como inscripción simbólica. Es el juego de máscaras que tiene como telón de fondo a la provincia del Maule, la ciudad de Talca y su ambivalente paisaje, entre el amor del hogar perdido en la infancia, como el siguiente poema: Siempre en luna llena recuerdo: el tañido de una campana anunciando el recreo; las visitas del viejo pascuero el cuaderno de copia el aroma del carbón encendido... La provincia de la infancia, el refugio, el hogar mítico al cual se quiere regresar. Este poema de la última parte de este libro, del Invierno, revela un carácter de poesía intimista, pero que preferiría denominar, siguiendo a Cortázar, como ceremonias de interior. Ceremonias de interior a las cuales la poeta nos hace asistir, después de haber atravesado otras estaciones en sus distintas tonalidades, el verde de la Primavera, por ejemplo como en “Aquí ovillada frente a la tarde”: El verde ruido de los árboles Me despierta y me renuevo Y me abro pétalo de rosa Besando el día. Las estaciones dan cuerpo a este año bisiesto, y el cuerpo de la poeta sufre su metamorfosis, entrando a una etapa más sensitiva, más animal en Verano: No No soy PERRA No No soy LOBA Soy Zorra buscando emociones una zorra buscando algo que roer buscando al macho de la jauría para copular en un acto cívico mientras todos entonan la canción nacional. Esta transformación se enfrenta a lo cívico, la provincia y la nación no ven con buenos ojos a esta Zorra, entonces choca y recuerda que debe despertar, salir de lo inconsciente, y se dice: Qué pena Silvia. Qué pena. Despierta. Tu vivir en Chile país tercer mundo. Tu vivir en provincia atrasada, costumbrista. Entiende provinciana. No perteneces a nada. Si no estás en la capital no existes. Al impulso erótico del verano le sigue la presencia y presentimiento de la muerte, el Otoño, pero esta experiencia también pertenece a la memoria, a lo conocido a pesar de la incógnita con que marca nuestros rostros. He muerto tantas veces pero esta noche no quiero morir. Miro en voz baja el original de mi boca busco urgente la médula de mi sangre antes que la noche avance con su aroma de viña oscura y me levanto y arrastro mi cadáver sobre otros cadáveres... Y en otro: He de morir de cosas ausentes de un exceso de silencio de lluvias petrificadas de una enfermedad de un accidente. Sin duda que la poesía es un modo de conocimiento, de develación, la comprensión de la máscara, de la persona, poeta, mujer, zorra, pétalo, provinciana; serían miles, mejor dejemos que la poesía lo diga: EN UNA mirada conocí la SOLEDAD de las MIL MUJERES que me HABITAN. La interrogante que permite volver, una y otra vez, sobre este poemario, para leer las huellas dejadas en las estaciones y del cual nuestra profeta-poeta nos entrega un diario de año bi.si.esto. A este libro se puede entrar por cualquiera de las cuatro estaciones, en verdad son cuatro vidas, yo he preferido comenzar por el invierno, por sus largas noches, la oscuridad, todas reunidas en una “ceremonia de interior”. ** Guillermo Fernández Guajardo http://www.letralia.com/firmas/fernandezguajardoguillermo.htm Poeta chileno. Licenciado en humanidades con mención en filosofía y magíster en filosofía con mención en metafísica. Profesor universitario. Socio fundador y miembro del directorio de la Fundación de Rokha. Ha publicado Trinervo (Cosmigonon Ediciones; Concepción, 2001), publicación antológica que recoge los libros El desencadenamiento de la caja negra (1993), Descalzado de culpa (1997) y Silencio a dos gritos (1998); Estado Decepción (Mosquito Comunicaciones, Santiago, 2010) y Barbarus, diario de Pirque (Editorial Milímetro, Santiago, 2011). |||||||||||||||||||||||||||| ENTREVISTAS |||||||||||||||||||||||||||| === Kike Ferrari ========================================================== === Un escritor próximo a la incertidumbre Antonio Guerrero Ruiz ===== A primera vista parece una persona distante, pero a medida que nos acercamos encontramos a un tipo bastante completo de eso que se ha dado en llamar género humano. Sus tatuajes y atuendos inconformistas no son más que pistas de la profunda mente crítica que posee y que se muestra en su sensacional trabajo literario. Alguien me dijo que su estilo, un tanto experimental, cubre perfectamente la necesidad de reflexión de la sociedad actual y lo enmarca en el inacabado proyecto postmoderno. Tal vez, en otros tiempos, diría yo que se trata de un hombre rebelde; quizás ahora lo tacharía de certero. En todo caso no me cabe duda de que es una persona que goza de aquello que todo escritor debe poseer: la sinceridad entre el lector y el escritor. Me refiero a ese compromiso sin el cual la buena literatura sería imposible. Recientemente ha obtenido un gran premio literario: el de novela en la Semana Negra de Gijón. La obra se titula Que de lejos parecen moscas y habla de muchas cosas, entre otras de la maldad humana, de la codicia. Su tono moralista trata en el fondo de una profunda crítica: a la sociedad argentina de la que forma parte desde 1972, al producirse su nacimiento. Pero antes de este premio tiene recorrido un pulido camino desde 2004: ha publicado varias obras como Operación Bukowski, Entonces sólo la noche y Postales rabiosas. Su trabajo es reconocido por diversos medios tanto en su país como en España. A.G.: Como todo el mundo imagina, salir de tu país para obtener premios y nominaciones en otros es un privilegio. Lo considero la mayor aventura que puede vivir un escritor. Yo te preguntaría, en ese sentido, si el éxito transnacional es una consecuencia de la universalidad de los temas propuestos, de un estilo muy original o fruto de una adaptación a la literatura de los países en los que se dan los palmarés. K.F.: Creo que tiene que ver con las condiciones de posibilidad: en Argentina hasta hace un par de años había una sola editorial de género negro —que, dicho sea de paso, rechazó mi novela—; ahora son dos. También son dos los festivales y muy jóvenes: Azabache en Mar del Plata, que va por su segunda edición, y el BAN de Buenos Aires, que hizo la primera. Lo mismo con los concursos: uno que se hizo por primera vez, sin dotación económica, y otro que está anunciado para octubre. Y no hay ninguna librería especializada, en una ciudad como Buenos Aires, que tiene una librería cada cinco cuadras. Si comparamos ese panorama con el de España —que tiene la Semana Negra de Gijón desde hace 25 años, más sus hermanos menores, los festivales de Getafe, Salamanca o Barcelona; librerías como Negra y Criminal en Barcelona o Estudio en Escarlata en Madrid y varias editoriales y concursos dedicados al género negro—, se entiende que Que de lejos parecen moscas, pese a ser una novela porteña, tenga más repercusión ahí. Y en Francia, multipliquen esto por cien. Por otro lado creo que los temas que trato, aunque contados desde mi porteñidad, son más bien universales: fui niño en la dictadura, adolescente en la hiperinflación, la caída del muro de Berlín y el puto fin de la historia. Me tocó un mundo sin esperanzas y crecí en él. Eso es lo que puedo contar y es lo que cuento. A.G.: Y a propósito... ¿cómo definirías tu estilo? K.F.: No estoy seguro de poder definir mi estilo, si es que ya tengo uno. La voz de un narrador tarda en formarse. Creo que una característica posible es cierta economía del relato corto puesta al servicio de toda mi narrativa: los finales, la precisión, la tensión interna permanente; me gusta pensar los textos como maquinarias que no dan ni piden tregua. A.G.: He leído por ahí que hay cierto grado de experimentalismo, algo que me seduce hasta lo incalculable, aunque la crítica y el moralismo forman parte innegable de tu pluma. K.F.: Si hay experimentación es para que la aventura de escribir siga siendo divertida y peligrosa. Lo que Fabián Casas llama ponerse en estado de incertidumbre. Escribo para contar historias. Esas historias tienen una mirada, la mía, que por supuesto no es inocente sino que está compuesta por determinadas elecciones éticas y políticas. Supongo que la crítica y el moralismo tendrán que ver con ellas. Hace mucho tiempo ya que no me puedo imaginar la literatura sino como una productora de pensamiento crítico. A.G.: ¿Es necesaria la innovación? ¿Son justas las desviaciones de la lengua común hacia nuevas formas que prediquen nuevos horizontes literarios? ¿No es demasiado arriesgado estar cerca de la incomprensión? K.F.: La literatura es un diálogo. Pero el interlocutor no está del otro lado de la mesa, así que es difícil saber qué tan cerca o tan lejos estamos de entendernos. Y, por supuesto, el sentido no tiene por qué ser lineal o puro. Es tan peligroso hacerse críptico y enigmático como tratar al lector como boludo al que hay que llevar de la manito para que pueda caminar. Una vez dijo Paco Taibo II que hay que ponerle a la manufactura toda la capacidad técnica pero que esta dificultad no debe trasladarse a la lectura; bueno, creo que por ahí van los tiros: lograr una literatura legible pero que, a la vez, vaya ganando complejidad en cuanto a la estructura, la construcción y el uso del lenguaje. Digamos que, si tengo uno, ese es mi programa. A.G.: Volviendo a la circunstancia... tus últimos trabajos, los que te han traído por España en la Semana Negra de Gijón (un relato ganador del premio de relato policiaco y la presentación de la novela Que de lejos parecen moscas, finalista en una edición francesa) han causado cierto revuelo entre los críticos y no críticos. Todo el mundo se ha fijado en otros premios y publicaciones tuyas anteriores (Casa de las Américas, 2009). Para mí hay una pregunta innegable. ¿Suponen, estas obras, una maduración o una reafirmación de ti mismo? K.F.: Por supuesto lo que suele llamarse una carrera literaria está lleno de quiebres, de picos, de momentos críticos. Creo que, por ejemplo, mi mejor novela es Lo que no fue, que la escribí en 2007, pero que la historia de Que de lejos parecen moscas es más fuerte. Lo mismo pasa con los cuentos. Hay algunos de hace diez años que son más potentes que otros más nuevos. Aunque si fui aprendiendo a entender mejor qué debe ir al tacho de basura, qué hay que corregir, cuándo la corrección terminó y, sobre todo, cuándo un texto funciona y cuándo no. Quizá así pueda pensarse la maduración: como cierto conocimiento del oficio. Pero, claro, eso no garantiza que vaya a poder escribir el próximo cuento, la próxima novela. Ya lo dijo Bukowski: uno siempre es un ex escritor hasta que vuelve a sentarse frente a la máquina. A.G.: ¿Cómo ha sido en un caso u otro tu proceso creativo? ¿Podrías relatar brevemente tu evolución: desde que cogiste una máquina de escribir, ordenador, hasta que llegaste a la última editorial? ¿Cómo ha sido ese viaje? ¿Comenzó en la infancia? K.F.: A los ocho años mi viejo me regaló una edición de Los Tigres de Mompracem que incluía una biografía de Salgari. Y me ganó el malditismo del escritor suicida. Eso, unido a la fascinación por el primer libro de la que sería una de las sagas más importantes de mi vida —la de Sandokán— me hizo querer ser escritor por primera vez. Durante mi adolescencia escribí unos poemas bastante malos e intenté algunos cuentos. Después fui letrista (y bajista) de una banda de rock pesado, 7 Whiskies Dobles. Empecé a escribir con plan justamente cuando esa banda se disolvió. Era julio del ‘97. No tenía trabajo, me acababa de divorciar y 7 Whiskies Dobles se había ido al tacho. Así que pedí una cerveza fiada en el quiosco de al lado de casa y me puse a escribir unos párrafos sobre un tipo que caminaba hasta entrar a un bar. Después me fui a dormir. Al día siguiente, cuando volví a sentarme frente a la máquina, supe que el tipo se llamaba Jotacé y era un ladrón a punto de robar una inmobiliaria. Ya no paré. Escribía entonces en una máquina de escribir Underwood del año 1932, ruidosa y bella. En 1999 me fui a vivir a Estados Unidos. Ahí me pasé al ordenador y escribí mi primera novela, Operación Bukowski, que fue publicada en 2004 —yo había vuelto a la Argentina, deportado, un año antes— por una editorial independiente de Buenos Aires que ya no existe. Cuatro años después otra pequeña editorial publicó un libro con algunos de mis cuentos, Entonces sólo la noche. El salto se dio a partir del 2009: salí segundo en el Premio Casa de las Américas y la editorial de Casa, por primera vez en décadas y siguiendo una recomendación de jurado, decidió editar mi novela. Al año siguiente, en julio, salió en Buenos Aires un librito que recopilaba una serie de artículos que escribí para los diez números de la revista Juguetes Rabiosos, mientras en Gijón ganaba el premio de relatos de la Semana Negra. Un par de meses más tarde abrí un blog en el que, retomando la idea de folletín, colgaba un capítulo de Que de lejos parecen moscas por semana. Ahí la leyó el enorme Carlos Salem, quien la eligió para iniciar su colección, Negra Urbana y Canalla. Que de lejos... salió en España en abril de 2011 y en julio la estábamos presentando junto al Jefe Taibo II en la Semana Negra. Para esa misma época escribí por primera vez un relato por pedido —“El cazador de ratas”— para la colección Bichos de la editorial digital Sigueleyendo. Como se ve fue todo bastante vertiginoso. Hace unos días me desperté con la noticia de que Que de lejos parecen moscas ganó el premio Silveiro Cañada de la Semana Negra, a mejor ópera prima; y que la edición francesa es finalista como novela extranjera del Grand Prix de Littérature Policière. Ese es, hasta ahora, el viaje. Pido disculpas si quedó un poco largo, pero pensemos que son quince años. A.G.: Llegados a este punto me gustaría preguntarte si tienes proyectos futuros. K.F.: Ufff, varios, pero una de las cosas que mejor hago es hacer planes que no voy a cumplir. Me gustaría publicar un libro de cuentos en España. También tengo a la espera una novela —Punto ciego— que escribimos a cuatro manos con mi amigo Juan Mattio, un escritor joven que va a dar que hablar: anoten el nombre. Y volví sobre un proyecto muchas veces postergado: escribir una novela policial que vaya entre el primer y el segundo atentado (entre mayo y agosto) contra Trotsky en 1940, que espero terminar antes de fin año. A.G.: ¿Qué diferencias encuentras en la literatura española (europea) y la argentina (latinoamericana)? Me refiero no sólo a diferencias de estilos y géneros sino también al fenómeno editorial y al acceso al mismo. K.F.: Retomando una idea de Ricardo Piglia no creo que podamos dividir las literaturas por zonas nacionales (argentina, española) y mucho menos continentales (latinoamericana-europea). Quizá sí, haya unos tonos —y usos de la lengua— por regiones (en mi caso, digamos, el Río de la Plata), características geográficas generales (en mi caso, urbana) o el género literario (digamos el género negro). Pero yo no veo diferencias de fondo entre, digamos, la zaragozana Cristina Fallarás, el bonaerense Leo Oyola o el defeño Bernardo Fernández o el gallego Ameixeiras. En cambio, sí hay entre España y Argentina grandes diferencias en cuanto a la circulación y la relación entre los escritores y las editoriales. Sobre todo en lo que hace al pago de regalías y adelantos. A.G.: ¿Es España un destino literario? K.F.: Por supuesto que sí. Y en el caso de los que estamos en el barrio del género negro, España es ineludible. A.G.: Otra vez en lo circunstancial... ¿Cómo se vive desde dentro ese evento tan importante como la Semana Negra de Gijón? K.F.: Lo escribí al regresar de Gijón el año pasado: intentar explicar la Semana Negra es condenarse al fracaso: ninguna explicación va a dar la medida de la experiencia. Porque la Semana Negra es eso: una fiesta de la experiencia. Todo ahí es extraordinario, empezando porque es la única semana que dura diez días y que el Jefe es Paco Taibo II, un hombre de los que ya no se fabrican. Estar ahí es entrenar el asombro: ver y sentir la camaradería, la comunión, la generosidad. Pero creo que, sobre todo, la Semana Negra es un festival-madre, una fiesta paridora. Allí cada año nacen libros, proyectos, aventuras y amistades. A.G.: ¿Nos hablarás de tu nuevo premio de novela en la Semana Negra de Gijón? K.F.: Que me hayan dado el Silveiro Cañada de la Semana Negra es la confirmación de estar jugando en primera. No hay más que ver quiénes lo ganaron antes que yo. Además creo que el premio, por los otros libros finalistas, viene a reforzar la idea de una renovación en literatura negra. Una renovación donde los crímenes son bestiales, la investigación no es fundamental y los finales no necesariamente cierran. Una forma de contar que ya no habla de crímenes en abstracto sino del resultado de esos crímenes en los cuerpos, las mentes y —si se me permite— las almas de quienes los cometen o los padecen. Una renovación —cuya expresión más alta hasta hoy es Chamamé, de Leo Oyola— hija de las novelas de David Goodis y Jim Thompson y, en español, del Andreu Martín de Prótesis. Creo que este premio es para Que de lejos parecen moscas, pero también para esa manera de contar. A.G.: Para finalizar sólo me resta pedirte, como a todos los entrevistados, una definición: La mirada zurda. K.F.: Aquella que ve que la justicia es más importante que el orden. Y que está clavada en la libertad, pero en la del hombre, no la del mercado. ** Antonio Guerrero Ruiz http://www.letralia.com/firmas/guerreroruizantonio.htm Escritor español (1971). Tiene un diplomado en relaciones laborales por la Universidad de Huelva (UHU, http://www.uhu.es) y estudia filosofía en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (Uned, http://www.uned.es). Ha publicado Cuéntanos tu mensaje (Diputación de Almería, http://www.dipalme.org; 2007), Agenda mágica literaria (Lagarto Ediciones, 2008), Los chicos feos también quieren bailar (Lagarto Ediciones, 2008), Colección de relatos de Oria (Diputación Provincial de Almería, 2008), Déjame salir (Círculo Rojo, http://www.editorialcirculorojo.com; 2009) y Almería: autores del crimen (Círculo Rojo, 2009). Entre otros reconocimientos, ha ganado el I Concurso de Microrrelato de Realizarte.com (http://www.realizarte.com; 2000), el I Concurso de Relato Corto “La Gaceta del Condado” (Huelva, 2005), el I Concurso de Relato Corto “Cuéntanos tu mensaje” (Diputación de Almería, 2007), y el XIV y XV Concurso de Relato Corto “Biblioteca Central de El Ejido” (2007 y 2008). Textos suyos han sido publicados en Resonancias Literarias (http://www.resonancias.org), El Coloquio de los Perros (http://www.elcoloquiodelosperros.net) y Salamandria (http://www.salamandria.com). === Edelmis Anoceto Vega ================================================== === “Poesía es igual a las mejores experiencias, ========================== === en las mejores palabras en el mejor orden” ============================ === Ihosvany Hernández González =========================================== Edelmis Anoceto Vega (Santa Clara, Villa Clara, 1968), poeta cubano, ganador de varios premios de poesía y décima, llama la atención por la forma en que concibe la poesía. Cantos del bajo delta (1998), Mortgana (2002), La cólera de Aquiles (2005) y Desertor del cielo (2007) son algunas de sus obras publicadas. De su poesía se dice que “se caracteriza por la alternancia de las estrofas clásicas (soneto y décima) y el verso libre (...). Así como son frecuentes en sus poemas los cuestionamientos existenciales del hombre...”. Por razones como estas su obra merece nuestra atención. De ahí mi interés por esta entrevista. —Desde tu criterio... ¿cuál sería tu sinónimo de poesía? Es una pregunta que se ha hecho a muchos poetas, y comúnmente éstos responden con alguna frase poética. Al respecto es célebre la disquisición de Octavio Paz al inicio de su ensayo “Poesía y poema”. Pero si lo que buscamos es un sinónimo entonces el campo de definición se reduciría a una palabra, lo que lo haría mucho más difícil, por lo que sería mejor aquí eludir ese sondeo. Lo primero a tener en cuenta es que eso que llamamos poesía es en sí algo que tiene como esencia precisamente su condición de indefinible, de misterio que nunca llega a revelarse, sino a anunciarse. Mejor decir como Lezama: “Ah, que tú escapes”. Sabemos que la poesía no es únicamente la expresión de la belleza por medio de las palabras; no es el poema, éste es una manera más que tiene la poesía de manifestarse, como lo puede ser el cuadro o la pieza musical. La obra artística, sea cual fuere su género, se diferencia del resto de las obras humanas necesariamente por su componente poético. Cuando en el hombre se da una manera peculiar y “otra” de percibir el mundo, la humanidad y la vida, suceso que produce en su espíritu una especie de movimiento, de sacudida, extrañamiento, sobrecogimiento, y además ese hombre es capaz de comunicarlo, estamos en presencia de la poesía. Este es un proceso único e irrepetible en cada individuo. Por eso se dice por ejemplo que la poesía es conocimiento, pero un conocimiento del ser interior, un descubrirse en esa forma peculiar, individual y enriquecedora sobremanera. Se revela un modo de ser en —y relacionarse con— el mundo, que es diferente en cada individuo. Ese conocimiento del “yo” produce una suerte de liberación comparable sólo con la experimentada por el místico al entrar en contacto con la divinidad. Es un proceso en el que se llega a la plenitud a través de la percepción creativa. No estamos hablando de mera percepción o mera creación, sino de un proceso extraordinario que implica ambas cosas. Según Coleridge, poesía es igual a las mejores palabras en el mejor orden. Y yo agregaría —con permiso—: poesía es igual a las mejores experiencias, en las mejores palabras en el mejor orden. —¿Y el de literatura? Asumo que hablamos de lo que conocemos como literatura artística y que comprende categorías como ficción, lenguaje imaginativo, tratamiento especial de la lengua, subversión del discurso ordinario, Les Belles Lettres, etcétera. Los juicios de valor acerca de la literatura y el arte en general varían según las necesidades epocales, y en ese sentido podemos decir que la literatura es una convención. Por supuesto, las instituciones educacionales y culturales históricamente han emitido criterios de valor jerarquizantes que tienen en su trasfondo ideologías, iglesias, políticas... También las personas llaman literatura a aquellos escritos que hoy les parecen de valor y que les resultan gratos. Así han desfilado por esa categoría tanto las tiras cómicas, los guiones cinematográficos o El origen de las especies, de Darwin. Las crónicas de revistas sensacionalistas, por ejemplo, cada vez incorporan más elementos de ficción y técnicas narrativas, y los mensajes publicitarios acuden a recursos del lenguaje poético, sin embargo no son considerados literatura. Para decirlo medio en broma, la literatura es todo aquello que constituye campo de estudio de la teoría literaria, disciplina mucho más exacta, y por lo tanto más definible, que su objeto. —Eres editor, traductor literario... pero sobre todo eres un poeta. ¿Qué hallas en la poesía como género literario que la has asumido con rigor? A mi entender, en la práctica requieren mayor rigor las labores de edición y de traducción que la de la creación poética. Esta última es más libre en tanto es mucho más individual, es lo que mencionaba antes de indagación en el “yo”. En la edición y la traducción estoy sujeto a un texto ajeno que ya establece una especie de poder, es como una jurisdicción que no se puede violar, o se puede violar sólo hasta cierto punto. También están las exigencias extracreacionales: debes entregar el texto traducido o editado a la editorial y esto supone una disciplina. La creación poética sólo demanda rigor en el orden de la convicción, la consagración, la sinceridad, la vocación, la ética. Muchos presumen que escribir poesía es un acto sencillo, un hobby, como un entretenimiento, algo que podemos hacer con la mano izquierda, en los ratos libres. Eso puede ser, pero creo que entonces no estaríamos hablando de un verdadero poeta. Para el poeta de rigor —creo que esto ya lo escribí—, la poesía es una cuestión de vida o muerte. Se trata del centro de la existencia. Y casi siempre es un proceso agónico, desgarrante; lo es porque el poeta no debe demostrar su condición sino a sí mismo. Una cosa es ser poeta y otra “la vida literaria”, o sea la socialización. —¿No tienes pensado escribir narrativa? Tengo una novela terminada y dos cuentos para niños. Pero no tengo apuro en que vean la luz. El hecho de haber escrito esas obras ha sido muy gratificante, eso es lo más importante. El escritor tiene que tener mucha seguridad en sí mismo, y sobre todo estar satisfecho con su labor sin que nadie venga a decirle que ha escrito una gran obra, puesto que el escritor, el literato verdadero, ya conoce las grandes obras de la literatura, o su gran mayoría, y podrá valorar, sin pretensiones y con sinceridad, la suya propia. Por otro lado yo asumo mi escritura toda como creación poética —con las especificidades escriturales que demanda cada género, por supuesto—, porque, como dije, la poesía es esencia en toda obra artística. De hecho estas obras narrativas tienen como centro y fondo la poesía, de manera implícita. —Hasta la fecha has publicado varios libros de poesía, como por ejemplo, Cantos del bajo delta (1998), Mortgana (2002) y Desertor del cielo (2007), entre otros... De tus obras publicadas, ¿tienes preferencia por alguna, o no? ¿Por qué? No podría preferir uno entre los libros que he publicado, cada uno tiene una significación especial, no comparo uno con otro. Siento cierto apego por los dos decimarios: La cólera de Aquiles y El sueño eterno, por estar escritos en esa estrofa que tanto quiero y respeto, y por comunicar cosas y estados que no comunican mis libros en verso libre, estados cercanos al dolor, sobre todo. Creo que de todos mis libros prefiero los que están inéditos, Agujero negro, por ejemplo, uno que está a punto de salir por la Editorial Oriente, y otro decimario: Cansado de soñar todo, que cierra el ciclo de los dos anteriores. Los libros son como las etapas de la vida, no tiene mucho sentido preferir una sobre otra, porque en la práctica ninguna se puede repetir. —¿Qué necesitarías para escribir? ¿Tienes algún método, algún sitio preferido que te ayuda a escribir? Soledad. Quiero decir, en el momento y en el lugar donde escribo necesito estar solo, que siempre es en mi estudio-dormitorio, generalmente en las mañanas. Cuando estoy en algún proyecto de libro escribo desde el amanecer hasta la media mañana, y cuando es un texto ocasional, un artículo, por ejemplo, lo hago en cualquier momento. Escribo con mucha dificultad, y no me gusta hacer bocetos, ni tampoco dejar una idea u oración a medias. Reviso constantemente lo que estoy escribiendo. Como todos los días debo caminar mucho, tengo tiempo para pensar, eso me ayuda sobremanera. —¿Quién es Edelmis Anoceto Vega?, ¿podrías dejarnos ver al poeta bien adentro? Edelmis Anoceto Vega es un hijo de torcedores de tabaco, santaclareño el padre y manicaragüense la madre; ¿sorprende a alguien que se haya convertido en escritor? ¿Acaso no es lo más natural? Si Edelmis Anoceto Vega fuera sólo un licenciado en lengua y literatura inglesas seguramente estaría en una universidad o, como muchos de sus condiscípulos, trabajando en el turismo, o enseñando inglés; no sería alguien en que se conjugan la cultura del rock, el dominio de una lengua extranjera, la simpatía por los poetas ingleses románticos y victorianos, un poco de vida bohemia, bastante de escepticismo; no sería alguien que ha aprendido a amar y a valorar lo tradicional cubano, lo guajiro que encarna su familia materna, la décima... y sobre todo no sería alguien que ha aprendido a trabajar sin descanso, a emprender siempre un nuevo proyecto. —¿Autores preferidos? ¿Alguno ha influenciado de alguna manera en tu obra? Son muchos, y todas las lecturas nos van formando una noción acerca de lo que es la literatura, los géneros, sus fronteras y relaciones, nociones