~~~~~~~~~~~~~~~ Año XVII Cagua, Venezuela Nº 279 ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras ~~~~~~~~~~~ http://www.letralia.com ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ 4 de marzo de 2013 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras, es ~~~~~~~~~~~ la revista de los escritores ~~~~~~~~~~~ hispanoamericanos en Internet. ~~~~~~~~~~~ Usted puede enviarnos sus ~~~~~~~~~~~ comentarios, críticas o material ~~~~~~~~~~~ literario a info@letralia.com ~~~~~~~~~~~ ~ * ~~~~~~~~~~~ ~~~ JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor ~~~~~~~~~~~ ~~~~ Depósito Legal: pp199602AR26 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~ ISSN: 1856-7983 ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ === Sumario =============================================================== | E-books de Excodra. / Exposición sobre el cómic en | Breves Valencia, España. / Taller “Las palabras y el mundo”, en | El Puerto de Santa María. / Taller de poesía por Beatriz | Alicia García, en Caracas. / Taller de crónica y | periodismo literario, con Eloi Yagüe Jarque. / | Actividades de la Biblioteca Nacional de España por el | Día de la Mujer. / Recital de Josep E. Rico Sogorb, en | Alicante. / Taller “Sobre y con las cosas”, de Alejandro | Sebastiani Verlezza. | | Un escritor colombiano inició expedición en busca de | Noticias poetas inéditos. / Fernando Zalamea Traba y Elena Alonso | Frayle premiados en México. / Instituto Cervantes | publica en Internet anuario El español en el mundo. / | España designa a Ana Santos como directora de la | Biblioteca Nacional. / Concurso de microficción | dramatúrgica “Garzón Céspedes” emite veredicto. / Unid | crea biblioteca digital para apoyo de licenciaturas | virtuales. / Publican en alemán dos libros del boliviano | Víctor Montoya. / Príncipes de Asturias entregan Premios | Nacionales de Cultura de España. / Poesía de | Nezahualcóyotl reunida en una aplicación para iPad. / La | venezolana Luz Marina Cruz obtuvo el Premio Picón Salas | de Ensayo. / El argentino Diego Lombardi gana el | Concurso de Novela Alba Narrativa. / Cinosargo publica | Cuatro poetas suicidas chinos, de Wilfredo Carrizales. / | Académico presentó diccionario histórico del español de | Venezuela. / Festival de Poesía de Granada postulado al | Premio Príncipe de Asturias. / Catálogo de biblioteca de | Benedetti puede consultarse en Internet. / Otorgan | Premio Stanford a la Biblioteca Virtual Miguel de | Cervantes. / Premio Nobel de Literatura se decidirá | entre 195 autores postulados. / Delegados de Unasur | analizan en Lima el plan cultural de acción de 2013. / | La Uned concede doctorado honoris causa a José Manuel | Caballero Bonald. / Luis Mateo Díez dona manuscritos a | la Biblioteca Nacional de España. / Premio de Periodismo | Miguel Hernández queda desierto. / Director del Festival | de Poesía de Medellín recibe premio en Suráfrica. / | España anuncia programa de subvenciones para revistas | literarias. / Novela de Edgar Borges será publicada en | Italia y Venezuela. / Subastan fotografías del cubano | Alberto Korda. / Se inicia en Venezuela discusión de la | Ley Orgánica de Cultura. / Revistas literarias digitales | de España se reúnen en LiterDig. / Literatura de | Barcelona protagonizará el Salón del Libro de París. / | Puerto Rico dedica su festival de poesía a Luis Palés | Matos. / Un congreso en Lima rendirá homenaje al poeta | Leoncio Bueno. / Realizarán en Bolivia un congreso de | cultura comunitaria. | | “Nuestras últimas lágrimas”, Lucas Jiménez. / “Roth, | Artículos y Némesis y los años de distancia”, Mauricio López Osorio. | reportajes / “El juego de la palabra” (extractos), Rafael Fauquié. | / “Hay comienzos...”, Carlos Eduardo Maldonado. / Chile | a través de mis ojos”, María Elena del Valle de | Villalba. / “No entren al 1408. Antología en español | tributo a Stephen King”, Jorge Luis Cáceres. / “La gran | novela del escritor Manuel Lasso: El Carnicero de Lyon”, | Manuel Gutiérrez Sousa. / “Provocación, de Stanislaw | Lem”, Carlos Gerardo González Orellana. / “Madrid | desnuda y misteriosa”, Leonardo Maicán. | | Roberto Martínez Bachrich: “Nos gusta quejarnos de la | Entrevistas ausencia de literatura”, entrevista por Eduardo Cobos. | | “La representación de la mujer en Yerma, de Federico | Sala de ensayo García Lorca”, Andrea Estling Mendoza. / “La frontera | subjetiva. Aproximación al espacio literario de Rafael | Argullol y la recepción”, Citlaly Aguilar Sánchez. | | “Monstruo”, Esteban J. Aquino Rivera. / “Una temporada | Letras con Rimbaud” (extractos), Florentino Gutiérrez Gabela. / | “El gran vidente africano”, Alejandro Cardozo Uzcátegui. | / Poemas de Jorge Campos. / “Viajero”, Cristina García | Ramírez. / Poemas de Manuel Iris. / “Materia prima”, | Pablo Brescia. / “Visión en F y en X”, Isabel Maduro. / | “Caza y captura”, Juan José Colomer Grau. / “Sagradas | pasiones” (extractos), Arístides Vega Chapú. / | “Pubertad”, Marco Villarroel Bruna. / Tres poemas de | Santiago Aguaded Landero. / “La Jefecita”, María Celeste | Vargas Martínez. / Dos poemas de Juan Andrés Herrera. | | Federico García Lorca. | Post Scriptum | =========================================================================== Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Año http://www.geocities.com/SoHo/8753 =========================================================================== Premio "La Página del Mes" de Internet de México el 3 de mayo de 1998 http://www.internet.com.mx =========================================================================== Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998 http://www.megasitio.com =========================================================================== Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999 http://www.redchilena.cl =========================================================================== Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999 http://www.fortressdesign.com =========================================================================== Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999 http://www.exodusltd.com =========================================================================== Premio Mejor Página de Poesía, de La Blinda Rosada, en julio de 1999 http://blindarosada.org.ar =========================================================================== Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Premio Nacional del Libro de Venezuela 2007, Centro Nacional del Libro http://www.cenal.gob.ve =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2008, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Mención de honor en los premios Stockholm Challenge 2010, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.org =========================================================================== Para suscribirse a Letralia, envíe un mensaje vacío a: letralia-subscribe@gruposyahoo.com Para desuscribirse, envíe un mensaje vacío a: letralia-unsubscribe@gruposyahoo.com También puede formalizar su suscripción o su desuscripción en un formulario visible en nuestro sitio en el Web: http://www.letralia.com/herramientas/listas.htm Ediciones anteriores: http://www.letralia.com/tierradeletras/archivo.htm ||||||||||||||||||||||||||||||| BREVES |||||||||||||||||||||||||||||| *** E-books de Excodra La editorial española Excodra, de Barcelona, que edita la revista literaria del mismo nombre, acaba de publicar una colección de libros digitales que se inicia con diez títulos. Se trata del poemario La lengua en juego, de Agustín Calvo Galán; el ensayo Lo que los hombres acostumbran a hacer, de Aarón Reyes; el ensayo Historia particular de 100 palabras, de Antonio Tello; el relato y poemario Aeropuerto, de Belén Almendro, el poemario Paracelso, de Carlos Barbarito (http://www.letralia.com/firmas/barbaritocarlos.htm); la colección de relatos breves El secreto de mi mano, de Héctor Hernández Montecinos; el poemario Y el silencio era una fiesta, de Jaume Muñoz Cunill; la novela El último cuerpo de Úrsula, de Patricia de Souza; la colección de relatos breves Excodra, de Rubén Darío Fernández y el libro de cuentos Marginales, de Vicente Muñoz Álvarez y Mik Baro. http://excodra.com *** Exposición sobre el cómic en Valencia, España La Sala Capitular del Monasterio de San Miguel de los Reyes, en Valencia (España), acoge desde este 2 de marzo la exposición “Un siglo de tebeos: retrospectiva de la historieta en la Comunitat Valenciana (1913-2013)”, que organizada por la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu y la Asociación Valenciana del Cómic tiene el propósito de celebrar la riqueza del tebeo valenciano y sus creadores desde sus orígenes, así como de mostrar su evolución en la realización y en sus formas de distribución y comercialización. La muestra fue inaugurada por la consellera de Educación, Cultura y Deporte, María José Català, quien aseguró que el tebeo valenciano “cuenta con una gran riqueza”, y que la Escuela Valenciana del cómic “ha sido muy importante a nivel nacional durante todo el siglo XX y XXI”. La exposición estará abierta hasta el 23 de junio y dispone de talleres y visitas didácticas. http://bit.ly/YYFkYS *** Taller “Las palabras y el mundo”, en El Puerto de Santa María Este lunes 4 de marzo se abrirá la inscripción para el taller de escritura creativa “Las palabras y el mundo”, que será impartido los días jueves 14 y viernes 15 de este mes por Miguel Ángel García Argüez, en la Biblioteca Pública Municipal “Poeta Rafael Esteban Poullet”. La actividad se enmarca en las actividades de animación a la lectura invierno-primavera 2013, que desarrolla la biblioteca. Se trata de un taller exclusivamente para adultos y las personas interesadas en la participación del mismo pueden dirigirse al mostrador de préstamos, donde se podrá realizar la inscripción, así como en el teléfono 956541573, y en la dirección: informacion.biblioteca@elpuertodesantamaria.es. El curso propondrá una aproximación a la creación literaria contemporánea, con una combinación proporcionada de teoría y práctica. *** Taller de poesía por Beatriz Alicia García, en Caracas La escritora venezolana Beatriz Alicia García (http://beatrizaliciagarcia.blogspot.com) dictará del 6 de marzo al 24 de abril, en la sede de la Biblioteca Herrera Luque, en Caracas, el “Taller de poesía en el tiempo: Movimientos, tendencias y estilos”, un recorrido histórico de los diversos movimientos, tendencias y estilos de la poesía universal y venezolana a través de la lectura y análisis de textos clásicos, grecolatinos, medievales, renacentistas, barrocos, románticos, simbolistas y modernistas, hasta llegar a la época contemporánea y sus grandes voces líricas. Licenciada en letras y magíster en literatura venezolana por la Universidad Central de Venezuela, García se ha desempeñado en el área editorial desde 1988. Ha colaborado en las páginas culturales de los principales periódicos de su país y en algunas revistas culturales. La actividad, cuya matrícula es de 480 bolívares (u 80 por sesión), tendrá lugar en ocho sesiones los miércoles 6, 13 y 20 de marzo y 3, 10, 17 y 24 de abril, entre las 5 de la tarde y las 7 de la noche. La Biblioteca Herrera Luque está ubicada en la 3ª avenida, entre 2ª y 3ª transversales de la Plaza Los Palos Grandes (sótano 2), en la capital venezolana. http://bit.ly/13yuaxH *** Taller de crónica y periodismo literario, con Eloi Yagüe Jarque A partir de este jueves 7 de marzo, el escritor venezolano Eloi Yagüe Jarque da inicio en Caracas a un taller de crónica y periodismo literario que tiene como objetivo dotar a los asistentes de las herramientas lingüísticas necesarias para escribir crónicas y otros textos de periodismo literario, con especial énfasis en el dominio de las estructuras narrativas. Además de proveer una definición de la crónica, el taller se paseará por el carácter narrativo del género, sus antecedentes, su aplicación para retratar testimonios, personajes, eventos históricos, sucesos policiales, costumbres y contenidos humorísticos, viajes y aventuras, hechos políticos y otros aspectos. La actividad, cuya metodología será teórico-práctica e incluirá ejercicios comentados de lectura y escritura, se desarrollará durante doce sesiones semanales de dos horas cada una, hasta el 23 de mayo, los días jueves de 6 de la tarde a 8 de la noche. Yagüe Jarque es periodista, escritor y profesor universitario. Publica cada quince días la columna dominical “Caracas Crónica” en el diario venezolano Últimas Noticias. Como narrador de ficción ha publicado seis libros de cuentos y tres novelas. Ha obtenido los premios Salvador Garmendia, de novela; Juan Rulfo, de cuento, y Aníbal Nazoa, de crónica. Con su primera novela, Las alfombras gastadas del Gran Hotel Venezuela, fue finalista del Premio Rómulo Gallegos en 2001. Los asistentes recibirán certificado de egreso. Para mayor información sobre el taller se puede contactar con la Jefatura de Formación y Docencia de la Fundación Celarg, ubicada en el piso 4 del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (avenida Luis Roche con tercera transversal de Altamira, Caracas), a través del teléfono (0212) 2868236. http://www.celarg.gob.ve *** Actividades de la Biblioteca Nacional de España por el Día de la Mujer La Biblioteca Nacional de España (BNE) conmemorará el Día Internacional de la Mujer con la representación de la obra teatral Barrocamiento, entre otras actividades. Esta institución cultural se une a la celebración del Día Internacional de la Mujer, que se conmemora el 8 de marzo, organizando numerosas actividades relacionadas con el mundo femenino. El mismo día 8, a las 7 de la tarde, la BNE acogerá en su salón de actos la representación de diversos fragmentos de Barrocamiento, cuyos personajes principales son los espectros de tres pioneras de la escritura en España: María de Zayas, sor Juana Inés de la Cruz y Feliciana Enríquez de Guzmán. Además, durante todo el mes de marzo y hasta el 21 de abril se podrá contemplar en el museo de la BNE la exposición “El despertar de la escritura femenina en lengua castellana”, una selección de piezas manuscritas e impresas de las pioneras de la literatura española. Este 5 de marzo se inaugura otra exposición, “El libro vestido”, enmarcada en el Festival “Miradas de Mujeres en las Artes Audiovisuales”, y que pretende dar a conocer una parte de las obras premiadas anualmente por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España. La BNE también ofrece hasta el 22 de marzo el ciclo cinematográfico “A contracorriente: nuestras escritoras del Siglo de Oro”, en el que se proyectarán películas como El perro del hortelano y Teresa de Jesús, y los capítulos cinco y seis de la serie documental Mujeres en la historia. Paralelas a estas actividades, la Biblioteca Nacional desarrollará durante todo el mes de marzo un ciclo de conferencias para recordar a mujeres que han marcado la historia de España. http://www.bne.es/es/Actividades/DiaMujer *** Recital de Josep E. Rico Sogorb, en Alicante El escritor español Josep E. Rico Sogorb, de Elche (Alicante, España), dará un recital poético este viernes 8 de marzo, a las 8 de la tarde, en el Ateneo Científico, Literario y Artístico de Alicante (calle Navas, 32). El autor leerá una selección de sus cuatro poemarios publicados. El recital, que será en castellano y valenciano, se titula “Collage poético (de la urbanidad al intimismo)” y el autor hará en él un repaso temático variado sobre un amplio abanico, desde sus poemas urbanos y sociales a sus poemas intimistas, pasando por los culturales, filosóficos, paisajísticos, amorosos, patrióticos-valencianistas y eróticos, entre otros. La entrada es gratuita. http://www.galeon.com/joseesteban *** Taller “Sobre y con las cosas”, de Alejandro Sebastiani Verlezza Este martes 12 de marzo se inicia en la Librería Kalathos, en Caracas, el taller de creación literaria “Sobre y con las cosas”, que dictará el periodista y escritor venezolano Alejandro Sebastiani Verlezza (http://www.letralia.com/firmas/sebastianiverlezzaalejandro.htm), y que tiene como objetivo explorar la lectura y escritura sobre los objetos. “¿Qué nos dicen una brocha húmeda, embadurnada de muchas capas de pintura y trementina; un llavero lanzado al descuido en el fondo de un cajón; un sobre encontrado sin haberlo esperado, o un fósforo regado con desdén sobre una mesa?”, dice el autor sobre la actividad. “Se trata de mirar las cosas como las miraron Eliseo Diego, Francis Ponge y Fabio Morábito. Con ellos, tres poetas, tres apasionados por las cosas, leeremos y escribiremos. Este será un taller, entonces, sobre y con las cosas. A ellas las traeremos. A ellas volveremos. Con ellas nos expresaremos en los géneros que mejor convengamos”. El docente es licenciado en comunicación social y letras, profesor del Instituto Icrea y autor de Posdatas, plaquette de poemas (El pez soluble, 2011). Sus textos han aparecido también en la compilación Voces nuevas del Celarg (2005-2006), en Literales de Tal Cual, así como en diversas publicaciones periódicas. El taller se realizará durante dos meses en sesiones semanales, cada martes de 6 de la tarde a 8 de la noche. La Librería Kalathos está ubicada en el Centro de Arte Los Galpones, en Los Chorros (Caracas). Para solicitar mayor información, se puede telefonear al (0212) 2852820 o escribir a libreriakalathos@gmail.com. http://bit.ly/ZRUPAK ¿Quiere publicar una nota en este espacio? 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Si desea enviarnos las bases de un concurso, escríbanos a info@letralia.com |||||||||||||||||||||||||||||| NOTICIAS ||||||||||||||||||||||||||||| *** Un escritor colombiano inició expedición en busca de poetas inéditos El escritor colombiano Eduardo Bechara Navratilova inició el pasado 10 de febrero un viaje de catorce mil kilómetros —desde Ushuaia, Argentina, hasta Punta Gallinas, Cabo de la Vela, Colombia—, visitando diferentes pueblos y ciudades de Argentina, Chile, Perú, Ecuador y Colombia, con el objeto de descubrir poetas inéditos, documentarlos y publicar una antología de poesía latinoamericana en la que se haga una selección de los mejores poemas y se premie al ganador. El proyecto cultural “En busca de poetas” pretende rescatar la lectura de poesía, unificar al continente americano en torno a un proyecto literario, “poner en valor a todos aquellos poetas inéditos que carecen de reconocimiento mayor pese a la excelencia de sus escritos y recopilar 1.000 poemas que se convertirán en parte de la primera antología de poesía inédita latinoamericana”. Bechara Navratilova nació en Bogotá en 1972. Se graduó en la Universidad de los Andes de Colombia en las carreras de derecho en 1999 y de literatura en 2005. Ha publicado las novelas La novia del torero (2002) y Unos duermen, otros no (2006). En 2007 recorrió la costa brasilera en una campaña pro fondos para los niños con cáncer y escribió crónicas de viaje en su blog del diario colombiano El Tiempo. En 2009 culminó la Maestría en Escrituras Creativas en la Universidad de Temple, Filadelfia (Estados Unidos), donde además fue profesor. En 2011, en coedición entre Editorial Escarabajo y El Copista (Córdoba, Argentina), presenta su primer poemario, Poemas a una ciudad, un insecto y una mujer, y en 2012 su primer libro de crónicas Mendigo por un día, una coedición entre Editorial Escarabajo y Ediciones del Boulevard (Córdoba). Fuente: Crónica *** Fernando Zalamea Traba y Elena Alonso Frayle premiados en México Este viernes 1 de marzo se celebró en Ciudad de México la entrega de los X Premios Internacionales de Ensayo y Narrativa, que recayeron sobre el matemático colombiano Fernando Zalamea Traba, por el ensayo Pasajes de Proteo: residuos, límites y paisajes en el ensayo, la narrativa y el arte latinoamericanos, y la escritora española Elena Alonso Frayle, por la novela El silencio de los siglos. Según el jurado de ensayo, integrado por Liliana Weinberg, Guillermo Hurtado y Adolfo Castañón (http://www.letralia.com/firmas/castanonadolfo.htm), la obra de Zalamea, Pasajes de Proteo, “explora los bordes movibles de una cierta ‘trans-identidad’ latinoamericana que intenta superar fundamentos aparentemente estables (raíces primigenias, folclor, autenticidad local, diferencia) y falsos seccionamientos temporales (ilustración, clasicismo, romanticismo, modernismo, postmodernidad)”, como indicó en el veredicto emitido el pasado 12 de febrero. El libro de Zalamea estudia en detalle los “pasajes” entre memoria, utopía y frontera en el ámbito latinoamericano, restringiéndose, por un lado, al período entre 1930 y 1970, y por otro al espectro de ciertas obras maestras del ensayo, la narrativa y las artes plásticas. “El intento por construir una urdimbre triádica entre invención conceptual, literaria y artística puede verse tal vez como uno de los aportes originales del trabajo”, explican los jueces. Entre los autores por los que se pasea el autor se encuentran Henríquez Ureña, Reyes, Ortiz, Martínez Estrada, Arguedas, Carpentier, Rulfo y Lispector, y artistas plásticos como Obregón, Szyszlo, Reverón y Tamayo, proponiendo una suerte de “cálculo diferencial e integral” de la cultura enmarcado en “la percepción de formas proyectivas y residuales de la memoria; el reconocimiento positivo de los límites del saber y negativo de las limitantes de la acción social”. Nacido en Bogotá en 1959, Zalamea Traba es Ph.D. en lógica matemática por la Universidad de Massachusetts, EUA, y profesor en la Universidad Nacional de Colombia. Ha dictado numerosos cursos de lógica matemática combinada con la filosofía. Dirige un Seminario de Filosofía Matemática, previsto a terminar en 2020, donde recorre a los grandes maestros de la creatividad matemática avanzada en los siglos XIX y XX. Zalamea Traba coordina el Centro de Sistemática Peirceana (http://www.csp-peirce.org), en el que participan diversas universidades colombianas, y es autor de una quincena de libros de ensayo, entre otras publicaciones. Ha ganado diversos premios de ensayo, entre los que se cuentan el Andrés Bello (Colombia, 2000), el Kostakowsky (México, 2001), el Gil-Albert (España, 2004) y el Jovellanos (España, 2004). Ana Clavel, Felipe Garrido y Eraclio Zepeda, jueces del certamen de narrativa, premiaron a El silencio de los siglos, de Elena Alonso Frayle, por considerar que “combina elementos propios de la novela histórica, de la novela negra y de la novela epistolar, alternando premeditadamente el ritmo narrativo, que oscila entre el thriller político y la novela de sentimientos”. Alonso Frayle escribió la novela durante la estancia de dos años de la autora en Tailandia, cuya realidad política, que tuvo ocasión de observar de primera mano y ocupa el tema principal de la obra, “discurre por cauces desconocidos para la mayoría de los turistas que acuden al país en busca de sus playas, su exotismo o su sórdida oferta sexual”. El protagonista de la novela, Dimas Valverde, es un profesor de historia en España; tras diez años de un matrimonio que se ha vuelto rutinario, recibe una herencia de un tío lejano en cuya biblioteca encuentra un misterioso documento firmado por Constantin Phaulkon, un griego que llegó a convertirse en primer ministro del reino de Siam en el siglo XVII. Las investigaciones sobre el origen del documento llevarán a Dimas hasta la lejana Tailandia, donde conoce a Milena Monreal, una bibliotecaria española involucrada en una oscura trama de espionaje y conjura política, a cuyo lado Dimas se verá azarosamente convertido en el héroe que siempre soñó ser. “La figura de Constantin Phaulkon aparece como el eje vertebrador de los temas de fondo que subyacen a la trama y sobre los que la novela nos invita a reflexionar: el peso de la historia en el devenir de los pueblos, los oscuros resquicios en los que desenvuelve el poder político, el concepto de patria y las absurdas lealtades que impone en los corazones de las personas, el silencio de siglos que sucede a las palabras que no fueron pronunciadas, a los sueños que se perdieron sin remedio, a las promesas de futuro que se extinguen, de una vez y para siempre”, concluye el veredicto. Alonso Frayle nació en Bilbao en 1965 y es abogado-economista egresada de la Universidad de Deusto, con un máster en estudios europeos por el Centro Universitario de Nancy (Francia) y estudios de japonología en la Freie Universität de Berlin. Como consultora de empresas y administraciones públicas, tanto en España como en el extranjero, ha vivido en Senegal, Argentina, Alemania y Tailandia. Actualmente reside en Berlín. En los últimos años se dedica en exclusiva a la actividad literaria y ha obtenido numerosos reconocimientos en convocatorias internacionales. Su trabajo presta especial atención al relato, y ha obtenido algunos de los más prestigiosos galardones consagrados a ese género como el Premio Internacional de Cuentos “Miguel de Unamuno”, el Premio de Relato Corto “Fernández Lema” o el Premio del Concurso de Cuentos “Ignacio Aldecoa”. Ha publicado la novela corta El legado de la misión Iwakura (Aguaclara, 2010), galardonada en España con el Premio “Gabriel Sijé”, y el libro de relatos Llegados a este punto (Foem, 2012), que obtuvo en México el Premio Letras del Bicentenario-sor Juana Inés de la Cruz. En esta edición, el certamen de ensayo recibió 48 obras, 29 de ellas de México, 5 de Estados Unidos, 4 de España, 3 de Argentina y el resto de Brasil, Cuba, Colombia, El Salvador, Nicaragua, Panamá y Perú. El de narrativa, por su parte, recibió 84 obras en total, 71 de las cuales eran de México, 3 de Estados Unidos, 2 de Colombia, 2 de España y el resto de Alemania, Chile, El Salvador, Italia, Perú y Venezuela. La ceremonia de entrega de los premios tuvo lugar a las 18 horas en el Salón de la Academia de Ingeniería, en el marco de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, en Ciudad de México. Los X Premios Internacionales de Ensayo son convocados por la Universidad Autónoma de Sinaloa, El Colegio de Sinaloa y Siglo XXI Editores. Estas dos últimas entidades convocan a su vez el de narrativa, conjuntamente con la Dirección de Literatura de la Coordinación de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fuente: Siglo XXI Editores *** Instituto Cervantes publica en Internet anuario El español en el mundo Más de 495 millones de personas hablan nuestro idioma, según la edición 2012 del anuario El español en el mundo, que fuera presentado en Madrid el pasado 14 de enero por el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, y que el pasado 18 de febrero fue sido publicado en Internet (http://cvc.cervantes.es/lengua/anuario/anuario_12). Los volúmenes de El español en el mundo, que se publican desde 1998, constituyen obras de consulta esenciales para los interesados en la situación de la lengua española en el contexto internacional. La entrega de 2012 recoge estudios sobre el español en Asia, además de otros informes sobre las labores del Cervantes y otras cuestiones esenciales de lengua y cultura. Según las estimaciones del Cervantes, el 7,5% de la población mundial (535 millones de personas) será, en 2030, hispanohablante. Ese porcentaje supera al ruso (2,2%), al francés (1,4%) y al alemán (1,2%). Para entonces, sólo el chino superará al español como grupo de hablantes de dominio nativo. Y más adelante, en 2050, Estados Unidos será el primer país hispanohablante del mundo. El peso económico del español, su presencia en Internet y su relación con la ciencia son otros de los temas que se pueden encontrar en esta edición del anuario. Además, incluye informes especiales sobre la situación del idioma en países como China, Japón o India; su importancia en las redes sociales y otros medios digitales de comunicación, así como reportes del funcionamiento de diversas áreas del Instituto Cervantes. Fuente: Centro Virtual Cervantes *** España designa a Ana Santos como directora de la Biblioteca Nacional Finalizado el plazo de lo que bien podría ser considerado como una prórroga política a su mandato, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España confirmó, mediante un comunicado emitido el pasado 18 de febrero, la destitución de la directora de la Biblioteca Nacional (BNE), Glòria Pérez-Salmerón, y la designación de Ana Santos Aramburo, quien hasta entonces se desempeñaba como directora general de Bibliotecas y Archivos del Ayuntamiento de Madrid. Pérez-Salmerón había sido nombrada por la anterior ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, y aunque se suponía que la sustitución tendría lugar hace un año, al poco tiempo de la llegada del Partido Popular al gobierno, el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, decidió apostar entonces por la continuidad y no hacer mudanza en un año especialmente simbólico para la BNE, el de su tricentenario. Cultura ya tenía tomada la decisión de destituirla, pero permitió a Glòria Pérez-Salmerón continuar en el puesto y pilotar la institución durante todos los fastos conmemorativos. A pesar de haber llegado de la mano de otra administración, la hoy destituida directora actuó con lealtad hacia los actuales responsables y ni siquiera se ha mostrado crítica con los sucesivos recortes presupuestarios de la casa. “Me voy con mucha pena. Tras el Tricentenario y el último Patronato no me lo esperaba”, aseguró Pérez-Salmerón al diario español El País. José María Lassalle le ha explicado que desea “a una nueva persona para una nueva etapa” y le ha agradecido su trabajo. La sustituta, Ana Santos, ya había trabajado en la institución durante la etapa de Milagros del Corral. El comunicado de Cultura señala: “Concluida la conmemoración de su tricentenario, la Biblioteca Nacional inicia una nueva etapa, marcada por la elaboración y aprobación de una ley reguladora propia que la proyecte como la institución cultural de referencia que es en nuestro país”. Los responsables ministeriales destacaron de la directora destituida “su empeño profesional y personal en situar a la Biblioteca Nacional entre las más reputadas del panorama europeo”. La nueva directora, Ana Santos, es licenciada en geografía e historia por la Universidad de Zaragoza, sección Historia del Arte, y diplomada en biblioteconomía y documentación por el Centro de Estudios Documentales del Ministerio de Cultura. Fuente: El País *** Concurso de microficción dramatúrgica “Garzón Céspedes” emite veredicto Este 18 de febrero fue anunciado el veredicto del VI Concurso Internacional de Microficción Dramatúrgica “Garzón Céspedes” del Monólogo Teatral, el Soliloquio Teatral y el Monoteatro sin Palabras Hiperbreves, que convocado por la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica (Ciinoe) y Ediciones Comoartes recayó sobre 32 textos de autores de diversas nacionalidades. El jurado, que estuvo presidido por el dramaturgo Francisco Garzón Céspedes (http://www.letralia.com/firmas/garzoncespedesfrancisco.htm; Cuba/España), y compuesto por Mayda Bustamante (Cuba/España), José Víctor Martínez Gil (México) y Mayte Torres Campos (España), concedió los tres primeros lugares del Premio Internacional de Microficción Dramatúrgica “Garzón Céspedes” a Elaine Vilar Madruga (Cuba), por el monólogo “Está allá atrás”; a Luis Miguel González Cruz (España), por el soliloquio “Pati”, y a Salomé Guadalupe Ingelmo (España), por el monoteatro sin palabras “La vida es sueño”. El Premio Internacional al Conjunto Dramatúrgico Hiperbreve correspondió a la española Fátima Martínez Cortijo por los monólogos “Compañeras” y “Esto, ¿cuánto vale?”, el soliloquio “La otra guerra” y los monoteatros sin palabras “La primera idea...” y “Exterminación”. El Premio Internacional de Monólogo Teatral Hiperbreve fue para Elaine Vilar Madruga (Cuba) por “No lo sabes, Amelia”, y Fátima Martínez Cortijo (España) por “Compañeras”. El Premio Internacional de Soliloquio Teatral Hiperbreve fue para Elaine Vilar Madruga (Cuba), por “Lady Macbeth 2011”, y Fátima Martínez Cortijo (España) por “La otra guerra”. El Premio Internacional de Monoteatro Sin Palabras Hiperbreve recayó sobre Elaine Vilar Madruga (Cuba), por “Lo que engendró”, y Fátima Martínez Cortijo (España), por “La primera idea...”. Los Premios Extraordinarios de Monólogo Teatral Hiperbreve fueron para Juan Pablo Goñi Capurro (Argentina), por “Peinándome”; Liliana Mabel Savoia (Argentina), por “Mascarada sureña”, y Fátima Martínez Cortijo (España), por “Esto, ¿cuánto vale?”. El Premio Extraordinario de Soliloquio Teatral Hiperbreve recayó sobre Salomé Guadalupe Ingelmo (España) por “Total eclipse of the mind”, mientras que los Premios Extraordinarios de Monoteatro Sin Palabras reconocieron a Claudio Simiz (Chile), por “No la toque de nuevo, Sam”, y Fátima Martínez Cortijo (España), por “Exterminación”. Los Premios Especiales de Monólogo Teatral Hiperbreve correspondieron a Maximiliano Ignacio de la Puente (Argentina), por “Rodaje”; Juan Pablo Goñi Capurro (Argentina), por “¡Feliz cumpleaños!”; Segundo Antares (Chile), por “Soledad”, y Salomé Guadalupe Ingelmo (España), por “Flash-B(L)ACK”, “Involución” y “Solución final”. Los Premios Especiales de Soliloquio Teatral Hiperbreve “Garzón Céspedes” 2012 fueron para Juan Pablo Goñi Capurro (Argentina), por “Accidente” y “¿Me quieres?”; Liliana Mercedes Murúa (Argentina), por “Álbum Patri”; Salomé Guadalupe Ingelmo (España, Madrid), por “Mas líbranos del mal”, y Susana Quintero Najera (México), por “Sufres”. Asimismo, los Premios Especiales de Monoteatro sin Palabras recayeron sobre Segundo Antares (Chile), por “Vocación”, y Salomé Guadalupe Ingelmo (España), por “Al son de la música”. Por último, se concedió Menciones de Honor de Monólogo Teatral Hiperbreve a Juan Pablo Goñi Capurro (Argentina), por “Bailo”; Marcia Alejandra Rago (Argentina), por “Tiempo” y “La espera”, y Primo Domingo di Martino (Italia/Argentina), por “Silencio, que habla Don Adolfo”. Los textos ganadores han sido editados en Los Cuadernos de las Gaviotas de Ediciones Comoartes, que se difunden por vías electrónicas, y recibirán además una obra gráfica digital de edición única. Fuente: Ciinoe *** Unid crea biblioteca digital para apoyo de licenciaturas virtuales La Universidad Interamericana para el Desarrollo de México (Unid) creó la Biblioteca Digital Unid (http://moodle2.unid.edu.mx/joomla/index.php/bdu), que incluirá más de 100 mil títulos para la primera generación de licenciaturas virtuales, según se anunció el pasado 19 de febrero. Esta biblioteca digital estará enfocada a más de 25 mil estudiantes y tres mil profesores de 18 licenciaturas y seis maestrías virtuales de la casa de estudios en México, que además contarán con recursos de aprendizaje como smartphones y tabletas para las licenciaturas vía Web. El servicio ofrecerá más de 100 mil títulos de 175 diferentes áreas de interés, que incluye la bibliografía básica para consulta de los libros correspondientes a las materias de las diferentes carreras de esa institución. Además dispondrá del material especializado en las áreas de derecho, administración, contabilidad, finanzas, ciencias y humanidades de más de 180 países. La institución educativa describe en un comunicado que, como parte del acercamiento y el uso de nuevas tecnologías de vanguardia e innovación para la enseñanza, el Sistema Unid implementará las mejores condiciones y herramientas que permiten mejorar la experiencia de aprender. Para ello también desarrolló herramientas como el “Repositorio de recursos de aprendizaje” que consiste en una plataforma educativa creada para servir como un entorno colaborativo que facilite el trabajo en grupo y la producción colectiva de conocimiento. Además, el Centro de Tecnología Educativa del Sistema Unid inició la producción de libros electrónicos incluyendo fotos, videos, esquemas, autoevaluaciones interactivas, líneas de tiempo, y otros recursos audiovisuales e interactivos, los cuales el estudiante puede descargar a su computadora o dispositivo móvil y usar sin estar conectado a Internet. Fuente: Excélsior *** Publican en alemán dos libros del boliviano Víctor Montoya La editorial austríaca Mackinger Verlag, con sede en Viena, acaba de publicar dos libros del escritor boliviano Víctor Montoya (http://www.letralia.com/firmas/montoyavictor.htm). Las traducciones al alemán estuvieron a cargo de la hispanista Claudia Wente, según se informó este 20 de febrero a través de una nota de prensa. El responsable de la editorial, el doctor Herbert Mackinger, psicoanalista de profesión y profundo conocedor de la realidad latinoamericana, consideró oportuno publicar simultáneamente Erzählungen der Grausamkeit (Cuentos violentos, http://bit.ly/Y7rH5A) y Die Legende vom Tio - Erzählungen aus dem Bergwerk (Cuentos de la mina, http://bit.ly/15rA9Tu), del reconocido escritor boliviano, ya que era la mejor manera de dar a conocer su obra entre los lectores de Alemania, Austria, Suiza y otros países donde predomina la lengua germana. Cuentos violentos, publicado por primera vez durante los años de exilio del autor en Suecia, es el testimonio de la violación a los derechos humanos por parte de los regímenes dictatoriales durante la llamada “Operación Cóndor”, que se llevó a cabo en los países del Cono Sur de América Latina en las décadas de 1970 y 1980. Montoya, que a mediados de los años 70 fue perseguido, torturado, encarcelado y exiliado, relata, en segunda persona, las atrocidades que le tocó vivir en las cámaras de tortura que las fuerzas represivas del gobierno instalaron en las dependencias del Departamento de Orden Político (DOP) y el Ministerio del Interior. Cuentos de la mina, que ya cuenta con varias ediciones en español y traducciones a otros idiomas, es un libro en el cual se recrean los mitos y las leyendas que giran en torno al Tío de la mina, un ser mitológico que encarna el sincretismo religioso y el mestizaje boliviano desde la época de la colonia. El libro retrata, con descripciones realistas y fantásticas, la vida diaria de los trabajadores del subsuelo, cuyas creencias están estrechamente vinculadas a los ritos, usos y costumbres de las culturas originarias. Ambos títulos están a la venta tanto en las librerías como en Internet, donde la editorial MackingerVerlag tiene un portal que puede ser visitado por los lectores interesados en adquirir las obras del narrador boliviano, el mismo que retornó al país después de treinta cuatro años de ausencia, con una extensa producción literaria que está siendo reedita para el conocimiento de los lectores nacionales. Montoya (La Paz, 1958) es escritor, periodista cultural y pedagogo. Es autor de más de una decena de libros entre novelas, cuentos, ensayos y crónicas. Dirigió las revistas literarias PuertAbierta y Contraluz, mientras estaba exiliado en Suecia. Su obra está traducida a varios idiomas y tiene cuentos publicados en antologías internacionales. Escribe en publicaciones de América Latina, Europa y Estados Unidos. Fuente: Mackinger Verlag *** Príncipes de Asturias entregan Premios Nacionales de Cultura de España Los Príncipes de Asturias presidieron este 20 de febrero en el Palacio de El Pardo, en Madrid, la entrega de los Premios Nacionales de Cultura que entrega cada año el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España. En esta ocasión ha tenido lugar una doble entrega, pues se entregó un total de 53 premios, 27 correspondientes al año 2011 y 26 al año 2012. El escultor Jaume Plensa donó los 30.000 euros del Premio Nacional de Artes Plásticas 2012 a la Fundación Banco de los Alimentos de Barcelona, cuyo objetivo es luchar contra el hambre más cercana, según informó la citada organización. El lingüista Francisco Rodríguez Adrados recogió la distinción de manos de doña Letizia, y no pudieron estar presentes algunos galardonados, entre ellos el escritor José Luis Sampedro, de 96 años. La actriz Blanca Portillo, el diseñador de zapatos Manolo Blahnik y el humorista gráfico Andrés Rábago (El Roto) figuran entre los galardonados, junto con el músico Santiago Auserón. Durante el acto, el príncipe de Asturias reclamó la colaboración de todos para superar la crisis que sufre España, subrayando que, ante estas “graves dificultades”, él mismo y el resto de ciudadanos deben extremar el cumplimiento de su deber y afrontar sus responsabilidades “con la mayor seriedad y rigor”. Don Felipe advirtió que la actual crisis —con “dramas sociales” como el “altísimo nivel de paro”—, junto a la “urgente” necesidad de superar las dificultades “como sociedad”, requiere “el impulso, la colaboración y el compromiso de todos”. “En estos momentos de graves dificultades, todos tenemos que extremar el cumplimiento de nuestro deber, afrontar nuestras responsabilidades con la mayor seriedad y rigor y mantener viva la confianza y el espíritu de superación”, proclamó el heredero de la Corona. El príncipe insistió a continuación: “Nadie está exento en estos momentos de la obligación de aportar lo mejor de sí mismo, como una exigencia cívica de ciudadanos, como un deber con nuestro país, a partir de nuestra libertad”. Se dirigió, asimismo, a los más de cincuenta galardonados que atendían a sus palabras en el Patio de los Austrias del palacio para ensalzar su “vitalidad, excelencia” y “pasión por crear”, unos valores que, según afirmó, “deben ser fuente de inspiración para el conjunto de la sociedad que lucha y se debate ante los difíciles retos del día a día”. “Vuestra imaginación, vuestra energía y vuestro espíritu innovador deben proyectarse hacia los más jóvenes que buscan abrirse camino y a todos los que luchan por retomar una estabilidad económica y laboral”, recalcó. Consciente de sus dificultades, animó además a los creadores a mantener “el buen nombre de España” y “proyectar con fuerza” su prestigio, ya que la cultura “es uno de los grandes activos” del país, “sigue estando al más alto nivel” y contribuye a reforzar la autoestima de los españoles y su imagen internacional en un tiempo que se caracteriza por “la vulnerabilidad de los estereotipos”. Tras la entrega de los 53 galardones, también intervino el ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, que elogió a los premiados como ejemplo “de que el genio creativo español no se detiene”, sino que, en estos “tiempos difíciles”, se hace “más agudo y combativo” y lucha por “poner su grano de arena” en el edificio cultural. La continuidad de la cultura como alimento que sacia las inquietudes y anhelos del ser humano “exige un compromiso y una valentía a veces inaudita”, reflexionó Wert, antes de concluir su discurso con estas palabras: “Gracias a todos por crear y reflejar el arte de vuestro tiempo y gracias, sobre todo, por hacerlo con vuestra insobornable libertad”. En nombre de los galardonados en 2011 dio las gracias el narrador Marcos Giralt, quien pidió al Estado que vele por los cientos de familias “arrojadas con sus enseres a la marginalidad”, tras señalar que reivindicar la importancia de la cultura le da “cierta vergüenza” cuando en España están en cuestión derechos básicos “por la codicia de unos y la complicidad de otros”. En representación de los premiados en 2012, el periodista Jesús Hermida hizo un alegato a favor de la libertad, salpicado con anécdotas, e hizo votos para que esa libertad “para crear, reformar, renovar y hasta revolucionar” siga vigente “en todas partes: hoy, mañana y siempre”. Fuente: EFE *** Poesía de Nezahualcóyotl reunida en una aplicación para iPad El jueves 21 de febrero fue presentada en el Museo Nacional de Arte, en Ciudad de México, y en el marco del Día Internacional de la Lengua Materna, la aplicación para iPad “Nezahualcóyotl”, que reúne toda la poesía conocida del Rey Poeta, 38 poemas en versión español-náhuatl leídos por Juan Villoro, Julio Bracho, Susana Harp y Ximena Ayala y en lengua náhuatl Mardonio Carballo, Delia Carmona y Santos de la Cruz. En la ceremonia, el historiador de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), Miguel León-Portilla, hizo un llamado a defender las lenguas indígenas, ya que “cuando muere una lengua se cierra a todos los pueblos del mundo una ventana, una puerta, un asomarse de modo distinto a cuanto es ser y vida en la tierra, la humanidad se empobrece”. León-Portilla dijo que México tiene el privilegio de contar con un gran legado de literatura en lenguas indígenas, como lo demuestra la obra de Nezahualcóyotl, por lo que hay que luchar para preservar la diversidad lingüística. “México tiene un capítulo importantísimo en la literatura universal, precisamente en sus composiciones en lenguas indígenas, en maya, náhuatl, purépecha, mixteco... en varias lenguas. Tenemos el gran privilegio, pero tenemos una gran responsabilidad, que no se mueran nuestras lenguas... Luchemos, es responsabilidad del Estado mexicano, pero también de todos nosotros”. Indicó que con esta aplicación —que ya se encuentra disponible en iTunes de manera gratuita— será posible acercarse a la vida y obra de figuras como el Rey Poeta. “México ha sido una tierra de libros, ahí están los códices, luego fue el primer país en América con una imprenta. Pero, desgraciadamente, si somos tierra de libros nos hace falta ser tierra de lectores”. Durante la presentación del proyecto multimedia, el historiador Patrick Johansson, quien estuvo a cargo de la curaduría de este trabajo, explicó que esta herramienta digital ofrece un acercamiento más detallado a la vida de este rey texcocano, en especial a su etapa de joven. También reproduce, a partir de información tomada de los códices, el rostro de Nezahualcóyotl, e incluye, con autorización de la Biblioteca Nacional de México, algunas páginas de Cantares mexicanos, obra que recoge las primeras transcripciones que se conservan de diferentes cantos prehispánicos. Poemas animados, entrevistas a expertos, un archivo fotográfico con representaciones gráficas y escultóricas de Nezahualcóyotl, una línea de tiempo y hasta un apartado con las profecías expresadas por él, son herramientas de la aplicación. Martha Canseco, directora de Servicios Digitales del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y encargada del desarrollo de esta aplicación, comentó que se trata de un proyecto de recuperación de la memoria histórica y de la cultura precolombina, que a través de las nuevas tecnologías hace posible atraer el interés especialmente de los jóvenes. “Se buscaron las fuentes originales, se hicieron nuevas traducciones al español y al náhuatl, y a través de códices nos pudimos acercar a la posible fisionomía de Nezahualcóyotl. No es nada más la poesía y la sonoridad de su obra, sino también acercarnos a cómo pudo ser el rostro al rey texcocano”, dijo Canseco. La aplicación, explicó Luis Jáuregui, coordinador de Innovación y Calidad del Conaculta, es un paradigma porque está dedicada a un personaje del que existe poca información documental. “De Nezahualcóyotl hay pocos documentos disponibles en las bibliotecas y creo que está aplicación reúne información para todo el público”. Informó, también, que ya se trabaja en aplicaciones similares dedicadas a sor Juana Inés de la Cruz y a Amado Nervo. Fuente: El Universal *** La venezolana Luz Marina Cruz obtuvo el Premio Picón Salas de Ensayo La investigadora venezolana Luz Marina Cruz obtuvo este jueves 21 de febrero el VI Premio Internacional de Ensayo Mariano Picón Salas con su trabajo Entre repeticiones sin origen y diferencias insumisas. Escrituras, reescrituras del signo mujer en la prensa femenina de habla hispana (1826-1889), que presentó con el seudónimo “Ondina”. Así lo informó en un comunicado el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), tras la rueda de prensa celebrada con la presencia de Pedro Calzadilla, ministro de Cultura de Venezuela, y Roberto Hernández Montoya, presidente del Celarg, así como los miembros del jurado, Dina V. Picotti C. (Argentina), Alejandro Bruzual (Venezuela) y Roberto Méndez Martínez (Cuba), autor de la obra ganadora de la edición anterior. El libro ganador analiza siete publicaciones periódicas del siglo XIX dedicadas a la mujer en Latinoamérica o España. “La lectura de los textos allí incluidos se hace desde una lúcida y consciente visión crítica para mostrar los rasgos del sistema sexo-género subyacentes en las sociedades hispanoamericanas de esa época”, explicó el jurado en su veredicto. “La