~~~~~~~~~~~~~~~ Año XVII Cagua, Venezuela Nº 283 ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras ~~~~~~~~~~~ http://www.letralia.com ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ 6 de mayo de 2013 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras, es ~~~~~~~~~~~ la revista de los escritores ~~~~~~~~~~~ hispanoamericanos en Internet. ~~~~~~~~~~~ Usted puede enviarnos sus ~~~~~~~~~~~ comentarios, críticas o material ~~~~~~~~~~~ literario a info@letralia.com ~~~~~~~~~~~ ~ * ~~~~~~~~~~~ ~~~ JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor ~~~~~~~~~~~ ~~~~ Depósito Legal: pp199602AR26 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~ ISSN: 1856-7983 ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ === Sumario =============================================================== | Ciclo “Festival de Cine de Sundance” en el Celarg | Breves (Caracas). / Presentación de Disparate, de Eugenio | Montejo y Gerald Espinoza. / Encuentros poéticos para | recordar al “Chino” Víctor Valera Mora. / Taller “Leer y | escribir desde Eros”, con Ricardo Ramírez Requena. / | | José Manuel Caballero Bonald al recibir el Premio | Noticias Cervantes: “La poesía puede corregir las erratas de la | historia”. / El héroe discreto, nueva novela de Vargas | Llosa, saldrá en septiembre. / Premio Juan Ramón Jiménez | para el chileno Mario Guillermo Contreras. / Reúnen en | un libro todos los cuentos de Carlos Fuentes. / Gobierno | de Chile creará el Centro Cultural Gonzalo Rojas. / | Falleció la titiritera y escritora mexicana Mireya | Cueto. / Recuperan texto inédito de la poeta gallega | Rosalía de Castro. / Falleció el escritor boliviano | Jesús Urzagasti. / Conceden la orden “José Martí” a Fina | García-Marruz. / Miguel Delibes recordado con una | muestra en el Cervantes de Nueva York. / Concluye la | Feria del Libro de Bogotá con récord de asistencia. / | Libreros venezolanos entregan su primer premio en | narrativa y poesía. / Muere Lautaro Parra, hermano menor | de Violeta y Nicanor. / Neruda tenía cáncer metastásico, | confirman exámenes. / Más de 230 mil personas visitaron | el 5º Festival de la Lectura Chacao. / Instituto | Cervantes adelanta planes con otras entidades. / Feria | del Libro en Español de Los Ángeles homenajea a Carlos | Fuentes. / Mario Vargas Llosa recibirá doctorado honoris | causa en Rumania. / Valencia celebra este mes su I | Festival del Género Negro. | | “Puerto Maldonado-Lima, último tránsito de Javier | Artículos y Heraud”, Alfredo Herrera Flores. / “Infamias y | reportajes eternidades: las dos historias de Borges”, Gabriel | Jiménez Emán. / “Los espejos interiores de José Manuel | Caballero Bonald”, Pedro García Cueto. / “La muerte del | escritor nigeriano Chinua Achebe”, José E. Mosquera. / | “Vida de Pi”, Rafael Fauquié. / “Apuntes a propósito de | cierto bojeo”, Lidia Meriño Hernández. / “Transparencia | del aire o el espíritu de la palabra”, René Arrieta | Pérez. | | “Antonio Pujia: la imperiosa necesidad de registrar lo | Entrevistas hermoso”, entrevista por Juan Pomponio. | | “Juyungo, de Adalberto Ortiz: de la racialización y los | Sala de ensayo estereotipos a la conciencia de clase”, Maimouna Sankhé | Adebowale. / “Niebla, de Miguel de Unamuno”, María | Alicia Medina. / “Julio Cortázar: “Las babas del | diablo”. Lenguaje y mundos paralelos”, Eduardo | Balestena. | | “Al ayer”, Marco Manuel Ruiz. / “Canto a un nuevo día”, | Letras José Cercas Domínguez. / Tres cuentos del libro | “Historias de la ruina”, Ulisses Paniagua. / Poemas de | Jairo Rojas Rojas. / “Nueve y medio”, Carmen Amil. / | Tres poemas de Raiza Mar Jiménez. / “El arte de irse” | (extractos), Nick Schinder. / “Tankas para el desamor”, | Alfonso Aguado Ortuño. / Seis textos de Jorge Campos. / | Poemas de Jasmín Cruz Cacheux. / “Bajo un excepcional | sol”, Vicente Boado Quijano. / Tres poemas de Lucas | Paulinovich. | | Carlos Fuentes. | Post Scriptum | =========================================================================== Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Año http://www.geocities.com/SoHo/8753 =========================================================================== Premio "La Página del Mes" de Internet de México el 3 de mayo de 1998 http://www.internet.com.mx =========================================================================== Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998 http://www.megasitio.com =========================================================================== Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999 http://www.redchilena.cl =========================================================================== Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999 http://www.fortressdesign.com =========================================================================== Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999 http://www.exodusltd.com =========================================================================== Premio Mejor Página de Poesía, de La Blinda Rosada, en julio de 1999 http://blindarosada.org.ar =========================================================================== Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Premio Nacional del Libro de Venezuela 2007, Centro Nacional del Libro http://www.cenal.gob.ve =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2008, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Mención de honor en los premios Stockholm Challenge 2010, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.org =========================================================================== Para suscribirse a Letralia, envíe un mensaje vacío a: letralia-subscribe@gruposyahoo.com Para desuscribirse, envíe un mensaje vacío a: letralia-unsubscribe@gruposyahoo.com También puede formalizar su suscripción o su desuscripción en un formulario visible en nuestro sitio en el Web: http://www.letralia.com/herramientas/listas.htm Ediciones anteriores: http://www.letralia.com/tierradeletras/archivo.htm ||||||||||||||||||||||||||||||| BREVES |||||||||||||||||||||||||||||| *** Ciclo “Festival de Cine de Sundance” en el Celarg (Caracas) Del 10 de mayo al 1 de junio tendrá lugar en la sala CineCelarg3, en Caracas, un ciclo dedicado al Festival Sundance. El viernes 10 de mayo se inicia con Circumstance (EUA, 2011), de Maryam Keshavarz; sábado 11, The Sessions (EUA, 2012), de Ben Lewin; domingo 12, Beasts of the Southern Wild (EUA, 2012), de Benh Zeitlin; lunes 13, Winter’s Bone (EUA, 2010), de Debra Granik; martes 14, Animal Kingdom (Australia, 2010), de David Michôd; miércoles 15, Precious (EUA, 2009), de Lee Daniels; jueves 16, La nana (Chile, 2009), de Sebastián Silva; viernes 17, Frozen River (EUA, 2008), de Courtney Hunt; sábado 18, American Splendor (EUA, 2003), de Robert Pulcini y Shari Springer Berman; domingo 19, Captain Abu Raed (Jordania, 2007), de Amin Matalqa; lunes 20, Brødre (Dinamarca, 2004), de Susanne Bier; martes 21, Primer (EUA, 2004), de Shane Carruth; miércoles 22, La grande séduction (Canadá, 2003), de Jean-François Pouliot; jueves 23, María, llena eres de gracia (Colombia, 2004), de Joshua Marston; viernes 24, The Station Agent (EUA, 2003), de Thomas McCarthy; sábado 25, Hedwig and the Angry Inch (EUA, 2001), de John Cameron Mitchell; domingo 26, Pi: Faith in Chaos (EUA, 1998), de Darren Aronofsky; lunes 27, Whale Rider (Nueva Zelanda, 2002), de Niki Caro; martes 28, Bloody Sunday (Reino Unido, 2002), de Paul Greengrass; miércoles 29, The Believer (EUA, 2001), de Henry Bean; jueves 30, Wo de fu qin mu qin (Camino a casa; China, 1999), de Zhang Yimou; viernes 31, Stranger than Paradise (EUA, 1984), de Jim Jarmusch; sábado 1 de junio, Ballast (EUA, 2008), de Lance Hammer. Todas las películas se presentan en dos funciones (5 de la tarde y 7 de la noche) en la sala CineCelarg3, en la sede de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, ubicada en la avenida Luis Roche de Altamira, en la capital venezolana. http://www.celarg.gob.ve *** Presentación de Disparate, de Eugenio Montejo y Gerald Espinoza En un país donde todo iba al revés, un chico sale en una importante expedición: la búsqueda de un ser querido que se ha perdido inexplicablemente. Una travesía onírica con toques de humor y misterio, del reconocido poeta venezolano Eugenio Montejo y con ilustraciones de Gerald Espinoza, conforman el libro Disparate, que el sello Ediciones Ekaré presentará en Caracas el jueves 16 y el viernes 28 de mayo. Ganador del Premio Nacional de Literatura de Venezuela 1998, Montejo (1938-2008) fue uno de los más respetados poetas venezolanos contemporáneos. Bajo el heterónimo Eduardo Polo publicó, también con Ekaré, su libro Chamario, de poesía para niños. Espinoza, por su parte, estudió artes plásticas en el Instituto Universitario Armando Reverón; ha participado en exposiciones y colaborado con varias publicaciones dentro y fuera de Venezuela. Es autor e ilustrador de varios libros para niños. El ilustrador participará en las presentaciones, que tendrán lugar el jueves 16 a las 7 de la noche en la Librería Lugar Común, de Altamira, y el martes 28 a las 11 de la mañana en la Librería El Buscón, del Paseo Las Mercedes. http://www.ekare.com.ve *** Encuentros poéticos para recordar al “Chino” Víctor Valera Mora El segundo encuentro poético para recordar al poeta venezolano Víctor “Chino” Valera Mora (1935-1984) se realizará este jueves 16 de mayo en el marco de las tertulias quincenales del Frente de Creación Literaria Oficio Puro, conformado en mayo de 2012 por varios colectivos de creadores, talleristas y poetas. El 29 de abril se conmemoraron 29 años de la muerte del autor de Canción del soldado justo (1961), Amanecí de bala (1971) y Setenta poemas estalinistas (1980). En la sesión del jueves 16 se contará con la presencia de la poeta y artista plástica María Angélica Ascanio, quien hablará del tema “Arte plásticas y literatura”. En la sesión del jueves 30, evento aniversario de la fundación del Frente de Creación Literaria Oficio Puro, amigas y amigos que conocieron al “Chino” Valera Mora hablarán sobre él y su obra. La actividad del 16 será a las 5:30 de la tarde en el Museo Rómulo Gallegos de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), en la avenida Luis Roche de Altamira, en Caracas. http://www.celarg.gob.ve *** Taller “Leer y escribir desde Eros”, con Ricardo Ramírez Requena Desde el miércoles 22 de mayo hasta el miércoles 26 de junio se desarrollará, en la Librería Kalathos, en Caracas, el taller “Leer y escribir desde Eros” que dictará el escritor y librero venezolano Ricardo Ramírez Requena en sesiones semanales de 6 de la tarde a 8 de la noche. El taller constará de seis sesiones; en las primeras tres se hará énfasis en la lectura y en las siguientes tres en la escritura. Se enfocará en el estudio de la relación entre literatura y erotismo como una indagación alrededor de la creación en la modernidad, con lecturas de Baudelaire, Lawrence, Miller, Nin y Nabokov, entre otros, además de revisar figuras como Casanova, en términos de autoficción, o Don Juan, como uno de los paradigmas fundamentales de Occidente. Ramírez Requena es licenciado en letras por la Universidad Central de Venezuela (UCV), donde actualmente ejerce como profesor. Además es librero a medio tiempo en Kalathos, fue librero principal de El Buscón durante cinco años y este año cofundó la primera edición del Premio de los Libreros al Mejor libro del año. El año pasado, su escritura poética le valió una mención publicación en la primera edición del Premio de Poesía Eugenio Montejo. El costo del taller será de 900 bolívares por persona. Para mayor información e inscripciones comunicarse con la Librería Kalathos, ubicada en Los Galpones en la urbanización Los Chorros (Caracas), a través del (0212) 285.2820 o escribiendo a las direcciones electrónicas libreriakalathos@gmail.com y chelayv@gmail.com. ¿Quiere publicar una nota en este espacio? Envíenosla por correo electrónico a breves@letralia.com. === ¿Le interesa estar informado sobre concursos? ========================= Reciba por correo electrónico los anuncios vigentes de concursos literarios y artísticos en general suscribiéndose a nuestra lista de distribución. Todo lo que tiene que hacer es enviar un mensaje vacío a letralia-concursos-subscribe@gruposyahoo.com, o visitar nuestra cartelera de concursos en http://www.letralia.com/herramientas/concursos.htm. Si desea enviarnos las bases de un concurso, escríbanos a info@letralia.com |||||||||||||||||||||||||||||| NOTICIAS ||||||||||||||||||||||||||||| *** José Manuel Caballero Bonald al recibir el Premio Cervantes “La poesía puede corregir las erratas de la historia” El escritor español José Manuel Caballero Bonald (Jerez, 1926) recibió este martes 23 de abril, de manos de los Príncipes de Asturias, el Premio Cervantes, el galardón más importante de las letras en lengua española, en un solemne acto celebrado en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares poco después del mediodía. La entrega del Cervantes constituye el acto central del Día del Libro. En compañía del presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, y del ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, los Príncipes de Asturias hicieron su entrada en el Paraninfo, en cuyo interior, y tras la lectura del acta del jurado por parte de la directora general de Industrias Culturales y del Libro, María Teresa Lizaranzu, don Felipe le hizo entrega del premio al escritor gaditano. Por segundo año consecutivo, el rey Juan Carlos no pudo presidir la ceremonia por motivos de salud. Acompañado por su mujer, Josefina Ramis, por dos de sus cinco hijos y por tres nietos, Caballero Bonald hizo en su discurso un recorrido por la historia de la literatura señalando algunos de los motivos que le llevaron a él a decantarse por las letras. El autor de 86 años reivindicó asimismo “la potencia consoladora” de la poesía, tan necesaria en un mundo como el actual, “asediado de tribulaciones y menosprecios a los derechos humanos”. “La poesía puede corregir las erratas de la historia”, afirmó Caballero Bonald antes de asegurar que, como decía Pavese, la poesía “es una forma de defensa contra las ofensas de la vida”. “Siempre hay que defenderse con la palabra de quienes pretenden quitárnosla. Siempre hay que esgrimir esa palabra contra los desahucios de la razón”, añadió el escritor gaditano. Su discurso estuvo dedicado en buena medida a Cervantes, a su infravalorada poesía, a su concepción de la libertad y a esos años enigmáticos y “zonas de penumbra” que hay en su vida, “esas huidas imprevistas, zozobras, cautiverios”, que vienen a ser como “la síntesis biográfica de un perdedor”. Pero, por muchos fracasos y decepciones que sufriera, Cervantes “nunca renunció a ir macerando en la memoria su más universal empeño creador: el que hizo de la libertad un fecundo condimento literario”. Basta con ojear “el esplendor polifónico” del Quijote para entender que “todo lo que tuvo de infortunada la vida de Cervantes acabó encontrando una justiciera contrapartida en esa manifestación suprema de la propia libertad que es la palabra”. En esos años en los que un Cervantes “solitario y meditabundo” estuvo alejado de las letras; cuando navegaba “sin brújula entre los boatos de la Italia renacentista o los intramuros argelinos del cautiverio”, por la corte de Felipe II o “la babilónica Sevilla de finales del XVI y principios del XVII”, iría “trasegando de la vida a la memoria algunos de los hechos y personajes” que luego figurarían en sus obras. “Más que la imagen del vencido por la vida, lo que ese Cervantes acaba sugiriendo es la del vencedor literario de todas las batallas por la libertad”, señaló Caballero Bonald, quien al principio de su discurso había recordado a otros escritores que ya han recibido “el premio mayor de nuestras letras”, como Antonio Gamoneda, José Emilio Pacheco, Juan Marsé, Ana María Matute o Juan Gelman, “amigos queridos y autores predilectos”. Superviviente, junto con Francisco Brines, de la llamada Generación de los cincuenta, Caballero Bonald también mencionó a otros “compañeros fraternales” —José Ángel Valente, Carlos Barral, Ángel González, Claudio Rodríguez, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo— “a quienes la muerte cercenó la posibilidad” de recibir el Cervantes. El autor de Manual de infractores o de Entreguerras lleva “dos tercios de siglos” como escritor y dice con humor que quizá sí merezca “un premio a la constancia”. Y aunque ya apenas puede evocar su “noviciado literario”, es consciente de que su “biografía literaria depende tanto de los libros” que ha escrito como de los que ha leído. “Es posible que encontrara en aquellas lecturas algo parecido a una contrapartida, una compensación frente a la falta de asideros o los desconciertos de la edad”, señalaba Caballero Bonald antes de decir que “los enemigos históricos de la libertad han recurrido desde siempre a una suprema barbarie: la hoguera”. “O quemaban herejes o quemaban libros. En las ficciones futuristas de un mundo amorfo, despersonalizado, regido por computadoras, la quema de libros representa algo más que un mandamiento atroz: es una metáfora de la esclavitud”, afirmaba el premiado, quien cree que sus primeras lecturas le pudieron servir para “indemnizarse” de lo que le “negaba aquel tiempo desdichado” de la inmediata posguerra, “cuando se cimentaba el infortunio histórico del franquismo”. Y una de esas lecturas tempranas se la debe a un profesor suyo de literatura, que le facilitó una “especie de florilegio hecho por él de las más llamativas aventuras de don Quijote”. Cuando las leyó fue “una conmoción insospechada”. Descubrió “un mundo fascinante”. Cervantes fue siempre “un hombre de mala ventura y un poeta por lo común desdeñado”, aunque “más de una vez se ha dicho que quien escribió el Quijote no podía ser sino un gran poeta”, algo con lo que Caballero Bonald está de acuerdo. “En el Quijote, en los aparejos de su espléndida prosa, se decantan los alimentos primordiales de la poesía (...), esas palabras que van más allá de sus propios límites expresivos y abren o entornan los pasadizos que conducen a la iluminación, a esas ‘profundas cavernas del sentido’ a que se refería san Juan de la Cruz”. Pero, a pesar del amor que Cervantes tenía por la poesía, esa faceta suya quedó oscurecida “ante la poderosa luminaria del Quijote”, señaló el premiado. Y en el “recuento de emociones” que fue su discurso, Caballero Bonald mencionó sus “débitos personales” con la poesía, que “también tiene algo de indemnización supletoria de una pérdida”. “En mi poesía está implícito todo lo que pienso, y hasta lo que todavía no pienso, que ya es meritorio”, afirmaba el escritor, que, “honestamente”, cree en “la capacidad paliativa de la poesía, en su potencia consoladora frente a los trastornos y desánimos que pueda depararnos la historia”. El arte en general, y la poesía en particular, pueden “contribuir a la rehabilitación de un edificio social menoscabado”. “Tal vez se logre así que el pensamiento crítico prevalezca sobre todo lo que tiende a neutralizarlo. Tal vez una sociedad decepcionada, perpleja, zaherida por una renuente crisis de valores, tienda así a convertirse en una sociedad ennoblecida por su propio esfuerzo regenerador”, concluyó el escritor antes de recibir el prolongado aplauso de los asistentes. Al acto asistieron, entre otros, el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle; el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González; la alcaldesa de Madrid, Ana Botella; el consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Luciano Alonso; el director de la Real Academia Española, José Manuel Blecua; el secretario de la RAE y presidente del jurado del Cervantes, Darío Villanueva; el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, y la directora de la Biblioteca Nacional, Ana Santos Aramburo. Además, numerosos escritores como Antonio Gamoneda, Eduardo Mendicutti, Félix Grande y Benjamín Prado; políticos como Alfonso Guerra y Carmen Alborch, y el cantante Miguel Ríos, entre otros representantes del mundo de la cultura. Fuente: EFE *** El héroe discreto, nueva novela de Vargas Llosa, saldrá en septiembre La editorial Alfaguara anunció para el 12 de septiembre la publicación de El héroe discreto, la nueva novela del escritor peruano-español Mario Vargas Llosa, una obra en clave de melodrama esparcido de humor que marca un doble reencuentro con su vida y su literatura y de los lectores con él y su territorio literario. En efecto, el Premio Nobel de Literatura 2010 recupera, después de 15 años, a Lima y Piura, las dos ciudades peruanas donde se crió, como escenario de sus ficciones. La otra arista de este reencuentro es la vuelta a varios de sus personajes como el sargento Lituma, de Lituma en los Andes, y don Rigoberto, de Los cuadernos de don Rigoberto. En esta nueva novela “aparece el Vargas Llosa más juguetón y relajado”, dice Pilar Reyes, su editora. El héroe discreto narra la historia de dos hombres, Felícito Yanaqué e Ismael Carrera, que luchan contra sus destinos adversos más allá de las mezquindades y según sus ideales y deseos. Un melodrama impregnado de humor en el Perú más actual, pujante, ilusionado y paradójico, donde Piura y Lima “ya no son espacios físicos, sino reinos de la imaginación poblados por sus personajes”. Ambos protagonistas son, a su modo, discretos rebeldes que intentan tomar las riendas de sus propias vidas. Dos destinos paralelos que en algún punto se entrecruzarán. Felícito es un pequeño empresario en Piura que es extorsionado, mientras Ismael tiene una exitosa aseguradora en Lima, e intenta vengarse de sus dos hijos holgazanes que trataron de matarlo. Y si el primero se aferra a unas pocas máximas para sentar cara al chantaje, el segundo desafía las convenciones de su clase. Es una novela “fascinante por el juego que Vargas Llosa establece con su propia creación literaria”, asegura Reyes. Una narración cuya espina dorsal “está llena de elementos melodramáticos con los cuales el autor hace gran literatura”. Y con un elemento relativamente novedoso en el mundo vargasllosiano: si normalmente son los padres las figuras duras o malas, aquí son los hijos. Las primeras pistas de la novela, tras El sueño del celta, cuyo lanzamiento coincidió en 2010 con la concesión del Nobel, ya fueron adelantadas en enero por Vargas Llosa en el Hay Festival de Cartagena de Indias. Entonces desveló que antes de viajar a la ciudad colombiana acababa de escribir la última palabra. Entre lo poco que dijo fue: “Mi ambición es que cuando ya no esté, esta novela sobreviva medio siglo como La ciudad y los perros”. Fuente: El País *** Premio Juan Ramón Jiménez para el chileno Mario Guillermo Contreras Canciones para animales ciegos, del chileno Mario Guillermo Contreras Cortés, es el ganador de la XXXIII edición del Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez, convocado por la Municipalidad de Huelva y dotado con 7.800 dólares. El presidente del jurado, Laureano Jiménez Carrión, señaló el jueves 25 de abril que se trata de una obra “bastante interesante, de mucha envergadura y con un ritmo muy acusado al utilizar el verso alejandrino”, e informó que “en menos de media hora se decidió el ganador”. “Hace un uso extraordinario de las figuras metafóricas, con uso de un lenguaje que parece ser de otra dimensión”, apuntó el presidente del jurado, quien señaló que “no es una obra para la inmensa mayoría, sino para la minoría”. Contreras, que fue contactado vía telefónica por el jurado, expresó su alegría y agradeció un premio que para él es un honor “sólo por el hecho de llevar el nombre de uno de los poetas más importantes de la literatura universal”. También reveló que había presentado dos obras a esta convocatoria y explicó que empezó a escribir el libro ganador en 2008, la primera vez que viajó a España. Fue entonces cuando empezó a tomar contacto con la gran tradición literaria española y a conocer a los poetas de la Generación del 27, a los que rinde homenaje en su obra. Fruto de esta admiración y de su visión de cómo la crisis económica se ha ido “apoderando” de la ciudadanía nace Canciones para animales ciegos, que es “un diálogo con la sociedad, con los más desprotegidos, con las personas que lo están pasando mal”, ha dicho. A esta edición del premio concurrieron más de 680 obras, de las que 614 fueron finalmente las analizadas por el jurado, la mayoría de ellas de procedencia latinoamericana. Fuente: EFE *** Reúnen en un libro todos los cuentos de Carlos Fuentes La editorial mexicana Fondo de Cultura Económica (FCE) ha publicado Cuentos completos, en el que se han incluido todos los cuentos del escritor mexicano Carlos Fuentes (1928-2012) con el propósito de alentar a la lectura de unos textos magistrales “que no se conseguían fácilmente”, según se anunció este 25 de abril. “Para muchos lectores ahí está el mejor Fuentes, el que más se acerca a hablar de tú a tú desde la voz del personaje al lector y en el lector”, dijo en una entrevista el editor de literatura del FCE, Omegar Martínez. El también compilador y autor del prólogo explicó que los cuentos reunidos fueron “publicados en colecciones, antologías o por sí solos”. Escritos entre 1949 y 2010, los textos están ordenados de manera cronológica, a lo largo de las 944 páginas de la recopilación, y debidamente documentados, señaló Martínez. “El cuerpo de la obra novelística de Fuentes es mucho más amplio de lo que cabe en un volumen pero los cuentos, siendo lo más destacado y alguna de sus muestras narrativas más interesantes, es fácil compilarlos y mostrar toda una faceta de Fuentes desde que empezó a escribir hasta casi el último libro que publicó”, indicó. Desde el primero, “Pastel rancio”, publicado en el semanario Mañana cuando Fuentes tenía 21 años, hasta “Salamandra”, “El arquitecto del castillo de If”, y “El dueño de la casa”, publicados en el libro Carolina Grau (2010), todos son considerados cuentos ya sea por su extensión o porque así los distinguió el propio autor. Los temas, explicó el editor, se repiten con frecuencia: “la preocupación por el origen de lo mexicano; la relación entre América y Europa; el problema de las distinciones de clase, que le preocupaba mucho; el problema de la ciudad; y sobre todo lo gótico, lo extraño que está siempre detrás de todos los personajes”. Hay algunos poco conocidos como “Pantera en jazz” (1954) y otros que vieron la luz reunidos en volúmenes como Los días enmascarados (1954), Cantar de ciegos (1964) y Agua quemada (1981). Martínez explica en el prólogo que novelas como La región más transparente, Gringo viejo, Cristóbal Nonato, Terra Nostra o La muerte de Artemio Cruz son ya “clásicos y referencias obligadas en el disfrute y conocimiento de la literatura mexicana, latinoamericana y universal”, pero que los cuentos aportan elementos nuevos. En ellos se revela el autor “en su fase más experimental, sin miedo a los géneros y subgéneros, como al más clásico, abordando y deconstruyendo temas y tópicos literarios con soltura y desde su inconfundible y dadivoso estilo”, apuntó. Detalló que es ahí donde Fuentes “presenta y se auxilia de los más inusitados puntos de vista, juegos temporales y vueltas laberínticas, donde las historias son simultáneamente de instantes y de eternidades”, y en ellos coexisten “personajes sencillos en situaciones profundas” y “grandes actores en situaciones modestas”. Por todo ello, dijo, la esencia literaria de Carlos Fuentes habita precisamente en sus cuentos, que son además un género literario de los más sobresalientes de los grandes autores del boom latinoamericano, al que perteneció el autor mexicano fallecido en 2012. “Yo creo que (ahí) es el más libre, el que se permitía hacer más cosas experimentales. De por sí sus novelas lo son (...). En los cuentos se ven atisbos a juegos narrativos que serían difíciles de integrar a una novela”, señaló Martínez. Además, en los relatos cortos está también “el más mágico, no en el sentido del ‘realismo mágico’, sino en el de que, como mago, aparece” y saca “una situación completamente inesperada, pero que es verosímil”, comentó. Fallecido el 15 de mayo de 2012 a los 83 años, Fuentes es considerado uno de los escritores más importantes de las letras hispanas de las últimas décadas. Fuente: EFE *** Gobierno de Chile creará el Centro Cultural Gonzalo Rojas El Fondo de Cultura Económica ha publicado un volumen que reúne toda la obra poética del escritor chileno. El gobierno chileno anunció este 25 de abril la creación del Centro Cultural Gonzalo Rojas, un espacio que servirá para difundir la vida y obra del poeta, Premio Cervantes de Literatura 2003 y de cuyo fallecimiento se cumplían dos años en esa fecha. La primera dama de Chile, Cecilia Morel, y el ministro de Cultura, Luciano Cruz-Coke, encabezaron la ceremonia en la que se anunció que el centro cultural se ubicará en la casa que el poeta tenía en Chillán —400 kilómetros al sur de Santiago—, un inmueble que será adquirido por el fisco. También se anunció la creación de la Corporación Municipal Gonzalo Rojas, que será la encargada de impulsar el proyecto. “La promesa que le hizo el presidente Sebastián Piñera al poeta en su lecho de enfermo, de convertir su casa en un centro cultural, ya se está transformando en una realidad muy merecida para la ciudad de Chillán y para Chile”, dijo Morel. La esposa del presidente chileno avanzó que el futuro centro cultural será “muy adecuado” a la forma de ser del poeta, que murió el 25 de abril de 2011 a los 93 años de edad, tras permanecer en estado de extrema gravedad durante más de dos meses a causa de un accidente cerebrovascular. “(Rojas) era una persona que gozaba mucho la vida y le gustaba crear encuentros y diálogos, entonces la idea es que las personas recorran y conozcan la casa, que sea un centro vivo”, apuntó Morel. El ministro de Cultura, Luciano Cruz-Coke, aseguró que el pueblo chileno siente “admiración” por Rojas y se mostró convencido de que el centro cultural que se levantará en Chillán será una contribución no sólo a la poesía, sino también al cine y a las artes plásticas. Gonzalo Rojas-May, el hijo menor del poeta fallecido, celebró la iniciativa, que en su opinión permitirá “rescatar” la tradición cultural chilena. El anuncio del gobierno chileno ha coincidido con la aparición de Íntegra, una edición del Fondo de Cultura Económica (FCE), de México, que reúne la obra poética completa de Rojas y que como novedad incluye 49 poemas inéditos o no recogidos en libros anteriores. “Hasta ahora ninguna edición se había propuesto semejante desafío. También era preciso dar a conocer un buen número de poemas inéditos y rescatados de revistas y periódicos olvidados en el tiempo y entre el polvo de las bibliotecas”, dijo la editora Fabienne Bradu, responsable del trabajo. La obra “es un verdadero monumento poético de la lengua española o, como él lo hubiera llamado, ‘un monumento de aire’ ”, señala la editora. En entrevista explicó que el escritor chileno “sostenía que escribiría un solo libro en su vida aunque, paradójicamente, Íntegra”, que concreta esa pretensión, “es el único libro que él no armó ni conoció”. La editora señala que las 961 páginas de la obra concretan “en un solo y pantagruélico libro” la lírica de un poeta que durante su vida fue sobre todo fiel “a una concepción de la poesía que no separa la obra de la vida”. Respecto a los inéditos hay entre ellos “un poco de todo”, desde “poemas de la primera juventud que estaban publicados en revistas regionales de Chile, anteriores a cualquier libro y nunca recogidos por Rojas”, a otros publicados en la revista surrealista Mandrágora y de los que renegaba el escritor. También engrosan el compendio “poemas inéditos del final de su vida que se encuentran en sus archivos personales” y otros “poemas publicados en otros países que nunca había recogido en un libro”. “Lo más novedoso para los lectores e investigadores son los poemas de juventud, de los 17 a 18 años, que eran absolutamente desconocidos aunque publicados pero nadie había ido a buscarlos en la Biblioteca Nacional de Chile”, agrega la editora. Además hay otros finales “que demuestran que siguió escribiendo poesía prácticamente hasta que el accidente cerebral y otros males de salud se lo impidieran”. En el prólogo la editora del FCE defiende que Íntegra es “un “libro vivo”, no un “ataúd poético” dedicado al autor de Materia de testamento (1988), Antología del aire (1990) y La reniñez (2004). Recuerda que el también Premio Cervantes de Literatura 2003 “rehuía la solemnidad de las obras completas que suelen volver a enterrar a un autor después de su fallecimiento” y son “como estatuas que todo el mundo mira de lejos sin saber ya a quién pertenecen estos rasgos y esta silueta”. La editora sólo logró presentarle a Rojas “la idea del proyecto y el título del libro”, ya que en febrero de 2011 sufriría un accidente vascular cerebral a consecuencia del cual moriría semanas más tarde. “Desgraciadamente no tuvimos tiempo de comentar los criterios de edición, que debo asumir totalmente, y en este sentido no es un libro sancionado por su autor. Ahora que lo pienso, quizá fue mejor así”, agrega, convencida de que este poeta chileno hijo de minero “hubiera refunfuñado ante la propuesta de un orden cronológico, de dibujar un mapa de su obra, y ante mis tentativas de fijar las variantes de sus poemas en el tiempo”. “Pero quizá, a la larga, lo hubiera aceptado como un mal necesario y un gesto de amabilidad hacia sus lectores”, afirma. Bradu trabaja ya en otra recopilación dedicada a Rojas, esta vez de prosa, que proyecta tener lista el próximo año. Ese volumen contendrá “nutridos ensayos sobre los poetas que leyó con atención y con quienes tuvo un diálogo prolongado”, como Rubén Darío, Gabriela Mistral, Pablo de Rokha, Vicente Huidobro, Pablo Neruda, César Vallejo u Octavio Paz. “Además de estos volcanes que ya pasaron a la historia, Gonzalo Rojas siempre mostró interés por los jóvenes poetas que iban emergiendo y a veces se le acercaban en busca de un comentario o de un apoyo”, asegura Bradu. Fuente: EFE *** Falleció la titiritera y escritora mexicana Mireya Cueto Reconocida dentro y fuera de su país por su labor de difusión en el arte de las marionetas, la titiritera, escritora y dramaturga Mireya Cueto falleció a la edad de 91 años, a causa de un derrame cerebral, el pasado 26 de abril. Nacida el 3 de febrero de 1922, Cueto se dedicó desde hace más de siete décadas a la investigación, producción y dirección de teatro de títeres. De manera reciente, en febrero de 2012, recibió la Medalla Bellas Artes como reconocimiento a su trayectoria de más de 70 años dedicados al teatro. Descendiente de una familia que difundió e innovó en el arte de los títeres en México, entre sus actividades incursionó en la televisión realizando programas sobre la historia de los títeres, escribiendo guiones y produciendo programas radiofónicos infantiles entre 1971 y 1974. Escribió la versión radiofónica de El Quijote para Radio Educación y de El Periquillo Sarniento para la Dirección General de Radio y Televisión (RTC), de la Secretaría de Gobernación, y en 1976 dirigió el proyecto para la formación de grupos de teatro de títeres para campesinos en la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA). En 1978 obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infantil Juan de la Cabada del Instituto Nacional de Bellas Artes (Inba) y el gobierno de Campeche. Fue cofundadora del Teatro Tinglado en 1980 y en 1992 estrenó, bajo el formato de teatro de sombras, la obra San Juan de la Cruz, poeta místico, presentada también en el Festival Internacional de Títeres de Bilbao en 1994. Miembro honorario de la Unión Internacional de Marionetistas y del Patronato del Museo del Títere de Huamantla, Tlaxcala, en 2011 recibió la beca del Sistema Nacional de Creadores de manera vitalicia. También escribió piezas para teatro y cuentos, reunidos en los libros La boda de la ratita y más teatro; La cigarra, el chapulín y la hormiga, y El cuento más antiguo, y ensayos como Apuntes sobre la experiencia artística, entre otros. En 2001, la Coordinación de Desarrollo Cultura Infantil del Conaculta, Alas y Raíces a los Niños, creó en su honor el Festival Nacional de Títeres Mireya Cueto. Ella heredó su amor a las marionetas de su madre Lola Cueto (1897-1978), una de las fundadoras de la Unión Mexicana de Titiriteros, creado en 1932, y del teatro guiñol contemporáneo que el pasado 13 de marzo cumplió ochenta años de haber presentado la primera función. Diversas instituciones culturales manifestaron sus condolencias ante la noticia de su deceso, entre ellas el Instituto Nacional de Bellas Artes (Inba) y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta). Ambas dependencias emitieron comunicados al respecto, así como la Compañía Nacional de Teatro y la Secretaría de Educación Pública (SEO). Fuente: Proceso *** Recuperan texto inédito de la poeta gallega Rosalía de Castro Un poema inédito de la española Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837; Padrón, 1885), en el que elogia la figura del político, militar y escritor Salustiano de Olózaga, ha sido recuperado por el semanario Sermos Galiza, de la mano del investigador Francisco Rodríguez, autor de la información que lo saca a la luz, como se informó el pasado 26 de abril. Según apunta el propio Rodríguez, el poema, escrito en gallego, fue publicado el 4 de junio de 1866 en el desaparecido diario La Soberanía Nacional, y está dedicado al dirigente progresista Olózaga, que iba a visitar Santiago de Compostela tras haber pasado por La Coruña. El poema, que Sermos Galiza reproduce en su totalidad, destaca de forma particular la oratoria de Salustiano de Olózaga, y de él se puede desprender que Rosalía de Castro asistió a alguna de sus intervenciones, bien en el Congreso o en algún acto público. Rodríguez tenía constancia desde “hace años” de la existencia de este poema inédito, dado que se mencionaba en una carta a Manuel Murguía. Hace cuatro años, el investigador