y concepciones. Lo más importante es descubrir uno mismo qué es la literatura, y ésta está en el principio: los textos bíblicos, Homero, Dante, Shakespeare, los románticos ingleses, el Siglo de Oro español, los simbolistas franceses —esto no es una receta—, después toda lectura aporta, enriquece, complementa, pero en el principio está la verdad. Eso fue lo que nos enseñó T. S. Eliot al considerar los ismos de la literatura inglesa como una desviación e ir directamente a la tradición poética europea para dialogar con ella. Nos dijo simplemente que hay que subvertir la tradición para que luego ésta te acoja. Los clásicos no son algo que un literato pueda obviar. No tiene sentido hacerlo. —Si la poesía (casi) ha sido relegada para darle paso a la novela, ¿persistirías en hacer poesía? ¿De qué poesía y de qué novela estamos hablando, de qué contexto? No creo que la poesía (como género) haya sido relegada para dar paso a la novela (como género), ni siquiera (casi). Eso sucede sólo en el campo del mercado editorial; sólo en ese terreno un género puede relegar a otro. Todos los años se celebran festivales de poesía como el de Medellín, se realizan compilaciones importantes como el anuario The Best American Poetry, se otorgan premios relevantes a poetas, sin que ello disminuya o minimice otro género. Pongamos un ejemplo: ya en el período isabelino Inglaterra fue llamada por el auge de su expresión poética A nest of singing birds, y en los dos siglos subsiguientes no fue menos, sin embargo en el XIX, dadas las crecientes exigencias editoriales, la poesía fue “relegada” a material de relleno en las revistas, a tal punto de que casi ningún poeta —excepto los dos grandes: Tennyson y Browning— emprendiera una obra poética extensa. El poeta no se ocupa de esas cosas, el poeta persiste siempre en hacer poesía. —¿Cómo valorarías tu vida actual como creador..? La vida del creador literario siempre está marcada por la devoción, la entrega y la consagración, independientemente del sitio donde ejerce su arte. En Cuba yo ejerzo la escritura con más o menos éxito y con mucha satisfacción, publico casi todo lo que escribo y soy editor de dos revistas, una muy importante, la otra apenas comienza. ** Ihosvany Hernández González http://www.letralia.com/firmas/hernandezgonzalezihosvany.htm Poeta cubano (La Habana, 1974). Reside desde 2004 en Montreal (Canadá). Escribió libretos radiales para la emisora cubana Radio Progreso, mientras estudiaba licenciatura en historia en la Universidad de La Habana (http://www.uh.cu). Tiene inéditas las novelas El mejor sitio del mundo y La salida. Obtuvo el segundo premio en el evento literario Tendiendo Puentes (http://home.oise.utoronto.ca/~lared/Ganadores.htm; 2005), convocado por la Universidad de Toronto, con el cuento “Salón Sahara”, y que aparece en la antología bilingüe Ruptures, continuities and re-Learning, The political participation of Latin Americans in Canada (http://www.wier.ca/~%20daniel_schugurensky/ruptures.html). Fue finalista del II Premio Internacional de Poesía “Desiderio Macías Silva” (http://www.ayc.com.mx/listafin06.htm), convocado por ediciones Azafrán y Cinabrio, de México, con el poemario Días despavoridos como ciervos. Mantiene una bitácora literaria en http://laparadadelosmangos.blogspot.com. ||||||||||||||||||||||||||| SALA DE ENSAYO |||||||||||||||||||||||||| === La casa interior de Dulce María Loynaz Efi Cubero ================ “Escalas, escalas... Hay que subir mucho, pero estos peldaños no son de luz, sino de piedra dura”. (Dulce María Loynaz, cap. VI, PG. 103 de Jardín). Fue en noviembre de 1988 cuando me regalaron aquel Jardín cerrado y opresivo, de una rara belleza, con un aroma perturbador y hondo, como si todo, flores, ramas y raíces, se hubiera preservado en el silencio más sonoro de un interior apasionadamente contenido. El libro me llegó desde La Habana, desde la misma casa de El Vedado donde vivía la escritora, con una dedicatoria de letra vacilante y alzada palabra: A Efi Cubero, que pueda salir indemne de este jardín. Dulce María Loynaz. De algunos jardines hemos logrado salir indemnes, aunque las espinas puedan tantas veces arañar, pero no de la lectura de aquel recinto extraño y fascinante de la poeta cubana que me tuvo prendida en su lectura hasta rozar el alba con los ojos despiertos. Tan despiertos, que poco tiempo después le dedicaría, a ese libro y a ella, un largo artículo aparecido en una de esas revistas cervantinas de corta duración que algunos profesores y catedráticos de la UB editaban por aquel entonces. Más tarde, cuando fue galardonada, entre otros, con el prestigioso Premio Cervantes en 1992, yo prologaría su libro Últimos días de una casa (Ediciones Torremozas, 1993), desde donde la contemplo como mi propia interioridad la percibe: frente al acallado grito libertario que doblega y transforma en un susurro, o en una contradictoria dualidad entre el deseo de escapar y de quedarse; de vuelo y permanencia, de palabra y silencio. Y todo ello arropando “ese estilo que el mundo va perdiendo...”. Retomando de nuevo este poemario, yo volvería a subrayar lo que entonces afirmé, de que los senderos por los que Dulce María transita resultan una especie de laberinto donde realidades y sueños se entremezclan, en una atmósfera densa, abigarrada, casi asfixiante, como el cargado aire que precede a la tormenta de los trópicos. La casa, a la cual el jardín protege y cerca, parece nutrirse de su propia leyenda, en sus propias historias detenida. En ella siguen viviendo los personajes que una vez la habitaron, fantasmas de otro tiempo que presiden las estancias de un mundo que se aleja irremediablemente. Gran parte de su obra aparece impregnada de un perfume viscontiniano de soterrada melancolía que puebla cada página como la huella tenue de una rosa que muere. En ese clima envolvente y hermético, con resonancias de Proust o Lampedusa, no hay temor de que se rompa el claroscuro que evocan los espejos encantados, ni el lirismo que pugna por hallar brechas de huida, que se nutre de anhelos y de desesperanzas y que a veces nos remite, a través del ceremonial intenso y descriptivo de sus páginas, al onírico y lacerado mundo de las hermanas Brontë. Tiene Loynaz un exacto dominio del lenguaje. La riqueza del léxico empleado se advierte claramente en la plasticidad con que moldea las imágenes, reales o ensoñadas, que configuran un texto, elaborado y complejo, de turbadora simbología, como si la contención espartana de la educación recibida imprimiera su veto al sentimiento, ahogando el gesto espontáneo de la efusión liberadora. Un alto temple interior el de esta creadora que impone su reserva al íntimo vuelo que acaso sea la clave de un especial orgullo inconfesado. Tal vez lo que salva a la obra de Dulce María Loynaz de un cierto manierismo sea la efervescencia subterránea que aflora en sus escritos, una rebeldía latente desde la celosía que filtra tamizado el sol que hiere y que nos sorprende, en algunos pasajes, con la clarividente certeza de un desmoronamiento que es palpable sobre todo en Últimos días de una casa y en su novela lírica Jardín. “...Hay un jardín que viene sobre el mundo, que derrumbará, con el mortal abrazo de sus ramas, las casas de los hombres, con chimeneas, con banderas, con luces, con mentiras...”. En el jardín que invade los íntimos espacios se halla impreso el simbolismo profético de una desaparición presentida: la desaparición en su país de una clase social determinada que para ella viene a ser como una alegoría de la muerte, la percepción extraña del desmoronamiento: Una a una, a su turno, ellas me han ido rodeando a manera de ejército victorioso que invade los antiguos espacios de verdura, desencaja los árboles, las verjas, pisotea las flores. Vuelve una y otra vez con inquietante reiteración, y parecidas imágenes, a esa visión obsesiva de índole espiritual que escapa a nuestro análisis. El poema es un largo monólogo, o acaso soliloquio, en el cual proyecta la mansión como si fuera un ser vivo. A punto de ser derribada, y desde la evocadora nostalgia de los seres que la habitaron, la casa se contempla a sí misma sobre una perspectiva metafísica, desde una dilatada e interrogadora reflexión. La soledad se cierne en torno suyo y las formas desaparecidas van quedándole “igual que cicatrices regadas por el cuerpo”. Desde ese tono casi agónico asistiremos, verso a verso, al imparable proceso de su descomposición. Aunque algunos fragmentos aparezcan verticales, Últimos días de una casa es un libro de poesía horizontal —¿tal vez concéntrica?—, remansada, rica de imágenes y cuidadas metáforas que hubiera corrido el riesgo de convertirse en ese “descripcionismo más o menos sonoro” del que hablaba Unamuno, si no se descubriera en él —y a poco que se bucee— unas claves arcanas de profética hondura, de las cuales se sirve la escritora para introducirnos, sutilmente, en las estancias de su propio interior, de su mismo silencio desvelado, de una manera tan hermosa como clarividente y profunda. Al igual que Lezama Lima, Dulce María procuró siempre permanecer al margen de partidismos políticos. Cuando se le formulaba alguna pregunta al respecto de estas cuestiones, eludía ágilmente la respuesta intentando, por este sistema, no comprometer la independencia mantenida a lo largo de tantos años. Ella afirmaba siempre: “La prudencia forma parte de la edad”. Recuerdo aquel último viaje de la escritora a España; al recoger el Cervantes, tenía ese porte de distinción y alejamiento como si fuera algo ajeno a ella el revuelo formado en torno a la concesión del mismo. “Lo bueno es bueno aunque esté oculto”, sentenciaba. O: “Literatura es memoria, sueño y sentimiento”. Traía el porte sereno y delicado de dama de otro tiempo, pero se adivinaba en esos ojos, apenas ya sin luz, la chispa escrutadora de una vigilante rebeldía. Menuda y sabia, poseía la aparente fragilidad en la que suelen escudarse los más fuertes, los que saben trazar una línea divisoria de protección entre su yo y el mundo. Desde eternos conceptos como silencio, tiempo o soledad, en Últimos días de una casa Dulce María Loynaz parece definir su propio espacio como un largo poema transitable. Todo aquí se transforma o configura bajo un rítmico esquema anunciando el declive. Han pasado varios años desde la muerte de la poeta cubana. Se ha escrito mucho sobre ella —nunca será bastante—, principalmente a raíz de la concesión del Premio Cervantes, antes citado, que recibió de manos de los Reyes en España, en 1992. Tan sólo tres mujeres hasta ahora han tenido el honor (o al revés) de ser galardonadas con el prestigioso Cervantes: una, la pensadora española María Zambrano, cuyo recuerdo de la ciudad mexicana de Morelia siempre la acompañó; Ana María Matute, más reciente, y Dulce María Loynaz; en torno a ella las voces de los dos continentes volvieron a reunirse, a latir con la tinta eterna de un alma isleña, femenina y compleja, recuperando sus textos olvidados, buscando acaso ese perfil esquivo que trazara la exquisitez punzante de Juan Ramón Jiménez. La poeta cubana vuelta ya “jentil marfilería (...) escueta y fina como el papel de seda fósil (...), carne y espectro (...). Sutil, arcaica y nueva, realidad fosforecida de su propia poesía, increíblemente humana, letra fresca, tierna, ingrávida, rica de abandono, sentimiento y mística ironía”, simbolizaba para algunos tal vez eso y algo más: un carmen que sólo floreció en sí mismo aunque a veces, a través de los muros o de las impenetrables celosías, dejara que el perfume se expandiera acercando las claves de su luz penetrante y reflexiva. Pero, precedida y aureolada por tantos adjetivos con los que intentó retratarla el inmortal poeta, y otros muchos, lúcida, prudente y agudísima, dueña de su silencio, de su dominio exacto del lenguaje, cortante sabia y cauta, supo alzarse de nuevo de los estereotipos; dueña y señora siempre de un interior que nunca fue del todo desvelado. No sé por qué se ha hecho desde hace tantos días este extraño silencio... Cuando comienza a componer las primeras palabras que encabezan el libro (el poema consta de quinientos veintiún versos), hace dos años que se ha divorciado, tras cinco años de matrimonio, de Enrique Quesada y Loynaz, primo suyo. Un matrimonio que le deja huella y no precisamente deseable. Prudente y reservada, no acostumbra la autora a airear sus desdichas pero, al parecer, por la doble lectura que aparece en alguno de sus textos, podemos vislumbrar el acíbar de una unión que no debió ser fácil agravada también por la imposibilidad de tener hijos. Como la casa en la ficción, ese interior profundo se aferra a los recuerdos y a su mundo ensoñado. Entre onírico y real, lo trasladará hacia una sólida y férrea construcción literaria que, paradójicamente, trata de un edificio que va a ser víctima de una demoledora destrucción. Hay mucho de ornamento entre estas paredes que lentamente se van desmoronando, mucha melancolía y a la vez mucha vida pugnando por alzarse frente a la decadencia irreversible. 1945 marca el inicio del poema que finalizará, tras un largo período de once años, según afirma ella, en 1956. En ese paréntesis de apertura literaria y colofón sobre la singular Casa se multiplicarán para la poeta cubana una avalancha de acontecimientos, gozosos casi todos, en una especie de vértigo tan creativo y luminoso como revitalizador. En 1946 emprende un viaje por varios países de América del Sur y desde allí escribe artículos y crónicas para el periódico habanero El País. En Caracas mantiene un breve encuentro con la poetisa uruguaya Juana de Ibarbourou. La inolvidable autora de La higuera le hace un encendido elogio al considerarla mejor poeta que ella misma, como también se encarga de leer en la radio lo mejor de su obra. Finalizando el año Dulce María vuelve a casarse, esta vez con el antiguo amor del que consiguieron apartarla en los primeros sueños juveniles, el periodista canario Pablo Álvarez de Cañas, que le devuelve fuerza y confianza. La gran tímida que guarda la escritora cobra así la renovada audacia que caracteriza a estos seres hipersensibles que suelen protegerse con corazas para vencer el miedo a los rechazos o a las tan temidas intemperies. Nuevos vientos y nuevas ilusiones. Pablo será el empuje que la acerque hasta nuestro país, donde se la acoge con admiración, cariño y respeto. España no ha olvidado que Dulce María Loynaz representa la viva memoria de la mejor literatura, que ha sido desde siempre la perfecta anfitriona de los grandes creadores españoles que pisaron La Habana en diversas etapas. Entre todos, dos nombres míticos imprimen su sello de inmortalidad sobre el hondo silencio de esa “casa encantada”, como la bautizara Federico. Lorca plasma en el sueño de los muros una luz transparente y jubilosa como el agua que baja en su Granada, fresca desde las cumbres, salpicando el misterio de poesía. En cambio, Juan Ramón teje frente al olvido una urdimbre que engarza los silencios, abocetando, con maestría inigualable, los distintos perfiles de un ambiente, una atmósfera y, de paso con música de fondo, dibuja en finos trazos color sepia el retrato sutil de cuatro hermanos: los hermanos Loynaz; unidos de por vida, distintos y distantes, componiendo la misma melodía frente al temblor claustral de los espejos que reflejan certeros sus tan huidizas personalidades. Agasajos, honores y publicaciones de algunas de las obras de la autora cubana se engarzan paralelamente en España y en Cuba. En casi toda América. Las mejores voces literarias elogiarán sus versos y la exquisita calidad de su prosa a veces precisa y cristalina y, otras, como sucede en su novela Jardín, impregnada de un lírico hermetismo; de una cinemática plasticidad que se adueña de imágenes y espacios entre soñados y reales donde con un lenguaje elaborado, rico en sugerencias y matices, traza con sabiduría deslumbrantes metáforas mientras nos introduce en su difícil, complejo, utópico, subjetivo y, a veces, con el cierto aire de un desencantado universo. La primera edición de Últimos días de una casa saldrá publicada en España en la serie americana de la Colección Palma, con prólogo de Antonio Oliver. Como colofón del poemario una significativa fecha: 31 de diciembre de 1958, que también marca el triunfo de la Revolución en Cuba y que, curiosamente, como el simbolismo de esta Casa indica, se inicia el proceso del desmoronamiento de un mundo refinado y elitista del que Dulce María Loynaz forma parte. Independientemente de su valor poético, este libro posee una trascendencia inigualable: habla desde el pasado anticipando de alguna forma acontecimientos que la autora del mismo estaba, en los años en que el poema fue fraguado, muy lejos de sospechar o de intuir siquiera. Directora de la Academia Cubana de la Lengua hasta su muerte, consiguió superar naufragios y tormentas, inamovible y digna, igual que un recio árbol del paisaje cubano en un silencio hondo, como si desde el intimista silencio de su casa habanera rechazara los vaivenes de una época en la que no acababa de encajar. En 1968, la Real Academia Española de la Lengua, que demuestra tener buena memoria, la nombra miembro correspondiente por su apasionada defensa del idioma. Cuanto más nos adentramos en esta arquitectura interior formada de palabras más claramente percibimos la sagacidad de la escritora, la impecable e implacable sabiduría con que este poema se articula. Un largo soliloquio de calculada abstracción que permite dar paso a lo figurativo. La casa, maternal, amparadora, congrega en torno suyo los seres y las cosas pero no las representa, las reúne de nuevo cuando se han dispersado o están a punto de desaparecer; los que un día la habitaron, los que aún existen y los que se fueron, personas, objetos cotidianos, naturaleza, atmósfera, silencios y palabras se entrelazan estableciéndose así la secreta armonía que existe entre todo lo creado, por el Ser Supremo y por el hombre mismo. Porque, aparte de algún toque surrealista, la ética moralizante, casi religiosa, predomina sobre los elementos esenciales de la obra. Pasado y presente se alternan y confluyen sobre el hilo conductor de lo evocado. Hombres, paisajes e incluso objetos, animan las estancias despojadas poblándolas de vida cuando todo concluye. Cuando todo se ha perdido menos el recuerdo. El hermetismo de Dulce María Loynaz es de signo contrario a lo que apuntaba Max Aub con respecto a Mallarmé; en el poeta simbolista “el hermetismo es posterior a su pérdida de la fe, a su creencia en la nada”. Por el contrario, en Dulce María Loynaz se manifiesta cuando más firmes son sus creencias religiosas. Riegl habla de las fuerzas o poderes originarios del ornamento como preformativas energías y mucho de esta ornamental y significativa vitalidad aporta este edificio levantado sobre un orden coherente de escritura y sonoro silencio. Independientemente de su perfecta construcción poética, lo que de singularidad tiene el poemario es, sin duda, el fundamento en el que se inserta. Filtrar la realidad sin rechazarla, especial clave de los surrealistas y clave también de esta poética impregnada de veracidad y concreción como los espacios internos de una arquitectura que se sabe arropada por su propio misterio. En el soliloquio largo y sostenido desde el que nos habla un edificio que presiente el derrumbe, la autora reconstruye o acaso quizás funda, con sólidos cimientos, esos mismos espacios sustantivos y eternamente intemporales. De manera real, a la vez que ilusoria, les inyecta a través del lenguaje savia nueva, los reviste de nuevas formas, les imprime inteligencia y sentimiento; aportándole vida, emoción y dignidad a aquella vieja y mágica casa habanera, inspiradora de El Siglo de las Luces de Alejo Carpentier, ubicada en la calle Línea, esquina 16, de El Vedado, que un día sintió nacer a la escritora. Bajo una engañosa apariencia de clara sencillez, que no simplicidad que es concepto distinto, o como pórtico abierto a los interrogantes, esta casa devuelve al que la observa, mediante su lección de inútil resistencia, su sitio de humildad. Al sumergirnos en las tiradas de versos que forman el recinto, nos dejamos llevar por la cadencia de su belleza externa; por los volúmenes del propio movimiento acompasado de nuestro propio cuerpo recorriéndolo tras ese material que vertebra el idioma y nos devuelve la nada luminosa de un instante apresado, al paso que la inquietante sombra de lo que puede a su vez enmudecernos puesto que, tras la abierta cancela, se hallan también los muros: claustrofóbico cerco coartando libertades. El poema leído es hermoso en sí mismo, como la propia piedra diestramente tallada, pero también es arquitectónico, puesto que se penetra en su interior viviéndolo desde dentro, en la virtualidad de un amplio y reflexivo deambular por sus líneas tan bien trazadas por la experta mano. Para la autora cubana esta casa simboliza su propia resistencia. También el referente de una forma de vida. La estructura da cuerpo a la palabra hasta hacerla legible, a la vez que la orienta en esa conjunción de tiempos enfrentados; la verticalidad del rascacielos, símbolo del futuro que ella percibe como una amenaza y la compacta horizontalidad de espacios conocidos que la amparan y aíslan, como coraza protectora, de lo que no desea. El mundo es una urdimbre cada vez más espesa que no deja respiro a los silencios. Ya no es la naturaleza selvática la que invade los espacios como sucedía en su novela Jardín, ahora es el uniformado cemento el que arrasa y destruye toda huella en la estabilidad de lo fundado. Cemento perforado. / El mundo se nos hace de cemento. / Cemento perforado es una casa. / Y el mundo es ya pequeño, sin que nadie lo entienda —nos advierte— o, cuando contempla las nuevas estructuras alzarse como intrusas “poderosos los flancos, / alta y desafiadora la cerviz” mientras se siente ya su prisionera, extranjera en su propio reino, desposeída de los bienes que siempre fueron míos. Muchos años más tarde Dulce María, al igual que la casa, hablará claro y alto de otra desposesión... Pero eso es otra historia. No hay nada complaciente en el largo monólogo, si acaso representa un conflicto. Existe aquí una voz autárquica de la cual el recinto se alimenta, metáforas que ahondan sobre el propio sentir de la escritora desde su propio yo íntimo y recóndito, adelantándose a lo que después vendrá, añadiendo conceptos, seleccionando imágenes, proyectando secuencias. Una mirada que sigue un cauce de exigencia personal reconocible en la fuerza recreadora de elementos y formas; lo útil, lo inventado, la técnica acompañando a la creación; la creación al depurado oficio... El poema reúne ambos sentidos, la tersa superficie transitable y la hermética hondura de ese fondo que escapa a toda regla como el misterio siempre inescrutable que la creación conlleva. A perder y ganar hecho está el mundo... Y, más abajo: Amanecemos otra vez. Un día nuevo, que será igual que todos. O no será, tal vez... La vida es siempre puerta cerrada tercamente a nuestra angustia. Versos que nos acercan imperiosos dejándonos la huella de una conmovedora melancolía. Pisamos las estancias del olvido sintiendo respirar este silencio, esta angustiada voz, como si palpitara en algún sueño el ser vivo que habita en el poema. Sentimos que este sitio está lleno de vida. Aquí se han dado cita todas las emociones y todas las renuncias; la alegría, la esperanza, la memoria, las rosas cultivadas, la dulzura de mangos que ya nadie recoge, las risas infantiles, los retratos amados que vuelan y desaparecen, el desencanto y los desasosiegos, la pena, la duda, las incertidumbres o la presencia de los que se fueron. Es una arquitectura formada de emoción y pensamiento, de inteligencia y vida. De sensibilidades (no de sensiblerías). También la muerte ronda por las habitaciones y el nombre de una niña, Ana María, solamente ese nombre, vaga por los espejos, evanescente y pura, como una oblicua luz que atraviesa el espacio, que jamás se evapora en el recuerdo. ** Efi Cubero http://www.letralia.com/firmas/cuberoefi.htm Escritora española (Granja de Torrehermosa, Badajoz, 1949). Estudió historia del arte, lengua y literatura en Barcelona, donde reside. Ha publicado los poemarios Fragmentos de exilio (1992), Altano (1995), Borrando márgenes (2004) y La mirada en el limo (2005). Poemas y relatos suyos han formado parte de las antologías Kylix (1992), Estrechando círculos. Antología de escritores extremeños y colombianos (1999), La narración corta en Extremadura. Siglos XIX y XX, T. III (2000), Ficciones ERE (2001), Antología de poetas extremeñas (Mérida, 2002), Compilación de relatos y Cuentos ilustrados (2004), entre otras. Es corresponsal de la revista Frontera en Barcelona y colaboradora habitual de Revistart (Revista de las Artes) y Ventana Abierta, entre otras publicaciones. Ha publicado también numerosos artículos, prólogos y extensas entrevistas (Javier Cercas, J. A. Goytisolo, Joan Brossa, Arnau Puig, José María Valverde, Rafael Moneo, Rufino Mesa y otros). Parte de su obra ha sido traducida al francés —Peut ce vent, por Alain R. Vadillo—, al braille y al inglés —sobre la obra de Doménech, Chiaroscuro y Meditations, editado por Washington Green Fine Art Publishers (Birmingham; http://www.washingtongreen.co.uk). También ha participado en varias exposiciones de arte contemporáneo con la revista objeto Lalata, con poemas visuales: Efigrafías, Strangers in the night, Pinzamientos, Ónfalos, presentes en Estampa, Arco, Euskal Erico Poesía Esperimentalaren i. Jardunaldiak, Sin.Con.Texto (Espacio Contemporáneo Arte Toledo), o ArtistaAlbacete en el Palazzo Magnani (Reggio Emilia, Italia), en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid (UCM, http://www.ucm.es), entre otras. === La segunda vanguardia ================================================= === Los ‘60 en la Argentina: las voces diferentes ========================= === Jorge Ariel Madrazo =================================================== Los escritores argentinos, principiantes o ya formados, que en los ‘60 desafiaron al canon dominante, se exaltaban como sus pares de cualquier rincón del planeta con la carrera al cosmos, la libertad sexual y el Flower Power, las guerras de liberación y la revolución cubana. Subsistían los ecos del poema “Aullido” entonado en 1956 por Allen Ginsberg, cuyo misticismo escatológico convulsionó la década. Nos desvelaban Vietnam, la teología de la liberación, el boom novelístico (y también poético) latinoamericano, el Tropicalismo de Gilberto Gil, la Nueva Trova cubana, Joan Báez y Bob Dylan. Alzábamos altares a En la Masmédula, el enorme poema de Oliverio Girondo, tan audaz como el Trilce vallejiano. Cuando llegaban a nuestras manos, devorábamos El Corno Emplumado, Pájaro de Cascabel, El Techo de la Ballena. ¿Qué hubo de propiamente argentino en aquella oleada artística del 60? ¿Fue una vanguardia? Lo fue en cuanto al empuje negador de gestos poéticos momificados, a su interés más extendido por un experimentalismo que incluyó la mezcla de jerga culta y tanguera-popular, y la fe de muchos (que más tarde algunos pagaron con la vida) en “la” revolución. Lo fue porque transformó el lenguaje: por primera vez desde Girondo y González Tuñón nuestra literatura mayoritaria hablaba argentino. Era una oleada provocadora que en una de sus vertientes —la más explícitamente política— detestó a ciertos próceres y recuperó a nuestros caudillos populares del siglo 19. Volvimos al Popol Vuh... Por entonces invadía la gran ciudad una música de raíz folclórica más compleja y de espíritu continental: la encarnaron Mercedes Sosa y Atahualpa Yupanqui; los jóvenes “ilustrados” giraban en el vértigo del happening y del Instituto Di Tella, toda una nueva era estética... Nacía el rock del Río de la Plata. Y lo más crucial: se vivía por parte de núcleos más decididos la resistencia a las dictaduras militares que, con respaldo de buena parte de la población “bien pensante”, derrocaron a Perón en el 55, a Frondizi en el 62 y a Illia en el 66, desmantelando en cada caso la economía y la cultura. La radicalización ideológica y hasta una reivindicación del peronismo, formidable movimiento de masas aun cuando se propusiera la alianza de clases desde un burocratismo y un personalismo muy cuestionables, caló hondo en prestigiosos intelectuales y poetas. Neruda, Vallejo (dos nombres gigantescos que nos dividían absurdamente en dos bandos), Lorca, Miguel Hernández, Alberti, Cernuda, Drummond, Vinicius, que nos visitó y que publicó en Buenos Aires Para vivir un gran amor, eran, con los grandes franceses, con Perse, Pessoa, los norteamericanos, Eliot y, es claro, otros poetas de Latinoamérica, nuestro pan cotidiano. Revivió el ideario americano del Modernismo rubendariano, impulsor de una “América Latina” con destino propio. En la pintura alternaban el informalismo, el surrealismo y la nueva figuración expresionista, uno de cuyos artistas más emblemáticos, Luis Felipe Noé, defendió teóricamente “al caos, única estructura de toda realidad”. Y la poesía de los 60 reflejó en buena medida un realismo a veces caótico, delirante y mal hablado. El vos destronó al castizo y bien educado “tú”. La sintaxis se liberaba día a día. Poetas militantes, como Juan Gelman, integraban el mítico grupo El Pan Duro, ligado al Partido Comunista y que organizaba numerosos recitales públicos. Varios de esos poetas pasaron luego al grupo La Rosa Blindada, liderado por el legendario editor —ya fallecido— José Luis Mangieri y de tendencia más chinoísta. Sobresalían en aquella estética el coloquialismo y una cadencia narrativa entre pavesiana, passoliniana y ginsberiana; por fortuna, eran unos cuantos los que rechazaban el mal llamado realismo socialista, tanto como evitaban la pose melancólica de los imitadores de Rilke y a los hispanistas declamadores y adocenados, abundantes aún hoy. Los principales voceros de los distintos sectores de izquierda literaria fueron, aparte de La Rosa Blindada, El Grillo de Papel y El Escarabajo de Oro a fines de los ‘50 y principios de los ‘60, la revista de poesía Barrilete a mediados de los ‘60, Hoy en la Cultura (1962-1966) y Contorno, de espíritu sartreano y combativo, acaso la más influyente en el medio universitario-intelectual de la época, piloteada por los hermanos David e Ismael Viñas, con Juan José Sebreli, Leon Rozitchner y otros. Y como vocero de la onda beatnik-ecologista: Eco Contemporáneo, de Miguel Grinberg. El caso de Juan Gelman es bien notable por sus quilates poéticos, su fidelidad al cambio personal permanente dentro de una línea de gran coherencia, y sus trascendentes aportes rupturistas, sin abandonar por esto un sustento último sensual-social ligado al coraje civil y a los ritmos del habla de su pueblo. Su primer libro, Violín y otras cuestiones, apareció en 1956, y ya desde el título —que remite a El violín del diablo— saludaba a Raúl González Tuñón. Tanto el imaginario (poblado de personajes marginales) como el tono de los primeros libros de Tuñón, fue ampliamente recogido por muchos poetas del sesenta. En Velorio del solo (1961), Gelman escribió su “arte poética”: “Entre tantos oficios ejerzo este que no es mío (...). A este oficio me obligan los dolores ajenos, / las lágrimas, los pañuelos saludadores, / las promesas en medio del otoño o del fuego, / los besos del encuentro, los besos del adiós, / todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre”. Aparte de Gelman y de una pléyade de poetas que marcaron una fuerte impronta de talento y creatividad (Ramón Plaza, el asesinado por la dictadura Roberto Santoro, Rafael Alberto Vásquez, Horacio Salas, y un fecundo etcétera), más los casos de otros “sesentistas” que continúan marcando su sello merced a una notable capacidad de renovación personal y crecimiento lírico, como es el caso de Juana Bignozzi, Gianni Siccardi o del merecidamente prestigioso Alberto Szpunberg, debe nombrarse aquí a tres creadores anteriores generacionalmente que el resto pero cuya obra más duradera es fruto del imaginario colectivo sesentista y con fuerte presencia hasta nuestros días —al menos, los dos primeros—, y que se apartarían también radicalmente del lirismo de cuño europeísta. Se está hablando de Joaquín Giannuzzi, Leónidas Lamborghini y César Fernández Moreno, hermanos mayores del grueso de los sesentistas, con quienes coincidían —salvo excepciones— en el discurso de fuerte voltaje político-coloquial. En Giannuzzi hay, en un singular registro poético, una mirada más epifánica de los objetos cotidianos, la vida social podía ser vista por él como amenaza, junto a una aguda conciencia de la finitud. El universo de Giannuzzi es desencantado e indiferente: la salvación está en el vigor raigal de lo que existe pese a todo. Como recordó en su libro de 1967, Las condiciones de la época: Escuchando en el laúd la nota antigua / uno ve poetas en el pasado y no asesinos. / Ve la ingrávida sustancia incorporada / a la calamitosa energía de la historia / y esta confusión no termina de aclararse. / Increíbles poetas entre nubes de sangre / salvando a medias la verdad, dejando el resto / a la convicción del crimen general... A su turno, Lamborghini es quien más se ubicó del lado de las masas peronistas, quiso ser “la voz de los sin voz”. Ello origina un lenguaje poético deliberadamente fragmentario y balbuceante, deliberadamente “feo” y antipoético. “Esto no es poesía”, clamaron los teóricos del establishment. Lamborghini arremetía con sarcasmo vitriólico y fraseo inédito. Su libro Las patas en la fuente (1965) no condesciende a ninguna de las efusiones sentimentales con que se abordaban los temas sociales, un hecho que, pese al respaldo de Leopoldo Marechal, confinó a Lamborghini a un aislamiento que terminaría cuando su poética —hecha de parodia, reescritura y distorsión— fuera recuperada en los 80 y 90. Él mismo remarcó: Yo intenté una ruptura desde la tradición de la gauchesca, considerando como elemento esencial de ésta esa “risa paisana” que le da su sello y que, tal como uno la leía en esas obras, no era simplemente humor, sino que, como la risa de la que estamos hablando, era responder a la distorsión con una distorsión multiplicada: “tanto dolor que hace reír”, dice Discépolo. Ahí estaba la parodia, ahí estaba el grotesco, ahí estaba la caricatura: era la risa del bufón expresando de ese modo la condición humana en situaciones límite. El país convertido en la pista de un circo, con toda una sociedad convertida en nada más que público, espectadora de sus piruetas y cabriolas... Planteaba para ese momento una escritura política pero en la que los problemas del estilo y de la política fueran una sola cosa a resolver. Me detengo un momento por averiguación de antecedentes trato de solucionar importantísimos problemas de estado; vena mía poética susúrrame contracto, planteo, combinación y remate. En vez tú no tienes voz propia ni virtud dijo y escribes sólo para yo quise decirle mentira mentira para purificarme... O bien: Se lo ve encogido, en cuclillas, de espaldas a ella, tomándose entre sus manos-muñones la cabeza, vuelto hacia adentro, los ojos reducidos a una fruncida rayita, cuando ella le advierte con prontitud: —no, no, el que me embarazó fue aquel pájaro —deseosa de aclarar de inmediato el equívoco, al tiempo que, levantando el brazo, señala hacia arriba con su apenas esbozada mano... Nacido en 1927, luego de abandonar la universidad trabajó como tejedor, y a partir de 1956 Leónidas Lamborghini se dedicó intensamente al periodismo —igual que Giannuzzi— y a la poesía, por la cual recibió el rápido reconocimiento de escritores como Marechal, Juan L. Ortiz y Girondo. Se exilió en México con su familia entre 1977 y 1990, año en el que regresó a la Argentina. Su obra poética, una de las más originales y revulsivas de la literatura actual en lengua española, incluye títulos como Al público (1957), El solicitante descolocado (1971), Episodios (1980) y Odiseo confinado (Premio Boris Vian 1992). El conjunto de su obra recibió el Premio Leopoldo Marechal, en 1991. Otra figura emergente recobrada en nuestros días, que aunque surgida en la búsqueda mística y precolombina que también tiñó a los 60, se destaca del pelotón: Miguel Ángel Bustos (“desaparecido” por la última dictadura militar), incorporó a sus poemas, en Fragmentos fantásticos (1965) y Visiones de los hijos del mal (1967), el misticismo y la magia, aunque de una manera que le debía poco al surrealismo europeo. I. Afuera oigo la lluvia, adentro siento la lluvia. Mi cuerpo de barro se deshace. (de Visión de los hijos del mal, 1967). Monte silencio del Verbo ...Ah, día de los días, patria salvaje, inocente eternidad. Cielo de quietud, bello abismo: mañana del Verbo. Fui en aquel sin tiempo, un perpetuo amanecer y pasé la celeste muralla; región de banderas y soles llevados por dioses; crucé su puente en llamas, encarnación de las niñas, dejé la mañana y entré en la Noche del Verbo. (de El Himalaya o la moral de los pájaros, 1970). El surrealismo, en cambio, es claramente perceptible en la obra de Alejandra Pizarnik, a caballo entre los ‘50 y los ‘60. Como sucede con Gelman y González Tuñón, la poesía de Pizarnik sería difícilmente concebible sin la precedencia del Poesía Buenos Aires. O sin la cercanía con cierta línea estetizante y despolitizada de Sur, revista con la que solía colaborar. Según señaló lúcidamente César Aira en un su libro monográfico sobre la poeta, Pizarnik “vivió y leyó y escribió en la estela del surrealismo”. Sin embargo, los poemas tan breves como intensos de Pizarnik —recogidos en Árbol de Diana (1962), Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de la locura (1968) y El infierno musical (1971)— tuercen los postulados surrealistas. Observa Aira: “Pizarnik invierte el procedimiento surrealista poniendo la evaluación, el ‘Yo crítico’, al mando de la escritura automática”. Por su parte, nacida en 1937, Susana Thénon (Edad sin tregua, 1958, Corazón de piel afuera, 1959) publicó De lugares extraños en 1967. Ese libro constituye, desde su nombre mismo, un emblema de lo mejor que pasó en la poesía argentina de los sesenta: la audacia y la libertad de hacer que lo conocido se tornara extraño. Sueño quebrado Sueño quebrado levántate y anda Marcha de mi frente abre mi tierra. Levanta ruda muralla de niños al dólar de fuego y zarpa de balas. Vuelve joven enamorado del agua al mordido corazón rebelde, abraza y besa prieto hasta la llama pedernal de lágrimas, mi corazón clavado a pico de sangre en las vigilias desnudas de mi cuerpo. (de Corazón de piel afuera, 1956). ...El vacío tiende al vacío y así llaman amor a la atracción ciega de lo igual por lo igual sin comprender que es muerte, nada más que muerte y despojo. Y en tanto que en la sangre, en sus cisternas, algo se ha liberado de los hilos y libre se desliza a la nada, otros cierran puertas, corren pasadores, rebuscan en sus sueños hasta encontrar desnuda a la locura, sospechan del ave y de los ojos de los ratones, muerden libros como cuerpos, a tambor, a campana batiente, para mejor dormir / entre algodones sucios y [pajaritas. (De lugares extraños, 1967) Por último, en esta rápida reseña de figuras de la poesía que adquirieron especial relieve en los años ‘60 —aun cuando hubieran surgido a la consideración poética en años anteriores— hay que mencionar a César Fernández Moreno, uno de los hijos (y el más destacado en el campo literario-intelectual) del muy recordado Baldomero Fernández Moreno. Nacido en Buenos Aires en 1919 y muerto en París en 1985, el primer libro de CFM, Gallo ciego (1940), contó con un famoso prólogo en verso de su padre, B. Fernández Moreno. A esta época también corresponden Romance de Valle Verde (1941), La mano y el seno (1941), El alegre ciprés (1941), La palma de la mano (1941). Sin embargo, en 1953, con la publicación de Veinte años después, va a dar un giro sustancial, dirigido a un nuevo tipo de poesía, menos preocupada por el brillo formal y abierta a lo que en aquellos años se conoció como poesía conversacional. Esta tendencia tuvo en el mismo Fernández Moreno y en el nicaragüense Ernesto Cardenal a dos grandes exponentes, entre otros. En el caso del autor argentino, alcanzó su cumbre expresiva en el año 1963 con la publicación de Argentino hasta la muerte. En 1982, Fernández Moreno publicó Sentimientos completos, que reunía el conjunto de su obra poética hasta esa fecha. Un ejemplo de la propuesta poética de César Fernández Moreno: (De Las palabras, 1963): enormes escalinatas rampas rampantes pero se sube por el pastito aquí las vacunas nunca prenden los timbres de alarma sólo suenan cuando se descomponen entonces de todos modos nadie se alarma la policía solo descubre a los terroristas cuando se les caen las [bombas los teléfonos se cortan solos ni las malas noticias pueden recibirse [de un tirón cuando alguien lleva un libro en la mano es su autor cuando no es una caja de ravioles y de pronto salta Macedonio Fernández zapateando un malambo con [Pascualito Pérez pero no me hable de la literatura argentina ni del atletismo nacional no crean en lo general en el general crean en lo particular en el particular crean en algunas firmas no crean en ningún sello aclaratorio la realidad tiene más de veinticinco renglones por foja de qué sirve un papel bajo la lluvia y bueno soy argentino Otro tramo de lo que consideramos su aporte definitivo a la poesía argentina y latinoamericana, y por lo cual sin duda será recordado: ...tienen cuerpo las palabras tocan y son tocadas son caramelos se las puede lamer chupar mamar hierven como peces en un estanque tropical tienen tantas formas como las valvas según las rocas a que se [adhieran pero importa mucho más lo que contiene su nacarado seno la vida deliciosa frágil del ser que las habita son transparentes para que resplandezca su contenido son crisálidas clavos ardiendo granadas que revientan en la mano si no se arrojan a tiempo sólo viven para morir son pilotos suicidas perecen al tocar su objetivo ... todo es todo la verdad radica en soplos la poesía la dice no hay otra ciencia exacta la dice en cierto modo con ciertas palabras confunde esas palabras las calienta para impedir que la vida se entumezca en ellas hace converger la vida en las palabras bosques vecinos uniendo sus incendios el poeta nace se hace se deshace se rehace renace es el inspector más general un contemplativo sin contemplaciones todas las cosas le interesan por igual pero a algunas les presta demasiada atención a otras demasiado poca es un científico cuya mente funciona sin datos es un deslenguado es una cruza de perro y dactilógrafo para ser poeta basta con saber oler y escribir...” ... “ustedes qué harían si vieran descender un plato volador correrían a contárselo a todos cualquier cosa que ve el poeta le parece un plato volador...” “...aunque los dedos se le agarroten o se le derritan a la madrugada levantándose o acostándose con el deseo con el hartazgo él estaba escribiendo se quedó ciego y siguió escribiendo el poema es el arma perfecta complejo aceitado compacto todo poeta vive como un pistolero con el corazón en la boca”. (De Argentino hasta la muerte, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1963). Hasta aquí, esta reseña sin pretensiones de exhaustividad y sí de constituir un apunte para rescatar, de los ‘60 argentinos (sobre todo, de su vertiente más urbana y porteña, no se pretende trazar un mapa poético del país), algunos nombres que marcaron con fuerza el terreno poético aunque, paradójicamente o no, varios de ellos hayan sido en más de un sentido excéntricos al lapso generacional considerado. ** Jorge Ariel Madrazo http://www.letralia.com/firmas/madrazojorgeariel.htm Escritor argentino nacido en Buenos Aires en 1931. En Caracas, Venezuela, donde vivió ente 1976 y 1983, ejerció el periodismo y la crítica cultural. Ha publicado los poemarios Orden del día (1966), La tierrita (1974), Espejos y destierros (1982), Blues de Muertevida (1984), Cuerpo textual (1987, Premio Municipal 1986-87), Cantiga del otro (1992, premio publicación Ediciones del Dock), Piedra de amolar (1995), Mientras él duerme (1997) y Para amar a una deidad (1998, premio Fondo Nacional de las Artes), el libro de cuentos Ventana con Ornella y el ensayo Breve historia del bolero (Caracas, 1980). === Dos visiones sobre la vida y la muerte: =============================== === Giovanni Papini y el doctor Jack Kevorkian Felipe Caro Pozo ====== Señor, ¿pertenece usted al partido de los vivos o al de los muertos? Giovanni Papini, El Libro Negro Las llamadas profesiones de la salud poseen un poder enfermizo indirecto (...). Transforman el desafío personal del dolor, la enfermedad y la muerte en un problema técnico, expropiando el potencial de las personas para lidiar con su condición humana de forma autónoma. Iván Illich, Medical Nemesis. Reflexiones preliminares Si la historia de la humanidad se ha destacado por la búsqueda de respuestas y por intentar interpretar y entender lo que la rodea, entonces es justo plantear que una de las mayores preocupaciones ha sido comprender el fenómeno de la muerte y lo que nos espera en el más allá. A lo largo de las épocas, el acto del deceso y su significado ha tenido una enorme influencia en el derrotero humano, entusiasmando a artistas, escritores y pensadores. Con el paso del tiempo, distintas disciplinas como la filosofía, la religión y la ciencia han intentado aproximarse y entregar posibles respuestas a dicha interrogante, mientras que variadas tradiciones y costumbres se han encargado de mantener latentes distintas manifestaciones de períodos anteriores en las que se entremezclan la vida y la muerte. En este sentido, fueron las culturas antiguas quienes identificaron más perfectamente el estrecho vínculo entre la celebración y la nostalgia, la exultación del espíritu con el deceso, el joie de vivre con el memento mori. Sin embargo, los nuevos avances científicos y tecnológicos presentan una serie de desafíos a la sociedad actual que, analizados adecuadamente, nos permiten revalorizar el estado de lo que conocemos, particularmente en aquellas temáticas que involucran valores y creencias. El presente trabajo busca dar a conocer dos visiones sobre la importancia que tiene la muerte y las circunstancias que la rodean en las sociedades modernas, al tiempo que se intenta mostrar la fina línea que la une al terreno de los vivos. Algunos antecedentes históricos Desde las primeras manifestaciones espirituales de las antiguas civilizaciones, el acto del fallecimiento y el deceso mismo han provocado una extraña fascinación en los seres humanos, motivada probablemente por la conciencia de nuestra mortalidad y lo efímero de nuestras existencias, unido a la imposibilidad de saber lo que ocurre con nuestras conciencias al morir. Así, se ha destacado por ejemplo que: “Por muy lejos que se bucee en las perdidas civilizaciones, lo que se encuentra siempre es la negación de la muerte como el final de todo. La vida es demasiado intensa y demasiado breve para admitir que, de pronto, todo cesa de un modo total, a escala individual” (1). Por este motivo, muy a menudo la búsqueda de una explicación para el más allá se ha mezclado con el arrebato y goce por los placeres humanos y la celebración de la vida, confundiéndose los límites de lo uno y de lo otro. Así por ejemplo, en la Grecia de las religiones mistéricas, Dionisos representa el disfrute y el entusiasmo por la vida y sus placeres, pero al mismo tiempo, el éxtasis destructivo y primitivo que provoca el estar poseído por un dios (2). Es también el “nacido dos veces”, dios de la resurrección, y por lo tanto, de la vida y la muerte, idea que parece cruzar territorios y distancias, pues está presente en los mitos y creencias de todas las grandes culturas del pasado: desde Krishna y Osiris hasta Odín y Jesús, pasando por Adonis, Orfeo y Asclepio. Asimismo, las culturas de la Hélade, aficionadas a los aspectos duales de la existencia, practicaban diversos tipos de juegos en honor de los muertos. En ellos, los ganadores obtenían partes del botín de la batalla o piezas de la panoplia de los fallecidos, como es el caso de las famosas exequias de Patroclo. Unían, así, en un momento determinado, el dinamismo y vitalidad de los deportes y las competencias con un sentido de la trascendencia y la propia mortalidad. Otras tradiciones buscaban resaltar la vida material del fallecido en su paso hacia el más allá: en las culturas sedentarias, donde era común el comercio y existía un interés por la riqueza y la fastuosidad, como Grecia y Roma, se colocaban monedas u óbolos en la boca de los muertos para que éstos pudieran pagar a Caronte su pasaje al otro mundo; esto es, un viaticum, o una provisión para tener un viaje seguro. De manera similar, muchas tribus sedentarias enterraban al difunto con su caballo, o en el caso de las culturas aficionadas a los viajes marítimos, con su barco u otros artefactos que daban cuenta de su estilo o forma de ganarse la vida. Con esto se unía el recuerdo de las hazañas o características vitales del sujeto con la esperanza de un reconocimiento justo en la otra vida. El Egipto de los faraones es conocido por su fascinación por la muerte y todo lo que la rodea: las pirámides son verdaderos aposentos en los que los poderosos descansaban rodeados de aquellos que les habían servido en la vida, y que ahora lo hacían en el otro mundo, y la preparación de los cuerpos para el descanso eterno debía seguir estrictos métodos para que el difunto no se perdiera en el camino al más allá; más aun, las paredes de las tumbas se esculpían con imágenes que recordaban festividades y celebraciones, de manera que el fallecido pudiese gozar de un banquete perpetuo. La tradición de los banquetes fúnebres puede trazarse a los albores de la historia, y una costumbre egipcia consistía en que “...a fin de exaltar el placer de estar vivo y estimular mayor consumo de bebida para lograr la imprescindible animación del festín, se hacía aparecer (...) un estuche conteniendo la imagen de un hombre muerto, el cual se hacía pasar de uno en uno diciendo: Bebe y regocíjate, pues acabarás estando tan muerto como éste que aquí ves” (3). Se unía así, en un momento determinado, la celebración por la existencia —en el compartir del convite y la celebración, unida a la necesidad biológica básica del sustento— con la conciencia por la propia mortalidad y la incertidumbre de lo que nos espera luego de fallecer; noción que alcanzará su momento de mayor expresión en la Última Cena, en la que el banquete se tiñe de un ambiente trágico, y donde Jesús ofrece su vida en sacrificio para que los demás continúen viviendo. En Roma era común el culto a los muertos y a los antepasados, y se les hacían ofrecimientos consistentes en alimentos y libaciones para obtener su protección tutelar. Persistían además los cultos a las divinidades griegas que representaban el ciclo de la resurrección, entre ellos el de Baco, Ceres y Esculapio. Sin embargo, la relación dicotómica entre vida y muerte alcanza otros niveles: por un lado, se utiliza como un recordatorio para evitar los excesos humanos, ejemplificados por la arrogancia y el orgullo de la hibris griega; es el memento mori, que de acuerdo a la leyenda se le susurraba a los generales victoriosos para que recordaran en sus momentos de mayor celebridad su paso fugaz por este mundo. Por otro lado, aparece como un resabio del terror excesivo a la muerte, exceso que puede llegar a impedir el normal disfrute del momento que nos toca vivir y que es ejemplificado en El Satiricón, texto atribuido a Petronio. Al momento de ofrecer un banquete, el anfitrión, Trimalción, no escatima en gastos para sorprender y agasajar a sus invitados con lo mejor que la vida puede ofrecer; no obstante, el ambiente festivo cambia repentinamente: “Trimalción hizo construir un cadáver en plata y articulado, que un esclavo alzaba y dejaba caer sobre el mantel, en diversas actitudes de lamentable pelele, al tiempo que recitaba fúnebres oraciones, para regocijo y aleccionamiento de los presentes...” (4). Si los banquetes y simposios eran el escenario perfecto para que los ricos y poderosos pudiesen deleitarse con su propia mortalidad, serían los juegos de gladiadores, tan comunes en los períodos de la República y el Imperio romanos, los que le permitirían al pueblo disfrutar de un momento en el que vida y muerte se transformaban en espectáculo, y donde el capricho de la multitud podía significar la libertad o el paso al otro mundo. Estos recuentos culturales permiten apreciar cómo la pesadumbre de la mortalidad y lo limitado de nuestras acciones y su alcance, es capaz de invadir todos los ámbitos de la existencia, ideas que de una u otra manera se han mantenido, en distintas formas, hasta nuestros días. Así, el diálogo que se puede llegar a establecer con autores del siglo XX en esta temática estará rodeado por tales nociones, que nos han acompañado a través de diversas costumbres y tradiciones. Papini y el partido de los vivos La obra del italiano Giovanni Papini (1881-1956) está marcada por un constante vitalismo, que lo llevó a abarcar las áreas más diversas del conocimiento humano: desde la poesía y la crónica periodística, hasta las polémicas filosóficas en las que diseccionaba sin temor las ideas de algunos de los mayores filósofos europeos de su tiempo, como Nietzsche o Schopenhauer. Este ideal absoluto se presenta desde sus primeras intenciones literarias, cuando se da a la empresa de elaborar por sí solo una enciclopedia que contenga todo el conocimiento humano. Papini representará en muchos sentidos a aquel que busca crear algo que no existe, y que nunca existirá, un constante peregrino que va de idea en idea, oponiéndose siempre al conformismo y a lo que se da por sentado, tal como lo declara en su primer libro, Hombre acabado: “En un mundo donde todos piensan únicamente en comer y en hacer cuartos, en divertirse y en mandar, es necesario que haya de cuando en cuando uno que refresque la visión de las cosas, que haga sentir lo extraordinario en las cosas ordinarias, el misterio en la vulgaridad, la belleza en la barredura” (5). Y este es su estilo, darle vuelta a las cosas y ofrecerlas nuevamente al valiente, al que no tiene temor de enfrentarse a las tradiciones. Papini es, por tanto, aquel que reclama por todo y por nada al mismo tiempo, abarcando, singularmente, vida y muerte. Una de sus obras más célebres quizás sea Gog, publicada en 1931, en la que presenta al personaje del mismo nombre, basado seguramente en la persona del autor, que recorre el mundo visitando a los personajes más célebres de su época, buscando siempre lo extraordinario. Esta búsqueda, no obstante, no se basa en la novedad o en lo bizarro de sus encuentros, sino en la posibilidad que tienen estas situaciones de crear una nueva disposición sobre las cosas y las personas, esto es, profundizar en lo recurrente y sacar de allí lo inhabitual. La continuación de dicha obra, El Libro Negro, publicado en 1952, contiene quizás una de sus ideas más interesantes: la enorme injerencia que tienen los muertos sobre los vivos. En la historia “Muerte a los muertos”, Papini va revelando su intención a través de un diálogo aparentemente casual entre dos desconocidos: que los muertos subyugan y perjudican de mil formas distintas a los vivos: “Los muertos, muertos están sin duda, pero son infinitamente más numerosos que los vivos, y en todas las guerras triunfa en definitiva la superioridad en número; además, los muertos no tienen nada que perder y están seguros de su inmunidad y de su impunidad; son prepotentes, maliciosos, malignos, ¡ay de quien no sabe defenderse de los muertos!” (6). Por supuesto, no se trata aquí de una preocupación mágica o metafísica sobre la posibilidad de que los muertos puedan volver de sus tumbas y cobrarles sus deudas a los vivos, sino sobre la poderosa influencia que