obra muestra, junto al evidente rigor investigativo, una notable capacidad persuasiva, gracias a lo ameno de la redacción y al cuidado puesto en el lenguaje, capaz de comunicar sus conclusiones más allá del mundo académico”. Luz Marina Cruz es natural de Maturín, Monagas. Es doctora en letras egresada de la Universidad Simón Bolívar (USB) y profesora asociada de la Universidad de Oriente (UDO) y tiene un diplomado en género, intervención social y animación sociocultural de la Universidad Central de Venezuela, y otro sobre cultura e integración latinoamericana y caribeña. Durante el acto se logró contactar telefónica con la ganadora, quien con voz emocionada expresó su satisfacción por el premio. Agradeció al gobierno bolivariano, a la Fundación Celarg, y a todas las personas que tuvieron que ver con la realización de su obra, que desarrolló como docente de la UDO. Adicionalmente, se acordó conceder menciones con recomendación de publicación para Cuerpo enmarcado: arte colombiano contemporáneo, de Pedro Antonio Agudelo Rendón (Medellín, Colombia); Los antimundos y su epidemia, de Juana Gamero de Coca (Alburquerque, Badajoz, España), y Caligrafías de la desaparición, estéticas del testimoniar, de Claudio Eduardo Martyniuk (Buenos Aires, Argentina). El Premio Internacional de Ensayo Mariano Picón Salas es convocado por el Ministerio de Cultura de Venezuela a través del Celarg para escritores de habla hispana residentes en cualquier lugar del mundo. Su propósito es honrar la obra y pensamiento del ilustre escritor venezolano y estimular la escritura creadora de ensayo crítico. El certamen estrena una dotación de 50.000 dólares —hasta su edición anterior era de 20.000. Adicionalmente se otorga un diploma para el autor de la obra ganadora, que la Fundación Celarg publica y distribuye comercialmente durante dos años. El premio será entregado en acto público el 10 de abril, en la sede de la institución. Fuentes: Celarg • CiudadCCS *** El argentino Diego Lombardi gana el Concurso de Novela Alba Narrativa El jurado del IV Concurso Latinoamericano y Caribeño de Novela Alba Narrativa 2013 concedió este viernes 22 de febrero su premio a Diego Lombardi, de Argentina, por la obra Reflexiones de un cazador de hormigas, que propone un acercamiento a las relaciones humanas en el siglo XXI. Por su parte, el chileno Cristian Barros obtuvo accésit con Elogio del cadáver, sustentada en una minuciosa investigación histórica y en una narración con códigos más convencionales. Durante la ceremonia, realizada en la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, se presentaron los textos ganadores en 2012, Goo y el amor, de la chilena Claudia Apablaza (http://www.letralia.com/firmas/apablazaclaudia.htm), y Concordia, del cubano Evelio Traba, publicados por la Editorial Arte y Literatura. Además, se clausuró el III Encuentro de Escritores Jóvenes de América Latina y el Caribe, auspiciado por el citado centro cultural y la Asociación Hermanos Saíz, para propiciar el fortalecimiento de los nexos entre creadores de varias latitudes. El concurso Alba Narrativa es convocado por el Fondo Cultural de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) a través del Centro Cultural Dulce María Loynaz, con el objetivo de promover la obra de jóvenes novelistas de la región. Este año, el jurado estuvo presidido por el escritor venezolano Gabriel Jiménez Emán (http://www.letralia.com/firmas/jimenezemangabriel.htm) y participaron en el certamen autores jóvenes de 18 países. Fuente: AIN *** Cinosargo publica Cuatro poetas suicidas chinos, de Wilfredo Carrizales El pasado 22 de febrero fue presentado en el Centro Cultural Cinosargo, ubicado en Arica, en la frontera de Chile con Perú y Bolivia, el libro Cuatro poetas suicidas chinos, en el que el escritor venezolano Wilfredo Carrizales (http://www.letralia.com/firmas/carrizaleswilfredo.htm) recoge textos de Gu Cheng, Hai Zi, Ge mai y Luo yi-he, exponentes del círculo de “poetas oscuros” (Menglong shi) surgido en China después de las reformas de 1979. Publicado por Editorial Cinosargo, el libro fue presentado por el escritor y editor peruano Daniel Rojas Pachas (http://www.letralia.com/firmas/rojaspachasdaniel.htm). Se trata del primer título del sello chileno en 2013, el 28º de su andadura y el tercero de su colección “Pink Cigarette”, dedicada a la traducción. Aunque algunos de los autores incluidos en Cuatro poetas suicidas chinos han sido traducidos al inglés, sus obras permanecen hasta ahora desconocidas en español. Carrizales ha preparado una selección que recorre en orden cronológico las trayectorias de estos poetas, a quienes los une no sólo el espacio común de la Universidad de Pekín sino además haber cometido suicidio. “En la China antigua un hombre que cometía suicidio por deshonra era algo más egoísta (tal como el fracaso en aprobar los exámenes imperiales) y podía ser condenado por no ser filial si él era el hijo mayor o el hijo único”, dice Carrizales en el prefacio. “También en China el suicidio fue y es una herramienta para protestar. Cuando alguien se consideraba a sí mismo víctima de la injusticia y sin salida debía cometer suicidio para protestar contra el cielo. En la práctica esto causaría una conmoción en la opinión pública y haría que la gente simpatizara con el suicida. Tal práctica aún es así, mentalmente, en China”. Cuatro poetas suicidas chinos será presentado el próximo 16 de marzo en Tacna, en el sur del Perú, y en abril habrá otra presentación en Santiago de Chile. Fuente: Cinosargo *** Académico presentó diccionario histórico del español de Venezuela El investigador Francisco Javier Pérez, presidente de la Academia Venezolana de la Lengua, acaba de publicar su Diccionario histórico del español en Venezuela, un volumen de mil páginas que traza la evolución filológica de un centenar de vocablos típicos del país latinoamericano, junto con un conjunto de 3.000 registros léxicos —derivaciones de cada palabra— y 5.000 registros semánticos, en los que se estudian los diversos significados que cada uno ha adquirido a lo largo del tiempo. “Nadie debe pensar que este es un diccionario para los especialistas o los lexicógrafos o aquellos que se interesan por la lengua. El asunto es que la lengua es todo y de todos”, apunta Pérez, que espera presentar un segundo tomo de su trabajo a finales de año. Pérez adelanta también un Glosario de glosarios de obras literarias venezolanas, en el que recoge más de una centena de piezas anexas a obras literarias venezolanas como ensayos, novelas, cuentos y poemas y en el que está descrita la lengua venezolana desde el español regional hasta el juvenil. “Creo que esta obra puede ser de utilidad para los interesados en la literatura, porque yo difiero de otros académicos que piensan que un lexicógrafo no debe tocar el terreno de la creación: en términos de léxico hay una enorme riqueza en los diversos géneros nacionales, porque los escritores tienen la agudeza de ver realidades e identificarlas con palabras”, explica el académico. El primer tomo del diccionario recoge palabras típicas del habla venezolana. Se incluyen vocablos de origen colonial que han llegado al léxico de la actualidad, así como aquellos cuyo uso se perdió hace dos siglos. Además, para que el conjunto tuviera significación, el investigador añadió voces de la jerga coloquial, recientes y del lenguaje juvenil. El diccionario, primero en su estilo, combina lo analítico y lo histórico, ofreciendo nuevas perspectivas sobre la manera como se habla en el país y como se hizo en el pasado. Entre las curiosidades que pueden apreciarse en este trabajo se encuentra la reciente data del “tequeño”, un bocado habitual en las fiestas venezolanas. Según el diccionario, este aperitivo pudo originarse de una cocina de la ciudad de Los Teques (Miranda), y el primer recetario que reconoció su existencia fue La cocina de Casilda, de 1953. Otro caso es el de “coroto”, palabra con la que en Venezuela se designa a un objeto cualquiera —con mucha frecuencia enseres domésticos—, y que durante décadas se ha atribuido a una anécdota relacionada con Antonio Guzmán Blanco, presidente del país en tres ocasiones entre 1870 y 1887. El llamado “Ilustre Americano” habría gritado, a quienes lo ayudaban en una mudanza, que tuvieran cuidado con los “Corots”, refiriéndose a unas valiosas pinturas del pintor francés Jean-Baptiste Camille Corot. Una degeneración del apellido del artista habría derivado en “coroto”, que con los años habría terminado adoptando el significado que tiene desde finales del siglo XIX. Pero el diccionario de Pérez desmiente esta conseja: la voz es de origen indígena y designaba un recipiente para tomar agua. Ya en 1823, cuando el artista parisino era apenas un aprendiz, el abogado dominicano Núñez de Cáceres la utilizaba en el libro Memoria de Venezuela y Caracas, como sinónimo de “cosa”. Al ser “histórico” y no “de uso” —el tipo más común de diccionario, que tradicionalmente ofrece definiciones—, el trabajo de Pérez estudia el origen y los usos de las voces a través de los tiempos. El objetivo de un trabajo así, explica el académico, es llamar la atención sobre la manera de hablar en Venezuela: “Dejar nuestra lexicografía asentada en un solo libro es un recordatorio permanente de que, más allá de las transformaciones de nuestra lengua, acá hay un haber, un saldo que nos da identidad y que siempre estará allí”. Fuente: El Nacional *** Festival de Poesía de Granada postulado al Premio Príncipe de Asturias En el marco del evento fue creado el Premio Hispanoamericano de Poesía Ernesto Cardenal, que estará dotado con 10.000 dólares. Poetas de 60 países apoyaron la candidatura del Festival Internacional de Poesía de Granada (http://www.festivalpoesianicaragua.com) al Premio Príncipe de Asturias 2013, al concluir este 23 de febrero la novena edición de esa jornada cultural en esta ciudad colonial nicaragüense. El poeta dominicano Rei Berroa leyó la resolución emitida por casi 300 intelectuales que asistieron al encuentro y que pidieron que el festival sea postulado en las categorías Concordia y Letras. El documento también respaldó la inclusión de la poesía como materia en los programas educativos y académicos “para que las próximas generaciones se formen en el amor y la belleza que inspira la poesía universal”, según un texto divulgado por los organizadores. El festival sirvió también para anunciar la creación del Premio Hispanoamericano de Poesía Ernesto Cardenal, que cuenta con el respaldo de autoridades educativas y culturales de México. Este premio será entregado cada año en la isla nicaragüense de Solentiname, como parte del proyecto cultural iniciado desde los años 1970 por el ex sacerdote. El rector de la Universidad Veracruzana, Raúl Arias Lovillo, expresó que el galardón, un reconocimiento a la vasta obra de Cardenal, consistirá en la entrega de 10 mil dólares más una escultura realizada por el poeta. Destacó asimismo que esa casa de estudios, junto a la Fundación Mediterránea Mare Terra, que aglutina a la Red de Escritores por la Tierra, idearon este reconocimiento en honor a quien, además de contar con una obra literaria valiosa, promueve proyectos culturales y humanitarios, como el de los niños con cáncer. Ángel Juárez, presidente de Mare Terra, adelantó que próximamente se darán a conocer las bases del premio, que tendrá a escritores internacionales en el jurado. El galardón incluirá la edición por la Universidad Veracruzana de mil ejemplares de la obra ganadora. Cada año desde 2005, el Festival Internacional de Poesía se realiza en Granada, a 45 kilómetros de Managua, donde intelectuales de todo el mundo se reúnen para leer sus poemas en las esquinas, parques, universidades y atrios de iglesias. La ciudad turística y colonial se convierte en una fiesta, ya que simultáneamente se realizan talleres literarios, conferencias y expoventas de libros, obras pictóricas y artesanías. En esta ocasión el encuentro estuvo dedicado al laureado poeta y sacerdote Ernesto Cardenal, Premio Iberoamericano Reina Sofía 2012, que durante la jornada asistió a diversas actividades culturales. Francisco de Asís Fernández, presidente de la Fundación Festival de Poesía, anunció que en 2014 el evento estará dedicado al poeta nicaragüense Rubén Darío, considerado una gloria de la literatura universal. Fuentes: DPA • Prensa Latina *** Catálogo de biblioteca de Benedetti puede consultarse en Internet La biblioteca personal madrileña de unos 6.000 volúmenes que el poeta uruguayo Mario Benedetti donó a la Universidad de Alicante (este de España) puede ser consultada ya por Internet a través del centro de estudios que lleva el nombre del poeta uruguayo (Cemab), según se informó este 26 de febrero. Según la directora del centro, Eva Valero, la nueva página web del centro (http://web.ua.es/centrobenedetti) incorpora, además de este material, un canal multimedia sobre el autor con documentales y material fotográfico. Dentro de esta biblioteca madrileña donada en 2006 a la Universidad de Alicante, recientemente se descubrieron dos poemas manuscritos inéditos, tal como lo anunciamos en nuestra edición 277 (http://www.letralia.com/277/0204benedetti.htm). Los textos, titulados “Miedo y coraje” y “Esperas”, estaban guardados en el interior del libro Insomnios y duermevelas, publicado en 2002. La nueva web incluye un catálogo online con todos los documentos que forman parte de esta biblioteca, con la posibilidad de realizar búsquedas específicas. Además, según la directora del Cemab, se ha completado esta catalogación “con un canal multimedia que incorpora diversos documentales sobre el autor y un álbum fotográfico”. La biblioteca se halla físicamente en el Cemab y cuenta con numerosos libros de importantes escritores de todo el mundo con dedicatorias personales a Benedetti, además de obras del autor uruguayo con anotaciones manuscritas y otros documentos personales. El Centro de Estudios Iberoamericanos Mario Benedetti se creó en 1999 y, a partir de la custodia del legado del autor, uno de sus objetivos principales es el estudio y difusión de la obra del escritor, en colaboración con la Fundación Mario Benedetti de Montevideo. Fuente: EFE *** Otorgan Premio Stanford a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (BVMC, http://www.cervantesvirtual.com), creada en España en 1999 por iniciativa de la Universidad de Alicante, Banco Santander y la Fundación Botín, ha obtenido el Premio Stanford para la Innovación en Bibliotecas de Investigación (Spirl), galardón que comparte, en esta primera edición del certamen, con la Biblioteca Nacional de Francia, según informó en un comunicado la institución académica este 26 de febrero. El premio, al que optaron 24 propuestas, distingue programas, proyectos y servicios pioneros desarrollados por las bibliotecas de investigación de cualquier lugar del mundo, y en esta ocasión ha concedido también menciones de mérito a la Universidad Griffith de Australia y la Biblioteca Pública de Nueva York. La BVMC ha merecido el reconocimiento por sus contenidos de primera calidad, entre los que destacan sus ediciones críticas integrales, utilizadas por la comunidad investigadora mundial, según el criterio del jurado. La organización subraya que la Cervantes aborda los retos de las bibliotecas digitales mediante “un diseño abierto y enfocado a los usuarios, con una arquitectura orientada a ofrecer servicios y un soporte de desarrollo en código abierto open-source”. El jurado del premio está presidido por Lady Lynne Brindley, ex directora ejecutiva de la British Library, y compuesto por Charles Henry, presidente del Consejo de Bibliotecas y Recursos Informáticos, organización profesional con sede en Washington, y Richard Luce, vicepresidente adjunto para Investigación y decano de las bibliotecas de la Universidad de Oklahoma. Completan su composición Elisabeth Niggemann, directora general de la Biblioteca Nacional de Alemania; Ann Okerson, consejera experta sobre Estrategias Electrónicas del Centro para las Bibliotecas de Investigación (con sede en Chicago); Dongfang Shao, jefe de la División para Asia de la Biblioteca del Congreso, y Karin Wittenborg, bibliotecaria de la Universidad de Virginia. La BVMC ofrece un espacio de referencia de la cultura en español y se presenta como un proyecto abierto, universal e integrador, con vocación de servicio y dirigido a estudiantes, profesores, investigadores, lectores y público en general. En 2001 se constituyó la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, presidida por el Premio Nobel de Literatura 2010 Mario Vargas Llosa, que trabaja para consolidar este gran acervo digital como el referente de las letras hispánicas en internet. Su modelo de gestión público-privada por medio de una fundación ha sido considerado como un ejemplo de buenas prácticas por la Biblioteca Digital Europea (Europeana). Fuente: Europa Press *** Premio Nobel de Literatura se decidirá entre 195 autores postulados Un total de 195 escritores, de los que 48 no habían sido nominados antes, conforman la lista de candidatos a ganar el premio Nobel de Literatura en 2013, informó la Academia Sueca el pasado miércoles 27 de febrero. El número de candidatos es menor que el del año pasado, cuando 210 escritores optaban al premio, que ganó finalmente el chino Mo Yan por unir en su obra el cuento, la historia y lo contemporáneo. El secretario permanente de la Academia Sueca, Peter Englund, explicó que este año han aumentado las invitaciones enviadas a universidades africanas para que participen en el proceso de nominación, al igual que el año pasado se hizo con instituciones académicas de Estados Unidos. El Comité Nobel de Literatura envía cada año en septiembre entre 600 y 700 cartas a personas e instituciones cualificadas para proponer candidatos al premio. Entre quienes pueden nominar a candidatos figuran los miembros de la Academia Sueca o de otras organizaciones similares, profesores de literatura y lingüística de universidades, entre otros. Fuente: EFE *** Delegados de Unasur analizan en Lima el plan cultural de acción de 2013 La primera reunión de delegados del Consejo Suramericano de Cultura de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) se realizó los pasados 27 y 28 de febrero en Lima, Perú, con la misión de revisar el plan de acción, que será aprobado por los ministros de Cultura a mediados de año. Los delegados de la Unasur acordaron además realizar una videoconferencia para revisar la línea de interculturalidad, que será organizada por la presidencia pro témpore que detenta Perú, en la segunda quincena de este mes. Asimismo, los representantes analizaron los avances de la iniciativa Expreso Sur, una serie documental que será lanzada en el segundo semestre de 2013 y que tiene como objetivo recoger las expresiones festivas de Suramérica y difundir el patrimonio inmaterial de la región, indicó el comunicado oficial. Además, la Secretaría General de la Unasur informó en la reunión sobre la pronta inauguración del Centro de Comunicación e Información del bloque en su sede en Quito, Ecuador. El Ministerio de Cultura de Perú informó que asistieron a la cita el director de Comunicaciones del Ministerio de Cultura de Colombia, Germán Franco; la directora nacional de Política Cultural y Cooperación de Argentina, Mónica Guariglio; el director de Relaciones Internacionales del Ministerio de Cultura de Brasil, Antonio Alves, y la viceministra de Patrimonio del Misterio Coordinador de Ecuador, Cecilia Barragán. También estuvieron la directora general de Relaciones Internacionales del Ministerio de Cultura de Venezuela, Katiuska Rodríguez; la responsable de Asuntos Multilaterales del Ministerio de Cultura de Bolivia, Wilma Cordero, y el embajador de Uruguay en Perú, Juan José Arteaga. El ministro peruano de Cultura, Luis Peirano, inauguró la cita el miércoles 27, y destacó que se debatan temas como la defensa del patrimonio cultural, la interculturalidad y las industrias culturales. La Unasur está conformada por Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela. Fuente: EFE *** La Uned concede doctorado honoris causa a José Manuel Caballero Bonald El autor español abogó por una toma de posición del escritor ante “los presuntos desvíos y abusos del poder”, no sólo por su obra sino también a través de sus “reacciones personales y de su conducta cívica”. El poeta y narrador José Manuel Caballero Bonald aseguró este 28 de febrero, tras ser investido doctor honoris causa por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (Uned), que el escritor “debe ser un vigilante del poder, de cualquier poder”, y ha de colaborar en “la regeneración moral y cultural de la sociedad”. El escritor debe ser “un testigo de cargo de los presuntos desvíos y abusos del poder, no necesariamente a través de su obra sino por medio de sus reacciones personales, de su conducta cívica”, afirmaba Caballero Bonald, ataviado ya con el birrete y la toga azul claro, característicos de los doctores de la Facultad de Humanidades de la Uned. Esta distinción se suma a la larga lista de reconocimientos que posee Caballero Bonald, cuya carrera se ha visto coronada por el Premio Cervantes 2012, que el escritor recogerá el próximo 23 de abril. Su amplia trayectoria fue elogiada por Francisco Gutiérrez Carbajo, catedrático de literatura española de la Uned, para quien el autor de Manual de infractores es un escritor “de máxima excelencia ética y estética de la literatura contemporánea”. Detrás de su obra “está el alma de Caballero Bonald, un espíritu que nunca se ha dejado vencer ni convencer, ni manipular”. El compromiso del escritor con la sociedad fue el eje central del discurso de agradecimiento de Caballero Bonald, para quien este doctorado “tiene mucho de premio a la constancia”. Lleva ya 65 años como escritor, “y esos son muchos años”. “Siempre he pensado que la literatura es el trabajo que mejor me justifica y, en cierto modo, el que me permite un más perseverante ejercicio de la libertad”, decía Caballero Bonald en presencia de su mujer, Pepa Ramis; del secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle; de escritores como Luis García Montero y Clara Sánchez, del cantante Joaquín Sabina y del editor Chus Visor. El autor de Entreguerras, ese poemario —el último hasta ahora— del que se siente especialmente orgulloso, trató de explicar en su discurso cómo entiende él la función de escritor “en la forja de una sociedad donde la cultura no se quede en un mero enunciado teórico, sino que consista en la práctica consecuencia de una moral colectiva, en la búsqueda de un bien común”. Caballero Bonald pertenece a una generación, la del cincuenta, que vivió “el infortunio histórico del franquismo”, y para la gente de su edad el compromiso del escritor debía anteponerse a su trabajo como creador. El escritor tenía que “poner al descubierto, sacar a la luz las injusticias y carencias que se producían a su alrededor”. Pero, desde que España recuperó la democracia, no hace falta que el escritor condene en su obra “las averías sociales” que ve en su entorno, sino que “puede ejercer una concreta actividad política o social, y elegir que su obra circule libremente por unos derroteros estrictamente literarios, sin ninguna dependencia de esas actitudes acusadoras”. La voz del escritor, prosiguió, puede alcanzar “un eco que lo sobrepasa”. “No sin optimismo”, podría afirmarse que lo que dice “es escuchado, y lo que calla también es tenido en cuenta. Poner el dedo en la llaga supone una dignificación moral, y guardar silencio una perfidia”. Aunque suene a “juicio algo trasnochado”, Caballero Bonald cree que lo único que puede hacer el escritor “para corregir las erratas de la vida” es intervenir en la realidad con los medios a su alcance, esto es, “enriqueciendo con su escritura la sensibilidad ajena”. Su ideología quedará reflejada en su obra, aun sin proponérselo. Pero hay épocas, y la actual es una de ellas, en que “ningún artista puede sustraerse al papel de testigo, de crítico de la sociedad en que vive y del poder que la representa”, y más cuando esa función crítica “siempre será tildada de prescindible por parte de quienes disponen del poder”, señaló Caballero Bonald. Algunos opinan que, en plena democracia, ya no es necesario el compromiso social del escritor, que puede tener ya algo “de trasnochado, de anacrónico”. Fuente: EFE *** Luis Mateo Díez dona manuscritos a la Biblioteca Nacional de España El escritor Luis Mateo Díez (Villablino, León, 1942) donó este jueves 28 de febrero a la Biblioteca Nacional de España (BNE) tres novelas manuscritas, que se unen de esta forma a los textos de otros autores como Antonio Muñoz Molina, Joan Margarit, Jesús Marchamalo, Jesús Pardo de Santayana, Antonio Altarriba, Joaquim Aubert o Eliacer Cansino. En concreto, se trata de La fuente de la Edad, obra por la que consiguió el Premio de la Crítica en 1986 y el Premio Nacional de Narrativa en 1987, acompañada de la pluma con la que la escribió; el manuscrito y la primera copia con correcciones a mano de su novela El expediente del náufrago, publicada en 1992; y, por último, la primera copia mecanoescrita y el cuaderno de trabajo que recoge todos los apuntes preparatorios de su novela Fantasmas del invierno, editada en 2004. De esta forma, estos autores han contribuido de forma desinteresada durante los últimos años al enriquecimiento del Patrimonio Bibliográfico Español, depositando sus composiciones en una institución que desde hace tres siglos se encarga de reunir, custodiar y difundir la cultura española. Fuente: Europa Press *** Premio de Periodismo Miguel Hernández queda desierto El Premio Internacional de Periodismo Miguel Hernández ha sido declarado desierto por el jurado, al considerar la mayoría de sus miembros, en la deliberación previa a la votación, que ninguna de las obras presentadas tiene calidad suficiente para optar al galardón. El jurado tomó esta decisión este 1 de marzo ajustándose a la base novena del premio que establece que “si en la deliberación previa a la votación se considerase por mayoría de sus miembros que ninguna de las obras presentadas posee calidad suficiente para optar al premio, éste podrá declararse desierto”, según informaron fuentes de la Fundación Cultural que lleva el nombre del poeta español. Quince artículos procedentes de Orihuela —ciudad natal de Miguel Hernández—, Alicante, Málaga, Murcia, Albacete, Madrid, Ciudad Real, Zaragoza, Bolivia, Venezuela y Estados Unidos se habían presentado este año al premio, dotado con 8.000 euros. El jurado estuvo formado por los periodistas y profesores de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, José Luis González Esteban y Sergio Martínez Mahugo, el presidente de la Asociación de la Prensa de Alicante, José Soto, y el veterano periodista Juan José Sánchez Balaguer. Por su parte, el director de la cátedra Miguel Hernández de la UMH, Francisco Esteve, presidió el jurado en su condición de patrono de la fundación, mientras que el director de la misma, Aitor L. Larrabide, actuó como secretario. Fuente: EFE *** Director del Festival de Poesía de Medellín recibe premio en Suráfrica El colombiano Fernando Rendón, director del Festival Internacional de Poesía de Medellín, fue reconocido este viernes 1 de marzo como Icono Cultural Mundial al recibir el premio de la Fundación Huamnitaria Mkiva, de Suráfrica, por su labor al frente de este certamen poético, considerado el de mayor relevancia internacional. “Es un reconocimiento, en mi persona, al trabajo de un festival que ya se ha visibilizado de manera muy fuerte a nivel mundial”, afirmó Rendón, también fundador y coordinador del Movimiento Poético Mundial, conformado por 1.350 poetas de 131 países. Este premio, según el poeta, “significa que el festival ha continuado la ruta marcada en su origen, ser un emblema de la lucha por la paz en Colombia y en el mundo, bajo la búsqueda de la dignidad y la belleza de la existencia”. “Nuestro propósito de unir fuerzas poéticas es cada más reconocido y más acogido, por eso estamos muy contentos”, argumentó. La Fundación Huamnitaria Mkiva premió al poeta colombiano “por ser un destacado activista cultural en Medellín, que ha influido en millones de personas alrededor del mundo a través de la plataforma del Festival Internacional de Poesía, el mayor del globo”. La ceremonia de entrega de este reconocimiento tendrá lugar el 18 de abril en la Universidad Walter Sisulu de Cape East, en Suráfrica, cuando también reciba el mismo galardón el secretario general de la Organización de la Unión Africana (OUA), Ahmed Saliem. La primera personalidad que fue reconocida por la fundación Mkiva fue el ex presidente de Suráfrica, Nelson Mandela, en 1999. Fuente: EFE *** España anuncia programa de subvenciones para revistas literarias El Ministerio de Cultura, Educación y Deporte de España anunció este viernes 1 de marzo la apertura del plazo de recepción de recaudos para optar a subvenciones para el fomento de la edición de aquellas revistas de cultura que contribuyan al enriquecimiento del patrimonio bibliográfico español, escritas en castellano o en las lenguas cooficiales de las comunidades autónomas de la nación ibérica. Las subvenciones tendrán montos máximos de 340.000 euros para instituciones sin fines de lucro, y de 700.000 euros para empresas. Irán destinadas a revistas especializadas en literatura y lingüística, artes plásticas, artes escénicas, música, diseño, fotografía, historia o filosofía, entre otros. Además, según recoge el Boletín Oficial del Estado (BOE, http://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2013-2293), servirán para financiar labores como diseño y maquetación, impresión, manipulado, administración o personal (dirección, redacción, colaboradores, traducción, documentación y fotografía). Los criterios para optar a estas ayudas incluyen, en el caso del papel, que sean publicaciones periódicas, con una tirada mínima de 1.500 ejemplares, con un precio de venta al público marcado y que tengan una periodicidad máxima mensual y una mínima semestral. En el caso de digitales, deberán acreditar un número medio de usuarios de pago superior a 1.500 por mes en el momento de publicación de la resolución. El plazo de presentación de solicitudes será de veinticinco días naturales contados a partir del día siguiente al de la publicación de la convocatoria en el BOE. Una comisión de valoración emitirá un informe de valoración y en el plazo de quince días el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, resolverá el proceso, que no podrá excederse más de seis meses desde su publicación. Fuentes: BOE • Europa Press *** Novela de Edgar Borges será publicada en Italia y Venezuela La novela La contemplación, del escritor venezolano Edgar Borges (http://www.letralia.com/firmas/borgesedgar.htm), será publicada en Venezuela el próximo mes de abril por el sello Negro sobre Blanco, y en Italia aparecerá en mayo bajo el sello Lavieri, con traducción del sociólogo y escritor italiano Gianfranco Pecchinenda. Publicada en España en 2010 en edición impresa por Grup Lobher, y en 2011 como e-book por Leer-e, La contemplación llega al país natal del autor de la mano de Negro sobre Blanco Grupo Editorial (http://negrosobreblancoeditores.blogspot.com), que dirige el escritor y editor Richard Sabogal. Borges afirma que la edición para Venezuela es una de las más elaboradas que se han hecho de la novela, dado que cuando se editó en su momento en España todo ocurrió “demasiado rápido”. Además, dice sentirse contento por volver a llegar al público venezolano, siendo esta la primera de varias obras que el autor editará con Negro sobre Blanco. Por otro lado, la edición italiana marca el inicio de un acuerdo con Lavieri (http://www.lavieri.it), que traducirá y editará las novelas de Borges. La contemplazione, título de la novela en italiano, aparecerá en mayo y será seguida, en 2014, por El hombre no mediático que leía a Peter Handke. Marcello Buonomo, director de Lavieri, explica que el sello ha iniciado un trabajo de redescubrimiento de grandes autores europeos que por alguna razón no han llegado adecuadamente al público italiano, así como de promoción de autores contemporáneos, sobre todo latinoamericanos e italianos. Es por ello que la propuesta de Gianfranco Pecchinenda de editar a Borges recibió acogida por parte de la editorial. La contemplación es una novela intimista, un laberinto que lleva al lector a través de prejuicios e historias complejas producto de un mundo contemporáneo cargado de una utopía que, vista desde otro ángulo, es una realidad presente. El personaje que viaja en un tren en busca de la calle 11, las cartas, el hombre que escribe con desespero, los cadáveres, los gatos decapitados, conforman una vorágine temática que desenlaza en un final abrumador. La obra mereció en 2010 el premio Albert Camus. Nacido en Caracas en 1966, Borges es escritor y periodista y reside en España desde 2007. Ha publicado los libros de relatos Sueños desencantados, Mis días debajo de tu falda y El vuelo de Caín y otros relatos, las novelas La monstrua, la mujer que jamás invitaron a bailar, ¿Quién mató a mi madre? (finalista del III Premio Nacional de Novela Ciudad Ducal de Loeches, 2008), La contemplación (I Premio Albert Camus 2010) y El hombre no mediático que leía a Peter Handke (Ediciones En Huida, 2012), entre otros títulos. Fuentes: Lavieri • NsB.Editores *** Subastan fotografías del cubano Alberto Korda Un grupo de 55 fotografías históricas de la revolución cubana firmadas por el fotógrafo Alberto Korda serán subastadas por la casa británica Dominic Winter. Entre ellas destaca la imagen del Che hablando con Jean-Paul Sartre. Las fotografías, que saldrán a subasta el 7 de marzo, estarán repartidas en 30 lotes que la casa de pujas espera rematar por una cifra cercana a las 50.000 libras (57.000 euros, 75.658 dólares). Algunas de las imágenes son instantáneas sin contenido político de la primera etapa del fotógrafo, autor del conocido retrato del guerrillero Ernesto Che Guevara tomado el 5 de marzo de 1960. El resto de las fotografías, marcadas y firmadas por el fotógrafo y que han pertenecido hasta ahora a la colección personal de Norka Korda, una de sus hijas, corresponden a los primeros años tras la revolución cubana, a partir de 1959. La colección incluye una imagen del Che hablando con el filósofo francés Jean-Paul Sartre y la escritora Simone de Beauvoir, así como instantáneas del guerrillero pescando y jugando al golf con el ex presidente de Cuba, Fidel Castro. La imagen con un precio de salida mayor es precisamente una fotografía de Castro con un rifle en Sierra Maestra que Korda tomó en 1962, la cual saldrá a la venta por unas 5.000 libras (5.700 euros, 7.565 dólares). Fuente: RT *** Se inicia en Venezuela discusión de la Ley Orgánica de Cultura Este 12 de marzo se inicia en Venezuela la discusión de la Ley Orgánica de Cultura (LOC), según lo dio a conocer Gladys Requena, vicepresidenta de la Comisión Permanente de Cultura de la Asamblea Nacional. De igual forma, Requena dijo que bajo el marco constitucional la LOC abrirá la posibilidad de un conjunto de leyes especiales a partir de su aprobación y sanción por la Asamblea Nacional. Recordó que la Comisión Permanente de Cultura estableció el 21 de febrero el cronograma de consultas sobre el proyecto de ley. “En la reunión se determinó incluir la LOC en la agenda legislativa de este año y para la ejecución de esta discusión acordamos desplazarnos por todo el territorio nacional, para que el pueblo dé sus aportes, para que así se permita construir una nueva institucionalidad”, dijo Requena. La información fue corroborada este 25 de febrero por el ministro de Cultura, Pedro Calzadilla, junto con el director ejecutivo del Centro Nacional de Música Vicente Emilio Sojo, Ignacio Barreto, a través de un contacto telefónico con el programa La Bodega Cultural, que transmite la emisora Alba Ciudad 96.3 FM. Calzadilla expresó que la consulta de la LOC se hará en todo el país. “Llena de alegría y satisfacción a los cultores, a nuestro pueblo; vamos a trabajar duro para lograr concretar esa aspiración”, refirió el ministro, quien además resaltó que “en revolución las leyes no salen de los especialistas, sino que surgen de la iniciativa, del debate y de la opinión de nuestro pueblo”. El titular de Cultura destacó que la LOC está orientada a ser un espacio legislativo que desarrolle los principios culturales enunciados en la Constitución de Venezuela, y que permita enfocar los esfuerzos culturales de los distintos niveles del Estado venezolano: central, regional, municipal y de organización comunal. Por su parte, Barreto expresó que “mucha gente piensa que una Ley Orgánica de Cultura es exclusiva de los cultores, cuando verdaderamente de lo que estamos hablando es de una ley que va a desarrollar principios para garantizar el derecho del acceso de todo el pueblo venezolano a esta área”. Fuente: CiudadCCS *** Revistas literarias digitales de España se reúnen en LiterDig Enmarcado en el BookCamp III de Kosmopolis (http://bit.ly/ZSFHDc), el próximo sábado 16 de marzo se realizará en Barcelona (España) el Encuentro de Revistas Literarias Digitales, LiterDig (http://twitter.com/search?q=%23LiterDig&src=hash), que reunirá a editores y autores para analizar la situación actual y los retos futuros de estas publicaciones. El evento girará alrededor de una serie de debates sobre el trabajo individual y colectivo de las revistas literarias digitales, e intentará delinear el papel de estas publicaciones en la prensa cultural, su influencia como prescriptoras y la calidad de los contenidos. LiterDig, que se celebrará entre las 11 y las 19 horas en la Sala Raval del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), se desarrollará a través de cuatro mesas de trabajo. En la primera, de 11 a 12:30 y titulada “Tradición e innovación: la transformación del periodismo cultural”, participarán Carles A. Foguet, de la revista Jot Down; Recaredo Veredas, de Micro-Revista; Jordi Corominas, en representación de Literaturas y Calidoscopio, y Cristina Fallarás, de Sigueleyendo, con moderación de Bernat Puigtobella, de Núvol. De 12:30 a 14 se realizará la mesa “Viabilidad de proyectos y modelos de negocio para mantener las publicaciones digitales”, con Jonàs Sala (Verkami), Sven Huber (Boolino) y Áurea Moltó (Estudios de Política Exterior), y moderación de José A. Muñoz (Revista de Letras). De 16 a 17:30, la mesa “De la actualidad a la actualización; creación de nuevos contenidos para compartir; innovación de formatos para difundir la literatura” contará con Jenn Díaz (Granite & Rainbow), Julio Hardisson (Pliego Suelto), Alberto Lladó (Revista de Letras) y Luis Rivas (Suma Cultural), con moderación de Jordi Milián (L’Illa dels Llibres). Finalmente, la mesa “Revistas de creación literaria; nuevos lenguajes, géneros y canales de lectura”, de 17:30 a 19, reunirá a Enrique Bartleby (Preferiría no hacerlo), Laia López Manrique (Revista Kokoro), Sergio Colina Martín (2384) y Rubén Darío Fernández (Excodra), con moderación de Antonio Tello. Kosmopolis, la Fiesta de la Literatura Amplificada, es un encuentro literario bienal nacido en 2002 y que este año se celebra del 14 al 16 de marzo en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Desde su primera edición ha reunido a escritores, filósofos, científicos, artistas, periodistas, actores, bibliotecarios y editores para debatir sobre temas clave de nuestra actualidad y celebrar un discurso universalista. El Bookcamp Kosmopolis, que arriba a su tercera edición, se centra en ofrecer nuevas perspectivas, soluciones profesionales e ideas para emprender o consolidar proyectos vinculados con la literatura. Su programación incluye talleres, conferencias y asesorías en dos jornadas abiertas y gratuitas para ofrecer recursos y soluciones prácticas a proyectos literarios en tiempos de crisis. Fuentes: Kosmopolis • Sexto Continente *** Literatura de Barcelona protagonizará el Salón del Libro de París El 33r Salón del Libro de París (http://www.salondulivreparis.com) se prepara para acoger en su edición de 2013 a la ciudad española de Barcelona como invitada de honor, a través de autores como Javier Cercas, Eduardo Mendoza, Juan Goytisolo y Carme Riera, detallaron este 27 de febrero los organizadores de la cita editorial más relevante de Francia, que se celebrará entre el 22 y el 25 de marzo. Novelistas, ilustradores, poetas o ensayistas como Sergi Pàmies, Berta Marsé o Jordi Bernet formarán parte del elenco de plumas que sintetizarán en París la creación editorial de la Ciudad Condal, que toma el relevo de Buenos Aires y Moscú, explicaron los responsables del evento durante la presentación a los medios especializados. La literatura barcelonesa, que acompañará el Instituto Ramon Llull y rendirá homenaje a desaparecidos autores como Josep Pla o Manuel Vázquez Montalbán, será uno de los grandes ejes de la cita editorial que se celebrará este mes en el recinto ferial Porte de Versailles de París. Ese encuentro literario, que reunirá a 3.200 autores y se espera que atraiga a cerca de 200 mil personas, celebrará además las obras rumanas a través de un espacio por el que desfilarán 27 de sus autores más aplaudidos, como Florina Ilis, Bogdan Suceava o Norman Manea. Además de la “riqueza internacional”, el salón dedicará especial atención al impacto de los libros digitales y la edición virtual, explicó el comisario de la feria, Bertrand Morisset. No obstante, se echará de menos al gigante estadounidense Amazon, que este año esquivará la cita parisina en medio de las “turbulencias” de imagen de marca que sufre en Europa por las condiciones de trabajo de sus empleados y cuya ausencia consideran “un error” los organizadores del foro literario parisino. Para ilustrar la relevancia de la relación entre progreso tecnológico y creación literaria, el International Digital Publishing Forum (IDPF), consorcio internacional dedicado a la promoción de la edición digital, instalará su laboratorio de ideas en el Salón del Libro de París. Uno de los temas a debate será la armonización del impuesto sobre el valor añadido (IVA) y la aplicación de una tasa reducida sobre los libros digitales para favorecer la transición tecnológica que defiende el Sindicato Nacional de Editores de Francia, cuyo máximo responsable, Vincent Montagne, será también el presidente del Salón del Libro. Otros puntos fuertes de la feria serán los libros antiguos, los de bolsillo, la literatura culinaria y el cómic, para una edición que espera que unos 40 mil jóvenes se acerquen a este foro de autores, editores y lectores que inaugurará el presidente de Francia, François Hollande. Fuente: EFE *** Puerto Rico dedica su festival de poesía a Luis Palés Matos El Festival Internacional de Poesía de Puerto Rico, dedicado en esta edición a Luis Palés Matos, impulsor de la poesía de autores negros de la isla caribeña, reunirá en San Juan a autores de todo el mundo, del 15 al 20 del próximo mes de abril. La organización informó este 25 de febrero, a través de un comunicado, que la cita contará con poetas de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, Japón, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. La presidenta del festival, Vilma Reyes, señala en el comunicado que el evento comenzará con el acto de la Gran Noche de Tambores, Poesía y Bomba, a celebrarse en el Teatro de la Universidad Interamericana de San Juan. En la inauguración participará la soprano Tamara Escribano, las orquestas de cámara de cuerda y viento de la Escuela Libre de Música de San Juan y el grupo Revolución Cultural. El festival tiene como objetivo promover la producción poética puertorriqueña, dar a conocer la tradición literaria de la isla e impulsar la producción poética de los demás países de Latinoamérica. Nacido en Guayama en 1898, Palés Matos fue novelista, poeta y periodista. Publicó su primer libro de poemas con 17 años de edad. Más tarde dirigió el diario El Pueblo en su ciudad natal, y cuando se trasladó a la capital llegó a trabajar para El Imparcial o Puerto Rico Ilustrado, además de otros diarios y revistas, aunque debió ganarse la vida como oficinista, repartidor, actor de teatro e incluso secretario del presidente del Senado. En 1918 se casó, pero su esposa falleció de tuberculosis al año siguiente. Junto con José de Diego Padró representó el comienzo del “diepalismo”, corriente poética de vanguardia caracterizada por la sonoridad y musicalidad de los versos. En la década de 1920 participó en la actividad política convulsa de Puerto Rico, integrándose en la Alianza Puertorriqueña, siendo un activo orador independentista. En estos años desarrolló lo que sería la poesía negra o el verso negro, con una visión de la cultura negra puertorriqueña integrada dentro de la originalidad de su obra de sonidos armoniosos. La influencia que ejerció sobre otros autores de Suramérica fue destacable, sobre todo en hombres de la talla de Nicolás Guillén. Se casó nuevamente en 1930. En las décadas de 1940 y 1950 viajó por Estados Unidos, donde ofreció distintas conferencias en varias instituciones y universidades. Murió en 1959. Fuentes: EFE • Wikipedia *** Un congreso en Lima rendirá homenaje al poeta Leoncio Bueno Hasta el próximo 20 de abril es posible postularse para participar en el Congreso Internacional sobre Literaturas Afroandinas (http://congresoliteraturasafroandinas.blogspot.com), que rendirá homenaje al poeta peruano Leoncio Bueno, y que se celebrará en Lima del 26 al 28 de junio con la organización del Grupo de Estudios Literarios Latinoamericanos Antonio Cândido (Gellac) de la Universidad Nacional Federico Villarreal, el Instituto de Investigaciones Humanísticas (IIH) de la Universidad Mayor de San Marcos y la Red Malunga de Investigación Afrodiaspórica de la Universidad de los Andes de Colombia. El evento versará sobre las literaturas afroandinas escritas y orales, la vida y obra de Leoncio Bueno, la visibilidad de la cultura afroandina en Perú y en América del Sur, la etnicidad en la literatura afroandina peruana y suramericana y la relación de la literatura afroandina con la música, la danza, el cine y la fotografía, entre otros temas. Los interesados en participar deberán suministrar, antes del 20 de abril, propuestas contentivas de un título, un resumen de hasta 250 palabras en formato Word, afiliación institucional, grado académico y resumen biográfico del autor. Estos recaudos deberán enviarse a congresoliteraturasafroandinas@gmail.com y gellac@gmail.com. Las ponencias admitidas no deberán sobrepasar las nueve cuartillas a doble espacio (2.500 palabras y 20 minutos de lectura) y estarán acompañadas de la reseña biobibliográfica del ponente. Los aranceles de participación son de 50 soles para ponentes peruanos y de 40 para internacionales. Nacido en la hacienda La Constancia (La Libertad, Perú) en 1921, el poeta Leoncio Bueno pasó su infancia y adolescencia como peón. En 1943, ya en Lima, publicará sus primeros textos en la revista Hora de Hombre y en el semanario Democracia y Trabajo, del Partido Comunista. Bajo el cargo de conspirar contra el gobierno del general Manuel Odría, es encarcelado en 1952. En los cuatro años que permanece en prisión escribe Cuadernos de un condenado y Al pie del yunque, a la sazón su primer libro publicado (1966). En 1956 es liberado por una amnistía y se casa con Avelina Román Pimentel, con quien tuvo sus hijos Víctor Leoncio, Alejandro y Sara Rosa. Bueno escribió en varios medios peruanos e internacionales y recibió diversos reconocimientos, entre los que destacan una mención honrosa en el Premio Casa de las Américas (1975) y la Condecoración “Miembro de Honor”, con Medalla de oro, del IV Encuentro Internacional de Poetas en el Callao (2001). Entre otros libros, es autor de Pastor de truenos (1968), Invasión poderosa (1970), Rebuzno propio (1976), La guerra de los runas (1980), Los últimos días de la ira (1990), Cancionero informal (1995) y Antes de mis ojos/Cono sur (2000). En 2007 apareció Cantar de un golondrino: testimonio de vida, de Roland Forgues, que narra la vida de Bueno y está basado en el relato oral del escritor. Además, en 1999 se había publicado, en edición artesanal, la