trató de localizarlo, sin éxito, en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional. Ahora, con la digitalización y acceso online del periódico, “no ha sido difícil hallarlo”. El investigador, autor del artículo, es también autor de la primera tesis de doctorado sobre la escritora y su obra más reciente es Rosalía de Castro: estranxeira na súa patria. Fuente: Europa Press *** Falleció el escritor boliviano Jesús Urzagasti La madrugada del pasado 27 de abril falleció, a causa de un paro cardíaco, el escritor boliviano Jesús Urzagasti, según informaron fuentes gubernamentales. El también periodista tenía 71 años de edad y fue velado y sepultado con toda discreción. “Era reservado con su propio mundo, siempre lo fue y, en los últimos años, todavía más”, afirmó el escritor y periodista Rubén Vargas. Urzagasti nació en la provincia boliviana del Gran Chaco el 15 de octubre de 1941. A principios de la década de 1960 se trasladó a La Paz, donde comenzó su carrera como escritor: en 1966, la editorial argentina Sudamericana publicó su primera novela, Tirinea. “Tenía una identidad local fuerte”, afirma Vargas. Catorce años después salió a la luz la segunda obra, Yerubia, una recopilación de sus poemas, muchos de los cuales ya habían sido publicados. Fue uno de los poetas bolivianos más importantes de su tiempo junto con Pedro Shimose y Eduardo Mitre. Ya en 1987 lanzó su segundo trabajo en prosa, En el país del silencio, obra traducida al inglés por Gregory Rabassa, traductor de otros literatos latinoamericanos como Gabriel García Márquez o Julio Cortázar. “Hay quienes dicen que el boom de la novela latinoamericana ha terminado y que nos quedamos con imitadores. Eso no es así. Lo que tenemos, más bien, son continuadores, y Jesús Urzagasti, de Bolivia, está en la primera fila. En la tierra del silencio me hace sentir que esto es lo que Cortázar haría si todavía estuviera con nosotros”, dijo Rabassa en una ocasión. El escritor trabajó entre 1972 y 1998 en el diario Presencia. “Le dio cuerpo al desarrollo del periodismo cultural escrito en Bolivia”, apuntó Vargas. El presidente de Bolivia, Evo Morales, y el vicepresidente Álvaro García Linera, expresaron “su profundo pesar” a través de la ministra de Comunicación, Amanda Dávila. “Era un comprometido con los desheredados y pobres del país”, dijo la autoridad. Urzagasti publicó también las novelas De la ventana al parque, Los tejedores de la noche y Un verano con Marina Sangabriel. Además incursionó en el cine pues en 1965 trabajó en el Instituto Cinematográfico Boliviano y participó en el rodaje de Ukamau, de Jorge Sanjinés, como ayudante de dirección. Fuente: La Razón *** Conceden la orden “José Martí” a Fina García-Marruz El presidente cubano Raúl Castro condecoró el pasado lunes 29 de abril, en La Habana, a la intelectual Fina García-Marruz, con la Orden “José Martí”, la más alta distinción en la isla caribeña. La poeta y ensayista cubana de 90 años, quien recibió el reconocimiento del Consejo de Estado por su destacada trayectoria, ostentaba ya el Premio Nacional de Literatura, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y otras condecoraciones. El secretario del Consejo de Estado, Homero Acosta, a propósito de la orden impuesta, dijo que se le reconoce como una de las más importantes figuras de la literatura hispanoamericana del siglo XX, consagrada como una poeta de dimensión universal. En la exposición de motivos, el funcionario citó además el compromiso con la Revolución y su consagración al estudio y la promoción de la obra y el pensamiento del Héroe Nacional José Martí. La homenajeada, viuda del poeta Cintio Vitier, también un estudioso de la obra de Martí, agradeció la condecoración, la cual calificó de “un honor que me otorga el Estado cubano”. Asistieron al acto realizado en el Consejo de Estado el primer vicepresidente, Miguel Díaz-Canel, el vicepresidente José Ramón Machado Ventura y el titular de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Miguel Barnet, entre otros. Fuente: Notimex *** Miguel Delibes recordado con una muestra en el Cervantes de Nueva York El Instituto Cervantes de Nueva York inauguró el miércoles 1 de mayo la exposición “Patria común. Delibes ilustrado” (http://nyork.cervantes.es/FichasCultura/Ficha88519_27_1.htm), una colección de 30 dibujos producida por la Fundación Miguel Delibes y la entidad cultural española. La muestra —que permanecerá abierta al público hasta el 23 de mayo— recorre el universo literario del escritor español (1920-2010) a través de la mirada y la voz de los protagonistas infantiles de sus obras. Expuso que la exposición reúne la obra de 15 destacados ilustradores, entre ellos Emilio Urberuaga y Arnal Ballester, ambos ganadores del Premio Nacional de Ilustración de España, quienes han plasmado en imágenes esa infancia que es “la patria común de todos los mortales”, en palabras de Delibes. La muestra comienza su recorrido internacional en Nueva York tras haberse expuesto en dos importantes museos españoles: el Museo Patio Herreriano de Arte Contemporáneo Español de Valladolid y el Museo ABC de Dibujo e Ilustración de Madrid. Después de su paso por el Cervantes neoyorquino, recorrerá los Institutos de Praga (del 25 de junio al 1 de septiembre), Belgrado (del 10 de septiembre al 1 de noviembre) y Bucarest (del 14 de noviembre al 10 de enero de 2014). La hija del escritor y presidenta de la Fundación que lleva su nombre, Elisa Delibes, dijo que es “maravilloso” que Nueva York albergue esta exhibición, ya que la ciudad guarda especial relación con el escritor después de que en 1964 la visitara con su esposa, Ángeles de Castro, durante los seis meses que estuvieron residiendo en el estado de Maryland. Según explicó, aunque la ciudad de los rascacielos lo asustó, a partir de esa visita a Estados Unidos la vida de su padre “cambió”, ya que a su retorno a España “se hizo mucho más famoso”. En el marco de la inauguración se realizó un coloquio a cargo de los comisarios de la exposición, Alfonso León, director gerente de la Fundación Miguel Delibes, y Sabela Mendoza, de “i con i”. Igualmente, el viernes 3 se proyectó la película Los santos inocentes (1984), basada en la novela homónima del escritor y dirigida por Mario Camus, sobre la cual se realizó más tarde un debate. Quince de las ilustraciones de la muestra, acompañadas con sus respectivos fragmentos literarios, reflejan temas recurrentes en la obra del novelista, como el arraigo a la tierra, el respeto por la naturaleza o la defensa del mundo rural. En tanto, los otros quince dibujos corresponden a los retratos de los personajes infantiles que protagonizan los fragmentos seleccionados, agregó. Los ilustradores, además de los mencionados Urberuaga y Ballester, son Pablo Amargo, Pablo Auladell, Alberto Gamón, Ajubel, Mónica Gutiérrez Serna, Violeta Lópiz, Raquel Marín, Elena Odriozola, Javier Olivares, Claudia Ranucci, Antonio Santos, Noemí Villamuza y Óscar Villán. Los dibujantes emplearon desde técnicas tradicionales de lápiz y pincel (acuarelas, óleo y gouache) o mixtas (collage), hasta medios digitales, con el fin de interpretar las novelas del escritor en un homenaje a su obra que es, también, una muestra de la diversidad de la ilustración contemporánea española. Elisa Delibes señaló que esta muestra hubiera “encantado” a su padre, fallecido en 2010, porque el mundo de la pintura y el dibujo le gustaban mucho. Prueba de ello es que empezó su trayectoria profesional como periodista realizando caricaturas en el diario El Norte de Castilla. Fuentes: EFE • Notimex *** Concluye la Feria del Libro de Bogotá con récord de asistencia La Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo), que tuvo a Portugal como invitado de honor, cerró sus puertas este 2 de mayo con un total de 18.000 asistentes más con respecto a los registrados en 2012. Según la organización del evento, que se extendió por 14 días, en 2013 hubo 433.000 visitantes, 18.000 más que el año pasado cuando se registraron 415.000. Se estima que las expectativas de negocios también serán superiores a las de 2012, que fue de 20,4 millones de dólares. En el último día de feria se presentó a Perú, país que será el invitado de honor en la próxima edición de la Filbo, y que desembarcará en Colombia con una extensa delegación liderada por el Nobel de Literatura de 2010, Mario Vargas Llosa. En su momento, fuentes de la Embajada de Perú en Bogotá señalaron que el novelista hispano-peruano ya ha confirmado su asistencia a este certamen literario, el tercero más importante de América Latina por detrás de Buenos Aires y Guadalajara. Al acto de confirmación de Perú como invitado de honor asistieron Luis Alberto Peirano Falconí, ministro de Cultura de Perú; Gustavo Lembcke, embajador de Perú en Colombia; Luis Eladio Pérez, embajador de Colombia en Perú; Enrique González Villa, presidente ejecutivo de la Cámara Colombiana del Libro, y Andrés López Valderrama, presidente ejecutivo del Centro Internacional de Negocios y Exposiciones de la Corporación “Corferias”. El ministro Peirano señaló: “Sabemos que es un reto, por eso estamos invitando a nuestro Nobel (Mario Vargas Llosa)” y agregó que en esta oportunidad se buscará consolidar en Colombia “nuestra literatura, gastronomía y cultura peruana”. El centro ferial bogotano establecerá un pabellón inspirado en un monumento preincaico similar a un laberinto, donde habrá también una estancia dedicada a la gastronomía peruana, a espectáculos musicales y artísticos en general, “sin desentenderse de lo principal, que es la literatura”. Perú ya fue invitado de honor en esta feria en 2003. A la feria de este año asistieron 23 escritores portugueses, al igual que el Premio Nobel de Literatura, el existencialista francés Jean-Marie Gustav Le Clézio. Igualmente, la poeta uruguaya Ida Vitale; el novelista holandés Cees Noteboom, candidato en varias ocasiones al Nobel; los españoles Fernando Savater, Juan José Millas y J. J. Benítez; el crítico documentalista alemán Günter Wallraf y el escritor estadounidense John Katzenbach, entre otros. Fuente: EFE *** Libreros venezolanos entregan su primer premio en narrativa y poesía La primera edición del Premio al Libro del Año de los Libreros recayó sobre Arena negra, de Juan Carlos Méndez Guédez (narrativa), y Laphrase, de Luis Moreno Villamediana (poesía). Este jueves 2 de mayo fue entregado en Caracas el I Premio al Libro del Año de los Libreros, cuyo jurado evaluó obras publicadas entre abril de 2012 y abril de 2013 y estuvo compuesto por los libreros venezolanos Katyna Henríquez (El Buscón), Graciela Yáñez Vicentini (Kalathos), Andreína Melo (La Sopa de Letras), Carolina Villegas (Liberarte), Jonathan Bustamante (Alejandría I), Jesús Santana (Librería Estudios), Mario Giménez (Alejandría II), Andrés Boersner (Noctua), Ricardo Ramírez Requena (Kalathos) y Rodnei Casares (Alejandría II). El fallo otorgó el premio de narrativa a Arena negra, de Juan Carlos Méndez Guédez (http://www.letralia.com/firmas/mendezguedezjuancarlos.htm), editado por Lugar Común, por considerar que la obra es “una apuesta original cuya estructura narrativa se devela en un singular atado alfabético, encaminando lecturas paralelas que van generando un tejido dramático en lo que podríamos llamar un zapping literario”. El jurado también destacó “la dimensión poética de su lenguaje y el logro de la gran metáfora del emigrante: una búsqueda de orillas geográficas, pero también de nuestros exilios interiores”. En el género poesía, el premio correspondió a Laphrase, de Luis Moreno Villamediana, editado por Equinoccio. En el veredicto los libreros señalaron que eligieron este libro “por su capacidad compositiva con la que propone un universo, a la manera de los grandes poemas del siglo XX, y en donde hay una apuesta y una propuesta llena de riesgo, no sólo formal, sino de fondo: hay una forma de ver el mundo y además una manera personalísima de enunciarlo”. Igualmente consideraron que el poemario de Villamediana “señalará caminos a nuevas generaciones, y despertará asombros continuados”. Igualmente, el jurado decidió nombrar finalistas a Los incurables, de Federico Vegas, publicado por editorial Alfa; Una tarde con campanas, de Juan Carlos Méndez Guédez, publicado por Equinoccio, e Instrucciones para leer este libro, de Fedosy Santaella (http://www.letralia.com/firmas/santaellakrukfedosy.htm), publicado por Bid & Co, en el campo narrativo. Y a los libros Compañero paciente, de Luis Enrique Belmonte, editado por Lugar Común; La soledad del náufrago, de Miguel Marcotrigiano, editado por Bid & Co; y Sin negativo ni estaciones, de Edda Armas (http://www.letralia.com/firmas/armasedda.htm), editado por Kalathos Editorial, en la categoría poesía. El I Premio al Libro del Año de los Libreros nace con la previsión de una periodicidad anual y es una iniciativa conjunta de las librerías caraqueñas Alejandría (I, II y III), Noctua, El Buscón, Kalathos, Sopa de Letras, Liberarte y Estudios. Fuente: Organizadores del galardón *** Muere Lautaro Parra, hermano menor de Violeta y Nicanor El folclorista chileno Lautaro Parra, hermano de la cantautora Violeta y del poeta Nicanor, falleció este 2 de mayo en Estocolmo, Suecia, a los 84 años debido a un cáncer de pulmón. Parra residía en la capital sueca desde 1973, cuando se fue exiliado tras el golpe de Estado de Augusto Pinochet. Allí se casó con la periodista sueca Birgitta Brorström, publicó libros de poesía y organizó espectáculos folclóricos. “Hay muchas cosas de él, muchas canciones, décimas populares, libros, poesía, que están editadas en Francia, Suecia, España y Alemania. Cosas que en Chile nunca se le reconocieron”, dijo uno de sus hijos, Miguel Parra. Nacido en una familia numerosa de destacados artistas, Lautaro Parra tuvo a su vez diez hijos, de los que ocho son músicos, indicó Miguel. El folclorista formó en su juventud el grupo “Los Viejos Parra” junto a su hermano Eduardo “Lalo”, que falleció en 2009. En los años sesenta, después de vivir un tiempo en Argentina, volvió a Chile y colaboró con la llamada “Peña de los Parra”, un centro artístico, icono de la bohemia local, creado en 1965 por Ángel e Isabel Parra, hijos de su hermana Violeta, quien se suicidaría poco después, en 1967. El integrante más longevo del clan es Nicanor Parra, Premio Cervantes 2011, que a sus 98 años reside en una casa con vistas al Pacífico en la apacible localidad de Las Cruces, en el litoral central de Chile, muy cerca de donde también vivieron Pablo Neruda y Vicente Huidobro. Fuente: EFE *** Neruda tenía cáncer metastásico, confirman exámenes El juez chileno Mario Carroza recibió los primeros resultados de las pesquisas destinadas a determinar las causas de la muerte del poeta y Premio Nobel de Literatura 1971, Pablo Neruda, ocurrida en septiembre de 1973, pocos días después del golpe de Estado que llevó al poder al general Augusto Pinochet. Según dijo el abogado querellante, Eduardo Contreras, este 4 de mayo, los resultados de los análisis radiológicos y toxicológicos han confirmado que el poeta sufría —en el momento de su muerte— un avanzado cáncer de próstata metastásico. Neruda tenía ramificado su cáncer de próstata no sólo a la cadera, sino también a la parte sacra de la columna, reveló el director del Servicio Médico Legal, Patricio Bustos. “Esto no es una novedad, sabíamos que Neruda tenía cáncer y así lo han demostrado los exámenes”, dijo el abogado, que hace dos años interpuso una querella criminal para investigar las razones de la muerte del poeta ante indicios de testigos y hechos que generaron sospechas de eventuales participaciones criminales. Los restos del poeta fueron exhumados el 8 de abril por orden del juez Mario Carroza para buscar las causas reales de su muerte. Su chofer y ayudante personal, Manuel Araya, afirma que fue asesinado con una inyección que le pusieron en la Clínica Santa María, un centro de salud privado considerado como los mejores en la década de los setenta. A finales de abril, Carroza envió una orden a la policía para identificar y ubicar a un desconocido médico al que llamaban “Doctor Price” en la clínica donde trataron a Neruda, y que habría sido quien firmó el certificado de defunción del poeta, documento que está desaparecido. “Es como un doctor fantasma”, dijo el sobrino de Neruda, Rodolfo Reyes. El juez también informó a los querellantes y a la familia de Neruda que algunas muestras de la ropa y el cuerpo de Neruda, exhumado el pasado 8 de abril desde su tumba en Isla Negra, en la costa central chilena, fueron enviadas a laboratorios de Carolina del Norte en Estados Unidos. Según dijo Reyes, se trata de muestras que permitirían identificar o descartar las eventuales toxinas que pudieran existir en el cuerpo del poeta. Los resultados de estos análisis todavía se demorarán algunas semanas. Fuentes: AFP • GDA *** Más de 230 mil personas visitaron el 5º Festival de la Lectura Chacao La quinta edición del Festival de la Lectura Chacao, inaugurado el 26 de abril en la Plaza Francia de Caracas y bajo el lema “LEER Cuerpos”, finalizó este domingo 5 de mayo con el balance positivo de que sus espacios fueron recorridos por más de 230 mil personas, según informaron, durante el acto de clausura, Diana López, presidenta de Cultura Chacao, e Iván Diéguez, presidente de la Cámara Venezolana del Libro, Cavelibro. En el evento se destacó que en materia de actividades formativas, eje fundamental del programa, se logró atender a más de 600 personas que participaron en talleres gratuitos sobre psicopedagogía del hábito de leer y contar, revisión de autores clásicos latinoamericanos, las nuevas narrativas latinoamericanas, técnicas y teoría sobre diseño editorial e ilustración (comic), promoción literaria a través de redes sociales y la edición como especialidad universitaria, entre otros. También se recalcó el logro de una mayor presencia de autores internacionales. Fueron doce en total, número posible gracias al apoyo de las embajadas de España, Colombia y Argentina, así como la Fundación Cultural Colombo Venezolana y las editoriales Planeta de Venezuela, Ediciones Puntocero y Júpiter Editores. Entre los destacados visitantes estuvieron, por España, Aníbal Puente (investigador cognitivo), Beatriz Montero (escritora y cuentacuentos) y Enrique Páez (editor y catedrático de la lengua), participantes del ciclo “Literatura en Eñe”; por Argentina, Eva Tabakian (especialista en letras argentinas y ediciones literarias), Patricio Pron (escritor y filólogo), Horacio Convertini (periodista y escritor) y Blanca Strepponi (editora y escritora formada en Venezuela); por Uruguay, Víctor Mayo Shivananda (cabalista e investigador védico), y, por Colombia, Laura Restrepo (escritora y periodista), Piedad Bonnett (poeta y filósofa), Mario Jursich (director de la revista El Malpensante) y Jenny Marcela Hernández (bailarina de la agrupación folclórica Alma Llanera). En el recuento se reseñaron 266 actividades programadas por Cavelibro, Cultura Chacao y algunas de las 94 editoriales presentes en el festival, junto a sus autores e invitados. Hubo 55 presentaciones de libros, 34 charlas, 33 tertulias y conferencias, 26 conciertos musicales y presentaciones de danza, 14 talleres, 10 recitales de poesía y narrativa, 9 homenajes literarios incluyendo los tres eventos centrales dedicados a Álvaro Sotillo y el diseño gráfico venezolano y 6 de video arte y performances artísticos. Mención aparte tuvo el espacio del Pabellón Infantil, a cargo de Los Libros de El Nacional, con más de 77 actividades para los lectores en formación. Asimismo, fue anunciada la extensión del homenaje a Álvaro Sotillo, con la inauguración próximamente de dos exposiciones dedicadas a su obra y al diseño gráfico venezolano, dispuestas en la Biblioteca Los Palos Grandes y en la propia Plaza Francia: “El tiempo de cada libro: muestra del trabajo de Álvaro Sotillo” y “Venezuela en Leipzig”, respectivamente. En cuanto a volúmenes de venta y otros indicadores, los voceros de la organización indicaron que éstos serán debidamente informados una vez que se recopilen y procesen los datos de una encuesta que fue cursada el sábado 4 a cada uno de los expositores participantes. Otro número relevante, como una señal de la alta receptividad del público, fue el de los cinco mil seguidores que atrajo la cuenta oficial del evento en Twitter, @LEERCaracas, desde su activación a mediados de abril. Fuente: Cultura Chacao *** Instituto Cervantes adelanta planes con otras entidades El Instituto Cervantes está estudiando un “programa de potenciación de sus relaciones” con el Instituto Ramon Llull, el Instituto Vasco Etxepare y el Consello da Cultura Gallega en materia lingüística, según informó el pasado 7 de mayo su director, Víctor García de la Concha, durante la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado español. En palabras de García de la Concha, “no es bueno que el Instituto Cervantes se ocupe sólo de la enseñanza del español”. A su juicio, lo que hay que hacer es “tratar de potenciar la enseñanza y la difusión de la cultura”. El anuncio se produjo en respuesta a una interpelación del senador del PNV Iñaki Anasagasti, quien reprochó al director del Cervantes que no se asume que hay otras lenguas cooficiales y que en los 22 años de historia de la institución “no se ha hecho nada sólido ni continuo para que tengan el mismo grado de respeto que tiene el castellano”. El balance, dice, “es muy malo, porque son tratadas como el hermano pobre y enfermo”. García de la Concha le recordó al senador del PNV que el Cervantes, como miembro del consorcio europeo Linguanet, propuso ante sus socios incorporar al proyecto de lenguas europeas las lenguas cooficiales de Cataluña, Galicia y País Vasco: “Podría hacerse más, sin duda ninguna, pero ahí entra el componente del presupuesto”. El director del Cervantes admitió la existencia de una duplicidad entre las actividades culturales que realiza este organismo con las que llevan a cabo “las embajadas españolas, la Agencia Española de Cooperación Internacional y para el Desarrollo y, últimamente, también con Acción Cultural Española”, aunque dijo que la voluntad del gobierno es llegar a una unidad de acción. García de la Concha aseguró, por otra parte, cómo, frente a la fuerte reducción presupuestaria, han acometido una “reducción drástica de gastos”, lo que ha ayudado a mantener todos los centros abiertos. También se ha reducido el número de las actividades culturales, “pero no la excelencia”, advierte García de la Concha, quien confía en los ingresos que puedan generarse con la venta de algunos edificios de la institución. El Cervantes ha firmado un convenio con el Ministerio de Relaciones Exteriores de México a través del cual la institución española y el gobierno mexicano intercambiarán varias de sus sedes repartidas en todo el mundo. Según García de la Concha, la institución que dirige cederá al gobierno mexicano el uso de los centros que posee en el mundo con el fin de promover y proyectar la cultura mexicana y, por su parte, México cederá los centros culturales que posee en los distintos continentes, y concretamente en Norteamérica, para “completar el exiguo número de centros que tiene en Estados Unidos”, que se reducen a Nueva York, Chicago y Alburquerque, así como algunas aulas en Boston y Seattle: “Son 14 centros mexicanos en los que podremos llevar a cabo actividades”. Fuente: ABC *** Feria del Libro en Español de Los Ángeles homenajea a Carlos Fuentes La Feria del Libro en Español de Los Ángeles, LéaLA (http://www.lea-la.com), que se realizará del 17 al 19 de mayo con la ciudad fronteriza de Tijuana como invitada, rendirá homenaje a uno de los más grandes escritores mexicanos de talla internacional, Carlos Fuentes, quien murió el año pasado. “Le debemos mucho a este gran escritor (...) y a partir de esta edición tendremos un salón que llevará su nombre”, dijo Marisol Schulz, directora de LéaLA y recientemente nombrada directora de la Feria del Libro de Guadalajara. El célebre escritor norteamericano Nicholas Sparks, autor de 16 novelas, entre ellas Message in a Bottle, ofrecerá una ponencia en inglés sobre el escritor mexicano. “Para nosotros es también muy importante tener esos vasos comunicantes (en otro idioma)... Ojalá después se pueda dar en algún otro”, añadió Schulz. En su tercera edición, LéaLA, una iniciativa de la Fundación Universidad de Guadalajara en EEUU, se ha convertido en la feria del libro en español más importante en ese país, no sólo por ser la única en su tipo sino por la cantidad de asistentes en todos sus conceptos. En el primer año registró una asistencia de más de 36 mil visitantes y el año pasado aumentó a más de 67 mil. “En un año crecimos cuatro veces más”, explicó Schulz. “Pero ahora, aunque estamos ofreciendo más, estamos controlando el crecimiento porque no sólo se trata sólo de crecer”. Para esta edición se tienen planeados más de 100 talleres para niños y 130 actividades para adultos; asistirán unos 180 escritores que estarán presentando algún título o participando en alguna ponencia, y participarán 317 sellos editoriales. Entre los invitados se encuentran nombres tan destacados como Jaime Labastida, director de la Academia Mexicana de la Lengua, y autores como Álvaro Vargas Llosa y Paco Ignacio Taibo. También estarán presentes autoras como Anabel Hernández y Sanjuana Martínez, periodistas de investigación que han ganado premios internacionales y que, por su trabajo, están amenazadas de muerte en México. Schulz explicó que elegir Tijuana como ciudad invitada era una decisión lógica, por ser un símbolo emblemático de la migración, por ser multicultural y frontera con el estado de California. Durante la feria, las celebridades del espectáculo también tendrán su espacio, y no sólo musical. El cantante chileno Beto Cuevas presentará su libro El arte de ser Beto Cuevas, en donde expondrá esa otra parte de ser artista. “Para mí esto es una experiencia nueva”, expuso. “Pero estoy feliz porque me permitirá mostrar lo que ha sido mi primer amor en el arte: la pintura y el dibujo”. Además de Cuevas, también estarán presentes la actriz y presentadora Adamari López y el músico español Juan Perro. Fuente: La Opinión *** Mario Vargas Llosa recibirá doctorado honoris causa en Rumania El escritor peruano Mario Vargas Llosa, ganador del Premio Nobel de Literatura 2010, recibirá este 20 de mayo el título de doctor honoris causa de la Universidad Babes-Bolya de Cluj-Napoca (Transilvania, Rumania), informó la editorial Humanitas. El día previo, el autor de La tía Julia y el escribidor asistirá, en el Teatro Nacional de la ciudad transilvana, al estreno en rumano de su obra teatral Las mil y una noches, una adaptación de la célebre recopilación de cuentos árabes, escenificada por Andreea Iacob. La visita a Rumania del Premio Nobel de Literatura se cerrará el día 21 con una charla abierta con el filósofo y escritor rumano Gabriel Liiceanu, denominada “¿Podríamos vivir sin evadirnos con la ficción?”, y una sesión de autógrafos para los lectores rumanos del literato hispanoamericano. El estreno mundial de Las mil y una noches tuvo lugar en julio de 2008 en los jardines Sabatini de Madrid, donde Vargas Llosa no sólo presentó personalmente su versión teatral del homónimo clásico de la literatura oriental, sino que además encarnó en el escenario al rey Sahrigar. Fuente: EFE *** Valencia celebra este mes su I Festival del Género Negro La ciudad española de Valencia estrenará del 21 al 26 de mayo su I Festival del Género Negro (http://www.valencianegra.com), organizado por la Asociación Valencia Negra. Dos grandes autores de la literatura negra española, Juan Madrid y Andreu Martín, participarán en esta primera edición. “El encuentro tiene un enfoque diverso, por lo que además de la literatura, en Valencia Negra tienen cabida el cine, la fotografía, la música, las artes escénicas y la gastronomía”, apunta la nota de prensa de los organizadores. En general, todas aquellas manifestaciones culturales que pueden relacionarse con el género negro. Casi medio centenar de artistas participarán en los diferentes actos del festival. La Sala Russafa acogerá la mayor parte de los actos. Otros lugares como el Muvim, la librería Cosecha Roja, Bibliocafé o la FNAC también albergarán actividades. La Asociación Valencia Negra ha lanzado una campaña de apadrinamiento y mecenazgo en busca de apoyos para el festival. “La idea principal es acercar la cultura a la gente a través de un punto de encuentro entre los creadores y el público para que puedan descubrir y compartir la afición por el género negro”, afirma Jordi Llobregat, director de organización del evento, que lleva meses trabajando en el proyecto. Santiago Álvarez, director de contenidos de Valencia Negra, dijo estar “gratamente sorprendido al comprobar el interés y la respuesta entusiasmada de artistas y editoriales. Nos han dado todo tipo de facilidades para completar un cartel del que estamos muy satisfechos”. También estarán en Valencia Negra otros autores de primera línea como Toni Hill, Juan Ramón Biedma, Carlos Zanón, Susana Hernández, Alejandro Gallo y David G. Panadero. La calidad de la producción valenciana quedará acreditada con la presencia de Ramón Palomar, Luis Valera, Emili Piera y Fernando Arias. Marina López, directora del programa literario, subraya que el festival “tiene como base la novela negra y por eso, desde el principio hemos pretendido conseguir un elenco de autores con calidad artística y humana, dos valores que queremos grabar en el ADN de Valencia Negra”. Tres de los autores que asistirán al certamen —Susana Hernández, Toni Hill y Carlos Zanón— están nominados al I Premio Mejor Novela de Valencia Negra para autores españoles con novela publicada en 2012. Completan la lista de cinco candidatos Maruja Torres y Juan Bas. El gran público también está convocado a participar a través del concurso de microrrelatos 140 tirs. Fuente: El País ||||||||||||||||||||||| ARTÍCULOS Y REPORTAJES |||||||||||||||||||||| === Puerto Maldonado-Lima, último tránsito de Javier Heraud =============== === Alfredo Herrera Flores ================================================ (Nota del editor: el 15 de mayo de 1963 murió acribillado en el río Madre de Dios el poeta peruano Javier Heraud, quien se había unido al Ejército de Liberación Nacional. No había cumplido los veintidós años. Sus restos fueron sepultados en medio de la selva y se mantuvieron allí por casi medio siglo, hasta que en 2008 su familia decidió llevárselos a Lima. El escritor y periodista Alfredo Herrera Flores, testigo presencial del traslado, cuenta en esta crónica sus impresiones). He mantenido por algunos años este testimonio en silencio. Las hermanas y el hermano de Javier Heraud me pidieron en su oportunidad discreción y prudencia, y he cumplido. Al recordarse este año el cincuenta aniversario del asesinato del poeta, creo pertinente repasar aquellos momentos inmediatamente anteriores al traslado de los restos del joven Heraud desde la ciudad de Puerto Maldonado, en Madre de Dios, donde estuvo sepultado por 45 años, a Lima, donde ahora descansa, como sabemos, en un cementerio de La Molina. En abril de 2008 ejercía, como presidente del gobierno regional de Madre de Dios, Santos Kaway Komori, hombre sencillo y tranquilo, hijo de inmigrantes japoneses instalados en la selva madrediosense desde las primeras décadas del siglo veinte; contador público de profesión y viejo político por vocación que lo llevó a ocupar la Alcaldía de Puerto Maldonado en más de una oportunidad; fumador y buen bebedor de café. Paciente y confiado, viajero y observador; pero, a pesar de la experiencia, ingenuo en los círculos políticos, lo que finalmente hizo que fuera traicionado en su última fase de autoridad. Tuve la oportunidad de trabajar con él, con mucha confianza, en una de las gerencias del gobierno regional. La mañana del 30 de abril me llamó muy temprano para encargarme que recibiera a los hermanos de Javier Heraud, que ese día llegaban a Puerto Maldonado, y los apoyase en todo lo que necesitaran, con mucha prudencia. Fue un encargo especial. Como todos los lectores contemporáneos, leí a Javier Heraud muy joven, aún en el colegio, y luego admiré su obra y esa breve vida marcada por la imagen del buen hijo y el ímpetu revolucionario, por el ansia de hacer algo por su país y la tragedia de la muerte temprana. Este acercamiento a Heraud se tradujo en mi primer libro, Etapas del viento y de las mieses, titulado así precisamente desde un verso suyo, “ah poesía de la flor y la palabra, poesía del viento y de las mieses”. En el acto de presentación del poemario, en Arequipa, el poeta José Ruiz Rosas hizo notar que yo publicaba mi primer libro a la edad en que Javier Heraud había sido asesinado. Guardaba, hasta perderlo en algún traslado, el libro azul de la colección de literatura peruana que se había publicado durante el gobierno militar con la poesía completa de Heraud y unos textos de valoración y crítica; en ese libro descubrí al poeta guerrillero. La imagen de Heraud era como la de un icono flotando en el recuerdo, para mis mayores, y en una suerte de utopía literaria y revolucionaria para mí y los de mi generación. Entonces, conocer de pronto a las hermanas —Cecilia, Victoria, Marcela— y al hermano, Jorge, del poeta, era un privilegio especial, y en ese momento no supuse la sorpresa mayor que este encuentro me deparaba. Los saludé en el aeropuerto, a media mañana, y los acompañé a que se instalaran en el hotel Don Carlos, el viejo hotel de turistas, a orillas del río Tambopata, cuidando no sólo de estar en un lugar algo alejado del centro de la ciudad, sino también de no “caer” en algún hotel o restaurante de uno de los hombres que participaron en el acribillamiento de Javier, y que ahora es dueño precisamente de uno de los mejores hoteles de la ciudad. Junto con ellos estaba Pablo Baraybar, conocido antropólogo forense y un ayudante; con ellos, más el encargado de la Beneficencia Pública de Puerto Maldonado, nos reunimos para elaborar una agenda de trabajo. La primera acción sería ir a visitar la tumba de Javier. Puerto Maldonado es una ciudad que no ha crecido al ritmo de otras capitales de departamento. Con sólo cien años de existencia, lo que fue una pequeña aldea donde se asentaron buscadores de caucho y oro, madereros, colonizadores, aventureros y religiosos misioneros, en medio de una tupida selva tropical habitada por pequeños grupos de nativos nómades, y en el punto donde se une el río Tambopata al mítico Madre de Dios, llamado por los incas Amarumayo y por los nativos Eori, la ciudad ha crecido con sus anchas calles de tierra y sus casas de madera, enfrentándose a un calor implacable, la falta de agua potable, la hierba feroz, las alimañas, los depredadores de madera y al abandono de los gobiernos que la han mantenido aislada por ochenta de sus cien años. Hoy hay una excelente carretera asfaltada y varios vuelos diarios, una prometedora industria turística y un ambiente festivo propio de las ciudades de la selva. Hay también un creciente movimiento comercial impulsado por migrantes puneños y cusqueños y un desarrollo profesional sostenido por especialistas de todo el país. El viejo pueblo tenía un cementerio, llamado Los Pioneros, que ha quedado ahora en el centro de la ciudad y que de vez en cuando hay que limpiarlo para que la hierba y la maleza no lo devoren. Fuimos al cementerio. En el camino el hermano me recordó que se había cuidado que nadie sepa sobre este viaje; nos fijamos si por la calle venía o no algún periodista. Él sabía que un reportero gráfico de la revista Caretas podría venir, pero no hubo necesidad de establecer un mecanismo de vigilancia, salvo un trabajador de la Beneficencia que, ubicado en la puerta, evitaría que alguien más ingrese a ese camposanto que casi nadie visitaba. Algunas veces, dirigentes políticos y estudiantes organizaban actividades y visitas a la tumba de Javier, recordando su nacimiento o muerte, o algún poeta llegaba para tomarse una foto cerca de la sencilla lápida. Avanzamos por un sendero, entre hierba crecida, con tranquilidad, aunque las hermanas no podían disimular nerviosismo e iban tomadas de la mano. Fue emocionante, la tumba de Javier está en el suelo, cubierta por una losa de cemento, con hierba y flores a su alrededor y sobre ella se ha construido un cobertizo de madera. Sobre la tumba, junto a la lápida, había una hoja de papel donde alguien había escrito “Gracias, hermanitas, por visitarme”. Unas niñas que habían caminado con nosotros sin que nos diéramos cuenta leyeron el papel en voz alta, con esa voz infantil aparecida de sorpresa, y fue como si las flores hablaran. Las niñas se fueron corriendo y el silencio cubrió ese pedazo de tierra donde yacía el poeta desde hacía 45 años, donde había soportado calor extremo y fría humedad, lluvia y soledad. Ninguna de las hermanas hablaba, una de ellas tomó agua y se sentó en una tumba vecina. Yo estaba paralizado por la emoción, la voz de esas niñas había sonado en mi corazón, o en mi estómago, o en la fibra más íntima de mis huesos, y tampoco podía decir algo. ¿Qué se podría decir? Baraybar comenzó a caminar alrededor de la losa, viendo cómo se podría retirarla para cavar. El hermano me explicó en ese momento que habían venido a llevarse los restos de Javier a Lima, porque su madre así lo quería. Baraybar dijo que tal vez no había mucho que llevar. La segunda etapa era hacer todo el papeleo necesario para abrir la tumba, conseguir los permisos de la Dirección de Salud para la exhumación y traslado y coordinar con la línea aérea para reservar un espacio para los restos. Habían preparado una pequeña urna para llevarse lo que quedaba de Javier. Acompañé al hermano a la Dirección de Salud y nos atendió el director, el doctor Salvador Quispe, quien amablemente nos explicó el procedimiento. Si esa misma tarde podía oficializarse el pedido con los requisitos que se necesitaban, al día siguiente él firmaría el permiso. No hubo dificultades en la Beneficencia Pública ni en otra oficina, no recuerdo si fue necesario coordinar con