aquéllos ejercen sobre nosotros, en los distintos ámbitos de la existencia, producto de tradiciones e ideas que se remontan a los principios de la civilización. El autor italiano reconoce tal influjo de la siguiente forma: “Aun en la soledad perfecta me siento, con espanto, átomo de un monte, célula de una colonia, gota de un mar. En mi espíritu y en mi carne hay la herencia de los muertos; mi pensamiento es deudor de los difuntos y de los vivientes; mi conducta está guiada, aun contra mi voluntad, por seres que no conozco o que desprecio” (7). La revolución que propone el autor consiste, primeramente, en reconocer esa influencia: últimas voluntades, banquetes mortuorios, testamentos y obligaciones, cristiana sepultura, memoriales y sepulcros, misas para lograr la salvación perpetua y aplacar malos espíritus, espiritismo y superchería; y ante todo, la proliferación del negocio de la muerte y la necesidad de no escatimar en gastos para asegurar el descanso eterno del difunto. Así, Papini escribe, haciendo comentar a uno de sus personajes: “Quiero proclamar y conducir la revolución más formidable que se ha visto sobre la tierra desde el Diluvio Universal: la revolución de los vivos contra los muertos” (8). De acuerdo al autor italiano, la presencia de los muertos, y la muerte misma, abarca un espacio de nuestras vidas mayor al que jamás reconoceríamos: “Creemos ingenuamente que los muertos no existen, siendo así que durante siglos usurpan nuestro espacio y nuestro tiempo, dominan nuestro pensamiento, nos oprimen con sus fantasmas y con sus antojos. Los muertos son señores y dueños de los vivos” (9). Con esto, el narrador considera cómo voluntades ajenas a la nuestra, provenientes de otros espacios de realidad —como el espiritual, por ejemplo—, se enseñorean de nuestra vida física, influyendo en nuestras decisiones y actos, y donde la misma palabra “deudos” reafirma la idea de la deuda que mantienen los vivos con los difuntos: lo que no se les dio en vida debe pagárseles en la muerte. Junto a lo anterior, la reflexión abarca también la importancia que actualmente poseen espiritistas y adivinadores para controlar y manejar los destinos de los vivos, a través de su supuesto conocimiento sobre las voluntades y deseos de los muertos, idea que el autor describe en estos términos: “En todos los países del mundo hay millares de imbéciles: espiritistas, magos, metafísicos, que pretenden evocar a los muertos o, por lo menos, trabar con ellos alguna relación misteriosa” (10). El renovado vitalismo de Papini incluye también aquellas situaciones en que el recuerdo de la muerte se inmiscuye en los espacios dedicados comúnmente a los vivos: monumentos, bustos y estatuas de personas largamente fallecidas que adornan plazas y edificios públicos, o la proliferación de empresas funerarias y de cementerios y memoriales, que parecieran invadir con inusitada fuerza los poblados y ciudades: “...los muertos ocupan una grandísima extensión de la superficie terrestre. Los cementerios, que cada día se multiplican y se amplían, son una creciente amenaza de carestía y de hambre (...). Hay en la tierra demasiadas tumbas, demasiados sepulcros, túmulos, camposantos, capillas funerarias, etc.” (11). Y es que con el aumento de la población, cada vez se necesitan cementerios de mayor capacidad, utilizando para ello espacios que de otra manera podrían dedicarse al cultivo o la construcción de viviendas. Con lo anterior, Papini sobrepasa el antiguo y delicado equilibrio entre vida y muerte, posicionándose como un profeta del espíritu vivo que busca desterrar la influencia pesimista del fallecimiento y dejar la tierra para quienes aún no han partido, con todo lo que esto simboliza. Se comprende entonces la novedad y radicalidad de su pensamiento, al oponerse a tradiciones que por su antigüedad y significado se encuentran profundamente enraizadas en el comportamiento humano. El doctor Kevorkian y su preocupación por la muerte En cuanto a la fascinación por la muerte, uno de los ejemplos contemporáneos más interesantes es el del médico armenio-estadounidense Jack Kevorkian (1928-2011), conocido por su activismo para legalizar el suicidio asistido por un médico como un derecho constitucional inherente a todos los ciudadanos. Sin embargo, su interés por el deceso se remonta a sus primeros estudios de medicina. Desde 1954, al realizar su residencia en el hospital de la Universidad de Michigan, Kevorkian se interesa particularmente por los enfermos terminales de dicho establecimiento y en determinar el momento exacto de su fallecimiento. Para esto, toma fotografías de los ojos de estos pacientes en el momento de su muerte e investiga los cambios que sufre el globo ocular en este proceso. La motivación de Kevorkian es utilizar un método simple y rápido de análisis, a través de la oftalmoscopía, para estudiar las modificaciones que la interrupción de la circulación sanguínea provoca en el fundus oculi, o superficie interior del ojo. Fruto de su trabajo, publica en 1956 el artículo “The Fundus Oculi and the Determination of Death” (“El fundus oculi y la determinación de la muerte”) en el American Journal of Pathology, donde propone elementos para el estudio del fondo ocular. Más importante aun, el contacto con pacientes terminales lo lleva a cuestionarse el papel actual del médico: el profesional de la salud no debe enfocarse solamente en buscar la cura de la enfermedad, sino también preocuparse por la calidad de vida de sus pacientes y brindarles el apoyo necesario para sobrellevar con dignidad, y de la mejor manera posible, su sufrimiento, valorando incluso la posibilidad del suicidio asistido. Kevorkian volcará posteriormente su atención hacia otra temática controversial: la experimentación científica con criminales condenados a muerte. Su propuesta es que a tales condenados se les otorgue la opción de participar, al momento de su ejecución, de estudios científicos que permitan aumentar el conocimiento sobre la anatomía de la mente criminal o disponer de una fuente no utilizada de órganos para trasplantes: “Propongo que a un prisionero condenado a muerte mediante un proceso legal, se le permita someterse, mediante su libre elección, a experimentación médica bajo anestesia general, como una forma de ejecución que reemplace los métodos convencionales actualmente prescritos por la ley” (12). De acuerdo al doctor armenio, brindarles esta oportunidad les permitiría expiar sus culpas, pagando la deuda que contrajeron con la sociedad al cometer un delito. Asimismo, les proporcionaría cierto grado de dignidad en el acto de su muerte, pues podrían elegir de qué manera ser ejecutados. Estas operaciones podrían arrojar datos valiosos para la medicina y la sociedad en general, ahorrar dinero en investigación y permitir que los convictos realicen un tipo de servicio comunitario con su muerte y obtengan, al menos, cierto sentido de utilidad con su deceso; deceso que ocurriría de todas maneras a través de la ejecución, pero privado de dicho valor agregado (13). Debido a la falta de apoyo para sus iniciativas, Kevorkian se dedica a la investigación y publica el libro The Story of Dissection (Historia de la disección) en 1959, donde intenta devolverle a los estudios anatómicos, tales como la autopsia, su valor etimológico original y primigenio; esto es, entenderlos como la visión de uno mismo o vernos a través de nuestros propios ojos, con el beneficio que podemos obtener de ello: “Sin la disección humana, la superestructura de la patología celular, la fisiopatología y la patología experimental (y la patología quirúrgica y toda la cirugía) colapsaría en un montón de partes, lo que a largo plazo no tendría sentido. El mismo Virchow enfatizó la importancia de entender el organismo como un todo, una unidad de estructura y función, más que como un compuesto mecanicista de partes autónomas, sean éstas órganos o células. Mientras esta mirada unitaria se mantenga, existirá la promesa de entender eventualmente la naturaleza del hombre” (14). Motivado quizás por los impedimentos morales que han encontrado sus ideas a lo largo de su vida, Kevorkian se dedica a escribir una serie de artículos sobre bioética (15). En un trabajo de 1986, plantea la necesidad de crear una nueva disciplina que una los estudios de medicina con la religión, la filosofía, la lógica y la ética; esto, con la intención de preparar profesionales integrales, con una fuerte formación bioética, que sean capaces de tomar las difíciles decisiones que se presentarán con los nuevos avances tecnológicos y sociales. Esta nueva especialidad, llamada bioethiatrics —unión de los términos bio, ética e iatros, practicante de medicina—, involucra “...una combinación única de acción ética y juicio moral (...). El bioetiatra asumirá todos los privilegios, obligaciones y riesgos usuales asociados con la práctica de cualquier especialidad médica, evitando las crisis éticas innecesarias y asegurando una respuesta más racional ante los desafíos morales presentes y futuros” (16). Los alcances de esta propuesta resultan de particular interés por dos motivos: primero, debido a que el autor modela esta nueva especialidad desde su experiencia personal, en la que muchas de sus iniciativas han sido rechazadas por consideraciones ideológicas y morales. Por esto, ha identificado como una necesidad para los profesionales de la medicina el analizar el desarrollo de las ideas y de los momentos filosóficos y morales de la historia humana, para obtener un conocimiento más acabado de la relación de dicha profesión con las problemáticas de la sociedad presente y futura. Y en segundo lugar, porque a través de esta idea el autor desea que las decisiones que sean pertinentes al área médica, especialmente aquellas referidas al contexto ético, sean resueltas por quienes pertenecen a dicha área, y no se vean influenciadas por argumentos externos, provenientes del área legal o religiosa. Kevorkian pretende, por lo tanto, que se restituya aquella prerrogativa consagrada en el ideal hipocrático en la que el médico aplica de la mejor manera posible su juicio frente a las disyuntivas que se le presentan, teniendo en cuenta el beneficio de los enfermos (17). El médico patólogo escribe una serie de artículos sobre la eutanasia, que sólo logran ver la luz en la revista alemana Medicine and Law. En uno de estos trabajos, fechado en 1988 (18), el autor propone que, así como la sociedad se ha venido obsesionando con planear y alargar la vida, también debería ocuparse de prever y proyectar la mejor muerte posible para cada uno de sus integrantes. De lo anterior, plantea la creación de centros especializados en el acto del fallecimiento, al que las personas podrían acudir para morir, llamados obitoriums. En estas clínicas los pacientes podrían optar por someterse a los efectos de la anestesia general irreversible, ya sea para la extracción de órganos para trasplante o para experimentación médica. En otro de sus libros, Prescription Medicide: The Goodness of Planned Death (Prescripción medicidio: la bondad de la muerte planeada) el médico armenio critica seriamente los cambios que percibe en la profesión médica; especialmente la obsesión por prolongar la vida, incluso si esto significa exponer a los pacientes al sufrimiento o al dolor. Según el autor, esta preocupación impide que los doctores reconozcan otras necesidades de la sociedad actual, como por ejemplo, la posibilidad de planear, en algunos casos específicos, una muerte con dignidad a través del suicidio asistido. Más aun, los médicos estarían transgrediendo el precepto del primun non nocere, esto es, que en muchos casos la búsqueda de la cura conlleva peores consecuencias que la enfermedad misma (19). Es interesante destacar que Papini, muchos años antes, había arribado a la misma conclusión: la búsqueda de la medicina y sus técnicas asociadas por extirpar y combatir la enfermedad, instalando la ausencia de ésta como la panacea de la salud humana, ha generado una búsqueda antinatural del placer, del confort y de la ausencia del dolor: “El viejo concepto del médico que se esfuerza en hacer desaparecer los síntomas de la enfermedad ha pasado a la historia, pertenece a la fase barbárica de la patología. El único motivo por el que los médicos persisten todavía es la cobardía humana. Los hombres temen el dolor, no quieren sufrir, y entonces recurren a esos farsantes que se vanaglorian de hacer cesar los sufrimientos (...). No saben esos desgraciados que el dolor, incluso el físico, es necesario al hombre lo mismo que el placer, como la enfermedad es necesaria lo mismo que la salud” (20). Por lo tanto, en este punto Kevorkian razona, lo mismo que Papini y otros pensadores como Iván Illich, que la excesiva medicalización de la vida en los últimos siglos ha arrebatado al hombre de elementos que forman parte misma de su humanidad: el dolor, el sacrificio y la muerte. Posteriormente, el doctor armenio llega a cumplir una pena de ocho años en prisión por asistir en el suicidio de uno de sus pacientes y dedica el resto de su vida a crear conciencia sobre la necesidad de legalizar el suicidio asistido por un médico, denunciando el exceso de celo de la medicina actual al cautelar a cualquier precio la vida. Consideraciones finales Mientras que las culturas antiguas intentaron equilibrar la pasión por la vida y el reconocimiento de la muerte, a través de una delicada proporcionalidad, las ideas presentadas por Papini y Kevorkian muestran dos posiciones que bien podrían ubicarse en los extremos de una misma problemática: la existencia humana, lo que la rodea y sus limitantes. Por un lado, el vitalismo exacerbado de Giovanni Papini busca desterrar el efecto pesimista del deceso en nuestras existencias cotidianas, así como también el control que ejerce el mundo de los muertos sobre los vivos. Dicha problemática podría identificarse perfectamente en las sociedades actuales, donde existe un complejo aparataje comercial relacionado con el acto del fallecimiento: empresas funerarias que ofrecen distintos tipos de servicios de acuerdo a las posibilidades materiales de sus clientes; o el floreciente mercado actual de los cementerios, que parecen tomarse las ciudades y sus entornos, con sus programas de venta de tumbas y nichos mortuorios y todos sus servicios asociados: programación de pagos, cuotas de reparación y mantención, reducciones y ampliaciones. También podría considerarse la complicada estructura legal que rodea al deceso: por una parte, análisis, reportes y autopsias que se ocupan del instante mismo de la muerte y que buscan elucidar su ocurrencia; por otra parte, testamentos y legados que extienden la voluntad del fallecido más allá de su vida física. Sin embargo, lo central en este trabajo de Papini parece ser que la preocupación excesiva por el más allá bien podría conducirnos al nihilismo o al abandono del disfrute de la existencia, del tiempo que tenemos para experimentar. En este sentido, queda claro que para el autor italiano los muertos muertos están, y que la tierra es para los vivos. La preocupación del doctor Kevorkian, por otro lado, parece gravitar hacia el otro extremo de la balanza: la exacerbación y sacralización que históricamente ha tenido la vida humana ha impedido, especialmente en las sociedades técnicas actuales, que se considere realmente la importancia de un buen fallecimiento, de una muerte planeada. La vida e investigaciones del doctor armenio reflejan fielmente la dicotomía de la medicina actual: curar y erradicar a cualquier costo la enfermedad, incluso si en este proceso se le hace más daño del necesario a la persona. Se trata de la medicalización de la existencia actual, donde el interés por mantener y preservar la vida de los pacientes ha llevado a la negación de todo lo que se oponga a este propósito: el dolor debe enmascararse, el sufrimiento paliarse y la muerte rehuirse. Para el doctor armenio la muerte se encuentra en el mismo nivel que la vida, y negarla u ocultarla es negar también parte de la existencia. En este mismo sentido, se ha creado un creciente mercado que apunta a prolongar la existencia, sin ocuparse del proceso del fallecimiento: la proliferación de la industria de las vitaminas y los suplementos alimenticios, el avance de la industria de la belleza y la cosmética y, especialmente, de la cirugía, que a través de sus procedimientos pareciera crear la ilusión de la juventud, y con esto, de la vida eterna. Para Kevorkian, planear un deceso perfectamente puede significar también un estilo de vida: no solamente poder determinar cómo queremos morir, sino que con dicho acto también podamos dar vida a otros: por ejemplo, a través de la donación de órganos. Así, si bien los intereses del doctor armenio son amplios, su principal motivación parece radicar en la revalorización de la existencia a través de la muerte, y que la preocupación por vivir no puede transformarse en la negación de esta última. Referencias 1. SOLER, María del Carmen: Banquetes de amor y muerte, Tusquets Editores, Barcelona, 1981; p. 148. 2. Que es de donde proviene el significado original de entusiasmo. De acuerdo a la Real Academia Española: inspiración divina, furor e inspiración arrebatada; Cf. NIETZSCHE, Friedrich: El origen de la tragedia, Ediciones Libertador, Buenos Aires, 2005; p. 23. 3. SOLER, María del Carmen, op. cit, p. 128. 4. Ibídem, p. 128. 5. PAPINI, Giovanni: Hombre acabado, Editorial Osiris, Santiago, 1933; p. 192. 6. PAPINI, Giovanni: El Libro Negro, Editorial Mundo Moderno, Buenos Aires, 1952; pp. 151 y 152. 7. PAPINI, Giovanni: Gog, Editorial Apolo, Barcelona, 1931; p. 177. 8. PAPINI, Giovanni: El Libro Negro, op. cit, p. 152. 9. Ibídem. 10. Ibídem, p. 153. 11. Ibídem, p. 154. 12. KEVORKIAN, Jack, M.D., en discurso presentado ante la American Association for the Advancement of Science, Washington D.C., diciembre 1958, publicado en la revista Criminal Law, Criminology and Police Science, Vol. 50, Nº 1, mayo-junio 1959; pp. 50-51 (traducción propia). 13. Cf. KEVORKIAN, Jack, M.D.: Medical Research and the Death Penalty, A Dialogue, Vantage Press, New York, 1960; pp. 35-37 (traducción propia). 14. KEVORKIAN, Jack, M.D.: The Story of Dissection, Philosophical Library, New York, 1959; p. 75. (traducción propia). 15. “Medicine, Ethics and and Execution by Lethal Injection”, en la revista Medicine and Law, Vol. 4, Nº 4, 1985; pp. 307-311; también “A Comprehensive Bioethical Code for medical exploitation of humans facing imminent and unavoidable death” en Medicine and Law, Vol. 5, Nº 3, 1986; pp. 181-197. 16. KEVORKIAN, Jack, M.D.: “The Long Overdue Medical Specialty: Bioethiatrics”, en Journal of the National Medical Association, Vol. 78, Nº 11, Norwalk, noviembre 1986; p. 1.057. (traducción propia). 17. Cf. Ibídem, pp. 1.558-1.559. 18. KEVORKIAN, Jack, M.D.: “The last fearsome taboo: medical aspects of planned death”, en la revista Medicine and Law, Vol. 7, Nº 1, enero 1988; pp. 1-14. 19. Cf. KEVORKIAN, Jack, M.D.: Prescription Medicide: The Goodness of Planned Death, Prometheus Books, New York, 1993; pp. 117 y ss. (traducción propia). 20. PAPINI, Giovanni: Gog, op. cit, p. 351. Bibliografía consultada • KEVORKIAN, Jack, M.D.: “A Comprehensive Bioethical Code for medical exploitation of humans facing imminent and unavoidable death”, en la revista Medicine and Law, Vol. 5, Nº 3, 1986. —, en discurso presentado ante la American Association for the Advancement of Science, Washington D.C., diciembre 1958, publicado en la revista Criminal Law, Criminology and Police Science, Vol. 50, Nº 1, mayo-junio 1959. —: Medical Research and the Death Penalty, A Dialogue, Vantage Press, New York, 1960. —: “Medicine, Ethics and and Execution by Lethal Injection”, en la revista Medicine and Law, Vol. 4, Nº4, 1985. —: Prescription Medicide: The Goodness of Planned Death, Prometheus Books, New York, 1993. —: “The last fearsome taboo: medical aspects of planned death”, en la revista Medicine and Law, Vol. 7, Nº 1, enero 1988. —: “The Long Overdue Medical Specialty: Bioethiatrics”, en Journal of the National Medical Association, Vol. 78, Nº 11, Norwalk, noviembre 1986. —: The Story of Dissection, Philosophical Library, New York, 1959. • NIETZSCHE, Friedrich: El origen de la tragedia, Ediciones Libertador, Buenos Aires, 2005. • PAPINI, Giovanni: El Libro Negro, Editorial Mundo Moderno, Buenos Aires, 1952. —: Gog, Editorial Apolo, Barcelona, 1931. —: Hombre acabado, Editorial Osiris, Santiago, 1933. • SOLER, María del Carmen: Banquetes de amor y muerte, Tusquets Editores, Barcelona, 1981. ** Felipe Caro Pozo http://www.letralia.com/firmas/caropozofelipe.htm Investigador chileno. Licenciado en ciencias criminalísticas de la Universidad Tecnológica Metropolitana (Utem, http://www.utem.cl; Santiago de Chile). Ayudante del Diplomado en Pensamiento Latinoamericano de la Facultad de Humanidades de la Utem, colaborador de las revistas electrónicas: Crítica.cl (http://www.critica.cl), Thélos (http://www.utem.cl/thelos) y Latin American Journal of Internacional Affairs (http://www.lajia.net). Su línea de trabajo se orienta al estudio de los modelos arquitectónico carcelarios y a los paradigmas sociológicos de vigilancia carcelaria. ||||||||||||||||||||||||||||||| LETRAS |||||||||||||||||||||||||||||| *** Juegos de Dios Eleazar Marín *** Poemas Ricardo Martínez-Conde *** Dos textos Deyanira Díaz *** Dos poemas Eduardo Fabio Asís *** La rica del pueblo Jaime Huertas Fernández *** Pequeña antología de poesía breve Mario Meléndez *** Al final de cuentas María Celeste Vargas Martínez *** Alusiones Rocío Redondo de la Calle *** Dos cuentos Gonzalo Bizama *** Cinco poemas Pablo Medina *** Práctica de campo Cristina García Ramírez *** Cuatro poemas Marianna Salvioli *** ¡Conmigo no se juega! Antonio Mora Vélez *** Tres poemas Ricardo Jesús Mejías Hernández *** El movimiento de un labio Alfonso Barguñó Viana *** Tres poemas Jhon Rivera Stredel === Juegos de Dios Eleazar Marín ===================================== A Mery Sánchez, El Sandino y Daniel Marín por los años pasados y los que vendrán Diciembre resulta un mes impredecible en estas latitudes tan poco rigurosas. Es en otros lugares donde diciembre semeja una inmensa bola de nieve a la cual sólo se debe colocar los adornos adecuados para tener el mejor helado de Dios. En estos territorios de templanza veleidosa el cielo no tiene noción de las estaciones, y no es de sorprender que en pleno invierno el sol aparezca brillando con tanta fuerza que se desprenda la cúpula celeste y se descuelguen los ángeles en plena celebración. Como la lluvia y el sol no cumplen turno alguno las personas que aquí viven no saben el significado de otoño y primavera, a no ser por las alusiones melancólicas de algunos poetas y trovadores. En medio de estos altibajos de la naturaleza los ciudadanos ven llegar la navidad, sin esperar fenómenos extraños, a lo sumo un chubasco de invierno en ocaso, pero lo más seguro es que el día sea de sol naciente. Una mañana de la Natividad del Señor amaneció nevando. En la plaza pública los primeros en enterarse fueron el jobo, que cubría el pequeño rectángulo, y Caimán. Una de las pocas ventajas de un mendigo como Caimán es vivir primero que todo el mundo un acontecimiento telúrico... abrió la boca asombrado y sintió cómo el frío se metía en ella sin obstáculo. —Ahora sí estamos completos —dijo en voz alta—, esto era lo que faltaba, ¡nevando en este peladero de chivo! Estas son vainas del diablo. El último diente se lo tragó Caimán hace unas noches. Soñaba que se le desprendían uno a uno los dientes de su juventud y se incorporó desesperado en el banco de la plaza... “Soñar con dientes caídos es muerte”, pensó. Cuando se despabiló el largo y solitario incisivo había dejado de ser náufrago. Algo diabólico no estaba lejos de su realidad, pues todas las calamidades llegaron juntas: los zapatos en extremaunción, el ropaje devastado y las reumas arreciando con el frío... el remate fue perder el último diente. No había duda, la nevada era un juego malicioso. La hermana Celina, de la Orden de los Niños Expósitos, salía del orfanato todas las mañanas a recoger en su bolsa frutas, granos y pan que algunos comerciantes del mercado ofrecían como parte de pago pío por sus culpas cometidas en contra de los clientes, y algunos con mayor conmiseración o más altos cargos de conciencia ofrendaban hasta pedazos de tocino, alas de pollo y, cuando la ternura los embargaba, ante la mirada dulce de la hermana, dejaban caer en la bolsa un trozo de res y algunos billeticos y monedas que con su cántico metálico reafirmaban la fe del agio. Esa mañana, al abrir la puerta del hospicio para ir al mercado, un pequeño alud de nieve le cubrió los pies y expresó contenta: —¡Dios santo, es un milagro! Cosas del Señor. Los niños se amontonaron en el portal y se veían como retratados en una postal de Noruega visitada por revoltosos pobres, y no aguantaron la tentación de arrojarse en la nieve y jugar a la guerra con las bolitas frías, a la usanza de algunos programas vistos en la televisión. La hermana toleró un poco el asunto, pero al ver el arrebato de los pequeños al empezar a comer de la miel blanca, detuvo la diversión por temor a que fueran a contraer alguna enfermedad meteorológica. Reprendió dulcemente a los diablillos juguetones y ordenó a la conserjería limpiar la entrada y cerrar la puerta. En la calle la ventisca se mantenía tenue y sostenida como un susurro. La hermana se sintió feliz. En la plaza los paisanos disfrutaban el error climático con la dicha de los primerizos, sobre todo los niños entregados a la pasión del juego, sin percatarse del derecho que tienen los adultos a no recibir pelotazos de nieve (según no duele, pero molesta, sobre todo si usted no está jugando). La hermana sintió aprensión cuando vio a los pequeños comer el raspado celeste con regusto... “Dios mío, quieras que no se enfermen”, pensó, y concluyó que todos los niños, ante la nieve, sólo sabían hacer pelotas y comérselas, porque la nieve tenía la gelidez y pureza del alma en el cielo, pues, si tanto le gustaba a los niños, entonces el alma era de nieve. Se persignó por la osadía de su pensamiento y siguió su camino a través de la plaza. Cuando Caimán la vio le pidió la bendición. Era una manera de ganarse el pan y un pedazo de tocino que la hermana le daba, sin interés, al regresar del mercado. La hermana se detuvo para comentar el acontecimiento. —¿Qué te parece la nevada, hijo? —¡Que son vainas del diablo pa’embromá a los pobres! —¡Cómo vas a decir eso! Al diablo no se le ocurren cosas tan lindas. —Uhmmm, él sabe hacer sus trampas. —Tú no tienes remedio, deberías rezar y pedir perdón por lo que dices. A Caimán no le pareció buena idea, hacía años que no rezaba y sólo iba a la iglesia los domingos a medir, con la limosna, la caridad de los pecadores, pero no discutiría con la hermana Celina, pues ella no aceptaría alegatos sindicales en contra de la grey. La hermana se cansó de predicar en la fe baldía de Caimán y se marchó a buscar la caridad. Cuando la hermana se marchó, Caimán se sintió, ahora sí, totalmente huérfano. Quedó a merced de los otros niños que llegaron con sus padres a disfrutar el acontecimiento. Todos hacían blanco contra él, lanzándole bolas de hielo. Si los viese la hermana seguro que abdicaría de su teoría sobre el “alma de nieve”. Los padres, envueltos en trajes de invierno que guardaban para sus viajes al exterior, trataban de evitar verlos en sus acciones, temiendo no crearles frustraciones. Los muchachos se divertían “tiernamente”. Caimán les deseaba la muerte y amenazaba con perseguirlos, pero sus piernas no estaban dispuestas. Al fin los fusileros se cansaron y lo dejaron vociferando, cubierto de cellisca, como un monstruo de hielo derrotado. Los niños del orfanato miraban, por las ventanitas, la acción de sus congéneres con algo de envidia. Un pajarito, recién emplumado, ensayando su primer vuelo, se vino en suave picada desde