antología Poesía, que reúne gran parte de sus poemas publicados hasta entonces. Bueno incursionó también en el cine con un pequeño papel en Fitzcarraldo (1982), filmado en Iquitos por el cineasta alemán Werner Herzog. Fuente: Congreso Internacional sobre Literaturas Afroandinas *** Realizarán en Bolivia un congreso de cultura comunitaria Del 18 al 22 de mayo se realizará en La Paz, Bolivia, el Primer Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria (http://www.culturavivacomunitaria.org), que contará con la participación de alrededor de 600 creadores de música, teatro, video y fotografía, entre otras artes, y que reunirá a gestores culturales de Bolivia, Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Costa Rica, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Al evento también asistirán diputados, concejales, alcaldes e incluso algunos ministros de cultura de los países citados, entre los que destaca Celio Turino, quien estuvo anteriormente en Bolivia y que fue secretario de Cultura del gobierno de Lula da Silva y gestó en Brasil el concepto “Puntos de cultura”. Iván Nogales, director de la Fundación Compa y del teatro Trono de El Alto de La Paz, y principal responsable del encuentro, la Alcaldía y la Gobernación de Cochabamba han confirmado su respaldo pleno al evento. El gobierno de Bolivia, a través del Ministerio de Transparencia, comprometió la asistencia del presidente Evo Morales a la inauguración o al cierre del congreso, y su apoyo junto con el municipio de La Paz, Telartes y Compa, para la elaboración ya sea de una ley o un decreto sobre cultura viva comunitaria. El Ministerio de Educación, por su parte, ofreció las camas para los visitantes y el transporte. El Ministerio de Culturas también realizará aportes de diverso orden y la organización holandesa Hivos aportará 25 mil euros para cubrir el hospedaje de las distintas autoridades. Habrá 12 mesas de trabajo con temas como cultura, descolonización, vivir bien, comunicación, educación, temas medioambientales y despatriarcalización. Cada comisión de trabajo profundizará en torno a un tema y al final se elaborará un documento central. El evento, dijo Nogales, “no es sólo para los artistas consagrados, por el contrario, es fundamentalmente para los jóvenes creadores que siempre estuvieron marginados, excluidos de los lugares considerados oficiales donde se hace arte”. Fuente: Los Tiempos ||||||||||||||||||||||| ARTÍCULOS Y REPORTAJES |||||||||||||||||||||| === Nuestras últimas lágrimas Lucas Jiménez ========================== —Por favor, llore por mí. Hay que reír... “Sólo recibo llamaditas de gente alegre”, grita un animoso locutor en la radio de un taxi mientras viajo en busca de mujeres que lloran tristezas ajenas. Hay unos 350 millones de deprimidos en el mundo según la Organización Mundial de la Salud, y podrían estar mejor sólo con reír más y a lo mejor disminuiría el millón de suicidios que registra cada año el planeta. En este preciso instante, miles de profesionales de cinco continentes aconsejan la terapia de la risa a sus millones de pacientes afectados por guerras, desplazamiento forzado, terremotos, huracanes o desempleo por la crisis financiera; pero en tres pueblos escondidos de Catacaos, a 15 minutos de Piura en el norte peruano, unas mujeres me dirán que el dolor sólo se quita con lágrimas. En coro y con manto negro me aconsejarán no la risa, sino el llanto como remedio infalible para la tristeza del alma. —No he podido llorar lo suficiente a mi papá, murió hace dos años. ¡Ayúdeme a llorar por él! —Te quedaste huérfano, hijito, como yo, estamos huerfanitos, no tenemos a nadie, ni papá, ni abuelitos, ni ganadito, ni maicito. Solitos nos quedamos. Sentada en la dureza de un banco de madera, doña María Candelaria tiene más de 80 años, carnes flacas y una teoría: “Si algún día no pudiera llorar, no soportaría el dolor del corazón”. Ochenta años gimiendo por muertos de los pueblos asentados alrededor de la milenaria huaca de Narihualá, su voz vuela hasta perderse en la llanura donde sus antiguos —eso dicen— veneraban al dios Walac, que miraba el futuro con un solo ojo tristón. Los ojos de Candelaria, que han llorado desde los años 30, sólo tardan medio minuto en producir lágrimas. Sólo medio minuto. *** Plañidera, según la Real Academia Española, es la mujer llamada y pagada que iba a llorar en los sepelios, en la Edad Media. El oficio fue prohibido en el siglo XVIII en España, pero en los últimos años está regresando a los funerales con autorización de algunos clérigos —dice la BBC— para salvar la economía de algunas mujeres ibéricas en tiempos de crisis. La práctica plañidera al estilo español llegó al Perú con la Conquista, pero según algunos cronistas, los yungas —como se conocía en tiempos prehispánicos a los antepasados de los piuranos— ya tenían la costumbre funeraria de llorar por los muertos. Según Pedro Cieza de León, “cuando los señores morían juntaban los principales del valle, hacían grandes lloros y las mujeres se cortaban los cabellos hasta quedar sin ninguno. Con tambores y flautas, recorrían los lugares donde el finado solía festejarse más a menudo (...), llorando y cantando con grandes gemidos todas las cosas que le sucedieron en vida” (1). Aunque en las ciudades se cree que ya se extinguió esta tradición —también mencionada por los cronistas padre Las Casas, Pedro Pizarro y Pablo de Arriaga—, sigue viva en algunos pueblos de Piura, no como un plañir por dinero, sino como muestra de dolor y pesar sin pago alguno. Candelaria es una de estas lloradoras. Para encontrarla viajé a su vivienda de La Campiña, en la entrada a Narihualá. También hay lloradoras en La Legua, Cura Mori, Letirá, La Unión, La Arena y en muchos puntos del Bajo Piura, dirá Ruth Oliva Peña, en su oficina de Educación y Cultura de la Municipalidad de Piura, pero en Narihualá y Pedregal están las más populares desde hace un año, cuando el investigador y fotógrafo venezolano Antonio Briceño se apareció por aquí ofreciendo soles por llorar, y tras varios flashes las hizo personajes de “Plañideras, nuestras últimas lágrimas”, la exposición fotográfica que montó en Caracas y recorrerá varias ciudades del mundo. Si tengo suerte lograré convencerlas para que también lloren mis penas. Les preguntaré qué mantiene vivo su llanto, ese oficio que en España incluía también rasgarse la ropa, golpearse el pecho y arrancarse cabellos en plena misa o funeral. El Vaticano —según Anelise Infante, de BBC Madrid— empezó a perseguir el oficio en el siglo XIII, al considerar que las escenificaciones interrumpían la Misa y eran muy escandalosas. La costumbre fue finalmente prohibida desde Roma cinco siglos después. Pero yo he puesto todas mis esperanzas en que ese llanto, interrumpido hace sólo trescientos inviernos, aún se oye por aquí. Que al final de este viaje alguien va a llorar por mí, haciendo suya mi pena varios años contenida. —Diosito Jesucristo, la Virgen del Carmen lo protejan... Padre Dios lo tenga en su reino. ¿Cómo se llamó tu papacito? *** Vista a lo lejos, lo único que sobresale de Narihualá es su extraño cerro. Los pocos visitantes que caen por aquí no buscan servicio de lloronas como Briceño, sino información sobre esa elevación de tierra que en realidad es un templo y fortaleza de adobes de origen tallán (no incaico), deformado por las lluvias de El Niño, según el historiador Jacobo Cruz. Lejos de la careta de pueblo turístico inventada por la propaganda estatal, alejada del discurso urbano “Corre, corre, corazón... que mis lágrimas jamás te voy a dar”, Narihualá, su camino de entrada —cercos, silencio, tierra, sudor—, te hace sentir caminando en el centro de la nada. Con suerte aparece un arriero detrás de una vaca flaca. Sobre terrenos secos, las mujeres, algunas descendientes de lloronas de la primera mitad del siglo pasado, huyen del sol con leñas en los brazos. Un tipo con machete saluda detrás de sus burros... carreta... yerba, y por fin respiro. A primera vista, el ingreso al pueblo es una cicatriz despiadada de tierra y polvareda, con un viejo macilento asoleándose en un banco leñoso, escuela sin alma, maestros en huelga, niños bajo el sol cazando lagartijas, perros bajo sombra y otras imágenes para creer que esto no ha cambiado en siglos. Mientras hago este reportaje, una madre de Narihualá muere después de dar a luz en su casa y sin asistencia médica, el mismo año en que su caserío cumple 547 años. Cerca de allí, 6 mil familias del pueblo de Pedregal Grande siguen sin alcantarillado 207 años después de su fundación. —Llora, hijito... hay tanto por qué llorar. *** La anciana en el banco. El manto en el piso. Separados de sus párpados, estos dos metros de seda negra son un trapo más en la tierra. Sesenta años antes estaría nuevo y perfumado, listo para las lágrimas del próximo velorio. Ahora, delante de sus chancletas, en la sala taller de su nuera artesana de paja toquilla, lo pisa un perro chusco. El trapo tiznado, elemento indispensable en el oficio llorón heredado de su mamita doña Santos Aquino, de la abuela Baltazara y de su “tiyita” Asunciona, está sucio, desteñido. En la misma mañana de setiembre en que un nieto pegado al televisor escucha una voz que dice “No te despegues de la diversión”, doña Cande dirá convencida que la paz con Dios y el consuelo después de la muerte sólo llegan con la sinceridad lagrimal. “A veces la gente crea su propia forma de ver el otro mundo” —según el antropólogo del Ministerio de Cultura sede Piura, Oswaldo Purizaga—, especialmente en algunas zonas de la sierra, donde reproducen formas de existencia de nuestro mundo en ese otro. Colocan la comida o bebida que más le gustaba al difunto en su tumba. Incluso en la ciudad se coloca un vaso con agua o bebida del agrado del finado, al suponer que “recogerá sus pasos”, durante tres días. No sé si las lloronas, pero sí puedo decir que (en esta región) “muchas prácticas de culto a los muertos provienen de la época prehispánica”. En Piura y otras ciudades, donde se va perdiendo la costumbre de cantarles con guitarra a los muertos o amanecerse llorando en los cementerios con velas en las manos, y donde la chicha ya no permanece en cántaros y potos, sino en botellas y vasos, hay cada vez más paneles publicitarios que enseñan a sonreír. A esconder con los dientes el dolor del pecho. Excepto el loretano Raúl Vásquez, que hace cuarenta años compuso la canción “La plañidera”, a nadie se le ocurre cantar y destacar el valor cultural de las que lloran a quienes no conocieron. A más de 9 mil 500 kilómetros de Piura, en el viejo continente las plañideras están de vuelta a los funerales españoles, ahora incluso con un menú más variado de servicios. Hay empresas que promocionan en Internet servicio de llanto “con actrices y lloradoras profesionales” para dar realismo a las protestas contra el desempleo y la crisis financiera. El mes pasado a las autoridades del estado mexicano de Querétaro se les ocurrió promocionar el oficio organizando un concurso con 20 mil pesos de premio, para las mejores plañideras de San Juan. Ni qué decir de las lloradoras profesionales de China, como la famosa Hu Xinglanh (“Cuando actúo, mis manos y pies tiemblan, mi corazón duele, y mis ojos se nublan”), que cobra 800 yuanes por cada actuación. A la piurana Rosa Ramos, en Pedregal Grande, le gustaría dar similares servicios de lágrimas, dice, pero hasta ahora el venezolano Briceño es el único que le ha pagado por prestarle su llanto. Si desde los años 60 hacia atrás un sepelio con lloronas contratadas era señal de opulencia, ahora a muchos les “da estatus” diferenciarse de “las lloronas del Bajo Piura”. “El llanto lo ponen los propios familiares. En 40 años viviendo aquí, no he visto un solo caso de mujeres a las que se pague por llorar”, me dijo un taxista de Pedregal, Eloy Sandoval. —Ya nadie quiere. Antes llorábamos por Jesús en Semana Santa, en el entierro de un compadre o de un vecino. Hoy ya no dejan. Pero si no lloro me da la corazonada (crisis nerviosa) —se lamenta doña Cande. Según el área de Salud Mental de la Dirección Regional de Salud, en Piura aumentan los trastornos depresivos. Ya suman 3 mil 443. Pero cada vez se llora menos. ¿Lo necesitamos? Lo preguntas en una calle cualquiera de la capital de la región de las lloronas que muchos creían extinguidas, y la respuesta es un no unánime. La reacción es un despectivo “ah... las lloronas del Bajo Piura”. Llorar no siempre es bueno. Pero es dañino no hacerlo nunca. Al dejar fluir lo que sientes, las lágrimas se llevan muchas toxinas y dejan una sensación relajante, según los defensores de la terapia del llanto. Reprimir las lágrimas podría ser un síntoma de insensibilidad social. Un rasgo de indiferencia y olvido colectivos. Dos enfermedades que aún no alcanzan a un puñado de piuranas como María Candelaria Valverde Aquino, que, varios siglos después de la catarsis del llanto plañidero practicada por los egipcios, se apoya en un rudimentario bastón que va dejando huequitos en la calle principal de La Campiña, y viene por segundo día a llorar por mí. El momento mágico llegará cuando el negro del manto le reviva el blanco de las canas. Su hijo, el juez de Narihualá, ha recogido la tela maltratada, se la ha colocado después de sacudirle tierra y prejuicios; entonces los ojos de su madre dejan salir un líquido tibio que baja a irrigar las arrugas de costumbre. Como un encuentro de viejos amigos. —Reza, hijo (es decir llora), por tu papacito. *** En un video colgado en Internet, la cámara lo sorprende desprevenido. No le ha dado tiempo de dibujar esa mirada de artista que adorna las noticias sobre su exposición fotográfica de las plañideras peruanas, realizada en la aristocrática urbanización Los Chorros, en Caracas. Bajo una luz tenue en el Centro de Arte Los Galpones, seguramente alejado y distante de las calles venezolanas pintarrajeadas por una campaña electoral que terminará con lágrimas de los opositores por la nueva reelección de Hugo Chávez, Antonio Briceño, caraqueño de 45 y collarcito ajustado, biólogo, fotógrafo con muestras expuestas en México, India, Nueva Zelanda, Suecia, Estados Unidos, Francia, España, con tristeza en la mirada, blanco, calvo, acompaña con risita fugaz la explicación de sus retratos de plañideras piuranas en un ambiente llamado Galería D’Museo, donde ellas aparecen impresas en telas, moviéndose lentas. Allí liberan emociones María Silupú, Petronila Valencia, sus vecinas ña Meche, ña Ramona, ña Luisa y otras siete lloradoras de Narihualá, y otras doce de Pedregal Grande, dejando fluir el dolor entre decenas de obras que también incluyen imágenes de oleajes y lagos que simbolizan la masculina emoción represada y botellas con lágrimas resecas del olvido. Mientras el cristal que cubre siete pequeñas fotos parece petrificar el agua, para simbolizar los sentimientos congelados por los tiempos modernos, en la otra sala, destinada a la liberación de emociones, las lloronas lanzan las penas ajenas al viento; ahora lucen estáticas, ahora navegan en telas negras de dos metros de alto y ubicadas de tal manera que parecen envolver al espectador, ahora play y su llanto cantado irrumpe en el silencio nocturno, “¡Aaaay, compadre Floreeeencio!”. El día en que las filmó y fotografió, ellas vestían completamente de negro —le contó Briceño al diario El Universal— y llegaron al lugar pactado preguntando: “¿Por quién vamos a llorar?”. “Les respondí que lloraran por mi mamá. Y empezaron a llorar como si mi madre fuese la suya. Los lamentos me impresionaron. Era un canto. No me lo imaginé”, dijo. Y lo repetiría declarando para más y más canales y diarios impresos y en Internet, que al encontrar a estas mujeres de Piura, al norte de Perú, no sólo rescató “para compartir con la humanidad” las últimas lágrimas de un oficio que creía extinguido, sino que él mismo por fin liberó treinta y cinco años de emociones y dolor acumulados..., cuando ellas le “prestaron su llanto”. ¿Cuál era ese dolor represado que llevó a este egresado de la Universidad Central de Venezuela a recorrer tres mil 609 kilómetros de Caracas a Piura, sólo para pedir a unas desconocidas que le ayudasen a llorar? *** Doce meses después de la visita del calvo venezolano a Narihualá, en la vivienda de una de las retratadas, Petronila Valencia, el sol del mediodía entra por la puerta bañando la pared de ladrillos pálidos, usada como fondo para una de las fotografías de grupo. El muro, despintado por el salitre en la parte baja, mira la soledad del piso de tierra, sin los rústicos bancos prestados esa mañana, para que las doce mujeres se sienten a llorar cantando. Petronila, la dueña de casa que ahora está ausente porque madrugó a la “paña” (cosecha de algodón), heredó la llorona costumbre de sus abuelos. Su hija María, celular en mano, responde con monosílabos al preguntarle si también cobra por llorar, o si sabe por qué el turista caraqueño quería que lloraran por su madre. Vender el llanto, en especial el monto cobrado, es un tema tabú, sabré después. Pero Mercedes Flores, la vecina del costado, otra de las retratadas, gesticula sarcástica recordando los insistentes pedidos del forastero. —Nos dijo lloren según su costumbre, como cuando muere alguien o hay misa de ánima. Las lloronas son como un arroyuelo: segregan lágrimas al mínimo esfuerzo. Hoy es viernes en las calles de Pedregal Grande y me cruzo con varias de ellas, por encima de los cuarenta. Todas con las que hablo tienen un drama para llorar, con sólo recordarlo. Ahora mismo, en su casucha de cañas sin techo, Rosa Ramos Adanaqué rompe a llorar ni bien recuerda a su “papacito”, del que heredó el retazo de terreno accidentado donde ahora me recibe. Hace días le han robado sus gallinas, dice. Un pollito salido del cascarón picotea mi zapato mientras ella muestra sus últimas obras, doce adornos en paja toquilla para botellas de whisky y algunos sombreros. Con suerte, sacará 120 soles semanal. Vengo de La Campiña donde cinco mujeres han llorado en coro para esta crónica: Rosa Córdova por su hermana muerta; María Silva por su difunto tío Santos que dejó dos huérfanos; Diana Silva por una joven fallecida por dar a luz en su casa y sin médico, Claudina Vílchez por un tío y otra sólo dijo que “disfruta” su dolor llorando. En Pedregal, aunque recién conozco a Rosa Ramos, es como si ya supiera lo que va a contarme, que sólo le quedan tres gallinas para alimentar a tres hijas de un padre en fuga y que su rancho se inunda cada vez que llora El Niño. No es un mediodía cualquiera en Pedregal. Hay comida y chicha para 200 personas en casa de la difunta Julia Adanaqué Aquino. El llanto lo pusieron las hijas, ahora encargadas de las ollas, pero también los hijos que van pasando los platos de estofado. Luego de la misa por el medio año de fallecida, durante toda la tarde los vecinos pasarán a comer y beber hasta llenarse. Antes, cada uno deposita “lo que sea su voluntad” en un plato de porcelana, colocado al pie del Santo Cristo (crucifijo grande), sobre un mantel inmaculado. En tiempos de los yungas, cuando moría una persona importante todos los del valle se reunían, lo lloraban y hacían grandes comilonas, según la investigación Tiempos prehispánicos, de Reynaldo Moya Espinoza. Aquí, en el salón del duelo de la calle Comercio, destacado por el clásico trapo negro y niños comiendo en la vereda, acabo de poner dos monedas en el plato y a los cinco minutos cae en mi mesa una jarra de chicha de tres litros, seguida de una sopa humeante. Durante todo el día, en casa de los Sosa Adanaqué, se consumirá veinte baldes de líquido espumoso embriagante, de 120 litros cada uno. Más sopa y segundo. Hasta parece que no hubiera hambre y pobreza extrema en este pueblo sin desagüe. Dos mil 500 soles costará toda la celebración. Siempre de pie, junto a la foto de su “mamacita” y al Santo Cristo, Anselmo Sosa achinado, bronceado, algodonero de 52, olvida por unas horas su parcela en San Pablo Sur, como si no hubiera perdido dos mil soles por culpa de las plagas. —Por la modernidad mucha gente ya no lloran a sus difuntos, pero es una herencia de nuestros antepasados. No la podemos dejar —dice. *** En el centro poblado Villa Pedregal Grande —como en Sechura y todo el Bajo Piura— es muy común llorar en los “entierros”. Querer al que ya se fue es llorarlo. Conozcas o no al muerto. Pero que alguien llegue a tu pueblo a pagarte por llorar como un río (a veinte soles cada una, según Rosa), es algo nunca visto. Aunque hasta los años 60, en Catacaos, había mujeres muy pobres que en grupos de seis acudían a vender su llanto en los funerales de familias adineradas, sabré después. Iban a casa del difunto, recopilaban sus bondades, las versificaban y cantaban llorando en cada cuadra, con aretes oscuros, blusón y manto negro de seda, con los músicos de la banda tocando el “Miserere mei, Deus”. Eran los tiempos de las conocidas versificadoras cataquenses Isidora Castillo y Casimira Yamunaqué. Su oficio simplemente se extinguió, según Matías Cruz Sandoval, un maestro local que estudia el tema. Medio año antes de comprar lágrimas piuranas, influenciado por la modernidad occidental, el retratista de los indígenas de Colombia y de la gente de Ruanda, Antonio Briceño, consideraba falso y mercantil el llanto pagado, hasta que leyó en Internet la historia de María Zamora, una humilde limeña que en el distrito peruano de Chorrillos llora en los sepelios por 20 o 50 soles. En jerga venezolana, a Briceño la noticia de Notimex lo “batuqueó” (golpeó). Llegaste 200 años tarde, ellas ya no existen, le decían cuando llegó a Perú. Contrario a la información que traía desde el Ministerio de Cultura en Lima, las calles piuranas le decían que aquí cada vez se llora menos, incluso en los cementerios. Como si no hubiera también aquí muchas décadas de dolor represado producto de la oleada de violencia terrorista, desastres causados por El Niño, distancias cada vez mayores entre pobres y riquísimos, bajo rendimiento escolar, desigualdad y una reciente espiral de violencia con muertos cada vez menos llorados por la burocracia estatal. Que, pese a todo, desahogar emociones guardadas es, para la mayoría, cosa del pasado. Negándose a creer que la modernidad de Occidente borró totalmente el oficio del llanto piadoso y que esta tierra ya no llora, sin contentarse con la escueta nota periodística sobre una solitaria plañidera en Lima, ayudado por un funcionario del Ministerio de Cultura, el artista de los “dioses de América” hizo un tour funerario por los cementerios piuranos. Pero fue en Pedregal donde encontró a Rosa, la del pollito que justo ahora me pica los zapatos; también a Marta Loro, a Edelmira Sandoval, a Claudina Silupú, a Isabel y Pascuala Chero, y cinco no identificadas bajo el manto. Para todas esa tarde era la primera vez en sus vidas que recibían 20 soles por llorar un rato, en lugar de trabajar un día en el campo. Afuera de la iglesia, donde fue la sesión de llanto, se quedaron muchas interesadas en aclararse la garganta. La secretaria del alcalde, Griselda Elías, tuvo que lidiar para dejar pasar sólo a las elegidas. “Los veinte me cayeron del cielo”, dice un año después Rosa, que ese día, luego de sollozar para el de mochila negra, después de secarse las lágrimas, se apareció en la puerta de bisagras lloronas sin aceite, con una bolsa de pan y un kilo de azúcar y un kilo de arroz, y guardó dinero para el pescado de tres días. El señor de la cámara y su amiga rubia ensortijada, que no dejaba de alumbrarlas con una extraña lámpara, quedaron más que satisfechos. “Cuando él nos pidió llorar por su mamá, a la que no conoció, me dio sentimiento (pena muy grande), porque yo también he perdido a mi papá siendo niña”, recuerda Rosa. Y le digo que también yo, no hace mucho. ¿Qué dolor estaba drenando Briceño para prestar las lágrimas de esas mujeres, en las que se negó a creer por años? Llanto liberador Treinta y cuatro años antes, una madrugada de setiembre, arriba de un avión Hércules de la Fuerza Aérea Venezolana, FAV, más de cincuenta integrantes del coro de la Universidad Central de Venezuela cantaban su himno patrio para darse ánimos. Volaban de Caracas a Barcelona, España, invitados al décimo segundo Día Internacional del Canto Coral en el país ibérico. Sin suficiente combustible, el piloto intentaba aterrizar para recargar en el aeródromo de la Otan en Lages, situado en Terceira, una de las nueve islas Azores enclavadas en el Océano Atlántico, a mil 333 kilómetros de Lisboa, Portugal. Pero el avión de los jóvenes coreutas, la mayoría provincianos que soñaban con conocer por primera vez otro país, lidiaba contra la lluvia, los rayos de dos tormentas, vientos de 120 kilómetros por hora, escasa visibilidad y fallas en el radar. El piloto intentó por tercera vez aterrizar la nave mecánicamente. Pero el avión C-130 terminó estrellado contra las rocas y partido en nueve pedazos, cuando estaba a sólo 200 metros de la pista. El resultado, 68 muertos. Ningún sobreviviente. Una de las víctimas era la madre de Antonio Briceño (2), que para entonces ya tomaba fotos familiares. Más de 34 años después, el Hércules C-130 alumbrado por las tormentas y con el Himno de Venezuela de música de fondo, sigue volando en la página web del Club de la FAV, sin encontrar respuestas a las preguntas que tal vez se hacía el fotógrafo Antonio Briceño (“lloren por mi mamá”) esa tarde del 28 de octubre de 2011, cuando escuchaba a las lloronas peruanas de Pedregal Grande, sollozando para él: ¿por qué el coro universitario no viajó en una aerolínea comercial?, ¿por qué no regresaron apenas descubrieron la tormenta?, ¿por qué el militar estadounidense encargado de la torre de control no estaba en su puesto, sino jugando billar?, ¿por qué no funcionó el radar? “Si tengo tantas décadas de llanto acumulados qué mejor que buscarme unas lloronas”, publicó meses después la prensa sobre Briceño. Si no das rienda suelta a tus dolores reprimidos, “se te van enconando y te causan daño”, le contó el artista a El Universal de Caracas, y que en su encuentro con las vestidas de negro no sólo capturó imágenes de una tradición que se está yendo... No pudo más, también lloró diez minutos, le confesó a la bloguera venezolana Alba Ysabel Perdomo. —Mucha gente cree que es importante dar una cara bonita, pero estás muriendo por dentro. Notas 1. José MAEDA ASCENCIO, en el artículo “Cumanana y triste: tradición prehispánica Muchik” (http://bit.ly/129yIek). 2. Artículo: “Antonio Briceño: ‘Las plañideras me prestaron su llanto’ ”, por Dubraska FALCÓN, diario El Universal, viernes 2 de marzo de 2012. ** Lucas Jiménez http://www.letralia.com/firmas/jimenezlucas.htm Escritor y periodista peruano (Ayabaca, Piura, 1971). Editor del diario El Tiempo de Piura. Se ha desempeñado como reportero y cronista independiente. Es profesor del curso de Géneros Interpretativos en la Universidad de Piura (http://www.udep.edu.pe). Por su crónica “Permiso para aterrizar” fue becario de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI, http://www.fnpi.org), que preside Gabriel García Márquez. Fue alumno del taller de Periodismo y Literatura con la escritora puertorriqueña Mayra Montero, en Cartagena de Indias (Colombia). Sus crónicas han sido publicadas en El Tiempo, suplemento Semana, diario La Industria de Trujillo, diario El Comercio (http://www.elcomercioperu.com.pe) y en Internet, a través de la revista virtual Perú Llacta (Lima; http://www.perullacta.com), dirigida a peruanos residentes en el extranjero. Con su columna Cola para Soñar ganó el premio internacional de periodismo Noticia y Subjetividad 2005 del Centro de Estudios Avanzados en Periodismo Narrativo (Buenos Aires, Argentina; http://www.periodismonarrativo.com). Cada semana publica su columna Crónicas mal pensadas en la página web de El Tiempo. Con sus crónicas “El caballero se fue; está su sobrina” y “Viaje para solitarios” ganó por dos años consecutivos (2005 y 2006) el Premio Nacional de Periodismo Norte Turístico organizado por la Red de Prensa Turística del Perú (http://repturperu.com). Mantiene una bitácora personal en http://blogs.periodistadigital.com/cronicasmalpensadas.php. === Roth, Némesis y los años de distancia Mauricio López Osorio ====== “Invencible” es la última palabra encontrada junto al punto final de la novela en la que Philip Roth ha exhalado una bocanada inconmensurable, un aliento del cielo capaz de atravesar la imponente Indian Hill, las apaleadas y cautivadoras calles de Newark, la conjura contra los judíos, el cuerpo y sus enfermedades, y nunca descender —porque sí, digámoslo, cuando hablamos del escritor norteamericano estamos aludiendo a un hombre que no necesita caer para adivinar que ya ha alcanzado su máxima altura—, pulsión que le ha valido una entrada triunfal dentro de un selecto grupo exiliado en la frontera de los que siempre han de volver y que ha llevado, a los que nos hemos quedado de este lado, a murmurar invadidos de emociones encontradas ante la última página de Némesis: invencible. Y mientras somos invadidos por la historia que nos cuenta Philip y nos narra Arnold y nos acerca a los lectores al señor Cantor y sus idas y venidas alrededor de dilemas milenarios, Roth lee en su casa de campo a Hawthorne, Melville, Dickens, Flaubert y compañía, a esos clásicos de los que él ya he entrado a formar parte y con los que ahora celebra y brinda por las trabajadoras de la estación Lowell, esas muchachas que luego de doce horas de extenuante trabajo salían a sus casas a escribir historias ambientadas en los paisajes que contemplaban en sus trayectos diarios del trabajo al hogar; por Frédéric Moreau, sus viajes a través de la decepción amorosa y las tribulaciones de la amistad y con ellas la vida en los cafetines del siglo diecinueve, la pérdida de la juventud y el inicio de una nueva vida que no termina de comenzar, la sorpresa en la inmediación del segundo anterior y el siguiente sin importar el estruendo de los cañones ni la proximidad de las tropas, y claro, su atinada manera de celebrar los fracasos entre risotadas; Philip Pirrip, sus hazañas y temprana caballerosidad en medio de la pobreza, la soledad y la esclavitud. La fiesta ha de seguir para Roth, lejos de las pantallas que lo han llevado a decir al mundo editorial: basta, pero también muy cerca de los lectores a los que ha dejado en sus obras un trance de incesantes sorpresas. (Cabe hacer un paréntesis y decir que la molestia de Roth frente a los mass media y demás ya había sido palpitada por Dickens cuando decía lo siguiente sobre la prensa norteamericana, casi dos siglos atrás: “Mientras la prensa escrita de América se encuentre en su abyecto estado actual, será imposible que la moral del país experimente mejora alguna. Año tras año se degradará; año tras año, la sensibilidad pública tenderá a bajar más y más” [1]). Espoleado por el sentido del deber y de la vergüenza, Bucky Cantor ha de transitar por los extramuros de situaciones incomprensibles, dilemas insolubles, lugares inhóspitos contrastados con pequeños paraísos terrenales, eludiendo los torbellinos serpenteantes que llevaron a dos de las más recientes creaciones de Roth, el estudiante Marcus Messner y el actor Simon Axler, a un campo desolado, cimentado por conspiraciones institucionales y modelos decadentes. Pero verse perseguido por los problemas que ensombrecieron las vidas de Marcus y Simon no parece ser el centro de las preocupaciones del joven Cantor. Aun cuando la seriedad excesiva —casi mecánica— y la ausencia de humor parezcan ser los únicos gestos posibles en su rostro, la sorpresa y las preguntas desconcertantes son una constante en su cabeza. Puede comprender sin gran esfuerzo que una herencia compuesta por construcciones majestuosas y lingotes de oro no sea un privilegio sino una fuente de incesantes desgracias al haber sido concebida en sus inicios por una acción malhadada, pero no el porqué una maldición puede caer sobre una población laboriosa y poseedora de auténticos talentos en desarrollo. Su desconcierto se acentúa ante la carencia de un centro en sus problemas. Parece ser él el portador de esa némesis que estropea las ilusiones de los niños de diez y doce años y destruye a familias enteras. Tan pronto entra a hacer parte de un paisaje resplandeciente de alegría y cantos al cielo, éste se paraliza y ensombrece rápidamente. En lo que tarda un suspiro, las piernas que antes corrían alrededor de un estadio y las manos que antes empuñaban y movían una raqueta durante horas pasaban a ser ocupadas por pequeñas armaduras de hierro y toallas hirvientes; o, como también era frecuente, en una caja de madera. Su presencia significa la llegada de un invasor que se presenta a la puerta de casa en forma de flecha o carta para decirle al cuerpo petrificado: a partir de ahora debes jugarte las cartas de otra manera. Cómo ayudar y permanecer con los tuyos cuando eres el centro del problema, se pregunta Bucky Cantor. Cómo y cuándo ha perpetrado Bucky acciones que fueran en demérito de las futuras generaciones, nos pregunta Roth. Hawthorne decía en La casa de los siete tejados: “La mejor solución para el sufriente es seguir adelante y dejar atrás ese pensamiento que una vez consideró su ruina más irreparable” (2); y es justamente esto lo que el señor Cantor no puede concebir, una vida lejos de las reflexiones sobre la enfermedad, y del sentirse rodeado por las almas de los chicos que educó, contagió y lloró. El simple acto de contemplar a los niños que juegan con fervor tenis, fútbol, y nadan durante horas, es un motivo para ver reflejos de los niños alcanzados por la polio, esos chicos talentosos que no pudieron salir más a la calle y que, en soledad, soportaron las inclemencias y los dolores de la enfermedad. Mientras afuera transcurría la vida, en una cuidad interna, la de los cientos de niños enfermos de polio atados a una cama, el día y la noche se confundían en un lugar ausente de tiempo para los enfermos. Tal y como Roth nos tiene acostumbrados en las novelas en que aparece la imagen del aprendiz y del mentor, como son los casos de La visita al maestro y Me casé con un comunista, con los personajes de Nathan Zuckerman y I. E. Lonoff, y nuevamente Zuckerman con el profesor Murray Ringold, en las novelas mencionadas respectivamente, en Némesis hemos de contemplar un interesante diálogo entre Bucky Cantor y uno de sus ex alumnos, Arnold Mesnikoff —esta vez el encuentro reúne a dos hombres cargados de años y sombras grises—, y en él han de platicar infinitamente sobre los viejos temas que discurren en las miles de páginas que componen el universo Roth. Notas 1. Charles DICKENS, Notas de América, Editorial B de Bolsillo, Pág. 371. 2. Nathaniel HAWTHORNE, La casa de los siete tejados, Editorial Debolsillo, Pág. 336. ** Mauricio López Osorio http://www.letralia.com/firmas/lopezosoriomauricio.htm Escritor colombiano (Santander, Bucaramanga; 1988). Es filósofo de la Universidad Industrial de Santander (UIS, http://www.uis.edu.co). Sus artículos han aparecido en el suplemento argentino Nuevo Diario, de Santiago del Estero, entre otros medios. === El juego de la palabra (extractos) Rafael Fauquié ================ El juego de la palabra Rafael Fauquié Ensayo Monte Ávila Editores Latinoamericana Caracas, 2011 ISBN: 978-980-01-1860-3 El límite físico de todo ser humano es su cuerpo; pero, como una especie de lindero final o de tensamiento máximo, ese límite se extiende hasta donde lleguen sus palabras, trasciende hasta los lugares que ellas ocupan y hasta los momentos en que puedan escucharse sus ecos. Borges dijo que los seres humanos éramos, esencialmente, signos. Los seres de palabras seríamos, entonces, signos reflejados sobre otros signos; y la escritura que nos expresa sería una exacerbación de nuestra individualidad. Y hay algo de paradójico en el hecho de que la escritura, signo de otro signo, realidad irreal, afirme y extienda nuestra presencia; que cobremos una mayor dimensión o un más nítido sentido gracias a la irrealidad de las palabras que enunciamos. Hay también algo de peculiar en el hecho de que la realidad pueda hacerse menos áspera o más soportable por medio de esas voces que escribimos. Este último fenómeno, sobre todo, es algo que cualquier ser de palabras conoce muy bien: a la realidad excesiva y contundente, obesa y torpe, puede siempre oponérsele la ligereza, la alada irrealidad de las voces. “El peligro para la vida es de asfixiarse bajo el peso de la existencia”, dijo alguna vez María Zambrano. Para no ser asfixiados por la existencia, para sobrevivirla, los seres de palabras nos entregamos a nuestro juego. Hacerlo es una respuesta y un conjuro en contra de la incesante intromisión de lo real en nuestras vidas. Irrealidad de la escritura e irrealidad de las razones que conducen hacia ella; importancia de lo irreal que no deja de albergar un peligro para los seres de palabras: clausurarnos en medio de nuestros espejismos, aislarnos excesivamente al interior de nuestro mundo de deseos y propósitos y sueños. Lo que nos consolida en nuestras voces, lo que nos centra en nuestras creencias y fantasías y memorias puede, igualmente, colocarnos peligrosamente al margen de todo lo que nos es exterior. El conjuro de la incomunicación sólo podrá llegar junto a nuestra curiosidad y junto a la capacidad de convertir nuestro juego de palabras en un acto ético que nos humanice, que muestre nuestra humanidad, que nos comunique desde ella. Ética de la escritura que es, de alguna manera, una justificación de la escritura a través de la dignidad de lo poético. Octavio Paz, en el último capítulo de su libro La otra voz (1), otorga al término “poético” un rango casi cósmico; todo lo armonioso y pleno, todo lo que dentro del universo humano alcance un sentido de equilibrio, de armonía y plenitud es definido de “poético”. Según Paz podría hablarse de poesía en relación a comportamientos y comunicación humanas, en medio de realidades políticas y de espacios culturales. Todo cuanto dentro del cosmos de los hombres logre expresar solidaridad o fraternidad posee, según Paz, rasgos poéticos. Por su parte, Edgar Morin, en su libro Amour, poésie et sagesse (2), coloca el calificativo de poético sobre las cosas más estrechamente relacionadas con la individualidad. Maravilla, ilusión, sueño, esperanza, sensibilidad, sorpresa, creación son consideradas por Morin como actitudes “poéticas”. Morin concluye que la poesía nace, esencialmente, en la pulsión de algunos seres de palabras por nombrar, en total libertad, sus más genuinas visiones, sus comprensiones más legítimas, sus descubrimientos más auténticos. Existe poesía, dice Morin, en el acto de un individuo que decide nombrar lo más verídico y pleno que haya en él. Sin embargo, en un determinado momento, aclara: “El individualismo posee una cara luminosa, clara: son las libertades, las autonomías, la responsabilidad. Pero también posee una cara sombría (...): la soledad, la angustia”. Así, pues, la individualidad posee dos rostros posibles: uno que sugiere autonomía y otro que expresa aislamiento; uno que alude a libertad, otro a clausura; uno que señala creatividad, otro que sólo dice silencio; uno fundacional y adánico y espermático, otro epigonal y decadente y agónico. Para Morin, lo poético sería, pues, el impulso creador capaz de trascender los estrechos límites de una individualidad clausurada hasta alcanzar una válida comunicación con lo colectivo y lo plural. Poética sería la proyección de un yo irradiéndose hacia el afuera en medio de la belleza o la intensidad o la corroboración o la exactitud. Entre todas las posibilidades que ofrece la escritura, hay dos que, rotundamente, se oponen: una, la que sugiere al ser de palabras la posibilidad de escribir para esquivar la vida, para inventar otra vida muy distante a la que enfrenta cotidianamente; otra, la que le ofrece la oportunidad de aprovechar mejor las experiencias vividas. Esta segunda opción no cesa de sugerir, para cualquier escritor y para cualquier lector, que la vida pueda ser entendida como un camino y como un escenario. Pero tanto para la primera como para la segunda opción, existe el mismo riesgo de clausura o lejanía o inhumanidad para el ser de palabras arrastrado por una voluntad de distanciarse de casi todo. Y como dije antes: nadie puede alejarse demasiado de los afueras que lo rodean. En algún momento, siempre será necesario el acercamiento, el compromiso con eso a lo que el yo está obligado a enfrentar. Como una forma de conjuro ante el solipsismo en que ella podría convertirse, la escritura precisa hacerse diálogo, vocablo de comunes comprensiones. El ser de palabras necesita enfrentar las limitaciones o deformaciones de su individualismo naturalmente egoísta a través de una escritura concebida como encuentro, construcción compartida, diálogo de humanizaciones. En 1954, Paul Celan escribió un poema al que tituló “Habla también tú”. En él expresó el sentido ético de una escritura capaz de nombrar el camino humano y de nombrar al ser humano que lo recorre. “Habla también tú”, escribe Celan, “sé el último en hablar, / di tu decir. / Habla (...). Y da a tu decir sentido: (...) ve cómo alrededor todo se hace viviente (...). Asciende. Tanteante, asciende”. Estas palabras parecieran ser una continuidad de aquellos textos de diez años atrás, una continuación de aquel desgarrador poema, “Fuga de la muerte”, que había sido escrito por Celan en un campo de concentración. ¿Continuidad? ¿Corolario? Acaso ambas cosas; en todo caso: necesidad, asidero, redención. Como dice Celan: es preciso nombrar eso que nos resulta necesario, nombrar, decir eso que sólo a nosotros pertenece y eso que sólo nosotros podemos describir. Haciéndolo, de alguna manera, creamos vida: para nosotros mismos y para quienes nos leen nuestras palabras se hacen “vivientes”. Señala Celan, además, que el poeta, al escribir, “asciende”; o sea: se eleva junto con sus voces; se sobrepone a las incertidumbres que lo envuelven y se aferra a su arte. Y Celan, como nadie, fue capaz de mostrar muy humanamente su manera de “ascender”: primero, escribiendo textos que le permitieron resistir al infierno y a las ruinas; luego, comunicándonos una imagen de lo poético como sublimación y refugio. Que su vida haya terminado trágicamente, que sus palabras no lograsen rescatarlo de sus propios fantasmas y pesadillas, no oculta el hecho de que, con su escritura, supo comunicar su humanidad, humanizar su arte; identificar en éste, y hasta el mayor de los extremos, estética y existencia. Y esto, acaso, sea una de las más firmes y válidas opciones del arte de nuestros días. Lo que nos dice Celan acerca de la necesidad de que el poeta sea “el último en hablar”, sugiere eso mismo que nuestro presente no cesa de transmitir: que se está acabando para los hombres el tiempo de escucharnos sin entendernos; que ha llegado para los seres humanos el tiempo de compartir, de aprender de los otros, de todos los otros; de comunicarnos con los otros, con todos los otros. Notas 1. La otra voz, Barcelona, Seix Barral, 1990. 2. París, ed. Du Seuil, 1997. ** Rafael Fauquié http://www.letralia.com/firmas/fauquierafael.htm Ensayista y poeta venezolano (Caracas, 1954). Licenciado en letras por la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab, http://www.ucab.edu.ve; 1977), postgrado en sociología de la literatura en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (1979) y doctor en ciencias sociales por la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve; 1984). Entre 1979 y 1985 dirigió los seminarios de literatura venezolana en la Universidad Católica Andrés Bello. Desde 1980 es profesor del Departamento de Lengua y Literatura de la Universidad Simón Bolívar (USB, http://www.usb.ve), institución de la que es profesor titular y en donde ejerció entre 1989 y 1993 el cargo de director de Extensión Universitaria. Ha publicado Espacio disperso (Caracas, Academia Nacional de la Historia, col. El Libro Menor, 1983), Rómulo Gallegos: la realidad, la ficción, el símbolo (Caracas, Academia Nacional de la Historia, col. Estudios, Monografías, Ensayos, 1985), De la sombra el verso (poesía, Caracas, Epsilon Libros, 1985), El silencio, el ruido, la memoria (Caracas, Alfadil, col. Trópicos, 1991; Premio Conac de Ensayo “Mariano Picón Salas”, 1992), La voz en el espejo (Caracas, Alfadil, col. Trópicos, 1993), La mirada, la palabra (Caracas, Academia Nacional de la Historia, col. El Libro Menor, 1994), Espiral de tiempo (Caracas, Fundarte-Equinoccio, 1996), Arrogante último esplendor (Caracas, Equinoccio, 1998), Puentes y voces (Caracas, Sentido, 1999), El azar de las lecturas (Caracas, Galac, 2001) y Testimonios, espejismos y desconciertos http://www.comala.com (Caracas, Comala, 2007). === Hay comienzos... Carlos Eduardo Maldonado ======================== Hay comienzos con palabras como el de Cervantes: “En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme”. Como García Márquez en Cien años de soledad: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Como Tolstoi en Anna Karenina: “Todas las familias dichosas se parecen, pero las infieles lo son cada una a su manera”. O bien como Thomas Mann en La montaña mágica: “Un modesto joven se dirigía, en pleno verano, desde Hamburgo, su ciudad natal, a Davos-Platz, en el cantón de los Grisons. Iba allí a hacer una visita de tres semanas”. Comienzos cautivadores, algo más largos, como el de El jugador de Dostoievsky: “Por fin he regresado al cabo de quince días de ausencia. Tres hace ya que nuestra gente está en Roulettenburg. Yo pensaba que me estarían aguardando con impaciencia, pero me equivoqué”. Se trata de comienzos que impactan y permanecen porque ya se conoce, una vez que se ha hecho la lectura completa, los desenlaces de la trama; y esos comienzos sugieren que nada se presagiaba antes, como en Thomas Mann, o bien se trata de inicios que no permiten anticipar toda la historia, como en el libro mencionado de Dostoievsky, por ejemplo. La lectura final del texto hace que en ocasiones se vuelva al inicio, con lo que se logra un contrapunteo iluminador. Por el contrario, aquellos textos que no son cautivantes en este sentido, o en los cuales los comienzos terminan por pasar desapercibidos, la magia del lenguaje y del texto seguramente se oblitera —acaso a favor o a causa de otras razones. Hay comienzos, como en arquitectura, con los espacios abiertos, acogedores por tanto, y que invitan, como en Le Corbusier, con luz que abraza desde adentro al visitante. Como Calatrava o (¡y sobre todo!) Koolhaas, con espacios y ángulos quebradizos pero abiertos, que marcan un contraste fuerte con la masa de construcciones alrededor nuestro o incluso con respecto a lo conocido en la historia. Existen construcciones como los templos budistas en Japón, y en Oriente en general, abiertos, con pájaros en los alrededores, con lagartijas, flores, colores vivos y cálidos, y múltiples aromas deliciosos, en contraste con los templos católicos, cerrados, lúgubres, alejados y con algo de siniestro y de mensaje cifrado. En Occidente, templos clásicos construidos en el período gótico, o con estilo románico, o acaso en clave barroca, como las numerosas catedrales que se construyen en toda Europa y que aún hoy permanecen, muchas de ellas, como íconos arquitectónicos, o religiosos. Espacios cerrados, pero que pudieran prefigurar el posterior descubrimiento de los claroscuros à la Rembrandt. Mientras que los templos budistas sugieren experiencias abiertas, los Occidentales anuncian comienzos que demandan un avance posterior ya prefijado y cierto, gracias a la fe —en fin, un final. Hay comienzos en la música, como en el trío para cuerdas en do menor, Opus 3 de Beethoven (String Trio in e-flat, Op. 3) —por tanto, desde luego, ese comienzo del Allegro con Brio: ¡superbe!