la policía. Fuimos a almorzar y por la tarde se empezaría la tarea de abrir la tumba, a cargo de Baraybar y su ayudante. Esta es tierra muy húmeda, explicaba entre otras cosas, y tal vez ya no se conserve nada del cuerpo de Javier, advirtió. La tarde no alcanzó para cavar los más de dos metros que se necesitaban para llegar al cuerpo de Javier, que había sido enterrado en un precario cajón y con muy poca ropa. Una ligera lluvia y la oscuridad hicieron que se postergue la labor hasta el día siguiente. No hay mucha información que detalle el entierro de Javier Heraud en el cementerio de Puerto Maldonado. Los testimonios de su padre y de otras personas que vieron el cadáver luego de ser rescatado del río Madre de Dios, dan cuenta del tipo de armas que se usaron para atacar las balsas en las que se desplazaba el poeta con sus compañeros guerrilleros, y luego se confirmó que no fue precisamente la policía la que lideró el ataque, sino aquellos “empresarios” que pensaron que estarían en riesgo sus propiedades o su vida ante la presencia de los revolucionarios. Sin ningún nivel de entendimiento, azuzaron a los vecinos y obligaron a la policía a que los acompañe y entre todos dispararon a las balsas en las que los jóvenes cruzaban el río Madre de Dios. Dispararon a matar con armas de cacería y no respetaron la rendición de los heridos. Luego la policía exhibió su cuerpo acribillado, hubo fotos y todo. Cuando llegó el padre de Javier y comprobó la masacre, se evidenció que la policía poco hizo en este episodio vergonzoso y estuvo, todo el tiempo, al servicio de aquellos empresarios insensatos, asustados y enardecidos. Lo sepultaron en silencio, con lo poco que se pudo conseguir en ese momento en una ciudad que aún no había salido de su condición de poblado. La figura de Javier Heraud ha marcado mucho la historia y la vida del Perú contemporáneo. Su nombre se repite en plazas, calles, colegios, institutos, mercados, parques infantiles, negocios y asociaciones de todo tipo, en todas las ciudades del Perú, junto con los de héroes como Grau o Bolognesi. Una de las hermanas de Javier había revisado la guía telefónica de Lima e intentado hacer una lista de todo lo que llevara el nombre del poeta; lo que encontró rebasó sus expectativas y abandonó el proyecto. A la imagen de poeta y guerrillero, se ha sumado en los últimos años la de “buen hijo”; las cartas que escribió a su madre desde Cuba, por ejemplo, es leída por profesores y estudiantes como un modelo de responsabilidad y respeto a los padres, de ternura juvenil y madurez intelectual; felizmente su nombre no ha sido manoseado ni usado políticamente, y esperamos que no lo sea. Su obra poética y su tránsito hacia Europa y Cuba, y de allí a la selva peruana, ha sido ya bastante estudiada. Aquella mañana del 30 de abril de 2008 Javier Heraud estaba a punto de cumplir su último tránsito. Muy temprano volvimos al cementerio. Baraybar y su ayudante ya habían avanzado en el trabajo, con entusiasmo pero sin la esperanza de encontrar algo. Las hermanas estaban pendientes, dando vueltas por el hoyo, empujando un poco de tierra, sirviendo agua, recordando a Javier. “Era un muchacho alto y fuerte, buenmozo, muy tranquilo y juguetón”, dijo una de ellas; otra añadió: “Escribió poemas desde muy niño”. Tal vez no decían ninguna novedad, pero la emoción y ternura con que lo recordaban hacían que todo fuera nuevo y especial. No podía ser de otro modo, estaban hablando de su hermanito menor. La mañana iba avanzando, se empezó a cuidar el retiro de la tierra, efectivamente húmeda y apelmazada, con raíces entrecruzadas. Parecía una tarea de arqueólogos. Se había dejado a un lado el pico y la pala y ahora se usaban badilejos y brochas. Todos esperábamos en silencio. Aparecieron, entonces, unos trozos de metal retorcido, a los costados de lo que sería el cuerpo, y unos jirones de tela a la altura de los pies, que se limpiaron con cuidado. La emoción subía por dentro, podía escucharse el palpitar de nuestros corazones. Pedí permiso para tomar unas fotos, me dijeron que mejor no, ellos tampoco lo harían. El trozo de metal era un clavo y la tela una parte de un atado de ropa que se había enterrado con el cuerpo. De pronto comenzaron a aparecer los huesos, largos y fuertes, como si emergieran impulsados desde el centro de la tierra por una fuerza delicada. Fue una visión indescriptible. El esqueleto completo estaba ahí, descansando, esperando, cuan largo era. Su cabeza estaba inclinada y la cavidad de sus ojos parecía saludarnos. Una raíz se había abierto camino por su boca y salía por un costado del cráneo, tal vez por debajo del parietal, para luego recorrer la tierra hacia la superficie. Mientras Baraybar limpiaba esa zona Cecilia recordó un verso de su hermano, uno que decía algo así como “de mi cuerpo se formará la vida”. Unos minutos después podíamos ver el hermoso esqueleto de Javier, conservado por esa tierra apelmazada, compactada por el paso de los años, generosa con el guerrillero caído, con el poeta joven. Sus clavículas anchas seguían firmes, sus amplias costillas albergaban tierra clara, sus fémures parecían estar a punto de moverse. No eran huesos blancos, grandes y fuertes lo que veía, era la delicada materia de un héroe, de un hombre sano. Baraybar estaba sorprendido, nosotros emocionados. Fue una visión indecible y hermosa, “como una espada en el aire”. Contemplamos la osamenta por varios minutos. Las hermanas hablaban entre ellas y recordaban al muchachón que abrazaron a los veinte años al despedirse para ir a Cuba. Desde allí escribiría a su madre este retazo de carta ya conocido: “Voy a la guerra por la alegría, por mi patria, por el amor que te tengo, por todo en fin. No me guardes rencor si algo me pasa. Yo hubiese querido vivir para agradecerte lo que has hecho por mí, pero no podría vivir sin servir a mi pueblo y a mi patria. Eso tú bien lo sabes, y tú me criaste honrado y justo, amante de la verdad, de la justicia”. Yo pensaba en el privilegio que me tocaba. A esas alturas, a 45 años de la muerte del poeta, que era casi mi edad, ¿cómo es que me reencontraba con el poeta? Son cosas que nadie las piensa y de pronto toca vivirlas. Quienes solamente habíamos leído su poesía y visto sus viejas fotografías, nunca nos imaginamos estar tan cerca de su cuerpo, sus huesos, de esa parte material que aún se conserva a pesar del tiempo, y dan ganas hasta de hablarle, de abrazarle. Jorge dijo que la urna que habían traído no serviría para llevar el esqueleto de Javier y lo acompañé a buscar un carpintero, ninguna funeraria nos vendería un féretro sin certificado de defunción ni en la medida que se requería. Luego fuimos a la Dirección de Salud a recoger los últimos documentos para organizar el traslado final. En su oficina, el doctor Salvador Quispe, de hablar pausado y modales respetuosos, hizo un preámbulo antes de entregarle a Jorge los documentos, fue como si no quisiera hacerlo. Cuando puso en manos de Jorge esos papeles, sencillos pero necesarios, preguntó: “Y ahora, ¿a quién le iremos a leer nuestros poemas, a quién le contaremos nuestros sueños?”. Jorge no supo qué contestar. Él, también amable, atinó a repetir que era un pedido expreso de su madre. El doctor Quispe contó brevemente que algunos jóvenes de Puerto Maldonado iban a la tumba de Javier a leer poesía, o como él, a conversarle. Noté que Jorge estaba tan emocionado como yo, pero se despidió. Aun en la puerta el médico dijo: “Lo vamos a extrañar”. Aunque no parecía, Javier Heraud estaba muy presente en la memoria cotidiana de los habitantes de Puerto Maldonado. Había un pequeño parque con su nombre y un busto, todos sabían que tenían en su ciudad un muerto ilustre. En los escritorios y paredes de muchas oficinas y locales públicos se puede leer el famoso poema de Javier, “Yo no me río de la muerte...”. Los guías de turismo nunca dejaban de mencionar la presencia del poeta en su ciudad y hasta en las tiendas de artesanía había polos con su rostro o cuadritos con sus versos. Por la tarde se completó la tarea de recuperar el cuerpo de Javier Heraud; se encontraron además algunos clavos y ropa, una camisa y un pantalón, muy maltratados por la humedad. Efectivamente había un fotógrafo de la revista Caretas, que intentó hacer tomas desde fuera del cementerio, y algunos políticos se fueron enterando del traslado, protestaron en una radio local, pero no hubo ningún impedimento para que Javier Heraud emprendiera su último viaje, esta vez acompañado de sus hermanas y su hermano, a reencontrarse con su padre. La última parte es ya historia más conocida. Los familiares de Heraud velaron una noche sus restos y el día 2 de mayo los sepultaron en privado, no en secreto, en el cementerio Los Jardines de la Paz, en La Molina. Han pasado cinco años desde entonces. Es cierto que hay muchos más detalles que recordar, pero ya no es necesario, ya el viaje se ha cumplido, ya el tiempo ha dado la vuelta necesaria, ya se ha comenzado de nuevo. Han pasado 50 años desde el incomprensible asesinato del poeta, nunca se sancionó a los verdaderos asesinos, algunos de ellos aún andan por las calurosas calles de Puerto Maldonado, abanicándose, pero el tiempo hará su parte con ellos. Han pasado 71 años de su nacimiento, tal vez hoy sería un viejo tranquilo y amigable, recibiría en su casa a los jóvenes poetas, quién sabe. Algunos de sus contemporáneos como César Calvo y Antonio Cisneros ya le han dado alcance. Yo me quedaré con el recuerdo de su imagen en mi retina, porque siempre hay cosas que se ven y no se pueden decir con palabras. ** Alfredo Herrera Flores http://www.letralia.com/firmas/herrerafloresalfredo.htm Escritor y periodista peruano (Lampa, 1965). Estudió periodismo y literatura en Arequipa, donde se publicaron sus primeros artículos y poemas. Ha publicado los libros de poesía Etapas del viento y de las mieses (1986), Recital de Poesía (Flordecactus Editores, Arequipa, 1990), Elogio de la nostalgia (Lluvia Editores, Lima, 1995), Montaña de jade (Ediciones Copé, Lima, 1996), Mares (Lago Sagrado Editores, Lima, 2002) y El Laberinto (Lampa, 2008). Ganador del Premio Copé de Poesía de 1995 con Montaña de jade, y finalista en las ediciones de 1988 y 2001. Mantiene las columnas El barco ebrio y Crónicas urbanas, así como una bitácora literaria en http://lasillaprestada.blogspot.com. === Infamias y eternidades: las dos historias de Borges =================== === Gabriel Jiménez Emán ================================================== Existen interesantes peculiaridades en los dos libros que Jorge Luis Borges escribió, titulándolos con el común nombre de “Historia”, y quizá no es casual que éstos se encuentren publicados sucesivamente. El primero, Historia universal de la infamia, en 1935, y al año siguiente Historia de la eternidad, en 1936, creo que con una clara intención de crear contrastes entre ellas. La primera de estas peculiaridades reside en que, aun llamándose ambas “Historias”, no poseen entre ellas similitudes temáticas: las historias a que aluden los textos en Historia universal de la infamia son ficciones, mientras que en Historia de la eternidad se trata de un solo ensayo que da título al libro, donde se revela una voluntad de historiar, cronológicamente, el concepto de eternidad en la tradición filosófica occidental. Los demás trabajos del libro son independientes, y poco tienen que ver con el ensayo principal. La tendencia de Borges a titular los libros con el nombre de un solo cuento se produjo ante todo luego de la publicación de este último; así, tenemos a El Aleph, El libro de arena, El informe de Brodie y El hacedor, entre otros. También, en muchos de sus libros de poesía observamos esta inclinación, aunque todo esto no pase de ser una observación puramente formal o secundaria. Quizá lo resaltante en Historia universal de la infamia es su unidad de estructura narrativa, rasgo no muy visible en la mayoría de los libros de Borges, caracterizados por reunir trabajos heterogéneos (cuentos, ensayos y poemas), que pueden tomar sus nombres aleatoriamente de alguno de ellos. En el Prólogo a la primera edición (1945), Borges fija que ha escrito los textos que lo componen entre 1933 y 1934, desarrollando luego su peculiar entonación para los prefacios, donde cita lecturas, admite influencias y torpezas y enumera características, casi siempre en tono autocrítico. Resonancias de Chesterton, Stevenson, y aun de las películas de Josef von Sternberg son citadas, ampliado este tinte cinematográfico a su célebre cuento “Hombre de la esquina rosada”, en el que acusa un “propósito visual”. Se halla en este brevísimo prólogo la conocida frase suya: “A veces creo que los buenos lectores son cisnes aun más tenebrosos y singulares que los buenos autores”. Casi veinte años después, Borges llama a estas páginas “el irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos, y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin justificación estética) ajenas historias”, haciendo de paso un duro alegato contra el estilo barroco, lo cual hace notar en el título del volumen. Dice nada menos que “el barroco es aquel estilo que deliberadamente agota sus posibilidades y que linda con su propia caricatura”. De no ser por el adverbio “deliberadamente”, el barroco sería para Borges algo poco menos que execrable, además de constituir esa “etapa final de todo arte, cuando éste exhibe y dilapida sus medios”, es decir, un estilo puramente intelectual. De todo ello se disculpa Borges, especialmente de “la infamia que aturde en el título”, de su apariencia y de su “superficie de imágenes”. Valga todo ello para afirmar que los excesos de este libro no son precisamente barrocos; más bien corresponden al repertorio de historias exageradas de algunos personajes que crean en sí mismos actitudes infames o reprobables: un espantoso seductor, un impostor inverosímil, un asesino desinteresado, un proveedor de iniquidades, un incivil maestro de ceremonias, un tintorero enmascarado y una viuda pirata. En pocos libros suyos, Borges cumple un esquema narrativo tan unitario, al menos en el capítulo así titulado para el conjunto de historias de la primera parte; a saber, fragmentos breves donde se intenta precisar lugares, personajes, fenómenos o hechos para cada tipo o carácter. Valga citar el de uno solo a modo de ejemplo: para “El impostor inverosímil Tom Castro” tenemos los siguientes acápites: “El idolatrado hombre muerto”, “Las virtudes de la disparidad”, “El encuentro”, “El carruaje” y “El espectro”, los cuales sirven de guías a las distintas secuencias del relato, o como diría Borges, “la seducción de la vida entera de un hombre en dos o tres escenas”, donde revela el ya referido propósito visual tan propio del cine. Para los demás personajes, Borges cumple con un parámetro similar. Los citados filmes de Von Sternberg y sus procedimientos expresionistas, bien valdrían un estudio aparte (1). Por lo pronto, anotemos que esta peculiaridad es básica en el momento de acercarse a los textos de Borges donde privan las referencias a las técnicas fílmicas, como la ya citada en “Hombre de la esquina rosada”. Borges, al final de su libro, cita todas las fuentes de donde ha extraído estas historias de infames conductas, y ellas son confiables. No puede decirse que respondan a sus ya consabidos juegos apócrifos, donde inventa autores y obras. Entre estas tenemos a La vida en el Mississippi, de Mark Twain, a la Enciclopedia Británica y a la Historia de la piratería, de Phillip Gosse. No es ocioso anotar que, en lo concerniente a personajes cinematográficos, pocos han disfrutado de tanta reputación como “El asesino desinteresado Bill Harrigan”, mejor conocido como Billy The Kid, una de las historias más “redondas” del conjunto, la cual Borges adorna con preciosas metáforas como “noches con olor a niebla quemada”, “la buhardilla de alguna casa jorobada”, “la desaforada pradera, la tierra fundamental cuya cercanía apresura el latir de los corazones como la cercanía del mar”, “ese aire de cachivache que tienen los difuntos”. Por cierto, la versión que hace Borges de la muerte de Billy The Kid no se comparece con la que se observa en varias películas famosas, donde a Billy lo mata Pat Garrett en el interior de una casa, donde precisamente se le había tendido una trampa para acorralarlo, sin darle tiempo a defenderse. En cambio Borges sitúa a Garrett disparándole a Billy desde una hamaca, mientras lo veía venir galopando por la calle principal —y única— del pueblo de Fort Summer. Las otras historias no son menos fascinantes, y a todas ellas Borges ha tenido el cuidado de extraerlas de tradiciones muy distintas; así tenemos a Lazarus Morell y sus canalladas, ocurridas en Mississippi durante el siglo XIX; el impostor Tom Castro —o Arthur Orton— ejerce su infamia en Londres o Australia, o el tintorero enmascarado Hákim de Merv en los desiertos de Turquestán. Cumple Borges aquí, como en ningún otro de sus libros, con un diseño preconcebido hasta en el momento de titular los relatos: artículo, adjetivo y sustantivo (o a la inversa) y el nombre del personaje. Son siete en total. A éstos le sigue “Hombre de la esquina rosada”, uno de los textos más polémicos de Borges, narrado desde la oralidad, desde el habla del compadrito de Buenos Aires, un lunfardo que narra su anécdota de enfrentamientos de puñal, una lucha a cuchillo entre dos hombres, Rosendo Juárez y Francisco Real, salpimentada del mejor lenguaje de arrabal, entre acordes de tangos y milongas. Sólo al final de la historia nos enteramos de que Borges ha estado haciendo el papel de interlocutor mudo, en este caso de una especie de reportero, cuando advertimos que quien narra la historia en primera persona le tutea y le dice: “Entonces, Borges, volví a sacar el cuchillo corto y filoso que yo sabía cargar aquí, en el chaleco”. A tal punto llega Borges en su “transcripción”, que puede darse el lujo de escribir muchas palabras como éstas suenan, aun cuando estén erróneamente escritas, en aras de la expresividad y fuerza del relato. La sección titulada “Etcétera” fue aumentada por Borges con tres relatos nuevos en la edición de 1954. Ésta consta de ocho piezas (suponemos que las tres últimas son las agregadas), y la verdad, tanto “Hombre de la esquina rosada” como los ocho cuentos de “Etcétera” hacen honor a su nombre dentro del conjunto, pues rompen con la estructura de la Historia universal... y han sido posiblemente añadidos para imprimir mayor densidad cuantitativa al libro, que de no ser así hubiese resultado un tanto enjuto de páginas. De cualquier modo, las piezas son igualmente magistrales. Están dedicadas a Néstor Ibarra, traductor de algunas obras de Borges al francés; en ellas está presente una vez más la pericia de nuestro escritor para el relato brevísimo: la más extensa de ellas sólo tiene cinco páginas; la más corta quince líneas (2). Tengo para mí que “Un teólogo en la muerte”, “Historia de los dos que soñaron” y “Un doble de Mahoma” son obras maestras. Finalmente quiero anotar, sin exageraciones, que “El rigor de la ciencia” es uno de los cuentos breves más perfectos y profundos que he leído jamás. Algo que me fascina de él es precisamente que su imagen central, tan vasta, esté resuelta en un espacio tan corto. Por si fuera poco, Borges se da otro de sus lujos para acompañar este cierre con broche de oro, al incluir un poema, supuestamente escrito por Muirchertahc, rey de Dublín, dirigido a Magnus Barford en 1102, cuando éste último emprendió la conquista de los reinos de Irlanda. Se trata de una venganza literaria por anticipado. Por su parte, Historia de la eternidad parece haber sido un reto para Borges, quiero decir, un reto como scholar. Hay allí una voluntad de exhaustividad, de coherencia discursiva apegada a cierta lógica no ficcional, de rastreo bibliográfico o erudito donde no prevalece el humor lúdico borgeano, sino más bien la búsqueda de un sentido filosófico, antes que literario. Sin embargo, no se exime de usar giros elegantes y sus austeras metáforas. Al inicio del capítulo III, Borges nos dice: “Hasta aquí, en su orden cronológico, la historia general de la eternidad. De las eternidades, mejor...”, y prosigue con sus párrafos donde queda muy mal parado el realismo. Finalmente, en la cuarta parte, Borges se atreve a señalar su “teoría personal” de la eternidad. “Es una pobre eternidad ya sin Dios”, dice, “y aun sin otro poseedor y sin arquetipos”. Ya en adelante tenemos al Borges de cuerpo entero, dado a la tarea de citar de su propio libro El idioma de los argentinos (1928) una página titulada “Sentirse en la muerte”. En ella Borges se permite varias de sus mejores licencias para jugar con el tiempo, abrumado frente a la visión nocturna y sencilla de una calle de Buenos Aires. Escribe, entre otras cosas, una joya como ésta: “La vida es demasiado pobre para no ser también inmortal”. Remata su ensayo arguyendo lo siguiente en una nota a pie de página: “El propósito de dar interés dramático a esta biografía de la eternidad me ha obligado a ciertas deformaciones: verbigracia, a resumir en cinco o seis nombres una gestación secular. He trabajado al azar de mi biblioteca. Entre las obras que más serviciales me fueron, debo mencionar las siguientes”, y cita a continuación diez libros de autores alemanes, ingleses y españoles. Los restantes textos de Historia de la eternidad son más conocidos: “Las kenningar”, “La metáfora”, “La doctrina de los ciclos”, “El tiempo circular”, “Los traductores de las 1.001 noches” (Burton, Madrus, Littmann), y finalmente “Dos notas”: “El acercamiento a Almotásim” y “Arte de injuriar”. No voy a detenerme aquí en interpretaciones, ni siquiera en descripciones, sino sencillamente a acotar que se trata de relatos literarios por excelencia; en casi todos se juega con los libros y los autores; son, por decirlo así, relatos para literatos, que se confunden más con el discurso del ensayo que con el de la ficción. De hecho, estas piezas se diferencian notablemente de las de Historia universal de la infamia, tejido éste de vidas mundanas e infames, de aventuras y de un lenguaje común o popular, entreveradas de algunos etcéteras geniales, mientras que en Historia de la eternidad abundan los libros y la cultura, donde un Borges erudito nos pasea por la filosofía y los conceptos. Este alto contraste nos revela a un autor dueño de ambos mundos, enseñoreado en una de sus mejores épocas creadoras. El irónico título de “Historia” en ambas obras resalta quizá el sentido maravilloso que Borges tenía de la Historia. Sin embargo, esa maravilla no deja de hechizarnos en el pleno ejercicio de la razón, de una precisión deductiva vuelta estilo, donde puede imbricar las ideas filosóficas con las estéticas, y configurar un orbe literario propio. Estos ocho textos de la sección “Etcétera” de Historia universal de la infamia están dominados por el tema religioso: la fe, la caridad, los libros sagrados, Dios, autoridades de la iglesia, Mahoma, hechiceros y brujos circulan por estas breves páginas. Es curioso observar cómo Borges ventila los motivos religiosos, con cuánta sobriedad se acerca a los diferentes universos mágicos de las doctrinas sagradas, merced a personajes de diferentes tradiciones, como la cristiana y la mahometana: ángeles, papas, reyes o dioses conviven con personajes corrientes, creando atmósferas muy nítidas. En el fondo, el motivo central de “Etcétera” parece ser la justicia divina, en cuanto se pone en contacto con la justicia humana: el perdón, la piedad, la misericordia, mantienen un diálogo con la crueldad, la mentira, la venganza o la ambición de riqueza. Los anhelos terrenales se minimizan en cuanto Borges los coteja con ciertos designios superiores; parece darnos una cierta lección de humildad, al indagar con tal lucidez en los aconteceres de estos personajes, algunos de los cuales fueron extraídos de libros de Emanuel Swedenborg, Richard Francis Burton, el Infante Don Juan Manuel y Las 1.001 noches, recreados luego por la imaginación borgeana. Notas 1. En mi ensayo “Borges y el cine” he rozado algunos puntos de la relación del autor con el mundo cinematográfico, a partir de un trabajo titulado “Films”, que éste incluyó en su libro Discusión (1932). Mi trabajo puede leerse en el libro Espectros del cine; Cinemateca Nacional, Caracas, 1999. 2. Manejo la edición de Alianza Editorial, Madrid, 1971. ** Gabriel Jiménez Emán http://www.letralia.com/firmas/jimenezemangabriel.htm Escritor venezolano (Caracas, 1950). Su obra narrativa y poética ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas. Vivió cinco años en España y ha representado a Venezuela en eventos internacionales en Atenas, París, Nueva York, México, Sevilla, Salamanca, Buenos Aires, Santo Domingo, Ginebra y Quito. Ha publicado los libros de cuentos Los dientes de Raquel (La Draga y el Dragón, 1973), Saltos sobre la soga (Monte Ávila, http://www.monteavila.gob.ve, 1975), Los 1.001 cuentos de 1 línea (Fundarte, http://www.fundarte.gob.ve, 1980), Relatos de otro mundo (1988), Tramas imaginarias (Monte Ávila, 1990), Biografías grotescas (Memorias de Altagracia, http://edimemorias.blogspot.com, 1997), La gran jaqueca y otros cuentos crueles (Imaginaria, 2002), El hombre de los pies perdidos (Thule Ediciones, http://www.thuleediciones.com, España, 2005), La taberna de Vermeer y otras ficciones (Alfaguara, http://www.santillana.com.ve, Caracas, 2005) y Había una vez... 101 fábulas posmodernas (Alfaguara, 2009), entre otros, así como las novelas La isla del otro (Monte Ávila, 1979), Una fiesta memorable (Planeta, http://www.planetadelibros.com/editorial-editorial-planeta-8.html, 1991), Mercurial (Planeta, 1994), Sueños y guerras del Mariscal (Comala, http://www.comala.com, 2001; Ediciones B, http://www.edicionesb.com, Bruguera, 2007), Paisaje con ángel caído (Imaginaria, Yaracuy, 2004) y Averno (El Perro y la Rana, http://www.elperroylarana.gob.ve, 2007); los libros de ensayo literario Diálogos con la página (Academia Nacional de la Historia, http://www.anhvenezuela.org, Caracas, 1984), Provincias de la palabra (Planeta, Caracas, 1995), El espejo de tinta (Fondo Editorial Ambrosía, Caracas, 2008), Una luz en el camino: fundamentos de ética para adolescentes (Biblioteca Básica Temática, Caracas, 2004), Espectros del cine (Cinemateca Nacional, http://www.cinemateca.gob.ve, Caracas, 1998) y El contraescritor (El Perro y la Rana, Caracas, 2008); los poemarios Materias de sombra (Premio Monte Ávila de Poesía, 1983), Narración del doble (Fundarte, 1978), Baladas profanas (La Oruga Luminosa, 1993) y Proso estos versos (Círculo de Escritores de Cojedes, 1998), Historias de Nairamá (Fondo Editorial del Caribe, Anzoátegui, 2007), y las antologías y trabajos de investigación Relatos venezolanos del siglo XX (Biblioteca Ayacucho, http://www.bibliotecayacucho.gob.ve, 1989), El ensayo literario en Venezuela (La Casa de Bello, http://www.casabello.gob.ve, Caracas, 1988), Mares: el mar como tema en la poesía venezolana (Banco Unión-Ateneo de Caracas, Premio Anda, 1990) y Ficción mínima: muestra del cuento breve en América (Fundarte, Caracas, 1996), entre otros, así como antologías literarias con estudios sobre Víctor Valera Mora, Luis Fernando Álvarez, John Lennon y Bob Dylan, Brian Patten, Baica Dávalos, José Lezama Lima, Vicente Huidobro, Ludovico Silva, Salvador Garmendia y Adriano González León. Ha recibido diversos reconocimientos, como el Premio Municipal de Narrativa del Distrito Federal, el Premio Romero García de Narrativa del Consejo Nacional de la Cultura, el Premio Nacional de Narrativa Orlando Araujo y el Premio Solar de Ensayo de la Fundación de Cultura del Estado Mérida (Mérida, 2007) por el libro El espejo lúcido. Es traductor de poesía de lengua inglesa y editor independiente. Dirige la revista y las ediciones Imaginaria, dedicadas a lo inquietante y lo fantástico, y es coordinador general de la Fundación “Elisio Jiménez Sierra”. Ha sido coordinador de la Plataforma del Libro y la Lectura (Ministerio del Poder Popular para la Cultura, http://www.ministeriodelacultura.gob.ve), director general del Gabinete Ministerial de Cultura en el estado Yaracuy y miembro de la Junta Directiva Nacional de la Red de Escritores de Venezuela (http://rednacionaldeescritoresdevenezuela.blogspot.com). === Los espejos interiores de José Manuel Caballero Bonald ================ === Pedro García Cueto ==================================================== Ahora que su obra se ve reconocida por el Cervantes, la figura de Pepe Caballero Bonald se ilumina como si navegase en muchos mundos interiores, desde el barroquismo que siempre ha pervivido en su universo literario hasta una forma de decir culta y cuidada donde la ética y la estética prevalecen sobre todo lo demás. Perteneciente a la Generación de los cincuenta, compañero de poetas de la talla de Paco Brines o José Ángel Valente, Caballero Bonald, un poco mayor que ellos, pero joven de espíritu, envuelto en un universo literario que supo triunfar en la novela en 1962 con Dos días de septiembre y que encontró su verdadero universo en Ágata, ojo de gato, fue en la poesía donde fue trenzando desde el año 1952 una obra que ha sabido tocar diversos temas, pero sobre todo los esenciales, el tiempo, la muerte, la infancia, obsesiones suyas y de otros que han ido componiendo el mosaico de su obra muy bien recogida en la Obra poética completa (1952-2009), Somos el tiempo que nos queda. La noche como un universo poético de gran calado existencial Recoge su primer libro, Las adivinaciones (1952), la idea de la vida como una pregunta, cuyo eco debe resolverse en busca de la fe o en un paganismo, donde el hombre encuentre sus verdades. Poemas como “Génesis de la luz”, confirman el alto poder de la creación, donde la soledad de la noche nos invita al desasosiego, porque es fácil perderse en la negrura de la noche. Libro amoroso este incipiente poemario donde el deseo convive con la entrega, a sabiendas de que todo amor es, en definitiva, pérdida: Por las ventanas, por los ojos / de cerraduras y raíces, / por orificios y rendijas / y por debajo de las puertas, / entra la noche. Noche que se precipita en lugares recónditos, que pasea ante nosotros en el insomnio insondable, noche vertiginosa que nos hace ver monstruos en la lenta espera del alba. El hombre que no duerme, como diría Lorca, será mordido, será vampirizado por la poderosa noche. Entra ésta rugiente y poderosa, como nos dice en los versos que siguen: Entra la noche como un trueno / por los rompientes de la vida, / recorre salas de hospitales, / habitaciones de prostíbulos, / templos, alcobas, celdas, chozos, / y en los rincones de la boca / entra también la noche. La noche como testigo de los pulsos de la vida, en el dolor, en el placer, en la intimidad de dos cuerpos (en los rincones de la boca). Pero la noche entra en el escritor que quiere crear, desvelado ante el insomnio de sus pensamientos, cuando la palabra no sale, pero busca su perfil, para que el poema reluzca como un faro ante la negrura de la noche: Entra la noche como un bulto / de mar vacío y de caverna, / se va esparciendo por los bordes /del alcohol y del insomnio, / lame las manos del enfermo / y el corazón de los cautivos, / y en la blancura de las páginas / entra también la noche. Pesado fardo el de la noche, donde los seres se buscan, el poema quiere nacer, hastiado del interior en el que vive, deseando ser creado para relucir en la página en blanco, como los pasos en la nieve que Jaime Siles nos dejó en uno de sus famosos libros de poemas. Para el poeta jerezano la noche es impulso, deseo que busca su plenitud; por ello la noche canta, no sólo es luz, también grito, los cinco sentidos se agudizan ante el impacto de la noche sobre nosotros: Entra la noche como un grito / entre el silencio de los muros, / propaga espantos y vigilias, / late en lo hondo de las piedras, / abre sus últimos boquetes /entre los cuerpos que se aman, / y en el papel emborronado / entra también la noche. Como nos quiso decir el poeta en versos anteriores, la noche viene, como si fuese esa noche de insomnio que cantaba Dámaso Alonso en Hijos de la ira, pero ahora, con el romanticismo latente del poeta jerezano, la noche llega con el deseo de abrir boquetes entre los cuerpos, como nos ha dejado también Javier Lostalé en el poema “El hueco” (perteneciente a La tormenta transparente), donde el amor de unos seres entregados al deseo siempre deja un hueco, el silencio que queda entre dos seres y que el amor ha de llenar. Poemas como “Mendigo”, “Espera”, van dejando una huella, un espacio, como el de “Espera”, donde un hombre siempre busca a la mujer, y ésta a aquél, envueltos en la espera eterna de los amantes, donde el dolor: “que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre”, se conjuga con el apasionamiento de esos seres que se deshacen si no se aman, vacíos en los cuerpos, rendidos ante tanta soledad: Y tú me lo dices que estás tan hecha / a esta deshabitada cerrazón de la carne / que apenas si tu sombra se delata, / que apenas si eres cierta / en esta oscuridad que la distancia pone / entre tu cuerpo y el mío. Vacío que sangra, deshabitados los seres de su amor, cuerpos que han de rellenar el hueco del amor, en la cerrazón de la carne no consumada, donde Caballero Bonald se desangra en un poema de amor, en la búsqueda del otro para cimentar la vida. La noche vuelve en Las horas muertas (1959), donde Caballero Bonald retoma esa búsqueda de su deseo, la confirmación del amor, donde poder vivir la vida deshabitada antes, ahora, contrariamente a esa primera noche de Las adivinaciones (1952), el poeta jerezano se vuelve a una noche creadora, germinal, donde la vida pueda ser, como nos dice el poema “Un libro, un vaso, nada”: Todas las noches dejo / mi soledad entre los libros, abro / la puerta a los oráculos / quemo mi alma con el fuego del salmista. En el oráculo se halla la fe, la que componga las piezas rotas, la que propicie la creación, la que abra, como una granada, el poema, envuelto entonces en luz germinal. Es una noche que abre la senda del viaje, como la de San Juan de la Cruz en la que el alma busca a Dios en su célebre “Noche oscura del alma”: Todas las noches junto inútilmente / los residuos del día, me distancio / del tiempo funeral del desamor, / consisto en lo que he sido. / (Una mano olvidada entre las sábanas / rompe papeles, incinera / los escombros del sueño). La idea de la creación también la cuestiona el poeta, ante la inutilidad de todo, como si el desaliento estuviese detrás de todo acto germinal, como si el sentido de la vida ya viniese roto por nuestra mortalidad, en la idea que generaron nuestros escritores del 98, el absurdo vital, que la filosofía de Schopenhauer o de Nietzsche también ha sabido ver. Lector culto, Caballero Bonald recoge la tradición y la envuelve en buena poesía, donde alumbra el espíritu manriqueño hasta el mundo lorquiano: Oh posesión / de nadie, ¿para qué / tantas páginas vanas, tantos / días vacíos? Mira / a tu alrededor, ¿qué queda? Solos / estamos: toda la ausencia cabe / entre lo verdadero y lo ilusorio. Aquí / mi obstinación es mi alegría: / un libro, un vaso, nada. Vacío final, el libro como posesión amada, como un cuerpo que se acaricia en cada página, pliegue secreto de ternura, como una piel, el vaso, lugar del vacío, de viajes donde siempre se vuelve al lugar de inicio, el alcohol como evasión ante la vida, la nada como resultado, espacio y ámbito donde el poeta vive y sufre su desarraigo existencial. De nuevo la noche, en Pliegues de cordel (1963), donde Caballero Bonald retoma esa idea de la noche que engendra monstruos, como el sueño de la razón de Goya o esos caminos que trazaba Luis Rosales en La casa encendida, noche que hace más sensible cualquier sonido, que todo lo desvela, donde cualquier ruido parece un eco callado del mundo: A veces, en la turbia / galería del sueño, encendía / la luz y me quedaba / oyendo los ruidos / de la noche: el treno / de la ronda, el gotear / del grifo, la doméstica / respiración y como un vago / acicate de vida / en la madera. Todo sonaba, todo era súbito despertar, como si crujiese la madera, como si toda cosa cobrase vida, muebles, libros, donde la noche era como un deseo imposible para volver a la infancia, tema clave en su obra, como en la de Paco Brines, un paraíso perdido para siempre: Dormía / vigilando las sombras, / la rebelión de gérmenes / del sueño, entumeciéndome / de fe, como esperando / desde el rincón de reo de mi infancia / que fuese libre para despertar. Reo de mi infancia, como si nada pudiese volver al sueño de la felicidad, lugar de plenitud, oasis donde la vida ya no nos quita la sed. En Diario de Argónida (1997), el poeta canta lo que se va, donde la inclemencia del ayer tiene espejos interiores, tanto que hay poemas como “Interior noche”, donde todo es pasado, como si el presente fuese ya un instante que se escapa, casi nada, después del crimen de la vida, como nos dice el poema: Un redundante síndrome de alarma / corre / veloz, / impregna / los papeles, los inmisericordes / formularios del tiempo, empaña / los cristales que velan el pasado. La alarma de la vida, que ya ha pasado factura, donde nada queda, sólo la memoria, lugar donde ha de permanecer el ser ante la escombrera del tiempo, envuelto en sombras, que sobrevuelan sobre la nada del ser. Todo se resuelve en la memoria, pero el presente, como si fuese un laberinto, esconde el crimen de la vida, su erosión sobre el rostro, sobre los surcos de la mirada: te acuerdas / seguramente del que fuiste, pero no / del que serás después de cometido el crimen. Sin duda alguna, el libro tantea los terrenos de la memoria, como en el poema “Marcas del camino”, donde nos habla de la cicatriz que supone el tiempo, o “Presente histórico”, donde los días tienen el sabor añejo del tiempo, en esa casa nativa que parece que lo mira, como el balcón donde anidaban los pájaros idos en la poesía de Brines o el viejo que llega a la casa en Las brasas, primer y celebrado libro del poeta valenciano. Y, por fin, su libro La noche no tiene paredes, del año 