la copa del árbol de jobo, y fue a dar a los pies de Caimán. Era un animalito ansioso y azul, de ojos negros sin párpados y vocación de fugitivo. Caimán lo atrapó de un manotazo. —¿A ti también te envainó el frío? Los mochos se buscan pa’rascarse, jejejejeje... Agarró al animalito y se lo guardó en el bolsillo del pantalón. El ave se debatía como un corazón emplumado, luego se resignó al nido imprevisto y Caimán solamente sintió un palpitar tenue y el picoteo curioso del avechucho que se acomodaba al calor del nuevo hogar. Caimán pensó: “Pobre pajarito, de verdad verdad que hay seres pendejos en el mundo”... Y se acostó a holgazanear sobre el banco frío. El alcalde se desperezaba para levantarse a cumplir con sus atribuciones, cuando la nieve comenzó a verse caer a través de la ventana de su cuarto. Su reacción fue inefable; él había conocido la nieve, pues al llegar a su cargo pudo viajar en misión política a lugares en donde la nieve más que una novedad es un fastidio. Le conmovía ver nevar en su ciudad. Pensó que se lo tenía merecido, porque él era un hombre con vocación histórica, y este era un fenómeno histórico acaecido en su gestión. En los últimos días había caído estruendosamente su popularidad por darle palos a unos vendedores callejeros que impedían el paso ciudadano y, además, mandó a talar, sin que el cronista de la ciudad le advirtiera, un vetusto árbol que impedía la ampliación del palacio municipal. Los historiadores de la oposición descubrieron, en sus acuciosas indagaciones, que aquel árbol era el símbolo del inicio de la vida democrática, pues fue sembrado por el primer alcalde electo, quien aún vivía. Éste, al enterarse enfureció ciegamente y respondió con la campaña de desprestigio más despiadada que ex alcalde alguno haya dirigido contra un colega en ejercicio. El día que amaneció nevando se sintió revivir, pues sabía que la novedad haría olvidar las calumnias diarias y los kilos de insultos que el vejete ofendido profería por todos los medios de comunicación. De manera que en desagravio propio tuvo la navideñísima idea de apersonarse en la plaza, donde toda la población concurría a disfrutar de la novedad, para leerles su discurso de fin de año. Muchos padres, aprovechándose de sus hijos, lanzaban a escondidas bolas de nieve al orador, seguros de que se acusaría a los pequeños, y la policía no podría intervenir, porque el alcalde había llegado a la alcaldía como “el amigo de los niños”, especie de seres sin ley que en aquella ciudad abundaban; por algo ya tenían su propio orfanato y muy pronto se inauguraría el primer penal infantil. Terminado su discurso, el agobiado funcionario procedió a anunciar el acto de caridad pública anual: ¡cuál mejor idea que regalar a los niños del orfanato una noche blanca! Una navidad de verdad. Tenía la nieve y un inventario de juguetes de las fiestas pasadas donde él mismo se vistió de Santa Claus (cosas de alcalde), y repartió felicidad en los barrios pobres. Ahora con el lío de los buhoneros apaleados no podía ir a los barrios, y mucho menos en esas fachas que avivarían las críticas. Sería mejor no correr mayores riesgos y tener público pobre en un sitio seguro, y en cuanto al personaje del traje rojo... La hermana Celina regresó pletórica; Caimán sonrió al ver la bolsa. La mujer de Dios sacó la ración y se la extendió amorosamente. Caimán la tomó como quien quiere más. —Mire, hermana, ¿usted no me piensa dar mi aguinaldo? —Si fueras más joven te daría unos coscorrones. —¿Y por qué mejor no me daba un dinerito pa’l café o un roncito? Hace frío, no crea. —¿Café y qué? —dijo furiosa—. ¡Dios me libre! Sólo el Señor te apartará del vicio. —Él y yo estamos en la buena. El alcalde interrumpió la contienda con una sonrisa muy municipal. Explicando sus intenciones hizo iluminar el corazón de la hermana y estremecer la antigua modorra de Caimán. Asustado por las intenciones del conserje, pegó un brinquito estentóreo. —Mire, jefe, regálele a los niños lo que quiera, pero no me venga a comprometer a mí, que yo soy un hombre serio aunque usted no lo crea. Sin embargo, la resistencia de Caimán se resquebrajó hasta desmoronarse ante la oratoria del alcalde, experto en convencer relapsos con su elocuencia hemorrágica, sus recursos de actor y su dicción meliflua con tono de pastor de ovejas descarriadas. La hermana Celina claudicó ante el pecado de la admiración y Caimán fue vencido. —Bueno, está bien, hermana, pero que este señor me pague lo mío. —¿Cómo lo duda, buen hombre, le pago de antemano? La hermana intervino angustiada. —No señor, se le pagará esta noche en lo que esté vestido y listo. No correremos riesgos con él. Caimán convino, con algo de molestia, estar en el orfanato a las 7 pm, y a esa hora llegó. En el patio estaba todo en su lugar: la mesa larga con mantel y lazos verdes y rojos, el árbol de navidad al estilo oficial, micrófono y cornetas para la animación...; el alcalde apareció acompañado de un séquito de reporteros, fotógrafos, secretarios y mirones; él mismo llevaba el traje de Santa Claus colgando de un perchero y forrado en plástico como recién sacado de la tintorería. Caimán tragó grueso y trastabilló, mientras, por primera vez, el pequeño pajarito metido en su bolsillo le picoteó el muslo. En una jornada azarosa, metidos en un cuartucho, algunos miembros de la comitiva municipal terminaron de vestir a Caimán. El traje rojo no hallaba asidero en la flaca humanidad, los pies se movían desorientados dentro de las botas excesivas y la barba de algodón casi cubría el pequeño rostro chato. El alcalde, ante la mirada dudosa del cuerpo de vestidores, felicitó a la deprimida alegoría, que parsimoniosamente recogía sus harapos. El pajarito salió desesperado del bolsillo y revoloteó por la habitación causando alborozo, y el alcalde atribuyó a Caimán cualidades de mago y artista. Caimán atrapó al pajarito y no hizo caso al comentario, pues sus atributos en esos menesteres eran los de vivir colgando de la incertidumbre sin caer. Además ya el fulano avechucho le estaba causando molestias y si aún lo llevaba no era por la compasión de las primeras horas de la nevada, sino por la posibilidad de venderlo en el mercado cuando terminara de emplumar. El alcalde le extendió tres billetes suficientes para comer barato por unos días y lo animó a salir con una palmada. Al guardar los billetes el pajarito le picoteó la mano cariñosamente, quizás agradecido por la holgura del nuevo bolsillo y el olor del dinero nuevo. Antes de salir al patio, un grupo de la comparsa pública lo detuvo para darle algunas instrucciones y los últimos retoques. La hermana Celina emocionada le lanzó un beso. Él estaba entregado y asentía sin emoción alguna. Olores mezclados entre comida, golosinas y platería de plástico, mesón pretencioso, cesta de hallacas, pancitos y nueces, gaseosas, guarapetes y chichas... ¡fiesta! Detrás del dispositivo gastronómico los niños, algo aturdidos, buscaban el descuido de la hermana Celina para lanzarse bolitas de pan y pellizcarse. El ciudadano alcalde pasaba revista aprobando, con el tierno gesto de frotar las bélicas y reprimidas cabecitas que no contaban con aquella excentricidad de comer en navidad como si fueran niños con papás y mamás y buena suerte. Sólo una silla estaba desocupada. La hermana se acercó al alcalde para explicarle. —Está desocupada, pues la niña que debía ocuparla arde en fiebres. —Bueno, hermana, no importa, yo me sentaré allí. Y el alcalde tomó asiento en medio del campo de batalla. Caimán se asomó y se lanzó a ritmo de buey. Nunca pensó que ser otro sería tan abrumador. El azulejo le seguía picoteando la pierna y un sudor en cascada le recorría la espina cayendo en medio de las nalgas aplastadas. La cara chata y sin quijada se perdía entre la barba de algodón, y cuando carcajeó, siguiendo las instrucciones oficiales, a la usanza de Santa Claus (alias San Nicolás, dijo un funcionario), el hueco solitario y oscuro de la boca quedó expuesto penosamente a la rechifla infantil. Entonces se declaró la guerra y Caimán recibió un bombardeo inmisericorde con pasteles, panes y nueces, y el alcalde, tratando de imponer su autoridad, tomó el micrófono para recibir del más osado combatiente un sordo cachiporrazo de pan de jamón que lo hizo sucumbir bajo las ramas del árbol de navidad. La hermana Celina hubo de echar mano del mismo instrumento con que Cristo corrió a los mercaderes, sólo así a punta de cuerazos al aire y admoniciones pudo apaciguar el pandemónium. Al concluir la batalla el escenario era un guiso de manteles, barro y nieve con trozos de comida. No quedó otro recurso que obligar a los infantes a limpiar el pastiche; luego fueron colocados en ordenada fila y pasaron uno por uno a pedir la bendición al alcalde y recibir un regalo de fin de año de manos de Caimán, quien azarosamente y sin distinguir entregaba camiones de plástico a las niñas y muñecas de... plástico a los varones. Al final los niños descontentos fueron retirados, en silenciosa protesta, a sus dormitorios, y el alcalde se marchó con su comitiva dispuesto a enfrentar, al día siguiente, la maledicencia de la prensa que haría leña del árbol caído y de él también por culpa de algún “infiltrado” de la oposición. La sombra roja caminaba en círculo, desecha y empegostada, sobre la nieve hirsuta. Antes de apagar las luces la hermana Celina le pidió al buen San Nicolás Caimán (alias Santa Claus) que por favor se quedara a dormir dentro, pues el frío en la calle delinquía alevosamente. El destartalado héroe aceptó sin ningún orgullo herido y pidió con voz cascada: —Pero me da desayuno para mañana. —Si Dios quiere, se dice. —Si no quiere, me da pa’compralo. —¡Jajá jajá! No te acomodarás nunca. La hermana lo besó agradecida en la mejilla y se fue a su celda a seguir orando por las almas perdidas. Caimán se sintió bien, hacía años que estaba olvidado de besos maternos, de tremenduras navideñas y de... El pajarito arreció su picoteo y Caimán dio un suave manotazo al bolsillo para aplacar el ánimo del caníbal; luego salió del patiecito circular y dio un paseo entre las sombras de los pasillos. Brotaba un silencio redondo, y la sombra del claroscuro se abría y cerraba como puertas tristes, sin llaves ni cerrojos ni bisagras; sólo puertas volando por el aíre frío y muerto. Un rayito de luna corría despabilado; entonces, el patio se puso como un cadáver. Todo estaba muerto. En el silencio, Caimán buscaba calentarse. Se odiaba por no haber comprado un trago... “¡Viste, por está respetando!”. Un trago bendito de ron... ron mata frío... mata soledad... mata silencio. Recordó el dinero y hurgó en el bolsillo; estaba allí como nido del pájaro, quien de inmediato reanudó el picoteo; entonces, de lo más denso del pasillo se desprendió un llanto hiposo. Caimán buscó el origen del manantial; la ventanita dejaba ver la figura pequeña llorando debajo de un rayo tenue: la niña tenía erupción y fiebre; y separada del resto para evitar la epidemia, quedó olvidada del mundo y de San Nicolás (alias). Se enteró del agravio que sufrió su héroe, pero él, grande y bondadoso, no falló y dio los regalos a sus atacantes: “¡Así es él!”, pero cómo pudo olvidarla a ella tan íngrima, tal vez la pena del acribillamiento lo hizo marcharse sin visitarla... Pobre niña tonta con fiebre y erupción, sin juguete por culpa de la guerra... Pobre San Nicolás masacrado con cremas y pan. Caimán se acercó a la ventana; el pajarito picó, picó y picó como pican los pájaros cuando quieren romper billetes, bolsillos, piel. Caimán tomó al animal con rabia al sentir el piquete sanguinario y quiso sacarlo y matárselo al suelo, pero el grito de la niña, quien se incorporó doblemente afiebrada, lo detuvo. Se miraron hondo como se miran los solos cuando se encuentran. Ella no reparó en lo astroso del traje, en la barba marrullera ni en el rostro hundido de San... ¡ese!, quien parecía haber confundido la navidad con el carnaval. Él sintió un cariño de viejo abuelo sin hijos. El pájaro perforador palpitaba; entonces, San Nicolás Caimán lo acercó a la niña, quien detrás de la ventana se iluminó con mil rayos de luna y las sombras se relucieron tenuemente. La nieve ya moribunda refractaba un color lívido y Caimán posó la avecita en las manos trémulas de la niña, desordenó cariñosamente sus cabellos y se marchó, moviendo su vida a ritmo viejo, con la puñaladita del pájaro regalo aún caliente. La mañana siguiente el pájaro amaneció de azulísimo, el cielo también fue azul y limpio y el sol... muerto de risa. No había para qué recordar la nevada fugaz, pues se sabía que eran “juegos de Dios”, decía la hermana. La niña de mejor ánimo se asomó a la ventana y abrió la prisión de sus manos para dejar ir a su nuevo y fugaz amigo. El ave subía y bajaba en juego alegre y sin bolsillos, la niña fue feliz al ver el regalo del San fulano volar realengamente y lanzarse sobre la copa del árbol que lo echó al mundo en ese lado del mundo... ¿Dónde estaría San Nicolás? Anoche desapareció inesperadamente como todo ángel serio en su oficio. La niña creyó que el pajarito era como el alma de San Nicolás. La hermana Celina salió el día de los inocentes al mercado. El banco de Caimán estaba solo y solo también estaba al regresar del agio, algunas hojas del jobo desecadas y nada más; entonces se preguntó dónde estaría, y se dijo sosegada: “Debe haberse mudado de plaza”. Guardó el pan y el tocino y dio su bendición al banco solitario pensando que ahora, al menos, tendría un buen ahorro para los huérfanos. ** Eleazar Marín http://www.letralia.com/firmas/marineleazar.htm Escritor, docente y director de teatro venezolano (Irapa, Sucre). Dirige la Escuela de Arte Dramático de Aragua. Fundador de revistas literarias como La Honda y el Pájaro, Muro de Sueños y Plaquets. Además de textos de investigación teatral, ha publicado poemas y cuentos en revistas y libros antológicos. Ha publicado también el libro de cuentos Infantes terribles (Fondo Editorial Ipasme, http://fondoeditorialipasme.wordpress.com, 2008; Fundación Editorial El Perro y la Rana, http://www.elperroylarana.gob.ve, 2009). === Poemas Ricardo Martínez-Conde ==================================== Su canto es quien abre el día. Solo, a todos convoca su libertad tan seria. ¿Hasta cuándo vivirá la rama en que se apoya? De rama a rama vigila, reflexiona, agita el aire para desperezarse. Y canta. Siempre el canto: sus alas, su color infantil. No ha habido hasta ahora lluvia o sol que amaine su fe; su entrega es humana desde este lado del cristal. === El miedo actúa como una perfección. No cabe eludir, sino aludir. También la Mitología, que ha amparado Siempre la libertad, pudiera Sufrir herida. El miedo que no llama Nunca desaparecerá. === En el dormir se acomoda lo grave de la vida, mas a expensas de la melancolía… (Así apremia ese hueco sin cubrir cuando ya se hace tarde) En el dormir están la calma de la hoja y la gravidez de la dovela; ahí se guardan los altos equilibrios inalcanzables… === Al amor todo le pareció vacío, carente del secreto que anuda sobriedad y gozo. Continuaron otorgando nombres de apariencia triste, pero inútiles, muertos para el que siente. ** Ricardo Martínez-Conde http://www.letralia.com/firmas/martinez-condericardo.htm Escritor español (Sanxenxo, 1949). Cursó los estudios de filosofía y letras y el doctorado en la Universidad Complutense de Madrid (http://www.ucm.es). Textos suyos han aparecido en la Revista de Occidente, el Boletín Galego de Literatura y las revistas Clarín, Claves y Extramundi. Además ha sido colaborador en diversos periódicos. Ha publicado los poemarios en gallego Lento esvaece o tempo (Milladoiro, 1990), Orballo nas camelias (Sotelo Blanco, 1993), O silencio das árbores (Espiral Maior, 1995), A núa lentitude (Follas Novas, 2001) y Compostela, vella memoria (3C3, 2003); y, en castellano, Los argumentos de la tarde (A.G., 1991), Sombras del agua (Endymión, 1993), Evoë (Calambur, 1997) y Los días sin nombre (Calima, 2000, premio Benasque de Poesía). En prosa ha publicado, en gallego, Os simbolos de Galicia (Cª Cultura, 1993) y Debullar (Galaxia, 1998) y, en castellano, Cuentas del tiempo (Pre-textos, 1994), La figura del Rey según Quevedo (Una lectura de la "Política de Dios") Ed. Endymión-Mº Cultura, Madrid, 1996, Alusión al paisaje (Calima, 2002). Ha recibido diploma de honor en el Concurso Internacional de Relatos Breves "Jorge Luis Borges" (California, 1992) y el premio Reimóndez Portela de Xornalismo (A Estrada, 1997). === Dos textos Deyanira Díaz ========================================= *** ¡Qué maravilla! Ayer, en algún instante de ocio, con mis manos aferradas al volante y con la avenida Libertador frente a mis ojos, pensé en la Mujer Maravilla. Le subí el volumen a Under Pressure un instante antes de que Bowie comenzara su intervención con su voz grave y aterciopelada. “Esa chica es una heroína con toques de mujer común”, pensé. Las mujeres somos locas, pero locas de atar, somos sentimiento puro, intuición, emoción... en fin, pathos, pues; el mundo lógico es un ladrillo, un espacio muy pequeño y rectilíneo para nuestra mente inquieta y desbordada. La Mujer Maravilla parece una barbie, tan arregladita que mi mente no puede imaginarla peleándose duro con algún malandro que acaba de escapar de La Planta, esos que cargan chuzos y pistolitas hechas con tuberías dañadas que se usan a quemarropa; para anular esos artefactos tendría que reforzar sus brazaletes (¿qué es una dama sin sus joyas?). Su cabello luce tan impecable que no la veo despeinándose en una pelea de mujeres, porque nos da por halarnos los cabellos (no sé por qué, teniendo tantos puntos frágiles), pero sigamos. Escucho los chasquidos de los dedos, una y otra vez alternándose con las voces y el piano de Freddy... Al parecer, su principal poder radica en su belleza. Idiotiza a los bandidos, apela a sus instintos de supervivencia más básicos y los deja incapaces de reaccionar por un momento, los convierte en monos, son monos y en ese momento tienen hambre, sed, quieren sexo; su belleza los desarma, los domina, y es entonces cuando los agarra mansitos con su lazo de la verdad. Bajo el volumen de nuevo y presiono sobre la flechita hacia atrás para que Queen comience a cantar de nuevo la misma canción, porque cuando me gusta una canción la escucho muchas veces para que sus letras y sonido lleguen hasta la última neurona. Ese lazo de la verdad con el que nos encanta envolver a la humanidad. Nosotras le rendimos culto a la verdad, siempre queremos saber qué oculta el manto de la sacerdotisa, ella nos dice: “Déjalo ahí, déjalo ya”, pero nosotras tenemos que llegar hasta el final, hasta las últimas consecuencias; como dice Clarissa Pinkola, no paramos hasta encontrar la llavecita que abre el cuarto secreto de Barba Azul para saber qué esconde allí, y hay que hacerlo. Con mucho gusto volveríamos a enterrar a Sartre, pero con toda su teoría existencialista promotora de Tartufos. Qué manía con el lazo de la verdad. La Mujer Maravilla agarra a los criminales con las manos en la masa y aun así los hace confesar, tienen que verbalizar su crimen. Definitivamente, a nosotras nos alimentan las palabras, necesitamos escuchar, los órganos más importantes al parecer son los oídos (y los hombres piensan que es la vagina), el significado de las palabras se magnifica en los oídos de una mujer, para bien y para mal, derrite chocolate congelado. Y ahora vamos con la locura del avión invisible. Pray tomorrow - gets me higher high high... Las mujeres somos tan egocéntricas, tan vanidosas, que necesitamos exhibir lo que tenemos, aunque eso nos exponga a la muerte. Sabemos que los malandros andan en la calle hambrientos de oro y es lo primero que nos colocamos, porque no toleramos andar con piezas de fantasía, hay que exponerse porque la dignidad está en juego... ¿A quién se le ocurre tener un avión invisible que muestra lo que hay en su interior? A una mujer, claro, allí hay pathos, no hay pensamiento lógico posible. Desde niña ese avión me pareció sospechoso, porque al ser invisible, y mostrar a la Mujer Maravilla en su interior, la hacía blanco fácil de sus enemigos... Pero la vanidad... Todos teníamos que saber de quién era el único avión invisible del mundo. Cosas de mujeres. Cause love’s such an old fashioned word and loves dare you to care for... y llegamos a Bowie de nuevo. A decir verdad, la Mujer Maravilla nunca fue mi favorita porque me parecía demasiado frágil para ser una heroína, siempre me dio esa impresión, ahora me doy cuenta de que también es frágil por dentro, lleva los defectos que todas las mujeres tenemos. La reivindica el amor, sus ganas de luchar por mejores condiciones de vida para la humanidad, pero para mí es como oír hablar a Angelina Jolie en el foro mundial de la ONU contra el hambre, las guerras y el deterioro ambiental, su arma fundamental es la belleza. ¿Qué opinas tú? Under pressure, under pressure... pressure. *** Vida Furioso mar que nos envuelves, nos golpeas, nos asfixias, para luego empujarnos hacia la orilla. Nos atrae el misterio de tus aguas, esas transparencias que se van oscureciendo y agitando a medida que avanzamos, pero que siempre brillan como si flotaran sobre ti diminutos cristales de Swarovski. Te contemplamos con nuestras manos hundidas en la arena, anhelamos ese destello robado. Nos invitas a saborearte con tu danza de seda, esa que moja con intermitencia mis talones. Cuando te alejas pareces decir: “Ven, ven conmigo”. Nos invade el miedo, la incertidumbre del naufragio, pero queremos sal, vestirnos de sal y proyectar la luz. Lo intentamos una y otra vez, y una y otra vez terminamos atrapados en el furor de tu lengua salvaje... hasta que... exhaustos, nos unimos a ti en forma perfecta; en ese instante nos olvidamos del muelle, desaparece la playa en un golpe de viento, y sólo quedas tú. ** Deyanira Díaz http://www.letralia.com/firmas/diazdeyanira.htm Escritora venezolana. Es economista de profesión, egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve; 1996), y especialista en manejo de recursos naturales, mención cuencas hidrográficas, del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la UCV (2003). Fue asistente del economista Emeterio Gómez en análisis de mercado. Entre 2004 y 2008 se residencia en Washington, EUA, donde colabora con Earth Day Network (http://www.earthday.org) en la realización del evento internacional del Día de la Tierra. En 2008 representa a dicha organización en el Green Apple Festival en Dallas, Texas. En 2009 ingresa al Programa Superior de Escritura Creativa (PSEC) del Instituto de Creatividad y Comunicacion (Icrea, http://www.icrea.org.ve), en Caracas, así como en diversos talleres dictados por escritores y profesionales de reconocida trayectoria como Carmen Verde, Fedosy Santaella (http://www.letralia.com/firmas/santaellakrukfedosy.htm), Jesús Nieves Montero y Néstor Garrido, entre otros. Ha publicado Cuentos para gnomos (Eclepsidra, 2012). === Dos poemas Eduardo Fabio Asís ==================================== *** Brevísimo escondido Aun cuando el agua sueña fuego no se queman los peces del lago. Así mi ser de exterior discreto oro oculta en su cuerpo de barro Y no hay otro grito más certero que decir el poema como atajo. O crearte unos oídos nuevos para que oigas mi reclamo claro. Es todo que lo sepas, te quiero, y con todo es nada, sin embargo. Un amor hundido en alta mar o cariño botao Te amé como una tumba a quien nadie visitó por decenios y que de pronto recibe un niño santo para rezar en ella. Ya no es tiempo de encontrar la rosa negra temblando de frío bajo la nieve. Te he perdido como una batalla antigua, en alta mar, y mi brújula señala inderogable… a la muerte. No te duelas del dolor mío. Que si no te duele, guardo como trofeo saber que nunca me has querido. *** Herí jugando a Dios Arrojé una piedra al cielo con tan buena puntería que cayó herido en mis brazos el Dios creador de la vida. Caminé muy pensativo con su cuerpo desmayado apretándolo bien fuerte sobre mi débil regazo. En mi secreta memoria alumbré lo más oscuro de mis pequeñas historias y me sonrió, el Dios puro. Me miró fijo a los ojos, herido pero contento, y cumpliendo mis antojos confesó a cuatro vientos: “Gracias por jugar conmigo, que bastante cansa ser Dios, la piedra que tú arrojaste, la puse en tus manos yo”. ** Eduardo Fabio Asís http://www.letralia.com/firmas/fabioasiseduardo.htm Poeta argentino (Palmira, Mendoza, 1963). Es abogado de profesión. Textos suyos están publicados en diversos portales de Internet. === La rica del pueblo Jaime Huertas Fernández ======================= Al día siguiente comenzarían las festividades. Cada año escogían a un vecino para que las organizara y en esa oportunidad decidieron que fuera Vinicio Palma. Él alegó que tenía mucho trabajo; pero nadie aceptó su excusa. Desde que supo que no podía evadir ese compromiso (hacía tres semanas) estuvo pensando en todas las maneras posibles para hacer que ella no asistiera. Esa mañana había atendido en la puerta de su casa a doña Benilda y a las otras bisabuelas, quienes nuevamente, al igual que en los últimos cuatro días, habían ido para quejarse lupinamente. Le repitieron que no aceptarían la presencia de esa mujer, que de llegar a verla la tomarían por el moño y la sacarían del pueblo a patadas. Vinicio Palma miró los bastones de las siete viejitas y las imaginó dándole palazos a la indeseada como si fuera una piñata; seguramente los vecinos las alentarían, creándose una orgía sádica que acabaría con la celebración. “¿Y no sería mejor así?”. “¿Es que realmente había algo que celebrar?”, pensó mientras tomaba café en la sala de su casa. Entonces recordó con remordimiento que él fue uno de los más entusiastas, el que convenció a los pocos que se negaron, y el único que estuvo por varios días visitando las casas, como un evangelizador, predicando la buena nueva. Mañana celebrarían los cuatro años de “El gran viraje”, como lo llamaron los dirigentes políticos que fueron al pueblo para motivarlos a acoger el nuevo sistema de producción. Así lo hicieron, con palmoteos, con una gran ilusión de que sus vidas se transformarían y que por fin, luego de tantos años de penurias, obtendrían beneficios (palabra extraña en ese pueblo). Oyó el saludo en la puerta (que durante el día permanecía abierta como la mayoría de las puertas del pueblo). Había mandado a llamar a Aquilino Calvo, quien organizó la fiesta del año pasado. —¡Saludos, paisano! —dijo Aquilino Calvo desde el umbral. —Saludos, paisano —le respondió Vinicio Palma antes de llegar a la puerta. —¿Apesadumbrado? Vinicio Palma creyó oír un dejo de burla. —Usted sabe más de eso que yo. —¡Ja! ¡Si lo sabré!... Creo saber para qué me mandó a llamar. Vi a las abuelas salir esta mañana de aquí. Cuando pasaron frente a mi casa corrí la cortina, ¡no fuera a ser que quisieran continuar el reclamo conmigo! Bastante tuve con aguantarlas el año pasado. Disculpe que no haya venido antes, pero ya comenzamos la recolección, y los muchachos y yo hemos estado todos los días en eso. Menos mal que mañana hay fiesta... ¿Para qué soy bueno? Caminaron hacia la parte de atrás de la casa para no ser interrumpidos. Cogieron unos taburetes y se sentaron bajo la sombra de un árbol. —Paisano, ¿qué puedo hacer? Ella es la rica del pueblo y quien pagó la fiesta. —¡Y la del año anterior también! ¡Y creo que la del próximo! —¿Usted cree que va a haber fiesta el año que viene? Yo lo dudo. Todos estamos tan empobrecidos que hasta le debemos dinero a la indeseada. Creo que si volvemos a lo de antes, segurito que monta un banco en las afueras del pueblo con todos los reales de nosotros. —¡Um! Así también lo creo yo. Estoy esperando que llamen a cabildo, porque ya no aguanto más. —Se acercó un poco y bajó la voz—. Esto no sirve. —Lo mandé a llamar para que me dijera qué excusa le dio usted para que no asistiera. —Le dije que esa sería la última vez que le prohibirían venir, que el próximo año y, por supuesto, todos los demás, sería bienvenida. Vinicio Palma oyó unos gritos: “¡Apunte!... ¡Fuego!”