--, que nada tienen que ver con la creación de obras que arrancan in crescendo y que sólo al final se resuelven en una conclusión que le otorga sentido a la composición íntegra. Henri Purcell cautiva con Draw near, you lovers, esa canción secular que escribe hacia 1683 con base en el poema de Thomas Stanley —una canción en la que las emociones parecen brincar desde el inicio. Por lo demás, los cantos seculares de Purcell permanecen ampliamente desconocidos, pues su obra religiosa, profana, instrumental o de ópera ha predominado en los gustos. En otro plano, el Lamento de la Ninfa (Lamento Dellla Ninfa), del Octavo Libro de los Madrigales de Claudio Monteverdi (circa 1638), comienza con una ninfa cuyo relato sólo después se adivinará como luctuoso con las dos voces masculinas que entran en la parte central y que, justamente, permiten entender de otro modo el relato de la Ninfa que sale de su propia casa. En otro plano distinto, hay comienzos de un encuentro, que la música pinta como en “La chica de Ipanema”, que pasa, con su andar musical, y sugiere o permite desear, incluso a pesar de Vinicius de Moraes (y de Antonio Carlos Jobim), un futuro encuentro —siempre, sin embargo, incierto. O bien, una tonada que ya desde el inicio captura al oyente: es lo que sucede con “déjame que te cuente, limeña, déjame que te diga la gloria...”, en ese vals que es “La flor de la canela”, de 1950 (particularmente en versión de Chabuca Granda, su autora), y que, en una canción considerada popular, logra desde el inicio anticipar una historia completa, ricamente expuesta en un tiempo de algo más, algo menos, de tres minutos. En el mundo cotidiano hay comienzos en los que una mirada acompañada de un minúsculo gesto y un movimiento de ojos discretos pero sinceros estremece el espíritu, como esa mujer que conocimos, o la escena que presenciamos entre dos personas. La pintura, por su parte, tiene la dificultad de invitar al comienzo, pues su tradición es la de una obra totalizante. Pero hay buenos ejemplos de comienzo que inicia y no termina; anticipa y sugiere pero deja a la mirada impulsada, si cabe la expresión, para que ella misma, acompañada de la imaginación, prosigan más allá del cuadro. Es el caso, por ejemplo, de Gerhard Richter, con su Paisaje marino (1969), o en las Dos velas (1982). Impresionantes como lo son la serie de los Cinco Sentidos, de Brueghel El Viejo y Rubens —Alegoría del oído, Alegoría de la vista, El gusto, El tacto, El olfato, pintadas en colaboración entre 1617 y 1618— anticipan en cada caso un pandemonio de emociones para cada uno de los sentidos involucrados. Los contenidos minuciosos, incluso en ocasiones minimalistas, conjuntamente con el empleo de la perspectiva, los fondos y los detalles de todo tipo, implican cuadros totalizantes que, sin embargo —magnífica paradoja—, no dejan de ser comienzos sugestivos —para los sentidos tanto como para la imaginación. Hay un cuadro de M. Chagall, La impugnación, de 1943, que sirve como instantánea de un movimiento que, se adivina, apenas aparece esbozado. Así, la actitud del novio ante la novia, presenciando algún acontecimiento hacia la parte inferior derecha, pero externa al cuadro, representa el inicio de una emoción profunda y sobrecogedora. Por lo demás, a título de ejemplo, ¿qué piensa hacer El cazador en el bosque, ese cuadro de Friedrich de 1813/14? No cabe duda de que en su mente no hay marcha atrás. Pero lo que le espera, en el momento en el que aparece, de espaldas a nosotros, está meditando: lo que aparece ante su vista es un espeso bosque en el que la luz parece ya no hacerse posible, excepto por el claro en el que se encuentra el cazador, y del que, presumiblemente, ha cortado un pedazo de tronco de un árbol. El cazador comienza un camino incierto: nada asegura que encontrará una presa; ni tampoco que podrá regresar sin más. En las experiencias artísticas y estéticas contemporáneas, dos buenos ejemplos de comienzos iniciados son los flashmobs —prefiero los musicales—, que irrumpen, cautivan y desorientan en un primer instante. El público alrededor no logra entender inmediatamente lo que sucede, pero se admira y se divierte, participa y se deja embargar por el acontecimiento. Asimismo, los happenings son experiencias puntuales que si desde el comienzo no interpelan, atrapan, cautivan o motivan, ya serán actos fallidos o fracasados. En el comienzo está la trama y el final, anticipados o contenidos. Hay, igualmente, comienzos que apuntan hacia atrás. Son los flashbacks. Usualmente se usan en cine y documentales, pero pueden tener cabida en la literatura —en cuentos y novelas. Aquí el comienzo remite a un origen antes que a una sucesión, y en el origen se encuentran los motivos y las simientes del desenlace actual. Toda la trama apunta del pasado a comprender el presente; pero entonces, habitualmente, el presente se cierra sobre sí mismo. *** Hay siempre libros que se comienzan y no se terminan, poemas, artículos, libros que nunca se termina de empezar. No se terminan de empezar a leer, o tampoco se terminan de empezar a escribir. En un caso quedan páginas, frases o párrafos ojeados, habitualmente al azar o a vuelo de pájaro; y en otro caso quedan líneas empezadas, apuntes, ideas bosquejadas, sencillamente. Hay también citas e invitaciones que no terminan de cuajar y quedan siempre empezadas sin que nada de nada suceda. Hay dibujos, bocetos, esquemas, partituras que quedan trazados, unas líneas, unos trazos, y luego, tiempo, mucho tiempo esperando nadie sabe qué. Hay comienzos que empiezan y nunca terminan de empezar. No crecen, no se desarrollan, no conducen a lo que se supone que deben conducir. Quedan como promesas abiertas, ni siquiera incumplidas; horizontes anunciados que no acaban de despegar, rayos de luces promisorios que no cesan de iniciar. Hay palabras, frases e ideas que empezamos a pronunciar y no las terminamos. A veces, incluso mucho tiempo después, nos asaltan en la noche, en medio del sueño, o también al cruzar una esquina. Ahora, no se trata de lo que no se puede decir. Tampoco de lo que no hay que expresar. Es más bien otra dimensión distinta. Ya sea porque hay —y siempre hay— alguna interrupción, o porque la idea, el momento, la relación, el poema, el libro o el cuadro, por ejemplo, no terminan de nacer. Es como si las cosas, esas cosas, quisieran no nacer. Al fin y al cabo, ¿no dicen las señoras que enseñaban las abuelas que los niños nacen cuando quieren? Es como si se tratara de un nacimiento siempre postergado. Es, supongo, parte de la vida. Y también, cabe conjeturar, es el proceso de obras de diversa índole —cuadros, composiciones musicales, poemas, artículos o libros, por ejemplo. En la historia se destaca ese gran comenzador de cosas que casi nunca llegó a terminar nada: Leonardo da Vinci. Pero que cuando terminó varias obras entraron a la historia de la cultura y la civilización humanas. Muchas las bosquejó con cuidado, y otras más, entre esas verdaderas joyas de la cultura universal como la Mona Lisa, nunca terminó de acabarla, pues volvía recurrentemente a ella, para mejorarla, terminarla, perfeccionarla. Para no mencionar la Batalla de Alighieri y tantos bosquejos de ingeniería, dibujos, pinturas y esculturas. Leonardo comenzó numerosos proyectos de diverso tipo: de arquitectura o escultura; de ingeniería o pintura, y nunca parece haber terminado ninguno. En realidad, nunca terminó de empezar a definir cada uno de ellos. ¿No es acaso conocido el hecho de que menos de la mitad de sus numerosos cuadernos y hojas de apuntes han llegado hasta la fecha a nosotros? Insuficientes para el genio de Da Vinci, los que han legado hasta nosotros son aleccionadores en el sentido mencionado. Como quiera que sea, comenzar las cosas no es sólo cuestión de avatares de la vida cotidiana, o expresiones elevadas del espíritu que se plasman en la literatura, la pintura o la música, por ejemplo. Más exactamente, hay una ciencia que se enamora de los comienzos, y que habla de cómo el comienzo nos invita a nuevos momentos, a horizontes futuros, a posibilidades desconocidas. Se trata de la ciencia del caos. Esa que afirma que un pequeño comienzo imperceptible puede tener —y tendrá seguro— consecuencias impredecibles. Esa ciencia que llama la atención sobre la importancia de los atractores extraños, y que pone de manifiesto, por primera vez en la historia de la humanidad, que los fenómenos verdaderamente apasionantes son justamente aquellos que sólo cabe predecir en el presente, pues en el futuro resultan inciertos e imprevisibles. Y hace ciencia de todo ello. Y a esa ciencia la denomina de la complejidad. ¿Complejos?: los comienzos... Cabe, pues, sospechar de la ciencia, la cultura y el pensamiento que remite al origen. Al mito fundacional. Pues todo origen sólo se sabe a sí mismo, mientras que el comienzo no sabe del origen ni de pasado, y sólo se abre a lo mejor y lo Nuevo (con mayúscula), que invita a lo desconocido, como a la posible y lo probable. No se trata, en absoluto, de afirmar que cada comienzo es único, pues se trata de una verdad banal. Más bien el tema es el de los comienzos que, en unos casos, pueden y deben —desiderativamente, por decir lo menos—, conducir a cumplimientos y acabamientos. Pero, en otros casos, de comienzos que no terminan de empezar y que, en el sentido fuerte de la palabra, jamás llegarán a acabarse —con la excepción, siempre, de la Gioconda de Leonardo. (Seguramente la mirada cautivadora, ubicua casi, de Lisa Gherardini, debe su encantamiento al hecho de que nunca fue terminada, por lo menos a los ojos de su autor, el genio de Florencia). Pero nada obliga a que un comienzo deba continuar y menos terminar. El mejor de los nombres para aquél es el del juego no representativo, la amistad, el amor o la fantasía —que se caracterizan, finalmente, por el hecho de que comienzan y se plantean como abiertos a la indeterminación y que pueden, ocasionalmente, determinarse en tal o cual sentido. El comienzo es, por tanto, en un cierto sentido, abierto e indeterminado, y permanece como tal. Cuando el comienzo tiene un fin —previsto, planeado o propuesto—, no hay propiamente comienzo: se trata de una tarea o una orden, cada uno horribile dictu. En estos casos lo que comienza apunta de entrada a su acabamiento y cumplimiento. Todo lo contrario a la vida del espíritu, a la evolución o a la vida misma, sin más. El comienzo, comenzar: se trata, al fin y al cabo, de un acto espontáneo y generoso que denota confianza en la vida. La vida misma, que a cada paso está comenzando, cuando se la vive de veras... ** Carlos Eduardo Maldonado http://www.letralia.com/firmas/maldonadocarloseduardo.htm Docente colombiano. Tiene un doctorado en filosofía en la Katholieke Universiteit Leuven (http://www.kuleuven.be; Bélgica). Postdoctorados como “Visiting Scholar” en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Pittsburgh (http://www.pitt.edu; EUA); como “Visiting Research Professor” en The Catholic University of America (http://www.cua.edu; Washington, DC, EUA), y como “Visiting Scholar” en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Cambridge (http://www.cam.ac.uk; Inglaterra). Profesor titular de la Universidad del Rosario (http://www.urosario.edu.co; Bogotá, Colombia). Ha publicado numerosos libros, artículos y capítulos de libros que pueden consultarse en su web (http://www.carlosmaldonado.org). Trabaja activamente en el diálogo entre ciencias y saberes, interdisciplinariedad, filosofía y ciencia, filosofía y arte y temas afines. === Chile a través de mis ojos María Elena del Valle de Villalba ===== Corren los primeros días del mes de enero de 2013. Ha pasado el sobresalto del cacareado fin del mundo del que alertaban los mayas. Pasó el 21, el 22 y a la alborada de este día nos encontramos no muy sanos ni salvos, pero sí vivos, y me dirijo en un viaje eterno a Santiago de Chile dejando atrás a mi país debatiéndose entre un presidente enfermo en ausencia y una inflación galopante. Es mi segunda vez en Chile, ya en 2008 había venido también a un congreso de investigación. La estrechez de mi presupuesto es aun mayor que la primera vez que vine, con lo que cualquier ocasión de ahorro es bienvenida. Nuestros colegas latinoamericanos no entienden las restricciones a las que estamos sometidos... aunque los argentinos ya van sabiendo algo de ellas. Llego de noche al aeropuerto de Santiago, mi vuelo tuvo retraso para salir de Venezuela, el retraso estandarizado pareciera ser nuestra carta de presentación. Un vuelo medianamente lleno, lo cual me permitió dormitar con cierta comodidad usando los dos asientos. La sensación de incertidumbre me acompaña. Para nosotros los venezolanos los noticieros son un concurso perenne para nuestra capacidad de sorpresa. Un día la noticia son los más de 65 muertos que caen cada fin de semana (sólo en Caracas) y horas más tarde del mismo día lo es la arbitraria e inconsulta modificación a nuestra Carta Magna. Ocupados en sobrevivir, anestesiados por el sobresalto, tenemos una “costra emocional”, ya es complicado sentir, como la vena del adicto ya vencida y endurecida parece que nada nos alarma. Estamos fracturados por dentro, débiles en la moral, fáciles ante cualquier susurro que nos garantice seguridad. He llegado a Santiago, el avión aterriza algo aparatosamente y mis compatriotas aplauden entusiastas, práctica generalizada en profundo agradecimiento al llegar vivos. Mi hotel está a dos cuadras de la estación central de autobuses y, aunque son pasadas las diez de la noche, hay notable actividad. Hago mi check-in, y subo tres pisos por la escalera a mi habitación. Las luces se encienden a mi paso como dándome la bienvenida. Parece que me adentro en un pie de limón, las puertas y molduras son de un verde pastel, dulce hasta la muerte. Apenas mi maleta toca el suelo de una alfombra de sospechosa higiene, saco mi computador y me conecto a Internet, colocando el indescifrable código suministrado por el encargado: 123456. Me reporto con los míos que quedaron en Caracas. Hay una rebelión en mi estómago que me recuerda que mi última comida fue hace largas 8 horas. Es tarde y aunque hay establecimientos abiertos no me animo a salir. Las luces naranja a través de mi ventana dibujan siluetas de gente que sin pausa marcha hacia su destino. La santamaría de mis ojos desciende automáticamente. El sueño me vence. Ya es siete de enero y muy temprano estoy lista para empezar mi trabajo. El hotel da un modesto desayuno al que asalto con espíritu de náufrago. No doy descanso a fruta o pan en los platos. Preparo, cual merienda de escolar, panes con jamón para la noche. Los envuelvo haciendo caso omiso a las miradas de sorpresa de los presentes. Salgo a la calle y el calor me recuerda un sauna, en el que sudas sin moverte. Mi mochila hacia el frente, donde mis ojos puedan verla. (Bendita paranoia). A medida que camino el sonido de múltiples cornetas y silbatos va poblando el espacio. Muchos hombres y mujeres vestidos de verde manifiestan lanzando papeles pequeños al aire y cada silbido es un reclamo, una queja. Dicen tener más de 60 años sin mejorar sus condiciones de trabajo. Cruzo la ciudad por debajo como un elevado cóncavo y del otro lado me recibe la Universidad de Santiago de Chile. Grafitis que dibujan grandes sensibilidades, como un arte urbano, retratan el sentir de lo más noble de cualquier cultura: sus estudiantes. Medio perdida y con ese título en el rostro logro llegar a la sede del congreso, en el que me inserto gracias a la amabilidad de los colegas del mundo. Cuatro días de intenso trabajo en el que el mío parece imbricarse en una sinfonía de preocupaciones. Siento que estoy por buen camino y que el tiempo no se ha perdido. En el tiempo que queda libre me escapo a visitar la ciudad. Ya en el día tres, noto con algo de sonrojo cómo la suela de mi zapato tímidamente se despega. Se me antoja una boca que cuenta temerosa los lugares que ha visitado. En la calle, en la biblioteca, en los museos, apenas reconocen mi acento nuestra triste celebridad emerge... el inevitable... ¿Y qué se sabe de Chávez? No se hace esperar. A la decimotercera vez me siento tentada por fingir otro acento que tal vez me mimetice con el entorno. Es mi último día en Chile, Bruno Mars me canta al oído mientras camino atontada por el calor. “¡Muera la Yuta!” dice en una pared, deseo repetido en varias, lo que me hace preguntar qué es. La policía, me dicen. Muera la policía, y pienso... en mi país muere la policía, la gente decente y trabajadora, ese decreto se cumple doloroso y tácito todos los días. Estoy en Bellas Artes y la presencia de parejas gay que caminan tomadas de la mano me insinúan un Chile tolerante, lo que celebro. Al preguntar me entero de que están confinados a ese espacio en el que pueden ser y mostrar sin miedo su amor. La Vuelta se llama el humilde restaurante en el que he decidido comer como Dios manda, por primera vez en cinco días. Los platos están escritos en una pizarra en la que con tizas de colores se invita a la salivación incontrolada. “Pollo a la pobre”, “Bifé a la pobre”, expresión que llama mi atención y yo, que pregunto más que un funcionario de migración, no tardé en increpar al mesero. Me dijo que “a la pobre” significa acompañar la carne o el pollo con papas fritas, cebollas caramelizadas y un huevo frito. ¿Y eso es “a la pobre”?, pregunto con cierta envidia. Para mí y para muchos de mis coterráneos está muy bien comer “a la pobre”. Me traen mi comida y empiezo con la parsimonia de quien quiere que dure para siempre, a disfrutarla, la bebida sin hielo... usan poco, por no decir nada, el hielo, los chilenos... ¡Dementes!, ¡dementes!, ¡dementes!, grita mi otro yo imperceptible. Frente a mí un perro lanudo, tupido y redondo ha hecho hogar bajo mi mesa, con tanta familiaridad que parece mío. Quienes caminan resoplan como quien levanta pesas, mientras las gotas de sudor hacen turismo extremo en sus rostros. Siguiente parada: Centro Cultural Gabriela Mistral. Tengo que seguir si quiero aprovechar el resto del día. A mi paso, dejo un Chile homogéneo pero dividido, amable y hospitalario al que espero volver pronto. ** María E. Del Valle de Villalba http://www.letralia.com/firmas/delvalledevillalbamariae.htm Docente venezolana (Caracas, 1970). Graduada de profesora en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (Upel, http://www.upel.edu.ve; 1992), con especialización en historia económica y social de Venezuela en la Universidad Santa María (USM, http://www.usm.edu.ve), con maestría en historia económica y social de Venezuela, tesis con mención publicación y summa cum laude. Doctora en ciencias de la educación en el Instituto Pedagógico de Caracas (http://150.187.142.39). Coordinadora del Núcleo de Investigaciones Geohistóricas Lisandro Alvarado, cuenta con proyectos financiados por la Upel y con participación de la Universidad Complutense de Madrid (UCM, http://www.ucm.es), con proyectos financiados por el Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Investigación (Fonacit, http://www.fonacit.gov.ve), investigadora certificada de la UCM, el grupo internacional Concilium y del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg, http://www.celarg.gob.ve), ponente regular en eventos nacionales e internacionales, adscrita a la línea de investigación Ciencias del Lenguaje y con investigación, desde 2004, en el área de análisis del discurso. Profesora ordinaria de la Upel e investigadora acreditada del Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (Cyted, http://www.cyted.org), la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid, http://www.aecid.es) y la Universidad Católica de Temuco (http://www.uctemuco.cl; Chile). === No entren al 1408 ===================================================== === Antología en español tributo a Stephen King Jorge Luis Cáceres === No entren al 1408 Antología en español tributo a Stephen King Editorial La Biblioteca de Babel, Ecuador Selección, cuidado y concepto de edición: Jorge Luis Cáceres Escritores antologados: Mariana Enríquez (Argentina) • Juan Terranova (Argentina) • Luciano Lamberti (Argentina) • Jorge Enrique Lage (Cuba) • Francisco Ortega (Chile) • Jorge Luis Cáceres, http://www.letralia.com/firmas/caceresjorgeluis.htm (Ecuador) • Abdón Ubidia (Ecuador) • Solange Rodríguez Pappe (Ecuador) • Eduardo Varas (Ecuador) • Patricia Esteban Erlés (España) • David Roas (España) • Santiago Eximeno (España) • Paula Lapido (España) • Sergi Bellver (España) • Juan Soto Ivars (España) • Marina Perezagua (España) • Alberto Chimal, http://www.letralia.com/firmas/chimalalberto.htm (México) • Cecilia Eudave (México) • Antonio Ortuño (México) • Gabriel Rimachi Sialer, http://www.letralia.com/firmas/rimachisialergabriel.htm (Perú) • Carlos Calderón Fajardo (Perú) • Rodolfo Santullo (Uruguay-México) ¿Qué lugar ocupan los libros de Stephen King en su biblioteca material? ¿Y en la mental? En la de los veintidós escritores de España y Latinoamérica que le rinden tributo en la antología No entren al 1408 (La Biblioteca de Babel, Ecuador), el espacio es amplio. El resultado es una serie de cuentos impregnados del espíritu de King, que suponen una suerte de exploración de las relaciones de una generación de escritores con una de las figuras más odiadas y admiradas de la literatura contemporánea. Los 46 años desde la publicación del primer cuento de Stephen King, que apareció “en un fanzine de terror dirigido por Mike Garrett, de Birmingham (Alabama), bajo el título ‘In a Half-World of Terror’, o como el autor lo bautizó originalmente ‘I Was a Teen-Age Graverobber’ (‘Fui un ladrón de cadáveres adolescente’)”, Editorial La Biblioteca de Babel los quiere celebrar con la edición de esta antología a manera de tributo, que cuenta con la participación de 22 escritores de España, Ecuador, Argentina, México, Perú, Chile y Cuba, atrapados dentro de la habitación 1408, con el afán de explorar los temas planteados en la obra de Stephen King como la extrañeza, lo insólito, el terror en su máxima expresión o lo fantástica que puede resultar la vida cotidiana. Este libro plantea la formulación del miedo como algo muy personal, es decir “lo que nos asusta varía ampliamente de un individuo a otro”. Por tal razón no hay que tomar a esta antología como un catálogo de horrores, sino como una concepción individual del miedo. “Lo que vale es la historia, no el que la cuenta”. Las diez colecciones de cuentos, relatos y novelas cortas escritos por Stephen King, editados desde 1978 hasta 2010, son una clara muestra del dominio técnico y estético de la narrativa, posicionándolo como uno de los grandes maestros del terror. En sus historias desmenuza la cultura estadounidense, sus costumbres más arraigadas y su fanatismo religioso, y da origen al mito de los pequeños poblados como territorios malditos donde transitan monstruos, payasos, automóviles poseídos y escritores atormentados bajo la sombra del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. King reconoció: “El terror como la principal emoción del ser humano, así que trato de aterrorizar al lector”, volviéndose un icono de la cultura popular, uno de los imprescindibles como Edgar Allan Poe, H. P. Lovecraft, Robert Bloch, Ray Bradbury, Richard Matheson o el propio Jorge Luis Borges. ** Jorge Luis Cáceres http://www.letralia.com/firmas/caceresjorgeluis.htm Escritor ecuatoriano (Quito, 1982). Es graduado en leyes por la Universidad Internacional del Ecuador (http://www.uide.edu.ec) y tiene una maestría en criminología y ejecución penal por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB, http://www.uab.es). Ha escrito los libros de cuentos Desde las sombras (Ediciones El Conejo, Quito, 2007) y La flor del frío (Ediciones El Conejo, Quito, 2009). Como antologador preparó una muestra electrónica de narradores contemporáneos ecuatorianos para la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx) bajo el título Lo que haremos cuando la ficción se agote (Punto en Línea, México, 2011). Ha sido incluido en la antología binacional contemporánea peruano-ecuatoriana de cuento El desafío de lo imaginario (Lima, 2011). Varios de sus textos han sido publicados en revistas y suplementos impresos y virtuales de México, Perú, Venezuela, Argentina y Chile, como Punto en Línea (http://www.puntoenlinea.unam.mx; Unam), El Otro Cielo (http://www.otrocielo.com), Los Poetas del 5 (http://www.lospoetasdelcinco.cl), entre otras. Ha colaborado como conductor del segmento cultural El Círculo Imperfecto de Radio La Luna (http://www.radiolaluna.com). Obtuvo la beca Maec-Aecid (2009-2010) otorgada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid, http://www.aecid.es). También estudió escritura creativa en el Laboratorio de Escritura (http://laboratoriodeescritura.com) de Barcelona, España. === La gran novela del escritor Manuel Lasso: El Carnicero de Lyon ======== === Manuel Gutiérrez Sousa ================================================ De impecable redacción y de una realidad sorprendente, esta es una historia arrancada del corazón del Maldito, una novela extraordinaria de Manuel Lasso que muestra el alma del asesino de vocación Klaus, El Carnicero de Lyon (Milabar Works, 2012). Se le puede encontrar en http://amzn.to/WfQRVw. Nos pinta a la perfección ese ambiente de terror con las imágenes de Hitler por todos los muros y rincones de los palacios. Ciertamente el Nacionalsocialismo hizo de dos grandes genios sus primeras víctimas. Uno fue Wagner, el gran Richard Wagner. Ningún artista ha levantado tanta pasión de amor y odio, como dice Thomas Mann en su hermoso estudio en francés Les douleurs et la splendeur de Richard Wagner. Este hombre llevó una existencia pobre, empujado por la intensa inquietud, el tormento, poseído de sus personajes, buscando mujeres de buen peculio para poder sobrevivir y desconocido para terminar en la gran gloria de la construcción de su gran teatro en Bayreuth. El otro personaje fue el maestro Nietzsche. Ninguno de ellos es culpable de que el Nacionalsocialismo lo tomara como símbolos de un valor que ellos estaban lejos de practicar y de una libertad que los hizo diferentes a todos. Esta gran novela de Manuel Lasso, que se habrá de convertir en un hito en la literatura de la defensa de los derechos humanos, se desenvuelve en el periodo de ocupación nazi. Empieza en L’Ecole de Santé Militaire, cerca del Rhône, especifica el narrador en el Hotel Terminus, mientras que el ambiente wagneriano es intenso y propio de un teatro musical, Die Walküre, lamentablemente expropiado por el totalitarismo socialista, en este caso el nazi, que contribuye enormemente a dar inicio a ese espacio wagneriano de la novela. También se exaltaban los mitos germánicos que no tenían nada que ver con el nazismo. Wagner siempre estuvo movido por la lucha del bien y del mal, como lo hiciera Goethe con su gran Fausto. Cualquier obra wagneriana expresa esa lucha, el drama del hombre entre elegir el bien o el mal. Veamos por ejemplo que del Parsifal, donde la filosofía shopenhaueriana de la piedad tomada por Wagner con una mezcla del cristianismo, surge la gran leyenda del Grial, el vaso donde Jesús en Jueves Santo bebió la última gota de su martirio. Le Vaisseau Fantôme o El Barco Fantasma, el barco maldito que jamás puede llegar a puerto alguno, la nave lúgubre pilotada por su capitán, un holandés errante que seguirá así por los mares hasta el juicio final a menos que sea salvado por una mujer. Voilá el eterno femenino que eleva al hombre a Dios y que reivindicó a Goethe en el camino a las alturas celestiales, léase el tormento de su Fausto. Y así, de la profundidad y del gran contenido del alma humana salen sus dramas musicales. Evidentemente Wagner introduce a la ópera un elemento propio de él, el teatro, ese drama intenso y a veces demasiado largo. Baudelaire, el gran poeta de la llamada civilización francesa, tiene un hermoso trabajo, L’Art et La Revolution, sobre Wagner cuando estuvo en París para presentar su Tannhäuser. En una carta que continúa su escrito dice: “Je veux vous dire que je vou dois la plus grande juissance musicale que j’aie jamais épruvée...”. Esta novela, El carnicero de Lyon, nos recrea con toda sutileza de realidad la caída de esta ciudad de Lyon. Veo y me parece escuchar las pisadas de los nazis desfilando por sus calles, entonando sus canciones típicas del folklore germánico, como muy bien las describe Manuel Lasso: “Vorwarts, immer vorwarts!” (“¡Adelante, siempre adelante!”). Toda esta dictadura, como lo fue también la bolchevique, lo que buscaba era aterrorizar, imponer el horror y el miedo como los famosos tanques Panzer que avanzaban por las calles para espantar a los curiosos. Interesante el estallido de la bomba que hace volar al soldado nazi que homenajeaba a la estatua de Luis XIV, a quien le cantaba el Horst Wessel. De pronto aparece Klaus, tal cual es, quien antes era un sombra que recorría las habitaciones de tortura para encontrar la verdad, es decir, a los enemigos. Un torturador que se deleita con los pájaros, loros habladores, así quiere parecer que tiene algunos afectos tiernos que lo hacen muy humano. Luego que uno de los loros canta, en uno de los capítulos más brillantes de la novela: “¡Muerte a Hitler!”, intentará cazarlos, pero éstos salen volando. Seguidamente vienen los grandes episodios por mantenerse en Lyon. El coronel S.D. Fritz Harteck, ofuscado con el ataque de la resistencia francesa que lo vuelve loco, busca la ayuda del general Hans Herbert Auerbach, quien antes de la guerra había sido algo así como un “viviani”, es decir un vividor de la calle que sabía de todo. Como se diría en mi barrio de Lima era un todólogo, desde mago hasta figura de circo, cuya vida se había desarrollado entre elefantes, tigres y pajarracos, y era ampliamente conocido como el Faquir de Berlín. El general le explica que no estaba de acuerdo con enviar una división Panzer a los bosques de Ain, porque esos soldados eran reservistas y esperaban que terminara la guerra para volver a Alemania y descansar en paz, y los nuevos combatientes eran muy jóvenes, inexpertos en las armas que podían caer fácilmente en manos de la resistencia. La novela cobra más realce donde la magia y la brujería inquietan más a los generales alemanes que a la resistencia. Al no poder capturar a ningún maqui deciden ir tras el alcalde de Oyonnax con resultados negativos, porque este hombre como un brujo se perdió en los bosques. Los mil años de dominación aria que predijeron los astrólogos del nacionalsocialismo se hicieron pedazos al ritmo de los Nibelungos y se acaba la estadía del asesino Klaus en Berlín. Luego vemos a este siniestro personaje, pintado magníficamente por Manuel Lasso como un rubio paseando por los portales de la plaza San Martín, feliz de la vida, sin culpa ni noción del mal. Sabemos que le gustaba el café de Chanchamayo, luego se perdía por el Campo de Marte, soñando tal vez en reconstruir una fuerza del crimen. Solía frecuentar el hotel Crillón con sus amigos, pero a diferencia del gran Wagner no sabía nada, no tenía oído musical, prefería ir a un restaurante y comer su plato de ceviche haciendo comentarios sobre mujeres. Siempre le acompañaba su amante Casandra, una morena de origen cubano que solía bailar el mambo de Pérez Prado, era un espectáculo, no sabía de política y creía que su rubio amante era un ángel. Ella era devota de la Virgen de la Caridad del Cobre y solía abandonarse tanto a la música de Pérez Prado y al baile como a las intensas plegarias suplicándole a la Virgen que le diera amor y paz. No sabemos si tuvo abundante amor y paz, pero sí mucha fe y mucha alegría para invocar a su santísima Virgen del Cobre. El personaje Klaus se desenvuelve tanto en Francia como un experto en la tortura, como en Lima. Es maravilloso cómo Manuel Lasso nos lo presenta en esta hermosa ciudad de los jardines; evidentemente, el carnicero Klaus, que tenía como oficio torturar y deportar judíos a Auschwitz, en Lima se siente feliz, acompañado de su hermosa cubana que baila perfectamente el mambo de don Pérez Prado, desnuda para él como si fuera una virgen salida del mar. No hay duda de que esta mujer se queda con el carnicero Klaus porque es un ángel hermoso del mal, un rubio brillante con bastante glostora en el pelo; podríamos pensar que al fin este personaje en Lima se redimiera lejos del movimiento envolvente del nazismo, pero no, siguió inmerso en las salas de tortura con toda la seguridad que el Estado le ofreciera. Así pasó de prestar servicios a Estados Unidos como luego al Perú. Se dice que se le vio caminando por la vieja Prefectura, de prisa a cumplir con sus obligaciones de coaccionar al detenido con los golpes y las amenazas. La sicología nos ha señalado los horrores del hombre levantado en su soberbia de la Torre de Babel, así Hitler y su movimiento socialista, nacionalsocialista, se propuso construir el hombre nuevo; Lenin y Stalin se identificaban en que no necesitaron un hombre libre y en los horrores que desarrollaron, en su deseo y ansia de crear algo nuevo para el hombre mediante el crimen y la mentira. ¿A dónde conduce un régimen a base de mentira? A través de este personaje, magistralmente desarrollado en la novela El Carnicero de Lyon, el tal Klaus, el autor nos lleva por los episodios de un régimen en picada, el nacionalsocialismo. No es casual que todos estos proyectos de mejorar al hombre de raíz, desde sus genes, tienen un común denominador: el socialismo ha irrumpido como dictadura del mal, porque primero acaba con la libertad que tanto decían defender, luego todo lo someten al poder único de un partido que es a la vez el Estado. En sus inicios fue Lenin, el cabeza de gato, su cabeza era pequeña, más que inteligencia en su corteza gris había astucia y obsesión, lo mismo se podría decir de los demás paranoicos sociales, los monjes del terror, de costumbres raras para el común normal de la gente, nula vida afectiva, sensual, ese amor al prójimo que podría encajar en todos los socialismos que veremos se convirtió en totus crimen sine lege, contrario al derecho que dice nullus crimen sine lege. Félix Dzerzhinsky, un socialista obsesivo por exprimir la verdad, creador de las famosas checas para fines sociales de tortura y muerte, para detener al sospechoso, estas famosas checas las introduce en España la república del crimen y del terror, Laurencic, arquitecto de la muerte, recogido por Indalecio Prieto para hacer más efectivo el terror de la república contra católicos y disidentes. Los socialistas alemanes también perfeccionaron la tortura con los judíos, polacos, ¿por qué?, ¿qué pasaba en el alma de este colectivo socialista de Alemania conocidos como nazis? Ciertamente no hay lógica para el crimen como ese anhelo, mejor dicho obsesión, para hacer sufrir al otro y matarlo, solamente es el ansia de cortarle la libertad al otro y que todos sean iguales en el pensar y actuar. Este criminal, más conocido como el Carnicero de Lyon, uno más dentro del organigrama del crimen social, pueden agregarse todas las razones partidistas que pretendan justificarlo, a uno y otro, como etnia diferente, raza superior, que es lo mismo, espacio vital, predominio de una lengua, que ya la sociología en sus inicios con Gobinau y Chamberlain habían desarrollado al hablar de la raza superior, de la cual otro mediocre español de nombre Sabino Arana toma los arquetipos para especificar a los vascos con su ansia de espacio vital y su diferencia lingüística, así se justifica el intenso terrorismo en Vasconia que cuenta con el apoyo de sus autoridades y hasta del gobierno de turno en España, de tal modo que ese terror se ha convertido en una necesidad del Estado, dentro de las apariencias de libertad y democracia, con más de trescientos mil vascos en el exilio, en tiempos actuales. Veamos a Klaus, el alma del mal, y en esta frase horrorosamente hermosa entran todos estos socialistas del siglo XIX que inundaron Europa de dictaduras, lo que Nietzsche, mi gran Nietzsche, llamó “la bestia rubia” llamada a sembrar la barbarie en el mundo. Independientemente de las etnias, el crimen político cada vez se genera más en el ansia de conservar y extender el poder para perpetuarlo. Después de leer este libro, me quedé con una sensación de gran felicidad y con la percepción de que había sido encantado por una gran novela en la que el lector se ríe y se ríe y se sigue riendo, con un humor que fluye libremente, como propulsado por un genio cómico, dejando en la página escenas hermosas como si fuesen perlas en un inmenso desierto y con la sensación de estar presenciando el surgimiento de un nuevo maestro de las letras. ** Manuel Gutiérrez Sousa http://www.letralia.com/firmas/gutierrezsousamanuel.htm Filósofo, poeta y novelista peruano (Camaná, El Cardo, Arequipa). Estudió filosofía y letras en la Universidad Nacional de San Agustín (http://www.unsa.edu.pe), en Arequipa, y filosofía y sociología de las religiones en la http://www.ehess.fr Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París. Ha publicado Así me dijo Arturo (Premio Vicente Blasco Ibáñez, España), Los perros mueren en Cuba (Lima) y Los hijos del orden (Lima). Con el seudónimo “Krufú Orifús” publica poesía agrupada en el título Cantos de amor a la tierra (Lima). === Provocación, de Stanislaw Lem Carlos Gerardo González Orellana === Provocación Stanislaw Lem Editorial Funambulista 2006 3ª edición Escribir una reseña sobre este libro de Stanislaw Lem significa escribir una reseña sobre un libro de reseñas de libros que no existen. Así pues, entusiasmado por la irrelevancia patética que el acto significa, hablaré en este breve ensayo sobre los dos textos que Lem describe en su primer libro: Provocación. El primer factor que determina la interpretación más evidente del texto es su título, ya que se trata de dos textos aislados en apariencia. El título amarra los elementos aislados que aportan las dos reseñas incluidas en el libro. La primera habla sobre el trabajo del doctor en filosofía Horst Aspernicus: Der Völkermord (El genocidio). Un libro que trata sobre “la solución final de la cuestión judía” emprendida por los nazis a mitad del civilizado siglo XX. Una exterminación que Lem, parafraseando a Aspernicus (y yo, parafraseando a Lem), califica como el primer genocidio cuyo fin era ese: exterminar un determinado grupo de personas culturalmente vinculadas. Sin ningún motivo económico o político bien definido. La segunda reseña resume el trabajo de compilación y consolidación estadística emprendido por J. Johnson y S. Johnson en One human minute (un libro que, según Lem, “reclama su publicación” debido a que “nada excita más a los editores que un libro que no hay que leer, pero que todos deberían tener”). One human minute presenta, con datos brutos y poca interpretación, estadísticas de lo que sucede en el planeta durante un espacio de tiempo de un minuto. Se trata de un libro, si se le podría calificar así, siniestro. Un acercamiento en un primerísimo plano de la humanidad, desde donde se puede ver, al detalle, las fobias, las costumbres, las aproximaciones más despreciables de lo grotesco. Cuando Foucault, haciendo alusión al inconsciente, afirmó que el ser humano no existía sino sólo a partir de lo que él no puede determinar; seguía un modelo de razonamiento parecido al modelo de los Johnson. En One human minute se demuestra la inexistencia del ser humano, pero a partir de la determinación que de él hace la colectividad de su especie. La reducción menos digna lo identificaría como un punto en una función de probabilidad. El trabajo de Aspernicus (alemán, por cierto) es sal sobre una herida aún fresca. Esboza las diferentes variantes de justificación del genocidio, sopesando incluso el beneficio económico. El proceso argumentativo es digresivo, tangencial al inicio, pero el eje focal es siempre el mismo: determinar qué llevó a los nazis a efectuar una matanza colectiva de la forma en que lo hicieron. Y es que la forma que tomaron los mecanismos de muerte era, según Aspernicus, según Lem, la menos rentable de todas las formas posibles. Para ello se sopesan otras maneras de reducción poblacional, incluso la de la infertilidad y la separación por sexos de los prisioneros: formas que no incluyen algún tipo de violencia física como medio de acción y una reducción significativa de trabajo logístico. La provocación de Aspernicus (de Lem) es esa: demostrar que el genocidio fue un hecho arbitrario, injustificable en cualquier sentido. Cuya finalidad más próxima, aparentemente, era la satisfacción del sadismo. El goce del sufrimiento. En la película de Pasolini Las ciento veinte jornadas de Sodoma, en la que adapta (o desadapta) el libro homónimo del Marqués de Sade contextualizándolo en la Italia fascista, se presenta a los discípulos de Mussolini quemando con velas encendidas los penes y los pezones de jóvenes adolescentes para su satisfacción erótica. En algún momento de la reseña se niega esta tesis, adjudicando los actos de sacrificio a una asunción: la asunción de la justicia divina. Que nadie diga que entre esos asesinos justamente indignados se encontraban los lectores del Marqués de Sade —que 150 años antes inventó comedias similares, con deicidio in effigie— y que los soldados de la SS le plagiaban. Intercediendo por los niños cuyas calaveras esparcían poco después, en una farsa de la justicia tan mal cosida que en seguida se hacía pedazos, demostraban involuntariamente su fidelidad a la verdad inexpresable del genocidio como sucedáneo de la ejecución de Dios (p. 78). Como afirma en unos párrafos precedentes al anterior, los signos divinos no fueron aniquilados, sino invertidos. Así, el antisemitismo era únicamente un pretexto. Los ideólogos del genocidio no podrían intentar un deicidio literal, la matanza no fue un acto contra la deidad de una religión sino la consumación de un odio aletargado junto con la satisfacción de un placer personal. Si suponemos que quien reseña la obra es el mismo Lem (como hemos supuesto hasta ahora), el libro rebasaría los límites literarios. Así, no se trataría de un texto de ficción en el que un narrador desconocido reseña dos textos de su universo ficcional, sino que se trata de una tesis presentada por Lem a través de dos libros que no existen y cuya existencia es imposible. Ambas suposiciones son válidas. La segunda parte del texto de Aspernicus, titulada Fremdköper Tod, es una “síntesis historiosófica que rebasa la descripción de hechos del primer tomo”. Se basa en la idea del “reciclaje de la muerte”. El libro comienza (según Lem) haciendo una síntesis de la relación que la humanidad ha tenido con la muerte a partir de la era precristiana. La transformación que esta relación sufrió con la aparición del cristianismo y la evolución que el concepto de la muerte ha tenido en la sociedad occidental. La importancia que la muerte cobró en la edad media fue conciliada con la concepción de una vida eterna después de ella, adjudicada en función de un juicio. En la época contemporánea, la transformación de la cultura occidental volcada a la satisfacción de la sociedad del bienestar es un factor que hace que la sociedad “se revele como un movimiento opuesto a la muerte”. Incluso, sus representaciones populares se han atenuado en el imaginario colectivo. Así, la única forma admisible de su ejecución es hacerlo en el nombre del bien: la justicia, la vida, la salvación. Ni siquiera Lem conoce a los autores de One human minute. No sabe si se trata de dos hermanos o dos esposos, o un seudónimo de un único autor que añadió S. Johnson como una referencia a Samuel Jonshon. La dimensión de su trabajo es inquietante. No se detienen a ver el funcionamiento de la maquinaria mundial en el minuto que los ocupa: un “minuto humano” como lo titularon; sino la vista al microscopio de cada engranaje, cada elemento cuya función es dudosa cuando se aprecia el comportamiento del todo. Por otra parte, el título hace una referencia a la humanidad. Un minuto humano es la forma más inhumana posible de contemplarnos como especie. Una forma muy metódica, como quien ve los tubos con embriones de Huxley en Un mundo feliz. ¿Dónde está la provocación de One human minute?: un libro que además satisface todas las necesidades del actual mercado editorial. Tal vez sea provocativo el hecho de que se trata de un texto reduccionista. Que reduce al ser humano a cifras, pero ante el que no nos podemos indignar debido a que no dice nada aparte de hechos comprobados. Lem califica el libro de los Johnson, con discreción, como un texto fantástico; pero únicamente en la medida en que fantástico es aquello que sobrepasa el entendimiento. Se trata de información que existe y que las personas dan por cierta, pero de la que no tienen conciencia. Datos irrelevantes, información con la que no sabemos qué hacer. Se trata de “un saber nebuloso, no menos abstracto que el saber que, mientras escribo, en algún lugar de Marte permanece a la pálida luz del sol un fuselaje americano abandonado (...), este conocimiento no vale de nada si no se puede experimentar”. Un tipo de conocimiento que es irrealizable para la conciencia. Cuando Lem habla del contenido, indica que el paisaje formado por los millones de cuerpos humanos revela datos que cortan la respiración. Datos tan estremecedores como simples. Las cuarenta y ocho páginas del texto que hablan sobre la muerte no se limitan a decir la cantidad de personas que mueren en un minuto, sino a hacer esta cifra digerible para la conciencia: se desglosa la muerte en la cantidad de personas muertas por agonía natural, o a manos de criminales, o torturadas, o cuántos niños son asesinados cuando nacen a manos de sus madres. El lector sabrá que cada minuto, mientras se fuma un cigarro o se afeita, habrá un determinado número de personas cometiendo suicidio. Para terminar de familiarizar al lector con los datos relacionados con cantidades de materia, los Johnson hacen comparaciones ilustrativas: el volumen total de la humanidad (un tercio de kilómetro cúbico, incluyendo huesos, músculos, bilis, sangre; que no es un volumen suficiente para aumentar el nivel del mar en una centésima de milímetro), o la cantidad de semen que se eyacula en un minuto (430 mil hectolitros, 11 veces mayor que el agua hirviente que brota del géiser más grande del mundo en cada erupción), o la cantidad de sangre bombeada con el corazón, entre otros datos. ¿Cómo indignarnos contra One humane minute? El libro, que justifica su publicación como un fruto de su época, no hace más que mostrar en un plano realizable el “gran y desnudo cuerpo de la humanidad”, encarando al lector contra una especie contra la que no se identifica, pero que es a la vez su destino. Tal vez sea un texto que indigna en lo que tiene de inhumano: ese cuestionamiento sobre la soberanía de cada persona. La negación del espíritu. Una pregunta obligada: ¿cómo unir las dos partes del libro de Lem? ¿Cómo hilvanar la exposición grotesca de los Johnson con el estudio de Aspernicus? Tal vez Lem haya dejado esta tarea a la percepción de cada lector y sea esa la invitación más certera hacia el libro. ** Carlos Gerardo González Orellana http://www.letralia.com/firmas/gonzalezorellanacarlosgerardo.htm Escritor guatemalteco (El Jícaro, El Progreso, 1987). Estudia la licenciatura en letras en la Universidad de San Carlos de Guatemala (http://www.usac.edu.gt) y tiene el título de ingeniero químico por la Universidad Rafael Landívar (http://www.url.edu.gt, 2010). Ha publicado textos en las revistas Luna Park (http://www.revistalunapark.com), Te Prometo Anarquía (http://www.teprometoanarquia.com) y Los Poetas del Cinco (http://www.lospoetasdelcinco.cl, Chile). Participó en la elaboración de libros de texto de comunicación y lenguaje para Editorial Santillana (http://www.santillana.com.gt). Además mantiene el blog Pájaros descompuestos en http://pajarosdescompuestos.blogspot.com. === Madrid desnuda y misteriosa Leonardo Maicán ====================== Las carnestolendas fechas del año de la serpiente los dediqué a releer Los misterios de Madrid, novela que por pura casualidad ya había leído en otro año de la serpiente, en 2001, pues tenía la inquietud de escribir unos breves comentarios sobre los misterios que encierran sus páginas. Esta novela del español Antonio Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956), publicada por Seix Barral (Barcelona, 1992), comienza y termina con estas palabras: “Daban las once de la noche en el reloj de la plaza del General Orduña...”