2009, donde Caballero Bonald nos canta al pasado, como resumen lastimoso de un tiempo que ya no volverá, en poemas tan emocionantes como “Cuerpo desnudo, ya no te conozco”, perfecto resumen de una obra poética hecha contra el tiempo, pero que muere por su mismo paso, una obra que reivindica la memoria, pero que, en la línea de su querido amigo Brines, sabe que todo es devastación, la vida lo ha dado todo y no ha dado nada, así es el mundo, tal y como lo ve Caballero Bonald, celebrado premio Cervantes y gran poeta, sin duda: Cuerpo desnudo, ya no te conozco, / llegas de lejos y desentendido, / te acercas con despacio / ¿desde dónde?, / permaneces inmóvil frente a mí / y ya no te conozco. Vida que se va, cuerpos que se dejan de querer y el dolor que el paso del tiempo va horadando en los cuerpos ya envejecidos, lejos de aquel raudo tiempo de la juventud, que cantaba Cernuda ante la pérdida inevitable de su rostro bello. Sin duda alguna, el cuerpo, destino de los hombres ante la realidad, deja al poeta abierto a la sombra definitiva, donde vive el dolor y la memoria, con la noche como escenario preferido: Cuerpo desnudo, pedestal de niebla / donde se juntan finalmente / las fases del temor y sus contrarios, / dulce efigie carnal a quien ya no conozco. Final necesario para una voz verdadera cuya trayectoria ha tocado diferentes estilos, pero es en la poesía, con la hondura que nos regalan los poemas comentados y otros muchos, donde el hombre enamorado de la vida, pero desalentado ante su devenir, logra triunfar, ahora ante un reconocimiento que nos alegra a todos, el Premio Cervantes. ** Pedro García Cueto http://www.letralia.com/firmas/garciacuetopedro.htm Ensayista español. Es doctor en filología. Trabaja como docente en Madrid y es crítico de cine y literario. === La muerte del escritor nigeriano Chinua Achebe ======================== === José E. Mosquera ====================================================== A los 82 años murió el 22 de marzo de 2013 en Boston, Estados Unidos, el novelista, poeta, ensayista y crítico literario nigeriano Chinua Achebe, el padre de la literatura moderna de África, uno de los grandes escritores en lengua inglesa en el siglo XX y, desde luego, uno de los más brillantes intelectuales africanos. Su producción literaria no sólo revolucionó la literatura africana por la manera como abordó los problemas africanos desde la literatura, sino por la extraordinaria simbiosis que hizo en sus obras entre el realismo narrativo europeo y las tradiciones orales de su cultura igbo, pero desde la perspectiva de una concepción universal de las tradiciones africanas. Achebe hizo en sus novelas auténticas radiografías de las confrontaciones entre la cultura occidental y las diferentes culturas africanas, al igual que las transformaciones que sufrieron las sociedades africanas con la penetración colonial de la cristianización y las adopciones de nuevas formas de gobierno en el siglo XX. Por eso su primera novela, Todo se desmorona, publicada en 1958, se convirtió en toda una novedad literaria en el mundo, en virtud de que Achebe rompe con los viejos paradigmas en la narrativa africana y transforma completamente el panorama literario en África. A través de la literatura le enseñó a los africanos a hablar sobre sí mismos, a autorreconocerse, a valorar y resaltar sus tradiciones, sus historias, sus cuentos, sus canciones y sus visiones del mundo más allá de las alienaciones culturales europeas. Porque así como García Márquez creo al legendario Macondo, Achebe le dio vida a Igbolandia. Ruptura que lo posicionó como uno de los primeros escritores africanos en alcanzar notoriedad universal. Reconocimiento que se constituyó en un gran logro para un escritor nacido en Nigeria en 1930, formado en literatura en la Universidad de Ibadán y profundamente comprometido con las luchas de los pueblos africanos. Se destacó como profesor de literatura en las universidades de Ibadán, Nsukka, Massachusetts, Connecticut, Mariana Fisher y Brown, entre otras. Además recibió premios, condecoraciones y doctorados honoris causa en más de 30 universidades en el mundo. Autor de una prolífera obra literaria, entre novelas, ensayos, relatos y poemas: Todo se desmorona (1958), Me alegraría de otra muerte (1960), La flecha de Dios (1964), Un hombre del pueblo (1965), Chicas en guerra (1971), Navidades en Biafra y otros poemas (1973) y Termitero de la sabana (1987), entre muchas otras. Fue un crítico de la política y la corrupción en su país, en general en África, sobre todo de las dictaduras y los regímenes totalitarios, críticas que expuso en varios ensayos, en artículos de prensa y en especial en sus novelas Un hombre del pueblo y Termiteros de la sabana (1987), en éste último en donde plasma las luchas de tres jóvenes con la tiranía de un presidente educado en una academia militar británica en el imaginario Estado de Kangan, pero con una universalidad aplicable a cualquier país africano. Rechazó a todas las formas del colonialismo, postura que sintetizó cuando dijo: “Yo estaría satisfecho si mis novelas, especialmente las que situé en el pasado, hubieran servido para enseñar a mis lectores que su historia, a pesar de todas las imperfecciones, no fue la larga noche de salvajismo de la que los europeos, actuando en nombre de Dios, vinieron a liberarnos”. Su novela Todo se desmorona ha sido traducida a más de 50 idiomas y se han vendido más de 10 millones de ejemplares. Es quizás una de las novelas africanas más leídas y vendidas en el mundo. Pese a ser uno de los escritores africanos más conocidos y más leídos del habla inglesa, es poco conocido en Colombia. Los que hemos leído su obra y degustado su realismo narrativo, su elocuente y cautivante prosa, somos testigos de la importancia que tiene Achebe en la literatura universal. Pero como ha sucedido con muchos otros grandes escritores, Jorge Luis Borges entre ellos, la Academia sueca ha quedado en deuda con Chinua Achebe, que se suma a los que teniendo suficientes méritos no fueron galardonados con el Premio Nobel de Literatura. ** José E. Mosquera http://www.letralia.com/firmas/mosquerajosee.htm Periodista y escritor colombiano. Es un reconocido columnista de varios diarios en su país y en Costa Rica, Honduras, Panamá, República Dominicana y Venezuela. Colaborador de las revistas Semana (http://www.semana.com) y Número y los suplementos literarios Generación, del diario El Colombiano (http://www.elcolombiano.com), y Papel Salmón, de La Patria (http://www.lapatria.com), entre otras publicaciones colombianas. Autor de los libros Las guerras y los conflictos del Darién (2002), Expedicionarios, cronistas y viajeros por el Chocó (2004), Historia de los litigios de límites entre Antioquia y Chocó, siglos XVI-XXI (2006), Huellas históricas (2010) y Travesía por la historia de África (2012). === Vida de Pi Rafael Fauquié ======================================== El tiempo vivido y nuestra manera de evocarlo: convertir nuestra memoria en aprendizaje y en sabiduría; hacer de nuestros recuperados recuerdos realidad; nuestra evocación de lo vivido, nuestra voluntad y nuestra imaginación como diseñadoras del tiempo... A todo esto refiere la película Vida de Pi (2012), dirigida por Ang Lee, candidata a varios premios de la Academia de este año 2013, entre ellos el de mejor película, y que terminara por recibir, entre otros, el galardón a la mejor dirección. Basada en la novela del escritor canadiense Yann Martel, Vida de Pi recrea una serie de fabulosas anécdotas vividas por su protagonista, el joven indio Pi Patel, sobreviviente del naufragio del barco en el que se trasladaba, junto con toda su familia, a Canadá, lugar al que su padre, dueño de un zoológico, había decidido emigrar. Durante doscientos veintisiete días, el joven logra sobrevivir en un pequeño bote salvavidas junto a un feroz tigre de bengala como única compañía. Un joven novelista canadiense, interesado en escribir la historia de Pi Patel, no oculta su incredulidad ante lo increíble del relato. Ante su escepticismo, el antiguo náufrago le cuenta otra versión: la misma que había descrito a los empleados de la compañía japonesa a la cual pertenecía el buque hundido: mucho más real y sórdida, que habla de deshumanización y crímenes; pero que, en lo esencial, refiere lo mismo: una supervivencia individual triunfante tras muy difíciles y dolorosos aprendizajes. Las dos historias, la realista y la fabulosa, describen un barco que se hunde, un joven que sufre y que vence a la muerte. Pi Patel dirige, entonces, al joven novelista una pregunta: ¿cuál de las dos versiones prefiere? El escritor escoge esa en la cual, desde el comienzo del naufragio, unos animales rodearon al protagonista, y en la que un tigre terminó por convertirse en su único compañero. Una versión que no es sino la reconstrucción, con trazos zoomorfos, del grupo de personas que, inicialmente, habían acompañado a Pi en el bote salvavidas. En esta segunda interpretación, el tigre, de curioso nombre Richard Parker, sería una figuración del propio Pi. Explicación, de algún modo, ratificada por éste al evocar su definitiva separación del animal, y su convicción de que siempre algún símbolo debería sellar toda relación que termina. ¿Acaso una conflictiva deuda de Pi con los imaginarios surgidos de su más terrible experiencia? Sobre su novela dijo Yann Martel que ella planteaba “las mismas preguntas importantes acerca de la verdad, la percepción y la creencia”. Se trataría, en última instancia, de lo que creemos haber vivido imponiéndose por sobre lo que efectivamente vivimos; de nuestra percepción acompañándonos irrenunciablemente como aprendizaje, como verdad, como sustento y respuesta de vida... ** Rafael Fauquié http://www.letralia.com/firmas/fauquierafael.htm Ensayista y poeta venezolano (Caracas, 1954). Licenciado en letras por la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab, http://www.ucab.edu.ve; 1977), postgrado en sociología de la literatura en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (1979) y doctor en ciencias sociales por la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve; 1984). Entre 1979 y 1985 dirigió los seminarios de literatura venezolana en la Universidad Católica Andrés Bello. Desde 1980 es profesor del Departamento de Lengua y Literatura de la Universidad Simón Bolívar (USB, http://www.usb.ve), institución de la que es profesor titular y en donde ejerció entre 1989 y 1993 el cargo de director de Extensión Universitaria. Ha publicado Espacio disperso (Caracas, Academia Nacional de la Historia, col. El Libro Menor, 1983), Rómulo Gallegos: la realidad, la ficción, el símbolo (Caracas, Academia Nacional de la Historia, col. Estudios, Monografías, Ensayos, 1985), De la sombra el verso (poesía, Caracas, Epsilon Libros, 1985), El silencio, el ruido, la memoria (Caracas, Alfadil, col. Trópicos, 1991; Premio Conac de Ensayo “Mariano Picón Salas”, 1992), La voz en el espejo (Caracas, Alfadil, col. Trópicos, 1993), La mirada, la palabra (Caracas, Academia Nacional de la Historia, col. El Libro Menor, 1994), Espiral de tiempo (Caracas, Fundarte-Equinoccio, 1996), Arrogante último esplendor (Caracas, Equinoccio, 1998), Puentes y voces (Caracas, Sentido, 1999), El azar de las lecturas (Caracas, Galac, 2001) y Testimonios, espejismos y desconciertos http://www.comala.com (Caracas, Comala, 2007). === Apuntes a propósito de cierto bojeo Lidia Meriño Hernández ======= Bojeo a la isla infinita. Antología de 6 poetas cubanos (http://bit.ly/18W3sNM) Sergio García, Ihosvany Hernández (http://www.letralia.com/firmas/hernandezgonzalezihosvany.htm), Sonia Díaz Corrales, Juan Carlos Recio, Arístides Vega Chapú (http://www.letralia.com/firmas/vegachapuaristides.htm) y Félix Anesio Selección e introducción de Arístides Vega Chapú Colección Antologías 2013, 96 pp ISBN: 978-84-8017-325-4 Infinita es la isla, como lo es su lírica o el intento por agruparla, reseñarla, antologarla. Varios compiladores se han referido al hecho de la exclusión o la inclusión que conlleva todo compendio por motivos de diversa índole. Pudiera ser el interés por mostrar en el volumen determinado punto de vista, ya sea temático o más bien generacional, en la mayoría de los casos. A ojos vistas no es el fin en esta ocasión de Arístides Vega Chapú, quien se reconoce miembro de un grupo que en su momento, los años ochenta del siglo pasado, enrumbó la poesía por derroteros más volcados al sujeto en sí, a la búsqueda de una reafirmación del yo, a diferencia de la que se venía gestando en la isla desde promociones anteriores. Más allá de corrientes o estilos, el propósito de este proyecto ha sido el acercamiento, el disfrute que emana de los encuentros entre un grupo de amigos que se reúne a leerse sus versos. Sin la ambición representativa, casi inabarcable, de la vasta producción de la literatura cubana. Intentos que se vienen gestando desde la década de los noventa por cubanos en varias partes del mundo. La editorial Betania, en España, es una muestra de ello, hecho que tuvo su iniciativa en Cuba con los dossiers publicados por la Gaceta de Cuba a fines de la centuria pasada. Es válido destacar que desde un lejano 1981, Edmundo Desnoes emprendió una apertura a la integración al compilar Los dispositivos en la flor. En Bojeo a la isla infinita, propuesta que entrega la citada editorial Betania como e-book y en una segunda edición impresa por Publicaciones Entre Líneas de Miami, confluyen seis autores de variadas edades y modos de abordar el ejercicio poético, todos de origen cubano. Sólo dos residen en Cuba, el joven y laureado Sergio García Zamora (Esperanza, 1986) y el propio seleccionador, de probada trayectoria con varios títulos en el género. Los demás poetas mantienen su obra más allá de nuestras costas —geográficamente hablando— desde diversos puntos que eligieron para vivir, pero en unos y otros la insularidad es un lugar común. Cuba y la diáspora, desde Heredia y José Martí hasta nuestros días, han sido constantes tópicos en la literatura cubana. No importa el tiempo de vida en ella, el hecho de haber nacido cubano hará que sea por siempre “un territorio afectivo, imposible de fijar, pues su verdadera dimensión está signada por sueños, preocupaciones, anhelos que exceden esa porción de tierra”, al decir de Arístides en sus palabras a manera de presentación del texto. De otro modo lo expresa Ihosvany Hernández en “Últimas monedas”: (...) hoy me propongo sostener el rito que conferimos a la tarde el vicio para subsistir sobre el país que ya es un signo en medio del mar, un símbolo en el agua. La certeza de pertenencia a un universo de apegos que supera ideologías y distancias asiste a Juan Carlos Recio en “Para no vivir de espaldas a mí mismo”: (...) mis amigos son mi primera patria sin que importe qué piensen ni dónde vivan como el agua de un pozo como la luz de un mediodía como si siempre nos reconstruyeran por salvedad sin dispararles sino con balas salvas y porque del dolor de la partida he dispuesto un regreso sin dobles estocadas sin disfraces. A quien parece responderle Arístides Vega: (...) Deseos de estrecharla con ellos que desconocen cuánto silencio puede retener mi casa cuando no están, cuánto puedo necesitar que la noche me devuelva a esos otros amigos, que se marcharon sólo para enviarme una foto sobre la nieve caída desde una profundidad desconocida. (...) Destaco la única voz femenina del libro. Casi en el centro mismo del poemario, pudiera decirse que el azar al disponer la aparición de los poetas, ordenados por su fecha de nacimiento, la ubica en esta posición de equilibrio, me atrevería a asegurar. Sin ambages, rotundo es el discurso de Sonia Díaz Corrales, sin complicados recursos que hermeticen cuanto desea legarnos en sus versos. Olvido-recuerdo, ¿es acaso la paradoja del exilio? en “Discurso sobre la pared”: No hay una pared para mandar a recordar a quien te olvida a quien se olvida ni para mandar a olvidar a los que se cansan de llevar a cuestas el recuerdo no hay nada, como ves, ahí afuera (...) En “La cosecha”, Félix Anesio convoca a la reconciliación con nuestro alter ego, en primera instancia: Porque a pesar de los pesares —en la Isla—, nos hicimos más fuertes, estoicos, solidarios; sobrevivientes hermosos de una gesta impropia. ¡No hay generación que no lamente, de algún modo, no haber hecho más de lo que pudo! Habiendo, pues, echado al fuego la cizaña: ¿por qué no celebrar la cosecha con un canto? La voz de Sergio García Zamora destaca entre los más jóvenes que escriben la poesía cubana hoy. Con la madurez necesaria para afianzar un estilo reconocible por la sobriedad en el decir, su trasfondo académico y una experiencia de vida que lleva a su obra mediante el símbolo de lo cercenado, quizás a destiempo. Sergio aporta la particular mirada que desde la isla suscita el exilio, en “La loca del taxi”: Hablaba de su hijo: muchacho bueno que vive en Quebec, Omaha o Seattle y está blanco y gordo como la nieve, lo cual no es un lugar común; en todo caso, un mejor lugar. O en “El Otro”: Bajo la sombra del buen vivir, coincides con gente que vino desde Cuba, de visita hace un mes, hace un milenio; aceptan almorzar contigo, mañana, sin falta, prometen llevar tus cartas, tus abrazos ligeramente descomunales, el dinero puntual como lo exigido en un secuestro. Loable el empeño por hacer coincidir discursos y maneras disímiles en esta edición que ojalá sea la puerta para otros proyectos con tal intención, la de extender los invisibles puentes que sólo puede levantar la poesía desde los diferentes puntos donde se cosecha la lírica cubana. Aun cuando la mayoría de los autores aquí reunidos sólo se conocen mediante la correspondencia electrónica, mantienen la cercanía en el intercambio de estos versos, hecho que marca al volumen favorablemente para dar una armonía tonal, un coro de voces bien armado, perfectamente perceptible a los oídos atentos. Agradezcamos a Félix Anesio, Arístides Vega Chapú, Juan Carlos Recio, Sonia Díaz Corrales, Ihosvany Hernández y Sergio García Zamora por enlazar estos ríos, cruzar el mar y romper de una vez “la maldita circunstancia del agua por todas partes”. ** Lidia Meriño Hernández http://www.letralia.com/firmas/merinohernandezlidia.htm Poeta y narradora cubana (Pinar del Río, 1968). Graduada de licenciatura en español y literatura por la Universidad de Pinar del Río (http://www.upr.edu.cu; 1990). Actualmente se desempeña como coordinadora general de la revista Umbral, en Villa Clara. Realiza la peña literaria infantil Los Bolsillos de Mamá en la Librería Ateneo “Pepe Medina”, de la ciudad de Santa Clara, y coordina el taller de creación y apreciación literaria con niños y adolescentes La Hojita Suelta. Ganadora del Premio Alcorta (2002) y del premio Regino E. Boti (2004). Ha publicado los libros de poesía Villa Lomita (2002), En el estanque azul (2003, 2010), El libro de todas las lunas (2007), El día de par en par (2008) y Ciertos nombres de amor... y otros versos desesperados (2011), y los de narrativa Lloviendo (2005), Cuando el tiempo salió a paseo(2005, 2008), Leche con espejuelos (2009) y Sapoflaco (2012). === Transparencia del aire o el espíritu de la palabra ==================== === René Arrieta Pérez ==================================================== Transparencia del aire Maylén Sosa Silva Fundación Editorial El perro y la rana Caracas, 2008 Diosa divina, diosa humana. Menos divina, demasiado humana. Ese es el hálito que impregna el yo lírico, la palabra, las páginas de Transparencia del aire, la poesía de Maylén Sosa. La conciencia que habla, que anida en la palabra, es trémulo aleteo que se vino de bruces, que cruzó el umbral, perdiendo el disfrute del tiempo pleno, intemporal, y ahora es parpadeo en las sombras. Extraviada luz, anhelante luz del fuego matriz, primordial, de sus tempranas horas. Cuando la conciencia que habita, que habla en la poesía, advierte esta condición, es señal de la poesía pura. La verdadera poesía, el espíritu que está en ella siente nostalgia de su perdida patria, la divina, la del tiempo de plenitud. En la poesía de Transparencia del aire fulge esa lucecita extraviada que asume su condición de exilio, y desde su nueva ciudadanía, en virtud del primigenio fuego que la sostiene, decide mantenerse vivaz en su nuevo y material universo que la circunda. Y desde allí habla, precisa, clara, sugerente, de los contornos de su exilio y los elementos que lo envuelven: “llamado oculto de la sangre”, el fluir, el misterio, “latente vértigo”, lo instante, lo infinito, lo que hiere sus sentidos en su nueva condición finita, el temor, sus parcelas de miseria. En definitiva, todo lo que le atañe a su piel y a sus convulsos sentidos que reverberan en su metro y sesenta y tantos centímetros de polvo. Pero aquí no se celebran sus referenciadas carencias. Se celebra la condición exacta de la palabra y la diafanidad del aire en que resuena. Palabra. Cuántas cosas te celebramos, pero ninguna como tu heredad, la luz con la que te dotaron los dioses. Si debo entregarte un trozo de lluvia diluirme en fragmentos de aire ser ascenso acantilado que incita llamado oculto de la sangre si debo volver de alguna forma oscura si debo al fin fluir heredad del misterio atisbo temerosa tus entrañas y me lanzo a tus fauces terribles Vida. === Qué es esta tensión bajo la piel veneno en los miembros qué esta carne que se extiende esta máscara de dónde esta pregunta que no acierta que falla desdibujada saeta en vuelo zigzagueante cuándo esta búsqueda que amanece y se disfraza algunos días de certeza === En la cascada salvaje llego como oscuro rumor espero un llamado náutico para ser un soplo de río permanezco latente vértigo imagen sin faz deseo hollando las palmas terrestres entre un borde y otro furia del instante polvo de infinito ** René Arrieta Pérez http://www.letralia.com/firmas/arrietaperezrene.htm Escritor y periodista colombiano (El Carmen del Bolívar, 1970). Profesional en lingüística y literatura. Doctorando en literatura hispanoamericana en la Universidad de Salamanca (http://www.usal.es), en España. Ha publicado los poemarios Salmos del segador de mieses (Editorial Lealón, Medellín, 1997), He olvidado su nombre (LibrosEnRed.com, Buenos Aires, Argentina, 2007) y Bodegones (Colección Los Conjurados, Común Presencia Editores, http://comunpresencia.blogspot.com; Bogotá, 2009. |||||||||||||||||||||||||||| ENTREVISTAS |||||||||||||||||||||||||||| === Antonio Pujia ========================================================= === La imperiosa necesidad de registrar lo hermoso Juan Pomponio ===== Antonio Francisco Pujia nace el 11 de junio de 1929 en un pueblo del sur de Italia llamado Polia, hijo de Vittorio Pujia y María Vallone. En 1937 emigra a Argentina —donde ya vivía su padre desde 1931— con su madre y su hermana mayor, Carmela. Desde niño demostró sus dotes artísticas. Obtiene el título de profesor nacional de dibujo en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y el de profesor de escultura en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Carcova. En 1956, el entonces director técnico del Teatro Colón, Héctor Basaldua, decide dotar al teatro de un taller de escultura escenográfica, para lo cual organiza un concurso que es ganado por Pujia, quien se desempeña como jefe del mismo hasta 1970. Asiste regularmente a las clases de los bailarines y se dedica a tomar infinidad de apuntes en carbonilla sobre papel. En 1959 gana su primer premio de importancia: el Gran Premio del Salón Municipal Manuel Belgrano. Tras éste vendría una seguidilla de premios crecientes en importancia y ganados a una edad poco usual, puesto que los mismos se daban, por lo general, a artistas de mayor edad y trayectoria. En 1960 gana el Gran Premio de Honor del Salón Nacional de Artes Plásticas, a la edad de 30 años. En 1961 gana la Bienal Alberto Lagos y en 1964 el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes “Augusto Palanza”, completando de este modo la posesión de los premios más importantes de Argentina. En 1965 realiza su primera muestra individual en la histórica Galería Witcomb, una de las primeras galerías de Buenos Aires, la cual había albergado obras de los más importantes artistas argentinos y del extranjero. La muestra fue íntegramente costeada con sus ahorros. En 1971 inaugura en la Galería Esmeralda otra individual, “Biafra”, en la que traduce el profundo impacto que le producen las imágenes de la prensa sobre la devastación en esta república africana de corta vida. Esta muestra trasciende al exterior. Su prestigio se ha afianzado y crecerá con los años y nuevos éxitos dentro y fuera de su país. En uno de sus últimos trabajos, desarrolló una nueva serie de esculturas en las que versionó fotografías de sus nietos realizadas por Sandro Pujia, su hijo. Esta serie de esculturas fue exhibida en Buenos Aires en 2010. —¿Cómo recuerda aquel niño que modelaba arcilla a orillas de un arroyo? ¿Cuáles son las imágenes más nítidas de aquella época? —Mi recuerdo de aquellas épocas está fresco y vivo, cada vez que huelo la humedad de la arcilla mientras cierro los ojos puedo estar al lado del arroyo de mi pueblo, puedo oírlo... Cuando estudiaba en la Escuela Manuel Belgrano tuve varias clases de dibujo y pintura antes de llegar a las de escultura, cuando me dieron arcilla por primera vez en la escuela la olí e inmediatamente me sentí en la orilla del arroyo de mi pueblo, en ese momento de emoción profunda supe modelar con este material: era mi camino que ya no me separaría jamás de ella. —El maestro que tuvo en la escuela primaria, ¿fue uno de los guías que le indicaron el camino de las bellas artes? —El señor Ricardo Furlong fue mi maestro de séptimo grado, él nos reunió antes de terminar el curso y nos fue diciendo lo que pensaba acerca de proseguir nuestros estudios, a mí me recomendó estudiar “bellas artes”; esas dos palabras me sonaron a gloria, no sabía qué era lo que el maestro me estaba recomendando, pero si eran bellas... me atraían irremediablemente. —¿Cómo transcurrió esa época de estudios hasta recibirse de profesor nacional de dibujo en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y de profesor de escultura en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Carcova? —Entre los estudios y el trabajo, yo era el segundo hermano varón en una familia de 4 hijos, desde niño tenía muchas responsabilidades, ya desde pequeño cuidaba de mis hermanos menores y de los animales que mis padres tenían, algunos conejos, gallinas... una cabra que llevaba a pastar en los interminables espacios baldíos que abundaban donde vivíamos, cerca del arroyo Maldonado, mucho antes de que lo entubaran... en el barrio de Versailles. Luego, ya de jovencito trabajaba para llevar un sueldo más a mi familia que era muy humilde, de este modo tuve la incalculable fortuna de trabajar como ayudante de los más grandes maestros del arte argentino. —Al despertarse esa fascinación por la danza allá en el Teatro Colón y forjar amistad con Norma Fontela, José Neglia y los bailarines del cuerpo estable, ¿cómo nace su captación del movimiento en una escultura de algo tan fugaz como la danza? —Nace de la imperiosa necesidad de registrar lo hermoso, de la maravillosa posibilidad que tenía de dibujar esos hermosísimos cuerpos que hacían los más bellos movimientos que yo jamás había visto. —¿Cómo reaccionó aquel artista tan joven al recibir merecidamente los premios más importantes del país? —Con muchísima sorpresa; nunca imaginé que mi trabajo pudiese ser premiado; es más, los trabajos que envié a los primeros salones de los que participé los envié debido a la insistencia de mis maestros, sin ese empujón nunca lo hubiese hecho. —Cuando decide realizar la primera muestra de su trabajo en la histórica galería Witcomb en el año 1965, ¿fue difícil la decisión de costearse la exposición con sus ahorros? —No fue tan difícil en lo económico, yo venía de ganar varios premios y además trabajaba en el Teatro Colón y en las escuelas dando clases, además, venía de ganar el Premio Palanza; este premio se exhibía en la Galería Witcomb; entonces el señor Lires (uno de los dueños) me conocía y me hizo un muy buen precio y además no me cobró comisión por ventas a modo de bienvenida. La mayor dificultad que tuve en ese momento fue psicológica, tenía bastante miedo de que mi trabajo no le gustase al público. Por suerte mis temores eran infundados. —¿Es el salto que debe dar todo artista que cree en su obra más allá de lo que pueda ocurrir en la presentación de sus trabajos? —Yo creo que sí, que los artistas deben mostrar su trabajo. —¿Podría mostrarnos las sensaciones o cualidades que siente cuando trabaja con los diferentes materiales? ¿Qué le transmiten el oro, la plata, el bronce, el mármol u otro material? ¿Tiene alguno preferido? —A mí me gusta sobremanera modelar con arcilla, también con cera. La talla también me atrae mucho. En este momento estoy terminando una obra que combina mármol con bronce... Mis materiales preferidos son los materiales nobles de la escultura, el bronce, la piedra... —Usted es un artista comprometido socialmente que ve y absorbe las imágenes de nuestra sociedad. En su momento fue el impacto generado por la exposición de aquella muestra donde nos enseñó la desolación del continente africano destrozado por la miseria, luego la muestra “Sin pan y sin trabajo”, entre otras tantas exposiciones realizadas en su vasta trayectoria. ¿Cuál sería el tema central de una muestra que Antonio Pujia nos presentaría en nuestros días? —Lamentablemente podría volver a presentar “Biafra” y “Sin pan y sin trabajo”... El año pasado presenté una muestra sumamente curiosa ya que era integrada por una selección de obras de pequeñísimo formato, mas allá de lo formal el contenido de la misma estaba atravesado por el amor. Estoy pensando sobre la posibilidad de hacer una muestra en 2014 sobre el mismo tema, el amor... —¿Qué espacio ocupa en su vida el tema de la docencia? —Un lugar muy grande, piense en que di clases durante más de 30 años en la Belgrano, la Pueyrredón y la Carcova, además di clases en mi propia escuela taller y aún hoy a mis más de 80 años sigo dando clases en mi taller y también clases y charlas gratuitas en diferentes escuelas, incluso en otros espacios también. En el marco de “Metamorfosis”, la exposición que presenté en 2011, di dos clases de dibujo en la Asociación Estímulo de Bellas Artes y también en el jardín del Museo E. Sivori. —¿Cuáles son los proyectos más cercanos? —Los mismos de siempre, trabajar en el taller de lunes a viernes, de 9:00 a 12:00 y de 14:30 a 19:00 horas. —Y por último, ¿le gustaría dejarnos un mensaje a nivel artístico, humano? ¿Qué nos diría Antonio Pujia a nosotros como sociedad? —No es una frase de mi autoría... pero creo que es un buen consejo, ayer y siempre: ¡amaos los unos a los otros! ** Juan Pomponio http://www.letralia.com/firmas/pomponiojuan.htm Poeta y artista argentino (Berazategui, 1966). Es diseñador gráfico y docente de educación media. Ha publicado los poemarios Salvaje (Editorial Último Reino, Buenos Aires, 2003), que recibió la Divisa Honorífica Nacional otorgada por el Instituto Literario “Horacio Rega Molina”, de La Plata; Fragua universal (Fundación Banfoandes, San Cristóbal, Venezuela, 2008) y Lluvias torrenciales (Ediciones Rubén Sada, Quilmes, 2010), así como la novela Krishan, el Hijo del Sol (http://www.krishanelhijodelsol.com; Editorial Turmalina, http://editorialturmalina.com; Buenos Aires, 2011). Textos suyos han aparecido en diversas antologías, como 20 poetas y 21 narradores; antología argentina contemporánea (Editorial Nueva Generación, 1996); Sombras de Luna (Editorial Sombra de Luna, 1997); Antología poética II Certamen de Poesía “Alfonsina Storni 1997”, a cargo de la Embajada de Las Letras; Entre siglos (Bianchi Editores; Montevideo, Uruguay) y Entre Seculos, de Pilar Bianchi, Edicioes (Brasilia, Brasil), entre otras. Coordinó el Primer Certamen Nacional de Poesía “Guillermo Enrique Hudson”. Mantiene, en el canal 5 de Berazategui, el programa cultural Laminga: Arte, Pasión y Locura, además de varios programas de radio. Como artista ha expuesto en la Biblioteca Pública “Mariano Moreno” (Bernal), en la Editorial Escuela “Poly Balestrini” de Buenos Aires y en otras salas. En 1997 fue declarado “Ciudadano Ilustre” de Berazategui por el Concejo Deliberante de la ciudad, en virtud de su trayectoria. Ha obtenido el primer premio en el Certamen Literario de Poesía “Almafuerte 1997” (La Boca, Buenos Aires); el 2º premio de Poesía en idioma español del Segundo Certamen Nacional de Poesía y Cuentos: Premio “C.O.M.I.T.E.S 1999”, el tercer Premio Nacional de Poesía en el XXX Concurso Nacional Literario “Dante Alessandri 1997” y otros reconocimientos. ||||||||||||||||||||||||||| SALA DE ENSAYO |||||||||||||||||||||||||| === Juyungo, de Adalberto Ortiz: ========================================== === de la racialización y los estereotipos a la conciencia de clase ======= === Maimouna Sankhé Adebowale ============================================= La novela Juyungo: historia de un negro, una isla y otros negros, del afroecuatoriano Adalberto Ortiz (Esmeraldas 1914-2003), salió a la luz en 1943. El personaje principal es Ascensión Lastre, apodado el Juyungo por sus vecinos indígenas cayapas. Conviene subrayar que “juyungo” es una palabra despectiva porque significa “mono, malo, diablo, hediondo” (ORTIZ QUIÑONES, 1976, p. 56). Esta manera de definir al Otro es una de las secuelas de una larga campaña de demonización orquestada por la maquinaria colonialista para “justificar”, de alguna forma, la esclavitud. María Elvira Díaz Benítez apunta en su artículo titulado “Invenciones, construcciones y reivindicaciones de la identidad, ¿afrocolombianos o negros?”: “La categoría negro corresponde de por sí a un constructo histórico cuya lógica fue de deshumanización y explotación. La raza nació en el Atlántico si tenemos en cuenta que en África no había negros sino africanos; yolofos, balantas, sereres, biáfaras, kongos, angolas, branes, zapes, akanes, lucumís, fantis, ashantis, ewe-fon, ibos y demás pueblos que en la trata se convirtieron en una sola: negros” (LAVOU Y VIVEROS, 2004, p. 124). Mara Viveros Vigoya, por su parte, considera que “los colonizadores españoles crearon las categorías de “indios” y “negros” para definir e imponer una nueva identidad negativa a las poblaciones aborígenes colonizadas y a la población de origen africano, despojándolas de sus identidades étnicas e históricas originales (mayas, aztecas, incas, etc., o congos, yorubas, ashantis, etc.)” (LAVOU Y VIVEROS, 2004, p. 83). Esta deshumanización del negro tenía como corolario, primero la aculturación y luego, gracias al mestizaje, “elevarle” socialmente, como apunta Alejandro Solomianski (2003), a lo largo de las generaciones hasta alcanzar la “blanquedad”. Este proceso empezaba por abandonar sus religiones africanas para abrazar la religión católica apostólica y romana. Incluso Fernando Ortiz, padre de la etnografía afrocubana de entonces, hablaba en sus principios del carácter antisocial de las prácticas religiosas de los afrocubanos, y propuso que se les vigilara para evitar que se agrupasen para practicar sus religiones. El jesuita español Alonso de Sandoval llegó a alegar que el problema del negro no radicaba en su piel sino en el hecho de no haber bebido de la sangre de Cristo, que otorgaba la blanquedad a quien se lavaba con ella (1). Justamente, el personaje principal de la novela, Ascensión Lastre, por negarse a ser bautizado por un sacerdote cristiano, se ve obligado a fugarse de casa para evitar las palizas de su padre Gumersindo Lastre. Huérfano de madre, separado de su padre para siempre, Lastre ha perdido también la posibilidad de ser visto como un ser humano más, al menos ante Dios. A partir de este momento la vida de Ascensión Lastre se convierte en la de un desamparado que “anda que anda, anda que anda, anda que anda. Andar y más andar y más andar” (ORTIZ QUIÑONES, 1976, p. 23). Como si de un personaje de la novela picaresca española se tratara, Ascensión Lastre se topa durante su huida con su primer amo, un contrabandista colombiano llamado Cástulo Canchingre. Éste le da comida y ropa a cambio de trabajar para él pero, desafortunadamente, Cástulo Canchingre es asesinado por los pelacaras a los que tanto temía porque, según Canchingre, estos bandidos se llaman pelacaras “porque a sus víctimas les quitaban el pellejo de la cara para que nadie pudiera reconocerlos” (ORTIZ QUIÑONES, 1976, p. 25). Ulteriormente, Ascensión Lastre es recogido por los indígenas cayapas. Al principio no querían pero, al ver que se trataba de un niño indefenso, decidieron aceptarlo entre ellos. Más tarde, Ascensión conoce a un vendedor ambulante llamado Manuel Remberto Quiñones, quien le invita a embarcar con él. Lo llamativo es que la mayoría de los personajes negros de la novela Juyungo: historia de un negro, una isla y otros negros son comparados con monos o se les atribuye características animales. El negro Críspulo Cangá es comparado en varias ocasiones con el mono: “Frente al fuego, Cangá no averiguaba nunca su procedencia sino que se sentía cogido por las fulguraciones, por las chispas, por el crepitar. De aquí que sintiera una absurda alegría de mono” (ORTIZ QUIÑONES, 1976, p. 224). Igualmente al negro Cocambo, encarnación de la maldad y el servilismo, se le atribuyen rasgos de un gorila: “Un negro apodado Cocambo, con los antebrazos soplados de carne, cara y pectorales de gorila” (ORTIZ QUIÑONES, 1976, p. 54). De igual manera, refiriéndose al padre de Ascensión Lastre, el Juyungo, el narrador afirma: “Don Gumersindo Lastre no sentía sus llagas ni el hedor (...). Se rascaba el hule de la panza desnuda, como un mono en la hamaca” (ORTIZ QUIÑONES, 1976, p. 16). Durante las fiestas de San Juan, los personajes negros se reúnen para cantar y bailar. Pero no sólo huelen mal, sino que “giraban y zapateaban, presas del lúbrico mal, metiendo un bullicio de monos espantados” (ORTIZ QUIÑONES, 1976, p.208). En su obra Del Diablo Mandinga al Munto Mesiánico (2001), Jean-Pierre Tardieu analiza la recurrente alusión de los escritores negristas a los dientes de los personajes negros. Esta alusión puede, según él, simbolizar desde la animalización hasta un cierto temor. Para corroborarlo, cita como ejemplo La ciudad y los perros (1963), de Mario Vargas Llosa, y ¡Écue-Yamba-Ó! (1933), de Alejo Carpentier. En la primera novela se refiere a un personaje negro de esta forma: “Distinguió en la oscuridad la doble hilera de dientes grandes y blanquísimos del negro y pensó en un roedor” (TARDIEU, 2001, p. 34). En cuanto a la novela de Carpentier, Tardieu cita el siguiente fragmento: “Sin embargo, el viejo Juan Mandinga fue de los pocos que no pudieron quejarse por aquellos años durísimos. Con sus dientes limados en punta y cauterizados con plátano ardiente, supo caerle en gracia al amo” (TARDIEU, 2001, p. 35). Otro personaje de la obra de Ortiz, un zambo (2) llamado Antonio Angulo, es rechazado por las mujeres blancas y lindas. Una de ellas le llama “zambo carcoso”. El brujo negro Tripa Dulce ha sido rechazado por una mujer indígena: “pero la indiecita linda no quiso juyungo” (ORTIZ QUIÑONES, 1976, p. 37). De hecho, la indígena María, por no casarse con el brujo negro Tripa Dulce, prefiere huir de casa y, al final, la hallan muerta en el campo. La racialización y los prejuicios afectan la vida de los sujetos racializados al verse ninguneados, deshumanizados y arrinconados: “Para los blancos parecen ridículos muchos actos comunes, si son realizados por negros” (ORTIZ QUIÑONES, 1976, p.56). La gota que colma el vaso es la burla que sus vecinos blancos hacen a Ascensión Lastre el Juyungo y los suyos en la noche en que se casa su amigo Manuel Remberto con Eulogia. Ascensión oye cómo bromean sus vecinos sobre el origen del negro: —...