. —No sé qué decirle, paisano —Aquilino Calvo se sintió alegre porque no estaba en los zapatos del amigo. Los dos hombres permanecieron sentados uno frente al otro sin hablarse. Buscaban una solución. La indeseada llegó al pueblo de la mano de Jacinta (la beoda, la mujer sin apellido), la limosnera que vivía en las afueras del pueblo, al final de la única calle, a cien metros de la última casa, un poco más allá del recodo. Nadie sabía con certeza si a la Rita, como la llamaban desde niña, la consiguió Jacinta en un bar de los pueblos cercanos o en alguno de los caminos que recorría semanalmente. Las prematuras teticas de la Rita cambiaron la vida de la limosnera. Comenzó con uno de los hombres del pueblo, a la semana siguiente llegaron dos, y así fue aumentando la clientela. Todos los días, antes de llegar a sus casas desde los campos de siembra, algunos vecinos se detenían en la choza de Jacinta. La vieja no pudo gozar más de tres años de los beneficios. Se quedó tiesa en la silla de afuera, con la palma de la mano derecha hacia arriba, esperando las ganancias del día, que la niña puso cuando terminó de trabajar. El primer hombre que fue al día siguiente encontró a la muchachita llorando a los pies de la vieja. Se acercó y le dijo: “Si me das el dinero que tiene tu mamaíta en la mano, la entierro”. La niña, analfabeta y pobre, se quedó viviendo sola en la pequeña choza y continuó ejerciendo el oficio que había aprendido. —¿Qué opina usted, paisano, si vamos los dos y le pedimos que aguante un año más? —preguntó Vinicio Palma. —Paisano, ¿usted en verdad cree que la Rita es la misma niña tonta de hace trece años? No sabe usted que ella misma, apenitas se acababa de morir la vieja Jacinta, le pagó al maestro Benavides, con usted sabe qué, para que le enseñara a leer, escribir, sumar y restar. —¡Y vaya que sabe sumar bien! ¡Ah!, ¡qué daño nos hizo esa gente! —¿De quién habla, paisano? —¡De los que inventaron esta zoquetada! —gritó Vinicio Palma, quien parecía regañarse a sí mismo. Volvieron a quedarse callados. Vinicio Palma recordó el recibimiento bullicioso y alegre que les dieron a quienes por fin llegaban para ocuparse de los habitantes del pueblo. Durante dos días estuvieron escuchando la propuesta y la manera de ponerla en práctica. Al mes, tal cual se los habían prometido, dejaron en medio del pueblo unos toneles de pesticidas, varios sacos de semillas, una cosechadora nueva y suficientes aperos para todos. El primer año la producción fue buena, nadie obtuvo muchos beneficios; pero habían acordado que eso no era lo importante, sino el nuevo sistema de producción: “El gran viraje”. Todos los días las mujeres salían con los productos que sus esposos e hijos producían y los intercambiaban con sus vecinos. La mujer de Vinicio Palma sacaba una mesa pequeña, sobre la cual ponía varias bolsas de café; como a las once de la mañana dejaba a una de sus hijas atendiendo a los vecinos y se iba con el menor de los varones, quien cargaba cinco kilos de café molido, a recorrer la calle. Esa mañana, mientras su esposo hablaba con Aquilino Calvo, ella salió a cambiar café por tomates, en otra casa lo hizo por mangos, más adelante por pan, hasta que llegó a la última casa, donde Luisa María hacía unos manteles muy bonitos, de los cuales ella tenía cuatro. La negociación comenzaba con la misma pregunta: “¿Trocamos, vecina?”. Nadie usaba los billetes ni las monedas que hacía el Estado. Habían creado sus propios billetes, con los cuales compensaban cualquier diferencia en los valores de los productos. Así les habían explicado los expertos en economía que los visitaron. La Rita aceptó todos los pesos. Era tanto el odio que los pobladores les tenían a los billetes del Estado que llegaron a darle propinas exorbitantes, que a veces eran el doble de lo que ella cobraba. La mujer se vio en la necesidad de irse al pueblo más importante de la zona para abrir su primera cuenta bancaria. No pensaba quedarse más de un día, pero tuvo que hacerlo por una semana porque debió realizar los trámites para solicitar el documento de identidad (en el cual puso casi todos los datos inventados, desde el apellido hasta la profesión: comerciante). La Rita regresó con un niño, de unos seis años, a quien consiguió pidiendo limosna en las calles. Lo llamó Jacinto en honor a su madre; era quien le hacía los mandados al pueblo. Luego del primer año del experimento, la Rita comenzó a aceptar el pago en especie; recibía tantos productos diariamente que llegó el momento en que no supo dónde meterlos. Así que un día, temprano en la mañana, salió para otros pueblos a vender la mercancía sobrante. Le fue tan bien que decidió hacerlo dos veces a la semana. En un primer momento alquiló un burro (al que le montaba tantos costales que a veces parecía que se le abrirían las patas); al poco tiempo dejó la tracción animal y alquiló una camioneta. Con las ganancias fue construyendo un pequeño almacén y una casa. Los habitantes de los pueblos cercanos, los cuales no habían querido participar en el nuevo sistema de producción, comenzaron a ir al nuevo negocio de la Rita, atraídos por los buenos precios. No pasó mucho tiempo para que la mujer decidiera dejar el oficio que ejerció desde niña. No lo necesitaba. Con las malas cosechas de los dos últimos años, el desgano y la falta de repuestos para la cosechadora (que dejó de funcionar hacía año y medio), todos se fueron haciendo más pobres, mientras ella terminó con un almacén tan famoso que venían proveedores desde zonas muy lejanas y le dejaban la mercancía en consignación. La Rita creyó que el dinero la ayudaría a ser aceptada en la comunidad. Lo primero que hizo fue ir un domingo temprano a la capilla, antes de que el joven cura diera la misa, para preguntarle si podía asistir. El cura vio la oportunidad de tener un feligrés más y muy contento le dijo que sí; pero, para evitar molestias, le pidió que asistiera bien cubierta, con la mejor ropa, y se quedara parada en la puerta. Así lo hizo durante un año; para el segundo, la Rita se fue acercando poco a poco al pequeño altar. Cada mes daba un paso imperceptible para que las mujeres no se quejaran. Por esos días se sentaba en la segunda fila, en el extremo del tablón, con el niño Jacinto a su lado. Las mujeres la soportaban en silencio, principalmente porque el cura, cada vez que lo consideraba oportuno, daba un sermón sobre la tolerancia. Aun así, de vez en cuando había algún comentario inevitable, un susurro entre amigas. —¡Ahí está la Rita esa! —dijo una mañana la abuela Benilda. —¡La Rita..., será la rica! —le contestó la vecina, interrumpiendo el rezo del rosario. Un día el cura decidió que había llegado el momento de transformar la capilla en una iglesia modesta, así que convocó a los vecinos para saber con cuánto podía colaborar cada uno; pero nadie tenía dinero para los materiales, y en los otros pueblos no aceptaban ni trueques ni los papelitos que Asunción Espina había mandado a hacer para sustituir los pesos. La Rita dio el dinero necesario y le dijo al joven cura que se olvidara de la palabra “modesta” e hicieran una iglesia respetable. La mujer estaba en la parte de atrás de la casa (donde había construido un galpón de doscientos metros) haciendo el inventario de todos los lunes, cuando el niño Jacinto fue a decirle que don Vinicio la requería. —Ya nadie me requiere, angelito, ahora me buscan. —Le busca don Vinicio, mamaíta —rectificó el niño, quien no había crecido mucho para la edad que tenía. En la puerta de la casa vio a Vinicio Palma; el hombre llevaba el sombrero ancho que lo caracterizaba. Se veía molesto. Nunca antes había estado en esa casa. Vinicio Palma fue durante muchos años el cliente asiduo de una jovencita muy hermosa que trabajaba en una casa de tolerancia en un pueblo lejano. En esos tiempos se dedicaba a la artesanía, ganaba bastante dinero y lo derrochaba en juergas. Cuando estaba en los brazos de la muchacha se quedaba hasta tres días sin salir del cuarto. Siempre le hacía regalos; en varias ocasiones le ofreció sacarla de ahí, llevársela con él; pero esos sentimientos desaparecían cuando tomaba el camino de regreso (tenía una joven esposa que lo esperaba con dos muchachitos que todavía no tenían la edad para ir a la escuela y otro que llevaba en el vientre). La Rita le sonrió amablemente, con un dejo de igualdad que él no hubiera permitido si no estuviera en una situación tan penosa. —Doña Rita —dijo con una leve inclinación de la cabeza. Luego se quitó el sombrero. —Don Vinicio, ¿cómo está? Pase, por favor. La mujer quedó impresionada por el tamaño de don Vinicio, a quien siempre había visto de lejos. Conservaba la espalda ancha y fuertes, los brazos eran peludos y muy blancos; tenía un bigote pequeño, bien rasurado y tan canoso que casi no se le veía. Él iba a negarse a pasar, pero la apariencia serena de la mujer, la casa grande y lujosa, y la niña que venía con una bandeja de madera con dos tazas pequeñas, lo hicieron cambiar de opinión. Apenas Vinicio Palma tomó asiento, la niña le ofreció una de las tazas de café. Estaba asombrado, parecía que lo estuvieran esperando. Bebió un poco, miró hacia la puerta de la sala y creyó ver un espejismo: otra niña, igual a la que estaba frente a ellos, les preguntó desde la puerta de la sala si querían algo más. —¿Son sus hijas? —no pudo evitar la pregunta. —¡No, don Vinicio! A estas niñas las traje igual que a Jacinto, en una de mis idas al pueblo de Concepción, el mismo donde me consiguió a mí mamaíta Jacinta. Las conseguí pidiendo en la calle y, como no tenían familia, me las traje. Son gemelas. —Es usted muy caritativa —dijo distraído. El pueblo de Concepción, al cual no visitaba hacía muchos años, le traía buenos recuerdos. —No puedo hacer menos. La vida ha sido muy mala conmigo y muy buena a la vez, así que no quiero la parte mala para estos niños. Ya para eso sufrí yo; y como no podré tener hijos. No se atrevió a preguntar el porqué, aunque sintió un deseo irresistible de hacerlo. Siempre era bueno tener alguna noticia nueva para comentarla con los vecinos en las tardes cuando se reunían en la plaza. —Yo sé a qué vino, don Vinicio —dijo despacio—. El año pasado le tocó el difícil trabajo a don Aquilino. La diferencia fue que él no quiso entrar, quizá le traía buenos recuerdos... o remordimientos. Vinicio Palma sintió que el café le bajó por la garganta como una piedra volcánica. —Pues me evita con ese conocimiento suyo la bochornosa explicación —creyó que eso era todo, que nada más tenían que decirse. —Eso es cierto, pero debo decirle, aunque estoy segura que don Aquilino ya lo hizo, que el año pasado se me prometió que podía asistir como una vecina más, como una invitada a la celebración, y más aun todavía —hizo silencio antes de continuar—, como la anfitriona para la del próximo año. He contribuido mucho con este pueblo que no me quiere, he pagado casi toda la iglesia, arreglé la escuela, y aun así llegaron a prohibir que Jacintico asistiera; si no hubiera sido por la intermediación del padrecito, el niño estaría recibiendo clases aquí como lo tuve que hacer yo. Les he prestado dinero a muchas personas, he fiado en el almacén a medio pueblo, y estoy en condiciones de seguir ayudando. Me atrevo a decir que la prosperidad del pueblo empieza aquí y seguirá hacia la calle por donde usted vino. Vinicio Palma volvió a recordar el día en que Benilda y las otras bisabuelas salieron iracundas de su casa. Se arrepintió nuevamente de no haberse opuesto con vehemencia a que lo nombraran organizador del evento. Prefirió ponerse intransigente con la Rita a tener que soportar las quejas de las bisabuelas, las abuelas, las hijas, las nietas y de todos los hombres que habían pasado por la choza que ahí hubo, a la que despreciaron como si fuera la letrina del pueblo, y por ese motivo debían apartarla para que los malos olores no llegaran a sus casas. Inhaló con fuerza para no fallar en su propósito, para decirle con su moralidad intachable las razones definitivas e indiscutibles por las cuales era mejor que no asistiera a la fiesta y para que jamás llegara a insinuar la impensable propuesta de ser la anfitriona del próximo año; esta última idea era más fácil de llevar a cabo, ya que pensaba proponer que volvieran al sistema de producción con el que habían nacido, el cual podía ser imperfecto y todo lo que quisieran decir, pero mejor a este, que lo ponía a negociar con una prostituta retirada. Antes de continuar con sus argumentos, la Rita se movió de su silla para tomar la taza vacía que Vinicio Palma tenía en la mano desde hacía rato, y la puso en la mesita que estaba al lado de ella. El movimiento hizo que de su escote saliera un camafeo, el cual quedó a la vista, sobre su camisa turquesa. Vinicio Palma tuvo un sobresalto. —¿¡De dónde sacó usted eso!? —dijo, señalando con el dedo índice hacia el camafeo. —¡Ah!, esto era de mi mamá, de mi verdadera mamá. De ella no recuerdo casi nada... Mamaíta Jacinta me dijo que con esto y un vestidito sucio fue con lo único que me consiguió. La mujer se acercó sin levantarse de la silla, cogió delicadamente el camafeo y lo abrió despacio, como si fuera un acto protocolar, para mostrarle las dos imágenes. Vinicio Palma vio los dedos delgados y las uñas largas y bien pintadas. La cadena quedó suspendida como un puente y en uno de sus extremos se insinuaban unos senos voluminosos que ponían a prueba los botones de la camisa. Un perfume denso le impregnó los bigotes. —Aquí están la Virgen de la Concepción y San José. ¡Aunque es un San José un poco raro, porque nada más tiene bigote, nunca he visto a otro San José sin barba! Vinicio Palma, luego de ver las fotografías pequeñas y borrosas, sintió que le venía un síncope. Respiró profundo, llenó de aire los viejos pulmones hasta sentir que le iban a estallar. Salió del aprieto que hubiera sido caer muerto en esa casa, pues todos dirían que nada bueno fue a hacer. Trató de levantarse, pero las piernas enervadas lo amarraron a la silla. —¿Se siente bien, don Vinicio? —la Rita se preocupó; el hombre estaba pálido. —Sí, sí. No es nada. Cosas de la edad. Ya se me pasó. —Le voy a traer agua. La Rita se levantó para ir a la cocina; él la tomó con fuerza por la muñeca. La mujer lo miró asustada. Vinicio Palma consiguió ponerse de pie, como un búfalo de río que logra salir de una trampa de lodo. —No se preocupe —la miró directo a los ojos. No hubo dudas—. Me marcho. —¡Pero no hemos terminado de hablar! ¡Quiero saber..! —La conversación terminó —dijo con sequedad mientras caminaba hacia la puerta—. Si el próximo año llegamos a celebrar algo, será el haber terminado con este maldito experimento. —Se puso el sombrero y se detuvo en el umbral—. Usted será siempre bienvenida a esta y a todas las fiestas que se hagan en el pueblo de ahora en adelante. —¡Pero las demás mujeres del pueblo, los hombres..! —¿No me acaba de decir que la mayoría tiene deudas con usted? —le habló en voz alta, de espaldas: no quería verla. —Sí. Tengo un libro lleno con sus firmas en cada pedido. —Entonces no se preocupe. Yo me encargo de todo. Hasta mañana. La Rita quedó desconcertada. Desde la puerta lo vio alejarse despacio y lo siguió con la mirada hasta que cruzó el recodo. Las niñas llegaron a la puerta y se recostaron de sus caderas; ella las abrazó. El niño Jacinto se paró delante de ellas mirando a su madre. —¿Qué pasó, mamaíta? ¿Quién era ese señor? —preguntó la que había llevado el café. —Un hombre bueno —dijo pensativa—. Todavía hay gente buena en ese pueblo. —¿Y a qué vino? —preguntó el niño. —Vino a invitarnos a una fiesta —dijo muy contenta—. Mañana vamos los cuatro a celebrar. —¿Y qué celebramos, mamaíta? —preguntó una de las niñas. —Que la paz ha llegado al pueblo. Que ahora todos somos iguales. ** Jaime Huertas Fernández http://www.letralia.com/firmas/huertasfernandezjaime.htm Escritor venezolano (Caracas, 1968). Ha publicado las novelas Panteón vacío (1992) y Generaciones vencidas (2004). === Pequeña antología de poesía breve Mario Meléndez ================= La lectura de la poesía ofrecida por el autor chileno Mario Meléndez permite, en primera instancia, afirmar sin temor que el tono coloquial del género está a salvo y goza de muy buena salud. Después de que se abusara de él en tantas repetidas ocasiones —y autores de la talla de Mario Benedetti no escapan a esta crítica— Meléndez parece haber encontrado la fórmula, a base de un destilado de talento, para revivir las potencias y los alcances del recurso. En efecto: su poesía, breve pero potente, es capaz de llegar al lector con la fuerza de una palabra dicha a tiempo, esa que no olvidaremos, y este paralelo con lo conversacional no es antojadizo. Meléndez sabe cómo y en qué dosis infiltrar en la conciencia de quien lo lee la capacidad de señalar circunstancias y conflictos que, de otra forma, pasarían muy probablemente inadvertidos. Meléndez nos demuestra cabalmente que no solamente revisten esos conflictos y esas circunstancias la mayor importancia, porque hablan a las claras de la huidiza condición humana, sino que también pueden ser subrayados como él lo hace, apelando a un lenguaje directo y sencillo, pero que posee la fuerza de un uppercut a la mandíbula. Notable por su destreza discursiva, por el medido ejercicio de los recursos literarios, Meléndez se caracteriza, además y muy señaladamente, por poseer aquello que antes denominábamos —con plena justicia en los términos— la “inteligencia poética”. Es una facultad tanto del autor como de los textos que de él derivan y una felicidad para aquel que tiene el placer, tanto estético como emocional, de leer estos poemas. Luis Benítez (http://www.letralia.com/firmas/benitezluis.htm) Miembro de la Academia Capítulo de New York (Columbia University) *** Para mayor seguridad Vengan a ver mi poesía no está hecha de material ligero aguantará perfectamente el invierno y en verano refrescará las mentes y los cuerpos Hay poderosas vigas entre cada verso hay listones apuntalando mis palabras Y si la lluvia desea entrar pondré mis sueños en el techo y taparé las goteras con mi propio dolor *** Yo nada pude hacer Dejaste que me desarmaran tus besos Y yo, qué pude hacer tu corazón no estaba en mis planes Entonces me enamoré de ti mi dulce, mi amarga, mi múltiple caí hasta las costuras en tus redes y fui arrastrado mar adentro hacia la flauta sin fin de tu latido *** Precauciones de última hora Debo cuidarme de los gusanos cuando me entierren lo más seguro es que hablen mal de mí que escupan sobre mis poemas y orinen las flores frescas que adornarán mi tumba Llegado sea el caso que hasta devoren mis huesos me arranquen los intestinos o en el colmo de la injusticia se roben mi diente de oro Y todo esto porque en vida jamás escribí sobre ellos *** Pedagogía inconclusa El niño le pregunta al padre si las palabras envejecen El padre le responde al hijo que las palabras siguen tan jóvenes como en el primer día El niño corre donde el abuelo para llevarle la buena nueva Y el viejo abre de golpe el cajón de las palabras para que éstas le cuenten el secreto *** El mago de la soledad Las palabras se recuestan en mi cama a escuchar la extraña historia de esa niña que sacaba agua de sus pechos para bañar a sus muñecas Una vez terminado mi relato y visiblemente afectadas me confiesan en voz baja que es el cuento más hermoso jamás descrito pero no una razón suficiente para haberlas reunido “La razón es lo de menos” les respondo “sólo soñaba con verlas recostadas en mi cama” *** El gran recreo Ahora que la alegría se puso de moda le diré a mi tristeza que salga un rato a estirar las piernas *** Pelé Edson Arantes do Nascimento jugaba fútbol con la pobreza De niño su sangre negra pateaba el aire y en una cancha de arroz se desvistieron sus estrellas Nadie le dijo a dónde ir pero los sueños tenían piernas y alas y un corazón redondo como el mundo de su infancia un corazón de cuero azul en el que habitaría ahora sin hambre y sin miedo porque sólo él guardaba las llaves en sus zapatos de luna *** Crónicas de un circo pobre El domador entró desnudo a la jaula La trapecista entró desnuda a la jaula El león había muerto pero la jaula rugía como en sus mejores tiempos *** Recuerdos del futuro Mi hermana me despertó muy temprano esa mañana y me dijo “Levántate, tienes que venir a ver esto el mar se ha llenado de estrellas” Maravillado por aquella revelación me vestí apresuradamente y pensé “Si el mar se ha llenado de estrellas yo debo tomar el primer avión y recoger todos los peces del cielo” *** Natalie Me acostaré contigo aunque ya no estés aunque el fantasma de tu piel se escurra entre las sábanas de mi recuerdo aunque envejezcas en otros brazos y en otros labios y en otras calles y en otros cielos me acostaré contigo, amor te lo prometo y seguiré tendido en ti y sobre ti aun bajo la tierra *** Evangelio de lágrimas Padre por qué me has abandonado si sabes que tengo vértigo que me mareo a pocos metros de altura que veo todo nublado desde arriba Cómo eliges esta muerte tan absurda Le diste el árbol y la soga a Judas el cuchillo en las manos de Abraham la espada a la cabeza del Bautista Padre ten piedad de mí dónde guardaste el revólver que me regaló De Rokha* * Poeta chileno que se quita la vida en 1968, disparándose con un arma que le había obsequiado el general mexicano Lázaro Cárdenas. *** Revelaciones En el lecho vacío de Dios todas las putas son vírgenes por última vez *** Poema urgente para Dagoberto Pérez* Y juntaré tus muertos para cuando vuelvas para cuando regreses de ese viaje de luz de ese viaje de estrellas y luciérnagas allí estarán tus muertos esperándote vestidos con la paz de tu recuerdo con el perfume de tus palabras allí estarán tus muertos impacientes preguntando por ti con sus heridas al viento con sus gestos deshojados allí estarán tus muertos para cuando vuelvas para cuando regreses y los veas mientras se abrazan a ti mientras te llevan en andas hasta el cielo de los vivos * Sociólogo y dirigente del MIR, asesinado por la dictadura militar en Chile el 16 de octubre de 1975. *** Vallejo Qué hacen las palabras sentadas en el ataúd donde el poeta ha muerto de eternidad *** Testamento Qué irán a decir las palabras cuando me muera seguramente nada y ese será sin duda mi mejor poema *** Tocata y fuga El canario sólo canta por encargo El gorrión es atrapado por el canto en pleno vuelo El grillo toma nota de todo y guarda sus partituras con llave porque ahora tiene un nuevo repertorio *** A veces el amor muerde la mano que le da de comer Le contarás mi historia a los perros pero ellos no querrán saber nada de mí hasta que no les devuelva aquel hueso donde una vez escribí tu nombre *** Cicatrices de guerra A veces cuando me emborracho las palabras me traen a casa en un viejo triciclo de madera Y lejos de quitarme los zapatos y acostarme como ocurre en estos casos me dejan tirado en el jardín lleno de hormigas y con la cara pegada al foco del alumbrado Eso te pasa por escribir malos poemas me dicen y se marchan cantando y riendo abrazadas a mi última cerveza *** Señales de ruta Si te pierdes en el bosque del lenguaje piensa el poema que más te guste y dilo en voz alta Las palabras nos llevan de la mano me grita Dios desde una estrella a pedales Cuando llegues al último verso encontrarás la salida *** Los buenos muchachos El cadáver del poema se parece demasiado a la página en blanco El cadáver del poeta se parece demasiado a la fosa que lo espera El poema y el poeta no caben en la misma fosa Eso ya te lo advertimos, repiten los gusanos corta las patas del poema y la cabeza, si quieres nosotros nos ocupamos del resto Qué te parece, cholito *** Epitafio sobre una tumba de papel El poeta es degollado por la página en blanco Las palabras salen de la herida dando gritos El poema se arrastra hacia su propio entierro *** Fragmentos de un sueño Para Alba Metaponte Cuando entres en el paisaje tus pechos caerán y rodarán toda la tarde hasta salir del paisaje Un niño los dejará sobre la página en blanco y esperará a que suban por tu cuerpo antes que sus juguetes apaguen la luz *** Premoniciones en off Qué cara pondrá el pan cuando lo lleves a la boca hará una mueca de espanto o simplemente cerrará los ojos y soñará con una infancia feliz jugando entre prados de oro que jamás conoceremos *** Paráfrasis sobre un poema envenenado He digerido entre engaños la sopa de espinas que me preparaste comenta el niño al abuelo antes de irse al colegio Perfecto, murmura este último mirando el plato vacío sobre la mesa Ahora vete a la calle tranquilo porque ya nada peor puede sucederte *** La nueva novela Un tipo llamado Martínez dejó estas hojas en blanco dijo que en ellas pasaban cosas Hay una calle adentro de estas hojas sostiene Martínez donde juega una niña sin rostro y también seres extraños y pájaros que cantan en una lengua olvidada Ahora aquel tipo no está colgó los guantes se fue a vivir al país de las sombras largas donde los niños se comunican a través de sus juguetes pero dejó estas hojas que hablan hasta por los codos Quién las hará callar y para qué *** Gonzalo Rojas Único pasajero en la barca de Caronte hacia el país de Nunca Jamás Las palabras no saben nadar por eso no lo siguen Tampoco Dios sabe nadar La eternidad está llena de náufragos ** Mario Meléndez http://www.letralia.com/firmas/melendezmario.htm Escritor chileno (Linares, 1971). Estudió periodismo en la Universidad La República (http://www.ulare.cl) de Santiago. Ha publicado Autocultura y juicio (con prólogo del Premio Nacional de Literatura, Roque Esteban Scarpa), Poesía desdoblada, Apuntes para una leyenda, Vuelo subterráneo, El circo de papel y La muerte tiene los días contados. Obtuvo el Premio Municipal de Literatura 1993 en ocasión del bicentenario de su ciudad natal. Sus poemas aparecen en diversas antologías de Chile y otros países y en revistas literarias como Other Voices Poetry (http://www.othervoicespoetry.org) y Literati Magazine (http://www.literati-magazine.com). Ha sido invitado a numerosos encuentros literarios, entre los que destacan el primer y segundo Encuentro de Escritores Latinoamericanos, organizados en Santiago en 2001 y 2002 por la Sociedad de Escritores de Chile (Sech, http://www.sech.cl/web), y el Primer Encuentro Internacional de Amnistía y Solidaridad con el Pueblo (Roma, Italia, 2003), donde fue nombrado miembro de honor de la Academia de la Cultura Europea. Obtuvo en 2005 el premio “Harvest International” al mejor poema en español, otorgado por la California Polytechnic State University (http://www.calpoly.edu; EUA). Parte de su obra se encuentra traducida al italiano, inglés, francés, portugués, holandés, alemán, rumano, búlgaro, persa y catalán. Actualmente vive en Ciudad de México, donde realiza talleres literarios y diversos proyectos culturales. === Al final de cuentas María Celeste Vargas Martínez ================ Corrió discretamente la cortina y lo vio de pie frente a su casa fingiendo arreglar los rosales que para esas fechas ya habían dejado el color verde. —¿Por qué siempre tiene que salir a esta hora? —se preguntó molesta mientras soltaba enojada la cortina. Caminó hacia la cocina, se acercó a la mesa y tomó entre sus manos una estrecha canasta de mimbre. “Si tardo más, el pan se enfriará”, pensó, y de mal modo cogió su rebozo azul y cubrió su cabello que en otro tiempo era negro y sedoso. Atravesó el pasillo y antes de llegar a la oscura puerta de madera se detuvo frente al espejo del corredor. Acomodó ese rebelde rizo que siempre se escapaba del rebozo para depositarse en su ancha frente morena. Sus mejillas se veían hundidas desde hacía mucho tiempo y sus labios aún lucían rojos pero rodeados de algunas arrugas. Sus ojos negros eran grandes y cual animales curiosos hurgaban en todo lo que se les pusiera enfrente. Y ese lunar, muy cerca de la boca, estaba marcado ligeramente por un poco de color negro. Se alisó la falda, sacudió las partículas