. Historia circular, cíclica, como la serpiente que se muerde la cola. El punto de partida de Los misterios lo ubicamos en Mágina, modesta ciudad provinciana de donde proceden la mayoría de los personajes que dan sazón y sustancia a las 180 páginas que conforman la novela. Entre los personajes “provincianos” tenemos al protagonista, Lorencito Quesada, hombre de unos 50 años que ejerce dos empleos: trabaja desde hace tres décadas en los almacenes del Sistema Métrico y se las arregla para ejercer de reportero ocasional en Singladura, el diario de la provincia. En Mágina, cierta noche en su casa, “Lorencito, que ya se había puesto las zapatillas de paño y empezaba a notar en sus pies el calor del bracero”, recibe una repentina llamada del aristócrata y supuesto millonario don Sebastián Guadalimar, conde consorte de la Cueva, quien lo cita para las once de la noche en la iglesia del Salvador. Ya en la sacristía, don Sebastián le notifica en privado un asunto grave que en caso de trascender conmocionaría el manso río social y religioso donde se bañan en espíritu los habitantes de Mágina. Se trata, nada más y nada menos, que del robo del Santo Cristo de la Greña, icono del catolicismo que según entendidos en la materia data del año 1546, venerada imagen cuya melena y uñas pertenecieron a un misionero español que conoció el “infierno” merced a los valientes indios seminolas de la Florida, donde el no menos valiente mártir participó en la evangelización de la ex colonia española. Sufrida sorpresa causó en el ánimo de Lorencito Quesada la mala nueva, digna de un reportaje a cuerpo entero y en la primera página de Singladura. Pero don Sebastián exige prudencia y recato. Sorpresa que adquiere visos de incredulidad cuando el influyente hombre acusa del robo a un inocente Matías Antequera (quien posteriormente aparecerá muerto en el capítulo XVII, al no prestarse al juego de los verdaderos ladrones de la imagen). Lorencito se resiste a creer que este hijo ilustre de Mágina, célebre cantante de música española, haya robado la sagrada imagen del Cristo de la Greña. Don Sebastián, para convencerlo, le muestra una prueba casi determinante: el archiconocido peluquín de Matías Antequera, que presuntamente se le cayó al momento de cometer el robo (se descubrirá luego que fue un montaje planeado por Sebastián Guadalimar para inculparle). Rendido ante la evidencia, Lorencito Quesada acepta viajar a Madrid, a petición de Guadalimar, por cuyo peculio corren los gastos del viaje y la estadía del reportero de Singladura en la capital, donde se supone está (oculta en algún lugar) la santa imagen. Restan unos veinte días para el arranque de la Semana Mayor, y el Santo Cristo de la Greña, principal atracción, nunca ha faltado en la procesión de los Jueves de Pasión en más de cuatrocientos años. El reportero, ahora inexperto “detective”, es consciente de que el tiempo le apremia. Sabe también nuestro Lorenzo Quesada que ante cualquier paso en falso puede acabar convertido en una incomestible “quesadilla”. En Madrid, el desarrollo y desenlace de las acciones alcanzan sus picos máximos. No extraña que resulte de esta guisa, considerando que la mayor parte de la historia transcurre en la capital española. Para no hacer tediosa la narrativa con una enumeración secuencial de los hechos, expuesto ya el “big bang” que da origen al universo de Los misterios, abreviaré diciendo que Lorencito Quesada se lanza a la aventura madrileña teniendo un conocimiento bastante precario de la ciudad. De manera que el pusilánime protagonista, además de batallar contra gánsteres y asesinos, él, hombre de naturaleza blanda que no le planta pelea a nadie (pero que contra todo pronóstico mata a taburetazos al sicario japonés que intenta asesinarlo), tiene que batallar además contra una cosmopolita Madrid que en cierto modo le es hostil: la urbe de las horas pico, con su infernal tráfico automotor. La ciudad de los rascacielos fálicos y opulentas casas comerciales. Y más allá, los suburbios capitalinos, con sus arrabales de miseria y desolación. Pero sobre todo, Lorencito debe lidiar contra una Madrid nocturna, soterrada de vicios, que con sus prostíbulos de exuberantes mujeres y sus tabernas y bares de frontispicios iluminados en rojo, intenta seducir el alma de este buen hombre criado y educado en el temor a Dios, y que al parecer nunca ha echado una canita al aire. Se libra, pues, a lo interior de Lorencito, una lucha tenaz entre un moralismo castrador que busca reprimir sus instintos sexuales y un Eros liberador que busca plantar su bandera en la tierna loma venusiana. Entre estas dos aguas, o mejor aun, entre estos fuegos enfrentados y divinos, vacila el alma atormentada de Lorenzo. La permanencia de Lorencito Quesada en Madrid no se prolonga más de dos días, lapso en el que logra, tras sortear situaciones harto difíciles, recuperar la imagen del Santo Cristo de la Greña, salvaguardando para Mágina y sus fieles creyentes el normal desarrollo de la Semana Santa, que de otro modo habría estado signada por un escandalazo de marca mayor. Mas Lorencito no hubiera logrado su objetivo sin la preciosa ayuda de Olga, una guapísima rubia de armas tomar, quien es la que literalmente se juega el físico en el rescate de la santa imagen. Desde un primer momento, Lorencito queda prendado por la belleza de esta joven mujer, a quien dobla en edad. Mujer por la que el tímido reportero pierde la virginidad la madrugada previa al desenlace del nudo principal (clímax de la novela). Pero el final de Los misterios nos depara otras sorpresas: la bella Olga resulta ser la hija raptada de la condesa de la Cueva (esposa de don Sebastián) y del finado Matías Antequera. Raptada cuando tenía sólo días de nacida. Finalmente, es reconocida por la condesa como su hija y heredera de su título y su fortuna. De vuelta a Mágina, las esperanzas de Lorencito de establecer una relación amorosa con Olga pronto se desvanecen: “Muy erguida y muy seria junto a su madre, Olga lo miró fijamente, y pareció que iba a sonreírle, pero en seguida apartó los ojos y Lorencito la vio alejarse de espaldas entre las mantillas blancas y los capuchones de los penitentes” (cap. XXVIII). Vale agregar que don Sebastián Guadalimar es desenmascarado por el propio Lorencito, quien tras atar cabos sueltos le espeta en su cara: “Usted estaba conchabado con los ladrones. Usted tuvo la idea de enredarnos al pobre Matías Antequera, que en paz descanse, y a mí, para que nos tomaran por culpables del robo...” (cap. XXVII). En efecto, lo que buscaba Guadalimar era vender el Santo Cristo de la Greña a un multimillonario coleccionista (y contrabandista) de reliquias y valiosas imágenes del catolicismo. Historia de corte detectivesco y de aventuras, Los misterios de Madrid se nos presenta como un tejido narrativo finamente elaborado. Misterios en los que afloran asesinatos selectivos, traiciones, delaciones, dudas, sospechas... Con su novela, Muñoz Molina ha logrado darle “acabado” psicológico a un personaje (Lorencito Quesada) que ya aparecía en El jinete polaco, novela anterior a Los misterios de Madrid. Sin duda, un personaje de un perfil psicológico profundo, sutilmente inseguro, capaz sin embargo de sorprender al lector (y a sus adversarios) con sus accesos de coraje y energía cuando las circunstancias lo ameritan, sin caer nunca en la exageración y el exabrupto. Personaje de una entereza moral a toda prueba. ** Leonardo Maicán http://www.letralia.com/firmas/maicanleonardo.htm Escritor venezolano (Maracay, Aragua, 1967). Profesor de lengua y literatura, egresado con mención Magna Cum Laude de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (Upel, http://www.upel.edu.ve), en Maracay. Tiene un libro de relatos, Duelo de ases, publicado por la editorial La Liebre Libre (1995). Obtuvo una mención especial en el Concurso Semana de la Juventud (La Victoria, 1995). Mención honorífica en la I Bienal Interuniversitaria de Literatura "Simón Rodríguez" (Valencia, 2001). Cuentos suyos han aparecido en antologías, diarios y revistas del estado Aragua. Tiene un libro de cuentos inédito, titulado El sueño del Titanic. |||||||||||||||||||||||||||| ENTREVISTAS |||||||||||||||||||||||||||| === Roberto Martínez Bachrich ============================================= === “Nos gusta quejarnos de la ausencia de literatura” ==================== === Eduardo Cobos ========================================================= Para el venezolano Roberto Martínez Bachrich (Valencia, Carabobo, 1977) los libros han sido fundamentales en su vida. Comenzaría a leer desde muy pequeño, a través de una colección de cuentos chinos, eslavos, rusos, húngaros, que le proporcionaría su madre. Eran grandes volúmenes ilustrados de tapa dura. Aunque poco recuerda de esas anécdotas, mantiene viva la sensación de que fue algo divertido. Con posterioridad llegarían versiones abreviadas para jóvenes de clásicos como la Odisea o Moby Dick, las cuales intentaban completar las elipsis del recorte de texto con dibujos coloreados. No faltaron en esta suerte de aprendizaje los policiales de Agatha Christie y, con una idea más clara, sus ojos maravillados recorrerían La metamorfosis de Kafka. Al llegar a los dieciocho años buscaría el original de Melville, que se convertiría en una novela de cabecera y que devotamente cada lustro ha revisitado consecuente: “En un inicio, recuerdo que me emocionaba mucho, me costaba despegarme de ella y estaba fascinado por el Capitán Ahab. Y, bueno, por esa ballena que no terminaba de aparecer, porque tienes que recorrer casi todas las páginas para verla de cuerpo entero en los capítulos finales”, precisa. Luego se van sucediendo otros libros: los de Julio Ramón Ribeyro serían muy importantes al igual que los de Borges, Cortázar, y La peste o La caída de Camus. También admite ser asiduo a la poesía, sobre todo la escrita en el país. Con la madurez, la literatura para Martínez Bachrich se convertiría en un oficio, ya que se graduaría en letras en la Universidad Central de Venezuela, haría una maestría de escritura creativa en Turín, cátedra auspiciada por Alessandro Baricco, y conseguiría apuntalar otra maestría en literatura también en la UCV con una tesis sobre el chileno Pedro Lemebel. Con estas herramientas de estudio, y una empecinada práctica docente universitaria, le ha tocado estudiar la literatura venezolana. Y tal vez de allí ha surgido “una pasión que parecería obligada pero que en verdad no lo es”. En todo caso, asegura no tener una relación profunda con el trabajo narrativo de autores del patio. Más bien son aspectos particulares los que le han llamado la atención. El trabajo de la atmósfera, en la narrativa de su querida Antonia Palacios, o en las de José Napoleón Oropeza y Esdras Parra, además de otros escritores de esa generación en cuya obra “la anécdota se disgregó un poco. Eso fue algo que me interesó. Si nos vamos a los clásicos, me parece que, digan lo que digan, Rómulo Gallegos es un gran novelista al igual que Teresa de la Parra o Manuel Díaz Rodríguez, que a todo el mundo parece aburrirle muchísimo. Por ejemplo, su Sangre patricia me parece extraordinaria”, confiesa. En este canon añade a Julio Garmendia, quien tendría “cuentos magníficos”, al Úslar Pietri joven (“en “Barrabás” hay hallazgos”), a Carlos Eduardo Frías, Antonio Márquez Salas y Gustavo Díaz Solís. Incluye, de nuevo, la producción literaria de los 60, 70, 80, otros de sus ámbitos, desde donde rescata al Carlos Noguera de Historias de la calle Lincoln y Juegos bajo la luna, o al José Balza de D y, sobre todo, Percusión (“me parece, a su manera, una gran novela”). “Quizá tenga un gusto amplio en ese sentido. Es decir, a mí me entusiasman aspectos formales de la narración que no se relacionan conmigo, con lo que hago. Cosas que tal vez nunca exploraría, pero que, bien hechas, me interesan como lectura. Siempre se puede aprovechar algo de todo lo que se lee, porque cada libro exige un pacto distinto”, enfatiza. En cuanto a la más reciente narrativa venezolana —promoción a la que pertenece y es, tal vez, uno de sus imprescindibles exponentes—, señala: “No estoy muy al día. Por razones profesionales tengo años leyendo ‘lo viejo’ y eso me ha alejado de lo que se está haciendo ahora. Lo que he leído de Salvador Fleján, Rodrigo Blanco Calderón, Carlos Ávila y Miguel Hidalgo, entre otros, me parece muy bueno. Pero no creo que se trate de un boom ni nada por el estilo. Es, simplemente, un capítulo más de una tradición que siempre ha estado viva. Si vas década por década en el siglo XX, encuentras sin falta alguna figura, alguna obra, que por una razón u otra valió la pena”. “Nos gusta quejarnos de la ausencia de literatura, y también de ‘la literatura que no sirve’. Es una cosa de cómo miramos. Juzgamos medio siglo por dos o tres nombres, dos o tres obras. Y no nos metemos a ver qué más hallamos. En el siglo XIX había ya, sin duda, grandes escritores (Bello, Toro, González, Pérez Bonalde) e incluso en la colonia (De Castellanos, Simón, Oviedo y Baños, Gumilla, Navarrete)”, enumera. Sin embargo, Martínez Bachrich es pesimista ante las condiciones de la investigación literaria: “Trabajar aquí con literatura es muy difícil y lo es, sobre todo, para un investigador. Porque no dispones de lo que necesitas, los obstáculos florecen por doquier, los prejuicios y los intereses mezquinos desvían el trabajo. En fin, a veces es muy ingrato y mal pagado: debe ser una pasión, y pasión es también padecimiento. Durante cuánto tiempo no se leyó a Ramos Sucre o a González Rincones o a Julio Garmendia. El lector común se estaba perdiendo de grandes escritores, durante décadas. No es culpa de nadie, en el sentido estricto. Tiene que ver con el funcionamiento de las cosas en este país, con un ‘sistema literario’ que está herido, que es muy raro”. Por su parte, este escritor valenciano tiene en su haber una producción literaria diversa, la cual comprende poesía con Las noches de cobalto (2002), el ensayo con Tiempo hendido: un acercamiento a la vida y obra de Antonia Palacios (2012, Premio X Concurso Anual Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana) y el cuento con las colecciones Desencuentros (1998), Vulgar (2000) y Las guerras íntimas (2011). El taller y Desencuentros —¿Cómo fueron tus comienzos en la escritura? —Lo hice no muy en serio y escribía como todo el mundo unos espantosos poemas de amor, que en realidad eran de despecho. También hubo unos cuenticos o algo que parecía eso. Luego, en los inicios de mis estudios de educación en la Universidad de Carabobo, una carrera aburridísima, conocí gente que escribía. Con ellos intercambiaba lecturas y textos. Después me enteré de un taller, muy cerca de la universidad, que impartía Laura Antillano. Había que llevar un cuento y estabas adentro. Eso hice. —Aún era la época del apogeo de los talleres literarios. —Así es. Eso era en el año 95. Era un taller semanal donde leíamos nuestros textos y discutíamos a grandes cuentistas. Fue una experiencia fantástica, porque tomé conciencia de muchas cosas y empecé a escribir más seriamente, con cierta rigurosidad. También descubrí narradores estupendos que desconocía: Juan José Arreola, por ejemplo, que es un monstruo. —Allí, seguramente, se gestó tu primer libro de relatos, Desencuentros. —Hacíamos ejercicios narrativos. A partir de una frase, o de una fotografía, tenías que hacer un relato de una cuartilla para que pudiera funcionar la mecánica del taller. Eso me fue dando el músculo de la escritura frecuente. Escribí muchas porquerías. Pero de tanto en tanto, había un texto que no me parecía tan malo. Y en efecto, algunos de esos cuentos están en Desencuentros. Sobre todo los menos extensos. —Entonces, con toda esa experiencia vendría el oficio... Desde temprano recuerdo haber sido un poco obsesivo en la corrección. Cuando un texto me parecía que podía servir lo revisaba mucho. El taller fue muy útil en ese sentido. También el ejercicio de la síntesis: decir lo justo y rápido. Por ejemplo, iniciar el cuento a mitad de la historia, evitar demasiadas especificaciones, desvíos, ruidos. —En todo caso, creo que le faltó un poco más de reescritura a Desencuentros. ¿Estás de acuerdo? —La última vez que lo leí, como dos años después de publicado, vi muchas fallas. Cosas que de esperar un poco más hubiesen mejorado. De verdad salvaría sólo algunos cuentos. Creo que “Sobre vacas, alcaldías y postes de luz”, “Fumar en el avión”, “Avispa” y el de la estatua (“El prócer”). En este último quizás se muestre mi fijación por la cuestión de la atmósfera. Eso me interesaba mucho cuando lo escribí. Acaso sólo esos cuatro textos valen la pena. Y son cuatro de veinticinco, lo que demuestra claramente que ese libro no sirve. La porno-erótica y lo farsesco en Vulgar —Por el contrario, en tu segunda colección de cuentos, Vulgar, te muestras como un escritor con plenos poderes. —Esos relatos se piensan más como libro. Incluso el libro ya tenía un orden mental antes de estar terminado. Al escribir los primeros cuentos supe que coincidían de cierta manera temas, personajes y lugares. Por dar un ejemplo, se repetían los personajes de “Una mujer muy gorda llora”, el cuento fundacional del grupo. Y con esa idea fui vigilando el camino de los textos posteriores. Antes de terminar el volumen, la idea de conjunto ya era muy firme. De hecho, hubo otros relatos de la época que sabía no pertenecían a Vulgar y los dejé afuera. —Es verdad, sorprende la coherencia interna del libro, el tono, la estructura. —Allí hay, quizás, dos tonos. Uno serio, a veces solemne, a veces tierno, que se ocupa de tópicos que usualmente irían en otro tono. Y otro más bien cómico, a veces grotesco, que quiere ocuparse de lo que, por el contrario, debería ser muy serio. Igualmente, en la escritura traté de incorporar retazos de la cultura popular, de los referentes de la vida cotidiana. Se fueron uniendo canciones de Héctor Lavoe, Rubén Blades, Celia Cruz, Oscar D’León y La Lupe, fragmentos de películas taquilleras y no, novelas rosa y clásicos de la literatura, todo eso se mezclaba con lo que se estaba contando. Siempre son referencias que redondean la anécdota o le dan otro filón. —Estarían la música popular y la literatura... —En efecto. Reescribir el regreso de Ulises a Penélope, o el deseo imposible de Efraín por María, o recuperar esa anécdota tan insólita de Juana Inés de la Cruz y sor Filotea: la poeta le escribe a un hombre que se hace pasar por monja, a un personaje ficticio. También hay, decíamos, alusiones a películas. Esas son constantes: Midnight Cowboy o El imperio de los sentidos. Uno siempre está relacionándose con diversos discursos y con muchas experiencias del arte. Pero quizá integrar todo eso no es algo de lo que haya estado consciente entonces. Fue saliendo como automáticamente. —También habría mucho del grotesco en la composición de Vulgar. —En algún momento me dio por pensarlo como una gran farsa teatral. De cierta manera, los guiños del narrador con el lector se asemejan a los personajes sobre el escenario que intentan hacer partícipe al espectador en la sala oscura. Y de eso me di cuenta avanzado el libro. Por ejemplo, “Lluvia blanca, amarilla”, que fue, en principio, un ejercicio del taller de cuento con Carlos Noguera, termina con un telón y el aplauso del público. Entre ese telón al final y el epígrafe de Macbeth que inicia el conjunto, estaba la intención de teatralidad, los guiños al lector, los juegos con las referencias. Es decir, lo paródico y lo farsesco. —Debe ser difícil mantener ese agudo humor que está en casi todo momento de las anécdotas. —La verdad, recuerdo haberme divertido mucho escribiendo el libro. Haberme reído a carcajadas cuando encontraba la salida a algún cuento. Pero creo que esa intervención del narrador y la cosa farsesca ya no aparecerá más, fue algo que probé allí. Ese fue el detonante, el impulso o el punto de llegada que estaba buscando. Recorrer los dos extremos sin desprender lo vulgar de la referencia. Explorar el estatus de ciertas referencias culturales que son tenidas por vulgares y por poca cosa. El tipo de música del que se habla en algunos relatos. Ir alojando una galería. Hacer una gran farsa tragicómica y porno-erótica o, mejor dicho, combinar, si puede decirse así, el erotismo risible con la pornografía trágica. Porque Vulgar es un conjunto de cuentos, en el fondo, sobre el deseo enrarecido, sobre las filias y complejidades de la sexualidad humana y la perversión. —Esto último es muy inquietante, porque los personajes se relacionan con el sexo de manera a veces no muy convencional. ¿Por qué lo llamas porno-erótica? —Son prácticas sexuales al menos curiosas: la prostitución como salida a un conflicto, la zoofilia, el travestismo, la masturbación, la orgía, la necrofilia, el fetiche. Casi todo pasa por ese juego. Tratar de bajar un poco el acento sobre lo culto y lo bello, e intentar darle lugar en la escena a eso que se supone oscuro, desviado, extraño, curioso, feo. No son cuentos de amor. Más bien, como decía, son una exploración porno-erótica. Porque no hay una exploración seria del erotismo. Y tampoco son cuentos pornográficos en el sentido tradicional. Tanto el erotismo como la pornografía son subgéneros muy difíciles. Hay que tener una muy buena pluma para practicarlos bien. Esto está siempre a mitad de camino, y a mitad de pluma: en el umbral, en la poquedad, en la falla. —¿Pudiera haber algo de Boris Vian en esas “perversidades”? —He leído poco a Vian. Pero lo leí mientras escribía Vulgar. Y lo cito en alguna parte. Estaba presente Patricia Highsmith y la seca, cómica crueldad de sus Pequeños cuentos misóginos. Y también la ironía de Ribeyro, ese humor que a veces raya en lo grotesco. Piñera y Arreola, también, por el lado del humor absurdo. Creo que es una cuestión que está en muchos de los grandes cuentistas. En Chéjov era más atemperado. Cuando lees eso algo se te contagia, se te pega o intentas explorarlo. Las guerras cotidianas —Llama la atención que hayan pasado tantos años entre Vulgar y Las guerras íntimas. ¿Cómo fue el proceso de escritura de este último libro? —La primera versión estuvo lista en 2001. Algunos cuentos los escribí paralelamente a Vulgar, sólo que era otro tono, eran otros temas. Eran dieciséis textos más o menos breves. No se publicó y pude revisarlos mucho. Fui quitando. Mientras tanto escribía otras cosas. Al fin quedaron sólo cinco, de aquellos primeros, en esta última versión. Y otros que hice hasta 2007. —¿Habría una maduración? —Supongo que sí. Esa distancia, esos años, te permiten pensar mucho, reescribir y reordenar. Y creo que, como se diría, salió una colección de relatos más o menos decente. Una cosa mucho más meditada, más lentamente procesada. Hay un trabajo profundo de reescritura que no había en ninguno de los otros libros. Bueno, y esa cosa de que si un cuento te interesa y lo reescribes y no te convence quizás lo botas. Y te vas quedando con los que te producen una sensación de que funcionan. Aunque no sé exactamente cuándo ocurre. Los leo y digo “esto sirve”. —¿Cuándo dejarías de revisar? —El lector que hay en uno te dice: “este cuento va”. Si hubiesen pasado más años, quizá ya no sería este libro. Pero con Las guerras íntimas me siento menos inseguro. Justamente por ese largo trabajo de redefinición y reescritura. Tal vez no sean cuentos extraordinarios. Pero creo, digamos, que hay diez textos con los cuales estoy hasta cierto punto conforme. —¿Cuál sería la diferencia formal de Las guerras íntimas? —Son historias que se dejan vivir ellas mismas. Quizá un narrador dedicado a su anécdota, sin distraerse como sucedía con la ficción en la ficción de los anteriores libros. Además, cambia la autoconciencia de los personajes de que son literarios o son una farsa o una ficción. Eso, que a ratos pesaba en Vulgar, ya no está. —En todo caso, se percibe la constante de tus temas anteriores. —Hay quien dice que uno está escribiendo siempre la misma obra. Y si te pones a ver estos cuentos también son vulgares desencuentros, o los anteriores eran ya guerras íntimas. Porque son batallas en un ámbito cerrado, entre pocos personajes. Batallas muy nimias, domésticas, privadas, íntimas. Y giran en torno a relaciones familiares deshechas, parejas fracturadas, crisis laborales, amistosas, del corazón, en fin... —¿La necesidad de expresión residiría en el ocultamiento del narrador? —Puede ser. Porque cómo cuentas estas historias, la de un paranoico que teme a las mesas, la de unos mitómanos que asesinan por teléfono, la del fantasma de una enfermera decapitada, la de una familia que huye de la guerra, la del pintor que se va de caza y no regresa, la de la chica que cambia de novio una y otra vez en un mismo círculo de amigos; cómo cuentas esas guerras íntimas tratando de no participar, de que la historia viva por sí misma. Cómo puedes hacer, en tanto narrador, que eso funcione. Quizá sea desapareciendo. Creo que Quiroga y Cortázar han reflexionado sobre esa disolución necesaria de la visibilidad del narrador en sus poéticas. Eso no pasaba en Vulgar y creo que pasaba, a veces y mal, en Desencuentros. Aunque acá el tono cómico, grotesco, estaría aún de alguna manera en “Los colores oscuros”, “Sifilíticos e integrados” o “Densidad de las mesas”, ese tono quiere hacerse neutro, pretende una cierta naturalidad: se invierte el artificio, de lo que se trata es de que no se vean los modos de construcción del mismo, que todo pase como si nada, como si, en efecto, estuviera pasando sin que nadie te indique: “esto está pasando”. Evidentemente, en el fondo, este es también un artificio. Ribeyro decía que “la literatura es afectación”, y que cualquier tentativa para no parecer afectado no es sino “una afectación a la segunda potencia”. —También se evidencian diferentes registros. Por ejemplo, el tratamiento de atmósfera que está presente en “Aguas perdidas, aguas encontradas” y “Densidad de las mesas”. —Algo del trabajo de la atmósfera, que me obsesionaba hacía tiempo, debe haber quedado allí. Sin embargo, son cuentos muy diferentes. “Aguas perdidas...” es un relato moroso, donde está una situación más bien tensa que intensa (pero la tensión, dice Cortázar, es otro modo de construir la intensidad), que es la batalla contra la muerte del chico en el agua. Y esa lucha entre el personaje y el mar nadie la ve y a nadie le interesa. Vuelve a ser íntima. Pero se llega a ella acumulando situaciones aparentemente inconexas que, no obstante, están preparando ese momento del cuento: la batalla final. Mientras que en el otro relato que mencionas, en “Densidad...”, el ritmo es mucho más veloz. No hay desvíos. Seguimos un único hilo narrativo que va derecho a la consumación, a la tragedia. —En este sentido, llama la atención “Blanco” por parecer un cuento de horror. —No lo sé. A mí me parece admirable un buen relato de horror sobrenatural, que así es como los llamaba Lovecraft, uno de sus más grandes exponentes. Aquellos en que el lector pacta con lo increíble y se desplaza toda lectura racional. Es dificilísimo hacerlo bien, y es lo que intenté en ese cuento, pero no sé si lo logro. El cuento narra lo que la protagonista ve: el regreso de una muerta sin cabeza. No quise, cuando escribí el texto, que se leyera como que ella alucinaba. Pero esa lectura otra, la de lo fantástico, la que permite el acercamiento racional al hecho, es evidentemente posible. Porque allí también se cuenta lo que se dice en el hospital: que la enfermera se ha vuelto loca. En definitiva el lector es el que debe decidir. Ambas lecturas, creo, son posibles. Y allí hace cuerpo mi fracaso. —¿Estás en otro trabajo? —Estoy escribiendo nuevos cuentos, pero no estoy pensando en libro aún. A lo que tengo en proceso le falta mucho para cerrarse. Poco a poco van saliendo cosas, muy lentamente. Estoy escribiendo también mucho ensayo. Lo que sí tengo cerrado es en poesía. Pero publicar poesía en este país se hace hecho muy difícil: cada vez hay menos editoriales que contemplen una colección de poesía. La poesía no se vende, dicen. Razón importante, entonces, para escucharla y atenderla. Género afortunado, la poesía, que logra escurrirse y sortear, felizmente, los barrotes del mercado. ** Eduardo Cobos http://www.letralia.com/firmas/coboseduardo.htm Escritor y traductor chileno-venezolano (Santiago de Chile, 1963). Reside en Caracas desde 1990. Es licenciado en historia y candidato a doctor en ciencias sociales por la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve). Artículos, traducciones y relatos suyos han aparecido en diversas publicaciones de Venezuela, España, Argentina, Chile, Italia y Francia. Ha publicado Pequeños infectos (Fundarte, http://www.fundarte.gob.ve, 2005), La muerte y su dominio: el Cementerio General del Sur en el guzmanato, 1876-1887 (Centro Nacional de Historia, CNH, http://www.cnh.gob.ve; 2009), 19 de abril de 1810 (BCV, 2010) y Miranda y la expedición emancipadora de 1806: el deseo inacabado de libertad (Banco Central de Venezuela, BCV, http://www.bcv.org.ve; 2010), así como libros de traducciones suyas de los autores brasileños Lêdo Ivo, Affonso Romano de Sant’anna y Moacyr Scliar. Además, ha sido incluido en diversas antologías. Ganador de una mención especial en el III Concurso de la Fundación para la Cultura Urbana (2003) y del Premio de Narrativa Fundarte (2005), así como del Premio de Investigación Humanística y Educativa de la Facultad de Humanidades y Educación de la UCV (2008), entre otros reconocimientos. ||||||||||||||||||||||||||| SALA DE ENSAYO |||||||||||||||||||||||||| === La representación de la mujer en Yerma, de Federico García Lorca ====== === Andrea Estling Mendoza ================================================ Una no nace, sino que se convierte en mujer. De Beauvoir Tal como lo afirma De Beauvoir en The Second Sex, lo que construye a la figura femenina son las fabricaciones sociales y psicológicas que se le imponen dentro de la sociedad tradicionalista. A consecuencia de esto, la mujer es segregada, aislada y usada como objeto y sujeto dentro de la cultura patriarcal. Este patrón impuesto sobre la mujer no es algo nuevo, este legado viene desde los conceptos del marianismo, donde se plantea que la mujer debe ser sumisa, abnegada y virginal, es decir, todo lo opuesto al hombre (Gutiérrez 215). Es evidente que en la trilogía rural de Federico García Lorca se siguen algunas de estas líneas marianistas. En Lorca: tragedia y mito, de Carlos Feal, se señala que la mayoría de las obras de teatro de Federico García Lorca tienen como protagonistas a figuras femeninas, y como eje central los problemas y las preocupaciones que ellas tienen dentro de la sociedad de la época (11-12). Asimismo, se explica que dentro de sus obras teatrales se encuentra la trilogía rural, la cual se clasifica en tres grandes dramas: Bodas de sangre (1993), Yerma (1934) y La casa de Bernarda Alba (1936). La trama de la obra Yerma se desarrolla en un pueblo pequeño de España. La protagonista, Yerma, es una mujer que lleva casi dos años casada. Su gran ilusión es poder ser madre. Sin embargo, su esposo Juan, un modesto ganadero y agricultor, no parece tener los mismos deseos que su esposa. En medio de su desesperación por tener un hijo, Yerma se escapa de su casa y va a donde una curandera en busca de consejos para poder solucionar su situación personal. La mujer le dice a Yerma que tiene que hacer un ritual, y que eso la va a ayudar a que quede embarazada. Esa misma noche, Yerma, la curandera y otras mujeres se van para el cementerio a realizar la ceremonia. La protagonista, después del rito, se va a donde la curandera para que le diga qué debe hacer después. Entre tanto, su esposo llega a la casa y, al darse cuenta de que Yerma no está, se pone furioso y se va a buscarla. Cuando la encuentra en la casa de la curandera, le prohíbe que vuelva a acercarse a ese lugar, y le dice que deje de salir tanto porque eso pone en entre dicho su reputación. Toda esta situación sumerge a Yerma en una profunda depresión. Su esposo, al verla en ese estado, le dice que vayan a la romería, que María le ha dicho que tal vez allí pueda encontrar la solución a sus problemas. Los días pasan y cuando ellos están en este ritual, una vieja le dice a Yerma que se vaya con su hijo, que ella está segura de que él le podrá dar el hijo que ella tanto anhela. Yerma, se enoja mucho y le dice que ella es una mujer honrada, y que nunca sería capaz de tener relaciones sexuales con un hombre que no sea su esposo. Ella se va muy triste a su campamento y cuando llega le pregunta a su esposo que si él tiene el mismo deseo de tener un hijo. Juan le dice que a él no le interesa tener un hijo. Yerma, al escuchar esta respuesta, se lanza contra él y lo estrangula. En Yerma se observa la representación de la mujer basada en las dicotomías tradicionales de la sociedad patriarcal. De acuerdo a las estructuras androcéntricas imperantes de la época, Yerma es subyugada a estar dentro del espacio genérico y al mismo tiempo se ve obligada a reprimir su deseo sexual convirtiéndolo en un acto meramente reproductivo, aunque Yerma sigue algunos de estos parámetros que le son impuestos desde su nacimiento. Ella logra subvertir estas normas a través de su conducta rebelde, el rompimiento de los espacios que le son asignados por la sociedad, y la constante búsqueda de su maternidad, a pesar de la negativa de su esposo. Algunos estudiosos definen el género como una construcción social y cultural de un país. David Reed Shaffer, en Psicología del desarrollo: infancia y adolescencia, dice que el género es adjudicado al individuo de acuerdo a los valores y conductas que la sociedad considera apropiados para los miembros de su sexo biológico. Además, explica que muchas de estas sociedades patriarcales se basan en una división de actividades en el aspecto laboral y social de una comunidad, dando roles a las mujeres y a los hombres, de acuerdo a la categoría donde hayan sido clasificados según su sexo biológico. En estas sociedades “las mujeres adoptan un papel expresivo y los varones un papel instrumental” (543). En Género, diferencias de sexo y diferencia sexual, de Marta Lamas, se explica al respecto que: Las mujeres y los hombres son percibidos por un entorno estructurado por la diferencia sexual... El género se conceptualiza como el conjunto de ideas, representaciones, prácticas y prescripciones sociales que una cultura desarrolla desde la diferencia anatómica entre los sexos, para simbolizar y construir socialmente lo que es “propio” de los hombres (lo masculino) y lo que es “propio” de las mujeres (lo femenino) (1). Esta división de géneros y roles está marcada en Yerma, a través de algunos personajes femeninos y masculinos. Por un lado, a la mujer se le imponen roles específicos como el de ser esposa y cumplir con las labores domésticas. Por ejemplo, la protagonista no se casa por gusto, sino porque su padre lo ha decidido, lo que se ve en la afirmación que ella hace cuando está hablando con otra mujer: “Mi marido es otra cosa. Me lo dio mi padre y yo lo acepté” (50). Esto muestra cómo la mujer debe acatar las órdenes del ente masculino, y conformarse con las decisiones que éste tome. Esto quiere decir que la mujer está predestinada a cumplir con el rol de esposa aunque no quiera y que su papel en la sociedad está limitado a estos modelos tradicionales. Esta manera arbitraria de asignar actividades y roles a las mujeres también se ve plasmada a través del personaje de la Muchacha Nº 2 cuando ella expone la manera en que se le ha condenado al matrimonio. “Porque me han casado... una se casa en realidad mucho antes de ir a la iglesia... Yo tengo diez y nueve años y no me gusta guisar ni lavar” (55). Desafortunadamente, la muchacha y Yerma son predestinadas y encasilladas a ser esposas, y a cargar con las responsabilidades de este rol. La joven y Yerma, aunque no deseen ser esposas o realizar labores domésticas, tienen que hacerlo, ya que esto es lo que se les impone por ser mujeres. Esto muestra cómo el ente femenino está encerrado dentro de estructuras rígidas, donde se espera que la figura femenina siga “con el modelo tradicional de la mujer” y que opte por un papel pasivo y sumiso ante el hombre (Ciplijauskaite, 143). Por otro lado, el hombre en la sociedad tradicionalista está asociado con la protección de la familia y la producción. Esta división de roles u obligaciones también se ve a través de Juan. Él es visto como protector y proveedor de bienes materiales: JUAN. Hablas de una manera que no te entiendo. No te privo de nada. Mando a los pueblos vecinos por las cosas que te gustan... YERMA. Mi marido me da pan y casa (79-86). Juan, en este caso, cumple con las exigencias que le son asignadas de acuerdo a su rol masculino, puesto que él provee con todas las cosas materiales a su esposa. Es claro que, por medio de algunos de los personajes femeninos y el papel de Juan, se ven marcadas estas divisiones genéricas, ya que el hombre y la mujer dentro de la obra deben desempeñar diferentes labores y roles de acuerdo a su sexo biológico. A través de la historia la mujer ha tenido que presentar una conducta pasiva y estar categorizada bajo dos elementos fundamentales: madre sacrificada y esposa consagrada. Sin embargo, la mujer también se ha rebelado en contra de estas normas tradicionalistas a través de diferentes formas: la política, la conducta rebelde y la literatura, como es el caso de sor Juana en La respuesta a sor Filotea de la Cruz. En la obra Yerma, la rebeldía es usada como una herramienta para protestar en contra del canon masculino y la sociedad. Por ejemplo, en el plano íntimo, Yerma reta a su esposo al no aceptar las órdenes que éste le da. Es decir, la posición que la protagonista asume no es la esperada de acuerdo a su condición de mujer. El hecho de que ella se rebele en contra de su marido muestra indicios de una posición opuesta y subversiva hacia las normas establecidas. Esta insubordinación incrementa a medida que la historia transcurre, ya que los episodios de rebeldía suben de tono. Esto se observa en la manera en que Yerma enfrenta a su esposo cuando éste le reclama acerca de su comportamiento: JUAN. Y yo no puedo más. Porque se necesita ser de bronce para ver a tu lado una mujer que te quiere meter los dedos en el corazón y que se sale de noche fuera de su casa. YERMA. No te dejo hablar ni una sola palabra. Ni una más (102). Es evidente que la protagonista se enfrenta en contra de la autoridad masculina, ya que para una mujer casada esta conducta no debe ser la apropiada de acuerdo a las normas tradicionalistas de la época. No obstante, Yerma rompe con estos límites establecidos al no guardar silencio, y al mandar a callar a su esposo. Esto es un ejemplo de cómo Yerma cambia y modifica los roles de autoridad dentro de la relación. La conducta rebelde de la protagonista no sólo se transmite en el plano íntimo, sino también en las esferas públicas. Por ejemplo, cuando Yerma habla con Víctor a sabiendas de que está en un lugar público. Ella sabe que no debe hablar con otro hombre que no sea su esposo y mucho menos si lo hace de una manera abierta. Este comportamiento es una manera de rebelarse en contra de una sociedad en la que se espera que la mujer no tenga autonomía propia, y que sólo dependa de lo que le diga el hombre. Es decir, Yerma, en lugar de seguir estas normas tradicionalistas, se aleja de ellas, ya que no acepta tener una conducta pasiva y reservada. La conducta rebelde de la protagonista en el plano público también sirve como ventana para mostrar cómo la sociedad de la época juzga y condena a la mujer que no sigue con los modelos tradicionalistas. Por ejemplo, los vecinos creen que el comportamiento de Yerma no es “propio” para una mujer casada. Ellos esperan que Yerma actúe de acuerdo a su condición. Este tipo de conducta colectiva que presentan los individuos dentro de las sociedades androcéntricas se asume que la mujer y el hombre se comporten de una manera apropiada de acuerdo a los roles que les son impuestos dentro de este tipo de sociedades. El no hacerlo es enfrentarse ante una sociedad y romper las estructuras establecidas dentro de ellas (Ayala, 197). Esto es precisamente lo que pasa con la protagonista. Ella sabe que su conducta rebelde va en contra de las normas sociales; sin embargo, ella sigue comportándose de una manera “inadecuada” no sólo en el plano público sino también con su esposo. Entonces se puede afirmar que la actitud rebelde y la posición de este personaje rompe con estas estructuras rígidas de una manera individual y social. Es decir, la conducta rebelde no es sólo un símbolo individual sino colectivo, ya que muestra cómo la mujer se rebela de una manera abierta frente a la sociedad (Gales, 8). Yerma sabe que las habladurías de la gente pueden traer consecuencias negativas para su matrimonio. No obstante, ella sale y se comporta de una manera rebelde en contra de su esposo y la sociedad. Esto plantea cómo Yerma subvierte estas dicotomías tradicionales de una manera individual y social por medio de su conducta rebelde. Algunos críticos piensan que este comportamiento no se debe a su carácter libertador en sí, sino que es tan fuerte su deseo de ser madre que ya casi borla lo irracional y deja de temer a las consecuencias, de ahí que llegue al asesinato. Los espacios femeninos tradicionales son cerrados, y a su vez están asociados con la casa y su entorno. Mientras que los espacios masculinos son públicos y están relacionados con el poder y la libertad. En Relegados al margen: marginalidad y espacios en la cultura medieval, de Ana Belén Muñoz y Fernando Villaseñor Sebastián, se explica que la sociedad patriarcal define estos espacios para el desarrollo del hombre y la mujer, y señalan al respecto que: La vida de los hombres debe desarrollarse en los espacios públicos en los que se asienta el poder y la libertad... Estos espacios crean unas formas culturales que responden al pensamiento dominante de cada época. Por el contrario, la vida de la mujer debe desarrollarse en los espacios domésticos, según el patriarcado, sólo se debe atender a las actividades relacionadas... y a las “tareas femeninas” (94). En Yerma se presenta esta división genérica de los espacios. Esto se observa a través de varios aspectos. Primero, el espacio en el que Juan se desarrolla y pasa la mayoría de su tiempo es el campo, un lugar libre y sin restricciones. Mientras que a Yerma se le adjudica, de una manera arbitraria, el espacio de la casa, un lugar cerrado y lleno de limitaciones. A pesar de que se le asigne este lugar, ella inicia el rompimiento de esta norma a través de sus salidas al campo, el cementerio y la casa de la curandera. Según Francisco Javier Gómez Pérez, la casa simboliza la cárcel, no sólo por ser un espacio cerrado sino también por la vigilancia que se ejerce en este lugar (81). Es evidente que la casa dentro de la obra se asocia con esta analogía, ya que Juan y sus hermanas siempre ejercen una continua vigilancia sobre Yerma. Juan siempre está pendiente de todo lo que hace su esposa dentro y fuera de la casa. Cuando ve que no puede vigilarla, acude a sus hermanas para que se encarguen de esta tarea. “Sí, estaban encargadas de cuidar la iglesia y ahora cuidarán de su cuñada” (64); a pesar de todo el control y la vigilancia, Yerma logra romper este espacio asignado de una manera progresiva, a través de sus salidas rutinarias y clandestinas. Estas salidas comienzan a incrementarse a media de que la historia transcurre. En el primer acto, Yerma aparece en su casa subyugada a las órdenes de su esposo: “JUAN. Si necesitas algo me lo dices y lo traeré. Ya sabes que no me gusta que salgas. YERMA. Nunca salgo” (35). En el cuadro segundo, la protagonista ya no está en su casa sino en el campo. Esta es una de las razones por las que su esposo se enoja y le dice que su lugar no está afuera de la casa. “Debías estar en casa... ¿es que no conoces mi modo de ser? Las ovejas en el redil y las mujeres en su casa” (61-78). Juan se da cuenta de que cuando Yerma está fuera de la casa él pierde autonomía sobre lo que pueda hacer o decir ella. Es decir, cuando Yerma logra salir de este espacio Juan empieza a perder el control y la protagonista a fragmentar los espacios genéricos. En el segundo acto, Yerma no puede quedarse en la casa sufriendo y guardando toda su pena. Ella no se resigna a seguir dentro de este espacio cerrado. Ni tampoco quiere asumir una posición pasiva y aceptar su destino. Al contrario, empieza a salir a la calle y a gritar su dolor. “Déjame libre siquiera la voz” (123). La protagonista quebranta los límites del espacio físico y los manifiesta de una manera tangible. Ella transita y divaga en las calles buscando respuestas a sus problemas, y exponiendo su dolor. En el acto tercero y cuadro primero, Yerma se aleja completamente del lugar que se le ha asignado al ir al cementerio y la casa de la vieja. Con estas acciones la protagonista reta a su esposo y traspasa los espacios que le son fijados. Todas estas salidas son una ruptura al espacio impuesto y una manera de subvertir las reglas tradicionales. Es decir, la protagonista evoluciona de una manera opuesta a la que la sociedad espera, porque ella no se queda en el espacio que se le impone; al contrario, rompe con lo que se le asigna al ir a buscar la maternidad que su esposo le niega en lugares a los que ella no debería ir por su condición de mujer. En Yerma también se presenta el tema de la infertilidad. Algunos críticos señalan que la infertilidad está directamente asociada con la protagonista: “Yerma’s barrenness is caused by her own sterility” (Allen, Ruper, 126), mientras que otros estudiosos como Ricardo Domenech afirman que “el texto está sugiriendo la esterilidad de Juan” (112). Ciertamente, hay indicios que apuntan a esta idea. Un ejemplo de esto se ve a través de la conversación que Yerma y la vieja sostienen: YERMA. ¡Y que me vas a decir que ya no sepa! VIEJA. Lo que ya no se puede callar. Lo que está encima del tejado. La culpa es de tu marido. Ni su padre, ni su abuelo, ni su bisabuelo se portaron como hombres de casta... están hechos de saliva (117). Antes de profundizar con este conflicto hay que tener en consideración algunos aspectos generales acerca de la situación personal de Yerma. Desde el inicio de la obra se describe a Yerma como una mujer que tiene todo lo que necesita. Sin embargo, ella se siente incompleta porque no puede tener un hijo. Este deseo de Yerma no es algo anormal, ya que esas son las expectativas que ella y la sociedad tienen acerca de una mujer casada. Celia Mancillas Bazán señala al respecto que: La mujer es encasillada en determinados roles: ser madre, esposa, el cuidado de los hijos y el esposo, y las labores domésticas. Estos roles son considerados obligaciones ante la sociedad... se espera que la mujer cumpla con estos roles tradicionales (146). El deseo de tener un hijo está arraigado con estas expectativas individuales y colectivas de la sociedad tradicionalista donde vive la protagonista, ya que ella es presionada indirecta o directamente para que sea madre. Janet Shibley Hyde, en Psicología de la mujer: la otra mitad de la experiencia humana, dice que la maternidad: Constituye un supuesto tan básico del papel femenino que es fácil olvidar que la sociedad presiona a la mujer para que sea madre; en realidad la presión es tan fuerte que ha llegado a denominarse esta obligación de la maternidad (160). Estas teorías pueden asociarse con el deseo que Yerma tiene de ser madre, bien sea por presión social o individual. Es decir, Yerma ve el hecho de ser madre como una obligación que debe ser cumplida. Al no poder desempeñar este rol, la protagonista se ve a sí misma como una mujer sin valor. Esto se ve cuando la protagonista se describe a sí misma como una mujer inútil que no puede tener hijos: “La mujer del campo que no da hijos es inútil como un manojo de espinas” (84). Esto para muchos es una paradoja que, en cierta forma, invalida su propia rebeldía, pues todo lo que hace es motivado por cumplir con este deseo, que es en sí la función social que se espera de ella. A partir de esta maternidad frustrada, ella comienza a rebelarse y a no aceptar que su esposo le niegue este deseo. Este desafío incrementa a media que la obra avanza. En el acto I, Yerma, expone su deseo de ser madre y, de cierta manera, se resigna con la respuesta que le ofrece Juan. En el acto II, Yerma asume una posición