¿ Y saben también por qué el negro tiene las plantas de los pies y de las manos más claras que el resto del cuerpo? —No, no. ¿Por qué? —contestaron a una los demás. —Porque el diablo, que es bromista, le dijo: “Juyungo, ponte en cuatro que te voy a pintar de un bonito color”. Y el negro, que es dócil y pendejo, se dejó pintar con brea todo el cuerpo, menos las patas donde se asentaba. Pues le dejó las plantas blancas para que se consolara siquiera con eso” (ORTIZ QUIÑONES, 1976, p. 57). El Otro, en este caso el negro, tiene la desventaja de ser lo que los miembros de los sectores hegemónicos quieren que sea. Asimismo, el profesor Victorien Lavou Zoungbo analiza esta desventaja en su libro Du “migrant nu” au citoyen différé: “présense-histoire” des noirs en Amérique Latine, discours et représentations (2003), donde explica cómo el hombre blanco siempre tiene un punto de vista sobre lo que debería o no hacer el negro, lo que debería ser o no ser, lo que debería decir o no decir. Sabe siempre mejor que el negro lo que significa ser negro y tiene siempre una explicación psicológica o sicoanalítica y tiende a desechar lo que el negro tiene que decir de sí mismo. El negro Ascensión Lastre, apodado el Juyungo, sentía odio y ganas de luchar por hacerse respetar. Por esta razón deseaba vengar la muerte, a mano de los blancos, de su tío el comandante Lastre: La figura de su tío, el comandante Lastre, se le agigantaba cuando, vestido con el uniforme de un alto oficial que había matado con su propia mano, bien enjoyado y mejor montado sobre un soberbio caballo blanco, en una madrugada de 1914 que tomó la plaza de Esmeraldas, gritó: “Estoy montado sobre la raza blanca”. Este tío legendario, que salió desde las montañas de Concepción, llegó con el coronel Vargas Torres hasta Cuenca, combatiendo como los machos y los libres. Luego se enroló en el ejército liberal del viejo Eloy Alfaro (...). Con todo, no se sentía contento; quería vengar la muerte de su tío, matado por los blancos (...). Si cada vez que lo recordaba le renacía la venganza... ¿Contra quién? ¿Contra todos los blancos? (ORTIZ QUIÑONES, 1976, pp. 57-58). El Juyungo tenía ganas de vengarse del hombre blanco. De hecho, esa fue la razón por la cual decidió casarse con la blanca María de los Ángeles Caicedo, con el objetivo de humillarla: “Lastre deseaba a esta mujer, más que nada porque era blanca, con una voluntad de humillarla sexualmente, con sentimientos contradictorios” (ORTIZ QUIÑONES, 1976, p. 71). De ahí el papel del mulato Nelson Díaz, quien le recuerda al personaje principal de la obra, Ascensión Lastre, apodado el Juyungo, que no se trata de la raza sino de la clase: “Ten siempre presente estas palabras, amigo mío: más que la raza, la clase” (ORTIZ QUIÑONES, 1976, p. 91). En Juyungo: historia de un negro, una isla y otros negros, la unión proletaria y la lucha de clases se convierten en una manera de plantear el problema del negro. A este propósito, Miguel Rojas Mix alega que el comunismo “reproduce la idea de que en países con gran población negra, como el Brasil, no hay un racismo de naturaleza que exija una campaña reivindicatoria del negro en cuanto negro. Únicamente es defendible en su papel de explotado y al lado de los explotados de otros colores; es decir, en cuanto a clase” (ROJAS MIX, 1991, p.327). Por lo tanto, al negro no le queda más remedio que renunciar a la búsqueda de su identidad y convertir su lucha en la de un obrero explotado. Su salvación está en la lucha de clases, es decir, debe tener conciencia de clase: “Debe el negro cancelar y extirpar su herencia espiritual de esclavo, y lo único que puede redimirlo es su transformación en obrero: la conciencia de clase” (ROJAS MIX, 1991, p. 327). Incluso el peruano José Carlos Mariátegui, quien aseguró que el negro no estuvo en condición de aportar nada en la formación cultural de Perú, sí estaba a favor de la redención del negro a través del sindicato y de la lucha de clases. Este enfoque que se da al problema racial en la novela está en consonancia con las ideas imperantes a principios del siglo XX acerca del comunismo. No hay que perder de vista que Joaquín Gallegos Lara, mentor de Adalberto Ortiz, era muy leal al comunismo y también era partidario de una literatura al servicio de la lucha de clases. En este mismo orden de ideas, Franklin Miranda Robles opina en su trabajo titulado: Adalberto Ortiz y Nelson Estupiñán Bass: hacia una narrativa afroecuatoriana (2004): “Podremos entender, en parte, por qué Ortiz encuentra, en la unión proletaria y la lucha de clases, la solución para superar la, para él, angustiosa e indefinida situación cultural e identitaria del mulato. El marxismo le sirve como espacio de síntesis para el multiculturalismo de la nación ecuatoriana” (MIRANDA ROBLES, 2004, p. 47). De hecho, Ascensión Lastre se embarca al final de la novela en la guerra entre Ecuador y Perú para defender su patria. Al menos durante la contienda blancos, negros e indígenas se unen y luchan por un mismo ideal: “Y él, entre ellos, peleando por el mismo motivo, lleno quizá de iguales pensamientos, de las mismas angustias, de idénticas desesperanzas” (ORTIZ QUIÑONES, 1976, p. 265). Al igual que Ascensión Lastre, muchos esclavizados participaron en las guerras de independencia en América Latina y el Caribe, al ver en ellas una oportunidad para recobrar su libertad aunque, paradójicamente, se dieron cuenta de que independencia no era sinónimo de abolición de la esclavitud. Bibliografía • LAVOU ZOUNGBO, V. (2003): Du “migrant nu” au citoyen différé “Présence-histoire” des noirs en Amérique Latine: Discours et représentations, Perpignan, Collection Études, Presses Universitaires de Perpignan. • LAVOU ZOUNGBO, V., y VIVEROS VIGOYA, M. (2004): Mots pour Nègres maux de noir(e)s: enjeux socio-symboliques de la nomination des Noir(e)s en Amérique Latine, Perpignan, Marges, Presses Universitaires de Perpignan. • MIRANDA ROBLES, F. (2004): Adalberto Ortiz y Nelson Estupiñán Bass: hacia una narrativa afroecuatoriana, Santiago, Universidad de Chile, Facultad de Filosofía y Humanidades, Escuela de Postgrado, Magíster de Literatura. • ORTIZ QUIÑONES, A. (1976): Juyungo: historia de un negro, una isla y otros negros (2ª ed.) Barcelona, Seix Barral. • ROJAS MIX, M. (1991): Los cien nombres de América: Eso que descubrió Colón, Barcelona, Lumen. • SOLOMIANSKI, A. (2003): Identidades secretas: la negritud argentina, Rosario, Beatriz Viterbo Editora. • TARDIEU, J.-P. (2001): Del Diablo Mandinga al Munto Mesiánico: el negro en la literatura hispanoamericana del siglo XX, Madrid, Pliegos. Notas 1. Cf. el artículo de Elisabeth Cunin titulado “Nommer l’autre. Le ‘noir’ entre stéréotype racial et assignation ethnique”, publicado en el libro de LAVOU ZOUNGBO, V., y VIVEROS VIGOYA, M. (2004): Mots pour Nègres maux de noir(e)s: enjeux socio-symboliques de la nomination des Noir(e)s en Amérique Latine, Perpignan, Marges, Presses Universitaires de Perpignan. 2. Zambo significa hijo de indígena y negra o viceversa; es una más de las numerosas denominaciones que en América Latina se usaban para nombrar a los mestizos. ** Maimouna Sankhé Adebowale http://www.letralia.com/firmas/sankheadebowalemaimouna.htm Docente senegalense (Kaolack, 1969). Doctora por la Universidad de Alcalá (UAH, http://www.uah.es; Madrid). Su tesis versa sobre la narrativa negrista hispanoamericana de principios del siglo XX. En 2002 fue voluntaria en la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (Cear, http://www.cear.es). === Niebla, de Miguel de Unamuno María Alicia Medina ================= Los críticos literarios han escrito acerca de Augusto Pérez, personaje de Niebla, ente de ficción (del latín entis, lo que es, existe o puede existir) y de quien resulta atrayente referir algunas citas redactadas por diversos autores, porque este ente está en busca de su identidad y, además, porque don Miguel de Unamuno, filósofo y su creador literario, expresó en sus personajes sus sentimientos e ideología personal. Como la vida y la muerte, el yo y los sueños, la existencia y la agonía son las vivencias del ser humano y en este ser existe la estructura psíquica que definió el psicoanálisis de Sigmund Freud; es atrayente analizar qué relación coexiste entre el pensamiento y el sentir de Unamuno y la estructura psíquica que conceptualiza Freud en relación con estos significados. El beneficio de este intrascendente ensayo se halla en el interés personal de comprender estas nociones en Miguel de Unamuno, desde la profundidad psíquica de su ser hasta la capacidad de transmutarlas, temáticamente, en su obra. Este ensayo pretende diferenciar los aspectos filosóficos, literarios y psíquicos inherentes en algunos párrafos de la novela Niebla y contenidos en los principios que el psicoanálisis investiga para discernirlos. Cabe aclarar que este ensayo es breve y con limitaciones tópicas filosóficas y psicológicas, ya que estas humanidades basan sus investigaciones y análisis en metodologías profundas. Antecedentes Niebla, novela con una gran riqueza de nociones literarias, filosóficas y psicológicas, es escrita en 1907 por Miguel de Unamuno (continuador de Gustavo Adolfo Bécquer). En Niebla, Augusto Pérez, que no sólo es el personaje protagonista sino una figura en busca de su identidad, ha sido cuestión de estudio por los críticos literarios y filosóficos, pero además es importante examinar a este individuo desde las enunciaciones que afirma Sigmund Freud, padre del psicoanálisis. Se debe recordar que la obra de Unamuno está directamente afectada por la situación histórica de España en la que el desastre es símbolo: el desastre de Cuba y Filipinas en 1898. Igualmente, hay que rememorar que Unamuno perteneció a la Generación del Noventa y Ocho, por lo que el lenguaje de su obra deleita con las siguientes cualidades: 1. Antirretoricismo y antibarroquismo. 2. Creación de una lengua natural ceñida a la realidad de las cosas que evoca. 3. Enriquecimiento “funcional” de la lengua, rebuscado en la lengua popular regional o en la raíz etimológica. 4. Lenguaje definitivo al servicio de la inteligencia. 5. Lengua válida para todos. Por las peculiaridades anteriores, el lenguaje del Noventa y Ocho tiende a la unidad de la inteligencia y a la lengua universal entendible para todos. Sigmund Freud comenzó su obra Esquema del psicoanálisis (Abriss der Psychoanalyse) en julio de 1938, resumiendo de un modo breve y claro todo el contenido principal de su teoría, pero en 1939 la investigación de Freud quedó interrumpida en su final por la muerte del autor. Con base en las particularidades del lenguaje del Noventa y Ocho y a la sucesión de las fechas de las obras citadas, este ensayo expone algunos conceptos implícitos en la obra Niebla, como la muerte, el yo, la existencia, los sueños y algunas de las distintivas del personaje de Augusto Pérez, porque algunos conceptos en relación a esto los esclareció el psicoanálisis de Freud, posteriormente, según la cronología de la inspiración de Niebla (1907) y del Esquema del psicoanálisis (1939). Sigmund Freud y el aparato psíquico del ser humano Instancias del aparato psíquico que instituye Freud 1ª instancia psíquica, el ello: “Su contenido es todo lo heredado, lo congénitamente dado, lo constitucionalmente establecido... Esta parte más arcaica del aparato psíquico que seguirá siendo la más importante durante la vida entera” (1). 2ª instancia psíquica, el yo: “Oficia de mediadora entre el ello y el mundo exterior... Su tarea es la autoafirmación, y la realiza en un doble sentido. Frente al mundo exterior, aprende a conocer los estímulos, acumula (en la memoria) experiencias sobre los mismos, evita (por la fuga) los que son demasiado intensos, enfrenta (por adaptación) los estímulos moderados y, por fin aprende a modificar el mundo exterior adecuándolo a su propia conveniencia (actividad). Hacia dentro, frente al ello, conquista el dominio sobre las exigencias de los instintos, decide así si han de tener acceso a la satisfacción, aplazando ésta por los momentos y circunstancias más favorables del mundo exterior, o bien suprimiendo totalmente las excitaciones instintivas... El yo tiende al placer y quiere eludir el displacer... Periódicamente el yo rompe sus comunicaciones con el mundo exterior y se retrae al estado de reposo o sueño, modificando profundamente su organización. A juzgar por el estado de sueño, cabe suponer que dicha organización consiste en una distribución peculiar de la energía psíquica” (2). 3ª instancia psíquica, el superyó: “En la medida en que se separa del yo o se le opone, este superyó constituye una tercera potencia, que el yo ha de tener en cuenta. Un acto del yo es correcto cuando satisface al mismo tiempo las exigencias del yo, del superyó y de la realidad, es decir, si logra conciliar mutuamente sus respectivas pretensiones... Se advierte que, pese a todas sus diferencias fundamentales, el ello y el superyó coinciden entre sí al representar las influencias del pasado: el ello, las heredadas; el superyó, principalmente, las recibidas de otros, mientras que el yo es determinado esencialmente por las vivencias propias, es decir, por lo actual y accidental” (3). Teoría de los instintos “El poderío del ello expresa el verdadero propósito vital del individuo: satisfacer las necesidades que ha traído consigo. No es lícito adjudicar al ello el propósito de mantenerse vivo y de protegerse mediante el miedo contra los peligros; esta es la misión del yo, que además debe buscar la forma de satisfacción más favorable y exenta de peligros, prestando consideración al mundo exterior. El superyó puede hacer valer nuevas necesidades, pero su función principal reside en restringir las satisfacciones. Tras grandes reservas y vacilaciones nos hemos decidido a aceptar sólo dos instintos fundamentales: el Eros y el instinto de destrucción (la antítesis entre instinto de autoconservación y de conservación de la especie, así como otra entre amor de sí mismo y amor de objeto, debe incluirse dentro de los límites del Eros). El primero tiene por fin constituir y conservar unidades cada vez mayores, es decir, tiende a la unión; el instinto de destrucción, por el contrario, persigue la disolución de las vinculaciones, la aniquilación. ”En lo que a éste se refiere, podemos aceptar que su fin último parece ser el de llevar lo viviente al estado inorgánico, de modo que también lo denominaremos instinto de muerte” (4). Miguel de Unamuno, Augusto Pérez y Sigmund Freud 1. La muerte Alexander A. Parker enuncia: “El deseo que tiene Augusto por morir es el deseo de paz por medio de la renuncia de la razón consciente... Así, la muerte de Augusto es transformada en la propia muerte de Unamuno y la muerte de cada uno de nosotros. Pero en su interior, el autor (el Unamuno contemplativo ahora), no quiere privar a su sufriente criatura del deseo de la muerte” (5). Asimismo, es importante traer a la memoria las experiencias sobre la muerte que influyeron en la vida de Miguel de Unamuno, y que las menciona Manuel Blanco: “La primera muerte significativa fue la de un compañero de colegio. ‘Un día, sobrecogidos de terror misterioso, supimos que había muerto’. La inquietud por aclarar este misterio tuvo momentos culminantes, como la muerte de su hijo Raimundo, de seis años, en 1902. Unamuno experimentó, en la historia dramática de este hijo, que sufría hidrocefalia, la presencia permanente de la muerte en su hogar, lo que le condujo a plantearse, con todo rigor y realismo, el problema de su propia muerte, y le llevó a situaciones emocionales incontrolables que le precipitaron en la crisis de 1897... Otras muertes seguirán afectándole, como de la de su madre, en 1908, a la que no pudo asistir... Y la de Concha, su mujer, en 1934, ante la que Unamuno llega a preguntarse si la muerte de su esposa no es también la suya propia” (6). Armando F. Zubizarreta evoca: “En 1897 también lo acosaba la neurosis cardíaca, enfrentándolo a la muerte personal” (7). Lo anterior me hace pensar que la muerte estuvo presente, como una experiencia, durante toda la vida de Miguel de Unamuno, razón por la que el autor lo único que podía hacer con ella es percibirla, es decir, en vida anticiparla con la imaginación, vivirla en sí misma, sentirla con sus propias emociones y agonizar en los personajes de su novela para asimilarla, porque él como ser viviente no la ansiaba, Unamuno no quería morir: “Tales reflexiones le llevaron en la oscuridad solitaria de la noche la emoción de la muerte, emoción viva que le hacía temblar a la idea del momento en que le cogiera el sueño, aplanado ante el pensamiento de que un día habría de dormirse para no despertar” (8). Y si la misión del yo, como la expresa Freud, tiene el propósito de mantener vivo y de proteger al ser humano mediante el miedo contra los peligros, en el yo de Unamuno hay una inquietud constante y prevalece el Eros, instinto de conservación, porque el autor no quería dejar de existir como ser viviente, pero sí trascender a la inmortalidad filosófica y literaria con Augusto Pérez, como don Quijote de La Mancha. 2. El yo íntimo y la existencia Bien, analicemos otros criterios. Carlos París escribe: “La lucha con el personaje creado, Augusto Pérez, se refería a la existencia misma. La lucha del yo público y privado es también la muerte con la máscara que llega a asfixiarnos, a inmolar el yo íntimo real que ingenuamente habría querido salvarse tras ella” (9). Ignacio R. M. Galbis opina: “Cuando Eugenia se fuga con su ex novio y deja a Augusto en una situación vergonzosa, él exclama: ‘Es que no me duele en el amor; ¡es la burla, la burla, la burla! Se han burlado de mí, me han escarnecido, me han puesto en ridículo; han querido demostrar... ¿qué se yo?..., que no existo” (10). Julián Marías advierte: “Cuando Unamuno anuncia a Augusto que ha decidido que muera, Augusto se aterra y se le revela de pronto la inanidad de esa existencia que acaba de afirmar frente a su creador. ‘Ahora que usted quiere matarme’, dice, ‘quiero yo vivir, vivir, vivir...’. Comprende que su vida depende de la del autor, que lo necesita para existir, que no es dueño de sí mismo: ‘quiero ser yo, yo, yo...’; en otros términos, se le descubre la insustancialidad de su existencia ficticia, que necesita de otra y no se basta para ser. Y al ver que Unamuno no rectifica su decisión de que muera, Augusto hace pie en su propia desesperación para enfrentarse con la existencia real de su mismo autor...” (11). Ernst Roberto Curtius piensa cómo Miguel de Unamuno: “se doctoró en filosofía y literatura y luego se presentó en oposiciones a cátedras: primero a una de psicología, lógica y ética, después a una de metafísica. Ambos intentos fracasaron... Probó luego fortuna con las lenguas clásicas. Dos oposiciones a una cátedra de latín terminaron en fracaso. Finalmente obtuvo una de griego” (12). Así, considero que Unamuno, hombre intelectual, que anheló enlazar la psicología a sus conocimientos de filosofía y letras, logró el propósito en su obra: la obra de Miguel de Unamuno está impregnada de estas humanidades, así como de la metafísica, “parte de la filosofía que trata del ser en cuanto tal, y de sus propiedades, principios y causas primeras” (13). Los conceptos de existencia y el yo íntimo real, contenidos en Niebla, son tratados dentro de la literatura con base en los conocimientos de la filosofía y la psicología. ¿Por qué? Porque “la madurez de la novela de Unamuno se encuentra en Niebla... Unamuno sigue avanzando hasta alcanzar profundidades mayores, con lo cual vemos que el género más verdaderamente vivo en Unamuno es, justamente, la novela...” (14). ¿Por qué esta profundidad filosófica y psicológica? Porque la filosofía estudia el conflicto ontológico del ser y la psicología la estructura psíquica del ser, y estas concepciones sobre el ser inquietaron a Unamuno de manera personal y en su formación intelectual lo cuestionó. Por otra parte, recordemos la afirmación de Julián Marías: “Hemos visto cómo el tema de Unamuno era el hombre, para él la más importante realidad. Pero el hombre no como un ente abstracto, como una esencia fija, animal racional o lo que se quiera, ni como una cosa entre otras, sino como un organismo biológico. Es el hombre viviente, el que nace y muere, el que va desde su nacimiento hasta su muerte” (15). Unamuno, el hombre viviente, se sumerge en tres planos humanísticos paralelos entre sí, pero a la vez fusionados: la existencia filosófica, el yo íntimo filosófico-psicológico y ambos conciliados entre sí, crean su obra literaria. ¿Por qué Unamuno buscaba su yo íntimo? Psicológicamente, la misión del yo es la autoafirmación y en él está la tendencia al placer; un acto del yo es correcto cuando cumple al mismo tiempo las exigencias del yo, del superyó y de la realidad, es decir, si consigue conciliar, alternativamente, sus respectivas pretensiones, lo anterior lo refiere Freud. Filosóficamente, Kierkegaard “entiende por existencia el ‘ser’ interno aprehendido por la conciencia del hombre; ‘ser’ distinto de la existencia empírica, que no es la real” (16). Carlos París revela: “Hay, efectivamente, una peculiar connaturalidad de Unamuno por la problemática y aun la metodología psicoanalítica. El caso es muy interesante y profundamente instructivo. Freud y Unamuno son dos contemporáneos, que cubren casi exactamente el mismo período histórico. Freud nace en 1865, muere en 1939. La vida de Unamuno se desarrolla entre 1864 y 1936... Autoanálisis, regreso progresivo a la infancia, son resortes de toda la existencia unamuniana en su dura conflictividad. También, la liberación por el sueño vigilante, la fantasía, como en todo creador literario” (17). 3. Los sueños Julián Marías medita: “Lo importante es el sueño como realidad, lo soñado, el acontecer temporal que se sueña o se narra, el relato. En esto coincide el ente ficticio con el hombre real, y es lo que permite al primero reivindicar su existencia propia: ‘Cuando un hombre dormido e inerte en la cama sueña algo’, pregunta Augusto, ‘¿qué es lo que más existe: él como conciencia que sueña o su sueño?’. Y cuando Unamuno le arguye: ‘¿Y si sueña que existe él mismo, el soñador?’, Augusto replica nuevamente: ‘En ese caso, amigo don Miguel, le pregunto yo a mi vez: ¿de qué manera existe él: como soñador que se sueña o como soñado por sí mismo?’ ” (18). Segundo Serrano Poncela analiza: “El protagonista de Niebla, el indeciso y a la vez trivial Augusto Pérez, nos ofrece un ejemplo de gratitud existencial, desembocando irremediablemente en la nada... Llega a confundir voluntariamente su vida con sus sueños; se acuesta esperando que, durante la noche, un terremoto pueda tragarse la ciudad; piensa en la posibilidad de ser águila en vez de hombre” (19). El escritor don Miguel de Unamuno valoró la existencia de los conceptos filosóficos y los psicológicos dentro de su obra: ¿qué es lo que más existe: él como conciencia que sueña o su sueño? Si Freud asevera que en el ello están las influencias heredadas del pasado, y en el yo el estado de reposo o sueño, entonces se altera la distribución propia de la energía psíquica; con base en esto, asevero que Unamuno tenía conocimiento de la objetividad de estas estructuras, aún no definidas por Freud; si Unamuno deliberó que, al acostarse, como lo afirma Segundo Serrano, durante la noche, sería águila en vez de hombre, creo que Miguel de Unamuno empezó a sospechar que el ello asoma durante los sueños, pese a que Freud inició sus estudios sobre el psicoanálisis en 1938 y Niebla fue escrita en 1907. Conclusiones Las nociones de muerte, el yo íntimo, la existencia y los sueños, don Miguel de Unamuno ya los había conceptualizado desde el marco filosófico y psicológico, pero fue necesario transmutarlos a su obra para confrontarlos en forma personal. Unamuno, hombre de gran madurez intelectual, se anticipó a la emoción de su propia muerte, se sumergió en su propia estructura psíquica, comprendiéndola, experimentando la esencia de su existir como buen filósofo existencialista y descubrió, con su especial poder analítico sobre sus propios sueños, los conflictos personales ocultos en su inconsciente, y así, éstos los constituyó como elementos de la creación literaria en la composición de su novela, Niebla. En general, Miguel de Unamuno consagró todos sus conocimientos a su obra literaria y filosófica con la ventaja de percibir en forma personal todas sus inquietudes existenciales, metafísicas e ideológicas, y puedo aseverar que, antes de su muerte, él encontró la respuesta a las razones de su propia vida, al propósito de su existencia, mismas que constituyeron la expectación de su ser. Además, la inteligencia, la percepción, la intuición y todos los conocimientos filosóficos y literarios de don Miguel de Unamuno predijeron, en su obra y en su vida, las concepciones base del psicoanálisis de Sigmund Freud, a pesar del orden cronológico de las obras. Sin embargo el fin de la existencia de estos contemporáneos y extraordinarios escritores es próxima: don Miguel de Unamuno fallece el 31 de diciembre de 1936 y Sigmund Freud el 23 de septiembre de 1939. A ellos, un agradecimiento eterno por sus legados culturales. Bibliografía • BLANCO, Manuel. La voluntad de vivir y sobrevivir en Miguel de Unamuno. El deseo del infinito imposible. Madrid: ABL Editor. 1994, pp. 149-150. • CURTIUS, Ernst Roberto. Introducción. Niebla, por Miguel de Unamuno. Madrid: Cátedra, 1991, p. 11. • Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. CD-ROM. • FREUD, Sigmund. Esquema del psicoanálisis. México: Paidós Mexicana. 1996, pp. 12-15. • GALBIS, Ignacio R. M. Unamuno: tres personajes existencialistas. Col. Blanquerna, Barcelona: Hispam, 1975, p. 55. • MARÍAS, Julián. Miguel de Unamuno. 3ª ed. Madrid: Espasa-Calpe. 1960, pp. 21-84-101-190. • PARÍS, Carlos. Unamuno. Estructura de su mundo intelectual. Barcelona: Ediciones Península. 1968, pp. 34-385-386. • PARKER, Alexander A. “En torno a la interpretación de Niebla”. Unamuno. José Rubia Barcia. Berkley: Universidad de California, 1967. • SERRANO PONCELA, Segundo. El pensamiento de Unamuno. México: FCE, 1953, p. 104. • UNAMUNO, Miguel de. Niebla. Madrid: Cátedra, 1991. • ZUBIZARRETA, Armando F. Unamuno en su nivola. Madrid: Taurus. 1960, p. 270. Referencias electrónicas • “Existencialismo”. En: EcuRed (http://www.ecured.cu/index.php/Existencialismo). Notas 1. FREUD, Sigmund. Esquema del psicoanálisis. México: Paidós Mexicana. 1996, p. 12. 2. Ibídem. p. 13. 3. Ibídem. p. 14. 4. Ibídem. p. 15. 5. PARKER, Alexander A. “En torno a la interpretación de Niebla”. Unamuno. José Rubia Barcia. Berkley: Universidad de California, 1967, pp. 219-220. 6. BLANCO, Manuel. La voluntad de vivir y sobrevivir en Miguel de Unamuno. El deseo del infinito imposible. Madrid: ABL Editor. 1994, pp. 149-150. 7. ZUBIZARRETA, Armando F. Unamuno en su nivola. Madrid: Taurus. 1960, p. 270. 8. MARÍAS, Julián. Miguel de Unamuno. 3ª ed. Madrid: Espasa-Calpe. 1960, p. 21. 9. PARÍS, Carlos. Unamuno. Estructura de su mundo intelectual. Barcelona: Ediciones Península. 1968, pp. 385-386. 10. GALBIS, Ignacio R. M. Unamuno: tres personajes existencialistas. Col. Blanquerna, Barcelona: Hispam, 1975, p. 55. 11. MARÍAS, Julián. Miguel de Unamuno. 3ª ed. Madrid: Espasa-Calpe. 1960, p. 101. 12. CURTIUS, Ernst Roberto. Introducción. Niebla por Miguel de Unamuno. Madrid: Cátedra, 1991, p. 11. 13. Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. CD-ROM. 14. MARÍAS, Julián. Miguel de Unamuno. 3ª ed. Madrid: Espasa-Calpe. 1960, p. 84. 15. Ibídem. p. 21. 16. “Existencialismo”. En: EcuRed (http://www.ecured.cu/index.php/Existencialismo). 17. PARÍS, Carlos. Unamuno. Estructura de su mundo intelectual. Barcelona: Ediciones Península. 1968, pp. 385-386. 18. MARÍAS, Julián. Miguel de Unamuno. 3ª ed. Madrid: Espasa-Calpe. 1960, p. 101. 19. SERRANO PONCELA, Segundo. El pensamiento de Unamuno. México: FCE, 1953, p. 104. ** María Alicia Medina http://www.letralia.com/firmas/medinamariaalicia.htm Escritora mexicana (Ciudad de México, 1951). Licenciada en lengua y literaturas hispánicas por la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx) con la tesis Análisis de la obra dramática Doña Beatriz (La sin ventura), de Carlos Solórzano, en relación con la Poética de Aristóteles y elementos de diversos métodos literarios contemporáneos (en proceso de publicación). Se dedicó a la docencia ejerciendo como profesora de literatura y redacción de textos en el Colegio Nacional de Matemáticas (http://www.conamat.com), Instituto Morelos (http://www.imu.maristas.edu.mx) e Instituto Esperanza en Ciudad de México. Ha publicado diversos ensayos, como Dios en la obra de Antonio Machado y el guión teatral y cinematográfico Vida, muerte: ¿Poesía? === Julio Cortázar: “Las babas del diablo” ================================ === Lenguaje y mundos paralelos Eduardo Balestena ==================== La relectura de Cortázar (Bruselas, 28 de agosto de 1914; París, 12 de febrero de 1984) lleva a pensar que —particularmente en su cuentística— hay por un lado diferentes modos de formular lo real, lo fantástico y las funciones del lenguaje y, por otro, que cada cuento y relato pueden en sí mismos originar diferentes lecturas (como en el caso de “El perseguidor” [Las armas secretas, 1959] que, tomando varios episodios de la vida del saxofonista Charlie Parker [Kansas City, 29 de agosto de 1920; Nueva York, 12 de marzo de 1955], a quien es dedicado, con un conocimiento absolutamente interior y preciso del mundo del jazz, puede a la vez ser leído, entre otras maneras, como una metáfora de la creación: absorbente, única, incomprensible, de la cual sólo podemos ser testigos y que en sí misma es un fenómeno al que uno puede aproximarse pero que no puede explicar). Los acercamientos a su narrativa serán tan variados como las obras que elijamos leer y que nos permitan reflexionar sobre las propuestas estéticas de una literatura siempre abierta a las posibilidades de exploración de la realidad, del lenguaje y de las maneras de narrar. Mundos paralelos Cada narración postula un modo de plantear lo fantástico. Aunque haya ejes que las conectan, cada una es distinta. Los ejes no son evidentes, no son siempre los mismos, pero podemos pensarlos en algunas categorías: 1) la experiencia de la introspección y el aislamiento, que genera un modo de ver las cosas que es tomado como verdad; 2) la incomunicación: la experiencia introspectiva es intransferible y las palabras que aluden a ellas son insuficientes; 3) la existencia de mundos paralelos que como un juego de espejos hacen que las realidades posibles sean muchas, ramificadas, latentes; o 4) personajes que viven su vida como si estuvieran condenados, en un mundo donde la libertad es muy restringida. Lo fantástico y lo extraño se encuentran en la propia experiencia cotidiana. En algunos trabajos, como “Las puertas del cielo” (Bestiario); “La noche boca arriba” (Final del juego, 1956) o “Todos los fuegos el fuego” (Todos los fuegos el fuego, 1966), la atmósfera es creada por la belleza de un lenguaje tan deslumbrante como exacto. Algo intrascendente puede constituirse en la llave de dos mundos, como “Axolotl” (Final del juego). La narración parece detenerse. No hay hechos. Nada externo acontece. No sucede nada que no sea la intensificación de un objeto seleccionado, el acto de percibirlo, observarlo y desplegar un lenguaje a partir de él: Vi un cuerpecito rosado y como translúcido (pensé en las estatuillas chinas de cristal lechoso... lo que me obsesionó fueron las patas, de una finura sutilísima, acabadas en menudos dedos, en uñas minuciosamente humanas... Un rostro inexpresivo, sin otro rasgo que los ojos, dos orificios como cabezas de alfiler, enteramente de un oro transparente, carentes de toda vida pero mirando, dejándose penetrar por mi mirada que parecía pasar a través del punto áureo y perderse en un diáfano misterio interior... (Cuentos completos I, pág. 401, Alfaguara, 2011). La observación se vuelve puntual, obsesiva; se humaniza, instaura un vínculo extraño que empieza a invadir lo real. Los hechos exteriores no son lo importante sino este acto de hacer más profunda la percepción de algo y remitirlo a otras categorías ajenas a ese algo: “carentes de toda vida pero mirando” o “uñas minuciosamente humanas”. Una larva deja de ser tal y puede convertirse en literatura. Ello tiene que ver con una obsesión (como en “El perseguidor”), y se instala la duda acerca de si lo fantástico existe como tal o si sólo existe esa obsesión, y que es ella la que produce aquello que parece real a un narrador volcado sobre sí mismo. “Las babas del diablo” y los planos de la escritura El relato contiene una compleja operación discursiva: cuenta una historia pero antes lleva a cabo una digresión en la que aborda los presupuestos tácitos de toda ficción, en la cual se elige algo para contar, una especie narrativa (en este caso el género de la literatura fantástica), un narrador y un modo de narrar. Estos conceptos son puestos en crisis y se escribe desde esa idea de crisis; no obstante, sobre el final, el narrador vuelve a un modo tradicional de narrar. Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada (Cuentos completos, Alfaguara, 2011, pág. 223). El relato se inicia con una propuesta referida no a la narración sino al modo en que ésta puede ser planteada, instalando la idea de que el enunciado será forzosamente falible. Luego de instalarlo extenderá este concepto de perplejidad hacia otros elementos: el narrador elegido y lo narrado. El narrador fluctuará entre uno omnisciente y el personaje, y lo narrado se articulará básicamente en dos espacios: dentro y fuera de la fotografía. Hay dos menciones a la fotografía en una suerte de efecto especular, pero un juego de espejos que distorsionan la imagen. El narrador, al principio y al final, opera desde la muerte: es decir que narra desde un lugar de negación e imposibilidad de narrar. Parte de la atmósfera fantástica proviene de esto y de la alternancia dentro/ fuera, de la fotografía. No obstante, el final se resuelve de un modo tradicional: planteando y resolviendo un clímax. Núcleos narrativos La narración se desarrolla en tres núcleos: 1) los presupuestos narrativos; 2) la obtención de la fotografía y 3) la expansión de la imagen. 1. El primer núcleo es el que hace visibles los elementos de la narración: se cuestiona el qué y el cómo de la escritura; instala la pregunta sobre la falibilidad de la elección de lo narrado y de la posibilidad de contarlo: De repente me pregunto por qué tengo que contar esto, pero si uno empieza a preguntarse por qué hace todo lo que hace... (pág. 223). De este enunciado aparentemente banal surgen dos cuestiones posibles: 1) La narración es de un hecho como podría serlo de otro o 2) la narración obedece a algo que se impone contar, algo que debe o merece ser contado, algo nuevo o extraordinario o que se hace nuevo o extraordinario por el hecho de contarlo. Contar es explorar las posibilidades de algo, parecería reflexionar. Vamos a contarlo despacio, ya que se irá viendo qué ocurre a medida que lo escribo. El narrador propone algo diferente: no contará aquello que sucedió sino más bien aquello que será descubierto en la medida en que es contado. Luego, es la escritura la que interviene en la producción del hecho y no la realidad. Algo que empieza como una propuesta realista va desplazándose hacia otro lugar. El narrador subraya que se trata de una operación escritural: no asistimos a lo que sucede tanto como a la escritura sobre lo que sucede: Puestos a contar, si se pudiera ir a beber un bock por ahí y que la máquina siguiera sola (porque escribo a máquina), sería la perfección (pág. 223). Pero no parece referirse sólo a una máquina de escribir sino también a una cámara fotográfica: hay que contar es también una máquina (de otra especie, una Contax 1.1.2) y a lo mejor puede que una máquina sepa más de otra máquina (pág. 223). Parece la puerta a lo que vendrá: precisamente la expansión de la imagen fotográfica hasta convertirla en algo móvil y hacer de la imagen primero estática una narración dinámica, justamente la que resuelve el clímax. 