de harina que pudieran haber quedado después de la elaboración del pan. Respiró profundamente y trató de que su agitado corazón se tranquilizara un poco. Abrió la puerta, tratando de no hacer ruido, pero los años habían dejado en ésta un ligero rechinido capaz de ser percibido por el oído ya no tan aguzado de don Eulalio. Salió deprisa. Pasó rápidamente por las largas ventanas que daban a la cocina, siempre con el rostro en alto. Escuchó tras ella cómo se cerraba velozmente la reja de metal de don Eulalio y sintió su bastón produciendo esos ligeros sonidos al chocar contra las piedras de la calle. Ella hizo una mueca y trató de caminar más aprisa. El sonido del bastón también cambió de ritmo. “Yo no sé para qué usa ese palo, ni siquiera lo necesita. Eso debería dejarlo para otros. Toda la gente se entera cuando él va caminando. ¿No podría ser más discreto? Además parece un animal raro”, se dijo molesta. —¡Buenos días, doña Carmen! —saludó una mujer regordeta de cabello corto y cara marcada por las viruelas. —¡Buenos días, Esthercita! —señaló la mujer con una ligera sonrisa. —¡Ya va para la iglesia! —agregó la mujer gorda. —Sí, ya se me hizo tarde y el padrecito debe tener hambre. Nos vemos, doña Esthercita. —Ándele, doña Carmen —dijo la mujer para inmediatamente agregar:—. Buenos días, don Eulalio. Carmen frunció el ceño y procuró caminar más rápido. Dio vuelta a la derecha para seguir por una calle ligeramente empinada que llevaba a la iglesia. Aligeró el paso cuando sintió la curiosidad de las hermanas Del Real observándola por la ventana. Las imaginó con su sonrisa burlona criticándola tras esas gruesas cortinas que parecían caerse de viejas. “Sí, ahora soy el hazmerreír de todos”, se dijo para sí cuando vio a la hija de don Antonio asomada en la ventana regando las plantas sin darse cuenta de que la regadera estaba vacía. Lo que Carmen no sabía era que la delgada Flora fingía todos los días regar las plantas en espera de que Santos, el hijo del carpintero que vivía frente a su casa, saliera y, con su morena mano y gran humanidad, que en los últimos meses había llegado a noventa kilos, le dijera adiós para después perderse calle abajo y no regresar hasta las seis de la tarde, cuando Flora nuevamente salía de su casa, para entonces barrer la banqueta que por demás estaba limpia. Los dos escalones que separaban la iglesia de la calle principal fueron casi saltados por Carmen. Caminó rumbo a la enorme puerta de madera, para después virar a la izquierda y entrar a la casa del sacerdote. Su rostro lucía rojizo. —Pero mira nada más, mujer, vienes toda chapeada... ¿pues quién te viene correteando? —señaló el anciano sacerdote de cabeza casi calva y dentadura postiza. —¡Ay, padre! ¿Y todavía lo pregunta? —dijo la mujer mientras se echaba el rebozo a un lado y sacaba los alimentos de la canasta. El sacerdote observó por los grandes ventanales de esa habitación que le servía de sala, comedor, estudio y a veces de salón para arreglar problemas maritales. Frente a él, como a veinte metros, una redonda jardinera que resguardaba un árbol de peras de raíces expuestas al sol, y sentado en ella don Eulalio, quien ya había sacado de su chamarra una bolsa con migas de pan y alimentaba a las palomas. —Pero, mujer, no es posible que después de treinta años ese pobre hombre aún te sigue y tú ni siquiera te tientas el corazón para darle los buenos días. Mira cómo tiene ya de gordos a esos animales, parece que van a explotar. Todos los días los alimenta con pan y si pasaras más de dos horas aquí, más de dos horas estaría dándoles de comer... y ellos trague que trague. Carmen observó por la ventana, un regordete pichón caminaba con trabajo y a picotazos alejaba a sus compañeros para que no le quitaran las migas. —¡Ay, padre! Pero cómo quiere que a mi edad le haga caso... Si no le hice antes, bonita me vería ahora —aclaró triste Carmen. —Pues quien ha desperdiciado el tiempo has sido tú. Si desde hace treinta años le hubieras hecho caso, las cosas serían distintas —afirmó el sacerdote que ya se sentaba a la mesa para disfrutar de los suculentos alimentos preparados por la mujer. —Ya sabe que mi madre decía que no podía acercarme a un huérfano y mi padre afirmaba que sus tías no eran buenas mujeres —mencionó ella. —¡Tus padres murieron hace casi veinte años, mujer! —refunfuñó el hombre. —Sí, pero creo que luego fue la costumbre lo que me hizo huir de él. —Mira, voy a ser honesto, no es posible que pienses quedarte para vestir santos, y que Dios me perdone porque aparte de buena cocinera, eres mejor costurera, pero caramba, por Dios, no es justo que traigas a ese pobre hombre así. ¿Qué quieres? Es bueno, trabajador como el que más, su casa siempre está pintada y muy bien cuidada, viene todos los domingos a misa, nunca le falta el respeto a nadie... es hombre de hogar... ¿qué más quieres? —preguntó el padre mientras con el pan recién hecho rompía la yema de ese par de huevos tibios. La mujer volvió a hurgar por la ventana. Ahora que lo veía bien, no era tan feo: su amplia nariz estaba acorde con sus prominentes cejas; su cabello grueso parecía descuidado, pero podía mejorar con los consejos de una mujer y las recetas naturales que nunca faltan; su ropa siempre estaba limpia, pero mal remendada, y ese bastón, pensándolo bien, le daba un aire varonil. “¡Ay!”, suspiró ella, parecía un hombre solitario, tan necesitado de una buena mujer. —¡Ay, padre! Pero ya somos tan viejos que eso serían las profecías y qué diría la gente —dijo ella triste. El sacerdote rió a carcajadas: “Caramba, mujer, que digan lo que quieran o qué, ¿piensas pasar toda la vida sola? ¿Qué harás cuando seas vieja? En el pueblo no tienes ningún familiar. ¿Crees que tus sobrinos de la capital vendrán a cuidarte?... ¡Hace años que no se paran por aquí! Los dos se pueden cuidar en sus últimos años. Además, no están tan viejos, cincuenta años no son nada comparados con mis ochenta”, aclaró el anciano. Ella seguía viendo por la ventana: las manos de él parecían firmes al alimentar a las palomas, los hombros anchos y las piernas fuertes. Pero ese enorme bigote lo hacía parecer como un animal que había visto hace muchos años en algunos libros. —Te digo que es un buen hombre, mujer —señaló el padre que ya para entonces bebía los últimos sorbos de su café. —¡Ay, padre! Pero ese bigote... —dijo ella con desgana. —¡Se lo cortas y se acabó! Mira, llévate tus trastes y si mañana viene ese pobre hombre tras de ti, no volveré a recibir tu desayuno —aclaró el sacerdote molesto. Carmen lo observó sorprendida: “Pero, padre, por más de cuarenta años le hemos traído el desayuno, primero mi madre y luego yo y ahora... ¿quién le dará de comer?”, preguntó ella extrañada. “No faltará un alma buena que se compadezca de este débil, pero aún útil viejo”, agregó mientras le tendía la canasta vacía. La mujer la tomó y vio nuevamente por la ventana: ese hombre de espalda que ya comenzaba a encorvarse parecía un niño huérfano muy solicitado de amor. Salió de la casa sin despedirse del sacerdote y al pasar frente al árbol de peras la canasta misteriosamente cayó de sus manos espantando a las palomas. —Cuidado, señorita Carmen —dijo el hombre mientras recogía presto la canasta y se la entregaba a la mujer. —Gracias, es usted muy amable, don Eulalio —señaló ella nerviosa y tomando la canasta temblando. —Disculpe, ¿cree usted que pueda acompañarla a su casa, señorita Carmen? —preguntó amablemente el hombre que ya para entonces se había puesto de pie. —Claro, no veo por qué no, don Eulalio... vamos para el mismo rumbo —confirmó ella. Ambos salieron de la iglesia caminando a pasos lentos y charlando de lo mucho que había cambiado el pueblo desde hacía ya casi medio siglo. Durante el tiempo que duró el recorrido a la calle de ambos, que fue más de lo normal, Carmen sólo pensó en la voz dulce y sincera de ese hombre. Al llegar a la puerta de la casa de ella, la mujer sacó la larga llave que siempre ocultaba bajo el grueso cinturón y la abrió. Pero antes de entrar dijo: “Me gustaría que esta tarde viniera a merendar conmigo, don Eulalio, claro, si le es posible”. “Desde luego, señorita Carmen. ¿Está bien a las seis?”, preguntó el hombre de forma muy amable tratando de ocultar su alegría. —Sí —confirmó la mujer, quien luego guardó unos segundos silencio—. ¿Alguna vez ha pensado en quitarse el bigote? —interrogó nerviosa. Don Eulalio tocó su gran mostacho y dijo muy serio: “Si a usted no le gusta, ahorita mismo me lo quito”. Ambos sonrieron. Don Eulalio se encaminó a su casa dispuesto a deshacerse del bigote y a salir a comprar flores y dulces para su primera cita. Carmen cerró la puerta tras de sí y con sus manos trató de detener el frenético movimiento de su corazón, mientras sentía cómo un ligero calor subía por sus piernas y se depositaba en su vientre. Y pensó: “Al final de cuentas, nadie quiere morir solo”. ** María Celeste Vargas Martínez http://www.letralia.com/firmas/vargasmartinezmariaceleste.htm Escritora y periodista mexicana (México, DF, 1976). Es licenciada en periodismo y comunicación colectiva por la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx), Campus Acatlán. Actualmente es especialista en estudios sobre animación. Tiene inéditos los libros Animando un siglo... Historia mundial del dibujo animado y Hecho en México, historia de la animación mexicana. Ha impartido conferencias sobre animación, cómic y literatura en diversas universidades. Textos suyos han sido publicados en Ciberayllu (http://www.ciberayllu.org), Ariadna (http://www.ariadna-rc.com), Destiempos (http://www.destiempos.com), Remolinos (http://revistaremolinos.blogspot.com) y Caminos Abiertos (http://revistacaminosabiertos.blogspot.com), así como en la revista Visión Universitaria (México, 2006), entre otras. Además, mantiene el blog Animación Mexicana en http://animacionenmexico.blogspot.com. === Alusiones Rocío Redondo de la Calle ============================== Prolongo el no pensar, me perjudica ser víctima del tiempo de un ayer invasivo, imperfecto, molesto. Aludo a una justicia que descansa escondida entre muertos, en el horizontal mármol reseco descansan las respuestas entre flores de uno de noviembre. No hay lugar a la duda, nunca es justo el dolor la tez amarillenta fruncido el entrecejo atronada la calma... Hoy casi todo llora, no ha trascendido luz a estos ojos de invierno A escondidas, para no claudicar pongo a prueba mi voz en un instante hueco. === Sumisa está mi voz que articula gestos marginados, ¡qué poca concurrencia sugiere mi impulso! encallada sonrisa por falta de fervor, pasar inadvertida es casi la condena que precede al olvido. No pensaba perderme, tan sólo hice un receso. Pero huyen los pájaros sin atender mi lucha y las flores ocultan su belleza entre el cieno. Es escuálido el sol y la luna un puñal, caduca la confianza de ser hoja del viento errante es mi mirada anclada en este enero si el silencio es olvido, tal vez me vuelva árbol (como dijo B). === No encuentro tu sonrisa quizás la chimenea calcinó la comisura, camino boca arriba por si el techo la oculta entre bocetos. No encuentro tu sonrisa, mirando hacia la vida tan solo se personan abismos de fracasos. Gesticula la noche ahorcando las estrellas, lenta, provocadora. No encuentro tu sonrisa ni siquiera en el seno del recuerdo. La vida, que rehúye mis preguntas, exhala compasión ante mi duelo ¡y qué hago yo anclada en este vértigo! desatendida en el párpado oscuro de un universo intacto. ** María Rocío Redondo de la Calle http://www.letralia.com/firmas/redondodelacallemariarocio.htm Escritora española (Valladolid, 1957). Labora como funcionaria. Textos suyos han sido publicados en las antologías Aires galegos, Rimando, Escritores en red, Esencia de mujer y Meridiano 50. === Dos cuentos Gonzalo Bizama ======================================= *** La pintura Nakor y Arkaitz se escurrieron solos en el interior de la gruta. Nakor y Arkaitz cruzaron la primera albufera en un tronco ahuecado de nogal portando sus hachones encendidos, sus carboncillos y matices además de sus angustias y temores. Al dejar la canoa, siguieron el almagre de las estalactitas, descendiendo cada vez más al inframundo convencidos de que sería inminente encontrarse con Jainkoko, el dios de la caverna, o al menos con Hartz, el oso hibernando. Pero poco les importaba todo eso, porque habían perdido para entonces el favor del espíritu de los animales. La comida escaseaba, el clan se descomponía, cada vez debían organizar partidas más largas e inconsecuentes y las mujeres recolectaban cada vez menos bayas o grosellas. Hasta los niños hacían caso omiso de Buru, el jefe, y Azti el mago practicaba todo el día sortilegios y conjuros coactivos que se habían vuelto tan patéticos como inverosímiles. Finalmente llegaron a la alta bóveda donde alguna vez sus antepasados hechizaron el espíritu del uro o del rinoceronte lanudo pero hacía mucho que éstos también habían decidido trashumar al país de las estrellas, porque nadie en el clan los había visto alguna vez pastando en las praderas. Entonces extrajeron de sus morrales setas alucinógenas y las cocieron en un rimero de yesca encendida. Durante las primeras horas, no lograron percibir a ninguna manada de gamuzas, bisontes o caballos a pesar de las canciones y los ruegos, ni pudieron visualizar algún valle conocido donde se encontraran reunidos. Se entregaron a una danza frenética y a las preces pero en el trance sólo distinguían la noche, vegas desiertas o frías hondonadas. Llevaron una buena parte de la mañana y el resto de la tarde en ello; agotados, comenzaron a recibir señas más finas y precisas, visiones extáticas, percepciones nítidas y reconocibles, el espíritu de las manadas estaba ahí con ellos. Extrajeron los tintes y las grasas, subieron a un peñasco y, tumbados boca arriba, en las oquedades del techo y de la roca esbozaron a un bisonte siguiendo a su hembra, y a otra más acostada, aprovechando el declive de la piedra para conseguir el efecto de volumen. Dibujaron cada forma y cada músculo con lujo de detalles, capturando los gestos y el espíritu de los bóvidos, porque si había algo que conocían eran las manadas de los llanos. Quisieron cautivar el éxito de la cacería plasmando a los bisontes ya alcanzados por las flechas, pero luego estimaron que una osadía de ese tipo sería muy mal recibida por el Gran Espíritu de la Caza. Continuaron la obra plástica combinando formas y colores, técnicas y texturas. Apenas eran jóvenes cazadores recién investidos en la ceremonia de pasaje, sin mayor reconocimiento dentro del grupo, sin grandes logros, fama ni prestigio. Los monteros antiguos se habían entregado a la caza de cabezas entre otros clanes aledaños, convencidos de que al interior de los cráneos se alojaban espíritus y sustancias vivificantes, pero a ellos les repugnaba esa práctica ancestral y establecían una clara barrera con la generación de sus mayores. Apelaban entonces a la evidencia de la magia, al incontestable poder de los espíritus para conseguir de ellos alguna certidumbre del presente y del futuro, en medio de fuerzas y circunstancias que no alcanzaban a entender. Se esmeraron en sus trazos y en sus mezclas de hematita, de sangre, de carbón y hierro oxidado. Soplaron los colores con cañas quemadas y esparcieron las tinturas con pinceles de ramas blandas para después sellarlas para siempre con una capa de sebo como aglutinante. Por algún motivo habían percibido a la manada apacible y distraída estacionada en la pradera. Los pesados machos con arrebatos descontrolados competían por las hembras, éstas simulaban no atenderles y los terneros correteaban exultantes por los pastos. Quizás fueran sus ansias, las alucinaciones o su propia hambre que los llevó a dibujar una escena tan estable. Agotados, se tendieron en las rocas y se durmieron con los potes y pinceles en las manos. Durmieron tan profundamente que no volvieron a recibir visiones y al despertar habían perdido completamente el sentido del tiempo y a su lamparilla ya no le quedaba nada de grasa. La cueva estaba oscura, como la muerte, sólo se sentían los aleteos y chillidos de los murciélagos y ellos hacía cinco días que no probaban algo sólido. Como pudieron encendieron el collar de brea de la antorcha, pusieron en los morrales sus pinturas, Nakor se echó a la espalda las azconas y los dardos, y Arkaitz cogió el propulsor de azagayas. Hicieron a paso rápido el camino de regreso, cruzaron la albufera en la canoa y, cuando llegaban a la entrada de la gruta, escucharon la voz estridente del pequeño Ostots que venía hacia ellos llamándolos por sus nombres. A no más de un día de camino, los exploradores habían encontrado una manada tan grande y tan quieta que la vista podía perderse buscando donde terminaba en el valle. Se necesitaría a todos los flecheros para organizar una partida, y si todo resultaba bien el clan no sufriría hambre durante meses. La pintura sirvió como un gran llamado para los bisontes rojos pero finalmente había sido el espíritu que los había guiado hacia ellos. *** Arbolito “...un indio joven, apuesto, alto, de pelo largo, al que metafóricamente llamaban Arbolito”. Osvaldo Bayer, historiador. Aquí que se lo estoy contando como lo vide, no va a venir usté a desconfiarme porque sería harto feo que me hiciera algún desprecio. Las cosas del desierto no son pa’ andarlas chamullando, ¿no ve que es de mal agüero andar haciendo bola con los muertos? Le digo que del partido de Ledesma habíamos salido para las Vizcacheras porque se decía que Catriel y Lemunao andaban aleonando a la gente y ya era cosa de unos pocos días pa’ que nos dieran un malón y tener a la indiada encima, pero mi coronel Rauch fue siempre muy re’porfiao y no hizo caso de los consejos que le dimos los baqueanos. Le dijimos que la mejor forma de pararlos era cortándoles el paso en la “Rastrillada de los chilenos” que es por donde seguro se llevan siempre los vacunos y las manadas de yeguarizos, pero al finao le dio con ir a buscarlos al bramadero y meterse en las patas de los baguales, sabiendo que en la pampa los indios se mueven más sueltos que huillines en los ríos, y que por muy marcenario que fuera, en la Frontera no es ná como las guerras de Nepuleón en Uropa y aquí gana siempre el más ladino y el más asolapao. Partimos con dos compañías de “blandengues” pa’ tomar presos a los caciques pero a la altura de Salinas ya se veía que se habían corrido con su gente, y ni un toldo pudimos alcanzar ese día. Era puro perder la vista en la inmensidá mañana y tarde y ya ni los culpeos salían a echarnos una ojeada. Lo único que mirábamos de vez en cuando eran de esos humitos que echan los puelches para noticiarse pero tan a la distancia se veían que ya ni caso les hacíamos. Fíjese qué tan re’cansaos andábamos que ni una cebada de mate o una ración de charqui nos hacía gracia cuando acampábamos y lo único que pedía el cuerpo era echarnos a la luz de las estrellas y dormir como angelitos. Viera usté unas compañías de milicos roncando que da gusto en el medio de la pampa. Así nomás al otro día, el gringo era el primero en ponerse en pie, y ya estaba ofoscado por no pillar luego a los ranqueles. —¡Chinel, Chinel, siguiendo rápido mapache! —era lo que más le oíamos bramar, y así anduvimos toda una semana entera en esos trucos tratando de encontrar el nido grande de los lanzas, y ya empezábamos a creer que se los había comido la tierra, aunque también sabíamos que estos diablos son como mala noticia que se aparecen cuando usté menos se lo espera. Yo ya había tenido mis entreveros por el lado de China Muerta, sabe..., y un día de esos hostigosos y medio muertos, cuando quedaba poco pa’ l fortín, nos atendieron detrás de unos lomajes, y viera usté como nos caía una lluvia de griteríos, lanzas y bolazos que daba gusto, y ahí nomás pelaron a cuatro bisoños que reciencito se habían traído de la leva; ahora entiendo que entre los más críos hubiera siempre tanta reserción. Otras veces, estas fieras esperan que se encuentre en medio del río vadeando los caballos, o bien que usté se pare y lo encuentren desmontao, y cuando se meta en una cañada o en algún abrevadero, entonces ahí se le vienen encima con todo su juror, y no espere en ese instante que le muestren alguna compasión porque el indio si hay algo que no aguanta es que le troteen en su tierra. La cosa es que ansí anduvimos varios días pensando que el malón lo darían por el norte; y pobrecitos los cristianos que se les cruzara la partida, porque no quedaría ni hembra ni ganado que no les llevasen los infieles y nosotros habríamos perdido toda la campaña y sobre todo la fatiga. Pero vea que una tarde, cuando el sol se estaba echando y ya entre todos nos mirábamos las caras, reparamos que a una media legua había una silueta en un monte de la que todos sospechamos, pero al gringo se le antojó de que era un arbolito y la dejamos tranquila. A la mañana siguiente, desayunamos muy confiados pero uno se fijó en que el arbolito ya no estaba, mas en llegando a las Vizcacheras la misma figura apareció otra vez como cortada en una peña, y así pasamos todo el santo día con la sombra como yunta. Mi coronel siguió insistiendo en que era un arbolito, pero pa’ que saliéramos de duda dio orden de galope para toda la columna. Finalmente se apercibió que el arbolito se movía tan ligero como la tropilla, y ahí fue donde cometió el error de su vida. Decidió ir a investigar por su propia cuenta y no quiso que lo acompañáramos ninguno de los más baqueanos. Lo vimos desaparecer en una hondonada, se fue muy confiado el incauto y al ratito escuchamos a lo lejos uno de esos alaridos fieros que dan los lanzas cuando atacan. Espoleamos los petisos con mi compadre Soza, pero ya era demasiado tarde. La cabeza de mi coronel Rauch venía rodando como pelota por entre las rocas y el arbolito hacía rato que ya se había juído. Le seguimos la polvareda y las huellas pero nunca pudimos alcanzarlo y al final se nos perdió en la grandeza de la pampa porque seguir a un indio al galope es como agarrar el viento con la mano. Envolvimos la cabeza en la casaca azul de don Federico y se la entregamos al gobernador de la provincia, y viera usté cómo el hombre se puso pálido de asustao. Después supimos que el indio se llamaba Maciel, y que había jurado cobrarse venganza por unas matanzas que el gringo le había hecho en su tribu. Yo le digo una sola cosa, y aunque me acusen de antipatriota, pa’ mí que estos mapuches se traen algo y nunca van a respetar a la autoridá de los gobiernos, porque ya están cebaos a no regalarse con naides y tienen la libertá como su única señora y compañera. Dígame usté, mi amigo: ¿ha visto alguna vez que se pueda amansar al cóndor? ** Gonzalo Bizama http://www.letralia.com/firmas/bizamagonzalo.htm Escritor chileno (Concepción, 1961). Reside en Madrid, donde participa en los círculos literarios El Color de la Palabra y Escritores de Rivas. Licenciado en educación física egresado de la Universidad Católica de Talcahuano, en Chile. Ha publicado la novela El último malón y el libro de relatos Los cuentos del antipoder (Premio “Casa del Escritor”, Chile). === Cinco poemas Pablo Medina ======================================== *** El descubrimiento de Érica Te encontré en los caminos de la infamia, ambigüedad precisa, continencia equivocada, cambiándote de ropa en cada esquina. Lamías mantecado, chupabas pirulí, tu vestido blanco apenas disfrazaba tus pechos de montaña rusa, tu vello de emperatriz. *** Galán de la intuición ¿Cómo percibir el ser, amigo Husserl? ¿Cómo cambiar una vaca por un castor? Amigo Husserl, tú predicaste que la experiencia es la fuente de la lombriz. El cerdo no es ganso, y el ganso no es gallina. Lo que imaginamos es lo que percibimos. Si digo tempestad, ¿por qué piensa ella en un sofá? Si ella dice tendedera, ¿por qué no veo la sábana blanca izada de un balcón habanero? Fenomenología, Husserl, es percepción. No hables más que secas el pozo de la razón. *** Los ojos de Nietzsche Grandes, grises, sinceros hasta el derrumbe. Todo se deshace en la crin de un caballo marcial. Llámalo. Fantasmal. Llámalo a su fárrago ya que Dios muere. Ardiente, con maldiciones y oraciones, me acerco a ti, filósofo flotante en la natilla de la historia. Cercioras que el mundo es amarillo. Sin sentido no es color. Entonces púrpura, anocheciente en las sanciones del bostezo. *** Fin del mundo Los frenos dilatados de tus ojos van hacia la boca de Dios, insaciable comelotodo, gran artista del ocio y de la furia. Los campos elíseos se sumergen en los humos de las factorías. Cae una lluvia de cenizas. Hay un nido debajo del silencio, nido llanto, nido escombro, nido nada. *** Epistemología Los músculos que ostentan los filósofos, o se endueñan del tornasol o van cayendo como grandes bolas de tul a ahogarse en el semen de los verracos. Languidezco en esos momentos post-sexuales que evoca el fantasma salobre de los besos. Rechazo el abuso de los truenos y las cárceles de voces inalámbricas. Que si Juan dijo eso, que si Martica le impidió una paráfrasis cornuda. Yo me voy con mi compinche Soledad, la invisible, que pasta en el jardín de las delicias y en efemérides articula un buen tambor labial — paquitipá, paquitipá-pá. Que sigan Juan y Martica en riñas. Cerca está el mar en guerra contra el litoral, donde me encuentro yo blandiendo la bandera de la lengua. ** Pablo Medina http://www.letralia.com/firmas/medinapablo.htm Escritor cubano-estadounidense (La Habana). Se crió en Nueva York (EUA). Es autor de 13 libros, entre ellos los poemarios Pork Rind and Cuban Songs, Arching into the Afterlife, The Floating Island, Points of Balance, Puntos de apoyo y The Man Who Wrote on Water; las novelas The Marks of Birth, The Return of Felix Nogara, The Cigar Roller (El forjador de puros) y Cubop City Blues; el testimonio Exiled Memories: A Cuban Childhood, y traducciones de Todos me van a tener que oír, de Tania Díaz Castro, y Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca. Estudió literatura hispánica y literatura inglesa en la Universidad de Georgetown (http://www.georgetown.edu). Ha recibido becas de las fundaciones Cintas, Rockefeller y Guggenheim, del Fondo Nacional de las Artes (NEA) y de los consejos de arte estatales de New Jersey y Pennsylvania. Ha dictado cursos en numerosas universidades estadounidenses. Actualmente es profesor de literatura y creación literaria en Emerson College en Boston, Massachusetts. === Práctica de campo Cristina García Ramírez ======================== Hace cuatro años, diez meses, que Alicia dispuso: el 6 de junio de 2008 Carlos morirá. Son las siete de la noche. Una gran sonrisa se le dibuja en el rostro mientras peina su cabello y guarda en el bolso el libro de Sánchez Galindo. —Este es el día —se dice en voz alta, abotona su saco, verifica el buen planchado de la falda y se calza en zapatos nuevos. Con bolso en mano camina cuatro cuadras, entra a la estación del metro, introduce el boleto, baja tres tandas de escaleras y se detiene a esperar que pase su transporte. No se puede quitar la sonrisa. La puerta de un vagón queda frente a ella y se abre. Alicia entra segura, tranquila, sin empujones. Sabe que no tendrá contratiempos. Saca su libro y lee un poco. A ratos la mente le viaja al pasado —mientras continúa leyendo sin retener palabra alguna del autor—, aunque no tanto, ya no tanto como antes, como cuando se determinó a ejecutar el fin de Carlos, ni como cuando comenzaba a imaginar la última escena de éste. Ahora era diferente, la había ideado y la conocía a la perfección. Hacía cuatro años, nueve meses, veintisiete días, que se repetía cada mañana la estrategia, la visualizaba, hacía ajustes donde encontraba defectos e identificaba probables consecuencias de cada movimiento. No hacía listas, nunca puso en papel su estrategia, no la comentó con nadie. No, su mente ya no se entretiene repasando el día de hoy. Se distrae recordando agosto de 2003, inicio de primer semestre: Alicia llegó sonriente