más agresiva hacia su esposo y empieza a decirle que cumpla con su obligación de fecundador. Ante esta situación, Juan trata de darle varias soluciones a Yerma para que desista de esta idea. Lo primero que hace es sugerirle que traiga a su sobrino. Ella alega que no quiere asumir su papel de madre a través de hijos que no son suyos, y que es él quien debe darle un hijo. Juan le dice que se conforme con su situación, y que deje de andar pensando en esa idea. La protagonista, en lugar de acatar sus órdenes, se enfurece y le dice lo siguiente: Yo he venido a estas cuatro paredes para no resignarme. Cuando tenga la cabeza atada con un pañuelo para que no se me abra la boca, y las manos bien amarradas dentro del ataúd, en esa hora me habré resignado (80). Es evidente que Yerma va a buscar su maternidad, y va a hacer hasta lo imposible por tratar de tener el hijo que tanto desea. No importando que tenga que ir en contra de la autoridad de su esposo. Finalmente, en el acto III, la protagonista toma medidas extremas para lograr su fecundidad. Una de las cosas que hace es ir a una romería. Lo interesante de esta situación es que estas romerías están asociadas con elementos profanos. Según José Antonio Benito Lobos, estas romerías son: Fiestas religiosas que suelen tener aspectos profanos... En primer lugar, porque algunas fiestas religiosas son anteriores al cristianismo. La religión las utiliza dándoles un nuevo sentido. En segundo lugar porque, una vez finaliza la ceremonia religiosa, los asistentes se entregan a actividades ajenas a la religión: comida, bebida, bailes.... Tras la ceremonia se iniciaba un baile que propiciaba el encuentro amoroso (205). Yerma ve en esta romería una esperanza para poder cumplir sus objetivos y de cierta manera retar las normas sociales, porque a estas celebraciones van las mujeres casadas en busca de hombres con buena semilla, tal como lo insinúa la vieja. El hecho de estar en esta romería le brinda la oportunidad a la protagonista de tener relaciones sexuales con otro hombre, y cumplir con su deseo de ser madre: “Mi hijo está sentado detrás de la ermita esperándome. Mi casa necesita una mujer. Vete con él y viviremos los tres juntos. Mi hijo sí es de sangre... La ceniza de tu colcha se te volverá pan y sal para las crías” (118). Es claro que Yerma tiene la oportunidad de tener un hijo con otro hombre; sin embargo, la protagonista elimina esta posibilidad, ya que para ella el acostarse con otro hombre que no sea su marido va en contra de sus valores tradicionales, ya que el sexo sólo debe ocurrir con su esposo. Indudablemente, Yerma se encuentra en un mundo asfixiante y subyugador en el que las posibilidades de ser madre están ligadas al matrimonio, y donde el deseo sexual debe posponerse por cuestiones de honra y tradición social. Además, es importante mencionar que Yerma acude al ente femenino, Dolores, para buscar la maternidad. Esto quiere decir que la protagonista excluye al hombre en su papel reproductivo. Según Carlos Feudal, el rol del hombre pasa a ser “insignificante o inexistente. La procreación, conseguida por fórmulas mágicas de viejas mujeres (madres arquetípicas), se producirá sin intervención-decisiva, al menos del varón. En última instancia el procreador sería Dios” (70). Esta observación tiene mucho sentido ya que Dolores le dice a Yerma que, por medio de sus oraciones, una mujer queda embarazada, y que tal vez ella pueda lograr el mismo resultado a través de sus plegarias. “La última vez hice una oración con una mujer mendicante que estaba más tiempo seca que tú, y se le endulzó el vientre de una manera tan hermosa que tuvo dos hijos” (96). Esto muestra cómo se excluye al hombre en el proceso de reproducción, y a su vez éste es remplazado por un elemento divino. Yerma no duda en hacer el rito y seguir con las instrucciones que le da Dolores. Es de esta manera que la protagonista y Dolores eliminan y sustituyen la figura masculina por un ente divino. Esto cambia de una manera directa las tradiciones de fecundación dentro de la sociedad patriarcal. Erin Neumann explica que este proceso de fecundidad está relacionado con la procreación mística que las mujeres realizaban antiguamente para quedar embarazadas: This miracle [that a female is able to produce a male out of herself] was, as we know, originally ascribed by primitive woman to the numinous, to the wind or the ancestral spirits. It is a prepatriarchal experience that antedates the time when procreation was felt to be causally connected with sexual intercourse and hence with a man. Woman’s primary experience of birth is matriarchal. It is not the man who is the father to the child: the miracle of the procreation is God (134-135). Es claro que, dentro de la obra, Yerma busca ejercer su maternidad a través de otros métodos donde se excluye a la figura masculina, dando como resultado la subversión de las estructuras tradicionales, puesto que ya no se presenta la ecuación tradicional: hombre + mujer = hijos, sino que se muestra una (re)formulación de este orden, eliminando completamente al hombre de sus funciones reproductivas: Dios + mujer = hijos. Por otra parte, es interesante ver cómo la maternidad juega un papel importante dentro de la sociedad en que vive Yerma, porque se muestra la manera en que el mundo femenino alaba y venera a la mujer que es madre. Un ejemplo dentro de la obra es cuando las lavanderas alaban y dignifican con sus cantos y comentarios a la mujer que puede engendrar: Las ropas de mi niño vengo a lavar, para que tome el agua lecciones de cristal (71). ¡Alegría, alegría, alegría del vientre redondo bajo la camisa! ¡Alegría, alegría, alegría, ombligo, cáliz tierno de maravilla! (73-74). Además de alabar a la mujer que cumple con los requisitos tradicionales, también se critica y lacera a la mujer que no puede procrear o la que no cumple con los roles tradicionales. Esto se ve en los cantos que hacen algunas de las lavanderas: LAVANDERA. Estas machorras son así. Cuando podían estar haciendo encajes o con figuritas de manzanas... Tiene hijos la que quiere tenerlos... Pero, ¡hay de la casada seca! ¡Ay de la que tiene pechos de arena! (64-74). Esto muestra cómo el ente femenino también juzga y condena a la mujer que no puede procrear, ya que para ellas Yerma debe producir hijos y cumplir con las labores domésticas. Es decir, cuando la protagonista no puede procrear es vista como un objeto y sujeto sin valor. Este comportamiento que las mujeres presentan dentro de la obra se puede asociar con la manera en que las mujeres en las culturas patriarcales interiorizan este tipo de comportamiento. Según Celia Amorós, generalmente la mujer dentro de estas culturas asimila este tipo de conducta de una manera inconsciente. Amorós explica al respecto que: Lo grave es que la cultura patriarcal ha modelado nuestro propio inconsciente, hasta el punto de que la representación que las mujeres nos hacemos acerca de nosotras mismas y de nuestro rol en la sociedad no es sino nuestra propia asunción de las consignas patriarcales (112). Al tener en cuenta estas teorías, se puede decir que la conducta de ellas es un elemento inconsciente que se asume de una manera individual o colectiva como es el caso de las lavanderas. Es por esta razón que ellas esperan que Yerma tenga una conducta adecuada de acuerdo a su posición de casada y que desarrolle su rol de madre. Otro aspecto que está relacionado con la mujer es la cuestión de la honra. Según el diccionario de la Real Academia es “el pudor, honestidad y recato de las mujeres”. En las sociedades patriarcales la mujer soltera debe cuidar y mantener su estado virginal hasta el matrimonio, y la casada debe ser fiel y honrada ya que la reputación del marido depende de la conducta de su esposa. Dora Ávila Mendoza explica acerca de este punto que: La importancia de la honra de la mujer casada estaba directamente relacionada con la transmisión del patrimonio familiar entre los descendientes legítimos, razón por la cual el honor de estas mujeres adquiere un valor doble, tanto en cuanto las casadas se convierten en depositarias del honor de toda la familia y la reputación del hombre (91). Esto tiene mucho sentido porque el marido de Yerma siempre se preocupa por la conducta de su esposa, ya que la reputación de él y su familia dependen del comportamiento de Yerma. Esto se observa cuando Juan le reclama a sus hermanas por haber dejado salir a la protagonista sola: Esa no viene... Una de vosotras debería salir con ella, porque para eso estáis aquí comiendo en mi mantel y bebiendo de mi vino. Mi vida está en el campo, pero mi honra está aquí. Y mi honra es también vuestra... No me gusta que la gente me señale. Por eso quiero ver esta puerta cerrada y cada persona en su casa (77). Es evidente que Yerma es quien debe cargar con la responsabilidad de la honra, pero a la vez forma parte de ella. “La honra de Yerma está arraigada en su persona, en su ser natural” (Feal, 74). Esto está muy asociado con la manera en que la protagonista cuida su honra como algo propio, ya que si ella rompe con esto va a manchar su reputación en la sociedad. Por eso es que ella se indigna cuando se pone en juego este valor e inclusive se enfrenta a su esposo para defender su reputación: “Haz conmigo lo que quieras, que yo soy tu mujer, pero guárdate de poner nombre de varón sobre mis pechos” (103). Este enfrentamiento muestra cómo este valor es primordial para ella. A Yerma no le importa desafiar a su esposo con tal de dejar su nombre en limpio. Es interesante observar que cuando la protagonista tiene la oportunidad de serle infiel a su esposo para tener un hijo no lo hace, por temor a perder su honra; de ahí su respuesta rotunda ante la proposición de la curandera: “Calla, calla. ¡Si no es eso! Nunca lo haría. Yo no puedo ir a buscar. ¿Te figuras que puedo conocer a otro hombre? ¿Dónde pones mi honra?” (118). Es decir, ella antepone este valor ante su propio deseo de ser madre, su honra pesa más y es por eso que la mantiene intacta, ya sea por cuestión intrínseca o extrínseca. El acto sexual, dentro de la sociedad, es usualmente visto como un acto reproductivo, en el cual se espera que haya reproducción. Otras personas afirman que es un encuentro placentero donde, generalmente, dos personas tienen una satisfacción de carácter sexual. De acuerdo con Francisco Velásquez García, el acto sexual está sometido a “un sistema de normas, como la institución del matrimonio, y permite la reproducción de la sociedad” (18). Es claro que Yerma cumple con estas expectativas sociales porque ella ve este acto como una herramienta de producción y no como un acto placentero. Es por eso que cuando la protagonista hace referencias sexuales las relaciona como parte de su obligación como esposa, y dice que si ella tiene relaciones sexuales con Juan es porque está en busca de su hijo. Además, ella es consciente de que lo que siente por Víctor es muy diferente a los sentimientos que tiene hacia su esposo: VIEJA. Oye. ¿A ti te gusta tu marido? ¿Qué si lo quieres? ¿Deseas estar con él? YERMA. No sé. VIEJA. ¿No tiemblas cuando se acerca a ti? ¿No te da así como un sueño cuando se acerca a tus labios? Dime. YERMA. No. No lo he sentido nunca. VIEJA. ¿Nunca, ni cuando has bailado? YERMA. Quizá... Una vez.... Me cogió de la cintura y no pude decirle nada porque no podía hablar. Otra vez el mismo Víctor, teniendo yo catorce años (él era un zagalón), me cogió en sus brazos para saltar una acequia y me entró un temblor que me sonaron los dientes. VIEJA. ¿Y con tu marido? YERMA. Mi marido es otra cosa. Me lo dio mi padre y yo lo acepté. Yerma es consciente de que los hombres representan dos cosas muy diferentes. Por un lado, su esposo está asociado con lo que le es impuesto. Por el otro, Víctor simboliza el deseo sexual, la pasión y la oportunidad de ser madre. Lo interesante de esto es que para Yerma priman más su honra y sus valores tradicionales que su deseo carnal. A pesar de que Víctor puede brindarle el hijo que ella quiere, Yerma no puede aceptarlo ya que los hijos sólo deben ser concebidos dentro de la institución del matrimonio. Para Yerma no existe el sexo fuera del matrimonio. La manera de pensar de la protagonista está relacionada con las reglas que rigen la institución del matrimonio. Según Amorós, “solamente a cambio del contrato matrimonial concederán a los hombres sus favores sexuales” (49). Esto explica el comportamiento de Yerma, porque cuando tiene la oportunidad de tener relaciones sexuales con el hijo de la vieja no lo hace, ya que para ella el acto sexual sólo debe suceder bajo el matrimonio. Es esta una de las razones por las que la protagonista insiste en que su maternidad sólo debe ser por medio de su esposo y no a través de otro hombre. Al haber una negación de la procreación por parte del marido, Yerma no tiene más remedio que acabar con la vida de Juan y, por lo consiguiente, con la única oportunidad de ser madre, tal como ella lo indica en su declaración final: “¡No te acerquéis, porque he matado a mi hijo!” (124). Este acto de rebeldía marca definitivamente la falta de aceptación a la vida que le toca vivir a la protagonista y a las demandas que le impone la sociedad. Yerma pasa de ser víctima a verdugo. Este acto violento es la culminación y transgresión de los roles tradicionalistas tanto para el hombre como para la mujer. Es decir, al final de la obra el ente femenino no es débil y sumiso y el mundo masculino no es tan fuerte como al inicio. Esto muestra un rompimiento ante las estructuras patriarcales de la época. Se puede afirmar, entonces, que en la obra de teatro Yerma se muestra cómo la mujer debe cumplir con los roles tradicionalistas dentro de la sociedad patriarcal de la época. Es decir, debe ser pasiva, sumisa y respetuosa. Además, debe desempeñar las labores domésticas y permanecer en espacios controlados por el hombre. A pesar de que Yerma sigue algunos de estos patrones tradicionales, ella también subvierte estos estereotipos ya que se rebela ante el modelo autoritario, rompe con los espacios genéricos y lucha por su maternidad. Dentro de este proceso de búsqueda hacia la fecundidad, la protagonista trata de recrear una nueva fórmula de procreación donde excluye al ente masculino, dando como resultado la subversión de las estructuras tradicionales de la procreación. Es así que la protagonista rompe con estos arquetipos de mujer sumisa y obediente. Bibliografía • ALLEN, Rupert C. Psyche and Symbol in the Theater of Federico García Lorca: Perlimplín, Yerma, Blood Wedding. Austin: University of Texas, 1974. • AMORÓS, Celia. Hacia una crítica de la razón patriarcal. Barcelona: Anthropos Editorial del Hombre, 1991. • BENITO LOBO, José Antonio. Literatura para la vida: grandes temas del hombre en la literatura española. Madrid: Ed. Edinumen, 2000. • CIPLIJAUSKAITÉ, Birute. 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Fernando Aísna dice que las fronteras son como la piel pues brindan identidad y protección (2005, p. 145); a esto se le puede agregar que la piel es la primera frontera y para llegar al arte habría que despojarse de este tejido, salir de uno mismo desmembrado, al encuentro hipersensible. Es de esta forma en que el presente texto intenta un acercamiento a Enciclopedia del crepúsculo (2005), de Rafael Argullol. Gil Casado (en Holloway, 1999, p. 68), investigador de la generación de los setenta, a la que pertenecen también Carlos Alfaro, Félix de Azúa, Carlos Domingo y Milla, Juan José Millás García, entre otros, la nombra como “la generación deshumanizada”, aunque esto es en relación a la novelística de los nombrados autores; sin embargo, en el compendio que se analizará de Argullol, y concretamente en “Fronteras: zonas inquietantes”, habría que aclarar que no existe tal deshumanización y que por el contrario tiene un carácter sinecdóquico, es decir, revela lo microscópico o personal del autor a través de algo tan macroscópico como la ciudad de Barcelona. Sin embargo, Argullol sí se emparenta con Antonio Muñoz Molina, de quien, en su obra, sobresale la búsqueda de identidad a través del espacio, de Úbeda, su ciudad natal. Aunque ambos escritores pertenecen a generaciones diferentes, comparten la necesidad de identificarse en la tierra. Enciclopedia del crepúsculo (2005) es una obra que, como desde el título se anuncia, define conceptos en orden alfabético, pero se trata de definiciones subjetivas; así, en la “F”, Argullol define la frontera según su propia vivencia, por lo que hace un apartado para dibujar Barcelona, ciudad de España al sur de la cadena montañosa de Los Pirineos y de la frontera con Francia, en una llanura limitada por el mar al este, la sierra de Collserola al oeste, el río Llobregat al sur y el río Besós al norte. El poético estilo de Argullol logra pintar una ciudad de magnéticos tonos, que destaca por su situación de fronteriza, pero la frontera no es únicamente física, hay en ello una frontera que se pretende cruzar, la que existe entre emisor y receptor. Si bien en el texto “Fronteras: zonas inquietantes”, de Rafael Argullol, se describen algunas particularidades estéticas como históricas de Barcelona; también se discute el viejo debate sobre la imitación del arte a la realidad y viceversa. La obra frente a la realidad es un debate surgido en la antigua Grecia, bajo el título de mimesis. Georg Lukács ,en el desarrollo de su Estética (1982, p. 383), establece una inevitable relación entre obra y realidad, un vínculo pétreo y absolutamente necesario para que la obra artística se valide. Y, aunque resulte obvio, las obras tienden a imitar siempre el entorno. Para Argullol, la relación se da de manera recíproca, tanto el arte imita a la realidad como el mundo real suele ser influenciado por la obra artística. René Welleck y Austin Warren preguntan: ¿quién no se ha enamorado siguiendo la línea de alguna novela o película? ¿Qué crímenes no se han cometido por influjo directo de la literatura? (1953). El binomio realidad-ficción está apenas separado por una delgada línea en la que se encuentra el receptor, yendo y viniendo a placer, en un vals necesario pero también a veces confuso, puesto que los espacios entonces se entrelazan y aparecen unos sobre otros, superpuestos, sin que se sepa entonces cuál es el ficcional y cuál el real. Es cierto que, como dice Lukács, el arte tiene como objetivo poner al espectador en conflicto con las costumbres (p. 383); sin duda estar frente a una obra de arte implica cuestionar, y en el texto “Frontera: zonas inquietantes”, de Rafael Argullol, donde se plantea una Barcelona subjetiva, el lector tiene que cuestionarse la propia subjetividad para, quizá sólo así, recrear la ciudad que Argullol dibuja. Paul Ricoeur, en su teoría de la interpretación (2011), dice que somos seres solitarios, no refiriendo a la soledad en un sentido “romántico” sino en una dirección más radical, puesto que “lo experimentado por una persona no puede ser transferido íntegramente a alguien más” (p. 26). Nuestras vivencias están condenadas a pertenecernos. Lo único que se hace público es su significación. Así, la Barcelona de Argullol queda reservada para él, el lector sólo alcanza a recuperar un porcentaje de sentido. El espacio que se describe cobra varias dimensiones, por su valor artístico y sentimental, pero ante todo es una frontera, un umbral; en palabras de Argullol: “Por sólida que parezca, esta ciudad es inevitablemente provisional. Sin identidad, menospreciada o sencillamente desconocida, sólo existe mientras existe su recreación subjetiva” (p. 332); esto último es la labor titánica del autor, recrear una ciudad subjetiva: atravesar la frontera más difícil: la del otro, la del lector. La recepción viene a ser como el ejemplo que el español apunta sobre Sopocani y el Recorrido por los Balcanes del fotógrafo Klavdij Sluban: “Fotografía de encrucijada (...) de todos y de nadie (...) visiones vacías, crepusculares, en las que, como ocurre en todas las fronteras, los habitantes parecen estar de paso y nunca se sabe con precisión si las casas están siendo construidas o, por el contrario, acaban de ser destruidas una vez más” (p. 335). El lector recreará una ciudad subjetiva, que sólo tendrá en común con la de Argullol algunos adjetivos, entre los cuales destaca el de “fronteriza”. El lector se imaginará una urbe melancólica, gris y monstruosa, pero al filo de algo, perteneciendo a ese algo pero tocando apenas con el ápice de los pies una delgada línea que la tienta y a la vez la diferencia. Y es que la característica de una frontera es ser la línea que divide pero también une dos cosas; su ambivalencia es lo que predomina en este texto, donde incluso hay fronteras internas, entre muros, calles, espacios: Áreas en las que el tejido urbano se abre, cediendo en su opresión, para liberar espacios incompletos, bastardos o, simplemente, cruces contranaturales en los que el mismo desequilibrio de formas ha conformado sugerentes imágenes de pararrealidad. Escenas de una ciudad onírica en que trenes inservibles y chimeneas apagadas para siempre se amontonan como criaturas aletargadas. Piezas arqueológicas de un pasado demasiado reciente como para ser despreciado. Una ciudad fugaz, siempre en vías de extinción, cuyos pedazos mueven al sueño o a la pesadilla (p. 332). El espacio es especialmente occidental, es decir, lleno de elementos tanto físicos como emocionales, a diferencia de los espacios orientales que buscan el vacío, según las enseñanzas de Buda; se puede concluir que el mundo occidental busca llenarse, lo cual deja ver que se tienen muchas necesidades mientras que, para oriente, la felicidad consiste en cada vez necesitar menos; el vacío implica plenitud. En este texto, el español muestra la belleza de una ciudad mediante sus elementos pictóricos, que de alguna forma rellenan cuadros imaginarios con formas y colores que resultan ser ornamentos que cubren las superficies para que, por medio de sinestesia, el lector se encuentre también perdido y apatriado, justo en la frontera entre el texto y la realidad. Para Argullol, Barcelona, al igual que el concepto de “frontera”, tiene dos polos: el primero la convierte en una ciudad que se caracteriza por ser el centro de masificación que atrae a propios y ajenos, que le signa de un sino de poder. El segundo se contrapone al anterior pues refiere a aquella urbe desprovista de espíritu, entendido éste como una imagen representativa de sí misma. Y, finalmente, el lector es el que zigzaguea entre estos polos. Primero atraviesa la dificultad de un texto que se encuentra entre la frontera de la narrativa y el ensayo; luego, el de recrear la ciudad que el autor propone, que no es la misma que aparece en Internet o en las guías turísticas, y en seguida se enfrenta al autor al ingrato oficio de interpretarlo. Welleck y Warren explican lo difícil que es enfrentarse al texto, que, a diferencia de una conversación, se presenta encriptado, muchas veces sin contexto. Así, el lector es libre de “entender” casi lo que le plazca, a fin de cuentas en literatura no hay lecturas absolutas, pero también es cierto que el texto “Fronteras: zonas inquietantes” en sí es un reto, puesto que representa la subjetividad del autor sobre un lugar específico, real y objetivo. El lector se ve envuelto en un vaivén entre el mundo real y el ficcional para asir, aunque sea nimiamente, lo que el escritor intentó trazar. La comunicación entre Argullol y su lector no sólo depende del grado de empatía o bagaje cultural que exista entre ambos, sino de la disposición de atravesar la frontera que los divide; a veces ello implica que el receptor se convierta en creador (como en el presente caso, al crear un ensayo sobre el texto de Argullol); sólo así el lector rebasa su propio límite, se convierte en otro: escribir es salirse de la piel propia. El texto de Argullol manifiesta a Barcelona como un signo complejo, que representa incluso una búsqueda de identidad palpable en las obras de autores fronterizos, la gran diatriba de estar entre dos lugares, estar y no estar, ser y no ser parte de, que es expresado con una particular melancolía; este texto representa así una postura del barcelonés; dicho de otra forma, el texto es una sinécdoque del autor. A su vez, el texto se relaciona con la realidad de manera subjetiva, puesto que suplanta la Barcelona real por la Barcelona compleja que habita en el ser de Argullol y que es una ciudad aespacial y atemporal, casi onírica, que vive en choque constante con la realidad. No hay nivel espacial, temporal o generacional que sea una barrera para el lector, más allá de cualquier frontera real, las subjetivas serán las que impliquen un mayor reto para ser traspasadas; el lector ante todo tendrá que vencerse a sí mismo, vencer su propia subjetividad para llegar a esa Barcelona que sólo conoce Rafael Argullol. Sócrates dice que “la ciudad debe su nacimiento a la impotencia en la que se encuentra el individuo de bastarse a sí mismo”; así, esta ciudad, en mucho, representa a Argullol; el autor es recreado, existe en el texto, cobra vida en tanto exista esta Barcelona; mediante ella, él cobra una identidad (aunque sólo sea emocional), pero ello sólo es posible mediante el lector, sólo este tiene el poder de crear a otro Argullol y, en un giro inesperado, se encontrará el lector con su propio Argullol, con su propia Barcelona, extendiéndose a la vez a sí mismo. Bibliografía • Aínsa, F. (2005). Espacio literario y fronteras de la identidad. Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica. • Argullol, R. (2005). Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: Acantilado. • Holloway, V. R. (1999). El posmodernismo y otras tendencias de la novela española (1967-1995). Madrid: Editorial Fundamentos. • Lukács, G. (1982). Estética 1: La peculiaridad de lo estético. México: Grijalbo. • Ricoeur, P. (2011). Teoría de la interpretación. Discurso y excedente de sentido. México: Siglo Veintiuno. • Wellek, R. y Austin Warren (1953). Teoría literaria. Madrid: Gredos. ** Citlaly Aguilar Sánchez http://www.letralia.com/firmas/aguilarsanchezcitlaly.htm Escritora mexicana (Valparaíso, Zacatecas, 1985). Licenciada en letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas (http://www.uaz.edu.mx). Becaria del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico del Estado de Zacatecas (http://bit.ly/XFdBfu, 2011), en la categoría de ensayo. Ha publicado poemas en revistas literarias como Reitia y Puntos Suspensivos, y artículos en Círculo de Poesía. Cursa el último semestre en la maestría de estudios de literatura mexicana en la Universidad de Guadalajara (http://www.udg.mx). ||||||||||||||||||||||||||||||| LETRAS |||||||||||||||||||||||||||||| *** Monstruo Esteban J. Aquino Rivera *** Una temporada con Rimbaud (extractos) Florentino Gutiérrez Gabela *** El gran vidente africano Alejandro Cardozo Uzcátegui *** Poemas Jorge Campos *** Viajero Cristina García Ramírez *** Poemas Manuel Iris *** Materia prima Pablo Brescia *** Visión en F y en X Isabel Maduro *** Caza y captura Juan José Colomer Grau *** Sagradas pasiones (extractos) Arístides Vega Chapú *** Pubertad Marco Villarroel Bruna *** Tres poemas Santiago Aguaded Landero *** La Jefecita María Celeste Vargas Martínez *** Dos poemas Juan Andrés Herrera === Monstruo Esteban J. Aquino Rivera ================================ Mi nombre es Víctor. Vivo en un cuarto rentado en el apartamento de una anciana de estas que aparentan ser indefensas, con su olor a jabón y colonia, pero que Dios libre a quien se quiera meter con ellas. Ambos nos beneficiamos. Yo tengo un lugar a donde llegar para dormir cada noche y ella, por su parte, tiene una renta mensual y mi ayuda en las tareas del hogar, aunque no son muchas. La viejita ya tiene alrededor de noventa años. Siempre se me olvida su edad exacta pero tengo que admitir que ella tiene mejor memoria que yo. No me pregunta mucho, pero recuerda cada detalle de lo que le digo en el día. Mi relación con la anciana es una pacífica. No cuestiona mis acciones. Siempre mantengo todo en orden. Por naturaleza no soy muy desorganizado. Por otra parte, no me gustaría estar molestando a una señora ya entrada en edad que apenas puede ya con su vida. Me alegra pensar que ayudo a que lo poco que le queda de vida se le haga más fácil. Aún quiere aparentar ser fuerte, pero en el tiempo que llevo viviendo en la habitación he visto poco a poco cómo se le escapan las fuerzas como si fuese su alcoholado evaporándose de la botella. Además de ayudar a la señora, ya tengo una rutina de vida. Me levanto como a eso de las nueve en punto de la mañana y preparo el desayuno. Sólo preparo el mío, algo bastante fuerte para el estómago como huevos fritos, cereal, un sándwich o quizás las tres cosas. La señora sólo desayuna purés, así que ella misma los toma de la nevera. Cuando ella se levanta ya yo no estoy en la casa. De lunes a viernes voy a trabajar a una tienda, o se le podría llamar supermercado aunque no es muy grande. Es un trabajo tranquilo donde casi siempre lo que hago es atender a los clientes con dudas o levantar cajas en el almacén. Los sábados trabajo como voluntario en un hogar de personas sin hogar. En las tardes, los lunes, miércoles y viernes, trabajo dos horas como ayudante de limpieza en un cuartel de policía que queda a sólo diez minutos del apartamento. Cuando uno tiene un empleo uno comienza ver las cosas de una forma distinta, desde el punto de vista en el cual ahora te ubicas. En estos tres trabajos que tengo he visto de todo. Y si no lo he visto todo, no quiero saber de qué me pierdo. Varias veces han ido a asaltar a la tienda. No han tenido éxito en los muchos robos, pero han llegado a entrar armados y preparados con equipo bastante peligroso. Una vez muy interesante fue cuando un ladrón novato entró con una bazuca. Qué idiota. Aún me pregunto cómo pudo caminar cargando una bazuca y nadie le dijo nada. Claro está que no pudo robar porque si disparaba la bazuca probablemente él fuera el primero en freírse. En el albergue no es raro que vengan personas sin necesidades verdaderas a buscar comida y cama gratis. Algunos tienen familia e incluso trabajan, y sólo van por no tener que cocinarse la cena el día que sus mujeres no están en casa, o para acostarse en una cama cuando los echan de las suyas para dormir en un sofá. Cuando alguien identifica a alguna de esas personas “interesadas” se les niegan los servicios. Entonces, trabajando en el cuartel veo y escucho de lo más insólito. Cada día que estoy allí escucho todas las distintas querellas que traen las personas y los casos de los que hablan los policías entre ellos. A pesar de llevar un tiempo ayudando allí en el cuartel, me sigue impresionando el número de casos de violencia doméstica que hay cada día. No me quiero imaginar los que no se reportan. Algunas de las personas incluso le ruegan a los policías para que no castiguen a sus parejas, sólo por no quedarse solas. Increíble. Algo que pasa muy a menudo, más aun que los casos de violencia doméstica, es que vienen personas a las cuales se les dio una multa por un crimen obvio y con pruebas, a reclamarlas y a pedir que se las cancelen. Parece que ni el mismo diablo acepta que es diablo, aun cuando se le ven los cuernos. En fin, además de las cosas diarias en el cuartel, los incidentes en los otros dos trabajos son muy poco comunes. Pero cuando suceden me cargan mucho y sólo llego al apartamento, me lanzo en mi sofá a mirar por la ventana, me coloco los audífonos con música suave y dejo que el viento se lleve las cargas de mi jornada. Así llevo mi vida tranquilamente. Ayudo a una anciana, a personas sin hogar, a clientes y a limpiar un poco. Una vida bastante cargada, dirían algunos, pero estoy cómodo con ella. No me queda mucho más que hacer. Aunque aún la rutina no termina, porque cada noche, no importa qué día ni lo que esté pasando, salgo a caminar por la ciudad. Lo hago fielmente, como si fuese un ritual. Es el único hábito que la señora me cuestionaba cuando empecé a vivir en el cuarto rentado. “Es peligroso”. “Siempre pasa algo”. “Mataron a x cantidad de personas anoche”, me decía. Y todo eso era cierto. La ciudad en la que vivo, por la noche se transforma en un sitio peligroso. Las cucarachas que maltratan mujeres y roban tiendas se van a dormir y en su lugar salen los ratones asaltantes, violadores y asesinos. Y éstos son una peste quizás peor que ratones. Una noche la biznieta de la anciana, una niña adorable, de cabello negro y ojos achinados y azules, estaba de visita a la hora que siempre parto a dar mi caminata nocturna. Me miró con su miradita de ángel, hablando con esa voz única y adorable de los niños, y me preguntó a dónde iba. Cuando le contesté que iba a dar una vuelta me advirtió muy preocupada que tuviera mucho cuidado. “Hay monstruos allá afuera”, me dijo bajando la voz, como para que esos mismos monstruos no la escucharan. Qué inteligente niña. Tiene razón. Definitivamente los ratones que hacen esas cosas podrían ser llamados “monstruos”. Esa noche salí como de costumbre, con mi abrigo y gorro para el frío. Al bajar del edificio donde queda el apartamento ya todo está bastante oscuro. Algunos focos mantienen la calle lo suficientemente iluminada como para ver mi camino y a dónde no pisar. De vez en cuando pasa un carro y su luz ilumina la calle. No hay siquiera un alma. Eso, a pesar de todo, hace de una calle más peligrosa. Entre más vacía una calle, más difícil es encontrar ayuda en caso de una emergencia, pues quizás no haya un alma, pero los monstruos pueden no tener una. No es nada. Ya estoy acostumbrado a calles vacías y sé que en estas no hay peligro. Al menos no en las más cercanas al apartamento donde vivo. La calle que queda justo al bajar del edificio es una de las cuatro calles principales que cruzan la ciudad, específicamente la menos transitada. Allí sólo ha habido un homicidio en los últimos diez años, y fue hace ocho. En las calles que quedan a los lados ha habido asaltos, pero la policía se encarga de patrullarlas regularmente, y no tiene caso que entre a ellas porque algunas no tienen salida. Las calles más peligrosas están a quince minutos caminando, más cerca del centro de la ciudad. Éstas quedan después del centro y llevan a un sector conocido como el “Alto”, la capital de la droga en la ciudad. Hay varios edificios abandonados que sirven de nido para los ratones y algunas ratas. Los “monstruos” trabajan allí, planeando su próxima movida. Todas las noches tomo una ruta diferente por el bosque urbano que me rodea, pero ese día la ruta me llevaba hasta esas calles. Me tomo mis caminatas con calma. No tengo prisa, y menos para llegar a las entradas del Alto. Entre más me alejaba del apartamento, más se podía ver actividad. Había personas haciendo negocios ilegales en los callejones negros. Hombres y mujeres exhibían sus cuerpos en las esquinas, debajo de un foco, como si estuviesen en vitrinas, como alimentos esperando ser escogidos. Yo, por mi parte, seguía caminando, ignorando al mundo de la noche. Cruzando la calle un hombre corría a otro y al alcanzarlo lo lanzó al suelo y comenzó a golpearlo. Se escuchaban los chillidos de quien ahora se encontraba en el suelo, como un perro siendo maltratado. El sonido era tan desesperante que miré un poco por reflejo, sólo para ganarme un grito del hombre que daba los golpes, enojado. “¿Qué miras, tú?”. Nada. Seguí caminando. Después de veinte minutos ya estaba en la plaza de la ciudad, donde me senté unos minutos en un banco. No había nadie por allí. Otra vez, ni siquiera un alma. El abrigo y gorro fueron una gran idea, pensé. La noche vacía se tragaba el calor de cualquier cuerpo que entrara en ella. Me divertí un rato exhalando y viendo las nubecitas blancas salir de mi boca al condensarse mi aliento. Saqué un libro de poemas cortos, tamaño de bolsillo, que me había regalado un viejo recuerdo, y leí algunos de ellos. Al acabar, me volví a parar y seguí adentrándome en la ciudad, pues planeaba cruzarla de un lado a otro y luego regresar por otra ruta. Una menos solitaria. No pasaron cinco minutos cuando escuché algo. Un tap tap sobre los adoquines de la calle. Alguien me sigue. Ignoré el sonido por un momento pero seguía, y ahora aceleraba. De momento sentí la mano que aferraba mi brazo de forma fuerte y desgarradora, y la otra tapando mi boca. Un objeto punzante rozaba mi costado, amenazando abrirlo. No podía ver a la persona, pero sentía su respiración en mi oído y el compás agitado de su pecho tembloroso. Me quedé paralizado, sin hacer ningún tipo de esfuerzo por librarme del desconocido. Cualquier movimiento hubiese acabado con una cuchilla enterrada en mi costado. Ya he tenido la experiencia y el dolor ardiente no me gusta para nada. Si a alguien le gusta eso, tiene serios problemas. Solté una risa entre dientes. “Quieto”, decía el asaltante. Una advertencia inútil, pues no pensaba moverme mucho. “Quiero que me des todo lo que tienes”. Moví mi boca para hacerle saber que quería decirle algo, pero sólo apretó su mano y movió su cuchillo a mi cuello. En unos segundos relajó la mano y destapó mi boca. “No tengo dinero, sólo mi ropa y no tiene mucho valor”. Las manos del hombre me soltaron y, volteándome, pude verlo cara a cara. Era un poco más bajo que yo, su cara blanca reflejaba la luz de un foco, cabeza afeitada y expresión inquieta. Lo he visto antes. Se busca por varios crímenes de los que es sospechoso. La mayoría robos, pero con la ocasional violación. No recordaba su nombre, pero estaba seguro de reconocer su mirada inestable. Me mantuve serio y el hombre se echó hacia a mí sacando un arma de su pantalón. “¡No quiero que vuelvas a mi calle sin dinero, muerto de hambre!”, me decía, furioso, apuntándome ahora con una pistola. “¡Oye, ven para acá!”, llamó en dirección a la oscuridad de un callejón a su mano izquierda. Pronto, un gran hombre de piel negra, cabeza afeitada y un ojo vago, apareció a su lado con su mirada seria, tranquila y calculadora, nada como la mirada inquieta del asaltante. “Este basura no tiene dinero. ¿Qué tal si le quitamos su ropa y la usamos para una fogata?”, decía, aún gritando, como si no fuese suficiente hablar en voz baja en un lugar tan callado a esa hora. Una sugerencia muy poco original de parte del asaltante, después de que yo mismo ofrecí la ropa. Me irrité al solo pensar en que me quedaría desnudo en la plaza por causa del idiota que veía frente a mí. El gran hombre negro permanecía serio y callado, y yo relajé mi cuerpo. Di un paso al frente y eso hizo que el asaltante se pusiera más tenso y apuntara con su arma fijamente. “¡Quieto! No te muevas... ¡O disparo!”, gritó. Sus brazos temblaban y sus dedos cobraban vida propia. Las nubes salían de su boca una tras la otra, agitadas. Esto me decepcionó. Para alguien con tantos casos de robo era un poco inquieto con las armas. “Adelante, dispara”, le dije, retándolo, mirándolo fija y serenamente. Volteé mi rostro a un lado, tocando mi mejilla con mi dedo índice, señalando donde quería que me disparara. “¿Qué pasa?”, pregunté. “¿Eres cobarde?”. El hombre ahora tenía los ojos aun más inquietos y apuntaba directamente a mi mejilla. El sudor brotaba de su cuerpo como grandes gotas que no dejaban de caer al suelo. “¡DALE! ¿QUÉ ESPERAS?”, le grité abriendo mis ojos ampliamente, con furia, apretando mis dientes al terminar, dejando que los callejones de la ciudad me hicieran un canon en su coral nocturna. El gran hombre que estaba allí al lado, tranquilo, sin moverse mucho, sacó un arma de su chaqueta y disparó. Boom. El tiempo en que le tomaría a la bala en llegar a mi mejilla era insignificante. A la distancia que estábamos, el impacto sería devastador. El hombre se preparaba para hacer lo que seguramente hacía a menudo. El estruendo del disparo correría por toda la ciudad como una llamada de alerta a la policía. Vendrían a buscar un cuerpo en el suelo sin encontrar responsables, pues él se habría marchado justo antes de que el cuerpo cayera al suelo, frío y sin un aliento de vida más. Sólo que esta vez eso no sucedió. Frente a él se encontraba ahora un hombre con la cara limpia, intacto, quien volteaba su rostro hacia él, con una sonrisa maliciosa y soltando una risa entre dientes que poco a poco se transformaba en una carcajada. La risa cesó dejando otra vez en silencio profundo al lugar. Ahora los miraba fijamente. Un segundo a uno, otro segundo al otro. El primer asaltante comenzó a disparar descontroladamente, mientras yo caminaba lentamente hacia ellos. Pero, así como la primera bala, todas las demás caían al suelo, aplastadas, hasta que ya no hubo más. Volvió a reinar el silencio, aunque mis pasos, los jadeos del hombre y los latidos desesperados de su corazón trataban de usurparle el trono. El gran hombre, antes tranquilo y calculador, tenía la mirada atónita, su ojo vago saltando y bailando en su cuenca. Había dejado caer su arma y, no importaba su esfuerzo por moverse, su cuerpo no respondía. Yo caminaba riendo y mirándolos. Sus rostros se iluminaban ante la luz de los ojos del ser aterrador que se manifestaba ante ellos. El asaltante trató de escapar, sólo para sorprenderse al ver que no se podía mover, pues un grupo de tentáculos negros, que brotaban de mí, como sobras, amarraban su cuerpo, piernas y brazos al suelo, como cadenas de oscuridad en una prisión fría y desolada. Los miraba fijamente, sonriendo. Me miraban, llenos de desconcierto, a mis ojos amarillos y brillantes, como si estuviesen en una pesadilla. Ante ellos ya no se encontraba un hombre, sino algo con forma humana pero totalmente cubierto de piel negra como el aceite. Una sombra andante con ojos redondos y una amplia y blanca sonrisa. Trataban de gritar, pero de sus bocas apenas lograba salir un chillido sordo, ahogado en su propio terror. “Ustedes, sigan haciendo lo que no deben. Hay más personas como yo en el mundo y puede que algún día se vuelvan a tropezar con alguna”. Los dejé solos, volviendo a mi aspecto común, y empecé a caminar de regreso a mi hogar. No me siguieron. Ya sé lo que pasará. Primero no creerán lo que vieron. Después tratarán de contárselo a otros y los tratarán como locos. Les dirán que estuvieron drogados y ellos lo creerán. Y si no lo creen, al menos dirán que sí. Y vivirán el resto de sus vidas, o al menos algunos años de esta, temiendo encontrarse con alguien como yo. “Es peligroso”. “Siempre pasa algo”. “Mataron a x cantidad de personas anoche”. Eso me dicen cuando salgo a caminar. “Hay monstruos allá afuera”, me dijo la niña. Pero yo no tengo miedo. Mi nombre es Víctor, y yo soy un monstruo. ** Esteban J. Aquino Rivera http://www.letralia.com/firmas/aquinoriveraestebanj.htm Escritor puertorriqueño (1993). Estudia biología en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez (http://www.uprm.edu). === Una temporada con Rimbaud (extractos) ================================= === Florentino Gutiérrez Gabela =========================================== Prólogo Los tiempos son caprichosos para Rimbaud, aun cuando florezcan los cerezos de París, y la nieve, blanca y fría, dormite en el Sena todos los inviernos. Su existencia es esencialmente un despojamiento personal y reflexivo que duele, pero sobre todo es derrota y angustia, y aun más, huida. La desmesura en que vivió y el desgarramiento profundo y personal, forjan con el paso del tiempo el argumento de su universalidad. Cualquier pensamiento suyo o concepción vital, habría que delimitarlo en un contexto de desarraigo absoluto, sin considerar ningún otro, si verdaderamente queremos formarnos una interpretación ajustada de su vida y su poesía. No hay convencionalismos, ni en la manera de concebir la vida, ni en su lenguaje, ni tan siquiera en su fracaso, sólo una actitud de sometimiento, libre de prejuicios, rumbo al desastre largamente presentido. Y su destino es un entramado vulnerable de perversión y de un culto alcanzado a costa de la transigencia del espíritu. Todo en él es una fuga constante para sólo conseguir la fragilidad y la indigencia. Habría que ser conscientes de su abandono, otorgar una cierta benevolencia al que bien pudo proclamarse prófugo de sí mismo hasta el límite inexistente de la vida, de aquel que añora París como la patria de los poetas bohemios del mundo. Rimbaud es un personaje literario que ha corrido su propia suerte. La suya es una imagen mitificada casi enferma de tristeza y soledad. Está investido de todo el malditismo posible, y toda su vida y toda su muerte es cultura estética, monopolio de su propia realidad. *** Rimbaud en África I Los pájaros de África llevan el credo entre las alas como los tambores del tiempo la historia maldita del mundo bajan por el río carnes de tintas alambicadas y ágatas del musgo. Yo seré apátrida en este mundo sin corazón del alacrán suicida. II Hoy me llegan los días cargados de una épica tristeza, ciudades de bronce con el aroma salvaje del ébano. Hoy sigue negándome la luz la fecundidad de la noche, y yo, desmesurado en las palabras de buena simiente he creado el círculo irracional de la nada más confines, más inmensidad, más inexistencia. III Tierra de África, reposo de los temblores del hambre y la sed barro del grano primitivo alimentada por el yugo líquido de la nube infecunda. El grito de cólera retumba en la negra piel donde crece el romero. IV En Etiopía, las ceremonias del almuédano y los rezos de las mezquitas son el único poema. Entre callejones y turbantes cualquier pretexto para la vida pasa por la inocencia adolescente ¿para qué sirven la palabra y el rezo con olor a sándalo? Algunas veces la juventud es un marfil abandonado en el crepúsculo de la sabana. *** Meditaciones de Rimbaud Me entretengo en mis días de poeta furtivo. Yo tenía la mirada en grandes puestas de sol, era un lujo inquietante, un esplendor impertinente buscando el frío de la eternidad, sin embargo, he codiciado el fruto de un invierno sumergido en la piel. No encuentro el eje de esta oscuridad. Entre canto y bohemia llegó el desamor mordiendo la sangre. Pregunto, por qué un latido solo teje en un instante el hielo de mi vientre, cómo mi voz va quemándose en las piras de nieve del crepúsculo. ¿No era entonces la vida un clamor aferrada a su fiero oleaje de memorables sueños y entrañables impaciencias? Soy el celebrante de los vagabundos el viajero de la obscena melancolía el cantor de solemnes alcohólicos y prostitutas tristes. Soy el héroe de inhumanas leyendas allí donde Verlaine se consume sumido en la pasión. La poesía se ha roto como crueles amantes ven morir las gaviotas. *** A media voz para el olvido Los poetas pobres se mueren escrupulosamente. Trepan por los siglos como gigantes y por los huesos milenarios de las golondrinas desprenden un perfume de cíclopes callejean como los perros o crecen a galopes entre los blancos erizos tienen horas gastadas por el llanto porque ante la noche lloran el abandono a veces acaban en el fondo de los ríos pero hay que haber amado mucho sobre el corazón de las estrellas. Tú, joven Rimbaud ¿no alcanzas tanta noche herida? ¿Cuándo acaba de morir el hombre que nunca ha sido? *** Rimbaud recuerda París En París vuelan los pájaros del bulevar y la aurora emerge a la orilla del Sena. Recuerdo ver pasar los días a tumba abierta mientras la tierra giraba hacia su precipicio en el corazón de Montmartre. Tal atracción hace pensar en el mundo vertiginosamente. La noche de absenta entra por las calles de Pigalle con su violín de bohemia y yo recuerdo toda la gente donde sentí la vida y sus almas y el puñal de sus deseos. *** Pasión por Verlaine Habrá una última condena para pagar el exceso de lo que nos dejó el huracán. No nos salvaremos entre estas ruinas aguardando el grito desenterrado de la serpiente, no iremos por las horas baldías de una flor amante con la inocencia alborotada entre las uvas del deseo. Fue desamar, un desasosiego ansiosamente esperado. Mas no hubo tristeza. Quizás insolencia en la última mirada, maltrecha ya por algún adiós impetuoso. ** Florentino Gutiérrez Gabela http://www.letralia.com/firmas/gutierrezgabelaflorentino.htm Escritor español (León, 1953). Es técnico de telecomunicaciones. Poemas suyos pueden leerse en revistas digitales como Destiempos (http://www.destiempos.com), Palabras Diversas (http://www.palabrasdiversas.com), Almiar/Margencero (http://www.margencero.com), Revista Literaria Remolinos (http://revistaremolinos.blogspot.com) y Gibralfaro (http://www.gibralfaro.uma.es). Ha publicado, además, los poemarios Liturgia del tiempo, Caballos del Paraíso, Últimas devociones, La vida y otros agravios, La ciudad de los lenguajes, Alba de otoño, Los paisajes oscuros y Vivir no es una utopía, todos con el sello Visión Libros (http://www.visionlibros.com). Pertenece a la Red Mundial de Escritores en Español, Remes (http://www.redescritoresespa.com). === El gran vidente africano Alejandro Cardozo Uzcátegui ============= Eduardo Solórzano dudaba de sus capacidades. De su nariz, de su peinado, de la talla de sus zapatos, del color que finalmente terminaba escogiendo para una camisa, del largo de sus pantalones. Dudaba de todo lo que elegía, de todo lo que era, hasta que un día, revisando el correo en su casa, leyó un papelito puesto entre la puerta y el cerrojo de seguridad: “NO HAY VIDA SIN PROBLEMA NO HAY PROBLEMA SIN SOLUCIÓN. MAESTRO LAMÍN, GRAN VIDENTE AFRICANO...”