2. El segundo núcleo narra la secuencia de la obtención de la fotografía y presenta al personaje: Roberto Michel, franco-chileno, traductor y fotógrafo aficionado a sus horas, salió del número 11 de la rue Monsieur-le-Prince el domingo 7 de noviembre del año en curso (pág. 224). A partir del enunciado empieza a haber digresiones: del narrador (alterna uno desde afuera con el personaje) en aspectos laterales (si pasa una nube o hay viento en París) que abarcan al narrador desde afuera, pero también al personaje que hace digresiones sobre lo que va viendo. La fotografía es un acto de ver y de dejar testimonio. Pero incluso eso es puesto en tela de juicio: Creo que sé mirar, si es que algo sé, y que todo mirar rezuma falsedad (pág. 226). No es observación al azar: la fotografía, ese acto de fijar y cuya esencia es la propia inmovilidad e inmutabilidad, será asumido como algo muy diferente. Lentamente, como si buscara un objeto fotográfico, el narrador va llevándonos a la escena que será el eje del relato: Lo que había tomado por una pareja se parecía mucho a un chico con su madre, aunque al mismo tiempo me daba cuenta de que no era un chico con su madre (pág. 227). La selección de algo a narrar es también la presentación de algo que no acaba de ser narrado sino que puede o no ocurrir. Lo único cierto es la escritura en sí misma, una que capta no lo que sucede sino algo móvil e indefinido. Escribir es explorar. Sin embargo, en esto que no sabemos qué es hay como un aura inquietante. Pensé que eso lo ponía yo (pág. 228). El relato trabaja sobre varias incógnitas: quién es yo: el narrador omnisciente o el narrador personaje y lo que sucede es así o parece así a quien lo narra. Se introduce entonces la deliberación de sacar la foto y que ella restituiría las cosas a su tonta verdad (pág. 228). La foto es 1) algo que tiene un poder, el de restituir las cosas a un plano real, y 2) el de plantear a la escritura como el desarrollo de algo que —a diferencia de la foto— no es real. Reducida a su pura imagen, parece postular el narrador, las cosas serían diferentes al modo en que aparecen en el desarrollo del texto. Veremos que la fotografía estará muy lejos de devolver las cosas a su tonta verdad, y que lo que suceda será muy distinto. La instancia de plantear el sentido de la foto coincide con la introducción del personaje del hombre en el auto. La escena de la fotografía aparece dos veces: en la primera desde la deliberación —la decisión de sacarla— y vista desde afuera hacia adentro, desde la escena en sí al hecho de registrarla. Coincide con una doble descripción del sujeto del auto: primero es un esbozo que aparece al hacer el encuadre y que vuelve a aparecer cuando se produce la discusión luego de obtener la foto. También se produce la primera mención al título del relato. Ambos elementos: el hombre del auto y el título, serán presentados de una manera muy diferente la segunda vez. El título, en esta primera mención, surge como imagen de la huida del joven que se produce con la toma de la foto y la frustración del propósito —no revelado aún— de los otros personajes: se volvía y echaba a correr, creyendo el pobre que caminaba y en realidad huyendo a la carretera, pasando al lado del auto, perdiéndose como un hilo de la Virgen en el aire de la mañana. Pero los hilos de la Virgen se llaman también babas del diablo (pág. 230). Es decir, que se produce un giro en la imagen que va de la Virgen al diablo. La actitud de los personajes es de contrariedad y desconcierto. 3. En el tercer núcleo —de la expansión de la imagen— se invierte el sentido de movilidad de la acción y todo comienza a girar alrededor de la fotografía. Asistimos a una visión desde adentro hacia el exterior. La imagen de la fotografía, que antes aparecía vista desde la dinámica del personaje que selecciona una escena y la obtiene, aparece como un escenario en expansión. Se hace móvil y cambiante y el resto de las escenas es mostrado desde este centro, verdadero vórtice que va absorbiendo y redefiniendo a los personajes y a la vez planteando incógnitas que nunca serán resueltas. La narración opera sobre la ruptura del concepto de una fotografía, aquello que reduce un corte y una inmovilidad de lo real y al mismo tiempo que lo ubica en un espacio y un tiempo tiene el poder de sacarlo tanto del espacio como del tiempo, y de perpetuar ese instante fuera de su transcurso. Nada de eso sucede aquí, donde la fotografía delimita un ámbito destinado no a congelar las cosas sino a desencadenarlas, y vuelve sobre una escena no para mostrarla como fue sino para que pueda terminar de resolverse aquello que estaba sucediendo y cuyo transcurso fue interrumpido por el acto de obtener el registro. Es decir, que la foto aparece como algo en contradicción: en ella se fija una escena y al mismo tiempo hace que esa misma escena sea retomada en el punto de la interrupción y que suceda algo nuevo. En este caso, será algo inclusivo del personaje del fotógrafo, que pasa a ser cautivo de ese corte en la realidad que él mismo había llevado a cabo. La fotografía atestigua y al mismo tiempo desencadena. Es algo fijo pero también móvil, tanto que puede signar la suerte de aquel que había pretendido de la escena justamente eso, hacerla algo fijo. A la vez nos remite a la escena que alternativamente oculta y revela. La oculta porque en el primer núcleo el fotógrafo le da una interpretación, y la revela porque en el último núcleo le da otra, la verdadera, con lo cual se evidencia la falibilidad de la imagen y de la certeza que parece dar: surge como algo pero no es eso. No sólo no es eso sino que es el opuesto. Lo otro que nos dice se refiere a la fuerza de la propia escena: como fotografía había otras que eran mejores, pero el fotógrafo opta por ampliar ésta, una vez y otra: verdadera metáfora de que la misma escena vuelve a ser mostrada y cada vez con más matices y un mayor poder sobre la realidad. Es como si la fotografía fuera imponiéndose a la propia realidad, instaurando algo diferente, algo que sucede por la actuación de un poder oscuro. El negativo era tan bueno que preparó una ampliación; la ampliación era tan buena que hizo otra más grande, casi como un afiche. No se le ocurrió (ahora se lo pregunta y se lo pregunta) que sólo las fotos de la Conserjería merecían tanto trabajo. De toda la serie, la instantánea de la punta de la isla era la única que le interesaba; fijó la ampliación en una pared del cuarto, y el primer día estuvo un rato mirándola y acordándose... como toda foto donde no faltaba nada, ni siquiera y sobre todo la nada, verdadera fijadora de la escena (pág. 231). La fotografía se impone pero su poder es incierto. No sabemos en qué radica. El doble narrador reafirma esa impresión “sobre todo la nada, verdadera fijadora de la escena”. Hay una primera secuencia que podríamos llamar de acechanza de la foto: Los dos primeros días acepté lo que había hecho... y no me pregunté siquiera por qué interrumpía a cada rato la traducción... para reencontrar la cara de la mujer... (pág. 231). Los elementos importantes del cuento, sus pasajes de un núcleo a otro o el título, son dichos al pasar pero reafirmados luego por otro elemento, también tenue. En este caso, se prepara el pasaje a la segunda secuencia: la de la expansión de la imagen y su movilidad, que comienza cuando el ojo del narrador-personaje se coincide con el objetivo de la cámara; lo cual también se enuncia como al pasar: La primera sorpresa fue estúpida; nunca se me había ocurrido pensar que cuando miramos una foto de frente, los ojos repiten exactamente la posición y la visión del objetivo; son esas cosas que se dan por sentadas y que a nadie se le ocurre considerar (pág. 231). Elementos importantes son enunciados como intrascendentes (la tonta realidad) y un detalle importante, como una observación más. Quizás sea un modo de enunciar a lo fantástico como aquello que a nadie se le ocurre considerar. Cada tantos minutos, por ejemplo... alzaba los ojos y miraba la foto; a veces me atraía la mujer, a veces el chico... Entonces descansaba de mi trabajo y me incluía otra vez con gusto en aquella mañana que empapaba la foto... (pág. 231). El poder de atracción va convirtiéndose de contemplación en acción y en movimiento, también de manera paulatina y a partir de hechos cotidianos. Hasta ese momento el narrador lee la fotografía con la primera interpretación: la mujer deseaba seducir al muchacho. Sucederá entonces algo nuevo, un hecho fatal. También será enunciado tangencialmente. Pero todo comenzará a girar hacia otra explicación, una que nace precisamente en el movimiento que adquiere la fotografía, también enunciado tangencialmente: Creo que el temblor casi furtivo de las hojas del árbol no me alarmó, que seguí con una frase empezada y la terminé redonda... (pág. 232). El pasaje al puro movimiento opera a partir de otro comentario banal: Las costumbres son como grandes herbarios, al fin y al cabo una ampliación de ochenta por sesenta se parece a una pantalla donde proyectan cine (pág. 232). Es decir que la fotografía se ha transmutado en cine, algo cuya esencia no es la inmovilidad sino el movimiento. Sin embargo no hay una relación de causalidad lógica entre el primer término de la oración y el segundo: el enunciado comienza hablando de grandes herbarios y termina derivando hacia una película. En metáforas desusadas como esta pensamos que, precisamente, uno de los matices de la escritura pareciera ser la de encontrarse descentrada, como fuera de foco. Ingresan a ella cuestiones laterales y reflexiones y no siempre lo hacen enunciados directos. En este sentido no dice que la fotografía se convirtió en una película sino que lo introduce luego de una observación que no tiene nada que ver ni con las películas ni con la acción narrada, una que discurre entre estas digresiones. Es entonces que se produce el ademán de la mujer que hace pasar al narrador del rol pasivo de espectador de la imagen al de alguien que lleva a cabo una acción fatal para él. Cómo opera esta suerte de rapto y por qué es un pasaje fatal para él es algo que nunca se aclara, son los enigmas que plantea el relato. De mí no quedó nada, una frase en francés que jamás habrá de terminarse, una máquina de escribir que cae al suelo, una silla que chirría y tiembla (pág. 232). Algo ha sucedido, pero no sabemos qué. Ese narrador tan detallista que repara en observaciones intrascendentes sin embargo calla lo más importante, aquello que en realidad sucede. Al hacerlo cumple con la finalidad por excelencia del relato fantástico: instalar la duda, la indefinición, la falta de una respuesta definitiva. En la secuencia siguiente el narrador ya está adentro de la foto. El chico estaba menos azorado que receloso, una o dos veces atisbó por sobre el hombro de la mujer y ella seguía hablando, explicando algo que lo hacía mirar a cada momento hacia la zona donde Michel sabía muy bien que estaba el auto con el hombre del sombrero gris, cuidadosamente descartado de la fotografía (pág. 232). Es decir que el personaje está dentro de la escena. Detrás de él está el hombre del auto, que cuidadosamente excluyó de la fotografía. A partir de esto la de la mujer empieza siendo una presencia vicaria, una entregadora. Esta interpretación aparece con la inclusión del personaje: ya no es quien selecciona la escena sino que resulta cautivo de ella. También hay otra modificación: la del hombre. Ya no tiene un rostro anodino sino el de alguien que maneja y domina los hechos; muestra un aire entre hastiado y exigente, patrón que va a silbar a su perro (pág. 232). Dos cosas suceden a partir de allí: 1) la acción se intensifica, se hace más oscura, revelándose un nuevo designio: la intención del hombre del auto de corromper al menor utilizando a la mujer para ese propósito y 2) el juego entre el adentro y el afuera de la foto: entre la acción y el estar del otro lado. Digamos que en este elemento parece verificarse el elemento nuclear del cuento: el juego entre un adentro y un afuera, una movilidad y una inmovilidad. No es clara sin embargo la dinámica: nunca sucede algo de un modo abierto y manifiesto porque son las reflexiones del narrador las que ocupan el primer plano. De este modo asistimos a una duda: la alusión al objetivo es algo más que una mención y el propio narrador se ha convertido en el objetivo “sin poder hacer nada” o el objetivo es un desdoblamiento más, como el del doble narrador. ¿Es la misma escena en el mismo momento? ¿Implica la introducción en la fotografía un retroceso en el tiempo real de los hechos captados por ésta? ¿Cuál es el papel del narrador? ¿Qué sucede con él? ¿Quién hace que suceda algo con él y de qué modo? Esta es básicamente la ambigüedad en la que se mueve una acción que es siempre vista parcial y progresivamente: en efecto, las cosas no suceden de manera instantánea sino que van siendo desplegadas como en una especie de cámara lenta, una cuyo punto de visión es primero el del personaje situado en su asiento, tomando el lugar del objetivo mientras escribe la traducción y luego de ese otro en el que yace el personaje una vez que ingresó a la imagen. Pero ¿cómo ingresó? ¿Qué fuerza lo obligó a dejar la traducción en una frase en francés que nunca terminaría? ¿qué hace ahora? Todo se intensifica: las presencias, las acciones y las omisiones. Pero hay una gran diferencia con la primera parte: lo que comienza a suceder se vuelve imperativo. El orden se invierte: si antes el personaje observaba y decidía sacar la foto, ahora es arrastrado pasivamente a lo que sucede en ella sin poder ya intervenir: Me tiraban a la cara la burla más horrible, la de decidir frente a mi impotencia (pág. 233). Entonces, ¿se trata de otra escena o de la misma? Si la primera vez el chico pudo escapar y el narrador sacar la foto entonces ahora todo sucede nuevamente, pero ahora el chico no escapará y el narrador que ha sacado la foto no podrá salir de ella. Hay a la vez un desplazamiento del tiempo: el antes de la foto es el ahora del personaje, aunque éste haya ingresado en algo que ya sucedió. Ya sucedió y a la vez está sucediendo. Este camino circular conduce a algo más: ...la (impotencia) de que el chico mirara otra vez al payado enharinado y yo comprendiera que iba a aceptar, que la propuesta contenía dinero o engaño, y que no podía gritarle que huyera, o simplemente facilitarle otra vez el camino con una nueva foto, una pequeña y casi humilde intervención que desbaratara el andamiaje de baba y perfume (pág. 233). El devenir de los hechos sufrió una alteración en el plano de lo real (la foto). Ahora, en el plano de lo fantástico, ya no puede haber otra alteración real, debe suceder aquello a lo que la narración debía llegar, un clímax. Pero, a diferencia de una narración tradicional, éste resuelve algunas cosas y no todas. Algo más sucede, la redefinición del título. Si antes los hilos de la Virgen (de la pureza virginal del muchacho) eran también llamados babas del diablo, ahora el foco está en las babas, que evocan lo siniestro y lo maléfico. Si antes el hombre tenía un rostro enharinado, éste, en el curso de una acción cada vez más fragmentaria e intensa, se ha convertido en la cara siniestra del mal que me miraba con los agujeros negros que tenía en el sitio de los ojos, entre sorprendido y rabioso miraba queriendo clavarme en el aire (pág. 234). Las cosas son vistas fragmentariamente: si antes había una escena completa, ahora son elementos: Aquello se tendía, se armaba. Creo que grité... y en ese mismo segundo supe que empezaba a acercarme, diez centímetros, un paso, otro paso, una mancha del pretil salía del cuadro, la cara de la mujer, vuelta hacia mí como sorprendida, iba creciendo... (pág. 233). Quién mira: la cámara o el ojo del personaje desde la cámara, y si es así, ello se vincula con el otro pasaje, aquel en que advierte que se encontraba sentado como si fuese el objetivo. La cámara selecciona a partir de una mirada. Al hacerlo se abstrae del resto. Esta última mirada no es enteramente humana, o es humana a partir sólo de lo que la mirada seleccionó con la cámara: rostros, movimientos, una mano, son algo en sí mismos, no remiten —como en el núcleo anterior— a una totalidad a la que pertenezcan. ...y en ese instante alcancé a ver como un gran pájaro negro fuera de foco que pasaba de un solo vuelo delante de la imagen, y me apoyé en la pared de mi cuarto y fui feliz porque el chico acababa de escaparse... (pág. 234). Toda la visión se hace con referencia a un foco del que se está adentro o afuera. En el final se plantean dos elementos: 1) el cambio en la dinámica de la acción que se circunscribe nuevamente al ámbito de la fotografía del cual el personaje parece alejarse y 2) la acentuación de los rasgos maléficos del personaje del hombre del auto, encargado, además, de clausurar el punto de visión con la mano: frente estaba el hombre, entreabierta la boca donde veía temblar una lengua negra, y levantaba lentamente las manos, acercándolas al primer plano, un instante más en perfecto foco, y después todo un bulto que borraba la isla, el árbol, y yo cerré los ojos y no quise mirar más... (pág. 234). Pero qué sucede en realidad con el personaje. Desde dónde vio. Desde el interior de la imagen o desde la pared de su cuarto, y lo que ve al final, lo ve en la escena ahora vacía de la foto colgada en su cuarto, o en la propia escena. Hemos asistido a un relato que cuenta algo dos veces y desde dos puntos de vista: adentro y afuera, por parte de alguien que no sabemos si es un narrador o el personaje; tampoco sabemos la suerte de ese personaje que se declara muerto, cuál fue la fuerza que lo arrastró y a dónde ni qué sucedió con él, o si simplemente es una invención del narrador. La literatura, parece decirnos, no se agota en contar sino en plantearnos algo que será siempre incierto. La literatura usa de la realidad, se vale de lo aparente para hacer otra cosa. Esa otra cosa es asumirla como puro lenguaje, uno con posibilidades que no vemos a partir de lo real sino de lo que se puede escribir (y cómo) sobre lo real. La otra es revelar que lo visible es una apariencia, una convención; que las mismas cosas pueden cambiar según cómo se las vea o cómo se las nombre. La literatura es algo siempre inacabado, capaz de generar lecturas y de renovarse. Si algo podemos decir es que existe un sentido de movimiento que hace que no exista una visión definitiva. Cortázar es quizás quien mejor ha podido plasmar que una de las funciones más altas de la literatura es la de plantearse como posibilidad de ver cosas diferentes en las habituales y de generar un texto que no leeremos dos veces de la misma manera. ** Eduardo Balestena http://www.letralia.com/firmas/balestenaeduardo.htm Escritor argentino (Mar del Plata, 1955). Trabajador social, ensayista, escritor, funcionario judicial en la Cámara Federal de Apelaciones de Mar del Plata (CFAMDP) y docente en la Cátedra de Criminología de la Universidad Atlántida Argentina (http://www.uaa-mardeajo.com.ar). Ha publicado las novelas Ocurre al otro lado de la noche (Del Castillo Editores, Buenos Aires, 1987) y Ana, el interior del fuego (Editorial Melusina, Mar del Plata, 2000), la nouvelle El secreto borde de la luz (La-Lectura.com, 2001), el poemario La sala China (Red Internacional del Libro, Santiago de Chile, 1996) y los ensayos Lo institucional, paradigma y transgresión (Espacio Editorial, Buenos Aires, 1996; reeditado en 2003), Fiesta y pinturas en la posmodernidad de la exclusión (Ente Municipal de Cultura, Mar del Plata, 1997) y La fábrica penal, con prólogo del doctor Eugenio Raúl Zaffaroni (Editorial I b de F, Buenos Aires-Montevideo; Colección Memoria Criminológica), entre otros. Ha recibido, entre otros, el Primer Premio de Novela Del Castillo Editores (1986); el Segundo Premio del Concurso Nacional de Cuento Horizonte de Cultura (Junín, 1992); el Primer Premio del Concurso Nacional de Ensayo (Sade, Lanús, 1992); el Premio Lobo de Mar a la Producción Literaria 1996 (Fundación Toledo, 1997), y el Premio Alfonsina, del Ente Municipal de Cultura, a la Producción Literaria (1998). Artículos suyos han sido publicados en diversos medios digitales e impresos. ||||||||||||||||||||||||||||||| LETRAS |||||||||||||||||||||||||||||| *** Al ayer Marco Manuel Ruiz *** Canto a un nuevo día José Cercas Domínguez *** Tres cuentos del libro Historias de la ruina Ulisses Paniagua *** Poemas Jairo Rojas Rojas *** Nueve y medio Carmen Amil *** Tres poemas Raiza Mar Jiménez *** El arte de irse (extractos) Nick Schinder *** Tankas para el desamor Alfonso Aguado Ortuño *** Seis textos Jorge Campos *** Poemas Jasmín Cruz Cacheux *** Bajo un excepcional sol Vicente Boado Quijano *** Tres poemas Lucas Paulinovich === Al ayer Marco Manuel Ruiz ======================================== Me estremeció el olor de la estancia. Aquel olor indescriptible a rincones no olvidados y recuerdos mustios. Atravesar el umbral del que fuera mi antiguo hogar me obligaba a sumergirme en inevitables remembranzas que daban paso al dolor y a la amargura. Fue en esta casa donde la conocí a ella, la de belleza sublime; y el sentido de mi vida tomó un nuevo rumbo. Y fue en esta misma casa donde la perdí, dándome cuenta de un solo golpe de que la felicidad dura poco y de que la vida no siempre es como uno quiere, que es más bien una sinuosa montaña rusa, con muchos altibajos; pero en mi caso a la montaña rusa se le había caído un buen tramo y yo bajaba vertiginosamente al vacío. He vuelto ahora, dos años después de la muerte de Laura, y todavía me parece injusto el hecho de que el infortunio me la hubiera arrebatado. No tenía derecho a quitármela. Seis meses de convivencia es muy poco para dos almas que se encuentran, y el amor era mucho... Es mucho, porque aún la quiero y su imagen me persigue, a veces hasta la desesperación. Después de la tragedia, decidí viajar fuera del país, intentando huir de su intangible presencia grabada en mi mente, pero fue inútil. Al cabo del tiempo pensé que lo mejor era regresar. Sería como una manera de exorcizar su intenso recuerdo lejos de mi presente, esperando que al encararlo se alejase por fin. Había puesto la casa en venta, con todo y muebles. No sé por qué esperé tanto para hacerlo. Aunque era la única herencia que me dejó mi difunto padre, ya no quería tener nada que ver con ella. Tenía la esperanza de volver a vivir aquí algún día, pero comprendí que eso era imposible. Eran demasiados los buenos momentos que quedaron flotando en todo este ámbito: los pasos suaves de Laura al entrar de puntillas en nuestra habitación para que yo no la oyera; su cristalina voz saliendo del baño al cantar en la ducha todas las mañanas; la suave tonada de su risa arrullando mis oídos; el cálido aleteo de sus blancas manos rozando mi piel cuando hacíamos el amor sobre la alfombra. No, creo que nunca podría volver a vivir en esta casa; aquel nudo que sentía en la garganta y que no me dejaba respirar lo confirmaba. —Señor, ¿desea alguna cosa o ya me puedo ir? La voz de doña Gertrudis me sobresaltó. Era el ama de llaves que mi madre había contratado para que mantuviera la casa limpia y ordenada. —Eh... no, puede irse, gracias; yo me quedare un rato más. —Entonces usted cierra —dijo, entregándome las llaves—. Hasta mañana, señor. —Doña Gertrudis, espere un momento. —Diga, señor —dijo, devolviéndose. —¿Cuánto tiempo tiene trabajando en la casa? —Un año, señor. —O sea que la casa estuvo ese mismo lapso de tiempo abandonada. Me imagino que debía estar llena de polvo y telarañas, con los muebles descuidados. Le digo estas cosas por lo que desde la muerte de mi esposa no había vuelto aquí sino hasta hoy y no he estado muy al tanto de la situación. Me desconecté totalmente de mi familia y sólo hasta ayer pude hablar con mi madre, quien me dijo que usted estaba a cargo de las funciones domesticas. —Ah, sí, señor, pero fíjese que no encontré señales de abandono por ninguna parte —replicó doña Gertrudis—. Cuando entré a la casa me sorprendí, ya que no había mucho que hacer. Todo estaba limpio, sin polvo ni nada. Como todo estaba cerrado fue por eso que se mantuvo así. Mi trabajo acá consiste en barrer el patio, arreglar el jardín y mostrarles la vivienda a los posibles compradores. Adentro si no hay nada que limpiar, porque aunque las ventanas se mantienen abiertas durante el día, no entra polvo ni ningún tipo de suciedad, es que ni una mosca, imagínese usted la maravilla. Por un momento me quedé ahí, en silencio, recorriendo con la mirada la inmutable quietud de toda la estancia, hasta que mis ojos se detuvieron en las incandescentes rosas rojas que adornaban el centro de la mesa del comedor. —Son hermosas, ¿verdad? —exclamó doña Gertrudis. —Bellísimas —dije, acercándome a la mesa. —Hace más de veinte días las corté y las puse en ese florero. Pero mírelas, están tan frescas como si las hubiese cortado hoy mismo. —Es extraño —sonreí. —Sí, señor, es esta casa. Hay algo en el ambiente, algo que hace que las cosas y las personas se sientan mejor. Yo misma he experimentado la placidez, la serenidad que se percibe al entrar en ella. En alguna ocasión he llegado a trabajar deprimida o algo triste, pero, aunque suene raro, estando aquí me pongo feliz sin razón alguna, teniendo como único motivo el hecho de estar viva y sentirme útil. —¿Y... usted a qué cree que se deba eso? —pregunté un poco perturbado por la cálida convicción en las palabras de la ama de llaves. —Para mí, que un sentimiento muy grande creció aquí, un sentimiento puro, limpio. Debe ser el amor que usted y su esposa se profesaban, señor; y ese amor se quedó viviendo en esta casa, aún después de la muerte de la señora Laura. Estremecido, bajé la mirada al piso; había tal certeza en la voz de aquella mujer que no pude evitar sentirme conmovido. —Si me lo permite, señor, le diré algo. No venda la casa, viva de nuevo aquí. Yo sé que los recuerdos duelen, pero hay que enfrentarlos. Al principio será difícil, pero verá que el paso del tiempo todo lo apacigua, todo lo calma; y llegado el momento ya los recuerdos sólo nos fortalecen el espíritu y nos hacen vivir la realidad de nuestro presente, porque cuando aparecen ya no nos hieren, solamente nos reconfortan. El escuchar aquellas palabras de alguien que apenas conocía me llenó de sosiego y en cierta forma mitigó un poco mi congoja. —Gracias por su consejo, lo tendré en cuenta —dije con esfuerzo. —Hasta mañana, señor. Al irse doña Gertrudis me sentí más solo que nunca, pero al mismo tiempo esa sensación de soledad me colmaba de una extraña serenidad. Lentamente me dirigí a la sala. El sonido de mis pasos se me hizo hueco, casi lastimero. Me detuve al pie de la amplia escalera que llevaba a la planta de arriba, donde estaban las habitaciones. Con suavidad acaricié el pasamanos de lustrosa madera y subí un escalón tras otro detenidamente, como saboreando la feroz nostalgia que me embargaba. Fue bajando por estas escaleras que la vi por primera vez. Laura estaba en la sala hablando con Ricardo, mi mejor amigo. Eran los primeros invitados a una pequeña reunión que organizó mi madre con motivo de mi graduación como abogado. Él me la presentó. Al encontrarse mis ojos con ese intenso verdor de su mirada tuve una especie de revelación. Nunca olvidaría aquel momento, estaba grabado a fuego en mi memoria. Al llegar a la puerta cerrada de la que fuera nuestra habitación matrimonial me detuve. Parecía que los fuertes latidos de mi corazón resonaban por toda la casa, sentí faltarme el aire. Desde aquella funesta mañana, dos años atrás, jamás volví a entrar a este cuarto, me era imposible, no podía soportarlo. Pero era consciente de que había llegado el momento de enfrentar el pasado, así que con una ansiedad sofocante atenazándome el pecho, giré el picaporte y abrí lentamente. Al entrar, los recuerdos me golpearon con furia. Como en el resto de la casa, aquí también el tiempo se había detenido, todo estaba igual: los muebles, el armario, el tocador, todo lucía impecable y lustroso; ni la más tenue brizna de polvo osaba tocar ninguna de sus superficies. Aspiré profundamente aquel aire en el cual quedaron suspendidos los suspiros y la risa de Laura. Aún podía sentir su olor, esa esencia natural de su cuerpo que yo tanto adoraba. Con pasos lentos me acerqué a la amplia cama, el lugar donde nuestro amor se hacía una entidad tangible, podía verse, tocarse, oírse, percibirse en toda la extensión de los cinco sentidos. Pero tambié n era el lugar donde empezó mi amargura, mi dolor; desde aquel día en que desperté y la sentí rígida, fría a mi lado. Estaba muerta. Nunca se supo la causa. La autopsia dictaminó que había sido pura y simple muerte natural, algo insólito en una persona tan joven. Su desaparición me dejó consternado, me llenó de rabia y angustia. Una especie de fobia contra aquel cuarto y toda aquella casa se apoderó de mí. Por esa razón me fui, tratando de escapar de todo lo que me recordara a esa mujer que tanto idolatraba. Pero ahora otra vez estaba aquí, en la que fuera nuestra habitación, haciéndole frente a mi nueva realidad, buscando un poco de la paz que emanaba de este lugar, aunque la tristeza me estuviera devorando con ansias. Una corriente de aire entraba por algún lado, sentí su ligero roce; además el pausado movimiento de las cortinas así lo indicaba. Doña Gertrudis debió olvidar cerrar la ventana. Me disponía a hacerlo cuando en un instante todo mi mundo se detuvo. Un estremecimiento sacudió todo mi cuerpo, mientras mi cerebro trataba de asimilar lo que estaba pasando. Paralizado y sintiendo el enloquecido palpitar de mi corazón en la cabeza, no daba crédito a lo que mis ojos veían. Ahí, en medio de la mortecina luz de sol de las cinco de la tarde; entremezclada en la vaporosa levedad de las cortinas ondulantes, una etérea Laura me regalaba su verde mirada una vez más. Era ella, no podía creerlo. Desafiando todas las leyes naturales y lógicas, su imagen estaba frente a mí. Parecía hacer parte de la tenue luminosidad del entorno, fundiéndose a su vez en el suave tejido de la tela. Su sobrenatural presencia irradiaba un halito de serenidad que me traspasaba. Cómo quise tocarla, cómo ansié acariciar sus cabellos de nuevo. Una lágrima se me escapó, dejando un ardoroso surco en mi mejilla para quedar al fin en vilo, colgante, negándose a caer desde mi mentón. De repente, con un leve centelleo, la frágil aparición de Laura comenzó a borrarse, a difuminarse en la agonía de aquel atardecer. Sólo duro el tiempo suficiente para que mi lágrima furtiva decidiera caer al vacío y llegara al piso antes de que el último reflejo de luz se extinguiese. Lentamente, sin dejar de mirar las ahora inmóviles cortinas, salí de la habitación. Bajé por las escaleras con pasos cautos, como contándolos; parecía haber perdido la noción del tiempo. Mi mente divagaba, daba vueltas como en un torbellino, aunque en mi corazón sentía una placentera calma. Abajo, la casa se fue llenando de sombras, dando paso a la imperturbable oscuridad. Viéndola así, empezando a ser atrapada por la noche, la estancia tomaba otro aspecto, más distante, más incierta, pero no menos hermosa. De nuevo la sentí mía, como si nunca me hubiese ido. Abrazado por las tinieblas, cada vez más espesas, me dirigí al comedor. Las rosas que se negaban a morir todavía lanzaban sus rojizos destellos en la noche recién nacida. Con suavidad arranqué uno de sus pétalos y lo guardé en el bolsillo de mi camisa; la tenue luminosidad que éste aún emitía se fue apagando poco a poco mientras yo atravesaba la sala y llegaba a la puerta. Salí, y cerrando con llave tuve la certeza de que mañana regresaría. ** Marco Manuel Ruiz http://www.letralia.com/firmas/ruizmarcomanuel.htm Escritor colombiano (1969). Es diseñador gráfico freelance. Cuentos suyos han sido publicados en el magazine dominical del diario El Colombiano (http://www.elcolombiano.com) y en la revista digital Minatura (http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura). === Canto a un nuevo día José Cercas Domínguez ======================= I ¡Venid!, ¡venid!, ¡venid! ¡Oh viejos jinetes que lanzáis vuestras vidas al galope! venid por el barro, por el páramo que pinta su horizonte del color de los olivos. Venid, soles que os desprendéis de la sementera, dientes del hierro, leyes que imponéis vuestras voces en la cabalgadura. ¡Ay, esta lluvia de trigos! ¡Ay soledad que se atreve a mirarse en el agua! ¿Por qué razón cantan los jazmines en el retiro de la tinta? ¿Por qué danzan las libélulas sobre la charca del fango? ¿Por qué la lluvia se despeina en la monotonía de los cristales? ¡Ay, que las cosas sean vida en la letanía del beso! II ¡Venid!, ¡venid!, ¡venid! Obreros que laboráis la estructura básica del refugio, pescadores que laméis la templanza del mar, soldados que desgranáis el misterio del disparo. Venid, columnas de durmientes que sucumbís en lo más oscuro de lo absurdo, televisiones del hambre y el improperio; que vengan los ojos de la caterva, la vista del iracundo. Porque ¡NOOO! ¡no está todo dicho! Padres de la incógnita, escritores de la burla, cantautores solitarios que desgranáis vuestras voces bajo el bastón labial del tirano. Venid desde todos los orígenes de la piedra, desde los minerales desde la historia rebelde de las cosas, desde la vida distante que nos dona, desde las manos que juegan a parir el pan. Venid los que forjan la escritura en los efímeros labios del tiempo, los que, en los días de primavera, aman la poesía, los que llaman maná a los frutos que se estrellan en el lodo, a las hojas que paren el oxígeno. III ¡Venid!, ¡venid!, ¡venid! La mar calma su bravura en la roca, el amor con sus quince abriles depositados en el cuenco de unas manos celulares y las ubres, dueñas del misterio que buscan en los labios un beso. Canto que retoma los siderales ojos de los enamorados, manos que levantan el canto de las multitudes, palabras que forjan vocablos y verbos en el indulgente llanto del recién nacido. ¡Venid!, ¡venid!, ¡venid! Desde los campos velados de espigas, desde las pisadas que, cada día, duermen en la huella paralela de la cosecha, desde las longitudes del aire, desde los pechos abiertos. Venid como las amapolas, como los trigos, como las calles de la escarcha. ¡Un paso más y seremos la tierra, otro, y forjaremos la vida en los labios de la certeza! ¡Venid!, ¡venid!, ¡venid! ** José Cercas Domínguez http://www.letralia.com/firmas/cercasdominguezjose.htm Escritor español (Santa Ana, Cáceres; 1959). Es educador social de profesión. Ha publicado los libros El tiempo que me habita (Alfasur), Los versos de la ausencia y la derrota (Vitruvio), Dana o la luz detenida (1ª edición, Alfasur; 2ª edición, Rumor Visual) y Oxígeno (1ª edición, Alkaid; 2ª edición, Ariadna). === Tres cuentos del libro Historias de la ruina Ulisses Paniagua ==== *** Para domar a las Furias “Tal vez sea la propia simplicidad del asunto lo que nos conduce al error”. Edgar Allan Poe En vano lo intenté todo: el engaño, el recurso, la técnica adecuada. Como la gangrena que trepa desde la planta del pie hasta alcanzar la cintura, la inutilidad de mis esfuerzos me ha venido conduciendo a la desesperación. Hoy, mientras escribo, después de asomarme a la ventana para contemplar una horda de trabajadores que se organiza allá abajo, una colmena de sombras apilándose en el silencio del patio de maniobras, tengo la certeza de que la historia está próxima a su fin: un ritual exacto; la cuota de sangre exigida para bautizar las losetas del vestíbulo. Y no sé bien por qué, pero tengo la impresión de que ahora podré descansar. Sucede que no creía en las leyendas donde se cuenta que, en cada obra, debe existir por lo menos un difunto. Tales historias me parecieron siempre producto de la imaginería de albañiles o carpinteros borrachos que gritonean en las cantinas, en medio de un orgullo desolado, mientras se encargan de agotar hasta el último centavo de sus rayas. Como toda persona que se precia de cierto rigor científico, desconfiaba de la veracidad de los trabajadores. Sin embargo, no se trataba de ninguna broma; hablaban en serio, lo podía adivinar en sus ojos expectantes. —Ingeniero —me decían algunos—, ya llevamos tres meses, y ni un muertito. —Inge —me comentaba el maestro yesero, ya vamos para el año y medio y todavía nada; el edificio se nos va a caer. Recién estrenado se nos va a caer, ya se lo digo. —Figúrese, la torre de arriba, la de “Residencial de los Demiurgos”, se desplomó hace dos meses, así sin más. Nunca se supo por qué, pero luego de las averiguaciones, dicen que fue porque nadie se había muerto mientras la levantaban. ¿Cómo ve? En un inicio estos comentarios me parecieron necedades, creencias absurdas de un gremio primitivo e ignorante; pero una vez que llegamos a los dos años y ya cerca de la terminación de obra, sucesos extraños empezaron a ocurrir. Un lunes, muy temprano, saquearon la bodega; el miércoles siguiente nos clausuraron durante tres días debido a conflictos con el sindicato; el sábado tuvimos un conato de incendio en el piso veintinueve; y a la semana siguiente, asombrados nos enteramos de que el contador de la empresa había cometido un fraude que impidió comprar materiales con la prestancia requerida. En resumen, que el programa de entrega se vino abajo, atrayendo en su caída multas y sanciones. El día de la Santa Cruz, cediendo un poco a las costumbres de los trabajadores, quise organizar una misa bajo el pretexto de respetar la fiesta, pero sobre todo con la oculta intención de bendecir la obra contra las malas voluntades. Para mi pésima fortuna, el sacerdote que estaba programado para tal fecha no pudo llegar, pues justo aquella mañana cayó enfermo de tifoidea. La idea empezó a obsesionarme. ¿Y si dijeran la verdad? ¿Si la lógica en tal caso tuviera que ceder ante la superstición? Si bien era cierto que no me convencían sus argumentos, también era cierto que la torre del residencial vecino se había derrumbado de una manera misteriosa. Después de todo, detrás de cada superstición existe un soporte histórico, un asomo de realidad. Tal vez las leyendas novohispanas donde se rumora que enterraban cadáveres de niños en los basamentos de los puentes para aumentar su resistencia, no eran tan infundadas como pudiera suponerse. En