al salón de clases vistiendo pantalones caqui con blusa azul claro, cargando un portafolio que su hermana le regaló tres días después de que su nombre fue publicado en listas. Un prendedor le tomaba el cabello en media cola y un par de aretes hacía juego con el collar delgado. La mañana estaba fresca, los salones llenos de gente, el murmullo saturando el espacio blanco con ventanas amplias. Alicia sentada en la tercera fila, con el portafolio sobre las piernas, el pulso acelerado, la mirada que le bajaba al reloj esperando que dieran las siete en punto. El espacio entre los azulejos pequeños de color marrón hacía ver más blancos sus zapatos. En la mente pronunciaba como letanía los nombres que fueron publicados para el salón D-103. Cada que recordaba un nombre, volteaba adivinando a cuál de sus compañeros pertenecería. De pronto, las risitas en el pasillo fueron sustituidas por pasos dirigidos a las aulas. El pulso de Alicia se aceleró más, la mirada bajó de nuevo, su reloj marcó 7:03 am. Levantó la cabeza y le vio ahí, en el quicio de la puerta. “Buenos días”, dijo un hombre con traje y corbata café claro que caminó con rumbo al escritorio. “Buenos días”, contestaron varias voces nada uniformes. Alicia le observó con atención mientras escribía —sin siquiera ver el cuaderno— Introducción al Estudio del Derecho. El pulso comenzó a regularizarse. Volteaba a un lado y a otro viendo a sus compañeros. Unos cuchicheaban, otros escribían, otros tenían los ojos cerrados, otro estaba sentado frente al escritorio. El profesor se presentó mientras sacaba de su maletín una lista con setenta nombres. Miró brevemente al grupo y, luego de anticiparles —amenazante— que todos estaban ahí pero no todos concluirían, dio lectura al listado. Con los ojos cerrados, Alicia repetía mentalmente VERA CARRASCO y enseguida la palabra PRESENTE una y otra vez. Luego de varios nombres y minutos, “Vázquez Soto”, dijo el profesor. “Presente”, respondió un hombre. —¿Vázquez Soto? —se preguntó Alicia. “Zepeda Arias”, leyó el profesor. “Presente”, se escuchó en la parte trasera del aula. —¿Vázquez Soto? —volvió a preguntarse. “¿Alguien no está en la lista?”, cuestionó el profesor. Alicia levantó el brazo izquierdo. “Nombre”. —VERA CARRASCO —respondió de pie. “No está”, dijo sin siquiera mirarla. Alicia sintió que la garganta se le hizo chiquita, tuvo mucho frío y las piernas le temblaron regresándola a su asiento. “Si quiere permanezca, por si hubo algún error, aunque lo dudo. Luego vaya a secretaría académica para aclaración”. Alicia escuchó estas palabras como lejanas, el murmullo volvió, las miradas le apretaron los hombros hacia adelante. Se quedó en su sitio pero ya no puso atención. Dio vuelta a la hoja y escribió los setenta nombres comenzando por Amezcua Godínez hasta Zepeda Arias. No, Vázquez Soto no estaba escrito, VERA CARRASCO sí. Volvió a cerrar los ojos y recordó el “presente” de Vázquez Soto, adelante, a la izquierda. Abrió los ojos y miró al muchacho frente al escritorio. Ese tenía que ser. Cuando concluyó la clase, Alicia no salió del aula. Quiso quedarse para verificar que la lista de la profesora siguiente tuviera el mismo error, y para confirmar que ese sentado enfrente era su sustituto. En efecto, no estaba en la lista de la segunda hora, ni en la de la tercera, ni en la de la cuarta. Y sí, Carlos Vázquez Soto había estado sentado como una estatua frente a los profesores. Caminó hacia secretaría académica, mientras buscaba su ficha, recibo, comprobante de inscripción y cualquier papel que pudiera demostrar que ella debía estar en el aula D-103. Al llegar, la secretaria la recibió amablemente. Alicia le expuso el problema con claridad aunque las palpitaciones y temblores habían vuelto. La secretaria le pidió los documentos que Alicia ya llevaba en las manos y tecleó en el sistema la matrícula asignada. “No, esta matrícula no es tuya”, le dijo la secretaria, mientras la miraba con desconfianza, tal vez creyendo que los documentos eran falsos. Telefoneó a su jefe y le platicó la situación. El secretario académico recibió a Alicia en su oficina y le explicó que si no estaba en listas era porque no había sido aceptada, así de simple. —Usted no entiende —replicó—, yo revisé las listas en Internet el día que las publicaron e imprimí mis resultados; vine a la facultad cuatro días después para ver mi nombre impreso en las hojas, hacer el pago final y entregar los documentos faltantes; estuve aquí el viernes pasado y volví a ver mi nombre, ahora en las listas que pegan afuera de cada salón. El secretario distrajo la mirada en el cúmulo de carpetas apiladas en su escritorio. —¡Mire! Estos son mis documentos, sellados, como debe ser. Acá están mis acuses y los recibos de caja —exclamó llorando. El secretario se quedó con la mirada fija al vacío, luego la observó y, moviendo la cabeza negativamente, alzó los hombros. Alicia salió a toda prisa. Antes de tomar el transporte, vio a lo lejos a Carlos, ese infeliz que había robado su lugar. Se le apretaron la mandíbula y los puños. Sus ojos seguían arrojando lagrimones y los escalofríos no la dejaron. Durante el largo trayecto a casa recordó la escena de vergüenza, las miradas del grupo, la indiferencia del profesor, la desconfianza de la secretaria, la mirada evasiva del jefe de ésta. Al llegar, su familia la recibió con tanta alegría que levantó la cabeza y, llorando, les contó lo aprendido en clases, la forma en que la evaluarían, sus expectativas, lo bonitos que son los jardines... Comió y se fue a dormir. Llegó a rectoría a la mañana siguiente para aclarar el problema. Ella no existía, así se lo dijeron. Al abandonar el edificio pasó cerca de un muchacho. Sin intención, le escuchó decir por teléfono que todo estaba arreglado, mañana le entregaban su credencial con la matrícula asignada. Alicia reconoció esa voz. Era Carlos. Por un momento dejó volar su imaginación y se vio soltándole un golpe a la nariz, aventándolo al correr de los autos... Sorprendida por estos pensamientos, sacudió la cabeza y caminó para tomar el metro. Desde entonces, cada mañana salía de casa como para ir a la facultad. Cursó por su cuenta todas las asignaturas, sentada en los rincones de las bibliotecas de la ciudad. Cada semana leía un libro de criminología, medicina forense, psicología, criminalística... hacía cuanto podía por perfeccionar su plan. En las vacaciones de diciembre de 2003, entró a secretaría académica violando la cerradura y revisó el expediente de Carlos Vázquez Soto. De vez en cuando, para no establecer patrón, pasaba por afuera de su casa, lo seguía a la facultad, al estadio por las tardes y al cine algunos fines de semana. El ruido de la puerta del metro regresa a Alicia al 6 de junio de 2008. Cierra y guarda rápidamente el libro. Abandona el vagón del metro y sube las dos escaleras que la sacan directo a la entrada de la universidad. Respira pausadamente, mira hacia arriba. Ingresa al campus y camina hasta la facultad. Se para frente a la entrada principal, ve el letrero grande que dice “Generación 2003-2008” y el pulso acelerado le vuelve, como el primer día. No se atreve a cruzar la entrada al lobby. El olor a nicotina y el murmullo le provocan ansiedad y temblores en las piernas. Ve entre el gentío a sus compañeros Amezcua Godínez, Durán Martínez, López Barragán, Zepeda Arias... los hombros se le encogen. De pronto su mirada da con Carlos, ahí está el infeliz, riendo, disfrutando de una copa de vino blanco con su traje negro muy planchado. Alicia revive la vergüenza, la angustia, siente correr los lagrimones por sus mejillas secas, la corriente tenue de aire cuando subió el brazo para expresar al profesor su inexistencia. —Cuánta razón tenía ese viejo —se dijo enderezando la espalda y fijando la mirada en su enemigo—, todos estábamos ahí, pero no todos concluiremos, nosotros no. Rodea el edificio para entrar por la parte trasera y vigilar de cerca a Carlos. Se coloca a diez metros de su espalda, un poco a la izquierda. Su cabeza inclinada ligeramente hacia abajo le dibuja unos ojos amenazantes. Se acerca un mesero a ofrecerle una copa de vino que ella rechaza enseguida, no quiere distraerse ni un momento de su objetivo. Respira hondo, hondo. Un hombre y una mujer se acercan a Carlos por detrás, lo saludan de modo familiar y le invitan a ir con ellos. Carlos accede y los tres salen del lobby hacia los jardines. Alicia permanece en su sitio sin perderles de vista. Los tres se acercan a una zona oscura rodeada de árboles. Alicia avanza cautelosamente. El hombre forcejea con Carlos y le sostiene las manos pegándoselas a la espalda baja. La mujer le cubre la boca con una mano y con la otra saca de su bolso un objeto puntiagudo que le clava en el estómago, en los costados, en la espalda. —Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco —cuenta Alicia a cada puñalada. No lo puede creer. El cuerpo de Carlos comienza a desvanecerse y el hombre lo suelta despacio dejándolo caer sobre el pasto. Se van caminando tranquilos. Alicia vuelve al lobby, bebe una copa de vino y regresa a casa a descansar; después de todo, esa no es su graduación. ** Cristina García Ramírez http://www.letralia.com/firmas/garciaramirezcristina.htm Escritora mexicana (Morelia, Michoacán, 1988). Es estudiante de la licenciatura en sociología en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx) y pasante en derecho por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (http://www.umich.mx). === Cuatro poemas Marianna Salvioli ================================== *** “Por el este” (a partir de Sol de la mañana, de Hopper) (A Andrea Daza Tapia) Amanece en azul Un azul presidiario con botones para coserlo a los ojos Un azul para refugiar bajo la cama Afuera, la ciudad y sus trece ventanas amplias sin vidrios ni cortinas Las banderas se enarbolan como ingratas vestiduras del aire La niebla se detiene aspirando durante un segundo El humor del sol resulta ligero Es la ciudad con su día versus Ella Ah, sí, Hay también una mujer *** “Orfandad” (a partir de Elohim Creating Adam, de William Blake) No me apartes Soy menos que un hombre y más que un hijo Más fiebre que dulzura o sumisión bajo esa tu mano tan dorada tan ausente —Distante Más tus labios quebrados que una voluntad propia Más el abandono que mi fortuna Pero me empujas malpadre Luego me visitas Juzgándome Como a un mal recuerdo *** “Vals” (a partir de La danza, de Henri Matisse) (A Rosa Ana Orlando) De repente creí que nos multiplicábamos en números impares. Estabas tú. Allí era yo Como cinco desnudos Como un vientre de mostaza y ladrillo Y su grito intrínseco de “Quiero nacer”. Quiero bailar, podría traducirse. Mis piernas se desprendían tan de repente tan de repente. Me costaba refrenar cada giro Cada uno de tus pasos. Tu distancia. “Así va el amor”, parecías decir. ¿Hacia dónde? Pretendía preguntarte Pero callé Mientras la música decaía Y nos volvíamos en contra. *** “Sigilo” (a partir de Verde dividido por el azul, de Rothko) La lavadora Que está encendida Y la radio al fondo Una cuba al volante Y el niño que palpita pequeño La bala suelta La voz de Hugo El rumor de un divorcio y de una cabria Un golpe Su puño Se ha colado —bandido— un clavicordio La palabra para luego Cerré la puerta y enmudecimos ** Marianna Salvioli http://www.letralia.com/firmas/salviolimarianna.htm Escritora venezolana (Caracas, 1982). Es licenciada en letras. Mantiene una bitácora personal en http://mainlyamoruccio.blogspot.com. === ¡Conmigo no se juega! Antonio Mora Vélez ========================= El jefe paramilitar llegó a mi casa finca con el firme propósito de hacerme entrar en razón. Los vecinos de la vereda se habían quejado ante el alcalde y ante el comandante del batallón por el volumen de mi equipo de sonidos durante las fiestas semanales que yo hacía y a las que invitaba a mis amigos poetas, artistas y literatos. Alegaban mis vecinos gobiernistas ante las autoridades municipales que no eran fiestas sino orgías en las que no faltaban las putas que se prestaban al juego de la botella y en las que todos y todas terminábamos en pelotas. Y yo decía ante esas autoridades que las amigas que asistían a mis fiestas no eran putas sino escritoras y bailarinas del Ballet Folclórico que nos hacían la noche agradable con su compañía y que no se encueraban sino que bailaban con nosotros el porro, la danza típica de la provincia, que deja descubiertas las piernas y la intimidad vestida de la bailadora, con sus giros alegres y el concurso coqueto de las polleras. Pero el señor comandante del grupo paramilitar llegó decidido a no dejarse convencer, a hacerme abandonar la vereda. “A mí no me vas a mamar gallo con el cuento del derecho que tienes sobre el espacio de tu casa y de tus tierras”, me dijo al enterarme del motivo de su visita. —Yo no soy el alcalde pelotudo del pueblo ni el comandante bandido del batallón. Yo sí hago respetar la voluntad de los propietarios de la región —me dijo segundos después. —Yo también soy propietario y tengo derechos como los demás —le dije. —Pero los demás son más propietarios que usted y apoyan a nuestro presidente Uribe y usted no —respondió con cara de desear terminar pronto su visita. Cuando vio que yo trataba de argumentarle, con el código de policía entre manos, que tenía derecho a hacer fiestas con música que no pasara de determinados decibeles, me atajó y me dijo: —Guarda ese código de mierda, ¡comunista!, que a mí no me sirve. ¡O te largas de aquí o te mueres! —gritó con voz de juez dictando sentencia—. Y para que no te quede duda de que hablo en serio, ¡mira! Entonces tomó de los cabellos a la mucama que me servía desde hacía varios años, la tiró al piso de la sala y empezó a machetearla hasta dejarla convertida en trozos de mujer muerta tendidos sobre un inmenso charco de sangre. —¡Eso es para que aprendas que conmigo no se juega! —vociferó con los ojos encendidos de la ira y se marchó. Sobra que les diga que mi alma de humanista no resistió semejante brutalidad criminal, y que caí desmayado. Cuando desperté busqué el rastro de sangre en la sala y el cuerpo trozado de mi empleada doméstica. Al no hallar las huellas macabras de semejante crimen, escuchar la voz dulce de mi nieta dándome los buenos días y ver que no estaba en una casa finca sino en el apartamento de mi hija, entendí que todo había sido una pesadilla, la repetición corregida y aumentada de la tragedia familiar que me contó el poeta liberal que tuvo que vender sus tierras andinas y venirse para la Costa huyendo de los paramilitares. ** Antonio Mora Vélez http://www.letralia.com/firmas/moravelezantonio.htm Abogado y escritor colombiano (Barranquilla, 1942), reside en Sincelejo desde 1993. Es escritor de ciencia ficción, poeta, ensayista y catedrático. Es el vicerrector de Bienestar Universitario, director de la revista institucional y miembro de la junta directiva de la Corporación Universitaria del Caribe (Cecar), de la cual es miembro fundador. Ha publicado los libros de cuentos Glitza (Ediciones Alcaraván, Bogotá, 1979), El juicio de los dioses (Casa de la Cultura, Montería, 1982), Lorna es una mujer (Centro Colombo Americano, Bogotá, 1986), Lorna is a woman (Colombian Cultural Center, New Delhi, 1990) y La duda de un ángel (Ediciones E-Books de Cecar, 2000), el primer libro electrónico editado en Colombia. Ha publicado también el libro de ensayos Ciencia ficción: el humanismo de hoy (Cecar, Sincelejo, 1996) y los poemarios Los caminantes del cielo (Cecar, Sincelejo, 1999) y El fuego de los dioses (Cecar, Sincelejo, 2001). Aparece en las antologías Joyas de la ciencia ficción (La Habana, 1989) y Contemporáneos del porvenir: primera antología de la ciencia ficción colombiana (Bogotá, 2000). Ha ganado varios premios de literatura y su nombre figura en The encyclopedia of science fiction de John Clute y Peter Nicholls (New York, 1995, página 696). === Tres poemas Ricardo Jesús Mejías Hernández ======================= Si uno fuera una hoja sin haber estudiado las estaciones y se dejara caer sólo con fe ciega en el viento si uno fuera una hoja sin haber leído las nervaduras y se dejara caer en cualquier tiempo disfrutaría más del vuelo del no saber. *** Sobre almas Tengo muchas preguntas sobre almas ¿quién puede verlas en sus jardines acuarela? ¿hasta dónde llega su dolor? ¿cómo se dan la mano? ¿cómo besan? ¿dónde caben? ¿dónde pueblan? ¿cómo oírlas? ¿cómo unirlas? ¿en qué puño reposarán? ¿cómo quedó su antigua casa? y si cabalgan ¿montarán delfines o unicornios? y si rezan y si ríen ¿se escucharán como la música? y yo ¿tendré una? *** Cuestión de fe Todos como puntos de luz venimos a un largo túnel de promesas algunos afirman estar de vuelta y nos alegran sus buenas nuevas otros dicen: “es cuestión de fe” ¿Y acaso alguien advirtió de su distancia? ¿de los pasos requeridos? ¿de cuánto aire y llama para arribar hasta el final? ¿por qué tantas estaciones y mendrugos entre ellas? ¿por qué tantas promesas como pan? ¿por qué no cabe agua en la mano que nos trajo? ¿por qué tarda tanto la mano que nos lleva? ¿por qué tantos puntos apagados? Probablemente como otros dicen: “es cuestión de fe” ** Ricardo Jesús Mejías Hernández http://www.letralia.com/firmas/mejiashernandezricardojesus.htm Poeta venezolano (Maracay, 1968). Contador de profesión. Colabora en diversos medios impresos y electrónicos. Finalista del I Concurso Mundial de Ecopoesía (2010) y ganador del I Concurso Nacional de Poesía Delia Rengifo (2011) y del II Concurso Mundial de Ecopoesía (2012). Ha participado en numerosos recitales poéticos, entre ellos el 9º Festival Mundial de Poesía de Venezuela, capítulo Aragua (2012) y el 4º Festival Mundial de Poesía Ecológica en Tumbes, Perú (2012). === El movimiento de un labio Alfonso Barguñó Viana ================== Intentaré, por ejemplo, describir el movimiento de un labio. Podemos recurrir a nuestros propios labios, tomar uno entre dos dedos, sentir su tacto carnoso y flexible, el interior húmedo, podemos tomar uno de nuestros propios labios para saber qué es un labio. Será este nuestro punto de partida. Digamos además que es diciembre, en una ciudad al sur de Francia, suenan unas campanadas bastante cerca. Estamos en una plaza frente a una catedral polimorfa, construida con tres estilos, románico, gótico y barroco, y no hay mucha gente paseando por la calle. Hace frío y una lavandería cierra. Si aún mantenemos los dedos entre los labios, los sentiremos [los dedos] fríos. Y ahora hagamos el favor de olvidarnos de nuestros labios, subamos por unas escaleras de caracol o entremos por la terraza al quinto piso del edificio opuesto a la catedral, a un reducido apartamento, chambre de bonne, con el suelo granate y las paredes amarillas. En este apartamento Bruno Walter no dirige la Filarmónica de Viena, pero: aquí va a moverse un labio. No es un labio cualquiera y eso es, justamente, el problema. ¿Cómo describir el movimiento de un labio, sin dejar lugar a dudas de que se trata de ese labio y no de cualquier otro? Sobre el suelo granate hay una mesa cuadrada de madera, dos sillas y un sofá cama rojo. La posición correcta del espectador es sobre una de estas dos sillas, erguido y ligeramente ladeado hacia la entrada. Debemos tener en cuenta que el labio además no está en el apartamento. Y esto nos lleva a hacer un breve paréntesis, sobre la cuestión de la aparición y de la desaparición, sobre este miedo y placer que sentimos cuando alguien se va, desaparece, y luego vuelve. Tanto la desaparición como la aparición han atraído la atención de novelistas, párrocos y policías, todos prestidigitadores, y el mago, cómo no, que despliega los aspectos más lúdicos. En el caso que nos ocupa, estamos a mitad del espectáculo, en plena desaparición del labio, llamada también elipsis, muerte/cadáver o lo que es propiamente el nudo del truco. Es decir, a pesar de que estamos sentados, estamos suspensos, sentados en un lugar blando y en transición. Hay algo que literalmente ha desaparecido. Pero esto dura apenas unos instantes, a los que unos pasos por las escaleras van dando fin, como si fuera el redoble que anticipa un salto acrobático, y en cualquier momento el labio va a aparecer con un último paso y va a moverse de esa forma tan específica e imperceptible. Presten atención porque va a abrirse la puerta de un momento a otro. Como si fueran a marcar un gol, un gol decisivo. Es en verdad algo trepidante esperar la inminente llegada de un labio, porque en medio de esta excitación uno no sabe si quedarse sentado o levantarse con ímpetu. Uno decide levantarse anticipadamente ya que de todas maneras, según el protocolo, cuando el labio aparezca deberá hacerlo quiera o no quiera. Y es que el movimiento de este labio, un labio francés en Francia, sólo se puede observar en toda su extensión cuando se emplaza la mirada a su misma altura. Entonces, y no desde un ángulo inferior o superior, se puede observar esa particular curvatura. Pero no adelantemos acontecimientos. El labio aún no ha llegado y, aunque sintamos la irredimible fuerza alzándonos, nos encontramos todavía en suspenso, en la suspensión última que ya casi es cinética. Es curioso advertir que esta suspensión última, casi cinética, tenga por el contrario la característica de paralizarnos, de impedirnos emprender cualquier acción. Tras el último escalón, el chirrido de la puerta nos despierta de esta ensoñación. Toda nuestra masa está en plena convulsión cinética, contrarrestando las fuerzas gravitatorias de la tierra para erguirse y, poco después, adquirimos la altitud idónea. En frente, se abre el ángulo de la puerta para dejar pasar un cuerpo. Un cuerpo aparece ante nosotros. Allí, en ese cuerpo, hay un labio. Tradicionalmente se ha alabado en ellos la moderación, es decir, que no fueran ni muy gruesos ni muy finos. Por mi parte —y sobre todo por el propósito de este texto—, debo añadir algunos rasgos específicos. Un labio tiene un largo proceso de elaboración, condicionado por factores ambientales y políticos. Este labio en particular nació en 1983 y es francés. Esto fue determinante para su configuración futura, y más en concreto en lo que respecta a su elasticidad y proyección. Además, no ha habido en Francia desde entonces ninguna guerra o acontecimiento dramático, con lo cual damos por sentado que su desarrollo, su carnosidad, no ha sufrido alteraciones de ningún tipo. Pero, ¿acaso no hay miles de labios franceses que nacieron en 1983? ¿Qué diferencia esencialmente a este labio? Este labio tiene la singularidad de contar con un músculo más que cualquier otro labio, lo que le permite una extensión sutil e inopinada. De pie sobre el suelo granate de un piso con paredes amarillas, a la misma altura, no hay lugar para la rigidez, y entonces se puede observar lo que para los stilnovistas era una consecuencia natural del amor: un milagro. La labbia angelicatta. ¿Pero qué sucede entonces? Según Newton, a toda acción sucede una reacción. El cuerpo B —el labio, en este caso— no es indiferente y su movimiento, su flexibilidad particular, responde a una acción del cuerpo A —un ojo, un ojo barcelonés de 1980. Esto es esencial para el significado del movimiento del labio, puesto que sólo cuando el cuerpo A produce la reacción del cuerpo B la extensión de ese labio en una semi sonrisa adquiere todo su esplendor. Quiero decir que para que este labio que describo sea este labio que describo es imprescindible que mi ojo barcelonés sea el cuerpo A, y que tu labio francés sea el cuerpo B. Mi cuerpo A envía energía suspensa por el aire. Una nube transparente que sobrecoge a tu cuerpo B y activa una sutil maquinaria muscular de veintiocho piezas, la última de las cuales, tu extensión personal, desencadena una nueva serie de acontecimientos. Toda tensión desaparece, toda rigidez, y ocupa su lugar una elasticidad etérea en la que mi cuerpo A se deja llevar flotando. Esa específica curvatura de tu labio. Las plantas de mis pies se desentumecen, me inclino ligeramente para atrás, mis brazos se elevan sin el menor esfuerzo. La corriente de tu labio que se extiende al infinito me atrae hacia ti con placidez, nuestros cuerpos se tocan, se funden, todas las acciones y reacciones son ahora milimétricas, atómicas, nos comportamos como quantas, nuestros cuerpos son partículas y nuestras almas irradian ondas complementarias. Es el Big Bang. Tu labio se ha desencadenado. Todos nosotros somos causas de su desligamiento. Tu labio es el autor de este texto, de nosotros y del mundo. Dadme un labio y moveré el mundo. El labio es sueño. ¿Ser o no ser? ¿Es eso un labio? El mundo se mueve, lejos. Pero yo ya no participo de todo esto. De la misma forma que este texto no es el movimiento de un labio. Y yo ya estoy lejos, muy lejos, desplazándome por el espacio interestelar. Siento —o no tanto— defraudar las expectativas. Adiós. ** Alfonso Barguñó Viana http://www.letralia.com/firmas/bargunovianaalfonso.htm Escritor español (Barcelona, 1980). Trabaja como traductor y redacta una tesis doctoral sobre Francis Ponge en la Universidad de Barcelona (http://www.ub.edu). Textos suyos fueron publicados en una revista universitaria. === Tres poemas Jhon Rivera Stredel ================================== El corazón es un limón que lo aprietan carnosidades. A cada latido se expande su concha. El amor vive en él. Luego se asolea entre las ramas diseminándose en el corazón de los otros. === Una manzana se abre a cada mordida ante la humedad de la boca. Después que ha perdido su delicada piel las semillas de su parte blanda son más sensibles a la lengua. En el centro de la fruta a pesar de las mordidas se encuentra un capullo amargo que no para de florecer blancura dentro de ella misma. === El agua del cielo humedece la tierra y moja los labios de la flor. Se forman gotas que recorren el cuerpo de la hoja reanimando su danza en el viento. Bajan abren la tierra y crean pozos para mojar las raíces. Es lo divino que ha bajado a probar las cosas en su plenitud. ** Jhon Rivera Stredel http://www.letralia.com/firmas/riverastredeljhon.htm Escritor venezolano (Caracas, 1992). Estudiante de terapia psicosocial en la Universidad de Carabobo (UC, http://www.uc.edu.ve). Cursó un taller literario con la escritora Edda Armas (http://www.letralia.com/firmas/armasedda.htm) en la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo (Filuc, http://www.filuc.uc.edu.ve), y otro en el Departamento de Literatura de la UC, además de ser miembro del Taller Literario Hojas Sueltas (Mariara). Pertenece al comité de redacción de la revista de cultura La Tuna de Oro, de la UC. Ha participado en algunos festivales en su país. ||||||||||||||||||||||||||| POST SCRIPTUM ||||||||||||||||||||||||||| “Nadie que desee huir de la realidad debería sumergirse en los libros: los libros lo meterán en los mayores problemas del mundo de manera casi irremisible”. Gustavo Faverón Patriau, entrevista por Gabriel Ruiz Ortega (2011; http://letras.s5.com/gro110111.html). === Cómo publicar en Letralia, Tierra de Letras =========================== Antes de enviarnos algún texto para publicar en Letralia, le agradecemos leer nuestras condiciones de publicación. Usted puede verlas en el Web en http://www.letralia.com/tierradeletras/publicar.htm. Si lo prefiere, puede recibirlas por correo electrónico escribiendo un mensaje a info@letralia.com, con la palabra "Condiciones" en el subject, o simplemente dando un doble click de ratón en el enlace siguiente: mailto:info@letralia.com?subject=Condiciones. ########################################################################### El alojamiento de nuestra página web en http://www.letralia.com es cortesía de Abracaadabra Network (http://www.abracaadabra.net) Letralia, Tierra de Letras, es una producción de JGJ Binaria (http://www.letralia.com/binaria) y circula para el mundo de habla hispana desde Cagua, Venezuela ########################################################################### Atentos: nuestra próxima edición circula el lunes 21 de enero de 2013