. El volante de papel continuaba informando: “Soluciona diversos problemas con rapidez, eficacia, experiencia en todos los campos de la alta magia, por difíciles que sean. Protección contra el mal, enfermedades crónicas. Conocedor de los secretos y todos los casos difíciles, como depresión, amarres, negocios, quitar hechizos, recuperar parejas, encontrar trabajo, mantener el puesto de trabajo, atraer a personas queridas, limpiezas, quitar mal de ojo, quitar mala suerte, romper ligadura, impotencia sexual, ayuda para exámenes y suerte. Problemas familiares y judiciales, malos espíritus y protección contra todos los miedos y accidentes de la vida; amuletos. Quito brujerías, etc. Si quieres conseguir una nueva vida y también todo lo que te preocupa, atiendo personalmente y también me desplazo. ¡¡LLAMA AHORA!! RESULTADO GARANTIZADO AL MÁXIMO. TODOS LOS DÍAS DE 9:00 A 22:00, teléfonos 940-445098-212151/688 656565...”. Si Eduardo Solórzano hubiera venido a preguntarme qué tal me parecía este gran maestro Lamín, posiblemente le hubiera dicho, no sin sorna, que era francamente extraordinario: el hombre era una mezcla de abogado con médico homeópata, sanador quiropráctico, psiquiatra, consejero espiritual, asesor financiero, y, lo más impresionante, quitaba hechizos, era un mago, un alto mago. Lo de mago me dejó en una sola pieza. Alguien que se considerara hoy día mago sin haber hecho ni siquiera un cursillo de redes o programación de páginas, fibra óptica y todas esas nuevas formas de embrujos de la vida virtual... del ser estar virtual, me decepcionaba un poco. Pero Eduardo Solórzano no vino a pedirme consejo alguno. Llamó rápidamente al maestro Lamín, quien, como dejaba claro en su hoja de publicidad, atendía directamente y se desplazaba. Si el maestro Lamín hubiera venido a preguntarme qué tal la idea de ir a tratar a Eduardo Solórzano, hubiera dicho, no sin sorna, que aplicase, antes de visitarle, sus cualidades de gran vidente africano. Tocaban el timbre de la puerta de casa de Eduardo Solórzano, apresurado, apagaba el equipo de música, y se ajustaba el cinto. —¿Sí? ¿Quién? —preguntó Eduardo Solórzano, como alguien que espera una prostituta a domicilio, con cierto recato pero mucha desesperación. —Es el maestro Lamín. Tengo una consulta en esta dirección, un cliente —sonaba con fuerte acento del francés de África: menos cosmopolita y más verde, cálido, húmedo. Eduardo Solórzano necesitaba convencerse rápidamente de lo urgido que se sentía, así que echó un vistazo alrededor suyo, y en el resumen de la vida que suelen ser nuestros espacios íntimos, la respuesta fue contundente: “Abre”, dijo ese yo que nos habla cuando estamos un poco tontos: “Abre, Eduardo, necesitamos una salida rápida a nuestra tristeza en tupperware”. —Adelante, maestro Lamín —dijo Eduardo, sin mirarle directo a los ojos, como quien contrata un servicio inmoral a domicilio, y se avergüenza ante el mismo sujeto que lo suministra. —Dígame, monsieur Eduardo, ¿en qué le puede ayudar este viejo sabio del centro del corazón africano? —“Viejo sabio” y tenía, como mucho, cinco años más que Eduardo Solórzano. Como unos treinta y cinco. —Maestro —dijo Eduardo—, no sé por dónde empezar. Me avergüenzo de mí mismo simplemente por haberle llamado, y si no lo hubiera hecho, me avergonzaría por mi cobardía púdica. Me ridiculizo a mí mismo. Soy mi propio payaso. Me apenan mis pocas relaciones íntimas con mujeres, soy un timo. Cuando he tenido suerte, las traigo a casa y las filmo con una cámara oculta, pues sé que cuando acabe mi mal performance en la cama, me abandonarán con excusas como “mi perro se siente muy solo últimamente, y creo que es gay... quiero apoyarle, Eduardo, cuando mi dálmata salga del armario; tú me entiendes, Eduardo, por eso no podemos alargar más esta relación”. Las filmo, maestro, para luego ver el video y usted sabe... tener una aventura cremosa con mi propia mano. Y uso la izquierda por cierto... —Ah, ¿es usted zurdo, monsieur Eduardo? —preguntó con desconcierto el maestro. —No, maestro Lamín, soy diestro, pero sé que mi mano derecha se avergonzaría de mi manera de proceder. Y sólo cuento con ella para la mayoría de las tareas que desempeño en esta calamitosa rutina mía. —Pero una mano de uno mismo no se avergüenza de uno mismo... monsieur Eduardo. Es decir, es como que uno se avergonzara de girar los ojos, la mirada, hacia algo que en un principio llame nuestra atención y al poco tiempo sea otra cosa de la que esperábamos, y ante la decepción nos castiguemos los ojos, o pensemos que los ojos nuestros, propios de nosotros, sientan pena de nuestros propios comandos motrices. —¡Ah! ¿Le ha pasado eso a usted también, maestro Lamín? —preguntaba Eduardo, como consolado ante la esperanza de toparse con alguien como él. —¡No, monsieur Eduardo! No debe pasar eso nunca. No debe ver su cuerpo como socios individuales de su conciencia. Usted es un todo, monsieur Eduardo. Ante esa profunda afirmación, más de un bonzo que de un maestro africano —pensaba Eduardo—, se sintió, por primera vez en mucho tiempo, con esperanzas. —Dígame, monsieur Eduardo, aparte de filmar cuando logra tener sexo con alguna chica. ¿Qué otra cosa le acongoja, le avergüenza de usted mismo? —Mis medidas, maestro. Tengo las piernas y los pies pequeños, y un brazo más largo que otro. Mi nariz pareciera una caverna donde las fosas dieran cobijo durante el día a una comunidad de vampiros que en la noche, en el momento más hondo de mis sueños, salieran a picar vacas y toros para chuparles la sangre. —Hmmm —hizo el maestro un sonido de la meditación profunda, trascendental, de quien descifra algo—. Eso sí que tiene pinta de hechizo, del grave hechizo del zugezuge. Bien, ya voy anotando en mi lista de conjuros el sortilegio zugezuge, monsieur Eduardo. ¿En qué otra cosa puedo ayudar? Vamos, anímese, poco a poco saldremos de la pesadilla que es vivir su vida, monsieur Eduardo Solórzano. —Maeeeestro —dijo, con voz grave, como viendo fuera de la ventana un espectáculo lejano, mientras sacudía lentamente su cabeza, afirmando quién sabe cuántas verdades fáciles y epifanías cursis, que le llegaban a su cabeza—. Tengo una enfermedad crónica, mitad mental, mitad del cuerpo, física, ¿sabe? Es como una enfermedad que tiene algo qué ver con los vicios, con los apetitos... aunque no fume, ni beba... ni nada de humos, de polvos, de agujas por mi nariz o por la boca. Nada de eso. ¿Maestro? El maestro miraba con cierta incomodidad su reloj, disimulando un ligero aburrimiento en la pesada atmósfera del monsieur Eduardo Solórzano. Estaba acostumbrado a socorrer señoras divorciadas, dedicadas a los oficios de la peluquería, la manicura. O a gays en ambientes similares, con una vida muchísimo más divertida y problemas bastante menos jodidos que los de este chico, ensalzado en su propia repulsión ante sí. El último trabajo que hizo el maestro Lamín, antes de ir a socorrer al monsieur Eduardo Solórzano, fue visitar a una manicurista que no lograba seducir al repartidor de los productos Bellísima’s en el salón de belleza Kabello’s New Factor, donde ella arreglaba uñas (sólo de manos). La chica se llamaba Belinda, pero pedía que le dijeran Lucy de Bill. Misterios del mundo de la baja farándula urbana. Ella llamó desde su apartamento al maestro Lamín una tarde de viernes. El maestro africano fue a su cita, puntualmente. —Maestro, voy a ser franca, me gusta este chico —y sacó de su bolso el teléfono, con el que había hecho varias fotografías del repartidor de los productos Bellísima’s. —Hmmm —dijo el maestro—, y no te hace caso, ¿no? ¿No le llamas la atención? ¿No le atraes? Y Belinda, o Lucy de Bill, le contesta muy compungida: —No sé qué más hacer, maestro. Voy vestida de manera provocadora, le expongo cada vez más mis generosos senos, le miro; me agacho de manera frontal para que vea con mayor detalle mis curvas y el color de la ropa íntima que le espera en mi cama... negra, roja, piel de cebra, de jaguar, de chimpancé, de lémur... y nada, maestro. Un día mojé a propósito mi blusa del trabajo, lavándole el cabello a un cliente, tarea que no me correspondía, ya que sabía que el repartidor iría esa tarde, y por lo mismo no llevaba sujetador: se me han transparentado mis senos. Sabe, maestro Lamín, mis pezones son tan negros como su nariz, y tan grandes y redondos como sus ojos, y ante el frío del aire acondicionado de la peluquería, además que estaba algo excitada intentado provocarle, mis pezones eran como un par de cohetes apuntándole a mi chico, indiferente. —Hmmm —meditación profunda y trascendental—, prosigue, Lucy de Bill —dijo el maestro, que estaba más puesto que una locomotora, quería ser desesperadamente el repartidor de productos Bellísima’s para ver de cerca la talla y la forma de aquellos pezones volcánicos. —¿Pues qué le puedo decir, maestro Lamín? Estoy loca por él. No sé, creo que como no me hace caso, más me enloquece. ¿Cree, maestro, que lo que digo tenga algún sentido? ¿Si me hago la indiferente se fijará en mí, sin tanto esfuerzo de mi parte? —No, señorita mía, no. Tengo la solución para tu problema, pues ya sé lo que padeces. Tienes un claro síndrome de uasherati msisimko, pero favorablemente sé exactamente cómo proceder. —¡Qué alegría, maestro Lamín! Al fin voy a curarme de ese... uas... mimi... seko tumo... lolo... de eso mismo. —Bebe esto, Lucy de Bill —el maestro sacó de un tubo de ensayo recortado, amarillento y con la tapa hecha de un trozo de corcho de botella, varias hojitas machacadas y semillitas negras y rojas. Lucy de Bill fue a la cocina y trajo una tacita con agua apenas calentada en el microondas. Le dijo el maestro a Lucy de Bill: —Trae una fotografía de ese que te gusta, rápido. —No maestro, sólo tengo fotos grabadas en mi móvil. —No importa, da igual, busca una foto, la que más te guste, y pon aquí el móvil, al lado de la bebida, mientras hago mi conjuro: “Mimi nataka huu msisimko”. Dijo varias veces el conjuro, mientras Lucy cerraba los ojos, impresionada de lo expedita que funcionaba esta magia, y claro, haciendo una pequeña actuación esotérica, a tono con la escena global. Al finalizar el conjuro Lucy de Bill pregunta: —¿Ya, maestro? Y éste, al tiempo que se desabrochaba el cinturón, le contesta: —Lucy, querida, esto apenas comienza —bajándose los pantalones, el maestro le ordena a la manicurista:—. Lucy, toma el cetro sagrado. Y Lucy, ciertamente impresionada de corroborar aquella leyenda urbana de los africanos subsaharianos, toma el cetro sagrado del maestro Lamín. Digamos que entre desconcertada y algo emocionada por el tamaño del cetro. —Lucy —dice el maestro—, una vez tomada la poción mágica, exclusiva del maestro Lamín, debes lamer el cetro. —Pero, maestro... —dijo aturdida Lucy—, esto no me parece muy mágico que se diga, no imaginaba el ritual así. —Así lo hacemos en África, Lucy, lame el cetro. Lo dijo de una forma tan ceremonial que la convenció. Lucy y el maestro Lamín ciertamente se emocionaron en el transcurso del ritual, y terminó Lucy asumiendo la realidad, de que el cetro era realmente lo que era, y se fue a la cama con su curandero. Al final de la tarde, ya a punto de marcharse, en el marco de la puerta, le dice el maestro a su clienta: —Lucy, nadie con un buen cetro pierde la ocasión de compartirlo con una chica como tú. Así que ponte en tu justo lugar con el repartidor de Bellísima’s, ignóralo, y verás que, si no se fija en ti, es que nunca mereció la pena. Y Lucy, como si le hubieran revelado una verdad trascendental, de estas que cuesta encontrarlas toda una vida, le mira como viendo a Sidarta y le dice, con la mayor devoción de todas: —¡Gracias maestro Lamín! Gracias, gracias... ¡Oh! Gracias... maestro... Por todo lo demás, cómo se iba a comparar el último trabajo que había hecho Lamín con este de ahora. Un chico más perturbado que un pájaro recientemente enjaulado, tan aburrido como las cortinas marrones de la sala de casa; una horrible casa, totalmente alfombrada, con muebles de cuero blanco y cuadros baratos, de esos que se compran en los paraderos de autobuses del turismo de pacotilla, estatuas de fibra de vidrio, de medio tamaño de la original, imitando piezas clásicas del Louvre, y un olor como si alguien cocinara con mucho aceite de girasol, y todo mezclado con golpes del hedor de muchos gatos y excremento canino. Y no vivía Eduardo Solórzano en una mala urbanización. Era de esas típicas casas de la clase media que intenta que una buena colección de carros japoneses les dé prosapia. Hasta para un africano que huía de la guerra en su país, el cuadro de su cliente era palpablemente tétrico. —Bien, monsieur Eduardo, prosigamos —dijo el maestro como quien se incorpora al trabajo, sacudiendo sus manos de las migas del pan, luego de comer un tentempié—. Me decía usted que tenía una especie de enfermedad de apetitos, pero que no era un vicio en particular. Eso lo podemos curar con una limpieza. Sacando de su bolso plumas de gallina, unos huesitos mínimos de algún pobre animalejo de ciudad, unos hilos rojos y negros, una flor morada, un tarrito de pintura al frío, pero con sangre —seguramente de la misma gallina que contribuyó con las plumas—, inició con un cántico africano, que más parecía un merengue dominicano que otra cosa, pero entre susurros y un gritillo grave de vez en cuando, digamos, el ambiente se tornó misterioso... “esotérico”, mágico. —Vamos a limpiarle, monsieur Eduardo, vamos a quitarle toda esa multitud de demonios que le atormentan, que le impiden conquistar a la mujer de sus sueños —que por cierto, no las debe seguir grabando, monsieur Eduardo—; demonios que le hacen creer que tiene una pierna más larga que otra y que calza un número de zapato muy grande. —No, al contrario, muy pequeño, maestro, muy pequeño —dijo Eduardo Solórzano, no sin tornarse un poco atormentado. —Bien, monsieur Eduardo, repita conmigo: “mimi ni mpumbavu”, y luego “Sijui nini cha kufanya na mali yangu”. —Y Eduardo repetía “mimi ni mpumbavu” y, tras una pausa obligatoria para que se diera un aire de ritual africano de curación, “Sijui nini cha kufanya na mali yangu”. Luego de otro rito muy parecido, empieza el maestro a recoger sus utensilios. Le hizo beber pócimas y cócteles limpiadores a Eduardo, quien los bebía como si lo disfrutara, como si creyera que la luz al final del túnel vendría con el último sorbo de esos menjunjes. —¿Cómo se siente, monsieur Eduardo? Tardará unos pocos días en ver las mejoras, no se inquiete, monsieur Eduardo, que el efecto de la magia es cincuenta por ciento de quien la recibe y la otra mitad de parte mía. Recuerde que mi resultado está garantizado “al máximo”, jajá jajá —rió con su amplia sonrisa de dientes enormes y perfectamente blancos—. Debe pagarme todo antes de salir de la habitación, monsieur Eduardo, para que surta mayor efecto. Mientras recogía sus pertenencias, hablaba todo el tiempo sin levantar la mirada de la alfombra y del sofá donde estaban todos los materiales regados. Se acercó por atrás monsieur Eduardo con un amolador de cuchillos, largo, como de treinta centímetros con mango incluido. Le dijo al oído, susurrando: —¿Recuerda, maestro, lo de mi vicio que no era vicio? Más bien un hábito, un apetito... Prosiguió enterrando por un costado del maestro el amolador de cuchillos, hasta donde su mano derecha ya lo impedía, hasta ahí llegaba la estocada. —Merde!!! Que faites-vous avec ce couteau?!? —dijo el maestro mientras caía del dolor. —Maestro Lamín, cuanto lo siento. Me place informarle que voy a comérmelo. Esa era mi apetencia más grave. Aún no estoy curado... ¡pero confío en su magia! —Bâtard... ** Alejandro Cardozo Uzcátegui http://www.letralia.com/firmas/cardozouzcateguialejandro.htm Escritor e investigador venezolano (Zumba, Mérida, 1978). Historiador y politólogo por la Universidad de los Andes (ULA, http://www.ula.ve; Mérida). Investigador adjunto del Archivo Histórico de Miraflores (Palacio de Gobierno) y de la Academia Nacional de la Historia (ANH, http://www.anhvenezuela.org; Caracas, 2006). Investigador del Simón Bolívar Museoa (http://www.simonbolivarmuseoa.com), en Ziortza-Bolibar, Bizkaia (España, 2008-2010). Magíster (2010) en Europa y el Mundo Atlántico: poder, cultura y sociedad por la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU, http://www.ehu.es) y la Universidad de Valladolid (UVA, http://www.uva.es). Doctor en historia (2012) por la EHU. Profesor de la Universidad Simón Bolívar (USB, http://www.usb.ve) en Caracas, Venezuela. Autor, editor y colaborador de una decena de libros de historia, ciencia política y poesía. Ha colaborado con artículos y ensayos en revistas de historia, ciencia política y literatura de Venezuela, México, España y Francia. === Poemas Jorge Campos ============================================== *** Sepultureros Los sepultureros desenterraron el vacío de mis entrañas, efímeros llenan el hueco con risas e historias secretas Luego llega el momento Partida irrevocable llorando en silencio Se abre el hueco Y yo vuelvo a él *** Crimen a Moisés Palacios Que tus labios no lo intenten pronunciar calma mis miedos, pero es tu mirada la que tajante y con frenesí absoluto descarga su filo criminal en mi pecho. *** Hoguera Mis ojos se queman en la zarza ardiente Sí, se queman Y yo sigo tratando de ver *** Aquelarre en los escombros de una jaula Me despiertan esos demonios en profunda noche parlera que gime adolorida en mis llagas sudantes me arrastran a ese aquelarre que abraza mi cuerpo donde la soledad arde mustia donde las plumas ensangrentadas de pájaros asilados en mis manos escriben las palabras que han muerto *** Reminiscencia secular De una herida abierta profana e indolente brota el esperma progenitor de ángeles blancos negros en la extracción fugaz de una herida que se seca al sol implacable de los ecos mis alas se vuelven de piedra ** Jorge Campos http://www.letralia.com/firmas/camposjorge.htm Poeta nicaragüense (Managua, 1987). Licenciado en economía. Ganador del primer lugar en cuentos del V Encuentro Nacional de Jóvenes Creativos por el Arte (Managua, 2004) y, con dos de sus poemas, uno de los ganadores del VII Concurso Anual de Cuento Breve y Poesía de la Librería Mediática (Venezuela, 2010). Desde 2007 es miembro activo del Coro Nacional de Nicaragua (http://coronacionaldenicaragua.blogspot.com). Mantiene un blog literario en http://mireinointerior.blogspot.com. === Viajero Cristina García Ramírez ================================== Óscar viaja, viaja y viaja. Acumula recuerdos, imágenes de carreteras, museos, parques, auditorios y teatros llenos de desconocidos. Vive la esclavitud de los hombres que gozan la libertad de tránsito. Ya no quiere esto, se siente solo. La ama, mas no la ve nunca. Tiene una fotografía suya en la cartera y las palabras que pronunció el día de su boda, metidas en la memoria. Trece llamadas telefónicas y setecientos noventa y un telegramas los han unido en un matrimonio de diez años. Renuncia y se arriesga a la incertidumbre de vivir del amor que habita en unos cuantos recuerdos y de alguna nueva forma de hacerse de dinero. Venderá su automóvil, cambiarán de domicilio, arrebatará a María las flores frescas que alegran la casa y cambiará la alfombra por algo más útil. Sube al tren y comparte el asiento con un hombre que tose sin parar con la cara enrojecida y las venas del cuello hinchadas. A fuerza de cansancio, no de ganas, cae dormido hasta que arriban a la estación del muelle. Sale del vagón y aborda el barco, ya sólo le esperan dos meses de viaje. No piensa telegrafiar a María, prefiere darle la afortunada sorpresa. Horas después, jaqueca y mareos que atribuye al movimiento del barco. Días adelante, un calor insoportable. Por la noche se tiende sobre la cama, no tolera cobijas, se estremece, durante el sueño le da un escalofrío que lo retuerce por todo lo largo, que le hace acercar las sábanas y luego retirarlas. Han pasado ya tres días sin que lo sepa. No ha salido a probar bocado, sólo ha bebido agua y vino. Despierta cansado. Se dirige a la enfermería y pide ayuda de un médico que, por supuesto, tarda en llegar porque está disfrutando del azul del océano, acompañado de una copa de champagne y una mujer que viaja con su esposo que se ahoga en la cantina. El médico suministra algunos medicamentos y recomienda compresas para bajar la fiebre. Así, con cuidados, llega a su ciudad. Telefonea a su mejor amigo para que vaya a recibirlo. Una vez que Hernán llega al muelle, expresa su inquietud por la coloración tenue de la piel de Óscar, quien ahora tose con tanta fuerza que no sabe si saldrá una flema o un pulmón entero. Hernán se ofrece a acompañarlo al médico, pero Óscar prefiere ir solo. Después de arduos análisis médicos, llega a casa de Hernán y permanece ahí durante cinco días, escondido, esperando la respuesta del doctor. Un lunes a las ocho de la mañana, Óscar se levanta, pálido y más delgado. Bebe un sorbo de leche y escribe una nota a su amigo: “Hoy el médico definirá mi destino”. Antes de firmar la nota, una terrible tos lo ataca, escupe y seis puntitos de sangre se dibujan en el papel. Entra al vehículo de Hernán. Conduce hasta el laboratorio. Saluda a la recepcionista, cubriéndose la boca con un pañuelo blanco lleno de manchas amarillas y marrón deslavadas. Pide sus resultados. La recepcionista le extiende un sobre de papel. Óscar lo toma y, poniéndolo entre su cara y la lámpara, observa transparentarse una hoja. Abre desesperado el sobre y se aleja de la mirada desconfiada de la empleada. Sin el menor cuidado extrae la hoja, la desdobla y ve: POSITIVO. Ya lo esperaba, no podía ser otra cosa. Sube de nuevo al vehículo, deseando que algún infortunio lo haga morir ahora y no lentamente; que María le llore creyendo que recién regresa a la ciudad, que ha sufrido un accidente automovilístico, que un asesino lo confundió con alguien más... cualquier cosa, pero que no le llore durante meses por no avisarle que venía, que llegó, que estaba enfermo, que está muriendo poco a poco y ella no puede hacer sino cuidar a un desahuciado que fue su esposo el día de la boda y, después, un personaje del que leía por telegramas. Odia la idea de llegar a casa y enfrentar la verdad a María; sin embargo, llega y abre la puerta. Encuentra a su esposa sentada en el fondo del lobby, bordando. Los muebles acomodados como hace diez años. La mesa ratona a un lado de María aún sostiene el cofre que Óscar le regaló para que guardara los telegramas, diez años atrás. María baja las cejas reconociéndole la silueta a contraluz. ¡Es Óscar! Tiene que ser él. Deja el pañuelo y la aguja y se para dispuesta a avanzar a su encuentro, pero Óscar se lo evita con un grito y, llorando, le dice que va a morir pronto. Sale de la casa y conduce de vuelta al muelle. Compra un boleto para iniciar cualquier trayecto que le demore más de dos meses. Sube al barco, entra al camarote y se acuesta en la cama a esperar. María permanece extrañada durante treinta minutos, sin saber si debió salir a detenerlo o llamar a la policía para que vaya a buscarlo y le evite cometer una locura. Si sale a detenerlo, no lo alcanzará, ha pasado mucho tiempo. Si llama a la policía para que vaya a buscarlo, no sabrá ya dar descripción de su marido, no sabrá referir sus facciones y tampoco guarda fotografías suyas. María decide seguir bordando. ** Cristina García Ramírez http://www.letralia.com/firmas/garciaramirezcristina.htm Escritora mexicana (Morelia, Michoacán, 1988). Es estudiante de la licenciatura en sociología en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx) y pasante en derecho por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (http://www.umich.mx). === Poemas Manuel Iris =============================================== *** Para brindar ahora Homenaje a Pedro Lastra. Para Raúl Diego y Denis Pech. Después diremos que hemos sido jóvenes, que salimos en aviones a buscar palabras y muchachas nuevas. Que nos sentamos la belleza en las rodillas, la encontramos amarga y la injuriamos. Después diremos que hemos sido mercenarios de calles largas y licorerías. Diremos que hemos despertado alegres. Que una mañana desnudamos la poesía y allí, frente a su cuerpo irregular y enorme difícil de preñar hemos tenido el miedo y el deseo de que todo termine. Diremos que nos hemos conformado con hacer literatura: quisimos armar piedras quisimos fundar tigres quisimos construir un templo de ceniza y alimentar su hoguera. Después diremos que dejamos el lenguaje, que no nos hizo falta y partiremos, viejos y cansados callándonos que todo es una gran mentira. *** No es aquí Varado en lenta, ennegrecida estancia en que se aduermen horas y llovizna voy a negar la casa. No admitiré que estoy compuesto de oquedades, a confesar que me hacen falta abuelos y mi hermana que parece siempre a punto de parir. Apuntaré: afuera sopla el viento, se evaporó la nieve y el pordiosero sale de sí mismo... Diré que escribo con entera libertad pero será mentira. No es éste el sitio de decir lo que uno extraña. No es aquí. === Mi madre mira su ventana y dice llueve miro afuera realmente está lloviendo dice cuando niño te buscabas charcos para ver las nubes abro mi ventana todo huele como a sabor de jícama colgamos el teléfono salimos a la puerta sonreímos como si viéramos la misma lluvia *** Escrito en oquedad I fall in love too easily, Miles Davis Afuera, corazón quédate afuera no nades en mi pecho tuércete respira como pez fuera del mar pero también de ella no mueras, sin embargo y calla no renuncies aprende a consumirte y no solloces duerme. Afuera, corazón quédate afuera no vengas a buscarla. *** Round midnight And I lost in the morning mist of an age at a riverside keep wandering in the mystic rhythm of jungle drums and the concerto. Gabriel Okara, Piano and drums El Arquitecto calla, piensa. Planea juntar las puntas de la media noche para hacer de nuevo el puente entre tu voz y tu verdad primera. ...el inicio es torpe. Borro y escribo: Thelonius Monk ató puntas de la media noche para tender la melodía que funciona como puente de tu voz al grito primigenio. Acaso ha mejorado. Sigo escribiendo pero entonces apareces. Entras al cuarto y a pesar de que te veo de frente, prefiero la otra imagen que hay en el espejo, la variación del vidrio boquiabierto junto a ti. ...me detiene boquiabierto: evidente efectismo. Pongo de nuevo esa canción del Arquitecto y dejo que te vayas. Continúo: Thelonius Monk ha atado los extremos de la media noche para iniciar la variación de los andamios que se alargan de tu hablar a tu gemir de orgasmo al primitivo tiempo de los otros los pre-humanos que se aman contemplando el fuego Thelonius Monk armó la media noche circular y entonces la ternura más rudimentaria se apropió de ti te convirtió en la imagen del primer amor que es casi el eufemismo de quedar en celo es casi ronda casi día siguiente ...la canción termina pero alguna variación es todavía posible. Callo. Imagino al arquitecto componiendo partituras que sirven nada más para salir o para entrar en ellas. Pongo play: pensaba unir las puntas de la media noche y la ternura más homínida posible el más elemental amor te vio las manos y pensó en dejarlas en la piedra para siempre en invocarte como a la cacería y te volvió rupestre y te dejó en la cueva del amor original del eufemismo de quedar en celo de ser Thelonius Monk haciendo los andamios que se alargan de tu voz a los aullidos de tu risa hacia el temblor de orgasmo y vas del piano al tambor y vas también en dirección contraria Caigo en cuenta de que el puente es una forma de la eternidad que el Arquitecto escribe los reflejos de tu rostro cuando entras por la puerta tu precisa variación tus puntos tus momentos de llegada o de partida. ** Manuel Iris http://www.letralia.com/firmas/irismanuel.htm Escritor mexicano (1983). Licenciado en literatura latinoamericana por la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady, http://www.uady.mx), con maestría en literatura hispanoamericana por la New Mexico State University (http://www.nmsu.edu; EUA). Premio Nacional de Poesía “Mérida” (2009). Autor de Versos robados y otros juegos (Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Conaculta, http://www.conaculta.gob.mx, 2004; Uady, 2006) y Cuaderno de los sueños (Fondo Editorial Tierra Adentro, http://www.conaculta.gob.mx/tierra/fondo.htm, 2009). Editor de En la orilla del silencio, ensayos sobre Alí Chumacero (Feta, 2012). Candidato a doctor en lenguas romances por la Universidad de Cincinnati (http://www.uc.edu; EUA). Mantiene un blog literario en http://bufondedios.blogspot.com. === Materia prima Pablo Brescia ====================================== I Aquel lunes leía el diario sin demasiado interés. Entró y pronto se dio cuenta de que lo estaba mirando, recorriéndolo con la mirada mejor dicho. Cansado de mi insistencia, el desconocido se dio vuelta para enfrentarme. —No vives aquí, ¿no? —le pregunté, a manera de presentación. —No. —¿Y a qué viniste? ¿Trabajo? ¿De vacaciones? No me digas que querías ver el letrero de Hollywood... —Vengo escapando. —Escapando... qué atrapante... ¿de qué? —De la vida. Suspiré. Esto no iba a ser fácil. Le dije: —Mira, ¿quieres que te diga por qué estás aquí? Se encogió de hombros. —Estás buscando una brújula, como todos. —Vine a escribir, declaró él. —¿Y qué escribes? ¿Guiones para cine? —No sé. Sólo sé que escribo. Tenía que pensar rápido, no dejar que se percatara de mi juego. —¿Qué te parece si te muestro Los Ángeles? Me miraba fijo pero no me veía. Guardé la computadora, miré a mi alrededor para asegurarme de que me vieran salir triunfante, y salí a la calle. Él me siguió, imagino que porque sí. Hablé durante todo el camino, mostrándole calles y museos, contándole sobre mi trabajo y sobre las personalidades famosas con las que me había cruzado. Él parecía atormentado por algo, y sólo pudo murmurar algún sí o algún no. Pocas horas después, frente a la puerta de mi departamento, comenzó a reírse con violencia y me sentí ridículo. Le pregunté por qué o de qué se reía. Me dijo que iba a ser su primera vez y agregó que era cierto lo de la inspiración que producía la ciudad. Agarró mi mano y la llevó dentro de su pantalón sucio. Me había descubierto, pero ya no importaba. Mientras entrábamos al dormitorio, le tomé la cara con las dos manos y lo besé. Abrí su camisa, le mordí el pecho y lo empujé hacia la cama. Eran las tres y cuarto de la tarde y a esa hora, en Los Ángeles, no pasa nada. Casi no habló y sólo pidió que las cortinas estuvieran completamente cerradas para que la oscuridad fuera total. Terminamos mirando el techo de la habitación, exhaustos y raros. Me dijo algo en voz baja. Al poco tiempo, volvimos al café. —Te quiero presentar a Cynthia. Es una gran amiga. —Mario me dijo que viniste a Los Ángeles a escribir. ¿Cómo va eso? —No va. —Lo lamento mucho. ¿Cuál es el problema? —Me gana la vida. —Raúl, en Los Ángeles vas a tener que acostumbrarte a vivir varias vidas. Todo es movimiento, nada se detiene, ¿no es cierto, Mario? II Preferiría no hacerlo, me dijo, mientras estábamos en el auto. Traté de hacerle entender que Mario era abierto, como toda la ciudad, que no concebía las relaciones en términos de fidelidad o infidelidad, que lo que íbamos a hacer era por su bien. En la cara de ese desconocido había vergüenza, pero yo pensaba en mí, ¿en quién más? Habíamos salido del café; íbamos a Westwood. Había que preparar el terreno, así es que llegamos al edificio con lentitud. Hacía calor, pero la mano mojada de Raúl delataba sus nervios y su incomodidad. Nos acercamos al 16A, el departamento de ese chino fisicoculturista que le lanzaba miradas lujuriosas a “Mario’s friend” desde su llegada. Agachados debajo de la ventana, no nos fue difícil espiar la espalda de Mario primero y luego ver al chino detrás de él, anhelante, con un culo de glúteos perfectos y brillosos que comenzaron a moverse dando estocadas precisas. —¿Te gusta?, le pregunté. No me contestó. Eran las seis de la tarde, y a esa hora todo comienza en Los Ángeles. Un rato después llegamos a mi departamento y nos arrancamos la ropa. Intuí que era su primera vez. Su inocencia era un regalo y yo no pensaba desaprovecharlo. Acarició mi pelo y me susurró una frase que nadie me había dicho antes. III Él no mencionó el incidente; nunca supe si sabía que yo sabía. Después del primer mes de estar juntos y al poco tiempo de lo de mi amiga, noté que Raúl parecía más y más alejado de la realidad. Las cosas fueron de mal en peor. A la traición de Cynthia se agregaba el autismo de Raúl. Por el día sólo se asomaba fuera del departamento para ir a comprar cervezas al 7-11 de la esquina. Algunas veces volvía temprano del trabajo y me lo encontraba mirando Animal Planet, imitando a un tigre o a un mono. Casi no hablaba. Por las noches, soñaba y se debatía con fantasmas que yo no lograba ahuyentar. Y en una de esas noches alucinatorias, escribió. Transpiraba y daba vueltas en la cama, como si algo habitara su cuerpo y él luchara por expulsarlo. Yo simulé dormir y él, de pronto, abrió los ojos y casi como un autómata comenzó a trazar líneas en el papel como un poseído, mientras yo lo miraba desde la puerta de mi habitación. Mario: Te escribo porque no puedo hablarte. Mi búsqueda no está saciada y debe continuar. Perdón, aquí viene el dolor... ¡No! No quiero, no quiero... Me persigue, pero no me voy a detener. Me fui de mi país porque necesitaba material, tenía que vivir cosas. Pero la vida se entromete. Repasemos nuestra historia sin estructura, sin orden. Debo irme. La ventaja de este país es su extensión; se puede vivir viajando. Voy a tomar unos dólares de la tetera rusa que te regaló tu abuela. Te pido perdón... te pido que entiendas... te pido por favor, no me olvides R. IV Estuve dando vueltas hasta que estacioné. Alcancé a ver una sombra cerca de mi casa. Raúl estaba temblando y desencajado. Lo dejé entrar, aunque todavía estaba furiosa con él porque seguía viviendo con ese imbécil que sólo lo usaba como adorno ante sus amigos. Yo había pensado una estrategia para que dejara su relación con Mario y se dedicara de lleno a mí. Le fui pidiendo pruebas de amor, presentaciones en público conmigo, planteos al otro. Pero Raúl no entraba en mi juego. O, más bien, entraba y salía: asentía pero no cumplía mis mandatos, se acostaba conmigo por tres o cuatro días y desaparecía una semana entera. No daba ni pedía explicaciones. Había intentado trabajar en un restaurante, en un lavadero de autos, limpiando oficinas. Pero no duraba. Su cabeza estaba definitivamente en otro lado. A pesar de toda la angustia y la rabia que nos había causado a Mario y a mí, había un desamparo en él que nos obligaba a seguirlo sosteniendo. De algún modo, Mario y yo le armábamos la coraza de hierro para enfrentar a esta ciudad trituradora. Un día exploté. —¡No puedes!, no puedes, ni podrás. Ni con nosotros, ni contigo —le grité en la cara. —Necesito dormir —dijo. A la mañana siguiente, ya no estaba. Me encontré esta nota. Cynthia: Te escribo porque no puedo hablarte. Me voy lejos. Imposible de alcanzar una frase que me ayude. El dolor ya viene, ya llega... Perdón. La vida es como un círculo, ¿no te parece? No sabemos dónde empieza y dónde termina... y nos marea además. Qué grande es Los Ángeles. Mejor perderme entre la multitud, ser uno más, evitar que me alcancen. Me hubiera gustado escribir una historia feliz entre nosotros, pero la felicidad no nos calza bien. La vida no es literatura. El Greyhound de las 5:40 me está esperando. Voy a tomar unos dólares de tu cajón de ropa interior. Te pido perdón... te pido que entiendas... te pido por favor, no me olvides R. V Acomodándose en el último asiento del autobús, Raúl pensó que tal vez podría conciliar el sueño en la fuga hacia otras historias, las que lo esperaban en su próximo destino. Fue entonces cuando lo asaltó una náusea conocida y se dio cuenta de que todavía no podría terminar este relato. ** Pablo Brescia http://www.letralia.com/firmas/bresciapablo.htm Escritor y docente argentino (Buenos Aires, 1968). Reside desde 1986 en Estados Unidos, donde trabaja como profesor de literatura. Ha publicado La apariencia de las cosas (cuentos, México, 1997) y sus relatos más recientes han aparecido en periódicos, revistas literarias y antologías de Cuba, España, Estados Unidos, México y Perú. Como crítico, escribe sobre literatura, cine y filosofía. === Visión en F y en X Isabel Maduro ================================= *** Orografías Orografías extrañas y texturas abstractas Manto agreste que corta mis manos Suplicantes sonidos del silencio Rocas escarpadas lejanas Orografías mutantes y doradas Acentos brillantes soporíferos Trasmutados en esencias de vainilla Orografías lineales y curvas Estructuras veladas Pasos de noche, pasos de luna Sedas interceptadas y yuxtapuestas Cartones vulgares de un mercado Orografías místicas y musicales Olor de las especies al viento Maderas enmohecidas y rudas Bruscas y acuosas Broncas fuentes de agua Atronadoras y venideras Labios rojos en una copa Líquidos verdes Orografías esculpidas por el viento Colores que se agotan en una caja Virutas secas y apolilladas Hongos sedientos que carcomen Manos resecas y arrugadas Orografías insignes y groseras. *** Doncella mutilada y perdida Se me ocurre regar tus tierras con el llanto, Horizonte perdido, mar embravecido Se me ocurre callar los gritos hipócritas De quienes te han vendido en absurdas hipotecas, ¿Quién dijo que la vida se renta? Quiero cegar este caudal de destrucción a mi alrededor, Quiero decirles que cesen de derramar la sangre de la vida inocente, Regaron las praderas otrora verdes volviéndolas lodazales escarlatas, Negras neblinas en las mañanas anónimas. ¿Vengarte? no, pues ser asesina no puedo, Sólo siento el dolor en esta muda indiferencia, En la rabia sorda de quien mueve sus manos De quien pide auxilio pero no le oyen Bajo esta guerra de balas, Tomo las palabras de la razón pero contra la ira, ¿Quién puede batallar? Veo tu desgracia, moribunda doncella, Hermosa otrora y ya no, veo tu desgracia, amada mía, Cantarina eras, ahora callada y vacía estás. A donde irá la doncella maltratada... por más que lo intento no comprendo, Ya no sé llorar en tus lodazales de sangre, Mis ojos se han vuelto negros en esta bruma, Mis lágrimas faltan cual ríos secos al inclemente verano que me embarga ¿Cuándo, cuándo?... Se me ocurre... ¿cuándo en esta lejanía? Doncella mutilada y perdida. *** Estacas Vomitar sobre tus mentiras Mi sangre fluye pero no se derrama Miro a mi alrededor y la vida clama Pronto el espejo te hace ver la realidad No importa rehuir al final siempre te alcanzará Vives con las manos manchadas de sangre De la sangre figurativa de tus víctimas Víctimas que claman en la sed de la justicia Tus manos están manchadas con la sangre de inocentes Con tu salvia venenosa Con tu bilis negra Vomitar tus mentiras la sangre fluye Como un río en marejadas de basura Hoy mañana y ayer todo junto No sé si reír o cantar Pero muchos coros han de oírse En la maldad donde se hacen las canciones místicas De tus rituales basura... Cómo te encanta apoyarte en las máscaras Cómo te fascina albergarlo todo a cambio de nada Sabes vivir y sentir en tus fugaces destellos de abundancia Bien saben conocer las mentiras tu cara Y por esa la buscan Han aprendido a encariñarse en tu falsedad Persona de pocas palabras... de poca ciencia Con un interior vacío... tan vacío con los sueños Vomitar en tus mentiras Mientras la sangre fluye Pero nunca se derrama Tus garras envuelven Tus sueños agotan... Otro vampiro más en la vida... que tengas suerte Porque quizá te claven una estaca... *** Vampiro Confundido vampiro barato y de mala muerte Cómo corre la sangre por tus turbios labios Una sombra te recorre en tu furtiva figura Esmirriada, sinuosa, carente de sentido Tus falanges denotan tus deseos Un deseo que no se agota ¿Cuándo aprenderás? Cuándo vas a saber que la sangre se agota Que no hay nada que te satisfaga Porque todo se ha vuelto efímero Recorres las calles nocturnas En busca de tu presa Con un sonido de música patética y lejana Miras y buscas tu presa ¡Oh pobres almas que confían en tu hipócrita mirada! Confiesas lo inconfesable Confundido vampiro barato y de mala muerte Tus manos son garras Tus palabras aparentan ser miel Que toman los incautos Para luego morir corroídos por tu veneno ¡Oh pobres almas que se mecen al abismo de tus mentiras! Por las calles nocturnas buscas una nueva presa Al rescoldo de un farol En una esquina barata, Decorada con potes de basura Otra y otra, todas caen Tu faz cavada sabe bien mentir Tu rostro adusto sabe bien reír Hasta las lágrimas son fáciles tretas Te veo al rescoldo de este abismo Mentir, mirar y decir que recuerdas Que eres y sigues siendo Maldito vampiro falso Tus labios saben bien mentir De una nueva víctima estás al acecho Su sangre pronto correrá por tus labios Que saben bien mentir Que saben bien besar Que saben bien hablar Llorar y también reír Tu cuerpo es una gran falange que pronto te traga Por las calles oscuras vas y caminas Mientras se oye una música patética y lejana... ** Isabel Maduro http://www.letralia.com/firmas/maduroisabel.htm Escritora y artista plástica venezolana (Santa Cruz de Bucaral, Falcón, 1980). Cursó estudios en la Escuela de Artes Plásticas Martín Tovar y Tovar y en la Escuela de Artes y Oficios Bolivia de Tovar (2006-2007). Es licenciada en artes plásticas por la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (http://www.ucla.edu.ve, 2012). Ha publicado Concepción estética de la forma femenina (Editorial Académica Española, http://www.eae-publishing.com, 2012). Ganadora del Concurso Internacional de Poesía Breve 2012 homenaje a la poeta venezolana María Calcaño. === Caza y captura Juan José Colomer Grau ============================ “El nacimiento es esta línea divisoria en la que de un lado existo como yo, pero del otro lado empiezo en ese mismo momento a existir como otro” Jean Baudrillard Al sonar el despertador se caga en san su puta madre por haber decidido, la noche anterior, levantarse temprano en su día libre para así hacer más cosas en lugar de dormir hasta el mediodía y darse cuenta de que no tiene ganas de hacer nada, sólo televisión. Ese puto despertador es una fuente inagotable de efervescencias, en las que un torrente de nervios responde a la cadena de pitidos con rabia tocada de histerismo, como en una violación de los sentidos. Esto, no obstante, tiene un componente práctico, en la medida en que hace imposible, tras apagarlo, volver a dormir, lo cual es una de las razones por las que siempre llega puntual al trabajo. El corto camino al baño lo desprende del espanto nervioso y lo instala en la rutina del aseo personal, en la que a un lavado de cara le sigue un lavado del interior del oído y después de los dientes, para acabar con una ducha tibia en la que se enjabona tres veces. Puede que mientras el agua resbala por el cuerpo tararee alguna canción que previamente ha escuchado en la radio y que le ha llegado al alma al menos por unos días. Puede que piense en alguna joven cantante de largas trenzas rubias con ojos azules que aparece en videos musicales que sugieren un punto de picardía ninfular que no atenta contra la ley del menor. Al salir del baño va a la cocina en donde llena un vaso de leche fría y despliega sobre la mesa una línea de cinco frascos de pastillas etiquetados según sobre qué hechos pretenden intervenir. De este modo podemos leer digestión, circulación de la sangre, halitosis y la última adquisición: heces duras. A cada sorbo le corresponde una pastilla y un intervalo entre trago y trago de diez segundos, mientras escucha por la radio las noticias que dan la definitiva bienvenida al nuevo día con una melodía que rompe junto a la trepidante voz de una locutora, la cual avanza, con la alegría de la exclusividad, que la policía ha permitido que un reportero de la cadena les acompañe en la detención del asesino de las llamadas niñas de los colores. Se agrega a otros habituales del bar que hace esquina en el bloque donde vive, y que también disfrutan de su día libre, lo cual trasforma un ambiente de urgencia laboral en el que rápidas conversaciones se suceden en torno a un café y a lamentos hacia eso que llaman curro, en un ambiente más relajado en el que la circulación de la cerveza y los cacahuetes se vuelve más temprana y las palabras pierden velocidad a favor de expresiones que empiezan en yo pienso o en a mí me gusta o me parece que o esta noche os van a dar o eso es lo que tú te crees, jeje. Esto hace que reine un bullicioso murmullo en el que también se suman saludos y chanzas cuando alguien entra y rompe momentáneamente con las inercias creadas. Pide un zumo de naranja y una tostada con mantequilla y mermelada y se va a la que tácitamente todos consideran como su mesa, en la que puede haber alguien ocupándola, pero en la que siempre hay una silla vacía que le está reservada, siempre al lado de las ventanas. Si ya hay alguien previamente sentado, o bien inicia una conversación o bien se integra en una ya iniciada cuya temática fluctúa por la ubicación de dolores y sus remedios, por graciosas anécdotas personales ocurridas en su mayoría en el trabajo o por la universal recurrencia a una valoración del tiempo atmosférico. No obstante, hay ocasiones en las que el televisor absorbe la atención de todos en mayor o menor medida, dada una noticia que despierta un interés general ya sea por su carácter extraordinario o trágico o festivo. En este caso tiene que ver con la aparición de las cándidas fotografías de las niñas de los colores junto con un recuadro que contiene una gran interrogación que apunta a la identidad del asesino. Después se ofrecen las imágenes de una fila de vehículos policiales tomadas desde un helicóptero, que raudos avanzan por una larga avenida, bajo el parpadeante rótulo de que la caza continúa. LIVE. El ambiente mediáticamente conmocionado por la persecución policial no le agrada, ya que impide la habitual anarquía de conversaciones que se aceleran a medida que la cerveza va siendo ingerida, por lo que después del desayuno se va del bar, dejando atrás expresiones como habría que colgarlo o hijo de puta o ¿cómo puede haber una persona capaz de hacer algo así? Un día despejado y una buena temperatura le invitan a no regresar a casa y dar un paseo, pero no allí, en donde filas de bloques de pisos se suceden en un paisaje que parece no tener fin, sino en el llamado pulmón de la ciudad, en donde la luz del Sol se filtra por las ramas de acacias, tilos, helechos o eucaliptos, los cuales marcan a ambos lados un laberinto de sendas en las que de vez en cuando detenerse para observar alguno de los pequeños riachuelos que lo salpican todo del sonido del agua corriendo. Por ahorrarse la espera y la exasperante lentitud del transporte público, decide coger un taxi en donde oye cómo la policía ha conseguido entrar en la casa del asesino, encontrándose con una nevera, un baño, dos habitaciones, un pequeño balcón con lilas y geranios y un espacioso salón-comedor pulcro y limpio, en el que destaca una colección de figuritas de porcelana que representan gemebundas vírgenes marías. La retrasmisión