el aislamiento que levantar un edificio en la periferia de la ciudad implica, víctima de una angustia creciente al comprobar la proximidad de la terminación, imaginaba de vez en vez que un fierrero se aproximaba a una de las orillas del nivel trece, sin fijar el arnés; que trastabillaba con una varilla mal colocada o resbalaba con una plasta de impermeabilizante. Mi mente eufórica lo veía caer, descompuesto y suplicante, destrozándose cada hueso al impacto del concreto de la planta baja, semejante a un costal de cascajo. Me da vergüenza aceptarlo, pero una vez hasta me reí al pensar lo que dirían los demás al ver el charco de ese líquido espeso y oscuro escurriendo desde su cráneo. Sin embargo, devuelto a la realidad, lejos de este tipo de fantasías sádicas, con tristeza comprobaba que nada había ocurrido. Entonces me sentaba sobre una pila de sacos de mortero a meditar el problema, en medio de la sospecha y las murmuraciones de los demás. Así fue como decidí cumplir mi objetivo. En un inicio, justifiqué mi próxima acción con la excusa del bienestar colectivo. Luego, pretexté los intereses de la empresa, intentando descargar mi conciencia. Poco tiempo después me di cuenta de que había dos o tres trabajadores mugrosos y vulgares a los que no me molestaría desaparecer. Supe que si era necesario el sacrificio para evitar una tragedia mayor, no podría negarme a ejecutarlo. Una tarde —aprovechando uno de esos momentos en que la soledad reina entre trabes y columnas de hormigón, justo antes del almuerzo de la 1:00 pm— me acerqué sigiloso a un oficial albañil que se hallaba colocando tabique para un muro en el décimo piso, y lo lancé al abismo. Corrí con tan mala suerte que el pobre diablo logró medio aferrarse a la cornisa, y alcanzó a rebotar en el tapial recién instalado por los colocadores de cantera. Cayó dos pisos abajo. Sólo se rompió una pierna. Por supuesto, tuve que ofrecer una disculpa imbécil y nerviosa después del suceso; pero él no aceptó mis excusas. Con docilidad movía la cabeza de un lado a otro, con una resignación tan evidente que me hizo comprender que no le hubiera importado convertirse en víctima si eso contribuía a la consumación del rito. Su comportamiento, debo admitirlo, me sorprendió. —No se preocupe, Ingeniero, no tiene por qué disculparse. Es la ley y hay que cumplirla. Sus palabras me animaron. Me sentí misionero en medio de una selva de acero corrugado, un oficiante de la justicia constructiva. Era el elegido para hacer cumplir la tradición; ergo, ser un asesino en estas circunstancias representaba incluso un acto de heroísmo. Aquella tarde descubrí el poder inmenso que ejercía sobre aquellos hombres, sobre esa masa de gente inmunda e ignorante que jamás podría reflexionar en su vida conceptos tan básicos como la felicidad y la conciencia. Recordé un cuento que había leído hace mucho tiempo sobre una caja literaria que contenía otras cajas literarias, en una sucesión infinita. Así de interminable me parecía la mediocridad de estos pobres diablos. Me di cuenta de que era muy superior a ellos: yo había leído mucho, estudiado a fondo las leyes físicas y matemáticas; en cambio, ninguno de estos miserables ignorantes valía un centavo. Podía desaparecer a un trabajador en la revolvedora de concreto cuando se me antojara, sepultarlo bajo paletadas de tierra en el fondo de la barranca contigua, o mejor aun, ahogarlo con discreción en la cisterna del último sótano para acabar con esta jodida pesadilla. Nadie diría nada; el edificio se convertiría en una tumba discreta y agradecida. Lo intenté, el cielo sabe que intenté con ahínco, con método. Pero fallé en cada ocasión. Cada jornada hubo algún error o un titubeo de inexperto que impidió la consumación del plan. El tiempo, implacable, siguió su camino. Justo ayer, cuando revisé el programa de obra, tuve la certeza de que apenas nos quedaba un mes para concluir los trabajos: un trémulo temblor de impotencia se adueñó de mí; miré a mi alrededor, asustado. En una extensa fila de clavos que circundan las paredes de mi oficina, colgaban, como reses en espera del final, un sinfín de llaves etiquetadas con el número del departamento o la bodega a la que pertenecen. ¿Cómo podrían escapar estos desdichados de mi voluntad? Parece inadmisible. La frustración se yergue como sombra funesta sobre los corredores desnudos del edificio y dentro de mi corazón. Ayer los trabajadores estuvieron desconsolados, apenas comieron un poco y, a la hora de la salida, muchos ni se acercaron a despedirse de mí. Hoy, en cambio, estoy seguro de que podré descansar, porque hemos llegado al fin. No hay plazo. Lo supe esta mañana cuando, al analizar el plano de las terrazas para comprobar el acabado en la mampostería de la última jardinera, escuché sus murmullos apagados entre los corredores; cuando percibí sus miradas de complicidad mientras recorría los estacionamientos. Lo supe en el momento en que el personal administrativo abandonó la obra para ir a casa, mientras ellos permanecían inamovibles en el patio de maniobras. Lo sé ahora que los veo ascender, piso por piso, la escalinata de la torre en una espiral de luz inmensa, cargando cada cual su antorcha encendida, entonando loas negras y secretas; enfundados en largas túnicas púrpuras que guardaban no sé dónde. Vienen ascendiendo sin prisa, con los ojos ocultos tras el misterio sacro que les confieren sus capuchas. He visto fulgurar la daga entre las ropas de uno de ellos. Imagino la belleza de un arma ceremonial, la precisión de su filo. Sé que vienen por mí, sé que vienen a cerrar el ciclo, a practicar la liturgia: una horda de cuervos escarlata en pos de cumplir con los códigos establecidos durante siglos. Están cerca, cada vez más cerca. No puedo continuar. Busco una salida. La ventana da directo al patio; no es una opción, hay treinta y tres pisos que me impiden intentar el salto. Alguien llama a la puerta de la oficina; no es un ruido estruendoso pero resulta amenazador por su insistencia. Debo prepararme para lo que viene. *** Todos somos licenciados “Si quieres que algo sea hecho, nombra un responsable. Si quieres que algo se demore eternamente, nombra una comisión”. Napoleón Bonaparte —En este país nos encantan los trámites. Estamos capacitados para imponerlos y darles solución. Los permisos, las actas y los certificados nos entusiasman sobremanera. A algunos extranjeros este gusto les puede parecer un poco raro, pero si se mira con detalle, nuestra costumbre no despierta mayor extrañeza que un velo inquisidor sobre el cuerpo de las mujeres en Afganistán, o la masacre de delfines que se practica año con año en Dinamarca...Un segundo, voy a poner la cafetera. —... —Qué bueno que viene. Me emocionan las entrevistas; pienso que es una manera digna de reconocer el trabajo de personas sobre las que nadie sabe, pero quienes son fundamentales para la maquinaria social. ¿Una tacita de café? Ya veo, desayunó temprano. Yo también, aunque tres o cuatro cargas por la mañana vienen bien. —... —Es una larga tradición que fomentamos, señalando a los noveles la importancia que tiene un papel o una credencial en la vida de una mujer o un hombre. Es indispensable inculcar la cultura legal, pues de otra manera el caos se apoderaría de nuestras calles el día menos pensado. Somos claros y sinceros y recalcamos la relevancia del trámite; sabemos desde hace más de un siglo que la existencia de un ser humano sólo puede comprobarse mediante un acta o un pasaporte. Cualquier otro medio resulta ineficiente y hasta irrisorio. No es para sorprender, entonces, la cantidad de literatura que hemos difundido explicando en novelas, ensayos y folletines, la desgracia de no ser reconocido por otros, en la sociedad actual, a falta de un comprobante. —... —No. No puede ser. Sin credenciales es imposible concebir la existencia de cualquier individuo. —... —Ese es el objetivo. Hemos emprendido una larga lucha para desacreditar cualquier religión que imponga la idea de que basta el reconocimiento divino para aceptar nuestros pasos en el planeta. Es lamentable contemplar cómo la ignorancia y el fanatismo pueden cegar a muchos, al extremo de cuestionar nuestro bien fundamentado sistema de comprobación existencial, mediante el título correspondiente. —.... —¿Los científicos y los intelectuales? Esos son los peores. No les gusta alinearse. De vez en cuando alguno que otro rijoso ha intentado debilitar nuestro sistema con planteamientos filosóficos acerca de la presencia del ser humano en la Tierra sin la necesidad de trámites, desafiando al mismo tiempo las influencias creacionistas. ¡Imagine nada más la bipolaridad de sus argumentos! Incluso han recurrido a citar la prehistoria como ejemplo de que en esencia somos animales autónomos, entes orgánicos que podemos vivir sin ninguna ley o norma. Pregonan que los marcos jurídicos contravienen las leyes naturales y el concepto de libertad establecido por un ecosistema. Estúpidos. Por supuesto, hemos impuesto la razón sobre los necios, aunque alguna vez hayamos recurrido, sólo en esos casos, a la violencia ligera. —... —¿Qué es violencia ligera? Algunos latigazos, tres o cuatro lapidaciones. —... —¿Muertos? Jamás. Hemos cuidado mucho la magnitud del castigo. —... —Mire. Existen organizaciones de derechos humanos, por supuesto. Pero iniciar un proceso requiere de siete años, como mínimo. Ya no hablemos del tiempo que puede durar el juicio. Hay casos documentados sobre partes acusadoras que fallecieron esperando una respuesta del tribunal. Los trámites son precisos, y debemos tener cuidado al aplicar la metodología. Este tipo de incidentes colaterales no demuestran, de ninguna manera, fallas en nuestra organización. Al contrario, reafirman el concepto de una justicia lenta, pero efectiva. —... —Olvídese de eso. No deseo que sean las desavenencias con un grupo de pequeños revolucionarios el tema de la entrevista. No vino a que hablemos de eso. ¿O sí? Lo que quiero puntualizar es el regocijo al cumplir setenta y cinco años de un sistema gubernamental impecable. Una maquinaria donde las oficinas y las dependencias sostienen al aparato federal. Cualquier pugna, cualquier altercado insignificante, puede resolverse en nuestro sistema en el plazo no menor a tres años. Es envidiable el nivel de institucionalidad que hemos conseguido. Me atrevería incluso a catalogarlo como estético; una apología a la santa ciencia de la tramitología. Algo de lo que pocas naciones pueden preciarse. —... —Lo definiría en una palabra: orgullo. Trabajar en una dependencia de gobierno ha sido mi mejor experiencia. Desde que cursaba el tercer año de secundaria y tuve que empezar a decidir mi vocación, me sedujo la idea de gestionar los oficios de otros, convencido de la alta responsabilidad de un empleo como éste. Por supuesto, estoy lejos de ser el único: en el país, un ochenta y dos por ciento de la población se dedica a las mismas funciones, debido al incremento desmedido de solicitudes, comprobantes y demandas; o bien, debido al amor que le profesan a este género de trabajo. Los que laboramos en el ramo lo hacemos convencidos de la urgencia de resolver los contratiempos de los ciudadanos. Para demostrar la importancia con la que ejecutamos nuestras labores baste citar una anécdota conmovedora, ocurrida hará cosa de un año o año y medio, cuando el Secretario de Educación Pública, en ocasión especial, en medio de un gran convite, se levantó de pronto, y en un arrebato de patriotismo irreprochable pronunció la frase que algunos eruditos consideran cercana al aforismo: “¡Señores! ¡No cabe duda: en este país todos somos licenciados!”. —... —¿Qué me pareció? ¿No se lo estoy diciendo? Al ver el gesto que esgrimía su rostro, resuelto y glorioso, los invitados derramamos algunas lágrimas. Y es que es imposible no darle la razón al Secretario: lo licenciado se nos nota enseguida en la corbata lustrosa y los zapatos impecables; nos acusa la cortesía, el preámbulo, el saludo; costumbres que hemos conservado al paso del tiempo y que no queremos abandonar jamás. —... —No puedo defender eso. Es cierto que muchos de nosotros no cursamos ni la preparatoria, pero eso no tiene importancia. Por ejemplo, yo leo un libro cada año. Hace poco seguía la lectura de un texto donde el personaje principal era el Cuento mismo. No entendí nada. Pero a quién le importa ese libro. Quién necesita de ficciones. Lo que necesitamos son documentos palpables, físicos. Además, la carencia de cultura no nos impide pasear por los amplios corredores de las dependencias, entre las plazas expectantes de las universidades, sobre el silencio intolerable de un anfiteatro. Somos quienes somos. Son simples reglas de urbanidad y política. Hay que ver con qué porte, con qué desenvoltura nos inclinamos ligeros, haciendo la reverencia adecuada cuando nos topamos con un cofrade: “¡Buenos días, señor licenciado!”. “¿Cómo le va, licenciado?”. “¡Y la familia, ¿cómo está? Hace mucho tiempo que no lo visito, licenciado; usted comprende, las ocupaciones..!”. —... —¿Usted podría hacerlo mejor? Lo dudo. Hemos ensayado cada frase para no parecer sobrados o ceremoniosos; mucho menos para demostrar sinceridad, eso no se nos permite. De otra manera no funciona; hace falta talento para conducirse en una asamblea. Debo advertir que a cada uno de nosotros, antes de las fiestas de fin de año, la Secretaría nos dotó con un espejo de cuerpo entero para colocarlo en la pared de nuestra habitación. La intención es ensayar en vísperas de algún evento. Se nos hacen recomendaciones y se nos amonesta cuando el trato con los otros se vuelve natural o espontáneo. No nos permitimos errores en una fiesta municipal o en la visita de algún gobernador. La perfección forma parte de nuestra naturaleza. —... —Existe, por supuesto. En la nación gozamos de una completa libertad de expresión. Si bien es cierto que hace un par de meses, en un humilde poblado, algunos fanáticos intentaron (sin autorización oficial) el ajusticiamiento de un grupo de estudiantes que se negaba a mostrar sus credenciales, este hecho está lejos de representar una regla. Comprenda. El problema no fue el hecho violento, sino la falta de la autorización correspondiente para emprenderlo. Que murieran los estudiantes no nos importaba demasiado. Pero el linchamiento estaba fuera de orden. En el país no trabajamos de esta manera. Aunque, reitero, se trató de un hecho aislado. No hablemos más de ello. —... —La censura no existe. No porque no podamos impedir a algún despistado o rebelde expresar su desacuerdo con respecto a los lineamientos; sino porque, afortunadamente y después de un largo proceso judicial que duró veintiocho años, conseguimos anular la existencia de la censura. Así, es virtualmente imposible censurar a alguien aunque se ejerza presión sobre el inconforme. Al anular el concepto hemos anulado la esencia. ¿No le parece una solución genial? Por ello le reitero que no existe la censura. —... —Desde luego, hemos sido cuestionados por grupos moralizantes provenientes de culturas ajenas a la nuestra; sus críticas ácidas casi nos hicieron perder la unión y aun nuestras convicciones una década atrás. Pero gracias a la tenacidad que incluso envidiarían los terribles espartanos, hemos repelido de manera heroica cualquier intervención sobre nuestro estilo de vida. Cada ataque no ha hecho más que fortalecer al grupo. Nuestra empatía es tan intensa, casi simbiótica, que me atrevo a declarar sin tapujos que conformamos una hermandad. Así lo hacemos saber a nuestros interlocutores en los encuentros internacionales sobre economía y orden mundial; lo transpiramos en las paredes húmedas y oxidadas de nuestras ciudades; lo denotamos en la risa y el cortejo; lo reafirmamos en cada frase recitada por una boca colectiva, a cada latido. Tramitar nos inflama el pecho, nos vuelve poderosos. No entendemos el mundo de otra manera. Ser licenciado es un oficio que ejercemos de tiempo completo, con la mayor alegría imaginable; y de eso, estoy convencido, no cualquier nación se puede jactar. —... —Usted de dónde es originario? —... —Ya veo. —... —¿Cómo dice? ¿En desacuerdo con nuestro sistema? No podemos permitir eso. Quiero decir, no comparto sus opiniones. Usted aseguró que se trataba de una entrevista para dar a conocer nuestro aparato legislativo a otros continentes. No mencionó nada acerca de este tema. —... —¿Cómo? No conozco a esa persona que usted nombra. ¿Quién es usted? ¿Qué quiere? Me parece que ha sido un error concederle tiempo. Hay tantas cosas por hacer. Disculpe, tengo que dejarlo. —... —Vamos, verifique en los registros. Donde usted quiera. No existen ni las credenciales, ni el pasaporte de esa persona, no sabemos que se haya hospedado en el hotel que menciona. El Congreso de las Naciones sí se celebró en esa fecha, en esta ciudad. Se habló mucho sobre libertad, igualdad y esas mamarrachadas. Comento esto para que pueda apreciar la transparencia de mis palabras. Pero le reitero que esa persona no existe. Si no está documentado, no existe. No hay más. Es simple. Le recomiendo que a la brevedad retorne a su país, porque en este mismo momento voy a corroborar con la Secretaría de Relación Exterior su carta de autorización para introducir equipo de filmación y de sonido para realizar esta entrevista. Detecto irregularidades muy graves en su visita. —... —Sí, imaginé que no tiene permiso para el equipo. —... —Ya veo. No sé cómo le franquearon el acceso en el aeropuerto. Perdemos el tiempo, amigo. No quisiera ser descortés. He contestado a cada una de sus preguntas, sin recelo, de manera sincera y explícita. Debemos concluir. Además, la cafetera necesita una nueva carga porque se acerca el mediodía, y una pila inmensa de trámites y permisos está esperándome en el escritorio para que pueda darle solución. Discúlpeme. En verdad lo lamento. Esta entrevista terminó. *** Historia del desasosiego “Para comprender, me destruí. Comprender es olvidarse de amar. No conozco nada más al mismo tiempo falso y significativo que aquel dicho de Leonardo da Vinci de que no se puede amar u odiar una cosa sino después de haberla comprendido”. Fernando Pessoa Faltaban diez minutos para las dos cuando se inició el enfrentamiento. Una cifra exacta en el infortunio. Enfrentarse es destruir la imagen que se tiene de sí mismo, desatar los lobos de la conciencia; desplomarse desde un cenit indomable. ¿Comprendes? Yo no puedo, no alcanzo a tanto. Iniciar, en este caso, era alterar el orden de los elementos. Nadie debe jugar con eso. Lo primero que hice, en medio de la multitud, fue contemplar mi reloj de carátula rosa. Me consumía la impaciencia. La muchedumbre intentaba contraerse para hacer espacio a los recién llegados. Se necesitaban huestes numerosas en una situación tan delicada, ya podrás imaginarlo. Era necesario fortalecer cada bando, como se ha venido haciendo desde el origen de las civilizaciones. De manera casi litúrgica, de manera casi ridícula. A pesar de un sol en plenitud, el viento entraba por las mangas de las blusas y las camisas y salía, limpio, por el cuello de las mismas. No hacía un calor extenuante; se podía respirar y poco más que eso. Lo que sí generaba tensión era la proximidad del hecho inédito, la cercanía de las dos de la tarde. Aunque, en apariencia, gobernaba una calma extensa y reconfortante. Las hostilidades fueron iniciadas tres meses atrás por un amargado historiador que deseaba, de manera sincera, demostrar su ateísmo extremo. Cuando descubrió el correo electrónico, en su computadora personal, donde algún grupo anónimo aseguraba la visita del personaje divino, dio un respingo, gruñó tres veces, y carraspeó de manera repetida antes de comenzar una campaña en contra de tal visita. Las intenciones de los anunciantes pudieron provenir de un impulso fanático o desequilibrado, pero no tenían carácter de provocación. Cualquiera podría decir incluso, para no desentonar con el ambiente religioso que se había generado, que pecaban de ingenuidad. Las acciones del historiador desde un inicio tuvieron la finalidad de recalcar la supremacía del pensamiento cartesiano y del propio rigor científico por encima de las especulaciones místicas. Pero aun con ello se podría acusar al personaje de alcanzar variaciones violentas. Decidió ingresar a las filas de la apostasía de manera oficial. De la misma manera, hizo que todos sus hijos y su esposa siguieran el mismo proceso. Incluso llegó a prohibir cualquier imagen de corderos o de vacas dentro de su hogar, como una muestra firme de su desinterés por cualquier imagen zoologizada que guardara alguna referencia divina. Reconstruyendo la historia me doy cuenta de que topo con pared, de que la imprecisión domina mis memorias. ¿Quién anunció en la radio el encuentro con Dios? Es confuso. Tal vez el monje taoísta que fue a parar a la cárcel bajo sospecha de tráfico de armas y de agitación social; tal vez el sacerdote protestante que garantizaba comunicarse en sueños con el invitado. Quizás el poderoso hacker que decidió emprender una demanda, despechado por una mujer que nunca decidió quitarse el burka para besarlo sin reservas. El concepto divino es intrincado. Indagar, en esas circunstancias, es una labor tan infructuosa como la del perro que persigue su propia cola, tirando mordidas al aire. Considero que la vulgaridad de la condición humana radica en su engrandecida soberbia. Un orgullo desmedido que nace de la ignorancia que despierta la pequeña seguridad de su cuerpo, de su espacio ínfimo. Es algo así como las fantasías de Lewis Carroll, el maldito pederasta ese: misterios detrás de las puertas... pasillos que se empequeñecen, galletitas susurrantes. Un universo retorcido donde la reina de los naipes —ser superior y vengativo— puede cortarnos de tajo la cabeza, por mero capricho, a todos nosotros, que no sabemos cómo escapar de los intrincados senderos. Sin embargo, creemos con firmeza que, al igual que Alicia, somos más listos y más veloces que la propia reina. Pero esta idea no pasa de ser un cuento para chicos. Lo mismo sucede con la grandeza personal. En el momento que se vive, hacer memoria representa una labor inútil. En adición, rastrear el origen de los hechos no permite tampoco escabullirnos del desconcierto que han generado desde entonces: los seguidores de Nietzsche, varios nihilistas y dos o tres incondicionales de Sartre, valiéndose de los medios que estuvieron a su alcance, convocaron a la resistencia. La voz corrió de gremio en gremio, de grupúsculo en secta, alcanzando niveles masivos, escandalosos; hasta el punto donde las televisoras llegaron a reñir para cubrir la noticia a nivel nacional. El público se dividió en dos bandos. De manera extraña, hubo pocos tibios que se negaran a emitir un juicio. La atención de todo el país estaba concentrada en lo que ocurría. La guerra mediática se había declarado. Miré el cielo. Permanecía despejado, las nubes se deslizaban sobre el fondo azul. Es imposible presagiar hechos catastróficos —un contratiempo siquiera—, cuando la naturaleza sonríe, ¿no lo crees? No recordé las horrorosas masacres de pingüinos que ejecutan los lobos marinos, bestias carniceras de caritas tiernas y ojos miopes, en aguas polares. Olvidé los salvajes ataques de osos peludos y pachones que confunden a los seres humanos con enemigos de su propio hábitat, para arrancarles la cabeza de un zarpazo. Ignoré por completo que, aunque nos incomode la idea, la naturaleza no conoce la piedad. Todos se preguntaban si era posible que ocurriera. Si la aparición, el indicio más insignificante, estaba próximo. Si la interrogante por la que durante tantos siglos habíamos clamado encontraría respuesta en aquella hora apacible. Una congregación políglota y extraña había acudido a la cita: grupos de católicos ortodoxos, judíos conversos y testigos de Jehová; protestantes, budistas, mormones-físico nucleares y hasta una horda de fanáticos de Maradona —quienes esperaban ver aparecer a Dios vistiendo la camiseta del Boca Juniors. También había raelitas llenos de escepticismo, y algunos practicantes del culto satánico, a los cuales se les denominó grupo de choque, en alusión a sus tendencias radicales. Por supuesto, los ateos acudieron numerosos, llenos de una indiferencia provocadora, en medio de silbidos y empujones. La antipatía era evidente. Sabía que no tardarían la hostilidad y el jaloneo. ¿Has pensado alguna vez en el movimiento caprichoso de las corrientes de agua dentro de una bañera? ¿Sabes a qué lógica obedece? A la voluntad del caos, a la entrega de una sinfonía sin pies ni cabeza donde un simple tambor de hojalata pretende gobernar la armonía y los tempos. Algo parecido ocurría en esa plaza. El rechazo de las ideas del otro es la negación de sí mismo, del derecho propio de opinar; es la castración de la libertad. Nosotros habíamos decidido castrarnos. La idea de la visita me había provocado una ansiedad escandalosa, escalofríos constantes, hasta insomnio durante las noches previas. Era imposible dar marcha atrás. ¿Podríamos saber, poseer un acercamiento a un dato verídico, palpable? ¿Qué es la verdad, si no el mito fantástico generado por un narrador-Homero, parcial y tendencioso? El único consuelo inútil con el que justifiqué mi desasosiego ante la proximidad del evento, era la certeza de que había otros miserables como yo suplicando que la historia tuviera un final inteligible. Sin embargo, en el concepto divino, estas argucias no podrían tener validez. Quiero decir, lo celestial debe conducirse de un modo inimaginable a nuestros ojos mortales. Piénsalo bien. Se trataba de una encrucijada, de un terrible cisma que se desarrolla milenios después de generar el misterio. Qué era este asunto de un ente superior riéndose de nuestra ignorancia, ajeno a nuestra angustia. Qué era esta posible invención del hombre a manos de un ser posiblemente inventado por él mismo. Durante milenios habíamos deseado tanto la verdad; sin intermediarios ni profetas. Las escrituras y los manuscritos no bastaban. Era hora de exigir explicaciones. Era urgente. ¿Si Dios estuviera muerto; si fuera víctima de una broma malintencionada de otro demiurgo lejano? ¿Si se tratara de un padre irresponsable y alcohólico? El viento soplaba, recordándonos que la vida continuaba con su naturalidad. Revisé mi reloj una vez instalado en las gradas asignadas para la prensa, y abarqué, desde ese punto estratégico, la totalidad del espectáculo en la plaza. Miles de cabezas se movían de un lado a otro, cediendo al suave empuje de los recién llegados. De pronto me parecieron un rebaño de ovejas torpes, boquiabiertas, víctimas del desamparo más espantoso; una secta ridícula de primitivos rindiendo un culto irracional al cielo. —¡Dios, clamamos, nos tienes engañados! —comenzaron los inconformes, a manera de cánticos que me hicieron reflexionar en la naturaleza litúrgica de las manifestaciones. Alguien pasó con una pancarta muy al estilo gringo: “Dios para presidente”; alguien más mostró, satisfecho, un ladino “Se busca”. Un monopólico consorcio de refrescos de cola preparó una edición especial con la imagen conmemorativa del evento, repartiendo corcholatas a los asistentes. —¡Vuelve pronto, Señor, vuelve pronto con amor! —se esparcían los gritos discretos, entre la incertidumbre y la orfandad de los fieles. La humanidad no debería creer. Tampoco ser ajena a la posibilidad de hacerlo. No sé si valga la pena preocuparse por la fe. Es decir, es tanto el desamparo en el que coexistimos, tanta la soledad espiritual que se pasea en las calles de las ciudades pobres, en las chozas lejanas atacadas por la tifoidea y los virus, que preocuparnos por justificar las acciones bajo circunstancias superiores o pasarnos la vida en la negación, se vuelven cargas emocionales insoportables. Es mejor ir al cine. Con una buena película uno se olvida de los problemas más profundos. Tome este ejemplo: una vez leí, no sé si en un libro, o en una revista, una historia donde se desarrollaba un teletransportador infernal que lo único que provocaba era angustia en los usuarios. Podríamos comparar la volubilidad de la ciencia con la de la divinidad. Generan las mismas expectativas, y a final de cuenta, los mismos riesgos. Aunque tienes razón, estoy evitando continuar. Perdóname, es difícil para mí. Tú no estuviste en ese lugar, esa tarde. Uno de los asistentes, no se sabe de qué bando, no soportó la presión. De su mochila extrajo una roca, no mayor al tamaño de una taza, y la lanzó al aire. El objeto tomó una altura amenazante, y después se desplomó sobre el bando contrario, como un meteoro. Una chica iluminista miró caer la roca, pero lo atribuyó a una señal divina. Considerándose ungida, metió la cara para que el proyectil se estrellara de lleno. Cayó al suelo, fulminada. Su nariz, rota, borboteaba sangre de manera escandalosa. La chica comenzó a proferir unos aullidos terribles. Lo que ocurrió después lo sabe el mundo entero, pero ninguno podría explicarlo de manera detallada. Los anarquistas comenzaron a reír, imitando los chillidos de la chica hasta transformarlos en aullidos de un cerdo que se niega al sacrificio. Uno de los cardenales, que se hallaba cerca, les recriminó su cinismo. Con la mirada cargada de rencor, extrajo una escopeta debajo de su sotana, y comenzó a disparar sobre la masa de incrédulos, rebajándolos a perros conculcadores. Los que no creían, comenzaron a creer: en la venganza. Mostraron los palos, las armas blancas, y hasta alguna metralleta que tenían guardada en caso de amenaza. Los del bando creyente, por su parte, tenían infiltrados algunos policías secretos para la seguridad del evento. Los policías estaban armados, muy bien armados... Espera, quiero parar. No es de mi interés seguir con la historia. Preferiría admitir el desconcierto de mi destino. Concluir que mi carácter de átomo en un planeta gigantesco me brinda la oportunidad del anonimato y la indiferencia. Somos mínimos, casi etéreos. ¿Qué dices? ¿Quieres que continúe? No sabes lo que fue eso. ¿Lo sabes? ¿No estás mintiendo? Si insistes, voy a intentar alcanzar el final: en medio de los disparos, acorralados, los individuos se transforman. Los más pacíficos, los que no pensaron nunca en cargar un arma, los que confiaron en la buena disposición de sus hermanos, se tornan fieras terribles. Mordieron, arrancaron orejas, estrangularon; estrellaron muchas cabezas contra el pavimento. Se hicieron de pistolas o murieron en el intento. Los musulmanes y los católicos demostraron una saña particular. Molieron a palos a sus víctimas hasta dejarlas irreconocibles. Las crueldades de los extremistas no creyentes, por otra parte, no quiero ni repetirlas. Baste decir que vi ojos, brazos, piernas y penes tajados, agitándose sobre las cabezas, como siniestros trofeos. Yo intentaba escapar, alejarme de la angustia y el horror, pero era imposible avanzar dos o tres pasos sin tener que cubrirse la cabeza de algún palo, o ser rechazado por un muro humano. Entonces, en medio de la batalla, empapados de sangre propia y ajena, lo inexplicable: un estertor insondable se impuso en medio de la plaza. Un quejido enorme, el inicio del desconcierto. Fue tan impactante la magnitud de ese quejido que la lucha paró de pronto. Incluso las tanquetas del ejército, que se aprestaban a poner orden pisoteando a los revoltosos, detuvieron su marcha. Miré mi reloj otra vez, como un acto mecánico. Eran las dos de la tarde con un minuto. Comencé a gritar desesperado que era demasiado tarde, que la hora había pasado sin que nos diéramos cuenta. Que éramos unos estúpidos. En medio de la batalla, nadie se había preocupado por confirmar la visita de Dios. Los que sufrían de paranoia corrieron a refugiarse a los edificios aledaños. Yo imaginé que esto se convertiría en Sodoma y Gomorra, que ya no tardaría en cargarnos la chingada convirtiéndonos en estatuas de sal. Pero los misterios de lo desconocido son indescifrables. Dicho de otra forma: ahora éramos piezas en un tablero de ajedrez que quizás nadie estaba jugando. Me rehúso a aceptar que algún ente tenga tal capacidad de crueldad como para dejarnos navegar en la incertidumbre absoluta. No sucedió nada. ¿Qué había sido todo este espectáculo? ¿Un aparatoso truco publicitario de alguna empresa hollywoodense? ¿Una demostración concreta de la visita de un padre iracundo; el último lamento de un agonizante? ¿Por qué no se dignó a hablar el invitado; no éramos acaso sus pequeños Frankenstein? ¿Es que nos consideraba bastardos, productos vergonzantes de una prostituta con la que tuvo amoríos en su juventud; o sencillamente era un viejo dictador que no quería revueltas, y que advertía, mediante ese lamento, hacer uso de sus fuerzas represivas? Preguntas, preguntas, sólo preguntas. Desde que el ser humano ha pisado la Tierra, ha sido condenado a padecer la estancia del desconcierto. Estamos hechos de papel, somos vulnerables a cualquier rumbo que delimite un vendaval. Por ejemplo, yo podría jurar que existo y que soy sólo una ficción de mí mismo. O la invención de otro que me sueña o escribe. Que lo que cuento no sucedió. Por otra parte, defiendo mi derecho a existir y declarar el turbulento evento del que fui testigo. Esa tarde reí un poco considerando que quizás había acudido al simulacro del Apocalipsis. Lo cómico provenía de que la parafernalia conducía más bien a pensar en la publicidad de una cartelera de box en Las Vegas. Dios, en su infinita inteligencia tan recurrida, parecía haberse propuesto un juego maldito donde brindaba un par de pistas para resolver un acertijo imposible. Una especie de oficio lúdico donde, por supuesto, él asumía el papel de gato, y nosotros de ratonzuelos insignificantes. Sin embargo, la idea a la que me refiero es muy limitada. Para buscar su aceptación habría que superar los hechos que motivaron el evento y reconocer la presencia de un ente superior. Desde luego, muchos no estarían de acuerdo con esta idea, y así regresaríamos a este juego de batallas sin fin. Desde esa tarde hablo solo. Diserto de manera profunda sobre la naturaleza de los hechos y juro haber planteado más de veintisiete hipótesis diferentes para encontrar una explicación convincente. En mi cabeza se reproduce de manera recurrente el estertor que llenó de zozobra a los asistentes. No dejo de meditar sobre ello. Pero me niego a acercarme a cualquier teólogo que haya escrito sobre este motivo, y sobre todo, a desperdiciar mis ahorros en interminables sesiones con un psicólogo insidioso, que no haga otra cosa que llenarme la cabeza con interminables interpretaciones de aquello que, para nuestra eterna miseria, nunca nos será posible alcanzar. ** Ulisses Paniagua http://www.letralia.com/firmas/paniaguaulisses.htm Escritor mexicano (Ciudad de México, 1976). Es poeta, guionista y dramaturgo. Ha publicado en diferentes diarios y revistas literarias de su país. Tiene cuatro libros publicados, en colectivo, con la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx). Recibió una mención honorífica en el Concurso Nacional de Cuento “Criaturas de la Noche”, convocado por el Instituto Coahuilense de Cultura (http://www.icocult.gob.mx). === Poemas Jairo Rojas Rojas ========================================= *** 2 lo que me digo para usted es que el agua saltó de más arriba de las regiones del frío y ahora anda unida al extenso firmamento azul sobre azul y a su huella vamos hundiendo la cabeza en su pecho cortando nuestra lengua torpe para escuchar su color es lo que hay: puntos de agua rara donde crecimos y picos que bajan en la noche subimos-bajamos subimos-bajamos /\/\/\/\/\ lo que me digo, entonces, hermano es que nos dejemos hundir en el centro de su nombre de agua que no hemos podido tocar que crucemos la ciudad fluvial para conocernos que sigamos la ruta de los que ya no están aquí y siguen caminando que no tengamos miedo de hundirnos en el templo y postremos la cabeza en el agua para tener, por fin, los pies sobre la tierra sobre azul sobre agua azul dices: “nos escogió el aire y los cielos derretidos, tan pequeños y vastos” sonrío toma la montaña y muévela —insisto a tu voz— que el pensamiento tiemble con las piernas sus várices caigan hiérelo, como nunca, con la O azul / del agua / de arriba blanco-silencio-azul-agua-blanco- sea este el lugar donde empezó todo donde nos cruzó la noche grande para ver qué hacíamos (del libro La O azul). *** 35 nos tenemos que ir (afuera) por su bien / por el bien de todos ella ha sufrido un nuevo paro cardíaco en mi corazón todos hemos muerto de esa manera alguna vez sólo que después cuenta nos hemos dado creyéndonos finados y que el mentado órgano rojo se lo han llevado sin guantes, sin amor en las manos y duele el viento atravesado mitad aire mitad hombre somos bajaremos pues de la casa materna que suena sola al valle que se da cabezazos contra los muros por el bien del aire prójimo duele ser anémico, mentiroso, indeciso, irresponsable además frente a un paisaje tan frío irnos lejos en el cuerpo hecho viento ya nos dirán, luego, para qué sirve el bendito corazón: - la cena de los cerdos - paciente para un hospital - para que lo guarden en un envase por alguna bruja solitaria que se acuerda de uno cuando está en el cementerio / con gatos - para que alguien lo sueñe ya se hablará claro, sencillo y directo como Raimundo, como mamá, como papá en vez de huir, otra vez, queridos insufribles óigame bien José Gregorio Hernández, San Benito, San Valentín aunque estén muy ocupados en pensar en otros que no se olviden de la gente de la balanza tirada al aire que le guarden un saludo, una postal amarillenta siquiera fuera de aquí hay latidos de enamorado se terminó el tiempo de las sombras desganadas todo por culpa del aire y de su agua que cae adentro todo por culpa de una familia que se conmueve varias veces al día por lo más conocido todo por las reinas de la angustia, ladronas, y el aire atravesado que suena a frío en el pecho no habrá que decir adiós entonces y salir por la puerta de atrás con chaqueta, bufanda y lentes a mirar frente a frente el camino ¿de ida? / ¿de vuelta? que suena latidos que enamoran que mueven las montañas que hablan, Dios mío, que nombra (del libro