es aderezada por las opiniones del taxista que siempre acaban con un apelativo “¿a que sí?” que le obligan a suscribir primero la pena de muerte, después la cadena perpetua y los trabajos forzados, y finalmente que le hagan al asesino exactamente lo mismo que él ha hecho a sus víctimas. Antes de efectuar parada puede escuchar cómo realizan una conexión con otro reportero de la cadena, el cual está en uno de los bares del barrio del asesino junto con algunos vecinos que pelean entre sí para poder afirmar en directo que lo conocen y que tenía un carácter normal, un trabajo normal, unos gestos normales y unas opiniones normales. La posibilidad del paseo se desvanece cuando descubre que se está celebrando una carrera benéfico-popular que ha delimitado una zona en torno a una carpa con aire festivo y a varios caminos que permiten acceder a distintos puntos del trazado desde los cuales observar el transcurrir de los corredores. Después de rechazar varias veces el ofrecimiento de una banderita con un corazón rojo dibujado y el requerimiento de donativo de huchas agitadas por adolescentes de rubias trenzas, cruza la calle y decide dar una ronda por el centro comercial ubicado a tan sólo dos manzanas. Al entrar siente el golpe del aire acondicionado y se marea ligeramente, hasta que se adapta a la nueva temperatura, aunque quedando como resto una insana y persistente garganta helada, que disturba levemente cuando entra en la sección de lencería femenina. Pregunta el precio de un tanga rosa a juego con unos sujetadores turquesa que tienen forma de corazón, después el de un liguero negro acompañado por unas bragas de encaje celestes, para acabar preguntando cuál es la talla más pequeña de un candente conjunto en rojo de medias cruzadas, bragas transparentes y corpiño con lazos. Decide no comprar, pues no se siente del todo convencido por la relación calidad-precio, y se deja llevar hasta la sección de electrodomésticos, en donde observa primero la exposición de microondas, después la de ordenadores, interesándose por un portátil gris metalizado que promete una velocidad ejecutoria nunca vista, para finalmente detenerse frente a una pared de seis por seis televisores de plasma que reproducen el avance, por un pasillo lleno de neveras para uso doméstico, de un grupo policial de élite, bajo el parpadeante titular CAPTURA EN DIRECTO. Después muestran la espalda de un cuerpo borroso y toda su piel se eriza. Lentamente se da la vuelta, evitando realizar movimientos bruscos, y se arrodilla, colocando las manos en la nuca y quedando su rostro multiplicado en las pantallas. ** Juan José Colomer Grau http://www.letralia.com/firmas/colomergraujuanjose.htm Escritor español (Muro del Alcoy, Alicante, 1977). Licenciado en filosofía. Actualmente reside en Zúrich, Suiza. Ha publicado artículos de opinión en las revistas digitales Rebelión (http://www.rebelion.org) y Kaos en la Red (http://www.kaosenlared.ne). Mantiene un blog literario en http://tiemposdenadie.wordpress.com. === Sagradas pasiones (extractos) Arístides Vega Chapú =============== Sagradas pasiones (http://www.vocesdehoy.net/aristides_vega_chapu.html) Arístides Vega Chapú Editorial Voces de Hoy Miami, 2012 78 páginas *** Pasión de Ana —¿Y usted puede describir esto? Y yo le dije: —Puedo. Ana Ajmátova. Años antes de nombrar por primera vez la muerte, de predecirla y entregársele tan pulcra y de blanco como una novia, Ana Ajmátova reposó su mentón en los firmes balostres de la cárcel de Leningrado. Tres veces gritó el nombre de su único hijo, como si hablase ya desde otra vida, quizás de donde Gumilev, su esposo fusilado, continuaba dialogando. No le importó la caída de los días, saber si era dulce o agria la lluvia, ni le temblaron las carnes, surcadas por la caligrafía de los años, con el sosegado desvanecimiento de la nieve aspirando a reposar su petrificada espuma sobre la simple sombra de lo efímero. A pesar de que habían retirado los faroles para dejarla sola con la rotunda oscuridad que se refugia en las cárceles, adiviné lo que había sido la luz natural de sus ojos que ahora protegían las lágrimas no mostradas a nadie. Por entre la única abertura la escuché. No es posible silenciar a una madre. Las hebras de luz que se atrevían a penetrar quemaron mis ojos con sus intermitentes relámpagos y no pude responderle. En la cárcel a las palabras les falta el sonido. *** Pasión por la belleza Agradeciéndole a Pavel Lominchar su dibujo “El hombre contra la tentación de un pavo real”. A merced de quedar sin fuerzas dejo constancia de lo que me produce asombro. En mi piel grabo los signos de la verdad y la fortuna de poder apreciar la belleza. Hablo de donde se sumergen, uno tras otro, los soles de Cuba. En silencio escribo esa verdad pero no deberé olvidar todo cuanto me produjo asombro en el pasado. Ni siquiera porque se me ha concedido morir de espaldas a las aguas hirvientes de Lezama, el maestro, por las que caminó a nuestro encuentro Dios. Alguna vez las contemplaré por última vez para divisar cuanto la inquieta espuma acepta del lado en que lo desconocemos casi todo. Ha sido para mí un misterio, la única imagen real que me ha acompañado mientras transcurre con incertidumbre mi vida como la sombra de otro que ha decidido vivir, con más ímpetus, por mí. He podido ser cualquiera de esos dichosos hombres atravesados con saña por la última luz que embiste contra la isla, esta tarde en que desearía poseer otro cuerpo, otra cabeza que con audacia sostenga la fruta picoteada por el pavo real. El sonoro plumaje del ave que codicio se adueña de todo lo existente bajo esa luz con que atravesaremos la tiniebla de este difícil tiempo en que el ave nos ha dejado su vacía sombra. ¿Quién no desearía esa luz que tanto atrae a la hermosa ave? Escribo a merced de morir, cuánto miedo me produce la belleza. *** Pasión por Frida Kahlo a Agustín Labrada Aferrada a tu hombre, como si pudiera salvarte de escuchar el persistente sonido de las campanas abiertas a la mitad. Sonido semejante al de dos piedras friccionadas hasta evidenciar la amarga luz de su mineral anunciar la muerte. Admiro la paciencia de entornar ojos tan hermosos, como si la luz capaz de adueñarse del estático cielo mexicano alcanzara un peso irresistible. Estás obligada a disfrutar a solas de ese instante irrepetible en que se traspasa el límite sin miedo, pues todo es renuncia. Con la liviandad de quien anda de mano de su creador tus ojos observan la figura oculta del otro lado de la luz, desconociendo cuál de las dos es real. Adviertes que estás en el mismo paisaje de tu sueño en el que la Virgen de Guadalupe se presenta con el rostro de tu madre. A pesar de mi temblor sostengo las flores que imaginé para ti, colores tan reales como el amarillo, lila, rojo. Las quise dibujar pero no se me concedió el don que arrebataste creída de que sería un alivio a tu dolor. Olores antiquísimos que conservas en un cofre, regalo de Diego, como manera de estar en paz y reconocer el cielo que aprenderás a atravesar, quiera Dios delante de mí. Hubieras preferido conservarlo en tu vientre y no en un cofre, pero tantas apariciones perturbaron tu endeble equilibrio en una cuerda no prevista para una mujer. No dejes que el dolor se apodere de ti, te paralice como si le pertenecieras. No dejes que el dolor ocupe tu cabeza y las aves no puedan arrancarla como parte del espectáculo de la noche en la que todo está por reconocer. Al menos esa sería una imagen para venerar siempre, pero tú no necesitas alas, ni dolor, ni andar cabizbaja como si desconocieras que tus días tienen la fragilidad que lo mortal imprime a lo verdadero. *** Pasión por mi oficio Heme dispuesto a revelar con el silencio de las palabras todo cuanto de frívolo acoge mi corazón impuro como los ojos que han subastado más de un áspero paisaje. Con tanta exactitud lo dibujo que nadie rehusaría escuchar sus latidos. También he escrito con heroicidad mis versos en cortezas húmedas y distantes como el abismo al que me entrego tan sólo para disfrutar de la caída. Admito que no me pertenece la sabiduría, sólo presto mis manos para que Dios escriba cuanto considere justo y necesario. *** Conversación con Gastón en San José “Volverás de nuevo a decirme adiós”, dice Gastón Baquero, y no le creo. Bajo el intacto cielo que desconoce la noche, no será posible. El destino trazará el mapa del país que he imaginado. Podré despertar, solo y nostálgico en Madrid o en un accidental paisaje al que me aferro por no encontrar nada en derredor que sienta como mío. En el lento cielo las estrellas se reflejan sin ofrecer descanso. Quiero dejarlas caer sobre el papel cuando el cielo en su extensa región se nos vuelva a mostrar amaneciendo en Madrid, en la isla, o en cualquier otro paisaje de los que navegan el profundo océano del deseo. Aspiro una bocanada del habano y sigo las efímeras rutas del humo, hasta regresar a la bodega de mi pueblo donde todos se conocen, y continuar una conversación familiar. Lo que recuerdo no podrá ser relatado, aunque caigan todas las estrellas sólo para satisfacerme un deseo. Si alguien pudiera recordar el pasado por mí me agotaría menos, pero estoy solo con la foto del joven Maceo, sin machete a la cintura, la almidonada banderita y una flor de majagua. Me apropiaría de todos los recuerdos como si fuesen los míos, y así los ojos enrojecidos no se desesperarían al no ver el país que he imaginado dormir, como un ángel, en mi hombro. *** Mirándome dentro Sigilosamente me acerco al borde de la zona en la que los recuerdos me reflejan. Me dejo observar por mis ojos errados como si no existiese más que la sombra desprendida de mi cuerpo. Desde lejos, donde todo permanece invisible llega un viento de extraño rugido. Para lograr la ilusión, regreso al silencio las palabras que su poder aferra en mí la angustia provocada por la duda. Siempre quise revelarlo en tus palabras pero un viento de extraño rugido las llevó. Con seguridad bastarían las más sencillas para aliviar el miedo a exponer mi pecho y probar la verdad por la que se está dispuesto a llevar a cuestas la muerte. Recorro los bordes de esa resbaladiza zona de la memoria en la que estoy a solas con mi sombra, donde antes estuvo el poder de las aguas que calmaron mi sed hoy sólo se soporta el vacío de una imagen. *** Memoria tribal Del otro lado de la lluvia que cae en paz a través de la ventana no existe más que un paisaje en reposo, con la postura de un cadáver. Allí donde a la luz no le importa si es día o noche pues llueve a cántaros, un árbol muestra sus hojas. Con la ligereza del que descree de su destino imagino las hojas caer en libertad dividiendo un nublado cielo, falto de geometría, imposible de ser descrito. Donde las sombras se extienden para siempre y a pesar del bienestar con que caen las aguas arden las hojas como idóneo material para avivar el fuego. Con la ayuda del aire y de la lluvia no quedará más que cenizas. Las juntaré sobre mi pecho con la ilusión de que se revele un rostro cuyos ojos miren atentos a los míos y descifren mi verdad. ** Arístides Vega Chapú http://www.letralia.com/firmas/vegachapuaristides.htm Escritor cubano (Santa Clara, 1962). Ha publicado, entre otros, los poemarios Breve estancia de Cristo en la ciudad de Matanzas (Ediciones Vigía, Matanzas, 1989), Revelaciones en las postales del viajero (Editorial Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, 1993), El riesgo de la sabiduría (Ediciones Capiro, Santa Clara, 2000), Mensajes del pan (Ediciones Orto, Manzanillo, 2003) y Que el gesto de mis manos no alcance, Antología personal (Ediciones Unión, La Habana, 2008), las novelas Un día más allá (Editorial Bluebird Editions, Miami, 2008; Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2010), Soñar el mar (Editorial Capiro, Santa Clara, 2002; Letras Cubanas, La Habana, 2009) y Te regalo el cielo (Editorial Cauce, 2007), y el libro de testimonio No hay que llorar (Ediciones La Memoria, Centro Pablo de la Torriente, La Habana, 2011). Textos suyos han aparecido en varias antologías de Cuba, Estados Unidos, Canadá, Costa Rica, Puerto Rico, Venezuela, Panamá, España, Brasil, México y Suecia. Ha obtenido el Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén(2002), el Premio Memorias del Centro Pablo (2009) y el Premio en Proyectos del Concurso Ciudad del Ché de la Uneac en Villa Clara (2009), entre otros reconocimientos. Ha participado en lecturas de poesía, ferias editoriales internacionales y otros eventos culturales en Argentina, Nicaragua, Costa Rica, Venezuela y Panamá. Desde 1999 sostiene un espacio radial en la emisora provincial CMHW en que semanalmente promociona nuevos títulos literarios con la participación de sus autores. Sostiene desde 2007 la tertulia literaria La Hora de la Verdad en el Café Literario de Santa Clara. En 2011 fue seleccionado por la Sección de Literatura de la Filial de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac, http://www.uneac.org.cu) como el escritor más destacado de esa filial. === Pubertad Marco Villarroel Bruna ================================== De Manzanar se ve la mar. Hacía ya varias semanas que el Pelluco andaba evitando una encerrona que había prometido tenderle mi madre, sin aviso (él sabía por qué), hasta que una tarde, el último sábado del mes, antes de que llegara mi viejo de Cerro Negro, cayó por fin en las redes: una batea con agua espumosa que ella había levantado en el galpón. Mi hermano ensayó retroceder. —¡Vamos, don Aliro Vargas, no se haga usted el tonto! —oímos—, ¡desnúdese de una vez por todas que a mí nadie me regala el tiempo! Que el Pelluco alcanzó a sublevarse antes de hundirse entre las burbujas del jabón alegando que ya estaba grandecito y que podía bañarse solo, de eso me acuerdo como si fuera ahora; me acuerdo además de que hacía teatro para quitarse los calzoncillos —se le enredó un dedo en un elástico de la pretina—, se me hizo que pedía ayuda con los ojos —estábamos yo y mi hermana chica solamente—; después se agarró de un canto de la batea, tenía una nalga a medio salir, le era difícil entrar; rezongó que el agua estaba muy caliente; advertí entonces que mi madre se había ubicado los puños en jarras, lo que quería decir que hasta ahí no más llegaban las bromas. Bueno, que él mismo se encargó de aliñar sus problemas en la cuadra, no es secreto para nadie; pero quienes de verdad trajeron el bulo a casa fueron las vecinas. Mi madre se indignó. —¡Qué plancha! —decía—, ¡venir a enterarme por terceros! Eso le pasó por farsante, creo yo. La noticia de que mi hermano Pedro Aliro podía largar el chorro de la orina más lejos que todos los niños del barrio echó a volar campanas rápidamente, salió incluso de nuestros lindes, ya que muy luego empezaron a llegar niños de la población militar, de la población de los EE.PP., de Echeverría adentro, de Pudeto abajo..., todos por supuesto con el objeto de participar en el juego, un arte que Aliro Vargas, alias el Pelluco, venía ejerciendo hacía más de un año con gran éxito. A veces se me ocurría que el Pelluco llegaba a hervir de engreimiento andando así: las manos en los bolsillos, con paso grave, como si nos hiciera un gran favor ir andando al lado nuestro, en la calle; me parecía incluso que le costaba moverse por la superficie del planeta, y que al hablar le salía la voz por el hueco de un diente. Una tarde sin embargo al momento de ir a responder el desafío de un niño que lo llamó embustero sufrió un golpe inusitado de atención que dejó a todo el mundo sobre ascuas: un pelusa facha de tordo venido del cerro Mayaca gritó mientras indicaba los bajos de Aliro: “Tiene pendejos”. No volaba una mosca. Los fieles del Pelluco conseguimos levantar una muralla a su rededor con los ojos hundidos en el lugar en donde solía haber pelos —Aliro quedó tieso de asombro, manos en alto—, segundo que aprovechamos para cerciorarnos de que la observación que había hecho el tordo del Mayaca era legítima. Él se subió los pantalones con furia. Noté que al Pelluco le afloraba una sonrisa de hombre adulto en los labios, que nos fisgaba por encima del hombro. —¡Anda, sinvergüenza! ¡Muestra lo que tienes que mostrar y después te dejo tranquilo! —oí que voceaba a mi madre. En los días que siguieron a la marea que levantó la noticia de que al Aliro Vargas le habían salido pendejos anduvo mi hermano haciendo viva ostentación de aquel fenómeno otros tantos días —en la calle o en el patio— con el fin de subrayar la diferencia que existía entre él y las naturalezas que lo seguían por todos lados sin el bochorno fastidioso que le arrebatase las mejillas al principio, naturalmente, ahora más seguro de sí mismo, ya no con muchas ganas de participar en el juego de ayer; a menudo se ofrecía para hacer de consejero o de árbitro en las disputas echándose un aire de juez, un aire que mordía por dentro, sobre todo al notar que no ponía ningún interés al dirigirse a los más chicos, pues hablaba con los ojos clavados en la esquina de la calle Echeverría, la esquina de Julio Sánchez, del Gordo Saavedra o del Negro Carrasco, unos bravucones de 14 años que se enzarzaban todas las mañanas en fieras apuestas haciendo zumbar los trompos en el suelo. Ya una vez dentro de la batea el Pelluco hizo un gesto de entrega absoluta seguido de un quiebro raro dando a entender que le importunaba nuestra presencia. —¡Ustedes se van! —estalló mi madre—, ¡fuera de aquí! Habrían transcurrido acaso unas dos semanas, o por ahí, del sonado descubrimiento que hiciera el tordo del Mayaca, cuando una tarde a la hora de almuerzo —nos hallábamos en una artiga de la población militar—, durante una de sus clásicas fanfarronadas, extrajo Aliro Vargas su miembro viril a la intemperie por causa de un ineludible desafío, y en vez de largar el chorro de orina contra una muralla de yeso, como lo hacía siempre, lo largó contra los zapatos. Inútilmente trató de controlar la fuerza del chorro; se mojó hasta los calzoncillos. Este visible tropiezo a plena luz del día produjo en el ánimo de la gente un regocijo incompasible —honda expectación, desconcierto— aunque también produjo un escalofrío repugnante ya que Aliro Vargas estaba sufriendo en aquel minuto. Se volvió de repente feo, obscuro, largó un quejido. Alguien, un gordo de la Escuela Uno, hizo notar que al Pelluco se le había hinchado la lombriz que le colgaba entre las piernas. —¿Lombriz? —repitió él, jocoso, aunque en realidad estaba aguantando el dolor. Aún alcancé a distinguir en la cumbre de su lombriz una especie de animalejo inquieto que trataba de salir entre las vueltas de una túnica lechosa, y no podía, segundos antes que el Pelluco hurtase su miembro a la vista de los demás. Entendí que a mi hermano le ardían las orejas. —¡Que esto no duele, Aliro! ¿Qué te pasa? ¡Así, así..! Estábamos parados detrás de un tabique. Mi madre le aplicó un bálsamo en la cabeza de la lombriz y lo dejó ir. —Ya se te pasará —asentó—, nunca se ha muerto hombre alguno por eso. Sucedió entonces que el mismo día en que obligaron al Pelluco a bañarse se apareció en nuestra casa la señora Bermúdez que venía de Manzanar adentro. Ya de lejos solíamos descubrir a doña Juana, bridas al hombro, ondeando, como si no quisiera desprenderse del paisaje y los árboles, cuando venía a nuestro barrio. —¿Ella? Sí, era ella; no había dónde perderse. Por momentos asomaba, disminuida, tras un soto de eucaliptos para aumentar luego sorpresivamente de estatura a la vuelta de una esquina, o con igual ligereza desaparecer de la vista flameando con sus polleras ahítas de flores y mariposas. A decir verdad se distinguía siempre por su chasca increíble, una chasca llena de luces rojas y amarillas, pues ya nadie se teñía el pelo así. De pronto se nos volvía la piel de gallina con la intensidad de una voz ronca de alguien que tapaba el sol a nuestro lado tirando a su burra de una huasca. —¿Vive aquí la señora María? A doña Juana Bermúdez se le hacía difícil reconocer a los niños de la María entre los niños de la cuadra. Era una varona fea orejuda de pies enormes —unos bultos resecos llenos de cenizas— de mirada fosca, una mirada que sugería una rara consideración. —Vayan a saludarla —nos pedía la mami—, y le dan un beso si quieren. Yo y la Ori salíamos arrancando. Un halo desagradable seguía el ruedo de esa mujer. Debía de transcurrir una hora o dos antes de que nos atreviésemos a acercarnos a ella, por fin —sigilosos—; a lo mejor después de oírla reír; no sé. Era cómico verla reír, ver su bocaza, sus dientes grandes de caballo: reía con toda el alma y los zapatos; parecían retumbar de súbito los objetos en el dormitorio y los muebles —ollas tazas cucharillas—, todo se estremecía, la señora Bermúdez agitaba sus tetas, los párpados, sus labios, se detenía el aire a su rededor, semejaba de improvisto una mozuela traviesa hermosa juvenil; nosotros hasta perdíamos el miedo de abordarla —ya no era la matrona feroz que desnucaba conejos en el patio, ésa que le abría el buche a los gansos—; de verdad que había un encanto malvado en su desaliño. —¿Qué hacen aquí los pícaros? —inquiría de lejos. Justamente estábamos devorando un queso de cabra, de los que había en la cesta del burro. Yo solía acercarme a ella, resuelto —ya más tarde— y decirle para su expreso gusto como me habían enseñado, inclinando la frente: De Manzanar se ve la mar. A la señora Bermúdez llegaban a chispearle los ojos en el rostro; no podía disimular el golpe de alegreza que la había sorprendido. Me asía entonces de una solapa, o de por ahí, y me plantaba un tremendo beso en la cara; yo hacía lo imposible por quitarme el beso con el dorso de la mano. Era un beso húmedo grande que olía a rescoldo, a violetas de ajo, ocasión que ella aprovechaba para introducirme algún embeleco en el bolsillo. Luego venía la Ori saltando y repetía la misma gracia: De Manzanar se ve la mar. Fue la abuela antes de morirse la que destapó la olla de que tenía un primo lejano viviendo con su familia allá por Manzanar. Nosotros ni sabíamos. Bueno, debido al tole tole que se armó cuando el Pelluco no quería meterse en la batea, resulta que no escuchamos llegar a la señora Bermúdez. Mi madre se topó con ella a la puerta del galpón. Lo que vino después, no me acuerdo mucho; me acuerdo eso sí que era una noche obscura, que había luna llena en el patio, y que mi madre y la señora Bermúdez hablaban a toda boca en la cocina (horas y horas); me acuerdo incluso que desperté con la furia de un cabezazo que me di sobre la mesa —no quería irme a la cama pero me llevaron en andas—, la señora Bermúdez se reía como loca, hasta que de pronto dijo alguien en voz alta: “¡Ahora vengo!”. El sol quemaba las rosas en el jardín. Olía fuertemente a pellejo de asno en el barrio. Mi madre acababa de salir pitando en dirección a la tienda de doña Elena que vendía hallulas dos cuadras más arriba. En ese punto se abrieron los visillos que solían dividir nuestro dormitorio de la cocina y entró la señora Bermúdez, alborotada, como a quien le urge satisfacer alguna impostergable diligencia; se detuvo en medio de las penumbras, manos al frente, tanteando las cosas, y luego se fue hacia donde estaba el Pelluco y se paró a su lado. Aliro se frotó los párpados un segundo. Ella hizo un hueco entre las alas de una manta sin perder nunca la soltura de su quehacer y se zambulló bajo las sábanas como quien se dispone a rescatar un tesoro bajo el agua. Al Pelluco se le enredaron los dedos en las greñas de su cabeza aterrado de escándalo al tiempo que fisgaba a izquierda y derecha temeroso de que fuera a dejarse ver algún conocido en el dormitorio lleno súbitamente de una aviesa picardía. Tuve la impresión por un momento de que el Pelluco apretaba las orejas de la señora Bermúdez con las dos manos, con fuerza bruta, sin disimulos, a la vez que torcía la boca y se quejaba, se quejaba. Un minuto exacto después saltó doña Juana fuera de las ropas con aire de gata alegre —los cabellos en desorden, inflada de ardor— y dijo: “No te preocupes, ya no volverá a dolerte”. El Pelluco quiso aducir algo pero ya la señora Bermúdez iba saliendo del dormitorio en el preciso momento en que mi madre regresaba con la bolsa del pan agitada por una loca carrera. Yo me detuve tras la puerta. El Pelluco me hacía gestos para que me fuera de ahí. La señora Bermúdez se llevó un pañuelo a la boca. Mi madre la escrutó por todas partes y articuló: —¿Qué hacías en el cuarto de los niños? Doña Juana no halló qué responder, cabeza gacha, el moño colgando. Desarmada entera. No hubo interrogatorios ni explicaciones, simplemente mi mami le atravesó la cara a la señora Bermúdez de un violento palmetazo. Desde entonces que no se hablan aunque se choquen de nariz en la calle. Por lo demás ese mismo día, por la tarde, se le pasó la hinchazón al Pelluco en su lombriz. Ahora casi ni se junta con nosotros, anda todo el día metido con la pandilla del Negro Carrasco. Yo incluso lo he visto fumando a escondidas. Lo único que echo de menos de los tiempos de la señora Bermúdez son los quesos de cabra. ** Marco Villarroel Bruna http://www.letralia.com/firmas/villarroelbrunamarco.htm Escritor chileno (Quillota, 1945). Reside en Suecia desde 1973. Titulado en matemáticas, es también lingüista y programador. Ha publicado Bosquejo de otoño (1978), Cuentos en el exilio (1980), La olla del tiempo (1989), El círculo de Venus (2010) y Una vaga complicidad (2012). Trabajó en la Universidad de Uppsala (http://www.uu.se). Actualmente está jubilado. === Tres poemas Santiago Aguaded Landero ============================= *** La flor de cala Yo seré aquel argonauta de lo oscuro, el minero de estrellas que cava en la mina en busca de la Flor Alpha Fornaci: la Estrella Roja del Dolor. Si tú quieres, serás la estrella cautiva de aquel acuífero que el alquimista prospecta. Seremos un sistema binario, con insólitos tiempos de sombra y luz. Dime, Flor de Cala, ¿qué prefieres? ¿Un alquimista que canta al borde del abismo de la dolencia y de la locura o el minero de estrellas que silencioso trabaja con el pico la oscura diaclasa de tu cuerpo? ¿Dejarás que él penetre en ese mundo peligroso y extraño? Te advierto que sólo podrás libar la flor oscura de su entrepierna. Es sorprendente que no te hayas dado cuenta de que él está al borde del precipicio. Y en todo abismo habita un ángel terrible, según Rilke... Lucho contra las arcillas expansivas empapadas de húmedo salitre y te observo como una íntima enemiga cada vez más coralina, más acuática, más coquine. Te reto a que nos midamos en un campo de plumas, pero en lo oscuro del silencio, en la luz de lo profundo. (de La flor de Tarsis, 2012). *** 150 (1) A Quique Falcón Nadie debe vivir siendo inocente. Es imposible y además es injusto. Luis Rosales ...la inocencia me contempla desde una esquina como un perro barcino ladrador. Culpable, busco en una ciudad mil veces 150 más grande de lo necesario. No encuentro 15 amigos ni 15 enemigos a quien nombrar. Sólo la Flor de la elocuencia sabe que el tiempo auténtico es el tiempo del parlamento, el de los límites, el tiempo de hacer que ruja el tambor. Hacer cosas pequeñas como sembrar semillas, como aprender del silencio de las sombras del sol o construir con círculos la casa encantada de un animal que no existe sino en la memoria. En lo ínfimo vemos exuberancia. Aprendemos del Maestro Apócrifo que vive en la Costa de los Conejos y sabemos que un buen poema es una plegaria-pregunta. Y a veces una respuesta incierta entre miles de respuestas. Siembro en mí tu verbo y al cabo de unos días brotan flores con la forma de mi lengua... (Escrito entre el 20 y el 27 de julio de 2012. Inédito, a publicarse en mayo de 2013 en la antología Alquimia de la tierra). 1. Se trata del número que predijo Dunbar para grupos humanos sostenibles cuyo tamaño fue determinado en 147,8 (usualmente representado como 150). Dunbar teorizó que un grupo con un tamaño de 150 personas debía tener un incentivo muy alto para mantenerse juntos. Para que un grupo de este tamaño posea cohesión, Dunbar especuló que por lo menos un 42% del tiempo del grupo se debía dedicar a la socialización. Correspondientemente, sólo grupos bajo una intensa presión de supervivencia, como poblados de subsistencia, tribus nómadas y grupos militares pudieron, en promedio, alcanzar la cantidad de 150 miembros. Dunbar propone también que el lenguaje se puede haber generado como una manera fácil para socializar, ya que sin el lenguaje los humanos hubieran tenido que ocupar casi la mitad de su tiempo en socialización, lo que hubiera hecho que cualquier esfuerzo de cooperación productiva fuera casi imposible. El lenguaje puede haber permitido a las sociedades permanecer cohesivas, reduciendo la necesidad para una intimidad física y social. *** Gastrosofía para salvar / terminar el mundo A Joy Harjo MI MADRE vivió en la cárcel de su cuerpo. Ella me dijo: “el mundo comienza en la cocina”. No importa lo que comamos “cerdo o flores, siempre estamos completando un círculo un vínculo”. Paracelso dijo: “lo que comes eres”. En el carbón de la cocina está la lluvia del pasado. En la mesa está la carne de antiguas mordeduras y nuestros huesos asumen la reumática pesadumbre del alma. En la mesa está el pan desnudo de aquella luz sorbiendo el frío de la noche inflamada. En la mesa está el mar exhausto de sardinas y sirenas. En la mesa está el negro aceite de la tierra. En la hamburguesa del macdonald está el fragor de la selva sin apenas ranuras para el sueño En la mesa está la oscura gravedad de la luna, la sangre que cierne sus símbolos sobre la sombra de tus ojos, En la mesa está el estrepito rutilante de la luna llena de lamentos; el intangible enigma de tanta realidad (in)soportable. En la mesa están los calostros del sol nutriendo tus irisados labios. En la cocina está el frío acondicionado que calienta el planeta. En la mesa de mármol está la excelsa roca abierta como un grito en gótica penumbra. En la mesa está el rumor omiso de la muerte animal. En la mesa está el jinete hambriento de corazones y sediento de sangre Acaso el mundo no acabe en la mesa de la cocina. pero sí acaba en la memoria oculta del paisaje perdido. El mundo terminará con agua o con fuego, con la misma materia del origen, compacto herraje para párvulas bocas hambrientas de sustancia. El mundo terminará lleno de lágrimas cuando el último hombre dé el último mordisco a su mujer muerta. (Inédito, 2012, a publicarse en mayo de 2013 en la antología Alquimia de la tierra). ** Santiago Aguaded Landero http://www.letralia.com/firmas/aguadedlanderosantiago.htm Escritor español (Lepe, Huelva, 1962). Licenciado en biología y doctor por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM, http://www.upm.es; 1992). Reside en Huelva desde 1996. Es profesor de la Universidad de Huelva (http://www.uhu.es), impartiendo clases de didáctica de las ciencias experimentales. Ha publicado, entre otros, los poemarios Diario apócrifo de un alquimista (LF Ediciones, http://www.lfediciones.com; Béjar, 2005), El libro de los mendigos (Baile del Sol, http://www.bailedelsol.org, 2007), El libro de los perfumes (Islavaria Ediciones, http://www.islavaria.com, 2008), La agencia del miedo (Ayuntamiento de Punta Umbría, http://www.ayto-puntaumbria.es, 2009), Salario (Ayuntamiento de Villa de Peligros, http://www.ayuntamientopeligros.es; Granada, 2009) y Voz vencida (Ayuntamiento de Valdepeñas, http://www.valdepenas.es, 2009), así como las antologías La alquimia del agua, Voces verdes de la Tartéside y Disolución (todas en 2012), un recorrido por toda su poesía a lo largo de diez años. === La Jefecita María Celeste Vargas Martínez ======================== A mi abuela FMC (noviembre 1921-marzo 2010). Una mujer que amó a todos por igual. Días atrás el sol había sido terrible. A las diez sus rayos hacían imposible la actividad. Faltaban sólo unos días para que la primavera entrara... Esta sería una estación muy calurosa. Pero hoy, el día era nublado y un ligero viento helado daba en el rostro. El sol salía tímido sin calentar por completo. Llegué a la casa un par de horas después de que me avisaron. Descendí del taxi y el grupo de niños que jugaba bajo ese viejo árbol que yacía cerca del corral, me observó extrañado. Traté de conocer a alguien, ninguno me fue familiar. Hacía más de diez años que no pisaba estas tierras. Caminé rumbo a la casa, siempre siguiendo ese estrecho camino de piedra que, imagino, mi abuelo había hecho. Pasé frente a la pequeña ventana de la pieza chica, así era como le decíamos a esa habitación que no pasaría de los doce metros cuadrados. Los rezos comenzaron a escucharse. Me detuve, mis ojos se nublaron. La puerta estaba abierta. Entré. Todos me observaron y yo vi cada rostro tratando de reconocerlos: no fue así. Por un momento me quedé parada ahí, hasta que vi a mi madre. Mi padre estaba recargado en la pared, con esa mirada que siempre ponía cuando contenía las lágrimas. Ella corrió a abrazarme y el llanto le escurrió por el rostro. Después saludé a los tíos y primos que estaban en la cocina desayunando. Mi tío, el más joven de todos, me abrazó con fuerza. Sabía que él hacía un enorme esfuerzo para no llorar. Yo traté de contener las lágrimas. Me senté a la mesa y mi madre me sirvió un poco de caldo con arroz, para después explicarme, entre lágrimas y dolor, cómo había pasado todo. Nuevamente mis ojos se humedecieron: imaginé a esa mujer de casi noventa años, cabello largo sostenido en dos trenzas, ojos que con los años habían dejado el color verde para hacerse azulados, sonrisa discreta, cuya mano besaba con reverencia cada vez que la veía, parada cerca del fogón volteando tortillas. Quise pensarla así y no con las imágenes que mi madre me describía de ese hospital al cual había ingresado el día anterior: borré la sangre que cubrió su cuerpo y manchó su ropa, y el dolor que vivió en el último momento. —¿Ya la viste? —me preguntó mi madre. —No —respondí. —La vistieron de la Virgen de Guadalupe —aclaró ella. —No quiero verla —le dije yo. Seguí comiendo y pensando en si debería verla, pero jamás había visto un muerto en su ataúd, pues siempre he querido quedarme con el rostro de las personas en vida. Un par de horas después comencé a escuchar llanto, caminé hacia el patio y vi cómo sacaban el féretro de madera. Quise llorar, mas abracé a mi madre a quien las lágrimas ya le habían llegado. Caminamos en procesión. Mis tíos no quisieron que la carroza llevara el ataúd. Era costumbre en el pueblo que la familia cargara sobre los hombros el cuerpo del difunto: desde la casa hasta el camposanto. Por más de una hora nuestros pasos atravesaron caminos de tierra roja, que volaba con los pies a veces inciertos y se aferraba a la ropa. Los sembradíos, secos por el sol, aún tenían restos de maíz, pero la tierra estaba totalmente agrietada. Los perros de las casas contiguas ladraban sin parar. Un par de caballos comía con desgana, mientras observaba atento a ese grupo que pasaba. Una diminuta víbora estaba aplastada bajo una piedra: tenía la cabeza deshecha. Todos sabían que cuando se topaban con una víbora de cascabel había que matarla antes de que creciera y se volviera un peligro. La procesión continuó. Los hombres detenían sus pasos de vez en cuando para rolar las posiciones al cargar el féretro. Y entonces todos frenábamos nuestro andar un segundo, hasta esa anciana mujer de cabello completamente blanco y carnes estrechas que no iba calzada, pero a paso rápido siempre se mantenía a la cabeza del cortejo. Llegamos al camposanto. Era pequeño: no habría ni doscientas tumbas. En medio de él una construcción, en memoria de alguien fallecido, servía para oficiar misa. Todos rezaron por un largo rato, para después esperar a que el sacerdote llegara. Mis padres se sentaron a descansar cerca de una tumba. Mientras tanto, yo inspeccionaba: la mayoría de las personas que ahí yacían habían vivido más de noventa años. Media hora después un impecable carro rojo se detuvo frente al camposanto. Un delgado y rubio hombre descendió de él. Sus lentes, que cambiaban de color de acuerdo a la cantidad de luz, ocultaban sus pequeños ojos cafés. Sus labios delgados se abrían para decir algunas palabras al hombre moreno que lo acompañaba. Lo observé por un instante. No había cambiado nada desde la última vez que lo vi: fue hace quince años en una fiesta, probablemente de algún pariente. Bailé un par de piezas con él hasta que una de mis primas me hizo saber que él también era de la familia, venía siendo una especie de tío segundo o tercero... en realidad nunca he entendido esas relaciones. Años después decidió volverse sacerdote. Ahora estaba ahí, para oficiar la misa de su tía. Fue un sermón largo: más de una hora. Después todos acompañamos el féretro. Un montón de tierra yacía próximo a la cerca de piedra y al único árbol de todo el cementerio. A un lado, la tumba de mi abuelo. Bajaron el ataúd con dificultad. Acompañé a mi madre a arrojar un poco de agua bendita sobre él, siempre tomándola del brazo para evitar que el dolor y las horas de desvelo hicieran a sus pies titubear. Después de que la mayor parte de la familia realizó la misma acción, unos hombres colocaron cuatro rectángulos de cemento sobre la caja. Lloré, tratando de evitar que mi madre me viera para no contagiarla. Lloré en silencio... cómo quería a esa mujer que ahora yacía inerte en esa fría caja de madera. Tres años atrás, mi abuela había salido en una ambulancia rumbo a “la capital”, como todos le decían a todo lugar que estuviera fuera de Danxho, un pueblo de casas desperdigadas a la orilla de la presa de Jilotepec. Un pueblo donde los campesinos luchaban contra el hambre y la pobreza y donde las palabras de los políticos, peinados a la perfección y con piel cuidada por costosas cremas, eran llevadas con el viento de un cerro a otro sin depositarse en ningún lugar. Ahí vivió mi abuela todos esos años, apegada a sus raíces y a su pueblo, a pesar de que un poco de sangre española corría por sus venas, su apellido lo confirmaba. Pero un día, estando sentada en el patio, perdió la conciencia. Despertó en un hospital del pueblo sin poder moverse ni hablar. Al siguiente día una ambulancia la trasladaba a Santa Mónica, en Tlalnepantla, para que un especialista la atendiera. Después de unos rápidos estudios el médico me hizo saber que tenía muerta la mitad del cerebro y que jamás se recuperaría. Todos entristecimos, pensamos que ella nos dejaría. A la siguiente semana le conseguí una cita con un neurólogo, a quien yo había visto por más de un año. Días después ella ya movía sus manos e intentaba hablar. Un mes más tarde articulaba palabras sin problema, recordaba todo y comenzaba a caminar en pequeños pasos... ayudada de su bastón desde luego. Tres meses estuvo con nosotros: haciendo ejercicio, tomando sus medicamentos y extrañando los animales que había dejado en el pueblo. Volvió a su casa cuando el médico la dio de alta. Y ahora estábamos aquí: reunidos todos nuevamente. Cada palada cubrió el cuerpo de mi abuela, hasta que un gran montículo de más de un metro quedó sobre la tumba. También era costumbre de la gente de este pueblo que un cúmulo de tierra sobresaliera notablemente: si ésta descendía a ras de suelo, el difunto quería llevarse a alguien, si permanecía alta, descansaba en paz. La tumba de mi abuelo, próxima a la de esa mujer con la que había permanecido por casi setenta años, seguía con un montículo de más de medio metro. Una ligera lluvia comenzó a caer. No era común que lloviera en marzo. Las diminutas gotas se depositaron en mi piel impregnada de polvo. El viento sopló y el árbol comenzó a producir un ligero silbido. Enormes nubes se veían correr a lo largo de los cerros que rodeaban el pueblo. La tierra roja se levantaba formando diminutos remolinos y un olor a campo y animales me dio por completo. No había ni un solo sonido, sólo el del viento. Salimos del camposanto dejando atrás las flores y el cuerpo de la abuela. De reojo observé a mi tío, el menor, mirando el lugar donde descansaba su madre. Lo imaginé diciendo: “Adiós, Jefecita”, que era como siempre le decía a esa mujer que a las cinco de la mañana ya estaba en pie en la cocina preparando las tortillas y el té de cedrón. Volví a llorar para después ver la tumba, e imaginé que la rodeaban el charro negro, la niña del listón rojo, las mujeres de la noche, los aparecidos que ofrecían ollas de monedas de oro a los vivos, el oso blanco, la niña ciega y el corderito, el toro con ojos de fuego, el hombre con cola de pescado... todos y cada uno de esos seres protagonistas de las leyendas que mi abuela nos contaba al estar reunidos cerca del fogón. Imaginé, también, que en esa pequeña loma que estaba atrás del cementerio se encontraba el bisabuelo Ezequiel, a quien no conocí, vestido de charro y montando uno de sus bellos caballos, con el sombrero en el pecho despidiéndose de su chinita, como él le decía a la esposa de su hijo. El viento continuó soplando y una ligera brisa me acarició el rostro. Pensé en todos esos seres, también tristes por la muerte de la mujer que ayudó a que sus historias se esparcieran de boca en boca. Imaginé que sus ojos lloraron por ella y sus lágrimas eran las gotas que ahora el viento traía y se llevaba lejos junto con la voz de la Jefecita para depositarla en cada uno de esos cerros. ** María Celeste Vargas Martínez http://www.letralia.com/firmas/vargasmartinezmariaceleste.htm Escritora y periodista mexicana (México, DF, 1976). Es licenciada en periodismo y comunicación colectiva por la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx), Campus Acatlán. Actualmente es especialista en estudios sobre animación. Tiene inéditos los libros Animando un siglo... Historia mundial del dibujo animado y Hecho en México, historia de la animación mexicana. Ha impartido conferencias sobre animación, cómic y literatura en diversas universidades. Textos suyos han sido publicados en Ciberayllu (http://www.ciberayllu.org), Ariadna (http://www.ariadna-rc.com), Destiempos (http://www.destiempos.com), Remolinos (http://revistaremolinos.blogspot.com) y Caminos Abiertos (http://revistacaminosabiertos.blogspot.com), así como en la revista Visión Universitaria (México, 2006), entre otras. Además, mantiene el blog Animación Mexicana en http://animacionenmexico.blogspot.com. === Dos poemas Juan Andrés Herrera =================================== *** Azul “En los bares saben cuándo te tiñes el pelo, el firmamento huele a tu perfume, Dios tiene un beso tuyo en los labios”. Lila “Azul, azul, una música lenta y azul, un rasguño en la media...”. Azul “Eras tú o era el sol o ese rayo que emanó de ti”. Beso de ginebra Real de Catorce I Dios no halló lugar en nuestro reino. Hemos ordenado suicidio a la hermandad. II Azul como un libro de Darío o un pájaro dentro de la cabeza, Mujer Kamikaze, ataca y no te quedes en silencio. Pon tu espalda al fuego, tu pecho en el cañón y devasta; inúndame el cuarto, que me ahogue hasta el salbutamol, que te andes despacio como sin saber qué quieres. Súbele al radio, deshazme las ideas, abre la boca y que comience el blues. III He descubierto que mueres de sudor en sudor sobre mi estómago. Tengo un ansia todo el tiempo de comerte, de penetrarte, de encontrarme una mordida tuya, por ahí, entre las venas, para ver si la sangre sabe a ginebra, si no te quedas también fermentada, si te destilo o me pudro o me embriago o eyaculo una gota que después, a solas, cuando recuerdes, emane de tu piel. *** Eso que revienta a Livano, Barco, Ubizagástegui y Bermúdez Lima y Cuernavaca en llamas por Tajo (¡salud!) Debería narrar las cosas del alma, pero me dieron la lengua. Quería liberarme como místico a través del poema, hacerme un poeta-bomba en medio del zócalo para matar a Lentejo Manda. No, ya no tengo estas palabras acá. No me basta reinventar al mundo: este cuadro hinchado de pintura verde, alumbrado de tintura de televisión, de albahaca y nísperos, de pared de ladrillo, de segmento urbano rumbo a Tepoztlán, ¡no me basta! Gritaré que tenemos la mala costumbre de ser poetas, de ser bombas y místicos drogadictos y poetas; que no me siento mexicano, ni ruso, ni ahuatepeño (a veces guayabo). Ahí donde el gallo canta y yo no soy indígena, ni güero, ni rojo me han torturado desde que tengo su idea de infancia acá en el pecho y no estalla. No importa, damita, caballero, acá le va el cuento: Yo no soy poeta. Soy el fuego, eso que revienta: tapu, ma, pam, can, chán, recio como parvada de guajolotes, urgente de jazz y mota, escandaloso, oiga nomás. Yo tengo este fuete amarrado al brazo. Reviento cráneos, despunto el alba, tengo un arco devastador, detono rifles, estallo cuerpos. Las niñas vienen y me piden un helado. (Esa tarde yo ya no estaba ahí. Los camiones de Atlixco se metieron al nirvana y lejos se escuchaba una canción de Real de Catorce “eras tú o era el sol...” y el cuarto era una lámpara de gas, lleno de energía fluyendo. “...o ese rayo que emanó de ti” Ella ardía como beso de ginebra. Su pecho era el sonido de una cueva: Mar y silencio .... Mar y silencio ....) Nunca más explotará mi pecho esa imagen de mujer y cuarto. Soy un hombreverso, poeta-bomba, fundamentalista del verbo; pero ríase, qué mis cuadernos ni qué ocho fieras tristes. Yo soy eso con lentitud de cuerpo devastado por muertes y paranoias, por desvarío de no ser Humano envuelto en llamas, quemando la receta de la vida exacta y civilizada. Después del asesinato de los silencios, quedó un lugar con fuego. Tenía un cuerpo y era niebla de luz, cueva sin colores, casa de ciegos. Miré dentro y nos quedó un universo carente de sentido. Mira, mujer, te entrego el universo vacío. Llénalo de tu risa. Llénalo de este pecho; tu mi su nuestro amor de todos. Dile con tu boca “cuerpo” y haz una aurora boreal. Nombra “canto, ballenas, pasto” y gira, vuela conmigo. Trae de nuevo incendios Quémame la boca Tómame de la espaldaAarañazos dime que somos lo que somos, esto que sentimos, que nostamos divididos, questamos vacíos Llámame humano, orquídea, cerdo, luz, fuego, verso, rama, poeta y dime que sentimos poesía aunque lo llamemos miedo, dime que poesía es el ansia; dime que subirse al tren y desgajar al mundo, poco a poco para no quebrarse, es poesía. Llámame despacio Dame verde, jade, piedra, hueso Dame luces, agua, truenos Dame tierra, clávame la obsidiana, embriágame en Sake, destiérrame de Estambul, aviéntame al Mar Rojo, grita mi nombre en Tlayacapan, cállame en Tenochtitlan, sóplame desde Neza o Asunción, en cualquier calle donde extrañar a los patas de Lima. Hazme sentir que algún día estaremos más cerca Dime que aquello era una espera, que así el universo aguarda a que le pongamos nombre Que nos deseaba el silencio Y nómbrame Trata de darle forma a esto Dame un sentido Dime que sigo cuerdo ** Juan Andrés Herrera http://www.letralia.com/firmas/herrerajuanandres.htm Poeta mexicano (Morelos, 1990). Estudia lengua y literaturas hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx). Textos suyos han aparecido en diversas publicaciones impresas y digitales como Estro, Tajo, Punto en Línea (http://www.puntoenlinea.unam.mx), Habitantes de Moria, La Piedra (http://colectivolapiedra.com), Radiador Fanzine (http://www.radiadormagazine.com), El Jolgorio Cultural (http://www.eljolgoriocultural.org.mx), Hotel (http://revistacincoletras.com) y Litoral-e (http://www.litorale.com.mx). Colabora habitualmente con la revista digital Ombligo (http://revistaombligo.com). Editó el poemario digital Eso que revienta (http://issuu.com/juandresherrera/docs/eso_que_revienta). Mantiene una bitácora personal en http://poesiamaconha.blogspot.com. ||||||||||||||||||||||||||| POST SCRIPTUM ||||||||||||||||||||||||||| “Si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios —o del demonio—, también lo es que lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo, y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema”. Federico García Lorca. En: Poesía española. Antología 1915-1932. Selección de Gerardo Diego (1966). === Cómo publicar en Letralia, Tierra de Letras =========================== Antes de enviarnos algún texto para publicar en Letralia, le agradecemos leer nuestras condiciones de publicación. Usted puede verlas en el Web en http://www.letralia.com/tierradeletras/publicar.htm. 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