La O azul). *** Donde hay rincones vacíos acá entran todos y sus sombras Grandes el hombre donde yacen todos los soles entra donde nada es explícito, los lenguajes del silencio caben nos construyen acá entra tu palabra plena, aunque afuera renieguen y no seamos dignos llega la pobreza con todos sus paraísos y éstos pasan deliran en comunión con nosotros pero también heridos por palabras inventadas, repetidas desde lo oscuro sólo una puerta única sin afuera, no hay otra orilla en la casa que suena con una ventana que da directo al mundo que no esconde su intimidad y hace lo posible por ser visto acá hay mucha gente por quien puede llorarse y todos los consejos que me diste mientras dormía en mi silla, la casa, ésta, donde mis padres cantar sólo saben y nos protegen del sol con sus cuerpos cansados llenos de toda una historia del silencio su idioma otro mis amigos de la casa número dos, tan sonora, que nada tiene y me llama por mi nombre todo es visible en esta habitación, se escuchan los colores (vivos) y enseñan a ser “violentos” con el mundo afuera lejos (raro) (del libro La rendija de la puerta). ** Jairo Rojas Rojas http://www.letralia.com/firmas/rojasrojasjairo.htm Escritor venezolano (Mérida). Licenciado en letras con mención en historia del arte. Autor de los poemarios inéditos La rendija de la puerta (ganador de la IV Bienal de Literatura Ramón Palomares, 2011) y La O azul (ganador del III Concurso Nacional de Poesía de Venezuela, 2012). Mantiene un blog en http://dibujosalmargen.blogspot.com. === Nueve y medio Carmen Amil ======================================== Nueve centímetros y medio. Nunca había tenido unos tan altos, y te juro que lo primero que pasó por mi cabeza fue una imagen de mí misma cayéndome desde lo alto de aquellos “andamios”, con toda clase de desenlaces nefastos del estilo que tanto me gusta imaginar. Lo segundo que cruzó como un relámpago por mi cerebro fue un recuerdo de tu rostro, impregnado de esa sonrisa pícara, tan tuya. Esa que afloraba como por arte de magia cada vez que volvía de una tarde de tiendas y sacaba de la caja unos zapatos nuevos de tacón alto. Luego nunca me los ponía si no era contigo, porque ya lo sabes tú, Daniel, siempre he sido muy torpe, y sólo con tu mano enroscando la mía, o tu brazo alrededor de mi cintura, me creía yo capaz de andar sin acabar enredada en cualquier tapa de alcantarilla traicionera. Incluso podía soportar el fuego que empezaba en el nacimiento de los dedos de mis pies y que acababa convirtiéndose en un dolor punzante porque, como cada sábado noche, acababa ignorándolo cuando me pedías que me desnudara, pero que me dejara puestos los zapatos. Por eso aún te sigo recordando. Porque tú nunca fuiste capaz de acordarte de cómo nos conocimos, quizás por aquella mezcla de alcohol, absentismo y rebeldía que siempre iba contigo, y yo hubiera sido incapaz de memorizar tu nombre si no hubieras insistido en volver a vernos, pero recuerdo que comentaste lo bien que me quedarían unos zapatos. Y volviste a llamar. Y aparecí en aquel parque, escondiendo la vergüenza y las ganas de salir corriendo detrás de aquellos seis centímetros de más, que consiguieron sacarte la primera de aquella serie de sonrisas que tanto me gustaban. Siempre tuviste de mí todo cuanto quisiste. Éramos sólo unos niños, Dani, y tú siempre fuiste mío. Creo que siempre hemos sido incapaces de vivir uno sin otro, por eso nunca conseguimos distanciarnos aunque supiéramos que sólo nos estábamos haciendo daño. Y cada vez que alguna clase de comparación odiosa me llevaba llorando de vuelta a tus brazos, siempre abiertos, repetías una y otra vez la misma frase hasta que se me secaban las lágrimas. —No te preocupes, niña, que de las caídas y los golpes siempre se acaba aprendiendo. Pero nosotros nunca lo hicimos, y aquella espiral volvía a apoderarse de nosotros, y volvíamos a implicarnos en aquel torrente de sentimientos que nos arrastraba sin remedio. Quizás tampoco tratásemos de impedirlo, pero para cuando lograbas secar mis ojos, tus labios siempre trataban de alcanzar los míos, sin rastro de compasión, pero con ese gusto amargo que deja tratar de recuperar algo que nunca fue tuyo. El desenlace solía ser también repetitivo; la añoranza se hacía dueña de nuestra piel, y acabábamos dejándola al descubierto mezclándola con sentimientos encontrados, sábanas frías, y los zapatos con el tacón que tú eligieras. Y otra vez, Dani, un nuevo comienzo; yo volvía a sentir, como en aquella vieja canción de Fito, que tú no eras sin mí, y yo sólo era contigo; y tú jugabas a regalarme los oídos con promesas que terminé por saberme de memoria, de aquellas que hablaban de un futuro juntos, de amor eterno, de tratarme como una reina. Nunca me interesó nada, niño, salvo la certeza de que siempre estarías a mi lado, que se apoderaba de mí en aquellos momentos. Siempre había algo que regresaba, aunque pasara el tiempo, y tú y yo lo sabíamos, porque cada vez se abrían brechas más grandes entre nosotros; volvían los rencores, las peleas, las discusiones, las ganas de salir huyendo que éramos incapaces de reprimir. Y yo acababa por alejarme buscando unos brazos como los tuyos, que nunca supe ni pude encontrar. Se acabó nuestro tiempo, y eso es lo que más me duele. Porque el día que decidiste desaparecer para siempre sin darme explicaciones, sólo pude quedarme sentada en el sofá, y susurrar al viento que entraba por la ventana. —Al final tenías que dejarme sola. Y luego salí huyendo como un tiro, buscándote en los sitios que siempre fueron nuestros. En la última fila de nuestro cine, en el parque, en nuestro restaurante de comida rápida, en la playa, en mi cama y en el bar de abajo, en los pubs de tu ciudad y las salas de conciertos. A tu casa no pude ir, tenía miedo de que te hubieras ido de verdad sin haberte dicho nunca que no quiero perderte. Por eso me fui a comprar los zapatos con los tacones más altos, niño, esos que sabía que iban a gustarte, para demostrar que nosotros nunca quisimos aprender de las caídas que nos separaban. Porque sólo nos merecíamos estar juntos, y nunca lo logramos, y este será siempre tu fetiche, y ya no tengo tu mano para afianzar mi paso. Nueve centímetros y medio, Dani, y ni siquiera sé caminar con ellos. ** Carmen Amil http://www.letralia.com/firmas/amilcarmen.htm Escritora española (Oviedo, Asturias, 1986). Cursa estudios de máster en dirección y planificación del turismo. Un texto suyo ha sido publicado en la revista Remolinos (http://galeon.com/remolinos27). Mantiene un blog en http://sadsonnet.wordpress.com. === Tres poemas Raiza Mar Jiménez ==================================== *** El trayecto hacia la Patagonia Piso la Patagonia... Despejo mi rostro dormido... Y retomo en mi memoria nuestro encuentro final Inanición de ti Angustias aglutinadas Alfajores derretidos En una ciudad ajena y demacrada. Mi esperanza es tenue... Quebradiza Hurto falsas armonías en un campo de piletas Y observo los semáforos Desnudos de cronometraje El vejestorio de puerto Donde besan los duendes A las sirenas Las barcas con mástiles Que agujerean el estanque del firmamento El tren y sus gemidos De alquitrán El frío que se acongoja entre las felpas De mi franela gris Y los días que se escurren entre mis dedos De inmigrante *** Verano Cuando pase el verano, espero ver la luz azul Y el descenso del cielo Entre el destello encintado De la aurora boreal Mis abanicos de plata Cercenan la noche Y los suspiros caen rebanados Sobre el cristal Los astros sofocados Jadean dentro del termómetro encendido Que es la estratosfera En llamas Las palabras se inmolan, calcinadas en los labios En medio de este verano Que transpira mi ombligo En ardiente templanza *** Noches vertiginosas Susurros trasnochados, llamadas impertinentes Me desangra una ardiente daga Un engaño inesperado, un amor inexistente Tu ausencia brilla, lila en el alba Tú, impávido, distante entre noches vertiginosas En el desenfreno gris de un hostal mediocre Entre falsos gemidos y convulsiones ansiosas Como un volcán extinto, apilado de ocre Mis labios extraviados husmean tu recuerdo Tu beso escurridizo, tibio, casto, tórrido El rincón que surcamos con bengalas por cuerpo El tinte plomizo del asfalto árido Eres tan vano como impreciso, inhóspito y decoroso Un mozo púber de tímido acariciar El roce prolijo de tus dedos imperiosos Placer ascendente bajo mi falda primaveral Anémonas circundantes, huérfanas de una noche enfermiza Entre el rojo y el negro, la gata y los aros En el frenesí trepidante de tus piernas calizas Entre tulipanes y rosas, alientos sofocados Un recuerdo esparcido por las paredes lánguidas Por el sótano desierto con eco automóvil Tu silueta empaña mi sonrisa pálida Y te extingues en el sepelio de un éxtasis dócil El cinismo del chance, la estaca venenosa El maya desenfunda en una estela añil Se quiebra el grillete, se extingue la gloria Y queda un niño exhausto, y su aura viril ** Raiza Mar Jiménez http://www.letralia.com/firmas/jimenezraizamar.htm Escritora colombiana (Barranquilla, 1990). Es comunicadora social y periodista de profesión. Participó en el colectivo poético María Mulata, tomo II. Actualmente es cronista del diario El Heraldo (http://www.elheraldo.co) y coordinadora editorial de La Revista Actual (http://www.larevistaactual.com). === El arte de irse (extractos) Nick Schinder ======================== El arte de irse (http://bit.ly/Xegzdh) Nick Schinder Cuentos Editorial Dunken Buenos Aires, 2012 112 páginas ISBN: 978-987-02-5880-3 *** Una variación de Buda Y fue mientras tenía en brazos el cuerpo desnudo de su amante, y mientras la sentía temblar de amor recién ido, y mientras sus rasgos perfectos resplandecían como la naciente mañana, que Vashanyi, el Melodioso, comprendió que es de sabios no aferrarse con desmesura a las cosas amadas, ya que su eventual ausencia, por el motivo que fuera, podría hacernos pedazos. Pero mientras aspiraba una vez más el olor único de su propia saliva en la piel de su cuello —que por una alquimia impenetrable no era el olor de lo uno ni de lo otro, sino una cosa nueva hecha de ambas—, comprendió que es de aun más sabios amar a las cosas todavía más por su Impermanencia, pues, en el fugitivo instante en que nos son dadas, debemos amarlas absolutamente, por el tiempo en que son nuestras y por la eternidad en la que dejaran de serlo. Sumido en este pensamiento, se hundió en ella de nuevo, porque también es de sabios no permitir que ninguna reflexión empañe un goce que, aun en su apogeo y perfección, ya se está yendo. *** La batalla Ella apoyó la cabeza en su pecho y escuchó el murmullo. —Suena como el mar embravecido —le dijo. Él sonrió, acarició su nuca y no dijo nada, pero por dentro, temblaba... ¿Cuánto tiempo más podría distraerla del estruendo de sus innumerables almas batallando por su carne? *** Jill Jill no puede dormir. Cada noche, en la penumbra, sus ojos azules se proyectan sobre la nada, abiertos, anhelantes, hay imágenes inconexas y púrpuras que habitan esa interzona sin nombre entre la vigilia y el sueño. —Mami, no puedo dormir... Y cada noche, su madre repite el ritual sereno de acariciar su frente, la nariz prodigiosa, velar sus ojos con el cuenco de la mano... —Imagina un punto negro —le susurra—. Respira hondo, e imagina un punto negro a lo lejos, al principio una sugerencia indistinta en el fondo de toda esa luz que te mantiene despierta, pero con cada inspiración ves que se hace grande, y nítido, y que de a poco se dilata, se expande como el aire azul de tus pulmones, lentamente puebla toda tu visión, y ese punto es el sueño, el sueño que te va ganando, que te acaricia como te acarician mis manos, mi vida, Jill, mi nena hermosa... De repente, el Capitán Graham tuvo una intuición. —No deberíamos estar aquí... Es imposible que estemos aquí... Cohen lo miró inexpresivamente. Eran los últimos sobrevivientes del Crusader, en el apogeo de una misión suicida que ya llevaba tres años y se acabaría en unos minutos. La gravedad era tan espantosa que Graham sentía cómo se le astillaban los huesos. Un minuto para el punto de ignición. La luz de la nave se apagó de golpe, y la oscuridad se hizo absoluta. El agujero negro los arrastraba a la velocidad de la luz. Graham, ya atrofiado, cerró los ojos, y espero que el programa hiciera por él lo que habían venido a hacer: el Sistema entero dependía de ello. Los oídos le empezaban a sangrar, pero todavía pudo escuchar a Cohen, desvariando, como en un rapto profético... –Blancura... Blancura imposible, inaudita... Capitán, la oscuridad estalló en pedazos... hay algo atrás de la blancura, Capitán... Capitán... hay unos ojos, como galaxias... hay una belleza y un azul y una simetría... hay una cara que inventa y que apaga el mundo... ¡ah, la Luz! ¡Capitán, la Luz...! Y es por todo esto que Jill no puede dormir. ¿Quién puede dormir con ese condenado ruido de Apocalipsis? *** Pantera a Rilke a Cortázar a Borges Hace un tiempo escribí un cuento llamado “Pantera” que, curiosamente, es el único que perdí. La idea general creo que era esta: Un hombre en Ámsterdam sueña recurrentemente con una pantera negra: la selva, la espesura, el abigarramiento de muchas cosas vivas que se molestan y se fecundan. Un día, este hombre viaja a Tailandia, y el tren, en el que cruza un río anónimo, descarrila. En medio de la noche, herido y confuso, se deja caer en la raíz de un árbol inmenso. Cuando levanta la vista, la pantera de sus sueños está delante de él, mirándolo a los ojos... Antes de desintegrarse recuerda aquellos versículos del Veda en el que se sugiere que todos y cada unos de los seres vivos somos otra cosa —un animal, una piedra, una flor— mientras dormimos... Shiva ha sido escrupuloso y ha distribuido sabiamente estos reversos en el orbe, bien alejados, inconciliables. Pero el hinduismo no contempla divinidades infalibles: el explorador entiende en el último segundo que esa pantera es él, cada noche. A la pantera, con su difusa conciencia de animal, le sorprende encontrar esa forma extraña, humana que —ella también— sólo ha visto cuando duerme... El universo no parece atestiguarlo, pero ya está más vacío... *** Vértigo Mirando hacia abajo, desde el balcón en el piso doce de mi departamento, comprendo de golpe que lo que realmente nos espanta del vértigo, lo que intrínsecamente nos aterra de su naturaleza, es el íntimo, subterráneo, inconfesable deseo de saltar... *** Golding y el Vacío Acabo de tener una pesadilla; una de las peores, de esas que no tienen tema: una tiniebla, una negrura física en la puerta de mi habitación, pero también en mis pulmones, con tentáculos y eflorescencias móviles que aleteaban y refluían del color a la nada. Un terror ciego me hacía gritar, y no quería abrir los ojos por miedo a lo que iba a encontrar despierto. Y, aun en el vórtice del horror, gemía con la boca cerrada, porque tenía miedo de asustar a mi mujer. Sé que esta especie de terror metafísico fue producida por un resto diurno, la lectura de Lord of the Flies, de W. Golding. La imagen del mar devorando el cadáver de un niño me perseguirá, tal vez para siempre. El Mar/La Muerte haciendo de la vida una proyección, una sombra. No hay otro miedo que el miedo a la muerte. Recuerdo que sentía que la oscuridad me cerraba la garganta. Y sentí también el hervor del mundo, la invisible efervescencia del universo físico después de nuestra muerte, y de nuestra muerte como especie. Me desperté pensando en la extraordinaria heroicidad del insecto humano, en la voluntad schopenhaueriana de librar esta batalla que ya está perdida de antemano... La isla de Golding es ese lugar donde la vida —esa simulación, esa convención por la cual nos hemos propuesto dar sentido al vacío— se desbarata como un muñeco de nieve... *** Apócrifo El rey instó al profeta: —Si de verdad Dios observa por tu medio, dime qué está haciendo mi mujer en este momento. Sepas que, de errar en esto, morirás con seguridad. El profeta sonrió y contestó, sin mirarlo: —Ahora, rastrilla el jardín de tu morada. El rey envió un emisario a su palacio, para informarse acerca de su mujer. Al cabo de un tiempo, el mensajero volvió a su lado. —La reina me ha recibido en su alcoba y ha dicho lo siguiente: “Termino de rastrillar el huerto de vuestro señor y me dispongo a descansar”. El rey se quedó estupefacto y permitió al profeta retirarse. Antes de marcharse, él se acercó al rey y le dijo en confidencia: —Tanto tú como yo sabemos que he mentido. Tú sabes que tu mujer estaba entonces con su amante, pero has querido probarme para ver si mancillaba tu nombre delante de tu séquito, al decir la verdad. Por eso, no he dicho lo que realmente estaba sucediendo, sino lo que ella te diría: me he anticipado a su mentira y a tu vano honor. Y puesto que es más importante para ti la certeza de Dios que los avatares de una mujer adúltera, me he conformado con que sólo tu conozcas la dimensión del Dios que es y habla por mí. Luego, Jetchuá, a quien llamaban “el Cristo”, siguió su camino. ** Nick Schinder http://www.letralia.com/firmas/schindernick.htm Escritor y músico argentino (Rosario, 1977). Estudió literatura en la Universidad Nacional de Rosario (UNR, http://www.unr.edu.ar). Un cuento suyo fue premiado por la editorial Eudeba (http://www.eudeba.com.ar) e incluido en la compilación Buenos Aires no duerme. Ha publicado el libro de relatos El arte de irse (http://www.dunken.com.ar/web2/libreria_detalle.php?id=11722) (Dunken, http://www.dunken.com.ar; Buenos Aires, 2012). Fundador de la banda The Child. Ha vivido, trabajado y editado varios álbumes en Buenos Aires, Barcelona y Londres. === Tankas para el desamor Alfonso Aguado Ortuño ===================== I No necesito que me quieras. Quererte no necesito. A estas alturas quedan muy altas las barreras. No necesito tus besos. Tus abrazos no necesito. Después de tantos años me acostumbré a tu frío. No necesito tu vacua compañía. No necesito tu presencia lejana. Deseo que te vayas. No necesito que me mires. Que me hables no necesito. Mudo soy para ti que percibir no sabes. II No necesito necesitarte. Sabes bien la razón. Fueron muchos los golpes. No tienes corazón. No necesito que vuelva. Su regreso no necesito. Si me busca y me llama no confiadle el camino. No necesito que estés. Nunca estuviste en mi morada. La costumbre hace norma. Para mí es muy tarde ahora. No necesito que estés de mí pendiente. Si te vas, bien. Si te quedas me quedo igual, indiferente... III No necesito que me cuentes cosas. Son puro cuento. Ya no cuento contigo ni te cuento lo mío. No necesito tu dinero. Tu ayuda no necesito. Publicará la Muerte mis versos en las dunas. No necesito tu silencio. Tus gritos no necesito. Deseo mi silencio y el grito del olvido. No necesito tu compasión. Me saca de quicio. Lástima por ti no siento yo, pero sí desamor. ** Alfonso Aguado Ortuño http://www.letralia.com/firmas/aguadoortunoalfonso.htm Escritor español (Picassent, Valencia; 1954). Ha publicado los poemarios Heridas en el papel (2006), Diálogos con el papel (2008), Poemas desde mi jardín (2010) y Desde mi balcón (2012), así como poemas sueltos en varias revistas impresas (Vulture, Fábula, Cuadernos del Matemático y otras). === Seis textos Jorge Campos ========================================= *** La cueva La luna luce hinchada de soberbia, el suelo está cubierto de hojas y ramas secas, el sonido de ramas pisadas y los emitidos por búhos y grillos saturan el viento. ¡Allí está la cueva de donde salen los gélidos pensamientos del sin rostro! Es allí de donde provienen las oraciones tortuosas del presagio exasperado, donde las rocas despiertan gritando alteradas. Allí está el sin nombre, a quien elevan los rituales del alba. ¡Le invocan! ¡Le buscan en el crepúsculo silencioso! ¡Chillan! Las paredes retumban, se cierra la garganta, se cierra el sepulcro del llanto tragándolo todo, dejando al vacío. *** Agonizante en plaza abierta Los zopilotes sobrevuelan su cuerpo. Encorvado, con el espinazo visto a través de su delgada piel, exhala entre sus manos, para sentir su respirar y constatar que aún vive. ¿Para qué? Si al final los zopilotes descenderán a picotear su rostro, a desgarrar su cuerpo, a jugar con sus ojos, a saquearle su lengua... Los zopilotes descienden y él con sus últimas fuerzas salidas de lo inimaginable, los coge y los destaza. *** El retorno de la sombra Se esfuerza por llorar sin lograr siquiera que una sola lágrima brote, al parecer es de esas noches donde no logra concretar su cometido. —¡Llegaste! —dijo con certeza. Y la fría Sombra en absoluto silencio se inclina sobre él. Con natural delicadeza posa sus dedos en sus ojos secos y lentamente los cierra. *** Esquizofrenia Observo, ¿camino o mis sombras me ridiculizan? Ellas siguen mi camino. Creo que ustedes se están burlando, ¡Sí!, me quieren hacer creer que estoy vivo. *** Reductio ad metus Justo encima de mi cuerpo frío y rígido giran en espiral esos oscuros. Ella corre en derredor. Se oculta en el ángulo protegida por su sombra. Apenas sí la puedo ver. Sé que está, pues la ternura escapa por sus ojos brillantes. Huele a fármacos. Huele a humedad. Yo clavado en la cama y ella cercana devorando miedos. *** El reino “Y la verdad os hará libres”, gritó el anciano León desde la colina y en menos de un minuto el Reino entero se volvió de piedra. ** Jorge Campos http://www.letralia.com/firmas/camposjorge.htm Poeta nicaragüense (Managua, 1987). Licenciado en economía. Ganador del primer lugar en cuentos del V Encuentro Nacional de Jóvenes Creativos por el Arte (Managua, 2004) y, con dos de sus poemas, uno de los ganadores del VII Concurso Anual de Cuento Breve y Poesía de la Librería Mediática (Venezuela, 2010). Desde 2007 es miembro activo del Coro Nacional de Nicaragua (http://coronacionaldenicaragua.blogspot.com). Mantiene un blog literario en http://mireinointerior.blogspot.com. === Poemas Jasmín Cruz Cacheux ======================================= *** A tu llegada Con la lengua, con los ojos, con las manos, con la prisa el espacio en que cabe nuestro aliento es uno las palabras que no habrán de repetirse, nuestras. Con los dientes, con los labios, con las piernas, con la rabia esta imagen de tus ojos detenidos este grito suspendido en mi garganta esta voz escribiendo la nada exacta. Y el arrebato de llamarte por tu nombre y la lluvia que avecina ya en tus ojos y existes y te anuncias y me pronuncias con la lengua, con los ojos, con las manos con las piernas, con los dientes con la prisa, con la rabia, con la falta. *** De hojalata [No pienso] Imagino el dolor en los parques el clamor en los puertos el rumor de los pueblos el concierto de cuerdas y comprendo: vestirás de azafrán y canela andarás desnuda y en calma. [No pienso] De vez en cuando miro por la ventana: la tormenta no está ni el desierto; llegan los pájaros, las azucenas la piel es la misma, la mirada se muda. [No pienso] El ritmo que va al poema El poema que canta al ritmo: soy esta mujer de letras y piel de hojalata, que mira a distancia sin nada más con nada menos: escribir estas líneas escribir que no pienso escribir que un día nace escribir que es posible escribir, escribir, escribir. No pienso. *** Donde pasa el tren A Miriam, mi hermana Donde pasa el tren el mundo se resuelve con una taza de café. Sería sencillo aceptar que las manos del reloj se detienen, sería prudente pintar los ojos de la niña que llaman madre y es abuela de más de tres, pero pasa el tren. Entre los rieles está la vida escrita y abraza y resguarda. Lo importante no es prudente, lo urgente no es sencillo y el dolor, ese vecino inquieto, está en todas partes. Donde pasa el tren la vida se piensa diferente: las mujeres se sientan a ver las mariposas y se rehúsan a cazarlas, se regocijan con la puesta del sol y se toman de la mano, se saben humanas, semejantes, prójimas, sumas e infinitas. Donde pasa el tren, es una patria y una escalera y un sitio: el de la lluvia en la piel y el silencio compartido. Es el lugar al que habrás de llegar, pero nunca regresas. Donde pasa el tren, la esperanza se agolpa en el pecho y tiene rostro y nombre y voz de mujer; en las vías, el recuerdo de los abuelos, el dolor de los muertos; en los vagones, la historia que se olvida, la sangre de los ancestros, la vida que se vive, la muerte que no muere y relampaguea. Donde pasa el tren es la tierra, mujer de brazos abiertos, la misma que ha parido el miedo y el desencanto la misma, madre y hermana, la del abierto sendero. *** Escribir Escribir estas palabras que escribo, mientras miro una foto y pienso en el cielo, en las calles de día y el andar de los niños. Escribir estas letras garabateando al vacío: el sabor de los días, la nostalgia que ha sido. Escribir y pensar en la muerte que ronda las noches, las calles, los parques, todos los domingos. Escribir cómo armar el motor de la casa y entender que estoy viva. que al compás de mi piel sigo y existo. Escribir que me duelen las piernas, la ausencia de tinta, el punto y seguido Escribir con hambre, con sed, con rabia que revienta la vida en las palabras que digo, y me aturde los labios y me cierra las manos y me abre los nudos y me llueven los ojos; escribir que escribo la magia que ha sido. *** Mujer me llamo Hoy que es insomnio y se mueren los árboles en mis ojos. Hoy que no es tarde ni es temprano y respira un cigarro y hace frío cuatro cuadras antes de las sábanas. Hoy que recuerdo tus pies descalzos y la vida nace. Hoy que no estorban las ganas y el horizonte es ancho. Hoy que te pienso de madrugada y guardo tus ojos. Hoy que es tan largo, tan definitivo, tan mar adentro. Hoy mi coraza, mi pájaro tibio en el pecho, canta al compás de una mañana próxima y tranquila las treinta y ocho vidas de mi esqueleto. Hoy que no rondan la casa los viejos recuerdos, hoy que no hay luna y estas letras no son de silencio. Hoy me decido y aplaudo el tropiezo, el llanto tan calmo, las vidas pasadas y todos mis muertos. Hoy que mujer me llamo y vivo la sangre en mi cuerpo. Hoy que mujer me entrego y con mi nombre completo. Hoy que mujer me amo, comparto un secreto. Hoy, sé que es hoy, como el lunar en mi mano, la certeza del tiempo. ** Jasmín Cruz Cacheux http://www.letralia.com/firmas/cruzcacheuxjasmin.htm Escritora mexicana (Xalapa, Veracruz, 1974). Poeta, dramaturga, ensayista, docente y artista visual; licenciada en derecho, licenciada en ciencias de la comunicación; docente y capacitadora internacional en educación no formal (Instituto Internacional Histadrut, 2000). Ha culminado una maestría en literatura. Ha escrito y montado obras de teatro de su autoría. Obtuvo el Premio Nacional de Cuento (1996) y la Mención Especial Alfonsina Storni (Festival de Mar del Plata, Argentina, 2007). Autora del libro de poesía Creaturas cotidianas y el libro de relatos Estampas, de próxima publicación. Twitter: @jazzczcx. === Bajo un excepcional sol Vicente Boado Quijano ==================== El tono ocre de la piedra limpia, de la piedra sin el liquen verde, hace nueva a la piedra vieja. La Berenguela se yergue alta, poderosa y joven. Al final, la cruz sobre una esfera recuerda el poder temporal de las religiones, la capacidad de gestionar lo temporal que tiene la fe en un Dios misterioso y oculto a los ojos y que se muestra tan solo a aquellos que lo quieren ver con los ojos de la fe. El sol permanece en lo alto de la Quintana pensativo e inquieto por el curso de los acontecimientos y me detengo y observo a una nave que surca los siglos impertérrita y serena, nave que acoge y escupe viajeros de allende las fronteras por los siglos de los siglos. Una puerta más, un comercio más dentro de las piedras milenarias. Aquellas piedras que esperaron pacientemente a que un cantero las esculpiera para dar homenaje al que dicen fue el primer apóstol mártir son hoy el objeto del negocio inmortal del hombre. “¿Los expulsaría Dios de su Templo? De algo hay que vivir”, pensaba mientras caminaba hacia el portón de entrada. La certeza y la duda en mi corazón revientan en mil copiosas preguntas que antes otros peregrinos se hicieran y que, seguro, otros peregrinos se harán. Pues es un hecho cierto que muchos han venido hasta este apartado lugar donde dicen que el Santo fue ocultado después de muerto y, todos, con la certeza de la duda: “¿Será verdad que aquí se encuentra enterrado Santiago?”. Resoplo poniendo la mirada en lo alto donde la torre dibuja formas a ritmo de una gaita complicada y armoniosa. El sonido de la piedra que suena ante mis propios ojos crece y se desvanece, mientras el sol del verano me da una particular palmada de ánimo que me empuja a caminar hacia la puerta de Platerías donde la piedra se hace vida y el sol se queda dormido entre los fríos y húmedos muros de la Catedral compostelana. Allí, a la izquierda, las tiendas de los plateros donde todavía se trabaja el blanquecino metal que da nombre a la pequeña y hermosa plaza, una fuente de caballos y una estrella, miran a la puerta como quien vigila la entrada de un lugar sagrado, lugar donde el misterio resucita como aquel Lázaro a la orden de Jesús. Como si Él mismo ordenase a la historia que se abriera a aquellos que quisieran franquear la entrada, vigila la vieja y perfecta fuente entre sus babas de agua y el musgo que los años han dejado caer como un diapasón del tiempo. Como la misma piedra, las gotas de agua son una constante en el lugar. Una gota de agua... un segundo que transcurre sin que nada altere los muros catedralicios. Piedra e historia, avisos de una efímera eternidad. Me apoyé en la piedra cuando sonaban las cinco campanadas de la torre, cinco campanadas toreras que eran el presagio de alguna faena, de mi entrada por el pórtico glorioso de la plaza de plateros. El sol radiante, la piedra limpia y mi alma despierta... “¿Será esto Santiago o me habré perdido en el tiempo?”. Las gotas de agua que caen y los plateros callados en su pequeño taller de orfebre son la antesala del lugar santo. Entré con paso decidido con la intención de sentir la humedad de la piedra en mi cuerpo y, a fe que es cierto, que lo húmedo tiene cuerpo dentro de esta Catedral de piedra y que el tiempo se detiene para siempre, pues dentro me esperaba la pobreza del románico y la riqueza de la fe de otros tiempos. La anestesia que en la actualidad vivimos nos ha hecho olvidar que no sabemos de dónde venimos ni a donde, al final, nos dirigimos, y sólo la construcción de estas inmensas fortalezas de la fe nos recuerda que, en la duda, es cuando mejor nos entregamos a la verdad que creemos o queremos creer. Nadie puede asegurar que, con certeza, allí reside el amigo del Señor, pero muchos conquistaron, en su nombre, tierras ajenas y lejanas y fundaron ciudades y construyeron catedrales. La fe,... ese monumento a la ignorancia del hombre. La humedad de la piedra que me cubre todo el cuerpo,... la duda,... la ignorancia,... la humedad. Caminé hacia la Girola para cumplir con la promesa de besar la venera de plata y abrazar la imagen del Apóstol y descendí con parsimonia la escalera que me lleva a la cripta donde se encuentran los restos del legendario mártir y asistente milagroso de la mítica e ignorada batalla de Clavijo. “¡Cuántas cosas se construyen con los mitos!”, pensaba en tanto que el cuerpo se introducía en el misterio de tanta piedra y tanta historia. Piedra que descansa sobre barro, piedra que misteriosamente se sostiene firme en la antesala de lo eterno. El hombre y el misterio. La verdad que se sostiene sobre toneladas de mentiras, “¿o será que la única verdad es también otra ignorada mentira?”. Entre el frío de la piedra y la plata artesanal del sarcófago sentí la viva voz de un Pedro de nuestros tiempos gritando a la vieja Europa que girase sobre su propia historia y reconstruyera su propio ser mirando a Compostela. Lugar donde tantos, decía Goethe, caminando, construyeron algo de esta vieja Europa. Allí, la placa de metal del Papa obliga a todos a girar la cabeza hacia el sarcófago de plata donde el misterio se encierra para siempre, mirada que obliga a repensar nuestra humilde realidad: somos una duda que camina. Salí de allí más anciano y con más dudas; salí de la humedad, el frío de la piedra y el blancor de la plata con la única seguridad de que apenas sabía una sola cosa: que existe Compostela y que esta ciudad es el mejor monumento a la duda. Y salí con el sentido de mi viaje cumplido... fui a buscar en el misterio a Dios mismo y, lo encontré, dentro mismo de la duda, bajo el excepcional sol compostelano. ** Vicente Boado Quijano http://www.letralia.com/firmas/boadoquijanovicente.htm Escritor español (Ferrol, 1971). Reside en Galapagar (Madrid). Licenciado en ciencias económicas por la Universidad de Santiago de Compostela (USC, http://www.usc.es). Profesor de enseñanza secundaria y bachillerato. Ha publicado el libro para niños Cuentos para Teresa (http://bit.ly/10fh5Tf; United PC, http://es.united-pc.eu; Palma de Mallorca, 2012). Su relato “Las Cañotas literarias” fue seleccionado para la segunda antología del Certamen Literario de Narrativa Breve organizado por la Federación de Sociedades Gallegas de la República Argentina (http://www.fsgallegas.org.ar; Buenos Aires). === Tres poemas Lucas Paulinovich ==================================== *** Un progresista se confiesa Yo, como hombre moderno No padezco de prejuicios: acepto y tolero. Y con las diferencias festejo. Pero... Lamento las tristes muestras de la impúdica homosexualidad: Hombres que de la mano pasean, Y a los ojos del sol se besan. ¡Por suerte No se echan a fornicar! ¡Mira para allá! Camina un drogadicto, ¡pobre alma! Un joven perdido que fuma marihuana (esa hierba maldita) Pero yo tolero las diferencias Y que cada quien haga lo suyo Aunque no ante mis ojos, y con respeto, por sobre todo. El respeto que no tiene esa juventud De pelos sucios y ropas gastadas Y zapatillas ajadas y la lengua reducida Que sólo sabe vomitar guarangadas. ¡Qué mal que habla, esa juventud! ¡Qué insolentes son! Pero, si es por mí, ¡que vivan las diferencias! ¡Que reine la pluralidad y la democrática convivencia! Obedeciendo las justas leyes y cumpliendo reglas No como aquellos, rebeldes e insidiosos Los extraviados extremistas (me apiado de ellos) Que viven de su ideología, y no trabajan Y robar las fortunas ajenas anhelan (El justo trabajo de justos hombres) Pero yo soy un hombre que se consagra a la diversidad. Aunque no acepta la transgresión inútil De las sanas costumbres (las cristianas, por supuesto) Las normas sempiternas (universales y sagradas) ¡Que no vengan los promiscuos que con varios se acuestan, por un día... por una noche... con sus amigos... con sus parientes que se deliran en inefables orgías que maltratan a la sagrada familia y ofenden (¡Qué terrible!) a sus razonables mayores! Yo... yo soy hombre democrático Plural, abierto y tolerante... ¡Pero no lastimen los valores, ni amenacen el orden! ¡Mi orden! El que impone el Dios Padre Aunque otros (cuyas creencias respeto) Proponen falsamente, convencidos en el error (pobres) La irreal superstición de otros dioses, de otros cielos... ¡Pero yo soy hombre de respeto! ¡de pluralidad! De permisión, de apertura... ¡Un OpenMind! Pero no me hablen (¡No, por favor!) No me la nombre, no me la digan ni sugieran Todo eso que implica la genuina libertad. Que cada uno haga, que cada uno diga, que cada uno ejerza Practique, rece, fornique, piense, indague, consuma Se ponga, se pinte, escuche, insulte, ofenda o ignore Según le parezca, según le plazca, siguiendo un solo principio: Dejar a los otros vivir felizmente en paz. *** Interpretación del traidor ¿Por qué estos hombres me gritan traidor? ¿Por qué la injuria, la historia y el deshonor? ¿Acaso por cometer tan vil pecado como obedecer? Acaso (me consuelo) porque creí y confié Porque mi cuerpo entero, y mi alma Se consagraron a la misión encomendada. Acaso ellos (me suplico) con su negación Titularon su condición de alucinado Desterraron la fuente de su santidad Derrocaron su prístino argumento (elemental, por cierto) Falsearon su peregrinaje (y a sí mismos). ¿Debería haber descreído? Acaso La traición reporte presuntuosas venturas. Pero yo no pude caer en la suspicaz cobardía No huí ni contemplé pavoroso Cómo al altar de muerte arrojaron al guía. ¡No defraudé mi fe, conversos! No claudiqué ante el espanto del sacrificio. En la gracia devota de mi instinto, continué Una a una las palabras del profeta (la Palabra) Honor hice a su Virtud, respeto a su Figura. La piedad la ungí ante su Verbo (y a su prédica consagré mi vida). Y ahora, estos hombres (los traidores) Me agravian con pasión y orgullo Humillan mi acto y regresan —como otrora— A mancillar su arrojo, su gesta y reverendísimo espíritu. Invocándolo —otra vez— los cobardes lo traicionan. Porque son la herencia del viejo terror Que condenó su nombre y divinidad Con la pávida indiferencia, la hipócrita amistad. Me condenan aquellos perjuros, siempre de regreso. *** Despedida del verdugo Tu nombre se me escapa (se escapará por siempre) Tu identidad es sólo una sombra entre los arbustos. Tu misión, igual a la mía. Es que somos hermanos en una misma tarea Que sólo la ocurrencia del azar inexplicable nos puso enfrente. Jamás tu rostro he conocido (jamás lo conoceré) Sin embargo, tu estampa y tu historia me pertenecen Serás mi compañero hasta el día de mi muerte Aunque ni siquiera haya estrechado tu mano. Sólo un fulgor nos unirá eternamente Un destello de luz, un estallido. Quizás un quejido. Y desde entonces, extraño y desconocido varón Todo tu futuro será únicamente mío. ** Lucas Paulinovich http://www.letralia.com/firmas/paulinovichlucas.htm Escritor argentino (Venado Tuerto, provincia de Santa Fe, 1991). Comenzó en el periodismo a los 16 años. En 2007 fue incluido en una antología de narrativa. ||||||||||||||||||||||||||| POST SCRIPTUM ||||||||||||||||||||||||||| “Un poeta es la totalidad de un lenguaje”. Carlos Fuentes, Personas (2012). === Cómo publicar en Letralia, Tierra de Letras =========================== Antes de enviarnos algún texto para publicar en Letralia, le agradecemos leer nuestras condiciones de publicación. 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